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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 335

Asesores para la sección latina: JOSE JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ALFREDO ENCUENTRA ORTEGA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2005.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO415
ISBN: 9788424937119.
INTRODUCCIÓN
I. VIDA DE PAULINO DE NOLA
La vida de Paulino de Nola 1 ha suscitado un buen número de estudios. El santo nolano constituye una de las figuras más poliédricas, complejas 2 y representativas del siglo IV d. C., una época en la que destacan una serie de hombres de extraordinaria personalidad que, convertidos unos en los paladines de la naciente cultura cristiana, y otros en héroes del decadente paganismo, dirimen un profundo conflicto que, si bien ha emanado de las conciencias, acaba por transcender la frontera del individuo y viene a asentarse en la mentalidad de la sociedad. En el conflicto religioso entre cristianos y paganos Paulino es el mejor reflejo de su tiempo, pues en su rica personalidad se aúnan las dos ideas enfrentadas en la lid. Fue educado, en efecto, en los principios de una cultura que moría y, por vicisitudes de su vida, se convirtió a las ideas de la pujante ideología cristiana. A pesar de ello, su actitud dialogante fue a veces incomprendida en uno y otro campo, de manera que constituyó un verdadero escándalo tanto para sus antiguos amigos cuando abrazó la nueva fe, como para algunos de los nuevos cuando renunció a todas sus posesiones y riquezas 3 .
La fecha exacta del nacimiento de Poncio Meropio Paulino es incierta, si bien dentro de unos límites bastante precisos donde la opción que cuenta con más probabilidades es la del año 355 d. C., frente a otras fechas que se defienden o se han defendido alguna vez y que sitúan el nacimiento en el año 353 o el 354.
En cuanto a su origen, Paulino es de Burdeos 4 y su familia era de la aristocracia senatorial, tanto por parte de padre como de madre 5 , siendo los dos cristianos, por lo menos cuando murieron 6 , aunque probablemente ya lo eran en la infancia de nuestro autor 7 . Por otro lado, el patrimonio de los Paulinos era inmenso, con propiedades en Fundi 8 (en el Lacio), tal vez en Hispania, concretamente en Ebromago 9 , y sin duda, en Aquitania, de manera que Ausonio puede hablar con toda propiedad de los Paulini regna 10 . En consonancia con esa elevada posición social y económica, Paulino, destinado a la carrera de los honores, se educa con los mejores maestros de su tierra, incluido Ausonio.
En enero del año 381 o a finales del 380 Paulino es gobernador 11 de Campania, y precisamente el día 14 de enero asiste a la fiesta de Félix en Nola y queda fuertemente impresionado por los hechos milagrosos que allí se producen 12 . Es entonces cuando manda reparar la calzada hacia Nola y construye un hospicio junto a la tumba de Félix 13 . Además, a semejanza de la costumbre pagana del barbitondium , celebra su depositio barbae en la capilla del santo, a quien ofrece su primera barba.
En el lapso de tiempo que va de finales del año 384 hasta el año 393 tienen lugar cuatro hechos fundamentales en la vida de Paulino: el matrimonio con Terasia 14 en Hispania; el nacimiento y muerte de su hijo Celso, el bautizo de Paulino en Burdeos y la muerte de su hermano, con el subsiguiente peligro para su propia suerte y la de su patrimonio. El conjunto de estos hechos constituye el detonante que obliga a Paulino a abandonar Aquitania, dirigirse a Hispania, vender sus propiedades y abrazar la vida ascética.
Precisamente en los años de estancia de Paulino en Hispania (389-394) es donde se ha querido situar cierto acercamiento al priscilianismo, un movimiento religioso de ascetismo radical dentro de la búsqueda del homo perfectus 15 . Ésta sería la explicación a la negativa del papa Siriacio a recibir a Paulino y Terasia a su paso por Roma camino de Nola. Otro argumento en favor del priscialinismo de Paulino lo constituye su encuentro con Martín de Tours 16 y la curación que aquél practica en Paulino. Martín, según el relato de Sulpicio Severo 17 , le curó una enfermedad de la vista que, según esta interpretación, no habría sido otra que ser priscilianista 18 . Recientemente Fabre y Lienhard han negado con razones de peso que Paulino fuera un partidario de Prisciliano, aunque se admite un gran parecido en la manera que ambos viven su fe 19 .
Sea como fuere, en el año 394 y ante la aclamación de los fieles mientras se están celebrando los misterios el mismo día de Navidad 20 , Paulino es ordenado sacerdote en Barcelona por el obispo Lampio, pero la ordenación no impide a los esposos emprender viaje a su querida Nola.
No se sabe con exactitud cuándo llegan Paulino y Terasia a Nola. Con toda seguridad, en el otoño del 396 estaban ya allí los esposos, porque el segundo natalicio (14 de enero del año 396), canta la alegría por estar ya en Nola. Nada más llegar, Paulino cae enfermo y, una vez recuperado, los esposos se enfrascan en las tareas de la organización de dos comunidades ascéticas, la de los hombres, que están bajo la tutela de Paulino, y la de las mujeres, que siguen las instrucciones de Terasia. La comunidad no estaba cerrada a las visitas y el cenobio de Paulino en Nola está totalmente abierto al mundo, sea a través de las visitas o de la correspondencia. Paulino se sigue escribiendo con amigos antiguos como Severo, Amando y Delfín, y con otros nuevos, personalidades como Alipio, Agustín o Jerónimo. Las cincuenta y una cartas en prosa no son, dice Fabre 21 , más que una mínima parte de las que escribió. Se reparten entre veinte destinatarios, donde también hay absolutos desconocidos, al parecer gente humilde. En lo que se refiere a las visitas, el año 400 Paulino acoge a dos ilustres personalidades de la cristiandad. Vienen a Nola Melania la Mayor, pariente de Paulino, que, acompañada por un abundante séquito, vuelve a Italia tras veintisiete años en un monasterio en Jerusalén 22 , y Nicetas 23 , obispo de Remesiana, en la Dacia.
La actividad constructora (durante los años 401 a 405) era asimismo otra de las facetas de la relación de Paulino con el mundo. Siendo gobernador de Campania, mandó reparar la calzada que llevaba hasta Nola y construir un hospicio para los pobres 24 . Antes de su llegada había a las afueras de Nola 25 , a un kilómetro aproximadamente, cuatro modestas iglesias o capillas de las que una albergaba el cuerpo de Félix. En su segunda y definitiva estancia, a aquellas cuatro capillas Paulino añadió una quinta basílica de mayor tamaño, la iglesia de los Apóstoles 26 , y construyó otra iglesia en Fundi 27 . Mandó levantar un baptisterio y multiplicó los coros y pórticos. Construyó además varios edificios no sólo para los peregrinos, sino también para albergar a la pequeña comunidad que lo rodeaba. Asimismo dispuso lo conveniente para traer agua a las fuentes 28 de la gran plaza porticada a la que daban las iglesias. Igualmente, Paulino remozó y renovó por completo la basílica en memoria de Félix 29 . Arregló y pintó el pórtico (dañado en un incendio) y transformó el huertecillo interior en un hermoso patio. El techo de la iglesia donde estaba el sepulcro de Félix fue enriquecido con artesonado. Incorporó nuevas lámparas a esta iglesia y las viejas columnas de estuco fueron sustituidas por otras de mármol. Otro hecho que denota la incesante actividad de Paulino es que pasa por ser el inventor de la campana, o al menos así se le dice al visitante de Nola a quien se le muestra la primera campana y el campanario donde estaba colgada. La historia es poco creíble en todos sus términos, y lo único que parece bastante verosímil es que fue Paulino el primero que hizo uso de la campana en una iglesia. No hay que olvidar que fueron célebres los fundidores de bronce de la Campania y que la «nola» es la campana del coro en los monasterios, así como que la propia palabra campana deriva del nombre de esa región italiana.
Paulino fue ordenado obispo de Nola en una fecha situada dentro de los límites bastante precisos que señala la carta 95 de Agustín (del año 408) donde todavía no lo llama episcopus y la cita de La ciudad de Dios I 10, datada en el año 413, que menciona a Paulino como Nolanus episcopus . Su actividad episcopal fue tan importante que el propio emperador Honorio lo invitó a presidir el sínodo general de Espoleto el día 13 de junio del 419.
Inmediatamente antes de la entrada de los bárbaros en Roma, Paulino habría realizado un viaje a Cartago sobre el que hay algunas dudas. Esa travesía y el período de estancia en Cartago acaecieron entre los años 408-409, corroborados por la carta 50, 14, del propio Paulino y por la 149, 2, de Agustín, en la que el obispo de Hipona responde a su mejor amigo y confidente en Italia. Como los natalicios se interrumpen en el 408, hay que suponer que Paulino se ve obligado a dejar Nola y la serie anual de los natalicios no tuvo continuación debido a los apremiantes y graves sucesos que siguieron a la entrada de los godos en la ciudad. Por otra parte, dado que desde el punto de vista textual no hay nada en contra de la referencia a esa estancia que aporta la Carta 50, 14, dum Cartaghini exhiemarem («durante el invierno que pasé en Cartago»), es muy verosímil que Paulino pasara en África 30 el invierno del año 408. Sin embargo, la noticia de su esclavitud en África es insostenible 31 .
No sabemos con exactitud cómo transcurrieron los siguientes años de la vida de Paulino, pero el hecho más significativo de este período tuvo que ser la muerte de Terasia, ocurrida con posterioridad al año 408. A partir de la correspondencia de esos años se deduce que su preocupación fundamental fue la reflexión sobre textos escriturísticos y del Evangelio y de ello escribe a Agustín 32 y a su vez recibe cartas de aquel, aleccionándole sobre el pelagianismo, herejía contra la que luchaban los obispos africanos en torno al 417 33 . El año 421 Agustín le dedica el tratado De cura pro mortuis gerenda . Este librito ilustra bastante bien un episodio de la correspondencia entre ambos y sobre cómo entendían el tránsito final del hombre. En una carta no conservada, Paulino había solicitado consejo sobre la petición de la santa mujer Flora que solicita enterrar a su hijo Cinegio en la basílica de Félix. Paulino sostiene que la sepultura ad sanctos reporta al difunto los beneficios del patronazgo de aquéllos, mientras que Agustín ve en la depositio ad sanctos algo puramente ornamental, un consuelo dirigido más bien a los vivos, porque ante Dios poco importa el tipo de sepultura 34 .
Rodeado de sus amigos, Paulino murió al año siguiente del fallecimiento de su entrañable Agustín de Hipona, concretamente el 22 de junio del año 431. Uranio, un discípulo suyo, dejó el relato de las últimas horas de Paulino, de las que fue testigo ocular. Paulino tuvo un fuerte dolor en el costado, (neumonía o pleuresía seguramente), pero conservó siempre el conocimiento. Reunió a todos los clérigos para un mensaje de adiós y paz, mandó que lo dejaran solo y, después de una meditación, murió «hacia la hora cuarta de la noche», habiendo recitado en voz alta el verso del salmo: Paraui lucernam Christo meo 35 .
Su cuerpo descansó en Nola durante quinientos años, y después de estar en Benevento y en Roma casi mil años, finalmente Paulino volvió para siempre a Nola el 28 de mayo del año 1909 36 , cuando Pío X restituyó sus restos a la comunidad de esta ciudad 37 .
II. LOS POEMAS 38
Han llegado hasta nosotros dos grupos de composiciones atribuidas a Paulino de Nola. Uno lo forman las cincuenta y una cartas que dirige en diferentes momentos de su vida a una serie de corresponsales que van desde aquel del que sólo conocemos el nombre, hasta figuras tan representativas del pensamiento cristiano como Jerónimo y Agustín. El otro gran venero de la inspiración pauliniana ha dejado treinta y tres poemas de los que auténticamente de Paulino son veintinueve, ya que el Poema 4 pertenece a un poeta cercano en su estilo a Ausonio, el Poema 5 es del propio Ausonio, el 32 es seguro que no es de Paulino y el Poema 33 es dudoso que lo sea.
Los tres primeros poemas datan de la época de estancia en Aquitania, los años que van del 383/384 al 389. Tienen el interés de ser el único testimonio literario de la vida de Paulino antes de su conversión, porque no ha sobrevivido ningún otro texto del período anterior al 389. Son obras de ocasión, obras juveniles anteriores a su conversión. Los dos primeros son billetes, epístolas en hexámetros que acompañan a pequeños regalos intercambiados con Gestidio, un rico propietario de la Galia. El tercero es un fragmento de once hexámetros 39 que Ausonio cita con aprobación 40 , inscritos dentro del proyecto más ambicioso de poner en verso el desaparecido De regibus de Suetonio.
Los cuatro siguientes poemas ( Poema 6 -9 ) son meditaciones escriturales, paráfrasis en hexámetros de los textos de la Escritura siguiendo el modelo del hispano Juvenco. Pertenecen, por tanto, a una época en que Paulino daba los primeros pasos en el proceso de su conversión, y son, por eso, posteriores en cualquier caso al año 389.
Las dos epístolas en verso a Ausonio (los Poemas 10 y 11 ), fueron sin ninguna duda escritas en Hispania en un largo período de estancia, entre los años 389 al 394. Lo mismo que también escribió en Hispania el Poema 12 , el primero de los natalicios que compone para el aniversario de Félix que se celebraba en enero.
El resto de los Poemas fue compuesto en Nola durante trece (396-409) de los treinta y cinco años que van desde su llegada en el 396 a su muerte en el 431. En el año 409 se interrumpe bruscamente la producción poética de Paulino, o al menos no se nos ha transmitido ningún poema escrito con posterioridad a esa fecha.
En líneas generales, la poesía pauliniana se va a inscribir dentro de un proyecto mayor. Para Paulino, lo mismo que para Prudencio, la creación poética es un propositum asceticum 41 . Paulino se afana en componer una poesía que esté acorde con su nueva manera de vivir, a raíz de lo que Fontaine llama la «segunda conversión», esto es, escribir con elementos paganos pero desde la fe cristiana. Paulino busca la inspiración en Cristo, no en las Musas. El punto crucial de esta segunda conversión está reflejado en la discusión con su antiguo maestro Ausonio, transmitida por las dos cartas en verso. En ellas Paulino elige ya sin titubeos a Cristo como inspiración de su poesía, dejando atrás al tópico Apolo pagano 42 . Con todo, nuestro autor no abandona los moldes genéricos clásicos, sino que los adapta en función del nuevo contenido cristiano y de los nuevos destinatarios, los convertidos a la fe. Efectivamente, Paulino ha dejado escrito su programa poético en dos pasajes, en la carta 16 y en el Poema 22 , dedicado a Jovio. Acertadamente, por eso, Kohlwes 43 divide la trayectoria poética de Paulino en tres etapas. Una primera, que va de los años 394 al 396, abarca la primitiva producción paganizante y las paráfrasis bíblicas, pertenecientes al proyecto de un vasto poema teológico aplazado por Paulino para más adelante ( Poema 6 , v. 175). En la segunda etapa (394-396), después de la polémica con Ausonio de los Poemas 10 y 11 , Paulino ha madurado su concepto de la adaptación de las formas paganas a los nuevos contenidos cristianos (le corresponden la carta 16 y el Poema 22 , ambos destinados a Jovio). Y entre el los años 397-398, Paulino formula su código de la nueva imagen del poeta cristiano, que deja escrito en los vv. 26-49 del Poema 15 44 .
La razón de no romper con la tradición cultural pagana es doble. Primero, porque era la única cultura literaria a la que podía recurrir, y, segundo, porque era imprescindible para un portavoz de la nueva fe ser comprendido por sus lectores, y ello sólo podía ocurrir si el nuevo mensaje venía debidamente envuelto en una estructura literaria bien conocida por los destinatarios de los poemas paulinianos. Por eso la forma no tenía más remedio que adaptarse a los códigos literarios al uso, esto es, a los géneros literarios que se enseñaban en las escuelas 45 .
1. Epigramas en metro dactílico 46
Los dos primeros poemas en hexámetros constituyen sendas muestras de una poesía juvenil que parece más bien puro ejercicio retórico. Estos billetes para acompañar regalos tienen su antecedente más próximo en muchos Apophoreta de Marcial y, como otros tantos artificios literarios del siglo IV , al intentar romper con las viejas formas, el autor se abisma en un manierismo absolutamente banal. El único interés de estas composiciones tal vez resida en ser testimonio de la manera de vivir de los ricos terratenientes que distraen su ocio con el intercambio de regalos acompañados por estos juegos literarios.
Paulino no vuelve a escribir epigramas hasta años más tarde, cuando, ya en Nola y siguiendo el modelo de los epigramas del papa Dámaso y tal vez de Ambrosio, acomete la tarea de ilustrar con dísticos 47 algunas dependencias de las iglesias y, en particular, cuando su amigo Sulpicio Severo le pide algunos para Primuliacum 48 . Precisamente, menos las doce líneas del Poema XXX , el Epitafio de Cinegio 49 y la Acción de gracias, el ramillete más florido de estos dísticos se halla en la Carta 32, del año 404 50 , cuyo destinatario es Sulpicio Severo. En total son veintinueve epigramas de extensión variable que versan sobre diversos asuntos.
Otras composiciones en dísticos son las dos inscripciones del Poema 30 que conmemoran la renovación de los edificios de Cimitile descritos en la Carta 32 y en los Poemas 27 y 28 . Su función es básicamente la de describir los lugares donde estaban colocadas las inscripciones 51 .
En cuanto al Epitafio de Cinegio es una inscripción funeraria que procede de una tumba de Cimitile. Se ubica en la tradición de las inscripciones grabadas sobre las tumbas de los cristianos y presenta la forma literaria de una consolación. El segundo epigrama, la Acción de gracias , adopta la forma de un eucharistikón o soteria , poema de agradecimiento por la salvación ante algún peligro.
2. El panegírico
Por Jerónimo tenemos constancia de que Paulino compuso un Panegírico , que no se ha conservado, en honor de Teodosio. En la Carta 58, 8 le dice a Paulino: «He leído con agrado el libro que con sabiduría y donosura le dedicaste al emperador Teodosio. Sobre todo me gustó su composición. Y aún más el propio estilo del discurso, contenido y resplandeciente, con el brillo de la pureza ciceroniana y lleno de sentido». Además de informarnos de ese panegírico perdido sabemos que el sabio de Belén se congratulaba de la pureza ciceroniana de la prosa de Paulino.
La otra muestra de este género está en hexámetros 52 . Dedicado al Bautista, el Poema 6 , al que la crítica considera incompleto por su inesperado final, puede ser dividido en dos mitades. Hasta el verso 172 es una paráfrasis bíblica y del 173 al 330 adopta la forma de un encomio del Bautista. La paráfrasis sigue el patrón del relato evangélico de Lucas 1, 5-80, ampliado con Mateo 14 y Hechos 19, y el poema en su conjunto formaba parte de una serie de paráfrasis bíblicas destinadas a constituir una historia evangélica en verso 53 .
La laus Sancti Iohannis representa una profunda innovación literaria respecto a sus posibles modelos. En efecto, no es la típica laudatio funebris porque no se habla nunca de la muerte; tampoco es una vita porque no hay suficiente material biográfico y, aunque se refiere a hechos de la Escritura, tampoco es fiel al posible modelo que constituyera el poeta Juvenco 54 con su versificación virgiliana del Evangelio. La familiaridad del posible lector con la Eneida tal vez era un factor que ayudaba más a la asimilación del mensaje cristiano que Paulino pretendía difundir. De ahí la aparición del arcángel Gabriel como mensajero de Dios, como Mercurio en la Eneida . El poema está envuelto en una atmósfera épica que viene creada por determinados elementos típicamente virgilianos, como son los discursos. Por otro lado, el panegírico sigue la estructura propia del género del encomio, recorriendo los consabidos tópicos del nacimiento, la infancia y las acciones (el Bautista en el desierto y su predicación), en las que queda definitivamente interrumpido. De modo que le faltarían por desarrollar algunos tópoi , como la comparación con acciones similares de otros personajes de la historia (el tópos denominado sýncrisis) y el epílogos 55 . Asimismo, el relato se presenta trufado con cuatro discursos insertos en su desarrollo a la manera de Claudiano, contemporáneo de Paulino pero militante del bando pagano. Son discursos que evocan la técnica virgiliana, pero en ellos Paulino ha superado a Juvenco al aplicar los recursos de la retórica latina a un único tema 56 . Y justamente esta mezcla de formas literarias, de la paráfrasis bíblica y del encomio, constituye una peculiaridad del estilo pauliniano presente en toda la obra. Paulino parte de la epopeya bíblica pero se apoya en el epýllion , consiguiendo así la simultánea variedad de géneros literarios, la poikilía tan del gusto de la poesía alejandrina 57 .
Por otra parte, el Bautista es para Paulino, como para los cristianos de su tiempo, el primer monje, símbolo de la vida ascética, modelo de la vida perfecta 58 y príncipe del monacato. De modo que el Poema 6 constituye, no sólo un mero relato bíblico y elogio del Bautista, sino el compendio de todos las virtudes a imitar por el joven movimiento ascético de Occidente.
3. Las paráfrasis
Los Poema 7 , 8 y 9 pertenecen, sin duda, a ese proyecto de versificar la Escritura inscrito en el horizonte de la primitiva poesía cristiana, que intenta buscar su sitio dentro de la tradición literaria occidental y lo encuentra en la traducción del épos bíblico a la lengua épica de Roma. La palabra cristiana no podía presentarse, so pena de pasar desapercibida, como algo original, como un comienzo desde la nada. Al contrario, como atinadamente dice J. Fontaine «les premiers auteurs latins chrétiens s’étaient trouvés, devant la Bible grecque d’Alexandrie et le Nouveau Testament, dans une situation quelque peu comparable à celle de Livius Andronicus devant l’Odyssée cinq siècles plus tôt». Esto era así de tal modo que se necesitaba una re-traducción de las traducciones de las Escrituras. Y esta es la función que viene a desempeñar la paráfrasis de los salmos o la traducción virgiliana del Evangelio que hace el hispano Juvenco 59 .
