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¿QUIÉN ME MOVIÓ EL PÚLPITO?
LIDERANDO EL CAMBIO EN LA IGLESIA

THOM S. RAINER

¿Quién me movió el púlpito?
© 2019 Thom S. Rainer
Publicado por Editorial Patmos,
Miami, FL 33169
Todos los derechos reservados.
Publicado originalmente en inglés por B&H Publihsing Group, One
Lifeway Plaza, Nashville, TN 37234 USA, con el título Who Moved my Pulpit?
A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas se toman de la
versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; ©
renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.
Diseño: Adrian Romano
Traducido y Editado por Grupo Scribere
eISBN: 978-1-58802-993-5
Categoría: Ministerio cristiano/Recursos pastorales
Impreso en Brasil | Printed in Brazil
Al equipo Rainer:
Amy Jordan
Jonathan Howe
Amy Thompson
Colaboradores increíbles.
Grandes amigos.

Y siempre a
Nellie Jo
Mi esposa
Agradecido a Dios por cuatro
décadas de amor y matrimonio.
CONTENIDO
Reconocimientos
Introducción: Un correo electrónico de desesperación
1. Cuando mueven el púlpito
2. Cinco tipos de miembros de iglesia inamovibles
3. Deténgase… y ore
4. Confronte y transmita un sentido de urgencia
5. Forme una coalición entusiasta
6. Conviértase en voz y visión de la esperanza
7. Aborde los problemas con las personas
8. Pase de un enfoque interno a un enfoque externo
9. Recoja el fruto que está a la mano
10. Implemente y consolide el cambio
11. La vida es corta. Marque la diferencia
Apéndice: Inventario para iglesias sobre la disposición al cambio
RECONOCIMIENTOS
Uno de los mayores deseos de mi vida y ministerio es ayudar a los líderes de iglesias a que mejoren la salud de sus congregaciones. Sin embargo, si la mayoría de nuestras iglesias no cambian, no serán saludables. Muchas de ellas morirán.
Soy un hombre bendecido de poder escuchar todos los días sobre la condición de nuestras iglesias. No tengo palabras para agradecer por los millones de hombres y mujeres que se unen a mí y me informan en el blog ThomRainer.com, en nuestro podcast, Rainer on Leadership [Rainer sobre liderazgo] y en nuestros ministerios de mentoría en ChurchAnswers.com. Yo recibo sus noticias todos los días. Ustedes son un regalo increíble para mí y para el cuerpo de Cristo.
Gracias nuevamente al «Equipo Rainer» por todo lo que hacen para que mi mundo ministerial y mi vida sean un gozo. Ustedes tres, Amy Jordan, Jonathan («la Voz») Howe y Amy Thompson, se encuentran entre los obreros mejores y más alegres que conozco. Creo que entenderán cuán veraces son estas palabras cuando lean la dedicatoria.
Hace diez años, cuando llegué a LifeWay, nuestro departamento de publicación de libros, B&H Publishing, estaba en problemas. Ahora es la principal editorial de libros cristianos. Muchos han contribuido con su liderazgo a este giro radical: Brad Waggoner; Selma Wilson; Eric Geiger; Cossy Pachares; y Jennifer Lyell. Jennifer no es solo la líder de los libros no académicos de B&H; sino que también aceptó gentilmente ser mi editora.
Amo y atesoro a mi familia. Sin ellos no podría hacer nada de valor. Con seguridad no podría escribir libros. Si no me fallan los cálculos, en la actualidad hay dieciocho integrantes en mi familia. Está mi esposa, Nellie Jo. Están mis tres hijos y sus esposas: Sam y Erin; Art y Sarah; y Jess y Rachel. Hace siete años, me quejaba porque no tenía nietos. Hoy tengo diez: Maggie, Bren, Joel, Nathaniel, Joshua, Canon, Will, Harper y Collins. El número diez debe nacer cerca a la fecha de publicación de este libro, por lo que aún no sé su nombre ni su género.
Ustedes, que leen mis blogs y libros, y escuchan mis podcasts, son una bendición increíble. No los merezco, pero estoy agradecido a Dios por ustedes. Escribí mi primer libro en 1989. Este libro es el número 26. Me conmueve que algunos de ustedes han estado conmigo en esta travesía desde el comienzo.
Probablemente me hayan escuchado describir la condición de las iglesias en América del Norte. Casi nueve de diez están en decadencia, o crecen más lentamente que las comunidades en las que están ubicadas. En términos claros, el 90 % de nuestras iglesias están perdiendo terreno en sus respectivas comunidades.
El cambio es absolutamente necesario en nuestras iglesias. En la mayoría de ellas, se necesita un cambio sustancial. No obstante, el cambio es muy difícil en la mayoría de las iglesias. Los miembros de estas se han vuelto autocomplacientes y cómodos; muchos de ellos se han tornado altamente resistentes al cambio.
El evangelio está en juego. Vidas eternas están en juego.
