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Educar la voz y el oído
Alberto Álvarez Calero

Ilustraciones del autor
Corrección del texto: Aurora Zafra y Martín Medrano
Diseño de la cubierta: David Carretero
Fotografía de la contracubierta: Abekoco
Edición: Lluís Cugota
© 2016, Alberto Álvarez Calero
Editorial Paidotribo
www.paidotribo.com
E-mail: paidotribo@paidotribo.com
Primera edición
ISBN: 978-84-9910-579-6
ISBN EPUB: 978-84-9910-635-9
BIC: WSKC
Diseño de maqueta y preimpresión: Editor Service, S.L. Diagonal, 299 – 08013 Barcelona
A los que se dedican a la enseñanza, que mediante su vocación,
esfuerzo y empeño diario aportan a la sociedad algunos
de los pilares básicos para la libertad de la persona,
como son la educación, el conocimiento y las emociones.
A mi hija e hijo, a mis alumnas y alumnos, que sin exigírmelo
me alientan a intentar mejorar mi labor docente,
la cual está siempre en pleno proceso de aprendizaje.
Índice
Prólogo
1 La voz
La importancia de la voz
Proyección y expansión de la voz
La voz hablada
La voz cantada
Ejercicios prácticos
2 La impostación
La emisión de la voz
Defectos en la emisión de la voz
Las vocales
Las consonantes
Ejercicios prácticos
3 El aparato vocal
Introducción
El aparato respiratorio
El aparato fonador
El aparato resonador
4 La respiración
La respiración correcta
Tipos de respiración
Defectos de una mala respiración al cantar
Ejercicios respiratorios
5 La postura
La postura corporal
La pelvis
El cuello
La mandíbula y la lengua
El paladar
Ejercicios prácticos
6 Métodos de relajación
La relajación
Método Alexander
Método de Schultz
Método de Jacobson
La técnica de la eutonía
La visualización y el método GIM
Ejercicios prácticos
7 El estudio de las diferentes voces
La clasificación de las voces
Los registros de la voz
La desafinación
La evolución de las voces en la historia
La voz de falsete y los antiguos castrati
8 Patologías de la voz
Diferencia entre afonía y disfonía
Factores, causas y tipos de disfonías
La disfonía disfuncional
La disfonía en el niño
Como prevenir y tratar las disfonías
La disfemia o tartamudez
9 La voz como herramienta del docente
Algo más que un instrumento
El uso de la voz en la clase
Factores de riesgo para la voz
Prevenir los defectos vocales
Remedios caseros para aclarar la voz
10 La voz infantil
Evolución de la expresión sonora y la voz en la infancia
La evolución del timbre infantil
La organización del coro infantil
Método para enseñar a cantar
Dirección del coro
Ejercicios gestuales
11 El oído, el sonido, el silencio y el ruido
El oído
El sonido y sus cualidades
El silencio
El poder del silencio frente a las palabras
El ruido
Causas y consecuencias negativas del ruido
Educar para evitar el ruido
El ruido y la legislación vigente
Estrategias para evitar el ruido en clase
Actividades en el aula
Bibliografía
Índice alfabético
Prólogo
Cuando afronté el reto de escribir un libro dedicado principalmente a la voz, además de al oído, era consciente de que ya había en el mercado editorial una serie de manuales dedicados a tal materia. Por tanto, si me planteaba elaborar un nuevo texto sobre dicho asunto, era para aportar algo diferente, junto con otros temas más generales ya desarrollados en otros libros, como la respiración, la relajación y las diferentes partes del aparato vocal.
En este trabajo se incluyen una importante cantidad de ejercicios propuestos al final de varios capítulos, con la intención de asentar correctamente las ideas expuestas previamente de una forma teórica. Además, muchos de esos ejercicios se pueden realizar tiempo después de haber leído el libro, de manera independiente y para llevar a cabo una serie de pautas destinadas a un fin muy particular, como mejorar la respiración, la relajación, la postura corporal, hacer un calentamiento vocal, etc.
Muchos de los libros publicados referidos a la voz, de los que siempre se aprende, están escritos por logopedas o foniatras, por lo que hacen su contribución sobre todo desde un punto de vista clínico, centrándose en diferentes patologías relacionadas con la voz. También hay libros para la voz elaborados por profesionales de la música, por lo que su enfoque, con respecto al de los otros expertos citados, es diferente en algunos apartados.
Dado que me incluyo en el segundo de esos dos grupos por mi formación y dedicación a la docencia musical universitaria, he querido hacer un trabajo cuyo resultado fuese bastante práctico. El libro está destinado sobre todo a las personas que se dedican a la enseñanza, a todos los niveles educativos, porque la prevención de los problemas de la voz se debe realizar partiendo de un conocimiento profundo de ella. La gran mayoría de los educadores reclaman una mayor formación de la voz para evitar esos continuos problemas vocales que la profesión acarrea. A este tema en concreto le dedico un capítulo entero.
A pesar del riesgo de que con tanta diversidad este libro se convierta en un cajón de sastre, pienso que a aquellos que de alguna manera trabajan con la voz pero no son docentes también les podría interesar, a priori, este manual, pues las causas de un mal uso de la voz son en muchos casos las mismas, y por lo tanto también sus consecuencias.
No he querido dedicar más de un capítulo a hablar de las patologías de la voz, ya que hay bastantes publicaciones dedicadas a esta cuestión, y además se alejaría tanto de mi formación académica como de los propósitos de este libro. Sin embargo, he considerado interesante tratar al menos superficialmente las diferentes dolencias relacionadas con la voz, con el propósito de concienciar a la gente de que algunas de esas patologías son más comunes de lo que se piensa y que se pueden evitar si se conocen sus consecuencias.
A la hora de enumerar las diferentes partes del aparato vocal, he procurado ser lo más conciso posible sin exponer todos sus pormenores, que podrían ser múltiples y que más bien solo despertarían interés dentro de un ámbito anatómico y médico.
He dedicado un capítulo a hablar con cierto detalle de las clasificaciones vocales. Desde un punto de vista histórico me ha parecido interesante mostrar cómo han evolucionado las voces, dedicándole un amplio apartado a los castrati.
El último capítulo se refiere al oído, pero no por ello es menos importante que los capítulos anteriores. Se puede justificar perfectamente su inclusión en este libro por el hecho de que el oído está muy relacionado con la voz. He aprovechado la ocasión para realzar la importancia de educar en el silencio, no en el sentido de comunicarse menos, sino en el de manifestarse pero molestando lo menos posible a los demás, promoviendo así un ambiente saludable. El resultado positivo de esta educación es bueno tanto para el cuerpo como para la mente, así como para las múltiples relaciones entre las personas. No por hablar más, la comunicación es más fluida. Qué mejor manera de inducir al silencio que ser muy consciente de los sonidos que se escuchan a nuestro alrededor. Esto ayuda a ser cada vez más sensible a la contaminación acústica a la que estamos sometidos activa o pasivamente en nuestro mundo actual.
Ya que de momento no se contempla en los planes educativos una asignatura en la que explícitamente se insista en la importancia del silencio, necesario para una buena convivencia entre las personas, al menos quiero contribuir humildemente a que nuestra sociedad actual sea menos ruidosa. Además, para el inicio de muchos de nuestros actos (privados o públicos), o en general para el comienzo de algo, se requiere silencio para suscitar la concentración.
Ojalá este libro sea una herramienta muy útil tanto para ampliar conocimientos y despertar la conciencia de algunos aspectos relacionados con la salud personal y colectiva como para poder ser utilizada en las clases.
Alberto Álvarez Calero
1
LA VOZ
La importancia de la voz
La voz es uno de los sistemas que sirven para que las personas se manifiesten y se expresen. Aunque los frenéticos avances tecnológicos permiten que en la actualidad haya muchas maneras de comunicarse directamente con otros individuos sin tener que recurrir a la voz, esta sigue siendo la forma más habitual y clara de conversar, o al menos la que más matices puede mostrar. Sin embargo, es cierto que las palabras no tienen por qué ser siempre sinceras o claras, pues de hecho pueden ocultar otros pensamientos diferentes. Por ello, el gesto corporal, y en particular el facial, sirve para acentuar y aportar lo que las palabras a veces no pueden hacer por sí solas.
En este sentido, los bebés se inician desde sus primeros pasos en la comunicación con el sonido y el gesto antes que con la palabra. Desde la primera infancia se adquieren los mecanismos básicos para aprender el lenguaje hablado. Una vez que se consolida, se asientan las bases para el lenguaje cantado. Pero incluso antes de comenzar a hablar, el bebé puede llegar a canturrear algo a su manera, o al menos a hacer algunos giros melódicos. Sea como sea, los bebés adquieren ambos lenguajes —el de la voz hablada y el de la voz cantada— mediante la imitación.
Con el paso del tiempo, las estructuras propias del habla se automatizan en el niño. A medida que se encamina hacia la edad adulta, la persona se familiariza con su propia voz. Esta es inherente a cada individuo, como lo son los ojos o la cara. Al igual que una buena imagen corporal abre muchas puertas en la sociedad, también lo consigue una agradable voz, con un timbre atractivo. Y es que la propia voz dice a cada uno y a los demás cómo se encuentra en cada momento. A la vez, es una referencia de la propia personalidad, y puede revelar en la mayoría de los casos la edad del individuo. Por tanto, todo lo que nos afecta se manifiesta directamente en la emisión de la voz.
El estilo de comunicación delata la forma en que percibimos nuestro entorno en un momento determinado. Este estilo puede tener desde una actitud expresiva y de confianza hasta la inhibición extrema, pasando por una amplia gama de matices intermedios. Todo esto depende del temperamento de cada uno, de las personas con las que se relaciona, sus circunstancias, su estado de ánimo, etc. Se puede afirmar que hay una plena interrelación entre el estilo comunicativo (con sus emociones y sentimientos expresados o reprimidos) y el comportamiento del cuerpo. Las tensiones que se tengan en los músculos del cuerpo redundan directamente en la emisión de la voz.
También se utiliza la voz como defensa cuando existe un desacuerdo con otra persona, o incluso con uno mismo, al no coincidir lo que es con lo que se quiere aparentar. Por ejemplo, a veces utilizamos una gran fuerza vocal cuando se trata en realidad de una debilidad o inseguridad personal.
Proyección y expansión de la voz
La voz se produce al desplazarse una corriente de aire procedente de los pulmones que asciende por un tubo, la tráquea, y que después se estrecha al pasar por las cuerdas vocales produciendo la vibración del sonido. Si las cuerdas vocales se encuentran separadas entre sí, hay silencio, es decir, la columna de aire sigue siendo solo aire. Cuando se juntan las cuerdas vocales, se produce un sonido. No obstante, en este caso todavía no se le puede llamar «voz» a este sonido, pues no posee todas las cualidades que la definen. A este nivel, al sonido se le llama tono fundamental. Ahora bien, cuando ese tono sigue ascendiendo, las cavidades de resonancia lo enriquecen con armónicos,1 y es entonces cuando se puede hablar de voz, ya que tiene timbre y volumen. Desde el punto de vista técnico, los armónicos se producen en los resonadores del aparato vocal. Dichos resonadores son los espacios vacíos que hay en este aparato, y ofrecen el timbre particular de cada voz.
La voz tiene muchas semejanzas con los instrumentos de viento por los siguientes hechos:
• Tanto en la voz como en los instrumentos de viento, el aire es el motor del sonido. Si en el caso de los instrumentos de viento el emisor de aire lo proporciona el instrumentista, para la voz se encargan un conjunto de órganos del cuerpo humano, formados por los pulmones, el diafragma y los músculos de la respiración.
• En el instrumento musical, la lengüeta o boquilla hace que el aire pueda vibrar, mientras que en las personas son las cuerdas vocales, situadas dentro de la laringe, las que hacen que los sonidos vibren.
• Todo este proceso no se podría concluir si no hubiese un tubo que proyectase el sonido, que todos los instrumentos poseen, junto con una campana o pabellón al final, y que en el caso del cuerpo humano son las diversas cavidades de resonancia, que están formadas por la laringe, las fosas nasales y la boca.
Aunque en los instrumentos de viento los labios también influyen en la trayectoria de los sonidos, las articulaciones de estos se hacen mediante los dedos del instrumentista, al manejar los orificios, pistones o vara. La voz transforma el sonido, mediante la boca y los labios, tanto en fonemas (que después pueden formar palabras) como en un canto articulado.
La proyección de la voz se regula mediante la presión aérea y una mayor apertura interior de la boca. Esa proyección está ligada a la intensidad de la voz, es decir, a la mayor o menor fuerza con la que se emite, y de este modo la voz puede proyectarse más o menos lejos.
Si una persona se dispone a lanzar un dardo a una diana, debe mirar fijamente dónde está el centro de la misma, punto al que se dirigirá el lanzamiento. Lo mismo pasa con la voz, de forma que si uno desea dirigirla hacia una zona en concreto, debe conducir la mirada hacia ella para que el cerebro pueda poner en funcionamiento todo el sistema y encarrilar su energía hacia allá.
Sin embargo, cuando hablamos de la proyección de la voz no nos referimos a que esta se dirige en una única dirección, lineal y hacia delante, sino que más bien se expande, ocupando un espacio y desarrollando un tiempo. Es importante saber que, más allá de la voz conversacional, un profesional que trabaje con la voz, sea hablando o cantando, debe expandirla por toda la sala con la misma calidad, y procurar que se entiendan todas sus palabras desde el principio hasta el final de sus frases. Por tanto, el orador debe hacerse una idea exacta de hasta dónde quiere que se escuche correctamente su voz, para así saber qué grado de intensidad y proyección necesitará.
