Читать книгу: «1000 bosquejos para predicadores»
1000
BOSQUEJOSPARAPREDICADORES

SAMUEL VILA
Editorial CLIE
C/ Ferrocarril, 8
08232 VILADECAVALLS (Barcelona) ESPAÑA
E-mail: clie@clie.es
Internet: http://www.clie.es
1000 BOSQUEJOS PARA PREDICADORES
Compilado por Samuel Vila
© 2001 Editorial CLIE
ISBN: 978-84-8267-479-7
eISBN:978-84-8267-320-2
Clasifíquese:
357 HOMILÉTICA:
Bosquejos-colecciones
CTC: 01-04-0357-21
Referencia: 22.47.86
Índice General
Prólogo
Estudios Bíblicos
Pasajes y textos bíblicos
Parábolas, tipos y figuras
Personajes masculinos
Persona y obra de Jesucristo
Milagros
Personajes femeninos
Naturaleza y Creación
Satanás y los demonios
Ángeles
Edificación Cristiana
Oración
Discipulado
Mayordomía
Esperanza
Amor
Iglesia
Gratitud
Liderazgo
Familia
Evangelización
Avivamiento
Salvación y Gracia
Conversión
Arrepentimiento
Misiones
Fe
Evangelización
Salud Espiritual
Perdón
Doctrinales
Segunda Venida
Pecado
Cielo
Dios
Muerte
Espíritu Santo
Justificación
Juicio
Resurrección
Nuevo Pacto
Vida Eterna
Ocasiones Especiales
Navidad
Funerales
Año Nuevo
Día de la Biblia
Santa Cena
Semana Santa
Presentaciones de niños
Bodas
Ordenaciones
Bautismos
Devocionales
Adultos
Jóvenes
Ancianos
Niños
Índice de versículos claves
Índice de Autores
Índice de Títulos
Prólogo
«Recorrer el camino de otros predicadores sobre textos o pasajes de la Escritura abre la propia mente a nuevas sugerencias»; esto es lo que, allá por el año 1960, el Dr. Samuel Vila aconsejaba a sus alumnos …
Cuán cierta es esta sentencia para todos aquellos que han descubierto el placer de desgranar bosquejos y sermones de grandes hombres de la fe, y hacerlos suyos; sermones, por cierto, que sobrevivieron a generaciones y que, en muchos casos, fueron predicados en difíciles circunstancias de intolerancia religiosa. Son todos ellos, como también diría Samuel Vila, «alimento concentrado, que necesita la debida elaboración en la mente de otro predicador para llegar al público con la amenidad propia de la oratoria». Esto es, que necesita los pensamientos de otro predicador, un contemporáneo, capaz de seguir el hilo conductor de un bosquejo presentado, sus líneas generales, e insertar nuevas sugerencias, sin romper su unidad. Así, las grandes verdades de la Palabra de Dios que vibraron en la boca de hombres de la talla de C. H. Spurgeon, D. L. Moody, C. G. Finney, F. E. Marsh, entre otros, sobreviven a nuestro tiempo y se enriquecen con savia nueva.
¿Por qué no hacer uso de estos tesoros que en el pasado avivaron iglesias y transformaron corazones? Acaso ningún predicador puede vanagloriarse de ser absolutamente original, pues su camino trazado se halla en la Biblia; pero el Espíritu Santo, inspirándole, a través de aquellos hombres que también fueron inspirados, puede acercar las verdades eternas a las almas de una nueva generación y hacer que se enamoren de ellas.
Samuel Vila, un gran predicador de Dios, respetado y amado como uno de los más fructíferos oradores en el mundo hispano a lo largo del siglo XX, creía en ello, y ésta es la razón por la que dedicó gran parte de su vida a recopilar, no sólo una abundante selección de sus propios sermones que predicara en su iglesia de Terrassa (España) o en otras iglesias a lo largo de sus múltiples viajes por Latinoamérica, sino también de otros predicadores—algunos de ellos autores clásicos de la literatura evangélica–, los cuales editó en la serie de 13 tomos publicada por CLIE Bosquejos para predicadores.
Conocidos y utilizados por miles de predicadores de habla hispana, estos 13 tomos han cumplido a lo largo de los años la finalidad para la que fueron editados. Y el hecho de que todavía hoy sigan siendo solicitados en las librerías evangélicas demuestra que su necesidad es perenne. Por ello, Editorial CLIE ha tomado la determinación de hacerlos asequibles de nuevo y, en su empeño, ha ido aún más allá: los ha editado en un solo volumen. De este modo, el predicador interesado ya no tiene que ir adquiriendo paulatinamente los 13 tomos, sino contenerlos en una mano. El resultado ha sido redondo: 1000 Bosquejos para predicadores, como el título indica.
Con todo, no ha supuesto sólo un trabajo de recopilación de los 13 tomos compilados por Samuel Vila, sino también un trabajo de estructuración, organización y clasificación de los bosquejos, que han sido ordenados y presentados por temas y subtemas. Hay, pues, seis secciones principales: Estudio bíblico, Edificación cristiana, Evangelización, Doctrinales, Ocasiones especiales y Devocionales; los cuales, a su vez, contienen diversos subtemas. Así, por ejemplo, la sección de Estudio bíblico se divide en Pasajes y textos bíblicos, Parábolas, Tipos y figuras, Personajes de la Biblia, etc. O la sección de Evangelización tiene como temas secundarios la Salvación, la Conversión, el Arrepentimiento, Avivamiento, Misiones … La sección de Ocasiones especiales se refiere a acontecimientos en muchos casos litúrgicos, como la Santa cena o la Ordenación pastoral, o a días festivos, como la Navidad, el Año nuevo, etc. En definitiva, una exposición de los bosquejos bien estructurada, a fin de facilitar al predicador la búsqueda de un bosquejo determinado, concerniente a un tema concreto o a una ocasión especial.
Se incluyen además, al final del volumen, tres extensísimos índices: de Títulos alfabéticos, para una localización más precisa de un bosquejo, de Autores, si es que el lector desea conocer la autoría o la fuente de los bosquejos, y un interesantísimo Índice Escritural, que recoge por orden bíblico los versículos claves que introducen cada uno de los bosquejos; este último índice puede guiar al lector no ya a un tema concreto sobre el que quiera predicar, sino sobre algún texto bíblico que le haya impresionado y desee profundizar en su posible interpretación y aplicación, o cómo fue comentado por otros predicadores.
Tales índices, junto con la estructura expositiva presentada, convierten a este libro en todo un arsenal para el predicador dispuesto a exprimir y extraer todo el alimento posible de la Palabra de Dios para su feligresía. No piense éste acaso que es un libro al que dirigirse vacío de ideas, en busca de un sucedáneo para su sermón del domingo. En absoluto, como ya apuntó acertadamente Samuel Vila, «este trabajo no ha sido hecho para fomentar la indolencia de nuestros jóvenes predicadores, sino para ayudarles a pensar». El predicador encontrará que muchos de estos bosquejos son esquemáticos, otros casi sermones completos, con anécdotas y ejemplos, pero en todos los casos con la necesidad de ser desarrollados con sus propias aportaciones.
He aquí el libro, 1000 Bosquejos para predicadores, todo un incentivo para el predicador que se precie y que ame verdaderamente la Palabra de Dios.
Los editores
ESTUDIOS BÍBLICOS
• Pasajes y textos bíblicos
• Parábolas, tipos y figuras
• Personajes masculinos
• Persona y obra de Jesucristo
• Milagros
• Personajes femeninos
• Naturaleza y Creación
• Satanás y los demonios
• Ángeles
Pasajes y textos bíblicos
1. ALGUNOS «DEBEMOS» DE LA BIBLIA
(Juan 3:7)
1. Debemos orar siempre (Lc. 18:1; Sal. 91:1; Mt. 6:6).
2. Debemos leer las Escrituras (Col. 3:16; 1 P. 2:2).
3. Debemos asistir a los cultos de la iglesia (He. 10:25).
4. Debemos dar testimonio (Ro. 10:9, 10).
5. Debemos traer nuestras ofrendas al Señor (Mal. 3:7-12; 2 Co. 9:7).
6. Debemos ser sinceros (Jn. 4:24; Mt. 5:8).
7. Debemos comparecer ante el Tribunal de Cristo (2 Co. 5:10).
2. GRANDES COSAS DE JUAN 3:16
1. Un gran Dios (2 Cr. 2:5; Sal. 86:10).
2. Un gran amor (1 Jn. 4:8, 16; Ro. 5:8).
3. Una gran compañía (1 Jn. 2:2; Jn. 3:17).
4. Un gran don (2 Co. 9:15).
5. Un gran Salvador (Mt. 1:21; Hch. 4:12).
6. Una gran invitación: «todo aquel» (Ap. 22:17).
7. Una gran seguridad: «que cree» (Ro. 10:9, 10).
8. Una gran liberación: «perezca» (Jn. 14:6).
9. Una gran recompensa: vida eterna (Sal. 23:6; Jn. 5:24).
3. TODAS LAS COSAS SON HECHAS NUEVAS
Mateo 7:15–20
1. Nueva vida: por la gracia de Dios (Jn. 3:5, 6; 1:12).
2. Nuevos corazones: por su poder (Ez. 36:26; 1 Co. 6:11).
3. Nuevos frutos: por su Espíritu (Mt. 7:16; Gá. 5:22–25).
4. Nuevo camino: por su Palabra (Is. 43:19; Jn. 14:6).
5. Nuevo pacto: por su Hijo (He. 8:8–13; 1 Co. 11:25).
6. Nueva ley: por su misericordia (Jn. 13:34; 15:12; Gá. 6:2).
7. Nueva visión: por un milagro (Jn. 9:25; Col. 3:1–13).
8. Nuevas relaciones: por la justicia de Cristo (He. 2:11; 1 Co. 1:30; Ef. 2:10–13; Ro. 8:15).
4. ALMAS SACUDIDAS POR LA TORMENTA
(Salmo 46)
1. El poder de Dios (vv. 1–3):
a) Refugio (v. 1): nuestra verdadera seguridad reside no en las armas humanas, sino en el Dios todopoderoso. Todas las otras promesas de seguridad ofrecen falsas esperanzas y son, al final, inútiles.
b) Reposo (vv. 2, 3): Él ordena el caos cósmico, y la confusión da paso al reposo. Él no es sólo un refugio, sino que es de fácil acceso, de manera que Su poder y ayuda están siempre a nuestra disposición. El contenido de los vv. 2 y 3 tienen estrecha relación con los vv. 7 y 11.
2. La presencia de Dios (vv. 4–7):
a) Consolación (vv. 4, 5): la escena cambia, y ahora es la omnipresencia de Dios más que Su omnipotencia lo que nos trae consolación. El tumulto cesa, y la presencia de Dios llena de gracia es el retiro seguro de un alma sacudida por la tormenta, como un cielo de descanso después de una tempestad.
b) Bienestar (vv. 6, 7): Dios es eterno, inmutable, el Dios de los ángeles, y el Dios de un hombre, aun de alguien tan débil como Jacob. Si a pesar de todos los fracasos de Jacob, el Señor quiere ser su Dios, entonces también querrá ser el Dios nuestro y el Dios de cada débil pecador.
3. La paz de Dios (vv. 8–11):
a) La Providencia (vv. 8–10): los caminos de Dios a veces no son fáciles de entender, pero en cada acontecimiento está la Providencia, que hace que todas las cosas obren para bien. Esto trae la paz a un alma azotada por la tempestad.
b) Protección (vv. 11): nuevamente el gozoso refrán que suena como música al oído de los afligidos. Dios es nuestra segura defensa y protección. Su presencia es la promesa de victoria y lo único que puede traernos una auténtica paz.
5. LA SED DEL ALMA
(Salmo 63)
1. Súplica (vv. 1, 2):
a) Comunión (v. 1): no todas las almas que están sedientas buscan a Dios. Cuando decimos, «Tú eres mi Dios», entonces sí deseamos Su presencia.
b) Consuelo (vv. 2): cuando el alma busca a Dios, nunca encuentra temor, sino siempre consuelo y confortamiento.
2. Contentamiento (vv. 3–6):
a) Dedicación (v. 3): «Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón». (Lc. 12:34). Una dedicación total moldea el juicio y controla los deseos.
b) Acción de gracias (vs. 4–6): un Dios tan inmensamente bueno que satisface los profundos deseos del alma, es digno de toda alabanza.
3. Convicción (vv. 7, 8):
a) Escudo (v. 7): ¡Tal vez el «Shekinah» estaba en la mente del autor de este salmo! Es el cántico de un alma satisfecha que halla su escudo en Dios.
b) Sostenimiento (v. 8): el alma tiene profundos anhelos de Dios y siente que está segura en los brazos eternos.
4. Confianza (vv. 9–11):
a) Castigo (vv. 9, 10): un declive extraño, al parecer, pero está dicho en un sentido que expresa confianza, y no un sentir vindicativo. Es la seguridad que ha de triunfar la justicia.
b) Propiedad (v. 11): el salmista no se regocija por lo tanto en la caída del enemigo, sino en Dios quien trae gloria al corazón honesto.
6. UN SALMO DE PENITENCIA
(Salmo 25)
1. Protección (vv. 1–5):
a) Confianza (vv. 1–3): ¿A quién más podríamos ir?
b) Enseñanza (vv. 4, 5).
No busca ni pide por su propio camino, sino que viene como un niño.
2. Paciencia (vv. 6–10):
a) Gracia (vv. 6, 7): el amor eterno de Dios es digno de toda nuestra confianza.
b) Guía (vv. 8–10): aprendemos no sólo sus verdades, sino también sus caminos.
3. Plenitud (vv. 11–13):
a) Perdón (v. 11): la verdadera penitencia ruega el perdón de Dios para glorificar su nombre.
b) Paz (vv. 12, 13): aquel que pone su confianza en Dios nunca será confundido.
4. Compañía (vv. 14–16):
a) Revelación (v. 14): Dios revela los secretos de Su amor a Sus propios hijos.
b) Rescate (vv. 15, 16): es posible que Dios no nos libre siempre de las trampas que nos tienden, pero sí nos dará la liberación final.
5. Poder (vv. 21, 22): Él nos sacará triunfantes de cada prueba.
7. UNA ORACIÓN PENITENCIAL
(Salmo 6)
1. Congoja (vv. 1–5):
a) Petición (vv. 1–3): a veces todos somos conscientes de que necesitamos ser reprendidos por nuestras faltas. En tales momentos siempre podemos apelar a la misericordia del Señor y estar seguros de que seremos escuchados y recibiremos perdón.
b) Ruego (vv. 4, 5): la conciencia de la presencia de Dios siempre sana las heridas de la vida, y vivir en el secreto de Su presencia es ser inmune a los complots del hombre o a las cosas que disgustan a los impíos.
2. Desesperación (vv. 6, 7):
a) Cansados (vv. 6): en este pasaje no figura el nombre de Dios, y por lo tanto tenemos la figura de un pecador en el mundo, sin perdón ni redención.
b) Desgastados (vv. 7): así es el destino del pecador, sin Dios y sin esperanza. Esto se empeora cuando el tal se da cuenta de que está más allá de toda recuperación posible en lo que a recursos terrenos se refiere.
3. Liberación (vv. 8–10):
a) Convicción (vv. 8, 9): volvemos otra vez al nombre de Dios. No hay ninguna cosa tan eficaz para alejar la tristeza como un buen tiempo dedicado a la oración.
b) Certeza (v. 10): he aquí la seguridad de que Dios está en Su trono.
8. BUEN CONSEJO
(Job 5:8)
INTRODUCCIÓN: tiempo, lugar y circunstancias. El libro más antiguo de la Biblia.
1. Consejo dado por un sabio a otro sabio. Ese consejo es aplicable a nosotros, hoy.
2. «Lo que yo haría». «Buscaría a Dios». Elifás se pone en el lugar de Job, su amigo.
3. Sin duda ni vacilación: «Ciertamente». Hay que acercarse confiadamente al Señor.
4. Todos tenemos negocios que arreglar, así espirituales como temporales.
5. Todos cometemos errores en el arreglo y desempeño de nuestros negocios.
6. Dios es un administrador ideal: infalible, constante y fidelísimo.
7. «Depositaría en él mis negocios». Deposítalos. «Yo sé a quién he creído» (2 Ti. 1:12).
CONCLUSIÓN: hay que tomar el consejo hoy mismo. «Buscad al Señor» (Is. 55:6).
9. CONFIAD
(Mateo 9:2)
En cuatro ocasiones, en los evangelios, Jesús dijo a individuos o a sus discípulos, «Confiad», en situaciones cuando naturalmente sentían temor …
1. La palabra de perdón: «Confía hijo; tus pecados te son perdonados» (Mt. 9:2).
2. La palabra de piedad: «Confía, hija, tu fe te ha salvado» (Mt. 9:22).
3. La palabra de protección: «Confiad, yo soy, no tengáis miedo» (Mt. 14:27).
4. La palabra de paz: «Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo» (Jn. 16:33).
10. EL MAYOR DE LOS TEXTOS
(Juan 3:16)
1. Dios: el mayor Amante.
2. Amó: el mayor grado.
3. Al mundo: la mayor compañía.
4. Que dio: el mayor acto.
5. A su Hijo Unigénito: el mayor don.
6. Para que todo aquel: la mayor oportunidad.
7. Que cree: la mayor simplicidad.
8. En Él: la mayor atracción.
9. No perezca: la mayor promesa.
10. Mas: la mayor diferencia.
11. Tenga: la mayor certidumbre.
12. Vida Eterna: la mayor posesión.
11. EL PRIMER CULTO EVANGÉLICO
(Mateo 2:1–23)
Un hermano anotó los siguientes pasos en un sermón de Navidad:
1. El Templo: un pesebre.
2. El objeto de la adoración: Cristo.
3. El Coro: uno de ángeles.
4. El Himno: «Gloria a Dios en las alturas».
5. Los Adoradores: reyes y pastores.
6. Las Ofrendas: oro, incienso y mirra.
7. Anunciadores: los ángeles.
8. El Predicador: un ángel
9. Tema: «Os ha nacido un Salvador …» Lc. 2:11.
10. Los Resultados: conversión. Volvieron a su tierra por otro camino.
12. ISAÍAS 5:17 y MATEO 21:33–43
INTRODUCCIÓN: parábola descriptiva, histórica y profética, pronunciada 750 años antes de Cristo.
1. Dios concede grandes privilegios a algunas iglesias e individuos.
2. Ni éstos ni aquéllas aprovechan siempre esos favores.
3. Dios pedirá cuenta a unos y a otras del uso que han hecho de sus dones.
4. Y esa cuenta puede pedirla hoy mismo. «Y vino a buscar fruto en ella» (Lc. 13:6).
5. Bondad y paciencia de Dios para con los judíos y para con nosotros.
6. Dureza y maldad del corazón humano. En aquellos tiempos y en los actuales.
7. Pecamos contra la fe cuando abusamos de la paciencia y misericordia del Señor.
CONCLUSIÓN: Dios quiere frutos en nuestra vida, en proporción a las bendiciones que hemos recibido (Is. 5:2; Mt. 21:43).
13. SALMO 143:10
«Enséñame a hacer tu voluntad …»
INTRODUCCIÓN: preciosa oración para el tiempo de la duda y de la tentación.
1. «Enséñame»:
a) Un acto de humildad y sumisión a Dios.
b) Somos muy ignorantes en las cosas de Dios.
c) Sólo de él viene la verdadera sabiduría (Stg. 1:5)
2. «A hacer»:
a) No basta «oír» y «entender» la voluntad de Dios.
b) No basta «querer hacer» la voluntad de Dios.
c) Necesitamos que el mismo Dios nos enseñe a hacer su Santa voluntad.
3. «Tu voluntad»:
a) Somos propensos a hacer nuestra propia voluntad.
b) Obedecemos a los hombres creyendo obedecer a Dios.
c) Hay que «hacer» la voluntad de Dios.
4. «Porque Tú eres mi Dios» (Is. 31:10):
a) Sólo a Dios debemos dirigir las plegarias.
b) Sólo de Dios debemos recibir instrucción.
c) El mismo Dios nos autoriza a pedirla (Stg. 1:5).
5. «Tu buen espíritu me guíe»:
a) No basta conocer la voluntad de Dios.
b) Ningunos estímulos ni temores son suficientes.
c) Necesitamos la constante dirección del Espíritu Santo.
6. «A tierra de rectitud»:
a) No todos los «caminos» son «de rectitud».
b) Hay «caminos» que «llevan a perdición». (Sal. 1:6).
c) El verdadero camino es Cristo (Jn. 14:6).
7. Nuestro modelo es Cristo:
a) Cristo oraba a Dios el Padre.
b) Cristo enseñaba a hacer la voluntad de Dios.
c) Cristo hacia la voluntad de Dios (Jn. 5:30).
8. «Como en el Cielo».
(Mt. 6:10): Tenemos que negarnos a nosotros mismos y pedir el perdón del Espíritu Santo (Jn. 7:17).
14. SIETE TRES DIECISÉIS
(Juan 3:16)
1. El Amor de Dios (Jn. 3:16).
2. La Obra de Dios (1 Jn. 3:16).
3. El Pueblo de Dios (A.T.) (Mal. 3:16).
4. El Pueblo de Dios (N.T.) (Col. 3:16).
5. El Hijo de Dios (Mt. 3:16).
6. La Palabra de Dios (2 Ti. 3:16).
7. El Juicio de Dios (Ec. 3:16).
15. ALGUNAS COSAS NUEVAS
(2 Corintios 5:17)
1. La nueva Jerusalén: un nuevo centro (Ap. 21:2).
2. Un nuevo mandamiento: una nueva regla (Jn. 13:34).
3. Un nuevo camino: un nuevo acceso ante Dios (He. 10:20).
4. Un nuevo hombre: regeneración (Lc. 5:38).
5. Un vestido nuevo: Justicia de Dios (Lc. 5:36).
6. Un nuevo vino: alegría del Espíritu Santo (Lc. 5:38; Gá. 5:22).
7. Un nuevo nombre: un nuevo carácter (Ap. 2:17).
16. PERO VEMOS A JESÚS
(Hebreos)
1. El Señor Jesús fue quien purgó nuestros pecados (He. 1:3).
2. El Señor Jesús coronado de gloria y honor (He. 2:9).
3. El Señor Jesús, el Autor y Consumador de la fe (He. 12:2).
4. El Señor Jesús, fiador de un mejor pacto (He. 7:22).
5. El Señor Jesús hecho Sumo Sacerdote para siempre (He. 6:20).
6. Un Sumo Sacerdote … santo, puro, sin mancha, separado de los pecadores (He. 7:26).
7. Un Sumo Sacerdote misericordioso (He. 2:17).
8. Un gran Sumo Sacerdote que está en los cielos (He. 4:14)
9. Un Sumo Sacerdote quien está a la diestra de la Majestad en los cielos (He. 8:1); quien puede salvar hasta lo sumo, viviendo siempre para interceder por los Suyos (He. 7:25). Este Sumo Sacerdote padeció una vez para llevar los pecados de muchos, y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado (He. 9:28).
CONCLUSIÓN:
«Jesús, el nombre que atesoramos;
nombre más allá de lo que se pueda expresar,
nombre de alegría, nombre de placer.
Oído y corazón de los que se deleitan en Él;
nombre dulce más que ninguno,
que nos salva del infierno y del pecar».
17. EL EVANGELIO EN MINIATURA
(Juan 3:16)
INTRODUCCIÓN: Cierta vez, Martín Lutero habló sobre Jn. 3:16, diciendo que era el «Evangelio en miniatura». Este texto de oro nos enseña tres cosas que están en el mismo corazón del Evangelio. Cada creyente debería ver en el Evangelio:
1. El amor de Dios:
a) Dios es amor. Amor es otro nombre para Dios. Él es sabio; Él es fuerte; éstos son hechos innegables en relación con nuestro Dios. Él está es una característica de Su carácter.
b) Él ama al mundo. Esto, tanto en la antigüedad como ahora, significa amor por los seres humanos; por todas las razas y naciones de la Tierra. El no tiene favoritos, ni hace acepción de personas.
c) Su amor es la única esperanza para el mundo. Cuando Dios ama, nunca abandona, sino que persevera y triunfa.
2. El don de Dios:
a) Dios nos ha dado la prueba más elevada de Su amor. No hay nada más elevado ni sublime que pueda hacer.
b) Dios aún está dando a su Hijo al mundo. Aquel que murió vive hoy, y es el Don supremo de Dios al mundo.
c) En esto radica el corazón de las misiones y el evangelismo.
3. El «todo aquel» de Dios:
a) «Todo aquel» es el hombre que cree en Cristo. Creer en Cristo significa confiar y entregarse totalmente a Él.
b) «Todo aquel» es el hombre que no desea morir eternamente, que quiere estar en buenas relaciones con Dios y tiene en cuenta estas cosas para el tiempo presente y por la eternidad.
c) «Todo aquel» es el hombre que ha comenzado desde ya a vivir para siempre. Este Evangelio enseña que para el hijo de Dios la vida eterna ya ha empezado aquí y ahora.
CONCLUSIÓN:
«Amor tan maravilloso, tan divino,
demanda mi alma, mi vida, mi todo».
18. CARACTERÍSTICAS DE LA ORACIÓN EN SANTIAGO 5
1. La oración individual: «Haga oración» (v. 13).
2. La oración unida: «Oren sobre él».
3. La oración de fe: «La oración de fe».
4. La oración de intercesión: «Orad unos por otros».
5. La oración ferviente: «La oración eficaz».
6. La oración definida: «Para que no lloviese».
7. La oración efectiva: «Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia?
19. CONTRASTES ENTRE MATEO 25 Y APOCALIPSIS 20
(Mateo 25; Apocalipsis 20)
1. Primer contraste:
a) En Mt. 25: Él viene a la Tierra.
b) En Ap. 2: La Tierra y el cielo han desaparecido.
2. Segundo contraste:
a) En Mt. 25: Él viene para juzgar a las naciones existentes.
b) En Ap. 2: Él viene a juzgar a los muertos impíos.
3. Tercer contraste:
a) En Mt. 25: Él juzga el trato que le ha sido dado a Sus hermanos.
b) En Ap. 2: Él juzga el trato que le ha sido dado a Él mismo.
20. COSAS NUEVAS PARA EL CREYENTE
(2 Corintios 5:17)
1. Un nuevo nacimiento (Jn. 3:3; 1 P. 1:23).
2. Una nueva vida (Ro. 6:4; Gá. 6:15; 2:20).
3. Un nuevo nombre (Is. 56:5; 62:2; Hch. 11:26).
4. Una nueva fuerza (Is. 40:31; Fil. 4; 13).
5. Un nuevo entendimiento (Lc. 24:32; Sal. 119:98).
6. Un nuevo camino (1 Co. 6:10, 11; Ef. 5:8).
7. Una nueva visión (Jn. 9:25; Sal. 119:67).
8. Una nueva canción (Sal. 40:3).
9. Una nueva ciudad (Ap. 21:2).
21. CUATRO HOMBRES EN LUCAS 5
1. Un hombre turbado calmado (v. 10).
2. Un hombre impuro limpiado (vv. 12, 13).
3. Un hombre paralítico sanado (vv. 24, 25).
4. Un hombre rico satisfecho (vv. 27–29).
22. EL EVANGELIO SEGÚN MATEO
1. «… Él salvará a su pueblo de sus pecados» (1:21).
2. «El pueblo asentado en tinieblas vio una gran luz» (4:16).
3. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, y Yo os haré descansar» (11:28).
4. «Y en su nombre pondrán los gentiles su esperanza» (12:21).
5. «Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido» (18:11).
6. «¿Quién, entonces, podrá ser salvo?» (19:25, 26).
7. «… El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (20:28).
8. «Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que va a ser derramada por muchos, para remisión de los pecados» (26:28).
9. «… He aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (28:20).
23. EL SUPERLATIVO JUAN 3:16
1. Posiblemente la misericordia más rica: es Dios que ama al «mundo» y que se muestra en:
2. El precio más alto posible: el don de «su único Hijo» para …
3. El número más elevado: para que «todo aquel»—usted, yo, o cualquier otra persona—no sufra …
4. La cárcel más oscura: para que «no perezca», sino que tenga …
5. La bendición más grande posible: la «vida eterna» en …
6. Los términos más fáciles posibles: «para que todo aquel que cree en Él» con …
7. La mejor seguridad posible: la Palabra de Dios.
24. GÉNESIS 1
1. Conversión: de las tinieblas a la luz (vv. 2, 3).
2. Separación: dividir la luz de las tinieblas (v. 7).
3. Llevar fruto: el árbol que da fruto (v. 12).
25. GRANDES ORACIONES DE LA BIBLIA
(Mateo 6:8–15)
1. La oración de David (2 S. 7:18–29).
2. La oración de Salomón (1 R. 8:12–61).
3. La oración de Daniel (Dn. 9:3–13).
4. La oración de Esdras (Esd. 9:5–15).
5. La oración del Levita (Neh. 9:4–38).
6. La oración de Elías en el monte Carmelo (1 R. 18:36, 37).
7. La oración de Ezequías pidiendo por su vida (2 R. 20:3).
8. La oración de Moisés que hizo cambiar la decisión de Dios (Éx. 32:10–14).
9. La oración de Habacuc por un avivamiento (Hab. 3).
10. La oración de Pablo por los Efesios (Ef. 3:14–21).
11. La oración de Pablo por los Colosenses (Col. 1:9–12).
12. La oración que Cristo enseñó a Sus discípulos (Mt. 6:9–13)
13. La oración de Cristo al Padre (Jn. 17).
14. La oración del malhechor en la cruz (Lc. 23:42).
15. La oración de Cristo en la Cruz (Lc. 23:34).
26. LA ORACIÓN EN EL NUEVO TESTAMENTO
1. El Señor Jesús oró: y fueron escogidos los pilares de la Iglesia.
2. Los discípulos oraron: y Pentecostés se convirtió en una maravilla de poder.
3. La Iglesia primitiva oró: y Pedro fue liberado de la prisión.
27. LA ORACIÓN TRIPLE DEL SALMO 143
1. «Hazme sentir por la mañana tu misericordia …» (v. 8).
2. «Hazme sentir el camino por donde debo andar …» (v. 8).
3. «Enséñame a hacer tu voluntad …» (v. 10).
28. LA ORACIÓN: UN ESTUDIO BÍBLICO
(Salmo 126)
1. ¿Por qué orar?
a) La oración eficaz del justo puede mucho (Stg. 5:16).
b) Para que no entremos en tentación (Mt. 26:41).
c) Se nos ordena orar (Lc. 18:1).
2. ¿Cuándo orar?
a) En tiempos de peligro—en contacto con hombres peligrosos—El Señor oró toda la noche (Lc. 6:12).
b) Tarde, mañana y mediodía (Sal. 55:17).
c) Orar continuamente (Ro. 12:12).
d) Orar sin cesar (1 Ts. 5:16).
e) En aflicción (Stg. 5:13).
f) En enfermedad (Stg. 5:14).
g) Cuando hemos pecado el uno contra el otro (Stg. 6:16).
3. ¿Cómo orar?
a) En el Espíritu (Ef. 6:18).
b) En el Espíritu Santo (Jud. 20).
c) Trabajando fervientemente en oración (Col. 4:12).
d) Con entendimiento (1 Co. 14:14–15).
e) Con manos santas: sin ira ni contienda (1 Ti. 2:8).
f) Pedid con fe, sin dudar (Stg. 5:16).
4. ¿Por qué cosas orar?
a) Por obreros para ir a la mies (Mt. 9:37, 38).
b) Por todos los hombres, por los reyes y los que están en autoridad (1 Ti. 2:1, 2).
c) Para ser llenos del conocimiento y la voluntad de Dios (Col. 1:9–11).
d) Por aquellos que abusan de nosotros (Mt. 5:44).
e) En todo (Fil. 4:16). Señor, enséñanos como orar (Lc. 11:1).
CONCLUSIÓN: «La oración no se nos da como una carga que ha de ser llevada, o por un deber desconocido que debemos de cumplir, sino como un gozo y poder, el cual no tiene límite» (J.W.W.).
29. LAS ORACIONES DE CRISTO EN LUCAS
1. En su bautismo (3:21).
2. Después de curar al leproso (5:16) el Señor se fue a un lugar solitario a orar.
3. Toda la noche, antes de escoger a los doce apóstoles (6:12); orando por ellos y por su labor.
4. Orando solo (9:18, 22); notad lo que dice acerca de su muerte.
5. En la transfiguración (9:28).
6. En cierto lugar con sus discípulos (11:1); la oración con la cual les enseña a orar.
7. La oración por Pedro (22:32); su interés personal por él.
8. Por Sí mismo (22:41–44); «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa …»
9. Por aquellos que le crucificaron (23:34); «Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
10. Su oración en la ora de la muerte (23:46); «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».
30. LAS SEIS MARAVILLAS EN EL APOCALIPSIS
1. Grandes maravillas en los cielos (12:1).
2. Gran des maravillas en los cielos (12:3).
3. Juan se asombró en gran manera (17:6).
4. Toda la Tierra se maravilló (13:3).
5. Los moradores de la Tierra se maravillarán (17:8).
6. Grandes maravillas (13:13).
31. LOS QUINCE SIETES EN APOCALIPSIS
1. Siete Iglesias (1:4).
2. Siete espíritus (1:4).
3. Siete candeleros (1:12).
4. Siete estrellas (1:16).
5. Siete lámparas (4:5).
6. Siete sellos (5:1).
7. Siete trompetas (8:2).
8. Siete truenos (10:3).
9. Siete cabezas (12:3).
10. Siete coronas (12:3).
11. Siete plagas (15:8).
12. Siete copas de oro (15:7).
13. Siete ángeles (15:7).
14. Siete montañas (17:9).
15. Siete reyes (17:10).
32. LOS SIETE MISTERIOS DEL NUEVO TESTAMENTO
1. El misterio del Reino de los Cielos (Mt. 13:11).
2. La ceguera parcial que le ocurrió a Israel (Ro. 11:25).
3. El misterio de aquellos que serán transformados, y el de aquellos que han de ser resucitados en el retorno del Señor Jesús (1 Co. 15:51, 52).
4. El misterio relacionado con Cristo y la Iglesia (Ef. 5:32; Ro. 16:25, 26; Ef. 3:3, 10; Col. 1:25–27).
5. El misterio de Dios, y el del Padre y de Cristo (Col. 2:2).
6. El misterio de iniquidad: anarquía (2 Ts. 2:7).
7. El misterio de Dios (Ap. 11:7).
33. NUNCA MÁS
(Juan 11:17–27)
1. Nunca más sedientos (Jn. 4:14)
2. Nunca más hambrientos (Jn. 6:35).
3. Nunca más moriremos (Jn. 11:26).
4. Nunca más pereceremos (Jn. 10:28).
5. Nunca más desamparados (He. 13:5).
6. Nunca más caeremos (2 P. 1:10).
7. Nunca más resbalaremos (Sal. 15:5).
34. ORACIONES BÍBLICAS
(Mateo 14:22–33)
1. Pedro clamó: «¡Señor, sálvame!» (Mt. 14:30).
2. David clamó: «Escudríñame, oh Dios …» (Sal. 139:23).
3. Moisés clamó: «Te ruego que me muestres …» (Éx. 33:13).
4. Sansón clamó: «… Acuérdate ahora de mí …» (Jue. 16:28).
5. Isaías clamó: «Heme aquí, envíame a mí». (Is. 6:8).
6. Salomón clamó: «Sustentadme …» (Cnt. 2:5).
35. ROMANOS 3:23–25
1. Un hecho solemne: todos pecaron.
2. Un terrible fracaso: están destituidos.
3. Una verdad bendita: el hombre justificado.
4. Un resultado glorioso: los pecados perdonados.
36. SIETE COSAS EN MATEO
1. Puertas: estrecha, ancha.
2. Sendas: estrecha, ancha.
3. Árboles: bueno, corrupto.
4. Frutos: buenos, malos.
5. Hombres: sabios, necios.
6. Fundamento: roca, arena.
7. Casas: la que se cae, y la que permanece.
CONCLUSIÓN: «El que tiene oídos para oír, oiga» (Lc. 14:35).
37. SIETE REFERENCIAS AL CORDERO EN EL APOCALIPSIS
1. La ira del Cordero (6:16).
2. La sangre del Cordero (6:14).
3. El libro de la vida del Cordero (13:8).
4. El cántico del Cordero (19:7).
5. Las bodas del Cordero (19:7).
6. La cena de las bodas del Cordero (19:9).
7. El trono de Dios y del Cordero (22:1).
38. TIEMPOS Y LUGARES DE ORACIONES BÍBLICAS
(1 Timoteo 2)
1. Tiempo para orar:
a) En la mañana (Mr. 1:35).
b) En el mediodía (Hch. 10:9).
c) En la tarde (Hch. 3:1).
d) En todo tiempo (1 Ts. 5:17).
2. Lugares para la oración:
a) En el lago (Mt. 14:30).
b) En la cruz (Lc. 23:42).
c) En el Templo (Lc. 18:13).
d) En casa (Hch. 1:13, 14).
e) En la montaña (Mr. 6:46).
f) Junto al mar (Hch. 21:5).
g) A bordo de un barco (Hch. 27:23–35).
h) En la cárcel (Hch. 16:25).
i) En todo sitio (1 Ti. 2:8)
39. LA COMPASIÓN DEL SEÑOR JESÚS
«Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas, porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mt. 9:36–38).
El pueblo en ese tiempo estaba sumido en la más profunda ignorancia con respecto a la religión verdadera; los que debían enseñarle eran ineptos que se contentaban con abrumarle con ceremonias y supersticiones, y no sólo no tenían amor para los pobres sino que los menospreciaban. El Señor «tuvo compasión» de ellos; y nosotros, ¿qué haremos? Santiago nos dice: «Sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados».
1. Compasión es el movimiento del alma que nos hace sensibles al mal que padece alguna persona: es una combinación de tristeza, simpatía, y amor. Es más que lástima. Lástima es una conmiseración hacia lo inferior; compasión es simpatía hacia la humanidad. Personifiquemos la Lástima y la Compasión. Lástima oye el grito desesperado, «¡un hombre ha caído en el mar!» y se reclina sobre la baranda del barco, asustada, sin hacer ningún esfuerzo para salvar al que se está hundiendo. Compasión se quita el saco y se lanza dentro del mar para salvar al hombre que se está ahogando. Lástima ve a un borracho brutal ultrajando a una mujer indefensa y siente tristeza sin decir nada; Compasión coge al ebrio del cuello y lo entrega a la policía. Lástima dice al necesitado: «Id en paz, calentaos y hartaos;» Compasión da de comer al que tiene hambre, da de beber al sediento, recoge al extranjero, cubre al desnudo, visita al enfermo y al prisionero. Lástima canta con entusiasmo: «yo quiero cada día trabajar … en la viña del Señor». Esto hace mientras está en el templo, pero fuera de él es otra cosa. Compasión va en pos de los perdidos y les habla del amor de Dios, y se remonta en alas de fe y esperanza hasta el trono de la gracia de Dios orando por ellos para que salgan de las tinieblas y vengan a la luz resplandeciente de Cristo Jesús. Lástima se conmueve superficialmente, Compasión es la simpatía profunda de un alma que comprende cuál es la «anchura y la largura y la profundidad y la altura», del amor de Dios, y conoce «el amor de Cristo que sobrepuja a todo entendimiento».
a) En el Antiguo Testamento la palabra compasión se menciona con mucha frecuencia. En Éxodo 2:6 leemos que la hija de Faraón tuvo compasión del niño Moisés.
b) David en su aflicción dijo a sus siervos: «Viviendo aun el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quien sabe si Dios tendrá compasión de mí, por manera que viva el niño?»
c) Job, describiendo su miseria a sus amigos, dijo: «Oh vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mi; porque la mano de Jehová me ha tocado» (Job 19:21). En Is. 54, dice el v. 6: «con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor Jehová». El capitán de la nave cuando halló a Jonás durmiendo, le dijo: «¿Qué tienes dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos» (Jon. 1:6). Y en el Nuevo Testamento las páginas están perfumadas con la palabra compasión expresada verbalmente y en acción.
2. La compasión era lo dinámico del ministerio del Señor Jesucristo: enseñaba, predicaba y sanaba …
a) Enseñaba con autoridad y no como los escribas: en el sermón del monte tenemos al Maestro por excelencia.
b) Predicaba en Nazaret, diciendo: «El espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados; para predicar el año agradable del Señor».
c) Sanaba a los cojos, a los sordos, a los ciegos, a los paralíticos, los leprosos eran limpiados, los muertos eran resucitados: tenía compasión de las multitudes hambrientas y con dos peces y cinco panes alimentó a cinco mil personas. Tuvo compasión de la ingrata Jerusalén y lloró sobre ella. Tenía compasión de las almas esparcidas como ovejas sin pastor. La compasión fue la fortaleza de Cristo en el Getsemaní. Su sudor era como gotas de sangre. Y la compasión a las almas lo sostuvo para ir a la cruz. La compasión fue su sostén en la cruz. Tuvo compasión aun de sus enemigos y oró por ellos.
3. El mundo necesitado de compasión: el mundo en los días de Jesucristo no estaba sin lugares de reuniones religiosas. En Jerusalén había 460 sinagogas, pero no había compasión. Había también directores religiosos, los escribas y fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés (Mt. 23). En esos días las gentes no estaban sin tradiciones: había en ese tiempo 614 mandamientos y tradiciones. Cuando el doctor de la ley hizo la pregunta al Señor: «¿Cuál es el más grande mandamiento en la ley?» no se refería a los diez mandamientos, sino a los 614.
4. La compasión es el manantial de la empresa misionera: «A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos». En la actualidad hay millones de gentes sumidas en el paganismo y en la superstición, lejos del camino que conduce al Cielo; sin Dios y sin esperanza; descarriados como ovejas sin pastor; hundidos en el fango del pecado. Y qué pocos en verdad son los obreros. La compasión es indispensable para la oración efectiva. «Rogad, pues al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies». «Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega» (Jn. 4:35).
40. LA CRUZ DE CRISTO
«Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios» (1 Co. 1:18).
1. La cruz es el punto donde se reúnen los rayos luminosos de la revelación cristiana, la inspiración del pensamiento cristiano, el impulso de la acción cristiana. y es la clave del sufrimiento cristiano. El concepto de la cruz determina el concepto de Dios, de la historia, del hombre y de la revelación. Por medio de la cruz podemos comprender el corazón de Dios y la incapacidad del hombre. A los estudiantes de la ciencia física que buscan una explicación física para todo incluyendo su propia conciencia, libertad, fe, pecado y salvación, les falta un sentimiento de pecado que es esencial para apreciar la obra salvadora de Cristo. Ciertos filósofos que han cerrado sus mentes contra el mensaje cristiano procuran hacer a Dios y al hombre uno. Tales mentes no ven la necesidad de un Mediador entre el hombre y Dios. Para apreciar la cruz es necesario que el hombre vea ambas cosas: su acercamiento a Dios y su alejamiento de Él. Hay otros que miran a todo con una mente histórica. Creen que todo está en proceso de hacerse; que la maldad (según ellos) se esta desvaneciendo y lo bueno está aumentando. El hombre con un sentimiento de pecado, de culpa; el hombre que sabe que no está bien con Dios, y que tiene que dar cuenta a Dios, es el hombre que puede comprender el mensaje de la cruz.
2. El motivo de la redención se encuentra en la naturaleza divina y en la necesidad humana. Dios no ama porque Cristo murió; pero Cristo murió porque Dios ama. La vida y la muerte del Señor Jesucristo se deben al insondable y desinteresado amor de Dios. Nada menos que la cruz podía expresar su amor inconmensurable. Cristo reveló el amor del Padre en la vida que él vivió. en las obras portentosas que él hizo, pero especialmente en la muerte que él murió.
3. La cruz simboliza el poder del amor, la fortaleza de la verdad, y la victoria inevitable de la justicia en nuestro mundo. La imposibilitada humanidad, forcejeando para salir de la arena movediza del odio internacional, dirige un reto a aquellos que han hallado fe, esperanza y certidumbre. La fe y la visión que la cruz nos da, constituyen la única esperanza para el resto de la humanidad. 4. La cruz ha resistido todas las burlas del moderno antagonismo, del agnosticismo y del odio. Los hombres no han podido añadir ni quitar nada a la cruz: ella sobrevivirá a todas las ideologías que hoy día tratan de destruir el cristianismo o reemplazarlo con alguna otra cosa. Sólo en la cruz hay seguridad estable, inconmovible, inalterable y durable. La salvación del mundo depende de la muerte expiatoria del Señor Jesucristo en la cruz del calvario. La cruz es como la piedra clave en el arco de la omnipotencia de Cristo. Él dice: «Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo» (Jn. 12:32):
a) El apóstol Pablo dice: «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo» (Gá. 6:14).
b) Crisóstomo dice: «La cruz es la voluntad del Padre, la gloria del Unigénito, el regocijo del Espíritu Santo, el adorno de los ángeles, la seguridad de la iglesia la jactancia de Pablo, el muro de los santos, la lumbrera de toda la Tierra».
La tragedia primordial del mundo es el pecado, y la necesidad fundamental del hombre es la necesidad de un Salvador y Redentor del pecado: Cristo crucificado y resucitado, es el poder de Dios para salvación a todo aquel que en él cree.
El Señor Jesús «fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación». «Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios» (1 Co. 1:18).
41. EL EVANGELIO EN SIETE GRANDES TEXTOS
(Juan 5:39)
1. El texto sobre la salvación (Jn. 3:14–17).
2. El texto sobre el Evangelio (Ro. 1:14–17).
3. El texto sobre la gran comisión (Mr. 16:15).
4. El texto sobre la gracia (Tit. 2:11–15).
5. El texto sobre la invitación (Mt. 11; 28–30).
6. El texto sobre la resurrección (1 Co. 15:1–4).
7. La esperanza, o el texto de la promesa (Jn. 14:1–3).
42. LA MUERTE DEL NECIO
(Lucas 12:13–21)
1. En el Antiguo Testamento (2 S. 3:33), Abner:
a) Se puso en las manos de su enemigo natural.
b) No hizo uso de los poderes dados por Dios (v. 34).
c) Pereció al mismo borde de la salvación.
2. En el Nuevo Testamento:
a) El rico necio no hizo provisión para el futuro (Lc. 12:20).
b) El necio avaro intentó servir a dos señores (Hch. 5:1–6).
c) El necio egoísta no le dio a Dios la gloria (Hch. 12:21–23).
43. EL REINO DE CRISTO
(Hechos 1:3)
El término «Reino de Cristo» se encuentra tan sólo en Ef. 5:5; pero hallamos en el Nuevo Testamento al menos 134 menciones de este Reino. La expresión: «El Reino», se encuentra 15 veces: «Reino de David», una vez; «Reino del Padre», 5 veces; «Reino del Hijo», 14 veces; «Reino de los cielos», 35 veces; y «Reino de Dios», 64 veces. Todas estas expresiones se refieren al Reino de Cristo. El concepto del Reino de Cristo es prominente tanto en los libros proféticos como en los evangelios y en la predicación apostólica. El Dr. Mullins resume el aspecto central de las enseñanzas proféticas del Antiguo Testamento, diciendo: «Los profetas esperaban un gran Libertador, un gran Caudillo, un Reino santo, un reinado de un Rey justo, la presencia de Dios entre los hombres, un mundo transformado bajo el poder del escogido de Dios. En general la escatología del Antiguo Testamento se refiere a este mundo».
1. Juan el Bautista y los apóstoles dijeron algo con respecto al Reino de Dios: Juan el Bautista comenzó su ministerio, diciendo: «El Reino de los cielos se ha acercado». Jesús repitió lo mismo, y añadió: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria … serán reunidas delante de él todas las gentes … y dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo». De modo que el objetivo final y primario es el Reino. Después de la resurrección, leemos en Hch. 1:3, que el Señor Jesús se apareció a sus discípulos por 40 días, hablándoles del Reino de Dios. Y en cuanto a la predicación apostólica, leemos que Felipe, en Samaria, «anunciaba el Evangelio del Reino de Dios». Pablo, en Corinto, habló por espacio de tres meses disputando y persuadiendo del Reino de Dios (Hch. 19:8). Y Lucas repite, una y otra vez, fue Pablo iba «predicando el Reino de Dios». ¿Podría decirse lo mismo de los predicadores del presente?
2. Algunos tienen dificultades para entender lo que las Escrituras dicen con respecto al Reino, por la razón siguiente: encontramos en los evangelios una serie de pasajes que afirman que el Reino ya se ha acercado. En las parábolas encontramos una serie de comparaciones que describen las actividades del Reino a través de la actual dispensación. Y en otros pasajes se nos habla del Reino en futuro, enseñándosenos que se ha de establecer definitivamente cuando Cristo vuelva del Cielo. No hay contradicción en tales enseñanzas. El Reino se acercó a los hombres en el aspecto espiritual, y «ya existe en cuanto a principios y constitución». Pero en lo que se refiere a su forma manifiesta, real y visible, como Reino de Cristo en majestad y gloria, no ha llegado aún. En relación con este asunto, debemos tener en cuenta el triple aspecto de la salvación: La redención del alma, la redención del cuerpo, y la redención del mundo como morada del hombre redimido. El alma entra en posesión de la redención desde el día que nos arrepentimos y creemos (he aquí la fase presente del Reino). El cuerpo no alcanzará su redención hasta el día de la resurrección. Y el mundo no se verá libre de la maldición que pesa sobre él hasta el día que Cristo venga del Cielo. El pasaje que sirve de tronco o punto de partida a las profecías que nos anuncian el Reino de Cristo se halla en 2 S. 7:12 al 16. Dios, en este pasaje, le dice a David, por medio de Natán, que de su simiente según la carne, levantaría a uno que haría su trono estable para siempre jamás. Esta, y toda la larga serie de profecías que le siguen, culminaron en la visión profética de Ap. 19:11 a 20:4, donde vemos al Cristo descendiendo del Cielo, ostentando en su muslo el siguiente nombre: «Rey de reyes …». Sirviendo de enlace entre los dos grandes pasajes que mencionamos se encuentran las palabras del mensajero de Dios, que aparecen en Lc. 1:31 al 33.
3. Jesucristo ha de reinar en este mundo:
a) Éste es un asunto que para nosotros está tan claro como la luz del día; y, francamente nos sorprende que haya cristianos que lo pongan en duda o que lo nieguen. Sometemos a la consideración del lector los siguientes pasajes de la Escritura: En 2 S. 7:12 al 16 vemos que Dios le dice a David: «Cuando tus días sean cumplidos … yo levantaré después de ti a uno de tu linaje … y afirmaré su Reino … yo afirmaré para siempre el trono de su Reino (el de tu descendiente). Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo … mi misericordia no se apartará de él … y será afirmada tu casa y tu Reino para siempre … y tu trono será estable eternamente». El profético Sal. 72 constituye una ampliación—en detalles—de esta profecía. Los modernistas suelen afirmar que estas profecías se cumplieron en Salomón. Es posible que David estuviese pensando en Salomón como un tipo del Mesías; pero el inspirador de la profecía, Dios, mira a uno más grande que Salomón. El Dr. Carroll sostiene que el reinado de Salomón no llena los gloriosos moldes del reinado que nos presenta el Sal. 72, y tiene razón. Pablo cita, en He. 1:5, las palabras de 2 S. 7:14, y nos dice que Dios el Padre se refiere allí a Jesucristo, y no a Salomón. Y esta interpretación inspirada determina que el Rey que ha de hacer eternamente estable el trono de David es Cristo, como también aparece profetizado en el Sal. 2:6 al 9.
b) Siglos más tarde confirma Dios, por medio del profeta Isaías, la profecía dada a David, diciendo: «Saldrá una vara del tronco de Isaí …» (Is. 11:1); «… Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su Reino» (9:7). «Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará … No harán mal … en todo mi santo monte; porque la Tierra será llena del conocimiento de Jehová … Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová … levantará pendón a las naciones, y juntará a los desterrados de Israel, y reunirá a los esparcidos de Judá»… (Is. 11:5, 6, 9–12). Y preguntamos aquí: ¿Dónde vamos a ubicar el cumplimiento de esta profecía, en la Tierra o en el Cielo? Sí, ¿dónde? (véase también Is. 32).
c) Y Jeremías se refiere a este Rey de la simiente de David, diciendo: «Vienen días … en que levantaré a David renuevo justo, y reinará … y hará juicio y justicia en la Tierra. En sus días será salvo Judá.… y le llamarán: Jehová, justicia nuestra». (Jer. 23:5, 6). Y más adelante añade el profeta: «En aquel tiempo haré brotar a David un renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la Tierra». (Jer. 33:15). «Y Jehová será rey sobre toda la Tierra» (Zac. 14:9). Y los redimidos reinaremos con Cristo sobre la Tierra (Ap. 5:10). Porque esta escrito que «los reinos del mundo han de venir a ser el Reino de nuestro Señor» (Ap. 11:15). Y cuando tal cosa suceda, se cumplirán las palabras de Daniel 2:44, donde dice que en lugar (y en el mismo lugar) de los reinos del mundo simbolizados por las distintas partes de la estatua profética, «levantará el Dios del Cielo un Reino que nunca jamás se corromperá». Y también se cumplirá entonces la profecía de Daniel 7:27, donde afirma el profeta que cuando el Señor venga del Cielo le quitará el señorío al anticristo (cuerno pequeño), y entregará el señorío debajo del Cielo a los santos del Altísimo.
d) Esta es la gran esperanza del pueblo de Dios. Pero algunos, por falta de fe o de discernimiento, se privan de esta esperanza. A pesar del gran número de paisajes que exponen clara y terminantemente que Cristo ha de reinar en este mundo sobre toda la Tierra, que los santos hemos de reinar con él, que los reinos del mundo se han de convertir en el Reino de nuestro Señor, y que este Reino ocupará el mismo lugar y espacio que antes ocupaban los citados reinos; a pesar de estos aspectos y la claridad con que se exponen, algunos se empeñan en negarlos. Y cuando les pedimos que, si Cristo no ha de reinar en este mundo, nos expliquen los pasajes que hemos mencionado, nos salen con aquel texto que dice: «Mi Reino no es de este mundo». Con lo cual parecen colocar la Sagrada Escritura en plano de abierta contradicción. Cuando el Señor afirmó que su Reino no era de este mundo, lo hizo para tranquilizar a Pilato, con respecto a la acusación de que Jesús pretendía usurpar o dividir el Imperio Romano. El Reino de Cristo no es de la naturaleza de los reinos de este mundo, pues está escrito que es de Dios y que vendrá del Cielo. Por eso el Señor Dios pide que oremos diciendo: «Padre nuestro que estás en los cielos … venga (al mundo) tu Reino».
4. ¿Cuándo se implantará el Reino de Dios en el mundo? Las Sagradas Escrituras nos aclaran este aspecto, diciéndonos que será el día que Jesucristo vuelva a este mundo. Según Lc. 21:31, Jesús terminó la exposición de las evidencias o señales de su segunda venida, diciendo: «cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios». Y el mismo Señor determina, en Mt. 25:31–34, que Él se ha de sentar sobre el trono de su Reino el día de su segunda venida. Y los profetas nos dicen que esto sucederá «en lo postrero de los tiempos», cuando el mundo experimentará una regeneración física (Mt. 19:28), y todas las cosas serán restauradas al estado que imperaba en la Tierra antes de entrar el pecado (Hch. 3:19–21), y entonces será cuando se acabarán las guerras (Mi. 4:1–4), y el Reino animal será despojado del fiero instinto que ahora le domina (Is. 11:1–9), y la tierra producirá en abundancia (Sal. 72:16), y las naciones adorarán al Rey de reyes (Zac. 14:16–21).
CONCLUSIÓN: el que fue clavado en la cruz como Rey de los Judíos vendrá muy pronto como Rey de todas las naciones. Esta es la gran esperanza de la iglesia, y fue la esperanza de algunos grandes maestros bautistas del pasado. El Dr. Carroll afirma lo siguiente: «A veces estamos muy propensos a cometer errores de interpretación acerca del Reino semejantes a los que desviaron tanto y tan desgraciadamente al antiguo Israel. Es muy claro que el Reino de Dios ha de incluir a todo el mundo como su territorio». Y el Dr. Broadus dice que cuando Cristo venga establecerá su dominio sobre toda la Tierra. Y añade: «Entonces los reinos del mundo serán de nuestro Señor; y el Reino predicho por Daniel estará para cumplir su destino, llenando todo el mundo». Y con esto concuerdan las palabras de Meyer, cuando afirma que los redimidos, como esposa del Cordero, «reinaremos en la Tierra». Y Spurgeon expresó lo siguiente: «El que vino a sufrir no tardará en venir a reinar. El largo descanso y el esplendor incomparable del Reino milenario serán una recompensa abundante». Y el comentarista A.B. Rudd se refiere a este asunto, diciendo: «El Señor, en su segunda venida, establecerá en toda su plenitud el Reino de Dios en la Tierra».
44. ORACIONES EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
1. Abraham oró largamente por un hijo: le vino Isaac.
2. Eliezer oró pidiendo una guía: apareció Rebeca.
3. Jacob oró: la actitud de su hermano Esaú cambió.
4. Moisés oró: la ira de los Cielos fue sujeta.
5. Josué oró: Acán fue descubierto y Hai fue destruida.
6. Ana oró: le fue dado Samuel.
7. Elías oró: los cielos se cerraron y luego se abrieron.
8. Eliseo oró: vino la sequía; un niño muerto volvió a la vida.
9. David oró: Aitofel, el traidor se ahorcó.
10. Josafat oró: sus enemigos huyeron derrotados.
11. Ezequías oró: 185.000 asirios fueron ejecutados.
12. Daniel oró: los arcángeles se pusieron en movimiento.
CONCLUSIÓN: orar es la cosa más grande que podemos hacer: y hacerlo bien, requiere de calma, tiempo y deliberación.
45. LA COSA ESENCIAL
«Díjole la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?» (Jn. 21:17).
INTRODUCCIÓN: el evangelio de Juan se complace en hablar del amor: es el que contiene Jn. 3:16; habla del amor de Cristo a los pecadores; llorando con sus amigos; dando vida a sus ovejas; por sus discípulos, sus amigos; y termina preguntando si, en cambio, le amamos. Descripción de la escena. Cristo quiere restaurar a Pedro; repetirle la confianza que tiene en él. Y le hace comprender que la cosa que él juzga esencial es que Pedro lo ame. Ya no le pregunta si cree en él, ni si está dispuesto a obedecerlo o a servirlo: sino si lo ama. ¿Por qué esta insistencia sobre el asunto?
1. El amor es la señal inequívoca de la conversión: hay otras señales: la fe, el cambio de vida, el servicio cristiano; pero éstas se falsifican a veces. Muchos no saben si de veras han creído o no: el servicio puede ser interesado; el cambio de vida, temporal. El amor a Cristo es testimonio íntimo de que somos de Cristo. Es el lazo que liga a la familia suya. Somos hijos, porque nos ama y lo amamos. Y, ¿quién no sabe si ama o no a una persona? Si Pedro amaba a Cristo, era suyo, a pesar de su caída. Si lo amas eres suyo a pesar de tu ignorancia, poca fe, defectos y pequeñez.
2. Es la condición indispensable para la comunión con Cristo y con los hermanos: sólo el amor atrae, ata y retiene. El que ama a Cristo desea estar con Él (María a sus pies). El común amor a Cristo une a los creyentes. Las diferencias en fe los han separado muchas veces.
3. Es garantía de una fe sana: el que ama a Cristo hará lo posible por entender sus palabras. Los sabios no conocieron a Cristo; pero sí los humildes que lo amaron. El gran amor de Juan por su Maestro le hizo comprender mejor que otros su gloria. El amor no permitirá la aceptación de ninguna doctrina denigrante para Cristo.
4. Es la seguridad de un carácter santo: el resorte de la vida del cristiano no es el terror. Jamás podrá el hombre obedecer la ley por sólo temor del castigo. Pero «el amor de Cristo nos constriñe». El que ama quiere agradar al amado: quiere imitar al amado; quiere ser digno del amado. Quien ama a Cristo experimentará la transformación de su carácter. No querrá infamarlo.
5. Es la condición de un servicio fiel:
a) El que ama desea servir.
b) El que ama servirá con celo y gozo.
c) El servicio de amor será eficaz.
CONCLUSIÓN: a Pedro, porque lo amaba, encomendó el Señor el cuidado de sus ovejas. Ningún trabajo, humilde o grande será acepto sin amor. ¿Amas tú a Cristo?
46. EL SECRETO DEL PODER DE LA IGLESIA
(Hechos de los Apóstoles)
1. Unánimes en la oración (1:14).
2. Unánimes en esperar el poder (2:1).
3. Unánimes en el templo (2:46).
4. Unánimes en la alabanza (4:24).
5. Unánimes en oír el mensaje (8:6).
47. TRES VERBOS DE GRAN SIGNIFICADO
(Mateo 11:28)
1. «Venid»: la gran invitación (Mt. 11:28).
2. «Aprended de mí»: el gran ejemplo (Mt. 11:28).
3. «Estad en mí»: la gran bendición (Jn. 15:4).
48. EL LLAMADO DE CRISTO
(Juan 10:27)
Hay por lo menos ocho ocasiones diferentes donde el Señor Jesucristo nos ordena diciendo, «Sígueme», y en estas ocasiones tenemos un llamado con ocho aspectos diferentes:
1. El llamado a la salvación (Jn. 1:43).
2. El llamado a la concentración (Jn. 21:19–22).
3. El llamado a la separación (Mt. 8:22).
4. El llamado a la negación del «yo» (Mt. 16:24).
5. El llamado a la consagración (Mt. 19:21).
6. El llamado a la imitación (Jn. 12:26).
7. El llamado al servicio (Mt. 4:19).
8. El llamado a sí mismo (Mt. 9:9).
49. LA PALABRA DEL ESPÍRITU SANTO
(Hechos)
INTRODUCCIÓN: por lo menos, siete veces encontramos al Espíritu Santo hablando en los Hechos de los Apóstoles, o al menos se hace referencia a Sus palabras, y en cada porción se nos recuerdo Su personalidad y autoridad.
1. Palabras de profecía (1:16): por una parte corre un lado del velo que esconde el futuro y nos permite ver lo que va a ocurrir en los días que han de venir.
2. Palabras que guardan nuestro andar (15:28): en su amor y fidelidad, el Espíritu nos muestra todo aquello que sea ajeno a la voluntad de Dios y se interponga en el camino del creyente para impedirle la victoria.
3. Palabras que guían (16:6): Él es el Señor, el Espíritu, por eso no ha de permitir a sus siervos ir donde ellos quieran. Él tiene el derecho de dirigir y el poder para prohibir.
4. Palabras de advertencia (20:23): en el camino de todo hijo de Dios acechan el peligro y la persecución, pero el Espíritu Santo nos da las advertencias necesarias para prevenirnos.
5. Palabras de predicción (21:11): paz y persecución, pruebas y triunfos, conflictos y conquistas van juntos, pero Aquel que nos predice lo uno, nos garantiza lo otro.
6. Palabras de reproche (28:25): permanecer sordos a las súplicas de Cristo, y ciegos a su belleza, es caer en un estado verdaderamente lamentable.
7. Palabras de selección (13:2): Pablo y Bernabé no fueron los encargados de escogerse y separarse para el servicio del Señor, ni tampoco fueron elegidos por los hombres, sino que fue el Espíritu Santo mismo quien los apartó para el ministerio del Evangelio. El los llamó, los capacitó, los cualificó y les llenó de poder (anécdota: cuando Thomas Hooker se estaba muriendo, alguien le dijo:
—Hermano, vas a recibir una recompensa por tu labor.
Pero él le contestó humildemente:
—Hermano, voy a recibir es misericordia).
50. SI ALGUIEN…
(Juan 12:20–26, 44–50)
1. Vida eterna: «Si alguien come de este pan, vivirá para siempre (Jn. 6:51). La vida eterna es la bendición positiva el Evangelio.
2. Secreto del conocimiento: «El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios» (7:17). Los secretos del Señor son para los que le temen.
3. Satisfacción: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba». Al que le falta Cristo, le falta todo.
4. Salvación: «El que entre por medio de mí, será salvo» (10:9). Cristo es la entrada a cada bendición.
5. Andar: «El que anda de día, no tropieza» (11:9). Andar en la luz es vivir la vida justa.
6. Siguiendo a Cristo: «Si alguno me sirve, sígame» (12:26). La forma de servir al Señores seguirle fielmente.
7. Honrado: «Al que me sirva, mi Padre le honrará» (12:26). Lo que se hace para Cristo, es reconocido por el Padre como si lo hubiéramos hecho para Él.
8. Juicio: «Al que oye mis palabras, y no las guarda, la palabra que he hablado, ella le juzgará en el último día» (12:47, 48). El juicio se basará en la forma en que los hombres han tratado a Cristo y a su Palabra.
51. SÍGUEME
(1 Juan 3:1–5)
El mandamiento de Cristo es «Sígueme». Pensad en los lugares en los cuales andaba Cristo, y ved de qué forma somos llamados a seguir en las esferas espirituales.
Es Él que nos compromete a que le sigamos hasta:
1. El pesebre de la humildad (Fil. 2:5–8).
2. El Nazaret del ministerio (Lc. 4:18; Ro. 13:4–11).
3. El Jordán de la consagración (Mt. 3:15; Ro. 12:1).
4. El desierto de la tentación (Lc. 4:1; 1 Co. 10:13).
5. El monte de la instrucción (Mt 5:1; 1 Co. 2:9–11).
6. El campo de servicio (Hch. 10:38; 20:19).
7. El Jardín del Getsemaní (Lc. 22:39–42).
8. La cruz del Calvario (He. 13:12, 13).
9. La tumba de la resurrección (Ro. 8:11).
10. El trono de la ascensión (Col. 3:1, 2).
11. La esperanza de gloria (1 Jn. 3:2, 3).
52. LA PRESENCIA DE DIOS
(Éxodo 33:14–16)
INTRODUCCIÓN:
—Significado del texto que se encuentra en la lección de la Escritura.
—Problemas de Moisés por la desobediencia de la gente.
—Observemos que la oración de Moisés era:
1. La voz de la experiencia:
a) El había conocido previamente el significado de la presencia divina.
b) También habla visto la futilidad del esfuerzo humano sin Dios.
2. La voz de la conciencia:
a) Cuando Dios se manifiesta todas las necesidades son cubiertas.
b) La gloria manifestada en la nube hará emerger los escombros de la iglesia.
3. La voz de la desesperación (v. 15):
a) No era una desesperación pesimista, sino la conciencia de que una obra sobrenatural no puede hacerse mediante fuerzas humanas.
b) Es un prerrequisito al perdón y a la visitación divina.
4. La voz de la identificación personal:
a) Moisés estaba orando por sí mismo. «Si tu presencia no ha de ir conmigo …».
b) La presencia de Dios con Moisés hizo que la gente adorara (vv. 10).
53. SIGNIFICADO DE LAS SIETE PALABRAS DE CRISTO EN LA CRUZ
(Lucas 23:34)
INTRODUCCIÓN: todos aquellos que hayan leído con algún cuidado los Evangelios habrán notado que hallándose el Señor Jesucristo clavado en la cruz pronunció siete frases notables, que han sido la admiración de los hombres, llamadas vulgarmente «Las siete palabras de Cristo en la cruz». Como esos siete memorables dichos, proferidos por nuestro Señor momentos antes de expirar, están llenos de profundo significado, heme propuesto disertar brevemente sobre ellos, contando, como creo contar, con la benévola atención de cuantos se dignan leer este artículo.
1. La primera de esas siete palabras es: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc. 23:34). ¡Cuán sublime se nos muestra el Salvador al pronunciar estas palabras! Y cuánta enseñanza encierra esta frase para todos nosotros ¡Mirad como no obstante las horribles afrentas y los groseros vilipendios de que es objeto, unidos a las blasfemas injurias que sus crueles enemigos los fariseos y los sacerdotes le dirigen, lejos de amenazarlos de tomar venganza del mal que le hacen o de maldecirlos más bien les perdona con toda su alma? añadiendo a su propio perdón el ruego fervorosos dirigido a su eterno Padre, para que sea servido perdonarles, alegando que «no saben lo que hacen». Pidamos a Dios que nos dé a nosotros el mismo espíritu de perdón que tuvo el Redentor de los hombres, para que cuando seamos ofendidos o maltratados por alguien, le podamos perdonar con la misma espontaneidad y presteza con que el Señor perdonó a los que tan mal le trataban.
2. La segunda palabra es: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc. 23:43). Estas palabras fueron dirigidas por el Señor a uno de los ladrones que hablan sido crucificados con él, como respuesta a las que aquél le acababa de dirigir de que se acordase de él cuando viviese en su Reino. Cuán feliz se debió sentir aquel malhechor al oír de los veraces labios de Cristo tan inesperada respuesta. Sí, esto de que le hubiese pedido que se acordase de él cuando viniese a reinar sobre la Tierra. y que le contestase que aquel mismo día estaría con Él en la mansión do reina perenne paz y se disfruta de sempiterna bienaventuranza, debió de sonar cual música divina en oidor del arrepentido criminal. ¿Qué aprendemos nosotros de este incidente? Esto: Que así como el Señor se mostró benigno y perdonador para con un hombre tan malo y cruel, como lo habla sido aquel feroz bandido, que habla sido salteador de caminos, robando a multitud de infelices viajeros y quitando la vida a innumerables desventurados que hablan caído en sus sanguinarias garras, así también se mostrará clemente y perdonador para con todos aquellos que, arrepentidos de todo corazón, acudan a él por fe, como acudió el moribundo ladrón. Y del propio nardo que a él le perdonó enseguida sin echarle en cara los pecados y crímenes que había cometido, así también perdonará a todos aquellos que con fe viva confíen en su sangre eficaz, vertida gota a gota en el leño de la cruz. Armémonos, por tanto, de fe y resolución y acudamos al Señor, que nos llama, diciendo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar» (Mt. 11:28). Desechemos de nosotros todo temor de que nos deseche, ya que Él ha dicho: «El que a mí viene, yo no le echaré fuera» (Jn. 6:37).
3. La tercera palabra del moribundo Señor en la cruz es: «Mujer, he ahí tu hijo; hijo, he ahí tu madre» (Jn. 19:26). Reparemos con qué filial amor y solicitud se preocupa el Salvador por aquella que lo había llevado en sus entrañas por espacio de nueve meses. ¡Cuán humano se muestra Jesucristo en este particular! Aprendamos en Él no sólo a honrar y respetar a los que nos dieron la existencia, sino a velar por ellos con amor filial, sobre todo, cuando se hallaren en la vejez e incapacitados para valerse a sí mismos. No seamos como muchos hijos ingratos que, pudiendo ayudar a sus ancianos padres que se hallan poco menos que en la miseria, no lo hacen de puro egoístas y malos. Y así, mientras ellos viven en muchos casos rodeados de toda suerte de comodidades—y hasta con lujo—sus ascendientes inmediatos se hallan carentes de lo necesario para subvenir a sus más apremiantes necesidades. Aprendamos de Jesucristo a honrar como se debe a aquellos que nos dieron el ser, nos criaron y nos encaminaron con sus luces y consejos.
4. La cuarta palabra del Redentor es: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mt. 27:46). Estas palabras, proferidas por el Salvador al verse desamparado de Aquel con el cual había mantenido la más íntima y dulce comunión desde toda eternidad, revelan la honda tristeza de su alma, al cerciorarse de que su Padre celestial lo había abandonado. Pero se preguntará: ¿Por qué lo abandonó cuando más necesitado estaba de su apoyo y fortaleza?» Porque en aquel momento Él cargaba—como dice el profeta Isaías—nuestros delitos y pecados; y Dios. que es santísimo, y que por lo mismo odia al pecado con perfecto odio, apartó la vista de Él, por cuanto en aquel momento hacia cuenta que Jesús no era su Hijo, sino el substituto de la pecadora humanidad, que sufría el castigo que merecían los pecados y crímenes cometidos por los hombres. Un célebre comentador de la Biblia, exponiendo estas palabras de Cristo en la cruz, dice: «Estas son expresiones de la humanidad del Señor, reducida a las más terribles agonías, para satisfacer a la justa ira de su Padre por los pecados del mundo, que de algún modo los había hecho suyos tomándolos a su cargo. El Señor representa allí todo el linaje humano, y se hace como uno de nosotros, que somos pecadores». Sí, Dios, al dejar que su Hijo bebiese solo el cáliz de la amargura y lo apurase hasta las heces, lo hizo para que nuestros pecados fuesen castigados con todo el rigor que la justicia divina pedía, a fin de que después Dios, sin dejar de ser justo, pudiese ser misericordioso con todos los que se arrepintiesen de Corazón y confiasen en la perfecta eficacia del sacrificio de su Hilo en la cruz, perdonándoles sus pecados y librándolos de toda condenación.
5. La quinta palabra del Redentor es: «Tengo Sed» (Jn. 19:28). Es natural que la tuviera. Todos sabemos que uno que ha sido herido de alguna gravedad suele experimentar una gran sed como efecto de la intensa fiebre que le sobreviene; y Jesucristo, que estaba herido en su santa cabeza con la corona de espinas, herido en sus adorables manos y en sus venerables pies con los agudos clavos con que lo hablan clavado, experimentó una terrible sed. Pero no es sólo sed física la que experimentó, sino otra clase de sed. No sed de venganza ni de justicia por las vejaciones que sufría, sino la sed moral de ver a los hombres reconciliados con Dios mediante la fe en su sangre purificadora. Esta clase de sed todavía la sigue Entiendo el Hijo de Dios: la sed o ansia de que los hombres se salven. Aplaquemos esa ardiente sed del Salvador—puesto que de nosotros depende el aplacarla—arrepintiéndonos de corazón de nuestros yerros y pecados para servir y amar a Dios durante lo que nos resta de vida en la Tierra.
6. La sexta palabra pronunciada por el Salvador es: «Consumado está» (Jn. 13:30). Sí, la obra de la redención del género humano, decretada desde toda eternidad—obra que los profetas y santos habían ardientemente deseado que se cumpliese—estaba realizada. Las fatigas y dolores que Jesús padeciera para llevar a cabo su ministerio mesiánico; las burlas y persecuciones, las angustias del Getsemaní y de la cruz han llegado a su fin, y el hombre ha sido redimido. ¡Consumado está! ¡Qué bella y dulce expresión! ¡Cuánta consolación encierra para el alma ávida de perdón! Ahora bien, si la obra de la redención ha sido consumada, quiere decir que es algo perfectamente hecho y que nada hay que añadir de nuestra parte, ya se trate de penitencias, o de obras meritorias por cuanto todo lo hizo de forma perfecta y cumplida el Hijo de Dios. Confiemos, pues, en los efectos de esa obra perfecta y tengámonos por salvos. En señal de gratitud, adoremos y alabemos al Hijo de Dios por haber querido morir por nosotros en la cruz.
7. La séptima y última palabra del Hijo de Dios en la cruz es: «Padre, en tus manos encomiendo mí espíritu» (Lc. 23:46). He aquí en qué términos encomienda Jesús su alma a Dios, su Padre celestial. También nosotros hemos de partir algún día de este mundo. No sabemos cuándo, ni dónde, ni cómo será; lo que si sabemos de seguro es que hemos de partir.
CONCLUSIÓN: ¿A quién encomendaremos nuestra alma en la hora suprema de la muerte? Para que la podamos encomendar a Dios es del todo necesario que nos arrepintamos sin tardanza de nuestro pasado, y nos convirtamos al Evangelio, confiando muy de veras en el sacrificio de Jesucristo consumado en la cruz. Y así, cuando suene la hora de partir de esta vida, lo haremos tranquilos y confiados, exclamando como el Salvador: «Padre celestial, en tus manos encomiendo el alma mía» y un cortejo de ángeles nos conducirá a las eternas moradas de la luz.
54. SÍRVASE EXCUSARME
(Lucas 14:18–20)
1. «No es para mí» (Jn. 1:12).
2. «No soy suficientemente bueno» (Jn. 3:3).
3. «No me preocupa» (Jn. 3:36).
4. «No siento nada» (Jn. 5:24).
5. «No hay esperanzas para mí» (Jn. 6:23).
6. «Hay demasiados hipócritas en la Iglesia» (Jn. 6:70).
