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Editado por Harlequin Ibérica.
Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.
Núñez de Balboa, 56
28001 Madrid
© 2021 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.
E-pack Bianca y Deseo, n.º 226 - enero 2021
I.S.B.N.: 978-84-1375-307-2

Índice
Seduciendo al hombre equivocado
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Capítulo Cuatro
Capítulo Cinco
Capítulo Seis
Capítulo Siete
Capítulo Ocho
Capítulo Nueve
Capítulo Diez
Capítulo Once
Capítulo Doce
Capítulo Trece
Capítulo Catorce
Capítulo Quince
Capítulo Dieciséis
Si te ha gustado este libro…
Una noche en Montecarlo
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Epílogo
Si te ha gustado este libro…
Capítulo Uno
Solo se había tomado dos copas de champán, pero estaba empezando a sentirse algo aturdida. Sin lugar a duda, debía dejar de beber alcohol. Honor Gould había aprendido a la fuerza, observando a su madre, lo que ocurría cuando una pasaba de sentirse aturdida a estar borracha, y de estar borracha a tomar decisiones equivocadas y estúpidas.
El ruido en aquel bar de hotel de Seattle se había vuelto ensordecedor con la llegada de todos los delegados de la conferencia. A Honor siempre le sorprendía que, personas que eran tan profesionales durante las horas de trabajo, se volviesen tan caóticas cuando se relajaban. Ella no solía dejarse llevar, mucho menos, estando entre extraños. No, Honor tenía un plan y no pensaba emborracharse.
Uno de sus compañeros le ofreció otra copa de champán, pero ella la rechazó.
–No, gracias. Ya he bebido suficiente.
–Oh, venga. Tienes que celebrar que te han nombrado interiorista comercial del año –protestó él.
Honor aceptó la copa por hacerlo callar y la levantó a modo de brindis, pero no se la llevó a los labios.
–Gracias –le dijo, sonriendo a pesar de que en realidad se sentía molesta con la situación.
–Eso está mejor –le contestó él antes de darse media vuelta para marcharse.
Honor se apartó de la multitud y buscó un lugar tranquilo junto a la barra. Desde allí podría dedicarse a observar antes de subir a la habitación que había reservado en el mismo hotel, para asegurarse de que llegaría a tiempo a la ponencia que tenía que dar a primera hora del día siguiente, antes de ir a trabajar. Dudaba de que fuese a tener mucho público, ya que sus compañeros iban a preferir dormir hasta tarde después de aquella fiesta, pero no le importaba. En realidad, lo que más le interesaba era poder añadir aquella charla a su currículum. Tras salir de las cloacas en las que había vivido con su madre, Honor tenía claro que quería tener éxito. El premio que había recibido aquella noche, la charla que iba a dar al día siguiente eran pequeños pasos necesarios para alcanzar su meta. Para conseguir seguridad, confort, alternativas.
Dejó la copa de champán encima de la barra y pidió un agua con gas al camarero. Se la bebería y subiría a la habitación. Nadie la echaría en falta y podría dedicarse a repasar las notas para el día siguiente.
Estaba terminándose el agua cuando sintió un escalofrío. Se giró ligeramente y clavó la mirada en el hombre que acababa de llegar.
¿Keaton? ¿Qué hacía allí? ¿Había ido a darle una sorpresa?
No era posible. Su prometido no era una persona espontánea. Cuando ella le había contado que pasaría dos días en aquel hotel, se había limitado a asentir con desinterés y había seguido trabajando. Cuando lo había invitado a asistir a la cena en la que le darían el premio, él había comentado que ya tenía una cena de negocios que no podía cancelar. Y, no obstante, allí estaba, atravesando el bar y dirigiéndose hacia una mesa pequeña que había pegada a la pared.
Era un hombre guapo. Muy guapo. Pero siempre actuaba como si no fuese consciente de ello. Esa noche parecía cansado. Agotado. Se sentó en una silla y sonrió a la camarera que se le acababa de acercar. Honor se dio cuenta de que había estado tocándose sin darse cuenta el anillo de compromiso que llevaba en la mano izquierda, como hacía siempre que estaba nerviosa, y se obligó a parar.
Aquella noche Keaton estaba diferente. Tal vez fuese porque iba vestido demasiado de sport. Keaton Richmond siempre iba elegante, aunque fuese de pícnic, pero aquella chaqueta de cuero que llevaba puesta parecía muy usada. No se le había visto antes, aunque lo cierto era que no vivían juntos, así que no tenía por qué conocer todo su armario.
Lo vio levantar la vista y recorrer con los ojos la habitación. Miró hacia donde estaba ella, pero no detuvo la mirada, aunque después volvió. Honor le sonrió. Él tardó un instante antes de dedicarle una sonrisa de medio lado que la derritió. Honor se puso recta, pero él apartó la vista y se dedicó a leer la carta de comida y bebida que tenía delante.
Al parecer, estaba jugando, fingiendo que no la conocía. Honor no supo si sentirse molesta o intrigada. Tal vez Keaton la había escuchado la última vez que habían tenido una discusión acerca de su relación. Hacía meses que no tenían sexo y la última vez había sido más una válvula de escape que un acto de devoción. De hecho, ella había empezado a preguntarse si todos sus sueños de futuro podían estar en la línea floja.
Keaton se había mostrado evasivo cuando ella le había sugerido darle algo más de chispa a sus relaciones íntimas, incluso que empezasen a vivir juntos antes de la boda, para la que todavía no tenían fecha. Aquel limbo en el que estaba su relación había empezado a incomodarla. Llevaba trabajando con Keaton, en la empresa de la familia de este, cinco años; y dos saliendo con él. Se habían prometido hacía año y medio.
No había sido el romance del año, pero Honor se había dicho que ella no buscaba romances, después de haber sido testigo de la vida amorosa de su madre. No, en cuanto había empezado a trabajar en Richmond Developments había decidido llegar a lo más alto y, si para conseguirlo antes tenía que casarse con el hijo del jefe, estaba dispuesta a hacerlo. Además, no era que no respetase o que no le gustase Keaton. Solo tenían que avivar el fuego de su relación de vez en cuando.
Pero Keaton no solía jugar.
¿Por qué lo estaba haciendo en ese momento?
Se sintió tan intrigada que decidió seguirle la corriente para averiguar qué se proponía. La camarera dejó una cerveza en la mesa de Keaton. Eso también la sorprendió. Nunca lo había visto beber cerveza. Ni siquiera en verano. Observó cómo se la llevaba a los labios y daba largos sorbos. Observó el movimiento de los músculos de su garganta, vio el brillo de sus labios húmedos mientras dejaba el vaso en la mesa. Sintió deseo al verlo relamerse. Él levantó la vista. La miró a los ojos.
Pareció sorprenderle que siguiese con la mirada clavada en él y volvió a sonreír de medio lado. Honor sintió que se le erguían los pezones. Era la primera vez que lo deseaba así. Así que decidió dejar de jugar y entrar en acción. Tomó su bolso, sacó una de las dos tarjetas que le habían dado para abrir la puerta de la habitación y la guardó en su mano.
La mujer atravesó el bar. Llevaba un vestido negro de cóctel que se ceñía a su cintura y le sentaba como un guante. Logan observó cómo varias personas intentaban pararla para darle conversación, pero ella siguió avanzando con la vista clavada en él.
No había dormido desde que había salido de su ciudad, Auckland, en Nueva Zelanda, a las nueve de la noche del día anterior, ni durante el viaje en avión, de más de doce horas. Nada más llegar a Los Ángeles había tomado otro vuelo a Seattle. Y, una vez allí, había hecho lo posible por luchar contra el jet lag y había decidido pasear para intentar acostumbrarse a la nueva zona horaria. En esos momentos solo quería una cerveza, algo de comer y una cama. No quería hablar con nadie ni buscaba compañía, pero, al parecer, iba a tener compañía, la quisiese o no.
Y lo cierto era que se trataba de una mujer muy atractiva. Tenía el pelo rubio y largo, echado sobre un hombro, que caía por el pronunciado escote. El vestido era sofisticado y sexy, pero Logan pensó que preferiría verlo tirado en el suelo, en el suelo de su habitación.
Sacudió la cabeza. No, no, no. No había ido allí a eso. Había ido a averiguar su identidad, por penoso que sonase aquello. Era un hombre hecho y derecho de treinta y cuatro años, así que, si todavía no sabía quién era, tenía un grave problema. De hecho, había creído saber quién era hasta que había encontrado una caja en el fondo de un armario de su madre, después del funeral de esta, mientras vaciaba la casa para poder venderla.
Se sintió frustrado al pensar que había pasado toda su vida llamando mamá a Alison Parker cuando, en realidad, esta no había sido su madre. Así que allí estaba, en los Estados Unidos, dispuesto a encontrar a sus verdaderos padres, con la esperanza de que estos lo aceptasen.
Mientras soñaba despierto, la impresionante criatura, ataviada con un vestido negro, se había acercado más. Sintió su presencia antes de ser consciente de sus intenciones. La mujer le agarró la barbilla, él levantó el rostro y, para su sorpresa, recibió un beso.
Logan no respondió al principio, de hecho, la situación le parecía tan surrealista que tardó en reaccionar, pero entonces su instinto tomó las riendas. Cerró los ojos y se dejó llevar. Y sintió que todo desaparecía a su alrededor. Solo podía oír los latidos de su propio corazón. Solo podía oler el aroma especiado de aquel perfume femenino.
Entonces, se terminó. Sintió que ella se apartaba y abrió los ojos. Iba a hablar, pero la mujer apoyó un dedo en sus labios.
–No digas nada. Habitación 6035. Te espero allí en diez minutos.
Dicho aquello, le puso en la mano una tarjeta y se marchó. Él la observó hipnotizado mientras cruzaba el recibidor y se dirigía hacia los ascensores. Agarró con fuerza la tarjeta y se dijo que no iba a seguirla. No quería problemas. No quería que lo drogasen, robasen sus órganos y despertar en una bañera llena de hielo.
Aunque también podía ser la mejor noche de toda su vida.
Llegaron los sándwiches que había pedido y una segunda cerveza. Comió estos y dejó la cerveza. No quería más alcohol. Necesitaba tener la cabeza despejada. Se miró el reloj. Habían pasado diez minutos. Todavía podía sentir los labios de aquella mujer en los suyos. Sin darse cuenta de que acababa de tomar una decisión, dejó un puñado de billetes encima de la mesa y se dirigió hacia los ascensores.
Bajó en el sexto piso y avanzó por el pasillo. Dudó al llegar delante de la habitación 6035. Entonces, acercó la tarjeta al lector y la luz se puso en verde, entró. La habitación estaba poco iluminada, pero no le costó encontrar a la atractiva criatura que lo había besado en el bar y le había hecho perder el sentido común. ¿Qué estaba haciendo en la habitación de hotel de una extraña?
La mujer todavía llevaba el vestido, pero se había quitado los tacones.
–Me alegro de que hayas venido –le dijo, acercándose a él.
Lo abrazó por el cuello y se puso de puntillas para besarlo. Su embriagadora fragancia volvió a envolverlo, seduciendo sus sentidos y haciéndole pensar que aquello era buena idea. Logan sintió que le ardía la sangre en las venas. No podía desearla más.
La agarró por la cintura y la apretó contra su cuerpo. No sintió necesidad de hablar, no quiso estropear el momento. Profundizó el beso mientras ella enterraba los dedos en su pelo y le arañaba suavemente el cuero cabelludo.
Entonces, sintió que le quitaba la chaqueta y tiraba de su camisa. La ayudó y rompió el beso solo el tiempo necesario para sacarse la camisa por la cabeza. Sus labios volvieron a tocarse y él sintió la tela del vestido contra el pecho desnudo, pero no fue suficiente. Buscó a tientas la cremallera en la parte trasera. ¡Y la encontró! La agarró con dos dedos y la fue bajando muy despacio.
Logan apartó los labios de los de ella y se apartó para no perderse el momento de la revelación. La mujer se mostró cohibida al principio, como si, de repente, le diese vergüenza, pero luego la vio llevarse las manos a los hombros para dejar caer el vestido al suelo. Él contuvo la respiración al ver brillar su piel doraba bajo la tenue luz de la habitación de hotel. Los pechos henchidos descansaban en un sujetador negro, a juego con las braguitas, que se aferraban a las caderas, haciendo que sus piernas pareciesen kilométricas.
Logan tragó saliva porque se le había quedado la boca seca de repente y dio un paso al frente. Alargó las manos hacia ella y le preguntó.
–¿Puedo?
Ella sonrió y asintió suavemente. Logan no necesitó más. Acarició los pechos a través del sujetador de encaje. La mujer dio un grito ahogado y él la volvió a besar. Le bajó los tirantes del sujetador y bajó una copa. Le pellizcó el pezón erguido y la sintió temblar.
–¿Te gusta? –le preguntó en un susurro.
–Quiero más –le rogó ella.
Logan repitió el movimiento y después bajó la cabeza para tomar la punta rosada con los labios. Ella volvió a gemir y a estremecerse.
Él pasó la lengua por el pecho antes de mordérselo suavemente.
–Más –volvió a pedirle ella, sujetándole la cabeza con ambas manos como si no soportase la idea de que se apartase.
