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EL CAMINO DEL DESEO


MATOAKA

EL CAMINO DEL DESEO

EXLIBRIC

ANTEQUERA 2019

EL CAMINO DEL DESEO, Matoaka

© Matoaka

© de la imagen de cubiertas: archivo de la autora.

© Inscripción reproducida en la p. 52 y contraportada: archivo de la autora.

Fotografías utilizadas en la p. 115: archivo de la autora.

© de la fotografía empleada p. 139 y procedencia (autorizada):

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Diseño de portada: Dpto. de Diseño Gráfico Exlibric

Iª edición

© ExLibric, 2019.

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artística o científica.

ISBN: 978-84-17845-85-8

Nota de la editorial: ExLibric pertenece a Innovación y Cualificación S. L.

MATOAKA

EL CAMINO DEL DESEO

A mis hijas, que me entendieron y ayudaron a cambiar.

A mis ancestros, que me guiaron.

A ti, P. G.

A mis amigos, que me sostuvieron

Attraversiamo

Piedra sobre piedra.

Escalando hasta la cima de nuestras montañas.

Descendiendo al abismo

de los juguetes rotos.

Aprendiendo a reír sin trabas, sin miedo.

Ganando conmigo la distancia de este sueño de mujer.

Dándome, con tu inquebrantable, certero instinto,

el significado de las palabras hechas vida.

Ahí has estado y estás, Ana.

Tu vida y la mía se mezclan, en este libro, a partes iguales.

Tú, Miguel, trajiste a la Mesa del Jardín aquella Luz que todos compartimos. Antes de marcharte, mientras yo miraba la sonrisa tranquila, inigualable, de tus ojos, recuerdo que dijiste algo así:

“Has recibido Energía y la has trasladado a lo que has escrito. Ahora, tus palabras poseen energía con independencia de ti. Esa energía puede ser recibida por otros desde las palabras mismas, puede ser ya de otros”.

Tú, querida madre Esther, tan tierna, tan llena de contrastes, tantos como los colores irisados de tus ojos, tan natural, tú, como las piedras preciosas que te adornan y te llevan a la tierra, de donde tomas tu raíz clara y tu firmeza. Fuiste niña gozando, mujer en el descubrimiento sensual.

Aurora, en tierra ajena, tan clara en tu destino, donde todos miramos deseando que te alcances.

Pequeña Paloma, no tengo para ti más que admiración:

Tú, que comprendes

Caminas

rodeada de pájaros

de luz

que se enredan

en las ramas doradas

de tu pelo.

Hoy mismo,

cuando nos hemos cruzado,

el más pequeño de ellos

se ha quedado

revoloteando

sobre un libro sin dueño

que yo traía en mi mano…

y mi mano se ha quedado mojada

de una fina lluvia de cristal

que descendía desnuda,

en toda su pureza,

desde el relámpago

azul

de tus ojos.

¿Quién nos lo iba a decir?

Aprendimos todos de ti: nos llevaste desde la emoción a la emoción, desde tus lágrimas al sitio exacto donde este libro pudiera llegar a ser y reconocerse.

Aquellas palabras que teníamos entre las manos se transformaron, de pronto, en ti, Francisco. Te reconociste en un poema, lo cantaste desde tu íntimo yo, desde la naturalidad de tus quehaceres cotidianos. Sin titubear un instante, como de siempre en ti.

El poema que cantas

De borde a borde,

de cadera a cadera.

Desde la cima anochecida,

lo has hecho tuyo.

En el varal de tu propia cuna,

en la nana que te mece,

que te canta a ti mismo.

En el nido que mis manos

traían para ti

en aquel mismo instante

compartido

de mi vida en libertad.

De ti y de tu sorprendente misterio no me olvido, Óscar Rubén.

Tampoco de ti me olvido, J.J., amigo mío. Sentados los dos en aquel banco de la Plaza de La Mariana, contemplábamos lo que estabas viendo sin poder creérnoslo… ¡Ninguno! Y reíamos y nos abrazábamos.