7. «No puedo creer» (Jn. 7:17).
8. «Se reirán de mí» (Jn. 9:20–22).
9. «No puedo mantener mi salvación» (Jn. 10:27–30).
10. «Hay demasiadas cosas que dejar» (Jn. 12:24, 25).
11. «Yo no creo en Cristo» (Jn. 14:1–6).
12. «Lo he tratado una vez y he fallado» (Jn. 21:3–6).
55. «¡HE AQUÍ, VENGO PRONTO!»
(Apocalipsis 22)
Tres veces:
1. «Vengo pronto» (v. 7): al discípulo.
2. «Vengo pronto» (v. 12): al siervo.
3. «Vengo pronto» (v. 20): a la novia.
56. MICROMENSAJES
(Gálatas)
Hay cinco aspectos de la crucifixión como un acto correlativo del cristiano y Cristo Jesús. Abra su Biblia en la Epístola a los Gálatas y considere los siguientes puntos:
1. Yo crucificado en Cristo (2:20): es decir, que por la fe participo del sacrificio de Cristo en la cruz, ya que Él llevó sobre el madero todos mis delitos y transgresiones.
2. Cristo crucificado por mí (3:1): Él fue víctima propiciatoria de mis culpas. Yo debía haber sufrido el castigo eterno; pero Cristo me libró de ello al sufrir la muerte por mí.
3. La carne crucificada en mí (5:24): he muerto con Cristo. Ya no vivo para el pecado. Ya no vivo para servir a la carne, sino al Espíritu. Soy una nueva criatura con una nueva personalidad.
4. El mundo crucificado para mí (6:14): ya no pertenezco al mundo. Estoy en él; pero no pertenezco a él. Soy de Cristo y mi patria es el Cielo. Por lo tanto, el mundo con sus vanidades está crucificado, es decir muerto para mí.
5. Yo crucificado al mundo (6:14): ni mi vida ni mi corazón le pertenecen. Estoy muerto para él. ¡Tanto mejor! Ahora vivo para Cristo y a él quiero dedicar mi vida por completo.
57. EL EVANGELIO SEGÚN JONÁS
(Jonás 1:1)
INTRODUCCIÓN: Jonás tuvo mucho que aprender. Dios le dio escuela práctica, y le hizo aprender. Y aprendió lo mismo que nosotros predicamos y que llamamos el Evangelio.
1. Acerca de Dios aprendió:
a) Que Dios es soberano, que él reina. No hay otra doctrina que tanto se necesita predicar hoy día. Pues los hombres han olvidado, hasta los mismos cristianos, la soberanía y majestad divinas.
b) Que Dios está en todas partes. Es omnipresente. Nadie puede huir de Dios, ni esconderse de él. Jonás trató de hacer eso, pero no pudo.
c) Que Dios se interesa en los hombres, hasta en las noción es paganas. Que Dios ama al pecador y desea salvarlo no es doctrina netamente del Nuevo Testamento. Desde el principio ha sido así, y lo será hasta el fin.
d) Dios castiga a los suyos cuando se rebelan. Esta doctrina se ha ido algo al olvido en estos últimos años, lo mismo como se había ido en el tiempo de Jesús. Pero Jonás la aprendió y nosotros debemos predicarla.
2. Acerca del pecado aprendió:
a) Que Dios no tolera el pecado, ni en los paganos ni en sus siervos. El mismo Dios que amenazó con castigo a Nínive también castigó a Jonás el ministro.
b) Dios es justo, y por lo tanto odia el pecado. Se puede conocer cuan santo es uno viendo cuánto aborrece el pecado. Y como Dios odia el pecado, ha denunciado juicio sobre él y sobre el pecador.
c) Dios perdona el pecado cuando hay un verdadero arrepentimiento de parte del hombre hasta de los más malos.
3. Acerca de la salvación aprendió:
a) Que la salvación es de Dios (2:10). Cuando Dios nos sal va es a base de su soberanía, como un favor, y no por obligación o por necesidad de él.
b) Que Dios da la salvación a todos los que se arrepintieren sin hacer acepción de personas. Tuvo misericordia sobre los marineros, sobre Jonás y sobre los ninivitas. A todas las naciones y razas Dios ofrece la salvación. «No hay diferencia …»
c) Que la salvación es a base de arrepentimiento de parte del hombre.
CONCLUSIÓN: tú también podrás ser salvo si te arrepientes del pecado y te conviertes a Dios.
58. EL LIBRO DE JONÁS
(Jonás 1:1)
INTRODUCCIÓN: Las lecciones de Jonás …
—El plan universal de Dios para nuestra salvación. En tiempos del Antiguo Testamento Jonás tuvo que aprender lo mismo que Pedro en los tiempos del Nuevo Testamento: que los gentiles reciben arrepentimiento para vida lo mismo que los judíos. Compárese la experiencia de Pedro con Cornelio.
—Que Dios, a la vez que justo, es también un Dios de misericordia y de perdón y amor. Compárese la historia del Hijo Pródigo, y la de la Oveja Perdida. Hay muchos fariseos todavía en el mundo que creen en su propia justicia.
—Los cristianos deben predicar a todo el mundo. La obra de Cristo es mundial, y no sólo para nuestra raza.
1. Dios y los predicadores:
a) El que llama es Dios: aun cuando, como Jonás el ministro es malo e indigno, el pecador debe atender al mensaje de Dios. Los miembros de una iglesia no deben desechar nunca el mensaje bajo pretexto de que el ministro es indigno. Donde el mensaje es de Dios hay que atenderlo.
b) Hasta los ministros a veces pecan y necesitan la disciplina divina. Y, ¿qué diremos de los demás cristianos? Todos estamos expuestos a tentación y necesitamos la corrección.
c) Dios no permite al hombre negar su servicio si esto estorba al plan divino. Cuando le place puede mandar una tempestad, una ballena; o derrivarle a uno al suelo, como lo hizo con Saulo de Tarso, para obligar la obediencia. Saulo aprendió; Jonás siguió rebelde, aunque tuvo que obedecer.
d) Nadie puede escapar de la presencia de Dios.
e) Hay un patriotismo falso. El patriotismo verdadero trae lealtad a su patria, y trata de mejorarla y acatar sus leyes. El patriotismo falso, en cambio, odia a las otras naciones y no quiere su bien.
f) Jonás nunca aceptó de lleno la voluntad divina: aun cuando, después de su experiencia en la ballena, se vio obligado a obedecer a Dios, nunca entregó su corazón, y siguió criticando y rebelándose. Cuántos cristianos hay todavía que así ceden a la necesidad, pero que nunca llegan a amar a Dios ni su palabra.
g) Dios castigó a Jonás. Dios enseñó, por medio de la calabacera, donde estaba el error de Jonás.
2. Los resultados de la obediencia de Jonás: aunque la obediencia de Jonás fue de mala voluntad, y aunque él nunca se entregó de corazón a Dios, no obstante su obediencia tuvo algunos resultados:
a. El mundo físico obedeció a Dios y cooperó para hacer su voluntad. La tempestad se calmó. La ballena vomitó a Jonás en tierra. El mundo se normalizó.
b) La ciudad de Nínive se arrepintió. Es una de las maravillas de Dios, lo que él puede hacer con materiales pobres. El maestro obrero que es bueno puede hacer buen trabajo con herramientas malas. Qué maravilla que Dios puede usarnos, tan indignos como somos. Una prueba de la existencia de Dios es que él puede dar golpes rectos con palo chueco. A pesar de lo indigno de Jonás, Dios con él salvó a los miles de Nínive.
3. Los pasos en la rebelión de Jonás:
a) Se negó a predicar.
b) Huyó de la presencia de Dios.
c) Prefirió morir ahogado antes que predicar a otra nación.
d) Obligado a predicar, predicó nada más que juicio, sin perdón ni misericordia (¿Qué pasaría hoy día en mi pueblo si el ministro así hiciera? ¿Traería un avivamiento?)
e) Mostró, cuando Nínive se arrepintió, que su propio arrepentimiento había sido parcial, superficial, no de corazón. Aún odiaba a Nínive, y se sentó para gozarse en la destrucción de la ciudad.
f) Se enojó con Dios. Hoy día también hay predicadores amargados, con lengua de ácido, que se quejan continuamente de las injusticias que sufren y de cuánto ellos han sacrificado para Dios sin recibir paga.
CONCLUSIÓN: hermano, tengamos cuidado de que nuestro arrepentimiento sea genuino y completo. Estemos totalmente seguros de que servimos a Dios con todo el corazón, y no por fuerza: «Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe». Amemos a Dios y a nuestro prójimo.
59. LAS GRANDES MARAVILLAS DE JONÁS
(Jonás 1:1)
1. El libro:
a) La Biblia nos cuenta muchas maravillas, incluyendo las del libro de Jonás. Como alternativa a la historia bíblica, nos ofrecen la locura de la evolución: que el hombre desciende de las bestias del campo. Negando que la ballena tragó a un hombre, quieren que los hombres se traguen un monstruo, un dinosaurio, un gorila. Ciertamente el que Jonás haya sido tragado por un monstruo marino y vivido es una maravilla. Pero mayor maravilla sería que el Dios que hizo cielo y tierra no hubiese podido hacer un pez que se tragara a un hombre.
b) A la vez el libro de Jonás es una profecía en forma de historia. Pues Dios, quien todo lo sabe antes de que ocurran los acontecimientos, preparó al pez para que sirviera como tipo del entierro de Cristo.
2. El predicador:
a) Qué maravilla ver a un judío predicando en una ciudad de los gentiles, máxime cuando era la capital de una nación enemiga.
b) Qué maravilla ver a un predicador que no quería predicar: que tenía que ser obligado a predicar.
c) Qué maravilla ver a un predicador que no quería que le escuchara la gente a quien predicaba.
d) Qué maravilla ver en el Antiguo Testamento a un misionero para un país extranjero. Pues el mundo cree que el Antiguo Testamento era sólo para los judíos, y que la obra misionera comenzó con Pablo.
3. El mensaje:
a) Qué maravilla que Dios se interesa en los gentiles, en los pecadores malos.
b) Qué maravilla que Dios se digna usar a un hombre perverso, rebelde y malo. El mundo cree que sólo los santos pueden entrar en el plan de Dios.
c) Qué maravilla que un hombre pecador llegara a ser un tipo de Cristo.
d) Qué maravilla que un mensaje de destrucción y juicio pueda llegar a ser un mensaje de salvación, por la obra del Espíritu Santo, y producir arrepentimiento.
e) Qué maravilla ver que un avivamiento de cuarenta días haya tenido efecto tan largo. Pues nos dice la historia que Dios perdonó la ciudad de Nínive por ciento cincuenta años más. Verdaderamente la misericordia de Dios está sobre los hijos de los que le sirven, hasta la cuarta generación. Y por muchos años no levantaron la mano contra los del pueblo de Dios.
CONCLUSIÓN: queda otra maravilla … Este mismo Cristo también a ti te quiere salvar y te salvará si te arrepientes.
60. ENSEÑANDO EN
1 TESALONICENSES
LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO
1. La forma de su venida:
a) Personal: «El Señor mismo» (4:16).
b) Gloriosa: «Cielo», «ángeles», «trompetas» (4:16).
2. Propósitos o resultados de su venida:
a) Para levantar a los santos que duermen de entre los muertos (4:16).
b) Para transformar a los santos que vivan (4:17).
c) Para llevar a cabo la unión eterna con Cristo (4: 17).
d) Para completar la santificación de los creyentes (3:13; 5:23).
e) Para recompensar a los fieles obreros (2:19).
f) Para traer destrucción repentina a los incrédulos (5:3).
3. El tiempo de su venida:
a) El tiempo exacto no se puede ni se debe de saber (5:1, 2).
b) Para los inicuos su venida será repentina e inesperada.
c) No necesariamente así para los creyentes (5:4).
d) Cuando la maldad abunde en la Tierra (5:3).
4. La actitud de la iglesia hacia su venida:
a) No debe estar ignorante al respecto ni andar ligeramente descuidando su santidad (1:10; 4:13).
b) La esperanza con la cual confortar los unos a los otros en las tribulaciones (4:18).
c) Estar esperando y velando (5:6).
d) Debería de llevarnos a una vida sobria y ferviente (5:4–8).
61. ANHELO POR LA CASA DE DIOS
INTRODUCCIÓN: el Sal. 84 es un salmo de alabanzas a Dios y expresa el amor de los judíos por la casa de Dios. el templo de Jerusalén. De los vv. 5–7 se infiere que los que cantan son peregrinos en camino hacia Jerusalén, porque. como se dice en los vv. 2, 4 y 10, anhelan ardientemente estar en el templo.
¿Cómo consideraban los judíos el templo de Jerusalén?
1. Como la Casa de Dios (Is. 56:7; Jn. 2:16).
2. Como un lugar de adoración (Sal. 27:4).
3. Como un lugar de refugio (Sal. 84).
4. Como un lugar santo (Sal. 122:3; Neh. 11:1).
5. Como un lugar que responde a los ideales y anhelos más caros del pueblo hebreo.
6. Como un lugar donde se oye la voz de Dios a través de los profetas.
7. Como un lugar de solaz y reposo (Sal. 122:7).
8. Como un lugar donde se encuentra el alimento del alma.
9. Como una de las moradas de Dios (Sal. 84:1, Jn. 14:1).
10. Como un lugar de bendición para todo el que orará por Él (Sal. 122:6).
CONCLUSIÓN: ¿Es tu anhelo para estar en la casa de Dios, tan ferviente como el del rey David? ¿Has aceptado al Señor Jesús como tu Salvador personal y deseas estar en el templo y fuera de él para servirle?
62. LOS SALMOS EN LA ADORACIÓN EN LA VIDA
INTRODUCCIÓN: el título hebraico de este libro es Alabanzas o Himnos, puesto que uno de sus rasgos distintivos es la alabanza. Los Salmos son, por decirlo así, el himnario de los judíos; o como alguien dice: «El Himnario Nacional de Israel». Los Salmos estaban destinados no sólo a expresar sentimientos religiosos, sino también a ser cantados en el culto público (véase Mr. 14:26).
1. El Salmo 1 nos induce a serias reflexiones:
a) Acerca de la felicidad futura de los justos. Sal. 1:1–3.
b) Acerca de la infelicidad de los réprobos. Sal. 1:4–6.
2. El Salmo 15:
a) Este Salmo nos muestra la necesidad de la superación moral, como resultado de la salvación.
b) A este Salmo Tomás Jefferson le llamaba «el retrato de un verdadero caballero». Nos hace pensar en el poder de Dios que entra al corazón y obra en él continuamente.
3. El Salmo 73:
a) Nos inspira al acercamiento a Dios.
b) Confunde al poeta, y se pregunta: ¿Será posible que el impío prospere? En los vv. 16, 17 encontró la solución de su problema y salió de su confusión. Los vv. 24, 25 merecen ser aprendidos de memoria.
63. SALMOS DE CONFIANZA PERSONAL
INTRODUCCIÓN: por algunos salmos, los hebreos y los cristianos han entrado hasta la misma presencia de Dios en los momentos de prueba, y han venido de allí fortalecidos. Los salmos 23 y 46 merecen nuestra esmerada consideración.
1. ¿Qué bien ha hecho el Salmo 23 a todos los que han meditado en él?
a) El pueblo de Dios en tiempos de necesidad instintivamente acude a Él.
b) Él no redimido por Cristo puede encontrar salvación en Él.
c) El mismo cristiano, cualquiera que sea el lugar que ocupe en el Reino de Dios, ha recibido confianza.
d) El moribundo ha encontrado la paz.
e) El que emprende alguna tarea, cualquiera que esta sea, puede encontrar ayuda en el Cristo crucificado, sepultado y salido de la tumba, que sabe pastorear a su rebaño.
2. El Salmo 46:
a) Este Salmo consta de tres estrofas, cada una de las cuales termina con la Palabra «Selah», que significa pausa. Alguien ha dicho que esta palabra debe interpretarse: ¡Considera bien eso!
b) El v. 10 es una exhortación a permanecer en silencio delante de Dios (Is. 30:15).
c) La cláusula «nuestro refugio es el Dios de Jacob» es muy expresiva, porque el que acompañaba a Jacob, a pesar de sus debilidades, fue su Refugio, como lo es para nosotros aunque seamos muy indignos. La bondad del Padre celestial se manifiesta al darnos a su Hijo como nuestro Salvador.
64. ABRIR LAS ESCRITURAS
(Lucas 24)
INTRODUCCIÓN: esta expresión se aplica al más grande expositor del Antiguo Testamento que jamás ha pisado este suelo. ¿Y qué significa? Naturalmente expresa hallar en los hechos del Antiguo Testamento significado aplicable al Nuevo. Veámoslo:
1. Lo que hizo el Salvador (vv. 25, 26): consolar a dos discípulos desalentados que le amaban, pero le habían visto morir y creían que no le verían más (vv. 13, 14). Jesús tenía muchas maneras para alentarles. Podía haberse dado a conocer en el mismo instante, en el camino, pero no lo hizo, sino indirectamente, acudiendo a las Escrituras.
2. ¿Dónde empezó? «Comenzando desde Moisés …» (v. 27). Los libros de Moisés son los más criticados por los modernistas, pero el Señor tenía plena fe en su inspiración y veracidad. El antiguo Testamento era la Biblia del Señor no tenía otra. Lo vemos en la tentación en el desierto. Jesús, en su Período de humanidad, la amaba, la creía, la utilizaba, la predicaba (Lc. 4:21). ¿Qué tenían los cinco libros de Moisés que se refirieran a Él?
a) Probablemente empezó por la Pascua. La sangre del Cordero era un símbolo de su sangre derramada en la cruz.
b) Los altares donde las víctimas eran sacrificadas en favor de los pecados del pueblo. Los sacrificios de Abel, de Noé y de Abraham, referidos por Moisés. Todos ellos simbólicos de su sacrificio.
3. Cómo continuó: «Y siguiendo por todos los profetas …» Hubo otros profetas que hablaron todavía más claramente que Moisés del Mesías Redentor, como en Is. 53 y el Sal. 22. Notemos que aquí el expositor de éstos y otros pasajes no fue un pastor o comentarista de nuestros días, sino el Señor Jesús mismo.
4. Cómo lo hizo el Salvador: de memoria. No había biblias de bolsillo con referencias en aquellos tiempos. El Señor citó las Escrituras de memoria …
a) En el desierto (Mt. 4:6–10).
b) En el templo (Mr. 12:36).
c) En la misma cruz (Jn. 19:28).
d) En el camino de Emaús (Lc. 24).
5. Sigamos su ejemplo: aprendamos de memoria trozos de su Palabra …
a) Para casos de emergencia cuando tenemos que hablar dando las Buenas Nuevas a algún alma.
b) Para propio refrigerio espiritual. En las horas de comunión personal con Dios.
c) Para edificación de nuestros hermanos.
CONCLUSIÓN: aprendamos no sólo la letra o la historia, sino su significado, tal como Jesús lo hizo al «abrirles las Escrituras».
65. APETITO PERVERTIDO
(Isaías 44)
INTRODUCCIÓN: esta porción del Antiguo Testamento es, como muchos pasajes bíblicos, un mensaje para Israel según la carne, el primer pueblo de Dios que existió en el mundo con valiosas enseñanzas para los que por la fe en el Señor Dios Jesucristo el Redentor hemos venido a ser el más amplio y positivo «Israel de Dios» (Gá. 6:16) Este capítulo tiene tres pasajes bien distinguidos:
—La existencia y presciencia de Dios (vv. 2 y 8).
—La insensatez de la idolatría (vv. 9–20).
—El propósito redentor de Dios (vv. 17–27).
—La predicción más inmediata es respecto a Ciro, el futuro rey del Imperio babilónico (v. 28), una petición exactamente cumplida en la historia del mundo
1. El reto de Dios a los llamados dioses de todos los pueblos: Dios es el autor de toda la humanidad, de la cual escogió primeramente a Israel. Es hermosa para todos los tiempos la declaración del v. 6: «Así dice Jehová rey de Israel y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero y el postrero, y fuera de mí no hay Dios».
2. El desafío particular a la idolatría de todos los tiempos:
a) A partir del v. 9 el profeta nos introduce en una fábrica de ídolos, primero de metal, donde hombres forzudos están fabricando un dios que no puede moverse, ni andar, ni hacer nada de las muchas cosas que su Hacedor puede hacer … Nunca un hombre de carne puede producir un dios.
b) Describe a continuación una fábrica de ídolos de madera: la idea de los idólatras es que la imagen representa a un dios invisible y poderoso. La idea primitiva es de algún hombre que existió y a su muerte se convirtió en un dios. Esto entusiasma al idólatra. En los países más remotos aun las imágenes más feas son miradas con admiración por los devotos. Les parece hallar vida en la expresión de sus rostros que el artista formó con más o menos arte.
c) Pero ¿cuál es el calificativo que el Espíritu del verdadero Dios aplica a tales adoradores? «De ceniza se alimenta …» (v. 20).
3. La sabia disposición divina en la creación de alimentos: Dios fue preparando la tierra antes de poner la vida vegetal sobre este planeta, la proveyó de agua y de sustancias químicas que, absorbidas por las plantas, producen una variedad magnífica de diversos frutos. Debemos recordar que a los primeros animales, y asimismo al primer hombre en el Edén, Dios les dijo: «He aquí que os he dado toda planta que da semilla que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay frutos y que da semilla os serán para comer, y de toda bestia de la tierra y de todas las aves de los cielos y a todo lo que se arrastra sobre la tierra y tiene vida, toda planta verde os será para comer». De modo que el primer hombre, Adán, era vegetariano, imitando a los seres predecesores de la creación del hombre, las bestias de la tierra y las aves de los cielos y los peces del mar. ¿Por qué razón al hombre no le fue dado alimentarse de carne hasta después del Diluvio? Yo veo un propósito divino; además de la salud física para los primeros pobladores del mundo, existía en el plan de Dios el propósito de dar a conocer a su pueblo que el Redentor prometido tendría que redimir a los hombres por medio de un sacrificio cruento, como fue realizado por Jesucristo en la cruz y prescribió los sacrificios levíticos, de otra manera Juan el Bautista no hubiera podido decir cuando vio a Jesús acercarse al Jordán donde él bautizaba: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», y los apóstoles no hubiesen podido presentar al Redentor doliente de Is. 53 con tantas figuras retóricas que en todo tiempo han conmovido los corazones de aquellos que pueden decir: «Nosotros le amamos a Él, porque Él nos armó primero». Ni aún hoy día los hombres no pueden prescindir de la creación vegetal para proveer alimentos a los recién nacidos.
4. La perversión del apetito natural, figura del espiritual: Dios creó al ser humano con una doble naturaleza, la natural o física y la espiritual, de este modo le dio facultades que no posee ningún otro ser físico de los que han vivido o viven sobre la tierra. Es verdad que entre los pueblos menos civilizados y más pobres de la tierra, hay algunos que se alimentan de puñados de tierra. Pero éstos no proveen en realidad alimentos como aquellos procedentes del mundo vegetal. La peor perversión de un apetito físico es alimentarse de ceniza, que es un producto resultado de la combustión de plantas secas. Y es a esta figura a la que Dios apela para dar a entender la locura e insensatez de la idolatría; no obstante el enemigo ha sido tan astuto que muchísimos hombres hallaban placer en absorber los humos de ciertas plantas como el tabaco o el opio, y otras drogas del Reino vegetal. A veces, discutiendo con hermanos fumadores, les he hecho notar esta perversión del apetito natural y su respuesta es siempre la misma: «No hallamos ninguna prohibición del tabaco en la Sagrada Escritura», a lo que he respondido recordándoles que el hombre no es un ser puramente animal, citándoles las palabras del apóstol Pablo en Ro. 8, que los cristianos no vivimos «según la carne», o en otras palabras, «para dar satisfacción a la carne», sino a las dos partes que Dios ha concedido a los seres humanos, la carne y el espíritu, y que el espíritu puede encontrarse como el de los antiguos idólatras, que eran acusados por Dios de alimentarse «de cenizas», citándoles el texto de Mt. 4: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios». Esto puede tener diversas aplicaciones, no sólo al tabaco, sino aun a las ideas que entran a la mente mediante la lectura. Una novela mundana puede ser para el no creyente una ayuda intelectual por la provisión de palabras y frases bien hilvanadas, pero para el cristiano fervoroso es como llenar el estómago de tierra o de ceniza.
5. Facultades superiores del hombre regenerado:
a) Dijimos que por estar formado de cuerpo y alma el ser humano es totalmente diferente de las bestias que se satisfacen en llenar su estómago de productos materiales del Reino vegetal, producidos por la sabiduría y poder de Dios.
b) Por la ignorancia del paganismo más antiguo, algunos seres inferiores habían sido elevados a la categoría de dioses dignos de ser adorados (véase Ro. 1:18–25), pero las facultades artísticas del hombre irregenerado fueron progresando desde los rudimentarios dibujos escenográficos de Babilonia y Egipto hasta la más esplendorosa edad de los artistas griegos, en que se llegó a crear estatuas tan reales en apariencia inferior como la Venus de Milo.
c) A la adoración efectiva de dioses y diosas paganos sucedió la idolatría cristiana, venerando como representación a personajes bíblicos que están en el Cielo, y ello llevó a una lucha cruel entre los cristianos mejor iluminados de la Reforma y los católicorromanos adheridos a una importante fracción de la iglesia cristiana, entre los cuales existen todavía hombres y mujeres que adoran a Dios y le dan gracias por su redención, en espíritu y en verdad.
d) Dentro de la Iglesia católica existían ya desde hace siglos hombres y mujeres que poseían más luz espiritual procedente del Evangelio, y escribieron libros y poesías maravillosos, como Teresa de Cepeda (Santa Teresa de Jesús) y muchos escritores religiosos de su tiempo que habían renunciado a la vida familiar intentando imitar más las virtudes morales del Evangelio.
e) Las enseñanzas éticas que Jesús trajo a este mundo, juntamente con su revelación y sus gloriosas promesas acerca del más allá, trajeron a la luz las tales enseñanzas del Evangelio que adoptaron cristianos fervorosos tildados de herejes, incluso hasta el sacrificio de sus vidas …, pero también una dispersión en grupos y partidos basada en las interpretaciones de grandes predicadores como Lutero, Calvino, Menno-Simons, y otros grupos anabaptistas que creyeron que la reforma de Lutero era el advenimiento del Reinado de Jesucristo.
f) Al aumentar el número de tales agrupaciones y extenderse sobre la Tierra, trajeron dentro de la iglesia católicorromana, la contrarreforma adherida más que nunca a los errores doctrinales de su época y entre los evangélicos una confianza quizá algo exagerada acerca del valor de la fe en contraposición de las obras presentadas por la Iglesia católica y una reacción tantoanticatólica como antievangélica en la persona de Mahoma, en cuyas filas existen personas que adoran a Alá con acciones exteriores. A la luz de Ro. 2:10–16 no sabemos hasta qué punto serán tenidos en cuenta los sentimientos piadosos y sinceros que puedan existir entre estos extraviados creyentes a quienes. empero, tenemos el deber de llevar al conocimiento del Evangelio para que puedan gozar de las bendiciones espirituales de que todo el pueblo de Dios, tanto dentro de la organización catolicorromana como dentro de los aborrecidos y perseguidos cristianos evangélicos de aquellas épocas pasadas. prevaleciendo una frialdad religiosa en todas partes del mundo.
g) El mismo arte parece que en estos últimos tiempos va en declive, comparado con las obras religiosas de siglos pasados. Pero el que ha encontrado en Cristo y en la fe de sus promesas la satisfacción espiritual no puede menos que declarar como el rey David: «Como el ciervo busca jadeante …».
6. El alimento natural, ejemplo del alimento espiritual: todos los cristianos de todos los tiempos, aun aquellos que comulgaron con algunos errores de la Iglesia catolicorromana constituyen la verdadera Iglesia de Jesucristo que Él ha de venir para evaluar sus hechos de más de veinte siglos y establecer su reinado de paz y orden superior sobre la Tierra, cuando quedará totalmente no sólo desacreditada, sino refutada la teoría materialista y renovada por una fe y gratitud viva la inspirada frase de Jesucristo en su lucha con el rey de este mundo (Satanás): «No sólo con pan vivirá el hombre, sino con toda palabra procedente de Dios» (Mt. 3:4).
7. ¿Para qué necesitamos los alimentos espirituales?
a) La función de los alimentos es triple:
—Reemplazar la energía gastada.
—Mantener la temperatura.
—Suplir nuevo material para el crecimiento.
b) Cada esfuerzo físico e intelectual gasta energía; así, cada esfuerzo espiritual, cada acto abnegado, cada amonestación que aplicamos a hermanos débiles, o para reprimir el propio yo, produce desgaste espiritual. Si no leemos la Biblia y buenos libros, ni meditamos, ni oramos. pronto no tendremos fuerzas y seremos como las personas del mundo no regeneradas por la fe de Jesucristo.
c) Si no nos alimentamos pronto, seremos tibios y disgustaremos al Señor, que ve nuestro corazón. El no quiere la tibieza (Ap. 3:15).
d) Lo necesitamos para crecer: «Creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor Jesucristo» (2 P. 3:18), decía el apóstol Pedro cuya vida fue transformada por la influencia del Espíritu Santo, y el apóstol Pablo exhorta: «Que no seáis niños fluctuantes» (Ef. 4:14) y ello ocurre por falta de alimento. Algunos cristianos nunca salen de la infancia espiritual.
CONCLUSIÓN: afortunadamente existen hoy día no solamente la Sagrada Escritura como las preciosas promesas de Jesús y los comentarios de los apóstoles, sino también muchos libros piadosos que alimentan nuestro espíritu.
Pidamos a Dios que despierte en cada uno de los creyentes un apetito espiritual sano, para que podamos alimentar nuestra alma mientras nos hallamos en la Tierra y podamos, nosotros mismos, guiados por su Espíritu, ayudar a alimentar a nuestros hermanos con alimento verdadero, basado en la Palabra de Dios, para que nuestra vida espiritual y la suya, puedan crecer hasta que Dios nos llame a su misma presencia, en donde hemos de recibir, como dice el apóstol, de acuerdo como lo que hemos hecho por medio de este cuerpo que se ha desgastando y deteriorando. Que podamos decir como el apóstol cuando se hallaba en inminente peligro de muerte: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe, por lo demás me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor Juez Justo, y no sólo a mí, sino a todos los que aman su venida» (2 Ti. 7, 8).
66. BELLAS PALABRAS DE VIDA
(Juan 5:24)
1. Notemos su autoridad: fueron pronunciadas por el Señor Jesucristo a quien Dios ha dado toda potestad (autoridad) en el Cielo y en la Tierra. Toda autoridad fue dada a Él para resucitar y juzgar a los muertos (vv. 21, 22 y 25–27. En sus manos está el destino de todo ser humano.
2. Notemos su veracidad: el Señor no puede mentir (Nm. 23:19, He. 6:18). Él es la personificación de la verdad (Jn. 14:6), y siempre habló la verdad (Jn. 8:45–46). Si creemos la palabra de los hombres, ¡cuánto más debemos creer la palabra de Dios! (1 Jn. 5:9–12).
3. Observemos su simplicidad: cuán sencilla y claramente el Señor enseña el camino de la salvación. «Oír, creer y tener» son términos comprensibles. Más sencillos no pueden haber.
4. Notemos su seguridad: ¡Qué seguridad nos proporcionan! «No vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida» (véase Jn. 10:28, 29; Ro. 8:1).
5. Notemos su bondad: el Señor sabe que somos muy lerdos de corazón para creer aun lo que Él dice (Lc. 24:25). En vez de dejarnos perecer en nuestra incredulidad, Él nos dice cariñosamente: «De cierto, de cierto os digo», poniendo doble énfasis sobre su palabra para persuadirnos a creer en Él y recibir la salvación. ¡Qué bondad! ¡Qué condescendencia!
67. CIUDADES DE REFUGIO
(Deuteronomio 19:1–10)
INTRODUCCIÓN: la costumbre del vengador y las ciudades de refugio en el Antiguo Testamento son una ilustrativa parábola del Evangelio. En aquellos tiempos, la costumbre de vengar la muerte el pariente más próximo estaba tan arraigada que no había manera de legislar en contra. Dios puso un remedio. Seis ciudades levíticas repartidas por el país, no para proteger a criminales, sino para dar tiempo a la justicia para establecer la culpabilidad o la inocencia de los culpados involuntarios. Supongamos el caso de dos leñadores y un accidentado de muerte casual involuntaria, por desprendimiento del filo del mango del hacha. El pariente más cercano al muerto tenía el deber de vengar lo que podía parecer un asesinato culpable. Sólo quedaban dos caminos al presunto culpable:
—Declararse culpable involuntario, acudiendo a la ciudad de refugio.
—Hacerse el desentendido y buscar excusas que podrían resultar inaceptables.
1. Todos hemos pecado por imprudencia: nadie es malo deliberadamente. La naturaleza, el medio ambiente, el tentador, pueden ser excusas válidas si no tuviéramos que ser juzgados por un Ser omnisciente de quien no se pueden ocultar los atenuantes ni agravantes de los acusados.
El mejor camino es:
a) Reconocernos pecadores. Con Dios es el mejor camino a tomar. ¿Quién le engañará? El fariseo de Lc. 18: Pensó que podía deslumbrar a Dios, pero el publicano sacó mejor partido (ej.: el galeote que se declaró culpable).
b) Debemos buscar refugio a tiempo. Lamentar el hecho no bastaba. El vengador llegaría mientras el homicida involuntario estuviera lamentando, pues había leyes, había remedio, debía correr. Asimismo, el pecador moral.
c) El refugio es Cristo (Is. 32:2; Mt. 11:28). Aplicar la obra de Cristo a nuestra alma o, mejor, pedir a Dios que lo haga según sus promesas, es entrar en el Refugio.
d) Recordemos que no hay refugio para los ángeles rebeldes, pero sí para los hombres; mas sería vano si no acudimos a Él (Hch. 17:30). No dice que, teniendo en cuenta la ignorancia humana, Dios no perdona a cualquiera, sino a quienes se arrepienten.
e) Jesús en la cruz reconocía la parte involuntaria del crimen de sus asesinos, pero fue necesario que los interesados corrieran al refugio el día de Pentecostés (Hch. 2:37–41) para ser perdonados y salvos.
2. Debemos apresurarnos antes que llegue el vengador: se ha dicho que la muerte es el vehículo de Dios que nos lleva a nuestro hogar. Esto es para los cristianos, pero para los indiferentes es el vengador del pecado que les lleva a la condenación (Ro. 6:23). El paso del tiempo es el gran enemigo; es una imprudencia esperarle fuera del refugio, especialmente cuando conocemos el remedio … Pretender que el vengador está lejos, porque eres joven, es una necedad. Hoy hay más peligros de muerte para jóvenes que para ancianos (anécdota: el joven que perdió el tren y declaraba al jefe de estación:
—¡Tanto como he corrido!
—Sí, pero debías haber empezado a correr un poco antes …).
3. Debemos correr por el verdadero camino: «Hay camino que al hombre parece derecho» (Pr. 16:25). Hay muchos religiosos que corren por caminos equivocados.
4. Debemos permanecer en el refugio: había una ley muy curiosa en las ciudades de refugio israelitas—era refugio hasta que muriera el sumo sacerdote de sus días (Jos. 20:2). Algunos han visto en esta Ley una referencia a la muerte de Cristo, el sumo sacerdote de todos los pecadores. Quizás es una alusión al cambio de residencia de las almas que pasaron al Hades antes del sacrificio redentor de Cristo, a las cuales Jesús acompañó al hogar celestial eterno, según aparece en Ef. 4:8.
5. Debemos procurar que los postes del camino sean claros para otros: no somos nosotros los únicos por quienes Cristo murió. Deber nuestro es procurar hacer clara la salvación a otros (Is. 35:8). Este pasaje se refiere al Milenio, pero, en tanto, los caminos a la vida eterna están muchas veces mal dirigidos. Debemos indicar el camino de salvación con nuestras palabras y ejemplo haciendo todo lo posible para guiar a cada alma por el camino bueno. Vendrá el día en que quedarán muy pocos perdidos en el mundo (Jer. 31:34). Pero entretanto que todo está lleno de pecadores errantes, que no buscan la salvación o van por caminos equivocados, vivamos para ellos. Alcemos la bandera de la salud, atraigámosles a Cristo.
68. COSAS PRECIOSAS
(1 y 2 Pedro)
INTRODUCCIÓN: llamamos preciosas a las cosas que admiramos en grado sumo, las que nos encantan o nos son muy útiles y tememos perderlas; a veces aplicamos este término a otros seres humanos o a otras cosas que son difíciles de descubrir. El apóstol Pedro menciona cuatro cosas que merecen este calificativo. Considerémoslas:
1. La fe preciosa (2 P. 1:1): esta fe se caracteriza por las siguientes cualidades …
a) Cree la Palabra de Dios (1 Jn. 5:9–12).
b) Acepta la salvación de Dios (Ef. 2:18).
c) Hace la voluntad de Dios (Mt. 7:21).
d) Soporta la disciplina de Dios (1 P. 1:6, 7).
c) Honra al Hijo de Dios (Jn. 5:23, 24).
Tal es la fe que agrada a Dios (Mt. 8:10; He. 11:5). ¿La poseemos? Dios la cuida celosamente porque es como una planta que se va agotando en el campo del mundo, hasta la Segunda Venida. Jesús dice: «Cuando el Hijo del Hombre viniere, ¿hallará fe en la Tierra?» (Lc. 18:8)..
2. La sangre preciosa (1 P. 18, 19):
a) Los predicadores modernos menosprecian este modo de expresar el sacrificio de Cristo, pero es la palabra simbólica que mejor podían entender los judíos y los primitivos cristianos, y nosotros tenemos que respetarla, pues es la expresión del amor infinito para con los hombres (Jn. 10:17, 18; Ef. 5:2).
b) La sangre de animales no podía ser aceptable sino como representación del sacrificio de Cristo, pues no podía quitar los pecados (He. 10:4–6). La sangre de Cristo era, en cambio, preciosa para Dios, y aun para los mismos ángeles, por ser la única eficaz (He. 10:5–10).
c) Ha de ser preciosa para el creyente, porque nos redimió (Ef. 1:7; Ap. 5:9).
d) Simbólicamente nos limpia, o sea, borra, hace desaparecer los pecados (1 Jn. 1:7).
e) Nos da entrada a Dios (He. 10:19–22).
3. La piedra preciosa (1 P. 2:4–8): Jesús es comparado también a una piedra, por ser el fundamento de la Iglesia, como Hijo de Dios y Redentor (Mt. 16:16); la cual es …
a) Preciosa a Dios, porque fue elegida por Él (v. 4; 1 Co. 3:11; Hch. 4:12).
b) Preciosa al creyente (v. 7), porque sobre ella puede sentirse seguro (Sal. 40:2).
4. Las promesas preciosas (2 P. 1:4):
a) Las promesas de Satanás nunca se llegan a cumplir.
b) Las de los hombres tan sólo algunas veces.
c) Pero las promesas de Dios se cumplen siempre (2 Co. 1:20). Véanse algunas de sus promesas (Sal. 55:22; Is. 1:18, 55:7; Mt. 11:28; Jn. 5:24, 14:2, 3 y 13:14; He. 13:5; Ap. 2:10).
CONCLUSIÓN: ¿No es cierto que tales promesas son más preciosas que diamantes?
69. CUATRO MIRADAS A SODOMA
(Génesis 13:1–11; 18:20–26; 19:23–29)
INTRODUCCIÓN: todas las cosas son del cristal con que se miran, dice el adagio. Una misma cosa parece ser diferente de la otra, según la opinión, los prejuicios o preferencias del que las juzga; así ocurre sobre todo en el terreno espiritual, lo que para unos es una delicia para otros es un aburrimiento; lo que para algunos es placer resulta para otros un martirio. Todo ello queda ilustrado en el caso de Lot ante Sodoma. En la historia de su vida encontrarnos cuatro miradas diferentes y escalonadas.
1. Una mirada de codicia (la mirada de Lot): esta es la que más de una vez haría desde la montaña el sobrino de Abraham. Se le ha considerado como el heredero natural del hombre de fe, Abraham, rico en bienes materiales por la bendición de Dios. La revelación de Dios le sugirió un atisbo del futuro, le dijo «a tu simiente», pero no le dijo a tu hijo, y es probable que Abraham interpretó esta palabra como «a tu parentela» y Lot podía haber compartido esta riqueza material y espiritual permaneciendo en la montaña cuando los pastores se peleaban, si su corazón hubiese sido como el del patriarca padre de la fe, a quien podía haber dicho: «Bajaremos juntos y daremos testimonio del único Dios verdadero, quizás algunos de estos ricos entenderán acerca del Dios verdadero que te ordenó salir de Ur de los caldeos». Pero no fue ésta la idea producida por las primeras miradas de Lot, quien supeditó lo espiritual a lo material. Esta mirada no le convirtió en malvado, puesto que por 2 P. 2:7, 8 descubrimos que la estancia dentro de la ciudad le producía más bien aflicción. Esto es lo que ocurre siempre, cuando los verdaderos cristianos se mezclan con el mundo y condescienden de alguna manera a su modo de vida.
2. Una mirada de juicio (la mirada de Dios): había otro testigo que miró a Sodoma, aquel de quien dijo el salmista: «Jehová miró desde los cielos …» (Sal. 14:2). «Los ojos de Jehová están en todo lugar …» (Pr. 15:3). La mirada de Dios es escrutadora. Job vio sólo lo externo de la próspera ciudad, pero Dios podía leer los pensamientos penosos de Lot, pero también las orgías y bacanales que se celebraban a puerta cerrada. los ojos del Señor ven el mundo en sus pecados y a nosotros en nuestra frialdad. Veía a Lot sufriendo y se compadeció para salvarlo de la ruina de la ciudad pecadora.
3. Una mirada de añoranza (la mirada de la mujer de Lot): por la intervención de los ángeles que descendieron a la ciudad perdida, Lot fue sacado de Sodoma, pero aquí encontramos otra mirada, la de la esposa de Lot, que fue una mirada de añoranza por lo perdido. Ella estaba a salvo y debía estar contenta y agradecida de que Dios proveyera para su salvación. ¿Por qué se volvió? Se dijo posiblemente: Quizá no está todo quemado y bajando otra vez podríamos salvar algo. Así es en el día de hoy. El mundo tiene cosas bellas y agradables. ¿He de perderlas por ser un cristiano? ¿No podría ser cristiano de espaldas al Señor y de cara al mundo? No lo decimos, pero alguna sugerencia semejante el diablo puede poner en nuestros corazones: así me libraría del infierno y no me sacrificaría tanto. Quizás no es verdad que esté todo tan corrompido como nos dicen los salmos y las epístolas, quizá podría aprovechar algo.
4. Una mirada de compasión (la última mirada de Abraham): Abraham miró sin duda a Sodoma cuando ya el fuego había producido sus efectos, dado su gran interés por la ciudad, según lo prueba su ardiente intercesión antes de que se cumpliera el juicio divino de Gn. 18:23–32. Y aún más, recordemos cómo Jesucristo mismo declaró en Mt. 11:20–24, acerca del futuro eterno de aquellas almas que no habían sido aniquiladas, sino que su responsabilidad y castigo sería más tolerable en el juicio final que el de los hombres que habiendo conocido el Evangelio redentor no hacen caso de la misericordia de Dios declarada en y por Jesucristo.
CONCLUSIÓN: que Dios nos dé miradas de compasión y acciones que correspondan a esta actitud, para con las gentes perdidas, para encaminarlas a Cristo y al Evangelio Salvador que les permita salir del camino ancho de perdición para encontrar, en Él y por Él, la vida eterna.
70. EL AVISADO Y LOS SIMPLES
(Proverbios 22:3)
INTRODUCCIÓN: el libro de los Proverbios es un caudal de sabiduría para toda clase de asuntos en la vida humana. Recordamos un santo de Dios, en los d{as de nuestra juventud, llamado don Pedro Rubio, quien decía haber adquirido la costumbre de leer un capítulo de los Proverbios cada día, de modo que lo leía doce veces al años, para tener siempre presente sus admirables consejos. Pero entre ellos hay alguno que además de ser útil para esta vida lo es también para el asunto más importante. Éste es uno de ellos. Recordemos aquí tres cosas:
1. Dos clases de personas:
a) El avisado: significa una persona que recibe un aviso de peligro y presta atención. El país de Israel era, en tiempos de los profetas, una tierra infectada de leones y otras fieras, como puede comprobarse en Jue. 14, vv. 5 y 6; Sal. 91:13, y Lm. 3:10. Se comprende que los ciudadanos se dieran avisos sobre tales peligros, pero quien más necesita recibir aviso y prestar atención a los peligros espirituales es el pecador (Ez. 18:30; Mr. 8:36).
b) Los simples: Son los descuidados, los que no quieren molestarse para nada. Hay miles así en este mundo. Ejemplos son los oyentes del Areópago (Hch. 17:32 y Félix, Hch. 24:25). Unos por ignorancia, otros por exceso de sabiduría humana (l Co. 1:27). Son legión, en el presente siglo, los que han sido confundidos de tal modo por filosofías humanas que creen que la verdad es imposible de conocer.
2. Dos acciones: «Ve el mal».
Entiende, por los avisos de la Palabra de Dios y por los ejemplos de la historia, que el pecado trae mal. Ve que este mundo está precipitándose hacia su ruina total y que la humanidad está abocada a la muerte, pero dicen: «¡No podemos evitarlo! Las cosas son así». Y ¿cuál es su acción? «Pasan». No dice que se precipiten a cometer grandes males. Hay mucha gente honrada en este mundo, pero jamás se han preocupado del porvenir de sus almas, simplemente van viviendo. ¿Eres uno de ellos?
3. Dos resultados:
a) «Escóndase» (véase Is. 32:1, 2): hay sólo un escondedero provisto por Dios en contra de la catástrofe final, el juicio del pecado. Jesús dijo: «Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados y os haré descansar» (Mt. 11:28). No hay mejor refugio ni lugar de protección que el aceptar las promesas de Jesucristo.
b) «Reciben el daño»: ¡Qué terrible es esa frase! ¿Quién puede describir todo su significado? ¿Quién puede entender lo terrible que es el daño que recibirá en la eternidad el alma no salvada? En la Palabra de Dios hay grandes amonestaciones acerca del más allá y de las consecuencias del pecado (véase Mt. 5 , 30; 2 Ts. 1:6–10). Jesús dijo de Judas: «Bueno le hubiera sido al tal hombre no haber nacido». Sin duda, habrá muchos miles a quienes se pueda aplicar esta exclamación de Cristo: grandes tiranos y grandes déspotas de la historia. Sabemos que Dios será justo y castigará a cada uno según sus obras; no será un castigo igual para todos, pero cualquiera que sea el castigo que tenga que sufrir un pecador, será una pérdida muy lamentable ante los privilegios de aquellos de quienes el apóstol Pablo dice en Ef. 1: «En el cual asimismo tuvimos suerte».
71. EL EVANGELIO DE DIOS SEGÚN ROMANOS 1
(Romanos 1)
INTRODUCCIÓN: en este capítulo hay cinco cosas que el apóstol Pablo dice y atribuye a Dios, las cuales, explicándolas por orden, nos dan una exposición completa, ordenada, del mensaje del Evangelio.
1. El Evangelio de Dios (v. 1):
a) Pablo fue llamado a predicar este Evangelio, o sea Buena Nueva, la cual tiene esta característica, muy importante para los judíos y también para nosotros.
b) Dios lo había prometido antes por boca de los profetas; puede citarse aquí (Is. 53 y otros pasajes adecuados).
2. El hijo de Dios (vv. 3, 4):
a) Nacido del linaje de David: esto era muy importante para los judíos, pero también lo es para nosotros, teniendo en cuenta las promesas del Antiguo Testamento a este respecto. A María fue anunciado que el niño que nacería sería llamado hijo del Altísimo, pero ella no podía comprender en aquellos momentos la tremenda trascendencia de tal declaración. Pero se fijó muy bien, según expresa en sus cánticos, que aquel niño prodigioso sería el descendiente de David y el Mesías o Rey de Israel. Ahora ella entiende, sin duda, que Jesús es muchísimo más que esto, y ya empezó a entenderlo cuando le vio en la cruz como Redentor.
b) La resurrección de Jesús fue la garantía de que Él era ambas cosas a la vez.
3. La potencia de Dios (v. 16): «para dar salvación a su pueblo». Éste es el glorioso resultado de ser Jesús lo que fue. Pero tal poder es un poder espiritual que es para salvación de todo aquel que cree o recibe el Evangelio, sin distinción de raza; su pueblo traspasa ampliamente las fronteras de Israel.
4. La justicia de Dios (v. 17): por medio de la obra expiatoria de Cristo Dios ha podido ser justo y justificar a aquel que acepta a Jesucristo (Ro. 3:26; 2 Co. 5:21). Los que no quieran creer tendrán que sufrir el juicio de Dios (v. 19), que tendrá que juzgar algún día el pecado de todo el mundo y perderán un gran privilegio y sufrir sus pecados, sea cual sea su condición como pecadores (Ro. 3:23; Ap. 20).
5. La gloria de Dios (v. 23): éste será como mínimo el castigo de todos aquellos que nunca oyeron el Evangelio y por tanto no pudieron ejercer la fe. En cambio los que creyeron tendrán la oportunidad de:
a) Ver la gloria de Dios (Jn. 17:24).
b) Rendirle adoración y gloria (Ap. 4:9–11).
c) Dar a conocer la multiforme sabiduría de Dios a principados y potestades en lugares celestiales (Ef. 3:10).
72. EL EVANGELIO, PODER DE DIOS
(Romanos 1:16)
INTRODUCCIÓN: la carta a los romanos fue dirigida a una iglesia no visitada todavía por el apóstol Pablo (vv. 11, 12). Sin embargo, es una de las cartas más profundas y empieza con una expresión de valentía (Ro. 1:10–17).
1. ¿De qué no se avergonzaba el apóstol? Del Evangelio. En Roma había los más famosos políticos y sabios, pero él está dispuesto dondequiera que sea, pues no hay nada de que avergonzarse. Esto podemos decir de nuestro Evangelio, que es el de Pablo. Miles de catolicorromanos han de avergonzarse de las indulgencias pagadas, del celibato del clero y sus consecuencias, en muchos casos; de tesoros acumulados en sus iglesias, mientras hay tantos pobres faltos de pan. Son elementos humanos introducidos en la religión cristiana, y les avergüenzan. Los cristianos evangélicos somos exhortados a:
a) Dar razón de nuestra fe (1 P. 3:15).
b) Ser valientes y bien preparados para aprovechar todas las ocasiones. Las dos cosas las tenía Pablo.
c) Cristo condena con una seria advertencia el avergonzarse (Mr. 8:28).
2. ¿Por qué no se avergonzaba? «Porque es poder de Dios». No sólo una religión buena y hermosa, razonable y convincente, sino «poder de Dios». Los hombres buscan:
a) Poder político o militar; pero el individuo queda esclavo de este mismo poder, pues tiene superiores.
b) El poder del dinero; pero está sujeto a crisis financieras. Pablo no tenía nada de esto, pero triunfó (el dicho de Tertuliano: «Somos de ayer y hemos llenado el mundo»).
c) En una edad de dudas y de tinieblas apareció el Sol de justicia sobre las divagaciones de los filósofos. Uno de los más esclarecidos, Sócrates, antes de beberse la cicuta mortal, ordenó sacrificar un gallo a Esculapio por si acaso este ídolo era un dios. Lo que Sócrates no había podido descubrir con su filosofía, Pablo lo había recibido por revelación de Dios (1 Co. 2:6–9).
d) Por esto se sentía valiente y, más aún, deudor. Tiene un tesoro dado por Dios, pero no para sí solo.
e) Tenía experiencia de tal poder en sí mismo y en otros (1 Co. 6:10–11).
f) Es el mismo poder en el día de hoy (testimonio en la «tele», de un director de hospital para drogadictos: «Los que curamos clínicamente vuelven a caer, se ha observado, empero, que los únicos que tienen éxito permanente son los que acompañan a la terapéutica, la religión»).
3. ¿Cuál es el propósito de este poder? Para dar salvación. Parábola del hombre que guarda su palacio (Lc. 11:21). El más fuerte, que es el Espíritu Santo, guarda al creyente:
a) De los hábitos pecaminosos, en esta vida.
b) De las consecuencias del pecado, en la venidera.
4. ¿Quién recibe este poder? «Todo aquel que cree». No el que meramente simpatiza o asiste a los cultos—aunque ello es bueno—, pues la fe viene por el oír, sino que es sólo el que cree y acepta a Cristo el quien recibe poder (ej.: un vagón no enganchado al tren. La argolla de enganche es la fe).
5. Dos clases de individuos necesitados:
a) Judíos: eran religiosos, mas no conforme a ciencia (Ro. 10:1–3). Puede aplicarse a religiones humanas.
b) Griegos: eran filósofos escépticos y orgullosos, como los de areópago; también pueden ser ganados, aunque es más difícil. No lo son demasiado para el poder de Dios.
CONCLUSIÓN: demos gracias por tan glorioso Evangelio, pues Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Sintámonos orgullosos, como Pablo, de haberlo conocido, y, como él, seamos fieles mensajeros de la «sublime» Buena Nueva.
73. EL FIEL MENSAJE
(1 Timoteo 1:15)
INTRODUCCIÓN: las epístolas de Timoteo y Tito son la continuación de los Hechos. Desde su prisión atenuada en Roma, Pablo fue liberado, como había anticipado a Filemón y a los Filipenses. De inmediato emprendió un viaje acompañado de varios pastores jóvenes, y, sintiéndose viejo y cansado, fue dejando un sustituto en cada iglesia. Tito, en Creta, Timoteo, en Éfeso, Erasto, en Corinto, y Trófimo, en Mileto, pero enfermo. Otra tradición dice que vino a España, que desembarcó en Tarragona y que desde allí fue llevado a Roma, donde escribió la 2 Epístola a Timoteo, y murió decapitado, poco después del incendio de Roma. Pero las epístolas de Timoteo y Tito fueron escritas poco después de dejarles en sus iglesias respectivas, para darles instrucciones, pues había falsos doctores judaizantes que enseñaban dos grandes errores:le Justificación por la Ley. Sólo quienes la hubiesen cumplido perfectamente podían ser perdonados por la fe en Cristo. Así se desvalorizaba la obra de la redención, lo que Pablo había ya combatido tiempo atrás en Gálatas, añadiendo: «Si la salvación es por la Ley, en vano murió Cristo» (Gá. 5:4). Por esto Pablo hace sonar el clarín del Evangelio de un modo claro en este gran texto. El verdadero Evangelio es lo siguiente:
I. «Palabra fiel»
Es un mensaje de Dios enteramente digno de crédito:
1. No se trataba de fábulas como las ya desacreditadas de la mitología.
2. Tampoco de suposiciones vagas, como las teorías de los filósofos.
3. Es la Palabra de Dios llegada al mundo, de la que Cristo mismo testificó, aun delante de su juez Pilato (1 Ti. 6:13). Pablo lo sabía y estaba íntimamente persuadido, pues declaraba: «Yo sé en quién he creído …» (1 Ti. 1:12). ¿Qué pruebas tenía para afirmarlo?
a) La vida de Cristo y sus milagros ante multitudes. No negados por sus propios enemigos. El Talmud los confiesa, pero atribuyéndolos a pacto con el demonio.
b) Su propia experiencia (Hch. 26:8–9).
c) La obra presente del Espíritu Santo. Dios estaba todavía obrando milagros físicos y espirituales.
4. Nosotros tenemos las mismas evidencias, garantizadas por el testimonio de los apóstoles y los mártires y la experiencia de los creyentes fieles por veinte siglos, especialmente en esta última edad, en que vemos tan claramente cumplidas las profecías en estos aspectos:
a) Por la extensión del Evangelio en todo el mundo: (Mt. 24:14).
b) Por la ciencia multiplicada (Dn. 12:4).
c) Por la preservación de los judíos como un pueblo y su retorno a Israel.
Todo esto no había acontecido en los días de Pablo; por lo tanto, tenemos más motivos que él de llamar al Evangelio «Palabra fiel».
II. «Digna de ser recibida de todos»
Si es fiel es digna de ser recibida. ¿Qué otra cosa necesita el mundo más que la verdad? Esta frase indica tres cosas:
1. Que está al alcance de todos: hay cosas aptas sólo para algunos—libros, ciencia, etc.—, pero el Evangelio es necesario a ricos y a pobres, sabios e ignorantes, y lo reciben y profesan, aun hoy, personas de todas clases.
2. Que es de suficiente valor: vale la pena que las personas acepten a Cristo, porque todos le necesitan. Vendrá día en que muchos lamentarán su locura por no haber prestado más atención a las Sagradas Escrituras (anécdota: el hombre que tenía un billete de mil libras dentro de la Biblia).
¡Feliz el que lo descubre en vida! Al rico condenado de la parábola le fue dicho: «A Moisés y a los profetas tienen, óiganlos …» y no era tan claro el mensaje divino en su tiempo como lo es hoy.
3. Que es digno de crédito: a pesar de su humilde presentación en muchos casos. La religión mejor presentada, en tiempos de Cristo era la de los fariseos. La verdad ha de ser recibida, por humildemente que se presente. Si consideramos a la Palabra de Cristo indigna de nosotros, Cristo nos considerará indignos de su Reino.
III. ¿En qué consiste este mensaje?
«Cristo Jesús vino al mundo». Una verdad innegable, aunque discutida desde los primeros siglos hasta hoy día. Cristo significa «ungido». Dios Salvador, el profetizado, bajó, por fin, porque nosotros no podíamos subir (Is. 52:13 al 53:11).
IV. ¿Para qué vino?
«A salvar a los pecadores». No tan sólo a enseñar moral superior. No a damos ejemplo, sino a salvar. Preferimos que viniera como Salvador que como maestro, porque el mundo es pasajero y nos habría aprovechado poco un mundo mejor y un alma perdida (Mt. 16:26). Nuestra alma es lo primero; cuanto más nos acerquemos a la muerte, más lo veremos. Que «vino a salvar» significa que nos vio perdidos, sin esperanza. Si hubiera pensado que podíamos volver a Dios por nuestros propios pasos, cumpliendo la ley, no se habría movido de su solio real.
V. ¿A quiénes salva?
A los pecadores, no a los que se creen justos (anécdota: José Blanco, que se creía bueno, y el pastor le recitó varios textos—como Mt. 18:11, Ro. 3:23, etc.—, añadiendo «excepto José Blanco». El negro que, al oír explicar la parábola del fariseo y el publicano, exclamó a gran voz: «Yo soy ese publicano»).
VI. La confesión de Pablo
«De los cuales yo soy el primero …». Al salvado no le da vergüenza confesar su pecado, para enaltecer más la misericordia de su Salvador y estimular a otros a buscarle (cítese algún ejemplo de personas conocidas o drogadictas).
VII. Un cántico de gratitud
«Por tanto» significa «porque es así», al recordar su pasado no puede evitar hacer exclamación. ¿A quién la dirige?
1. Al rey de los siglos: el que gobierna el tiempo y está fuera del tiempo, porque habita en la eternidad, ve el pasado y el presente, y lo dirige.
2. Inmortal e invisible: espíritu eterno que no puede perecer.
3. Al solo sabio Dios: es decir, al único sabio perfecto. En los hombres hay sabiduría relativa mezclada con ignorancia (la declaración de Newton: «Nos alegramos por haber hallado una concha a la orilla del mar, mientras el océano de verdades desconocidas está delante de nosotros»). «Cristo nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención» (1 Co. 1:30). No podemos menos que exclamar: ¡Qué bien lo ha hecho Dios!, ¡qué sabio y qué bueno! Es lo que diremos un día a los ángeles.
CONCLUSIÓN: ¿No es digno este mensaje de ser creído y proclamado? Así lo sentía Pablo y lo recomienda a Timoteo en el v. 18, esperando que Timoteo no defraudará las profecías pasadas acerca de sí mismo.
1. Que fuera para este glorioso Evangelio, lo que Dios se propuso que fuera, que no lo tuviera en poco, que no se enfriara su ardor.
2. Que no se dejara desviar por otras doctrinas, pues nadie podrá presentar al mundo nada mejor.
3. ¿Tendremos nosotros en poco, o en mucho, este mensaje, lo apreciamos como se merece para creerlo y proclamarlo a otros?
74. EL SALMO DE LA ASCENSIÓN
(Salmo 24)
INTRODUCCIÓN: este hermoso salmo fue compuesto para introducir el Arca del Pacto en Jerusalén, según leemos en 1 Cr. 15; pero en su segunda parte es una profecía de la ascensión de Jesús a la Casa del Padre en el Cielo. Podemos imaginarnos la escena que describe el capítulo antes citado de Crónicas, donde aparecen dos potentes coros formados por levitas y sacerdotes, cuyos nombres se describen, bajo la dirección de Quenanías, con sus orquestas de cítaras y trompetas, y el mismo rey David, que iba danzando delante de la comitiva. El salmo se compone de tres partes:
—Glorificar a Dios, Señor del Universo.
—Describir el carácter de los verdaderos adoradores, dignos de tener comunión con Él.
—Profecía de la ascensión del Redentor, que cumplió este carácter.
1. Grandeza y santidad de Dios: sólo hay un Dios y es Señor de todo el Universo (este texto está en grandes caracteres en la Lonja de Londres, en donde por muchos años se manejaban los negocios humanos, incluyendo los frutos de la tierra y los beneficios enclavados, por la previsión divina, en los depósitos de petróleo). Los hombres son administradores por una temporada de estos bienes, pero cada generación tiene que dejarlos a la próxima. Es gratificante para los verdaderos creyentes este reconocimiento que procede de generaciones pasadas, aunque la actual parece haberse alejado de Dios. Es algo semejante a lo que nos ocurre con la fiesta de Navidad, que el mundo celebra por intereses seculares, hasta el día en que, bajo el reinado de Cristo, todos le reconocerán, desde el menor hasta el mayor.
2. Una alusión científica (v. 2): las fuentes de las aguas proceden del interior de la tierra; así lo pensaba David, y es en parte cierto, porque la costra terrestre está suspendida sobre un mar de lava ardiendo; los terremotos son golpes que recibe esta costra de placas interiores que chocan con la corteza exterior.
3. Una pregunta que ha preocupado siempre a los pensadores (v. 3): que existe Dios, es innegable aun por los grandes científicos, pero ¿quién será capaz y digno de acercarse a Él? La respuesta la da el v. 4: «El limpio de manos y puro de corazón». La limpieza interior es aún más difícil que la exterior, pero las dos son indispensables. Un hombre lleno de malos deseos no es apto para el Cielo, pero ¿quién puede dominar su mente y corazón?
4. La santidad detallada (v. 4): ¿Qué es vanidad? Lo que no tiene una importancia esencial y vital (Ec. 1:2). En lenguaje más exacto: es lo que de un modo directo o indirecto no contribuye al Reino de Dios, que es lo único eterno. Napoleón, que intentó apoderarse del mundo produciendo miles de asesinatos en la tierra, tuvo que declarar: «¡Qué tonto he sido!» Pero el verdadero creyente, en lugar de cifrar su ideal en lo vano convierte lo vano en eterno (Cómo prolongar la vida y transformarla en vida eterna, opúsculo por Samuel Vila). El hombre según Dios sólo busca lo elevado por caminos justos.
5. ¿Quién es capaz de cumplir este ideal? Nadie humano, como dijo Jesús al joven rico que se creía bueno y capaz; pero hay Uno que lo cumplió de un modo absoluto, que vivió según Dios y pudo decir: «La voluntad de mi Padre hago siempre». Fue fiel y verdadero. «Anduvo haciendo bienes» (Hch. 10:18); y según He. 7:26: «era más sublime que los cielos», o sea, más santo que los ángeles.
6. El misterio del Hombre-Dios: habréis notado cómo Jesús solía llamarse a sí mismo «Hijo del hombre». Por esto vino a engendrar, por obra del Espíritu Santo, a una generación de imitadores (Jn. 3:3; Fil. 2:5–11). ¿Lo somos en verdad?
7. La vuelta a la gloria del Hijo de Dios descrita proféticamente: David no sabía nada de la ascensión del Mesías, pero el Espíritu Santo le hizo escribir detalles interesantes …
a) Puertas eternas no eran las del suntuoso tabernáculo que David hizo construir en Jerusalén para depositar el Arca del Pacto, que simbolizaba la misma presencia del Creador. No sabemos si eran de madera o de gruesa tela, semejante a la que dividía el lugar «Santo» del «Santísimo», pero entendemos que se elevaban, probablemente por un complejo de poleas.
b) Es algo chocante que el salmista llame a Dios «fuerte y valiente», pues el Todopoderoso, espiritual e invisible, no necesita esforzarse para llevar a cabo sus hazañas, como las que hizo en Egipto; pero, en cambio, Dios-humanado, nuestro Señor Jesucristo, sí que necesitó ser fuerte, ya que el verdadero valor no consiste en la fortaleza física y el arrojo, sino en la abnegación (véase Pr. 16:32). ¡Qué batalla ganó Cristo en Getsemaní y en la cruz! Por esto entró en la gloria como triunfador (Fil. 2:6–11).
c) La pregunta repetida puede significar las dos entradas de Cristo en el Cielo, como triunfador el día de la ascensión y como Señor e hijo espiritual del Padre al fin de los tiempos, acompañado de los vencedores que le han imitado, en todos los siglos, para recibir, con cuerpos glorificados, la recompensa de sus vidas santificadas por Él.
CONCLUSIÓN: este es el único medio para que pecadores como somos todos nosotros podamos entrar en la morada de la santidad, el Reino eterno. Jesús dijo: «Nadie viene al Padre sino por mí»… Unirnos al triunfador, amarle y seguirle, ¿no es la mejor actitud dada nuestra posición y miseria moral? ¿Qué otra cosa puede hacer el hombre? ¡Sí, esto puede hacer!
1. Unirse al vencedor, ya que procurar los bienes aquí es un desengaño (Ec. 1:1).
2. ¿Alargar la vida? Lo es también. ¿Hasta cuándo? Aun contando con los mejores descubrimientos de la ciencia, la muerte llega inexorablemente.
3. Pobres presos de la cárcel del tiempo, que nos va conduciendo, por una razón u otra, hacia la muerte. Sólo hay un recurso para conseguir el gran ideal del salmo: unirse a Aquel que vino, padeció, murió, resucitó y ascendió. ¿No es digno de confianza? ¿No dio pruebas tanto de su poder como de su buena voluntad?
Recibámosle, pues, y sigámosle fielmente; no hay otra manera de llegar nosotros, imperfectos como somos, a la sanidad de Dios.
75. IMPOSIBLES
(Hebreos 11:1–6)
INTRODUCCIÓN: el Nuevo Testamento es el libro de las grandes afirmaciones, tanto positivas como negativas. Las primeras van precedidas de la frase «De cierto, de cierto os digo», y la misma frase se puede por inferencia aplicar a las negativas. Nuestro estudio es hoy sobre las últimas.
1. Es imposible que Dios mienta, por muchas razones:
a) A causa de su perfección moral: el autor de nuestra conciencia debe ser un Ser perfecto. No podemos imaginarnos un Dios malo y mentiroso, puesto que nuestra misma conciencia protestaría.
b) No existe imposibilidad para Él: los hombres pueden hallarse impedidos por un motivo que solemos catalogar de fuerza mayor, pero Dios no.
c) Porque nunca ha faltado a su palabra: infinidad de promesas en la Biblia han sido cumplidas. El desafío de Is. 44:7, 8. Cítense las de Tiro (Ez. 26:4). El esparcimiento de Israel (Dt. 28:64 y 65). Las profecías de Cristo acerca de la destrucción de Jerusalén (Mt. 24). El porvenir del Evangelio (Mt. 24:14). El estado del mundo en el tiempo del fin (Mt. 24:37).
2. Agradar a Dios sin fe: si es fiel, es digno de ser creído. La desconfianza es inexcusable (Ro. 1:20). ¿No es cierto que nos ofende la falta de confianza en nuestra palabra? Mucho más a Dios.
3. Salvarnos por la Ley (Ro. 6:5):
a) Los judíos lo intentaron.
b) Los católicorromanos, engañados por la teología de su iglesia. ¿Por qué, pues, la dio? Para mostrarnos nuestra necesidad (anécdota: el náufrago a quien gritaban los que le echaron la cuerda: «Suelta la rama»).
Lo bueno es malo si nos priva de lo mejor.
4. Entrar en el Reino de Dios sin regeneración (Jn. 3:3): es la obra de Dios en el alma en respuesta a nuestra oración y entrega.
5. Servir a dos señores (Lc. 16:13): hay quienes creen que dos o tres horas semanales para Dios son suficientes. Puesto que hacer ambas cosas es imposible, sirvamos al mejor.
6. Que no vengan escándalos (Lc. 17:7): Jesús lo sabía cuando dijo: «Las puertas del infierno no prevalecerán»; y Pedro también, pues tenía experiencias personales cuando compara Satanás a un león rugiente (1 P. 5:8).
7. La última imposibilidad más hermosa es la de Ro. 8:38, 39: el diablo lo intentará. Dios puede permitirle todo lo que expresa el v. 35, para mayor gloria suya y vergüenza del enemigo, pero Él ha cumplido el v. 27 en muchas ocasiones, y en muchos, que han sido más que vencedores.
CONCLUSIÓN: que la evidencia de estas imposibilidades sirva con su advertencia para hacer posibles nuestra salvación y santificación.
76. LA EPÍSTOLA A FILEMÓN
INTRODUCCIÓN: es muy interesante conocer cuándo y dónde fueron escritas las cartas del Nuevo Testamento. La de Filemón lo fue desde Roma, en los años 62 a 63 d.C., cuando Pablo estaba preso en una casa de alquiler, custodiado por un soldado que se turnaba cada día como vigilante del apóstol. De este modo penetró el Evangelio no sólo en el cuartel romano, sino también en las habitaciones de arriba, ganando a los primos del emperador. Tenemos dos versículos en Filipenses que nos ofrecen indicaciones luminosas acerca de esta estancia de Pablo en Roma. El v. 13 del cap. 1, donde leemos: «Mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en todo el pretorio y a todos los demás;» y en 4:22: «Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César». Éstos, según una tradición, eran primos del emperador Domiciano, llamados Clemente y Domicilia, pero el apóstol tenía que reservar sus nombres, ya que después de haber sido designados como sucesores reales, fueron, los dos, mártires de la fe.
1. ¿A quién fue dirigida? Filemón, con su esposa Apia y su hijo Arquipo, eran una hermosa familia de creyentes de buena posición en Colosas, donde el grupo cristiano se reunía en su casa.
2. ¿Con qué motivo fue escrita? El esclavo ladrón, Onésimo, había defraudado a su amo y huido a Roma para pasar desapercibido en aquella gran ciudad, donde pudo oír de nuevo el Evangelio que se predicaba en casa de sus amos. No sabemos cómo entró en relación con Pablo, quizá por motivo de apuros y experiencias de pecado ocurridos en Roma; allí pudo entender que el Evangelio no era un capricho de señoritos desocupados, sino un mensaje de Dios para pecadores indignos como él.
3. El mensaje de Pablo: aunque era muy útil como servidor de Pablo, porque entraba y salía de su casa-prisión a cumplir recados de servicio, el apóstol cree que su testimonio será más eficaz en Colosas, donde es conocido, y, como Jesús hizo con el gadareno, le recomienda volver a casa de su amo. Pero hay una duda. ¿Le recibirá éste perdonándolo, o le entregará a la justicia romana para que le castiguen por su robo? Era muy severa la legislación romana: podían condenarle a luchar con fieras, a azotarle con látigos de garfios, cortarle una mano o practicarle rasguños con un estilete. Entonces no existían los derechos humanos, que son un fruto de la civilización cristiana.
4. Filemón, el cristiano perdonador. Este cristiano ejemplar, estaba enojado, pero el mensaje de Pablo le llegó al corazón, no podía ser de otra manera. Es el ruego de un anciano prisionero en favor de un hijo espiritual, convertido a Dios, y los tres miembros de la familia, ya no ven al esclavo ladrón, sino al hijo amado de Pablo (vs. 17–21). El domingo la carta es leída al grupo de cristianos que se reúne en aquella casa. Todos saludan al nuevo hermano, Cristo ha borrado la diferencia de clases al borrar el pecado. ¿Por qué hay esta carta tan particular en el Nuevo Testamento? Otras de Pablo no están (véase Col. 4:16), las de Laodicea. En ésta no hay grandes enseñanzas teológicas, pero sí un gran ejemplo ético que reproduce prácticamente todas las enseñanzas de Col. 3. Un ejemplo práctico que vale por diez sermones. Martín Lutero lo llamaba una parábola gráfica del plan redentor de Dios.
5. El pecador es un servidor que ha defraudado a su amo: ¿Hemos dado a Dios lo que le debemos por todos sus beneficios? Es cierto que Dios no necesita nada de nosotros, pero ¿no se merece mucho? En lugar de darle, malgastamos sus dones al alejarnos de la inocencia. «Todos miran lo suyo propio», como si hubiesen ellos organizado e inventado las maravillas de la naturaleza. La actitud de los seres celestiales (Ap. 4:10, 11) debería ser la nuestra. Leemos de Spurgeon que el día de su primer premio en la escuela se arrodilló en su habitación y dedicó el premio a Dios diciéndole: «A Ti te pertenece, Señor, porque me has dado la vida y la inteligencia». Pero la actitud general del mundo es como la del hijo pródigo y la de Onésimo: gozar egoístamente de los dones de Dios, bien lejos de Él.
6. El fracaso de tales acreedores es inevitable: no podía durarle siempre a Onésimo el dinero que robó. Tampoco a nosotros nos puede durar la vida; llegamos pronto al fin de la salud, la inteligencia y la fuerza, etc. Volver a Dios como deudores insolventes es terrible. ¿Qué nos dirá? ¿Qué le responderemos? (Job 15:12–14).
7. Como Onésimo hemos hallado un intercesor: esto se necesita muchas veces para acudir a una autoridad humana, y más a un ofendido. Onésimo tuvo gran suerte en hallar a Pablo. Mucho más nosotros. Notemos:
a) El fervor con que Pablo intercede: «Ruégote por mi hijo … recíbele como a mis entrañas» (vv. 10–20) «¡Sí, hermano!, góceme yo en ti, recrea mis entrañas» (vs. 20). ¡Qué vehemencia, qué ternura! ¿Cómo podía decir Filemón que no? ¿Y Cristo? (Jn. 17:9–14): «Ruego por los que me diste, porque tuyos son …, guárdalos por tu nombre … les he dado tu Palabra; y el mundo los aborreció …»; y por último el sublime v. 24: «Quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo …».
b) Notemos que Onésimo no tenía méritos para presentar, antes al contrario; pero Pablo tenía muchos (v. 17). (anécdota: enn la I Guerra Europea, dos jóvenes entraron en gran amistad. Carlos era de una familia rica de Londres; Santiago no tenía familia, era uno de los desamparados que suelen pernoctar en las balsas ancladas en el Támesis. Carlos hizo grandes promesas a su amigo, pero no pudo cumplirlas porque fue herido de muerte en uno de los combates, pero dijo a su amigo: «Tengo una idea. Dame una de mis tarjetas».
Y en ella escribió:
«Padres: el dador ha sido para mí como un hermano; yo no podré regresar, pero si él sobrevive y os trae esta tarjeta, recibidlo como si fuera yo mismo. Firmado: Carlos».
La guerra terminó y Santiago, el joven sin hogar, se dirigió al de su gran amigo, de quien dio noticias que trajeron lágrimas a los ojos de los padres, y al final, tembloroso, les alargó la tarjeta con el ruego de su moribundo amigo, dando el resultado de que fuera recibido como hijo quien había sido por años un extraño).
c) Pablo ofrece pagar por Onésimo (v. 18): ¿Cómo podía hacerlo siendo un prisionero? ¿De las ofrendas de amor que recibía de las iglesias agradecidas? ¡Con qué seguridad podía ir Onésimo a su ofendido amo! Nadie iba a reclamarle el dinero, porque allí estaba la firma del apóstol: «yo pagaré» … «Cristo pagó ya» (1 Ti. 2:6).