Aunque Logan no habría podido apartarse. Se sentía irremediablemente atraído hacia ella. Su olor, su sabor, sus gemidos, lo estaban volviendo loco. Tuvo la sensación de que estaba soñando y no quería despertarse. Aunque estaba seguro de que pronto volvería a la realidad. No obstante, por el momento iba a tomar lo que le ofrecían. Y él también iba a dar.
Logan la hizo retroceder hasta la cama y la tumbó en ella. Se colocó entre sus piernas y se desabrochó el cinturón antes de quitarse los zapatos a patadas y bajarse los pantalones y los calcetines. No quería quitarse los calzoncillos todavía. Estaba a punto de estallar y no quería perder aquella oportunidad. Para empezar, iba a asegurarse de que aquella misteriosa mujer disfrutase tanto como él.
Metió los dedos por debajo de sus braguitas y se las bajó por las largas piernas. El triángulo rubio oscuro que había entre sus piernas le resultó lo más sexy que había visto en mucho tiempo. Se tumbó sobre su cuerpo y le desabrochó el sujetador.
–¿Te han dicho ya lo deliciosamente bella que eres? –le preguntó, pasando la mano por un pecho antes de apretárselo con cuidado.
–Solo tú –respondió ella en un susurro ronco, cerrando los ojos mientras él le besaba los pechos.
Sintió que se retorcía debajo de él y deseó hacerla suya, pero pensó que quería hacer las cosas bien. Quería asegurarse de que ella disfrutase antes que él. Recorrió su abdomen con los labios y pasó la lengua por su ombligo antes de continuar bajando.
Se arrodilló en el suelo delante de la cama y se inclinó sobre ella. Aspiró el olor almizclado de su sexo y la deseó todavía más. Nunca había sido tan consciente de otro ser humano como lo era en esos momentos de aquella mujer. La acarició entre los muslos y notó que se apretaba contra él.
–¿Estás impaciente? –le preguntó en voz baja.
Logan apartó la mano y sopló sobre su cuerpo.
–Me estás torturando –gimoteó ella mientras Logan metía un dedo entre sus muslos.
–Pero te gusta, ¿verdad?
Entonces pasó la lengua por su clítoris.
Ella empezó a respirar más deprisa y Logan la miró. Tenía la cabeza apretada contra el colchón y una fina capa de sudor hacía que le brillase el pecho. Tenía la piel sonrojada y los pezones todavía más erguidos, si es que eso era posible.
Logan metió otro dedo en su interior y la acarició con la esperanza de hacerla llegar al clímax. Siguió acariciándola con la lengua y, entonces, cuando pensó que estaba a punto de romperse, cerró los labios alrededor de su clítoris y chupó con fuerza. Ella se retorció. Sus músculos internos se contrajeron, volviéndolo loco, pero esperó a que su cuerpo se quedase relajado antes de moverse.
–No sabía que supieses hacer eso –le dijo ella con satisfacción.
–Pues hay más.
Buscó un preservativo en el bolsillo de sus pantalones. Aunque fuese un tópico, le gustaba estar siempre preparado. Se bajó los calzoncillos y se lo colocó antes de ponerse en pie, agarrarle las rodillas con las manos y arrastrarla hasta el borde del colchón.
–¿Sigues bien? –le preguntó.
Estaba dispuesto a parar si ella no quería continuar.
–Nunca había estado mejor –le contestó–. Házmelo.
Él sonrió mientras se colocaba a la entrada de su cuerpo, que estaba húmedo después del orgasmo, así que no le costó entrar. Logan cerró los ojos y sintió cómo el cuerpo de ella se ajustaba a su erección.
–¿A qué estás esperando? –le preguntó ella, apretándolo con sus músculos internos.
–A eso –le dijo él, apartándose y volviendo a entrar.
En ese momento todo se volvió borroso; no había nada más en el mundo que sus cuerpos unidos de la manera más íntima en la que un hombre y una mujer podían estar unidos. Se movió en su interior y notó cómo ella se apretaba contra él. La oyó respirar con dificultad y sintió que se aferraba a sus hombros. Logan se obligó a abrir los ojos, se obligó a mirarla, a grabar su imagen, así, debajo de su cuerpo, tan perdida en él como él en ella.
Se dio cuenta de que volvía a tener el escote sonrojado y supo que estaba a punto de llegar al orgasmo otra vez. Tenía que verla ahogándose en aquel mar de placer antes de dejarse llevar por completo, pero al final llegaron al clímax a la vez.
Logan se dejó caer sobre su cuerpo e hizo que ambos se tumbasen de lado. Seguía dentro de ella, podía sentir sus cuerpos unidos, sus corazones latiendo a un ritmo perfecto mientras la sensación de placer empezaba a decaer y la realidad ocupaba de nuevo su lugar. La mujer le acarició el rostro y lo miró fijamente a los ojos.
–No sabía que pudiésemos estar así –le dijo–. Ha sido… no, tú has sido, somos perfectos.
–Ha sido perfecto, sí –admitió él.
Entonces le dio un beso profundo, lento. Era la primera vez que hacía algo así, pero ambos lo habían querido y lo cierto era que la experiencia había sido perfecta, sobre todo, siendo la primera vez que estaban juntos.
«La primera y la última», se recordó. Se apartó de su cuerpo y se quedaron allí tumbados mientras sus corazones y sus respiraciones volvían a la normalidad. Logan necesitaba asearse, así que se levantó de la cama y fue al cuarto de baño. Cuando volvió, se la encontró tapada con las sábanas y profundamente dormida. Aunque su instinto lo instó a volver a la cama con ella, supo que solo había sido un desahogo para ella.
Así que tomó su ropa y se vistió. Dejó la tarjeta de la habitación encima de la mesa y apagó la luz antes de salir de la habitación.
No volvería a verla jamás, pero tampoco la olvidaría ni olvidaría aquella noche mientras viviese.
Capítulo Dos
Honor se despertó temprano a la mañana siguiente y se desperezó en la cama. Alargó la mano hacia Keaton y se sintió decepcionada, aunque no sorprendida, al no encontrarlo a su lado. Sonrió de oreja a oreja. La noche anterior había superado todas sus expectativas.
Cuando le había sugerido darle algo de vida a su relación, jamás había esperado que él se lo tomase tan en serio. De hecho, había tenido la sensación de que casi no la escuchaba. Keaton era así. Tranquilo, en ocasiones pedante y siempre en control de la situación. Había mantenido el control incluso la noche anterior, aunque, sin duda, había desempeñado un papel nuevo. Hasta entonces, el sexo entre ellos siempre había sido, como mucho, insustancial. Y poco frecuente. De hecho, Honor había empezado a temerse que Keaton quisiese romper su compromiso. Fingir que no la conocía había sido una idea brillante. De hecho, había acariciado su cuerpo como si hubiese sido la primera vez. Incluso se había esforzado en simular un acento extranjero en las pocas palabras que habían intercambiado.
Se pasó una mano por el pecho recordando cómo la había tocado él. Cómo le había excitado la aspereza de su barba en la piel. Keaton solía afeitarse dos veces al día y Honor se preguntó si, a partir de entonces, iba a empezar a relajarse un poco más. Tal vez la siguiente vez pudiese ser ella quien fingiese que no lo conocía.
Se echó a reír al imaginar las posibles situaciones en las que cumplir sus fantasías. Se retorció entre las sábanas y lamentó que Keaton no estuviese allí. La noche anterior había sido ella la que más había disfrutado, la siguiente vez sería él quien gozase de sus atenciones, le demostraría lo mucho que le agradecía que hubiese hecho aquel esfuerzo.
Giró la cabeza y miró el reloj digital que había sobre la mesita de noche. Tenía que ponerse en marcha si quería hacer su presentación. Se levantó de la cama y fue al cuarto de baño, sonrió al ver el envoltorio del preservativo en la basura. Abrió la ducha y se metió debajo del chorro sin esperar a que se calentase el agua. En esos momentos, necesitaba centrarse para la conferencia. Después, volvería al trabajo, a la normalidad. A Keaton.
Se sintió esperanzada. Ojalá que la noche anterior hubiese sido el inicio de algo nuevo para ambos.
Si sus peores temores se hubiesen hecho realidad y Keaton hubiese roto su compromiso, Honor sabía que lo que se habría esperado de ella era que se marchase de Richmond Developments. Por muchos años que hubiese trabajado allí. Douglas y Nancy Richmond eran muy leales a sus hijos, Keaton y Kristin. Lo daban todo por ellos y era evidente que Keaton iba a ocupar el puesto de su padre cuando este se jubilase, dos años más tarde. Y Honor tenía la esperanza de ascender también y ser su mano derecha.
La pobreza en la que había pasado su niñez había alimentado su ambición. Había visto cómo sus padres se destrozaban el uno al otro a base de infidelidades, y la desesperación y la culpabilidad de su madre cuando su padre se había marchado de casa. Por eso había aceptado la propuesta de matrimonio de Keaton, porque era una persona estable, con la que era imposible tener terribles discusiones. Su matrimonio se basaría en sus sueños y metas comunes, en su búsqueda del éxito y la seguridad.
Honor se había convencido de que era feliz con eso, de que era lo que siempre había querido, pero al ver que Keaton se mostraba reacio a fijar una fecha para la boda, había empezado a tener miedo y a sentir la misma inseguridad que de niña.
Salió de la ducha, se secó y buscó en su bolsa de aseo el anillo de compromiso que Keaton le había regalado varios meses antes. Incluso la proposición había sido apática y pragmática. Después, habían salido juntos a comprar el diamante y Keaton había buscado en él más una inversión que una declaración de amor. Honor llevaba con orgullo la joya porque era una demostración de lo lejos que había llegado en la vida.
Le costó un poco ponérselo y se preguntó por qué se lo había quitado nada más subir a la habitación, después de haberle dado la tarjeta de esta a Keaton.
En cualquier caso, la noche anterior era un buen augurio de su futuro juntos, pensó mientras se maquillaba, se recogía el pelo en un moño y se ponía un traje de pantalón color crema. Se miró por última vez al espejo y asintió.
En el ascensor, sacó el teléfono y le mandó un mensaje a Keaton: Ya te echo de menos. Estoy deseando volver a verte.
Sonrió mientras lo enviaba y volvió a guardarse el teléfono en el bolsillo. No esperaba una respuesta. Aunque, después de la noche anterior, tal vez… Antes de entrar en la sala de conferencias comprobó de nuevo el teléfono. Nada. Se dijo que no debía sentirse decepcionada, sacó el ordenador portátil y abrió su presentación, pero no pudo evitar volver a comprobar si tenía mensajes.
Nada. Apartó el tema de su mente y se centró en comenzar con la exposición. Ya tendría tiempo de decirle a Keaton lo mucho que le había gustado la noche anterior cuando lo viese unas horas después en la oficina.
Logan cambió de postura en la cama y miró al techo. Maldijo el jet lag. Había intentado obligar a su cuerpo a adaptarse, pero seguía cansado y pensó que iba a necesitar al menos una semana para volver a sentirse normal.
Lo que no había sido normal era la noche anterior. En cierto modo, se sentía un poco decepcionado consigo mismo. Era la primera vez que utilizaba a una mujer por placer, sin conocerla. De hecho, no sabía ni su nombre, aunque sí sabía cómo hacerla enloquecer de deseo.
Se preguntó si volvería a encontrársela esa noche también. O esa misma mañana, en el vestíbulo del hotel. Estudió su reflejo en el espejo y sacudió la cabeza. Tenía mal aspecto.
Se dio una ducha, se afeitó y se vistió antes de salir a desayunar. Tenía un par de horas, como mucho, antes de hacer lo que había ido a hacer allí. Solo de pensarlo se le encogió el estómago y, de repente, ya no quiso desayunar. Enfrentarse a su madre biológica y a su padre iba a ser lo más duro que había hecho en su vida. Eran las personas que debían haberlo criado, con las que debía haber compartido los momentos más importantes de su vida.
¿Qué pensarían cuando supiesen que a él también le interesaba todo lo relacionado con la arquitectura? ¿Valorarían su ética en el trabajo y que hubiese levantado un negocio multimillonario comprando edificios antiguos y convirtiéndolos en viviendas ecológicas por toda Australasia?
Sin duda, le pedirían alguna prueba de que era quien afirmaba ser. Logan no era tonto. Había hecho sus pesquisas y sabía que Richmond Developments era una empresa de vanguardia, similar a la suya. Salvo que sus padres compraban edificios en lugares privilegiados, los demolían y construían de cero. Él prefería rendir homenaje al pasado histórico de las construcciones, conservar sus características especiales y, al mismo tiempo, modernizarlas. No, su familia no iba a recibirlo con los brazos abiertos. Dado que se dedicaban al mismo negocio, tal vez incluso sospechase de sus intenciones. Serían cautos, y harían bien. Tendrían que hacerse pruebas, pero al final se demostraría su relación. Y, entonces, ¿qué?
Se preguntó, y no por primera vez, si habría seguido el mismo camino de haber crecido allí en vez de hacerlo en Nueva Zelanda. ¿Había sabido Alison Parker lo que hacía al robarlo del hospital para criarlo ella sola? No debía de haber estado en su sano juicio. Había dado a luz a su propio hijo, muerto el mismo día que Logan y su hermano gemelo habían nacido. Y la pérdida debía de haberla trastornado. Después de su muerte, varios meses atrás, Logan había encontrado sus diarios y se había quedado conmocionado al leerlos.
