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Vidas

Relatos y Emociones

Alberto Alexis Martínez


© Alberto Alexis Martínez

© Vidas. Relatos y Emociones

Octubre 2021

ISBN ePub:

Editado por Bubok Publishing S.L.

equipo@bubok.com

Tel: 912904490

C/Vizcaya, 6

28045 Madrid

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Dedicado a mis nietos

Lázaro, María Paz, y Priscila

Índice

01. EL BIEN, SIEMPRE COMPENSA

02. ANA Y EL VAGABUNDO DE LAS MANOS

03. EL ANILLO DE JANET

04. EL CRIMEN DEL CONTADOR

05. EL ZORRO LITERARIO

06. EL NAUFRAGIO Y EL AMOR

07. MARY Y EL PADRECITO

08. EL RELOJ DE ETHEL

09. LOS RETRATOS DE HELEN

10. EL SECUESTRO DE HERMES

11. EL HOTEL GRAHAM

12. JAROD, EL CHICO DEL “BLUE”

13. JESÚS... EL GRAN AMOR

14. LA CONFUSIÓN LE ENSEÑÓ... EN EL RAYMOND HOTEL

15. LA GARGANTILLA

16. LA HISTORIA DE WILLY

17. LA MANSIÓN DEL CORONEL MOORE

18. LADY MELANIA... LA CONDESA SECUESTRADA

19. LOST... SIN MEMORIA

20. LA CASA DE ISABEL

21. EN BUSCA DE SUS RAÍCES

22. RESCATADO POR EL TIKÓN

23. JAIR, UN HOMBRE ESPECIAL.

24. EL EXTRAÑO PROFESOR

25. BOBBY Y CRUELLA DE VIL

26. LA LEY Y LA JUSTICIA

27. EL PRÓFUGO

28. EL ING. ALEXANDER Y EL SABOTAJE SINIESTRO

29. CASAMIENTO EN COMPLICIDAD

30. EL AVIÓN EN EL POMAR

31. LA ESPADA Y EL COLLAR

32. CARTAS DE AMOR Y DE GUERRA

33. EL FALSO CIEGO CULPABLE

34. EL ESCAPE DE JULIA

35. LA CHEF INVESTIGADORA

36. EL ABUELO DE LA ESTACIÓN DE POLICÍA

37. EL DIARIO DEL CAPITÁN

38. EL INDIO Y EL INGENIERO

39. EL PADRE DESCONOCIDO

40. EL ENVIDIOSO JOSÉ

41. EL MUSTANG Y EL VIEJO

42. EL RETORNO DEL FORASTERO

43. EL TRABAJO SECRETO DE MIGUEL

44. EL BIEN NUNCA SE OLVIDA

45. EN BUSCA DE UN UNIFORME

46. UN PERRO CON CARÁCTER

47. LA HIJA MONJA

48. EL PASADO CONDENA

49. EL POLIZÓN

50. SABRINA, LA INFAME SEDUCTORA

Si bien muchos de los siguientes relatos son historias de ficción, algunos de ellos, han sido inspirados en hechos reales, donde se han modificado nombres, lugares, o parte de los acontecimientos para proteger a los involucrados.

01. EL BIEN, SIEMPRE COMPENSA

Eran las 10 de la mañana de un frío día en Boston, pocas personas se veían en las calles que apresuradamente se dirigían a sus quehaceres, cuando entre ellos, un chico de once años, con bufanda, gorro y guantes de lana rápidamente camina entre ellos, hasta llegar a una farmacia, allí se detiene, entra y dirigiéndose a un señor, que obviamente era el farmacéutico, le observa y dice:

—Buenos días señor, mi madre me mandó buscar esto —dice el chico sacando de entre sus ropas una receta médica que el hombre tomó en sus manos, la leyó, y de inmediato retiró de un estante el medicamento colocándolo sobre el mostrador.

—Bien jovencito aquí está, son 18 dólares. —El chico entonces saca una billetera que dejaba ver que tenía dinero adentro, pero por estar con los guantes puestos, le dice...

—Por favor señor, agarre usted mismo el dinero. —Y le entrega la billetera al hombre, pero, en cuanto el farmacéutico toma la cartera, el chico agarra el medicamento y sale corriendo a la calle, el hombre asombrado mira la cartera y ve que ella solo tenía periódicos recortados como si fueran dinero.

—¡Atrapen a ese chico, atrapen a ese chico! —grita el farmacéutico que sale corriendo detrás de él.

Pero en la corrida, al muchachito se le cae el medicamento del bolsillo y en cuanto se detiene y retrocede para recogerlo, un transeúnte atento a los hechos le agarra y sujeta del brazo llegando enseguida el farmacéutico que dice:

—¡Ah, te hemos atrapado pequeño ladrón!

—No señor, no soy un ladrón —dice llorando el niño—. Por favor, es que mi madre está muy enferma y necesita de este medicamento... ¡Por favor, yo le Juro que se lo pagaré así que junte el dinero!

Esto hizo reflexionar al hombre que le agarra del brazo y moviendo la cabeza regresa con el chico a la farmacia.

—Toma tu cartera y tu dinero falso... —dice el farmacéutico—. Ahora vamos a ir a tu casa, porque quiero hablar con tu madre.

El hombre se llamaba Jeff Castel, era un individuo alto de 60 años cuya figura se imponía, así que el chico obedece, de inmediato, tras ponerse un abrigo, Jeff le dice a su hijo que trabajaba con él:

—Oye Ted, toma cuenta del negocio que yo vuelvo enseguida —Y sale con el chico tomándolo del brazo, al tiempo en que guardó el medicamento en su bolsillo.

Suben al auto, y entonces Jeff, mirando al chico le dice:

—Bien, dime, ¿cómo te llamas y dónde es que vives?

—Me llamo Carlos señor y vivo aquí a cuatro cuadras —responde tembloroso el muchachito.

Jeff se pone en marcha y van hacia el lugar que el chico le indica, de hecho, era una casa de aspecto muy humilde. Ambos bajan del auto, y se dirigen a la puerta, el chico la abre y muy educadamente le hace pasar, al tiempo que grita:

—Mamá, hay un señor que quiere hablar contigo, ven por favor.

—No puedo hijo, estoy en la cama y me siento muy mal, ve qué es lo que quiere —responde ella desde su cuarto.

—Con permiso señora, soy de la farmacia y preciso hablar con usted, ¿puedo pasar?

—Sí, entre por favor —dice la mujer.

Jeff ingresa al humilde dormitorio donde está acostada la madre del chico; se trata de una linda mujer con acento latino de unos 36 años, si bien se veía algo demacrada, entonces él se presenta:

—Soy Jeff Castel, de la farmacia, y vine porque su hijo me llevó una receta, y quería ver qué es lo que tiene ¿Señora...?

—Julia, mi nombre es Julia señor, el médico me diagnosticó una infección urinaria y estoy con mucha fiebre, me siento muy mal...

—Bueno, creo que este medicamento con un té le va a hacer sentirse bastante mejor, déjeme que yo le prepare uno...

—Oh, no, no, gracias señor, pero... es que ahora… no tengo té en casa.

Suponiendo que ella algo más le ocultaba, él mira a Carlos, y dice:

—Bien, déjame ver entonces qué le puedo preparar, a ver Carlos, ayúdame, quiero ver qué es lo que le puedo hacer a tu mamá... —Y se dirige con el chico a la cocina, donde se encuentra con un viejo refrigerador totalmente vacío, una alacena sin nada y en definitiva... Tal como lo sospechaba, la madre y el chico no tenían lo qué comer.

Conmovido, Jeff se queda un instante callado, luego regresa al dormitorio y le dice a Julia:

—Aguarde un instante señora, que yo iré a comprar un té y ya vuelvo con algo que le hará sentirse mucho mejor, enseguida vengo, y tu Carlos, cuida la puerta hasta que regrese.

En verdad, Jeff ya había vivido situaciones de extrema carencia en su infancia, así que sale preocupado por ese cuadro que mucho se asemejaba a un pasado que él no quería recordar.

Media hora más tarde, Jeff retorna con tres bolsas de alimentos que deposita en la cocina, en cuanto le pide a Carlos que caliente agua para hacerle un té a su madre, mientras él, le prepara el medicamento que una hora antes el chico le había intentado robar. A seguir, Jeff va a la cocina y prepara el té, en cuanto el chico se acerca y le dice:

—Gracias señor por no haberle comentado a mi madre lo que yo intenté hacer, me siento muy avergonzado...

—Discúlpame tu Carlos, yo también habría hecho lo mismo en tu lugar, y lo siento mucho, yo también me avergüenzo por haberte tratado de pequeño ladrón.

Llevándole entonces el té a Julia, Jeff le dice:

—Como vi que le faltaban algunas cosas en la cocina, yo me tomé la libertad de traerle algo para que se pueda preparar una comida caliente que le ayudará bastante, pero usted no debe moverse de la cama, yo le mandaré a la señora que me cocina a mí para que venga y le prepare algo de comer, le indicaré qué platos le debe hacer para que se recupere y en pocos días estará bien.

—Le agradezco mucho señor, pero... yo no le puedo pagar a una cocinera...

—Usted no se preocupe Julia, ella está a mis servicios y hace lo que yo le mando, así que ahora, usted repose y cualquier cosa que necesite manda a Carlos a buscarme, ¿está bien?

—Muy bien señor, que Dios se lo pague, es usted muy bondadoso.

—Yo también sé lo que es pasar por una crisis... ¡Cuídese! —Y así es que Jeff se retira dándole unas palmaditas en el hombro a Carlos que se queda sonriente.

Al poco tiempo, llega la cocinera que era una señora dominicana, y les preparó una comida caliente que tanto ella como el chico, consiguieron disfrutar reponiendo sus energías.

Jeff volvió dos días después para ver cómo estaba Julia, y le trajo otros medicamentos complementares para su afección. Ahora, ya más recuperada, Julia se lo agradece, y le promete que así que tenga trabajo le pagará por los medicamentos...

—Oh, no tienes que pagarme nada Julia, pero dime, ¿de qué trabajas tú?

—Yo ahora hago limpiezas en casas de familia, como soy colombiana y aquí estoy indocumentada, me es muy difícil conseguir empleo fijo.

—Bueno, veamos, yo necesito de alguien en la farmacia que se encargue de la limpieza y mantenga todo en orden, así puedo aliviar de esas tareas a las otras empleadas, ¿Te agradaría trabajar con nosotros...?

—Oh, sí, por supuesto, me encantaría.

—Bien, entonces ya tienes empleo, puedes comenzar el lunes si te sientes bien, aquí te dejaré un adelanto de tu salario porque supongo que no debes tener dinero.

—Muchas gracias Jeff, que Dios le bendiga.

Llegado el lunes, Julia se presenta para comenzar a trabajar y una vez en la farmacia, Jeff le presenta a las otras empleadas que, siendo una latina que será la limpiadora, las chicas fueron bastante indiferentes con ella, salvo una, que era Ana, la que enseguida simpatizó con Julia.

Pasan las semanas, y Julia ya estaba totalmente adaptada al lugar, mantenía todo limpio y en orden, reponía los productos en sus debidos lugares sin cometer ningún engaño y su mejor compañera, era Ana, que es con la que compartían el almuerzo juntas ya que ambas eran madres y charlaban de sus hijos y vidas personales.

Jeff se encontraba muy satisfecho con el trabajo de Julia y también Ted, el hijo de Jeff, que era un individuo de 34 años, que tiempo atrás había abandonado la carrera de medicina, pero ahora estaba comenzando a reiniciarla, razón por la cual, ni siempre estaba en la farmacia.

Cierto día, cuando todo corría normalmente, ven a Jeff que, estando de pie en la Caja, gimiendo se agarra el pecho y al momento cae desplomado por causa de un infarto, en cuanto todas miran y pegan un grito, Julia es la que sale corriendo y de inmediato le hace una RCP, la recuperación con masajes al corazón, en cuanto llega Ted, y ella le grita:

—El desfibrilador, trae ya el desfibrilador...

Las otras chicas se miran y se preguntan

—¿Qué es lo que va a hacer esta mujer...? —Ana les responde—: Déjenla, ella sabe lo que hace.

Ted intenta ayudar, pero queda algo perdido, en cuanto Julia actúa enérgicamente y aplica el desfibrilador a Jeff, que comienza a reaccionar, enseguida Julia corre a una de las gavetas, extrae una jeringa hipodérmica agarra de un estante el inyectable correspondiente y de inmediato le aplica la inyección en cuanto grita

—Manden venir a una ambulancia.

Ted comprende claramente lo que Julia está haciendo, así que la deja actuar, ya que él, si bien teóricamente lo sabe, en la práctica jamás lo había hecho en su vida y observa la destreza con que se maneja Julia.

Llegada la ambulancia, bajan los paramédicos, y Julia les dice lo que le hizo, así que rápidamente suben a Jeff a la ambulancia al tiempo en que Ted y Julia le acompañan rumbo al hospital. Las chicas de la farmacia quedan asombradas por el acontecimiento y por la reacción de aquella latina que consideraban que era una mera limpiadora.

Una vez internado, Jeff se recupera rápidamente, y luego de unos días de reposo vuelve a la farmacia donde todas le saludan, pero a Julia, es a la que le da un fuerte abrazo, diciéndole:

—Gracias Julia, tú me salvaste la vida...

—Bueno Jeff, usted lo hizo primero... y eso yo jamás lo olvidaré, era una que le debía.

—Ahora, ante todo esto, quiero saber ¿Cómo supiste lo que tenías que hacer? porque me dijo Ted que actuaste de inmediato y de forma muy experta...

—Bien, es que yo en Colombia me formé como Nurse, trabajé en urgencias en dos hospitales y también fui paramédico, esto lo hice decenas de veces.

—Bueno, pero aquí tendrías muchos lugares entonces donde trabajar...

—SÍ, pero es que no solo estoy indocumentada, es que al venir tuvimos que hacer un trasbordo de aviones en Panamá, y en eso se perdió una pequeña maleta donde yo traía toda la documentación, diplomas, certificados de estudio, y otras cosas, así que por ahora no puedo probar nada, tampoco puedo regresar a Colombia a buscar copias... Así que perdí toda mi historia profesional, y aquí, en la farmacia, es donde estoy más cerca de lo que es mi formación.

—Discúlpame, pero ¿y el padre de tu hijo?

—Él fue un gran individuo, era oficial de policía, pero murió en un enfrentamiento con los narcos... Por eso decidí venir para aquí con mi hijo.

Jeff entonces, de inmediato promovió unos cambios, y todo vuelve a la normalidad en la farmacia, con la salvedad de que ahora, Julia, pasó a ser la encargada del sector de medicamentos, quedando por encima de las otras que, en definitiva, tuvieron que volver a encargarse de la limpieza como antes, y por motivos obvios, no podían reclamar nada, porque, al fin y al cabo, Julia le había salvado la vida al jefe... el dueño de la farmacia.

