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Arnaldo Chuster

Gustavo Soares

Renato Trachtenberg

W. R. BION, LA OBRA COMPLEJA

PRIMERA EDICIÓN


En memoria de David Epelbaum Zimerman

Espero poder darles una idea del enorme trabajo que hay que hacer para atender a los pacientes y alcanzar un estado mental compatible con el ejercicio del psicoanálisis.

Bion, Conferencias Brasileñas de 1974

Índice

  Cubierta

  Portada

  Epígrafe

  Prólogo

  Introducción

  Capítulo I. La obra compleja Principio de Complejidad Principio de Incertidumbre Principio de Incompletitud Principio de Indecidibilidad Principio de Infinitud Principio de Negatividad Principio de Singularidad

  Capítulo 2. Preconcepción, pasaje pre-humano/humano: un cambio de paradigma en el psicoanálisis Una historia de ciencia ficción para describir los orígenes de la preconcepción

  Capítulo 3. La mente del analista en el campo complejo

  Capítulo 4. Consecuencias de la adopción del objeto complejo Ejemplos de captación parcial o disociada del objeto psicoanalítico

  Capítulo 5 Material clínico

  Capítulo 6. Aspectos detallados de una Tabla negativa: La maldad y la complejidad del mal

  Capítulo 7. La complejidad en las diferencias entre ética y moral: reflejos en el trabajo analítico

  Capítulo 8. El psicoanálisis como complejidad: una teoría de las transformaciones

  Capítulo 9. Decisión y método en el campo analítico: las elecciones de las teorías psicoanalíticas

  Capítulo 10. Una clínica de los límites humanos: imaginación y lenguaje de logro

  Capítulo 11. La transferencia como un soñar

  Capítulo 12. El modelo complejo de transferencia: el espectro turbulencia emocional/cesura El modelo espectral cesura/turbulencia emocional como condición para observar la transferencia Turbulencia emocional/cesura e imaginación productora Ilustración clínica (material del Dr. Arnaldo Chuster)

  Capítulo 13. La imaginación del analista y la imaginación radical Imaginación versus imaginación radical Realización e imaginación radical La imaginación analítica y las posiciones mentales

  Conclusión

  Anexo

  Referencias

  Índice de títulos de la obra de Bion

  Sobre los autores

  Sobre este libro

  Otros títulos de nuestra editorial

  Créditos

Prólogo
por Roosevelt Cassoria1

Se dice que Einstein pasaba por su laboratorio cuando un joven discípulo lo siguió, ansioso, para mostrarle una fórmula. Según el joven, esta fórmula resolvería un problema difícil. Einstein, muy ocupado, le pidió al joven que esperara un rato. Pero, inoportuno, el joven insistía en llamar su atención. En determinado momento, cansado del acoso, Einstein interrumpió sus actividades y le pidió al joven que le mostrara su descubrimiento. Mirando rápidamente la fórmula, Einstein dijo: “Está equivocada”. Decepcionado, el joven le preguntó: “¿Por qué?”. A lo que Einstein respondió: “¡Porque es una fórmula fea!”.

La situación anterior puede servir de modelo para los aspectos estudiados por los autores de este libro. Una de las formas de acercarse a la verdad es la belleza. El vértice estético revela pre concepciones que anticipan y buscan la belleza en la naturaleza y en la vida.

La impaciencia del discípulo revela el ataque a su capacidad para esperar a que sus experiencias emocionales se conectasen de tal manera que surja el hecho seleccionado creativo. Estos ataques también están dirigidos a Einstein. Él se deshace de ellos transformándolos en sueños y pensamientos. Otra posibilidad hubiera sido expulsar al discípulo, pero Einstein probablemente hubiera pensado que eso es feo. Einstein acoge la desesperación del discípulo y la transforma, acercándola a un hecho más verdadero: “la fórmula está equivocada”. Y ese error se manifiesta a través de la fealdad. Esta fealdad es el hecho seleccionado vivido por Einstein, fruto de su experiencia emocional, que lo acercó a otra verdad: “la fórmula está equivocada”.

Además de la verdad que Einstein no encontró en la fórmula (pero sí en la fealdad), el episodio identifica a un joven impaciente que, por ser así, tiene dificultades para discriminar el estado emocional de su maestro. Esta misma impaciencia hace que el joven no pueda tolerar que Einstein sea otra persona y no alguien sometido a él, como una extensión de sí mismo. El hecho de ser joven, cuando es más difícil contener las emociones y pensar en ellas, puede ser un factor que contribuya a las descargas. Como la forma de presentación de la fórmula manifestaba estos estados emocionales, no sería improbable que Einstein –al dar una respuesta transformadora a la invasión– haya tenido en cuenta la “fealdad” vivida en la experiencia emocional del vínculo con su discípulo.

Cuando consideramos la belleza de la fealdad nos acercamos, de alguna manera, a la complejidad, un tema que los autores abordan con gran propiedad. Su principal objetivo es estudiar el psicoanálisis como complejidad. Para ello, desarrollan sus propias ideas utilizando a Bion como brújula. Su estudio nos muestra las vicisitudes que se producen cuando buscamos acercarnos a la verdad, aunque sabemos que nunca llegaremos a ella, porque siempre estará por delante de nosotros.

Esa misma complejidad nos hará entrar en contacto con la verdad del mal. Cuando Hanna Arendt muestra que un nazi puede ser una persona no diferente de una persona común, un “pobrecito”, provoca una catástrofe psicológica considerable. Parte del establishment no tolera sus hallazgos y Hanna es denigrada y despreciada. Las verdades son siempre provisorias y pueden destruirse, modificarse, ampliarse, abandonarse. La realidad (o verdad) es que los cambios que alteran intensamente el status quo provocan aversión y rápidamente se ponen en marcha mecanismos para eliminar lo nuevo, o el pensador que lo pensó. Esto ocurre en la sociedad y también dentro de nosotros, en nuestro mundo mental.

La comprobación de que los pensamientos existen antes de que se encuentren pensadores que los piensen se ilustra en los ejemplos descritos. Los hechos existieron antes de Einstein o Hanna Arendt los pensaran. Lo mismo sucedió con el psicoanálisis antes de ser pensado por Freud. Y con el psicoanálisis pensado por Bion, antes de que Bion lo hiciera. Los pensamientos sin un pensador solo pueden pensarse cuando hay mentes que toleran la catástrofe. Y, también, cuando estas mentes logran lidiar con el status quo que quiere destruirlos. Estas ansias de destrucción serán mayores cuanto más nuevo y creativo sea el pensamiento. Puede imponerse, como sucedió con la teoría de la relatividad o con la idea de la “banalidad del mal”, concebida por Arendt, hasta que surjan nuevos pensamientos que puedan ampliarlo o reemplazarlo, y así, infinitamente.

Debe recordarse que las ideas totalitarias también tienen sentido y su coherencia se puede experimentar como estéticamente hermosa. Los sistemas políticos/religiosos/ideológicos suelen ser muy ingeniosos en su capacidad para desvitalizar ideas, eventualmente creativas, y transformarlas en creencias, dogmas y fanatismo. Un campo para la arrogancia, la violencia, el desprecio y la muerte. Las descargas de emociones, sin tener en cuenta al otro, atacan la capacidad misma de las emociones para formar vínculos humanos. Lo mismo ocurre con el psicoanálisis cuando se transforma, desde dentro, en un sistema de certezas que simula religiones fanáticas.

El psicoanalista se enfrenta a variables rebeldes. Rebeldes como la vida misma. Si el psicoanalista intenta encajarlas en marcos simples, como las relaciones causales, pierden su potencialidad y vitalidad. El psicoanálisis pierde su capacidad subversiva. La subversión, la turbulencia, la rebelión y las catástrofes son propiedades de la mente que se activan en el encuentro con el analista. Estas características forman parte del psicoanálisis. Los autores mostrarán cómo estos hechos se vuelven potentes cuando el analista aprende a convivir con la incertidumbre, lo incompleto, la inefabilidad, la infinitud, la inaccesibilidad de los fenómenos mentales, características que forman parte del pensamiento complejo. El analista, en su práctica, tendrá que hacer frente a esta complejidad (y se dará cuenta de que es parte de ella) cuando mantenga un estado mental que le permita contener y transformar lo desconocido en pequeños saltos que tengan algún sentido. Este sentido deberá incluir la capacidad de ser abandonado, ampliado o alterado ante nuevas experiencias emocionales. El analista solo puede darse cuenta de lo que está sucediendo en el aquí y ahora de la experiencia emocional.