No obstante, como madre, lo había hecho lo mejor que había podido. Cuando su marido había fallecido durante una peligrosa misión, ella había decidido marcharse de Estados Unidos y volver a Nueva Zelanda, su país natal, donde había criado a Logan como a cualquier niño local que hacía surf en verano y esquiaba en invierno. Y si alguien le había preguntado por qué no se parecía a sus primos, por qué él tenía el pelo rubio oscuro, la piel clara y los ojos grises, siempre habían explicado que se parecía a su padre. En cualquier caso, había sido de la familia y siempre se había sentido aceptado en ella.
No obstante, Logan siempre había tenido la sensación de que aquel no era su lugar. Y, al encontrar los diarios de su madre y la pulsera del hospital con su verdadero nombre, por fin había entendido el motivo. No le había contado a nadie cuál era el motivo real por el que viajaba a Estados Unidos. Todos pensaban que estaba allí para ampliar el negocio de Parker Construction. Y, tal vez, si todo salía bien, lo haría.
Enseguida se hizo la hora de ir a Richmond Developments. Después del paseo, Logan volvió al hotel a recoger su maletín y tomó un taxi en la puerta. Al llegar a Richmond Tower, comprobó su aspecto en los brillantes espejos del ascensor y lo dio por bueno. Llevaba en el maletín una copia de los diarios de Alison y de la pulsera del bebé. Había pedido ver a su padre biológico bajo el pretexto de hablar de una posible oportunidad de negocio con él. Y no era del todo mentira. Logan pensaba que a Richmond Developments le faltaba un importante nicho de mercado, que conservar edificios antiguos y su historia era el futuro porque todo el mundo necesitaba raíces, él, el primero.
Las puertas del ascensor se abrieron, dando paso a una elegante zona de recepción. Las dos mujeres que había delante del mostrador levantaron la vista y le sonrieron, aunque, al mismo tiempo, pareciesen confundidas. La más joven se puso en pie.
–¿Señor Richmond?
–Soy Logan Parker, he venido a ver al señor Douglas Richmond –respondió él en tono firme.
–Es usted el señor Parker –repitió ella.
La otra mujer tiró de su brazo y murmuró algo y la joven volvió a sonreír.
–Voy a avisar de su llegada.
Logan acababa de descubrir que su gemelo trabajaba en el negocio familiar. Había pensado que sería más sencillo reunirse con su padre allí, pero no se había parado a reflexionar acerca del efecto que tendría su imagen.
–Está aquí el señor Parker, que ha venido a ver al señor Richmond –dijo en voz baja–. Sí, señor, yo mismo lo acompañaré.
Se puso en pie y se acercó a Logan.
–Acompáñeme, señor Parker.
Este la siguió por un largo pasillo hasta llegar a unas puertas dobles. La recepcionista llamó con los nudillos antes de abrirlas.
–Está aquí el señor Parker, señor –anunció antes de girarse hacia Logan–. Adelante.
–Gracias.
Logan entró en el despacho y se sintió como si acabase de entrar en la guarida de un león. Puso los hombros rectos. Lo que ocurriese allí iba a determinar el curso del resto de su vida.
Capítulo Tres
El hombre mayor que había detrás del escritorio se puso en pie. Estaba bronceado, pero había palidecido ligeramente al verlo.
–¿Keaton? ¿Qué estás haciendo?
–No, señor, soy Logan Parker.
El otro hombre palideció todavía más.
–¿Quién demonios eres? –inquirió.
–Como le he dicho, soy Logan Parker. Aunque tal vez me recuerde por otro hombre –continuó él, acercándose más y tendiéndole la mano.
–¿Otro nombre? ¿Explíquese?
–Al nacer me llamaron Kane Douglas Richmond –le dijo él, intentando guardar la calma.
–Eso no es posible. Nuestro hijo desapareció hace más de treinta años, ¿verdad, Nancy?
Al entrar, Logan no se había dado cuenta de que había una mujer delante del ventanal, en una esquina. Se giró hacia ella y oyó como daba un grito ahogado.
–¿Kane? Douglas, ¿es posible…?
Las rodillas se le doblaron al estudiarlo con la mirada y tuvo que apoyarse en una silla para mantenerse en pie. Las lágrimas brotaron de sus ojos y empezó a temblar mientras le tendía una mano.
–Kane. Oh, Dios mío, Douglas, es él. Es nuestro niño, que vuelve con nosotros después de tanto tiempo.
Douglas Richmond salió de detrás del escritorio y ayudó a su esposa a sentarse en un sillón antes de volver a mirar a Logan.
–¿Qué significa esto? ¿Quién es usted? –lo interrogó.
–Señor, lo siento. Debí haberle advertido de quién era antes de venir, pero no estaba seguro de que fuese a aceptar recibirme si afirmaba ser el hijo que le robaron hace ya varias décadas.
–¿Y eso asegura ser?
–Douglas, ¿no lo ves? Es idéntico a Keaton –intervino Nancy, tomando la mano de su marido–. Tiene que ser Kane, nuestro hijo mayor.
Pero Douglas Richmond seguía sin estar convencido.
–Pensé que había solicitado esta reunión para hablar de negocios. ¿Qué quiere en realidad de nosotros?
–Así es –le respondió Logan–. Y sigo deseando hablar de negocios, pero antes me gustaría enseñarles algo. Entiendo que estén sorprendidos, yo me sentí igual cuando descubrí mi verdadera identidad.
Logan apoyó el maletín en una silla y lo abrió. Sacó las copias del diario y la pulsera identificativas del hospital y lo dejó todo encima del escritorio de su padre.
–Esto pertenecía a la mujer que me crio. Por favor, léanlo cuando puedan. Si prefieren, puedo dejárselas aquí y volver en otro momento.
Era evidente que sus padres estaban en estado de shock con su aparición. Él, también. Mirar a su padre era como entrar en una máquina del tiempo y verse con treinta años más. Y lo mismo con respecto a su madre. Tenía el mismo color de ojos que ella. A pesar de la tensión que había en el ambiente, Logan sintió que había una conexión entre ellos. No obstante, tal vez fuese un buen momento para marcharse y dejar que absorbiesen solos toda la información.
–Veo que mi llegada les ha desconcertado a los dos.
Dejó una tarjeta de visita encima de la mesa.
–Pueden llamarme por teléfono. Estaré en mi hotel, esperando la llamada.
Se dio la media vuelta y fue hacia la puerta.
–¡No, no te marches! –le gritó Nancy, poniéndose en pie.
Avanzó por el suelo enmoquetado hasta detenerse delante de él y alargó las manos hacia su rostro para tocarle las mejillas.
–Nancy, no puedes estar segura de que es él –le advirtió Douglas con cautela.
–No te atrevas a decirme que no reconozco a mi propio hijo –le replicó ella sin apartar la mirada de Logan ni un instante–. Es mi niño. Has crecido dentro de mí, yo te di a luz, te tuve en brazos, te di el pecho y, entonces, te llevaron, pero has vuelto con nosotros y nuestra familia vuelve a estar completa.
Logan no supo qué decir, pero su silencio no disuadió a Nancy.
–Douglas, llama a Keaton y a Kristin para que vengan. Tienen que conocerlo. Tienen que ver a su hermano.
Para sorpresa de Logan, su padre obedeció. Hizo dos llamadas en un momento.
–Siéntate, joven. Aunque no creo que tengamos que esperar mucho –le dijo después a regañadientes antes de volver a ocupar el sillón que había detrás del escritorio.
Logan se sentó y se mantuvo en silencio. Nancy se había cambiado al sillón que había a su lado. Ambos lo miraban casi sin parpadear, su madre, maravillada, su padre, con incredulidad. No habían pasado más de dos minutos cuando llamaron a la puerta y entró un hombre. Logan se puso en pie y se giró hacia él.
–¿Se puede saber qué ocurre? –preguntó su gemelo con gesto de sorpresa.
Eran idénticos.
–Keaton, quiero presentarte a tu hermano, Kane, aunque en realidad ahora se llama Logan Parker, ¿no? –dijo Nancy con voz temblorosa.
–No sé quién es este impostor, pero yo no tengo ningún hermano –comentó Keaton en tono firme.
Logan se sintió como si le hubiesen dado una patada en el estómago. Siempre había querido tener hermanos, toda su vida. Y después de haber descubierto que tenía dos, sintió que lo que más le importaba era que lo creyesen.
–Si te sirve de consuelo –le dijo Logan–, hasta hace muy poco tiempo yo tampoco sabía que tú existías.
Llamaron de nuevo a la puerta y entró una mujer joven, su hermana, a juzgar por su parecido a Nancy.
–¿Qué ocurre? ¿Quién es este? –inquirió esta.
–Kristin, es tu hermano –le explicó Nancy–. Tu otro hermano.
–No es posible. Está muerto.
–Lo cierto es que estoy vivo, muy vivo –comentó Logan.
–¿Cómo es posible? –preguntó Kristin–. Siempre me habíais dicho, desde pequeña, que había muerto.
–Lo que tu madre os ha dicho siempre es que lo habíamos perdido, el resto ha sido interpretación vuestra –admitió Douglas muy a su pesar–. Es evidente que el parecido es enorme…
–Pero eso no significa nada –insistió Keaton, acercándose más a Logan–. No sé quién eres, pero has tenido la osadía de venir aquí con esta historia. ¿Cuánto dinero quieres?
Logan resopló.
–¿Dinero? Tengo mucho dinero. Lo que no tengo es a mi familia.
–¿Y pretendes apropiarte de la nuestra? –inquirió Kristin.
Logan tomó la pulsera identificativa del hospital que había dejado sobre el escritorio de su padre.
–Si fuese un impostor, ¿tendría esto?
–Cualquiera podría falsificar eso.
Logan apretó los labios. Aquella no estaba siendo la cálida reunión familiar con la que había soñado.
–Mirad, haré lo que sea necesario para demostrar que soy quien digo ser –añadió, mirando a Keaton–. Decidme dónde y cuándo vamos a hacernos las pruebas de ADN y allí estaré.
–Te veo muy seguro de ti mismo –le contestó Keaton.
–No tengo la costumbre de mentir ni de engañar a nadie –respondió él con firmeza–. Mira, hasta que mi madre, o la mujer que me crio, falleció recientemente, siempre había pensado que ella y su difunto marido habían sido mis padres, aunque no me pareciese mucho a ninguno de los dos. Se habían conocido en la Antártida, donde él formaba parte de las fuerzas de apoyo estadounidenses y ella era enfermera, neozelandesa. Luego fueron a vivir a Estados Unidos y se casaron allí. Cuando ella falleció, encontré esto.
Gesticuló hacia las copias del diario.
–Y la pulsera identificativas.
Hizo una pausa antes de continuar.
–Que yo sepa, Alison Parker supo que su marido había fallecido durante una misión y se puso de parto, pero su hijo nació muerto. Supongo que fue tal el dolor que sintió, que perdió la cabeza. Así que, según ella misma escribió en el diario, aprovechó un cambio de turno de las enfermeras para entrar en la habitación donde estaban los bebés, sacarme de mi cuna y, escondido en su bolso de viaje, llevarme a su casa.
–Después viajó de Seattle a Los Ángeles, donde me sacó el pasaporte con el nombre de su hijo muerto en el consulado de Nueva Zelanda. Para ello la ayudaron los antiguos compañeros de su marido, que habían sabido que estaba embarazada y no dudaron en ningún momento de ella. Había llegado a Estados Unidos desde Nueva Zelanda con su apellido de soltera en el pasaporte, así que supongo que eso evitó que pudiesen encontrarla después.
Nancy se puso tensa en su sillón.
–Eso lo explica todo. Supongo que recordarás, Douglas, que la policía y el personal del hospital removieron cielo y tierra para encontrar al niño. Investigaron a todas las personas ingresadas, en especial, a una mujer que había perdido a su propio hijo, pero no la incluyeron en la investigación porque las cámaras de seguridad mostraban que no llevaba con ella ningún bebé, solo un bolso.
Tragó saliva.
–Y tú estabas en ese bolso.
A Logan no le había dado tiempo a responder cuando volvieron a llamar la puerta.
–Siento llegar tarde. Acabo de volver de…
Todas las cabezas se giraron hacia la recién llegada, a quien Logan reconoció de inmediato: su amante de la noche anterior. Aunque ya no era la criatura sensual y cariñosa que se había acercado a él, le había besado y le había invitado a subir a su habitación, sino una profesional fría y distante, con un enorme diamante en la mano izquierda.
Ella miró a su hermano y después a él, y Logan supo que se estaba dando cuenta de a quién se le había insinuado la noche anterior.
–¿Keaton? ¿Qué está pasando aquí?
Logan la vio atravesar el despacho y colocarse al lado de su hermano.
–Eso nos gustaría saber a todos. Este tipo asegura ser mi hermano gemelo.
Honor contuvo el impulso de salir huyendo. No era posible. No podía haber dos Keatons. Así que, al parecer, se había acostado con un extraño. Un extraño que era idéntico a su prometido, sí, pero, en cualquier caso, había engañado a Keaton. Y lo había engañado con su hermano.
Sintió náuseas, pero las contuvo. No podía ser. Ella siempre era fiel. Había sido testigo de lo que la infidelidad podía hacerle a una familia y se había prometido ser siempre fiel. No obstante, había cometido el mayor error de toda su vida.
