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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 62

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.
Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS.
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
www.rbalibros.com
REF. GEBO184.
ISBN 9788424930820.
A SÓFOCLES
Alcanzaste, Sófocles, gran fama entre los sabios,
pues trenzando trenodias maravillosas
a todos nosotros dolientes nos volviste.
EPIGRAMA ANÓNIMO
A SÓFOCLES
Muchos trataron en vano de decir con gozo lo más gozoso, aquí al fin se me expresa, aquí en la aflicción.
HÖLDERLIN
INTRODUCCIÓN GENERAL
1.
La obra fragmentaria de Sófocles
1.1. EL NÚMERO. — La tradición filológica alejandrina y bizantina nos transmite un par de noticias, que, aunque no llegan a coincidir exactamente con otros datos llegados hasta nosotros, sin embargo se acercan bastante, y consigue, por lo tanto, consolidar una idea general aproximada. Se trata, concretamente, de la Vida, anónima, de Sófocles y de la Suda. En la primera (§ 18), se nos informa de que Aristófanes de Bizancio fijó en 130 las obras escritas por nuestro poeta, aunque añadía que de ellas 17 eran espurias. Para una valoración adecuada de este testimonio conviene tener presente que nuestro filólogo alejandrino vivió a caballo entre los siglos III y II a. C., unos cincuenta años más joven que Calímaco, el famoso bibliotecario de Alejandría, cuya obra los Pínakes era un gigantesco catálogo de los fondos bibliográficos de la Biblioteca, así como de otro tipo de erudición semejante, cuya fuente de información se remonta, probablemente, hasta Aristóteles. Pues bien, Aristófanes de Bizancio escribió una especie de suplemento a la obra calimaquea, lo que hace suponer que la conocía bien y que, por lo tanto, su evaluación sobre la producción dramática de Sófocles debía de ser bastante ajustada 1.
La Suda 2, bastantes siglos más tarde, fija el número en 123, dato éste bastante próximo al anterior, sobre todo si aceptamos la conjetura textual moderna de Bergk, que vio en el número 17 de las espurias un error por 7, lo cual paleográficamente es bastante fácil de admitir dentro del sistema gráfico de numeración en griego; en cuyo caso las informaciones de una y otra fuente coincidirían plenamente en 123.
Sin embargo, el problema surge a la hora de adecuar esa cifra a los testimonios que, por diversas fuentes, nos han llegado sobre obras y títulos de nuestro poeta. Ante todo, no debemos olvidar que de esas 123 hay que quitar las siete tragedias conservadas enteras, lo que nos deja entonces un número definitivo de 116.
En estas circunstancias se han hecho toda una serie de intentos para amoldar, lo más precisamente posible, el material transmitido a esa cantidad aludida. Y, dado que aquél es superior a ésta, se ha recurrido sin cesar a establecer posibles identificaciones entre distintas obras, sobre todo en los casos en que nuestra documentación no es muy amplia, suponiendo, en ocasiones, que se trataría de algún doble título —originario o posterior—, o bien que la fuente transmisora habría caído en el error de elevar a la categoría de título el nombre de un simple personaje de una obra. Dindorf, como caso especial, tiene una singular predilección: suponer segundas ediciones de una versión anterior. Todo esto no quiere decir que esos hechos no se hayan dado realmente alguna vez, sino que hay que mantener una especial cautela a la hora de servirse de ellos. Y así, del material transmitido incluyo en este volumen 124 obras independientes3, lo que equivale a una desviación en 8 del número fijado por la tradición antigua arriba expuesta. Esto no supone que no pueda haber un número mayor de identificaciones, pero, por la información de que hasta ahora disponemos, lo más aséptico es mantener esa independencia, ya que los argumentos esgrimidos en más de uno de esos intentos unificadores son un tanto aleatorios y sin una base firme.
Ahora bien, esta desviación en el cálculo se puede explicar fácilmente, si pensamos que es muy probable que, en la época de Aristófanes de Bizancio, e incluso antes, se hubiesen ido perdiendo en el olvido los títulos de algunas obras que, por diversas razones, no gozaron de una estimación especial, y que, sin embargo, han podido llegar hasta nosotros por alguna tradición particular.
1.2. LA TEMÁTICA. — Sófocles, a diferencia por ejemplo de Esquilo, compuso siempre sus obras a partir del material argumental que le ofrecía el fondo del relato mítico griego. Y, dentro de esta enmarcación general, podemos precisar, en concreto, algunas fuentes literarias que, muy probablemente, debió de utilizar. En primer lugar, Homero: la propia Vida (§ 20) de Sófocles nos habla de que nuestro poeta era llamado «homerizante», porque seguía de cerca los mitos del poeta, y en repetidas ocasiones tomó el material de la Odisea; testimonio éste cierto, puesto que vemos que Sófocles compuso varias obras sobre episodios de este poema épico, lo que no sucede con la Ilíada, con la que la relación es mucho más laxa. En segundo lugar, el Ciclo épico, que es, sin embargo, la fuente principal de sus temas, a juzgar por los resúmenes que de este último nos ha transmitido Proclo en su Crestomatía. Es bien sabido que el núcleo temático de esta serie de poemas épicos se centraba en torno a la expedición griega contra Troya y los episodios resultantes y posteriores (Los regresos, la Telegonía). Pues bien, Sófocles dedica también una gran cantidad de sus obras —en proporción, la mayor parte— a esta área del mito en sus diversos momentos 4. También habría que mencionar a Hesíodo, principalmente en su Catálogo de las mujeres, pero también en el Egimio. Aparte de estas fuentes, nuestro poeta dedica series de obras a otros núcleos míticos, como la leyenda de los Argonautas, Heracles, Dioniso, la compleja historia de los Pelópidas con sus varias ramificaciones, etc. Ahora bien, dentro de la tradición mitográfica y por encima de esas influencias antes mencionadas, en más de un caso suele convenirse en que es el propio Sófocles el autor de variantes en el relato mítico que, luego, irán a depositarse en el fondo de los repertorios mitográficos posteriores, como un Apolodoro o un Higino.
1.3. LA TRANSMISIÓN DEL MATERIAL FRAGMENTARIO SOFOCLEO. — Primero convendrá hablar del proceso en la propia Antigüedad. Todos los testimonios fragmentarios de la producción dramática sofoclea perdida nos han llegado por dos caminos: o bien directamente, en los restos papiráceos ocasionalmente descubiertos, o bien dentro de las obras de otros autores, que los citan por diversos motivos y que la tradición manuscrita medieval y renacentista nos ha transmitido.
Respecto a los papiros, en el caso de Sófocles no somos tan afortunados como, por ejemplo, en el de Eurípides. Ciñéndonos, exclusivamente, a los que se refieren a obras perdidas, disponemos, en total, de los 13 que se recogen en el libro de Carden 5, del famoso de Los rastreadores y de dos más: el Papiro de Oxirrinco 2740, publicado por Lobel en 1968, pero que es de un interés bastante reducido (= Fr. 33a), y el mucho más interesante Papiro de Oxirrinco 3151, sobre el Áyax locro (= Fr. 10c), que ha sido publicado en 1976, sin que, desgraciadamente, por lo tanto, Carden pudiese recogerlo en su excelente trabajo. Total, 16. Aunque también es cierto que hay algunos de ellos de dudosa atribución a nuestro poeta, lo que reduciría, de nuevo, ese número en un par de ellos, para dejarlo en 14, con visos de gran probabilidad 6.
Aparte de los papiros, el segundo medio de transmisión de este material fragmentario son las citas recogidas en otros autores que, a su vez, han llegado a nosostros por el camino tradicional, o sea, las copias manuscritas medievales y renacentistas. En este segundo apartado hay que establecer una clara e importante subdivisión en la que los parámetros cronológico y literario suelen coincidir plenamente. Se trata del hecho de que hubo autores que citaban los trozos de obras sofocleas directamente de un original que tenían a su disposición, mientras que otros, ya de épocas más tardías, lo hicieron, muy probablemente, de antologías de «trozos escogidos».
El primer grupo es el que, realmente, puede ser llamado «transmisión directa». Y el hecho tiene su importancia, puesto que tuvieron en su mano el contexto verdadero del pasaje que citaban, o dicho de otra forma, pudieron —salvo error personal— disponer de la interpretación correcta del texto que iban a citar, puesto que conocían la enmarcación argumental necesaria para darle su preciso sentido. Ahora bien, el problema grave reside en determinar el límite cronológico entre este período y el siguiente, es decir, el correspondiente a lo que podríamos llamar la «transmisión indirecta», en el sentido arriba esbozado. Es evidente que los ejemplos de parodias sofocleas en comedias de Aristófanes o de otros autores de la Comedia Antigua tienen que ser recogidos, con total seguridad, en el primer grupo; pero la situación comienza a complicarse según nos vamos apartando del siglo V a. C. Podemos asegurar, a grandes rasgos, que, en los autores comprendidos en los siglos siguientes, pero anteriores a la época cristiana, es admisible suponer el empleo de los propios textos —dejando ahora a un lado el problema de las desviaciones textuales del original producidas en las sucesivas copias—. Pero, con la llegada de la era cristiana, la cosa es más dudosa y se va haciendo cada vez más, según van pasando los siglos, hasta el punto de que cabe asegurar que los diversos lexicógrafos no disponían de la obra completa que citaban, sino de «resúmenes» y «trozos selectos», como es el caso del propio Florilegio de Estobeo, del que la erudición posterior hizo amplio uso. Lógicamente, el material proveniente de este segundo grupo es más delicado y su interpretación debe ser más cautelosa. De cualquier modo, en cifras absolutas y tomando como base la edición de Nauck como obra que abarca a los tres trágicos, vemos que, en este apartado, Sófocles reúne casi tantos fragmentos como Eurípides y bastantes más que Esquilo.
Éste es el panorama que existe cuando aparece la imprenta, y, al igual que en las obras conservadas enteras, va a comenzar una segunda época muy diferente de la anterior. Pero, como es lógico, este material no es de interés preferente, y habrá que dejar pasar los momentos de la efervescencia editorial inicial para que sea tenido en consideración.
El primero que manifiesta un cierto interés por esta clase de materiales es Isaac Casaubon 7, que, en sus famosas Animadversiones sobre Ateneo, del año 1600 8, hace una recopilación de títulos y fragmentos sofocleos como excursus a Ateneo, 277E. Así pues, ya tenemos el límite inicial: con el siglo XVII se inicia el rastreo de los testimonios fragmentarios de nuestro poeta. Casi veinte años después el holandés Juan Meursio, profesor de Leiden, en un trabajo sobre los tres trágicos 9, lleva a cabo el mismo cometido con un número mayor de fragmentos recogidos, aunque realmente desconocía la obra de Casaubon. Cuatro años más tarde, Hugo Grocio, «enfant terrible» de la época y uno de los iniciadores del derecho natural internacional, hizo una recopilación completa y sistemática de las citas de Sófocles recogidas en Estobeo, a las que también añadió otras muchas, procedentes de otros autores, traduciéndolas, además, en verso latino, actividad ésta en la que ya descollaba a la edad de ocho años, llegando a escribir a lo largo de su vida más de 10.000 versos 10. Finalmente, habrá que esperar casi siglo y medio para que aparezca un nuevo trabajo dentro de esta primera etapa moderna que, más arriba, he caracterizado como de «rastreo»: en 1762 el inglés Benjamín Heath, famoso por ser uno de los pioneros en aclarar el problema de la tradición manuscrita sofoclea, publicaba un trabajo sobre los tres trágicos en el que, además, incluía una recopilación de la obra fragmentaria, para lo que se servía del material de Grocio, corrigiéndolo y aumentándolo con nuevos materiales 11.
El año 1767 podemos, tal vez, considerarlo como el paso a una segunda etapa en este proceso filológico. En ese mismo año, J. Toup, en su Epistola Critica 12, incluía un trabajo semejante al anterior. Pero L. C. Valckenaer, con unas directrices muy diferentes, manifestaba, accidentalmente, en un libro sobre los fragmentos de Eurípides 13, su decisión de releer sistemáticamente a los autores antiguos para ir entresacando el material sofocleo existente y, luego, pasar a corregirlo y comentarlo. Con esta declaración de principios podemos decir que se abría una nueva etapa: la «caza y captura» sistemáticas de los posibles testimonios transmitidos. Pero, para Valckenaer, este programa iba a quedar en el campo de los desiderata; pues, aunque recogió una gran cantidad de textos, no llegó nunca, sin embargo, a ponerlos bajo las prensas. Este mérito correspondería a Brunck, que solicita a Valckenaer el susodicho material y lo adjunta en su edición de las obras sofocleas, publicada en Estrasburgo en 1786 14. Así pues, puede decirse que la verdadera editio princeps de los fragmentos de Sófocles no aparece, realmente, hasta finales del siglo XVIII. Brunck los dispone por orden alfabético griego de obras, a las que atribuye los fragmentos más largos; luego hace seguir más de 100 de los «sin título»; para cerrar la colección con una lista alfabética de glosas lexicográficas, en las que, indiscriminadamente, podían aparecer palabras sueltas, frases o, incluso, versos enteros.
Con la llegada del siglo XIX aparece, en los primeros decenios (1830), una nueva edición, la de W. Dindorf, que, básicamente, sobre los materiales de Brunck elabora una obra corregida y ampliada. Pero, por estas fechas, va a publicarse un trabajo teórico que dará un enorme impulso a los estudios sobre la producción dramática sofoclea perdida. Es el libro de F. G. Welcker 15, en el que, de una forma sistemática, el autor va estudiando obra por obra y proponiendo una serie de conjeturas argumentales que, en una medida importante, se mantienen hasta nuestros días. Prueba del interés suscitado son las diversas ediciones que en los años siguientes se hacen, aunque no suponen un avance importante sobre el nivel conseguido por la de Dindorf, que se reimprime repetidas veces hasta una quinta edición en 1867-9. Entre este grupo aludido podríamos mencionar aquí las de Wagner, Ahrens y, en especial, Hartung (1851).
Una característica especial de este período primero que nace con Brunck es el empleo constante del material transmitido sin mención del título. No se para de hacer conjeturas y sugerencias sobre la posible adscripción de esos testimonios a obras concretas, produciéndose todo un bosque de hipótesis, aunque se reconoce, en repetidas ocasiones, que las citas atribuidas a una pieza concreta, en realidad, también se adecuarían perfectamente a otras.
Pero esta efervescencia, un tanto incontrolada, de los momentos iniciales va a ser mitigada por la obra mucho más aséptica de Augusto Nauck, que en 1856 publica la primera edición de sus famosos Tragicorum Graecorum Fragmenta. Si la obra de Brunck merecía el calificativo de editio princeps, la de Nauck, ahora, se atrae el mérito de ser la primera edición con un nivel filológico importante y a la altura de los tiempos que ya corrían a mediados del siglo pasado, en la Filología clásica alemana. Cabría decir que es el primer jalón importante de los tres, a mi juicio, existentes y a los que progresivamente iré haciendo alusión. El trabajo de Nauck es fundamentalmente textual. Se busca, sobre todo, conseguir un texto definitivo lo más depurado posible, dadas las dificultades especiales que supone este tipo de material. En 1889 sacaba a la luz la segunda edición, donde ponía al día los materiales hasta ese momento aparecidos.
En el siglo XX la actividad editorial en este campo decrece en relación con la habida en el siglo anterior 16. Pero también van a producirse, de otro lado, los restantes jalones importantes a que antes me refería. En primer lugar hay que mencionar la edición de A. C. Pearson (Cambridge, 1917), como continuación a la famosa obra de Jebb sobre cada una de las siete tragedias conservadas. El filólogo inglés, realmente, continuaba la labor comenzada ya por el propio Jebb y, posteriormente, por Headlam, a los que la muerte había separado de esta tarea, que llega, así, a manos de Pearson junto con una serie de notas elaboradas por sus antecesores en el empeño, aunque la ingente labor que supone este trabajo hay que adjudicarla, noblemente, al último editor. Pues bien, si Nauck se había hecho acreedor al mérito de la primera edición textualmente cuidada, Pearson obtendrá, ahora, el de introducir un comentario y una interpretación de cada uno de los fragmentos, que siguen siendo hoy día, en ese aspecto, insustituibles en muchos puntos. Creo que es el segundo jalón importante en la filología contemporánea en torno a la obra fragmentaria sofoclea.
Después de Pearson la actividad se detiene, si exceptuamos la desarrollada con motivo de la publicación, en 1912, del Papiro de Oxirrinco 1174, que contenía un amplio trozo del drama satírico Los rastreadores y que produce la lógica efervescencia, aunque reducida a esa pieza solamente, de la que salen diversas ediciones. Realmente, el nivel científico alcanzado por el trabajo de Pearson era muy alto, y no se precisaba prácticamente nada más. Éste es, pues, el estado de cosas que perdura a todo lo largo de la primera mitad de nuestro siglo, con algunas excepciones, como la relativa, principalmente, al área del drama satírico, donde hay una mayor inquietud 17. En 1966 y dentro del volumen general de las obras conservadas enteras para la colección Tusculum, W. Willige incluye una selección de poco más de 400 frs. sobre los 1129 de Pearson, que ofrece escaso interés 18.
En la segunda mitad de este siglo hay una cierta reactivación de los estudios de esta clase de materiales, producida tal vez, de nuevo, por un empuje de la interpretación de las representaciones plásticas. En esta época, además, Carden (1974), con buen criterio y mejor pericia filológica, reúne en un volumen todos los restos papiráceos de Sófocles, a excepción de Los rastreadores, lo que supondrá una enorme ayuda para la tercera gran obra sobre los fragmentos sofocleos: la reciente edición (1977) de Stephan Radt para la nueva serie de los Tragicorum Graecorum Fragmenta, en la que ocupa el vol. IV de una serie iniciada por Snell en 1971 sobre los trágicos menores. Con Radt vemos aplicado a estos textos fragmentarios el rigor de la crítica textual actual, que tanto dista de la llevada a cabo hace cincuenta años. Además ha conseguido un rigor tan estricto en la fijación del texto y un agrupamiento tal de materiales complementarios (lugares paralelos, aparato crítico), que hacen de su edición un modelo de crítica textual, lo que le supone el que su obra permanecerá muchos años como edición base. Creo que puede considerarse el tercer gran jalón en la historia de la transmisión de la obra sofoclea perdida.
El terreno de la traducción de estos textos ha estado desde siempre mucho más descuidado, con excepción, claro está, de Los rastreadores, que ha gozado de mayor atención, debido a su amplio estado de conservación. En el siglo pasado se hicieron algunas versiones al latín o al alemán —por ejemplo, la de Ahrens o la de Hartung—, aunque casi siempre tomando como base la edición de Dindorf, puesto que son de los primeros cincuenta años, y este dato nos da ya una idea de la distancia filológica que nos separa de aquéllas. En nuestro siglo ha habido algún intento más. Hace ya unos decenios, M. Untersteiner tradujo al italiano los fragmentos de los tres trágicos según el texto de Nauck, trabajo éste que no he podido consultar por la rareza del libro 19. En 1966, W. Willige incluye una selección de 400 fragmentos en su edición de nuestro poeta para la colección bilingüe alemana Tusculum. En castellano existe una traducción de A. Espinosa Polit, de 1960 20. Recientemente y más próxima a nosotros, está la meritoria labor de M. Benavente, que, en 1971, tradujo Los rastreadores dentro de su volumen, con las siete tragedias conservadas, para la Editorial Hernando y, posteriormente 21, ha vertido al castellano los fragmentos del volumen de Pearson y los papiráceos de Page 22. También existe un texto bilingüe de Los rastreadores en la Editorial argentina Eudeba, de 1973, a cargo de un grupo bajo la dirección de D. A. Deli, que siguen fundamentalmente el texto de la edición princeps de Hunt.
2.
Consideraciones sobre nuestra traducción
2.1. CRITERIOS GENERALES Y PROCEDIMIENTO SEGUIDO. — En un tipo de texto, como el de la obra fragmentaria de un autor clásico, es preciso tener en cuenta una serie de criterios, a veces bastante distintos de los relativos a las obras enteras. En primer lugar, las introducciones han de atenerse casi exclusivamente a tratar el posible argumento, que en muchos casos es difícil, cuando no imposible, de conjeturar. Y, para ello, han de utilizarse todos los tipos de materiales que existan: tanto los literarios propiamente dichos, como los extraliterarios. En nuestro caso he intentado pergeñar un esquema claro de las diversas posibilidades de interpretación, sin entrar en excesivos pormenores, cosa que hubiera podido hacer con incluir las múltiples variantes menores que separan a unos críticos de otros. Pero, ante todo, hay que dejar en claro cuál podía ser la trama argumental de cada pieza. Con frecuencia lo he hecho al exponer el breve excursus mitográfico inicial, en el que he tratado de seguir una posible acción dramática. Y, como cierre, he rastreado el tratamiento de ese mismo tema en otros autores antiguos, griegos y romanos, destacando, cuando se podía, las posibles variantes de unos y otros; pero, en este punto, hay que tener presente que el título podía ser diferente, aunque se desarrollase el mismo tema, de igual forma que la identidad de título no supone automáticamente un paralelismo argumental, como podrá verse en varias ocasiones.
Respecto al texto propiamente dicho, hay que deslindar el contexto de la fuente y las citas realmente sofocleas. He incluido la traducción del contexto, porque puede ayudar mucho a la comprensión concreta del texto citado 23, aunque siempre hay que tener presentes las observaciones que he hecho más arriba al hablar de la doble tradición manuscrita posible. Y, en lo referente al fragmento sofocleo, hay casos en los que la alusión no es clara y, por lo tanto, la traducción dependerá de la interpretación general que, previamente, se haya dado. En esos casos procuro dejar una versión un tanto general y, luego en nota, precisar las posibles salidas 24. He mantenido la numeración tradicional de los fragmentos introducida por Pearson y, generalmente, admitida. Aparece, en ocasiones, saltada porque he prescindido de aquellos que ofrecían un interés exclusivamente lexicográfico, que para una traducción se hacían realmente inútiles, lo cual se produce prácticamente en los casos de una sola palabra, y no en todos.
Para el texto de las fuentes se ha seguido casi siempre las ediciones del Diccionario Griego-Español, Madrid, 1980, fascículo I, adonde remito para los detalles bibliográficos. En los pocos casos en que me separo hago constar el nombre del editor en la cita del fragmento correspondiente.
En el cuerpo de las notas se recoge la información necesaria para que el fragmento pueda comprenderse en el posible contexto de la obra a que pertenecía. Y también se ha retirado a ese lugar una parte de la documentación que podía, tal vez, ir en la Introducción, pero que, en ese caso, se haría mucho más amplia de lo que, en ocasiones, ya lo es. Se evita sistemáticamente la mención de lugares paralelos, que no cabrían en una colección como ésta, puesto que sería de utilidad únicamente para el especialista. Una gran recopilación puede consultarse en las notas de Pearson a los diferentes fragmentos. En todo momento he tratado de dar una bibliografía posterior a la obra del filólogo inglés, aunque en ocasiones no ha sido posible.
2.2 EDICIÓN SEGUIDA Y VARIANTES TEXTUALES. — La edición base seguida es la arriba mencionada de Radt, de la que, sin embargo, me separo en los siguientes fragmentos:

En una serie de casos Radt supone que no se trata de textos sofocleos y los elimina de su edición, retirándolos al grupo de los Adespota («fragmentos de autor desconocido»). En esas ocasiones los mantengo en un intento de que no se pierdan para el lector no especializado, aunque en cada caso se hacen las consideraciones oportunas sobre su dudoso valor. Para esos fragmentos sigo la edición de R. Kannicht-B. Snell, Tragicorum Graecorum Fragmenta, vol. 2: Fragmenta Adespota, Gotinga, 1981.
Finalmente, para los fragmentos no dramáticos utilizo el texto de M. L. West en sus Iambi et Elegi Graeci, Oxford, 1972, vol. II, págs. 145-6, aunque en los núms. 6 y 7, el Peán a Asclepio, él mismo remite a D. L. Page, Poetae Melici Graeci, Oxford, 1962, págs. 380-1.
2.3. BIBLIOGRAFÍA GENERAL. — El último estado de la cuestión amplio es el de H. F. Johansen, «Sophocles 1939-1959», Lustrum 7 (1962), 94-288, en especial 273-288. De todas formas, han seguido apareciendo los conocidos panoramas de la revista austríaca Anzeiger für die Altertumswissenschaft a cargo, frecuentemente, de A. Lesky. Los trabajos particulares relativos a una obra o grupo aislado de obras se citan en los lugares correspondientes. Aquí sólo mencionaré aquellos libros que, por su índole de carácter general y de importancia, son aludidos constantemente a lo largo del volumen, donde se citarán, simplemente, de forma abreviada, añadiendo la página o páginas que, en cada caso, sea preciso. Remito aquí para los detalles editoriales de cada uno:
R. CARDEN, The Papyrus Fragments of Sophocles. An edition with prolegomena and commentary. With a contribution by W. S. Barrett, Berlín-Nueva York, 1974.
J. A. HARTUNG, Sophokles’ Fragmente. Griechisch mit metrischer Übersetzung und prüfenden und erklärenden Anmerkungen (Sophokles’ Werke, achtes Bändchen), Leipzig, 1851.
H. J. METTE, Der verlorene Aischylos, Berlín, 1963.
A. NAUCK, Tragicorum Graecorum Fragmenta, Leipzig, 2.a ed., 1889.
D. L. PAGE, Select Papyri. III: Literary Papyri. Poetry. Texts, translations and notes, Londres, Loeb, 1962.
A. C. PEARSON, The Fragments of Sophocles. Edited with additional notes from the papers of Sir R. C. Jebb and W. G. Headlam, Cambridge, 1917.
S. RADT, Sophocles. IV: Tragicorum Graecorum Fragmenta (F 730a-g edidit R. KANNICHT), Gotinga, 1977.
O. RIBBECK, Die römische Tragödie im Zeitalter der Republik, Leipzig, 1875 (reimpr. en Olms, Hildesheim, 1968).
C. ROBERT, Die griechische Heldensage (= L. PRELLER, Griechische Mythologie, II, 4.a ed.), Berlín, 1920-6.
W. SCHMID, Geschichte der griechischen Literatur, Munich, 1920 ss.
L. SÉCHAN, Études sur la Tragédie grecque dans ses rapports avec la Céramique, París, 1926.
T. B. L. WEBSTER, An introduction to Sophocles, Londres, 2.a ed., 1969.
—Monuments illustrating Tragedy and Satyr play, Londres, 2.a ed., 1967.
— The tragedies of Euripides, Londres, 1967.
F. G. WELCKER, Die griechischen Tragödien mit Rücksicht auf den epischen Cyclus geordnet, Bonn, 1839-41.
W. WILLIGE, Sophokles. Tragödien und Fragmente, Munich, 1966.
3.
Lista de abreviaturas
3.1. ABREVIATURAS DE REVISTAS CITADAS. — Se sigue la forma tradicional establecida en L’Année Philologique.
| AA | = Archäologische Anzeiger. |
| AAHG | = Anzeiger für die Altertumswissenschaft. |
| AAT | = Atti della Accademia delle Scienze di Torino. |
| Aegyptus | = Aegyptus. Rivista Italiana di Egittologia e di Papirologia. |
| AJA | = American Journal of Archaeology. |
| AJPh | = American Journal of Philology. |
| AK | = Antike Kunst. |
| Antiquity | = Antiquity. A quarterly Review of Archaeology. |
| Arethusa | = Arethusa. A journal of the wellsprings of Western man. |
| ASNP | = Annali della Scuola Normale Superiore di Pisa. |
| Athenaeum | = Athenaeum. Studi periodici di Letteratura e Storia dell’ Antichità. |
| BICS | = Bulletin of the Institute of Classical Studies of the University of London. |
| BIEH | = Boletín del Inst. de Estudios Helénicos. |
| BPhW | = Berliner philologische Wochenschrift. |
| CFC | = Cuadernos de Filología Clásica. |
| CQ | = Classical Quarterly. |
| CR | = Classical Review. |
| Dioniso | = Dioniso. Rivista trim, di st. s. teatro antico. |
| Eclás | = Estudios Clásicos. |
| Eos | = Eos. Comentarii Societatis Philologae Polonorum. |
| EtClass | = Études Classiques. |
| Glotta | = Glotta. Zeitschrift für griechische und lateinische Sprache. |
| Gnomon | = Gnomon. Kritische Zeitschrift für die gesamte klassi sche Altertumswissenschaft. |
| GRBS | = Greek, Roman and Byzantine Studies. |
| Hermathena | = Hermathena. A Series of Papers by Members of Trinity College. |
| Hermes | = Hermes. Zeitschrift f. klass. Philologie. |
| HSCPh | = Harvard Studies in Classical Philology. |
| ICS | = Illinois Classical Studies. |
| JCS | = Journal of Classical Studies. |
| JDAI | = Jahrbuch des Deutschen Archäologischen Instituts. |
| JHS | = Journal of Hellenic Studies. |
| Lustrum | = Lustrum. Internat. Forschungsberichte a. d. Bereich d. klass. Altertums. |
| MC | = Museum Criticum. |
| Mnemosyne | = Mnemosyne. Biliotheca Classica Batava. |
| NGG | = Nachrichten von der Akademie der Wissenschaften in Göttingen. |
| PCPhS | = Proceedings of the Cambridge Philological Society. |
| Philologus | = Philologus. Zeitschrift f. klass. Philologie. |
| PhW | = Philologische Wochenschrift. |
| Polemon | = Polémōn. Archaiologikón Periodikón. |
| QUCC | = Quaderni Urbinati di Cultura Classica. |
| RAAN | = Rendiconti dell’ Accademia di Archeologia… di Napoli. |
| REG | = Revue des Études Grecques. |
| RFIC | = Rivista di Filologia e di Istruzione Classica. |
| RhM | = Rheinisches Museum. |
| RIGI | = Rivista Indo-greco-italica. |
| RIL | = Rendiconti dell’ Istituto Lombardo. |
| SBAW | = Sitzungsberichte der Bayerischen Akademie der Wissenschaften. |
| SicGymn | = Siculorum Gymnasium. |
| SIFC | = Studi Italiani di Filologia Classica. |
| Sileno | = Sileno. |
| ZAnt | = Ziva Antika. Antiquité vivante. |
| ZPE | = Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik. |
| WS | = Wiener Studien. |
3.2. ABREVIATURAS DE LAS DIVERSAS PARTES DEL VOLUMEN.
| Intr. gen. | = Introducción general. |
| Frs. obr. con. | = Fragmentos de obras conocidas. |
| Frs. lug. desc. | = Fragmentos de lugar desconocido. |
| Frs. dud. y esp. | = Fragmentos dudosos y espurios. |
| Frs. obr. no dram. | = Fragmentos de obras no dramáticas. |
Finalmente, querría testimoniar aquí mi agradecimiento, en primer lugar, al Prof. F. R. Adrados, que ha revisado este volumen dentro de las normas de esta Bilioteca, y lo ha mejorado con sus observaciones. También debo un agradecimiento especial a Luis Serrano Miguel, por la ayuda prestada en la confección material del original. Igualmente, a la Bilioteca del Instituto Alemán, que ha tenido la amabilidad de traerme a Madrid un ejemplar del Welcker y del Hartung, obras que, sin su concurso, me hubiera sido mucho más difícil consultar. Y, por último, a Conchita Serrano, mi mujer, por su ayuda en la fijación de las ediciones de las fuentes, trabajo éste en ocasiones poco grato, pero siempre intrincado y problemático.

1 Cf. R. PFEIFFER, History of classical Scholarship, Oxford, 1968, vol. I, pág 133 (hay trad. esp.), y concretamente, sobre este problema sofocleo, 128.6 Addenda.