La complejidad, estudiada por los autores, les hace darse cuenta, con Bion, de que, menos que el contenido mental, importan los vínculos que permiten la experiencia emocional. El pasado, que ya pasó, es reemplazado por el presente del vínculo emocional. Y el futuro se ve, también en el presente, como una sombra que lo alcanza. Por lo tanto, la recomendación técnica para que el analista trabaje es: “sin memoria, sin deseo, sin intención de comprender”, para que pueda vivir lo que está sucediendo de la manera más pura posible.

La complejidad de la obra de Bion, y su discusión y expansión llevada a cabo por los autores de este libro, puede transformarse en un pensamiento-sueño si el lector la penetra (y se deja penetrar) como si estuviera viviendo un sueño, del mismo modo que el psicoanalista clínico trabaja en el vínculo con su paciente. Sin embargo, esta posibilidad solo se dará si el lector es un psicoanalista en ejercicio. Esta identificación con la obra no es posible para quien no sueña la práctica del psicoanálisis. En estos casos, el posible lector erudito podrá conocer aspectos del pensamiento de Bion, pero este pensamiento difícilmente será parte intrínseca de su ser.

El presentador se da cuenta, en este momento, de que su tarea es imposible. Con Bion y los autores de este libro, él sabe que las palabras –las habladas y, aun más, las escritas–, son demasiado pobres para manifestar sueños y pensamientos. Además de la pobreza, las palabras también tergiversan, engañan y sirven para mentir. Para escapar de estas limitaciones, el presentador corre el mismo riesgo que el cartógrafo, personaje del cuento de Jorge Luis Borges. Como quería hacer un trabajo confiable, decidió mapear los detalles más pequeños de una ciudad. El resultado fue un mapa del mismo tamaño que la ciudad, que se superponía exactamente sobre ella. En otras palabras, el lector solo conocerá el libro cuando lo haya leído.

El presentador y el lector corren el mismo riesgo que el analista cuando se encuentra con un paciente. Si el profesional no puede dejar “entre paréntesis” su posible intención de saber de él, el paciente se le escapará y será reemplazado por una creación suya (del analista), saturada de sus propias fantasías. No será posible una relación íntima y verdadera que permita el contacto con lo desconocido. Sin embargo, el presentador quiere recomendar la lectura del libro. Este deseo nace de su admiración por el texto y los autores. El lector podrá tener cuidado con las transformaciones que el presentador deseoso está haciendo, poniéndolas “entre paréntesis”. De esa manera, puede experimentar el libro por sí mismo.

En los últimos párrafos espero haber presentado pistas sobre los hechos que abordan los autores. Es decir, la capacidad de pensar en vértices que consideren la complejidad de las transformaciones de un conjunto infinito que se ha denominado psicoanálisis. Los autores piensan no solo el psicoanálisis, sino cómo el pensar sobre el psicoanálisis puede ser pensado.

Los términos presentar y abordar indican dos movimientos: hacer presente y luego tomar para uno mismo. Los autores –Chuster, Soares y Trachtenberg– hacen presente el pensamiento de Bion y, al tomarlo para sí mismos, lo desarrollan. El psicoanálisis ocurre cuando los pensamientos sin pensador son pensados por psicoanalistas y pacientes que han desarrollado esta capacidad. El lector tomará para sí los pensamientos de los autores y podrá repensarlos si puede presentarse al texto con la mente lo suficientemente vacía para poder contener lo desconocido. En este proceso, es muy posible que el lector aborde o sea abordado por otros pensamientos sin pensador y se sienta estimulado a pensar en ellos.

El pensamiento comienza con la imaginación. Aquello que no tiene significado (elementos beta), trabajado por la función alfa, se transforma en elementos psíquicos, inicialmente imágenes, como las de un sueño. El primer nombre que utilizó Bion para esta conjetura fue función trabajo de sueño alfa. El analista, ante hechos sin significado, los sueña y este sueño ocurre todo el tiempo, similar a la respiración y los latidos del corazón. Bion aprovecha una intuición de Freud, quien nos recuerda que “las estrellas que vemos de noche están ahí durante el día”. Observemos que el término rêverie, que describe el estado mental de la madre en relación con su bebé (y se expande a la función del analista), se refiere a rêve, sueño en francés moderno. El analista sueña lo que el paciente no puede soñar.


La compleja relación entre las imágenes y sus transformaciones en pensamientos más complejos (especificados, por ejemplo, en la Tabla), se puede vislumbrar en el conocido cuadro de Magritte de la serie La trahison des images.

La imagen de una pipa va acompañada de la frase “Ceci n’est pas une pipe” (Esto no es una pipa). La pintura sorprende al observador, que se siente confundido y perplejo. Este impacto solo cesa cuando se da cuenta de que está mirando una pintura y no la pipa como objeto.

Un pintor puede representar sus sentimientos de odio en un lienzo, por ejemplo, pintando la escena de un crimen. Por el momento, trabaja en un área simbólica, no psicótica. Pero, si no puede vender la pintura porque asume que el comprador podría matarlo, es su área psicótica la que se ha activado.

Propongo que el lector, que imagina que está leyendo un libro, no está leyendo un libro. “Esto no es un libro” sería el enunciado correspondiente. Ciertamente, el lector, menos confundido y perplejo que el apreciador del cuadro de Magritte, puede sospechar que el autor de esta presentación padece serios problemas en su capacidad para percibir y juzgar la realidad. Es decir, que su área psicótica es la dominante. Una segunda posibilidad es que el presentador esté usando vértices de observación ignorados. Una posibilidad más: que el presentador desee ser un provocador.

El lector tiene razón sobre la última posibilidad y podría tener razón sobre las dos primeras. Pero tendrá que conformarse con no tener las respuestas. Incluso el presentador, que asume que tiene algún contacto con las motivaciones que lo llevaron a escribir las frases anteriores, no tiene la claridad suficiente sobre los factores que lo llevaron a hacerlo. Solo podemos observar o intuir transformaciones de esta verdad. La pipa pintada por Magritte es una transformación, realizada sobre el lienzo, del objeto que, por convención, se llama pipa. La palabra “pipa” (o pipe) se refiere al objeto, pero no es el objeto. Es una transformación, en el ámbito de la denominación simbólica, del objeto.

Uno puede soñar con una pipa. Un supuesto psicoanalista que utiliza un “diccionario de sueños” puede decir que el paciente está soñando con un falo o un pene, y asocia la forma del objeto también a alguna fantasía propia sobre las funciones de la boca, lo que da como resultado una imagen relacionada con fellatio. Sin embargo, el soñador puede responder con una sonrisa irónica, si viene de un lugar donde la palabra pipa designa los genitales femeninos... como la Región Nordeste de Brasil, por ejemplo.

La afirmación anterior menosprecia al supuesto colega psicoanalista y lo ataca con ironías. La palabra latina hace que la agresión, llena de rivalidad y envidia, sea algo hipócrita. Calificar al competidor del psicoanalista –autor de estas líneas– como un pervertido sonaría bastante grosero. Ahora bien, el lector podría confirmar la hipótesis de que el presentador, arrogante y estúpido, presentaría su parte psicótica.

Para el presentador, es más interesante que sea considerado un provocador. Este aspecto fue estimulado por el aspecto provocador de los autores del libro. Provocación creativa, al ampliar el pensamiento del provocador Bion, que molesta porque que anuncia cambios catastróficos que implican saltos (cesuras) entre lo conocido y lo desconocido. El mismo Bion que dice: “las dos personas que están en el consultorio pueden estar mejor analizadas o ser más eficientes, pero no necesariamente serán mejores personas”. O los autores de este libro, que citan a Baer, quien a su vez cita una frase de un sobreviviente del holocausto: “La única enseñanza es que no hay nada que un ser humano no pueda hacerle a otro y nada que un ser humano no pueda hacer por otro”. Estas frases tienen el mismo contenido que Ceci n’est pas une pipe, lo que demuestra que el psicoanálisis no está relacionado con el deseo de hacer moralmente “mejor” a una persona y que un ser humano puede ser totalmente inhumano. Si la desgracia de la pregunta es la respuesta (“La réponse est le malheur de la question”), este libro es feliz, porque indaga, problematiza, duda, cuestiona y, al provocar, estimula el pensar.

Uno de los mayores desafíos para los seres humanos es pensar en el mal. Incluido el mal que ataca la capacidad de pensarlo. Los autores se lanzan audazmente al estudio de esta área. Al conjeturar sobre la Tabla negativa, abordan la mentira, el simulacro, la mistificación, la dispersión, la parálisis de Hamlet, en el eje sintagmático horizontal. En el eje vertical, la reversión de la función alfa, el vínculo parasitario, el estado de confusión, el prejuicio, la degeneración y el empobrecimiento emocional, la autodestrucción y la muerte. Y luego, el complejo abordaje de la ética y la moral se amplía para el trabajo analítico. Es imposible no reconocer el hecho (y sonreír con tristeza) cuando los autores se refieren a Nietzsche y la “moralina”, hipocresía en la que la simplificación y la rigidez ética conducen al maniqueísmo. Una “ética” que destruye la ética. Recordemos que el psicoanálisis, aunque siempre se ha centrado en estos aspectos, ha tenido limitaciones importantes para pensar en esta área.

