Читать книгу: «Cómo ser el mejor del mundo»

ARGENTINA

VREditoras

VREditoras

VR.Editoras
MÉXICO

VREditorasMexico

VREditoras

VREditorasMexico


INTRODUCCIÓN

Se me parte el corazón cuando la gente se da por vencida sin haberse arriesgado a dar el primer paso. No aprenden a cantar porque se van a reír de su voz desafinada, no invitan a esa persona especial porque puede decirles que no o dejan para mañana el ejercicio porque hoy hace mucho frío. Y así van sumando pretextos. Ni siquiera se han puesto los guantes y ya tiraron la toalla, como se dice en el box.
Pero, eso sí, las historias que se cuentan sobre lo que harán cuando estén en la cima son maravillosas, igual que las de la vida que tendrán cuando las circunstancias cambien y, por fin, tengan tiempo para dedicarse a lo que tanto añoran. Sin embargo, pasan los años y, como no se arriesgan a dar ese paso incómodo que los saque de su zona de confort, los resultados no llegan. Y así, mientras más pasa el tiempo, mayores son sus dudas, su frustración e impotencia, hasta que al final terminan renunciando a sus sueños.
En realidad, nunca me ha gustado cuando me entero de estas historias, pues sé que hay personas muy capaces allá fuera que tienen todo para triunfar, pero no lo consiguen. Y estoy seguro de que no se trata de falta de talento ni de pasión por lo que hacen. A lo largo de mi carrera deportiva he conocido a personas con capacidades físicas impresionantes, que son más fuertes, ágiles y rápidos que los demás y, sin embargo, nunca destacan.
Contrario a lo que se cree, la gente exitosa no es la más atlética, la más carismática ni la más inteligente, tampoco es quien tiene un mundo de recursos y posibilidades a su disposición. Si algo me ha quedado claro es que nuestro origen no define nuestro destino. Vivir en una zona apartada, por ejemplo, quizá signifique que enfrentarás más retos que otros si quieres estudiar medicina, pero si tienes la determinación encontrarás la manera de lograrlo y, en el trayecto, seguramente saldrás muy fortalecido, incluso con más herramientas que muchos que “la tienen fácil”.
Algunas personas tienen la bendición de contar con circunstancias que les facilitan obtener lo que buscan. Pero si no es tu situación, eso no quiere decir que no puedas conseguir lo que te propongas. Al contrario, estoy seguro de que en realidad tienes todo lo que hace falta para conseguirlo.
Muchas de las personas que admiramos vienen de abajo y aprendieron a sobreponerse a condiciones adversas. Si revisas sus biografías, verás que el común denominador que une a los deportistas, empresarios, artistas o científicos sobresalientes es la perseverancia y la convicción de no rendirse. El reconocimiento y la fortuna son solo el resultado de su esfuerzo y determinación.
Ahora bien, me gustaría aclarar que este no es un libro sobre deportes. Mi intención al escribirlo, más bien, tiene que ver con tu desarrollo personal y con brindarte una guía que te ayude a alcanzar lo que siempre has anhelado, ya sea en tus estudios o en tu vida profesional y personal.
Quiero compartirte mi experiencia, mis aprendizajes y las estrategias que me ayudaron como deportista a ser el campeón mundial de mi especialidad y a estar continuamente entre los mejores clavadistas del planeta.
A lo largo de las siguientes páginas te propongo que seamos compañeros de equipo y que me permitas guiarte y aconsejarte para que puedas alcanzar tus sueños.
Cómo ser el mejor del mundo fue pensado para llevarte paso a paso por un camino de crecimiento, que va desde identificar tus sueños y talentos, hasta saber cómo plantearte metas, objetivos y un plan para llevarlos a cabo. Además, aquí te compartiré las claves fundamentales para construir un estilo de vida exitoso que combine el impulso competitivo con el placer, así como la disciplina con la posibilidad de divertirte haciendo lo que amas y te apasiona.
Al final de cada capítulo, incluyo actividades para que pongas en práctica los temas que abordamos. La acción es importantísima. Considera que así como un buen nadador se hace en el agua, el corredor en la pista y el emprendedor en el desarrollo de su negocio, así mismo tus actos son los que harán realidad tus sueños.
No te voy a mentir, el camino que te propongo en Cómo ser el mejor del mundo implica compromiso y trabajo, pero te aseguro que puedes conquistarlo si apuestas por ti y confías en tus fortalezas. No importa tu edad ni a qué te dedicas, tampoco tus estudios o dónde vives, lo primordial es tu hambre de superarte y el impulso que tengas para crecer.
Es momento de dejar atrás las excusas y las buenas intenciones que no se traducen en resultados. Llegó la hora de creer en ti y de empezar a convertir tus deseos en realidades.
Que tengas este libro en tus manos es la mejor prueba de que quieres transformar tu vida y llevarla a otro nivel. Ahora da el siguiente paso y ponte el reto de leerlo hasta la última página.
¡Sigue adelante! ¡Avanza! El futuro que anhelas acaba de empezar.



DÉJAME CONTARTE
No nací sabiendo que quería ser clavadista. De pequeño ni siquiera sospechaba que era un deporte. Ni me imaginaba que me iba a dedicar a él. Con decirte que a los tres años me daba miedo meterme al agua. La verdad es que todo comenzó por casualidad. Y solo después se convirtió en una pasión que me fue llevando cada vez más lejos, hasta que en 2016 logré ser campeón de la copa del mundo.
Mi primer deporte fue la natación. Mis papás querían que dejara de tenerle miedo al agua y por eso llegué a ella. Cuando me llevaban a la playa, no había modo de meterme al mar, porque no dejaba de llorar y prefería quedarme jugando en la arena. Al final consiguieron su propósito, porque ahora paso casi siete horas de mi día en una piscina.
