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LIBRO DE MARGERY KEMPE

LA MUJER QUE SE REINVENTÓ A SÍ MISMA

LIBRO DE MARGERY KEMPE

LA MUJER QUE SE REINVENTÓ A SÍ MISMA

Margery Kempe

Introducción, traducción, notas e índicesSalustiano Moreta Velayos

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

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© De esta edición: Publicacions de la Universitat de Valencia, 2012

© De la introducción, traducción, notas e índices: Salustiano Moreta Velayos, 2012

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es publicacions@uv.es

Ilustración de la cubierta: Guyart des Moulins, Biblia historiada de Eduardo IV, Países Bajos, S. (Brujas), 1470 - c. 1479. The British Library Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera Maquetación: JPM Ediciones

ISBN: 978-84-370-8939-3

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

ÍNDICE DE CAPÍTULOS DEL LIBRO DE MARGERY KEMPE

LIBRO DE MARGERY KEMPE

ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA

ÍNDICE DE NOMBRES Y LUGARES

INTRODUCCIÓN

1. MARGERY KEMPE (H. 1373-H.1438): ESBOZO BIOGRÁFICO

Mayoritariamente, los estudiosos anglosajones consideran el Libro de Margery Kempe como la primera autobiografía escrita en lengua inglesa y lo incluyen entre los ejemplos más notables del corpus de literatura mística medieval anglosajona.1 Concebido con una finalidad básicamente didáctica, constituye la fuente principal, realmente la única, para pergeñar una biografía de Margery Kempe sobre cuya insólita figura apenas existen más noticias e informaciones que las contenidas en el mismo. En esencia, el Libro es el relato de algunos aspectos parciales de la vida de una mujer burguesa controvertida, visionaria y enraizada en la sociedad y en el mundo de su época: una mujer casada y madre de catorce hijos que vivió una sugerente experiencia espiritual. La conducta de Margery, según aparece en el Libro, se halla en consonancia con la tradición mística y con el sistema religioso dominantes a caballo de los siglos xiv-xv.

Margery habría nacido hacia el año 1373 en Bishop’s Lynn, hoy King’s Lynn, en el condado de Norfolk.2 Una ciudad marítima no excesivamente grande pero muy activa economica y comercialmente. Su padre, John Brunham, fue un rico e influyente burgués, alcalde de Lynn en cinco ocasiones, entre los años 1370 y 1391; seis veces, entre 1364 y 1384, uno de los dos miembros representantes de la ciudad en el parlamento; influyente regidor de la poderosa guilda de la Trinidad; juez de instrucción, juez de paz y chambelán en distintos momentos de su vida.3

Aunque Margery refirió en confesión al vicario de Norwich toda su vida desde su niñez,4 en realidad el Libro no aporta ni un solo dato acerca de la primera etapa de su existencia. En realidad, su biografía comienza, de manera bastante convencional, con su matrimonio.5

Sobre su juventud, antes de que se casara, Margery únicamente refiere unas cuantas generalidades. Habría vivido una juventud disipada y hedo- nista, exhibiéndose en público con vistosos vestidos y tocados. Adoraba el lujo y vestía a la moda con ropas de llamativos colores para atraer la mirada y provocar el deseo de los hombres. La Margery joven se describe a sí misma como una de esas mujeres a las que una historiadora española contemporánea ha calificado de «pecadoras de verano».6

En torno a los veinte años,7 Margery se casó con John Kempe. Él y su familia aparecen en la documentación municipal de Lynn. Se dedicaban a los negocios, principalmente a los relacionados con el curtido de pieles y con el comercio. Pertenecían a la guilda del Corpus Christi, la de los mercaderes de clase media, por lo que su nivel económico y su categoría social serían inferiores a los de la familia de Margery, aunque ella misma consideraba a su esposo como un distinguido burgués.8

Al poco de casarse, hacia 1393, Margery quedó embarazada de su primer hijo.9 Durante la gestación padeció una severa enfermedad la cual, o no se sabe si alguna otra, se agravó a raíz del parto, produciéndole una profunda crisis corporal y espiritual. Por entonces era corriente considerar las enfermedades y los problemas relacionados directamente con el embarazo y el alumbramiento consecuencias directas de la «maldición de Eva» realizada en el Génesis. El bajo nivel de los conocimientos de obstetricia y lo rudimentario del instrumental empleado en los alumbramientos hacían que numerosas mujeres fallecieran en el momento del parto y que no pocas enloquecieran.10 Es probable que Margery sufriera lo que hoy llamaríamos una depresión postparto, habitual en la Edad Media entre las mujeres auto consideradas místicas, la cual se hallaría en el origen de sus visiones y del consiguiente arrepentimiento por la vida que había llevado hasta entonces. De ordinario, la gente de la época la atribuía a la posesión demoníaca.

Convencida de que moriría, Margery llamó a su confesor para referirle un gravísimo pecado que hasta entonces había ocultado y cuya naturaleza probablemente nunca se conocerá debido a la impaciencia del sacerdote.11 Pese a que era su profesión, el sacerdote no supo escucharla. El temor que tenía a condenarse y la áspera amonestación que recibió impresionaron tan fuertemente a Margery, que le produjeron un grave desequilibrio mental y una crisis espiritual que se prolongarían durante medio año, ocho semanas y los días impares, según refiere detalladamente en el Libro.12

Alterada su percepción de la realidad, Margery experimentó extraordinarias alucinaciones y delirios. Los demonios y los espíritus malignos la atormentaban de día y de noche, induciéndola a realizar actos irracionales y autodestructivos. Insultaba y hacía tremendos reproches y acusaciones a su marido, a sus amigos y a ella misma. Decía y hacía todo lo que los malos espíritus querían. Numerosas veces pensó en el suicidio. Como prueba, se autolesiono mordiéndose su mano con tal violencia que la cicatriz pudo verse durante el resto de su vida. En aquella época, Margery se arrancaba la piel del pecho y si no la hubieran encadenado a la cama habría hecho algo peor.13

Margery relata cómo sanó de esta locura mediante la que sería su primera visión mística: la primera llamada divina. Un día, mientras yacía angustiada en el lecho, pensando que no sobreviviría, se le apareció por primera vez nuestro Señor Jesucristo en forma de hombre, el más atractivo, el más hermoso, y el más cariñoso que jamás pudo verse con ojos humanos. Un héroe auténtico. Tras conversar con Jesucristo, Margery recuperó su juicio y su razón.14

Pero poco después Margery volvió a las andadas. En los años siguientes no renunció a su orgullo ni a su llamativa forma de vestir,15 ni escuchó a quienes, incluido su marido, le decían que no se comportara de ese modo. No le importaban las críticas ni las habladurías de la gente. Casada y madre de muchos hijos, continuó siendo la mujer más llamativamente vestida, la más admirada, y la que más atraía la mirada de los hombres.

Por pura codicia y para mantener su orgullo, Margery se dedicó a la fabricación de cerveza, convirtiéndose, durante tres o cuatro años, en una de las grandes cerveceras de Lynn hasta que se arruinó debido a la baja calidad de la cerveza que producía. Cerró este negocio, convencida de que había sido castigada por su orgullo y por su pecado. Después intentó poner en marcha un molino de cereales con cuya explotación esperaba conseguir su propio sustento.16 Una vez más fracasó y, también ahora, pensó que se trataba de los azotes de nuestro Señor que la castigaba por su pecado.17

Cumplidos los cuarenta años, después de alumbrar al último de sus catorce hijos, Margery recibió otra visión: la segunda llamada divina. A partir de la misma, sin renunciar ni negar su femineidad, se convirtió en una mujer mística abandonando su papel de esposa y de madre: de ama de casa. Una noche mientras dormía con su esposo escuchó una melodía tan dulce y deliciosa que le hizo creer que había estado en el paraíso.18 Nunca había oído nada tan extraordinario. Desde entonces, si recordaba aquella celestial melodía, quedaba anegada en lágrimas, sollozaba y gemía, sin temor a la vergüenza ni a las críticas de este miserable mundo. A partir de esta segunda visión, las lágrimas, los sollozos y los suspiros, junto con las conversaciones pías y el recuerdo continuo de la bienaventuranza celestial, aparecen de manera recurrente en la mayor parte de los capítulos del Libro y en cada una de las circunstancias y episodios de su autobiografía. Existen capítulos dedicados casi exclusivamente a describir la gestualidad de sus llantos, de sus suspiros y, desde su visita a Tierra Santa, de sus gritos. Manifestaciones de compunción, de compasión, de dolor o de amor, que se repiten con monótona regularidad en el relato. Lágrimas torrenciales, suspiros y gemidos clamorosos, gritos y alaridos escandalosamente estentóreos. Margery integró semejante gestualidad en su religiosidad como expresión elocuente de una devoción afectiva y como señales de su santidad en conformidad con los códigos hagiográficos de los místicos medievales. Un lenguaje ritual nada novedoso ni inventado por Margery pero que, en su caso, escandalizaba muchísimo a quienes la veían llorar o escuchaban sus exclamaciones y sus gritos provocadores. Gestualidad religiosa de una mujer laica que enojaba y atormentaba incluso al mismo Lucifer según le dijo Jesucristo: porque le atormentas más con tu llanto que todo el fuego del infierno; tú le arrebatas muchas almas con tu llanto.19

El recuerdo de la melodía celestial hizo que Margery aborreciera los placeres carnales y que no deseara mantener nunca más relaciones sexuales con su marido. Sólo accedería a los deseos de John por obediencia, jamás por placer. Y, en consecuencia, le dijo a su esposo que le obedecería con mucho llanto y tristeza por no poder vivir castamente .20 Tanto pidió a Dios y a su marido mantenerse alejada de la lujuria que el mismo John Kempe terminaría haciendo voto de castidad. Durante tres años Margery llevó a la práctica una vida de penitencia, de ayunos y de vigilias de oración, confesándose con frecuencia, especialmente de aquel pecado que durante tanto tiempo había ocultado y encubierto, mortificando su cuerpo con un cilicio cuya utilización desconocía su marido.

Fue así cómo Margery contrajo una nueva forma de vanidad. Una vanidad espiritual: creyó que, por practicar grandes penitencias y orar con tanta frecuencia, podría ella sola hacer frente a cualquier tentación del maligno y que incluso amaba más a Dios que él a ella. Estaba tocada por la herida mortal de la vanidad y no era consciente, pues muchas veces deseaba que Cristo soltara sus manos de la cruz y la abrazara en prueba de amor. Y una vez más Jesucristo le dio una lección para que la aprendiera ella y cuantos vinieran después. Durante tres años Dios le envió grandes tentaciones. El Libro sólo recoge una de ellas. Está relacionada con el pecado de la lujuria y con el adulterio.

La víspera de la fiesta de santa Margarita de Antioquía, que se celebraba el día veinte de julio, Margery fue acosada sexualmente por un hombre quien le dijo que se acostaría con ella y disfrutaría de la sensualidad de su cuerpo, y no debería resistirse. Tan persistente fue la tentación que Margery fuevencida, y consintió en su interior, y acudió a ver al hombre para saber si él aceptaría poseerla en ese momento. Dado que se trataba de una prueba de carácter moralizador, el hombre respondió a Margery que antes que acostarse con ella preferiría que le hicieran pedazos.21 A punto estuvo Margery de caer en la desesperación. Pese a confesarse muchas veces y cumplir todas las penitencias impuestas por su confesor las tentaciones lujuriosas y de desesperación no cesaron y se repetirían durante un año hasta que Dios quiso. Tenía visiones de los genitales masculinos, y de otras abominaciones semejantes. Sacerdotes, monjes y otros muchos hombres, cristianos y paganos, le mostraban sus genitales desnudos. Y ella debía prostituirse con todos.22

Cuando Cristo lo quiso, le prometió el final de las relaciones carnales con su marido: él mismo apagaría los deseos sexuales de John. A los cuarenta años, finalmente, Margery había ganado a su marido la batalla de la castidad.23 Desde ese instante pudo consagrarse totalmente a Dios y a las prácticas piadosas. Podría haber optado por abandonar el siglo entrando en religión como hicieron otras santas mujeres antes y después que ella; haberse recluido como eremita en algún edifició anejo a una iglesia o monasterio como su coetánea Julián de Norwich; ingresar en alguna orden tercera o hacerse beguina. Pero Margery optó por vivir en el mundo su propia experiencia espiritual, consagrarse a Dios a de manera personalísima, pública y visiblemente.24 En Lincoln, el obispo de su diócesis la autorizó a vestir completamente de blanco como las mujeres vírgenes. Deseaba que la gente la viera, que el mundo entero supiera que no mantenía relaciones sexuales con su marido, que se había desposado con Dios.25

El Libro constituye un excelente testimonio de cómo Márgery vivió alejada del espacio doméstico, prefiriendo el espacio de las catedrales, de las iglesias, de los monasterios, de las plazas y de las calles. Los principales acontecimientos de su biografía acaecen en lugares públicos, en las ciudades, en los caminos y rutas de peregrinación, incluso en espacios reservados para los hombres.

El acuerdo de Margery con John Kempe para poner fin a sus relaciones matrimoniales puede fecharse en el mes de junio de 1413. Para autorizarlo, el obispo Philip Repyngdon, siguiendo las disposiciones canónicas, preguntó a John Kempe si quería que su mujer tomara el manto y el anillo y vivir castamente los dos.26 Si John no hubiera consentido de manera explícita, el obispo no habría autorizado el celibato de Margery.