2 La Suda, s 815 ADLER.
3 Todos coinciden oportunamente en ver como dobles títulos: El culpable Aletes, por un sencillo error textual —Radt, de todas formas, rechaza la autoría sofoclea de esta pieza—; Enómao con Hipodamía, pues el nombre de este personaje femenino habría sido utilizado, en alguna ocasión, para nombrar la obra; Atreo y Las miceneas, donde los componentes del coro pudieron ser utilizados, alguna vel, como otro título de la pieza; Iocles y Oícles, ya que esta alteración del segundo en el primero está constatada en otras áreas de la tradición manuscrita; Nausícaa y Las lavanderas, así como Pandora y Los destripaterrones, o Los adivinos y Poliido, donde tendríamos el fenómeno visto en el caso del Atreo. A todo esto hay que añadir la gran probabilidad de que Sófocles no escribiese nunca un Egisto, una Alcestis, una Medea, un Pelias ni un Prometeo, puesto que los datos que, alguna vez, se han dado en su apoyo son de muy escaso peso específico, y lo más sensato es dejarlos en una grave interrogación (para más detalles, cf. las obras respectivas).
4 Zoilo, uno de los deipnosofistas de Ateneo, llega a decir, en 277E, que nuestro poeta había compuesto «todas sus obras» siguiendo el material mítico del Ciclo.
5 Para los pormenores bibliográficos, cf. el punto de esta Introducción dedicado a la bibliografía general.
6 A esta cifra habría que añadir algún otro, que, aunque sin aportar texto propiamente sofocleo, nos informa de algún pormenor sobre alguna de sus obras. Por ejemplo, el Papiro de Oxirrinco 3013 en torno al Tereo (cf. n. 1158 de los Frs. obr. con.). O el 2812 de la misma colección, donde un comentario a una tragedia sobre Laocoonte da los nombres de las serpientes que intervinieron en este episodio, y sabemos por la fuente del Fr. 372 que Sófocles los mencionaba en su obra sobre ese héroe troyano (que el comentario es, en concreto, del gramático Didimo, y que se esta refiriendo a la obra sofoclea, es una conjetura de W. LUPPE en su reseña al vol. XXXVII de esta colección de papiros en la revista Gnomon 45 [1973], 326). Pero, realmente, este tipo de información no debe ponerse al nivel de los testimonios papiráceos que nos ofrecen auténticos textos. De otro lado, respecto a sus épocas, el más antiguo se remonta al siglo III a. C. (= Frs. 442-5, correspondientes a la Níobe), y el más reciente, a un período del II/III d. C. (= Fr. 555 y 555b de Los escirios), pero la mayoría de ellos son del II d. C., es decir, una fecha nada temprana.
7 Para los pormenores sobre su movida actividad filológica, alentada lógicamente por su suegro, el no menos importante Henri Étienne, cf. R. PFEIFFER, Hist. of class. Scholarship, vol. II, Oxford, 1976, págs. 120-2.
8 I. CASAUBON. Animadversionum in Athenaei Dipnosophistas libri XV, Lyón, 1600.
9 J. MEURSIO, Aeschylus, Sophocles, Euripides. Sive de Tragoediis eorum libri III, Leiden, 1619.
10 H. GROCIO, Dicta poetarum quae apud Stobaeum exstant. Emendata et Latino carmine reddita…, París, 1623.
11 B. HEATH, Notae sive lectiones ad tragicorum Graecorum veterum Aeschyli, Sophoclis, Euripidis quae supersunt dramata deperditorumque reliquias, Oxford, 1762.
12 J. TOUP, Epistola critica ad celeberrimum virum Gulielmum, Episcopum Glocestriensen, Londres, 1767.
13 L. C. VALCKENAER, Diatribe in Euripides perditorum dramatum reliquias, Leiden, 1767.
14 BRUNCK, Sophoclis quae exstant omnia cum veterum grammaticorum scholiis. Superstites tragoedias VII ad optimorum exemplarium fidem recesuit, versione et notis illustravit, deperditarum fragmenta collegit, Estrasburgo, 1786.
15 Para los pormenores bibliográficos, cf., más abajo, el apartado de Bibliografía General en esta misma Introducción.
16 De todas formas no hay que olvidar que es, en los últimos años del siglo pasado y comienzos de éste, cuando se publican varios de los papiros con material de obras perdidas sofocleas. Y, a todo ello, hay que añadir la actividad desarrollada, por esa misma época, en torno a la cuestión de la relación entre el teatro y las diversas artes plásticas, tema éste sobre el que se escribirán por esos años varios libros específicos, destacando figuras como Robert o Engelmann; epílogo de todo lo cual podrá ser, tal vez, la excelente obra de Séchan ya en la década de los años veinte (para detalles bibliográficos, cf. más abajo).
17 Por ejemplo, Victor Steffen, que en 1935 hace una edición específica de los dramas satíricos del teatro griego, reeditándola bastante mejorada en 1952.
18 Algo semejante a lo que había hecho Campbell, a finales del siglo pasado, siguiendo el texto de la primera edición de Nauck.
19 Prueba de esta rareza es el hecho de que ni siquiera aparece mencionado en la Bibliografía del filólogo italiano recogida en págs. 11 y sigs. de Mythos. Scripta en honorem Marii Untersteiner, Genova, 1970. La traducción se publicó en la Ed. Bocca, Turín, y debo aquí expresar mi agradecimiento a la amabilidad del Prof. M. Gigante de la Universidad de Nápoles, que fue quien me proporcionó la información bibliográfica.
20 A. ESPINOSA POLIT. Sófocles. Las siete tragedias y los 1129 fragmentos, Méjico, 1960. No me ha sido posible utilizarla. A juzgar por el título debe de seguir la ed. de Pearson.
21 M. BENAVENTE, Fragmentos de Sófocles. Traducción y comentario, Granada, 1975. Sobre el trabajo de Benavente hay que decir que tiene el mérito de haber sido el primero que se ha enfrentado con la casi totalidad de los fragmentos conservados. En más de una ocasión me ha supuesto una ayuda apreciable. Es una pena, únicamente, que no le diese la enmarcación filológica que un texto de este tipo necesita.
22 Para los detalles bibliográficos, cf. el apartado específico en esta Introducción General.
23 En los casos en que no he traducido el contexto se ha debido a que no tenía ningún interés literario para la mejor comprensión de la cita sofoclea. En la mayoría de los casos se trataba de explicaciones lingüísticas o métricas, que, en una traducción sin texto original al lado, carecían de interés.
24 Sobre la problemática general que ofrece la obra fragmentaria no voy a entrar aquí. Remito a un trabajo reciente, donde, además, puede verse la bibliografía al respecto: J. LENS, «La reconstrucción de las tragedias perdidas. I: Los materiales», Sodalitas 1 (1980), 85-112.
FRAGMENTOS
DE OBRAS CONOCIDAS

ADMETO
Admeto es el rey de Feras, en Tesalia. En el relato mítico destaca, fundamentalmente, por dos motivos. De un lado, fue uno de los dos amos mortales a los que tuvo que servir Apolo, en castigo por haber intentado, en otras tantas ocasiones, una estratagema contra Zeus. Pero también, y tal vez con mayor relevancia, nuestro héroe es famoso por el episodio con su mujer Alcestis, que Eurípides trató en la conocida obra de ese nombre.
La posible existencia de un Admeto sofocleo es discutida. Nuestro único punto de apoyo es Plutarco, que, en un pasaje de sus Moralia 1, alude a la servidumbre de Apolo bajo Admeto y menciona un verso de Sófocles en cuyo comienzo dice textualmente: «el Admeto de Sófocles». Esto puede interpretarse como título de una obra, o bien, más simplemente, como un personaje de otra pieza, que tendría que ser su aún más discutida Alcestis 2. Contra todo ello estaría el testimonio de Aristófanes de Bizancio, que, en su argumento a la Alcestis euripídea, señala que «ninguno de los otros dos trágicos» escribió sobre este tema. En época moderna se han propuesto varias soluciones. F. G. WELCKER, Die griechischen Tragodien mit Rücksicht auf den epischen Cyclus geordnet, Bonn, 1839-41, págs. 344-8, supuso que nuestro poeta escribió una Alcestis, y en su opinión le corresponderían los Frs. 770, 851, 911 y 953, todos ellos, como puede verse, transmitidos sin mención de título. Pero, claro está, esta postura conlleva el descrédito del filólogo alejandrino. Otro camino de solución ha sido atribuir esa serie de fragmentos a un Admeto en el que, además, se trataría un tema diferente del de la pieza euripídea, lo que, de alguna manera, salvaría la afirmación de Aristófanes. En este segundo sentido ya argumentó J. A. HARTUNG, Sophokles’ Fragmente, Leipzig, 1851, págs. 104-7, que, además, propuso la hipótesis de que era un drama satírico. En época más reciente, Dale 3, basándose en el repetido tratamiento que tuvo este tema en la comedia, sostiene un criterio semejante. Y, últimamente, Sutton 4 abunda en el mismo sentido.
ATAMANTE I Y II
Atamante era hijo de Éolo y de Enáreta. Reinó en Beocia, probablemente en la propia Tebas. Sus diversos matrimonios, con sus complejas consecuencias, es lo que va a determinar su leyenda. Casó, en primer lugar, con Néfele y, de esta unión, nacieron Frixo y Hele. Luego la repudió y se unió en segundas nupcias a Ino, la hija de Cadmo, con la que tuvo a Learco y Melicertes. Ino determinó eliminar a sus dos hijastros y, para ello, planeó una estratagema, cuyo resultado fue que Atamante decretó la muerte de Frixo, en bien de la comunidad y siguiendo lo que él creía oráculo del dios de Delfos. Sin embargo, en el momento mismo de encaminarse Frixo al altar, Néfele le dio un carnero de toisón de oro, que lo evantó por los aires y transportó a la Cólquide 5
Este relato lo complica la tragedia, y en especial Eurípides, de diversas maneras. Pero la tradición más extendida explica que, después del sacrificio de Frixo, Atamante se vio atacado de locura, castigo que le había sido enviado por Hera, al aceptar nuestro héroe cuidar a Dioniso. De resultas de este mal dio muerte a Learco, y, en esas circunstancias, Ino por su parte mata también a Melicertes y se arroja ella misma, después, al mar con su hijo en brazos.
Pero la peripecia nupcial de Atamante no acaba ahí. Se casa por tercera vez, ahora con Temisto, en Tesalia, tras su destierro de Beocia. Allí estuvo a punto de morir a mano de los naturales del país, por haber transgredido una prohibición religiosa, intriga maquinada, probablemente, por su primera esposa Néfele en venganza por la muerte de Frixo. Según algunas fuentes, fue salvado en el último momento por su nieto Citisoro; según otras, por el propio Heracles.
Por diversos testimonios 6 sabemos que Sófocles escribió dos obras sobre este personaje mítico. Dindorf, por el contrario, piensa, más bien, que debió de tratarse de dos ediciones de una misma pieza. Dado lo exiguo de lo conservado de ellas, es difícil determinar cuál pudo ser la temática de una y otra en concreto.
La mayor inseguridad se cierne sobre el Atamante I. De todas formas, es bastante probable que su argumento era la locura del héroe por obra de Hera, encolerizada contra él y contra su esposa Ino por haberse encargado ambos del cuidado de Dioniso, a instancias de Zeus. En su extravío mental nuestro héroe daba muerte a su hijo Learco en el monte Citerón, confundiéndolo con un león o un ciervo, si seguimos la narración de APOLODORO, Biblioteca III 4, 3. Desde el terreno estricto de los textos conservados, el Fr. 5 parece aludir a Dioniso de alguna manera. Desde el ámbito arqueológico Fuhrmann 7 sugiere, con bastante verosimilitud, que en una copa «homérica» se reproduce una escena de esta obra, con lo que tendríamos un nuevo apoyo del relato de Apolodoro.
Respecto al Atamante II hay una mayor seguridad en base al testimonio de varias fuentes. Su argumento debía de tratar de la maquinación de Néfele en su intento por conseguir que su antiguo esposo pereciese, de lo que le salvará Heracles al comunicarle que su hijo Frixo estaba vivo.
Steffen 8 ha supuesto que uno de los dos Atamantes era un drama satírico, dado el carácter jocoso que ve en el Fr. 5. Por el contrario, Sutton 9 piensa que no hay razón alguna para una tal caracterización, dado que ese fragmento debía de pertenecer al primer Atamante, una tragedia, sin duda alguna, «dionisíaca».
HARTUNG, Soph. Fr., págs. 85-6, supuso que el Fr. 739, transmitido sin título de obra, pertenecía a la primera de estas piezas, basándose en el paralelismo con varios fragmentos del Atamante de Accio. Y, de igual forma, el Fr. 998, en que se mencionan algunos datos geográficos en clara relación con este héroe, Nauck y Pearson lo adscriben, igualmente, a estas piezas.
Una obra de igual título la escribieron Jenocles I, en el siglo V a. C., de la que sólo conocemos el título, así como que tenía tratamiento de drama satírico, y, ya en el IV, Astidamante II. Pero habría que tener presentes, igualmente, los diversos Frixos 10, así como la Ino euripídea, puesto que también aquí se trató la misma área del mito. Entre los poetas trágicos latinos sabemos que Ennio y Accio escribieron sendos Atamantes 11. Pero también este tema del mito fue tratado por la Comedia, y así conservamos el testimonio de comedias con este título escritas por Antífanes y Anfis, ambos en el s. IV a. C.
4 QUEROBOSCO, Escolios a los Cánones de Teodosio 1, 289.24: …estando como está sin hijos, sin mujer y sin hogar… 12.
4a Escolio a PÍNDARO, Pítica IV 288a:
Ésta (la madrastra de Frixo) Píndaro en los Himnos dice que era Damódica; Hipias, que Gorgópide; Sófocles, en Atamante, que Néfele; Ferécides, que Temisto 13.
5 Lexicon Messanense, fol. 280v22 RABE: Pues con vino fluye para nosotros, entonces, el Aqueloo 14.
6 Antiaticista, Anecdota Graeca 106, 33 BEKKER:
Blanco día 15: el bueno. Sófocles en Atamante.
ÁYAX LOCRO
Áyax, hijo de Oileo, fue a Troya en la expedición griega al frente de un grupo de locros. Intervino activamente en la lucha, precisamente al lado del otro Áyax, el hijo de Telamón. Pero, por contraposición, el héroe venido de Lócrida es de reducida estatura y, sobre todo, de mal carácter, incluso impío. Su hecho tal vez más notable es el sacrilegio cometido contra Atena: durante la toma de la ciudad, Casandra se había refugiado en el altar de la diosa abrazándose a su estatua; pero Áyax, deseoso de poseerla, trató de arrancarla violentamente y arrastró, en su empeño, a la muchacha y a la efigie de Atena. En este punto del relato la tradición mitográfica más corriente nos dice que los griegos quisieron lapidarlo, pero que él se refugió curiosamente en el altar de la diosa ultrajada y que, de esta manera, se salvó. En el viaje de regreso, Atena, irritada por la afrenta que había sufrido, envió una tempestad contra la flota aquea y la nave de este Áyax fue una de las destruidas, pero el héroe se salvó gracias a la ayuda de Posidón. No obstante, y prueba de su impío carácter, se jactó de haber salido indemne a la cólera divina, y ya entonces el dios del mar, tras seccionar con su tridente la roca en la que aquél se había refugiado, lo hizo morir ahogado 16.
WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 161-6, a pesar del escaso material disponible en su momento, supuso que el nudo dramático de esta tragedia estaba en torno al episodio del sacrilegio y, consiguientemente, la hacía derivar del poema épico El saco de Troya, en el que debía de tratarse este tema, a juzgar por el resumen de Proclo 17. El filólogo alemán trae, además, a colación la descripción que nos transmite Pausanias de dos pinturas de Polignoto probablemente: una es la del Pórtico pintado en el ágora de Atenas, donde aparece reunido el consejo de los reyes griegos en relación con el atrevimiento de nuestro héroe 18; y la otra, la pintura de la Lesque de Delfos, donde se ve a Áyax prestando juramento sobre el mismo asunto 19. De todos estos datos, Welcker concluye que esta pieza sofoclea debió de contener el sacrilegio de nuestro protagonista, con el consiguiente arrancamiento de la muchacha troyana, así como un juicio y la posterior absolución del acusado 20. Y en este contexto supuso, igualmente, que el Fr. 962, transmitido sin título de obra, se avenía bien con el argumento, pues sugería la situación del impío ante el tribunal, como también el Fr. 12.
Muy recientemente la fortuna ha rubricado el buen criterio de este filólogo alemán de principios del siglo XIX. En 1976 se ha publicado un Papiro de Oxirrinco 21, en el que, entre otros restos menos utilizables, puede leerse una intervención de Atena en torno al sacrilegio cometido con su estatua, lo que ratifica la idea general ya expuesta. Y también puede ahora asegurarse la intervención del heraldo Taltibio, así como la de Helicaón, hijo de Antenor, el defensor de la causa griega dentro de Troya 22. Respecto al coro, por el Fr. 10c, puede colegirse fácilmente que estaba compuesto de argivos, ya los propios reyes ya simples soldados 23.
10c Papiro de Oxirrinco 3151, fr. 2:
ATENA. — ¿De qué Driante 24 es vástago aquel que con las armas marchó contra Troya, argivos?, [¿quién era] el que estas empresas maquinó contra los dioses?, ¿acaso de las profundidades subió afuera [de nuevo] el de voz de pandero [hermano de] Salmoneo 25, hostil a Zeus? [Pues, ¿de qué hombre debo yo suponer que son estos hechos?, el que, actuando de esta forma insolente para conmigo, una estatua sin pegar 26 retiró de su sitial, y con sangriento golpe destruyó una efigie de yeso (?) de antiguo pie.] 27.
11 Escolio a ARISTÓFANES, Las aves 933:
Respecto a la spolás (una especie de «coleto»), una cierta prenda de cuero. Sófocles, en Áyax locro:
…un coleto libio de perro con manchas, piel de leopardo…
Calístrato, una especie de vestimenta de piel que se ata. Eufronio, un manto de piel. La diferencia está, probablemente, en el ponérselo, pues no es posible ceñirse una prenda de cuero. La de Sófocles se refiere a la piel colgada junto a la casa de Antenor 28.
12 ESTOBEO, I 3, 37:
Mas el áureo ojo de Justicia
observa y al injusto
en su misma moneda paga 29.
13 ESTOBEO, IV 34, 52: El hombre es aire y sombra solamente 30.
14 Escolio a ARISTÓFANES, Tesmoforias 21:
(ARISTÓF., Tesm. 20-1:
PARIENTE. — [A Eurípides.] Por Zeus, que disfruto, realmente, aprendiendo esto. En realidad es, en cierta media, lo mismo que «los sabios tratos».) De esto se saca en consecuencia que supone que es de Eurípides lo de:
Sabios resultan los tiranos en su trato con los sabios…
cuando, en realidad, es de Sófocles, del Ávax locro 31.
15 ZENOBIO, Corpus de paremiógrafos griegos I 165, 15: ¿Qué te reveló Apolo al son de la cítara?
Lo de «reveló al son de la cítara» es igual que vaticinó, según dice Esquilo 32 en Áyax locro.
15a HERODIANO, Tratado general de prosodia, fr. 16 HUNGER: …de la purpúrea… la imagen de yeso(?) retumbó por el golpe sobre su antiguo pie… 33.
16 Escolio a EURÍPIDES, Alcestis 447:
(…al son de la montaraz concha de siete cuerdas y… con himnos sin lira…). O sea, con lira y sin lira. Y, en Sófocles, en Áyax locro:
…(versos) de a pie y (versos) al ritmo de la flauta… 34.
También a algunas heteras se las llama «de a pie», las que asisten a los banquetes sin instrumento.
EGEO
Egeo es hijo de Pandión, uno de los primeros reyes legendarios de Atenas. Tras una serie de peripecias v a la muerte de su padre, Egeo ocupa, como primogénito, el poder. En una primera época no consigue tener descendencia, pero, a instancias del oráculo de Delfos, se unirá a Etra en Trecén y de esta unión habrá de nacer Teseo. El rey ateniense regresa a Atenas y deja, debajo de una roca, unas sandalias y una espada, para que su futuro vástago pueda dársele a reconocer algún día. Y así sucede. Teseo, llegado a la edad de la plenitud y tras cruzar el istmo de Corinto, que limpia de bandoleros, llega a la ciudad paterna, donde su padre se ha casado con la maga Medea, que, con sus intrigas, domina la voluntad del anciano. Ella, dadas sus facultades mágicas, conoce al punto la identidad del recién llegado y trata, por todos los medios, de acabar con él. En un primer momento sugiere que se le envíe a matar al monstruoso toro de Maratón, que lanzaba fuego por las narices. Pero Teseo lo capturó y ofreció a Apolo delfinio. En el momento del sacrificio y cuando el joven héroe saca su espada para cortar los pelos de la frente del animal, Egeo reconoce el arma y, consiguientemente, a su hijo 35.
Eurípides escribió una tragedia con este mismo título, y Webster 36 nos describe un posible argumento, que comienza con la llegada de Teseo a Atenas, y desarrolla básicamente el tema del reconocimiento según el relato mencionado de Apolodoro. Pues bien, respecto a la obra homónima sofoclea, todos vienen a coincidir en que debía de tratarse del mismo episodio que nos ofrece Eurípides y en el que, por lo tanto, el nudo dramático residiría en el enfrentamiento con Medea. Post 37, tratando de mantener su criterio general de que, en Sófocles, el personaje del título es, a su vez, el principal protagonista, piensa que, al menos en una primera parte, la acción estaría regida por Egeo y su voluntad de que la soberanía ateniense continuase en él y en su directa descendencia, frente a las pretensiones de Palante y sus hijos y, por otro lado, de Medea —para Post, además, en esta tragedia Palante debía de ser uno de los personajes, a juzgar por el demostrativo deíctico utilizado al final del Fr. 24—. Para solventar el problema del protagonismo de Teseo, que acarrea la alusión a la caza del toro de Maratón, Post recurre a la solución de una segunda parte de la tragedia, como en Antígona o en Áyax, en la que el papel preponderante de protagonista correría a cargo del personaje secundario.
En el Fr. 905, transmitido sin título de obra, se alude al paso de Teseo, camino de Atenas, por el Istmo de Corinto y, en repetidas ocasiones, se ha adscrito a esta obra.
Ya me he referido, más arriba, a la obra homónima de Eurípides, pero también habría que mencionar el hecho de que alguna vez se ha propuesto la identidad de esta pieza sofoclea con el Teseo; y, consiguientemente, no deberá olvidarse el Teseo de Aqueo I, que, en el siglo V a. C., debió de tratar este mismo tema, a juzgar por un fragmento (el 18a SNELL), donde se alude, muy probablemente, al toro de Maratón. A caballo entre este mismo siglo y el IV, el poeta cómico Fililio escribió una comedia titulada Egeo.
19 ATENEO, 122F:
Pero sería mejor para mí «beber sangre de toro, pues la muerte de Temístocles es la preferible» 38, que entrar en liza contigo. Ya que no podría decir «beber agua del Tauro», puesto que tú no sabes qué es eso… Sófocles la llamó bebida del Tauro, por el río Tauro que rodea Trecén, donde hay una fuente llamada Hioesa 39.
20 PÓLUX, 10, 160: Con un martillo de hierro las costillas y el espinazo golpeaba 40.
21 ESTEBAN DE BIZANCIO, 699, 10: Yo, al menos, no lo he oído, pero veo que eres de la región 41.
22 Escolio a PÍNDARO, Pítica II 57:
Llamamos piratas a los ladrones del mar y, con pleno derecho, a los malhechores de tierra firme, además de lo cual también los llamamos bandoleros. Eurípides, en Arquelao: «Puso fin a los bandoleros destructores». Y Sófocles, en Egeo:
¿Cómo, por cierto, saliste desapercibido a los bandoleros †…†? 42.
23 Escolio a HOMERO, Odisea VII 106 DINDORF:
…como también las hojas del álamo negro, que se encuentran vueltas unas frente a otras y son fácilmente movibles incluso por cualquier aire que pase. También Sófocles, en Egeo:
Al igual que entre las hojas del gran álamo negro, aunque no sea otra cosa que su copa, cualquier aire la agita y levanta como una pluma.
24 ESTRABÓN, IX 1, 6:
Los que han escrito la historia del Ática, aunque discrepan en muchos puntos, en esto, al menos, están de acuerdo —los dignos de mención al menos—, en que, siendo cuatro los hijos de Pandión: Egeo, Lico, Palante y, en cuarto lugar, Niso, y dividida el Ática en cuatro partes, Niso obtuvo en suerte la región de Mégara y fundó Nisea. Filócoro dice que el poder de éste se extendía desde el Istmo hasta el templo de Apolo Pitio; pero Andrón, que hasta Eleusis y la llanura de Tria. Y aunque cada uno ha descrito de una forma la distribución en cuatro partes, basta con tomar esto de Sófocles. Egeo dice:
EGEO. —A mí nuestro padre en el reparto 43 me concedió llegar hasta la zona de los cabos, otorgándome la primogenitura de esta tierra. A Lico le concede el jardín de Eubea en el lado opuesto. Para Niso separa la región vecina del promontorio Escirón. Y la porción de tierra hacia el Sur la obtuvo en suerte este recio criador de gigantes, Palante 44.
Como prueba, pues, de que la región de Mégara es una parte del Ática, utilizan estos testimonios.
25 FOCIO, 64, 15 REITZENSTEIN:
Sófocles, en Egeo, dice que Teseo, ablandando y trenzando las mimbres, hizo una cuerda para el toro. Dice así:
Tras darle flexibilidad con trenzados hechos con sus manos, fabricó una cuerda 45.
EGISTO
Egisto es hijo de Tiestes. Su intervención primordial en el relato mítico está en estrecha relación con la casa de Agamenón, tema que ya fue plasmado en el testro por Esquilo en su trilogía Orestía. Pero es inseguro que Sófocles escribiese una obra con este título 46. También compuso una Clitemestra, y Pearson sugiere una posible identidad entre ambas. Entre los latinos, Livio Andrónico y Accio escribieron sendas obras homónimas, en las que, a juzgar por el título, el protagonismo de la acción dramática correspondía a este personaje, siguiendo, por lo tanto, la tradición más antigua homérica 47.
26 PEARSON, véase el Fr. 470 48.
LOS ETÍOPES
Por los fragmentos conservados, no podemos hacernos una idea del posible argumento de esta obra. El dato geográfico del título ha llevado, en ocasiones, a proponer su identificación con el Memnón, del que, a su vez, no se conserva fragmento alguno, sino solamente la noticia de que nuestro poeta escribió una obra con ese título 49. WELCKER, Die griech. Tragödien…, págs. 136-7, corrobora esta conjetura y añade que, lógicamente, el coro estaría compuesto de etíopes. Pearson, en una dirección semejante, precisa que, tal vez, el argumento estaba en relación con el relato de PROCLO, Crestomatía 185-190 SEVERYNS 50. Sin embargo, con igual referencia al ámbito etíope, pero dentro de un área mítica distinta, HARTUNG, Soph. Fr., págs. 114-6, piensa, mejor, en la identificación con la Andrómeda, la hija de Cefeo, que es rey de los cefeneos, pueblo éste situado por algunos en Etiopía.
Memnón era hijo de Eos (la Aurora) y sobrino de Priamo por parte de su padre, Titono. Reinaba entre los etíopes. Durante la guerra de Troya acudió en ayuda de los troyanos con una armadura fabricada por Hefesto. Mató a Antíloco en el campo de batalla, pero ante Aquiles el resultado no fue el mismo. Zeus pesa en una balanza los destinos de uno y otro, y Memnón sale perdedor. De todas formas a su muerte, su madre consigue de Zeus que se le conceda a su hijo la inmortalidad.
28 ATENEO, 122B:
Cefisodoro, por ejemplo… en el tercero de sus libros sobre Aristóteles dice que cualquiera podría encontrar, al menos, una o dos expresiones vulgares en los demás poetas o también en los sofistas, así, por ejemplo, en Arquíloco… y en Sófocles lo que se dice en Los etíopes:
Tales cosas a ti te digo como favor y no para hacer violencia. Pero tú, por tu parte, al igual que los sabios, lo justo alaba, pero a sacar ganancia apréstate.
29 FOCIO, I 217, 16 NABER:
Avispados: estrechados, por derivación de las avispas, los que están por la mitad estrechados. Por esto, Sófocles en Los etíopes llama avispas a las hormigas estrechadas por la gordura:
De cuatro alas en el lomo cual avispas de negra piel ceñidas con ataduras… 51.
31 HESIQUIO, a 5143: …que se alimenta de flores…
LAS CAUTIVAS
Lo que sabemos de esta tragedia con una cierta seguridad es muy poco. En el argumento al Áyax se nos dice que también esta pieza pertenecía al ciclo troyano. Todo lo demás es una conjetura filólogica. De todas formas hay una gran probabilidad de que tuviese una trama semejante a Las troyanas de Eurípides 52.
Se han barajado otras hipótesis, de las que mencionaré aquí las más verosímiles. Schöll sugirió que debía de versar sobre el tema de la restitución de Criseida a su padre, paralelamente al canto primero de la Ilíada, basándose en los Frs. 40 y 43. Pero aún fue más lejos: tras relacionar los Frs. 38 y 730, conjeturó que esta tragedia y Crises eran la misma. WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 171-6, por su parte, argumentando en base al Fr. 35, pensó que el tema central era la muerte de Astianacte 53. Ya en época más reciente, Zielinski 54, a su vez, la identifica con Áyax locro.
33a Papiro de Oxirrinco 55: Pues ninguna palabra es aguijón para los bien templados.
34 HARPOCRACIÓN, 48, 9: …purificador del ejército y conocedor de las inmundicias… 56.
35 PÓLUX, 10, 189: Mi escudo cual molde 57 está acribillado de agujeros.
36 Escolio a ARISTÓFANES, Las ranas 230:
Antiguamente se utilizaba la caña, en vez del cuerno, como puente inferior de la lira 58 y, debido a esto, por la fuerza de la costumbre llaman caña al cuerno, como Sófocles en Los cautivos 59:
…fue separado de ti como la caña de la lira.
37 Escolio a NICANDRO, Theriaca 18c CRUGNOLA:
Los escorpiones se ocultan debajo de las piedras; así Sófocles, en Las cautivas:
En toda piedra, sabételo, un escorpión hace guardia 60.
38 ESTEBAN DE BIZANCIO, 191, 6:
Bomós es el lugar de los sacrificios, diferente de schára, pues el uno es construido, mientras que el otro excavado… Sófocles en Las cautivas:
…y ocupando el emplazamiento del altar 61…
39 ESTEBAN DE BIZANCIO, 287, 8: …tanto a los isleños como de la gran Europa…
40 ESTEBAN DE BIZANCIO, 696, 15: …yo a esta Cila y Crisa 62…
41 FOCIO, II 259, 3 NABER: …si a pesar de ser pequeño he obtenido las grandes victorias… 63.
42 Escolio a SÓFOCLES, Edipo Rey 750: …hice la libación de una pequeña copa †…† 64…
43 Escolio a HOMERO, Ilíada XV 302: …de Mines y de Epístrofa 65…
44 HESIQUIO, a 4053: …y el padre †…† 66 zapatos de madera con ataduras de lino…
45 HESIQUIO, a 8893: …fino hilado de lanzadera lidia 67…
46 HERODIANO, II 914, 9:
Sarpedón es, bien un héroe, o una peña, o un promontorio, o una isla. Como se dice en Sófocles, en Las cautivas: promontorio de Sarpedón; en Los timbaleros:… 68. Y la isla…, como dice el poeta de Las Ciprias 69.