En la natación también empezó a asomarse mi espíritu competitivo. Recuerdo mi primer torneo. No era por edades, sino por nivel. Me acuerdo que en el banco de salida había alguien muy grande a mi lado y pensé: “No me va a ganar”. Así que nadé lo más rápido que pude, concentrado en llegar a la meta.
Después de unos años en natación, estuve un tiempo en béisbol y luego mis papás nos inscribieron a mis hermanos y a mí en un club deportivo. Fue una gran temporada de exploración, porque había deportes y actividades para todos los gustos. Y como había que aprovechar la membresía, pasábamos el mayor tiempo posible ahí. Por lo que después de la escuela, comíamos y nos íbamos a nuestras clases de fútbol, vóleibol, básquetbol, clavados y hasta cerámica.
En aquella época, Fernando Platas, medallista olímpico, entrenaba en el club. Para aquel entonces yo no sabía quién era, pero recuerdo mi fascinación la primera vez que lo vi entrenar clavados. Me impresionaron sus saltos y giros para entrar en el agua.
Visto a la distancia, tenía sentido dedicarme a los clavados porque he sido muy inquieto desde niño. Me la pasaba brincando en las camas y de un sillón a otro. Y lo mismo hacía en la escuela, cuando saltaba de banca en banca. En algún momento, el maestro mandó a llamar a mis papás para contarles que no me quedaba quieto. Y qué sorpresa se llevaron al llegar a la reunión y verme haciendo acrobacias en el salón.
Por algo me gustó este deporte. Me daba la oportunidad de saltar y aprender verdaderas acrobacias, de divertirme y pasar mucho tiempo en el agua. Mérida, mi ciudad natal al sur de México, es muy calurosa. Imagina lo entretenido que era para un niño poder pasar tanto tiempo en la piscina haciendo piruetas. Tenía siete años cuando inicié con los clavados y la verdad es que fue por pura diversión.
¿Por qué te cuento todo esto? Porque creo que, la mayoría de las veces, el éxito empieza con algo muy sencillo. Surge de un gusto, de una actividad que nos divierte o estimula. Nace de un pasatiempo en el que somos buenos o de un interés que poco a poco va creciendo. Las metas llegan después.
A los siete años, solo pensaba en dar vueltas en el aire y caer en el agua. Para mí era un juego muy divertido. No había nada serio. Con el tiempo llegaron los sueños de medallas, el deseo de participar en las olimpiadas y la realidad de sentir en mi cuello el peso del oro que me coronaba como campeón del mundo en el trampolín de tres metros.
Pero no pienses que ha sido un viaje sencillo y sin tropiezos. Créeme que la mayoría de los logros y satisfacciones solo pueden construirse con altas dosis de esfuerzo, frustración y aprendizaje. Y si lo que buscas en tu vida es sobresalir o simplemente entregarte de lleno a algo que te apasiona, aun si no está en tu radar competir, no dudes de que tus sacrificios valdrán la pena.
El recorrido que te propongo hacer en las siguientes páginas es para que empieces por lo más sencillo: descubrir qué te gusta, averiguar para qué eres bueno, preguntarte cuáles son tus intereses y sueños. El éxito tiene sus raíces aquí.
Quiero empezar compartiéndote algunas de las experiencias que me ayudaron a encontrar mi camino como deportista profesional y los desafíos que aparecieron en el trayecto. Confío en que estas anécdotas y reflexiones te brindarán pistas valiosas en tu búsqueda personal, ya sea que te hayas propuesto emprender un negocio, ascender profesionalmente, iniciar tus estudios o realizar el proyecto de tus sueños. Lo que sea.
En los próximos capítulos vamos a formar parte del mismo equipo y desde ahora te digo que tienes todo mi apoyo. Así que iniciemos tu camino a la cima. ¡Ánimo!
CONOCE TUS TALENTOS
Déjame empezar con un par de preguntas: ¿qué te gusta? ¿En qué te consideras bueno? Quizá pocas veces te has detenido a pensarlo. Aunque no lo creas, ambas preguntas están profundamente relacionadas con tus talentos y son fundamentales para construir la vida que quieres. ¿Por qué lo digo? Piensa en ese trabajo que no te llena, pero que tampoco dejas porque no sabes a qué te dedicarías. Cuando ignoras tu talento, tus dones o tu vocación, el mundo luce mucho más limitado, igual que tus oportunidades.
Al hablar de talento me refiero a la capacidad para realizar con destreza las tareas o actividades que a otras personas les costarían mucho más trabajo. Pero no es solo una cuestión de facilidad, sino también de gusto y pasión por lo que haces. De esa unión nace el éxito.
Por lo tanto, el primer paso para descubrir tus dones y habilidades consiste en responderte: “¿Qué me gusta?”. Parece sencillo, pero es una pregunta con la que mucha gente se tropieza. Muchas veces no saben qué contestar porque su horizonte es reducido y no suelen arriesgarse a probar cosas distintas. Es como si siempre desayunaras lo mismo. Quizá te encanta cómo preparan los huevos en casa, pero ¿por qué no darle una oportunidad al platillo que te recomendaron en el restaurante al que siempre has querido ir? Puede que te sorprendas o te decepciones, pero solo lo sabrás hasta que te aventures a probarlo.
Así que mi consejo es: sal y experimenta. Date la oportunidad de acercarte a distintas actividades artísticas, deportivas, de negocios o de lo que sea que llame tu atención. El caso es que primero conozcas y luego decidas.
El siguiente paso es encontrar para qué eres bueno. Por ejemplo, si yo quisiera ser el mejor guitarrista del mundo, lo más probable es que me quedaría corto. De entrada, nunca he tenido un oído muy fino, tanto que en la secundaria ni siquiera aprendí a tocar la flauta. Si en un universo paralelo hubiera estudiado música desde pequeño, en lugar de ser clavadista, hoy sin duda sería muy buen guitarrista, pero no el mejor.