También es importante tener el control de la respiración para obtener una buena intensidad y proyección vocal, sin que haya bloqueos ni tensiones musculares. Para ello, hay que mantener a su vez una postura corporal correcta: la cabeza debe estar apoyada verticalmente sobre la columna, de forma que no rompa el eje del cuerpo; los hombros estarán rectos pero no rígidos, y la garganta, en posición de reposo. No obstante, la relajación absoluta tampoco es buena para cantar o hablar, pues es necesaria una cierta actividad muscular.
Cada individuo tiene unas posibilidades vocales que por regla general no están desarrolladas lo suficiente, salvo mediante el conocimiento de la técnica vocal. Por tanto, el nivel que se alcance tanto en la voz cantada como en la hablada depende en parte de la exigencia que tenga cada uno.
Las personas no iniciadas en la técnica vocal suelen cometer el error de pensar que la proyección de la voz se produce en las cuerdas vocales, que es donde se origina el sonido, pero no es donde se expande. Es como si una persona pensara que el violín o la guitarra, o cualquier otro instrumento de cuerda, resonasen en las mismas cuerdas en vez de en sus respectivas cajas de resonancia, hechas de madera.
La voz hablada y la voz cantada están unidas por los siguientes elementos, de los que se hablará a lo largo de este libro: la articulación, la dicción, la postura corporal, la respiración, la emisión y la resonancia. Por el contrario, estos dos tipos de voz se diferencian en que habitualmente el tono de la voz hablada es más grave que el de la voz cantada, y en que la primera requiere un esfuerzo menor, sobre todo mucho menos que la voz lírica, que es la que más técnica precisa. Cuando un individuo habla se fija en lo que está diciendo, mientras que cuando canta se centra en la voz de por sí, en cómo la expresa.
Lo cierto es que conocemos menos nuestra propia voz, sea hablada o cantada, de lo que podría parecer. Cuando se escucha una grabación en la que hay un grupo de personas hablando o cantando y en el que uno está presente, es más fácil reconocer la voz de los otros que la propia, salvo los que utilizan la voz como utensilio de trabajo y son muy conscientes de ella. Escuchamos nuestra voz no solo tras ser proyectada hacia los demás, sino, a su vez, al ser impulsada desde nuestro propio cuerpo, desde donde emerge. De ahí que sea raro reconocerla plenamente.
La voz hablada
La voz hablada la tiene cada individuo de forma natural, y no se necesita en principio tener técnica alguna para emplearla en las conversaciones diarias. Sin embargo, los que trabajan con ella, como profesores, actores, oradores, telefonistas, locutores de radio y televisión, abogados, comerciantes…, sí que deben conocerla con más detalle y saber cómo tratarla. ¿Qué pasaría si cualquier otro profesional ignorase su herramienta de trabajo? ¿Qué le sucedería a un administrativo que no supiera manejar su ordenador, o a un fotógrafo que no conociera el funcionamiento de su cámara, por citar solo dos ejemplos? Por eso, las personas cuyo trabajo depende de la voz deben considerarla su mejor herramienta, y como tal deben saber emplearla y cuidarla.
Llama la atención el hecho de que para hablar de manera cotidiana no se exige en principio ninguna preparación vocal, más allá del conocimiento de un lenguaje, pero que para aprender a cantar, a ser actor o hablar en público sí se requiere una mínima técnica vocal. Por tanto, dentro de la voz hablada hay que diferenciar la voz conversacional de la voz proyectada.
En la voz conversacional, habitualmente no hace falta poner en práctica todos los factores posibles para que la voz se escuche bien, en el sentido sonoro, a no ser que haya una cierta distancia entre los que están dialogando.
Pero si se trata de una voz proyectada, destinada a un auditorio por muy pequeño que sea, los emisores deben saber que los mismos elementos necesarios para cantar se aplican al habla. Es importante saber que el aprendizaje de algunos aspectos de la voz cantada, aunque sea durante unos meses, repercuten directamente en la voz hablada. De hecho, es normal que los profesionales que utilizan la voz la proyecten sencillamente por hábito, aunque estén hablando con una persona que esté cerca de ellos.
Sin embargo, algunos de los que emplean la voz como trabajo jamás han aprendido a respirar bien, a articular las frases, o a adecuarse a las condiciones acústicas de la sala, lo que provoca que acaben fatigándose, o no se les oiga bien, y terminan cansando al auditorio.
Conocer los entresijos de la voz hablada es bueno para evitar futuras patologías vocales, las cuales a veces se tornan crónicas con el paso del tiempo. De hecho, debemos saber que una rehabilitación de la voz hablada es más difícil incluso que enseñar la técnica del canto, ya que esta se aplica a personas que ya de por sí tienen ciertas cualidades musicales. Sin embargo, la voz hablada tiene mayores problemas bien porque la persona no posee esas cualidades, bien porque ha adquirido malos hábitos al forzar la voz.
Los políticos o los locutores tienen al menos el apoyo del micrófono, que solventa la falta de volumen. Pero el profesional de la enseñanza normalmente no suele emplear dicho instrumento electrónico, por lo que tiene que forzar la voz si no emplea las técnicas vocales y pedagógicas adecuadas.
Los profesionales de la voz son conscientes de que para que se les escuche y entienda han de tener una voz clara, convincente, ya que de ello depende que su comunicación sea fluida, y así poder conectar con las personas que les escuchan. En esos momentos, su voz ha de tener cierta concordancia con la declamación, que es la acción de hablar en público o de recitar con la entonación, la mímica y los gestos adecuados.
La declamación aparece vinculada a su vez con la retórica, que es una disciplina que estudia los procedimientos y las técnicas adecuadas para el lenguaje con unos propósitos estéticos o persuasivos, además de comunicativos.
En la voz hablada son de suma importancia elementos como la articulación, la dicción, el ritmo, la entonación, el timbre, y la intensidad y el estado de ánimo, de los cuales hablaremos a continuación.
La articulación
La articulación es imprescindible para la voz hablada, ya que constituye la base fundamental para pronunciar correctamente las consonantes. Estas han de articularse con nitidez, con sus respectivos acentos, y sin amortiguarlas, para evitar que haya confusión al pronunciarlas. Una buena articulación permite que las palabras sean entendidas con claridad, aunque se emitan con una intensidad baja. Para ello, es necesario utilizar de manera enérgica los agentes que tienen la capacidad de modificar el sonido de la voz, y que son: la lengua, los labios, los dientes, el paladar y el maxilar.
A diferencia de las consonantes, las vocales participan en la formación de las palabras, pero son sonidos producidos por la vibración de las cuerdas vocales, y amplificados por los resonadores de la laringe, la boca y la nariz. De este modo, las vocales no son muy alteradas por los órganos de la articulación.
Dependiendo del lugar en donde se haya nacido, o de los orígenes familiares, la forma de articular las consonantes varía, y se pronuncian con mayor tensión o, por el contrario, con más relajación.
En la articulación se conciben algunas imperfecciones que, a pesar de que no llegan a impedir la comprensión del lenguaje, perjudican una adecuada pronunciación, sobre todo cuando se trata de una voz destinada a una audiencia. Si bien algunas personas pueden entender algunos de esos vicios como una seña de identidad de algún pueblo o de una zona geográfica, hay que reflexionar sobre el hecho de que a la hora de hablar en público esas imperfecciones han de ser evitadas.
Algunas de estas pronunciaciones alteradas son:
• El ceceo, al pronunciar la /z/ en vez de la /s/ («vazo» en vez de «vaso»), y el seseo, al pronunciar la /s/ en vez de la /c/ o la /z/ («corasón» en vez de «corazón»). Estos fenómenos se remontan al siglo XVI, y se dan en las regiones de más al sur de España, y en particular en Andalucía. El ceceo siempre se ha relacionado con las zonas más rurales. Tiene su origen en los gitanos, además de los antiguos moriscos granadinos, que no acertaron a pronunciar la /s/ castellana.
El ceceo se extiende sobre todo por la mitad más meridional de Andalucía, salvo en las capitales de Cádiz y Sevilla, en las que se emplea mayoritariamente el seseo. Esta última práctica, por otro lado, se da en la parte más septentrional de Andalucía, además de Canarias y países de Hispanoamérica, donde es menos frecuente, salvo en lugares puntuales.
• Otras alteraciones de la dicción son: el yeísmo, extendido tanto en España como en Hispanoamérica, especialmente en zonas de Argentina, pronunciando la /y/ (o casi la /ch/) en vez de la /ll/ («yave» en vez de «llave»), y el siseo, cuando se pronuncia exageradamente el sonido inarticulado de la /s/ y de la /ch/, y que llega a ser cansino para el oyente, ante el reiterado sonido de silbido.
La dicción
Si la articulación es la parte mecánica de la palabra, la dicción es la manera estética de articular o pronunciar las palabras y las frases. La dicción comprende la diferenciación y acentuación de unas palabras con respecto a otras dentro de una frase. También se encarga de saber distinguir las inflexiones de la voz y de los matices, en función de los sentimientos y percepciones que se quieran mostrar. Al fin y al cabo, pretende dar vida a la hipotética imagen que describen las palabras.
En cada oración, el buen hablador debe saber dónde está el punto culminante de la frase que más se debe acentuar. Debe evitar, por otra parte, el énfasis continuo y exagerado. En caso contrario, no cuidaría bien la dicción y cansaría a los oyentes.
La dicción es, por tanto, la manera de hablar, y debe ser cuidada en especial cuando se emplea ante un público. Ayudada por un buen uso de la misma, permite además hacer coincidir las pausas respiratorias con las pausas naturales condicionadas por el texto. Una persona habla bien cuando no solo se produce ese sincronismo, sino también cuando hace corresponder su contenido con la expresión, es decir, el sentido y su sonido.
Las pausas y el ritmo
Hay que tener la habilidad de poder hablar a distintas velocidades dependiendo de lo que precise el momento, además de saber utilizar bien las pausas, por razones fisiológicas y lingüísticas. Las pausas facilitan las inflexiones de la voz, el cambio de tono y de ritmo, haciendo que el discurso vocal no sea monótono. Una buena o mala colocación de las pausas al hablar es equiparable a la puntuación de un texto escrito.
Las pausas pueden servir también para que el orador consiga un momento de reflexión entre el auditorio, o para suscitar un determinado afecto sobre lo que está diciendo.
El ritmo a la hora de hablar es la cadencia que hay entre los acentos y las pausas. Cuando los intervalos entre estos dos componentes son cortos o similares, el ritmo que se consigue es rápido y monótono. En el otro extremo, si las secuencias de tiempo están muy alejadas entre sí, no se advertirá el ritmo, y si los intervalos son muy irregulares, el ritmo será confuso. El ritmo tiene mucho que ver con la velocidad a la hora de hablar.
Una persona de un temperamento nervioso suele hablar con un ritmo apresurado, mientras que una persona tranquila lo hace a un ritmo más lento. Una persona reflexiva y a su vez entusiasta evita esos extremos, de forma que el ritmo de su discurso depende de lo que quiera decir en cada momento de la frase. Así, demuestra y defiende sus convicciones expresadas sin dejarse dominar por su propio impulso o carácter.
La entonación en la voz hablada
Muy relacionado con la dicción, se entiende como entonación del lenguaje la curva melódica que la voz emite al hablar. En este caso, el ámbito interválico entre los sonidos extremos es mucho más corto que el que se utiliza cuando se canta. No obstante, si la voz hablada no se emite con una mínima dosis de musicalidad, se convierte en un monólogo de sonidos planos.
La entonación puede ser ascendente, al sugerir un interrogante, una duda o una indecisión; descendente, al mostrar firmeza, certeza o confianza, o mixta, que se emplea para indicar ironía, conflicto, o para proponer una sugerencia.
A su vez, cada persona tiene su tono de voz habitual, es decir, con el registro con el que se siente más cómodo y sobre el que se suceden movimientos ascendentes y descendentes de su habla.
Está comprobado que, según la zona del planeta en la que se viva, la voz es más grave o más aguda. Esto es debido a que el sistema nervioso trabaja a diferentes velocidades según el entorno, lo que hace que cuanto más frío sea el territorio más grave sea la voz de sus lugareños. Por este motivo, generalmente las voces de los habitantes del Caribe son más agudas que las de aquellos que viven en zonas gélidas, como Rusia, por ejemplo. La actual globalización y los movimientos migratorios han hecho que, cada vez más, sea más fácil encontrar voces agudas en países fríos, y viceversa.
Dentro de España, el tono más grave se presenta en las dos Castillas. En Andalucía predomina un tono en general más agudo, así como en Cataluña, Valencia y Galicia.
El español se habla generalmente con un tono más grave que el francés o el italiano. El inglés y el alemán tienen una tonalidad muy cercana a la lengua española. Por otro lado, el español practicado en los países hispanoamericanos presenta un tono más agudo que el del centro y norte de España. Del estudio de la entonación se encarga la prosodia.
El timbre
Uno de los primeros problemas con el que se encuentra una persona que comienza a trabajar con su voz es que no la conoce realmente. Por ejemplo, el docente que empieza a ejercer su profesión se siente a veces extraño a la hora de hablar, al tener que articular la boca y sobre todo los labios de un modo antinatural, artificial, teatral. En esos momentos quizá no le guste su timbre, al tener la obligación, más que nunca, de escucharse, algo a lo que no está acostumbrado.
Hay que aceptar el timbre que tiene cada persona, pues así es como se le puede sacar partido. Algo muy útil en este sentido es grabarse uno mismo a menudo, en diferentes ámbitos, para analizar y aceptar su timbre.
Más allá del timbre, algunas personas utilizan un tono de voz inadecuado, más agudo o más grave de lo normal. Hay que adaptar el timbre a la estructura bucal de cada uno, pues si no se hace así, a medio plazo podrían aparecer lesiones al hablar o cantar de una manera forzada.
