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Chicha power. El márketing se reinventa
Jaime Bailón • Alberto Nicoli

Bailón Maxi, Jaime
Chicha power: El márketing se reinventa / Jaime Bailón Maxi, Alberto Nicoli — 1.a ed., 3.a reimp. Lima: Universidad de Lima, Fondo Editorial, 2013.
160 p. (Investigaciones)
Bibliografía: p. 153-158
Contenido: Introducción — El nacimiento del imperio — Las multitudes chicheras — Los nuevos gurués del márketing
1. Desarrollo socioeconómico — Perú 2. Música chicha — Historia — Perú
3. Globalización y cultura — Perú 4. Márketing — Aspectos sociales
5. Posmodernismo — Perú 6. Pequeña empresa — Perú
ISBN: 978-9972-45-225-3
303.44 / B16
Colección Investigaciones
Chicha power: El márketing se reinventa
Primera edición, abril 2009
Primera reimpresión, setiembre 2009
Segunda reimpresión, setiembre 2010
Tercera reimpresión, marzo 2013
© Fondo Editorial
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ISBN 978-9972-45-225-3
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú No 2013-03744
Índice
Introducción
Capítulo 1. El nacimiento del imperio
1. Tiempos violentos
1.1 La posmodernización económica
1.2 La revolución cultural
1.3 El capitalismo histórico: destrucción creadora
1.4 El imperio contraataca
1.5 Paradigmas económicos y tecnología
1.6 La competitividad biopolítica
2. Las “nuevas” estrategias de gestión empresarial
2.1 La reingeniería chicheril
2.2 Outsourcing para todo(s)
2.3 Benchmarking: yo te copio, yo tampoco
3. Un nuevo paradigma del conocimiento
3.1 El conocimiento y la economía global
3.2 La crisis del orden disciplinario
3.3 El paradigma “fabril” del aprendizaje
3.4 Un nuevo paradigma
3.5 El núcleo del nuevo modelo
3.6 Transformaciones irreversibles
4. El capital devela su misterio
5. Más allá del otro sendero
5.1 El sistema pyme
5.2 El empleo y los trabajadores
5.3 Los problemas de la flexibilidad
5.4 Las pymes y un nuevo contrato social
5.5 La inclusión de los informales
5.6 Las fuerzas del contraimperio
5.7 Bárbaros y piratas del siglo XXI
5.8 Tecnología: el talón de Aquiles de las pymes peruanas
5.9 Perú, el país más emprendedor del mundo
5.10 Banco chicha
Capítulo 2. Las multitudes chicheras
1. Apuntes históricos de la música chicha
1.1 Los rumberos preparan el terreno
1.2 El Perú hirviente de esos días: El boom de la chicha
1.3 El Beatle chichero
1.3.1 Productora Caracol
2. La cumbia se “achora”
2.1 Nace una estrella: Chacalón
3. El epicentro de la chicha se encuentra en Huancayo
3.1 Shapimanía
4. La chicha fermenta
5. La caída de la chicha
6. La chicha no estaba muerta... estaba de parranda
6.1 La tecnocumbia: De la selva su chicha
6.2 La era del tecno
6.3 El tecnohuaino, nuestra manifestación local de la tecnocultura
7. Siguiendo el sendero de la chicha
Capítulo 3. Los nuevos gurúes del márketing
1. El márketing del imperio
1.1 Made in Perú
1.2 Las 4 C: la hegemonía del consumidor
1.3 Las percepciones del consumidor y el funcionamiento de las comunicaciones en el márketing posmoderno
1.4 El papel crucial de las comunicaciones
1.5 La medición de los resultados
1.6 Es cuestión de amor, es cuestión de marca
2. El márketing “chicheril”
2.1 Ike, “el comandante” de la chicha
2.1.1 Ike invade el dial
2.1.2 Elizabeth Isla Láinez, “La voz sensual de la chicha”
2.1.3 El “comandante” prepara el campo
2.2 Las fuentes de información del márketing chicheril
2.2.1 La segmentación de mercados en el márketing chicheril
2.3 La gestión de marca, otro talón de Aquiles de las pymes chicha
2.4 Marcas y posicionamiento chicha
2.5 Nilver Huarac: El rey Midas de la chicha
2.6 El concepto del servicio en el márketing chicheril
2.7 El precio y las utilidades en los espectáculos chicha
2.8 La comunicación en el márketing chicheril
2.9 Las tácticas chicheras
2.10 La radio del imperio
2.10.1 En el campo de batalla
2.11 El pequeño gigante
2.11.1 El regreso
2.11.2 Grados, empresario
2.12 Fortalezas y debilidades chicheras
2.12.1 Abel Quispe: La hora de los mercados
3. La producción discográfica chicha
3.1 Los piratas son nuestros aliados
3.2 Más piratas, más música
Conclusiones: Identidades, imperio y tecnocultura
Bibliografía
Introducción
Los fenómenos que producen o aceleran trastornos radicales o revolucionarios de nuestros sistemas de vida no suelen ocasionar espectáculos dantescos. Con alguna frecuencia, no son advertidos por el mundo académico; sin embargo, son los medios de comunicación quienes convierten estos acontecimientos en crónicas de color local para sus magacines dominicales.
Ese es el tratamiento que ha venido recibiendo la cultura chicha en nuestro país, movimiento que se expresó inicialmente como un género musical “intermedio” entre la cumbia y el huaino, para luego pasar a definir los rasgos más característicos de la peruanidad del siglo XXI: mestizajes y mezclas múltiples, creatividad y un inquebrantable afán de superación expresado en los constantes desplazamientos de la población en busca de un futuro mejor.
Mientras en la década de 1970 la música chicha se iba “fermentando” y adquiría nuevas tonalidades y matices, el sistema capitalista inició un agresivo proceso de transformación y reinvención (poscapitalismo). Los procesos de globalización del sistema que se iniciaron en el siglo XVI (con la consolidación de los grandes imperios coloniales) adquirieron, en las postrimerías del siglo XX, sus puntos de expresión más altos con el surgimiento de un orden político-económico mundial (Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional) y la conformación de corporaciones económicas imbuidas de nuevas formas de producción. La tecnología informática abarató de manera significativa la comunicación, lo que hizo posible la descentralización de los procesos productivos (un par de zapatillas se puede diseñar en Estados Unidos y fabricar en Indonesia) y, sobre todo, una mayor retroalimentación entre la oferta y la demanda: hoy se lanzan productos al mercado de acuerdo con los niveles de exigencia y distinción exigidos por el público consumidor. Se pasó entonces de un sistema de producción industrial de fabricación en serie y máquinas energéticas simples a un sistema donde el sector servicios y las computadoras tienen la hegemonía.
Establecer un punto de conexión entre los complejos procesos de globalización y la cultura chicha podría parecer inverosímil, pero es una relación que efectivamente ha tenido puntos de convergencia. La transformación de la sociedad fabril al orden poscapitalista no fue producida exclusivamente por los gurúes de la administración contemporánea, sino también fue creación de los complejos movimientos de resistencia de las multitudes al orden fabril. En el primer mundo, esa resistencia tuvo como vehículo de expresión a todos los movimientos contestatarios de los años 60: música rock, hippies, ecologistas, feministas, gays, movimientos de liberación nacional. Estos grupos se encargaron de inventar nuevas formas de aprender y producir, más allá del territorio de la escuela o la fábrica.