En cambio, desde niño mis entrenadores reconocieron mi destreza física, vieron que tenía el cuerpo adecuado para el deporte y lo que hacía falta para ser un buen clavadista. Por eso le recomendaron a mis papás que me enfocara y dejara mis otras actividades. Y poco a poco lo hice, porque lo que más me gustaba eran los clavados.
Identificar tus talentos requiere paciencia y que aprendas a observarte. Eso te ayudará a descubrir qué actividades te hacen vibrar y te apasionan. Para guiarte en este proceso, te comparto cuatro puntos que te serán de gran ayuda.
1. Conócete
Se trata de explorar qué imagen tienes de ti mismo. Muchas personas creen que no tienen ningún talento y por eso no se arriesgan a experimentar cosas nuevas y a descubrir sus potenciales, lo que les impide desarrollar nuevas habilidades. Las siguientes preguntas te ayudarán a que vayas reconociendo tus gustos y talentos. Tómate el tiempo necesario para reflexionar y responder.
¿De qué temas hablas constantemente?
¿Qué actividad disfrutas tanto que no puedes vivir sin hacerla?
¿En qué actividades sueles recibir reconocimiento sin buscarlo?
¿Qué actividades te han acompañado toda la vida, pero no te habías dado cuenta?
2. Reconoce tus influencias
¿Sabías que admiramos a las personas con las que compartimos alguna cualidad o algún potencial que está latente en nosotros? En mi caso, Fernando Platas fue mi primera inspiración como clavadista. Todos tenemos a alguien que nos motiva o es nuestro modelo a seguir. ¿Te has detenido a ver a qué figuras sigues o a quiénes buscas parecerte? ¿Te has preguntado qué es exactamente lo que admiras de ellas? La mayoría de las veces, esas personas reflejan aspectos que son muy importantes para nosotros, pero que no reconocemos como nuestros. Son tu espejo, así que averigua qué hay de ellos en ti.
3. Descubre con qué fluyes
Me refiero a una actividad que haces con toda naturalidad y que, además, te involucras en ella a tal grado que pierdes la noción del tiempo. Algunos le llaman estar en el flow o “entrar en la zona”. Lo importante es que te concentras tan profundamente que el exterior parece desaparecer y solo quedan tú y lo que haces. Presta atención a tu día y observa con qué actividades te sucede. Esto te dará pistas valiosísimas sobre tus talentos.
4. Distingue qué harías solo por el placer de hacerlo
Recuerda tus juegos de niño. Saltar, correr o salvarle la vida a un juguete era divertido porque no había una obligación detrás. De hecho, esa libertad te permitía crear historias alocadas y creativas. Los miedos y las dudas que suelen limitarnos llegaron después, al crecer. Aquí el punto es darte cuenta de qué harías aunque no te pagaran.
Quiero darte un último consejo en tu búsqueda: no te rindas. La mayoría de las veces nuestros talentos no se nos aparecen a simple vista. Para encontrarlos, hace falta paciencia y trabajo. Por otro lado, no siempre basta con tener una capacidad innata para lograr algo extraordinario. Llegar adonde quieres también necesita que perseveres, te arriesgues y creas en ti. Visto de ese modo, no darte por vencido puede ser un talento, uno muy valioso. ¡Así que adelante! Que esto apenas empieza.
DEL SUEÑO A LA REALIDAD
Recuerdo muy bien que en 1993 mi papá y mi entrenador comentaron que los clavadistas chinos eran los mejores. Considerando que arrasaban con casi todas las medallas en los campeonatos internacionales, había algo de cierto. Al escucharlos elogiar así a los deportistas asiáticos, sin pensarlo me dije: “Voy a ir a unos Juegos Olímpicos en China”.
En ese momento nadie sabía si algún día se organizarían unas olimpiadas en aquel país, pero la idea se me quedó muy grabada. Desde entonces, el sueño de competir en esa tierra me acompañó en cada entrenamiento. Era mi motivación. Sabía que, tarde o temprano, iba a suceder. Y, 15 años después, en 2008, se cumplió la profecía.
Me hubiera encantado ganar una medalla en Pekín. Y suelo bromear diciendo que, si me lo hubiera propuesto de niño, sin duda lo habría conseguido. Lo importante para mí en ese momento era que había alcanzado mi sueño. El deseo se hizo realidad. Y te comparto esta anécdota porque ahora quiero contarte sobre el poder de los propósitos y los sueños.
¿A quién no le gusta soñar con dedicarse a lo que ama, con viajar, encontrar al amor de su vida o tener una situación económica desahogada? Es maravilloso imaginar mundos en nuestra cabeza. Los podemos construir a nuestro antojo, tan grandes o espléndidos como queramos. El asunto es que solo los podemos habitar cuando son tangibles, porque un sueño sin acción se queda en fantasía.
Un error muy común es no quitar el hubiera de en medio: “Si hubiera puesto mi negocio hace años, hoy sería millonario”. Pero ¿cómo puedes tener la seguridad si ni siquiera lo has intentado?
Tener un sueño es maravilloso, porque le da sentido a lo que hacemos y vivimos. Y, si además coincide con tu talento, las oportunidades son extraordinarias. Pero de nada sirve que ese sueño y ese talento se queden en tu imaginación. Los cambios que buscas en tu vida, tu crecimiento y la satisfacción que persigues solo ocurrirán si te atreves a hacerlos realidad.
No exagero si te digo que conquistar lo que quieres es como un clavado. Al principio es normal que te dé miedo saltar. Miramos la altura de nuestros deseos y expectativas, lo hondo de nuestros temores, y quizá hasta sintamos algo de vértigo. No es sencillo aventarse y esperar lo mejor. Pero aquí debo aclarar que no te lanzas ciegamente a un precipicio, sino que haces lo que está en tus manos para que pase lo mejor. Cuando buscas un resultado favorable, lo más seguro es que lo consigas, tarde o temprano. Y si esperas un mal resultado, también lo vas a tener. Así que cuida tu actitud.