Hay que ser consciente de que la voz se puede mejorar, empeorar o transfigurar temporalmente al imitar otra voz, pero no se puede cambiar su timbre. En este sentido, se podría cambiar el color de los ojos con unas lentillas o el pelo con un tinte, pero no sus características naturales.
Parece que por cuestiones sociales aparentemente impone más respeto un timbre grave que uno agudo. Quizá por ese cliché casi inconsciente algunas personas hablan más grave de lo que les correspondería por sus características vocales.
También ocurre a veces lo contrario cuando se usa un timbre demasiado agudo, por lo que se agota más aún la voz pues el individuo está elevando demasiado la laringe, y por tanto forzando las cuerdas vocales. Para ello, además tiene que emplear un volumen más alto de lo habitual para mantener a esa altura la laringe por encima de su posición más cómoda. Estos casos ocurren por haber memorizado desde la infancia un patrón erróneo de modo de hablar, heredado habitualmente del entorno familiar.
La intensidad y el estado de ánimo
El volumen de la voz depende del manejo adecuado de la presión del flujo de aire que ha ejercido la laringe (en la subglotis o en la parte inferior de las cuerdas vocales). No se debe confundir la intensidad (o volumen) con el tono (grave o agudo). La intensidad está determinada por factores como la circunstancia, el estilo, la educación o la emoción. Es apropiado saber hablar con la intensidad adecuada en cada momento, siendo conscientes de que se suele emitir la voz más alto de lo necesario. Hablar fuerte por hábito, como ocurre en algunas personas, perjudica de por sí tanto al oyente como al emisor.
El estado de ánimo afecta mucho también a la forma de emitir la voz, más allá de la intensidad. La alegría, la tristeza, el asombro o la sorpresa no se pueden entonar, y por tanto expresar, de la misma manera (tabla 1.1).
Tabla 1.1. Características de la emisión de la voz
| ARTICULACIÓN | Es la correcta pronunciación de las consonantes. |
| DICCIÓN | Se encarga del fraseo adecuado, con matices y respetando las pausas. Es la manera de articular las palabras. |
| LAS PAUSAS Y EL RITMO | Están muy ligados a la velocidad al hablar, y sirven para dar sentidoa lo que se dice enfatizando algunas palabras sobre otras, y así evitar la monotonía. |
| ENTONACIÓN | Es el grado de elocución a la hora de hablar, es decir, las inflexiones y las expresiones utilizadas en la voz hablada. |
| TIMBRE | Se trata del sonido característico y único de cada voz. Depende de la constitución de las cuerdas vocales, de su manera de vibrar y de la forma de las cavidades de resonancia. |
| INTENSIDAD Y ESTADO DE ÁNIMO | El volumen depende de la presión que ejerce la parte inferior de las cuerdas vocales. El estado anímico y los rasgos propios de la personalidad repercuten directamente en la emisión de la voz (actitud al hablar). |
Consejos para cuidar la voz
Terminaremos este apartado sobre la voz hablada presentando de manera esquemática algunas recomendaciones que sirvan para conservar la voz y emitirla de manera precisa y expresiva:
– Proyectar el sonido al hablar especialmente sobre el paladar duro, subiendo los huesos maxilares, de forma que la voz se proyecte bien en la sala. Eso no significa que se escuche fuerte, sino de una manera clara e inteligible.
– Tener presente que son los labios y la lengua, y no la boca, los que articulan las palabras. Por tanto, hay que mantener cierta flexibilidad en los labios y la lengua.
– Ejercitar con cierta frecuencia la lectura lenta y en voz alta, con una respiración controlada, es de una gran importancia para el dominio de la voz.
– Lo mismo se puede decir de leer trabalenguas de vez en cuando.
– Empezar a hablar siempre con mucha calma y con poca intensidad, para así obligar a los demás a guardar cierto silencio.
– Cuando la voz esté cansada, es bueno hacer una pausa, beber agua y adoptar durante unos segundos la posición del bostezo reprimido.
– Intentar hablar articulando bien.
La voz cantada
Todos los aspectos que se han comentado sobre la voz hablada se pueden aplicar a la voz cantada. Sin embargo, cantar bien exige utilizar una mayor variedad de intensidades, una perfecta colocación y utilización de los resonadores, y una mayor gama de articulaciones y sobre todo de inflexiones; es decir, desde unos tonos más graves hasta otros más agudos. En este sentido, la voz se convierte en música al exagerar dichas inflexiones.
La voz cantada es la máxima expresión de la voz humana. Con la emisión de sonido articulado y modulado, el canto constituye sin ninguna duda el primer instrumento musical que utilizó el ser humano. Según el compositor y director de orquesta Richard Strauss (1864-1949), la voz es el instrumento más bello y a su vez el más difícil, dada la gran cantidad de músculos que se deben poner en funcionamiento para su correcta emisión.
Existe una gran diversidad de formas de entender la voz cantada, más allá de la sociedad que se considere. Porque sea cual sea su procedencia, el canto puede comunicar sentimientos, recuerdos, estados de ánimo, ideas… La propia música instrumental puede transmitir todas esas emociones y sensaciones, pero la voz, al añadir el texto, acentúa la comunicación con el receptor.
A partir de ahora, cuando hablemos de la voz en el canto nos vamos a referir a la voz cantada cultivada, entendiendo que el canto espontáneo, popular, no reclama una preparación técnica especial, ya que cambiaría la idiosincrasia y singularidad de esa música. Sin embargo, cada vez hay más cantantes de música ligera que se adentran en la técnica vocal, ya que tan solo por sus beneficios saludables merece la pena desarrollarla.
Al igual que todas las personas disponen en circunstancias normales de la voz para hablar, en principio también están dotadas del mismo instrumento para cantar. La voz puede ser entrenada para producir un sonido acústicamente más eficiente, tanto a la hora de hablar como de cantar. Sin embargo, no todos los individuos están capacitados para ser cantante solista, ya que se requiere una estructura fisiológica innata que es responsable de la variación del resultado final del sonido producido por la voz. También dependerá de poseer una depurada técnica vocal, la cual pretende conseguir los mejores resultados en la voz con el mínimo gasto energético. Si un trabajo vocal acarrea fatiga o ronquera, indica que la técnica no se ha realizado correctamente y que, por tanto, habrá que rectificarla.
La voz cantada es un sonido articulado y modulado, por lo que tiene las características de intensidad o amplitud, tono o frecuencia, y timbre o composición armónica. De estas cualidades del sonido se habla en el último capítulo de este libro.
La voz cantada le da a su vez mayor importancia a las vocales que a las consonantes, al contrario que la voz hablada, en la que preponderan las consonantes para la articulación de las palabras.
En cuanto a la respiración, la voz cantada exige una mayor capacidad pulmonar, una inspiración más rápida y una presión espiratoria suficientemente sostenida.
La voz cantada pone en funcionamiento el movimiento de muchos más músculos que la voz hablada. El canto obliga a que las cuerdas vocales varíen continuamente su longitud, masa y tensión, para poder vibrar las notas requeridas.
Otras diferencias que presenta la voz cantada con respecto a la hablada son que la mandíbula debe bajar y subir con facilidad y relajadamente para así tener desenvoltura en el movimiento de retroceso, que el velo del paladar debe mantener la posición de bostezo o sonrisa interna a la vez que la apertura bucal sea amplia, y que el cuello esté muy relajado.
Solo hay una manera correcta de cantar, y es que se realice con cierta naturalidad, evitando cualquier tensión innecesaria en el cuerpo. Sin embargo, es cierto que para cantar correctamente se exige colocar la cara con una leve sonrisa, la mandíbula metida hacia dentro y el velo del paladar elevado. Aunque aparentemente se trata de una postura forzada, hay que acostumbrarse a que se haga con sencillez, lo cual se consigue con un hábito continuo y persistente.
En resumidas cuentas, si se trabajan aspectos como la intensidad, la proyección y el control de la respiración, la voz brotará libre, sin obstáculos, más allá de la presión adecuada para su correcta emisión, sea el estilo musical que sea.
Por otra parte, la gestualidad facial es muy útil para el canto, ya que si se canta con un ánimo feliz o jovial, la voz adquirirá un timbre brillante; por el contrario, si se canta con un sentimiento de tristeza, el sonido de la voz será sombrío.
Ejercicios prácticos
Ejercicio 1. Lanzar y expandir la voz
A modo de ejercicio, puede ser muy útil dirigir la voz hacia un punto concreto. Para ello, puede imaginar una línea cercana hacia donde se quiere «lanzar» el sonido. Se puede ayudar con las manos, colocándolas a ambos lados de la boca para amplificar el sonido. Después, intente conseguir ese sonido pero sin las manos, para que de forma intuitiva se coloque la boca a modo de amplificador.
Más adelante, a medida que se practiquen más ejercicios, hay que intentar no solo dirigir la voz en una línea, sino expandirla por toda la sala utilizando únicamente la colocación de la boca. Para proyectar la voz a una cierta distancia, es necesario poseer ya una mínima técnica vocal, pues en caso contrario el practicante podría sufrir daños en su voz.
Ejercicio 2. Trabalenguas
Como instrumento que es la voz, se debe mantener en forma y seguir una progresión en su cuidado y manejo. Una buena manera de poner en práctica la voz hablada es mediante los trabalenguas. Se comenzará con los más fáciles, y después se pasará a los más complicados. Primero hay que articular cada sílaba lentamente, acentuando cada consonante. Después se pronunciará el trabalenguas cada vez más rápido. Si los resultados no son los deseados en un principio, hay que tener paciencia, ya que la adquisición de una buena técnica requiere un proceso lento.
El amor es una locura que solo el cura lo cura,y cuando el cura lo cura comete una gran locura.
María Chucena techaba su choza, y un techador que por allí pasaba le dijo:
María Chucena, ¿tú techas tu choza, o techas la ajena?
No techo mi choza ni techo la ajena.
Yo techo la choza de María Chucena.
Compadre cómpreme un coco, compadre coco no compro,porque el que poco coco come poco coco compra.
Jaime manda menos memos y ramos de moras a los reinos de los renos y por las demoras de los memos que manda a los reinos de los renos tienen menos memos con menos ramos de moras y más demoras.
El cielo está encapotado, ¿quién lo desencapotará?
El desencapotador que lo desencapote buen desencapotador será.
El arzobispo de Constantinopla se quiere desarzobispoconstantinoplolizar.
El primero que lo desarzobispoconstantinoplolize, desarzobispoconstantinoplolizador será.
Tengo una gallina pinta perlinta pelizanca repitiblanca con sus pollitos pintos perlintos pelizancos repitiblancos.
Si la gallina no fuera pinta perlinta pelizanca repitiblanca, los pollitos no serían pintos perlintos pelizancos repitiblancos.
Si tu gusto gustara del gusto que gusta mi gusto, mi gusto gustaría del gusto que gusta tu gusto, pero como tu gusto no gusta del gusto que gusta mi gusto, mi gusto no gusta del gusto que gusta tu gusto.
Ejercicio 3. Entonación interrogativa
Repetir frases interrogativas para conseguir subir el tono en el punto preciso, que es al final o casi al final (dependiendo de si la última palabra es de acentuación llana o aguda):
¿Cómo estás?
¿Quién ha llamado?
¿Cuándo has llegado?
¿A quién has visto?
¿Has hecho la compra?
¿Cuándo llegaste?
¿A qué hora llega el tren?
¿Han venido tus amigos?
¿Cuántos sois?
¿Vienes a la fiesta?
¿A qué hora has llegado?
¿Dónde has estado?
¿Tienes frío?
¿Sabes dónde estamos?
Ejercicio 4. Práctica de pronunciación
Pronunciar las frases corrientes expuestas más abajo de las siguientes maneras:
– De manera inexpresiva.
– Hacerlo como si fuera una verdadera conversación.
– Con ondulaciones exageradas, separando el punto más alto o semicadencia y el punto grave o final.
– Con teatralidad, proyectando el sonido.
– Lectura expresiva, pero no tan exagerada como las dos anteriores.
– Con un matiz muy diferente, cambiando los puntos de inflexión.
Mi ejercicio favorito es caminar por el campo.
Quiero trabajar en un lugar más tranquilo que este
Me encanta comer fresas cortadas a trozos con nata encima.
Sería mucho más fácil si todos ayudásemos un poco más.
Quiero tomar otro café con leche, que la conversación va a durar.
Se me olvidó cerrar la ventana antes de ir a dormir, y por eso me resfrié.
Pienso que ella no tiene que salir mucho más tarde de lo previsto.
¿Podrás cambiar tu horario de trabajo para poder vernos mañana?
Los platos están dentro del armario azul.
Me apetece bañarme en el mar, aunque el agua esté muy fría.
No quiero levantarme tan temprano mañana que es sábado.
No dediques un solo minuto a la melancolía.
¿Adónde vas a ir este fin de semana con tus amigos?
¿Por qué no coges la llamada cuando te llamo?
Tengo mucho trabajo esta semana, por lo que no nos podremos ver.
Tienes que cepillarte los dientes después de comer.
No uses tanto papel para escribir, que hay que ahorrar los recursos.
La gente va al dentista solo una vez cada dos años.
No quiero que metas el perro en la casa, pues ya sabes lo que ocurre.
Buenos días, ¿usted piensa que el reciclaje sirve para algo?
Ya es hora de volver a casa y descansar, tras este largo viaje.
¿Quieres pasar a lavarte las manos, o te da igual?
Llevaré tu regalo de cumpleaños por fin esta noche.
¿Te olvidaste de cerrar bien el grifo de agua caliente?
Los padres dedican mucho tiempo a sus hijos.
No quiero ir al cine mañana por la noche, pues ninguna película me interesa.
Tráeme por favor los libros que están en la mesa.
Si me das la oportunidad, te explicaré con detalle lo que pasó.
Sal rápido antes de que te vean aquí conmigo.
Los perros ladraron toda la noche y no pude dormir.
Si no vienes pronto, la comida se enfriará, y yo no pienso esperarte.
Te llamaré cada dos días por la tarde, si tú me lo permites.
Ejercicio 5. Pronunciación intensiva
Ampliar el ejercicio anterior con textos más extensos y de diferentes tipologías: un recorte de prensa, un poema, el fragmento de una prosa...
Ejercicio 6. Entrenamiento tonal
Este ejercicio sirve para acercar el tono de conversación al tono de recitación. Empezar la primera sílaba en una nota relativamente grave, y después emitir el resto de la frase a diferentes alturas: primero a la distancia de una tercera (MI), después a la de una cuarta (FA), una quinta (SOL) y finalmente a una octava (DO):

