Читать книгу: «Meditación para gente ocupada»

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OSHO

Meditación

para gente ocupada

Consejos para acabar con el estrés

Introducción de John Andrews

Traducción del inglés al castellano de Esperanza Moriones


Título original: MEDITATION FOR BUSY PEOPLE, by OSHO

© 2013, 2014 OSHO International Foundation, Switzerland.

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OSHO® es una marca registrada de Osho International Foundation

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Publicado originalmente en español como libro ilustrado por Gaia Ediciones

ISBN: 84-8445-115-1 (2004)

El contenido de este libro está formado por diferentes charlas que OSHO impartió ante una audiencia en vivo. Todas las charlas de Osho han sido publicadas íntegramente como libros, y también están disponibles las grabaciones de audio. El archivo completo de audio y de texto puede ser consultado en la Biblioteca en línea en la página www.osho.com.

© de la edición en castellano:

2014 by Editorial Kairós S.A.

Numancia 117-121, 08029 Barcelona, España

www.editorialkairos.com

© foto del autor: OSHO International Foundation. Switzerland

© de la traducción del inglés al castellano: Esperanza Moriones

Composición: Pablo Barrio

Diseño cubierta: Katrien Van Steen

Primera edición en papel: Diciembre 2014

Primera edición digital: Diciembre 2014

ISBN en papel: 978-84-9988-418-9

ISBN epub: 978-84-9988-432-5

ISBN kindle: 978-84-9988-433-2

ISBN Google: 978-84-9988-434-9

Todos los derechos reservados.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita algún fragmento de esta obra.

Sumario

1  Introducción de John Andrews

2  PARTE I: COMPRENDER EL ORIGEN DEL ESTRÉSIluminar el interiorLa patología de la ambiciónPARTE II: LA CONEXIÓN CUERPO-MENTELa conciencia y la relajación: las dos caras de la monedaNo te esfuerces másNo elijasAcepta las subidas y bajadasNo luches contra tu propia naturalezaBusca la recompensaBuscar el cambio, apreciar lo que no cambiaPARTE III: RELACIONARSE DESDE EL CENTROVivir con los demás: las normas y cuándo hay que romperlasEmpieza por el centroDeja a un lado la acciónEl corazón pacífico: una técnica para centrarteLa historia de él/la historia de ellaHacer el amor como una meditaciónPARTE IV: MEDITACIONES PARA LA VIDA DIARIANatural y fácilLa clave está en la respiraciónAtención relajadaOcupar tu espacioComer conscientementeLa sonrisa interiorLevántate con el solDecir síDeja a un lado la inquietudEstar en contacto con tu corazónEl ejercicio de ¡stop!Salir de la cajaSimplemente escucharLa columna de energíaDesplomarse en el silencioDisfrutar del dramaCierra el círculo. La meditación del espejoBaja de la cabeza al corazónEspacio aéreo para viajeros de negociosPARTE V: DESHACER LOS NUDOS. MEDITACIONES ACTIVAS PARA ENCONTRAR LA SERENIDAD INTERIOR¿Para qué sirve la catarsis?Técnicas1. Meditación Gibberish: deshacerte de la basura mental2. Empieza el día riéndote3. Un mecanismo para centrarse4. Correr, hacer footing y nadarLas Meditaciones Activas OSHOMeditación Dinámica OSHOMeditación Kundalini OSHOMeditación Nadabrahma OSHOMeditación Nadabrahma OSHO para parejasMeditación Nataraj OSHOEpílogoApéndice: Fuentes de internet y lecturas recomendadasTus enlaces de internet más importantesMeditaciones Activas OSHOOSHO Talks: el silencio expresado con palabrasLecturas de OSHO recomendadas

3  Sobre el autorOSHO International Meditation ResortMás información

Introducción

Este pequeño libro es maravilloso. Contiene técnicas sencillas que te permiten relajarte y experimentar lo que conocemos como «meditación». Entre otras cosas, despeja todas esas complicadas dudas de cómo funciona la meditación, nos ayuda a entender qué ocurre cuando la practicamos y para qué nos sirve en nuestra agitada vida.

Dada la cobertura cada vez mayor de los medios de comunicación sobre el fenómeno de la meditación, me han pedido que situara este libro práctico en el contexto de los últimos avances de la medicina y las ciencias neurológicas, y que determinara su aplicación en todos los aspectos de la vida diaria. Hemos llegado al punto en el que la pregunta ya no es «¿por qué meditar?», sino «¿por qué no meditar?».

Si ya conoces la importancia de añadir ciertos momentos de conciencia a tu vida diaria, te recomiendo este libro.

Sin embargo, si todavía crees que todo lo que se dice acerca de la meditación es simplemente una moda, un nuevo producto, como si fuese una nueva dieta de adelgazamiento –en este caso para el cerebro–, ahora tienes a tu disposición mucha más información que te ayudará a decidirte. Hace diez años se publicaban en torno a cincuenta estudios científicos al año acerca de la meditación. Ahora se publican alrededor de quinientos.

El tema de la meditación es un poco más complejo que la mayoría de los temas a los que se aplica la inteligencia científica.