02. ANA Y EL VAGABUNDO DE LAS MANOS

Tras un matrimonio de casi dos años que fue un rotundo fracaso, Ana, una joven de 35 años, se refugió siempre en su amiga Katy, con quien habían estudiado juntas desde la adolescencia en la secundaria. Ana trabajaba en la administración de una empresa allí mismo en Los Ángeles, mientras Katy, era secretaria ejecutiva en un Buffet de Abogados, y su novio Bob era un reconocido Oficial del FBI, que siempre le daba recomendaciones acerca de la seguridad contra la delincuencia.

Ya había transcurrido más de un año de su divorcio, cuando cierto día, Ana venía de regreso a casa, se detiene en un local de comidas rápidas y pide dos hamburguesas para llevar y comer en casa, ya que había invitado a su amiga Katy para asistir juntas un desfile de modas en la TV. Con su bolsa de hamburguesas en una mano y su cartera colgada en el otro brazo, Ana atraviesa una plaza céntrica donde los canteros con flores y árboles daban una sensación de calma y tranquilidad a los transeúntes que en muchos casos también regresaban a sus casas en aquel atardecer de primavera.

Como en toda plaza, a un lado del camino estaban los canastos que son para depositar basura donde la gente tira sus residuos, como latas de bebidas o restos de alimentos, en fin... De pronto, Ana ve a un hombre, un vagabundo, que evidentemente lo intentaba disimular, pero revolvía el cesto de la basura en busca de algo, seguramente de alguna cosa para comer… ‘Este tipo de individuos a veces son ladrones y hasta pueden querer atacar a una mujer sola’ fue lo primero que pensó ella, pero sería muy improbable porque había mucha gente en el lugar, así que sin ningún temor ella pasó a su lado sin dejar de mirarlo de reojo por cualquier eventualidad, pero cuando ella disimuladamente le observa, ve que el hombre no tenía el aspecto o la cara clásica de un delincuente, es más, era un individuo de unos cuarenta años, de finos rasgos aunque algo sucio pero que tenía una mirada más bien limpia y triste pero que no denotaba ninguna maldad.

Ella sigue caminando, y tras pensarlo por un momento, siente algo de piedad, se detiene y volviendo su cabeza para atrás, se dice a sí misma:

—Tal vez me arrepienta por esto, pero... —Entonces se da vuelta y regresa hasta donde se encuentra el individuo a quien se le acerca, le mira y le dice en voz baja:

—Disculpe, pero ¿está usted buscando algo para comer?

Él, obviamente avergonzado, baja la cabeza y entre sollozos, sin saber lo qué responder, dice:

—No señorita, no, yo solo estoy mirando…

Ella sin pensarlo, impulsivamente, extiende la mano con la bolsa de las hamburguesas que había comprado y le dice:

—Vamos, tome hombre, creo que usted necesita de esto más que yo… Acéptelo por favor.

—Oh, no señorita, no puedo aceptarlo, se lo agradezco mucho, ¿pero y usted? esta es su comida.

—Bueno, no se preocupe, yo me compraré otra más adelante.

—Se lo agradezco de todo corazón señorita, que Dios se lo pague...

Esta expresión, y su forma de hablar, obviamente no era algo que suela ser frecuente en los vagabundos o delincuentes de la calle...

Siguiendo su camino, Ana compra nuevamente hamburguesas en otro local y llega a su casa, donde enseguida, llega su amiga Katy que vivía a dos cuadras, y mientras ambas preparan todo para sentarse a ver juntas el desfile de modas en la televisión, Katy hace un comentario sobre lo deliciosas que se ven esas hamburguesas que no eran las que habitualmente ellas siempre compraban, y entonces Ana le cuenta el episodio ocurrido en la plaza con el vagabundo...

—¿Cómo pudiste hacer eso? —replica Katy— No puedes guiarte solo porque un hombre tenga una buena mirada, para conocer a una persona se requiere mucho más que eso, a veces puede hasta tener las manos manchadas de sangre, Bob siempre me lo dice.

—¿Sabes una cosa?, ahora que lo mencionas noté algo muy especial en ese hombre que, en definitiva, no parecía ser un vagabundo común, era un hombre de unos cuarenta años que no solo tenía una mirada sincera, sino su forma de hablar, de gesticular, y como tú dices, por sus manos, porque sin darme cuenta en el momento, recuerdo que tenía unas manos suaves, manos propias de alguien que no eran las de un hombre rústico de la calle o de un vulgar trabajador... Eso fue lo que sentí sin pensarlo conscientemente… ¡Había algo especial en él, no sé lo qué!

—Bueno, las manos a veces dicen mucho de la persona, pero siempre hay que ver todos los detalles, recuerda, todo debe ser evaluado según Bob —dice Katy.

Ana quedó muy intrigada con ese hombre, así que al otro día, ella volvió a pasar por el mismo lugar dos o tres veces hasta que lo volvió a ver pero esta vez a un par de calles de la plaza sentado en el piso, con las piernas arrolladas, pensativo, asegurando su cabeza entre sus brazos, así que sin contenerse, ella fue hasta donde él estaba y llegando a su lado le dijo:

—Hola, ¿Cómo está, comió usted algo hoy...? —Él, nuevamente avergonzado, no llegó a responder, solo la miró y bajó la cabeza moviéndola en sentido negativo…

—Bien —dice ella— Vamos levántese y venga conmigo, yo también estoy con hambre, así que vamos a comer alguna cosa.

—Pero no señorita, muchas gracias, yo no puedo... —dice él.

—Yo insisto, no se haga problema hombre, déjeme que yo me encargo, vamos… —Y entonces poniéndose de pie, él, cabizbajo, la acompañó y ambos cruzaron la calle hasta un local de comidas, pero al entrar, en la puerta les detienen y le dicen a ella:

—Lo siento señorita usted puede pasar, pero vagabundos aquí tienen la entrada prohibida —dice el hombre mirándolo a él.

El vagabundo, sin poder contenerse, se cubrió la cara, se dio media vuelta y salió llorando mientras decía:

—¿Por qué Dios me haces esto?, ¿por qué, por qué…?

Ella comprendió que él estaba pasando por un inmenso sufrimiento que no era algo normal en un hombre de la calle, así que se dio media vuelta y salió detrás de él…

—Vamos, no se aflija, ya resolveremos esto —dice Ana, y enseguida entra sola a otro local donde compra comida y refrigerantes...

—Ahora, vamos a sentarnos en la plaza… —le dice con una mirada de compasión, así es que juntos van y se sientan en un banco, donde el hombre visiblemente avergonzado se resistía a decir nada.

Ana recuerda entonces lo que le dijo Katy, —hay que ver todos los detalles—, así que al sentarse juntos, ella reparte la comida con él, mientras le observa los detalles… Nuevamente le mira las manos que, por su textura y sus uñas prolijamente recortadas, en efecto, eran las de alguien tipo ejecutivo, de buena vida, sus ropas y zapatos, aunque sucios, no eran viejos y eran de evidente buena calidad, esto significaba que este no era un hombre vulgar, era alguien que estaba pasando muy mal, pero que no era propiamente un vagabundo ni alguien de la calle.

—¿Cómo se llama usted? —pregunta Ana.

—Mi nombre es James, James Kinley —responde él.

—¿De dónde es usted James?

—Yo soy de Nueva York, llegué aquí a California hace pocos días.

—Bueno, entonces usted hizo un largo viaje desde Nueva York.

—Sí, así es, recientemente había llegado de Alemania...

Ahí Ana abre los ojos sorprendida y se queda sin respiración, porque ningún vagabundo viaja a Europa.

—¿Y qué es lo que fue a hacer a Alemania?

—¿Yo fui a visitar la Feria Industrial de Dusseldorf... Es que yo, soy Ingeniero.

Esto puso a Ana más en estado de alerta, pues esto le aclaraba muchas cosas y le abría otras tantas interrogantes.

—¿Es usted Ingeniero...?, pero ¿qué es lo que le pasó...?

—Bueno, es una larga historia —responde él, y viendo que era el único apoyo que tenía decide contarle.

—Le explicaré... Yo tengo o tenía una empresa de equipamientos de electrónica e informática en Nueva York, donde mi esposa era mi socia y mi contador se encargaba del área financiera, un día, tomando conocimiento de esta Feria en Alemania, ambos sugirieron que sería una excelente oportunidad para investigar el mercado y conseguir nuevos productos de alta tecnología y así adquirir más material, por lo tanto concordé y me marché por unos veinte días, si bien periódicamente llamaba para ver cómo estaba todo y me decían que estaba todo bien, así que no me preocupé... Terminado el evento, cuando fui a pagar el hotel con la tarjeta de la empresa, me indican que no tenía saldo, lo que era algo imposible, saqué entonces mi tarjeta personal que era compartida con mi esposa y tampoco tenía saldo, afortunadamente yo tenía bastante dinero en efectivo conmigo, así que aboné el hotel, y enseguida llamé a mi esposa y a mi contador, pero nadie respondió el teléfono, esto ya me dio una mala espina. Por suerte tenía el pasaje de regreso pago, pero al llegar, nadie me esperaba en el aeropuerto, entonces fui a mi casa en taxi y me encontré con que estaba toda vacía, fui a mi empresa y también estaba solo el local vacío, fui a lo del contador y lo mismo, ellos habían vaciado las cuentas y se habían llevado o vendido toda la mercadería, también ellos habían desaparecido, solo supe por vecinos que habían visto a dos camiones de California cargando todo en esas semanas.

—¿Hizo usted la denuncia en la policía?

—Sí, por supuesto, pero que una mujer abandone a su marido y se vaya con otro, eso no es un delito policial, y de la empresa, siendo ella socia también era dueña... Esto requería de una acción legal con abogados, pero yo había quedado quebrado, casi sin dinero... Por eso decidí venir aquí a ver qué averiguaba

—Hace mucho de esto… –pregunta Ana.

—No, hace solo una semana, pero al llegar, dejé mi valija en un guarda bultos y salí a buscar algún hotel que no fuera muy caro, cuando dos individuos, me agarraron de sorpresa, me metieron en un callejón me dieron una brutal paliza, me robaron el saco, la billetera, los documentos y me dejaron tirado entre la basura, así fue que me quedé con lo puesto, sucio, sin dinero y sin el ticket, por lo que no puedo retirar mi maleta, aunque tampoco tengo donde dejarla... Para colmos, nunca en mi vida había pasado hambre ni algo así, por eso debo agradecerle a usted por su amabilidad.

—Yo no puedo creer que le haya pasado todo eso —Exclama Ana asombrada.

—Pues sí, puede creerlo, si tiene un celular con acceso a internet puede buscar mi sitio web kinleytronics, allí está mi dirección y mi foto.

Ana, obviamente le creyó, pero por curiosidad entonces, sacó su celular y verificó que era cierto, él constaba como siendo el Ingeniero dueño de la empresa.

—Sí, es cierto —afirma ella sorprendida...

—Bueno, pero el caso es que ahora soy un vagabundo en la calle, esa es la realidad y ya no sé lo qué hacer.

—Ah no, esto no puede quedar así, yo lo ayudaré, y esto vamos a resolverlo —afirma ella, así que de inmediato llama a su amiga Katy y le dice:

—Katy, ven para casa ya, tenemos algo muy importante que hacer —Entonces Ana se pone de pie y le dice— Vamos, venga conmigo.

Ambos se dirigen la casa de Ana, y así que llegan, ella abre la puerta y le hace pasar a la sala, en eso, llega Katy que estaba a solo dos cuadras, y al entrar, ella ve al vagabundo dentro de la casa de Ana, por lo que espantada abre los ojos y pregunta...

—¿Este es el hombre de las manos...?

—Sí, así es Katy, este es el hombre de las manos, que, en realidad, es el Ingeniero James Kinley, dueño de la empresa Kinleytronic de Nueva York y ahora está con serios problemas, así que nosotras vamos a tener que ayudarlo —Katy respira y como aflojada, se deja caer sentada en un sofá.

—Bueno James, creo que, para reponerse, lo primero que usted querrá hacer será darse un baño y cambiarse de ropa, porque yo aún tengo algunas prendas que dejó mi marido antes de irse de casa y creo que le servirán hasta que recojamos su maleta.

—Bueno, en verdad no quisiera molestar, pero si, realmente necesitaría de un baño urgente, me siento deplorable.

Mientras él toma un baño, entonces, Ana le cuenta la historia a Katy y le muestra el sitio web que confirma lo dicho, Katy también queda asombrada, pero el asombro aún es mayor, cuando él sale del baño ya vestido, limpio, afeitado y peinado, pues era un verdadero y apuesto galán, ambas lo miran y se sonríen excitadamente sin cualquier disimulo.

Una vez en conocimiento del asunto, Katy llama entonces a su novio Bob que, por ser del FBI, ella le pide para venir lo más pronto posible. Entretanto, ellas conversan con James sobre lo sucedido en Nueva York, su viaje a Alemania, y otros detalles, donde queda claro de que él no era realmente ninguna clase de engaño.

Así que Bob llega, ellas le presentan a James, quien le explica nuevamente todo lo sucedido, y mediante un exhaustivo interrogatorio, Bob se comunica con su oficina para investigar y localizar a la mujer y al contador de James, tras lo cual, solicita que se mande emitir una alerta de búsqueda para detenerles por estafa y seguramente, falsificación de firmas y documentos desde que nada de lo sucedido se podía haber hecho sin la firma original de James como socio principal.

Una vez completadas las comunicaciones, Bob le dice a James:

—Bien, ahora mi amigo vamos a buscar tu maleta, pero, dime, ¿tienes algún lugar donde quedarte?

Entonces, de inmediato, sabiendo Ana que él no tenía dinero ni un lugar donde quedarse, indica:

—Ante esta situación, yo creo que no habrá ningún problema en que se quede aquí en casa, yo tengo la habitación de huéspedes que no uso y no me importa en darle alojamiento provisorio hasta que consiga reiniciarse nuevamente.

—¡Oh no, no puedo aceptar eso, no quiero causarle molestias Ana…! —dice James.

—No, no es molestia ninguna James, además me sentiré mucho más segura si estoy acompañada en casa.

—Bien, en ese caso, creo que aceptaré, así que entonces tendría que ir a buscar mi maleta… pero, el asunto es que no tengo el ticket.

—Deja eso en manos del FBI —dice Bob— Así que vamos, y luego, si ustedes quieren chicas, vamos todos juntos a cenar, yo invito.

Ya de regreso ambos con la maleta, James se cambia de ropa, y ahora, de traje, camisa y corbata, volvía a ser el ejecutivo que hasta hacía algunos días paseaba por Alemania, y que, a Ana, le hacía brillar sus ojitos.