Los autores también abordan, en forma atrevida y original, la imaginación radical. Expanden a la mente primordial, la incapaz de simbolizar, la potencialidad imaginativa que involucra sentimientos subtalámicos. Las conjeturas racionales y las imaginativas son parte de un conjunto que tiene como objetivo ampliar la potencia del trabajo clínico.

El lector puede, con los autores, identificarse con la osadía de los saqueadores del cementerio de Ur, con los temerarios senderos de Edipo en busca de sí mismo, con el sueño mortal de Palinuro, con la desobediencia de comer el fruto prohibido en el Edén, con los estados de confusión resultantes de la construcción de la Torre de Babel, con las indecisiones cobardes o prudentes de Hamlet. Todos los seres humanos. Las catastróficas consecuencias, que se presentan de manera provocativa, despertarán ciertamente una sana curiosidad y el consiguiente desarrollo. Con los peligros que conlleva este desarrollo...

1 Miembro titular y Analista didacta de la Sociedad Brasileña de Psicoanálisis de San Pablo (SBPSP) y del Grupo de Estudios Psicoanalíticos de Campinas. Profesor titular de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNICAMP.

Introducción

El tema de este libro es el modelo psicoanalítico propuesto por W. R. Bion.

Es el modelo que los autores hemos estado estudiando juntos en los últimos 25 años. Entonces, uno de nuestros objetivos será compartir con los lectores esta experiencia y la visión particular que surgió de ella.

Por otro lado, consideramos relevante dejar en claro que no es nuestra intención afirmar, con tal elección, que asumimos la existencia de un modelo o teoría mejor que otra. Sin embargo, lamentablemente, sabemos que muchos analistas creen que lo han logrado. Siempre existirán discusiones sobre los objetivos y propósitos del análisis, implícitos en estos modelos y teorías, así como problemas y discusiones institucionales sobre estos objetivos y propósitos. Tales discusiones son parte de la elaboración y del contenido de este libro.

En las páginas que siguen intentaremos exponer una nueva visión evolutiva de la obra de Bion, y señalaremos las aperturas de pensamiento que justificaron nuestra elección. Esta visión, desde el principio, pretende abolir la muy utilizada división didáctica que es la de la obra en fases. Reemplacemos esta forma clásica y recorramos el camino del autor a través de saltos de pensamiento, que lo colocaron mucho más allá de su tiempo. Es decir, pensamos que Bion no se desarrolla en fases, sino en cuestiones que lo llevaron a saltos hacia nuevas cuestiones. Estas, a su vez, están representadas por los textos que produjo y que tienen una lógica interna muy singular. Pero nada que ver con las fases, que sugieren que algo termina y comienza una nueva fase, como lo hace un artista. Bion no es un artista del psicoanálisis, sino un pensador y científico del psicoanálisis que desempeña con arte su función de crear nuevas cuestiones que permanecen abiertas para que el futuro las responda.

También pensamos que estos saltos reflejan la importancia de la obra de W. R. Bion y contemplan la diferencia teórico-clínica con otros autores. Para resaltar esta diferencia, primero necesitamos describir lo que podemos llamar el sentido fundacional (Chuster, A., 1989) de la obra de Bion, un sentido que no se limita a los textos, sino que los trasciende y nos toca como pensamiento vivo.

En Bion, se trata de la riqueza de proponer el renacimiento del psicoanálisis en cada momento de la experiencia clínica, lo que implica, plenamente en este proceso, nuestras singularidades como analistas. Como todo renacimiento, siempre nos lanzará al futuro y, con ello, se requiere imaginación y creación. Implica, de manera única, la responsabilidad de la mente del analista, lo que nos llevará en varios capítulos a abordarla como tema fundamental de este libro. Como han dicho a menudo diversos autores, Bion ha hecho que el psicoanálisis sea más difícil de practicar, pero mucho más interesante.

Sin embargo, para que este sentido fundacional sea captado, pensamos que es necesario considerar un punto importante: el cambio en la forma de pensar provocado por Bion y, luego, considerar las consecuencias de este cambio en el trabajo analítico.

Este cambio ciertamente trajo la marca del genio, que los filósofos de la ciencia definen como aquellos individuos cuyas habilidades –y sobre todo, cuya imaginación– obligan a la comunidad científica a abandonar viejos hábitos de pensamiento y a adoptar nuevos conceptos.

Se presta menos atención a lo que podría llamarse estilo. Sin embargo, en el progreso científico, los cambios en el estilo de trabajo pueden tener un impacto tan grande como el genio convencional. Bion fue un analista que trajo estos dos aspectos al psicoanálisis. Su estilo puede describirse como una mezcla de respeto y crítica por los conocimientos adquiridos. Tenía un talento especial para abordar de forma idiosincrásica temas esencialmente tradicionales: atención fluctuante, sueños, lenguaje de la interpretación, asociación de ideas, transferencia. Esto significaba no solo un sano desdén por el formalismo riguroso, sino también una genuina informalidad en la forma de pensar y de comunicar el pensamiento. Es difícil describir la profundidad del genio capaz de trabajar con este estilo. Pero, ciertamente, esta profundidad mostró cómo el psicoanálisis es una de las actividades humanas más difíciles. Combina conceptos sutiles y abstractos, que a menudo desafían las visualizaciones, con una complejidad técnica que nunca se logra dominar por completo.

Para acompañar esta complejidad, vamos a pedirle a nuestro lector que “piense de manera diferente sobre aspectos fundamentales del psicoanálisis, aunque solo sea por unos breves momentos”. Si de alguna manera tenemos éxito con esta provocación, habremos logrado el propósito de este libro.

El cambio en la forma de pensar, diciéndolo de manera breve y general, implica el paso del objeto simple –herencia científica del siglo XIX y de principios del XX–, al objeto complejo, que aborda las relaciones desde el Principio de Incertidumbre que, a su vez, está contenido en la teoría de la complejidad.

Sin embargo, nuestro camino no es solo mostrar el paso de un objeto simple a un objeto complejo, sino “pasar de la complejidad a una complejidad cada vez mayor”. Y vale la pena repetirlo siempre: el objeto simple no es desechable porque el objeto complejo fue creado, sino que es uno entre varios aspectos de la complejidad del psicoanálisis. Mientras no se reconozca y respete esta característica, siempre habrá comentarios que afirmen que “esto no es psicoanálisis”.

El sentido fundacional es, por lo tanto, una expresión de este “cambio en la forma de pensar”, y podemos inferirlo a través de las diversas expresiones del lenguaje que utiliza Bion. Sin embargo, tenemos una expresión que condensa a las demás. Nos centraremos en ella de varias formas en este libro: “el concepto de pre concepción”.

El camino en el que se desarrolló el concepto se puede llamar el pons asinorum de la obra de Bion. Es un camino que comienza con Una teoría del pensamiento (1962) y va hasta el texto Notas sobre la memoria y el deseo (1967).

La expresión pons asinorum, traducida literalmente, significa “puente de los burros” o “mata burros”, un pequeño puente sobre un arroyo hecho de finos troncos de madera que los humanos pueden cruzar, pero que se convierte en un obstáculo insuperable para los animales. La expresión fue utilizada con fines didácticos por Euclides, el matemático de la Antigua Grecia, cuando les pidió a sus alumnos que demostraran su quinto postulado como condición sine qua non para continuar sus estudios. En la Edad Media, el término se usó en filosofía siempre con la misma connotación, la de un obstáculo esencial que hay que superar para poder continuar con los estudios. En este punto, utilizamos esta expresión para caracterizar, con humor y en forma didáctica, una dificultad que aparece en todos los lugares y grupos en donde se estudia a Bion.

En la obra de Bion tenemos un pons asinorum con dos pilares. Un pilar teórico, que es Una teoría del pensamiento (1962a) y un pilar técnico, que es el artículo Notas sobre la memoria y el deseo (1967). Entre los dos pilares emergen los textos Aprendiendo de la experiencia (1962b), Elementos de psicoanálisis (1963) y Transformaciones (1965). El grado de oscilación e inestabilidad del puente (producción de turbulencia emocional) aumenta de un texto a otro, y produce un número cada vez mayor de abandonos.

Muchos intentan saltarse la parte del puente que corresponde al texto Transformaciones, pero cuando lo hacen y llegan al texto Atención e interpretación (1970), solo logran comprender algunos fragmentos y dejan de lado la profundidad de cuestiones del objeto complejo como, por ejemplo, la cuestión del “acto de fe”.

