Читать книгу: «Historia natural. Libros XVII-XIX»

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Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han

sido revisadas por Francisco Manzanero.

Las traducciones y notas han sido realizadas por Encarnación del Barrio Sanz (Libro XVII), Luis Alfonso Hernández Miguel (Libro XVIII)

y Ana M.ª Moure Casas (Libro XIX).

Coordinadora: Ana Mª Moure Casas.

© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2020.

Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

REF.: GEBO536

ISBN: 978-84-24939-25-0

Realización de la versión digital: El Taller del Llibre, S.L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor

cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública

o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los derechos reservados.

NOTA DE LOS TRADUCTORES

Se presentan en este volumen los libros XVII-XIX de la Historia Natural de Plinio el Viejo. Con ellos concluye la amplia sección dedicada a las plantas, constituida por los ocho libros que van del XII-XIX. En la colección Biblioteca Clásica Gredos, en su número 388 y en soporte papel, fueron publicados los libros XII-XVI. Los que ahora presentamos constituyen unidad temática con los anteriores y concluyen, por esa razón, con un triple índice en el que se recogen los nombres propios de persona y de lugar, y los términos botánicos del conjunto de los libros XII al XIX, realizados por los autores de la traducción de cada libro. En este último índice hemos puesto un cuidado particular para ofrecer en primer lugar el término castellano de nuestra traducción, seguido de la forma en la que aparece en el texto de Plinio y de la identificación botánica aceptada en la recopilación de fitónimos de J. André, 1985, Les noms de plantes dans la Rome Antique, París. Además de los nombres de las plantas, hemos considerado conveniente añadir los de sus productos derivados, como el aceite, el vino, los perfumes, el papiro y otros que para Plinio constituyen un eje en torno al que giran partes importantes de un libro o prácticamente libros enteros. También hemos incorporado en cada lema las clases y a veces las subclases de las plantas y los productos, de acuerdo con el criterio del autor antiguo y con su afán de clasificación, que constituía ya entonces una de las preocupaciones fundamentales de Plinio como naturalista.

Otros datos complementarios sobre el texto de Plinio y los nombres de las plantas y productos derivados, discusiones sobre su identificación, algunos problemas de transmisión, etimología, clasificaciones y su perduración en el mundo de la ciencia y del folclore se han comentado en notas amplias, basadas en bibliografía general o a veces específica y en la comparación del texto de Plinio con el de sus fuentes, en especial con la obra del discípulo de Aristóteles y continuador de su obra, Teofrasto, a quien Plinio concede gran autoridad, aunque en ocasiones acusa los problemas de no haber entendido bien su texto, acaso por no haber podido disponer de un texto completo, accesible y fiable del autor griego. Pero también hemos acudido a las fuentes latinas, empezando por Catón, citado con fervor por Plinio como el punto de arranque de la tradición latina de Agronomía. Hemos consultado a menudo las obras de sus reconocidos predecesores, Varrón y Virgilio, así como las de otros autores, aproximadamente coetáneos, mencionados por Plinio en muchas menos ocasiones o en ninguna —Columela, Séneca y Dioscórides, este último citado por nosotros con las anotaciones de Andrés Laguna—, pero de interés, al igual que sus sucesores —Gargilio, Paladio—, para la mejor comprensión de su texto.

También, como señalábamos para los libros anteriores de Plinio, la edición teubneriana de L. Jan-C. Mayhoff, Stuttgart, 1985 (=1892, 1.a) nos ha servido como el texto latino seguido con carácter general en nuestra traducción, salvo advertencia expresa. Somos también deudores de los comentarios y traducciones que se hallan en las ediciones críticas de las grandes editoriales, como las de Budé debidas a J. André, H. Le Bonniec y A. Le Boeuffle, las más recientes de Tusculum, realizadas por R. König y J. Hopp con otros colaboradores, la publicada en Einaudi por un amplio equipo de filólogos, la de Loeb iniciada por H. Rackham a mediados del siglo pasado y proseguida por E. H. Warmington, posiblemente la que ofrece el texto de Plinio más distinto del resto de las aquí mencionadas, citadas luego en cada libro con más detalle. Hemos consultado en ocasiones las antiguas de I. Sillig, Hamburgo y Gotha, 1851-1856, y de D. Detlefsen, Berlín, 1866-1873, hoy de muy fácil acceso gracias a los medios informáticos al uso. Y también hemos utilizado las antiguas traducciones españolas con las anotaciones al texto de los siglos XVI y XVII debidas a Francisco Hernández y a Jerónimo de Huerta.

Estos libros dan paso a los que Plinio consideraba de mucha mayor importancia, los de Medicina, en donde la naturaleza había obrado el mayor de los milagros al conceder poder curativo a las plantas, como dice solemnemente Plinio en sus palabras finales: «Y hasta aquí se han expuesto las plantas hortícolas, solo en el aspecto de la alimentación. Desde luego, nos falta la mayor obra de la naturaleza en ellas, ya que [...] las verdaderas propiedades de cada una de las plantas solo pueden conocerse bien por su eficacia medicinal, obra inmensa y oculta de la divinidad, sin que se pueda hallar otra mayor». Para un autor como Plinio eso implicaba una exigencia de exhaustividad en la recopilación de datos y de mayor rigor al exponerlos que, como suele ocurrir en las obras científicas, no redundaba precisamente en la mayor amenidad de la obra. En estos, en cambio, los aspectos literarios, retóricos, históricos, políticos e incluso didácticos en los preámbulos moralizantes que aparecen a cualquier propósito tienen todavía un papel importante y mucho que decir al lector actual.

LIBRO XVII1

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Precios extraordinarios de los árboles

Se ha hablado ya de las características de los árboles que nacen espontáneamente en la tierra y el mar. Quedan las de aquellos que, más que al nacimiento, se deben a la habilidad y al talento humano2. Pero antes hay que llamar la atención sobre el hecho de que haya llegado a valer tanto como los objetos de lujo lo que por su escasez he dicho que se posee en común con las fieras, pues el hombre compite con ellas por los frutos que caen, y por los que penden, también con las aves3, y el ejemplo más claro, al menos según creo yo, es el de Lucio Craso y Gneo Domicio Enobarbo4.

Craso fue un orador romano de primera fila. 2 Tenía una casa magnífica, pero bastante más notable era, también en el Palatino, la de Quinto Cátulo, el que derrotó a los cimbros junto con Gayo Mario5; sin embargo, en aquel tiempo, la más hermosa con mucho, según la opinión de todos, era, en el Viminal, la de Gayo Aquilio, un caballero romano más conocido incluso por ella que por su conocimiento del derecho civil6. No obstante, a Craso le fue echada en cara la suya.

De familias muy ilustres 3 ambos, después de sus consulados desempeñaron al mismo tiempo, en el año 662 de la fundación de Roma, una censura llena de conflictos a causa de la disparidad de sus costumbres. En aquella época, Gneo Domicio, de carácter vehemente como era, inflamado además por el odio que se hace más insaciable con la envidia, criticó con dureza que un censor viviera en una casa tan cara, ofreciéndole por ella en varias ocasiones seis millones de sestercios7 y 4 Craso, de ingenio rápido como siempre, y con un inteligente sentido del humor, respondió que se la vendía, con la excepción de seis árboles8. Y al no querer Domicio comprarla ni siquiera por un denario si los quitaba, dijo Craso: «Por favor, Domicio, así que ¿soy un mal ejemplo y debo ser reprobado en mi censura yo, que vivo apaciblemente en una casa recibida por herencia, o más bien tú, que valoras seis árboles en seis millones?». 5 Esos árboles eran unos almeces9, agradables por la gran sombra que daban sus ramas y, en mi juventud, Cecina Largo10, uno de los hombres más importantes, muchas veces presumía de ellos en su propia casa; y se mantuvieron —ya que hemos hablado también de la vida tan larga de los árboles11— verdes y lozanos gracias a los cuidados hasta el incendio del emperador Nerón12, si aquel emperador no hubiera precipitado incluso la muerte de los árboles. Y 6 para que nadie crea que la casa de Craso no tenía otra cosa de valor y que al querellarse Domicio no había en ella nada por lo que litigar, fuera de los árboles, ya entonces había colocado en el atrio de la casa seis columnas de mármol del Himeto13, traídas para adornar el teatro con ocasión de su edilidad, cuando todavía no había ninguna de mármol en lugares públicos. Tan reciente es la opulencia, y los árboles aportaban entonces a las casas un valor tan grande que sin ellos Domicio ni siquiera mantuvo el precio del objeto de su disputa.

En la Antigüedad 7 se utilizaron incluso sobrenombres derivados de árboles: el de Frondicio, aquel famoso soldado que realizó hazañas memorables frente a Aníbal pasando a nado el Volturno cubierto con ramas de árbol14; el de Estolones, la familia Licinia. Así se llaman las ramas inútiles en los propios árboles, por lo que también el invento de despampanar dio nombre al primer Estolón15. El cuidado de los árboles fue incluso objeto de las leyes primitivas, y en las XII Tablas se tomó la cautela de que quien hubiera talado ilícitamente árboles ajenos pagara veinticinco ases por cada uno. ¿Qué es lo que tenemos que pensar? ¿Acaso que creían que iban a llegar a dicho valor quienes los habían tasado en esto aunque fueran árboles frutales 16?

Más asombroso 8 todavía en los frutales es que teniendo en cuenta que el rendimiento anual de muchos de ellos en los arrabales se estima en dos mil sestercios, la renta de uno es mayor que la de una propiedad entre los antiguos. A causa de eso también se idearon los injertos e, incluso, los cruces extraños de árboles, para que ni siquiera la fruta naciera para los pobres17.

Por eso ahora diremos de 9 qué modo se obtienen de ellos mejores resultados, a fin de dar el método verdadero y definitivo de cultivarlos, y por ello no tocaremos los temas muy conocidos ni aquellos de los que observamos que hay constancia, sino los inseguros y dudosos, en los que más falla la experiencia, pues no es propio de nosotros dedicar nuestra atención a cosas innecesarias. No obstante, antes de nada diremos globalmente lo que respecto al clima y a la tierra afecta en común a toda clase de árboles.

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El clima en relación con los árboles. A qué parte del cielo deben mirar las viñas

Los árboles prosperan sobre todo con el aquilón; se hacen más compactos por su soplo, y también más hermosos y de madera más resistente18. En esto se equivoca la mayoría, ya que en las viñas los soportes19 no se deben colocar del lado de este viento y eso solo se debe observar frente al septentrión20. Es más, el frío a tiempo aporta mucho vigor a los árboles, y así echan los mejores renuevos; de otra manera, si los acarician los austros, son débiles, y más todavía si están en flor21. De hecho, 11 si cuando han perdido la flor, enseguida vienen las lluvias, la fruta muere en su totalidad, hasta el punto de que los almendros y los perales, solo con que haya estado nublado o haya soplado el viento austral, pierden los frutos22. La lluvia en torno a las Pléyades23 es sin duda muy perjudicial para la vid y el olivo, pues en esa época tiene lugar su fecundación. Este es un período de cuatro días decisivo para los olivos, ese es el momento crucial del feo nubarrón del que hemos hablado24. El grano25 también madura peor en los días de austro, aunque más 12 deprisa. Es perjudicial el frío que hace con los septentriones o a destiempo. Sin duda un invierno con aquilones es lo más útil para todos los cultivos. Pero hay un motivo evidente para desear lluvias en ese momento, porque es natural que los árboles, agotados de producir y debilitados también por la pérdida de las hojas, tengan mucha hambre, y su alimento es la lluvia. Por eso, 13 que el invierno sea templado, de manera que nada más terminada la producción de los árboles venga enseguida otra generación, es decir, otra germinación, y luego otra caída de la flor, se sabe por experiencia que no sirve para nada. Es más, si siguen así varios años, los propios árboles llegan a morir, porque nadie duda que trabajar con hambre se paga caro. En consecuencia, quien dijo que los inviernos serenos son deseables no pensó en los árboles26. Y tampoco beneficia a las vides la lluvia en los 14 solsticios. Que la mies se pone más lozana con un invierno polvoriento sin duda lo dijo la fecundidad de un talento exuberante27. Por lo demás, es deseo común de los árboles y los frutos del campo28 que las nieves sean duraderas. La razón es no solo porque las nieves retienen y comprimen el aliento de la tierra que se escapa con su exhalación y, además, lo hacen volver, para fortalecer el grano y las raíces, sino también porque proporcionan gradualmente un riego sumamente puro y ligerísimo, ya que la nieve es la espuma de las aguas 15 celestes. Por eso, el agua de nieve, que ni se absorbe ni se diluye toda de golpe, sino que, a medida que la tierra siente sed, gotea como de una ubre, alimenta todo, porque no inunda. También la tierra de ese modo se ahueca y, henchida de sí misma, no totalmente agotada por las plantas que se alimentan de ella, cuando el tiempo abre, se muestra risueña en las horas templadas. Así grana más el trigo, excepto donde siempre hay aire caliente, como en Egipto. Pues la invariabilidad del clima y la propia costumbre consiguen lo mismo que el clima moderado en otros lugares, y en cualquier lugar lo que más aprovecha es que no haya nada que haga daño. En la 16 mayor parte de la tierra, cuando los brotes apuntan precozmente atraídos por la bonanza del tiempo, al siguiente frío se abrasan. Por esa razón los inviernos tardíos son perjudiciales, incluso para los árboles silvestres, que sufren todavía más porque su propia sombra les hace daño sin que nada lo remedie, puesto que en los árboles silvestres no existe la posibilidad de cubrir los brotes tiernos envolviéndolos con paja29. Así pues, 17 el agua viene a tiempo, en primer lugar, con las lluvias de invierno; luego, con las que preceden a la germinación; el tercer momento es cuando los árboles echan los frutos, y no demasiado pronto, sino con el brote ya robusto. A los árboles que conservan más tiempo su fruto y necesitan una alimentación más prolongada, como la vid, el olivo y los granados, también les viene bien el agua tardía. Sin embargo30, cada clase de árboles necesita estas lluvias de distinta manera al madurar unos en una época, otros en otra. Por lo tanto, se puede ver que con las mismas lluvias unos árboles salen perjudicados, otros beneficiados; incluso dentro de una misma clase, como en el caso de los perales, los de invierno quieren las lluvias en unas fechas, los tempranos, en cambio, en otras, aunque sin duda todos necesitan igualmente un tiempo invernal, pero antes de la germinación. El 18 mismo motivo que hace al aquilón más útil que el austro, también hace preferibles los lugares del interior a los marítimos —pues generalmente son más fríos— y los lugares montañosos a los llanos, y las lluvias nocturnas a las diurnas31. El agua aprovecha más a los sembrados cuando el sol no la absorbe inmediatamente.

Relacionada también con ello 19 está la planificación de las viñas y a qué punto deben orientarse las vides maridadas32. Virgilio reprueba que se planten mirando a poniente33, pero a algunos les gusta más así que a oriente. La mayor parte aprueba el mediodía, según veo, y yo no creo que se pueda recomendar nada definitivo respecto a esto. La pericia se debe aplicar a las características del terreno, las condiciones del lugar y el clima habitual de cada zona. Que 20 en África34 las viñas estén orientadas hacia el mediodía es inútil para la vid y, además, insano para el colono, ya que la propia África se encuentra bajo la zona meridional, por eso allí quien plante con orientación al poniente o al septentrión acomodará el terreno al clima de modo óptimo. Aunque Virgilio desapruebe el poniente, tampoco parece que queda duda respecto al septentrión. Sin embargo, en la Italia Cisalpina está comprobado que, a pesar de plantar en general las viñas de esa manera, no las hay más fértiles35.

Hay 21 que prestar también mucha atención a los vientos. En la provincia Narbonense, en Liguria y también en una parte de Etruria36 plantar frente al cierzo37 se considera falta de habilidad, y recibirlo de lado, previsión. De hecho, ese viento allí templa los calores del verano, pero muchas veces su fuerza es tan grande que se lleva los tejados.

3 Algunos autores 22 hacen que la orientación dependa del tipo de tierra, de manera que lo que se planta en terreno seco mire a oriente y al septentrión, y lo que en terreno húmedo, al mediodía. Y también a partir de las propias vides encuentran razones para plantar en terreno frío las tempranas, para que su maduración preceda al frío; frente al orto, los frutales y las vides que aborrezcan el rocío, para que el sol lo evapore enseguida; frente al ocaso o incluso al septentrión, las que lo deseen, para que disfruten más tiempo de él38. Los demás 23 autores, siguiendo más o menos las leyes de la naturaleza, han aconsejado que las vides y los árboles se planten vueltos hacia el aquilón. Demócrito cree que un fruto así llega a ser incluso más aromático39. 4 De la situación del aquilón y de los demás vientos hablamos en el libro segundo, y en el próximo hablaremos de más fenómenos atmosféricos40. Entretanto, parece clara la prueba de la salubridad, ya que las hojas de los que están orientados al mediodía siempre caen antes. La causa es análoga también en las zonas costeras. En 24 algunos lugares los soplos del mar son perjudiciales, en la mayor parte los propios soplos nutren. Para algunos cultivos es suficientemente grato ver el mar desde lejos, no sirve para nada que el aire salado esté demasiado cerca. Análogo es también el criterio respecto a los ríos y lagunas: o bien queman con sus nieblas, o bien refrescan los lugares cálidos. Con la oscuridad y el hielo prosperan los árboles que hemos dicho41. Por eso lo que tiene más garantía es lo que ya está probado.

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Cuál es la mejor

tierra

Después del clima lo siguiente es hablar de las condiciones de la tierra, y no es demasiado fácil tratar de ello, ya que muchas veces no conviene el mismo tipo a los árboles y a los frutos del campo, ni la tierra negruzca42, como la que tiene Campania, es en todas partes la mejor para la vid, ni la que produce ligeras nieblas43, ni la roja44, apreciada por muchos. En el campo de Alba Pompeya45 prefieren la greda, y para la vid anteponen la arcilla a todas las demás clases de tierra, aunque sean muy pingües, cosa que es excepcional en esta clase de cultivo; a su vez, en el Ticino46 el sablón blanco, y en muchos lugares son infecundos el negro y también el rojo, incluso muy mezclados con tierra pingüe47. También 26 son falsas las pruebas que se esgrimen a menudo. No siempre es fértil el terreno en el que lucen árboles altos, excepto para aquellos árboles. Pues ¿qué hay más alto que un abeto? Sin embargo, ¿qué otro árbol podría vivir en ese mismo lugar? Y la abundancia de pastos no siempre es indicio de un terreno graso48. De hecho, ¿qué hay más apreciado que los pastos de Germania? Sin embargo, enseguida hay arena debajo de una capa muy fina de césped. Y no 27 siempre es húmeda la tierra que tiene hierbas altas, no más, por Hércules, que la tierra pingüe, que se pega a los dedos, lo que se comprueba en las arcillas49. Y desde luego, ninguna colma un hoyo cuando se vuelve a echar en él, como para que con este método pueda ser considerada densa y a la vez poco compacta50. Además, toda clase de tierra oxida el hierro51. Y pesándola no se comprueba que sea pesada o más ligera de lo normal, pues ¿qué peso de tierra puede considerarse normal? Y no siempre es digna de alabanza la que está junto a los ríos, ya que algunas plantas envejecen con el agua. Y 28 ni siquiera la que es alabada se tiene por útil mucho tiempo a no ser para los sauces. Entre las pruebas que se esgrimen está el grosor de la paja, tan grande por lo demás en el famoso Campo Leborino de Campania52, que se usa como leña. Pero en cualquier parte ese terreno duro de trabajar, de difícil cultivo, castiga al agricultor por sus propias virtudes casi más de lo que podría hacerlo por sus defectos. Y el 29 carboncillo53, una tierra que se llama así, parece que se corrige con la marra54. En cuanto a la toba55, también los autores la consideran de naturaleza friable. Virgilio tampoco reprueba para la vid la tierra que da helechos56. Y muchos productos de la tierra salada ofrecen más garantías, están más protegidos de los ataques de los bichos que crían57. Y ni las colinas quedan peladas por el laboreo si alguien cava con conocimiento, ni todas las llanuras reciben menos sol y viento de lo necesario, y ya hemos dicho que ciertas vides se alimentan de niebla y escarcha58. En todas las cosas hay algo secreto en lo más hondo y cada uno ha de escudriñarlo en su interior. ¿Y 30 es que acaso no cambian a menudo cosas incluso establecidas y conocidas desde hace tiempo? En Tesalia, en torno a Larisa59, al desaparecer un lago, esa región se hizo más fría y se acabaron los olivos que había anteriormente, y además se helaron las vides, cosa que antes no había sucedido, <***>60 Eno acusó este fenómeno por la aproximación del Hebro61, y cerca de Filipos la región cambió su clima habitual al desecarse por el cultivo62. En cambio, en el campo de Siracusa un agricultor forastero, tras haber quitado las piedras del terreno, estuvo perdiendo la cosecha a causa del lodo, hasta que volvió a poner las piedras63. En Siria meten poco la reja haciendo un surco superficial, porque debajo hay una roca que en verano abrasa las semillas64. Por otra parte, 31 en determinados lugares los efectos del calor desmesurado y los del frío son análogos. Tracia es fértil en cereales por el frío riguroso, África y Egipto por el calor65. En Calcia66, isla de los rodios, existe un lugar hasta tal punto fecundo que siegan la cebada sembrada a su debido tiempo y, nada más recogerla, siembran de nuevo y la vuelven a cosechar con los demás cereales67. El terreno arenoso es el más adecuado para los olivos en el campo de Venafro68, y en la Bética, el terreno muy graso. Los vinos de Pucino69 maduran en suelo rocoso, las vides de Cécubo70 están chorreantes en las lagunas Pontinas71. Tan grande es la variedad y la diferencia de indicios y de 32 terreno. César Vopisco, durante la defensa de una causa ante los censores, dijo que las llanuras de Rosia, en las que las varas que se dejaban el día anterior aparecían cubiertas de hierba, eran la ubre de Italia72, pero solo son buenas para pasto. Sin embargo, la naturaleza no quiso que fuéramos ignorantes y puso de manifiesto los inconvenientes incluso donde no había dejado claras las ventajas. Por tanto, hablaremos en primer lugar de los defectos.

5 Si alguien 33 quisiera probar si una tierra es amarga o magra73, lo ponen de manifiesto sus hierbas negras y de mala calidad; y que es una tierra fría, lo que nace reseco; igualmente, que es demasiado húmeda, las plantas de aspecto triste. La tierra roja y la arcilla se ven a simple vista, estas son las más difíciles de trabajar y las que embazan los rastros74 y las rejas del arado con enormes terrones, aunque lo que es opuesto al trabajo, no lo es también al rendimiento; asimismo, a la inversa, ocurre con la tierra que es cenicienta y con el sablón blanco. De hecho, la tierra estéril se reconoce fácilmente por su densa costra o con un solo golpe de pico75. Catón 34 describe los defectos de forma resumida y en su estilo: «guárdate de la tierra cariada76, no metas en ella ni carro ni ganado77». ¿Acaso pensamos por esta llamada de atención que él recelaba tanto de ella que incluso prohíbe casi hollarla? Volvamos a la caries de la madera y encontraremos los mismos defectos de seca, estriada, áspera, blanquecina, corroída y agujereada como la piedra pómez, de los que tanto abomina. Dijo 35 con una sola palabra más de lo que podría decirse hablando mucho. Realmente, por lo que se deduce de sus defectos, una tierra no es vieja por la edad78 (que en ella no puede percibirse), sino por su propia naturaleza, y por ello es infecunda para todo y débil. El 36 mismo Catón considera que el mejor campo es el que está en el terreno llano que se extiende hacia el mediodía desde el pie de las montañas79, que es la configuración de Italia entera, y que la tierra verdaderamente tierna es la que llaman pulla80. Por lo tanto, esta será la mejor para el trabajo y también para los sembrados. Por más que se quiera entender que se la ha llamado «tierna» con una curiosa acepción, también se encontrará en ese término todo lo deseable81. Esa 37 es de una riqueza equilibrada, esa es blanda y fácil de cultivar, ni demasiado húmeda ni sedienta; esa, cuando pasa la reja, se pone brillante, como la cincelada por el dios en unas armas, tal como dice Homero, fuente de los ingenios, añadiendo el prodigio de que ennegrecía aunque se hiciera en oro82. Esa es la que rebuscan estando recién arada los atrevidos pájaros que van tras la reja y los cuervos que picotean las propias huellas del labrador. Se pueden citar en este caso un dicho también respecto al lujo y otras cosas ciertamente relacionadas. Cicerón, 38 otra lumbrera del saber, dice: «mejores son los perfumes que saben a tierra que los que saben a azafrán», pues prefiere decir esta palabra a «huelen». Desde luego es así, la mejor será la que sepa a perfume83. Y por 39 si tenemos que recordar cómo es ese olor a tierra que se requiere, a menudo aparece, incluso estando ella en reposo, a la puesta del sol, en el lugar sobre el que el arco iris hace caer sus extremos, y cuando después de una sequía persistente se moja con la lluvia84. Entonces deja salir ese hálito suyo divino, concebido del sol, con el que no hay dulzura que pueda compararse. Este deberá ser el olor de la tierra removida y cuando se encuentre no engañará a nadie, y el olor que sale de la tierra será su mejor juez. Casi siempre es así en los sitios roturados después de talar un antiguo bosque, una tierra que es alabada por todo el mundo. También se 40 considera que es bastante buena para producir grano esta misma tierra siempre que esté descansada por la interrupción del cultivo, cosa que no se da en las viñas, y por ello hay que elegirla con bastante cuidado, para que no quede como acertada la opinión de aquellos que han pensado que la tierra de Italia ya está agotada85. Sin 41 duda la facilidad86 del trabajo en otras clases de tierra depende también del clima, y ninguna se puede arar después de la lluvia, al ponerse pegajosa por culpa del exceso de humedad. A la inversa, en África, en Bizacio87, hemos visto que aquel campo, que da fruto en una proporción del ciento cincuenta por uno, cuando está seco no se puede arar con ningún buey y, después de la lluvia, puede ser abierto con un simple borriquillo y con una vieja guiando el arado por el lado opuesto del yugo. Y desde luego el método de mejorar una tierra con otra, como algunos recomiendan, echando tierra pingüe sobre tierra delgada o tierra pobre y esponjosa sobre tierra húmeda y demasiado pingüe88, es un trabajo sin sentido. ¿Qué puede esperar el que cultiva una tierra así?

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Las 8 clases de tierra con la que abonan los griegos, las Britanias y las Galias

Hay otro método, que descubrieron los britanos y los galos, de alimentar la tierra con ella misma, así como una clase de tierra que ellos llaman «marga89». En ella se aprecian una riqueza más compacta y una especie de adiposidades de la tierra y como las durezas90 en los cuerpos, al apelmazarse allí bolas de grasa. 7 Tampoco esto lo pasaron por alto los griegos —pues ¿qué dejaron ellos sin tocar?—. Llaman leucargilo a la arcilla blanca que emplean en el campo de Mégara91, pero solo en la tierra húmeda y fría92.

Es oportuno hablar detenidamente 43 de la marga que enriquece a los galos y a los britanos93.

Había dos clases. Recientemente se han empezado a trabajar otras gracias a los espíritus innovadores. Y así, la hay blanca, rojiza, columbina, arcillosa, tobosa y arenosa94. Por su textura hay dos clases, áspera o pingüe; una y otra se comprueban al tacto. Su uso también es doble, para dar solo grano o para dar grano y también pasto. Dan 44 grano la tobosa y la blanca si se encuentra entre manantiales, fértil hasta lo infinito, pero difícil de trabajar95; si se echa en exceso, abrasa el terreno. La siguiente es la rojiza, que se llama acaunomarga, por tener tierra menuda y arenosa mezclada con piedra96. La piedra se tritura en el propio campo, y en los primeros años la paja se corta con dificultad a causa de las piedras; sin embargo, por su mínimo peso se transporta con menos de la mitad de gasto que las demás. Se extiende espaciada; se cree que está mezclada con sal. Una y otra clase de tierra, echadas una sola vez, se mantienen hasta cincuenta años con riqueza en grano y pasto.

8 De las tierras que 45 se aprecia que son pingües, la superior es la blanca. De esta hay muchas clases: la más abrasiva es la que hemos dicho antes97. Otra clase de blanca es la greda de platero. Se saca de lugares profundos, generalmente en pozos excavados hasta los cien pies, con una boca estrecha, ensanchándose la vena en su interior como en las minas. La usan sobre todo en Britania. Su utilidad dura ochenta años, y no se conoce el caso de nadie que la haya echado en el mismo terreno dos veces en su vida98.

La tercera clase 46 de tierra blanca la llaman glisomarga. Es, por otra parte, greda de abatanar mezclada con tierra pingüe, más fértil para pasto que para grano, hasta el punto de que, una vez recogida la cosecha, antes de la siguiente sementera, se puede cortar pasto muy abundante. Mientras está el grano99 no da ninguna otra clase de hierba. Dura treinta años. Con más densidad de lo debido, sofoca el terreno a la manera del signino100.

A la columbina los galos en su lengua la llaman eglecopala. Se saca en terrones como las piedras, se fragmenta con el sol y las heladas formando unas láminas finísimas. Esta es fértil por igual101.

Se 47 utiliza tierra arenosa en el caso de que no haya otra; y en terrenos encharcados, incluso aunque haya otra. Los ubios102 son el único pueblo que sabemos que, cultivando un campo muy fértil, lo abonan cavando cualquier clase de tierra a una profundidad de tres pies y echándola por encima en una capa de un pie de grosor. Pero eso no sirve para más de diez años. Los eduos y los píctones103 hacían muy ricos sus campos con cal, que se considera claramente lo más útil para los olivos y las vides. Ahora bien, 48 toda marga se debe echar en terreno arado, para que sea absorbida como un medicamento104; necesita también una pequeña cantidad de estiércol, al principio la más áspera y la que no se extiende bien sobre la hierba; en otro caso, por la novedad, sea de la clase que sea, hará daño al terreno y así ni siquiera es fértil el primer año. También es importante para qué tipo de terreno se quiere, pues la marga seca es mejor para el húmedo, la pingüe, para el árido. Una y otra, la greda o la columbina, van bien al terreno intermedio.

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El empleo de la ceniza

A los transpadanos les gusta tanto el uso de la ceniza que la prefieren al estiércol105 y por eso queman el de las bestias de carga, que es el más ligero. Sin embargo, no usan los dos a la par en un mismo campo de cultivo, ni ceniza en las vides maridadas, ni para determinados frutos, como diremos. Hay quienes creen que las uvas se desarrollan con el polvo y las espolvorean cuando brotan y también lo extienden sobre las raíces de las vides y los árboles106. Lo cierto es que para la provincia Narbonense no solo el cierzo107 da así sazón a la vendimia, sino que allí aporta más el polvo que el sol.

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El estiércol

Hay muchos tipos diferentes de estiércol. Realmente es un procedimiento antiguo108. Ya en Homero aparece un anciano rey abonando así el campo con sus propias manos109. Se cuenta que el rey Augías110 lo había inventado en Grecia, y que, a su vez, Hércules lo divulgó en Italia, que por este descubrimiento concedió la inmortalidad a su propio rey Estercuto, hijo de Fauno111. Marco Varrón concede el primer puesto, dentro del estiércol procedente de pajareras, al de tordo, que encomia también para pasto de bueyes y cerdos y asegura que con ningún otro alimento engordan más rápidamente112. Cabe tener esperanzas acerca de nuestras costumbres, si en tiempo de los antepasados había pajareras tan grandes como para que los campos se pudieran estercolar con ellas. Columela 51 sitúa en primer lugar el estiércol procedente de los palomares, luego el de los gallineros, despreciando el de las aves acuáticas113. El resto de los autores, de común acuerdo, ponen para esto en primer lugar los excrementos humanos. Entre estos autores unos prefieren la orina humana tras macerar en ella el pelo en las curtidurías, otros la orina sin más, mezclada de nuevo con agua y en mayor cantidad todavía que cuando se bebe vino114: sin duda hay que rebajarle más la dureza, dado que el hombre a la ponzoña del vino ha añadido la suya propia. Estas son las discusiones, y los hombres se alimentan para, a su vez, alimentar también a la tierra115. A 52 continuación alaban la porquería de los cerdos. Columela es el único que la rechaza. Otros prefieren la de cualquier cuadrúpedo que se alimente de mielga116, y algunos, la palomina. Después alaban el excremento de cabra, tras este el de oveja, luego el de buey y, el último, el de las bestias de carga.

Estos 53 eran los diferentes tipos de estiércol entre los antiguos, y al mismo tiempo no encuentro yo recomendaciones de uso para el estiércol reciente, ya que también en esto la vejez es lo más útil117; y se ha visto ya que en ciertas provincias el estiércol envejecido118, por la gran cantidad de animales domésticos que nacen allí, lo echan con cribas como si fuera harina, con su hedor y aspecto modificados por la acción del tiempo hasta ser incluso algo agradable119. (Recientemente se ha descubierto que a los olivos les gusta en especial la ceniza procedente de los hornos de cal120).

Varrón a 54 estas recomendaciones añade la de abonar los sembrados con estiércol de caballo, que es el más ligero; los prados, en cambio, con uno más pesado, y que procede de la cebada y da mucha hierba121. Algunos incluso prefieren el estiércol de las bestias de carga al de buey, y el de oveja al de cabra, pero prefieren a todos el de asno, por la idea de que mastican muy despacio. La práctica, por el contrario, se pronuncia en contra de uno y otro122. Sin embargo, para todos está claro que nada hay más útil que remover con arado o con bidentes123 un sembrado de altramuces antes de que echen las vainas, o que enterrar puñados de altramuces cortados en torno a las raíces de los árboles y las vides. Y donde no hay ganado, se procede a estercolar con la propia paja o, incluso, con helechos124.

Catón dice125: «De qué puedes 55 hacer estiércol: de las camas del ganado, los altramuces, la paja, los tallos de habas y las hojas de encina y carrasca126. Has de arrancar del campo el yezgo, la cicuta y, en torno a los sauces, la hierba alta y también las ovas. Con esto has de hacer cama para las ovejas, y para los bueyes, con hojarasca podrida. —Si la viña fuera magra, has de quemar sus sarmientos y arar a continuación127». Y él también dice: «donde vayas a sembrar trigo, allí retendrás las ovejas128».