En el Perú, las multitudes migrantes del Ande, más que resistirse a la industrialización, querían ser parte de ese proceso, porque en nuestro país era sinónimo de modernidad y desarrollo. Pero las puertas les estaban cerradas, los enclaves del llamado Perú oficial se atrincheraron en su cúpula de cristal y se reservaron el derecho de admisión. Los migrantes se vieron obligados a construir un orden paralelo, creando su propia música, levantando ciudades (primero pueblos jóvenes, luego distritos, conos y una nueva Lima) y elaborando sus propios mecanismos de producción y empleo. Mientras el país formal seguía bajo la férula del capitalismo disciplinario (de horarios rígidos, protección estatal, mercado local), los migrantes se adscribieron al orden poscapitalista de horarios y labores flexibles, trabajo simbólico (medios de comunicación, informática), creación de nuevas subjetividades, prácticas de consumo y unidades económicas caracterizadas por su versatilidad, emprendimiento e innovación (pequeñas y medianas empresas, pymes). Todo este trabajo creativo, tal como ocurrió en el primer mundo, fue aprovechado por las grandes corporaciones del orden poscapitalista. Por ejemplo, en el caso de las pymes promotoras de música chicha, el eje de su negocio no es la venta de discos sino las presentaciones del grupo en conciertos y bailes. Las grandes transnacionales de la música y los productores de las grandes bandas de rock están adaptando esta estrategia debido a la fuerza de la piratería discográfica. Otro tanto ocurre con la venta de libros en nuestro país, algunas editoriales extranjeras han incorporado la distribución informal (venta callejera) como uno de sus principales canales de venta. A diferencia de una librería, los ambulantes son nómades que están en todas partes.
Como señalamos en algunos pasajes del libro, el nuevo orden imperial o poscapitalista es un orden muy eficiente, que aprovecha económicamente cualquier forma de producción tangible o intangible. Incluso usufructúa el “trabajo sentimental” al existir una fuerte relación con el consumidor, la forma de captarlo es a través de los afectos. Los medios de comunicación y el márketing son los encargados de establecer estrechos vínculos afectivos con sus audiencias con el objetivo de estimular y alentar el consumo.
Estudiar los encuentros y desencuentros de la producción económica de las multitudes migrantes con el nuevo orden económico mundial es uno de nuestros objetivos y hemos trazado una serie de croquis para seguir el devenir de estas convergencias. Como se trata de una aproximación, este libro puede leerse de muchas maneras: de la primera página a la última o eligiendo el título que resulte más atractivo. En la primera parte presentamos el nuevo orden económico mundial, sus nuevas formas de administración, la creatividad de las multitudes y su rol económico a través de las pymes, al analizar las características de estas últimas dentro del nuevo contexto económico mundial.
La segunda parte es una recreación de la historia del movimiento musical chichero. Dado que en el orden imperial la producción de subjetividades es muy importante, hemos desarrollado esta historia como crónica para rescatar los afectos y sentimientos en juego. Por música chicha no solo entendemos la cumbia “ahuainada”, sino también sus variedades contemporáneas como la tecnocumbia, la cumbia norteña y de la selva. Así mismo, hemos incluido todas las variedades de huaino jaranero y con arpa, debido a que todas estas corrientes comparten las mismas características de producción y consumo (bailódromos, programas radiales, conciertos), así como una decidida apuesta por el cruce y las mezclas. La evolución histórica, más que respetar cronologías, tiene como eje los procesos de transformación: inclusión de nuevos instrumentos, formas de interpretación y nuevas prácticas de apropiación (introducción de ritmos y géneros foráneos).
La tercera parte es un intento de sistematizar las estrategias de mercado de los agentes del márketing chicha al rescatar el modus operandi de sus organizaciones e intentar establecer analogías con las prácticas de mercadotecnia de las grandes empresas formales. Tarea complicada, porque el empresario de la chicha todo el tiempo está generando tácticas y estrategias imaginativas para capturar consumidores y mantenerse en el mercado utilizando, por ejemplo, sus redes de colaboración con paisanos y ahijados. Esta costumbre les permite presentar espectáculos atractivos a precios accesibles, gracias a este espíritu de solidaridad y apoyo mutuo.
Hemos utilizado esta estrategia para formar un entusiasta equipo de investigación que ningún generoso presupuesto hubiera podido financiar. No queremos terminar esta introducción sin agradecer a las siguientes personas. Al colega y amigo Óscar Luna Victoria, que alentó y revisó este proyecto de investigación. A Julio Hevia, que nos presentó y aclaró muchos conceptos teóricos; a Carlos Castro, que nos ayudó en la evaluación de la bibliografía; a Celeste Vela, Rocío Espinoza y Alberto Pacheco, que revisaron textos y gráficos; a nuestros compañeros de chichódromos William “Boza” Chávez y Moisés Corilloclla. Y a nuestros estudiantes de los cursos de Industrias Culturales y Estrategias de Márketing que con sus preguntas hicieron que el interés por las pymes y los chicheros no decayera.
Aunque es un lugar común, es bueno advertir que los aciertos de la investigación han sido posibles gracias a ellos. Los errores son patrimonio exclusivo de los autores.
Capítulo 1
El nacimiento del imperio
Cuando era niño, viajé con mi padre a Mon te-video. Mi padre me dijo: “Mira bien las banderas, las aduanas, los militares, los curas. Todo eso va a desaparecer y podrás decir que lo has visto”. Ha ocurrido lo contrario, hay más fronteras que nunca. Pero tal vez mi padre tenía razón, solo que su profecía era prematura. Yo no la veré realizada.
JORGE LUIS BORGES
1. Tiempos violentos
1.1 La posmodernización económica
A veces los economistas cuentan mejores historias que los literatos, dijo alguna vez Mario Vargas Llosa1. Los textos de administración, márketing y economía son los que vienen describiendo con mayor claridad la generación de un nuevo orden mundial que algunos autores han denominado imperial, posmoderno o poscapitalista. Sus características principales son suspender la historia, anular la geografía y mezclar los territorios de la política, la cultura y la economía. Su impronta sigue siendo la apropiación, el lucro y la guerra. Difiere de los regímenes que le precedieron solo por su extraordinaria eficiencia, producida por una nueva maquinaria política y de guerra. El nuevo orden es terriblemente tanático: ha matado dioses, hombres, naturaleza e historia. Su universo está habitado por capitales y multitudes errantes que vagan por mundos reales y virtuales. Es un orden reñido con cualquier tipo de trascendencia, tiene como eje de sus mecanismos de poder el número de dólares y personas. Es altamente organizado, no en vano ha erigido a la administración como la “reina de las ciencias”. La adecuada interconexión de saberes, recursos y personas es la clave de su eficiencia, y algo tan delicado no se puede dejar en manos exclusivas de los estados nacionales y sus élites locales. Las grandes compañías transnacionales aliadas con el poder político y militar de los países más poderosos dictan las pautas generales de funcionamiento; estas serán ejecutadas en un sistema de redes de alto nivel de complejidad y elasticidad. El orden imperial lo flexibiliza todo, los empleos son eventuales y los salarios están en relación con la productividad del trabajador. Las empresas ya no requieren tampoco centralizar en un solo espacio todas sus actividades, la desterritorialización es la norma: las oficinas administrativas pueden estar en Nueva York y las fábricas en Osaka o Sao Paulo.
