Читать книгу: «El ABC de la iluminación»

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OSHO

EL ABC

DE LA ILUMINACIÓN

Traducción del inglés de Fermín Guisado


Titulo original: YELLOW PAGES OF ENLIGHTMENT

© 2001 Osho International Foundation, www.osho.com/copyrights

OSHO® es una marca registrada de Osho International Foundation, www.osho.com/trademark

All rights reserved

© de la edición en castellano:

2003 by Editorial Kairós, S.A.

www.editorialkairos.com

Primera edición en papel: Febrero 2003

Primera edición en digital: Diciembre 2020

ISBN-10: 84-7245-529-7

ISBN-13: 978-84-7245-529-0

ISBN epub: 978-84-9988-870-5

ISBN kindle: 978-84-9988-871-2

Composición: Pablo Barrio

Diseño cubierta: Bullet Liongson

El material de este libro ha sido seleccionado entre varias charlas dadas por Osho ante una audiencia durante un periodo de más de treinta años. Todos los discursos de Osho han ido publicados íntegramente en inglés y están también disponibles en audio. Las grabaciones originales de audio y el archivo completo de textos se pueden encontrar on-line en la biblioteca de la www.osho.com.

Todos los derechos reservados. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita algún fragmento de esta obra.

SUMARIO

1  Abnegación

2  Abstinencia

3  Abstracciones

4  Absurdo

5  Aburrimiento

6  Accidentes

7  Aceptación

8  Actividad

9  Actuar

10  Admiración

11  Adulterio

12  Adultos

13  Agua

14  Ahogamiento

15  Alegría

16  Alemanes

17  Alerta

18  Alienación

19  Alquimia

20  Amabilidad

21  Amargura

22  Ambición

23  Amor

24  Amor propio

25  Androginia

26  Ángeles

27  Angustia

28  Anhelo

29  Anticristo

30  Apego

31  Apertura

32  Aprendices

33  Aprendizaje

34  Armonía

35  Arrepentimiento

36  Arte

37  Arte objetivo

38  Asombro

39  Ateísmo

40  Atención

41  Autenticidad

42  Avaricia

43  Ayer

44  Belleza

45  Benefactores

46  Beso

47  Biblias

48  Bien

49  Bocado de Adán

50  Buscar

51  Búsqueda

52  Cálculo

53  Calendario

54  Cambio

55  Caos

56  Capitalismo

57  Carácter

58  Caras

59  Cargas

60  Caridad

61  Carisma

62  Castigo

63  Catarsis

64  Ceguera

65  Celebración

66  Celos

67  Cementerios

68  Cero

69  Chistes

70  Cielo

71  Ciencia

72  Civilización

73  Claridad

74  Claro de luna

75  Cobardía

76  Comparación

77  Compasión

78  Comunicación

79  Comunión

80  Concentración

81  Conciencia

82  Conclusiones

83  Condicionamiento

84  Conductismo

85  Confusión

86  Conocerse a sí mismo

87  Conocer

88  Conocimiento

89  Consejo

90  Contracepción

91  Contradicciones

92  Convicción

93  Corazón

94  Cordialidad

95  Corriente

96  Corrupción

97  Costumbres

98  Creatividad

99  Creyentes

100  Criminales

101  Crisis

102  Cristianismo

103  Cuerpo

104  Culpa

105  Culpabilidad

106  Cultos

107  Cumpleaños

108  Curación

109  Curiosidad

110  Danza

111  Deber

112  Debilidad

113  Decisión

114  Depresión

115  Desafíos

116  Desamor

117  Desasosiego

118  Desconocido

119  Descontento

120  Desengaño

121  Desenlaces

122  Desidentificación

123  Desobediencia

124  Destino

125  Destructividad

126  Diablo

127  Día del juicio

128  Dicha

129  Dieta

130  Dinero

131  Dios

132  Diplomacia

133  Dirección

134  Disculpa

135  Distancia generacional

136  Divinidad

137  División

138  Divorcio

139  Dolor

140  Donación

141  Drama

142  Duda

143  Ecología

144  Economía

145  Educación

146  Educación sexual

147  Eficiencia

148  Ego

149  Egoísmo

150  Elección

151  Elecciones

152  Emergencias

153  Emociones

154  Enemigos

155  Energía

156  Enfermedad

157  Entendimiento

158  Entretenimiento

159  Envejecimiento

160  Envidia

161  Equilibrio

162  Equipaje

163  Errores

164  Eruditos

165  Escuchar

166  Esencia

167  Esoterismo

168  Espacio

169  Espectador

170  Espera

171  Esperanza

172  Esperanzas

173  Espiritualidad

174  Espontaneidad

175  Estrés

176  Eternidad

177  Etiqueta

178  Eufemismos

179  Evasión

180  Evitación

181  Evolución

182  Exámenes

183  Excepcionalidad

184  Éxito

185  Experiencia

186  Experimentación

187  Explicaciones

188  Éxtasis

189  Eyaculación

190  Familia

191  Fanatismo

192  Fantasmas

193  Fantástico

194  Felicidad

195  Femenino

196  Filosofía

197  Final

198  Fronteras nacionales

199  Frustración

200  Fuerza

201  Futuro

202  Garantías

203  Generalizaciones

204  Genitales

205  Geografía

206  Gobierno

207  Gracia

208  Graffiti

209  Gratitud

210  Guerra

211  Guerras de religión

212  Guía interior

213  Gurus

214  Hablar

215  Heridas

216  Hijos

217  Hogar

218  Hombre de negocios

219  Humanidad

220  Humor

221  Ideales

222  Identidad

223  Identificación

224  Iglesias

225  Iglesia y mujer

226  Igualdad

227  Iluminación

228  Imperfección

229  Imprevisible

230  Incognoscible

231  Indecisión

232  Infelicidad

233  Ingeniería genética

234  Inmortalidad

235  Inseguridad

236  Intelectuales

237  Inteligencia

238  Intensidad

239  Interdependencia

240  Interpretación

241  Ira

242  Jactancia

243  Jardinería

244  Jaulas

245  Jefes

246  Juegos

247  Justicia

248  Juventud

249  Karma

250  Lágrimas

251  Lenguaje

252  Leyes

253  Libertad

254  Libros

255  Limitaciones

256  Listo

257  Llanto

258  Lluvia

259  Locura

260  Lógica

261  Lucha

262  Lujuria

263  Madurez

264  Mal

265  Malentendido

266  Mantras

267  Mañana

268  Maquinalidad

269  Más

270  Masas

271  Materialismo

272  Maternidad

273  Matrimonio

274  Mediana edad

275  Médicos

276  Meditación

277  Meditación trascendental

278  Mendigos

279  Mente

280  Mente masculina y femenina

281  Mentiras

282  Metafísica

283  Metas

284  Miedo

285  Milagros

286  Misterio

287  Misticismo

288  Modas

289  Monje

290  Moralidad

291  Muerte

292  Música

293  Nada

294  Nadie

295  Naturaleza

296  Naturaleza humana

297  Necesidades

298  Negatividad

299  Nervios

300  Neurosis

301  Niños

302  No

303  No-mente

304  Nubes

305  Nuevo

306  O esto, o aquello

307  Obediencia

308  Obligación

309  Obsesión

310  Océano

311  Ocultismo

312  Oído

313  Opiniones

314  Optimismo

315  Opuestos

316  Oración

317  Orejas

318  Orgasmo

319  Oscuridad

320  Otros

321  Parábolas

322  Paraíso

323  Parto virginal

324  Pasado

325  Paz

326  Pechos

327  Peligro

328  Pena

329  Pena capital

330  Pensamiento

331  Penumbra

332  Percepción

333  Peregrinos

334  Pereza

335  Perfección

336  Periodismo

337  Peros

338  Personalidad

339  Pesimismo

340  Placer

341  Poesía

342  Polaridades

343  Políticos

344  Por qué

345  Posesiones

346  Pragmatismo

347  Preocupación

348  Presente

349  Prisa

350  Problemas

351  Procreación

352  Profesor

353  Promesas

354  Prudencia

355  Psicología

356  Publicidad

357  Punto de ebullición

358  Quiromancia

359  Radiografías

360  Rapacidad

361  Reacción

362  Realidad

363  Realización

364  Recompensas

365  Reencarnación

366  Relación

367  Relajación

368  Relatividad

369  Remembranza

370  Renunciación

371  Represión

372  Resolución

373  Respiración

374  Responsabilidad

375  Respuesta

376  Resurrección

377  Retiro

378  Revolución

379  Riesgo

380  Risa

381  Rumores

382  Rutina

383  Sacerdote

384  Sacrificio

385  Sagrado

386  Salud

387  Salvación

388  Santos

389  Satisfacción

390  Secretos

391  Sencillez

392  Sensaciones

393  Sensualidad

394  Sentido

395  Sentido interno

396  Sentimiento

397  Seriedad

398  Servicio

399  Sexo

400  Sexualidad

401  Significación

402  Silencio

403  Soborno

404  Sobres

405  Sociedad

406  Sofista

407  Soledad

408  Soltería

409  Sonido

410  Sorpresa

411  Sueños

412  Sufrimiento

413  Supervivencia

414  Tabúes

415  Tacto

416  Templos

417  Tensión

418  Tentación

419  Ternura

420  Tibieza

421  Timidez

422  Totalidad

423  Trabajo

424  Tradición

425  Traición

426  Transexuales

427  Transigir

428  Trascendencia

429  Trinidad

430  Tristeza

431  Turista

432  Unicidad

433  Unidad

434  Universidades

435  Vacuidad

436  Vagabundo

437  Valentía

438  Valor

439  Vejez

440  Verdad

441  Vergüenza

442  Victoria

443  Vida

444  Vidas pasadas

445  Violencia

446  Virtud

447  Voluntad

448  Voz interior

449  Vulnerabilidad

450  Xenofobia

451  XYZ

452  Yo

453  Zoo

454  Sobre el autor

455  OSHO International Meditation Resort

456  Más información

Abnegación

El amor es abnegación. Es mucho lo que se está perdiendo, sobre todo en Occidente, debido a que el amor se ha convertido casi exclusivamente en pasión, excitación y emoción: en un pelotazo. Eso también forma parte del amor; pero no es su meollo, sino una parte muy superficial. Bueno, a veces también es necesaria la excitación; pero es como la sal en la comida, no la comida misma. La abnegación es el verdadero ingrediente: la esencia misma del amor.

Abstinencia

Desde el momento en que nos introducimos en el útero materno, nos convertimos en un ser sexual; no hay manera de evitarlo. De modo que quien quiera evitar el sexo no tiene más remedio que reprimirlo y convertirse en un ser antinatural, con lo cual toda su vida será una vida pervertida. La represión es posible, pero no la trascendencia.

Una vez escuché lo siguiente:

Ellen y Dolph llevaban treinta años casados y no habían faltado una sola noche a las delicias conyugales. Un día, Ellen fue al médico y éste le dijo que debía guardar tranquilidad y reposo completos durante seis meses o de lo contrario pondría en peligro su vida.

Ellen y Dolph decidieron que debían permanecer separados durante aquel período. Ella se trasladó a un dormitorio del piso superior y él se quedó en la planta baja.

Transcurridos tres meses de abstinencia total y soledad, su fuerza de voluntad se derrumbó y Dolph decidió hacer una visita al dormitorio de su mujer. Cuando empezaba a subir las escaleras, descubrió que ella bajaba.

—Cariño –dijo ella–, bajaba dispuesta a morir.

—Me alegro, vida mía –respondió él–, pues yo subía para matarte.

No seamos insensatos, hagamos sencillas las cosas. ¡No hace falta matar o morir! La represión nos complicará mucho las cosas a lo largo de la vida y acabará por desgarrarnos; por convertirnos en esquizofrénicos: célibes por fuera y lo contrario por dentro.

Abstracciones

Siempre resulta más sencillo amar las cosas abstractas. Es más fácil amar a la humanidad que a los seres humanos, pues amando a la humanidad no se corre ningún riesgo. Un solo ser humano es mucho más peligroso que la humanidad entera. La humanidad es una palabra; no existe ninguna realidad que se corresponda con ella. El ser humano es una realidad, y cuando se transita una realidad, se suceden los buenos tiempos y los malos; el dolor y el placer; los ascensos y las caídas; los altos y los bajos, la agonía y el éxtasis. El amor a la humanidad no tiene éxtasis ni agonía. De hecho, amar a la humanidad es una manera de soslayar a los seres humanos: como eres incapaz de amar a los seres humanos, te pones a amar a la humanidad simplemente para engañarte a ti mismo.

Evita las abstracciones.

Absurdo

Todo lo hermoso es absurdo. La alegría es una de esas experiencias desprovistas de toda utilidad. Tanto el amor como la paz o la iluminación son absurdas: absurdas en el sentido de que no tienen el menor significado más allá de sí mismas; su significado es intrínseco.

La belleza es absurda; la alegría es absurda; la risa es absurda.

Acopia en tu vida tantas cosas absurdas como puedas. Hay gente que colecciona cosas extrañas, ¡como sellos de correos! Colecciona cosas absurdas, pues cuantas más cosas absurdas tengas, más rico serás.

Aburrimiento

Los animales jamás se aburren. Fíjate en un búfalo rumiando hierba, cada día la misma hierba, tendido y rumiando sin parar; pero jamás se aburre. Tú puedes aburrirte de mirarlo, pero él no se aburre. Los animales nunca se aburren, no hay manera de aburrir a un animal. Su mente es demasiado crasa; demasiado torpe, ¿cómo puedes aburrirle? Para aburrirse hace falta una altísima sensibilidad; cuanto mayor sea tu sensibilidad, más grande será tu aburrimiento. Los niños no se aburren, todavía están más próximos al mundo animal que al humano; son animales humanos. Todavía disfrutan con las cosas sencillas, de modo que no se aburren. Pueden ir a cazar mariposas cada día y no llegar a aburrirse, por lo que están dispuestos a ir todos los días. ¿Has hablado alguna vez con niños?, ¿les has contado alguna vez una historia; la misma historia? Te dirán: «Cuéntala otra vez». Y cuando se la hayas contado otra vez, te dirán: «Cuéntala de nuevo».

No puedes aburrir ni a los niños ni a los animales. El aburrimiento es humano; una cualidad muy importante, de hecho, puesto que sólo se da al más alto nivel de conciencia. Cuando uno es muy sensible, se siente aburrido –la vida parece carente de significado y desprovista de sentido en sí misma–; te sientes como si fueses un mero accidente, como si tu presencia aquí fuese irrelevante. Hasta que llega un momento en que uno está tan sumamente aburrido que empieza a pensar en suicidarse.

¿Qué es el suicidio? Es simplemente abandonar; decir que hasta aquí hemos llegado. No quiero volver a jugar a este juego y abandono definitivamente la partida. A no ser que alcances ese punto, no es posible la transformación, pues sólo a partir de él puedes transformarte. Ahí está la encrucijada.

Accidentes

Como la vida avanza y la mente mira al pasado, la mente y la vida nunca se encuentran. La mente va hacia atrás y vive de espaldas. La mente es un espejo retrovisor del que hay que valerse cuando la ocasión lo requiere. En efecto, el espejo retrovisor del coche cumple una función importante; pero si te obsesionas con el espejo retrovisor y no dejas de mirarlo, si conduces pendiente exclusivamente del espejo retrovisor, el asunto puede volverse peligroso. Sin duda habrá accidentes y más accidentes, y nada más que accidentes.

Y eso es lo que le ha pasado a la humanidad. Mira: tres mil años de historia y lo único que encuentras son accidentes, accidentes y más accidentes. En tres mil años hemos disputado cinco mil guerras. ¿Quieres más accidentes?

¿Y qué le hemos hecho a la tierra, a la naturaleza, durante esos tres mil años? Hemos destruido la ecología. En estos momentos, como no se haga algo de manera inmediata, la tierra puede llegar a ser inhabitable.

La tierra ha sido envenenada por nosotros; la estamos matando. ¡Tenemos que vivir en ella y la estamos convirtiendo en un cadáver! En muchos lugares empieza a apestar. Hemos provocado un cáncer a la tierra y a la naturaleza; ella nos ha dado la vida y nosotros, a cambio, le damos muerte. Y la razón fundamental, la causa principal, es que hemos hecho caso a la mente, que va hacia atrás.

Aceptación

Durante tan sólo veinticuatro horas, prueba lo siguiente: aceptación total; suceda lo que suceda. Si alguien te insulta, acéptalo, no reacciones y observa lo que ocurre. De repente notarás que fluye en tu interior una energía que nunca antes habías notado. Cuanto te sientes débil y alguien te insulta, te molestas y empiezas a pensar de qué manera tomarás venganza; esa persona te ha atrapado y, en adelante, no harás otra cosa que darle vueltas y más vueltas. Durante días, noches e incluso años, no podrás dormir y tendrás pesadillas. Hay gente capaz de desperdiciar toda su vida por una nimiedad insignificante, como que alguien le haya insultado.

Basta con volver la vista hacia tu pasado para recordar unas cuantas cosas. Cuando eras un chiquillo, el maestro te llamó idiota en clase y todavía lo recuerdas con rencor. Tu padre dijo algo, pero tus padres lo han olvidado y no logran recordarlo ni aunque tú se lo recuerdes. Tu madre te lanzó determinada mirada y desde entonces te ha acompañado la herida, que sigue abierta, en carne viva, y explotarás con sólo que alguien la roce. No dejes que la herida se extienda, no permitas que te esclavice. Busca las raíces; acércate al Todo. Durante veinticuatro horas –sólo veinticuatro horas– trata de no reaccionar, de no rechazar nada; pase lo que pase.