Douglas tomó la copia del diario que había encima del escritorio.
–Supongo que lo mejor será que lea esto. Mientras tanto, Nancy, ¿puedes informarte acerca de cómo hacernos cuanto antes una prueba de ADN?
–Sí, querido, inmediatamente.
Nancy fue hacia la puerta, pero entonces se detuvo y se giró hacia Logan.
Honor vio a su futura suegra agarrar la mano del hombre con el que ella había cometido el garrafal error. El hombre que, con tan solo unas palabras, podía destruir su futuro. Y se preguntó cómo iba a solucionar aquello.
Nancy se inclinó hacia él y murmuró:
–No te preocupes, hijo. Todo saldrá bien. Yo sé que estás diciendo la verdad. Una madre no se equivoca nunca.
Honor vio salir a Nancy del despacho para entrar en el suyo, que estaba justo pegado al de su marido. A ella siempre le había sorprendido que ambos pudiesen trabajar tan juntos, incluso después de muchos años. Incluso a pesar de que les hubiesen robado un hijo treinta y cuatro años antes. Había soñado con tener lo mismo con Keaton. Y estaba trabajando mucho para conseguirlo. Cuando Douglas y Nancy se retirasen, Keaton y ella ocuparían su lugar en Richmond Developments. Y, entonces, se habría cumplido su sueño.
Pero eso solo ocurriría si nadie se enteraba de lo que había ocurrido la noche anterior.
Sintió una punzada en el pecho. ¿Cómo iba a guardar semejante secreto? ¿Y cómo podía saber que el extraño no iba a utilizarlo para ganar altura en la familia Richmond?
De momento no podía saber qué clase de persona era. Aunque sí sabía que era un amante prodigioso y generoso, no tenía ni idea de cómo era como hombre. Había aceptado sin dudarlo su invitación y que hubiese tenido sexo con una extraña no decía mucho de él, pero la culpa, en realidad, había sido suya. Y ni siquiera se había dado cuenta de que no estaba haciendo el amor con el hombre con el que se iba a casar.
«¿O sí viste la diferencia y preferiste hacer caso omiso?», le preguntó una vocecilla en su cabeza, una vocecilla idéntica a la de su madre. «Pensabas que eras perfecta, pero en el fondo eres igual que yo».
Honor la apartó de su mente inmediatamente. Tal vez estuviese equivocada y hubiese estado con Keaton la noche anterior.
–Keaton, ¿puedo hacerte una pregunta? –le murmuró al oído.
–Por supuesto –le dijo él, mirándola fijamente como si pudiese traspasar su alma con aquellos ojos grises.
–¿Dónde estuviste anoche? –continuó ella, obligándose a sonreír.
–Ya te lo dije, en una cena de negocios. Siento no haber podido ir a la celebración. Por cierto, enhorabuena. Podemos cenar juntos esta noche y me lo cuentas todo, pero antes hay que aclarar este asunto.
Ella miró al otro hombre, que también la estaba mirando fijamente, y se estremeció. ¿Era miedo? ¿U otra sensación?
–¿Honor? –la llamó Keaton.
–Sí –le respondió ella–. Estupendo.
–¿Kristin, le puedes pedir a Stella que traiga café bien cargado? –intervino de nuevo Douglas–. Me parece que lo necesitamos todos.
–Y whisky –añadió ella mientras salía de la habitación.
–Keaton, no le has presentado a tu prometida al señor Parker todavía –dijo Douglas.
–Honor, al parecer, este es mi hermano gemelo, Kane, también conocido como Logan Parker. Parker, te presento a mi prometida, Honor Gould.
Logan se acercó a ella y le ofreció la mano.
–Encantado de conocerla, señorita Gould.
Honor había estado conteniendo la respiración, esperando que el hombre admitiese que ya la conocía, pero, al parecer, no le importaba fingir lo contrario, así que ella volvió a respirar. Él iba a fingir que no la conocía, que no la había besado, que no había acariciado todo su cuerpo.
Pero era evidente que estaba confundido por la situación y que, antes o después, tendrían que aclarar el tema. Se dijo que, cuanto antes, mejor. No podía arriesgarse a que fuese él quien se lo contase a Keaton. Tomó su mano y sintió otro escalofrío.
–Encantada, señor Parker –consiguió balbucir–. Estamos todos muy sorprendidos con su llegada.
–Ya me lo imagino –dijo él.
Honor tuvo la sensación de que le brillaban los ojos, como si aquello le pareciese divertido. Eso la enfadó. ¿Cómo se atrevía? ¿No se daba cuenta de que había cometido un error? Tenía que aclarar cuanto antes la situación y asegurarse de que lo ocurrido se quedaba estrictamente entre los dos.
Pero no sabía si podría confiar en él.
Capítulo Cuatro
La siguiente hora pasó dolorosamente despacio. Nancy utilizó su apellido para conseguir que fuesen de un laboratorio privado a hacerles la prueba a la oficina. El hombre pinchó a Douglas y a Nancy, y después a Keaton y a Logan.
Y, en cuanto se hubo marchado, Honor se excusó.
–Lo siento, pero tengo una reunión con un cliente dentro de media hora, espero que me podáis perdonar.
Nancy le sonrió.
–Por supuesto, Honor. Estaba pensando que podríamos cenar en familia esta noche en casa, para tener la oportunidad de conocer a Logan un poco mejor.
–Lo siento, pero Keaton y yo tenemos otros planes para esta noche –le dijo ella, mirando a su prometido–. Salvo que tú quieras…
–Sí, mamá, no cuentes con nosotros. Tal vez en otra ocasión.
Logan supuso que Keaton tenía la esperanza de que no surgiese otra oportunidad. Su hermano gemelo emanaba hostilidad. Y era comprensible. Durante treinta y cuatro años había sido el único hijo de la familia, pero le había salido competencia. Kristin tampoco parecía contenta.
Era normal que una familia como aquella tuviese cuidado, que intentase proteger su imperio. Aunque el gesto de felicidad de Nancy al verlo también era innegable. Y Douglas también parecía menos reticente que sus hijos.
Se puso cómodo en su sillón. Llevaría tiempo demostrarlo, pero estaba seguro de que tenía tanto derecho como los demás a estar allí.
Y luego estaba el enigma de la fascinante Honor Gould. Era evidente de que se había quedado de piedra al descubrir que se había acostado con el gemelo equivocado, pero ¿qué decía eso de su relación con Keaton? ¿Cómo no se había dado cuenta de que solo se parecían físicamente? Logan tenía la sensación de que su hermano era un hombre emocionalmente muy contenido. ¿Sería también así en la intimidad?
Lo que sintió al pensar en su hermano y Honor en la cama, no le gustó. Sacudió la cabeza. En cualquier caso, aquello no era asunto suyo. Si Honor quería fingir que no se conocían, le parecía bien. Al menos, por el momento. Con el tiempo, la situación se volvería muy incómoda, estaba seguro. También se había fijado en el anillo de compromiso. Un anillo que no había llevado puesto la noche anterior.
Uff, la noche anterior. Qué noche. Tenía que dejar de pensar en Honor Gould, pero le iba a resultar muy difícil teniéndola delante. Había dicho que tenía una reunión, pero seguía allí, hablando con Keaton entre susurros y haciendo algún gesto. Por suerte, enseguida echó a andar hacia la puerta.
No besó ni abrazó a Keaton para despedirse. Interesante. Tal vez estuviesen prometidos, pero no parecían estar demasiado unidos. De hecho, Logan habría apostado en aquel mismo instante que había estado más cerca de Honor la noche anterior que su hermano en mucho tiempo.
«Basta», se dijo. «No puedes competir con un hermano cuya existencia desconocías hasta hace un par de meses por la mujer con la que está prometido». Ni siquiera conocía a Honor, no sabía qué le gustaba desayunar, qué la enfadaba, qué música era su preferida ni qué libros leía. Ni tampoco conocía a su hermano. Tal vez, bajo aquel exterior tan frío hubiese un hombre de sangre caliente.
Logan cruzó miradas con él y le sonrió, pero la expresión de Keaton no cambió. De hecho, se giró mientras murmuraba una excusa y salió por la puerta poco después de Honor. Lo que lo dejó con Kristin y sus padres.
–Entonces, Kristin… ¿O prefieres que te llame Krissie?
–Kristin. Odio que me llamen Krissie –le respondió ella en tono beligerante.
–Me ha quedado claro. Al informarme acerca de la empresa antes de venir aquí, leí que eres directora financiera y que estás muy implicada en la parte de arrendamiento del negocio…
–¿Nos has investigado?
–¿No has hecho tú lo mismo en cuento has sabido de mi existencia?
Era un farol, pero Logan la había visto sacar el teléfono mientras les hacían la prueba de ADN.
–Tal vez.
–Es normal que quieras informarte acerca de la persona que tienes delante.
–Tiene razón, Kristin –le dijo Douglas.
Aquello pareció molestarla y Logan decidió intentar tranquilizarla.
–Lo entiendo. Yo odio llegar a los sitios con los ojos cerrados. Y, sí, admito que tal vez debí pedir a mis abogados que se ocupasen de informaros de mi existencia. Aunque, en realidad, solo quería conocer a mi familia. A mi familia de verdad. La mujer que me crio me quiso, lo mismo que su familia, pero yo siempre me sentí diferente. Era diferente. ¿Podéis imaginaros la sensación?
La mirada de Kristin se suavizó y Nancy murmuró unas palabras compasivas. Logan esperó unos segundos antes de continuar hablando.
–Así que comprenderéis mi necesidad de conoceros al descubrir los diarios. No pretendo que me incluyáis en vuestras vidas, pero es evidente que me gustaría que tuviésemos relación, ya sea a nivel personal o profesional.
–¿Profesional? ¿En serio? ¿No era la excusa para llegar a papá y mamá esta mañana?
–No era una treta. Si has buscado información acerca de mí en Internet ya sabrás que soy un experimentado arquitecto y que estoy especializado en reconvertir y renovar edificios antiguos.
–Si tú has buscado información en Internet sabrás que nosotros nos dedicamos a tirar abajo edificios antiguos.
Logan se echó a reír ante el beligerante tono de su hermana. Le gustó ver que no retrocedía.
–Ese es el motivo por el que pienso que estáis perdiendo una buena oportunidad.
–Cuéntame más –le pidió Douglas, inclinándose hacia delante y apoyando los codos en el escritorio.
Pasaron las siguientes horas hablando de las ventajas e inconvenientes de sus respectivos negocios. Hacia el final de la tarde, Douglas se relajó en su sillón y sonrió.
–Si eres quien dices ser y no te hubiesen secuestrado de bebé, no sé dónde estaría ahora mismo Richmond Developments.
–Venga ya, papá. Ni siquiera sabemos si es de la familia –protestó Kristin, que todavía no parecía dispuesta a aceptar a Logan como hermano.
–Kristin, cuanto antes te hagas a la idea de que la dinámica de esta familia va a cambiar, mejor.
–Bueno, para mí no va a cambiar nada, ¿no? Al fin y al cabo, siempre habéis querido que Keaton, vuestro hijo mayor, tomase el timón cuando os jubilaseis. ¿Va a ser ahora Logan quien lo haga?
Logan miró primero a su padre y luego a su hermana con sorpresa. No había esperado nada de eso ni tampoco lo quería. Además, no tenía ningún derecho a quitarle a Keaton su lugar en la empresa.
–Ya sabes cuáles son mis deseos –le dijo Douglas muy serio–. Y te agradecería que no me causases problemas.
–Papá, deja de tratarme como si tuviese cinco años.
–Deja de comportarte como si tuvieras cinco años.
Kristin miró a su padre como si aquello le hubiese dolido.
–Será mejor que vuelva a mi despacho.
Y, sin más, se marchó.
–Siento que hayas tenido que presenciar esto –le dijo Douglas a Logan–. Kristin tiende a dejarse llevar por las emociones.
–Eso no es justo, Doug. Tú la has provocado –objetó Nancy.
–Y tiene que aprender que en ocasiones hay que utilizar la cabeza y no el corazón.
Logan observó a sus padres.
–Bueno, al parecer, nos hemos quedado los tres solos –añadió Nancy–. ¿Por qué no vamos a casa? Logan, ¿te gustaría quedarte con nosotros hasta que encuentres un alojamiento?
–Tengo una habitación en un hotel –le respondió él–. Además, mi idea es volver a Nueva Zelanda, no instalarme aquí.
–No –gritó Nancy–. Llevo treinta y cuatro años sin ti. No te puedes marchar tan pronto.
–Bueno, no inmediatamente, pero en algún momento tendré que volver, tengo que seguir dirigiendo mi empresa.
–Y tal vez otra más –añadió Douglas en tono enigmático–, pero, por el momento, vas a venir a cenar con nosotros, ¿verdad?
–Sí, eso sí que me gustaría. Gracias.
Todavía tenía muchas preguntas pendientes. Podían continuar con la conversación durante la cena, aunque no estuviesen sus hermanos. «Ni Honor». Porque, aunque no quisiese pensar en ella, era evidente que su cuerpo no iba a poder olvidar a la prometida de su hermano.
Honor esperó en tensión a que Keaton llegase a su apartamento. Comprobó que la mesa estaba bien puesta, encendió las velas y recolocó las flores que había comprado de camino a casa.