Desde ese momento Margery se relacionaría más con sus confesores y con otros clérigos que con su esposo y con sus hijos; acudiría a la iglesia, a los actos religiosos y a los oficios litúrgicos, con mayor frecuencia; practicaría ayunos cada vez más severos y prolongados; oraría con mayor devoción y durante más tiempo, conversando con Dios Padre, con su hijo nuestro Señor Jesucristo y con la Virgen. Su conducta pública, sus visiones, sus llantos, sus sollozos y suspiros, y el que no mantuviera relaciones sexuales con su marido, hicieron que sus convecinos y algunos de sus amigos murmuraran de ella, acusándola de ser una hipócrita.

Temiendo los señuelos y trampas de sus enemigos espirituales, Margery consultó con doctos clérigos, doctores y bachilleres en teología, con obispos y arzobispos, con monjes y anacoretas, sobre su manera de vivir, sobre sus visiones y conversaciones místicas, preguntándoles si debía seguir o no sus impulsos y las emociones que provocaban los llantos, suspiros y gemidos que tanto sorprendían a la gente y hacían que muchas personas, que ignoraban qué le ocurría, la criticaran, la aborrecieran, la insultaran y la calumniaran. Todos le dijeron que creyera que aquello procedía del Espíritu Santo y los más ilustrados le pidieron que escribiera sus experiencias.27

Confirmada así en sus creencias, cumplidos cuarenta años, emprendió una vida de viajera y de peregrina para la salud espiritual. Como libro de viajes, el relato de de Margery tiene muy escaso interés. Hasta entonces, solo había viajado a Norwich28 cuando nuestro Señor Jesucristo le dijo que no tuviera más hijos y que hablara con el vicario de San Esteban, Richard Caister, el cual fue su confesor siempre que acudía a esa ciudad. También recibió órdenes divinas para que visitara en el convento de los frailes carmelitas de Norwich a William Southfield, quien la fortalecería en su fe.

Por mandato expreso de nuestro Señor, en Norwich visitó a la reclusa y escritora Dame Julian, la única mística ilustre a la que Margery conoció y trató en vida.29 Pasó con Juliana varias jornadas manteniendo con ella edificantes conversaciones, dialogando sobre el amor de nuestro Señor Jesucris to y escuchando sus consejos y aprendiendo de sus enseñanzas.30 Reputada experta en fenómenos místicos parecidos a los experimentados por Margery, Juliana le dio consuelo, esperanza y la guió sobre los diálogos y conversaciones con Jesucristo, y sobre sus incontrolables llantos y suspiros.

Para poder abandonar la casa familiar de Lynn Margery necesitaba el consentimiento de su marido. John se lo concedería creyendo que era la voluntad de Dios. Al comienzo, acompañó a Margery en algunos viajes. El primero, lo realizaron por Yorkshire en 1413. Visitaron la ciudad de York, Bridlington, Canterbury, Lincoln y Londres. Margery se vio con personajes históricamente identificables como Philip Repingdon, obispo de Lincoln, y Thomas Arundel, arzobispo de Canterbury. Ante Philip Repyngdom, obispo de Lincoln, los esposos realizaron el mentado voto de castidad, ordenando el prelado a Margery que escribiera el Libro.31 En Canterbury, mientras se hallaba en la iglesia con los monjes, fue insultada y reprendida, tanto por los monjes y los sacerdotes como por los laicos, por llorar muy abundantemente durante casi todo el día. Fue acusada de falsa lollarda, es decir peligrosa para el orden social establecido, y a punto estuvo de arder en la hoguera quemada por la multitud.32 También en Lambeth, Londres, donde tenía su residencia el arzobispo de Canterbury, fue acusada de lollar- da, peligrando su vida pese a que se defendió con habilidad. El arzobispo Thomas Arundel le dió licencia por escrito para elegir confesor y para que comulgara todos los domingos.33

Margery visitó otros muchos lugares, iglesias, monasterios y centros religiosos de Inglaterra. Acudía dondequiera que se veneraran santas reliquias o alguna imagen sagrada que gozara de popularidad. En compañía de su esposo o sola.

Probablemente fue en el otoño de 1413 cuando Margery emprendió la peregrinación a Tierra Santa. No quiso abandonar Lynn sin antes saldar todas las deudas pendientes. Para ello pidió a su párroco que desde el púlpito de la iglesia de Santa Margarita anunciara que fueran a verla sus acreedores para llegar a un acuerdo. Luego se despidió de su marido y de un anacoreta que le había dado información sobre las etapas del camino a Jerusalén y de todo lo que le sucedería en el viaje. También se despidió de sus amigos y de su confesor, Robert Spryngolde, pidiéndole su bendición.

Antes de embarcar en el puerto de Yarmouth, Margery realizó una ofrenda en la catedral de la Trinidad de Norwich y otra en honor de una imagen de la Virgen que, probablemente, se encontraba en la iglesia de San Nicolás de Yarmouth. 34 Desde Yarmouth navegó hasta Zierikizee en Holanda, y atravesó luego el continente hasta Constanza.

Durante el viaje no cesó de llorar y de referir sus visiones y sus experiencias místicas a sus compañeros. Mientras se sentaban a la mesa o en cualquier otro lugar. Mas a diferencia de lo que sucedía con su marido, los compañeros peregrinos no soportaban sus llantos, suspiros y gemidos, criticándola e injuriándola con acritud y pidiéndole que se alejara de ellos y viajara como pudiera.

Un día, mientras Margery oraba en la iglesia, nuestro Señor le dijo que no temiera: que todos llegarían seguros a Constanza.35 Allí Margery se confesó con un fraile inglés, legado del papa, al cual contó los problemas que tenía con sus compañeros peregrinos. El legado la trató como si fuera su propia madre. Sin embargo fracasó al mediar para que Margery pudiera continuar el viaje en compañía de sus compatriotas.

Tras ser abandonada por sus compañeros, el legado se ocupó de cuanto Margery necesitaba para proseguir el viaje. Angustiada por carecer de un guía ella acudió a rezar a la iglesia y nuestro Señor le dijo que tendría uno excelente. Y realmente sucedería así, alcanzando la ciudad de Bolonia antes que sus ex compañeros quienes, maravillados, le suplicaron que se uniera otra vez al grupo. Así lo hizó y todos juntos alcanzaron Venecia, permaneciendo en la ciudad durante trece semanas hasta que estuvo listo el barco en el que viajarían a Tierra Santa.36

Cuando se disponía a subir a la nave fletada por sus compañeros, quienes no habían contado con ella al acondicionar el barco para la travesía, nuestro Señor advirtió a Margery interiormente que no viajara en aquel barco, sino en una galera que él le asignó y en la que, finalmente, embarcaron todos ellos. Durante la navegación Margery padeció continuas tribulaciones y molestias de sus mezquinos compañeros, quienes llegaron a encerrar bajo llave la ropa de su cama. Incluso un sacerdote le arrebató una sábana. La navegación concluyó en el puerto de Jaffa desde donde continuaron a Jerusalén.37

Como Jesucristo, Margery hizo su entrada en Jerusalén montada en un asno, conversando en su alma con nuestro Señor. Por la alegría y dulzura que sentía a punto estuvo de caerse del asno si no lo hubieran evitado dos peregrinos alemanes que caminaban a su lado. La primera noche y el día siguiente los pasaron en el templo del Santo Sepulcro. Después, un fraile franciscano guió a los peregrinos por los lugares en los que nuestro Señorhabía padecido sus dolores y su pasión, llevando hombres y mujeres una vela de cera en la mano. Cada vez que Mergery oía hablar de los padecimientos de Cristo en los lugares que visitaban lloraba y sollozaba muy abundantemente. Cuando llegaron al Monte Calvario cayó al suelo pues no podía mantenerse en pie ni arrodillada, retorciendo y moviendo violentamente su cuerpo, agitando los brazos, y gritando con tal fuerza como si su corazón fuera a explotar en pedazos, pues en la ciudad de su alma veía real y claramente cómo nuestro Señor era crucificado.38

Precisamente, fue en el Monte Calvario donde Margery gritó y dio alaridos por primera vez mientras meditaba. Hasta entonces se había limitado a llorar, suspirar y gemir con más o menos fuerza. A partir de entonces sus gritos y alaridos se repetirían con frecuencia, especialmente siempre que oía hablar de la Pasión de Cristo, veía un crucifijo, o si delante de ella golpeaban a un niño o a una bestia creyendo que golpeaban o herían al mismo Jesucristo. En ocasiones sus alaridos eran tan inauditos y prolongados que agotada físicamente rodaba por el suelo. Tan reales eran las visiones de Cristo y de su Pasión que creía ver con los ojos de su cara al hijo de Dios colgando ante ella y a su sangre fluyendo abundantemente de cada uno de sus maltrechos miembros. Aunque lo intentara era incapaz de reprimir sus gritos ni sus contracciones y acababa revolcándose por los suelos.39

Semejante manera de gritar la acompañaría el resto de sus días: cuando visitó Roma y cuando volvió a casa en Inglaterra. Y sus gritos jamás se produjeron sin una gran e incomparable dulzura de devoción y alta contemplación. Al escucharla, algunos hombres espirituales la amaban y la apreciaban todavía más. Sin embargo, algunos doctos clérigos decían que nuestra Señora nunca gritó de esa manera. La mayoría de la gente ordinaria afirmaba que estaba enferma, poseída por el maligno o que había bebido demasiado vino. Unos la maldecían y otros deseaban que estuviera en medio del mar en un bote sin fondo.

Margery permaneció en Jerusalén tres semanas aunque el Libro no dice cuánto duró su estancia en Tierra Santa. Considerando que el barco de Venecia realizaba el viaje dos veces al año se puede suponer que permaneció allí unos seis meses.

En 1414 emprendió el viaje de regreso. En Venecia, una vez más sus compañeros la abandonaron. Y entonces se cumplieron las palabras de su confesor, el santo anacoreta, cuando al despedirse de él en Lynn le dijo que un hombre con la columna rota la guiaría hasta Roma. Sería un pobre irlandés, llamado Richard, de unos cincuenta años que realmente tenía fracturada la columna. Tras alcanzar un acuerdo, ambos se unieron a dos franciscanos y a una mujer que volvían de Jerusalén. Pese a que los religiosos no hablaban inglés, durante el viaje se ocuparon de su comida, bebida y alojamiento como si de ellos mismos se tratara.40

Antes de llegar a Roma Margery visitó Asís donde habló con un franciscano inglés el cual le recordó la gran deuda que tenía con Dios por la alta gracia que infundía en su alma. En la capilla de la Portiuncula, el día uno de agosto, festividad de Lammas, recibió la indulgencia plenaria. Más de un siglo antes, había hecho lo mismo la gran visionaria umbra Ángela de Foligno (h. 1248-1309), autora del Memorial, una obra que en numerosos aspectos anticipa el Libro de Margery. Igual que hiciera Ángela de Foligno, también Margery lloró, gritó y conversó con su amado Jesucristo en las iglesias de Asís.

Margery permaneció en Roma alrededor de seis meses: desde finales de 1414 hasta principios de 1415. Lo primero que hizo fue vestirse toda de blanco tal como nuestro Señor le había ordenado años antes. Durante algún tiempo residió en la hospedería de santo Tomás de Canterbury, construida para los peregrinos ingleses y que funcionaba desde 1362. Allí comulgaba todos los domingos, con grandes llantos y agudos gritos, hasta que fue expulsada a causa de las maledicencias de uno de los sacerdotes que la acompañaron a Jerusalén.

Necesitaba un confesor y, dado que en Roma no conocía a ninguno que pudiera confesarla en inglés, acudió a la iglesia de Santa Catalina que estaba enfrente de la hospedería inglesa. El párroco, con quien había hablado antes Richard para informarle quién era ella y qué deseaba, no sabía inglés. Se limitó a decir a Margery que recitara el Confiteor y que luego le daría la comunión. Entonces nuestro Señor envió a san Juan Evangelista para que escuchara su confesión.41

Un culto sacerdote alemán llamado Wenslawe, muy apreciado por los ciudadanos de Roma donde había alcanzado los cargos más altos que un clérigo extranjero podía conseguir y que oficiaba en la iglesia de San Juan de Letrán, pese a no hablar tampoco inglés, se convirtió en el confesor de Margery y en su más firme defensor contra las murmuraciones y ataques de la gente durante la mayor parte del tiempo que ella vivió en Roma. Al principio, se valieron de un intérprete para hablar entre ellos. Pero poco después, gracias a las plegarias realizadas durante tres días por el sacerdote, por Margery y por otras buenas gentes, el clérigo alemán entendía lo que ella le decía en inglés, y ella comprendía lo que él le decía. Sin embargo,y para asombro de todos, el clérigo alemán seguía sin comprender el inglés que hablaban otras personas.

