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Índice
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Portadilla
Legales
Introducción
PRÓLOGO A LA EDICIÓN EN ESPAÑOL
PREFACIO
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I: NEUROCIENCIAS, ¿CAPUT CIENCIA?
CAPÍTULO 2 LA ÉTICA Y LAS NEUROCIENCIAS
1. La neuroética
2. El caso de la conciencia
3. ¿Cuál neuroética?
CAPÍTULO III: UNA NEUROFILOSOFÍA NO REDUCCIONISTA
1. Más allá del cerebro: la teoría de la mente ampliada
2. Retorno al cerebro: radicación, apertura y cambio
CAPÍTULO IV: ¿QUÉ PERSONA ESTÁ EN DIÁLOGO CON LA NEUROFILOSOFÍA?
1. Persona: devenir en relación
2. La persona más allá de los personalismos
3. ¿Qué persona?
4. La persona: ¿por qué?
CONCLUSIÓN: UNA FILOSOFÍA DE LAS NEUROCIENCIAS COMO INSTRUMENTO DE DIÁLOGO
BIBLIOGRAFÍA
| Farisco, MicheleFilosofía de las neurociencias : cerebro, mente y persona / Michele Farisco. - 2a ed. - Salta : Universidad Católica de Salta. Eucasa, 2021.Libro digital, EPUB - (EUCASA / Base)Archivo Digital: descarga y onlineTraducción de: Carlos Daniel Lasa ; María Dolores Lasa. ISBN 978-950-623-236-81. Filosofía. 2. Neurociencias. 3. Cerebro. I. Lasa, Carlos Daniel, trad. II. Lasa, María Dolores, trad. III. Título.CDD 195 |
Aprobado por Res. Rect. Nº 516/17
Corrección de estilo de la traducción:
Susana Magdalena María Broggi de Lasa.
Para citar este libro:
Farisco, Michele. Filosofía de las neurociencias. Traducido por
María Dolores Lasa y Carlos Daniel Lasa. Salta: EUCASA
(Ediciones Universidad Católica de Salta), 2017.
© 2018, por EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA - EUCASA
Domicilio editorial: Campus Universitario Castañares - 4400 Salta, Argentina
Web: www.ucasal.edu.ar/eucasa
Tel./fax: (54-387) 426 8607
e-mail: eucasa@ucasal.edu.ar
Depósito Ley 11.723
ISBN 978-950-623-236-8
Traducido del libro:
Filosofia delle Neuroscienze. Cervello, mente, persona
ISBN 978-88-250-2854-6
© 2012 by P.P.F.M.C. Messaggero di S. Antonio - Editrice
Basilica del Santo - Via Orto Botanico, 11 - 35123 Padova
www.edizionimessaggero.it
Este libro no puede ser reproducido
total o parcialmente,
sin autorización escrita del editor
INTRODUCCIÓN
El innegable progreso extraordinario de las neurociencias, que se desencadena hacia fines del siglo pasado y se encuentra actualmente en su pleno vigor, junto a otros aspectos más específicamente técnicos y científicos, suscita relevantes cuestiones de orden filosófico —en particular, éticas y antropológicas—, sociológico, político, jurídico y también teológico. Prescindiendo, en este ámbito, de los aspectos puramente técnicos del saber neurocientífico, se pretende focalizar la atención sobre su alcance, por así decirlo, “extracienfífico”, o sea, sobre su resonancia, siempre problemática y a menudo instrumentalizada, en ámbitos aparentemente no ligados a él.
El punto que crea mayores problemas es que las neurociencias, así como cualquier forma de conocimiento científico, no son interpretables como un ámbito neutro o cerrado en sí mismo, sino que su avance cognoscitivo, así como la gestión de su impacto tecnológico, se insertan en complejas tramas de mediaciones entre componentes especialistas, técnicos, sociales, políticos, éticos, legales. En otros términos, eso que dice el científico, y por lo tanto también el neurocientífico, no es solo fruto de su indagación cognoscitiva, sino que es inevitablemente “filtrado” por el contexto en el cual nace y se desarrolla su investigación; piénsese, por ejemplo, en las categorías culturales que constituyen el background del científico, que inevitablemente representa la óptica de lectura de los fenómenos observados, o incluso el siempre más estrecho ligamen entre conocimiento y tecnología, con todo cuanto de eso se sigue en virtud de los intereses económicos en juego.