Ruego que este libro sobre liderar el cambio en su iglesia sea un catalizador para marcar la diferencia. Oro que usted y muchos líderes lo lean y estudien juntos. Y pido que usted sea valiente para liderar el cambio sin importar el costo.
¡Bienvenido al mundo donde los púlpitos se mueven!
INTRODUCCIÓN
UN CORREO ELECTRÓNICO DE DESESPERACIÓN

A través de las redes sociales, los comentarios de los blogs, el correo electrónico y otros medios, cada mes recibo varios cientos de solicitudes de consejería y asesoramiento. Me conmueve que tantas personas pidan mi asesoramiento, pero estoy frustrado de no poder responder a todas ellas.
Sin embargo, en este correo electrónico había algo que me llamó la atención. De hecho, hubo algo en él que me impulsó a escribir este libro.
Asunto: Un pedido de ayuda
Dr. Rainer:
Soy pastor y estoy a punto de renunciar. Cuento con una excelente formación de seminario en el que aprendí sobre teología, Biblia, griego, hebreo, etc. No obstante, mis conocimientos para lidiar con los conflictos o para guiar a la iglesia a hacer algunos cambios son nulos. Cada vez que intento algo, siento todo el peso de los críticos y los bravucones.
Mi esposa quiere que renuncie. Ella también siente la presión. Ella es blanco de algunas de las críticas, pero la mayor parte de su dolor proviene de verme sufrir. Muchísimas noches se ha dormido llorando. Cuando nos casamos, ella no sabía que algún día yo sería pastor. Yo tampoco. En estos momentos, no estoy tan seguro de que debería serlo.
No estoy seguro de cómo pedirle ayuda. Tengo demasiadas preguntas. Casi toda mi formación práctica en el ministerio proviene de la escuela de las adversidades y de su blog y podcasts.
Supongo que lo que más necesito es un plan que abarque «de la A la Z» para liderar el cambio en mi iglesia. Está bien, sé que es pedir demasiado; pero quizás usted podría escribir su próximo libro sobre este tema. Sé que muchos de nosotros en el ministerio nos beneficiaríamos enormemente, y sé que podría compartirlo con mis ancianos para que ellos supieran lo que estamos tratando de hacer.
Sí, esta es una petición bastante audaz, pero considérela en oración, por favor. No estoy seguro de cuánto tiempo le toma escribir un libro y ponerlo en los estantes de las librerías, pero sé que no me queda mucho tiempo. Al parecer, en los próximos años podría enfrentar tres posibilidades. El cambio probable es que continuaremos el declive hasta el punto en que la iglesia no pueda pagarme un salario. Otra posibilidad es que me despidan. Ahora mismo tengo más seguidores que adversarios, pero no sé cuánto durará esto. La opción más probable es que yo renuncie.
Estoy cansado. Mi esposa está cansada. Nunca pensé que el liderazgo de la iglesia sería así. Por favor, considere ayudarnos —a los líderes de la iglesia— a comprender cómo podemos guiar a una iglesia a cambiar cuando tenemos tantos obstáculos.
Por favor, ayúdeme. Creo que usted puede ayudar a muchísimos de nosotros. Por favor, ayúdenos antes de que sea demasiado tarde para muchos de nosotros.
Gracias.
Este libro es para ese pastor. Este libro es para todos los pastores que procuran guiar a sus iglesias al cambio. Este libro es para el personal de la iglesia y los líderes laicos que desean hacer una contribución positiva para guiar el cambio en la iglesia.
Ahora vamos a sumergirnos en el libro y en ese fatídico domingo cuando un pastor exclamó:
«¡¿Quién me movió el púlpito?!».
CAPÍTULO 1
CUANDO MUEVEN EL PÚLPITO

Derek es el tipo de persona con quien a uno le gusta estar. Tiene una risa contagiosa, y una personalidad que atrae a la gente. Y es un buen líder.
También es el pastor de la Iglesia del Redentor, una congregación de unos 250 miembros en el Medio Oeste. Derek ha sido pastor durante 23 años, por lo que no es un novato en liderar iglesias. Él ha estado en la Iglesia del Redentor durante ocho de esos años, y casi todos en la congregación lo respetan y aprecian.
Derek comprendía el tema de los cambios en las iglesias establecidas. Como líder, era metódico y gradual en su estilo. Su método de tratar con el liderazgo de la iglesia contribuyó significativamente a su permanencia en la iglesia y a su ministerio en general. No temía al conflicto, pero le parecía que demasiados líderes de la iglesia creaban conflictos innecesarios.
Como pastor, Derek notó un cambio en su propio ministerio. Sus sermones eran cada vez más conversacionales en su enfoque y tono. No había hecho ese cambio como parte de un gran plan estratégico, pero ciertamente constituía una variación notable del estilo que tenía hacía varios años.
