Читать книгу: «¡Podemos querernos más!»


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A mi mamá y a mi papá, que siempre me apoyaron en mi carrera, mi trabajo y mis proyectos.
A mi hermano y a mi cuñada, leales compañeros en cada evento e hito importante de mi vida.
A mi novio, que no deja de alentarme y ayudarme en todos mis proyectos, y se ocupa de que todo salga bien.
A mis amigas, por acompañarme siempre.
A mis seguidores, que con su cariño me dan cada vez más fuerzas para seguir concientizando.
¿Cuánto les crees a los medios de comunicación?

¡Hola! Soy Agustina, quizá ya me conozcas de las redes sociales, pero si también leíste mi primer libro, ¡Podemos comer de todo!, sabes que me gustaría que, antes de empezar a leer, hicieras un mini test para conocer en qué situación estás en relación con la mala información que a menudo se difunde en los medios de comunicación y cómo eso puede llegar a afectar tu calidad de vida.
¡A no hacer trampa! No hay respuestas correctas o incorrectas, sino que cada resultado será tan único como cada persona que responda. ¡Adelante!
¿Anhelas el cuerpo de determinada celebridad, modelo, actor o actriz?
Sí. 
No. 
¿Seguiste alguna dieta que hubiera hecho alguna persona famosa, con el fin de tener un cuerpo similar?
Sí. 
No. 
¿Llegaste a obsesionarte con “el cuerpo perfecto” al punto de caer en un trastorno alimentario?
Sí. 
No. 
¿Seguiste alguna dieta propuesta por una revista?
Sí. 
No. 
¿Eliminaste algún alimento de tu vida porque algún comunicador social afirmó que “engorda” o que es “veneno”?
Sí. 
No. 
¿Consideraste comprar o en efecto compraste algún “producto milagro” (batidos, pastillas, polvos) publicitado por celebridades?
Sí. 
No. 
A la hora de seguir algún tipo de dieta difundida en los medios, ¿la haces sin consultar a un profesional?
Sí. 
No. 
A la hora de comprar algún “producto milagro” publicitado en los medios, ¿lo compras sin consultar con un profesional?
Sí. 
No. 
¿Crees que un determinado alimento deba ser eliminado por completo para tener un cuerpo saludable?
Sí. 
No. 
¿Te sometiste al menos una vez a una dieta desintoxicante después de un período de alimentación con excesos, por consejo de alguien que lo recomendó en los medios de comunicación?
Sí. 
No. 
Mayoría de respuestas “sí”
Eres una persona vulnerable a ser afectada por los estándares de belleza que impone la sociedad, y a caer en dietas y productos “milagro”, que involucran hábitos y componentes nocivos para la salud y que pueden tener consecuencias graves. Este libro te ayudará a entender por qué hay que estar alerta y no creer en todo lo que nos venden. ¡Espero que te sirva!
Mayoría de respuestas “no”
Eres una persona que por lo general puede identificar y descartar los estereotipos y los mensajes erróneos difundidos por los medios de comunicación. Por lo tanto, este libro te servirá tanto para ayudar a quienes sí sean vulnerables, como para entender un poco más cómo se manejan los distintos medios a la hora de informar sobre salud y nutrición.
Prólogo

Candela Yatche
Fundadora de Bellamente (@bellamentearg)
Vivimos en una sociedad plagada de estereotipos y de prejuicios sobre la imagen, la perfección del cuerpo entendida de manera muy restringida, la delgadez y la juventud como sinónimos de belleza. Se trata de mensajes que recibimos de los medios de comunicación y que aparecen como un único modelo de lo que deberíamos ser. Es por esto que se ha ido consolidando un culto al cuerpo en el que el objetivo es la búsqueda de la belleza según un ideal regido por normas que muchas veces son bastante incompatibles con la salud y con la realidad de la mayoría de las personas.
Para adaptarnos a esto, vamos como bloques de un juego de ingenio, queriendo encajar en todo: nos anotamos en gimnasios, hacemos dietas, compramos productos “milagrosos”, nos hacemos cirugías de todo tipo. Sin embargo, seguimos insatisfechos. ¿Sabemos por qué pasa esto? Porque no se puede remediar un problema interno con una solución externa; es como querer curar una herida de bala con una tirita adhesiva. Pero lejos de abandonar este circuito vicioso, continuamos la exigente búsqueda de la perfección que nunca llega. Esto genera frustración y hace que aumente nuestro nivel de autocrítica, disminuyendo así nuestra autoestima.
La autoestima es la valoración de uno mismo. Para la psicología, se trata de la opinión emocional que los individuos tienen de sí mismos y que supera en sus causas la racionalización y la lógica.
“No se puede remediar un problema interno con una solución externa”
La imagen corporal es uno de los componentes de la autoestima. Se define como la representación mental que cada persona tiene sobre su propio aspecto físico, y es una imagen en donde el entorno tiene una gran influencia. Recibimos mensajes de parte de la familia, los amigos, los medios de comunicación que, sumados a una visión distorsionada de uno mismo, puede hacer que conformemos una imagen corporal negativa. Muchas veces, nuestra autopercepción está distorsionada. Tendemos a exagerar el tamaño o la forma del supuesto defecto. Nos centramos de manera selectiva y obsesiva en las partes que menos nos gustan y nos olvidamos del resto. Existe una analogía que nos ayuda a entender estos errores en la percepción: la del daltónico. Una persona daltónica tiene una percepción que no coincide con la de los demás. Alguien con estas características estaría completamente convencido de que lo que ve verde es verde, aunque los demás lo veamos rojo. Si él o ella no aceptan que la percepción distorsionada es la suya, no se los podría ayudar nunca.