Dejando entre paréntesis este cuadro, que podríamos definir como bio-político y bio-económico —es decir, en cuyos campos las ciencias biológicas se interrelacionan estrechamente con la economía y la política— de fondo, aunque sin dejar de considerarlo, en lo que sigue se intentará poner en evidencia aquella que se considera una de las mayores tendencias en el ámbito del saber tecnocientífico en lo que respecta al conocimiento de la naturaleza humana y la consiguiente reproposición del antiguo paradigma naturalista concebido en términos de un neuronaturalismo.
Al mismo tiempo, respecto a tal resultado reduccionista, se delineará una posible alternativa emergente de la misma investigación neurocientífica: la concepción del cerebro como sistema plástico condicionado por la interacción con el ambiente externo, que reintroduce como factores relevantes aquellos conceptos que son para algunos apresuradamente dejados de lado, cuales son libertad, responsabilidad y subjetividad. En este sentido, se intentará delinear una filosofía de las neurociencias, entendida como reflexión crítica sobre los presupuestos cognoscitivos y sobre el alcance extracientífico (sobre todo ético y antropológico) de las neurociencias, en particular intentando hacer interactuar la reflexión neuroética contemporánea con la semántica de la persona. La tesis que se buscará desarrollar es la siguiente: para responder adecuadamente a los desafíos a menudo inéditos del saber neurocientífico y de las consecuentes aplicaciones tecnológicas, es oportuno repensar en términos dinámicos e híbridos la identidad humana, superando los antiguos vallados entre el sí y lo otro de sí (el otro biológico, pero también el otro tecnológico), sin por eso llegar a negar cualquier presupuesto identitario.
Como recientemente ha sido puesto de manifiesto por Roland Benedikter (1), James Giordano y Kevin Fitzgerald en un interesante artículo, el progreso biotecnológico en el conocimiento y en la manipulación de la naturaleza, y en particular la nueva filosofía de la mente emergente a causa de los recientes progresos científicos,
… provocan interrogantes sobre la validez de las diferencias humano/no humano como distinciones de géneros naturales, y generan una profunda redefinición ontológica, práctica y moral de las nociones de sí y de otro. Los confines biotecnológicamente mezclados entre el ser humano y lo no humano (animal y máquina) suscitan cuestiones éticas relativas al tipo y a la finalidad de nuestras acciones dirigidas a, y nuestras interacciones con la naturaleza y la alteridad no humana (2).
Esto quiere decir que las neurotecnologías contemporáneas implican una serie imponente de problemáticas de orden ético, antropológico, social y político, que deben afrontarse adecuadamente, para las cuales es necesario un horizonte cultural interdisciplinario y multidisciplinario cuyo desarrollo debería ser la tarea de una reflexión filosófica sobre las neurociencias. La neuroética y la neuroantropología que brinda semejante reflexión filosófica deberían desarrollarse no atendiendo tanto a dividir de modo categórico aquello que es justo y aquello que es injusto y aquello que es equivocado sobre la base de presuntos modelos paradigmáticos de identidad o de moralidad, sino preocuparse, más bien, por las estrategias que se implementarán para gestionar mejor las transiciones que ya están en marcha como resultado de la neurociencia y la neurotecnología contemporáneas: ¿cómo la humanidad puede gestionar de mejor modo la maleabilidad de la propia naturaleza? ¿Cuánto cambio puede sostener la naturaleza humana? ¿Es factible el intento de definir un límite a la transformación tecnocientífica de lo humano? En el estado actual, estos interrogantes permanecen sin respuesta; pero el punto fundamental es aclarar su importancia y urgencia, ya que antes de respuestas justas existen siempre justas preguntas.
1. Cf. V. Codeluppi, Il Biocapitalismo. Verso lo sfruttamento integrale di corpi, cervelli ed emozioni. Bollati Boringhieri, Torino, 2008.