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Qué semillas hacen la tierra más feraz y cuáles la esquilman

Además añade que algunas plantas alimentan suficientemente la tierra por sí mismas: «estercolan los sembrados los siguientes tipos de grano: el altramuz, el haba y la veza»; así como, al contrario: «el garbanzo, porque se arranca y es salado, la cebada, el fenogreco y el yero, todos estos abrasan los sembrados, y también todos los que se arrancan. No eches huesos de fruta a los sembrados129». —Virgilio opina que también abrasan los sembrados el lino, la avena y la adormidera130.

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De qué modo hay que utilizar el estiércol

Aconsejan que los estercoleros se hagan al aire libre en un lugar cóncavo y capaz de recoger el purín, cubiertos con paja, para que no se sequen con el sol, y clavando una estaca de roble. Y añaden que será así para que no nazcan culebras en ellos131. Es muy importante echar el estiércol a la tierra cuando sopla el favonio132 y con luna sedienta133. La mayoría entiende erróneamente que esto se debe hacer después del comienzo del favonio y solo en el mes de febrero, cuando la mayoría de las plantaciones lo pide en otros meses. En cualquier época que se haga, hay que procurar que sea cuando sople el viento desde el ocaso equinoccial134 y la Luna esté en cuarto menguante y seca. De forma sorprendente aumentan los resultados y la fertilidad de la tierra atendiendo a esa observación135.

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10 (9-21)

De qué modo hay que plantar los árboles

(9) Y después de haber hablado suficientemente del clima y de la tierra, vamos a hablar ahora de aquellos árboles que nacen gracias al cuidado y la habilidad del hombre. Y casi no son menos numerosas sus clases136; tan bien hemos devuelto el favor a la naturaleza. En efecto, nacen por simiente, por plantas de raíz, mugrones, retoños, esquejes o también injertando o cortando el tronco del árbol137. Pues me llama la atención que Trogo haya creído que en Babilonia se planten hojas de palmeras y así nazca un árbol138. No obstante, hay árboles que se plantan de varias de estas formas y algunos, de todas139.

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Los que nacen de simiente

Y la mayoría de esas formas las ha enseñado la propia naturaleza, y en primer lugar a echar simiente, cuando la semilla que cae y ha sido acogida por la tierra cobra vida. Ahora bien, algunos árboles no nacen de otro modo, como los castaños y los nogales, exceptuados solamente los que se podan140; por otra parte, nacen con simiente, aunque distinta, aquellos que además se plantan de otros modos, como las vides y también los manzanos y los perales; pues estos tienen como simiente una pepita, no es, como en los antes citados, el propio fruto. También los espinos blancos141 pueden nacer de simiente. Todos estos son de crecimiento lento, degeneran con el tiempo y se deben restablecer con injertos, a veces incluso hasta los castaños142.

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Cuáles nunca degeneran

Algunos árboles, por el contrario, tienen la característica de no degenerar en absoluto, se planten como se planten, como los cipreses, la palmera y los laureles143, pues también el laurel se planta de muchas maneras. Ya hemos hablado de sus clases144. De entre ellas el laurel de Augusto, el de bayas y el tino se plantan de modo semejante145. Las bayas se recogen en el mes de enero, cuando ya están secas por el soplo del aquilón, y se extienden separadas, para que no se recalienten por el amontonamiento. Luego, 61 algunos, después de preparar las bayas con estiércol para plantarlas, las mojan en orina, otros las pisan con los pies en un cesto dentro de una corriente de agua, hasta que se les quita la piel, que de otro modo las ataca con su humedad y no las deja nacer. En un surco de un palmo de profundidad hecho en un terreno binado se plantan en montones de unas veinte cada uno, en el mes de marzo. Estos mismos laureles se plantan también con mugrones; el laurel triunfal se planta solo por estaca146.

Todas las 62 clases de mirto se siembran en la Campania con bayas, en Roma con mugrones147. Demócrito148 enseña a plantar el tarentino también de otro modo: después de golpear las bayas más grandes con suavidad para que no se rompan los granos, <***> y una vez trituradas, untarlas en una cuerda y plantarlas así. Resultará un muro <***> de densidad, del que se pueden trasplantar ramas149. Así se plantan también los espinos para hacer setos, untando una soga de junco con moras de espino150. Por otra parte, si hay escasez de laurel y de mirto, es oportuno trasplantar los cepellones a partir de los tres años.

Entre las 63 clases de árboles que se plantan con simiente, Magón151 se ocupa especialmente de los de nuez152. Manda que el almendro se plante en arcilla blanda que esté orientada al mediodía; añade que prospera también en tierra dura y caliente, en la tierra pingüe o húmeda muere o se vuelve estéril; se deben plantar almendras lo más curvadas153 posible y procedentes de un árbol joven, que hayan estado en maceración durante tres días en estiércol diluido o, la víspera de ser sembradas, en hidromiel; que se claven de punta y el filo lateral mire al aquilón; se deben plantar de tres en tres, dispuestas de forma triangular con una separación de un palmo entre ellas; se riegan cada diez días hasta que crecen154. Las 64 nueces se plantan extendidas con las costuras tumbadas; los piñones, poniéndolos de siete en siete aproximadamente en ollas perforadas o como el laurel, que se planta con bayas. Los cidros nacen de grano y de mugrón, los serbales, de semillas, retoños y también de esqueje, pero aquellos en lugares cálidos, los serbales en lugares fríos y húmedos155.

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Los que nacen de sus retoños

La naturaleza también ha enseñado a conseguir planteles cuando brotan numerosos vástagos de las raíces de muchos árboles y la madre los pare para matarlos: en efecto, la multitud sin orden es ahogada por su sombra, como ocurre en los laureles, granados, plátanos, cerezos y ciruelos156. Las ramas de pocos árboles en esta clase dejan crecer los vástagos, como ocurre en los olmos y las palmeras. En realidad tales pimpollos no nacen sino en aquellos árboles cuyas raíces se extienden por encima de la tierra en busca del sol y el agua de lluvia. No 66 es costumbre colocar enseguida todos ellos en su sitio definitivo, sino dárselos antes a una nodriza y que crezcan en semilleros y emigren por segunda vez; este trayecto suaviza de un modo admirable hasta los árboles silvestres, ya sea que también la naturaleza de los árboles, como la de los hombres, está deseosa de novedades y viajes, ya que al alejarse pierden virulencia y al manipularlos se amansan, como las fieras, mientras la planta se separa de su raíz157.

67

(13)

Los árboles que

nacen arrancando

un renuevo

Ha enseñado también la naturaleza otra clase parecida de propagación; y es que los «estolones158» arrancados de los árboles siguen viviendo. En esta clase se arrancan incluso con su propio pie y se llevan consigo alguna porción procedente también del cuerpo de la madre al ser su cuerpo fibroso159. De esta manera se plantan los granados, avellanos, manzanos, serbales, espinos blancos, fresnos, higueras y, sobre todo, las vides. El membrillo plantado así degenera. A partir de eso mismo se inventó plantar renuevos cortados. 68 Esto se hizo al principio para formar setos, plantando saúcos, membrillos y zarzas, luego también para el cultivo, como en los álamos, los alisos y el sauce, que se planta incluso con el esqueje invertido160. Estos ya se ponen allí donde se quiera que estén. Aunque conviene que se hable del cuidado del plantel antes de pasar a otras clases de propagación.

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(14)

Los planteles. Trasplante de los planteles

Pues bien, para eso interesa que se elija un terreno privilegiado, ya que muchas veces conviene que la nodriza sea más acogedora que la madre. Así pues, que sea seco y sustancioso, trabajado con bipalio161, hospitalario para las plantas de fuera y lo más parecido posible a la tierra a la que hayan de ser trasplantadas, ante todo sin piedras y protegido de la entrada incluso de las aves de corral, lo menos agrietado posible, para que al penetrar el sol no queme las fibras162. Conviene 70 que se planten con una separación de un pie y medio —pues si se tocan entre sí, además de otros inconvenientes, también se llenan de gusanos—, viene bien limpiar bastante a menudo y arrancar las hierbas y, además, escamondar las propias ramas que echan renuevos y acostumbrarlas a soportar la hoz163. Catón 71 recomienda también que se pongan enrejados apoyados en horcas de la altura de un hombre para recibir el sol y que se cubran con paja para protegerlos del frío; así se crían las semillas de los perales y los manzanos, así los piñones164 y así los cipreses, que también ellos nacen de semilla165. Dicha 72 semilla está formada de granos pequeñísimos, hasta el punto de que algunos apenas se pueden ver, sin que debamos pasar por alto el prodigio de la naturaleza de que nazcan árboles de una cosa tan pequeña, siendo bastante más grande un grano de trigo o de cebada, por no hablar de un haba. ¿Qué semejanza tienen las semillas de los manzanos y los perales con el árbol que las produce? ¡De estos comienzos nacen la madera que repele el golpe del hacha, las vigas de lagar que no se doblan con pesos enormes, los mástiles para velas y los arietes para derribar torres y murallas! Esa es la fuerza de la naturaleza, ése su poder. Por encima de todo estará que algo nace de una lágrima, como diremos en su momento166.

Pues bien, 73 las piñuelas del ciprés hembra (pues el macho, como he dicho167, es estéril) recogidas en los meses que indiqué168, se secan al sol y al abrirse dejan salir una semilla que les gusta increíblemente a las hormigas, pero es todavía más increíble el que para alimento de un bicho tan minúsculo se consuma el germen de árboles tan grandes. La semilla se echa en el mes de abril169, espesa, en un espacio igualado con cilindros o rodillos, y por encima se cierne tierra con cribas en una capa de un pulgar de grosor 170. Frente 74 a un peso mayor no es capaz de salir y se retuerce bajo tierra; por eso también se aplana con la planta del pie. Se riega con cuidado a partir de la puesta del sol, cada tres días, de manera que beba por igual, hasta que salgan brotes. Se trasplantan al año cuando el tallo mide un dodrante171, teniendo en cuenta el tiempo, de modo que se planten con cielo raso y sin brisa. Y es digno de contar que solo en ese día hay un riesgo enorme si cae la más pequeña cantidad de lluvia o si sopla viento172. El resto del tiempo están protegidos con absoluta seguridad, y después odian el agua173. También 75 los azufaifos se siembran con grano en el mes de abril174. Los acerolos175 se injertan mejor en el ciruelo silvestre, el membrillo y también en el majuelo. Este es un espino silvestre176. Cualquiera de ellos admite muy bien el sebestén, y también con provecho el serbal177.

11 Trasplantar de un plantel a otro, antes de que se pongan en su lugar definitivo, creo que es una recomendación que cuesta trabajo seguir, aunque con el trasplante se garantice que las hojas sean más grandes178.

76

(15)

La plantación de olmos

En cuanto a los olmos, en torno a las calendas de marzo, antes de que se vistan de hojas, se debe recoger su sámara cuando comienza a amarillear. Luego, una vez secada a la sombra durante dos días, se debe plantar espesa en terreno mullido, echando por encima tierra menuda cribada en una capa del mismo espesor que en el caso de los cipreses179. Si la lluvia no acompaña, hay que regar. Al año se deben trasplantar desde los surcos de la tierra a los planteles de olmos con una separación de un pie por todas partes. Los 77 olmos para maridar180 es mejor plantarlos en otoño, porque, al carecer de simiente, se siembran con plantones. En las afueras de Roma, los trasplantan a la arboleda para maridar la vid a los cinco años o, según les parece a algunos, cuando llegan a tener veinte pies. En una zanja, que se llama «surco novenario», de tres pies de profundidad, anchura igual y algo mayor, alrededor de los plantones se hace un montón de tierra compacta de tres pies por todos los lados181. En la Campania lo llaman árulas182. La separación de los árboles depende de las características del terreno. En los llanos conviene que se planten más separados183.

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Los álamos y los fresnos, como echan los brotes más deprisa, conviene que se pongan antes, esto es, a partir de las idus de febrero, ya que también esos mismos nacen de plantones. Al poner árboles, vides maridadas y viñas, la disposición de las hileras habitual, y además necesaria, es al tresbolillo184, no solo útil por la ventilación, sino también agradable por su aspecto, al alargarse en orden la fila de árboles de cualquier modo que la mires. El procedimiento de plantar con semilla los álamos es el mismo que el de los olmos, y el mismo también el de trasplantarlos desde los planteles y los bosques.

79

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Los hoyos

Así pues, ante todo se tiene que trasplantar a una tierra igual o mejor185, y no desde sitios templados o de maduración temprana a fríos o de maduración tardía, así como tampoco de estos a aquellos186; los hoyos se tienen que cavar antes; a poder ser, lo suficiente como para que se cubran de un césped tupido. Magón 80 prescribe que se hagan con un año de antelación187 para que absorban el sol y la lluvia, o, si las circunstancias no lo permiten, que dos meses antes se hagan hogueras en medio188, y no se plante en ellos si no es después de llover; que la profundidad de los hoyos en terreno arcilloso o duro sea de tres codos por todas partes; en sitios en pendiente, un palmo más189, y prescribe que se hagan cavando en forma de chimenea190, pero con la boca más estrecha; y que en tierra negra sean de dos codos y un palmo, de forma cuadrangular, con todos los lados de la misma medida. Los autores griegos unánimemente opinan que no deben ser más profundos de dos pies y medio cada uno, ni más anchos de dos pies, pero en ningún sitio menos profundos de un pie y medio191. Como 81 en terreno húmedo se podría llegar a las proximidades del agua192, Catón prescribe que, si el lugar está encharcado, en la boca tengan tres pies de ancho y en el fondo un pie y un palmo, con una profundidad de cuatro pies, que el fondo se cubra con piedras o, si no las hay, con varas verdes de sauce, y si tampoco las hay, con sarmientos, de manera que se quite un palmo de profundidad193. A nosotros nos parece que se debe añadir, de acuerdo con las características que se han dicho antes de los árboles, que se planten a mayor profundidad aquellos que gustan de la capa superficial de la tierra, como el fresno y el olivo. Conviene que estos y otros árboles semejantes se planten a cuatro pies de profundidad. Para los demás, tres pies de profundidad podrían ser suficientes. *No viene mal que se recorten las partes que han quedado al descubierto194. *«Corta esa raíz», dijo el general Papirio Cursor, para terror del pretor de los prenestinos, después de ordenar que se separara la segur de las fasces195*. Hay 82 quienes quieren que se pongan abajo cascotes, algunos prefieren cantos rodados para que retengan la humedad y al mismo tiempo la dejen pasar, pensando que las piedras planas no hacen lo mismo y apartan la raíz de la tierra. Extender cascajo estaría entre una y otra opinión196.

Algunos 83 aconsejan que no se trasplante un árbol menor de dos años ni mayor de tres; otros, hasta que el tronco no llegue a una mano de grosor; Catón, cuando tenga más de cinco dedos197. No habría omitido él mismo, si fuera algo importante, que se señalara en la corteza la parte que mira al mediodía, de modo que al ser trasplantados se coloquen a las horas a las que también están acostumbrados, a fin de que los que están orientados al aquilón puestos frente a las del mediodía no se agrieten por el sol, ni los del mediodía se hielen por los aquilones198. Esto 84 en sentido opuesto lo tratan también algunos a propósito de la vid y la higuera, poniéndolas al revés, pues así, según ellos, se hacen de follaje más denso, protegen más el fruto y lo pierden menos y así incluso es posible subirse a una higuera199. Lo único que la mayoría de autores estipula es que el corte de desmochar el árbol mire al mediodía, sin darse cuenta de que lo exponen a grietas debidas a un calor excesivo. Desde 85 luego yo preferiría que estuviera orientado a las horas quinta u octava del día200. Igualmente está claro que hay que poner especial cuidado en que las raíces no se sequen por la demora, ni los árboles se remuevan cuando sopla viento del norte o de ese lado hasta el oriente invernal201, ni que de ninguna manera se dejen las raíces expuestas a esos vientos, cosa por la que mueren sin que los agricultores sepan la causa. Catón 86 rechaza que haya cualquier clase de viento y también la lluvia en todo el proceso del trasplante. Y además será bueno para esto que quede pegada a las raíces la mayor cantidad posible de la tierra en la que hayan vivido y que se rodeen todas ellas con su césped, aunque, para eso, Catón prescribe que se trasplanten en cestas, sin ninguna duda lo más práctico. Él se conforma, por cierto, con que la tierra de arriba quede debajo202. Cuentan algunos que, si se ponen piedras debajo de los granados, el fruto no se abre en los árboles203. Lo mejor es poner las raíces curvadas; es preciso que el árbol en concreto se coloque de tal manera que esté en el centro del hoyo. La 87 higuera, si se planta dentro de una cebolla albarrana —esta es una clase de bulbo— se cuenta que da fruto muy pronto y sin que esté expuesto al ataque de los gusanos, inconveniente del que carece también el resto de la fruta plantada de modo semejante204. Que se ha prestar gran cuidado a los filamentos205 de las raíces de manera que se vea que han sido sacadas, no arrancadas de cuajo ¿Quién lo pondría en duda? Por esta razón también pasamos por alto el resto de cosas consabidas, como que la tierra en torno a las raíces debe ser apelmazada con pisones, cosa que Catón cree que es primordial en este asunto, recomendando que también el corte por la parte del tronco se embadurne con estiércol y se ate con hojas206.

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12 (17)

Distancias entre los árboles

Un apartado de este tema es el que se refiere a las distancias entre los árboles: algunos recomiendan que los granados, los mirtos y los laureles se planten bastante juntos, pero207 a nueve pies entre ellos, los manzanos dejando un poco más, y aún más, los perales, y mucho más todavía, los almendros y las higueras208. Aunque lo que mejor servirá para decidir es la relación entre la amplitud de las ramas y el espacio disponible y, además, la sombra de cada árbol, pues conviene también tenerla en cuenta. Es pequeña, aunque se trate de árboles grandes, cuando estos tienen la copa redonda, como en el caso de los manzanos y perales; esa misma es muy grande en los cerezos y los laureles.

89

(18)

La sombra

Ahora algunas propiedades de las sombras: la de los nogales es pesada y dañina, incluso para la cabeza humana y para todas las plantas de alrededor. También la del pino mata la hierba, pero uno y otro ofrecen resistencia al viento209, puesto que también la protección de las viñas necesita este sistema210. El líquido que gotea211 del pino, el roble y la encina es muy fuerte, es inexistente en el ciprés, al ser su sombra minúscula y replegada en sí misma. La de las higueras es ligera, aunque desparramada, y de ahí que no se rechace plantarlas en medio de las viñas. La 90 de los olmos es tenue, e incluso nutriente por cualquier parte que cubre. A Ático212 también esta le parece de las más pesadas, y no lo pongo en duda, si se deja que crezcan las ramas; pues si se impide su crecimiento, no creo yo que su sombra sea perjudicial213. Agradable también es la sombra del plátano, aunque tupida. Cabe fiarse de su sombra que cubre los asientos de forma más agradable que bajo la de ningún otro árbol214. El álamo, como se mueven sus hojas, no tiene ninguna sombra, el aliso la tiene densa, pero que alimenta las plantas. La vid 91 se basta a sí misma al templar el calor del sol con su sombra por ser sus hojas móviles y estar en constante agitación; por eso mismo la protegen en el caso de que llueva con fuerza. Es ligera la sombra de casi todos los árboles cuyas hojas tienen pedículos largos. Tampoco se debe rechazar este saber ni colocarlo entre los últimos, puesto que a cada planta su sombra le sirve como nodriza o como madrastra. Y desde luego, que cualquier cosa toque la sombra de los nogales, los pinos, las píceas y el abeto indudablemente es veneno.

92

(19)

El goteo de las hojas

Sobre el estilicidio215 hay una indicación corta: el goteo de todos los árboles que se protegen con su follaje extendido de tal manera que la lluvia no pase a través de ellos es nocivo. Por eso, en esta cuestión interesará mucho tener en cuenta hasta dónde hace que se desarrolle cada árbol la tierra en la que vamos a plantar216. Para empezar, las colinas de por sí requieren distancias más pequeñas. En 93 lugares ventosos conviene que los árboles se planten más juntos. Los olivos, en cambio, a la máxima distancia. Respecto a los de Italia, la opinión de Catón es que se planten cada veinticinco pies o, como máximo, treinta. Pero esto cambia según las características del lugar. En la Bética no hay otro árbol más grande, y en África —habrá que fiarse de los autores—, cuentan que muchos olivos se llaman «miliarios» por el peso del aceite que producen en la cosecha anual. Por eso Magón asigna una separación de setenta y cinco pies a la redonda o, en terreno magro, duro y expuesto al viento, de cuarenta y cinco como mínimo217. Desde 94 luego, en la Bética entre los olivos cosechan cereales en abundancia. Se estará de acuerdo en que es una ignorancia vergonzosa limpiar de ramas los olivos adultos más de lo adecuado y precipitarlos a la vejez o, como sucede muchas veces a los mismos que los pusieron, demostrando claramente su falta de conocimiento, arrancarlos de cuajo. No hay nada más bochornoso para los campesinos que arrepentirse de haber trabajado en balde, así que será mucho mejor pecar por exceso218.

95

13 (20)

Qué árboles crecen despacio y cuáles rápidamente

Por otra parte, algunos árboles por su naturaleza tardan en crecer, principalmente los que solo nacen por semillas219, y también los que duran mucho tiempo. En cambio, son de crecimiento rápido los que mueren pronto, como la higuera, el granado, el ciruelo, el manzano, el peral, el mirto y el sauce220; pero tienen ventaja por su rendimiento221, pues comienzan a producir a los tres años, apuntando incluso antes. De estos el más lento es el peral; los más rápidos de todos, la juncia y la juncia falsa222; pues enseguida florecen y dan simiente. Y, desde luego, todos los árboles crecen con mayor rapidez cuando se les quitan los estolones y los alimentos van a parar a un único tronco.

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(21)

Los que nacen por acodo

La propia naturaleza ha enseñado también los acodos. En efecto, las zarzas curvadas por su delgadez y al mismo tiempo por su excesiva longitud meten de nuevo la cabeza en la tierra y otra vez nacen de sí mismas dispuestas a cubrir todo223, si el trabajo del campo no las mantiene a raya, hasta el punto de que los hombres podrían parecer engendrados para el servicio de la tierra. Así una cosa tan despreciable y aborrecible enseñó, sin embargo, el acodo y el barbado; por lo demás, esas mismas características son las de la hiedra. Catón cuenta que, además de la vid, se acodan la higuera, el olivo, el granado, toda clase de manzanos, el laurel, el ciruelo, el mirto, el avellano común y el de Preneste, y el plátano224.

Hay dos 97 clases de acodo: metiendo una rama desde el árbol en un hoyo de cuatro pies por todos los lados, cortando por donde dobla a los dos años y trasplantando la planta a los tres. Si se quiere llevarla más lejos, lo más adecuado es enterrar el acodo desde el primer momento en cestas o en macetas, para trasladarla en ellas225. La 98 segunda clase es más aparatosa, porque se hacen salir raíces en el propio árbol de unas ramas introducidas en macetas o cestas repletas de tierra, y una vez conseguidas raíces, gracias a estas atenciones, entre los propios frutos y las puntas de las ramas —pues de este modo se intentan obtener árboles hasta en el extremo de las ramas por la audaz idea de formar un árbol nuevo lejos de la tierra— se corta el acodo en el mismo espacio de tiempo de dos años que dijimos antes y se planta con los cestillos226. La sabina se planta por acodo y por esqueje. Dicen que se alimenta prodigiosamente de la hez del vino o de ladrillos de las paredes molidos227. El romero se planta de las mismas maneras y por esqueje, pues ninguno de los dos tiene semillas228. La adelfa229, por acodo y por semilla.

99

(22-26)

El injerto

14 (22)

Cómo se inventó

La naturaleza ha enseñado también a injertar con semillas cuando las aves las tragan precipitadamente por el hambre y las arrojan enteras y blandas por el calor del vientre junto con el fecundo componente del estiércol en los blandos lechos de los árboles, cuando con frecuencia los vientos las llevan a algunas grietas de la corteza de los árboles; a partir de eso hemos visto cerezos en sauces, plátanos en laureles, laureles en cerezos y bayas de diferentes colores juntas. Dicen que también la grajilla230, al ocultar semillas en sus despensas de las cavidades de los árboles, da lugar a ese mismo hecho.

100

(23)

El de inoculación

De ahí ha nacido el injerto por inoculación231 que consiste en abrir un ojo en un árbol rajando la corteza con un punzón parecido a la lezna de los zapateros y meter con ella la semilla que se ha llevado de otro árbol. En las higueras y manzanos esta clase de injerto por inoculación es antiguo. La de Virgilio requiere un pliegue en un nudo de la corteza que se ha quitado con su germen y se mete una yema de otro árbol232.

101

(24)

Clases de injertos

Y hasta aquí lo que nos enseñó la naturaleza. Sin embargo, la casualidad, otro maestro casi más fecundo todavía, enseñó a injertar del siguiente modo: un campesino cabal que protegía su choza rodeándola con un cercado para evitar que se pudrieran los puntales les puso debajo una base hecha de hiedra. Pero aquellos, atrapados por el mordisco vivificador de la hiedra, tomaron vida propia de la ajena y se puso de manifiesto que un tronco de árbol hacía las veces de tierra. Así, con una sierra se corta por igual la parte superior del tronco y se alisa con un hocino. 102 Después hay dos métodos: y el primero consiste en injertar entre la corteza y la madera. Los antiguos eran reacios a abrir el tronco, luego se atrevieron a perforarlo en el centro, y en él hincaban una púa en la médula, introduciendo una sola, pues la médula no admitía más. El segundo método, más ingenioso, consiste en añadir hasta seis cada vez, para prevenir la cantidad de las que mueren, haciendo una ligera hendidura en la mitad del tronco y manteniendo la abertura con una fina cuña hasta que la púa cortada en punta baje hasta el fondo de la grieta233.

En esto 103 hay que tener en cuenta muchas cosas: lo primero de todo, qué árbol acepta ese acoplamiento y con qué árbol. Además, la savia se encuentra de forma diversa y no todos los árboles la tienen en la misma parte. La vid y la higuera tienen el centro más seco y su capacidad de generación comienza en la parte superior; por eso las púas se obtienen de allí. El olivo tiene la savia en torno al centro, de ahí también se sacan las púas; las puntas están secas. Los 104 árboles que se unen más fácilmente son aquellos que tienen el mismo tipo de corteza y los que, floreciendo a la vez, tienen brotes234 en el mismo momento y afinidad de savias. Es un proceso lento siempre que lo seco se enfrenta a lo húmedo, los de corteza dura a los blandos. La última observación es que la abertura no se haga en un nudo —ya que su dureza poco acogedora rechaza al huésped—, que se haga en la parte más limpia, que no sea mucho más larga de tres dedos, que no esté torcida y que no deje pasar la luz. Virgilio 105 prohíbe que se tome el injerto de la punta235, y es cosa segura que las púas se deben buscar en los lados de los árboles que miran al oriente estival, y, además, en árboles fértiles y con brotes nuevos, a no ser que se injerten en un árbol viejo, pues para eso236 deben ser algo más robustas. También deben estar como preñadas, es decir, hinchadas por los brotes y como si esperaran dar fruto ese año; en todo caso, de dos años, y no más delgadas que el dedo meñique. No 106 obstante, se hacen injertos también invertidos cuando se trata de que la altura menor se extienda a lo ancho. Ante todo, será conveniente que los esquejes con yemas tengan buen aspecto; nada que esté con grietas en alguna parte o reseco deja concebir esperanzas. La médula del injerto se debe unir a la comisura entre la madera y la corteza en el árbol madre, pues esto es preferible a adaptarlo a la corteza por fuera; que la parte afilada del injerto no deje la médula al aire, pero que la deje al descubierto por un pequeño canal. La punta debe bajar en forma de cuña suave de no más de tres dedos de largo, cosa que se hace con mucha facilidad si se raspa después de mojarla en agua. No 107 se debe afilar la punta con viento, ni separar la corteza de la madera a ninguno de los dos237. La púa se debe hundir hasta su propia corteza, sin que se doble mientras se hunde, ni se arrugue la corteza. Por eso no se deben implantar injertos que goteen, ni menos aún, por Hércules, resecos, porque de aquel modo la corteza se deshace por exceso de humedad y de este no llega a humedecerse ni a formar cuerpo con el otro por falta de vida. También 108 observan los siguientes ritos: que se haga en cuarto creciente238 y que la púa se hunda con ambas manos. Y por otra parte en esta labor las dos manos al tiempo hacen menos fuerza con el control necesario. Las púas que han sido hundidas con demasiada fuerza producen más tarde y duran más, y ocurre lo contrario cuando se hace al revés. Que la hendidura no se abra demasiado ni reciba con holgura el injerto, y que tampoco lo apriete y lo mate por la presión; esto es 109 lo que hay que tener más en cuenta en el tronco de árboles que se cierran con mucha fuerza. Para que la hendidura quede centrada, algunos, después de marcarla en el tronco con un hocino, empiezan por atar con mimbre los propios bordes de la hendidura, después hienden con una cuña, pero la atadura reprime que se raje libremente. —Algunas plantas injertadas en plantel se trasplantan en el mismo día—. Si el tronco que se va a injertar es más grueso, es mejor que se injerte entre la corteza y la madera, aflojando la corteza con una cuña, preferiblemente de hueso, para que la corteza no se rompa. En 110 los cerezos la hendidura se hace después de quitar el líber239. Estos son los únicos árboles que se injertan incluso después del solsticio de invierno. Una vez quitado el líber tienen una especie de pelusa que, si se apodera del injerto, lo pudre. Lo más práctico es apretar la atadura después de hundir la cuña. Es muy conveniente hacer el injerto lo más cerca de la tierra que permita el número de nudos en el tronco. Las 111 púas no deben sobresalir más de seis dedos240. Catón mezcla arena y estiércol de vaca con arcilla o greda y recomienda que se trabaje así hasta que esté viscoso, y que esa masa se ponga en medio y se unte alrededor. A partir de lo que escribió se ve fácilmente que en aquella época solían injertar entre la madera y la corteza y no de otro modo, y no hincaban púas de más de dos dedos de ancho241. Por otra parte, aconseja que los perales y manzanos se injerten durante la primavera, así como cincuenta días después del solsticio de verano y después de la vendimia242; en 112 cambio, los olivos e higueras solo durante la primavera, con luna sedienta [es decir, seca243], además, después del mediodía y sin viento austro244. Lo extraño es que, no contento con haber preparado el injerto, como se ha dicho245, y haberlo protegido de la lluvia y el frío con césped y con tiras blandas de mimbre partido, recomienda que se cubra por encima con lengua de buey —es un tipo de hierba— y se ate después de cubrirla con paja246. Ahora se considera suficiente que se una con barro mezclado con paja y que sobresalga el injerto dos dedos del líber247. El 113 tiempo apremia a los que injertan en primavera, cuando asoman las yemas, excepto en el olivo, cuyos ojos salen durante mucho tiempo y que tiene bajo la corteza muy poca savia, que si es excesiva perjudica a los injertos. Por lo demás, retrasar los injertos de los granados, las higueras y los árboles que son secos es de muy poca utilidad248. El peral 114 se puede injertar hasta en flor, e incluso hasta el mes de mayo se pueden prolongar los injertos249. Y si las púas de los frutales se llevan a bastante distancia, se cree que clavadas en un nabo mantienen muy bien la savia, y se conservan junto a ríos o estanques entre dos tejas cerradas con tierra por los dos lados. 15 Las púas de la vid, en cambio, se conservan en hoyos secos tapados con paja y recubiertos después con tierra de manera que sobresalgan por la punta250.

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Injerto de la vid

Catón injerta la vid de tres formas251: manda que, después de podarla, se hienda por la médula y a ella se unan los sarmientos leñosos afilados, como se ha dicho252, y se junten las médulas253. En la segunda forma, que, si se tocan las vides entre sí, después de raspar en sentido oblicuo los lados contiguos de cada una, se aten juntando las médulas254. La tercera clase consiste en taladrar la vid en sentido oblicuo hasta la médula, meter las púas de dos pies de largo cada una y así, después de atar y embadurnar el injerto con una mezcla255, cubrirlo con tierra, dejando las púas hacia arriba256. En nuestra 116 época se han introducido mejoras como usar la barrena gálica257, que perfora pero no abrasa —puesto que toda abrasión debilita—, elegir púas que estén comenzando a echar brotes y no sobresalgan desde el patrón más de dos yemas, una vez atado con líber de olmo o con mimbre, y además que la vid se raspe con el filo de una escofina por dos lados258, para que por allí baje mejor la lágrima259, que es lo más perjudicial para las vides; luego, cuando los zarcillos hayan alcanzado los dos pies, se corta la atadura del injerto, dado que el grosor facilita la fertilidad. Como 117 época para injertar vides señalan desde el equinoccio de otoño hasta los comienzos de la germinación260. Se injertan plantas cultivadas en raíces de silvestres, que son más secas por naturaleza; si las plantas cultivadas se injertan en silvestres, tienden a volverse silvestres261. Lo demás depende del clima. Lo más adecuado para los injertos es la sequedad. Y de hecho un remedio para conseguirla es poner a su lado unas macetas con ceniza y que el agua destile poco a poco a través de ella. La inoculación agradece un riego ligero.