Igual que sucedió en Tierra Santa, también en Roma, Margery lloraba, suspiraba y gritaba con tal fuerza y tan horripilantemente que con frecuencia la gente tenía miedo. Y por eso muchas personas la difamaban, sin creer que fuera obra de Dios, sino más bien de algún espíritu maligno, o una enfermedad repentina, o quizás algún fraude e hipocresía, algo inventado por ella para engañarse a sí misma. Sin embargo el sacerdote alemán estaba convencido de que sus sentimientos eran verdaderos, defendiéndola siempre, debido a lo cual tuvo que soportar muchas murmuraciones y mucha tribulación, aunque en ningún momento pensó en renunciar a su cargo. Desde él defendería mejor a Margery a quien protegía y ayudaba como si de su hermana o su madre se tratara.

En Roma, sus compatriotas compañeros de peregrinación y, especialmente, un sacerdote que la criticaba con acritud por vestir de blanco fueron los peores enemigos de Margery. Su confesor la convenció para que no vistiera de blanco. Sin embargo tuvo que soportar después mucho desprecio de las mujeres de Roma.

Por mandato de su confesor y como penitencia, Margery sirvió durante seis semanas a una pobre anciana enferma como si se hubiera tratado de nuestra Señora. Siguiendo el ejemplo de santa Brígida de Suecia, no vaciló en mendigar de casa en casa pidiendo para ambas, acarrear agua y leña sobre sus hombros para esta mujer, o dormir sobre el suelo sin mantas hasta terminar llena de parásitos.42

El día de la fiesta de san Juan de Letrán de 1414, probablemente el nueve de noviembre, se produjo el que sin duda fue el episodio culminante de la trayectoria y del devenir espiritual de Margery. En la iglesia de los Santos Apóstoles de Roma recibió la más extraordinaria de todas sus visiones; ese día supo por primera vez lo que significaba la unión mística con Dios. El mismísimo Padre del Cielo se presentó ante ella y le dijo que viviría eternamente con él, pues la desposaría con su divinidad. Hasta entonces ella tenía puestos todo su amor y afecto en la humanidad de Cristo. Margery quedó muy sorprendida cuando el Padre del cielo la tomó de la mano, en presencia del Hijo, del Espíritu Santo, de la Virgen y de los Apóstoles, de santa Catalina, de santa Margarita y de otros muchos santos y vírgenes, y le dijo: Margery, te tomo por mi esposa, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, siempre que seas humilde y sumisa para cumplir lo que te ordene que hagas.43

Para que estuviera segura de que era Dios quien le hablaba y que eraél quien la protegía, el Señor le envió tres señales seguras. Primera, unas motas blancas revolotearían a su alrededor: eran los muchos ángeles que la acompañaban, protegiéndola de día y de noche para que ni los demonios ni las malas personas pudieran hacerle daño. Segunda, durante dieciséis años y cada día con mayor intensidad, sentiría en su pecho y en su corazón una llama de fuego de amor, maravillosamente cálida y deleitable y muy confortable. El día que la sintió por primera vez tuvo miedo, pero Nuestro Señor le dijo que no temiera, que era calor del Espíritu Santo. Y por último, una especie de ruido como si un fuelle soplara en su oreja, que duraría casi veinte años antes de escribirse el Libro. Era el sonido del Espíritu Santo que de manera muy rápida nuestro Señor lo convertía en ruido de paloma o en el canto de un petirrojo que, con frecuencia, cantaba muy alegre en su oído derecho.

Cristo le dijo que necesariamente debería intimar con ella y que se acostaría en su cama, y ella podía tomarle con los brazos de su alma, besar su boca, su cabeza y sus pies con tanta dulzura como quisiera. La unión mística de Margery con Cristo difícilmente podía ser más estrecha.44 Desposada con la Divinidad debería vestir siempre de blanco y nuestro Señor le ordenó que acudiera a su confesor y le pidiera su autorización para ponerse de nuevo sus vestidos blancos.45

Siguiendo el mandato de nuestro Señor, Margery se volvió pobre de solemnidad, desprendiéndose, por amor a Cristo, de todo el dinero que poseía. Para subsistir mendigó por las calles de Roma, pidiendo de puerta en puerta, y aceptando las invitaciones de las buenas gentes que la sentaban a su mesa.46

De este modo, Margery seguía los pasos de santa Brígida de Suecia47, visionaria y peregrina como ella, que había vivido en Roma donde murió en 1373, poco después de volver de Tierra Santa. En 1391 había sido canonizada. Margery mostró un gran interés por conversar con quienes la habían conocido y habían mantenido relaciones con ella. Sirviéndose de un intérprete habló con una antigua sirvienta de la santa sueca, la cual le dijo que su señora era agradable y amable con todo el mundo, y que mostraba un semblante sonriente. También el dueño de la hostelería donde Margery se hospedaba había conocido a Brígida aunque, según dijo, apenas se dio cuenta de que había sido tan santa mujer, pues se mostraba muy familiar y amable con cualquier persona que deseaba hablar con ella. Naturalmente, Margery visitó la habitación donde había muerto santa Brígida, y se arrodilló sobre la piedra en la que nuestro Señor se apareció a la santa diciéndole que ese mismo día moriría. En una de las festividades de santa Brígida se produjo una tormenta tan grande que Margery interpretó como una señal de que debería recibir más culto que hasta entonces.48

En abril de 1415, Margery, luego de despedirse de sus amigos y, especialmente, de su confesor alemán, abandonó Roma para regresar a su casa en Inglaterra. Es de suponer que la ruta de vuelta fue la misma que la de la ida. Sin mayores problemas llegó a Middelburg donde embarcó hacia Inglaterra.49 Cuando desembarcaron Margery cayó de rodillas besando el suelo, dando muchas gracias a Dios que los había conducido seguros a casa.

Lo primero que hizo fue ir a Norwich para realizar una ofrenda a la Trinidad. Allí recibió la bienvenida del vicario de San Esteban, el maestro Richard Caister. Desde el principio, Margery le había revelado varias veces los secretos de su alma y las conversaciones con nuestro Señor.

Antes de dejar Norwich acudió a visitar a un monje recluso que no creyó absolutamente nada de lo que ella le refirió. Margery negó las habladurías que habían llegado hasta él según las cuales habría concebido y dado a luz un hijo mientras estuvo en el extranjero.50

Aunque era voluntad de Dios que vistiera de blanco, Margery no tenía dinero para comprar ropa de ese color. Pero Dios reveló a su alma que él se la proporcionaría. Y así sucedió: un rico burgués de Norwich, por amor a Jesucristo, le hizo un generoso obsequió. El domingo siguiente al de la Trinidad, Margery comulgó vestida de blanco con gran escándalo de la gente que desde entonces la despreció en muchos lugares y países.51

Poco tiempo después su marido acudió a buscarla, y juntos regresaron a Lynn, donde Margery cayó gravísimamente enferma. Recibió la extremaunción creyendo que moriría. Pero incluso así, ella estaba deseosa de peregrinar a Santiago de Compostela. Y entonces, después que Jesucristo le asegurara que todavía no moriría, repentinamente recobró la salud.

El invierno de 1415 fue muy crudo y Margery pasó mucho frío a causa de su gran pobreza. Además padeció oprobios y abusos por vestir de blanco, y por gritar muy fuerte cuando nuestro Señor le recordaba su Pasión. Numerosos convecinos de Lynn pensaban que estaba poseída por el demonio o que padecía epilepsia. La gente la escupía por temor a la enfermedad. Algunas personas decían que ladraba como un perro, y la maldecían.52 Después de tantos años, la mayoría de la gente estaba harta de oírla hablar de sus visiones y consideraban peligroso relacionarse con ella.

Apenas dos años después, en la primavera de 1417, Margery sintió necesidad de realizar la segunda peregrinación fuera de Inglaterra, a la tumba del apóstol Santiago. Hallándose en situación de extrema pobreza comprobó, una vez más, cómo nuestro Señor la ayudaba. Un día, cuando menos lo esperaba, apareció un buen hombre que le dio cuarenta peniques. Con ellos compró un abrigo de piel. Después, una buena amiga le entregó siete marcos para que rezara por ella cuando estuviera en Santiago.

El 26 de mayo, miércoles de Pentecostés, llegó a Bristol, donde se encontró con Richard el hombre de la columna fracturada, el mismo que la acompañó en Roma, pagándole lo que le debía. Dado que en el puerto de Bristol no había ningún barco inglés listo para navegar a Santiago,53 Margery esperó seis semanas. Mientras lo hacía recibió frecuentes visitas de Dios y comulgó todos los domingos llorando, sollozando y gritando violentamente. Quienes la veían la despreciaban y la calumniaban. Ella suplicaba a nuestro Señor que les perdonara del mismo modo que perdonó a quienes lo crucificaron.54 Con gran devoción y llena de lágrimas participó en la solemne procesión del Corpus Christi.

Un tal Thomas Marchale, natural de Newcastle junto al río Lyme, en Staffordshire, pecador arrepentido, fascinado por el discurso místico de Margery la invitó con frecuencia a comer en su casa para conversar con ella, y le dio diez marcos para que viajara a Santiago. Por fin, desde Bretaña, llegó un barco a Bristol que iba a Santiago. Thomas Marchale pagó al patrón su pasaje y el de Margery. Un rico burgués de Bristol, que no la consideraba una buena mujer, se opuso, aunque sin éxito, a que Margery embarcara. Antes de que el barco partiera, el obispo de Worcester, que esos días se encontraba en una residencia próxima a Bristol, la citó en su palacio. Cuando se encontraron, Margery se mostró molesta con el prelado por haberla obligado a acudir ante él pues era una peregrina que pretendía, mediante la gracia de Dios, viajar a Santiago. El obispo se disculpó y la invitó a compartir su mesa y conversar con él. Y así fue hasta que Dios envió viento para que pudiera navegar.

Antes de subir al barco, Margery oró para que los peregrinos pudieran ir y volver seguros. El viaje hasta Santiago duró siete días. De Santiago de Compostela, el Libro no dice absolutamente nada. Únicamente que permanecieron en ese país catorce días y que Margery fue muy feliz allí. El viaje de vuelta duró cinco días.55

Después de visitar las reliquias de la Sangre en la abadía cisterciense de Hailes, Margery, acompañada de Thomas Marchale, se dirigió a Leicester. Allí comenzaría una de las etapas más complicadas de su existencia. Margery vio cómo la espada de la ortodoxia eclesiástica, suspendida desde siempre sobre su cabeza, caía sobre sus carnes en forma de detenciones y encarcelamientos, de interrogatorios y de procesos, como sospechosa de ser una lollarda. Entre los años 1417 y 1418 sería procesada en tres ocasiones.

Su estilo y su manera de vivir -mujer casada que no convivía con su marido ni atendía a sus hijos; que vestía de blanco como las vírgenes; que viajaba y peregrinaba sola; que defendía convincentemente su derecho a hablar, conversar y, aunque sin subirse a púlpito alguno, a predicar sobre la fe; que, a tiempo y a destiempo, citaba con soltura la Biblia en inglés; que manifestaba sus sentimientos píos más íntimos y su religiosidad con desmesura; que lloraba, suspiraba, gemía, gritaba y chillaba de manera sospechosamente exagerada; que, a diferencia de la mayoría de fieles cristianos, se confesaba con frecuencia y, excepcionalmente, comulgaba todos los domingos; que proclamaba que hablaba directamente con Cristo y con el Padre; que recriminaba con dureza y temerariamente a los blasfemos; que era cuestionada tanto por las autoridades laicas como por la religiosas, etc.– hicieron que no pocas personas, clérigos y laicos, la tuvieran por hereje, acusándola de lollarda, de seguir la herejía de John Wycliff la cual se habían extendido y popularizado con rapidez en Inglaterra desde finales del siglo xiv, después de la muerte en 1384 del teólogo oxoniense, mediante la predicación de sus discípulos llamados poor priests y conocidos como lollardos.

Por otra parte, uno de los focos principales del lollardismo se hallaba en el condado de Norfolk, donde se encontraba Lynn, y en Norwich su capital. Desde las primeras décadas del siglo xv se había desencadenado una represión, dura y sistemática, de los sospechosos de lollardismo que pasaron a la clandestinidad. Para la biografía de Margery, es significativo que el primer mártir lollardo fuera William Sawtry, quemado en la hoguera en 1401, en Smithfield, por sus creencias. Antes de 1399, William Sawtry había ejercido durante algún tiempo el sacerdocio en Lynn como párroco de la iglesia de Santa Margarita. Puede que en aquella época Margery lo tratara y escuchara.

Fue acusada por primera vez de falsa lollarda en Canterbury por una multitud de personas por citar pública y directamente la Biblia para dar fuerza a su argumentación.