Si alguien te empuja y te derriba, ¡cáete! Luego levántate y vete a casa. No hagas nada al respecto. Si alguien te agrede, inclina la cabeza y acéptalo con gratitud. Vete a casa, no hagas nada; aunque sólo sea durante veinticuatro horas, y experimentarás un arrebato de energía que nunca antes habías conocido: una nueva vitalidad que surge de las raíces, y una vez que la hayas conocido, una vez que la hayas experimentado, tu vida cambiará. Luego te reirás de todas las tonterías que venías haciendo: de todos los rencores, reacciones y venganzas con las que te habías estado destruyendo.

Nadie puede destruirte salvo tú; nadie puede salvarte excepto tú. Eres Judas al mismo tiempo que Jesús.

Actividad

Recuerda dos palabras: una es “acción”; la otra, “actividad”. La acción no es actividad; la actividad no es acción. Sus naturalezas son diametralmente opuestas. Acción es cuando la situación lo requiere: actúas; respondes. Actividad es cuando la situación no importa, no se trata de una respuesta; eres tan inquieto interiormente que la situación no es más que un pretexto para mantenerte activo.

La acción nace de una mente silenciosa –es la cosa más hermosa del mundo–. La actividad surge de una mente inquieta –es la más deplorable–. Acción es cuando el acto tiene relevancia; la actividad es irrelevante. La acción responde al momento: es espontánea; la actividad está cargada de pasado. No es una respuesta al momento presente, sino más bien el exutorio de la inquietud que has venido arrastrando desde el pasado hasta el presente. La acción es creativa; la actividad es enormemente destructiva: te destruye a ti y destruye a los demás.

Trata de entender esa sutil diferencia. Por ejemplo: estás hambriento y comes; eso es acción. Pero si no estás hambriento, no tienes el menor apetito y a pesar de todo comes, eso es actividad. Lo que haces es destruir la comida, machacarla con tus mandíbulas hasta destruirla, lo cual te permite un cierto alivio de tu inquietud interior.

Actuar

¡Deja de actuar! Pero cuando digo que dejes de actuar, no estoy diciendo que no hagas nada. Ésta es la segunda cosa que debes entender: cuando digo que dejes de actuar, no me interpretes mal, no estoy diciendo que no hagas nada. “Deja de actuar” significa simplemente que dejes de empujar a la corriente; que te dejes llevar por el río. Él ya va camino del océano y te llevará a tu destino, sea éste cual sea: X, Y o Z; eso es imprevisible. Nadie conoce el punto exacto en que el río se encontrará con el océano, ni dónde ni cuándo, y es bueno que nadie lo sepa. Es bueno porque así la vida sigue siendo un misterio; una continua sorpresa. Uno se asombra a cada paso y le embarga una profunda admiración.

Admiración

Quien quiere ser admirado es porque no siente respeto por sí mismo. Somos educados con sentimientos de culpa que arraigan profundamente en nosotros. Desde el principio somos reprendidos por los padres, los maestros, los sacerdotes, los políticos y toda la clase dirigente. A todos los niños se les repite continuamente un único sonsonete: «Hagas lo que hagas, no está bien. Estás haciendo lo que no debes hacer y dejando de hacer lo que deberías hacer». Todos los niños reciben directa o indirectamente la impresión de que no son realmente queridos, de que sus padres están cansados, de que en cierto modo se los tolera o de que son una molestia.

Eso causa una profunda herida en las personas y da origen al rechazo de uno mismo. Buscamos admiración para ocultar esa herida.

La admiración es una compensación. Si te respetas a ti mismo, es más que suficiente; si te gustas a ti mismo, no tienes necesidad de ninguna admiración y ni siquiera la deseas, pues en cuanto empiezas a desear la admiración de los demás, empiezas a comprometerte con ellos. Tienes que colmar sus esperanzas, pues sólo entonces te admirarán. Tienes que acomodarte a sus dictados y no puedes gozar de una vida en libertad.

Adulterio

El significado corriente del término es hacer el amor con una mujer con la que no estás casado. Pero el verdadero significado del adulterio es hacer el amor no estando enamorado. Aunque se trate de tu propia esposa, si no estás enamorado, hacer el amor con ella es adulterio.

Pero el hombre es un fenómeno complejo: hoy en día puedes estar enamorado de tu mujer –¡sí, incluso de tu mujer! Sé que es difícil, duro y que además es muy raro, pero ocurre–. Hoy en día puedes estar enamorado de tu propia mujer, en cuyo caso hacer el amor con ella es una oración, una forma de culto y una comunión con la existencia.

Sólo que esa comunión también se puede dar con cualquier otra mujer con la que no estás casado –si hay amor de por medio, no es adulterio–. Y si lo que hay por medio no es amor, incluso lo que haces con tu esposa es adulterio.

Adultos

Todos los niños son inteligentes, mucho más inteligentes que los llamados adultos. Los adultos son sólo “llamados”; es muy raro encontrarse con una persona que sea realmente un adulto. La principal característica de una persona verdaderamente adulta es que mantiene viva la inocencia y conserva la mirada asombrada y el corazón inquisitivo de un niño; la pureza y la claridad del niño siguen intactas en él. Ha logrado derrotar a la sociedad; no ha permitido que nadie destruya su inteligencia.

Agua

En todas las tribus primitivas, el agua simboliza la vida. La vida se basa en el agua: el ochenta y cinco por ciento del cuerpo humano es agua. Toda la vida, tanto la del hombre como la de los animales, los árboles y los pájaros, depende del agua. El agua era uno de los elementos básicos a los que había que rendir culto. Lo mismo que al sol, todos los pueblos primitivos rendían culto al agua; ambos eran venerados como dioses. Y tiene al mismo tiempo un significado metafórico.

El agua representa varias cosas. La primera es que no tiene forma, pero puede adoptar cualquiera; tiene la capacidad de adaptarse a todas las formas. Si la viertes en un tarro, adopta la forma del tarro, y si la viertes en un vaso, toma la forma del vaso. Es infinitamente adaptable. Ahí radica su virtud: no conoce la rigidez. El hombre debe ser como el agua, y no tan rígido y frío como el hielo.

El agua siempre fluye en dirección al mar. Esté donde esté, siempre se dirige hacia el mar: hacia el infinito. El hombre debe ser como el agua y encaminarse siempre hacia Dios. El agua se conserva pura mientras está en movimiento: si fluye; y si se queda parada, se vuelve impura: estancada. Así que tanto el hombre como su conciencia deben mantenerse en movimiento, siempre fluyendo, y no quedarse parados en ninguna parte.

Cuando el hombre se queda parado, se vuelve sucio e impuro. Si el flujo se mantiene y uno está dispuesto a pasar de un instante al siguiente sin asideros y sin el lastre del pasado, conserva la inocencia y la pureza.

Ahogamiento

Un buen nadador tiene tanta confianza que casi llega a fundirse con el río. No lucha contra él, no intenta agarrarse al agua y no está rígido ni tenso. Si te pones rígido y tenso, te ahogarás; si estás relajado, el río se ocupará de ti. Por eso cuando alguien se muere, su cadáver flota en el agua. Es un milagro; ¡es asombroso! El vivo se ahogó engullido por el río y el muerto sencillamente flota en la superficie. ¿Qué ha pasado? El muerto conoce algún secreto del río que el vivo ignora. El vivo luchaba; el río era su enemigo. Estaba asustado y desconfiaba. Pero el muerto, al no estar allí, ¿cómo podía luchar? El muerto está completamente relajado, sin la menor tensión, y de repente sale a la superficie. El río se ocupa de él. No hay ningún río capaz de ahogar a un muerto.

Alegría

La alegría es muy superior al placer y a la felicidad. Es mucho más delicada y más suave; más parecida a una flor. Si tienes que escoger entre las tres, mejor que te quedes con la alegría. Es una sutil armonía. Cuando tu cuerpo, tu mente y tu corazón funcionan al unísono, en profundo acuerdo, aparece la alegría. El cuerpo contribuye con algo y la mente también, pero quien aporta la mayor parte es el corazón. La alegría contiene un poco de placer, un poco de felicidad y alguna cosa más.

Alemanes

La gente siempre se ha preguntado cómo se las compuso Adolf Hitler para dominar a una raza tan inteligente como los alemanes. ¿Por qué? Parece una paradoja que un hombre como Martin Heidegger, uno de los más grandes pensadores de la época, apoyara a Adolf Hitler. Los grandes profesores de las grandes universidades alemanas dieron su apoyo a Adolf Hitler. ¿Por qué? ¿Cómo fue posible?

Además, Adolf Hitler no era más que una persona estúpida, ignorante y poco sutil. Pero tenía algo en su interior de lo que carecían los profesores, las personas inteligentes y el propio Martin Heidegger. Tenía algo en su interior que ninguna persona inteligente puede tener: certidumbre absoluta. Era idiota, pero podía hablar sin cortapisas y afirmar cosas como si las supiera. Era un loco, pero su locura tuvo una gran repercusión: cambió completamente el curso de la historia humana.

No es de extrañar que los alemanes se sintiesen tan interesados e impresionados por él. Eran personas inteligentes, de las más inteligentes del mundo, y la inteligencia siempre comporta confusión. Ése es el secreto del éxito de Adolf Hitler. La inteligencia comporta confusión y la confusión comporta estremecimiento y miedo; uno no sabe adónde ir ni qué hacer y empieza a buscar un caudillo. Empieza a buscar a alguien que pueda decir las cosas con rotundidad; que pueda afirmarlas categóricamente.

Alerta

Si estás alerta, si tus acciones son cada vez más conscientes, hagas lo que hagas, no lo harás en estado de somnolencia. Todos los esfuerzos de la sociedad van encaminados a volverte automático: a hacer de ti un autómata y convertirte en un perfecto mecanismo eficiente.

Cuando empiezas a aprender a conducir estás alerta pero no eres eficiente, porque la alerta consume energía y tienes que estar alerta a muchas cosas: las marchas, el volante, el freno, el acelerador y el embrague. Hay tantas cosas a las que tienes que estar atento que no puedes ser eficiente; no puedes ir deprisa. Pero más adelante, cuando te vuelves eficiente, no necesitas ser consciente. Puedes ir tarareando una canción, reflexionando o resolviendo un acertijo mientras el coche circula solo. El cuerpo lo asume automáticamente. Eres más eficiente cuanto más automático te vuelves.

La sociedad necesita eficiencia, por eso te hace cada vez más automático: hagas lo que hagas, sé automático. La sociedad no se preocupa de tu conciencia; tu conciencia es un problema para la sociedad. Se te exige que seas más eficiente y más productivo. Las máquinas son más productivas que tú. La sociedad no te necesita como hombre sino como dispositivo mecánico, por eso te hace más eficiente y menos consciente. En eso consiste la automatización. Así es como te engaña la sociedad. Te vuelves más eficiente, pero tu alma está perdida.

Si puedes entenderme: todo el esfuerzo de las técnicas de meditación tiene que ir encaminado a desautomatizarte, a ponerte de nuevo alerta y a convertirte otra vez en un hombre, no en una máquina.

Alienación

Si desarraigas un árbol, empezará a morirse: su verdor desaparecerá, el follaje no tardará en marchitarse y nunca más dará flores. La primavera llegará y pasará sin que el árbol se entere. Se ha alienado de la existencia. Ya no está arraigado en la tierra ni en relación con el sol, ni le queda ningún puente. Está rodeado de muros y todos los puentes están rotos.

Eso es lo que le ha sucedido al hombre moderno: es un árbol desarraigado. Ha olvidado cómo relacionarse con la existencia: cómo musitar a las nubes, los árboles o las montañas. Ha olvidado completamente el lenguaje del silencio… pues el lenguaje del silencio es el que tiende un puente entre tú y el universo que te rodea. El universo no conoce otro lenguaje. En el mundo hay tres mil lenguas; pero la existencia no conoce más lenguaje que el lenguaje del silencio.

Después de la segunda guerra mundial, un general inglés estaba hablando con un general alemán. El alemán estaba muy perplejo; dijo: “Teníamos el ejército mejor pertrechado del mundo, la mejor tecnología de guerra, el líder más grande que haya conocido la historia y los mejores generales; además de un ejército leal. ¿Cómo es que no logramos vencer?, ¿por qué? ¡Parece francamente imposible que hayamos sido derrotados! Es increíble; aunque ha sucedido, ¡sin embargo no acabamos de creérnoslo!

—Te has olvidado de una cosa –dijo sonriendo el general inglés–, nosotros solíamos rezar a Dios antes de cada batalla; ése es el secreto de nuestra victoria.

—¡Pero nosotros también teníamos por costumbre rezar a Dios cada mañana!– replicó el alemán.

—Sabemos que teníais la costumbre de rezar –exclamó el general inglés echándose a reír–, pero vosotros rezáis en alemán y nosotros en inglés, ¿y acaso os ha dicho alguien que Dios entienda el alemán?

Cada cual está convencido de que su lengua es la lengua de Dios. Los hindúes afirman que el sánscrito es la lengua sagrada, la lengua divina –deva vani–; Dios sólo entiende el sánscrito. Pero preguntad a los mahometanos: para ellos, Dios sólo entiende el árabe; de lo contrario, ¿por qué tendría que haber revelado el Corán en árabe? Y si preguntáis a los judíos, Dios sólo entiende el hebreo.

Dios no entiende ninguna lengua porque Dios significa la totalidad de la existencia. Dios sólo entiende el silencio, pero hemos olvidado el silencio. Y al olvidar el silencio, el arte de la meditación, nos hemos alienado.

Alquimia

Medita sobre algo negativo y verás cómo lenta, muy lentamente, te va embargando la sorpresa: la tristeza se vuelve alegría; la ira, compasión; la avaricia, desprendimiento, y así sucesivamente. Es la ciencia de la alquimia interior: cómo transformar lo negativo en positivo; cómo transformar el metal base en oro.

Pero recuerda, no empieces nunca por lo positivo porque no sabes nada sobre lo positivo. Y eso es precisamente lo que mucha gente va enseñando por el mundo –“pensadores positivos” los llaman–. No saben nada acerca de la alquimia interior. No empieces por el oro, pues si ya tienes el oro, ¿cuál será el punto de partida? No tendrás necesidad de alquimia. Debes empezar por el metal base; el metal base ha de ser transformado en oro. Y el metal base es lo que tienes, lo que eres. Lo que eres es infierno, que debe ser transformado en paraíso. Dispones del veneno, que ha de ser transformado en néctar. Empieza por lo negativo.

Todos los budas han insistido: progresa via negativa, porque lo negativo trae lo positivo, y lo trae con gran facilidad. No lo persigas ni trates de imponértelo. Si empiezas por lo positivo, tal como predican los llamados pensadores positivos, acabarás siendo un farsante. ¿Qué piensas hacer? ¿Vas a empezar con alegría? Puedes empezar sonriendo, pero esa sonrisa será dibujada: sólo estará en los labios; ni siquiera a flor de piel.

Empieza por lo negativo y no tendrás ninguna necesidad de pensar en lo positivo. Si meditas sobre lo negativo, si profundizas en ello hasta su raíz más profunda, de repente se produce una explosión: lo negativo se desvanece y aparece lo positivo. En realidad siempre ha estado allí, oculto tras lo negativo. Lo negativo no era más que un refugio. Lo negativo era necesario porque todavía no eras lo bastante digno; lo negativo era necesario para que pudieses hacerte merecedor de recibir lo positivo.

Amabilidad

La amabilidad es una cualidad y no una forma de relación. No tiene que ver con nadie más; es básicamente una cualidad interna. Puedes ser amable incluso cuando estás solo. En cambio, estando solo, no puedes ser amigable; necesitas al otro. La amabilidad es una especie de fragancia: una flor abierta en la jungla que sigue siendo fragante aunque no pase nadie. No importa que nadie lo sepa, es su cualidad. Puede que nadie llegue a saberlo, pero eso no importa; es alegría.

La amistad sólo puede existir entre un hombre y otro hombre o, a lo sumo, entre un hombre y un animal –un caballo, un perro–. Pero la amabilidad puede existir incluso para con una piedra, un río, una montaña, una nube o una estrella lejana. La amabilidad no tiene límites porque no depende del otro; es, inequívocamente, tu propia floración.

Amargura

Somos amargos porque no somos lo que deberíamos ser. Todo el mundo está amargado porque siente que la vida no es lo que debería ser: si eso es todo, ¡vaya fiasco! Tiene que haber algo más, y a menos que descubramos ese algo más, no podremos desterrar la amargura. La amargura engendra la ira, la envidia, la violencia, el odio y todo tipo de emociones negativas. Nos quejamos continuamente, pero la verdadera queja viene de muy adentro; es una queja por la existencia: «¿Qué hago aquí? ¿Por qué estoy aquí? No pasa nada. ¿Por qué me veo obligado a vivir si no pasa nada?» El tiempo pasa sin cesar y la vida no aporta ninguna dicha. Eso genera amargura.