Dos días más tarde, la esposa y el contador de James, fueron detenidos cuando intentaban fugarse para México, desde donde pensaban irse con todo el dinero a una isla en el Caribe… Ambos fueron juzgados y condenados penalmente, en cuanto James consiguió recuperar parte de su dinero para volver a instalar un negocio similar ahora en California.

James solicitó de inmediato el divorcio, lo cual por motivos obvios se le concedió sin mayores problemas. Hasta entonces, James que permanecía viviendo en la casa de Ana, pasaron luego de algunas semanas, a utilizar solamente uno de los dormitorios, y tras una boda en la que Kati y Bob fueron los padrinos, realizaron una fiesta donde hubo algo que nadie lo entendía, pero en el pastel, Kati mandó escribir una leyenda que decía.

“Felicidades a Ana y el Hombre de las Manos”.

03. EL ANILLO DE JANET

HG Corporation, era una empresa de ingeniería en Nevada, cuyo dueño era Adam Gilman, un ingeniero de cuarenta y cinco años que había heredado esa empresa de su padre y que realizaban obras en diversas ciudades del país.

Como era habitual, él no tenía horario para llegar, así que bien podía aparecer al mediodía como a las siete de la mañana, por lo tanto, a veces aparecía cuando el personal de limpieza todavía estaba haciendo su tarea y frecuentemente se encontraba a la limpiadora Janet, quien, de túnica gris y guantes de goma, limpiaba el piso, los vidrios, ponía las cosas en su lugar o sacaba el polvo de los muebles de la sala.

Adam era un tipo muy bien apreciado por todo el personal, pues a pesar de ser el dueño de la empresa, era un individuo joven, muy simpático, que siempre estaba bien humorado y trataba de forma excelente del primero al último de sus funcionarios.

Cuando él llegaba temprano, casi siempre se encontraba a Janet que estaba haciendo las tareas de limpieza en su sala, así que él tranquilamente la dejaba a voluntad mientras se tomaba un café, leía el periódico y comentaba con ella alguna de las noticias del día en cuanto Janet continuaba haciendo la limpieza al tiempo que solía charlar muy amablemente con él.

Janet, si bien era una chica del interior que tenía veintiocho años, era muy educada y simpática, entretanto, a veces, aprovechando el buen humor de Adam, le hacía algunas preguntas más técnicas por ser él ingeniero civil, pues ya le había comentado que el objetivo con que ella había venido desde su pequeño pueblo a la ciudad, era para hacer el curso de Agente de Bienes Raíces, paso previo para el Curso de Corredora, por lo cual, sabiendo de esto, Adam le respondía y explicaba algunas cosas que ella conseguía captar muy bien. Tal era así, que a veces él la hacía dejar de lado por un rato sus tareas para sentarla a su lado en la mesa de dibujo y darle explicaciones sobre temas de la construcción y otros aspectos que se deben conocer para valorar un inmueble, ya sea edificio o casa, lo cual ella entendía perfectamente.

Un día, cuando él llega a primera hora y Janet aún está limpiando su sala, ella le dice:

—Señor Adam, hoy estoy muy feliz, porque ya he conseguido inscribirme en el curso nocturno de Agente Inmobiliario…

—Bueno, por cierto, te felicito Janet, yo admiro a la gente que busca superarse en la vida, ¿Cuándo es que comienzas?

—La próxima semana señor…

—Excelente… ¿y cuando concluye el curso?

—En seis meses señor me dan mi licencia.

—Bien, te diré una cosa, cuando hayas recibido tu licencia, si tú lo quieres, te propongo pasarte al Departamento Comercial para que ingreses aquí, al mundo de los negocios inmobiliarios.

—Por supuesto que acepto, muchas gracias Adam..,

—Yo soy de la idea de que un buen funcionario no se debe perder, así que espero tenerte por mucho tiempo entre nosotros…

—Me encantaría… ¡Yo adoro esta empresa!

Al cabo de seis meses, tras conseguir su diploma, ella muy feliz le comunica el hecho a Adam, quien le respondió:

—Bien Janet, te felicito y es un gusto que lo hayas logrado, así que como te lo había prometido, se lo comunicaré a Recursos Humanos para que a partir de mañana, seas transferida al Departamento Comercial, así que ahora pasarás a ser parte del personal ejecutivo.

—Muchas gracias Adam, le prometo que me esforzaré al máximo, no se arrepentirá.

Pasadas las semanas, Adam acompaña el desempeño de Ana, y su servicio es excelente. Se aproxima ya el fin de año y Adam decide organizar una fiesta de despedida donde se reunirá a todo el personal de la empresa para confraternizar y desear un año nuevo con muchos éxitos y felicidad.

Llegado el día marcado, la fiesta comienza con música y brindis, y allí está entre todo el personal, Janet, la antigua limpiadora, pero ahora muy elegante, vestida como una ejecutiva, bien arreglada y muy bonita por cierto.

Cuando Adam la ve, queda visiblemente deslumbrado con ella, así que se acerca y de modo muy galante, le da un beso en la mejilla, exclamando, eres el proyecto más bonito de esta empresa, así que la toma de sus manos, muy delicadas por cierto, luciendo un hermoso vestido rojo, una delicada pulsera y un anillo que llamaba la atención, él lo observa y dice:

—Perfecto, en verdad esta joya te queda preciosa, no quiero que te la saques nunca...

—Bien si usted me lo pide, así lo haré... —responde ella muy sonriente.

La fiesta sigue y ambos comen y beben juntos casi sin separarse durante todo el tiempo... Luego, cuando todo finaliza, cada uno se va para su casa por diez días, hasta que inicia el nuevo año.

Al comenzar la nueva jornada de trabajo, Adam manda llamar a Janet a su escritorio y rápidamente ella se hace presente en su sala.

Ambos se saludan muy afectuosamente, él la convida con un café y sentados uno frente a otro en el escritorio, Adam le indaga sobre sus tareas, pregunta cómo está y cómo se está sintiendo ahora en el departamento comercial o si hay algo más que necesite o que quiera sugerir, así que la conversación va más bien por el lado profesional, hasta que, llegado un momento, él le observa la mano y ve que ella luce aquel bonito anillo.

—Ah, veo que me has hecho caso y has mantenido el anillo como te sugerí... Te queda precioso.

—Sí, es un gran recuerdo que aprecio mucho… —comenta ella.

—Y dime, ¿quién te lo regaló?

—Bien, pero ¿cómo sabe que me lo regalaron...?, porque en verdad así fue, este anillo me lo obsequió alguien a quien yo quería mucho, era mi prima Susy, esto era algo muy apreciado por ella —y en un estado algo emocionada, Janet dice— ella me lo obsequió poco antes de fallecer por un cáncer, ella lo había recibido de un gran amor que tuvo de jovencita según me dijo.

—Si, en efecto Janet, así fue... —responde Adam— porque ese gran amor, fui yo... Ese anillo es exclusivo, me lo hizo un joyero amigo y se lo di a ella cuando yo solo tenía 19 años, antes de ser reclutado y enviado para Vietnam. Cuando regresé, tres años más tarde, ya no la pude encontrar... Solo supe que ella había fallecido, pero ahora te encontré a ti y siento el mayor orgullo de que seas tú quien lo lleve.

Ella le mira, sonríe y no sabe lo qué contestar... Entonces él le dice:

—Eso es un símbolo del más profundo sentimiento humano, el amor.

Ante todo esto, ella sorprendida responde:

—Me ha dejado sin palabras, si esto es un símbolo del amor, entonces jamás saldrá de mi mano, se lo prometo.

—Muy bien Janet —dice Adam poniéndose de pie y acercándose a ella

—Guardaré tu promesa. —ella sin controlarse, se acerca y le da un beso a él en la mejilla, se da media vuelta y se va, pero al salir, se detiene gira la cabeza, le sonríe y luego sigue.

El contacto entre ellos sigue siempre cargado de miradas y sonrisas, pero con total respeto profesional, aunque en las entrelíneas brotan luces de colores.

Todo corre bien, hasta que cierto día, dirigiendo el auto desde su casa, Adam, por esquivar a un transeúnte se despista y su vehículo da varias vueltas quedando él gravemente herido. Prontamente, Adam es conducido en una ambulancia hacia un hospital, donde inconsciente los médicos hacen todo lo posible para salvarle la vida.

Así que la noticia llega a la empresa, Janet sale disparada para el Hospital, hasta que Adam es retirado de la sala de cirugía, prácticamente sin descansar, ella permanece de guardia a su lado cuidándolo y rezando por él durante varios días, hasta que ya se encuentra bastante consciente y ve que ella está a su lado reconfortándolo, entonces él le sonríe, y le dice:

—Sabía que tenía una razón para no morir… —Ahí él le toma la mano, y mirando aquel anillo, balbucea a medias palabras—. ¿Me aceptas?

—Sí, Adam, ¡sí te acepto! —responde ella lagrimeando.

Durante su larga recuperación, Janet, que no se separaba de él, había pedido licencia en la empresa para poder estar a su lado, por lo cual, Adam, sabiendo de esto, mandó al Jefe de Personal que ahora la registrara como Asistente Personal de la Dirección, cargo que continuara ocupando hasta después de la total recuperación de Adam, tras lo cual, se celebró la boda con Janet.

De este modo, la antigua limpiadora, ahora hacía parte de la Dirección de la Empresa, pero ella, siguiendo los pasos de humildad de su marido con relación a los subalternos, tampoco dejaba de bajar a charlar y a veces hasta ayudar a sus antiguas compañeras de limpieza, buscando que nada les faltara y si había algo que necesitaran, ella de inmediato lo conseguía hablándole al oído al director, que, en definitiva, ahora era su marido.

04. EL CRIMEN DEL CONTADOR

No importa dónde, pero el hecho sucedió en un país latinoamericano en el que Martín era un empresario de éxito dedicado a los Negocios Inmobiliarios y tenía como Contador a J. Gómez, que atendía simultáneamente a varias empresas en su oficina.

Cierto día, ante el análisis de documentos contables, Martín que era muy minucioso, encuentra un faltante importante de dinero a través de unas operaciones que no eran de su conocimiento, así que llamó a su Contador J. Gómez para analizar este problema y tras una verificación exhaustiva con él, quedó en claro que Gómez mentía y estaba cometiendo una estafa, lo que luego de una gran discusión acabó cuando Gómez salió muy nervioso ante la presencia de todos los funcionarios.

A los cuatro días, Gómez es encontrado por la limpiadora muerto con un tiro en la cabeza dentro de su apartamento donde vivía sólo, el apartamento, estaba bastante revuelto con cajones abiertos y cosas desparramadas por el piso. La policía comienza a investigar y la primera información que tuvieron, fue la del propio Martín que declaró haberlo visto por última vez el día de la discusión, razón por la cual, pusieron a este como posible sospechoso del homicidio.

Sin cualquier prueba técnica, sin el arma del crimen y sin realizar el levantamiento de indicios, señales, o marcas en la Escena del Crimen, el Fiscal mandó levantar el cuerpo de la víctima y enseguida ordenó la detención de Martín bajo la acusación de homicidio, más allá, de que Martín demostró dónde había estado a la supuesta hora del crimen.

El Fiscal, presentó a un testigo que obviamente era falso, pues declaró haber visto a Martín a una cuadra de distancia esa noche en un local casi sin luz, pero, de todos modos, el Fiscal Castro y el Juez Díaz, aceptaron como válido ese testimonio y sin mayores pruebas, condenaron a Martín a quince años de cárcel en la prisión estatal.

En todo momento, Luis el hijo de 28 años de Martín, se había movilizado para salvar a su padre de una evidente y sucia infamia Judicial, como suele suceder en Latinoamérica.

En ese ínterin, por cualquier eventualidad, Martín había hablado estando ya detenido, y le dijo:

—Oye hijo, tú sabes que soy inocente, y esto aquí no está nada bien, así que no importa el dinero que sea necesario gastar, tú tienes el acceso a la cuenta del banco donde hay más de cinco millones, así que gasta lo que sea necesario, pero debes encontrar al verdadero culpable.

—En efecto papá, así lo haré, cueste lo que cueste no te dejaré aquí abandonado.

Así fue que el chico tuvo que asumir lo serio del caso, pues en principio su padre le pidió que buscara la forma de encontrar al verdadero culpable ya que él era inocente y aquí había algo muy confuso, porque todo indicaba que la investigación fue de mediocre a pésima.

Mientras Martín estuvo detenido, antes del juicio, como su hijo Luis frecuentó varias veces la Comisaría de Policía para ver cómo estaba su padre, y por ser él un joven muy amable y educado, a los propios policías e investigadores que hablaron con él les cayó simpático, ya que a ellos también les llamó la atención el caso, porque advirtieron que era muy escasa la evidencia y se lo comentaron a Luis, le dijeron que ni a ellos les había parecido algo justo.

Entre estos detectives estaba Marcos, que era uno de los que participó en el caso y que, siendo un tipo muy serio, le atendió varias veces comprendiendo la situación de esta familia donde aparentemente, las víctimas realmente parecerían ser ellos y no el muerto, así que el detective Marcos, fue muy amable y bien dispuesto para ayudar a Martin, a quien le creía que era inocente.

Una vez concluido el juicio y condenado Martín, Luis volvió a la Comisaría para hablar con Marcos y verificar cómo se podía hacer para hallar al verdadero asesino, a lo que Marcos le indicó:

—Mira, nosotros oficialmente ya no podemos hacer más nada, pero en este caso, un Investigador Privado, sí puede hacerlo particularmente. ¿Me entiendes?

—Bien, yo no conozco a ninguno, ¿tú me podrías indicar uno que sea bueno para esto? —indagó Luis

—Oye, conozco a varios, pero en este caso, por ser un delito de homicidio, yo te indicaría que busques a Franco, que es uno de los mejores, te daré su dirección.

—Bien gracias Marcos. —dijo Luis.

Entonces, Luis va en busca de Franco, hasta que finalmente se reúne con él en su oficina… Se trata de un individuo mayor, de aspecto serio, que por lo que pudo apreciar en su simple oficina, se trataba de un Policía Retirado como Capitán de Criminalística.

Luis le describe el caso y de hecho, a Franco le espanta la cantidad de información que no fue recogida ni requerida para un caso de homicidio, por lo cual, él dice que esto está todo muy mal, de pies a cabeza...

—Bien, eso es lo que me dijo el detective que me asesoró, pero dice que la Policía ya no puede hacer más nada... —replica el joven.

—Es cierto, ¿quién fue el detective del caso, lo sabes...?

—Sí, fue él que me indicó su nombre, el Detective Marcos...

—Ah sí, yo le conozco, es un muy buen Policía.

A seguir entonces, acuerdan los honorarios, con la promesa de Luis de extenderle una suma extra de quinientos mil por sacar libre a su padre antes de fin de año.