Se recoge en el Libro otro episodio que demuestra bien cómo muchaspersonas habían considerado hereje a Margery antes de que peregrinara a Tierra Santa. En Lambeth, Londres, una mujer le dijo: Ojalá te hallaras en Smithfield,56 yo misma acarrearía un haz de leña para quemarte.¡Es una lástima que estés viva!57 Unos años antes, en Smithfield, Londres, habían ardido en la hoguera los dos primeros lollardos: William Sawtry y John Badby.58

En los años 1417 y 1418 las acusaciones y los procesos por lollarda y hereje se volvieron más regulares y formales. El primer pre-proceso tuvo lugar en Leicester. Un día, mientras dictaba una carta en la posada en la que se hospedaba para su marido, fue convocada para que acudiera inmediatamente a ver al alcalde. ¿De qué país venía y de quién era hija?, le preguntó el alcalde. Al compararla con la respuesta que unos años antes recibió de santa Catalina de Alejandría, que afirmó ser hija del rey Costus, al alcalde no le gustó lo que Margery le dijo y se lo echó en cara.. Margery tuvo que insistir en que no era ninguna desclasada, que era nacida en Lynn, que su padre había sido cinco veces alcalde y regidor de esa ciudad durante mucho tiempo, que su marido era un honrado burgués. El alcalde negaría que fuera como santa Catalina, y afirmó que era una falsa ramera, una falsa lollarda, y una falsa embaucadora de gente. Y, después de insultarla ordenó que la encarcelaran. Ella pidió que no la pusieran con los hombres. Para que pueda preservar mi castidad, y mi vínculo matrimonial con mi esposo, según estoy obligada a hacer, dijo. Compadecido, el carcelero obtuvo licencia para custodiarla en su propia casa, asignándole una buena habitación que cerró con llave, permitiendo que comiera a su mesa y que acudiera a la iglesia siempre que quisiera.59

Días más tarde el mayordomo del conde de Leicester ordenó que la llevaran ante él para interrogarla en presencia de numerosos sacerdotes y de otras personas. En este segundo pre-proceso, el mayordomo trató de interrogarla en latín pues, según afirmó, Margery mentía con mucha falsedad en ingles vulgar. Pero como ella no entendía el latín, el interrogatorio se hizo en inglés. No se pudo demostrar que Margery fuera culpable, puesto que contestó de manera rápida y razonada a todas las preguntas.

Entonces, tomándola de la mano, el mayordomo la condujo a su cámara, insultándola y dirigiéndole muchas expresiones soeces y lascivas. También intentó violarla. Margery le suplicó que no lo hiciera pues era casada. Después de un brutal forcejeo, al comprobar su coraje, el mayordomo selimitó a hacerle muecas obscenas.

Un miércoles fue conducida a la iglesia de Todos los Santos, para procesarla formalmente. El proceso lo presidió el abad de Leicester delante del altar mayor, en presencia de los canónigos y del deán, de una gran multitud de clérigos y frailes, y del alcalde de la ciudad. Margery juró sobre un libro que respondería a los Artículos de la Fe con la verdad y realizó una profesión de fe antilollarda, proclamando con firmeza su fe en la transubstanciación: Señores, creo en el Sacramento de la Eucaristía de la siguiente manera: cualquier varón ordenado sacerdote, por muy perversa que sea su conducta, si pronuncia correctamente sobre el pan las mismas palabras que Jesucristo dijo cuando celebró la Última Cena hallándose entre sus discípulos, creo que es su verdadera carne y su sangre, y no simple pan material; ni jamás pueden considerarse no dichas una vez que se pronunciaron.

Todos quedaron satisfechos con las respuestas de Margery, excepto el alcalde de Leicester que era su mortal enemigo, y que le dirigió todo tipo de reproches y de insultos indecentes, acusándola sin pruebas de adulterio y de que trataba de apartar a las mujeres de sus esposos. Entonces, convirtiéndose en acusadora, Margery le dijo que no era digno de ser alcalde y refutó todas las acusaciones, explicando en privado a todos los clérigos por qué vestía de blanco. Finalmentge, aparentemente convencido de su ortodoxia, el alcalde la dejó en libertad provisionalmente, bajo la obligación de que acudiera a solicitar al obispo de Lincoln un documento que le eximiera a él de cualquier responsabilidad en el caso.60

En York, Margery fue sometida a un segundo proceso. Un día, mientras oraba en la catedral, un importante clérigo, doctor en teología, la citó en la sala capitular. Ella se presentó acompañada de uno de sus mejores amigos clérigos, John Akum, doctor en teología y canónigo de la catedral. La sala capitular rebosaba de gente ávida de ver y escuchar a Margery. El benemérito sacerdote que la había citado actuaba de juez, acompañado de otros reverendos y doctos clérigos. Preguntó a Margery qué hacía en York, si estaba casada o no y si poseía autorización escrita de su marido. Respondió que regresaba de una peregrinación, que su marido la había autorizado verbalmente y que si alguno de los clérigos presentes podía probar que había pronunciado alguna palabra impropia ella se retractaría y no permanecería en el error ni en la herejía, pues estaba dispuesta a defender lo mismo que la santa Iglesia para agradar a Dios. A continuación los clérigos la interrogaron sobre los artículos de la fe y ella respondió bien y verdaderamente a todo.

Concluido el interrogatorio, el juez fijó la fecha en la que debería presentarse ante el arzobispo de York en Cawood, mandándola a prisión hasta entonces. Entonces, los laicos presentes apoyaron de tal forma a Margery que quedó libre para ir donde deseara.

El día en que apareció en la capilla del arzobispo Bowet de York, los domésticos del prelado la acusaron de lollarda y hereje, y, pronunciando horrorosas blasfemias, pidieron que fuera conducida a la hoguera. Rodeado de doctos consejeros, el prelado le preguntó con malas formas por qué vestía de blanco siendo una mujer casada, acusándola de falsa hereje. Margery se encaró con el arzobispo diciéndole que de ninguna manera podría probar sus acusaciones.

Como sucedió en Leicester, al interrogarla el arzobispo sobre los artículos se vio obligado a decir a los clérigos: Conoce suficientemente bien su fe. ¿Qué hago con ella? Los clérigos confirmaron el pronunciamiento del arzobispo pero pensaban que Margery no debería permanecer allí más tiempo, pues podría contaminar a algunas personas con sus palabras. Por eso, el prelado quiso obligarla a jurar que se alejaría de su diócesis tan rápidamente como pudiera. Sin embargo, Margery se negó a marcharse inmediatamente y a jurar que permanecería callada. Entonces los clérigos la acusaron de estar poseída por el demonio, pues, dijeron, habla a todos de los santos Evangelios. Margery negó que predicara desde ningún púlpito, manifestando que mientras viviera seguiría hablando con la gente de temas evangélicos.61

Cuando, finalmente, se disponía a subir a la barca para cruzar el estuario del Humber para ir a Hessle desde York, fue detenida por dos hombres del duque de Bedfort porque dos frailes dominicos les informaron de quién se trataba. La apresaron porque esperaban obtener de su señor cien libras. Era la tercera detención consecutiva de Margery. En Hessle la gente la llamó lollarda y en las calles las mujeres pidieron a gritos que quemaran a aquella falsa hereje. Durante el traslado a Beverley muchas personas le pidieron que dejara de viajar y que regresara a su casa a hilar y cardar lana como las demás mujeres. En Beverley fue encerrada en casa de la esposa de uno de los captores.

Al día siguiente, en la sala capitular de Beverley, Margery tuvo que vérselas una vez más con el arzobispo de York, que deseoso de librarse definitivamente de ella, dijo que, a su entender y al de muchos doctos clérigos que la habían interrogado en Cawood, era una mujer perfecta y buena. Pero entonces, un fraile dominico afirmó que conocía muchas cosas que la hacían culpable de herejía. Sobre todo su desprecio hacia los eclesiásticos. Después, los dos hombres que la habían arrestado, a una con el fraile, la acusaron de ser hija de Cobhan, el importante lollardo que había sidodeclarado hereje en 1413 y que fue ahorcado y quemado en diciembre de 1417. También negaron que Margery hubiera realizado peregrinación alguna. Cuando el arzobispo le pidió que respondiera a todas las acusaciones, únicamente dijo que eran calumnias.

Al comprobar el dominico que el arzobispo no la condenaba, pidió que la llevaran ante el duque de Bedford, a lo que el metropolitano se negó. Suspendido el interrogatorio, el fraile fue puesto bajo vigilancia lo mismo que Margery. Poco después, el arzobispo ordenó que condujeran a Margery hasta su cámara, recibiéndola echado en su cama. Eminentes clérigos vertieron más acusaciones contra ella, sin poderlas demostrar, y pidieron al arzobispo que la encarcelara. Pero, como sucedió en los otros procesos, Margery no fue condenada sino que obtuvo del arzobispo un documento con su sello dando fe de que ella misma se había defendido de las acusaciones de todos sus enemigos, que no existía imputación, ni error ni herejía contra ella que pudieran probarse.62

Después de abandonar Beverly, nada más cruzar el río Humber, Margery fue encarcelada por lollarda. Pero una persona que estuvo presente en el interrogatorio del arzobispo de York se convirtió en garante de que no era lollarda, y de ese modo fue excarcelada.

Tras permanecer algún tiempo en Lynn, viajó con su marido a Londres para conseguir, según se había comprometido con el arzobispo de York, la carta y el sello del nuevo arzobispo de Canterbury.63 Después de obtenerlos, permaneció durante algún tiempo en Londres para admiración de numerosas beneméritas personas.

De vuelta a Lynn, la vida de Margery, que rondaba los cuarenta y cinco años, pasó por circunstancias y momentos extremadamente duros y difíciles. Sus convecinos le causaron mucha humillación, mucha reprobación, mucho desprecio, mucha difamación y mucha maldición debido a sus continuos llantos e incontenibles gritos y alaridos. Incluso Dios, según afirma en el Libro, la castigó con graves enfermedades, especialmente una disentería que a punto estuvo de poner fin su vida, e insoportables dolores de cabeza y de espalda, y un mal desconocido que afectó a su lado derecho y se prolongó durante casi ocho años. Pero, gracias a las cada vez más frecuentes visiones de la Pasión de Cristo y a sus prolongadas conversaciones con nuestro Señor, amén de la paciencia que le concedió el mismo Dios, pudo sobrellevar todas las adversidades, enfermedades y dolores que ella, en su interior, consideraba insignificantes cuando los comparaba con los que sufrió Jesucristo. Durante sus meditaciones sobre la Pasión, Margery se imaginaba real, personal y activamente involucrada en cada uno de de los episodios de la misma: desde la traición en el Huerto de los Olivos hasta la Resurrección. Siempre al lado de la Virgen: sufriendo, ayudando y consolando. Quienes acudían a predicar a Lynn, incluido algún famoso predicador, se negaban a que asistiera a sus sermones por el gran alboroto que provocaba cuando su pensamiento se sumergía en el recuerdo de la Pasión. Lloraba, gritaba y pedía perdón por sus pecados y por los pecados del mundo entero que habían sido la causa de tanto dolor.64

Por la forma en que se escribió el Libro, no siempre es posible establecer la cronología de los hechos narrados. Por ejemplo, ¿en qué momento de la vida de Maargery un joven sacerdote venido de fuera de Lynn, acompañado por su madre, leyó libros para ella durante siete u ocho años? Obras de carácter espiritual: meditaciones sobre la Pasión de Cristo o las experiencias místicas de sus autores; la Biblia comentada, el Libro de santa Brígida, el Libro de Hilton,65 el Stimulus Amoris atribuido por entonces a san Buenaventura, el Incendium Amoris de Richard Rolle de Hampolle, y otras guías espirituales parecidas que constituyen el modelo del Libro de Margery.66

¿Qué edad tenía Margery cuando durante doce días seguidos sufrió numerosas tentaciones, pensamientos y recuerdos oníricos de contenido fuertemente sexual y lascivo? Del mismo modo que antes había experimentado dulces visiones de carácter divino y altas contemplaciones sagradas, entonces fue atormentada con abominables visiones de los genitales de sacerdotes y religiosos, de paganos y cristianos. El maligno la inducía a prostituirse con ellos hasta el extremo de que, a veces, la posibilidad de hacerlo le resultaba agradable a Margery.

Puede que durante su madurez Margery dedicara la mayor parte de su tiempo a la oración, la contemplación y la meditación, en su casa o en la iglesia; a oír sermones, sobre todo los de los predicadores más célebres, a asistir a oficios litúrgicos y a participar en las procesiones más solemnes; a dialogar con nuestro Señor, con la Virgen y con los santos en sus visiones; a obrar algunos prodigios como la repentina nevada que apagó el gran incendio que a punto estuvo calcinar la ciudad de Lynn; a llorar, suspirar y gritar para expresar su intensa devoción interior; a hablar y a contar sus sentimientos y experiencias místicas a los clérigos y a la gente corriente por amor a Dios.