56 HESIQUIO, i 59:
Íaina: en Las cautivas de Sófocles lo utilizaron por «helénica», puesto que a los helenos los llaman Iânas, y en Triptólemo se dice de una mujer 70, como también en Los pastores 71. Algunos lo dicen de Helena. Los bárbaros, generalmente, llaman a los helenos Iânas. Y en Troilo 72 el iái es un lamento bárbaro, o un nombre de mujer.
59 HESIQUIO, e 3307: …entre los esternomantes 73…
ACRISIO
Acrisio era rey de Argos, tras repartirse la Argólide con su hermano Preto, a quien le correspondió Tirinto en el pacto con que cerraron sus hostilidades, iniciadas ya en el vientre de su madre. Acrisio tenía una hija, Dánae, y el oráculo le predijo que el hijo que naciera de ésta lo mataría. En esas circunstancias el rey argivo la encerró en una cámara de bronce, pero a pesar de ello fue seducida, según unos, por Preto, según otros, por el propio Zeus. El fruto de esa unión fue Perseo. Acrisio, al enterarse, encerró a la madre y al hijo en un cofre y los arrojó al mar, pero fueron recogidos por Dictis en la playa de Sérifos. Perseo, deseoso de conocer a su abuelo, regresó a Argos, y aquél, al enterarse, huyó a Larisa, en Tesalia. Allí el rey Teutámides convocó unos juegos fúnebres en honor de su padre. Perseo acudió a la competición y, al lanzar el disco, se levantó un fuerte viento que lo arrastró contra su abuelo causándole la muerte.
Del argumento de esta tragedia sólo pueden hacerse hipotéticas sugerencias. Ya desde el siglo XVIII se postuló que esta pieza debía de ser la misma que Los lariseos y que, en ella, debía de tratarse la muerte del anciano rey (Brunck) 74. Pero, frente a este criterio, Jacobs propuso que, más bien, había que identificarla con Dánae y que la acción versaría sobre la expulsión de ésta y de su hijo lejos de Argos, puesto que los Frs. 64-67 parecen dejar entrever un enfrentamiento entre padre e hija, tratando aquél de justificar su comportamiento 75. Posteriormente, Zielinski intenta un camino intermedio y conciliatorio al sugerir que Acrisio, Dánae y Los lariseos debieron de formar una trilogía 76.
Este tema mitológico tiene su plasmación en la iconografía de la cerámica 77. Concretamente, Jucker 78 piensa que un lecito de fondo blanco y perteneciente al pintor de Aquiles, ca. 450 a. C., debe de estar en estrecha relación con el Acrisio de Sófocles. Cuatro años más tarde. Brein 79 cree ver en ese vaso la escena del Fr. 61.
60 HESIQUIO, b 601 80:
Bide: …Nota musical. Sófocles, en Acrisio:
…como tocar una bide en la lira y la fusión con la flauta…
61 ESTOBEO, III 8, 2:
CORIFEO. — Alguien grita. ¡Ah!, ¿oís? ¿O en vano, cual perro, alboroto? Todo, la verdad, para el que tiene miedo hace ruido 81.
62 ESTOBEO, III 12, 2: Pero ninguna mentira se desliza hasta la vejez del tiempo 82.
63 ESTOBEO, IV 19, 29: Pues es claro: en medio de cadenas un fugitivo con el pie trabado todo lo dice por agradar.
64 ESTOBEO, IV 25, 24 y 23, 28 83: Discurso breve ante los padres y progenitores conviene a los de reflexión sensata, y sobre todo a una muchacha y argiva de estirpe, para las cuales es adorno el silencio y las pocas palabras 84.
65 ESTOBEO, IV 44, 56: Ten ánimo, mujer. La mayoría de las situaciones terribles, tras resoplar en el ensueño de la noche, de día se calman 85.
66 ESTOBEO, IV 52, 11: De vivir nadie como el anciano siente deseo 86.
67 ESTOBEO, IV 52, 3: Vivir, hija 87, es un privilegio más agradable que nada, pues morir no le es posible a uno mismo dos veces.
69 Etymologicum Magnum 917 LASSERRE-LIVADARAS:
Estuco: a los encalamientos y barnizamientos llamaban estucos. Sófocles:
…estuco marieo 88…
LOS ALÉADAS
Áleo era Rey de Tegea, en Arcadia. Tuvo varios hijos, los Aléadas, sobre los que las fuentes mitográficas difieren, pero entre ellos destaca su hija Auge. En una consulta a Delfos, el oráculo le comunicó que el hijo que naciera de Auge daría muerte a sus tíos. En esta coyuntura, Áleo hizo a Auge sacerdotisa de Atena, con la prohibición terminante de que nunca conociera varón. Pero Heracles, a su paso por Tegea camino de Élide para enfrentarse a Augias, la violentó en medio de la embriaguez. El fruto de la unión fue Télefo. Áleo, al enterarse, entregó a su hija a Nauplio para que la llevara allende el mar. En este punto del relato mítico las tradiciones se excinden en dos grupos. Unos aseguran que Auge, tras haber dado a luz a Télefo en el monte Partenio, fue llevada con su hijo a Misia por Nauplio, a la corte de Teutrante. Otros, cuya tradición probablemente siguió Sófocles (cf. Fr. 89), afirman que, tras el alumbramiento, madre e hijo se separaron y que de este último se cuidó, en una primera época, una cierva del monte Partenio, o bien unos pastores del rey Córito. Posteriormente, con su mayoría de edad, vendría el enfrentamiento con sus tíos, a lo que seguiría su marcha a Misia desde Grecia, que, probablemente, era el argumento de otra tragedia sofoclea, Los misios 89.
La trama de Los Aléadas era ese enfrentamiento entre sobrino y tíos, como había predicho el oráculo. De los fragmentos conservados parece deducirse que Télefo fue objeto de burla, por parte de sus tíos, en relación con lo incierto de su nacimiento y que aquél, llevado de la cólera, les dio muerte. Luego vendría el reconocimiento, por parte de Áleo, y la consiguiente consulta al oráculo para ver el modo de alcanzar la purificación.
Esta obra debía de formar parte de la única trilogía sofoclea conocida, la Telefía 90. Y, dentro de este marco más amplio, Szantyr 91 conjetura una serie de particularidades sobre el desarrollo de esta tragedia. Ve, primeramente, una gran semejanza entre la materia mítica de este episodio y la de Edipo, y, consiguientemente, supone un paralelismo en el tratamiento dramático. Al igual que en la obra conservada, aquí debía de intervenir Córito, o algún otro pastor, para hacer que Áleo llegara a descubrir la identidad de su nieto, asesino, a la vez, de sus hijos, según el presagio del oráculo. Y también sería semejante la relación de abuelo y nieto: Áleo exige la entrega del asesino, desconocedor aún de quién es realmente, lo cual nos pone en una situación de tensión trágica muy parecida a la experimentada en Edipo Rey.
Sobre el desenlace de la obra con la marcha de Télefo a Misia, el criterio más mesurado sería suponer que Sófocles recurrió a la consulta de Áleo al oráculo, en busca de una salida a la situación. WELCKER, Die griechischen Tragödien…, pág. 413, sin embargo, propuso una conjetura más audaz, que es la aparición de Heracles como deus ex machina, que aclararía la situación y ordenaría a Télefo su partida hacia suelo asiático 92.
Eurípides escribió una Auge, pero, por el testimonio de Estrabón 93, sabemos que seguía una tradición distinta que la de Sófocles, pues Áleo encerraba a la madre y al hijo en una urna, pero, por intercesión de Atena. Teutrante los encontraba v se casaba con ella 94. Además, en estas circunstancias, la acción dramática tenía lugar a poco de nacer Télefo, lo que la separa radicalmente de esta pieza sofoclea.
77 ESTOBEO, III 4, 36: En ese punto y hora, realmente, todas las cosas de los hombres enferman: cuando con males quieren curar males 95.
78 ESTOBEO, III 9, 1: Pues a los justos no es fácil resistir.
79 ESTOBEO, III 12, 3: Cosa vil es el ocultar y no propia de hombre biennacido.
80 ESTOBEO, III 13, 22: Pues, efectivamente, la lengua justa tiene gran poder.
81 ESTOBEO, III 33, 3: Hijo, calla. Muchas ventajas tiene el silencio 96.
82 ESTOBEO, III 36, 11: ¿Por qué esto precisa de muchas palabras aún por tu parte? Las palabras superfluas en todo momento son molestas.
83 ESTOBEO, III 41, 4: No indagues todo. El que muchas cosas también pasen desapercibidas es hermoso 97.
84 ESTOBEO, IV 1, 6:
Y no sé lo que es preciso decir a esto,
cuando los en verdad notables
a manos de los de sin ascendencia son vencidos.
¿Qué ciudad podría cosas así soportar? 98.
85 ESTOBEO, IV 13, 22: …a mi juicio, nadie. Pero mira no vaya a ser mejor dominar a los enemigos, incluso actuando con impiedad, que obedecer a los vecinos en calidad, uno mismo, de esclavo de ellos 99.
86 ESTOBEO, IV 24, 25 100:
A. — Desiste. Es suficiente con ser llamado vástago de este padre.
B. — Si es que realmente eres hijo suyo. Si no, mayor es el daño.
A. — La opinión, sabételo, domina a la verdad 101.
87 ESTOBEO, IV 24, 42:
A. — ¿El hijo bastardo, sea cual fuere, es igual que los legítimos?
B. — Todo lo bueno tiene una naturaleza legítima 102.
88 ESTOBEO, IV 31, 27: Las riquezas consiguen, a los hombres, amigos y, además, honores, y así el sitial más próximo de la más alta tiranía ocupan. En consecuencia, ningún enemigo surge ante las riquezas y los surgidos antes niegan sentir odio. Pues 103 hábil es la riqueza en deslizarse al interior de los lugares impenetrables y junto a los accesibles†, y a aquellos de donde un hombre pobre tampoco podría conseguir lo que anhela obtener. Y a un individuo de mal aspecto y mal nombre lo hace de lengua sabia y hermoso de ver. Sólo a él le es posible estar contento, incluso en contacto con enfermedades, y encubrir sus desgracias.
89 ELIANO, Sobre la naturaleza de los animales VII 39:
Cuantos dicen que la cierva no echa cuernos, no tienen en consideración a los que dan testimonio de lo contrario, como Sófocles cuando dice:
…y una cornuda cierva 104 de las que pacen errantes descendía de las escarpadas colinas…
y nuevamente:
…tras levantar las ventanas de su nariz… y las puntas de su cornamenta, avanzaba segura…
Y esto, el hijo de Sofilo en Los Aléadas.
EL CULPABLE
Véase Aletes.
ALEJANDRO
Alejandro, también llamado Paris 105, es el segundo de los hijos de Príamo y Hécuba. Durante la gestación, su madre tuvo un sueño en el que daba a luz una antorcha que, posteriormente, prendía fuego a Troya. Su interpretación fue que el niño que iba a nacer sería la ruina de la ciudad. En esas circunstancias el recién nacido fue expuesto en el monte Ida y, allí, era recogido por unos pastores, que lo cuidaron hasta la edad de la plenitud. Coincidiendo con ese momento, Príamo convocó unos juegos fúnebres en memoria del hijo que él creía muerto y, como premio al vencedor, fue escogido un toro por el que Paris sentía una predilección especial. Empujado por el afecto a ese animal y con la idea de ganárselo para él, se presentó en la ciudad y participó en el certamen, obteniendo la victoria, incluso, sobre sus propios hermanos, que, lógicamente, desconocían su parentesco. Deífobo, encolerizado por la ofensa de esta derrota a manos de un pastor, pretendió matarlo, pero Paris se refugió en el altar de Zeus. Su hermana Casandra, dotada de cualidades proféticas, lo reconoció, v Príamo, lleno de gozo, lo acogió en palacio. Una vez restablecido como príncipe de Troya, intervendría luego en otros episodios: el Juicio de Paris, el rapto de Helena, su participación en la guerra de Troya, etc.
Los fragmentos del Alejandro sofocleo son pocos y de escasa importancia para poder hacer conjeturas firmes sobre el posible argumento. De todas formas, casi todos coinciden en que, tomando como base el Fr. 93, la trama debía de ser el reconocimiento y acogida del joven troyano por parte de su padre, Príamo, tras su participación en los juegos fúnebres 106.
Esta unidad de criterio no se da, sin embargo, en el asunto de la tradición mitográfica que Sófocles adopta. Welcker pensó que todo este material mítico se encontraba ya en las Ciprias, pues la existencia, allí, del episodio del Juicio de Paris, como sabemos por el resumen de Proclo 107, implicaba también la inclusión de todo ese período anterior de su vida. Robert, por el contrario, niega esa obligatoriedad en la sucesión del relato y propone, con gran osadía, que es el propio Sófocles el creador de la leyenda, tomando como modelo la descripción que Heródoto hace de la juventud de Ciro 108. Pearson, con una postura intermedia, piensa que, aunque la crítica de Robert a Welcker es correcta, sin embargo el testimonio, por ejemplo, de PÍNDARO, Peán 8a, 17 y sigs., hace ver que existe ya una tradición anterior a nuestro trágico.
Eurípides escribió una obra homónima, que presentó a los concursos dramáticos en el año 451 a. C.; en ella trataba el mismo tema, como sabemos ahora ya claramente gracias a un papiro de Estrasburgo 109. En el siglo III a. C., Nicómaco de Alejandría compuso otro Alejandro, del que sólo conservamos un pequeño fragmento poco esclarecedor. Entre los latinos, Ennio escribió otra obra de igual título, en la que trataba, además, también el mismo tema 110.
91a HERODIANO, Tratado general de prosodia, fr. 17 HUNGER: Sin embargo la piedra lidia no es una piedra de toque insensible 111.
92 ESTEBAN DE BIZANCIO, 139, 18: Pues unas leyes cualquiera no convienen a los ciudadanos.
93 ESTEBAN DE BIZANCIO, 139, 20: …que un pastor venza a hombres de la ciudad. ¿Y qué? 112.
94 Escolio a HOMERO, Ilíada V 158: …avanzando hacia la campesina multitud…
95 FOCIO, 86, 9 REITZENSTEIN:
Amalthéuein: alimentar. Sófocles en Alejandro. De donde, también, la Amaltea 113.
97 ESTEBAN DE BIZANCIO, 289, 18: …efesia…
98 HESIQUIO, th 484: …amamantadora… 114.
99 Antiaticista, Anecdota graeca 108, 31 BEKKER:
…nodriza…
ALETES 115
Desde que Wilamowitz 116 afirmó que los versos de los fragmentos de esta tragedia son demasiado malos, no sólo para Sófocles sino también para Eurípides, la crítica se ha mostrado muy recelosa sobre su adjudicación a nuestro trágico. Así Radt, por ejemplo, los elimina de su edición, y los remite a los Tragica Adespota con el núm, 1c de una próxima edición 117.
Aletes es el hijo de Egisto y Clitemestra. Orestes, tras el episodio de la venganza de su padre, Agamenón, ha marchado con su compañero Pílades a la región de los Tauros en busca de la estatua de Ártemis táurica. Pero, al poco tiempo, le llega a Electra la noticia de la muerte de su hermano y del amigo, sacrificados a la diosa. Aletes se apodera en Micenas del poder y Electra marcha a Delfos a consultar el oráculo sobre la muerte de su hermano. Coincide, en su llegada, con Orestes e Ifigenia, de la que, precisamente, se dice que ha sido la autora de la muerte del común hermano. En el momento en que Electra, con un tizón ardiendo tomado del altar, va a dar muerte a la hermana fratricida, la intervención de Orestes evita el fatal desenlace. Sigue el reconocimiento, la vuelta a Micenas y la muerte de Aletes a manos de Orestes, que pretende también acabar con Erígona, a la que libra Ártemis en el último instante. El episodio concluye con las bodas de Orestes con Hermíona y de Pílades con Electra.
En líneas generales, esto es lo fundamental de la Fábula 122 de HIGINO. Y casi todos coinciden con WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 215-9, en que el argumento de esta tragedia era básicamente el contenido del extracto mencionado de Higino 118. Post 119 sostiene que el desarrollo de la pieza debió de ser bastante paralelo al de la Electra transmitida, pues, para él, también la hija de Agamenón era aquí protagonista de la obra, contra el hábito de Sófocles, según Post, de titular sus obras por el nombre del personaje central en la acción. El cambio de escena, de Micenas a Delfos, Post lo soluciona sugiriendo que la acción ya se ha trasladado desde el principio a Delfos. Para terminar afirmando que el Aletes, respecto a la Electra, debió de desempeñar el mismo papel que Edipo en Colono en relación con Edipo Rey, o sea, la apoteosis del héroe. El deuteragonista sería, a su vez, Aletes.
101(PEARSON [Adespota 1b(a) KANNICHT-SNELL]) ESTOBEO, III 3, 8: Un alma bien intencionada y que piensa en lo que está dentro de justicia, mejor indagadora es que cualquier entendido 120.
102(PEARSON [Adespota 1b(b) KANNICHT-SNELL]) ESTOBEO, III 35, 4: A un breve parlamento muchas sabias ideas le corresponden.
103 (PEARSON [Adespota 1b(C) KANNICHT-SNELL]) ESTOBEO, III 36, 16: Pues el hombre aquel que disfruta hablando sin cesar, no se da cuenta de que él mismo es pesado para sus compañeros.
104 (PEARSON [Adespota 1b(d) KANNICHT-SNELL]) ESTOBEO, IV 29, 50: Pero si realmente eres de noble cuna, como tú mismo dices, indica de quién eres y de dónde, pues lo bien nacido ninguna palabra podría mancharlo 121.
105 (PEARSON [Adespota 1b(e) KANNICHT-SNELL]) ESTOBEO, IV 29, 61: Pero de forma digna has hablado y no amarga, pues un hermoso linaje, caso de ir a la prueba, renombre obtendría más que censura 122.
106 (PEARSON [Adespota 1b(f) KANNICHT-SNELL]) ESTOBEO, IV 41, 42: ¿Quién podría la prosperidad de los mortales considerarla o grande o pequeña o de ninguna estimación? Nunca nada de esto se mantiene en lo mismo.
107 (PEARSON [Adespota 1b(g) KANNICHT-SNELL]) ESTOBEO, IV 42, 7: Terrible cosa es, en efecto, que los impíos y que han nacido de miserables, luego, éstos, tengan suerte, mientras que los que son honestos y, al tiempo, provienen de notables, luego resulten desafortunados. Sería preciso que esta conducta los dioses no la observasen así en torno a los mortales, pues sería necesario que, de los hombres, los reverentes tuviesen manifiesta alguna ganancia de parte de los dioses, mientras que ésos que son injustos obtuviesen manifiesta en pago la satisfacción contraria, vengadora de sus maldades. Y nadie podría así ser dichoso, si ha resultado malvado 123.
ALCESTIS
Alcestis es la abnegada mujer de Admeto; en la posible obra homónima de este último ya se han expuesto la problemática existente, así como las diversas soluciones propuestas en época moderna 124.
Es bien sabido que Eurípides escribió una obra con igual título, que se nos ha conservado entera. Pero, ya antes que él, Frínico había compuesto otra también homónima; y mucho después, entre los latinos, Accio escribió, igualmente, otra Alcestis, sobre el mismo tema, aunque el único fragmento conservado no permite conjeturar qué fuente griega seguía 125. En la comedia debió de ser un tema idóneo, y así vemos que fue tratado por el poeta de la comedia doria Formis (o Formos), contemporáneo de Epicarmo, e igualmente en la Comedia Media por Aristómenes, un Admeto, y por Antífanes, una Alcestis.
ALCMEÓN
Alcmeón era el hijo primogénito del adivino Anfiarao y de Erífila, la que obligó a su esposo a ir en guerra contra Tebas por el collar de Harmonía, a pesar de que él, por sus dotes adivinatorias, sabía que iba a morir. Por este motivo encomendó a su hijo la misión de una doble venganza: contra Tebas y contra su propia esposa. La primera la llevaría a cabo con la expedición de los Epígonos; la segunda, a su vuelta de Tebas, tras haber consultado al oráculo de Delfos, que le acució a su cumplimiento. Pero, de resultas del matricidio, fue perseguido en estado de locura por las Erinis vengadoras. Así comenzaría un peregrinar en busca de la purificación, que le liberase de su demencia. Llega a Psófide al lado de Fegeo, que lo purifica y da en matrimonio a su hija Alfesibea —según otras fuentes, Arsínoa—, a la que nuestro héroe regala el vestido y collar de Harmonía. Pero, ante una repentina esterilidad de la región y bajo el imperativo de alcanzar una nueva purificación, Alcmeón se marcha de Psófide y, al fin, se fija en una tierra nueva, en la desembocadura del Aqueloo, donde se casa con Calírroe, la hija del dios-río. Pero ésta ansiaba también los adornos de Harmonía, y vemos nuevamente a nuestro personaje de vuelta a Psófide tras ellos. Finge, ante Fegeo y su hija, la necesidad de devolverle los presentes tan codiciados, pues el oráculo de Delfos le ha hecho saber que tiene que ofrecerlos a Apolo délfico, si quiere conseguir una curación definitiva. El rey arcadio consiente en ello, pero posteriormente un criado le da a conocer la verdad y aquél, irritado, encarga a sus hijos varones la muerte de Alcmeón. Alfesibea, cuando se entera, censura a sus hermanos, pero éstos la encierran en un arca 126.
Respecto a la tragedia sofoclea suele aceptarse el razonamiento siguiente: teniendo en cuenta que Sófocles escribió unos Epígonos y una Erífila, cuya temática versaría sobre las peripecias de Alcmeón en su primera época, previa a la locura, y que, además, el Fr. 108 nos presenta a nuestro héroe poseído por su mal; en esas circunstancias es perfectamente admisible suponer que la trama del Alcmeón tenía que ver con su estancia en Psófide o en Acarnania Pero WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 278-285, sirviéndose de un variado material, sobre todo del Alcmeón y la Erífila de Accio junto a varios fragmentos del propio Sófocles, conjeturó con cierta verosimilitud una acción general de esta forma: en un mismo día se produciría la vuelta del héroe a Psófide, la negociación con su abandonada esposa y su padre, su muerte, el enfrentamiento de Alfesibea con sus hermanos y su venganza 127. El Prólogo estaría a cargo del propio Alcmeón, al cual pertenecería el Fr. 880. Y, ya a continuación, tendría lugar primeramente el encuentro de ambos esposos. Además, el coro a su juicio estaría compuesto de mujeres. Y, como rasgo importante, Welcker sugiere que en esta tragedia el infortunado héroe no aparecía como un tramposo, sino que el oráculo debía desempeñar un papel primordial 128.
Eurípides escribió dos obras sobre este personaje del mito. Cronológicamente, la primera fue Alcmeón en Psófide, en la que debía de desarrollar el mismo tema que Sófocles 129; y, más de treinta años después, presentó su Alcmeón en Corinto, en la que escenificaba una tradición bastante diferente, transmitida también por APOLODORO, Biblioteca III 7, 7, y en la que aparece nuestro héroe unido a Manto, la hija de Tiresias 130. Pero también Aqueo, en el mismo siglo V a. C., escribió una obra homónima, aunque con tratamiento de drama satírico, en la que aparecía el episodio de la visita a Delfos de nuestro personaje aún poseído por la locura 131; también compuso una Alfesibea, aunque de argumento incierto. En el mismo siglo, Agatón escribió otra pieza de igual título, cuyo único y breve fragmento conservado no nos proporciona gran ayuda sobre el tema que trataba. Ya en el siglo IV, este área del mito debió de gozar también de una gran atracción: Timoteo escribió un Alcmeón y una Alfesibea, lo que permite conjeturar que, tal vez, en la primera desarrollaba el tema de la muerte de su madre o, en cualquier caso, algún episodio anterior a su llegada a Psófide. Astidamente II compuso otro Alcmeón y, por una noticia de Aristóteles 132, podemos afirmar que el argumento era la muerte de Erífila. Teodectes tiene otra pieza de igual título y tocaba el mismo tema que Sófocles 133. También tenemos noticia de otro Alcmeón de Eváreto, pero en este caso sólo conservamos el título, como sucede, igualmente, con Nicómaco de Alejandría ya en el siglo III. Aún en el siglo IV, Queremón compuso una Alfesibea, en la que probablemente se desarrollaba el tema de la venganza de Alcmeón 134. Entre los latinos, Accio escribió un Alcmeón y una Alfesibea 135. Pero también esta leyenda fue objeto del tratamiento burlón de la Comedia, y así sabemos que Anfis y Mnesímaco escribieron sendas comedias con este título en el siglo IV.
108 PORFIRIO, Investigaciones homéricas a la Ilíada 283, 7: ¡Ojalá que yo pudiera contemplarte en alguna medida dueño de rectos criterios, tras haber llegado a alcanzar recto sentido! 136.
ÁMICO
Ámico era un gigante, hijo de Posidón y rey de los bébrices, en Bitinia. Se le tenía por el inventor del boxeo. Tenía por costumbre prohibir el desembarco a los extranjeros en su territorio para aprovisionarse de agua, hasta tanto no se hubiesen enfrentado con él en un combate pugilístico. Hasta el momento había salido vencedor siempre, pero a la llegada de los Argonautas, Pólux le derrotó. El final varía según las fuentes: para unos, Pólux le dio muerte; para otros, le perdonó la vida, pero le hizo jurar que en el futuro no maltrataría a los viajeros que arribasen a su tierra. De todos los textos corcenientes a este combate de boxeo, tal vez el más atractivo sea el de TEÓCRITO, XXII 27-134.
Por ATENEO, 400B, sabemos que esta obra era un drama satírico; y, por el Fr. 112 del propio Sófocles, podemos conjeturar con verosimilitud que el tema era el de la mencionada pelea entre ambos héroes; pero poco más lejos se llega por vía de documentación literaria. Ahora bien, en este caso concreto hay una serie de material iconográfico, sobre el que Howe 137 ha visto la influencia de un drama satírico, en el que Ámico no moría, sino que era atado, y supone que esta obra era el Ámico sofocleo. Hace pocos años, Del Corno 138 trató de diseñar algunos rasgos de la acción dramática a partir de esta fuenta arqueológica. Y así supone que el motivo de la búsqueda de agua debió de ser importante, dada la constante presencia de una fuente en todas las representaciones iconográficas del tema. El coro debía de estar compuesto por sátiros, que eran servidores cautivos del malvado gigante. Probablemente, la escena propiamente dicha de la lucha ocurría fuera y era traída por un mensajero. Pero el momento, entonces, realmente de nudo dramático debía corresponder al castigo del perdedor, tal vez de forma semejante a como se desarrolla el prólogo del Prometeo de Esquilo. Respecto al final, el material mencionado parece indicar que la solución sofoclea era una tercera opción: Ámico era atado a un árbol, o a una roca según otras representaciones, pero, en cualquier caso, difieren ambas de la versión de Teócrito (el juramento) y de la de APOLONIO DE RODAS, II 1-97 (la muerte), aunque la diferencia entre Teócrito y Sófocles puede ser, simplemente, cuestión de representación plástica.
Epicarmo también escribió una comedia con este título; la tradición literaria 139 le atribuye la creación de esa tercera solución, mencionada, de desenlace.
111 ATENEO, 400B: …grullas, tortugas, lechuzas, milanos, liebres…
112 ATENEO, 94C-E:
Después de esto se pasan en derredor platos con muchos tipos de carnes hervidas: pies, cabezas, orejas, mandíbulas… Y cuando, de nuevo, se indagaba quiénes habían usado alguno de estos términos, uno decía: «las tripas comestibles las menciona Aristófanes en Los caballeros, y la mandíbula, Cratino… Y Sófocles, en Ámico:
Y le dejan las mandíbulas realmente magulladas 140.
ANFIARAO
Anfiarao era rey de Argos y estaba dotado de facultades adivinatorias como don de Zeus y de Apolo, pero, además, gozaba de gran reputación tanto por su bravura en la lucha como por su piedad. Cede a la presión de su mujer Erífila y participa en la expedición contra Tebas a favor de Polinices, aunque por su capacidad premonitoria sabía que tendría un final funesto. De camino hacia Tebas y a su paso por Nemea tuvo lugar el episodio de la muerte del niño Ofeltes, que estaba bajo la custodia de la esclava Hipsípila. Tras la instauración de los Juegos Nemeos en honor del infante muerto, la expedición siguió su marcha contra Tebas, a pesar del funesto significado que Anfiarao dio a los presagios del triste final de Ofeltes. El asedio de Tebas nos es bien conocido por la tragedia de Esquilo. En el momento de la derrota, Anfiarao huyó y, cuando iba aser alcanzado por Periclímeno, Zeus hizo que la tierra se abriese y tragase a su protegido, al que el rey de los dioses concedió la inmortalidad. En Oropo se instituyó un oráculo de Anfiarao, que en un principio al menos, al igual que los santuarios más antiguos de Asclepio, funcionaba mediante la evocación de los muertos. En una época posterior, paralelamente a Asclepio, este Anfiaro, o santuario dedicado a Anfiarao, se convirtió en lugar de curación, que se conseguía por el procedimiento de la incubatio.
Por diversas fuentes literarias, entre las que destaca ATENEO, 454F 141, sabemos que esta obra en Sófocles tenía tratamiento de drama satírico, a pesar de que el carácter venerable de este héroe era muy adecuado para un planteamiento trágico, como se verá más abajo, cuando se aluda a otras versiones de este área del mito. La situación se complica, además, con el testimonio del Fr. 118, donde se habla de «otro» Anfiarao sofocleo, lo que a veces ha llevado a pensar si nuestro poeta compuso una tragedia sobre este héroe argivo.
El problema del hipotético argumento es, en este caso, de especial relevancia, pues el contenido de los fragmentos conservados no apoya claramente propuesta alguna al respecto. Welcker sugirió que la obra debía de referirse al carácter mántico de Anfiarao, que estaría acompañado de un coro de sátiros, que, a su vez, ejercerían el arte adivinatoria de un modo lógicamente cómico 142. Pearson, por su parte, en base al Fr. 113, propone que tal vez se trataba de la reluctancia de Anfiarao a tomar parte en la expedición contra Tebas, en connivencia al principio con su mujer, pero posteriormente dejado al descubierto por la traición de esta última, seducida por la promesa del collar de Harmonía. Pero el propio Pearson sugiere otra alternativa, consistente en que tal vez se trataba de los episodios que llevaron a instituir los Juegos Nemeos. Años más tarde, Olivieri 143, tras analizar todos y cada uno de los fragmentos transmitidos de esta obra y en base, principalmente, a las conjeturas textuales que hace al Fr. 114, piensa que Sófocles está satirizando el ambiente de la incubatio, que tenía lugar en el santuario a él de dicado en Oropo, con lo cual no difería gran cosa de la trama de la comedia de igual título de Aristófanes, en la que se representa a un viejo, exageradamente supersticioso, que, desesperado de su salud, se traslada con su mujer al santuario de Anfiarao en Oropo y, allí, recobra el vigor juvenil.
Respecto al tratamiento de esta posible área del mito por parte del teatro, tendríamos que mencionar, primero, otras obras del propio Sófocles, como Alcmeón, Los epígonos o Erífila 144. Pero obras homónimas a ésta de ahora, tal vez, las escribieron Carcino II y Cleofonte en el siglo IV a. C., aunque de ellas no tenemos más noticia que la mención de su título. En el siglo V a. C., Aqueo I había compuesto un Adrasto, el hermano de Erífila y por lo tanto cuñado de Anfiarao, pero el único fragmento conservado sólo nos permite, tal vez, conjeturar que se aludía al episodio de la serpiente que los siete caudillos se encuentran en Nemea camino de Tebas. Sin embargo, este personaje gozó de gran atractivo para los poetas cómicos, y así conocemos comedias con este título entre la producción del propio Aristófanes, así como de Platón el cómico en V/IV, y de Apolodoro Caristio y Filípides en IV/III a. C.