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Injerto de escudete

El injerto de escudete también puede parecer derivado de la propia inoculación, y desde luego viene bien sobre todo a los árboles de corteza gruesa, como es el caso de las higueras. Así, una vez podadas todas las ramas, para que no desvíen la savia, en la parte más lisa y en la que se aprecie un vigor especial, una vez retirado un escudete de tal manera que el hierro no sobrepase la corteza, se mete a presión un trozo de corteza igual procedente de otro árbol con un botón de su germen, apretando la juntura de tal manera que no haya lugar para cicatriz y la unión se haga enseguida, sin recibir humedad ni aire; a pesar de todo, sin embargo, lo mejor es protegerlo con barro y también con una atadura. Esta 119 clase de injerto pretenden que no es un descubrimiento antiguo los que son partidarios de las nuevas costumbres, pero ya se encuentra en los antiguos griegos y también en Catón, que recomienda que se injerten así los olivos y las higueras, fijando incluso la medida, de acuerdo con su celo habitual: que se corten con una navaja de injertar262 trozos de corteza de cuatro dedos de largo y tres de ancho y así se junten y se cubran con su propia corteza desmenuzada, con el mismo método que en los manzanos263. Algunos han mezclado en la vid este tipo de injerto con el de hendidura, quitando a la corteza un cuadradito y metiendo una púa plana por ese lado. Yo he 120 visto junto a las cascadas tiburtinas un árbol injertado de todas esas maneras que estaba cargado de toda clase de frutos: en una rama con nueces, en otra con bayas, en otros sitios con uvas, peras, higos, granadas y diversas clases de manzanas. Pero la vida de ese árbol fue corta. Y es que no podemos conseguir todo en la naturaleza a base de experimentos264. De hecho, algunas plantas no pueden nacer de ningún modo si no es espontáneamente, y esas solo prosperan en parajes ásperos y desiertos265. El árbol 121 que se tiene por el que recibe mejor toda clase de injertos es el plátano, después el roble, pero uno y otro alteran los sabores266. Algunos se injertan de todas las formas, como las higueras y como los granados. La vid no admite el escudete, ni tampoco los que tienen la corteza delgada o caediza y agrietada; ni la inoculación los árboles secos o de poca savia. El más fecundo de todos los injertos es la inoculación, luego el escudete, si bien uno y otro son los más débiles; y los que se apoyan solo en la corteza se caen con mucha rapidez incluso con un ligero soplo de aire. Implantar es lo más seguro y es más productivo que plantar267.

17 No se debe pasar 122 por alto la rareza de un ejemplo único. Corelio, un caballero romano nacido en Ateste268, injertó, en la zona de Nápoles, el mismo castaño con su propio esqueje. Se produjo así un tipo de castaño de los más celebrados, que toma el nombre de él. Posteriormente Tereo, un liberto de ese mismo, injertó de nuevo el coreliano. La diferencia entre ellos es que aquel es más fructífero, este, el tereyano, de mejor clase269.

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Los que nacen de ramas

En cuanto a las restantes clases de reproducción, el azar por sí mismo se las ingenió para inventarlas y enseñó a plantar ramas desgajadas, al haber echado raíces unos palos clavados en el suelo270. Muchas cosas se plantan así y, sobre todo, las higueras, que nacen de todos los otros modos además de271 por estaca, y es mucho mejor desde luego, si una vez afilada una rama bastante gruesa a modo de puntal se mete profundamente, dejando por encima de la tierra una pequeña cabeza y cubriéndola también de arena. Con una rama se planta también el granado, haciendo antes un hoyo con palos, igualmente el mirto, en todos ellos con una longitud de tres pies, y menos grosor que un brazo, conservando cuidadosamente la corteza, pero aguzando el tronco.

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Cuáles se plantan por estaca y de qué modo se hace

El mirto también se puede plantar con estacas272, el moral solo por estaca, ya que el temor religioso a los rayos prohíbe que este se injerte en el olmo273. Por lo tanto, hay que hablar ahora de la plantación de las estacas. Se ha de procurar ante todo que las estacas procedan de árboles fértiles, que no estén curvadas, ni rugosas, ni ahorquilladas, que no sean más delgadas de lo que puede abarcar una mano, que no sean de menos de un pie de largas, que se coloquen con la corteza entera y, además, se coloquen siempre hacia abajo el corte y también lo que estaba más cerca de la raíz, y que los brotes se cubran con tierra hasta que la planta cobre fuerza274.

125

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Cultivo de los olivos

Qué cuidados estimaba Catón que se deben mantener en el cultivo de los olivos, lo mejor será que los recomendemos con sus propias palabras275: «las estacas de olivo que vayas a plantar en un hoyo, las harás276 de tres pies y las tratarás con cuidado para que el líber no sufra cuando las desbastes o cortes. Las que vayas a plantar en vivero, las harás de un pie. Las plantarás así: que el terreno haya sido trabajado con bipalio y esté bien mullido277. Cuando metas la estaca, apretarás la estaca con el pie. Si baja poco, la hundirás con un martillo o una maza278 y tendrás cuidado de no abrir el líber cuando la hundas. No debes hacer antes con un palo el agujero en el que vas a meter la estaca; así arraigará mejor279. Cuando las estacas tienen tres años, en el momento en el que el líber se vuelva, están definitivamente en su punto280. Si plantas 126 en hoyos o en surcos, colocarás las estacas de tres en tres y separarás unas de otras281. Que no sobresalgan de la tierra más de cuatro dedos o, si no, plantarás yemas282. —Conviene sacar el olivo con cuidado y llevarse junto con la tierra la mayor cantidad posible de raíces, y cuando hayas cubierto bien las raíces, pisarlas bien para que nada les haga daño. Si alguien pregunta en qué época se deben plantar los olivos: en terreno seco, durante la sementera; en rico, durante la primavera283—.

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Distribución de las labores de cultivo a lo largo de las estaciones del año

Comenzarás a podar el olivar quince días antes del equinoccio de primavera. A partir de ese día, lo bueno será podar durante cuarenta días. Lo podarás de la siguiente manera: donde el terreno sea bien feraz, quitarás de allí todo lo que esté seco y lo que haya quebrado el viento. Donde el terreno no sea feraz, lo cortarás más, ararás bien, quitarás los nudos y dejarás los troncos lisos284. —En otoño cavarás alrededor de los olivos y echarás estiércol285. —El que remueva el olivar con más frecuencia y más profundidad, arrancará las raíces más delgadas. Si ara mal, las raíces irán hacia arriba, se harán demasiado gruesas y, por ello, se irán a las raíces las fuerzas del olivo286».

Qué 128 clases de olivo, en qué clase de terreno manda que se planten los olivares y a dónde deben estar orientados, lo dijimos al hablar del aceite287. Magón manda que en colinas, tanto secas como arcillosas, se planten entre el otoño y el solsticio de invierno; en suelo graso o húmedo o con algo de agua, desde la siega hasta el solsticio de invierno. Se entiende que prescribía esto para África. Desde luego, en Italia ahora se planta principalmente en primavera288. Pero si también se quiere en otoño, en los cuarenta días a partir del equinoccio los únicos en los que es malo plantar son los cuatro días junto al ocaso de las Pléyades289. Una 129 peculiaridad de África es que injertan olivos en acebuches, con la idea de perpetuarlos, cuando se vayan haciendo viejos, al salir una rama del árbol que acaba de adoptarlo y surgir así de él mismo otro árbol rejuvenecido, una y otra vez y siempre que haga falta, de manera que los mismos olivares se mantienen durante siglos290. Por otra parte, el acebuche se injerta por púa y por inoculación291.

Es malo 130 plantar un olivo donde se ha arrancado un roble, porque en la raíz de los robles nacen unos gusanos que se llaman raucas y pasan al olivo292. Se ha comprobado que es preferible no ahumar las estacas ni secarlas antes de plantarlas293. Se ha descubierto que lo mejor es escamondar294 un olivar viejo en años alternos desde el equinoccio de primavera hasta la salida de las Pléyades, e igualmente raspar el musgo; y, en cambio, todos los años, a partir del solsticio, cavar alrededor de los olivos un hoyo de dos codos con una profundidad de un pie y, al tercer año, estercolar295.

Magón manda 131 igualmente que los almendros se planten desde el ocaso de Arturo hasta el solsticio de invierno296; los perales, no todos en la misma época, porque no todos florecen al mismo tiempo: los de peras alargadas o redondas, desde el ocaso de las Pléyades hasta el solsticio de invierno; las demás clases a mediados del invierno a partir del ocaso de la Flecha, orientándolos al este o al norte297; el laurel, desde el ocaso del Águila hasta el ocaso de la Flecha298. Desde luego la cuestión respecto al momento de plantar está relacionada con la astronomía299. Se 132 aconseja hacerlo sobre todo en primavera y otoño300. Hay también otro momento, en torno a la salida del Can301, conocido por pocos, ya que no se considera igualmente útil en todas partes, pero no lo debo omitir yo, que investigo el comportamiento no de alguna zona, sino de toda la naturaleza en su 133 conjunto. En la región de Cirene302 plantan cuando soplan los etesios303, así como también en Grecia y sobre todo el olivo en Laconia304. En la isla de Cos305 también plantan en esa época la vid, los demás griegos no dudan en inocular e injertar, pero no plantan árboles. Y lo que más influye en eso son las características del lugar; y así en Egipto todos los meses plantan y, donde hay lluvias de verano, como en la India y en Etiopía, los árboles se plantan forzosamente en otoño, después de ellas306. En 134 resumen, las tres épocas son las mismas de la germinación: la primavera, la salida del Can y la de Arturo307. Y, desde luego, el ansia de aparearse no es solo propia de los animales, sino que es mucho mayor el deseo libidinoso entre la tierra y todo lo que se siembra en ella. Servirse de él a su debido tiempo es muy importante para la generación, y especialmente en los injertos, ya que por las dos partes el deseo de acoplarse es mutuo. Los 135 que prefieren la primavera, los realizan inmediatamente después del equinoccio, afirmando que los brotes están a punto de eclosionar308 y que por eso es fácil la unión de las cortezas. Los que prefieren el otoño, los hacen a partir de la salida de Arturo, porque, según ellos, enseguida echan una especie de raíz y llegan bien dispuestos a la primavera y, además, la germinación no les quita las fuerzas inmediatamente. Algunos árboles, sin embargo, tienen establecida una época del año en todas partes, como los cerezos y los almendros, que se deben plantar e injertar en torno al solsticio de invierno309. Respecto a la mayoría de los árboles, lo que mejor decidirá es la situación del lugar. Así, en los fríos y húmedos conviene que se plante en primavera, en los secos y cálidos, en otoño. Desde 136 luego, por regla general, en Italia las temporadas se distribuyen del siguiente modo: para el moral desde las idus de febrero hasta el equinoccio310; para el peral, el otoño, de tal manera que no queden menos de quince días para el solsticio de invierno311; para los manzanos de verano y los membrillos, así como los serbales y ciruelos, desde mediados de invierno hasta las idus de febrero312; para el algarrobo y los alberchigueros, durante el otoño, antes del solsticio de invierno313; para el nogal, el pino, el avellano, el almendro y el castaño314, desde las calendas de marzo hasta las idus de ese mismo mes315; para el sauce y la retama, en torno a las calendas de marzo316. Ya hemos dicho que la retama se planta con semilla en terreno seco, y aquel, en húmedo, con varas317.

19 Hay todavía, 137 para no omitir a sabiendas nada que yo haya encontrado en alguna parte, un nuevo método de injertar, inventado por Columela, según afirma él mismo, por el que se pueden unir árboles de naturaleza incluso opuesta e incompatible, como la higuera y el olivo318. Manda que junto a un olivo se plante una higuera no muy separada de él, de manera que una rama del olivo lo más flexible y dócil posible pueda tocar la higuera ampliamente y que, entre tanto, poco a poco se vaya doblegando a fuerza de estar curvada. Luego, 138 cuando la higuera haya cobrado fuerzas, cosa que puede darse a los tres años o, en todo caso, a los cinco, una vez cortada la parte superior de la higuera, se recorta también la rama del olivo y, una vez raspada la punta, como se ha dicho319, se clava en el tronco de la higuera, protegiéndola con ataduras para que al estar curvada no se suelte. Así, por una especie de combinación de acodo e injerto, durante tres años crece en común entre dos madres y al cuarto año, una vez cortada, es toda entera del árbol adoptante320. El método todavía no es muy común, o para mí al menos no es suficientemente conocido.

139

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Excavar y acollar

Por lo demás, la misma regla que se ha dado antes321 respecto a los lugares calientes y fríos y los húmedos o secos, también ha enseñado a cavar los hoyos. Por ejemplo, en los sitios lluviosos convendrá no hacerlos anchos ni profundos, de distinta forma que en los calurosos y secos, para que recojan y retengan la mayor cantidad posible de agua. Esta regla es también la misma del cuidado de los árboles que ya llevan tiempo plantados. De hecho, en los lugares tórridos acollan y cubren las raíces en verano para que el calor del sol no las abrase. En 140 otros sitios las descalzan y dejan que se oreen322. En estos mismos, en invierno, las preservan del hielo con montones de tierra. Por el contrario, en aquellos, en invierno las dejan al descubierto en busca de humedad para las raíces que están sedientas. La regla general es cavar alrededor de cada árbol tres pies a la redonda323, menos en los prados, ya que, por buscar el sol y la humedad, las raíces se extienden por la superficie de la tierra.

Y desde luego esto es lo que cabe decir en general sobre los árboles que se plantan o injertan por su fruto.

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El saucedal

Falta dar razón de los árboles que se plantan para ayudar a otros, y sobre todo las viñas, por su madera tallar.

El primer lugar entre ellos lo ocupan los sauces324, que se plantan en terreno saturado de agua, pero cavado a una profundidad de dos pies y medio, con una estaca de un pie y medio o una pértiga, que es más útil cuanto más gruesa325. Entre ellos 142 deben estar a una distancia de seis pies. A los tres años se reprime su crecimiento con una poda a dos pies de la tierra para que se extiendan a lo ancho y se puedan escamondar sin escaleras. Pues el sauce es tanto más fecundo cuanto más cerca está de la tierra326. Aconsejan también cavarlos todos los años en el mes de abril. Este 143 es el cultivo de los sauces mimbreros327. Los que sirven para pértigas se plantan con varas y también con estacas, y se cavan lo mismo. Lo normal es que se corten pértigas de ellos casi al cuarto año328. Pero estas también sirven para reemplazar a los que se van haciendo viejos mediante un acodo que al año se corta329. Basta una yugada de sauce mimbrero para veinticinco yugadas de viña330. Para eso mismo se planta el álamo blanco cavando dos pies, con estacas de un pie y medio secadas durante dos días, con una separación de un pie y un palmo, y echando por encima una capa de dos codos de tierra331.

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El cañaveral

La caña332 se da bien en un terreno todavía más encharcado que el sauce. Se planta con un bulbo de la raíz, que otros llaman «ojo», en un hoyo de nueve pulgadas, con una separación de dos pies y medio, y se recupera por sí misma si se arranca un cañaveral viejo, cosa que se ha visto que es más útil que castrarlo, como hacían antes. Y de hecho las raíces se extienden entrelazadas y se matan al enredarse unas con otras333. La época 145 de plantar es antes de que los ojos de las cañas se hinchen, antes de las calendas de marzo. Crece hasta el solsticio de invierno y deja de crecer cuando comienza a endurecerse. Esta es la señal para cortarlo a tiempo334. Por otra parte, se piensa que el cañaveral se debe cavar tantas veces como la viña. Se planta también tumbada enterrándola a poca profundidad y de cada ojo salen otras tantas plantas335. Se planta 146 también metiéndola con raíces en un surco de un pie, con dos yemas enterradas, de manera que el tercer nudo toque la tierra, y con la punta inclinada, para que no coja el rocío336. Se corta en cuarto menguante. Para las viñas es más útil la caña que lleva un año seca que la verde.

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Los otros tallares para pértigas y estacas

El castaño aventaja a todos los árboles para soporte por la facilidad con que se trabaja y por su capacidad de resistencia, con una regeneración después de cortarlo mayor incluso que la del sauce337. Necesita una tierra blanda, pero no arenosa, y especialmente sablón húmedo o carboncillo o incluso toba desmenuzada, en un sitio aunque sea sombrío y mirando al norte y, además, muy frío o, incluso, en pendiente. Rechaza a su vez la glera, la tierra roja, la greda y toda clase de tierra fértil338. Hemos dicho339 que 148 se planta con su fruto, pero si no es de los más grandes, no se da bien, y tampoco si no es en montones de cinco en cinco340 —se debe romper la tierra por arriba— desde el mes de noviembre hasta febrero, cuando las castañas caen del árbol soltándose ellas solas y nacen abajo341. La separación debe ser de un pie y el surco debe tener nueve pulgadas por todos los lados. A los dos años se trasplantan de este vivero a otro poniéndolos con una separación de dos pies. También se 149 consigue por acodo, con más facilidad, por cierto, que ningún otro árbol. En efecto, después de dejar la raíz al aire, se pone en el surco el acodo entero; entonces nace un castaño de la punta que se ha dejado sobresaliendo de la tierra y otro de la raíz. Pero si se trasplanta, le cuesta adaptarse como huésped y teme la novedad durante casi dos años; después echa brotes. Por eso, los planteles para tallares se hacen con el fruto más que con barbados342. El cultivo 150 no es distinto del de los árboles que se han dicho antes343, cavando y escamondando durante los dos años siguientes. Por lo demás, el propio árbol se cuida a sí mismo con su sombra que mata los hijuelos superfluos. Se corta a los siete años344. Los soportes obtenidos de una yugada bastan para veinte yugadas de viña, ya que incluso se hacen dos de un vástago y duran hasta más allá del siguiente corte de su propio ramaje345.

El ésculo346 se 151 da de la misma forma; el corte es tres años más tarde, menos lento en nacer, se planta en primavera en cualquier clase de tierra, con bellotas, pero esto solo es propio del ésculo, en un hoyo de nueve pulgadas, a intervalos de dos pies347. Se remueve ligeramente la tierra cuatro veces al año. Esta clase de soporte se pudre muy poco348 y después de cortada vuelve a echar muchas ramas.

Además de estos que acabamos de decir son adecuados para tallares349: el fresno, el laurel, el alberchiguero, el avellano y el manzano, pero tardan más en nacer y, una vez clavados, apenas soportan la tierra, no ya la humedad. El saúco, muy fuerte por el contrario para puntal, se planta por estacas, como el álamo. Respecto al ciprés ya hemos hablado bastante350.

152

21 (35-36)

Planificación de las viñas y de las vides maridadas

Y después de haber hablado de esa especie de instrumentos para las viñas, queda tratar con especial cuidado de las características de ellas mismas. En los sarmientos de la vid y las ramas de algunos árboles, que por dentro son bastante esponjosos, entrecortan la médula unos nudos en las junturas de sus tallos. Las cañas en sí son cortas y, hacia la punta, unas articulaciones más pequeñas cierran sus propios internodios por ambas partes. La 153 médula, que es como el aliento vital, se extiende llenándolos a todo lo largo, mientras los nudos se abren por un canal que deja un paso abierto351. Pero cuando se apelmazan impidiendo el paso, de rebote salta desde su parte inferior hasta el nudo anterior formando siempre axilas alternativas a los lados, como se ha dicho en la caña y en la férula352, en las que se ve a la derecha a partir de la articulación más baja, a la izquierda en la siguiente y así sucesivamente. Eso en la vid se denomina «yema», cuando allí se ha formado una excrecencia353; pero antes de que se forme, en la parte cóncava se llama «ojo» y en la misma punta, «germen». Así se originan los sarmientos, los chupones, las uvas, las hojas y los pámpanos, y lo asombroso es que son más fuertes los que salen en la parte derecha.

Por eso, 154 cuando se plantan, conviene cortar por la mitad estos nudos en los sarmientos de manera que no salga la médula. Por cierto, también en la higuera, después de abrir el suelo con unos palos pequeños, se plantan de nueve pulgadas de tal manera que esté abajo lo que estaba más cerca del árbol y sobresalgan dos ojos fuera de la tierra. Sin embargo, en las ramas de los árboles se llama propiamente «ojo» la parte de donde salen los brotes. Por 155 esa razón algunas veces incluso en los planteles dan fruto el mismo año en el que iban a darlo en el árbol, cuando plantados a tiempo a punto de brotar, dan en otro sitio los frutos incipientes. Es fácil trasplantar al tercer año las higueras plantadas de esta manera. Por su veloz envejecimiento se ha atribuido a este árbol que sea el que se desarrolla con mayor rapidez354.

La forma 156 de plantar la vid es más compleja355. Lo primero de todo es no plantar de ella nada más que lo inútil y lo cortado para leña356; y, por otra parte, se poda todo lo que en el año anterior dio fruto. Solía plantarse un sarmiento cabezudo de madera dura por los dos lados, y por esa razón todavía ahora se llama «maléolo357». Después comenzó a ser arrancado el sarmiento con su propio pie, como en la higuera, y no hay otra cosa más vivaz358. Se añadió todavía una tercera clase más fácil, sin pie, lo que llaman «saetas359», cuando se clavan en tierra curvados. Esos mismos, cuando están cortados y sin curvar, se llaman trigemes360. Así, además, de un mismo sarmiento salen muchos. Plantar 157 con sarmientos pampinarios361 es estéril, y no se debe hacer sino con uno fecundo. La vid que tiene pocos nudos se considera infecunda; un gran número de yemas es señal de fertilidad. Algunos autores se oponen a que se planten más que aquellos sarmientos que hayan florecido. Es menos provechoso plantar saetas, porque al trasplantarlas se rompe con facilidad lo que estaba curvado. Se plantan de una longitud de un pie, y no más cortas, con cinco o seis nudos. En este tamaño no podrá haber menos de tres yemas362. Lo mejor 158 es plantarlos el mismo día en que se corten. Si fuera necesario plantarlos mucho después, hay que procurar en todo caso que estén guardados como hemos recomendado363 y que por estar fuera de la tierra no se sequen con el sol, ni se debiliten con el viento o el frío. Los que hayan estado en seco más tiempo, que se reverdezcan en agua durante varios días antes de plantarse.

El terreno, 159 soleado y lo más espacioso posible, tanto en el vivero como en la viña se debe desfondar con el bidente, y a tres pies de profundidad con el bipalio, con la marra se deben volver a echar cuatro pies por la fermentación, de manera que la zanja alcance los dos pies, lo excavado se debe limpiar y extender para que no quede poco trabajado, pero se debe hacer con medida. Los escaños irregulares ponen de manifiesto que está mal cavado. Se ha de medir incluso la parte de caballón que está en medio364. Los sarmientos 160 se plantan tanto en hoyos como en surcos más largos. Encima se echa tierra lo más blanda posible, si bien en suelo pobre es inútil, a no ser que se ponga debajo una capa de tierra más pingüe. Conviene que se cubran dos <yemas por lo menos365> y se toque la siguiente, que la tierra se apriete y espese con la misma estaquilla, y, además, que en el plantel la separación entre dos plantas sea de un pie y medio a lo ancho y medio pie a lo largo. Conviene que los maléolos así plantados se corten a los veinticuatro meses hasta el nudo más bajo, a no ser que se le reserve. De allí sale el brote de los ojos, con el que a los treinta y seis meses se trasplanta el barbado.

Hay todavía 161 otro método extraordinariamente fecundo de plantar vides. Consiste en que se atan fuertemente cuatro maléolos por la parte de abajo [muy frondosa366] y así, después de hacerlos pasar por huesos de pata de buey o cuellos de vasijas de barro, se entierran dejando sobresalir dos yemas. De este modo se van uniendo y, cuando se cortan, echan una ramita. Después, una vez roto el tubo, la raíz en libertad cobra fuerzas y los racimos dan granos de todos los cuerpos367. En 162 otro tipo recientemente descubierto se abre el maléolo y después de extraerle la médula se atan entre sí los propios tallos de manera que se respeten en todo caso las yemas. Entonces el maléolo se planta en tierra mezclada con estiércol y, cuando comienza a extender los tallos, se corta y se cava con bastante frecuencia. Columela asegura que esas uvas no tendrán nada de granuja en su interior, puesto que sería muy extraño que vivieran las propias semillas después de quitar la médula368.

Parece que 163 no se debe omitir que también de esquejes nacen árboles que no tienen ningún nudo. En efecto, el boj se da bien si se planta con cinco o seis ramas muy delgadas juntas. Antes se observaba la costumbre de arrancar los esquejes de un boj no podado, creyendo que de otra manera no vivían. La experiencia ha descartado esto369.

Tras el 164 cuidado del vivero viene la planificación de las viñas. Las hay de cinco tipos: con las ramas extendidas por la tierra; con la vid levantada por sí misma; o bien con apoyo sin yugo; rodrigadas con yugo simple; o compluviadas con yugo cuádruple370. La 165 planificación de la vid rodrigada se entenderá que vale también para la que se sostiene por sí misma sin apoyo. Esto desde luego no se hace sino por falta de soporte371. En la de yugo simple se mantiene en una hilera tendida que llaman «canterios372». Es la mejor para vino, puesto que no se da sombra a sí misma y madura con el sol permanente y, además, recibe mejor el aire, suelta el rocío antes, y también es más accesible para despampanar, desterronar y para toda clase de labor. Por encima de todo lo demás, pierde la flor con mayor provecho. El yugo 166 se hace con varas o cañas o, incluso, con crin o cordón, como en Hispania y en Bríndisi. La compluviada es la que da más vino, se llama así por la abertura de los compluvios de las casas. Se divide en cuatro partes, con otros tantos yugos. Vamos a hablar del procedimiento de plantarla. Ese mismo será el que valga en todos los tipos de viña, pero en este es un poco más complicado. Se planta de tres modos: lo mejor es en un terreno cavado; a continuación, en surcos; en último lugar, en hoyos.

Ya se 167 ha hablado del desfonde de las viñas373; 22 para el surco es suficiente el ancho de una pala374; para los hoyos, tres pies por cualquier lado. La profundidad en cualquier tipo es de tres pies; por eso tampoco se debe trasplantar una vid más pequeña, pues ha de sobresalir además con dos yemas375. Es 168 necesario mullir la tierra con surcos diminutos en el fondo del hoyo y mezclarla con estiércol376. Los lugares en cuesta requieren hoyos más profundos, además con los bordes almohadillados por el lado en declive. Los que entre estos se hagan más largos, para que acojan dos vides separadas, se van a llamar «álveos377». Conviene que la raíz de la vid esté en medio del hoyo, pero que ella misma, apoyada en la parte sólida, mire al oriente equinoccial378 y que el primer apoyo que reciba sea de caña; conviene, 169 además, que las viñas estén delimitadas por un decumano de dieciocho pies de ancho para el tránsito de vehículos en doble sentido y que se dividan por la mitad de la yugada con otras lindes transversales de diez pies o, si el tamaño es mayor, que se delimiten por un cardo de tantos pies como el decumano, y que siempre se divida por calles de cinco en cinco, es decir, que en el quinto tutor también se incluya cada parra con su yugo379. En un terreno compacto lo mejor es no plantar, a no ser que se haya binado, y que no se planten más que barbados; en uno blando y suelto, plantar maléolos tanto en surco como en hoyo380. En cuanto a 170 las laderas, es mejor hacer surcos transversales que cavar, para que se retenga en sus bancales la caída del agua; en clima lluvioso, incluso en terreno seco, se deben plantar los maléolos en otoño, a no ser que las condiciones de la zona obliguen a cambiar; el clima seco y cálido sin duda obligará a hacerlo en otoño, el húmedo y frío, también al final de la primavera. En terreno árido tampoco sirve de nada poner barbados, también se da mal en los secos el maléolo, a no ser después de lluvia; en cambio, en los terrenos con agua se da bien incluso la vid con hojas, e incluso hasta el solsticio, como en Hispania. Lo más conveniente es que los vientos estén en calma el día de la plantación. La mayoría desea los austros, Catón los rechaza381.

Por término 171 medio debe haber cinco pies entre dos vides, pero lo mínimo en terreno fértil es cuatro pies, en uno pobre lo máximo es ocho382 —los umbros y los marsos383 dejan en medio hasta veinte para arar en ellos; los llaman porculetos384—. En una zona lluviosa y sombría las vides se colocan más separadas, en una seca, más apretadas. La sagacidad ha descubierto el ahorro económico de hacer de paso un vivero, 172 cuando se plante la viña en terreno cavado, de tal manera que, por una parte, se planta el barbado en su lugar correspondiente y, por otra, el maléolo que se va a trasplantar se planta entre las hileras de vid. Este método produce unos dieciséis mil barbados por yugada. Y se ganan los dos años de más que tarda en dar fruto plantando en vez de trasplantando385.

El barbado 173 puesto en la viña al año se corta a ras de tierra, de manera que solo sobresalga un ojo; se clava un apoyo a su lado y se echa estiércol. De la misma manera se vuelve a cortar también al año siguiente y cobra fuerza y, además, se alimenta dentro de sí mismo para aguantar su pesada carga. De otra manera, débil y delgado como un junco por la precipitación en dar fruto, si no se contiene con esta corrección, se va todo en vástagos. Nada crece con más avidez y, si no se guardan fuerzas para dar fruto, se convierte todo entero en vástagos386.

Los mejores 174 soportes son los que hemos dicho387, o bien rodrigones de roble y olivo. Si no los hay, palos de enebro, ciprés, codeso y saúco388. Los puntales de las demás clases se vuelven a cortar cada año. La más ventajosa para los yugos es la caña atada en pequeños haces; dura cinco años. Cuando las ramas más pequeñas que un sarmiento se unen entre sí a modo de cuerdas, se forman con ello unos arcos que se llaman funetos389.

Al tercer 175 año de la viña echa una rama fuerte y rápida que con el tiempo se convierte en vid. Esta trepa hasta el yugo. Algunos, entonces, la ciegan con el podón vuelto quitando los ojos para que crezca más, con un daño irreparable. En efecto, es mejor que se acostumbre por sí misma a dar fruto y es preferible despampanarla cuando está en el yugo hasta donde se quiera que se robustezca390. Hay quienes 176 recomiendan que no se toque en el año siguiente a ser trasplantada, ni se la arregle con el podón antes de sesenta meses, y que entonces se corte desde la tercera yema. Otros también podan incluso al año siguiente, pero de tal manera que cada año van añadiendo tres o cuatro nudos y, finalmente, al cuarto año, la hacen llegar hasta el yugo. Esto en uno y otro caso la retrasa en producir fruto y, además, la hace demasiado seca y nudosa, con un desarrollo propio de los árboles enanos. Por otra parte, lo mejor es que la madre sea resistente y, después, el vástago atrevido. Y no es nada seguro lo que está lleno de cicatrices por un gran error debido a la inexperiencia391. Lo que 177 está así procede de las heridas, no de la madre. Esta debe mantener enteras todas sus fuerzas mientras se va robusteciendo, y así se llenará toda ella de vástagos anuales, siempre que se les permita nacer. La naturaleza no produce nada a trozos. La vid que haya crecido con suficiente fuerza, se deberá poner enseguida en el yugo; si todavía no es lo bastante fuerte se deberá cobijar bajo el propio yugo después de 178 podarla392. Lo que importa es su fuerza, no su edad. Es una temeridad forzar la vid antes de que tenga el grosor de un pulgar. Al año siguiente se le dejarán una o dos ramas dependiendo de las fuerzas de la madre. Esas mismas son las que se deben mantener al año siguiente, si su debilidad obliga a ello, y solamente al tercer año se deben añadir dos. Y jamás se deben permitir más de cuatro, y, para abreviar, no se debe ser condescendiente y siempre se ha de reprimir el exceso de fecundidad. Su naturaleza es tal que prefiere dar fruto a vivir. Todo lo que se quita a la madera, se añade al fruto. Ella prefiere engendrar semillas a dar fruto, ya que el fruto es cosa perecedera. Así aumenta perjudicialmente su exuberancia y no se hace más gruesa, sino que se agota393.

También 179 se tendrán en cuenta las características del terreno. En uno magro, aunque tenga fuerzas, una vez podada, debe quedar por debajo del yugo, de manera que todos los tallos salgan debajo de él. Esta separación deberá ser muy pequeña para que la vid toque el yugo y espere alcanzarlo sin sujetarse, de manera que no se recueste en él ni se extienda plácidamente. Se debe poner este límite para que la vid prefiera crecer más todavía a dar fruto394.

La rama debe 180 tener por debajo del yugo dos o tres yemas de las que pueda llegar a nacer madera. Entonces hay que guiarla y atarla a lo largo del yugo, de manera que el yugo la sostenga y no quede colgando395. A partir de la tercera yema se debe atar luego con una ligadura más fuerte, porque así también se impide la eclosión de la madera y por debajo los pámpanos salen más apretados. Desaconsejan que se ate la punta. Sus características son las siguientes: la parte que cuelga o está atada da fruto, y el fruto más abundante lo da precisamente la parte que está curvada396. Lo que está debajo echa madera, al quedar obstaculizados, creo yo, el aliento vital y la médula, de la que hemos hablado397. La madera que ha salido de este modo dará fruto al año siguiente. Por eso 181 hay dos tipos de sarmientos: uno que sale de la parte dura y promete madera para el año siguiente que llaman «pampinario398» o, cuando está por encima de la cicatriz, «fructuario399»; y otro tipo que sale a partir de un sarmiento de un año, que siempre es fructuario400. Se deja debajo del yugo también uno que llaman «guardián401» —este es un sarmiento jovencito, que no pasa de tres yemas de largo—, que dará madera al año siguiente, en caso de que la vid se haya consumido por su exuberancia, y, además, junto a él se deja el que recibe el nombre de «furúnculo402», del tamaño de una verruga, por si acaso falla el guardián.

La vid que ha sido forzada a dar fruto antes 182 de cumplir el séptimo año desde que se planta el sarmiento se hace delgada como un junco y muere. Tampoco parece bien que una rama vieja se deje crecer tanto que llegue hasta el cuarto soporte, que es lo que unos llaman «dragón» y otros «cordón», para que formen lo que denominan masculetos. Cuando la vid se ha endurecido, lo peor es hacer pasar el sarmiento en la viña403. Al 183 quinto año también esas mismas ramas se retuercen y a cada una se le deja crecer su propia madera y después a las siguientes y se cortan las anteriores. Lo mejor es dejar siempre un guardián, pero debe estar muy cerca de la vid y no más largo de lo que se ha dicho404, y, si los sarmientos son demasiado exuberantes, hay que retorcerlos para que la vid eche cuatro maderas o dos, si la viña es de yugo simple.