De inicio, antes de dirigirse a la “escena del crimen, Franco fue a la comisaría para hablar con el detective Marcos y para ver extraoficialmente qué es lo que ellos tenían como evidencias y lo qué habían concluido. De hecho, Marcos le relató cosas que no pudieron verificar por la súbita retirada del cuerpo y la orden de suspensión de las investigaciones de forma muy prematura.

Una vez que Franco consiguió ingresar en el apartamento donde ocurrió el crimen, verificó que en realidad hubo mucho material que no fue debidamente investigado. Lo primero que observó, fue que en efecto todo estaba revuelto como si hubieran buscado alguna cosa… Pero ¿qué?

Tal vez, intentaron dejar indicios de un aparente robo, si bien, el asesino no forzó la entrada, por lo tanto, debería ser alguien conocido que la víctima recibió y dejó entrar sin imaginar las intenciones, porque no existían señales de lucha, además, el disparo fue realizado muy de cerca y por detrás, en la nuca, así que el asesino debería estar hablando con la víctima y le disparó de sorpresa agarrándolo desprevenido.

Esto, quedaba claro desde que al lado de donde había caído el cuerpo, había una estante tipo bar, con dos vasos de bebida que obviamente la víctima estaba preparando para servir en el momento de ser asesinado. Por lo tanto, si pretendían tomar un trago, significaba que era un conocido y no había existido ninguna discusión previa, esto confirmaba que el asesino vino con la intención clara de eliminarle, utilizando un arma de calibre 7.65mm que es muy poco común, y que Martín no tenía.

El caso se limitaba a saber cuál era el vínculo y la razón que había para matarle, ya que debería tener un motivo previo de algún tipo. Continuando con la búsqueda de pruebas, Franco se dirige al dormitorio donde realiza una minuciosa observación hasta que descubre que hay un cajón sospechoso en un armario del guardarropa... En todo momento, como buen investigador, Franco fue grabando todo el procedimiento que iba realizando con una cámara colocada sobre sus lentes.

Observando la medida externa y comparando con la interna, el cajón tenía aparentemente un doble fondo, así que lo revisa y encuentra una traba que mantenía cerrado el fondo falso. Una vez que abre ese compartimiento, en el interior del mismo se encuentra con material diverso, como libretas, chips de teléfono e impresos, perteneciente todo ello a un Grupo Terrorista, donde además de varios documentos con órdenes, se incluían cuentas bancarias que pertenecían al Movimiento Terrorista.

Retirado el material dentro de bolsas plásticas, Franco lo lleva a su oficina para ser analizado minuciosamente, donde tenía también un pequeño laboratorio para realizar análisis y detectar pruebas en indicios. Así que, colocando toda la documentación sobre la mesa de una manera ordenada, verifica que el asesinado Contador Gómez, era utilizado para realizar maniobras fraudulentas en la contabilidad de empresas y recaudar dinero para depositarlo en cuentas del Grupo Terrorista que estaba al mando de un líder cuyo nombre código era el de Comandante Julio y su segundo al mando, era un tal Teniente Federico.

Finalmente, Franco se dispone a verificar los chips de teléfono que había extraído junto a los documentos, y para su asombro, escucha conversaciones grabadas entre el asesinado Gómez con el identificado como teniente Federico, obteniendo entre otras cosas, los números del teléfono al cual llamaba, y obviamente esto, era lo que el asesino buscó sin llegar a encontrarlo.

Aprovechando sus contactos con viejos colegas en la policía, incluyendo al detective Marcos, Franco consigue que se localice por medio de una llamada, la localización del celular y su propietario, lo que se logra con éxito en pocas horas.

Una vez recopilado todo el material, Franco se contacta con Luis, el hijo de Martín y su abogado, para presentar las evidencias y solicitar la anulación de la condena en la Suprema Corte de Justicia, lo cual es simultáneamente presentado en una conferencia de Prensa a la cual invitaron a diversos medios de radio, televisión y periódicos locales realizando de forma pública la siguiente denuncia.

—Hemos convocado aquí a la prensa, porque si bien se ha determinado mediante una investigación sobre la muerte del Contador Gómez, la cual se le atribuyó y por ello se condenó al Empresario Martín, vengo a comunicarles que ante el desconocimiento de cuantos, y quienes más están involucrados en el caso, dejamos esto en conocimiento público, para evitar que el caso sea manipulado intencionalmente por los responsables.

Primero, el Contador Gómez trabajaba para un Grupo Terrorista que actúa dentro de un conocido Partido Político y que su función, era la de desviar dinero de sus clientes para cuentas de dicho grupo. Este dinero, es utilizado hasta este momento en la compra clandestina de armas y realización de Propaganda Política, bajo las órdenes de un terrorista llamado comandante Julio junto a su segundo identificado como el teniente Federico.

Segundo, de acuerdo a los audios grabados por el propio Gómez aún en vida hablando con el mencionado teniente Federico, por temor a ser descubierto el motivo de su fraude, luego de su discusión con Martín, este Contador decidió renunciar y abandonar el Grupo Terrorista, a lo que el teniente Federico, le indicó que eso deberían hablarlo con calma porque estaba todo bajo control, así que le prometió esa noche ir a su casa a tomar juntos un whisky y a charlar calmamente sobre el tema y la mejor salida.

Tercero, una vez en la casa del Contador Gómez, en cuanto este iba a servir un whisky mientras ambos hablaban, el teniente Federico le disparó en la nuca y luego revolvió todo para buscar esta información y los documentos que hoy nosotros sí hemos hallado y que están en nuestro poder y de la Justicia.

Cuarto, de hecho, la precaria investigación fue suspendida y la detención de Martín fue consumada, por orden del Fiscal Castro y el Juez Díaz, quienes le aplicaron una rápida condena sin mayores pruebas, esto nos permitió determinar que, en verdad, el Juez Díaz, era el Comandante Julio, y el Fiscal Castro era el Teniente Federico, ambos terroristas y responsables por el asesinato del Contador Gómez.

Quinto, se determinó que el arma utilizada en el homicidio, una pistola calibre 7.65 mm, es la de propiedad del Fiscal Castro, que, en definitiva, sería quien ejecutó al Contador Gómez.

Sexto, la razón del homicidio, sería la de evitar que Gómez, en algún momento, abriera la boca y revelara la verdad dejándoles al descubierto…

La denuncia pública fue acompañada del pedido a la Suprema Corte, lo que de inmediato condujo a la detención del Fiscal Castro y el Juez Díaz, junto a otros Terroristas del Grupo… De forma simultánea, Martín finalmente quedó libre y tras muchos meses, consiguió ser debidamente indemnizado.

05. EL ZORRO LITERARIO

Ana María era maestra de sexto grado en la enseñanza primaria del Colegio Marley en una pequeña ciudad de Alabama; ella era una joven muy simpática y afectuosa con todos sus chicos... Cierto día, al entrar a clase, como lo hacía habitualmente, dice

—Buenos días chicos —Simultáneamente, coloca su bolso y sus libros sobre el pupitre, cuando mira al pizarrón y observa que había un corto poema escrito, que ella lo lee detenidamente, se queda pensando un poco y dice:

—Esto es muy hermoso... ¿Quién fue que lo escribió?

El silencio en la clase fue total, los chicos se miraban unos a otros como diciendo, “yo no sé”, y nadie dijo: “Fui yo”.

Prosiguiendo con la clase, dos días más tarde, nuevamente ella se encuentra con que aparece otro poema en el pizarrón, que volvió a encantar a la maestra, por lo tanto, ella insistió otra vez,

—Esta precioso, pero ¿quién fue que lo escribió?

El silencio y las miradas de unos a otros se repitieron nuevamente en toda la clase. La aparición de estos escritos comenzó a ser cada vez más frecuente y a los pocos días, aparecía una idea, un pensamiento o un razonamiento muy profundo escrito en el pizarrón, así que la maestra se lo comentó a la directora, quien de inmediato se interesó por el tema y le dijo que quería ver lo que ese alumno de incógnito estaba dejando escrito.

La próxima vez que la maestra llegó y vio un nuevo pensamiento en el pizarrón, ahora mandó a un chico a llamar a la directora la que vino de inmediato. Cuando ella entra, saluda a los chicos y lee lo que está escrito, exclama:

—Qué hermoso... —Ahora, es ella la que solicita saber quién fue el que lo escribió, e igual que antes, el silencio y las caras de “yo no lo sé” se dibujaba en la cara de todos los chicos del grupo.

A partir de ahí, cada día, al entrar a clase, la directora ya se quedaba atenta a una señal de la maestra para venir a ver cuándo había algo escrito, ya que no sucedía todos los días y era solo una, dos o tres veces en la semana.

Habiendo pasado ya seis o siete veces, la directora, entonces comenta:

—Bien chicos, como podemos apreciar, tenemos entre nosotros a una especie de Zorro literario, un personaje que solo actúa de incógnito, tenemos a un poeta escondido entre nosotros que escribe en la oscuridad para darnos luz a los demás, entonces a ese Zorro literario, debo felicitarle profundamente y quiero que todos le brindemos un aplauso para él, mismo que no sepamos quien de ustedes es en verdad ese poeta en la oscuridad.

Todos aplauden y se miran entre sí… Obviamente, el chico que era el Zorro, en la clase ahora había conseguido adquirir una gran notoriedad y prestigio, pero a su vez, temía ser reprendido por haberse inhibido y no haber confesado la verdad, así que esto sería su secreto, y crecería sin que nadie lo reprendiera a medida que mantuviera el anonimato, lo que le permitiría seguir escribiendo, y el hacerlo en secreto era la fuente de la admiración de todos los demás.

En verdad, en muchos casos, los pensamientos o razonamientos expuestos con pocas palabras en el pizarrón, eran la fuente del aula de ese día, porque permitía elaborar preguntas, generar un debate y arribar a conclusiones que no estaban pensadas ni incluidas en el programa escolar, pero que enriquecían las materias de estudio.

Luego de algunas semanas, la noticia de “el Zorro intelectual” se había tornado ya un hecho de conocimiento público en toda la escuela, y casi todas las maestras de otras clases ya estaban atentas a la señal, pues cuando veían a la directora ir apresurada al salón de 6º grado, ellas ya sabían de qué se trataba, así que también salían corriendo para ver qué es lo que estaba escrito en el pizarrón. A esta altura de los acontecimientos, a esta clase ya todos le llamaban el 6º del Zorro.

De hecho, en la escuela colocaron un cartel, con un niño dibujado con una vestimenta de el Zorro, con una tiza y borrador en cada mano, acompañado de la legenda, “Estudia, y serás tan hábil como el Zorro” lo cual se convirtió en un icono del instituto. Esto fue una importante fuente de estímulo para todos los chicos, donde todos querían ser tan famosos como el Zorro de 6º grado. Esta iniciativa, contó con la aprobación del Rector General, que es quien dirigía todo el Colegio Marley, primaria y secundaria.

El caso es que la historia trascendió, a través de algunos padres, al punto de que un Canal de TV tomó conocimiento del hecho, y mandaron a una periodista a hacer una entrevista a la directora, a la maestra y al grupo de chicos de la clase. Luego se sumó también un periódico, y así la historia pasó a ser de conocimiento público en toda la ciudad... Pero aún permanecía la duda que la prensa quería saber, y era:

¿Quién es el Zorro Intelectual de 6º grado?

La Escuela comenzó a ser famosa, y la televisión, se propuso entonces crear un programa de televisión para niños y adolescentes buscando a un Zorro que fuera tan hábil como el famoso de la Escuela. La trascendencia del personaje, mantenía todavía el gran secreto, que era la identidad del original Zorro del 6º grado.

La incógnita ya era bastante inusitada, así que la dirección de la escuela entonces comunicó que, en la fiesta de fin de Año, se revelaría el nombre del Famoso Zorro Intelectual, lo que generó una expectativa porque todos querían saber quién era ese pequeño genio que había generado tal admiración hacia él, que hasta contaba con la propuesta de una editorial dispuesta a contratarle para que escribiera para ellos.

Pasan las semanas, y el Zorro continúa cada pocos días escribiendo cosas que son, cada vez más complejas, más elaboradas o más poéticas, lo que demostraba una inmensa capacidad de creatividad e incluso de visión sobre la humanidad y los sentimientos de las personas en la sociedad. Tanto fue así, que los textos escritos por el Zorro, comenzaron a ser copiados, impresos y colocados en un tablero en el hall de entrada de la escuela.

En otro aspecto, algunos pensamientos o razonamientos, fueron colocados como tarea de casa, analizando y sacando conclusiones sobre el texto que el autor había expresado, que, en este caso, era el Zorro...

Pasaban las semanas y se acercaba la fecha de fin de año, así que todo se va preparando para el cierre del ciclo, donde todas las maestras le preguntan a Ana María si sabía quién era el Zorro y si les podía decir, pero ella negaba saberlo, si bien, en complicidad con la directora, ambas ya suponían desde hacía tiempo quién era el famoso Zorro, porque Ana María había verificado las caligrafías de los chicos, y habían arribado a sus conclusiones, por lo cual, coincidieron en que se mantendría el sigilo hasta el día de la fiesta de fin de año.

Llegando el final del año lectivo, el colegio comunica la fecha de la fiesta del cierre de actividades escolares, pero también, avisan que se revelará lo que todos esperaban, y eso, se lo hacen llegar a la prensa... Así fue que, llegado el día, hay una multitud de familiares que concurren por ser la fiesta de sus hijos, pero, además, hay otras autoridades, y también está la prensa, periódicos y canal de televisión.

El colegio constaba de dos bloques, uno que era el de enseñanza primaria, y el otro anexo que era el de secundaria, y también existía un gran gimnasio que es donde se celebra el acontecimiento.

Iniciada la ceremonia, hay un palco donde se encuentran sentadas las maestras y los profesores, asumiendo la palabra el rector general, que practica un pequeño discurso incluyendo todos los agradecimientos a las autoridades municipales, del Estado, y a todos los docentes de cada ciclo, haciendo mención de logros realizados, y para terminar, dice:

—Entre los agradecimientos que tenemos a maestras y profesores, hay algunos que también merecen ser mencionados, como a la señora Julia Ramos, aquí presente —Y la hacen subir al estrado— Ya que ella nos acompaña desde hace una década y es una cara no visible de esta institución, pero ella es la responsable por el cuidado y la higiene del establecimiento y de los locales donde estudian sus hijos. —ella queda a su lado— Y también hay otra cara no visible, que es la del señor Jorge Ramos, esposo de la señora Julia, suba por favor —Jorge se coloca también a su lado— Este es el hombre que se encarga de que todo el sistema de electricidad funcione adecuadamente para que sus hijos puedan estudiar, así que les pido un aplauso para este matrimonio que es parte de la familia Marley... —Todos aplauden efusivamente.