113 Escolio a ARISTÓFANES, Las avispas 1510:
(ARISTÓF., Avispas 1510: «Éste es el pinótero de la familia»). Pinótero: no en otro sentido, sino porque es un pequeño cangrejo parásito y que siempre así se le acoge. Sófocles, en Anfiarao:
…el pinótero de este coro adivino… 145.
114 Epimerismos homéricos en Anecdota Graeca Oxonien. I 344, 6 CRAMER: …aquí ni de la negra oveja del campo… 146.
115 Escolio a PLATÓN, El banquete 222B:
El refrán es: « Después de hecho lo aprende el tonto», y está referido a los que se dan cuenta de los errores después de sufrirlos. Semejante a ése es también éste: «El pescador picado en el futuro tendrá vista», pues se dice que un pescador de anzuelo, una vez que ha tirado del pez con el hilo, tendiendo la mano lo sujeta firme con ella, para que no se escape, pero si lo hace por costumbre es picado por el escorpión y dice « picado en el futuro tendrá vista», y ya no tiende la mano desde entonces. Sófocles utiliza el refrán en el drama satírico Anfiarao al decir:
Aún a su vez… cual pescador picado… a un maestro en precauciones 147.
118 Escolio a ELIANO, Sobre la naturaleza de los animales III 10 STEFANI:
Trasiá se llama al lugar donde se secan los higos… Pero Sófocles, en el otro Anfiarao 148, ha atribuido el término a la era.
120 Escolio a ARISTÓFANES, Las ranas 481: …palidecer, oprimido el corazón…
121 ATENEO, 454A:
Éste (Calias, el autor trágico) fue el primero en describir letras en versos yámbicos…: «Estoy en cinta, amigas, pero con pudor, queridas, os diré el nombre del retoño en sus letras. Es un gran trazo recto y, saliendo del medio de éste, hay a uno y otro lado uno pequeño boca arriba. Luego, un círculo con dos pequeños pies» 149. Después de lo cual… Meandrio, el historiador, desviándose un poco de la imitación en su descripción, hizo una pequeña exposición más vulgar que lo dicho, y Eurípides parece ser que compuso ese parlamento del Teseo en el que describe las letras… 150, y lo mismo también hizo Agatón el autor trágico en el Télefo… 151, y Teodectes de Faselis… 152, y Sófocles hizo algo parecido a éste en el drama satírico Anfiarao al dar entrada a uno 153 que bailaba las formas de las letras.
ANFITRIÓN
Afitrión es hijo de Alceo, rey de Tirinto, v de Astidamía, hija de Pélope. En su juventud tiene que intervenir en la guerra contra Electrión y Pterelao. El primero le confía la tutela de su hija Alcmena, bajo juramento de respetarla hasta su vuelta. Pero el padre de la muchacha no llega a marcharse en la expedición, pues fortuitamente muere por obra de Anfitrión, que, a partir de ese momento, se ve obligado a pasar toda una serie de peripecias para conseguir verse libre de la mancha de la muerte y, sobre todo, del juramento prestado. En su ausencia, Zeus, adoptando su figura, seduce a Alcmena. Esa misma noche llega también Anfitrión, y con el tiempo habrían de nacer dos hijos: Ificles, por la unión con Anfitrión, y Heracles, por la de Zeus. Según APOLODORO, Biblioteca II 4, 8, es Tiresias el que da a conocer a nuestro héroe la verdad. Eurípides, en su Alcmena, introduce la innovación de que Anfitrión vuelve después de un tiempo, cuando ella va está grávida de Zeus, y decide castigarla a morir en una pira funeraria por su infidelidad, pero la oportuna intervención del rey de los dioses la libra. Tras la reconciliación, nuestro personaje se dedicó activamente a la educación de ambos niños. La tradición mitográfica de varias pruebas utilizadas para descubrir la diferente paternidad de Heracles e Ificles.
El argumento de esta obra, como nos viene sucediendo, es también desconocido y sólo pueden hacerse conjeturas por vía indirecta. Es bastante probable que la acción tratase de la unión de Zeus y Alcmena y la posterior llegada de Anfitrión, es decir, básicamente paralela a la comedia del mismo título del latino Plauto. En este último vemos que se combinan las dos tradiciones mitográficas contrapuestas, que, al adaptarse cronológicamente en la comedia, no hacen sino aumentar la carga de diversión del planteamiento inicial. Pero podemos también suponer que esa doble corriente pudo corresponder al doble tratamiento de Sófocles y Eurípides. En el primero es verosímil que se siguiera la tradición de la «larga noche», y la información de Tiresias parece excluir el episodio de la pira funeraria, que es la versión euripídea. En el siglo pasado se pensó, en algún momento 154, que esta obra de Sófocles era un drama satírico, pero, posteriormente, no se ha vuelto a sugerir.
De tragedias con igual título, sólo conocemos una de Esquilo de Alejandría, autor del siglo I a. C., y a juzgar por el único fragmento conservado es fácil suponer que el argumento era muy semejante al sofocleo. El latino Accio escribió también una pieza con este título, pero tal vez haya que ver en ella una reelaboración de la figura de este héroe en el Heracles de Eurípides. Sin embargo, sabemos de la existencia de varias Alcmenas: de la versión euripídea ya hemos hablado más arriba, pero, antes ya, Esquilo había compuesto otra, aunque de ésta no tenemos realmente información alguna de interés; en este mismo siglo V a. C., hay otra del poeta trágico Ión, y esta serie se continúa en el siglo siguiente, como es el caso de Astidamante II y de Dionisio, el tirano de Siracusa, «amigo» de Platón. Pero también esta parcela del mito fue tema grato a la comedia, y en este sentido conservamos diferentes obras: unas, con el título de Anfitrión, pero otras, con el más burlesco de La larga noche, como es el caso de Platón, el poeta cómico, y otros 155.
122 Escolio a SÓFOCLES, Edipo en Colono 390: Y, una vez que haya nacido, basta con conseguir una única prosperidad de las tres 156.
ANDRÓMACA
Andrómaca es la esposa de Héctor y nuera de Príamo. En la guerra de Troya perdió a su esposo, a su padre y a sus siete hermanos, muertos a manos de Aquiles. Al caer Troya, le correspondió como botín a Neoptólemo, que, de vuelta a Grecia, se la llevó con él al Epiro. A la muerte de éste, tanto su reino como su esposa Andrómaca pasaron a manos de Héleno, hermano de Héctor. Al final de su existencia, nuestra heroína volvería a Misia, donde fundó una ciudad que llevó su nombre.
Respecto a la obra sofoclea de igual título, nada sabemos, pues se conserva un único fragmento y de escaso interés para este asunto. En consecuencia, se piensa a veces que en la fuente transmisora ha habido un error, dando el nombre de uno de los personajes al título de la obra, y que este fragmento, tal vez, debería corresponder mejor a Los pastores 157.
Una de las tragedias conservadas de Eurípides lleva este mismo título. En el siglo IV a. C., el poeta trágico Antifonte escribió otra obra homónima. Entre los latinos, Ennio y Baso, el amigo de Marcial.
ANDRÓMEDA
Andrómeda era hija de Cefeo, rey de los etíopes, y de Casiopea, que había pretendido ser superior en belleza a las Nereidas; Posidón, en castigo, había enviado contra su territorio un monstruo marino. Como remedio, el oráculo había dicho a Cefeo que debería exponer a su hija Andrómeda. Perseo, de vuelta de su expedición contra Gorgona, se encontró con esta situación y, enamorado de la muchacha, mató al monstruo y se casó con ella, aunque según otras tradiciones tuvo, además, que enfrentarse con Fineo, hermano de Cefeo y antiguo prometido de su sobrina.
Para la reconstrucción hipotética del argumento de la obra sofoclea se han utilizado diversos tipos de material: los propios fragmentos conservados —de no mucho valor para este cometido—, varias noticias mitográficas y, de forma especial, toda una serie de restos iconográficos.
La propuesta de Petersen 158 puede resumirse así: Cefeo y su séquito están ocupados en los tristes preparativos para la exposición de Andrómeda. Llega Perseo y promete ayudarle, promesa que se hace más firme ante el progresivo enamoramiento del héroe. Luego entraría Fineo en escena y daría lugar al enfrentamiento con Perseo, en el que el personaje bárbaro dejaría ver un comportamiento cobarde. Cefeo cada vez estaría más cerca del recién llegado, y el obstáculo de Fineo se resolvería con la lucha y victoria entre éste y Perseo, fuera de la escena, y la posterior conversión de Fineo en piedra ante la visión de la Gorgona que Perseo llevaba inscrustada en su escudo, después de haberla vencido. Post 159 piensa que, tal vez, Perseo fuese el protagonista 160 y que, en su intento de conseguir a Andrómeda, tuvo que enfrentarse con el monstruo y con un rival también interesado en la muchacha y, finalmente, incluso contra el propio Cefeo, con lo que seguiría la tradición de la versión euripídea, en la que el padre trata también de oponerse a que Perseo se lleve a Andrómeda. Por otro lado, sobre el planteamiento general de Petersen han ido surgiendo objeciones parciales sobre las que no voy a entrar aquí 161.
Un problema especial, en este caso, es el de la naturaleza de la obra. En el siglo XVII(1605), Casaubon, en contra de la tradición anterior, sugirió que esta pieza sofoclea era un drama satírico, basándose principalmente en el Fr. 136. Un siglo después, Brunck volvió a reafirmar este carácter satiresco. Desde entonces, esa propuesta había sido rechazada sistemáticamente a favor del planteamiento trágico (Welcker, Pearson). Sin embargo, en época reciente ha vuelto a ser replanteado, tanto desde los propios fragmentos conservados 162, como, últimamente, desde el terreno de la representación iconográfica 163.
También Eurípides escribió una Andrómeda, de la que se nos han conservado un número importante de fragmentos; en ella se trataba el mismo tema que en ésta de Sófocles, aunque, tal vez, con una serie de diferencias en los detalles 164. De las versiones de Licofrón en el siglo III a, C. y de Frínico II, sólo conservamos la mención del título Entre los latinos vemos que tanto Livio Andrónico como Ennio y Accio escribieron también una tragedia con igual título cada uno, y en general suele admitirse que seguían principalmente a Eurípides.
126 HESIQUIO, k 3859: Como víctima sacrificial † … † 165 fue elegida en la ciudad, pues se da la norma entre los bárbaros de sacrificar a Crono un ser humano desde antiguo 166.
127 ATENEO, 482D: ¿A caballo o en barco arribas a tierra? 167.
128 FRÍNICO, Eclogé 351: En nada temáis las recientes nuevas 168.
128a HERODIANO, Tratado general de prosodia, fr. 18 HUNGER: …la infeliz sin culpa colgada… 169.
129 Etymologicum Magnum 272, 3 GAISFORD:
Látigo de doble origen: correa doble. O que no sólo era tal en su tintura, sino que también estaba teñido de sangre. Sófocles, en Andrómeda:
He aquí el sanguinolento látigo de doble origen.
Según la retórica: el que está teñido de dos tintes.
130 PÓLUX, 10, 120:
Sófocles en Andrómeda decía:
…en lecitos con bordes suyos propios… 170,
aludiendo a alabastros de una única piedra.
131 HESIQUIO, a 4090:
Amphiprymnon: barco que tiene a uno y otro lado popas. Sófocles, en Andrómeda 171.
133 Papiro de Oxirrinco 2453, fr. 49: …yugo del pueblo… para el libio… 172.
135 HESIQUIO, s 110 SCHMIDT:
Sáreton: Sófocles, en Andrómeda †…† o vestimenta bárbara 173.
136 Escolio a TEÓCRITO, Idilio IV 62/63:
Dice que los Panes eran muchos, como también los Silenos y los Sátiros, como Esquilo, en Glauco, y Sófocles, en Andrómeda 174.
LOS ANTENÓRIDAS
Los Antenóridas son los hijos de Antenor. Éste es un anciano troyano, consejero de Príamo y amante, por encima de todo, de las soluciones pacíficas. En los contactos entre griegos y troyanos anteriores a la guerra de Troya, Antenor había hecho amistad con algunos griegos; concretamente, había recibido en su casa a Menelao y a Odiseo, que habían venido como mensajeros para solucionar pacíficamente la situación, antes, claro está, del asedio. ESTRABÓN, XIII 1, 53, cuenta que, según Sófocles, en el momento de la toma de Troya a la puerta de la casa de Antenor se había colocado una piel de leopardo como señal convenida, de forma que su casa quedase sin destruir, y que el anciano y sus hijos, junto con los Énetos, que se les habían unido, lograron salvarse dirigiéndose a Tracia, y que de allí se encaminaron a la región del Adriático llamada Enética 175.
En razón de esta mención de Sófocles, Brunck ya propuso que la exposición de Estrabón tenía como fuente esta obra de Los Antenóridas. En sentido contrario y tomando como base el Fr. 11, Jacobs sugirió que, más bien, había que relacionarlo con Áyax locro. Pero sea como fuese, en la narración de Estrabón es difícil detectar cuál debió de ser el nudo dramático de la acción. En este sentido más ayuda nos prestan los restos de la obra de igual nombre compuesta por el latino Accio y que es muy probable que siguiese la pieza sofoclea. Y, así, podemos sospechar que el criterio de los griegos en relación con la salvación del anciano troyano no era unánime y que, por consiguiente, el núcleo dramático se centraba en este asunto, en el que triunfaría, al final, la postura favorable a Antenor.
Otra vía de aclaración proviene del procedimiento de la identificación. Así Robert 176 pretende que esta obra es la misma que Laocoonte, mientras que Wilamowitz y Blass ponen su mirada en La reclamación de Helena, basándose en el título del ditirambo XV de BAQUÍLIDES.
En realidad, el único dato prácticamente seguro es la mención de esta tragedia como perteneciente al ciclo troyano, mención que se nos hace en el argumento al Áyax conservado. Pero también es cierto que no es mucho. HARTUNG, Soph. Fr., págs. 70-2, identifica con esta tragedia la de Ificles y adscribe, además, aquí los Frs. 748 y 879, transmitidos sin mención del título de obra.
137 ATENEO, 373C: …augurio, heraldo y mensajero…
ATREO 177
Atreo es hijo de Pélope, el primigenio fundador de los Juegos Olímpicos. Entre sus hermanos está Tiestes, con el que Atreo sostuvo siempre una relación de odios constantes y vengazas sucesivas. Al morir Euristeo, rey de Micenas, sin hijos, los ciudadanos de esta ciudad llamaron a los dos hermanos para elegir entre ellos a uno como rey, según les había indicado el oráculo. Al momento de ir a presentar los dos hermanos sus méritos respectivos, Atreo pensó sacar a la luz un vellón de oro, pero su sorpresa fue doble, no sólo al no encontrarlo sino al ver que estaba en poder de su hermano Tiestes, a consecuencia de lo cual este último fue proclamado rey. Pero, a instancias de Zeus, Atreo propuso otro prodigio: si el sol trastocaba su ruta, reinaría Atreo; en caso contrario, Tiestes seguiría en el trono. Aceptada la propuesta, el sol se puso por el Este, con lo que Atreo se alzó, finalmente, con el poder. Posteriormente. Atreo se enteró de que su esposa Aérope había sido amante de su hermano y que a esta relación se había debido la intriga en torno al vellón de oro. En esas circunstancias, Atreo hizo volver a su hermano a Micenas, de donde lo había desterrado, y tras una fingida reconciliación lo invitó a una comida, en la que le sirvió como manjar los miembros de los hijos de aquél, a los que, previamente, había arrancado sacrílegamente del altar de Zeus y dado muerte. Al final del banquete le mostró a Tiestes las cabezas de sus hijos y le reveló la naturaleza de lo comido.
El problema de la obra sofoclea, en este caso, se complica con el hecho de que nuestro autor también escribió otras piezas con el título de Tiestes, como se verá en su momento. Pearson piensa que la situación no es muy clara. De todas formas, es admisible pensar que esta tragedia debía de tratar el tema del infausto banquete, como podemos deducir fácilmente del escolio a EURÍPIDES, Orestes 812 178. Y en relación con esta parte del mito de los Pelópidas, Welcker con verosimilitud adscribió a esta tragedia el Fr. 738, que podría ser el final de la prueba astronómica presentada por Atreo, y lo relaciona con el 861 de Eurípides; pero también adscribe aquí el 892, donde puede haber una referencia al caso de Tiestes al final de la obra, aunque ese texto también puede adaptarse perfectamente a otras situaciones. HARTUNG, Soph. Fr., págs. 131-2, pensó por su parte en el 857, en el que Aérope podría estar dirigiéndose a Tiestes.
Sobre este mismo tema versa el temprano Tiestes de Eurípides 179. Diógenes de Sínope, en el siglo IV a. C., compuso un Atreo, en cuyo único fragmento conservado se alude a la antropofagia. Entre los latinos, Ennio, con su Tiestes. Accio, con su Atreo, y Séneca, con su Tiestes conservado, desarrollan esta misma parcela del mito, aunque en época moderna hay un gran desacuerdo a la hora de determinar el posible original griego que siguió cada uno 180.
140 Escolio a EURÍPIDES, Hipólito 307:
…acostumbran a proferir un juramento cuando se están burlando de los enemigos. Así, también, Sófocles, en Las miceneas 181:
¡No, por la cobardía de aquél, con la que se alimenta, pues una mujer es él, pero con enemigos varones! 182.
LA ASAMBLEA DE LOS AQUEOS
El problema del argumento de esta obra es de una complejidad especial y ha pasado por toda una serie de vicisitudes. Ya a mediados del siglo XVIII (1767). Toup sostuvo el criterio de que había que identificar esta obra con Los comensales, pues se trataría de un caso más de una pieza con doble título. Posteriormente, le seguirían en este juicio Brunck, Dindorf, Nauck y otros. En este sentido, el tema sería el altercado entre Aquiles y Agamenón durante la estancia de la expedición griega en Ténedos camino de Troya, al indignarse el primero por no haber sido invitado a un banquete —según otra tradición, por haberlo sido en último lugar—. De todas formas, ya en esta primera época del problema hubo posturas contrarias a tal identificación 183.
Pero la situación iba a cambiar radicalmente con la aparición de un papiro publicado, en primera instancia, por W. Schubart y U. von Wilamowitz en los Berliner Klassikertexte V, 2, pág. 64, en el año 1907. Su adscripción por Wilamowitz a Sófocles y, concretamente, a esta tragedia cambiaba totalmente el rumbo de las disquisiciones, ya aludidas, en relación con su argumento. Ahora se afirmaba con rotundidad que el centro de la tragedia escénica lo ocupaban las relaciones entre Aquiles y Télefo, con la consiguiente elección de este último como guía de los griegos hacia Troya.
Sin embargo, las cosas no iban a quedar ahí. En los años cincuenta, Handley y Rea 184 proponen, con grandes probabilidades de seguridad, que tanto este papiro como el PRyl. 482 pertenecen al Télefo de Eurípides. El criterio más extendido en estos momentos apoya esta nueva sugerencia y, consiguientemente, vuelve a replantearse la interrogante sobre el posible argumento de La asamblea de los Aqueos 185.
En estas circunstancias, tal vez, habría que volver al criterio mencionado de Toup. De los fragmentos conservados, realmente no puede sacarse una cierta idea aproximada y, además, en este caso concreto, carecemos de información indirecta que poder utilizar de forma complementaria, como se ha hecho en otros casos. Sólo el Fr. 144 parece aludir, efectivamente, al reagrupamiento de los griegos en su marcha contra Troya 186.
142 PEARSON = EURÍPIDES, Fr. 149 AUSTIN 187.
143 PÓLUX, 10 133:
Aparejos náuticos son las velas… los timones, los remos, como Sófocles en La asamblea de los aqueos:
Al igual que los pilotos de una nocturna navegación guían con los remos la quilla de próspero curso…
144 Escolio a PÍNDARO, Ístmica II 68: Tú, que en tu trono tienes las tablillas de lo escrito, di si no asiste alguno que se hubiera unido al juramento 188.
144a CIRILO, Codex Matritensis, ed. NAOUMIDES, pág. 269:
…canoso Néstor querido… 189.
148 HESIQUIO, ks 112:
Symbólous llamaban a los presagios obtenidos por medio de los estornudos. Y estaban consagrados a Deméter. Algunos lo llaman a los augurios que se producían a través del rumor, los cuales dice Filócoro que los descubrió Deméter. Sófocles, en La asamblea de los aqueos 190.
LOS AMANTES DE AQUILES
Todos coinciden en afirmar que esta obra sofoclea era un drama satírico, principalmente en base al Fr. 153, donde se asegura la presencia de sátiros en esta pieza 191. Por los fragmentos conservados se saca la conclusión de que también intervenían Fénix y Peleo. La trama general debia de estar representada por los intentos amorosos de los sátiros para con Aquiles, verdadero ejemplo de muchacho hermoso, y el rechazo airado de éste, que ha llegado ya a la edad de la plenitud y ha optado por entregarse a las actividades varoniles del cultivo de las armas, abandonando así los juegos infantiles 192.
Welcker propuso que, tal vez, la escena era el palacio de Peleo en Ptía. Pearson se inclina, mejor, por la cueva del centauro Quirón en el monte Pelio. Sin embargo, en el Papiro de Oxirrinco 2257, en el que se hace alusión a una serie de obras en las que se da un cambio de escenario, se incluye también ésta de Los amantes de Aquiles, lo que lleva a pensar que también en ella se producía el referido cambio.
Por los Frs. 150 y 151 vemos que se hacia alusión a las relaciones entre Peleo y Tetis, previas al nacimiento de Aquiles. En base a este hecho, Campo 193 sugiere que la narración de estos hechos debía de tener lugar en el Prólogo y, tal vez, además, en boca del propio Peleo —siguiendo con ello a Brunck—. Steffen, por el contrario 194, prefiere pensar en Tetis, tras adoptar otra lectura del texto en el Fr. 150.
En 1911 se publicó por primera vez el Papiro de Oxirrinco 1083, y Steffen 195, años después, lo adscribió a esta obra. Radt, con mayor precaución, lo relega al apartado de «dudosos y espurios» con los núms 1130-3, donde volveremos sobre él con más detalle 196.
149 ESTOBEO, IV 20, 46: Esta dolencia es un mal anhelado. ¡Ojalá pudiera yo describirlo sin torpeza! Cuando, al aparecer el frío hielo, los niños con sus manos se apoderan, al punto, del sólido carámbano, en un principio experimentan deleites novedosos, pero al final su ánimo no está dispuesto ni a dejarlo ni a conservar en sus manos esta adquisición como algo provechoso. Así, a los amantes este mismo anhelo los empuja muchas veces a actuar y a no actuar.
150 Escolio a PÍNDARO, Nemea III 60:
Perseguida (Tetis) por éste (Peleo) cambiaba su forma, unas veces en fuego, otras en alguna fiera. Pero él persistiendo triunfó al fin. De esta metamorfosis también Sófocles habla en Troilo… 197 y en Los amantes de Aquiles:
PELEO. —¿Qué fatiga no me sobrevino…? León, serpiente, fuego, agua… 198.
151 Escolio a APOLONIO DE RODAS, IV 816:
El que compuso el Egimio 199 dice en el libro segundo que Tetis iba arrojando a un caldero de agua a los que engendraba de Peleo, porque quería conocer si eran mortales; y otros, que al fuego, como afirma Apolonio. Y que, cuando ya habían perecido muchos, Peleo se irritó e impidió que Aquiles fuese precipitado en el interior del caldero. Sófocles, en Los amantes de Aquiles, dice que Tetis, censurada por Peleo, lo abandonó.
152 Escolio a PÍNDARO, Nemea VI 50b:
No llamó precipitadamente a la lanza de Aquiles iracunda… sino porque, respecto a las demás, estaba dispuesta de forma bastante particular, ya que era ahorquillada, de tal forma que tenía dos puntas y con un solo lanzamiento hacía dobles las heridas. Y Esquilo, en Las Nereidas: «de la lanza entrará la doble lengua». Y Sófocles en Los amantes de Aquiles:
…………………………………………………
o la moharra de doble punta de la lanza.
Pues dobles dolores le desgarraron
por la lanza de Aquiles.
153 Escolio a ARISTÓFANES, Las avispas 1026:
Paidicá: el término se aplica a los seres amados, mujeres o varones. Los ejemplos en que se aplica a varones son numerosos. Así, en Los amantes de Aquiles, es evidente que es tomado en este sentido, pues al experimentar los sátiros un cierto abandono al deseo propio de mujeres, dice Fénix:
FÉNIX. —(Dirigiéndose a los sátiros.) ¡Ah, ah, a mi muchacho, como ves, has arruinado! 200.
154 ATENEO, 401C:
Respondedme quién de igual forma que nosotros hace mención al compuesto syágrou refiriéndose al jabalí. Sófocles, en Los amantes de Aquiles, aplica a un perro el nombre haciéndolo derivar de sŷs agreúein («cazar cerdos»), cuando dice:
Y tú, Siagro, retoño del monte Pelio…
155 Escolio a SÓFOCLES, Edipo en Colono 481:
Abeja: miel. Lo hecho por el que lo hace. Así en Los amantes:
…al que fluye con miel de su lengua…
156 QUEROBOSCO, Escolios a los Cánones de Teodosio 1, 415.4: Pero allí estaba él con las armas irrompibles, arte de Hefesto 201.
157 HESIOUIO, o 736:
Deseo de la mirada: pues uno es presa del amor por nirar. «Del mirar nace para los hombres el amar.» Y en Los amantes de Aquiles dice:
De sus ojos lanzas despide.
LAS BACANTES
Las bacantes, como es sabido, eran las devotas del dios Dioniso, también llamado Baco. Entre las obras conservadas de Eurípides hay una con igual título, y en el argumento que de ella nos da Aristófanes de Bizancio, se dice que Esquilo trataba el mismo tema mítico en su Penteo. De otro lado, Sófocles utilizó repetidas veces temas dionisíacos, todo lo cual confirma la verosimilitud de que nuestro trágico escribiese una obra con este título. La hipótesis de su existencia arranca de la aparición de una didascalia encontrada en el Papiro de Oxirrinco 2256, fr. 3. Su interpretación es bastante problemática 202, y sólo pueden hacerse conjeturas más o menos probables, puesto que, además, no se nos ha conservado ningún fragmento por la vía de la transmisión tradicional.
DÉDALO
En el caso de esta obra, no disponemos, escasamente, más que de los propios fragmentos para determinar su posible argumento. En consecuencia, y tomando como base los Frs. 160 y 161, se suele creer que la trama se desarrollaba en torno a la figura de Talos, el autómata de bronce fabricado por Hefesto y donado a Minos como defensa de Creta. Talos daba tres veces al día la vuelta a la isla y cuidaba de que nadie arribara a ella, ni tampoco saliese de dentro, sin la previa autorización de Minos —Dédalo tuvo que salir por los aires, para poder escapar—. Normalmente rechazaba con enormes piedras a los que pretendían aproximarse a la costa cretense, pero también solía abrasarlos en un abrazo, tras haber puesto al rojo vivo su metálico cuerpo. Era invulnerable, menos en una pequeña vena en la parte baja de la pierna. Los Argonautas, a su llegada a Creta, lograron vencerlo gracias a la intervención de Medea, que con sus hechizos consiguió romperle el tal conducto vital.
Pearson sugiere que, a partir del Fr. 161, puede aceptarse la verosimilitud de que este episodio de la destrucción de Talos era el nudo central de la obra 203. Campo, por el contrario 204, supone que, en la primera parte, se trataría del bárbaro oficio del autómata y que, luego, llegados allí los sátiros, Dédalo los liberaba del robot, encadenándolo finalmente —algo, pues, semejante a lo que va hemos visto en Ámico—.
Ya desde antiguo se viene afirmando por algunos que esta obra sofoclea tenía tratamiento de drama satírico. En los trabajos más recientes, a este respecto 205, se mantiene el criterio. Concretamente, Sutton, como estudio más reciente, lo fundamenta en un doble razonamiento: de un lado, los intentos de acabar con el robot no serían más que una variante del conocido tema satírico de la destrucción de un monstruo; pero también está esa tendencia sofoclea a construir dobletes, trágico y cómico, de un mismo tema mítico. En este caso la contrapartida sería la tragedia Los camicos, con la que ya Wagner y Hartung habían pretendido identificar esta obra del Dédalo.
En un vaso ático del pintor de Talos, de finales del siglo V a. C., aparece una escena que bien podría tener relación directa con esta pieza, pues en ella, además de Talos, están los principales personajes de la expedición de los Argonautas, lo que apoyaría la hipótesis arriba mencionada 206.
Dentro de la Comedia Antigua, Aristófanes y Platón, el cómico, escribieron sendas obras con igual título, pero en ellas se trataba probablemente de aventuras amorosas de Zeus, en las que Dédalo ayudaba al rey de los dioses con su habilidad 207. Ya en la Comedia Media, Eubulo (¿o Filipo?) compuso otra pieza homónima.
158 Escolio genovés a HOMERO, Ilíada XXI 282: Lo encierra dentro con atadura no forjada 208.
159 PÓLUX, 7, 117:
Puesto que también a los constructores de casas Homero los llama carpinteros, y arquitecto se dice en Platón. Expresión forzada es la de:
…musa patrona de los constructores… 209,
en el Dédalo de Sófocles.
160 Escolio a PLATÓN, República 337a:
(Risa) Sardánica: refrán relativo a los que se ríen de su propia muerte. Pues los habitantes de Cerdeña, según dice Timeo, una vez que sus progenitores han llegado a la vejez y piensan que ya han vivido tiempo suficiente, los conducen al lugar en que los van a enterrar y, allí, tras cavar fosas, sientan en lo alto de los bordes a los que van a morir; luego, cada uno de ellos golpea con un palo a su propio padre y lo empuja dentro de las fosas; y afirma que los ancianos llegan a la muerte gozosos como si fuesen afortunados, y que mueren con risa y buen ánimo. Cuando, pues, se producía un brote de risa, pero en modo alguno esta risa surgía por algo bueno, se decia, entre los griegos, el refrán antes mencionado. Por otro lado, Clitarco dice que los fenicios y, en especial, los cartagineses, honrando como honran a Crono, cada vez que ponen diligencia en conseguir algo grande, prometen, en sus súplicas en relación con uno de sus hijos, que si triunfan en lo que anhelan, lo consagrarán al dios; y que, dado que la estatua de bronce de Crono está erigida entre ellos con las manos vueltas hacia arriba encima de un horno de bronce, éste hace arder a la criatura; y que, cuando la llama alcanza el cuerpo de la víctima, los miembros se contraen y el cuerpo parece que hace una mueca burlona de forma semejante a los que se ríen, hasta que, encogido, se desliza dentro del horno. De aquí, pues, se llama sardánica a la risa de muecas, cuando mueren riendo (el abrir la boca y reír es saírein). Y Simónides lo hace derivar de Talos, el objeto de bronce que Hefesto fabricó para Minos a fin de que le sirviera de vigilante de la isla; se dice que, siendo como era un ser animado, mataba a los que se aproximaban abrasándolos, de donde afirma que la expresión de risa sardánica procede del hacer muecas por causa de la llama. De igual forma, también, Sófocles en Dédalo. Pero oí, dice Tarreo, a unos naturales del país decir que en Cerdeña crece una planta semejante al apio, que los que la prueban dan la apariencia de risa, pero mueren de una convulsión. De este modo debería decirse sardónica y no sardánica. Tal vez, pues, el texto homérico, de donde también procede, a lo mejor, el refrán «sonrió en su espíritu con sonrisa sardánica», alude a la risa que procede de los labios mismos y llega hasta la mueca 210.