Lo mismo sucede con la distorsión de la imagen corporal: para que sea positiva debe nacer de un trabajo interior. Una imagen corporal positiva tiene que ver con valorar al cuerpo como un instrumento de uso y no como un adorno para que otros admiren. Hay que dejar de buscar likes afuera cuando en realidad lo único que necesitamos es nuestro propio like, amarnos y aceptarnos. Es hora de no solo reconocer que somos más que nuestra apariencia, sino también creerlo, repetirlo, escribirlo y compartirlo. La finalidad de este giro de 180 grados es la autoaceptación incondicional. Se trata de ir desaprendiendo y eliminando de a poco capa por capa todas las etiquetas que nos fueron inculcando.
“La opinión pública es una débil tirana comparada con nuestra propia opinión íntima. Lo que el hombre piensa de sí mismo es lo que determina su destino”, dijo el escritor y filósofo Henry David Thoreau. Actualmente, los medios de comunicación siguen teniendo un poder de influencia muy fuerte en las personas, construyendo el imaginario de belleza que les favorece generar, en función de los intereses del mercado.
Lo urgente es trabajar en empoderar a las personas en la búsqueda de aprender a quererse como son, a respetarse y a buscar la mejor versión de sí mismos, dejando de lado las comparaciones y la pretensión de alcanzar una belleza irreal. Es trascendente priorizar la posibilidad de elegir lo que quieren ser, siendo dueños de sus propias vidas sin que los mensajes externos los determinen.
Es muy importante el trabajo preventivo de concientización acerca de estos temas. En la actualidad son escasos los espacios desde donde se les acerca a los niños y a los adolescentes herramientas que los ayuden a poder ver que no hay una única realidad, que hay tantas como personas en el mundo. Como dice Nietzsche: “No existen hechos, solo interpretaciones”.
Me parece indispensable entender que el abordaje del tema de la imagen corporal debe ser transversal a toda la sociedad en general. Es fundamental tener en cuenta cómo influye directamente en el desarrollo del bienestar de las personas.
Esencialmente deberíamos hacer hincapié en las relaciones interpersonales, ya que la palabra y la mirada del otro afectan directamente nuestra autoestima. Trabajando con los prejuicios, las creencias y los mandatos, el desafío es poder construir vínculos con el otro entendiendo que las diferencias, nos enriquecen, y el respeto nos une.
“Lo que el hombre piensa de sí mismo es lo que determina su destino.”
Apostemos a valorar la esencia de las personas, las historias que inspiran y las acciones que crean un mundo mejor. Vayamos por el cambio: elijamos vivir bellamente.

Medios
y estereotipos
Una historia larga y cargada de prejuicios

Evolución de los estereotipos a lo largo del tiempo
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“Miles de mujeres en el mundo entero invierten sus ahorros para extirpar lo más bello que les fue dado: curvas para engendrar hijos, pechos para alimentarlos, marcas de nacimiento o de expresión y detalles que las hacen únicas. Es posible estar de acuerdo con la decisión personal de cambiar algún aspecto del cuerpo que nos genere incomodidad, pero la tendencia es la transformación en exceso, buscan erradicar lo que sus padres gentilmente les dejaron por herencia”.
Mónica Katz, Más que un cuerpo
Desde el principio de la humanidad, los cánones de belleza han ido cambiando. En la actualidad, la sociedad “obliga” de cierta manera a que las personas quieran verse como las mujeres y los hombres que vemos en la televisión, las revistas y las redes sociales, ¡pero no es algo nuevo!
Revisando un poco la historia reciente, vemos que los cuadros del siglo xvii representaban un ideal de cuerpo femenino voluptuoso, con caderas anchas y brazos grandes. Sin embargo, en ese mismo siglo se comenzaba a utilizar el corsé para achicar la cintura y marcar más los senos y las caderas. El uso de esta prenda se popularizó muchísimo en los dos siglos siguientes, y se sabe que muchas mujeres se han desmayado por quedarse sin aire, ya que la usaban muy ajustada. Pero eso no importaba, sino verse bien.
A comienzos del siglo xx, el canon de belleza era otro: nalgas prominentes, caderas anchas y pechos grandes. La importancia de la lencería desde 1930 habla de la preocupación por estar bellas y llamativas. A partir de la década de 1950, los cuerpos deseables tenían más curvas y extremidades más finas. Se utilizaba el cabello rubio y maquillaje. Un gran ejemplo es Marilyn Monroe.
Dos décadas después empezaron a aparecer los cuerpos más delgados, con menos curvas. En los noventa, se seguían viendo cuerpos muy delgados, y a esto se le agregaban cirugías puramente estéticas, sobre todo en la boca o en los pómulos.