Ahora, tras una pausa, mira hacia donde está la prensa, mira al público… y dice:

—Bien, finalmente, hay algo que ha sucedido este año de forma muy especial, y que es algo de notorio conocimiento, ya que, como nunca antes, es algo que ha adquirido estado público, y creo que es lo que la mayoría de ustedes está esperando saber, porque fue la aparición de un alumno que, de incógnito, nos escribió y dejó bellos mensajes que han sido adoptados por el colegio... A ese autor anónimo, es al que esta escuela y la prensa le han denominado de, el Zorro literario, y entonces hoy, para finalizar con este acto, debo anunciarles que tenemos el honor de llamar a ese alumno, el autor oculto que ustedes tanto han esperado conocer, y que merecen saber quién es, ya que ha llenado de dignidad a todo el colegio, y se trata de... Dany Ramos, el hijo de este esplendido matrimonio de servidores de esta institución... Ven Dany, sube al estrado.

Mediante un fuerte aplauso que no cesaba, Dany, era un chico delgadito, no muy alto y bastante tímido, él se aproxima entonces y le hacen subir al estrado… Por ser hijo de la limpiadora y el electricista del instituto, concurría a ese colegio sin pagar, por lo cual, los demás chicos usualmente le menospreciaban y le trataban como a alguien inferior, por lo que le hacían toda clase de desprecios, él, era el que se sentaba bien al fondo de la clase para que no le vapulearan los otros chicos ni le despreciaran las chicas.

Una vez que sube al estrado, el Rector le da la mano, y dice:

—De corazón, te felicito Dany, no solo por tu conducta y por tus conocimientos, sino también por el sentido de humildad que has demostrado tener al enseñar algo muy profundo a todos sin hacer alarde de tu genialidad… Dany, eres un gran ejemplo para todos en este instituto, no solo por los logros conseguidos como alumno, sino por tu capacidad para ver al mundo y entender a la humanidad… A partir de ahora, este colegio te premiará con una beca paga hasta el final de tu carrera, porque es un orgullo tenerte estudiando con nosotros. —Concluye el Rector.

Finalizada la ceremonia oficial, la prensa le rodea, e interrogan al chico:

—Y dinos Dany, ¿en qué momento era que tú escribías esos poemas y pensamientos en el pizarrón sin que nadie lo supiera?

—Es que como mi madre trabajaba hasta la noche, yo venía a acompañarla para que no se fuera sola a casa, y mientras ella estaba limpiando en el edificio anexo, yo entraba al mío por la ventana de mi salón de clases, escribía eso de noche, y al otro día allí estaba cuando yo recién llegaba.

En eso se aproxima su maestra, Ana María, y Dany le pregunta:

—Dígame, ¿cómo usted supo que era yo el que escribía...?

—Oh, claro mi querido, claro que desde el principio yo lo supe, porque tu caligrafía es inconfundible, especialmente para tu maestra, es más, la directora también lo supo cuando yo se lo dije, y, además, evaluamos como te destrataban tus compañeros, por eso, ambas fuimos cómplices de tus actividades como el Zorro… Te felicito Dany, porque tú nos has enseñado mucho, y ya no pasarás más inadvertido en este instituto.

06. EL NAUFRAGIO Y EL AMOR

Tony era un joven jugador de fútbol de diecinueve años que se estaba destacando, cuando en la mitad del segundo tiempo en un partido amistoso, el Director Técnico pide hacer un cambio para darle el lugar a otro jugador ya que él estaba algo cansado y le indica que puede bajar al vestuario como es habitual, así fue que Tony se va directo al duchero... Ya en el vestuario, un hombre vestido de cuidador le felicita airadamente por sus jugadas, le dice:

—Oye chico, eres espectacular, con mi hijo te admiramos mucho y te acompañamos en cada partido… ¿te importaría darme tu camiseta para llevársela a mi hijo que quiere ser como tú?

—No hay problema, toma, puedes llevársela, y dale un saludo de mi parte.

—Gracias Tony… ¡esto le hará muy feliz!” —el hombre colocó la camiseta en una bolsa de plástico y de inmediato se retiró.

Tony vivía sólo con su madre Lucía, que era madre soltera, española de 47 años y que trabajaba en una tienda de ropa... Cierto día, ingresa un eventual cliente, que mira todo, y en especial le solicita a ella que le muestre algunas camisas, y notando su acento español le pregunta:

—De dónde es usted, pues tiene acento de española…

—Sí, así es, soy española, originaria de Madrid.

—Ah, Madrid, un hermoso lugar, yo lo visité hace ya varios años y quedé encantado, especialmente con su gente, son adorables —responde él también en español— Bien, mi querida madrileña… —dice él simpáticamente— lo que estoy buscando son camisas de buena calidad, estoy pensando en algo de mangas cortas y pueden ser a cuadros… ¿qué tiene para mostrarme? porque estoy renovando mi vestuario.

El cliente, era Dan Nolan, un apuesto hombre de cincuenta años que obviamente era alguien de muy buena posición económica, y según le comentó, le gustaba darse el lujo de comprar las mejores ropas y de la mejor marca. Así fue que Lucía le vio como a un gran cliente, ya que ella, como todos los vendedores, llevaban una comisión sobre las ventas, por lo tanto, además de ser muy atractiva, no dejó de ser también muy simpática.

Nolan, encantado con la vendedora, le prometió volver y observó a la salida, el cartel del horario que indicaba: “Abierto hasta las 19 horas”.

Tres días más tarde, faltando quince minutos para las 19 horas. Dan vuelve a la tienda, y busca dónde está Lucia, a la cual saluda amablemente en español con un:

—Muy buenas tardes señorita —ella sonríe y él le dice— Ahora vengo en busca de pantalones de jeans, pero recuerda, que sean de buena calidad y que hagan juego con las camisas que llevé el otro día, a ver, veamos qué es lo que tienes.

—Bien, señor Nolan… Entonces veamos jeans de buena calidad, vamos por aquí…

—Ah, veo que no ha olvidado mi nombre… Eso indica que es una muy buena vendedora, la felicito… Ah, por cierto, ¿cómo se llama usted?

—Yo soy Lucia…

—Bueno Lucia, así no tendré que llamarla de españolita —dice Dan simpáticamente.

—Ay, usted me hace reír, ojalá todos los clientes fueran así… Bueno, mire, aquí tiene tres modelos que son lo mejor que tenemos… ¿Quiere probárselos?

—Sí, así es, me los probaré —Dan ingresa al probador, y tras algunos minutos sale diciendo— Creo que me quedaré con estos dos… —en eso mira el reloj y dice— Oh cielos, que tarde se ha hecho, veo que ya han cerrado las puertas.

—No se haga problema —dice Lucia— No tengo prisa en irme.

—Bueno, si no tiene prisa, entonces para compensarla, ¿puedo invitarla a tomar un café? Yo tampoco tengo nada que hacer, ¿qué me dice?

—Bueno, me parece bien, le acepto el café, así relajo un poco antes de ir a encerrarme en mi casa.

—¿Vive sola…?

—No, vivo con mi hijo… Pero hoy está en el club y no viene hasta la noche.

Así es que ambos van a una cafetería, y charlan un poco sobre sus actividades, ella en su casa con su hijo, y él en su empresa de repuestos y accesorios de automóviles. La charla es amena, y ambos simpatizan mutuamente por lo que queda claro que entre ellos se gustan uno al otro.

Con el pasar de los días, la amistad se hace más notoria hasta que aparece el primer beso que luego sella la relación al final de forma más íntima.

Tras varios encuentros, la relación ya es un hecho, así que ella decide al fin presentarle a su hijo Tony, a quien ya le venía hablando de Dan y ante el cual, Tony no ponía una cara de mucho agrado, ya que él estaba acostumbrado a vivir sólo con su madre y a tener toda su atención, por lo que, como todo hijo de madre soltera, los celos hacen que vea en otro hombre una feroz competencia.

Percibiendo esto, Lucia retrasa la presentación de Dan ante su hijo, dejando pasar algunos meses, hasta que, al fin, viendo lo feliz que estaba su madre, ya que Dan la llevaba a cenar, le compraba ropas finas y la tenía como a una reina, Tony entonces parece madurar y finalmente acaba aceptando conocer a ese tal “Dan” que está saliendo con su madre, no sin antes avisarle que:

—Si ese hombre te llega a dañar de alguna manera, yo le rompo la cabeza.

Una vez que Lucía le avisa a Dan sobre la aprobación de su hijo que acepta conocerle, entonces marcan una cena para el domingo y Dan es esperado con cierta amabilidad por Tony, cuando Lucia se lo presenta.

Dan le abraza y comenta:

—Estoy orgulloso de conocerte, porque soy tu fan desde que fuiste la estrella de aquel partido en la final por el campeonato nacional hace cuatro temporadas...

—A sí, fue un gran partido aquel —responde Tony.

Así es que Dan le lleva la conversación por el tema del fútbol, como su gran admirador, donde demuestra sentir un notorio orgullo por el chico, cosa que a Tony le cae muy bien, pues Dan era un perfecto crítico y comentarista sobre el tema, donde defendía situaciones correctas que a Tony le habían fallado los jueces, esto le genera un gran aprecio, a lo que Dan, le propone todo tipo de ayuda económica para conseguirle al mejor representante que le pueda convertir en una estrella mayor en el fútbol.

Compenetrados en el tema del fútbol, ambos acaban dejando sola a Lucía mientras salen abrazados a dar una vuelta por el jardín comentando todo lo que a este deporte se refiere y a la forma en que Dan podía invertir capital en él, para que sea integrado a las ligas mayores, donde, no solo se requiere capacidad, sino también un apoyo económico en base a publicidad y prensa.

Tony en consecuencia, acaba aceptando bien a Dan, quien, con su fuerte estímulo, le brindó la confianza que al chico le había faltado siempre por la carencia de un padre, así que Dan fue aprobado totalmente no solo por Lucia, sino también por Tony que encontró en él a un Mentor que nunca había tenido.

Estando todos muy felices, se vuelven a reunir con total afecto dos o tres veces por semana, hasta que cierto día, Dan la invita a cenar a Lucia el viernes, diciéndole que sería un día muy especial, pues deberían hablar de algo muy serio, si bien, Dan se lo dijo en un tono tan cariñoso que ella no sintió miedo sobre lo que Dan le fuera a decir...

Una vez en un restaurante, Dan, le dice:

—Hoy tengo dos cosas muy importantes para decirte, estás pronta… Entonces, la primera es esta —Dan saca un anillo y le dice— Quiero casarme contigo, y quiero que no dudes ni un instante de que te amo, ¿tú me aceptas?

—Sí, claro Dan, claro que acepto…

Ahí ambos se dan un beso, luego, Dan continúa…

—Pero hay una segunda cosa que tengo que decirte y que es muy importante, antes de más nada, quiero que sepas que por sobre todas las cosas, no dudes de que yo me enamoré de ti, pero hay algo más en el pasado que te lo tengo que contar.

—¿De qué se trata Dan? no me asustes.

—No, no es nada malo, es solo que hay algo que creo que nunca te lo esperarías, veras… —Y ahí Dan comienza a hablar con ella largo y tendido por un par de horas... En eso, en algunos momentos ella lagrimea, sacude su cabeza y finalmente, entre llanto y sonrisas, ella termina abrazada a él.

Al otro día, Lucia le dice a Tony que esa noche vendrá a cenar Dan, y que quiere que esté presente para hablar de algo muy importante con él.

Siendo ya de noche, así que llega Dan, Lucía había preparado una deliciosa cena, y en cuanto toman un aperitivo, Dan propone un brindis por algo muy especial…

—Te explicaré Tony —dice Dan, en cuanto bebe un trago y tras un respiro, continúa— Hijo, la vida está llena de situaciones, así que te contaré algo de mi vida que tú lo tienes que saber...

—Bien, te escucho Dan…

—Hace muchos años, yo era un Especialista en Motores de Automóvil y la situación aquí no estaba bien, así que me llamaron de una empresa en España, y finalmente acepté una oferta de empleo con un excelente salario por tres años, así que marché a España con mi esposa, y allá tuvimos un hijo poco antes de terminar mi contrato y de regresar a Estados Unidos, así que sacamos los pasajes para volver en un barco donde abordamos con mi esposa y mi hijo de once meses... En esa travesía, se inició un incendio a bordo cuando estábamos ya cerca de la costa este, así que se solicitó auxilio, mientras entre los tripulantes y otros hombres que éramos pasajeros intentamos sofocar el fuego a bordo, yo le dije a mi esposa con mi hijo en brazos que corriera a donde estaban los botes salvavidas ante el eventual naufragio del buque, que es lo que intentábamos evitar. El bote salvavidas ya estaba comenzando a bajar, cuando mi esposa arrojó al niño sobre el bote donde lo atrapó una mujer, y luego ella intentó saltar, pero no consiguió apoyarse y sin hacer pie cayó al mar perdiéndose en las aguas...

Tras una pausa, Dan continúa:

—Finalmente, yo salté a un último bote con otros hombres, donde los que quedamos como sobrevivientes fuimos rescatados bastante tiempo después por diversos barcos que llegaron en nuestro auxilio, pero una vez en tierra, fue muy difícil encontrar a otros sobrevivientes entre los muertos y desaparecidos.

Sin condiciones, yo había quedado solo, había perdido todo, mi familia, mi documentación y el dinero, inicialmente, yo quedé internado por quemaduras y un principio de problemas pulmonares por el humo, en fin… Cuando fui dado de alta, no tenía más noticias de mi esposa ni de mi hijo... Así que tuve que ponerme a trabajar para poder sobrevivir ahora en Nueva York e intentar descubrir lo que había sucedido con ellos. Pasados los años, ya con una situación económica estable, contraté entonces a un experto en tragedias náuticas, que, tras muchas investigaciones, me informó que, en ese viaje, habían abordado cinco niños de menos de un año, incluido mi hijo, pero que, según los registros, habían sido rescatados cinco niños con vida de menos de un año… Esto me confirmó que mi hijo estaba vivo.

Contraté entonces a un investigador particular para que localizara a esos niños y uno a uno fueron siendo descartados, hasta que se llegó a la situación de que una mujer había abordado sola, pero salió con un hijo en sus brazos, el investigador finalmente, descubrió que el chico jugaba al fútbol, así que le solicitó su transpirada camiseta para poder hacerle un análisis de ADN, por medio del cual, se corroboró que ese chico, que en definitiva, era mi hijo, eres tú y que la mujer que lo recogió y lo salvó al niño para cuidarlo con todo su amor, era tu actual madre Lucia, a quien yo ahora, le he pedido que se case conmigo, porque su hijo, o seas tú, es también mi hijo y yo soy tu verdadero padre.