Un consejo que seguramente has escuchado cientos de veces es que no te importe el qué dirán. Y al final es cierto. Siempre te van a criticar, ya sea un día o diez años, pero quien tendrá la satisfacción de intentarlo eres tú. Nadie te quitará el gusto de lograr lo que te propusiste o de probar una y otra vez hasta conseguirlo. Es decir, elimina el hubiera. Si va a funcionar tu idea de negocio, tu proyecto, o si él o ella será el amor de tu vida, depende de que te arriesgues y actúes. Y si no sale como esperas, de cualquier modo no te quedaste con la duda. Es un principio para todos los ámbitos de la vida.
Los sueños nos dan un propósito. Son una guía poderosa, pues nos ayudan a darle rumbo a nuestras acciones. Y, cuando nos proponemos algo:
Identificamos qué actividades debemos hacer, nos planteamos objetivos y definimos prioridades.
Superamos emociones complejas, como decepciones, miedos e incertidumbre. Tener un propósito nos impulsa a seguir, a pesar de los obstáculos, pues vamos más allá de las frustraciones inmediatas.
Nos enfocamos y eliminamos las distracciones.
Desarrollamos emociones positivas, ya que nuestra energía se dirige a aprender, crecer y cultivar el sentido de nuestra vida. Al final, eso se refleja en la confianza que sentimos y proyectamos.
Algo que me ha ayudado mucho en mi carrera es que desde niño tengo claros mis objetivos y voy tras ellos. Además, soy necio y no me rindo fácilmente. Sin embargo, por experiencia sé que no hay que obsesionarse con querer ser el mejor siempre. No todo es competencia ni los demás son tus rivales. Si solo piensas en ganar, dejas de disfrutar lo que haces. Y cuando no te diviertes, tu curiosidad se apaga, te cierras a las nuevas experiencias y puedes estancarte.
El gozo forma parte de alcanzar tus sueños. Entre más disfrutas y te involucras en la actividad que amas, el placer termina convirtiéndose en una verdadera pasión por lo que haces. Ves mejoras, llegan los reconocimientos y comienzas a plantearte nuevos retos.
Cuando te apasiona lo que haces, sientes que las cosas se acomodan entre lo que te gusta y se te facilita. Estás motivado, experimentas una sensación de plenitud y percibes la importancia de lo que haces. De niño, los torneos nacionales, los viajes y las medallas me ayudaron a ver que mi trabajo diario estaba dando resultados. Y conforme avances en lo que te apasiona, estoy seguro de que tú también empezarás a ver los frutos de tu empeño.
Algo que no se dice a menudo es que la pasión implica esfuerzo. Hay goce, por supuesto, pero de igual modo exige dedicación y compromiso para llevarla al siguiente nivel. De otra forma, es solo un pasatiempo. Y no me malinterpretes, hay quienes quieren divertirse y no aspiran a ser los mejores. Es válido, siempre que tengas claro qué quieres. Pero estoy convencido de que si tienes este libro en tus manos es porque anhelas superarte, evolucionar y alcanzar un sueño que has perseguido por años.
Alcanzar la excelencia o el éxito en lo que buscas requiere una fuerte dosis de responsabilidad. Y con esto me refiero a hacerte cargo de las acciones que te permitan cumplir tu propósito de mejorar y crecer en tu respectiva disciplina, área de trabajo o en el aspecto personal que quieres desarrollar. En el siguiente apartado te cuento de esto más a fondo.
HAZTE RESPONSABLE DE TU ÉXITO
Triunfar y lograr la prosperidad y el éxito requieren esfuerzo. Mientras más te involucras en lo que te apasiona, más debes dejar atrás viejos hábitos y modificar conductas que obstaculizan tu camino de crecimiento. Esto implica asumir nuevas exigencias y desafíos. Quizá debas dedicar más tiempo a perfeccionar tus habilidades, aprender a usar nuevas herramientas, abstenerte de ir seguido a reuniones y fiestas, renunciar a ciertas comodidades o sacrificar otras actividades para enfocarte en lo que amas. Incluso, tal vez tengas que cambiarte de ciudad, lejos de tu familia y amigos, como me ocurrió a los 11 años.
Entre las olimpiadas infantiles y nacionales me propusieron entrar a un programa de alto rendimiento. México estaba formando un equipo con proyección para los Juegos Olímpicos de 2008 en China (sí, justo a los que me propuse ir). Mis papás hablaron conmigo para decirme que, si aceptaba, tendría que dejar Mérida para irme a vivir solo a la Ciudad de México. Quizá creyeron que no aceptaría, pero enseguida respondí que sí quería. Era mi oportunidad. No había marcha atrás.
Mi mamá se quedó conmigo el primer mes, en lo que me asignaban lugar en el Comité Olímpico Mexicano. Después me las arreglé solo. Como llegué a la mitad del ciclo escolar, tuve que adaptarme a destiempo a mi nueva escuela y los compañeros, así como a una ciudad enorme y caótica, con un clima muy diferente. Mi horario era muy estricto debido a mis obligaciones académicas y de entrenamiento. Aprovechaba los descansos o los tiempos muertos para hacer tareas o estudiar. En ese sentido, mi vida era distinta a la de los demás, pues en lugar de jugar en los cambios de clase, era el niño raro que adelantaba sus deberes porque no tenía tiempo. Debía esforzarme más que muchos porque mi jornada era muy demandante. Y cuando terminaba de entrenar en la noche, lo único que quería era dormir.