En este contexto es donde se sitúa la paráfrasis del Salmo 1 desarrollada en el Poema 7 . Sigue de cerca la versión antigua hasta el verso 15, donde empieza a narrar la naturaleza del juicio final. Luego, al hilo del comentario del verso de Ambrosio, distingue entre impii y peccatores a lo largo de veintiocho versos (24-41) y para este motivo toma material del Apocalipsis (7, 3), de las Epístolas de Pablo a los Romanos (2, 12) y de la dirigida a los Corintios (I 3, 12). Y no es en absoluto baladí el reclamo inicial del poema: frente al Beatus ille qui procul negotiis que proclama Horacio, Paulino anuncia Beatus ille qui procul vitam suam . Lo mismo que el epodo de Horacio es una invitación a la felicidad de un retiro campestre, Paulino también convoca a un retiro, pero al de de la vida del pecado, para seguir la ley de Dios y cultivar la pureza de corazón. Hay, por tanto, un contraste evidente entre el retiro pagano y el cristiano. El retiro cristiano constituye una preparación para la vida futura, que aparece evocada en el poema dentro de la larga sección sobre el Juicio Final 60 . Una exhortación religiosa a seguir el camino estrecho pone fin al poema cuyo eslabón definitivo lo forma, en estructura anular, la evocación del último verso del Salmo .
El Poema 8 es una exhortación a los gobernantes para que desistan de su apartamiento del Señor, cuya persistencia les acarreará la ruina total. El poema comienza casi exactamente con el primer verso del Salmo 2 para añadir algo de su cosecha tan sólo en los trece versos finales, donde narra la cólera de Dios en los términos evangélicos de la separación del trigo de la paja. Esta parte de propia creación es la que constituye la exhortación directa a los gobernantes para que reine la concordia y que la justicia presida su mandato, dos cualidades especialmente anheladas en esos tiempos de enfrentamiento, de enconada rivalidad entre el poder imperial, que quiere asentar las bases de un estado cristiano, y la aristocracia del Senado romano, que se resiste y pretende restaurar el paganismo, simbolizado en la recuperación para el Senado del Altar de la Victoria.
El Poema 9 es una paráfrasis del Salmo 137. El salmista desarrolla un asunto que a los ojos de Paulino debió de presentar muchas semejanzas con la situación que vivía la comunidad cristiana. En efecto, los judíos estaban sufriendo persecución y destierro por causa de Babilonia. En la concepción cristiana del momento, el paganismo es la nueva Babilonia y los cristianos la nueva Jerusalén, la civitas Dei 61 . De idéntica manera, lo mismo que el salmista augura la pronta venganza que caerá sobre Babilonia, Paulino anuncia el triunfo de la nueva Jerusalén.
Naturalmente estas paráfrasis no pueden competir con «l’art monumental» de los Salmos 62 pero tampoco deben ser juzgadas atendiendo a la poca o mucha frecuencia con que Paulino visite las fuentes clásicas 63 . El locus del autor clásico es prudentemente convocado y sólo, fundamentalmente, con la intención de oponerlo a la correcta interpretación cristiana, o bien para lanzar subrepticias requisitorias por su mediación, como ocurre en la antítesis discordia concors o en el dicite iustitiam . La concordia en la diferencia es un guiño literario, una evocación de la lucha de contrarios que anima a la naturaleza y al mundo en cualquier comienzo 64 , también al hombre cristiano, y, a su vez, la exhortación a gobernar con justicia y a vivir conforme a ella va dirigida a los poderes terrenales 65 . Igualmente tampoco pueden ser consideradas estas composiciones como meros ejercicios retóricos de versificación, aunque en la intención del autor esté también la adaptación de los Salmos a las preocupaciones y a los gustos literarios de su tiempo. Pero si se mira más allá de la superficie, estas paráfrasis pretenden ser la manifestación de la sensibilidad cristiana ante la situación política y social de la época: en lo individual proponen el retiro del hombre hacia su interior, y en lo social reclaman la lucha contra el paganismo y la injusticia. En este caso no nos convence del todo la pretendida ingenuidad pauliniana, en el sentido de que es un mero versificador de salmos, sin más. Debajo de esa candidez se esconde un modo sutil de decir la verdad cristiana.
4. Las cartas
El uso del verso no implica que haya que ubicar estos poemas 66 en un género distinto al de las cartas en prosa, sino que responden al modelo genérico de la carta-intercambio entre dos amigos 67 . Los Poemas 10 y 11 son respuestas a Ausonio, mientras que el 24 está dirigido a Citerio, un influyente personaje aquitano. Ausonio escribió a su discípulo Paulino una serie de ocho 68 cartas que constituyen una relación epistolar agridulce, llena de ternura al principio y teñida de dolor al final. Las cuatro primeras cartas 69 de Ausonio están plagadas de palabras amables, de afecto sincero, al punto de que, para su amigo Ausonio, Paulino es «más dulce que la miel» 70 . Pero en las otras cuatro cartas 71 , el maestro da rienda suelta a los reproches hacia su antiguo discípulo, porque no es capaz de comprender la entrega total de éste a la nueva creencia. No le parece mal que haya abrazado la fe cristiana, lo que le extraña a Ausonio, poco acostumbrado a esa profundidad de la creencia que se manifiesta en Paulino de una manera tan firme, es que su amigo llega a poner por detrás de su nueva fe incluso una amistad tan profunda y tan antigua como la que hay entre ellos, cercana al afecto de padre e hijo 72 . Las dos cartas de Paulino han sido merecidamente elogiadas desde el punto de vista literario 73 , por su polimetría y por la manera tan delicada y sencilla a la vez con que responde a los duros reproches contenidos en las cartas ausonianas, sobrecargadas de retórica.
La primera carta de Paulino, el largo Poema 10 , fue escrita en Hispania, posiblemente en el verano del 393, y es la respuesta a las cartas 24, 25 y 26 de Ausonio, que Paulino recibió al mismo tiempo. Tras el consabido tópico por la alegría de la carta del amigo, Paulino se aplica a responder a todos los reproches que le hace Ausonio. La poesía es un arte vano, dice, si no está dedicada a cantar a Dios, tal como lo siente él ahora, inspirado por un deus maior 74 . Si verdaderamente desea su bien, Ausonio debería alegrarse de la vida que Paulino ha elegido libremente 75 . En cuanto a la larga separación, Paulino justifica su aislamiento por «ver estrellas más altas» 76 . No es por culpa de su esposa por lo que está lejos, ni tampoco vive entre salvajes, sino en la rica Hispania, de ciudades tan hermosas como Zaragoza, Barcelona o Tarragona 77 . Finalmente, vuelve a la defensa de su fe, no le importa pasar por necio si a juicio del Rey Eterno su opinión es sabia 78 . Y concluye con la referencia al Juicio para el que se prepara en la brevedad de esta vida, de modo que por eso se ha desprendido de propiedades junto con su carga de goce y tribulación, para que no lo sorprenda su llegada sumido en vanas preocupaciones 79 .
Otra carta 80 es la respuesta a la 23 de Ausonio, pues al Discutimus iugum de 23, 1, responde Paulino con discussisse iugum (11, 30), de modo que, aunque Ausonio escribió la suya antes que las otras, Paulino recibió esa carta 23 después de las tres citadas arriba 81 , a las que respondía en el Poema 10 . Esta segunda carta en verso de Paulino es ya muchísimo más breve, y, tanto este detalle como el tono general de la misiva, producen la sensación de que estamos ante una despedida, o al menos Paulino tiene la intención de romper el círculo vicioso de reproches-explicaciones en que habían entrado los dos amigos. Esta impresión de despedida es especialmente notoria en la segunda parte de la carta (versos 49 a 68 y último). Paulino va desgranando en ella uno tras otro todos los tópicos de la amistad constante, llevándola, definitivamente, hasta más allá de la muerte, incluso en este momento en que Ausonio se muestra inflexible en su posición de no admitir la conversión de su amigo.
La última epístola en verso es el Poema 24 . Compuesto en el año 400 (por su parecido con la carta 23, datada en esa fecha 82 ) empieza con una intitulatio más expresiva o al menos más completa que las dirigidas a Ausonio. En efecto, además de citar a Citerio 83 , el destinatario, Paulino le añade el calificativo de ‘hermano en Cristo’ que, evidentemente, no podía dedicarle a Ausonio. Este largo poema en yambos de cerca de mil versos comprende dos partes. Hasta el v. 440 narra las peripecias del viaje de Martiniano, el mensajero de Citerio, desde Narbona a Nola. Y desde el 440 al final (v. 941) la carta se convierte en un tratado de la educación para el sacerdocio, dirigido al hijo de Citerio, confiado a Sulpicio Severo. Es una epístola demasiado larga para la paciencia del lector moderno. Sólo la salva la rica descripción de los detalles del viaje, en primer lugar, y el tacto con que exhorta Paulino al acaudalado Citerio 84 , en segundo.
5. Los natalicios
El grueso de la poesía de Paulino pertenece a este género 85 . Son catorce poemas escritos anualmente para conmemorar el aniversario de la muerte de Félix. Se trata de una práctica ya presente en la tradición romana, pues existía desde antiguo la costumbre de celebrar tanto el aniversario como la muerte de los seres queridos. Virgilio hace decir a Eneas que celebraría el día de la muerte de su padre estuviera donde estuviera 86 y Plinio el Joven cuenta cómo Silio Itálico veneraba especialmente una estatua de Virgilio cuyo cumpleaños observaba más que el suyo propio 87 . Incluso la idea del día de la muerte como día del nacimiento eterno, tan específica de la literatura cristiana, la anuncia ya Séneca 88 , como un auténtico precedente del natalicio cristiano.
Más tarde esta práctica ganó mucho con la aportación retórica de Menandro de Laodicea (siglo III ) que prescribe una serie de normas de composición 89 para el genethliakón enriquecedoras de la tradición literaria romana posterior. Sin embargo, las obras anteriores a ese rétor se atienen a una secuencia de tópoi que en Menandro no está recogida tal cual, así que la única nota en común entre la práctica literaria romana y las instrucciones retóricas es el motivo del día para iniciar el poema. Los autores romanos desarrollan su propia ristra de tópoi: el ofrecimiento de incienso, los altares engalanados, los ricos vestidos, los regalos, las súplicas y los deseos, y, sobre todo, el tópico de la fertilidad procreadora del homenajeado 90 .
La mayoría de los ejemplos romanos anteriores a Paulino celebran a una persona viva, salvo los de Marcial y Estacio dedicados a Lucano 91 . Precisamente hay un gran parecido entre la silva de Estacio y los panegíricos de Paulino ya que éste sólo tuvo que darle contenido cristiano a un género cuya estructura retórica, basada en el encomio de la persona homenajeada y de la estación del año, le venía como anillo al dedo a su proyecto de glosar la vida del santo de Nola.
Así es que nuestro autor compuso a partir del año 395 hasta el 407 una serie de poemas anuales sobre el nacimiento dedicados a Félix de los que han sobrevivido trece completos y fragmentos de un decimocuarto. La cronología de los natalicios 92 es la siguiente:

6. El «propemptikón»
Mucho más obediente a las normas retóricas que en los natalicios, Paulino escribe el Poema 17 para despedirse de Nicetas de Remesiana al regresar a su iglesia de Dacia. Paulino escribe básicamente un producto típico del género, aunque se desvíe un tanto de las prescripciones de Menandro 93 . No existe el ruego de que se quede el amigo ni la queja por su partida. Encontramos casi lo contrario, alegría por la partida de Nicetas, dado que ya no se va a ir de Nola realmente, porque permanecerá allí en espíritu. La descripción detallada de todo el viaje 94 de regreso a Dacia tampoco es lo habitual en el género. En tercer lugar, la sección de la travesía del mar ha sido alterada y se ha convertido en una inversión del tópico, de modo que donde el poeta clásico expresa miedo por los peligros del océano, Paulino transmite una serena esperanza en Dios y anima a Nicetas a invocar su protección. Incluso allí donde el poeta clásico habla de su confianza en un pronto reencuentro, Paulino le confiere al tópos contenido cristiano cuando afirma su confianza en que, al final, su fe de creyentes reunirá a los dos amigos en el cielo. Por último, es inédito en el género el amplio desarrollo que le concede a la labor de Nicetas entre los inhóspitos pueblos a quienes ha transformado en dulces campesinos y probos cristianos que, por afición a los santos, han cambiado la violencia en devoción 95 .
7. El epitalamio
La boda de Julián y Ticia constituye el primer matrimonio cristiano celebrado en una iglesia 96 . De ahí el extraordinario valor histórico de este texto. Téngase en cuenta que las bodas romanas se celebraban en la casa, en el seno de la familia y se dividían en dos actos: los esponsales y las bodas propiamente dichas. El primero era el acto jurídico de la entrega de los documentos nupciales, delante de testigos. El segundo era la boda en sí, donde el novio acudía a la casa de la novia a buscarla y donde la diosa Concordia unía las diestras de los contrayentes. En el Poema 25 de Paulino se imponen una serie de elementos ambientales que sustituyen la ceremonia doméstica y le hacen patente al lector (otro gran valor de este epitalamio) que Julián y Ticia se están casando en la iglesia y como cristianos. Esos elementos son la ausencia de una descripción de la casa de la novia (muy recurrente en el epitalamio pagano) y de toda clase de jarana, sustituidas por el ambiente eclesial que emana tanto del ofrecimiento de los esposos al obispo Mémor, (cuando éste cubre sus cabezas, velatio , v. 226) y de las súplicas a Cristo (w. 230), como de la bendición descrita en los versos finales. Paralelamente, la novedad se manifiesta también en lo literario. Como pasa con otros géneros literarios (el propemptikón del Poema 17 y la consolatio del 31), también al epitalamio le confiere Paulino su toque personal fundado en un indudable dominio de las técnicas de composición, inscritas en la corriente epitalámica fundada por Estacio y continuada por Claudiano 97 , aunque carezca de los discursos que aquellos insertan en sus composiciones. Así, se concede diez versos para introducir el asunto en una doble vertiente: por un lado, explica el matrimonio, y por otro da a conocer el sentido nuevo que éste tiene para el cristiano. Pero inmediatamente empieza a marcar distancias con los cultivadores anteriores del género e invierte el sentido de los tópicos clásicos 98 . No hay, por tanto, mención alguna de dioses paganos, y su lugar lo ocupan la paz, la modestia y la devoción. Tampoco se alude a la mitología, sino que la Escritura va a ser la fuente de sus exempla. Pax, Pudor y Pietas sustituyen a Juno, Cupido y Venus. Los buenos deseos para la pareja no van a ser, paradójicamente, la consabida descendencia, sino justamente lo contrario, de modo que anima a los esposos a mantener la castidad, a no tener niños y, caso de tenerlos, a dedicarlos al servicio del Señor, de tal suerte que en vez de constituir un elemento de persuasión (protropé) busca lo contrario, la disuasión (apotropé 99 ). En suma, este poema constituye el primer tratado cristiano sobre el matrimonio y en él Paulino propone el matrimonio en la continencia 100 como una nueva clase de unión, tal y como él mismo lo experimenta con Terasia.
8. La consolación
Celso, hijo de Pneumacio y Fidela, murió a los ocho años y el poeta, en un gesto que, por literario, no deja de ser sincero, duda entre llorar su muerte o alegrarse porque se fue sin la mancha del pecado. Paulino aborda la biografía del niño, elogia su precocidad y conjetura la causa de la muerte 101 . Pero llorar demasiado es pecado; más vale lamentarse por los extravíos del linaje humano al que, sin embargo Cristo redimió con su venida, muerte y resurrección. Ese ejemplo es el que debe seguir el cristiano porque en él se halla la demostración de la victoria sobre la muerte que está al alcance de todos los fieles. En esta larga composición de 626 hexámetros son fácilmente visibles los temas de la consolatio clásica: la alabanza del fallecido; descripción de la muerte y de la causa directa que es la invidia (Satán para el cristiano, v. 107). Otro tópico que tampoco falta es el de la universalidad de la muerte. Y justamente a partir de aquí comienza la aportación de Paulino al género, es decir, la cristianización del mismo, que se materializa en un doble sentido. Desde el punto de vista de la forma la consolación se transmuta en exhortación al aprendizaje de la esperanza en la victoria final, y en cuanto al fondo se convierte en un tratado teológico sobre la fe y la resurrección. En la línea de la consolación cristiana 102 , este poema de Paulino está lejos de los ejemplos romanos del género, como son el epicedio de Horacio por la muerte de Varo 103 , la consolación de Propercio por Marcelo y Cornelia 104 , otra que dedicó Ovidio a Tibulo 105 , los Parentalia y Epitaphia 106 de los heróes de Troya que compuso Ausonio y los epicedios diseminados por las silvae de Estacio 107 .
9. Los protrépticos
El aviso para que alguien haga algo determinado es el objeto principal del género protréptico 108 , del que Paulino se sirvió en varias ocasiones 109 . En el Poema 22 insta a Jovio a cambiar el objetivo de sus trabajos poéticos. Y en la segunda parte de la carta en verso a Citerio ( Poema 24 ) enseña a los padres del novicio del monasterio de Primuliacum a valorar las ventajas de la decisión religiosa, ya que su hijo será un segundo Salomón y un nuevo José.
III. ESTILO
Lo ampuloso, barroco y, algunas veces, retorcido, de la poesía de Paulino, son características de su expresión que a la par que la destacan por encima de otros autores cristianos, la sitúan también en un nivel de complicación rayano por momentos en lo ininteligible. Ya Ausonio 110 bromeaba con Paulino sobre la ampulosidad de su expresión cuando, citando una parrafada llena de circunloquios, le dice: «Ignoras, creo, qué quieren decir tantos versos y a buen seguro que yo tampoco los entiendo bien: pero lo sospecho». Hay incluso opiniones claramente condenatorias de la poesía pauliniana precisamente por su manierismo, expresado en unas composiciones excesivamente largas, basadas en subordinadas de primero, segundo y hasta tercer nivel, y llenos de frases que, a veces, se escapan a su autor «y que nunca son fáciles de leer» 111 . Paulino aventaja considerablemente en el uso de las subordinadas tanto a Ausonio como a Virgilio 112 , ya que si en estos autores la subordinadición se mueve en torno a un porcentaje del treinta por ciento, en nuestro autor ronda el cincuenta, destacando sobre todo las oraciones de relativo. Otra especialidad pauliniana es su gusto por la sinonimia, con una afición especial por expresar el mismo concepto a través de dos formas de decir diferentes 113 . Sus figuras preferidas para el ornato son el oxímoro, la aliteración y la asonancia repitiendo la primera sílaba de la palabra, el homoteleuto y palabras de sonido similar 114 .
Existe, con todo, cierta unanimidad en que es mejor el Paulino de la poesía que el de las cartas 115 , a pesar de las elogiosas palabras de Jerónimo, que en dos ocasiones roza la exageración al enjuiciar el estilo de las cartas de Paulino, cuando compara su prosa con la del mismísimo Cicerón 116 . Otra opinión favorable, pero esta vez de la poesía de Paulino, es la de J. Fontaine, que destaca el gusto por lo extraño y maravilloso (concentrado en los exorcismos y milagros), el placer de describir obras de arte y, sobre todo, la miniatuarización del relato épico; menciona expresamente el hecho de que Paulino ponga al alcance de los lectores medievales, en particular de los monasterios, temas y lugares comunes, tonos y formas literarias procedentes de la tradición alejandrina 117 . Creo, en fin, que el juicio más objetivo sobre la poesía de Paulino de Nola es el de su mejor conocedor actual, Green, quien se inclina por una valoración positiva elogiando la habilidad de que hizo gala al reproducir en su poesía las mejores cualidades de la herencia clásica. Aporta igualmente una imaginativa renovación de los géneros literarios clásicos, y un uso estricto de las reglas en los metros en que escribió 118 . Su divergencia de la tradición clásica se produce en los asuntos que trató, intentando acomodar a la forma clásica el contenido cristiano, y, precisamente en este aspecto, la presencia de un innegable afán didáctico viene a desfigurar la elegancia del estilo que a veces se sustenta en extensos desarrollos que hacen su discurso monótono, cuando no sencillamente aburrido. No obstante, si alguien cree que Paulino perdió la batalla al unir en su obra educación literaria y entusiasmo espiritual, que considere la dificultad de su tarea leyendo las obras de otros que lo intentaron.
IV. VERSIFICACIÓN
En su obra Paulino recurre a cinco tipos de versos: al hexámetro en las paráfrasis y los natalicios, al dístico elegíaco para una parte del Poema 10 , el 21 y el 23 , a la estrofa sáfica para el Poema 17 , al asclepiadeo en unos pocos versos del Poema 23 , y a los ritmos yámbicos para los Poemas 10 , 11 , 21 y 24 . En el hexámetro Paulino elide sílabas en una proporción inferior a la de sus contemporáneos Proba y Prudencio 119 —pero todos en la frecuencia de la elisión de Ovidio y no en la de Virgilio—, acude al espondeo en el mismo porcentaje que Ovidio, y muestra la misma tendencia al empleo del dáctilo en el primer pie del verso que se observa en los poetas del siglo IV 120 ; en las cesuras hay predominio de la combinación pentemímera, trihemímera y heptemímera 121 , y emplea por encima de la media el monosílabo en final de verso. En el dístico elegíaco su nivel de elisiones corre parejo al de Ausonio y tiende a alargar la frase más allá de las fronteras de la estrofa, como hace Claudiano. Sus versos yámbicos, igual que los de sus contemporáneos, difieren un tanto de los del período clásico, especialmente porque se dan mayor número de resoluciones de pie. Y en cuanto a la prosodia, Paulino presenta pocas divergencias del uso clásico 122 .