Ya no hubo vuelta atrás: la delgadez siguió avanzando, y tanto, que en las agencias de modelos se llamaba “gordas” a quienes estaban dentro de un peso estable.
“La importancia de la lencería habla de la preocupación por estar bellas y llamativas”
En la actualidad, vemos cuerpos tanto de hombre como de mujer sumamente musculosos, que es lo que está de moda. Es la era de la tan famosa “moda fit” que podemos ver en las redes sociales, que puede generar una obsesión muy peligrosa con la actividad física y el consumo de suplementos de proteínas. Vivimos en una sociedad en la que, si no eres delgado y con los músculos bien marcado, no tienes “buen cuerpo”; la aceptación pasa por encajar en estándares de belleza estrictos y hasta peligrosos.
“La aceptación pasa por encajar en estándares de belleza estrictos y hasta peligrosos”
La televisión, las revistas y las redes sociales bombardean mensajes que incentivan a la gente a comer cada vez menos, a tenerle miedo a cada vez más alimentos, a entrenar de manera excesiva y, además, se venden día a día “productos milagro” para no asimilar los nutrientes y así bajar de peso.
De la voluptuosidad a la delgadez extrema y con músculos muy marcados… ¿Cuál será el próximo estereotipo?
En primera persona: Carla, 25 años 
Hola, Agus, te cuento mi experiencia con los estereotipos que se ven en la televisión, pero sobre todo con algunas de las famosas influencers que están tan de moda. Siempre me consideré una chica con un cuerpo normal, ni gorda ni flaca. Actualmente estoy cursando las últimas materias de la carrera de Diseño Gráfico y trabajo full time; cuando llego a mi casa, la mayor parte de los días solo quiero tirarme en mi cama. Pero cuando veo la tele o Instagram, y veo a estas chicas perfectas, que están tonificadas y bronceadas todo el año, me siento culpable por no ir al gimnasio, por tener ganas de tomar una cerveza con papas para terminar el día, y así con muchas cosas. Llegué incluso a pedirle perdón a mi novio por no querer ir al gimnasio o por estar un poquito más gorda. En síntesis, llegué a sentirme culpable de ser una chica normal; me veo en el espejo en ropa interior y al compararme con esas chicas perfectas me dan ganas de llorar, siento angustia.
¿Por qué creemos lo que nos dicen los medios?

Es frecuente que cuando alguna persona famosa anuncia que bajó de peso con cierta dieta o con cierto producto, las personas imiten esas prácticas, comiendo de la misma manera y comprando la misma pastilla o batido.
Este impulso está naturalizado porque lamentablemente falta, como faltó siempre, una cuestión muy importante que es la educación alimentaria desde la infancia. Los niños no saben casi nada sobre los alimentos, la importancia de los nutrientes, la necesidad de estar bien alimentado y los peligros de realizar dietas de hambre o tomar “productos milagro”.
Es fundamental que desde niños estemos informados sobre esto, porque no saber perjudica a futuro. Si una persona está bien educada desde su infancia, probablemente no caiga en prácticas que pongan en juego su salud.
“No consumir hidratos de carbono genera debilidad”
Por ejemplo, si se les explicara que no consumir hidratos de carbono genera debilidad, pérdida de masa muscular, efecto rebote, dolor de cabeza y posibles problemas anímicos, pensarán dos veces antes de realizar “la dieta de X famoso sin hidratos”. Lo mismo si supieran que tomar pastillas para adelgazar puede generar serios problemas de salud, e incluso la muerte.
Se debería educar a los chicos y explicarles de forma dinámica sobre todas estas cuestiones, y de esa manera, no creerían todo lo que se difunde a través de los medios de comunicación.
Otro tema importante es que muy poca gente sabe realmente de qué manera se baja de peso. Jamás se ha explicado que los descensos a base de restricciones y pérdidas de peso rápidas no son sanos. Al contrario, son los propios nutricionistas quienes enseñan eso al paciente. Somos pocos los que nos dedicamos realmente a la educación alimentaria y es muy difícil cambiar el “chip dietante”.
A la falta de educación alimentaria en las escuelas, se suman las malas prácticas de muchos licenciados en Nutrición, que avalan las dietas con muy pocas calorías, sin hidratos de carbono y hasta algunos juzgan a sus propios pacientes por tener sobrepeso, con comentarios desagradables. Ambos factores provocan que sea mucho más fácil vender cualquier cosa a través de los medios.
Lo más grave de la falta de educación es que es más fácil caer en un trastorno de la conducta alimentaria. Muchas personas son propensas a padecer este tipo de trastornos, y los medios de comunicación son grandes disparadores de ellos.
En primera persona: Pamela, 21 años 
Las redes sociales y la desinformación en la televisión venían afectando mi alimentación hace seis años. Cuando comencé a seguir cuentas de “chicas fit”, generé una horrenda obsesión con la comida. Me sentía extremadamente culpable cada vez que comía algo que no fuera “fit”, además de impotencia, porque, al ser chica, yo no compraba la comida de mi casa. A los diecisiete años dejé de comer y bajé de peso de forma extrema (con efecto rebote, obviamente). Mi mamá, preocupada, me mandó a una nutricionista que lamentablemente era poco profesional: me prohibió las harinas. Yo con casi diecinueve años pesaba 50 kilos y seguía sintiéndome gorda. En las redes sociales, las famosas empezaban a promocionar unas pastillas que impedían que el cuerpo asimilase los hidratos y así podía comer sin llorar por la culpa.