No es casual que los viejos se amarguen tanto. Es muy difícil vivir con los viejos, aunque sean tus propios padres. Es muy difícil por la sencilla razón de que han tirado toda su vida por la ventana, y eso los amarga. Saltan por todo para descargar su negatividad; montan escenas catárticas por cualquier cosa. No pueden tolerar que los niños sean felices, bailen, canten y griten de júbilo; no lo pueden soportar. Les molesta porque han desperdiciado su vida. Y cuando dicen: «No nos molestéis», lo que están diciendo en realidad es: «¿Cómo os atrevéis a estar tan contentos?» Están en contra de los jóvenes y, hagan éstos lo que hagan, siempre les parece mal.

En realidad están amargados por todo lo que significa la vida y no paran de buscar excusas… Es muy raro encontrar un viejo que no esté amargado, pues eso significa que su vida ha sido realmente hermosa, que realmente ha madurado. En ese caso los viejos tienen una enorme belleza que ningún joven puede tener; un cierto grado de sazón, de madurez y de plenitud. Han visto y vivido tanto que están profundamente agradecidos a la existencia.

Pero es muy difícil encontrar esa clase de viejo, pues quiere decir que es un Buda, un Cristo o un Krishna. Sólo un iluminado puede no amargarse en la vejez, pues la vida se ha ido y se aproxima la muerte, ¿qué motivos hay para ser feliz? Uno está sencillamente enojado.

Has oído hablar de gente enfadada, de jóvenes enfadados; pero realmente no hay ningún joven que pueda enfadarse tanto como los viejos. Nadie habla de los viejos enfadados, pero mi propia experiencia –he observado a jóvenes y viejos– es que nadie puede enfadarse tanto como un viejo.

La amargura es un estado de ignorancia. Tienes que trascenderla; tienes que adquirir ese estado de conciencia que sirve de puente para pasar al otro lado. Y el propio trayecto constituye una revolución. En el momento en que trasciendes todas las quejas y todos los noes, surge un enorme sí –sólo sí, sí, sí– y una inmensa fragancia. La misma energía que antes era amargura, ahora se convierte en fragancia.

Ambición

Las ambiciones son contagiosas. Evita a la gente ambiciosa o de lo contrario un poco de su fiebre acabará por infectarte; por afectarte. Puede que empieces a moverte en una dirección que no es la tuya o que empieces a hacer cosas que jamás creíste que llegarías a hacer; pero caíste en ciertas compañías…

No tienes más que echar un vistazo a tu vida: casi toda es accidental. No es esencial, sino accidental. Tu padre quiso que fueses médico y por eso eres médico. Ahora bien, ambicionaba que su hijo llegase a ser un médico famoso y colmó su ambición. Te utilizó como un medio para colmar su ambición. Eso no es amor, es explotación.

La ambición es la causa fundamental de la locura.

Trata de entender tu ambición; tus esfuerzos por ser alguien en el mundo acabarán por volverte loco. No seas nadie y se habrá acabado el problema. Renuncia a la ambición y empieza a vivir, pues el ambicioso no consigue vivir; siempre lo pospone. Su verdadera vida siempre será mañana, y el mañana nunca llega. El ambicioso no puede por menos que ser agresivo y violento, y la persona agresiva y violenta acabará inevitablemente loca.

La persona no ambiciosa es pacífica, cariñosa y compasiva. La ambiciosa siempre tiene prisa; siempre va corriendo: precipitándose hacia algo cuya presencia intuye vagamente, pero que nunca alcanzará. Es como el horizonte, que no existe; sólo lo parece. La persona no ambiciosa vive aquí y ahora, y estar aquí y ahora es estar cuerdo. Estar completamente en el momento es estar en tus cabales.

Amor

El amor no ha de ser tan sólo una relación; ha de ser un estado del yo. Cada vez que te enamoras de alguien, a través de ese alguien te enamoras del Todo. Y si realmente acontece el amor, descubrirás que de repente empiezas a amar a los árboles y a los pájaros y al cielo y a la gente. ¿Qué ocurre exactamente cuando te enamoras de un hombre o de una mujer? Cuando te enamoras de una mujer te enamoras de todas las mujeres. Esa mujer no es más que una representante: un ejemplo de todas las mujeres que en el mundo ha habido, hay y habrá; una puerta abierta a todas las mujeres. Pero la mujer no es sólo una mujer, es asimismo un ser humano, luego te has enamorado de todos los seres humanos. Pero la mujer tampoco es sólo un ser humano, también es un ser y, por lo tanto, te has enamorado de todos los seres. Si alguna vez te enamoras, te sorprenderá descubrir que tu energía amorosa se proyecta sobre todo lo que encuentra. Ése es el verdadero amor.

Amor propio

Nos han enseñado a censurarnos a nosotros mismos; nos han enseñado que somos despreciables. Nos han dicho de mil y una maneras que somos porquería, y eso ha entrado a formar parte de nuestra educación.

El primer paso es respetarte a ti mismo pues, si no te respetas a ti mismo, no podrás respetar a nadie más en el mundo.

Ámate a ti mismo, pues, si no eres capaz de amarte a ti mismo, no podrás amar a nadie más. Y si no puedes amarte a ti mismo, ¿cómo podrá amarte alguien? Cuando no hay amor ni respeto por tu propio ser, la vida se convierte en un desierto, pues sólo mediante el amor y el respeto puedes hacer que brote un jardín de tu propio ser y que empieces a aprender a tañer el arpa de tu propio corazón. Uno empieza a aprender a ser más poético, elegante, estético y sensible… pues la vida es una gran oportunidad que no hay que dejar escapar; un tesoro que no hay que dilapidar.

Así pues, el primer paso, y el más fundamental, es amarte y respetarte a ti mismo. Pero eso no quiere decir que te conviertas en un egoísta. Amarte a ti mismo no es crearte un ego. Tanto los árboles como los pájaros se aman a sí mismos y no tienen ego.

Androginia

Cada ser humano es a la vez hombre y mujer; pero se identifica únicamente con una parte de su ser. Crees ser un hombre pero dentro de ti hay también una mujer esperando a ser reconocida, acogida y aceptada. Pero te empeñas en negarla. Afirmas: «Soy un hombre». Acabarás desequilibrado. Si eres una mujer, también tienes a un hombre aguardando en tu interior, pero reniegas de él. De ese modo nunca llegarás a ser un todo; te quedarás escindido para siempre. Existe un punto de la conciencia, la comprensión o la percepción en que el hombre y la mujer que llevas dentro coinciden y se mezclan hasta disolverse el uno en el otro. Es lo que William Blake llamó el “matrimonio interior”, por el cual te conviertes en andrógino; hombre y mujer al mismo tiempo. En la India tenemos un símbolo perfecto para representarlo: Ardhanarishwar. Son estatuas de Shiva en las que una mitad del cuerpo es masculina y la otra mitad femenina. Es al mismo tiempo el amante y la amada; el yin y el yang. Es el andrógino.

El mismo tipo de unión entre opuestos se produce continuamente en múltiples direcciones y dimensiones. La necedad y la sabiduría son dos polaridades. Si eres sabio, pero niegas tu necedad, no eres sabio del todo, pues una parte de ti aún no ha sido absorbida. Una parte de ti anda rondando a tu alrededor; aún no se ha convertido en parte integrante de ti. Si eres necio y piensas que eres necio, estás negando y suprimiendo al sabio que llevas dentro. El sabio es ambas cosas y, sin embargo, ninguna. Las trasciende ambas, de modo que puede afirmarse que no es ninguna; pero como en él las dualidades han desaparecido convertidas en una nueva síntesis, se le puede llamar asimismo de las dos maneras.

Ángeles

Nadie cree en el sol o la luna porque existen. La gente cree en dios, los ángeles, los demonios y en esto, lo otro y lo de más allá porque no existen. Simplemente te montas sistemas de creencias a las que aferrarte.

Angustia

En todo corazón hay una gran angustia: la angustia de no conocerse a sí mismo, de no saber de dónde venimos ni a dónde vamos ni quiénes somos ni qué es la vida en realidad. «¿Cuál es el significado de la vida?»: ésa es nuestra angustia y nuestra congoja.

La vida parece sumamente fútil y carente de todo significado; pura repetición mecánica. No paras de hacer las mismas cosas una y otra vez. ¿Para qué? La angustia viene de que el hombre se siente muy accidental; como si no fuese importante. Y el hombre no puede vivir a menos que perciba que tiene algún sentido, que aporta algo significativo al mundo, que la existencia le necesita y no es tan sólo un fenómeno inútil; que no es accidental sino necesario, que está cumpliendo con algo tremendamente importante. A menos que uno sienta eso, está perdido.

Los pensadores existencialistas han hecho famosas muchas palabras. Una de ellas es angustia; la angustia es sufrimiento espiritual. No todo el mundo la siente. La gente es tan lerda, tan estúpida y tan mediocre que no siente angustia, sigue haciendo sus cositas durante toda la vida y se muere. Viven y mueren sin llegar a saber qué es realmente la vida.

De hecho, la gente descubre por primera vez que estaba viva cuando está a punto de morir; el contraste con la muerte los hace despertar: «He perdido una oportunidad». Ése es el dolor de la muerte. No tiene nada que ver con la muerte directamente, sino sólo indirectamente. Cuando uno se muere, siente un gran dolor; pero ese dolor no tiene ninguna relación con la muerte. El dolor es: «Estaba vivo y ahora todo se acaba sin que haya logrado hacer nada importante. No he sido creativo. No he sido consciente: he vivido mecánicamente, como un sonámbulo».

Anhelo

El deseo es objetivo; el anhelo no. El anhelo se refiere a lo que tiene ganas de explotar dentro de ti. Es interior; subjetivo. Si una rosa quiere convertirse en loto, es un deseo; pero si la rosa desea ardientemente llegar a ser una rosa, es un anhelo. Si la semilla quiere brotar y convertirse en un árbol es un anhelo. Es perfectamente admisible; es como debe ser. Pero si la semilla quisiera convertirse en una mariposa, sería un deseo.

El deseo es absurdo; el anhelo es existencial. El anhelo es bueno; el deseo es peligroso, y como la diferencia es tan sutil, conviene estar muy alerta.

Anhelo es la eclosión de lo interno; deseo es la acumulación de lo externo. El hombre desea dinero; el hombre anhela la meditación. El hombre desea poder; el hombre anhela la pureza. El hombre desea conocimiento; el hombre anhela la conciencia. El hombre desea el mundo; el hombre anhela a Dios.

Todo lo que en ti es intrínseco, es anhelo. Desvía tus energías del deseo hacia el anhelo. El anhelo es realización.

Anticristo

Cuando creamos una ficción, tenemos que crear la antificción. Los cristianos hablan de la llegada del anticristo. En primer lugar, Cristo era un pobre tipo inculto y un poco antojadizo: montado en su burro y predicando a un puñado de idiotas, que siempre los hay disponibles. Además, en toda su vida no pudo encontrar más que una docena de seguidores. Por eso los cristianos tuvieron que crear la idea del anticristo, pues sólo entonces Jesús se convierte en un Cristo verdadero: un auténtico salvador que te salvará del anticristo. Han transcurrido dos mil años y nadie ha encontrado a ningún anticristo. Muchos son los que la cristiandad ha condenado como anticristos, pero es precisamente a través de esa condena como se cumple el deseo de hacer de Cristo una realidad.

El sacerdote es el anticristo, el papa es el anticristo y los miles de misioneros católicos y protestantes son los anticristos. ¡El anticristo ya ha aparecido! El primer anticristo fue Pedro, el fundador de la Iglesia. En realidad ha hecho mucho más daño Pedro, el primer papa, que Judas. Judas contribuyó enormemente a la obra de Cristo: si Judas no hubiese vendido a Jesucristo a sus enemigos, puede que ni siquiera hubieses oído hablar de él. Si Jesús entró a formar parte de la conciencia humana fue gracias a la crucifixión. Judas no es realmente su enemigo. De hecho, George Gurdjieff solía contar una historia muy bonita –¡de su propia invención, por supuesto!–. Pero las historias inventadas por personas como George Gurdjieff tienen un inmenso significado. Solía decir que Judas vendió a Jesús por treinta rupias de plata –por sólo treinta rupias de plata– a sus enemigos, ¡pero a petición del propio Jesús! Fue un mandato suyo; él se lo ordenó a Judas. Y, por supuesto, siendo como era un discípulo fiel, no podía decir que no. Con lágrimas en los ojos y el corazón desgarrado cumplió su mandamiento, lo cual parece tener también una cierta relevancia, pues cuando Jesús fue crucificado, todos los discípulos huyeron; salieron corriendo. Nadie sufrió tanto como Judas. Judas se suicidó al día siguiente, antes de veinticuatro horas. No podía vivir sin Jesucristo.

Sólo es una historia, pero hay algo sobre lo que conviene meditar: Judas no perjudicó la causa de Jesús; él no es el anticristo, sino los llamados seguidores: las personas que fundaron la cristiandad; ellos sí que son el anticristo.

Apego

Nos apegamos con mucha facilidad y nos apegamos a casi todo. La vida es un devenir: nada se mantiene inalterable; pero esperamos y deseamos que nada cambie. En el mundo hay tanta frustración porque todas nuestras esperanzas quedan insatisfechas. Cada esperanza lleva aparejado un desastre.

Apego significa aferrarse a algo, deseando que nunca deje de ser como es. Pero eso es pedir lo imposible. El joven quiere permanecer joven para siempre, pero eso es imposible; más tarde o más temprano tiene que envejecer. Pero la vejez, más que proporcionar alegría, comporta sufrimiento, cuando, por el contrario, debería ser la culminación misma de la vida. Debería ser la cumbre más alta, coronada de nieve, pero es un agujero negro. Es un agujero negro porque nos hemos aferrado a la juventud. Nos aferramos al cuerpo, pero llegará un día en que el cuerpo desaparecerá. Habítalo, ámalo, respétalo y cuídalo, pero no te apegues a él. Recuerda que es una posada: un alojamiento para una noche; pero hay que partir por la mañana.

Y lo mismo ocurre con todo. Te enamoras de una persona, te apegas a ella y acto seguido empieza el sufrimiento. Te vuelves posesivo, pues temes que se enamore de otra persona; empiezas a ponerle trabas, a obstruir su libertad y a reducirla a un objeto. Todo el amor y el respeto empiezan a desvanecerse y dejan paso a un enfrentamiento continuo entre dos egos. Tú quieres poseerle a él y él quiere poseerte a ti. ¿Cómo puede haber amor en esa guerra constante? El apego destruye el amor; es veneno para el amor.

Ama profundamente, intensamente, pero no mezcles la posesión ni los celos. A buen seguro que aparecerán, si te apegas. El mayor arte que hay que aprender en la vida es a flotar sin apegos; a pasar por la vida sin resultar afectado por nada. Las cosas vienen y van, pero tú permaneces absorto en tu yo: concentrado y sereno.

Apertura

En un puño no hay espacio, mientras que en una mano abierta cabe la totalidad del cielo; pero sólo en una mano abierta. El significado es muy sutil, pero a la vez muy hermoso: si tratas de agarrarlo, lo pierdes, y si no lo intentas, sigue allí. Si no lo intentas, en tu mano tienes nada menos que la totalidad del cielo. Si tratas de agarrar el cielo, haciendo de tu mano un puño, todo desaparece.

Aprendices

Dicen que un adepto al zen no pierde nunca la mentalidad de aprendiz; nunca se convierte en un experto. Está dispuesto a aprender y no se cierra, sino que permanece vulnerable y abierto. Si tienes algún mensaje que transmitirle, no dice de buen principio que «ya lo sabe todo». La expresión mentalidad de aprendiz es muy importante.

¿Has tenido ocasión de comprobarlo? Cuando empiezas a hacer algo por primera vez, sientes una gran alegría. Cuando aprendes a conducir, por ejemplo: ¡disfrutas tanto…! pero al cabo de un mes, cuando ya has aprendido, la alegría se desvanece y se vuelve aburrido; pura rutina. Sigues conduciendo, pero ya no escuchas el zumbido del motor ni notas la corriente de aire ni observas el funcionamiento rítmico del coche. Ya no ves nada: ni los árboles ni los pájaros ni el sol; nada. Al principio, durante unos días, fue como una luna de miel: una luna de miel con el coche.

Y lo mismo ocurre con todas nuestras experiencias. ¡Al principio todo parece tan hermoso…! Te enamoras de una mujer y todo es tremendamente hermoso: increíble; pero al cabo de unas cuantas semanas todo se ha desvanecido: se ha acabado. Te encuentras en un callejón sin salida y buscas otra mujer, u otro hombre. ¿Qué ha ocurrido?, pues que has perdido la mentalidad de aprendiz.

La mente del aprendiz es una mente inocente; una mente ignorante. Mentalidad de aprendiz significa saber que no sabes nada. Como eres consciente de que no sabes nada, estás dispuesto a aprender: accesible y abierto. Pase lo que pase, tienes curiosidad por saberlo todo y te intrigan cada momento y cada matiz. Estás exultante, y pronto te conviertes en un experto. El día en que te vuelves un experto, el aprendizaje termina y empiezas a acumular saber.

Por eso, un verdadero hombre de conocimiento no pierde nunca la mentalidad de aprendiz. Nunca se convierte en un experto; nunca deja de aprender.