Podemos decir a qué velocidad se mueve un objeto aproximadamente de nuestro tamaño, y en qué momento llegará a un determinado punto en el espacio. Si hay sonidos en nuestro espectro de audición, los oiremos. Si hay luz en nuestro espectro de visión, la veremos. También sabemos que hay sensaciones que no están a nuestro alcance. No estamos hechos para percibir ciertas cosas. ¿Quién habría adivinado que el Sol no gira alrededor de la Tierra, o que nos movemos por el espacio a toda velocidad, en lugar de estar quietos en un punto, o que la Tierra sobre la que estamos no es plana? Para descubrir nuestra ignorancia, hizo falta un observador sin prejuicios y un dato objetivo.

Pero te podrías preguntar, ¿qué tiene todo esto que ver con la meditación?

¡Imagínate que el objeto de tu observación eres tú! Pero un momento, ¿por qué querrías observarte a ti mismo? Cuando tu madre te regañaba diciendo «mírate», se estaba refiriendo al barro de tus zapatos manchados de jugar en el jardín. No se refería a tu estado mental.

Quizá descubras, como han confirmado investigaciones recientes, que no estás presente ni la mitad del tiempo que estás despierto, sino que prefieres vivir en un mundo ilusorio de sueños y fantasías, antes que personarte en tu vida real. Por muy bonitos que sean tus sueños, es probable, como confirma ahora la ciencia, que descubras que te sientes mucho mejor cuando estás presente que cuando no lo estás.

Imagínate que vas al médico y te dice que, por una causa determinada, tu esperanza de vida se va a reducir a la mitad. Sin duda, a este hecho le prestarás atención. Si a continuación descubres que eres menos feliz si no estás presente, esto te resultará mucho más atractivo, especialmente porque no quieres ser infeliz.

O quizá podría resultarte obvio que siempre tendrás más probabilidades de que todo salga bien, sin importar lo que hagas, estando presente. A lo mejor simplemente te gusta estar relajado, y darte cuenta de que el presente es más relajante que permitir que los pensamientos o las emociones te arrastren constantemente a los dramas del pasado y del futuro.

La ciencia de la autoobservación es muy engañosa. Cuando el sujeto de nuestra investigación científica es el observado mismo, ¿cómo puedes saber quién observa a quién? ¿Quién es el observador? ¿Quién soy yo?

No quiero estropearlo, mejor que leas el libro. Es un viaje fascinante. Basta decir que si nuestro asombroso sistema nervioso es incapaz por sí solo de percibir que estamos viajando por el espacio a cientos de miles de kilómetros por hora, y creemos que estamos quietos, desconfía de esa actitud arrogante y altanera del «ya lo sé» que inevitablemente nos atrapa.

La verdadera cuestión es la mente humana, que nos enfrenta a todos al mismo dilema. Nos han convencido de que somos la mente, y de que esta es nuestro atributo más inteligente, y naturalmente creemos que tiene sentido usar la mente para conocer la mente. La mayoría de los científicos tienen este enfoque y no se dan cuenta de que es muy poco científico. La razón por la que siempre realizan ensayos clínicos aleatorios sirviéndose de placebos para saber si un nuevo medicamento es realmente eficaz es que no somos objetivos.

Cuando se trata de la mente, los científicos ya «saben» la respuesta, del mismo modo que sus predecesores geocentristas también «sabían» que el Sol giraba en torno a la Tierra. Están convencidos de que se puede estudiar la mente con la mente. Sin embargo, si hasta el mejor científico es arbitrario respecto a un nuevo medicamento, puedes imaginarte las distorsiones que puede haber cuando intentamos usar nuestra mente condicionada para analizar la mente condicionada.

Finalmente, esta «creencia» a la que se aferran los científicos enfocados en la mente está cayendo frente a su mayor enemigo: la duda. La duda de que la mente pueda ver objetivamente a la mente. Son dudas impulsadas por la propia ciencia.

A lo largo de dos milenios, en Oriente ha habido tantas personas interesadas en lo que nos hace estar vivos como cualquier científico de la actualidad. No tenían instrumental para calcularlo, de modo que se basaban en la observación de su propio cuerpo y mente. A partir de ahí surgió lo que podríamos denominar la «ciencia de lo interno». Del mismo modo que la ciencia de lo externo se basa en la observación y la experimentación, la ciencia de lo interno se basa en la observación y la experiencia.

Esta es la contribución de Osho a la humanidad: es una síntesis de Oriente y Occidente, pues convierte en una sola ciencia la comprensión compartida de estos dos enfoques. El enfoque de Osho es un sistema abierto que se basa únicamente en la observación. Lo observado no es la cuestión fundamental. Lo que es, es, y la clave está en observarlo. Lo que el observador observe se puede añadir en cualquier momento. No se excluye nada.

Lo maravilloso de esta ciencia es que todo el mundo es un científico dentro de su propio laboratorio: ellos mismos. No necesitas tener creencias ni hacer actos de fe. Solo tienes que tener un enfoque científico para elegir una hipótesis y comprobarla en ti mismo. Si fracasas, no pasa nada, tu papelera seguramente ya estará medio llena. Y si triunfas, habrás encontrado la llave maestra. No pierdes nada.

Y es justamente lo que está ocurriendo. Además de los descubrimientos recientes que mencionábamos antes sobre los beneficios del estar presente, hay otros estudios interesantes que te ayudarán a apreciar el valor de la meditación.

Por ejemplo, se sabe que alrededor de dos tercios de las consultas médicas se deben a cuestiones relacionadas con el estrés. Los científicos han hecho experimentos con ratones, sometiéndolos a estrés, y han comprobado que desarrollan una parte del cerebro. También han descubierto que los humanos estresados desarrollan esa misma parte del cerebro, mientras que, en los meditadores, dicha zona cerebral tiene un tamaño más pequeño. Del mismo modo, han comprobado que los cambios asociados a la edad son menos pronunciados en los meditadores… ¡Definitivamente, la meditación es más barata que la crema antiarrugas!