Derek supuso que el aumento en la cantidad de los de la generación del milenio o millennials en la iglesia había influido en su enfoque de la predicación. Entre estos adultos jóvenes había profesionales de una empresa de tecnología en crecimiento de la comunidad, y otros provenían de una universidad cercana.
Era evidente que los millennials preferían el estilo conversacional de predicación. La retroalimentación más positiva a sus sermones llegó cuando cambió a un enfoque más informal. Por lo tanto, estaba seguro de que su cambio en el estilo de predicación era un resultado directo del creciente número de adultos jóvenes en la iglesia.
El pastor también había notado que los feligreses de mayor edad aceptaban su cambiante estilo de predicación. Sabía que para ellos estaba bien porque sus cambios eran graduales; predicaba un mensaje conversacional un domingo y luego pasaba seis semanas con su enfoque más formal y tradicional. Poco a poco añadió el estilo informal con mayor frecuencia hasta que la congregación se acostumbró y se sintió cómoda con él.
La vida y el ministerio eran buenos para Derek. Podía considerar quedarse en la Iglesia del Redentor por el resto de su ministerio. Estaba muy agradecido de tener el apoyo total e incondicional de los miembros de la iglesia.
Al menos así pensaba él.
El conflicto impactante
Derek se había sentido cada vez más incómodo con el púlpito que había usado durante los ocho años en la Iglesia del Redentor. Le había servido bien cuando él predicaba más formalmente, apoyado en un manuscrito. Sin embargo, ahora le gustaba acercarse más a los congregados. Percibía el púlpito como una enorme barrera de madera. No complementaba su nuevo estilo de predicación. En su mente, el púlpito exclamaba: «tradicional»; «formal»; «barrera».
Tomó una decisión. El púlpito tenía que irse.
El viernes de la semana siguiente, Derek les pidió a los dos custodios que sacaran el viejo y enorme púlpito. Lo reemplazó por un nuevo estilo de púlpito, un pequeño atril que apenas se notaba. Ahora —pensó—, el púlpito complementará mi estilo de predicación.
En retrospectiva, el pastor ahora se da cuenta de que debería haber esperado la explosión; y admite que entró al servicio de adoración ese domingo con un poco de ingenuidad. Debería haber notado la tensión entre algunos en la habitación, al igual que las conversaciones entre dientes que tuvieron lugar antes y después de los servicios.
«Estaba ciego y me tomó por sorpresa —confesó Derek—. No me di cuenta de los rumores y murmullos de aquel domingo por la mañana. Supongo que me había confiado demasiado en mi estilo de liderazgo».
Todo comenzó aquel domingo por la tarde.
Primero, hubo una serie de correos electrónicos. Todos eran negativos, aunque el tono variaba en intensidad. Un miembro de cinco años sugirió amablemente: «Usted debería habernos advertido un poco». En el otro extremo, un miembro de setenta y tantos años atacó directamente al pastor: «¡Lo que ha hecho es herético! Debería avergonzarse de sí mismo. Creo que necesitamos ejercer un voto de no confianza contra usted». El resto del correo electrónico incluía otras ochocientas palabras, pero ya usted comprende la esencia.
Las cosas andaban mal. Muy mal.
Derek perdió la cuenta de los correos electrónicos, las reuniones y las llamadas telefónicas aquella semana. Entre todas, no había una voz de apoyo. Dejó de abrir el Facebook después de ver varias publicaciones que arremetían contra él.
El pastor sabía que lo había arruinado todo. «Violé mis propios principios de liderazgo —expresó—. En las iglesias establecidas en las que serví, siempre he realizado los cambios de manera gradual. He tratado de no sorprender a la gente, y de obtener la mayor participación posible —hizo una pequeña pausa—. Supongo que tuve un período de locura temporal», concluyó, pero solo medio en broma.
Derek sabía lo que tenía que hacer. Supuso que era demasiado tarde para traer el viejo púlpito de vuelta. El daño ya estaba hecho, y él realmente quería acentuar su estilo más informal. Determinó que el próximo domingo ofrecería una disculpa formal a la congregación.
El pastor entró algo turbado en el centro de adoración el domingo siguiente. No se sorprendió de ver a la gente haciendo comentarios entre dientes. No le sorprendió sentir la tensión en la habitación. Y no se sorprendió al ver muchos ojos mirando en dirección al púlpito.
Sin embargo, sí se sorprendió por lo que vio cuando miró al lugar donde estaba el púlpito. Cuando siguió aquellas miradas hacia el podio, Derek soltó un grito ahogado. Para sorpresa suya, constató el motivo de los murmullos de ese domingo.
El viejo púlpito estaba de vuelta.
Muchos miembros sostienen que la siguiente respuesta realmente sucedió. De hecho, afirman que se escuchó tan alto que toda la congregación se detuvo en una conmoción silenciosa. Todos alegan haberla escuchado. De hecho, algunos de los miembros señalaron que la pregunta del pastor se parecía más a un lamento de agonía. «¿Quién me movió el púlpito?».