2. Benedikter - J. Giordano - K. Fitzgerald, The future of self-umage of the human being in the age of transhumanism, neurotechnology and global transition, «Futures: The Journal for Policy, Planning and Futures Studies» 42 (10/2010), p. 1105. «[…] raise questions about the validity of human/non human differences as distinctions of natural kinds, and generate profound ontological, practical and moral re-assessment of the notion of selves and others. Biotech¬nologically blended boundaries between the human and non-human (animal and machine) beings prompt ethical concerns about the types and scope of our actions toward, and interactions with nature and non-human others».
PRÓLOGO A LA EDICIÓN EN ESPAÑOL
La Universidad Católica de Salta presenta al mundo de lengua española este importante escrito de Michele Farisco titulado Filosofía de las neurociencias. Consideramos que es importante, frente a la difusión e impacto de las neurociencias, cultivar y difundir los resultados de estudios serios, los cuales se encuentran apartados tanto de la postura biologicista, que hace uso de las neurociencias para extender sus conclusiones de modo totalmente arbitrario y falso, como de aquellas posiciones que mantienen una actitud de condena frente a ellas.
Michele Farisco presenta los desafíos que las denominadas neurociencias plantean al saber filosófico, sobre todo en el dominio ético-antropológico. El neurocientífico, nos señala nuestro autor, no permanece circunscripto a un ámbito disciplinar sino que intenta acercarse e indagar, con métodos y finalidades relativamente diversas, el sistema nervioso del hombre. En este sentido, algunos que las cultivan llegan a elaborar una visión absolutamente biologicista de la naturaleza humana. Esta visión se ha visto potenciada por la posibilidad de visualizar el funcionamiento del cerebro gracias a las técnicas del neuroimaging. Farisco, luego de señalar las limitaciones instrumentales y conceptuales de las técnicas del neuroimaging, advierte al lector acerca de dos posibles errores: la denominada “falacia mereológica”, que consiste en atribuir al cerebro todas las actividades mentales, considerando la parte como un todo, y el error de confundir antecedentes y consecuentes. El hombre no es un sí neuroquímico (brainhood) cuyo ser se identifica con el cerebro. Farisco, con total justeza, señala que en esta posición antropológica reductiva, la ideología prevalece sobre la ciencia por cuanto formula afirmaciones que escapan totalmente al dominio de las neurociencias, en particular, y de la ciencia, en general. Esto no equivale a negar el valor de las neurociencias. Estas últimas, para nuestro autor, pueden ofrecer fecundas contribuciones al saber humano si son contextualizadas dentro de un horizonte más amplio que considere, por un lado, la naturaleza compleja de la experiencia humana y, por el otro, los condicionamientos del saber científico en general y del neurocientífico en particular.
Las denominadas neuroculturas (neuroeducación, neuroeconomía, neuroética, etc.) vehiculizan, la mayor parte de las veces, la antropología reduccionista a la que nos hemos referido. De este modo se cae en lo que Farisco tipifica como “esquizofrenia cultural”: eliminar cualquier referencia a otra dimensión de la materialidad y, simultáneamente, declarar la imposibilidad de vivir sin la dimensión espiritual. La concepción biologicista del hombre llega a identificar la identidad de la persona humana con el cerebro.
Ahora bien, si mi yo es el mismísimo cerebro, y mediante las técnicas de que disponemos en la actualidad, podemos modificarlo, ¿sería lícito hacerlo? Esta y otras cuestiones éticas se plantean a partir de los cuestionamientos que se formulan, tanto a nivel teórico como a nivel técnico, dentro del mundo de las neurociencias.
El objetivo que persigue Farisco no es el de negar la importancia de las indagaciones neurocientíficas sobre la conciencia, las cuales nos han ofrecido avances significativos en los últimos años, sino subrayar los límites epistemológicos intrínsecos y la necesidad de insertarlos en una perspectiva más amplia que no reduzca la complejidad del objeto estudiado a una sola de sus dimensiones. La exigencia de la complejidad del objeto estudiado, nos advierte nuestro autor, vale no solo para la tendencia materialista (que reduce la conciencia a las interacciones neuronales) sino también para la dualista (que concibe a la conciencia como una realidad completamente desvinculada del cerebro).