Aprendizaje

El conocimiento es prestado; el aprendizaje es tuyo. El conocimiento es a través de las palabras, el lenguaje y los conceptos; el aprendizaje es a través de la experiencia. El conocimiento siempre es finito: lo sabes; está completo. El aprendizaje nunca está completo. Nunca se completa; siempre está en marcha. El aprendizaje es un proceso: uno aprende y aprende, y hasta el último momento no cesa de aprender.

Armonía

No tienes más que verlo, todo es armonioso. Los árboles se balancean al viento; hay armonía. No luchan contra el viento, sino que bailan con él. Las estrellas se desplazan en tremenda armonía. Esta vasta existencia es como una gran orquesta: cada cosa concierta con todo lo demás. No hay conflictos, divisiones ni discordancias.

Sólo el hombre se puede considerar aparte porque tiene conciencia, y la conciencia te proporciona una alternativa. O te consideras distinto y caes en el sufrimiento y el infierno, o tratas de comprender la unidad y, de repente, surge la felicidad. Ser uno con el Todo es maravilloso; estar separado del Todo es sufrimiento.

Arrepentimiento

El término inglés “repent” (arrepentirse) precisa una explicación, pues ha sido mal interpretado a lo largo de muchos siglos. Jesús repite una y otra vez: «Arrepentíos»; pero no para de decir: «¡Arrepentíos! ¡Arrepentíos, que el fin del mundo se acerca!». La traducción del griego al inglés de las enseñanzas de Jesús supuso una gran calamidad para muchas palabras. La palabra “arrepentirse” es una de las que más lo padecieron. Se trata de una traducción del término griego “metanoia”, que significa volverse hacia adentro; “metanoia” significa meditación. “Arrepentirse” también significa retorno: retorno al origen. No tiene nada que ver con la idea de arrepentimiento que te han enseñado en las iglesias o que te han inculcado los sacerdotes. Arrepentirse no tiene nada que ver con el arrepentimiento. Arrepiéntete significa: «¡Vuélvete hacia dentro! ¡Regresa! ¡Vuelve al origen de tu yo! ¡Vuelve al centro mismo de tu yo!».

Arte

La paradoja del arte estriba en que primero tienes que aprender su disciplina y luego olvidarte completamente de ella. Si no sabes el ABC, no serás capaz de profundizar mucho en él. Pero si sólo conoces la técnica y no haces otra cosa que ponerla en práctica durante toda tu vida, podrás llegar a ser muy hábil técnicamente, pero no dejarás de ser un técnico; nunca llegarás a ser un artista.

En el zen se dice que si quieres ser pintor, tienes que pasarte doce años aprendiendo a pintar y luego doce años olvidándolo todo acerca de la pintura. Olvidarla completamente, como si no tuviese nada que ver contigo. Durante doce años medita, corta leña o saca agua del pozo; haz cualquier cosa, pero no pintes.

Y por fin, un día serás capaz de pintar. Veinticuatro años de formación: doce años formándote para aprender la técnica y doce años formándote para olvidarla. Después ya puedes pintar, la técnica ha entrado a formar parte de ti. Ya no se trata de un conocimiento técnico, sino que ha pasado a ser parte de tu sangre, de tus huesos y de tu médula. Ahora puedes ser espontáneo; ya no te pondrá trabas ni te aprisionará.

Arte objetivo

Arte objetivo significa algo que te ayuda a centrarte; que te ayuda a estar más sano y más integrado. Si contemplas el Taj Mahal en luna llena, te sumergirás en un espacio muy meditativo. Contemplando una estatua de Buda, con sólo que te sientes en silencio junto a una estatua de Buda, algo en tu interior quedará silencioso y sosegado; igual que Buda. Eso es el arte objetivo, y tiene una enorme importancia.

Pero el arte objetivo ha desaparecido del mundo porque han desaparecido los místicos. El arte objetivo sólo es posible cuando alguien ha alcanzado un plano superior de existencia; es obra de quienes han llegado a la cumbre. Pueden ver tanto la cima como el valle. Pueden ver tanto la culminación de la humanidad, su belleza, como su deterioro y su fealdad. Pueden otear al mismo tiempo las profundidades de los valles oscuros donde la gente se arrastra y las cimas iluminadas por el sol. Tienen la capacidad de crear ciertos mecanismos para ayudar a la gente que se arrastra en la oscuridad a alcanzar las cimas iluminadas. Su arte constituye un mecanismo para el crecimiento interior; para la madurez.

El arte moderno es pueril –no infantil, recuérdalo, sino pueril–; no inocente sino estúpido, insensato y patológico. Tenemos que deshacernos de esa tendencia. Hay que crear una nueva forma de arte, un nuevo tipo de creatividad. Debemos restituir al mundo lo que Gurdjieff llama el arte objetivo.

Asombro

Deja que la vida penetre en ti; hazte más abierto y vulnerable: siente y experimenta más. Por todas partes hay pequeñas cosas repletas de maravillas. Fíjate en un niño; llévalo al parque y quédate observándolo. Así debes ser tú también: tan asombroso y tan lleno de asombro; corriendo tras aquella mariposa o a recoger una flor; jugando con el barro, revolcándose en la arena… el niño está imbuido de divinidad.

Si vives en el asombro serás capaz de celebrar. No vivas en el conocimiento; vive en el asombro. No sabes nada. La vida es sorprendente: vayas adonde vayas, es una continua sorpresa. Vívela como una sorpresa; como un fenómeno imprevisible en que cada momento es nuevo. ¡Inténtalo!, ¡dale una oportunidad! No perderás nada con ello y puedes ganarlo todo.

Ateísmo

Siempre me gusta contar esta pequeña historia:

Un gran ateo escribió con letras mayúsculas en la pared de la sala de estar: «GOD IS NOWHERE» (DIOS NO ESTÁ EN NINGUNA PARTE). Por descontado, todo aquel que iba a visitarle no tenía más remedio que leerlo, pues las letras eran muy grandes y le quedaban justo delante de los ojos.

Tuvo su primer hijo y, un día estaba jugando con él. El niño estaba aprendiendo a leer despacito, de modo que se puso a leer la frase de la pared. Tenía que leer «God is nowhere», pero “nowhere” era una palabra muy larga y el niño no conseguía leerla de un tirón. Así que la partió en dos y leyó: «GOD IS NOW HERE» (DIOS ESTÁ AQUÍ Y AHORA): la palabra “nowhere” dividida en dos partes.

Por vez primera, el padre miró la frase y exclamó: «¡Dios mío! Este niño me ha despertado la conciencia. Ya no podré leer nunca más la frase de un tirón; siempre recordaré “aquí y ahora”».

Fue un momento de transformación para el ateo. Por primera vez, pensó: “¿Sé a ciencia cierta que Dios no está en ninguna parte? ¿Acaso he explorado la totalidad del universo? ¿He explorado mi ser interior?”.

Tan ciegos están los teístas como los ateos; ambos son creyentes. El único que está en lo cierto es el agnóstico, que no es teísta ni ateo; simplemente busca la verdad. No tiene sistema de creencias ni prejuicios, ni ideología preestablecida.

Yo no veo mucha diferencia entre el ateísmo de un comunista y el teísmo del Vaticano. El teísmo del Vaticano se basa en la fe. Das Kapital es la Biblia para el comunista, y como Marx afirma que dios no existe, eso se convierte en dogma para cualquier niño de un país comunista. En la India, todos los niños creen en la existencia de Dios. Ambas son creencias: una es positiva y la otra negativa; pero creencias al fin y al cabo. Ni los comunistas saben ni el Vaticano tampoco.

Los que saben, afirman que es imposible decir nada acerca de la realidad última; no puede traducirse en palabras. Sigue siendo un misterio que puedes penetrar, pero del que no puedes decir nada. Puedes disfrutarlo, recrearte con él e incluso bailarlo; pero el lenguaje es demasiado limitado.

Ésa es la verdadera carencia de la filosofía: no puede expresar la experiencia suprema de los meditadores.

Sólo el agnóstico puede ser un meditador. Renuncia a cualquier programación sin importarle si proviene de los teístas o los ateos. Hay que dejar a un lado toda programación, la totalidad de la mente, y penetrar en el espacio de la no-mente.

En la no-mente no existe el tiempo, sólo el momento presente y un profundo silencio, y una gran claridad, y tú eres un ser luminoso aquí y ahora.

Atención

Todo el mundo habla de su sufrimiento. ¿Por qué se pone tanto énfasis en ello? ¿Por qué se le dedica tanta atención? Recuerda una de las leyes: todo aquello a lo que se dispensa mucha atención, crece. La atención es alimento: cuanta más atención dedicas a algo, más crece.

Actualmente los biólogos dicen que un niño crece más si es querido, porque a través del amor recibe mayor atención. Hasta una planta crece más si el jardinero le presta atención. Si la descuida; aunque le proporcione de todo: suelo adecuado, fertilizantes, riego y luz solar, de todo excepto una atención consciente, tarda más en crecer. Se trata de un hecho científico, observado y comprobado. Si quieres a una planta y le dedicas mucha atención, si le hablas y le dices de vez en cuando «te quiero», crece más deprisa.

La atención es una vitamina, lo más importante de la existencia. Si nadie te quiere, empiezas a marchitarte. Si nadie te presta atención, la muerte se instala en ti; sientes deseos de morir. Si alguien te presta atención, te hace revivir. La atención es vida: impulso vital.

Si nadie te quiere, acabarás suicidándote, pues eres incapaz de quererte a ti mismo. Si fueses capaz de quererte a ti mismo, si fueses capaz de prestarte atención a ti mismo, no necesitarías la atención de nadie más. Un buda puede vivir solo en este mundo, pero tú no. Si estuvieses solo, te suicidarías inmediatamente. Dirías: «¿Para qué? ¿Por qué he de vivir? ¿Quién va a quererme? ¿A quién querré yo?».

Las mismas leyes también se aplican interiormente; psicológicamente. Si concedes mucha atención al sufrimiento, le estás ayudando a crecer, y si prestas mucha atención a la felicidad, contribuyes a que aumente.

No te conviertas en tu propio enemigo. Si te encuentras inmerso en el sufrimiento es debido a que has prestado atención a cosas equivocadas. Desvía tu atención. Con que recuerdes un solo momento de felicidad es suficiente; dispénsale atención y aumentará. La semilla crecerá y se convertirá en un gran árbol.

Autenticidad

Ser auténtico significa mantenerte fiel a tu propio Yo. Ahora bien, ¿cómo te mantienes fiel? Has de tener en cuenta tres cosas. La primera es no escuchar nunca lo que otros digan que has de ser, sino escuchar en todo momento tu voz interior; lo que a ti te gustaría ser. De lo contrario malgastarás toda tu vida.

No lo olvides: sé fiel a tu voz interior. Si te conduce al peligro, afróntalo; pero mantente fiel a tu voz interior. De ese modo puede llegar un día en que alcances un estado que te permita bailar de satisfacción interior. Mantente alerta, lo primero es tu yo, y no permitas que los demás te manipulen ni te controlen. Y son muchos: todo el mundo está dispuesto a controlarte, a cambiarte y a indicarte una dirección que tú no has pedido; todo el mundo quiere proporcionarte una guía para tu vida. La guía está en tu interior; nadie más que tú tiene el plano original.

Ser auténtico significa ser fiel a uno mismo. Se trata de un fenómeno sumamente peligroso; pocas personas pueden hacerlo. Pero cuando la gente lo hace, triunfa; no te puedes imaginar la belleza, la elegancia y la simpatía que se pueden alcanzar. La razón por la que todo el mundo parece tan frustrado es que nadie ha escuchado su propia voz interior.

Escucha siempre tu voz interior y haz oídos sordos a todo lo demás. A tu alrededor hay mil y una tentaciones, pues mucha gente va pregonando su mercancía. El mundo es un supermercado en el que todo el mundo está interesado en venderte lo suyo. Todo el mundo es un vendedor, pero si atiendes a demasiados vendedores acabarás loco. No escuches a nadie, simplemente cierra los ojos y escucha tu voz interior. Eso es al fin y al cabo la meditación: escuchar la voz interior. Es lo principal.

Avaricia

Ser avaro es vivir en la miseria, pues la persona que no es capaz de dar, tampoco lo es de recibir. La persona que no es capaz de dar, se cierra; tiene miedo a dar. Tiene que ser muy precavido y mantener las puertas y las ventanas cerradas, herméticamente cerradas, para que nada se le escape. Pero esas puertas son las mismas por las que entran las cosas. Si mantienes las puertas cerradas, no podrán afectarte ni el viento ni los rayos del sol; pero tampoco podrás ver las estrellas ni las flores, y su fragancia no impregnará tu yo. El avaro está destinado a vivir en la miseria; está aislado. Vive desterrado; desarraigado como un árbol sin raíces. Su vida no es más que un lento progreso hacia la muerte; no sabe nada de la abundancia de la vida.

Ayer

Ayer ya no existe; sólo existe hoy, e incluso hoy ya ha pasado. Sólo existe este momento.

Ayer me escuchaste; lo dejamos resuelto. Ayer ya no existe, pero la mente lo lleva consigo. Si realmente me escuchaste ayer, no puedes llevarlo contigo, pues si lo llevas contigo, ¿cómo podrás escucharme hoy? El humo del ayer será una molestia: estará el humo y me escucharás a través del ayer y te perderás. Hay que olvidarse del ayer para poder estar aquí y ahora.

Cargar con el pasado causa problemas. El problema no es lo que dije ayer o lo que digo hoy, el problema es que por cargar con los ayeres te pierdes el hoy.

No hay pasado ni futuro; sólo existe este momento.

Belleza

La belleza es propia de la naturaleza; nunca es civilizada. En cuanto la civilizas se vuelve fea. No hay manera de civilizar a la belleza. La belleza ha de ser intrínsecamente natural, pues es parte integrante de la naturaleza. Es natural; no puede educarse. Por eso los árboles, las bestias y los pájaros son bellos. Es imposible encontrar un pájaro o un ciervo que sean feos. La naturaleza es bella espontáneamente.

El hombre es el único que es feo, y el dilema se plantea porque el hombre es el único que trata de ser bello. El propio esfuerzo por volverse bello trae consigo la fealdad. La idea misma de ser bello demuestra que has admitido que eres feo; supone tu propia condena. Una cosa es cierta: la persona que trata de ser bella ha admitido su inferioridad, su fealdad y su vileza, ya que trata de ocultarlas, disimularlas o mejorarlas. El hombre es el único animal que se esfuerza por ser bello, y el único que es feo.

Así pues, lo primero que hay que tener presente en la vida es que cuanto más próximo estés a la naturaleza –a su aspecto salvaje, como el océano salvaje, las montañas salvajes o la jungla salvaje–, más bello eres. En la belleza hay alegría y de ella surge el amor, la expresión y la creatividad.

Sólo una persona bella puede ser creativa, porque se acepta a sí misma. Está tan contenta y agradecida de ser quien es, que de su alegría, su gratitud y su aceptación brota naturalmente la creatividad. Puede que le apetezca pintar un retrato, crear música, hacer el mundo un poco mejor o contribuir al desarrollo de los seres humanos; pero le gustaría hacer algo por lo mucho que la existencia ha hecho por ella. La creatividad sólo surge del agradecimiento: la verdadera fuente de la creatividad.

Ahora bien, eso sólo es posible si te aceptas a ti mismo; si no tratas de ocultarte tras una máscara, de pergeñarte un camuflaje o de crearte una personalidad y permites que tu esencia se pronuncie.

Los animales no tienen personalidad –no me estoy refiriendo a los animales domésticos, que tienen un principio de personalidad–. Ningún perro salvaje tiene personalidad, sino esencia; pero una vez domesticado, empieza a ser político y se vuelve diplomático. Deja de ser un individuo y empieza a ser una persona: finge. Le pegas y sigue moviendo la cola en señal de alabanza –eso es personalidad–. Le gustaría hacerte pedazos, pero sabe que eres el jefe y conoce sus limitaciones. Sabe que pronto será la hora de la cena y se verá en un aprieto; le pegarán y le castigarán. Es consciente de su desamparo y por eso se crea una persona: una máscara. Se vuelve falso y empieza a fingir; se civiliza y se vuelve educado… y pierde la belleza. La belleza está asociada a la naturaleza y a la inmensidad. El océano es natural e inmenso; no puedes ver la otra orilla. Nunca puedes ver la otra orilla de la belleza. Puedes sentirla, pero no asirla; no puedes sujetarla entre tus manos. Puedes vivirla, gozarla y zambullirte en ella, pero jamás serás capaz de comprenderla, pues es insondable e inconmensurable.

La belleza es oceánica: inmensa; tremendamente extensa. La belleza, como el océano, tiene profundidad. La persona civilizada vive en la superficie: es un nadador, no un buceador. Sabe desenvolverse muy bien en la circunferencia, con la que está muy familiarizado, con sus costumbres, sus maneras, su etiqueta y todo eso. Justo debajo tiene un inmenso abismo, pero él permanece indiferente.

La belleza tiene que ver con la profundidad: cuanto más profundo te vuelves, más bello eres. La belleza, por tanto, no es de este mundo, pues la profundidad es la dimensión de lo divino. Cuanto más profundices, más cosas irán brotando de tu núcleo más secreto. La belleza no es un maquillaje sino un manantial. El maquillaje está en la superficie; la belleza, en las profundidades.