Las consecuencias
Cuando hablé con Derek sobre este incidente, él estaba en su noveno año en la Iglesia del Redentor. Había sobrevivido a la crisis, aunque a duras penas.
«Lo que es realmente decepcionante —me expresó el pastor—, es que hayamos perdido probablemente dos años de impulso y ministerio efectivos. Hemos estado muy enfocados hacia dentro abordando este problema».
El pastor todavía está procesando la cuestión. Expresó: «Por un lado, realmente no puedo creer que los miembros estuvieran tan preocupados por algo como un púlpito. No creo que se hubieran molestado tanto si hubiera predicado herejías en mi sermón. Simplemente no tiene sentido».
Le preguntamos a Derek qué hizo inmediatamente después de que trajeran el viejo púlpito de regreso. Su respuesta fue suave pero honesta: «Me enfadé muchísimo». Podríamos asegurar que, aunque habían pasado dos años, todavía había dolor y pesar. «Pensé que me había ganado el derecho de hacer algo tan sencillo como cambiar un púlpito —se lamentó; respiró hondo y continuó—: No era tan sencillo como pensaba».
Primer fallo: no orar
Derek estaba totalmente dispuesto a realizar un diagnóstico sobre esta crisis. El pastor era un aprendiz en desarrollo. Ahora que la Iglesia del Redentor había comenzado a recuperar impulso, él estaba contento de evaluar lo qué había fallado.
«Puedo decirle fácilmente cuál fue mi primer disparate —comenzó—. Cada vez que dirigí un cambio en esta iglesia, lo inicié en oración». Le pedimos que ahondara. «En todos los demás cambios —nos señaló—, pasé unas dos semanas orando al respecto antes de siquiera mencionárselo a alguien más. Esta vez actué sin oración».
Derek no había terminado de explicar. «Luego le pedía a algunos de los verdaderos guerreros de oración en la iglesia que lo pusieran en oración— continuó—. Hay alrededor de ocho de estos hombres y mujeres que tienen un corazón y una pasión por la oración intercesora. Esta vez les pasé por encima».
Hizo una pausa. Era como si Derek captara la gravedad del error que había cometido. «Comencé en mi propia fuerza —comentó casi en un susurro—. Me había vuelto tan confiado y arrogante en cuanto a mi propio liderazgo, que al parecer pensé que esta vez no necesitaba a Dios. Es una locura. Absolutamente una locura».
Segundo fallo: no evaluar las consecuencias imprevistas
Derek admitió saber que, para muchos miembros de la iglesia, el viejo púlpito era un asunto emocional. «Lo que no puedo creer —expresó—, es que nunca me pregunté cómo respondería la gente ante este cambio. Debería haberlo previsto mejor».
Uno de los principios del liderazgo en cualquier organización, sobre todo en una iglesia local, es la ley de las consecuencias imprevistas. Esta indica que cualquier cambio significativo en una organización producirá reacciones que van mucho más allá del cambio en sí mismo.
El pastor no había considerado las consecuencias de mover el púlpito. Aunque sabía que existían antiguos y profundos vínculos emocionales con el púlpito, no consideró cómo las reacciones podrían impactar la iglesia. Derek pensó que podía asegurar el éxito con la fuerza de su personalidad.
Tercer fallo: no comunicar
En una ocasión un pastor me preguntó cuánto debía comunicar un tema importante en la iglesia. Mi respuesta fue: «Mucho más de lo que lo está comunicando ahora». Para ser franco, no sabía en realidad cuánto se comunicaba con la congregación. Simplemente sé que si algo es importante para la iglesia, toda comunicación será de provecho.
Derek nunca comunicó este tema a la iglesia. Nunca explicó sus razones. No compartió con la gente sobre su estilo de predicación en desarrollo. Simplemente lo hizo. Y pagó un gran precio.
Cuarto fallo: no abordar los problemas con las personas
«Si tuviera que señalar mi error garrafal —compartió Derek—, este sería no abordar los problemas con las personas. Me equivoqué en la etapa inicial, en la intermedia y en las consecuencias».
Aunque pensé que sabía a dónde él quería llegar, le pedí que me explicara en más detalles.
«No conseguí apoyo en la etapa inicial —respondió—. Sé quiénes son las personas que más influencia ejercen en la iglesia. Yo solo me abrí paso a empujones». Luego Derek me señaló dónde se quedó corto más adelante en el proceso.
«Tuve mi oportunidad cuando entré en el centro de adoración aquella mañana —comenzó—. Debido a que estaba tan enfocado en mí mismo, tuve aquella reacción visceral. Exclamé “¡¿Quién me movió el púlpito?!”. Debí tomarme un tiempo para admitir mis errores esa mañana y compartir con la congregación por qué había cambiado los púlpitos».