La organización exitosa es la que se está reinventando todo el tiempo y busca la máxima competitividad en las actividades que realiza. Su jefe supremo es el gusto y la satisfacción de los deseos de sus consumidores. Para alcanzar esta meta, a diferencia de la organización disciplinaria, que fue el paradigma de la organización empresarial decimonónica y de la primera mitad del siglo XX (el fordismo y el taylorismo), el orden imperial involucra a todos en el ejercicio del poder, ya sea de manera activa o pasiva.
En oposición al capitalismo industrial, el nuevo orden no se contenta con apropiarse de la producción física, sino también de la simbólica. Con este fin ha ido transformando paulatinamente todos los espacios de interacción de los individuos en territorios al servicio de la producción. Esta actitud más “inclusiva” del orden poscapitalista responde a su carácter parásito. Al no poseer ninguna ontología, aprovecha todo lo que generan las multitudes. La lógica y las herramientas de la administración moderna, enseñadas por los gurúes de la economía de mercado, fueron creadas por las multitudes populares.
1.2 La revolución cultural
Las transformaciones económicas y políticas experimentadas en las postrimerías del siglo pasado, tales como la desaparición del mundo socialista, el desarrollo del sector servicios y la crisis del sistema de producción fabril, tuvieron en los grupos contestatarios de la década de 1960 (movimientos de liberación nacional, pacifistas, hippies) a sus agentes catalizadores más importantes. Las principales operaciones de estos grupos fueron, en opinión de Hardt y Negri:
El rechazo del régimen disciplinario y la experimentación con nuevas formas de productividad. Este repudio se manifestó mediante apariencias muy variadas y proliferó en miles de prácticas cotidianas. Una de esas manifestaciones era el estudiante universitario que experimentaba con LSD en lugar de buscar un empleo; otra era la mujer joven que se negaba a casarse y formar una familia; otra era el obrero afronorteamericano ‘incompetente’ (…) que se rehusaba a trabajar de todas las maneras posibles. La juventud que rechazaba la repetición narcótica de la sociedad fábrica inventaba nuevas formas de movilidad y flexibilidad, nuevos estilos de vida. Los movimientos estudiantiles obligaron a dar un alto valor social al conocimiento y al trabajo intelectual (Hardt y Negri, 2002: 255).
El hippismo y los diversos movimientos musicales surgidos en los años sesenta, considerados casi una anécdota en los textos de historia del siglo XX, sacudieron los cimientos del sistema disciplinario de producción (industrialización masiva con una escasa comunicación entre productores y consumidores). Los nuevos apóstoles contraculturales no solo arremetieron en contra de los convencionalismos de la época, crearon además nuevas subjetividades y formas de trabajo. Su relación con los medios masivos de comunicación resultó una mezcla explosiva, y la onda expansiva cubrió todo el planeta; ningún muro de Berlín pudo amortiguar la explosión. La creatividad musical, artes visuales, revistas subte y publicidad fueron campos que se convirtieron intempestivamente en muy lucrativos, pero demandaban formas distintas de trabajo. Al ser actividades abstractas, no había posibilidad de un control policial fordista, con horario constante, salarios fijos y centros específicos de trabajo. Todo esto hizo necesaria una profunda transformación del sistema de producción capitalista.
1.3 El capitalismo histórico: destrucción creadora
El sistema capitalista después de la Segunda Guerra adquirió niveles de expansión y hegemonía absolutos. Entre los principales indicadores de esta supremacía podemos destacar: a) la incesante desruralización del mundo, incluso en los países periféricos como el Perú, la tasa de habitantes que viven en el campo es inferior al número de habitantes urbanos; b) la crisis de los estados nacionales, que hace que los estados y su clase política sean cuestionados mundialmente tanto por los grupos hegemónicos (capitalistas) como por los sectores populares; y c) consolidación de una concepción científica (newtoniana) de la realidad, que tuvo como correlato una expansión de los niveles de cobertura educativa.
Sin embargo, el capitalismo ha empezado a pagar un alto precio por su eficiencia. La desruralización del mundo ha traído como consecuencia la paulatina desaparición de la reserva laboral. Cada vez que un grupo de trabajadores de cualquier parte del globo ve que sus necesidades económicas más apremiantes están siendo satisfechas, empieza a exigir más por su trabajo. Enseguida las grandes corporaciones migran buscando otra reserva laboral, es decir, siempre se puede encontrar una masa laboral desesperada. Pero, conforme el sistema tienda a expandirse más, las exigencias económicas de una población plenamente urbana van a ser siempre mayores que los de una masa campesina. Aunque es claro que los capitalistas van a querer pagar menos, las expectativas salariales creadas por el propio sistema han hecho que las expectativas remunerativas de los trabajadores a nivel mundial se incrementen, lo que genera procesos de migración laboral. En la práctica: un éxodo de poblaciones tercermundistas rumbo al paraíso laboral europeo o estadounidense.
Otra manifestación del éxito capitalista, que simultáneamente ha venido configurando la pauta de una crisis profunda del sistema, es el progresivo debilitamiento de los estados-nación y las clases políticas. Si bien han existido en otros periodos históricos formas parecidas, la concepción moderna de estado-nación surgió en Europa a fines de la Edad Media. Esta concepción, según Chomsky (2005), desarrolló, desde sus inicios, una cultura de violencia y salvajismo que hizo posible a los principales países de ese continente someter a las poblaciones del resto del mundo. La violencia era necesaria porque se trata de un sistema que intenta imponer una lógica política y económica uniforme sobre sociedades muy heterogéneas. La mayoría de los conflictos contemporáneos en los territorios de la ex Yugoslavia, la extinta Unión Soviética y Medio Oriente son remanentes del intento europeo de construir estados-nación artificiales sobre territorios disímiles. Inclusive en los principales países europeos sobreviven las disputas entre etnias y naciones que reclaman autonomía, aunque los niveles de violencia han disminuido en comparación con lo que se vivió en los siglos anteriores.
… la principal razón por la cual los conflictos salvajes terminaron en Europa en 1945, fue que ellos mismos reconocieron que si continuaban con este juego por más tiempo terminarían exterminándose a sí mismos. Así es como, desde 1945, usted tiene paz interna en Europa. Los alemanes y franceses ya no consideran que el objetivo principal de sus vidas sea matarse unos a los otros. Durante el desarrollo del sistema de estados nación, también se desarrollaron, paralelamente, diversas disposiciones económicas que hace más o menos un siglo se convirtieron en lo que se conoce como el capitalismo corporativo contemporáneo, en gran parte impuesto no por vía legislativa sino a través de acuerdos judiciales y que está estrechamente integrado y vinculado a los estados poderosos (Chomsky, 2005: 1, el énfasis es nuestro).
Pero lo importante, como señala Noam Chomsky, es la relación que los estados nacionales establecieron con las corporaciones económicas. El sistema capitalista estuvo desde sus inicios traslapado con los estados; gracias a estos, las grandes empresas gozan de monopolios, seguridad garantizada por la policía y fuerza armada, defensa legal (las corporaciones son tratadas como sujetos de derecho, tal como si fueran personas naturales del país en el que operan), operaciones de “salvataje” financiero (los estados no pueden permitir que una gran empresa o banco quiebre). Además, las empresas están obligadas por ley a externalizar costos y a maximizar sus ganancias (obtener el más alto margen de beneficios).