La disciplina que propongo para el analista, es decir, evitar la memoria y el deseo en el sentido en que usé estos términos, aumenta su capacidad para ejercer “actos de fe”. Un “acto de fe” es característico del procedimiento científico y distinto del significado religioso del que está investido en el lenguaje común; se vuelve aprehensible cuando se representa a sí mismo en y a través del pensamiento. Debe “evolucionar” antes de que pueda ser aprehendido y es aprehendido al constituirse como pensamiento, como cuando la O del artista es aprehendida una vez transformada en una obra de arte (Bion, 1970).

La complejidad, que aparece en el extracto anterior, destaca en primer lugar la singularidad de cada analista transcripta como una evolución del dominio “O”.

En segundo lugar, el “acto de fe” es una forma de desacreditar el ideal de ciencia regido por la lógica determinista. La propia elección de palabras ya realiza esta tarea en el nivel léxico:

para el lector desprevenido, y para los deterministas, nada parecerá tan poco “científico” como la palabra fe en el actuar de un psicoanalista.

En tercer lugar, al equiparar el acto de fe con el acto científico, Bion revierte esta rendición de cuentas a la ciencia hecha por tantos opositores al psicoanálisis cuando deciden criticarlo manipulando criterios científicos. El psicoanálisis es una práctica de orden única en la historia de la humanidad y, por lo tanto, no encuentra ninguna ciencia que pueda abarcarla; a lo sumo encuentra en común con las ciencias el interés por buscar la verdad.

Ciertamente, Bion no tenía las herramientas de la teoría de la complejidad en la época en que vivió. Aparece mucho después de su muerte en 1979. Aun así, la intuyó y aplicó esta intuición en el desarrollo de sus conceptos. Por ello, afirmaremos en este libro, varias veces, que, cuando se utiliza el vértice de la complejidad, la obra de Bion es clara, muy alejada de las innumerables etiquetas de autor difícil y hermético que tantas veces recibió. Por cierto, quienes tuvieron contacto personal con Bion pudieron ver que su estilo era alegre y bastante rápido como su pensamiento, que fluye con ritmo como si estuviera acompañado de una música interior. Hablaba en un lenguaje vivo, claro, rico en imágenes que se conectan en muchos momentos sin un texto explícito. Esto obliga al lector y al interlocutor a crear este texto, lo que marca la diferencia con otros autores que no dejan de imprimir allí su huella.

En otras ocasiones, Bion parece sobreestimar al lector, ya que espera que sea tan erudito y experimentado como él. Sin embargo, si podemos tomar esto como un desafío, siempre habrá mucho que aprender. Pero la dificultad central es situarse en la multiplicidad de conceptos que, en cierto modo, abordan una cuestión que podemos llamar el fin de la verdad. Fin en ambos sentidos: el final y la ausencia de la verdad y también de los objetivos. Esta cuestión orienta la obra y su proyecto global en toda su extensión. De hecho, impregna todas las relaciones con la filosofía y también con la religión y la ciencia.

En cierto modo, al leer Bion, siempre nos enfrentaremos a la pregunta: ¿qué hay detrás de la verdad en su relación con la ciencia, el arte y la religión? ¿Cómo surgió la convicción de que existían ideas verdaderas y de que debíamos hacer todo lo posible por descubrirlas? ¿A qué corresponde tal convicción? ¿Es un prejuicio o un saber? ¿La verdad sirve a algún interés institucional? ¿Cuál es la conclusión a sacar, al verla cambiar de una época a otra? ¿Que no existe en forma duradera? ¿Que deberíamos integrar todos estos elementos parciales en un movimiento conjunto?

Estas son preguntas que atraviesan las generaciones modernas, y Bion no escapa de ninguna de ellas. Incluso podemos ver el transcurso de la filosofía en el transcurso de su obra. En primer lugar, tenemos la presencia de Kant en los textos en los que desarrolla la Teoría del pensar, con todas las ideas que demarcan la revolución del pensamiento que inaugura la modernidad. Bion, fijando marcas para la validación de los saberes, como Kant, decide el campo de los conocimientos relacionados con el psicoanálisis, hace explícito aquellos en los que no se puede discernir lo verdadero de lo falso, alerta sobre la invasión de las creencias en el espacio psíquico y, cuando propone que se prescinda de todas estas interferencias, las resume como provenientes de la memoria, el deseo y la necesidad de comprensión.

En Atención e interpretación (1970), aparece un cambio en Bion con la lectura de Nietzsche. Las interferencias son eliminadas por lo que se enuncia como un acto de fe, y al mismo tiempo alerta para la forma como las propuestas religiosas se basan en las justificaciones más falsas para controlar el saber.

En cierto modo, como en el caso del filósofo, existe la defensa de una especie de verdad artística. La idea de la verdad no está inscripta en el registro de la lógica y de la demostración racional; se expresa en términos de pasiones, mitos y sentidos, áreas de aplicación del objeto psicoanalítico. Así, una ampliación del concepto de la columna ψ, que apareció en la Tabla, sigue demostrando que las categorías de verdadero y falso terminan siendo descalificadas cuando coinciden con el miedo y la resistencia a lo desconocido.

No se puede decir que un pintor o músico sea más verdadero o falso que otro. Como Nietzsche, Bion expresa que necesitamos concebir la diversidad cuando se trata de sistemas filosóficos para los que el psicoanálisis se constituye como la respuesta práctica. La complejidad con la que se construye el mundo se devuelve al psicoanálisis a través de Bion, así como la dificultad para su ejercicio. Ese es nuestro principal mensaje en este libro.

CAPÍTULO I
La obra compleja

Bion (1962a, 1970) nos habló de pensamientos sin un pensador, expresión que sorprendió a muchos, que reaccionaron indignados contra tal idea afirmando que ¡no puede haber pensamientos sin un pensador! Para muchos fue una herejía o una burla de Bion. La respuesta a tal reacción es simple: no puede haber pensamientos sin un pensador en la lógica del determinismo psíquico, pero, cuando se trabaja con la complejidad del pensar, los pensamientos sin un pensador constituyen solo una de las posibilidades.

Lo mismo ocurre cuando se habla de la expresión “memoria del futuro”, que dio título a la trilogía (Bion, 1975, 1977 b, c); desde el punto de vista del determinismo, no es posible recordar algo que no sucedió, pero, desde el vértice de la complejidad, es plenamente posible hablar de una sombra que viene del futuro a través de la cual tales pensamientos nos llegan. Del mismo modo, es probable que seamos alcanzados simultáneamente por pensamientos extraviados, pensamientos salvajes y pensamientos con dueño. Necesitamos una red psicoanalítica para captarlos.

Los pensamientos sin un pensador, una vez pensados, generan una extensa novedad que podemos llamar creación histórica, es decir, un hito, un antes y un después y, más específicamente, una cesura. Una de sus facetas es la producción de turbulencia emocional que suscita intentos de apaciguamiento por parte del establishment y sus asociados. Estos intentos tienden a bloquear la originalidad del pensamiento mediante acciones de denigración moral, negación de su valor dentro del sistema o, más comúnmente, mediante afirmaciones de que no es legítimo. En el caso del psicoanálisis, se dice a la ligera que no son ideas psicoanalíticas. En ninguna otra actividad se practica tan descaradamente este tipo de descalificación simplista y autoritaria.

Pensamos que, si no adoptamos la complejidad del pensar psicoanalítico, estos dichos absurdos seguirán siendo proferidos con la consecuente decadencia del sistema institucional que los sustenta. Por esta razón, procedamos en este punto mostrando que, incluso en el camino más “familiar”, o uno que los lectores del establishment puedan soportar al identificar lo que un colega inglés llamó en la Conferencia de Boston (julio de 2009) como “el bueno y viejo Bion” (es decir, la parte de la obra que tiene elementos reconocibles del lenguaje kleiniano), algunos puntos fundamentales y originales parecen negarse por escapar de esta comprensión común o tradicional.

De los extractos de la obra de W. R. Bion más conocidos en el campo psicoanalítico, destacamos tres momentos principales: la teoría de los grupos, desarrollada a finales de la década de 1940; “La teoría de la diferencia entre las partes psicóticas y no psicóticas de la personalidad”, desarrollada durante la década de 1950; y algo de la Teoría del Pensar, que aparece a principios de los años 60; a partir de este punto, la dificultad aumenta exponencialmente. Pero, en este mismo camino más reconocido, algunos puntos originales parecen pasar desapercibidos. Intentaremos resaltarlos, ya que son parte de la complejidad que Bion insertó en el psicoanálisis, y ahí es donde se encuentra la principal dificultad para leer a Bion. Sin embargo, si la complejidad es el vértice adoptado, Bion se convierte en un autor absolutamente claro en sus proposiciones.