8. Nuestros deberes como reconciliados: todo en la carta hace entender que la historia tuvo un feliz desenlace y que Onésimo volvió a ser muy útil a su amo, para compensarle su generoso perdón, tal como Pablo lo previó … (v. 11): «a ti y a mí es útil». ¿Y nosotros?
a) Filemón mismo era un siervo de Dios (Col. 4:1). Pablo lo era también (Ro. 1:1; Tit. 1:1). Puede parecernos algo duro este calificativo que Pablo se da a sí mismo (doulos) en esta época de democracia y libertad, pero era muy propio en los días de Pablo; y lo ha sido en todos los tiempos con referencia a Dios, pues nada es nuestro. ¿Dónde están las riquezas de Filemón en el día de hoy? Sería un gran descubrimiento si pudiéramos identificar alguna de las piedras de la ciudad de Colosas como perteneciente a la casa del entonces rico Filemón.
b) Pablo, como siervo de Dios, podía mandar a Filemón, pero prefiere rogar (vv. 10–14). Existe una autoridad espiritual, basada en el conocimiento de las Sagradas Escrituras, en los servidores de Dios que dirigen las iglesias o grupos cristianos, sin llegar a los excesos del catolicismo. Seguramente Filemón conocía la oración del Señor. ¿Cómo hubiera podido repetirla si negaba a otros lo que él necesitaba de Dios, como nosotros también?
c) La superioridad de los bienes espirituales sobre los materiales: «Tú te me debes». Pablo le dio mucho más que dinero al comunicarle el conocimiento de la vida eterna, ya que adquirió una herencia permanente (2 Co. 4:18).
d) Nuestros deberes de siervos han de cumplirse superabundantemente y con alegría (vv. 20, 21). Hay dos formas de cumplir la voluntad de Dios, revelada en su Palabra: «con tristeza, como por necesidad» (2 Co. 9:7), o bien «con alegría». Filemón lo haría así, pues Pablo anticipa: «harás más de lo que digo». No era la primera vez que Filemón se había mostrado generoso (v. 7), pero en este caso era más difícil, porque mas que el dinero había el sacrificio del orgullo y el amor propio ante sus conciudadanos del mismo rango. Que Dios nos ayude a cumplir siempre con gozo las peticiones que están a nuestro alcance.
9. Debemos aprender a servir al Señor aquí para servirle mejor en el Cielo:
a) Onésimo fue útil a Pablo, su maestro, e intercesor desde la ciudad lejana de Roma, pero habría sido egoísta, y hasta peligroso, quedar siempre allí.
b) Así nosotros servimos a Cristo ahora, en la ciudad lejana de pecado, pero no podemos quedamos aquí; ha de venir la vuelta a la casa del Padre y dueño, para servirle allí (Ap. 22:3).
¿Podrá el Espíritu Santo que habita en nosotros recomendarnos como siervos útiles, abnegados y fieles, como Pablo pudo hacer con Onésimo?
77. LA ESPOSA MÍSTICA DE JESUCRISTO
(Efesios 1:14; 5:25–29)
INTRODUCCIÓN: estos versículos han sido leídos y comentados muchas veces en ceremonias de bodas, pero tan sólo a modo de ejemplo acerca de cómo deben comportarse los esposos. Hoy, que no tenemos ninguna boda, deberíamos examinamos pero en un sentido más profundo.
1. El tema de la Carta a los Efesios: es el libro más elevado y casi diría más inspirado. Fue escrito desde Roma en la edad madura de la experiencia de Pablo, y muestra una gran diferencia con Tesalonicenses y Colosenses, escritos veinte años antes. Allí hay lo propio de la juventud, entusiasmo, fuego misionero, da gracias de que el Evangelio se extiende por todo el mundo y habla de la venida del Señor para dar el pago a los perseguidores. Pablo no se habría atrevido a escribir Efesios cuando escribió Tesalonicenses …
a) Entre las cosas más profundas de la carta a los Efesios está la relación mística de Jesucristo con su Iglesia.
b) Es un banquete para creyentes: aquí se descubre un grupo de personas muy privilegiadas. En estos primeros 14 versículos señala a los cristianos
—Escogidos.
—Bendecidos.
—Limpiados de sus pecados y hechos dignos de entrar en una relación íntima con el Cristo resucitado y ensalzado a la diestra de Dios.
c) Esta es nuestra posición y nuestra suerte, pero hay mucho más. Cristo no sólo nos ha logrado la entrada a la presencia del Todopoderoso con su muerte redentora como visitantes del Cielo, sino que en este pasaje nos revela toda una serie de misterios y de privilegios que nos tocan como elegidos de Dios desde la eternidad. Él pensó en nosotros cuando nosotros no pensábamos en Él (v. 4).
d) Nos ha adoptado como hijos (v. 5), nos ha limpiado todos los pecados (v. 7), nos ha abierto la tesorería de la sabiduría de Dios por el Espíritu Santo, éste es el tesoro mayor (v. 8).
e) Nos ha abierto el libro del porvenir: nos enseña cómo terminará este misterio de la existencia del Cosmos. Los sabios estudian si se deshace o no el universo, si se forman nuevos átomos y cavilan acerca de qué habrá en el universo dentro de un billón de años entre este mundo y los mundos que nos rodean. Los cristianos podemos decir: «No os preocupéis, el plan de Dios es reunir todas las cosas en Cristo … Así las que están en la Tierra como en los cielos» (v. 10) y esto ¿para qué? ¿Qué seremos nosotros en edades remotas del futuro? ¿Dónde estaremos? ¿Qué haremos?
2. Para que seamos alabanza de su gloria: ¿A quiénes cabe esta esperanza? (v. 12) Es muy significativa la expresión «Los que antes esperamos en Cristo». Este «antes» es ahora y entonces lo miraremos como antes. Nadie será la esposa mística de Cristo, sino «los que antes esperaron en Él», Aquel ser divino, uno con el Padre, será entonces el jefe supremo de un grupo de «sacados» escogidos del mundo con los que estará unido de un modo tan íntimo, como el marido con la esposa, pues aunque Él no tiene hoy un cuerpo físico, su plenitud espiritual hincha todas las cosas vv. 13, 22. Esto nos dice el cap. 1 de Efesios. ¿Verdad que está claro?
3. Miembros de su cuerpo y de su carne: ¿Puede decirse esto de Cristo o de nosotros en nuestra relación con Él? ¿Por qué usó Pablo esta frase tan atrevida?
a) Sin duda, hace referencia a las palabras que dijo Adán cuando Dios le entregó aquella compartiera tan semejante a él.
b) Oh, si por la misericordia de Dios el que era antes que todas las cosas, a quienes adoraban ángeles y arcángeles, tuvo a bien hacerse carne de nuestra carne, o sea, llevar un cuerpo igual al nuestro, susceptible de sufrir hambre y sed y toda clase de males y necesidades como las que tenemos nosotros, y ¿para qué?
4. Participantes de la naturaleza divina: esto es lo que dice el apóstol Pedro, ratificando estas otras porciones de Efesios inspiradas por Pablo. No podíamos ser como Él si Él no se hubiese hecho como nosotros, y a ello se suma la esperanza de Juan (1 Jn. 3:1, 2). Y todo esto que pertenece al futuro es lo que ya tenemos en esperanza los que hemos creído en Él y hemos sido hechos su esposa mística. Hay miles de personas que tienen una naturaleza física semejante a la nuestra, pero la unión con nuestra esposa terrenal significa una fusión moral de intereses, «lo tuyo es mío y lo mío tuyo». como explicamos en los comentarios de bodas. Esta es la relación de cada cristiano con su divino esposo, ¿la tenemos? ¿La Iglesia no ha salido como Eva, del cuerpo herido de Cristo? Jesús dijo en la gran prueba a que le sometió Satanás con motivo de la visita de los griegos: «Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva» (Jn. 12:20–26).
5. «Todo lo que el Padre me da vendrá a mí …»: en su oración pontifical, inmediatamente antes de su Pasión, el Señor Jesús dijo: «Padre, aquellos que me has dado …» y más adelante: «Tuyos eran y me los diste …» Antes éramos criaturas de Dios y aún lo somos, porque Dios es el Creador de todo ser viviente, pero por la elección Dios quiso elevar a algunos seres humanos a la más alta de las categorías, por encima de ángeles y potestades, y esto ¿dónde? En los cielos, es cierto, pero esta relación debe empezar en la tierra por una semilla de fe. La apoteosis final debe ser y es ya nuestro privilegio. En el pasaje de Ef. 5, donde el apóstol compara la unión del matrimonio a la de Cristo con su Iglesia, el apóstol dice: «¿No sabéis que no sois vuestros? «Traerá Dios con Él a los que durmieron …», confirmado por 2 Co. 5:1, 6–10. Y añade una frase muy misteriosa: «Nadie aborrece su propio cuerpo, antes bien lo sustenta y regala». Cristo hombre no aborrecía su cuerpo, lo cuidaba y lo usaba para bien. El Cristo espiritual no aborrece su cuerpo, que somos nosotros, los que hemos creído en Él, quiere sustentarlo y regalarlo con manjares espirituales, por esto Pablo nos exhorta a meditar su palabra, a no descuidar los cultos, a recrear y sustentar nuestra alma para que seamos santos y sin mancha delante de él en amor. Algunos dicen: «¡Qué le vamos a hacer, somos así y tenemos que ser así!», pero el divino esposo no se conforma con que seamos así, sino que dice: «Aquellos que me has dado, santifícalos en tu Verdad», o sea, hazles más y más semejantes a Mí, mientras estuve como hombre en aquel viejo mundo manchado por el pecado.
CONCLUSIÓN: podemos decir: «¡Señor, porque soy tuyo y tú me tienes reservado un gran porvenir en los cielos, yo aborrezco lo que tú aborreces; no quiero hacer mi voluntad, sino la tuya!» ¿Podemos decir como el apóstol Pablo: «No vivo ya yo, mas Cristo vive en mí»?
78. LA PALOMA SILVESTRE
(Cantares 2:14)
INTRODUCCIÓN: el libro del Cantar de los Cantares es una porción un tanto extraña de la Biblia, porque tiene como tema el amor, y el amor humano va unido, muchas veces, con el pecado. Sin embargo, encontramos en muchos otros lugares de la Biblia la figura del amor humano aplicada al plan redentor de Dios. La Biblia nos enseña que un cierto número de personas de este mundo han sido escogidas para creer el Evangelio y estar con Cristo en la gloria, por los siglos eternos, en una relación de amor, gratitud y confianza, únicamente comparable a la unión sagrada que Dios mismo instituyó en el matrimonio. ¡Y es una maravilla! Si Cristo hubiese venido a redimimos para dejamos salvos de la condenación en alguno de los mejores mundos de Dios, donde no exista el pecado, podríamos sentirnos agradecidos; pero Él quiere darnos más, mucho más (véase Jn. 17:24–26; Ef. 1). Ello hace necesario una transformación de nuestro carácter y de nuestros sentimientos que empieza aquí mismo, cuando somos injertados, por el nuevo nacimiento, con la vida divina que el Espíritu Santo infunde en nosotros, y tendrá su completa realización cuando Él aparezca (1 Jn. 3:1–3). Por esto, muchos han interpretado el libro del Cantar de los Cantares como un símbolo del amor de Cristo a su Iglesia y viceversa. Efectivamente, algunas de sus expresiones tienen una aplicación muy directa a las relaciones de Cristo con los suyos. Místicos de siglos pasados y comentadores más modernos han escrito obras de gran edificación espiritual basándose en frases y figuras sacadas de este singular poema epitalámico que hallamos en la Biblia. Una de tales figuras es la de nuestro texto: Para significar cómo debe ser, y qué debe hacer el pueblo del Señor sobre la Tierra, se le aplica el título de «paloma». No es ésta, simplemente, una tierna expresión poética de labios de Salomón a su amada, sino que una figura semejante brota de los labios de Cristo en relación a nosotros (Mt. 10:16).
1. Características de la paloma:
Los cristianos deben poseer las características de este inofensivo y pacífico animalito que se nos pone como ejemplo.
a) La paloma es mansa: la mansedumbre es una de las bienaventuranzas (Mt. 5:5). Jesucristo nos exhorta a compartir esta virtud suya (Mt. 11:29). Los apóstoles dicen que es una de las virtudes del Espíritu Santo que debe verse en nosotros (Gá. 5:23; Col. 3:12; Tit. 3:2; 1 P. 3:15).
b) Es tímida pero valiente: nunca os plantará cara sin razón … huirá, se esconderá, parece miedosa; y ¿qué dice el Señor en Is. 62:2? Pero no es cobarde. Tratad de tocar a sus hijuelos o a su compañero o compañera. Los verdaderos cristianos han sido tímidos, perseguidos a través de los siglos en tiempos de corrupción espiritual, obligados a esconderse; pero ¡cuán valientes han sido ante los leones en el circo, o en las hogueras! (Anécdota: «Jerónimo de Praga y el verdugo»; cuando este valiente adalid de la fe evangélica, en un siglo de oscurantismo, fue llevado a la hoguera, el verdugo, avergonzado de tener que ejecutar la bárbara sentencia sobre un hombre acerca del cual se oían tan favorables comentarios, no se atrevía a cumplir su oficio delante del mártir, que estaba con los ojos levantados al cielo, orando a Dios. Al darse cuenta Jerónimo de que salía humo por detrás le dijo al verdugo, llamándole por su nombre: «Ven aquí delante, y no tengas miedo a los hombres, que si yo lo hubiera tenido no estaría aquí»).
c) Es limpia: todos conocemos el instinto de limpieza de esta atractiva ave doméstica. «Apartaos de toda apariencia de mal», nos dice el apóstol (1 Ts. 5:22; Sal. 119:9; Jn. 3:3). El nuevo hombre que hay en nosotros nos impide pecar sin remordimiento (1 Jn. 5:19) (ej.: el injerto). El Dr. Zoller, en su libro El Cielo explica de una forma muy clara este extraño y aparentemente contradictorio pasaje de 1 Jn. 3:9. Dice que cuando injertamos un árbol le ponemos dos naturalezas que se mantienen separadas la una de la otra, aunque ambas están en el mismo árbol. La del injerto no puede producir frutos amargos, sino dulces; pero la del viejo tronco los producirá amargos si puede echar renuevos, porque está en su naturaleza que sean así. El nuevo hombre implantado en el cristiano por su conversión a Dios no puede pecar, porque es nacido de Dios; pero pueden resurgir hábitos o tendencias del viejo hombre en el individuo nacido de nuevo. La afirmación de Juan es cierta, pero también lo es la de Pablo en Ro. 7:24. Solamente la muerte desunirá las dos naturalezas, quedando la espiritual libre de la vieja. En tanto que las dos están unidas, es deber del cristiano apoyar la nueva naturaleza y amortiguar la antigua (Col. 3:5).
d) Busca un lugar seguro: la figura se refiere no a un palomar, sino a la paloma en libertad. La paloma silvestre busca siempre un lugar escarpado donde construir su nido; aprovecha sus alas para ir a lugares seguros, en las alturas. El cristiano trata de fundar su fe en las incomparables promesas de la Palabra de Dios. Recordemos la parábola del que edificó su casa sobre la peña. El creyente busca la roca más allá …; tiene las alas de la fe y con ellas se eleva a lo desconocido, a lo invisible (2 Co. 4:8; Col. 3:1).
2. Lo que dice el divino Esposo a su «paloma»:
La tierna expresión de Cnt. 2:14 coincide con las palabras del Señor a sus discípulos en Jn. 16:24–27. Nada más grato que pensar que Dios mismo desea oír nuestras oraciones, nuestra voz física, cuando es verdadera y real expresión de la interior, la del alma. ¿No nos es grato oír la voz de nuestros amados? Nosotros no podemos oír la voz literal de nuestro Amado que está en los cielos, si bien tenemos su Palabra; pero Él puede oír la voz nuestra. ¿Se la hacemos oír? ¿Estaríamos contentos de una persona amada que nos hablara con la frecuencia que nosotros hablamos a Cristo?
3. Cómo desea oír nuestra voz:
a) En arrepentimiento: «Hay gozo en el Cielo por un pecador que se arrepiente» (Lc. 15:7). Es la primera expresión de vida de un alma que empieza a vivir para Dios. No hay voz más dulce para los padres que esperan un hijo que oír su primer vagido … Nosotros nacemos a la vida espiritual cuando, reconociéndonos pecadores, aceptamos a Cristo como a nuestro Salvador. ¡Dulce fue para el padre del pródigo oír de sus labios la confesión que no dejó terminar …! ¡Dulce para el pastor oír el primer balido de la oveja perdida! Se ha dicho que más grato que las armonías de los coros celestiales es para Dios oír la voz de un pobre pecador de este mundo que le dice: «¡Señor, sí, yo quiero ser tuyo; yo quiero amarte, me siento atraído por tu amor!» ¿No querrá alguien dar este gozo al Cielo? ¿Hacer oír allí su voz en arrepentimiento y fe?
b) En acciones de gracias: pensad los motivos que tenéis para dar gracias a Dios y expresadlos particularmente o en la reunión de oración. Los salmos están llenos de acciones de gracias (Sal. 116:11, 12).
c) En súplica por ayuda: lleguémonos confiadamente al trono de la gracia—nos dice el apóstol—; Dios está tan dispuesto a ayudarnos que a veces se anticipa a nuestro ruego (Is. 64); pero le gusta oír la voz de nuestro corazón. «¡Sálvame, que perezco!», de parte de Pedro, fue una voz grata para el Señor, porque dio lugar a la acción de ayuda que él estaba ya tan dispuesto a darle. Hay una queja amarga en la reconvención de Jesús a sus discípulos en Jn. 16:24–27; porque ellos, confiando en las oraciones intercesorias de Jesús, quien pasaba noches enteras en oración, no se habían preocupado de dirigirse ellos mismos al Padre. ¿No nos ocurre de igual forma también a nosotros muchas veces?
d) En intercesión: nada agrada tanto a un padre de numerosa familia como ver el interés y afecto de uno de sus hijos por el otro; porque ama a todos le complace ver que se aman entre sí. ¡Cuánto más nuestro Padre celestial!
e) Anunciando el Evangelio y alentando a nuestros hermanos: el precioso pasaje de Mal. 3:16, 17 nos muestra cómo el Dios omnipresente y omnisciente toma nota de lo que sus hijos hablan entre sí. ¿Qué oye el Señor de nuestros labios cuando vamos de visita?
4. Las razones de su deseo:
«¿Dulce es la voz tuya y hermoso tu aspecto». ¿Puede decir esto de nosotros nuestro Amado espiritual? «A Jehová es plácida la alabanza de Sión» (Sal. 65:1). ¿Hay dulzura en nuestra voz física no solamente cuando nos dirigimos a Dios, sino cuando nos dirigimos a nuestros semejantes? Los grandes santos de Dios han sido personas capaces de refrenar de tal modo su carácter que su misma voz y su conversación se hace grata a oídos de sus semejantes. De muchos de nosotros no puede decirse esto sino a intervalos; pero algún día lo serán de un modo completo y perfecto (1 Jn. 3:3). ¿Y nuestro aspecto?; ¿cuál es para Dios, que ve el hombre interior? Dios llama hermosos los pies de los que van a llevar su mensaje (Is. 52:7). Salomón nos dice que el corazón alegre hermosea el rostro (Pr. 15:13); y el apóstol Pedro habla de adornos espirituales que nos hacen parecer hermosos a Dios y a los santos ángeles, cuando resplandecen en nosotros (1 P. 3:4, 5). ¿Puede ver Dios tal hermosura en nuestras personas?
CONCLUSIÓN: nuestro rostro físico ha de ser un día transformado de tal modo que, aun cuando conservará rasgos de nuestro pasado cuerpo físico, para su identificación, resultará hermoso, como todo lo del Cielo; pero la belleza más apreciada para Dios es «la hermosura de la santidad», de la cual Dios mismo es la imagen perfecta (Sal. 27:4; 33:17; 96:9). Apliquemos a nuestro corazón la interesante figura de la paloma, para ser cada uno de nosotros cada vez más gratos y más hermosos a nuestro Amado espiritual, el divino Esposo, viviendo por Él y para Él.
79. LA RELIGIÓN DEL DIOS ALTO ANTEDILUVIANA
(Génesis 5:1–27)
INTRODUCCIÓN: los escépticos, al leer con poca atención los primeros capítulos del Génesis, preguntan: «Adán y Eva tuvieron dos hijos, Caín y Abel. Caín mató a Abel. ¿De quién, pues, tenía temor Caín cuando Dios le reprendió por su crimen y le puso señal para que cualquiera que le hallara no le matara?».
Luego se dice que «salió Caín de delante de Jehová y habitó en tierra de Nod al oriente del Edén». Esto es por no fijarse en los vv. del 3 al 6 del cap. 5, donde leemos: «Y fueron los días de Adán después que engendró a Set ciento treinta años, y engendró hijos e hijas». Si Adán vivió 130 años después de engendrar a Set y durante este tiempo había engendrado hijos e hijas, tenemos que deducir lógicamente: que Caín se casó con una hermana mucho más joven que él; que durante estos 130 años en que Caín se apartó de su familia y del contacto con los descendientes de Set (Gn. 5:7) se iniciaron dos ramas genealógicas, los que mantuvieron el recuerdo del Edén y los que se alejaron con Caín, quien se había apartado de su familia para fundar una ciudad amurallada, no sólo por temor a las bestias salvajes de la tierra, sino también de sus propios parientes a los que temía que procuraran vengar la muerte de su hermano. Es de notar que Caín tuvo un hijo al que puso el mismo nombre que diera a su ciudad, Enoc, que algunos comentadores han confundido con el segundo Enoc hijo de Jared. Naturalmente, la religión del Dios Alto profesada por los descendientes de Set era más bien un conocimiento y un temor reverencial del Dios que había arrojado a Adán y Eva del jardín del Edén, pues desconocían el propósito misericordioso del mismo Dios que vino a revelarnos Jesucristo. Tenemos diversas pruebas en el mismo libro de Génesis respecto al culto al Dios Altísimo anterior al diluvio.
1. Revelaciones anteriores al Sinaí:
Dios dio al pueblo de Israel sus mandamientos en los días de Moisés en el monte Sinaí, casi tres mil años después del diluvio.
Sin embargo:
a) ¿De dónde sacó José la idea de que adulterar con la mujer de Potifar era pecado? (Gn. 39:9).
b) Igual podemos deducir del día de reposo semanal ordenado a Israel, ya que en Gn. 20:9, 10 leemos: «Acordarte has del día de reposo para santificarlo». No es una nueva institución, sino una renovación o recuerdo de algo que Dios había ya revelado.
c) La ley de los sacrificios, pues Abel y Caín, como más tarde el patriarca Noé, hicieron altares y sacrificaron a Dios de diversas maneras.
d) Otra prueba del culto al Dios Alto anterior a Moisés es el caso de Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Alto, a quien Abraham ofreció los diezmos del botín adquirido con motivo de la derrota de los reyes confederados que subieron contra Sodoma antes de que esta ciudad fuera destruida por el fuego del cielo.
2. Dos líneas genealógicas desde Adán:
a) La declaración de Gn. 4:25: «Entonces los hombres empezaron a invocar el nombre de Jehová» demuestra que fue Set un profeta de Dios, que trajo un despertamiento espiritual a su pueblo. Eva lo llamó Set, que significa «sustituto» de Abel. Posiblemente ella recordaba la promesa de Gn. 3:15, o sea, que habría un descendiente de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente, pero no fue así, sino que debía venir en el transcurso de los tiempos el Mesías «Herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, Dios hecho hombre» y Set no fue sino un heraldo en aquella antiquísima época de aquel que tenía que venir. Sin duda, fue al final de esta etapa de adoración al Dios Alto a lo que Pablo se refiere en Ro. 1:21 acerca de la degradación de aquellos que habiendo conocido a Dios no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, y la deducción lógica es que esto aconteció cuando se mezclaron las dos razas (Gn. 6:1–3), cuando Dios tuvo que hacer venir el diluvio sobre la Tierra en los días próximos a Jared, abuelo de Noé. Otro hombre que la Sagrada Escritura designa como justo a pesar de que la Palabra de Dios no oculta su pecado de embriaguez, por ignorancia de los efectos que producía el zumo de la vid …
b) Pero desde Set hasta Enoc parece haberse practicado en la Tierra el culto al Dios Alto de los que habían conocido a Dios y las enseñanzas que Adán había recibido del Todopoderoso en el tiempo en que prevaleció su inocencia y era visitado con frecuencia por aquella teofanía que no sabemos cuánto duró, pero debería ser un tiempo suficientemente largo para que Dios trajera ante nuestro padre Adán todas las bestias a quienes él puso nombre. Estos dos nombres iguales pero tan diferentes en su carácter y actuaciones han sido considerados por muchos predicadores como tipos de dos clases de personas que existirán en el mundo cuando Jesús vuelva, algunos de los cuales tendrán el privilegio que tuvo el segundo Enoc, de no ver muerte, pero aun cuando han sido envidiados por muchas generaciones, desde los días de Pablo (2 Co. 5:4), no son mucho más privilegiados que los que hemos de entrar en la Casa del Padre en el mismo momento de la muerte y acompañar a nuestro Señor en su venida (véase Fil. 1:24; 1 Ts. 4:14; Ap. 14:13).
CONCLUSIÓN: estos y otros muchos textos del Nuevo Testamento y aun del Antiguo nos prueban que la muerte no es algo tan terrible como se ve desde este lado de la vida, sino que al hacemos viejos nos estimula a aprovechar el tiempo y las oportunidades que tengamos para hacer cosas agradables al Señor mientras estamos en la carne, aunque sea con menos facilidades que cuando éramos jóvenes, a fin de continuar en esta misma actitud cuando el Señor nos llame al hogar celestial (véase 2 Co. 5:6–9).
80. LAS GRANDES COSAS DE JUAN 3:16
(Juan 3:13–21)
INTRODUCCIÓN: se ha llamado a este texto el Evangelio en miniatura. Escrito en 850 idiomas en la aguja de Cleopatra en Londres. ¿Qué nos dice el famoso texto? Nueve cosas superlativas.
1. El mayor amor: «De tal manera amó»: Juan dice: «No hay mayor amor que éste». Pues si dijera Dios amó muchísimo resultaría pobre; al decir «de tal manera», deja la medida a la conciencia del lector, por encima de todo calificativo. «¿Cómo me amas», preguntan los novios. «Hasta las estrellas». «Como a mi propia vida». «Con todo el corazón y las dos manos», respondió una novia práctica.
2. El amante mayor … «Dios»:
a) El privilegio de ser amado es según la persona que ama (ej. esposas de reyes. Las cartas de Napoleón a Josefina, publicadas por La Vanguardia, son tiernas; pero al fin se divorció, porque Josefina no podía darle un heredero).
b) A veces las esposas de grandes hombres han sido indignas (ej.: la mujer de Job, la esposa de Potifar, etc). Nosotros somos llamados «esposa de Cristo». ¡Que no las imitemos!
c) El amor de Dios es tan altruista que no ama al mejor, sino al más desgraciado. Seguramente no hay mundo habitable más desgraciado que la Tierra, ni ser más necesitado que el hombre; por esto la grandeza del amor divino se ha fijado en nosotros. Jesús reveló la posibilidad de lugares habitados por justos que no necesitan arrepentimiento (Lc. 15:7).
3. El objeto mayor: «Al mundo»: es natural que un gran amante busque un gran objeto para amar. El mundo no es un objeto tan grande para Dios, pero es el mayor que podemos conocer. Hay miles de millones de almas. ¿Cuántas serán salvas? ¡No lo sabemos! Seguramente habrá diversos grados de salvación. Los que aquí hemos creído tenemos el principal privilegio, que es ser «esposa de Cristo» (Ef. 3:12). Afortunadamente, la Iglesia, «esposa de Cristo» es grande, y cuando yo estoy frío o distraído, el amor de otros puede ser ardiente. Los atributos divinos son tan grandes que pueden abarcar el mundo entero con su amor.
4. El acto mayor: «Que ha dado»: «Obras son amores», dice el refrán. El amor se manifiesta por dones. Dios nos dio a su Hijo. No sólo lo prestó; lo prestó temporalmente, sí, para la Redención, pero lo dio a nosotros como Salvador por la eternidad. Lo expuso a los golpes del adversario, con el dolor y la muerte porque entró en el Reino del enemigo; con todo, no lo rehusó (Ro. 8:32).
5. El regalo mayor: «A su Hijo Unigénito»: no nos dio un ángel, arcángel o querubín, sino el Ser más amado del Universo. Puedo tener mil criados, pero ninguno tendrá el valor de un hijo, sobre todo si es unigénito (anécdota: el hijo del capitán que se ofreció voluntario para saltar al mar cuando el buque se hundía, a fin de tapar con su cuerpo el agujero).
Pero aún hay gran diferencia entre este maravilloso amor y el de Cristo, y es que el muchacho estaba condenado a perecer, como todos; pero Cristo no. Lo hizo sólo por amor a nosotros.
6. La oportunidad mayor: «Para que tod aquel». ¡Qué grande es esta puerta! Cualquier otra frase habría sido deficiente. Supongamos que dijera «muchísimos»; podríamos dudar de si entramos en el número «Todo aquel» nos incluye a todos, si nos dejamos incluir. Deja toda la responsabilidad en nosotros.
7. La sencillez mayor: «Que en Él crea»:
a) Hemos dicho que «Todo aquel» es una puerta muy amplia, pero podría haber alguna condición difícil; podría decir:
—«Todo aquel que sea santo como Yo».
—«Todo aquel que llore siete días en mi sepulcro».
—«Todo aquel que viva por lo menos veinte años para Mí».
—«Todo aquel que pueda convertir a diez personas».
b) Estos «todo aquel» condicionales pondrían en desespero a los incapaces de realizarlo, ancianos o moribundos; pero creer es posible a todos y en cualquier circunstancia.
c) Hay quienes dicen que esto es demasiado sencillo. Los tales desconocen la naturaleza de la fe. La fe es un sentimiento pasivo, pero es la base de toda buena actitud o acción. Parece poca cosa decir «creo», pero trae una verdadera revolución en el alma y en la vida, seguida de los más grandes sentimientos y de los más heroicos hechos.
8. El peligro mayor: «No se pierda»: no podemos adivinar todo el alcance de esta palabra, a pesar de las solemnes advertencias de Jesús, porque sabemos también que habrá diversos grados de condenación (Mt. 11:20–24). Somos tan débiles y pecadores que podría tocarnos un grado muy superior al que suponemos; pero Jesús da seguridad absoluta a los que creen en Él (Jn. 5:24). «Ninguna condenación» significa que estamos libres de todas, las más tolerables o las más severas.
9. El privilegio mayor: «Sino que tenga vida eterna»: tampoco podemos medir o imaginarnos el alcance de este privilegio. Vida, o existencia, es el gran anhelo de todo ser humano, pero esta frase, en boca de Cristo significa mucho más que simple existencia; implica todos los privilegios que Él otorga. Estar con Cristo es lo principal, pero hay frases bíblicas que nos permiten hacer hipótesis gloriosísimas, como:
a) El ser embajadores en lugares celestiales (Ef. 3:10).
b) Ser identificados con signos externos de gloria (Dn. 12:4; Mt. 13:43).
c) Admirar inimaginables maravillas de Dios (l Co. 2:9).
d) Gozar de comunión y relación con todos los santos de edades pasadas (Ef. 2:17–20).
e) Tener relación con seres superiores, ángeles, arcángeles, etc.
f) Juntar nuestras voces a las suyas en actos de adoración entusiasta (Ap. caps. 4, 5).
81. LAS SIETE GRANDES PROMESAS DE JUAN 14
INTRODUCCIÓN: hay porciones de la Biblia tan ricas en contenido que pueden dar lugar a un precioso sermón considerando los versículos uno tras otro. En tal caso, es mucho mejor unir sus diferentes partes bajo un denominador común, y en este pasaje el lazo que une sus diferentes partes es la palabra «promesa». Jesús vino de parte de Dios para hacernos grandes promesas y en este capítulo están algunas de las más preciosas.
1. Promesa de un hogar celestial (vv. 2, 3): todos los jóvenes desean un hogar, pero la felicidad del mejor hogar terrenal es pasajera, mas el amor y la alegría que reinarán en la Casa del Padre, donde hemos de estar reunidos millones de hijos suyos en lo que en el Apocalipsis se llama «las bodas del Cordero de Dios», son goces eternos. Cristo dijo que está preparando un lugar para nosotros, y sólo Él puede prepararnos, mientras estamos acá en la Tierra, para que seamos dignos y aptos para gozar los bienes de semejante lugar (Jud. 1:24).
2. Promesa de un camino al hogar (v. 6): al hombre errado y perdido en un mundo desquiciado por Satanás, y donde hay muchos caminos falsos Cristo se ofrece como «el Camino» verdadero para conducirlo a la Casa del Padre.
3. Promesa de un Padre amante (vv. 7–12): los dioses paganos eran horribles y crueles, cual Moloc o Baal (Lv. 18:21; 2 R. 16:3). Pero el Dios todopoderoso se ofrece en su gracia, como un Padre amante y bondadoso a los que confían en Cristo (Jn. 1:12, 20:17; Gá. 4:6).
4. Promesa de un refugio seguro (vv. 13, 14): cuando las cargas de la vida pesan, y las pruebas nos afligen, durante nuestro peregrinaje al Hogar celestial, el creyente puede refugiarse en la oración, con la seguridad de ser oído por Dios (Sal. 34:4–6; Fil. 4:6–7).
5. Promesa de un consolador divino (vv. 16, 17, 26): este es el Espíritu Santo que está en, y con, el creyente en Cristo. Él es el Revelador de las cosas que Cristo dijo que consuelan y alegran el corazón.
6. Promesa de una gloriosa compañía (vv. 21–23): Cristo no solamente nos ofrece su hogar, sino que ha prometido, por su Espíritu, venir a habitar en nuestros propios hogares y en nuestro corazón si estamos andando con Él.
7. Promesa de una paz incomparable (v. 27): la paz que el mundo da es ficticia y fluctuante. Hoy gozamos de la amistad de un amigo, que puede romperse por cualquier razón, pero el Señor nos da la paz con Dios (Ro. 5:1; Col. 1:20). Él la gozaba en la comunión con su Padre Celestial, y de la misma paz gozan los que son de Él (Fil.; Col. 3:15).
CONCLUSIÓN: ¿No vale la pena emprender el camino a este hogar celestial, permanente y eterno, contando con tales promesas?
82. LAS SIETE MIRADAS DE JESÚS
(Marcos 3:5, 34)
INTRODUCCIÓN: todos hemos oído predicar infinidad de sermones sobre «las siete palabras de Jesús», pero posiblemente pocos o ninguno de los presentes ha oído comentar «Las siete miradas de Jesús». Sin embargo, esta oportunidad nos la ofrece el evangelio de Marcos. Este Evangelio es el más corto, pero el más expresivo, pues refiere mejor que ninguno las acciones del Señor. Fue escrito por el sobrino del apóstol Juan, pero bajo la inspiración del apóstol Pedro, de quien recibió toda la información, según nos refieren los primeros Padres de la Iglesia, hasta tal punto que lo llamaban el Evangelio de Pedro. Todos sabemos que Pedro no era un filósofo, sino un sencillo pescador lleno de fe. Quizá le pasaban algo desapercibidos los largos discursos que nos ofrece Mateo, pero, como buen observador, tomó nota en su mente de los movimientos de Jesús. Los otros evangelistas no refieren las miradas de Jesús; sólo Lucas lo hace en un solo caso que no aparece en este Evangelio, quizá por una reticencia respetuosa de Marcos a su preceptor. Ya comprendéis que me refiero a aquella mirada que Jesús dirigió al propio Pedro con motivo de su negación. Quizá fue esta mirada la que le hizo tener presentes las otras, por asociación de ideas. Se ha dicho que la mirada puede hablar. Son una cosa maravillosa esas dos ventanitas por las que se asoma nuestra alma y se revela sin ruido. El pastor Beal dice: «Mi madre, sabia mujer, era de pocas palabras; me hablaba con sus ojos; y ya lo creo que yo entendía lo que quería decir con su mirada». ¡Puede la mirada expresar tan diversas cosas! ¡Todas las actitudes del ser interior se reflejan en este espejo del alma! Jesús tuvo que expresar diversos sentimientos y actitudes durante su vida terrena, y éstas mismas podemos figurárnoslas aplicadas al momento presente, pues Él no cambia. Está aquí, nos ve, aunque nosotros no le veamos. Nos mira con una mirada más profunda que la de cualquier ser humano, pues Él ve el interior. Por eso podemos creer que los mismos sentimientos de Jesús que se revelan en las miradas consignadas en el Evangelio los tiene para con nosotros y el mundo.
Consideremos, pues, las siete miradas de Jesús:
1. De enojo singular (Mr. 3:5): en la sinagoga donde había un hombre con la mano seca, probablemente traído exprofeso, pues dice que «le acechaban». Conocían de Jesús: sabían que no se sujetaba a la ley de sus tradiciones. «Cuando vea un desgraciado así le curará y le acusaremos», se decían. Estaban tan fanatizados que el milagro no les impresionaba … dirían: «Es por poder del demonio», Jesús responde al desafío de sus inquisitivas miradas con otra mirada noble, grande, llena de majestad, que revela dos sentimientos opuestos: enojo y compasión. Enojo, por el hecho y modo de ser de sus enemigos; compasión o lástima de que fueran así. ¿No es esto lo que nos ocurre con nuestros hijos? Enojo y condolencia a la vez. «Condolencia por la ceguedad de sus corazones», mucho peor por la ceguera física. ¡Cuántos padecen hoy de esta ceguera! (2 Co. 4:4). Si un hombre se tapara los ojos durante meses o años acabaría por ser ciego, atrofiada su vista. Si un corazón no quiere ver a Dios, acabará por no verlo. Por esto la mirada del Señor a los pecadores tiene este doble sentir, y ello nos explica todo el misterio de la actitud de Dios en cuanto al pecado. Dios odia y se complace a la vez. El infierno debe ser necesario en contra de la voluntad de Dios. Y ello se demuestra por lo que Dios ha hecho para librar a los hombres de tal suerte (Jn. 3:16). Quien lo desprecia se hace digno de una mirada de enojo sin compasión.
2. Una mirada de amor (Mr. 10:21): la condolencia que Jesús sentía por todos los hombres, aun de los más ciegos, se transforma en amor afectuoso, ferviente, para ciertas personas que se esfuerzan en el camino del bien. El enojo justo por el pecado queda limitado a su mínima expresión cuando la persona se esfuerza en apartarse del pecado, aun dentro de su condición caída, y en practicar el bien. Así fue con Cornelio (Hch. 10:4) y así también con este joven. Había una gran diferencia entre esta alma sincera y piadosa y los herodianos del caso anterior, partidarios de un monstruo. El joven era rico, no tenía culpa de serlo; y era bueno lo que es más difícil cuando se es rico. Por esto Jesús le amó. Y le amó a pesar de que le faltaba una cosa: la generosidad absoluta, es decir, la perfección. Gracias a Dios que Jesús ama a los que les falta alguna cosa para ser perfectos. ¡Pobres de nosotros si así no fuera! ¿Puede Jesús amarte porque con toda sinceridad buscas cumplir el bien y su voluntad? ¿Es este motivo el que te ha traído a esta iglesia? Quizá Dios mismo te ha traído aquí, te ha dado el privilegio de escuchar la predicación del Evangelio de su gracia, porque ha visto en ti buenos deseos de conocerle y de conocer su revelación. Él te ama. y el hecho de que te halles en posesión de su Palabra es una prueba patente de su amor especial para ti. Puedes sentirte, pues, como ese joven bajo una mirada amorosa de Cristo. Si así no fuera no estarías en este lugar.
3. Una mirada de advertencia (Mr. 10:27): cuando el joven se hubo marchado, leemos que Jesús miró otra vez a la gente, pero con una mirada totalmente diferente, una mirada inquiridora, como buscando lo que pensaban—aunque Él lo sabía—, tratando de hacerles sentir con su mirada que Él conocía los pensamientos de sus corazones. ¿Cuáles eran éstos? Sus discípulos habían oído una cosa que les dejó aterrados (Mr. 10:23). ¡Y ellos no eran pordioseros! Casi todos poseían algo. Juan y Jacobo eran hijos de un empresario de pesca. Pedro era empresario; poseía una barca y probablemente una casa. Mateo había tenido un oficio que le permitió el lujo de celebrar una fiesta cuando se hizo discípulo de Jesús; y ahora oyen vv. 21 y 23. No es extraño que pregunten espantados: «¿Quién podrá ser salvo?» Por eso Jesús responde con su palabra y con su mirada: «No lo serán aquellos que confían en sus riquezas». Jesús no pidió al joven que vendiera sus riquezas para salvarse, sino para que no tuviera más ocasión de confiar en ellas como medio de salvación. Es posible que un día las vendiera (Hch. 4:34), pero cuando ya se había hecho luz en su mente sobre la doctrina de la Redención, bajo los discursos de los apóstoles. ¿En qué confías para tu salvación? ¿En tu bondad natural? ¿En rogativas de otros, compradas con dinero, o en la obra redentora de Cristo? ¡Que solemne la mirada de advertencia del Señor! Puedes figurártela clavada sobre ti diciéndote: «¡Desgraciado si confías en ti mismo o en lo que otros harán a tu favor, y no viniste a entenderte directamente conmigo».
4. De placer aprobando la fe (Mr. 5:32): una mujer se ha acercado a Jesús para ser curada. Desengañada de todo, ha brotado la fe de Cristo en su corazón. Es una le deficiente, supersticiosa, pero es sincera: «Si tocare siquiera la franja de su vestido, seré curada», se ha dicho. Jesús miró alrededor—dice el texto—para ver a la que había hecho esto. ¿Fue para descubrirla?, ¿para saber quién era? No; esto pensaba la gente, pero no era así. ¿Por que miraba, pues, Jesús alrededor? Me figuro que era porque la mujer se escondía y Jesús la iba siguiendo con su mirada. Esto la hizo decidir a darse a conocer. ¿Qué buscaba, pues, Jesús con su mirada? No descubrir a la mujer, sino que esta se descubriese a sí misma. Buscaba confirmar su fe, transformándola de fe secreta en fe pública. ¡Qué satisfecha se fue la pobre después que la mirada de Jesús le hizo decir toda la verdad y oyó: «Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz»! Jesús te está mirando. Está aquí mirando tu fe que ya tienes, pero que quizá escondes para que otros no se enteren, para no comprometerte demasiado. Nunca estarás satisfecho y seguro hasta que hayas hecho pública tu fe con una confesión pública (Mt. 10:32 y Lc. 12:8) (anécdota: durante una serie de cultos de avivamiento, muchas personas, tocadas por el mensaje de la Palabra de Dios, se levantaban para pedir las oraciones de los creyentes a su favor. Un día el predicador recibió una esquela de una señorita muy tímida que decía: «Yo quiero ser del Señor, pero no puedo sufrir la idea de ser objeto de la atención pública. Suplícole se sirva pedir esta noche las oraciones de los cristianos a mi favor, pero sin mencionar mi nombre». El predicador cumplió el encargo como le fue hecho. Principiaron las decisiones y, entre otras súplicas fervorosas, rompió el silencio una voz femenina que dijo: «Señor Jesús, yo soy la señorita que no quería que se mencionase su nombre. Acéptame también y perdona mi temor de confesarte». El amor ferviente había vencido la timidez y la vergüenza).
5. De familiar relación (Mr. 3:34):
a) Este capítulo nos cuenta que Jesús escogió sus doce discípulos para que estuviesen con Él después de una noche de oración; y que al día siguiente la multitud se apiñaba ante la casa donde Él estaba enseñando. Sus parientes, mal informados por los fariseos, vinieron para recogerle. ¡Parece mentira que la bendita Virgen estuviera en esta compañía! ¡No! Ella no creía que Jesús estuviera fuera de sí, pues conocía los secretos de su nacimiento; pero amaba tanto a Cristo que temía por su vida, y se asocia con los que querían hacerle volver al hogar de Nazaret. ¡Pretendía aconsejarle como cuando era un niño! Por esto merecía el reproche que un día Jesús dirigió a Pedro: «No conoces lo que es de Dios, sino lo de los hombres».
b) Jesús había comenzado aquel mismo día una nueva familia espiritual, la de los que habían creído y estaban dispuestos a servirle. Por esto Jesús, al oír hablar de sus familiares carnales, mira a estos otros espirituales con ternura (v. 34). No era un desprecio a su bendita madre, sino una invitación a ella misma y a otros. En este «el que hace la voluntad de mi Padre» cabían todos, su madre también. Era como decir: «¿Mi madre según la carne? ¡Sí!; pero hay uno más grande que ella. ¡De Él soy y a Él voy! Mi madre es sólo el instrumento que Él usó. ¿Mis hermanos? No; ¡soy de una naturaleza demasiado alta para considerar hermanos a los de la carne!». Pero hay un modo superior de serlo: «Cualquiera que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, éste es mi hermano, y hermana, y madre …»
c) Es un desaire para la bendita Virgen, pero también una invitación. Es como decirle: «Madre mía, si quieres estar cerca de mí, no trates de hacerme volver a casa, sino ponte al lado de mis discípulos; únete a ellos en hacer la voluntad de Dios; entonces estarás unida a mí por lazos superiores a los de la carne». María lo hizo, puesto que la hallamos al pie de la cruz y con los discípulos, orando, antes de Pentecostés (Hch. 1:14). Me figuro a la bendita Virgen, que ya era fiel discípula del Señor, con grandes deseos de entrar, de pasar por encima de los curiosos que iban sólo porque sí …; con una gran vergüenza y deseo de estar dentro, no fuera; junto con los que gozaban de la dulce mirada del Señor. ¿Es este también tu deseo? Jesús miró alrededor con una mirada de satisfacción, pero también de invitación, como diciendo: «Éstos son mis amigos, mis confidentes. ¿Quién quiere ser como éstos?, ¿quién quiere entrar en este grupo?»
d) ¿No quieres, amigo oyente, hacer la voluntad de Dios, creyendo en Jesús (Jn. 6:28), para poder ser un discípulo y un hermano menor de Aquel que, siendo Señor de todo, no se avergüenza de llamarnos hermanos? Si ya lo eres, como la virgen María, ¿por qué estás fuera del grupo de los creyentes? Debes asociarte con éstos sin temor ni vergüenza; debes dejar las compañías mundanas, aunque sean tus parientes, si ellos te son un peligro y una rémora para estar más cerca de Cristo. Debes acercarte más a Cristo para gozar de su dulce mirada de beneplácito y admiración.
6. Una mirada de reproche (Mr. 8:33): notad que esta mirada no fue dirigida a un enemigo, como la primera; ni a una discípula vacilante, como la mujer enferma, sino a uno de aquellos mismos discípulos que Jesús había escogido y elogiado con el apodo de hermanos. A uno que acababa de confesar: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios», y había oído decir: «Bienaventurado eres tú, Simón …». Sin embargo, un momento después. el mismo discípulo se enreda en palabras que no debía decir … y tiene que sufrir una mirada que le quedó grabada junto con las palabras: «Apártate de mí, Satanás, que me eres escándalo» (v. 33). Pero notad que la mirada está en plural. Aunque es Pedro el que se había entrometido en hablar, el error era de todos, pues todos pensaban lo mismo; y si Pedro es reprendido de palabra, todos lo son por aquella mirada con la cual Jesús les decía: «¡Infelices …, dudáis de mi acierto y sabiduría en querer ir a la muerte redentora! ¿Qué sería de vosotros sin ella?» ¡Cuántas veces necesitamos también nosotros una mirada semejante! Somos creyentes; podemos decir: «Tú sabes todas las cosas», pero se levantan dudas: la Biblia, el infierno, la predestinación … «No sabes las cosas que son de Dios—puede decirnos Jesús—. ¿Pretenderás juzgar a Dios con tu limitadísima inteligencia?» Para Pedro, la Redención era un misterio tan extraño como para nosotros lo son los más profundos misterios de la teología; hasta que todo se le hizo claro: Comprendió por qué Jesús tenía que ir a la muerte, y pudo escribir 1 P. 1:18–20. Algún día nosotros también entenderemos todos los misterios, sabremos el cómo y por qué de las cosas. Mientras, Dios tiene derecho a reservarse «alguna cosita» (anécdota: un joven discípulo de cierta universidad norteamericana hacía tantas preguntas difíciles, de carácter filosófico y teológico, que su profesor, después de responder a varias de ellas hasta donde era capaz, terminó el diálogo diciéndole: «¿No le parece, joven, que Dios tiene derecho a reservarse alguna cosita para sí?»).
7. Una mirada de juicio (Mr. 11:11): el evangelio de Marcos parece diferir de los demás al declaramos que el incidente de arrojar a los mercaderes del Templo tuvo lugar el día siguiente a la entrada triunfal. Los otros no dicen que fuera el mismo día, sólo explican que ocurrió. Pedro fue más observador, y Marcos nos hace notar que el día de la entrada triunfal Jesús hizo una minuciosa inspección del templo. ¿Y qué ocurrió el día después de aquella inspección? Volvió trayendo un azote de cuerdas y limpió la Casa del Señor. Como limpió el Templo tiene que limpiar un día el mundo; y la mirada que hizo huir a los mercaderes, se proyectará de tal modo sobre los pecadores, que éstos huirán clamando a las rocas: «Escondednos de la mirada …» (Ap. 6:16). ¡Y tendrás que sufrirla si no eres un redimido!
CONCLUSIÓN: pero hay otra mirada no tan severa, pero también digna de respeto y de ser tenida muy en cuenta por los mismos discípulos del Señor (Lc. 21:36). Esto parece significar que la Iglesia no pasará la grande Tribulación; que podemos ser arrebatados en cualquier momento; pero ante esta posibilidad inminente, ¡cuán solemne es la advertencia! «Que podáis estar de pie» significa firmes, con la cabeza alta, capaces de sostener su mirada penetrante, inquiridora de nuestra vida pasada, sin temor ni vergüenza, pudiendo decir: «Aquí estoy, Señor; no soy perfecto, pero tú sabes todas las cosas, tú sabes que te he amado. Que he sido sincero en tu servicio. He tratado de hacer para ti lo mejor con toda lealtad, a pesar de todas mis equivocaciones; no he sido hipócrita, ¡ni he negado tu nombre! ¡Y qué gozo recibir, con su mirada de aprobación, las palabras: «Bien, buen siervo y fiel …, entra en el gozo de tu Señor»!
83. «NADIE»
(Juan 14)
INTRODUCCIÓN: la palabra «nadie» es una expresión negativa, pero en muchos casos se trata de una expresión afirmativa y positiva, cuando se utiliza como término de comparación o de ponderación. En tal sentido se usa en el Evangelio de Juan varias veces y el estudio de esta simple palabra puede resultamos de gran enseñanza y edificación.
1. Como declaración de poder (Jn. 3:2): «Nadie podría hacer estas señales si no fuera Dios con Él». Los fariseos atribuyeron las obras milagrosas del Señor Jesús a poder diabólico (Mt. 12:24), pero Nicodemo reconoció en ellas el poder divino y así era. Veamos seguidamente unos ejemplos:
a) En Mr. 5 vemos un hombre que nadie pudo domar, excepto el Señor (vv. 4, 15).
b) En Mr. 5:29 se cuenta de una mujer que nadie pudo sanar, curada por Cristo.
c) En Mr. 5:41 vemos a una niña que nadie podía resucitar, pero Jesús lo hizo.
d) Pero Cristo puede hacer mucho más, aun sin estar con nosotros en presencia corporal. Él es el resucitado y ascendido todopoderoso, el único que puede salvar eternamente a los que por Él se allegan a Dios (He. 7:25).
2. Una afirmación de amor (Jn. 15:13): «Nadie tiene mayor amor que éste …», dice el mismo Señor. Algunas personas, no muchas, han dado su vida por su patria o por un amigo, pero ninguna lo ha hecho por un enemigo; pero Pablo mismo era un ejemplo de cómo el Señor se compadeció de él y le salvó siendo un enemigo (Ro. 5:6–8). El amor de Cristo no tan sólo supera a todo amor humano, sino que, como dice Pablo, excede a todo conocimiento (Ro. 5 ; Gá. 2:20; Ef. 3:19).
3. Una afirmación de voluntad (Jn. 10:17, 18): «Pongo mi vida …» «Nadie me la quita». El Señor no murió como un mártir impotente, sino como un sacrificio voluntario. En diversas ocasiones, sus enemigos atentaron contra su vida en vano (Lc. 4:29–30; Jn. 8:59). El Señor demostró que no podían tocarle sin su permiso en el mismo huerto de Getsemaní (Jn. 18:4–6). Su resurrección comprobó que su muerte era voluntaria, redentora y victoriosa (Fil. 2:6–11; He. 10:5–12).
4. Una afirmación de seguridad (Jn. 10:28): «Nadie las arrebatará de mi mano». He aquí la «caja fuerte» de la cual nadie puede sustraer los «tesoros» del Hijo y del Padre. Pablo tenía plena confianza en esta seguridad (2 Ti. 1:12. véase también Jn. 5:24).
5. Una afirmación amonestativa (Jn. 14:6): «Yo soy el Camino … nadie viene al Padre sino por Mí». Todo aquel que procure ir al Cielo por otro camino jamás llegará, pues representa que desprecia el amor de Cristo, rechaza su sacrificio, desconfía de su poder y rehúsa creer a su Palabra. ¿Cómo puede Dios aceptar a semejante persona?
84. SALMO 40 COMPARADO CON LA CONVERSIÓN DE ZAQUEO
(Lucas 19:9)
1. Situación: hundido en el pecado de la ambición y el hurto. Chocaba con los siguientes impedimentos …
a) Una dificultad popular: publicano.
b) Una dificultad moral: pecador.
c) Una dificultad financiera: rico.
d) Una dificultad insuperable: tratar de salvarnos a nosotros mismos … Tarea inútil.
e) Una dificultad superada; clamar al que puede salvarnos: «Oyó mi clamor».
2. Cristo es el Salvador poderoso que levanta al caído: la encarnación del Verbo es Dios «inclinándose», bajándose para acercarse al pecador.
3. Su salvación es firme y segura. «Puso mis pies sobre peña» (v. 2).
4. El Salvador se complace en guiar a los salvados por el camino que Él anduvo. «Enderezó mis pasos».
5. Pone en sus labios una canción nueva: la vieja era—«¡Ay! ¡Ay! ¡Socorro!»—y la nueva es; a saber, «alabanza a nuestro Dios» (Ap. 5:9).
6. Resultados del proceso de salvación:
a) Verán esto muchos.
b) Temerán.
c) Esperarán en Jehová.
85. UN DISCURSO SOCIAL DE JESÚS
(Lucas 4:16–30)
INTRODUCCIÓN: aunque Jesús predicaba comúnmente sobre parábolas y discursos propios, a veces usó como texto la Sagrada Escritura. En esta ocasión fue en la sinagoga de su propio pueblo, donde Él había concurrido muchas veces como oyente; pero el haber realizado milagros en Caná y Capernaúm, hizo que el presidente le llamara a predicar, y Él lo hizo de modo sorprendente, revelando su propia misión como Mesías, a quien presenta en cuatro aspectos:
I. Social
1. «A los pobres»: el jubileo era buenas nuevas sociales para los pobres. ¡Con cuánta ansia lo esperarían! Todas las deudas quedaban perdonadas, las propiedades volvían a sus primitivos dueños. Todas las necesidades y apuros de cincuenta años quedaban reparados. Jesús declaró que aquella profecía de Isaías quedaba cumplida en un sentido que ellos no entendían. Jesús no vino a suprimir la pobreza en su primera visita al mundo, ya que venía a salvar las almas y no a cambiar de golpe las leyes sociales. Dijo a Judas: «Los pobres siempre los tendréis con vosotros»; pero el Evangelio, al desarrollarse, ahuyenta la pobreza. ¿Cómo?
a) Al suprimir los vicios (Col. 3:1–4).
b) Al condenar la pereza (2 Ts. 3:7, 10).
c) Al enseñar a los ricos a ser dadivosos (1 Ti. 6:18).
2. La pobreza huye de las familias y naciones donde el Evangelio triunfa. Jesús era amigo de los pobres; vivió como pobre en el hogar de una viuda con siete hijos. Conocía las dificultades de la pobreza. El que podía convertir las piedras en oro quiso guardar la pobreza. ¿Por qué? Para poder simpatizar con ellos.
Ventajas de los pobres para el Evangelio:
a) Más libres de miramientos humanos.
b) Más decepcionados del mundo.
c) No tienen tantos lazos que les aten al pecado.
d) Se sienten más necesitados de auxilio.
3. Por todo ello se salvan más fácilmente. ¿Por el mérito de ser pobres? ¡No!, sin Cristo el pobre se pierde como el rico, pero con Cristo se convierte en el más rico. Cristo se hizo pobre para que con su pobreza seamos enriquecidos en la vida y en la eternidad (1 Co. 8:9).
II. Sanar a los quebrantados (Lc. 4:18)
El mundo debía de parecer a Cristo un inmenso hospital de quebrantados de corazón; personas que han visto rotas sus ilusiones por los golpes de la vida. Ni la juventud ni la riqueza impiden el quebranto moral (ej.: Marilyn Monroe, Elvis Presley, etc.). Jesús ha venido a sanar, a juntar otra vez corazones rotos:
—¿Para qué bebes?—preguntaron a uno.
—Para olvidar—respondió.
Pero esto no es curar, sino pegar con lodo. Jesús tiene verdadero placer en curar a los tales (anécdota: el joven que con la pistola en la mano oyó un mensaje de radio).
El Señor no nos dice «Distráete», como aconsejan muchos psiquiatras, sino que saca la espina del pecado. Nadie puede consolar como Jesús, pues nadie puede prometer lo que Él prometió …
III. Emancipar (v. 18):
«Proclamar libertad a los cautivos». No sabemos que lo hiciera literalmente, ni siquiera con su primo el precursor (Juan el Bautista); sin embargo, dice: «Hoy se ha cumplido». Porque Jesucristo veía los efectos de su venida a un mundo de esclavos. El Evangelio es la fuente de todas las libertades:
1. Físicas: al declarar a todos los hombres iguales ante Dios. Los defensores de la libertad, Livingstone, Willberforce, Lincoln, eran cristianos y actuaban por amor a Jesús. No es extraño que la mayoría de los negros de América sean cristianos; pero Jesús pensaba también en:
2. La libertad espiritual: veía el mundo como una inmensa cárcel de Satanás (Jn. 8:32–36). Cada vicio es una cadena del diablo. Todos los psicólogos lo dicen. Los hay del tabaco, del alcohol, del juego, de las drogas, etc. Cristo rompe la cadena, cualquiera que sea; hay miles de testimonios.
IV. Recuperación de la vista (2 Co. 4:4; Jn. 9:40, 41)
¡Cuánto gana el hombre que recobra la vista! Así es el que adquiere la vista del alma. Hay un mundo nuevo para el de realidades espirituales en el Evangelio.
V. Año agradable del Señor (v. 19)
Significa edad favorable al hombre. Hace 1. 900 años que dura. Para Jesús, que vivía en la eternidad, estos dos mil años de preparación del Reino no eran un tiempo muy largo. Cuando todo parezca hundirse, por los éxitos del adversario en retener a los hombres en pobreza, dolor, esclavitud y ceguera, vendrá el libertador a Sión.
VI. Y año de venganza (Is. 61:2)
1. O sea, de juicio. La palabra venganza se refiere al diablo y a las injusticias que han tenido lugar en el mundo y que Dios tiene que vengar; las que sufrieron los perseguidos en los Alpes, los condenados por la Inquisición, las víctimas de los campos nazis, todo ello pide venganza. La muerte de un Hitler en un banquete no es justicia, puesto que justos e injustos han de morir; el infierno es una necesidad, y los hombres han de ser juzgados «según sus obras». Pero el día de la justicia para unos será el año agradable del Señor para otros.
2. Jesús paró la primera parte, estaba anticipando una realidad diferida. Los mismos conciudadanos de Nazaret eran pobres esclavos del diablo cuando se levantaron airados empujando a Jesús hacia el precipicio del terreno donde está edificada Nazaret, y miles lo han estado a través de los siglos.
Nosotros somos continuadores de su misión libertadora (Jn. 14:12). Sólo podremos hacerlo, más bien en el sentido espiritual que en el político, si podemos decir como Él: «El Espíritu Santo de Dios está conmigo y él obra en mí y por mí» (Lc. 4:18).
86. UNA INVITACIÓN BIEN PRESENTADA
(Números 10:29)
INTRODUCCIÓN; la invitación dada por Moisés a Hobab, su cuñado el madianita, es un modelo de lo que debería ser la manera de introducir el mensaje evangélico a las personas por las que nos sentimos interesadas en el bienestar de sus almas (Nm. 10:29). Notemos los siguientes puntos:
1. Es un mensaje atractivo: no dice que la tierra de Madián no sirve para nada, sino que pondera las grandes ventajas que Dios está ofreciendo a los que obedecen su llamado.
2. Es un mensaje de confianza: no dice nada de las dificultades que tal vez encontrarían, ni expresa dudas en cuanto a la posibilidad de su llegada al fin. Todo es seguro (2 Ti. 1:12).
3. Es un mensaje de interés personal: «nosotros partimos». Se trata de una compañía excelente y todos marchan con el disfrute de la presencia y protección del Señor (Mt. 28:19, 20; Jn. 10:28, 29).
4. Es un mensaje de cariño: «ven con nosotros». No es cuestión meramente de hacerle la oferta sin que le importe nada de la aceptación o rechazamiento de ella. Hay un verdadero amor detrás de sus palabras.
5. Es un mensaje de aliento: «te haremos bien». ¿Quién puede enumerar los beneficios que recibe el pueblo de Dios? Podríamos mencionar el perdón, la paz, el poder, el premio en la otra vida, etc.
6. Es un mensaje persuasivo: «Jehová ha hablado bien»—respecto a su pueblo—. Podríamos señalar lo citado en 1 Co. 2:9, 10 y describir algo de la bienaventuranza de los que se encontrarán al fin en la presencia de Dios para toda la eternidad.
87. UNA INVITACIÓN GENEROSA
(Isaías 55:1–3)
INTRODUCCIÓN: se ha llamado a la segunda parte del libro de Isaías que empieza en el cap. 40, el Evangelio del A.T. Ciertamente hay una diferencia tal de estilo entre la primera parte y la segunda, que los críticos modernistas han inventado el supuesto de un segundo Isaías, que escribiera dos siglos después, pero podemos responderles con muchos argumentos:
—Cristo y los apóstoles siempre citaron 6 Isaías sin hacer ninguna distinción.
—En las cuevas de Qumram se ha encontrado recientemente una copia que se remonta al año cien antes de Cristo, y es igual al libro que tenemos en el Antiguo Testamento.
—No es nada extraño que un joven historiador, amigo de Uzzías y de los últimos reyes de Israel, escriba en otro estilo que un anciano desterrado en Babilonia 50 años después, pero ambos son una sola persona inspirada por el Espíritu de Dios.
Es curioso que después del cap. 53, donde se habla tan claramente del Mesías redentor, venga el 55 con la invitación evangélica que vamos a comentar.
1. Los invitados: están sedientos: naturalmente no de agua (véase Jn. 4:13, 14). No tienen dinero. Esto significa que no tienen medios para pagar aquello que sólo puede satisfacer sus almas (véase 1 P. 1:18). Por esto Dios mismo les hace en este pasaje
2. La invitación, en tres palabras:
a) Venid: esto significa una actitud decidida. Cuando invitamos a las personas a ir a la plataforma, no significamos que su acción sea salvadora, pero es una muestra de decisión. El alma tiene que decidirse y moverse como hizo el hijo pródigo, con una determinación inquebrantable.
b) Comprad: ¿Cómo comprar sin dinero? No cosas de este mundo, pero sí cosas espirituales; significa una renuncia a todo aquello que puede impedir la decisión por Cristo. Jesús habló del hombre que encontró un tesoro en el campo, y vendió todo lo que tenía para adquirir el campo, y con él, el tesoro que estaba oculto. Así es con el tesoro del Evangelio, que está escondido a la vista de los hombres, pero que es una promesa cierta de vida y felicidad eterna. Jesús lo expresa con figuras muy fuertes que no se tienen que tomar literalmente, pero sí en el terreno moral y espiritual (véase Mr. 9:43–48).
c) Comed: después de poseer la salvación tenemos que asimilarla o digerirla; esto significa poner en práctica las enseñanzas de Cristo y hacer frutos dignos de arrepentimiento. Pueden citarse ejemplos del N.T. como Zaqueo o anécdotas recientes.
3. Una censura a los esfuerzos vanos:
a) «Gastar el dinero, no el pan»: muchos habían intentado comprar el don de Dios (Hch. 8:20) instigados por instituciones humanas de mucho oropel.
b) Trabajo no en hartura: son las obras penitenciales con que muchos en siglos pasados pensaron complacer a Dios y nunca estuvieron satisfechos por carecer del Evangelio con sus afirmaciones tan claras que indujeron a Lutero a proclamar la Reforma, o sea vuelta a los principios de la antigua y auténtica verdad de Dios.
4. Variedad de riquezas verdaderas:
a) Un pacto eterno ¿a través de quién?
b) Un descendiente de David en cuanto a la carne, pero que espiritualmente era Hijo de Dios.
c) Un testigo fiel. Millones han creído sus promesas y se han alistado en sus filas. Gente de todas las naciones que no conocían a Dios.
5. Hay que hacer todo esto a tiempo (v. 6):
a) Cambiar de camino (véase Mt. 7:13, 14).
b) Todo esto ha de hacerse a tiempo (v. 6).
6. Los planes de Dios, mucho más altos … A nadie se le hubiera ocurrido desde acá abajo un plan como el de la Redención, tal como decía el místico español: «Que se hiciese Dios hombre ved medio tan acertado, ¿quién pedírselo pudiera si Dios no lo hubiera dado?».
CONCLUSIÓN: es un plan de amor con justicia. Dios vindica su justicia ante el Universo entero sacrificándose Él mismo en la persona de Cristo, que era Dios y hombre a la vez. ¿Puede el hombre pedir más? ¿Puede alguien despreciar semejante invitación?
88. EL TEMA DE JUAN
(Apocalipsis 1)
1. La Cruz de Cristo (v. 5).
2. La venida de Cristo (v. 7).
3. La comunión de Cristo (vv. 12–18).
89. GLORIOSAS REALIDADES
«Cosas gloriosas se han dicho de ti, ciudad de Dios» (Sal. 87:3).
1. El glorioso Evangelio de Dios:
«Según el glorioso Evangelio del Dios bendito, que me ha sido encomendado» (1 Ti. 1:11; Ro. 1:1).
2. El glorioso Evangelio de Cristo:
«Pero si nuestro Evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este mundo cegó los pensamientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la iluminación del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2 Co. 4:3, 4; Ro. 1:9, 16).
3. La iglesia gloriosa:
«… Así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado con el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentarla él a sí mismo como una iglesia gloriosa, que no tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que sea santa y sin mancha». (Ef. 5:25–27; Hch. 20:28).
4. Glorioso poder:
«… Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el pleno conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad …» (Col. 1:10, 11; Ef. 3:16).
5. Gloriosa libertad:
«… De que también la creación misma será liberada de la servidumbre de la corrupción, a la gloriosa libertad de los hijos de Dios». (Ro. 8:21; Gá. 5:1).
6. Gloriosa aparición:
«Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo …» (Tit. 2:13; 1 Jn. 3:2; 2 Ti. 4:8).
7. Cuerpo glorioso:
«Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transfigurará el cuerpo de nuestro estado de humillación, conformándolo al cuerpo de la gloria suya, en virtud del poder que tiene también para someter a sí mismo todas las cosas» (Fil. 3:20, 21).
90. EL SEÑOR JESÚS Y LA ORACIÓN EN LOS CUATRO EVANGELIOS
1. El Señor Jesús y la oración en el evangelio de Lucas:
a) Él oró en su bautismo (Lc. 3:21).
b) Oró sobre la multitudes (Lc. 5:15, 16).
c) Oró sobre la enajenación mental humana (Lc. 6:11, 12).
d) Oró antes de preguntar qué era lo que la gente pensaba de Él (Lc. 9:18):
e) Oró en su transfiguración (Lc. 9:29).
f) Oró por Pedro (Lc. 22:31, 32).
g) Oró en Getsemaní (Lc. 22:41, 44).
h) Oró en la Cruz y en la hora de su muerte (Lc. 23:34).
2. El Señor Jesús y la oración de acuerdo a Mateo, Marcos y Juan:
a) Tanto Mateo como Marcos nos informan que el Señor subió a o alto de las montañas y en medio de la soledad oraba en voz alta su Padre (Mt. 14:23; Mr. 6:46).
b) Marcos nos dice que Él se despertó temprano por la mañana y elevó su voz en oración (Mr. 1:35).
c) Juan nos dice que el Señor oró ante la tumba de Lázaro ante de llamarlo a la resurrección y a la vida, y con toda confianza agradeció al Padre por la respuesta que ya daba por segura (Jn. 11:41, 43).
3. El Señor Jesús y la oración en conexión con su ministerio presente:
a) Su vida en la tierra fue entregada a la oración.
b) Su vida celestial está constantemente llena de intercesión por los suyos.
c) La intercesión de Cristo por los suyos es tanto comprensiva, amorosa como efectiva.
4. El Señor Jesús y la oración en relación con su pueblo:
a) Mirando la vida de oración del Señor Jesucristo, pensemos en nuestras propias vidas con relación a la oración.
b) El es nuestro gran Ejemplo y Modelo tanto en la oración, como en todas las cosas.
c) La oración es el gran recurso del cristiano.
d) Dios responde a la oración, no siempre a nuestro modo, pero si de la mejor forma según su sabiduría.
91. ESPERANDO LA CORONACIÓN
(2 Timoteo 4:6–8)
INTRODUCCIÓN: nada podría ser más propio de Pablo de acuerdo a su carácter y circunstancias que este lenguaje paulino …
1. Pablo había casi alcanzado el punto de conexión entre la Tierra y el Cielo: Pablo ya era un anciano, y su martirio había sido determinado para dentro de no mucho tiempo. El dice que ha acabado la carrera, y que ha peleado al buena batalla. El próximo paso habría de ser el pasaje a la eternidad. Su situación no era como para sentir pena por él, sino para felicitarle.
2. Reflexiones de Pablo sobre la vida pasada: «La buena batalla». Había peleado por una buena causa, la causa de Dios, y el bienestar eterno de los seres humanos, por los cuales había muerto el Redentor. Es la causa más noble por la que el corazón de un hombre o un ángel jamás haya latido. «He guardado la fe». Pablo había recibido el Evangelio como un depósito sagrado, y lo había guardado, defendido, y mantenido con toda fidelidad. En medio de todas la varias formas de duda e incredulidad que había visto, se mantuvo firme como una roca en defensa de la verdad. Perseveró incansablemente hasta haber acabado la carrera.
3. Pablo mira hacia adelante, a la promesa que Dios le dará: sus ojos miran hacia el futuro y la gloria se eleva majestuosa ante él—«una corona» le espera—emblema de riquezas, de dignidad, de autoridad—una medida inconcebible de gozo, la corona de justicia», adquirida por la justicia del Redentor, una corona segura y de inmenso valor. De parte de Dios es también un testimonio público en honor de Sus santos. La recompensa es dada por un Juez justo, y es intachable.
CONCLUSIÓN: esperaremos nuestra recompensa hasta el día de la venida del Señor. Es una recompensa tan segura como el pacto de fidelidad de Dios, y como la gracia y el poder del Mediador.
Otras riquezas pasarán y desaparecerán, pero las dádivas de Dios son eternas. Bendito y bienaventurado el creyente moribundo que mira atrás y ve que el camino de peregrinaje por el desierto ya se ha terminado; y al mirar hacia adelante puede ver las visiones de la inmortalidad.
Parábolas, tipos y figuras
92. EL MERCADER
(Proverbios 3:13 y 14)
1. La analogía:
a) El mercader ubica sabiamente su negocio para tener éxito. Del mismo modo, el cristiano debe saber ubicar todo lo que Dios le ha dado para usar en el servicio.
b) El mercader sabio llena su sitio con mercancías para la venta. El cristiano ha de ver que su corazón esté lleno con santas experiencias, gracia y verdad.
c) El mercader exitoso hace publicidad de su negocio al mundo. El cristiano estará siempre listo para dar su testimonio.
d) El mercader se preocupa respecto a los precios de las mercancías de la situación general del mercado. El Hijo de Dios se interesa profundamente por los asuntos del Reino.
e) El mercader mantiene una correspondencia frecuente con los grandes mercados mayoristas. El cristiano fiel debe ser constante en la oración, y en la lectura de la Palabra.
f) El mercader que triunfa en sus negocios se acomoda a sus clientes. El cristiano fiel estará siempre alerta a acomodar sus palabras, hechos e influencias para el bien de los que le rodean.
g) Un buen mercader dispensa y recibe beneficios. El cristiano útil en el servicio reparte bendiciones a los demás y por lo tanto recibe beneficios para su propia alma.
h) El mercader que tiene éxito en sus negocios cierra su vida laboral con altas ganancias. ¿Cuántos cristianos fieles y fervientes tendrán sus coronas engalanadas con estrellas, y andarán por las calles de oro del Cielo juntamente con aquellos que han llevado a Cristo?
2. La aplicación: ¿Querrá cada uno de vosotros que oye este mensaje, entrar en el tráfico santo para El Señor Jesús como nunca antes lo ha hecho?
93. HEBREO, GRIEGO Y LATÍN
(Juan 19:20)
INTRODUCCIÓN: el hecho de que el título sobre la cruz de Nuestro Señor fue escrito en estas tres lenguas, tiene un mensaje para todo el mundo.
1. En Hebreo, el idioma del pueblo religioso. El mensaje de la cruz enseña aquí que la religión no basta, pues la nación más religiosa rechazó a Cristo. Saulo era en extremo religioso y sin embargo no era salvo.
2. En Griego, el idioma del pueblo sabio. Los sabios según el mundo deben saber que Dios «ha enloquecido la sabiduría de este mundo» (1 Co. 1:20), y que no podrán encontrar la salvación en su sabiduría humana, pues el principio de ella es el temor de Jehová (Pr. 1:7).
3. En Latín, el idioma del pueblo poderoso. El ideal de los romanos era el poder irresistible. Pero la cruz en seña que lo débil de Dios es más fuerte que todo el poder de los hombres (1 Co. 1:25; Ro. 1:16). El gran poder del imperio romano decayó y desapareció, pero el Evangelio ha seguido de triunfo en triunfo a través de los siglos.
94. LAS LEYES DE MIGRACIÓN
(Juan 14:2–4)
Todos los países tienen leyes de inmigración. Es un privilegio aplicarlas a todos los que quieren entrar. Hoy no se puede viajar sin cumplir muchas leyes semejantes. Ni se puede ir al Cielo sin encontrarlas. Hélas aquí:
1. Cosas que no podemos importar al Reino de los Cielos:
a) Las cosas malas (1 Co. 6:9, 10; Gá. 5:19, 20).
b) Las cosas de carácter sospechoso (Ef. 5:3–14).
2. Cosas que debemos tener si queremos entrar:
a) Un nuevo nacimiento (Jn. 3:3).
b) Santidad de corazón y vida (He. 12:14).
95. YO SOY
(Juan 8:25)
Los judíos preguntaron un día a Jesús: «¿Tú quién eres?» (Jn. 8:25): Jesús respondió a través de sus discursos …
1. «Yo soy el pan vivo que ha descendido del Cielo. Si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre» (Jn. 6:51).
2. «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida» (Jn. 8:25).
3. «Yo soy la puerta. El que por mi entra será salvo» (Jn. 10:9).
4. «Yo soy el buen pastor. El buen pastor su vida da por las ovejas» (Jn. 14:6).
5. «Yo soy el camino» (Jn. 14:6).
6. «Yo soy la verdad» (Jn. 14:6).
7. «Yo soy la vida» (Jn. 14:6).
8. «Yo soy la vid verdadera» (Jn. 15:1).
9. «Yo soy el alfa y la omega, principio y fin» (Ap. 1:8).
10. «Yo soy la resurrección y la vida El que cree en mí aunque esté muerto vivirá» (Jn. 11:25).