El desarrollo de una economía de libre mercado sin intervención estatal no es más que un mito neoliberal; la única vez que algo parecido se quiso implantar en Europa, a fines del siglo XIX, significó la ruina de las empresas embarcadas en una lucha de todos contra todos. Es así que se fueron organizando en carteles, consorcios, o cualquier forma de concentración, que los estados, a través de su aparato judicial (sin intervención del legislativo en el caso de Estados Unidos), comenzaron a reglamentar y otorgar una serie de derechos, antes solo reservados a personas naturales: poseen libertad de expresión, no se puede investigar su funcionamiento interno e incluso tienen derecho a demandar al estado en el que operan. Este tipo de sistema es el moderno capitalismo corporativo avalado por el estado que actúa como un árbitro parcializado, pues su función no es defender al ciudadano de las grandes corporaciones, sino coadyuvar a una coexistencia pacífica de estas organizaciones, estableciendo y limitando áreas de influencia. Es “un estado gerente, sin fines y consecuentemente sin política, transmisor y ejecutor de las decisiones de una élite que ni Mosca ni Pareto hubieran imaginado” (Dieterich, 1997: 165).
No obstante, la figura de este estado nacional traslapado con los intereses de las grandes corporaciones parece estar llegando a su fin, producto de la lógica del sistema capitalista. Las corporaciones y los ciudadanos exigen una serie de servicios básicos para realizar sus operaciones y asegurar su supervivencia. Es decir, todos exigimos más prestaciones de los estados, pero nadie está dispuesto a que se incrementen los impuestos, especialmente las corporaciones; lo que deja a los estados en una situación de crisis fiscal paulatinamente crónica. La crisis de los estados es una mala noticia para todos: para los capitalistas, porque pierden un agente que garantizaba la legitimidad del sistema; y para la gente común, trabajadores, desempleados, migrantes, la progresiva desaparición del estado significa la pérdida de una entidad que garantizaba, o por lo menos promovía, en el caso de los estados pobres, seguridad y redistribución de bienes y servicios para la mayoría de la población.
La privatización de sistemas de salud, seguridad y educación, que cuenta con el beneplácito del conservadorismo neoliberal, resulta nefasta para el sistema en su totalidad. Los sujetos que no puedan sufragar estos servicios optarán por migrar a los estados que sí puedan garantizarlos (incrementando los procesos de migración). La otra alternativa es que exijan el acceso a estos sistemas, pero ya no desde una perspectiva reformista, debido al fracaso de las propuestas tradicionales (socialdemócrata, liberal en el buen sentido2, socialista), sino plegándose a corrientes radicales de tipo fundamentalista. Por último, las colectividades deterioradas por carencias de todo tipo y reducidas a una situación de marginalidad y exclusión optarán por la delincuencia para sobrevivir, o terminarán siendo peones de las mafias organizadas, que ningún estado en una situación de carestía podrá combatir de manera efectiva.
El sistema capitalista, gracias al estado nacional, logró convertirse en un efectivo mecanismo de control de los grupos peligrosos, pues esto último garantizaba a los desheredados de la tierra la posibilidad de ser integrados al sistema si trabajaban con ahínco en ser productivos.
Aun los que no entienden nada de Hegel, saben que el filósofo idolatró al estado: que para él representaba el momento ético de la vida nacional. Pero Hegel no era idólatra ni reaccionario. Entendía que la polarización de la sociedad burguesa en ricos y pobres resultaba de sus insuperables antagonismos de clase. De ahí la grandiosa idea del estado como garante del bien público —frente a los intereses particulares—, que comparte con, virtualmente, todos los grandes pensadores de la sociedad burguesa; porque es evidente que la ley de la civilización capitalista —sin correctivo— es la ley de la selva (Dieterich, 1997: 164).
Hoy esta figura ha perdido credibilidad, pues los estados nacionales se debaten en una crisis terminal: la mayoría de sus instituciones se encuentran cuestionadas o infestadas por la corrupción. El sistema, entonces, se ha visto en la necesidad de un radical proceso de transformación que garantice de nuevo el control de los marginales.
1.4 El imperio contraataca
Las fuerzas hegemónicas del sistema (Estados Unidos y sus grandes estados aliados, corporaciones multinacionales) han ido gestando un orden supranacional, organizado en redes de poder donde se interconectan agentes políticos, económicos e incluso de responsabilidad social. Michael Hardt y Toni Negri definen este nuevo orden como imperio:
El tránsito al imperio se da a partir del ocaso de la soberanía moderna. En contraste con el imperialismo, el imperio no establece ningún centro de poder y no se sustenta en fronteras o barreras fijas. Es un aparato descentrado y desterritorializador de dominio que progresivamente incorpora la totalidad del terreno global dentro de sus fronteras abiertas y en permanente expansión. El imperio maneja identidades híbridas, jerarquías flexibles e intercambios plurales a través de redes adaptables de mando. Los colores nacionales distintivos del mapa imperialista del mundo se han fusionado y mezclado en el arco iris global imperial (Hardt y Negri, 2002: 14).
Es claro que no se trata de un orden más democrático. Las decisiones políticas que afectan a millones no son consultadas ni debatidas por gobernantes o parlamentos nacionales, sino impuestas por funcionarios de algunas agencias internacionales tipo FMI, Banco Mundial o alguna organización política supranacional como, por ejemplo, el Foro Económico Mundial o el G7 (grupo de los siete estados más industrializados). Sin embargo, como señalan los autores citados, los dispositivos de poder son más flexibles y menos centralizados, además de no circunscribirse exclusivamente al terreno económico, sino que combinan factores políticos y sociales:
El dominio del imperio opera en todos los registros del orden social y penetra hasta las profundidades del mundo social. El imperio no solo gobierna un territorio y a una población, también crea al mundo mismo que habita. No solo regula las interacciones humanas, además procura gobernar directamente toda la naturaleza humana. El objeto de su dominio es la vida social en su totalidad; por consiguiente, el imperio presenta la forma paradigmática del biopoder. Finalmente, aunque la práctica del imperio está continuamente bañada en sangre, el concepto de imperio siempre está dedicado a la paz: una paz perpetua y universal que trasciende la historia (Hardt y Negri, 2002: 16).
Este estado global, a diferencia de las estructuras tradicionales del estado liberal surgido en el siglo XVIII, conformado por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, está organizado en función de los agentes de poder que lo integran. Su brazo político militar es el G7, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la OTAN. El poder económico está encarnado por las grandes corporaciones y los organismos financieros multinacionales (Banco Mundial, FMI, Organización Mundial de Comercio), y el social ideológico por las corporaciones de la comunicación (CNN, BBC, Televisa) y los organismos internacionales para el desarrollo humano (PNUD, Unesco, Oxfam, Amnisty Internacional, Green Peace, Foro Social Mundial).
Esta nueva estructura política ha permitido que el juego de inclusión de los grupos menos favorecidos de la población, que garantizaba el estado nacional, se mantenga, permaneciendo también la falta de equidad del sistema (pues la inclusión es siempre lenta y paulatina). El imperio, a diferencia de los sistemas de gobierno de antaño, ha logrado la mercantilización y aprovechamiento de absolutamente todo. Incluso los discursos y estrategias de sus opositores y excluidos (movimientos contestatarios y marginales de cualquier tipo) son incorporados paulatinamente al nuevo orden.