Tony, de inicio quedó mudo, luego, como despertando de un sueño, consiguió gritar,

—¡Papá!, ¡entonces yo tengo un padre, yo tengo un padre!

—Sí, así es hijo, y siempre lo tuviste, solo que no te pude encontrar antes, pero tu madre te cuidó bien, y ahora tendrás madre y padre en casa.

Tony comprendió que su padre no escatimó recursos para encontrarle, por lo tanto, él no había muerto como creía, y nunca le había abandonado.

Lucía, por su parte, no sabía quién era el padre de aquel niño que recibió en el bote antes de que su madre cayera al mar, y tampoco si se había salvado o no, pero finalmente, el milagro ocurrió, y ese milagro fue Dan Nolan, que ahora había aparecido y que sería su marido y padre de su hijo.

07. MARY Y EL PADRECITO

Mary tenía trece años, y ya empezaba a pensar como una señorita, por lo tanto, las fantasías fluían por su cabeza, muy en especial, cuando veía pasar frente a su casa, a un apuesto joven estudiante que siempre pasaba elegante de jeans y camisa a cuadros con sus libros debajo del brazo, el muchacho era un individuo que en ese entonces tenía ya veinte años.

En sus fantasías la niña lo miraba y suspiraba por él, como si fuera un príncipe azul que venía a buscarla en su corcel blanco, pero en realidad, el joven solo pasaba de camino a sus estudios. Mary se ponía entonces todas las tardes a la misma hora en la ventana o en el jardín para verle pasar. Un día, el joven notó la presencia de la chica que todos los días estaba allí mirándole sonriente, pero que solo era una niña, así que él le sonrió, a lo que ella también le sonrió muy simpáticamente. Cada día que pasaba ya era una sonrisa rutinaria, hasta que un día que ya estaba cimentada esa simpatía, entonces él levantó su mano y le hizo un ademán de “chau” acompañado de la habitual sonrisa, a lo que ella alegremente correspondió con su manito y su inmensa sonrisa.

El Joven se llamaba Carlos, vivía a solo dos cuadras de la casa de la niña y estaba estudiando en la universidad, por lo cual, él tenía que pasar frente a su casa para tomar el ómnibus que le dejaba en su lugar de estudios, por lo tanto, para él, aquella era solo una pequeña niña sin cualquier otro tipo de connotación de su parte, pero ello no duró mucho, pues al poco tiempo el joven desapareció del barrio por varios años.

Pasados ya siete años, la niña ya era ahora una joven que tenía sus veinte años y estudiaba piano, es decir, que ahora ya no era más aquella niña cuando él recordándola un día pasó y la vio sentada al lado de la ventana tocando el piano. Así que él pasó frente a la casa de la chica, ella le vio de espaldas cuando él ya se alejaba y le reconoció, lo que le reavivó aquella fantasía del príncipe azul.

Prontamente al otro día, ya se preparó para saludarle como antiguamente a su amado desconocido y le espera pronta en el jardín, cuando le ve venir desde lejos, pantalón y sobretodo negro con el cuello levantado y portafolios en la mano... Así que él se acerca, ella se aproxima al borde del jardín, y cuando él está a pocos pasos, ella le sonríe y también él reconociendo aquella sonrisa simpática, pero, cuando se aprestan a saludarse como viejos amigos, es cuando ella queda perpleja al ver que debajo del sobretodo, él lucía un collarín de sacerdote...

—Pero... ¿Tú eres Padre? —indaga ella.

—Si, en efecto hija, yo soy el Padre Carlos en la Iglesia del Barrio, estoy asistiendo al Padre Julio que está algo enfermo por su edad, por eso vengo aquí a la casa de mis padres... Esta noche la misa de las siete la doy yo, si quieres venir te espero…

—Bien Padre, por supuesto que iré... —dice Mary aún en estado de asombro. —Muy bien, nos veremos entonces... Ah, por cierto ¿cuál es tu nombre?” —dice el Padre.

—Mary, me llamo Mary Soca.

—Bien Mary Soca... hasta luego... —dice el Cura y sigue su camino.

A las siete, se inicia la misa y allá está el Padre Carlos, con toda su indumentaria que observa a los fieles cuando percibe que está la chica de barrio entre los presentes... Se desarrolla el culto, y al finalizar todo el mundo se retira, quedando solo Mary en el templo así que ella se acerca a la Sacristía, llamando:

—Padre Carlos, ¡Padre Carlos...!

—Aquí estoy hija, puedes pasar... —En eso él se estaba terminando de quitar la indumentaria de misa y colgándola en su lugar.

—Yo quería decirle que estuvo muy linda la misa y sus palabras...

—Gracias hija, si bien, la siento vacía, porque lo que me gustaría aquí sería tener algo de música para amenizar el culto y hacerlo más llevadero...

—Bueno, yo toco el piano —dice Mary.

—Sí, es cierto, el otro día te vi practicando en tu casa... pero aquí solo tenemos un órgano… ¿Sabes tocarlo?

—No hay problema Padre, solo necesitaría venir y practicar un poco de tarde si es posible.

—Claro hija, puedes venir a practicar ya desde mañana si lo deseas, yo estaré aquí todo el día.

—¡Si Padre, entonces mañana estaré aquí...! —Y se va feliz de la vida.

Al otro día, el Padre Carlos conduce a Mary hasta la parte superior donde está el órgano, y ahí entonces ella se sienta y comienza a practicar ya que nunca antes había tocado un órgano en cuanto el Padre Carlos la acompaña, así fue hasta la noche, a la hora de la misa.

El Padre Carlos estaba aún muy emocionado al estar al frente de una parroquia y no veía en esto nada más que una buena acción religiosa, así es que esta situación se repite día tras día, y, en definitiva, Mary pasaba más tiempo en la Iglesia con el Padre Carlos que en su propia casa.

Si bien el Padre Carlos tenía en su cabeza todo lo referente al tema parroquial, por la cabeza de Mary, las sensaciones eran otras muy distintas las cuales el cura aún no lo sabía... Bueno, no lo sabía hasta que un día ella le pidió para confesarse y él accedió como a toda feligresa.

Una vez en el confesionario, él se dispone a escuchar sus pecados y ella comienza:

—Padre, debo confesarle que yo hace tiempo que vengo pecando porque tengo sueños con un hombre...

—Bien hija, eso a tu edad es algo natural, eres una mujer joven.

—Pero es que yo tengo sueños lujuriosos con él, Padre.

—Bueno eso tampoco es algo muy extraño, porque son deseos de la carne.

—Pero el problema es que yo necesito decírselo Padre y no sé cómo hacerlo. —Bueno, dime, ¿él te corresponde en lo que tú sientes?

—De cierta forma sí, yo creo que sí Padre, yo siento que él también me ama. —Entonces, si tú le amas y sientes que él es para ti, lucha por él y no le dejes perder, porque eso es algo que Dios te ha mandado y no te lo perdonará.

—¿A usted le parece Padre...?

—Claro hija, el amor no se debe limitar, Dios es amor...

—Gracias Padre, entonces no le dejaré perder... él será mío.

—Bien hija, así se habla.

De esta forma termina la confesión, y ella se va a casa suspirando de felicidad.

Al otro día, Mary aparece más rozagante, llega más maquillada y con un precioso aspecto, impresiona de tal forma, que parece ser que es la primera vez que el Padre Carlos la ve como a una verdadera mujer.

—Cielos, hoy te noto muy diferente Mary —dice el cura cuando ella llega a la Iglesia como siempre.

—Es que voy a seguir su consejo Padre, lucharé por el hombre que amo y literalmente, ni Dios me lo va a quitar... —dice ella.

—Excelente, esa es una actitud verdaderamente positiva, te felicito, pareces decidida a atacar.

—Si Padre ¿le parece que ya estoy pronta para atacar?

—Bien, parece que sí, así que ve y hazlo.

—Si padre, lo haré… —Entonces ella se lanza sobre él y le prende un beso en la boca mientras el cura, sin saber lo qué hacer, instintivamente la abraza y culmina en un interminable beso que enciende todas las luces de alerta en el pobre cura ya totalmente descompaginado mentalmente.

De ahí en más, queda declarado un romance que parece imposible de volver atrás, Se prometen no volver a hacerlo, pero siempre aparece un beso en algún rincón escondido, razón por la cual, sin saber ya qué hacer, el Padre Carlos opta por confesar todo a su Obispo antes de que el hecho tome dominio público, porque hay gente que ya percibe alguna cosa rara entre el Cura y Mary. Una vez frente al Obispo, este le indica que lo que debe hacer es detener de inmediato esa relación insana y que debe arrepentirse por su falta de respeto al cargo ya en su primera designación como Padre.

El Padre Carlos intenta poner un freno a la relación con Mary explicándole que esto no es conveniente, si bien ella acepta, pero no deja de venir y de estar a su lado, pasando así dos años donde los sentimientos tratan de ser contenidos, pero finalmente, sucede lo que tenía que suceder entre un hombre y una mujer cuando ambos ya no controlan más sus instintos naturales.

A los pocos días, él recibe un aviso de transferencia para otra parroquia distante, donde debe poner fin a ese romance que le era prohibido, así es que con mucho dolor ambos se separan intentando dejar atrás aquella historia de amor.

Luego de pasar otros dos años de servicio como cura párroco, el Padre Carlos no cesaba de pensar en ella por más que o intentara evitar, pero cierto día, durante una misa del domingo cuando la Iglesia estaba llena de gente, como siempre él se dirige a los feligreses y de pronto, entre la multitud de personas, allá está Mary, sentadita y sonriéndole cariñosamente como siempre.

En esa homilía, él toma el micrófono y caminando libremente frente al púlpito habla de forma espontánea sobre los sentimientos y los dictados del corazón, lo que le llega muy profundamente a todos los participantes, pero ante todo esto, él toma la decisión de hacer una revelación y caminando lentamente por el pasillo central de la iglesia, ahora, él continúa de la siguiente manera:

—La homilía de hoy, no sólo la hago como sacerdote, sino también como hombre, porque soy un hombre que un día optó como carrera servir a Dios, pero no puedo servirle correctamente a Dios si tengo mi corazón en otro lugar, es por eso que, hoy debo hacer lo siguiente...

Acercándose a Mary, la mira y le pregunta:

—Dime Mary, ¿Si dejo los hábitos, aceptas casarte conmigo?

—Sí, acepto —dice ella sin titubear... Mientras todo el mundo aplaudió en la iglesia...

—Entonces, hoy concluiré mi última misa como sacerdote —dice el hasta ahora Padre Carlos.

Una vez que el Obispo es puesto en conocimiento, se quería morir y de inmediato mandó llamar de forma urgente al Padre Carlos. Sin hacerse esperar, este se presentó enseguida y así que llegó fue cuestionado entonces por el Obispo sobre su decisión, cómo iba a abandonar así los hábitos y dejar de lado su servicio al Señor...

—Bien Obispo —le dijo el cura— Más vale que sea usted quien lo entienda y tramite mi separación de la Iglesia, porque le diré una cosa muy importante, la chica en cuestión con la que mantengo este romance, se llama Mary Soca, pero sucede que su madre es la prima-hermana del arzobispo, es decir, el arzobispo en definitiva es su tío y no creo que él acepte que un sacerdote mantenga relaciones ocultas con su sobrina, ¿No lo cree?, ¿Ahora usted me entiende?

—Bueno... Puesto de esa manera, el asunto es bastante diferente y creo que también Monseñor así lo entenderá, déjeme que sea yo quien se lo explique ya que, como somos viejos amigos, yo sé cómo tratarle... Solo aguarde mis novedades —indicó el Obispo.

De hecho, el Padre Carlos fue cesado y pasó a ser simplemente el Señor Carlos, su casamiento fue celebrado en la primera iglesia donde Carlos y Mary iniciaron todo, la ceremonia entonces, contó con la participación del Obispo que fue el primero a tomar conocimiento del romance.

Ah... Nadie lo sabía, pero cuando se realizó el casamiento, Mary ya estaba en su segundo mes de embarazo... Esto, fue un secreto de confesión”.

08. EL RELOJ DE ETHEL

Comenzaban los años ‚50 cuando Sandy, que era una joven de 24 años vivía en Tucson, Arizona, donde estudiaba en la Universidad al tiempo en que trabajaba en el Centro Médico de la Universidad y era muy conocida por su simpatía y amabilidad. Su novio Greg, también estudiaba con ella, aunque estaban en diferente año lectivo. Terminando su horario de clases, el que salía primero esperaba al otro en la puerta dentro del auto de Greg.

Los estudiantes entre ellos por lo general se conocen las caras, así es que pasan sus compañeros y la saludan a ella mientras espera en el auto. Un día, cuando ella sale primero, llega al auto y se sienta como habitualmente en el banco del acompañante mientras espera a Greg, en ese momento, a través del parabrisas, observa en la vereda opuesta a su izquierda, la presencia de alguien que no era habitual del lugar, era un hombre de unos 35 años, pelo corto y barba prolijamente recortada, algo que le llamó la atención porque además de ser un tipo atractivo, su vestimenta parecía ser algo así como la típica ropa de un marino, con un suéter de cuello alto y un chaquetón azul marino.

Estaba este individuo con sus manos en el chaquetón, cuando ella notó que él observaba detenidamente a todas las chicas que salían del Centro de Estudios, si bien, observó que no demostraba cualquier connotación o interés de tipo sexual, sino más bien, como que estaba buscando a alguien. Por ser un caso poco común, mientras esperaba a su novio, ella no le sacó los ojos de encima hasta que Greg apareció y ambos partieron a comer algo antes de dirigirse al Centro Médico en donde ella trabajaba.

El caso se repitió de igual forma durante varios días, así que pasó casi una semana, desde donde ella dentro del auto le observaba mientras él repetía su misma actitud a cada día y siempre en el mismo lugar. Así que salían, Greg siempre hacia el giro con el auto hacia la derecha, por lo cual, el hombre quedaba del lado de Greg, pero, en esta oportunidad, deciden ir a hacer unas compras a un centro comercial, por lo cual, esta vez salen hacia la izquierda, así es que Sandy queda del lado del desconocido que, al pasar frente a él, el hombre la mira fijamente y ella observa que, al alejarse, él continúa siguiendo al auto con su mirada.

Sin decir nada, Sandy comienza a pensar de todo un poco, porque ahora no era ella quien le observaba, pues pasó a ser ella como la que había quedado en el punto de mira de este desconocido, un hombre que podría ser cualquier cosa, un delincuente, un secuestrador, o un asesino, así que ella permanece callada pensando que tal vez con su mirada ella le provocó o quien sabe lo qué.

Al otro día, al salir, y abordar el coche de Greg, el hombre ya no estaba en aquel lugar, así que salen y como era habitual van a comer algo al mismo lugar de siempre, y así que se sientan al lado de la ventana, ella ve estacionar un auto del cual baja el extraño marino. El individuo entra y se sienta en una mesa a pocos metros de ellos, en cuanto ella percibe que él la mira de forma insistente, por lo cual, decide contarle a Greg lo que sucede.