Me imaginé su conversación sobre las consecuencias. Él la confirmó. «Sí, realmente empeoré más las cosas en los días y semanas que siguieron —confesó—. Me estaban haciendo añicos en las redes sociales, por correo electrónico, en reuniones y por teléfono. Vaya, los miembros de la iglesia pueden ser realmente malos. Sin embargo, en lugar de liderar, entré en un retraimiento emocional».
Eso nos lleva al quinto fallo que Derek reconoció.
Quinto fallo: no modelar un liderazgo positivo
«Estaba listo para irme de la iglesia —me dijo enfáticamente—. No crea otra cosa. ¡Quería largarme!».
Bueno, mi conversación con Derek fue dos años después del incidente. Evidentemente, no se marchó. Yo tenía curiosidad por saber más.
«Mi actitud fue pésima durante unos tres meses —admitió—. Quería irme, y estaba enojado con mi iglesia. Entré en un modo de rabieta y retraimiento. Hacia el final de ese tercer mes —añadió—, estaba leyendo Nehemías en mi momento de quietud. Me di cuenta, con mucho dolor, cuánta oposición, amenazas y problemas él enfrentó; sin embargo fue un modelo positivo de liderazgo. Él proporcionó el modelo a imitar que necesitaban los judíos para construir el muro alrededor de Jerusalén.
¡Eso me golpeó como un saco de ladrillos en la cabeza! — dijo metafóricamente—. Los miembros de la iglesia me miraban a mí y a mi ejemplo. Yo tenía que cambiar primero. Tenía que poner mi cabeza en su lugar. Tenía que asumir la actitud correcta. El cambio saludable tenía que comenzar conmigo».
Liderando el cambio en la iglesia
Volveremos con Derek más adelante. Él cometió grandes errores. Admitió que su mal liderazgo le hizo perder a la iglesia dos años de impulso.
No obstante, esta historia tiene otra cara. Es la historia de los miembros de la iglesia que están tan enfocados en «mis necesidades» y «mis deseos» que se resisten al cambio a toda costa.
A esa perspectiva nos dirigimos ahora.
Preguntas de estudio y diagnóstico
1.¿Por qué puede algo aparentemente tan pequeño como el cambio de púlpitos crear conflicto en la iglesia?
2.Lea Nehemías 1:4-11. ¿Qué nos indica la oración de Nehemías sobre la relación entre la oración y el cambio?
3.Los pastores y otros líderes de la iglesia nos afirman que hoy los miembros de la iglesia son más críticos que nunca. ¿Qué ha cambiado en los últimos 20 años para provocar esta realidad negativa?
4.¿Qué podemos aprender de Filipenses 2:1-11 sobre las actitudes correctas para los líderes y los miembros de la iglesia?
CAPÍTULO 2
CINCO TIPOS DE MIEMBROS DE LA IGLESIA INAMOVIBLES

Hay una razón por la cual el pastor Derek se frustró. Claro, él admite sin problema alguno que cometió algunos errores. De hecho, él desearía haber tenido una segunda oportunidad en el incidente del púlpito. Sabe que será recordado por la exclamación: «¡¿Quién me movió el púlpito?!».
Sin embargo, no todo es culpa de Derek. En definitiva, era solo un púlpito. No se trataba de una enseñanza herética. Realmente era solo un púlpito.
Los pastores y otros líderes de la iglesia cometen errores. Los miembros de la iglesia a menudo los exacerban. Así que, echemos un vistazo a estos miembros de iglesia inamovibles. Hay varios tipos diferentes de miembros obstinados, pero la mayoría de ellos están incluidos en estas cinco categorías.
Los negadores
Estaba ayudando a mi hijo Sam, en una consulta en un estado del Medio Oeste. Mi labor principal era entrevistar a los miembros más antiguos. La certeza de declive era clara e inquietante. La asistencia a los servicios se redujo de 350 a 180 en cinco años. La iglesia descendía por una espiral de muerte.
Una de mis entrevistadas era una dama de unos setenta años, quien había estado en la iglesia durante casi medio siglo. Le pregunté qué pensaba ella que estaba detrás del declive de la iglesia. Incluso después de tres décadas de realizar consultas en iglesias, su respuesta me sorprendió: «Nuestra iglesia no está en declive».
Le mostré el gráfico de asistencia. Ella negó su exactitud. Le pregunté si notaba más asientos vacíos en el centro de adoración. Respuesta negativa. Le pregunté si conocía a alguien que hubiera abandonado la iglesia. No recordaba a nadie.
Me di por vencido. Negación. Negación total y completa.
El negador es uno de los más difíciles de liderar para un cambio porque él o ella no cree que nada deba cambiar. La iglesia está bien como está, y no hay motivación para hacer las cosas de manera diferente. La negación es el camino más rápido hacia la muerte.
Los que se creen con derecho
El miembro de la iglesia que se cree con derecho trata a la iglesia más como un club de campo que como una iglesia. Ellos ven sus ofrendas financieras como una cuota para recibir beneficios y privilegios. Hacen que los pastores y otros líderes de la iglesia se estremezcan al afirmar: «Usted sabe que nosotros pagamos su salario».