El sistema imperial adquirió sus principales prácticas de gestión gracias a que se aprovechó de la creatividad e innovación de las multitudes de la década de 1970, pero mantiene este modus operandi y hoy viene territorializando para su beneficio las tácticas y estrategias del sector informal, compuesto en su mayoría por los sectores más desfavorecidos de la población, que a fuerza de constancia y creatividad lograron hacerse un lugar dentro del mercado.
Esta posibilidad del surgimiento de un capitalismo popular es una de las garantías que presenta el orden imperial para las multitudes, siendo el capital más importante de cualquier organización imperial el conocimiento, y este es propiedad de los trabajadores. Existe una diferencia cualitativa respecto de las formas de acumulación de capital durante los siglos XIX y XX, donde el capital eran las máquinas y las fábricas, que eran de propiedad del capitalista. Entonces, una forma de conocimiento innovadora puede generar y aumentar capital, como en el caso de Microsoft, ¿pero cómo se puede hacer una revolución educativa que haga posible a las multitudes la generación de riqueza o mejores condiciones de vida?
1.5 Paradigmas económicos y tecnología
Los cambios en los sistemas de producción se han expresado a lo largo de la historia a través de las transformaciones de las máquinas (Deleuze, 1996). En el Medioevo, cuando la agricultura y la extracción de materia prima eran las actividades económicas dominantes, el uso del conocimiento se aplicaba a la operación de máquinas muy simples, que eran una extensión directa del cuerpo humano (brazos mecánicos, poleas, palancas); más adelante, con el advenimiento de la sociedad industrial, se desarrollaron máquinas energéticas (vapor y electricidad). En este estadio, el conocimiento tecnológico se torna imprescindible y el trabajador deviene máquina. Los saberes sociales (psicología, psiquiatría, criminología, sociología) y las instituciones disciplinarias propias de la modernidad (escuela, hospital, ejército, cárcel, policía) son las encargadas de reconstruir el cuerpo humano para que se adapte al ideal de la máquina. La forma de transmisión y aplicación del conocimiento también devienen en maquínicos, esto es, el profesor transmite datos y el alumno cuando es examinado se transforma en una máquina de respuestas (repite las consignas del profesor). El filósofo Michel Foucault analizó cómo el cuerpo vigilado de la modernidad se transformó en el cuerpo dócil del poder3. El cuerpo del soldado, el obrero y el delincuente presenta las marcas de las instituciones donde ha sido “reconstruido”. El soldado tiene que preparar su cuerpo para apuntar y disparar en un lapso limitado de tiempo y de manera coordinada con el resto del pelotón. Otro tanto sucede con el cuerpo del obrero, que debe ajustar determinado número de tuercas por minuto. Hasta el cuerpo del delincuente es usufructuado. Este realiza el trabajo ilegal del poder oficial (ejecuciones clandestinas, desalojos, policía privada, etcétera); se trata de un cuerpo atento, de mirada analítica y decisiones rápidas.
El tránsito de la sociedad industrial o disciplinaria al dominio de los servicios y la información se reconoce como un proceso de posmodernización económica. Aquí entran en acción máquinas de un tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores. Del mismo modo que los procesos de industrialización transformaron el agro, así también la informatización transformará la industria al redefinir y recrear los procesos de producción. Es decir, con la aparición y revalorización del sector servicios, la fabricación de bienes durables (manufacturas, maquinaria pesada) no va a cesar ni a dejar de ser importante. Lo que sucederá es que adoptará las características de los procesos informáticos y de la producción de servicios. El caso de Toyota resulta un ejemplo ilustrativo.
Idealmente, de acuerdo con este modelo, la planificación de la producción estará en comunicación constante e inmediata con los mercados. Las fábricas tendrán un stock cero y las mercancías se producirán en el momento justo, de acuerdo con la demanda del momento de los mercados existentes (...) En los casos más extremos, la mercancía solo se produce cuando el consumidor ya la ha elegido y adquirido. De todos modos, en general, sería más adecuado concebir el modelo como un esfuerzo por lograr una interactividad continua o una comunicación rápida entre el productor y el consumidor. Este contexto industrial nos permite entender un primer sentido, en el cual la comunicación y la información han llegado a desempeñar un rol central inédito en la producción. Podría decirse que la acción instrumental y la acción comunicativa han llegado a entretejerse estrechamente en el proceso industrial informatizado, pero de inmediato habría que agregar que esta es una noción empobrecida de la comunicación como mera transmisión de datos del mercado (Hardt y Negri, 2002: 269-270).
El conocimiento y la comunicación han dejado de tener una aplicación marginal o secundaria para ser parte de la lógica misma del sistema de producción. Y la herramienta que articula estos procesos es la computadora. A diferencia de las máquinas de los otros paradigmas económicos (extractivo e industrial), el ordenador modifica continuamente su propio funcionamiento a través del uso. Hasta el software más rudimentario puede ser perfeccionado, a partir de su interacción con el usuario y el entorno. Estas prácticas de funcionamiento se han venido aplicando incluso a sectores ajenos por completo al mundo de la información y la comunicación.
Una de las consecuencias más importantes de la informatización de la producción es la homogeneización real de los procesos laborales. Aquella se había conseguido parcialmente en la sociedad disciplinaria o industrial. La descomposición analítica de los movimientos de un obrero o un soldado y el progreso por niveles de los estudiantes son parte de este criterio de homologación, pero muchas de las actividades productivas son todavía incomparables. El uso masivo de la computación en todos los aspectos de la vida, ha hecho posible que el trabajador quede cada vez más apartado de su objeto de trabajo. Si bien es cierto que las máquinas de los otros paradigmas económicos señalaban también una distancia, estas herramientas en general estaban vinculadas de manera inflexible con determinadas tareas. Así, cada herramienta correspondía a una actividad o conjunto de actividades determinadas. Los trabajadores textiles tenían sus herramientas, otro tanto ocurría con los obreros de la construcción, o los mecánicos de motores.
En cambio, la computadora se presenta como la herramienta universal o, más bien, como la herramienta central, a través de la cual podrían realizarse todas las actividades. Mediante la computarización de la producción, el trabajo tiende, pues, a la posición del trabajo abstracto (Hardt y Negri, 2002: 272).
Esta nueva visión de las prácticas laborales, a partir del uso intensivo de las computadoras, no solo ha traído como consecuencia un extraordinario desarrollo de las posibilidades cognoscitivas de los trabajadores, porque se trata de una máquina que va desarrollando nuevas prestaciones conforme el usuario mejora sus competencias informáticas, sino también nuevas posibilidades de entender el campo de los negocios. Por ejemplo, la desmasificación que señalamos al mencionar el caso Toyota es una consecuencia de la aparición de los ordenadores. Antes eran los fabricantes los que tenían la última palabra en cuanto a las características de sus productos, siendo los niveles de retroalimentación prácticamente inexistentes. La aparición de las computadoras en red ha permitido un mayor flujo de información directa sobre los consumidores.