Entonces empecé a seguirte, Agus. Cada uno de tus posteos iba desmintiendo lo que había leído durante años y me salvaron de seguir alimentándome mal.
Hoy, a los veintiún años, encontré una nutricionista que me sacó todos los miedos a la comida, tengo un peso saludable y mi composición corporal no podría estar mejor.
Hago la actividad física necesaria y me siento feliz conmigo misma y con mi vida social.
Es fundamental que empiece a haber una materia de nutrición en los colegios, donde se hable seriamente de estos temas, así como sería muy bueno que hubiese grupos o talleres para padres, donde les explicasen las mismas cosas para cuidar a sus hijos; de esta manera, se combatiría la desinformación.
Esto no quiere decir que si hay educación alimentaria en los colegios nadie más va a caer en lo que se vende sin aval científico. Sabemos que cuando hay trastornos alimentarios o una obsesión muy fuerte, la persona se prohíbe alimentos por más que sepa la importancia de cada nutriente. Esto es un caso aparte, pero sí es real que si se empieza a dar educación alimentaria en los colegios, todos comeríamos mucho mejor.

Cómo no caer en
lo que venden los
medios de comunicación

“Por una sociedad que piense menos en cómo cambiar su cuerpo y más en cómo cambiar el mundo”.
@bellamentearg
Conocer las GAPA
Las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) reemplazan lo que antes era la Pirámide Nutricional, y año a año van cambiando. Dentro del plato, se grafican diversos nutriente en diferentes sectores y proporciones. Cuanto más grande es el sector, más se necesita el alimento.

Frutas y verduras
Se encuentran en la mitad del plato. Hablando en general, se necesita un plato entero de vegetales al día (1⁄₂ plato en cada comida) y aproximadamente 3 frutas. Es muy importante consumir este tipo de alimentos ya que son ricos en fibra, vitaminas, minerales y agua. Además, ayudan a prevenir el sobrepeso y la obesidad, el cáncer, la diabetes, el colesterol y los triglicéridos. También favorecen a acelerar el tránsito intestinal.
Las personas deberían conocer desde la infancia la importancia de todo esto, para que logren consumirlos sin problema, pero también debe haber una ayuda desde la casa, donde los platos deberían incluir vegetales de varios colores y las frutas deberían estar siempre a la vista.
Hidratos de carbono
Ocupan la parte superior del plato. Incluyen la papa, la batata, el choclo, el arroz, las legumbres, las harinas, los cereales, el pan y las pastas. A pesar de ser de los más importantes, son los más demonizados, a tal punto que a diario podemos ver que en programas de televisión promocionan polvos y pastillas para no absorberlos. ¡Qué locura!, ¿no? Parece que habláramos de un veneno en vez de un nutriente, y además uno de los principales. Los hidratos de carbono brindan energía; si los dejamos, empezamos a sentirnos mal, débiles y hasta perdemos masa muscular, porque empezamos a “consumirnos”. Si bien algo de grasa se pierde cuando se hacen dietas extremas sin hidratos, se pierde mucho más músculo, por eso bajamos rápido de peso. El problema es que el músculo es muy fácil de perder y muy difícil de crear, al contrario de la grasa, que cuesta bajarla pero se recupera muy pronto; esa es la causa del efecto rebote de masa grasa al dejar una dieta de ese estilo.
Otra consecuencia de dejar los carbohidratos es el futuro atracón o comilona, además de los picoteos. Cuando al cuerpo no se le da glucosa (azúcares), de alguna manera la va a pedir, y lo hace en forma de dulces; por eso, cuando estamos a dieta, tenemos comilonas los fines de semana. ¡Aguantamos toda la semana y cuando estamos frente a una pizza no podemos parar!
También se habla de “bajar de peso sin comer harinas”. Las harinas son cereales molidos; harina de arroz, por ejemplo. Podemos no comer harinas y seguir consumiendo hidratos, como papa o legumbres, pero ¿a qué nos conduce? Al dejar las harinas, consumimos menos calorías y alimentos, por lo tanto es lógico que bajemos de peso, pero al incorporarlas de nuevo, volveremos a subirlo. Tampoco es bueno eliminar las harinas para bajar de peso, ya que si nos encontramos en un evento social donde, por ejemplo, hay pizza o empanadas, empezamos a prohibirnos y a la vez desear más la comida. Entonces pueden aparecer el descontrol alimentario y el círculo vicioso.
Ahora que lo sabes, jamás confíes en las noticias que vemos a diario cuando hablan de bajar de peso sin consumir hidratos de carbono ni harinas; de hecho, son mensajes muy peligrosos para quienes son vulnerables a padecer trastornos alimentarios.