161 Escolio a APOLONIO DE RODAS, IV 1646-8:
Talos tenía por encima del tobillo un conducto recubierto de una membrana. Al peroné se le llama conducto, roto el cual le estaba determinado por el destino ser dominado. Que le estaba determinado por el destino morir, también lo dice Sófocles en Dédalo 211.
162 Escolio a ARISTÓFANES, La paz 73:
Se dice que los escarabajos del Etna son grandes. Y dan testimonio de ello los naturales del país… Sófocles, en Dédalo:
Pero tampoco es realmente un escarabajo de todos los del Etna 212.
163 HESIQUIO, g 843:
Gorgonas: marítimas. Sófocles en Dédalo 213.
164a CIRILO, Codex Matritense, ed. NAOUMIDES, pág. 274:
Que se alimenta del trabajo de sus manos: el que vive de sus manos. Sófocles, en Dédalo 214.
DÁNAE
Sobre las líneas generales de la figura mítica de Dánae ya se ha hablado al tratar de la tragedia Acrisio, así como también de la posible identificación de ambas piezas. Sin embargo, Wagner, a mediados del siglo pasado, sugirió que más bien la trama de Dánae podía estar compuesta por los episodios ocurridos a la doncella y a su hijo en Sérifo, a cuya orilla llegaron ambos dentro del cofre en que los había encerrado su padre y abuelo, respectivamente, y donde los recogió Dictis, para llevarlos después ante Polidectes, el tirano de la isla. Este último intentó forzar a Dánae, tras haber alejado previamente a Perseo, que a su vuelta encontró a su madre refugiada en un altar y, enfrentándose al tirano, lo convirtió en piedra, sirviéndose de la cabeza de la Medusa, en cuya búsqueda había partido. Así las cosas, la Dánae sofoclea sería paralela al Dictis euripídeo. También se ha sugerido la posibilidad de que nuestro poeta diese a esta historia un tratamiento de drama satírico (WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 348-9), aunque ninguno de los trabajos más modernos, al respecto, lo sostiene.
Eurípides escribió una Dánae y, en su versión, el argumento era la situación problemática surgida con el nacimiento de Perseo 215, lo que podría apoyar la hipótesis paralela de la pieza sofoclea. También, en el siglo V a. C., los poetas cómicos Sanirión y Apolófanes escribieron una obra con este mismo título.
165 Escolio a SÓFOCLES, Áyax 1: No conozco tu daño, pero una cosa sé: si este niño existe, yo muero 216.
166 HESIQUIO, a 8767:
Amorosa caza: Sófocles en Dánae:
…†cría†… de ovejas y amorosa caza…
Algunos piensan que son las perdices machos, que, en efecto, se prestan al sacrificio purificatorio y se las coge con reclamo de hembra; pero no es cierto, pues se hacen sacrificios purificatorios con el lechón y el corderillo, pero no con la perdiz. Alude, pues, a la especie de los cerdos, porque este animal es propenso al apareamiento. Pero también puede referirse a la especie de las cabras, pues también este animal está bastante excitado a las relaciones amorosas, hasta el punto de que, incluso en sí mismos, cometen el exceso 217.
167 Antiaticista, Anecdota Graeca 97, 29 BEKKER: Vive, bebe, aliméntate.
DIONISO NIÑO
Tanto por su probable contenido como por la fuente directa del Fr. 172, puede afirmarse que esta obra tenía tratamiento de drama satírico.
Ya desde Crusius (1893), pero principalmente a partir de Steffen 218, se ha pensado que el argumento era la crianza de Dioniso bajo la tutela de Sileno y los sátiros, así como la invención del vino a cargo de este pequeño dios 219. El escenario debía de ser el país de Nisa 220, lejos de Grecia, a donde Zeus había llevado a su vástago para hurtarlo a la venganza de Hera, irritada por esta nueva infidelidad de su esposo. La base de esta hipótesis descansa en los Frs. 171 y 172, y más aún, tal vez, en el paralelo que se veía entre estos textos y NEMESIANO, un escritor latino de mediados del siglo III d. C., en su Égloga III 18-65. Pero, posteriormente, Sutton 221, aun admitiendo la evidente relación entre ambos pasajes, piensa que la trama de la obra sofoclea debía de ser otra cosa, pues en ese contenido no es posible ver las complicaciones y consiguientes resoluciones características de toda pieza dramática, sea del tipo que sea. En consecuencia, sugiere, a su vez, que debía versar sobre la locura que Hera envía sobre Dioniso. La línea argumental sería: Zeus ordena a Hermes llevar a Dioniso a Nisa, para así evitar la reacción de Hera; allí el pequeño dios queda al cuidado de Sileno y los sátiros, como nos refleja el Fr. 171; pero Hera lo descubre y envía sobre él la locura; Dioniso desaparece y sus criadores salen en su búsqueda, que culmina con el éxito, y el niño dios, a su vuelta, trae el vino, que entrega a los sátiros en recompensa, a lo que estaría refiriéndose el Fr. 172. En consecuencia, tendría una trama bastante paralela a Los rastreadores, y Eurípides debió de tenerla in mente en El cíclope 3 ss. Esta hipótesis de Sutton retrotraería la obra a una época temprana de la producción sofoclea, lo que se confirma, de otro lado, con las posibles representaciones en cerámica que agrupa Webster 222.
171 Lexicon Messanense, fol. 283 r 18 RABE: Pues cada vez que le ofrezco y doy alimento, al punto me palpa la nariz y levanta su mano hasta la calva riéndose con dulzura 223.
172 FOCIO, 82, 18 REITZENSTEIN:
Flor de turbación liberadora de pesares: si quieres referirte a una cosa que aparta el pesar, puedes hacerlo así, como también Sófocles en el drama satírico Dioniso niño por boca de los sátiros componentes del coro, cuando por primera vez saborearon el vino:
CORO.
¿Dónde pudieron tal quitapenas
flor de turbación encontrar? 224.
173 HESIOUIO, th 1029: …embriagado… 225.
LOS DÓLOPES
Los dólopes eran una tribu tesalia, a cuyo frente puso Peleo como rey a Fénix, al tiempo que le entregó a su hijo Aquiles bajo su custodia. De otro lado, TUCÍDIDES, I 98, 2, dice que eran dólopes los habitantes de Esciros, donde, precisamente, Peleo había llevado a Aquiles para hurtarlo a tener que participar en la expedición contra Troya, pues un oráculo le había comunicado que este hijo suyo moriría en la ciudad asiática.
El argumento de esta obra es difícil de conjeturar, puesto que los fragmentos conservados no sirven de casi nada y, además, carecemos de algún otro tipo de fuente documental. De todas formas, WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 140-5, sugirió que esta pieza era la misma que Fénix y que su argumento debía de ser la conocida empresa, encomendada a Fénix, entre otros, de traer de Esciros a Troya a Neoptólemo, pues había sido vaticinado que sin su presencia la ciudad nunca caería en poder de los griegos. Sin embargo, en la actualidad suele admitirse que este tema más bien debió de corresponder a la obra Los escirios y, por lo tanto, Los dólopes podía, o bien efectivamente ser la misma que Fénix, pero con una trama en relación con los episodios más antiguos de este héroe, o bien distinta y tratar, tal vez, de la ocultación de Aquiles en Esciros. Schmid 226, en base al hecho histórico de que Cimón, en el año 476/5, había conquistado la isla de Esciros y descubierto en ella los restos de Teseo, cuyo traslado a Atenas había dado ocasión además a la construcción del Teseion, sugiere que, tal vez, el argumento pudo ser la expatriación voluntaria de Teseo desde Atenas a Esciros y su muerte allí.
174 HERODIANO, Tratado general de prosodia, fr. 19 HUNGER: …(cual una liebre) 227 en su cama, que tiene un techo presto a cambiar…
LA RECLAMACIÓN DE HELENA
El argumento de esta tragedia está, evidentemente, en relación con las negociaciones que los griegos emprendieron ante los troyanos, a fin de que Helena le fuera devuelta a Menelao. La tradición mitológica, sin embargo, presenta en este punto varias versiones. De un lado, en el resumen que Proclo nos transmite en las Ciprias 228, se nos dice que esta embajada pacífica de los griegos a Troya tuvo lugar después de su desembarco en Troya y de un primer enfrentamiento, en el que mueren Protesilao a manos de Héctor y Cicno a las de Aquiles. Pero, en un escolio a Ilíada III 205 ss., se cuenta que esta misión parlamentaria fue enviada cuando aún la expedición aquea se encontraba en Ténedo 229. En tercer lugar, HERÓDOTO, II 118, asegura que fue tras el desembarco y asentamiento en suelo troyano, según se lo comunicaron los sacerdotes egipcios, que habían recibido la información directamente del propio Menelao; y añade que los troyanos manifestaron bajo juramento que Helena no estaba entre ellos, sino en Egipto en poder del rey egipcio Proteo. En una época mucho más tardía, Tzetzes 230 menciona el hecho añadiendo que tuvo lugar antes de que el ejército griego se reuniese en Áulide.
Es, realmente, difícil determinar por los fragmentos conservados qué tradición siguió Sófocles, pero en cualquier caso el nudo dramático de la obra no varía 231.
Como ya se ha dicho al tratar de Los Antenóridas, Blass y Wilamowitz pensaron que hay que identificar ambas obras. Post 232, que se adhiere a tal sugerencia, afirma que el personaje central sería Antenor, secundado directamente por sus hijos. También en algún momento se ha pensado que tenía tratamiento de drama satírico, pero este criterio no ha prevalecido en épocas más recientes.
En un vaso del Sur de Italia, en el que aparecen, de un lado, Helena y sus sirvientes y, de otro, Odiseo y Antenor, se pretende ver una relación con esta tragedia sofoclea, lo que supondría la intervención de este otro héroe griego en la acción dramática 233. Libanio 234 nos ha transmitido dos discursos imaginarios de Menelao y Odiseo ante la asamblea de los troyanos. Finalmente, Timesiteo escribió una tragedia con este mismo título, pero solo conocemos de ella el título.
Respecto a los fragmentos transmitidos sin mención de obra, se han propuesto, a veces, diversas conjeturas de adscripción e interpretación. Por ejemplo, WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 117-24, supone que Odiseo debía de ser uno de los personajes de la obra, y ve muy adecuadas a él las palabras del Fr. 939; también conjetura una posible escena entre Helena y Paris, a la que pudo pertenecer el 857; a su vez, el 872 deja entrever una nostalgia por Hermíona, la hija de Menelao y Helena, que, en Lacedemonia, deja transcurrir su juventud, privada del padre y de la madre, y estas palabras se avendrían bien en boca de la propia Helena, o lambién del coro: v. finalmente, en 871 Welcker ve la frustración de las esperanzas que Menelao tenía puestas en varias cosas: en el propio derecho de su reclamación, en el sentimiento de su misma mujer y en Antenor, por el que Príamo siente un especial aprecio. Por su parte, Hartung, Soph. Fr., págs. 62-5, identifica esta pieza con El rapto de Helena, conjeturando, además, que su argumento era paralelo a la Helena de Eurípides, y adscribe aquí el Fr. 764.
176 Escolio a Euripides, Las fenicias 301:
Eurípides las (a las fenicias) concibe haciendo con el eco de su charla algo tal que indique que son fenicicas y poniendo de relieve una cierta impronta de la lengua patria. Pues, aunque hablan en lengua griega, sin embargo al menos mantenían a salvo la resonancia de la lengua patria. Igual que Sófocles, en La reclamación de Helena:
Pues también la propia impronta de la lengua en alguna medida me producía el consuelo de olfatear el habla laconia 235.
177 EROTIANO, th 5: …y tras llevarse a la mujer que turba la mandíbula †…† 236.
178 Escolio a ARISTÓFANES, Los caballeros 84b:
(ARISTÓF., Los cab. 83-4: «Lo mejor para nosotros sería beber sangre de toro, pues la muerte de Temistocles es la preferible».) Símaco dice que se equivoca respecto a Temístocles, pues ni Heródoto ni Tucídides lo cuentan. Es, pues, realmente de la Helena 237 de Sófocles:
Para mí lo mejor será beber sangre de toro 238 y no soportar ya más los vituperios de éstos 239.
Algunos afirman que Sófocles dice esto de Temístocles, pero se equivocan, porque no es creíble.
180 I) ESTRABÓN, XIV 1, 27:
Sófocles, en La reclamación de Helena, lo (el oráculo dado a Calcante) refiere: estaba predestinada su muerte, cuando se encontrase con un adivino superior a él. Y éste traslada a Cilicia la disputa (de Calcante y Mopso) y la muerte de Calcante.
II) ESTRABÓN, XIV 5, 16:
Esta disputa algunos, como también Sófocles, la trasladan a Cilicia, aunque aquél la llama Panfilia al estilo trágico, como también a Licia, Caria, y a Trova y Lidia, Frigia. También la muerte de Calcante la traspasa allí, entre otros, Sófocles 240.
EL RAPTO DE HELENA
Sabemos que Sófocles escribió una obra con este título por el argumento del Áyax conservado, donde además se precisa que pertenecía al ciclo troyano. Pero esto es todo, puesto que no se nos ha transmitido ningún fragmento. Welcker, basándose en PROCLO, Crestomatía 157 SEVERYNS, propuso, en un primer momento, que la trama sería el episodio de cuando Afrodita saca a Helena de Troya para presentársela a Aquiles, que deseaba conocerla; pero, posteriormente, pensó si no se trataría de la recuperación de Helena por Menelao, una vez muerto Deífobo 241. Pearson, sin embargo, cree que el argumento no podía versar sobre otro asunto que el del rapto de Helena por Paris en Esparta 242. El cómico Alexis, que vivió a caballo entre los siglos IV y III a. C. y perteneció a la Comedia Media y Nueva, escribió una obra de igual título.
LAS BODAS DE HELENA
Tampoco de esta obra sabemos gran cosa; a lo sumo, podemos conjeturar, con visos de probabilidad, que el tema general eran los desposorios de Paris y Helena: Afrodita, tras la marcha de Menelao a Creta, une ya en la propia Esparta a la pareja, que inmediatamente parten en un barco hacia Troya, con gran cantidad de riquezas además; Hera les envía una tempestad, pero, tras atracar en Sidón, Paris conquista esta ciudad, y ya desde aquí llegan a Troya, donde celebran por fin la ceremonia de su boda 243. Frente a este criterio generalmente admitido, Bergk (1836) propuso que, tal vez, se trataba más bien de las bodas de Deífobo con Helena, una vez muerto Paris, basándose en el resumen que de la Pequeña Ilíada nos transmite Proclo 244.
Esta obra era un drama satírico, como sabemos por Arístides 245, que atestigua la presencia en ella de sátiros. En base a este carácter, Pearson propone que la escena no debía de ser la propia Troya sino Cránea, el lugar de la primera unión de los amantes según Homero 246, paraje rocoso y típico del ambiente satiresco.
181 ATENEO, 76C:
De los higos silvestres (hace mención) Eurípides en Escirón 247… y Epicarmo en La esfinge 248… y Sófocles, en Las bodas de Helena, por medio de un tropo denominó el fruto con el nombre del árbol, al decir:
Cual higo silvestre maduro… que es inservible como alimento, a otros fertilizas con tu palabra.
183 CLAUDIO CASILÓN, Investigaciones sobre los oradores áticos, pág. 397 MILLER:
Los orosángas son la guardia personal, como Sófocles en Las bodas de Helena y en Troilo 249.
LOS EPÍGONOS
Ya en la Nota introductoria al Alcmeón se dieron unas indicaciones generales de este relato mítico. Anfiarao, sabedor por sus dotes adivinatorias del desenlace que tendría la expedición de los Siete contra Tebas, antes de su marcha hace prometer a sus hijos Alcmeón y Anfíloco que emprenderán una nueva salida en venganza de sus mayores, y también que darán muerte a su madre, causante en última instancia de esa funesta iniciativa. Esa segunda generación que marcha contra Tebas son los epígonos. Alcmeón será el líder de tal expedición, así como la mano ejecutora del matricidio, lo que le acarreará, de otro lado, un castigo divinc en forma de locura. Pero ya las propias fuentes mitográficas disienten en el ordenamiento de los acontecimientos, y ello tiene su repercusión a la hora de determinar el posible argumento de esta tragedia sofoclea. Unos testimonios nos señalan que la muerte de Erífila tiene lugar a la vuelta de los epígonos, y esta versión está en relación estrecha con la purificación de la locura de Alcmeón al lado de Fegeo, como se ha señalado al tratar del posible argumento del Alcmeón. Pero hav una segunda tradición, según la cual el matricidio ocurre antes de la salida vengadora contra Tebas y son los propios dioses los que libran a nuestro héroe de la locura enviada por las Erinis, dado que lo hizo en ayuda piadosa de su padre.
En la Antigüedad misma, esta obra gozó de un éxito especial, hasta el punto de que la sola mención del título era suficiente para referirse a la versión sofoclea, a pesar de que Esquilo y otros autores habían escrito obras homónimas. En época moderna ha sido también objeto de reiterados tratamientos conflictivos. Podemos resumir en tres los problemas principales en torno a esta tragedia.
En primer lugar estaría el posible paralelismo de tratamiento entre la versión de nuestro poeta y la del latino Accio, pues en caso de un resultado positivo los fragmentos conservados de este último serían un nuevo apoyo. Kiso 250, tras una confrontación del texto transmitido de uno v otro, confirma pormenorizadamente la opinión, generalmente admitida, de que Accio sigue muy de cerca el tratamiento sofocleo.
Luego vendría la cuestión del posible argumento. Una mayoría piensa que debía de tratarse de la muerte de Erífila a manos de Alcmeón y del brote de locura en este último. Pero esta situación se complica con la doble tradición mitográfica arriba aludida. Tal vez lo más verosímil sea adoptar para Sófocles el primer tratamiento, el matricidio a la vuelta de Tebas, si pensamos que nuestro trágico suele encadenar varias obras en torno a un mismo tema mítico en busca del desenlace final, pues de este modo encajaría bien el Alcmeón ya aludido. Otros piensan que los acontecimientos tuvieron lugar en sentido contrario. Kiso, por ejemplo, utilizando con gran imaginación los fragmentos tanto de Sófocles como de Accio, traza una línea argumental de principio a fin de la tragedia, en la que se debatiría entre ambos hermanos la expedición contra Tebas, al tiempo que se llevaba a cabo el matricidio, como requisito inapelable.
Pero también hav una amplia diatriba sobre la sugerencia de WELCKER, Die griechische Tragödien… págs. 269-78, que propuso la identificación de Los epígonos y Erífila como título alternante de la misma pieza. Los partidarios de la unificación argumentan que el tema de Erífila tenía que ser la trágica muerte de la heroína; y, dado que esa era la trama de Los epígonos, estariamos ante un caso de doble título 251. Pero hay también quienes siguen admitiendo la dualidad, basándose, principalmente, en el hecho de que también Accio tiene dos obras con los mismos títulos, y, por lo tanto, la identificación en Sófocles exigiría el mismo comportamiento para con el trágico latino. En este segundo caso se hace necesario pensar en un nuevo argumento para Erífila, y se ha sugerido, en ocasiones, que la trama versaba sobre la primera salida de los Siete y, por lo tanto, sobre el enfrentamiento entre Anfiarao y Adrasto con la consiguiente intervención decisoria de Erífila y la muerte del héroe adivino como final 252.
Webster 253, basándose en la mención a Anfiarao en Electra 837 ss., piensa que Los epígonos es anterior a esa otra obra. Y en favor de una cronología temprana habla, además, su posible estructura díptica, semejante a Las traquinias, con la muerte de Erífila y la locura de Alcmeón 254.
Respecto al empleo de los fragmentos sin título, ya WELCKER, páginas 270-1, sugirió que los Frs. 1120, 958 y 921 pertenecían a esta obra y, más concretamente, al Prólogo, en el que el propio Alcmeón estaría describiendo a su padre: en el 1120 aludiría a la despedida de Anfiarao antes de partir contra Tebas, cuando el premonitor padre da los últimos consejos a sus hijos, conocedor del destino que le esperaba; en el 958 se estaría mencionando claramente el funesto desenlace de este héroe, al que la tierra tragó en su huida; y, finalmente, el 921 sería una postrera alabanza del hijo al padre 255. También en algún momento se ha visto en el 932 un resto de la réplica de Alcmeón a Erífila, cuando, tal vez, ésta trataba de defenderse aludiendo a los rigores que sufre una madre por sus hijos ya desde el momento primero del nacimiento 256.
Tanto Esquilo, en el siglo V a. C., como Astidamante II, en el IV, escribieron sendas obras homónimas, pero en ninguno de los dos casos podemos hacer conjetura argumental alguna. Entre los latinos, Accio compuso unos Epígonos y también una Erífila, obras éstas de las que Cicerón 257 nos informa que seguian la versión sofoclea, sobre lo cual ya hemos hablado más arriba 258.
185 ATENEO, 584D:
Cuando Andrónico, el actor trágico, después de una representación en la que acababa de obtener un éxito con Los epígonos 259. proponía ir a beber a casa de ella (de Gnatea) y, al exhortarle el esclavo a Gnatea a que corriera con los gastos por adelantado, dijo:
Maldito entre los esclavos, ¿qué palabra has dicho?
186 CICERÓN, Tusculanas II 60:
Dionisio de Heraclea, a pesar de haber aprendido de Zenón a ser fuerte, fue «desenseñado» por el dolor. Pues, aquejado de un cólico nefrítico, en medio de la propia lamentación no cesaba de clamar que era falso todo aquello que antes había pensado del dolor. Y al preguntarle su condiscípulo Cleantes qué razón le había hecho retractarse de su criterio, respondió: «Porque, en el caso de haber dedicado a la labor filosófica una cierta atención, si no pudiese, no obstante, sobrellevar el dolor, sería un argumento suficiente de que el dolor es un mal. Pero es que he consumido muchos años en la filosofía y no puedo sobrellevarlo. En consecuencia, el dolor es un mal.» Entonces Cleantes, golpeando el suelo con el pie 260, cuentan que dijo un verso de Los epígonos 261:
¿Escuchas esto, Anfiarao bajo tierra escondido?
Se refería a Zenón, del que lamentaba que aquél se desviase.
187 PLUTARCO, Moralia 35D-E:
A los que suelen escuchar solícitamente a los poetas les ocurre… que sobrellevan afablemente burlas, ultrajes y risas, teniendo a la mano, sobre todo, lo de Filemón: «nada hay más dulce ni más musical que poder sobrellevarlo cuando se es objeto de ultraje», y si alguien pareciese necesitado de reprensión, reprendiéndole sus errores y emociones, como el personaje trágico Adrasto, al decirle Alcmeón:
ALCMEÓN. — De la misma estirpe que la mujer destructora de su marido naciste,
le respondió:
ADRASTO. —Pero tú asesino eres realmente de la madre que te engendró 262.
188 ESTOBEO, III 38, 27: Para los que son objeto de envidia, el descrédito suele triunfar más sobre los malvados que sobre los honestos 263.
189 ESTOBEO, IV 22, 173: Tú, que a todo te has atrevido, incluso más allá de lo normal, mujer. Si algún azote existe para los mortales, no hay ni habrá vez alguna otro peor que la mujer 264.
190 Escolio a SÓFOCLES, Edipo en Colono 378:
En muchos pasajes llama a Argos «hundida», como también en Los epígonos:
…al que la hundida Argos ya no habita…
y en Támiras… 265
191-198 PEARSON = 201 a-h.
EN TÉNARO 266
198a (230 PEARSON) ATENEO, 375C:
Por lo tanto †…† vigilar como a cerda atada… 267.
LA DISPUTA 268
De los escasos testimonios que tenemos sobre esta obra, poco puede conjeturarse con cierta precisión. Welcker pensó que debía de tratarse de la disputa habida entre los hermanos Zeus y Posidón por la mano de Temis 269. Posteriormente, Bergk y Pearson, por separado, sugirieron que más bien versaría sobre la disputa surgida en las bodas de Peleo y Tetis, cuando Eris lanzó en medio una manzana de oro como obsequio para la diosa más bella; poniéndola, así, en relación con El juicio, otra pieza sofoclea sobre el mismo tema mítico 270. De otro lado, dado este ambiente de bodas muy idóneo para la presencia de sátiros, ya desde el siglo pasado se ha venido pensando que era un drama satirico, criterio éste que apova Steffen en su recopilación de los dramas satiricos, pero que Sutton 271 rechaza, considerando que forma con El juicio el típico tándem sofocleo de doble tratamiento, serio y cómico, de un mismo tema milico, ya comentado al hablar de Dédalo.
199 ATENEO, 646D:
Ítrion: pastelillo ligero hecho de sésamo v miel. Lo menciona Anacreonte así… 272, Aristófanes en Los acarnienses… 273 Sófocles en La disputa:
Y yo hambrienta de nuevo pongo los ojos en los pasteles.
200 HESIQUIO, e 7324: …de boda oportuna…
ERÍFILA 274
201a (191 PEARSON) ESTOBEO, II 15, 27: ¡Lengua, entre qué clase de hombres gozas de estimación, donde las palabras tienen más fuerza que los hechos! 275.
201b (192 PEARSON) ESTOBEO, IV 1, 7: Donde no es posible decir lo mejor con libertad, y vence en la ciudad lo peor, los errores echan abajo la salvación 276.
201c (193 PEARSON) ESTOBEO, IV 50, III 89: Mantén a salvo el buen nombre, cosa conveniente a la vejez 277.
201d (194 PEARSON) ESTOBEO, III 1, 1: Pero sólo la posesión de la virtud es segura.
201e (195 PEARSON) ESTOBEO, III 7, 6: Pues el pecho de los hombres valientes no se ablanda.
201f (196 PEARSON) ESTOBEO, IV 35, 30: ¿Cómo, pues, voy a luchar contra un destino divino, siendo mortal? Donde tiene su sede el pavor, la esperanza ninguna ayuda supone 278.
201g (197 PEARSON) CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromateis VI 2, 10.3: Vete, estás turbándole el sueño, médico de la enfermedad 279.
201h (198 PEARSON) Apéndice del Corpus de paremiógrafos griegos I 423, 2:
ERÍFILA. —(A Alcmeón.) Pues también a los argivos veo.
HERMÍONA
Hermíona es el único fruto del matrimonio de Menelao y Helena. Según la tradición mítica que sigue la tragedia, Hermíona le fue prometida en primer lugar a Orestes, pero posteriormente Menelao, en Troya, cambió de sentido la promesa, ahora en favor de Neoptólemo, el hijo de Aquiles. A la vuelta de la expedición griega, Orestes tuvo que devolverla y, consecuentemente, ésta se convirtió en motivo de rivalidad entre ambos príncipes aqueos. A partir de aquí la tradición se escinde, y unas fuentes nos hablan de que Neoptólemo acudió a Delfos para reclamar de Apolo una satisfacción por la muerte de su padre, mientras que en otros lugares se dice que, al resultar estéril la unión de Neoptólemo y Hermíona, el primero acudió al santuario délfico para consultar el oráculo sobre este hecho. En cualquier caso, el hijo de Aquiles murió allí y, de esa forma, la muchacha pasó nuevamente a manos de Orestes, del que nacería Tisámeno.
Por diversas fuentes 280 conocemos las líneas generales del argumento de esta pieza, aunque hay diferencias de detalle entre ellas 281. Puede decirse que era, en cierta medida, paralela a la Andrómaca de Eurípides, al menos en lo concerniente a la rivalidad entre ambos héroes 282 por la posesión de la muchacha 283. En alguna ocasión se ha sugerido que tenía como segundo título Las mujeres de Ptía y que, por lo tanto, sus fragmentos deberían unirse 284.
Por el escoliasta a EURÍPIDES, Andrómaca 32, sabemos que los poetas trágicos, del siglo V a. C., Filocles y Teognis aludían a esas sucesivas entregas de Hermíona, lo que hace pensar que, tal vez, escribieron una obra sobre este área del mito. En el siglo II a. C., Teodoro compuso una obra homónima, pero sólo conservamos de él la mención del título. Entre los latinos, Pacuvio escribió una Hermíona, en la que trataba este mismo asunto v, tal vez, con la versión sofoclea como original 285.
202 ESTEBAN DE BIZANCIO, 23, 3: Mas, oh planicie de calles de la tierra patria…
EUMELO
De los varios personajes míticos con este nombre el más importante es el hijo de Admeto y Alcestis. Participó en la guerra de Troya, donde obtuvo diversos premios en las carreras de carros con los caballos que, en otro tiempo, le había cuidado Apolo.
Del posible argumento de esta obra no se sabe nada en absoluto. Incluso se ha pensado que nuestro trágico no debió de escribir obra alguna con este título, pues el personaje no da el tipo necesario de héroe trágico. En consecuencia, a veces incluso se ha llegado a hacer conjeturas al texto de la fuente de los dos fragmentos conservados 286, leyendo Ámico (Blomfield) o Eurípilo (Calderini) donde la tradición manuscrita dice Enmelo.
EURÍALO
Odiseo, tras la llegada a Ítaca y la matanza de los pretendientes, se trasladó al Epiro a consultar el oráculo Allí sedujo a Evipa, la hija del rey, y de esa unión nacería Eurialo. Su madre lo mandó a Ítaca con pruebas de reconocimiento escritas en una tablilla: pero a su llegada, estando ausente Odiseo, Penélope comprendió todo lo sucedido y, cuando su esposo estuvo de vuelta, lo engañó y convenció para que diera muerte a Eurialo, lo que hizo por su propia mano 287.
De esta tragedia no se nos ha conservado fragmento alguno, aunque por el mitógrafo Partenio 288 sabemos que Sófocles escribió una obra con este título, cuyo argumento versaba, probablemente, sobre la llegada del muchacho a Ítaca y su posterior desenlace fatal.
EURÍPILO
Este Eurípilo es el hijo de Télefo. Cuando este último, rey de los misios, fue curado por Aquiles, que precisamente era también el que lo había herido, prometió que ni él ni ninguno de los suyos lucharían más contra los griegos. Pero, tras su muerte, Astíoca, su mujer y hermana de Príamo, fue convencida con regalos para que enviara en avuda de Trova a su hijo Eurípilo, al que se tenía por última esperanza de salvación, muerto Héctor. Nuestro héroe, a la fuerza ante el recuerdo de la orden de su padre, cedió al fin y se presentó en Troya. Tras una serie de victorias en el campo de batalla muere en combate singular a manos de Neoptólemo, hijo de Aquiles.
Realmente no existe ninguna prueba explícita de que Sófocles escribiese una tragedia de este nombre. Aristóteles 289 habla de un Eurípilo. como posible tragedia derivada de la Pequeña Iliada, pero sin dar ninguna autoría. Ya en el siglo XVIII (Tyrwhitt, 1794) se atribuyó a nuestro poeta y, posteriormente, Wilamowitz la relacionó con el fragmento sin mención de título que nos transmite PLUTARCO, Moralia 458D 290. Pero en 1912 se publica el Papiro de Oxirrinco 1175, que contiene 121 fragmentos, algunos de ellos de interés, y años más tarde, en 1927, el 2081 b, que se pone en relación con el primero. Aunque en estos textos papiráceos no se hace mención ni de la obra ni del autor a que pertenecen, se vienen adscribiendo al supuesto Eurípilo sofocleo en base a una serie de hechos, como su aparición conjunta con el papiro de Los rastreadores, su temática y la probable identificación del texto citado por Plutarco con uno de los restos del papiro.