El miembro de la iglesia que se cree con derecho es la antítesis del miembro de iglesia bíblico que se describe en 1 Corintios 12. El apóstol Pablo describe ese tipo de miembro de iglesia como dador, funcional y sacrificado. Él o ella es un miembro del cuerpo de Cristo para el bien de la iglesia. Los demás están primero.
Un miembro de la iglesia que se cree con derecho cuenta con que su estilo de adoración prevalezca. Si es una dama, ella cuenta con que las habitaciones estén pintadas con su color preferido y que el centro de adoración mantenga su temperatura predilecta. Que su pastor salte cuando lo llame. Después de todo, piensa, es mi iglesia; debería poder conseguir lo que yo quiero.
El miembro de la iglesia que se cree con derecho se resiste al cambio constantemente. Estos miembros no quieren que en la congregación se introduzca nada que altere su forma de hacer iglesia. La iglesia se trata de sus beneficios, sus deseos y su comodidad.
Los miembros de iglesia bíblicos aceptarán gustosamente el cambio a fin de alcanzar a las personas con el evangelio y glorificar a Dios. Los miembros de la iglesia que se creen con derecho están en las iglesias para satisfacer sus necesidades. Por eso el cambio es difícil y a veces inútil.
Los inculpadores
Los inculpadores prefieren culpar a ser obedientes: «Es culpa del pastor. Si nuestro pastor fuera un mejor líder, nuestra iglesia estaría mucho mejor».
Es culpa de la cultura: «Nuestra sociedad es un desastre. No podemos esperar hacer nada bien cuando el mundo está en contra de nosotros. Incluso a nuestra propia comunidad no les caemos bien. Es una batalla muy difícil».
Es culpa de las iglesias nuevas en la ciudad: «No entiendo por qué siguen abriendo nuevas iglesias en esta comunidad. Ya tenemos una iglesia casi en cada cuadra. Si se quedaran fuera de esta ciudad, todos podríamos crecer; pero se están llevando a las personas nuevas y a algunos de los miembros de las iglesias ya existentes. Hay que hacer algo en cuanto a esas iglesias nuevas».
Es culpa de otros miembros de la iglesia: «Pastor, su sermón de hoy estuvo magnífico. Espero que algunas de las personas de la iglesia que necesitaban escucharlo hayan captado el mensaje. Tenemos demasiada gente que simplemente no está esforzándose en esta iglesia».
Los inculpadores se resisten al cambio porque no necesitan cambiar, al menos desde su perspectiva. Todos los problemas tienen que ver con otras personas y otras situaciones. No ven nada malo en sí mismos.
Los inculpadores culparán. Los inculpadores no quieren cambiar.
Los críticos
Los críticos son como los inculpadores porque también creen que los problemas en la iglesia son culpa de otra persona. Sin embargo, los críticos son aún peores, ya que dejan sin energías a los pastores y a otros líderes de la iglesia.
A veces los críticos son directos, y le expondrán claramente sus sentimientos. Se lo expresarán cara a cara o en forma de comunicación escrita.
Otros críticos son más cobardes. Van a Facebook o a otras redes sociales para publicar sus quejas. No solo propagan su veneno, también atraen a otros a él.
Sé de muchos pastores que finalmente dejaron sus iglesias porque fueron castigados con mucha dureza en las redes sociales.
Quizás los peores críticos son los del grupo «L.G.D.Q.». Son las siglas de «La gente dice que…». Esta es la peor forma de crítica porque estos críticos no confiesan ser los autores de ella; son cobardes que intentan culpar a alguna persona anónima por los problemas que expresan. Por supuesto, casi todo el tiempo, la «gente que dice que…» es la que desde el principio expresa el problema. No hay otra «gente». Este tipo de crítico combina la negatividad con el engaño para emitir su opinión. Cuando se inicie un cambio, ellos están entre los primeros que se quejarán.
Son difíciles, taimados y engañosos al resistirse a los cambios.
Los confundidos
Los confundidos son a menudo miembros de iglesia bien intencionados.
En verdad le atañen a algunas cosas más importancia de la que en realidad poseen. Las protestas de los miembros de la iglesia por el nuevo púlpito es un ejemplo clásico de los confundidos que se resisten al cambio. Consideran el púlpito como algo sagrado en sí mismo. Por lo tanto, cambiar el púlpito es una violación sagrada.
A veces, entre los confundidos se incluyen aquellos que desean conservar alguna tradición por su propio sentido de seguridad y comodidad.
Estos pueden creer sinceramente que la tradición es de vital importancia. No comprenden que estos elementos no poseen un valor intrínseco o doctrinal.
He trabajado con varias iglesias que tienen un grupo de estos resistentes al cambio con respecto al orden del servicio. Si la toma de la ofrenda se cambia en su orden del culto, alguien puede sentir que se comete herejía.