Si se pone 184 la vid sostenida por sí misma, sin soporte, al principio necesitará alguna clase de apoyo, hasta que aprenda a mantenerse erguida y crecer derecha, las demás operaciones son iguales desde el principio; no obstante, en la poda se deben repartir los pulgares en la misma proporción por todos los lados, para que el fruto no cargue más por ninguna parte405. De paso, el mismo fruto impedirá por el peso que la vid crezca a lo alto. En esta clase de vides una altura superior a tres pies las hace inclinarse, en las demás, a partir de los cinco, siempre que no superen la estatura normal de un hombre406. A las 185 que se extienden por la tierra además las rodean con unos pequeños alcorques para ponerles límites, haciendo alrededor hoyos, para que las ramas sueltas no se enzarcen entre ellas al encontrarse. Y la mayor parte de la tierra cosecha una vendimia tendida de este modo por el suelo; esta práctica predomina en África, Egipto y Siria, en toda Asia407 y también en muchas partes de 186 Europa408. Allí, en efecto, la vid debe estar pegada a la tierra, con la raíz alimentada del mismo modo y al mismo tiempo que en la viña con yugo, de manera que siempre se dejan solo los pulgares, con tres yemas en terreno fértil, con dos en uno más pobre, y es preferible que sean muchos a que sean largos. Lo que hemos dicho acerca de las características del terreno se notará que influye más cuanto más cerca estén las uvas de la tierra409.

En cuanto 187 a las distintas clases, lo mejor es tenerlas separadas y que cada trecho se plante con una —pues la mezcla de clases no combina bien incluso en el vino, no solo en el mosto— o, si se mezclan, es preciso que no estén juntas más que las que maduran al mismo tiempo410. Cuanto más fértil y llano sea el campo, convienen yugos más altos, y lo mismo en sitios con rocío, niebla y poco viento; por el contrario, más bajos en los sitios pobres, secos, calurosos y expuestos a los vientos. Es preciso que los yugos se aten al soporte con un nudo lo más apretado posible, pero que la vid se sostenga con uno flojo411. Ya dejé dicho qué clases de vid y en qué tipo de terreno o clima se deben plantar al enumerar sus características y las de sus vinos412.

Respecto 188 a lo que queda del cultivo de la vid, se discute acaloradamente. La mayoría manda que durante todo el verano se cave la viña después de cada rocío, otros lo desaconsejan si está con brotes, pues, según ellos, los que entran, al pasar, sacuden y estropean los ojos, y por eso se debe mantener lejos absolutamente todo el ganado, pero especialmente el lanar, porque se lleva por delante las yemas con mucha facilidad413. Dicen que son enemigos también los rastros cuando la uva está madurando414, y que es suficiente que la viña se cave tres veces al año: desde el equinoccio de primavera hasta la salida de las Pléyades; a la salida de la Canícula, y cuando los granos empiezan a ponerse negros415. Algunos 189 lo distribuyen así: que una viña vieja se cave en primer lugar después de la vendimia, antes del solsticio de invierno, mientras que otros opinan que es suficiente descalzar y estercolar 416; de nuevo a partir de las idus de abril, antes de que conciba417, es decir, hasta el día sexto de las idus de mayo418; y, después, antes de que comience a florecer; cuando pierda la flor y, además, cuando la uva cambie de color. Algunos con más experiencia aseguran que, si se cava más de lo debido, los granos de uva se vuelven tan tiernos que se rompen. Las viñas que se caven conviene cavarlas antes de las horas más calurosas del día, así como tampoco conviene arar ni cavar lodo; el polvo que se levanta al cavar va bien contra el sol y la niebla419.

Está 190 comúnmente reconocido que la despampanadura de primavera se hace dentro de los diez días siguientes a las idus de mayo420, en todo caso antes de que la vid comience a florecer, y que se debe hacer por debajo del yugo421. Respecto a la siguiente despampanadura hay diversas opiniones. Algunos creen que hay que despampanar cuando haya perdido la flor, otros en el momento mismo de la maduración. Pero sobre eso las recomendaciones de Catón serán decisivas422. Y, por cierto, hay que tratar de los procedimientos de la poda.

Se ponen 191 a ella inmediatamente después de la vendimia, cuando la templanza del tiempo lo permite. Pero sin esto423 nunca se debe hacer, de acuerdo con la naturaleza, antes de la salida del Águila424, como enseñaremos en el siguiente volumen al tratar de los astros, y desde luego con favonio425, porque habría un daño doble propio de una precipitación desmedida. Si, con la herida del tratamiento reciente, alcanza las vides algún coletazo del invierno, es seguro que sus yemas se debilitan por el frío y los cortes se abren y, además, por culpa del tiempo los ojos se abrasan por las lágrimas que destilan. Pues ¿quién ignora que con el hielo se hacen frágiles? Ese 192 es el cálculo de las labores que se da en los latifundios, la prisa no es conforme a las leyes de la naturaleza426. Cuanto antes se poda dentro de los días apropiados, más madera dan; cuanto más tarde, fruto más abundante427. Por eso vendrá bien podar antes las magras, las fuertes al final; que todo corte se haga oblicuo, para que la lluvia caiga fácilmente, y vierta a la tierra; con la hoja del podón muy afilada hacer una cicatriz lo más leve posible y dejar el corte bien limpio, pero siempre se debe cortar entre dos yemas, para que no reciban heridas los ojos en la parte podada428. Entienden 193 que la parte negra está consumida429 y que se debe cortar hasta llegar a lo sano, porque de lo vicioso no sale madera aprovechable430. Si una vid magra no tiene sarmientos idóneos, lo más conveniente es que se corte a ras de tierra y se dejen salir nuevos y, al despampanar, no quitar los pámpanos que estén con uvas, pues esto también hace caer por tierra las uvas, excepto en una viña joven. Se consideran inútiles los que nacen en un lado del tronco, no de un ojo, puesto que las uvas que nacen de la parte dura también se endurecen, hasta el punto de que no se pueden arrancar sino con un instrumento de hierro. Algunos 194 creen que lo más provechoso es poner el soporte en medio de dos vides, así se descalzan también más fácilmente, y es lo mejor para la viña de yugo simple, con tal de que el propio yugo tenga fuerza y la zona no esté expuesta a los vientos431. En una viña de yugo cuádruple el apoyo debe estar lo más cerca posible del peso, pero que no estorbe la labor de descalzar; no debe distar más de un codo432. Por lo demás, recomiendan descalzar antes de podar 433.

Catón, 195 a propósito del cultivo de la vid en general, da estos preceptos 434: haz la viña lo más alta posible y átala bien, con tal de que no la aprietes demasiado. Cuídala de la siguiente manera: <durante la sementera descalza> el pie de las vides. Cava alrededor de la <viña> después de podarla435, comienza a arar, traza surcos seguidos a un lado y otro436. Amugrona lo antes posible las vides tiernas, a continuación437 desterrona: castra las viejas lo menos posible; más bien, si es preciso, entiérralas y corta dos años después438. El momento de podar la vid joven será cuando tenga fuerza. Si 196 una viña tiene calvas, haz surcos en medio y planta allí barbados. Aparta la sombra de los surcos439 y cava con frecuencia. En una viña vieja planta ócino440, si es magra —no plantes algo que grana—, y alrededor del pie de la vid echa estiércol, paja u orujo, una de estas cosas. Cuando 197 la vid comience a ponerse frondosa, despampánala. Pon numerosas ataduras a las vides jóvenes para que el tallo no se rompa, y ata suavemente los pámpanos tiernos de la que ya llega a la pértiga, y enderézalos para que se mantengan derechos. Cuando las uvas comiencen a tomar color, ata las vides por la parte 198 de abajo <***>441 El injerto de la vid se hace una vez en primavera y otra, cuando la uva está en flor; este es el mejor442. —Si quieres trasplantar una vid vieja a otro lugar, solamente será posible si tiene el grosor de un brazo. Primero pódala; deja dos yemas nada más. Cava bien desde las raíces y cuida de no herir las raíces. Tal como esté ponla en el hoyo o en el surco, cúbrela y pisa bien, y dispón la viña, átala y dóblala del mismo modo que estaba, y cávala a menudo443. Los antiguos llamaban ócino, la hierba que manda plantar en la viña, a una planta forrajera que aguanta la sombra, porque crece muy deprisa444.

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Planificación de las viñas y las vides maridadas

23 Viene ahora la planificación de la vid maridada445 curiosamente reprobada por los Saserna, padre e hijo, y celebrada por Escrofa, los autores más antiguos y experimentados446 después de Catón. Y ni siquiera Escrofa la admite nada más que para Italia, aun cuando en tan largo tiempo se considera que no nacen vinos notables sino en las vides maridadas y, entre ellos, los más valorados se dan en su parte más alta, y los más abundantes, en la baja. Hasta ese punto se gana con la altura447. Los árboles 200 también se eligen teniendo esto en cuenta. El primero de todos es el olmo, exceptuado el atinio por su excesivo follaje448. Luego el álamo negro, por la misma razón, con un follaje menos denso. Tampoco rechaza la mayoría el fresno y la higuera, incluso el olivo, siempre que sus ramas no den demasiada sombra. Su plantación y cultivo han sido tratados ampliamente449. Antes de treinta y seis meses no se permite tocarlos con la hoz. Se conservan las ramas alternas, se podan en años alternos y al sexto año se maridan450. En la Italia 201 transpadana451, además de los árboles citados, maridan las vides con cornejo, ópulo, tilo, arce, orno, carpe y roble; en la región de Venecia con sauce, a causa de la humedad del terreno452. También el olmo, destroncado por la mitad, se distribuye en tres pisos de ramas, sin que ningún árbol sea más alto de alrededor de veinte pies. Sus entablados se extienden a partir de los ocho pies de altura en los montes y campos secos, a partir de los doce, en los llanos y 202 húmedos453. Los sarmientos deben estar orientados al mediodía, y las ramas se deben levantar desde el principio a modo de dedos; se deben cortar incluso de las ramas pequeñas las barbas que nacen en ellas, para que no den sombra. La separación adecuada entre los árboles, si se ara el terreno, es de cuarenta pies por delante y por detrás y de veinte a los lados; si no se ara, esto último en todas las direcciones454. Con frecuencia ponen diez vides junto a cada árbol, siendo reprobado el agricultor con menos de 203 tres. Es contraproducente maridar árboles si no están fuertes, porque los mata el rápido crecimiento de las vides455. Es necesario plantar cada una en un hoyo de tres pies, con una distancia de un pie entre ella y el árbol. Allí nada de maléolos ni de remover la tierra, ni gastos de cavar, puesto que este procedimiento de la vid maridada se distingue por una ventaja especial: que incluso beneficia a las vides el obtener cereales del mismo terreno y, además, que al defenderse la altura del árbol por sí misma, para repeler el ataque de los animales no necesita protegerse, como en los otros tipos de viña, con un muro o un cercado ni, en cualquier caso, gastar en fosos.

En la 204 vid maridada los únicos procedimientos de propagación, entre los que se han dicho antes, son el de los barbados e, igualmente, el de los acodos, y estos de dos formas, según dijimos: uno con cestos en el propio entablado, el más recomendado, porque está muy protegido del ganado456; el otro es con la vid o un vástago doblados junto a su propio árbol o cerca del más próximo sin maridar457. Lo que de la madre sobresale de la tierra, se recomienda rasparlo para que no eche renuevos. Se entierran no menos de cuatro yemas para que arraiguen; fuera, se dejan dos por cabeza. Toda 205 vid maridada está puesta en un surco de cuatro pies de longitud, tres de anchura y dos y medio de profundidad. Al año se hace en el mugrón una incisión hasta la médula para que se vaya aclimatando poco a poco a sus propias raíces; el tallo se recorta desde la cabeza hasta dejar dos yemas; al tercer año se corta el mugrón entero y se vuelve a poner en tierra más hondo para que no eche hojas por la parte recortada. El barbado se debe sacar inmediatamente después de la vendimia.

Hace 206 poco han inventado el plantar junto al árbol un «dragón». Llamamos así a un vástago que ya no sirve y está endurecido por los años458. Este, cortado lo más grande posible, después de raspar a lo largo tres cuartas partes de la corteza, hasta donde se entierra —por lo que también lo llaman «descortezado»—, lo meten en un surco dirigiendo hacia el árbol la parte que queda fuera; es lo más rápido en la vid. Si la vid o la tierra son pobres, lo más usual es cortar la vid lo más cerca posible del suelo hasta que la raíz tome fuerza, así como no plantarla con rocío ni con viento del norte459. Las vides en sí deben estar orientadas al aquilón, pero sus ramas al mediodía460.

No 207 hay que tener prisa en podar una vid joven, sino que primero se ha de recoger la madera en círculos y, a no ser que esté fuerte, no aplicar la poda461, ya que tarda casi un año más en dar fruto la vid maridada que la que está en yugo. Hay quienes desaconsejan por completo que se pode antes de que alcance la altura del árbol. En la primera poda se debe cortar a seis pies de tierra, dejando debajo un tallo y forzándolo a nacer con la curvatura de la madera. Después de podado deben quedarle no más de tres yemas. Los 208 sarmientos que se dejan salir de ellas al año siguiente se deben repartir en los peldaños inferiores y cada año deben subir hasta los de más arriba, dejando siempre en cada entablado madera dura y una sola guía que suba hasta donde se quiera462. Por lo demás, en la poda se deben recortar todos los renuevos que hayan dado fruto la última vez, y los nuevos se deben extender en los entablados una vez que se hayan cortado los zarcillos alrededor por todos los lados463. La poda de nuestra tierra consiste en revestir el árbol dejando caer la cabellera de las vides por las ramas y la propia cabellera con las uvas; la gálica, en extenderlas en sarmientos traveseros464; a los lados de la vía Emilia465 las extienden sobre postes de olmo atinio, evitando su follaje.

Hay 209 algunos que tienen la mala práctica de colgar la vid por debajo de la rama con una atadura, y la opresión la asfixia. Se debe sujetar con mimbre, sin apretarla; es más, los que tienen abundancia de sauces prefieren hacerlo con esta atadura más ligera, y en Sicilia, con la hierba que llaman ampelodesmo; e incluso en toda Grecia, con juncos, juncias u ovas466. También durante algunos días se la debe dejar vagar libre de ataduras, extenderse sin orden y recostarse en la tierra que ha estado mirando durante un año entero467. Pues, 210 así como a las bestias de carga al quitarles el yugo les gusta revolcarse, y a los perros después de correr, así también en ese momento a los lomos de las vides les gusta tenderse. El propio árbol también se alegra de verse libre de un peso continuo, como si respirara, y no hay nada en la obra de la naturaleza que no quiera algún turno de descanso siguiendo el ejemplo de los días y las noches468. Por eso se desaprueba que se pode inmediatamente después de la vendimia y cuando están todavía cansadas por haber dado fruto. Una vez podadas, se volverán a atar por otro sitio, pues se resienten en las marcas de la atadura con un indudable sufrimiento.

Los 211 sarmientos traveseros del cultivo de la Galia, partiendo desde ambos lados, se unen cuando se encuentran entre ellos, de dos en dos, si distan cuarenta pies; de cuatro en cuatro si distan veinte, y se atan después de juntarlos, reforzándolos al mismo tiempo con la ayuda de ramas, por donde falten; o si su tamaño no lo permite, se extienden hasta un árbol viudo469 sujetándolos con un gancho. Solían cortar el sarmiento travesero a los dos años —pues con la edad se carga de peso470—; lo mejor es darle tiempo para hacerlo capaz de pasar al otro árbol si el grosor no lo permite471. Por otra parte, es útil hacer engordar al que va a ser «dragón».

Todavía hay 212 otro tipo de plantación intermedio entre este y el acodo, que consiste en enterrar las vides enteras, hendirlas con cuñas y en los surcos sacar de una sola planta muchas al mismo tiempo, reforzando la debilidad de cada una con varas pequeñas atadas alrededor y sin cortar los pámpanos que salen de los lados. Los campesinos de Novaria472, no contentos con la cantidad de sarmientos traveseros ni con la abundancia de ramas, clavan además unas horcas y enrollan en ellas los sarmientos. De esta forma, el vino resulta áspero además de por las deficiencias del suelo, también por el cultivo. Se 213 comete otro error cerca de Roma, en las viñas de Aricia473, que se podan en años alternos no porque esto sea bueno para la vid, sino porque por el bajo precio del vino los gastos superarían la ganancia. Siguen un término medio en el Carsulano474, donde podan solamente las partes de la vid que están estropeadas y comienzan a secarse, y dejan las demás para uva. Cuando se elimina el peso sobrante, se le da por todo alimento la falta de daños; pero, si no es en terreno graso, tal cultivo degenera en labrusca475.

La vid 214 maridada requiere que se are lo más profundamente posible, aunque el cultivo de los cereales no lo pide476. No es costumbre despampanarla; y esto es un ahorro de trabajo. Los árboles se podan al mismo tiempo que la vid, escamondando las ramas que sean inútiles y consuman alimento. Desaconsejamos que los cortes estén orientados al septentrión o al mediodía477; mejor, si tampoco miran al ocaso del sol. Esas úlceras también causan dolor durante mucho tiempo y difícilmente se curan si hace demasiado frío o calor. No hay la misma libertad en la vid478, porque los lados están determinados de antemano, pero es más fácil ocultar las heridas y hacerlas girar hacia donde quieras. En el corte de los árboles que esté mirando demasiado hacia arriba se deben hacer una especie de desagües para que no quede retenida la savia479.

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Para impedir que las uvas se plaguen de bichos

Se deben poner a la vid unos apoyos por los que pueda subir agarrándose a ellos, si son más grandes que ella. 24 Dicen que las pérgolas480 de vides generosas se deben podar en las Quincuatros481, y aquellas cuyas uvas se quieran poner en conserva, en cuarto menguante; y que las que se han podado durante la luna nueva482 no están expuestas a ningún tipo de bicho. Según otro método, opinan que se deben podar en luna llena, de noche, cuando está en Leo, Escorpio, Sagitario o Tauro483 y, en general, se deben plantar en luna llena o, en todo caso, en cuarto creciente. En Italia bastan diez viticultores por cada cien yugadas de viña.

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Enfermedades de los árboles

Y después de haber tratado por extenso la plantación y el cultivo de los árboles, ya que de las palmeras y el codeso hablamos ampliamente al tratar de los árboles extranjeros484, para que no falte nada, se han de mencionar sus restantes características relacionadas en gran medida con todo esto. El hecho es que también los árboles sufren enfermedades. Pues ¿qué ser vivo carece de este mal? Y en cuanto a los árboles silvestres, aseguran que sus enfermedades no son graves y solo les hace daño el granizo en la germinación o en la floración, también los abrasa el calor o el aire demasiado frío a destiempo, pues el frío en su tiempo hasta es provechoso, como dijimos485. ¿Pues qué? 217 ¿No mueren también las vides por el frío riguroso? Esto sirve desde luego para descubrir los defectos del terreno, ya que no sucede sino en uno frío. Por eso nos parece bien la dureza del clima en invierno, no la del terreno. Y no peligran por el hielo los árboles más débiles, sino los más grandes, y cuando son atacados así, lo primero que se les seca es la copa, porque la savia solidificada no puede llegar allí.

En 218 los árboles hay unas enfermedades comunes a todos y otras exclusivas de cada especie. Son comunes el agusanamiento, la sideración y también el dolor de miembros486, que es causa de la debilidad de sus distintas partes, coincidiendo incluso sus nombres con los de las enfermedades humanas: de hecho, hablamos de «cuerpos truncados» y de «ojos abrasados» de los brotes, y de muchas cosas de suerte parecida. Así es 219 que padecen hambre y también indigestión, que se producen dependiendo de la cantidad de savia, pero también una especie de obesidad487, como sucede a todas las especies productoras de resina, que por exceso de grasa se transforman en tea488 y, cuando hasta las raíces comienzan a tener grasa, mueren, como los animales, por exceso de sebo489. Algunas veces también las epidemias se dan según las clases de árbol, lo mismo que entre los hombres unas veces afectan a los esclavos y otras, a la plebe urbana o a la rústica.

Se 220 agusanan en unos casos más y en otros menos, pero les pasa a casi todos, y lo detectan las aves por el sonido de la corteza hueca490. Y, desde luego, también esto empieza ya a ser un lujo, pues los enormes gusanos del roble son un bocado delicado —los llaman coses491— y hasta los engordan cebándolos incluso con harina. No 221 obstante, los árboles que más sufren el agusanamiento son los perales, los manzanos y las higueras. Lo sufren menos los árboles que son amargos y los aromáticos492. De los gusanos que viven en las higueras, unos nacen de las propias higueras, otros los cría el que se llama cerastes, pero todos se parecen al cerastes y emiten un ligero chirrido493. También el serbal se infesta con unos gusanillos rojizos y peludos y eso le causa la muerte; asimismo, el espino blanco en su vejez está expuesto a esta enfermedad494.

La sideración495 depende 222 totalmente del clima. Y por ello también el granizo se debe incluir entre estas causas de daños, e igualmente la carbonización y lo que sobreviene por el daño de la escarcha. La carbonización, en efecto, atacando los brotes todavía bastante tiernos que animados por una primavera templada se atreven a salir, abrasa sus ojos lechosos, cosa que en la floración llaman carboncillo496. La escarcha es más dañina por su naturaleza, porque, cuando ha caído, persiste y se congela y no hay brisa que la pueda despegar, porque no se da sino con tiempo tranquilo y sereno497. Ahora bien, una marca característica de la sideración es el aire caliente de la sequía en la salida de la Canícula, cuando mueren los injertos y los árboles jóvenes, en particular las higueras y la vid.

El olivo, además 223 del agusanamiento, que sufre lo mismo que la higuera, padece también el clavo o, si se prefiere decir, el hongo o platillo. Este consiste en una abrasión producida por el sol498. Dice Catón que también es dañino el musgo rojo499. También el exceso de fertilidad perjudica muy a menudo a la vid y el olivo500. La sarna es común a todos501. El impétigo y los caracoles que suelen nacer en las higueras son males particulares de ellas, y no en todas partes, pues hay determinadas enfermedades propias también de algunos sitios502.

Y lo mismo 224 que el hombre, también los árboles padecen de los nervios, e igualmente de dos formas, pues la enfermedad ataca a los pies, esto es, a las raíces, o a las articulaciones, esto es, a los dedos de la copa, que son los que más sobresalen de todo el cuerpo. Por eso se secan, y en griego ambos males tienen su propio nombre503. Por todas 225 partes primero hay dolor, luego también una delgadez de esas partes que las hace quebradizas, finalmente putrefacción y muerte, al no penetrar o no llegar la savia, y las higueras lo acusan especialmente. El cabrahígo es inmune a todo lo que hemos dicho hasta ahora. La sarna se debe a los rocíos pertinaces después de las Pléyades; pues si son más escasos504, empapan el árbol, no lo horadan con la sarna, y caen los higos inmaduros505; y si hay demasiada lluvia, la higuera sufre de otra manera porque las raíces se encharcan506.

La vid, 226 además del agusanamiento y la sideración, padece una dolencia peculiar en sus articulaciones507 por tres causas: una, cuando los brotes son arrancados por efecto de las inclemencias del tiempo; otra, como dejó escrito Teofrasto, cuando son podados hacia arriba; la tercera, cuando son dañados por una mala práctica en su cultivo, pues todos los daños que se les hacen repercuten en las articulaciones.

Una clase de sideración es también la caída del rocío cuando están perdiendo la flor, o cuando las uvas, antes de crecer, se ponen duras. Enferman también cuando pasan frío al estar sus ojos heridos por la quemadura de la poda. Esto también sucede con el calor intempestivo, ya que todo consiste en una medida y una proporción determinadas508.

Se producen 227 también daños por culpa de los viticultores, cuando se plantan demasiado juntas, como se ha dicho509, o cuando el que cava alrededor les hace daño con un mal golpe o también cuando el que socava con poco cuidado remueve las raíces o descorteza la vid. También hay daños debidos a los golpes de un podón poco afilado. Por todas estas causas soportan menos el frío o el calor, porque cualquier daño procedente del exterior penetra en la llaga. No obstante, el manzano es el más débil, y sobre todo el que es dulce510. En algunos 228 árboles la debilidad produce esterilidad, no la muerte, como cuando se desmocha un pino o una palmera. Efectivamente, se vuelven estériles, pero no mueren. Enferman algunas veces también los propios frutos por sí solos, independientemente del árbol, si a su debido tiempo faltan la lluvia o el calor o incluso el viento o, por el contrario, son excesivos, pues los frutos caen o se estropean. De todas estas circunstancias la peor es cuando la lluvia azota la vid y el olivo mientras están perdiendo la flor, ya que entonces se desprende el fruto511.

También 229 están las orugas, unos bichos dañinos que nacen por el mismo motivo; comen las hojas de los olivos, otras veces incluso la flor, como pasa en Mileto512, y después de haber devorado el árbol, lo dejan con un aspecto penoso. Esta plaga nace con el calor húmedo y pegajoso. A partir de ese mal se desencadena otro efecto, si al venir después un sol bastante fuerte, lo abrasa y como consecuencia degenera513. Hay todavía un daño propio del olivo y la vid —lo llaman arañuelo—, cuando una especie de telarañas envuelve el fruto y lo consume514. Determinados 230 vientos también queman estos árboles, pero igualmente otros frutos. De hecho, el agusanamiento algunos años lo sufren incluso las propias frutas solas, como las manzanas, las peras, las majuelas y las granadas. En la aceituna se produce con un doble efecto, puesto que los que nacen debajo de la piel comen el fruto, pero lo hacen crecer si están dentro del mismo hueso royéndolo515. Las lluvias que vienen después de Arturo impiden que nazcan. Esas mismas, si vienen del sur, producen gusanos incluso en las drupas, que, al estar madurando entonces, se caen con mucha facilidad516. Esto 231 sucede más en los lugares húmedos. Aunque no hayan caído, deben ser despreciadas517. También ciertas clases de mosquitos son perjudiciales para algunos frutos, como las bellotas y los higos; parece que ellos nacen de un líquido dulce que hay entonces debajo de la corteza518. Y las dolencias de los árboles sin duda estriban prácticamente en estas cuestiones.

Algunos 232 males propios del tiempo o del lugar no se pueden llamar propiamente enfermedades, ya que matan rápidamente, como la putrefacción, cuando se apodera de un árbol, o la quemadura o el viento propio de alguna región, como el atábulo en la Apulia o el olímpico en Eubea519. Pues si este sopla en torno al solsticio de invierno, con el frío abrasa los árboles secándolos de tal manera que no se pueden recuperar después con los rayos del sol. Esta clase de problemas afecta a los valles encajonados y las riberas de los ríos y, principalmente, a la vid, el olivo y la higuera520. Cuando 233 esto sucede, se nota enseguida en el momento de la germinación; en el olivo, más tarde. Pero en todos ellos el haber perdido las hojas es señal de que están reviviendo. Por otra parte, mueren árboles que creerías que se han salvado. A veces hay hojas que empiezan a secarse y luego reviven521. Otros árboles, en zonas septentrionales como el Ponto y Tracia, sufren por el frío o el hielo si estos se mantienen durante cuarenta días después del solsticio de invierno. Pero allí, y también en los demás sitios, si viene una gran helada nada más echar fruto, los mata incluso en pocos días522.

<El segundo 234 lugar lo ocupan los males> que se dan por culpa del hombre523. La pez, el aceite y la grasa son perjudiciales sobre todo para los árboles jóvenes524. Si se quita la corteza todo alrededor, se les causa la muerte, excepto en el caso del alcornoque, que así incluso se beneficia; pues de hecho la corteza, al engrosar, lo oprime y estrangula525. Y tampoco hace mal al madroño oriental, a condición de que al mismo tiempo no se le corte también el tronco526. Por otra parte, el cerezo, los tilos y también la vid pierden la corteza, pero no la que es vital y está próxima al tronco, sino la que se expulsa al nacer otra debajo. La corteza 235 de algunos árboles tiene grietas de modo natural, como la de los plátanos. La del tilo se regenera casi en su totalidad527. Por eso, a los que tienen cicatrices se les cura con lodo y estiércol y a veces es útil si no vienen a continuación un frío o un calor demasiado fuertes. Algunos árboles, como los robles y las encinas, así tardan más en morir. Es importante también la estación del año. En efecto, si alguien quita la corteza al abeto y al pino mientras pasa el sol por Tauro y Géminis, cuando están germinando, mueren enseguida. Si sufren el mismo daño en invierno, aguantan más tiempo528. Y lo 236 mismo la encina, el roble común y el pedunculado. Si la descortezadura es estrecha, no se hace ningún mal a los árboles antes citados529; en cambio, a los más débiles y que estén además en suelo pobre, los mata incluso arrancar una sola parte530. La misma regla sigue el descabezamiento de la pícea, el cedro y el ciprés —estos, en efecto, mueren si se les quita la punta o la queman los incendios531—, y lo mismo también si son pasto de los animales532. Por cierto 237 que el olivo, según Varrón, como dijimos, también se vuelve estéril si lo lame una cabra533. Unos árboles mueren por este daño, otros solo empeoran, como los almendros —pues de dulces se transforman en amargos534—, sin embargo, algunos se hacen incluso más provechosos, como en Quíos el peral que llaman de Fócide535. Y ya 238 hemos dicho a qué árboles beneficiaba el descabezamiento536. Mueren también muchos si se les hace una hendidura en el tronco, excepto la vid, el manzano, la higuera y el granado; algunos mueren incluso solo por una herida. Este daño es despreciable para el pino y todos los árboles que producen resina537. Si se les cortan las raíces no es nada raro que mueran. La mayoría muere incluso aunque no se les corten todas, sino las más grandes o las que son vitales538.

Los árboles a su 239 vez se matan entre ellos por la sombra o por la espesura y porque se roban el alimento. Mata también la hiedra con sus ataduras —tampoco beneficia el muérdago— y, además, el codeso es matado por lo que los griegos llaman hálimon539. Algunos árboles ciertamente por sí mismos no matan, pero la mezcla de sus olores o de su jugo hace daño a otros, como el rábano y el laurel a la vid. Se sabe, en efecto, que la vid tiene olfato y se impregna de olor de un modo prodigioso, hasta el punto de que cuando está cerca de un olor hostil, se aparta, retrocede y lo evita540. De 240 ahí tomó Andrócides el remedio contra la ebriedad, recomendando que se coma rábano541. La vid odia no solo la col, sino todas las hortalizas; odia también el avellano, y si no están lejos de ella, se pone triste y enferma542. Desde luego el nitro y el alumbre, el agua de mar caliente y las vainas de haba o yero son para ella los mayores venenos543.

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Prodigios de los árboles

Entre los males de los árboles hay lugar también para los prodigios. Hemos encontrado que han nacido higos debajo de las hojas; que una vid y un granado dieron fruto del tronco, no de un sarmiento ni de las ramas; que una vid sin hojas dio uvas y, también, que unos olivos perdieron las hojas mientras se mantenían adheridas las aceitunas. Hay además maravillas fortuitas. En efecto, un olivo que estaba completamente quemado revivió y, además, en Beocia544 volvieron a germinar unas higueras que habían comido las langostas545.

Algunos árboles 242 cambian también de color y de negros se hacen blancos, no siempre por un prodigio, y sobre todo se comportan así los que nacen de semilla. Y asimismo el álamo blanco pasa a negro. Algunos también piensan que el serbal, si lo llevan a sitios más cálidos, se vuelve estéril546. Por un prodigio, en cambio, algunas frutas de dulces se vuelven amargas, o dulces de amargas, y de un cabrahígo nacen higos, o al contrario, siendo un mal presagio cuando cambian a peor: de olivo a acebuche, de uvas blancas e higos blancos a frutos negros547 o, como ocurrió en Laodicea cuando llegó Jerjes, con el cambio de un plátano en olivo548. Para no 243 extendernos hasta el infinito, de estos prodigios están plagados el libro de Aristandro, entre los griegos, y entre nosotros los comentarios de Gayo Epidio, en los que hasta se encuentran árboles que hablaron549. Se hundió en la zona de Cumas un árbol, con mal presagio, poco antes de las guerras civiles de Pompeyo, quedando solo fuera unas pocas ramas, y se encontró en los Libros sibilinos que habría una gran matanza de hombres y que sería tanto más grande cuanto más cerca de Roma ocurriera después550.

Se 244 consideran prodigios también cuando nacen árboles en sitios extraños, como en la cabeza de las estatuas o en las aras, y además, cuando en los propios árboles nacen otros distintos: en Cícico, antes del asedio, nació una higuera en un laurel551. Del mismo modo, en Tralles nació una palmera en el pedestal de una estatua de César, el dictador, estando próxima su guerra civil552. Y además, también en Roma, en el Capitolio, en el altar de Júpiter, durante la guerra de Perseo, nació una palmera que presagió la victoria y los triunfos553. Cuando las tempestades la derribaron, nació una higuera en el mismo lugar en el lustro de los censores Marco Mesala y Gayo Casio, momento a partir del cual Pisón, un autor serio, dice que quedó por los suelos la honradez554.

Por encima 245 de todos los prodigios que se han oído alguna vez, estará el que ocurrió en nuestra época a la caída del emperador Nerón en la comarca del Marrucino, cuando un olivar de Veto Marcelo, uno de los principales del orden ecuestre, cruzó entero la carretera y a continuación los campos de labor marcharon desde el otro lado a ocupar el lugar del olivar555.

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Remedios para las enfermedades de los árboles

Ahora, una vez expuestas las enfermedades de los árboles, lo que procede es decir también los remedios. Entre ellos, unos son comunes a todos los árboles y otros propios solo de algunos. Los comunes son: descalzar, acollar, airear las raíces o cubrirlas; el riego, dando o quitando agua; el abono a los que están escasos de jugo556; la poda para aligerarlos de carga; asimismo hacer como una sangría para dejar salir el jugo; el corte circular de la corteza; recortar las vides y domar los vástagos, apomazar las yemas y hacer una especie de pulido, si el frío las ha dejado abrasadas y ásperas557. Con 247 estas cosas a unos árboles les va mejor y a otros peor, como el ciprés, que no solo rechaza el agua, sino que odia el estiércol, la cava a su alrededor junto con la poda y toda clase de remedios; es más, el riego lo mata, mientras que la vid y el granado se alimentan sobre todo con él. La higuera se alimenta con el riego, en cambio su fruto se marchita con él. Los almendros, si se cavan, pierden la flor558. Y tampoco 248 conviene cavar alrededor de los árboles injertados antes de que sean capaces de comenzar a dar fruto. Pero la mayoría de los árboles quiere que les corten lo que es pesado o inútil, como nosotros cortamos las uñas y el pelo. Los árboles viejos se podan por completo y resurgen de nuevo de algún hijuelo, pero no todos, sino aquellos cuya naturaleza dijimos que lo permite559.