V. LOS MODELOS
Dentro de la tradición literaria de su siglo, Paulino 123 imita en multitud de ocasiones a Virgilio, de quien toma innumerables frases e incluso pasajes enteros 124 , como el catálogo de los pueblos del libro VII de la Eneida para el poema XIV 55. Pero en general, en todos los géneros, desde los natalicios al propemptikón o al epitalamio, está presente Virgilio. El segundo lugar de las preferencias de Paulino lo ocupa Ovidio con sus Metamorfosis , el tercero el hispano Juvenco, el cuarto Horacio con sus Odas y el quinto Prudencio. Leyó igualmente a Propercio 125 . En el caso de Prudencio la preferencia es recíproca porque, como ha demostrado A. Encuentra 126 , el poeta hispano tiene a Paulino como guía no sólo en lo formal, sino que su poética sigue los cauces trazados en el Poema 18 para todo poeta cristiano, y en lo personal, Prudencio se mira en el espejo de la actitud de renuncia al mundo que Paulino llevó hasta los límites de la coherencia.
VI. PAULINO Y ESPAÑA
Llama realmente la atención que Paulino no haya sido traducido al español cuando Hispania ocupa un lugar central en su vida 127 . Sin ir más lejos, aquí tenía una de las propiedades que más debía de querer a juzgar por lo que dice en carta a Sulpicio Severo, como recordábamos antes 128 , «no he abandonado Ebromago por un pequeño jardín (…) sino a cambio del Paraíso». Fue además en nuestra tierra donde buscó refugio cuando fue objeto de aquellas oscuras acusaciones en la vecina Galia. Y si esto pudiera juzgarse de anecdótico, conviene recordar que Paulino, por inspiración de Félix 129 , en uno de sus viajes a Hispania conoce a Terasia. Las ciudades de Hispania no son inhóspitas como dice Ausonio, sino al contrario, son lugares felices habitados por hombres justos 130 y por eso elogia a Bílbilis, Calahorra, Lérida, Zaragoza, Barcelona y Tarragona, junto con las tierras regadas por el Guadalquivir 131 . Paulino es un defensor de Hispania, pues no en vano pasó en ella cinco años cruciales de su vida en los que maduró su proyecto ascético, de tal modo que en nuestro suelo fue donde decidió abandonar la vida mundana y consagrarse por entero a la vida religiosa, vender todos sus bienes y los de su rica esposa y darlos a los pobres 132 .
Por último, fue ordenado sacerdote en Barcelona, como hemos comentado más arriba. Y, siguiendo el hilo cronológico, habría que situar en el momento de su viaje a África una cierta actividad religiosa del santo o seguidores suyos por la costa suroeste de Hispania, como testimonian los nombres de las iglesias de la zona 133 . Hispania está, por todo lo dicho, firmemente asentada en el corazón y en la obra de Paulino.
VII. FORTUNA DE LA OBRA DE PAULINO
Sin duda ninguna fue una personalidad relevante de su siglo, como testimonia la grandeza de los destinatarios de sus cartas: Ausonio, Jerónimo, Agustín o Sulpicio Severo, entre otros. Aunque no sean prolijos en sus comentarios, sin embargo, esos correspondientes del asceta dejaron su opinión sobre la producción poética de Paulino. Así, Ausonio reconoce que los versos de su discípulo superan a los suyos, «tu palma poética está adornada de un lentisco del que carece la mía» 134 . Igualmente es muy probable que se refieran a sus poemas, estas elogiosas palabras de Agustín en la Epístola 26, 5, a Licencio 135 : «Ve a Campania, apréndete a Paulino, (…) aprende con qué recursos de su talento ofrece el sacrificio de su alabanza a Cristo». Sulpicio Severo en la Vida de Martín elogia del estilo de Paulino la gravitas y dignitas de sus palabras y de su conversación, añadiéndole las cualidades de alegre y eficaz 136 . Y Sidonio Apolinar lo cita como uno de sus escritores preferidos 137 .
Pero el autor más próximo a Paulino es Prudencio, hasta el punto de que la coincidencia de muchos temas en ambos alimenta la duda sobre quién imitó a quién, cuestión en la que Paulino lleva las de ganar por el momento. La imagen del demonio como una serpiente, la escritura como un deber para con Dios y el oloroso bosque del Paraíso, son algunos de los motivos tratados por los dos poetas 138 .
Otras veces aparece citado en historiadores o en escritores cristianos como ejemplo de asceta y hasta de obispo 139 . En cuanto a la tradición literaria, la Vida de Félix de sus natalicios sirve de fuente al in gloria martyrum de Gregorio de Tours 140 . Y naturalmente, la Vita sancti Felicis 141 de Beda está basada en los natalicios. Por otro lado, reminiscencias de Paulino quedan en otros autores: en la Aletheia de Mario Víctor, en Próspero de Aquitania, en el Carmen adversus Marcionem , en el Paschale Carmen de Sedulio, en Paulino de Pella, en Rústico Helpidio y en Eugenio de Toledo. También pueden rastrearse ecos paulinianos en los Miracula Nynie episcopi y en los Versus de Gregorio Magno de Juan Diácono. Venancio Fortunato recoge el episodio de la curación de la ceguera de Paulino por Martín de Tours 142 y el nombre de Paulino lo citan Teodulfo y Rábano Mauro. Y entre los autores modernos lo nombra Umberto Eco 143 .
Pero con mucha más seguridad que el mero rastreo de fuentes, siempre delicado, se puede afirmar que Isidoro de Sevilla fue lector de Paulino, de quien cita varios versos del Poema 17 . Y el propio Beda, mencionado más arriba, usa como ejemplo de sáficos cuatro estrofas del mismo Poema 17 .
VIII. TRANSMISIÓN DEL TEXTO
Las obras de Paulino han llegado a nuestros días siguiendo dos caminos. En efecto, mientras que los natalicios formaron pronto una unidad y así se han transmitido, el resto de los Poemas sufrió los avatares propios de una transmisión mucho más dispersa. Consiguientemente, los trece natalicios 144 han llegado en un corpus bien conservado y compacto de ocho códices. De ellos el Ambrosiano C.74 del siglo IX (A ), el Monacense lat. 6412 del siglo X (D ) y el Parisino 13026 (Q ) del siglo IX constituyen la familia que con más fidelidad e integridad respecto al arquetipo traen los Poemas dedicados a Félix.
La segunda familia (BET) en orden de calidad es la formada por los códices Bruxelense 10615-10729 del siglo XII (B ), Bononiense 2671 del siglo XIV (E ) y Urbinas 533 del siglo XV (T ). Por otro lado, los códices G y R son gemelos, contienen las mismas obras en idéntico orden y por las interpolaciones, omisiones y trasposiciones que tienen son menos válidos que las dos familias anteriores.
En cambio, las composiciones de género distinto al natalicio ya desde un principio se transmitieron de manera desordenada, incluidas dentro de un corpus en el que también venían las obras de Ausonio. Nos referimos a los Poemas 1 -2 , 4 -11 , 17 , 22 , 24 -25 , 31 -33 . El Vossiano (V ) es el códice más antiguo (siglo IX ) de los que traen a Ausonio y a Paulino juntos. El copista debió de hacer uso de un códice muy bueno escrito por alguien cercano a Ausonio. Contiene los Poemas 1 -2 , 4 -5 , 10 -11 y 17 . De otra colección distinta a V es el códice N (París 7558), también del siglo IX . Contiene los Poemas 4 -6 , 10 -11 , 22 y 33 .
Igualmente un manuscrito antiquísimo de Bobbio, hoy perdido, traía los mismos Poemas que vienen en V y N . Este texto se perdió pero de él quedaron dos copias, que son los códices n (s. XIV ) y Harleianus (H ) del siglo XV . El códice n, que perteneció a Petrarca y en el año 1500 se trasladó a Francia, contiene los Poemas 10 y 11 . El códice Harleianus , del Museo Británico, trae igualmente los Poemas 10 y 11 y es muy diferente a n dado que procede de una fuente distinta.
Existe además otra familia de códices que trae el mismo contenido de VNHn . Son los códices O (s. X ) y B (s. XII ).
Los códices t z s q T A D traen poemas distintos al natalicio. Así el Poema 25 lo traen el códice s (s. IX ) y el códice q (s. X ). En cuanto al poema numerado como 30 en la edición de Hartel (dos inscripciones) lo publicaron Rosweyd y Sirmond y el primero que lo colocó entre los poemas de Paulino fue Muratori, asignándole el número 28. El Poema 31 (además de en BO) está en el códice T (s. XV ) que lo transmite mejor que los dos códices citados. Por último el Poema 32 (si fuera de Paulino es sin duda obra de juventud) viene en la parte final del códice A y en el D .
La Inscripción de Cinegio procedente de la basílica de Félix en Nola se perdió en su traslado a otro enclave, pero su contenido es bien conocido y fue editado por F. Bücheler, Carmina epigraphica 684 y por E. Diehl, Inscr. christianae 3482. En cuanto a la otra Inscripción, Acción de gracias , se halla recogida en el códex Neapolitanus VIII, B, 3 fol. 52 v., del siglo XI , y fue editada por T. Lehmann en Römische Quartalschriff 93 (1998), 181-199. Ambos textos son nuestra referencia para la traducción.
IX. EDICIONES
La editio princeps de Paulino (1515), obra de Badius, vio la luz en París y fue realmente defectuosa. La siguiente edición, la de Gravius (Colonia) de 1560, tampoco tenía gran valor. Luego, salieron de ésta dos copias, una en Basilea bajo la atención de Grynaeus (1569) y otra a cargo de Schottus (Colonia, 1618). La primera edición científica fue la de H. Rosweyd (Amberes, 1622), enriquecida por los comentarios de Sachini y Duc, y la colaboración de estos tres jesuítas permitió aprovechar muchos manuscritos, entre ellos O y B . El mismo año 1622 Chifflet sacó sus quaestiones paulinianae (el «Paulinus illustratus») al no poder terminar su edición. Sin embargo, el año 1685 vio la luz la mejor de las ediciones antiguas de Paulino, la que en dos volúmenes hizo Lebrun en París, quien sin duda acudió a las notas de Chifflet y a las de Lenain de Tillemont (Memorias de los seis primeros siglos de la Iglesia , tomo XIV) para hacer su Vita Paulini . A pesar de sus defectos, la edición de Lebrun legó a las siguientes un generoso cuerpo de comentarios y notas (algunas procedentes de Du Cange) así como la ordenación cronológica de cartas y poemas. Más tarde (Verona, 1736) Luis Antonio Muratori reprodujo esta edición a la que añadió los Poemas 21 -22 (descubiertos en el códice Ambrosiano A ) y 32, junto con 22 dissertationes . En 1861 Migne edita a Paulino (Patrologia Latina LXI, col. 1-936) siguiendo la edición de Lebrun, bien que con otro orden y añadiendo los poemas de Muratori. Y la última edición y mejor es la de Wilhelm von Hartel, (Viena, 1894), en los vols. XXIX (Cartas) y XXX (Poemas) del Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum de Viena 145 . Hartel asumió le benemérita tarea de acabar el trabajo que hizo el llorado Zechmeister 146 , que tanto prometía a juzgar por los estudios sobre los textos paulinianos destinados a esa futura edición para el Corpus Vindobonense . Y en la edición siguió el orden de los Poemas establecido por Muratori, con la única novedad de insertar los fragmentos del Poema 29 , que no se conocían cuando Muratori editó su Paulino. La reimpresión de la edición de Hartel por M. Kampner presenta varias novedades entre las que destaca la revisión de los Indices , un Index criticus con las novedades de crítica textual aparecidas desde la edición de Hartel y una Bibliografía exhaustiva que completa el compendio de C. lanicelli 147 . Asimismo incluye esas dos Inscripciones atribuidas a Paulino que no figuraban en la edición de Hartel.
X. TRADUCCIONES
La traducción de Walsh 148 es una de las pocas versiones completas de los poemas de Paulino, porque si bien A. Mencucci, tradujo al italiano casi todos las composiciones, algunas han sido resumidas y otras omitidas 149 . La otra traducción completa que existe es la de Andrea Ruggiero 150 , más leal con el texto latino que la de Walsh. Hay igualmente traducciones de algunos poemas, como las de Nazzaro 151 y Goldschmidt 152 . No hay, sin embargo, ninguna traducción al español de la poesía de Paulino de Nola, ni completa ni parcial (si acaso unos versos sueltos en algún manual de escasa difusión 153 ).
XI. LA PRESENTE TRADUCCIÓN
Me he basado en la edición de Hartel y señalo a continuación los lugares en los que he seguido otras lecturas.



Si siempre el verso es difícil de verter a otra lengua, en el caso de Paulino (y los escritores de su época) la dificultad se acentúa aún más por el barroquismo al que aludíamos en un capítulo precedente. Este hecho constituye un escollo nada pequeño a la hora de mantener un nivel de español comprensible y a la vez respetuoso con la estructura sintáctica del texto latino, que ha sido nuestro principal propósito.

1 Su nombre completo es Pontius Meropius Anicius Paulinus . En el Poema 24 y en la Carta 40 consta la inscripción Meropius Paulinus y AUSONIO (Epíst . 25) lo llama Pontius . En cuanto al sobrenombre Anicius que admite sin reservas P. FABRE (Saint Paulin de Nole et l’amitié chrétienne , 1949) es mera conjetura a juicio de J. T. LIENHARD (Paulinus of Nola and Early Western Monasticism , Colonia-Bonn, 1977, pág. 24, n. 41).
2 T. PISCITELLI CARPINO , Paolino di Nola. Epistole ad Agostino (1989), pág. 83.
3 AMBROSIO , Epist. ad Sabinum 58, 3, PL 16, 1229 A.
4 URANIO (PL 53, 860).
5 URANIO (PL 53, 859) y JERÓNIMO , Carta 118.
6 PAULINO , Epist . 12, 12.
7 Poema 21 , 348. También PRUDENCIO lo afirma (Contra Symmachum 1 558): «La activa fe de los Paulinos y los Basos no dudó en entregarse a Cristo». M. PHILIPP (Zum Sprachgebrauch des Paulinas von Nola . 1er vol. Diss. Múnich, 1903, pág. 5 nota 2) niega que los padres de Paulino fueran cristianos, pero Paulino en la Carta 12, 12, afirma rotundamente que fueron enterrados como tales.
8 Así lo dice el propio Paulino en la Carta 32, 17: «que me fue igualmente familiar en el tiempo en que fue una propiedad mía».
9 Lo sitúan en Hispania LIENHARO (Paulinus of Nola and… , pág. 26), y M. GAYRAUD («L’inscription de Bram [Aude] et les toponymes Eburomagus, Hebromagus, Cobiomagus en Gaule Méridional», Rev. Arquéol. de Narbonnaise 3 [1970], págs. 103-114).
10 A US . Epíst . 25, 116.
11 Fue consularis o proconsul (A. H. M. JONES , The Prosopography of the Later Roman Empire I.682), como atestigua el Poema 21 , 374-376, 395-396. La fecha de ese mandato la confirma el Poema 13 , 7-9.
12 «Y lleno de gozo en medio de tu luz, me enamoré de Cristo» (Poema 21, v. 373). A este san Féíx de Nola, presbítero, cuya festividad aparece en el Martirologium Romanum el 14 de enero, dedicará Paulino sus poemas natalicios, que constituyen la única fuente de su biografía, sobre todo los poemas 15 y 16.
13 Ibidem 379-394.
14 AMBROSIO , Carta 27 (58), 2 (PL 16, 1178-1179): «La esposa está muy cerca de la virtud y celo del marido, y no desentona de su intención. Por último, pasadas a propiedad de otros sus propiedades, sigue a su marido la esposa y satisfecha con un exiguo sustento, se consolaba con los caudales de la religión y del amor».
15 PRISCILLANO , Tratados 6, 95.
16 PAUL ., Carta 18, 9.
17 SULP . SEV ., Vida de Martín 19, 3.
18 Cf. N. K. CHADWICK , Poetry and Letters in early christian Gaul , Londres, 1965, pág. 69, siguiendo la sugerencia de E. CH . BABUT («Paulin de Nole et Priscillien», Révue d’Histoire et Littérature Religieuses [1910], págs. 97-130).
19 Cf. LIENHARD , Paulinus of Nola and… , págs. 52-57 con bibliografía sobre el priscilianismo.
20 Ver Carta 1, 10, dirigida a Severo y Carta 3, 4 (a Alipio): a Lampio apud Barcilonem (sic) in Hispania per uim inflammatae subito plebis sacratus sim: «Fui consagradado sacerdote por Lampio en Barcelona, en Hispania, por causa de la violencia del pueblo encendido repentinamente».
21 P. FABRE , Saint Paulin de Nole et l’amitié chrétienne , París, 1949, pág. 43.
22 Ver Carta 29, 6 (a Severo). Prácticamente toda esta carta está dedicada a la Vida de Melania . Paulino dice que aquélla estuvo en Jerusalén «cinco lustros» pero con el testimonio mucho más concreto de PALADIO DE HELENÓPOLIS (Historia Lausiaca 46, 5) se puede asegurar que la estancia de Melania en Tierra Santa fue de veintisiete años. El parentesco de Melania con Paulino (J. B. LEBRUN , en PL 61, 15) debió de ser por parte de Terasia, ya que ambos eran de origen hispano (ver F. X. MURPHY , «Melania the Elder, a biographical note», Traditio 5 (1947), pág. 59.
23 Paulino le dedica a Nicetas los Poemas 17 y 27 .
24 Poema 21 , vv. 383-394.
25 Actualmente, Cimitile.
26 Porque en la nueva iglesia habían sido depositadas reliquias de los Apóstoles bajo el altar ( Poema 27 , vv. 402-405). Paulino describe primorosamente esta iglesia en la Carta 32 a Sulpicio Severo (año 403). Ese año precisamente ya había sido consagrado este templo.
27 Carta 32 , 16.
28 Poema 21 , 653-703 (año 407).
29 Ver Poema 27, 345-394.
30 Cf. la detallada exposición y defensa de esta tesis por T. PISCITELLI CARPINO , Paolino di Nola… , págs. 47-70.
31 Ver G.SANTANIELLO , «La prigionia di Paolino: tradizione e storia» en Paolino di Nola, Momenti della sua vita e delle sue opere , RUGGIERO , CROUZEL Y SANTANŒLLO (edd.), Nola, 1983, pág. 224. Ver también, en el mismo libro, (pág. 253) el Apéndice «Il racconto della priogionia di Paolino da Gregorio Magno, Dialoghi III. 1» (traducción al italiano de los Diálogos) .
32 La Carta 50 (año 413), y Agustín le envía la 186 (año 417). Pero la relación epistolar debió de continuar durante más tiempo (T. PISCITELLI CARPINO , Paolino… . pág. 70), como viene a demostrar el hecho de que a una carta de Paulino Agustín le respondiera enviándole el tratadito de cura pro mortuis gerenda .
33 La carta de Agustín es la 186.
34 Cf. AGUSTÍN , Confesiones IX, 27.
35 Epist. Uranii presbyteri de obitu s. Paulini 4 (PL 53, 861): «Al recrudecerse el dolor que tenía en el costado». Esta narración se parece mucho a la muerte de Agustín que cuenta Posidio.
36 Cf. A. RUGGIERO (ed.), Il ritorno di Paolino, Nápoles , 1990, pág. 15 y, en esa misma obra, G. LUONGO «Alla ricerca del sacro. Le traslazioni dei santi in epoca altomedievale», págs. 17-39.
37 La Breve de concesión del traslado fue firmada el 18 de septiembre de 1908 (Acta Apostolicae Sedis I 2, 245 ss.) en el pontificado de Pío X.
38 Ver para mayor documentación R. P. H., GREEN , The poetry of Paulinus of Nola. A Study of his Latinity , Bruselas, 1971, cap. I. Los poemas 4 ; 5 (plegarias) y 33 (una uita) han sido atribuidos a Paulino pero no es segura su autoría.
39 El Poema 2 .
40 AUS ., Epíst . 23 (19 en A. ALVAR , Décimo Magno Ausonio. Obras , Madrid. 1990).
41 Ver J. FONTAINE , Naissance de la poésie dans l’Occident chrétien. (Esquisse d’une histoire de la poésie latine chrétienne du IIIe au IVe siècle) , París, 1981, cap. IX, centrado en la reflexión sobre la poesía como arte espiritual y la comparación de los proyectos poéticos de Paulino y de Prudencio, (pág. 143) y el cap. XI, donde estudia los poemas de Paulino de Nola como continuación cristiana de la poesía ausoniana, (págs. 161-176).
42 Cf. Poema 10 , vv. 19-35.
43 K. KOHLWES , Christliche Dichtung und Stilistiche Form bei Paulinas von Nola , Bonn, 1979.
44 Ver también los vv. 32-62 del Poema 20 .
45 Para la comprensión de todo este asunto vid . L. RIVHRO GARCÍA , «Ecos catulianos en los poemas de Prudencio», Anuario de Estudios Filológicos 19 (1996), págs. 443-455, y A. ENCUENTRA , El hexámetro de Prudencio. Estudio comparado de métrica verbal , Logroño, 2000, págs. 33-39.
46 Los Poemas 1 y 2 , el 30 , el Epitafio de Cinegio, la Acción de gracias, el último Poema (Apéndice) y los epigramas incluidos en la Carta 32 (a Sulpicio Severo).
47 Ver WALSH , Poems of… , pág. 27. Estos poemas traen su origen de los epitafios cristianos. Paulino, que visitaba anualmente Roma, habría visto las inscripciones de Dámaso en San Pedro. Estas fuentes son las que indica P. G. WALSH , (Letters of S. Paiilinus of Nola , Nueva York, 1966-67 [ACW 35 y 36] pág. 27), mientras que GREEN (The poetry… , pág. 39) sólo menciona a Dámaso. Pero no sería extraño que Paulino también tuviera presente los Apophoreta de MARCIAL , donde se describen oficios, objetos etc. Asimismo es probable que conociera también las que escribió Ambrosio para las iglesias de Milán. Con todas las reservas sobre quién imita a quién, quede aquí al menos la constancia del paralelismo existente entre estos epigramas y los Tituli Historiarum de Prudencio.
48 Estas inscripciones están someramente estudiadas en GREEN , The poetry… , págs. 39-40.
49 CIL X, 1370; DIEHL , ILCV , 2, 3482.
50 O a finales del año 403 (ver nota ad locum de P. G. WALSH , Poems of S. Paulinus of Nola , Nueva York, 1975 [ACW 40], y R. C. GOLDSCHMIDT , Paulinus’ Churches at Nole: Texta, Translations and Commentary , Ámsterdan, 1940, pág. 35)
51 Lo mismo que hace PRUDENCIO en Libro de las coronas 8, una especie de titulus o inscripción pensada para un baptisterio en el que previamente habían sufrido martirio los dos cristianos celebrados en el Himno I (cf. L. RIVERO GARCÍA , La poesía de Prudencio , Cáceres-Huelva, 1996, pág. 129).