_____________
1 Los sonidos armónicos, también llamados concomitantes, son los que acompañan al sonido principal, y tienen un mayor número de frecuencias. Cuanto más grave es un sonido principal, mayor número de armónicos puede captar el oído humano. Esto se puede apreciar sobre todo en los instrumentos acústicos.
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LA IMPOSTACIÓN
La emisión de la voz
Impostar la voz es situarla en su tesitura natural, lo que sirve a su vez para aprender a obtener de ella el mayor rendimiento con el mínimo esfuerzo respiratorio. La voz hay que colocarla de forma que salga fluida y lo más uniforme posible, de manera que así luzca sus variados tonos y riquezas sonoras.
Ya se ha dicho anteriormente que hay personas que hablan con un tono más grave o más agudo de lo que su voz haría de manera natural. Impostar, por tanto, es evitar precisamente eso, pues se trata de colocar la voz en su sitio correcto. De hecho, de la emisión adecuada o no de la voz se derivan todas sus cualidades o defectos. Si la voz está bien colocada, se producen sensaciones de vibración en la región labial, nasal, pómulos, ojos, etc., y no en el mismo lugar en donde se origina, que es en la laringe.
Saber impostar la voz ofrece una serie de posibilidades que mejoran las capacidades expresivas. Un buen timbre de voz, con muchos matices y una pronunciación clara, hace que la comunicación oral sea agradable para los demás. Ya que la emisión no se realiza igual en los diferentes momentos del día y los diversos lugares, sino que está condicionada por una serie de contextos, es importante ser consciente de la buena impostación de la voz.
La emisión de la voz está supeditada a cualquier alteración de los órganos que la hacen posible. Fundamentalmente, hay que evitar siempre cualquier constricción de la garganta, ya que provoca rigidez y distorsión de la emisión, más allá de razones externas (como un resfriado o un cambio brusco de temperatura). Hay que intentar pensar a la hora de emitir la voz (sea de forma cantada o hablada) que no se tiene garganta, para así evitar esas tensiones innecesarias. La voz también se siente afectada por el estado anímico y emotivo del emisor.
Aunque hay muchas opiniones y estudios sobre cómo realizar la emisión correctamente, si nos basamos de forma convencional en lo que dicen los foniatras y los laringólogos, la manera más segura de impostar la voz es a través de la naturalidad y la comodidad, y de acuerdo con la fisiología de cada uno. Por tanto, hay que conocer bien el instrumento para después perfeccionarlo.
Cuanto más volumen de voz se requiere, mayor presión se necesita para elevar la columna de aire. Lo mismo ocurre cuando los tonos son agudos, que demandan un mayor esfuerzo muscular. Teniendo en cuenta esto, hay que saber siempre hasta qué punto puede una voz llegar a tener o no una correcta emisión, sin problemas ni excesivos esfuerzos.
Con todo, el mecanismo para hablar o cantar no actúa a impulsos, porque de ser así la voz sonaría de la misma manera. Para lograr ese control durante la espiración, las paredes que separan la parte inferior del tórax de la superior del abdomen no han de descender a su posición de reposo de forma rápida, sino paulatinamente.
Teniendo en cuenta todos los elementos participantes, la emisión de la voz se realiza adecuadamente cuando la lengua está suelta; la mandíbula, elástica para abrir y cerrar; el paladar, a una altura adecuada, y los labios, bien colocados para la articulación de las palabras, además de adoptar el cuerpo una postura vertical, desde el tronco hasta la cabeza, sin olvidar por supuesto el ya citado control de la respiración, que es el auténtico conductor del proceso vocal. Todas estas consideraciones han de permitir que la emisión sea lo más espontánea y fácil posible.
La emisión de la voz no debe ser ni demasiado abierta, que provoca una voz chillona, ni demasiado oscura, que produce sonidos entubados. Como dice la antigua escuela italiana de canto: aperto ma coperto (‘abierto pero cubierto’); es decir, con la boca bien amplia por dentro pero, a su vez, modelada exteriormente por los labios.
La voz debe salir sin presiones de gestos extraños, ni desplazamientos de cabeza que generen vicios difíciles de corregir. La emisión de la voz se consigue de forma correcta cuando el sonido es nítido y adquiere una gama de claroscuros.
En el caso de que la voz esté forzada o cansada, o si se nota escozor en la garganta, hay que darle descanso durante un tiempo. La flexibilidad y la relajación del cuerpo son básicas para una buena impostación de la voz.
Además, para la emisión de una voz impostada hay que utilizar bien los diferentes resonadores, es decir, las cavidades en las que se proyectan las vibraciones realizadas por las cuerdas vocales. Para que se produzcan esas resonancias (véase el capítulo 3), hay que educar la voz. Eso requiere una práctica constante, de forma que se pueda conseguir la perfección de la voz con la máxima naturalidad.
En resumidas cuentas, la voz, hablada o cantada, está bien impostada cuando produce sonidos llenos, redondos, vibrantes y homogéneos. También ocurre cuando la articulación y la dicción se hacen de forma correcta, y, sobre todo en el caso del canto, el velo del paladar se mantiene elevado, ampliando la cavidad bucal.
Tipos de voces por su emisión
En el caso concreto de la voz cantada, su emisión se puede hacer de diversas maneras. Se clasifican en cuatro tipos, dependiendo de cómo se realice la espiración:
• Voz muda. El sonido se emite por la nariz con la boca cerrada, los dientes superiores e inferiores se tocan, y la punta de la lengua seune al paladar. El sonido de este tipo de emisión es exclusivamente nasal. En este caso, la voz resuena en la faringe, en el velo del paladar y en la nariz.
• Voz plana. El sonido se emite por la boca abierta, con una cierta posición de sonrisa pero con un espacio interno horizontal y más bien estrecho, pero sin resonancia nasal. El velo del paladar está unido a la parte posterior de la garganta y la lengua se mantiene plana. Aunque este modo de cantar puede facilitar la producción y afinación de las notas agudas, los registros agudos se vuelven poco timbrados y parecidos a los gritos. A su vez, los registros graves y el volumen se empobrecen. El hecho de que muchas personas desconozcan el uso correcto del velo del paladar para impostar la voz, la «llamada posición de bostezo», es la principal causa de la emisión de una voz plana, sin ninguna proyección.
• Voz nasal con resonancia bucal. Los labios están cerrados, pero la boca se mantiene abierta por dentro, la lengua plana y baja, y el velo del paladar separado de aquella y de la pared posterior de la garganta. Esta emisión resuena, además de en las zonas en que lo hace la voz muda, en la boca.
• Voz proyectada. El sonido sale por la boca abierta, pero con una mayor resonancia nasal respecto al modelo anterior. Esto es debido a que se amplía el espacio entre la garganta y la rinofaringe (la parte elevada de la faringe). De esta forma, resuenan todas las cavidades que participan en la emisión de la voz: las fosas nasales (a partir del techo duro del paladar), la boca, la rinofaringe y la faringe. Dentro de la voz proyectada, se pueden apreciar dos sonoridades diferentes: engolada y redonda.
a) La voz engolada. Esta sonoridad se produce cuando además de elevar el velo del paladar se contrae el fondo de la garganta, inmovilizando la laringe en una posición demasiado baja. Así se obtiene la llamada voz engolada o «tragada». Hay que evitarla, por tanto, al estar muy lejos de una buena impostación.
b) La voz redonda. La forma más completa de emitir la voz proyectada es cuando es redonda, con el paladar blando elevándose como en un bostezo, y combinándolo con una leve sonrisa, sin abrir demasiado los labios.
Defectos en la emisión de la voz
Durante la emisión de la voz se pueden apreciar varios defectos. Se pueden clasificar tres tipos de causas que provocan esas deficiencias vocales: causas físicas, patológicas o psicológicas. No suele haber una causa aislada, sino que normalmente una lleva a otra.
Causas físicas
– Adoptar una mala posición de la laringe, muy elevada para sonidos agudos y muy baja para sonidos bastante graves. Eso produce constricciones faríngeas, dando la sensación literal de ahogamiento.
– Elevar la intensidad de la voz lanzando una excesiva corriente de aire contra las cuerdas vocales, o bien, por el contrario, emitir el ataque del sonido de forma demasiado blanda, produciendo una falta de coordinación entre respiración y fonación.
– No controlar la salida del aire por excesiva tensión o relajación de la musculatura costoabdominal.
– Imitar una voz que no es la propia, o utilizar una tesitura inadecuada.
– Hablar descontroladamente, o trabajar con la voz más tiempo de lo que la laringe puede soportar.
– Tener rigidez muscular en cuello y hombros, y falta de apertura de la voz.
– Desviación del tabique nasal.
– Desproporción de algunos de los órganos que participan en la emisión respecto a otros, como la lengua con respecto a la cavidad bucal, el velo del paladar demasiado caído, o la faringe demasiado grande en comparación con la laringe.
Causas patológicas
– Enfermedades habituales relacionadas con la voz, como laringitis, faringitis, bronquitis, otitis (dolor en los oídos) o sinusitis (inflamación de los senos paranasales).
– Trastornos relacionados con otras zonas del cuerpo, como problemas digestivos o menstruales. Estos tienen un efecto colateral sobre la voz, al ser el diafragma el techo que separa el abdomen de los pulmones.
Causas psicológicas
– La angustia, la ansiedad, el estrés o la depresión afectan directamente la emisión de la voz.
Las vocales
Si se observa mejor el mecanismo de cada fonema, de cada palabra, parecerá mucho más sencillo cantar o hablar, y se hará, de hecho, más correctamente. Las siguientes páginas se centrarán en las vocales, para abordar después, en este mismo capítulo, las consonantes.
Los nombres de cada una de las vocales tienen su origen en la fuente que las produce, ya que son sonidos generados por las cuerdas vocales, y se diferencian entre sí por las posiciones de los labios y la lengua, que son específicas para cada vocal. Teniendo en cuenta esto, se suelen ordenar las vocales no como habitualmente se aprenden en la infancia (A-E-I-O-U), sino siguiendo este esquema: U-O-A-E-I. Este último modelo surge a partir del triángulo formado por la U, la A y la I, en función de su ubicación a la hora de emitirlas, al estar establecidas respectivamente por el vértice posterior palatal, el punto neutro similar a la posición de descanso y el punto de emisión colocado en el vértice palatal anterior. Entre esos tres puntos se sitúan la E y la O. Esto lo descubrió el médico alemán Christoph Hellwag en 1781, de ahí el nombre de triángulo de Hellwag (figura 2.1).
En los diversos ejercicios prácticos de calentamiento vocal, o para pronunciar correctamente las vocales, es recomendable seguir aquel orden (U-O-A-E-I), o incluso ampliarlo a su retroceso (U-O-A-E-I-E-A-O-U).