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De qué modo hay que regarlos

El riego en los calores del verano es beneficioso, en invierno, perjudicial; en otoño, de resultados variables y dependiendo de las características del terreno, sobre todo cuando el vendimiador de las Hispanias recoge las uvas con el terreno encharcado560. En cambio, en la mayor parte de la tierra es conveniente drenar incluso el agua de las lluvias de otoño561. En torno a la salida de la Canícula es cuando más aprovecha el riego y ni siquiera entonces en exceso, porque perjudica a las raíces al emborracharlas562. También la edad de los árboles regula la cantidad, pues los jóvenes necesitan menos riego. En cambio, los que están acostumbrados a ello necesitan que se los riegue lo más posible; por el contrario, los que nacen en sitios secos no piden más humedad que la imprescindible.

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Hechos admirables sobre los riegos

Los vinos demasiado ásperos requieren especialmente ser regados en el territorio sulmonense de Italia, en la aldea Fabia563, donde riegan incluso los campos de labor. Y, cosa admirable, con esa agua las malas hierbas se matan, el grano se alimenta, y el riego hace de escardillo. En el mismo territorio, en invierno —y aún más si hay nieve o hiela—, para que el frío no abrase las vides, hacen correr el agua a su alrededor, cosa que allí llaman «templar». Por una particularidad llamativa del sol en un río, allí mismo en verano es de un frío casi insoportable564.

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La escarificación

En el siguiente volumen mostraremos los remedios contra el carboncillo y las royas565. Entretanto, también entre los remedios está una especie de escarificación, cuando, al estar las partes vitales del árbol apretadas y oprimidas más de lo debido por la delgadez de la corteza, debida a una enfermedad, aplicando la punta afilada de un hocino sujeto con las dos manos, abren la corteza con unas largas incisiones y, por así decir, relajan su piel. Sirven como prueba de que eso ha resultado saludable las cicatrices anchas y rellenas de la madera que nace en medio.

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Cómo se ha de cavar alrededor de los árboles. La escamonda de los árboles

En gran medida son semejantes la medicina de los hombres y la de los árboles, pues también a estos se les trepanan los huesos566. Los almendros, de amargos se convierten en dulces si, cavando alrededor del tronco y haciéndoles una hendidura por el pie todo alrededor, se les limpia el líquido que sueltan567. También a los olmos se les quita el jugo inútil horadándolos por encima de la tierra hasta la médula, en la vejez o cuando se nota que tienen exceso de alimento568. Igualmente, 253 cuando la corteza de las higueras está hinchada también se les extrae jugo con unos cortes superficiales en sentido oblicuo. Así se consigue que no caigan los frutos569. En los árboles frutales que germinan y no dan fruto, se mete una piedra en una hendidura hecha en la raíz y se hacen fértiles; esto mismo se hace en los almendros poniéndoles una cuña de madera de roble, en los perales y serbales, de madera de pino, y cubriéndola con ceniza y tierra570. También viene 254 bien que se recorten las raíces de las vides y de las higueras demasiado frondosas y que se aplique ceniza a los cortes571. Las higueras se hacen tardías si a las tempranas se les quitan los primeros higos verdes cuando sobrepasan el tamaño de un haba, pues nacen debajo otros que maduran más tarde. Esas mismas, si se les quitan las puntas de cada rama cuando empiezan a echar hojas, se hacen más fuertes y fértiles572. Es un hecho que la cabrahigadura hace madurar.

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La cabrahigadura

Es patente que, gracias a la cabrahigadura573, de los higos verdes nacen mosquitos porque, una vez que han volado, no se encuentran dentro los granos, que está claro que se han transformado en ellos574. Tan grande es su deseo de salir, que la mayoría se lanza fuera dejando una pata o una parte de ala. Hay también otra clase de mosquitos que llaman «centrinas», parecidos a los zánganos de las abejas por su pereza y malignidad, aparte de ser una calamidad para los verdaderos y útiles; de hecho, los matan y ellos mismos mueren con ellos575. También 256 las polillas hacen daño a los pimpollos de las higueras; el remedio contra ellas es enterrar en el mismo hoyo un esqueje de lentisco poniendo cabeza abajo la parte que estaba arriba576. En cambio, hace higueras muy fértiles el alpechín diluido en tierra roja y vertido en las raíces al mismo tiempo que el estiércol, cuando empiezan a echar hojas577. Entre los cabrahígos se aprecian sobre todo los negros y de lugares pedregosos, porque se supone que tienen más fruto. Y por lo que se refiere a la cabrahigadura, se hace después de la lluvia578.

257

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Cuáles son los inconvenientes de la poda para los árboles

Ante todo hay que procurar que de los remedios no vengan enfermedades, cosa que sucede con un cuidado exagerado o a destiempo. La escamonda beneficia a los árboles, pero recortarlos todos los años es totalmente inútil. La vid requiere solo una poda anual; en cambio, en años alternos, el mirto, el granado y el olivo, porque enseguida empiezan a echar tallos579. Los demás se deben podar con menos frecuencia, ninguno en otoño, y que ni siquiera se raspen, a no ser en primavera580. <Se ha de procurar que> con la poda no se haga un daño; son vitales todas aquellas partes que no son inútiles581.

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Cuáles los del abono

Es parecido el comportamiento del estiércol582. Los árboles ganan con él, pero hay que tener cuidado de que no se eche a pleno sol, ni que no esté hecho, ni que sea más fuerte de lo necesario. El excremento de cerdo quema las viñas, a no ser que hayan pasado cinco años, excepto si se diluye en el agua de regar; también las quema el procedente de los desechos de los curtidores, a no ser que se mezcle con agua, y lo mismo si se hace en demasiada cantidad583. Consideran que lo adecuado es tres modios por cada diez pies cuadrados584. Esto sin duda lo determinarán las características del terreno.

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Tratamientos para los árboles

Con palomina y excremento de cerdo se tratan también las heridas de los árboles. Si las granadas salen ácidas, mandan que después de descalzar las raíces se eche excremento de cerdo. Ese año saldrán vinosas, al siguiente, dulces. Otros creen que se deben regar con orina humana mezclada con agua cuatro veces al año, un ánfora585 cada árbol, o rociar las puntas con láser586 diluido en vino; si las granadas se abren en el árbol, retorcer el pedículo; en todo caso, echar alpechín a las higueras y hez de vino a los demás árboles enfermos, o plantar altramuces alrededor de sus raíces. Aprovecha 260 a los frutos verter también alrededor el agua de cocer altramuces. Los higos se desprenden cuando truena durante las Vulcanales587. El remedio es que antes de ellas se apriete el terreno con paja de cebada. La cal aplicada a las raíces hace precoces las cerezas y las obliga a madurar. Y, por otra parte, como todas las frutas, lo mejor es entresacarlas para que se hagan grandes las que se han dejado.

28 Algunos 261 árboles se corrigen con un castigo o se estimulan con una mordedura, como las palmeras y los lentiscos. De hecho, el agua salada los alimenta. También la ceniza tiene el poder de la sal, pero más suave; por eso se esparce sobre las higueras y la ruda, para que no se agusanen ni acaben pudriéndose las raíces. Es más, aconsejan que se rieguen con agua salada las raíces de las vides si lagrimean. En cambio, si sus frutos caen, que se esparza ceniza en vinagre o sandáraca y que las propias vides se unten con eso si la uva empieza a pudrirse; pero si no son fértiles, que se rieguen y se unten con ceniza amasada con vinagre fuerte. Y si no 262 hacen madurar el fruto antes de que se seque, después de cortarlas hasta las raíces, que se empapen la herida y las fibras con vinagre fuerte y orina añeja y que se cubran con ese barro y se caven a menudo. En cuanto a los olivos, si prometen poco fruto, exponen sus raíces desnudas al frío del invierno y con ese correctivo obtienen resultado. Todo esto depende de cómo se presente el tiempo cada año, y unas veces se necesita más tarde y otras, más pronto. Y también el fuego viene bien a algunas plantas, como la caña. De hecho, si se quema, nace más abundante y blanda.

Catón 263 prepara además determinados medicamentos, con precisión incluso de medidas: un ánfora para las raíces de los árboles más grandes, una urna588 para los más pequeños, mandando que, una vez descalzadas antes las raíces, se rieguen poco a poco con la misma proporción de alpechín y agua; que en el olivo esto se haga, además, poniendo antes paja alrededor; lo mismo en la higuera; y que en las raíces de esta, sobre todo en primavera, se amontone tierra; así se conseguirá que no caigan los higos sin madurar, que la producción sea mayor y, además, que no salga áspera. De igual 264 modo, para que en la vid no salga convólvulo589 manda cocer dos congios de alpechín hasta alcanzar la densidad de la miel y cocerlo de nuevo con una tercera parte de betún y una cuarta de azufre, al aire libre, porque bajo techado puede inflamarse. Que se unten con esto las vides alrededor de la cabeza y debajo de las ramas; así no saldrá convólvulo. Algunos se contentan con fumigar las viñas con el humo de esta mixtura tres días seguidos con viento favorable. La 265 mayoría cree que en la orina no hay menos protección y alimento que lo que Catón cree respecto al alpechín, echándola solo con la misma cantidad de agua, porque en sí misma es nociva. Algunos llaman volucre590 al bicho que roe las uvas cuando se empiezan a desarrollar. Para que no suceda esto, limpian los podones, una vez que estén bien afilados, con piel de castor y es así como podan, o bien untan las vides con sangre de oso después de la poda.

Una 266 calamidad de los árboles son también las hormigas. Las repelen untando bien los troncos con tierra roja y pez líquida y, también, colgando un pez cerca las reúnen en un solo lugar o untan las raíces con altramuz machacado en aceite. Muchos las matan, y también a los topos, con alpechín. Y contra las orugas y para que no se pudra la fruta, mandan que en las puntas se den unos toques con hiel de lagarto verde. Pero específicamente contra las orugas mandan que una mujer en plena menstruación, descalza y sin ceñidor, dé una vuelta alrededor de cada árbol591. Asimismo, 267 para que ningún animal ramonee las hojas haciendo daño al comer, mandan rociar las hojas con excremento de vaca diluido, cada vez que llueva, porque así se lava el veneno de la medicina592. Y es que el ingenio humano discurre algunas cosas sorprendentes, como que la mayoría cree que el granizo se aleja con un ensalmo, cuyas palabras no me atrevería a poner aquí, al menos en serio, por mucho que Catón haya divulgado ensalmos contra las dislocaciones de miembros que hay que reducir con cañas hendidas593. Él mismo permitió talar tanto árboles como bosques sagrados, haciendo antes un sacrificio, cuyo rito e imprecación ha transmitido en el mismo volumen594.

1 Esta traducción del libro XVII se ha hecho sobre la edición crítica de L. JAN y C. MAYHOFF (Teubner, 1906, reimpr. 1985, vol. III, págs. 65 a 141), con alguna variante, indicada en nota, procedente de la edición de J. ANDRÉ para la colección A. G. Budé, Les Belles Lettres, París, 2003 (=1964, 1). Para las notas y comentarios, además de esa edición, se han tenido en cuenta la de Loeb, vol. V, Londres, 1961, con traducción y notas de H. RACKHAM, la de Einaudi, vol. III, Turín, 1983, con traducción y notas de ANNA MARIA COTROZZI y la de Tusculum, Zúrich - Múnich, 1994, de R. KÖNIG, con la colaboración de J. HOPP, así como la de FRANCISCO HERNÁNDEZ, editada por la Universidad Nacional de México en 1976 (Biblioteca filológica hispana, 1999, 2ª ed. Visor, Madrid), y la de JERÓNIMO DE HUERTA, Madrid, 1629, ed. facsímil del Instituto Geológico y Minero, Madrid, 1982.

2 En los libros anteriores Plinio ha tratado de los árboles en un sentido amplio, ya que incluye no solo árboles, sino arbustos e, incluso, algas y corales, cf. PLIN., XIII 135-142.

3 Cf. PLIN., XVI 1. Plinio emplea aquí términos del ámbito jurídico, como pro indiviso possessa, para indicar esa posesión en común con los animales. En otras ocasiones ya ha hablado de la competencia con los animales por los bienes de la naturaleza, cf. PLIN., VII 10. Sobre el carácter moral en Plinio al tratar de los precios extraordinarios, cf. NAAS, 281-283.

4 Lucio Licinio Craso (140-91 a. C., cónsul en el 95), cf. PLIN., IX 168, nota 416 en esta colección; Gneo Domicio Enobarbo (cónsul en el 96 a. C.). Ambos fueron censores en el 92 a. C. La anécdota que narra a continuación se encuentra en VALERIO MÁXIMO IX 1, 4. En la Historia Natural hay algún cambio, que señalaremos en su momento.

5 Mario había acudido en ayuda de Quinto Lutacio Cátulo, cónsul en el 102 a. C., y juntos derrotaron a los cimbros cerca de Vercelas en el 101 a. C. Gracias a su riqueza, Cátulo embelleció con diversas construcciones la ciudad de Roma.

6 Gayo Aquilio Galo, pretor en el 66 a. C., buen jurista, citado por CICERÓN, Brut. 154, como notable orador. El Palatino y el Viminal eran colinas de Roma.

7 Cantidad fijada por Mayhoff y aceptada por la mayoría de editores modernos.

8 En la versión de Valerio Máximo, diez.

9 Según André se trata del Celtis australis L. Plinio ya ha hablado elogiosamente de este árbol, cf. PLIN., XIII 104, n. y XVI 123-124.

10 Gayo Cecina Largo, cónsul en el 42 d. C. De lo dicho por Plinio se podría deducir que en ese momento era el propietario de la casa de Craso, cf. ANDRÉ, comm. ad loc.

11 Plinio ya trató de la longevidad de los árboles y en concreto del almez en el libro anterior, cf. PLIN., XVI 234 ss.

12 Año 64 d. C.

13 Sobre el Himeto, cf. PLIN., IV 24. Según Valerio Máximo, que habla de diez columnas, la ostentación que suponen es el verdadero motivo de la acusación de Domicio. Plinio vuelve a hablar de estas columnas en XXXVI 7.

14 La acción a la que se refiere Plinio se sitúa en al año 216 a. C., después de la batalla de Cannas, durante el asedio de Casilino por Aníbal. Cf. LIV., XXIII 19. El Volturno, río de Campania, aparece mencionado con la población del mismo nombre en PLINIO, III 61.

15 Gayo Licinio Calvo, tribuno de la plebe en 376 y 367 a. C., año en el que se promulgaron las Leyes Licinias. Más tarde fue cónsul dos veces. Recibió el nombre de Estolón por el cuidado que ponía en suprimir los arbolitos que salían de las raíces adventicias, llamadas estolones, cf. VARR., RR I 2.

16 Cf. Tab., VIII 11. El derecho romano contemplaba compensar los daños producidos injustamente en la propiedad privada mediante el pago de cantidades fijadas según el valor del daño causado. La Lex Aquilia de damno (siglo III a. C.) especificaba lo establecido en las XII Tablas. El as, moneda de cobre de una libra de peso, fue la primera moneda romana acuñada con forma redonda. Su valor fue disminuyendo hasta ser prácticamente insignificante durante el Imperio. Una vez más, como se ve en el título de este capítulo, Plinio asocia lo extraordinario de las cosas a su precio, que, como observa V. NAAS, pág. 281 ss., parece añadir prestigio a estas.

17 El valor del sestercio en tiempo de Plinio se puede calcular en torno a 1,33 euros. De nuevo encontramos una reflexión moral sobre el lujo.

18 El aquilón es un viento del nordeste, cf. PLIN., II 119 y 125-129. TEOFRASTO, HP IV 1, 4, afirma que los árboles orientados al norte crecen mejor y su madera es más resistente.

19 Como veremos a lo largo del libro, la vid rodrigada es el tipo de cultivo preferido por los romanos. Son numerosos los términos latinos para indicar los soportes de la vid sin que esté clara la distinción entre ellos. Cf. K. D. WHITE, 1975, Farm Equipment of the Roman World, Univ. Cambridge, págs. 19-23. En nuestra traducción intentamos mantener el uso de términos diferentes para pedamentum soporte, adminiculum apoyo, ridica rodrigón, siguiendo, en lo posible, el uso de los autores españoles modernos de textos agronómicos.

20 Viento del norte. Cf. PLIN., II, 119. Respecto a la vid, COLUMELA, IV 16, 3, recomienda que los rodrigones se coloquen de manera que la protejan del aquilón. VARRÓN, RR I 26, lo recomienda respecto al septentrión.

21 El austro es un viento del sur. Cf. PLIN., II 119.

22 Cf. PLIN., XVI 109.

23 La salida de las Pléyades, en torno al 10 de mayo, señala el comienzo del verano. Cf. PLIN., II 123 y XVIII 222 n.

24 Cf. PLIN., XVI 109.

25 El término fruges, «grano», engloba cereales y leguminosas, como se verá en XVIII 48.

26 Sin nombrarlo, critica a Virgilio, G. I 100. La fuente de lo expuesto en los últimos parágrafos es Teofrasto: CP II 2, 1-3; HP IV 14, 1.

27 De nuevo se refiere de forma crítica a Virgilio, G. I 101.

28 Plinio emplea aquí el término fruges, que traducimos como «frutos del campo», en oposición a arbores.

29 Recomendación de Catón para proteger los árboles de las heladas en primavera. Cf. CAT., 40, 4. De nuevo la fuente seguida por Plinio es TEOFRASTO, CP II 1, 1-7.

30 Tamen es lectura de Mayhoff que aceptan la mayoría de los editores. André sigue la lectura iam de los códices.

31 Cf. TEOFR., CP II 3, 1; II 2, 4.

32 De la vid maridada, o vid que trepa por un árbol que le sirve de soporte, se trata ampliamente en los parágrafos 199 ss. Sobre la historia y características de este procedimiento para soportar la vid, cf. PLIN., XVIII 138, nota.

33 Cf. VIRG., G., II 298

34 Hay que entender el norte de África, y más en concreto Libia. Cf. PLIN., V 1, donde se dice: «Los griegos llamaron Libia a África».

35 Plinio expone de forma esquemática lo relativo a la orientación de las viñas. Columela transmite más pormenorizadamente las opiniones de otros escritores. Todos son bastante coincidentes respecto al tema, es decir, que la orientación depende sobre todo de las condiciones climáticas. Cf. COL., III 12, 5-6. Paladio también trata de ello en II 13, 6.

36 Provincia Narbonense, «la parte de las Galias que baña el mar Mediterráneo», cf. PLIN., III 31 ss. Ya en Italia, a continuación se encuentran Liguria (PLIN., III 38-47) y Etruria (III 50).

37 Respecto al cierzo, viento del NO, «que muchas veces llega a Ostia», cf. PLIN. II 121.

38 Sin citarlo, puede referirse a COLUMELA, I 1, 7 y III 12, 6. La misma idea se encuentra también en PALADIO, II 13, 6.

39 COLUMELA en III 12, 5 cita otros autores, a los que podría referirse Plinio. En ese pasaje Demócrito es partidario de la orientación septentrional. Posiblemente Plinio ha utilizado aquí, como en otros lugares, el Pseudo Demócrito, cf. PLIN., XIII, 131, n. y XV 138, nota ad l.

40 Cf. PLIN., II 119; XVIII 321 ss.

41 Cf. PLIN., XVI 73-77. Plinio se refiere a la conveniencia o no de la humedad sobre todo en XVII 76-77.

42 El término pulla que Plinio utiliza es un tipo de tierra caracterizado no solo por su color negruzco, sino por su friabilidad, como puede verse en COLUMELA, II 10, 18. Cf. nota de García Armendáriz a COL., II 2, 19. J. M. Álvarez de Sotomayor, en su traducción de Columela de 1824, en nota a III 11, dice respecto a pulla: «Vocablo latino que significa negruzca y también polla o tierna; y parece debe tomarse en este último sentido». J. André habla de ella en su Étude sur les termes de couleur dans la langue latine, París, 1949, pág. 71, y entiende que se trata de una especie de mantillo en el que hay materias vegetales en descomposición.

43 Cf. VIRG., G. II 217.

44 La tierra roja (rubrica) para Ático, según Columela, así como para este último, es pesada de trabajar, pero resulta productiva una vez prende en ella la vid. Este la desaconseja por la dificultad para ser trabajada. Cf. COL., III 11, 10. Lo mismo puede verse en PALADIO, II 13, 5. Para la identificación de este tipo de tierra, cf. PLIN., XVIII 135 y n. allí.

45 Cf. PLIN., III 49.

46 Cf. PLIN., II 224; III 118, 124, 131.

47 Greda (creta), y arcilla (argilla) son lo mismo para Columela. Respecto al sablón (sabulum), Plinio lo contradice en parte, pues aprueba la arena mezclada con tierra pingüe. Cf. COL., III 11, 9-10.

48 Contra lo que afirma VIRGILIO en G. II 219.

49 De nuevo contradice a VIRGILIO, G. II 251 y 248.

50 El método de rellenar un hoyo con la tierra que se ha sacado de él está recomendado por Virgilio, Columela y también Paladio. Cf. VIRG., G. II 230-237; COL., II 2, 19; PAL., I 5, 3. Como observa White, resulta chocante la rotunda afirmación de Plinio de que ninguna tierra colma el hoyo del que se ha sacado. Cf. K. D. WHITE, 1970, Roman farming, Univ. Cornell, pág. 94. Este mismo autor hace notar, pág. 473, nota 22, que todo este parágrafo es un deliberado ataque a Virgilio en Geórgicas, II 217 ss.

51 Nueva crítica a Virgilio, G. II 220.

52 Cf. XVIII 111 nota.

53 Como señala WHITE, op. cit. pág. 88 ss., es difícil saber qué tipo de tierra podría ser el carboncillo carbunculus. Podría tratarse de una clase de arcilla roja o tal vez fuera un tipo de roca de origen volcánico, como puede deducirse de lo dicho por Columela. Los autores coinciden en que es difícil de trabajar y necesita ser abonada para resultar adecuada para el cultivo. Cf. VARR., RR I 9, 2; COL., III 11, 7; PAL., II 13, 5. Vitruvio lo menciona en varias ocasiones al tratar de los tipos de arena, aunque es posible que no siempre se refiera a lo mismo, como señala F. Manzanero en su traducción de Vitruvio. Cf. VITR., II 4, 1 y II 6, 6, donde en la nota correspondiente se afirma que en ese contexto podría tratarse incluso de un producto artificial. Cf. WHITE, 1970, págs. 88 y 467 nota 23, así como ANDRÉ, comm. ad loc.

54 Seguimos aquí la lectura de André y los editores modernos emendari marra videtur frente a la conjetura de Mayhoff emendari intenta cura videtur. Acerca de si la marra se trataba de una especie de mazo para machacar o un pico para romper, cf. K. D. WHITE, 1967, Agricultural Implements of the Roman World, Univ. Cambridge, págs. 40 ss. Rackham lee marga. De esta se habla más adelante, en XVII 42.

55 Según el DRAE, puede ser calcárea y volcánica, ambas de carácter poroso. Para I. García Armendáriz en su comentario a COL., III 11, 7, es improbable la identificación de tophus con la toba por la dureza a la que alude Columela en Arb. 1, 6. En el texto de Plinio solo se alude a la friabilidad, lo que no haría incompatible la identificación de tophus con toba.

56 Cf. VIRG., G. II 189. Se trata del helecho común (Pteris aquilina L.).

57 PLINIO en XIII 28 y 38 dice que a las palmeras solo les gusta el terreno salino. Vuelve a repetirlo añadiendo el lentisco en XVII 261.

58 Cf. PLIN., XIV 23, donde habla de la vid nomentana.

59 Cf. PLIN., IV 29; VI 216.

60 El texto, que presenta una laguna, queda aclarado gracias a Teofrasto, CP V 14, 3, de quien toma Plinio los ejemplos que aparecen en este capítulo.

61 Ciudad y río de Tracia. Cf. PLIN., IV 40-41, 43. Sobre la anécdota, cf. TEOFR., l. c.

62 Filipos también se encuentra en Tracia. Cf. PLIN., IV 42, 47. Según TEOFRASTO, CP V 14, 5, por efecto del cultivo se dulcificó el clima y se producían menos heladas.

63 De nuevo el ejemplo procede de TEOFRASTO, CP III 20, 5. Allí se dice que la pérdida de la cosecha se debió no al lodo (luto), sino al hielo (gelu). Cf. ANDRÉ comm. ad loc.

64 Cf. PLIN., XVIII 170.

65 Cf. TEOFR., CP III 23, 4.

66 Sobre la isla, la actual Charki, cf. PLIN., IV 71 y V 133.

67 Sobre la isla, cf. PLIN., IV 71 y V 133. La fuente del resto, de nuevo, es Teofrasto. Cf. TEOFR., HP VIII 2, 9.

68 Plinio cita varias veces (III 63; XV 8) el Venafro, en la Campania italiana, por la extraordinaria calidad de su aceite de oliva, considerado entonces el mejor del mundo.

69 Sobre el lugar de Pucino, en la Italia transpadana, cf. PLIN. III 127. Plinio observa allí que es famoso por su vino. En XIV 60 al tratar de los vinos generosos afirma que gracias a él Julia Augusta había llegado a la edad de ochenta y seis años.

70 Lugar de Campania, cf. PLIN., II 209; III 60. En XIV 52 Plinio alaba la extraordinaria productividad del territorio gracias a la calidad del vino, uno de los más apreciados en su época.

71 Plinio considera la laguna Pontina como una maravilla sobre la que se asentaban veinticuatro ciudades, cantidad sin duda exagerada. Cf. PLIN., III 59. Fue desecada en el siglo XX.

72 La fuente que sigue Plinio, casi al pie de la letra, es Varrón. Este dice que César Vopisco (130-87 a. C.) era edil en ese momento y que las varas no se podían ver al día siguiente a causa de la hierba. Cf. VARR., RR I 7, 10. Las llanuras de Rosia eran un distrito de la Sabina, en el centro de Italia.

73 Seguimos aquí la lectura de André Terram amaram sive macram si quis probare velit. Mayhoff lee probaverim «que yo haya comprobado», con los códices más antiguos, pero lo pone entre corchetes.

74 El rastrum (rastro) era una especie de azadón de cuatro dientes utilizado para romper los terrones dejados por el arado o para otros usos similares. Cf. WHITE, 1967, págs. 52 ss. Este autor dice haber visto uno que se vendía en Ibiza (op. cit., pág. 56).

75 Cuspis, que traducimos por «pico», podría ser en realidad la punta de cualquier instrumento puntiagudo. Sin los conocimientos de los que dispone la ciencia actual respecto a componentes químicos, pH, etc., los agrónomos antiguos tratan el tema de la calidad de la tierra y el modo de reconocerla a partir de los resultados, la facilidad para ser trabajada o, simplemente, la vista. Cf. VARR., RR I 9; VIRG., G. II 255; COL., II 2, 15-19 y III 11, 15-19; PAL. I 5, 2 y 34, 3.

76 Traducimos cariosa por cariada para mantener la comparación con la caries de la madera, que utiliza Plinio más adelante para indicar las características de este tipo de tierra y como signo de vejez. También Columela utiliza este vocablo de forma parecida, pero en él sería una estado de la tierra, más que un tipo de tierra. Cf. COL., II 4, 5.

77 Como en otras ocasiones, el texto de Plinio presenta alguna diferencia respecto al de Catón. Cf. CAT., Agr. 5, 6.

78 Idea que Columela atribuye al escritor de agronomía, de obra perdida, Tremelio Escrofa, considerándola errónea. Cf. COL., II 1, 1-2.

79 Es lo que piensan Catón y el resto de los autores antiguos. Cf. CAT., Agr. 1, 3; VARR., RR I 7, 1; COL., I 2, 3; PAL., I 5, 5.

80 Cf. CAT., Agr. 151, 2. La tierra negruzca de la que habló en XVII 25. Cf. nota 42.

81 Plinio parece hacer referencia a las dos acepciones del término pullus como cría de un animal, es decir, «tierno», y como color oscuro o negro, en relación con el griego pellós.

82 Cf. HOM., Il. XVIII 541-549. El prodigio se narra a propósito de la nueva armadura que Tetis encarga a Hefesto para Aquiles después de la muerte de Patroclo.

83 Cf. CIC., Or. III 25, 99. La cita de Cicerón no es exacta, ya que allí aparece ceram y olere, lo que hace suponer a André que Plinio cita de memoria lo mismo que en XIII 21. Algunos editores de Cicerón han corregido el texto siguiendo a Plinio. Sobre esto véase la nota de García Arribas a XIII 21. Cf. igualmente el comentario ad l. de André.

84 Plinio ya ha hablado de la fragancia que produce el arco iris al incidir sobre algunas plantas. Cf. PLIN., XII 110.

85 Cf. COL., Pref. 1, 2; II l. c.

86 Facilitas es conjetura de Mayhoff, aceptada por editores modernos, frente a facultas de Rackham y André.

87 Región del norte de África, entre las antiguas ciudades de Neapolis y Hadrumetum (actuales Nabeul y Susa, en Túnez). Su extraordinaria fertilidad, famosa desde la época púnica, es mencionada por Plinio en varias ocasiones, V 24 y XVIII 94. Cf. también VARRÓN, RR I 42, 2, y SILIO ITÁLICO, IX 204. En todos estos casos, se especifica la proporción de producción del trigo, pero esta unas veces se estima en el 100 por 1 y otras el 150 por 1. En esa zona se encuentra también Tácape (actual Gabes), de la que habla en XVI 115 y en XVIII 188-189, afirmando en el primer caso que allí se dan tres cosechas al año y en el segundo, dos.

88 Se trata de una práctica recomendada por TEOFRASTO, CP III 20, 3. Según COLUMELA II 15, 4, lo hacía su tío en la Bética a falta de estiércol. André hace notar que el rechazo de Plinio está justificado porque el éxito dependía en cierto modo del azar y de si el campesino tenía o no un conocimiento exacto de las condiciones del lugar, cf. nota ad l. No obstante, esa práctica puede tener cierto fundamento.

89 De acuerdo con ANDRÉ, nota ad l., Plinio parece distinguir entre la corrección o mejora de la tierra y el abono fosfatado, que sería la marga. Ese término, según el DRAE, es voz de origen celta, y en su primera acepción: «Roca más o menos dura, de color gris, compuesta principalmente de carbonato de cal y arcilla en proporciones casi iguales. Se emplea como abono de los terrenos en que escasea la cal o la arcilla».

90 El término glans presenta algunas dificultades en cuanto a su interpretación exacta. Para André es filet; Rackham, más que traducir, explica el término como «engrosamiento equivalente a las glándulas en el cuerpo»; la traducción de Cotrozzi va en el mismo sentido; König traduce drüsen «glándulas». En XVI 185 Plinio utiliza el mismo término al referirse a algunas excrecencias de la madera.

91 En Grecia, cf. PLIN., IV 23, 26; VI 215.

92 Teofrasto (CP III 20, 3-9) solo habla de arcilla.

93 El método de añadir cal en sus diversas formas, óxido de calcio, carbonato cálcico, hidróxido de calcio, es beneficioso porque aporta sustancias de las que carece el terreno y corrige además la acidez producida por algunos cultivos. El uso se ha mantenido en Inglaterra y Francia hasta que se han generalizado los fertilizantes químicos, mucho más baratos. Cf. WHITE, 1970, págs. 138 y 478, nota 40.

94 De hecho son abonos fosfatados. Todas las clases citadas se encuentran en Francia. Cf. ANDRÉ, comm. ad loc. De ellas hablará Plinio en los parágrafos siguientes.

95 Algunos manuscritos, entre ellos el códice D, el más antiguo de los que utilizó el editor Mayhoff para este libro, así como las antiguas ediciones de Plinio, ofrecen un texto diferente, atribuyendo solo a la marga blanca las características de la fertilidad y, al tiempo, su dificultad para el labrantío: «Da grano la tobosa y blanca, la cual, si se encuentra entre manantiales, es fértil hasta lo infinito...».

96 El término acaunomarga es de origen galo, compuesto de acaunum (piedra) y marga. Cf. ANDRÉ, comm. ad loc.

97 Cf. XVII 43. André comenta que esta clase es mordacissima, la más mordiente, debido a la acidez que procede de la proporción de ácido fosfórico en relación a la cal.

98 Creta argentaria, usada por los plateros para pulir debido a su componente arenoso. Según WHITE, 1970, pág. 139, los autores modernos afirman que su efectividad dura veinte años.

99 Seguimos la lectura fruges de Mayhoff, que también adopta Rackham. André y otros editores leen in fruge est.

100 El término glisomarga es de origen galo. André hace notar que la greda de abatanar era un silicato de magnesio sin poder fertilizante, pero en la Galia se trataría de gredas fosfatadas, muy ricas en carbonato de calcio. Es la greda a la que se refiere VARRÓN en RR I, 7, 8. Cf. ANDRÉ, comm. ad loc. Signino, de Signia, actual Segni. Cf. PLIN., III 64. Se refiere al famoso opus signinum, mortero hecho a base de cal y cascotes de barro. Cf. PLIN., XV 55, nota 129.

101 Columbina, del color de la paloma. Según ANDRÉ, en su n. ad l., se trata de fosfatos de color gris. Se encuentra en el norte de Francia. El nombre, sin duda de origen galo, es de significado desconocido. Fértil ex aequo, por igual, tanto para cereales y leguminosas como para pasto.

102 Pueblo germánico establecido en la margen izquierda del Rin a partir de Agripa. Cf. PLIN., IV 106.

103 Pueblos de la Galia lugdunense y la aquitánica, respectivamente. Cf. PLIN., IV 107 y 108.

104 Seguimos en todo el parágrafo la puntuación de André y otros editores.

105 Cf. VIRG., G. I 80-82.

106 Aquí la fuente de Plinio parece ser TEOFRASTO, HP II 7, 4-5. Columela también habla del uso del polvo en las viñas. Cf. COL., XI 2, 60.

107 Sobre este viento, cf. XVII 21.

108 El tema de las diferentes clases de estiércol de un modo u otro lo tratan todos los agrónomos antiguos. Cf. TEOFR., HP II 7, 3-5; CAT., Agr. 36; VARR., RR 1, 38; VIRG., G. I 80; II 347; COL., II 14; PAL., I 33; Geop., II 21-22.