En pocas palabras, los confundidos le confieren una alta prioridad a aquellas cosas que no son de alta prioridad. La creencia en la resurrección corporal es un principio no negociable. Dejar de cantar la doxología una semana no traerá consigo una condenación inmediata. Para ser receptivos al cambio, los confundidos deben deshacerse de su confusión; y esto no siempre es tarea fácil.
Conozca el mundo de las posibilidades de Dios
La primera parte de este capítulo puede desanimarlo. Puede asustarlo. Incluso puede disuadirlo de seguir adelante.
Sin embargo, hay esperanza, la esperanza de Dios.
Sé que hay una esperanza porque he visto los llamados casos perdidos convertirse en historias increíbles. Sé que hay esperanza porque he visto iglesias en áreas rurales con un crecimiento poblacional negativo convertirse en fuerzas dinámicas para la obra de Dios en sus comunidades.
Conozco la historia de una iglesia establecida en Maryland que tenía más vacas sagradas que ninguna otra iglesia que pueda recordar. La asistencia no iba en caída libre; era peor. El descenso era gradual. De hecho, tan gradual que los miembros no lo notaban.
Imagine una iglesia cuya asistencia a los servicios de adoración disminuya de 400 personas a 300 en un periodo de diez años. De esta forma, la asistencia se reduce en solo diez personas por año. Es un descenso de menos de una persona cada mes. Es virtualmente invisible para aquellos que están presentes de manera regular. No obstante, es un descenso del 25 % en una década.
La iglesia establecida en Maryland experimentó una merma gradual similar. La membresía incluía muchísimos negadores, críticos y de los que se creen con derecho. Durante los últimos veinte años, los pastores habían llegado y salido rápidamente; la mayoría de ellos se marcharon a toda prisa. Por la iglesia desfilaron tres pastores en siete años, incluidos los períodos interinos.
Se corrió la voz de que esta iglesia era una «devoradora de pastores». Ningún líder en sus cabales consideraría ir jamás a ella. Podría destruir su ministerio y lastimar a su familia.
No obstante, Marcos sí aceptó el llamado a la iglesia. Lleva ya cinco años allí. No ha sido fácil. Tuvo momentos en que cuestionó su propia cordura. Los negadores fueron los primeros en desanimarlo; los críticos y los que se creen con derecho les siguieron rápidamente.
La historia en este punto va bien. Muy bien.
La asistencia muestra una recuperación por primera vez en más de una década. Los nuevos ministerios de discipulado y evangelización están comenzando a marcar una diferencia. La reputación de la iglesia en la comunidad ahora es positiva.
Por supuesto, están los detractores: específicamente los negadores, los críticos y los que se creen con derecho. Sin embargo, en estos momentos, sus voces no predominan tanto como las de aquellos que están entusiasmados con la dirección en la que marcha la iglesia. No, las cosas no son perfectas, pero están mucho mejores.
Plan de acción para liderar el cambio
Cuando uno comienza a analizar cómo Marcos dirigió la iglesia, ocho pautas claras saltan a la vista. En muchos sentidos, estas pautas se convierten en un plan de acción para liderar el cambio. No, no es un programa de «enchufar y usar». No, no es una solución instantánea. Sin embargo, es un enfoque lógico y con buen fundamento bíblico para liderar el cambio; y es algo que obviamente se ha utilizado con éxito en numerosas iglesias.
Estoy increíblemente entusiasmado por compartir esta información con ustedes, que son líderes en su iglesia. Y aunque espero que los pastores y otros líderes del personal de la iglesia sean los principales lectores de este libro, tengo la esperanza de que también haya una buena representación de líderes laicos. Quiero que todos ustedes vean estas posibilidades de cambio en su iglesia. Oro para que todos ustedes vean las posibilidades de un ministerio y un crecimiento exitosos en sus congregaciones.
El plan de acción tiene ocho etapas, y aunque estas no son plenamente secuenciales, el proceso tiene un sentido de orden. A menudo es difícil pasar a la siguiente etapa si no se han procesado las etapas anteriores.
A continuación mostramos un resumen sencillo del plan de acción de ocho etapas para liderar el cambio en su iglesia:
Deténgase y ore El problema fundamental y crucial que se descuida confrecuencia al liderar el cambio.

Confronte y comunique un sentido de la urgencia Enfrentar y compartir los hechos crudos con la congregación.

Forme una coalición entusiasta La mayoría de las iglesias tienen al menos unos pocos miembros dispuestos para ir adelante.

Conviértase en voz y visión de la esperanza Los miembros buscan esperanza y posibilidades en los líderes.

Aborde los problemas con las personas El valor para lidiar con el bloqueo de la gente, tanto del personal como de los miembros de la iglesia.

Pase de un enfoque interno a un enfoque externo Llevar con perseverancia a la iglesia más allá de centrarse principalmente en sí misma.