Benefactores

Los llamados funcionarios públicos han sido las personas más maliciosas del mundo; han provocado más sufrimiento que nadie. Si consiguiéramos librarnos de todos los funcionarios públicos, la humanidad estaría en mucho mejor situación; pero esos benefactores no dejarán tranquila a la humanidad. ¿Y qué consiguen con ello? Sólo consiguen una cosa: como son desgraciados y quieren olvidarse de ello, la mejor manera es ponerse a pensar en las desgracias de los demás; eso les proporciona una huida de su propio entorno miserable. Cuando estás muy preocupado por los problemas de los demás, tus propios problemas quedan naturalmente eclipsados.

Es un hecho muy conocido que lo que tratan de evitar las personas que se interesan en el psicoanálisis y las que se hacen psicoterapeutas son sus propios problemas psicológicos. Tienen miedo de afrontarlos, y el camino más fácil es concentrarse en los problemas de los demás. Cuando estás rodeado de problemas ajenos, que son tantos y más grandes que los propios, empiezas a olvidarte naturalmente de los tuyos. No te queda tiempo para pensar en ti mismo.

Beso

El beso es simbólico; simboliza cualquier encuentro entre el yin y el yang, entre lo masculino y lo femenino, entre Shiva y Shakti. Si das la mano a una mujer, es un beso, pues las manos se besan entre ellas; si tocas sus labios con los tuyos, es un beso; la unión de los genitales también es un beso. Por eso, en el Tantra, el beso simboliza todo encuentro entre opuestos. A veces se puede besar con sólo mirarse. Si tus ojos se encuentran y entran en contacto, es un beso, pues se ha producido el encuentro.

Biblias

¿Quién lee esas Biblias o esos Vedas? Sólo los viejos que se aproximan a la muerte y temen, tal vez, que pueda existir un Dios. Puede que se encuentren con Dios y si les hace alguna pregunta, que por descontado las hará, más vale que tengan hechos los deberes. Para mayor seguridad, estudia el libro sagrado; lee un poco de aquí y de allá. Como Dios te encuentre, te haga una pregunta y no sepas responderla, seguramente tendrás problemas.

Bien

Quédate en silencio y se hará el bien. El bien sigue al silencio como tu sombra a ti. Y no hay manera de hacer el bien si no estás en silencio. Aunque trates de hacer el bien, si no estás en silencio saldrá todo mal. Por eso los llamados benefactores no paran de hacer mil y una maldades en el mundo. Vuestros llamados benefactores son la gente más maliciosa, pero hacen el bien en tu lugar. Lo hacen por su bien, pero ni siquiera puedes librarte de ellos.

Bocado de Adán

Esta glándula de la garganta recibe ese nombre porque Adán se comió la manzana pero no pudo engullirla, se le quedó atascada en la garganta porque tenía sentimientos encontrados: una parte de él quería comérsela y explorar, y la otra parte estaba asustada. Se la comió, por tanto, sumido en un conflicto. De modo que no crees más bocados de Adán; ¡nunca! Haz las cosas totalmente de tal manera que puedas engullirlas y digerirlas.

Buscar

Hay que trabajar en uno mismo, pero sólo de manera negativa. Uno no puede trabajar en sí mismo de manera positiva, pues no se trata de crear algo, sino de descubrir algo que ya está ahí.

Cuando pintas es un acto positivo –estás creando la pintura–; pero cuando cavas un pozo es un acto negativo. El agua ya está ahí; no tienes más que eliminar algunas capas de tierra, rocas y piedras. Una vez eliminadas tienes el agua a tu disposición. El agua está ahí y tú estás ahí, pero entre los dos hay una barrera que debe ser eliminada. Eso es lo que quiero decir con trabajo negativo.

El hombre ya tiene todo lo que anda buscando. La verdad está ahí, la felicidad está ahí y el amor está ahí; en una palabra: Dios está ahí. Dios no es una persona, sino la totalidad de los valores que están más allá de la mente. Pero la mente es la barrera, de modo que has de cavar un pozo. Tienes que eliminar varias capas de pensamientos, recuerdos, deseos, fantasías y sueños. En el momento en que abres en la mente una puerta hacia el más allá, todo lo que siempre habías deseado se pone a tu alcance.

Cuando Gautama Buda alcanzó la iluminación, sonrió, y sin dirigirse a nadie en particular, dijo para sí: «¡Es ridículo! Lo he estado buscando durante miles de vidas y estaba adormecido en lo más profundo de mí mismo!».

Lo buscado está en el buscador. Por eso las Upanishads dicen que el método de investigación es neti neti. Neti neti significa “ni esto ni eso”; es un proceso de eliminación. Vas negando y eliminando hasta que finalmente, cuando ya no queda nada que eliminar ni que negar, cuando te has vaciado del todo, lo encuentras.

Búsqueda

La vida es una búsqueda y no una pregunta; un misterio y no un problema, y la diferencia es inmensa. El problema ha de ser resuelto, puede ser resuelto y debe ser resuelto; pero el misterio es insoluble: ha de ser vivido y experimentado. La pregunta, una vez resuelta, desaparece; para descubrir un misterio tienes que disolverte en él. El misterio permanece, el que desaparece eres tú. Es un fenómeno completamente diferente. En filosofía el problema desaparece, pero tú permaneces; en religión, el misterio permanece y tú desapareces: te evaporas.

El ego está muy interesado en las preguntas y tiene mucho miedo al misterio. Las preguntas surgen del ego, que juega con ellas y trata de encontrar las respuestas; pero cada respuesta genera a su vez más preguntas. Es un proceso interminable; por eso la filosofía no ha llegado a ninguna conclusión.

Las preguntas son alimento para la mente.

Cálculo

La vida se puede vivir de dos maneras: como cálculo o como poesía. El ser interior del hombre tiene dos facetas: la calculadora, que produce la ciencia, los negocios o la política, y la no calculadora, que produce la poesía, la escultura o la música. Ambas facetas se mantienen incomunicadas y llevan existencias separadas, por eso el hombre está enormemente depauperado e innecesariamente desequilibrado; hay que tender puentes.

En lenguaje científico se dice que el hombre tiene dos hemisferios. El hemisferio izquierdo calcula, es matemático y prosaico, mientras que el derecho es poesía, amor y canción. Un lado es lógica; el otro, amor; un lado es silogismo; el otro, canción, pero en realidad no están comunicados, de ahí que el hombre viva en cierto modo escindido.

Todo el esfuerzo por mi parte va encaminado a tender puentes entre esos dos hemisferios. El hombre ha de ser tan científico como pueda por lo que se refiere al mundo objetivo, y tan musical como pueda en lo que atañe al mundo de las relaciones.

Hay dos mundos fuera de ti. Uno es el mundo de los objetos: la casa, el dinero, los muebles; y el otro es el mundo de las personas: la mujer, el marido, la madre, los niños, los amigos. Con los objetos, sé científico; pero nunca con las personas. Si eres científico con las personas, las reduces a objetos, y eso es uno de los peores crímenes que puedas cometer. Si tratas a tu mujer como un simple objeto, como un objeto sexual, te estarás comportando de manera muy deplorable. Si tratas a tu marido como un mero soporte financiero, como un medio de subsistencia, será una inmoralidad y, por consiguiente, la relación será inmoral; será prostitución, pura y simple prostitución.

No trates a las personas como medios, pues son fines en sí mismas. Relaciónate con ellas con amor y respeto. No las poseas nunca ni te dejes poseer por ellas. No dependas de ellas y no vuelvas dependientes a las que están a tu alrededor. No generes ningún tipo de dependencia; sigue siendo independiente y deja que los demás lo sean.

Eso es música; es la dimensión que denomino la dimensión musical. Si logras ser todo lo científico posible con los objetos, tu vida será rica, incluso opulenta; pero si consigues ser todo lo musical posible, tu vida tendrá belleza. Hay, además, una tercera dimensión que está más allá de la mente. Las dos anteriores son propias de la mente: la científica y la artística; la tercera, que es invisible, es la dimensión de la no-mente y es propia de la mística. Ésa es accesible a través de la meditación.

Calendario

En Inglaterra cambian la fecha a medianoche. Realmente, no tiene sentido. Es absurdo, ya que nadie se levantará de la cama a medianoche sólo para cambiar la fecha. Es ilógico y poco práctico. Conforme al sentido común, la fecha tendría que cambiarse por la mañana. Siempre pasas tu calendario por la mañana. ¿Y por qué se ha hecho así? Hay un secreto.

Cuando en la India son las 5:30 de la mañana, en Inglaterra es medianoche. Hubo una época, antes de esta civilización, en que el pensamiento hindú imperaba en todo el mundo. Igual que cuando el imperio británico se extendía por todo el mundo, la hora de Greenwich era la hora oficial, a la que todos se referían. Actualmente, con la caída del imperio británico, la hora de Greenwich ha sido prácticamente olvidada. Pasados diez o quince mil años, nadie se acordará de ella.

Hubo un mundo anterior al Mahabharata –una guerra prehistórica india– en que el pensamiento hindú dominaba en todas partes. Cuando amanecía en la India, era el momento de cambiar la fecha, y como en Inglaterra era medianoche, ése era el momento en que cambiaban la fecha del calendario. Y así se quedó.

Te asombrará saber que, hace trescientos años, el parlamento de Inglaterra aprobó una ley extraordinaria para empezar el año el 1 de enero. Antes el año acababa el 25 de marzo. ¿Qué significado tiene que el año acabara el 25 de marzo? En sí, no tiene ninguno, pero ése era el día en que acababa el año indio. El 25 de marzo acaba el año indio, y así era también en todo el mundo. Tuvieron que aprobar una ley extraordinaria para cambiarlo.

Cambio

El dolor aparece porque no dejamos que el cambio se produzca. Tendemos a aferrarnos; queremos que las cosas sean estáticas. Si amas a una mujer, quieres que mañana siga siendo tuya, igual que hoy. Por eso aparece el sufrimiento. Si nadie sabe a ciencia cierta lo que va a pasar en el instante siguiente, ¿qué decir de mañana?

Un hombre consciente sabe que la vida cambia constantemente. La vida es cambio. Sólo hay una cosa permanente, y es el propio cambio. Todo cambia excepto el cambio. Ser feliz es admitir esa naturaleza de la vida y aceptar esa existencia cambiante con todas sus estaciones, sus humores y su continuo devenir que no se detiene un solo instante.

* * *

Descubre por qué estás aburrido. Cambia.

La vida es tan corta…

Asume riesgos; sé un jugador: ¿qué puedes perder?

Llegamos con las manos vacías y con las manos vacías nos vamos. No hay nada que perder. Sólo un ratito para ser juguetón, para cantar una bonita canción, y se acabó el tiempo.

Cada momento es precioso.

Caos

El caos siempre es bueno. El orden siempre suena a muerte. Del caos brotaron las estrellas; del orden, sólo Adolfos Hitler.

Así que yo no tengo ningún problema con el caos. En cambio, cuando todo está en orden, acaba siendo un campo de concentración.

El caos es precioso. Otro nombre del caos es libertad.

* * *

Estás viviendo en una de las épocas más maravillosas –lo viejo está desapareciendo, o ya ha desaparecido, y se ha producido el caos–, porque fue gracias al caos que nacieran las grandes estrellas. Tienes la oportunidad de crear un nuevo cosmos; una oportunidad que sólo se presenta de vez en cuando: muy raramente. Tienes la fortuna de estar vivo en estos tiempos críticos. Aprovecha la oportunidad.

Capitalismo

El capitalismo es el primer sistema en el mundo que crea capital, es decir, riqueza. Antes, existía el feudalismo, que nunca creó riqueza sino que explotaba a la gente; la expoliaba. La riqueza de que gozaban los reyes en el pasado era un crimen. Era fruto de la explotación; tomada por la fuerza a la gente, a los pobres; no la creaban ellos.

El capitalismo es el primer sistema que crea riqueza. Hace falta inteligencia para crear riqueza. Y a no ser que creemos tanta riqueza que la riqueza pierda todo significado, a menos que creemos un modelo de riqueza tan alto que automáticamente el pobre empiece a volverse rico… Nadie puede comerse la riqueza –¿qué vas a hacer con ella?–. Hay un punto de saturación, y cuando el capitalismo llega al punto de saturación, empieza a florecer el comunismo. Por eso llamo comuna a mi comunidad. Comunismo, el término comunismo, procede de “comuna”.

Creo en el capitalismo. Tal vez sea la única persona en todo el mundo que confiesa abiertamente creer en el capitalismo, porque por primera vez en la historia de la humanidad existe un sistema que crea riqueza, y puede crear tanta riqueza que, con la ayuda de la ciencia y la tecnología científica, hace innecesaria la pobreza. No hay necesidad de distribuir la riqueza, pues se distribuirá automáticamente. No hay necesidad de ninguna dictadura del proletariado. El capitalismo puede mantenerse en perfecta armonía con la democracia, la individualidad y la libertad de opinión. No destruye nada.

Por eso, mi opinión es que debemos difundir la idea de crear riqueza en lugar de distribuirla. ¿Qué vas a distribuir si no lo tienes primero?

Carácter

La sociedad respeta al hombre coherente; la sociedad llama a la coherencia “carácter”, pero el hombre real no tiene carácter. Un hombre de verdad carece de carácter o está más allá del carácter, pues no puede permitírselo sino a costa de la propia vida. Si renuncias a la vida puedes tener carácter, y si no renuncias a ella tendrás muchos caracteres, pero no tendrás carácter. Si no renuncias a la vida, ¿cómo puedes tener carácter? La vida es nueva a cada instante, y lo mismo pasa contigo.

La sociedad no te respetará: no serás un ciudadano respetable; pero ¿qué más da? Sólo los mediocres se interesan por el respeto de la sociedad. Lo único que preocupa a la persona auténtica es si está viviendo su vida o no; si está o no viviendo según su propio criterio, es su vida y se siente responsable de sí misma.

La responsabilidad principal no es para con la nación, la iglesia ni nadie; la verdadera responsabilidad es para contigo mismo, y consiste en que has de vivir según tu propio discernimiento y dejarte llevar por la vida sin ningún compromiso.

El hombre de carácter hace concesiones. Su carácter no es otra cosa que un esfuerzo para garantizar a la sociedad: «No soy peligroso», y proclamar ante ella: «Seguiré las reglas del juego; estoy a tu entera disposición».

Caras

Una vez me contaron que cuando Abraham Lincoln estaba buscando gente para el consejo de ministros, uno de sus consejeros le sugirió el nombre de cierta persona. Abraham lo rechazó.

—¿Por qué? –le preguntó el consejero.

—No me gusta su cara –respondió Lincoln.

—¡Ése no puede ser el motivo! –exclamó el consejero–; pero si él no es responsable de su cara… cuanto menos no debería ser un motivo. ¿Qué puede hacer? No puede evitarlo.

—No –dijo Lincoln–. después de los cuarenta, cada hombre es responsable de su cara.

Estoy de acuerdo con él. Es absolutamente cierto. A partir de los cuarenta eres responsable de tu cara. Es la forma en que has vivido, has amado y te has preocupado; es la forma en que te has comportado y relacionado; es lo desdichado o extático que te hayas permitido ser. Es tu autobiografía.

Cargas

He aquí un antiguo cuento sufí:

Había una vez un hombre muy abrumado por el sufrimiento. Acostumbraba rogar a Dios cada día: «¿Por qué yo? Todo el mundo parece tan feliz; ¿por qué he de ser el único que sufra de este modo?». Un día, presa de una gran desesperación, rogó a Dios: «Puedes darme el sufrimiento de quien sea, estoy dispuesto a aceptarlo; pero llévate el mío, pues ya no puedo soportarlo más».

Aquella noche tuvo un hermoso sueño, hermoso y muy revelador, en el que Dios se aparecía en el cielo y decía a todo el mundo: «Traed todos vuestros sufrimientos al templo». Cada uno estaba harto de su propio sufrimiento; de hecho, quien más quien menos había rogado alguna vez: «Estoy dispuesto a aceptar el sufrimiento de cualquiera; pero llévate el mío, ya que es excesivo; insoportable».

De modo que cada cual reunió sus sufrimientos en una bolsa y se encaminó al templo. Todos parecían muy felices; había llegado el día en que su súplica había sido atendida. Y también aquel hombre se precipitó hacia el templo.

Dios dijo: «Dejad las bolsas junto a la pared»; y pusieron todas las bolsas junto a la pared. A continuación, Dios proclamó: «Ahora podéis escoger; que cada cual tome la bolsa que quiera».

Pero lo más sorprendente fue que aquel hombre que no había parado de suplicar, ¡se precipitó hacia su propia bolsa antes de que nadie pudiera decidirse por ella! Aunque el sorprendido iba a ser él, pues cada uno se abalanzó sobre su propia bolsa; feliz de recuperarla. ¿Qué había pasado? Por primera vez, cada uno había visto las miserias y los sufrimientos de los demás, y sus bolsas eran igual de grandes, ¡si no mayores!

El segundo problema era que se habían acostumbrado a sus propios sufrimientos; luego ¿para qué quedarse con los de otro? ¿Quién sabe qué clase de sufrimientos habrá en la bolsa? ¿Por qué tomarse la molestia? Con tus sufrimientos, al menos, estás familiarizado; te has acostumbrado a ellos y te resultan soportables. Los has soportado durante muchos años, ¿por qué optar por lo desconocido?