Te confieso que hubo momentos en los que resentí la soledad y no tener a mi familia cerca, pero no estaba dispuesto a regresar a casa. No me había ido de mi ciudad natal alejándome de mis más cercanos por nada. Me fui para crecer y ser el mejor. Aprendí a hacerme cargo de mis sueños y a asumir la responsabilidad de mis actos. Así que ahora quiero compartirte algunas recomendaciones que, confío, te ayudarán en tu camino hacia la excelencia.
1. Asume la responsabilidad de tu vida
La forma más sencilla de renunciar a tus sueños es escudarte en las circunstancias. Me refiero a culpar a la suerte, al lugar donde creciste, a tu familia, amigos o a tu jefe por no cumplir lo que te has propuesto. De ese modo, le das a alguien más el poder de decidir sobre tus intereses, gustos, objetivos e incluso sobre el rumbo de tu existencia. Si te refugias en tus experiencias negativas para no arriesgarte a actuar, estás viviendo lo que te toca, no lo que quieres.
El éxito no se trata de elogios y fortuna, sino de tomar el control de tu vida. Eres la única persona responsable de tus decisiones y acciones, así que no culpes a los demás ni te quejes de las circunstancias. Pon mucha atención en este punto, porque las quejas y culpas son hábitos que una y otra vez van a obstaculizar tu crecimiento. Son un gran pretexto para no asumir tu responsabilidad. Para modificar esas costumbres negativas, empieza por reconocer tus errores, aprende de ellos, corrígelos y busca evitarlos a futuro. Pero también identifica tus aciertos y buenas prácticas, para que las refuerces. En pocas palabras, trabaja para conseguir los resultados que buscas. No los dejes a la suerte.
2. Más esfuerzo, menos sacrificio
Aunque parezca algo trivial, las palabras que usamos importan. El sacrificio se relaciona con algo difícil, incluso tortuoso. Es una obligación y, por tanto, nos resistimos a realizarlo. Si crees que renuncias a tu noche de viernes por estudiar, ejercitarte o desarrollar tus habilidades, puedes terminar odiando lo que haces. Y al experimentarlo como algo impuesto, se convierte en una carga agotadora.
En cambio, el esfuerzo implica un compromiso personal. Nadie te obliga. Es una decisión en la que tú eres el único beneficiado. Se trata de un cambio de actitud en el que te involucras emocionalmente en lo que te has propuesto, y dedicas tiempo y energía a cumplir tus objetivos. Y, como nace de ti, haces lo que te corresponde para que las cosas sucedan. Por eso, cada paso que das te acerca a tu meta.
3. Amplía tu mirada
Toma tiempo lograr nuestros sueños. El propósito que nos planteamos no es inmediato, pero solemos cometer el error de pensar y actuar a corto plazo. Queremos que las cosas sucedan pronto y que nos exijan un esfuerzo mínimo. Sin embargo, no hay soluciones rápidas, recuérdalo. Los resultados se construyen con constancia y hábitos cotidianos.
Es importante que veas más allá y establezcas objetivos a largo plazo que guíen tus acciones y decisiones. Por el momento, solo tenlo presente en tu radar, ya que en el siguiente capítulo vamos a profundizar en este tema.
4. Enfócate
Si quieres abarcarlo todo, la vida no te lo va a permitir por una sencilla razón: no hay tiempo suficiente. Si tu sueño es sobresalir en algún deporte, iniciar un negocio, desarrollarte en una línea profesional o conquistar cualquier interés que persigas, entonces conviértelo en tu misión y dedícale la mayor parte de tu energía. De otro modo, vas a enredarte con tareas que solo te desviarán de tu objetivo.
5. Aprende a decir no
Somos seres sociales y nos gusta agradar a los demás. Por lo mismo, muchas veces nos cuesta negarnos a una tarea, actividad o favor para un familiar, amigo o compañero de trabajo. No me malinterpretes, no digo que te niegues a todas sus peticiones. Más bien, ten en cuenta tus objetivos y no digas que sí cuando sabes que eso te alejará de tu propósito.
Sobre todo, no hagas las cosas por congraciarte con alguien. Al final, no le vamos a caer bien a todos ni van a aprobar cada una de nuestras elecciones. Mejor concéntrate en ser auténtico, desarrollarte y dar lo mejor de ti. Es tu vida, ¡es tu éxito!
INSPÍRATE 
La pregunta del millón para un gran número de personas es: “¿Cómo puedo cultivar lo que me apasiona?”.
Creo que no hay una sola respuesta, pero de lo que sí estoy seguro es que, sin importar a qué te quieras dedicar, la constancia es la clave. Fortalecer tu talento requiere disciplina y perseverancia. Es una cuestión de crear y fortalecer los hábitos más efectivos.
Por ejemplo, si descubres que eres bueno para el ajedrez y cada vez que estás frente al tablero experimentas con nuevas jugadas, ¿por qué no buscas clases que te ayuden a mejorar aún más?
Desarrollar tu pasión exige tiempo, así que dale prioridad. Además de las clases formales, investiga y estudia las jugadas de los grandes maestros del ajedrez y practica lo más que puedas con amigos, vecinos, en la escuela o el trabajo, y hasta en tu teléfono. Prueba ponerte horarios y, sobre todo, cúmplelos.
Quizá suene trillado, pero es verdad: la práctica hace al maestro. Y esto aplica para cualquier profesión, oficio, deporte o actividad. ¡Así que enfócate en lo que quieres y apasiónate por tu pasión!
NO OLVIDES QUE... 
El éxito empieza con un gusto o una actividad que nos divierte. Las metas llegan después.
El talento incluye la facilidad para realizar ciertas tareas o actividades, así como gusto y pasión por lo que haces.
El primer paso para descubrir tus dones y habilidades consiste en responderte: “¿Qué me gusta?”.
Sé paciente y aprende a observarte para descubrir qué actividades te hacen vibrar.
No rendirse también es un talento.
El éxito necesita perseverancia, que te arriesgues y creas en ti.
Quita el hubiera de en medio. Un sueño sin acción se queda en fantasía.