Greg, algo nervioso, si bien no tenía físico de peleador, se levanta y va hasta la mesa del extraño y le encara como si fuera un bravucón:

—Oiga, ¿Quién es usted... qué le pasa? ¿Por qué está siguiendo a mi novia...?

—Calma chico, calma —le dice el extraño— ¿Cuál es tu nombre...?

—Yo soy Greg... qué es lo que usted quiere?

—Mira Greg, no hay nada de malo, solo necesito hablar con tu novia sobre algo muy importante y no es nada que tu no puedas escuchar... ¿Puedo sentarme en la mesa junto a ustedes?, les explicaré...

Extrañado Greg, asiente con la cabeza y ambos se dirigen hacia la mesa donde está Sandy.

Llegando a la mesa, Greg y el extraño se sientan, entonces el hombre le dice: —Hola, ¿tú eres Sandy, la pequeña a quien llamaban Siny? —Y sacando una foto de la agenda se la coloca delante de ella

—¿Esta eres tú, no es cierto?

—Siny... Sí, así es, así me llamaban de niña en el colegio, pero, ¿cómo usted lo sabe, ¿cómo tiene esta foto?, ¿quién es usted?

—Bien, responde el extraño, tú no me conoces, mi nombre es Mat Borg, soy un Oficial de la Marina Mercante y en realidad no es a ti a quien yo estoy buscando, sino a tu amiga Ethel, la chica que está contigo en esta foto, es un asunto de familia… Por lo que sé, fue tu madre quien le hizo llegar esta foto a alguien y le escribió que tú estabas en la Universidad de Arizona y que habías estado con Ethel cuando se sacaron esta foto, pero es a Ethel a quien ahora yo debo encontrar, y es por algo muy importante para ella, necesito que me ayudes... A ti te pude localizar porque tu madre dijo que estudiabas aquí y tu lunar en la mejilla derecha era la única referencia que yo tenía para poder hallarte, así que, no temas, yo solo espero que tú me puedas conducir hasta Ethel, porque seguramente, sé que ella te lo agradecerá.

Ya más tranquila y reconfortada, Sandy le dice:

—Bien, Ethel estaba casada con el dueño de un restaurante y vivía en Phoenix, pero no tengo su dirección, solo sé que ella se dedicaba al negocio de objetos de arte usados y antigüedades, pero nunca más tuvimos contacto.

—Muy bien Sandy, no es mucha cosa, pero con eso intentaré localizarla de todos modos.

De esta forma, Mat se despidió amablemente y luego se retiró del lugar.

Una vez que ha llegado a Phoenix, Mat alquila una habitación e inicia la búsqueda de una casa de artículos de arte usados y antigüedades, así que, con la guía telefónica en manos, sale a la búsqueda de Ethel sabiendo que, en definitiva, ella al igual que Sandy, era una joven de 25 años ya que ambas eran amigas del colegio desde niñas.

La búsqueda no resulta para nada fácil, pues en cada casa de arte o antigüedades que llegaba, solicitaba hablar con la dueña, por lo tanto, si era una mujer mayor ya la descartaba. En una de las tiendas de arte y antigüedades que ingresa, también le atiende una señora mayor, por lo cual desiste, pero, al salir, ve en un rincón una maqueta de un barco que, como marino, le llama la atención y entonces pregunta el precio, la señora le dice que no lo sabe pero que va a ver con la dueña del local, tras lo cual, aparece del fondo de la tienda una joven que le dejó mudo.

Si bien ahora tenía el pelo más corto, lo cual le daba una imagen bastante más juvenil, en mucho se parecía a la joven de la foto... Ella le atendió con gran amabilidad, por lo cual, viendo que el parecía ser un marino, le aplicó todo lo que tenía como argumentos de venta al hablarle sobre la maqueta del barco.

Mat, escucha a la chica y mira al barco, hasta que interrumpe y dice:

—En efecto, es una muy buena réplica del Albion One, un barco que tiene un gemelo el Albion Two, es que yo conocí a uno de los capitanes que tuvo esa nave… Pero en realidad, yo vine por otra cosa señora… —Y entonces saca de su saco un antiguo reloj de bolsillo con su tapa de oro y su cadena, y se lo muestra, ella decepcionada porque pensó que iba a vender la maqueta del barco, pero en cambio, le salen ofreciendo para venderle a ella reloj, esto le cayó como un balde de agua fría en la cabeza.

—No señor, es que ahora no estamos comprando nada —dijo la joven sin siquiera mirar el reloj.

—Entiendo —dice Mat— Pero este reloj no está a la vente, insisto en que lo vea, solo deseo que usted lo mire detenidamente y me diga cuál puede ser su valor aproximado, ¿Podría hacerme ese favor? —dice Mat amablemente.

La joven, sin disimular que estaba algo enfadada, entonces toma el reloj y se dirige hasta el mostrador donde lo coloca sobre una mesa cubierta con un fieltro aterciopelado para no dañar joyas caras, lo mira, abre su tapa que tenía una pequeña inscripción y el nombre de su dueño, lo observa detenidamente y sin decir palabra, no puede contener un llanto espontáneo que le brota naturalmente al tiempo que pregunta:

—¿Qué es esto?, ¿dónde usted lo consiguió?

Mat saca entonces de su agenda la foto de ella con Sandy y le pregunta:

—Dígame, ¿es usted Ethel Lampbert no es cierto?

Ella suspira y observando la foto, dice:

—Sí, yo soy Ethel Lampbert...

—Bien... entonces preciso hablar contigo, ¿podemos sentarnos en algún lugar tranquilo?

—Sí, seguro —responde ella, y lo hace pasar a una pequeña sala que tiene como escritorio donde ambos se sientan y él comienza:

—Bien, le explicaré porqué estoy aquí... Mi nombre es Mat Borg, soy Oficial de la Marina Mercante... Los últimos tres años fui el Segundo Oficial a bordo de un Barco bajo el mando de un Capitán que me enseñó mucho y que me hizo crecer profesionalmente, por lo cual, yo le tenía mucho aprecio y teníamos una excelente relación, era como un padre para mí, ese hombre era el Capitán Lampbert, es decir, era su padre...

Ella se emociona, y tras un momento, él continúa:

—De noche en el Puente del Barco mientras navegábamos, él por lo general se ponía a charlar conmigo, hablábamos de historias de mar, de nuestras vidas, e incluso de nuestras familias... Un día, él me contó que su esposa, o sea tu madre, siempre estaba disconforme, que ella se irritaba por todo, y que finalmente, al regresar de un viaje de casi dos meses, volvió a casa y estaba vacía, no había nada ni nadie, dijo que tú tenías unos once años en ese entonces...

—Sí, es cierto” —afirma Ethel— Yo adoraba a mi padre, él era muy cariñoso conmigo, siempre me traía regalos, pero a los once años mi madre me dijo que papá nos había abandonado, así que vendió todo y me llevó con ella, por lo que vivimos en diferentes lugares...

Mat entonces continúa:

—Según me dijo, el Capitán, estando en el puerto en Nueva York un día que bajó a tierra, casualmente se encontró con una vieja amiga de la familia, la madre de Sandy, esta le dijo que su hija estaba en la Universidad en Tucson y que un día te había encontrado, así que le prometió enviarle más información a tu padre... Un tiempo después, tu padre recibió una carta con esta foto, desde entonces, era todo lo que él tenía de ti y lo lamentaba...”

—Entonces él nunca nos abandonó –indaga Ethel.

—No, él nunca las abandonó, es más, aun así, él amaba a tu madre… El caso es que, hace tres meses, un día de fuerte tempestad en el mar, tu padre cayó desde una escotilla y las lesiones que recibió fueron de extrema gravedad. Le recogimos y llevamos a la enfermería, pero el médico en medio de esa conmoción donde todo volaba por los aires y sin mayores recursos quirúrgicos, nada pudo hacer... Yo le acompañé hasta sus últimos momentos, cuando él, aún con plena conciencia, me entregó este reloj y me pidió que le prometiera que te lo haría llegar a ti... Así es que aquí estoy, cumpliendo con la promesa que le hice a mi viejo Capitán Lampbert, un hombre que murió pensando en esa amada hija que eres tú.

Llorando, Ethel colocó aquel reloj contra su pecho, diciendo:

—“Recuerdo que de niña yo le solía dar cuerda mientras mi padre me sentaba en su falda y me contaba alguno de sus cuentos de marinos... Mi madre me mintió cuando fue ella quien lo abandonó, yo estaba engañada y por eso nunca le busqué.

—Bien, nunca olvides a tu padre, él fue un hombre bueno, honesto y excelente comandante... Por cierto, la maqueta que tienes ahí del Albion One, nunca la vendas, porque es la del gemelo al Albion Two, que fue el primer barco que comandó tu padre... —finalizó Mat.

Cumplida ya su misión, Mat se despidió de Ethel y ella le respondió:

—Le prometo Mat, que jamás olvidaré a mi padre, y tampoco a usted por haberme traído la verdad a mi vida junto a este recuerdo tan valioso... Le agradezco el esfuerzo que ha hecho para cumplir con su promesa a mi padre.

Conforme, Mat se retiró y volvió a su hábitat natural, que era su barco y el mar.

09. LOS RETRATOS DE HELEN

Helen era una de las niñas ricas de la clase, ella, además de ser linda era hija de un prestigioso médico de la ciudad cuya familia gozaba de buena fortuna cuando ella tenía 15 años, aunque frecuentaba la Secundaria Local en aquella localidad de Sarasota en Florida.

Todos la respetaban, porque sabían que su padre era un hombre muy estricto, un individuo religioso, de mucho carácter que no aceptaba que nadie se acercara a su hija y ella era muy respetuosa de las imposiciones de su padre, así que no era juego fácil y todos lo sabían.

Al mismo tiempo, en la clase estaba Juan, un chico de 17 años, origen latino y relativamente pobre, además de ser muy tímido y retraído para hablar con las mujeres, razón por la cual, él sabía que no existía ninguna posibilidad de aproximarse a aquella chica a la cual él admiraba y soñaba con tenerla un día en sus brazos, aun sabiendo que en definitiva era un amor prohibido de adolescente, pero que eso no le prohibía de soñar con ella.

Por lo general, él siempre llevaba junto con sus libros una carpeta de dibujo que, como casi no tenía amigos, nadie sabía ni se interesaba por lo que guardaba en ella.

Juan se sentaba al fondo, y no dejaba de mirar disimuladamente a su admirada Helen, hasta que un día ella percibió que él disimuladamente la miraba tratando de ocultar su interés por ella. Helen era muy simpática, pero un simple “hola” para ella era un saludo suficiente para cualquier chico, así que a nadie le negaba el saludo, incluso a Juan, aunque percibía que, por su timidez, Juan se ruborizaba cuando ella lo miraba y aun cayéndole simpático por su inhibición, a ella no le parecía desagradable, pero tenía el problema de ser latino y pobre, razones suficientes para no pensar en él.

Un día, durante el recreo de quince minutos que tenían a medio turno, Juan fue a la cafetería a tomar algo y en ese momento, Helen percibió que había dejado el dinero en su cartera, así que volvió al salón de clase y una vez adentro, curiosa como toda mujer, al no haber nadie, fue hasta el pupitre donde se sentaba Juan y abrió su misteriosa carpeta, para su sorpresa, lo que tenía eran dibujos hechos a mano, pero lo más impactante es que eran dibujos de ella misma vista de diferentes ángulos, en diferentes posiciones y resultaban ser algo así como fotografías de ella tomadas en momentos especiales de descontracción.

Helen cerró la carpeta y no pudo ignorar que, la admiración que ese chico tenía por ella, la había convertido sin saberlo en su “musa inspiradora”. Al ir a la cafetería, no pudo dejar de mirarlo y vio como el pobre Juan bajaba la cabeza intentando disimular que él también la miraba a ella. Ella empezó a sentir por él algo así como una pena por ese amor imposible mezclado con una sensación de cariño por ser alguien de tan profundo corazón.

Terminado el curso a fin de año, todos se despiden y cada uno ahora debe seguir su rumbo de acuerdo a sus planes de vida, así que muchos no volvieron a verse más.

Helen decide dedicarse a lenguas, y se convierte finalmente en profesora de francés, dictando clases en diversos centros de estudio y universidades.

Transcurre el tiempo y ya con treinta y cinco años, por causa de las estrictas normas impuestas por su padre, Helen nunca se casó ni tuvo un novio, hasta que finalmente sus padres murieron y ella quedó rica, dueña de una excelente herencia que le dejó su padre.

Bueno, ya es hora de vivir la vida pensó Helen, así que decidió viajar a Francia para mejorar su conversación con la gente local en su propio medio de vida de forma habitual.

Arribando a Paris, Helen fue a un hotel céntrico desde donde se apreciaba la mejor vista de la Ciudad Luz, acomoda su ropa en los armarios, se prepara, se cambia de ropas, y ya está pronta para salir a conocer las maravillas de París…

En esos días, se fue a almorzar a diversos restaurantes tradicionales, y a conocer los lugares más emblemáticos, como la Torre Eiffel, el Museo de Louvre, el Palacio de Versalles, y todos los puntos atractivos de Paris, lo que luego fue seguido de paseos por los principales parques de esta ciudad.

Ya hacían diez días que estaba en París y su forma de hablar parecía ser de alguien natural del lugar. En sus paseos, decidió recorrer también las casas de arte y antigüedades, donde aprecia de lo bueno lo mejor, grandes obras de grandes artistas, hasta entrar en una Galería de mucho renombre, en la cual se exponen obras de reconocidos artistas, y entre ellos una colección de arte impresionista maravillosa del pintor Jean Blanc, más adentro en un corredor de la galería, encuentra también una serie de retratos en exposición del mismo Jean Blanc que son hechos a lápiz y carbonilla, asombrada Helen aprecia estos trabajos así que llama a una de las asistentes de la galería:

—Dígame, ¿Cuánto cuestan estos cuadros? —Indaga Helen.

—No Señora, esos cuadros son de propiedad exclusiva del artista y solo están en exposición, pero no se venden por ningún precio según indicación del autor.

—Ah, bien —dice ella— Me gusta mucho su trazo, ¿sabe usted dónde se le puede encontrar al Señor Jean Blanc? —pregunta Helen.

—Eso no se lo sabría decir, tendría que hablar con la Gerente de la galería para eso...

—Bien, ¿cómo se llama ella por favor...?

—Ella es la Señora Margot.

—Bien hablaré con ella entonces, Muchas Gracias.

Helen va a la Gerencia de la Galería y pregunta por Margot...

—Sí, yo soy Margot, ¿que desea señorita?