11. «Y si no creyereis que Yo soy, en vuestros pecados moriréis» (Jn. 8:24).
96. LOS CAMINOS DEL FUTURO
«… a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir» (Jos. 3:4).
1. El camino de Damasco: camino del despertamiento: conversión.
2. El camino de Jerusalén: camino de la comisión.
3. El camino de Jericó: camino del servicio.
4. El camino de Emaús: camino del compañerismo, el corazón ardiente.
97. REFUGIO
(Josué 20:7, 8)
1. Institución de las «Ciudades de Refugio»:
a) Muestran el amor de Dios hacia los pecadores arrepentidos.
b) Simbolizan la salvación fácil que Dios nos ofrece.
c) Son tipos de Cristo mismo (1 Jn. 4:8, 16).
2. Diferencia entre las leyes dadas por Moisés y las que regían en el resto del mundo:
a) Estas eran crueles.
b) Aquellas eran benignas.
c) «Porque la ira del hombre …» (Stg. 1:20).
3. Ciudades al Poniente del Jordán:
a) Cedes, en Neftalí.
b) Siquem, en Efraim.
c) Hebrón, en Judá.
4. Ciudades al Oriente del Jordán:
a) Beser, en Rubén.
b) Ramoth, en Gad.
c) Gaulon, en Menasés oriental.
5. Eran lugares seguros:
a) Se podía vivir en ellas tranquilamente.
b) Se podía rehacer la vida.
c) Se podía permanecer en ellas.
6. Eran lugares agradables:
a) Los refugiados tenían buen alojamiento.
b) Se les proporcionaba trabajo.
c) Todos eran «pecadores escapados».
7. Único recurso para el delincuente:
a) Se le recibía en la puerta.
b) Se le juzgaba con humanidad.
c) Se le escapaba del vengador.
8. Facilidades para llegar a ellas:
a) No había que pasar el Jordán.
b) El camino era bastante bueno.
c) Las puertas estaban siempre abiertas.
9. Nuestro Refugio es Cristo:
a) Invita a los pecadores (Mt. 11:28).
b) Recibe a los pecadores (Lc. 15:2).
c) Salva ampliamente y de forma inmediata (Ap. 22:17).
«Señor, ¿qué quieres que haga?» (Hch. 9:6).
98. EL GRANJERO TONTO
(Lucas 12:20)
1. Olvidó al dador, pensando en los dones. Ingratitud: «Mis dioses». La propiedad es sólo un préstamo. Somos mayordomos de Dios.
2. Se olvidó de su vecino, pues pensaba sólo en sí mismo: «Alma, tienes muchos bienes en reserva …». Vivir para acumular riquezas no es sabio. No es la cantidad lo que hace la felicidad. Las Escrituras nos enseñan que es más bienaventurada cosa dar que recibir.
3. Se olvidó de su alma, y pensó solamente en su cuerpo. Este hombre hizo provisión sólo para sus necesidades físicas. Las propiedades no pueden sostener la vida ni prolongarla El alma no puede ser satisfecha con nada que no provenga de Dios.
4. Se olvidó de su moralidad, pues pensaba solamente en su vida terrena. La muerte puede sobrevenir en cualquier momento. Es extraño que los hombres, siendo tan cuidadosos en asegurar todos sus bienes contra pérdida y daños varios, no hagan provisión para la eternidad. El buen hombre encomienda su alma a Dios. Al hombre malo se le requiere su alma.
99. LA OVEJA PERDIDA Y EL PASTOR QUE LA BUSCA
«¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?» (Mt. 18:12).
INTRODUCCIÓN: encontramos esta sencilla parábola, o más bien diremos germen de parábola en una forma más extensa, como la primera de las tres incomparables parábolas que se encuentran en el cap. 15 del evangelio de Lucas. Quizás nuestro Señor repitió la parábola más de una vez. Es una revelación de lo más profundo de su corazón, y por lo tanto, una revelación del mismo corazón de Dios. Toca las fibras más profundas de su relación con los hombres y presenta los pensamientos de él, en tal forma que ningún hombre había osado imaginar. Hace todo esto por medio de una imagen sencilla y por medio de la apelación a los instintos más puros. El pastor más sencillo busca su oveja perdida. ¡Y cuánto regocijo se siente cuando uno halla una cosa perdida! Puede ser que las cosas pérdidas no sean tan valiosas como las que no se han perdido. Sin embargo, aunque no sean muchas las ovejas que se han perdido, y una solamente sea la descarriada, se experimenta un gozo más profundo por la recuperación de una, que por la posesión de las noventa y nueve que no se descarriaron. Ese sentimiento en un hombre puede ser únicamente egoísmo; pero, por corriente que parezca, cuando el que pierde es Dios, y los perdidos son los hombres, dicho sentimiento llega a ser un medio para proclamar e ilustrar esta verdad concerniente a Dios, la cual ninguna religión, excepto la de la cruz, ha sido bastante audaz para proclamar: Que Dios se preocupa más por los descarriados que él se regocija más por el regreso de uno que se descarrió, que por los noventa y nueve que nunca se han descarriado. Hay algunas diferencias significativas entre este relato de la parábola y el que está en el evangelio de Lucas. Allá, en el de Lucas (15:1–7), se relata la parábola para vindicar 13 acusación de que Cristo se relacionada con los publicanos y los pecadores; y aquí, en el relato de Mateo, se menciona para señalar la lección de que no debe despreciarse al último y más insignificante de los hijos de los hombres. Allá, el pastor que busca es claramente Cristo; aquí, el Pastor que busca es más bien el Padre celestial; esto se colige por las palabras del siguiente vs.: «Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los Cielos, que se pierda uno de estos pequeños» (Mt. 18:14). Allá, según Lucas, la oveja está perdida; aquí, según Mateo, la oveja se descarría. Allá, según Lucas, el pastor la busca hasta que la encuentra; aquí, según Mateo, el pastor, probablemente, no la encuentra, pues nuestro Señor dice: «Y si acontece que la encuentra …».
Pero no voy a aventurarme en todos los pensamientos que sugiere esta parábola, ni siquiera voy a tocar la lección principal que enseña. Solamente deseo considerar las dos figuras: la oveja descarriada y el que la busca …
1. Lo que representa la oveja descarriada: casi es innecesario que recordemos la aplicación inmediata de la parábola que encontramos en el evangelio de Lucas; las noventa y nueve eran personas respetables; ellas creían que los publicanos y las rameras eran demasiado corrompidos aun para tocarlos; y consideraban como dudosa la conducta de parte de este joven Rabí de Nazaret al mezclarse con aquellas personas de reputación dudosa, con quienes nadie que se considerara impío podría relacionarse. Jesús vindicó su actitud dando a entender que él, en realidad, era un Pastor. Por supuesto que un pastor va tras de las ovejas perdidas y cuida de ellas. No pregunta cuánto valen ni ninguna otra cosa respecto de ellas. Sencillamente sigue a la oveja perdida porque se halla perdida. Puede ser un pobre animalito, pero está perdido, y eso es suficiente. Y así se vindica él mismo ante las noventa y nueve, y con su actitud les hace entender que ellos no lo necesitan, porque no están perdidos; y que aunque él los estima según el valor que ellos mismos se han adjudicado, la misión de él es para con los descarriados. Sin embargo, al examinar más de cerca y profundamente los hechos del caso, tenemos que reconocer que las noventa y nueve también eran ovejas descarriadas, y que todos los hombres están descarriados si se usa esta parábola en su significado más amplio. Recordando pues, esta aplicación universal de la parábola, señalaré dos o tres cosas acerca de la condición de estas ovejas descarriadas, que incluyen a toda la raza humana. Las noventa y nueve pueden representar para nosotros una gran cantidad de seres celestiales no caídos, cantidad inmensamente más grande que las multitudes de almas descarriadas que han vivido aquí a través de las edades y que han sido víctimas del pecado y la aflicción; pero esto no nos preocupa por ahora.
a) Notemos en seguida el cuadro de la oveja descarriada: la palabra significa literalmente «que se descarría», no «que se ha descarriado». Describe el proceso del descarrío, no el resultado a que ha llegado. Vemos a la oveja, pobre e incauta criatura que no va a ningún lugar en lo particular, pero que viendo por allí un poco de pasto verde y agradable va errante a ese lugar, ve más allá un poco de tierra donde el caminar es fácil, y allá va; y así, paso a paso, sin intentarlo prosigue sin saber a dónde va, y sin saber que va a un hogar definido. La oveja va alejándose hasta que al final se encuentra fuera de su camino en una colina (ya que generalmente las ovejas se conservan en la falda de las colinas, como cualquier pastor podrá afirmarlo). y entonces comienza a balar. Y siendo la oveja la más indefensa de todas las criaturas. temblando y excitada se precipita entre las espinas o los abrojos, o se sume en el cieno o en alguna otra parte, y nunca encuentra su camino para volver por sí misma, sino hasta que alguien viene por ella. Así como las ovejas, nos dice Cristo, muchos de vosotros no intentáis errar; ni dirigir a ningún lugar en lo particular; no iniciáis vuestro camino con ningunas intenciones de hacer el bien o el mal, de conservaros cerca de Dios o de alejaros de él; pero vosotros sencillamente vais a donde el pasto es más dulce, o el caminar mas fácil; y entonces reconocéis a qué fin habéis llegado: Os habéis alejado de Dios.
b) Ahora, si tomamos la serie de parábolas que se encuentran en Lc. 15, y leemos las historias que hay allí, veremos tres diferentes aspectos del proceso por el cual el corazón del hombre se descarría y se aleja de Dios. Allí tenemos a la oveja que se descarría: Ella representa al hombre que está parcialmente consciente y que puede actuar, en parte, de acuerdo con su voluntad, pero que con el transcurso del tiempo se rinde a sus inclinaciones y a la tentación. Luego tenemos la moneda que cae rodando, queda escondida debajo de algún mueble, y se pierde: Esta ilustración describe al hombre sin voluntad, quien a veces casi mecánicamente cae en pecado, se sumerge en él, y queda cubierto con el polvo del mal. Después está la peor de todas las descripciones: el muchacho que tenía pleno conocimiento de lo que estaba haciendo …
—Me voy a un país lejano; no puedo soportar aquí mas tiempo. Se me han puesto muchas restricciones, y no gozo de ninguna libertad. No se me permite hacer lo que yo quiero; y siempre estoy obligado a obedecer y a depender de mi padre para que me dé dinero. Quiero que me dé lo que me pertenece, para bien o para mal, y que se me deje ir.
Esta ilustración describe la peor manera en que el hombre puede descarriarse: Un hombre que se halla en estas condiciones sabe lo que está a punto de hacer, medita en las restricciones misericordiosas de la ley de Dios, y dice:
—No. Mejor deseo estar lejos de aquí; prefiero ser mi propio amo, y no estar todo el tiempo encerrado y confinado a estas limitaciones.
c) El descarrío medio consciente de la oveja parece ser el mas inocente, pero lleva a la pobre oveja tan lejos del pastor, como si lo hubiera hecho con todo conocimiento de causa, y de manera voluntaria. Aprendamos la lección. En un mundo como éste, si un hombre no sabe claramente a dónde va, seguramente se dirigirá hacia lo malo. Si nos proponemos hacer lo contrario a la voluntad de Dios, y rehusamos seguir sus pisadas e imitar su vida ejemplar; y si nuestro propósito principal es obtener pastos suculentos para comer y lugares fáciles por donde caminar, seguramente nos descarriaremos trágicamente de todo lo que es recto y noble y puro. No podremos disculparnos, diciendo: «No quise hacerlo; no intentaba hacer nada malo; solo seguí mis propias inclinaciones». Más desgracias se labra el hombre para si mismo y para otras personas, por su falta de consideración y reflexión, que por su falta de voluntad. La oveja desde que inicia su jornada ya se ha descarriado; aunque no haya sido ésa su intención. Jóvenes que comenzáis a vivir, recordad y aprended esta lección. Pero después hay otra cosa que deseo discutir por un momento. Nuestro texto dice: «Va por los montes a buscar la que se había descarriado», pero el original lo dice de manera más correcta: «y busca la que se está descarriando».
d) Ahora, observemos cuál es la diferencia entre estas dos expresiones. La primera sugiere que el proceso ya está terminado; y la segunda sugiere que todavía está verificándose. Y es en esto en lo que deseo hacer hincapié: en el carácter terrible y necesariamente progresivo de nuestro descarrío de Dios. Un hombre no podrá vencer la distancia que lo separa del Padre, si ha vuelto de él su rostro y se aleja de él más y más. Cada momento aumenta la separación. Dos líneas que empiezan a separarse en el ángulo más agudo, divergen y van separándose más mientras más se vayan extendiendo. Así acontece con los hombres: Unos estarán al lado del trono de Dios, y los otros en las profundidades del infierno. De esta misma manera el texto que nos ocupa enseña con una sola sílaba la tremenda lección: La oveja no se ha descarriado, sino que está descarriándose. ¡Qué terrible es pensar que algunos diariamente y a cada hora aumentan la distancia que los separa del Padre misericordioso!
e) Ahora, la última cosa que tenemos que mencionar con respecto a esta parábola es el contraste entre la descripción que se da de la oveja descarriada en nuestro texto, y la que se da en el evangelio de Lucas. Aquí en Mateo, se representa como que está descarriándose y allá se representa como perdida. Esto es hermoso y tiene un significado que con frecuencia dejan pasar inadvertido los que leen la parábola rápidamente. ¿Quién es la que se ha perdido? Hablamos acerca del alma. perdida y del hombre perdida como si el hombre se hubiera perdido a sí mismo; y esto es verdad, y una terrible verdad. Pero ésta no es la enseñanza que debe desprenderse de esta parábola y que se desea que nosotros obtengamos de ella. ¿Quién es el que ha perdido la oveja? Aquel a quien pertenecía. Es decir, que cuando un corazón se aparta de Dios y se enreda con los tesoros y placeres de este mundo, y se aleja así de la lealtad, la confianza, y el compañerismo del Dios vivo, Dios el Padre se considera a sí mismo como infeliz, entristecido por uno de sus hijos, es decir, por la pérdida de una de sus ovejas. Él no quiere poseernos por fuerza, porque fuimos comprados por Él, o porque es poderoso o por ley. Él desea que nosotros lo amemos. En el corazón divino hay algo que lo hace ir tras de su propiedad perdida. Aquí tocamos cosas profundas de las cuales no podemos hablar inteligiblemente; pero recordemos esto: que aquello que el hombre califica como preocupación, es la manifestación. más pura del amor de Dios: y que en toda la revelación que el cristianismo haga del carácter de Dios no hay nada mas maravilloso que esto: que Dios considere que ha perdido a su hijo, cuando sus hijo se ha olvidado de amarle.
2. Consideremos lo que representa el buscador: para terminar, haremos una o dos declaraciones en relación con el buscador. Dijimos que en uno de los aspectos dé la parábola el Padre se destaca más, y en el otro se destaca más el Hijo quien se describe como buscando a la oveja. Pero estos dos cuadros todavía coinciden en esencia, puesto que el plan de Dios para ir en busca de las pobres ovejas descarriadas, que somos nosotros? incluye la obra expiatoria de su amado Hijo Jesús.
a) Según las palabras de nuestro texto, Dios deja las noventa y nueve y va a las montañas donde se halla la oveja descarriada. Es así como, de una manera velada digamos a entender el gran misterio del amor divino, manifestado en la encarnación y el sacrificio de Jesucristo nuestro Señor. Esta es la respuesta que el cristiano evangélico debe dar cuando se enfrenta ante esta afirmación sarcástica: «Vosotros habéis de tener en un alto concepto la naturaleza humana, y debéis poseer una idea arrogante de los habitantes de este pequeño planeta, que como un grano de arena flota en la inmensidad de los Cielos, si creéis que con todos estos millones de cuerpos celestes, la misma divinidad vino a éste pequeño planeta, tomó vuestra naturaleza y murió».
b) Cristo nos enseña que no porque el hombre fuera tan grande, o porque fuera tan valioso comparándolo con el resto de la creación, sino porque era tan desgraciado y tan pequeño, y porque se había alejado tanto de Dios. por esto, el amor de Dios lo buscó y lo atrajo a sí mismo. Esta debe ser una respuesta suficiente.
c) Además, mencionaremos lo que representan, y cómo difieren entre sí, los dos finales de la búsqueda en ambas parábolas. Una de estas terminaciones dice que la busca «hasta encontrarla». ¡Cuán paciente infinito e inconcebible es el amor divino! La longanimidad de Dios el gran Pastor, nos busca y sigue todos nuestros descarriados y desviados pasos hasta que nos encuentra. Aunque la oveja siga apartándose más y más del pastor, él sigue buscándola. Mientras más se aparta la oveja, más tierna es la apelación del pastor: y cuanto más cerramos nuestros oídos, más fuerte es la voz con la cual Dios nos llama. Nosotros nunca podremos cansar a Jesucristo; nunca podremos agotar los recursos de su amor abundante, de su ternura. No importa que hayamos hecho mal; no importa cuán lejos nos hayamos descarriado; tampoco importa cuán rápidamente nos estemos apartando más de él, Dios nos seguirá buscando con su amante longanimidad, y nunca se dará por vencido.
CONCLUSIÓN: querido amigo, ¿quieres tú creer que una Persona amante y viviente está buscándote; buscándote por medio de mis pobres palabras; buscándote por medio de muchos métodos providenciales; buscándote por medio de su Evangelio; buscándote por medio de su Espíritu; y que él nunca estará satisfecho sino hasta que te haya encontrado, y hasta que tú lo hayas encontrado a él y le hayas entregado tu alma? Yo te ruego que no olvides la solemne lección que extrajimos de la otra forma de la parábola que se menciona en el texto: «Si es que la halla». Te ruego que no olvides esta solemne lección. Recuerda que hay una posibilidad de fracaso. ¡Qué poder tan tremendo tienes tú de sepultarte en un sepulcro, como si lo hicieras con tu propia voluntad, escondiéndote así en la obscuridad de tu propia voluntad, escondiéndote así en la obscuridad de tu propia incredulidad! Tú puedes defraudar el amor de Dios que te busca. Algunos de vosotros tal vez lo han hecho alguna vez; algunos quizás lo han hecho durante toda su vida, algunos más posiblemente en este momento están tratando de hacerlo, y conscientemente están endureciendo su corazón contra algo que lo ablande y que pueda entrar en él.
¿Estás tú rindiéndote a su amor que te busca, o estás alejándote más y más de él? Él ha venido a buscarte; no lo dejes buscar en vano. Deja que el Buen Pastor te atraiga hacia Él. Piensa que, cuando fue enclavado en la cruz, dio su vida por sus ovejas. Él restaurará tu alma y te llevará en sus hombros al seno de su amante corazón, a los pastos verdes y al redil seguro. Entonces habrá gozo en su corazón, más que por todos aquellos que nunca se han descarriado; y habrá gozo en el corazón de aquellos descarriados que regresan, como lo hay en los que nunca pudieron conocer esta desgracia; porque, como lo dice el profundo refrán judío: «En el lugar donde están los penitentes, los perfectamente justos no pueden estar».
100. EL CABALLO VERDOSO PÁLIDO
(Apocalipsis 6:8)
Consideremos los siguientes puntos:
1. La descripción figurada que se da de la muerte:
a) La muerte está bajo un sello (v. 7). La muerte no está bajo la dirección del poder de Satanás, sino bajo las órdenes del autor y sustentador de la vida (Dt. 33:39; Dn. 5:25; Sal. 103:4).
b) La muerte se representa montando a caballo, como un caballo en la guerra, pisando todo lo que está bajo sus pies.
c) La muerte se describe como un caballo verde pálido. Esto se deriva de la apariencia que toma el ser humano una vez muerto. «Para siempre serás más fuerte que el, hasta hacerlo desaparecer, desfigurarás su rostro, y le despedirás». (Job 14:20).
d) La muerte se describe seguida por el hades. Esta palabra a veces significa lo mismo que tumba, y otras veces, un estado invisible. También puede significar el lugar del castigo futuro.
2. Nuestro deber al respecto:
a) Venid y ved la antigüedad de la muerte: Abel, etc.
b) Venid y ved el grado y la extensión de su devastación.
c) Venid y ved a la muerte frustrada y conquistada. El Señor Jesucristo ha quitado el aguijón de la muerte.
d) Venid y ved como el creyente puede salir al encuentro de la muerte sin temor.
3. Aplicación:
a) Id al lecho de muerte del incrédulo y ved la ansiedad, el miedo, y la desesperación que lo rodea.
b) Id al lecho de muerte del libertino, endurecido, muriendo como una bestia.
c) Id al lecho de muerte del mundano, y veréis su corazón amarrado a esta Tierra, pero desesperado, sabiendo que tiene que abandonarlo todo e irse a la condenación.
d) Id al lecho de muerte del simpatizante, que anduvo muy cerca de Cristo, pero que nunca le ha aceptado.
e) Pero id al lecho de muerte del cristiano. ¡Cuán brillante y radiante es la escena! ¡La misma antecámara del Cielo!
101. EL DÍA DE PENTECOSTÉS
(Hechos 2:1–8, 12–18, 22–24, 32 y 33, 39)
1. Históricamente:
a) La Pascua conmemoraba la liberación del pueblo de Israel de su esclavitud en Egipto. Esta fiesta adquirió además otro significado cuando se asentaron en Canaán, ya que vino a ser también la fiesta de las primicias, cuando las gavillas de granos eran mecidas delante del Señor (Lv. 23:1–12).
b) Pentecostés, que significa «cincuenta», viene cinco días después de la Pascua. La enseñanza generalmente aceptada, es que esta fiesta conmemora la ocasión en que le fue dada la ley a Moisés en el Monte Sinaí. Después de que Israel se asentara en Canaán se le añadió otro significado importante. Marcó la finalización de la siega del grano que había comenzado cuando la Pascua.
c) La Fiesta de los Tabernáculos conmemoraba el peregrinaje de Israel durante su viaje por tierras desiertas (Lv. 23:33–43). Esta fiesta marcaba el final de de la cosecha, de los frutos, de la vendimia, etc.
2. Figurativamente; el significado figurado (tipo) de las fiestas:
a) La Pascua marcaba el comienzo de las cosas enraizadas en la redención. El cordero era sacrificado, y su sangre se esparcía en la puerta. El cordero que luego se comía, era comida y fuerzas para el viaje. Cristo es nuestra «Pascua» (1 Co. 5:7). Él es las «Primicias» de los que durmieron (1 Co. 15:20).
b) Pentecostés marcaba la finalización de la cosecha comenzada en la Pascua. Marcó la culminación de la obra del Señor Jesús en la redención. Pentecostés fue igualmente una obra de Cristo (Hch. 2:32, 33), como lo fue el Calvario. El Calvario hubiera quedado incompleto sin Pentecostés. Mientras que los fieles judíos conmemoraban el hecho de que les hubiese sido dada la ley en los días antiguos, los fieles seguidores de Cristo entraban en el nuevo pacto (He. 8:10).
c) Los Tabernáculos ilustran la cosecha final de la redención de los santos de Dios que serán reunidos desde todos los rincones para estar para siempre con Él. Aún esperamos su cumplimiento (Ap. 7:9–10):
—La enseñanza tipificada en la vida de los discípulos:
—Ellos participaron de las primicias de la obra redentora de Cristo.
—Para los discípulos y para otras gentes, Pentecostés fue el cumplimiento de su salvación inicial: la finalización de lo que había comenzado en la Pascua. Ellos habían experimentado el dinamismo interior, el llamamiento del Espíritu Santo, y pasaron a ser el cuerpo espiritual de Cristo, la Iglesia.
d) La enseñanza tipificada relacionada con Cristo:
—Él es nuestra Pascua, sacrificada por nosotros (1 Co. 5:7), el Cordero de Dios. Su sangre fue derramada para la remisión de los pecados. Al día siguiente de la Pascua, el primer día de la semana, cuando la gavilla de las primicias eran mecidas delante del Señor en el Templo en Jerusalén, nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro, «primicia de los que durmieron» (1 Co. 15:20)
—Pentecostés fue la culminación de su provisión de redención (Hch. 2:32, 33). En el Calvario, Jesucristo derramó su sangre como rescate por muchos. En Pentecostés Cristo «se derramó» a sí mismo, al enviar la promesa del Padre sobre aquellos discípulos que esperaban fielmente.
3. Doctrinalmente:
a) Pentecostés es el reflejo terrenal de la exaltación celestial de Cristo. Él es exaltado arriba: El que nos enviara Su Santo Espíritu fue una indicación de Su exaltación, como Él lo había dicho (leer Jn. 7:38, 39; y también 16:7).
b) Pentecostés significa que los hijos de Cristo participan de su victoria. Toda Su vida en la Tierra fue para nosotros; Él murió por nosotros; Él se presenta ahora por nosotros en la presencia de Dios (He. 9:24). Él es exaltado para nosotros; Él comparte con nosotros esta gran victoria; nos envía la promesa del Padre, nos llena con Su Espíritu, nos faculta para ser victoriosos en la vida y en el servicio.
c) Pentecostés es el compromiso de la presencia permanente del Espíritu Santo en la Iglesia (Jn. 14:16).
102. EL LLAMADO DE CRISTO A LOS SEDIENTOS
(Juan 7:37)
1. La sed de felicidad: se puede decir que ésta es la sed más común y normal. Si algún hombre tiene sed de ser feliz, dejadle venir al Señor Jesucristo y beber. Puede venir sin nada, sólo con un ardiente deseo de felicidad. Al principio no es un deseo espiritual, pero al venir a Cristo lo será.
2. La sed de justicia: el hombre que viene a Cristo comienza teniendo sed por una rectitud personal, por una conformidad de corazón, de hábitos y de vida en general en conformidad a la voluntad de Dios. Dios envió a Jesucristo para salvarnos. Su justicia es un principio en nuestro corazón, y un manto sobre nuestra persona.
3. La sed de amor: el deseo puede caer sobre sí mismo y así sucede; o puede reducirse y quedar suspirando en el corazón solitario, que no puede ser satisfecho a menos que halle la fuente de toda plenitud y amor en Él. Su amor santifica, ennoblece, y da cumplimiento a lo demás.
4. La sed de vivir: esta sed es más profunda, más vasta, y más terrible. De vuelta del oscuro reino del olvido eterno, el alma viviente clama por la vida y desea alcanzarla dondequiera que esté. ¿Quién puede darnos esta estupenda fe en la vida? ¿Quién puede traer la vida y la inmortalidad a la luz por medio de su Evangelio. ¿Podrá usted continuar viviendo sin Él? ¿Tan enamorado está de la miseria humana? ¿Tan querido le es su pacto con la muerte?
103. LA CENA DE LAS BODAS DEL CORDERO
(Apocalipsis 19:9, 10)
1. El cordero denota:
a) Mansedumbre. «… Como un cordero que es llevado al matadero)….tampoco el abrió su boca». (Is. 53:7).
b) Substitución. «… Un carnero trabado … y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo». (Gn. 22:13).
2. La cena denota:
a) La cena es libre para todos (Lc. 14:21).
b) Es la última comida del día.
3. La boda denota:
a) Un tiempo de unidad. «… Y los dos vendrán a ser una sola carne». (Ef. 5:31).
b) Será un tiempo de gozo.
4. El llamado denota: «Dichosos los invitados a la cena …» (Ap. 19:9).
104. LA ESPADA DEL ESPÍRITU
(Efesios 6:17)
1. ¿Por qué la Palabra de Dios puede compararse con una espada? La espada es un arma militar con la cual eran armados los soldados, y de igual manera la Palabra de Dios es el arma espiritual con la que debe estar armado cada creyente (Mt. 4:4–8):
a) Una espada es un arma por medio de la cual el soldado no sólo se defiende a sí mismo, sino que también aniquila a sus enemigos.
b) De modo que la Palabra de Dios es un arma espiritual por medio de la cual el creyente no sólo se defiende a sí mismo de los enemigos, sino que también con ella puede contraatacar y conquistar a los enemigos de su alma:
—La Palabra es un arma defensiva (Sal. 17:13; 63:10).
—Es un arma ofensiva.
c) Una espada es un arma puntiaguda y filosa. Así la Palabra de Dios es un arma que penetra en los corazones de los pecadores, mostrándoles su lamentable condición (He. 4:15; Hch. 2:37).
d) Una espada es un arma honorable. La Palabra de Dios, la Espada del Espíritu, también lo es.
e) Algunas espadas tienen dos filos y pueden cortar en ambos sentidos, hacia a atrás y hacia adelante. La Palabra de Dios, usada por los ministros del Señor, tiene la función de hacer dos operaciones al mismo tiempo (2. Co. 2:16).
f) Una espada es un instrumento de victoria. Así es la Palabra de Dios (Ap. 12:11).
g) Una espada es llevada algunas veces frente a un rey o a un magistrado como símbolo de autoridad y justicia (Ro. 13:4). La Palabra del Espíritu es el arma de un siervo de Dios y representa la autoridad del cristiano.
2. ¿Por qué se llama la espada del espíritu?
a) Porque es un arma espiritual.
b) Porque el Espíritu es el Autor de ella (2 P. 2:21).
c) El Espíritu Santo es el único interprete de las Escrituras.
d) Porque el Espíritu Santo es quien hace que la Palabra sea eficaz para el alma (1 Ts. 1:5).
105. LA PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO
(Lucas 18:9–14)
INTRODUCCIÓN: muchas de las enseñanzas de nuestro Señor eran dirigidas contra los pecados del orgullo y la justicia propia. La clase de gente más culpable de estos pecados era la de los fariseos, a quienes el Señor se dirigió a menudo en su predicación. El habló esta parábola para aquellos que confiaban en su justicia propia y despreciaban a los demás. Los fariseos y los publicanos representaron a dos clases de personas que a su vez son exponentes de dos extremos opuestos de la sociedad. La clase de los fariseos representaba a la gente más respetable y religiosa de la sociedad de ese tiempo, mientras que, por otra parte, muchos de los publicanos eran gente de mala reputación. En esta parábola tenemos dos caracteres opuestos: el fariseo, ortodoxo en sus creencias, ceremonioso en las prácticas, y en todos los respectos satisfecho de sí mismo; y el publicano, que se consideraba un pecador ante Dios. Estos dos hombres fueron al Templo a orar, y de las oraciones de ambos tenemos valiosas lecciones que podemos aprender para nuestros días. La del fariseo nos sirve de advertencia, y la del publicano como ejemplo.
I. La oración del fariseo
«El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo …». No hay duda de que era una oración que desde antes había repetido varias veces:
1. Era una oración autoengañosa:
a) Es extraño que este hombre ignorara el carácter de esta oración, pues resulta increíble que siquiera haya llegado a pronunciarla. Cada vez que la repetía se iba engañando más y más.
b) No deseaba magnificar la bondad de Dios, sino más bien exaltarse a sí mismo.
2. El orgullo era el principal ingrediente de la oración, de principio a fin:
a) Usaba una forma de dar gracias a Dios, pero era con un espíritu de autocongratulación.
b) Cualquier ejercicio religioso que hace que un hombre se encuentre satisfecho consigo mismo es engañoso.
3. La oración del fariseo era jactanciosa:
a) «… Ayuno dos veces a la semana …».
b) Probablemente era verdad que hacía las cosas que decía, pero ¿por qué se lo decía a Dios en voz alta en el templo?
c) La humildad le habría hecho callarse y no decir las cosas buenas que hacía.
d) Si jactarse es inadecuado, nunca lo es tanto como en ocasiones cuando los hombres le hablan a Dios.
4. La oración del fariseo era tristemente defectuosa:
a) Le faltaban todos los elementos principales de la oración.
b) No había confesión de pecado.
c) No había adoración a Dios por Su bondad.
d) Tampoco había ninguna petición de perdón y misericordia.
e) Que la oración del fariseo nos sirva como una advertencia contra el orgullo y la justicia propia.
II. La oración del publicano
«Mas el cobrador de impuestos, de pie y a bastante distancia, no quería ni aun alzar los ojos al Cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador».
1. Su oración era la oración de un penitente:
a) Sintió y confesó el pecado.
b) El porte y la conducta del publicano eran una indicación de su humildad y actitud penitente: «… De pie y a bastante distancia, no quería ni aun alzar los ojos al Cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador».
c) Los pecadores deben de allegarse a Dios en el espíritu del publicano.
2. La oración del publicano era para pedir misericordia. En la oración del fariseo no hay mención de ese atributo porque no había sentimiento de culpa, pero en el caso del publicano la misericordia era el principal ingrediente.
3. La oración del publicano fue ofrecida con fe. Sin duda él tenía un conocimiento del carácter lleno de gracia de Dios, y cuando oró era en la fe de que Dios sería misericordioso para con él.
4. La oración del publicano era breve pero eficaz:
a) Sus palabras no fueron muchas, pero la bendición que obtuvo fue abundante.
b) No necesitamos imitar necesariamente la brevedad de la oración del publicano, pero sí el espíritu de la misma.
106. LA RELACIÓN DE LOS CREYENTES CON LA VIDA
(Romanos 6:15–23)
1. Él ha recibido el Don de la Vida (Ro. 6:23).
2. Él ha bebido el Agua de la Vida (Ap. 22:17).
3. Él ha comido el Pan de Vida (Jn. 6:35).
4. Su nombre está en el Libro de la Vida (Fil. 4:3).
5. Él anda en la Luz de la Vida (Jn. 8:12).
6. Él es a los demás el Sabor verdadero de la Vida (2 Co. 2:16).
7. Él espera llevar en su cabeza la Corona de vida (Stg. 1:12).
107. LAS ALAS DEL TODOPODEROSO
(Salmo 57)
La Biblia nos habla de las alas de Dios, bajo las cuales podemos refugiamos y confiar. Estas alas son:
1. Alas salvadoras (Ez. 16:8)
2. Alas de reposo (Rt. 2:12).
3. Sosteniéndonos en su poder (Éx. 19:4).
4. Seguras para sostenemos (Sal. 17:8).
5. Preciosas alas para el alma (Sal. 36:7)
6. Protectoras como un refugio (Sal. 57:1).
7. Un escudo de la tormenta (Sal. 61:4).
8. Alas de consolación y regocijo (Sal. 63:7).
9. Alas que cubren a cada alma (Sal. 91:1, 4).
10. Alas sanadoras para el corazón (Mal. 4:2).
108. UN ESCUDO EFECTIVO
«Mi escudo está en Dios, que salva a los rectos de corazón» (Sal. 7:10).
Esta defensa es un escudo contra el aguijón de la muerte:
1. ¿Quién es ese escudo? Cristo, quien ha conquistado la muerte.
2. ¿Dónde está ese escudo? Con Dios, a Su diestra.
3. ¿Para quién es ese escudo? Para los corazones que creen en Él.
109. LOS DESCONOCIDOS
«No todo el que me dice …» (Mt. 7:21–23).
1. Habían sido muy religiosos:
a) Habían hecho una profesión pública.
b) Se habían encargado del servicio cristiano.
c) Habían tenido mucho éxito;
d) Se habían destacado por su energía práctica.
e) Eran diligentemente ortodoxos. Las palabras «tu nombre», se mencionan en tres ocasiones.
2. Mantuvieron este ritmo bastante tiempo:
a) No eran silenciados por los hombres.
b) No eran abiertamente desconocidos por el Señor.
c) Esperaban poder entrar en el Reino.
3. Se equivocaron fatalmente:
a) Profetizaron, pero no oraron.
b) Echaron fuera demonios, pero el diablo no fue echado fuera de ellos.
c) Prestaron atención a cosas maravillosas, pero no a las cosas esenciales.
d) Obraron maravillas, pero también fueron obradores de iniquidad.
4. Acabaron por darse cuenta de una forma terrible:
a) «Nunca os conocí». El Señor había sido omitido de su religión.
b) El terror de lo que implicaba: debían renunciar a toda esperanza.
c) La tremenda verdad de lo que el Señor les dijo. Eran unos perfectos extraños para su corazón. El no les había escogido, ni había tenido comunión con ellos, ni les había aprobado, ni tampoco había cuidado de ellos.
d) La solemne exactitud e inmutabilidad de lo que Dios dijo.
110. LA PUERTA AL REDIL
(Juan 10:9)
1. La simplicidad del Evangelio: entrar por una puerta.
2. La exclusividad del Evangelio: sólo una puerta.
3. La inclusión del Evangelio: «el que entre».
4. La certeza del Evangelio: promesa divina.
5. La libertad del Evangelio: no es la puerta de una prisión.
6. El alimento y descanso del Evangelio: «Y hallará pastos».
111. EL PUBLICANO RICO DE JERICÓ HALLADO
(Lucas 19:9)
1. Impedimentos:
a) Dificultad popular: un publicano.
b) Dificultad moral: un pecador.
c) Dificultad de negocios: rico.
2. Ayudas:
a) Él tenía el deseo de ver al Señor Jesús.
b) Él hizo un esfuerzo para ver al Señor Jesús.
c) Él estaba deseoso de obedecer al Señor Jesús.
3. Resultados:
a) Una gran confesión.
b) Una gran restitución.
c) Una gran verdad publicada (vv. 20).
112. LAS BUENAS SENDAS ANTIGUAS
(Jeremías 6:16)
I. La senda que aquí se recomienda
1. La senda en sí:
a) La senda de la piedad escritural (Sal. 119:1, 65).
b) La senda de la fe que obra por amor (Gá. 5:6).
2. Este camino de fe y amor recibe el nombre de senda:
a) Lleva al gozo de la vida eterna (Mt. 7:14; Sal. 34:34)
b) Es una senda segura a la vida eterna (Ro. 2:7; Sal. 84:11).
c) Es la única senda que lleva a la vida eterna (He. 12, 14; Mt. 7:21).
3. Esta senda recibe el nombre de la senda antigua:
a) Es por lo menos tan antigua como la Reforma (consultar la historia de la Iglesia).
b) Es tan antigua como el cristianismo (Jn. 14:1; 15:12).
c) Es tan antigua como la dispensación mosaica (He. 11:24–27).
d) Es tan antigua como las edades patriarcales (He. 11:7; Gn. 5:24; He. 11:5; 11:4).
e) Es tan antigua como los días de Adán (Ec. 7:29).
4. Esta senda recibe el nombre de «el buen camino»:
a) Aquellos que andan en ella son buenos (Stg. 3:17; Ef. 5:8, 9).
b) Aquellos que andan en él hacen el bien:
—A sus familias (Dt. 5:29).
—A su país (Pr. 14:34).
—A todo el mundo en general (Mt. 5:13, 14).
c) La senda en sí misma es buena:
—En sus orígenes (Sal. 143:10).
—En su tendencia (Pr. 19:23).
II. Los mandamientos de Dios al respecto
1. Permaneced en estas sendas y ved:
a) Algunos hechos evidentemente son asumidos: hay sólo un buen camino; pero hay muchos malos caminos: los caminos de los pecados públicos y secretos, del ateísmo, de la confianza en sí mismo, de las meras formalidades religiosas, de la apostasía. Por naturaleza, la humanidad va andando en algún camino malo, e ignoran las buenas sendas antiguas. Usando los medios adecuados, los hombres son capaces de descubrir el buen camino y andar en él.
b) Es evidente que Dios ordena algunos deberes y obligaciones: pararse y considerar; ver y examinar en qué senda estáis andando.
2. Preguntar por las sendas antiguas:
a) Escudriñando las Escrituras (Jn. 5:39).
b) Pidiendo la dirección de Dios (Stg. 1:5; Pr. 2:3–5).
c) Asociándose con los piadosos (Pr. 13:20).
3. «Y andad por él»:
a) Introducíos en él (Job 22:21; 36:18; Mt. 3:2; Jn. 14:6; He. 7:25).
b) Manteneos en él (1 P. 5:8, 9; Lc. 21:36).
c) Avanzad en él (2 Co. 7:1; 2 P. 1:5–11).
III. La promesa por medio de la cual nos anima a obedecerle
1. La bendición prometida:
a) Un reposo lleno de gracia en este mundo (Is. 12:5; Mt. 11:28; Sal. 34:4; Jn. 14:4; Jn. 15:2; 1 Jn. 1:9).
b) Un reposo glorioso en los Cielos (He. 4:9; Job 3:17; Ap. 21:4).
2. La certeza de obtenerlo:
a) Es cierto, pues viene de la total suficiencia de Dios (Gn. 14:22).
b) Es cierto, pues viene de la bondad de Dios (Is. 45:19)
c) Es cierto, pues viene de la verdad de Dios (1 Ts. 5:24).
113. LOS «AGUIJONES» DE DIOS
(Hechos 26:14)
INTRODUCCIÓN: Saulo había estado hasta ese día resistiendo la evidencia de que Jesús era el Cristo. Quizá desde la muerte de Esteban luchaba contra la convicción de la verdad. Muchos como él resisten el llamamiento divino, y se obstinan en la incredulidad. Dios acostumbra usar para el pecador rebelde ciertos aguijones contra los cuales algunos cocean.
1. ¿Cuáles son algunos de los aguijones de Dios?
a) La conciencia: ¡Cuán agudo es su aguijón! No importa que nadie nos condene, o nadie sepa el mal que hacemos; ella hiere. Ejemplo: Macbeth. La conciencia puede estar dormida por algún tiempo, pero Dios la despierta siempre que quiere. ¡Ojalá sea antes de llegar al infierno!
b) La ley divina: declarando aquello que es pecado … Señalando inflexiblemente nuestras faltas. Condenándolas … Anunciando las penas del pecado. ¡Con razón Israel no quería oír!
c) La vergüenza: sólo el hombre la siente. Fue el primer aguijón clavado en Adán. Vergüenza ante nosotros mismos y ante nuestros semejantes; el que es cogido en mentira, en robo, etc. ¡Cuánta será la vergüenza del último día!
d) El temor: de ser descubierto; del castigo; de la muerte; del infierno.
e) Los sufrimientos consecuentes. Físicos y morales. Dios hace que ciertos pecados tengan tremendas consecuencias. Quizás, la mayoría de nuestros sufrimientos no reconocen otra causa.
f) El hastío: la experiencia del autor del Eclesiastés. ¡Cuántos llegan al suicidio en medio de los deleites y goces del mundo! Jamás satisface el mundo.
2. Lo que Dios se propone con ellos:
a) Apartarnos de lo malo: eso se proponía con Saulo. Así lo hacia con Israel en el tiempo de los Jueces.
b) Enseñarnos a obedecerle: para esto usa el aguijón el carretero. Hay mucha rebeldía en nosotros contra su voluntad.
c) Estimularnos en el camino del bien, nos hace caminar más de prisa. No todos necesitan estos aguijones. Dios prefiere valerse de otros medios: la influencia de su espíritu; sus promesas; bendiciones; su aprobación; su amor; su gozo. ¡Ojalá bastaran éstos! Pero casi todos hemos necesitado algún aguijón. Observemos no obstante.
3. El insensato proceder de muchos: «Dar coces …»
a) Cosa inútil. No se destruye el aguijón, ni desaparece el peligro (ej.: el que mató al perro que ladraba a los ladrones). Dios sabe aguzar de nuevo el aguijón que parecía embotado (ej.: Joacím, quemando el rollo de Jeremías (cap. 36).
b) Cosa que nos daña más. Cuanto más rebelde, más castigo. ¿Quieres que Dios te hiera aún más?
c) Actitud peligrosa. ¡Ay de aquel a quien Dios ya no castiga! Está señalado para destrucción (Is. 1:5–8). El buey que dio en echarse: ¡Al carnicero! ¿Eres rebelde? ¿Estás luchando contra la convicción de tu deber? David, herido por su conciencia y por la Palabra del profeta, se humilló y arrepintió; el pródigo, herido por la pobreza, la vergüenza, y la decepción, vuelve arrepentido. ¿Quieres que Dios te hiera aún más? Si no quieres, ¡Entonces, ven a Cristo hoy! ¡Acéptalo y obedécelo!
114. LAS OVEJAS
(Juan 10:1–21)
1. Ovejas perdidas: «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas» (Is. 53:6).
2. Ovejas buscadas: «He encontrado mi oveja» (Lc. 15:6).
3. Ovejas llamadas: «Y llama a sus propias ovejas por su nombre» (Jn. 10:3).
4. Ovejas compradas: «El buen pastor da su vida por las ovejas» (Jn. 10:11).
5. Ovejas que escuchan: «Mis ovejas oyen mi voz» (Jn. 10:27).
115. LA NECESIDAD DE LA ORACIÓN
(Lucas 18:1)
I. El Señor les refirió a sus discípulos una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar
1. Norman Harrison dice: «Nunca oraremos como es debido hasta que lo veamos como una necesidad indispensable para la vida».
2. Norman Harrison enumera estas razones para la oración:
a) Para honrar a Dios como nuestro Padre (Mt. 7:7–11).
b) Para desarrollar nuestro oficio de sacerdotes (1 P. 2:5, 9).
c) Para aprovechar este maravilloso privilegio como creyentes (Jn. 16:24).
d) Para cumplir nuestra obligación con respecto a nuestros hermanos (Ef. 6:18).
e) Para buscar y salvar las almas de los hombres (1 Ti. 2:4).
f) Para luchar y vencer a los poderes del mal (Ef. 6:11, 12; 1 P. 5:8, 9).
g) Para crecer personalmente en la gracia y la santidad (1 Ti. 4:7; 2 P. 3:18).
II. No podemos obtener nada de Dios sin oración
1. Dios ha prometido todo aquello que es necesario y beneficioso para nosotros, pero la oración es esencial si estas promesas han de ser reales en nuestras experiencias.
2. Cristo mismo manifestó total dependencia de Dios en la oración. Con Él, la oración no era rutina, sino un deseo fuere y vehemente.
III. La oración es un arma espiritual
1. Es un arma de defensa:
a) Contra la debilidad, enfermedad, o accidente (Stg. 5:13–16).
b) Para la mente, contra el engaño y el desánimo (Mr. 1:32–39).
c) Para el espíritu, contra malos estados de ánimo, celos o dureza.
d) Para la voluntad, contra el miedo paralizante o la terrible indecisión.
e) La vida de oración de Daniel pone de manifiesto estos hechos.
2. La oración es un arma de ofensiva:
a) La oración secreta está a menudo relacionada con la acción pública.
b) Dios manifiesta Su propósito a Sus hijos a través de la oración.
c) La oración es el secreto de la inspiración.
d) Sin la oración el hombre está inerme.
CONCLUSIÓN: los cristianos tienen una vida de oración débil porque a menudo están muy engreídos con su conocimiento, suficiencia y la verdad es que sin Él o apartados de Él no somos nada.
116. JESÚS, EL PAN DE VIDA
(Juan 6:1–5, 24–63)
1. Jesús es el «pan de vida» porque satisface el hambre espiritual:
a) El alma del hombre anhela el amor, y Cristo vino al mundo para hacernos saber que «Dios es amor», y el mismo Hijo de Dios es la suprema revelación del amor divino. Nadie puede ver a Cristo en el Calvario y negar el amor de Dios.
b) El alma anhela el perdón; y Cristo, como en los días de su vida humana, todavía está diciendo a cada uno de los penitentes: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
c) El alma anhela la vida eterna; y Cristo dice: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia».
d) El alma anhela tener conocimiento de Dios, y Jesús dice: «El que me ha visto, ha visto al Padre».
e) El alma anhela felicidad; y en el Apocalipsis de Juan vemos algo de lo que sera el mundo más allá de la tumba, y se nos dice que «Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor».
2. El pan provee para el cuerpo los medios de crecimiento y de desarrollo: el hombre no se desarrolla en su perfección sin dar abrigo en su ser a las influencias benéficas del Evangelio de Cristo Jesús. El genio de Byron parece defectuoso cuando se ve al lado del de Tennyson; éste fue un cristiano decidido, aquél fue un escéptico.
3. El pan da fuerza, vigor, vitalidad y energía al cuerpo, y así Cristo viene siendo el poder de los cristianos de tal manera que él mismo dijo: «Sin Mí, nada podéis hacer».
117. EL SEGUNDO ADÁN
«Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Ro. 5:12).
INTRODUCCIÓN: cuando Dios terminó la obra creativa del universo, pasando examen a todas las cosas creadas, vio que «todo era bueno». El hombre constituía la obra cumbre de la creación, el ser semejante a Dios: inteligente, dotado de voluntad propia, conciencia, espíritu. Toda la creación ofrecía un bello espectáculo de armonía, equilibrio, obediencia a los lineamientos de su Creador; pero aquel espectáculo de hermosura fue de pronto quebrantado con la entrada del pecado al mundo.
1. El escenario del pecado: «El pecado entró en el mundo …». En el decurso de la historia humana jamás ha habido un día más negro, más triste y amargo, que el día cuando el pecado hizo su entrada en el mundo. Los ángeles del Cielo han de haber suspendido sus alabanzas, el gozo ha de haberse convertido en tristeza, por cuanto el pecado había venido a mancillar la perfecta y hermosa creación de Dios. Desde ese momento era necesario un Salvador. El hombre jamás llegaría a liberarse del pecado; el mundo jamás volvería a quedar limpio y armonioso. Desde entonces, el pecado principió una obra demoledora, desquiciante. El pecado se fue multiplicando con rapidez sorprendente, como el germen mortífero más terrible que haya conocido la humanidad. Frente al pecado no han valido las reformas sociales, la cultura, la educación. El pecado sigue su ritmo de multiplicación asombrosa, de tal manera que cada día el mundo se va despeñando hacia el abismo ignominioso del pecado en todos los órdenes de la vida.
2. El vehículo del pecado: ¡«El pecado entró … por un hombre». El hombre fue el instrumento idóneo para introducir el pecado. El hombre se prestó a los planes satánicos de corromper la hermosa creación de Dios. Desde entonces se hacia necesario que otro hombre rescatara lo que el primero había perdido; que otro hombre, situado en el pecaminoso ambiente del mundo, fuera Reivindicador y Redentor del mismo hombre. Habiendo entrado el pecado por un hombre …, pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Ninguno pudo ni podrá quedar exento del pecado. En la soledad del anacoreta, allí hay pecado; en el interior del hogar más respetable, allí entró el pecado; en la vida del hombre más piadoso, allí hizo morada el pecado. El pecado no ha respetado al noble ni al plebeyo, al rico ni al pobre, al sabio ni al ignorante. Todos por igual, «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Ro. 3:23), reafirmando una y otra vez que «no hay justo, ni aun uno» (Ro. 3:10).
3. Las consecuencias del pecado: «Por el pecado (entró) la muerte».
a) La muerte hizo presa del hombre: «El pecado reinó para muerte» (Ro. 5:21). No hubo poder que pudiese librar de la muerte al hombre. Las consecuencias del pecado constituyen la parte más horrible y sucia del mundo. La primera manifestación del pecado fue vergüenza y miedo. Adán se escondió de la presencia de Dios y dijo: «Tuve miedo … y me escondí» (Gn. 3:10). El pecado trajo una secuela de sufrimiento, de llanto, de degradación, de angustia. Los cementerios son mudos testigos del resultado del pecado. La muerte física condujo a la muerte espiritual. El pecado no se aniquila con la muerte del cuerpo, y sus efectos continúan sobre el alma por toda la eternidad. Si acaso el hombre pudiera librarse del pecado al morir, no tendría objeto alguno practicar la devoción, ni creer en Dios, sino entregarse a una vida de desenfreno. El cáncer produce intensos sufrimientos físicos; pero cuando la persona muere, el efecto del cáncer ya no le incomoda, porque la muerte se ha encargado de vencerlo. Sin embargo, el pecado no se acaba con la muerte física.
b) «La muerte pasó a todos los hombres»: el hombre introdujo el pecado, el pecado acarreó la muerte; la muerte conduce al infierno. El infierno es el postrer lugar a donde el pecado lleva al hombre. El pecado seguirá dominando a la persona aun después de la muerte, de tal manera que tiene poder para llevar al infierno. El pecado no tiene otra dirección a donde conducir al hombre, ni otro resultado que el mismo infierno. Quien vive conscientemente en el pecado, está a un paso del infierno. El hombre jamás podrá librarse por si mismo del pecado y sus consecuencias, por esta razón se hacía necesario un Segundo Adán.
4. Cristo es el segundo Adán: «Si por … uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo» (Ro. 5:17). Cristo vino al mundo con la tarea de rescatar lo que el primer Adán había perdido. Tuvo la misión de luchar cuerpo a cuerpo con el pecado, en el escenario del pecado, con el mismo cuerpo que fue vehículo del pecado, para acabar una vez por todas con las amargas consecuencias del pecado en el hombre. Estuvo sujeto a las mismas flaquezas humanas, a las mismas tentaciones; pero se mantuvo firme ante los ataques del pecado para reconquistar la vida que el primer Adán perdiera …
a) Cristo es la vida que se ofrece al hombre mediante la «abundancia de la gracia» (Ro. 5:17): Cristo triunfó sobre la muerte, para darnos vida. Fue sepultado y resucitó glorioso, como el Adán triunfante e invicto, para dar vida a un mundo azotado por la muerte física y espiritual. «Por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida» (Ro. 5:18).
b) El Señor Jesucristo doblegó el pecado con todas sus consecuencias condenatorias para impartir justicia eterna a cada creyente: la justicia de Dios se imparte al hombre a través de Cristo Jesús. El hombre condenado por la justicia divina, ahora es rescatado de la sentencia eterna mediante la justicia del Segundo Adán. «Así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos» (Ro. 5:19).
c) El pecado de Adán fue la desobediencia a la orden que Dios había dado: por tanto, se hacía necesaria la obediencia de un Segundo Adán para corregir la primera falta. Cristo fue «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2:8). «Cristo fue nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que (por su obediencia) redimiese a los que estaban bajo la ley» (Gá. 4:4, 5). La perfecta obediencia de Cristo a la voluntad de Dios, ha traído como consecuencia directa el ser justificados.
d) Y si el pecado se multiplicó y abundó en grado extremo, «sobreabundó la gracia» (Ro. 5:20). En toda la historia de la humanidad hasta el fin del mundo la gracia será superior al pecado, aun cuando éste se multiplicara mil veces más. Siempre habrá un caudal de gracia para alcanzar al hombre más pecador. «Así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reina por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro» (Ro. 5:21).
CONCLUSIÓN: hermano, ya no tienes que hacer más, ni buscar más, que a Cristo, el Adán triunfante, la esperanza gloriosa de tu salvación. Por el Segundo Adán el hombre tiene la promesa de vida eterna. Acepta hoy a Cristo Jesús como tu Redentor depositando toda tu confianza eternamente en él.
118. ALEGRÍA CARNAL
(Jonás 4:6)
INTRODUCCIÓN: historia de Jonás; esperando la destrucción de sus enemigos, recibió la calabacera como muestra del cuidado de Dios para con él y como protección del sol fuerte. No sabía que el propósito de Dios no era satisfacer el gusto de Jonás, sino enseñarle una lección muy necesaria.
1. Su alegría: la alegría basada en lo físico y en lo carnal pronto pasa; queda entonces infelicidad.
a) Se basó en el placer físico carnal; cuando debía haber gozado grandemente por los miles de almas que se entregaron a Dios.
b) Su atención estuvo en el regalo que le agradó, en lugar de estar en agradar al Dador.
c) Fue una alegría egoísta, sin amor al prójimo.
d) Fue alegría sin gratitud.
2. El gusano:
a) La palabra hebrea aquí traducida «gusano» es «tholaach», que se refiere al «escarabajo rojo» («coccus illicus», en términos técnicos), de donde los antiguos sacaban la tinta roja para teñir la ropa fina que se usaba en el Templo y en el Tabernáculo.
b) Este rojo, tomado de este animalito, se emplea en la Biblia como tipo de la sangre de Cristo.
c) Dios escogió este animalito para destruir la calabacera y así enseñar a Jonás el amor a los pecadores perdidos y a tenerles misericordia cuando se arrepienten.
CONCLUSIÓN: todavía hay cristianos, y hasta predicadores, que necesitan aprender de la compasión de Cristo.
119. CRISTO Y JONÁS
(Mateo 12:38–42)
INTRODUCCIÓN: la controversia; los críticos y los modernistas atacan el libro de Jonás con la burla y la mofa, diciendo que es un mero cuento. Cristo dijo todo lo contrario.
1. Lo que realmente dijo Cristo:
a) Cristo dijo que Jonás vivió. Leyendo con cuidado los pasajes mencionados, se destaca clarísimamente que Cristo no trato a Jonás como mito, sino como un ser verídico e histórico.
b) Cristo claramente acepto que Jonás fue tragado por un monstruo («ketos»).
c) Cristo aceptó como cierto que Jonás estuvo literalmente tres días y tres noches en el vientre de ese pez.
d) Cristo dio por cierto que Jonás al fin de los tres días salió con vida del estómago del pez.
e) Cristo aceptó como cierto que Jonás fue entonces a Nínive para predicar, y que los de Nínive se arrepintieron tras la predicación de Jonás.
f) Cristo dijo que los de Nínive se levantarían en el Juicio para condenar a los judíos que no se arrepintieran.
2. Cómo Cristo relacionó su propia muerte con Jonás:
a) Fue la única señal que él dio como prueba de ser el Mesías, el Cristo.
b) Puso el tiempo que Jonás estuvo dentro del pez como paralelo del tiempo que él iba a estar en el sepulcro.
c) La señal de Jonás: volver de la muerte con vida.
d) Cristo hizo depender de la historia de Jonás su propia declaración de ser el Mesías, el Hijo de Dios.
3. Los ninivitas en el juicio:
a) Condenarán a los incrédulos que no se arrepientan del pecado.
b) A los que no tenían luz, se les darán pocos azotes; pero a los incrédulos se les darán muchos azotes, porque han tenido más luz y oportunidad para aceptar a Cristo.
c) Cristo es mayor que Jonás, por quien los de Nínive creyeron. Él es Salvador, pero también Él es Juez, y Rey, y Él juzgará un día a los que hoy no creen en Él.
CONCLUSIÓN: este, mayor que Jonás, está aquí ahora esperando que le aceptes. Y los cristianos debemos rechazar a todo aquel que niegue la verdad de cualquiera porción de la Biblia.
120. EL SEPULCRO VACÍO
«El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido» (Lc. 24:1–12).
INTRODUCCIÓN: Oremos: «Bendito Dios y Padre Eterno: alabamos y glorificamos tu santo nombre. Tú sólo, Dios trino, eres digno de toda alabanza y de toda adoración. Tu pueblo se goza en el gran portento de la resurrección de Cristo tu amado Hijo y nuestro Redentor. Su resurrección garantiza nuestra salvación por toda la eternidad. Reconocemos que sin la resurrección de Cristo, nuestra canción sería una endecha fúnebre pero por ella nuestro canto es de júbilo y de victoria y podemos con el apóstol Pablo preguntar: «¿Dónde esta, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» (1 Co. 15:55).
Señor, aunque hay muchos motivos de gozo, sin embargo hay hogares que tienen luto. Señor, consuela los corazones transidos por el dolor y por la tristeza. Bendice a las viudas, a los huérfanos, a los encarcelados, y perdona todos nuestros pecados, te lo suplicamos en el bendito nombre de Cristo Jesús nuestro amado Salvador. Amén».
En esta ocasión, deseamos que al meditar en el sepulcro vacío, pensemos también en otros vacíos:
1. Vacío intelectual: si nosotros pudiéramos poner una Biblia en las manos de cada persona en este mundo, habría millones que no podrían leerla.
a) La ignorancia produce superstición, prejuicios, y paganismo.
b) La ignorancia esclaviza, el conocimiento da libertad (anécdota: cómo Sócrates presenta a Platón discutiendo sobre este importante tema y diciendo que al hijo de un rey se le puede prohibir dirigir los caballos de su carro por el simple hecho de que él no sabe dirigir caballos; pero un esclavo del rey tiene libertad para hacerlo por el simple hecho de que él sabe dirigir caballos; y Sócrates pregunta: «¿Quién es el verdadero esclavo, y quién es el verdadero libre en este caso?»).
(Anécdota: a un muchacho que andaba buscando trabajo se le preguntó:
—¿Cuándo murió Abraham Lincoln?
El muchacho se rascó la cabeza y dijo:
—¿Abraham Lincoln ?
—Sí, Abraham Lincoln, ¿cuándo murió?
El muchacho moviendo la cabeza negativamente dijo:
—Ni sabía que estaba enfermo.
¡Pobre muchacho vacío de historia!).
Pero, nosotros al ver el fantástico progreso de la tecnología, podemos sentir un vacío intelectual. ¡Qué poco sabemos de las cosas que nos rodean, y menos sabemos de las cosas eternas! Luego, podemos pensar en un …
2. Vacío físico y económico: hay muchas personas que han experimentado una penuria extremada. Yo la he experimentado: Cuando mi padre, mi madrastra, mis medios hermanos y yo llegamos a Estados Unidos de Norteamérica vivimos en un solo cuarto. Aquel cuarto era todo: sala, cocina, dormitorio y comedor. La Palabra de Dios nos habla de un mendigo llamado Lázaro; él pedía limosna a la puerta de la casa de un hombre fabulosamente rico, y Lázaro deseaba poder alimentarse de las migajas que caían de su mesa. Mi experiencia fue distinta: Yo no comí las migajas que cayeran de la mesa de un rico; yo comí de las migajas de la mesa de un mendigo: Cerca de nuestro cuarto había otro cuarto donde vivía un mendigo. Cada tercer día, en un costal de manta blanca, traía migajas de pan dulce que le daban en una panadería. El comía hasta llenar y nos daba lo que le sobraba. Yo he dado gracias a Dios por ese mendigo. Por supuesto, hay mendigos que no deberían pedir limosna, deberían trabajar. Yo oí en un programa de radio de México a un mendigo decir: «Por favor, por favor den una limosna a este pobre mendigo que desde una muy temprana edad decidió no trabajar». Por supuesto, esto era broma. Ahora, pensemos en un …
3. Vacío físico y humano: hay muchos hogares que tienen luto, en ellos ha un vacío físico-humano, un ser amado ha dejado un vacío en dichos hogares. ¿Has experimentado este vacío? Dos veces mi esposa y yo hemos pasado por esa experiencia: Hemos ido al cementerio para sepultar a Ester Iris y a Miriam Ofelia, y hemos regresado al hogar para encontrar una cuna vacía. ¿Has visto a una madre guardar la ropita de su hija que ha muerto? Dos veces he observado a mi esposa tomar cada prenda de ropa para acariciarla, besarla, humedecerla con sus lágrimas y oprimirla a su pecho. Bien dice el refrán: «No hay hogar en algún lugar que tarde o temprano no tenga su lamento». Llega el día en que falta abuelito, falta abuelita, falta el hijo, la hija, papá o mamá. Luego tenemos un …
4. Físico y divino: o sea, el sepulcro vacío …
a) La lógica cristiana nos dice que así como la sed exige el agua, y así como el hambre exige el pan, así también el alma exige lo eterno. Recordemos una vez más las palabras del poeta rey mexicano Netzahualcóyotl, que pronunciara ante sus príncipes en la Gran Tenochtitlán, ahora Ciudad de México:
«Aspiremos, oh nobles tezcucanos,
a la vida inmortal del alto Cielo.
La materia perece entre gusanos,
mas el alma hacia Dios levanta el vuelo».
b) La primavera nos habla de la resurrección: la metamorfosis que experimenta el gusano de seda al transformarse en mariposa nos habla de la resurrección. El trigo que han encontrado los arqueólogos, el cual después de haber estado bien preservado por valías centurias, y al ser sembrado ha producido más trigo, nos habla de la vida eterna. El apóstol Pablo tenía como argumento supremo de la resurrección de Cristo el encuentro que tuvo con Jesús en el camino hacia Damasco, y esta debe ser nuestra prueba más poderosa acerca del Cristo resucitado, cuando podemos decir: «Sé que él viviendo esta, porque vive en mi corazón».
5. Vacío espiritual: Hay muchos corazones vacíos del perdón de Dios, vacíos de la esperanza de la vida eterna. La mente la llenamos con conocimientos, llenamos nuestro estómago con alimentos; pero sólo Dios puede llenar nuestro vacío espiritual. Por eso, Agustín de Hipona exclamaba, diciendo: «¡Oh Dios, nuestros espíritus fueron creados para ti, y no hallan descanso hasta que descansan en ti!» Muchas veces sentimos un vacío espiritual cuando descuidamos la oración, cuando dejamos de leer la Biblia, cuando no vamos con regularidad a los cultos de la iglesia, y cuando olvidamos dar testimonio de nuestra fe en Cristo Jesús como nuestro Salvador personal. Cuando esto sucede, podemos orar haciendo nuestras las palabras del himno evangélico:
«Santo Espíritu, desciende
a mi pobre corazón,
llénalo de tu presencia
y haz en él tu habitación.
¡Llena hoy, llena hoy,
llena hoy mi corazón!
¡Santo Espíritu, desciende
y haz en mí tu habitación!»
CONCLUSIÓN: bien ha dicho alguien que «una persona puede visitar el río Amazonas o el Nilo y volver vacía sin haber bebido una gota de agua». Si tú sientes un vacío espiritual, pídele a Dios que él con su Santo Espíritu llene el vacío de tu corazón. El sepulcro vacío nos ha dado al Cristo resucitado y glorificado, y el Cristo resucitado puede llenar y satisfacer el vacío espiritual en la vida del hombre y de la mujer. ¿Sientes el deseo de pedir a Dios que llene ese vacío espiritual que sientes en tu vida? Ora conmigo repitiendo las palabras del himno que ya hemos mencionado … Que Dios os bendiga y os guarde: es mi deseo, y es mi oración.
121. LA ATRACCIÓN DE LA CRUZ
«Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mi realismo» (Jn. 12:32).
INTRODUCCIÓN: la cruz, que para los enemigos de Cristo significaba la derrota y el fin del cristianismo naciente, tornóse el punto convergente de la atención general. La afirmación paradójica de Cristo, según la cual, al ser levantado de la tierra, a todos atraería así, se cumplió. Y notemos que él murió en la forma más humillante e ignominiosa posible: La ley consideraba maldito al que fuese colgado en madero (Dt. 21:23). Entre tanto, Cristo transformó el instrumento de su suplicio en una atracción a través de los siglos.
Solano Trinidad cantó esa atracción de la siguiente manera:
«Yo contemplo este paisaje,
dibujado por el divino Artista
con la intención sublimísima
de salvar a la Humanidad.
Casi dos mil años
y el cuadro no pierde la belleza:
sus colores cada vez más vivos,
impresionan
y regeneran gentes».
Realmente, la cruz se ha constituido en atracción, en fuerza espiritual para cuantos la contemplan a través de las páginas de la Revelación. Consideremos ligeramente algunas razones por las cuales la cruz de Cristo ha estado atrayendo a los hombres …
1. En primer lugar, la cruz atrae por el poder que de ella emana: ciertos acontecimientos sobrenaturales verificados durante la crucifixión, y narrados por los evangelistas, como por ejemplo: la actitud serena del «Cordero de Dios»; el hecho de haber tinieblas sobre la tierra; o rasgarse el velo del templo de arriba abajo; o el terremoto y la resurrección de los santos, prueban, de manera incontrovertible, que Aquel que allí estaba no era un simple hombre. Sin duda, los acontecimientos de la ocasión daban testimonio de un poder divino, sobrehumano. Los mismos enemigos del Crucificado se maravillaban ante la realidad. Nos dice el texto sagrado que: «El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: «Verdaderamente éste era Hijo de Dios»». Mt. 27:54. El poder manifestado por Cristo, a través de la cruz, es el poder Salvador. En Gá. 3:13, dice el apóstol que Cristo, por su muerte «nos redimió de la maldición de la ley. Estábamos condenados, y si no fuera por el poder Salvador revelado en la cruz, seríamos condenados inexorablemente por la ley de Dios. Pero «Cristo murió por nuestros pecados»; y desde entonces, para nosotros amaneció un nuevo día, el día de la completa rehabilitación espiritual. Cristo tiene ocasión de demostrar allí mismo ese poder Salvador. Cuando el malhechor, profundamente arrepentido y lleno de fe, clamó pidiendo salvación, Jesús le declaró: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Así, en el momento en que el pecador cree, aceptando de verdad el sacrificio allí realizado, es salvo maravillosamente por el poder en ella manifestado. De ahí la atracción permanentemente ejercida por medio de la cruz sobre la humanidad.
2. En segundo lugar, la cruz atrae porque es símbolo de amor: la cruz es el lugar donde se expresó la evidencia máxima del amor. El apóstol Pablo afirma: «Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Ro. 5:8) (anécdota: cierto pintor expuso un lienzo en el que la cruz de Cristo tenía como base la palabra «amor»).
La verdad del Cristo crucificado ejemplifica el amor en grado superlativo. Y como sabemos, el amor siempre atrae. Y es propio de la naturaleza humana el ser atraída por el amor. Un individuo airado es, muchas veces, vencido por una palabra suave. Asimismo el pecador es vencido por el amor demostrado en la cruz; cruz que lo atrae de manera irresistible, porque allí «Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí» (anécdota: cierta vez una alumna de la escuela dominical, al oír la conmovedora historia de Jesús, no pudo evitar que las lágrimas rodasen por sus mejillas, y levantándose, salió. Más tarde, al volver, preguntóle el superintendente: «María, ¿por qué saliste antes de haber terminado la reunión esta mañana?» La niña respondió: «Yo no podía estar mientras usted hablaba respecto de la muerte de Jesús en la cruz, y fui a un lugar solitario, donde le confesé mis pecados, y le dije que por causa de mis pecados yo había ayudado a clavarlo en la cruz; le pedí que me perdonase porque yo había ayudado a matarlo Yo estaba muy triste; pero ahora me siento diferente»).
En realidad, ¿quién podrá dejar de acudir a Cristo en busca de perdón, una vez que su cruz nos habla elocuentemente del amor de Dios para cada uno de nosotros?
3. Finalmente, la cruz atrae porque representa la suprema necesidad humana: en la esfera de las necesidades espirituales, la cruz ocupa lugar preeminente. Si admitimos que es el objeto del amor del sacrificio de Cristo, que es la fuerza de él y que fuera de él no hay esperanza para el pecador, se sigue que el aproximarse a esa cruz es una necesidad que se impone a la conciencia humana. De hecho, ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» ¿De qué sirven las glorias de este mundo en comparación con las glorias del Cielo? Hay quienes no se dan cuenta de la ilusión que representan los bienes terrenos, porque no disponen de luz suficiente; y, por tanto, no pueden vislumbrar un horizonte más allá. En tanto, no así aquellos que se aproximan al Calvario: ven realidades nunca antes soñadas. Es que de la cruz esplende maravillosa luz para Orientar a los que de otro modo estarían perdidos (anécdota: cuenta Miguel Rizzo que en las cercanías de Ginebra está el monte Salef, en cuyo pico se yergue una cruz junto a un despeñadero que domina todo el valle del Ródano. La neblina que por lo general cubre la planicie solamente va hasta el referido punto. De allí para la cima. el sol brilla esplendorosamente. Un excursionista después de haber estado en aquella ciudad durante algunos días, sin ver el sol, lamentaba ese hecho, cuando alguien le dijo con toda naturalidad: «Suba usted a la cruz y verá la luz del sol». Siguiendo la sugestión, después de una caminata por la cuesta del monte, consiguió realmente contemplar maravillado la luz solar. La ciudad, el lago, y gran parte del valle estaban ocultos por la neblina; más allá, desde lo alto, la cruz se erguía en el esplendor de la luz solar).
De igual modo, aquel que sube al Calvario, donde se yergue la cruz de Cristo, contempla, maravillado, el Sol de Justicia, la Luz orientadora para los peregrinos de este mundo. Seguirla es la necesidad que se impone para cuantos ansían poseer las moradas del Reino celestial.
CONCLUSIÓN: es así, caro hermano, como la cruz se ha constituido en grande atracción. De allí las expresiones del apóstol: «Lejos esté de mí el gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo». Y esta es la misma razón por la cual nosotros cantamos:
«Quiero estar al pie de la cruz,
de donde rica fuente
corre franca, saludable,
por el monte Calvario.
En la cruz, en la cruz.
Siempre me gloriaré;
hasta que al fin vaya yo a descansar,
salvo, más allá del río».
122. PERDIDO Y HALLADO
«¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?» (Lc. 15:4).
INTRODUCCIÓN: las series de parábolas en Lc. 15 son una especie de collar de perlas preciosas, enhebradas juntas por el pensamiento común de «cosas perdidas y halladas». Esta parábola establece la necesidad que tiene el pecador y el amor del Salvador.
1. La oveja perdida:
a) Separada del Pastor (1 P. 2:25; Is. 53:6).
b) Expuesta a influencias destructivas (1 P. 5:8).
2. La oveja buscada:
a) El motivo del Pastor:
—No era el castigo (Jn. 3:17; 12:47).
—No era el interés propio: no estaba ansioso por su pérdida, sino por la oveja perdida.
—El amor que da todo de sí (Gá. 2:20).
b) El método del Pastor:
—Él es quien toma la iniciativa: Él inicia la búsqueda.
—Es persistente: «hasta encontrarla».
3. La oveja encontrada:
a) La ternura del Pastor: «Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso».
b) El cuidado del Pastor: «… Y al llegar a casa» (con la oveja en sus brazos).
c) El gozo del Pastor: «Gozaos conmigo».
d) El método de salvación del Pastor:
—Gracia: la única forma posible de salvar a una oveja perdida.
—Arrepentimiento: «Gozo en el Cielo por un pecador que se arrepiente».
123. LUZ DE LA LEY DE DIOS
«Los mandamientos de Jehová son perfectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos» (Sal. 19:8).
INTRODUCCIÓN: Dios es nuestro creador, sustentador y protector. Si Dios cuida nuestros cuerpos, cuidará nuestras almas. El pueblo de Israel, en Egipto, no conocía la Ley de Dios, sino que se guiaba por las ordenanzas de los egipcios; no tenían luz espiritual por la cual dirigirse. ¿Cuál es esa luz que recibieron? El consejo divino:
1. Señala los obstáculos:
a) Que tiene el inconverso: no importa su grado de cultura.
b) Que tiene también el creyente: aunque sea muy piadoso.
c) Jesús dice: «Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, mas …» (Jn. 8:12).
2. Disipa la las tinieblas de la ignorancia:
a) Ignorancia intelectual.
b) Ignorancia moral.
c) Ignorancia espiritual (buscar ejemplos).
3. Ilumina el alma:
a) Para conocer a Dios.
b) Para amar a Dios y al prójimo.
c) Para adorar a Dios (Jn. 4:24).
d) Para servir a Dios y también al prójimo.
e) Para preservar nuestro pie de ofensas a Dios.
CONCLUSIÓN: recordemos que el Señor Jesús es «la luz del mundo», y que el que lo sigue irá por el único camino que lo conducirá a la vida eterna.
124. LA CENA DE LAS BODAS
(Mateo 22:1–14)
INTRODUCCIÓN: Dios ha preparado una fiesta, un banquete de buenas cosas para todos los creyentes, también para usted. Para ello es necesario prepararse, y para ello debemos mirarle a Él. En todo momento feliz de nuestras vidas deseamos tener compañía. A Dios también le agrada esta idea, y nos invita a compartir con Él Su gozo en Cristo.
1. El rey y la fiesta: este rey oriental es una figura—por cierto, muy completa—de Dios, y su hijo es la figura del Señor Jesucristo. La fiesta es un símbolo de la bendición del Evangelio—el perdón, la paz, la salvación, la santidad—que Dios ofrece a todos en el nombre de Cristo Jesús.
2. Los mensajeros: son una figura de aquellos a quienes Dios en vía hoy día con su Evangelio. Algunos de ellos, en lugar de ser recibidos con gratitud, son rechazados y perseguidos.
3. Los invitados y sus excusas: estas personas no habían sido invitados por sus méritos propios. No se tuvo en cuenta ninguna cosa propia de ellos para invitarles, excepto que participaran y disfrutaran de la fiesta. Sin embargo, no hicieron caso de la invitación. Muchas veces nos sorprendemos de que la gen te pide excusas por no tener interés o «no tener tiempo» para detenerse a pensar en el estado de su alma y a aceptar el Evangelio. Otros atacan y persiguen a los mensajeros de Dios. Sin embargo, hubieron otros para ser invitados más tarde. De éstos, hubo uno que aceptó la invitación sin entender como había de presentarse en una comida especial dentro de un palacio, y por lo tanto no fue adecuadamente vestido.