Farisco pone de relieve que las indagaciones neurocientíficas sobre la conciencia dan como resultado una concepción de hombre como sujeto complejo, cuya identidad no es reducible a la vida mental consciente. Sin embargo, estas conclusiones no tienen un carácter definitivo debido a los límites propios de las neurociencias, los cuales Farisco establece con claridad meridiana a lo largo de su escrito.
Ahora bien, estas conclusiones pueden ser interpretadas en un sentido reduccionista o bien, como lo va a hacer el propio Farisco, desde una óptica antropológica más compleja que reconoce el carácter holístico y dinámico del sujeto en el cual se integran naturaleza y cultura según una lógica relacional en la cual la identidad mental y cerebral es concebida no solo en base a la constitución genética sino también a los intercambios con el ambiente.
Farisco emprende un camino que consiste en situarse dentro de la semántica de la persona con el fin de determinar una dirección crítica que se encuentre en condiciones de interactuar de modo constructivo con los planteos de las neurociencias contemporáneas. Evitando cuidadosamente la sustancialización de la persona, nuestro autor, siguiendo las huellas del filósofo Paul Ricoeur, concibe a la persona en su esencial dinamicidad, como apertura hacia lo otro. El sí de la persona deviene procesualidad y relación, esto es, una modulación siempre cambiante, producto de la coexistencia de elementos personales e impersonales.
La unidad de la persona solo se da en la diversidad. En efecto, la identidad personal es el producto de un complejo juego de relaciones entre elementos aparentemente opuestos que en ella encuentran una superior e inédita unidad. La unidad de la persona, esencialmente plástica, está configurada a partir del concurso de presupuestos estructurales internos y de los influjos del ambiente externo. A juicio de Farisco, esta noción de persona, respecto de las neurociencias y de las neurotecnologías, se proyecta en dos sentidos fundamentales: sobre el plano teorético, la persona es compatible con las características de la identidad subjetiva puestas en evidencia por una indagación neurocientífica; sobre el plano ético, la persona, como actitud y dinamicidad, se propone como fundamento de una criterología que no sea simple rechazo del avance tecnológico, sino más bien instrumento de discernimiento de sus límites de licitud.
Farisco, a través de la confrontación con la semántica de la persona que ha ensayado, subraya, por un lado, que las indagaciones neurocientíficas no pueden ignorar la complejidad del sujeto humano y que ellas mismas vienen a caracterizar por medio de la dinamicidad y la evolución en respuesta al ambiente externo; por el otro, que categorías antropológicas tradicionales, como por ejemplo, la persona, siguen teniendo su vigencia y pueden oficiar como instrumentos interpretativos de la identidad humana en diálogo con las evidencias de las neurociencias.
Para Farisco, una identidad de la persona humana, entendida en los términos señalados precedentemente, es el presupuesto adecuado de una neuroética y de una neurofilosofía no reduccionistas. Desde esta óptica, señala Farisco, «… el ser-en-el-mundo-con-los-otros y el ser-en-el-proceso-de-devenir, los cuales expresan la condición de relacionalidad típica del ser humano, implican entre otras cosas, que “los esquemas de activación y los procedimientos de elaboración en el cerebro de alguien en cualquier parte son intrínsecamente relacionales o cibernéticos, reflejo de la interacción entre los seres humanos y los contextos socioculturales que ellos estructuran por sí mismos y en los cuales definen la propia identidad, modos individuales situados de ser hombre”». Y remata: «En conclusión, nuestra confrontación filosófica con las neurociencias nos ha conducido a reconocer el rol extraordinario de las mismas en la empresa fascinante del estudio de la naturaleza humana, la cual, sin embargo, se muestra irreductible y demasiado compleja para poder ser fijada en definiciones rígidas y definitivas. Es muy auspicioso, por lo tanto, un diálogo proficuo entre las ciencias del cerebro y las ciencias humanas: una filosofía de las neurociencias, que en gran parte todavía debe ser pensada, debería desarrollarse como plataforma conceptual para la definición de las condiciones de posibilidad de un diálogo semejante».
Consideramos que esta obra de Michele Farisco, más allá de la perspectiva filosófica desde la cual piensa la categoría de persona, con la cual se puede o no acordar, manifiesta un profundísimo conocimiento de la temática tratada, a la vez que nos ofrece un actualizado estado de la cuestión en lo que respecta al desarrollo de las neurociencias.