Recoja el fruto que está a la mano Se necesitan las victorias evidentes para mantener un impulso positivo.

Implemente y consolide el cambio La urgencia del evangelio nunca termina. La complacencia siempre es un peligro.
El tiempo es ahora
La mala noticia es evidente. Nueve de cada diez iglesias en América del Norte están perdiendo terreno en las comunidades en las que están ubicadas. Están decayendo o crecen más lentamente que sus respectivas comunidades.
La buena noticia también es evidente. En efecto, están surgiendo más iglesias. Más iglesias se están revitalizando. Lo que parecía ser una situación imposible en muchas congregaciones es ahora una vidriera para las posibilidades de Dios.
El Nuevo Testamento es una historia en acción. Es la historia del evangelio que avanza. Es la historia de cómo se quitan los obstáculos a medida que el evangelio avanza. Hoy demasiadas congregaciones están estancadas; no están avanzando. La Gran Comisión de Mateo 28:18-20 se trata de avanzar. En su esencia, la Gran Comisión se trata de ir. Ese ir requiere un avance, y requiere eliminar los obstáculos que estorban el progreso.
Usted está a punto de entrar en el mundo de las posibilidades de Dios. Este libro no se trata de un experto que comparte su opinión; se trata más bien de una colección de historias sobre cómo Dios ha usado a los líderes para avanzar hacia el cambio y el progreso. Es la historia de la obra de Dios en las iglesias de Dios.
Mi tarea es sencilla. Yo soy el observador de estos ejemplos reales quien luego comparte la esencia de lo que ocurrió. En particular, yo me centro en compartir verdades transferibles, de modo que usted pueda liderar a su iglesia hacia el cambio.
Ahora es el momento.
Ahora es el momento de la obediencia a la Gran Comisión.
Ahora es el momento de llevar iglesias enfermas a la salud.
Ahora es el momento para usted.
En el siguiente capítulo, comenzamos el proceso con el fundamento no negociable de la oración.
Preguntas de estudio y diagnóstico
1.Dé un posible ejemplo sobre cómo cada tipo de miembro de iglesia inamovible podría obstaculizar el crecimiento y la salud en su iglesia: el negador, el inculpador, el crítico, el confundido, el que se cree con derecho.
2.Tome 1 Corintios 12 como modelo para comparar a un miembro funcional de la iglesia con uno que se cree con derecho.
3.Revise las ocho etapas del plan de acción para el cambio. ¿Dónde cree usted que se encuentra el mayor desafío para la mayoría de las iglesias?
4.¿Por qué es crucial incluir el versículo 18 en el pasaje de la Gran Comisión de Mateo 28:18-20?
CAPÍTULO 3
DETÉNGASE Y ORE

Sé por qué usted está leyendo este libro. Está bien; no soy omnisciente. Creo que sé por qué lo lee.
Usted está en una iglesia, una iglesia que le gustaría ver cambiar. Sabe que se necesita cierto nivel de cambio porque deberían alcanzar a más personas con el evangelio. Desea que la iglesia tenga un mayor impacto en su comunidad. Usted se regocijaría si la mayoría de los miembros de la iglesia actuaran como verdaderos discípulos de Cristo.
Usted lee este libro porque desea liderar el cambio o ser parte de los que lideran el cambio. No obstante, hay algo en cuanto a la gente como usted y yo. Queremos ver resultados tangibles de inmediato. Queremos estar tan activos como nos sea posible. Para nosotros, liderar el cambio significa avanzar.
Ese podría ser el mayor error que usted cometería. Antes de liderar el cambio, es momento de detenerse. Es el momento de detenerse y orar.
De regreso al pasado antes de moverse al futuro
Estoy seguro de que a usted le encanta el libro de Nehemías. Es un libro bíblico orientado a la acción. Este se trata de lograr objetivos; de un ritmo rápido de trabajo. Trata de un liderazgo de rápido progreso.
Recuerda la historia, ¿verdad? Nehemías escucha que el muro de Jerusalén está hecho pedazos, que las macizas puertas de madera han sido quemadas hasta convertirlas en cenizas. Al escuchar estas desgarradoras historias de su tierra natal, Nehemías queda devastado.
Usted recuerda lo que él hace, ¿verdad? Obtiene permiso del rey Artajerjes para regresar a Jerusalén, e inmediatamente comienza a liderar una coalición para edificar el muro. Esa es la historia, ¿no es así?
Incorrecto.
Los que somos orientados a la acción y estamos dispuestos para ver el cambio más temprano que tarde, a menudo pasamos por alto u olvidamos el primer paso de Nehemías. Está justo allí, en Nehemías 1:4: «Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos». ¿Entiende esto?
Nehemías ayunó y oró por algunos días antes de tomar medidas para liderar el cambio. Sabía que no podría liderar este esfuerzo sin la sabiduría, las fuerzas y el valor de Dios.
Nehemías oró. Tenía que hacerlo. Usted también.
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