4. La venganza: aquellos que no aceptaron la invitación, fueron llamados «homicidas» (vs. 7), no por Dios, sino por aquel rey despótico. De modo que son una clara figura de los pecadores. La Escritura enseña que para los tales habrá una justa retribución y castigo (Mt. 13:41; Ap. 20:12; He. 9:27).
CONCLUSIÓN: a nosotros también se nos invita a tomar parle en el gozo de Dios. ¿Prestarnos atención a la invitación? ¿Qué es lo que estorba nuestra aceptación a la verdad del Evangelio?
125. LA PARÁBOLA DEL PERDÓN
(Lucas 15:11–24)
INTRODUCCIÓN: para entender la doctrina del perdón de los pecados. debemos aprender a concebir a Dios como un Dios personal. Por eso Jesús relato la parábola del hijo perdido, que hoy quisiéramos llamar «la parábola del perdón». En ella reconocemos al Padre como una persona. Así ilustra nuestro Maestro el hecho maravilloso de la personalidad divina. Esta figura nos enseña que Dios no es «una abstracción», porque Ola abstracción no puede perdonar. También nos demuestra que Dios no es «un espíritu impersonal», porque un espíritu impersonal no puede perdonar. Sólo las personas pueden perdonar. Pero los «principios inmutables» no pueden hacerlo. El dios creado por la especulación humana no puede perdonar, salvo que llegue a concebirse como una persona. con los atributos que le asigna la revelación cristiana. Por eso el perdón es necesariamente una experiencia personal con dos protagonistas: la persona que recibe el perdón y la Persona que lo otorga. Estos son, precisamente, los protagonistas de la primera parte de la citada parábola, que leemos en el evangelio de Lc. 15:11–24. Aclarada la verdad precedente, quisiéramos referirnos en este mensaje a las cualidades del perdón de los pecados, tal como se desprenden del análisis de la «parábola del perdón». He aquí un hijo que se aleja del padre. He aquí un hombre que se aleja de Dios, fuente de todo bien y de toda felicidad, para labrar su propia ruina y fracasar ignominiosamente. «He aquí al que renuncia al privilegio de ser hijo: transformándose en un miserable cuidador de cerdos. He aquí al pecador. muerto» y «perdido», insatisfecho, hambriento, abandonado a su propia suerte, que decide finalmente volver a Dios. ¿Qué nos enseña esta parábola acerca del perdón?
1. El perdón de la remisión de la pena: ciertamente, el perdón cancela el castigo. Esto lo entendemos todos. Cuando el hijo perdido volvió a su Padre no fue castigado. Regresó arrepentido, confesando su pecado. sintiéndose merecedor de una severa penalidad. Pero el Padre «fue movido a misericordia» y le perdonó sus culpas sin castigarlo. Jesús nos enseña, pues, que el perdón es la remisión de la pena. El hijo pródigo podía decir, como el salmista: «confesare, dije, contra mí mis rebeliones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado» (Sal. 32:5). Sin embargo, nunca podremos olvidar que la remisión de la pena no sería posible sin la obra redentora de Cristo. «Herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros» (Is. 53:5, 6). Indiscutiblemente, en el alto precio pagado para la remisión de la pena hay una gran evidencia de amor, que es otra característica del Dios personal «En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (1 Jn. 4:10). Este amor, tan gloriosamente descripto en la parábola, es la dinámica del perdón y de la inherente remisión de la pena. El castigo es cancelado porque Dios nos ama y nos ama hasta el punto de cargar nuestros pecados en la cruz. «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Ro. 8:1). El perdón, entonces, es una liberación definitiva. Jamás el padre volverla a mencionar los pecados de su hijo. Jamás le reprocharía su maldad anterior. «Nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades» (He. 10:17), dice el Señor. Gracias a Él por esta bendita seguridad, dada a todos los que regresan arrepentidos y confían en el sacrificio expiatorio del Redentor.
2. El perdón cambia radicalmente la vida: la parábola del perdón nos indica claramente que el perdón no es sólo la remisión de la pena. Quizás el Padre podría haber dejado a su hijo con los mismos andrajos, trabajando como jornalero en su hacienda. Podría haberle dicho: «te perdono, no te castigaré; pero ahora te arreglarás como puedas». Pero no fue así. Jesús relató que el padre dijo: «Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies». El «muerto» y «perdido» comenzaba ahora una nueva vida. Una obra positiva del perdón divino es derribar el muro que el pecado levanta entre el hombre y Dios. Cuando esto ocurre, se produce la reconciliación. Tal como ilustra la parábola, la reconciliación es completa. El pecador arrepentido y perdonado es ahora el hijo que compartirá las bendiciones del hogar. «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios Muy amados, ahora somos hijos de Dios» (1 Jn. 3:1, 2). Y esta realidad tiene también otra perspectiva: el perdón quita el pecado. No quita sólo el castigo. Quita el pecado mismo, porque ése fue un objetivo de Cristo: «Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados» (1 Jn. 3:5). Así el alma, trabajada y cargada, puede descansar. La vida cambia, pues, porque se establece mediante el perdón una nueva relación entre el hombre y Dios. «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Co. 5:17). Imaginemos al hijo pródigo, vestido ahora con el principal ropaje después de su extravío. Así Jesús nos presenta el cuadro del pecador perdonado. Un hombre nuevo, que ha llegado a serlo merced a la gracia misericordiosa del Padre. Cuando Dios perdona el pasado, también nos brinda un nuevo presente.
3. El perdón es un motivo de gozo: «Y comenzaron a regocijarse» (Lc. 15:24). Así terminaba la primera parte de la parábola. El perdón es un motivo de gozo. Pero no todos los cristianos lo entienden así. Muchos pierden el tiempo lamentando sus errores pasados y evocando los viejos pecados que, conforme a la Biblia, el Señor ya ha perdonado y olvidado. Supongamos que al finalizar el v. 22 la parábola dijera: «Y el hijo dijo entonces a su padre: Padre, ahora que me has perdonado, déjame que siga llorando mis culpas y que lamente mis errores pasados». Entonces se justificaría que los creyentes, después de ser perdonados, continúen lamentándose. Pero la parábola no dice tal cosa. Jesús no enseñó eso. Leemos, en cambio: «Traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado». «Y comenzaron a regocijarse». La Biblia dice: «Gozaos en el Señor siempre: otra vez digo: Que os gocéis» (Fil. 4:4). El pecador perdonado por Dios debe aprender a regocijarse en el perdón. Más que pensar en sus viejas culpas, debe pensar con gozo en la misericordia divina, por la cual ha sido perdonado y transformado. ¿Podemos sentirnos apenados cuando estamos en comunión con el Padre? ¿Podemos seguir tristes cuando hemos hallado perdón y salvación en Cristo? Dice uno de nuestros himnos: «¿Cómo podré estar triste, cómo entre sombras ir?, ¿cómo sentirme solo, y en el dolor vivir? ¡Si Cristo es mi consuelo, mi Amigo siempre fiel, si aun las aves tienen seguro asilo en Él!».
CONCLUSIÓN: el hijo perdonado fue un hijo feliz. Y esta felicidad nació con el perdón de sus pecados. Vino al padre con actitud dolorida para decir: «Padre, he pecado». Pero recibió el perdón y comenzó a regocijarse. El viejo credo del cristianismo dice: «creo en el perdón de los pecados». Si creemos tal cosa, debemos ser felices. Ningún creyente puede mirar hacia atrás sin ver sobre sus viejas culpas las palabras de Cristo: «Tus pecados te son perdonados». Por eso, el corazón que comprende todo lo maravilloso que hay en ese perdón. salta de regocijo. ¡Aleluya! Leámoslo una vez más: «y comenzaron a regocijarse». Comenzaron, porque el regocijo que comienza con el perdón de nuestros pecados continuará por toda la eternidad. Ese es nuestro gozo, nuestro singular gozo. Los ángeles no han vivido la experiencia del perdón. Nosotros sí Y por ello alabaremos «al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre» (Ap. 1:5), viviendo desde ahora en perpetua felicidad.
126. AGUA DE VIDA
(Juan 7:33–43)
INTRODUCCIÓN: el agua es uno de los mayores dones de Dios. ¿Qué sería del mundo sin agua? Descríbase una larga sequía como la del tiempo de Elías (1 R. 18:5). El agua es para el mundo lo que la sangre para el cuerpo. Sobre el globo en que vivimos, el Sol hace las veces de corazón: mueve el agua, la hace correr elevándola. Donde hay agua hay vida, bienestar, abundancia. Casi todas las grandes ciudades se hallan junto a grandes ríos. Los griegos llamaban al desierto «anhidros». En el Oriente es de tal modo apreciada el agua que se dice: «Si alguno quiere inmortalizar su nombre, que haga un pozo.» Así fue con el de Jacob (Jn. 4:12). Jesús usaba muchas comparaciones para mostrar los diversos aspectos de su sagrada misión. Se comparaba al Templo en el cap. 2, a la serpiente de metal en el 3, al pan en el 6, a la luz en el 9, a un pastor en el 10, al grano de trigo en el 12, a una vid en el 15. En este cap. 7 le vemos compararse al agua. ¿Por qué? Era el último día grande de la fiesta en que se celebraba la ceremonia de sacar agua del Siloé. Una procesión con el sacerdote a la cabeza, llevando un gran vaso de oro, iba a buscar agua en dicha fuente, arrojando cada uno el contenido de su cántaro sobre una vasija de plata en el templo. que desaguaba en el Cedrón. Un proverbio del escritor judío Namonides dice: «El que no ha visto el gozo de la fiesta del agua en Jerusalén no ha visto gozo en su vida». Se trataba de recordar la roca herida en el desierto, y de cumplir la profecía de Is. 12:3. Pero no sabían interpretar el pasaje que pretendían cumplir (compárense los vv. 2 y 3 de dicho cap.). Jesús expone la verdadera interpretación: la fuente de salud no es Siloé, sino Jehová. «Yo, que he venido de Él» (como explicó al día siguiente, cap. 8:23), «soy la verdadera fuente de salvación. El agua que tenéis que sacar con gozo no es el agua material, sino el agua de vida, la vida eterna por el Espíritu Santo que yo infundiré en vosotros y que os hará nuevas criaturas, aptos para esta vida feliz». Creo que algo así y mucho más diría Jesús en esta ocasión, ya que no tenemos más que el resumen de sus grandes discursos. Consideremos en qué se parece el agua a Jesús …
1. El agua es origen de vida: toda la vida física salió del agua. En la tierra, todavía humedecida, apareció la vida vegetal. Del mar salió la vida animal. Cristo es, empero, el verdadero origen de la vida física y espiritual (Jn. 1:4). Nadie puede convertirse o nacer de nuevo, ni convertir a otros sin Cristo.
2. El agua es conservadora de la vida: bien lo sabemos con las plantas de secano; si falta antes de llegar éstas a su pleno desarrollo, mueren inevitablemente. Hay cristianos que nacen, al parecer, con mucha ufanía, pero no tienen raíz y se secan. No están arraigados en Cristo para recibir de Él espiritualmente el vigor de la vida espiritual. ¿De qué le sirve el entusiasmo de los primeros días? Necesitamos cada día el agua de vida para conservarnos vivos espiritualmente. Continuo contacto con Cristo por la oración, la lectura de su Palabra y la asistencia al culto, donde Él ha prometido manifestarse al corazón de sus fieles (Mt. 18:20). Si regamos las plantas no olvidemos regar nuestra propia alma, que es de mucho más valor.
3. El agua limpia: ¡Cuán útil es en este aspecto! Descríbase lo que sería un pueblo sin agua en cuanto a suciedad. El agua purifica todas las inmundicias. Esto hace Cristo en el sentido espiritual. Su sangre expía los pecados, su Palabra nos enseña a evitarlos.
Obsérvese lo que dice Jesús en Jn. 13:10 y 15:3. Los apóstoles estaban lavados, menos Judas; y nosotros, ¿lo estamos? ¿Permitimos que la Palabra de Cristo nos lave? (anécdota: «la lavandera y el pastor»; un pastor visitó a cierta anciana lavandera, no según el método del volteo que se usa en Cataluña, sino según el que se usaba en aquel tiempo en Inglaterra, de hacer pasar el agua a través de un cesto lleno con la ropa que se quería lavar. La anciana expresó al pastor el gran bien que recibía de sus sermones, y cuando éste le hizo algunas preguntas sobre los mismos, respondió:
—«¡Ay, señor! Desde que me he hecho vieja, mi entendimiento es como este cesto que no retiene casi nada, pero me gusta pasarlo muchas veces por debajo del grifo de la predicación, porque a pesar de mi poca memoria, la Palabra de Dios es pura y me purifica»).
Puede haber suciedad muy aferrada que necesite una aplicación muy directa del agua de vida, y quizás el método algo brusco que usan las mujeres de Cataluña.
4. El agua apaga la sed: ¡Bendita cualidad! ¡Qué satisfacción produce en un día caluroso! No sólo el cuerpo tiene sed, el alma también la tiene de paz, de gozo, de felicidad. El hombre corre tras los placeres, el dinero, la fama; pero éstas son las cisternas rotas de que habla el profeta (Jer. 2:13). Después de un gran esfuerzo, comprueba que no hay en ello la felicidad que esperaba. Ve a un rival más próspero y la ambición estropea su contento. Se divierte y queda triste, preguntándose: ¿Para qué sirve esto? (anécdota: «el payaso melancólico»; un médico parisiense fue visitado por un cliente, el cual le explicó su estado de turbación moral, su sentimiento de pecado, su preocupación por la eternidad. El médico, que no entendía nada en enfermedades del alma, creyó que se trataba de un caso de neurastenia y aconsejó buen alimento y distracción …
—Lo primero no me falta—explicó el presunto enfermo.
—Pues no es nada más que cuestión de distracción—afirmó el médico muy seguro de su ciencia—, y le aconsejo acudir a las funciones de circo del payaso Garrick. Nadie puede estar triste ante él.
—Señor, este remedio no sirve para mí,—le respondió el enfermo—pues yo mismo soy Garrick; yo soy aquel payaso. He de mostrarme alegre ante el público para ganar mi pan, pero esto no me da felicidad).
Jesús apaga la sed del alma, la satisface plenamente. ¿Por qué? El alma es eterna. «Creada a tu imagen, oh Señor, no se satisface sino en Ti», dice san Agustín. Cristo ofrece valores eternos, abre una perspectiva al alma inmortal totalmente adecuada a su necesidad (Jn. 4:14). ¿Tienes sed espiritual? Acude a Cristo. Si no la tienes, pídela. Los que mueren de sed física primero sienten un ardor y un deseo que llega hasta el delirio, a causa del cual ven fuentes imaginarias, pero después llegan a no desear nada. Así pasa con los sedientos del alma. Todos hemos soñado en la juventud, pero los desengaños traen la apatía, y muchos llegan a no desear nada más que dejar la existencia. El deseo es natural y lícito. Es el estímulo de la vida y de todas las acciones. La doctrina búdica-teosofista es absurda. Suprimir los deseos no es ser feliz; no es apagar la sed. Cristo sí la satisface con su amor y sus promesas. Acude a Él; dile que quieres ser feliz en su amor. Vive y desea, pero desea según su voluntad, y la felicidad que empezará para ti en esta vida será eterna. No puedes desear más de lo que él promete. ¿No es dicha inmensa conocer esta fuente de vida?
5. El agua tiene que esparcirse para ser bendición: de ahí la providencia de Dios en la lluvia, y las altas montañas que retienen las aguas en forma de nieve, dando origen a los ríos. Así el pueblo de Dios no debe retener los bienes espirituales, sino para distribuirlos inmediatamente (v. 38). El que cree no solamente apagará su sed, sino que él mismo será una fuente vivificadora. Éste es el ideal cristiano: Cristo es el manantial; toda iglesia, un depósito; y cada cristiano, una fuente. De este modo el mundo podría convertirse en un jardín, y lo sería si cada cristiano profesante fuese una fuente de veras y no una fuente seca, «teniendo nombre de vivo, estando muerto» (Ap. 3:1). Es el deseo del Salvador que broten ríos de agua viva de cada fiel, pero ¡ay!, que muchas veces los caños son estrechos a causa de nuestro egoísmo, y por añadidura, obstruidos por el pecado. Así, en lugar de ser fuentes abundantes, sólo damos gotas de bendición, y esto aun muy raramente.
CONCLUSIÓN: pidamos hoy que Dios nos perdone y nos ayude para que, saciados por su gracia, seamos fuentes abundantes al mundo necesitado que nos rodea.
127. CUIDADO DE DIOS POR SUS HIJOS
(Isaías 63:5, 6)
Una muy edificante plática puede hacerse llamando la atención a los símbolos divinamente inspirados que emplea la Sagrada Escritura para ilustrar la solicitud y cuidado que Dios tiene para con los suyos. Véanse tales símbolos en su contexto y explíquese su significado y ejemplo …
1. Como madre (Is. 66:13).
2. Como padre (Sal. 103:13; Mt. 6:14, 15).
3. Como nodriza (1 Ts. 2:7).
4. Como pastor (Ez. 34:12; Jn. 10:1–6, 14, 15).
5. Como ave (Mt. 23:37).
6. Como águila (Dt. 32:11).
7. Como esposo (Is. 62:5; Ef. 5:23 y 32).
128. DOS CLASES DE RELIGIÓN
(Mateo 7:13–29)
INTRODUCCIÓN: muchas religiones existen en el mundo desde el punto de vista humano—católicos, protestantes, mahometanos, teósofos, budistas—, subdivididas en no menos de 300 sectas; pero para Cristo no son centenares, ni diez, ni cinco; sólo dos: el camino ancho o el estrecho, árbol bueno o malo, hombre prudente o insensato. ¿En qué categoría estamos? ¿Qué distingue al insensato del prudente? Los dos tienen el mismo propósito.
1. Edificar un abrigo para el alma: todos procuran lo mismo. ¿Por qué? ¿Cuáles son los motivos?
a) Miedo a lo desconocido.
b) Admiración por la sabiduría en la Naturaleza.
c) Previsión de la inmortalidad (anécdota: las piedras de una gran calle de Babilonia tenían todas grabada la palabra «eternidad»).
d) La voz de la conciencia, el sentimiento de pecado, muy vivo entre los indios y los faquires. La religión es necesaria; la diferencia está en la forma o en el lugar en que se funda, roca o arena.
2. Los pueblos eligen la más fácil, la de la mayoría:
a) Para el indio, la budista.
b) Para el turco o el moro, la mahometana.
c) Para el español, la católica.
d) Para el inglés, la protestante.
Para la gran mayoría, la religión es sólo formalismo, sin detenerse a investigar y creer de veras. No tienen tiempo; negocios, fútbol, cine lo acaparan todo y mueren engañados, nunca creen de veras. Ventaja en los países evangélicos: los despertamientos religiosos que apelan a las masas.
3. Jesús llama a los tales necios o insensatos: ¿Por qué? No saben darse cuenta del peligro. El que tiene una fortuna procura asegurarla. Todos tenemos un gran tesoro, el alma inmortal. ¿Dónde colocaremos el tesoro? No podemos guardarlo nosotros mismos. Ninguno podrá redimir su propia alma (Sal. 49:6–8); o confiamos el tesoro en manos más seguras, o lo perderemos para siempre. Satanás no quiere que los hombres se preocupen por su alma, para que no encuentren la verdad; les hace pensar:
a) Que no vale la pena, que es un misterio imposible de descifrar.
b) Que si hay Dios, no será un juez severo, sino un padre bonachón.
c) Que lo que importa es lo que se ve. «Pájaro en mano …», etc.
4. Pero los hombres deberían escudriñar las señales: el insensato de la parábola debía mirar las señales de peligro del terreno donde edificaba …
a) La arena era señal de que por allí pasaba agua.
b) Las vertientes de las montañas vecinas lo denunciaban.
c) Los vientos acanalados del valle lo estaban presagiando.
5. Así, el hombre que pretende ser religioso debería examinar las evidencias de su religión:
a) Fundamentos: ¿Son de origen humano, o divino? ¿Tienen su origen en Cristo y los apóstoles, o en tradiciones no seguras? ¿Es congruente con el modo de obrar de Dios, según vemos en la Naturaleza? (ej.: ¿Envía Dios el sol y la lluvia gratis, y el perdón sería pagando?)
b) Vertientes: ¿Cuáles han de ser las consecuencias del sistema? Las religiones impuestas se hacen aborrecibles. La religión, por costumbre, acaba en incredulidad; la religión hipócrita o exterior ha de verse abocada al fracaso. Deberían pensarlo millones de «insensatos», según la calificación de Jesús; pero los hombres aceptan solamente lo más fácil. Jesús se extrañaba de la ceguera de los falsos religiosos de su tiempo que no sabían ver las señales (Mt. 16:2). No se paraban a examinar las profecías que oían leer en la sinagoga, por esto no supieron comprender que vivían en días del Mesías. Los trágicos vientos de violencia, desenfreno, etc., de nuestros días, nos dicen que la tempestad de la ira de Dios se acerca.
6. Pero veamos el cuadro positivo, del que oye y hace: es frecuente esta expresión en boca de Jesús (véase Lc. 11:26). Significa el que oye con atención, medita, piensa, busca, se interesa seriamente como los de Berea (Hch. 17:13). El investigador serio busca la roca, que es la revelación divina; no se fía de las tradiciones humanas: «El que oye «mis» palabras»… ¿Es palabra de Cristo la que oímos, o de hombres? ¿Estamos unidos a Él por la fe? Notemos (Ro. 10:11):
7. Jesús añade «y la guarda»: por la fe entramos en el corazón de Cristo y Él en nosotros. Formamos una sola cosa, pero ¿y después?… Hay que edificar una casa, una torre más o menos modesta, un carácter cristiano, un edificio para la eternidad (véase 1 P. 2:1–5). No hay que usar materiales de mala calidad. Hay cristianos que pretenden edificar sobre la roca con tales materiales (véase 1 Co. 3:10–15). Sobre buena roca, buen material; según el material aquí, sería la gloria allá. Es un privilegio vivir para la eternidad, pero también una gran responsabilidad.
8. Las pruebas que azotan el edificio: Dios mismo las permite para demostrar a Satanás la firmeza de nuestra fe, sin que ellas nos puedan arrastrar. Son, como decía un predicador, «las corrientes que lavan».
9. La prueba final (2 Ts. 1:6–10):
a) Jesús conocía esta prueba final, eterna, definitiva. No es extraño que dijera: «Grande es su ruina».
b) El creyente en Cristo, en cambio, está firme y su firmeza crece a medida que avanza el tiempo y la tempestad. Era en la cárcel de Roma, pocos días antes de ser degollado, que Pablo escribía: «Yo sé en quién he creído y estoy cierto …» (2 Ti. 1:12; 4:8).
129. EL ARCA DE NOÉ
(Génesis 6:11 al 8:16)
INTRODUCCIÓN: el diluvio fue un juicio de Dios para retrasar los efectos del pecado que Satanás había inoculado no sólo en Adán y Eva, sino en toda su descendencia. Es un hecho del pasado pero tiene también muchas lecciones simbólicas para el presente.
1. El arca es un tipo de Cristo y la salvación (1 Ti. 2:5): no existe más que un medio (véase también Hch. 4:12). Hay otras preguntas que pueden referirse a la doctrina, pero no a la persona de Dios ni tampoco a la de Cristo como autor de la salvación.
2. Un refugio segurísimo: el arca era construida de la mejor madera: «Hazte un arca de madera de gofer, calafateada con brea por dentro y por fuera». Era lo mejor en el tiempo de Noé, pero Cristo es mucho más. Él es la Roca. No una Iglesia como por ejemplo la romana, de otro modo ¿qué hubiera sido de los fieles en el tiempo de corrupción de la Edad Media? El alma humana no puede estar segura sino sobre Cristo. El que se ha refugiado en Cristo puede decir como Pablo: «Yo sé en quién he creído, y estoy cierto …» Él había sentido la persona espiritual de Cristo aun en sus peores años de prueba, cuando Satanás incitaba a los gobernadores romanos a que no le soltasen, pero el apóstol Pablo tuvo el privilegio de ver en vida la ciudad celestial (2 Co. 12:1–5). Un predicador ha dicho: «El que se ha refugiado en Cristo es tan salvo como Cristo mismo». Y aunque parezca exagerado es seguro, porque sus promesas son fieles y verdaderas.
3. Únicamente tenía una puerta: en el sentido espiritual, todos necesitamos ser salvos del mismo modo (anécdota: una señora rica inglesa decía que no quería ser salva como su costurera).
Para la entrada en el arca, la jirafa tenía que agachar la cabeza. Puede haber diversas clases de personas, más fieles o menos, más morales y más deficientes, pero todas necesitan al igual la salvación que es en Cristo.
4. El arca tenía muchas habitaciones: después de la introducción del pecado en el mundo, el lobo y la oveja no podían estar en la misma habitación, tenía que haber aposentos diversos. Así es con la familia espiritual mientras estamos en la Tierra. En el pueblo de Dios puede haber bautistas, reformados, pentecostales, metodistas y una multitud de organizaciones misioneras de diferentes nombres, pero todos son salvos de la misma manera, pasando por la puerta que es Cristo. Así lo dijo en otra parábola simbólica el mismo Señor: «Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo» (Jn. 10:9).
5. El arca tenía una sola ventana: un solo medio para recibir luz del exterior. Nosotros tenemos una sola Biblia. ¿Cómo puede habe diferencia entre los cristianos verdaderos? En el arca había diversos grados de iluminación en la medida que nos acercamos a la Palabra de Dios y a hacer las cosas como Dios las prescribe, no según nuestro parecer o interpretación tenemos más luz, más comunión con Dios, más seguridad.
6. La ventana estaba cerca del techo: hay quienes creen que se hallaba en el mismo techo, pero yo creo que tocaba al techo, de otra manera habría sido imposible abrirla mientras las cataratas del Cielo caían sobre la Tierra (o sea, mientras los vapores acumulados arriba rodeaban toda la Tierra) (Gn. 2:5, 6), por eso el diluvio fue el descendimiento de una lluvia tan copiosa como jamás había ocurrido. Es muy posible que al disminuir el espesor del agua apareciera el Arco Iris, pues en el cap. 9 vs. 13 la traducción literal es: «Mi arco he puesto en las nubes» y, desde entonces, vino a ser un recuerdo y testimonio de la promesa de que no volvería a ser la Tierra sepultada en agua. En el sentido espiritual leemos: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba» (Col. 3:1).
7. El arca tenía tres pisos: sin duda, Noé vivía en el de arriba. En el arca espiritual, ¿no podemos decir que también hay pisos?
a) Hay cristianos que creen para no ser perdidos, hijos de creyentes que siguen profesando la fe de sus padres, pero se hallan en bastante oscuridad espiritual. No disfrutan mucho de la luz de arriba. Oyen el barullo de los no convertidos debajo de sus pies y aunque saben que allí hay peligro (como por ejemplo hoy día la sífilis, las drogas y el Sida) parecen tener nostalgia de permanecer en el segundo piso en lugar de aspirar a subir más arriba hasta el primero. No disfrutan de Dios ni del mundo. Se les hacen pesadas las cosas de Dios como las reuniones que no son estrictamente oficiales y pueden dispensarse de ellas.
b) Los que disfrutan más en lo de arriba que en lo de abajo. Un buen sermón nos alimenta y satisface como una comida. Asimismo una reunión de oración en la que reina la sinceridad, pero no pueden sufrir las oraciones pesadas de ciertos hermanos y deciden no asistir. ¿De quiénes somos nosotros? ¿Disfrutamos de las cosas de Dios a intermitencias? A veces nos sentimos profundamente cristianos y decimos: «Sí que tengo gozo; sí que tengo fe, Señor», pero otras veces dudamos de nosotros mismos, pues del Señor no podemos dudar. Estamos mirando a otros quizá más débiles que nosotros y decimos: «Sí que tengo fe».
8. Los que viven en el piso de arriba: ¿Los podemos mencionar? Apenas nos atrevemos, pero tenemos sus escritos que nos ayudan y estimulan: Jorge Muller, Spurgeon, Meyer, Moody, Livingstone y una larga lista de hombres de Dios de todos los siglos. Apenas si son atraídos por nada que no sea espiritual y su gozo es mucho más perdurable que el nuestro en nuestros mejores momentos.
CONCLUSIÓN: gracias a Dios, porque estamos dentro del arca los que hemos creído en la invitación del Evangelio; pero no nos contentemos con vivir en los sitios más bajos, sino aspiremos a subir al piso de arriba, a vivir con Dios hasta que Él pueda abrir la puerta superior de su Reino y oigamos las preciosas palabras «buen siervo y fiel … entra en el gozo de tu Señor».
130. EL ATALAYA
(Ezequiel 5:7, 17)
Cuatro puntos que se destacan …
1. El atalaya es un hombre puesto por Dios que conoce la voluntad divina y tiene la responsabilidad de entregar el mensaje. El predicador ha recibido un cometido de Dios y tiene que mirar cómo lo cumple.
2. La amenaza (v. 2): la espada viene sobre la Tierra. Así nosotros sabemos que hay una amenaza contra el pecado: «La paga del pecado es muerte» (Ro. 6:23). «Todo lo que el hombre sembraré, eso también segará» (Gá. 6:7). Tenemos el deber de anunciar que el pecado no quedará sin castigo. «Después de la muerte el juicio» (He. 9:27).
3. El aviso: no solamente debemos ver lo que Dios ha decretado con respecto al pecado, sino que tenemos el deber de traerlo delante de los hombres con insistencia; tenemos que hacerles entender lo terrible del juicio: el infiernos «donde el gusano no muere y el fuego no se apega» (Mr. 9:44). Así que tenemos que tocar la alarma y decir a voz en cuello: «huid de la ira venidera».
4. El apercibimiento: el hombre que se da cuenta de su pecado y entiende algo del juicio venidero, ¿cómo podrá apercibirse? Se contesta esta pregunta muy sencillamente: «Arrepentíos, y creed en el Evangelio». Se muestra el arrepentimiento volviendo las espaldas al pecado y buscando al Señor con todo propósito de corazón. Entonces viene el Evangelio como verdaderas buenas noticias:
a) Cristo ha muerto por nuestros pecados.
b) Ha resucitado por nuestra justificación. Cuando el pecador le recibe, tiene todos los beneficios procurados por su muerte y su resurrección; a saber, la salvación y la seguridad.
131. EL CAMINO DEL HOMBRE Y EL DE DIOS
(Proverbios 16:25)
INTRODUCCIÓN: todos los hombres tienen cierto camino en el que andan, algunos muy respetables, otros más modesto o más desordenado, y otros realmente al azar. En el libro de los Proverbios el autor da muchos consejos para los hombres en cualquier circunstancia, y en el presente pasaje hallamos una advertencia muy notable.
1. Ha de ser un camino bien escogido: ésta es la gran prerrogativa que Dios ha dado a los seres libres y es natural que cada hombre escoja lo que mejor le parezca, pero como tiene el entendimiento distorsionado por el pecado, muchas veces pensando escoger lo mejor escoge lo peor, y esto por varios motivos.
2. Escoge su camino sin consultar la voluntad de Dios: «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas», dice el profeta en el gran capítulo evangélico (Is. 53:6).
a) Su camino indica una preferencia puramente personal: hay miles, por no decir millones, de caminos que todos parecen rectos al que los ha escogido.
b) Puede ser por imitación: las ovejas se siguen las unas a las otras; así las generaciones de la humanidad siguen las unas tras las otras, constituyendo lo que llamamos culturas o civilizaciones.
3. Motivos por los que el camino personalmente escogido puede parecer derecho:
a) Es un camino popular: todos, en general, lo siguen. Todos hacen lo mismo, dicen en general los jóvenes al argumentar con sus mayores acerca de alguna novedad.
b) Es el camino fácil, que nadie critica.
c) Es el camino de éxito, muchas veces no siempre; pero cuanto más torcido es, con tal que no choque con las autoridades, es el más fácil. Los mundanos tienen un refrán que dice: «Hay que buscar la moral en el código penal». Pero los cristiano replica: «Hay que buscar la moral en la voluntad de Dios, expresada no sólo en los Diez Mandamientos, sino en el contenido general de las Sagradas Escrituras».
4. Lleva a un fin desastroso:
a) La muerte física: todo llega al mismo fin: «Por tanto, todo es vanidad» (Ec. 1 y 2).
b) La segunda muerte, la condenación, que implica, según las obras de cada uno:
—Quedar destituido de la gloria de Dios (Ro. 3:23).
—Ser alejado de la presencia de Dios (Mt. 7:23).
—Las tinieblas de afuera (Mt. 8:12).
—Destrucción del cuerpo y del alma (Mt. 10:28).
—Ser echado a la Gehenna, al fuego inextinguible (Mr. 9:43; Ap. 20:15, 21:8).
CONCLUSIÓN: ninguno de estos fines es deseable para el alma verdaderamente juiciosa y pensadora; por tanto es indispensable abandonar el camino errado, aunque a nuestro juicio lo hayamos tenido como verdadero, o bastante recto, y dar el paso decisivo del arrepentimiento y la fe que nos introduzca en el camino de Dios.
132. EL LAGO CENAGOSO
(Salmo 40:1–3)
INTRODUCCIÓN: la cabecera de este hermoso salmo es una exposición en lenguaje poético de cómo Dios libró a David de cierta aflicción, pero puede ser considerado como una parábola de la liberación del pecador sumido en la mayor aflicción del pecado. Existen ciertas playas donde bajo una delgada capa de arena se oculta un verdadero lago de tierra reblandecida por la filtración del mar. Hemos leído de viajeros que, andando distraídos sobre tales parajes, de repente han sentido atascados sus pies, siendo inútiles sus esfuerzos para librarse. Han visto desaparecer lentamente sus rodillas y pronto más de la mitad del cuerpo y entre desesperados gritos de socorro ha llegado el lodo al cuello, a la nariz, llegando a verse solamente unas manos que se agitaban unos momentos para quedar pronto inmóviles y sumergidas dentro del lodo y desaparecer. Hundirse en cieno o lodo es mucho más terrible que en el agua, ya que no existe la posibilidad de nadar, sino que todo esfuerzo para librarse aun precipita el hundimiento. Lo mejor en tal situación es clamar, quedarse bien quieto y esperar el socorro de afuera. Éste suele llevarse a cabo por medio de un camino de tablas y andando sobre ellas pueden acercarse los salvadores y alejarse del lugar de peligro una vez que se ha realizado el salvamento.
1. El lago cenagoso es el mundo: el viajero incauto puede representar a todos los hombres. El pecado ha atascado nuestros pies desde nuestra misma infancia. Nos hundimos en acciones, palabras y pensamientos malévolos cada día que pasa, y la muerte amenaza con acabar pronto con nosotros. La muerte física y tras de ella la separación definitiva de Dios en el abismo de miseria eterna. Algunos se horrorizan al leer el relato bíblico de Coré (Nm. 16:31–34), pero ¿no tiene que tragarnos a todos la tierra? El desliz es lento, como en el caso que nos sirve como parábola. Hoy una arruga, mañana un cabello blanco son anticipos del seguro fin que habría de llevamos a la eternidad sin Dios. ¿Qué podemos hacer ante una situación tan trágica como inevitable?
a) Tratar de salvarnos a nosotros mismos: esto hacen muchos, engañados por religiones humanas. Los faquires de la India, muchos ascetas y devotos dentro del cristianismo nominal no lograron sino precipitar el ya seguro fin, acortando sus vidas con vanos sacrificios que sólo sirvieron para hundirles algo más aprisa.
b) Clamar al que puede salvarnos. Dejar los vanos esfuerzos y confiarse resignadamente, o sea, con calma de espíritu y con confianza plena en sus promesas dadas por el único que se ha ofrecido y es poderoso para salvar, como dice en He. 7:25, a los que por él se allegan a Dios, o siguiendo la figura a los que levantan su mano para que Él les arranque del lodo del pecado.
2. Cristo es el Salvador poderoso que levanta al caído: la encarnación del Verbo es Dios inclinándose, bajándose para acercarse al pecador. El que era santo anduvo sobre el pecado del mundo sin hundirse (Jn. 8:46). Realizó lo que al diablo le parecía irrealizable: vivir una vida perfecta de absoluta sumisión a la voluntad de Dios. De este modo colocó la palanca, el camino seguro del Evangelio por donde el pecador levantado por su poderosa mano andará en novedad de vida.
3. Su salvación es firme y segura. El salmo dice: «Puso mis pies sobre una roca». Hay la mayor diferencia entre el lodo y la roca. Cristo es llamado «la Roca de los siglos» por la firmeza y segura garantía de sus promesas. No dice que tratará de salvarnos del pecado, sino que nos asegura la salvación del modo más enfático (Jn. 5:24–28). Hay completa garantía de que él puede cumplir tan gloriosas promesas (anécdota de Justino mártir y el Prefecto a quien, cuando aquella autoridad romana le preguntó con sorna: «¿Tú supones que si yo te mando crucificar o ser echado a los leones encontrarás al otro lado de la muerte un Cielo de gozo, paz y felicidad y a un Salvador esperándote allá para darte la bienvenida?», le respondió:
—No lo supongo; lo sé y estoy completamente seguro de ello).
4. El Salvador se complace en guiar a los libertados del pecado por el camino que Él anduvo: una vez convertidos, salvos del pecado, tenemos que andar ¿cómo? ¿En qué dirección? No otra vez a nuestro antojo sobre el lago cenagoso del pecado (Ef. 2:2), sino por el camino que Cristo nos ha trazado con su venida y sus promesas (Mt. 16:24; la Jn. 2:6). Hay cristianos a quienes parece gustar estar tan cerca como es posible del lago cenagoso, mientras hay otros que procuran alejarse lo más lejos posible. ¿Cómo lograrlo?
5. El salmista continúa la significativa figura diciendo: «Bienaventurado el que puso en el Señor su confianza y no mira a los rebeldes ni a los que se debían tras la mentira» y más adelante en el v. 16 del mismo salmo, leemos: «Gócense y alégrense en Ti todos los que te buscan, y repitan sin cesar los que aman tu salvación: Jehová el Señor sea enaltecido». Y todos los cristianos en medio de adversidades y tentaciones podemos y debemos decir: «Aunque yo estoy afligido y necesitado, el Señor pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres Tú. Dios mío, no te tardes».
CONCLUSIÓN: he aquí la oración de aquellos que se han sentido hundidos en el lodo del pecado y recuerdan cómo Cristo les ha liberado mediante sus promesas y viven en comunión con Él por medio de la fe y la oración (anécdota: un joven que actuaba en un music-hall del conocido Paralelo de Barcelona, después que fue convertido, se deleitaba cantando con su potente voz y haciendo cantar a la congregación, cada vez que testificaba de su liberación de su vida de pecado, este significativo himno:
«Nunca Dios mío cesará mi labio
de bendecirte, de cantar tu gloria,
porque conservo de tu amor inmenso
grata memoria.
Cuando perdido en mundanal sendero
no me cercaba sino niebla oscura,
Tú me miraste y alumbróme un rayo
de tu luz pura.
Y cuando exhale mi postrer aliento
para volar a tu eternal presencia,
cierto, hallaré con tu justicia, unida
dulce clemencia»).
133. EL PAN DE VIDA
(Juan 6:1–15, 24–63)
INTRODUCCIÓN: ésta es una de las porciones más claras y peor interpretadas del N.T. La Iglesia católica y romana ha pretendido hallar aquí un apoyo para el dogma de la transubstanciación, que no creyeron los apóstoles, pues no hallamos referencia alguna a semejante milagro, sino que llamaban al sagrado símbolo de la muerte de Cristo «partir el pan» y más explícito dice Pablo: «El pan que partimos …» (1 Co. 10:16). Pero el mismo apóstol, en el cap. 11, hace referencia al acto simbólico repitiendo las palabras del Señor: «Haced esto en memoria de Mí». ¿Cómo puede hacerse memoria de lo que está presente? Un retrato si se transformara en la persona que representa no sería una memoria. ¿Por qué, pues, Cristo dice: «mi carne es verdadera comida» en los vv. 55 y 56 de este enigmático capítulo?
Esta es una bella y expresiva figura de lenguaje, que cuando los judíos la tomaron literalmente y se escandalizaron diciendo: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús tuvo que aclarar el sentido de sus palabras en el v. 63. Es todo este pasaje una de las muchas parábolas que empleó el Salvador en sus enseñanzas, como la del grano de mostaza, el sembrador o la perla escondida, y como tal tenemos que aceptarla.
1. El motivo de esta parábola: Jesús había alimentado el día anterior a cinco mil en un lugar desierto y los que participaron del milagroso festín se reunieron el día siguiente esperando que Jesús repitiera algún milagro semejante, pero Jesús les dijo: «Trabajad no por la comida que perece, sino por la que para vida eterna permanece». Jesús se adelanta al propósito no expresado por los judíos, significando: Vuestro cuerpo tiene necesidad de alimento y yo os lo he provisto y mi Padre el Creador os lo provee cada año, pero pensad que tenéis un alma espiritual, eterna, inmortal que no vive de pan físico, sino de la Palabra de Dios, y Yo soy esta Palabra de Dios, el Verbo Divino hecho carne (Jn. 1:9, 10).
2. El significado del pasaje: ¿No descubriremos aquí el hilo de la figura? Sabemos que el Señor fue tentado en el desierto por Satanás y su respuesta al enemigo fue: «No con sólo pan vivirá el hombre, sino con toda palabra que ha salido de Dios».
3. ¿Qué es alimentarse de Cristo? Recibir su Palabra, asimilarla, creerla, aceptarla. ¿Por qué extrañar la figura o mal interpretarla, según han hecho algunos cristianos? Si la utilizamos constantemente en nuestro lenguaje común, decimos: «Los jóvenes de nuestros días se alimentan de novelas o de cine». Nadie piensa que alguien se trague novelas literalmente, si esto decimos en nuestro lenguaje humano, las palabras figuradas que emplea Jesucristo tienen …
a) Una importancia especial.
b) Un significado especial.
c) Un resultado especial.
Si alguien se apasiona en una novela no hace sino llenar de imágenes irreales su cerebro, pero Jesucristo es la revelación del Dios invisible, del Padre Celestial. Jesús dijo: «Ésta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado» (Jn. 17:3). ¿Puede haber un lenguaje más claro? Ésta es la vida eterna, conocer a Dios, el eterno Creador y a Jesucristo como el Salvador que tú has enviado.
4. ¿Cómo tiene que ser recibido este anuncio? Con el mismo anhelo que el hambriento se alimenta de pan, así como el cuerpo se alimenta de vida física, la persona de Cristo se alimenta de la Palabra del Señor, porque el hombre tiene dos naturalezas. Los animales sólo tienen una, la física, que es el pan o la cebada. Para ellos la Palabra de Dios es nada … Leed el precioso cap. 14 de Juan a un caballo enfermo o moribundo, ¿de qué le aprovechará? Por esto Jesús aclara en este pasaje: «Las palabras que os he hablado son espíritu y son vida» (Jn. 6:63). Y por esto Jesús añade: «Mas algunos de vosotros no creen … porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían» (Jn. 6:63–65). Para los que creían como Pedro o Juan, la figura era clara y sobre todo lo fue después de su muerte y resurrección. ¿Lo es para vosotros, queridos amigos? Si no, pedid a Dios que os conceda el don de la fe para que podáis asimilar a Cristo en vuestro corazón … Elevad a Él un suspiro diciendo: «Señor, creo en ti, eres mi todo, tu Palabra es todo para mí y yo la creo y la acepto». Entonces estarás espiritualmente comiendo, es decir, asimilándote a Cristo y esto te unirá a él y te dará la vida eterna.
5. El pan es todo suficiente para la vida del adulto, así como la leche lo es para el niño (1 P. 2:2); no hay necesidad espiritual que Él no satisfaga cuando le hemos recibido en el corazón, paz, amor, gozo, es lo que muchas personas incluso entre los marginados por la sociedad, han hallado al aceptar a Cristo …
a) Como Dios almacena en el trigo todas las sustancias que nuestro cuerpo físico necesita, ha puesto en Cristo todas las virtudes; así, el alma creyente puede cantar con gozo:
«Ya ningún bien sin Cristo hay.
Él solo es para mí, luz,
gozo, paz y gran felicidad.
Se halla sólo Cristo en ti».
b) Hay una razón para que Cristo sea el todo en los creyentes: haber descendido del Cielo (Jn. 6:51).
c) El maná tenía todos los elementos necesarios para la vida de los peregrinos en el desierto y sus virtudes consistían en que no había salido de la tierra. Cristo vino no engendrado por voluntad humana, sino directamente del Cielo. Vino directamente de Dios y no hizo más que envolverse con el vestido de carne humana en el seno de la bendita virgen. El que necesitemos un ser divino celestial para satisfacer nuestras necesidades espirituales, prueba nuestro origen de parte de Dios (Gn. 1:26, 27).
d) Jesús fue el pan vivo que da vida por medio de su muerte. Jesús siempre llevaba en mente esta idea redentora: «Yo soy el pan vivo que he descendido del Cielo» (Jn. 6:51).
e) El pan simbólico que es Cristo tiene que ser asimilado. Podéis tener una montaña de panes sobre vuestra mesa, pero de nada os aprovechará si no es asimilándolo físicamente por vuestra boca. Así es también con el pan del Cielo que es Cristo: Podéis conocer de Cristo con los ojos del intelecto o de vuestra memoria todos los hechos de su vida y sus enseñanzas, pero hasta que hagáis un acto de fe con sinceridad de nada os servirá. Muchos tienen suficiente en contemplar el pan, asistiendo a cultos evangélicos, pero de nada puede servirles si no reciben a Cristo en su corazón.
6. El pan tiene que ser distribuido … Observad este orden en todos los milagros de Jesús:
a) Los sirvientes de Caná tuvieron que llenar las tinajas.
b) Los amigos de Lázaro quitar la piedra.
c) Los discípulos del Señor distribuyeron los panes a la multitud.
Así es con el pan de vida espiritual: Jesucristo hubiese podido hacer anunciar la buena nueva por ángeles o por una voz sobrenatural, pero no lo hace igual que en todos sus milagros físicos; en el milagro de la gracia hizo sólo la parte indispensable que nosotros no podíamos realizar, dar su vida por nosotros. Extender el pan de vida es nuestro deber. Dios nos lo manda cueste lo que cueste, testimonio, oraciones ofrendas, etc.
7. La hipérbole en el terreno de la realidad. El famoso pastor Oswald Smith decía: «No debería predicarse el Evangelio a una persona que ya lo conoce y lo ha oído quizá muchas veces mientras haya otro que no lo conoce y necesita oírlo por primera vez». Naturalmente, es una hipérbole del famoso predicador, pero debemos esforzarnos en borrar la idea de que el símbolo es realidad, y que participar del símbolo sea recibir a Cristo si no se ha hecho particularmente, sobre todo en un país católicorromano como el nuestro. Afortunadamente, los sacerdotes católicos explican hoy día el Evangelio en sus breves homilías, cosa que no hacían hace 50 años, pero no insisten en la seguridad de la salvación; no mediante la participación en el símbolo como entendieron por error los judíos y lo practicaron los llamados cristianos por muchas generaciones, sino iluminando a muchos llamados cristianos de hoy hasta que puedan decir de corazón lo que declaró el apóstol Pedro al final de esta misteriosa discusión.
CONCLUSIÓN: «Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna (es decir, promesas que creemos que cumplirás), y nosotros hemos conocido y creído que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».
134. EL PASTOR CELESTIAL
(Juan 10:7–18)
Jesús nos ofrece una preciosa parábola personal, llamándose a sí mismo «El Buen Pastor» y explicando a continuación, en pocas palabras las ventajas que tienen aquellos que pueden ser llamados ovejas suyas, pues sus ovejas:
1. Son salvas: «El que entrare por mí será salvo» (v. 9).
2. Guardadas: «No perecerán para siempre» (vv. 28, 29).
3. Guiadas: «Y las ovejas le siguen porque conocen su voz» (v. 4).
4. Alimentadas: «hallarán pastos» (v. 9).
5. Le conocen: «Conocen al pastor» (v. 14) como maestro Salvador y Rey.
6. Son conocidas por el pastor: «Y conozco mis ovejas».
7. Tienen vida eterna: «Y yo les doy vida eterna y no perecerán jamás» (v. 28).
135. EL PUBLICANO
(Lucas 18:9–14)
1. Condición: estando lejos (Lc. 18:13).
2. Convicción: no quería ni alzar los ojos.
3. Contrición: sino que hería su pecho.
4. Confesión: «Dios se propició a mi pecador …».
5. Conversión. «Descendió a su casa justificado».
136. EL SOL DE JUSTICIA
(Malaquías 4:2)
INTRODUCCIÓN: una de las más hermosas figuras de Cristo en el Antiguo Testamento. Los judíos esperaban el día de Jehová como un día de espantoso juicio sobre la Tierra. El profeta afirma que así será, pero antes aparecerá «El Sol de justicia». Consideremos la bella comparación entre el Sol y Cristo …
1. Su grandeza y magnificencia: se le llama el «astro rey» porque atrae a los planetas, los ilumina y vivifica. Aunque se halla a 150 millones de kilómetros de distancia, lo vemos con un esplendor incomparable. Desde tiempos antiquísimos, los hombres faltos de revelación genuina, dirigieron su mirada al Sol como un dios, pero en el Sal. 19 David canta a las virtudes del Sol diciendo: «Los Cielos cuentan—sólo cuentan, o sea, muestran—el poder y la gloria de un Ser superior». Ninguna criatura puede compararse a Él. Como el resplandor de la Luna y las estrellas se desvanece ante la presencia del astro rey, así es la gloria de las criaturas ante la de Dios.
2. El sol como centro de atracción: planetas, satélites y cometas giran a su alrededor. Así lo es Cristo en la esfera espiritual. Los ángeles, en regiones celestes, y los creyentes, en esta esfera material, se mantienen en relación con Él, atraídos por la maravilla de su amor que le llevó a asumir una naturaleza humana para dar a conocer y restaurarnos a la comunión con el Padre (anécdota: un gran pensador compara el plan divino de salvación con una suposición curiosa. Si un planeta se hubiese apartado del centro de atracción que es el Sol, no podría ser restaurado y retrotraído a la armonía a menos que el astro rey le siguiese en su extravío y, acercándose a él, le atrajese de nuevo a la órbita solar).
Esto hizo Cristo en el sentido moral. Juan dice: «Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero».
3. El sol como lumbrera: sus potentes rayos lo hacen insustituible. Jesús dice: «Yo soy la luz del mundo.» Él ha arrojado una luz clara sobre el carácter de Dios, la ley moral y el destino de los seres humanos. «Suprimid a Cristo—como dijo Lamartine—y se habrá hecho noche en el alma humana». Esto nos lo prueba el mundo pagano antes del cristianismo. Puntos luminosos: Confucio o Sócrates, los cuales hablaron como hombres …
a) Confucio: de los deberes morales con el prójimo y con los padres.
b) Sócrates: sobre las posibilidades de que exista inmortalidad.
Pero ninguno se atrevió a decir: «De cierto, de cierto os digo …» ¡Cuántas aberraciones! ¡Cuánta inseguridad! ¡Cuántos sacrificios de seres humanos, divinización de imágenes mudas, animales …! Hasta el siglo pasado, en que por fin el Evangelio se extendió por el mundo entero.
4. La benéfica influencia del sol:
a) Vivifica la naturaleza muerta. Así la luz del Evangelio, a los muertos en delitos y pecados, transforma las almas para que anden en novedad de vida. Miles de ejemplos …
b) Es valioso factor de sanidad. Médico sin rival. Ved la diferencia entre un labrador y un recluso en una mazmorra. Una planta en el campo y otra en una bodega. Así, la robustez de vida espiritual en el creyente depende de la relación más o menos directa que mantenga con Cristo.
c) Purifica la atmósfera. Una enorme cantidad de gas carbónico afluye constantemente a la atmósfera, pero bajo la acción del Sol las plantas lo convierten en oxígeno. No lo pueden hacer por sí mismas, sino cuando el Sol produce en sus hojas la acción clorofílica. Los creyentes son—según la figura de Cristo mismo—los pámpanos que, por estar en relación con un Salvador vivo, tienen vida espiritual y transforman el pecado en bendición.
5. Un contraste glorioso: los científicos declaran que el Sol se va enfriando; dentro de millones de años se habrá apagado por completo. ¡Qué triste si ésta fuera la perspectiva respecto al Sol de justicia! Pero Él dijo: «El Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».
CONCLUSIÓN: creyente, recibe de tal forma los rayos de gracia de Cristo que puedas llevar una vida espiritual robusta de tal modo que seas una bendición para otros. Escéptico, convéncete de que únicamente Cristo es el Salvador que necesitas.
137. EL SOL Y LA LUNA, SÍMBOLOS DE COSAS ETERNAS
(Apocalipsis 22:5)
INTRODUCCIÓN: permitidme decir que las cosas que Dios ha creado son reales, pero a veces son símbolos de otras cosas que desconocemos. El Sol es un astro efectivo y real, y suerte tenemos de él para la vida en la Naturaleza; pero el Sol en las Sagradas Escrituras es un símbolo de Dios mismo. Acordaos del texto de Malaquías 4:2: «Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia y en sus alas traerá sanación». «Sol y escudo nos es Jehová Dios», dice en otro lugar el salmista. Ciertamente el sol es un adecuado símbolo de Dios mismo, el autor y creador de la luz. «Dios es luz—dice el apóstol Juan—, y en él no hay ningunas tinieblas».
En cambio, la luna es un símbolo de la materia, porque no tiene luz propia en sí; sólo cumple el papel de reflejar la luz del sol en noches claras sobre la Tierra. ¿Qué nos recuerda?
1. Que tenemos el deber de reflejar la luz de Cristo, ser espejos de Cristo, como la luna lo es del sol material; que la gente pueda ver y conocer a Cristo por nosotros. Jesús dijo de sí mismo: «Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, antes tendrá la luz de la vida; pero también declaró: «Vosotros sois la luz del mundo. no se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino encima del candelero, para que alumbre a todos los que están en casa; así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos». Que la gente pueda ver y conocer a Cristo en y por nosotros.
2. Siguiendo este simbolismo, hay un hecho muy curioso en el Apocalipsis: «La mujer vestida del sol y la luna debajo de sus pies». Es clarísimo, según todas las reglas de la exégesis, que esta mujer representa la Iglesia; no es la Virgen María, como han supuesto los católicos; la mujer es, evidentemente la Iglesia del Antiguo y del Nuevo Testamento, de la cual la propia Virgen María forma parte como una de las personas que vencieron por medio de la sangre del Cordero, junto con muchos otros redimidos y testigos de la verdad de Dios. Esta mujer de Ap. 12 somos tú y yo, la Virgen María y cada uno de los que formamos parte de la congregación de los redimidos. Ved la curiosa figura: «La mujer estaba vestida del sol». Esto indica que el sol estaba sobre su cabeza y la iluminaba de forma que la rodeaba literalmente de un vestido de luz. Este mismo simbolismo usa el apóstol cuando dice: «Vestíos del Señor Jesucristo y no hagáis caso de la carne y sus deseos». «Vestíos de toda la virtud de Dios», dice en Romanos; y en Col. 3:12 leemos: «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; … y sobre todas estas cosas—insiste—vestíos de amor, que es el vínculo de la perfección». ¿Qué significa todo ello? Que nosotros vivamos de tal modo en comunión con Dios, y en su presencia, que la gente que nos ve no tenga que vernos a nosotros tal como somos, en nuestra desnudez moral, sino que vea a Dios en y por nosotros. «La mujer vestida del sol»; ¡qué rara expresión, pero cuán significativa! Así debe ser la Iglesia, esposa de Cristo, como cantamos en el corito: «¡Las virtudes de Cristo se vean en mi!» Pero que no sea sólo cantarlo, sino realizarlo cada día y a cada hora en nuestra lucha contra el dragón, Satanás.
3. ¿Y qué significa «la luna debajo de sus pies»? Ya hemos dicho que la Luna es símbolo de lo material, de lo humano, de lo que no tiene luz en sí, la materia. Esto debemos tenerlo «debajo de los pies» en el lugar de sometimiento. «El Señor quebrantará presto a Satanás debajo de vuestros pies», dice el apóstol en Ro. 16:20. Poner debajo de los pies significa poner en el último lugar, y ésta es, o debe ser, la actitud del cristiano para con todo lo que no es del Señor, por importante y precioso que parezca. Lo pecaminoso, y hasta lo legítimo, si trata de anteponerse a nuestra voluntad y afecto al Salvador, prefiriendo siempre al Señor y sus cosas. Un ejemplo de esto mismo es el caso del astronauta James Irwin al poner su fama al servicio del Evangelio de Cristo. ¿Sabremos nosotros poner al sol de Justicia sobre nuestras cabezas y la luna debajo de nuestros pies?
Pero poner debajo de los pies significa también otra cosa, andar sobre, apoyarse sobre algo, y aunque parezca contradictorio, no lo es. Llamamos «tocar de pies en el suelo» a la virtud de ser práctico, sin dejamos llevar por ilusiones quiméricas, sino haciendo uso de lo que tenemos a la mano y utilizarlo provechosamente. El apóstol dice: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a la gloria de Dios» (1 Co. 10:31). Comer y beber son cosas materiales, pero aun cuando no tenemos que darles la prioridad, debemos usarlas para la gloria de Dios. Sin comer no tendríamos fuerzas para anunciar el Evangelio …; pero debemos andar sobre las cosas materiales, o sea. usar de ellas con cuidado, sin hundirnos (anécdota: el gran temor de los astronautas era si se hundirían en el polvo de la luna, y cuando enviaron un aparato sonda, tomaron confianza hasta el punto de diseñar para el próximo viaje un aparato de motor que logró transitar por la luna; pero habréis observado que el andar de los astronautas sobre la luna es diferente que sobre la Tierra; les era necesario andar con cuidado).
Nosotros debemos andar con cuidado sobre un mundo pecador en nuestra peregrinación: «Andad como es digno de la vocación a la que habéis sido llamados» (Ef. 4:1). «Andad como hijos de luz» (Ef. 5:8). «Andad en sabiduría para con los extraños» (Col. 2:6).
¿Andamos nosotros con este cuidado … O acaso nos hundiremos en las costumbres del mundo?
4. Resumiendo lo dicho, os pido que cuando contempléis la Luna digáis en vuestros corazones: «Alabado seas, Señor, que nos pusiste en un mundo tan hermoso, que existe no como un globo desértico lleno de cráteres, sino como un hermoso planeta azul, con mares y continentes, bosques y campiñas animadas de luz, de color y bienestar. Si este mundo es así, ¿qué será el hogar que nos has preparado? Alabado seas, Señor, por esta expansión azul de los Cielos atmosféricos que hiciste tan transparente que nos permite ver, no sólo las cosas maravillosas de este mundo, sino hasta las que se hallan a muchísima mayor distancia, «la luna y las estrellas que tú formaste».
CONCLUSIÓN: digámosle pues, «gracias, Señor, por la gran renovación que nos tienes anunciada de esta Tierra, de esta atmósfera, de esta Luna y de este Sol, que han de ser sustituidos por aquella tierra sin mar y, por ende, muchísimo más grande, y por la Ciudad Celestial, el hogar de los redimidos donde yo espero por tu gracia tener un lugar. Probablemente jamás tendré ocasión de subir acá arriba ni pasearme como el Dr. Irwin sobre el polvo de este pobre y desierto satélite de la Tierra; pero gracias, Señor, por la seguridad que me has dado de una cosa muchísimo mejor, y más gloriosa. Espero por tu gracia subir al encuentro de mi Señor dentro de este Cielo atmosférico y en su compañía entrar por las puertas de perla de la Ciudad Celestial, pisar sus calles de oro, volar en cuerpo glorificado sobre el río de agua viva resplandeciente como cristal, comer de los frutos de los árboles de tu celeste vergel y ser testigo de tu amor y de tu gracia a admiradas criaturas tuyas en el vasto Universo. Ayúdame, en tanto, a vivir a la anura de mi vocación, vestido del sol de Justicia que eres tú mismo con todas tus virtudes sublimes y teniendo debajo de mis pies todo lo terreno, el mundo con sus concupiscencias, sin ser dominado por estas cosas, antes que yo las domine y las use con tu gracia y por tu gracia. Hasta el día que tú cambies, oh Señor, mi situación y conviertas todas estas esperanzas en bendita realidad. Amén».
138. ILUSTRACIÓN EVANGÉLICA EN LA HISTORIA DE ISRAEL
(2 Reyes 7)
INTRODUCCIÓN: Benadad puso sitio a Samaria. Siempre la guerra es compañera del hambre, pero lo era especialmente en las antiguas ciudades amuralladas que se veían rodeadas por et enemigo (léanse y explíquense los horrorosos incidentes de aquel sitio, vv. 24–33). El rey atribuye aquella calamidad al profeta Eliseo, que siempre reprendía los pecados del pueblo. «Esto es a causa de este mal brujo», se decía, y cree que la solución es cortarte la cabeza. Y, ¡oh sarcasmo!, lo hace ¡invocando et nombre de Dios! (v. 31). Este incidente bíblico-histórico y su desenlace pueden ser tomados como una figura evangelística.
1. El mundo es una ciudad sitiada por causa del pecado: es uno de los pocos mundos físicos donde existe la vida, pero tan alejado del resto de las constelaciones del Universo de Dios, que ni siquiera con las más modernas «naves» interplanetarias nadie supone que un hombre pueda llegar a ningún otro sistema planetario …
a) El hombre es un hambriento de vida. Todo ser vivo huye de la muerte, pero los animales no pueden preverla. Los hombres sabemos que hemos de morir. Vemos terminarse los días como los víveres en Samaria (El ateo Tomás Payne le ofrecía diez mil dólares a su médico por un mes de vida.) El hombre tiene que rendirse al enemigo que ha venido combatiendo desde su nacimiento.
b) ¿Ha sido hecho para morir nuestro yo moral nuestra alma? ¿Mueren los de otros planetas? Es la gran pregunta de los aficionados a los platillos volantes, pero todavía es una incógnita.
c) El hombre está hambriento de conocimiento. ¡Cuántas preguntas sugiere el Universo! ¿Cómo se formó? ¿Cómo se juntaron los átomos para formar células vivas? ¿De dónde venimos y a dónde vamos? Cuando se han leído volúmenes grandes de filosofía se queda igual: «ignoramos»; buscan pan en una pedrera. El pan es la Palabra de Dios. Los designios del Infinito han de ser objeto de revelación.
2. El hombre menosprecia la salvación cercana: esto hacía la gente de Samaria. Tenía el profeta Eliseo dentro, quien había hecho milagros patentes (véase 2 R. 1:1–5), pero no buscaban su ayuda, sino todo lo contrario. El Creador dice que está «cercano a todos los que le invocan de veras» (Sal. 145:18), pero pocos lo hacen.
3. La solución inesperada e imposible:
a) Cuando la situación era imposible en Egipto, vino Moisés.
b) Cuando en Babilonia no podían aguantar más, vino Ciro.
c) A un mundo que no podrá aguantar más los juicios apocalípticos, vendrá Cristo.
4. La salvación de Dios: sí, Dios la había traído, poniendo tal terror en los asirios que les hizo huir. Mientras los hombres perecen de hambre espiritual, Dios ha preparado abundantes provisiones por medio de las promesas de Jesucristo …
a) De tal manera amó Dios al mundo (Jn. 3:16 y 5:24).
b) Hambriento de verdad (Jn. 14:6). Jesús nos revela al Padre celestial como ningún filósofo lo había descubierto. Abundancia de conocimientos que llenan el corazón de felicidad.
5. Lo descubren los más pobres y necesitados: los leprosos hambrientos. Así es también en la salvación. Jesús decía que «los publicanos y las rameras os van delante en el Reino de Dios». Hoy día son los drogadictos, los presos, los gitanos, la gente de Corea, etc., quienes descubren la salvación.
6. Día de buenas nuevas: esto es el Evangelio desde la primera a la segunda venida de Cristo; ¿no hemos de proclamarlo? «A sabios y a no sabios soy deudor», dice Pablo. Así lo somos nosotros en nuestra generación …
a) Objeciones posibles de algún samaritano leproso: «Es de noche, podemos esperar a mañana». Hoy parece de noche espiritualmente, pero es urgente dar la nueva (Ez. 33:17–21).
b) Razones para no demorarla: puede morir alguien de hambre esta noche. Nos alcanzará nuestro pecado. El descuido o la indolencia en una gran necedad, para no decir un gran pecado.
7. La Palabra de Dios confirmada: la abundancia vino a la hora prevista. Dios nunca ha faltado a su Palabra, pero el príncipe incrédulo no pudo disfrutar de ello. Era más responsable que el pobre pueblo. Era, además, uno de los amigos u oyentes del profeta. Vendrá día en que todo el mundo reconocerá la verdad de Dios, pero será tarde para algunos …
a) Creamos a Dios entretanto que es tiempo aceptemos por la fe la abundancia de sus dones espirituales.
b) Vivamos luego para hacer a otros partícipes de «las buenas nuevas».
139. JOSÉ, FIGURA DE CRISTO
(Génesis 37 y 39)
INTRODUCCIÓN: la historia de José, además de ser un ejemplo de virtudes morales, nos muestra un tipo de Jesucristo. Es admirable esta semejanza, sabiendo que la venida de Cristo tuvo lugar 1.500 años después. Por ello, muchos lo han considerado como una prueba de la inspiración de la Biblia y de la Divinidad de Cristo. Podemos encontrar doce semejanzas …
1. José, amado de su padre (Gn. 37:3): así también Cristo. Dios tiene muchos hijos por creación, pero nadie es la imagen perfecta de Dios como lo es el Verbo (Col. 1:15). Los ángeles son perfectos, pero Cristo es divino.
2. Fue a buscar a los hermanos perdidos (Gn. 37:15): Su padre lo envió. Así, Cristo, enviado del Padre, vino a buscar lo que se había perdido (Lc. 19:10)
3. Aborrecido por sus hermanos (Gn. 37:4, 5; Jn. 1:12–15): aquellos que él amaba le aborrecieron hasta matarle (anécdota: el cristiano holandés que salvó a su perseguidor de hundirse en un lago y, tomado preso, lo entregó a la Inquisición del duque de Alba).
4. Ambos lo fueron por anunciar su grandeza (Gn. 36:9; Mt. 26:54).
5. Ambos vendidos por un miserable precio (Gn. 37:23–28; Mt. 26:15).
6. Ambos, tentados para poder compadecerse de los tentados: José, a los 17 años, ignoraba lo que era la tentación y por ello podía juzgar muy severamente a sus hermanos. No cayó, pero pudo sentir la malicia de Satanás y lo atractivo del pecado. Así, Cristo conocía, como Dios la teoría de la tentación, pero quiso pasarla personalmente. Ahora es un Salvador apto para comprender y perdonar a los arrepentidos (He. 2:18).
7. Ambos, condenados injustamente: ¿Cómo es que José no refutó la calumnia de la esposa de Potifar? Sabía que era inútil, o tal vez (lo que todavía es más noble) prefirió sufrir que sembrar desconcierto en aquel hogar. Pero hay una razón oculta: sufrió callando, para parecerse al Cordero de Dios, de quien era tipo (Is. 53:7).
8. Ambos fueron reconocidos justos por sus mismos enemigos: José, por el carcelero; Cristo, por el centurión.
9. Ambos anunciaron mensajes de vida y de muerte a otros encarcelados durante el tiempo de su humillación (compárese la interpretación de los sueños del panadero y del copero con 1 P. 3:19). Había en el Hades dos clases de encarcelamientos: una de castigo, otra de gloria para los que esperaban la Redención (Ef. 4:8). Para los tales el mensaje fue de gozo y alegría, pero no así para los desobedientes empedernidos, a los cuales sólo pudo anunciar condenación.
10. Ambos fueron exaltados (véase Gn. 41:39–44; Fil. 2:8 a 11). El premio de la humillación de parte del Verbo eterno fue exaltación mayor. La importancia de este mundo en el Universo no es por ser la quinta estrella del sistema planetario del Sol con las mejores posibilidades para la vida física, sino porque fue el escenario de la encarnación y muerte del Hijo de Dios, para vencer moralmente al pecado y a Satanás. Fil. 2:10 es una revelación profética, pues hoy hay muchas lenguas que no confiesan que Jesús es el Señor. Es mucho mejor reconocerlo ahora que tener que hacerlo entonces.
11. Cristo se goza en salvar y perdonar a sus hermanos, como José a los suyos (He. 2:10–13): Cristo quiso hacerse hermano nuestro según la carne, para poder salvarnos del hambre de vida eterna que el ser humano ha tenido desde que existe. «No sólo de pan vivirá el hombre.» Cristo nos trajo abundante palabra de Dios, por la cual nuestra alma recibe vida.
12. Antes de ensalzar a sus hermanos, José quiso probarles: así Cristo con nosotros. Es muy sabio que lo haga; algún día lo veremos, como hoy lo reconocemos en la historia de José, porque veremos su plan terminado.
Notemos:
a) Quiso hacerles sentir su pecado y que lo reconocieran arrepentidos. ¿No es esto lo que hace nuestro Señor? Dios no puede perdonar a un corazón no arrepentido (El fariseo y el publicano).
b) Quiso desarrollar su amor al Padre por medio de pruebas ingeniosas. Seguro que al oírles comentar: «¡Pobre padre, qué disgusto tendrá cuando le exijamos deje venir a Benjamín!», José pensaba: «Bien va». El discurso de Judá, con motivo de la copa, le dejó convencido y les perdonó y ensalzó.
Cristo nos prueba también, y cuando oye a las personas decir: «Antes morir que ofender a Dios», y ve que su victoria moral es completa en aquella alma, puede glorificarla.
c) Quiso probar su codicia al devolverles el dinero. El amor al dinero es la raíz de todos los males. Dios nos prueba para ver si somos buenos mayordomos. Si se lo robamos, o bien se lo devolvemos con creces (Mal. 3:9).
d) También les prueba en cuanto al amor fraternal (en el banquete y la copa, en el caso de Benjamín, para ver si se habían curado de su envidia cuando él estaba en casa). Incluso después de haberles perdonado, todavía teme, pues les dice: «No riñáis por el camino»; sabía que era su costumbre. Así hace Cristo con nosotros (Jn. 15:17). Nos lo recomienda a los hijos de Dios, hermanos perdonados que vamos juntos a la gloria, porque sabe que hay peligro, y con gran razón (ej.: poema de Almudévar: «Don Justo», en Antología de Poesía, de Editorial CLIE, p. 487).
13. José quiso llevar a sus hermanos al país de su gloria; así Cristo (Jn. 14:1–3, 17:24). Para ello tuvieron que decidirse a dejar su antigua tierra y emprender un viaje como peregrinos que eran, pues vivían en tiendas. No sabemos cómo vivirían en Gosén, pero sabían que iban a un país mucho mejor y su precursor había pasado delante. ¿No es así con nosotros? Aunque el país de la muerte es desconocido no lo es para el Señor de la muerte (Ap. 1:18), sino qué es nuestro amigo, nuestro hermano y amante Salvador quien reina allí.
140. LA MANO DE DIOS
(Salmo 139:23, 24)
INTRODUCCIÓN: la Biblia nos habla con expresivas figuras materiales para expresar ideas morales y espirituales. En alfabetos antiguos, la palabra «fuerza» era «cuerno», el ramo de olivo, símbolo de paz. Algo semejante ocurre con la palabra «mano». Cuando decimos «la mano del hombre» queremos expresar todo lo que el hombre es capaz de hacer. Dios no tiene brazos ni manos físicas, pues es el Espíritu Infinito: «en Él vivimos, y nos movemos, y somos»; sin embargo, el salmista, tras haber dicho: «¿Adónde me iré de tu Espíritu?», declara: «Si habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano y me asirá tu diestra» (Sal. 139:10). Estudiemos, pues, las características del poder y sabiduría de Dios bajo esta figura tan repetida en las Sagradas Escrituras.
1. La mano de Dios es «grande»: su mano «sembró de estrellas el firmamento», dicen los poetas; y Dios mismo exclama: «¿No hizo mi mano todas estas cosas?» (Is. 62:2). Si las estrellas se encuentran a billones de kilómetros la una de la otra, es lógico pensar que nuestras mentes no son capaces de captar la idea de la grandeza de Dios, pero comprendemos que un Ser infinito y sabio está detrás de todas las obras de la Naturaleza. Si alguna vez hubiese estado el Universo, o el éter primitivo,—lo que en la actualidad conocemos como iones y electrones—en inmovilidad completa, no hay manera de imaginarse cómo pudo entrar en movimiento y constituirse en diversas clases de materia tan adecuadas para adaptarse la una a la otra, sin admitir que un Ser inteligentísimo, alma del Universo entero quiso cambiar aquel estado de inercia por el de movimiento y orden que estamos disfrutando. Ciertamente, la ciencia nos dice que la «mano de Dios» es grande, inmensamente grande.
2. La mano de Dios es «sabia»: «Su diestra hace maravillas»; «la diestra de Jehová es sublime» (Sal. 118:15, 16). ¡Qué poco sabía el salmista, por los limitadísimos conocimientos científicos de su tiempo, acerca de las maravillas de la mano de Dios! Se había fijado, sin duda, pastoreando las ovejas de su padre, en cómo salía el sol cada día y las nubes dejaban caer la lluvia sobre los campos y la concentraban en el alto Hermón en forma de blanca nieve; pero, ¿por qué y cómo ocurría todo esto? No lo sabía.
Como dice el sabio Withney: «¿Por qué existe una variedad de átomos en el Universo? ¿Por qué forman diferentes substancias?
a) Lo ignoramos totalmente. Nosotros sabemos un poco del cómo, pero ignoramos el porqué; y si decimos porque Dios lo quiso así, podrá parecer anticuada nuestra respuesta; lo cierto es que carecemos de cualquier otra mejor».
b) Sabemos hoy que las nubes cabalgan sobre el aire porque tienen sus transparentes moléculas más apretadas que el vapor de agua de las nubes; pero lo curioso es que existe una capa de aire de unos pocos millares de metros, y a unos pocos centenares más arriba se establece el equilibrio. Si la diferencia de concentración fuese menor, las nubes se arrastrarían sobre el suelo; si fuese mayor el vapor se escaparía a grandes alturas; la diferencia de peso específico y de espesor es exactamente la necesaria para que viajen las nubes a la altura conveniente y que se produzca la lluvia y la nieve sobre la tierra. Por otra parte es el aire el único gas inocuo y totalmente transparente que nos permite, ver, oír, respirar, etc.
c) Admiramos las computadoras inventadas por los hombres, pero ¿qué diremos de la computadora del cerebro, donde millones de neuronas archivan innumerables recuerdos y los transmiten rapidísimamente a nuestro «yo» que es el alma, cuando el cerebro está sano y en plena juventud»? De la realidad de estas maravillas que vemos y tocamos podemos creer las cosas que nos revelan las Sagradas Escrituras, que todavía no podemos explicamos, como la resurrección y el mundo sobrenatural o espiritual que anticipamos por la fe.
3. La mano de Dios es «poderosa»: la Biblia nos habla constantemente de la mano o del brazo fuerte de Dios. Así, dice que Dios sacó a los hijos de Israel de Egipto «con mano poderosa» (Éx. 14:8). Pero, ¿qué es el poder que Dios tuvo que ejercer en aquel caso especial, comparado con el poder que se despliega constantemente en el maravilloso Universo del que formamos parte? Quizá alguien dirá que no ve la mano fuerte de Dios por ninguna parte, porque todo se realiza por leyes naturales … Es cierto que Dios obra regularmente, en el terreno físico, por leyes que raramente son alteradas o quebrantadas; pero el creyente que ha aprendido a tratar con Dios, ha descubierto que Dios no es sólo el Ingeniero que inventó y dio el primer impulso a las maravillas de la Creación, sino que es el Mecánico que se ocupa de su obra y atiende a los seres que ha creado. El cristiano que tiene muchos años de experiencia sabe que Dios escucha la oración (anécdota del autor: siempre me ha gustado leer biografías de grandes hombres de Dios, como Jorge Muller que había fundado sus orfanatos, no tan sólo por filantropía, sino para asegurar al mundo incrédulo de sus días que hay un Dios que escucha la oración. Las experiencias de Patón, Hudson Taylor, Adoniram Hudson y otros héroes de la fe, de tiempos recientes, pueden ser de gran provecho).