En la teoría de los grupos, una notable intuición le permitió a Bion anticipar, mucho más allá de su tiempo, descubrimientos arqueológicos que describen en el funcionamiento grupal la presencia de “rastros psíquicos del grupo pre-humano”, grupos nómadas de las sabanas africanas, que se organizaban de acuerdo con los patrones descritos por los supuestos básicos. El grupo humano es, desde esta perspectiva, una evolución de estos vestigios a un grupo de trabajo, es decir, un grupo de producción.

Los descubrimientos arqueológicos a partir del año 2000 muestran que los australopitecos, la especie que nos precedió, se movían de día por las sabanas africanas y de noche, para protegerse de los depredadores, se organizaban en tres círculos concéntricos. El más externo estaba formado por individuos en alerta para dar señales de fuga o para luchar contra los depredadores; en el centro se encontraban los individuos dependientes –hembras, bebés, ancianos y enfermos– y, entre los dos, había un espacio para los machos del círculo exterior que traían las hembras para aparearse. Por estas razones, los supuestos básicos no son una teoría evolutiva, como una teoría de la libido, y ocurren simultáneamente dentro de la misma dimensión que Bion llamó el sistema proto-mental. Cuando nos enfocamos en uno de los supuestos, no podemos enfocarnos en los demás, ya que están contenidos en la reacción corporal de los miembros del grupo. Esta descripción responde a la complejidad de las observaciones.

El segundo punto se refiere a la descripción de la mente a través de un modelo espectral de posibilidades entre “partes psicóticas y no psicóticas”, en contraposición al modelo estructural tradicionalmente utilizado en psicoanálisis. El modelo espectral fue una consecuencia de la crítica de Bion a las teorías psicoanalíticas clásicas durante la década de 1950. Él indica la observación de una serie de fenómenos que la teoría existente no podía cubrir y decide abordarlo de una manera propia que implicó una cantidad importante de observación, imaginación y capacidad clínica.

Con esta crítica se deja de lado el asunto del diagnóstico de inspiración psiquiátrica, lo que da paso a la observación de fenómenos desde la perspectiva de las acciones que reemplazan pensamientos, alucinaciones provocadas por objetos extraños, terror sin nombre, miedo a la aniquilación inminente, odio a las relaciones con la realidad interna y externa y a las funciones que las establecen, ataques a los vínculos, transformación del amor en sadismo por el predominio de impulsos destructivos, exceso de identificación proyectiva que obstaculiza el pensar.

El modelo de Bion lleva al pensar psicoanalítico a buscar nuevas formas de describir el fenómeno psicótico. Nuestro futuro psicoanalítico depende de ello porque, si no podemos hacerlo, los tratamientos estarán cada vez más basados en medicamentos que traducirán una visión medicalizada y pesimista sobre el pronóstico de cualquier individuo.

Cabe señalar que, en general, la medicalización pretende representar métodos de tecnología moderna, lo que hace que las prescripciones y las prácticas sean ambiguas y se guíen por las tasas de éxito y fracaso. Nada peor que esto cuando consideramos la complejidad de los fenómenos psíquicos. En este punto, la brecha entre la práctica médica y el psicoanálisis se hace cada vez más presente. Mientras la medicación insiste en ignorar la singularidad de los individuos, reduciéndolos a un mínimo común denominador de reacciones químicas, el psicoanálisis va en una dirección totalmente opuesta, especialmente para Bion, que aplica incondicionalmente el principio de la singularidad.

La historia del psicoanálisis, así como la historia de la ciencia, avanza a saltos discontinuos, no porque sea ciencia o psicoanálisis, sino porque en ellas se encuentra el proceso de transformaciones que Bion supo delinear muy bien. Las transformaciones ocurren en saltos discontinuos, no lineales. Esto caracteriza al ser humano desde sus inicios y expresa su constante angustia ante lo nuevo, lo que no siempre ocurre con la psiquiatría, que trata en forma determinista de evitar saltos y acomodarse, con lo cual sufre un lento desarrollo.

La cultura médica y psiquiátrica conservadora terminó construyendo una especie de torre de Babel porque el concepto de terapia se convirtió en una especie de culto a sí mismo. Este culto se basa en el ser “racional”, cognitivo-conductual, que no es más que una estructura rígida que obedece a leyes y relaciones científicas, positivistas y tecnocráticas. Es una especie de metafísica que es el postulado complementario indispensable que subyace en el imaginario del capitalismo, donde prevalece la significación social imaginaria de una expansión ilimitada del dominio racional. Así, se cree que exclusivamente con el uso de medicamentos es posible solucionar cualquier problema y se genera la creencia de que se inventarán sin límite, con la perspectiva de ir acercándose cada vez más a un estado de perfección.

Cuando realmente se trabaja con transformaciones, la idea del ser implica una constante creación/destrucción de formas, es decir, una discontinuidad, de la que surge una novedad radical y una estratificación de lo existente, lo que corresponde a grandes trastornos en el imaginario científico que intervienen al considerarse una teoría de la Observación.

Se le exige al psicoanálisis “explicaciones” que no puede proporcionar. Sin embargo, ni siquiera es su campo explicar. Freud le dio a su primera gran obra el título La interpretación –y no explicación– de los sueños. Freud describió que estaba lidiando con dos niveles de sentido: uno manifiesto y otro latente. No se trataba de explicarlos, sino de reconocer sus diferencias y captar el movimiento entre los dos, mediante una interpretación de las asociaciones de ideas que surgían.

Asimismo, Melanie Klein describió dos niveles, dos posiciones, que se relacionan e interactúan, y conducen no a explicaciones, sino a la posibilidad de acceder a una búsqueda de sentidos y significados que nos organizan y desorganizan.

Bion amplió esta idea agregando el concepto de hecho seleccionado, que mostrará la negociación entre las posiciones y las posibilidades de comprender mejor el grado de confusión que aparece subyacente a los fenómenos psicóticos. Además, añadió el concepto de envidia como fuerza que inhibe la acción de los objetos revitalizantes o estimulantes del crecimiento y corta el vínculo con ellos, actuando de acuerdo con el modelo canceroso. Es decir, apunta a la inmortalidad y a una fenomenología que genera un pensamiento elitista y arrogante. Cuando el envidioso es desafiado, el retador es inmediatamente acusado de envidioso satánico.


El infierno musical, detalle del cuadro de Hieronymus Bosch, El jardín de las delicias. Ejemplo de elementos beta, objetos extraños, parte psicótica de la personalidad.

El tercer punto, todavía relacionado con el modelo espectral, es la relectura del “mito de Edipo” a través del vértice de la parte psicótica de la personalidad exteriorizada por el fenómeno de la arrogancia2 de los personajes. Al buscar la verdad, Edipo sucesivamente está aterrorizado, desanimado y es desafiado y acusado de arrogante. Sin embargo, ninguno de sus interlocutores le dice toda la verdad, solo le dicen una verdad a medias, es decir, se le dice una buena mentira en lugar de la verdad. Los interrogadores reclaman para sí mismos un saber “completo”. Por lo tanto, hay un doble movimiento en el que un elemento intenta colocarle al otro la etiqueta de arrogante. Por ejemplo, el Oráculo tiene la función de revelar la verdad, pero acusa a Edipo de arrogante por desear buscar la verdad.

Bion muestra así que la cuestión central del psicoanálisis es la búsqueda de la verdad, y ubica la cuestión de la sexualidad como periférica o como fuente de acceso a un problema más profundo, que es la esencia psicótica del ser humano en relación con la verdad. Al hacerlo, se establecerá un espectro de la siguiente manera:

Sexualidad <––– Búsqueda de la verdad –––> Mentira

Ciertamente era una osadía de parte de Bion afirmar que en el complejo nuclear de la neurosis existía un núcleo psicótico activo con el que se hacen pactos constantemente, lo que genera una configuración que describió entre la arrogancia, la estupidez y la curiosidad. La arrogancia sería una transformación del orgullo regido por impulsos destructivos, la curiosidad sería una curiosidad mórbida, una que lleva al individuo a apreciar solo el mal, y la estupidez sería un término que contiene los significados de un acto agresivo y mentalmente estrecho.

No obstante, pensamos que el aspecto más original de esta visión fue situar al psicoanálisis en el contexto de una ética trágica: la verdad es fundamental y, sin embargo, nunca se podrá alcanzar. La ética es trágica porque traduce a la verdad como un personaje del que se habla en el escenario, pero no está ahí. Su vigor viene dado por su falta. Los esfuerzos para evitarla son constantes, de ahí el espectro de la mentira. Así, frente a una verdad siempre inalcanzable, lo único que nos queda como seres humanos es crear, imaginar cuál sería la verdad si pudiéramos alcanzarla y, como lo que más se crea en la mente son los pensamientos, una Teoría del Pensar es una consecuencia natural para quien pensó en el psicoanálisis desde el vértice de una ética trágica (Chuster, A., 1999).