El Libro deja claro que Margery no dedicó excesiva atención ni a su marido ni a sus hijos. El día en que su marido, ya anciano, rodó por las escaleras hiriéndose de gravedad, vivía sólo en casa. De ahí que la gentereaccionara diciendo que, si moría, su esposa merecía ser ahorcada por su muerte, pues debería haber cuidado de él y no lo hizo. Desde hacía tiempo Margery había decidido vivir completamente separada de él, en otra casa, para evitar cualquier tentación sexual y las murmuraciones de la gente sobre que no observaba el voto de castidad. John Kempe, que andaba por los sesenta, no murió de las heridas que se hizo en la cabeza gracias a que fue socorrido por algunos vecinos, alarmados por el ruido producido al rodar por las escaleras. Avisada, Margery acudió junto a él suplicando a nuestro Señor que no muriera al menos hasta que transcurriera un año para evitar la difamación de sus convecinos. Nuestro Señor escuchó su ruego y entonces Margery se ocupó de su marido durante años, mientras vivió. Antes de morir John Kempe padeció demencia senil severa. En el Libro se describe

la enfermedad con todo tipo de detalles, incluidos los más escatológicos, con la indudable intención de subrayar los méritos de Margery ante nuestro Señor. Ella pensaba que era castigada mediante el mismo cuerpo por el que había sentido deseos carnales, y un amor desordenado. Mientras cuidaba de cuerpo de su marido terrenal pensaba que lo hubiera hecho igual con el de Cristo, su marido espiritual.67

Muy probablemente, algunos meses antes de que falleciera su marido, en el verano de 1431 había muerto el único de sus hijos del que Margery habla al comienzo del Secundus liber68 Un varón que trabajaba para un rico hombre de negocios de Lynn, viajando con frecuencia por ultramar y al que su madre deseaba casar para apartarlo de la vida disoluta y lasciva que llevaba y de los peligros de este mundo inseguro. Las relaciones madre-hijo dieron lugar a enconados enfrentamientos y a acusaciones mutuas. Finalmente las plegarias de Margery tuvieron éxito y su hijo se casó en Prusia con una mujer alemana. Pasado un tiempo, el hijo decidió regresar a Lynn, en compañía de su mujer y de una hija pequeña a la que finalmente, por temor a los peligros del viaje, dejarían en Prusia con unos amigos. Al día siguiente de llegar a Lynn, mientras todos comían con otros buenos amigos, se sintió repentinamente enfermo y después un mes murió en la verdadera fe .69

Los últimos sucesos de la autobiografía de Margery están principalmente relacionados con su nuera, quien, tras enviudar, vivió durante año y medio con ella hasta que sus amigos alemanes le escribieron para que volviera a su propio país. Margery la permitió regresar y además, atendiendo el mandato divino, decidió acompañarla hasta Danzig (la actual Gdansk polaca), pese a que había prometido no viajar más a ultramar. Estaba en la sesentena y su confesor le prohibió expresamente viajar más alla de las fronteras de Inglaterra.

En la primavera de 1433, el día de Jueves Santo Margery embarcó con su nuera en Ipswich. Durante el viaje por la ruta hanseática, se produjo una fortísima tormenta, a la que sobrevivieron gracias a las plegarias de Margery. El Viernes Santo, el barco, arrastrado por la tempestad, atracó en alguna parte de la costa de Noruega, permaneciendo allí hasta el domingo después de Pascua. Luego, un viento favorable las llevó hasta la ciudad de Danzig, donde Margery permaneció cinco ó seis semanas, siendo muy bien tratada por todos, menos por su nuera. De buena gana habría prolongado su estancia allí pero Dios le ordenó que dejara aquel país. Ignoraba cómo hacerlo.

A causa de los peligros de la guerra, no podía hacer el viaje por tierra. Tampoco quería viajar por mar pues había pasado muchísimo miedo en su viaje hasta allí. La solución llegó de la mano de dos hombres: uno que quería peregrinar a Wilsnack, y otro, un comerciante de Lynn, que la ayudó a superar los problemas derivados de la guerra declarada entre los caballeros teutónicos e Inglaterra. Mediante un acuerdo económico, con el primero peregrinó hasta la lejana Wilsnack en Brandenburgo para venerar la preciosa sangre de Jesucristo y las tres Sagradas Formas visitadas por peregrinos de muchos países, no sin grandes penalidades derivadas de las limitaciones propias de su avanzada edad y sufrir algunas enfermedades. El comerciante de Lynn le consiguió el permiso que, como inglesa, necesitaba para salir del país.70

Desde Wilsnack, Margery peregrinó a Aquisgrán donde veneraría las mismas reliquias que en su día veneró Brígida de Suecia a quien siempre trató de emular. El viaje fue una verdadera odisea para esta «inglesa con rabo», como la llamaron algunos sacerdotes locales. Incluso temió por su castidad, a pesar de su avanzada edad. 71

Después y viajando por tierra con gran esfuerzo dado que era muy anciana y estaba muy débil para seguir el ritmo de los otros viajeros, Margery llegó a Calais desde donde cruzó a Dover. Pasó por Londres antes de ir a su casa en Lynn.72

Margery acudió a visitar la abadía de Sión, de la orden del Santísimo Salvador de santa Brígida de Suecia. Un importante centro de piedad contemplativa en el suroeste de Londres donde casualmente estaba el mismo eremita que la había acompañado hasta Ipswich y que ahora de nuevo, a pesar de su resistencia inicial porque ella había desobedecido la prohibición de su confesor de abandonar Inglaterra, la acompañó a Lynn. Al llegar a casa, Margery acudió a ver a su confesor quien la reprendió severamente, pues le debía obediencia y había realizado un viaje sin su conocimiento.

En cierta manera, la autobiografía de Margery comienza y acaba con un conflicto y la posterior reconciliación con sus confesores. La narración concluye en el mismo momento en que Margery consigue el mismo buen amor de su confesor.73

Margery pone fin a su autobiografía con una larga plegaria que ocupa varias páginas.74

2. QUIÉN Y CÓMO SE ESCRIBIÓ EL LIBRO

El manuscrito del Libro de Margery Kempe permaneció extraviado durante casi cinco siglos. Fue Hope Emily Allen quien en el verano del año 1934 lo encontró e identificó en la biblioteca privada de la familia católica Butler-Bowdon en Lancashire donde se había guardado al menos desde mediados del siglo xviii. Hoy el manuscrito, el único que se conoce, se conserva en la Biblioteca Británica.75 Consta de 124 folios en papel y la copia la realizó poco antes de 1450 alguien quien, al final de la última página, dice llamarse Salthows. De acuerdo con anotaciones realizadas durante la baja Edad Media desde la primera página, este manuscrito se guardó en la biblioteca del monasterio cartujo de Monte Gracia,76 cerca de Northallerton en Yorkshire, donde fue ampliamente enmendado y corregido por la pluma de cuatro estudiosos, probablemente cuatro monjes cartujos, interesados en las experiencias místicas de Margery. Tales anotaciones no carecen de interés pues ayudan a explicar cómo se leyó y por qué se conservó el Libro.77

El nombre de Margery había sobrevivido gracias a la publicación dealgunos breves extractos de las partes más devocionales del Libro, realizada por los impresores Wynkyn de Worde, hacia 1501,78 y Henry Pepwell en 1521.79

El Libro se compone de dos partes. La primera consta de dos Proemios y ochenta y nueve capítulos. El Libro segundo se compone de diez capítulos y de una Plegaria final. En los Proemios y en los capítulos 6289 se refiere la historia de cómo, cuándo y quién, supuestamente, escribió el Libro.

Calificado en la primera línea de breve y consolador tratado, se afirma que Margery comenzó a dictarlo en 1436, concluyéndolo en 1438.80 Desde la primera vez que Margery, entre llanto y llanto, contó sus sentimientos, revelaciones y visiones a respetables y doctos clérigos, ellos la conminaron para que los pusiera cuanto antes todo por escrito. Algunos, entre los que se encontraba un fraile carmelita,81 se ofrecieron a escribirlos con sus propias manos. Pero en aquel momento ella respondió que era pronto para hacerlo. Transcurrirían más de veinte años, desde el día en que esta criatura recibió las primeras sensaciones y revelaciones, hasta que escribió algo.82 Sólo cuando le fue ordenado en su espíritu que lo escribiera, decidió dictar el Libro.

El primer amanuense fue un laico inglés llegado desde Alemania donde se había casado y que regresó a Inglaterra para escribir la primera versión del Libro. Basándose en las fechas y en otras circunstancias que aparecen en el Libro algunos estudiosos creen que pudiera tratarse del mismo hijo de Margery del que se ha hablado más arriba. Quien quiera que fuese, falleció poco después de que Margery acabara de hablarle de ella misma.83

En el Libro se dice que este primer amanuense no escribía correctamente ni inglés ni alemán, por lo que el manuscrito resultó prácticamente ilegible. Así lo comprobó poco después un sacerdote al que Margery profesaba gran afecto y al cual encargó que lo reescribiera. Este sacerdote, persona de escaso entendimiento,84 se comprometió a hacerlo a condición de quepudiera leerlo. Transcurrieron casi cuatro años sin que redactara una sola línea. Temía verse implicado en las murmuraciones y en las graves acusaciones que la gente dirigía a Margery. Mas un día, arrepentido por no haber cumplido durante tan largo tiempo su compromiso, pidió a Margery que le facilitara de nuevo el Libro y, después de superar milagrosamente graves problemas de visión, comenzó a escribir la versión definitiva el día siguiente a la festividad de María Magdalena de 1436.85

A diferencia del laico, de quien no consta que cuestionara nada de lo que Margery le dictó, el sacerdote no siempre había creído en la ortodoxia de su manera de vivir y de manifestar su religiosidad. Incluso, tras escuchar el sermón de un famoso predicador franciscano en la capilla de Santiago de Lynn hablando muy mal de ella, decidió no creer nunca más en sus sentimientos. Sin embargo, nuestro Señor hizo que se arrepintiera y que confiara más que nunca en los llantos y gritos de Margery. Eso sucedió después de leer la biografía de María de Oignies, y después que nuestro Señor le visitara mientras un día celebraba misa y leía el Evangelio. Las reservas que había albergado respeto a la verdad de los sentimientos y de la conducta de Margery acabaron cuando leyó las mismas obras sacras que ella.86

Para escribir lo más rápidamente posible el Libro, Margery se enclaustró en su casa, primero con el laico y después con el sacerdote, donde pasaba más tiempo que en la iglesia. En contra de su deseo, Margery rezaba y meditaba menos que de costumbre con la intención de acelerar la escritura. Tenía miedo de desagradar a nuestro Señor por ello. Y por eso se alegró cuando nuestro Señor le dijo que aunque rezara como siempre, no me agradarías tanto como lo haces cuando escribes, pues, hija, mediante este libro muchas personas regresarán a mí y creerán. 87

El mismo sacerdote que reescribió el Libro añadió diez capítulos nuevos que forman el Secundus liber. Comenzó a escribirlos el día 28 de abril de 1438, festividad de san Vidal.88

El narrador del Libro generalmente se refiere a Margery, la protagonista, en tercera persona: ella, esta criatura, dicha criatura.

No pocos estudiosos mantienen que Margery no sabía leer ni escribir, basándose e interpretando al pie de la letra su afirmación de que era una iletrada.89 Confesión que debería reubicarse en el contexto cultural de la época sin interpretarla en ningún caso literalmente.

¿Fue realmente Margery una analfabeta funcional? En el siglo xv, la mayoría de las mujeres pertenecientes a la misma clase social que Margery estaban preparadas para leer en voz alta, las unas a las otras, obras de carácter piadoso, para llevar los documentos de los negocios, para leer la correspondencia básica y probablemente para escribir su propia correspondencia. La sociedad de la época era cada día más culta. Por eso sorprendería que, nacida y criada en una familia de la burguesía aristocrática de Lynn, Margery no aprendiera a leer. ¿Autocalificarse de iletrada no será una simple fórmula de humildad, un tópico literario convencional, como hizo su admirada Juliana de Norwich?90 Puede que se considerara iletrada simplemente porque desconocía la lengua de los hombres cultos: el latín.

¿Realmente Margery recurrió a los amanuenses porque no sabía leer ni escribir? ¿Fue por eso, también, por lo que pidió a terceras personas que le escribieran las cartas para su marido91 o que se sirviera de un joven sacerdote para que le leyera libros durante siete u ocho años, para gran aumento de su conocimiento y de su mérito?92 Sin embargo, Margery no dice que nadie le leyera la carta que le escribió su hijo desde Prusia ni que algún escribano redactara las que ella le envió.93

Y, en relación con las antedichas lecturas del joven sacerdote, puede que haya que preguntarse si su tarea consistió simplemente en leer unos libros escritos en latín, una lengua que, no se olvide, Margery no entendía,94 o si, además, se los explicó y comentó.95 Si Margery no sabía leer, ¿por qué tenía su libro en la mano al caerle encima la bóveda de la iglesia de santa Margarita de Lynn?96

Ser iletrada, al menos en el caso de Margery, no parece sinónimo de inculta. Porque, admitiendo que no supiera leer, el Libro aporta pruebas sobradas de que conocía bastante bien y estaba familiarizada con el contenido de la Biblia y de las principales obras espirituales y místicas que circulaban en Inglaterra: la Vida de María de Oignies, el Libro de santa Brígida, el Stimulus Amoris entonces atribuido a san Buenaventura, la Escalera de perfección de Milton, el Incendium Amoris de Hampole y otras parecidas. Dominaba perfectamente bien lo más importante de su contenido gracias a una memoria portentosa. Para escribir el Libro Margery no necesitaba recurrir a ningún documento ni consultar ningún libro. Dictaba lo que en cada momento le venía a la mente mientras el Libro se escribía. 97

Admitiendo, hipotéticamente, que Margery no fuera literalmente una analfabeta funcional, puede que una explicación plausible sobre la utilización de amanuenses esté en su convicción de no dominar suficientemente el lenguaje ni las estrategias formales de la escritura.98 ¿Se limitaban los amanuenses de las santas mujeres del medioevo a escribir al dictado o eran ellos quienes elegían las palabras y organizaban el material narrativo bajo la supervisión de la mujer que dictaba?99

Discuten los críticos si el sacerdote que escribió el Libro de Margery fue un simple amanuense, o si fue el verdadero autor, o algo intermedio. También se ha planteado la posibilidad de que se trate de un escriba de ficción utilizado por «Kempe» para desarrollar y dar autoridad legítima a la santa vida de «Margery».100 Igual que las vidas de ciertas místicas europeas fueron escritas por sus confesores, resultarían plausible que Margery eligiera a alguno de sus numerosos confesores para que escribiera su vida y con su autoridad avalara sus comportamientos, sus experiencias religiosas, sus meditaciones, sus revelaciones, sus visiones y sus profecías. ¿Fue este sacerdote Robert Spryngolde, que vivía todavía en 1436? Es obvio que los escritores no eran meros copistas, sino voces institucionales autorizadas de los textos sobre las vidas de las santas mujeres, los cuales verificaban su santidad.