52 En el año 394 CLAUDIANO compuso su primer panegírico, dedicado a los jóvenes cónsules Probino y Olibrio ( Poema 1 ), de modo que Paulino se habría anticipado en algunos años (la datación de este Poema 6 no va más allá del año 390) al poeta de Alejandría y se convierte en uno de los primeros autores de la literatura occidental en escribir un encomio en verso.
53 S. PRETE , Motivi ascetici e letterari in Paolino di Nola , Nápoles-Roma, 1987, cap. II: «Paolino di Nola: la parafrasi biblica della Laus Iohannis (carm . VI)», págs. 21-34.
54 Los Evangeliorum libri IV , escritos alrededor del año 330.
55 Cf. MENANDRO EL RÉTOR , 368-378 RUSSEL -WILSON . ES el rétor cuyo esquema sigue Claudiano y que Paulino habría estudiado en la escuela.
56 Ver. R. P. H. GREEN , The poetry… , pág. 22.
57 Ver J. FONTAINE , «Comment doit-on appliquer la notion de genre littéraire à la littérature latine chrétienne du IV siècle?», Philologus 132 (1988), págs. 53-73 y nota 1, con bibliografía sobre las formas literarias de la literatura tardía. La fragmentación interna de las piezas literarias de esta época es lo que permite la mezcla de géneros y constituye un vasto campo de estudio que va desde el Mosella de Ausonio pasando por Ambrosio hasta Amiano Marcelino. El fenómeno ha sido estudiado también por J. L. CHARLET , «Aesthetic Trends in Late Latin Poetry» Philologus 132 (1988), págs. 74-85.
58 S. PRETE , Motivi… , págs. 26 cita en nota 18 a G. PENCO , «San Giovanni Battista nel ricordo del monachesimo medievale», Studia Monastica 3 (1961) págs. 9 ss. Cita este autor pasajes de los Padres Orientales y Occidentales, entre los que destacan TERTULIANO , De monog . VIII. 1; AMBROSIO , Com. al evang. de Lucas I 32; AGUSTÍN , Conf . X 46 y, sobre todo, Com. al evang. de Juan I 1-14.
59 Otro modelo de Paulino debió de ser el propio Ambrosio de Milán, que adaptó los Salmos al canto y realizó paráfrasis de pasajes del Antiguo Testamento para desarrollar sus temas en una dirección cristiana (WALSH , Poems… , pág. 17). Paulino ya se había iniciado en las técnicas de versificación en el De regibus , un desaparecido tratado en prosa de SUETONIO .
60 Poema 7 , vv. 30-44.
61 WALSH , Poems… , pág. 19.
62 C. MoHRMANN, Études sur le Latin des Chrétiens I, Roma, (19611977), pág. 159.
63 Como hace GREEN , The poetry… , pág. 23.
64 Véase nuestra nota a 8, 21. La fuente tal vez no sea Lucano, sino Séneca, Manilio u Ovidio.
65 VIRG ., Eneida VI 620 (discite iustitiam) .
66 Poemas 10 , 11 y 24 .
67 Véase C. CODOÑER , «La epístola como género literario. De la Antigüedad a la Edad Media», Estudios Clásicos 18 (1974), págs. 427-442.
68 Las Epístolas 19-26. La 23, que empieza con discutimus , hay que desdoblarla en dos a juicio de Prete, a quien sigue ALVAR (Ausonio… , pág. 91).
69 Las Epístolas 19-22.
70 Aus., Epístola 21 (el número remite a la traducción de ALVAR ).
71 Las Epistolas 23-26.
72 Cf. Aus., Epístola 23, passim , especialmente 20-25 y 30. Dice el poeta de Burdeos que él llevaría por sí mismo la carga de la enfermedad si no le faltara la lealtad de su amigo. Cita luego toda la retahíla de amigos célebres de la antigüedad, Orestes y Pílades, Niso y Euríalo, Escipión y Lelio, entre quienes se prometía que iban a estar él mismo y Paulino, pero éste ha traicionado la fides , el lazo sobre el que se fundamenta la amicitia .
73 H. WADDELL , Medieval Latin Lyrics (Londres, 1949), pág. 294, «some of the loveliest lyric measures of the ancient world».
74 Poema 10 , v. 29.
75 Poema 10 , v. 102.
76 Poema 10 , v. 164.
77 Poema 10 , vv. 219-238. Véase J. MARTÍNEZ GÁZQUEZ , «Paulino de Nola e Hispania» Boletín del Instituto de Estudios Helénicos 7, 2 (1973), págs. 27-33. No era Hispania un baldío de ciudades asoladas como interesadamente quiere ver Ausonio, sino que estaba poblada de pujantes ciudades como las mencionadas, y de innumerables haciendas que poco a poco van saliendo a la luz en el Valle del Ebro.
78 Poema 10 , 286.
79 Poema 10 , 317-324.
80 Poema 11 , del año 394.
81 Remitimos a la detallada discusión de estos pormenores de las Epístolas de AUSONIO en pág. 91 y ss. de la Introducción a la mencionada traducción de A. ALVAR .
82 Cf. P. FABRE , Essai sur la chronologie de l’œuvre de saint Paulin de Nole , París, 1948, págs. 117-22.
83 Del que, por la propia carta, que es la única información sobre él (24, vv. 481-482), sabemos que gozó de fama literaria.
84 Ver GREEN The poetry… , pág. 26.
85 Poemas 12 -16 , 18 -21 , 23 , 26 -29 .
86 Eneida V 51. Evocado por Paulino en 26, 22.
87 PLINIO EL JOVEN , Cartas III 7, 8.
88 SÉNECA Epíst . 102, 26: «Ese día al que temes como el último es el del nacimiento para la eternidad» (trad. I. ROCA MELIÁ , Madrid, 1989, pág. 264).
89 Primero se debe componer un proemio, luego se alabará el día, aprovechando la circunstancia de que sea un día sagrado o alguna fiesta. Se ha de basar el encomio, por tanto, en las circunstancias del día, y si éste no ofreciera nada que decir se hablará de la estación. Después se pasará al encomio de la familia, nacimiento, crianza, acciones con sus respectivas comparaciones y repartidas en acciones de paz y de guerra. Finalmente se debe volver sobre el motivo del día (Cf . MENANDRO EL RÉTOR , II 8, 412).
90 Ejemplos de esta clase de obras son PROPERCIO , III 10; TIB ., I 1; II 2; y OVID ., Tristia III 13.
91 MARC ., VII 21; ESTAC , S ilv. II 7.
92 El término latino lo emplea PAULINO en la Carta 28, 6.
93 Cf . MENANDRO , 395.
94 Una perspectiva amplia del viaje se ofrece en los vv. 15-20: va al norte (los dacios) luego al Épiro y a Tesalónica, dice Paulino, pero tal vez haya que entender lo contrario, de Tesalónica a los dacios. Luego desciende al detalle: Nicetas recorrerá Apulia y después Calabria (vv. 23-28). Pasará por las ciudades de Hidronte (hoy Otranteo) y Lupias (Lecce, en el v. 85); llegará al golfo del Adriático (v.104) y seguirá por Macedonia (194) llegando a los escupos (hoy Uscub en la Mesia, verso 196), ya cerca de la Dacia.
95 Ver 17, 223.
96 Poema 25 . La estructura del epitalamio según MENANDRO (II 6 399, 11-405, 13) consta de un proemio centrado en la alabanza de la pareja o bien amplificando la descripción de la alcoba y del matrimonio, adornado de Afrodita o los Cupidos. Existe otro tipo de proemio más narrativo que cuenta cómo Dioniso se casó con Ariadna, o la boda de Peleo a la que asistieron todos los dioses y las Musas y cada uno llevó su regalo. A continuación del propio proemio, en una primera sección, el rétor aconseja un desarrollo temático sobre el matrimonio, diciendo que es una institución creada por Naturaleza inmediatamente después de dispersar el Caos. La segunda sección será el encomio de los contrayentes empezando por las familias de la pareja. Y sigue con los detalles de la alcoba, lugar donde termina el estudio del rétor de Laodicea.
97 ESTACIO , Silv . I 2; y CLAUDIANO , epithalamium de nuptiis Honorii Augusti . La hipótesis de R. GESOLMINO («L’epitalamio di Paolino di Nola per Giuliano e Titia. Carme 25», en Atti del Convegno… , págs. 213-230) de que Paulino conocía perfectamente la obra epitalámica de Claudiano (para la boda de Paladio y Celerina y la de Honorio y María), explica de manera coherente la estructura de este Poema 31 : es un epitalamio por la forma y un anti-epitalamio por el contenido.
98 En el epitalamio de ESTACIO (Silv . I 2) aparecen los tópicos de la bonanza del día, la impaciencia del novio, la corte de amorcillos y Venus, la belleza de la novia, las virtudes del novio, la casa, la ceremonia y los invitados.
99 GREEN , The poetry… , pág. 36.
100 H. CROUZEL , «L’epitalamio di San Paolino: il suo contenuto dottrinale», publicado en A. QUACQUERELLI (ed.) Atti del Convegno del XXXI Cinquentenario della morte di S. Paolino di Nola (431-1981) Roma, 1983 , págs. 143-148.
101 Poema 31 .
102 C. FAVEZ , «La consolatio chrétienne» Rev. Études Lat . 13 (1935), págs. 266-268, y S. PRETE , Paolino di Nola e l’Umanesimo Cristiano , Bolonia, 1964, (págs. 124-6).
103 HORACIO , Odas I 24.
104 PROPERCIO , 3, 18 y 4, 11.
105 OVIDIO , Amores 3, 9.
106 A US ., Conmemoración de los familiares (ver la traducción de ALVAR , Ausonio… , vol. I, págs. 219-245); Epitafios (ALVAR , Ausonio… , vol. I, págs. 279-300).
107 Por ejemplo Silv . V 1.
108 Este género literario encuadrado dentro del discurso político es poco conocido. Tenemos como ejemplos solamente un fragmento de Cicerón y una carta de Ausonio a su nieto, escrita instar protreptici (ver la traducción de ALVAR , Ausonio… , vol. 1, Conmemoración .. 11, pág. 232).
109 Poemas 22 , 24 y 32 . Green no incluye la segunda parte del Poema 24 dentro del protréptico y ni siquiera menciona la cuestión. El poema entero en su opinión es una muestra en verso del género epistolar. En cambio Walsh está convencido de que la mencionada segunda parte de la carta a Citerio habría que clasificarla dentro del género simboleútico o discurso político (ver la Introducción a The poems…) El Poema 32 no es objeto de estudio porque unánimente es considerado ajeno a la pluma de Paulino. Y en la Epístola a Licencio , amigo de Agustín, Paulino acude al protréptico para advertirle que no se deje seducir por los falsos placeres de la ciudad de Roma sino que haga caso a los consejos de su mentor espiritual.
110 AUSONIO , Epist . 19, 1-15.
111 Ver el art. de R. BROWNING en E. J. KENNEY , W. CLAUSEN (edd.), Historia de la literatura clásica , Madrid, 1989, vol. II, págs. 776-777.
112 Ver GREEN , The poetry… , págs. 96-106. Sobre un total de 199 oraciones subordinadas, 57 son de segundo nivel (17 de tercer nivel) en Paulino; en Ausonio sobre 132, hay sólo 8 de segundo nivel (sólo una de tercer nivel) y en Virgilio, sobre 158 subordinadas, únicamente 7 son de segundo nivel (y ninguna de tercer nivel).
113 GOLDSCHMIDT (Paulinus’ Churches… , pág. 129) cita una serie de ejemplos de los Poemas 27 y 28 (27, vv. 367-368, 372-374; 379-381; 462463; 489-490; 512-513; 526-528; 561-562; 600-601; 28, vv. 18-19; 38-39; 41-42; 159-160; 214-217; 276-278), que se multiplican a lo largo de toda la obra pauliniana. Y la misma peculiaridad de estilo está presente en Prudencio (Goldschmidt apoya su afirmación en J. STAM , Prudentius’ Hamartigenia , diss. Leiden, 1940, pág. 142).
114 Ver GREEN , ibidem . Citaremos sólo algunos de los muchos casos: oxímoro: 18, 347; 19, 454; 23, 77; 28, 2; políptoto: 18, 461 (praesens praesentibus); aliteración: 24, 396, terit terentem tramitem , asonancia: 15, 336 (reficit reuehitque refotum); homeoteleuto: 22, 153 (dicta uel acta) .
115 J. T. LIENHARD , «Paulinus of Nola in the Literary Tradition» en Paradosis: Studies in Memory of Edwin A. Quain , (1976), pág. 45. Lienhard hace un recorrido por todos los escritores antiguos y medievales que se hacen eco de la vida o de la obra de Paulino. La verdad es que añade poco a lo recogido en los Prolegomena, S. Paulini elogia , del tomo 61 de la PL de MIGNE .
116 JERÓNIMO (Epíst . 58, 8): «Tu estilo es brillante y, como luce con la pureza de Tulio, también abunda en ideas». Y también Epíst , 85, 1 dice: «en tu tarabajo epistolar estás a la altura de Tulio».
117 Hemos trasladado casi literalmente las palabras del sabio francés en Naissance de la poésie dans l’Occident chrétienne (1981), pág. 176.
118 GREEN The poetry of… , págs. 128-9. Como dice A. ENCUENTRA El hexámetro… , pág. 35, Paulino, junto con Ausonio y Prudencio, muestra una gran admiración por lo arcaico que se refleja en la métrica, especialmente en la construcción arcaizante de la claúsula del hexámetro.
119 Ver A. ENCUENTRA , El hexámetro… , pág. 81, tabla 1.
120 Ver A. ENCUENTRA , El hexámetro… , pág. 407.
121 Con unos datos muy parecidos a los de Prudencio (A. ENCUENTRA , El hexámetro… , págs. 191-194.
122 GREEN The poetry of … , págs. 107-127.
123 Para las fuentes de Paulino, ver el utilísimo apéndice incluido en las páginas finales de la edición de HARTEL , así como el capítulo que le dedica el tantas veces citado GREEN , The poetry of… , cap. III, págs. 40-60.
124 Ver GREEN , The poetry of … , págs. 41-60.
125 Cf. D. R. SCHACKLETON BAILEY , «Echoes of Propertius», Mnemosyne (1952) págs. 329-333. Este aspecto lo señala también A. RAMÍRE DE VERGER en su traducción del poeta de Asís, Propercio. Elegías , BCG 131, Madrid, Gredos, 1989, pág. 46.
126 Ver A. ENCUENTRA , El hexámetro… , págs. 435-438.
127 Cf. J. MARTÍNEZ GÁZQUEZ ., «Paulino de Nola …», págs. 27-33.
128 Ver la nota 9.
129 Poema 21 , vv. 398-403.
130 Poema 31 , vv. 198-199.
131 Poema 31 , vv. 195-239.
132 G. SANTANIELLO , «Nola e Primuliacum: due centri di esperienza monastica in Occidente», en A. RUGGIERO , H. CROUZHL , G. SANTANIELLO , Paolino di Nola. Momenti della sua vita e delle sue opere , Nola, 1983, pág. 139.
133 Una leyenda local sostiene que Paulino de Nola y Ambrosio fundaron ermitas en la actual provincia de Cádiz en un supuesto viaje de África a Hispania. Serían la ermita de Paulino en la Ermita de la Oliva de Vejer, la Ermita de Ambrosio en Barbate y la de los Santos Mártires en Medina Sidonia. Es más más verosímil, sin embargo, que esas dos iglesias las fundaran dos discípulos de Paulino, llamados Paulino y Ambrosio. En cuanto a Medina Sidonia, sólo quedan hoy restos de la que fue iglesia de los Santos Mártires. Lo que parece fuera de duda es que las comunidades cristianas de esta zona, de una u otra manera, estaban vinculadas con Paulino de Nola (cf. E. J. VEGA y F. A. GARCÍA ROMERO . Origen e historia del antiguo Obispado Asidonense , Jerez de la Frontera, 1977, págs. 50-52).
134 AUSONIO , Epíst . 20, 5 en la traducción de ALVAR .
135 AGUSTÍN , Epíst . 26, 5 (ad Licentium) , en mi traducción.
136 Cap. 25, 6 : «¡Cuánta gravedad y dignidad en sus palabras y su conversación! ¡Qué activo, qué eficaz, qué práctico y preparado, qué listo era para resolver las cuestiones de las Escrituras!».
137 Poema 9 , v. 304. No obstante LIENHARD («Paulinus of Nola in the literary…», pág. 40, nota 37) no admite del todo que el Paulino que cita aquí Sidonio sea Paulino de Nola. Pero, en cambio, sí es nuestro Paulino al que se refiere SIDONIO en Epíst . 4, 3, 7 (MGH AA 8, 55, 29).
138 Ver S. COSTANZA , «Rapporti letterari tra Paolino e Prudenzio», en QUACUERELLI , Atti del… , pág. 62; A. ENCUENTRA , «Christianorum Flaccus: estructura y significado del prólogo y el epílogo de Prudencio», Actas del X Congreso Español de Estudios Clásicos, vol. II (2001) págs. 347356.
139 JULIANO POMERIO (finales del siglo V ), De vita contemplativa (PL 59, 453 B-C). Los historiadores que mencionan a Paulino están recogidos en LIENHARD , «Paulinus of Nola in the literary…» pág. 38-41: Uranio, Gennadio, la Crónica Gala del año 452 , Idacio y Paulo Diácono. Entre los escritores hagiográficos contemporáneos del propio Paulino, lo mencionan Jerónimo, Agustín, Sulpicio Severo y Eutropio (Epistula de contemnenda hereditate) .
140 Monumenta Germaniae Historica, SRM I 557-559. Gregorio de Tours menciona explícitamente a Paulino y su vita está elaborada sobre los Poemas 15 , 16 , 18 y 23 de PAULINO .
141 PL 94, 789-798.
142 Vida de San Martín II (PL 88, col. 380A).
143 U. ECO , El nombre de la rosa , Segundo día. Tercia (pág. 162 de la edición española de Editorial Lumen, Barcelona 1982). En una conversación fundamental en torno a la licitud teológica de la risa entre su denostador, el monje español Jorge, y el investigador fray Guillermo, aquel cita a Paulino como autoridad en contra de lo jocoso, aunque no dice en qué lugar de la obra se manifiesta así nuestro autor.
144 En la clasificación y ordenación de todos los códices soy deudor del prefacio de la edición de Hartel donde, además, pueden encontrarse las referencias bibliográficas de las descripciones de estas obras.
145 Reeditada en Viena por M. KAMPNER (1999).
146 Ver J. ZECHMEISTER , «Kritische Beiträge zu Paulinus von Nola» (Wiener Studien 1 [1879], reimp. 1962, págs. 98-146).
147 Cf. más adelante el capítulo Bibliografía .
148 P. G. WALSH , Poems of St. Paulinus of Nola (ACW 40), Nueva York, 1975.
149 A. MENCUCCI , I Carmi. I classici cristiani , Siena, 1970.
150 A. RUGGIERO A. I Carmi di Paolino vol. I y II , Nápoles-Roma, 1996.
151 A. V. NAZZARO , «La parafrasi salmica di Paolino di Nola», incluido en su Nola crocevia dello spirito Nola, 1982, págs. 93-119. Traducción al italiano de los poemas 7, 8 y 9.
152 R. C. GOLDSCHMIDT , Paulinus’ Churches at Nola: Texts, Translations and Commentary , Ámsterdan, 1940. Comentario y traducción al inglés de los poemas. XXVII y XXVIII
153 S. PRAMPOLINI , Historia universal de la literatura (rev. por A. MILLARES ), Buenos Aires, 1940, vol. III pág. 87.
BIBLIOGRAFÍA
Abreviaturas
| ACW | Ancient Christian Writers |
| CSEL | Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum |
| DACL | Dictionnaire d’Archéologie Chrétienne et de la Liturgie |
| MGH AA | Monumenta Germaniae Historica. Auctores antiquissimi . |
| MGH SRM | Monumenta Germaniae Historica. Scriptores rerum Merovingicarum |
| PL | Patrologia Latina (MIGNE ) |
| ThlL | Thesaurus linguae Latinae |
Ediciones
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Crítica Textual
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1
PAULINO A GESTIDIO 1 , EN SEÑAL DE MERECIDA ADMIRACIÓN
Verdaderamente es un insulto ofrecer un fruto de la tierra y del campo a un padre de familia que nada en las delicias del mar. A pesar de ello te mando unas poquillas oropéndolas 2 de las poquísimas que me traen al atardecer los zagales, para encontrar motivo de hablar en tu amistad y que parezca que el regalo va unido a la charla. Y porque me da vergüenza su escasez, he encubierto muchas más palabras en unos versillos, como si fuera a aumentar el número del regalo con la locuacidad. Pero, dado que ambas cosas son reprochables, te ruego que las perdone tu amabilidad y afecto, para que no parezca poco educada la pobreza del regalo ni odiosa mi garrulería.
«Toma 3 , pues, unas aves criadas en un zarzal 4 , a las que un astuto cazador oculto en la espesura del helecho miente y engaña con su idéntico canto mientras la bandada se posa 5 confiada sobre las pegajosas cañas.
Luego, recogiendo la magra presa con trabajo no pequeño, [5] reparte la caza por sus tablas 6 ; y brilla con las gordas la primera fila menguando gradual hasta el cabo de la caja. Y para que desagrade menos la flacura, la agradable disposición de la gordura complace la primera vista con un pájaro de lustre.»
2 7
Para que pueda ser de tu agrado el amable regalo de un amigo pobre, no vayas a tener en cuenta los ricos obsequios que me haces. Si no, ¿qué podría yo darte a cambio de aquellos peces que te proporciona con la abundancia de su oleaje la vecina playa, admirables de aspecto y únicos en su belleza? [5] En cambio a mí, en los bajíos pedregosos del profundo mar el molusco se me cría escaso en la oscuridad de las algas.