Precisar con un cierto pormenor el posible argumento de la obra es cosa problemática, dado lo conservado. La escena que nos presenta el hallazgo papiráceo es el anuncio del fatal desenlace de Eurípilo ante Neoptólemo y los lamentos entrecruzados del coro y un personaje, que muy posiblemente es Astíoca. Brizi 291 piensa que, entre otros personajes, debían de estar Eurípilo, Príamo, Astíoca e, incluso, la prometida del primero; también supone que sería más bien una tragedia de caracteres que una tragedia de acción. De alguna manera, en este mismo sentido Webster 292 sugiere un paralelismo con Los persas de Esquilo y, en consecuencia, le da una cronología temprana, encuadrándola en el período esquíleo. Pero teniendo en cuenta la técnica dramática de nuestro autor, pienso que, tal vez, la parte conservada pertenecía, simplemente, al momento de desenlace de la acción, en la que tiene lugar la escena del Mensajero de desenlace y, a la vez., la reacción emocional correspondiente 293. Todo ello lleva a pensar que ha habido una parte anterior en la que ha tenido lugar algún enfrentamiento entre dos o más personajes, tal vez respecto a la decisión de que Eurípilo se enfrente o no con Neoptólemo 294. Tras prevalecer la postura de entrar en liza, tendría lugar el combate —fuera de la escena, por supuesto— e, inmediatamente, vendría ya el momento que fragmentariamente se nos ha conservado 295.
En cualquier caso esta tragedia, por su temática, estaba evidentemente en relación con otros títulos sofocleos, como Los Aléadas, Los misios o el problemático Télefo. Se ha pensado, en alguna ocasión, si no habría que identificarla con alguna de éstas. En otro sentido, Webster 296 sugiere que la Telefía, la única trilogía sofoclea atestiguada, tal vez estuvo formada por Los Aléadas, Los misios y, como tercera pieza, o bien La Asamblea de los aqueos o bien esta de Eurípilo 297.
208 298 Papiro de Oxirrinco 1175, fr. 3:
A. — …pues el presagio…
B. — Acepté 299… un cuervo conjura…
A. — Excelente, oh… en su graznido señala… ofrenda…
B. — ¿Y qué 300, pues… alguna empresa… cobarde…?
A. — Pero en modo alguno hay que temer que… despreocupado de… sino que…
210 Papiro de Oxirrinco 1175, fr. 5 + 2081b, fr. 2:
〈MENSAJERO〉 301. — …espacio entre dos ejércitos… como enemigos… uno y otro chocaron en el círculo de sus broncíneas armas 302… sin lanza 303… con sus tretas de lucha… hacia el cielo… se lamentaba… por el dolor de los… de la mano… escapando a… de la lanza… adelante… abajo… la luz de los… de Aquiles… que había curado… a Télefo me refiero… curó… abatió…
〈ASTÍOCA〉 304. — ¡Av, av, av, av?, dobles pesares he lamentado…
〈CORO〉.
Del padre…
…de los hijos… vio.
〈ASTÍOCA〉. —
Y en tercer lugar sobre mí…
〈CORO〉.
Pues en efecto atrajo
… 305 lloras. cuando de tu propio juicio te saliste.
〈ASTÍOCA〉.— ¡Ah, destino, cruel destino, destructor mío!
〈CORO〉.
Bien de cerca le hablaste, pues no de lejos te arrastra en confusión 306.
〈ASTÍOCA〉.
Me arrastrará con justicia.
〈CORO〉.
Con justicia, sí.
〈ASTÍOCA〉.
Mas cuanto antes mejor.
〈CORO〉.
¡Ay, ay!
¿Qué diremos, de qué hablaremos?
〈ASTÍOCA〉. —¿Quién no disparará dentro de justicia sobre mi cabeza?
〈CORO〉.
El destino te segó
dentro de justicia, el destino.
〈ASTÍOCA〉. — ¿Acaso también los argivos se han marchado burlándose del cadáver de forma violenta a más de la desgracia?
〈MENSAJERO〉 307. — No llegaron hasta el punto de mofarse, puesto que enfrentados en común lucha yacían por el suelo cadáveres a corta distancia unos de otros, el uno…, el otro… 308 …………………………………rompió el noto». Tales cosas resonaba la boca de muchos. Gran cantidad de velos de lino y gran número de paños de mujeres de Istro se arrojaban sobre el hombre, atorgándoselo a un muerto que ningún beneficio sacaba de ello. Y Príamo, tendido junto a sus costados cubiertos de heridas, no siendo su padre, pero dando salida a palabras propias de padre, deploraba al de la misma sangre 309 que sus hijos, llamándole niño, joven y anciano 310, y no misio ni hijo de Télefo, sino invocándolo como si él mismo lo hubiese engendrado: «Ay de mí, hijo, te traicioné al tenerte como extrema y gran salvación de las esperanzas para los frigios. Aunque has sido huésped nuestro no por mucho tiempo, de muchos pesares dejarás recuerdo a los… siempre, cuantos ni Memnón ni Sarpedón… 311.
211 312 Papiro de Oxirrinco 1175, fr. 6:
A.
[-]midas 313 y al rey del Ida, a Príamo, que me… del todo la más maldita persuadió contra mi deseo a emprender esta empresa.
B 314.
Recuerdo…
dejando…
nunca…
A.
¡Ay, lanza de Télefo,
que con mi hijo por azar fue a toparse!
¡Ah, pica salvadora 315, ………………………………………….
212 316 Papiro de Oxirrinco 1175, fr. 7: … 317 …de Zeus… es afortunado en su muerte… sino que ha muerto de forma plenamente hermosa… que una ley se ha erigido ahora… común tumba labrada en piedra 318 … convivencia con Télefo… respecto a la comida muy próximo 319 … a éste, y no sin… a la que le engendró 320… huérfana… un rizo… cortado 321…
213 322 Papiro de Oxirrinco 1175, fr. 8:
A. — …y yo [vigilaré] 323 … hasta que oportunamente oculte…
B. — Llevaré a cabo el…
222 Papiro de Oxirrinco 1175, fr. 94: …pero esto yo… descubrí: nunca hasta ahora… reposo y de las desgracias… la fortuna cambia… rapidísimamente; y de la palabra… sabríamos, si confiado… de la fortuna… 324.
EURÍSACES
Eurísaces es el hijo de Áyax Telamonio y de Tecmesa. Antes de suicidarse en suelo troyano, el héroe de Salamina confió a su hijo a su hermano Teucro. De vuelta a Grecia, éste fue expulsado por Telamón 325, y Eurisaces, con el tiempo, sucedió a su abuelo en el poder y, posteriormente, entregó Salamina a los atenienses, por lo que adquirió la ciudadanía ateniense. Pero a la muerte de Telamón Teucro, que se había expatriado a Chipre, había tratado de regresar a su patria, pero fue rechazado por Eurísaces y, en su nuevo destierro, encaminó sus pasos hacia España, llegando incluso hasta Galicia desde Cartagena.
El posible argumento de esta obra es totalmente hipotético, puesto que disponemos de un único fragmento, que, además, carece de todo interés. Las elucubraciones, por lo tanto, en este caso se basan en elementos externos. La única propuesta que se ha hecho de forma concreta es la de WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 197-204, que utiliza, para ello, los fragmentos conservados de la pieza homónima del latino Accio 326 y supone que la acción dramática versaba sobre el episodio del intento de Teucro de regresar a Salamina y su nueva expulsión, ahora por obra de su sobrino y en dirección a España. ROBERT, Die griechische Heldensage, Berlin, 1920-6, pág. 1483, admite la sugerencia. Y Post 327, sin llegar a tales pormenores, sostiene que al menos tuvo que tratar algún tema en el que el hijo de Áyax fuese ya persona adulta, para poder acoplarse bien con el protagonismo que supone el título de la pieza. Pearson, unos años antes, había refutado la conjetura de Welcker, basándose en la sospecha de que, tal vez, Sófocles no conoció la tradición mítica que pone en relación a Teucro con España, puesto que por las fuentes conservadas la primera vez que se hace mención de ello es en ESTRABÓN, III 4, 3; pero el filólogo inglés no hizo, a su vez, propuesta alternativa alguna.
HERACLES NIÑO
Heracles es uno de los personajes más ricos en la tradición mitográfica griega y, por lo tanto, suceptible de ser escenificado por un mismo poeta dramático repetidas veces. De Sófocles se nos han transmitido cuatro títulos en relación directa con este héroe: En Ténaro, Heracles niño, Heracles y Cerbero, y, frecuentemente, se ha pensado que tal vez había que identificarlos todos ellos en una sola obra. Quizá pueda ser cierto respecto a tres de los cuatro casos; pero es probable que al menos Heracles niño fuese una pieza independiente, en la que se narrase la aventura de este niño, ya héroe, frente a las serpientes enviadas contra él por la sempiternamente celosa Hera.
Heracles pasaba por ser hijo de Anfitrión y Alcmena, pero realmente su padre era Zeus, que se unió a aquélla aprovechando la ausencia de su marido y tras adoptar su aspecto. Pero, a la mañana siguiente, llegó el propio Anfitrión, que concibió con su mujer un segundo vástago, Ificles, que fue una noche más joven que Heracles. Hera, en su cólera contra Alcmena, intentó repetidas veces vengarse, y un episodio más, dentro de esta pretensión, fue el envío de dos serpientes a la habitación en la que dormían los dos hermanos, de corta edad aún. Mientras que Ificles se dejaba llevar del pánico, Heracles les hizo frente y logró darles muerte 328.
La fuente del Fr. 223a nos testimonia que esta pieza era un drama satírico. La presencia de Heracles en este tipo de obras es frecuente y, por lo tanto, no nos debe estrañar que aquí aparezca, incluso, como protagonista.
223a (228 PEARSON) ORIÓN, Florilegio 5, 9 SCHNEIDEWIN: Mejor es conceder un favor a los dioses que a los hombres.
223b (229 PEARSON) ORIÓN, Florilegio 6, 6 SCHNEIDEWIN: El que sea causante de algo conviene también que lo sufra.
HERACLES
En la Nota introductoria a Heracles niño ya avanzamos la problemática en torno a los diversos títulos sofocleos que, sobre la saga de Heracles, se nos han transmitido. Tal vez sea correcto el intento de unificarlos todos en una única pieza, pero, como no deja de ser una conjetura moderna sin excesivo apoyo, tal vez lo mejor sea seguir el criterio de Radt, que mantiene, de forma rigurosa, la distribución de los fragmentos según la cita concreta de cada fuente.
Si optamos por la postura unitaria, el argumento debía de versar sobre el viaje de nuestro héroe al Hades para traer de allí al perro Cerbero, y a este fin se encaminó a Ténaro, por donde había de descender a los Infiernos. Si, por el contrario, se piensa más bien en cuatro obras diferentes, en ese caso el argumento mencionado correspondería sólo, lógicamente, a En Ténaro, mientras que sobre la temática del Heracles no hay indicio que pueda orientarnos en sentido alguno.
La fuente del Fr. 225, al menos, nos da testimonio de que el Heracles era un drama satírico.
224 PEARSON = 327a.
225 PÓLUX, VII 109: …recogían la leña, para no necesitar a la mitad material con que hacer arder…
226 ESTEBAN DE BIZANCIO, 699, 12: Alimentan una serpiente de la región como guardián de la fuente 329.
227 HESIQUIO, k 4480: …muralla ciclópea… 330.
228-9 PEARSON = 223a-b.
230 PEARSON = 198a.
ERÍGONA
En la mitología griega hay dos personajes con este nombre, que nada tienen que ver el uno con el otro. De un lado está la Erígona hija de Egisto y Clitemestra, y hermana, por lo tanto, de Aletes. Tuvo participación también en la leyenda de Orestes y, según una tradición, se ahorcó al quedar absuelto en el tribunal del Areópago el hijo de Agamenón; aunque, según otra versión, estuvo a punto de morir a manos del propio Orestes pero en el último instante la salvó Ártemis. En este marco mitológico er cuadra WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 215-9, la Erígon sofoclea, proponiendo, incluso, su identificación con el Aletes y tratado 331.
Pero existe otra figura mitológica con el mismo nombre. Es la hija del ateniense Icario. Dioniso, huésped suyo en su venida a la tierra para traer la vid, se enamoró de ella y le regaló a Icario un odre de vino, para que lo bebiera en unión de sus vecinos. Éste así lo hizo en compañía de unos pastores que, al estar ebrios, creyeron haber sido envenenados, y lo mataron. Erígona descubrió el cadáver de su padre con la ayuda de su perro Mera y se ahorcó en un árbol próximo. Dioniso se vengó enviando contra Atenas el castigo de que sus mujeres enloquecieran y se ahorcasen. Tras consultar el oráculo de Delfos se dio muerte a los pastores y se instituyó una fiesta en honor de la muchacha. A esta segunda Erígona pretenden otros equiparar la protagonista de esta pieza sofoclea 332.
Filocles, en el siglo V a. C., Cleofonte, en el IV, y Frínico II escribieron obras homónimas, pero de todas ellas no conservamos más que la noticia del título, lo que nos impide saber siquiera la identidad de la heroína. Por el contrario, el latino Accio compuso una Erígona, en la que el personaje central era la hija de Egisto y Clitemestra 333.
235 Etymologicum Magnum 762, 12 GAISFORD: Lo que a mi juicio sospecho, eso quiero verlo claramente.
236 EROTIANO, y 10: Y ahora †…† hasta que mató y él mismo murió.
TÁMIRAS
Támiras 334 es uno de los músicos míticos, al que se atribuían diversas composiciones, pero sobre todo la invención del modo musical dorio. Era de gran belleza y descollaba en el arte del canto y en el de la lira. A veces la tradición lo tenía por el maestro de Homero. El episodio más importante de su leyenda es su pretensión de superar a las propias Musas en un certamen musical; pero fue vencido, y las diosas, ofendidas por tal insolencia, lo privaron de la vista y de su arte. Támiras, en su desesperación, rompió su lira y la arrojó a un río.
Respecto a la versión sofoclea tenemos que servirnos, en este caso, casi exclusivamente de los fragmentos conservados. Y, a partir de ellos, es bastante seguro afirmar que el argumento trataba del certamen mencionado. Para WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 419-428, la acción debía de abarcar, además de la exposición previa 335, el desafío 336, la fijación de condiciones, el propio certamen y, como desenlace, el castigo de Támiras. Según él, además, el coro no podía estar compuesto por las Musas, puesto que no sería posible que al tiempo fuesen parte y árbitro, sino que, más bien, lo formaría un grupo entusiasta del héroe 337, y a él le corresponderían varios de los fragmentos conservados (238, 240, 245).
En relación con esta obra la tradición antigua ha dado lugar a una interpretación curiosa de la puesta en escena. PÓLUX, IV 141, al hablar de las máscaras teatrales especiales, dice que la de Támiras —y es probable que esté aludiendo a la versión de Sófocles— tenía un ojo negro y el otro blanco. Este dato puede explicar, tal vez, la versión de un escolio a HOMERO, Ilíada II 595, donde se nos dice que Támiras tenía un ojo de cada color, aplicando así al personaje mítico una circunstancia tomada de la realización escénica. En época moderna se ha tratado de explicar el hecho de esta forma: el héroe, en la primera parte de la obra, actuaba de forma que los espectadores sólo le pudieran ver un ojo, el negro, que es la forma normal de representación; pero cuando se ve vencido por las Musas y en castigo se queda ciego, cambiaría de posición, de forma que se viera ahora sólo el otro ojo de la máscara, el blanco, que era la representación convencional del ojo ciego. Webster 338 hace notar, incluso, que en las reproduciones iconográficas que recoge, nuestro personaje aparece de perfil derecho, cuando es representado en situación aún triunfante, mientras que presenta el izquierdo en el momento de la derrota.
Sobre la posible influencia de esta obra en las representaciones de la cerámica de la época, Séchan 339 aduce una serie de vasos áticos, en los que la diferente actitud de Támiras puede explicarse por los cambios emocionales que debía experimentar el personaje en la versión de nuestro poeta: de la más elevada exultación al más profundo desánimo 340. ROBERT, Die griech. Heldensage, pág. 414, sirviéndose del mismo tipo de material, concluye que también debía de intervenir en la obra Argíopa, la madre del ensoberbecido músico, que le coronaba de forma precipitada, tras haber cantado su monodia.
Cronológicamente se viene adscribiendo normalmente esta obra a una época temprana. Y ello, por diversas razones. De un lado, su probable relación con la cerámica mencionada, que se fecha como término medio en torno al 450 a. C. También, por hechos de lengua y técnica dramática 341, así como de estilo, en el que el lirismo todavía ocupaba una parte importante 342. Pero también, por un hecho especial, y es que ATENEO, 20F, nos transmite la noticia de que el propio Sófocles intervino en la puesta en escenificación de esta obra tocando la cítara, lo que lleva a pensar que debió de tener lugar en su época de juventud 343.
Antífanes, en el siglo IV a. C., escribió una comedia de igual título.
236a Escolio a EURÍPIDES, Reso, ed. RABE, pág. 420:
Dice (Eurípides), como también Sófocles, que Támiris fue hijo de Filamón.
237 HERODIANO, Tratado general de prosodia, fr. 20 HUNGER:
…………………………………..
al tracio observatorio
del Zeus del Atos
…………………………… 344.
238 ATENEO, 636F:
Apolodoro, en su contestación a la carta de Aristocles, dice que lo que ahora nosotros llamamos salterio, eso era el mágadis… y Alcmán dice… 345 Y Sófocles, en Támiras:
………………………………………….
bien ajustadas liras 346 y mágadis
e instrumentos 347 de dulce canto entre los helenos
………………………………… 348.
239 ATENEO, 183E: …trígono…
240 QUEROBOSCO, Escolios al Manual de Hefestión 217, 5:
…(a ese pie se le llama) coreo, porque es utilizado muchas veces en los cantos corales… y troqueo, desde que Sófocles dice en el Támiras:
Con estos cantos que el pie empujan
te celebramos,
raudos 349, de marcha,
para brazos y pies 350.
241 ATENEO, 175F:
De la flauta de una sola caña 351 hace mención Sófocles en Támiras de esta forma:
Pues los cantos resonantes de las pectídes 352 han quedado anulados por la lira y las flautas de una sola caña †…†… 353.
242 354 Escolio a SÓFOCLES, Edipo en Colono 378: De Erictonio tuvo (Filónida) un niño de pecho, Autólico, saqueador de numerosas riquezas en la hundida Argos 355.
244 PLUTARCO, Moralia 455C:
Para el arrebato nada es intocable ni inintentable, sino que nos irritamos con los enemigos, con los amigos, con los hijos, con los padres, con los dioses —sí, por Zeus—, con las bestias y con los objetos inanimados, como Támiras:
………………………………………..
rompiendo los brazos de oro incrustados,
rompiendo la armonía de la lira de tensas cuerdas 356
…………………………………………
245 PLUTARCO, Moralia 1093C:
Los placeres que derivan de la geometría, de la astrologia y de la música presentan el deleite de forma viva y variada, de manera que no necesitan de ningún tipo de elemento seductor, pues atraen con sus diagramas como si se tratase de torcecuellos 357. El que los degusta, si es entendido, irá de aquí para allá cantando los versos de Sófocles:
Por dentellada de locura musical
fui alcanzado en la garganta 358,
y dominado soy por la lira y las melodías
que Támiras sobremanera compone 359.
TESEO
Teseo es un personaje importante en la tradición mitológica griega y, en gran medida, está circunscrito al área del Ática, como Heracles con respecto al mundo dorio. En relación con la pieza sofoclea de igual nombre y hasta los años sesenta de este siglo, nada realmente se podía conjeturar sobre su posible argumento, puesto que se había transmitido un único fragmento y de muy escaso interés, razón por lo cual en repetidas ocasiones se recurrió a identificarlo con otra obra: unos proponían Egeo, otros Fedra. Pero, en 1962, Turner publica unos restos de papiro procedentes de Oxirrinco, el núm. 2452, que contienen unos fragmentos de una obra dramática sobre Teseo, concretamente el episodio de este héroe en Creta, y una gran parte de la crítica se inclina a ver en ellos la obra a que ahora nos referimos 360.
TIESTES
Sobre la parte primera de la historia de Tiestes y de su hermano, ya se ha hablado al tratar del Atreo. Tras el fatídico banquete, Tiestes es expulsado de Micenas por su hermano, y primeramente huye al lado del rey Tesproto y, luego, pasa a Sición, donde precisamente se ha refugiado su propia hija, Pelopia. Allí, en unión incestuosa 361, engendran a Egisto y, con el tiempo, el mismo Atreo se casará con su sobrina, desconocedor de la verdadera identidad de la muchacha. Ésta da a luz a Egisto ya en el palacio de Atreo y, al instante, lo manda exponer, pero unos pastores lo criarán a las ubres de una cabra 362, y, posteriormente, Atreo lo hará buscar y educar como hijo suyo. Entretanto, Agamenón y Menelao sorprenden en Delfos a Tiestes consultando al oráculo la forma de vengarse de su hermano. Lo llevan a Micenas y, cuando Atreo pretende que Egisto vaya a dar muerte a Tiestes, lo que realmente tiene lugar es el reconocimiento del padre, la madre y el hijo. Pelopia, al darse cuenta de todo, se suicida y Egisto da muerte a Atreo, reponiendo a su padre en el trono de Micenas.
La producción dramática sofoclea en relación con él tema de Tiestes presenta una complicación especial. Si nos atenemos a la información que nos aportan las fuentes, Sófocles debió de escribir cuatro obras sobre este personaje mítico: se mencionan un Tiestes I, un Tiestes en Sición —en otra fuente llamado Tiestes sicionio—, un Tiestes II, y en otros casos se alude simplemente a un Tiestes. De otro lado, el Papiro de Londres, núm. inv. 2110, del siglo III d. C., habla de un Tiestes III de Sófocles, lo que, entendido sin ánimo de complicación, reduciría en uno el número sugerido por las fuentes. La luz que arrojan los fragmentos sobre esta problemática es muy escasa y, por lo tanto, las conjeturas modernas son muy diversas y, en una gran medida, muy hipotéticas. Teniendo en cuenta, además, que conocemos la existencia de un Atreo de nuestro poeta, pueden resumirse en dos grandes grupos las opiniones sobre el empleo que Sófocles hizo de este material mitológico. Pearson reduce a dos las obras y piensa que Atreo y Tiestes pudieron ser títulos alternantes del contenido mítico que llega hasta el desenlace del siniestro banquete, mientras que Tiestes en Sición abarcaría la narración de los momentos finales con el reconocimiento y suicidio de Pelopia, dando a conocer al público en el Prólogo o a lo largo de la acción de forma expositiva el amplio desarrollo intermedio de la saga. Una segunda corriente importante de opinión considera que el autor debió de componer tres obras sobre esta leyenda: en una primera pieza, el Atreo, se tratarían los enfrentamientos iniciales de uno y otro hermano con el desenlace del susodicho banquete; una segunda obra, Tiestes en Sición, versaría sobre las peripecias de nuestro héroe durante su destierro en Sición, con el asunto del incesto incluido; para terminar con una tercera tragedia, Tieste II, que volvería a tener lugar en Micenas y en la que se produciría el reconocimiento de los tres personajes con las ulteriores consecuencias.
Séchan 363 recoge una hipotética reconstrucción de Petersen, que, a su vez, sigue las líneas generales de Welcker para esta tercera pieza: el Prólogo estaría a cargo de Pelopia, que se lamenta de su infortunio, puesto que sabe al menos que no es hija de Tesproto, sino del desdichado cuya captura ha sido anunciada; tras la Párodos llegan Agamenón y Menelao con su prisionero, que es mandado encarcelar por Atreo; Pelopia trata de interceder por él, obteniendo buenas palabras de su esposo, pero a continuación éste encarga a Egisto que vaya a darle muerte; en el calabozo y a través de la espada que pretende utilizar el muchacho, se produce el «reconocimiento» y va a comunicárselo a su madre, que, entretanto, ha estado enterándose por el coro de los verdaderos propósitos de Atreo; Pelopia lo comprende todo y sale de escena resuelta a poner fin a esta trágica situación, de lo cual un mensajero traerá a escena el relato; y, una vez libre Tiestes, la acción de la obra se orientaría a la venganza final, llevada a cabo por Egisto, que da muerte a su tío 364. Dentro de este grupo, que supone tres obras sofocleas sobre este área del mito, hay que incluir a Lesky 365, que está, incluso, muy cerca de considerarlas una trilogía, aunque altera profundamente la distribución de contenidos arriba mencionada: en Atreo se trataría del adulterio de Aérope, el robo del vellón de oro, la intervención de Zeus por medio de Hermes y el prodigio del sol; en Tiestes, de la matanza de los hijos de Tiestes y la «cena»; y en Tiestes en Sición, del oráculo de Apolo y el incesto.
De otro lado, ya desde Welcker se viene haciendo hincapié en el paralelismo de peripecia que Sófocles da al tema de Edipo y al de Tiestes, sobre todo en la parte final. Basándose en este hecho, suele suponerse que la referencia que hace Aristóteles 366 a este personaje, al que empareja con Edipo, debe de referirse al de la versión sofoclea 367.
Sobre este tema mítico vemos que hubo una gran producción dramática. En el propio siglo V a. C., Eurípides escribió también un Tiestes, en el que tal vez se desarrollaba la parte correspondiente a la vuelta del héroe de su primer destierro, o sea, cuando tiene lugar el fatídico «banquete», que ocuparía el centro de la acción dramática y cuyo desenlace seria el segundo destierro de nuetro personaje 368. Pero también en este mismo siglo, Agatón compuso otra obra con idéntico título, aunque el único fragmento conservado nos produce una cierta perplejidad, puesto que se está haciendo alusión a Anfítea, la hija de Prónax y mujer de Adrasto, el rey de Argos, todo lo cual es difícil de relacionar con la leyenda de Tiestes; la única opción es suponer que esta pieza de Agatón pertenecía a otro ámbito temático que el que venimos viendo, pero, aun así, sigue siendo problemático relacionarlo con la información que nos aporta ese fragmento. También sabemos que este poeta trágico escribió una Aérope, de la que, desgraciadamente, sólo conservamos un fragmento y, además, totalmente inútil para orientarnos sobre el posible contenido de la pieza 369. Ya en el siglo IV a. C., volvemos a encontrarnos este tema en escena. Del autor dramático Apolodoro conservamos la noticia de que escribió una obra con este título, aunque no se nos ha conservado fragmento alguno. De Carcino II dos fuentes nos informan que compuso un Tiestes y una Aérope, aunque todos coinciden en unificarlas en una sola obra; pero en este caso conservamos una noticia de Aristóteles 370, fuente del título Tiestes, que puede ser importante para orientarnos sobre la posible temática general tratada: en ese pasaje de la Poética se empiezan a enumerar los diversos tipos de reconocimiento y, al aludir al primero, el que se consigue por medio de «señales», pone como ejemplo «las estrellas» del Tiestes de Carcino; con esta indicación puede suponerse que se está aludiendo al reconocimiento de Egisto por su padre, puesto que el primero, como descendiente de Pélope, llevaría en su hombro una marca blanca en forma de estrella 371, y este dato nos orienta en una dirección paralela a la tercera obra sofoclea 372. De Queremón y Cleofonte, que escribieron sendos Tiestes en este mismo siglo IV a. C., no podemos hacer conjetura alguna, puesto que del primero sólo conservamos un fragmento, a este respecto inexpresivo 373, y del segundo, únicamente la mención del titulo. Finalmente, en la misma época, Diógenes de Sínope compuso una pieza homónima, en la que debía de tratar el tema de la siniestra «comida» que Atreo sirve a su hermano, a juzgar por una noticia de Diógenes Laercio 374, en la que el filósofo cínico trataba de demostrar la no irrevencia de ingerir carne humana. De otro lado, con planteamiento cómico, ya en el siglo V a. C., Diocles presentó una pieza con este título, aunque en diversas ocasiones se ha puesto en duda la posibilidad de que este tema pudiera haber tenido tratamiento cómico; Schmid 375 sugiere que se trataba de una parodia de la obra sofoclea, al igual que sus Bacantes lo eran de la homónima obra euripídea.
Entre los latinos también este área del mito gozó de una gran estima, a juzgar por las diversas versiones que se hicieron. Ya Ennio escribió un Tiestes, sobre el cual existe la tradicional polémica de cuál fue el modelo griego que pudo seguir; Mette 376, últimamente, sugiere la versión euripídea. Pero piezas homónimas las encontramos también en la producción dramática de L. Vario Rufo, Graco, Casio, Baso, Materno y, en especial, la conservada entera de Séneca, que ha sido considerada a menudo como una de las mejores de este autor y en la que se describía, en concreto, el tema de la siniestra «comida» como centro de la acción dramática 377. Ahora bien, con el título de Atreo. Accio compuso una obra en la que, de admitir el criterio de Enk 378, seguia la trama del Tiestes sofocleo según la distribución de contenido propuesta por Lesky, a la que he hecho referencia más arriba. Y también Mamerco Emilio Escauro tiene otro Atreo de temática semejante.
247 ORIÓN, Florilegio 5, 10 SCHNEIDEWIN: Sabio nadie lo es, excepto al que un dios estime. Pero al dirigir la mirada a los dioses, si ordena incluso caminar fuera de justicia, hacia allí es preciso encaminarse. Pues nada de lo que los dioses indican, es vergonzoso 379.
255 Escolio a EURÍPIDES, Las fenicias 227:
En la cumbre de Dioniso 380 dicen que había una vid que cada dia daba un racimo, del que se hacía la libación a Dioniso… Y Sófocles en Tiestes cuenta que también en Eubea había una vid semejante a la del Parnaso, cuando dice así:
Hay una tierra costera en Eubea, donde el báquico racimo en un día sobreviene. Primero, durante la brillante aurora, la verdosa figura de la cepa se cubre de zarcillos. Luego el día a su mitad hace crecer la forma del agraz, y al declinar se colorea el racimo. Por la tarde el fruto debidamente germinado es cortado todo el y se mezcla la bebida.
256 ESTOBEO, I 4, 5: A la necesidad ni siquiera Ares se enfrenta.
257 ESTOBEO, III 29, 1: Avancemos ahora con presteza, pues de ningún modo sobre la justa solicitud la censura pondrá su mano vez alguna.
258 ESTOBEO, IV 44, 20: Tiene pesares, lo sé; pero es preciso intentar —lo más fácil es sobrellevar las imposiciones de la vida— obtener de tales cosas algún remedio.
259 ESTOBEO, IV 48, 27: Hay un cierto deleite también en las palabras, cada vez que procuran olvido de las desgracias presentes.
260 ESTOBEO, IV 50, 16: …aun siendo anciano. Sin embargo, a la vejez suele acompañarle la reflexión y el deliberar lo que es preciso 381.
260a HERODIANO, Tratado general de prosodia, fr. 21 HUNGER: ¿Acaso Atreo fue el único que ha dado acogida en su país a Zeus de la victoria?
YAMBE
Yambe es hija de Pan y de la ninfa Eco. Vivía como criada en Eleusis y, cuando Deméter pasó por allí angustiada en busca de Perséfona, Yambe la distrajo e hizo reír con sus bromas.
En un pasaje de un gramático se nos transmite la información de que Sófocles escribió una pieza con este nombre. Sin embargo, la crítica filológica moderna durante mucho tiempo le ha negado autoridad: unos, recurriendo a la conjetura textual, han cambiado el nombre de la obra, proponiendo Níobe, o Ámico, o incluso Yóbates; otros, admitiendo el texto transmitido, han pensado que se trataba del típico error de citación, según el cual se ha hecho mención de una obra por el nombre de uno de los personajes, y en esas circunstancias el gramático se estaría refiriendo realmente al Triptólemo; otros, más asépticos, han optado por incluir el único fragmento conservado entre los transmitidos sin título de obra 382. En época reciente, sin embargo, se han roto varias lanzas 383 por su autenticidad, considerándola un drama satírico, que contenía el incidente de Demofonte y la epifanía de Perséfona.