Actualmente, las principales cuestiones sobre la autoría del Libro de Margery siguen siendo problemas irresueltos. Aún quedan muchos enigmas por aclarar.101 Considerado en su conjunto, el contenido del Libro sugiere que lo escribió algún experto conocedor de las tradiciones y de las tendencias místicas contemporáneas, así como del lenguaje y de las prácticas de la confesión sacramental y de la dirección espiritual.102 Por otra parte, el sacerdote que copió el Libro fue en parte testigo de la santa vida de Margery y por eso la situa en una comunidad donde la obra funciona como muestra de permanencia y autoridad. Acaso por ello, subraya de qué manera él mismo se «convirtió» y se «convenció» de la singular religiosidad de Margery. Este sacerdote, un converso de Margery, real o de ficción, da autoridad al Libro y fe de la santa vida de la protagonista. O, ¿fue el sacerdote quien escribió y dio forma a sus memorias e hizo de ella un personaje prácticamente de ficción?

Conviene considerar una de las tesis más sugerentes y extremas sobre la autoría del Libro: la enunciada y repetida por Lynn Staley.103 Según esta autora el Libro de Margery Kempe no sería ninguna autobiografía, sino una obra de «ficción». ¿La primera «novela»?, se pregunta Lynn Staley, que insiste en subrayar, razonándolo críticamente, la habilidad literaria de «Kempe» como una narradora autoconsciente que eleva a «Margery» a protagonista de la ficción que sería el Libro. Kempe, autora, habría explotado los recursos ordinarios de las biografías de las santas mujeres, de la prosa devocional o los tópicos de género circulantes para relatar y analizar los fundamentos estructurales de la sociedad urbana inglesa bajomedieval. Kempe, autora, habría situado sin ambigüedades el crecimiento espiritual de Margery y su cada vez mayor autonomía personal en el contexto de la ciudad bajomedieval, escrutando implícitamente los fundamentos, las instituciones dominantes, las formas de relacionarse las clases sociales y las circunstancias por las que atravesó la sociedad urbana inglesa durante los reinados de Enrique IV (1366-1413), Enrique V (1387-1422) y Enrique VI (1421-1471). Un período de relativa prosperidad y prestigio de Inglaterra.

Kempe, según Staley, sitúa a Margery no solo en ciudades relacionadas con la herejía de John Wyclif, fundador de los lollardos, sino también en un período de inquietud nacionalista, a partir de las cuestiones sobre la heterodoxia religiosa. Pero como la propia Margery, también serían «ficciones» la presentación de la vida en la ciudad, de la identidad nacional y de las instituciones eclesiásticas, y puede que refleje o no las realidades contemporáneas. Eligiendo una mujer como protagonista, la autora subraya simultáneamente el aspecto revolucionario de su manera de narrar y del contenido de la narración. Al servirse de una mujer como lupa, Kempe puede analizar los auténticos fundamentos de la autoridad en las relaciones sociales y eclesiásticas de la época.

Como ningún otro autor contemporáneo, Staley ha sacado a la luz las claves más determinantes de la «ficción» construida por Kempe: el recurso a los tropos de autoría; la explotación de las convenciones de las biografías sagradas; la utilización del lenguaje de género para explorar los problemas de la autoridad espiritual; y la manipulación de cuestiones importantes contemporáneas como la traducción vernácula y el nacionalismo.

Ficción o no, el Libro de Margery Kempe podría servir para definir el siglo xv. Ni por estructura ni por estilo literario, es propiamente una autobiografía similar a otras escritas, antes y después de él. Tampoco es una biografía, un relato lineal de la vida de Margery, desde el nacimiento hasta la muerte, con fechas, nombres de personas, lugares y datos precisos y pormenorizados. El Libro, escrito con una finalidad didactica, habla de su manera de vivir y de sentir, de sus experiencias y vivencias místicas, de las relaciones con su marido y con uno de sus hijos, con sus confesores, con las autoridades eclesiásticas y con otros místicos como ella, de sus negocios, de sus viajes y de sus peregrinaciones. Lo hemos visto con detalle más arriba.

El Libro recoge los recuerdos y sucesos de la vida de Margery muchos años después de que sucedieran conforme a la simple lógica de la memoria, sin una cronología precisa ni un orden cronológico o temático predeterminado. Margery habla de ella misma, de Dios, del nacimiento de Cristo y de su pasión, de la Virgen y de los santos, de cómo vivió su personalísima religiosidad, de sus meditaciones y de sus intensas visiones místicas, de sus llantos, suspiros y gritos en las iglesias durante los oficios religiosos, de las relaciones y de las tensiones sexuales con su marido, de los encuentros y conversaciones con sus confesores o con los anacoretas, de sus viajes y peregrinaciones, de sus procesos como presunta lollarda o hereje y de cómo se defendió de las acusaciones de muchos clérigos y laicos.

Igual que otras obras de visionarias cristianas del occidente medieval, el Libro de Margery es una especie de auto confesión subjetiva presuntamente escrita para mostrar de manera inmediatamente visible la santidad de una mujer que se desentendió completamente de los papeles y de las obligaciones comunes a las mujeres de su tiempo, que apenas dedicó atención a su marido y menos aún a sus catorce hijos, y que se consideraba a sí misma una santa laica consagrada a Cristo. Es el relato de la evolución espiritual de una mujer dentro de las limitaciones y posibilidades de una sociedad mercantil urbana. Deseándolo o no, la mujer protagonista se enfrenta a los poderes patriarcales de la sociedad en la que le correspondió vivir; a las personas investidas con facultades espirituales y temporales; a los arzobispos y a los obispos; a los sacerdotes y a los alcaldes. También a sus propios conciudadanos y convecinos. Fueron muchos quienes la consideraron una hereje y un peligro potencial para el orden social y religioso establecidos.

Desde que en 1934 se descubriera e identificara el único manuscrito conservado, el Libro de Margery Kempe ha sido objeto de bastantes ediciones en inglés bajo el título The Book of Margery Kempe, el mismo que recibió en la primera de las ediciones, la de W. Butler-Bowdon en 1936. En algunos casos, los menos, se ha editado en el inglés medio del manuscrito; y en otros, la mayoría, aparece vertido al inglés actual. Para nuestra traducción al castellano hemos tenido muy en cuenta la excelente edición en inglés medio de Barry Windeatt,104 quien, además del manuscrito de Salthows, transcribe la totalidad de los comentarios y observaciones realizadas en el manuscrito por cuatro anotadores en el monasterio de Monte Gracia. También, en mayor o menor medida, hemos recurrido a las ediciones en inglés moderno del citado Barry Windeatt y de Lynn Staley.105 La división en capítulos es la misma del manuscrito de Salthows y la de las tres ediciones citadas.106

1El género de las autobiografías espirituales cristianas se remonta a las Confesiones de san Agustín (354-430 d. C.) y tiende a centrarse en las experiencias subjetivas de su autor. La autobiografía cristiana conoce una renovación a partir de los siglos xi-xi-xii. Ver, por ejemplo, Dorsey, 1993, pp.72-90. Por descontado, en el siglo xv no existía el concepto actual de autobiografía. La autobiografía medieval contiene muchos elementos derivados de la confesión, de la hagiografía, de las obras religiosas y de los devocionarios de la época. Además de MK entre los místicos ingleses más notables de los siglos xiv y xv se hallan Walter Hilton, Richard Rolle, Juliana de Norwick y el anónimo autor del tratado The Cloud of Unknowing.

2En el último tercio del siglo xiv Bishop’s Lynn tenía unos 5.000 habitantes y comerciaba con Alemania, los Países Bajos y península Escandinava, principalmente.

3Margery reivindicará, con orgullo y maneras desabridas, frente a su marido, el honor de su familia y los cargos que ostentó su padre (c.2); otro tanto hizo delante del alcalde de Leicester al ser interrogada (c. 46). La documentación proveniente de Lynn no permite situar con precisión y seguridad a Margery en su auténtico medio familiar y social, aunque los pocos documentos municipales conservados han posibilitado la identificación de su padre y de su marido. Así pues, Margery fue una mujer perteneciente a la burguesía acomodada de Lynn.

4C. 17.

5Al no tratarse de una biografía tradicional, el Libro no incluye ninguna noticia de su niñez o de su muerte, a diferencia de lo que sucede con la vida de María de Oignies escrita por Jacques de Vitry, o con la vida y las revelaciones de santa Brígida escritas por clérigos. Véase Staley, 2001: viii. Sin aparente vocación religiosa, Margery optó por la vida convencional de una joven de clase media de la época: el matrimonio y la maternidad.

6Véase Sánchez Ortega, 1995.

7Una edad tardía para una época en la que, por lo general, las mujeres se casaban a los 12 o 13 años. «Desde mis doce años –¡loado sea Dios sempiterno!– me he casado ya cinco veces por la iglesia...», se dice al comienzo del Prólogo de la Comadre de Bath de Chaucer.

8C. 1.

9Algunos autores interpretan que la atención que dedica Margery Kempe (MK) a su primer embarazo y a las dificultades del nacimiento de su primer hijo ponen en evidencia la importancia que ella concedía a la maternidad.

10Los conocimientos médicos y quirúrgicos de la época para la atención del parto de las mujeres difícilmente podían enfrentarse con éxito a cualquiera de los problemas que padecieran las parturientas.

11Se ha insinuado que ese pecado secreto podía ser de naturaleza sexual.

12C. 1.

13Idem.

14Ibidem.

15C. 2.

16En esta época no era raro que las mujeres montaran sus propios negocios para complementar la economía familiar. La fabricación de cerveza, por ejemplo, se consideraba en gran manera una profesión propia de mujeres.

17 Véase c. 2.

18Véase c. 3.

19C. 22.

20C. 3. Durante los siglos xiv y xv la verdadera devoción a Dios significa ser casto, lo que explicaría la sugerencia de Margery a su marido de comenzar a dormir separados.

21Véase c. 4.

22Véase c. 59.

23Véase el c. 11 donde se describe una memorable escenas campestres en la que Margery dialoga con su marido, alrededor de una botella de cerveza y de una tarta, para poner fin a sus relaciones sexuales. Desde la crisis que siguió a su primer alumbramiento Margery mantuvo una intensa lucha interior entre sus deseos de vivir como las vírgenes y el mandato divino de que tuviera más hijos, amén del acoso sexual constante de su marido. Era el mismo Cristo quien ordenaba que los tuviera y quien la mandó que dejara de tenerlos. Véase cc. 17 y 21.

24Señala Knowless, 1961: 142, que entre 1325 y 1425 existieron muchas santas mujeres que practicaron una religiosidad parecida a la de Margery.

25En el c. 35 se describe detalladamente cómo el mismo Dios le propuso matrimonio y cómo Margery acepta.

26Véase c.15.

27Véase Proemio amplio.

28Lynn distaba de Norwich cerca de setenta kilómetros lo que suponía al menos dos días de viaje. Quizás por eso cuando nuestro Señor pide a Margery que acuda hasta allí, ella duda porque se siente decaída y débil. Véase c. 17.

29Juliana de Norwich es una mujer única en la historia religiosa de Inglaterra: mística, teóloga y culta. Fue autora del El libro de las revelaciones de Amor. Véase Gari, 1999.

30Véase c.18.

31Véase c.15.

32Véase c.13.

33Véase c.16.

34Véase c. 26.

35Véase c. 26.

36Véase c. 27

37Véase c. 28.

38C. 28.

39Véase cc. 29 y 30. «Esta sintaxis de chillidos, de gritos y de sollozos es querida por Dios, y Margery no tiene poder para provocarlos ni para detenerlos.» Danielle Regnier- Bohler, La palabra de las mujeres, p. 525, en Duby, 1992: 525.

40Véase c. 30.

41Véase cc. 30-31.

42Véase c. 34.

43Véase c. 35.

44Véase cc. 35 y 36.

45Véase c. 37.

46Véase c. 38.

47De todas las santas europeas medievales Brígida de Suecia fue la que más directamente influenció la vida y la obra de Margery.

48Véase c. 39.

49Véase c. 42.

50Véase c. 43

51Véase c. 44.

52Ibidem.

53Entre marzo y julio de 1417, el rey Enrique V había requisado todos los barcos ingleses para su segunda expedición contra Francia.

54Véase c. 44.

55Véase c. 45.