Asimismo, resulta justo subrayar el equilibrio en el tratamiento de las cuestiones, el cual es el resultado, a nuestro juicio, del respeto riguroso del ámbito propio de cada saber y de sus métodos respectivos.
Carlos Daniel Lasa
Villa María, Córdoba
21 de abril de 2014
PREFACIO
NEUROBIOÉTICA: REFLEXIONAR SOBRE CUESTIONES
FILOSÓFICAS EN LA INTERSECCIÓN DE
NEUROCIENCIAS Y SOCIEDAD
James Giordano, PhD (1)
Las neurociencias se han convertido en una disciplina mucho más abierta, involucrando técnicas y tecnologías extraídas de las ciencias naturales y físicas, como también de las ciencias humanísticas, con el fin de afrontar cuestiones de psicología, y, mucho más sólidamente, de sociología, antropología y economía (2). Los descubrimientos neurocientíficos están promoviendo la vuelta a pensar cuestiones filosóficas relativas a la naturaleza de la mente, del sí y de la persona, y podrían poner en discusión ontologías socialmente definidas, valores sociales, convenciones, normas y usanzas, así como las nociones ético-legales del «bien» individual y social (3). Al mismo tiempo, las heurísticas de las neurociencias contribuyen al desarrollo de sofisticadas neurotecnologías (por ejemplo, varias formas de neuroimaging; implantes cerebrales e interfaces cerebro-máquina, trasplantes neurogenéticos y de tejidos; estimulaciones trans- e intracraneanas; etc.), y, dada la frecuencia y la importancia de tales desarrollos, debemos preguntarnos cómo estos serán utilizados para valorar, tener acceso, enderezar y condicionar los conocimientos, las emociones y el comportamiento de individuos, grupos y también su interés potencial para la sociedad.
¿Cómo, por ejemplo, las neurociencias y las neurotecnologías cambiarán el objetivo, la praxis y tal vez también la finalidad de la medicina como profesión y práctica en el ámbito de una cultura mucho más tecnófila y guiada por el mercado? ¿Cómo estableceremos aquello que constituye normalidad y anormalidad, y los límites con los cuales definir, ofrecer o negar un tratamiento, una rehabilitación o una potenciación, en el momento en el cual las técnicas y las tecnologías de las neurociencias son más disponibles —aun cuando no igualmente accesibles— para el público? Las neurociencias y las neurotecnologías, ¿ofrecerán intuiciones a la conciencia y al sí que permitirán a la humanidad superar las distinciones biológicas, psicológicas y culturales? ¿Podría todo eso favorecer una nueva realidad social a través de la creación de una nueva y más unificada visión de los hombres, de la humanidad y de las otras creaturas (por ejemplo, animales, máquinas que sienten) que va más allá de las antiguas distinciones entre género humano, naturaleza, seres orgánicos e inorgánicos? Finalmente, aunque ciertamente no sea una cuestión menos importante, ¿cómo podremos intuir y recorrer las direcciones de los escenarios futuros muy probables, altamente plausibles y potencialmente utópicos y/o distópicos que las neurociencias podrían emprender? Estas cuestiones —y otras que sin duda surgirán— reflejan la promesa, los desafíos y los problemas que pueden y serán generados por el entrecruzamiento de las neurociencias, la neurotecnología y la sociedad (4).
Es en el espíritu de las realidades corrientes y del futuro potencial de las neurociencias desde donde ofrezco este prefacio al volumen de Michele Farisco sobre la neuroética. Farisco somete a examen la neuroética según aquello que Adina Roskies (5) ha definido como la «doble tradición», o sea, 1) los estudios de las supuestas bases neurales de los conocimientos, de las emociones y de los comportamientos que las sociedades humanas ponen en acto como moralidad, y 2) las cuestiones éticas que surgen en y de la investigación neurocientífica y de la aplicación de su conocimiento y tecnologías a la medicina, a la vida pública y, de manera creciente, a las relaciones internacionales y a los programas de seguridad nacional y de defensa. He afirmado anteriormente —y reafirmo aquí como una apología de la neuroética— que entre ambas tradiciones, la neuroética debe «suscitar el discurso» a propósito de aquello que es conocido y no conocido relativamente a cerebros y conciencia, y deberían ofrecer a las neurociencias un modelo de sistema que reconozca una orientación bio-psicosocial en el sentido más riguroso, reconociendo la complementariedad del ser biológico en una relación ecológica con su entorno vital (6).