Figura 2.1. Triángulo vocálico o triángulo de Hellwag.
El conseguir un buen automatismo en el proceso de cada una de las vocales, colocando el conducto vocal en su posición adecuada, ayuda a comprenderlo mejor. Las vocales deben determinarse perfectamente, economizando movimientos innecesarios.
En la tabla 2.1 se expone una clasificación de las vocales en la lengua española según su mayor o menor apertura y su localización.
Tabla 2.1. Clasificación de las vocales
| FONEMA | APERTURA | LOCALIZACIÓN |
| U | Cerrada | Posterior |
| O | Semicerrada | Posterior |
| A | Abierta | Central |
| E | Semicerrada | Anterior |
| I | Cerrada | Anterior |
En las dos primeras vocales nombradas (U, O), los labios tienen un papel principal. Para las otras tres vocales (A, E, I), es la lengua la que tiene que actuar de una manera especial.
La E y la I son las vocales palatales más delanteras y las que dejan mayor espacio a nivel faríngeo. También son las que tienen mejor resonancia. Sin embargo, de las dos, en función del género, una es más cómoda que la otra a la hora de cantar: mientras que para los hombres la E es más fácil en los registros más agudos, para las mujeres la I es más cómoda. Esto se puede apreciar en el momento de hacer ejercicios de vocalización. La razón es la siguiente: para la I hay que elevar más aún el dorso de la lengua, hecho que resulta más incómodo normalmente para los hombres, al ser la lengua de unas dimensiones mayores que la de las mujeres. Lo contrario ocurre con la E, siendo más fatigosa de emitir para las mujeres, al necesitar más espacio horizontal.
Sabiendo esas circunstancias, los hombres, a la hora de pronunciar una I, deben pensar en una E, mientras que las mujeres, para emitir una E, deben pensar en una I.
Con la voz cantada, la colocación de la zona bucal ha de mantenerse igual mientras se emite un mismo fonema, para así conservar el mismo sonido.
La U
Para emitir la U basta colocar bien la boca para silbar. Esta vocal da la sensación de que su proyección comienza en el fondo de la pelvis y se prolonga hasta la punta de los labios. Parece que su sonido recorre toda la columna vertebral, dirigiéndose hacia arriba y hacia el exterior. Con el repliegue de los labios se forma una cámara casi cerrada por fuera, abovedada por dentro, por el paladar, y la lengua doblada al máximo hacia atrás, emitiéndose así una resonancia correcta. Tras aspirar profundamente, pruebe a emitir la U en un tono medio. Haga lo mismo después con las siguientes vocales.
Si cuesta trabajo obtener ese sonido, imite el sonido de un panal de abejas. En este caso, emita el zumbido por la nariz y después vaya modulando la U.
En un tono medio, la zona de resonancia de la U está colocada delante de cada oído, y hacia la cara. Si se tuviera que dibujar esta zona, se haría un círculo pequeño en cada una de estas partes. Para una mejor sonoridad, es bueno bajar algo la mandíbula inferior en los ejercicios de vocalización con dicho fonema.
La O
Partiendo de la U, para producir la O hay que bajar algo más la mandíbula y ensanchar la apertura de los labios hasta conseguir una forma ovalada, tirando un poco de las fosas nasales. La lengua se repliega hacia la base de los dientes inferiores. Ayuda pensar que la boca es como un espacio hueco. La O se tiene que sentir en la parte dura del paladar.
La zona de resonancia en un tono medio está colocada rodeando cada oído con una hipotética forma de elipse.
La A
A partir de la anterior vocal se puede conseguir más fácilmente la A. Para ello hay que bajar aún algo más la mandíbula y abrir ligeramente los labios sin llegar a descubrir los dientes. La lengua se coloca plana en la parte inferior de la boca, tras los dientes incisivos de esa zona. Se debe emitir una A no excesivamente abierta, sino más bien redondeada, parecida a una O.
La A es la vocal más primitiva ya que se asemeja a un quejido. Es la primera vocal que emiten los bebés. Este fonema es el más fundamental por el gran espacio bucal que produce. Se escucha en los tonos medios rodeando las respectivas partes laterales de la cara, formando un amplio círculo en cada una de ellas.
La E
Con la postura de la A se puede emitir más fácilmente la E. Para ello, la colocación de los labios debe estar a medio camino entre la A y la O, y hay que esbozar una leve sonrisa. Sonará algo oscura por la influencia de la O, y el sonido se dirigirá hacia el paladar óseo y hacia la cara interior de los incisivos superiores. Es más bien la E francesa. Los labios ligeramente alisados darán el tono debido. Se escucha en registro medio como una alargada elipse proyectada tras los oídos.
La I
Con la posición de la E se puede llegar mejor a la de la I. Basta con aumentar los pliegues de los labios. Hay que evitar que la lengua se contraiga sobre el paladar; por el contrario, debe apoyarse sobre los dientes inferiores, y los lados deben tocar los colmillos superiores de la arcada dental. La sonoridad debe ser parecida a la U francesa. Es más cerrada que la E, pero aumenta la cavidad faríngea. No obstante, en las notas agudas se debe cantar con la boca más abierta, como si fuera una A o una E.
El dibujo imaginario que se formaría con la emisión de esta vocal con un tono medio es parecida a una E, pero formando un tubo muy fino que ocupa toda la cabeza, más que una elipse. Cuando se emite, da la sensación de que atraviesa el cuerpo de arriba abajo.
Las consonantes
Si las vocales producen el sonido, las consonantes hacen inteligibles las palabras, sin interferir demasiado en la línea del sonido. Sin embargo, es cierto que en todos los idiomas hay algunas consonantes difíciles de pronunciar, entorpeciendo la rapidez y fluidez del fraseo.
Las consonantes se articulan correctamente cuando se coloca la lengua lo más adelante posible de la boca, proyectando más la voz y mejorando la dicción. Como dice Madeleine Mansion (1947, pág. 69), las consonantes son «las bisagras de la articulación», además de hacer de trampolín para las vocales, al dar solidez a las palabras.
Desde el punto de vista de la articulación, las consonantes se clasifican en:
– Labiales: P, B, M, F, V.
– Dentales: R, L, N, Ñ, D, T, C, S, Z.
– Palatales: J, K, G, X.
Además, algunas consonantes son clasificadas como «sonoras» en el sentido de que pueden ser «cantadas» en una nota particular. Son la B, D, G, L, M, N, Ñ, R, V e Y. De todas ellas, la que más problemas plantea para su emisión es la R, y eso que en la lengua española se pronuncia de una manera muy clara, a diferencia de en otras lenguas, como la francesa o la alemana.
La B, la P y la T ayudan a ensanchar el espacio interno de la boca, unido a las vocales A, O.
La F y la V sensibilizan los músculos faciales. En especial la F es empleada por los logopedas para resolver problemas de hipercinesia, es decir, de movimientos involuntarios del cuerpo (véase el capítulo 8). Al poder prolongarse esta consonante más de lo habitual, los pacientes pueden tener conciencia de que son ellos quienes envían el aire. La vocal que le sigue debe ser la más fácil para la ocasión, como la U, o bien la O.
La G y la K evitan la nasalización del sonido por el juego palatal que implican.
La L es eficaz para dar soltura a la lengua y para la articulación.
La M y la N facilitan la resonancia frontal.
La R es muy eficaz para encontrar el vibrato, y para concentrar la energía respiratoria en el momento de emitir el sonido.
La S sirve para hallar el equilibrio sonoro en las voces carentes de enfoque. Es utilizada por los foniatras para pacientes con trastornos hipocinéticos, es decir, con problemas de movimiento (véase el capítulo 8), en este caso concreto en el aparato vocal. A la S le suele seguir la vocal I, o la E, que son más claras que otras.
La Y aporta brillo a los sonidos al convertirse en diptongo.
Ejercicios prácticos
Los siguientes ejercicios de este capítulo están ordenados teniendo en cuenta su utilidad y dificultad. Los tres primeros están dirigidos explícitamente a la voz hablada, y tienen como finalidad poner en práctica una buena pronunciación de las vocales y las consonantes. Por tanto, estos primeros ejercicios son apropiados para quienes vayan a hablar en público poco después, y para aquellos que no pronuncian del todo correctamente, por la razón que sea, y quieran corregir esa dificultad, sobre todo a la hora de impartir clases o dirigirse a un auditorio. También se pueden practicar estos primeros ejercicios con un alumnado de corta edad, para que los niños sean conscientes de la pronunciación apropiada, independientemente de los acentos locales que tengan arraigados por su región o su familia.
Los demás ejercicios están destinados a mejorar o preparar la voz cantada, y requieren unos conocimientos básicos de lectura musical, o al menos por parte de la persona que los dirija. Estos ejercicios están pensados en particular para preparar un calentamiento vocal intensivo y amplio, sea cual sea la finalidad (previo a un ensayo con un coro, un concierto coral, una clase práctica...). De todas formas, para disponer bien la voz cantada es adecuado iniciar la sesión con algunos de los ejercicios diseñados solo para la voz hablada.
Ejercicio 1. Sonidos onomatopéyicos
Con los labios inicialmente juntos, deje escapar el aire y hágalos vibrar, notando un cosquilleo o vibración como una imitación del sonido de un avión.
Después, emitir el sonido de R de manera continua, con la lengua vibrando con el paladar duro, como imitando el sonido de una moto de alta potencia. Con estos movimientos se ponen en funcionamiento algunos músculos que participan habitualmente en la emisión vocal.
Ejercicio 2. Práctica de las vocales
Para agilizar las vocales es bueno repetir varias veces una frase, cambiando las vocales por una sola. Es decir, permutar la frase «ayer estaba lloviendo mucho toda la tarde» por «ayar astaba llavanda macha tada la tarda», y así sucesivamente con las otras vocales.
Ejercicio 3. Práctica de las consonantes y las vocales
En la siguiente lista de palabras de dos sílabas se pretende dar una correcta y clara pronunciación de las consonantes. Para ello no hay que «golpearlas», pero tampoco alargarlas.
Tabla 2.2. Práctica de la emisión correcta de las consonantes