Hay otro ejemplo fascinante del Instituto Tecnológico de Massachusetts, que realizó el experimento siguiente. Invitó a varios voluntarios a asistir a un curso de meditación de una hora diaria durante ocho semanas. Los voluntarios fueron divididos al azar en dos grupos. Un grupo asistió al curso mientras el otro estaba en «lista de espera». Al terminar, los invitaron, uno a uno, a lo que creían ser una entrevista sin relación con el curso.

Al entrar en la habitación había tres sillas, dos de ellas ocupadas por los investigadores (desconocidos para los voluntarios). Entonces, entró en la habitación un tercer investigador con aspecto de encontrarse mal y necesitar ayuda. Los dos investigadores que estaban sentados no le prestaron atención (normalmente, todo el mundo sigue al rebaño, y si los demás no se mueven, tú tampoco). El resultado fue abrumador. Mientras solo el 21% de la gente que no había meditado no se levantó a ayudar, un desbordante 50% de los que habían meditado se levantó. Al parecer, todas esas habladurías de que la meditación es «egoísta» porque estás mirándote el ombligo en vez de «amar al prójimo» sencillamente no son verdad.

Hablando del tema del «yo», la ciencia moderna también está confirmando otro conocimiento antiguo: que el yo es un cuento que nos contamos para tener algo de qué hablar en las fiestas. En realidad, somos un proceso, un río, no somos agua estancada, lo que resulta emocionante y además encaja perfectamente con la confirmación reciente de que el cerebro es un órgano moldeable, lleno de células que buscan una tarea sin tener una función predeterminada.

Esto significa de nuevo que no somos agua estancada y realmente tampoco un «río», sino un proceso de «fluir» que depende de lo que ocurre ahora mismo. Las implicaciones de esto son sorprendentes. Quiere decir que, a medida que transcurre la vida, en cada momento estamos creándonos a nosotros mismos. Está en nuestras manos. Es una responsabilidad aterradora, especialmente para esos aspectos nuestros que nos gusta achacar a mamá, a papá, a dios, o a cualquiera.

En cuanto a la antigua pregunta de «¿quién soy yo?», puedes ver que apenas hay nada fijo. Básicamente está en nuestras manos.

Hay otros experimentos que demuestran que si pones una cara triste durante tres días conseguirás estar deprimido. En esencia, somos nosotros mismos quienes creamos los fenómenos.

Todos sabemos que hemos nacido en una cierta cultura, en una cierta religión, cantando un cierto himno nacional, con esa actitud de superioridad masculina, y así sucesivamente. Estas «creencias» nos han sido inculcadas a través de nuestra educación y están enterradas en el inconsciente sin que nos demos cuenta. Nos han condicionado a aceptar que somos estos valores sin que lo sepamos.

Resulta que el cerebro es un bioordenador increíble que ha sido programado por muchos factores parecidos, y el resultado es la «mente». La ciencia neurológica moderna afirma que «lo que se activa simultáneamente, queda entrelazado». Cada vez que repites «lo negro es malo, lo blanco es bueno», o «los hombres son superiores a las mujeres», aunque sea inconscientemente, ese hábito aprendido se fortalece y cada vez te sientes más seguro de tener razón.

Aquí viene la parte más interesante. Hay una situación patológica que se denomina trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Es como si quisieras lavarte las manos cincuenta veces al día para eliminar los gérmenes que imaginas que hay. En un sentido, sabes que es una tontería, sin embargo, te vuelves a lavar las manos de todas formas. El conjunto de células de tu cerebro que cree que tus manos tienen gérmenes y el conjunto de células que te hacen ir corriendo al baño cada vez están más entrelazados. En realidad, esto es solo una versión exagerada de lo que hacemos continuamente a lo largo del día. Cuando suene el himno nacional, unos cuantos se pondrán de pie. Si suenan las campanas de la iglesia en domingo, podemos sentirnos impulsados a ir a la iglesia. Puede ser la necesidad de ir a la sinagoga todos los sábados, o jugar a la lotería, o fumar otro cigarrillo, o comer algo de la nevera, o tumbarte en la cama dándole vueltas a un pensamiento recurrente que te preocupa en vez de dormir… Esto es algo que no se detiene casi nunca, ni de día, ni de noche.

Lo más asombroso, es que ahora están descubriendo que el «tratamiento» de esa «enfermedad» es la meditación. Funciona de este modo. Un grupo de neuronas dice: «Es hora de fumar un cigarrillo». Y otro grupo te hace buscar un cigarrillo y un encendedor en el bolsillo. Antes de darte cuenta de lo que ha ocurrido ya estás fumando. Ahora decides dejar de fumar: en cuanto las células nerviosas del primer grupo empiezan a disparar el impulso excitante, instruyes inmediatamente a las células nerviosas inhibidoras de ese mismo grupo para que contrarresten la excitación, de manera que no tengas que fumar un cigarrillo, comer un trozo de chocolate o llamar a tu madre.

Lo que se activa simultáneamente queda entrelazado, tanto si son impulsos excitantes como si son inhibidores. De cualquier forma, estás acercando esos dos grupos de células. Por eso intentar «luchar» contra los hábitos no suele funcionar.