—Ah, yo quería hablar personalmente con el Señor Jean Blanc y necesitaría su dirección o teléfono.

—Lo siento mucho, señorita, pero eso es imposible, él no recibe a nadie personalmente.

—Mire, se trata de un muy importante asunto de familia y yo necesitaría hablar con el Señor Jean Blanc de cualquier modo ¿Usted no podría darme su dirección...?

—No señora, lo que pasa es que tenemos la prohibición directa del artista de dar su dirección a cualquier interesado. Él nos exige que todo lo referente a su persona sea tratado por nosotros que somos quienes le representamos.

—Señorita, es que este caso no se trata de algo relativo al arte, es por algo vinculado a una cuestión de herencias... ¿Usted me entiende?

—Bien, en ese caso, no quiero que el Señor Blanc pierda una herencia por mi culpa, está bien, le daré su dirección, aquí la tiene...

Satisfecha, Helen sale con la dirección del famoso Jean Blanc, pero ahora, ¿dónde queda este lugar? Así que, llegando al hotel, solicita asistencia sobre esa localidad y buscando en un mapa, le indican que se trata de un pueblucho perdido en un lugar llamado Le Gateau, entonces, ella solicita alquilar un auto y allá sale en busca de ese paraje medio perdido en la campiña francesa.

Helen lo toma como una divertida aventura, así que de mapa en mano, sale a enfrentar las carreteras francesas. El viaje es largo y varias veces se mete por caminos equivocados, pero, al fin y al cabo, acaba llegando al poblado donde debe vivir el famoso Jean Blanc, así fue que se detuvo y entró en una pequeña posada para descansar, comer algo, e informarse acerca de dónde queda la dirección que traía apuntada.

El dueño de la posada es quien la atiende y le dice:

—A si señorita, yo conozco al señor Blanc, pero su casa, si bien queda en este municipio, está a unos diez kilómetros de distancia, yo le explicaré cómo llegar.

Viendo que ya se hacía tarde, no tendría tiempo para ir, encontrarle y volver para luego regresar a París, ella decide entonces alojarse en la posada para cenar algo tranquilamente, tomar un baño, descansar, e ir al otro día de mañana bien temprano para ver al artista.

Al día siguiente, se desayuna, confirma bien sobre cómo llegar a la casa de Jean, toma sus cosas y se va. Recorridos los kilómetros, al fin, allí está la casa que le habían indicado con una gran entrada y un amplio lugar para estacionarse, así que acerca el auto, estaciona frente a la casa y se baja para golpear la puerta mientras ve que las ventanas están abiertas, y las cortinas corridas, así que se aprecia el interior de la misma... Observando curiosa, ella ve en la pared un inmenso cuadro, de una mujer desnuda que cubre su cuerpo con un velo y para su sorpresa, su cara, no le era para nada extraña.

Helen venía con su cabeza cubierta por un pañuelo y usando grandes lentes de sol... Ella se dirige a la puerta que está en el lateral de la casa para llamar cuando siente en el fondo los golpes de un hacha cortando leña, ella sigue por el lateral de la casa y se asoma al fondo donde ve a un hombre que estaba de espaldas, cortando leña.

—Buenos días —dice Helen, y cuando el hombre se da vuelta, ella le pregunta: —¿Es usted el señor Jean Blanc...?

—Sí, soy yo, ¿en qué puedo servirle?

Y a medida que ella se acerca, si bien lleva la cabeza cubierta con el pañuelo y los lentes de sol no permiten ver el rostro completo de la mujer, pero solo el formato de su boca remueve mil sensaciones e imágenes en la cabeza del pobre hombre. Si bien se percibe el estado de exaltación en el individuo, ella consigue mantener su calma...

—Yo vi sus obras en la Galería Margot en París, y quería saber algo sobre unos retratos suyos que hay en lápiz y carbonilla, ellos me dijeron que usted no desea venderlos...

—Pues, sí, en efecto, le informaron bien, porque eso es algo muy personal y no están a la venta —responde el artista.

—Supongo que debe existir alguna razón muy profunda por la cual no quiera venderlos, pero tal vez podríamos llegar a un acuerdo...

—No, no, de ninguna manera, son algo muy especial, son algo personal que prefiero mantener en privado —responde él.

—¿Será que es porque son un recuerdo de la Secundaria en Sarasota, señor Juan Blanco? —Juan Blanco era su nombre original que luego en Francia él modificó para Jean Blanc. Tras decir esto, ella se quita el pañuelo de la cabeza, y se saca los lentes diciendo:

—¿Ni siquiera a su musa inspiradora se los vendería?

Jean queda petrificado, se le cae el hacha de las manos y casi que tartamudeando le pregunta:

—¿Tú, tú, tú eres... Helen?

—Sí, así es, yo soy Helen y tú parece que sigues siendo el mismo chico tímido de la secundaria... Juan, no has cambiado en nada.

—Bueno, es que yo, es decir, bien, pero ¿cómo sabes que eres tú la musa de los dibujos?

—Es que un día, mientras tú fuiste a la cafetería, yo regresé a la sala y vi tu carpeta... Así que ¡no me engañas Juan!

—Bueno, sí, es cierto” dice él, pero yo soy un latino y vengo de una familia muy pobre.

—Bien, mis padres ya fallecieron, así que no hay nadie más que yo para juzgarte y yo siempre te aprecié, así como tú eres, con tu creatividad y tu timidez, además, ahora ya eres un hombre famoso por lo que veo...

—Si, en efecto, estoy muy bien reconocido como artista a nivel internacional —afirma Juan.

Tras este encuentro, él la invita a quedarse para almorzar, pero cuando van a entrar a la sala, él se detiene recordando que está el cuadro semidesnudo de Helen en la sala, pero en eso, ella lo mira y le dice...

—Sí, ya lo sé, ya lo vi por la ventana al llegar, ese cuadro está precioso, más allá de que mi cuerpo haya sido puramente imaginario, porque nunca me viste sin ropas…

Juan tenía una cocinera, así que ella se queda a almorzar, pero al llegar la noche él le insiste para que ella se quede en la casa pues tiene varios cuartos, en efecto, ella se acaba quedando uno y otro día, no queriendo salir más de aquel lugar maravilloso donde la paz, el aire y también la buena vida que llevaba Juan, quien solía recibir a algunas amistades locales que tenía, la hacen sentir tan bien que al final, la propuesta de matrimonio no se hace esperar y el sueño de aquel adolescente se acaba tornando realidad.

Ambos viajaron varias veces a Estados Unidos, pero volviendo siempre a aquel lugar de ensueño en la campiña de Francia, donde él realizó sus mejores obras siendo una de ellas, la de formar una familia con Helen.

10. EL SECUESTRO DE HERMES

Nelson era un corredor de seguros dedicado a Empresas Constructoras, y viajaba de Rio de Janeiro al norte para visitar varias obras en construcción y cerrar contratos.

Al poco rato de salir del perímetro urbano, en la carretera divisa a un hombre que sale del medio de unos arbustos, haciéndole señas con ambos brazos para que se detenga, y a medida que se acercaba, como buen vendedor, sabe juzgar a las personas con solo un vistazo y reparó que, si bien el hombre estaba desarreglado, sin afeitar, camisa sucia y ropa arrugada, también percibió que ningún vagabundo usa pantalón con zapatos de vestir y camisa, aunque sucia, pero blanca.

Nelson consideró que no era alguien peligroso, así que detiene su marcha, y el hombre con mucha delicadeza le solicita si le podría “dar una carona” como se dice en Brasil, quien pide se le acerque en su auto hasta algún lugar.

Nelson acepta y le pregunta:

—¿Hacia dónde va usted?

—Yo voy hasta Juiz de Fora —esta es una ciudad cercana, pero en el Estado de Minas Gerais...

—¿Usted vive allí? —le interroga Nelson.

—No, no, voy a buscar a alguien —responde el hombre.

Y así la conversación continúa:

—Bueno, yo me llamo Nelson, ¿cuál es su nombre?

—El mío es... Joao, Joao Gómez —Obviamente Nelson percibe que está mintiendo, porque ese es un nombre y apellido brasilero, y el hombre tenía un fuerte acento alemán, así que continúa porque obviamente era un tipo que más que generar miedo, era alguien que temblaba de miedo al responder.

Entonces Nelson, observando que aquí había algo extraño pues este hombre no era quien decía ser, continúa:

—¿Y de que trabaja usted...?

—Yo... ah, yo soy pintor, pinto casas...

—Ah, sí —dice Nelson— Me parece perfecto, porque ya que está, mire, yo tengo que pintar un galpón de madera en una casa de campo que tengo aquí cerca, ¿a usted le interesaría hacerlo?

—Bueno, lo que pasa es que yo... ahora no puedo, tengo que llegar a Juiz de Fora y después debo seguir viaje.

Nelson cavila un poco, y de pronto sale de la ruta y detiene el auto... Ahí, con un gesto de “basta de tonterías” le dice:

—Vamos hombre, usted no se llama Joao Gómez ni es pintor... por sus manos se ve que usted nunca tocó un pincel en su vida y su ropa se ve que es de marca y no son cosas de un obrero... Vamos, dígame que está pasando aquí y por qué usted me viene mintiendo.. —al tiempo que hace alarde de tener un arma entre sus ropas.

El hombre temblando y casi que, llorando, le dice:

—Bien, le contaré todo... Es que yo fui secuestrado y permanecí encerrado hace varios días, no sé cuántos, perdí la noción del tiempo, pero anoche me conseguí escapar y busqué ayuda para salir de Río de Janeiro, solo debo salir del Estado.

—Bueno, pero ¿por qué no me lo dijo desde un principio?, ya le habría llevado hasta la Policía.

—No, por favor, ¡la Policía no!, los que me secuestraron son un grupo terrorista con vínculos políticos y tienen a mucha gente, incluso en la Policía de Rio donde muchos trabajan para ellos, por eso, necesito llegar a otro estado donde pueda hablar con la Policía Federal, lejos de Rio.

—Pero, ¿cuál fue la razón de su secuestro...?

—Es que yo soy el Gerente Comercial de una Multinacional Alemana, a la cual le han solicitado una suma millonaria para supuestamente dejarme en libertad, si bien, sé que los terroristas no lo harán, porque escuché algunos nombres importantes de la política, y ellos no permitirán que yo los divulgue... ¿Me entiende?

—Entonces, ¿cuál es su verdadero nombre? —Indaga Nelson— Si voy a ayudarle debo saber de quién se trata.

—Bien, mi nombre es Hermes Schneider, mi empresa es una filial alemana y yo fui secuestrado en Sao Paulo, por eso me dirijo hacia el norte, ya que ellos me deben estar buscando en el sur, entre Rio y Sao Paulo, seguramente, cuando me encuentren me matarán para que no hable. Cuando me hicieron hablar por teléfono para demostrar que aún estaba con vida, yo mezclé palabras en alemán, para que retrasaran todo lo posible, porque sería ejecutado una vez recibieran el dinero.

—Muy bien —dice Nelson— haremos lo siguiente, a poca distancia hay una estación de gasolina donde paran los camioneros, allí usted se podrá asear, afeitar, y yo le daré alguna ropa de mi valija para que se cambie, así no va a llamar la atención en la frontera del Estado, luego, seguiremos adelante hasta resolver el caso.

Así fue que llegaron a la frontera y pasaron del Estado de Rio de Janeiro a Minas Gerais sin levantar cualquier sospecha, y una vez del otro lado, siendo ya casi de noche, siguieron hasta un pequeño hotel en Juiz de Fora, registrándose como corredores de seguros, donde solicitaron la cena en el dormitorio mientras asistían en televisión el noticiario local al tiempo en que Nelson elaboraba un plan estratégico.

Al otro día, Nelson se comunica con el Canal local de TV, y solicita hablar en privado con el director del Noticiario, para lo cual, va solo y se reúne con él diciéndole que se trata de un asunto “muy importante y de su interés”. El director entonces, a puerta cerrada le escucha atentamente, mientras Nelson le explica entonces al director del noticiario:

—¿Está usted en conocimiento del caso del ejecutivo secuestrado en Sao Paulo?

—Sí, así es, hemos estado acompañando ese caso.

—Bien, el hombre se ha escapado, y yo lo estoy ayudando, está en un lugar seguro, porque sus secuestradores son un grupo terrorista donde existe la implicación de Políticos de mucho renombre, y de gente de la Policía de Rio, entonces, la salida sería entregarse ante un medio de prensa, con la filmación del hecho y con la presencia de la Policía Federal, que, siendo de conocimiento público a través de la prensa en vivo y en directo, esto sería una garantía de que no se produzcan atentados, y él quedaría de este modo protegido de eventuales acciones por parte de policías corruptos al servicio de los políticos involucrados… Todo esto, debería ser transmitido en directo a fin de evitar trampas, por lo cual, el Canal de TV sería el nexo entre el secuestrado y la Policía Federal… ¿Qué me dice?

—Bien, perfecto, lo haremos mañana mismo… Vamos entonces a delinear el plan.

Todo combinado, el Canal se encarga de contactar y obtener la aprobación de la Policía Federal para que se proceda de acuerdo a lo pautado, caso contrario, el secuestrado no se entregaría por temor a ser emboscado y ejecutado por los corruptos cómplices del terrorismo.

De hecho, el Director del Canal, comprendiendo la responsabilidad que representa esta situación, prepara todo en total sigilo con el Delegado de la Policía Federal... En definitiva, establecen que todo ocurriría a la hora 20, durante el noticiario principal.

El canal entonces, solo anuncia que transmitirá un evento muy importante a esa hora... La Policía Federal, también estaba apostada con varios vehículos y guardia armada, hasta que llega Nelson con Hermes.

Llegado el momento, allí están, las cámaras en la puerta del Canal transmitiendo todo, registran desde el arribo hasta el final de las declaraciones públicas de Hermes. Así que, a partir de ese momento, todo fue trasmitido en vivo, donde Hermes realizó las declaraciones ante el Delegado de la Policía Federal que revelaron su secuestro, su cautiverio, y el escape, con toda la información recogida mientras la Policía ya advertida, se movía para capturar a los secuestradores.

Finalmente, Hermes se despide con un gran abrazo de Nelson como dos grandes amigos mientras la policía le conduce a un lugar seguro hasta que por fin Hermes consigue regresar en total seguridad a su casa en Sao Paulo, la que ya era una fortaleza rodeada de guardias de la Policía Federal que le protegían a él y a toda su familia.

Nelson, continuó su viaje de negocios acompañando el caso de Hermes ahora por medio de la prensa, por lo cual, periódicamente le llamaba por teléfono para ver cómo estaba.

Esto, finalmente generó un vínculo entre las familias de ambos protagonistas, que se extendió por largo tiempo llegando a compartir juntos vacaciones en lugares exóticos del Caribe.

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9788468562568
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