Ejercicio 4. Intención de lanzar algo
Para un calentamiento de la voz cantada es recomendable comenzar con la emisión de una I o una A desde una imprecisa nota aguda. El sonido ha de hacerse mediante un enérgico impulso o golpe glótico. Este ataque se caracteriza por la ausencia de un escape de aire previo a la fonación, y por eso se debe notar cómo las cuerdas vocales se despegan entre sí de repente. De todas formas, no hay que olvidar que el origen de ese impulso debe partir del diafragma, no directamente de la garganta.
Este sonido agudo se mantiene un breve tiempo mientras desciende con un glissando hasta un registro muy grave, donde muere el sonido.
Para toda esta acción sonora ayuda mucho acompañarse con un impulso corporal, haciendo como si se lanzara una piedra o algo con fuerza, mientras se «dispara» ese sonido agudo que después decae.
Ejercicio 5. La sirena
A partir de un sonido grave, imite la sonoridad de una sirena, con el desplazamiento en glissando hacia arriba y hacia abajo. El intervalo entre las notas extremas debe ser aproximadamente de una octava. Después, modifique esta secuencia subiendo progresivamente la nota de inicio, y por tanto haciéndola cada vez más aguda. La lengua debe estar fuera, para evitar así la tensión muscular en la zona de la laringe a la hora de emitir los registros agudos.
Para facilitar el movimiento ascendente, es mejor utilizar la vocal I para voces femeninas y la E para voces masculinas. La intensidad ha de ser suave, y el timbre ni oscuro ni nasal.
Ejercicio 6. Sobre un mismo sonido
En los siguientes ejercicios de este capítulo, las secuencias musicales que aparezcan han de repetirse cambiando de tonalidad, primero subiendo gradualmente por semitonos, y una vez llegado a un punto muy agudo, descendiendo en cada fragmento de tono en tono.
Comenzar con tres vocales (U-I-E), manteniendo un mismo sonido. Sostener un mismo tono durante un tiempo es a veces más difícil que hacer ciertas florituras vocales. Un poco más abajo, en el ejercicio de la izquierda, la boca se abre lentamente, mientras se sube algo la intensidad sonora. Hay que ser consciente de cómo se colocan bien las vocales, como se explicó en la parte teórica de este capítulo.
En el ejercicio de la derecha, se comienza con la boca cerrada aunque emitiendo el fonema /m/, aumentando progresivamente la posición de bostezo, hasta que los labios no tengan más remedio que separarse y emitir la sílaba /mu/, /mo/ o /ma/:

Ejercicio 7. Sonidos conjuntos y de breve extensión total
Al principio de un calentamiento vocal siempre ha de haber ejercicios en los que se utilice el fonema /m/, tal como se ha hecho al final del ejercicio anterior. Eso ayuda a desarrollar una buena resonancia bucal al obligar a mantener la boca cerrada.
En estas secuencias, las notas son conjuntas entre sí en la mayoría de los casos, salvo casi al final del ejercicio de la derecha:

En este último ejercicio, y justo en el siguiente, la boca se expande o se retrae en función de la vocal y de la nota más aguda o más grave, respectivamente:

Ejercicio 8. Sonidos conjuntos, con mayor extensión
A continuación, el sonido irá progresando como en el anterior ejercicio conjunto por notas, aunque alcanza una mayor extensión en total. Utilice en este caso solo las vocales:

Ejercicio 9. Intervalos de 2.a y 3.a
Este ejercicio sirve de repaso de los dos anteriores, y emplea intervalos de 2.a y de 3.a, siempre con vocales. Más adelante se trabajarán intervalos más extensos:

Ejercicio 10. Triángulo vocal
Para ejercitar el triángulo vocálico o triángulo de Hellwag, realice los siguientes esquemas con las vocales I, A, U:

Ejercicio 11. Unión de vocales
Para conseguir una homogeneidad en el sonido, es recomendable entonar grupos de dos, tres e incluso cuatro vocales por nota, tal como se indica en el siguiente ejercicio:

Ejercicio 12. Sacar la lengua
Por las mismas razones que en el ejercicio 5 («La sirena») se saca la lengua cuando la laringe se eleva sobre todo en los registros agudos, en este caso hay que realizar los siguientes diseños vocales sacando la lengua en las notas escritas con la letra mayúscula:

Ejercicio 13. Escala descendente
Para las personas que tengan problemas para encontrar una correcta impostación vocal, es recomendable practicar ejercicios en los que se parta directamente de notas agudas, y después hacer un diseño musical descendente, y así sucesivamente. De lo contrario, si empiezan con notas graves, estas personas acaban teniendo tarde o temprano la sensación de «estrangulamiento» conforme alcanzan registros cada vez más agudos. No obstante, esto no es impedimento para que este ejercicio se repita a partir de notas iniciales cada vez más altas. Este método requiere más presión de antemano, y menos progresivamente, tal como ocurre con escalas ascendentes.
El siguiente ejercicio puede considerarse como muy completo, pues es una suma de un arpegio más una escala, en ambos casos de carácter descendente:

Ejercicio 14. Intervalos de 4.a, 5.a, 6.a y 8.a
A continuación aparecen diversos ejemplos dirigidos a perfeccionar la entonación correcta de varios intervalos, con el uso tanto de vocales como de consonantes, dependiendo del caso:

Ejercicio 15. Arpegio y escala ascendente/descendente a partir de palabras llanas
Emplee una palabra por cada dos notas similares, y tome como material la primera fila de la tabla 2.2 (ejercicio 3 de este capítulo):

Ejercicio 16. Intervalo de 5.a ascendente a partir de palabras llanas
Se utilizan las mismas palabras llanas en este ejercicio con el propósito de hacer coincidir el acento gramatical con la nota más grave, la cual está siempre en las partes fuertes de cada compás (pulsos 1 y 3):

Cuando la secuencia comienza a repetirse en unos registros bastante agudos, es posible facilitar la emisión con un movimiento corporal. Primero, se puede acompañar el intervalo ascendente subiendo a su vez los brazos, y más adelante, ya de pie, se puede dar un salto a la vez que se emite la nota más aguda de las dos. Esto ayuda a que la persona que realiza el ejercicio sea consciente del movimiento tenso del diafragma, el cual reacciona de manera innata al saltar, y también a la hora de cantar una nota aguda.
Ejercicio 17. Intervalo de 8.a a partir de palabras llanas
Repetir el ejercicio anterior, pero esta vez con un intervalo de 8.a ascendente:

Ejercicio 18. Intervalos de 5.a descendente a partir de palabras agudas
En este caso, el acento de las palabras coincide con la nota/sílaba grave, que es donde recae el peso:

Ejercicio 19. Intervalo de 3.a a partir de una combinación de palabras
Procure igualmente que la sílaba acentuada recaiga sobre el sonido más grave:

Ejercicio 20. Crescendo y decrescendo
Trabaje el crescendo y el decrescendo de manera equilibrada, ya que debe acabar el ejercicio con la misma intensidad con la que empezó. Se suele caer en el error de hacer la escala ascendente muy gradualmente mientras que el descenso posterior se realiza de una forma más rápida.
Puede aprovechar este ejercicio para facilitar el movimiento de los labios y los dientes al emplear las consonantes B y C, respectivamente:

En general, se suele asociar por inercia lo agudo con el crescendo y lo grave con el decrescendo, porque de hecho así es como interviene la laringe. Sin embargo, habría que invertir esas imágenes mentales, manteniendo siempre la laringe en la posición más descendida y relajada posible cuando se realice un giro melódico cada vez más agudo, y viceversa.
De todas formas, más que intentar actuar sobre la laringe, es más práctico que cuando se interprete una escala ascendente se piense en lo contrario, en una escala descendente, o que se está bajando un escalón, y a la inversa para las escalas descendentes.
Ejercicio 21. Articulación
21.1. Partiendo del ejercicio anterior, aunque con otras sílabas, diferencie ahora el primer compás, en el que las notas se abordan con una articulación vocal donde no están ni muy ligadas ni muy separadas (non legato), del segundo compás, en el que las notas se articulan picadas o separadas (staccato):

Para ser más consciente del movimiento de los labios superiores, coloque el dedo índice en vertical y en el centro del labio inferior para impedir así cualquier movimiento del mismo. Esto ayuda a que el labio superior se ejerza más de lo habitual, lo cual ayuda a conseguir una buena pronunciación.
21.2. En el siguiente ejercicio, las articulaciones picadas están intercaladas.

Ejercicio 22. Agilidad con los fonemas
Los dos siguientes ejercicios están diseñados para conseguir una mayor agilidad a la vez que una buena relajación en todos los componentes de la boca que contribuyen a la emisión de un buen sonido.
22.1. Con tres fonemas:

22.2. Con cuatro fonemas:

22.3. Con cinco fonemas:

Ejercicio 23. Consonantes palatales
Para trabajar las sonoridades del paladar duro se propone este ejercicio, en el que se incluyen consonantes palatales:

Ejercicio 24. Breve canon
Un canon es un ejercicio básico de afinación a varias voces. Una vez organizadas las voces en dos o tres grupos (mixtos o a voces iguales), tomando como referencia el ejemplo de un poco más abajo, comienza a cantar una voz, y dos pulsos después (un compás) la otra, y lo mismo en el caso de que hubiera un tercer grupo. Esto se repite tres veces, cada una con una indicación de intensidad diferente en cada frase. De manera independiente en cada voz, se lleva a cabo el siguiente esquema dinámico por frase de mf-p-f. Cuando acaben las primeras voces de realizar todo el canon, deben mantener la última nota hasta que terminen las otras voces.
Con este diseño melódico descendente se pretende que al final del canon no se haya bajado nada el tono. Después se puede repetir, pero en diversos tonos más altos.

Ejercicio 25. Afinación y agilidad vocal
Terminamos estos ejercicios con dos ejemplos de cierta dificultad. Los dos parten de una nota alta que después desciende en total una 5.a o una 8.a. La dificultad que presentan estos ejercicios, como todos los que contienen una escala descendente, como ya se comentó en el ejercicio anterior, radica en que se baje el tono al final del ejercicio.