Proteínas
La leche, el queso, el yogur, los huevos y las carnes blancas y rojas son fuentes de proteínas. Son muy importantes para generar masa muscular y tejidos, además de anticuerpos y hormonas. Hay muchísimas dietas formuladas a base de proteínas y que excluyen hidratos de carbono; de hecho, es muy común oír que las celebridades las realizan. Las consecuencias negativas incluyen todo lo que mencioné sobre la falta de hidratos, además de que un exceso importante de proteínas puede generar problemas renales si hay enfermedad preexistente (y no todos sabemos cómo es el estado de nuestro riñón; por lo tanto, hay que tener cuidado), y también toxicidad en el hígado.
Todo tiene que administrarse de manera equilibrada, tanto los hidratos como las proteínas, así como las frutas y las verduras. Los excesos y los déficits de cada nutriente son malos. Ningún extremo es bueno, no solo para la alimentación, sino para cualquier situación en la vida.
En primera persona: Sol, 18 años 
Es muy cierto: las redes sociales y la TV afectan a gran parte de la población, más que nada adolescente. Constantemente nos entran por los ojos miles de imágenes irreales que causan la disconformidad con nuestros propios cuerpo, peso y hasta la talla.
En mi caso, esto me acomplejaba bastante; hace cuatro años llegué al punto de estar anémica por meses y bajo tratamiento. Comía solo en el almuerzo y la cena (solo para que mi familia lo viera); el resto del día ingería agua. Obviamente bajé de peso rápido, pero los síntomas de la patología me asustaron un montón y frené a tiempo.
Aceites, frutos secos y semillas
Estos alimentos se denominan “grasas saludables”. Son fundamentales, ya que contienen ácidos grasos que el organismo no puede generar, ayudan a bajar el colesterol malo (LDL) y subir el bueno (HDL), a bajar los triglicéridos y además contienen vitamina E, que es buena para el cabello, la piel y las uñas. Están en la base del plato ya que son alimentos con muchas calorías en poca cantidad, pero eso no quiere decir que sean malos, sino que se deben consumir en pequeñas cantidades, pero son indispensables.
Grasas y dulces
Las encontramos debajo de todo como “opcionales”. Se refiere a esos alimentos que consumimos por placer o en eventos sociales. Por ejemplo, pasteles, pizzas, papas fritas, golosinas. Vale la pena destacar que por más que no sean alimentos “sanos”, se encuentran dentro de las GAPA, porque no están prohibidos, pero sí se debe moderar su consumo. Claramente no es saludable que sean la base de nuestra dieta, pero sí podemos consumirlos en un encuentro con amigas o amigos, siempre y cuando sea con moderación. Muchos se prohíben este tipo de cosas cuando están “a dieta”, prohibiéndose el placer y el disfrute, que a la larga hace que aumentemos de peso por comer en exceso esos alimentos justamente porque nos los habíamos prohibido.
Ahora bien, estando correctamente informados, es más difícil caer en lo que nos venden algunos medios de comunicación. Lo ideal sería que la educación alimentaria comenzara en la primera infancia y continuara a lo largo de todo el ciclo escolar, para fijar la importancia de cada uno de los nutrientes.
En primera persona: Carolina, 21 años 
Desde que llegó la moda fitness y pegó fuerte en los medios sociales y televisivos, quise ser una más, pero jamás me di cuenta de lo mucho que me lastimaba. Recuerdo cuando a los canales de espectáculos cada semana, en la época de verano, más que nada, iban “nutricionistas” que te indicaban qué comer y qué no; siempre prohibían las famosas harinas blancas: nada de pan, nada de pastas, ¡nada de harina! Yo, como una ignorante, tomaba nota de eso como si fuera la verdad revelada. Llegué a “internarme” en el gimnasio, haciendo dos comidas al día, y solo con verduras. Así fue durante un mes, pero una mañana de febrero, haciendo un ejercicio con máquina en el gimnasio, me sentí muy mal: me puse pálida, todo me daba vueltas y el corazón me latía a mil. Tuve que relajarme y sentarme porque me vi morir en ese momento. Desde ahí dije “ya no más con esta obsesión enferma”.
Cuando descubrí tu cuenta en Instagram me di cuenta de que puedo comer todo lo que yo quiera, y más las cosas que me gustan, pero en las cantidades necesarias para mí.
Desmitificar los “productos milagro”
Siempre se vendieron pastillas, batidos e infusiones para bajar de peso, pero con la velocidad con que se difunden los mensajes hoy, el peligro aumenta. Lo que no se dice, y debería enseñarse incluso en la escuela, es que muchos de estos productos traen consecuencias muy graves para la salud: deshidratación, problemas en hígado o riñones, trastornos gastrointestinales, arritmias, enlentecimiento del metabolismo; algunos pueden ser fatales.
Hay que pensar en algo: si estos productos funcionaran, no habría problemas de obesidad ni de sobrepeso. Es ilógico pensar que un té o una pastilla quite el sobrepeso en una persona, cuando las causas del mismo sobrepeso son varias: genética, hambre emocional, desorden de horarios, de cantidades de comida, falta de ejercicio y problemas hormonales. Con tantos factores en juego, ¿cómo podemos creer que un producto mágico va a solucionar tan variadas cuestiones?
En la actualidad, muchas actrices, periodistas y modelos vienen publicitando un polvo para bloquear la absorción de hidratos de carbono. Se muestran felices con un plato de comida abundante y rico en hidratos de carbono… y el producto al lado. Algunos hacen videos mostrando cómo le colocan el polvo a los alimentos, haciéndole creer a la gente que puede comer todo eso sin engordar, cuando lo que realmente pasa es que se genera una gran diarrea por el exceso de hidratos de carbono.