109 Cf. HOM., Od. XXIV 225-226. Se trata de Laertes, el padre de Ulises, quien, según Cicerón, cultivaba y echaba estiércol a su campo para mitigar la añoranza de su hijo. Cf. CIC., De sen. 54.

110 Rey de Élide cuyos establos limpió Hércules, en uno de sus trabajos, desviando los ríos Alfeo y Peneo para que pasaran por ellos.

111 El texto de André modifica la puntuación y suprime quae. Aquí seguimos la lectura de Mayhoff y el resto de editores modernos. Estercuto (Stercutus, y en otros lugares Sterculus, Sterculius, o Sterculinus), según SAN ISIDORO, Et. XVII 1, 3, podría ser un sobrenombre de Saturno. Fauno es un dios romano de la fertilidad.

112 Cf. VARR., RR 1, 38, 2.

113 Cf., COL., II 14.

114 La costumbre entre los romanos era beber el vino siempre mezclado con agua.

115 Seguimos la lectura de Mayhoff aluntur homines. Otros editores leen utuntur homine «utilizan al hombre para alimentar también la tierra».

116 Según ANDRÉ en su comm. ad loc., el término latino cytisus es aquí la Medicago arborea L., mielga o alfalfa arbórea, de la que trata Plinio en el libro XIII, y no el cítiso o codeso. Se utilizaba para pasto de cualquier animal y, especialmente los cerdos. Cf. PLIN., XIII 130-134 y XVIII 144.

117 Se entiende que para lo que mejora con el paso del tiempo, como los perfumes, cf. PLIN., XIII 19; el vino, etc. En el mismo sentido Alonso de Herrera dice que el estiércol «para las viñas ha de ser muy añejo y podrido, que ya no queme», cf. G. A. DE HERRERA, Agricultura General, 1818, Tomo 1, pág. 435. Habla a continuación del tiempo que el estiércol debe permanecer en el pudridero, entre uno y cuatro años, dependiendo del tipo que sea.

118 Tanto inveteratum «envejecido», como más arriba recenti «reciente», son conjeturas de Mayhoff. André, por su parte, mantiene in tantum y re tali de los códices antiguos.

119 Sobre el uso de polvo de estiércol, cf. COL., II 15, 2; V 9, 14. Según ANDRÉ, comm. ad loc., debe de referirse a la Galia Cisalpina al hablar de «ciertas provincias».

120 COLUMELA en V 9, 17 recomienda que, en caso de que no den fruto, se cave alrededor de los olivos y se eche cal. En el aparato crítico Mayhoff hace la observación de que la frase entre paréntesis parece pertenecer al parágrafo 49.

121 La expresión braquilógica de Plinio recoge el texto de Varrón que habla de los animales que se alimentan con cebada. Cf. VARR., RR I 38, 3.

122 Varrón y Columela, antes citados.

123 Bidens, azada de dos picos o dientes. El bidente, cuya forma exacta entre los romanos es discutida, era un apero empleado sobre todo en las viñas para romper piedras y raíces. Según Columela, que lo nombra en varias ocasiones, voltea la tierra de forma más uniforme que el arado, cf. COL., Arb. 12, 2. También lo cita Paladio al hacer el inventario de herramientas necesarias en una granja, cf. PAL., I, 43, 1. Cf. también WHITE, 1967, págs. 47-52.

124 El empleo de los altramuces como abono, que está testificado por numerosos autores antiguos (véase PLIN., XVIII 134 y n. allí), se ha mantenido a lo largo del tiempo por el nitrógeno que proporcionan. Cf. A. DE HERRERA, op. cit., págs. 160 ss. Plinio, en el siguiente libro (XVIII 120) habla de la utilidad de las habas como abono.

125 Cf. CAT., 37, 2. El texto de Plinio, que presentaba algunas lagunas y diferencias respecto al de Catón, ha sido corregido por los editores siguiendo a ese autor, como hace notar Mayhoff en el aparato crítico.

126 Entre la paja y los tallos de haba Catón incluye acus, las granzas de trigo. Puede tratarse de una omisión o de un problema de lectura del texto. Cf. CAT., Agr. 37, 2.

127 La mayoría de editores modernos indican con el guión el salto de Plinio respecto al texto de Catón. Por otra parte, en el texto de Catón no se habla de quemar, sino de cortar los sarmientos en trozos pequeños. Ambos procedimientos producen el mismo efecto. Cf. CAT., Agr. 37, 3.

128 Catón solo habla de sembrar, Plinio añade trigo. Cf. CAT., Agr. 30. Meter las ovejas ofrece dos ventajas: por una parte, las ovejas comen los restos que quedan en el campo de la cosecha anterior, y por otra, abonan el campo con sus excrementos. En XVIII 194 Plinio habla de mantener los rebaños encerrados para estercolar un campo. Según ANDRÉ, comm. ad loc., este tipo de ganado es el que proporciona mayor aporte de nitrógeno.

129 Plinio cambia el orden de CATÓN, Agr. 37, 1, donde habla primero de los productos que dañan el terreno y a continuación nombra los que benefician. En lugar de exurunt «abrasan», Catón utiliza exsugunt «esquilman». Se desaconseja arrojar los huesos de fruta a los sembrados porque podrían germinar.

130 Cf. VIR., G. I 77-78.

131 Columela da indicaciones acerca de la construcción de los estercoleros y aconseja que se tengan dos, uno para el estiércol reciente y otro para el viejo. Cf. COL., I 6, 21-22. La recomendación de clavar una estaca de roble para alejar las culebras se encuentra en Varrón y Columela. Cf. VARR., RR I 38, 3; COL., II 14, 16.

132 El favonio es un viento suave que sopla de poniente. Cf. PLIN., II 119, 122. En el libro anterior se dice que comienza a soplar a partir del 8 de febrero. Cf. PLIN., XVI 93.

133 Plinio emplea la expresión luna sitiente aquí y en 112, y también en XVIII 243 (cf. n. allí), mientras Catón utiliza luna silenti, la luna nueva, en Agr. 29; 40, 1 y 50, 1. La expresión de Plinio sin duda está relacionada con la sicca luna en este mismo parágrafo, que también se encuentra en PROPERCIO II 17, 15. Respecto al significado de luna sicca, unos comentaristas se inclinan por «sin lluvia», y otros por «luna nueva».

134 Sobre expresiones de este tipo para indicar los puntos cardinales, cf. PLIN., XVIII 331 y n. allí.

135 Columela recomienda en varias ocasiones estercolar en luna menguante para que no crezcan hierbas. Cf. COL., II 5, 1; 15, 1. Pero recomienda que para prados el estiércol se eche en febrero y en luna creciente. Cf. COL., II 14, 9.

136 Se entiende «que las de los árboles que nacen espontáneamente». Tanto Rackham como König incluyen la aclaración dentro de la traducción. De esos árboles trató en el libro anterior.

137 Plinio sigue prácticamente al pie de la letra a TEOFRASTO, HP II 1, 1.

138 En XIII 36 Plinio habla del modo de plantar las palmeras sin hacer referencia a lo que dice aquí. Trogo Pompeyo, historiador de origen galo (siglo I d. C.), escribió también sobre animales y plantas. Su obra sobre las Historias Filípicas es conocida a través de los epítomes de Marco Juniano Justino (siglo IV d. C.). Se conservan algunos fragmentos del libro de los animales. Aparece como fuente en los índices de Plinio.

139 Cf. TEOFR., HP II 2, 2.

140 Sobre el castaño, cf. VIRG., G. II 15. Columela solo menciona este método en el Libro de los árboles para el nogal, el pino y el castaño. Sin embargo, para el castaño propone también el acodo y además la renovación a partir del árbol cortado, como el sauce. Cf. COL., Arb. 22, 3; Agr. IV 33, 1-4. Sobre el sauce, cf. también PLIN., XVI 175.

141 Traducimos mespila, término que emplea Plinio siguiendo a Teofrasto, como «espinos blancos» y no «nísperos» de acuerdo con André, que se basa para ello en la descripción que hace TEOFRASTO en HP III 12, 5. Cf. ANDRÉ, comm. ad loc. Cf. nota de A. Moure a PLIN. XV 84 en esta colección. Otros traductores, como Racham y König, mantienen «níspero».

142 Esta idea se encuentra ya en Virgilio y en Teofrasto. Cf. VIRG., G. II 58; TEOFR., HP II 2-6. También Paladio se hace eco de ello en III 25, 2.

143 Según TEOFRASTO, HP II 2-6, siempre hay una cierta degeneración.

144 Cf. PLIN., XV 127 ss.

145 Cf. PLIN., XV 128-129. Allí habla sobre estos nombres y dice que al de bayas (bacalis) algunos le dan el nombre de bacalia.

146 En XV 138 se dice que se planta «también» por estaca y no «solamente». Cf. PLIN., XV 138 y n. ad l.

147 Seguimos la lectura y puntuación de Mayhoff. La traducción según la lectura de ANDRÉ sería «en Roma el tarentino se planta por mugrones». Plinio trata del mirto y sus clases en el libro XV 118-126. En Geopónicas también se trata específicamente de la plantación del mirto. Cf. Geop., XI 7.

148 Podría tratarse del Pseudo Demócrito. Cf. más arriba, XVII 23, n.

149 Hemos mantenido las lagunas que aparecen en el texto de la edición de Mayhoff, así como el resto de la lectura.

150 Es sin duda el tipo de vallas que Varrón considera naturales. Cf. VARR., RR I 14-15. En Columela se describe el mismo método con otro tipo de plantas, mientras que en Paladio se habla del espino. Cf. COL., XI 3, 5; PAL., I 34, 5 y III 24, 1.

151 Cartaginés autor de un tratado de agricultura que gozó de gran prestigio entre los romanos, como el propio Plinio pone de manifiesto en XVIII 22-23, hasta el punto de que el Senado decretó que su obra fuera traducida al latín. Columela lo llama «padre de la agricultura». Cf. COL., I 1, 13.

152 El término nux (nuez) engloba todo tipo de fruto seco provisto de cáscara dura y con la semilla propiamente dicha en su interior. Para especificar el fruto, al término nux le suele acompañar un adjetivo, como iuglans, o pinea, como vemos en el parágrafo 64.

153 El término latino empleado es falcatas «en forma de hoz».

154 Se encuentran pocas diferencias entre los autores sobre la forma de plantar los almendros. Cf. COL., Arb., 22, 1-3; Agr., V 10, 12-13; PAL., V 6-8; Geop., 10, 57, 5-9.

155 Sobre la plantación del nogal, cf., PAL., XV 14-18; del pino, cf., PAL., XII 7, 9-11; del cidro, cf., PAL., IV 10, 11; del serbal, cf., PAL., II 15, 1-2.

156 VIRGILIO, G. II 17 ss., también habla de los numerosos vástagos que nacen de las raíces como forma de reproducción de algunos árboles. Más adelante, G. 55-56, se refiere a los efectos de la sombra del árbol madre sobre los que intentan nacer de las raíces, impidiéndoles crecer y producir fruto.

157 Se lee en Paladio que, según algunos, «el fruto del pino se ablanda trasplantándolo». Cf. PAL., XII 7, 11. La misma idea en Geop., X 3.

158 El DRAE define «estolón 2» como «vástago rastrero que nace de la base del tallo y echa a trechos raíces que producen nuevas plantas, como en la fresa». Para Plinio, stolones son «las ramas inútiles de los árboles», cf. XVII 7. Varrón, por su parte, da este nombre a los renuevos que crecen alrededor del árbol, lo que se correspondería con lo dicho por PLINIO en 65. Cf. VARR., I 2, 9. Teofrasto, al que parece seguir Plinio, lo considera el método más rápido de multiplicación. Cf. TEOFR., HP II 1, 4; más adelante afirma que «las plantas deben cogerse de las partes bajas, excepto en la vid». Cf. TEOFR., HP II 5, 3.

159 También en Virgilio: «arrancando del cuerpo tierno de las madres las plantas, las depositó en las hoyas alineadas». Cf. VIRG., G. II 23-24.

160 Cf. TEOFR., HP II 6, 12.

161 El término bipalio, usado por Plinio en varias ocasiones, parece designar un tipo de pala de cavar, parecida a la de zapador, con un travesaño o reposapiés para hacer fuerza, que se utilizaba para conseguir una cava de una profundidad de aproximadamente dos pies y medio. Cf. WHITE, 1967, págs. 20-24. Se puede ver una reproducción de ese tipo de pala en R. BILLIARD, La vigne dans l’Antiquité, Lyon, 1913, pág. 258. Sería lo que en Paladio se denomina vanga. Cf. PAL., I 42, 3; cf. n. ad l. en la traducción de A. Moure, n˚ 135 en esta colección. No obstante, hay una larga discusión sobre el término, ya que algunos autores opinan que más que un apero designa un método de trabajo. Cf. al respecto n. de J. I. García Armendáriz en su traducción de COLUMELA, Libro de los árboles, 1, 5, n˚ 329 en esta misma colección, en la que se muestra partidario de esto último frente a Goujard, que en el mismo punto de su traducción de Columela en Les Belles Lettres entiende que es «una pala de desfondar, que los campesinos llaman sestercio». Cf. n. ad. l.

162 Entre los autores antiguos, Catón y Columela tratan con pocas diferencias respecto a Plinio el tema de los planteles o viveros. Cf. CAT., 46, 1-2; COL., Agr. V 9, 1; 10, 1; V 6, 7; 10, 7; Arb. 1, 3-6.

163 Plinio utiliza el término general falx (hoz), que abarca un gran número de aperos para cortar que tienen en común la hoja curva. En este caso, al tratarse de árboles, podría ser el hocino o el podón. Sobre los distintos tipos de falx, cf. WHITE, 1967, págs. 72-90.

164 Plinio escribe pineas nuces (piñas), mientras que en XV 35 afirma que dentro de ellas se alojan los piñones, las verdaderas semillas. CATÓN, Agr. 48, 3, también utiliza esa expresión: nuces pineas... serito. Según comenta R. GOUJARD, en su edición de Catón, Les Belles Lettres, París, 2002 (1a ed. 1975), comm. ad loc., André ha sugerido que ya en tiempos de Catón la expresión era sinónimo de «piñones».

165 Cf. CAT., Agr. 48, 2, 3.

166 Se refiere al apio caballar. Cf. PLIN., XIX 162; XXI 24. TEOFR., HP II 2, 1.

167 Cf. PLIN., XVI 140. Más adelante, XVI 211, sin embargo, dice que el ciprés macho da fruto.

168 En enero. Cf. XVII 60. Según Geopónicas, en septiembre, Cf. Geop. XI 5, 1.

169 Según CATÓN, Agr. 48, 1, se siembran al comienzo de la primavera. En Geopónicas, l. c., la siembra se hace desde unos días antes de noviembre hasta el invierno.

170 Las mismas indicaciones en CATÓN, Agr. 48, 2; 151, 3.

171 El dodrante equivale a nueve pulgadas o un palmo.

172 Catón recomienda vivamente que no se saquen de la tierra ni se trasplanten con viento o lluvia. Cf. CAT., Agr. 28, 1.

173 Cf. PLIN., XVI 76 y TEOFR., HP II 7, 1.

174 Plinio ya cita el azufaifo, Zizyphus vulgaris Link. o Ziziphus jujuba Mill., en XII 109. En XV 47 hace notar su origen extranjero. Cf. n. ad l. PALADIO, V 4, 1-3, trata de este árbol con más amplitud y dice que se planta en abril en lugares calurosos, pero en los fríos, en mayo o junio.

175 Sobre el acerolo, Crataegus azarolus L., cf. PLIN., XV 47-48.

176 Ciruelo silvestre, Prunus spinosa L.; membrillo, Cydonia vulgaris Pers.; el que traducimos como «majuelo», calabrix, es un tipo de arbusto que, según André, sería el Crataegus oxyacantha L. y, según otros, el Rhamnus infectoria L., espino de tintes.

177 Sebestén, Cordia myxa L., cf. PLIN., XIII 51; serbal, Sorbus domestica L. Según PLINIO (XV 43), el sebestén se injerta con el serbal. En XV 57 afirma que no es lícito injertar los distintos espinos. El agrónomo antiguo que más trata de estos injertos es Paladio. Cf. PAL., II 15, 20; III 25, 24 y 32; V 4, 5; X 14, 3.

178 COLUMELA (V 6, 8) recomienda ese trasplante y da las indicaciones para llevarlo a cabo.

179 Un dedo pulgar, cf. XVII 73. Columela, que trata de la plantación de los olmos más detenidamente, habla de dos dedos. Cf. COL., V 6.

180 Seguimos en esta ocasión la lectura maritas de André y otros editores frente a atinias de Mayhoff y Rackham. Mayhoff basa su lectura en el propio PLINIO, XVI 72 y 108, donde se afirma, como aquí, que el olmo atinio carece de sámara, y en COLUMELA, V 6, 9, donde se dice que no se siembra su simiente. No obstante, COLUMELA, en V 6, 2, afirma que decir que no tiene sámara es un error de Tremelio Escrofa. André argumenta su lectura en el comentario ad l. En su opinión, la corrección de Mayhoff es innecesaria. Por otra parte, teniendo en cuenta lo que se dice a continuación, atinias parecería contradecir al propio Plinio 200, donde afirma que el olmo atinio no es adecuado para maridar.

181 COLUMELA, en V 6, 10, recomienda este tipo de zanja en tierra prieta, y hoyos, en la suelta.

182 Aras pequeñas, diminutivo de ara «altar».

183 Son las indicaciones que da Teofrasto sobre la separación de los árboles. Cf. TEOFR., HP II 5, 6.

184 El término empleado por Plinio es «quincuncial», la disposición del cinco en los dados, y la de las legiones, en las que la fila de detrás se colocaba en los huecos dejados por la delante.

185 Esta recomendación de carácter general se encuentra prácticamente en todos los agrónomos antiguos. Cf. TEOFR., HP II 5, 1; CP III 5, 2; III 4, 1. VIRG., G. II 265-267. COL., III 5, 2; 9, 7-9; Arb. 20, 2. PAL., III 9, 5.

186 Lo mismo se encuentra en COLUMELA, III 9, 8, donde afirma, sin embargo, que la vid amínea puede resistir el trasplante de un lugar frío a otro cálido, pero no al revés.

187 Columela también se hace eco de la conveniencia de hacer los hoyos con un año de antelación en V 5, 1 hablando de la vid; en 9, 7, del olivo, 10, 2, y en Arb. 19, 1; 16, 2, de los frutales en general.

188 Según COLUMELA, V 9, 7; 10, 3, para ablandarlos paliando los efectos de la escarcha.

189 Columela, a propósito de la vid, dice que hay que profundizar dos pies y medio, tres en pendiente y cuatro en lugares más escarpados. Cf. COL., III 13, 8.

190 Según COLUMELA, V 104, el hoyo debe ser en forma de horno, y en Arb. 19, 2, parecido a un clíbano, una especie de horno portátil, cf. PLIN., XVIII 105.

191 TEOFRASTO en HP II 5, 2 habla de la profundidad de las raíces, lo que condicionaría la profundidad de los hoyos. También se trata el tema en JENOFONTE, Econ, 19, 5, 7.

192 André en su edición adopta una puntuación distinta a la de Mayhoff y el resto de los editores. Para él, sería la explicación a lo dicho anteriormente en lugar de la base de la recomendación de Catón.

193 Cf. COL., V 9, 9.

194 Seguimos el cambio de posición del texto comprendido entre asteriscos propuesto por Mayhoff. El texto entre asteriscos se encuentra después del asterisco siguiente en la edición de André y los editores antiguos. Los editores modernos adoptan la propuesta de Mayhoff.

195 La anécdota se encuentra en TITO LIVIO, IX 16, 17-18. Durante la guerra contra los samnitas el pretor de los prenestinos había mostrado cobardía al no llevar con rapidez sus tropas a primera línea. Papirio Cursor, que tenía fama de tirano, lo mandó llamar y, cuando el pretor iba a entrar en su tienda, ordenó al lictor que separara la segur de las fasces, que estaban formadas por un haz de varas y una segur. El pretor temió por su vida, pero a continuación Papirio ordenó cortar unas raíces que estorbaban el paso. Con eso dio una lección al pretor, y la frase, que se conserva de forma proverbial, se interpreta en el sentido de que hay que suprimir lo que no sirve.

196 La idea de poner en el fondo algo para drenar o abrigar las raíces se encuentra en muchos autores antiguos. Cf. TEOFR., HP III 6, 5; 4, 3. COL., III 15, 3-4, donde se cita a Magón como fuente de él y también de Virgilio en G. II 348 y 350-353. Además, cf. COL., V 9, 9; PAL., III 18, 5.

197 Plinio una vez más cita a Catón como fuente, de manera no siempre exacta. En este caso en Plinio aparece crassiorem V digitis, frente a crassiores, digitos V quae. Curiosamente algunos editores modernos de Catón han corregido la lectura de este siguiendo a Plinio. Cf. CAT., Agr. 28, 2 y GOUJARD, 2002, comm. ad loc.

198 La observación se encuentra en VIRGILIO, G. II 269. También en COLUMELA V 6, 20; 10, 7; Arb. 17, 4.

199 Plinio aquí sigue a Teofrasto casi al pie de la letra. Cf. TEOFR., HP II 6, 12.

200 Sur-sureste y sur-suroeste.

201 El sureste. Cf. PLIN., XVIII 334.

202 En todo este capítulo Plinio sigue de cerca lo dicho por Catón, Agr. 28, 1-2 y 61, 2, acerca de la plantación de los árboles.

203 Es lo que dice COLUMELA en V 10, 16.

204 Respecto a la cebolla albarrana, Scilla maritima L., se encuentra lo mismo en TEOFRASTO, HP II 5, 5. COLUMELA, V 10, 16, atribuye las mismas propiedades al granado si se planta junto a sus raíces una cebolla albarrana. PALADIO, IV 10, 25, lo menciona como una posibilidad simplemente. La cebolla albarrana se utilizaba también para conservar las uvas, cf. PLIN., XV 63, y de su raíz se obtenía un tipo de vino, cf. PLIN., XIV 106.

205 Filis (filamentos) es la lectura de Mayhoff basándose en XVI 128. En opinión de ANDRÉ, n. ad l., que mantiene eius, la corrección de Mayhoff es innecesaria.

206 De nuevo resume lo que dice CATÓN en 28, 2 y con ello introduce un cambio de tema.

207 Seguimos la lectura de Mayhoff y la mayoría de editores. Rackham, en lugar de tamen, lee tantum, «solamente».

208 Las recomendaciones a las que se refiere son, sin duda, las de TEOFRASTO, HP II 5, 6 y CP III 8, 1 ss.

209 La idea de que la sombra del nogal es perjudicial se ha mantenido en el tiempo, como se puede ver en algunos refranes que aluden a ello, «la sombra del nogal trae mucho mal», por lo que se desaconsejaba dormir la siesta bajo un nogal. Según PLINIO, XV 87, cierto tipo de nueces produce dolor de cabeza. En cuanto al pino, TEOFRASTO, CP III 10, 5, opina que favorece a lo que se planta debajo, especialmente el mirto y el laurel. Paladio afirma por una parte que el pino es beneficioso para lo que se planta en su entorno, pero un poco más adelante dice que los pinos se deben plantar en lugares que no sean aptos para otra especie. Cf. PAL., XII 7, 9.

210 Seguimos la lectura protecta de Mayhoff y otros editores. Rackham lee proiecta. En cualquier caso, se trataría de formar una especie de seto para proteger la viña del viento.

211 Resulta sorprendente la introducción aquí de un tema que tratará más adelante, XVII 92. Tal vez se podría explicar por el método de trabajo de Plinio.

212 Citado elogiosamente por COLUMELA, I 1, 14, como autor de un tratado sobre el cultivo de la vid. Aparece entre las fuentes de Plinio en los índices de los libros XIV y XV.

213 Seguimos la lectura illius (su sombra) de Mayhoff y la mayoría de editores. André lee ullius (la de ninguno). Ambas lecturas se encuentran en los códices.

214 El término toros indicaría las elevaciones del terreno que pueden servir de asiento o lecho para recostarse. Ya antes, XII 6, Plinio habló elogiosamente de la sombra del plátano, hasta el punto de decir que fue introducido en Italia únicamente por ella.

215 Traducimos aquí stillicidium por «estilicidio», definido por el DRAE como «1. Acto de caer gota a gota un líquido. 2. Destilación que así se produce, aunque es una palabra en desuso». Es un término que se usa en arquitectura y en derecho para regular la separación entre las casas.

216 La idea de que la separación entre los árboles depende de las características del lugar se encuentra ya en TEOFRASTO, HP II 5, 6; CP III 7, 2.

217 Cf. CAT., Agr. 6, 1. Más en la línea de Magón, Columela señala como separación entre olivos sesenta pies por un lado y cuarenta por otro, lo que sería más adecuado para plantar cereales entre los olivos, como un poco más adelante señala Plinio que era la costumbre de la Bética. Cf. COL., V 9, 7; Arb. 17, 2.

218 Si se deja más espacio, no hace falta quitar tantas ramas, cf. XVII 257, donde se dice que la escamonda excesiva puede llegar a convertirse en un mal para los árboles. También COLUMELA, I 8, 14, hace notar el peligro de trabajar mal.

219 Idea que se encuentra en los agrónomos antiguos. Cf. TEOFR., CP I 8, 1; VARR., RR I 41, 4-5; VIRG., G. II 27; COL., Arb. 20, 1. Véase también más arriba, XVII 59.

220 Listas muy parecidas se encuentran en otros autores. Cf. TEOFR., CP I 8, 4; VARR., RR I 41, 4. Sobre la edad de los árboles, cf. PLIN., XVI 117.

221 Seguimos la lectura de Mayhoff y la mayoría de editores antecedunt divitiis, frente a la conjetura de André antecedit vitis (los aventaja la vid).

222 Según ANDRÉ, comm. ad loc., cypirus (juncia) sería Cyperus rotundus o Cyperus esculentus L.; cf. PLIN., XII 42 (43). La falsa juncia, pseudocypirus, sería un arbusto indeterminado, más alto que la juncia, tal vez Cyperus longus L.

223 Cf. TEOFR., HP III 18, IV, hablando de la zarza rastrera.

224 La cita de Plinio sigue, aunque simplificando algo, la lista de Catón, Agr. 133, 2.

225 Cf. CAT., Agr. 51 y l. c.; COL., Arb. 7, 2.

226 Cf. CAT., Agr., l. c. PALADIO, III 10, 7, describe este procedimiento para la vid.

227 Sobre la sabina, Juniperus sabina L., cf. PLIN., XII 78 (79), XVI 79 y XXIV 102.

228 Según ANDRÉ, comm. ad loc., el romero también se planta por semilla, ya que tiene grano y, por tanto, no es estéril, como repite PLINIO en XXIV 99.

229 Sobre la adelfa, Nerium oleander L., cf. XVI 79.

230 Cf. PLIN., X 77.

231 Sería nuestro injerto de escudete, llamado también de yema, o también de chip en una forma mejorada de este. COLUMELA, V 11, 9-11, lo describe aplicado a la higuera.

232 Cf. VIRG., G. 74 ss.

233 Estos métodos corresponden a nuestro injerto de púa y, entre sus clases, el primero correspondería a nuestro injerto de corona y el segundo al injerto de hendidura. También Columela trata pormenorizadamente de este tipo de injertos en V 11, 3-9; y para la vid, en IV 29, 9.

234 Leemos germinationem con André y los editores modernos, frente a cognationem de Mayhoff.

235 Cf. VIRG., G. II 78. Para la vid, en cambio, se recomienda que sean de la parte superior. Cf. COL., Arb. 8, 1.

236 Leemos ad id, «para eso», que es conjetura de André, frente a ii de Mayhoff y otros editores.

237 El injerto y el portainjerto.

238 La recomendación de que los injertos se hagan en cuarto creciente se encuentra también en COLUMELA, V 11, 2, y en PALADIO, III 17, 4.

239 Película entre el tronco y la corteza, de la que apenas se distingue, que en el caso de algunos árboles se utilizaba para escribir. Cf. PLIN., XIII 69.

240 La medida que da Columela es de medio pie como máximo, es decir, unos tres centímetros más larga. Cf. COL., V, 11, 5.

241 Cf. CAT., Agr. 40, 2, 3.

242 Catón en realidad dice per, «durante», y no post, «después». Cf. CAT., Agr. 41, 1. Lo que se encuentra en Plinio puede ser un error involuntario o una corrección para adecuarse a la época habitual para los injertos. Incluso ahora los injertos en manzanos se hacen normalmente en agosto. En los perales, dependiendo de la variedad, se hace en esta o en otras épocas del año.

243 Cf. CAT., Agr. 41, 2. Sobre la luna seca, véase nota correspondiente en XVII 57.

244 Cf. CAT., Agr. 40, 1. Sobre el austro, viento del sur, caluroso, cf. PLIN., II, 126, 129.

245 En 111.

246 La lingua bubula, lengua de buey, Anchusa Italica Retz. De nuevo la cita no es totalmente exacta, CATÓN, Agr. 40, 4, no habla de césped.

247 Cf. COL., V 11, 6.

248 La fuente es una vez más Teofrasto. Llama la atención que se incluya la higuera entre los árboles secos, pues Columela la pone como ejemplo de árboles que tienen la corteza interna húmeda, jugosa y fuerte. Cf. TEOFR., CP I 6, 5 y 8. COL., V 11, 8.

249 Según PALADIO III 25, 6-7, el peral se injerta en febrero o marzo, pero, dependiendo del tipo de púa, la época puede variar, de manera que «después del solsticio se injerta la que guarde la última yema».

250 También en Geopónicas se encuentran recomendaciones acerca de las púas que no se plantan nada más cortarlas; en X 75, 22, para los árboles en general, y en IV 12, 10, para la vid.

251 Plinio expone de forma libre y un tanto resumida las tres formas de injertar la vid de las que habla CATÓN, Agr. 41, 2-4.

252 Cf. XVII 106.

253 Es el injerto de hendidura. A. de Herrera lo llama «de mesa».

254 A. de Herrera dice del injerto de aproximación, o de juntar, que es «más de lindeza que de provecho», op. cit., pág. 402.

255 Esa mezcla, intrita, sería una preparación hecha a base de machacar y amasar las raspaduras.

256 Columela es el agrónomo antiguo que describe de una manera más clara este procedimiento. Cf. COL., IV 29, 13-14. PALADIO III 17, 7 recoge lo dicho por Columela. En el comentario a la traducción de Francisco Hernández se dice: «esta barrena llaman hoy en Hespaña mediacaña, y el enxerto de pasado». A. de Herrera lo llama injerto de barreno y en la adición de 1818, pág. 406, se dice de él que ha caído en desuso por ser demasiado incierto.

257 En COLUMELA IV 29, 16 se encuentra lo mismo respecto a la barrena gálica. Para A. DE HERRERA, 1818, pág. 399, aun esta deja demasiado serrín, por lo que recomienda usar una gubia. Sin embargo, en la antigüedad fue valorado este invento agrícola de las Galias precisamente por su capacidad de dejar poco serrín.

258 La edición de Mayhoff presenta lagunas en el texto: ulmi *** vimine alligato *** bina circumdarentur *** acie a duabus partibus. En el aparato crítico el propio Mayhoff propone como alternativa la siguiente lectura: ulmi libro vel vimine alligato vincula luto paleato oblita circumdarentur, et vitis infra falcis incideretur acie. Aquí seguimos el texto de André con sus conjeturas: ulmi <libro uel> vimine alligato <et vites sco> binae circumraderentur acie. André basa sus conjeturas en COL., IV 29, 13 y Arb. 8, 3.

259 Traducimos mucor por «lágrima», entendiendo que podría estar relacionado con la idea de que la vid «llora» por exceso de savia. BILLIARD, op. cit., pág. 533, relaciona el término mucor con mucus. Sería el moho que nace en el vino, pero aquí claramente es el líquido o savia que rezuma. En COLUMELA, Arb. 8, 3, se habla de humor. A. de Herrera también recomienda hacer cortes por debajo del injerto para prevenir el exceso de líquido, que es perjudicial para la vid.

260 La época de podar la viña depende, como hace notar ANDRÉ en n. ad l., del clima y del método que se emplee. Para CATÓN, Agr. 41, 1, hay dos épocas, la primavera y cuando florece. Columela se extiende sobre el tema y, después de cuestionar lo transmitido por Ático, dice que lo mejor es hacerlo en tiempo templado, pasado el invierno, pero también puede hacerse en otoño. Cf. COL., IV 29, 1-5. A. de Herrera dice que se injerta en la época de la poda, y señala marzo como el mejor mes para injertar, aunque admite abril en lugares fríos, y durante un mes después de acabar la vendimia en lugares calientes y abrigados del cierzo. Cf. op. cit. pág. 396.

261 Esta última frase es objeto de comentario en todos los editores por ser en cierto modo contradictoria con la anterior. Varrón, hablando del peral, dice que, si se injerta en uno silvestre, los resultados no son tan buenos como si se hace en uno que no lo es. Cf. VARR., Agr. I 40, 5. En TEOFRASTO, CP I 6, 10, lo que se encuentra es que, si se injerta un árbol silvestre en uno cultivado, el resultado no es satisfactorio.

262 El scalprum, «navaja de injertar», sería un tipo de cuchilla o navaja muy afilada. Cf. COL IV, 25; CAT., Agr. 42

263 La cita de Plinio, como hemos visto en otras ocasiones, no es exacta. La longitud que da Catón es de tres dedos y medio, no cuatro, y se refiere al injerto en general, no cita los manzanos. Cf. CAT., Agr. 42.

264 Las cascadas tiburtinas en la actual Tívoli. Los tiburtes son mencionados por PLINIO en III 107 entre los pueblos sabinos. BILLIARD, por su parte, op. cit., pág. 280, bromea acerca de lo que aquí afirma Plinio diciendo que el día en que vio eso debía de tener algún problema en la vista y tal vez lo que vio se debería a la obra de algún colono bromista. El propio PLINIO en XV 57 afirma que en este aspecto se ha tocado techo.