Otro factor importante es la paulatina desaparición de los intermediarios. Por siglos, ha existido una red de agentes intermediarios entre el productor y el consumidor: comerciantes (mayoristas y minoristas), transportistas, vendedores puerta a puerta. Con la aparición de internet, el vínculo entre productor y consumidor es directo; las distancias se comprimen y es posible adquirir cualquier tipo de producto desde cualquier parte del mundo, en la comodidad del hogar y con absoluta garantía y seguridad. “La autopista de la información extenderá el mercado electrónico y lo convertirá en el último intermediario, el intermediario universal” (Gates, 1995: 158).
Otro cambio importante es la desagregación. Antaño, los procesos de industrialización requerían la concentración física de todas las fuerzas productivas. Masas de trabajadores, equipos y maquinarias se concentraban en las ciudades-fábrica del sistema capitalista mundial: Detroit, Sao Paulo, Manchester. En las empresas de la primera mitad del siglo XX, era una práctica común integrar en una sola compañía todas las actividades relacionadas con su campo; mientras más crecía la empresa, más actividades integraba. Era el caso de la Ford Motor Company, que no solo era dueña de las plantas donde se fabricaban sus automóviles, sino también de las industrias relacionadas: las fábricas de llantas, acero y vidrio que utilizaban sus autos. Todo esto era consecuencia de los excesivos costos de comunicación, que forzaban la integración de los procesos productivos conforme la empresa iba progresando.
Ronald Coase ganó el Premio Nobel de Economía (1991) por su teoría sobre los costos de transacción. Coase planteó que el tamaño óptimo de las empresas productivas era consecuencia del costo de comunicación y negociación entre las distintas etapas de cualquier proceso productivo. Mientras más alto fuese dicho costo, más integradas deberían ser las empresas; mientras menos fuera, en cambio más desagregadas podían ser. Los avances tecnológicos han traído abajo este costo (Schneider, 2004: 16).
Otro efecto de la informatización es la desaparición de territorios estrictamente económicos, todo se desborda, cruza e intercambia. Como la computadora es el intermediario universal de casi todos los procesos de nuestra vida, se cruzan los campos afectivos, de entretenimiento y producción. Se disuelven las fronteras entre lo público y lo privado, el trabajo y el ocio, el poder y la seducción. Ahora todo es producción: de afectos, de entretenimiento, de nuevas subjetividades, etcétera.
1.6 La competitividad biopolítica
Los ordenadores han transformado la lógica del sistema productivo al dar mayor importancia a los elementos intangibles del bien o servicio. Debido al desarrollo tecnológico, todas las mercancías adquieren niveles más o menos homogéneos o estándar, inclusive los precios se homogeneizan. El verdadero valor del bien radica, entonces, en las características simbólicas del mismo; por ejemplo: la marca, el envase, o la atención si se trata de un servicio. Hoy en día el nuevo paradigma económico, además de mercancías, construye formas de sentir y aprehender el mundo.
Los grandes poderes industriales y financieros producen, entonces, no solo mercancías, sino también subjetividades. Producen subjetividades que a su vez son agentes dentro del contexto político: producen necesidades, relaciones sociales, cuerpos y mentes, lo que equivale a decir que producen productores. En la esfera biopolítica, la vida debe trabajar para la producción y la producción para la vida (…).
Un lugar en el que deberíamos situar la producción biopolítica del orden (postcapitalista) es en los nexos inmateriales de la producción del lenguaje, la comunicación y lo simbólico, desarrolladas por las industrias de las comunicaciones. El desarrollo de las redes de comunicación tiene una relación orgánica con el advenimiento del nuevo orden mundial; es en otras palabras el efecto y la causa, el producto y el productor. La comunicación no solo expresa, sino que también organiza el movimiento de la globalización (Hardt y Negri, 2002: 45-46).
La comunicación y el conocimiento adquieren una importancia capital en los procesos económicos contemporáneos y hacen posible explicar el espectacular desarrollo de ciertos países que, desde la perspectiva del modelo económico industrial, no hubieran tenido ninguna oportunidad de siquiera tratar de embarcarse en la senda del progreso. Siempre hemos escuchado que la riqueza de una nación está en su gente, el modelo económico posmoderno (hegemonía del sector servicios y el trabajo abstracto) le ha dado una enorme vigencia a este precepto. Los proyectos de desarrollo de los países del sudeste asiático tuvieron como eje a su población. Si bien las alianzas entre el poder político y económico fueron importantes, las redes de colaboración que se formaron entre las grandes compañías y las pequeñas empresas locales constituyeron la base del milagro económico de estos países; por cierto, sin dejar de lado a los consumidores nacionales. Había que desarrollar un mercado local y exigirle no solo fidelidad sino también altos niveles de excelencia, que es la única receta para lograr ser competitivos internacionalmente.
Los consumidores japoneses dan a conocer su experiencia a los fabricantes sobre cualquier producto nuevo. Basados en estas respuestas los fabricantes de electrónica cambiarán o harán los ajustes necesarios antes de ir al mercado internacional. Más importante que la cantidad o el tamaño de la demanda nacional es la calidad o la sofisticación de la demanda de los consumidores.
Precisamente en el campo de la demanda el equipo de investigación americano reseñó esta experiencia. Una de las industrias líderes en la fabricación de máquinas para limpiar alfombras decidió exportarlas al Japón. Allí encontraron muchísimas quejas de los clientes, quejas que nunca se habían presentado en los Estados Unidos. El motivo era que en la cubierta de esta máquina había una especie de grasa que con el tiempo generaba pequeñas manchas en la alfombra. Esta empresa jamás había observado esto en Estados Unidos. Así que enviaron un ingeniero al Japón para que determinara por qué solamente en Japón tenían este problema.
La hipótesis era que tal vez la presión del aire fuese diferente en Japón o que tal vez hubo un problema durante el transporte. Después de exhaustivas pruebas se comprobó que estas no eran las causas. Como no podía resolver el problema, el ingeniero volvió a los Estados Unidos y simplemente por curiosidad recogió máquinas usadas del mercado americano para ver qué era lo que estaba sucediendo allí. Para sorpresa suya, en muchos de los productos que habían sido vendidos en los Estados Unidos encontró el mismo fenómeno de la mancha de grasa. Pero los consumidores de Estados Unidos jamás se habían quejado sobre eso, porque estaban tan acostumbrados que lo tomaban como algo normal. Mientras que en Japón los consumidores eran tan exigentes que se quejaban de los detalles más pequeños del producto. La comisión norteamericana informó que esa diferencia en la actitud de los consumidores hacía que los productores japoneses sean mucho más competitivos que sus pares de los Estados Unidos (Dong-Sung Cho, 1997: 79-80).
Si bien la formación de consumidores exigentes e informados es una condición importante en una economía posmoderna, estos no podrán aparecer si es que no existe una organización capaz de generar una producción a escala planetaria con altos niveles de variedad y distinción, la misma que se ha logrado constituir no solo gracias a la aparición del ordenador sino también a la presencia de tres importantes factores: a) nuevas formas de administración de los recursos económicos; b) un nuevo paradigma del conocimiento; y c) ingentes cantidades de capital.
2. Las “nuevas” estrategias de gestión empresarial
El empuje de la competencia y la cada vez mayor exigencia de los consumidores de productos o servicios han obligado a las empresas a recurrir a nuevas modalidades de gestión. Por un lado, la tecnología trae consigo la posibilidad del surgimiento de competidores mejor preparados técnicamente para producir con mayor eficiencia y calidad y, por ende, para ofrecer un mejor producto a un precio más conveniente. Paralelamente, el consumidor es cada vez más consciente y exigente con la calidad de los productos en su proceso de decisión de compra. Es un círculo virtuoso de exigencias permanentes.