4. La mano de Dios puede ser «resistida»: parece imposible esto, siendo como es tan fuerte, pero es que el hombre y la mujer somos seres morales y libres para sometemos o rechazar la mano de Dios. En Is. 53 leemos, «¿Quién ha creído a nuestro anuncio? y ¿sobre quién se ha manifestado la mano de Jehová?» Una piedra se queda quieta y obedece las leyes naturales, por ej. la gravedad o el impulso …, pero un niño puede rechazar la mano que le tiende su madre, rebelarse y tratar de escapar; pero inútilmente, por lo general, porque la madre es más fuerte e inteligente y lo alcanzará pronto. Y así somos nosotros con Dios. Es maravilloso, pero cierto, que la mano que nos creó, que rompió la cadena de nuestros pecados y que nos libró del poder de Satanás, no ha anulado nuestra voluntad; podía aplastarnos, pero nos respeta … Respeta nuestra voluntad de ser o no ser cristianos, pero, una vez convertidos, colabora con nosotros con paciencia para formar nuestro carácter y transformarlo a la imagen de su Hijo (2 Co. 3:18) y esto nos lleva a decir que …
5. La mano de Dios es «delicada»: todos tenemos dos manos, y llamamos a la mano derecha la mano «diestra»… porque generalmente es la que hace las cosas más difíciles. ¿Cuántas veces habéis leído en la Biblia «la mano diestra de Dios»? No se refiere a derecha ni izquierda, sino a la habilidad. ¿Habéis visto un escultor que moldea una estatua? Podría sacar kilos de piedra dando un golpe fuerte, pero saca miligramos, uno tras otro. ¿Habéis visto el médico cómo maneja el bisturí? Sabe hasta dónde puede llegar, nosotros mataríamos pronto al enfermo cortando venas y nervios, el médico no. Así es con Dios. La mano de Dios es supremamente experta. «Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar» (1 Co. 10:13); y en Job 5:17–19 leemos: «Él es quien hace la llaga, y él la vendará …; él hiere y sus manos curan …»; y completará su propósito en nuestros días y nuestro carácter en esta Tierra, y creo también en la eternidad, donde conoceremos y proseguiremos conociendo al Señor «hasta que le conozcamos tal como somos conocidos» (1 Co. 13:12).
Por esto, imitando a nuestro Padre Celestial, nosotros debemos ser expertos y delicados cuando tratamos con las almas inconversas que nos rodean, porque podemos escandalizar y a nuestros hermanos. Cuántas veces como pastor del Señor me he dicho: «Señor, si aprieto demasiado en mi reprensión, esta persona no volverá al templo y perderé la oportunidad de hacerle bien. Si soy blando, puedo dejar pus de pecado en su infección moral, y he orado: «Soy un instrumento tuyo, Señor, dame sabiduría y tacto …» Santiago nos exhorta a «humillarnos bajo la poderosa mano de Dios» (Stg. 4:10). Nunca nos rebelemos si él nos hiere; al contrario, digamos: «Señor, ¿qué quieres de mí?, ¿por qué me tocas?» ¡Y este porqué, sea simplemente inquiridor, no de rebeldía! «Enséñame Tú lo que yo no veo» (Job 34:32).
6. La mano de Dios es «protectora»: la mano que nos ha creado, nos cuida y nos moldea, también nos guarda. Jesús dijo: «Mis ovejas oyen mi voz … y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio …» (Jn. 10:27–30). En este pasaje aparecen dos manos que son una, la del Padre y la del Hijo. ¡Qué bien protegidos estamos! Dios da una razón del porqué no podrá dejar ni abandonar a los suyos cuando declara en Is. 49:15, 16: «En mis manos te tengo esculpida», refiriéndose a la vieja costumbre del tatuaje; pero hay algo más que un tatuaje en la mano de Cristo: las heridas de la cruz. ¿Cómo podría olvidarnos, si le costamos tanto? Sin embargo, y aun cuando ello ofrece un gran contraste, debemos decir también que …
7. La mano de Dios es «justiciera»: tenemos muchos textos en el Antiguo Testamento que aseguran que nadie podrá escapar de la mano de Dios, pero el más fuerte de todos lo hallamos en el Nuevo Testamento, en He. 10, donde leemos: «Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo». ¡Cuántas gracias podemos darle de que la mano justiciera de Dios, cayó sobre nuestro sustituto, el Señor Jesucristo, para que no tuviera que caer sobre nosotros! Cristo padeció una vez, el justo por los injustos; por eso podemos decir en un precioso contraste final que …
8. La mano de Dios honra a quien se la extiende: consideramos un gran privilegio cuando la mano de un gran personaje de la Tierra se extiende para estrechar la nuestra (anécdota del autor: durante la guerra civil española, tuve el privilegio de visitar la Casa Blanca y estrechar la mano del entonces secretario de Estado de USA Mr. Hugues, quien apretó la mía entre las dos suyas y dijo dos o tres veces: «Por Spain, por Spain»).
a) En la Biblia hay una figura extraordinaria, un signo para nosotros muy raro, una figura tan atrevida que no se le habría ocurrido jamás a ningún profeta—y menos a un escritor hebreo—, si el Espíritu Santo no lo hubiera inspirado de acuerdo con las costumbres de la época. Está en Is. 62:2, 3: «Y serás corona de gloria en la mano de Jehová …»; y, como tratando de disipar la duda que podía entrar en el ánimo de los lectores de figura tan extraña, añade: «Porque la boca de Jehová lo ha hablado».
b) Ésta es una alusión a los gruesos anillos de sellar que llevaban los reyes orientales, y esta, para nuestro tiempo inimaginable figura es explicada en el N.T., en Ro. 8:17 y Ef. 3:10, donde los cristianos somos llamados «herederos de Dios y coherederos con Cristo», además de embajadores del infinito Padre y testigos suyos a principados y potestades en los Cielos (obsérvese que la expresión está en plural).
c) Estos pasajes indican que Dios ha de ser alabado y glorificado por las mismas criaturas celestiales a causa de sus redimidos procedentes de la Tierra, cuando nosotros digamos a estos seres perfectos cómo Dios nos ayudó cuando estábamos en un mundo de males y pecados. Notemos que este privilegio es y será para los que «ya antes esperábamos en Cristo» (Ef. 1:12); y en Romanos leemos: «Que no es de comparar lo que en este tiempo se padece con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada» (Ro. 8:18). Ésta es la gloriosa realidad que nos espera una vez dejada en el sepulcro esta carroña, y sobre todo después de la resurrección. Habrá, sin duda, otros seres humanos salvos en la eternidad sin haber sido moldeados por una vida de prueba, cuyas glorias no nos son dadas a conocer, esto es, los niños fallecidos en su menor edad, de los cuales Jesús dice que «es el Reino de los Cielos» (Mt. 19:13–15); y ello es un consuelo para los padres al saber que también sus hijitos fallecidos existirán y serán beneficiados, aunque no entren en el privilegio expresado acerca de los adultos con las palabras: «… si empero padecemos con Él, para que juntamente con Él podamos ser glorificados» (Ro. 8:17).
CONCLUSIÓN: existen varios testimonios de moribundos que vieron el más allá antes de partir, destacándose el de D.L. Moody, Bromwell Booth, el Dr. George G. Ritchie, Marvin S. Ford, Betty Malz, Lidia de Wirtz y algunos otros. Estas experiencias son escasas en comparación con el número de personas que pasan todos los años a la eternidad. Creo que la razón es que «por fe andamos, no por vista», pero ocurren alguna vez para confirmación de la esperanza cristiana que han despertado en los corazones creyentes las promesas de Cristo, y creemos que eran más frecuentes para los que sellaron su fe con el sacrificio de sus vidas. ¿Quieres, querido amigo, ser glorificado tú y poder glorificar a Dios en la eternidad? Ponte en sus manos lo más pronto posible y permite que su mano diestra, poderosa, redentora y protectora, se pose sobre ti, te salve y te moldee según su voluntad.
141. LA OBRA DEL BUEN PASTOR
(Juan 10:1–30)
INTRODUCCIÓN: la ocasión de la parábola fue para cerrar la boca de los que murmuraban contra Jesús viéndole entre publicanos y pecadores. Su ceguera espiritual les hacía mirar con desprecio el amor de Jesús, que no es un mero sentimiento de condolencia o de amistad, sino un amor diligente y activo que despliega toda su energía para conducir al alma extraviada al redil celestial. Considerémoslo, pues, desde este punto de vista.
1. El pastor encuentra a faltar una oveja: otro cualquiera no se hubiera apercibido, poseyendo un número tan elevado, pero Jesús cita este número como un ejemplo de que todo su afecto estaba puesto en su rebaño y lo que para otros habría sido una pérdida leve, para él era, y es muy grave y sentida.
2. El pastor va en busca de la oveja: las 99 que le quedan no calman su ansiedad por la perdida. Es preciso recobrarla antes que perezca; ella por sí sola jamás volverá. Es necesario arrostrarlo todo para ir en su auxilio:
a) Va personalmente: No envía criados o asalariados a recobrarla evitándose él duras molestias. Nadie como él la buscará con el mismo interés. Así el eterno Verbo de Dios no delegó su misión a los ángeles; prefiere tomar él mismo carne humana.
b) Va a pesar de las dificultades. Éstas, en la parábola, eran la noche, las asperezas del camino, los lobos o los peligros de caer en un precipicio. Jesús llora, sufre, pero sigue adelante pensando en la triste suerte del extraviado.
c) Va lleno de compasión. No lleva un garrote en su mano para castigarla, a pesar de que las aberraciones y extravíos de la oveja le cuestan muy caros, pero no cambian el tierno afecto que por ella siente. El pecado y la obstinación que Jesús nota en los pecadores no truecan su amor en odio. Él dijo: «No he venido a condenar, sino a salvar al mundo».
d) Busca la oveja hasta encontrarla. Aunque ésta se aleje más y más de él, el Buen Pastor no cesará en su empeño hasta tenerla en sus brazos. Ésta es más o menos la experiencia de todos al pensar en el tiempo anterior a nuestra conversión. ¡Ojalá fuese nuestro empeño buscar a otras almas con la misma perseverancia con que Cristo nos buscó! Cuando una persona no viene al culto, no debemos decir: ¡que se apañe! Algún día lo sentirá. Debemos pensar que está ciego, en peligro de perderse, no comprende la importancia de las cosas de Dios.
3. El hallazgo de la oveja: los esfuerzos del pastor no han sido vanos, pues la oveja se encuentra en una triste condición …
a) Enredada en la maleza del bosque, sin posibilidad de librarse: tal es la situación del hombre alejado de Dios, enredado en el vicio que le sujeta fuertemente. No existe ningún vicio que no haga esclavo al que lo posee.
b) Extenuada por su constante vagar. Muchos millonarios y artistas famosos han confesado al final el desengaño de la vida.
c) Al borde del precipicio. ¿No lo está toda alma no reconciliada con Dios? Inesperadamente la muerte puede poner fin a su extravío, sumiéndole en la perdición eterna.
4. La liberación de la oveja: le faltó tiempo al pastor para acudir en su socorro cuando ésta respondió a su voz con un triste balido Fue lo único que la oveja podía hacer. ¿No es éste también el caso de cada pecador? Lo entienda o no, necesita clamar a Cristo por salvación. Si así lo hubiesen hecho muchos suicidas de la historia, habrían hallado un futuro muy diferente. Los esfuerzos para librarse Sólo empeoraban la situación de la extraviada metida en los zarzales; pero el pastor sabe librarla, separando las espinas que la tenían sujeta. Así hace Cristo con el perdido. Lo ha hecho con millares y puede hacerlo para ti.
5. La amorosa conducción al redil: éste es el detalle más tierno de la parábola. El pastor no obliga a la descarriada a caminar arrastrándola con una cuerda atada al cuello, pues los sufrimientos que le ha costado al pastor el hallarla, la hacen tanto más estimable. Cristo no nos ata con fuertes preceptos legales después de nuestra conversión, sino con preceptos de amor y gracia. Él no quiere que nos ensuciemos otra vez con el pecado, quiere libramos del mismo, y su gracia misericordiosa dice: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt. 28:20). Siempre está dispuesto a llevamos y sobrellevamos si nos acogemos y unimos a Él. El apóstol Pedro dice: «Somos guardados para una herencia también guardada en los Cielos para nosotros» (1 P. 1:5). De otro modo, sabemos por lo que dice Pablo que él anda como león rugiente buscando a quien devorar. Procurará hacer caer de la gracia incluso si pudiera aun a los escogidos. Jesús advierte: «Mis ovejas nadie las arrebatará de mi mano» (Jn. 10:28).
6. La victoria del Buen Pastor: éste es el último cuadro de la conmovedora parábola. El pastor anuncia a sus amigos el hallazgo de su oveja. Jesús expresa esta verdad en Lc. 15:1–7. Jesús, que sufrió por nosotros haciéndose hombre y redimiéndonos con su muerte de cruz, se ha adelantado a dar la buena nueva en los Cielos donde está preparando lugar para nosotros. Aun a los que estamos todavía sobre la Tierra, nos considera, por nuestra fe, ya entrados en el Reino (He. 8:25).
CONCLUSIÓN: un día, millones de almas que se habían descarriado alabarán al Buen Pastor en la casa de Dios. ¿No quisieras estar tú también allí? ¿No quieres ser hallado por Cristo? Él te busca, te llama y se acerca a ti por la palabra de sus siervos, quizá por este mismo mensaje. Confíate en sus brazos y serás salvo por la eternidad.
142. LA PARÁBOLA DE SAMARIA
(2 Reyes 6, 7)
INTRODUCCIÓN: se trata de una parábola histórica para la cual pueden buscarse muchas ilustraciones: El sitio de Jerusalén por Josefo; el sitio de Leyden (Holanda); el sitio de Numancia, describiendo los sufrimientos del pueblo. En este caso, cuéntese el altercado de las dos madres (cap. 6: vv. 25–30) y la estúpida reacción del rey (vv. 31–33) culpando a Eliseo.
1. El cambio de situación por obra de Dios: a pocos pasos de la ciudad sitiada se produjo la mayor abundancia por la huida de los enemigos, y es una preciosa ilustración de la realidad espiritual. Dios puede cambiar drásticamente la situación, y lo ha hecho algunas veces. Aplicación espiritual:
a) El mundo es una ciudad sitiada a causa del pecado. Nos encontramos aislados del universo ultrasensible por distancias físicas inverosímiles, de miles de años de luz.
b) El hombre es un hambriento de vida. Aun los animales huyen de la muerte, pero no la prevén. Congojas del condenado a muerte; todos lo somos antes de 50, a lo sumo 100 años (el célebre ateo Tomás Payne daba a su médico 10.000 dólares por un mes de vida). El espíritu del hombre no ha sido hecho para morir. ¿Mueren los seres vivos que pueda haber en otros planetas?
c) El hombre está hambriento de verdad. ¿Qué es el universo? ¿Cómo se formó? ¿Con qué propósito? Los designios del infinito han de ser objeto de revelación. Aprendemos más de Dios en el cap. 3 de Juan que en la mayor biblioteca humana. La Naturaleza de la vida dice algo, pero no todo lo que el hombre ansía saber.
2. Cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia; muchas veces, ha ocurrido así:
a) Cuando la situación se hizo imposible en la esclavitud de Egipto, vino Moisés.
b) Cuando en Babilonia no podían aguantar más, vino Ciro.
c) A un Israel esclavizado y a un mundo romano pervertido, vino Cristo.
d) A un mundo en caos de guerras y hambres salvará Cristo en su segunda venida.
3. La salvación descubierta: mientras los hombres perecen de hambre espiritual, Dios ha preparado abundante provisión por medio del Evangelio. A los anhelos de inmortalidad, Cristo declara Jn. 3:16, 5:24.
4. ¿Quiénes descubrieron la verdad? Los más necesitados, pobres leprosos; no los que todavía tenían algún bocado en casa. Su necesidad les condujo a afrontar el todo por el todo (Mt. 9:12). Donde ocurren hoy más fácilmente los despertamientos es en Corea y África.
5. El deber ineludible del cristiano: hoy es día de Buena Nueva. Desde la primera a la segunda venida de Cristo es el día de la Gracia.
CONCLUSIÓN: objeciones que podían oponerse … Es de noche … También parece hoy tiempo inoportuno, por la indiferencia; pero es urgente llevar las almas a Cristo. Quizás a nuestro lado se sienta el alma necesitada de salvación. Es la responsabilidad del Atalaya hablar (Ez. 3:17–21).
143. LAS DIEZ VÍRGENES
(Mateo 24:29 al 25:13)
INTRODUCCIÓN: fue en los últimos días de su estancia en este mundo que Jesús habló más de su segunda venida. En la última semana es cuando pronunció el discurso escatológico del monte de los olivos y pronunció las parábolas de las diez vírgenes de los talentos y la profecía del juicio, bajo la figura dé las ovejas y los cabritos. La primera venida tuvo poco de agradable para el Hijo de Dios: Nacer con gran humildad, trabajar en Nazaret, soportar pecado, andar entre dolores y miserias; calumniado, despreciado y viendo acercarse su pasión y muerte. No es extraño que pensase mucho en su Segunda Venida, cuando todo sería tan diferente, sobre esta misma Tierra. A no ser por la esperanza de la segunda no tendría objeto la primera; por esto nos enseñó a decir, en la oración modelo: «Venga tu Reino». Pero, ¿por qué tarda tanto? Es un profundo misterio, oculto en sus días, aun a Cristo mismo (Mt. 24:36). ¿Es que el mismo Jesús hombre se habría sentido desanimado si hubiese conocido una espera de tantos siglos? Pero Él sabía, con todo, que el Evangelio debía ser predicado en todo el mundo. Todos los sucesos grandes que van lentamente, parece que no han de llegar nunca; pero llegan. La Segunda Venida, el más grande suceso de la Humanidad, llegará también, súbitamente. La necesidad de velar es expuesta gráficamente en esta parábola.
1. La escena de una boda oriental era bien conocida (Jn. 2:1–12); y es una figura muy adecuada de Jesús con la Iglesia:
a) Juan el Bautista la usa (Jn. 3:29).
b) Jesucristo también (Mr. 2:19).
c) El apóstol Pablo la usa como ejemplo ideal del matrimonio (Ef. 5:25–32).
d) En Ap. 19:7–10 es citada como la primera festividad celestial.
2. La parábola es una ilustración del estado de la iglesia en los últimos tiempos:
a) ¿Quién se duerme? Si hubiera dicho la Iglesia—aunque esa es la realidad—, habría confundido a los exegetas, pues la Iglesia de Cristo no es una persona individual, sino muchas. Por esto explicó no la parábola de una novia no preparada, sino de diez vírgenes amigas. De este modo pueden representarse dos actitudes en diversos grados.
Notemos los detalles.
b) Todas iban con el mismo propósito. Cristianos verdaderos y profesantes van con el mismo propósito de entrar en el Cielo, pero una cosa es tener el propósito y otro realizarlo.
c) Todas daban poca o mucha luz por un tiempo. Cristianos temporales hablan por una temporada de un modo muy semejante a los verdaderos.
d) Todas cabecearon. Medio dormidos lo estamos todos en el presente siglo. Los cristianos primitivos no descansaban; no temían el martirio, no daban importancia al dinero (ej.: Bernabé). Los fugitivos de Jerusalén (Hch. 6:7) no cesaban de testificar por todas partes (He. 5:42, 8:4). Pero esta luz fue apagándose; la conversión de Constantino produjo millares de cristianos profesantes.
3. Una diferencia notable; en el Antiguo Testamento, el aceite es símbolo del Espíritu Santo (véase Is. 61:1; 2 Co. 1:21; 1 Jn. 2:19–20, 27–28):
a) El cristiano que tiene la unción del Espíritu puede pasar una temporada desanimado, pero se reanimará.
b) ¿Tenemos el Espíritu Santo? ¿Hemos sentido el gozo del nuevo nacimiento, y del servicio, cuando hablamos del Evangelio a alguien?
c) ¿Hemos sentido, en la conciencia, la voz del Espíritu ante alguna situación de peligro de caer en pecado?
4. El tiempo de la mayor indiferencia es al aproximarse la segunda venida de Cristo y el cumplimiento de la boda celeste:
a) Jesús lo anunció (Lc. 18:8, Mt. 24:12–23).
b) Los apóstoles también (1 Ti. 4:1, 2 P. 3:3–9).
c) Donde se verá la mayor diferencia y necesidad será en el momento supremo entre los arrebatados y los dejados. Dos interpretaciones:
—Los dejados serán los no creyentes.
—Los dejados serán cristianos fríos que tendrán que pasar por la Gran Tribulación.
5. La actitud de las vírgenes prudentes: parece egoísta, pero no lo es, porque hay cosas que no se pueden dar ni comunicar. Por ejemplo, el talento, la fe, la virtud, la santidad. Cada cual ha de procurarlo para sí. ¿Cuál es nuestra medida espiritual?
6. La puerta cerrada: Jesús presenta muchos ejemplos de la puerta cerrada, lamentando esta desgracia, porque Él quisiera que no lo fuera para nadie (Mt. 7:13; Lc. 13:23). Este desenlace parece confirmar la idea de que las vírgenes fatuas son los no creyentes; pero desconocemos muchos detalles de los misterios escatológicos del más allá …
CONCLUSIÓN: demos gracias a Dios por lo que nos ha sido revelado, y procuremos, como dice el apóstol, hacer firme nuestra vocación y elección (véase 2 P. 1:3–10).
144. LAS MANOS DE CRISTO
(Deuteronomio 5:15)
INTRODUCCIÓN: en el Antiguo Testamento, las manos o mano de Dios son usadas infinidad de veces en un sentido simbólico (véase Dt. 4:15, 4:32). Las manos son, como el rostro, la manifestación de la persona y pueden muchas veces ser tan expresivas como el gesto o mirada. Jesús invita a sus discípulos a mirar sus manos el día de su resurrección. Miremos por fe las manos de Cristo. ¿Qué encontramos en ellas para enardecer nuestros corazones y salir dispuestos, como los apóstoles, a seguirle y servirle con más amor y fe?
1. Manos humildes (Lc. 2:51–52; Mr. 6:3).
2. Manos poderosas (Lc. 8:54; Jn. 9:6).
3. Manos amorosas (Mt. 10:13).
4. Manos serviciales (Jn. 13:4–16).
5. Manos traspasadas, o sea, sacrificadas (Lc. 23:33; Sal. 22:16).
6. Manos victoriosas (Lc. 24:38–40, 50).
CONCLUSIÓN: tales son las manos de Cristo … ¿cómo son las nuestras?
145. LOCURA DEL PECADOR
(Lucas 15:10–32)
INTRODUCCIÓN: la historia del hijo pródigo es un admirable drama humano a la par que una gráfica palabra del amor divino. Ha habido en el mundo millares de hijos pródigos con respecto a sus padres que, llevados por la ambición, la pereza o el orgullo, han abandonado el hogar en busca de una vida más fácil o más placentera y han tenido que volver arrepentidos deshechos de cuerpo y alma a veces víctimas de alguna enfermedad incurable a buscar amor y cariño en el viejo rincón del hogar paterno, y muchas vidas se han extinguido prematuramente a causa de la locura de su pecado. Afortunadamente los pródigos de sus padres naturales no han sido mayoría, pero Jesús contó la historia como una parábola ilustrativa de la vuelta de muchos miles de pródigos a Dios, el Padre de todos. Lo demuestra el v. 10 donde Jesús dice comentando las dos primeras parábolas: «Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente».
1. «Volviendo en sí …»: leyendo esta parábola me ha llamado la atención una frase que Jesús emplea y puede aplicarse tanto a los pródigos de los padres como a los pródigos de Dios ¿Estaba loco aquel hijo de una granja judía que se cansó de trabajar, oyendo hablar de la vida fácil y alegre en que viven algunas personas en las ciudades? Dijo: «Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece», y el bueno del padre pensó: «No quiero que estés aquí por fuerza y un día te escapes sin dinero La parte que tendrías que heredar cuando yo muera aquí la tienes»; y el joven fue y la gastó y vino hecho un pordiosero. ¿Estaba loco el joven de la parábola? Sí y no. ¿Qué es un loco? Una mente desequilibrada que no pesa las verdaderas razones y hace lo que no debe hacer, muchas veces suicidarse.
2. El mundo está loco: hay hombres y mujeres que saben que no pueden pasar de 70 u 80 años y, como si no tuvieran bastante pena de tener que dejar aquí cuerpo de su juventud, se han agrupado en naciones y con la sabiduría que el Creador puso en las mentes de los seres humanos inventan ciudades, pero también artefactos de guerra y vienen a derribar lo que tanto costó de edificar, quizá a ellos mismos o quizás a sus antecesores, y otra vez se ponen a trabajar para destruir nuevas ciudades. Hace miles de años que los hombres se dedican a este juego.
3. Locura de las riquezas:
a) Algunos se ponen alrededor de una ruleta que hacen girar; casi siempre pierden, pero alguna vez ganan y ello les enloquece y vuelven a jugar y a perder.
b) Otros se ponen en la boca un fajito de hierba liada en un papel, saben que esto no sirve para nada más que para perjudicar su cuerpo, pero prosiguen esclavos de su vicio.
c) Otros se dedican a tragar agua que quema: es un elemento que el Creador puso en la naturaleza para quemar pequeños seres llamados microbios; es utilísimo para lavar heridas, pero le ponen azúcar y se lo tragan diciendo que es bueno. Pronto les quema el estómago y el hígado, y si beben mucho, les destruye la parte más sensible de las dendritas del cerebro y dicen tonterías y hasta ven monstruos.
4. El comentario del Cielo: a veces me imagino comentarios entre los ángeles de Dios en cuanto a las multitudes de locos de la Tierra. Me imagino que Gabriel le dice a Miguel: «Mira esta gran multitud, todos tienen su mirada puesta en una pelota que si va arriba y pasa bajo dos palos se alegran, y otras veces se alegran porque pasa por los palos del otro lado». Esto no sirve para nada, no adquieren mando ni autoridad, como se obtienen en las guerras … Manifiestan que se divierten; lo que quieren decir es que olvidan las cosas que tienen más importancia de la vida, de la muerte y del más allá.
5. Locura de la incredulidad: mira si son locos los hombres que creen—y algunos se imaginan—que la materia empezó a moverse sin causa y se constituyó ella misma en flores, animales y después en hombres. el animal ininteligentes empezó a desear. Sus deseos se cambiaron en órganos físicos. Lo curioso es que en ciertas partes la carne se cambió en plaquitas transparentes.
El animal mismo—dicen—se supo construir a sí mismo ojos, oídos y sistema circulatorio. Si se dieran cuenta de la sabiduría y justicia del Creador no caerían en la locura de rechazar su amor. La maravilla de la redención sólo pudo salir del corazón de un Padre amante en el que «vivimos y nos movemos y somos», pues fíjate hasta dónde ha llegado la locura humana que aquella mente que Dios les dio, la emplean para construir aparatos electrónicos que pueden reproducir sucesos de la historia o maravillas de la naturaleza, pero como esto cansa a muchos, los más listos se dedican a inventar historias deshonestas.
6. ¿A qué se debe la locura humana? El apóstol Pablo dice: «el dios de este siglo (Satanás) cegó los entendimientos de los incrédulos» (2 Co. 4:4) y lo más extraño es que llaman locos a los que han abierto sus ojos a las doctrinas del Evangelio, tal como exclamó Félix ante las evidencias de su propia conversión y de la resurrección de Cristo, diciendo: «Estás loco Pablo, las muchas letras te vuelven loco» (Hch. 26:24, 25).
7. De la locura a la sabiduría: «Lo loco del mundo es lo sabio para Dios». El cristiano vive en otra esfera.… en otro mundo … aunque sus pies toquen el suelo en un mundo loco, la mente y el corazón están iluminados por el Espíritu Santo y tienen una visión superior de las cosas. El hijo pródigo «volvió en sí» como queda demostrado …
a) Al reconocer su miseria y el bienestar de los que vivían en armonía con el Padre: el gozo, la paz y la felicidad de los hijos de Dios no es una ilusión, es el pan del alma. Quizá todavía, amigo, no notas mucho la diferencia si hace poco que escuchas el Evangelio … Los enfermos no tienen hambre. Cuando comprendas más el valor de las cosas espirituales notarás el vacío de tu corazón.
b) Salomón lo expresa en Eclesiastés 2:2; las cosas importantes del mundo no tienen valor, son pasajeras al lado de la eternidad. Podemos mencionar a centenares que han sentido su necesidad cuando ya era demasiado tarde, como Voltaire, Gambeta, Gibbon, Tomas Payne, que clamaban desesperados en la hora de la muerte.
8. Los que vuelven en sí: Pablo estaba fuera de sí cegado por su ira, persiguiendo a los cristianos, que consideraba herejes del judaísmo. San Agustín estaba fuera de sí cuando se resistía a las oraciones de su madre Mónica. Raimundo Lulio, gran pensador catalán, vivía una vida disipada hasta el día en que la dama que él quería le enseñó el cáncer que roía su pecho. Todos necesitamos volver a Dios como el hijo pródigo. el v. 10 del mismo capítulo nos revela que Jesús contó la historia como una ilustración de nuestra necesidad (anécdota: conocida es la historia del bufón de un noble que le devolvió el bastón que éste le había regalado para darlo a otro que fuera más loco que él. pues el noble le dijo que iba a un largo viaje sin retorno, y no se había preparado).
9. El gozo y privilegio de volver en sí: la bienvenida y la fiesta en casa del pródigo son un ejemplo de lo que encontraremos si «volvemos en sí» a tiempo, no únicamente en el Cielo, sino empezando ya en la tierra. Salomón dice: «Alégrate, joven, en tu mocedad». Dile a Dios: «Quiero gozar de la vida, pero contigo». el hijo pródigo estaba danzando en corro con las criadas y criados, pero era algo muy diferente de aquellos bailes mundanos con las rameras. Entonces se hallaba amargado por el sentimiento de ¡ya quedan menos monedas! En cambio el creyente sabe que Jesús dijo: «De cierto os digo: el que cree en Mí tiene vida eterna» (Jn. 11). «Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá».
CONCLUSIÓN: Isaías dice: «Cada cual se apartó por su camino». No has tenido en cuenta a Dios … el que hayas ido más o menos lejos no te libra de la necesidad de volver a Él, diciéndole: «¡Señor, soy un pródigo, un pobre pecador; si no he ido más lejos en cuanto a los hombres es porque me rodeaste de circunstancias restrictivas, de familia, pero en cuanto a ti he ido demasiado lejos, porque tú conoces mi corazón y no te puedo engañar como trato de engañar a las personas piadosas que me rodean. Recíbeme en tu gracia, pues sé que me estás preparando una fiesta en el Cielo».
146. LOS DOS DEUDORES
(Lucas 7:36–50)
INTRODUCCIÓN: dos deudores y posibilidades de perdón. El amor es el resultado del perdón, y la medida del amor nos muestra la evidencia del perdón.
1. Dos deudores.
2. Ambas personas citadas eran deudoras:
a) Todos hemos pecado, siendo por lo tanto deudores.
b) Todos nos hemos alejado, siendo preciso ser hallados.
3. Ambos fueron perdonados:
a) La base del perdón es igual para todos;
b) El alcance del perdón es también igual: completo.
4. Ejemplos:
a) Nicodemo, deudor de poco en cuanto a manifestación de pecado;
b) El ladrón en la cruz, deudor grande.
CONCLUSIÓN: ambos fueron perdonados.
147. LOS LABRADORES MALVADOS
(Marcos 12:1–12)
INTRODUCCIÓN: ésta es una parábola de Jesús dirigida al pueblo de Israel, en primer lugar, pero que tiene una aplicación a todo el mundo. Jesús se refirió en ella a cinco cosas bien palpables y ciertas.
1. A las grandes bendiciones concedidas al pueblo israelita (Is. 5:1, [2):
a) Dios plantó la nación en la tierra prometida, y Él mismo era su «cerca» y su «torre» (Sal. 18:1, 2).
b) También Dios ha colmado de bienes a la humanidad entera (Mt. 5:45; Hch. 14:17). ¿Qué más podía hacer por este mundo? (Is. 5:4).
2. El reconocimiento esperado por Dios (v. 2):
a) Era de esperar que un pueblo tan favorecido rendiría a Dios los frutos de obediencia, amor, gratitud, santidad y testimonio fiel a los demás pueblos.
b) Pero qué diferente había sido su modo de actuar (Neh. 9:16, 17–26).
c) Igualmente, Dios espera fruto de los hombres a quienes ha dotado de inteligencia y conciencia, pero ¡cuán pocos corresponden a los favores de Dios!
3. Una rebelión constante (vv. 3–8):
¡Con cuánto anhelo envió Dios sus profetas para rogar al pueblo que caminara por sus sendas! Jeremías declara, 11 veces, que Dios les rogó por su boca y ellos le rechazaron (Jer. 7:25, 26:5, 29:19, etc.). Dios también ha enviado sus mensajeros a predicar el Evangelio entre todos los hombres, pero en su gran mayoría éstos han sido rebeldes, y los predicadores, con mucha frecuencia, han experimentado oposición tenaz y violenta, que ha llegado hasta el sacrificio de la vida (Hch. 13:50 y 14:19). Hoy no existe oposición persecutoria, pero sí se da el rechazo de la indiferencia.
4. Un recurso costoso (v. 1): a pesar del rechazo de Israel el amor de Dios no se agotó, sino que envió a su Hijo amado (Jn. 3:16), mucho mayor que los profetas (He. 1:1–2). Pero a éste no sólo lo rechazaron, sino que lo mataron (Jn. 1:11); y esta maldad trajo al mundo la salvación. Todo aquel que no recibe al Hijo de Dios como su Salvador personal se afilia de hecho a los que le crucificaron. Dios considera un gran pecado el no confiar en Jesucristo (Jn. 3:18, 24 y 16:9).
5. Un castigo inevitable (v. 9):
a) Los israelitas fueron castigados con la destrucción de Jerusalén en el año 70 y su esparcimiento por el mundo entero.
b) Los que se niegan a rendir su alma al Señor Jesucristo no podrán escapar del juicio de Dios (Mt. 23:33; He. 2:3 y 10:28, 31; 12:25).
CONCLUSIÓN: ¡Cuán verídica y solemne es la advertencia de Gá. 6:7!
148. LOS OBREROS DE LA VIÑA
(Mateo 20:1–6)
INTRODUCCIÓN: esta parábola fue motivada por el fracaso del joven rico y la impertinente pregunta de Pedro sobre la cuantía de la recompensa de aquellos que lo habían dejado todo para servirle, y nos enseña …
1. El llamamiento de Dios (v. 1): por medio del Evangelio, Dios llama a los hombres a servirle a Él. Fijémonos en las condiciones de los que son llamados …
a) Están en la plaza del mundo.
b) Están ociosos, pues no tienen capacidad para servir a Dios en la forma que Él desea.
c) Sólo saben hablar, haciendo cábalas acerca de lo que ellos piensan que debería ser el mundo.
2. Dios llama a los hombres a todas horas (vv. 2–6):
a) Los llamados a primera hora representan los hijos de hogares evangélicos.
b) Los llamados a la hora sexta (las doce del día en el horario hebreo) representan los llamados a la edad adulta.
c) Los de la novena representan los de la tercera edad que aún tienen fuerzas para testificar con denuedo.
d) Los de la undécima, los ancianos o enfermizos que pueden hacer poco para Dios (1 Co. 3:6–9). En la obra de Dios, hay trabajo para todos; sólo se necesita voluntad y fervor (Ro. 12:11), pero la actividad posible ha de ser hasta el fin (He. 6:11) y ha de ser sin pereza (v. 12).
e) Para ello, cada obrero o cristiano debe acumular las virtudes que no le permitirán estar ocioso (2 P. 1:3–8).
3. La oferta de Dios:
a) «Todos los obreros recibieron lo mismo.» Sin tener en cuenta lo trabajado. Asimismo la salvación es para todos igual; lo mismo para el ladrón en la cruz que para Pedro o Pablo (Ef. 2:8) Es un regalo de Dios.
b) El que no ha oído el llamado Evangelio hasta la vejez no es responsable por falta de oportunidad. La salvación es un don de Dios.
c) Habrá recompensas—según Lc. 16 —y nuevas encomiendas en la eternidad (Lc. 16:12). Y la vida eterna y el ser hijos de Dios será exactamente igual para todos.
CONCLUSIÓN: ¿Quién no quiere entrar al servicio de semejante dueño?
149. LOS PEREGRINOS EN LA NOCHE DE LA LIBERACIÓN
(Éxodo 12:1–14)
INTRODUCCIÓN: los israelitas estaban esclavos en Egipto cuando Dios tuvo a bien librarles por medio de Moisés, quien por orden de Dios produjo las diez plagas. La final no fue tan sólo la decisiva para que Israel obtuviera su libertad, sino también una gran lección para todas las generaciones. En ella, era necesario sacrificar un cordero sin tacha, comerlo entero en grupos familiares de 10 a 20 personas, con hierbas amargas, tras haber colocado una mancha de sangre en el dintel, para que el ángel destructor pasara de largo sin llevar a cabo la muerte del primogénito, lo cual causó tal terror a los egipcios que Faraón se vio obligado a ceder, permitiendo la huida de los israelitas.
¿Cuáles son las enseñanzas de este extraordinario suceso bíblico?
1. La humanidad es esclava de Satanás por el pecado: así lo dijo Satanás mismo a Jesucristo, y lo vemos en la Historia. El espíritu de tiranía, fruto de la ambición, es de Satanás, el de libertad es de Dios. Dios ha hecho los seres libres, la tiranía es hija del orgullo. ¿Qué hay de tiranía en los 10 mandamientos? Sólo homenaje a Dios y respeto al prójimo; pero desde Caín los hombres han tratado de dominarse unos a otros. Lo más triste y curioso es que los hombres progresan en muchos conocimientos, pero difícilmente adquieren experiencia moral. Los animales son más precavidos y no tropiezan dos veces en el mismo escollo, pero carecen de sentimientos morales, buenos o malos. Hay muchos hombres que tienen ambiciones desmesuradas, que tratan de justificar a su manera, hasta que la realidad les muestra su error (ej. de Hitler). Aun los hombres más educados, o santos, tienen que decir como Pablo: «¡Miserable hombre de mí!» (Ro. 7:24).
2. El cristiano es un esclavo rescatado: por años gimieron los israelitas, pero la promesa dada a Abraham se cumplió a su tiempo. Así también la promesa espiritual de rescate para la humanidad …
a) El rescate de los israelitas fue por una sangre simbólica, el de la humanidad por la sangre derramada del mismo Hijo de Dios (Jn. 1:29): «He aquí el Cordero».
b) Era un plan que Dios tenía desde el principio de los siglos para confundir al enemigo admirando a los ángeles por su amor (Ef. 1:4–7; 1 P. 1:12, 18–21).
c) Atraer los corazones de los hombres (1 Jn. 4:14–19).
d) Cumplir las demandas de la justicia divina en el Universo (Ro. 5:1, 2 y 17). La sangre es símbolo de sufrimiento y muerte, pues no se obtiene sin sufrimiento. Por esto tiene un valor propiciatorio, no a causa del elemento físico, sino por su significado moral (anécdota: el fugitivo condenado a muerte por los indios y rescatado por la sangre de un blanco que extendió el brazo).
e) Debía ser aplicada (anécdota: tradición de Josefo de la primogénita judía asustada).
Dios conocía cuáles eran los hogares de los israelitas, pero quería ver la fe y la obediencia. Era protección segura porque representaba el cumplimiento de la palabra de Dios. Así, nuestra conversión, y aun los símbolos de ella, no valen por lo que son, sino por lo que representan (anécdota: el condenado en la guerra de Cuba que fue rescatado por estar cubierto con las banderas de Inglaterra y los Estados Unidos, al principio de la guerra). (Anécdota del folleto El valor de la sangre de Cristo: en la ejecución de una madrileña atendida por el capellán Cipriano Tomos, quien tranquilizó a la desesperada mujer condenada hablándole de la sangre de Cristo. Ella dijo:
—Yo creo que algo valdrá.
A lo que el cura respondió:
—No algo, sino todo.
—¿Por qué no me lo dijo antes?—exclamó la mujer, que murió tranquilizada. Este incidente hizo reflexionar al sacerdote, cuando años después recibió un tratado titulado El valor de la sangre de Cristo. El cura, que era capellán de la misma reina María Cristina, escribió a la dirección del folleto ante el pensamiento: «¿Engañé a aquella mujer?». Fue convertido y más tarde director de la revista El Cristiano, el primer periódico semanal de todos los evangélicos de España desde el año 1876 hasta 1920).
¿Nos ha sido aplicado el valor de la sangre de Cristo? No con grama de hisopo, sino por la fe (Ap. 7:13, 14).
3. El cristiano es un peregrino dispuesto para la marcha: notad la actitud de los hijos de Israel, nadie durmió en aquella noche. Jesús dice: «Velad». El peregrinaje es común a toda la humanidad, pero unos se hallan preparados y otros no. Para los egipcios, el Mar Rojo fue un horror, para los israelitas, su liberación y seguridad. Así es la muerte, a la que todos nos dirigimos. Notemos:
a) Que la Pascua era el principio de una nueva vida. Por aquel acto de obediencia el israelita quedó bajo la protección de Dios.
b) Los peregrinos debían hallarse reunidos por grupos alrededor del símbolo de su redención. Así los salvados por la sangre de Cristo: «todas las veces que bebiereis en memoria de mí …», pues los grupos pequeños estaban tan seguros como los grandes.
c) El festín era sumamente gozoso por la esperanza de una inmediata liberación, pero se había ordenado que hubiera un símbolo de la pasada amargura: «hierbas amargas». Éste era un recordatorio para futuras pascuas (penas y amarguras se encuentran en la vida en medio de la felicidad espiritual). Aunque esperamos la liberación, nos hallamos todavía en territorio enemigo y sinsabores diversos amargan nuestra completa felicidad espiritual; pero ¿qué importancia tienen al lado de la condenación? Son tribulaciones momentáneas de este mundo pasajero (2 Co. 4:17). Por esto, podemos decir como el apóstol en los vv. 8 y 9 de este cap.: «atribulados, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados» (anécdota de la ancianita enferma que decía: «Será por poco tiempo, Señor»).
CONCLUSIÓN: ¿Somos aún esclavos del pecado o nos hallamos ya bajo el amparo de la preciosa sangre de Cristo? Acojámonos a la sangre expiatoria y vivamos como peregrinos, prontos a escuchar el llamamiento de reunión con Cristo, por la muerte, o aún mejor, por su segunda Venida, si fuera el propósito de Dios cumplirla en nuestros días.
150. LOS PRIVILEGIOS DEL REBAÑO DE CRISTO
(Juan 10:27)
1. Son pueblo especial: «Mis ovejas».
a) Expresa posesión: «mis». Hemos sido comprados por Él.
b) Expresa carácter: «ovejas», no lobos.
2. Son pueblo atento: «Oyen mi voz».
a) Tienen oídos espirituales.
b) Distinguen las voces mundanas y las del diablo de la del Buen Pastor.
3. Pueblo amado: «Yo les conozco».
a) Jesús los discierne.
b) Jesús los aprueba.
c) Jesús los vigila.
4. Pueblo obediente: «Ellas me siguen».
a) Abiertamente reconocen a su Pastor ante el mundo.
b) Personalmente le obedecen.
151. LOS TALENTOS
(Mateo 25:14–30)
INTRODUCCIÓN: el mensaje del Evangelio es un mensaje de la gracia divina. El apóstol Pablo lo define como una suerte y una herencia (Ef. 1:3–6) Aunque ello es cierto para cada uno de los creyentes, es posible que muchos, en el Cielo, tengan que decir: «¡Qué lástima de la suerte que perdí!», pues el Evangelio no sólo es un mensaje de gracia, sino de servicio. Cristo habló mucho más de servicio y conducta que de su Obra redentora, especialmente en los sinópticos.
¿Por qué? Porque los discípulos no eran aún capaces de asimilar aquel mensaje (véase la reacción de Pedro en Mt. 16:21–24); (pero lo entendió mejor en los últimos años de su vida: 1 P. 1:1–8 y 2:11–24). Pablo sintetiza y concierta admirablemente el dilema de la fe y las obras en Ef. 2:8–10; y Cristo lo hace por medio de dos grandes parábolas …
I. Las minas y los talentos (Lc. 19:11–26 y Mt. 25:14–30)
En ambas, un noble que tiene que ausentarse para tomar un reino y volver (símbolo de la segunda venida de Jesucristo) reparte dones a sus criados:
1. En la parábola de las «Minas» entrega a cada uno de sus diez servidores una mina (moneda de 850 g. de oro) con el encargo de que las hagan producir durante su ausencia. A su regreso, tres son llamados a rendir cuentas, y las presentan así:
a) El primero devuelve 10 monedas (8 kg. y medio del precioso metal).
b) El segundo devuelve 5 monedas (4 kg. y cuarto del precioso metal).
c) El tercero devuelve la mina recibida, sin ningún producto o ganancia.
2. En la otra parábola similar el reparto es el siguiente:
a) El primer servidor recibe 5 talentos (que eran talegos de plata de 21 kg cada uno, o sea, más de 100 kg de plata).
b) El segundo recibe 3 (63 kg de plata).
c) El tercero tan sólo uno (21 kg; poco, pero suficiente para iniciar un negocio).
Y en ambas parábolas el que no ha rendido ningún producto recibe lo que le corresponde, una severa reprensión.
II. Significado aleccionador
Ambas parábolas son una ilustración del Reino de los Cielos que Jesús había venido a instaurar:
1. En la era judaica se detallaba a los judíos piadosos todo lo que tenían que hacer: dar primicias, diezmos, asistir a las fiestas, etc., y Dios les bendecía según su fidelidad (Mal. 3:10).
2. En la era cristiana actual el Señor no nos dice: «Leerás tantos capítulos de la Biblia cada día, orarás una hora diaria, pagarás el diezmo, o harás tales o cuales cosas». ¿Por qué? Para que nuestro servicio sea libremente voluntario. Como siervos suyos que somos, todo lo nuestro es suyo, pero Él nos lo confía a nuestra entera discreción. ¿Qué haremos, pues?; nos pondremos por debajo de la medida del Antiguo Pacto, en el que se decía: «Haz esto, y vivirás», porque Jesús dice: «El que vive y cree en Mí no morirá eternamente.» Porque El lo hizo todo, ¿no haremos nosotros nada? «Negociad entretanto que vengo», significa: «Haced todo lo que podáis».
3. El objeto del hombre noble en ambas parábolas no era enriquecer a sus servidores durante su ausencia, sino probarles para cuando él volviera. «Cuando yo sea reyes la idea-necesitaré servidores leales, activos; mi ausencia es una oportunidad para probarles». Así es con Jesús.
III. Un gran pasaje paralelo (Lc. 16:9–13)
Observad aquí la gran paradoja: Jesús llama lo poco y lo ajeno a lo que hoy poseemos, eso que consideramos como bien nuestro; pero Jesús lo llama lo ajeno porque todo lo que tenemos es un préstamo por unos anos. «Lo poco», porque es de poca importancia todo lo de aquí. ¿Por qué explicó Jesús dos parábolas? Porque una sola no bastaba …
1. La mina representa el Evangelio, un don que es igual para todos, blancos y negros, gitanos y payos.
2. Los talentos, con su reparto desigual, representan las facultades y circunstancias personales que Dios ha repartido a cada uno de un modo desigual: inteligencia, dinero, familia, etc.
IV. Otro pasaje suplementario de gran significado es 2 Co. 5:6–9, enfatizado y aclarado por Jn. 17:24
Hoy parece demasiado fácil ser cristiano, y la tendencia es gozar de los privilegios que nos concede la presente vida, sin esforzarnos demasiado para la otra, y luego disfrutar también aquélla; pero el lema apostólico era: «Vivir hoy para el mañana»; un mañana eterno (2 Co. 4:16–18).
V. Dos clases de recompensa
1. «Entra en el gozo de tu Señor» (Ap. 19:7–10).
2. «Tú tendrás potestad sobre diez ciudades» (Lc. 19:17).
CONCLUSIÓN: serán premios proporcionados de acuerdo con las circunstancias presentes (Mt. 25:29). Por esto el apóstol nos exhorta con 2 Co. 5:9–10.
152. PARÁBOLA DE LA CIZAÑA
(Mateo 13:24–43)
INTRODUCCIÓN: Jesús enseñaba por el admirable método de las parábolas comprensibles a las mentes sencillas y con un significado que abarcaba los problemas más profundos de la filosofía moral. Los más grandes filósofos del mundo se han preguntado: ¿Por qué existe el mal y Dios lo tolera? Esta parábola explica la razón de un modo muy simple y comprensible para las personas más sencillas. Estudiémosla con atención …
1. Dios es el padre de la familia del universo:
a) Porque todo deriva de Él.
b) Jesucristo lo afirmó en Mt. 6:32.
2. El campo es el mundo: el más hermoso de los campos de Dios que conocemos. Los planetas no lo son tanto; pero el mundo es un campo donde existe el mal. ¡Qué hermoso es el mundo de Dios tal como Él lo dejó, con leyes naturales tan bien adaptadas la una a la otra! Dios no sembró el mal …
a) ¿Hambre, escasez? No hay razón para que existan, cuando Dios hizo producir las simientes al ciento por uno.
b) ¿Enfermedades? Tampoco, cuando puso en los seres vivos las células o leucocitos biológicos que luchan contra los virus.
c) ¿Esclavitud? De ninguna clase, cuando puso en cada ser humano su imagen, la conciencia moral lo pobló con seres inocentes, tan puros como los ángeles, para que disfrutaran de todo, agradecidos al supremo Creador.
3. Dios no puede ser autor del mal:
a) El Creador, ¿nos hizo malos, o buenos? Si malos, ¿por qué tenemos sentimientos buenos? Si buenos, ¿por qué no lo somos? Éste es el gran problema de la filosofía moral. De una misma fuente no pueden proceder dos cosas tan opuestas.
b) La segunda parte del problema es: si Dios es todopoderoso, ¿por qué tolera el mal por tanto tiempo?—guerras, injusticias, opresión—, ¿no son todos los hombres criaturas suyas?, ¿por qué algunos son tan malos y otros se inclinan por el bien y el amor al prójimo?
4. Un enemigo hizo esto: esta es la solución que Cristo nos da (véase Jn. 6:44): El enemigo es el diablo, que es un ser envidioso y calumniador.
a) Mintió acerca de la prohibición de Dios (Gn. 3:1).
b) Mintió acerca de los resultados de la desobediencia: «Seréis como dioses» (vv. 5, 6).
c) Sembró desconfianza, egoísmo, envidia, diversas clases de mala hierba, todas ellas ponzoñosas. La cizaña es una planta muy parecida al trigo, pero vacía; y en Siria hay una especie ponzoñosa, por esto era necesario quemarla.
d) Y ¡cómo se ha multiplicado! Cada hombre lleva los instintos del mal que cubren y desfiguran la imagen divina del bien, o sea, la conciencia moral.
5. La persistencia del mal: la sugerencia de los servidores representa la actitud de los ángeles (Mt. 13:28).
—¿Por qué?—se dicen no sólo los moralistas, sino los seres perfectos que están con Dios—, ¿por qué?
a) Evitar el mal es cerrar las posibilidades del bien. Suponed que Dios hubiese terminado con Adán, o con Israel: ¿dónde estaría la Iglesia?; o que hubiese actuado en tiempos de la Reforma: nosotros no seríamos ciudadanos del Reino eterno. La presciencia de Dios nos conocía y esperaba. ¿Nos haremos dignos de su paciencia?
b) Lo que hoy sería arrancado como cizaña, puede ser trigo mañana (Historia de conversiones de grandes pecadores).
6. Trigo o cizaña, ¿qué somos?
a) A los unos Jesús los llama «hijos del Reino» (Mr. 1:15; Jn. 1:12).
b) A los otros, «hijos del Malo» (véase Jn. 8:44). Situación terrible, aunque puede cambiarse (Ef. 2:2). Todos sabemos que a medida que se desarrolla lo bueno en los niños—inteligencia, nobleza, inocencia—, se desarrolla la cizaña que está en el mundo. Si tuvierais un microbio en la sangre que hubiese causado la muerte de todos vuestros antepasados, ¿no correríais al médico?; pero el microbio moral todos lo tenemos (el virus del pecado) más o menos desarrollado (Ef. 2:3).
7. El desenlace: la siega es la clasificación definitiva de los seres humanos …
a) Lanzados en el horno de fuego. Los hombres pueden burlarse del infierno, pero Jesús quería decir algo al hablar de que allí será el lloro y el crujir de dientes. Dios es justo y no castigará a todos los hombres igual; tanto si han rechazado el Evangelio, como si no lo han conocido nunca, sin duda hay diversas categorías de condenados, ya que los hombres han de ser juzgados por sus obras (Ap. 20:12).
b) Del mismo modo que hay cizaña simplemente vacía y cizaña ponzoñosa, ha habido hombres de diversas clases. Pero Ro. 3:23 incluye a todos los hombres; por lo menos habrá para muchos la pérdida de la gloria de Dios, privilegio al que sólo los creyentes han de llegar.
c) El alfolí: representa el Cielo y, para que no nos quepa duda de la interpretación, Jesús añade: «Los justos resplandecerán como el sol». Gracias a Dios que Él nos considera justos cuando nos unimos a Jesús por la fe (Jn. 6:28, 29; Ro. 5:1, 2).
d) La amonestación de Cristo: «El que tiene oídos para oír, oiga». Él ha dicho la última palabra. ¿No quieres abrir tus oídos y tu corazón a sus fieles promesas?
153. PARÁBOLA DE LA GRAN CENA
(Lucas 14:15–24)
INTRODUCCIÓN: Jesús estaba observando en un convite en casa de un fariseo rico cómo los convidados escogían los primeros puestos de honor y empezó a exhortar—probablemente, en voz baja—a sus discípulos que no imitaran a aquellos orgullosos huéspedes, sino que fueran humildes para poder ser ensalzados, y siguió recomendándoles una política bien diferente a la del mundo, diciéndoles que cuando favorecieran a los humildes, en vez de esperar la recompensa de sus convidados, les sería recompensado por Dios en la resurrección de los justos.
Al oír esto uno de los invitados—quizás, más cercano al grupo apostólico—exclamó: «¡Qué felices serán los que puedan tener acceso al banquete eterno!» Esto motivó que Jesús explicara esta parábola o ejemplo, que contiene …
1. Una gran invitación (v. 17): por medio de la predicación del Evangelio Dios invita a los hombres a disfrutar de las bendiciones que ha preparado para los que aceptan su oferta mediante Jesucristo. Jesús aseguró a sus discípulos que iba a preparar un lugar para ellos (Jn. 14:1–3) y en su oración al Padre anticipa la gloria y hermosura que encontrarán en aquel lugar sus convidados (Jn. 17:24). Realmente, ¿qué fiesta más grande y más rica puede haber que la de la salvación y la felicidad eterna? (1 Co. 2:9, 10; Ef. 1:3).
2. Un gran desprecio (vv. 18:20): los primeros invitados rechazaron la invitación por amor a sus negocios (véase con vv. 26 y Mt. 19:21–22). Nadie puede ofrecer a Dios una razón justificada por no aceptar el Evangelio. Nadie se atreverá a darle una excusa en el día del juicio.
3. Una gran misericordia (v. 21): los primeros invitados representan los judíos. Dios no retiró sus ofertas de salvación, sino que las envió a los gentiles (Mr. 16:15 y Hch. 13:45–47). Ya en los días de Jesús había personas notables y religiosas que despreciaban la oferta, de modo que Jesús pudo responder a Juan cuando le hizo interrogar sobre si El era el Mesías: «A los pobres es anunciado el Evangelio», y así ha sido en cada siglo. Ya lo era en los días de Pablo (1 Co. 1:26), y siempre ha sido así. En nuestros días hay despertamientos en Corea y Nigeria, así como entre gitanos, en nuestro propio país, España, mientras que los llamados religiosos, pagados de sí mismos, rechazan el Evangelio sencillo.
4. Un gran propósito: «Para que se llene mi casa …» (v. 23): según referencias de las epístolas, Dios tiene un número determinado de almas que han de ser salvas, antes de que venga el Señor (2 P. 3:12, V. 1977).
5. Una gran pérdida (v. 24): con esta figura, es representada la salvación eterna. Jesús dijo que cuando ya sea tarde, muchos procurarán entrar, mas no podrán (Lc. 13:24–29).
CONCLUSIÓN: es necesario asegurar la entrada hoy, por medio de la fe.
154. PARÁBOLA DE LAS BODAS
(Mateo 22:1–14)
INTRODUCCIÓN: esta es una de las parábolas más largas y explícitas que Jesús pronunció, repetida en casa de un fariseo y en el Templo. ¿Qué nos enseña?
1. Que el Reino de los Cielos es una fiesta regia: Dios es el gobernante supremo del Universo. A la reunión de los redimidos con su Salvador se le llama «bodas del Cordero» (Ap. 19:6–9).
2. Que muchos rechazan la regia invitación por sus miserables asuntos: llamar meses antes a los elegidos era costumbre oriental. Dios comunicó algo de su plan a los profetas de Israel, pero ellos querían en sus días un reino humano. ¿Vida futura? ¿Incorporación de vidas humanas al Reino en siglos venideros? Demasiado lejos. ¿No piensan de esta manera, hoy, muchos? Pero Dios es soberano y sabe lo que quiere.
3. Muchos, en vez de aceptar, se atrevieron a perseguir a los mensajeros: ¿Merecían los apóstoles ser perseguidos? ¿Qué mal hacían? Con tildarlo de ilusión bastaba, pero el diablo no se contenta. ¿Qué mal hacen los creyentes en Rusia? El odio del diablo es una garantía de nuestra fe. Si hubiese causa política ya no lo sería (1 P. 4:15). Por esto, Cristo llama «bienaventurados» a los que sufren persecución por causa de la justicia.
4. Que Dios nunca deja de realizar sus planes por nuestra culpa:
a) La pérdida es para los desobedientes e ingratos. Dios tiene que salvar un número determinado de almas y las salvará a pesar de las artimañas del diablo. En vez de Saúl, David. En vez de David, Salomón. En lugar de Israel, los gentiles.
b) Los paganos parecen más favorecidos en este siglo de incredulidad (ej.: Corea, Indonesia, etc.; también en naciones como España, los gitanos).
5. Que Dios desea grandemente la salvación de las almas: «Fuérzalos a entrar», el Evangelio es voluntario. No quiere decir fuérzalos materialmente, sino moralmente. Si amáramos a las almas como Cristo las amó les forzaríamos a entrar por persuasión y amor.
6. Que la condición de los pecadores no importa, porque Dios es bastante rico y bueno para con todos. Podemos imaginarnos la sorpresa y las excusas de los mendigos …
a) No puede ser para mí. Cierto, los hombres no ofrecerían una salvación gratis, pero Dios puede y quiere. «Todo aquel»—decía Spurgeon—es más seguro que si hubiera mi nombre, pues puede haber otras personas del mismo nombre. «Todo aquel» no se presta a equivocación alguna».
b) Demasiado pobre y sucio. Hay quienes quieren limpiarse ellos. Jesús dijo: «No he venido a llamar justos, sino pecadores».
7. El hombre sin vestido de boda: representa el inconverso que rechaza el plan de Dios para la salvación y pretende salvarse él con sus propios medios (anécdota: la señora que pretendía ganar el Cielo con sus obras, a la cual el pastor dijo: «Allí se encontrará sin canción», citándole Ap. 5:9).
¿Hemos oído la invitación al convite? No la rechacemos. Jesús dice: «Primero buscad el Reino de Dios y su justicia» (Mt. 6:33). ¿Somos ya siervos del rey? Atendamos al mandato «fuérzalos a entrar». Aún hay sitio en el hogar celeste. La culpa del convidado rechazado podía ser, en parte, culpa del siervo, que no le explicó claras las condiciones …
a) Enseñemos a las almas la absoluta suficiencia de la obra de Cristo.
b) Tenía gran razón el interlocutor de Jesús que provocó esta parábola: «Bienaventurado» significa feliz. ¿Tenemos asegurada esta bienaventuranza?
155. PARÁBOLA DE LOS ANCIANOS
(Mateo 19:23 al 20:28)
INTRODUCCIÓN: esta parábola tiene por objeto glorificar la libre gracia de Dios. Una lección oportuna para Pedro, que ante el fracaso del joven rico quiso sacar de su Maestro promesas para la otra vida que denunciaban su egoísmo: «Nosotros, que lo hemos dejado todo, ¿qué tendremos?» Jesús no niega su propósito de recompensarles (vs. 28 y 29), pero quiere humillar su altivez (v. 30), advirtiéndoles que los planes de Dios muchas veces no coinciden con los humanos. ¡Buena enseñanza para todos!
1. Todos los obreros de Dios son llamados: los labradores no habrían acertado a hallar al dueño por sí mismos. Nosotros no habríamos acertado el camino del Cielo, pero Dios nos ha buscado. El Hijo de Dios bajó del Cielo para salvar y buscar. Dios está todavía buscando almas, y toda labor evangélica es colaborar con Dios en este aspecto. Pedro nos exhorta a apresurar la venida del Reino. Parece que Dios tiene un número determinado de almas que han de ser salvas; si no nos apresuramos a trabajar nosotros, tomará a otros. La suerte de haber sido llamados es indecible, ya que no todos lo son. Supongamos algunos obreros charlando, distraídos en la plaza, que no se enteraron de la visita del dueño.
2. Todos empleados en trabajar, no en divertirse: dos capítulos más adelante compara el Reino a una boda; ambos aspectos son verdaderos: en el Reino celestial es fiesta; en el material, trabajo.
3. Todos han de recibir premio: no hay amo más generoso. Pedro parece tener miedo de que no lo sea, pero es porque le conocía poco. Más adelante lo entiende mejor. En 1 P. 1 llama a los cristianos «real sacerdocio». Dios es tan generoso que hasta Satanás tiene envidia (véase el caso de Job); pero lo que más debe moverle a envidia son las recompensas del Cielo. ¿Hay para tanto?, quizá se dice, acusándonos por nuestras faltas. ¡Sí lo hay! Son pecadores, sí, pero pecadores arrepentidos. Millones de animales no tienen importancia, pero un alma sí, y Él quiere que nosotros tengamos el mismo sentir (Mt. 25:21).
4. Dios llama a todas horas:
a) En la mañana, a las seis: figura de los convertidos en la infancia. ¡Cuánto puede hacer uno que se levanta temprano! (dicho de Spurgeon: «Es bueno volar mientras las alas son tiernas de otro modo puede que nunca seas capaz de volar, sino de andar»). Llevemos a los niños y a los jóvenes a Cristo y eduquémoslos a ser buenos obreros del Señor.
b) A las nueve: ¡Cuán ansioso debía estar por su viña este hacendado! Representa a los convertidos sobre los 25 años. Un poco tarde, pero aún se puede hacer mucho. Nadie ha hecho grandes cosas antes de esta edad. Cristo se bautizó a los 30 años, es buen tiempo para corresponder al amor del Señor (Los mejores miembros, de Spurgeon).
c) Al mediodía: representa los convertidos a la mitad de la vida, entre 40 y 50 años (anécdota: el anhelo del artista de teatro que se convirtió a los 40 y decía: «Tengo que compensar a Dios por los que perdí»).
d) A las tres de la tarde, hora nona: ningún hacendado humano contrataría obreros a tal hora. Todavía hay posibilidades. El blanco luce más sobre un fondo oscuro; así son los convertidos que tienen detrás suyo una vida pecadora. Además, tienen amigos mundanos a quienes evangelizar, lo que un hijo de creyentes no tiene.
e) La hora undécima, seis tarde. La misericordia sobresaliente. Éstos son los llamados a los 60 o 70 años; pero el Señor los tiene en cuenta lo mismo que a los de 15 o a los de 40. Aún hay ocasión de ser salvo y trabajar un poco para el Señor. Recordamos de ancianos que fueron una luz para sus antiguas amistades.
Que Dios quiera convertir a los ancianos es una maravilla, mas hay otra mayor, y es que hay ancianos que no quieren ser salvos. No es la mejor edad pero es aquella en que la necesidad es más urgente; ya la muerte está golpeando … Ya puedes ver su sombra en el reumatismo, arrugas, cabellos blancos, y ¿no quieres darte a Cristo para que te salve para la eternidad?
«Demasiado viejo»—afirman algunos. Hubo convertidos de más de 100 años en el despertamiento de Irlanda. No sabemos cuántos años llevaba de ladrón el convertido en la cruz, pero era comparativamente el más viejo, pues sólo le quedaban horas, y, sin embargo, el Señor lo salvó.
5. La salvación igual para todos: sería muy triste que la salvación fuera por un número de siglos en relación con los años de servicio sobre la Tierra, pues por largo que fuera ese período tendría fin, puesto que el Señor ofrece a todos igualmente el «denario» de la «vida eterna». Las otras recompensas, que también las habrá (véase Lc. 16:10–12; Fil. 4:17), nada serían sin la vida eterna. Por este precio vale la pena contratarse a todas horas, o sea, a cualquier edad. Cada edad tiene sus estímulos:
a) Los jóvenes, por su mayor habilidad y posibilidades.
b) Los ancianos, para recuperar el tiempo perdido (anécdota:
—Me mataré trabajando—decía uno.
—En tal caso—respondió Spurgeon—hará el mejor negocio, pues Jesús dijo: «El que pierda su vida, la ganará»).
CONCLUSIÓN: detrás vendrán el «Buen siervo y fiel» y la vida eterna.
156. PARÁBOLA DEL RICO INSENSATO
(Lucas 12:13–21)
INTRODUCCIÓN: esta parábola fue consecuencia de una proposición materialista hecha al Salvador. Nótese que Él estaba en medio de un discurso en el que se refirió al alma y a la otra vida (vv. 4 y 5), con tal solemnidad que exhorta a las gentes a no preocuparse de salvar el cuerpo cuando estuvieran en peligro de muerte (v. 12), y uno de la multitud le interrumpió con un negocio personal. Para el que veía los asuntos de la vida desde la altura de donde Jesús procedía, no puede menos que sentir lástima por las vanas preocupaciones humanas, y ello dio lugar a la más apremiante parábola de todas las que pronunció el Salvador. En ella vemos:
1. Un hombre prosperado (v. 16): probablemente, envidiado por sus vecinos. «¡Éste sí que tiene suerte!», se dirían.
2. Un hombre preocupado (v. 17): pero entre sus pensamientos no había ninguno tocante a Dios (Sal. 10:4).
3. Un hombre perplejo (v. 17): había muchos pobres a quienes habría podido dar lo sobrante (1 Ti. 6:17–19). Pero no tenía amor para con sus prójimos, sólo pensaba en sí mismo.
4. Un hombre previsor (vv. 18, 19): pero la previsión puede ir más allá de los límites naturales y convertirse en avaricia. ¡Qué vida holgada pensaba disfrutar durante muchos años! (Sal. 49:10, 11).
5. Un hombre perdido (v. 20). Era un necio porque:
a) Hizo previsión para esta vida, pero ninguna para la eternidad.
b) Codició las riquezas terrenales sin interesarse en las celestiales (Mt. 6:19–21). El consejo de Jesucristo es totalmente al revés (Mt. 6:33, 34).
c) Confió que iba a vivir muchos años, sin considerar que la muerte es un enemigo que no avisa (Pr. 27:1; Stg. 4:13, 14).
d) Creyó que su alma era suya para disponer de ella a su gusto, llenándola de placeres, sin tener en cuenta que se hallaba en las manos de Dios (Ez. 18:4). Ningún hombre es señor de su destino.
6. Un hombre que vivió en vano (v. 20): no podía llevarse nada a la eternidad. Por esto Jesús nos amonesta a hacer tesoros en los Cielos y poner los asuntos del Reino de los Cielos en primer lugar (Mt. 6:33).
157. PARÁBOLA DEL VESTIDO DE BODA
(Mateo 22:1–14)
INTRODUCCIÓN: Jesús hizo uso de varias parábolas comparando el Reino de los Cielos a un gran festín.
—La de los que despreciaron el convite con diversas excusas, expresada en Lc. 14:15–24
—Ésta fue dada en el templo después de la parábola de los viñadores para mostrar a su propio pueblo como los primeros invitados lo que iba a ocurrirles. ¿Qué quería significar con todas estas parábolas? No meramente contar historias imaginadas, sino ilustrar con hechos conocidos lo que él conocía, pero que ni sus oyentes ni nosotros podemos ver. En esta segunda nos llama la atención el motivo de la fiesta.
1. Bodas para su Hijo ¿Quién era Jesús? El Hijo del Dios eterno que vino a buscar lo que se había perdido. Dios es rey de un universo infinito … pero hay un centro, un palacio real como lo hay en todas las capitales del mundo. Pensemos en la naturaleza de Dios, juzgando por lo que podemos ver desde la Tierra. El acierto y la sabiduría con que fueron creadas las cosas que los sabios están estudiando, pero sin atribuirlas a un Dios creador, sino a teorías suyas diversas, pero el creyente es llevado a decir: «Si Dios ha preparado así la humilde vivienda de un vasallo en un pequeño mundo de la «Constelación de Hércules» del sistema planetario, ¿qué será la casa del Rey? Las cartas apostólicas y particularmente las de Pablo, nos aclaran el misterio.
2. El motivo de la boda:
a) Alguien acusaría sin razón al autor del universo de tener sujetos a los seres creados.
b) De buscar su propio bien, despóticamente y con egoísmo.
c) Este enemigo fue desalojado de las alturas, según Ap. 12:7–12. Pero Dios le permitió hacer la prueba de la libertad en un mundo muy hermoso y la triste historia de los siglos muestra los desastrosos resultados de un mundo ajeno a los poderes irresistibles de un Creador que ha de juzgar a Satanás y castigarle por sus múltiples crímenes (Ap. 20:10).
d) Al enemigo le fue dado ese mismo mundo como habitación temporal; no sabemos por cuántos siglos, pero él y sus satélites no se arrepintieron ni se humillaron ante Dios, antes intentaron invadir las alturas del universo y fingir ser Dios, el «gran querubín» que se paseaba en el primer Edén (Is. 14:12–15), en una sátira aparentemente dirigida a Nabucodonosor, pero que tiene sus orígenes en la rebelión satánica y Dios se propuso vencer al mal con el bien, llegando al extremo máximo de su amor con el envío de su unigénito hecho hombre que, muriendo en una cruz, redimiera a los pecadores, eligiendo un pueblo agradecido a su gracia infinita. A este pueblo se le llama «Esposa del Cordero», pues el amor engendra amor. No es extraño que a esta unión moral se le llame matrimonio y que un día ha de celebrar las «Bodas del Cordero» en la misma ciudad de Dios.
3. El modo de la invitación:
es para todo el mundo, para cualquiera que crea en Jesucristo (Jn. 3:16). Pero para que la respuesta a tal amor sea bien evidente, puede observarse en la parábola que la invitación es personal. Uno a uno son invitados, primero los más dignos (generación de Abraham) y luego los gentiles durante siglos. La aceptación de la invitación increíble que se realiza por fe en un Salvador invisible, ha obtenido ciertamente muchos heroísmos de fe. Los creyentes de toda condición, incluyendo los mártires, todos ellos han llevado y llevan el vestido nupcial, la fe en Jesucristo (Gá. 3:27). La expresión «bautizados en Cristo» no se refiere tanto al bautismo de agua, sino al del Espíritu Santo que viene a residir en los verdaderos creyentes, como declara el apóstol Pablo en Ro. 8:9. Nada despierta amor como el verdadero amor. «El amor de Cristo me constriñe»—decía un gran pecador perdonado, y han repetido millares en todos los tiempos—. No es extraño que a esta unión moral se le llame matrimonio aplicándolo al sentido físico, pero de un modo mucho más alto al espiritual. En Ap. 19:7, 8 leemos acerca de las Bodas del Cordero.
4. Requisito indispensable: en esta parábola simbólica, Jesús presenta a un intruso que ha entrado sin tener el vestido de boda. Dios nos ve en Cristo lavados y limpios, purificados. «La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado», pero es necesario creer, aceptar este sacrificio en favor nuestro. Esto nos lleva a una pregunta: ¿Por qué no aceptaría el vestido el intruso de la parábola? Jesús mismo nos da la respuesta: «Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los enfermos …», «No he venido a llamar justos … (o sea, a personas que pretenden serlo), sino a pecadores al arrepentimiento». Toda la Biblia está llena de esta verdad. En los primeros capítulos de Apocalipsis hay dos cánticos de alabanza a Dios. El primero es como Creador (Ap. 4:1–11) y el segundo como Redentor (Ap. 5:12). En ambos hay la alabanza como Creador, pero la segunda es solamente para aquellos que han aceptado al Cordero de Dios como su sustituto y Salvador.
CONCLUSIÓN: ¿De quiénes eres tú? ¿De los que llevan el vestido de boda porque atribuyen a la misericordia y obra redentora de Cristo su salvación, o de los que se creen buenas personas? El hombre de la parábola quizá llevaba buenos vestidos y pensó que no necesitaba el que gratuitamente ofrecía el autor de la fiesta, el Padre Celestial, que envió a Jesucristo como propiciación por nuestros pecados (1 Jn. 2:2) (anécdota: a una señora que se jactaba de sus buenas obras, le dijo un pastor: «Usted no podrá cantar en el Cielo el cántico de los redimidos» (Ap. 5:12). Una frase que le traspasó el corazón, pues amaba a Jesucristo, pero no le había aceptado como pecadora necesitada).
¿Lo has hecho tú? ¿Has cambiado tus vestidos de buenas obras naturales por el que Dios ha ofrecido gratuitamente «a todo el mundo» a través de los siglos, pero que debe ser aceptado personalmente, por cada uno de los invitados a las bodas del Cielo?
158. ¿QUIÉN AMARÁ MÁS?
(Lucas 7:27–48)
INTRODUCCIÓN: este incidente tuvo lugar al principio del año de popularidad de Jesús y no debe confundirse, como ha hecho la tradición católica, con la ofrenda de María de Betania una semana antes de la muerte de Cristo. Jesús fue invitado por un fariseo que empezaba a dudar de quién sería Él (v. 39), pero no quiso recibirle con muchos honores para no ser confundido con un discípulo de Cristo y para probar a éste. Las cortesías orientales solían hacerse según la categoría de los invitados, y no quiso conceder a Jesús una alta categoría. El Señor no se dio por ofendido a causa de esto; sabía que tenía que ser el «despreciado y desechado» desde que Él despreció las ofertas del rey de este mundo. Pero un conmovedor incidente le dio oportunidad de corregir el error del fariseo. Una mujer pública entró confundiéndose con la compañía y al acercarse los invitados a la mesa, ella quedó atrás, y. llorando, echóse a los pies de Jesús. Los judíos tenían la idea de contaminación por el mero contacto con los gentiles o pecadores de cualquier clase. Esto hizo al fariseo dudar de la santidad de Cristo y sus recelosos pensamientos dieron lugar al precioso discurso de Cristo. El esperaba, sin duda, un mensaje del «Profeta» invitado, pero no tan personal. «Una cosa tengo que decirte». Cristo siempre se dirige a los hombres de un modo personal. Así quiere hablamos hoy por este mensaje. Por él nos enseña:
1. Que Él requiere el amor más sincero y ferviente de nuestros corazones: Jesús calló, pero notó la frialdad de su hospedador. Muchos invitaban a Cristo como el fariseo; son cristianos tibios o profesantes; les gusta el cristianismo, pero no el fanatismo, dicen (anécdota: «he dejado mi religión en casa»; un joven, miembro de una iglesia, fue hallado en un baile público por otro joven no creyente. Al expresarle éste su extrañeza por tal encuentro, respondióle el aludido: «He dejado mi religión en casa»).
Pero lo más probable es que no había dejado nada en casa, porque no poseía nada. La religión que es, según su etimología, unión del alma con Dios, no puede dejarse y tomarse a gusto. Cuando existe es algo permanente que domina la conciencia y la vida. ¡Cuántos miles son así! Quieren a Cristo como un invitado a cortos ratos, no como el dueño de sus vidas; no le ofrecen lo mejor que tienen. Cristo calla, porque es el tiempo de prueba para el mundo y para la Iglesia, pero como dice el Sal. 50:21, un día hablará para vergüenza de los tibios e indiferentes; no sea, quizá, de nosotros mismos.