265 Cf. TEOFR., CP III, 1, 1.

266 Expresión braquilógica de Plinio. Se entiende que se refiere a los frutos de los árboles injertados en ellos.

267 Mantenemos lo que parece ser un juego de palabras en Plinio entre inserere, «injertar» o «implantar» y serere, «plantar». También COLUMELA en Arb. 20, 2 transmite la idea de que un árbol injertado es más productivo que uno que no lo está. Algunos traductores entienden que aquí Plinio hace una distinción entre el injerto de hendidura y las otras formas de injerto, es decir, la inoculación y el escudete.

268 Actual Este, al norte del Po. Cf. PLIN., III 130.

269 PLINIO en XV 94 ya se refirió a ellos al hablar de los distintos tipos de castañas.

270 La fuente de todo el parágrafo es TEOFRASTO, HP II 1, 2, 4; 5, 4-6.

271 El vocablo praeterquam, que traducimos «además de», presenta algún problema de interpretación que ya hace notar Francisco Hernández. Este comenta a propósito de él: «(Y más de estaca). Porque leo praeter que, y no praeter quam, según se halla (aunque mal) en algunos códices». Algunos editores modernos traducen «salvo», «excepto», que estaría en contradicción con la idea del parágrafo y con lo que es el uso habitual todavía hoy de plantar higueras con estacas. Es posible que el origen del problema se encuentre en TEOFRASTO, que en HP II 1, 2 afirma que «la higuera germina empleando todos los procedimientos dichos, pero no por medio de fragmentos de raíz ni de madera cortada», aunque el propio Teofrasto distingue estos últimos procedimientos del de por estaca.

272 Según TEOFRASTO HP II 1, 4; 5, 5, se reproduce a partir de trozos de madera y de trozos tomados del pie.

273 El moral, Morus nigra L., según Paladio, cuando nace de simiente, degenera, por lo que es mejor plantarlo con estacas o ramas de la copa. Afirma también que puede injertarse en el olmo, pero apenas se desarrolla. En cuanto a los injertos, PLINIO afirma en XV 97 que en los de ese árbol hay pocas novedades. Respecto la acción de los rayos sobre los árboles injertados, ya se encuentra en Varrón la idea, transmitida según él por los arúspices, en el sentido de que en un árbol caen de una sola vez tantos rayos como especies injertadas. Por eso PLINIO, XV 57, afirma que es ilícito mezclar especies, ya que eso dificulta la expiación de los rayos.

274 Indicaciones parecidas se encuentran en COLUMELA V 9, 2-3.

275 La cita de Plinio presenta pocos cambios, que iremos señalando, respecto al texto de CATÓN Agr. 45.

276 CATÓN, Agr., l. c. emplea decidito, «las cortarás».

277 Plinio omite terra bene tenera siet. Cf. CAT., Agr. l. c. Acerca del bipalio, cf. XVII 69, n.

278 El vocablo mateola solo se encuentra en este texto de Plinio y en el de Catón. Traducimos «maza», que podría estar relacionada etimológicamente con él, ya que podría ser diminutivo de un supuesto *mattea del latín vulgar, que el DRAE propone como etimología de maza.

279 Plinio omite la siguiente frase de Catón: si ita severis uti stet talea, «si plantas de manera que la estaca quede derecha» (arraigará mejor). El objeto de que no se haga antes el agujero podría ser para que no entrara aire. Llama la atención que en PALADIO III 18, 1 se recomiende expresamente lo contrario.

280 Maturae, «en su punto», podría entenderse para el trasplante. Para COLUMELA V 9, 6 el momento del trasplante es al quinto año, y lo mismo se encuentra en PALADIO III 18, 6.

281 Ya en XVII 70 se encuentra la recomendación de poner separados los plantones dentro de un mismo hoyo para evitar el problema de los gusanos. Lo mismo en COLUMELA V 10, 7.

282 Según COLUMELA V 9, 3, las estacas deben estar cubiertas por cuatro dedos de tierra desmenuzada. En cuanto a la expresión oculos inserito, «plantarás yemas», tomada de Catón, según ANDRÉ, comm. ad loc., es poco clara y tal vez quiere decir que en caso de que no tengan cuatro dedos, se obtendrá el mismo resultado plantando estacas con brotes. COLUMELA, V 9, 5, también propone conseguir plantones de olivo a partir de yemas, pero según GARCÍA ARMENDÁRIZ, comm. ad loc., se trata de un pasaje corrupto. Según A. CASTRESANA, en su traducción del tratado De agri cultura, comm. ad loc., Catón aquí se estaría refiriendo al injerto de escudete.

283 La edición de Mayhoff señala con un guión el salto en la cita del texto de CATÓN. Ese salto es lo que podría haber dado lugar a las modificaciones de Plinio: en CATÓN Agr. 61, 2 se lee cultura est... eximere semina et per tempus radices..., «el cultivo consiste en... sacar las plantas y en el momento oportuno...», frente a la lectura de Plinio eximere oleam oportet et radices..., «conviene...». Por otra parte, Mayhoff se pregunta en el aparato crítico si no habría que leer quam plurima en lugar de quam plurimas, es decir, «con la mayor cantidad posible de tierra», en lugar de «la mayor cantidad posible de raíces». Se basa para esta cuestión en lo expresado por PLINIO en 86 y CATÓN, Agr. 28, 1. Además, en CATÓN Agr. 61, 2 se lee ne aqua noceat, «para que el agua no les haga daño», frente a ne quid noceat, «para que nada les haga daño».

284 Cf. CAT., Agr. 44. Allí se dejan cuarenta y cinco días para la poda. VARRÓN en RR, I 30 aconseja entresacar el olivo entre el equinoccio de primavera y la salida de las Pléyades. En las ediciones de Catón tras aratoque, «ararás», se encuentra puntuación fuerte, con lo que bene modificaría a enodato. Plinio añade -que tras enodato. Quitar los nudos se correspondería con lo dicho por PLINIO en XV 4, en el sentido de que el olivo agradece la poda y la escamonda.

285 Catón habla sobre la importancia del estiércol en una explotación agrícola en 5, 8, y aconseja su uso en el olivar en 61, 1.

286 Cf. CAT., Agr. 61, 1. Aquí termina la cita de Catón sobre el cultivo del olivar.

287 Cf. PLIN., XV 20 ss.

288 En COLUMELA, Arb. 17, 1, se encuentran las mismas observaciones, y también la cita de Magón.

289 El ocaso de las Pléyades se sitúa en el 11 de noviembre. En otras ocasiones Plinio habla de cuarenta y cuatro días entre el equinoccio y el ocaso de las Pléyades. Cf. PLIN., II 125; XVIII 222. En XVII 11 y XVIII 287 se habla de cuatro días en torno a la salida de las Pléyades con influencia nefasta en el cultivo del olivo.

290 Columela y Paladio proceden al revés, es decir, injertar acebuche en olivo cuando este no da fruto. Cf. COL., Agr., V 9, 16; PAL., Agr. V 2, 1-2.

291 Son los procedimientos recomendados por Teofrasto, CP I 6, 10.

292 Lo mismo se encuentra en COLUMELA, Arb. 17, 3, de donde entiende André que lo toma Plinio. No se sabe a qué tipo de gusanos se refieren con el término raucae. En otro pasaje Columela dice que son las raíces del roble, con su veneno, las que dañan al olivo. Cf. ANDRÉ, comm. ad loc.; COL. V 8, 7. Varrón también encuentra incompatibilidad entre un olivar y un robledo. Cf. VARR., RR I, 16, 6.

293 En 143 se dice que las estacas para plantar olmos se deben secar durante dos días y en XIX 73 Plinio recomienda ahumar y secar las semillas de calabaza que se guardan para sembrar.

294 Esta labor de escamondar, interradere, consiste en limpiar los árboles quitándoles las ramas secas. Plinio la recomienda para el cuidado de los olivos en varias ocasiones. Cf. PLIN. XV 4 y XVIII 254.

295 Recomendaciones sobre el cultivo del olivar se encuentran en PALADIO XI 8, 2, que se remite y cita a Columela. Este nos da sus indicaciones en V 9, 12-15 y señala los momentos de cada operación, cf. COL., XI 2, 37 y 40-41. Véase también VARR., Agr. I 30. Las indicaciones de estos autores sobre el cultivo del olivo contrastan con los versos de VIRGILIO, G. II 420-422, en los que se dice que el olivo no requiere ningún cuidado.

296 Se trata del ocaso vespertino de Arturo, el 2 de noviembre. Cf. PLIN., XVIII 313, nota ad l. Según PALADIO II 15, 6, el almendro se planta en enero y febrero, pero en sitios calurosos, como serían aquellos a los que se refería Magón, en octubre y noviembre.

297 El ocaso vespertino de la Flecha, no Sagitario, se sitúa en el 5 de enero, cf. XVIII 255. En XV 53 Plinio menciona cuarenta y una clases de peras, fijándose en otras características, pero no indica su forma.

298 La salida del Águila, según el propio PLINIO en XVIII 283, tiene lugar el 20 de diciembre. Cf. nota ad l. de L. A. Hernández Miguel.

299 En la última frase las ediciones presentan lecturas diferentes. Seguimos aquí la de André: Conexa enim de tempore serendi <quaestio siderum> que ratio est, frente a la de Mayhoff: de tempore serendi inserendique ratio, «el orden de plantar e injertar», que recoge la enmienda de Müller, que se basa en los parágrafos 19 y 140. ANDRÉ, en nota ad l., argumenta su lectura, por una parte, en que en este momento no se está hablando del injerto y, por otra, en el texto de PLINIO XVIII 201. Esta es la lectura que siguen los editores modernos.

300 Recomendación que ya se encuentra en TEOFRASTO CP III 2, 6; 3, 3.

301 El Can sale el 18 de julio, cf. PLIN., II 107, 123; XVIII 269.

302 Sobre la Cirenaica, cf. PLIN., V 31 ss.

303 Vientos que soplan durante cuarenta días, a partir del 20 de julio. Cf. PLIN., II 124, 128.

304 Cf. TEOFR. CP III 3, 4. Sobre Laconia, cf. PLIN. IV 16.

305 Cf. PLIN., V 134.

306 Cf. TEOFR., CP III 3, 3.

307 En XVI 99 Plinio habla de cuatro épocas de germinación: la primaveral; la de verano, a la salida del Can; la de otoño, a la salida de Arturo, el 12 o el 14 de septiembre, según el propio PLINIO en XVIII 310 y II 124, y la invernal, a la salida del Águila, el 20 de diciembre, cf. PLIN., XVIII 283.

308 El verbo empleado por Plinio es parturire, «estar de parto», personificando la naturaleza, como en otras ocasiones.

309 La misma recomendación respecto a los almendros y los cerezos se encuentra en COLUMELA, XI 2, 96. También la encontramos en VARRÓN RR I, 39, 2 respecto a los cerezos. PALADIO, II 15, 6, da enero y febrero como épocas para plantar los almendros y, en los lugares cálidos, octubre y noviembre. Para los injertos aconseja desde diciembre hasta enero o febrero, dependiendo del clima. En XI 12, 4-6, señala prácticamente las mismas fechas para los cerezos

310 Lógicamente el equinoccio de primavera. La fuente de este parágrafo parece ser Columela, al que sigue casi al pie de la letra. Respecto al moral, cf. COL., V 10, 20; Arb. XXV.

311 Cf. COL., V 10, 17; Arb. XXIV.

312 Cf. COL., V 10, 20; Arb., XXV.

313 Cf. COL., V 10, 20; Arb., XXV.

314 La expresión empleada por Plinio nucibus iuglandi et pineae et abellanae et Graecae atque castanae, en la que los adjetivos van especificando el genérico nucibus, muestra claramente que todos estos árboles, y sus frutos, se consideran nux, «nuez», y se distinguen por el adjetivo que en cada caso los acompaña. Según ANDRÉ, 1985, pág. 173, el único que se usa sin epíteto es el nogal.

315 Cf. COL., Arb. XXII 3.

316 Cf. COL., Arb. XXIX.

317 Cf. PLIN., XVI 74, 77.

318 COLUMELA propone su método tanto en sus libros sobre agricultura como en el libro sobre los árboles, intentando demostrar que es posible este tipo de injertos. En ambas ocasiones se refiere al injerto de olivo en higuera. Cf. COL., V 11, 12-15; Arb. 27, 1-4.

319 Cf. XVII 115.

320 Se puede considerar mezcla de injerto y acodo el método que propone COLUMELA en IV 29, 13 para el injerto de la vid y, en cierta manera, es el que propone VARRÓN en RR I, 40 6.

321 Cf. XVII 135. Esa regla consiste en que las diversas operaciones agrícolas dependen de la naturaleza del lugar.

322 Columela recomienda descalzar la vid y los olivos después del equinoccio de otoño. Cf. COL., V 5, 6; V 9, 13.

323 En las ediciones de Mayhoff y André se lee [in circuitum], con los corchetes añadidos por el primero. Se suprime en los editores modernos, tal vez por considerarlo redundante con in orbem, que se lee casi inmediatamente después.

324 Sauce, gén. Salix L. Plinio se refiere aquí de forma genérica a todas las clases de las que habla en XVI 174. Engloba tanto a los sauces como a las mimbreras. De él obtenían distintos materiales para atar, para yugos y varas, para cestería y asientos de sillas, por lo que los agrónomos antiguos dan gran importancia a tener un saucedal dentro de la propiedad. Catón lo sitúa incluso por delante del olivar, pues además se podía sacar otro beneficio con la venta de los productos obtenidos. Cf. CAT., Agr. 1, 7; 9; 31, 1. También VARRÓN, RR I, 8, 3, señala las ventajas de tener un saucedal cerca de la viña. COLUMELA IV 30, 1-2, advierte, además, de los inconvenientes de no tenerlo.

325 Estas recomendaciones se encuentran en todos los autores y el propio Plinio se refiere en otras ocasiones a la necesidad de que el terreno sea abundante en agua. Cf. TEOFR., HP III, 1, 1, CAT., Agr. 11, VARR., RR, I 24, 4, COL., IV 30, 3-5, PLIN., XVI 77.

326 Sobre los cuidados del sauce, cf. PLIN., XVI 175.

327 Sobre la mimbrera, Salix viminalis L. o Salix purpurea L. cf. PLIN., XVI 177.

328 Lo mismo se encuentra en COLUMELA IV 30, 2. ANDRÉ en su comm. ad loc. observa que la alusión al cuarto año es exacta.

329 Cf. COL., IV 30, 7. Nuestra lectura sigue el texto praecisa post annum de Mayhoff y los editores modernos frente a la de André post annum recisa. Uno y otro, en el aparato crítico, basan sus lecturas en los distintos pasajes de Columela que se refieren al sauce.

330 Según COLUMELA, IV 30, 2, es Ático la fuente de esta observación.

331 Sobre el álamo blanco, cf. PLIN., XVI 85. En XVI 176 Plinio incluye el álamo dentro de los árboles de los que se sacan ataduras. Lo mismo que el sauce, es del género de las salicáceas, Salix L.

332 En el libro XVI Plinio trató de las distintas clases de caña, todas ellas del género Arundo L. Aquí va a hablar de la caña que se usa para las viñas, que correspondería al segundo género del que habla TEOFRASTO HP IV 11, 1, 10, 11. Cf. PLIN., XVI 156-173.

333 En Plinio encontramos alguna diferencia con lo que transmiten Catón y Columela respecto a la plantación por tubérculos. En estos no se indica la profundidad del hoyo, pero en ambos se dice que se trabaje con bipalio. La separación entre los bulbos también es diferente, tres pies en estos, frente a los dos y medio de Plinio. En PALADIO III 23, 1 es de medio pie. Cf. CAT., Agr. 6, 3, 47; COL. IV 32, 1-2. COLUMELA IV 32, 4 parece preferir el sistema de castración a la corta del cañaveral para renovarlo.

334 Lo mismo se encuentra en COLUMELA IV 32, 5.

335 Columela lo desaconseja, pues, según él, de esta forma la caña sale más endeble. Cf. COL., Arb. 29, 1.

336 En opinión de Columela, si se planta con la caña tumbada o con el tallo con raíces, tarda más en producir. Cf. COL., IV 32, 2.

337 A. DE HERRERA, op. cit., pág. 252, entiende que el castaño es lo mejor para rodrigar. Según ANDRÉ, comm. ad loc., para este uso, en Italia y Francia, actualmente se prefiere la acacia. PALADIO XII 15, 2 señala la consistencia del castaño, por lo que es útil también para la construcción.

338 Prácticamente las mismas condiciones de terreno se encuentran en Columela y Paladio. Este último sigue muy de cerca lo que dice Plinio. Cf. COL., IV 33, 1; PAL., XII 7, 19. En Geopónicas X, 63, 1 simplemente se requiere un terreno arenoso y frío.

339 Cf. XVII 59.

340 Según Columela IV 33, 3, se plantan apretadas para prevenir posibles inconvenientes como que se sequen o se pudran o, incluso, que se las coman los roedores. En Paladio XII 7, 21 los montones son de tres en tres o de cinco en cinco.

341 Seguimos la lectura —refringi... supra—, de André y otros editores. En Mayhoff y Rackham no aparecen los guiones y, tras puntuación fuerte, se lee refringi... sub ea. Respecto a la época de plantación, COLUMELA, IV 33, 2, dice que se planta durante todo el invierno a partir de noviembre. En PALADIO XII 7, 17 es en noviembre, diciembre y febrero.

342 El acodo o la plantación a partir de barbados obtenidos de la raíz parece recomendarse más para repoblar que para plantar. También Columela y Paladio entienden que lo mejor es plantar con castañas. Cf. COL., IV 33, 3-4; PAL. XII 7, 21.

343 Los sauces y las cañas, cf. 143 y 144.

344 En COLUMELA IV 33, 1 el corte se hace a los cinco años.

345 Para Columela, que dice seguir a Ático, en cada yugada caben dos mil ochocientos ochenta castaños que proporcionarán doce mil rodrigones, ya que de cada vástago se pueden hacer dos y hasta cuatro, dependiendo de la parte del árbol. Según él, el rodrigón hendido dura más que la estaca cilíndrica. Cf. COL., IV 33, 4.

346 En el libro XVI se ha hablado de este árbol. En opinión de André podría tratarse del Quercus farnetto Ten., una especie de roble de la Italia meridional. Plinio trata distintos aspectos de este árbol en XVI 17, 19-20, 25, 106, 127, 218. Una ventaja respecto al castaño es su rapidez de crecimiento. Cf. ANDRÉ, comm. ad loc. Sin embargo, para Columela tiene el inconveniente de que se corta más tarde. Cf. COL., IV 33, 5.

347 Normalmente todos los robles se plantan con bellotas.

348 Esto último está en contradicción con XVI 218, donde el propio Plinio afirma que el ésculo no resiste la humedad, razón por la que Vitruvio desaconseja su uso para edificios en lugares húmedos. Cf. VITR., II 9, 9.

349 Seguimos la lectura praeter haec, quae diximus, sunt caedua de Mayhoff, que cambia el orden de las palabras respecto a las ediciones anteriores: praeter haec sunt caedua quae diximus. Esa es la lectura que sigue André entendiendo que quae diximus se refiere no a los árboles de los que acaba de hablar, sino a los que cita a continuación y que mencionó en 65-68.

350 Cf. PLIN., XVI 139 ss.

351 La idea de la médula como aliento vital y alimento de la planta se encuentra también en COLUMELA III 10, 2 y IV 20, 2.

352 Cf. PLIN., XIII 122, acerca de la férula, y XVI 163, de la caña.

353 El término empleado por Plinio es caespes, de donde procede el vocablo césped, que en la tercera acepción del DRAE significa «corteza que se forma en el corte por donde han sido podados los sarmientos». La excrecencia de la que se habla sería algo parecido.

354 La relación entre la rapidez en producir y el envejecimiento de la vid también se encuentra en COLUMELA Arb. 3, 1 y 3. Plinio, por su parte, afirma que «todos los árboles, cuanto más envejecen, más temprano dan fruto». Cf. PLIN., XVI 116. También muestra extrañeza por el rápido desarrollo de los higos en XV 79.

355 El término numerosior, utilizado por Plinio y que traducimos «más compleja», hace alusión no solo a los distintos tipos de esqueje, sino a todo lo que hay que tener en cuenta en el proceso de plantación de la viña en cuanto a variedades, tipos de esqueje, etc. Columela lo desarrolla ampliamente en el libro III. Aquí no se trata del acodo o del injerto.

356 Sarmenta, en plural, son los sarmientos secos y, en general, las ramas inservibles usadas para haces de leña.

357 Malleolus, diminutivo de malleus, martillo, por lo que Jerónimo de Huerta y Francisco Fernández traducen, respectivamente, «martilluelo» y «martillejo». Columela dice de él que «es un sarmiento nuevo, nacido de una vara del año anterior, llamado así porque sobresaliendo por ambos lados en la parte que se corta del sarmiento viejo, presenta la figura de un martillo». Cf. COL., III, 6, 3. André en su comentario hace ver una cierta dificultad en la traducción de utrimque, que traducimos «por los dos lados», y critica la de Littré «en las dos extremidades». André traduce «se plantaba un sarmiento de madera dura, en forma de cabeza por una y otra parte». En el Diccionario de botánica, 2001, de P. Font Quer, en la voz «maléolo» se lee: «Esqueje con una porción de rama vieja en la base».

358 Esta forma de plantar vid, según Columela, se abandonó porque con la humedad se pudre la parte que se ha dejado. Esta misma idea la recoge BILLIARD, op. cit., pág. 262. Sin embargo, ALONSO DE HERRERA, op. cit., pág. 348, parece preferir este tipo de sarmientos. También el autor de la adición de 1818 afirma que en el uso de España se prefieren los sarmientos con porrilla por abajo, argumentando que el que se pudra lo viejo no impide que de lo nuevo salgan raíces vigorosas. Cf. op. cit., pág. 356.

359 Dice de ella COLUMELA, III 17, 2, que es la extremidad del sarmiento. En III 10, 21, rechaza su uso para plantar.

360 De nuevo es COLUMELA el que define el término: «No se llama trigemmis porque tenga en total tres ojos, pues normalmente en torno al corte con el que fue escindido de la madre está lleno de botones, sino porque, aparte de estos, abundantes concretamente en la cabeza, tiene luego tres nudos con sus correspondientes yemas». Cf. COL., III 19 2, trad. de J. I. García Armendáriz, n˚ 329 en esta colección. Julio Ático, según COLUMELA III 18, 1, era partidario de curvarlos. Paladio, en cambio, recomendaba no torcer ni estropear el sarmiento cabezudo. Cf. PAL., III 9, 8.

361 Sarmientos que solo dan pámpanos. Así aparece en el Diccionario de Botánica, 2001, que recoge para su definición lo escrito por Columela en V 6, 29. Tal vez sería mejor traducir «pampanero al tratarse de un sarmiento que solo da pámpanos.

362 Sobre la longitud del maléolo, Cf. COL., III 19, 1.

363 Cf. XVII 114, a propósito de las púas para injertar.

364 Plinio resume de forma un tanto braquilógica los trabajos que se deben dar a la tierra para formar la viña: con el bidente se trabaja la superficie para romper raíces y piedras o durezas. Con el bipalio se hace un desfonde profundo, que fija en tres pies. Columela, que trata de esto ampliamente, habla de entre dos pies y medio y cuatro de profundidad, según las zonas, incluso dedica el comienzo del libro IV a rebatir a Celso y Ático, que la habían fijado en dos pies. De la marra dice BILLIARD, op. cit., pág. 325, que se trata de un apero «conjetural», con una cabeza de hierro bastante grande provista de dientes, usada para rellenar o alisar un terreno. COLUMELA X 88-90 recomienda su uso para quitar hierbas y deshacer terrones. La imagen que, con reservas, ofrece Billiard, difiere notablemente de la que presenta WHITE, 1967, págs. 40-43, para quien viene a ser una especie de azadón, con una sola hoja afilada, cuyo peso mediaba entre otros dos instrumentos parecidos, el ligo y el sarculum. Este mismo autor, en pág. 42, afirma que el texto que comentamos no es muy seguro. En cuanto a la fermentación, fermento, se trata de la esponjosidad de la tierra cavada, que vuelve después a apelmazarse. Cf. COL., IV 1, 3. Los escaños o lobas, scamna, son la parte que queda sin remover. Cf. COL., II 2, 25. Sobre las medidas y procedimientos empleados para conseguir la regularidad de las zanjas, cf. COL., III 13, 9-13.

365 La edición de Mayhoff indica una laguna. En el aparato crítico ofrece una conjetura para rellenarla: gemmas non pauciores, que recogemos en nuestra traducción. Es la lectura de los editores modernos.

366 Seguimos la lectura de Mayhoff: ima parte [luxuriosa]. Es él quien introduce los corchetes. Los autores de las ediciones antiguas leen in parte luxuriosa. La lectura de las ediciones más modernas es ima parte.

367 La fuente de este procedimiento, luxuriosa ratio, un tanto extravagante, se encuentra en COLUMELA, Arb. 9, 1-2, que lo presenta como un tipo de injerto para obtener uvas de distintas variedades en un mismo racimo. ALONSO DE HERRERA, op. cit., pág. 403, también lo recoge en el apartado de los injertos citando a Columela como fuente. El comentarista de la edición que utilizamos entiende que este tipo de injertos, además de engorrosos, son totalmente inútiles. Op. cit., pág. 406.

368 Plinio sigue casi al pie de la letra a COLUMELA, Arb. 9, 3. Este procedimiento, ridículo e inoperante, según ANDRÉ, comm. ad loc., ya se encuentra en TEOFRASTO, CP V 5, 1. También lo recogen PALADIO, III 29, 1 y Geopónicas, IV 7, 1. Las uvas sin semilla, de las que se obtienen las pasas de Corinto, son de una variedad procedente de Grecia. El comentarista de Alonso de Herrera dice a propósito de ellas: «Le faltó (a Alonso de Herrera) su firmeza habitual de juicio al querer explicar el misterio de los corintos o uvas sin granillo, que aún lo es para nosotros y lo será probablemente por muchísimo tiempo». Op. cit., pág. 410.

369 Plinio ya trató del boj (Buxus sempervirens L.) en XVI 70-71. En XVI 183 dice de él que no tiene médula.

370 El yugo simple consistía en un tipo de palo o pértiga horizontal sostenido por dos estacas verticales. En cuanto al cuádruple, como explica en XVII 166, recordaba la forma del compluvio, patio cuadrado de la casa romana, con abertura para dar luz y recoger el agua de lluvia. En los parágrafos siguientes se habla de cada uno de los tipos de viña.

371 En XIV 13, Plinio afirma que es el tipo de cultivo común en algunas provincias, sin decir que eso se haga por falta de material. Según VARRÓN, RR I 8, 1, es el uso común en Hispania. Según COLUMELA, Arb. 4, 1, este tipo fue introducido por los cartagineses y tiene ventajas e inconvenientes respecto a la vid con soporte. Él mismo en V 4, 1, hablando por propia experiencia, afirma que es el tipo que tiene más aceptación en las provincias.

372 Pértiga o cable que se tiende entre dos estacas. En arquitectura se llaman así las vigas de carga transversales para sostener el techo. Cf. VITR., Arq. IV 2, 1; véase nota ad l. de F. Manzanero, n˚ 367 en esta misma colección. El término puede proceder de la agricultura, pues como vemos en VARRÓN, RR II 7, 15, se daba este nombre al caballo castrado para servir de animal de carga. COLUMELA IV 12, 1 habla de viñas cantheriatas.

373 Cf. XVII 159.

374 Traducimos así el término latino pala, si bien el apero latino parece ser algo diferente de nuestra «pala» tanto por la forma, triangular o en forma de trapecio, como por el uso, más como azada que para recoger, sobre todo en terrenos ligeros o bien trabajados. Sobre este apero, cf. WHITE, 1967, págs. 17-20.

375 Son las medidas que, más o menos, se encuentran en otros agrónomos antiguos. Cf. COL., III 13, 2; 16, 1; V 4, 2; Arb. 4, 3; PAL., II 10, 1 ss.

376 Columela recomienda, además, poner debajo orujo de uva blanca o negra, dependiendo de si la uva es negra o blanca respectivamente. Cf. COL., Arb. 4, 4-5 PAL., III 9, 14.

377 El nombre, sin duda, se debía a que su forma recordaba la de los álveos, unas cubetas o artesas de madera usadas sobre todo durante la vendimia. En Catón aparecen citados varias veces entre los utensilios que deben figurar en el inventario del agricultor. Cf. WHITE, 1967, págs. 119-122.

378 Esta misma forma de colocar la vid, inclinada y mirando a levante, se encuentra en COLUMELA, Arb. IV 4.

379 Esta es la distribución de los campamentos romanos, y también las ciudades, con dos ejes principales: cardo, de norte a sur y decumano, de este a oeste, que delimitaban las cuadrículas de las parcelas o manzanas, formadas por las otras vías menores que las cruzan. Esta disposición en la viña favorece el trabajo y, además, se podía utilizar para separar por parcelas las variedades de vid dentro de una viña, como sugiere COLUMELA III 20, 4 y IV 20, 5. También PALADIO III 9, 11 recoge esta idea y añade la ventaja económica de que necesitaba menos operarios.

380 COLUMELA III 14, 2-3 también señala las ventajas de plantar barbados.

381 Las recomendaciones de Plinio, y los agrónomos antiguos, respecto al momento y las condiciones meteorológicas para plantar son las mismas que se hicieron al tratar de los injertos. Cf. XVII 112 y 135. Respecto a los austros, observa ANDRÉ en comm. ad loc. que es lógico que los agricultores prefieran el austro, si se planta en invierno, para evitar las heladas.

382 El criterio de Columela sobre la distancia entre vides es distinto. Según él, la distancia menor se dará en terreno magro y la mayor en terreno graso para dar espacio a las ramas, que aquí serán más largas y abundantes. Cf. COL., III 15, 1.

383 Los umbros, pueblo de la Italia central, cf. PLIN., III 38. Los marsos, de la parte oriental de los Apeninos, cf. PLIN., III 105, 106; VI 218; VII 15.

384 El término porculeto indica un campo dividido en zonas de cultivo. Está relacionado con porca, de la que dice Varrón que es la tierra que se extiende entre dos surcos, cf. VARR., RR I, 29, 3, o el lugar donde se ha echado la tierra al hacer el surco, cf. VARR., LL V 39. También Catón emplea el término porca con el significado de lomo entre surcos, más o menos plano. Según COLUMELA, XI 3, 21, deben ser cóncavos para evitar la humedad. También este último dice que en la Bética llaman porca a un espacio de treinta pies de ancho por ciento ochenta de largo. Cf. COL., V 1, 5.

385 Dieciséis mil es la cifra que Columela atribuye a Ático en este tipo de plantación; sin embargo, él recomienda poner veinte mil para compensar las pérdidas originadas por diversas causas. Cf. COL., III 3, 12; III 16, 1-3. También él da un plazo de dos años para que la viña dé fruto y para reconocer si lo que se ha plantado es de buena calidad. Cf. COL., III, 9; 4, 2.

386 También Varrón recomienda hacer un corte drástico el primer año para que la planta cobre fuerza. Cf. VARR., RR I, 31, 2, 3. Columela, en cambio, no es partidario de ese corte el primer año, pero recomienda que se vayan recortando todos los brotes que se pueden considerar inútiles. Cf. COL., 10, 2; 11, 1-4; V 5, 10, 12-13.

387 Cf. XVII 147-151.

388 Enebro (Juniperus communis L. o Juniperus oxycedrus L.); ciprés (Cupressus sempervirens L., var. fastigiata); codeso (Cytisus laburnum L.); saúco (Sambucus nigra L.).

389 El término funetum deriva de funis, «soga» o «cable». Según ANDRÉ, comm. ad loc., con esta técnica se unían de dos en dos los sarmientos que todavía no llegan al yugo principal. En cambio, BILLIARD, op. cit., pág. 359, entiende que se utilizaba como refuerzo en el cultivo sin soporte, una vez que retiraban las cañas colocadas para sujetar la vid hasta que se hacía un arbolito. Lo identifica con la capitum iugatio que menciona CICERÓN en De sen. 53.

390 Columela trata con más amplitud el tema de la despampanadura, especialmente la que se practica en las viñas sin soporte o en arbolito. De lo que dice se puede deducir que este era el tipo de cultivo generalizado en la Bética. Cf. COL., V 5, 13-15.

391 Según Columela, serían Virgilio, Saserna, los Estolones y Catones, como él los cita, los que rechazarían esa primera poda, mientras que él se muestra partidario de recortar la vid desde el primer año, y no parece mostrar los recelos de Plinio respecto a los brotes que salen de las cicatrices. Cf. COL., IV 11, 1-2; 22, 4; Arb. 5, 6.

392 Acerca del momento de poner la vid en el yugo y cómo se debe tratar la vid cuando todavía no tiene fuerzas para ello, cf. COL., IV 10, 1, 2; 17, 5; 20, 5.

393 Columela también trata de la importancia, por una parte, de dejar que la vid cobre fuerzas y, por otra, de impedir que se llene de hojas inútiles. En cuanto al número de sarmientos, también él recomienda que no se dejen más de cuatro. Cf. COL., IV 17, 4-5; 21, 1-3.

394 Sobre la relación entre la poda y el terreno, así como el método que se debe seguir, cf. COL., IV 21, 2. ALONSO DE HERRERA, op. cit. págs. 380 ss., también recomienda tener en cuenta la tierra en el momento de la poda.

395 Cf. COL., IV 26, 4.

396 Cf. COL., IV 20, 3.

397 Cf. XVII 152.

398 Cf. XVII 157, nota ad l.

399 Traducimos fructuarium por «fructuario» para mantener el paralelismo con pampinarium / «pampinario», por más que el DRAE solo aplica el adjetivo fructuario, «que da fruto», al ámbito de la economía, no de la agricultura.

400 El párrafo parece tomado, casi al pie de la letra, de COLUMELA V 6, 29.

401 Custos, «guardián», es el nombre que da también Catón a este tipo de sarmientos, al anterior lo llama vinarius. Cf. CAT., Agr., 33, 1. Columela lo llama pollex, «pulgar», y añade otros nombres: custos, «guardián», resex, «garrancho», y praesidiarium, «reserva». Cf. COL., IV 21, 3; trad. de J. I. García Armendáriz. Cf. también BILLIARD, op. cit., pág. 354. Para este autor, pág. 353, ese tipo de poda mezclaba la poda larga y la corta.