Y todos regresaron felices a casa. No había cambiado nada: volvían con el mismo sufrimiento; pero todos estaban alegres, felices y sonrientes por estar de vuelta con su propia bolsa.

Por la mañana, rezó a Dios en estos términos: «Gracias por el sueño; nunca más volveré a pedir nada. Me des lo que me des, será lo más indicado para mí; por eso me lo habrás dado».

Caridad

Todas las religiones han servido a los pobres durante miles de años; pero la pobreza sigue aumentando. ¿Qué clase de servicio es ése? Después de miles de años, la pobreza tendría que haber desaparecido. Lo que hacen, en realidad, es alimentar la pobreza.

El verdadero servicio sería decir a los pobres: «estáis siendo explotados y tenéis que rebelaros contra los intereses creados». A menos que los pobres comprendan que la culpa de su pobreza es de unos pocos que los explotan; que les chupan la sangre… No es por culpa de sus vidas pasadas ni de sus malas acciones, sino del sistema social que descansa en la explotación.

Las religiones tienen que darse cuenta de que han estado prestando ese servicio durante siglos y, ¿cuál ha sido el resultado? Como el árbol se conoce por el fruto, si el fruto es infame, el árbol no será muy apreciado. Servicio resulta ser una hermosa palabra para ocultar una estructura social explotadora. Suena tan bien –servir a los pobres–… parece una gran virtud.

Ahora bien, ¿por qué sigue habiendo sobre todo pobres? ¿Quién los ha convertido en pobres?

Por un lado, vais sirviendo a los pobres y convirtiéndolos en católicos. El servicio no es servir a los pobres, el servicio consiste en aumentar el poder de la iglesia católica. Vais buscando huérfanos para convertirlos. ¿Cómo han llegado los católicos a ser seiscientos millones?, pues sirviendo a los pobres. El servicio tiene una finalidad.

Si realmente estuvieses interesado en acabar con la pobreza, combatirías sus raíces. Sólo tratáis los síntomas. ¿Cómo vas a ayudar a los pobres dándoles ropa o comida? Lo único que harás es mantenerlos en el nivel de subsistencia, permitiendo que los intereses creados los sigan explotando. ¿Ves el círculo vicioso?

Los capitalistas van haciendo donaciones a la iglesia y la iglesia va ayudando a los pobres, cuanto menos a sobrevivir, porque los trabajadores y los esclavos son necesarios. Incluso los esclavos eran alimentados por sus amos, y eso no era servicio. Si no das de comer a tu caballo, si no alimentas a tu vaca, perderás mucho dinero. Si no diese de comer a los pobres, el capitalismo desaparecería. ¿Quién trabajaría para él? ¿A quién explotaría?

Se trata, por tanto, de un juego muy ingenioso. El rico dona una pequeña parte del producto de su explotación a la Iglesia, y ésta mantiene a los huérfanos, los aborígenes y los pobres en el nivel de subsistencia. Los necesitan vivos, pues sin ellos todo el sistema se vendría abajo.

De modo que, por un lado, el capitalista dona dinero a la Iglesia para caridad, y por otro sigue explotando a los pobres. Y en medio de los dos, el sacerdote se lleva su porcentaje –es un intermediario–, con el que vive espléndidamente. Hay millones de misioneros por todo el mundo; pero sirven a los explotadores en nombre del servicio.

Carisma

¿Has observado alguna vez que cuando un político está echando una arenga rodeado de millones de personas que están pendientes de él, se produce un orgasmo sutil? Se siente feliz: hay tanta gente dirigiendo su atención hacia él, tanta vitalidad desbordando hacia él y tantas vibraciones corriendo hacia él, que se mezclan con las suyas y se produce un gran orgasmo. Se pone radiante; resplandece. Cuando un político es derrotado o sufre algún revés, todo el esplendor y todo el carisma desaparecen. Si ves a un político fracasado –por ejemplo: si ves a Richard Nixon en la actualidad–, te quedarás sencillamente asombrado de cómo ese hombre que fue tan poderoso ha podido volverse tan impotente. Todo el carisma ha desaparecido. ¡Pobre Nixon…!, ¿qué se ha hecho aquel hombre que fue tan poderoso? La energía que fluía hacia él ha dejado de fluir y el orgasmo ya no se produce. Ha perdido a su amada: la amada era la multitud; tenía una aventura con la multitud y ahora todo se acabó. Cuando han fracasado, los políticos parecen vacíos; cuando triunfan, se ven tan pletóricos…

Castigo

Somos castigados con nuestro pecado; no por nuestro pecado.

El castigo es el propio pecado. Si comes demasiado, sufres; si abusas de la bebida, sufres. Pero no es que el sufrimiento venga después, que sea una consecuencia. No, el sufrimiento está en el propio acto. Te lo diré de otra manera: somos castigados con el pecado; no por el pecado. Ese “por” ha causado muchos problemas al hombre porque “por” quiere decir “en el futuro”, tal vez en otra vida. ¿Y quién se preocupa por el futuro? Cuando llegue el momento ya haremos todo lo posible por evitarlo. Podemos confesarnos con el cura o ir a darnos un baño en el río Ganges para librarnos del pecado o buscar un santo que nos bendiga. Siempre se puede encontrar alguna estratagema; pero lo que yo digo es que no sois castigados por el pecado, sino con el pecado. Así que no hay manera de librarse de él.

Si comes demasiado, vas en contra de la naturaleza, e inmediatamente… el castigo. El castigo es instantáneo, no llega más tarde: está ahí y en ese momento; es inmediato. De modo que nadie puede evitarlo. Si quieres evitarlo, más vale que seas muy, muy consciente para no cometer el pecado.

El pecado es una forma de inconsciencia. Te enfadas y sufres por la propia ira, no por lo que venga después. La ira es fuego; la ira es veneno. Te envenena todo el sistema: te altera la salud, te trastorna la mente, te perturba la tranquilidad y te conmueve el alma, y luego se te queda pegado durante varios días. Hay que dejar que el trastorno remita; pero antes de que remita te enfadas de nuevo, y entonces se vuelve crónico. Se te queda pegado.

Mi opinión es que el castigo está en el propio acto, como también, por supuesto, la recompensa. Si eres amable, es el paraíso; si eres odioso, el infierno.

Catarsis

Ante todo hay que liberar al gorila, es decir, todas las represiones que hacen de ti un gorila. Sacar al gorila de tu ser es la más profunda de las purgaciones: la mayor de las catarsis. Y cuando toda la animalidad haya salido de ti, la condición de buda no estará lejos; apenas a un paso.

La condición de buda es tu derecho de nacimiento, y el gorila únicamente tu condicionamiento. La sociedad te dice continuamente que te reprimas, y la parte reprimida de tu ser no tarda en hacerse tan grande que te encuentras sentado en un volcán que puede entrar en erupción en cualquier momento; antes de que lo haga, es mejor liberarlo.

Así que primero sé un gorila; intensa y plenamente un gorila.

Antes de alcanzar las cumbres, tendrás que deshacerte de gran cantidad de basura y equipaje que has estado acarreando durante vidas y más vidas. He dispuesto mis meditaciones de tal modo que primero hay que purgar el gorila. Eso es lo que ocurre durante la Meditación Dinámica: permites que tu gorila se libere; sin inhibiciones. Si mantienes al gorila en tu interior, todo el mundo estará contento contigo; pero el gorila seguirá dentro y nunca estarás en paz. Lo que te digo es que lo dejes salir; se desvanecerá en el aire y lo que quedará tras él es puro espacio.

Ceguera

Todo el mundo puede decir que hay claridad y un arco iris en el cielo, y está saliendo el sol; pero si tengo los ojos cerrados, ¿qué sentido tiene para mí? El arco iris, los colores, el amanecer: todo eso es inexistente para mí, pues tengo los ojos cerrados; soy ciego. Si les presto demasiada atención y empiezo a creer demasiado en ellos, y, tomando prestadas sus palabras, me pongo a hablar también del arco iris que no he visto, de los colores que no puedo ver y del amanecer que no forma parte de mi experiencia, puedo acabar perdiéndome en la selva de las palabras.

Más vale decir: «Soy ciego, no distingo ningún color ni he visto ninguna luz, de modo que, a menos que se me abran los ojos, el sol no existe ni puede existir el amanecer». Insiste, hasta que puedas basarte en tu mirada. No te cargues de libros, pues no hablan más que de arcos iris vistos por otros y amaneceres que otros han experimentado.

Celebración

¿Te has preguntado alguna vez por qué en todo el mundo, en cada cultura y en cada sociedad, hay unos pocos días al año destinados a la celebración? Esos días de celebración son tan sólo una compensación, pues dichas sociedades han eliminado toda celebración de tu vida; pero si no te ofrecen nada en compensación, tu vida puede convertirse en un peligro para la cultura. Toda cultura tiene que darte alguna compensación para que no te sientas abocado al sufrimiento y la tristeza; pero tales compensaciones son falsas.

Los petardos y las luces no consiguen hacer que disfrutes. Sólo son para los niños; para ti son nada más que una molestia, mientras que en tu mundo interior puede haber un festival ininterrumpido de luces, canciones y placeres.

No olvides nunca que la sociedad te compensa cuando le parece que lo reprimido puede estallar en una situación peligrosa si no es compensado. La sociedad encuentra un modo u otro de permitirte que dejes salir lo reprimido, pero eso no es verdadera celebración, por lo que no puede ser auténtica.

La verdadera celebración emana de tu vida, está en tu vida y no puede ajustarse a ningún calendario; como que tengas que celebrar el primero de noviembre. Es curioso: eres desdichado todo el año y, de pronto, el primero de noviembre dejas de sufrir y te pones a bailar. O el sufrimiento era falso o lo es el primero de noviembre; ambos no pueden ser auténticos. Y una vez que ha pasado el primero de noviembre, vuelves a tu agujero negro: cada cual con su sufrimiento; cada cual con su ansiedad.

La vida ha de ser una celebración continua; un festival de luces durante todo el año.

Celos

El amor es el aliento del alma. Cuanto más amas, más alma tienes. Así que no seas celoso; no trates de limitar a nadie ni de monopolizar el amor. Hay ciertas cosas que no pueden ser monopolizadas.

Ves un pájaro volando en el aire y te parece hermoso: es libertad, alegría. Puedes atrapar al pájaro y encerrarlo en una hermosa jaula dorada; pero ¿crees que es el mismo pájaro? Aparentemente sí, pero en realidad no es el mismo.

¿Dónde queda la libertad? ¿Dónde están esas magníficas alas balanceándose en el aire? ¿Dónde están el cielo inmenso y la libertad sin límites? ¡Se lo has arrebatado todo al pobre pájaro y estás convencido de haberle dado una amplia y preciosa jaula de oro de veinticuatro quilates! Lo que has hecho es matarlo.

Eso es lo que ha pasado con el amor. El pájaro volando libremente en el cielo es una preciosidad, pero el pájaro en una jaula está acabado; su espíritu está muerto. Todavía respira, pero debe de estar soñando en la libertad de aquellos magníficos momentos en que se elevaba cada vez más alto en el cielo… o en aquellas hermosas mañanas… en la salida y la puesta del sol. Se lo has arrebatado todo.

El amor es un pájaro. Déjalo en libertad y no trates de monopolizarlo, pues en cuanto lo monopolizas, muere. Ésa es la razón por la cual, a pesar de que todo el mundo va diciendo «te quiero», no parece que haya amor en ninguna parte.

El motivo principal es que no hemos dejado en libertad al amor.

Cementerios

Nunca hablamos de la muerte; no es de buena educación. No hablamos de ella; la evitamos. La muerte ocurre todos los días y en todas partes; pero la evitamos. Cuando alguien muere nos apresuramos a librarnos de él. Construimos los cementerios fuera de la ciudad para que no vaya nadie. Y hacemos sepulturas de mármol y en ellas escribimos hermosos versos. Ponemos flores en la tumba. ¿Qué es lo que hacemos? Tratamos de adornarla un poco. En Occidente, la manera de ocultar a los muertos se ha convertido en una profesión. Hay profesionales que nos ayudan a evitarlos y a embellecer su cadáver, como si aún estuviesen vivos. ¿Qué estamos haciendo? ¿Acaso sirve para algo? La muerte está ahí. Vas de cabeza al cementerio, y da igual el lugar donde lo pongas: acabarás allí. Ya vas de camino, haciendo cola hasta que llegue el momento; esperando en la cola para morir. ¿Dónde vas a escapar de la muerte?

Cero

El budismo despareció de la India al cabo de tan sólo quinientos años. El hombre más insigne de la historia de la religión, igual que su religión, no lograron sobrevivir ni siquiera quinientos años; después de quinientos años su religión desapareció. Había algo fundamentalmente erróneo en su enfoque. No es que no hubiese descubierto la verdad, que la descubrió, pero iba contando cosas a la gente que nunca debería haber contado. Les decía la verdad, pero la gente no estaba preparada para escuchar la verdad; habría preferido una dulce mentira. Tendría que haberles contado una dulce mentira que les ayudase a engullir al mismo tiempo la amarga verdad. Toda verdad tiene que ser endulzada, de otro modo resulta intragable.

Buda decía a la gente: «Cuando llegas a tu punto más profundo, desapareces: anatta –no-yo, no-ser, no-alma–. Serás simplemente un cero, y el cero se disolverá en el cero universal». Muy próximo a la verdad esencial, pero dicho de manera muy cruda.

Ahora bien, ¿acaso hay alguien que quiera convertirse en cero? La gente acude para encontrar la dicha eterna. Llegan cansados, desdichados, profundamente angustiados y aquejados de todo tipo de enajenaciones mentales. Han acudido a ver al maestro y éste les dice: «El único remedio es que te conviertas en cero»; en otras palabras: la enfermedad sólo puede curarse matando al paciente. Traducido exactamente, el significado es ése; pero tú viniste a que te curaran, y no a que te mataran.

La religión desapareció al cabo de cinco siglos. Este hecho tiene razones intrínsecas; pero la principal es que la gente no la encontró apetitosa, interesante ni atractiva. Era desnuda y verdadera, ¿pero acaso gusta a alguien la verdad desnuda? Hay que hablar de felicidad, de bendición y de miles de lotos floreciendo en tu interior, pues entonces pensarás que merece la pena. No tienes más que sentarte en silencio durante una hora al día. Si se han de abrir miles de lotos en tu interior, si han de nacer miles de soles, merece la pena encontrar una hora entre veinticuatro.

Pero la verdad no es ni lotos ni soles; sólo pura nada.

Eso es lo que Gautama Buda contaba a la gente.

Por mor de su influencia, la gente le siguió, pero una vez que murió… Dejó grandes discípulos y, de algún modo, la corriente continuó, pero cada vez más reducida. Y al cabo de quinientos años desapareció completamente, pues nadie más se interesó en ella. Nadie quería verse convertido en un simple cero y desaparecer. Más vale ser desgraciado, pero ser al fin y al cabo, y tener la esperanza de que algún día podrás librarte de tu sufrimiento. Eres pobre, pero algún día puedes ser rico. Hoy no ha sido bueno, pero mañana está al caer. No te desanimes, mañana puede traerte buenas noticias. Pero este hombre dice: «Renuncia al mundo; renuncia a los placeres del mundo». ¿Para qué? ¡Para convertirte en cero!

La gente que siguió a Buda no lo hizo por lo que decía, sino por lo que era. Cuando desapareció, sólo quedaron sus dichos; pero no había nadie dispuesto ni tan siquiera a escucharlos.

Si pusiéramos el cero a un lado y el infierno al otro, la gente preferiría el infierno; al menos allí pueden encontrar algunos restaurantes y discos. Algo tiene que haber allí, pues toda la gente interesante ha ido a parar al infierno. Sólo van al cielo los desabridos, también llamados santos, que carecen de sustancia. La gente sustanciosa: los poetas, pintores, escultores, bailarines, actores o músicos, van todos al infierno.

De modo que si hay que escoger entre el cero y el infierno, cualquiera con dos dedos de frente escogerá gustosamente el infierno. Pero, ¿cero…? Del infierno puedes salir algún día; incluso alcanzar el paraíso. Pero del cero no queda nada, ni siquiera una fotocopia: ido, acabado, extinguido para siempre.

Chistes

Un chiste no se puede explicar: o lo entiendes o no lo entiendes.

Y para mí, la vida no es un asunto serio. Es alegría; es divertida. Es la existencia desbordando de energía sin ningún motivo, sin ningún propósito, sin ningún objetivo ni ninguna finalidad, sólo por el puro placer de hacerlo. El universo entero no es más que un gran chiste. Por eso no se puede explicar.

Ha habido muchos filósofos y teólogos que han tratado de explicarlo; pero han fracasado por la sencilla razón de que no es algo que pueda explicarse. O lo entiendes o no lo entiendes.

Cielo

No existen ni el cielo ni el infierno; sólo están en tu psicología. Cuando estás psicológicamente en armonía con la existencia, cuando estás en silencio, estás en el cielo. Cuando estás alterado y pierdes tu silencio; cuando estás distraído y se sucede ondulación tras ondulación en el estanque de tu conciencia, haciendo que pierda su cualidad de espejo, estás en el infierno.