Una vez, hace veinticinco siglos, un cierto caballero llamado Gautama Buda declaró que lo que hacía falta era ser «consciente sin elección». Apoyar un hábito o luchar contra él solo refuerza el vínculo neuronal, y la única elección es no hacer ninguna de las dos cosas. No hacer nada, ni a favor ni en contra: esto es la esencia de la meditación. Y mira por dónde, lo acabamos de oír, que este es el motivo por el que funciona la meditación con el trastorno obsesivo-compulsivo. O con cualquier otra acción compulsiva inconsciente, como, por ejemplo, la costumbre de vivir como si fuésemos agua quieta, estancada.

Es un proceso verdaderamente científico. Si consigues ver conscientemente uno de estos hábitos, desaparecerá solo, del todo, al cien por cien. Si desaparece el 50%, eso significa que solo has visto el 50%.

No me sorprende que toda la prensa en Estados Unidos esté ahora interesada en la meditación. Lo llaman mindfulness, que es una abreviación de right mindfulness,* que es otra de las formas en las que Buda describía el estar consciente sin elección. Ahora, cada año, esos quinientos estudios científicos están corroborando las diferentes formas en las que la meditación es un proceso beneficioso universal.

Muchas de las mayores empresas de Estados Unidos, especialmente en Silicon Valley, están experimentando con la meditación debido a que el hecho de que sus empleados estén sanos, sean felices y creativos y estén presentes ofrece a las compañías evidentes ventajas. Se utiliza en los colegios, se ofrece a los veteranos con traumas de guerra, a médicos agotados…, todo lo que se te ocurra ya está en la lista. El respaldo de personajes célebres, que siempre es importante en el mundo actual regido por las celebridades, abarca desde Nelson Mandela y Steve Jobs hasta Madonna, Sting, Tiger Woods, y casi todo lo que hay en el camino.

Indudablemente, vale la pena probar la meditación. Así, al menos, sabrás con seguridad si está justificado tanto interés o si a ti te funciona.

El punto clave es que hay que entender que meditar se refiere a observar, observar lo que está sucediendo dentro y fuera, sin importar lo que suceda. En casa, en el trabajo, por la mañana, por la noche… Siempre hay algo que el observador puede observar.

En segundo lugar, mientras que la mente suele estar fantaseando, el cuerpo siempre está presente, aquí y ahora. De forma que si quieres jugar al juego de encender tu propia vida, el cuerpo es el soporte perfecto.

En tercer lugar, cuando se inventaron todas esas meditaciones en las que hay que estar sentado, la gente era muy distinta. Recuerda que el cerebro es maleable, imagínate lo diferente que sería si trabajases en el campo doce horas, te acostases al anochecer porque no hay luz artificial, y vieses pasar por el pueblo a una persona al año.

La mente hiperactiva de hoy en día no te permite estar sentado. Por eso la clave es la meditación en acción; para empezar es mucho más fácil observar cuando estás activo. De ahí el valor, para las personas ocupadas, de las Meditaciones Activas Osho y las demás meditaciones de este libro. Paradójicamente, si tratas de sentarte y estarte quieto, solo notarás la locura de tu mente dando vueltas. Mientras que si continúas girando a través de tus actividades diarias, y observas, descubrirás que hay un centro silencioso dentro de ti. También es posible que te des cuenta de que tienes que librarte de una parte de esa locura mental antes de poder relajarte y estar en silencio.

Sea cual sea la situación, este es un maravilloso libro con una amplia variedad de formas para descubrirte. O, al menos, para saber lo que no eres.

Acércate a la meditación con sinceridad, y no con seriedad. Juega. Busca métodos que te hagan disfrutar y divertirte, de ese modo tu viaje te llevará a donde tengas que ir.

John Andrews es un autor, científico y meditador, fue médico de cabecera de Osho, y se ocupó de su estado físico durante muchos años, incluidos sus últimos días. Como meditador y médico durante muchas décadas, John Andrews ha sido testigo gozoso de la gradual aceptación de la meditación por parte de la comunidad científica, y del giro hacia la corriente actual de interés. En la actualidad escribe sobre la última etapa de este viaje, de la meditación a las Meditaciones Osho.

Parte I: Comprender el origen del estrés

La tensión no tiene nada que ver con algo que está en el exterior, sino con lo que sucede en tu interior. Siempre buscas una excusa externa que justifique tu tensión porque te resulta sencillamente ridículo estar tenso sin motivo alguno. Pero la tensión no está fuera, es el resultado de una forma de vida incorrecta.

Iluminar el interior

La sabiduría no es una acumulación de datos, fechas o información, sino una transformación.

Estamos viviendo fuera de nosotros mismos y nuestro interior permanece oscuro por ese motivo. Si vamos hacia dentro, si empezamos a enfocarnos hacia dentro, veremos que hay luz. Tenemos todo lo necesario para que haya luz; solo tenemos que reorganizar las cosas.

Es como si alguien hubiese desordenado nuestro cuarto, dejado todos los muebles patas arriba y la lámpara de techo en el suelo. Está todo ahí, pero está descolocado. Es difícil vivir en un lugar que está en ese estado. Tendrás que volver a colocar todo en su sitio.