402 Yema durmiente que recibe el nombre de furunculus, diminutivo de fur, «ladrón», por entenderse que roba la savia del sarmiento.

403 Columela, al hablar del tratamiento de estos sarmientos viejos, demasiado largos, no emplea ninguno de estos términos, draco, «dragón», funiculus, «cordón», masculetum, «masculeto», de lo que deduce André, en su comm. ad loc., que no es la fuente de Plinio. Cf. COL., IV 22, 1-2. El término masculetum, derivado de masculus, «sitio plantado de plantas macho, estériles», podría referirse a un tipo de emparrado no destinado a la producción. Plinio utiliza el verbo traducere con el sentido de «hacer pasar los sarmientos sobre el yugo hasta el siguiente rodrigón».

404 Cf. XVII 181.

405 Plinio emplea el término pollex, «pulgar», no en el sentido de «guardián», como en XVII 181, sino más bien en el de lo que actualmente se denomina también «espolón». COLUMELA en IV, 24, 13 distingue entre «guardián» y «pulgar». También este autor recomienda una distribución equilibrada de los sarmientos no por el peso, sino porque la savia no vaya peligrosamente en una dirección. Cf. COL., IV 24, 9.

406 Esa es la medida que recomienda VARRÓN, RR I 8, 5.

407 Sobre África, Egipto, Siria y Asia, véanse los libros geográficos de Plinio, n˚ 250 en esta colección.

408 Columela, entre los distintos tipos de viña conocidos por él, sitúa la vid tendida por el suelo en último lugar. Él la desaconseja porque es difícil de trabajar y da un vino de mala calidad. Cf. COL., V 4, 1; 5, 17. Según VARRÓN, RR I 8, 1 y 5, es el tipo que se practicaba en Hispania. Señala, entre otros inconvenientes, que sufre el ataque de ratones y otros animales. Según PLINIO, XIV 14, en la provincia de África y en parte de la Narbonense recurrían a este método por culpa del viento, pero el vino que se obtenía era muy desagradable. Paladio, III 11, afirma que es el peor método entre los utilizados en las provincias.

409 En Geopónicas, V 2, 14-15, se dice que es el tipo de cultivo que va bien en las pendientes suaves y en los lugares altos y secos. Véase también BILLIARD, op. cit., págs. 356-358.

410 Plinio trata aquí de forma muy esquemática la separación de variedades por parcelas, de la que habló en el libro XIV. Allí, siguiendo a autores como Catón y Varrón, indica el tipo de uva que corresponde a las distintas parcelas. Cf. PLIN., XIV 46; CAT., Agr. 6, 4; VARR., RR, 1, 25. Columela encuentra muy ventajosa esta práctica, aunque no oculta su dificultad hasta el punto de recomendar que sea el propio dueño el que se haga cargo de hacer la división. Cf. COL., III 20, 4-5; 21, 1-11; Arb. 3, 2.

411 Columela da consejos más detallados sobre este aspecto en IV 13, 1-2.

412 Cf. PLIN., XIV 20 ss.

413 COLUMELA IV 27, 1 recomienda limpiar las viñas, pero no cuando estén brotando para evitar que los operarios hagan caer las uvas. Además, aconseja cavar la viña con el azadón, en lugar de arar con bueyes, por el daño que puedan causar. Cf. COL., Arb. 12, 2. Una recomendación de Catón y también de Plinio es que, en caso de arar la viña con bueyes, se les ponga bozal. Cf. CAT., Agr. 54, 5; PLIN., XVIII, 177. VIRGILIO, G. II 371 ss., recomienda poner setos para evitar que las cabras y las ovejas se coman las hojas y las uvas.

414 Columela prohíbe totalmente la entrada en la viña durante ese período. Cf. COL., IV 28, 2. Los rastros (rastri) se empleaban para limpiar la viña con una cava superficial.

415 Según COLUMELA, IV 28, 2, son Grecino, Celso y Ático quienes consideran suficientes tres labores de cava, pero no comparte esa opinión. Para él, Arb. 12, 2, esa labor no tiene fin y cuanto más se cave, tanto mayor será la cosecha. Incluso, en XI 2, 4, dice que las viñas jóvenes se deben cavar todos los meses entre el 1 de marzo y el 13 de septiembre. La salida de las Pléyades es el 10 de mayo; la de la Canícula, el 18 de julio.

416 Una vez más Columela explica detenidamente la labor de descalzar, ablaqueare, haciendo hoyos alrededor de la vid con el fin de eliminar las raicillas superfluas, pero la desaconseja en las viñas viejas porque se pueden romper las raíces someras. Cf. COL., IV 8, 1; Arb. 5, 3. PALADIO XI 5 trata el tema siguiendo a Columela. Según BILLIARD, op. cit., págs. 327-328, esta labor se ha conservado, pues sirve, además de lo dicho, para airear la raíz y eliminar insectos.

417 Plinio ya utilizó concipere, «concebir», en XVI 94, al hablar de la fecundación de las plantas.

418 El 10 de mayo.

419 Estas últimas observaciones recogen las de COLUMELA, Arb. 12, 1 a propósito de la tercera cava y el polvo en las viñas. Sobre los beneficios del polvo para las uvas y los árboles, cf. XVII 49.

420 15 de mayo.

421 Varrón define y explica en qué consiste la despampanadura, pampinatio. Cf. VARR., RR I, 31, 2. Los antiguos dan gran importancia a esta labor, que sigue practicándose en la viticultura actual, aunque haya discusiones sobre el alcance y época de esta. Cf. COL., IV 6; 28, 1; Arb. 11, 2; PAL., VI 2, 2. Sobre esta labor, cf. también BILLIARD, op. cit., págs. 368-370.

422 Más adelante, XVII 197, Plinio recoge la enseñanza de Catón al respecto.

423 Seguimos el texto de André, sine hoc. Argumenta en nota ad l. su conjetura frente a in hoc de los manuscritos y a et in hoc de Mayhoff y otras ediciones, en la dificultad que habría para entender la lectura y la contradicción con la práctica, como podemos observar a partir de las recomendaciones de Columela, que aconseja retrasar la poda hasta febrero si no se dan las condiciones adecuadas. Cf. COL., IV 10, 3; 23, 1-2; Arb. 10, 1; PAL., XI, 4; Geop. III 13, 7; V 23, 2.

424 20 de diciembre. Cf. PLIN., XVIII 283.

425 Viento que comienza a soplar el 8 de febrero. Cf. XVII 57, nota ad l.

426 La extensión de la propiedad impone sus propias condiciones y seguir estas observaciones a veces solo es posible en haciendas pequeñas. Cf. COL., IV 23, 2.

427 Frase que se encuentra también en COLUMELA, IV 23, 3.

428 Cf. COL., IV 9, 1-2; 24, 16; Arb. 10 3; PAL., III 12, 6. Alonso de Herrera se hace eco, op. cit., pág. 380 ss., citándolos, de las recomendaciones de Plinio y Columela acerca del tiempo y el modo de podar.

429 Seguimos la conjetura de André exesam frente a la lectura de Mayhoff, esse eam.

430 Cf. COL., IV 24, 5.

431 Columela hace las mismas observaciones acerca de este sistema, que no parece ser el preferido por él. Cf. COL., IV 16, 3; 17, 7.

432 Según COLUMELA IV 16, 2, la distancia debe ser de un pie. Un codo equivale a 0,444 m, un pie, 0,296 m.

433 Cf. COL., Arb. 5, 3.

434 A partir de aquí hay una larga cita, más o menos fiel, de CATÓN, Agr. 33, 1-4, en XVII 195-197, y de 41, 1 y 49, 1-2, en XVII 198.

435 El texto de los manuscritos de Plinio está corregido con la adición del Pinciano per sementim ablaqueato. vineam, basada en el texto de Catón. La lectura del Pinciano es la aceptada hoy por los editores modernos.

436 De las hileras de vid. Cf. R. GOUJARD op. cit., comm. ad loc.

437 Sic, conjetura de Sillig basada en Catón, se refiere a lo anterior, indicando una sucesión de labores.

438 Cf. COL., Arb. 6, 1.

439 Goujard, op. cit., nota ad l., manifiesta perplejidad por esa sombra, umbram. Por una parte, no está clara su procedencia, ya que solo había vid y cereales, y, por otra, en Italia la sombra puede ser beneficiosa. Según él, algunos han propuesto leer imbrem. Él se inclina por la lectura de Schneider, herbam, que sería más acorde con la frase siguiente.

440 El vocablo ócino solo se encuentra en Catón, Varrón y Plinio. Según este, XVII 198, se trataría de una hierba forrajera llamada así por su rapidez en crecer. De esta manera recoge la etimología de Varrón, que lo hace derivar del griego okéos, «rápidamente», y explica el significado en dos sentidos, o porque crece deprisa, o porque mueve el vientre de los animales. Cf. VARR., RR I 23, 1; 31, 4, pasaje que se malinterpreta en PLIN., XVIII 143 (véase nota allí). ANDRÉ, 1985, pág. 175, propone la posibilidad de que se trate de una especie de haba, la Vicia faba L., var. equina. En cambio, en su edición del libro XVII de PLINIO, se inclina por considerarlo una mezcla de plantas citando al propio Plinio, XVIII 143. Véase también la amplia nota de GOUJARD, op. cit., a CAT., Agr. 27. A. Castresana, en su traducción de Catón, 2009, lo traduce como «trébol» y justifica su traducción en nota a págs. 253-254. En la actualidad se sigue recomendando plantar hierba en las viñas por los beneficios que produce, ya que enriquece el suelo, sus raíces lo sujetan y puede ser eficaz contra algunos insectos.

441 En la edición de Mayhoff está señalada una laguna, según el aparato crítico indicada por Jan, basándose en el texto de Catón, en el que no termina ahí el parágrafo. André y otros editores no la recogen, seguramente porque Plinio no siempre reproduce las fuentes con exactitud.

442 Cf. CAT., Agr. 41, 1. Sobre los momentos de injertar la vid, cf. XVII 117 y nota.

443 Cf. CAT., Agr. 49. Plinio ya habló en XVII 83 ss. sobre el trasplante de árboles. Aquí finaliza la cita de Catón.

444 Alusión a una falsa etimología. Véase más arriba, 196, nota y XVIII 143, nota.

445 Sobre el término arbustum, cf. XVII 9, nota.

446 De los Saserna sabemos por Varrón que habían escrito sobre agricultura y que tenían una propiedad en la Galia Cisalpina. Los comentarios de Varrón respecto a sus escritos son más bien despectivos. Cf. VARR., RR I 2, 22 y 28; 16, 5; 18, 6; 19, 1. Gn. Tremelio Escrofa es uno de los que intervienen en el diálogo de los libros I y II de la Agricultura de Varrón. Plinio los cita entre sus fuentes latinas en los índices de los libros XI, XIV, XV, XVII y XVIII. Columela también habla de esa diferencia de opinión respecto a la vid maridada. Cf. COL., III 3, 2.

447 COLUMELA V 6, 24 afirma que el vino que se obtiene gana en calidad con la altura, aunque el fruto sea más abundante en la zona intermedia. Lo mismo se encuentra en PALADIO III, 13, 1. ALONSO DE HERRERA, op. cit., págs. 365-371, trata de los parrales armados sobre árboles siguiendo a Columela y limitando su cultivo a Italia, pero en la adición se afirma que este tipo de cultivo se practicaba en Andalucía y en algunas zonas del nordeste de España, aunque con un carácter más bien ornamental, porque el vino que se obtiene de las uvas cultivadas así no es comparable con el de las viñas bajas. Sobre la poca calidad de este vino, véase la anécdota contada por el propio PLINIO en XIV 12. Cuenta allí que un embajador, después de probarlo, dijo que «era de justicia que la madre de un vino así colgara de una cruz tan alta».

448 Ya en el libro anterior, XVI 72, habla Plinio de la afinidad entre la vid y el olmo y, en particular, sobre el atinio. Columela comienza el tema hablando del olmo, pero, al contrario que Plinio, muestra cierta preferencia por el atinio, y precisamente por su follaje, que se empleaba como pasto para los animales. Sin embargo, más adelante da el primer lugar al álamo, luego viene el olmo, y en tercer lugar el fresno. Cf. COL., V 1-4. El cultivo de vid sobre olmos se siguió practicando en algunas zonas de Italia hasta que la grafiosis acabó con ellos.

449 Sobre el olmo, cf. PLIN., XVI 72 y XVII 76; el álamo, XVI 85-86 y XVII 78; el fresno, XVI 62 ss.; la higuera, XII 22 y XV 68 ss.; el olivo, XV 1 ss. y XVII 125.

450 Cf., COL., Arb. 16, 3.

451 La región al otro lado del Po. Cf. PLIN., III 123-128.

452 De todos esos árboles se ha hablado en los libros anteriores: cornejo, XV 105, XVI 105; ópulo, XIV 12; tilo, XVI 65; arce, XVI 66; orno, XVI 73, 74; carpe, XVI 67, 73; del roble se habla en numerosos lugares del libro XVI. Respecto al sauce, en XIV 110 afirma Plinio que en las zonas pantanosas de Padua las uvas toman olor a sauce, que se debería al maridaje de la vid con el sauce. Columela V 7, 1 para estas arboledas de la Galia los mismos árboles, a excepción del tilo. Desaconseja el uso del sauce porque echa a perder el sabor del vino. Como se puede ver en PLINIO, XIV 12, y COLUMELA, V 7, 1, y, como veremos más adelante, XVII 208, hay alguna diferencia entre los emparrados de esta zona y los del resto de Italia. En XVI 141 dice que el ciprés macho «se poda y sirve de soporte a la vid», pero no aclara si en este uso o más bien como rodrigón, pues en XVII 174, al hablar de estos, cita el ciprés entre los árboles que se utilizan para eso.

453 Columela explica quizá con más claridad cómo se preparaba el árbol para el maridaje: a partir de la altura indicada, se dejaban crecer ramas en horizontal, tabulata, que traducimos como «entablados», dispuestos en tres pisos o tramos, scamna, haciendo notar Columela que los de un piso no deben estar en paralelo con los del anterior para que no roce el sarmiento que cuelga del piso de arriba. Cf. COL., V 6, 11-12; 7, 2. Según PLINIO XIV 12, en la Italia transpadana los entablados se disponían en círculo. Según Columela, este tipo de emparrado se denomina rumpótino, nombre que Plinio atribuye al ópulo, quizá por ser el más usado. En caso de emplear olmo, se frenaba su crecimiento para que sobresaliera la vid. Cf. COL., V 7, 1-2; PLIN., XIV 12.

454 Son las mismas separaciones que da COLUMELA en V 7, 3, haciéndolas depender de si se planta o no grano entre los árboles.

455 Cf. COL., V 6, 17-18.

456 Es el procedimiento del que habla en XVII 97-98 para trasplantar sin que haya problemas de adaptación. También se encuentra en PALADIO, III, 10, 6.

457 Es la única forma de acodo que se encuentra en Catón. Cf. CAT., Agr. 32, 2.

458 Cf. XVII 182. BILLIARD, op. cit., pág. 274, considera esta práctica condenada al fracaso.

459 El mismo consejo en COL., V 6, 19.

460 Para la colocación de las vides respecto al árbol, COLUMELA V 6, 22 distingue entre los distintos tipos de clima: en los sitios cálidos, por el norte; en los fríos, por el sur; y en los templados, por el este o por el oeste.

461 La recomendación de Celso, transmitida por Columela, es rodear el árbol con los brotes en forma de corona y abstenerse de podar para que eche ramas, entre las que se elegirá la más fuerte para ser cabeza de la vid. Columela, en cambio, prefiere que se pode desde el principio para evitar sarmientos inútiles. Cf. COL., V 22-23.

462 Cf. COL., V 6, 23.

463 Cf. COL., V 6, 26.

464 Traducimos así el vocablo traduces. Eran, según Varrón, los soportes de vid consistentes en sarmientos que pasaban de un árbol a otro. Otros los llamaban rumpos. Cf. VARR., RR I 8, 4.

465 La vía Emilia une Piacenza y Rímini. Recibe el nombre de Marco Emilio Lépido, cónsul en el 187 a. C., por ser quien inició su construcción.

466 En los autores antiguos el tema de las ataduras tenía gran importancia en la economía agrícola. El propio Plinio les dedica varios parágrafos en el libro anterior, XVI 174-178. Entre los mimbres, VIRGILIO, G. I 265, cita el de Ameria. ANDRÉ, 1985, identifica el ampelodesmos, con ciertas dudas, con el albardín (Lygeum spartum L.). En su comm. ad loc., dice que tal vez se trata del esparto. Sobre las ovas, cf. PLIN., XVI 4. Los autores también insisten en que la atadura no sea demasiado fuerte hasta el punto de estrangular la vid. Sobre las ligaduras de la vid, modo de ponerlas, materiales, etc., cf., COL., IV 13, 2; 26, 3; 30-32; V 6, 27.

467 Observa ANDRÉ en su nota ad l. que esta norma sigue manteniéndose en algunos lugares de Italia, especialmente la Campania.

468 Ya los traductores antiguos, en sus comentarios, hacen ver que la idea de la alternancia en el descanso tenía un carácter proverbial y citan el verso de OVIDIO, Her. IV 89: Quod caret alterna requie, durabile non est. Este verso aparece citado con la misma idea de la necesidad de descanso en obras de muy diversa naturaleza.

469 Siguiendo la imagen de vid «maridadas», el árbol que todavía no ha recibido la vid se denomina caelebs, «célibe»; el que la ha perdido, vidua, «viudo». Cf. BILLIARD, op. cit., pág. 368. La metonimia del maridaje entre la vid y el árbol se inicia, al parecer, con CATULO, 62 49-55.

470 Cf. COL., V 6, 30; 7, 4.

471 El texto presenta dificultades de lectura. Seguimos aquí la de André, Cotrozzi y König transilem faciant, ni, que es la lectura de los códices, frente a la de Mayhoff y Rackham rasilem faciant, si, «hacerlo descortezado, si», que estaría en relación con XVII 206.

472 En la Italia transpadana, cf. PLIN., III 124.

473 Cf. PLIN., II 240, III 63 y XIV 12, donde se pone de manifiesto la mala calidad del vino de esas viñas.

474 Región de Cársulas en Umbría, cf. PLIN., III 113.

475 Vid silvestre, cf. PLIN., XIV 37, 98.

476 Los cereales que se plantaban entre los árboles. Cf. COL., V 7, 3.

477 En XVII 84 desaprueba el mediodía por el exceso de calor; en XVIII 328, el septentrión.

478 En su texto Mayhoff añade, y Rackham lo adopta, <ut> in vite, entendiendo que hay una comparación entre la vid maridada y la viña. André y el resto de los editores modernos no lo recogen, entendiendo que la comparación se establece entre el árbol y las vides que lo abrazan.

479 La savia, o el agua de lluvia, retenida si el corte es muy horizontal. En cuanto a la traducción de calices como «desagües», cf. FRON., Aquaed. I, 36.

480 La pérgola (pergula) era un tipo de cultivo para pórticos y cenadores, cf. PLIN., XIV 11, que se distinguía de la viña en yugo, cf. COL., IV 21, 2, y de la vid maridada, cf. COL., XI 2, 32. No tenía solo carácter ornamental y de ahí el calificativo de «generosas», como se puede ver en COL., III 9, 2.

481 Fiestas en honor de Minerva llamadas así por celebrarse el quinto día a partir de las idus de marzo, esto es, el 19, que se consideraba el del nacimiento de la diosa. Primero consistieron en un solo día, pero después se prolongaron hasta el 23 del mismo mes. Había actos familiares y públicos, sobre todo combates de gladiadores en el anfiteatro. En la época imperial, en una ceremonia presidida por el emperador se repartía dinero y trigo. Distintas son las llamadas Quincuatros menores, celebradas del 13 al 15 de junio.

482 Plinio habla en varias ocasiones de los efectos de la luna nueva o interlunio en relación con los bichos y la agricultura: en II, 109, XI 109 y XVIII 292 las hormigas cesan en su actividad; los gusanos no atacan a las semillas en XVIII 158, y lo que se recoge en esa época está libre de daños en XVIII 308.

483 Tomado casi al pie de la letra de COLUMELA, Arb. XV, que lo recomienda para evitar que la viña se llene de ratas y ratones. Billiard hace objeto de burla esta recomendación. Cf. BILLIARD, op. cit., pág. 396.

484 Cf. PLIN., XIII 26 y 130 ss.

485 Cf. XVII 10. Toda la reflexión acerca de los árboles silvestres es traducción de TEOFRASTO, HP IV 14, 1. Este autor es la fuente principal de Plinio en lo referente a las enfermedades de los árboles.

486 Cf. TEOFR., HP IV 14, 2. Los términos empleados por este autor, hablando de las afecciones de los árboles cultivados, son: escolécosis (producción de gusanos); astrobolesía (insolación); esfakelismós (que significa padecer tanto gangrena seca como dolor intenso con convulsiones). Plinio, sin hacer distinción de árboles, traduce vermiculatio, sideratio y dolor membrorum. Respecto a la primera, BILLIARD, op. cit., págs. 415-417, la llama «enfermedad de los gusanos», pero dice que en realidad no se trataba de gusanos, sino más bien de orugas de lepidópteros, sin poder decidir la clase exacta. Traducimos la segunda como «sideración». Englobaría todos los males producidos por la intemperie y la acción de los astros, cf. BILLIARD, págs. 377-378. Plinio habla de ello más adelante, XVII 222. «Sideración», según el diccionario de M. Moliner, es un término médico que significa «abolición total y súbita de la actividad biológica en un organismo, en particular en casos de electrocución». En Teofrasto parece tratarse de una especie de achicharramiento por el sol o insolación, pero PLINIO en XVII 222 incluye en ella el granizo y la escarcha. En cuanto a la tercera, según BILLIARD, op. cit., pág. 381, se trata de una enfermedad desconocida, pues los síntomas que aportan tanto Teofrasto como Plinio hacen imposible su identificación. En la cita que en su comm. ad loc. hace André de Levadoux, se dice que puede tratarse de lo que se llama apoplejía. Según el Diccionario de Botánica de Font Quer, 2001, esta es la «desecación y muerte rápida, brusca, total o parcial de una planta en plena vegetación». En los parágrafos siguientes se hablará más detenidamente de estas enfermedades.

487 Seguimos la lectura aliqua de Mayhoff. Otros leen, con los códices, aliquae, que se traduciría: «y también algunos árboles, obesidad».

488 Taeda, relacionada con el griego daïs, es una enfermedad de los árboles resinosos consistente en un exceso de producción de resina. Según TEOFRASTO, HP III 9, 5, afecta a la pícea. En XVI 44 Plinio entiende taeda como un tipo de pino, el pino tea, y de manera un tanto confusa dice que una enfermedad del alerce es convertirse en pino tea.

489 Cf. TEOFR., CP V 9, 7; 11, 3.

490 Cf. PLIN., X 40, «[los pájaros que horadan los árboles] saben que hay comida debajo de la corteza por el sonido de esta al ser golpeada».

491 En XI 113 Plinio menciona, entre los insectos que nacen en la madera, los cossi, «carcoma». Es difícil de identificar este tipo de gusanos. Por lo que Plinio dice aquí, se trataría de algún tipo de larva de gusano o taladro de la madera como la Zeuzera pyrina L. o el Cossus cossus. ANDRÉ en su comm. ad loc. recoge la opinión de Gossen de que se trataría del Ergates faber, pero las larvas de este se alimentan de la madera de coníferas en descomposición. Las larvas de insectos como alimento han servido de fuente de proteínas para muchos pueblos. En la actualidad en algunos lugares se consumen como delicatessen.

492 Según TEOFRASTO, HP IV 14, 2, los árboles menos atacados de gusanos son los que tienen un jugo amargo y acre. Plinio, hablando de la duración de las maderas, afirma que las que se distinguen por su olor destacan también por su resistencia. Cf. PLIN., XVI 27. Por otra parte, es bastante conocido el uso de la madera de cedro y enebro como antipolilla natural.

493 Plinio, una vez más, sigue a Teofrasto casi al pie de la letra. Cf. TEOFR., CP V 10, 5; HP IV 14, 5. El nombre cerastes está relacionado con el griego kéras, cuerno. Se trataría de un «gusano cornudo». Cerasta en PLIN., VIII 85 y XI 125 es la víbora cornuda. TEOFRASTO en HP V 4, 5 dice de él que rehúye la madera que despide un fuerte olor o es amarga o dura. Es difícil de identificar. En XI 118, Plinio afirma que «los mosquitos de la higuera los engendra el cabrahígo; las cantáridas las engendran los gusanillos de la higuera». El cerastes sería una clase de carcoma, cf. PLIN., XVI 220.

494 Cf. TEOFR., HP III 12, 8, acerca del serbal, y III 12, 6, del espino. Paladio trata de los remedios que se deben aplicar, respectivamente, en el serbal y en el espino, en caso de que tengan gusanos, cf., PAL., II 15, 3 y IV 10, 20.

495 Cf. XVII 218.

496 Traducimos carbunculatio como «carbonización» por el aspecto que presentan las plantas debido a los fenómenos a los que se refiere Plinio. Por otra parte, bajo la palabra sideración parece englobar no solo males debidos claramente al clima, como el granizo y la escarcha, sino otros de origen menos claro, aunque el efecto en las plantas dé un resultado parecido. Billiard, en su estudio sobre la viña, hace notar la imprecisión en los datos transmitidos por los antiguos, pero «por detalles congruentes con todo lo que se sabe de sus causas y efectos», se inclina a pensar que la carbunculatio se trate de una antracnosis, de la que Font Quer, Diccionario de Botánica, dice que es el «nombre genérico con que se designan enfermedades producidas por ciertos hongos melanconiales». Cf. BILLIARD, op. cit., págs. 382-384. En XVIII 275 Plinio la incluye dentro de la «quemadura», uredo. En opinión de Billiard la diferencia que establece Plinio entre uredo, carbunculatio y robigo, en realidad, es inexistente.

497 Cf. PLIN., XVIII 292, «ni con nubes ni con viento cae rocío».

498 Plinio lo toma de TEOFRASTO, HP IV 14, 3 y traduce los nombres literalmente. Debe de tratarse de la roña, llamada también verruga o tuberculosis del olivo, una enfermedad de origen bacteriano. Teofrasto, y también Plinio, la achacan al efecto abrasivo del sol.

499 Cf. CAT., Agr. 6, 2. En XVII 130 Plinio recomendaba raspar el musgo de los olivos. La misma recomendación se encuentra en COLUMELA, V, 9 15.

500 Cf. TEOFR., HP IV 14, 3. La misma observación se encuentra en Catón, l. c. PLINIO en XIV 33 hace la misma observación respecto a la vid.

501 Sarna, scabies, denominada psóra en griego, es el nombre genérico de enfermedades caracterizadas por el aspecto escamoso o las costras. Se pueden deber tanto a ácaros como a hongos.

502 Cf. TEOFR., HP IV 14, 3. Teofrasto emplea la misma palabra, psóra, que ahora traduce «impétigo». Hemos mantenido «impétigo» en la traducción, aunque no se utilice en fitopatología. En terminología médica es una enfermedad cutánea lo mismo que la sarna. En cuanto a los caracoles, ANDRÉ, comm. ad loc., cree que podrían ser algún tipo de hongo con forma de caracol.

503 Cf. TEOFR., HP IV 14, 4. En esta ocasión leemos inarescunt, que es la lectura de los códices y de la mayoría de editores. Mayhoff lee nigrescunt, según una conjetura de J. Dalechamps basada en el texto de Teofrasto. En cuanto a las dos formas de la enfermedad, podría pensarse, refiriéndose al hombre, en las dos formas de gota, podagra y quiragra. Teofrasto habla de sfakelismós, gangrena o dolor de miembros, y krádos, quemadura de las plantas.

504 Seguimos la lectura rariores de los códices y los editores modernos. La de Mayhoff y Rackham, largiores, es una conjetura basada en Teofrasto.

505 Grossi son higos sin madurar, cf. PLIN., XV 73, XVI 113. CATÓN, Agr. 94, da remedios para que no caigan. En algunos lugares de España se llaman «hinchones», que se correspondería con el término grossi, los higos aún no maduros pero ya próximos a la maduración. Se encuentra en Alonso de Herrera, 1818, vol. II, pág. 252, nota 1.

506 Cf. TEOFR., CP V 9, 12; HP IV 14, 4-5.

507 Como articulaciones (articulatio) se entiende el conjunto de nudos, cf. XVII 163, de los que salen los brotes. BILLIARD, op. cit., pág. 388, entiende que la articulatio es una enfermedad propia de la vid y adopta la opinión de Niclas, comentarista de las Geopónicas, de que se trataría de una forma alterada de hirculatio (de hircus) que intentaría traducir literalmente el texto de TEOFRASTO, HP IV 14, 6.

508 Todo el parágrafo está tomado de TEOFRASTO, HP IV 14, 6, al que sigue casi al pie de la letra.

509 Cf. XVII 209.

510 Cf. TEOFR., HP IV 14, 7. De nuevo Plinio se limita a seguir el texto de Teofrasto en todo el parágrafo.

511 Cf. TEOFR., HP IV 14, 8.

512 Capital de Jonia, en la costa de Asia Menor. Cf. PLIN., V 112.

513 Cf. TEOFR., CP V 10, 3; HP IV 14, 9. En Teofrasto se habla de dos clases de orugas, unas comen las hojas y otras, las flores. Posiblemente se trate de la Margaronia Glyphodes unionalis.

514 Cf. TEOFR., CP V 10, 2; HP IV 14, 10. Teofrasto solo habla del olivo. El conocido como arañuelo del olivo es el Liothrips oleae Costa. Díaz-Regañón, en su traducción de HP en esta colección, propone dos posibles identificaciones, Paratetraychus pilosus y Clisiocampa neustria. En cuanto al arañuelo de la vid, BILLIARD, op. cit., pág. 384, afirma que, más que tratarse de un ácaro, se trata de una enfermedad producida por un hongo, el Botrytis cinerea Pers., y llama a su efecto «enfermedad de la tela». ANDRÉ en su comm. ad loc. recoge la opinión de Levadoux de que ese hongo raramente produce esos efectos. Tal vez podría tratarse de la polilla de la vid, Eupoecilia ambiguella (Hübner). Realmente la identificación es bastante difícil dados los escasos datos que aportan ambos autores.

515 Podría tratarse de la polilla del olivo (Prays oleae).

516 Cf. TEOFR., HP IV 14, 10. El término empleado por Plinio para esas lluvias que vienen con viento del sur es austrinae. Sobre la salida de Arturo, el 12 o 14 de septiembre, cf. PLIN., XVIII 310 y nota ad l. Se llaman drupas las aceitunas cuando empiezan a ennegrecer, cf. PLIN., XV 6.

517 Las aceitunas que han sido atacadas por algún tipo de insecto dan aceite de mala calidad y mal sabor, por lo que son desechadas.

518 Cf. TEOFR., HP IV 14, 10. El mosquito, en el caso del roble, podría ser el Diplolepis quercusfolii L. En la higuera, la Ceroplastes Rusci L. o cochinilla de la higuera. Tal como lo expresan los dos autores parece tratarse de una especie de generación espontánea.

519 Cf. TEOFR., CP V 12, 2; HP IV 14, 11. La putrefacción, tabes, según ANDRÉ, comm. ad loc., sería una mala traducción de Plinio debida, posiblemente, al manuscrito que utilizaba. La quemadura, uredo, se debe al viento frío, no al sol. Cf. PLIN., XVIII 275. Apulia, región al sudeste de Italia. Cf. PLIN., III 99. El atábulo, un viento abrasador, es el siroco que en esa zona sopla del suroeste. Sobre este mismo, cf. HOR., Sát. I 5, 77-78. El olímpico sopla desde el Olimpo Pierio en Tesalia, cf. PLIN., II 120. Sobre la isla de Eubea, en la costa oriental del Ática, cf. PLIN., IV 63.

520 Cf. TEOFR., HP IV 14, 12. Según Teofrasto, «el árbol que más sufre es la higuera, y después, el olivo». Plinio añade la vid.

521 Cf. TEOFR., HP IV 14, 12.

522 Cf. TEOFR., HP IV 14, 13. Sobre la región del Ponto, cf. PLIN., II 126; VI 12. Tracia, cf. PLIN., IV 40 ss.

523 Seguimos la lectura <secundum locum habent causae> con las conjeturas de André. La de Mayhoff indica una laguna tras secundum y lee causas con los códices.

524 Cf. TEOFR., CP V 15, 6.

525 Alcornoque (suber; Quercus suber L.). Cf. PLIN., XVI 34. TEOFR., HP IV 15, 1.

526 Sobre el madroño oriental (andrachle; Arbutus andrachne L.), cf. PLIN., XIII 120; XVI 80; TEOFR., HP IV 15, 1.

527 De nuevo Plinio toma el texto de Teofrasto, pero en este caso de un modo no tan continuado como en los parágrafos anteriores, pues entre la primera y la segunda frase hace un salto respecto al texto del autor griego. Cf. TEOFR., HP IV, 15, 2.

528 Cf. TEOFR., HP IV 15, 3. Plinio da la referencia astronómica de Tauro y Géminis para traducir Targelio y Esquirroforión, nombres que en el calendario ateniense corresponden aproximadamente a los meses de mayo y junio.

529 Cf. XVII 234.

530 Cf. TEOFR., HP IV 15, 4.

531 Cf. TEOFR., CP V 17, 3; HP IV 16, 1. ANDRÉ en su comm. ad loc. observa que Plinio normalmente traduce el griego peúke por picea, lo que sería inexacto, porque esta no existe en Grecia. Asimismo, kédros por cedrus, pero en realidad no es el cedro, sino el oxicedro o cada, Juniperus oxicedrus L. En su traducción lo refleja poniendo los nombres entrecomillados.

532 Cf. TEOFR., CP V 17, 6.

533 Cf. PLIN., VIII 204; XV 34. VARR., RR I 2, 19. Varrón dice que precisamente por ser nocivas para el olivo, el árbol de Minerva, no se sacrificaban cabras a esta diosa.

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