Para adecuarse y sobrevivir exitosamente, las empresas grandes y medianas, que durante muchos años han funcionado sin tener la presión competitiva de la actualidad, han tenido que reorganizarse para superar los problemas externos creados por la competencia y por las cada vez mayores exigencias de calidad de los consumidores. Este proceso, denominado técnicamente “reingeniería” de la empresa, consiste en reinventar la empresa. Es decir, transformar una organización burocrática con departamentos y áreas poco relacionadas en una compañía que integra y comprime procedimientos productivos. El beneficio de los procesos integrados es la eliminación de “pasos laterales”, lo cual significa acabar con errores, demoras y repeticiones. Asimismo, reducen costos indirectos de administración, pues los empleados encargados del proceso asumen la responsabilidad de ver que los requisitos del cliente se logren satisfacer a tiempo y sin defectos.
Además, la compañía estimula a estos empleados para que encuentren formas innovadoras y creativas de reducir continuamente los costos y el tiempo del ciclo de producción, y simultáneamente ofrecer un producto o servicio libre de defectos. Otro beneficio es un mejor control; como los procesos integrados necesitan menos personas, entonces se facilita la asignación de responsabilidad y el seguimiento del desempeño. Cuando los empleados trabajan de acuerdo a este programa, las empresas pueden medir mejor su desempeño y pagarles teniendo como base el valor que crean. Esto hace que cambie radicalmente la cultura de la organización, pues ahora los empleados trabajan para sus clientes y no para sus jefes; por tanto, los gerentes pasan a ser entrenadores en vez de supervisores.
Las estructuras organizacionales cambian de jerárquicas a planas. Cuando todo un proceso se convierte en el trabajo de un equipo, la administración del proceso se convierte en parte del oficio del equipo. Decisiones que antes requerían juntas de gerentes, ahora las toman y resuelven los equipos en el curso del trabajo normal.
En resumen, la primera tarea para realizar un proceso de reingeniería es desmontar la vieja estructura jerárquica de tareas precisas asignadas a un trabajador específico, por una organización en la cual todos los agentes de la empresa tengan canales de comunicación fluidos que les permitan encarar procesos de complejidad variable. Las autoridades tienen que estar disponibles (no pueden existir más gerentes fantasmas, siempre en reuniones o fuera de la empresa) y accesibles a todos sus trabajadores y, sobre todo, a los clientes. Estos últimos, en cualquier proceso de reingeniería, siempre deben tener la decisión final. Hay que escuchar sus requerimientos, necesidades y deseos.
2.1 La reingeniería chicheril4
Mientras que el proceso de reingeniería puede ser un proceso difícil de establecer, ya que requiere no solo de un cambio en el cuadro de organización sino principalmente de una nueva filosofía de trabajo, para las grandes y medianas empresas; las pymes están en permanente “reingeniería” porque se van acomodando constantemente a las necesidades del mercado. De manera específica, en las empresas dedicadas al entretenimiento musical, el microempresario se va adaptando a lo que se requiere para producir un determinado espectáculo. Su organización se mantiene con lo mínimo indispensable. Para este propósito, la informalidad resulta ser un aliado muy importante, porque coadyuva a que el flujo del personal esté de acuerdo a las demandas reales de la organización. Además, a sus colaboradores inmediatos, en su mayoría parientes o amigos, se les paga de acuerdo a los ingresos de la empresa, sin las exigencias del “sueldo mínimo” y demás cargas laborales. No es lo ideal, por cierto, porque ello atenta contra los intereses de sus trabajadores, pero es una realidad generada por la carencia de puestos de trabajo adecuadamente remunerados.
La falta de una formación empresarial constituye el principal impedimento para la constitución de un proceso de reingeniería más eficiente que permita a las pymes superar niveles de supervivencia. A pesar de ello, estas empresas no solo sobreviven, sino que han logrado hacerse de un lugar en el campo de la industria del entretenimiento musical; en parte gracias a la miopía del empresariado formal de este rubro, que siempre ha considerado las diversas variantes del género musical chicha como una manifestación cultural de provincianos nostálgicos y no como la expresión de una masividad con enormes posibilidades económicas.
2.2 Outsourcing para todo(s)
El outsourcing es el conjunto de procesos que se dan cuando una organización transfiere algunas de las operaciones cruciales de la compañía a un tercero. Las empresas que prestan servicios de “tercerización” cuentan con una infraestructura humana y técnica que sería onerosa tenerla dentro de las empresas que requieren de estos servicios, cada vez más especializados. La supervivencia en un ambiente competitivo requiere que la organización reconozca y potencie sus fortalezas. Las actividades que no son la razón central de la compañía o que demandan demasiado esfuerzo para mejorar, se delegan a una empresa líder en ese rubro. Si el fuerte de una organización es el diseño y no la fabricación, hay que dejar que otra empresa se encargue de fabricar. Es el caso de las transnacionales Nike y Reebok, entre muchas marcas de artículos de “moda”, cuya producción es encargada a compañías asiáticas. En nuestro medio, los bancos delegan la custodia del dinero de sus clientes a compañías especializadas en seguridad y, de esta manera, han logrado que los índices de asalto a entidades bancarias sea igual a cero (récord sudamericano y del outsourcing).
Sin embargo, todavía un número importante de organizaciones peruanas solo “tercerizan” actividades subalternas, como la seguridad, la limpieza y el cuidado de jardines. Los llamados service (las compañías locales que hacen este tipo de trabajo) no estarían haciendo outsourcing, solamente estarían proveyendo personal temporal a las empresas. El proceso de outsourcing está vinculado a prácticas vitales en el funcionamiento de la empresa.
El tipo de organización en el Perú que está a la vanguardia de la aplicación de esta estrategia de gestión es el de las pequeñas y medianas empresas. Por su volumen, estas compañías están obligadas a establecer redes y alianzas estratégicas con otras empresas.
Considerando que las pymes tienen menos de 20 trabajadores, el outsourcing para estas empresas resulta fundamental para poder competir en igualdad de condiciones con las grandes empresas nacionales e internacionales. El 61% de las pymes de Lima está dedicado al comercio y aproximadamente el 14% a la manufactura. Estas empresas necesitan de sistemas informáticos y logísticos que solo empresas especializadas pueden ofrecerles con un nivel de calidad y eficiencia muy superior a lo que ellas mismas podrían desarrollar (Schneider, 2004: 68).
Los microempresarios relacionados con el presente estudio vienen aplicando esta estrategia de gestión en su desarrollo operacional. Ellos acuden a sus parientes o amigos para cada una de las gestiones operativas de la empresa. Por ejemplo, para un determinado espectáculo, contratan los servicios de equipos de sonido, luces, seguridad, local y demás servicios. Lo que en realidad hacen es montar el espectáculo coordinando todas las actividades necesarias operadas por terceros.