“Si estos productos funcionaran, no habría problemas de obesidad”
Ese producto contiene inhibidores de amilasa, una sustancia que hace que se digiera el almidón, y que genera más distensión y diarreas, justamente porque ese almidón no se digirió. Lo que menos vemos con el uso de este producto es un descenso de peso en masa grasa; al contrario, al perder tanto líquido en diarreas, se pierde agua, por lo que se genera un desequilibrio de electrolitos (sodio, potasio y cloro), que puede generar descompensaciones graves.
“El que vende el producto no busca el bienestar de la persona que lo compra”
Si podemos comer tranquilamente una o dos porciones de pizza sin ese polvito, ¿para qué comer ocho? La clave está en medirse; de esa manera jamás subiremos de peso.
Este tipo de productos también los venden los médicos; en general, siempre es la misma persona, en el mismo canal y a la misma hora. Esta desesperación por “vender” ¿no te hace ver que es algo poco creíble? El que vende el producto no busca el bienestar de la persona que lo compra, sino que su objetivo es comercial; por eso tratan de venderlos con publicidades de celebridades, con el cuerpo que exige la sociedad, para que la gente crea que con eso va a llegar a pertenecer y tener la figura que “se debe alcanzar”.
También se venden productos con “antes y después” de personas que han bajado de peso, con frases atractivas como “baja kilos con este producto natural y no los recuperarás”.
Sé que es difícil hacer oídos sordos y no tentarse con estas publicidades, porque la realidad es que lo venden como si fuese magia, pero cada vez que estés a punto de comprarlo, acuérdate de todo esto, y estarás haciendo un bien para tu propia salud y tu bolsillo.
En primera persona: Magalí, 23 años 
Cuando tenía trece años, en el colegio me dijeron que estaba más gordita, pero no me afectó en nada hasta que llegué a casa y pasaron una publicidad en la tele sobre unos chicles de hierbas que contenían café o cafeína. Al día siguiente fui a la farmacia a comprarlos, me pesé y comí uno; supuestamente disminuían el apetito. Así fue, pero no porque fueran “mágicos”, ¡sino porque eran feos! A los cinco minutos me agarró un dolor terrible de cabeza y me empecé a marear en plena calle. Eso no fue lo peor: después vino el tormento. Ya no comía un chicle, sino tres al día sin importarme nada. Yo lo único que quería era estar flaca porque si estaba así iba a ser “feliz”, pero en cambio comenzó mi película de terror. Ya no comía, vivía a base de agua, chicle y una manzana, así en ese orden por un mes. ¡Llegué a pesar 38 kilos, de los 53 que tenía al empezar a tomar esas cosas! Como era de esperar tuve anorexia, después bulimia y fue un círculo vicioso que hasta el día de hoy sigo combatiendo, lucho día a día por quererme un poco más. Un día me desperté con un dolor de estómago que no le deseo a nadie. Me llevaron a un sanatorio y me operaron de urgencia. Se me había hecho una peritonitis a causa de ese chicle. Los médicos les dijeron a mis papás que ya no tenía esperanzas y que estaba en manos de Dios. Estuve dos semanas en terapia intensiva con oxígeno, sonda y drenaje. A las dos semanas de la primera operación me hicieron otra. Estuve en sala dos semanas más. ¡Un mes internada por un chicle, por querer encajar en esta sociedad tan superficial!
Aceptar que el cuerpo de uno
no es igual al del otro
“Qué diferentes serían los ideales de belleza, si los ojos en vez de cuerpos miraran almas”.
@bellamentearg
¿Cuántas veces anhelaste tener el cuerpo de alguna celebridad? ¿Cuántas veces trataste de hacer la dieta de alguna actriz o modelo, pensando que así ibas a ser igual a ellas?
La realidad es que uno es uno mismo. No podemos parecernos al otro por más dieta sin harina que hagamos, porque la genética es otra, porque tenemos un cuerpo diferente, diferente contextura, diferente metabolismo y lo más importante: porque somos únicos. Los medios de comunicación intentan engañarnos, para que creamos que siguiendo la dieta de esa persona famosa, vamos a tener el mismo cuerpo, y de esa manera se venden más revistas o hay más rating.
“Se aprovechan de la desesperación de la gente por tener ese cuerpo “soñado” ”
Prestemos atención a qué tipo de cuerpo se muestra cada vez que se quiere vender una dieta o un “producto milagro”. En general son modelos, o ponen imágenes de panzas chatas o cuerpos musculosos. Esto lo hacen, porque se sabe que las personas aspiran a tener “el cuerpo de”, porque se aprovechan de la desesperación de la gente por tener ese cuerpo “soñado” que se muestra en revistas, redes sociales y televisión.