Para compartirlo contigo te mando dieciséis 8 conchas perfumadas del néctar del mar, que llena una dulcísima entraña [10] con su meollo bicolor. Que las aceptes de grado te ruego y no las rechaces por su poco valor, pues sólo son pequeñas si las comparas con lo grande de mi amor.
3 9
A Europa y Asia, las dos partes con mucho las más extensas de la tierra, a las que Salustio 10 añade, con reservas, Libia 11 unida a Europa, que así podría ser considerada la tercera, que han sido gobernadas por muchos reyes, a quienes [5] la fama ha borrado de la memoria y cuyos bárbaros nombres no ha transmitido la lengua latina, como Ilíbano 12 y el númida Avelis y el parto Vonón, y Cárano, que dio nombre a los reyes de Macedonia, y Nequepsos, que enseñó a los magos los inútiles misterios, y el que reinó sin nombre y luego se llamó Sesostris. El audaz que dio nombre al Mar [10] Icario 13 y el que navegó prudente hasta las ciudades calcídicas.
4 14
Todopoderoso creador del mundo, que posees el supremo poder 15 , escúchame, si es que te suplico con justicia. No tenga yo día alguno triste, ni noche alguna rompa mi apacible descanso 16 . No envidie yo lo ajeno, es más, que mis bienes beneficien a quienes me los supliquen y que nadie desee [5] mi mal o que nadie tenga propósitos de perjudicarme. No tenga yo ninguna oportunidad para la malevolencia, sino la tranquila capacidad de hacer el bien 17 . Mi alma, conformada con lo que tiene y no entregada al torpe lucro, venza los [10] halagos del cuerpo por buena conocedora de la castidad del lecho, y que la nociva lengua, muy grata para las orejas malignas y culpable de haber derramado constantemente veneno, odie los torpes juegos y las palabras obscenas. Que no me aflija por la muerte de nadie ni tampoco suba a costa del funeral de ninguno. Nunca sienta envidia de nadie ni mienta [15] nunca. Sea feliz mi casa y que el esclavo nacido en el hogar 18 , el fiel compañero y el resplandeciente criado, junto con una morigerada esposa y los hijos de la cónyuge querida 19 se gocen con comidas no compradas 20 . Dios concedió todo esto a las costumbres puras, y estas costumbres se aseguran una vida eterna para los siglos por venir.
5 21
Todopoderoso, conocido para mí sólo con el culto del espíritu, a quien desconocen los malos y conocen todos los piadosos, que careces de principio y de fin, más antiguo que el tiempo que se fue o el que vendrá, cuya apariencia y límite [5] no podría abarcar la mente ni describir la lengua 22 ; a quien sólo puede contemplar y oír en persona sus designios y sentarse a la derecha paterna, verdadero arquitecto del mundo, verdadera causa de la creación, el que es a la vez Verbo de Dios, Verbo y Dios 23 , anticipador del mundo que [10] ibas a crear, engendrado en aquel tiempo en que aún no hubo tiempo, nacido antes de que la luz y la aurora rutilante alumbraran el cielo, sin el que nada fue hecho, por el que todo fue hecho 24 , cuyo trono está en el cielo 25 , bajo cuyo sitial se hallan la tierra y el mar y el invencible caos de la noche [15] tenebrosa, incansable, auténtico motor de todo, animador de lo inanimado, Dios nacido de padre no nacido, que, ofendido por el engaño de su pueblo soberbio, convocó a las naciones 26 a su reino, digno de ser adorado por el mejor linaje de su raza adoptiva 27 . A éste lo pudieron contemplar los [20] bisabuelos, que, habiendo visto su poder, también pudieron ver al Padre 28 . É l soportó nuestro contagio, padeciendo el ultraje de una muerte cruel, nos enseñó que el camino de la vida eterna se puede recorrer en los dos sentidos 29 , y que no [25] sólo vuelve el alma, sino que penetra en las regiones del cielo con el cuerpo entero y que abandona el secreto hueco del sepulcro tapado con vacía tierra.
Hijo del Padre celestial y salvador de nuestro mundo, a quien el Creador concedió todas las virtudes paternas, que de nada te apropias por envidia y estás lleno de todos los [30] dones, abre el camino a nuestras súplicas y llévalas hasta los oídos del Padre.
Concédeme, Padre, una voluntad invencible frente a todas las maldades y aparta de mí el delito viperino del veneno mortal. Baste con que la serpiente perdiera a la antigua [35] Eva y que le sumara 30 al engañado Adán; nosotros, simiente tardía de sus nietos, generación anunciada por los infalibles profetas, evitemos los lazos que nos tiende la mortal sierpe.
Ábreme el camino que, tras dejar la cárcel del cuerpo enfermo, me transporte a las alturas, allí por donde el lácteo sendero del límpido cielo rebasa los errantes nublos de la [40] luna ventosa 31 , por donde se fueron los hombres piadosos y por donde en otro tiempo penetró íntegro Elías, arrebatado por encima de los aires en un carro de cuatro caballos 32 , y Enoc lo precedió con su cuerpo completo 33 . Concédeme, Padre, la ansiada aura de la luz eterna si no juro por dioses de piedra 34 [45] y si, levantando la vista al único altar del santo sacrificio, le llevo la ofrenda inmaculada de mi vida; si te reconozco a ti como Padre del Señor y Dios unigénito y al que es consustancial con los dos, el Espíritu que volaba sobre las aguas del mar 35 .
Concédeme, Padre, el perdón y limpia mi corazón atormentado, si no te busco en las entrañas ni en los sangrientos [50] sacrificios de los animales, ni investigo tu voluntad debajo de misteriosas vísceras; si, aun expuesto al error, me mantengo alejado del pecado y si espero más de lo que confío en ser declarado bueno y puro. Ten por digna mi alma sincera, si abomino de mis perecederos miembros, si me arrepiento [55] en silencio y un miedo profundo atormenta mis sentidos y anticipa los suplicios finales del infierno y si mi alma destrozada afronta sus propios manes 36 .
Concede, padre, que se cumplan estos deseos expresados en nuestra oración: nada tema yo ni desee nada 37 ; tenga por bastante lo que es bastante 38 ; no desee nada indecente ni [60] sea yo causa de mi vergüenza; no haga a nadie lo que al mismo tiempo no quisiera que me hicieran a mí 39 ; que no me lastime una acusación verdadera ni me manche una falsa. Es poca la diferencia que se aprecia entre ser sospechoso o verdadero culpable. No tenga ninguna oportunidad de [65] hacer el mal sino el sosegado poder de obrar el bien. Sea de sustento y ropa sencillos, querido por mis amigos y un padre siempre, sin menoscabo de este título 40 . No me duela ni del cuerpo ni del alma; cumplan todos mis miembros con sus [70] deberes habituales, sin que el uso herido en alguna parte eche en falta pérdida alguna.
Goce de la paz, viva tranquilo, a nada tenga por maravilla aquí en la tierra. Y cuando llegue la última hora de mi jornada 41 , ni tema la muerte mi vida plenamente consciente, ni tampoco la desee 42 . Cuando, por tu misericordia, me vea [75] limpio de pecados secretos, entonces desprecie todo porque mi único goce habrá sido esperar tu juicio; y mientras tarda su llegada y se retrasa el día mantén lejos a la cruel serpiente que nos acecha por medio de halagadores engaños.
[80] Hijo, estos ruegos píos, pero también temblorosos por causa del lastimoso pecado, preséntalos ante el Padre eterno, tú, mi salvador, mi Dios y Señor, pensamiento, gloria, Verbo, Hijo, Dios verdadero de Dios verdadero, luz de luz 43 , que permaneces con el Padre eterno y que reinas a lo largo de los siglos, a quien celebran al unísono los cánticos del [85] melodioso David y con voces que responderán tu nombre hiere el aire un Amén.
6 44
ALABANZA DE SAN JUAN 45
Supremo Padre del mundo y eterno poder del cielo, y con él tú, Cristo, nuestra salvación, la gloria de los santos, y tú, Espíritu, que estás unido por igual con el Padre y el Hijo, tú que gobiernas nuestras mentes y lenguas y nos das las fuerzas, aquella que tan sólo la fe ha merecido, tú, que posees [5] pleno poder para infundir el entendimiento a las bestias y la palabra a los mudos, ayúdame a que desde la fuente del Evangelio venga Juan hasta el río seco de mi poema. Verdaderamente él es tan grande como ha podido concederlo al [10] mundo quien decretó que naciera varón semejante merced a un milagro desconocido hasta entonces. Es lícito, con todo, aplicar humildes esfuerzos a grandes temas, y los asuntos del cielo no desdeñan mi modesta alabanza. Una parte del mérito es celebrar el mérito de los piadosos.
[15] Y no voy a cantar nada nuevo ni original; todo lo han dicho ya antes los profetas 46 , y los santos varones 47 ya anunciaron en prosa el parto prometido y santificaron su vida y su muerte, si fue muerte la que le hizo ganar el cielo con la sangre. Por mi parte, tan sólo prometí hacer rodar las palabras en ritmos sonoros y entretener con mi verso la mente de [20] mis lectores. De la misma manera (ya que se puede comparar lo pequeño con lo grande, lo antiguo con lo nuevo, lo ignorante con lo perfecto y lo caduco con lo eterno 48 ), todo aquello que dijeron los antiguos por inspiración de Dios lo adaptó a su cítara el venerable nombre de David, componiendo [25] melodías acompasadas con el plectro celeste. También yo puedo hablar de Dios y dejar que el sentido divino penetre en mi corazón a pesar de que lo abruma el peso de los pecados 49 .
En cierta ocasión Zacarías, sacerdote de procedencia siria, cuidaba con gran solemnidad el templo que estaba a su cargo. Grata a Dios era la vida de este varón, por su piedad 50 , su fe, gravedad, castidad y obediencia; descendiente [30] de una antigua estirpe de hombres santos era su esposa, la nutricia Isabel, semejante en virtudes 51 a semejante esposo. Llevaba en la tristeza, sin embargo, una estéril vejez sin hijos, hecho que los antiguos consideraban un oprobio para las madres 52 , y su avanzada edad le había hecho abandonar [35] toda esperanza de descendencia. Casualmente ofrecía todo el pueblo un solemne sacrificio a Dios, y el piadoso sacerdote había encendido el fuego sagrado para honrar el altar más recóndito con las divinas llamas 53 . He aquí que se aparece un mensajero celeste ante el sagrado altar, y, con ropaje [40] distinguido y rostro venerable, demostró ser un enviado del cielo por su expresión y porte; luego, desató su santo corazón en estas palabras 54 :
«Escucha, sacerdote amado del Señor del cielo, lo que te ordena el Dios eterno, que se ocupa eternamente de los piadosos, [45] guardián permanente que en su puro corazón sabe conceder a los santos el amor que han merecido. Es Su voluntad que no perezca tu antiguo linaje porque se acabe la semilla, de modo que ha hecho fecundas las entrañas de tu esposa 55 , que ya empezaba a apagarse en la decadencia de la [50] edad. ¿Por qué, sin embargo, dudas tú, también con inteligencia de hombre, de que Dios lo puede todo? A pesar de ello vas a creer, él te lo demostrará. Va a nacer digno de la grandeza de quien te lo promete un niño eternamente bendito, que enseguida, ya en su primera edad será más grande que tú y poseerá en su pecho invencible un poder sagrado [55] gracias al don del Creador más que al del progenitor. Y no es en absoluto ni arbitrio ni derecho tuyo qué nombre le pondrás a tu hijo cuando nazca: el propio Dios que manda su nacimiento, manda que se llame Juan 56 . El motivo de su nombre es éste, la inconmensurable estirpe de merecimientos [60] que ha podido conocer de antemano, aun sin nacer, el único que te va a dar y otorgar el mayor de los gozos por medio de un hijo tan grande. Pero no te lo concederá solamente a ti: la gloria es pequeña si está encerrada dentro de [65] una sola casa; al contrario, contigo se alegrará de tu prole todo el mundo que se extiende desde el orto hasta el crepúsculo del día que muere lentamente 57 . ¿Qué tiene de extraño? Estará libre de cualquier poso de pecado, llevará una vida celestial sin mancha ni crimen, conservando su corazón a salvo del loco vino, libre de cualquier sorbo del jugo mal [70] consejero. Y aunque prometa la salvación del linaje humano después de sus yerros a todo aquel que sea renovado con la santidad del agua, él por su parte no tendrá nada de qué purificarse.
Y para no continuar con más rodeos, tú, como experto sacerdote, no puedes ignorar el mérito de Elías 58 , que, desatada [75] la ley de la odiosa muerte, disfrutó de la vida eterna con su cuerpo humano y un carro de fuego lo llevó por los aires hasta el cielo, envuelto en el veloz galope de unos caballos llameantes. Con éste se igualará tu hijo en la guirnalda de sus merecimientos, y poseerá igual abundancia de mérito [80] y de virtud. Así pues, no mantengas tu fe en duda sobre si dar las adecuadas gracias por un don tan grande, no vaya a ser que la cólera de Dios, que ahora está de tu parte, tenga que decretar un merecido castigo después de haberte otorgado su premio.»
Así dijo el ángel y se aleja hacia las leves brisas e inunda [85] el aire con fragancias de sagrado perfume. Quedóse helada de confusión y miedo el alma temblorosa del sacerdote, y mientras va dando vueltas en su vacilante corazón a la promesa recibida, mientras desconfía de haber merecido la enorme gracia de ser él motivo de atención para la grandeza de Dios y de que un mensajero enviado del alto cielo lleve a un [90] siervo tan evidentes decretos del Señor, teme ser engañado y cree que es un sueño. Y mientras juzga sus costumbres en menos de lo que valen y se dice que no ha merecido tanto, su propia fe le hace ser infiel; al no creerse digno, se hace [95] merecedor de un castigo por su incredulidad.
Un instante después se le atenazó titubeante la lengua en el paladar, olvidada de su movimiento e intentando articular el sonido de su voz, se le quedó pegada en un perezoso torpor 59 . En el momento en que desea contar el prodigio a su [100] pueblo, tras intentarlo en vano, cerrada su boca, enmudeció. Se aleja tristemente, revuelve el dolor en el interior de su alma y pide en el secreto de su corazón el perdón para sus errores. ¡Qué grande es la piedad de Dios y qué dispuesta a escuchar está su voluntad! Basta con el arrepentimiento. Va dando vueltas la sucesión del tiempo que ratifica las cosas [105] dispuestas y a la embarazada Isabel (¡oh maravilla!) se le va estirando el vientre, mientras sus piadosas entrañas soportan el santo peso y le llega ya en la agostada edad un don de la juventud.
Desde allí el santo Gabriel, el mismo que había sido mensajero ante Zacarías, meditando proyectos mucho mayores, [110] emprende viaje hasta María, que, prometida a su marido pero sobre todo elegida de Dios 60 , como casta doncella mantenía intacto el pudor para parir la salvación del mundo. En el momento en que se presentó la insigne figura de celestial [115] belleza ante su vista, bajó ella su pudoroso rostro y tiñó sus rutilantes mejillas el arrebol.
Y dijo aquél: «¡Oh tú, más dichosa que ninguna de las vírgenes que han sido, son y serán en todo el orbe que rodea el círculo del sol, elegida por Dios en su grandeza para que [120] te llamen madre de aquel cuyo Padre también es él! ¡Venga! Acoge fecunda el peso, sin la mancha del hombre, libre de toda unión, encinta de la palabra de Dios; que tus entrañas le den cuerpo a aquél que hizo el cielo, las tierras, el mar y las [125] estrellas, que siempre existió, existe ahora y existirá para siempre, señor del mundo y creador de la luz. Y éste, luz del firmamento, gracias a ti se vestirá con un cuerpo mortal y se acercará a los ojos y al encuentro de los hombres. Alza tu ánimo impertérrito ante la recompensa de tan grandes méritos; [130] te va a dar la fuerza y la fe quien ha querido ser hijo tuyo (pues su voluntad lo gobierna y administra todo), siendo el Hijo del Señor 61 ». Esto le dijo y desapareció a la vez de la vista y de la tierra, y emprendió camino hacia su bien conocido cielo con un leve movimiento. Se cumplen los mandatos de Dios, cree la doncella al instante y su presta fe aumenta [135] todavía más su mérito y vida de antes. Por medios no evidentes aquel embrión va dando forma al divino cuerpo, crece el sagrado peso y el piadoso vientre abriga al Señor del cielo.
Entretanto el retoño, aunque todavía no ha sido alumbrado, empuja a la santa María que lo lleva en su vientre para [140] que salga a visitar a Isabel, quien, venerable por su edad, estaba casi a punto de parir el niño amado por el Señor. La embarazada escucha a su hijo, (¡tanto es el poder de su fe!), y se encamina adonde le ordena. Juan ha movido las entrañas [145] de su madre y ha llenado su corazón de la divina inspiración. Aún por nacer ya se había convertido en adivino dentro del vientre y como profeta veía por anticipado el pasado y el futuro. Tan pronto como ella 62 vio desde lejos a María tan deslumbradora por la luz que llevaba dentro, sale rápidamente a su encuentro y echándole los venerables brazos, [150] «Salve», le dice, «madre del Señor, salve, virgen piadosa, libre del tálamo, ignorante del encuentro viril, pero que vas a parir a Dios; tanto te ha valido ser casta que llevas el título de una virgen y la recompensa de una mujer casada. ¿Por [155] qué yo que no lo merezco ni soy digna de tan gran don, tengo el privilegio de tu cortesía? ¿Por qué la gloria de los cielos ha bajado hasta mi hogar y a mi mísero techo, y trae una luz tan grande a mi oscura morada? Pero que asista él, amable y benévolo, a sus devotos, y que después de su nacimiento [160] nos otorgue el favor que antes nos concedió» 63 . Esto dijo y la estrecha en sus brazos al tiempo que besa piadosamente su vientre en señal de reverencia a Dios.
¡Habla ahora, Judea, culpable y manchada con la sangre de tu rey! Si no hay que dar fe a las palabras de los antiguos, [165] y si crees que se equivocaron los profetas y el propio Moisés, si la inclemente impiedad del pueblo perverso piensa que David se equivoca, entonces creed a los no nacidos; aquello que ve encerrado en el vientre materno Juan lo enseña [170] a través de la sagrada boca de su madre. ¿Quién, pregunto, le enseñó a éste quién era el que estaba dentro del virginal vientre y qué importante parto estaban esperando los nuevos tiempos? Pero a los santos se les manifiesta aquello que es secreto e invisible para los profanos.
Mas, sobrepasando el límite, se me escapa la rodadura hacia extensas llanuras y sin tenerme en cuenta se atreve a [175] avanzar demasiado. Tengo la esperanza de poder manejar algún día con firme impulso unas bravas cuadrigas también a través de este espacio. Retomemos ahora el camino iniciado: canten páginas mortales hechos mortales y las sagradas al Señor.
En cuanto se cumplió el tiempo que la naturaleza demandaba, [180] el ilustre niño nace del vientre en sazón. La certeza de la fe cumple las promesas de Dios que no habían sido creídas a costa de un gran castigo, y la prueba fue el nacimiento del niño. Como es costumbre, acuden los parientes [185] cercanos para ponerle al niño el nombre sacado de los parientes más viejos, tras haber indagado los motivos. Pero la madre, sabedora por su hijo de la voluntad divina, dice que ese derecho no es de los parientes 64 . Así pues, toma la decisión de consultar con el padre, cuya boca cerrada hacía tiempo le impedía hablar; la única posibilidad de indicar lo [190] que la lengua no puede era consignarlo por escrito. Le preguntan, coge una tablilla y escribe «Juan». Se maravillan todos y constatan que nadie de sus antecesores ha tenido ese nombre. ¡Qué poder el de la fe, aunque llegue tarde! Al escribir con su mano lo que su corazón le había confiado, expió [195] el castigo de su pecado. Se le aflojan los cerrojos que amarraban su lengua y ya está contestando el anciano con su voz, y explica a los parientes la voluntad de Dios oculta desde hace tiempo y les predice el futuro mientras corrobora lo que acaba de ocurrir 65 . ¿Quién habría dudado de que sería así el niño que ha visto, que ha podido nacer en un insólito [200] parto en contra de la ley de la naturaleza por mandato del Señor? Tanto el castigo del padre como su perdón han puesto a la vista de todos un hecho memorable de incredulidad derrotada, y a sus corazones les abruma simultáneamente tanto el miedo como la esperanza.
Pasa entretanto la época de la cuna; en ella se hace manifiesta [205] la imagen del poder divino. Enmudecen las zalamerías y las risas y terminan los titubeantes balbuceos; una seriedad que se adelanta al sentimiento del juego va dando forma ya a su tierna cara con el futuro carácter. Más adelante, [210] cuando el niño hubo asentado establemente sus primeros pasos y sus palabras expresaban con claridad su charla, acostumbraba a oír las palabras de su santo padre o a aprender los preclaros hechos de los antiguos o las leyes que Dios mismo estableciera por mediación de Moisés, las que guarda [215] una página de piedra sagrada. Esto estudiaba además de todo lo que afirmase su tierna inteligencia; pues no debe creerse que ignoró el pasado aquel a quien el Señor había concedido conocer el futuro.
Pero una vez que adquirieron fuerza sus miembros con [220] la edad (pues su mente llena de Dios habíase adelantado a la lentitud de los años) 66 , tomó la decisión de aprender aquello que los hombres no pueden enseñar al tiempo que la de evitar la contaminación de la comida y la bebida dañina para una vida santa.
[225] Así pues, aunque la casa de su santo padre era inmaculada, la abandona, evita las peligrosas turbas y reuniones de los hombres y se encamina por tierras de soledad a lugares inaccesibles, en los que sólo su alma sin mancha pudiera contemplarse a sí misma y, libre de preocupaciones, dedicara su tiempo a los preceptos sagrados 67 . Estaba su vestido [230] hecho con las cerdas del jorobado camello para endurecer sus blandos miembros contra el lujo y expulsar de su cuerpo mortificado 68 los pesados sueños. Ataba este ropaje a sus entecos ríñones una mísera correa 69 . Fácil sustento le daban la miel silvestre 70 , las frutas y las yerbas que consiguen [235] criarse sin cultivo entre los roquedales, y le aliviaba la árida sed el agua de un arroyo.