Por lo tanto, la neuroética puede ser asumida como una forma de metaética, tanto en el sentido de lente epistemológica como en el sentido de espejo antropológico y ético (7). En cuanto lente, ella 1) trabaja para desarrollar una comprensión interactiva de las modalidades en las cuales los hombres (y tal vez también otras especies) manifiestan capacidades ecológicas protomorales relevantes para su interacción con los otros; 2) ofrece una visión fundada de modo natural de la moralidad y del desarrollo y del valor bio-psicosocial de diversos sistemas éticos; y 3) concentra esta lente sobre las tareas de la investigación neurocientífica y sus utilizaciones. En cuanto espejo, la neuroética puede —y debería— ser utilizada para desarrollar una reflexión más cuidada sobre el ser humano, la naturaleza humana, la condición humana y la validez, el significado y el valor potencial de las neurociencias —y sus efectos manifiestos— como empresa humana (8). En este último sentido, un deseo de conocimiento, y motivos positivos para sostener la realización humana y aliviar la carga del dolor y del sufrimiento, podrían inspirar una mayor investigación neurocientífica mas, como afirma Farisco, estos estudios —y los resultados y productos que ellos inspiran— no se colocan en un vacío social. Obviamente, la intersección de las neurociencias y de la cultura mundial es continuamente recolocada, como consecuencia de las fuerzas económicas y políticas que influyen en la ciencia y la tecnología asumidas como aparatos de poder para administrar beneficios o amenazas. Estas capacidades, limitaciones y tendencias tienen necesidad de ser reconocidas y tomadas en consideración en todo intento de realizar, guiar o gobernar las ciencias del cerebro sobre una escala nacional e internacional (9). Farisco, explícitamente, discute los roles de las neurociencias en la ética y de la ética en las neurociencias. Rees y Barbro Westerholm han afirmado que «… los puntos de vista éticos cambian a la luz del nuevo conocimiento»(10). Estoy personalmente de acuerdo, y agrego que las neurociencias pueden ofrecer importantes informaciones para influir en el modo en que las teorías y los sistemas éticos son revisados, desarrollados ulteriormente y actualizados (11). Sin embargo, dado que toda dirección ética debe proceder de los hechos, una relevante recomendación ética es la de abstenerse de formular conclusiones prematuras o excesivas a propósito de las neurociencias y de las neurotecnologías. Obviamente, las neurociencias y las conexas tecnologías han dado importantes pasos en la explicación de las bases neurobiológicas de la cognición, de las emociones y de los comportamientos. Sin embargo, si queremos desarrollar una neuroética epistemológicamente sólida, entonces no podemos —y no debemos— intentar abstraer lo neurobiológico de lo psicosocial, de lo contrario seríamos víctimas de la falacia divisional, y del error de elaborar y obrar sobre la base de clamores exagerados basados sobre un malentendido reduccionismo. Más bien, yo considero que las neurociencias —y la neuroética— pueden ser consideradas como un estudio de la relacionalidad de sistemas-en-sistemas que se distienden de —y son inclusivos de— lo sináptico a lo social. Desde esta luz, podemos apreciar la importancia de la información neurocientífica y la utilidad neurotecnológica, la recíproca influencia de las neurociencias en-la-sociedad, y las temáticas ético-legales, cuestiones y problemas que son generados a través de esta reciprocidad. Sin embargo, debemos también considerar la tendencia a la hybris tecnófila, a la desmesurada especulación sobre la utilidad o la incapacidad del aparato ético actual cuando se confronta con las cuestiones que surgen de las neurociencias y de sus aplicaciones (12). Todo esto pone de manifiesto la necesidad de un sistema de comprensión y de control para enderezar y definir las decisiones morales relativas a los modos en los cuales las neurociencias son empleadas en el contexto público. Considero que la noción de Ed Brandon de la «filosofía como bricolage» resulta una buena herramienta para describir los modos en los cuales una ética de las neurociencias puede ser estructurada y funcionar (13). Traducido aproximadamente del francés, bricolage expresa el deseo de combinar algunas cosas viejas (pero probadas y válidas) con algunas cosas nuevas con el fin de realizar la tarea en cuestión. En este caso, la puesta en juego es la de ir al encuentro de las exigencias y de los desafíos establecidos por la información neurocientífica más reciente, por los usos y los abusos de las nuevas neurotecnologías, y por las estructuras cambiantes de una sociedad manifiestamente globalizada.