56Los dos primeros lollardos quemados en Smithfield, (Londres), fueron William Sawtry durante algún tiempo párroco de Santa Margarita de Lynn, en 1401, y John Badby en 1410.

57Véase c. 16.

58William Sawtry ejerció durante algún tiempo como sacerdote en Lynn, y fue quemado en 1401, y John Badby en 1410.

59Véase c. 46.

60Véase c. 48.

61Véase c. 52.

62Véase c. 54.

63Véase c. 55.

64Véase cc. 56-57.

65Presumiblemente se trata del libro del místico Walter Hilton Escalera de Perfección.

66Véase c. 58.

67Véase c.76. La muerte de John Kempe debió producirse hacía 1431. La última vez que aparece en la documentación de Lynn es en 1425.

68Véase II, cc. 1-2. Cualquier cosa que pueda decirse sobre el resto de sus catorce hijos es pura hipótesis dado que Margery no se refiere a ninguno de ellos en concreto.

69Véase II, c.2. La experiencia de Margery con este hijo recuerda la de santa Brígida con su hijo Karl, amante de la reina Juana de Nápoles, el único de los ocho que tuvo por el que lloró amargamente temiendo por su salvación.

70Véase II, cc. 4-5.

71Véase II, c. 7. Las reliquias sólo se exhibían a los peregrinos cada siete años y tocaba este año de 1433. La festividad de santa Margarita se celebró el 13 de julio.

72Véase II, cc. 7-9.

73Véase II, c. 10.

74El Libro II termina al comienzo del fol. 120. La plegaría comienza en el dorso de dicho folio y concluye en el 124.

75British Library Additional MS 61823, 124 ff.

76La frase escrita a finales del siglo xv en la parte superior del reverso de la hoja de la cubierta reza así. ««Liber Montis Gracie. This boke is of Mountegrace.»

77Las anotaciones de los cuatro escribas se hallan publicadas, entre otras obras, en la edición del Libro de Windeatt, 2004: 439-52. Goodman, 2007, las ha estudiado amplia y rigurosamente.

78Véase Here begynneth a shorte treatyse of contemplacyon taught by our Lorde Jhesu Cryste o takenb out of the boke of Margerie Kempe of Lyñ, donde se incluyen veintiocho breves pasajes extraídos del Libro.

79Véase The Cell of Sel-Knowledge (Seven Early English Mystical Treatises). El tercero de los tratados lleva por título A Short Treatise of Contemplation taught by Our Lord Jesu Christ, or taken out of the Book of Margery Kempem Ancress of Lynn.

80Margery Kempe dictó su libro, a diferencia de lo que hicieron sus coetáneas Juliana de Norwich y Cristine de Pizan que escribieron personalmente sus obras respectivas.

81Posiblemente Alan de Lynn.

82Lynn Staley considera que este espacio de veinte años está relacionado con la fuerza con que entonces la gente consideraba a Margery sospechosa de ser lollarda. 1994: 146.

83Es posible que esta versión ilegible del Libro se escribiera poco antes de que Margery acompañara a su nuera de vuelta a casa.

84II, c.1.

85El 22 de julio. Véase Proemio breve.

86Véase c. 62.

87Véase c. 88.

88Véase II, c. 1. Así pues, aunque el primer copista del Libro fuera un laico, es discutible afirmar llanamente que Margery tomó «distancias simbólica y literalmente de la institución y de los lugares a los que hasta el momento había confiado su voz y su palabra: la Iglesia y el especio sacramental de la confesión». Garí, 2001: 61. Por otra parte, los Proemios, según se dice expresamente, son obra personal del segundo escriba.

89Véase c.52. En esta época «iletrado» no equivales necesariamente a «analfabeto»; podía ser alguien que no supiera leer ni escribir latín. Acerca de la creencia de que Margery dictó su Libro porque era una iletrada ver Atkinson 1983: 18.

90Véase E. Colledge y J. Walsh (1976). «En el mundo medieval ‘iletrada’ no quiere decir sin más analfabeta. Detrás de ese concepto se detecta un lugar común que acompaña las escrituras en lengua materna de esta época, con el que, en principio, se quiere significar simplemente la ignorancia del latín que caracteriza la escritura de los laicos frente a la de los clérigos; pero incluso Hildegarda, que escribe en latín, se llama a sí misma iletrada.» Cirlot (1999; 258-59).

91Véase cc. 18, 46.

92Véase c. 58.

93Véase II, c. 2.

94Véase c.47.

95¿No se podría traducir en este caso el verbo «to read» por interpretar, comentar, enseñar, etc. y no simplemente por leer?

96Véase c.9.

97Véase Proemio.

98Véase J. K. Tarvers, 1996: 113-114.

99«Sería engañoso considerar el Libro como simple trascripción de conversaciones en las que una mujer medieval inglesa recuerda su vida. El escrito claramente ha sido mucho más preparado y elaborado que eso -preparado de acuerdo con las preocupaciones librescas del escriba; y recibido forma y enfocado por la lente espiritual a través de la que Margery revisa su experiencia.» Windeatt, 2004: 24. Puede que Margery recurriera a los escribas no porque no porque fuera una analfabeta funcional sino porque carecía «del lenguaje y formas de la retórica».

100Esta distinción entre «Kempe», el autor, y «Margery», el personaje, realizada por Lynn Staley (1994 y 1996) alcanza cada día mayor aceptación. Staley considera el Libro como un texto de ficción elaborado para poner en cuestión los fundamentos de la autoridad de las relaciones sociales y eclesiásticas durante el siglo xv en Inglaterra.

101Véase Watson, 2005: 395-434.

102Véase Windeatt, 2000: 6-9; Gari, 2001: 63-69.

103Véase, Staley, 1994; 1996: Introduction.

104Windeatt (2000).

105Staley (2001).

106Los títulos que encabezan los capítulos de la traducción son obra nuestra.

INDICE DE CAPÍTULOS DEL LIBRO DE MARGERY KEMPE

Proemio amplio

Proemio breve

LIBRO I

1. MK enferma gravemente tras el nacimiento de su primer hijo

2. Fracasa en los negocios

3. MK rechaza las relaciones sexuales con su marido

4. Tentaciones de adulterio

5. Orden de Cristo para que comulgue todos los domingos

6. Asiste al nacimiento de la Virgen, del Bautista y de Cristo

7. La adoración de los magos y la huida a Egipto

8. Pide a Cristo que sea su albacea

9. Cristo le promete el fin de las relaciones sexuales con su marido

10. Su marido accede a acompañarla a visitar ciertos lugares

11. Acuerdo con su marido para poner fin a las relacionessexuales

12. Diálogo sobre los pecados de un monje

13. Acusada de lollarda

14. Cristo le promete protección

15. Orden de Cristo para que peregrine a Roma, Jerusalén y Santiago ..

16. Entrevista con el arzobispo Arundel

17. Cristo ordena a Margery que confíe sus sentimientos a Richard Caister

18. Encuentro con Juliana de Norwich

19. Dos viudas dudan de las visiones de MK

20. El revoloteo de la Sagrada Forma presagia venganza

21. Cristo le asegura que su amor por las casadas es igual al quesiente por las vírgenes

22. Lamenta no ser virgen

23. Un vicario acude a consultar a MK

24. El escriba de este libro somete a prueba sus poderes proféticos

25. Sus visiones sobre la disputa entre la iglesia y dos capillas de Lynn

26. Parte hacia Tierra Santa

27. Sus andanzas en Constanza, Bolonia y Venecia

28. Visita de los Santos Lugares en Jerusalén

29. Visiones en los Santos Lugares

30. Regresa a Venecia tras completar la visita a los Santos Lugares

31. Visita Asís y Roma donde viste de blanco

32. San Juan Evangelista oye su confesión

33. Encuentro con un sacerdote alemán que no habla inglés

34. El sacerdote alemán la instruye para que no vista de blanco

35. Su matrimonio místico con la Divinidad

36. Cristo la asesora sobre el ayuno y la oración

37. Vuelve a vestir de blanco y renuncia al dinero

38. Penurias en Roma

39. Visita en Roma el cuarto donde murió Santa Brígida

40. La prueba de la verdad del sacerdote alemán

41. Su visión de San Jerónimo

42. Abandona Roma y la Divinidad la protege del mal tiempo

43. Llega a Norwich y recibe la bienvenida de Richard Caister

44. Tras recibir muchos insultos en Lynn por vestir de blanco partehacia Santiago

45. Va y vuelve segura de Santiago de Compostela

46. Hecha prisionera en Leicester

47. Problemas con el mayordomo de Leicester

48. Es procesada en la iglesia de Todos los Santos de Leicester

49. Finalmente consigue abandonar Leicester

50. Llega a York y una mujer anacoreta no quiere recibirla por sumala reputación de York

52. El arzobispo Bowet examina su fe en Cawood

53. Es arrestada en Hessle por lollarda y hecha prisionera por el duque de Bedfort

54. Una vez más es acusada de lollarda en Beverly delante del arzobispo

55. Acude con su marido a Londres para conseguir una autorización del arzobispo de Canterbury

56. De vuelta a Lynn sufre una larga enfermedad

57. Es reprobada en Lynn por sus fuertes gritos durante la misa

58. Llega a Lynn un joven sacerdote que lee para ella durante siete uocho años

59. Es castigada con visiones, pensamientos y tentaciones obscenos

60. Visita la tumba de Richard Caister

61. Llega a Lynn un famoso predicador de cuyos sermones es excluida MK

62. El fraile predica contra ella, y sus amigos,incluso quien escribióeste libro, dudan de ella

63. Rechaza abandonar Lynn para librarse de la hostilidad

64. Cristo le dice que ningún clérigo la enseñará mejor que él

65. Cristo alienta a MK

66. Cristo pide a MK que reanude el consumo de carne

67. Un gran incendio en Lynn es apagado milagrosamente gracias a sus plegarias

68. Thomas Custaw interviene a su favor y el fraile Austin de Lynn defiende sus llantos en un sermón

69. Se prohíbe al maestro Aleyn, su defensor, comunicarse con ella

70. Se permite a maestro Aleyn, después de superar una grave enfermedad, comunicarse con MK

71. Se demuestra que sus intuiciones sobre el prior de Lynn eranciertas

72. Todo lo que ve lo eleva a una dimensión espiritual

73. Durante el jueves santo ve a Cristo despidiéndose de su madre, de los apóstoles y de María Magdalena

74. Cristo le promete la misma paz que a María Magdalena

75. Visita a una mujer mentalmente perturbada después de dar a luz

76. Se accidenta su marido y cómo lo atendió MK hasta su muerte.

77. Cristo le explica por qué no atenderá sus peticiones para quecesen sus gritos

78. El domingo de ramos llora y grita recordando la Pasión de Cristo

79. Acompaña y habla con la Virgen durantela Pasión de Cristo

80. Durante la contemplación ve cómo Cristo es azotado, crucificado, bajado de la cruz y sepultado

81. Ve a María regresar a casa, a Pedro pedir perdón; está junto a María Magdalena cuando se le aparece Cristo en forma de jardinero

82. En la festividad de las Candelas ve a la Virgen ofreciendo a suhijo en el Templo

83. Dos sacerdotes dan testimonio sobre su llanto

84. MK ve que es voluntad de Cristo que visite a las monjas de Denny

85. Mientras permanece adormilada durante sus rezos un ángel lemuestra el Libro de la Vida

86. Cristo le da gracias por recibir en su alma a su madre, a algunos santos, y a la Trinidad

87. Su manera de vivir durante los veinte años en los que se escribió este libro

88. Cristo le dice que hace bien en intentar escribir el libro conrapidez

89. Durante la escritura del libro recibe señales maravillosas. Muereel primer copista del libro

LIBRO II

1. Comienza este segundo relato el 28 de abril de 1438

2. Su hijo regresa a Lynn desde Prusia

3. MK y su nuera llegan a Noruega, antes de navegar a Danzig

4. Abandona Danzig por mar hacia Stralund para peregrinar a la Santa Sangre de Wilsnack

5. Tras distintas peripecias llega a Wilsnack

6. Desde Wilsnach viaja a Aquisgrán

7. Después de contemplar las reliquias de Aquisgrán intenta llegar a Calais con algunos compañeros mareos como los que la habían tratado desconsideradamente

9. Desde Canterbury viaja a Londres dónde los clérigos desaprueban su llanto

10. Lo que le sucedió en la abadía de Sión y cómo se reconcilió consu confesor al regresar a Lynn

Plegaria final

LIBRO DE MARGERY KEMPE

PROEMIO AMPLIO

Comienza aquí un breve y consolador tratado para los miserables pecadores en el que pueden encontrar gran consuelo y alivio para ellos mismos, y comprender la gran e inexplicable misericordia de Jesucristo nuestro soberano Salvador, cuyo nombre se ha de adorar y alabar durante toda la eternidad, que ahora en nuestros días se digna mostrarnos, a nosotros indignos, su nobleza y su bondad. Todas las obras de nuestro Salvador son para nuestro ejemplo y enseñanza, y lo que la gracia obra en cualquier criatura es para nuestro provecho, si la ausencia de amor no constituye un obstáculo por nuestra parte.