Infierno significa únicamente falta de armonía en tu interior y también con la existencia. En cuanto estás en armonía contigo mismo y con la existencia, que son las dos caras de una misma moneda, inmediatamente estás en el cielo. El cielo y el infierno no son geográficos.

Ciencia

No estoy en contra de la ciencia; no soy en absoluto anticientífico. Me gustaría que el mundo tuviese cada vez más ciencia para que el hombre pudiera estar disponible para algo superior, para algo que un pobre no puede permitirse.

El pobre tiene que pensar en el pan y la mantequilla, aunque ni eso consigue. Tiene que pensar en un techo, la ropa, los niños y las medicinas; pero no consigue arreglárselas con todas esas pequeñas cosas. Su vida está saturada de trivialidades; no dispone ni de tiempo ni de espacio para dedicarse a la búsqueda espiritual, y hasta cuando va al templo o a la iglesia, solamente lo hace para pedir cosas materiales. Su oración no es una verdadera oración: no es de gratitud, sino que es un ruego, un deseo. Quiere esto y quiere lo otro, pero no se le puede condenar; hay que perdonarle. Las necesidades están ahí, presionándole constantemente. ¿De dónde va a sacar unas horas para quedarse sentado en silencio y sin hacer nada? La mente sigue discurriendo; tiene que pensar en mañana…

Me gustaría que el mundo fuese más rico de lo que es. No creo en la pobreza ni creo que la pobreza tenga nada que ver con la espiritualidad. A lo largo de los tiempos nos han ido diciendo que la pobreza es algo espiritual. No era más que un consuelo.

Para mí, la espiritualidad tiene una dimensión completamente distinta. Es el lujo máximo: cuando ya lo tienes todo y de repente descubres que, a pesar de tenerlo todo, hay un vacío en tu interior que tienes que colmar, una vacuidad que has de transformar en plenitud. Sólo puedes tomar conciencia de tu vacuidad si externamente lo tienes todo. La ciencia puede obrar el milagro. Me gusta la ciencia porque puede crear las condiciones para que la religión se manifieste.

Me gustaría que esta tierra fuese un paraíso, y eso no puede ocurrir sin la ciencia. ¿Cómo voy a ser contrario a la ciencia?

No estoy en contra de la ciencia. Pero la ciencia no lo es todo. La ciencia sólo puede crear la circunferencia, pero el centro ha de ser la espiritualidad. La ciencia es exterior; la religiosidad, interior. Y me gustaría que el hombre fuese rico en ambas facetas: rico por fuera y rico por dentro. La ciencia no puede enriquecer tu mundo interior; eso sólo puede hacerlo la religiosidad.

Civilización

La idea de que nos hemos vuelto civilizados es muy peligrosa. Nos impide ser civilizados, pues una vez que aceptas que lo eres, no es preciso que hagas nada por la civilización. Una vez que aceptas que estás sano, no hace falta eliminar ninguna enfermedad que pudieras padecer. ¡Primero tienes que reconocer que estás enfermo! Sólo entonces se podrá hacer algo por tu salud. Pero negamos la enfermedad. Eso es lo que los llamados políticos han estado haciendo durante siglos, negando que seamos incivilizados y afirmando que somos civilizados; pero ese camuflaje nos impide ser civilizados. Hemos asumido completamente esa idea y nos hemos olvidado de comprobar si era cierta. Por supuesto, no lo es.

Claridad

Claridad es un estado mental en el que no hay pensamientos. Los pensamientos son como nubes en el cielo, y cuando el cielo está cubierto de nubes, no puedes ver el sol. Cuando no hay nubes en tu cielo, en tu cielo interior, hay claridad en tu conciencia.

Por eso, Jesús dice: «Si no eres como un niño, no entrarás en el reino de los cielos». ¿Qué significa eso? Significa simplemente que si no eres tan claro como un niño cuyo cielo interior aún está libre de nubes, cuyo espejo no tiene ni una mota de polvo y cuya percepción es absolutamente pura… Puede ver las cosas tal como son, sin distorsionarlas. No ha invertido lo más mínimo en distorsionarlas. No proyecta, sino que sólo observa; sea cual sea la circunstancia, es un espejo pasivo. Eso es claridad.

Claro de luna

La luz del sol es masculina: dura, tensa, apasionada, agresiva y violenta. La luz de la luna es femenina: suave, tierna, receptiva y cariñosa. Y no se trata sólo de poesía; la ciencia también ha descubierto que hay diferencias entre la luz del sol y la de la luna.

Hace siglos que los místicos son conscientes de ello; hay más gente que ha alcanzado la iluminación en una noche de luna llena que en cualquier otra noche. No he oído jamás que alguien se haya iluminado de día. Tanto Buda como Mahavira o Lao Tse, alcanzaron la iluminación por la noche. No puede tratarse de una mera coincidencia.

La noche es femenina, el día es masculino y la iluminación sólo se produce cuando se da una condición muy receptiva, una condición muy femenina. Que uno sea un hombre o una mujer no tiene ninguna importancia, lo que cuenta es ser receptivo. No se puede conquistar a Dios, sino invitarle y esperar.

Cobardía

La mayor cobardía del mundo es seguir a los demás: imitarlos. Si lo haces, te vuelves artificial; nunca serás una verdadera rosa, sino sólo una rosa de plástico que parece una rosa pero no lo es. No tendrá ni fragancia ni vitalidad; no danzará al viento ni cantará al sol: ¡estará muerta!

Comparación

La comparación trae competencia. La comparación comporta heridas y ego. Por un lado, heridas, porque hay gente superior a ti, y entonces seguramente habrá heridas; por otro comporta ego, ya que hay gente inferior a ti. Y tú estás aprisionado entre esas dos piedras; ¡pero todo es ficticio! Eres simplemente tú mismo. No eres miembro de ninguna jerarquía; ¡nadie es superior ni inferior a ti porque nadie es como tú! De modo que la comparación es imposible y la competencia, vana.

Sólo hay que ser uno mismo; ése es mi mensaje fundamental. En el momento en que te aceptas tal como eres, todas las gigantescas cargas que te abruman simplemente se desvanecen. La vida es pura alegría; un festival de luces.

Compasión

En realidad la gente goza compadeciéndose de los demás. Siempre anda buscando situaciones en las que pueda compadecerse de los demás; eso alimenta y satisface a su ego. Si se quema la casa de alguien, corres con los ojos bañados en lágrimas a demostrarle tu gran compasión e interesarte por él, como si estuvieses inmensamente apenado. Pero en el fondo, si te fijas, descubrirás una cierta alegría, un cierto júbilo.

Pero la gente nunca mira en su interior. El júbilo es inevitable por dos razones: no es tu casa la que se quema, ¡gracias a Dios!; eso es lo primero. En segundo lugar tienes que disfrutar de tus lágrimas, pues cuando alguien se construye una casa nueva, una bonita casa, sientes envidia; surge en ti una gran envidia. No puedes alegrarte ni participar de su alegría. Tratas de evitarle y ni siquiera miras su casa.

Si no eres capaz de participar de la alegría de los demás, ¿cómo puedes compadecerte cuando están en apuros? Si sientes envidia cuando están alegres, sentirás alegría cuando estén en un apuro. Pero no lo demostrarás, sino que mostrarás compasión. “Compasión” no es una buena palabra. Hay palabras muy feas pero que actualmente son muy respetadas; palabras como “deber”, “servicio” o “compasión”; todas ellas son malas palabras. El hombre que cumple con su deber no es un hombre de amor. El hombre que presta servicio no sabe nada del amor, pues el servicio no se presta, se da. Y el hombre que se compadece, está gozando sin duda de una especie de superioridad: «Yo no me encuentro en ese estado lamentable y él sí. Estoy en ventaja; puedo compadecerme de él».

El que ama jamás se siente superior. No puede sentirse superior ni pensar siquiera que alguien tenga que estarle agradecido. Por el contrario, cuando alguien acepta tu amor tienes que estarle agradecido por no haberlo rechazado –podría haberlo rechazado–, por haberlo respetado y acogido. Te sientes complacido, agradecido y reconocido.

Comunicación

Había una vez dos hermanos que se llamaban Jones. John Jones estaba casado y Jim era el propietario de una barca de remos vieja y desvencijada. Dio la casualidad de que la mujer de John se murió el mismo día en que la barca de Jim hizo agua y se hundió. Unos días más tarde, una amable viejecita se cruzó con Jim por la calle y, confundiéndole con John, le dijo:

—Vaya, señor Jones, me he enterado de su terrible desgracia. Debe de estar destrozado.

Jim replicó:

—¿Qué va? No me apena en absoluto. Desde el principio fue un trasto viejo y desvencijado. Tenía el culo completamente carcomido y olía a pescado podrido. Tenía una maldita grieta detrás y un buen boquete delante, y cada vez que la usaba, empezaba a hacer agua por todas partes. Bueno, yo era capaz de manejarla bien, pero cuando la usaba alguien más, quedaba hecha pedazos. Y así fue como acabó. Cuatro muchachos que estaban de paso en la ciudad y querían pasar un buen rato me pidieron que se la alquilase. Les advertí de que no era muy bravía, pero me dijeron que de todos modos querían probarlo. Pues bien, los condenados muchachos trataron de montar los cuatro a la vez y se partió por la mitad.

La vieja se desmayó antes de que hubiese terminado.

Así son las cosas: una es lo que se dice y otra muy distinta lo que se entiende. La comunicación es muy, muy difícil.

Comunión

Tomas de la mano a tu amigo: eso es comunicación a nivel físico. Dices algo a tu amigo: eso es comunicación a nivel mental. Después, quédate sin más en presencia de tu amigo, sin decir nada, sin ningún gesto, sin nada que decir, sólo pura presencia: eso es comunicación espiritual. Esa comunicación se llama comunión.

Concentración

La concentración tiene visión de túnel. ¿Has mirado alguna vez dentro de un túnel? Por el lado desde el que miras es grande, pero si tiene tres kilómetros de largo, el otro lado se reduce a un pequeño círculo de luz; cuanto más largo sea el túnel, más pequeño será el otro extremo. Tienes que concentrarte, lo que siempre requiere tensión.

La concentración no es natural en la mente. La mente es un vagabundo que disfruta pasando de una cosa a la otra y al que siempre excita lo nuevo. La concentración es poco menos que una prisión para la mente.

No sé por qué, durante la segunda guerra mundial les dio por llamar “campos de concentración” a los centros de detención de prisioneros. Para ellos tenía un significado distinto; reunían a todo tipo de prisioneros y los concentraban allí. Pero el verdadero significado de concentración es reunir todas las energías del cuerpo y de la mente y meterlas en un agujero que se va estrechando. Es fatigoso.

Conciencia

La sociedad te ha inculcado sus propias ideas para que te sirvan de conciencia. De hecho, impiden que salga a la luz la verdadera conciencia, que aflore tu propia conciencia y tome tu vida a su cargo.

La sociedad es muy política. En el exterior ha apostado al policía y al magistrado, y en el interior a la conciencia, que es el policía y el magistrado internos. Ahora bien, no conformándose con ese arreglo, ha apostado por encima de todos a Dios: el superpolicía; el comisario. De modo que te sigue a todas partes y te vigila hasta en el lavabo. Alguien que te observa constantemente y no te deja ser tú mismo ni un solo instante.

Conclusiones

Un ojo predispuesto es ciego, y un corazón lleno de conclusiones está muerto. Si se admiten a priori demasiados supuestos, la inteligencia empieza a perder su agudeza, su belleza y su intensidad; se embota. Inteligencia embotada es lo que llamamos intelecto. De hecho, la llamada intelligentsia no es inteligente; sólo es intelectual. El intelecto es un cadáver. Puedes adornarlo con grandes perlas, esmeraldas y diamantes, pero un cadáver no deja de ser un cadáver. Estar vivo es un asunto completamente distinto. La inteligencia es vitalidad, espontaneidad, apertura, vulnerabilidad, imparcialidad y valor para desenvolverse sin conclusiones. ¿Y por qué digo que es valentía? Es valentía porque cuando te desenvuelves en función de una conclusión, la conclusión te protege, te confiere seguridad. La conoces bien, sabes cómo llegar a ella y gracias a ella eres muy eficiente. Funcionar sin una conclusión es funcionar con inocencia. No hay seguridad; puedes equivocarte e incluso extraviarte.

Quien esté dispuesto a proseguir la exploración de la verdad tiene que estar preparado asimismo para cometer muchos errores y equivocaciones; tiene que ser capaz de arriesgarse. Uno puede extraviarse, pero es así como se llega. Extraviándose muchas veces uno aprende a no extraviarse. Cometiendo muchas equivocaciones se aprende lo que es una equivocación y la manera de no cometerlas. Sabiendo lo que es el error, uno se acerca cada vez más a la verdad. Se trata de una exploración individual; no puedes depender de las conclusiones de otros.

Condicionamiento

Antes incluso de que el niño haga una pregunta, le llenas la cabeza con una respuesta.

En eso consiste la programación: el condicionamiento.

Conductismo

No es por casualidad que los psicólogos sigan estudiando a las ratas para entender al hombre. Suena raro, ¡tratar de entender a las ratas para entender al hombre! Aunque, en realidad, no es tan extraño como parece, pues la mayoría de los hombres viven como ratas.

La psicología de Pavlov se basa en el estudio de los perros y la de Skinner en el de las ratas, y ambas son totalmente correctas por lo que se refiere a la mayoría de la humanidad. Sólo en algunos casos pueden ser inadecuadas, como cuando tratan de aplicarlas a un buda; pero por cuanto se refiere a los seres humanos corrientes, es perfectamente correcta. ¿Qué ha pasado con el hombre? Ha perdido toda significación e importancia por la sencilla razón de que se ha convertido en un ser muy cobarde. Vive de maneras tan cobardes que cualquier cosa nueva le asusta.

Confusión

La confusión es una gran oportunidad. El gran problema con la gente que no está confundida es que creen que saben, pero no saben. La gente que cree tener claridad está realmente en un gran apuro; su claridad es muy superficial. En realidad, no saben nada de la claridad; lo que llaman claridad no es otra cosa que estupidez.

Los idiotas son muy claros, y lo son en el sentido de que carecen de inteligencia para sentir confusión. Sentir confusión requiere una gran inteligencia. Sólo los inteligentes sienten confusión; los mediocres, en cambio, van por la vida sonriendo, riéndose, acumulando dinero y luchando por más poder y más fama. Si los ves, sentirás un poco de envidia; parecen tan felices y confiados…

Si triunfan: si su dinero aumenta, su poder se acrecienta y su fama se extiende, tendrás un poco de envidia. Tú estás tan confundido mientras ellos lo tienen tan claro en la vida… tienen un sentido y un objetivo; saben cómo alcanzarlo y se las arreglan para conseguirlo, de hecho, ya lo están consiguiendo; ya van trepando por la escala. Y tú estás ahí parado y confundido, sin saber lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer; lo que está bien y lo que está mal. Pero siempre ha sido así: el mediocre conserva la certidumbre y queda para el más inteligente sentir confusión y caos.

La confusión es una gran oportunidad. Indica simplemente que no hay salida a través de la mente. Si realmente estás confundido, como cuando dices: «Estoy sumamente confundido», eres afortunado. Ahora puede ocurrir algo, algo enormemente valioso; estás en el borde. Si estás sumamente confundido quiere decir que la mente ha fracasado, que ya no puede proporcionarte más certidumbres. Cada vez te acercas más a la muerte de la mente. Y eso es lo más grande que le puede ocurrir a un hombre en la vida; la mayor de las bendiciones, porque una vez que descubres que la mente es confusión y no hay salida a través de ella, ¿por cuánto tiempo seguirás aferrado a la mente? Tarde o temprano tendrás que desprenderte de ella y, aunque no quieras, se desprenderá por sí sola. La confusión llegará a ser tan grande y tan densa que caerá por su propio peso. Y cuando la mente cae, la confusión desaparece. No, no puedo decir que alcances la certidumbre, pues también esa palabra es aplicable únicamente a la mente y su mundo. Donde hay confusión puede haber certidumbre; cuando la confusión se desvanece, también lo hace la certidumbre. Simplemente eres claro: ni confuso ni seguro, sólo una claridad, una transparencia. Y esa transparencia está dotada de belleza y elegancia; es exquisita.

El momento más hermoso de la vida es cuando no hay confusión ni certidumbre. Uno simplemente es: un espejo que refleja lo que existe, sin sentido ni dirección, sin proyectos ni futuro, sólo plenamente en el momento, rabiosamente en el momento. Cuando no hay mente, no puede haber futuro ni proyecto alguno de futuro. El momento lo es todo, el todo dentro del todo; ese momento es la totalidad de la existencia. Toda la existencia empieza a converger en ese momento, y el momento se vuelve tremendamente importante. Tiene profundidad, altura, misterio e intensidad; tiene fuego e inmediatez y te atrapa, te posee y te transforma.

Conocerse a sí mismo

Uno de los mayores misterios de la vida es que nacemos con un ser pletórico de felicidad; pero seguimos siendo mendigos porque nunca examinamos lo que hay en nuestro interior. Lo damos por supuesto, como si supiéramos de antemano todo lo que tenemos dentro. Es una solemne tontería, pero impera en todo el mundo. Estamos dispuestos a ir a la Luna en busca de felicidad; pero no a entrar en nuestro mundo interior por la sencilla razón de que sin entrar siquiera ya pensamos: “¿Qué va a haber ahí?”.