El concepto de la ciencia que da forma a la filosofía es axiomático para la bioética (14), y Neil Levy ha subrayado que es este aspecto de la bioética que puede ser el más crucial —y útil— para desarrollar la neuroética como un «nuevo modo de hacer ética»(15). Estoy de acuerdo, y hace algunos años que he acuñado el término «neurobioética», no para confundir las aguas con otros neologismos, sino más bien para aclarar que esta es una forma especializada —y tal vez única— de bioética que reflexiona sobre las implicaciones tanto de los sustratos neurobiológicos de la moralidad, como sobre las consideraciones centradas sobre las neuronas por la preocupación moral y el tratamiento de los organismos vivientes (16). La multidisciplinariedad y la contemporaneidad epistemológica de la neurobioética podrían ofrecer exactamente los medios necesarios para ir más allá de los ideales filosóficos más viejos y de algún modo más dogmáticos, y emprender el tipo y el nivel de reflexión, prudencia y conciencia pragmáticas requeridas para gestionar el actual momento del progreso neurocientífico y neurotecnológico. Todavía, si la disciplina de la neurobioética debe ser auténtica y tener valor real, debe obtener y comprender una visión equilibrada de cuáles son las neurociencias de las que se está hablando —y de las sociedades en las cuales las neurociencias son practicadas— y, por lo tanto, evitar especulaciones, aserciones y prescripciones anacrónicas, exageradas o subestimadas (17). Es desde este punto de vista desde donde dirijo al lector una invitación, y recomiendo fuertemente leer este volumen. En las tesis que siguen, Michele Farisco ofrece una interpretación de una epistemología naturalista de la y para la neuroética, la cual, reconociendo las capacidades y límites de las técnicas y tecnologías neurocientíficas contemporáneas, se abstiene del cientismo y no es ni tecnófila ni tecnófoba, sino más bien se esfuerza por ser equilibrada y bien mesurada en su posición. Farisco ofrece una perspectiva tanto sobre las neurociencias de la ética, como sobre las implicaciones éticas y filosóficas de las ciencias del cerebro, que deberían informar acerca del objetivo y el tenor de la investigación neurocientífica y neurotecnológica y las relativas utilizaciones. De este modo, este volumen ofrece una importante contribución al discurso actual; busca definir qué puede y qué debería ser la neuroética tanto en el presente como en el futuro.
1. Director, Center for Neurotechnology Studies, Potomac Institute for Policy Studies, Arlington, VA, USA and Fulbright Professor and Senior Scholar, Human Science Center, Ludwig-Macimillians Universität München, GER.
2. J. GIORDANO, Neuroethics: Interacting traditions as a viable meta-ethics, «AJOB-Neuroscience» 2 (2/2011), pp. 17-19; E.O. Wilson, Consilience: The Unity of Knowledge, Knopf, New York 1998.
3. GIORDANO, Neuroethics: Interacting traditions as a viable meta-ethics. Para una visión de conjunto cf. J. Giordano-B. GORDIJN (eds.), Scientific and Philosophical Perspectives in Neuroethics, Cambridge University Press, Cambridge 2010; W. GLANNON (ed.), Defining Right and Wrong in Brain Science: Essential Readings in Neuroethics, Dana Press, New York-Washington 2007; J. ILLES (ed.), Neuroethics: Defining the Issues in Theory, Practice and Policy, Oxford University Press, New York 2005; D. Rees-S. ROSE (eds.), The new brain sciences. Perils and prospects, Cambridge University Press, Cambridge 2004; S. ROSE, The Future of the Brain; The Promise and Perils of Tomorrow’s Neuroscience, Oxford University Press, Oxford 2005.