¿Qué sitio había aquí para los vicios? ¿Qué puerta encuentra entre estas cosas el perverso deseo para entrar en lo más profundo de su consagrada mente? ¿Para qué pecaría quien nada desea? ¿Para qué iba a ir a los escondrijos de un sentido perverso quien no necesita de nada? Así vivieron los [240] hombres primitivos, y estas costumbres se las había dado el Creador al mundo recién nacido para los siglos venideros, hasta que se presentó el placer, mal consejero, y trajo consigo el derroche y el afán de poseer 71 . De aquí vinieron el odio, las peleas, el engaño, la envidia y la cólera, las matanzas, [245] las guerras, la sangre, las luchas, las batallas y las muertes, de aquí vino la ofensa a Dios, que será expiada con las penas del Tártaro.
Pero, ¿cómo es que aireo culpas demasiado comunes sin acordarme de mí mismo, a quien no conviene agravar las que tengo cometidas sino esperar el perdón? Antes al contrario, con más razón admiraremos el ejemplo de la antigua [250] época, insuperable y no imitable por nadie, ese varón semidivino 72 que traspasó con sus fatigas los límites humanos, que, limpio de toda mancha, al mortificar su cuerpo con tan crueles sufrimientos, nos indicó lo que debemos hacer después del pecado.
Ahora, después de haber consumido largo tiempo en robustecer [255] victoriosamente su alma invicta con tal género de vida y después de encontrar aquello que tenía que encontrar, desde el cielo así le dijo una voz: «Ya se han agotado los días, profeta amado, para serte útil a ti mismo; es tiempo de que aproveche a otros lo que ves que se te ha concedido, y [260] de que salven lo que hubieran perdido. Así pues, encamínate hacia las sagradas aguas del inmaculado Jordán. Purifica aquí con sus aguas, una vez confesado, a todo hombre que se arrepienta de las faltas de su vida pasada y en cuyo pecho se muevan mejores pensamientos; todo aquel que de verdad [265] confíe en ti para borrar sus faltas por medio del piadoso baño, habrá vuelto a nacer, con la condición de que a partir de entonces viva de tal modo que demuestre que la purificación ha condenado su vida anterior».
Cumplió enseguida Juan con ánimo sumiso el mandamiento, y descendió a la orilla del río que se le había ordenado. [270] Predica allí los preceptos divinos con su verbo respetable e infunde una nueva esperanza de salvación en el corazón de los creyentes. Lava los ardientes pecados con la infusión del agua, elimina el miedo de los hombres, acaba con sus castigos, apaga su fuego con las aguas, aconseja olvidar [275] los errores y dispone unos cuerpos nuevos para una vida nueva.
¡Oh Padre, creador eterno del mundo y del hombre, de cuántos pasos se abstiene tu amor! ¿Qué padre aguanta perdonar tantas veces los errores de un hijo? Das a tu pueblo el [280] sentido con el que pueda reconocer el bien o el mal. No contento con esto, introduces el vínculo del cumplimiento de la ley, castigas al malo y premias al bueno. Incluso cualquiera que ha despreciado esto, puede volver cuando le plazca; el perdón es fácil, he aquí la sagrada inmersión para renovar la [285] vida y borrar las acciones viejas, y para hacer nacer hombres nuevos. ¿Qué más queremos? Y sin embargo hay un último perdón, en el caso de que alguien cometiera violencia contra este don, hundiéndose en la corrupción de su cuerpo. Por más que el extravío se alargue bien lejos, se puede desistir [290] y regresar. Anque uno se ha condenado a sí mismo, ha merecido la absolución; si se arrepiente, se anula su culpa.
Verdaderamente, la carga que tú dices es liviana y suave el yugo que lleva atado 73 , cuando tantas veces obtiene el perdón un solo hombre; y, a pesar de todo, erramos y no conoce fin el pecado del género humano. Mas con ello va creciendo tu mérito, pues cuanto mayor es la culpa del reo, mayor [295] es la gloria de quien perdona. Así pues, todo corazón se ha de llenar de agradecimiento y toda lengua debe entonar canciones en tu honor, y cuanto puede la raza de los hombres, si no ha podido complacerte, que se aplique al menos a ser agradecida. Si diésemos velas a cantar tus alabanzas, se [300] abre, padre nutricio, un mar inmenso; y mi espíritu, conocedor de tan gran peso, tiembla y sin desconocerlas, sopesa sus propias fuerzas, y deja mejor la palabra a los que son dignos de ella.
Mas volvamos al principio: ésta es tu tarea, santo Juan, la de renovar la pureza de los espíritus con la purificación de los cuerpos. Este privilegio no te lo concedió el primer mandamiento [305] del Señor, con el que te requirió en el mensaje de su clara voz entre las nubes 74 , después de haberlo anunciado muchos siglos antes por la boca del santo profeta Isaías, el mayor de la antigua época. «Hijo mío, voy a enviar», dijo, «a tu presencia a un ministro mío que limpie la superficie de [310] las sendas llenas de espinas. Éste mismo hará bajarse ante tus pasos a los montes elevados y alzarse a los hundidos valles; enderezará lo que está torcido y suavizará lo áspero, ablandará lo duro y hará que se allane toda la tierra 75 ». ¿No [315] vienes tú, nutricio Juan, como regalo del Padre altísimo, tú, prometido junto con Cristo, y no te afirma aquel que envió a su Hijo? ¿Acaso tú, el anunciado a los profetas, no has participado del honor de llamarte ángel? Por ti se ofrece la primera [320] clemencia de Dios; a ti fue confiado el primer poder de otorgar el perdón. Cuando las muchas maravillas del nuevo pueblo te seguían, dijo de ti Cristo: «Ha sido concedido contemplar a profeta tal como no lo conoció ninguna época antigua; esto afirmo yo, que soy el único que conoce [325] el pasado y el futuro: no ha habido ni habrá nunca entre los mortales creados según el uso habitual de los hombres, ninguno nacido de mujer, que aventaje a Juan 76 ». Esto dijo de ti aquel que ve los secretos del corazón humano y el curso de [330] todos los siglos igual que nosotros vemos lo que está delante de nuestros ojos 77 .
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Dichoso aquel que pase su vida lejos de las reuniones de los impíos y no se quede en la senda de los pecadores ni se siente en la silla de la corrupción, sino que, firmemente establecido [5] su corazón entero en la ley de Dios, medite día y noche sobre las normas de conducta para su vida y cultive su espíritu con hábitos puros. Será como el árbol, que, vecino al río 79 , se nutre de la humedad de la orilla y en su plenitud [10] dará el fruto dentro de su tiempo, y sin que su follaje nunca decaiga, se alzará como leño vivo de eterna cabellera 80 .
Esta gloria no la obtendrán los inicuos, sino que, como se lleva el viento a la partícula de polvo, de la misma manera [15] la ira de Dios los barrerá de su cara. Por eso se repartirán por el orbe los rebaños de hombres destructores en tal orden que los impíos que negaron el culto debido a Dios se levanten no para ser juzgados, sino para ser castigados. El crimen [20] manifiesto, pues, no necesitará ser descubierto con una investigación, ya que exhibirán la inminente 81 señal de muerte por no llevar el sello 82 de la salvación en sus frentes.
Ahora bien, el pecador, pero no, sin embargo, el impío, cuyo número es abundante, no resucitará para la gloria, sino [25] que se levantará para ser sometido a juicio. En efecto, no puede sentarse como juez junto con los píos aquel que tiene que dar cuenta de sus actos y ser digno de elogio o reo según sus obras. Sin aplicación de la ley caerán todos los que ignoran [30] la ley, pero el que ha caído dentro de la ley será juzgado por la ley 83 . Por toda clase de acciones caminará como árbitro el fuego 84 ; y aquella acción que no queme la llama sino que pase la prueba, será recompensada con el premio de la eternidad 85 . [35] Quien presente obras dignas de ser quemadas, sufrirá la pena, pero saldrá volando a salvo de las llamas; a pesar de las señales de la quemadura en su cuerpo conservará la vida el desdichado, aunque no obtendrá la gloria. Porque el derrotado por la carne, pero que no ha pervertido su espíritu, [40] aunque hubiere negado la lealtad debida a la ley, después de revolcarse a menudo por muchos delitos, sin embargo, por haber conservado el nombre eterno de la fe 86 , nunca será desterrado de los confines de la salvación.
[45] Por eso mismo nosotros, todos los de este siglo 87 , mientras va corriendo el tiempo y se nos abre el día de la vida, debemos marchar con paso firme por la senda recta, sin dejarnos llevar al desliz de un camino ancho 88 ; más vale que entremos después de pelear con la estrechez de la senda a [50] fuerza de fatigosos esfuerzos 89 . Dios reconoce con agrado los caminos de los buenos, pero será destruido 90 el cómodo viaje de los impíos.
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¿Por qué han protestado las naciones y los pueblos han tramado esos delirios? Los poderosos movidos junto con los reyes se han alzado en contra del Señor y de Cristo, bramando locuras: «Rompamos las ataduras, quebremos sus yugos». Mas el que permanece sobre todos los cielos con su [5] eterno gobierno se reirá de ellos, se pronunciará con justa cólera y llenará de desconcierto a los inicuos, amenazador en su verbo terrible: «En cambio yo, que he sido hecho rey por él con el mismo poder, proclamo sobre el nutricio Sión el mandamiento del Señor». El Señor mismo me dijo: «Tú [10] eres mi hijo, a quien hoy he engendrado. Pídeme; sé mi heredero ante los pueblos y asiéntese tu propiedad sobre la tierra entera. Tienes una vara de hierro porque con la fuerza de la ley riges a pueblos soberbios en todo el orbe, quebrando corazones, como si fueran vasos hechos de barro cocido, [15] para hacerlos de nuevo mejores.»
Fijaos ahora con los espíritus postrados, reyes todos y quienes gobernáis con sensatez los corazones humanos a vuestro servicio y manejáis las riendas del mundo. Servid a Dios temerosos y gozad en la fe de una alegría mezclada con temor 92 ; hágase concorde la discordia 93 uniendo sentimientos [20] contrarios en un solo corazón para que el miedo no aflija el espíritu ni el excesivo gozo lo desate, si asustados carecen del miedo alegre a la muerte. Decid sentencias justas, [25] perseguid la rectitud de costumbres 94 , temblad por ser Dios justo y alegraos por ser benigno, para que nunca se alce su cólera merecidamente contra el mundo y para que vosotros no perezcáis justamente por estar apartados del camino justo. En adelante, apresuraos a desviaros del camino de la iniquidad. He aquí que cuando dentro de poco haya prendido [30] el fuego de la ira del poderoso, para aventar el mundo entero en divino montón y apartar la paja para el fuego y el grano para la salvación 95 , entonces alcanzarán la dicha los que con la fe han puesto en él 96 su esperanza.
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Yacemos cautivos junto a los ríos desconocidos de la cruel Babilonia nosotros, la muchedumbre judía, llorando lastimosa, recordando en el corazón evocador a nuestra patria [5] Sión y suspirando por el merecido destierro fruto de la justa cólera, donde la orilla sembrada de sauces flexibles ofrece sus amistosas sombras a las naciones extranjeras. Allí, en medio de las murallas de la ciudad de Asiria, hundidos en tristes silencios y olvidados de las alegres canciones, colgamos nuestras cítaras de las ramas de los sauces 98 . La [10] pesada ira, en efecto, nos producía un dolor áspero, porque el impío enemigo aquel que nos había apartado de nuestra patria nos mandaba cantar para su gozo los cánticos que solían entonarse en el templo sagrado.
¿Vamos, entonces, a cantar las alabanzas de Dios, canciones propias de coros castos, en medio de ritos bárbaros y [15] vergonzosas piras, y entre altares encendidos en llamas funestas en honor de quienes se alegran pérfidamente, ¡ay!, con nuestra desgracia? ¿Y vamos a convertir un piadoso rito en malvado lujo, modulando los cánticos del Misterio para entretenimiento del enemigo? ¿Con qué boca vamos a cantar [20] en nuestra desgracia ahora los sagrados himnos? ¿O en qué sitio pide Babilonia que se le ofrezcan los cánticos de Sión? Al contrario, una tierra extraña no es dueña de merecer la canción del Señor, la palabra sagrada se aparta de oídos indignos.
A pesar de ello, si, como dueño amenazas a estos cautivos [25] con excesiva violencia y si tanto deseo tienes de conocer 99 los piadosos cánticos de Sión, si insistes en obligarme a decir cuáles son los cánticos de Sión, que no son no tuyos sino de Dios, escucha cuáles son los cánticos de Sión y qué le promete el Dios de la venganza a la ciudad cautiva; no tengas la esperanza de disfrutar mucho de ese triunfo por el [30] que ordenas, impío, que te sea revelado el himno sagrado.
He aquí el himno del Señor, los cánticos de Sión: «Si me olvido de mis murallas, de ti, amor mío, ciudad de Jerusalén, que no se acuerde de mí nunca mi diestra, que se pegue [35] seca mi lengua a la garganta si no te abrazo con eterno amor, si en el principio del reino prometido para los siglos y en el primer año de mi alegría me olvido de anteponerte a ti, Jerusalén, a todas las tierras 100 .»
Acuérdate 101 , pues, de la prole de Edom 102 , para que, [40] cambiadas las tornas, contemple confundida ese día nuestro en el que tu plebe habitará la nombrada Jerusalén de las eternas murallas, a la que ahora un pueblo olvidado de ti amenaza con cruel muerte, diciendo: «Arrasad completamente la odiada ciudad y vaciadla de gente hasta que no [45] quede rastro alguno tras convertir en nada sus muros».
¡Infeliz hija de la desdichada Babilonia! ¡Feliz aquel que te pague por nosotros tus hostiles acciones en contra nuestra! Y no será menos dichoso quien haga rehenes a tus pequeñuelos [50] y los estrelle contra la sólida peña 103 . Si quieres complacerte una vez extinta la estirpe de Babilonia, rompe por el poder de la fe los crímenes que arden en tu interior con su primera llama. Ya está aquí cerca Cristo, la piedra; destroza en él a los hijos de la serpiente con tus fuertes brazos. Pues el nombre de Babilonia significa ‘confusión 104 ’, su hija es la carne, madre de los pecados, multitud dañina para la salvación, que introduce en las entrañas de los cuerpos las semillas del mal.
Debes vencerlas, si quieres vencer definitivamente a la muerte; pues si se permite que semejantes enemigos metidos dentro de tus huesos acaparen fuerzas y crezcan, puede [60] que los venzas pero en un combate difícil; cógelos pequeños, mientras desde el útero del áspero corazón a través del pecho cautivo repta la infancia de los vicios con sus miembros todavía tiernos. Si no previenes esto, esa camada terrenal, crecida en valor, aniquilará con sus vicios el alma concorde. Así que no te abstengas de matar a semejante caterva. [65] No estás cometiendo un delito al matar una raza predestinada a hacer daño y al bañar con su malvada sangre la piedra de la venganza. Goza, en efecto, el justo cuando la impía ralea cae abatida, pues se purifica todavía mucho más el hombre piadoso con esa muerte si aniquila los pecados que dominan [70] en sus miembros y triunfa después de romper en Cristo la tropa de los vicios.
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Paulino a Ausonio
Ya ha regresado por cuarta vez el verano para los duros segadores y otras tantas veces el invierno se ha erizado de cano hielo 106 desde que no me ha llegado ni un solo sonido de tus labios, y que no he visto carta ninguna escrita por tu [5] mano, hasta que una feliz hoja en un salutífero librito me ha ofrecido multiplicados los regalos que se me negaban hace tiempo. En efecto, tu triple carta florecía en variedad de textos, y la triple hoja 107 en verso tenía la forma de un poema. [10] Tu ansioso amor gracias a la variedad de los lamentos ha mezclado con el reproche algunas expresiones dulces debajo de las amargas. Pero para mí queda más la tolerancia del padre que la severidad del censor, y con las palabras cariñosas se compensa la amargura en el corazón. Así y todo, hay que volver a poner las cosas en su sitio y tratarlas con el sonido más grave del heroico metro vengador 108 . Entre ambos, correrá [15] por delante en breve trecho el yambo, más ligero aún 109 , para llevar recíprocas palabras en un ritmo separado. En este momento los elegíacos se despiden de ti y dicha la despedida, como han dado inicio y paso a otros versos, se callan.
¿Por 110 qué, padre, mandas que mi afán retorne a unas [20] Musas de las que ya he abdicado? Los corazones consagrados a Cristo reniegan de las Camenas y no se abren a Apolo 111 . En otro tiempo compartí contigo, bien que no igual en capacidad pero sí en idéntico empeño, la idea de invocar al [25] sordo Febo desde su antro délfico, el deseo de llamar a las Musas deidades y de pedir a los bosques y montes el don de la palabra, concedido por regalo de una divinidad. Ahora mueve mi mente otra fuerza, un Dios mayor, y exige otras [30] costumbres 112 , reclamando del hombre su obligación para con él, a fin de que vivamos para el Padre de la vida. Nos está vedado sacar tiempo para las necedades y las fantasías literarias, como entretenimiento u ocupación, a fin de poder [35] obedecer sus leyes y contemplar su luz, que anublan la astuta fuerza de los sofistas, el arte de los rétores y las invenciones de los poetas 113 , que son quienes encharcan los corazones de mentiras y frivolidades y tan sólo instruyen la lengua, [40] sin aportar nada para darnos la salvación o poner al descubierto la verdad 114 . Pues ¿qué bien o verdad pueden tener quienes no tienen el meollo de lo esencial, a Dios, que es el alimento y fuente del bien y de la verdad, a quien nadie ve si no es en Cristo?
Él es luz de la verdad, camino de la vida, poder, pensamiento, mano y fuerza del Padre, sol de la justicia, fuente de [50] los bienes, flor de Dios, Hijo de Dios, sembrador del mundo, vida de nuestra mortalidad, y muerte de nuestra muerte. Él es maestro de las virtudes; Dios para nosotros y por nosotros hombre, vistiéndose de nosotros se desnudó de sí mismo, [55] uniendo la relación eterna entre los hombres y Dios en su doble naturaleza. Él, por tanto, cada vez que agita su luz 115 desde el cielo dentro de nuestros corazones, limpia el [60] poso enfermo del cuerpo indolente y renueva la disposición del espíritu; vacía todo lo que antes nos era placentero en lugar del casto deleite, y reclama por entero, con los derechos [65] de amo, nuestros corazones, bocas y sienes; quiere ser pensado y entendido, creído y leído, temido y amado. Los oleajes vacíos que levanta el trabajo de la vida en el trecho de este tiempo presente los aniquila la fe en una vida futura [70] en compañía de Dios. Y esta fe no echa fuera por profanas o sin valor las riquezas, sino que nos avisa de que mayor valor rinden en el cielo, confiadas a Cristo Dios, quien nos ha prometido más de lo que le hemos dado, para pagar personalmente [75] con mucho más beneficio lo que hemos despreciado o, mejor dicho, lo que le hemos confiado a él. Guardián sin engaño, como buen deudor, devolverá crecido su dinero a los acreedores, y esa generosidad de Dios devolverá [80] con interés abundante la moneda despreciada.
A quien está libre para él o entregado y dedicado a él, a quien todo lo invierte en esa entrega, no lo vayas a considerar, te lo ruego, indolente o perverso, ni lo acuses de impiedad 116 . ¿Cómo puede faltar la piedad en el cristiano? Pues [85] decir piedad es lo mismo que cristiano e impiedad igual que no ser discípulo de Cristo. Y como estoy aprendiendo a tener piedad ¿seré capaz de no ofrecerte este aprendizaje a ti, esto [90] es, a mi padre, a quien Dios quiso que yo le debiera todas las santas obligaciones y palabras de afecto 117 ? A ti, mi patrono 118 , mi preceptor 119 y mi padre, yo por haber crecido, [95] haber sido alimentado y criado junto a ti te debo mi enseñanza, mi rango y mis escritos, la gloria de mi estilo literario, de mi carrera y de mi reputación. Pero, ¿por qué me acusas de vivir alejado tanto tiempo y te irritas en una reacción de afecto 120 ? Eso ocurre porque o conviene o es necesario [100] o me place, lo que quiera que sea puede ser perdonado. Perdóname en tu amor, si hago aquello que es un beneficio; alégrate de que yo viva la vida que deseo.
Que 121 estoy ausente de mi tierra patria por todo un trienio [105] y que he recorrido otro globo en mis errantes viajes, olvidado de la confraternidad vivida en mi vida anterior junto a ti, me increpas con justos lamentos promovidos por el cariño. Abrazo las venerables agitaciones de tu corazón paternal y también debo agradecer tu cólera, que está hecha de sano afecto. Pero preferiría, padre mío, que reclamaras mi [110] regreso ante quien puede lograrlo. ¿Puedo creer que vas a hacerme volver porque derramas estériles oraciones no para Dios, sino como un suplicante ante las Musas Castalias 122 , cuyo poder está en tu contra? Con esas deidades no me haces volver a ti y a la patria. Estás invocando a dioses sordos y suplicas a quienes no son nada (una leve brisa se llevará [115] esto 123 que se destina a la nada), a las Musas, nombres sin poder. Vendavales de tempestad arrebatan estos votos sin fuerza, que por no ser enviados a Dios se quedan pegados en las vacías nubes y no llegan a entrar en el palacio estrellado del Rey del cielo.
Si te preocupa mi regreso, dirige tu mirada y tus súplicas hacia aquél que martillea la cumbre ígnea de lo más alto del [120] cielo con su trueno, el que centellea con triple fuego y no mezcla hueros ruidos 124 , el que regala con largueza 125 al cielo soles y lluvias, el que por encima de todo lo que hay o en toda su plenitud por doquier y en todos los asuntos lo gobierna todo por intermedio de Cristo, por el que reina en los [125] corazones y los mueve, y por el que dispone nuestros tiempos y lugares. Y si él ha decidido lo contrario a nuestros deseos, tenemos que inclinarlo con la oración hacia aquello que queremos.