2. A Cristo no puede escamoteársele ni ocultársele nada porque conoce nuestros pensamientos: ésta es una de las características del Cristo histórico, según vemos en este caso y en Jn. 2:25. ¡Cuánto más lo será el mismo Cristo glorificado! Por esto decía Pedro: «Tú sabes todas las cosas» (Jn. 21:17). Cierto, por esto sabe la medida exacta de nuestro amor. El fariseo pensó que la complacencia de Jesús hacia una mujer pecadora era falta de conocimiento. cuando en realidad era un exceso de conocimiento, no sólo de la mujer, sino del mismo fariseo.
3. Ningún pecado es barrera demasiado grande para el amor perdonador del Señor: ¡Cuán alentador ha sido este ejemplo para millares de pecadores, y pecadoras de la misma índole que ésta que obtuvo tan magnánimo perdón! Ningún pecador es demasiado grande para Él (anécdota: «los desechos del diablo»; cierto pastor, predicando sobre este pasaje de la mujer pecadora, ponderó de tal modo el amor de Cristo hacia los más perdidos que llegó a decir que el Señor no desdeñaría a aquellas almas repudiadas por el mismo Diablo, si es que el Diablo pudiera repudiar a alguien como demasiado miserable o perverso. Al terminar el culto, se presentó en el despacho del pastor una señora cristiana diciendo que venía a protestar de unas palabras del sermón que, según decía ella, «hacían poco favor a Cristo». El pastor se disponía a explicar su pensamiento a la airada señora cuando llamaron tímidamente a la puerta. Era una de las mujeres perdidas de la ciudad que venía a dar cuenta de su conversión. Después que el pastor la hubo felicitado y orado con ella, preguntóle qué la había hecho decidir a entregarse a Cristo:
—¡Oh, señor!—dijo la pobre mujer—.
Fueron aquellas palabras de que Jesús no rechazaría ni aun a los desechados por el Diablo. Yo me siento tan vil después de mi vida de pecado que no me extraña que los hombres me desprecien, y me parecía que aun en el infierno las gentes deberían apartarse de mí. Pero el Salvador que usted ha descrito es exactamente aquel que yo necesitaba, por esto he acudido a Él.
Cuando esta mujer se marchó, la primera visitante se hallaba conmovida y no necesitó ninguna otra explicación).
4. Hay la misma imposibilidad para el pecador pequeño que para el grande sin la misericordia de Dios: esto va implicado en la parábola, y sobre todo en la frase «no teniendo ambos que pagar». Si el fariseo no era culpable de pecados de adulterio tenía, sin duda, una naturaleza inclinada al mismo pecado. Todo hombre o lucha o se complace con el pecado, pero no está libre de su influencia. Si Simón se hallaba en el primer caso, debía ser más comprensivo con la mujer; si en el segundo, su hipocresía le condenaba. Alguien ha dicho que de haberse conocido bien a sí mismo, se habría puesto al lado de la mujer a los pies de Jesús. Notemos tres errores de Simón:
a) Creía que el santo debe apartarse del pecador.
b) Que esta mujer era todavía pecadora.
c) Que él mismo era santo.
¡Cuántos sin ser Simón han caído en estos mismos errores! La frase «perdonó a ambos» en griego es «hizo caridad a ambos». Esto necesitamos de parte de Dios, caridad, no justicia. Mientras esperemos justicia no podrá haber perdón. Sobre el terreno de la justicia estamos todos perdidos; sobre el del perdón estamos todos salvos (anécdota: «la acertada frase de Josefina»; una muchacha de lindo aspecto fue a visitar a Napoleón pidiéndole gracia para un hermano suyo condenado a muerte. El emperador se negó afirmando que la culpabilidad del joven estaba probada.
—Pero es que yo no vengo—exclamó la afligida muchacha—a pedir justicia, sino perdón.
Josefina, que así se llamaba la joven, consiguió no tan sólo la libertad de su defendido, sino que Napoleón, prendado de su hermosura e ingenio, la elevó a emperatriz de Francia hasta que su imposibilidad en darle hijos hizo que fuese sustituida por María Luisa. Perdón, no justicia, necesitamos nosotros de parte de Dios. Afortunadamente, su gracia es súper abundante; no es transitoria ni veleidosa como la del ambicioso emperador).
¿Por qué hay tal imposibilidad? Jesús lo expresa en Lc. 17:10. Al hombre perfecto no le sobra nada para pagar a Dios sus beneficios, que nos rodean por todas partes, y aún menos las ofensas pasadas de nuestra ingratitud y desamor. Fuimos creados para esto, para la santidad, la obediencia y la gratitud a nuestro Creador. Cumplirlo de modo absoluto es como el jornalero que gana justo para la vida; si se atrasa no tiene con qué recuperar lo perdido. ¡Pobre del que confía en su justicia! (anécdota: «Tomas Hookes en la hora de la muerte»; algunos amigos del piadoso Tomas Hookes trataban de consolarle en la hora de la muerte, recordándole las nobles acciones de su vida, pero éste exclamó:
—No me habléis de estas cosas pequeñas e insuficientes. Habladme de la todosuficiente obra de Cristo en mi favor).
5. Jesús requiere que nuestro amor sea expresado: si la mujer se hubiese quedado fuera, amando a Cristo y deseando su perdón, pero sin osar expresar sus sentimientos, nunca habría oído la consoladora frase «tus pecados te son perdonados». Pero ella había escuchado, quizás, el llamamiento de Mt. 11:28, el cual fue pronunciado en aquellos días (según vemos por el contexto comparado de Mateo y Lucas). Aquello despertó su amor y no pudo ocultarlo. Notemos que el perdón fue consecuencia de esta actitud de la mujer, «perdonados porque amó mucho». ¿A quién? No a los que la envilecieron, sino al que la podía salvar. Pero sin expresar este amor no podía haber perdón. Por esto dice en Ro. 10:9: «Si confesares y creyeres …» Si le amas, díselo y dilo a otros. De ahí las ordenanzas externas, el bautismo y la Cena del Señor. Pobre cristiano es, empero, el que se limita a tales expresiones rituales, pues el amor a Cristo debe ser expresado constantemente y de muchas formas. La mujer no pensó en el ridículo de ir a llorar sus pecados en público, ni en las malas interpretaciones que podían darse a su actitud, porque la oferta de descanso espiritual de parte de Cristo le había llegado al corazón. Cuando el alma mira fijamente a Cristo, no repara en los demás. Dice Spurgeon: «Las conversiones ruidosas de otros tiempos, con llanto y desvanecimientos en público están fuera de moda en este siglo, pero me temo que lo están también los frutos de aquella vehemencia». Falta expresión al amor a Cristo. ¿No será porque éste ha menguado generalmente? El vapor a alta presión tendrá que manifestarse o en un expansionamiento ruidoso o haciendo correr el tren; lo peor es que falte presión. Mejor es que el amor a Cristo se expresa en actividades útiles que en meras manifestaciones emotivas, pero es peor la ausencia de una y otra cosa.
6. Es preferible mucho pecado perdonado que poco sin perdonar: esto no es atenuar la gravedad del pecado. Feliz mil veces el que tiene menos pecado que presentar a Dios, menos ofensas al que sólo merece amor. Por otra parte, es difícil que no queden consecuencias del pecado en nuestras vidas, incluso después de obtenido el perdón (anécdota: «los agujeros en la puerta»; el padre de un travieso niño, queriendo hacerle observar su conducta, propúsole que cada vez que cometiera una mala acción o desobediencia pondría un clavo en una puerta de la casa, y cada vez que ejecutara una buena, arrancaría uno de aquellos. Avergonzado el niño al ver la puerta casi llena de aquellos mudos testigos de su mala conducta, enmendóse hasta el punto de que no quedara más que un solo clavo en la puerta. Cuando éste fue, por fin, arrancado, el padre observó que el muchacho no se mostraba tan complacido como era de esperar. Al preguntarle el motivo, respondió: «Cierto, los clavos están fuera, pero quedan los agujeros»).
Hemos podido ver a muchas personas limpiadas de sus pecados por la preciosa sangre de Cristo en nuestros largos años de pastorado. pero en no pocas quedaban los agujeros del pecado, en su salud física quebrantada o en su carácter ya formado. Recuérdese, empero, que muchos agujeros, aunque afean, no inutilizan la madera, pero un solo clavo no arrancado imposibilita del todo labrarla. Así es con el pecado no perdonado.
Pero no olvidemos que un solo pecado puede privar al hombre del acceso a Dios y a la santidad, y la misma bondad natural puede crear una falsa confianza en nosotros mismos que nos inhabilite para acudir al indispensable Redentor de nuestras almas.
CONCLUSIÓN: sea cual sea la medida de pecado que haya tenido o tenga que perdonarnos, Él merece nuestro supremo amor. No es que el que tenga mucho pecado haya de amar más y el que tenga poco pueda amarle menos, puesto que el sentimiento del pecado depende más de la conciencia del ofensor que de los propios hechos. Hay santos que lloraron sus pequeñas faltas del mismo modo que también hay grandes pecadores que se ríen de su impiedad. Si alguien ha sido noble, fue el discípulo Juan, y él amó mucho.
Si alguien fue justo según la ley, es Pablo, y éste se creyó el primero de los pecadores y amó también mucho. No es sólo al que se perdona más, sino el que siente mejor su pecado quien ama más. Cristo es muy sensible a las diferencias del amor. Él se siente amado más o menos por las almas. A Pedro dice: «¿Me amas más que éstos?». No sólo: «¿Me amas?»; esto era evidente y notorio, sino «¿más que éstos?», en un grado superior a otros. ¿Somos nosotros de los que amamos más o de los que amamos menos a Cristo?
159. SIEMBRA Y COSECHA
(Gálatas 5:16 al 6:10)
INTRODUCCIÓN: este pasaje contiene una verdad irrefutable tanto en el mundo físico como en el moral. Hay pasajes en la Biblia que los incrédulos pondrán en duda hasta el día de Dios, pero éste tiene, en gran parte, su demostración aquí; de ahí el que existan tantos refranes que expresan lo mismo: «Quien siembra vientos, segará tempestades». «Quien mal anda, mal acaba». «Los molinos de Dios son lentos, pero muelen muy fino», etc.
1. El hombre cosecha lo mismo que siembra. La Naturaleza no se equivoca: «Cada cual según su especie». Así es también en el orden moral … El papa Alejandro VI (envenenado con el vino que preparó para otro). El duque de Guisa y Coligny (le dio puntapiés en la cabeza la noche de san Bartolomé y él los recibió del rey Enrique IV cuando fue asesinado en un banquete). Casos actuales: Mussolini, responsable de muchos asesinatos en Etiopía y en Europa (juzgado y ejecutado por unos campesinos del norte de Italia); Hitler, responsable de la muerte de millones de judíos y otros (tuvo que suicidarse encerrado en un bunker, al ver derrotadas sus tropas por el Este y el Oeste).
2. El hombre cosecha más de lo que siembra; nadie sembraría si no fuese así, y lo mismo sucede en el terreno moral (anécdota del recluso que exclamó: «Años de prisión por un momento»). (Anécdota: «El hombre que sembró cizaña en la viña de su vecino y, tras casarse con la hija, tuvo que trabajar años para arrancarla).
La condenación eterna por una vida de pecado. Afortunadamente, no solamente la semilla del mal produce en superabundancia; también la del bien. Una palabra a tiempo, una carta, un folleto, han rendido mil por uno. Una eternidad de gozo, por un acto de fe y una corta vida de servicio.
3. No se siembra y recoge al mismo tiempo: sería tonto pretenderlo. Los hijos de Jacob tardaron veinte años (Ec. 8:11–12). Tampoco Dios paga siempre en moneda de esta Tierra. Todos nuestros problemas y dudas provienen de la brevedad de la vida. El insecto que viera sembrar, si tuviera inteligencia, diría que se pierde el grano. Nuestra siembra, de bien o de mal es para la eternidad y sólo allí podrá ser visto su resultado. Por esto la creencia en la vida futura aumenta el valor de la presente (el dicho de Velázquez: «Pinto para la eternidad»). Así, podemos decir todos con respecto a nuestra vida presente.
4. Clases de semilla: el apóstol las divide en dos: De la carne y del espíritu …
a) Los frutos o semillas de la carne (véase cap. 5:19–21). Resultados desastrosos aquí y en la eternidad («¿Qué fruto tenías …?»—dice Pablo en Ro. 6:21–23)—; pero lo peor es el final: «El fin de ellas es muerte». Acelerar la muerte es uno de los resultados. Pero hay una declaración todavía peor: «No heredarán el Reino de Dios» (Gá. 5:21). Esaú vendió la herencia por un plato de lentejas. El Reino de Dios es la herencia de todos los que lo buscan, pero muchos prefieren una vanidad transitoria.
b) Las semillas del espíritu. Esto es: los hechos que proceden del Santo Espíritu de Dios (Gá. 5:22–25) (anécdota: el sueño de la rica avara que creía era su morada un palacio que vio en el Cielo, pero le dijeron que estaba preparada para su sirvienta, y ella tenía que contentarse con una choza).
5. Cómo variar la cosecha: ¿Qué se hace con aquel árbol que trae malos frutos? Por el injerto se le cambia la naturaleza. Afortunadamente existe el injerto espiritual, el nuevo nacimiento. Infusión de la vida de Cristo a nuestra alma por su santo Espíritu, que toma posesión de nuestro ser cuando nosotros nos convertimos a Dios. Puede ser una experiencia repentina o puede ser paulatina. No podemos explicarla, pero conocemos millares de experiencia. ¿Tenemos ya el injerto espiritual? ¿Es Cristo nuestro Salvador? ¿Vivimos la vida de Cristo? Hay quienes pretenden traer frutos de moralidad sin Cristo. Virtudes humanas que generalmente son hijas del orgullo. Pueden ser muy hermosas, pero vacías; como la cizaña, que se parece tanto al trigo, pero su espiga es hueca. Los frutos que nacen del amor a Cristo son desinteresados; esto es, no para que tenga suerte, sino porque ya la he tenido y trato de agradar a quien me salvó. Esta es la razón de los frutos cristianos.
CONCLUSIÓN: ¿Los estamos trayendo? Cristo quiere que los traigamos en abundancia (Jn. 14:5). Quitemos la planta vieja (el rebrote de nuestro viejo hombre que nos arrebata la savia del fervor cristiano). Vivamos sólo para Cristo, puesto que Dios no puede ser burlado en modo alguno: «Todo lo que el hombre sembrare, esto también segará».
160. UNA DECISIÓN ACERTADA
(Lucas 15:11–32)
INTRODUCCIÓN: todos conocemos la historia del hijo pródigo, la cual es una de las mejores ilustraciones con que Jesús muestra el secreto de la salvación por medio del arrepentimiento y la fe. Fijémonos en esta decisión y hagámonos tres preguntas acerca de la misma.
1. ¿Qué la provocó? «Vino una grande hambre en aquella provincia». Todos los hombres tenemos hambre de vida y de felicidad, desde el mismo momento en que existimos. Hay quienes son lo que llamamos afortunados en sus negocios y amontonan capitales que les permiten hacer algo semejante al hijo pródigo. Pero este mal gasto no hace sino empobrecerles más. Queman su salud y se encuentran después en la posición en que se encontró el pródigo:
a) «Perezco de hambre». Se apoderó del desgraciado el temor de la muerte. ¿No es esta la situación de millares de pecadores al acentuarse los signos de la vejez?
b) La esperanza de una reconciliación con su padre. Hay muchos que difieren esta decisión hasta que no pueden valerse de sí mismos y llaman al Viático, pensando en poner a su favor la intercesión de la Iglesia. Pero notemos que el hijo pródigo no buscó un compañero que abogase por él ante su padre; se decidió y emprendió el camino solo.
2. ¿Cuál fue la naturaleza de su resolución?
a) Levantarse, no quedarse tan solo a meditar sobre su situación.
b) Ir a su padre, aun cuando fuera largo y penoso. Afortunadamente no es éste el caso con los pecadores (Sal. 145:18). Jesús confirma esta experiencia del salmista en Mt. 6:6. En cualquier lugar podemos encontrar a Dios, pero a veces cuesta un largo camino el llegar a la resolución definitiva y moverse al arrepentimiento.
c) «A mi padre». Al ofendido … Posiblemente, se había visto chasqueado acudiendo a otros.
d) «Confesar su pecado». Nótese que en su confesión se reconoce culpable contra Dios y contra los hombres. Con esto Jesús da a entender que todo pecado que remuerda nuestras conciencias, aun cuando sea contra algún prójimo, es en primer término un pecado contra Dios.
3. ¿Cuál fue el resultado de su resolución?
a) Recibió el perdón. Nótese que el padre le besó antes de haber oído su confesión. Su actitud de volver era suficiente evidencia de lo que había en su corazón.
b) Recibió las credenciales de la categoría primitiva que le habría correspondido por ley natural. Los que arrepentidos acuden a Dios, invocando los méritos de Jesucristo, reciben las arras del Espíritu Santo (Ef. 1:13, 14; Ro. 8:16).
161. VALORES PERMANENTES
(Mateo 25:14–30 y Lc. 19:13–25)
INTRODUCCIÓN: el Señor pronunció dos parábolas bastante semejantes, aunque no idénticas. La de las Minas y la de los Talentos.
1. Parábola de las minas: presenta evidentemente el Evangelio. Un valor eterno que es dado a todos los servidores de Dios por igual. No es diferente el Evangelio de los grandes siervos de Dios al de los más humildes. Pedro lo considera superior al oro y la plata (1 P. 1:18, 19). Enriquece a todos por igual con la mayor riqueza, la de tener los pecados perdonados y ser hechos hijos de Dios (1 Jn. 1:12).
2. Parábola de los talentos: fueron dados a cada uno conforme a su facultad (v. 15). y representan los dones de cada uno …
a) De carácter natural, inteligencia, memoria, sensatez, dinero.
b) De carácter espiritual, fe, sabiduría de lo Alto, discernimiento, humildad, amor. Éstos son llamados también frutos del Espíritu, cuando nuestro espíritu acepta los impulsos que el Espíritu de Dios crea en nosotros.
3. En ambas parábolas, los dones de Dios tiene recompensa:
a) Según la diligencia con que han sido usadas.
b) El conocimiento del Evangelio puede ser escondido por falsa vergüenza, como el siervo del pañizuelo o proclamado con el celo de los apóstoles, y aunque la salvación es la misma no lo será la recompensa (2 P. 1:11).
c) Según este pasaje, la recompensa será triple:
—La aprobación del Señor: «Bien buen siervo y fiel» (2 Co. 5:9, 10).
—Un servicio más o menos honorable en la vida superior (Lc. 16:11, 12; Mt. 25:21–23).
4. La retribución por la infidelidad: hay muchos cristianos de nombre que son siervos falsos en la casa de Dios, o sea en las iglesias (que comprende la Iglesia, columna y apoyo de la verdad). Procuremos no ser ninguno de ellos, puesto que la retribución o castigo será también triple …
a) La reprensión del Señor (Mt. 25:26–27).
b) Destitución de lo que tiene (vv. 28, 29). En esta vida pueden tener honores y fama como servidores fieles, pero todo ello le será arrebatado cuando el fuego haga la prueba (1 Co. 3:12–15).
c) Según haya sido su comprensión del Evangelio y su conversión sincera o fingida, pueden encontrarse con:
d) Destierro a las tinieblas de afuera (v. 30). Esto es lo peor. Pérdida no solamente de los privilegios de los creyentes fieles, sino alejamiento de Dios por no haber sido regenerados (Ro. 3:23).
162. VIENDO Y GUSTANDO LA BONDAD DEL SEÑOR
(1 Pedro 2:1, 3)
INTRODUCCIÓN: el hecho de aceptar a Cristo y su Palabra es representado muchas veces en la Sagrada Escritura por la figura de comer. Aquí la figura es aún más refinada e ideal con la palabra «gustad». Multitud de personas gustan todos los platos que el mundo les ofrece, pero pierden el mejor. Algunos son concurrentes a reuniones cristianas, pero no participan de corazón en el plato de la bondad de Dios. David lo había experimentado y practicado desde su juventud y le parecía imposible que otros no lo hicieran y a ellos exhorta.
I. «Gustad y ved»
Fijémonos que utiliza dos figuras de cosas que pueden realizarse con la mente y la visión. En ambos sentidos el hombre pensador puede solazarse en la sabiduría de Dios. Los animales son felices hasta cierto punto y lo fueron al principio cuando este mundo antediluviano estaba regado cada mañana por un rocío que bajaba de las más altas partes de la atmósfera, y los animales no eran depredadores el más fuerte contra el más débil, porque todos ellos eran vegetarianos (Gn. 1:29, 30). Considerad el corderillo que salta ya desde su nacimiento, el pájaro que canta, el pez que nada feliz en medio de las aguas. Dios hizo su obra perfecta en edades pretéritas y rodeó al rey de los seres terrestres, creado a su imagen y semejanza, de toda clase de bendiciones materiales, mucho más que sus demás obras inferiores por la capacidad que le dio …
1. De disfrutar de la belleza con sus ojos.
2. De percibir los olores con su olfato.
3. De gustar de los sabores con su paladar.
El sol iluminando la Tierra, el aire, único gas enteramente transparente, el agua cristalina que sacia su sed. Dios podía haber hecho todas estas cosas con mayor escasez, pero su amor era guiado desde el principio por su gran sabiduría y poder.
II. Pero el hombre no era sólo un conglomerado de materia física …
Sino que poseía una doble naturaleza:
1. Física, lo mismo que los irracionales.
2. Espiritual, que es lo que le daba su semejanza a Dios mismo (v. 27), pues aunque el pecado ha hecho separación del hombre y Dios, muchos han hallado en la revelación divina placeres de orden espiritual y, comenzando con lo material como figura el salmista, había penetrado como fiel creyente y admirador de la obra de Dios en el sentido espiritual cuando dice: «Gustad y ved».
3. Todos los salmos participan de este doble sentido. véase en el Sal. 119 lo que David había encontrado en la revelación divina a pesar de lo poco que tenía en sus días de lo que hoy gozamos con tanta abundancia; a saber, de la palabra de Dios. No sabemos si David tuvo especiales revelaciones de Dios acerca de sus planes eternos, como sabemos que los tuvo Abraham, según He. 11:10–16, pero los creyentes hoy experimentamos que el mismo David era un productor de alimento espiritual que las almas cristianas han saboreado durante siglos. ¡Oh, si David hubiese tenido los Evangelios, las cartas apostólicas y el Apocalipsis como tenemos nosotros!, y aunque lo mismo que en la naturaleza en la revelación divina hay pasajes oscuros que nos ponen en perplejidad y Dios se esconde de nuestros sentidos materiales y humanos para que la fe tenga más valor. Millares de creyentes, como C.H. Spurgeon, han hallado en los salmos una verdadera tesorería de afirmaciones y promesas valiosa que les hace emplear esta figura tan fuerte, no sólo de ver las obras de Dios, lo que puede percibirse en gran parte por la vista y demás sentidos que Dios ha dado al hombre, sino «gustad», es decir, recrearos saboreando lo que Dios ha tenido a bien revelaros. Y en nuestra edad tenemos mayores motivos y posibilidades de las que tenía David.
III. ¿Cómo tenemos que hacerlo?
1. Apartándonos del pecado, o sea, menospreciando los platos humanos del placer (anécdota: Spurgeon invitado a comer algarrobas en una granja donde había saboreado leche y miel y dulces frutos, replicó a la invitación: «Si yo me hallara en la condición del hijo pródigo sí lo haría, pero después de lo que me habéis deleitado con manjares sabrosos no puedo admitir este manjar»).
2. Creciendo en la gracia y conocimiento del autor (anécdota: la señorita que leyó un libro que le pareció soso hasta que vino a ser novia del autor).
3. Creciendo en la vida cristiana. El crecimiento es demanda de alimento, tanto en el sentido material como en el espiritual, lo contrario implica enfermedad (2 P. 2:2, 3).
4. Por un acercamiento más íntimo al Señor. Pedro lo expresa con otra figura muy significativa: «al cual allegándoos» (2. P. 2:4). Algunos creyentes tienen prejuicios en contra de la lectura abundante de la Biblia y de libros buenos de autores fieles que los han comentado. ¡Qué error!
a) Si tienes vida de Dios, por un nuevo nacimiento genuino, comprenderás todas estas figuras y las pondrás en práctica.
b) Si no la tienes no des reposo a tu corazón hasta que puedas decir que eres una nueva criatura en Cristo.
163. CRISTO, LA PUERTA
(Juan 10:7)
Cristo es la respuesta …
1. Al favor y a la familia de Dios: hay sistemas religiosos que dicen poder llenar la necesidad del alma; ahora bien, ¿pueden hacerlo ren realidad? ¿pueden dar descanso y paz al alma, o enseñarle a apropiarse de las riquezas de la gracia de Dios? Su historia está llena de fracasos y desencantos. Tenemos que volvernos de todos estos sistemas religiosos y acudir a la verdadera Puerta de entrada a la felicidad y la vida eterna: Cristo el Señor. Por medio de Él somos aceptados, justificados, adoptados y santificados.
2. A todos los privilegios de la Iglesia: la Iglesia es el aprisco, un lugar de seguridad y protección, pero es necesario una puerta para entrar en ella. El Señor Jesús es el camino que conduce a la Iglesia de Dios. El alimento que hay en el aprisco es para las ovejas. Aquellos que entran en él por medio de Jesucristo son enriquecidos con el alimento espiritual de Dios.
3. A la comunión con Dios: aquí vamos más allá de la figura del aprisco, pues las almas redimidas deben tener comunión con Dios en los Cielos, y esta comunión sólo es posible por medio de Jesucristo. El predicador predica en el nombre de Jesús. La oración se ofrece en su nombre, y también en su nombre se canta la alabanza.
4. A la gloria eterna: Moisés pudo ver la gloria de Dios. En los Cielos nosotros podremos ver aquella gloria en toda su plenitud. Aquí vemos como por medio de un espejo, pero allí veremos cara a cara. El Señor Jesús ha ido al Cielo para preparar lugar para usted, pero Él volverá otra vez para llevarle consigo. ¡Oh, qué gloriosa experiencia será!
CONCLUSIÓN: ¿Cuál es su actitud hacia Cristo, la Puerta? ¿Ha venido al Padre por medio de Él? ¿Qué piensa usted de Cristo? ¿Es Él el todo en todo para usted?
164. LA PARÁBOLA DE LAS DIEZ VÍRGENES
(Mateo 25:1–13)
1. Examen del contexto: «Entonces …».
a) El Señor que vuelve, enfatizando la responsabilidad comunal* de la iglesia (24:44–51).
b) El Novio que vuelve, enfatizando la responsabilidad individual de la iglesia* (25:14–30).
c) El Maestro que vuelve, enfatizando la responsabilidad grandiosa de la iglesia* (25:14–30).
2. Los símbolos explicados: «… Semejante a …».
a) Vírgenes: toda la iglesia profesante.
b) Lámparas: el cristianismo superficial.
c) El aceite: el Espíritu Santo.
3. Se refuerza la advertencia: «Velad, pues …».
a) No suponiendo una fecha (1 Ts. 5:1–6).
b) Tampoco mirando al Cielo (Hch. 1:11).
c) Pero sí por medio de una vida santa, llena y guiada por el Espíritu Santo.
165. PUESTA DE SOL A MEDIODÍA
«Su sol se ha puesto siendo aún de día». (Jer. 15:9).
INTRODUCCIÓN: cualquiera que sea el significado literal de estas palabras, nos sugieren la muerte de una persona hacia la mitad de su vida. Dondequiera que vayamos, sobre tierra o mar, se ve la devastación hecha por la muerte, y cualquiera sea la estación del año o la hora del día en que visitemos las moradas de los hombres, la muerte se nos habrá adelantado. Sus tipos o figuras se muestran en todas partes; en la flor y la hierba marchita, en la hoja que cae y en el sol que se oculta. Cuando después de haber alcanzado el cenit, el sol comienza a descender, nos recuerda a una vida humana que parte inesperadamente en el esplendor de sus días.
1. El sol desciende de su órbita, por orden de Dios: el ha hecho la noche y el día, y gobierna los Cielos. Durante un período de unos seis mil años, Josué y Ezequías fueron los únicos que interfirieron en el curso del sol, y ésto, bajo la supervisión y el permiso de Dios. La vida, la muerte y todo lo relacionado con ellas, pertenecen a Dios. La muerte nunca nos visita sin el permiso divino.
2. El sol se esconde para el beneficio de la raza humana: o sea, para que el hombre pueda retirarse y descansar, recuperar fuerzas, y para que gentes de otras áreas de la Tierra puedan obtener luz y calor. La noche nos muestra cosas y seres que nunca vemos durante el día.
3. El sol a menudo se oculta demasiado rápido, para nuestro gusto: a pesar de las pruebas y tribulaciones de la vida, nos aferramos a ella. Incluso Moisés deseó vivir más tiempo para poder disfrutar más de las bellezas de la Tierra, pero su sol se ocultó de este lado del Jordán.
4. El sol tiene su tiempo natural para ocultarse: el hombre conoce el horario de la puesta de sol según las estaciones. Si el sol se ocultase antes de tiempo resultaría extraño e insólito. Así, cada ser humano espera vivir un cierto número de días. Cuando la vida se corta antes de tiempo parece algo antinatural, anormal y misterioso.
5. El sol se pone para volver a levantarse: en un breve intervalo de tiempo, vuelve a aparecer, ascendiendo por los Cielos en toda su majestad y esplendor. Así sucede con los que han partido. Aquellos que son de Cristo aparecerán otra vez en dorada magnificencia. Aquellos que no son del Señor se perderán para siempre. Vendrá el tiempo cuando este orbe del día descenderá y no volverá a elevarse, pero los que pertenecen a Dios seguirán viviendo en un lugar donde el sol jamás se pone.
6. Alegrémonos a la luz de esta revelación: Dios es el Padre de la luces, y hace todas las cosas bien. Tanto si nuestro ser amado se nos vaya en la mañana, el mediodía o en el atardecer de la vida, tendrá un levantarse glorioso en aquel día perfecto en el cual no habrá noche.
166. SEMBRANDO Y COSECHANDO
(Eclesiastés 11:1)
El cristiano campesino en el campo de Dios …
1. Siembra la semilla.
2. Quita los obstáculos que le impiden crecer.
3. Espera que crezca la semilla.
4. Pone sus esperanzas en la cosecha.
5. Depende de la bendición de Dios.
* De este modo fue descrito por G. Campbell Morgan.
Personajes masculinos
167. LA ORACIÓN QUE TRAJO LA LLUVIA
(1 Reyes 18:41–46)
Notemos algunas cosas interesantes sobre la oración que trajo la lluvia …
1. Elías se fue solo a hablar con Dios: ¡Oh, el privilegio y el poder de la oración secreta! Cuando los siervos de Dios están con Él cara a cara, sin ser perturbados por la presencia de otras persona, la oración alcanza su plano más elevado. Los hombres de poder en toda la historia de la iglesia han sido personas que han pasado mucho tiempo en lugar secreto orando a Dios. Allí han oído la voz del Señor y han visto claro la visión espiritual. También han recibido la comisión del Rey y sus labios han sido tocados con llama de fuego. Les ha llegado el revestimiento de poder, y sus corazones han sido cargados de amor para con los perdidos. Allí ha sido revelada la sed de la iglesia y dada la promesa para una lluvia de bendición abundante.
2. La oración del profeta era definida: se necesitaban muchas cosas, y eran cosas por las que había que pedir a Dios. Ahora bien, el profeta tenía un deseo supremo, y sobre esa petición enfocaba su fe. El deseaba lluvia, y la deseaba con toda su alma; tanto, que no podía pensar en otra cosa, ni tampoco pedir otra cosa. Lo que quería y necesitaba era lluvia. Y la consiguió. Hay muchas cosas que las iglesias tenemos necesidad, pero hay un deseo supremo que sobrepasa a todos los demás. Es la lluvia de bendición para una tierra seca: un verdadero avivamiento espiritual que se levante en medio de las iglesias y sacuda a las naciones con un verdadero terremoto moral.
3. Elías tenía fe: mientras que oraba, envió a un joven para que mirara si venía la respuesta. Esperaba con convicción alguna señal de tormenta. Si ésta no venía, se hubiese asombrado y desconcertado. ¡Mira otra vez! ¡Mira otra vez! Era el triunfo de la fe.
4. Elías mantuvo su fe hasta que vino la respuesta: por seis veces su siervo le comunicó que no veía nada. ¡Nada! Pero el profeta sabía lo que esperaba. Debía venir algo para la tierra seca y resquebrajada por la terrible sequía, algo para el sufriente pueblo de Israel. Así que, con la cabeza inclinada entre sus rodillas en señal de humillación y súplica, mantuvo su fe con toda resolución. Dios va a oír. Su brazo de liberación debe alargarse. Las ventanas del Cielo deben abrirse. Las fuentes de aguas deben derramarse.
CONCLUSIÓN: ¡Oh, pastores, ancianos, obreros de la Escuela Dominical, imitemos la actitud de Elías. Postrémonos en humillación y súplica. Oremos como nunca hemos orado antes. Roguemos por una necesidad grandiosa, con un sentido de pena y arrepentimiento debido a nuestra infidelidad del pasado. Manifiéstate a nosotros, oh Dios, danos visión por las necesidades de tu iglesia en tiempos de crisis. Haz que trabajemos incansablemente. Quita de nuestros ojos el sueño y danos una verdadera agonía por los deseos espirituales. Que podamos luchar hasta que la nube de la promesa aparezca en el Cielo. Esta es la clase de oración que trajo la lluvia en los días de crisis para Israel. Esta es la oración que traerá un avivamiento a la iglesia de Dios en nuestros tiempos, e inundará toda la Tierra con un gran diluvio de gracia.
168. ABRAHAM, HOMBRE DE FE
(Hebreos 11:8–17)
Las palabras, «por la fe» o «por fe» se citan en He. 11:8, 9, 17, especialmente, tocante a Abraham. De ellas, sacamos nuestros puntos …
1. Una fe obediente: «Por la fe Abraham … obedeció» (v. 8). Abraham como santo, separado para Dios.
2. Una fe perseverante: «Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena … porque esperaba ciudad con fundamentos …» (v. 9). Abraham como peregrino, morando en tiendas.
3. Una fe sacrificadora: «Por fe ofreció Abraham a Isaac …» (v. 17). Abraham, como Padre, sacrificando a su hijo. Era un vislumbre del infinito amor de Dios (véase Jn. 3:16).
169. SANSÓN Y DALILA
(Jueces 16:4–21)
INTRODUCCIÓN: tiempo, lugar y circunstancias. Historia que nos da varias enseñanzas prácticas para nuestra vida diaria …
1. Sansón era:
a) Fuerte.
b) Enérgico.
c) Valiente.
d) Inteligente.
e) Patriota.
f) Sencillo.
2. Dalila era:
a) Hermosa.
b) Astuta.
c) Patriota.
d) Perseverante
e) Falsa.
f) Malvada.
3. Sansón no era:
a) Religioso.
b) Cuidadoso de sí mismo
4. Dalila no era:
a) «Delicada».
b) Agradecida.
5. Sansón era tipo del cristiano.
6. Dalila es tipo de la tentación.
7. Cuando el hombre busca la tentación, cae en el pecado y lleva las consecuencias.
CONCLUSIÓN: enseñanzas principales:
—Debemos huir de toda ocasión de ofender a Dios.
—Debemos huir aun «de toda apariencia de mal» (1 Ts. 5:22).
«Reputación es lo que el hombre piensa que es, caracteres lo que Dios ve que eres».
170. LA PRUEBA DE LA FE
(Hebreos 11:17)
INTRODUCCIÓN: «Por fe ofreció Abraham a Isaac … y ofrecía el unigénito». La fe elevó a Abraham a la dignidad de ser llamado: El creyente Abraham. Las debilidades de Abraham fueron sepultadas por la gracia de Dios, y en su prueba de ofrecer a su hijo, su único, se nota un carácter pleno de convicción, y un corazón seguro de amor hacia Dios. Notemos los pasos de su prueba de fe …
1. Fue un llamamiento personal: Abraham dame tu hijo único …
a) Para una prueba de amor.
b) Para una prueba de fe.
c) Para un propósito determinado.
2. Fue un llamamiento a un lugar:
a) De sacrificio y muerte.
b) De separación y consagración.
c) De libertad, gozo y poder.
d) De revelación y comunión.
3. Fue un llamamiento supremo:
a) Sin apelación: «Heme aquí». Aquí estoy para que haga, oh Dios, tu voluntad.
b) De urgencia: «Vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí».
c) Con fines de altura: «Al tercer día Abraham alzó sus ojos».
CONCLUSIÓN:
—Dios quiere que el creyente alce sus ojos y busque la bendición que viene de arriba.
—Dios reclama nuestro amor en compensación de su amor.
—Dios reclama fe para los grandes actos de la vida.
—Dios premia la fe heroica de sus hijos.
171. UN SUEÑO Y UN ENCUENTRO
(Génesis 28:15)
INTRODUCCIÓN: Dios es una realidad cotidiana, aun en el mundo de los sueños. Jacob fue sorprendido por la divina presencia en lugar común, inesperadamente, cuando huía hacia Harán, en busca de mejores horizontes. En su sueño oyó la voz de Dios decir: «Yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que fueres». Al despertar de su sueño, Jacob dijo: «Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía».
1. El sueño revelador:
a) Dios omnipresente: «está en este lugar, y yo no lo sabia».
b) El Cielo y la Tierra se comunican por la escalera angelical.
c) El lugar desolado y árido se trueca en lugar de posibilidades. No estás solo: «Yo estoy contigo».
2. El encuentro con Dios:
a) Ilumina su tiniebla: «Dios está aquí … y yo no lo sabía».
b) Le da nueva vida: «Yo te guardaré dondequiera que fueres»…
c) Cambia su paisaje de soledad humana en compañerismo divino. ¡Esto es lo que el hombre necesita!
3. Visión de cumbre:
a) La escalera apoyada en tierra toca el Cielo: la cruz de Cristo apoyada en el Calvario, toca el Cielo
b) La presencia de Dios es una eterna realidad: «El Maestro está aquí y te llama» (Jn. 11:28). «Dios está en este lugar».
c) La visión conduce a nuevos pasos: Jacob se levantó e hizo un monumento y un voto de consagración al Señor.
CONCLUSIÓN:
—Dios es una realidad espiritual necesaria.
—La realización de su presencia es una bendición.
—Con él todo cambia: de lo temporal a lo eterno.
172. SAMUEL, EL SIERVO
(1 Samuel 3)
1. El siervo que oye: «Tu siervo oye» (v. 9).
2. El siervo humilde: «Abrió las puertas» (v. 15).
3. El siervo diligente: «Y él respondió: Heme aquí» (v. 16).
4. El siervo fiel: «Sin encubrirle nada» (v. 18).
5. El siervo que hacía progresos: «Y Samuel creció» (v. 19).
6. El siervo privilegiado: «Y Jehová estaba con él» (v. 19).
7. El siervo poderoso: no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.
8. El siervo distinguido: «Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová» (v. 20).
173. LA DEMANDA DE UN VALIENTE
(Josué 14:6–15)
INTRODUCCIÓN: Caleb es todo un hombre. Su nombre significa «perro», según la mayoría de los intérpretes. Nombre humilde; pero nos recuerda su fidelidad y su bravura Otros dicen que significa «todo corazón». Lo que también nos recuerda la integridad de su vida. En Cades demostró su entereza y su valor fundados en su piedad. En esta ocasión confirma el concepto que teníamos de él.
Consideremos …
1. La promesa de Dios a Caleb:
a) La ocasión (refiérase la historia de Nm. 13 y 14): allí se probó su fidelidad a Dios. Tenía verdadera fe; dio testimonio de ella; urgía al pueblo a la obediencia. Honró a Dios exponiendo su vida. Su espíritu agrado a Dios, y recibió la promesa.
b) La bendición prometida: vida … Entrada en Canaán … Goce de herencia definida allí. En cambio, los otros perecieron. Hay siempre bendición grande para el fiel.
c) La memoria de aquella promesa: Caleb no la olvidó … Siempre estuvo seguro de su cumplimiento. Si se había cumplido el castigo de los diez. con mayor razón la promesa de él. Vio cómo avanzaba el cumplimiento: Estaban ya en Canaán, vivía, estaba fuerte. Esto mismo le hace demandar la promesa.
2. La petición de Caleb:
a) Fue una demanda respetuosa. Josué era su compañero, pero era el Jefe. Habla con franqueza, pero con respeto.
b) Oportuna: ya habían sido vencidos 31 reyes. Se había principiado a hacer la repartición de la tierra. Caleb había peleado junto con los demás. No se anticipa, no es egoísta.
c) Atrevida: no pide de la tierra conquistada. No lo fácil, era país de gigantes. No pide que el pueblo lo ayude. Cuán pocos son los que saben lanzarse a la conquista de lo difícil (ej.: la petición de Eliseo, en 2 R. 2:10).
d) Inspirada en la fe: «Quizás Jehová será conmigo». No confía en su fuerza. Era lección que había aprendido.
3. La posesión de la herencia: hay diferencia entre propiedad y posesión. Israel nunca llegó a poseer todo lo que Dios le había dado. Véanse los límites marcados en Jos. 1:4. Los cristianos nunca llegamos a gozar todo el bien que pudiéramos tener: incredulidad, negligencia y temor lo impiden. En cuanto a Caleb …
a) Dios le dio fuerza y elementos para la conquista de su heredad (15:14): siempre lo hace así el Señor con los que tienen fe.
b) La gozó él y la dejo en herencia a sus hijos (15:16–19).
CONCLUSIÓN: Dios cumple sus promesas. Hagámoslas nuestras mediante la fe, la obediencia y el valor.
174. LA HISTORIA DE UN CRIMEN
(Génesis 37:18–32)
INTRODUCCIÓN: la historia de José, una de las más bellas del Antiguo Testamento. José un tipo de Cristo. Aborrecido de sus hermanos; vendido; llevando bendición a los gentiles; perdonando. Pero fijémonos por ahora en las lecciones que nos da la historia del gran pecado de sus hermanos …
1. La génesis de su pecado: la envidia. Ésta reconocía tres causas …
a) La preferencia de su padre. Jacob fue, quizás, imprudente en la expresión de su preferencia, pero tenía razón de ser: hijo de Raquel, hermoso, bueno. Lo aborrecen en vez de tratar de hacerse dignos de igual cariño.
b) La preferencia divina: está expresada en los sueños de José. Comprenden que Dios lo destina a grandes cosas. Su envidia supone inconformidad con la voluntad divina. Tal es hoy la envidia de muchos.
c) La superioridad de su carácter: sin duda, era mejor que ellos. Feos pecados de Rubén y los demás. Virtudes de José demostradas después.
La envidia los llevó al odio (1 Jn. 3:15). Deseaban su muerte; y la procuraron luego. He aquí el peligro de alimentar en el corazón un mal sentimiento, especialmente, el de la envidia: una pequeña semilla que produce un gran árbol …
2. La consumación del crimen:
a) El acuerdo primero: matarlo. ¿Quién lo sugirió? Todos lo pensaban. Y él venía con un mensaje de amor de parte de su padre
b) El consejo de Rubén: no parece tan perverso como sus hermanos. Su plan, volverlo a su padre. Su falta de valor para oponerse francamente a la comisión del crimen. Culpable, ¿por qué calló después? Su consejo aceptado, quedaba más tranquila su conciencia. Se sientan a comer.
c) La proposición de Judá: «¿Qué provecho …?» Ojalá lo hubieran considerado. Jamás se saca provecho del pecado. El provecho de Judas. Pero esto descarga su conciencia. Pero, ¿no era mayor crueldad venderlo como esclavo que matarlo?
d) La venta consumada: no valen ruegos de su hermano. Imposible después deshacer el mal.
3. Las consecuencias:
a) Los sufrimientos de José: fueron grandes, y peores pudieran haber sido, si Dios no lo protege.
b) Los de Jacob (vs. 33–35): por más de veinte años, llevó aquel pesar en su corazón.
c) Los de ellos mismos: el pecado quita la paz del corazón. La desesperación de Rubén (v. 30). Los remordimientos de todos ante el dolor de su padre. Hipócritas consuelos. Memoria acusadora (42:21). Temor de venganza (50:15). El pecado siempre trae sufrimiento: hace sufrir a Dios; causó lo agonía de Cristo; es espina en el corazón; y si no es perdonado, lleva al infierno.
4. Dios, sacando bien del mal:
a) José fue bendecido, y hecho causa de bendición.
b) Sus hermanos fueron corregidos. Fueron destruidos los gérmenes de disensión entre ellos.
5. Se cumplieron los propósitos divinos. La nación hebrea pudo formarse en medio de pruebas y disciplina que la unificaron.
CONCLUSIÓN: sólo el poder y la misericordia de Dios son capaces de evitar peores consecuencias, y librarnos de la maldición de nuestros pecados. Confesémoslos.
175. EL PRECIO DE LA DESOBEDIENCIA
(Jonás 1:3)
1. Es costoso servir a Dios:
a) En ningún lugar en toda la Biblia se describe la vida cristiana como una vida fácil y barata.
b) El Señor Jesús dijo: «Vende todo lo que tienes, y repártelo entre los pobres».
2. Es aún más costoso no servir a Dios:
a) Le costó a Jonás la elevada posición de profeta.
b) Le costó además el favor de sus compañeros, y un alto costo en bienes materiales.
3. Dios muestra misericordia a un siervo desobediente:
a) Jonás podía no haber tenido una segunda oportunidad. Dios no está obligado a hacerlo.
b) En su misericordia y amor, Dios hace que desobedecer sea difícil, y que sea fácil arrepentirse y volver a Él.
176. TAN CERCA Y TAN LEJOS
(Marcos 10:21)
INTRODUCCIÓN: esta historia es de carácter triste, porque narra el fracaso, no de un hombre joven impío, sino de alguien que tenía muchas características nobles y también muchas ventajas.
1. Él estaba cerca:
a) Era religioso.
b) Tenía una buena moral.
c) Había sido bien educado en una casa religiosa.
d) No tuvo vergüenza del pueblo de acercarse al Señor Jesús.
e) No tenía prejuicios en su actitud hacia el Señor Jesús.
2. Él estaba lejos:
a) A pesar de todas sus ventajas, estaba muy lejos del Reino de Dios.
b) Su «yo» estaba aún ensimismado en sus propios caminos; «¿qué haré para heredar la vida eterna?».
—Suponer que podemos hacer méritos para ganar la salvación es una verdadera locura.
—Es imposible tener a Cristo y retener aún el «yo».
c) Su fracaso fue tan trágico como el del más malo de los hombres.
3. Él se fue triste:
a) Había perdido su búsqueda.
b) Había perdido su felicidad.
c) Había perdido a Cristo.
177. LA FIDELIDAD DE DANIEL EN LA ORACIÓN
(Daniel 6:10)
INTRODUCCIÓN: Daniel fue un hombre muy amado de Dios, pero muy odiado de los hombres. Los príncipes de Babilonia buscaron su caída, y como ellos no pudieron culparle de incapacidad, ni de infidelidad, convencieron al rey para que promulgara un edicto que pusiera fin a las oraciones de Daniel. Seis cosas se dicen acerca de las oraciones de Daniel (v. 4).
Fueron:
1. Secretas: «Entró en su casa» La oración secreta es un deber importante. «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento … etc.» (Mt. 6:6). La oración secreta es el secreto para la fuerza, el deber, las pruebas, y tentaciones del creyente.
2. Creyendo: «… y abiertas las ventanas de su cámara que daban a Jerusalén …» Los judíos siempre oraban mirando hacia Jerusalén, el lugar donde se hacía memoria del Nombre de Dios, y donde los sacrificios divinamente señalados eran ofrecidos: tipos del sacrificio expiatorio de Cristo (Jon. 2:4).
3. Reverencial: «… se arrodillaba … por esta causa doblo mis rodillas» (Ef. 3:14).
4. Habitual: «… tres veces al día … como lo solía hacer antes».
5. Agradecido: «… y oraba y daba gracias delante de Dios, como lo solía hacer antes».
6. Valeroso: «ni acata el edicto que tú firmaste …». Debemos de usar todos los medios legales para preservar nuestras vidas. No debemos usar los medios ilegales, porque «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch. 5:29).
178. LA FILOSOFÍA Y EL NIÑO
«Y como fue nacido Jesús en Bethlehem de Judea, en días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del Oriente a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el Oriente, y venimos a adorarle» (Mt. 2:1, 2).
INTRODUCCIÓN: no sabemos definitivamente de qué parte del Oriente vinieron los magos, probablemente de Persia, o de alguno de los países circunvecinos. La tradición dice que eran tres reyes, lo cual nosotros descartamos. Pueden haber sido reyes, pueden haber sido súbditos, pueden haber sido tres o pueden haber sido trece, porque el evangelista no dice nada sobre el asunto. De todo lo que nosotros tenemos constancia por lo que podemos ver en la narración es que eran hombres de considerable riqueza, y de muy elevada posición social como para obtener de Herodes una recepción cortés y un trato considerado. Eran generalmente conocidos como magos los sacerdotes y los filósofos del Oriente. La forma particular que su filosofía tomó era la de la astrología, o el estudio de las estrellas y su influencia sobre el destino humano. Creían que los Cielos indicaban y probablemente moldeaban el curso de la historia humana. Esta creencia de ellos es obviamente notable en las palabras del texto: «Su estrella hemos visto en el Oriente, y venimos a adorarle».
1. Los magos buscando al Cristo:
a) Se nos presentan aquí como buscadores: el buscar es una condición que todos los hombres sabios de todas las edades deben reconocer que es necesaria para poder hallar. Hay algunos que hallan a Cristo sin buscarlo, otros lo encuentran como resultado de la búsqueda. Estos eran comerciantes en un sentido espiritual. Era su profesión buscar los tesoros de la sabiduría y del conocimiento; en el curso de sus estudios posiblemente habían hecho algunos descubrimientos; pero ninguno de esos descubrimientos pudo saciar el anhelo de la mente; tuvieron que continuar buscando. Y es notable que lo que nosotros llamamos conversiones repentinas pocas veces se verifican entre las clases inteligentes de la comunidad. Las masas oscuras todavía son visitadas por repentinos rayos de luz celestial; pero se espera de los sabios de todos los tiempos que busquen para encontrar, que sigan la luz brillante de las estrellas antes de tener el privilegio de ver el sol. La luz espiritual generalmente viene en recompensa de una sincera investigación.
b) La historia nos enseña además que eran buscadores fervientes: se nos da abundante evidencia en el contexto. Dejaron sus hogares en el Oriente; vencieron dificultades en el camino y en Jerusalén, dificultades que habrían desanimado los corazones de millares; ofrecieron liberalmente de su substancia: oro, incienso y mirra; y además incurrieron en un gran gasto. Su anhelo de sabiduría era sencillamente atormentador. No fue la sombra de las cosas que ellos habían visto repetidamente en los Cielos, como visiones y sueños fugaces, ni las cosas que ellos todavía no habían contemplado, sino la visión del vislumbre fue suficiente para convencerlos de que la realidad existía en alguna parte.
c) Además aprendemos de esta narración que los hombres sabios buscaron reverentemente a Cristo: todo el contexto da testimonio de su profunda reverencia. Vieron la misteriosa y maravillosa estrella en el oriente, y siguieron su curso; podía hablarles a ellos de cosas más elevadas que la navegación, y del mejor tiempo para izar las velas al Viento; podía hablarles de la adoración; y habiendo encontrado al Niño, a pesar de encontrarlo en un lugar muy humilde, cayeron ante él y lo adoraron. Declararon que hablan venido del lejano Oriente con el expreso propósito de adorar. Seguramente su sentido de veneración debe haber sido muy intenso para inducirlos a viajar, a recorrer toda aquella distancia para satisfacer su anhelo. «Venimos a adorarle». Es agradable considerar que esto sucedió en una época en que por lo infructuoso de las búsquedas anteriores, la gente había sido arrastrada a la superstición o la incredulidad. Había suficientes gentes crédulas: la astrología había degenerado en magia. Había suficientes burladores. la filosofía había degenerado en escepticismo; pero he aquí un grupo de hombres que todavía creía en la existencia de la verdad, y quienes impregnados de reverencia que rayaba en temor reverencial, incurrieron en grandes molestias y gastos, y se encaminaron en una peregrinación para buscar la verdad.
d) Además aprendemos de esta historia que Dios los ayudó en su búsqueda: «Su estrella hemos visto en el oriente». Esta estrella ha causado gran discusión infructuosa. Dios la puso en el Cielo para guiar a los hombres sabios de antaño; pero de una manera o de otra sirve para confundir a los sabios del presente. Algunos suponen que era un cometa; otros que era un meteoro especial que obedecía leyes especiales; otros ven en ella el Shekinah del judaísmo. Kepler llegó a la conclusión de que fue una extraña conjunción de tres planetas: Júpiter, Saturno y Marte y otra estrella tal como ocurrió otra vez en el año de 1603. Sus cálculos astronómicos están perfectamente de acuerdo con la aparición de la estrella de los magos. Parece ciertamente una explicación creíble. Los otros puntos de vista no son más que suposiciones. Esta es una suposición apoyada por la demostración. Pero cualquiera que sea la hipótesis que adoptemos, debemos llegar a esta conclusión: la estrella fue para los sabios una guía sobrenatural. Por medio de ella Dios los guió a la cuna del Infante Redentor.
2. Los hombres sabios encuentran al Cristo:
a) Permítasenos aquí hacer notar que estaban buscando a una persona: no estaban buscando un sistema, ni una teoría, ni una religión: sus corazones estaban resueltos a buscar a una Persona. El hombre no puede encontrar descanso en un sistema, aunque sea un sistema correcto; no puede encontrar paz en una teoría, aunque sea la verdadera; no puede encontrar quietud en una religión, aunque sea una religión divina: el judaísmo era divino, pero no proporcionó un hogar para el corazón humano. Yo soy una persona, y sólo en una Persona puedo encontrar el reposo. Si yo fuera sólo una cosa, podría encontrarme a gusto entre las cosas. Si yo fuera sólo un intelecto, podría encontrar descanso en una teoría. Si yo fuera sólo una conciencia, podría encontrar paz en la religión. Pero yo soy diferente de cada una de estas cosas y diferente de la suma total. Yo soy una persona y sólo en una Persona puedo encontrar descanso. Toda mi naturaleza clama: «¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido?»
b) Pero no fue una mera persona la que ellos buscaban, la persona debía ser un Rey: el hombre está creado para señorear y tener dominio; pero es igualmente cierto, y mucho más cierto aún, que fue hecho para servir y obedecer. Está profundamente grabado en su naturaleza que él es un súbdito, y que en sujeción encontrará su verdadera felicidad; por tanto ha estado buscando durante las edades a un Rey. «¿Dónde está el Rey que ha nacido?» claman las naciones. «Ya estamos hartos de los reyes que ustedes fabrican y de los príncipes manufacturados; denos un rey cuya corona sea el florecimiento de su naturaleza, y cuyo cetro sea el resultado de su corazón; dennos uno que haya sido nacido Rey».
c) Más aún, la historia nos enseña que ellos buscaban un Rey y encontraron un niño: hay aquí algo muy notable en el hecho de que ellos vinieron del lejano Oriente y después de toda su peregrinación y su búsqueda encontraron solamente un Niño. Sin embargo, fue digno de todo su trabajo y molestia el aprender la difícil pero preciosa lección de que la verdadera grandeza consiste en ser semejantes a los niños. El mundo a través de todas las edades ha estado alejándose del Niño; su noción de grandeza está en un polo muy opuesto. «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra». El antiguo mundo alcanzó la meta de su. educación al reconocer v adorar como niños a la Divinidad. «Si no os volviereis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos».
d) Habiendo encontrado al Niño, su búsqueda finalizó: habían alcanzado plenamente su objeto. «La estrella … se puso sobre donde estaba el niño». El Cielo y la Tierra aquí encontraron un lugar de reposo. Las inteligencias angélicas sin duda habían estado buscando la verdad a través de las edades; y, habiendo hecho un descubrimiento daban las espaldas a él y procedían a hacer otro; habiendo descubierto una verdad la dejaron atrás y continuaron en busca de una más grande; pero aquí al fin ellos alcanzaron el clímax de la verdad—habían descubierto al Rey—más allá de esto no podían ir. «La estrella se puso sobre donde estaba el niño». El Cielo había encontrado un lugar de descanso.
e) Habiéndolo encontrado, «postrándose le adoraron»: éste es un espectáculo memorable. Los sabios, con sus cabelleras grises por la edad, sus largas y plateadas barbas que les llegaban hasta el pecho, y aquella mirada misteriosa que el estudio de la astrología y el continuo atisbar en el futuro inevitablemente engendra, combinados con la visión inusitada de la jerarquía oriental, los antiguos y renombrados representantes de las riquezas, de las filosofías, y de las religiones del mundo, postrados ante el Infante … «postrándose. le adoraron».
CONCLUSIÓN: ellos son los únicos y los primeros frutos. La cosecha había de seguir. Los príncipes de este mundo han de inclinarse ante él. «Postrándose, le adoraron; Y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro e incienso y mirra». ¿Oyen ustedes ricos de Londres?» ¡Oro! ¡Oro! ¡Oro! e incienso, y mirra». He aquí una culminación de la religión, la unión de la devoción y el servicio. Los ángeles, según la visión, tienen alas; pero debajo de las alas tienen manos. Tienen alas con las cuales cubrirse ante la divina presencia; tienen manos para hacerse útiles en el servicio divino. «El ala y la mano»: la piedad primero, después la utilidad. «Postrándose, le adoraron». Allí vemos la piedad. «Y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro e incienso y mirra». Allí vemos la utilidad. Parece que algunos cristianos tienen alas, pero no tienen manos; otros parece que tienen manos, pero no tienen alas; pero el cristiano perfecto, como el ángel perfecto, tiene alas y manos: alas para unirse en la adoración a Dios, manos para servir en la iglesia de Dios.
179. ¿QUÉ ES LO QUE DIOS QUIERE?
(Miqueas 6:6–8)
Ejemplos de la Palabra de Dios …
1. Un escriba (Mr. 12:28–34):
a) Un escriba que se suponía que se sentaba en la cátedra de Moisés, para interpretar la ley.
b) Era una persona discreta; tenía su teoría. Aunque estaba perdido, el Señor Jesús le dijo que no estaba lejos del Reino de Dios.
2. Un gobernador:
a) Félix (Hch. 24:25–27):
—Pablo razonaba con él, y le señalaba el terrible efecto de sus pecados.
—Félix temía, pero estaba perdido.
b) Pilato (Jn. 18:37–19:22):
—Escuchó todas las evidencias en el juicio de Cristo, y dijo, «Yo no hallo en él ningún delito». (Jn. 18:38).
—No tenía valor para mantener sus sinceras convicciones.
3. Un rey (Agripa II) (Hch. 26:28):
a) Le dio a Pablo una oportunidad para defender sus acciones en respuesta a los cargos que le hacían los judíos.
b) El argumento de Pablo era tan convincente que Agripa dijo: «Por poco me persuades a hacerme cristiano».
4. Un joven rico (Mt. 19:16–22):
a) Había guardado todos los mandamientos.
b) Vino a Cristo para recibir más instrucciones de Él mismo.
c) Le faltaba sólo una cosa: y aun así, estaba perdido.
5. Un ministro (Judas) (Lc. 6:1–16):
a) Estaba con el Maestro.
b) Fue vencido por Satanás y se perdió para siempre.
6. Un marido y una esposa (Ananías y Safira) (Hch. 5:1–13):
a) Decidieron engañar a la Iglesia.
b) Fueron sorprendidos y ambos murieron, perdiéndose.
180. LAS ANGUSTIAS DE JONÁS Y SU REMEDIO
(Jonás: 2:7–9)
INTRODUCCIÓN: no pudo negar que tenía sus angustias. Estaba dentro del estómago del pez sufriendo (descríbase cómo se sentía allí) (vv. 2–7).
1. La causa de sus angustias:
a) El mismo tenía la culpa. Y una cosa buena tenía Jonás: no le echaba la culpa a otro (1:10). Muchos hay que pecan y tienen angustias, y luego echan la culpa a la sociedad, a sus padres, a los malos compañeros, a todos, menos a sí mismos.
b) Sabía que era castigo de Dios (2:3).
c) Reconoció que el pecado trae el mal (2:8).
2. El remedio de sus angustias:
a) Reconocía que Dios puede librar aun de lo que parece ser la muerte inevitable (2:2): Sheol, lugar de los espíritus de los muertos, (equivocadamente aquí traducido «infierno») parecía ya haberse apoderado de él.
b) «La oración cambia las cosas»: cuando Jonás empezó a orar, el pez ya estaba en camino hacia la tierra, para vomitarlo en tierra seca. Pues Dios si libra, y el pez le obedece, como toda la naturaleza obedece a Dios cuando él manda.
c) Las angustias y dificultades llevan a uno a acordarse de Dios. Un viejo cristiano negro dijo: «Yo siempre oro; pero parece que son más eficaces mis oraciones cuando estoy en apuros».
d) Jonás aceptó una tarea desagradable (2:9). Muchas veces un cristiano tiene que hacer eso; pero generalmente al aceptarla de corazón pronto deja de ser desagradable. La dificultad con Jonás fue que aceptó de boca. pero no de corazón.
e) Jonás hizo promesas a Dios (2:9). Hay gentes hoy día que se jactan de que nunca hacen promesas. Pero en su vida diaria las hacen todo el tiempo. ¿Cómo se casa uno sin hacer promesas? ¿Cómo pide prestado si no promete pagar la cuenta? También a Dios debemos hacer promesas, y luego tratar de cumplirlas.
f) Jonás se rindió a Jehová.
CONCLUSIÓN: vamos a hacer paz también con Dios, prometiendo obedecerle inmediatamente.
181. LO QUE LE COSTÓ A JONÁS REBELARSE CONTRA DIOS
(Jonás 1:3)
INTRODUCCIÓN: algunas lecciones de este libro …
—Dios tiene trabajo para cada uno de sus siervos.
—Dios nos dice qué debemos hacer.
—Él que se rebela contra Dios tendrá que pagar su rebelión.
1. A pesar de ser Jonás tan indigno, Dios lo escogió para trabajo alto, lugar escogido y puesto honroso:
a) Ser el primer gran misionero para el extranjero.
b) Traer al arrepentimiento a una ciudad grande.
c) Mostrar el amor y compasión que tiene para todas las razas y gentes.
d) Ser prototipo de Jesucristo en su muerte.
2. Dios enseñó a Jonás su voluntad:
a) A veces Dios hace esto con un «silbo apacible y delicado».
b) A veces habla con voz audible y mando directo.
c) En todo caso, cuando Dios quiere que hagamos algo, nos lo muestra.
d) Mientras debemos estar en espera, siempre preguntando: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?», como preguntó Pablo.
e) Como se rebeló Jonás, nos podemos también revelar; y, como él, pagar el precio.
3. Lo que pagó Jonás por su rebelión:
a) Su propia conciencia lo condenaba.
b) Su nombre fue deshonrado: por todos los siglos ha sido centro de desprecio y burla.
c) Fue hecho espectáculo al mundo: hace muchos años, leí en los periódicos acerca de un marinero noruego, quien fue tragado por una ballena mientras la pescaba. Los compañeros lograron matar la ballena, y dentro de una hora lo sacaron del vientre de la ballena. Vivió; pero como el estómago de la ballena había comenzado a digerirlo, la piel del hombre se había teñido de color café, y su cabello se había tornado de color blanco amarillento. Por toda la vida después fue distinto de los demás, un espectáculo para todos. Así le ha de haber pasado a Jonás.
d) Fue puesto en vergüenza ante los pecadores: los marineros lo vieron con horror. Los de Nínive casi no tuvieron necesidad de sermón, pues el mismo predicador era un poderoso sermón del castigo divino.
e) Aunque su mensaje fue creído y recibido, él mismo fue desacreditado y rechazado, tanto entre los gentiles como entre los judíos, y hasta por Dios mismo.
f) Perdió la grande satisfacción y el gozo del que sirve a Jehová.
g) Tuvo que pasar por experiencias terribles, como los tres días en el vientre del pez, y como desmayarse de sol junto a la calabacera.
h) Por el resto de la vida fue un hombre más pequeño, más vil, de menos categoría.
CONCLUSIÓN: el camino divino es el mejor ¿Por qué no aceptarlo de una vez? ¿Quién se entregará hoy a Dios, prometiendo servirle como él diga, cuando venga la llamada divina?
182. VIVIR Y ANDAR CON DIOS
«Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios» (Gn. 5:24).
INTRODUCCIÓN: en este pasaje, encontramos el primer relato de una persona que vivió y anduvo con Dios todos los días de su vida. Su vida fue muy diferente de la vida que muchos llamados cristianos quieren llevar, o mejor dicho llevan; pues algunas veces quieren andar con Dios y al mismo tiempo con el mundo. Es decir, quieren tener un pie en los caminos del mundo y otro en los caminos de Cristo. Son muchas las causas que se interponen entre los buenos deseos de andar y vivir con Dios; entre éstas están: Satanás, la carne y el mundo. Cuántas personas que saben lo hermoso que es andar y vivir con Dios, prefieren perder todo por seguir el mundo y sus falsos encantos. Pablo con suma tristeza decía de su joven colaborador en el Evangelio, Demas: «Porque Demas me ha desamparado»; en otras palabras más claras: «Me ha dejado porque ama a sus amigos del mundo más que a sus amigos cristianos». Muchos no queremos andar y vivir con Dios aunque sabemos que esto es lo mejor, porque nos encontramos apegados, engreídos a las cosas de la Tierra, y engolfados en las pocas o muchas riquezas que hemos podido adquirir. ¿Quién fue Enoc, el héroe de nuestra historia? ¿Qué significa su nombre? Fue el padre de Mathusalem, aquel venerable varón que tiene el campeonato universal de larga vida, según Gn. 5:27, que a la letra dice: «Fueron, pues, los días de Mathusalem, novecientos sesenta y nueve años, y murió». El nombre de Enoc, ¿qué significa? Este nombre significa dedicado, y su significado está de acuerdo con su vida de piedad, de santidad, de consagración a Dios. Enoc, a pesar de que vivió en un ambiente de incredulidad, impiedad y perversidad, pudo mantenerse fiel y andar y vivir con Dios; y ello le valió para que al fin de su jornada fuera llevado por Dios, sin ver muerte. Como sin ver muerte el profeta Elías fue trasladado al Cielo en un carro de fuego. Ahora pasemos a considerar algunos de los requisitos que hay que llenar, si queremos vivir y andar con Dios.
1. Estar vivos: en otras palabras, que estemos regenerados, que se haya efectuado en nosotros ese cambio de vida que se llama «nuevo nacimiento», usando como medio la palabra de Dios y sien do su autor el Espíritu Santo. A esto el apóstol Pablo, por el Espíritu Santo, le llama: nueva criatura. Con razón, la Escritura dice a los cristianos también: «Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo» (Ef. 5:14). Vivimos en una época en que estamos dormidos para las cosas espirituales y celestiales; pero muy despiertos para las cosas materiales y del mundo. Son millón es los que duermen espiritualmente; con razón dice uno de nuestros poetas: «No son muertos los que en dulce calma, reposan en la tumba fría: muertos son los que tienen muerta el alma, y viven todavía». Si queremos vivir y andar con Dios estemos despiertos para las cosas del alma, y vivos para las cosas eternas: para los intereses de arriba. Si andáis con Dios buscad las cosas de arriba, donde está Cristo nuestro hermano mayor y maestro maravilloso. Hay un dicho popular que encierra una gran verdad: «Pescado que se duerme se lo lleva la corriente». No durmamos espiritualmente, porque si lo hacemos, corremos el peligro de que nos lleve la corriente mundanal, como pasó con Demas, el compañero de Pablo.
2. Ser activos: si queremos andar y vivir con Dios, debemos ser activos en la obra del Señor. En el trabajo del Maestro no hay lugar para los inactivos o perezosos Todo miembro de nuestro cuerpo que no se usa se atrofia y llega a ser inútil. El agua que corre por valles y ríos lleva a la tierra vida y alegría; pero la que se estanca, se corrompe y malea la tierra. En cualquiera empresa y fábrica, cuando hay un «reajuste» los primeros que lo experimentan son los inactivos y perezosos. Si eso pasa en las cosas seculares, con mucha más razón en las cosas espirituales. Oigamos lo que dice la Escritura: «Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Mas porque eres tibio y no frío, ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Ap. 3:15, 16). Pablo, dirigiéndose a los romanos, les da una buena receta, y con ellos a nosotros, cuando dice: «En el cuidado no perezosos, ardientes en espíritu, sirviendo al Señor»; y le agregamos nosotros: andando con Dios.
3. Estar de acuerdo con Dios: si queremos vivir y andar con Dios, debemos estar de acuerdo con Él y obedecer su voluntad divina. Dios no nos obliga a que hagamos su voluntad: él desea que la hagamos, pero no nos va a coger del cuello, y decirnos: «Ahora por la fuerza has de hacer esto o aquello». En la vida podemos hacer tres voluntades: la de Dios, la del Diablo ó la nuestra. El Señor nos deja en entera libertad; pero si queremos andar y vivir con Dios debemos hacer la voluntad de Dios. Dice la Escritura: «¿Pueden caminar dos puntos si no están de acuerdo?». Hace 38 años que llevo mi dulce y suave yugo matrimonial en compañía de mi esposa. Cuando el juez me preguntó: «¿Desea recibir a la señorita Consuelo Domínguez como su esposa?», yo le contesté con un sonoro «sí»; en seguida igual pregunta se le hizo a ella, y ella dio igual contestación. Supongamos que alguno de los dos hubiera dicho «no», el matrimonio no se habría efectuado. Así pasa en la vida cristiana: la voluntad de cada hijo de Dios debe estar de acuerdo con la voluntad de él. Y ¿cuál es la voluntad de Dios? Allí la tenemos revelada en la Escritura: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna», y vivirá y andará eternamente con Dios.
CONCLUSIÓN: nuestro texto dice en su parte final en relación con Enoc: «y desapareció, porque Dios le llevó». Querido amigo: algún día, tarde o temprano, tenemos que desaparecer de esta vida y alguien tiene que llevarnos. Si has vivido y andado con Dios, él te llevará al Cielo; pero si no, entonces el diablo te llevará al infierno eterno, cuyos sufrimientos no tendrán fin. Hoy puedes iniciar tu vida con Dios. Isaías dice: «Buscad a Dios mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano». Por lo cual asegurarás tu felicidad aquí y en la eternidad.
183. CONFESIÓN PARA UNA NUEVA ERA
«¡Señor mío y Dios mío!» (Jn. 20:28).
INTRODUCCIÓN: a cierta distancia del campamento bautista de Thea, en la República Argentina, se levanta una gran estatua del Cristo crucificado. La enorme cruz se divisa desde lejos, trazando su blanca silueta sobre la falda de las serranías de Punilla, cerca de la localidad cordobesa de La Cumbre. Todos los años acuden millares de peregrinos para recorrer la «via crucis» y por tortuosos senderos de montaña llegan hasta el coloso de mármol, parecido al que está sobre el Corcovado, en Río de Janeiro. Rezando el rosario los fieles católicos visitan las «estaciones de la pasión» y culminan su pesada marcha ante la quieta escultura. Allí está el Cristo inmóvil, el Cristo de piedra, el Cristo muerto. Algunos lloran. Otros suspiran. Pero el Cristo inanimado sigue estático, confundiéndose con la cruz. Ambos son materia insensible, objetos sin vida en una estatua inerte. Pocos kilómetros más allá, en la parte más olvidada de las mismas serranías, hay otra cruz. Una sencilla cruz de madera que alguien construyó entre los arbustos, a bastante altura. Esa cruz es una cruz vacía. No cuelga de sus brazos la estatua del crucificado ni llegan hasta ella los peregrinos. No hay estaciones de la pasión. No hay tortuosa «via crucis». Tan sólo algún turista se detiene para mirarla y seguir luego su camino hacia el río cercano. Muchas veces recuerdo esa cruz vacía. La he visto al atardecer, cuando el sol dibuja su postrer abanico de rayos desde el horizonte. Y he pensado en la cruz que quedó vacía cuando José de Arimatea reclamó el cuerpo de Jesús. ¡Qué oscura, qué infame, qué triste sería esa cruz abandonada, si Cristo hubiera permanecido en el sepulcro! ¡Pero cómo se llena de esplendor, cómo brilla con fulgores de victoria cuando recordamos que Él resucitó! Entonces, sólo entonces, la cruz aborrecible y maldita se transforma en el símbolo de nuestra redención. Sí, mis hermanos, tenemos por divisa una cruz, no un crucifijo. Nuestra insignia es la cruz del Cristo triunfante.
Pienso que los peregrinos quieren ver la estatua de Cristo y por eso no van al pie de la cruz vacía. Ellos caminan en busca de un cadáver y lloran como todos lloraríamos si Cristo no hubiera resucitado. El gigantesco crucifijo de mármol es un tipo del sepulcro. Más que un monumento al Cristo crucificado, es un monumento a su tumba. Miles van allí para lamentar su muerte, ignorando que el Maestro dijo «yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, mas yo la pongo de mi mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar» (Jn. 10:17, 18). Mientras buscan entre los muertos al que vive, marchan con una visión imperfecta de la misión de Cristo. Ellos ven en la cruz un símbolo de derrota. Contemplan la muerte del Señor como un acontecimiento desgraciado, una triste historia que debe aceptarse con piadosa resignación. Para ellos, la muerte de Cristo es el punto final.
1. Permitidme que os recuerde la actitud pesimista de Tomás, el Dídimo. Tomás tenía una visión derrotista. «Vamos también nosotros, para que muramos con él» (Jn. 11:16). Su mirada hacia el futuro terminaba con la muerte de Cristo. Por solidaridad con su Maestro estaba dispuesto a compartir su destino fatal, pero nada veía más allá de la muerte del Señor. Pensaba en el temido desenlace creyendo que allí terminaría todo. Porque, para Tomás, la muerte de Cristo sería la muerte de todos sus discípulos, la muerte de la Iglesia naciente, la muerte de todos los ideales. Tomás creía en la bondad de Cristo y en la pureza de su ministerio, pero no confiaba en su poder. Había, en su opinión, cosas más poderosas. Las piedras de los judíos, el odio del Sanedrín, el gobierno imperial. Sin duda, pensaba él, Jesús caerá en manos de sus fuertes enemigos y será víctima inocente de sus maquinaciones. Pero el Maestro insistía en caminar hacia Betania, ¡tan cerca de Jerusalén! Había que resignarse: «Vamos también nosotros, para que muramos con él», «vamos a terminar este drama». Tomás no tenía esperanza alguna en la victoria.
2. Sin embargo, Tomás era fiel. Estaba completamente decidido a asumir su papel en el naufragio y hundirse con el barco. Exhortó a los demás pidiéndoles que siguieran al lado de Jesús. Y todos imitaron su ejemplo. Cabizbajos, resignados, con pavorosas escenas de muerte en su imaginación, fueron desde Perea hasta Betania. Pero Jesús sabía lo que acontecía en la mente de sus discípulos. Y creo que cuando él habló a Marta en el camino, antes de llegar al enlutado hogar de Betania, quiso que también le oyeran sus entristecidos compañeros: «Yo soy la resurrección y la vida». «Tengo poder, Marta. Tengo poder, Tomás. Así como puedo levantar a Lázaro de la tumba, puedo vencer a todos mis enemigos y aplastarlos bajo mis pies. Puedo alcanzar el triunfo ante la muerte». El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá». «Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente».
a) Y Jesús resucitó a Lázaro. Todos sus discípulos lo vieron. ¡Ah, Tomás, cuántos problemas hubieras solucionado con sólo reconocer el maravilloso poder de tu Maestro!… ¡Cuántos conflictos podríamos evitar, cuántas penas podríamos aliviar, mis hermanos, si en vez de seguir a Cristo con resignación marchamos en pos de él con absoluta confianza en su divina potencia, con inalterable certeza en la victoria final, pensando «que si somos muertos con él. también viviremos con él!…» (2 Ti. 2:11).
b) Pocos días después, en vísperas de su crucifixión, «sabiendo Jesús que su hora había venido para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundos amólos hasta el fin» (Jn. 13:1). Atormentados por negros presentimientos, los discípulos escucharon el último discurso del Maestro. Sus dulces palabras de consuelo anunciaban la gloria de las moradas eternas: «voy, pues, a preparar lugar para vosotros … para que donde yo estoy, vosotros también estéis». Pero Tomás no podía comprenderlo: «Señor, no sabemos a dónde vas» (Jn. 14:5). «Te hemos seguido para morir contigo, sin comprender qué te propones. Recorrimos el camino de Perea a Betania, recordándote los peligros que te acechan en Jerusalén. Pero no nos escuchaste. Creíamos en tu Reino, pero no lo vemos. No entendemos tus propósitos, Maestro. No sabemos a don de vas, ¿cómo, pues, podemos saber el camino?». Tomás tenía una concepción limitada de la misión del Salvador y suponía que el plan había fracasado. Sabía que Cristo iba a la muerte, pero ignoraba que Cristo iba también hacia la verdadera vida.