Tener un propósito te permite dar rumbo a tus acciones, superar emociones complejas, enfocarte y desarrollar sentimientos positivos.
Toma el control de tus resultados, para que vivas lo que quieres, no lo que te toca.
Los resultados se construyen con constancia, hábitos efectivos y objetivos a largo plazo que guíen tus acciones y decisiones.


DÉJAME CONTARTE
Cuando compites estás expuesto a las miradas del público y los jueces. Parte de la preparación para los torneos consiste en saber manejar esa presión y aprender a desinhibirte. Mi primer entrenador en la Ciudad de México lo sabía y por eso nos obligaba a bailar a todos los integrantes del equipo cuando organizaba reuniones en su casa. Si no lo hacíamos, al siguiente día nos tocaban clavados de castigo.
Desde niño evitaba bailar. Me daba mucha vergüenza y miedo. De hecho, en la primaria era de quienes se quedaban parados en los eventos de la escuela. Pero, curiosamente, después de competir en unos Juegos Centroamericanos participé en un programa de televisión llamado Mira quién baila. No es que de pronto me creyera un gran bailarín, sino que aproveché la oportunidad para tomar unas vacaciones que me ayudaran a despejarme, hacer ejercicio y desarrollar nuevas habilidades y talentos.
La verdad es que no era bueno en la pista y lo primero que pensé después de aceptar fue: “¿Cómo lo voy a lograr?”. Para cada emisión tenía que aprender dos coreografías, sentir la música, seguir los tiempos y el ritmo, entre otros desafíos. Lo peor es que podía hacer el ridículo internacionalmente, porque el programa se transmitía en todo México y parte de Estados Unidos. Llegué a sentir tanto miedo, que terminé ensayando entre nueve y diez horas al día, casi igual que en los clavados.
Cada baile era un reto, pues no coordinaba ni me salían los pasos. Me sentía muy frustrado y, a menudo, me preguntaba si tenía sentido continuar. Pero conforme pasaban los días notaba pequeños avances y eso hacía que me planteara nuevos objetivos, como aprenderme más rápido la rutina, terminar con el pie correcto o coincidir en cierta vuelta con la bailarina.
En los ensayos generales no me salvaba de los regaños. Era un desastre. Por estar pensando en la cámara, los ángulos y el público, se me olvidaba la coreografía. El día de la grabación, en el verdadero show, sentía que el corazón se me iba a salir, pero empleaba las técnicas de concentración que uso antes de una competencia, como respirar, visualizar y repetirme frases de aliento.
A veces me equivocaba de paso durante el baile o perdía el ritmo. En automático pensaba en paralizarme, quería rendirme o sentía que estaba haciendo el ridículo. Sin embargo, decidía continuar. Al ver que sí podía, pronto recordaba el resto de la rutina y me movía con más soltura. Me dejaba llevar por la canción y, cuando me daba cuenta, el baile había terminado, el público me aplaudía y los jueces me estaban calificando.
Te confieso que me preocupaba mucho equivocarme, pero en realidad los únicos que lo notaban eran los otros bailarines. Me di cuenta de que lo grave no era el error, sino paralizarme. Quizá el pie derecho no iba como debía, pero podía improvisar hasta terminar el baile. Y la verdad es que la gente ni siquiera se percataba del fallo. Hubiera ocurrido lo contrario si me detenía y me excusaba frente a la cámara: “¿Saben qué? No puedo. No sirvo para esto”.
Esa experiencia me ayudó a ver que muchos de los errores de la vida diaria no justifican abandonar un proyecto o renunciar a una actividad que nos cuesta trabajo. Los reveses también forman parte de intentar algo nuevo que no dominamos. En mi caso, me puse en una situación incómoda con un objetivo claro: enfrentar un viejo miedo. Quería vencerlo y aprender, pero eso implicaba estar abierto a equivocarme.
Le damos mucha importancia a las críticas y opiniones de los demás, pero la mayoría de la gente olvida pronto lo ocurrido. Si ganas o pierdes, al final no les importa tanto como crees. A la semana se les va a olvidar tu tropiezo, incluso tu victoria. Lo que de verdad importa es que sigas adelante. Y si te equivocas, corrige tu error y continúa.
En este capítulo quiero contarte sobre el valor de tener una meta que guíe y aterrice tus objetivos en acciones concretas. Si vas a emprender una nueva actividad o a desarrollar a fondo tus talentos, las metas son herramientas fundamentales para llevarte al siguiente nivel de desempeño. Ellas te permitirán medir y dar seguimiento a tus avances, por mínimos que sean al inicio, así como sumar pequeños logros que te ayuden a alcanzar lo que te has propuesto.
DESARROLLA UN PLAN
Imagina un desayuno diario que incluya tres sándwiches de huevo frito con queso, lechuga, tomate, cebolla y mayonesa. Además, dos tazas de café, un omelette de cinco huevos, un tazón de sémola y tres piezas de pan francés espolvoreadas con azúcar. Aunque parezca broma, toda esa comida no era para dos o tres personas, sino para el deportista olímpico con más medallas de la historia.
Michael Phelps es considerado el mejor nadador de todos los tiempos. De hecho, se ha vuelto una leyenda, como Mohamed Ali y Michael Jordan. Sus características físicas, es decir, la estatura, los brazos increíblemente largos y su tipo de pies, que funcionaban como aletas, sin duda le ayudaron a lograr sus sorprendentes hazañas deportivas. Pero créeme que, sin un plan de entrenamiento ni la disciplina necesaria, difícilmente habría aprovechado sus dones naturales para llegar a la cima.
Muchos consideran aburrido prepararse y buscan entrar en acción cuanto antes, pero la falta de rumbo los hace renunciar pronto. Otros no saben por dónde empezar, se desesperan y abandonan lo que se habían propuesto sin haber dado siquiera el primer paso. Justo en esos momentos es cuando la preparación se vuelve una aliada invaluable. No es el capricho de tu jefe, el invento de un gurú o el pretexto de tu entrenador para torturarte. Sencillamente es una guía.