Todo parecía perfecto. Al menos, lo parecía. Aunque ella tenía la sensación de que su vida iba a cambiar de manera irrevocable. Eso la aterraba. Un error iba a echar por tierra todos sus planes y un futuro por el que llevaba años trabajando.
Llamaron a la puerta. Debía de ser Keaton. Era la única persona a la que dejaba subir el portero sin anunciarla antes. Honor atravesó la habitación, abrió la puerta y le dio un beso.
–Te he echado de menos –le dijo.
Él se apartó enseguida de sus brazos.
–Honor, hemos estado juntos esta mañana.
–Pero no estábamos solos. Tengo la sensación de que ya nunca tenemos tiempo para nosotros.
Él la miró con extrañeza.
–Lo siento. Ha sido un día horrible. Entra, siéntate. ¿Quieres tomar algo?
–Por supuesto. Abre esta botella.
Keaton le dio una botella de merlot y entró en el comedor.
Honor miró la etiqueta e hizo una pequeña mueca al ver que era un vino neozelandés.
–Huele muy bien –comentó él.
–Es lasaña –le respondió ella.
Sacó dos copas de la cocina y fue con ellas al salón. Keaton abrió la botella y llenó las copas. Le tendió una a Honor y ambos se sentaron en el sofá.
–¿No te gustaría que hiciésemos esto todas las noches al volver del trabajo? –le preguntó ella.
Ya le había sugerido antes que viviesen juntos, pero Keaton siempre le había respondido con evasivas. Honor quería a Keaton, y admiraba su ética en el trabajo, pero le molestaba que tuviese tanta facilidad para evitar contestar a sus preguntas.
–Admito que tendría ventajas –le dijo él, dándole un beso en la punta de la nariz.
Honor hizo una mueca.
–Esa no es la manera de besar a la mujer con la que vas a casarte –protestó, dándole un beso en los labios.
Se acercó a él con ganas, con la esperanza de no haber destruido su relación la noche anterior. Keaton no respondió al principio, le gustaba llevar la iniciativa. Y a ella eso no le había molestado demasiado, hasta entonces. En esos momentos, no lo podía soportar.
¿Por qué no quería hacerla suya, devorarla? Habían estado varios días sin verse, debía tener ganas. No obstante, mientras lo besaba, notó que él se contenía. ¿Adónde había ido a parar la pasión?
¿Acaso la había habido alguna vez?
Odió estar dudando de una relación que se suponía que iba a ser para toda la vida. O que, al menos, iba a serlo hasta que se había dado cuenta de que se había acostado con el hermano equivocado. ¡No! No podía pensar así. Había pensado que estaba con Keaton. Había pensado que su prometido, un hombre serio, estirado y adicto al trabajo se había vestido con ropa distinta a la habitual y había fingido tener un acento extranjero para darle algo de emoción a su relación.
Honor se apartó de Keaton y dio un sorbo a su copa de vino. Le tembló la mano mientras se llevaba la copa a los labios y no fue por cómo la había besado Keaton, sino porque era consciente de que la noche anterior se había dado cuenta de que había cosas que no cuadraban y había decidido ignorarlas.
Así que le había sido infiel a Keaton. Y sabía que lo correcto era admitir el terrible error que había cometido, devolverle el anillo a Keaton y dimitir de su puesto de trabajo, pero, si lo hacía, lo perdería todo.
Keaton suspiró y ella lo miró con preocupación. Keaton nunca suspiraba. Nunca se mostraba débil. Nunca.
–¿Estás bien? Ha sido un día terrible, ¿verdad?
–Por decirlo de algún modo. ¿Piensas que es sincero?
–¿Quién? ¿Logan?
–Sí.
–Lo cierto es que sí. ¿Tú por qué pensabas que estaba muerto?
Keaton sacudió la cabeza.
–No lo sé. Supongo que oí a papá y a mamá hablar del hijo que habían perdido y di por hecho que había fallecido. Y dado que el tema les causaba tanto dolor, nunca les hice preguntas. Solo tenían una fotografía suya, conmigo, de recién nacidos.
–¿Y todavía la tienen?
–Sí, mi madre la tiene en su dormitorio, para poder verla todos los días. A mí me resultaba morboso, pero supongo que ella jamás perdió la esperanza de que volviese a casa algún día.
–Y lo ha hecho.
–Todavía no es seguro –le respondió Keaton, poniéndose a la defensiva, pero después volvió a suspirar–. Aunque supongo que es así. Y yo tengo la sensación de que llevo toda la vida intentando compensar la ausencia de mi hermano, intentando ser el mejor hijo para mis padres, dejándome la piel para que no lo echaran tanto de menos. Al parecer, estaba equivocado.
–No digas eso, Keaton. Tus padres te adoran. Saben lo mucho que trabajas. Saben cómo eres.
Keaton sonrió de medio lado y Honor sintió pena por él. En realidad, eran muy parecidos. Ambos tenían objetivos y luchaban por ellos. Y, en el fondo, él seguía buscando la aprobación y la aceptación de sus padres.
Y en esos momentos existía la posibilidad de que su hermano gemelo le quitase el puesto. Honor podía entender que se sintiese mal. Y sabía que debía intentar olvidarse del error que había cometido y asegurarse de que Keaton no se enterase jamás.
Sonó una alarma en la cocina y ella se puso en pie.
–La cena está lista –consiguió decir sin que le temblase la voz–. Vamos a la mesa.
En su lugar, Keaton la siguió hasta la cocina.
–¿Te puedo ayudar?
–Llévate la ensalada. Ah, y deja la botella de vino en la mesa. Creo que esta noche la vamos a necesitar.
Él sonrió de nuevo, en esa ocasión con algo más de ganas.
–Buena idea.
Hablaron de trabajo durante la cena, y ya habían recogido la mesa y estaban poniendo el lavaplatos cuando Honor decidió tocar un tema más personal.
–Keaton, he estado pensando.
–¿Sí?
–Pongamos fecha a la boda. Una fecha de verdad. Pronto. No hace falta que organicemos una gran fiesta. Los dos trabajamos demasiado como para hacer nada demasiado complicado. Yo sería feliz con una ceremonia en casa de tus padres, en el salón con vistas al lago. ¿Qué te parece?
–¿Qué tal el próximo verano?
Ella tomó aire.
–Si pedimos permiso mañana, tal vez podríamos hacerlo antes, quizás a finales de enero o principios de febrero. Pocas personas, un cóctel en vez de un banquete rodeados de desconocidos… ¿Qué te parece?
–Veo que lo has estado pensando mucho.
Keaton volvía a evitar responder con claridad y eso la enfadó. ¿Acaso no deseaba que consolidasen su relación?
–Por supuesto –le respondió–. Tenemos que poner fecha, Keaton. Llevamos así demasiado tiempo.
Él hizo una mueca.
–Enero es demasiado pronto.
Honor empezó a protestar, pero él levantó una mano para interrumpirla.
–No, escúchame. Los dos estamos muy ocupados ahora en el trabajo como para organizar una boda para el mes que viene. Además, no sería justo para mamá. Ya sabes lo mucho que le gusta organizar las celebraciones con tiempo.
Honor se preguntó si para Keaton la felicidad de su madre era más importante que la suya. Intentó apartar aquello de su mente. Nancy era una mujer cariñosa, adorable, que la había acogido en su familia desde el principio. Era una actitud infantil pensar que Keaton estaba anteponiendo a su madre, aunque lo sintiese así.
–¿No te quieres casar? –le preguntó, no pudo evitarlo.
–Sí, quiero –dijo él–. ¿Ves? Ya estoy practicando para el gran día.
Ella sonrió.
–Mira, ¿por qué no lo reflexionamos antes de tomar una decisión?
La agarró por la cintura y se inclinó hacia ella para besarla, pero Honor apartó la cara en el último momento. Después, para arreglarlo, le mordisqueó el cuello. No había podido evitarlo. Ya no quería medias tintas con él. Lo quería todo. Quería que su amor fuese apasionado. No quería besos automáticos. ¿Y si hacían el amor? No quería ni pensarlo, sobre todo, después del recuerdo que tenía de Logan grabado en su mente.
Se apartó de él.
–Es tarde –le dijo.
–¿Quieres que me marche? –le preguntó Keaton sorprendido.
–Lo siento. Estoy cansada y creo que esta noche prefiero estar sola.
Keaton apretó los labios. Era el único modo en el que expresaba su enfado o irritación.
–Creo que no voy a entenderte jamás, Honor. Tan pronto insistes en que nos casemos como me echas de tu casa. ¿No te habrás enfadado porque no quiero que nos casemos tan pronto?
–No, por supuesto que no. Lo siento. No debía haber insistido en el tema de la boda. Ahora no es el momento. Estoy cansada. Nos veremos mañana en el trabajo.
–Por supuesto.
Keaton se dio la media vuelta, pero Honor supo que estaba molesto con ella.
–¿Keaton? –lo llamó.
Él se detuvo y se giró hacia ella.
–¿Sí?
De repente, Honor se sintió tremendamente vulnerable. La noche anterior había hecho algo terrible, pero acostarse con Keaton esa noche habría sido como traicionarlo todavía más.
–Vamos a estar bien, ¿verdad?
Él la miró a los ojos y Honor contuvo la respiración.
–Por supuesto –le dijo.
Y se marchó.
Capítulo Cinco
Honor casi no pudo dormir y, cuando llegó al trabajo temprano a la mañana siguiente, comprobó con fastidio que ya había alguien en su despacho. De hecho, el visitante no deseado estaba sentado a un escritorio que no había estado allí el día anterior, al que habían dejado espacio llevándose sus sofás. Frunció el ceño al entrar y sintió que se le hacía un nudo en el estómago al reconocer a Logan Parker.
Se preguntó cómo había podido darse cuenta tan pronto que era él, cuando dos días antes lo había confundido con Keaton. ¿Sería por el ángulo de su cabeza, por la posición de sus hombros? A primera vista, podría haber sido su gemelo, pero Honor estaba segura de que no lo era.
–¿Qué estás haciendo en mi despacho? –inquirió mientras entraba.
Él levantó la cabeza y la miró a los ojos.
–Nuestro despacho –le respondió con calma antes de volver a clavar la vista en la pantalla del ordenador.
–No puedes estar hablando en serio –espetó ella.
–No lo he decidido yo. Al parecer, el despacho que quería darme Douglas está siendo renovado, así que no estaré aquí para siempre.
–¿Y no ha podido encontrarte otro lugar?
Logan señaló la zona abierta de trabajo que había al otro lado de la puerta, donde estaba su equipo de diseño, no cabía nadie más.
–Háblalo con el jefe si tienes algún problema.
–Por supuesto que lo voy a hacer –replicó Honor mientras colgaba su abrigo en la percha que había en un rincón y se dirigía a su ordenador.
Se sentó y abrió el ordenador, pero no pudo obviar al hombre que tenía enfrente. Al final, dejó de fingir que estaba trabajando.
–¿Me puedes decir qué estás haciendo exactamente aquí?
Logan cerró su ordenador y la miró.
–Ayer Douglas estuvo explicándome la estructura de la empresa. Siente curiosidad por lo que yo hago en Nueva Zelanda y le gustaría barajar la posibilidad de incorporar algunas de mis ideas a Richmond Developments. Dado que tú eres la jefa del equipo de diseño, pensó que debía hablarlo contigo.
–¿Y tú no le dijiste nada?
–¿Nada? ¿De qué? Si casi no sé a qué te dedicas.
Entonces la miró fijamente y Honor se estremeció al recordar aquellos mismos ojos clavados en los suyos mientras la penetraba.
–Exacto –le respondió.
–¿Fue bien la cena de anoche con Keaton? –le preguntó Logan con naturalidad.
–Sí, fue una velada estupenda –le mintió ella–. ¿Y tú? ¿Salió la cena con Douglas y Nancy como esperabas?
–¿Como esperaba? –repitió él, arqueando una ceja.
–El regreso del hijo perdido. Ya sabes.
Lamentó sus palabras nada más decirlas. Nada de aquello era culpa de Logan, pero ella estaba decidida a considerarlo el malo de la película.
–Fue agradable –le dijo Logan sin más–. Tienen una casa muy bonita.
–Es donde crecieron Keaton y Kristin. Supongo que debió de ser extraño, estar allí sabiendo que también debería haber sido tu casa.
–Sí, pero no siento que me robasen la niñez. Siempre tuve un hogar y el amor de una familia. Mi madre y mis abuelos me dieron todo lo que pensaban que necesitaba.
–Entonces, ¿en qué estás trabajando exactamente?
–Douglas me ha dado la descripción de la última adquisición de Richmond Developments.
–¿El terreno que está frente al mar?
–Sí.
–¿Y?
–Estoy estudiando los planos, el terreno, los informes históricos.
–Ya tiene planes para ese proyecto. ¿Por qué quiere que le eches un vistazo?
–Está abierto a la posibilidad de conservar las estructuras existente en vez de derruirlas y construir de cero.
–¿Sabes que el equipo de demolición ya está reservado para finales de mes?
–Lo que significa que no tengo mucho tiempo para presentarle una contrapropuesta.
Logan la miró como advirtiéndole que se callase y lo dejase trabajar y Honor sintió calor en las mejillas.
–¿No piensas que al final va a ser una pérdida de tiempo?