Por alguna razón seguimos arrastrando la idea de que nos conocemos a nosotros mismos; pero no nos conocemos en absoluto.

Sócrates tiene razón cuando dice: «Conócete a ti mismo». En esa expresión se condensa toda la sabiduría de todos los sabios, pues conocerte a ti mismo es conocerlo todo, colmarlo todo y relizarlo todo.

No tenemos que volvernos perfectos, pues ya nacimos perfectos, ni tenemos que inventar la felicidad, sino sólo descubrirla. No se trata, por tanto, de un asunto tan difícil como la gente cree; es un proceso muy sencillo de relajación y reposo para ir centrándose poco a poco.

El día en que encuentras tu centro, de repente se ilumina todo; has encontrado el interruptor. Es como cuando andas a tientas en una habitación oscura: andas a tientas hasta que encuentras el interruptor y se hace la luz. Pero puedes quedarte sentado en la oscuridad y pasarte la noche gimiendo y llorando debajo del interruptor. Y ésa es realmente la situación; gemimos y lloramos innecesariamente. De ahí que los que han conocido alberguen sentimientos muy extraños con respecto a la gente. Sienten gran compasión y a la vez les produce mucha risa, porque pueden ver la estupidez que supone haberlo conseguido y seguir corriendo de acá para allá sin motivo alguno. Pero, como vas corriendo, no lo encuentras. También sienten gran compasión porque sufres, es cierto, pero tu sufrimiento es ridículo.

Este estilo de vida absurdo y ridículo tiene que cambiar completamente. Mira hacia dentro y, si no encuentras nada, mira hacia fuera. Pero afirmo categóricamente que nadie que haya mirado hacia dentro no haya dado con ello, así que no hay ninguna razón para que tú no lo encuentres. No hay ninguna excepción; es una ley universal: quienquiera que se vuelva hacia dentro lo encuentra; encuentra el reino de dios, la felicidad perfecta y la verdad absoluta. Y con ello llega la libertad y una intensa fragancia. La vida se vuelve danza, poesía y un éxtasis perpetuo que aumenta a cada instante.

Uno se queda perplejo ante la dimensión que puede cobrar el éxtasis: ¿podré albergar más? Pero uno puede albergar un éxtasis infinito. Por increíble que parezca, no para de aumentar, y piensas: “Éste es el límite; ya más no puede ser”; pero al día siguiente descubres que aún puede aumentar más. Es ilimitado. En este viaje hay un principio, pero no un final.

Conocer

El conocimiento corresponde a la dimensión del tener, y el conocer a la del ser. Parecen iguales, pero no lo son. Ni siquiera son parecidos, sino diametralmente opuestos el uno al otro. A medida que el hombre acumula saber, pierde conocer. El conocer necesita una mente como un espejo: pura e incorrupta. No estoy diciendo que el conocimiento no sirva para nada; si tu conocer es limpio y puro, como un espejo, puedes emplear el conocimiento de manera tremendamente útil. Puede llegar a ser beneficioso, pero primero tiene que existir el conocer.

El conocimiento es muy fácil; el conocer es muy difícil. Para conocer tienes que pasar por muchas pruebas.

Conocimiento

El conocimiento tiene alguna utilidad; no es completamente inútil. Pero si te vuelves hacia dentro, cada vez es más inservible; cuanto más profundizas, más inservible es. Si miras hacia fuera, te resulta más útil cuanto más te adentras en el mundo. El mundo respeta al erudito. Tiene necesidad de expertos; necesita todo tipo de personas que posean información, conocimiento y maestría. Pero en el mundo interior esto ni siquiera se plantea; en el mundo interior el propio conocimiento se convierte en un obstáculo. Lo que en el mundo exterior es útil, en el interior supone una barrera. Para el mundo es un puente, mientras que para la exploración interior constituye una barrera.

El conocimiento trata de dominar; te hace poderoso. La ignorancia te hace humilde. Procura, por tanto, no convertirte en un erudito. No permitas que el conocimiento se acumule a tu alrededor. El conocimiento se acumula diariamente a través de la experiencia; así que tíralo cada día. Es polvo que se acumula en el espejo de la conciencia.

Consejo

Escúchalo, pero no lo sigas. Escucha atentamente, pero sigue tu propio albedrío. No te guíes por el consejo de los demás. Escucha, desde luego, muy reflexivamente; trata de comprender lo que quieren transmitirte. Puede que realmente se trate de personas bien intencionadas; pero si empiezas a hacerles caso ciegamente, jamás conseguirás tu propia inteligencia. Siempre dependerás de muletas; siempre consultarás a los demás para que te digan lo que tienes que hacer y lo que no tienes que hacer. Siempre tendrás necesidad de líderes, lo cual constituye una situación muy malsana.

Escucha, porque la gente tiene grandes experiencias; y si las comparten, si tienen ganas de compartirlas, sería insensato por tu parte no escuchar. Compartir su experiencia puede aumentar tu discernimiento y ayudarte a ser más consciente; pero no la sigas.

La gente sigue literalmente, y lo único que consigue es volverse ciega. Si los demás te proporcionan todo aquello que necesitas, ¿para qué quieres tus propios ojos? Y si otros mastican por ti, ¿qué necesidad tienes de masticar por ti mismo? Poco a poco te vas quedando cada vez más débil, más depauperado, más desnutrido…

El verdadero amigo no es el que te da consejos sino el que te ayuda a ser más despierto, más consciente, y a saber más de la vida, de sus problemas, sus desafíos y sus misterios. Te ayuda, además, a seguir tu propio camino; te da valor para experimentar, buscar e indagar. No te da consejos estereotipados, pues los consejos estereotipados no tienen ninguna utilidad. Lo que hoy es verdad puede no serlo mañana, y lo que en una situación es correcto puede ser incorrecto en otra. Como las situaciones cambian continuamente, lo que necesitas no es un modelo de vida estereotipado sino una forma de videncia, de modo que, estés donde estés, sea cual sea la situación en que te encuentres, sepas espontáneamente cómo comportarte; cómo depender de tu propio yo.

Contracepción

Los anticonceptivos han transformado la cualidad intrínseca del sexo: el sexo se ha vuelto diversión. Ha dejado de ser el asunto serio que solía ser. Se ha convertido en un simple entretenimiento: dos cuerpos jugando el uno con el otro; eso es todo. No hay nada malo en ello; también se juega al fútbol, ¿qué hay de malo en ello?, o se juega al voleibol, ¿qué hay de malo en ello? Están involucradas dos energías corporales.

El sexo también es un juego, pero antes no lo era. Antes de los anticonceptivos era un asunto serio; pero éstos le han arrebatado toda su seriedad. En la actualidad, las religiones no pueden por menos que estar asustadas, pues todo el edificio puede venirse abajo por culpa de los anticonceptivos. Lo que los ateos no lograron durante siglos, los anticonceptivos pueden conseguirlo en pocas décadas. Lo han hecho ya: los anticonceptivos han liberado al hombre del sacerdote.

Los anticonceptivos son una bendición, pero el papa no puede estar a favor de ellos porque se juega su poder –y no sólo el papa, sino todos los dirigentes religiosos: los shankaracharyas, los ayatollahs y los imanes–; todos ellos se opondrán a los anticonceptivos. Peligra todo el negocio.

Contradicciones

La vida parece muy simple, pero a medida que profundizas en ella, se vuelve cada vez más compleja. Aunque la mayor complejidad estriba en que la vida se compone de contradicciones. Si lo entiendes, tales contradicciones acaban siendo complementarias; pero si no lo entiendes, se convierten en opuestos.

No obstante, en la unidad orgánica última hay espacio suficiente tanto para el sí como para el no. No sería unidad orgánica última si sólo hubiera espacio para el sí, la luz o el amor, pero no para sus opuestos.

Nuestra mente agrupa las cosas por categorías de oposición; pero la mente no es el factor decisorio definitivo. El factor decisorio definitivo es un estado de no-mente. En un estado de no-mente todo es posible. Lo incomprensible también es posible; lo imposible también es posible.

Convicción

La convicción es lógica e intelectual, y corresponde a la mente. No llega muy adentro y, detrás de cada convicción, persiste la duda. La convicción no cambia a nadie, pues, siendo algo de la mente, ¿cómo va a cambiar a la totalidad? Además, la convicción es prestada. Soy muy lógico con respecto a algo y te quedas convencido, pero sólo es debido a que soy muy lógico con respecto a ello. Mi lógica te engancha y no puedes argumentar contra ella, de ahí la convicción. La convicción es prestada; la tomamos de los demás. Te conviertes en un cristiano, un cristiano convencido, porque tus padres eran cristianos; o te vuelves un hinduista convencido, un hinduista perdido e inquebrantable, porque tus padres eran hinduistas, y así sucesivamente.

Una vez oí que la maestra de una escuela dominical interrumpió bruscamente la lectura de un pasaje de la Biblia y preguntó a sus pupilos:

—¿Por qué creéis en Dios?

Obtuvo una gran variedad de respuestas: unas impregnadas de fe sincera y otras a todas luces insinceras. La única que la dejó estupefacta partió del hijo del pastor más famoso de Chicago.

Éste frunció el ceño y respondió:

—Que yo sepa, nos viene de familia.

Así es como se adquieren las convicciones.

Corazón

Todos mis esfuerzos van encaminados a liberar la energía de tu cabeza, donde está aprisionada, para que pueda entrar primero en el corazón y después en el ser, que es tu verdadero centro. El corazón está a medio camino entre la cabeza y el ser. El pensamiento es la cabeza, que plantea preguntas sin darte nunca una respuesta. Es el mundo de la filosofía: el mundo de los necios. Por debajo está el mundo de los sentimientos, del corazón: es el mundo de los poetas.

¿Te has dado cuenta alguna vez de que los filósofos preguntan y los poetas responden? Cada poesía es una respuesta; no hay ninguna poesía que plantee una pregunta: todas son una respuesta. ¡El corazón responde! Por eso es mucho mejor y más sensato adentrarse en el mundo de los sentimientos; aunque todavía estás un poco lejos de una percepción totalmente clara, pues cuando la percepción es clara, ni siquiera hay respuesta, por no hablar de la pregunta. ¡Ni siquiera una respuesta!

El filósofo pregunta, el poeta responde y al místico no le interesan ni las preguntas ni las respuestas. Si acudes a un místico, todo lo que hará será destruir tus preguntas, tus respuestas y todo lo que lleves contigo hasta dejarte completamente vacío. Ése es el momento en que la percepción empieza a funcionar; te vuelves inocente.

Cordialidad

La cordialidad es el lenguaje de la vida. Cuanto más dejes que tu cordialidad fluya hacia los demás, más rica será tu vida. Y el secreto de la cordialidad es el amor, de modo que ama tan profundamente y a tanta gente como puedas. Y no sólo a las personas, sino a la existencia como tal. Es verdaderamente extraño que la gente pase junto a los árboles sin manifestar la menor cordialidad hacia ellos, que mire a las estrellas con ojos fríos y apagados, que hable con los demás sin el menor afecto ni en las palabras ni en el corazón, o que se den la mano flojamente y con frialdad. No es extraño que sufran tanto; pero es lo que han elegido.

Tal decisión tiene un motivo: les da miedo ser cariñosos porque pueden verse implicados, atrapados o comprometidos. Y la gente tiene miedo de implicarse o comprometerse, por eso huye de cualquier compromiso. Pero vivir una vida sin compromiso es evadirse; es privarla de esplendor. La vida necesita el reto del compromiso; requiere implicación. Uno ha de implicarse en cuantas más cosas pueda: el arte, la poesía, la música, la gente, la danza y en todo lo que pueda. Cuanto más te implicas, más eres; más grande es tu Yo.

Corriente

La mente corriente no nace corriente; la vuelven corriente vuestros sistemas de creencias, vuestras religiones, vuestros políticos y vuestra educación. Todos los niños son educados para ser corrientes.

La familia estima al niño corriente; no al muy inteligente. El niño muy inteligente es un engorro continuo y un problema. Hace preguntas que los padres no saben responder y se sienten molestos. El niño corriente jamás hace preguntas.

Para la mente corriente, el logro de la satisfacción material no supone ningún problema. Si no dejas de ser corriente, puedes poseer el mundo entero sin que te ocurra nada.

Pero puedes aguzar tu mente; el método es sencillo. Haz exactamente lo contrario de lo que te hicieron a ti. Si te dijeron que tengas fe, no la tengas; si te dijeron que creas, no lo hagas, duda; si te dijeron que sigas a la multitud, afírmate como individuo, y dejarás de ser corriente. Era algo que te habían impuesto.

El doctor, preocupado, trata de convencer al paciente de que tiene exceso de peso:

—Ahora sube a la báscula –dice el doctor–. Son… ¿lo ves? Ahora mira esta tabla y compara tu peso con el peso corriente para tu altura. Estás en el lado del exceso de peso.

—De ningún modo –replicó el paciente–, lo que pasa es que me faltan quince centímetros.

Corrupción

Lord Acton afirma que el poder corrompe. Es cierto en un sentido, pero en otro es completamente falso. Es cierto si te conformas con mirar la superficie de las cosas: el poder corrompe, desde luego, pues quien detenta el poder acaba corrompido. Objetivamente es cierto; pero si profundizas en el fenómeno deja de serlo.

El poder no corrompe; son los corruptos los que se sienten atraídos por el poder. Son personas a las que les gustaría hacer cosas que no pueden hacer si no están en el poder. En cuanto llegan al poder, toda su mente reprimida se impone; no hay nada que pueda detenerles ni nada que pueda impedírselo, ahora detentan el poder. El poder no les corrompe, lo único que hace es que salga a la luz su corrupción. La corrupción ya estaba allí en forma de semilla; ahora ha germinado. El poder se ha revelado como la estación óptima para que germinase. El poder no es más que la primavera para las ponzoñosas flores de la corrupción y la injusticia que hay en su ser.

El poder no es la causa de la corrupción, sino simplemente la oportunidad para que se manifieste. Por eso digo que básicamente, en lo fundamental, lord Acton está equivocado.

Costumbres

Hay que ser capaz de hacer las cosas según las situaciones, no según las costumbres. La vida cambia continuamente: es un devenir, mientras que las costumbres están estancadas. Cuanto más te rodeas de costumbres, más te cierras a la vida. No eres abierto; no tienes ventanas. No estableces ninguna comunicación con la vida; no haces sino repetir tus costumbres. Pero no son apropiadas; no son la respuesta adecuada a la situación: al momento. Siempre van rezagadas y siempre se quedan cortas. Son el fracaso de tu vida.

Así que recuerda: estoy en contra de todo tipo de costumbres. Que sean buenas o malas no tiene nada que ver; las costumbres no son buenas ni malas de por sí. Todas las costumbres son malas porque costumbre significa que algo inconsciente se ha convertido en el factor dominante de tu vida; se ha vuelto decisivo. Ya no eres tú el factor decisorio. La respuesta ya no procede de tu conciencia sino de un modelo, de una estructura que aprendiste en el pasado.

Dos miembros de la Residencia Shalom: Blustein y Levin, estaban dando un paseo alrededor de la mansión de Nelson Rockefeller.

—Si tuviese los millones de ese hombre –suspiró Blustein–, sería más rico que él.

—No seas bobo –dijo Levin–, si tuvieses sus millones, serías tan rico como él, no más rico que él.

—Te equivocas –replicó Blustein–, no te olvides de que yo, además, puedo dar clases de hebreo.

Creatividad

La naturaleza te ha conducido hasta un cierto punto a partir del cual debes tomar el crecimiento en tus propias manos. La naturaleza ha hecho de ti un ser humano; a partir de ahí no compete a la naturaleza. Hasta el ser humano es evolución; más allá de la condición humana es revolución. Evolución significa todo aquello que ha ocurrido pese a ti, mientras tú ibas montado en la cresta de la ola. Pero llega un momento –y la condición humana es ese momento, esa línea divisoria–, en que si no empiezas a avanzar por ti mismo te quedas estancado. La ola de la naturaleza te ha conducido hasta el límite máximo; hasta el límite óptimo. Más que eso ya no es posible. A partir de ahí tienes que viajar y esforzarte; tienes que ser creativo. Pero cuando digo creativo no me estoy refiriendo sólo a la pintura, la poesía o la escultura. No, ésas son creatividades muy corrientes.

Creas una pintura, un poema o una canción; pero no te creas a ti mismo. El poeta sigue estando tan insatisfecho como el no poeta, y el pintor sigue tan vacío como el que no lo es. Puede que el pintor haya pintado un magnífico retrato, pero él seguirá siendo tan feo como cualquiera. Si te gusta la obra de un poeta no vayas a verlo en persona o de lo contrario te sentirás defraudado. Tal vez la poesía sea hermosa; pero si vas a ver al poeta te encontrarás con un ser humano corriente, incluso a veces más corriente que los normales. Si te gusta una pintura, goza de ella y olvídate del pintor. No vayas nunca a ver al pintor o te quedarás defraudado. Tal vez te encuentres con un loco o un maníaco… pues no hay duda de que han creado algo, pero han olvidado completamente que la principal creatividad, la más esencial, ha de estar relacionada con el propio ser.

Has de ser creativo con respecto a tu propio ser.

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