LOS IBEROS
Pur diversas fuentes epigráficas sabemos que un poeta trágico de nombre Sófocles escribió, entre otras, una obra con este nombre. Poco más puede asegurarse con verosimilitud. Queda en la incertidumbre lo concerniente tanto al tema como a la identidad del autor mencionado. Respecto a lo primero, lo más verosímil es la leyenda del gigante Gerión en relación con uno de los trabajos de Heracles: al héroe griego se le impuso la tarea de ir a robar los bueyes de Gerión, gigante de tres cabezas y tres cuerpos hasta la cintura, que vivía en el extremo de Occidente; Heracles lo conseguiría, después de dar muerte al perro guardián Ortro, al boyero Euritión y, finalmente, al propio Gerión. Respecto a la identidad del autor mencionada en las inscripciones documentales se ha pensado, a veces, que el tal Sófocles no era el poeta trágico del siglo V a. C., sino o bien su nieto o bien un autor homónimo del s. I a. C. 384. Recientemente, Sienkewicz 385, reestructurando los datos epigráficos, sugiere que esta obra de Los iberos formaba parte de la discutida trilogía sofoclea la Telefía, que, por lo tanto, no tenía una unidad argumental, como las de Esquilo, sino que cada una de las piezas trataba de un tema diferente.
Nicómaco de Alejandría, en el siglo III a. C., escribió una tragedia con el título de Geriones 386, de la que sólo conocemos la simple mención en la Suda 387.
ÍNACO
Ínaco es un dios-río, hijo de Océano y Tetis, y por varios motivos en relación estrecha con Argos, de cuya región se le tenía por rey en tiempos muy antiguos. Pero en el relato mítico destaca, sobre todo, por el episodio de su hija Ío 388. Zeus se había enamorado de esta muchacha y, mediante algún tipo de estratagema 389, consiguió unirse a ella. Pero Hera pronto sospechó de ello, y el esposo infiel, para librar a Ío de la venganza de la airada diosa, la convirtió en una ternera 390. Hera, no obstante, encargó a Argos, el de los Cien ojos, que la custodiase para evitar, así, cualquier prolongación de las relaciones de su marido con la muchacha. Ésta, por su parte, inició un periplo errante por toda Grecia, y los lugares por donde pasaba obtenían el beneficio de una repentina e inusitada fertilidad. Sin embargo, Zeus, compadecido de ella, envió a Hermes a que la arrancase de la vigilancia de su obstinado guardián. El diosmensajero así lo hizo y, llegándose a donde estaban Argos y su vigilada, adormeció, primeramente, a Argos con el sonido de su siringa v. luego, le dio muerte con su espada. Entonces Hera envió contra Ío un tábano que la atormentaba sin cesar. La muchacha, en el curso de su marcha errante, pasó a Egipto, donde en una nueva unión con Zeus tuvo un hijo, Épafo y, posteriormente, fue al fin vuelta a su forma primera. Pero, entretanto, su padre Ínaco por toda esa serie de peripecias de su hija llevaba una existencia doliente, que le llevó incluso, según algunos, a tratar de matar al propio Zeus y, según otros, lo sumió en la más profunda locura.
Respecto al Ínaco sofocleo convendría, primeramente, señalar la existencia de dos etapas en el conocimiento que nos ha proporcionado la progresiva aparición de fragmentos. Por la vía de la transmisión indirecta esta obra ha gozado de un privilegio especial, puesto que es una de las que más testimonios conservan, lo que, de paso, nos permite suponer que lógicamente debió de gozar de una gran estima entre los antiguos.
Con la información que estos fragmentos aportaban, se conjeturó un argumento cuyas líneas generales Wilamowitz 391 pergeñó así: en Argos reina Ínaco, padre de Ío, de la que está enamorado Zeus; su criado. Argos (?), llega a esa región y, mientras entretiene al soberano y al pueblo, el rey de los dioses se une a la muchacha; con ello vino la abundancia para el país, que se convierte en una nueva versión de Jauja; pero Hera se encoleriza y envía a esa tierra a su servidora Iris, lo que supone la llegada de la esterilidad; además, lo es convertida en vaca y se instala a su lado un horripilante guardián; pero el final debió de ser feliz y, en él, se produciría la muerte de Argos a manos de Hermes, así como la reconciliación de Hera. Y, respecto a los personajes, supuso la intervención de: un coro de argivos, Ínaco, Ío, Argos, Hermes e Iris, estos dos últimos en representación de sus olímpicos amos 392. Pearson, sin entrar en tantos pormenores, mantiene un criterio semejante.
Sin embargo, en los últimos decenios, también esta obra ha sido favorecida por la fortuna, ahora en forma de hallazgos papiráceos. Y así, en 1933, se publican tres fragmentos de papiro encontrados en Tebtunis, de los que uno al menos deja leer un número importante de líneas, en las que aparece un texto que, desde el primer momento, se adscribió a esta obra 393. Posteriormente, en 1956, se daba a conocer la existencia de dos nuevos trozos de papiro, ahora provenientes de Oxirrinco y que, también desde un principio, se adscribieron a esta pieza 394.
A la luz de este nuevo material se han podido precisar y corregir muchos aspectos. En primer lugar, la acción debía de versar concretamente sobre la llegada de Hermes en busca de Ío, cuya metamorfosis ha tenido lugar al principio de la obra o, tal vez, incluso, antes de ella, puesto que la famosa resis del Fr. 269a, en la que se cuenta el referido cambio, puede perfectamente aludir a un hecho previo a la acción misma de la obra 395. El papiro de Tebtunis, a su vez, nos deja ver una escena de agón entre el coro y Hermes, que ha llegado con una única intención: llevarse a la ternera. Pero, además, en ese momento concreto 396 se alude también a unas «segundas fatigas» en un diálogo, muy posiblemente, entre Hermes y el corifeo (o Sileno); y, si ese verso se pone en boca del corifeo (o de Sileno), lo que me parece bastante probable, podríamos suponer la existencia de un intento anterior fallido, que bien pudo ser, en ese caso, con el propio Ínaco. En resumen, el núcleo de la acción en esta obra pudo girar en torno al siguiente esquema 397: escena narrativa en la que se da cuenta de la metamorfosis de Ío, sucedida durante un banquete y, lógicamente, fuera de la vista del auditorio; a continuación llega Hermes con el conocido encargo de su amo y señor, y, en un primer momento, dirige su reclamación al mismo Ínaco, que la rechaza; posteriormente y tras ponerse el gorro de Hades, llega nuevamente y el coro le augura: «Segundas fatigas me parece que en un abrir y cerrar de ojos vas a emprender en vano.» Este primer núcleo de la acción creo que puede admitirse con bastante probabilidad en base al testimonio papiráceo.
Otro punto de carácter general y que conocemos por los restos de papiro es la variante que ofrece Sófocles en el asunto de quién llevó a cabo la metamorfosis. En Esquilo 398 es la diosa argiva la autora, mientras que en nuestro poeta 399 ahora ya queda bien en claro que lo fue el mismo Zeus 400.
Respecto a los dramatis personae, si juntamos los testimonios de la totalidad de los fragmentos, podremos asegurar con certeza la intervención de Ínaco 401, probablemente como protagonista. Pero también la de Hermes y la de Iris 402. El guardián Argos era, igualmente, uno de los personajes 403 y, además, sabemos que, al menos en algún momento, lo hacía cantando 404, pero es ya cosa más difícil precisar el momento de aparición, aunque lógicamente su muerte sucedía fuera de escena 405. De estos cuatro personajes tenemos certeza, pero en alguna ocasión se ha sugerido también la intervención de Sileno, que, en el caso de que la obra fuera un drama satírico, funcionaba realmente como corifeo del coro de sátiros. Pero la situación es mucho más polémica respecto a Zeus y a la propia Ío. La presencia en escena del primero ha sido en ocasiones propuesta por la intensa actividad que le atribuye el Fr. 269a, donde casi todos coinciden en identificar en él al «extranjero» 406, así como en la referencia a él dirigida de «bárbaro negro» 407. Pero al menos por lo que conservamos, este dios no aparece nunca en el teatro griego, con la polémica excepción de El pesaje de las almas de Esquilo 408; y aún sería más sorprendente para el auditorio su aparición de esa guisa. Finalmente, por lo que se refiere a Ío también hay disparidad de criterios, que en este caso se alinean previamente en relación con el conflictivo asunto de la metamorfosis total o parcial de la muchacha. Pero, en cualquier caso, tampoco tenemos punto de apoyo alguno para suponer su presencia en escena, incluso bajo la forma de mujer-ternera 409.
Y ahora ya es preciso referirnos al punto quizá más conflictivo: ¿drama satírico o tragedia? La cuestión es, realmente, muy antigua. Ya desde mediados del siglo XVIII se propuso la hipótesis de que el Ínaco sofocleo era un drama satírico. Y desde entonces ha venido ganando en adeptos. Con la aparición de los papiros se reavivó la polémica y Pfeiffer, por parte de los detentadores del tratamiento satiresco, se esforzó de manera especial por ponerlo de relieve. Más tarde, Pavese 410 acude principalmente al material de la cerámica en apoyo del mismo criterio, aunque no olvida tampoco la aportación propiamente literaria. Y, últimamente, Sutton 411 ha pretendido dejarlo definitivamente consolidado con la aportación de un hecho de métrica, que, a su juicio, nunca consentiría la tragedia.
Pero los partidarios de la tesis contraria tampoco han descansado. Wilamowitz 412 ya aceptó que el tema era idóneo para un drama satírico, pero denunció, igualmente, que en ninguna de las fuentes de los numerosos fragmentos conservados se haga mención expresa de su calidad de obra satírica, y, en esta situación, optó por una fórmula intermedia: considerarla un caso semejante al de la Alcestis de Eurípides. Un año después de la publicación del primer papiro, Schmid 413 seguía fiel al criterio de Wilamowitz. Pero la polémica se iba a reavivar, sobre todo, a raíz de la aparición del segundo papiro. Y así vemos la rápida reacción de Calder 414, que, junto a razones específicamente de técnica dramática (número de personajes, extensión de la pieza, etc.), utiliza el testimonio de la fuente del Fr. 270, donde vemos que Dionisio de Halicarnaso llama a esta obra drama 415. En la misma dirección argumenta Collinge 416, y, últimamente, Radt 417 trata de rebatir el argumento antes aludido de Sutton, aunque él no toma partido en el asunto. La situación, pues, es de gran polémica. Pero, tal vez, los partidarios del tratamiento trágico se dejen llevar de algunos escrúpulos excesivos. A mi juicio el aire que se respira, sobre todo en los textos papiráceos, sugiere más un tono jocoso que serio.
Sobre la cronología hay una cierta unanimidad, pues suele atribuírsele una fecha intermedia en la producción sofoclea 418.
Respecto al posible empleo de fragmentos transmitidos sin título, HARTUNG, Soph. Fr., págs. 108-112, sugirió que los versos del 774 se acomodaban bien en boca de Argos, que previamente se había adormecido a los sones de la música de Hermes; pero antes había él entonado una canción de temática pastoril, a la que pertenecerían los anapestos del 793. También se ha pensado a veces que el 875 hace referencia a la metamorfosis de Ío.
Para terminar, convendría aludir al posible tratamiento de este mismo tema por otros autores. En contraste con la evidente aceptación de que gozó la obra sofoclea, vemos que esta leyenda apenas fue tocada por otros poetas dramáticos. Queremón, en el siglo IV a. C., escribió una Ío, en la que, probablemente, tenía lugar el cambio de la protagonista, pero muy poco podemos conjeturar dado el material de que disponemos 419. Entre los latinos, Accio compuso también una Ío, aunque sólo conservamos tres pequeños fragmentos, en uno de los cuales se hace referencia clara a Argos 420.
269a 421 Papiro de Oxirrinco 2369, fr. 1:
Col. I 422:
…o aquí… al odiado por los dioses 423… pienso quién podía ser el extranjero 424… de las puertas esa total calamidad… fue alabado por los favores… fue descubierto maldades… fuera de los muros delanteros de la casa… engañándome 425.
Col. II 426:
Efectivamente 427, se ha ido y… tras ofuscar tus ojos… de eso ya no soy sabedor… cosas terribles… 428.
A 429. — Si cosas terribles —pues, ¿cómo no?— …las reverentes mesas dentro de casa… Él en abrazo a la muchacha… 430 a Ío a través de la casa… se ha marchado… 431 y la nariz 432 de la muchacha… cabeza… es metamorfoseada en vaca… una cabeza con mirada de toro echa 433… el cuello sobre los hombros… y las pezuñas… hacen resonar 434… mujer leonina 435… está sentada… en lino 436… tales cosas… el extranjero… 437.
CORIFEO 438. — Sin habla estoy… el extranjero… cosas increíbles…
CORO.
¡Ay, Gea, madre de los dioses 439,
incomprensible…
el de muchos brebajes 440…
CORIFEO. — Barbaro negro 441…
CORO.
El uno…
CORIFEO. — El otro 442… de apariencia cambiante 443…
269b 444 Papiro de Oxirrinco 2369, fr. 2: …sujétalo, ¡ah, ah!… 445.
269c 446 Papiro de Tebtunis 692, fr. 1:
Col. I 447:
…y oigo una siringa 448… del aprisco… 449…
Col. II 450:
〈CORO〉.
Muy muy sabio es ése
que entre los antiguos
recto nombre te dio,
al que bajo la inmortal tiniebla
del gorro de Hades 451 se encuentra 452.
— 453 Más bien, al mensajero de los amores de Zeus, al gran corredor 454.
— Se puede conjeturar que eres Hermes a juzgar por el ruido de tus palabras 455.
— A ése has mencionado, a ése que aquí ha vuelto junto a mí 456.
— Segundas fatigas me parece que en un abrir y cerrar de ojos vas a emprender en vano 457.
〈CORO〉 458.
¡Ah, ¿lo ves? 459.
†…† tener el pie 460.
Locura produce oír esto 461.
Tú, Zeus, la verdad,
traidor eres
a la fidelidad de las promesas 462
……………………………………………….
— 463 …con prendedor 464.
Col. III 465:
…murmullos muy rápidos 466.
— Todo está siendo obra de la astucia de la… de Zeus cual… 467.
〈CORO〉.
¿Acaso de Zeus otra vez,
de Zeus el servidor aquí?
Sobre mí dirige su pie.
Sujétame. Dirige su pie.
Me … 468.
Un gran temor castañetea 469.
— 470 El terror de los contrarios…
— Falange del Zeus subterráneo… 471.
— A no ser que rechaces 472 de la casa…
— ¿Dónde hay que poner el pie…
— Hacia… muerte… mirar… 473.
— No… de la lucha… 474.
— No digas… con el garrote… 475.
— Me lamento…
— …………………………….
269d 476 Papiro de Tebtunis 692, fr. 2: …con el pie… y lo mejor no… descubrí… y una crueldad… rehuiremos al que dio… la fructífera tierra… obedecer fielmente… eso. No digas más 477… he dicho que llore el servidor de Zeus… es posible a Ínaco… palabra… poca fuerza tienes sin embargo…
269e 478 Papiro de Tebtunis 692, fr. 3: …al servidor… oportunamente…
270 DIONISIO DE HALICARNASO, I 25, 2:
Yo he hecho esta exposición a fin de que nadie, cuando oiga a poetas o historiadores que llaman a los Pelasgos también Tirrenos, muestre extrañeza de cómo el mismo pueblo tuvo ambos nombres. Pues Tucídides en relación con ellos hace una clara mención de… 479. Y Sofocles en su drama 480 Ínaco tiene compuesta una serie anapéstica pronunciada por el coro así:
CORIFEO.
Fluyente Ínaco, hijo del padre de las fuentes,
de Océano, que gran autoridad tienes
sobre los campos de Argos 481 y colinas de Hera 482
y entre los pelasgos tirreno 483,
……………………………. 484.
271 ESTRABÓN, VI 2, 4:
Bajo tierra corren muchos ríos y en muchas partes de la tierra, pero no en tanta distancia 485. Y si esto es posible, al menos lo dicho anteriormente es imposible y semejante al mito del Ínaco:
…pues fluye 486 de la cima
del Pindo y del Lacmo perrebeo
hasta los anfílocos y acarnanios,
y se mezcla con las aguas del Aqueloo,
dice Sófocles. Y un poco más abajo:
De allí hasta Argos
a través de la ola cortando
llega al pueblo de Lirceo 487.
272 Escolio a ARISTÓFANES, Las aves 1203:
(ARISTÓF., Las aves 1203:
PISTETERO. — [A Iris.] ¿Cuál es tu nombre? ¿Barco o casco?) Barco, debido a que…, y casco, porque lleva el pétaso a modo de gorro. Como Hermes interviniendo de mensajero en Sófocles, en el Ínaco, y refiriéndose a Iris:
HERMES. — (A Iris.) ¿Quién es esta mujer, que lleva la gorra arcadia? 488.
273 Escolio a ARISTÓFANES, Pluto 727:
A Pluto lo llamó PLutón por diversión. O porque también lo llamaban Plutón en diminutivo, como Sófocles en Ínaco:
…y la llegada de Plutón… 489,
y de nuevo… 490.
274 PÓLUX, IX 50:
Partes de la ciudad: albergue, hospedería, y como Sófocles, en Ínaco:
…albergadora residencia de huéspedes…
275 Escolio a ARISTÓFANES, Pluto 806:
(ARISTÓF., Pluto: 806-818:
CARIÓN. — …La artesa llena está de blanca harina, y las ánforas de negro vino perfumado. Todos nuestros cofres repletos están de plata y oro, hasta el punto de quedarse uno maravillado. La cisterna llena está de aceite. Los lecitos rebosan de perfume, y el sobrado de higos secos. Toda vinagrera, platillo o pote se han hecho de bronce. Las desportilladas fuentecillas para el pescado pueden verse ahora de plata. La lámpara se nos ha hecho repentinamente de marfil. Los criados jugamos a pares y nones con estateras de oro, y no nos limpiamos ya el culo con piedras sino con ajitos, por delicadeza, en cada ocasión.) Sipýe es la artesa. Estos versos son semejantes a los del Ínaco de Sófocles, cuando al entrar Zeus todo quedó lleno de bienes 491.
276 Escolio a DEMÓSTENES, VIII 45: …silos de cebada… 492.
277 ATENEO, 668B:
Y esto de «diciendo» porque hacían mención de sus amores al momento de lanzar por ellos los llamados cóttabos 493. Por esta razón también Sófocles, en Ínaco, relaciona con Afrodita las gotas últimas de la copa:
Y las rubias gotas postreras de Afrodita
en todas las casas resonaban 494.
278 Escolio a ARISTÓFANES, La paz 531:
(ARISTÓF., La paz 529-532: Ésa [la Guerra] huele a eructo de cebolla y vinagre, ésta [la Paz] a cosecha, hospitalidad, Dionisias, flautas, tragedias, canciones de Sófocles, tordos, versitos de Eurípides.) Porque las canciones de Sófocles son agradables. Algunos, de forma en exceso minuciosa, aluden a los versos del Ínaco sobre la vida de antes y la felicidad:
Felices los que entonces de divina
estirpe imperecedera
fueron partícipes 495.
279 EROTIANO, k 8:
Sófocles dice de Ío convertida en vaca:
…………………………………….
al cual como de tortuga
áspera excrescencia le brota
……………………………………. 496.
281 Escolio a ARISTÓFANES, La Asamblea de las mujeres 80:
(ARISTÓF., Asambl. muj. 79-81:
PRAXÁGORA. — …[Lamias] capaz sin duda sería, envuelto en la zamarra del Todoojos, de apacentar al verdugo como ningún otro.) Todoojos: el guardián de Ío. Insinúa que éste es un carcelero. Y lo relaciona con el Argos del Ínaco de Sofocles 497.
281a (281 PEARSON) Escolio a ESQUILO, Prometeo 574a:
Sófocles, en Ínaco, le (a Argos) hacía intervenir también cantando 498.
282 ESTOBEO, IV 5, 9:
Te alabo. Pero sábete, como dice el refrán, de orígenes muy humildes podría resultar un hombre célebre.
283 499 Escolio a ARISTÓFANES, Pluto 727: …tal es mi Plutón como recompensa a la alabanza 500.
284 HESIQUIO, a 5460: Pero el padre río Ínaco tiene la misma ley que los muertos 501.
286 La Suda, a 3750:
Y todo se llena de laboriosas arañas 502.
287 HESIQUIO, e 4904: …batimiento de la tierra argiva…
288 503 HESIQUIO, k 4343: …a un juez elegido con las habas…
289 HARPOCRACIÓN, 232, 7: …con un invierno muy sombrío…
290 PEARSON = 269a51 504.
291 HESIQUIO, a 4321: …velo de desvergüenza…
295 Escolio a ARISTÓFANES, Los caballeros 1150:
Kemós es la parte superior de la urna, dentro de la cual depositan los votos en los tribunales. Cratino, en Las leyes, lo llama tamiz de cuerda, pues era de tal forma y se parecía a un embudo, como también Sófocles en Ínaco 505.
295a HESIQUIO, S 1906:
Con bultos en la cabeza: la frente de Ío, debido a los cuernos 506.
IXIÓN
Ixión es uno de los ejemplos míticos de desagradecimiento. Era rey de los lapitas en Perrebia, en Tesalia. Casó con Día, a cuyo padre Deyoneo había prometido antes de la boda grandes regalos. Pero, luego, las cosas no sucedieron conforme a las promesas y, ante la reclamación de Devoneo, Ixión contestó arrojándolo a una fosa llena de brasas, donde lógicamente el anciano pereció. De la mancha resultante le sobrevino una atroz locura y sólo Zeus se atrevió a purificarlo. Pero nuestro personaje respondió con nueva ingratitud, llegando, incluso, a tratar de violentar a la misma Hera, la esposa del rey de los dioses y, además, en este caso su benefactor. Zeus modeló una nube semejante a Hera, e Ixión, uniéndose a este fantasma, procreó a Centauro, padre, a su vez, posteriormente, de los centauros. Ante esta nueva osadía, Zeus lo castigó definitivamente a estar atado a una rueda ardiendo, que daba vueltas por los aires sin parar.
De la obra homónima sofoclea sólo se nos ha conservado un fragmento, y de escaso interés, lo que imposibilita, realmente, para hacer conjeturas arguméntales un tanto concretas. WELCKER, Die griechischen Tragödien…, pág. 402, pensó que se trataba de un error de atribución, y que, tal vez, la fuente debía de haberse estado refiriendo al Ixión de Esquilo. Pero ya Pearson, dado que el tema era muy apropiado para un tratamiento trágico, como lo demuestra su frecuente empleo en otros autores, se inclinó en su momento por la posible autoría sofoclea. Pero, en nuestra época y gracias a una didascalia conocida más recientemente 507, puede asegurarse que Sófocles escribió una obra con este título.
El argumento debía versar sobre este comportamiento impío del protagonista, pero no puede decirse más. Esquilo había compuesto una trilogía sobre este héroe y, de ella, conservamos dos títulos: Las mujeres de Perrebia, en la que describía el enfrentamiento con su suegro Deyoneo, así como la afrentosa muerte que le inflige y de la que sólo le purificará Zeus; y, en segundo lugar, otro Ixión, cuya trama versaba sobre el episodio con Hera y el definitivo castigo. Eurípides también compuso otro Ixión, cuyo argumento en sus líneas generales coincidía con el de la otra homónima de Esquilo, pero de la que se diferenciaba por la crudeza y ambiente patético, así como por un hiriente cinismo racionalista 508. En el mismo s. V a. C., Calístrato escribió otro Ixión, pero sólo conocemos la mención del título, como sucede también con Timesiteo, un poeta trágico de época incierta.
Séchan 509 reagrupa tres pinturas de vasos, en las que claramente se describe el mito de este héroe y que, muy probablemente, están influenciadas por el Teatro. Los diversos autores, según sus particulares inclinaciones, las adscriben a la versión de Esquilo o a la de Eurípides, puesto que la de Sófocles ha estado mucho tiempo en interrogante. Pero no hay ningún elemento realmente objetivo que excluya a nuestro poeta como posibilidad.
YÓBATES
Yóbates es rey de Licia. Preto, en su huida de Argos, expulsado por su hermano Acrisio, se refugió al lado de Yóbates, con cuya hermana Estenebea, además, se casó y, de esta forma, pudo disponer de un ejército aliado con que recuperar su poder. Así, Preto reinó en Tirinto. Creyendo que Belerofonte había violentado a su mujer, lo envió a Yóbates, con la orden secreta de que le diera muerte. El rey licio lo sometió, primeramente, a una serie de pruebas y, como saliese triunfante de todas ellas, no sólo consiguió salvarse, sino que, además, se casó con la segunda hija de Yóbates y, a la muerte de éste, reinó en su lugar.
Respecto al posible argumento de esta obra sofoclea, escasa ayuda aporta el testimonio directo de los fragmentos conservados. Desde WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 416-18, se viene sugiriendo que, tal vez, la temática versaba en torno al episodio de Yóbates con Belerofonte, tomando como fuente a Asclepíades de Trágilo 510, un historiador del siglo IV a. C., que escribió una obra, los Tragodoúmena, sobre los mitos de la tragedia griega y su tratamiento. Para Welcker, la acción tendría lugar en Licia, el coro estaría compuesto por licios y la obra arrancaría con la llegada de Belorofonte de su última prueba, momento en el cual Yóbates se plantea la duda de cumplir o no la orden secreta de Preto remitida en una carta que, a su vez, dará ocasión para llegar al desvelamiento de toda la verdad en el contencioso amoroso habido entre Estenebea y Belerofonte, al no haber querido este último acceder a las proposiciones de aquélla. ROBERT, Die griech. Heldensage, pág. 182 y n. 3, supone que la hija del rey debía de desempeñar un papel importante en la acción, y así ve una escena de esta obra en una pintura de Pompeya, en la que se representa a la muchacha vestida de novia pero sumida en una profunda tristeza, de la que tratan de consolarla otras dos jóvenes, mientras detrás aparece Belerofonte haciendo frente a Quimera.
Eurípides escribió dos obras sobre esta misma área del mito: Estenebea y Belerofonte, pero, de admitir la propuesta anterior de Welcker, nada tendrían éstas que ver con la pieza sofoclea, puesto que, en la primera de las dos, probablemente, se escenificaba la vuelta del joven héroe a Tirinto y su venganza en Preto y su esposa, y, en la segunda, el atrevido intento de llegar hasta la mansión de Zeus montado en el alado Pegaso 511.
297 Lexicon Messanense, fol. 281 r 25 RABE: …y a nosotros dos mostrarnos alguna señal clara de vida…
298 ESTOBEO, IV 52, 10:
Pues al Hades ni siquiera la vejez
amarlo sabe.
299 HESIQUIO, a 8791: …a una pelada roca…
IOCLES
Véase Oícles.
HIPODAMÍA
Véase Enómao.
HIPÓNOO
Hay varios personajes míticos con este nombre. Uno de ellos es el rey de Oleno, en Acaya. Este Hipónoo tenía una hija, Peribea, pero las tradiciones mitográficas en torno a uno y otra son muy diversas y contradictorias. La más extendida nos cuenta que, en cierto momento, Peribea quedó en cinta, aunque también aquí son varias las propuestas en relación con el posible seductor. Eneo, el rey de Calidón, entra en contacto con Hipónoo y su hija, a la que desposa y con la que tiene a Tideo.
Del argumento de la obra homónima sofoclea no sabemos nada en absoluto, pues ni siquiera los fragmentos conservados nos permiten una hipótesis un tanto verosímil. De todas formas WELCKER, Die griechischen Tragödien…, págs. 428-9, sugirió que, tal vez, Eneo había sido el seductor de Peribea y que, a lo largo de la obra, tenía lugar el reconocimiento 512.
300 ESTEBAN DE BIZANCIO, 707, 12:
Oleno: ciudad de Acaya y de Etolia, de género femenino. Esquilo… 513. Sófocles, en Hipónoo:
De la fértil tierra de Oleno vengo 514.
301 CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromateis VI 2, 10.9: Ante esto nada ocultes, pues el que todo lo ve y todo lo oye todo lo descubre, el tiempo.
302 ORIÓN, Florilegio 4, 2 SCHNEIDEWIN: Pues remedios de salvación no en todas partes pueden verse, pero en la previsión…
IFIGENIA
Según la tradición mitográfica más extendida, Ifigenia es hija de Agamenón y Clitemestra. Con ocasión del nuevo reagrupamiento de la flota griega en Áulide camino de Troya, Agamenón comete insolencia contra la diosa Artemis y ésta, ofendida, castiga a los griegos a no poder reemprender la marcha, enviándoles vientos contrarios. El adivino Calcante hace saber que la diosa reclama el sacrificio de Ifigenia, en satisfación por la afrenta sufrida. Agamenón, ante las presiones de los que le rodean, termina por ceder y hace venir de Micenas a su hija con la disculpa de su próxima boda con Aquiles. Todo está dispuesto para el sacrificio, pero, en el último momento, Ártemis salvará a la muchacha y la trasladará a su santuario entre los Tauros, donde ejercerá como sacerdotisa 515.
Es bien sabido que ese episodio del sacrificio de la hija de Agamenón es el que desarrolla Eurípides en su Ifigenia en Áulide, obra conservada de sus últimos años, puesto que incluso fue estrenada póstumamente. Por el Fr. 305 podemos suponer con una cierta seguridad que también éste era el argumento de la Ifigenia sofoclea. Generalmente se admite que debía de haber un gran paralelismo entre ambas piezas. Aunque también se suelen hacer esfuerzos por detectar las posibles diferencias. En primer lugar, es de destacar, en la versión de nuestro poeta, la intervención de Odiseo (Fr. 305), que debía de tener, probablemente, un papel importante en la estratagema de hacer venir a la muchacha 516. Igualmente y basándose en el Fr. 307, se suele admitir que la relación Odiseo-Aquiles en esta obra debía de ser del mismo tipo que la de Odiseo-Neoptólemo en el Filoctetes conservado. De otro lado, frente al coro euripídeo de mujeres, se suele sugerir a veces que en Sófocles estaba compuesto de guerreros 517. Finalmente, Friedrich 518, tras un análisis detenido de la versión euripídea, sugiere algunas otras posibilidades dramáticas, que en ese caso pudo tal vez haber desarrollado nuestro poeta, como la de que realmente existiese un acuerdo auténtico de casamiento entre la pareja previo al engaño de ahora, o también la de que la participación de Aquiles en la intriga fuese más activa, lo que apoyaría su mencionado paralelismo con el papel de Neoptólemo en el Filoctetes.
Respecto a las posibles relaciones de esta obra con las representaciones plásticas se suele suponer que, dado que la versión euripídea gozó de una mayor notoriedad, lo lógico es pensar que la influencia vendría de este poeta. Sin embargo, hay ocasiones en las que aparece, por ejemplo, Odiseo, lo que supondría un evidente obstáculo para la hipótesis anterior. En esos casos se suele recurrir a la teoría de la mezcla de motivos 519.
Welcker y Hartung identifican la Clitemestra sofoclea a esta pieza de ahora, V el último pensó, además, que el Fr. 943, transmitido sin título, debería adscribirse aquí, viendo en él una referencia a la madre de la heroína.