Además, una observación detallada de la lectura de Bion muestra la complejidad de la situación en la que cada personaje intenta colocarle al otro la actitud que toma frente a la verdad; Edipo va en busca de la verdad como investigador, pero es acusado de arrogante por el Oráculo, que lo aterroriza y lo dirige en la dirección opuesta a su seguridad. Edipo corre hacia el trágico destino. Esta circularidad se repite sucesivamente con los demás personajes: Tiresias, Layo en la encrucijada, la Esfinge, Yocasta y el propio Edipo al final, cuando se ciega con el broche de Yocasta (símbolo del poder real) y pasa a depender de su hija Antígona.

En 1962, Bion presentó en el Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional, en Edimburgo, el trabajo Una teoría del pensamiento, que fue consecuencia de esta reinterpretación del mito de Edipo a través de una ética trágica (Bion, 1958). El tono de la obra responde a la tragedia de la verdad: el ser humano no tiene salida sino a través de su pensar y su capacidad de imaginar qué sería la verdad si pudiéramos llegar a ella. En este enfoque, hay un “devenir”, más que un saber. Una cuestión que será muy explícita en el trabajo Transformaciones (1965).

La teoría del pensamiento, que constituye el principal pilar teórico de la obra de Bion, suscitó en su momento numerosas reacciones contrarias. En la presentación, un destacado analista se puso de pie y protestó en voz alta que eso no era psicoanálisis sino el “producto de una mente insana”.

Estas reacciones nunca han dejado de ocurrir y persisten hasta hoy en día.

En la primera oración del trabajo, Bion dijo que el psicoanálisis es una respuesta práctica a cuestiones filosóficas (es decir, cuestiones de la vida). En la segunda frase, limitó el campo de esta práctica al afirmar que la respuesta práctica debía regirse por “la misma relación que existe entre la matemática pura y la matemática aplicada”. Es decir, el psicoanálisis necesita principios epistemológicos para evitar la interferencia de mitos y creencias en su campo, y es necesario y fundamental el principio ético-estético de incertidumbre para pasar del campo del objeto simple al objeto complejo.

Creemos que Bion fue acusado de “insano” y, posteriormente, por cada obra que escribía se decía que estaba “confundido” porque es evidente que en la mente de los acusadores solo es posible ser filósofo o psicoanalista o matemático. No es posible ser las tres cosas al mismo tiempo y, además, si el individuo es filósofo no es psicoanalista y ninguna de las dos actividades tiene nada que ver con la matemática.

Así, tratar de asociar psicoanálisis, filosofía y matemática en una teoría les pareció a los acusadores algo imbécil, sospechoso y perverso. Durante los años siguientes, Bion sufrió cada vez más el “hielo” de sus colegas. En 1965 se contaba con los dedos de la mano a las personas que estaban dispuestas a tener un diálogo con él. Era considerado un kleiniano “exótico”3.

Sin embargo, lejos de ser confuso o “exótico”, Bion, yendo mucho más allá de su tiempo, usando su imaginación, su autonomía institucional y una intuición correspondiente, capturó lo que hoy se llama teoría de la complejidad y se colocó en una posición de interfaz entre el psicoanálisis, la filosofía y la matemática, es decir, pasar de una a otra, tratando de establecer y practicar una propuesta fundamental: “pensar de otra manera –aunque sea por un breve momento– sobre el psicoanálisis”.

Por otra parte, en general, también es necesario decir que querer no significa poder pensar. Es necesario aprender. Y solo se aprende a pensar esperando lo inesperado, lo desconocido, lo sorprendente. En este proceso, dos cualidades son fundamentales y Bion las destaca de muchas maneras: la paciencia (capacidad negativa) y la imaginación.

En otras palabras, podemos decir que, cuando se empieza a pensar diferente y, más aún, como consecuencia, se empieza a trabajar de otra manera, sucede algo subversivo. Entonces, frente a lo subversivo (turbulencia emocional), la tentación es conformarse con alguna teoría familiar que tenga un estatus institucional, como “Freud dijo eso”, “Winnicott dijo lo mismo en otras palabras”, y así sucesivamente. Sin embargo, la propuesta de la Teoría del Pensar exige que no se hagan comparaciones, ya que se trata de paradigmas diferentes.

Sin embargo, es muy difícil mantener esta posición no comparativa dentro de una institución. Es aún más difícil hablar de un cambio de paradigma. Las oposiciones institucionales, los sabotajes y las ironías maliciosas que distorsionan las palabras mientras se mantiene una sonrisa que simula simpatía son muy cansadoras. También es muy cansador cuando solo hay acuerdo y, a veces, algo mucho peor, que es la simulación del entendimiento. Por otro lado, es muy satisfactorio cuando encontramos interlocutores que, de manera autónoma, logran decir lo que nosotros mismos no podemos decir. Y luego se crea algo más allá de lo conocido. La práctica del psicoanálisis no debería ser diferente.

Afortunadamente, los autores han tenido la oportunidad de trabajar con grupos no institucionales, no “oficiales”, que se constituyen con las características de lo que D. Meltzer (1971) llamó el atelier del psicoanálisis. No diríamos que son grupos subversivos o clandestinos, pero funcionan muy bien. Podemos decir que son grupos extramuros, lo que les confiere un carácter socrático en el que se evita el didacticismo, el conservadurismo y el romanticismo de la educación platónica.

Leclaire (2001) expresó que la gran infelicidad del psicoanálisis era haber salido de la clandestinidad, es decir, que había perdido gran parte de sus atributos revolucionarios y subversivos. Quizás, la clandestinidad psicoanalítica solo existió cuando Freud calificó la situación en la que se encontraba cuando estaba dando a luz al psicoanálisis de “espléndido aislamiento”. Muchos místicos y genios creativos describen estados similares en sus vidas. Actualmente preferimos otro término, que proviene de Bion (1967), menos dramático y más éticamente trágico: el estado mental sin memoria, sin deseo y sin necesidad de comprensión, o la expresión usada por el poeta Keats que traduce este estado: “capacidad negativa” (Bion, 1970), la capacidad de tolerar misterios, incertidumbres y verdades a medias, sin apresurarse a comprender o a llegar a una conclusión.

Este estado, que ha sido descrito por varios otros poetas, escritores, científicos –y que Bion (1970) llamó acto de fe–, libera la imaginación, produce ideas, expone sus condiciones de creación y vicisitudes, exige al psicoanalista criterios científicos.

Freud (1926) tardó un cuarto de siglo en decidirse sobre estos criterios, y concluyó que era menos importante para el ejercicio del psicoanálisis haber estudiado medicina que saber de literatura, etnología, historia, filosofía y arqueología (La cuestión del análisis profano).4 En otras palabras, el psicoanalista necesita ser competente para captar y contener los fenómenos del lenguaje y sus orígenes en el pensamiento a través de sus relaciones con el inconsciente.

Bion (1970) destaca que la obra de Freud es un ejemplo de este doble movimiento de contención y captura y lo denominó “Lenguaje de Logro” (Language of Achievement). Es un lenguaje que es a la vez un preludio de la acción y un tipo de acción en sí mismo. Es un preludio porque permite preparar una base para afrontar situaciones futuras. Es una acción en sí misma porque trata en el aquí y ahora con algo que surge y se revela a través del fenómeno del pensar.

Podemos plasmar estas ideas a través de las palabras de João Guimarães Rosa:

El lenguaje y la vida son una sola cosa. Quien no hace del idioma el espejo de su personalidad, no vive; y, como la vida es una corriente continua, debe evolucionar constantemente. Esto significa que, como escritor, debo dar cuenta de cada palabra durante el tiempo que sea necesario para que vuelva a estar viva. El idioma es la única puerta al infinito.

Bion introduce, desde la Teoría del Pensar, un nuevo paradigma de la relación entre pensamiento, lenguaje y sentimiento, que podemos llamar orden implicado (de la raíz latina que significa “involucrar” o “para adentro”). El orden implicado contrasta con el orden explicado, dominante en el pensamiento en general a través de las diversas teorías deterministas y positivistas (objeto simple) que aún tienen mucho prestigio y producción.

El orden implicado considera el proceso analítico como un productor de un pensar que apunta no a un saber más, sino a un saber para transformarse, es decir, busca acercar el psicoanálisis al criterio de “una teoría de las transformaciones”, que presenta mayores posibilidades interpretativas y que contempla la mente como un objeto complejo.