Así es el ser humano: tenemos todo lo necesario, la existencia nos provee de todo. Nacemos con la capacidad de vivir nuestra vida al máximo, sin embargo, la vivimos al mínimo por el simple hecho de no organizar las cosas. Por ejemplo, nuestra atención se dirige hacia fuera, y somos capaces de ver a todo el mundo excepto a nosotros mismos, a pesar de que somos lo más importante que tenemos que ver. Está bien ver a los demás, pero antes tienes que verte a ti mismo, antes tienes que ser tú. Desde esa perspectiva aventajada, estando centrado, puedes ver a los demás desde una óptica completamente distinta.

De manera que hay que dirigir la mirada hacia dentro. Y descubrirse a uno mismo es precisamente esto: darle un giro de 180 grados a nuestra atención, a nuestra conciencia. Cada vez que enfocamos nuestra atención en algo, lo alumbramos. No estoy en contra del mundo exterior, pero antes hay que ocuparse del mundo interno, y luego vendrá el mundo externo. La persona que sabe ocuparse de su mundo interno, podrá ocuparse del mundo externo.

La sabiduría significa conocerse, y conocerse es el principio de todo conocimiento. Después tu halo de luz se expandirá y abarcará cada vez más cosas. Llegará un momento en el que tu sabiduría lo comprenderá todo, lo incluirá todo. Cuando sientas que no falta nada, que no careces de nada, habrás llegado a casa. Te sentirás relajado, tranquilo, contento, profundamente satisfecho; habrá un silencio, pero estará lleno de música.

La patología de la ambición

Todas las culturas y religiones te condicionan para que tengas un sentimiento negativo respecto a ti mismo. No aprecian ni aman a nadie por ser él o ella misma. Tienes que demostrar tu valor obteniendo medallas de oro en el campo del deporte, logrando el éxito, el dinero, el poder, el prestigio y una buena reputación. ¡Demuestra lo que eres! Intrínsecamente, no tienes valor; esto es lo que te han enseñado. Tienes que demostrar tu mérito.

Y de aquí surge un gran enfrentamiento con uno mismo, sientes profundamente que «tal y como soy no tengo mérito…, a menos que demuestre lo contrario». Hay muy poca gente que logra triunfar en este mundo tan competitivo. Con millones de personas compitiendo, ¿cuántas pueden triunfar? ¿Cuántas se convertirán en presidentes y primeros ministros? En un país con varios millones de habitantes solo uno podrá ser presidente, aunque, en el fondo, todo el mundo desearía tener ese trabajo. Habrá millones de personas que no se sientan dignas de ello. ¿Cuántas personas pueden convertirse en grandes pintores? Sin embargo, todo el mundo es creativo. ¿Cuántos pueden ser grandes poetas como Shakespeare, Milton o Shelley? En cambio, en el fuero interno de cada persona hay poesía; cada uno puede aportar un poco de poesía al mundo. Pero, si se convierte en una ambición, la ambición en sí es antipoética.

La idea del éxito te atormenta. La mayor calamidad que le haya podido ocurrir al ser humano es la idea del éxito, de tener que «triunfar». Y el éxito implica competencia, lucha, tanto si se juega limpio como si no, eso no importa. Si triunfas todo estará bien. La clave es el éxito; aunque lo hagas por las malas, cuando alcanzas el éxito todo lo que hayas hecho es admisible.

El éxito transforma la naturaleza de tus actos. El éxito convierte las malas artes en buenas. La única cuestión es: ¿cómo triunfar, cómo llegar hasta la cumbre? Y, evidentemente, habrá muy pocos que lleguen a la cumbre. Muchas personas quieren subir, pero ¿cuántas personas caben en la cumbre del Everest? Allí no hay mucho espacio, solo hay espacio para una persona. Todos los millones que lo han intentado sentirán que han fracasado, y su alma se llenará de una profunda desesperación. Empezarán a tener un sentimiento de negatividad.

Esta educación –la supuesta «educación» que habéis recibido– es un error y es enormemente perjudicial. El colegio, el instituto y la universidad te envenenan. Te hacen sufrir; aquí es donde se crean los infiernos, pero lo hacen de una forma tan bonita que no te percatas de lo que está ocurriendo. El mundo se ha convertido en un infierno por culpa de una educación equivocada. Siempre que la educación esté basada en el concepto de la ambición, en la Tierra el resultado será el infierno, y lo han conseguido.

Todo el mundo sufre y se siente inferior. Es muy curioso, porque no hay nadie que sea superior o inferior, cada individuo es único y no se puede comparar. Tú eres tú, eres simplemente tú y no puedes ser nadie más, ni es necesario. No tienes que ser famoso, ni tienes que triunfar a los ojos del mundo. Esas ideas son ridículas.

Lo único que tienes que hacer es ser creativo, cariñoso, consciente, meditativo…; si sientes que te nace escribir poesía, escribe para ti, para tu marido, para tus hijos, para tus amigos…, ¡y olvida todo el resto! Canta tu canción, y si nadie te escucha, ¡siéntate y disfrútala tú! Acércate a los árboles, ellos te aplaudirán y te lo agradecerán. O habla con las aves y el resto de los animales, porque te entenderán mucho mejor que los seres humanos a los que se les ha inculcado un siglo tras otro un concepto erróneo de la vida.

Ser una persona ambiciosa es patológico.

Te enfrentas a ti mismo porque es lo que te han enseñado a hacer. Es lo que has visto hacer a tus padres, y tú lo has heredado. Lo hacen también tus profesores y tus líderes religiosos. Lo hacen tus líderes políticos; lo hace tanta gente, que has aceptado inevitablemente el hecho de que no vales nada, no tienes un sentido ni un valor intrínsecos; tú no tienes ninguna importancia.