3
EL APARATO VOCAL
Introducción
El aparato vocal no es uno solo, compacto e indivisible, sino que más bien es la suma de otros aparatos, mediante la cual se puede producir la voz. En concreto, el aparato vocal lo forman principalmente estos tres sistemas:
• El aparato respiratorio, que está formado por músculos inspiradores y espiradores, además de las propias vías respiratorias. En él circula y se almacena provisionalmente el aire.
• El aparato fonador o vibratorio, que está constituido por la laringe, que es donde se hallan las cuerdas vocales. Al permitir que por ellas pase el aire debido a la presión ascendente, se produce el inicio del sonido vocal.
• El aparato resonador, que está integrado por las diversas cavidades de resonancia, que permiten la amplificación de la voz. Es decir, en este aparato el sonido débil que ha llegado a la boca se expande y se proyecta al exterior.
A su vez, en la emisión de la voz participan de forma indirecta otros sistemas, como son el sistema articulatorio, constituido por los músculos y las estructuras que conforman la boca; el sistema nervioso central, que permite tanto producir el sonido como ser consciente de ello, y el sistema auditivo, que facilita el control de la altura y la intensidad de la voz.
En este libro se insistirá mucho sobre el hecho de que el aparato vocal está expuesto a muchos riesgos fuera de los momentos en que se está utilizando, es decir, no solamente cuando se habla o se canta. Cualquier instrumentista, si se le estropea su instrumento habitual, a pesar del disgusto, podría tocar con otro similar en cualquier otro momento. Sin embargo, el cantante solo tiene un aparato vocal, que es irreemplazable. Dicho aparato se puede mejorar, curar, pero no se puede sustituir fácilmente por otro. De ahí la delicadeza de la voz. Es una herramienta que, si bien es una obviedad decirlo, todas las personas la pueden utilizar con mayor o menor destreza, aunque sea para hablar. Todos los instrumentos tienen una cierta complejidad, pero más aún la tiene el aparato vocal, incrustado en el propio cuerpo humano y constituido por innumerables músculos, cartílagos, huesos, nervios, vasos sanguíneos, etc.
El aparato respiratorio
El aparato respiratorio tiene dos finalidades principales, que son respirar y emitir sonidos. La respiración es básica y fundamental, ya que permite la entrada del oxígeno y la salida del dióxido de carbono, intercambio de gases imprescindible para la propia existencia. La otra función respiratoria permite a los seres humanos expresarse y comunicarse.
La respiración se hace en dos etapas seguidas: la inspiración y la espiración, con un breve instante de reposo entre una y otra. Inspirar es un movimiento hacia abajo y hacia dentro, mientras que espirar, además de cuando se emite la voz, es un movimiento hacia arriba y hacia fuera.
El aparato respiratorio está dividido en dos partes principales: las vías respiratorias superiores y las vías respiratorias inferiores. Todas estas vías participan en los procesos respiratorios que sostienen la vida normal.
Siguiendo el proceso de inspiración, las vías aéreas superiores están constituidas por la cavidad nasal, la cavidad oral, la faringe y la laringe. En sentido inverso, es decir, durante la espiración, en estas vías se produce el tono fundamental a la altura de la laringe; la resonancia, en la faringe, y la articulación del sonido, en la boca. Estas vías superiores tienen a su vez otra función, que es la de participar prioritariamente en el mecanismo de la masticación y la deglución.
Las vías aéreas inferiores están formadas, siguiendo el orden inspiratorio, por la tráquea, los bronquios y los pulmones.
Se va a hablar seguidamente de las partes más importantes del aparato respiratorio, acompañando el recorrido natural del aire, que va desde la inspiración hasta la consiguiente espiración. No obstante hay otras partes de este aparato, como son la nariz, la boca, la faringe y la laringe, que participan a su vez en los aparatos fonador y resonador, y por eso se describirán un poco más delante. Ahora, se inicia ya esa descripción con la tráquea y los bronquios.
La tráquea y los bronquios
La tráquea es la continuación descendente de la laringe. Tiene una longitud total, en el caso de una persona adulta, de entre 10 y 15 cm, y un diámetro de 2,5 cm. Está formada por 16 a 24 cartílagos en forma de anillos semicirculares. Al tragar y también durante la inspiración aumenta la longitud de la tráquea, por la elevación de su extremo superior.
La parte inferior de la tráquea se bifurca en los bronquios, que son dos canales membranosos que conducen el aire hacia los pulmones, donde se produce el intercambio de gases cuando respiramos. El bronquio derecho termina en los tres lóbulos de ese pulmón, y el bronquio izquierdo tiene solo dos ramificaciones, ya que el pulmón izquierdo posee únicamente dos lóbulos.
Los pulmones y el tórax
Los pulmones, junto con el diafragma, son la parte más importantes del aparato vocal. En los pulmones se efectúa el intercambio gaseoso entre el organismo y el ambiente exterior: la sangre toma oxígeno del aire y cede dióxido de carbono. Este proceso se realiza más en concreto en los alvéolos pulmonares, que se encuentran al final de los bronquiolos, que son las últimas ramificaciones de los bronquios.
Los pulmones tienen una forma piramidal y una estructura esponjosa. Como se puede ver en cualquier libro de anatomía, los pulmones están protegidos por la caja torácica, que es una estructura esquelética formada por el esternón, las costillas y, por detrás, la columna vertebral.
Las costillas participan activamente en la respiración y en la fonación. Salen de la parte posterior de la columna y se unen al esternón. Las costillas se componen de doce pares, y las cinco más inferiores son las que más se expanden. De estas cinco últimas, las tres primeras (las números 8-10) no están unidas directamente al esternón, sino mediante un cartílago, y se llaman falsas costillas. Los dos últimos pares están libres en la parte más lejana a la columna, y se denominan costillas flotantes. Por tanto, cuando se inspira, estas últimas costillas se desplazan hacia fuera, y consecuentemente la caja pulmonar se ensancha. Los pulmones no tienen movimiento por sí solos, sino que este es ocasionado por el diafragma.
Los músculos que participan en la respiración se clasifican en dos grupos: los músculos de la inspiración o elevadores, que son los que favorecen el leve movimiento de las costillas hacia fuera, y con ello el ensanchamiento de los pulmones, y los músculos de la espiración, que efectúan el movimiento contrario, es decir, hacen descender las costillas a su posición natural.
Dada la complejidad que supone detenerse en todos esos músculos, solo se hablará a continuación del diafragma, el músculo más importante para la respiración.
El diafragma
Por su constitución, el diafragma es un músculo ancho, aplanado y delgado, colocado en forma de bóveda, separando la cavidad torácica de la cavidad abdominal.
Tiene forma de cúpula, algo cóncava en la cara superior y convexa en su cara inferior. Por encima de él se encuentran los pulmones, y por debajo, las vísceras abdominales.
Durante la inspiración, la cúpula diafragmática desciende, empujando las vísceras abdominales hacia abajo, para permitir así que entre más aire a los pulmones. Con la espiración, recupera su posición normal, con lo que se facilita la salida del aire.
El diafragma controla el nivel de presión necesario para que el aire haga vibrar las cuerdas vocales a su paso. Cada persona puede dominar el movimiento diafragmático a la hora de cantar o hablar, y coordinar la entrada y la salida del aire con la emisión de la voz.
En una inspiración pasiva, el diafragma desciende aproximadamente 1,5 cm; sin embargo, cuando la inspiración es más profunda puede llegar a desplazarse hacia abajo hasta unos 10 cm. En el caso de los cantantes profesionales, sobre todo los de ópera, la dilatación de este músculo es mayor aún.
Con la espiración, las costillas flotantes vuelven a su estado natural, así como el diafragma, que sube a su posición superior, y se cierra así el ciclo de la respiración.
El aparato fonador
Este aparato lo constituyen la laringe, la faringe y la boca, que participan en la emisión de la voz, además de ejercer también la función respiratoria.
La laringe
El principal órgano para la fonación es la laringe. Posee la forma de cono vacío, cubierto interiormente por una mucosa, y ubicado en la parte media y anterior del cuello. La laringe está compuesta esencialmente por cartílagos unidos entre sí mediante ligamentos y músculos que le facilitan la movilidad (figura 3.1).
En la parte superior de la laringe se encuentra el hueso hioides, cuya movilidad vertical resulta esencial para el funcionamiento natural de la voz. Este hueso está situado en la parte anterior del cuello, por debajo de la lengua, y tiene forma de herradura.

Figura 3.1. La laringe.
Los cartílagos que integran la laringe son los siguientes, enumerados de arriba abajo:
• La epiglotis. Es el menos importante de todos estos cartílagos para la voz, ya que su función es impedir de manera automática que los alimentos penetren por la laringe o la tráquea durante la deglución. Cuando este sistema falla y partículas de alimentos o líquidos pasan a la vía aérea, habitualmente son expulsados mediante la tos, siempre y cuando no sean demasiado grandes.
• El tiroides. Es el más grande de los cartílagos. Está formado por dos láminas que se fusionan en forma de pico en la parte anterior del cartílago, cubriendo la conocida nuez o manzana de Adán. Su tamaño condiciona la longitud de las cuerdas vocales, y por tanto el timbre más grave o más agudo de la voz de la persona. El movimiento del tiroides causa las modificaciones del tono de la voz, ascendiendo para producir sonidos más agudos, y descendiendo para producir sonidos más graves. Así, por ejemplo, con la articulación de la vocal I, el tiroides asciende, mientras que con la O o la U, desciende.
• Los aritenoides. Son dos cartílagos triangulares que se prolongan hasta el músculo vocal, que constituye el esqueleto de las cuerdas vocales.
• El cricoides. Tiene forma de anillo y es el cartílago situado en la parte más inferior de la laringe. Envuelve las cuerdas vocales.
Todos estos cartílagos sirven para el buen funcionamiento de la parte más esencial de la laringe, que son las cuerdas vocales, o también llamadas pliegues vocales. No fue hasta mediados del siglo XVIII, en concreto en 1741, cuando el anatomista francés Antoine Ferrein descubrió que los diferentes tonos se producen en la laringe gracias a la vibración de las cuerdas vocales. A él le debemos también este último término, aunque lo cierto es que, más que cuerdas vocales, se trata de dos bandas de tejido muscular liso, o labios membranosos de color blanquecino, que tienen la cualidad de vibrar.
Las cuerdas vocales (figura 3.2) se sitúan entre el cartílago tiroides, en su parte anterior, y los aritenoides, en su parte posterior, donde se articulan. El espacio que se encuentra entre los bordes libres de ambas cuerdas vocales se llama glotis, que es la parte alta de la tráquea. Por debajo y por encima de la glotis se encuentran, respectivamente, la subglotis y la superglotis.

Figura 3.2. Esquema tridimensional de las cuerdas vocales.
Durante la respiración, las cuerdas vocales permanecen abiertas, y se cierran durante la fonación. Entonces, se produce una presión subglótica para que el aire venza esa resistencia. Se originan unas ondulaciones verticales del orden de un ciclo por segundo. La suma de estos ciclos determina la frecuencia fundamental o tono. A mayor velocidad de ondas, mayor altura tendrá el sonido, es decir, será más agudo.
La altura del sonido también está condicionada por la longitud de las cuerdas vocales. En los hombres, las cuerdas vocales son más gruesas que en las mujeres, y por eso vibran más despacio, lo que determina una frecuencia más grave. A su vez, cuanto más separadas estén las cuerdas vocales, más grave será el sonido, y cuanto más juntas estén, más agudo será, ya que el aire debe pasar por un hueco más estrecho.
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