La práctica, el estudio y la planeación son parte de una buena preparación, pues te permiten anticiparte a las situaciones que pudieran presentarse. Además, te ayudan a enfocarte, a confiar en tus habilidades, fortalecerlas y ponerlas al servicio de tus metas. En los Juegos Olímpicos de Pekín, los lentes de Michael Phelps se llenaron de agua y no pudo ver. En lugar de entrar en pánico, siguió nadando y confió en sus largas horas de entrenamiento. Sabía cuántas brazadas le tomaba completar una vuelta, así que comenzó a contarlas. Y eso le bastó para ganar la competencia.
La pregunta que quizá ahora te hagas es: ¿por dónde empezar? Lo primero que necesitas es un plan que le dé dirección a tus actividades, que te permita ver tus avances y que sea una herramienta para corregir el rumbo cuando sea necesario.
Un plan no es otra cosa que una forma de organizarte. Es una estrategia que te ayudará a conseguir los resultados que buscas. Sobre todo, debe ser útil, ya que no se trata de llenarte de tareas que, al final, solo te quitarán tiempo y recursos. Al contrario, las actividades que te propongas deben responder a tus necesidades y contribuir a tu crecimiento.
A continuación, te comparto cinco pasos básicos para que empieces a proyectar tus acciones.
1. Escribe tu plan
La escritura es un ejercicio poderoso de visualización. Al plasmar tus ideas en el papel, puedes ordenarlas y entiendes sus alcances. Además, prevés aspectos que quizá no habías considerado y tienes una perspectiva más amplia de tu proyecto. Otro beneficio es que puedes revisar tu plan cada vez que lo necesites para corregir el rumbo y agregar o ajustar tareas.
2. Define el objetivo de tu plan
¿Qué quieres lograr con él? ¿Quieres estudiar algo nuevo, deseas iniciar tu empresa, crecer en tu empleo o, incluso, encontrar pareja? Antes de salir a conquistar el mundo, ten claro qué buscas. Y cuando empieces a definir tu plan, sé realista y ponte plazos. En este capítulo voy a insistir mucho en el tiempo, porque es un elemento crucial para concretar tu plan.
3. Fija meta y objetivos
La meta se refiere al lugar al que quieres llegar, y los objetivos son los pasos específicos para conseguirlo. Por el momento, solo abordaré la primera, pues en la siguiente sección profundizaré en cómo proponerte objetivos eficaces. Al plantearte tu meta, considera tu experiencia, los recursos con los que cuentas, tus habilidades y el tiempo que tienes disponible. No quieras ser el mejor guitarrista de la historia en un año sin haber tocado una sola nota en tu vida. Muchos renuncian a mitad del camino porque sus expectativas eran desmedidas. Pero no me malentiendas, no digo que no sueñes en grande, más bien, evita agobiarte. Sé ambicioso, sin dejar de ser realista.
4. ¿Qué necesitas?
Haz una lista de los recursos con los que cuentas en este momento y cuáles requieres para cumplir tus objetivos. Incluye clases, equipo especial (calzado deportivo, algún instrumento musical, programas de cómputo, etc.), un espacio adecuado y todo aquello que necesites para realizar tus actividades.
5. Identifica tus limitaciones
Todos tenemos alguna carencia o área que no es nuestro fuerte. No hay por qué avergonzarse de ello. Al contrario, lo mejor es identificar y atender esas limitaciones, para que más adelante no sean obstáculos en nuestro camino. Después de que ubiques esas áreas, piensa cómo puedes fortalecerlas. Si no se te dan las finanzas, por ejemplo, lee o toma clases sobre la materia.
Con estas bases para elaborar tu plan, ahora revisemos cómo plantearte objetivos sólidos que te permitan alcanzar tu meta. Los objetivos eficaces son peldaños que te ayudarán a ascender en la escalera al éxito.
EL ÉXITO ESTÁ EN LOS DETALLES
Cuando entré en la selección nacional de clavados, mi manera de entrenar y mis resultados cambiaron. Antes de formar parte del equipo infantil y juvenil, confieso que no siempre entendía lo que hacíamos. Pero con la selección teníamos una planeación que hacía que cada aspecto en el que trabajábamos se reflejara en la fosa de clavados.
Además de la técnica de nuestra especialidad, también nos ejercitábamos en fuerza, velocidad y otros aspectos importantes. Cada día era un reto. La competencia con los de mi equipo no solo era en el agua, sino en la pista de atletismo y en el gimnasio. Queríamos ser más rápidos y agregar más peso a lo que levantábamos. Cada detalle importaba y le daba sentido a nuestro entrenamiento, porque, al final, todo era para mejorar.
Esa forma de prepararme la he puesto en práctica en distintos aspectos de mi vida, y ahora deseo compartirla contigo. Para que los objetivos de tu plan sean efectivos, siempre ten en cuenta los siguientes criterios: que sean específicos, medibles, alcanzables y con un tiempo definido.
Sé específico. Visualiza qué quieres. En la planeación de tus objetivos, describe exactamente lo que quieres conseguir, de ese modo le das estructura a tus sueños. Aquí, entre más detallado seas, mejor. Que no te dé miedo pedir.
La idea es plantearte un camino con las paradas adecuadas para llegar adonde quieres. Esto aplica para el deporte, los negocios, tus pasatiempos e incluso el amor. Por ejemplo, cuando me preparo para una competencia, sé que debo alcanzar cierto puntaje para pelear por las medallas. Por eso debo conseguir los puntos necesarios con cada clavado para estar entre los primeros lugares. Esto me permite planear mi entrenamiento, definir cuántas horas de repeticiones debo cubrir, cuánta fuerza debo tener, entre otros aspectos.