También Esquilo escribió una obra con igual título y, a partir de los últimos fragmentos papiráceos descubiertos, puede afirmarse que también versaba sobre esta parcela del mito de Ifigenia. En el siglo IV a. C., Poliido compuso una tragedia sobre nuestra heroína, aunque no tenemos datos suficientes ni siquiera para precisar su título 520. Entre los poetas latinos, Nevio escribió una pieza homónima, e igualmente Ennio, de quien se supone que tuvo presente, principalmente, la versión euripídea.
305 FOCIO II 74, 4 NABER:
Suegra: para el marido la madre de la muchacha. Y suegro el padre. Pero Eurípides al margen de la norma lo llama yerno… 521 y Sófocles, lo contrario, pues llamó suegro al yerno en Ifigenia. Odiseo dice a Clitemestra en relación con Aquiles:
ODISEO. — (A Clitemestra.) Y tú, la que obtienes el más grande yerno 522…
306 Apéndice de Proverbios IV 27: El recipiente del vinagre no conviene llenarlo de miel.
: del indigno. Sófocles, en Ifigenia.
307 ATENEO, 513B:
El Odiseo de Homero parece haber resultado para Epicuro el guía de su tan celebrado placer, cuando dice… 523. Sin embargo, Megaclides dice que Odiseo se conducía según las circunstancias concretas con vistas a parecer que era de las mismas costumbres que los feacios respecto a acoger con agrado el afeminamiento de aquéllos… pues sólo así creía no fallar en lo que esperaba. Tal es también el que exhorta al niño Anfíloco… 524. De igual manera habla también Sófocles en Ifigenia:
Al lado de un hombre reflexiona la manera de cambiar el color de tu pensamiento sincero cual pulpo en la roca 525,
y Teognis… 526.
308 ESTOBEO, III 30, 6: Pues nada bueno engendra un ocio sin meta 527.
309 HESIQUIO, 2634:
Habita en las cimas: ocupa la cima (ácron). Acron es un monte de Argos, en el que Melampo estableció un santuario de Ártemis tras purificar a las Prétidas… Sófocles, en Ifigenia.
IFICLES
Ificles es el hermano gemelo de Heracles, pero su ascendencia es totalmente humana, puesto que es hijo de Anfitrión y Alcmena, mientras que Heracles, como se sabe, nació de la unión de Alcmena y Zeus, que había adoptado la forma de Anfitrión para seducirla. Ya desde la infancia queda patente la diferencia de origen entre ambos hermanos con el episodio de las dos serpientes, del que ya he hecho mención en Heracles. Posteriormente, Ificles acompañó a su hermano en sus diversas peripecias.
De esta tragedia sólo se nos ha transmitido un único fragmento, y de escasa importancia, lo que hace difícil cualquier conjetura sobre el posible argumento. Además, por problemas de crítica textual de la fuente, durante algún tiempo ese fragmento se atribuyó a Ifigenia, así, por ejemplo, Pearson, aunque ya Meursius, a principios del s. XVIII, había propuesto la conjetura de Ificles, ahora corroborada por la lectura de dos códices. WELCKER, Die griechischen Tragödien…, pág. 430, pensó, mejor, en el héroe Ificlo y sugirió una posible relación de esta obra con Odisea XI 286-96.
313 Escolio a SÓFOCLES, Edipo en Colono 793 de MARCO:
Pues se piensa que Apolo recibe de Zeus los oráculos, como también dice (Sófocles) en Ificles, y Esquilo, en Las sacerdotisas… 528 y Aristófanes, en Los héroes… 529.
LOS RASTREADORES
Cuando, en 1889, NAUCK publica la segunda edición de sus Tragicorum Graecorum Fragmenta, recoge tres insignificantes restos de un drama satírico sofocleo, titulado Los rastreadores, con los núms. 293, 294 y 295. Sobre estos escasos datos, Welcker conjeturó que debía de tratarse del rastreo de Europa, raptada por Zeus. Ahrens pensó, más bien, en la búsqueda de Glauco por parte de los adivinos, a instancias de Minos. Pero las cosas iban a cambiar de manera radical. En 1907 se descubre en Oxirrinco un rollo de papiro y, en 1912, aparecerá publicado por Hunt con el núm. 1174 de la susodicha colección; unos años después, en 1927, unos pequeños restos más con el núm. 2081(a). Su fecha corresponde a las últimas décadas del siglo II d. C., y contiene 17 columnas, que abarcan en torno a 450 versos, más 36 fragmentos de menor importancia y 6 más en el 2081(a) 530. No aparece dato alguno que mencione expresamente el título de la obra o del autor, pero la identificación segura del Fr. 294 de NAUCK con los VV. 281-2 del papiro certifica la identificación de la obra y del autor.
El argumento versa sobre el robo de las vacas de Apolo por el precoz Hermes y la búsqueda que ponen en marcha Sileno y sus sátiros tras las huellas del ganado sustraído. En el Prólogo, Apolo aparece desolado ante su incapacidad para hallar sus vacas, que alguien se las ha robado en los montes de Pieria. Él, Apolo, el dios que todo lo ve, el clarividente por antonomasia, ahora no consigue encontrar sus queridas vacas. Ante la proclama —y las consiguientes recompensas—, Sileno y sus hijos, los sátiros, ponen manos a la obra, con la idea de conseguir un premio en oro y la libertad. Siguiendo las huellas de las vacas llegan ante la entrada de una cueva y, allí, quedan atónitos al escuchar un ruido totalmente desconocido para ellos. Ante el escándalo que arman, sale de la gruta la ninfa Cilena, que les informa del nacimiento de Hermes y de la invención de la lira, que el precoz niño dios ha fabricado con la concha de una tortuga y tiras de piel de vaca. Los sátiros comprenden que han dado con el ladrón que buscaban y no se dejan convencer por Cilena, que trata inútilmente de exonerar de toda responsabilidad a su protegido. Vuelve Apolo a escena y, puesto que los sátiros han cumplido con su tarea, también él está dispuesto a dar las satisfacciones acordadas. Pero el texto del papiro concluye aquí y, así, nos priva del desenlace de la obra. De todas formas, la mayoría coincide en admitir un final feliz, en el que se lograba la reconciliación de Apolo con Hermes, al regalarle éste a aquél la lira en desagravio. Algunos piensan que en esta parte final aparecería también Hermes en escena, a fin de calmar al encolerizado dios de Delfos. Steffen, por su parte, en su reconstrucción de este final, supone que, tras la partida de Cilena, el coro llama a Apolo, que llega y entra en la cueva; Sileno vuelve también y Apolo, a su salida de la gruta, cierra definitivamente la obra con un parlamento satisfactorio.
Como se ve, pues, esta obra sofoclea presenta el mismo tema que el Himno homérico a Hermes, aunque con una serie de diferencias 531: en el Himno la invención de la lira es anterior al robo de las vacas, mientras que en Sófocles es al revés; en el Himno no aparecen Sileno ni los sátiros, mientras que en Sófocles son pieza fundamental, como es de rigor por otra parte en un drama satírico; en el Himno la propia Maya ocupa el lugar de Cilena, mientras que en Sófocles es esta ninfa la que cuida de Hermes; en el Himno tanto la invención de la lira como el robo tienen lugar el mismo día que viene al mundo el precoz niño dios, mientras que en Sófocles al menos el asunto de la lira acaece al sexto día de haber nacido; en el Himno, finalmente, Hermes lleva el ganado a Pilos, mientras que en Sófocles a Cilene.
Los rastreadores, como ya se ha dicho, era un drama satírico. Es de todos conocido el hecho de que los poetas trágicos participantes en los concursos dramáticos de las Dionisias debían presentar tres piezas trágicas y un drama satírico 532. En el caso de las trilogías encadenadas de Esquilo esta obra burlesca solía parodiar las tragedias precedentes, como era el caso de la Licurgía. Pero, cuando la composición en trilogías y tetralogías se hizo menos frecuente, aún podía darse el hecho de que el drama satírico ironizase sobre el tema de alguna de las tragedias en particular. En este último sentido, Sutton 533 sugiere que, tal vez Los rastreadores estuvo emparejada al Áyax conservado, dado que hay ciertas semejanzas sugestivas: Odiseo rastrea las huellas del que, durante la noche pasada, ha dado muerte al ganado de los griegos; también el coro de marineros salaminios se divide en busca de su héroe; además, la época es, más o menos, la misma.
Los rastreadores de Sófocles, de otro lado, son un ejemplo típico de drama satírico. La acción de la obra se desarrolla en un medio rural, frente al ambiente urbano de la mayoría de las tragedias; y ello es natural, dado que los sátiros son esencialmente unos seres rústicos. Los sátiros y su padre, el viejo Sileno, son elementos importantes y, además, se les introduce de forma familiar. La lengua utilizada se mantiene en un punto intermedio entre la severidad de la tragedia y la falta de decoro de la comedia. También es de destacar un mayor relajamiento en la métrica: mayor libertad en los trímetros y sencillez en las partes líricas. Finalmente, los temas: el estado de esclavitud de los sátiros, que están bajo el poder de algún monstruo, mago o, sencillamente, de un personaje humano y su liberación son un motivo típico del drama satírico 534. También es un elemento común la reacción (de temor, de excitación, de cólera, de asombro, etc.) que experimentan los sátiros ante un prodigio o un nuevo descubrimiento. El tema del enigma es, igualmente, peculiar de este subgénero teatral y, en esto, se aproxima al cuento de hadas y al relato popular. Un cuarto motivo, típico de esta clase de piezas y que se da, igualmente, en Los rastreadores, es el martilleo o pateo de los sátiros sobre el suelo, produciendo un ruido atronador 535.
Otro problema es la cronología. Hay un grupo que se inclina por una fecha tardía: Hunt, observando la semejanza que hay entre la descripción de la concha de la tortuga, que hace el citarista Anfión en la Antíopa de Eurípides, del año 408, y la que encontramos en los vv. 301 ss., piensa que nuestra obra es de esa época y no muy anterior a Las ranas de Aristófanes; en definitiva, de en torno al 407-406. Posteriormente, Bethe y Perrota, con argumentos de tipo métrico, sostienen semejantes puntos de vista. Sin embargo, la mayoría prefiere retrotraerla a la época de juventud o, al menos, a una fecha más temprana que la expuesta por el grupo anterior. Pero también aquí hay una cierta fluctuación: Robert la considera «la pieza sofoclea más antigua» y la sitúa por el 468; Wilamowitz mantiene un criterio semejante, en base al empleo de dos actores únicamente 536. Böhm, por su parte, opta por una fecha anterior al 458, dadas las semejanzas de decoración escénica que presenta el Prometeo de Esquilo. Pearson da un paso largo hacia adelante y la supone, en cualquier caso, anterior al 438, año en que se pone en escena El cíclope de Eurípides 537.
También querría decir una palabra sobre los problemas y soluciones dados al estado fragmentario del texto. Es sabido que hay dos comportamientos extremos ante un texto papiráceo que en ocasiones se hace ilegible. De un lado está la postura de tratar de reconstruir toda laguna o pasaje maltrecho, incurriendo en lo que se ha venido en llamar horror vacui, como sucede con la moderna (¡!) edición de Ferrante de esta obra, de 1958 538. La posición contraria es la de la asepsia absoluta, o sea, la de reducirse a editar lo que con certeza se lee en el texto llegado hasta nosotros, aunque en ocasiones haya que añadir alguna letra ilegible en el papiro, como es el caso de Radt y, por supuesto, con todos los parabienes del rigor científico que nuestra época exige. La postura intermedia, mantenida en numerosas ocasiones, ha sido incorporar, también entre corchetes como los anteriores, alguna sugerencia generalmente admitida, aunque sin una certeza basada en el propio texto, que es lo que hacen Pearson y Page (Loeb). Dado que la Biblioteca Clásica Gredos va dirigida a un público no necesariamente especialista y que, probablemente, no tendrá a mano una edición crítica, en cuyo aparato erudito poder consultar las diversas conjeturas de la crítica moderna, he optado por seguir el tercer camino: doy entre corchetes en el cuerpo de la traducción las reconstrucciones de Pearson, ya sean suyas propias o bien tomadas, a su vez, de otro estudioso anterior —en su mayor parte de Hunt, el primer editor del papiro—, y las complemento con las de Page, indicándolo en nota, en los casos en que tampoco Pearson incorpora al texto de su edición conjetura alguna. Los pasajes o lagunas francamente irrecuperables los omito, aunque en nota incluyo alguna de las reconstrucciones propuestas, si es que la hubiere. Por lo demás, para el texto conservado sigo, como siempre, la ed. de Radt, menos en los casos mencionados en la Introducción general al volumen 539.
Finalmente, respecto a los fragmentos transmitidos sin título, se han adscrito a esta obra los núms. 930 y 933 en los años inmediatos a la publicación del papiro y como lógica reacción a la expectación que produjo. En el 930 se vio una clara alusión al robo de Hermes, así como a la peculiar habilidad dialéctica de este dios. Y, en el 933, Maass 540 pensó que este fragmento se adecuaba bien al falso juramento de Hermes en esta obra y que las palabras estarían en boca del corifeo.
314 Papiro de Oxirrinco 1174 + 2081(a):
PERSONAJES
APOLO.
SILENO.
CORO DE SÁTIROS.
CLLENA 541.
Escena: ladera del monte Cilene, en Arcadia 542.
〈APOLO〉. — …luego… me encaminé… [Yo, Apolo, una proclama] anuncio a [todos] los hombres [y a todos los dioses: recompensas] prometo pagar, [si alguien ha visto mis bueyes cerca o] lejos, [pues la verdad es que un terrible dolor difícil de sobrellevar pende] sobre mi ánimo [privado de] mis vacas de leche, [de todas mis terneras y del rebaño] de novillas. Todo ha desaparecido, [y en vano] rastreo las huellas [de los ardides furtivos] de quienes [en secreto] se han marchado lejos del pesebre de los boyunos establos 543. Pero yo no hubiera creído que alguno [ni] de los dioses [ni de los efímeros] mortales pudiese llegar a la osadía [así] de [llevar a cabo] esta empresa. Una vez, pues, que [me he dado cuenta de ello], turbado de consternación [busco], indago, haciendo una proclama completa [20] a los [dioses] y a los hombres, a fin de que nadie lo desconozca, pues cual perro sigo la pista furibundo… 544. Recorrí las tribus… [buscando quién] de toda la población…
(restos insignificantes de 11 versos y dos lagunas intercaladas de 4 y 1 versos, respectivamente) 545,
[40] por si algún pastor o campesino o de entre los carboneros [asiste] a mi discurso, o hay alguna [de las montaraces bestias de la estirpe] proveniente de las ninfas 546, a todos anuncio [esto:] el que 547 [consiga el botín] de Peón 548 [dando por terminado] el asunto, dispondrá de la recompensa [fijada].
〈SILENO〉. — … 549 en cuanto escuché tu voz [exponiendo a gritos] los términos de tu recta proclama, con la diligencia que es posible a un anciano, lo [capté] y, queriendo serte, Febo Apolo, grato bienhechor, con este paso presuroso me he encaminado, por si de algún modo logro seguírtele la pista a ese asunto. En ese caso [es preciso] sobre todo [añadir a tus indicaciones] que el premio para mí fijado sea una corona de oro, y a [mis] hijos con sus ojos… 550 [enviaría] 551, si realmente vas a cumplir lo que estás diciendo.
〈APOLO〉. — [Te] daré… 552. Únicamente, mantén en firme eso.
〈SILENO〉. — [Te devolveré tus vacas]. Pero tú mantén en firme tu donación.
〈APOLO〉. — [La tendrá el que efcctivamente las encuentre,] sea quien sea. Todo está dispuesto,
(restos de tres versos y laguna de uno) 553.
〈SILENO〉. — ¿Qué es eso?… 554. [62]
〈APOLO〉. — Libre 555 [serás] tú [y toda la estirpe de tus hijos.]
CORO DE SÁTIROS 556.
Ea, vamos… el pie… ¡ah, ah, ah!… ¡oh, oh!, a ti… ve tras [el ladrón]… treta… dando fin… paterna voz… ¿Cómo, dónde los furtivos robos nocturnos con los pies… si de alguna forma, en el caso de que los encuentre… y para mi padre libre 557… 558. Además que el dios amigo me libre de mis fatigas, haciendo ver indicios evidentes de oro.
SILENO. — Diosa Fortuna y deidad rectora, que yo [80] triunfe en la empresa a la que se apresura mi carrera: seguir la pista del botín, de la presa, del saqueo, de las vacas robadas de que Febo está privado. Si hay alguien que las ha visto o las ha oído, de hacérmelo saber, para mí sería buen amigo, [y] para el soberano [Febo] total bienhechor.
(restos de cinco versos: dos finales en boca aún de Sileno y otros tres a cargo del coro) 559.
〈SILENO〉. — ¿Alguien dice [saberlo, o nadie lo dice]? Da la impresión de que ya también [yo es preciso que ponga manos a la obra] 560. Ea, vamos ya, que todo… rastreando con el olfato… si en alguna parte soplos de aire… doblado en dos… guiado por el olfato pegado al suelo… así la indagación y… todo provechoso y… [cumplir] 561.
[100] 〈CORIFEO A〉. — ¡Un dios, un dios, un dios, un dios! ¡Ah, [ah]! Parece que lo tenemos. Deténte, no… 562.
〈CORIFEO B〉. — Aquí está eso, las pisadas de las vacas.
〈CORIFEO A〉. — Calla, un dios guía nuestra colonia 563.
〈CORIFEO B〉. — ¿Qué hacemos, amigo? ¿Acaso estábamos llevando a cabo [realmente] lo preciso?
〈CORIFEO A〉. — ¿Qué? ¿A ésos 564 qué les parece de esto?
〈CORIFEO B〉. — Les parece que sí, pues claramente cada una de estas cosas lo señala. Mira, mira. También otra vez la señal misma de las pezuñas. Observa con atención.
〈CORIFEO A〉. — El mismo tamaño está aquí [impreso.]
〈CORIFEO B〉. — Ve a la carrera y atente a… 565 [y de escuchar] si algún ruido de las [vacas] 566 [llega] a tus oídos.
〈CORIFEO A〉. — No escucho [aún claramente] el mugido, pero la verdad es que las propias huellas y el rastro de esas vacas pueden percibirse aquí claramente. ¡Ah, fíjate! Las pisadas, por Zeus, se dan la vuelta y miran hacia atrás. Míralas. ¿Qué es esto? ¿Cuál es el sentido de su [120] orientación? Las que van hacia adelante se cambian hacia atrás, y éstas a su vez [se entremezclan] 567 unas con otras en sentido contrario. Terrible confusión ha debido de poseer [al vaquero].
〈SILENO〉. — ¿Qué nueva técnica es esa que tú has inventado, qué es esa modernidad de seguir el rastro inclinado así extrañamente a tierra? ¿Qué método es el vuestro? No lo entiendo. Estás tumbado en el suelo como un erizo en un matorral, o cual mono cabeza abajo le lanzas a alguien una ventosidad 568. ¿Qué significa esto? ¿En qué punto de la tierra lo aprendisteis? ¿En qué clase de lugar? Indicádmelo, porque desconozco el método.
〈CORO〉. —¡Ah, ah, ah, ah! 569.
〈SILENO〉. —[¿Qué es ese aullido tuyo?] ¿A quién temes? ¿A quién estás mirando? [¿Qué cosa aterradora has visto?] ¿Por qué te enloqueces así? ¿[No es cierto que] estás deseoso de enterarte [de qué rumor es el que estaba sonando]? ¿[Por qué, entonces,] guardáis silencio, [los que] antes [erais unos parlanchines]?
〈CORO〉. — [Calla].
〈SILENO〉. — [¿Qué es lo que te hace apartarte de allí así?]
〈CORO〉. — Escucha.
〈SILENO〉. — (Irónico.) Bien voy a escuchar, cuando [no] oigo la voz [de nadie].
[140] 〈CORO〉. — Hazme caso.
〈SILENO〉. — [En mi persecución realmente de nada me] serviréis.
〈CORIFEO〉. — Escucha tú mismo ahora, padre 570, por un momento, qué clase de ruido nos ha dejado impresionados aquí y llenos de asombro, que ningún hombre [hasta ahora] oyó.
〈SILENO〉. — ¿Por qué de un ruido? [Tenéis miedo] y os asustáis seres impuros moldeados en cera, [que sois] lo más vil de las bestias, porque en toda sombra veis motivo de miedo y de todo os asustáis, sirviendo sin nervio, sin decoro y en forma impropia de persona libre, pues no sois a la vista otra cosa que cuerpos, lengua y falos 571. Y si en algún momento hay una necesidad, fieles os mostráis en las palabras pero rehuís los hechos, ¡las más viles de las bestias!, fruto de un padre tal que de su juventud numerosos recuerdos de valentía quedan puestos en práctica en las mansiones de las ninfas, no por inclinarse a la huida, o sentir miedo, ni espantarse por los ruidos de los montaraces animales, sino por haber llevado a cabo en mil combates las brillantes empresas que ahora vosotros mancháis por causa de un nuevo y engañoso ruido de pastores [160] en alguna parte… 572 tenéis miedo como niños antes de verlo, y estáis dejando escapar la riqueza en oro, que Febo os mencionó y prometió, y la libertad 573 que accedió a daros a vosotros y a mí. Dejáis escapar estas cosas mientras dormitáis. Si no retornáis al camino y rastreáis a dónde han ido las vacas y el vaquero, ruidosamente os lamentaréis de vuestra propia cobardía.
〈CORIFEO〉. — Padre, tú mismo en persona guía mi pie, para que veas bien si hay cobardía alguna, pues tú mismo te darás cuenta, si estás presente, de que nada dices.
〈SILENO〉. — Yo mismo en persona te conduciré con mi razonamiento, animándote cual silbido que empuja a los perros. Ea, detén tu marcha en el cruce de tres caminos 574, y yo a tu lado en la empresa te guiaré derecho.
〈CORO〉 575. — ¡Ah, ah, ah, psi, psi, eh, eh! Di qué te aflige. ¿Por qué en vano gimes, mascullas y me miras de reojo? ¿Quién es este que se mantiene firme en la primera revuelta? [180] Estás cogido. Ha llegado, ha llegado. Eres mío. Déjate llevar prisionero. ¿Quién es éste que en la segunda… Dracis, Grapis… Urias, Urias… te pasaste… lo que… subido tiene… este sendero… de Estratis, de Estratis (?)… ven aquí… es posible las vacas, es posible… no desistas… no hermoso… bueno es realmente este Trequis… de acuerdo con la norma sigue… sigue, sigue… ¡oh, oh!, ¡ah, malvado… con seguridad [200] que cuando te vayas, siendo ya libre 576, …pero no… acércate, sostén, entra, ven… de costado lo tenemos 577.
〈CORIFEO〉. — Padre, ¿por qué estás en silencio? ¿Es que acaso dijimos la verdad? ¿No prestas oído? De seguro que te has quedado sordo 578.
〈SILENO〉. — ¡Ah!
〈CORIFEO〉 579. — ¿Qué es?
〈SILENO〉. — No me quedaré.
〈CORIFEO〉. — Quédate, si quieres.
〈SILENO〉. — No es posible. Pero tú, por tu parte, busca y rastréalo por donde quieras, y [sé rico consiguiendo] las vacas y el oro, [pues me parece que] 580 no [paso] 580ya más tiempo [esperando] 580.
〈CORIFEO〉. — Pero de ningún modo [te consentiré que] 581 me [abandones] 581 ni que te escabullas [de la tarea, antes al menos de que] 581 sepamos [claramente a quién cobija dentro este techo] 581.
〈CORO〉. — ¡Eh… harás fluir tu voz… feliz [recompensa] proporciones [a tu casa]… 582.
〈CORIFEO〉 583. — [Éste no aparecerá con estos procedimientos]. Pero yo, levantando un ruido estrepitoso con rápidos saltos y pateos, pronto le obligaré a prestar oído, [220] aunque sea un sordo recalcitrante.
〈CILENA〉 584. — Bestias, ¿por qué irrumpís con tan gran alboroto en esta verde y selvosa colina habitada por fieras? ¿Qué comportamiento es éste, qué cambio en las labores que antes traías entre manos, cuando tratabas de agradar a tu amo… cubierto siempre de una piel de cervatillo y portando en las manos el ligero tirso seguías al dios entonando el evoé en compañía de las ninfas retoños suyos y una multitud de cabreros? 585. Pero ahora desconozco el asunto. ¿A dónde os hacen volver los nuevos giros de vuestros desvaríos? Pues una cosa extraña he oído, de un lado como una clara exhortación poco más o menos de cazadores que se aproximan [a las crías] de una fiera en su cubil, y de otro lado además… de la lengua… al hurto… Y además… heraldo… proclama… 586. Y cuando concluí por no hacer caso a estas cosas, un ruido [unido a un pateo de pies] se avecinaba en confusión igualmente [a mi techo]. [Y] esto de otra forma que… 587 tras haber oído [voces] tan fuera de sí, o que vosotros erais presa de una enfermedad? [¿Qué] haréis aún a una [ninfa] inocente [?]
〈CORO〉.
[243] Estrofa.
Ninfa de estrecha cintura, [calma la cólera]esa, pues ni [traigo en mi venida] una disputa de batalla destructora, ni tampoco una lengua inhóspita y vana [de parte nuestra te alcanzará en modo alguno]. No, no me [embistas] por anticipado [con escarnios], sino que de forma expedita [aclárame antes de nada el asunto: ¿quién es el que] en estos parajes [debajo de tierra] emitió [tan admirablemente] un divino sonido?
〈CILENA〉. — Esto de ahora es [más calmado] que esos otros [modales], y si con ellos prosigues la caza, [obtendrás mayor información] que con actos de fuerza [y ataques a una pobre] ninfa, pues a mí [no me es grato suscitar una reyerta] frontal [de palabras]. Así que tranquilo aclárame primero y [dame a conocer] sobre qué asunto versa principalmente tu demanda.
〈CORIFEO〉 588. — Soberana de estos parajes, poderosa [260] Cilena, después te diré por qué he venido; pero ese sonido que resuena dánoslo a conocer y quién de entre los mortales se identifica con él.
〈CILENA〉. — Es preciso que vosotros mismos sepáis claramente esto: si dais a conocer la información que salga de mi boca, para vosotros mismos hay dispuesto un castigo, pues incluso en las sedes de los dioses el asunto es desconocido, a fin de que [la información] de la noticia no llegue a Hera. Zeus [a escondidas 589] [llegó por la noche a esta 590] [mansión] de la hija de Atlante 591 [y acabó con su virginidad 590]… queridas… 592 con olvido de la diosa de estrecha cintura. [En una] solitaria [gruta] engendró un hijo 593. [Y lo] cuido yo con mis propias manos, pues el vigor [de su madre] se revuelve agitado en medio de una enfermedad. [Comida], bebida y descanso cual atención propia de una cuna [le proporciono] día y noche permaneciendo junto a los pañales. [Y el niño] crece día a día [sin cesar] de forma inverosímil, de manera que siento asombro y miedo, pues cuando [aún no] hace seis días que ha nacido 594, presenta [unas formas] de niño camino ya [280] de la plenitud juvenil, y entallece el retoño y no se detiene ya. Tal niño acoge la gruta. [Y] es [retención aún] por decisión de su padre. El sonido [por el que preguntas] 595 y [que gran estupor te producía,] resuena por obra de [una desconocida] 595 invención, y [él mismo] en un solo día [lo ha fabricado]. A partir de una… 596 invertida… con deleite tal [recipiente] 597 lleno de sonido el niño… 598.
〈CORA〉.
Antístrofa
Indescriptible… caza… hablas de un sonido… a este… así… [de un muerto] sacar tal sonido 599.
〈CILENA〉. — No desconfíes en esta ocasión, pues de fiar son las palabras con que una diosa ahora te saluda 600.
〈CORIFEO〉. — ¿Y cómo podría creer que un sonido tal resuena del que está muerto?
[300] 〈CILENA〉. — Créelo, pues el animal al morir cobró voz, mientras que de vivo era mudo.
〈CORIFEO〉. — ¿Cómo era de aspecto? ¿Alargado, curvo o corto?
〈CILENA〉. — Corto, en forma de olla, arrugado con piel moteada.
〈CORIFEO〉. — ¿Es, tal vez, como un gato o como un leopardo?
〈CILENA〉. — Muy diferente, porque es redondo y paticorto.
〈CORIFEO〉. — ¿Y no es semejante ni a un icneumón ni a un cangrejo?
〈CILENA〉. — Tampoco es así. Discurre alguna otra forma.
〈CORIFEO〉. — ¿Es, entonces, como el escarabajo cornudo del Etna en su apariencia física?
〈CILENA〉. — Ahora casi has comprendido a qué se parece sobre todo el animal.
〈CORIFEO〉. — Dime, [de otro lado, qué parte] de éste es [la que hace el ruido], la interna o la externa.
〈CILENA〉. — [El cambiante sonido lo produce] 601 la costra, del mismo tipo que las conchas.
〈CORIFEO〉. — [¿Qué nombre le das?] Acaba, si tienes algo más.
〈CILENA〉. — [Al animal] el niño lo llama [tortuga], y a su vez [a lo que produce el ruido] lira.
〈CORIFEO〉. — …objeto con algún…?
〈CILENA〉. — …piel [y cuerdas de piel de vaca] 602.
〈CORIFEO〉. — …así suena [la tortuga] 602.
〈CILENA〉. — Un bastidor de madera bien claveteado está [316] fijo de forma que resuene… [clavijas]… 603. Y esto es para él el único remedio y consuelo de la pena, y disfruta con la excitación que le produce el cantar cualquier [melodía] a sus acordes, pues la variedad de modulaciones de la lira le saca de sí. De esta forma es como el niño ha fabricado voz a un animal muerto.
〈CORO〉.
Estrofa
Una sonora voz se expande por el lugar, y brillantes fantasías por obra de la música revolotean alrededor como de flor en flor. Pero la cosa a donde paso a paso llegó es ésta: sábete que el dios que, sea quien sea, inventó esto, el ladrón no es otro que él, mujer, tenlo bien claro. Y tú ante esto no te enfurezcas conmigo ni lo lleves a mal.
〈CILENA〉. — [¿Qué extravío te posee?] ¿Qué robo censuras?
〈CORIFEO〉. — [Por Zeus, no quiero, venerable,] molestarte.
[340] 〈CILENA〉. — [¿Al que ha nacido de Zeus estás llamando] ladrón?
〈CORIFEO〉. — …con el robo mismo 604.
〈CILENA〉. — …si es que efectivamente estás diciendo la verdad.
〈CORIFEO〉. — …la verdad estoy diciendo
(restos de cinco versos y laguna de otros dos o tres) 605.
〈CILENA〉. — … 606 en este instante me doy cuenta [, malvado, que te has estado burlando] 607 en este tiempo de mi necedad. Pero nada [haces sensato], sino por diversión. [Pues bien, tú en el futuro] con tranquilidad [para conmigo], [si te produce deleite] o piensas sacar algún beneficio, [ríete] y diviértete en tu corazón [cuanto quieras]. [Pero al que es hijo] de Zeus con clara demostración [no le hagas daño removiendo] una historia nueva sobre una nueva persona, [pues éste ni] ha nacido ladrón por parte [360] de padre, [ni] el robo prevalece [como connatural] a la familia de su madre. [Tú] busca [por otro lado quién] sea el ladrón, [y por una tierra esteril]. Pero la estirpe de éste, por cuyos dominios deambulas, [respétala,] aplica la maldad a quienquiera que le vaya apropiado, pero a éste no es así oportuno. Por el contrario tú siempre eres como un niño, pues aun siendo ya un joven hombre de floreciente barba, eres retozón como un carnero entre los cardos. Deja de agitar con excitado deleite tu pulida calva. No conviene, tras proferir necedades y bromas, luego al final llorar por obra de los dioses, de forma que yo me ría.
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