Él se encogió de hombros y a ella le pareció que era un movimiento muy sensual.
–Tal vez, tal vez no. En realidad, no me concierne, así que no tengo nada que perder. Aunque pienso que Douglas se va quedar muy sorprendido al darse cuenta de lo lucrativo que esto podría ser para su empresa.
Logan tomó una decisión. Estaba cansado de dar rodeos y el comportamiento pasivo-agresivo de Honor le estaba empezando a fastidiar. Él no había hecho nada malo y ya iba siendo hora de que Honor lo aceptase.
–Veo que llevas un diamante enorme en el dedo –comentó.
Ella palideció.
–¿Te importaría explicarme dónde estaba hace dos noches?
La vio ruborizarse.
–Yo… me lo quité al llegar a la habitación –admitió por fin.
–Supongo que pensaste que yo era él –continuó Logan.
Su voz estaba desprovista de emoción, pero por dentro le ardía la sangre en las venas. Se sentía mal por haberse acostado con la prometida de su hermano. Aunque Keaton no hubiese sido precisamente simpático con él, lo último que quería era darle todavía más motivos para que lo odiase.
–Sí. Yo… últimamente… –Honor dudó–. Los dos hemos estado trabajando mucho. Si te soy sincera, llevábamos un tiempo sin estar juntos y yo pensé que había venido al hotel a darme una sorpresa y a intentar reavivar un poco nuestra relación.
Logan se quedó allí, inmóvil, en silencio, observándola. El día anterior se había sentido furioso, aunque no se le hubiese notado. Furioso consigo mismo. Jamás en su vida había tenido una aventura de una noche, jamás. Y si se hubiese limitado a dejar la tarjeta de la habitación en recepción, nada de aquello habría sucedido y él no estaría allí, en su despacho, atormentado por su olor y por el recuerdo de su cuerpo mientras le hacía el amor. No obstante, si ella no se hubiese dirigido a él en primer lugar…
¿Cómo era posible que no se hubiese dado cuenta de que no era Keaton?
–¿Te refieres a que no habéis tenido relaciones íntimas últimamente? –le preguntó.
Ella asintió.
–¿Y no te pareció raro mi acento?
–Si te soy sincera, hasta que no entraste en la habitación no me di cuenta y, después, solo pensé que era Keaton haciendo un papel.
–¿Un papel? ¿Y ahora?
–¿Ahora, qué?
–¿Qué vas a hacer? ¿Se lo vas a contar?
Honor tragó saliva.
–No lo sé. Lo cierto es que pensé que eras él. Pensé que estaba acostándome con mi prometido, no con un extraño. Te aseguro que jamás hago esas cosas.
–Ni yo –admitió Logan–. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Fingimos que no ha ocurrido?
–Esa sería mi primera opción –admitió ella.
Él la miró y no pudo evitar recordar lo suave que era su piel y cómo había respondido a sus caricias. Se estaba excitando solo de pensarlo, y eso era una estupidez. Se preguntó cómo iba a ser tener que estar en la misma habitación que ella y verla con su hermano.
–De acuerdo, entonces, nos conocimos ayer por la mañana en el despacho de Douglas.
Ella lo miró esperanzada.
–¿Podrías hacer eso? ¿Podrías olvidar…?
–Por supuesto. Tengo que hacerlo. Ambos debemos hacerlo. No sabes lo que hay en juego para mí. Cuando descubrí quién era sentí que todo mi mundo se tambaleaba. ¿Te imaginas lo que es eso?
Ella lo miró fijamente, con comprensión, pero Logan no quería su compasión. No, quería todo lo que no podía tener con ella, pero si conseguían llegar a un acuerdo, tal vez pudiese salir indemne de aquello.
–Mi madre tenía todos los recortes de los periódicos que habían escrito acerca de mi secuestro. ¿Te lo imaginas? Ahora que he descubierto mi verdadera identidad, no quiero echar por tierra la oportunidad de conocer a mi verdadera familia. Así que mi respuesta a tu pregunta es sí. Puedo olvidar, o fingir que he olvidado que pasamos una noche juntos.
–Lo siento mucho, Logan –comentó ella, sacudiendo la cabeza y bajando la mirada, avergonzada.
–Hasta ahora solo había pensado en lo que yo podía perder.
–En ese caso, ¿estamos de acuerdo?
Ella se levantó de su sillón y se detuvo delante de él.
–Sí. ¿Nos damos un apretón de manos para sellarlo?
Él aceptó, pero no se preparó para lo que iba a sentir al tocarla. Aquello iba a ser mucho más difícil de lo que había imaginado, pero tenía que conseguirlo porque, si no, podía perder lo que siempre había querido. Soltó su mano enseguida, antes de cometer una estupidez, como volver a besarla, que era lo que le estaba pidiendo el cuerpo.
Douglas Richmond entró en el despacho y Logan intentó mantener la calma a pesar de que se sentía como un niño al que acabasen de sorprender robando galletas. Miró a Honor, que parecía igual de afligida, y ambos se separaron como si hubiesen hecho algo más que darse la mano.
–Me alegra ver que os lleváis bien. Siento no haberte dicho antes lo de tu despacho, Honor, pero dado que quiero que trabajéis juntos, tenía sentido. ¿Alguna objeción?
Para su sorpresa, Honor no se quedó callada.
–En realidad, habría preferido que me avisases, pero estoy dispuesta a albergar al señor Parker mientras esté por aquí.
Douglas se echó a reír.
–¿Mientras esté por aquí? Hemos esperado treinta y cuatro años a que nuestra familia estuviese completa. Si se demuestra que Logan es quien dice ser, lo último que Nancy y yo vamos a desear es que se marche corriendo al otro hemisferio. Espero que consigas que se sienta como en casa, Honor. Ya sabes lo importante que es la familia para nosotros.
Logan se dio cuenta de que ella se ponía tensa. Aquello debía de ser su peor pesadilla. No solo tenía que enfrentarse a su error, sino que tenía que trabajar en el mismo despacho que él. Qué estrés.
Y qué tentación.
–Por supuesto que puedes contar conmigo, Douglas. Ya lo sabes. Haría cualquier cosa por esta familia.
–Nuestra familia –la corrigió Douglas suavemente–. Tú también formas parte de ella, Honor. Logan tiene algunas ideas estupendas para Richmond Developments y me gustaría que lo incluyeses en tus actividades diarias para que vea cómo funcionamos. Ahora, me gustaría que ambos vinieseis conmigo a ver el edificio que hemos comprado frente al mar.
Logan asintió.
–Si no te importa, querría pasar por el hotel a recoger mi cámara de fotos.
–Por supuesto. ¿Honor, estás libre?
Logan tuvo la sensación de que, aunque no lo estuviese, Douglas esperaba que lo dejase todo para acompañarlos.
–Espera que mire la agenda –dijo ella, acercándose al ordenador y mirando la pantalla antes de asentir–. Puedo ir ahora, pero tengo una reunión a mediodía.
–Bien, bien –le respondió Douglas, frotándose las manos–. Os espero en el aparcamiento dentro de diez minutos.
Y, sin más, se marchó.
Logan se giró hacia Honor.
–¿Siempre es así?
–¿Te refieres a si siempre espera que hagan lo que él dice? Sí.
–Y a ti te ha impuesto el tenerme aquí, ¿verdad?
–No soy yo quien debe decir eso. Solo soy una trabajadora más.
–Pero también eres la prometida de mi hermano –añadió Logan–. Douglas ha dicho que eres parte de la familia.
–Si. Y espero que no se te olvide. Ya sé que tú tampoco quieres perder a tu nueva familia, pero para mí también hay mucho en juego.
–Me ha quedado claro.
Salieron del despacho juntos y se dirigieron a los ascensores. Mientras bajaban, Honor parecía estar dándole vueltas a algo. Solo tardó unos segundos en contárselo.
–¿Ha hablado Douglas con Keaton acerca del nuevo enfoque que quiere darle a Richmond Developments?
–Anoche, no, porque no vinisteis a cenar ya que teníais otros planes. Lo mismo que Kristin.
Ella cambió de postura.
–¿Y no piensas que habría que contárselo? Al fin y al cabo, es el vicepresidente de la empresa. Tal vez tú seas la novedad para Douglas y Nancy, pero Keaton lleva aquí, trabajando muy duro, desde que terminó la universidad.
–Yo he venido a Seattle con una idea de negocio y con la esperanza de que mi familia me aceptase –se defendió Logan–. No he venido a pisar a nadie.
–Tal vez esté bien recordárselo a Douglas. Cuando se le mete algo a la cabeza no hay quien le haga cambiar de opinión, caiga quien caiga.
–Gracias por la información. Hablaré del tema con él en cuanto tenga la oportunidad.
Las puertas del ascensor se abrieron y salieron juntos, andando al mismo ritmo, como si hiciesen aquello todos los días. Logan se preguntó si a Honor le ocurriría lo mismo con su hermano.
–Vamos a esperar aquí –le indicó ella, deteniéndose de repente–. La limusina no tardará en llegar.
–¿La limusina? ¿Douglas no conduce?
–Douglas no hace nada por sí mismo si puede pagar a otra persona para que lo haga por él.
–Yo siempre he preferido hacer las cosas por mí mismo si puedo. Eso hace que me mantenga siempre atento.
Ella lo miró con sorpresa.
–Tenemos eso en común.
–Y mucho más, sospecho yo.
Y así fue cómo empezó a aumentar peligrosamente la temperatura entre ambos.
Capítulo Seis
–Será mejor que dejemos el tema –le advirtió Honor justo en el momento en el que las puertas del ascensor volvían a abrirse a sus espaldas en el aparcamiento y un coche oscuro se acercaba a ellos–. Aquí están el coche y Douglas.
Logan tuvo la sensación de que iba a añadir la palabra «afortunadamente». Se acercó al coche y abrió la puerta para Honor y su padre, y se sentó junto a esta después. Honor se apartó de él, dejando las cosas claras. Douglas, por suerte, no se dio cuenta de nada.
Tras detenerse en el hotel de Logan para que pudiese recoger su cámara de fotos, fueron media hora en coche hasta un edificio que estaba frente al mar, rodeado de negocios de poca monta y edificios de apartamentos.
Logan salió del coche y empezó a tomar fotografías a los alrededores antes de centrarse en el edificio en sí. Estaba rodeado por cercas provisionales y en ruinas, pero pudo apreciar en él la calidez de los ladrillos y empezó a imaginarse los huecos de las ventanas con nuevos marcos y cristales, ventanas que permitían ver el alma de los edificios.
Se olvidó de Honor y de Douglas y empezó a pasear por el lugar mientras tomaba cientos de fotografías. En un momento dado, miró a su padre y se dio cuenta de que este lo observaba con una sonrisa en los labios.
–Veo que te apasiona tu trabajo, ¿verdad, Logan?
Este asintió.
–Hay que conservar este tipo de lugares siempre que sea posible, eso es lo que me apasiona. Encontrar la manera más económica de seguir aferrados al pasado, al tiempo que nos aseguramos que el edificio podrá enfrentarse a los retos del futuro de la manera más ecológica posible. Ese es el desafío. Contadme lo que sepáis acerca de este sitio. ¿Cuándo se construyó el edificio, a qué estaba dedicado?
Douglas le contó que el edificio había sido un almacén durante los últimos ciento cincuenta años. Logan empezó a asentir y a tomar notas mentales mientras paseaban por la planta baja. Estaba deseando empezar a hacer bocetos. Siempre empezaba haciéndolos en papel, a la antigua usanza. Y después los pasaba a ordenador y utilizaba programas de diseño. Como era evidente, el equipo de diseño arquitectónico ponía después en práctica sus sugerencias, asegurándose de que todo encajase.
En aquel caso, lo que Logan quería era poder transmitir sus ideas y sus sueños a Douglas.
Sabía que había asumido un gran riesgo al ir allí. Tanto desde el punto de vista profesional como personal, pero lo había hecho porque era consciente de que encontrar a su familia biológica era más importante que cualquier otra cosa en su vida. En casa tenía un increíble equipo de personas que hacían que su empresa continuase funcionando. Él podía involucrarse más o menos en cada proyecto, lo que le permitía pasar allí una temporada descubriendo sus raíces.
Pasaron un rato allí y Logan se dio cuenta de que Honor empezaba a impacientarse por volver a la oficina. Él, sin embargo, podría haberse pasado todo el día allí. De hecho, volvería a la semana siguiente, pero en esos momentos necesitaba tener de su parte a Honor Gould.
–Me parece que ya tengo todo lo que necesito por el momento. Gracias por haberme acompañado a los dos –dijo mientras guardaba la cámara y se la colgaba del hombro.
–Es interesante verte trabajar –admitió Douglas mientras volvían al coche–. Me da la sensación de que tu enfoque es más artístico que práctico.
–A mí me gusta pensar que es ambas cosas, pero supongo que tienes razón. Si no eres capaz de ver la belleza en algo antes de empezar, ¿para qué continuar?
Douglas dejó escapar una carcajada.
–Un poco como cuando conoces a la mujer de tus sueños, ¿no?
Logan sonrió.
–Algo así. Dime, Honor, ¿habíais empezado ya a trabajar en la paleta cromática?
–Por supuesto, tengo a un equipo trabajando a tiempo completo en este proyecto desde hace un mes. Ya teníamos incluso las especificaciones de los apartamentos.