Este principio también me ayudó en otro momento de mi vida, en algo que no hubiera sospechado. Hace tiempo terminé una relación sentimental y una psicóloga me sugirió elaborar una lista en la que detallara cómo me gustaría que fuera mi siguiente relación. Años después encontré la lista y me di cuenta de que la mayoría de las características que anoté coincidían con la relación actual que tengo con mi esposa. Y, créeme, no fue magia.
Los detalles le ayudan a la mente a crear escenarios y a identificar lo que tienes que hacer. Estás visualizando tu recorrido y te imaginas en el momento de la acción. Por eso, entre más vívidos sean los pormenores, la experiencia será más real. Con la visualización, tu cabeza interpreta que ya está sucediendo lo que buscas. Y, a la vez, te preparas para enfrentar distintos escenarios, de modo que las situaciones no te tomen por sorpresa.
Las visualizaciones positivas atraen resultados positivos. Pero ¡cuidado! Lo mismo ocurre con lo negativo, así que presta atención a tus pensamientos.
Por último, recuerda constantemente tus objetivos. Pon imágenes o frases de lo que buscas en lugares estratégicos, como la pantalla de tu teléfono o en tu espejo. De esa manera, todo el tiempo le recuerdas a tu cerebro qué quieres. Forja tus objetivos, tenlos presentes y lucha por ellos.
Hazlo medible. Cuando tus objetivos son cuantificables, puedes darte cuenta de qué tanto los estás cumpliendo. Por ejemplo, a inicios de año mucha gente tiene el propósito de ponerse en forma. Pero, para de verdad cuidar tu salud y tu físico, además de ir al gimnasio o salir a correr, es importante que visites a un nutriólogo. Este especialista va a revisar tu peso y tus porcentajes de grasa, y esto te será útil para saber en dónde inicias tu camino hacia una vida fit. Con estos datos, en tu segunda visita puedes saber si hubo un avance o un retroceso. Hay veces que el peso es el mismo, pero al revisar con cuidado la información, puede que hayas sustituido la grasa por músculo. Eso hace toda la diferencia.
Medir te permite saber objetivamente cómo están las cosas. Si quieres escribir, plantea tus objetivos en función de los párrafos o páginas que puedes avanzar por día o a la semana. En los deportes, el cronómetro y las pesas son herramientas que te permiten identificar tu desempeño. Tus ingresos mensuales son otra forma de proyectar tu rendimiento.
Tu ascenso no debe basarse en corazonadas o en adivinar si lo estás haciendo bien. Acostúmbrate a buscar evidencias para progresar.
Que sea alcanzable. Proponte objetivos realistas. Recuerda, esto no significa que dejes de soñar o que no pienses en grande. Más bien, plantéate objetivos basados en tu contexto y en lo que has venido trabajando. En el fondo, solo es cuestión de ser congruente con lo que quieres y haces.
En mi caso, sé que puedo aspirar a una medalla de oro en clavados en Juegos Olímpicos. No es sencillo, pero lo puedo conseguir porque llevo una vida entregada a este deporte y constantemente ocupo los primeros lugares cuando compito con los mejores del mundo. Sería muy distinto si quisiera lograr lo mismo en básquetbol en las próximas olimpiadas. De hecho, sería imposible. Para empezar, me falta estatura, no he desarrollado las habilidades necesarias y me faltaría tiempo para realmente dominar ese deporte. Puedo quererlo, pero mis condiciones son un obstáculo. A eso me refiero con algo alcanzable.
Sin embargo, no permitas que tu crítico interior limite tus sueños. Si mi máximo objetivo de niño hubiera sido ser campeón estatal, no habría pasado de ahí. Pero desde un inicio quise ser de los mejores del mundo y llegar a Juegos Olímpicos. Los grandes sueños te motivan a alcanzar metas extraordinarias. ¡Nunca lo olvides!
Define tus tiempos. En pocas palabras, ponle fecha a tu proyecto. A cada objetivo que definas, dale un plazo de cumplimiento y respétalo. Si no, la vida te va a pasar de largo y no vas a dar siquiera el primer paso. El cambio que quieres y tus aspiraciones exigen que no pospongas. Evita los pretextos: no dejes las cosas que te importan para “mañana”.
Somos propensos a postergar lo que no nos gusta, lo que nos aburre, incomoda o causa temor. Pero siempre será mejor actuar cuando te toca; hacerlo hoy, no mañana. De ese modo tienes más tiempo para corregir errores y ajustar tu estrategia, en caso necesario.
Hay un clavado que me da mucho miedo, aunque sea uno de mis mejores. No obstante, en los entrenamientos empiezo con él, y luego el resto de mis clavados se vuelve más sencillo. Para prepararme, la noche anterior me duermo más temprano, ceno ligero y busco estar bien descansado. Cuando llega el momento, ya estoy mentalizado.
La ventaja de ponerte tiempos es que tienes un marco de referencia para saber si has avanzado o estás estancado. Si quieres cantar ópera, pero luego de cinco años sigues desafinando desde la primera nota, y ya probaste de todo para mejorar, créeme que es hora de tomar una decisión. Aunque sea difícil. Al final, no pasaste esos años preguntándote si tenías el talento, simplemente lo hiciste.
Por otro lado, recuerda que la mayoría de nuestras actividades están organizadas a partir de fechas y horarios. Esto nos permite ordenar nuestras tareas y enfocar nuestros recursos y nuestra energía. En mi caso, conozco el calendario anual de competencias y sé cuándo tengo torneos nacionales y en el extranjero. Lo anterior me facilita planear mi entrenamiento para llegar en mi mejor momento a cada competencia.
Al determinar los tiempos de tu plan, te estás preparando para lograr la vida que quieres. Así que deja de darle vueltas, y ponle fecha y hora a tu éxito.
Бесплатный фрагмент закончился.