Todos los padres les dicen a sus hijos: «¡Demuestra que vales!». No es suficiente con existir, simplemente con ser…, hay que hacer algo.

Mi enfoque es que ser tiene un valor intrínseco. Simplemente el hecho de ser es un regalo de la existencia, no podrías pedir más. El hecho de respirar en esta bella existencia es la prueba de que la existencia te ama, te necesita; de lo contrario, no estarías aquí. ¡Estás! La existencia te ha dado vida. Debía tener una necesidad importante y tú has llenado ese vacío. Sin ti, la creación no sería lo mismo. Y cuando digo esto, no lo digo solo por ti, lo digo también por los árboles, todos los animales y los guijarros de la orilla. Si faltase una sola piedra, la orilla del mar ya no sería la misma. El universo echaría en falta incluso una flor.

Tienes que aprender que tienes valor tal como eres. No te enseño a ser egoísta, sino lo contrario. Si te sientes valioso como eres, sentirás que los demás también lo son.

Acepta a las personas como son; deja a un lado todos los «debería» y «habría que» porque son los enemigos. La gente va cargando con muchos «debería»: «¡haz esto, no hagas lo otro!». Estás cargando con una lista tan larga de cosas que deberías y no deberías hacer, que al final te impiden bailar porque la carga es demasiado pesada.

Te han impuesto muchos ideales y metas –ideales de perfección–, y siempre sientes que no estás a la altura. Son ideales imposibles de alcanzar. No podrás conseguirlo, ni te satisfarán de ningún modo. Siempre te quedarás corto.

Ser un perfeccionista es estar listo para el diván del psiquiatra; ser un perfeccionista es ser un neurótico. Y a todos nos han dicho que debemos ser perfectos.

La vida es bella con todas sus imperfecciones. Nada es perfecto. Y puedo afirmar que ni siquiera Dios es perfecto, porque, si lo fuera, habría que darle la razón a Nietzsche cuando dice que Dios ha muerto. ¡La perfección significa muerte! La perfección significa que no hay posibilidades de crecer. Significa que todo ha terminado. La imperfección significa que hay posibilidades de crecer. La imperfección significa la emoción de territorios nuevos, el éxtasis, la aventura. La imperfección quiere decir que estás vivo, que la vida continúa.

La vida es eterna, por eso digo que es eternamente imperfecta. La imperfección no tiene nada de malo. Acepta tu imperfección y desaparecerá la negatividad hacia ti mismo. Acepta tu estado presente y no lo compares con un futuro perfecto, un ideal futuro. ¡No pienses en términos de lo que deberías ser! Ese es el origen de todas las patologías; deja de hacerlo. Eres lo que eres hoy, y es posible que mañana seas distinto. Pero no podrás predecirlo hoy y tampoco tienes ninguna necesidad de planearlo.

Vive este día con toda su belleza, su alegría, su dolor, su angustia, su éxtasis. Vívelo con totalidad, con su oscuridad y su luz. Vive el odio y vive el amor. Vive la rabia y vive la compasión. Vive lo que haya en este momento.

Mi enfoque no es el de la perfección, sino el de la totalidad. Vive el momento que se presenta ahora mismo, y el siguiente surgirá a partir de este momento. Si has vivido el presente con totalidad, el próximo momento tendrá un grado mayor de totalidad, un cima más elevada de totalidad, porque ¿de dónde surge el momento siguiente? Solo surge de este momento. Olvídate del futuro, el presente es suficiente.

Jesús dice: «No pienses en el mañana, ¡mira los lirios del campo! Observa su belleza. Ni Salomón en todo su fasto iba vestido como uno de ellos». ¿Cuál es el secreto de los hermosos lirios? Es muy sencillo: no piensan en el mañana, no piensan en el futuro. El mañana no existe. Es suficiente con el día de hoy, es suficiente con este momento. Vive así, y entonces desaparecerá tu negatividad hacia ti mismo.

Recuerda que si te sientes negativo respecto a ti, sentirás lo mismo de los demás. Es una consecuencia inevitable. Esto tiene que estar muy claro. Una persona negativa consigo misma no puede ser positiva con los demás, porque encontrará en los demás los mismos fallos que encuentra dentro de sí, de hecho los magnificará. Y se vengará. Tus padres te han inculcado esa negatividad y tú te vengarás en tus hijos; harás que ellos sean todavía más negativos.

De ese modo, la negatividad va aumentando con cada generación. Las generaciones son cada vez más patológicas.

El hecho de que hoy en día la gente sufra tanto psicológicamente no tiene que ver con las personas en sí, sino que demuestra que el pasado ha sido un error. Es una acumulación del pasado. A menos que renunciemos a este pasado patológico y empecemos de nuevo, viviendo en el presente, sin ideas de perfección, ni ideales, ni reglas sobre lo que se debe o no se debe hacer, sin mandamientos, la humanidad estará condenada.

Todo el mundo siente la negatividad. Unos lo reconocen y otros no. Y cuando sientes negatividad hacia ti mismo, sientes que todo lo demás es negativo. Tu actitud se vuelve negativa, es una actitud de «no». Si llevas a una persona negativa a un rosal, en vez de mirar las rosas, porque no puede, contará las espinas. Es incapaz de ver la belleza. Ignora la flor y se fija en las espinas.