Gracias por vuestro precioso regalo.

1. Matoaka,
te llevo conmigo
I

Viajero

Tu camino está

en la Eternidad que buscas

y de la que eres parte,

una eternidad que captas en el movimiento,

en la vibración misma del Ser,

en los acordes rotos

a los que das forma

a tu paso.

II

Jyotir

Tus abrazos están hechos de Luz,

de esa otra luz del Universo,

de luz cálida:

De la luz a la que regresamos

en el morir,

de la que nos hemos olvidado

en el vivir.

De la luz que nos engendra

y nos hace personas,

de la que a todos nos hace Uno

en el vivir y en el morir.

III

Con la mirada

intacta para mí.

Con tus manos,

para mí, intactas.

Con tu deseo de hombre y tu nombre,

por primera vez, sobre mis labios.

IV

Te acercas

a mí…

con la sabiduría

del descubrimiento.

Despacio.

Manos, boca, labios

que no conocen.

Lentamente conociendo.

Tu cuerpo junto a mi cuerpo.

¡Descubrimiento!

Manos que enseñan, que aprenden,

manos detenidas, entregadas,

que me atan

y desatan.

¡Descubrimiento!

Tu pecho sobre mi pecho.

¡Descubrimiento!

Tu sexo, mi sexo.

¡Tuya en el descubrimiento!

V

¡Corta los hilos

que me tienen atada

a los extremos

y colócame en tu centro:

¡Bajo tu cuerpo!

VI

Te abrazo con mis piernas

mientras el Universo

se cierne en un punto sobre nosotros

y nos hace sus dueños.

VII

Nacimiento

Me traes a la vida

con la boca,

con las manos,

con tu sexo,

en nacimiento puro,

en puro descubrimiento

de la mujer

que soy en ti.

VIII

Cuando te nombro y me nombras:

En mi boca y en tu boca.

Cuando vienes a mí,

colmado hasta mi.

Cuando me balanceas

entre tus piernas abiertas y las mías.

Cuando…, cuando…

¡Hombros, cumbre en la cumbre!

¡Vientre, palomas libres!

¡Cadera, ancla en tu ancla!

¡Tuya!

Tuya…

cuando me retiro un instante

para mirarte a los ojos,

para encontrarte y encontrarme yo,

para saber

quién soy…

en tu cuerpo.

IX

¡Niña, Niña, dime dónde!

Entre tanto…

Pongo mi dedo corazón en tu boca,

lo lleno de tu saliva

y lo dejo en mi sexo abierto,

y te siento

en cada vibración de mi cuerpo,

en los arcos de mis caderas,

en la fuerza de mis hombros sobre la almohada,

en tus manos sobre mi vientre y sobre mi boca,

en el impulso de mi pecho,

en cada elevación de deseo,

en el compás de tu cuerpo sobre el mío

mientras me dices niña,

en la calma de las manos enlazadas,

de los cuerpos en reposo,

en la risa que ilumina mi rostro,

en tus brazos,

que me rodean

en la quietud compartida.

X

Me quedo quieta por un momento,

al amparo de tus brazos,

a la espera de tus besos.

Como una niña.

XI

El pijama rojo

En la quietud del silencio

colocas mi mano izquierda

bajo tu mano derecha.

¡En la suavidad del aire me sostienes!

Subimos despacio, muy despacio,

por tu vientre,

por tu pecho.

¡Me has sujetado a ti!

Tumbada. Quieta.

Recorres mi cuerpo palmo a palmo

sin tocarme.

¡A diez centímetros de mí!

Mis tobillos, mis rodillas

se elevan…

y tú los recuestas.

¡En puro impulso te sigo!

Estás llevándome al Espacio

de la Calma,

en el que vas a reunirnos.

“¡Ni te lo imaginas!” –decías.

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23 стр. 6 иллюстраций
ISBN:
9788417845858
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Правообладатель:
Bookwire
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