Parecía molesta. Como si el trabajo de su equipo no hubiese servido para nada.
–Me gustaría verlo si estás libre esta tarde.
–Estoy ocupada –replicó ella.
Su tono de voz hizo que Douglas la mirase con extrañeza.
–Entonces, mañana por la mañana –sugirió Logan.
–Le pediré a mi asistente que te lo enseñe nada más volver a la oficina.
Logan se dio cuenta de cuál iba a ser la postura de Honor y la observó mientras volvían a la limusina. Honor entró y se sentó de espaldas al conductor.
–Es una mujer guapa –comentó Douglas–, pero en ocasiones pienso que se parece demasiado a Keaton para que puedan tener un matrimonio feliz.
A Logan le sorprendió el comentario de su padre.
–¿Y eso?
–Ambos están demasiado centrados en llegar a lo más alto de Richmond Developments y me da la sensación de que se les ha olvidado dedicar tiempo a su relación. Se han quedado anclados en la fase de noviazgo y no la han superado. Nancy no deja de decirme que no me preocupe, pero yo no puedo evitar tener la sensación de que la cosa no va bien. La vida, la felicidad, valen más que todo eso.
Logan no supo qué responder, pero no le hizo falta, porque Douglas entró en el coche. Se sentó en el lugar que había ocupado Honor a la ida mientras que él se sentaba justo enfrente de ella. Sus rodillas se rozaron y Logan se dio cuenta de que a Honor le molestaba tenerlo allí.
Honor estaba deseando llegar a su reunión y apartarse de la tentadora presencia de Logan Parker. Verlo trabajar había sido toda una experiencia y cuando sus miradas se habían cruzado se había sentido como si Logan la hubiese tocado. Así que, nada más llegar al trabajo, se alejaría de él.
La noche anterior no había podido dormir después de que Keaton se marchase. Lo había rechazado y, al mismo tiempo, deseaba a su hermano gemelo, del que se tenía que olvidar. Lo que había hecho era terrible y sabía que no iba a poder tener relaciones íntimas con Keaton mientras aquel secreto se interpusiese entre ambos.
Logan había accedido a guardar silencio, pero Honor no sabía si podía confiar en él.
Intentó volver al presente al darse cuenta de que Douglas le había hablado mientras entraban en el ascensor del aparcamiento de Richmond Tower.
–Lo siento, pero estaba pensando en mi próxima reunión –mintió.
–Eso es lo que me gusta de ti, Honor, siempre anticipándote –comentó Douglas sonriendo–. Te decía que tienes que llevarte a Logan a la reunión. Es con la nueva empresa de paredes ecológicas, ¿verdad?
–Sí, pero le iba a pedir a Steve que le enseñase la paleta cromática.
–Logan tiene cosas más importantes que hacer. Quiero que se ponga al día con todo lo antes posible y la única manera de hacerlo es participando en las reuniones.
Honor apretó los dientes.
–Logan quería ver las paletas –le recordó a Douglas.
–Sí, y la verdad es que todavía estoy sufriendo las consecuencias del jet lag, así que agradecería poder quedarme en la oficina, absorbiendo ideas para el nuevo proyecto. Podría pasar mañana todo el día con Honor.
¿Todo el día? Honor se estremeció solo de pensarlo.
–Está bien –le respondió–. Ahora, caballeros, si me perdonáis, tengo que llegar a la reunión.
Salió del ascensor delante de ellos y se dirigió a la sala de reuniones que había reservado para aquella tarde. Se sentía tan molesta y distraída que ya estaba en la puerta cuando se dio cuenta de que se había dejado en el despacho sus notas y el ordenador. Así que cerró los puños con fuerza y fue a su despacho, donde entró tan deprisa que chocó con Logan.
Levantó las manos cuando sus cuerpos se tocaron y sus palmas se apoyaron en el pecho firme de él. Sintió deseo y recordó cómo había sido tenerlo piel con piel. Logan la agarró de los brazos para sujetarla y Honor retrocedió al instante.
–Lo siento –se disculpó casi sin aliento–. No he mirado al entrar.
–No pasa nada. Steve me ha dicho que necesitabas esto para la reunión, así que iba a llevártelo.
–Gracias –le respondió ella entre dientes, tomando la funda del ordenador.
Comprobó que tenía dentro todo lo que necesitaba y añadió:
–Hasta mañana.
Sin esperar a que Logan respondiese, se dio la media vuelta y se marchó, maldiciéndolo por estar allí y por existir. A pesar de sus buenas intenciones, al parecer era incapaz de estar en el mismo lugar que Logan Parker sin sentir calor por todo el cuerpo. ¿Qué le pasaba? Estaba prometida e iba a casarse. Con un hombre idéntico al hombre del que acababa de huir como alma que llevase el diablo.
¿Idéntico?, le preguntó una vocecilla en su interior.
Se le hizo un nudo en el estómago mientras reconocía que Keaton y Logan no se parecían tanto. Ella amaba a Keaton e iba a casarse con él. Era guapo, inteligente, en ocasiones, hasta ocurrente, cosas que le gustaban de él, pero no la atraía como Logan Parker. ¿Por qué no?
Honor jugó con el anillo de compromiso de camino a la sala de reuniones y, una vez allí, tuvo que hacer un esfuerzo para centrarse. Aunque no lo consiguió hasta que no llegó el nuevo proveedor. Se dijo que algún día Keaton y ella dirigirían Richmond Developments juntos, como marido y mujer. Como Douglas y Nancy hacían. Eran muy parecidos. Tenían los mismos sueños y la misma manera de ver su futuro. Y todo eso no se le podía olvidar.
Logan estaba trabajando frente al ordenador cuando entró Kristin en el despacho.
–Ah, si estás aquí –le dijo–. Estaba buscando a Honor.
–Va a estar toda la tarde reunida con un proveedor. ¿Quieres que le dé algún mensaje?
–No, ya hablaré con ella luego –le respondió ella, intentando ver lo que había en la pantalla del ordenador de Logan sin ningún disimulo–. ¿Son las fotografías del nuevo proyecto?
–Sí. Hemos estado hoy. Estoy trabajando en un plan para convencer a tu padre de salvar la mayoría de los edificios.
–¿En serio? Ya sabes que aquí no hacemos eso. No es rentable.
Logan se encogió de hombros.
–Ya veremos.
–Confía en mí. No dirijo el departamento financiero por diversión. No es posible recuperar los costes de renovar esos edificios tan deprisa como si los tiramos abajo y los construimos nuevos.
Kristin se acercó más y se quedó allí, cruzada de brazos, con la misma actitud combativa del día anterior.
–En ocasiones no se trata solo de ganar dinero –comentó Logan.
Ella se echó a reír.
–¿Estás seguro de que eres de nuestra familia?
Logan no pudo evitarlo, rio también.
–Sí, estoy seguro. Por cierto, ¿sabes si están ya los resultados de la prueba de ADN?
–Supongo que ni siquiera el dinero de papá puede comprar eso. Tardarán un par de días más, aunque tengo la sensación de que él ya no necesita ninguna prueba.
–¿Y tú?
Kristin descruzó los brazos y se dejó caer en la silla que había enfrente de él.
–Te pareces a mi hermano, pero no hablas como él.
–Pero yo sé, aquí… –Logan se llevó la mano al corazón–, que soy tu hermano. Es muy extraño, ¿verdad?
Ella frunció el ceño antes de responder.
–¿Y qué ocurrirá si eres quien piensas ser? ¿Te quedarás en Seattle? ¿Buscarás un sitio en Richmond Developments?
–Todavía no lo sé –admitió él–. En casa tengo un buen equipo que lleva mi empresa, pero siempre hace falta que alguien lo dirija. Al fin y al cabo, la idea inicial fue mía y odiaría que alguien la cambiase mientras estoy aquí.
–¿Y has pensado alguna vez en dedicarte a la política? Porque no has respondido a mi pregunta.
Él sonrió.
–Es cierto. Si somos hermanos, debería serte sincero, ¿no?
Suspiró.
–Supongo que tengo la esperanza de hacerme un hueco aquí sin pisar a nadie. Sé que tanto Keaton como tú habéis trabajado en la empresa familiar desde que terminasteis la universidad y es probable que incluso antes.
Kristin asintió.
–¿Y?
–Que yo no quiero ser el recién llegado que pasa por encima de los demás para conseguir lo que quiere. Dicho eso, debería haber formado parte de esta familia y de Richmond Developments toda mi vida. Quiero un lugar en mi familia.
Kristin volvió a asentir.
–Lo comprendo, pero hasta que tengamos los resultados de las pruebas de ADN, estás en el limbo, ¿no? ¿Y qué has hecho con tu negocio? ¿Estás de excedencia mientras estés aquí, has nombrado a un sustituto?
–De momento, estaré tres meses de excedencia.
Kristin ladeó la cabeza y lo miró muy seria.
–Esto es muy importante para ti, ¿verdad? No se trata solo de encontrar a tu familia biológica, sino, más bien, de encontrar tu verdadera identidad.
Logan, que no había sido consciente de lo tenso que estaba, se relajó ligeramente.
–Eso es. Tenía que intentarlo. Pensé que en tres meses podría demostrar que pertenezco a esta familia y descubrir si encajo o no en ella. Si no, siempre tendré mi otra familia y mi trabajo en Nueva Zelanda. Tampoco planeo abandonarlos.
Kristin asintió y lo miró con curiosidad.
–¿Y qué le parece a tu familia de allí que hayas venido?
Logan hizo girar un bolígrafo entre los dedos mientras pensaba su respuesta.
–A algunas personas les preocupa que todo esto manche el nombre de mi madre, en especial, por el asunto del secuestro. No obstante, casi todos mis primos entienden el motivo por el que es tan importante para mí. No voy a darles la espalda. Siempre los querré y los respetaré. Mi abuela todavía vive y me ha dado su bendición. Seguimos considerándonos familia. Eso es todo.
–Nuestros abuelos ya no viven –comentó Kristin–. Fallecieron antes de que yo naciese y Keaton era demasiado pequeño para recordarlos. ¿Piensas que tu abuela también nos aceptaría a nosotros?
Logan sonrió de oreja a oreja.
–Os recibiría con los brazos abiertos. Lo mismo que todos mis primos.
–Papá y mamá son hijos únicos, así que tampoco tenemos primos. A mí me gustaría formar parte de una familia más grande.
–Al parecer, si los resultados son positivos, todos podremos beneficiarnos.
La expresión de Kristin se suavizó mientras hablaban del pasado de Logan y este se dio cuenta de que su hermana era en realidad una persona muy familiar, que también buscaba un lugar al que pertenecer, lo mismo que él. Logan empezó a tener la esperanza de que Kristin lo aceptase en la familia.
–Qué fotografías más buenas. ¿Qué cámara has utilizado? No es la del teléfono, ¿verdad? –le preguntó ella, cambiando bruscamente de tema.
–No.
Logan sacó la cámara y se la ofreció.
–Utilizo esta para trabajar, aunque también suelo llevarla cuando salgo por ahí. No quiero perderme nada que pueda ser una fuente de inspiración.
Kristin sonrió al ver la cámara.
–Oh, vaya –dijo de repente unos minutos después–. Se supone que tengo que estar en otra parte. Ya seguiremos charlando en otro momento.
Logan se puso en pie y le tendió la mano. Kristin dudó un instante antes de aceptarla.
–Gracias –le dijo él.
–¿Por qué?
–Por hablarme como si no fuese el enemigo. No lo soy.
Ella asintió.
–Sí, lo sé, pero no solo me tienes que convencer a mí.
Capítulo Siete
El sábado siguiente, durante la cena en casa de sus padres, le quedó claro que al que tenía que convencer era a Keaton. Su hermano gemelo seguía desconfiando de él tanto como el primer día. De hecho, su actitud era todavía más hostil.
Honor también estaba más distante, pero Logan conocía el motivo. Ni Honor ni Keaton le habían dirigido prácticamente la palabra en toda la velada, ni tampoco hablaron entre ellos, aunque, al parecer, eso iba a cambiar porque su hermano se estaba dirigiendo hacia él con gesto de determinación.
–Keaton, me alegro de verte. No nos hemos cruzado en los últimos días y me gustaría charlar contigo cuando tengas un rato libre –le dijo él.
–Mantente alejado de mi prometida –le advirtió Keaton.
–¿Qué has dicho? –le preguntó él, sorprendido.
–Que te mantengas alejado de Honor. Me he dado cuenta de cómo la miras. Sé un caballero, Parker. Ni se te ocurra tocarla.
Logan se puso recto.
–¿Que no se me ocurra tocarla?
Se preguntó si alguien los habría visto en el hotel la otra noche y se lo habría contado a Keaton. Y pensó que sus padres cambiarían de actitud si se enteraban de lo que había ocurrido con Honor. Miró hacia donde estaba, charlando con Kristin.
–Ves, ni siquiera puedes evitar mirarla. Nos estás incomodando a los dos, así que deja de hacerlo –insistió Keaton.
–Lo siento –empezó Logan, decidiendo aplacar a su hermano en vez de enfrentarse a él.
Keaton tenía razón. No había podido apartar la mirada de Honor en toda la noche. Estaba tan bella como siempre, pero desprendía una fragilidad que no había estado ahí la noche que la había conocido y que hacía que él desease protegerla. No obstante, no era la persona adecuada para darle protección, y eso no se le podía olvidar.