Si sientes negatividad, toda tu vida se convierte en una noche oscura. Ya no hay amaneceres y mañanas. El sol siempre se pone, pero nunca amanece. Tus noches oscuras ni siquiera tienen estrellas. ¿Cómo puedes hablar de estrellas si ni siquiera tienes una vela?

Una persona negativa vive en la oscuridad, vive una especie de muerte. Muere lentamente. Para ella la vida consiste en eso. Se envenena de diferentes formas, es autodestructiva. Naturalmente, destruye también a todo el que entra en contacto con ella. Una madre negativa destruye a su hijo. Un marido negativo destruye a su mujer; una mujer negativa destruye a su marido. Unos padres negativos destruyen a sus hijos; un profesor negativo destruye a sus alumnos.

Necesitamos una nueva humanidad que esté a favor de la vida, que ame la vida, que ame el amor, que ame la existencia tal como es, que no exija la perfección para amarla, que la celebre con todas sus limitaciones. Y te asombrarás, cuando ames tu vida, todas las puertas empezarán a abrirse. Cuando ames, todos los misterios se revelarán, todos los secretos se desvelarán. Si amas tu cuerpo, antes o después descubrirás del alma que reside dentro de él. Si amas los árboles, las montañas y los ríos, antes o después podrás ver las manos invisibles de Dios en todas las cosas. Podrás ver su sello en cada hoja. Para poder verlo necesitas tener ojos, y es algo que solo pueden apreciar los ojos positivos; los ojos negativos no ven nada.

Acéptate o te convertirás en un hipócrita. ¿Qué es un hipócrita? Es alguien que dice una cosa, cree en algo, aunque hace lo contrario. No te reprimas nada, no hay nada que sea negativo en ti. La existencia es absolutamente positiva. Expresa tu interioridad más recóndita. Canta tu canción sin preocuparte. No esperes que nadie aplauda, no es necesario. La recompensa simplemente debería ser cantar.

Si de verdad quieres vivir, en tu corazón deberá haber un profundo sí. Solo el sí te permite vivir. Te nutre, te da espacio para moverte. Obsérvalo, basta con repetir la palabra sí para que algo en tu interior se empiece a abrir. Si dices no, se encoge. Si dices no, y lo repites, te estarás matando. Di sí y sentirás la abundancia. Di sí y estarás listo para amar, para vivir, para ser.

Para mí todos los seres son espléndidos, únicos. Yo no comparo; no me gusta comparar porque las comparaciones son desagradables y violentas. No diré que eres superior ni inferior a nadie, solo eres tú mismo, y el mundo te necesita así. Eres incomparable, como el resto del mundo.

Parte II: La conexión cuerpo-mente

¿Por qué todo el mundo parece estar tan agotado? Porque todos están luchando. La religión te enseña a luchar, lo único que te enseñan está basado en el conflicto, porque el ego solo surge por medio de la pelea. Cuando te relajas, el ego desaparece. Relajarse significa no tener ego. Si vas a favor de la corriente, no crearás un ego. El ego no es un fenómeno natural; para crearlo y mantenerlo se necesita mucha energía. Tener un ego es un fenómeno costoso. Inviertes en ello toda tu vida.

La conciencia y la relajación: las dos caras de la moneda

¿Por qué estás en tensión? Lo que te provoca tensión es tu identificación con todo tipo de pensamientos y temores: la muerte, la bancarrota, la devaluación del dinero…, todo esto constituye tu tensión y afecta a tu cuerpo. Tu cuerpo también se tensa, porque el cuerpo y la mente no son entidades separadas. El cuerpo-mente es un organismo único y cuando la mente está en tensión, el cuerpo se tensa.

Tomar conciencia y relajarte son las dos caras de la misma moneda. No se pueden separar. Si empiezas a tomar conciencia, notarás que te relajas; eso te apartará de la mente y de identificarte con ella. Naturalmente, el cuerpo empieza a relajarse. Ya no estás apegado, las tensiones no pueden existir bajo la luz de la conciencia.

También puedes empezar por el otro extremo. Relajándote…, dejando que desaparezca toda la tensión.., y cuando estés relajado, notarás cómo surge en ti una conciencia. Pero es más fácil empezar por tomar conciencia; empezar por relajarse es más difícil, porque el esfuerzo de relajarse crea cierta tensión.

En Estados Unidos hay un libro titulado Debes relajarte. ¿Cómo puedes relajarte por obligación? Eso te pondrá en tensión, la palabra en sí provoca tensión. La obligación es como un mandamiento de Dios. Es probable que el autor de ese libro desconozca por completo la relajación y todas sus complejidades.

De modo que, en Oriente, nunca hemos empezado a meditar con la relajación, sino con la conciencia. Y después la relajación ocurre espontáneamente; no hay que hacer nada. Si tuvieras que hacer algo, habría cierta tensión. Debe llegar espontáneamente, solo así será una verdadera relajación. Y ocurre naturalmente.

Si quieres, puedes empezar por relajarte, pero sin la idea de «obligación». Empezar por relajarse es difícil, pero puedes intentarlo si quieres. Se me ocurre una forma de empezar. He trabajado con muchos occidentales y me he dado cuenta de el hecho de que no son como los orientales, no conocen la corriente de conciencia oriental; proceden de una tradición diferente que nunca ha oído hablar de la conciencia.