Por lo tanto, el proceso analítico está dirigido en última instancia a la sabiduría del individuo y, como tal, a aspectos de la intimidad del Ser que a menudo no se pueden expresar con palabras. Esto es lo que Bion (1965) llamó Transformaciones en O. Solo la experiencia emocional, que es un ejemplo del orden implicado, puede conducir a este proceso “trágico”.

En varios puntos, Bion nos describe, de diferentes maneras, insertos en esta tragedia, que nos transforma en seres confusos a merced de una esencia inaccesible, incognoscible, inefable, frente a la cual nos vemos llevados muchas veces a tomar malas decisiones y a ejecutar malas acciones. No se trata, por lo tanto, de una lucha del bien contra el mal, sino de la historia de las confusiones mentales.

Cabe señalar también que, si bien es obvio que el campo analítico consiste en trabajar con pensamientos, ideas, sentimientos, no existía una Teoría del Pensar propiamente psicoanalítica hasta que Bion la formuló más de 60 años después del inicio del psicoanálisis. Hasta ese momento, el pensar era producto de la maduración del yo, conclusión más cercana a una teoría biológica adaptativa, que seguía los principios cartesianos del cogito “pienso, luego existo”.

Al avanzar dentro de un nuevo marco, que es el parámetro de la relación entre matemática pura y matemática aplicada, equivalente a la relación entre filosofía y psicoanálisis, Bion allana el camino para un “inédito y original estudio epistemológico”. Él demostrará que el pensar humano es consecuencia de la presión de los pensamientos, y no al revés, como se suponía desde la perspectiva cartesiana. Entonces, desde Bion, querer no es suficiente para pensar, es necesario aprender de la experiencia. Y, para aprender, es necesario acoger lo inesperado, la sorpresa de lo extraño, de lo nuevo, de lo desconocido. En este proceso, la paciencia, la capacidad negativa5, la capacidad de no respuesta inmediata, lo es casi todo. Es el hecho de “existir, de tener contacto con el Ser mismo”, lo que mueve el pensar. Si tengo la intención de ser, me veo en la obligación de pensar. Los esfuerzos para no pensar son equivalentes a los esfuerzos por no existir o no sentirse como un ser humano. Lo cual también es una imposibilidad.

En este aprendizaje se introducen los conceptos de rêverie materna y su expansión epistemológica por una mente concebida por una teoría de funciones: “función alfa, elementos alfa, elementos beta, barrera de contacto, pantalla de elementos beta”. La madre inicia su bebé en el proceso de aprendizaje de la función del pensar al digerir las cargas de identificación proyectiva y al aceptarlas como comunicación de las necesidades del bebé, que comienza a formar su mundo interno en esta relación. Cabe señalar que este modelo psicoanalítico se construirá postulando que la identificación proyectiva solo se detiene cuando llega al objeto al que se dirige. De esta forma, las personas se comunican, quieran o no. Hay una comunicación inevitable entre las personas y eso constituye la búsqueda de lo humano.

Una Teoría del Pensar ha desatado una demanda epistemológica que generará lo que podemos llamar una nueva teoría del inconsciente, que se describe en el texto Aprendiendo de la experiencia (1962b).

El reconocimiento de esta nueva teoría, que se basa en un “modelo espectral de tres movimientos” (el modelo de Freud tiene cuatro), sumado a la pérdida de los referenciales comparativos que los lectores buscan con otros autores, trae varias dificultades de comprensión en este punto. Pero, en realidad, la teoría de Bion puede verse como una expansión de la teoría de Freud, al intentar desarrollar la cuestión del inconsciente que nunca fue consciente, un inconsciente sin fronteras, infinito, que trasciende el aspecto filogenético estático (protofantasías) que generalmente se le atribuye a esta proposición. Para manejar esto, el concepto de pre-concepción es esencial.

Inicialmente, una de las ventajas del concepto es la posibilidad de investigar cualquier modelo que se presente, ya que, en esencia, la preconcepción nos remite a principios que preceden a los modelos.

Chuster et all. (1999, 2002) buscaron enfatizar estos principios a partir de la relectura de la obra Making the Best of a bad Job (1979), cuando Bion propone la sustitución de los dos principios del funcionamiento mental de Freud por tres principios de vida. Son los siguientes:

1. Sentimientos

2. Pensamientos anticipatorios

3. Pensamientos + sentimientos + pensamientos (prudencia o previsión ––> acción).

La propuesta de Bion de reemplazar los dos principios freudianos introduce la complejidad de la vida que, a su vez, siempre sugiere una búsqueda de más principios. Es decir, si un psicoanálisis debe regirse por principios de vida, pensamos que debe buscar más principios, que llamamos de ético-estéticos. La descripción de estos principios por sí sola aclara esta tesis y el significado de la combinación de ética y estética en el psicoanálisis.

Considerando lo que Freud afirmó en 1900 sobre los sueños y el papel de la interpretación, pero sobre todo cuando afirmó en 1911 que el arte logra conciliar los dos principios del funcionamiento mental, nos llevó a describir los principios éticos-estéticos, que implica la posibilidad de trabajar psicoanalíticamente siempre hacia la integración.

La idea central es pensar en una práctica psicoanalítica basada principalmente en principios que aseguren un uso más adecuado de las teorías y, en consecuencia, su selección a través de un marco crítico. Esta referencia, a su vez, al expresarse de manera estética, apoyada en una ética de la observación, permite el uso de una teoría más acorde con la forma de ser del analista, haciéndolo más real dentro del setting analítico y también fuera de él. En este aspecto, la ampliación del número de principios observacionales solo puede ser beneficiosa para el pensamiento psicoanalítico.

Bion, en el artículo “Una teoría del pensar” (1962a), retoma el artículo de Freud de 1911 y dice:

Si la capacidad para tolerar la frustración es suficiente, el no-pecho se convierte en pensamiento y se desarrolla un aparato para pensarlo. Esto inicia el estado descrito por Freud en “Los dos principios del funcionamiento mental”, en el que el predominio del principio de realidad es sincrónico con el desarrollo de la capacidad de pensar y, de esta manera, cerrar la brecha de frustración que surge entre el momento en que se experimenta una necesidad y el momento en que la acción adecuada para satisfacerla culmina en su satisfacción. La capacidad de tolerar la frustración, por lo tanto, permite a la psique desarrollar el pensamiento como un medio a través del cual la frustración que se tolerase volverá más tolerable [...].

Y más:

La incapacidad para tolerar la frustración inclina la balanza hacia la evitación de la frustración. El resultado es una desviación significativa de los hechos que Freud describe como típicos del pensamiento en la fase de predominio del principio de realidad. Lo que debería ser un pensamiento –un producto de la unión de la preconcepción y de la “realización” negativa– se convierte en un objeto malo, indistinguible de una cosa-en-sí-misma y que solo se presta a la evacuación. En consecuencia, se perturba el desarrollo de un aparato para pensar y, en cambio, se produce el desarrollo hipertrofiado del aparato de identificación proyectiva.

En 1962, en el texto “Aprendiendo de la experiencia”, Bion avanza en la teoría debido a los impasses que estaba encontrando en la correlación teórico-clínica:

Los fenómenos presentes en el análisis no se identifican con la descripción de Freud de la personalidad que actúa, durante la fase de predominio del principio de placer, para librarse de la adición de estímulos. Esa personalidad está dentro de un cierto rango normal, la que describo es bastante anormal. La actividad que se manifiesta bajo el dominio del principio del placer, para desenredar la personalidad de las adiciones de estímulos, se reemplaza en la fase de predominio del principio de realidad por el desechar los elementos beta indeseables. Una sonrisa o una declaración verbal se interpretan como un movimiento de evacuación y no como una comunicación de sentimientos.

La situación general, para Bion, refleja la situación del analista con respecto a la existencia de diferentes estados mentales: sueño, vigilia; si ambos son igualmente respetados, si el árbitro es imparcial, ¿cuál se elige para dar una interpretación (acción verbal)? Y dice:

Cuando nos dedicamos al psicoanálisis, en el que la observación debe cumplir un papel extremadamente importante (siempre reconocida como extremadamente importante en toda investigación científica), no debemos restringir nuestra observación a una esfera demasiado estrecha. Entonces, ¿qué estamos observando? La mejor respuesta que conozco la proporciona la formulación de Milton en la introducción al tercer libro de El Paraíso perdido.

La formulación de Milton es la siguiente:

Brilla, pues, dentro de mí con más esplendor,

¡oh, celeste luz! Ilumina con tus rayos las potencias de mi alma; pon ojos en ella;

purifica y presérvala de las sombras que la envuelven, para que pueda ver y narrar cosas invisibles a la vista de los mortales.

Creemos que es posible destacar que, en Bion, existe un tránsito bidireccional entre el uso del pensamiento científico (determinante del modelo de observación), que debe guiarse por la ética, y el elemento estético que, ejemplarmente, se expresa en el lenguaje de la poesía de Milton. Una vez caracterizado por el lenguaje estético, el principio de funcionamiento se convierte en la pauta fundamental en la búsqueda de la integración.