3. El problema de Tomás era doble …
a) En primer lugar, no había descubierto la meta final de su Maestro. Como sus condiscípulos, creía que Jesús se proponía restituir el reino a Israel. Interpretó muchos incidentes en la vida del Maestro como expresiones de su estrategia para alcanzar el poder temporal. Tomás tan sólo concebía un mesianismo político. Pero poco a poco sus ilusiones se desvanecían y no podía comprender a Jesús. Tanto le habían entorpecido sus propios puntos de vista, que su mente era incapaz de recordar y entender las enseñanzas del Señor. Parece increíble, mis hermanos, pero las ideas preconcebidas, las teorías personales y los prejuicios son pantallas que impiden descubrir todo el esplendor de Cristo. El Dídimo había olvidado las palabras de Jesús porque se interponían sus humanos pensamientos. Aunque el sol de la Resurrección comenzó a brillar a través de la palabra profética del Maestro, había ocurrido un sombrío eclipse. Y el eclipse era causado por la mentalidad de Tomás.
b) En segundo lugar, Tomás no había descubierto su propia meta final: «¿Cómo, pues, podemos saber el camino?». No entendiendo el propósito de su maestro, tampoco alcanzaba a comprender la suprema razón de su discipulado. Si el Señor moría, él también moriría. O, como los discípulos que luego marcharon a Emaús él también se hubiera alejado de Jerusalén tristemente, dejando a sus espaldas una cruz abandonada y una ilusión frustrada. Tomás nunca soñó con la Resurrección. Para él, todo estaba perdido. Se había detenido un momento en su vida, diciéndose con desconcierto: «No sé a dónde va mi Maestro, ni sé a dónde voy yo». Su perspectiva era la muerte, pero las expresiones de Cristo lo confundían.
4. Ante el doble problema de Tomás, Jesús respondió con inmortales palabras: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida». El Maestro se presentó a sí mismo como solución para el conflicto íntimo de su discípulo. Tomás pensaba en el camino a los tribunales judíos, pero Jesús le habló del camino a las moradas celestiales. Tomás pensaba en las verdades comunes, en la realidad del peligro que se cernía sobre ellos y en la inutilidad de las enseñanzas del Maestro ante el riesgo inminente del arresto, pero Jesús le invitó a confiar en El como la Verdad suprema que prevalecería sobre los falsos testimonios y libertaría a millones de almas a través de los siglos. Tomás pensaba en la muerte como único destino de su Maestro y de sí mismo, pero Jesús le dijo «Yo soy la vida». Iguales palabras había dirigido a Marta: «Yo soy la resurrección y la vida». No, la muerte no sería el fatal desenlace de una aventura fracasada: «Yo vivo», repitió el Señor, «y vosotros también viviréis» (Jn. 14:19).
5. El destino de Tomás era el destino de Cristo. Sin embargo, mis hermanos, Tomás dijo «no sabemos», porque no pudo comprender la maravillosa promesa de la resurrección. Su ignorancia era la misma ignorancia de sus condiscípulos. Sólo años más tarde, cuando la resurrección era una indiscutible realidad, el apóstol Pablo pudo escribir «sabemos». «Porque sabemos, que si la casa terrestre de nuestra habitación se deshiciera, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los Cielos» (2 Co. 5:1):
a) Más de una semana pasó desde aquella conversación hasta que Tomás comprendió toda la gloria de la Resurrección. En el ínterin, Jesús murió, fue sepultado, resucitó y apareció a los diez discípulos reunidos en el primer día de una nueva era. Tomás, el undécimo, no estuvo presente ni creyó al testimonio de sus camaradas. «Si no viere … no creeré». Tomás vivió una semana de dolor y sombras, en franco contraste con el gozo de los testigos. El Dídimo se aferraba desesperadamente a su pesimismo. A él le correspondió identificarse con los estertores de una edad de tinieblas. Pablo escribiría después: «Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe» (1 Co. 15:14). Pero Tomás vivió antes una experiencia así. Para él todo era vano porque, en su opinión, Cristo no había resucitado …
b) Sin embargo, en el abismo de su angustia, Tomás ansiaba superar la crisis. No se aparto de los otros diez y resolvió reunirse con ellos ocho días después de la primera aparición de Jesús. Su escepticismo no era definitivo y aquel día de la semana se unió al grupo de los discípulos, sacudido por sus luchas internas y su indescriptible ansiedad. Así se escribió el preludio de una confesión para una nueva era, el grito victorioso de un cristiano que por fin descubrió la gloriosa realidad de la Resurrección.
c) «¡Señor mío, y Dios mío!»: la luz irrumpe en la mente y el corazón de Tomás, que se estremece de gozo. Se derrumban las estructuras de su pesimismo y la presencia del Cristo resucitado hace reverdecer en su memoria todas las enseñanzas de su amado Maestro. Pero más aún, el Dídimo vive ahora, recién ahora, la misma felicidad de la Magdalena, el mismo corazón ardiente de los discípulos de Emaús, la misma alegría de los discípulos que, una semana antes, se gozaron viendo al Señor. Rómpense las cadenas de su opresión, suspira de alivio el corazón cansado y brota con incontenible júbilo el grito de una nueva teología: «¡Señor mío, y Dios mío!» (Jn. 20:28).
6. Por fin Tomás comprende que es posible morir y vivir con Cristo, que es posible seguirle donde Él vaya, que es posible conocer el camino, que es posible hallar la verdad suprema a pesar de los obstáculos, que es posible alcanzar la victoria sobre la muerte. ¡Oh, mis hermanos, todo esto es posible por la Resurrección de Cristo, sin la cual seríamos tan miserables como Tomás lo fue en su terrible semana de angustia!
a) «Mi Señor y mi Dios»; si Pedro pudo decir: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente», Tomás pudo añadir la confesión suprema. Cristo es ahora ensalzado por su victoria sobre la muerte. «Por lo cual Dios también le ensalzó a lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los Cielos, y de los que en la Tierra, y de los que debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, a la gloria de Dios Padre» (Fil. 2:9–11).
b) «¡Señor mío, y Dios mío!»: ¡Bendita confesión para una nueva era! ¡Bendito fruto de la resurrección de Cristo! ¡Bendita resurrección, por la cual—como Tomás—puedo hoy predicar que Cristo es mi Señor y mi Dios, como lo es de todos los que comparten su triunfo sobre el sepulcro! ¡A Él sea gloria por siglos! Amén.
CONCLUSIÓN: «Podemos conocer a Dios sin conocer nuestras miserias, y nuestras miserias sin conocer a Dios; y hasta conocer a Dios y nuestras miserias sin conocer el medio de salvarnos de las miserias que nos abruman. Pero no podemos conocer a Jesucristo, sin conocer a la vez a Dios y nuestras miserias y el remedio de nuestras miserias; porque Jesucristo no es solamente Dios, sino el Dios reparador de nuestras miserias» (Blas Pascal).
184. ABRAHAM Y LOT
(Génesis 13:8–13 y 19:1–8)
INTRODUCCIÓN: contar cómo Dios llamó a Abraham de Ur de los caldeos para hacerle el progenitor del pueblo escogido y de los creyentes del mundo gentil. Hacer notar el noble carácter de Abraham, que dejó una ciudad populosa; su padre, Taré, menos piadoso, le hace detener en Harán. Le sigue su sobrino Lot, pero no vive a su altura espiritual. Bendecidos por Dios, ambos se enriquecen y ocasionan la disputa de los pastores. La tentación de Sodoma, ciudad mundana y envilecida por el homosexualismo. Dios decide destruirla y Abraham intercede; pero no había 10 justos, sólo uno que escapa, perdiéndolo todo menos la vida. ¿Qué aprendemos de esta historia?
1. La gran ventaja de ser cristianos completos: triste es confesarlo, pero hay muchos medio cristianos. Lot era un buen hombre (2 P. 2:8). «Afligía su alma justa», pero no «santa». Santo quiere decir consagrado, separado para Dios. Hay muchos «Lots» entre los cristianos. Defienden el Evangelio, combaten los errores de otras iglesias, no blasfeman, reconocen a Cristo como Salvador del mundo, asisten a la mayoría de los cultos, pero no quieren ser fanáticos … Así era Lot; abominaba la maldad, pero no era un héroe. Dios había llamado a Abraham para vivir por Él, sacrificándolo todo, y así lo hizo (hasta en el caso de su hijo). No fue perfecto. Tuvo sus equivocaciones; bajó a Egipto por temor al hambre, sin confiar en Dios, pero cada caída era para levantarse más. Lot no podía subir de su nivel, era demasiado débil y se dejaba arrastrar por otros. No disfrutó ni de la bendición de Dios ni de la del mundo.
2. Lo bueno de arreglar disputas según Dios: ¿Quién tenía derecho a elegir? Abraham no sabía nada del «Sermón del Monte», y lo practicaba. ¡Cuánto más nosotros! Cristo no buscó su derecho, sino nuestro bien; nos salva y nos dice: «Dame lo que quieras de tu vida, emplea el amor antes que el derecho». Con el derecho se obtiene servilismo, con el amor felicidad. ¿No debemos imitarle en el trato con nuestros semejantes? Pablo dice: «Ninguno vive para si». Notad el resultado en Abraham: Dios se agradó tanto de esta acción que se le apareció y le ofreció la tierra entera de Palestina (13:14–18). ¿No valía más esta visión que todas las ventajas de Sodoma?
3. El peligro de acercarse al mundo: es posible que Lot fuera arrastrado por su esposa y sus hijas, que no eran solamente débiles, sino mundanas. En los despertamientos hay muchos movidos por lo externo del movimiento y andan un trecho con los cristianos, pero el mundo les cautiva más. La esposa e hijas de Lot encontraron en esta disputa la ocasión de realizar lo que ya estaba en su corazón; vivir en la montaña con el viejo santo, oyendo el bullicio de Sodoma, era aburrido:
a) Hay peligro en tener al lado una persona no espiritual: se necesita ser un héroe. Si es así, el carácter se agudiza y perfecciona, pero si no, la caída es inevitable. Si un cristiano débil quiere perder su alma, que se case con una persona mundana; no es que el hecho sea en sí pecado, pero es muy peligroso.
b) Nótese que Lot y su familia fueron acercándose poco a poco a Sodoma (v. 12). Así hacen algunos, un domingo para el mundo y otro para el Señor. No lo quieren dejar del todo, sino saborear aún las dulzuras espirituales. No quieren perder las promesas de vida eterna, pero Jesús dice: «No se puede servir a dos señores».
4. El desastre de una vida fuera de la voluntad de Dios: un cristiano es una persona que anda por el camino de Dios hacia el Cielo, y dice por fe: «No mi voluntad, sino la tuya». Abraham fue a Egipto, pero volvió. En cambio, Lot, tras sufrir mucho, tuvo que perderlo todo. Fue salvo como un tizón arrebatado del incendio. La suerte de un cristiano mediocre es sufrir mucho o perecer. Veámoslo en el caso de Lot; como era rico, fue nombrado lo que hoy llamaríamos concejal de la ciudad. Se sentaba a juzgar en la puerta, pero era de la minoría y no podía abrir la boca. ¿De qué le servía?
a) El aviso de Dios por medio de la guerra. Dios vino a decirle: «¿Has querido los bienes del mundo?; pues has de participar de su suerte». Pero fue libertado por su tío Abraham. ¡Qué nobleza al renunciar a todos los bienes! ¿No debía añadir Lot: «Tío, me vuelvo contigo al monte»? ¡Cuántas veces el Señor avisa a los que se desvían, por medio de contratiempos o bendiciones especiales! Dios nos tiende la mano en un sentido u otro, para que levantemos nuestras cabezas; pero Lot quedó igual; quizá un poco más respetado por el pueblo, gracias a su tío, pero su posición espiritual fue la misma.
b) Un día descubrió a dos forasteros afines. Sus rostros no llevaban el estigma del pecado: eran ángeles y mensajeros de Dios; pero, ¡qué mensaje tan triste traían! Perdió sus futuros yernos, la casa, los ganados, la misma esposa y, lo que es peor, la bendición divina. ¡Cuán diferente si hubiese regresado con Abraham!
5. La bendición de poner a Dios primero: Abraham, en el caso de Sodoma, eligió el monte, y Dios le prometió todo el país. En el caso de la guerra, no quiso nada, para demostrar que no hizo el acto heroico por codicia, sino por justicia, y Dios, no pudiendo ofrecerle nada mayor que lo que ya le había ofrecido, se le ofrece Él mismo (15:1): «Escudo» fue en la guerra. «Galardón» o premio, en toda su vida y en la eternidad. Siempre hay dos caminos, el que se acerca al mundo y el que se acerca a Dios: ¿cuál seguiremos? El que siembra para la carne, segará corrupción.
CONCLUSIÓN: acerquémonos a Dios al andar por el camino de la vida; aunque tengamos deslices, también los tuvo Abraham en los dos casos de Egipto, y sobre todo en el de Abimelec; pero siempre volvió al lugar donde Dios se le había aparecido. Volvamos también nosotros al tiempo de nuestro primer amor con la misma fe y entusiasmo. Si hay aquí quien no ha encontrado a Dios, debe también elegir. Toda vida ha de tener su galardón, o pasajero o eterno. ¿Renunciarás a Dios por el placer mundano? ¿Por el qué dirán? ¿Escucharás la voz del enemigo?… Te engaña, te fascina para perderte. Dios te ilumina para salvarte. Digamos como aquella santa mujer que es un modelo de fe, tanto para los católicos como para los evangélicos.
«El que de Dios el Reino busca con ansia,
Todo lo demás tiene, nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo; id, dichas vanas.
Aunque todo lo pierda, Dios, Dios me basta».
(Teresa de Ávila, de Jesús).
185. ACÁN, EL PERTURBADOR DEL PUEBLO
(Josué 7:1–26)
INTRODUCCIÓN: «Acán» significa «perturbador». Este capítulo relata cómo Acán perturbó al pueblo de Dios. Notemos:
1. Un pueblo derrotado (vv. 2–6): la gran victoria ganada por Israel sobre la fuerte ciudad de Jericó fue seguida por una gran derrota frente al pequeño pueblo de Hai. Grandes victorias en la vida cristiana a veces son seguidas por grandes fracasos.
2. Una plegaria desanimada (vv. 7–9): la oración de Josué era más una murmuración que una oración, y mostró desconfianza en las promesas de Dios. Aun un Elías pudo desanimarse (1 R. 19:24). No debemos hacer oraciones que deshonren a Dios. «Levántate … el pueblo ha pecado» (vv. 10, 11). Es inútil orar cuando hay pecado no confesado (Sal. 66:18; Jn 9:31), pues en este caso Dios no puede cumplir sus promesas.
3. Un pecado denunciado (vv. 11, 12): el pueblo había quebrantado el mandato de Dios (6:17–19, tomado lo que fue condenado, hurtado lo que fue apartado para Dios, mentido y encubierto lo robado. ¿Cómo podría Dios bendecirlo?
4. El pecador descubierto (vv. 16–21): un hombre, Acán, resultó ser el culpable. Un hombre había perturbado todo el pueblo. Así un hombre, Adán, había perjudicado a la humanidad entera (Ro. 5:12). ¡Qué daño puede causar un miembro a la iglesia! Acán tuvo que confesar su pecado: «Vi … codicié … tomé … escondí …» (v. 21). Así hicieron Adán y Eva; así hizo Giezi (2 R. 5:26–27). «Sabed que os alcanzará vuestro pecado» (Nm. 32:23; He. 4:13).
5. La pena descargada (vv. 24, 25): la paga del pecado es inevitable (Ro. 2:1–3; 6:23; He. 9:27). Sólo el pecador que se arrepiente de su pecado y lo confiesa hallará misericordia (Pr. 28:13; 1 Jn. 1:9).
186. ACEPTANDO LOS PLANES DE DIOS
(Job 1:1–13)
INTRODUCCIÓN: el libro de Job está escrito en poesía hebrea antigua, excepto los dos primeros capítulos y el epílogo. Representa una historia que se propagó por tradición, pues el hecho es más antiguo que Moisés, pues no se dice que fuera judío, sino que conservaba la religión primitiva enseñada por Dios al mismo Adán durante el período al primer habitante de la Tierra como explicamos en el primer sermón. No sabemos cuánto duró este tiempo anterior a la caída, pero debió ser bastante largo para que se cumpliera lo que dice en Gn. 2:19: «Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los Cielos, y los trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar, y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre». Naturalmente, todo esto aconteció antes de la caída y del nacimiento de Caín y Abel. Muchos lectores de la Biblia han creído que Caín y Abel fueron los únicos hijos de Adán y por esto surge el problema que aducen algunas veces los lectores de la Biblia: ¿De quién tuvo temor Caín? Y aun otra: ¿Con quién se casó Caín antes de matar a Abel? Ambas preguntas quedan aclaradas leyendo Gn. 5:4, 5.
1. La persona de Job: era, pues, un adorador de Dios anterior a la Ley, cuando el Señor dijo a Satanás: «¿Has considerado a mi siervo Job?» (Job 1:8). Tenía siete hijos y era tan temeroso de Dios que intercedía por ellos, temiendo que en sus banquetes o fiestas hubiesen ofendido a Dios. Como buen padre, se preocupaba de la vida espiritual de sus hijos. Un buen ejemplo para los padres de nuestros días. Los padres suelen sentirse orgullosos de sus hijos y, a veces, cuando visitamos a una familia, nos sacan los dibujos y diplomas obtenidos por éstos. Dios es nuestro Padre Celestial, como nos enseña nuestro Señor Jesucristo, y todos los seres humanos somos criaturas suyas, pero somos sus hijos y herederos y coherederos con Cristo, los que le hemos aceptado como nuestro Salvador y Señor. ¿No queremos dar a Dios la satisfacción de que pueda decir de nosotros como dijo de Job? (1:8).
2. El misterio de Satanás: parece que Satanás había sido puesto a prueba, lo mismo que los otros ángeles y pudiera arrepentirse y pedir perdón, hasta que tuvo lugar la muerte de Cristo, pues es curioso aquel versículo de Jn. 12:31: «Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si soy levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo», y decía esto dando a entender de qué muerte había de morir. El orgullo de Satanás era de ser como Dios, y Dios lo ha dejado alrededor de la Tierra como su ministro tentador (Ef. 6:10–18). La vida de fe de los hijos de Dios a través de los tiempos no habría sido lo que fue y lo que continúa siendo de no ser la influencia malévola de Satanás. Jesús dijo: «Satanás os ha pedido para zarandearos como trigo». He aquí otra experiencia semejante a la de Job en días de Jesucristo mismo, pero Él venció al diablo al tomar su decisión diciendo: «¿Qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Si para esto he venido. Padre glorifica tu nombre» (Jn. 12:27, 28).
3. ¿Por qué no eliminó Dios a Satanás? Ésta es la pregunta que me han hecho muchas veces, pero siempre he contestado que Dios no es un dictador. El salmista dice: «Tu pueblo lo será de buena voluntad en el día de tu poder» (Sal. 110:3). Los ángeles obedientes fueron probablemente probados también y decidieron que la voluntad de Dios era lo mejor; pero no así Satanás. Todavía no está confinado en el abismo, pero está ya condenado, pues lo que hizo durante el tiempo de la humillación del Verbo de Dios, no tiene perdón. Vencer al diablo por un acto tan grande de amor como lo que Dios hizo cuando envió a Jesucristo al mundo, es la mayor manifestación del carácter de Dios. Vencer al diablo y a sus secuaces por la fe y amor al Invisible, es nuestra respuesta a su gran amor. Cuando le amamos con algún notorio sacrificio estamos venciendo nuevamente a Satanás y desacreditando su rebeldía. Un día el universo entero tendrá que reconocer esta verdad y la gran paciencia de Dios.
4. Satanás el insistente tentador: Satanás pretendió que no es posible confiar en Dios y ser bueno por puro amor, confianza y gratitud. Procuró hacer desconfiar de Dios a nuestros primeros padres con una pregunta insidiosa (Gn. 3:1) y a Job mediante su enfermedad. Job no blasfema; es cierto que se queja, pero con toda la razón, y Satanás queda burlado. Alguien ha llamado a Satanás el agente tentador de Dios. Parece que todos los ángeles de Dios tuvieron su tiempo de prueba y unas dos terceras partes quedaron obedientes al Creador, agradecidos por el hecho de su existencia. Pero Satanás se propuso suplantar a Dios subiendo al mismo Cielo y haciéndose pasar como Dios (Is. 14:12–14).
5. Satanás se halla sujeto a Dios: esto aprendemos de Job 1 y 2, y por lo que Jesús declaró a sus discípulos: «Satanás os ha pedido para zarandearos como trigo». He aquí otra experiencia semejante a la de Job en días de Jesucristo, pero El venció al diablo al tomar su decisión: «¿Qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Si para esto he venido. Padre, glorifica tu nombre» (Jn. 12:27, 28).
6. El equivocado consejo de su esposa: Job llegó al extremo del dolor no solamente físico, sino moral, cuando escuchó la desesperada sugerencia de su esposa: «Maldice a Dios y muérete» (Job 2:9). Estaba tan indignada de verle sufrir que le amonesta a poner fin a sus sufrimientos por el suicidio. Si el ser íntegro y temer a Dios traía este resultado, es que su esposo era bueno y Dios era malo. Debemos tener en cuenta que ni Job ni su esposa tenían la revelación completa de Dios, ni siquiera el Antiguo Testamento. Sólo unas tradiciones de palabra que se habían transmitido de padres a hijos; sin embargo, Job tenía fe en Dios. No era tan insensato para creer que el mundo podía haberse construido solo, pero ¿cómo era este Dios? La tesis de Job, por fe, con mucho menos fundamento que nosotros, era de que Dios es bueno, aunque él no hubiera podido entender sus caminos. Ella habría disfrutado con que Job hubiese blasfemado o se hubiese atado una cuerda al cuello y saltado de un árbol al aire y acabar de sufrir. Su tesis era: «Ya que Dios permite que sufras, dale un bofetón moral de palabra y por un hecho irreparable».
7. La sensata respuesta de Job: «Como las mujeres tontas, así has hablado: El bien recibimos de Dios, ¿y el mal no recibiremos?» (Job 2:10). Lo noble de esta respuesta es que ellos tenían menos luz que nosotros. No tenían las promesas de Jesucristo para la otra vida; sin embargo, se empeña en considerar a Dios bueno, contando con su propia experiencia comparativa de su prosperidad anterior.
8. Dios premió esta fe y terminó la prueba: se cree que tendría unos 70 años y sabemos que vivió 140; así que había vivido 69 gozando el bien, entonces son 69 contra 1, si ésta fue la largura de la prueba. Este es un razonamiento muy optimista, digno de una grande fe. ¿Habríamos razonado nosotros de esta manera sin tener las promesas de Jesucristo respecto a la vida venidera ni el ejemplo de los que han sufrido tormentos y aun la hoguera en las persecuciones primitivas y de la Edad Media por la fe en un invisible Señor?
CONCLUSIÓN: el caso de Job es una lección de fe para hacemos pensar y consolarnos en nuestras aflicciones presentes. ¡Que sepamos aprenderla!
187. ACIERTOS Y ERRORES DE UN GRAN HOMBRE
(2 Reyes 5)
INTRODUCCIÓN: el caso de Naamán es bien conocido como ilustrativo del camino de la salvación. Parece una parábola de la fe salvífica. Constituye una de las muchas pruebas de la inspiración de las Escrituras el hecho de que aun en sus historias y acontecimientos más naturales muchos de sus hechos se presentan en tal forma que a la luz del Nuevo Testamento se ven como cuadros ejemplares de las grandes verdades básicas del Evangelio.
1. La condición del hombre por naturaleza:
a) Goza, como Naamán, de muchos favores y privilegios. La ciencia ha hecho progresar mucho a los seres humanos y hoy, para muchos que tienen dinero, la vida ofrece muchas satisfacciones.
b) Las riquezas o la fama no satisfacen. En el hogar del general Naamán había una pena muy grande, de la que participaban sus familiares hasta el punto que no pueden ocultarlo de su esclava.
c) Nada podían hacer contra su terrible condición de la lepra. Nada puede hacer el hombre contra el pecado que destruye la paz y su inevitable consecuencia, la muerte.
d) Llega el anuncio de salvación por un medio muy humilde, una pequeña esclava de Israel, y se inicia la fe en el Dios-Jehová en el corazón del, por su rango y oficio, enemigo de Israel. Muchos reciben el Evangelio por los conductos más sencillos.
2. Las equivocaciones de Naamán:
a) Va a la Corte de Israel. Así, hay muchos que buscan curación del pecado en las grandes religiones oficiales y salen de su encuesta desilusionados. De este mismo modo le ocurrió al Eunuco (Hch. 8:27–31). Su adquisición del libro de Isaías era prueba de su interés, pero si no llega a encontrar a Felipe habría sido inútil. Es muy triste que los que deberían dar una nota clara del Evangelio, debido a su posición y suntuosos edificios, muchas veces ignoran ellos mismos en dónde se encuentra la solución para el pecado
b) Trae cartas de recomendación. Así, muchos hoy en día procuran obtener perdón por otros mediadores que no son el único puesto por Dios (véase 2 Ti. 2:5).
c) Como Naamán, algunos pretenden comprar su salvación mediante sus esfuerzos (véase Ef. 2:8, 9).
d) Como Naamán delante del profeta, tienen algunas ideas propias en cuanto a la manera como pueden ser salvos. Naamán se había figurado todo un ritual de ceremonias que pensaba que el profeta Eliseo realizaría para un hombre importante como él, pero Dios dice: «Deje el hombre sus pensamientos …». Hay que dejar a Dios que realice las cosas a su manera.
3. La salvación del hombre viene así:
a) Por obediencia a la Palabra de Dios.
b) Por humillarnos a cumplir esta palabra. El Jordán era en este caso un símbolo de muerte y resurrección. No es el bautismo simple rito o acto simbólico, sino la obra de Jesucristo en el Calvario la que produce limpieza del pecado (1 Jn. 1:7). Las aguas del bautismo no son sino un símbolo de aquella muerte expiatoria (Ro. 6:3).
c) El resultado de esta obediencia produce una vida nueva; la regeneración, obra del Espíritu Santo, en el caso de Naamán, apareció en forma de carne tierna como la de un niño … En el creyente regenerado, un corazón sensible y una vida nueva.
188. BALAAM, EL PROFETA DE DOS CARAS
(Números 22:5–35)
INTRODUCCIÓN: en el N.T. hay varias referencias del mal ejemplo de Balaam, y si consideramos su historia observaremos por qué …
1. La locura de Balaam (2 P. 2:16): cuando los mensajeros de Balac le tentaron con ofertas halagüeñas, Dios le dijo: «no vayas»; pero Balaam no estaba conforme con la voluntad expresa de Dios, y porfió hasta conseguir un «sí» condicional (Nm. 22:12–20). Muchas personas saben la voluntad de Dios sobre tal o cual asunto, pero la desobedecen porque quieren seguir su propia voluntad. Una asna reprendió la locura del profeta. Fue un milagro que debía hacerle reflexionar, pero no logró cambiar su testarudez. Un día la insensatez de muchos será reprendida por Dios mismo, el autor de todas las criaturas racionales e irracionales del Universo.
2. El error de Balaam (Jud. 11:2): el profeta quería persuadir a Dios por medio de sus sacrificios (Nm. 23:14–29). Éste fue el primer método empleado por Caín, y las religiones humanas suelen seguir tal ejemplo. Muchas personas quieren sobornar a Dios mediante prolongados rezos, limosnas o donaciones testamentarias, para que pase por alto sus pecados. Es un error muy común (véase Is. 1:11–17).
3. El camino de Balaam (2 P. 2:15): éste es el camino de la codicia. Balaam amó el premio de la maldad. Quiso vender sus dones proféticos por dinero, hablar la Palabra de Dios por lucro. Hay hombres en las iglesias que falsean la verdad para granjear dinero, influencia y posición. Son pastores malos, profetas falsos (Ez. 34). (Compárese con los verdaderos pastores, 1 P. 5:2–4). Hay una profecía acerca de tales falsos guías del pueblo de Dios (2 P. 2:1–3). Y a continuación una sentencia que debe ser tenida muy en cuenta (cap. 2, vs. 4–9)
4. Su doctrina (Ap. 2:14): Nm. 31:16 lo llama «el consejo de Balaam». Aconsejó una unión incestuosa entre los israelitas y las mujeres paganas de Moab. ¡Ay de los que enseñan a los creyentes a mezclarse con los mundanos, o a traer tal mundanismo a la Iglesia de modo que no exista diferencia entre lo sagrado y lo profano.
5. El deseo frustrado de Balaam (Nm. 23:10): el que quiere morir con los rectos, tiene que llevar la vida de un recto. Muchos, imitando a Balaam recurren a pláticas piadosas para cubrir pecados manifiestos; tales son muchos discursos mortuorios de personas ricas que figuran como miembros de ciertas iglesias. Pero las alabanzas de los hombres no pueden cambiar el veredicto de Dios.
CONCLUSIÓN: es solamente el arrepentimiento sincero y la obra expiatoria de Jesucristo invocada no por persona ajena, después de la muerte, sino por el propio interesado lo que puede cambiar el veredicto divino y el destino de los pecadores (véase Is. 55:7 y Sal. 51:7–12). Sólo esto hará posible la muerte de los rectos a la que todo el mundo aspira, pero para la cual no se preparan, siguiendo el ejemplo de Balaam.
189. BERNABÉ, EL CONSOLADOR
(Hechos 4:35–37)
INTRODUCCIÓN: el supuesto gratuito, no avalado por Cristo (Mt. 24:14), de que el Señor vendría a instaurar su reinado mesiánico en los días apostólicos, indujo a los primeros convertidos de Jerusalén a establecer una colonia de comunismo voluntario que no dio ningún resultado positivo porque no era el plan del Señor, sino que su orden fue de «Id y predicad», pero dio oportunidad a algunos cristianos a mostrar las virtudes de sus corazones. Uno de éstos fue Bernabé, en cuya vida encontramos lecciones muy provechosas.
1. Fue un hombre generoso: Dios ama al dador alegre (2 Co. 9:7). Tal era Bernabé y tal consolación trajo su sacrificio de desprenderse de su gran propiedad en Chipre, que fue llamado «el consolador».
2. Un hombre servicial (Hch. 9:27): se prestó para todo servicio en el que podía ser útil. Intervino en favor de Pablo cuando otros ponían en tela de juicio su conversión, pues tenía el discernimiento espiritual de ver en Pablo un gran trofeo de la gracia de Dios.
3. Un hombre fiel (Hch. 11:22–25): los apóstoles le enviaron a Antioquía para alentar la iglesia recién formada allí. Notemos cómo se portó en este ministerio …
a) Su gozo (Hch. 11:23): nada de envidia de lo que Dios había hecho por medio de otros siervos suyos.
b) Su exhortación (v. 23): fidelidad al Señor a toda costa.
c) Su carácter (v. 24): bueno, no tan sólo como virtud natural, aunque es probable que la poseía, sino porque estaba lleno del Espíritu Santo y de fe. Tres virtudes que dan excelentes resultados cuando coinciden en una persona.
d) Su fruto (v. 24): más conversiones. Las habrá entre los creyentes de tal condición.
e) Su desinterés (v. 25): no quiso monopolizar el ministerio de aquella próspera iglesia. Fue a buscar a Pablo para que compartiera con él este ministerio. Tenía más interés en el bienestar del rebaño que en el prestigio propio. Una gran lección para muchos pastores en el día de hoy.
4. Un hombre escogido (Hch. 13:1–2): fue elegido para iniciar con Pablo la obra misionera, y estuvo dispuesto a seguir las indicaciones de la Iglesia, reconociendo en el sacrificio que se le pedía la voluntad del Espíritu Santo.
190. CAÍN Y ABEL: EL CONTRASTE DE LA DESOBEDIENCIA
(Génesis 4)
INTRODUCCIÓN: la historia de Caín y Abel contiene simbólicamente un resumen de la raza humana apartada de Dios. Ambos hermanos deseaban hacer una ofrenda al invisible Creador que había estado revelándose a sus padres como una teofanía humana y les había dado instrucciones que poco a poco fueron olvidadas, pero tenemos una evidencia de ellas en la conducta de los dos hermanos. ¿Por qué Abel ofreció un sacrificio cruento y Caín de frutos de la tierra? Si ambos preguntaron a su padre Adán, éste diría:
—No comprendo por qué Dios pidió sacrificar un cordero; pero Él lo dijo antes de nuestra desobediencia, y nosotros debemos obedecerle, no queramos atraer sobre nosotros mayor maldición.
Pero Caín posiblemente respondería:
—No quiero creer lo que no comprendo. Los frutos de la tierra son más hermosos que un cordero sangriento.
—Pero Dios habló de un Redentor que heriría al enemigo que nos engañó y aplastaría su cabeza, y Él sabe el porqué.
—Pero la serpiente dotada del don del habla dijo que seríamos como dioses conociendo el bien y el mal. Yo voy a ofrecerle lo más hermoso y que me parece mejor.
—¡Mira que no te equivoques!—podemos imaginar que Adán le diría; pero Caín, genio fuerte acostumbrado a ser el primero, prefirió cumplir su voluntad que aquella revelada a su progenitor, que no comprendía.
Dios tenía un plan: enviar al mundo nada menos que a su Hijo Unigénito a sufrir por los pecadores, y de este modo, confundir a Satanás ante el Universo entero, aplastar su crédito moral y conquistar el amor y gratitud de un pueblo de pecadores arrepentidos que quedaran llenos de gratitud por toda la eternidad. Esto fue expresado en una frase enigmática a Adán (Gn. 3:1, 14, 15). Pero Caín se creía más sabio que lo revelado por Dios y prefirió cumplir su voluntad y engendró una raza de seres desobedientes que tuvieron que ser borrados de sobre la Tierra por el diluvio, pero que siguen su existencia en el Hades misterioso (según 1 P. 3:18–22), y cuyos descendientes (judíos) siguen practicándola a su manera. Continuaron, también, sin comprender el plan de Dios, simbolizado por los sacrificios del antiguo Pacto, hasta la venida de Aquel de quien pudo decir Juan el Bautista: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».
1. ¿Cuáles fueron los frutos de aquella actitud desobediente?
a) La envidia de Caín llega a un punto tan alto que no puede convivir con su hermano. No puede sufrir que otro que él consideraba inferior por ser el segundo en su llegada a la Tierra fuera favorecida y, tras una crisis neurótica que hizo decaer su semblante, asesina a su hermano con alevosía e hipocresía (Gn. 4:8).
b) Trata de engañar a Dios usando una frase insolente (v. 9)
c) Recibe la maldición de Dios y teme (Gn. 4:11–15).
d) Resiste a la misericordia de Dios (Gn. 4:15–16).
e) Duda de la posibilidad de su perdón. Es el primer Judas dentro de la economía divina. Reúne a su familia y huye, amuralla un recinto y funda una ciudad sin religión, donde sus descendientes hacen adelantar la cultura de la hoy llamada Edad de Piedra. He aquí los hechos más destacados de aquella cultura primitiva …
—Un biznieto de Caín descubre el hierro.
—Otro, las flautas y la música.
—Otro, introduce la poligamia.
El egoísmo de Caín pretende encubrir su crimen con la indiferencia. «¿Soy yo guarda de mi hermano?»
¡Cuántos han imitado a Caín! ¿No es ello un retrato de la raza? ¿Fue el diluvio el único castigo de aquella raza?
En tal caso el espíritu de Caín hubiera quedado impune, pues Jesús asegura que para Dios todos viven, pero en condiciones diferentes. Unos con Dios, otros en el Hades, esperando un justo juicio. Hay quienes creen que los hijos de Dios eran ángeles, que engendraron gigantes, pero yo creo que los gigantes físicos de Gn. 6 lo eran por la novedad de la raza sobre el mundo, y que la raza de los desobedientes es aquella a la que se refiere la p. 3:18–22, a quienes Jesús predicó, y todavía están en el Hades, en espera de su juicio según sus obras (Ap. 20:11–15), en un Hades misterioso que desconocemos, ya que habrá en dicho juicio de condenación castigos más o menos tolerables (Mt. 11:20–24).
2. El pueblo de los elegidos (Ef. 1:3–14): es el pueblo que ha recibido con más propiedad el nombre no sólo simbólico sino real de hijos de Dios (Jn. 1:12) y tiene el privilegio de volar a la Casa del Padre (Sal. 90:10; Lc. 23:43 y Fil. 1:23).
CONCLUSIÓN: Pablo fue un Caín transformado en Abel por el nuevo régimen de gracia que Cristo vino a inaugurar en esta Tierra. Si Cristo no hubiese sido perfecto, si hubiese participado del común sentir del género humano, habría dicho como Caín: ¿Qué me importa el mundo? ¿Soy yo guarda de mis hermanos? Gracias que no lo dijo; y así miles han repetido: Si Cristo murió para hacer a los hombres salvos, muramos nosotros para contribuir a hacer más efectiva su salvación. Caín luchó dos veces con el Espíritu de Dios (anécdota: el hombre que pidió en oración no ser más atormentado por el Espíritu Santo).
Oigamos la voz de Dios en nuestras conciencias.
Seamos obedientes como Abel, para que nunca tenga que ser nuestra parte con Caín y los desobedientes.
191. CALEB, EL VENCEDOR OPTIMISTA
(Josué 14:6–15)
INTRODUCCIÓN: ¡Qué gigante espiritual fue Caleb! Mientras diez de sus compañeros, que habían presenciado las mismas cosas que él en cuanto a la fortaleza de sus enemigos, emitían un juicio pesimista y desmoralizador, él y Josué se mantuvieron en una actitud positiva, fijando su vista, no en las probabilidades humanas de derrota, sino en el poder de Dios.
Consideremos …
1. Su conducta (vv. 7, 8): era fiel a Dios en contra de la mayoría. Ha habido en todos los tiempos personas aisladas y minoritarias manteniendo su fe en contra de la mayoría de sus contemporáneos, y a muchos ha costado la vida (Preséntense ejemplos de la Historia.)
2. Su carrera (vv. 10, 11): a los 85 años Caleb era tan fuerte como cuando tenía 40. La fidelidad de Dios siempre trae la fortaleza de Dios: A los fieles está prometido que irán «de fortaleza en fortaleza» (Sal. 84:7). Considérese todo el pasaje (vv. 5–7). Esto es cierto en lo que se refiere al espíritu. Cuando un hombre o una mujer ha sido fiel y fuerte para Dios en los primeros años de su vida, su vejez podrá enflaquecer su cuerpo, pero no su espíritu (Sal. 92:14; Is. 40:29–31).
3. Su coraje (v. 12): los israelitas se habían asustado tanto de los anaceos que se negaron a entrar en la tierra que Dios les había prometido (Nm. 13:32–33). Caleb, aunque anciano ya, no se asusta de aquellos gigantes y de sus ciudades fuertes, apoyándose en la promesa de Dios: «Si Jehová está conmigo …» Éste era el secreto de su valor. El cristiano fiel dice como Pablo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil. 4:13).
4. El alcance de la promesa (v. 12): había sido dada 45 años antes, pero Caleb no lo había olvidado y sabía que Dios tampoco. Pablo dice que todas las promesas de Dios en Cristo son sí y amén, o sea verdaderas (2 Co. 1:20). Tarde o temprano se cumplirán.
5. Su comunión con Dios (vv. 13–15): la palabra «Hebrón» significa «comunión». Allí Abraham tuvo comunión con Dios (Gn. 13:18). Allí la tuvo también Caleb y más tarde el rey David (2 S. 2:11), pero no era el lugar secreto de los que encontraron en Hebrón la comunión con Dios y la fortaleza divina. Absalón intentó hacer de Hebrón un lugar de traición a su propio padre, y allí no contaba con la comunión ni con la bendición de Dios. No hay lugares sagrados que tengan la virtud de traer bendición espiritual, sino a los que acuden allá con ánimos de recibirla.
Esto ha ocurrido muchas veces con lugares modernos de comunión con Dios, como Keswick Lausanne, y otros lugares donde los que iban bien preparados salieron enardecidos y llenos del Espíritu Santo, pero los que han ido sólo por motivos turísticos han salido tan vacíos como cuando entraron allá.
CONCLUSIÓN: un lugar de comunión puede ser nuestra propia habitación más escondida y secreta (Mt. 6:6), sin despreciar las oportunidades que la comunión fraternal ofrece cuando el espíritu está bien dispuesto (He. 10:25).
192. COSAS PERDIDAS Y RECUPERADAS
(Salmo 51)
INTRODUCCIÓN. por motivo de su gran pecado (refiérase brevemente), David había perdido …
1. Su paz: «Y ora por el perdón (v. 1). El pecado visto a la luz de la presencia de Dios de su Palabra en muchas partes y de la cruz de Cristo, así como de la resurrección eterna debe hacer temblar al pecador (vv. 3, 4, 8).
2. Había perdido su pureza: «Y oró por purificación (vv. 2, 7, 10). «Purifícame con hisopo (véase Éx. 12:22; Lv. 14:6). El hisopo era una planta al alcance de todos, pero su virtud dependía de la sangre que esparcía. Así es el Evangelio. Cristo es un Salvador alcanzado y su sangre nos purifica (1 Jn. 1:7).
3. Había perdido su gozo en el Señor y oró por su devolución. David necesitaba:
a) Un corazón limpio (v. 10, Mt. 5:8).
b) Un espíritu recto y firme que no se doblegara ante la tentación (v. 10).
c) Un espíritu libre, o sea, dispuesto a cederlo todo a Dios (v. 12 y Éx. 35:21–12).
4. Había perdido su poder: lo necesitaba para proclamar de nuevo la Palabra de Dios que él amaba tanto, pero su proceder había enturbiado su testimonio:
a) Para traer almas a Dios.
b) Para entonar las alabanzas de Dios.
193. CUALIDADES Y DEFECTOS DE MOISÉS
(Deuteronomio 33:26–29 y 34:1–9)
INTRODUCCIÓN: si algún hombre ha sido elegido por Dios para una grande obra es ciertamente Moisés. Podernos ver la providencia de Dios obrando en toda su vida, desde que sus padres tuvieron que abandonarlo en el río Nilo y lo halló la hija de Faraón que lo ahijó, educándole con toda la sabiduría de los egipcios, hasta el término de su vida en el monte Nebo, cuando Dios le mostró desde la cumbre Pisga toda la tierra de Canaán. Pero escogido no significa perfecto. De él puede decirse lo que escribía Santiago acerca de Elías: «Era hombre sujeto a las mismas pasiones y tentaciones que nosotros»; pero sus virtudes y defectos nos son dados para nuestra enseñanza, ya que en cada caso trajeron algún resultado, bueno o malo, procedente de Dios. Veamos en primer término:
I. Sus virtudes
1. Su abnegada decisión: esto aparece, más que en el libro del Éxodo, en He. 11, donde tenemos el resumen de los grandes héroes de la fe dado por inspiración divina, lo que podríamos llamar el punto de vista de Dios sobre cada uno de tales héroes, y es allí donde leemos: «Por fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado». Consideremos cuándo tomó esta decisión:
a) En la madurez de sus potencias, cuando tenía 40 años.
b) Cuando Israel estaba en la más baja condición y situación.
c) Cuando los placeres del pecado eran más fascinantes.
Su decisión fue absoluta. Practicada de un modo que parece—y sin duda fue—equivocado, pero de una manera que no tenía opción a retroceder, pues se hizo enemigo de Faraón y de sus leyes injustas.
2. Amor a la justicia: su actitud fue quijotesca … Primero, al defender al judío apaleado. La misma actitud se muestra en la defensa de las hijas de Jetro en el pozo de Madián. Él tenía que defender al desvalido, fuera como fuera, por más que esto pudiera perjudicarle.
3. Su humildad: ésta aparece en dos momentos cruciales de su vida …
a) Conformándose a ser pastor de ovejas teniendo en su mente toda la sabiduría aprendida en las altas escuelas de Egipto. Es bastante difícil para el hombre culto tomar un trabajo como el de pastorear ovejas; no dijo: «Yo soy ingeniero diplomado en la Escuela de Menfis, sino que aceptó la humillación que Dios puso en el camino de su vida por su providencia. ¿Estaríamos dispuestos nosotros a aceptar tal humillación? (anécdota: el pastor que convirtió a la anciana altiva poniéndose en la cocina y preparándole una taza de chocolate caliente cuando estaba enferma).
b) En su actitud ante el llamamiento de Dios en la zarza. No sabemos si es verdad la tradición que relata el judío Josefo de que Moisés había sido general, pero sabemos que ante el llamamiento divino se consideró inepto e impotente, de modo que Dios mismo tuvo que decirle: «¡Ve, porque yo estaré contigo!»; y más tarde le dijo: «¿Quién dio la boca al hombre?» (Éx. 3:12 y 4:12).
4. Mansedumbre: tuvo la experiencia de ser criticado por las personas desagradecidas y malhumoradas del pueblo, incluso por miembros de su propia familia (Nm. 12:1).
5. Generosidad: «Ráeme ahora del libro que has escrito» (Éx. 32:32). Su amor por el pueblo le llevaba a una actitud semejante a la del apóstol Pablo en Ro. 9:3, a pesar de que Moisés no tenía tanta luz y experiencia espiritual como Pablo, pues vivía en la edad de la Ley, no de la gracia; pero el celo de Dios en todos los tiempos ha dado amor al prójimo.
6. Sumisión: en su larga experiencia de sus tratos con Dios, aprendió la sumisión, de modo que cuando el Señor le negó entrar en la tierra de Canaán por un simple acto de impaciencia, no dijo: «Señor, ¿tan sólo por esto me castigas?; después de haber hecho tanto por Ti, conduciendo este pueblo ingrato por el desierto durante 40 años, y ahora que es el momento de disfrutar de aquello que Tú prometiste y nos hiciste esperar tanto, ¿me lo niegas?» No se rebeló, sino que aceptó el dictamen de Dios, considerándolo justo por venir de quien venía. Pesaba los favores que Dios le había otorgado durante tantos años y juzgaba que sus misericordias habían sido tantas y tan grandes que pesaban mucho más que sus méritos.
7. Fe inquebrantable: la base de todas estas virtudes era su profunda fe; creía que Dios no podía equivocarse, aunque a veces fueran inexplicables sus caminos. ¿La tenemos nosotros?
II. Sus defectos
1. Era impetuoso y se dejaba arrebatar por la ira. Es lo que ocurrió:
a) Al matar al egipcio.
b) Al romper las tablas de la Ley que Dios había escrito
c) Al golpear la roca de Horeb, en lugar de hablar a la roca ordenándole en nombre de Dios que manara agua.
2. Impaciente: pensaba hacer las cosas al tiempo que él quería, sin esperar el tiempo de Dios. Esto es lo que demostró en su visita a sus hermanos israelitas afligidos. ¿No nos ocurre también muchas veces a nosotros cuando oramos esperando que Dios obre en algo que nos interesa?
3. Curioso y atrevido: sus propios privilegios le inducían a este «santo defecto», como algunos lo han llamado. «Hazme ver tu rostro»—dijo al Dios infinito que es espíritu, y no hombre; pero él había oído la voz de Dios y creía que Dios debía ser algún ser humano, como un gigante quien le hablaba. Fue siglos más tarde, cuando Dios se reveló en la persona de Jesucristo, que quedó declarado el modo de ser de Dios (Jn. 4:23, 24). Hasta entonces Dios se había manifestado siempre como una teofanía, y así el mismo Moisés lo había descrito al escribir las historias de Edén, de Abraham, de Jacob, etc. Se ha dicho que a los sabios se les apodera la manía de saber más.
¿Quién no tiene estos mismos defectos? ¿No los tenemos nosotros, todos los que andamos por fe y no por vista? ¿Sabremos andar al paso del infinito? Pero las cualidades que hemos referido, una vez desarrolladas por las pruebas de su vida, llegaron a cubrir totalmente los defectos de este gran hombre de Dios. De modo que cuando Dios tuvo que emitir un juicio acerca de este gran varón escogido, y lleno de fe, juntamente con otros que menciona, dice de todos ellos: «De los cuales el mundo no era digno …»; y añade estas alentadoras palabras para nosotros, que nos revelan un secreto del Cielo: «Todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido»—según ellos se lo imaginaban, podemos añadir nosotros—. Y la Palabra de Dios prosigue: «Porque Dios había provisto para nosotros algo mejor, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros» (He. 11:38–40).
CONCLUSIÓN: hermanos, estamos siguiendo los pasos de estos hombres de fe que fueron aprobados por Dios en la parte que correspondía a su vida humana, y están ahora con El, perfeccionando aquello que no pudieron acabar de aprender en sus vidas humanas. Aquí podemos, y debemos, decir lo que Pablo exhortaba a su discípulo Timoteo: «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza rectamente la Palabra de verdad» (2 Ti. 2:15).
194. DIOS SUPREMO
(1 Reyes 17)
INTRODUCCIÓN: entre los profetas del Antiguo Testamento, seguramente no hay otro mayor que Elías. Es un instrumento en las manos de Dios para la reanudación de una época de milagros y tuvo los siguientes privilegios:
—Fue llevado al Cielo no como los otros hombres, por la muerte (2 R. 9:1–14).
—Apareció vivo en el monte de la transfiguración, de tal manera que los apóstoles le reconocieron (Mr. 9:2–13).
—Tiene que volver a este mundo antes de la vuelta definitiva de Cristo para juicio (Ap. 11:3–12).
Es natural que de un hombre tan excepcional recibamos lecciones excepcionales. Apenas hay otra historia con tantas enseñanzas para los cristianos.
1. Elías no era perfecto: nos dice Santiago que Elías era hombre sujeto a las mismas debilidades que nosotros (Stg. 5:17) y esto hace su historia más asequible y llena de lecciones prácticas para la vida cristiana …
a) Es un hombre que se desanima y desalienta.
b) Se enoja y es vengativo con los falsos profetas.
c) Es un producto de su época.
d) Oró por un castigo para Israel sin reparar en que él lo sufriría también, pero Israel necesitaba conocer que había un Dios en los Cielos. Su oración, un tanto vengativa, le condenó al destierro, porque el rey Acab empezó a perseguirle.
e) Dios atiende a hombres no perfectos y le guió al torrente de Cherit que también llegó a secarse, pero el ojo de la fe ve por encima de las circunstancias de la vida al autor de la vida y de todos los privilegios de que goza este mundo.
2. Dios cuida de sus hijos aunque sean imperfectos: en el curso de la vida, habrá momentos de valentía, como los de Elías en el Carmelo, y otros de desánimo y depresión, como Elías cuando huyó a Horeb; pero entre uno y otro sucesos ocurrió el secarse el torrente de Cherit y era uno de aquellos momentos de prueba, pero Dios proveyó por Él. ¿Cómo?
3. Por medio de la viuda de Sarepta:
a) Dios le dijo que en aquel país vecino hallaría una mujer viuda que le sustentaría, pero no le dio detalles de la misma: indudablemente, Elías supuso que sería una persona rica, pero fue un desengaño para el profeta encontrar una pobre viuda, recogiendo leña seca para cocer su comida. El profeta le pide un vaso de agua. Esto era ya un pequeño sacrificio en tiempos de sequía, pero observemos las cualidades de aquella pobre viuda a quien Jesús mismo mencionó recordando su historia (Lc. 4:26). Este fue su primer acto de fe. Era una extranjera, pero reconoció en el anciano profeta un servidor de Dios perseguido por Acab que venia haciendo una larga caminata, mientras que ella estaba cómodamente en su casa, y sin reparo le atendió.
b) Pero el profeta va más adelante: cuando ella le explica su pobreza y que probablemente la poca harina que le quedaba sería su último alimento, el profeta, en lugar de darle las gracias y pasar de largo, insiste con una petición: «Bien, pero de esta harina que te queda haz primero una torta para mí». ¡Qué atrevimiento o desvergüenza! Pero a esta atrevida petición sigue una promesa al parecer inverosímil: «La tinaja del aceite no disminuirá, ni la harina escaseará …». La mujer podía dudar si el hombre la engañaba para saciar su hambre, pero es tan grande su fe en el Dios de Israel que no se atreve a dudar y no se dejó llevar por su egoísmo, que fue vencido por su fe. ¡En cuántas ocasiones Dios ha obrado así en momentos de apuro! (anécdota: el caso histórico en el que Dios se sirvió de un cuervo que llevaba una joya, para suplir la necesidad de un servidor suyo en Alemania).
Pero no debemos esperar que Dios haga milagros siempre si nosotros no estamos cumpliendo nuestra parte y así era en este caso.
c) La mujer era laboriosa y prudente: no rompió los muebles porque tenía que ir a morir de hambre, va a recoger leña.
d) Era veraz; podía fácilmente mentir diciéndole: «no tengo nada que darte», pero declara y reconoce lo que tiene, un poco de harina y de aceite, y no se escandaliza de que el profeta de Israel le diga: «Haz para mí primero …». La mujer podía usar una mentira de segundo grado con reserva mental, añadiendo interiormente «no tengo nada para ti», pero fue veraz a la vez que generosa y Dios se lo premió.
e) La previsión y el egoísmo nos lleva muchas veces a decir: «yo primero», pero lo que sería egoísmo en el hombre o mujer por piadoso que fuera, es altruismo en la extranjera de Sarepta de Sidón.
f) Es el principio que recomendó Jesús el Hijo de Dios en el sermón del monte y a su iglesia a través de los siglos: «Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia y todas las cosas os serán añadidas» (Mt. 6:33).
g) María de Betania dedicó a Jesús lo mejor que guardaba para ella y el Señor la elogió y defendió contra los discípulos criticones. Cuando la mujer de Sarepta pensaba solamente que tenía sólo unas horas de vida y la muerte por el hambre, la bendición de Dios transformó todas sus esperanzas. Ello es una figura de la vida presente y la eterna. Dios nos pide una pequeña parte de esta vida nuestra que al fin y al cabo tenemos que perder dentro de pocos años, pero Él nos obsequia con la vida eterna del «más allá».
4. La fe tiene que crecer: la viuda de Sarepta tuvo que aprender que Dios es primero por medio de la más dura prueba. Todo iba magníficamente en la compañía del profeta, que era sustentado con ella y su hijo por mucho tiempo. El hijo muere, y el primer pensamiento que se le ocurrió fue que era el castigo de Dios, porque la santidad del profeta ha puesto en evidencia sus imperfecciones por contraste. El ojo de Dios se había fijado en aquella casa por estar allí un hombre tan santo. Casi le sabe mal el haberlo recogido, pero el profeta recibe de Dios la inspiración de que practique con el niño la respiración artificial, boca a boca, y a este recurso natural Dios añade su bendición en respuesta a la oración de Elías, volviendo a enviar el alma al cuerpo del niño De esta manera la fe de la viuda es grandemente aumentada con el milagro de su resurrección.
CONCLUSIÓN: aquella viuda es un tipo de la iglesia gentil, y su conducta un ejemplo de lo que tiene que ser la nuestra. El mundo desprecia hoy a Cristo y sus mandatos, pero es grande dicha la del que sabe creer y decir en esta época en que vivimos por fe. Aunque no le vea ni vea milagros como los de la edad apostólica, creo que hay un Dios creador y Salvador, y por Él viviré y le serviré. Entonces, toda dificultad se transformará en una mayor bendición, un nuevo motivo de darle gracias en los acontecimientos de la vida y asimismo en el gran misterio de la muerte cuando iremos al encuentro del Señor y seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es. Que éste sea el lema de nuestras vidas en cada detalle grande o pequeño: «Dios primero».
195. EL CARCELERO DE FILIPOS
(Hechos 16:22–34)
INTRODUCCIÓN: una de las conversaciones más notables en el Nuevo Testamento es la del carcelero de Filipo. Podemos decir que él es una conversación ejemplar, porque como «un agua se parece a otra, así el corazón del hombre se parece al otro» (Pr. 27–19). Por más que las circunstancias sean diferentes, los hombres no lo son. De ahí que esta conversión y otras que se nos exponen en el Nuevo Testamento pueden ser un ejemplo para presentar a los hombres de todos los tiempos. Podemos distinguir siete etapas en su experiencia.
1. Endurecido: un hombre acostumbrado al crimen desde su juventud, aunque no los cometiese él, se había acostumbrado a tratar con criminales y sentía un placer, también culpable, en castigarles y tratarles duramente.
2. Adormecido: seguramente había oído algo de lo ocurrido en el caso de los apóstoles y probablemente se había preguntado: «¿Y si estos hombres tuvieran razón, pues han manifestado un poder sobrenatural sobre esta adivina?» Sin embargo, él no iba a interesarse para indagarlo. «¡Hay tantas religiones!», se habría dicho. Son predicadores de nuevos dioses. Así dicen muchos hoy. ¡Hay tantas religiones en el mundo! ¡Quién sabe dónde está la verdad!, o, como decía Pilato, ¿qué cosa es verdad? Por esto se echó a dormir aquella noche en la más completa indiferencia.
3. Despertado: se despierta en un doble sentido. Primero en cuanto a su peligro físico, pues sabía que si los presos habían huido lo pagaría con su vida, y segundo, que se encontraría ante las realidades eternas sin salvación.
4. Desesperado: en esta condición viene delante de los siervos de Dios. La palabra «salvo» ha hecho suponer si Pablo no había estado hablándole del Evangelio mientras él le azotaba, pues ¿de dónde habría sacado la idea de que estaba perdido?
5. Instruido: Pablo le da la respuesta única y suficiente. La salvación se obtiene por la fe en el Hijo de Dios el Señor Jesucristo. ¡Qué hermoso cuando los corazones se abren y preguntan.
6. Sumiso: ésta es la etapa del cambio. El hombre quiso ser instruido en toda la doctrina hasta en el acto del bautismo. Un caso como el del eunuco, aun que en circunstancias bien diferentes. El hombre cree y acepta juntamente con todos los de su casa que podían creer y aceptar.
7. Hecho feliz: se ve la transformación efectuada por el cambio de su actitud para con los apóstoles. Les lava los azotes y les pone la mesa. La fe siempre se demuestra por sus frutos y por el gozo del corazón. Ejemplos: El eunuco (Hch. 8:39) (ej.: otros muchos casos contemporáneos).
196. EL DESEO CUMPLIDO DE NEHEMÍAS
(Nehemías 2)
INTRODUCCIÓN: la historia de Nehemías es un ejemplo práctico de la vida de oración. Su nombre es ya un detalle interesante. Nehemías significa «compasión de Dios», y él vivía como sintiendo esta realidad en su vida. En todo el libro su carácter revela rasgos de que era …
—Emotivo. Al oír el relato de un viajero que había estado en Jerusalén «lloró» (cap. 1:4).
—Generoso: dio y no percibió sus derechos como gobernador (cap. 5:14).
—Enérgico (véase el cap. 13).
—Piadoso: especialmente, por lo difícil que era mantenerse fiel en medio de una corte antigua.
1. El deseo despertado: por el relato de Hananí. Las impresiones fuertes son origen de las más nobles empresas, cuando hallan terreno apropiado (de ahí, la importancia de leer buenos relatos misioneros).
2. El deseo expuesto ante Dios:
a) Características de esta oración …
—Intensa y sincera: «Lloró y ayunó» (v. 4).
—Llevaba un propósito definido (v. 11).
—Hecha con reverencia, sintiendo el poder y grandeza de Dios (vv. 5, 6).
—Se apoya en las promesas de Dios (vv. 8, 9).
—Con humildad. Confiesa el pecado. ¿En qué sentido podía sentirse culpable?
b) Participaba interiormente del mismo espíritu que llevó a su pueblo al pecado. Examinemos si no es así con los pecados de nuestra patria, aunque no los hayamos cometido de hecho.
c) No había ejecutado todo lo posible para impedir el pecado. Éste es el caso de muchos ciudadanos de Alemania y de otros países.
d) Estaba dispuesto a poner su parte en lo que podía (v. 11).
e) Fue perseverante: oró cuatro meses, de noviembre a marzo.
3. El deseo expuesto ante el rey: imaginémonos el cuadro …
a) Su preocupación, descubierta por el rey. No lo esperaba. ¿Sería el fracaso, o la oportunidad? La expresión «temí» demuestra su estado de ánimo.
b) El recurso supremo en el momento oportuno (cap. 2:4).
c) El recurso utilizado: «Oré al Dios de los Cielos» (cap. 2:4). No tenía un discurso preparado para el rey, pero en todo momento podía hablar con Dios. La oración jaculatoria es excelente, si no es rutinaria. Sólo se halla en el espíritu de comunión con Dios que resulta de oraciones largas. Para el alma que vive con Dios cualquier lugar es bueno.
4. El deseo cumplido: «Más abundantemente de lo que pedimos o entendemos» (Ef. 3:20).
a) Le envió, dio guardias, madera, le nombró gobernador (cap. 5:16).
b) Pudo ver, además, un despertamiento espiritual allí (cap. 8).
Del mismo modo que un carbón encendido puede ser origen de un gran fuego, un corazón ardiente para Dios puede ser una gran bendición a docenas, centenares o miles de almas, según sus circunstancias.
5. ¿Cuáles son las virtudes de Nehemías que podemos imitar? ¿Cuáles son sus defectos que debemos evitar?
a) Sus excesos de celo que le llevaron a ser duro con los matrimonios mixtos (Neh. 13:23–26). ¿No habría sido mejor exhortar a aquellos israelitas a que enseñasen el culto a Jehová a sus mujeres extranjeras? (puede ponerse como ejemplo el caso de Rut y Noemí (Rut 1 ). La Palabra de Dios nos refiere tanto las virtudes como los defectos de sus héroes, pero Dios aprecia los motivos de ellos y en este caso eran excesos de celo por un motivo justo; sin embargo, eran excesos. Muchos han sido culpables, en tiempos pasados, de santo fanatismo, y hoy la tendencia es por el otro extremo; pero el término medio es lo que agrada al Señor (véase Ec. 7:16).
b) Su alto concepto de sí mismo (Neh. 13:31): aun cuando fuera con razón (véase Lc. 18:9–14; 2 Co. 10:18).
CONCLUSIÓN: sepamos imitar todas las virtudes de este gran siervo de Dios y evitar sus defectos, no dejándonos llevar por un santo exclusivismo que nos separe de otros hermanos fieles, o un alto concepto de nosotros mismos que pueda llevar al Señor a ejercer sus juicios contra nosotros. Un gran servidor de Dios nos decía: «Job era ante los ojos de Dios como un gran terrón de oro, pero con un granito de piedra en su centro, y Dios tuvo que fundir aquel oro mediante la tribulación para sacar la pequeña piedra (Job 23:10; 1 P. 1:7). Recordemos que nosotros somos más responsables que los judíos del A.T., porque tenemos la luz completa del Nuevo Testamento.
197. EL DILEMA DE HERODES AGRIPA II
(Hechos 26)
INTRODUCCIÓN: este relato es el más explícito y emocionante de la vida de Pablo. El gran apóstol antiguo perseguidor de los cristianos se había hecho famoso pues como él dice: «desde Jerusalén hasta Ilírico todo lo he llenado del Evangelio de Cristo» (Ro. 15:19). Los jefes de las sinagogas se habían quejado al gran Sanedrín por la propaganda de este agitador y los más fanáticos judíos de Jerusalén le estaban esperando. En su última visita a Jerusalén, tuvo la mala idea de llevar consigo a unos griegos convertidos y estando en el Templo unos judíos le conocieron y armaron un alboroto comenzando a pegarle, cuando salió al tribuno estaban gritando: «¡Mátale, mátale!» el apóstol intentó explicarles su conversión pero no le dejaron acabar. De allí el tribuno lo llevó a Cesarea donde predicó al gobernador Félix que le retuvo dos años preso y le dejó en manos de Festo Un italiano recién llegado de Roma que no entendía nada de religión.
1. ¿Quién era Agripa? El hijo de Aristóbulo, el cuñado del primer Herodes que recibió a los magos, e intentó malar a Jesús. Aristóbulo tenía una hermana joven, muy hermosa, que se llamaba Mariamme y elegida como la principal de todo el harén de Herodes Antipas, quien dio orden a sus amigos que cuando estuvieran nadando juntos retuvieran a Aristóbulo debajo del agua hasta que se ahogara. El rey fingió un gran duelo, pero Mariamme le reprochaba con indirectas, que él era quien había hecho ahogar a su hermano, lo que produjo tal indignación en el primer criminal de la nación que la hizo matar a ella también, pero Herodes se sentía tan acongojado después de haberlo hecho que ordenó a sus criados que la llamaran como si estuviese viva y pudiera oír su nombre como antes, ya que no la podía oír a ella misma. El rey Agripa era un niño cuando tuvieron lugar estos acontecimientos y fue enviado a Roma a estudiar, y el Senado le nombró rey de una parte de Israel para congraciarse con los judíos.
2. El discurso de Pablo ante el rey: el gobernador Festo al ser visitado por el rey Agripa y Berenice les explicó que tenía un preso que había apelado a César y, antes de enviarlo al Augusto deseaba informarse acerca de por qué le odiaban tanto los judíos. Pablo explicó su historia usando un lenguaje que inquietó la conciencia del rey. Dijo que había cambiado de su punto de vista judío, porque Jesús resucitado se le había aparecido cerca de Damasco y le había ordenado ir a los gentiles a proclamar que Jesús no estaba muerto, sino vivo y ensalzado a la diestra de Dios para que los hombres abrieran sus ojos a la verdad del Cristo resucitado, y ésta fue la primera flecha que entró en el corazón del rey Agripa. Éste había sido educado en la fe judía cuando era un niño en Jerusalén y por esto Pablo continuó su discurso diciéndole: «¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? ¡Yo se que crees!». Sin duda, el rey Agripa había profesado fe en la religión judía y ahora se encontraba con un nuevo dilema. ¿Sería Jesús el que había sido crucificado por Poncio Pilato el verdadero Mesías que esperaban los judíos? Era algo raro, ya que el Sanedrín estaba en contra de la nueva religión, pero Pablo afirmaba que había oído a Jesucristo vivo, a las puertas de Damasco y le había dado la orden de extender esta buena nueva a judíos y a gentiles. ¿Recordaría Agripa el libro de Is. 53? No sabemos si el apóstol Pablo en su larga arenga usó esta expresión. «Abrir los ojos» a la nueva fe. Si Agripa creía a los profetas, Isaías era uno de estos, y el que había oído de tantas religiones en Roma, se sintió compungido. Era evidente que aquellas religiones eran falsas, ¿sería verdad el testimonio que daba Pablo acerca de este Jesús resucitado, de quien aquel singular preso estaba dando testimonio? El primer paso en toda conversión es abrir los ojos, darse cuenta de que para el Creador del Universo no es imposible este milagro de resucitar a su Mesías, pero abrir los ojos no es todo … Posiblemente hay aquí en esta congregación alguien que ha empezado a creer. Este es el estado del que se interesa por el Evangelio y dice «¡Me gusta!», pero esto es solamente el primer paso, y el segundo es el más difícil.
3. Para que se conviertan de las tinieblas a la luz: ¿Que deberíamos hacer cada mañana cuando abrimos los ojos? Abrir las ventanas y decir a Dios, Creador invisible, pero que se manifiesta por sus obras: «Señor. dame tu luz para que pueda tener la inteligencia espiritual que se necesita para dar el paso de ser cristiano».
4. Del poder de Satanás a Dios: éste es el estado del pecador. No solamente es ciego, sino esclavo. Así lo considera Jesús mismo cuando los judíos se ufanaban de ser hijos de Abraham y les decía: «¡Abraham era muy diferente de vosotros!», y añadía: «Todo el que hace pecado es esclavo del pecado» no hace su voluntad, sino que sigue los malos pensamientos que el príncipe de este mundo pone en su mente. ¿No es así con muchos que han abierto los ojos y han visto el gran error de su pasado? El fanatismo ciega, pero la luz de Dios brilla, y hoy día todavía está brillando en las conciencias de personas que creen con una fe incipiente e incompleta, tal como quizá en aquel momento tenía el rey Agripa. Hay miles que al oír y leer tantos libros que hablan de la divinidad de Jesús empiezan a abrir los ojos; pero la convicción interna ha de ser seguida por una confesión externa, tal como dice Pablo en Ro. 10:9: «Si confesares con tu boca al Señor Jesús y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo». Creer con la mente la verdad del Evangelio es un modo de abrir los ojos, pero confesar que crees es la parte práctica del gran dilema. ¿Que haría Agripa ante la evidencia que se presentaba ante sus ojos? Creer en su corazón, primero en los profetas, esto ya lo creía desde niño, pero aceptar que Pablo decía la verdad en cuanto al encargo que el Cristo resucitado le había dado y exclamar desde el alto asiento de su tribunal: «¡Este hombre dice la verdad; yo me declaro cristiano!», era algo demasiado difícil, por esto se limitó a decir:
5. ¡Por poco me persuades a ser cristiano! He aquí un hombre medio convertido que no podía negar su fe en los profetas para declararse cristiano. Habría sido romper con todo su pasado, no sólo judío, sino también filosófico. Él había sido elegido por el Senado Romano como rey de una parte del norte de Israel. Aquel nombramiento era demasiado fuerte para ser roto tan sólo por una duda interna. A su lado estaba un gobernador ateo, quien había dicho unos momentos antes: «¡Estás loco, Pablo, las muchas letras te vuelven loco!» Y Pablo insistió con unas palabras de triunfo: «¡Ojalá que por poco o por mucho no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos cual yo soy, excepto estas cadenas». Era como decir: «No se trata de llegar al umbral de la fe, sino declararía (tal como el había hecho en vano con todos los gobernadores), pues yo soy ciertamente testigo de lo que digo, y cada uno de los que hemos puesto fe en el Invisible podemos terminar diciendo lo mismo». ¿No habrá entre los presentes alguien capaz de dar un paso más en favor de la fe? Pero la fe cristiana no es quedarse la semilla de fe en el corazón (en el caso de Agripa el creer en los profetas). En este caso es dar crédito a la historia de Jesucristo, pues como escribió Pablo en Ro. 10:1–11: «Si confesares con tu boca …». Esto demuestra que había otras personas en el auditorio convocado por el gobernador Festo, por orden del rey Agripa.
No sabemos el resultado de aquel testimonio de Pablo. Nadie se levantó, sino las autoridades, para dar por terminada la sesión. Agripa conservó su dignidad humana … pero a qué precio … ¡su alma!
6. Historia posterior de Agripa: el rey Agripa fue desde el principio uno de los mejores gobernantes que había tenido la nación judía, pues Herodes el Tetrarca no había sido mucho mejor que Herodes Antipas, pero Agripa, no sabemos si por la influencia y la convicción que produjo el famoso discurso del apóstol Pablo, fue desde el principio de la guerra un buen defensor de los judíos, a quienes recomendó siempre que no se rebelaran contra el poder romano, pues sus aguerridas y bien disciplinadas huestes habrían vencido en todas partes, desde las Galias a España y desde los partos a los cartagineses. El mayor error político de Agripa fue el haberse juntado con su hermanastra, Berenice, Hija de Herodes Agripa I, con la cual apareció en el juicio que tuvo lugar contra Pablo.
Naturalmente Agripa estuvo luchando en favor de los romanos cuando estos invadieron el norte y fue herido de una pedrada de onda en el ojo en Gemala, en aquella guerra que terminó con el terrible asedio profetizado por Jesucristo y la toma y ruina de Jerusalén. Pero todos los años en que el reinó siempre estuvo aconsejando bien a los judíos. ¿Por que, pues, la providencia divina permitió que fuese herido de aquella mala forma que le privó de un ojo? ¿No sería como un aviso de Dios sobre el indeciso Agripa? Dios reina y gobierna sobre los buenos y los malos en su dominio eterno, y el rey Agripa no estaba exento de pecados, como había sido su incesto con Berenice y su endurecimiento ante el testimonio del apóstol Pablo tan claro y persuasivo. ¿No sería para que en medio de su contratiempo y dolor reflexionase sobre lo que había oído? Sabemos por la historia que, antes de volver a Roma, la disoluta Berenice le abandonó y se hizo manceba de los vencedores Vespasiano y Tito. Dios tiene muchos medios para tratar con los hombres, mejores y peores. Después de la caída de Jerusalén se retiró a Roma, donde fue nombrado Pretor, una autoridad muy inferior a la de rey y que, aunque tuvo una larga vida, murió en el año 100 d.C.
CONCLUSIÓN: ¿De qué le sirvió a Agripa guardar en aquel momento de indecisión su autoridad y honores llegándose a creer el mensaje del Evangelio en aquella célebre ocasión cuando casi llegó a persuadirse de ser cristiano? Ésta es una lección de la historia para los medio creyentes. Pablo dijo ante el rey repitiendo las palabras de Cristo en su aparición en el camino a Damasco: «Para que abras sus ojos (de los no creyentes) a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios para que reciban por la fe que es en Mí perdón de pecados y herencia entre los santificados» (Hch. 26:18).
¡Cuánto mejor habría sido obtener esta gloriosa herencia eterna que lo que tuvo por unos pocos años del senado romano! Esto nos recuerda un himno que cantamos:
«¿Te sientes casi resuelto ya?
¿Te falta poco para creer?
¿Pues por qué dices a Jesucristo:
«hoy no, mañana te seguiré»?
Piensa que el casi, no es de valor
en la presencia del justo juez.
¡Ay del que muere casi creyendo!
Completamente perdido es …
¿Te sientes casi resuelto ya?
Pues vence el casi con Cristo; ven,
que hoy es tiempo, pero mañana
sobrado tarde pudiera ser».
198. EL DISCÍPULO DE LAS PARADOJAS
(Filipenses 3:12–21)
INTRODUCCIÓN: estudiando la vida de Pablo observamos que es el hombre de las paradojas. En muchas partes de sus escritos afirma y demuestra una cosa para seguir luego con otra que parece totalmente contraria a la primera. Sin embargo, estudiando más profundamente observamos que tiene razón no hay contradicción alguna entre lo primero y lo segundo y es que él mismo era una contradicción debido al profundo cambio que Dios obró en él. De que podía pero no debía gloriarse.
1. Su vida pasada en contraste con la superior: el gran apóstol lo presenta resumidamente en el pasaje leído. «Tengo de qué gloriarme», dice …
a) De su pureza de sangre: «Hebreo de hebreos». Aunque nacido en un país extraño, parece que su padre y su madre eran de raza judía.
b) Pureza de religión: desde muy joven se había unido a los fariseos.
c) Celo por su fe hasta el fanatismo de viajar para perseguir a los cristianos.
2. Su cambio en redondo: la torre de Babel de sus buenas obras cayó en el camino de Damasco. En lugar de sus esfuerzos por el camino de las buenas obras y su sinceridad religiosa para ir al encuentro de Dios ha encontrado pasaje en un aeroplano, la justicia de Cristo aplicada a su favor (v. 9). Ella es suficiente, lo suyo propio no lo era, pero ¿le permite esto estar descuidado en cuanto a sus propios esfuerzos para perfeccionarse y agradar a Dios? De ningún modo, él quiere ser hallado firme en su fe en Cristo sin vanagloria de su parte.
a) No se siente libre para hacer su voluntad, pues se considera esclavo por amor (anécdota: el esclavo comprado por un caballero cristiano que le dio la libertad y éste le dijo: No, yo quiero servirle toda la vida como un esclavo por amor).
Бесплатный фрагмент закончился.