–Es una mujer bella e inteligente, Keaton, y siento haberos incomodado –continuó Logan–. Por desgracia, tu padre nos ha puesto en el mismo despacho. ¿Quieres que le pida que me trasladen?
–Mira, puedo aceptar que papá piense que necesitéis trabajar juntos, por estúpida que me parezca la idea, pero asegúrate de que es solo trabajo, ¿entendido? No la mires como si fuese una hamburguesa de tres pisos y llevases una semana sin comer.
–¿Una hamburguesa de tres pisos? –repitió Logan, echándose a reír.
Keaton no pudo evitar sonreír también.
–¿Qué quieres que te diga? Tengo hambre. Las cenas de mamá no satisfacen a los que tenemos buen apetito.
–¿Quieres que vayamos a comernos una hamburguesa? Así podríamos hablar los dos solos.
Logan supo que era él quien debía tender la mano a su gemelo. Él era el recién llegado y tenía que intentar hacer feliz a su hermano, aunque, ¿debía hacerlo a expensas de su propia felicidad? Apartó aquella pregunta de su mente.
Keaton estaba negando con la cabeza.
–Lo siento, pero mañana me levanto muy temprano. Tengo una reunión en San Antonio, después otra en Houston y voy pasar un par de días a Dallas, así que hoy tengo que volver a casa pronto.
–En otra ocasión, entonces.
–Sí. Cuando vuelva.
Keaton se giró, pero Logan lo detuvo.
–¿Keaton?
–¿Sí?
–No te preocupes por Honor. Es tu prometida y lo respeto, no haré nada que pueda disgustarla.
Keaton lo miró fijamente, como si no supiese si le estaba diciendo la verdad, entonces, asintió satisfecho y le dio la mano. Ambos se dieron un apretón y luego Keaton fue a despedirse de sus padres. Honor hizo lo mismo.
Logan vio cómo se marchaban y no pudo evitar preguntarse si terminaría convirtiéndose en un mentiroso. No había dejado de desear a Honor. No podía dejar de desearla y no sabía por qué. Y se ponía furioso solo de imaginarse a su hermano acariciándola. Así que era evidente que tenía que controlar sus sentimientos. No, controlarlos, no, deshacerse de ellos.
Honor Gould estaba fuera de su alcance.
Mientras Keaton la llevaba a casa, Honor pensó que iba a estar lejos varios días. Con él cerca, tenía la sensación de que no debía preocuparse por la atracción magnética que sentía por Logan Parker, pero ¿sin Keaton allí? Se reprendió mentalmente mientras entraban en el aparcamiento de su edificio. Era más fuerte que su madre. Estaba más decidida a tener éxito, más motivada. No iba a permitir que Logan se interpusiese en el que había sido el sueño de su vida. No había trabajado tanto para echarlo todo a perder por una mala jugada de sus hormonas.
Keaton y ella tendrían una estupenda vida juntos. Estaba convencida. Estaban de acuerdo en todo, aunque les faltase un poco de pasión podría vivir sin ella.
¿Y él?
Era la primera vez que se hacía esa pregunta. ¿Se conformaría Keaton con una relación exenta de pasión? Era evidente que tenían que hablar. Honor necesitaba estar segura de que Keaton era feliz. Ella lo amaba y quería que fuese feliz, pero no estaba convencida de ser la persona perfecta para darle la felicidad.
–¿Vas a subir? –le preguntó.
–Me quedaré aquí hasta que hayas entrado en casa, como siempre –le respondió él sonriendo.
–Tenía la esperanza de algo más…
–¿Algo más?
–Sí, como una conversación acerca de nuestro futuro.
Él suspiró.
–Está bien.
Salió del coche, lo rodeó y le abrió la puerta a Honor. Era siempre un caballero y eso le encantaba, pero no era lo más importante en una relación. Ambos necesitaban más.
Una vez en su apartamento, Honor le ofreció un café.
–No, gracias. ¿De qué querías hablar? –le preguntó él sin tan siquiera tomar asiento.
Honor respiró hondo.
–De nosotros. Últimamente nos hemos distanciado. ¿Tú eres feliz, Keaton? –le preguntó mientras estudiaba su expresión.
Siempre había sido capaz de saber si era sincero o no, pero en esos momentos su gesto era distante.
–Estoy muy ocupado, por no mencionar que tengo que marcharme a San Antonio dentro de unas horas. Mira, ¿no puedes esperar a que vuelva de mi viaje? –inquirió.
Honor se acercó a él.
–Esto es importante, Keaton. Necesito saberlo. ¿Eres feliz?
Él cerró los ojos un instante antes de mirarla fijamente y Honor se arrepintió en ese instante de haber insistido.
–Pienso que deberíamos considerar la idea de tomarnos un tiempo.
–¿Un tiempo juntos, unas vacaciones? –preguntó ella esperanzada a pesar de saber que no era eso lo que Keaton había querido decir.
–No, separados.
Honor dejó escapar un gemido. De repente, sintió que todo por lo que tanto había trabajado se le estaba escapando de las manos.
–Tal vez te sorprenda mi respuesta, pero tengo la sensación de que estamos en distintas longitudes de onda. He intentado no darle importancia. He intentado incluso echarle la culpa a la resurrección de mi hermano gemelo, pero, si soy sincero conmigo mismo, la sensación de que nos estábamos distanciando ya había empezado mucho antes. Tú también te has dado cuenta, ¿verdad?
Honor asintió. Entendía perfectamente a Keaton, aunque le costase admitirlo.
Él se acercó y la abrazó.
–Vamos a darnos un tiempo para pensar en lo que queremos de verdad.
–Yo pensé que sabíamos lo que queríamos –le dijo ella, y la voz se le quebró en las últimas palabras.
Keaton suspiró y sacudió la cabeza ligeramente.
–Yo también. Mira, voy a estar fuera casi toda la semana. Vamos a aprovechar ese tiempo para reflexionar y si necesitamos más espacio cuando vuelva, nos tomaremos el tiempo necesario antes de decidir qué camino toma cada uno en el futuro.
«¿Qué camino toma cada uno?», se repitió ella, pero no lo dijo en voz alta.
–¿De acuerdo? –le preguntó él.
–Supongo que sí –respondió Honor con cautela–. Cuando nos casemos, será para siempre. Así que, como tú has dicho, tenemos que estar seguros.
–Lo siento, Honor. Sé que, entre el trabajo y los últimos acontecimientos familiares, estoy echando más leña al fuego.
–Como pareja, debemos apoyarnos el uno al otro. No sé si darnos un tiempo es una buena idea.
Tenía que luchar por él.
–Honor, aunque tú no necesites espacio para pensar, yo sí lo necesito. Todo lo que daba por hecho en mi vida se ha torcido de repente con la llegada de Logan. Estoy pensando mucho acerca de lo que de verdad es importante y me estoy dando cuenta de que, en realidad, algunas de esas cosas no son tan importantes como pensaba.
–¿Y eso me incluye a mí? –le preguntó ella, con los ojos llenos de lágrimas de repente.
Él gimió con frustración y levantó una mano para limpiarle las mejillas.
–Nuestra relación es importante. Te amo, Honor. De verdad, pero no sé si te amo lo suficiente como para casarme contigo y que pasemos el resto de nuestra vida juntos.
El hecho de que Keaton verbalizase lo que ella había estado sintiendo tampoco la tranquilizó. Honor se apartó de sus brazos y retrocedió con brusquedad.
–Será mejor que te marches. Mañana tienes que madrugar.
–¿Vas a estar bien?
Ella puso los hombros rectos.
–Por supuesto.
Él le dio un beso, pero no fue un beso de amante, sino más bien un beso de despedida. Y Honor se dio cuenta de que aquello era una señal. Lo acompañó a la puerta y, una vez allí, se tocó el anillo de compromiso.
–¿Quieres que te lo devuelva mientras nos damos un tiempo?
–No, por supuesto que no. Y aunque…
Keaton negó con firmeza.
–El anillo es tuyo, decidamos lo que decidamos.
Después de otra noche en vela, Honor llegó al trabajo de muy mal humor. Como era habitual, Logan Parker ya estaba delante del ordenador. Enfrente de su escritorio. ¿Nunca descansaba? Siempre llegaba el primero y se marchaba el último. Tal vez estuviese intentando impresionar a Douglas. No, no tenía que impresionar a Douglas y a Nancy. No buscaba su dinero. Ya era millonario, Honor lo sabía porque había estado buscando información acerca de él en Internet.
¿Significaba eso que sentía interés por él? Apartó la pregunta de su mente e intentó guardar la compostura.
–Buenos días –la saludó Logan, levantando la vista.
–Si tú lo dices –le respondió ella.
–¿Has pasado mala noche?
No había tenido una noche buena desde que él había llegado, pero no iba a darle la satisfacción de saberlo.
–Siempre me ocurre cuando Keaton se marcha. Ya lo estoy echando de menos.
Eso era exactamente lo que se esperaba de una buena prometida, ¿no? Pero ella era un fraude.
En ese momento entró Douglas Richmond en su despacho. No parecía contento.
–Me alegro de encontraros aquí a los dos –empezó–. Acabo de saber que no hemos conseguido el terreno que queríamos comprar en Portland. Al parecer, los dueños no querían que tirásemos todo abajo. Para ellos, el lugar tenía cierto valor sentimental, así que rechazaron nuestra oferta aunque fuese la más elevada. En cualquier caso, los posibles compradores se han echado atrás y los dueños nos han vuelto a hacer una oferta con la condición de que renovemos las estructuras existentes y no las destruyamos.
Hizo una pausa.
–Me parece que es una oportunidad estupenda para que Logan gestione el proyecto y quiero que ambos vayáis para allá y examinéis bien la zona antes de tomar una decisión. No quiero que se note que estamos ansiosos por comprar, pero tengo la sensación de que podría ser la joya de la corona.
–¿Y el proyecto de la semana pasada? –preguntó Logan.
–Las cifras no son buenas. Kristin dice que necesitamos sacarle un rendimiento mayor a las viviendas. Tengo que volver a hablar con ella del tema. En realidad, no estamos aquí para hacer amigos.
Honor se preguntó cómo iba a tomarse Logan la noticia, pero si esperaba que discutiese con Douglas, se llevó una decepción. Se limitó a encogerse de hombros.
–Supongo que Kristin tendrá razón. No obstante, me alegro de tener otro proyecto a la vista.
Douglas asintió.
–Quiero que salgáis en el siguiente vuelo a Portland –añadió, mirándose el reloj–. ¿Podéis ir a hacer la maleta? Mi secretaria ya os ha reservado un billete y alojamiento allí.
–Yo tengo una maleta en el maletero del coche –le respondió Honor–. Siempre estoy preparada.
–Es uno de los motivos por los que sé que puedo confiar en ti, Honor. ¿Y tú? –le preguntó a Logan.
–Puedo pasar por el hotel de camino al aeropuerto, no tardaré más de diez minutos. Es solo una noche, ¿verdad?
–Es posible que dos. Depende de cuánto tardes en conseguir toda la información que necesitas.
Honor se estremeció solo de pensar en pasar dos días enteros con Logan Parker.
–En ese caso, será mejor que nos pongamos en marcha. Supongo que Stella ya nos ha enviado por correo electrónico los detalles del vuelo, ¿verdad? –preguntó Honor, comprobando su cuenta en el teléfono y asintiendo–. Sí, aquí están.
–Bien. Esperaré un informe cuando volváis. Es muy importante que hagáis las cosas bien. Me sentó fatal perder la licitación la otra vez y no hace falta que os diga lo mucho que nos cuestan las horas de trabajo perdidas. No quiero que nada lo estropee en esta ocasión. ¿Entendido?
–Entendido –le respondió Logan con firmeza.
Douglas asintió y se marchó. Honor miró a Logan.
–No te quedes ahí parado. Hay que ponerse en marcha.
–De acuerdo.
Logan se inclinó a recoger su cámara del último cajón del escritorio y el pantalón se pegó a su trasero. «No, no, no», se reprendió Honor, obligándose a apartar la mirada. Tenía aquello bajo control. No iba a hacer ni a decir nada que pusiese su precario futuro todavía más en peligro, pero no pudo resistirse a otra mirada más y tampoco pudo evitar recordar cómo se habían movido sus cuerpos al mismo ritmo ni cómo había acariciado aquella piel.
Notó que las manos le empezaban a sudar. No podía seguir en aquella habitación con él o se arriesgaba a hacer una estupidez. Salió al pasillo. Supo que Logan la seguía y fue rápidamente hacia el ascensor.
–¿Todo el mundo reacciona tan deprisa cuando Douglas lo ordena? –le preguntó Logan cuando llegó a su lado.
–Sí. No duras mucho aquí si no haces lo que te pide, lo que no significa que no sea una persona razonable. Es un empresario justo, pero quiere resultados.
Las puertas del ascensor se abrieron y Logan y ella entraron. Honor se puso lo más lejos posible de él y lo vio apretar la mandíbula. Al parecer, que pusiese distancia entre ambos le molestaba. A ella le daba igual. En esos momentos, era la única forma que tenía de mantener el equilibrio.
Intentó convencerse de que la atraía solo porque se parecía mucho a Keaton, pero en el fondo sabía que no era verdad. Logan la atraía mucho más.
Y eso la aterraba.
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