¿Por qué me acusas? Si te desagrada el camino que llevo bajo la guía de Dios, antes que yo sería culpable, si fuera lícito, mi Guía, que es quien decide o dar forma o cambiar [130] mis sentidos. Pues si reconsideras cómo actuaba yo antes, algo que conoces bien, te confesaré que por propia voluntad no soy el mismo de aquella época en que no era tenido por equivocado y sí lo estaba, cuando veía a través de la niebla de la falsedad, cuando era sabio en cosas que son necedades 126 [135] a ojos de Dios, y cuando sustentaba la vida con el alimento de la muerte. Con más razón merezco que se me perdone porque en ello se puede ver con más claridad que es el Padre supremo el que renueva un comportamiento que no se rige por mis acostumbrados hábitos; por eso no se puede decir, creo, que de este modo esté confesando un reprensible error en mi espíritu, que habría cambiado a peor, por el [140] hecho de haber reconocido voluntariamente que he cambiado mi vida anterior, pero no con el espíritu que me era propio. Tengo, lo confieso, un espíritu nuevo que no es el mío, al menos no el mío de antaño, pero que es el mío de ahora por obra de Dios. Y si él ha visto en mi vida o en mi talento [145] algo digno de su misión, el primer gratificado eres tú y para ti es la gloria que se te debe: de tus preceptos ha nacido aquello que Cristo pudiera amar.
En lugar de quejarte deberías alegrarte por esto, porque yo, aquel Paulino tuyo, crecido de acuerdo con tus estudios [150] y normas, a quien no le niegas tu paternidad ni incluso cuando crees que se ha desviado, he cambiado tanto mis creencias que he merecido llegar a ser digno de Cristo al tiempo que lo soy de Ausonio; él va a asignar a tu gloria la ganancia que él obtenga y va a llevarte la primera cosecha de tu árbol 127 .
Por ello te ruego que pienses algo mejor y no pierdas recompensas [155] enormes por desdeñar los bienes que proceden de tus fuentes. Pues no tengo una mente demente 128 ni una vida que huye de la comunicación con los hombres en las cuevas de Licia donde me escribes que vivió el jinete de Pegaso 129 , aunque muchos por voluntad de Dios habiten lugares sin caminos, de igual modo que, antes, sabios famosos [160] vivían para sus estudios y sus Musas, y como también ahora los que han abrazado a Cristo se disponen a vivir con espíritus castos. No están locos ni eligen vivir en lugares deshabitados por ser como bestias, sino vueltos hacia las altas estrellas, para contemplar a Dios y para intentar descubrir las [165] profundidades de la verdad, gustan de la tranquilidad a salvo de vanas preocupaciones y huyen del estruendo del foro 130 , de los tumultos de los negocios y de todas las actividades enemigas de los dones del Señor, tanto por mandato de Cristo como por amor a la salvación. Y siguen a Dios por la esperanza y por la fe en la recompensa prometida que otorgará el [170] Creador con seguridad a los que no desesperan, siempre que no les venza el presente con sus nimiedades y siempre que el sentido encendido capaz de percibir los secretos del cielo desprecie lo que ve para merecer lo que no ve.
A nuestros ojos, en efecto, se muestra lo caduco, pero se les niega lo eterno, y estamos ahora persiguiendo con la [175] esperanza aquello que vemos en nuestro corazón, despreciando la variedad de aspectos, apariencia de realidad, y los bienes que excitan perniciosamente la visión humana. En cambio, parece que en aquellos a los que se ha mostrado la luz entera de la verdad y de la bondad, se ha asentado firmemente esta creencia en la eternidad del tiempo futuro y el [180] vacío del tiempo presente.
Pero yo, que no gozo de la misma gloria, ¿por qué voy a tener la misma reputación? Es verdad que la fe en conseguir mis anhelos es la misma, pero ¿de dónde te sobreviene tan [185] repentina hostilidad hacia la región 131 si vivo también ahora en un sitio maravilloso y me he establecido en la agradable playa de una rica costa? Ojalá empiece a apoderarse de mí la justa envidia, pues entonces en el nombre de Cristo disfrutaré de los agravios. Un espíritu que se apoya en el poder del Señor no sufre la tierna vergüenza, y el elogio que yo desprecio en este mundo regresará a mí cuando me juzgue Cristo.
[190] Así pues, venerable padre, no me reproches como si mis intenciones hubiesen cambiado a peor ni me zahieras por mi esposa o por una falta de mi espíritu; no tengo el angustiado ánimo de Belerofonte 132 , ni mi esposa es Tanaquil, sino Lucrecia 133 . Tampoco creo que me haya olvidado del cielo patrio 134 yo que levanto la vista al Padre supremo. Aquel que [195] lo venera sólo a él, éste se acuerda de veras del cielo. De modo que créelo, padre, ni nos hemos olvidado del cielo ni vivimos como insensatos: habitamos en lugares civilizados, cuyas actividades mismas testimonian piadosas inclinaciones; un pueblo impío, en efecto, no puede llegar a conocer al Dios de las alturas. Supongamos que hay muchos sitios 135 , que hay muchos lugares ignorados de los afanes de los [200] hombres, que no tienen leyes 136 , pero, ¿a qué comarca le falta un rito campestre? ¿Qué daño puede provocar en ellos la maldad ajena? ¿Por qué me echas en cara los enormes bosques de Vasconia 137 y los refugios nevados del Pirineo, como si yo viviese clavado en el primer umbral de la región [205] hispana y no tuviera sitio alguno ni en el campo ni en la ciudad allí donde se abre a lo más alto del globo la rica Hispania mirando hacia la caída del sol? Pero, pongamos que sea suerte haber podido vivir en montañas llenas de ladrones, ¿acaso me he deshumanizado en un lar bárbaro, habiéndome transformado en uno de esos campesinos entre los [210] cuales fui dueño de colonos de idéntica rudeza? Un espíritu limpio no deja entrar el mal ni las manchas dispersas se pegan en las fibras lisas; de modo que todo aquel que en el bosque vascón vive su vida limpio de culpa, íntegro y justo 138 , no se contagia de la barbarie de su inhumano anfitrión. [215]
En cuanto a mí, ¿por qué se me va a acusar de una falta de esa clase por habitar lugares apartados (como los que he habitado), al lado de ciudades imponentes y celebérrimas por las alegres maneras de sus habitantes? E incluso si yo viviera en los confines de Vasconia, ¿por qué ese pueblo bárbaro, [220] instruyéndose en mi modo de vida, no iba a abandonar más bien sus costumbres salvajes cambiándose a las nuestras? Y ya que pones las casas hispanas en ciudades asoladas y recorres en tu poema pueblos desiertos, me echas en cara una Calagurris montañesa 139 , una Bílbilis 140 colgada de picudos [225] quebrados y la colina de Ilerda 141 , que yace a sus pies, como si yo habitara en estos lares como un desterrado de mi hogar y de mi ciudad, apartado de las casas y de los caminos de los humanos. ¿Acaso crees, en tu ignorancia de la tierra hispana, que éstas son las riquezas de la tierra ibera, una tierra donde el pesado Atlante se colocó bajo el peso del polo 142 , [230] montaña que es la parte y meta última de esta tierra, y que separa con su elevada cima a Calpe 143 la de los dos mares 144 ? ¿Sólo merecen serle destacadas Bílbilis, Calagurris e Ilerda a una Hispania que tiene a Cesaraugusta, que tiene a la agradable Barcino, y a Tárraco 145 , la que contempla el mar desde su prominente cima? ¿A qué enumerar ciudades egregias por sus tierras y murallas, por donde la fértil Hispania [235] mira a uno y otro mar, por donde hace crecer el Océano con el Betis 146 y el Tirreno 147 con el Ebro, y llena la extensa bifurcación del lejano mar poniendo fin con su perímetro al confín del mundo?
¿Acaso tú, ilustre señor, si tuvieras el propósito de escribir de la región en la que vives, querrías callarte la espiendorosa [240] Burdígala 148 y preferirías describir a los boyos, negros como la pez 149 ? Cuando disfrutas de tu ocio en las generosas termas de Marójalo 150 y te permites vivir entre sus umbrosos bosques, ocupando moradas gratas por su emplazamiento y admirables por su construcción, ¿acaso habitas [245] ennegrecidas chozas, cabañas de techos de paja 151 y despoblados dignos de los bigarros 152 , que se visten con pieles? Tú, que como un cónsul poderoso haces de menos a las opulentas murallas de Roma, ¿no desdeñas a los arenosos vasates 153 ? Porque en tu honor verdea el fértil campo de los labrantíos [250] pictonios 154 , ¿voy a lamentarme, ¡ay!, de que las sillas curules se hayan ido de Ausonia 155 a Rarauno 156 y de que se manche en un viejo templo la trábea que, a pesar de eso, en la augusta urbe de Quirino Lacial 157 entre las túnicas palmeadas de idéntico título resplandece a lo lejos con el [255] brillo del oro intacto, manteniendo la florida dignidad de su eterno mérito? O cuando te retiene la cumbre de tu finca lucana 158 y habitas unas casas que rivalizan con las moradas de Rómulo, como se presta a ello el sitio, que da nombre a la comarca, que está cerca, ¿se dirá que pasas la vida en una aldea de Condate 159 ?
Concedo que se hagan bromas; que se pueda incluso juguetear [260] con la creación poética. Pero hundir un pesado diente, acompañándolo con el dulzor de la lengua, jugar con zalamerías que queman y dejar agriar bromas nada dulces en el vinagre de la sátira 160 mordaz, le cuadra a menudo a los poetas, pero nunca a los padres. Efectivamente, la lealtad y [265] el amor paterno demandan que la benevolencia del padre no permita que aquello que la mala fama con sus ardides desliza en los castos oídos se insinúe y, una vez insinuado, quede grabado en el corazón. Incluso el populacho malintencionado con su torcido rumor no siempre considera un delito cambiar las costumbres que se tenían antes y el modo de vivir, pues es digno de elogio el cambio a mejor. Y cuando tú [270] oyes que he cambiado, tendrías que investigar sobre mi intención y mi obligación. Si he cambiado del bien al mal, de lo religioso a lo profano, de la austeridad al derroche, de la honestidad al vicio, si me comporto perezoso, inerte, oscuro, apiádate del amigo que ha caído en el mal. Es justo que [275] la ira incite a un padre cariñoso a recuperar para los buenos hábitos al amigo caído y a restaurar el bien con una severa admonición.
Pero, igualmente, si por casualidad escuchas que yo he elegido y que persigo consagrar mi corazón a la piedad de Dios, dejándome guiar con dócil credulidad del venerable [280] mandato de Cristo, y que estoy convencido por divino decreto de que está dispuesta la recompensa eterna para el mortal que la consiga a costa de los sufrimientos presentes, no creo que esto contraríe a un padre bueno hasta el punto de creer que es un desvarío del espíritu vivir para Cristo de la manera que él [285] ha establecido. Me complace y no me arrepiento de este desvarío. No me detiene ser tonto a ojos de los que tienen otras creencias, mientras mi opinión sea sabia a juicio del Rey eterno. En resumen, sea lo que sea el hombre, es polvo y sombra 161 de un cuerpo enfermo, de un tiempo caduco y sin [290] Cristo; aquello que un juez condena o aprueba vale tanto como el propio juez. Muere éste y le acompaña su propio error y, al morir, con el juez desaparece su sentencia.
Ahora bien, si mientras disponemos del tiempo presente no tenemos atenta preocupación por vivir conforme al precepto [295] de Cristo Señor, llegará tarde la queja del hombre, una vez despojados sus miembros, de no haber sentido miedo de la grave cólera del juicio de Dios, mientras temió las superficiales descalificaciones de la lengua humana. Él, sentado [300] en el trono a la derecha del Padre Eterno, con el correr de los años habrá de venir como rey sobre todos, para juzgar con equidad a todos los pueblos y dar el premio correspondiente a las diferentes acciones. Ésta es mi creencia y con temor me afano con incansable esfuerzo en que, si se me concede, no me libere de la muerte antes que del pecado 162 .
Mi corazón creyente tiembla ante su llegada 163 dentro de [305] las trémulas entrañas y mi alma lo ansía en previsión del futuro, temiendo que, por estar atada a las pesadas preocupaciones por el cuerpo y cargada con el peso de las cosas, si se abre el cielo y resuena en él la enorme trompa, no sea capaz de elevarse al éter con sus ligeras alas al encuentro del Rey, volando por el cielo en medio de los miles de gloriosos santos, [310] que elevarán por el vacío sus pies leves, liberados de las cadenas del mundo, hacia los encumbrados astros 164 con fácil esfuerzo y se dejarán llevar por las estrellas entre blandas nubes 165 para venerar en el centro del éter al Rey celestial y [315] reunir a sus brillantes escuadrones con su adorado Cristo.
Éste es el temor, ésta es la tarea, que el último día no me sorprenda amodorrado en la oscuridad de las tinieblas intentando algo estéril, perdiendo el tiempo en vanas preocupaciones. Pues, ¿qué haría si mientras me adormezco en mis deseos perezosos, centellea desde la altura de su alcázar Cristo, [320] revelándose a mí, y yo, cegado con los rayos repentinos de la venida del Señor en el cielo abierto, buscara el triste refugio de la noche oscura confundido por la presencia de la luz?
Y para que no me llevaran a ello o la desconfianza de la verdad, o el amor a la vida presente, o bien el goce del mundo [325] o el esfuerzo por las preocupaciones, me pareció bien anticiparme premeditadamente a la situación y que se acabaran las cuitas en la vida que me queda y, confiando mis propiedades a Dios 166 para los siglos venideros, esperar a la [330] despiadada muerte con un corazón sosegado. Si esto es de tu agrado, alégrate de las ricas esperanzas de tu amigo; si ocurre lo contrario, deja solamente que yo me gane la aprobación de Cristo.
11 167
PAULINO A AUSONIO
Me recuerdas el endurecimiento del prolongado silencio de mi lengua mientras que tú no paras de escribirme, me reprochas que estoy tranquilamente desidioso en mi escondite [5] y encima añades el delito de desatender tu amistad, y me echas en cara el miedo a mi esposa, a la par que lanzas un duro verso contra mis entrañas.
Deja, por favor, de herir lo que te pertenece y no mezcles la amargura con palabras de padre, como si mezclaras el ajenjo con la miel 168 . Siempre me he preocupado y me preocupo de reverenciarte con todas las atenciones y de respetarte [10] con leal afecto hacia ti. Nunca la gratitud que te tengo se afeó con la más ligera verruga; constantemente he temido ofenderte con un gesto y herirte con una alusión inapropiada. Siempre que me he acercado a honrarte, he acomodado mi aspecto con mucho cuidado y he dispuesto mi frente con alegre mirada, para que ninguna falsa sospecha [15] llevara una nube de tristeza ante mi santo padre, ni siquiera formada por el silencio de mi corazón. Conforme con este ejemplo te ha honrado y te honra mi familia, y tanto acuerdo tenemos en quererte cuanto unidas están nuestras mentes en que tenemos que venerar a Cristo.
¿Qué envidia, dímelo por favor, ha puesto tu corazón en [20] contra de los tuyos? ¿Por culpa de qué habladurías la maleable fama ha irrumpido en tus oídos, ha expulsado tu piadoso espíritu, y ha provocado heridas nuevas en contra de tu antigua lealtad hecha de probado amor, de tal manera que esta mala consejera hiere a un padre bien dispuesto para con sus hijos? Por mi parte tengo la conciencia de una sincera franqueza, [25] y mi piedad filial acusada de haber desatendido a mi padre, rechaza todo lo que no se merece, y no tolera ser acosada con una una acusación falsa: sufre más gravemente la violencia provocada por una herida injusta tanto por ser sensible a la ofensa como por estar libre de culpa.
Te lamentas de que yo me haya sacudido el yugo 169 por [30] el que estaba unido a ti en los doctos estudios. Te aseguro que ni siquiera he abrigado esa idea. Ciertamente soportan los yugos los que son iguales, nadie apareja a los fuertes con los débiles 170 , y tampoco son concordes los frenos si es desigual la medida que tiene el empuje del tiro. Si es que [35] pretendes emparejar un novillo con un buey o un caballo con un onagro, si juntas las fochas con los cisnes, y el ruiseñor con la urraca, las avellanas con las castañas, si igualas los mimbres con los cipreses 171 , entonces aparéjame contigo. Con mucho trabajo serían capaces de llevar contigo el mismo [40] yugo Tulio 172 o Virgilio. Pero si es el amor el yugo, sólo en esto me atreveré a jactarme de compartir tu collera, por cuanto la dulce amistad, igual en mi eterno pacto contigo y siempre bajo las análogas leyes del afecto correspondido, compara lo pequeño con lo grande con riendas amigas. Este yugo no lo ha descolgado de nuestro cuello una siniestra [45] habladuría, y tampoco lo ha separado ni lo destruirá la larga ausencia de la patria. Aunque mediara entre nosotros todo el globo del mundo o una edad entera, jamás viviré separado en el espíritu. Antes se me escapará la propia vida del cuerpo que tu rostro de mi pensamiento.
[50] Yo a ti a 173 lo largo de todo el tiempo que a los mortales se les da y se les tiene asignado, mientras me halle encerrado dentro de mi cuerpo, en cualquier parte del mundo donde esté yo separado, te tendré sembrado en mis entrañas no [55] muy lejos ni de mi boca ni de mi vista. Te veré en mi corazón, te abrazaré en mi piadosa mente a ti que en todas partes te me haces presente. Y cuando emprenda el vuelo, libre de la cárcel de mi cuerpo 174 y libre de la tierra, en la constelación en que me ponga el Padre de todos 175 , allí también te [60] llevaré en mi espíritu.
El mismo final que me haya liberado de mi cuerpo no me separará tampoco del amor que te tengo. Porque el alma, que perdura por su origen celeste sobreviviendo a la descoyuntura de las articulaciones, necesariamente conserva al [65] mismo tiempo sus sentimientos y sus afectos, como también su vida. Y del mismo modo que no cabe que muera, así tampoco cabe que olvide, viva y memoriosa por siempre.
12 176
¡Ínclito confesor 177 , Félix por tu nombre y por tus méritos 178 , mente poderosa en piedad, mente que habitas en lo más alto del cielo y poder que no ha sido menos experimentado por toda la tierra, quien por haber proclamado a Cristo Señor sin atar tu voz, por despreciarlas, has merecido escapar [5] de las crueles torturas, y que, cuando por medio de toda clase de tormentos te ordenaron entregar tu alma consagrada a Cristo, voluntariamente, con la disolución del cuerpo les dejaste a los rabiosos lictores un cuerpo vacío, como mártir conducido sin sangre 179 a la gloria del cielo!
[10] ¡Padre y señor mío!, asiente a las súplicas de tus siervos, aunque no seamos dignos, para que mientras arrastramos esta vida dentro del frágil cuerpo, podamos finalmente conmemorar este día en la ansiada sede y morada en la que reposas 180 , cumplir en tu presencia los piadosos votos y regocijarnos [15] en medio del regocijo 181 de las multitudes. Que sea suficiente, te lo ruego, haber sufrido por merecida impiedad el castigo de haber vivido sin ti tantos años, lejos, ¡ay!, de tu morada, aunque no alejados en el pensamiento 182 . Atiende nuestros deseos desgastados ya por tanto tiempo como ha pasado, apiádate de los tuyos, aunque te acuerdes tarde y, a través del orbe que nos separa con la llanura tan [20] grande del ancho mar, ábrenos caminos accesibles después de haber deshecho los obstáculos hostiles que nos demoran, y si a quienes nos dirigimos presurosos hacia ti se nos oponen odiosos enemigos, como eres mucho más fuerte que nuestros adversarios, arranca las barreras que nos cierran el paso y guíanos por rumbos favorables. Sé tú compañero de [25] los tuyos en camino seguro, en el caso de que optemos por el viaje por tierra, o bien si la gran confianza que tenemos en ti nos aconseja ir por el largo mar, concédenos correr por blandas olas, y que se levanten desde popa a tus siervos vientos a su servicio, para que, tan pronto como hayamos sido conducidos hasta las playas de la Campania con la guía de Cristo, seamos llevados enseguida a tu templo en una [30] alegre carrera, y en tu umbral encontremos plácido puerto.
Allí soportaremos dulce yugo, liviano peso 183 y blanda servidumbre bajo tu mandato. Aunque en tu justicia no necesites de injustos siervos, sin embargo tendrás que soportar y amar a los consagrados por don de Cristo a servir en tus [35] puertas: permitirás que por la mañana limpien de suciedad tus umbrales y que por la noche los custodien a su vez con piadosas centinelas, y que cuando desfallezcan sus cuerpos, concluyan una vida llena de méritos en este servicio.
13 184
¡Oh Félix, que eres por tu mérito lo que eres por tu nombre y que por tu nombre eres el mismo que por tu mérito 185 ¡ Vuelve el día nutricio en el que el supremo Cristo te llamó junto a él a la corte del Padre por proclamarlo; ha llegado el momento de darte las gracias por el cumplimiento de nuestras plegarias.
[5] ¡Padre! ¡Señor! ¡El mejor para tus siervos, aunque sean indignos! 186 . Por fin nos ha sido dado celebrar tu nacimiento entre tus umbrales 187 . Han pasado tres lustros con su larga duración desde que hice en persona mi promesa en esa ceremonia, desde que en persona te consagré mi corazón 188 . [10] Tú conoces bien qué penalidades por la tierra y por el mar desde aquel entonces me han apartado de tu morada en la lejanía del orbe. Te he invocado, en efecto, constantemente cerca de mí en medio de las adversidades del camino y de los riesgos de la vida.
[15] Y en los mares entré bajo tu guía 189 , porque por tu amor cesa el miedo al peligro, y no navegué sin ti, pues he sentido tu protección al vencer en Cristo Señor los rigores del mar; por eso siempre he estado a salvo gracias a ti tanto por las tierras como por los océanos. Félix, pide para los tuyos, te lo ruego, este sereno cielo de eterna paz y amor bajo cuyo gran nombre estás.