Para los occidentales he creado meditaciones como la Meditación Dinámica. Cuando dirigía retiros para los meditadores, solía usar una meditación del gibberish o la Meditación Kundalini. Si quieres empezar por relajarte, primero deberás usar estas técnicas. Te ayudarán a liberarte de las tensiones de la mente y el cuerpo, y luego te resultará más sencillo relajarte. No tienes noción de todas las cosas que estás reprimiéndote y que son la causa de tu tensión.

En los retiros de la montaña, he permitido que se haga la meditación del gibberish. En la ciudad no se podría porque los vecinos se volverían locos y llamarían a la policía diciendo: «¡Están amargándonos la vida!». Pero no se dan cuenta de que, si participaran desde sus casas, ¡se liberarían de la locura en la que viven! No son conscientes de su locura.

Durante la meditación del gibberish, todo el mundo puede decir lo que le venga a la mente. Es muy divertido escuchar lo que dicen –yo era el único testigo–, todo es irrelevante y absurdo. Puedes hacer lo que quieras, con la única condición de que no puedes tocar a nadie. La gente hace todo tipo de cosas…, uno hace el pino, otro se quita la ropa y corre desnudo… ¡en el transcurso de una hora!

Había uno que solía sentarse delante de mí todos los días –debía ser un bróker o algo parecido–, y al empezar la meditación, estaba sonriente pensando en lo que iba a hacer. Luego se ponía a hablar por teléfono: «Diga, diga…». Y me miraba de reojo. Yo evitaba su mirada para no interferir en su meditación. Estaba vendiendo y comprando acciones, y se pasaba toda la hora hablando por teléfono.

Todo el mundo hace cosas extrañas que han estado reprimiendo. Al terminar la meditación hay diez minutos de relajación, y durante esos diez minutos la gente se tumba sin haberlo decidido conscientemente, por puro agotamiento. Se han liberado de todo lo innecesario, y al sentirse más limpios, se pueden relajar. Miles de personas tumbadas…, pero no dirías que llegaban a mil.

La gente solía venir a decirme: «Alarga los diez minutos, jamás había experimentado tanta relajación, tanta felicidad. No me imaginaba que llegaría a entender lo que significa la conciencia, pero la he sentido».

Si quieres empezar por relajarte, antes tendrás que experimentar un método de catarsis. La Meditación Dinámica, la Kundalini, o el gibberish.

Seguramente no conocerás el origen del término gibberish; procede del nombre de un místico sufí, Jabbar. Era la única meditación que practicaba. Siempre que llegaba alguien, decía: «Siéntate y empieza». Y todos sabían a qué se refería. No hablaba, nunca daba discursos; solo enseñaba a la gente a practicar el gibberish.

De vez en cuando, por ejemplo, hacía una demostración. Y durante media hora decía cosas en un lenguaje incomprensible; decía todo lo que se le ocurría. Esa era toda su doctrina y si alguien lo había entendido, simplemente le decía: «Siéntate y empieza».

Jabbar ayudó a mucha gente a encontrar el silencio. ¿Cuánto tiempo se puede estar hablando? Llega un punto en el que la mente se queda vacía. Poco a poco, surge una nada…, y de esa nada sale la llama de la conciencia. Siempre está presente detrás de tu galimatías. Tienes que expresarlo porque es tu veneno.

Y lo mismo ocurre con tu cuerpo. Tu cuerpo tiene tensiones. Empieza a hacer los movimientos que te pida el cuerpo. No trates de intervenir. Si quiere bailar, trotar, correr, o quiere dar vueltas por el suelo, no lo hagas tú, deja que el cuerpo lo haga. Dile: «Eres libres, haz lo que quieras». Y te sorprenderás. «¡Madre mía! Mi cuerpo quería hacer todas esas cosas y yo se lo estaba impidiendo, por eso había tanta tensión».

De manera que hay dos tipos de tensión, la del cuerpo y la de la mente. Antes de empezar a relajarte tienes que liberarlas, y eso te conducirá a la conciencia.

Pero es mucho más fácil empezar por la conciencia, y especialmente para quienes son capaces de entender el proceso de la conciencia, que es muy sencillo. En tu vida cotidiana usas la conciencia con las cosas –los coches, el tráfico–, ¡eres capaz de sobrevivir incluso en medio del tráfico! Es una locura. Usas la conciencia sin ser consciente de que lo haces, pero solo con las cosas externas. Esta conciencia es la misma que hay que usar para el tráfico interno. Cuando cierras los ojos, hay tráfico de pensamientos, emociones, sueños, fantasías; todas esas cosas empiezan a desfilar.

Haz en tu mundo interior exactamente lo mismo que haces en el exterior y te convertirás en un testigo. La alegría de ser un testigo es tan grande, tan sobrenatural, que cuando la conozcas solo querrás adentrarte en ella cada vez más. Tratarás de hacerlo siempre que tengas un momento.

No se trata de estar sentado en una postura, de ir a un templo, una iglesia o una sinagoga. Puedes cerrar los ojos cuando no tengas nada que hacer en el autobús o en el tren. No se cansarán los ojos de mirar hacia fuera, y tendrás tiempo de observarte. De estos momentos puedes extraer las experiencias más maravillosas.

Y gradualmente, a medida que aumente tu conciencia, tu forma de ser cambiará. El mayor salto cuántico que existe es ir de la inconsciencia a la conciencia.

Simplemente tienes que aprender a ser consciente en cualquier situación. Aprovecha todas las situaciones para desarrollar la conciencia.

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162 стр. 4 иллюстрации
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9788499884325
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