Sin embargo, la adopción de principios hace que la cuestión central se convierta en la percepción de la turbulencia emocional implícita en cada sesión y las condiciones que permiten transitarla y percibirla en el vínculo analítico.

Evidentemente, la transferencia adquiere una forma singular en su relación con la experiencia emocional: el triángulo K (sed de saber), L (amor), H (odio).

Todo psicoanálisis es esencialmente transitorio, por lo tanto, está intrínsecamente involucrado con la cuestión de la temporalidad. En tanto psicoanalistas, consideramos a los seres humanos y a la condición humana como constitutivamente temporales, es decir, históricos. Esto significa que nuestras capacidades y quienes somos se definen en el desarrollo de la historia. De esta manera, no podemos conocer al ser humano y a la condición humana si no los entendemos e interpretamos a partir de las determinaciones que se van adquiriendo y creando en el transcurso de la historia. Se construye la historia analítica y con ella se generan instrumentos que la propia relación debe utilizar para expandirse. Cada expansión es sinónimo de turbulencia y complejidad, y se erige como un campo abierto para la investigación analítica.

En física cuántica, la pregunta no es extraña. Se dice que Werner Heisenberg, en su lecho de muerte, declaró que tendría dos preguntas para Dios: “¿Por qué la Relatividad y por qué la turbulencia?”. Y continuó: “Creo sinceramente que Él debe tener una respuesta para la primera pregunta...”.

Aunque Heisenberg obviamente se refiere a la turbulencia en física, los puntos en común con la turbulencia psíquica son demasiado extensos y de gran alcance. Después de todo, tanto en física como en psicoanálisis, siempre estamos tratando con sistemas transitorios, es decir, en esencia, sistemas inestables.

La turbulencia, para Bion, parece estar mejor representada por la forma estética: “Los bocetos de Leonardo contienen muchos dibujos de remolinos turbulentos en el agua, de cabellos revueltos”. Milton, en El Paraíso perdido, escribe, al comienzo del tercer libro, la invocación a la luz: “que se elevó [...] desde el fondo de un vacío infinito e informe”.

En sentido general, podemos decir que la turbulencia es como un límite que traduce simultáneamente la inestabilidad en acción, la transitoriedad y el vacío. Significativamente, es algo que está presente en el momento de la decisión interpretativa. Los principios ético-estéticos descritos apuntan a una reflexión sobre las condiciones de observación del analista que conducen a esta decisión.

Los principios descritos son:

Principio de Complejidad

Cubre todos los demás principios e indica que en el análisis, como en la vida, es necesario considerar que todo es mucho más caótico y complejo de lo que podemos alcanzar con nuestro entendimiento. No se puede ignorar este hecho inherente a un campo en el que la experiencia emocional se presenta y, además, se define como el centro de la vida mental y del desarrollo. El psicoanálisis debe acercarse a la vida real, desarrollarse desde dentro del analizando hacia afuera, expresar su singularidad.

En Atención e interpretación (1970) Bion dice: “Cuanto más se sabe sobre psicoanálisis, más los modelos se vuelven inadecuados para definirlo, describirlo o aplicarlo”. O, más bien, cuanto más se sabe sobre psicoanálisis o se trabaja efectivamente con el psicoanálisis, más complejidades hay que admitir en su campo.

Se puede encontrar un ejemplo de complejidad en la cita de Freud en Inhibición, síntoma y angustia (1926): “Hay mucha más continuidad entre la vida intrauterina y la primera infancia de lo que la impresionante cesura del nacimiento nos permite creer”. Esta cita fue rescatada por Bion en el artículo “Cesura” (1975). Nos permite decir que la mente es cesura y establece, por un lado, pensamientos sin un pensador y, por el otro, pensamientos en un pensador. La imaginación y los sueños se complementan en diferentes estados mentales.

Principio de Incertidumbre

No hay en ningún código, en ninguna fórmula ni en ningún lenguaje una transcripción o posible equivalente del estado global del inconsciente. La observación de un aspecto significa que no se puede observar otros aspectos, además de que el observador afecta sensiblemente al objeto observado. No hay neutralidad, solo hay un primum non nocere, que nos puede ser dado por el trabajo sin memoria y sin deseo.

El principio representado por los elementos que preceden a la interpretación es el mismo que en la relación de Heisenberg. En física, la posición y la velocidad de una partícula no se pueden describir simultáneamente. La incertidumbre radica en el hecho de que no existe una transcripción o equivalente posible del estado global de una partícula en ningún código y fórmula.

La misma peculiaridad se puede aplicar a la observación psicoanalítica. La realidad del inconsciente es incognoscible y no tiene equivalente total en ningún lenguaje. Por lo tanto, no hay equivalencia en el mundo de algo como la globalidad del inconsciente. Es incluso su definición: el inconsciente, en su esencia, es aquello que no tiene equivalente en ninguna parte, en nada ni en nadie. En consecuencia, no hay ninguna referencia posible que incluya cualquier tipo de certeza. Ahí está la raíz profunda de la incertidumbre, la forma insuperable de la ilusión: sea lo que sea que exista y se verifique en forma local, la incertidumbre es irrevocable en nuestras observaciones.

La exhibición que hizo Heisenberg sobre la filosofía de la mecánica cuántica demuestra que los hechos observados por el físico dependen de su relación con hechos que son desconocidos y que nunca podrán ser conocidos; esto abolió las paredes de confinamiento de su laboratorio y, en consecuencia, al laboratorio mismo; de esta forma, el físico tiene dificultades en su laboratorio análogas a las que el analista tiene en su consultorio y con la situación analítica. Pero, a menos que este conocimiento pueda causar un gran avance en el front psicoanalítico, no ayuda a los psicoanalistas a ayudarse a sí mismos, ni a los físicos a saber esto. De ahí la necesidad, desde un punto de vista científico, de investigar la naturaleza de nuestras propias abstracciones (Bion, Cogitaciones, 2000).

Quizás sea importante señalar una vez más que no se trata de incluir la física o la matemática en el psicoanálisis, sino de tomar lo que constituye el pensamiento en estas disciplinas y sus posibilidades de uso en las condiciones de observación. Es como tomar un lienzo en blanco y darle un fondo de color, que podría ser el mismo blanco, antes de pintar el paisaje. Tomemos, entonces, como base, que la personalidad del analista siempre produce una perturbación en la observación.

En términos de Transformaciones (Bion, 1965), si fuera posible formular un análisis ideal, este sería aquel en el que Taα6 y Taβ7no se distorsionan por la presencia inevitable de la turbulencia, aunque esta y sus fuentes sean evoluciones de “O”. Así estamos, una vez más, cerca de la correlación de Freud: psicoanálisis - profesión imposible.

El principio de incertidumbre cuestiona el pensamiento y la teoría. Entre la incertidumbre y el mundo está siempre el otro en sí mismo, el suspenso definitivo, y también la irreversibilidad definitiva del mundo y del pensamiento. Sus consecuencias son:

1. El mundo inconsciente se nos da como enigmático e ininteligible; la tarea de pensarlo implica un pensamiento radical que solo hace que el pensamiento sea aún más enigmático e ininteligible. En psicoanálisis, solo la “O” común tanto al analista como al analizando es relevante para la observación.

2. Dado que el mundo siempre evoluciona hacia un estado de cosas ilusorio o delirante, ¿qué vértice debemos adoptar? Las transformaciones siempre están influenciadas por la experiencia emocional, es decir, por los vértices K, L, H. El analista ideal es aquel que excluye L y H de Taα y Taβ. La transformación del analizando siempre debe ser “O” transformado cuando el analista trabaja para llegar a una interpretación.

3. El teórico no debe pretender o juzgarse a sí mismo como más grande que la teoría, ni la teoría puede jamás pretender ser más grande que el inconsciente.

4. Dado que ninguna teoría puede dar cuenta del inconsciente, el principio se coloca antes que las teorías. Entre ellas, es fundamental destacar la teoría edípica para enfatizar que un polo de “O” es la capacidad intuitiva entrenada (análisis personal) para efectuar su yuxtaposición con lo que está sucediendo en el análisis; el otro polo está ubicado en los hechos de la experiencia analítica que debe ser transformada para mostrar qué acercamiento a la realización tiene con las preconcepciones del analista; la preconcepción siendo idéntica a Taβ como producto final de Taα que opera en las teorías analíticas del analista. Esta es una base para la selección natural de las teorías, en el sentido de encontrar un punto en el que solo se utilicen aquellas que están enraizadas en la experiencia emocional del analista.

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253 стр. 40 иллюстраций
ISBN:
9789878362502
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