También suelo leer comentarios en las redes sociales de algunas famosas, donde muchísimas chicas les dicen que quisieran ser como ellas para ser felices, o preguntándoles qué dieta hacen. ¿Por qué creemos que tener el cuerpo de otra persona va a hacernos felices? La felicidad pasa por otro lado, no por tener más o menos curvas, o la panza chata de tu actriz favorita. Tampoco sabemos si la persona que tiene ese cuerpo es realmente feliz o no, porque en la vida pasan muchas cosas: problemas de pareja, problemas de salud, pérdida de algún ser querido…
“¿Por qué creemos que tener el cuerpo de otra persona va a hacernos felices?”
Un cuerpo “perfecto” no hace que la persona sea feliz. Sí es real que a una persona con exceso de peso le mejora la calidad de vida cuando adelgaza, porque está en juego su salud, pero tener el tipo de cuerpo que la sociedad impone actualmente no nos garantiza la felicidad. De hecho, las personas que hacen hasta lo imposible para tenerlo, no son felices, porque se frustran y ven que no pueden, justamente porque somos únicos y no podemos pretender ser igual a otra persona.
Uno tiene que aprender a quererse y ser feliz con lo que tiene y saber valorarlo, y si no nos gusta, intentar estar mejor, pero sanamente, no haciéndonos daño con dietas y exceso de ejercicio, que perjudicarán nuestra salud mental.
En primera persona: Laura, 20 años 
Soy consciente de que padezco de bulimia; al principio no lo quería aceptar, me era difícil. Empecé a los quince años; el desencadenante fue una consulta de rutina con un médico que me dijo que tenía sobrepeso. Yo pesaba 80 kilos y me dijo que estaba gorda, que tenía que adelgazar porque era la época de las fiestas de 15 y tenía que usar vestidos e iba a estar más linda si era flaca. Luego de esa consulta me empecé a obsesionar con las modelos y los cuerpos perfectos, miraba a las chicas que salían en la televisión y las revistas y quería ser como ellas. Luego me empezó a dar asco la comida y dejé de comer; le mentía a mi familia, les decía que ya había comido en el colegio, que no tenía hambre; pero mi mamá se empezó a preocupar, así que cuando estaba con ella, comía, pero después me sentía muy culpable y me daban náuseas y terminaba vomitando. Seguí así hasta que a los diecinueve tuve gastritis y me asusté: tenía miedo de que me salieran úlceras y paré un poco, pero nunca se fueron las voces de mi cabeza. La verdad es que es muy feo. Hoy soy consciente de que sigo mal, pero la verdad es que es algo de lo que es muy difícil de salir, pero sé que no es imposible. Pienso que habría que controlar mejor los medios de comunicación y los profesionales deberían cuidarse con lo que comunican y cómo lo hacen.
Reconocer que no existen
las dietas universales
“Naciste original, no mueras como una copia”.
@bellamente
Es muy peligroso que se promuevan dietas sin conocer la especificidad de cada persona, pero lamentablemente lo vemos muy seguido, tanto en la televisión como en las revistas, incluso en las dirigidas a adolescentes, lo cual es más peligroso aún, ya que la pubertad y la adolescencia constituyen el momento de la vida en que la persona es más vulnerable a sufrir trastornos alimentarios.
En general, se muestran dietas sin hidratos o de un solo alimento, o dietas líquidas que prometen bajar una cierta cantidad de kilos en muy poco tiempo.
Hay que saber que, antes de empezar un plan de alimentación, se debe pasar por un control médico que incluya un análisis de sangre, y se debe consultar con un licenciado en Nutrición, porque no todos somos iguales ni estamos igual de salud.
“Un gran riesgo de seguir todas estas dietas es caer en un trastorno alimentario”
Mucha gente sufre de problemas renales, y la mayoría de las dietas que se difunden contienen exceso de proteína, que para el riñón es peligroso. Otras personas tienen gastritis o colon irritable y la mayoría de las dietas contienen fibras de difícil digestión, como vegetales crudos y alimentos integrales. No solo este es el problema, sino que muchos creen que tiene que bajar de peso, pero no es así, y con este tipo de información, ponen en riesgo su salud.
Un gran riesgo de seguir todas estas dietas es caer en un trastorno alimentario. Cuando las personas ven que están bajando rápido de peso, se ponen contentas y creen que tal dieta funciona; entonces, prueban más y más, hasta que llega un momento que es muy difícil salir de ese círculo dietante. Pronto comienzan los problemas metabólicos y, en algunas personas, también psicológicos.
No se suele tomar conciencia de la gravedad del problema, porque quien tiene estos malos hábitos solo piensa en el instante de alcanzar el cuerpo soñado, y su mente está tan empecinada en ello, que a veces no se escuchan las señales del cuerpo diciendo “basta”.
“Quien tiene estos malos hábitos solo piensa en el instante de alcanzar el cuerpo soñado”
Hay casos en que la persona se marea por comer tan poco, pero espera a que se le vaya el síntoma y sigue igual; ignora los dolores de cabeza, y hasta puede sentir mucho cansancio, pero continúa haciendo ejercicio con la misma intensidad. Es preocupante, pero a veces la toma de conciencia, ese “hacer el clic”, no llega hasta un evento extremo, como un desmayo o incluso alguna internación por una descompensación.
Algunas personas recapacitan luego de tocar fondo, pero otras lamentablemente siguen con las mismas prácticas, cayendo en un trastorno alimentario muy severo y deteriorando el metabolismo, lo que a la larga genera mayor aumento de peso y más dificultad para bajarlo.