Da gusto ahora desatar nuestros corazones libres para el [20] gozo, puesto que a los aquí presentes al fin les nace el querido día constantemente celebrado incluso en tierra extranjera 190 , el día que te consagró en la tierra y te situó entre los astros. Ahí está, mira cómo un pueblo variopinto viene tiñendo los caminos en un enjambre multicolor 191 , al tiempo que nos admiramos de que haya tantas ciudades en una sola. [25] ¡Qué feliz, Félix, está Nola bajo tu advocación, renombrada por su santo conciudadano, firme gracias a su patrono celestial, porque ostenta sus honores detrás de la mismísima Roma, que era antes la primera de las naciones solamente por su poder y sus victoriosos hechos de armas, y lo es ahora [30] también por los sepulcros de los Apóstoles 192 ! Sé benigno y fecundo 193 para los tuyos, ruega por ellos al Señor todopoderoso, para que, por don de un aplacado Cristo, los maltratados por las olas del mundo, dejando atrás las olas del mar, puedan atracar en tu rada, apacible puerto. En esta playa [35] he amarrado bien mi flota cuando llegué; en ti quede clavada el ancla de mi vida ya en orden.
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Ya ha llegado desde el cielo el día de fiesta, tan celebrado en la tierra 195 , el que trae el cumpleaños de Félix, en el que murió en la tierra su cuerpo y nació para Cristo en el firmamento y así consiguió el honor celestial de un martirio [5] sin sangre 196 . Pues murió como confesor tras ganarse el castigo sin buscarlo, de modo que Dios le aceptó la fe de su espíritu en lugar de la sangre, Él, que escudriña lo más recóndito del corazón, da el mismo valor a estar dispuesto a sufrir que a haber sufrido, se contenta con haber probado el interior [10] y condona el suplicio de la carne con justa piedad. Le agrada el martirio sin degüello del cuerpo, siempre que el corazón y la fe se abrasen por ofrecérselo a Dios. Es suficiente que la voluntad quiera padecerlo y enorme es el testimonio de una merecida promesa.
Así pues, el día que ha situado a Félix en lo alto del cielo en razón de su gran servicio, este es el día de las solemnes [15] ceremonias. El día que 197 hace el número veinte 198 tras el solsticio (en que Cristo, nacido en la came, cambió el tiempo del helado invierno con su sol nuevo 199 y, brindando a los mortales el amanecer de la salvación, ordenó que al avanzar el día a la par que él menguaran las noches), señala la gloria celeste que mereció Félix. Por último, sin desmerecer [20] nada de estos mártires que han derramado su sangre, exhibe el mérito de quien ha sido recibido como mártir por los testigos por su título y no menos por su valor, puesto que fustiga a los demonios 200 por su poderosa legitimación y desata a los cuerpos atados. Los funestos príncipes, en efecto, [25] admiten con su triste griterío que Félix cae sobre ellos con sufrimientos invisibles, y dan testimonio con una abierta lamentación de sus tormentos secretos, y nos enseñan que lo que estaba oculto a los ojos mortales es evidente sin embargo para los oídos y se hace presente ante tan gran poder divino, cuando, atrapados dentro de sus prisioneros cuerpos, [30] proclaman y demuestran a voces que Cristo brilla en la persona de su santo, temblando con la sacudida de sus miembros, con el retorcimiento de sus cabezas y con sus convulsiones. Pero no torturan sus propios cuerpos, ya que gritan a través de bocas ajenas los dolores propios. Está oculto el [35] vengador de los que piden perdón, pero el castigo es manifiesto.
Si el muy fiero enemigo en aquel momento encadenó a algunos con una desgracia muy pesada, este día los ha liberado por la voluntad del Señor. Ahora es cosa de ver por todas partes a los espíritus curados con el divino poder en los [40] umbrales con el alma ya recuperada y dar las gracias ya con su propia voz. Acude temblorosa la turba de asombradas personas, a todos se les saltan las lágrimas con la alegría, y todos creen que Dios está presente allí. Félix es la gloria del inconmesurable Cristo.
En las grandes reuniones se celebra el almo día, todos [45] dedican sus promesas cumplidas a las sagradas puertas; reina la alegría en todos los seres de cielo y tierra, y en el firmamento abierto hasta el aire parece sonreír, la primavera soplar en los callados hálitos de la brisa y un blanco ribete parece festonear el festivo cielo. No hay límite para las multitudes [50] que acuden en abigarrada columna, ni tampoco descanso; desde la noche acechan con ansia el alba y no son capaces de esperar el día; las ardientes plegarias rompen la demora de la noche, las antorchas con sus llamas vencen a la noche, y es un placer contemplar a una sola ciudad abarrotada de otras muchas ciudades y a grupos tan numerosos movidos por un solo deseo.
[55] Confluyen 201 los pueblos lucanos, acude la juventud de Apulia y los cálabros y todos aquellos a los que bañan ambos mares, que con el agua de la izquierda y de la derecha resuenan en torno al Lacio 202 ; y la alegre Campania se regocija a todo lo largo de dos tríos de diez 203 ciudades como si fueran sus propias fiestas, y vienen también aquellos a los que encierra en sus amplias murallas la rica Capua y los [60] de la bella Nápoles y a los que nutre el Gauro, y también acuden los que trabajan las alegres viñas del Másico 204 , y quienes beben del Ufente y el Sarno 205 , y los que labran los secos labrantíos del Tanagro y también quienes labran los fértiles campos bañados por el Galeso 206 , y a los que manda la poderosa Atina y la madre Aricia 207 . La misma Roma, [65] poderosa por las sagradas reliquias de los príncipes del cielo y por Pedro y Pablo, se alegra de vaciarse de habitantes con la gloria de este día y, derramándolos a miles por la boca de la puerta Capena 208 , los envía hacia las murallas amigas de Nola a lo largo de ciento veinte millas en abigarrada columna. [70] Incluso la vía Apia 209 queda oculta largo trecho bajo las apretadas multitudes.
Y en la misma cantidad van pisando los ásperos caminos de la montañosa vía Latina 210 gentes procedentes de la otra parte, a los que nutre la alta Preneste 211 , y el fértil Aquino, y a los que desde la llanura de su alrededor envía la vieja Árdea; [75] y los que han dejado atrás la ciudad de Cales 212 y las dos ciudades de Teano 213 , ya la que habita el grave aurunco ya la que habita el rudo apulio. Acude también aquí el gentío de la aceitunera Venafro 214 . Y los recios samnitas abandonan sus montuosas ciudades.
Su devoción ha vencido a la dureza del camino. El amor [80] a Cristo lo vence todo 215 y a unas gentes endurecidas por su temperamento y por el entorno, la nutricia fe las convence para aguantar penalidades y para desprenderse al mismo tiempo de la dureza de sus corazones. Un solo día los convoca a todos, y una sola Nola los recibe, llena ella en toda su extensión y con capacidad para todos, de modo que creerías [85] que se estira para acoger a sus innumerables huéspedes. De esta manera, Nola, te alzas a imagen de Roma, porque tú también has obtenido, detrás de la Ciudad, el segundo título de honor; pues en un tiempo ella fue la primera tan sólo en el poder y la victoria por las armas, pero ahora también es la primera del mundo gracias a los sepulcros de los Apóstoles 216 .
También tú, Nola, después de haber abrazado para toda la eternidad en un doble honor las coronas perpetuas de tu Félix, antes como sacerdote y después como mártir, aleanzas [90] el cielo con doble merecimiento por ser tú la madre del divino amigo. Antaño te elevó como sacerdote nutricios altares con su piadoso culto y te gobernó con apacible autoridad. Ahora Félix te honra también con una fama perpetua. [95] Pues luego de haber sido consagrado te procura una merecida gloria en tu regazo, al tener enterrados aquí sus piadosos restos en perfumado 217 sepulcro.
Ahora los dorados umbrales se adornan de níveos velos 218 , los radiantes altares se coronan de multitud de lámparas, las olorosas velas exhalan los perfumes de los papiros [100] encerados 219 y destellan noche y día. Así es que la noche brilla con el esplendor del día y el propio día hecho luz por regalo del cielo brilla todavía más, dobla la luz con incontables luminarias.
También somos felices nosotros, que tenemos la suerte de contemplar y celebrar en persona este día, de ver la recompensa [105] de nuestro patrono, de agradecer a Cristo por otorgar estos dones tan grandes a los suyos y de gozar alegres en medio del festivo bullicio. Elevad a Dios, mis niños, vuestra alabanza 220 , cumplid los piadosos votos y entonad [110] tantas festivas canciones como castos bailes, rociad con flores el suelo, trenzad los umbrales con guirnaldas. Que el invierno exhale la púrpura de la primavera, que florezca el año antes de su fecha, que la naturaleza se rinda al día sagrado. Pues también tú, tierra, le debes unas guirnaldas a la tumba del mártir. Pero la sagrada gloria del umbral celeste la rodea [115] cuando ella florece con la doble corona de la guerra y de la paz.
Este día, te lo ruego, pídenoslo apacible acompañado de eterna paz, que podamos gozar una y otra vez con su venida, cumplirte aquí las promesas anuales y cantarte los himnos en el día de tu fiesta con la tranquila complacencia de Cristo [120] aplacado. Éste es el anhelo, ésta es nuestra tarea 221 ; acoge estos deseos de los tuyos y encomiéndalos a Dios, para que, cuando nuestra diligente solicitud te haya ofrecido nuestra servidumbre por mucho tiempo, acabes entonces por manumitir a tus criados por haberte complacido en el afecto [125] mostrado en sus fatigas, y no te niegues a llevar en tu regazo de padre ante la resplandeciente faz del Señor a las almas de los tuyos colocadas ante tu rostro; ruégale a él, piadoso en su bondad pero temible en su majestad, que en su benevolencia perdone nuestras deudas 222 en gracia a tus preces y [130] merecimientos. Puesto que también tú, Félix, parte importante de los santos, acompañarás al Cordero 223 en su reinado, pídele que estemos en el rebaño de sus ovejas para que la sentencia del Juicio supremo por esta gracia nos done 224 otra vez a tu persona, a fin de que no nos ponga a la izquierda junto a los ingratos cabritos, sino que, colocados en la parte derecha, nos añada al munífico rebaño de los justos 225 [135] y a sus afectos corderos.
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Vuelven mis votos anuales, al mismo tiempo que las anuales deudas de mi lengua; vuelve, oh Félix, gloriosísimo en Cristo, tu natalicio, más querido para mí que mi propio cumpleaños 227 , el día en que, aunque haya fiesta popular para innúmeras multitudes, hay algo especial para los tuyos, ya [5] que Cristo quiso que te perteneciéramos al regalarnos, a pesar de nuestro poco valor, a su querido amigo, no porque tú te merezcas siervos tan insignificantes, (cuando Dios tiene a bien que vayas de compañero suyo en los triunfos eternos), sino porque el buen Padre ha querido así enriquecernos a [10] nosotros, pobres en justicia y necesitados de salvación, de modo que, aún ricos en pecados, desgraciadamente, a cambio de todos los bienes, de todas las aspiraciones y de los títulos de nobleza y de los vanos honores, tras volverse a mejor la alternativa de las riquezas, lo obtengamos todo, Félix, riqueza, patria y casa nuestra.
[15] Tú eres para nosotros padre, patria, casa y riqueza; nuestra cuna se trasladó junto a tu regazo, tu seno nos sirve de nido 228 , a tu calor crecemos y hemos cambiado la forma de nuestro cuerpo, nos desnudamos de la estirpe terrena y, [20] brotándonos alas, nos transformamos en pájaros gracias a la simiente del divino Verbo 229 . Y porque tú lo hacías leve, sabemos que el yugo de Cristo es liviano 230 , y por consideración contigo Cristo es benévolo incluso para los indignos y dulce para los amargos. Así pues, tenemos que considerar solemne este día que fue el de tu nacimiento, ya que al eliminar [25] tú nuestro mal hemos muerto para el mundo para nacer a Cristo en el bien.
Levántate, pues, cítara, y ténsate en todas tus fibras, oh conmovida esencia de mi alma 231 . Que el amor pulse mis entrañas con su silencioso canto, dando el golpe de los dientes en el nada silencioso caparazón 232 de mi corazón, y la lira [30] de mi boca resuene con el plectro de mi lengua. No voy a pedir que acudan las Musas de Castalia, fantasías de los poetas, ni tampoco desde la peña Aonia el sordo Febo 233 . Cristo es el director 234 de mi canción, por un don de Cristo me atrevo yo, pecador, a cantar lo sagrado y lo celestial. No es difícil para ti, que eres Todopoderoso, desatar mi boca en [35] sabios ritmos, tú que haces hablar a los seres mudos, manar a lo seco y deshacerse lo duro. Pues hiciste rebuznar a la burra 235 en forma de palabras y a los lactantes componer una alabanza 236 acabada en tu honor, y diluiste en líquido la sólida roca y mandaste que una tierra sin agua manase con súbito [40] caudal regando el desierto para esperanza de los pueblos 237 , hacia cuyas secas almas fluyó la piedad de la gracia y a los que Cristo, piedra manantial del agua viva, restauró.
Por eso yo, parte mínima de los hombres, confiado en ese regalo, Cristo, suplico sediento el sorbo vivo de tu rocío. Concédeme la palabra desde tu fuente; no puedo hablar de ti [45] sin ti 238 . En efecto, el elogio de un mártir tuyo también es elogio tuyo, porque en tu omnipotencia haces que los hombres gocen de un poder sobrenatural y vences la fuerza para beneficio de los débiles 239 triunfando sobre la carne, venciendo en el interior de nuestro cuerpo a los príncipes habitantes [50] del aire 240 . Así que, te lo ruego, asísteme para que de tu mano comience a hablar, volviendo a sus orígenes, los de tu Félix, cuyo noble linaje viene de Oriente 241 .
Y en efecto, a ninguna otra tierra ha cuadrado más ser la cuna de Félix que a la que ya había dado a los patriarcas y a [55] los piadosos profetas, vasos consagrados de Cristo, de donde emanó a todo el mundo el sonido del Evangelio, vertiendo sus ríos por las lenguas de los Apóstoles. Desde allí vino Félix, deuda que tenemos con Dios, todavía no nacido al partir su padre para Italia, pero vino en su padre para convertirse en ciudadano en nuestra patria por su afecto y para [60] que recordara que no había nacido para nadie más que para nosotros. De la misma manera el padre Abrahán, siguiendo los preceptos del Señor, cambió la tierra paterna por un suelo extranjero y depositó la sagrada semilla en los campos de Canaán 242 . Extendiéndose desde aquí la estirpe a tierras extranjeras, [65] un nacimiento espiritual 243 nos trajo a Félix que, por proceder de esa raíz, ha sido engendrado por la perfección de la fe para que fuese para nosotros piadoso manantial de fe 244 .
Incluso ahora que Félix descansa con su carne sepultada y que su espíritu vive en Cristo por intercesión de los merecimientos [70] de su elevada virtud, gracias a la simiente de Abrahán cambia la dureza de las piedras a las que convoca para los bienes de la vida. De modo que, nacido en esta ciudad de padre sirio, vivió en su querida Nola como si fuera su patria, fuente de felicidad en el escogido hogar y, rodeado de [75] abundante oro, creció sobrado de bienes a pesar de no ser el único heredero. Repartió los caudales terrenos con su hermano Hermías (del mismo nombre que su padre), pero los del cielo los consiguió solo Félix. Una distinta manera de pensar separó a los nacidos del mismo parto: a Hermías lo apartó el mundo, Cristo se llevó para él a Félix; aquél prefirió [80] lo caduco, éste lo eterno; aquél se adhirió al presente, éste cambió la tierra por el cielo, su herencia por el reino; aquél fue heredero únicamente de su propio padre, éste fue coheredero de Cristo. Pero quien relea atentamente entre las sagradas prendas 245 de los antiguos patriarcas, ¿puede admirarse de que de una sola sangre salga una descendencia tan [85] distinta, que Rebeca, fecunda por la estirpe de dos pueblos, lloró las luchas dentro de su seno y se quejó ante Dios de los combates que se libraban en su vientre preñado 246 ? Ya en ese momento resonaba en las entrañas de la madre santa la pugna que manifiesta ahora su furor en el vientre del mundo, [90] los judíos, que siguen la maraña de la perfidia del hirsuto Esaú, obligados a someterse a una nación más joven; nosotros, en cambio, gracias a un origen mejor, seguimos al lampiño Jacob a través de la dulzura de la paz, por donde nos lleva la senda de la luz. Así pues, viniendo de idéntica [95] sangre, distinta sangre fue la de los hermanos: Hermías, como el hirsuto Edom 247 , por seguir lo terrenal se erizó de púas 248 , prisionero de la vacua apariencia del mundo, y escogió las duras leyes del padre Idumeo 249 , viviendo de su [100] propia espada 250 y sufriendo la estéril fatiga de una milicia vana en la que sucumbió bajo las armas del César, aunque en su vida privada cumplía con los deberes de Cristo; en cambio mi Félix, nacido para coger las armas del Rey eterno, se pasó a las filas del padre Israel 251 y, mostrándose a [105] los celestes desde niño como un alma piadosa, se decidió a servir a Dios. Y el agrado que causó no fue escaso, y cuanta sed de luz sentía su espíritu en su corazón sin fondo, con otra tanta profusión absorbía los dones que Dios le vertía.
Estuvo a su servicio en los primeros años como lector 252 . [110] Luego accedió al grado aquel cuya misión es exorcizar a los malos espíritus con la palabra de la fe y expulsarlos con la oración consagrada. Y puesto que esto lo llevaba a cabo con la luminosa virtud de su merecimiento, después de obtener con justicia las venerables insignias del sacerdocio, adornó ese merecido honor con una inteligencia digna del grado que había ocupado.
Pero para que no sólo la ínfula engalanara su sagrada [115] cabeza 253 , apareció otra causa más poderosa para añadirle una segunda corona, estalló la rabia cruel de los enfurecidos profanos cuando la santa iglesia fue sacudida por una guerra sacrílega 254 y cuando la impiedad reclamó para sí, de entre todo el pueblo, especialmente a aquellos a quienes su piedad los hacía destacar más. Por aquel entonces el anciano obispo [120] Máximo gobernaba con santas leyes la ciudad de Nola y la educaba con palabras de paz 255 , con el poder de la ayuda del presbítero Félix, al que quería como un padre a su hijo y lo ofrendaba como heredero de su sede. Pero, puesto en fuga por la repentina tormenta, se dirigió a lugares desiertos sin [125] que cediera su fe. Entonces, mientras era buscado una y mil veces el obispo, Félix se hizo célebre porque le hizo frente a las espadas y por ser el único en recibir el odio que causaba su fe. No era su cargo lo que lo hacía destacar; más importante que la jerarquía era la fe. Puesto que el litigio sólo era sobre la fe, la fe es atacada cuando la lívida serpiente invoca [130] sus armas, queriendo abatir aquello por lo que nos levantamos nosotros y cae ella.
Así pues, cuando el obispo escapa de las feroces penas, Félix fue el primero del pueblo, como la cabeza de un cuerpo, en ser objeto de los ataques. Se afanan todos en sojuzgarlo y lo embisten en masa compacta como si atacaran un [135] elevado fortín de muros asediados, cuya ciudad una vez vencido su valimiento, caería enseguida postrada en fácil desmoronamiento 256 . ¡Qué demencia, propia de infieles: creer que se puede apagar en uno la fe en la que cree el orbe todo! [140] ¡Ay, mísera impiedad!, ¿a dónde te precipitas cegada por las tinieblas del infierno? ¿Contra quién mueves tus armas? ¿Crees, por ventura, que Dios se limita a un solo mortal? ¿Y que si destruyes los cuerpos puedes aniquilar al mismo tiempo el poder y la mente de Dios? Ella recorre los miembros [145] del mundo, por ella tú mismo 257 has nacido y de ella te alimentas aunque no te lo mereces. De la voluntad de ella depende vencer o ser vencido, por la fuerza de ella incluso uno solo es más valiente que una multitud, y armado con la inerme 258 piedad hace postrarse ante Cristo a los que están armados con la espada pero desarmados en sus corazones, porque resulta victoriosa la fe. Ella, por conocedora de la [150] verdad celestial, compra la vida futura al precio de la muerte presente y, vencido el cuerpo, al mismo tiempo que entrega dichosa su espíritu victorioso a Dios, lo lleva hasta los astros que así se alegran. ¿De qué sirve, pues, que con el peso de [155] tan gran mole, loco, ataques al piadoso Félix? Permanece invicta su alma por la presencia interior de Dios; no lucha en tu contra tan sólo la naturaleza del hombre terrenal; te repele el propio Dios al que tú buscas, y contra tus venenos, vieja serpiente 259 , se ofrece a sí mismo Cristo a través de los cuerpos de sus siervos, y amarrándote con tus propios lazos, [160] te postra en tierra en la muerte de los suyos, triunfando sobre la muerte bajo la apariencia de la muerte. Pero su desvarío, con los aguijones propios de una Furia 260 , apremiaba a su fiero corazón a arder por la sed de sangre, y a exigir sangre santa 261 como trofeo del crimen.
De modo que cuando Nola sufrió las sacrílegas locuras y [165] palideció de temor por las espadas dirigidas contra piadosos ciudadanos 262 , se busca al venerable Félix en la conmocionada ciudad. Él no huye porque ya respiraba el aire del cielo en su elevado anhelo y porque afilaba su mente para las batallas con callados acicates; como impávido pastor guardaba el tembloroso aprisco, dispuesto a dar la vida por su rebaño, [170] a ejemplo del Señor 263 . Así que resiste con entusiasmo contra los feroces enemigos como si fuera una muralla, y aun en sus años canos reverdece con la flor de su fe, con su espíritu puesto totalmente en el cielo, consciente de Cristo y olvidado del mundo, llevando a Dios dentro de su corazón y con su pecho lleno de Cristo. No cabe en su cuerpo 264 , parece [175] divino y mayor 265 , y sus ojos y cara resplandecen con luz estelar.
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