Por cierto, en el caso de los microempresarios, tanto la reingeniería como la “tercerización” no son aplicadas de una manera sistemática, de acuerdo a evaluaciones técnicas que normalmente sí deben hacer las empresas grandes y medianas. Es importante considerar que en el caso de estas últimas, la aplicación de estas estrategias de gestión es el resultado de un exhaustivo trabajo de investigación. Una buena o mala decisión en una gran empresa puede acarrear consecuencias de éxito o fracaso fundamentales para su desarrollo futuro. En cambio, el microempresario ha tenido siempre la flexibilidad de actuar por tanteo, al buscar la mejor manera de sortear los problemas que se le van presentando a diario. Tan pronto se da cuenta a través de su experiencia e intuición que no está siguiendo el camino correcto, realiza las correcciones necesarias y sigue su marcha.
Conforme va progresando, el microempresario va extendiendo sus redes y descubre formas de “tercerizar” u outsourcing, a través de parientes a quienes asigna algunas responsabilidades de la operación misma o para conseguir contactos, pero siempre reteniendo su autoridad sobre todas las cosas. Así, por ejemplo, hay mypes especializadas en alquilar equipos de sonido, salas de grabación, locales con servicio de seguridad, confección de afiches y banderolas.
2.3 Benchmarking: yo te copio, yo tampoco5
Otra estrategia moderna de gestión practicada recientemente por las grandes empresas y corporaciones es la denominada benchmarking.
Puede definirse como el proceso sistemático de buscar e introducir las mejores prácticas de negocio en una organización. Fue utilizado tradicionalmente para comparar los resultados o el desempeño de una empresa contra los líderes en ese campo y promover mejoras, sin tener que pasar por los desgastantes ejercicios de prueba y error por los que ya pasó el líder (Tripier, 2007).
Mientras el proceso de comparación con empresas líderes es un aspecto que requiere de internalización por parte de la organización de las empresas grandes y medianas, el microempresario lo practica casi en forma natural. Sus vivencias diarias están generalmente muy cercanas a las de empresas que él quiere emular y por lo tanto va copiando lo que considera conveniente para la marcha de su actividad. En el pequeño mundo en el que se desenvuelve su actividad, va comparando el desarrollo de sus actividades con lo que están realizando otros en el mismo campo y va perfeccionando sus actividades, siempre manteniendo al mínimo posible la estructura de la organización de su “empresa”. El benchmarking, tan practicado como una técnica moderna en las grandes empresas, ha sido también un elemento usado como parte del quehacer cotidiano, aunque intuitivamente, por los pequeños empresarios.
La limitación que podría señalarse en la aplicación de esta estrategia de gestión por parte del microempresario es que no pueda evaluar y distinguir adecuadamente cuáles son los métodos más adecuados para lograr mayor eficacia en su actividad. La simple copia de lo que hacen otros no necesariamente asegura que se está produciendo una mejora en la organización. Aquí es donde se produce el punto de quiebre en el cual el micro-empresario requiere de una mejor preparación académica para administrar su negocio, o recurrir al asesoramiento que lo pueda orientar para superar su nivel de desarrollo.
3. Un nuevo paradigma del conocimiento
El conocimiento es el epíteto central de la sociedad contemporánea. Precisamente, las relaciones económicas se organizan y adquieren valor en torno a la inversión de tecnología y gestión administrativa. Establecer cuándo estos procesos relacionados con el conocimiento comenzaron a adquirir una importancia capital en el sistema económico mundial no es una tarea fácil, porque se trata de procesos muy complejos. No obstante, la bibliografía especializada tiende a establecer como los factores que hicieron posible la emergencia de un orden económico cognoscitivo: 1) La globalización del sistema capitalista, 2) los cambios tecnológicos (la informática e internet), y 3) la relevancia de la comunicación en las relaciones de producción.
3.1 El conocimiento y la economía global
Si bien el concepto de globalización se ha popularizado mucho en los últimos años, los alcances de los fenómenos que aprehende son de antigua data. El sistema capitalista comenzó a expandirse adquiriendo una dimensión mundial prácticamente desde el siglo XVII, expansión que estuvo profundamente imbricada con el desarrollo del conocimiento científico y su actualización tecnológica. Un sistema caracterizado por “cosificar” absolutamente todo en función de su valor de cambio, estableció una rápida conexión con la ciencia newtoniana.
Todos conocemos bien el modelo newtoniano, pero examinemos bien sus elementos principales. Afirma que existe un universo real material. Afirma que todo lo que existe en ese universo está gobernado por leyes naturales universales y que la ciencia es la actividad de descubrir cuáles son esas leyes naturales universales. Afirma que la única manera confiable, o útil, en que podemos conocer esas leyes es por medio de la investigación empírica, y específicamente que las afirmaciones de saber por autoridades (clericales o laicas) que no tengan validación empírica no alcanzan el estatus de saber. Afirma que la investigación empírica incluye mediciones y que cuanto más precisas sean las mediciones mejor será la calidad de los datos. Afirma que es posible inventar dispositivos de medición, que siempre es posible perfeccionarlos, y que no hay ninguna razón intrínseca por la que no podamos llegar algún día a mediciones de precisión cuasiperfectas.
Y eso no es todo. Afirma que la expresión más adecuada de las leyes naturales es la expresión más simple que cubre el mayor número de fenómenos naturales. Por último deberíamos ser capaces de expresar todo el saber en una sola ecuación. Afirma que las trayectorias de la mayoría de los fenómenos naturales son lineales y que esas trayectorias siempre tienden a regresar al equilibrio. (…) En consecuencia, si conocemos una ley y conocemos las llamadas condiciones iniciales, podemos predecir o posdecir cuál será o fue la ubicación y medición de cualquier proceso en el futuro o en el pasado (Wallerstein, 2002: 187-188).
La producción fabril del sistema capitalista estableció una dependencia muy fuerte con los presupuestos epistémicos y tecnológicos de la ciencia newtoniana. La producción en serie es un sistema plagado de procesos constantes y repetitivos. Sus trabajadores son reducidos a “recursos humanos” que pueden ser intercambiables y desechados en cualquier momento, y la naturaleza es convertida en un espacio para aprovechar y explotar. Si bien otros sistemas económicos hicieron lo mismo, nadie ha logrado los niveles de destrucción del capitalismo, sobre todo mediante el mecanismo de la externalización de costos6. Concebir la naturaleza como un ente inerte y pasivo es una idea que resulta conveniente para el sistema, pero muy cara para la vida en la Tierra.
Este sistema de producción disciplinario hizo que bajo su égida la ciencia newtoniana adquiriera hegemonía y dimensión universal. Además, estableció una ruptura radical con la filosofía; vale decir, mientras los científicos se arrogaron el patrimonio exclusivo de la verdad, los filósofos se ocupaban de la disertación sobre el bien y la belleza.
Los saberes sociales, que surgieron en el siglo XIX como un mecanismo de control y readaptación del individuo (la antropología, la sociología, la pedagogía), se plegaron desde sus inicios al bando de la ciencia.
Cuando la ruptura entre la ciencia y la filosofía se hizo definitiva a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, la ciencia social se proclamó ciencia y no filosofía. La justificación de esa deplorable división del saber en dos campos hostiles fue que se consideraba que la ciencia era empírica en su búsqueda de la verdad, mientras que la filosofía era metafísica, es decir, especulativa. Esa distinción era absurda, porque todo saber empírico tiene bases metafísicas insoslayables, y ninguna metafísica merece consideración a menos que se pueda demostrar que habla a realidades de este mundo, lo que significa que tiene que tener marcadores empíricos (Wallerstein, 2002: 177).
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