La alimentación no debe ser una tortura, no tenemos que sufrir ni pensar en comer para parecernos a alguien. Tenemos que comer para nutrirnos y sentirnos bien, y sepamos que vamos a convivir con la comida hasta el último día de nuestras vidas, y eso no debería ser un problema, sino una herramienta para sentirnos mejor.
En primera persona: Juana, 23 años 
¡Hola, Agustina! Primero quiero decirte que amo tu cuenta y es muy emocionante lo que haces por todos. Gracias a ti como tranquila hasta fideos, que antes me generaban cierto rechazo, pero al leerte y con el tiempo puedo hacerlo sin problema.
Desde los catorce y durante seis años, viví con anorexia nerviosa. Mi familia me molestaba mucho porque tenía unos kilos de más, esto empeoró cuando se acercaba mi fiesta de 15. Tuve la mala suerte de toparme con una revista muy famosa para adolescentes donde leí un artículo donde decía que tenía que dejar las frituras y las cosas dulces para estar más “saludable”. También había un artículo de qué hacer para quemar las calorías de unos pochoclos o de una hamburguesa. Yo a esa edad era súper vulnerable, veía a las chicas híper flacas en esa revista y quería ser así. Dejé las frituras y el azúcar, después la carne roja, los fideos, el pan... Vivía a pollo, galletas de arroz y verduras. Me sentía angustiada, mirándome al espejo, mintiendo.
Me inscribí en un gimnasio y haciendo el calentamiento me desmayé. Me llevaron al médico: estaba anémica, desnutrida y con la presión por el piso.
Pasé por muchos tratamientos, me rehabilité, pero con las redes sociales volvieron mis miedos. Empecé a seguir a una “chica fit” muy famosa por sus recetas y al leerla parecía que me leía a mí. Cuando caí en esto, desinstalé esa aplicación hasta poder tranquilizarme, y al volver te encontré y me ayudaste a recuperar la paz mental.
Gente vulnerable va a haber siempre, el problema son los medios y las personas que crean esos disparadores. Hay variedad de cuerpos, y nadie debería vivir a clara de huevo.
Yo quedé con un montón de problemas gastrointestinales y de desarrollo; mi cuerpo parece el de una nena. Quedan marcas invisibles y visibles después de un TCA; ojalá la gente pueda cuidarse y quererse un poquito más.
Celebrar que somos seres sociales
Cuando nos dan una dieta de hambre, no se toma en cuenta que el ser humano es un ser social, que tiene fiestas, cumpleaños, reuniones…
“El ser humano es un ser social, que tiene fiestas, cumpleaños, reuniones”
¿Cómo te sentirías (o cómo te sentiste, si te tocó vivirlo) si fueras a una fiesta con tu propia vianda o habiendo cenado antes, mientras el resto se divierte y disfruta de la comida? Y todo por seguir el camino que señaló alguna celebridad, del estilo “corté las harinas y el alcohol definitivamente”, como si fuera una verdad revelada, y como si las personas no fuesen seres que razonan y sienten, sino robots que siguen directivas inamovibles.
¿Eso es algo sano? ¿De verdad sirve resignar el disfrute y una comida con amigos para querer tener el cuerpo de quien “dejó las harinas” para ser una “diosa”, como suelen decir en algunos medios? Por supuesto, no me refiero a vivir a base de “comida chatarra” y tomar alcohol todos los días, sino a esos momentos de los que la comida forma parte del disfrute y, claramente, hacerlo con moderación.
“Por supuesto, no me refiero a vivir a base de “comida chatarra” ”
Cuando uno empieza a aislarse, a dejar de participar de a reuniones sociales, o a ir con su propia vianda, la mente se empieza a enfermar, obsesionándose cada vez más y dejando de disfrutar, porque por más que se asista al evento, la cabeza está pensando en la porción de pizza que se prohibió. Este tipo de prácticas puede llevar hasta a la depresión, y me duele saber que a veces son los mismos profesionales quienes las inculcan. Conocí casos de personas que han pasado la Navidad solas en sus casas como consejo de su nutricionista, algo que me parece totalmente fuera de lugar y hasta agresivo.
Hay que tratar de que el paciente entienda que las reuniones no solo pasan por la comida, sino por compartir momentos especiales con nuestros seres queridos, y enseñarle a medir las porciones y comer lo justo, no encerrarlo en sus casas como si fuesen presos, como si comer fuese un acto ilegal. ¿Cómo esa persona no va a imitar y a copiar las dietas de revista, cuando hay profesionales que la maltratan de esa manera?
También muchas personas cocinan para demostrar cariño, como los abuelos, por ejemplo, que sabemos que no los tenemos toda la vida. ¿Es realmente necesario perdernos esos platos llenos de amor, porque queremos alcanzar el cuerpo de la modelo que está de moda? Si alguna vez te lo planteaste, reconsidera qué se gana y qué se pierde. No se logra nada dejando de asistir a eventos y dejando de comer lo que nos gusta; al contrario, se está peor.
Entonces, antes de empezar una dieta que venden en distintos medios porque la hizo una persona famosa, piensa: ¿vale la pena?
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