Y por eso, con la venia de nuestro misericordioso Señor Jesucristo, para ensalzar su santo nombre, Jesús, este breve tratado se ocupará parcialmente de sus maravillosas obras; cuán misericordiosa, benigna, y caritativamente movió y llamó a su amor a una desgraciada pecadora,1 la cual, durante muchos años, mediante la inspiración del Espíritu Santo, quiso y trató de seguir a nuestro Salvador, realizando solemnes promesas de ayunos, además de otras muchas obras de penitencia. Y siempre, cuando era tentada, se volvía atrás –del mismo modo que el tallo de la caña se dobla con todos los vientos y nunca se detiene salvo que cese el viento–, hasta que nuestro misericordioso Señor Jesucristo, por lástima y compasión hacia la obra de sus manos y su criatura, convirtió la salud en enfermedad, la prosperidad en adversidad, el honor en ignominia, y el amor en odio.

Así pues, todas estas cosas girando al revés, esta criatura,2 que durante muchos años vivió extraviada y siempre se comportó de manera inestable, fue completamente seducida e impulsada a entrar en la senda de la alta perfección, cuya forma más acabada ejemplificó en su propia persona Cristo nuestro Salvador. Él la pisó antes con firmeza y la completó una vez.

Entonces esta criatura, de la que este tratado, por la misericordia de Jesús, mostrará, solo parcialmente, su manera de vivir, fue sometida a prueba por obra de nuestro Señor mediante una grave enfermedad por la que perdió su razón durante largo tiempo, hasta que la gracia de nuestro Señor le devolvió de nuevo la salud, como después se mostrará con mayor amplitud. Sus bienes terrenales, que entonces eran valiosos y abundantes, en poco tiempo se volvieron prácticamente inútiles y muy escasos. Luego abandonó y dejó de lado la vanidad y el orgullo. Quienes hasta entonces la habían respetado, luego la vilipendiaron ásperamente; sus familiares y quienes eran sus amigos se convirtieron ahora en sus mayores enemigos.

Luego, consciente de tan sorprendente cambio, y buscando ayuda bajo las alas de su madre espiritual la santa Iglesia, acudió y se humilló ella misma ante su confesor, acusándose de sus faltas, y sometiéndose después a una gran penitencia corporal. Y, poco después, nuestro Señor misericordioso visitó a esta criatura cubierta, día tras día, de abundantes lágrimas de contrición, hasta el extremo de que muchos hombres decían que podía llorar siempre que quisiera, y difamaban la obra de Dios.

Así, ella fue difamada e injuriada, reprendida e insultada por la gente a causa de la gracia y la virtud con las que fue dotada por el poder del Espíritu Santo, que fue para ella una especie de solaz y de consuelo siempre que padeció cualquier aflicción por amor a Dios y por la gracia que Dios operaba en ella. Pues cuanto mayores eran la difamación y la reprobación, más crecía en gracia y devoción mediante la santa meditación, la alta contemplación, y los discursos y conversaciones maravillosos que nuestro Señor mantenía con ella y recreaba en su alma, adoctrinándola sobre cómo sería despreciada por causa de su amor, y cómo debería ser paciente, mostrando toda su confianza, todo su amor y todo su afecto solamente por él.

Inspirada por el Espíritu Santo, conoció y tuvo noticias de muchas cosas secretas y privadas que sucederían más tarde.3 Y con frecuencia, mientras se hallaba ocupada en semejantes discursos y conversaciones sagradas, lloraba y sollozaba de tal manera que numerosas personas quedaban muy sorprendidas, pues apenas conocían la forma tan familiar en la que nuestro Señor se encontraba en su alma. Algunas veces ni ella misma podía expresar la gracia que sentía, tan celestial era, por encima de su razón y de sus conocimientos naturales; y su cuerpo quedaba tan debilitado en el momento de la presencia de la gracia que jamás podía referir con palabras lo que sentía en su alma.

Entonces esta criatura tuvo mucho miedo de los engaños y de las trampas de sus enemigos espirituales.4 Por mandato del Espíritu Santo, consultó a muchos dignos clérigos, arzobispos y obispos, doctores y bachilleres en teología. También habló con numerosos ermitaños,5 y les refirió, hasta donde su ingenio pudo expresarlo, su manera de vivir y la gracia que el Espíritu Santo, en su bondad, había obrado en su mente y en su alma. Y aquellos a quienes confió sus secretos le decían que estaba muy obligada a amar a nuestro Señor por la gracia que él le mostraba, y la aconsejaron que siguiera sus impulsos y sus emociones, y creyera confiadamente que procedían del Espíritu Santo y no del maligno.

Algunos de estos ilustres y dignos clérigos afirmaron, con peligro para sus almas y como si respondieran delante de Dios, que esta criatura estaba inspirada por el Espíritu Santo, y le ordenaron que escribiera un libro con sus sentimientos y sus revelaciones. Algunos se ofrecieron a escribir sus sentimientos con sus propias manos, y no lo consintió de ninguna manera, pues le había sido ordenado en su alma que no debía escribirlo tan pronto. Y así transcurrieron más de veinte años, desde el día que esta criatura recibió los primeros sentimientos y revelaciones, hasta que escribió algo. Más tarde, cuando nuestro Señor lo tuvo a bien, le ordenó y le mandó que escribiera sus sentimientos y sus revelaciones, y su manera de vivir, para que todos conocieran su bondad.

En ese momento la criatura no disponía de ningún escritor que pudiera satisfacer su deseo y diera crédito a sus sentimientos, hasta que un hombre que vivía en Germania,6 inglés de nacimiento, casado en Alemania y que tenía allí esposa y un hijo, tuvo noticias de esta criatura y de su deseo. Movido, según confío, por la gracia del Espíritu Santo, regresó a Inglaterra con su esposa y con sus bienes, y moró con dicha criatura hasta que escribió todo lo que quiso contarle mientras vivieron juntos. Y después él murió.

Entonces había un sacerdote por el que esta criatura sentía gran afecto, y por eso habló con él sobre esta cuestión y le entregó el libro para que lo leyera. Tan mal escrito estaba que apenas lo entendió, pues ni estaba en buen inglés ni en buen alemán, ni las letras estaban bien trazadas ni tenían la forma de otras letras. Por eso, el sacerdote estaba absolutamente convencido de que jamás nadie sería capaz de leerlo, salvo mediante una gracia especial. Sin embargo, él le prometió que, si conseguía leerlo, lo copiaría y con buen ánimo lo escribiría mejor.

En ese tiempo se decían tantas maldades de esta criatura y de su llanto, que el sacerdote, por cobardía, raras veces se atrevía a hablar con ella, ni a escribir, según había prometido a dicha criatura. Y de ese modo evitó y demoró la escritura de este libro durante casi cuatro años e incluso más, aunque esta criatura le hablara con frecuencia de ello. Finalmente él le dijo que no podía leerlo, por lo que no lo escribiría. Dijo que no se pondría en peligro por este asunto.

Luego la aconsejó que acudiera a un buen hombre que había mantenido una buena relación con el que primero escribió el libro, suponiendo que sería el más capaz de leerlo, pues había leído una vez cartas escritas por otra persona, enviadas desde el otro lado del mar, mientras estaba en Germania. Y así acudió a aquel hombre, pidiéndole que escribiera este libro y no lo diera a conocer mientras ella viviera,7 pagándole una gran suma de dinero por su trabajo. Y este buen hombre escribió casi un folio, aunque no fue suficiente para el objetivo, y por tanto no pudo fijar el precio, por cuya razón el libro se compuso tan mal y se escribió sin apenas sentido.

Después el sacerdote tuvo problemas de conciencia, pues le había prometido escribir este libro, siempre que consiguiera leerlo, y no había cumplido su compromiso de la mejor manera que podría haberlo hecho, y por eso suplicó a esta criatura que, si amablemente podía, le entregara el libro otra vez. Luego ella recuperó el libro de nuevo y se lo entregó al sacerdote de buena gana, suplicándole que hiciera un esfuerzo, y rogaría a Dios por él, y le conseguiría gracia para que pudiera leerlo y, también, escribirlo. Confiando en sus plegarias, el sacerdote comenzó a leer este libro, y, según pensaba, le resultó más fácil que antes. Y de este modo lo leyó en presencia de esta criatura, una palabra tras otra, y ella le ayudaba donde se presentaba alguna dificultad.

Este libro no se ha escrito según un orden, una cosa después de otra según acaecieron, sino como las cosas venían a la mente de la criatura mientras se escribía, pues había transcurrido tanto tiempo hasta que se escribieron que había olvidado la fecha y el orden en que acontecieron. Y por eso ella no había escrito nada, salvo lo que sabía perfectamente que era auténtica verdad.

Cuando el sacerdote comenzó a escribir este libro le falló la vista de modo que no veía para dar forma a las letras, ni para reparar su pluma. Las demás cosas aun podía verlas suficientemente bien. Se puso unas lentes sobre su nariz, y entonces veía peor que sin ellas. Se quejó a la criatura de su problema. Ella le dijo que su enemigo envidiaba su buena acción y que si pudiera la impediría, y le dijo también que Dios le concedería ayuda y que la concluiría. Cuando volvió de nuevo a trabajar en el libro, pudo ver con tal claridad, pensó él, como nunca antes tanto a la luz diurna como a la luz de las velas. Y por esta razón, cuando terminó un cuaderno de veinticuatro pliegos le añadió un folio, y luego escribió este proemio para contar más ampliamente lo que sigue, que se escribió antes que esto. Anno domini 1436.

PROEMIO BREVE

Un tratado breve de una criatura situada en medio de la gran pompa y de la vanidad del mundo, que después fue impulsada hacia nuestro Señor mediante gran pobreza, enfermedad, humillaciones, y grandes reprobaciones en distintas regiones8 y lugares, sobre la que después se mostrarán algunas tribulaciones, no en el orden en que sucedieron, sino según la criatura podía recordarlas cuando se escribieron.

Pues habían transcurrido más de veinte años desde que esta criatura había renunciado al mundo y se dedicó con gran diligencia a nuestro Señor antes de que se escribiera este libro, a pesar de que esta criatura había sido especialmente advertida para que pusiera por escrito sus tribulaciones y sus revelaciones, y un carmelita9 se ofreciera voluntariamente a escribirlas por ella si así lo deseaba. Y fue advertida en su espíritu que no debía escribirlo tan pronto. Y muchos años después se le ordenó en su espíritu que lo escribiera.

Yentonces primero lo escribió un hombre que no sabía escribir bien ni inglés ni alemán. Y por tanto era ilegible salvo mediante una gracia especial, pues esta criatura era tan difamada y calumniada que pocas personas la creerían.

Yasí, finalmente, un sacerdote se conmovió profundamente para escribir este tratado, y durante cuatro años fue incapaz de leerlo. Y después, por petición de esta criatura, y forzado por su propia conciencia, intentó leerlo de nuevo, y le resultó mucho más fácil que antes. Y de este modo comenzó a escribir en el año de nuestro Señor de 1436, el día siguiente a la festividad de María Magdalena10 de acuerdo con la información de esta criatura.

LIBRO PRIMERO

1

Cuando esta criatura tenía veinte años, o alguno más, se casó con un rico burgués11 y, poco tiempo después, quedó embarazada, de acuerdo con la naturaleza. Y después de concebir, padeció graves ataques de una enfermedad hasta que dio a luz a su hijo. Y entonces, debido a los padecimientos del parto y a las enfermedades que había padecido antes, perdió la esperanza en su vida creyendo que iba a morir. Entonces mandó a por su confesor,12 pues había algo en su conciencia que jamás había revelado hasta ese momento.13 Porque siempre lo había impedido su enemigo, el demonio, repitiéndole machaconamente mientras disfrutó de buena salud que no era necesario que se confesara sino que hiciera penitencia ella misma sola, y todo le sería perdonado, porque Dios es suficientemente misericordioso.14 Y por eso esta criatura hizo con frecuencia gran penitencia, ayunando a pan y agua, y practicó otras obras de caridad además de devotas oraciones, pero no había revelado una cosa en confesión.

Y cuando en cualquier ocasión se encontró enferma o preocupada el demonio le decía interiormente que se condenaría, pues no se había confesado ni había sido absuelta de aquel pecado.15 Por eso, después de nacer su hijo, al no estar segura de que viviría, llamó a su confesor, según antes se dijo, deseando definitivamente confesarse de toda su vida en la medida en que pudiera. Y llegado el momento de contar aquello que durante tanto tiempo había ocultado, su confesor se mostró bastante desconsiderado y comenzó a reprenderla con acritud antes de que ella hubiera referido cuanto tenía en su mente, y así no diría nada más a pesar de cualquier cosa que él hiciera. Y poco después, debido por una parte al temor que tenía a condenarse, y, por otra, a la áspera amonestación que recibió del confesor, esta criatura quedó fuera de sí y fue asombrosamente mortificada y atormentada por los espíritus durante medio año, ocho semanas y los días impares.16

Y en esta época, según creía, veía a demonios que abrían sus fauces encendidas con ardientes llamas de fuego, como si fueran a tragársela, dándole zarpazos unas veces, adoptando una actitud amenazante en ocasiones, empujándola y arrastrándola algunas veces de día y de noche durante el tiempo sobredicho. Y, también, los demonios proferían contra ella grandes amenazas, y le pedían que renunciara a su fe y a sus creencias cristianas, y negara a su Dios, a su madre, y a todos los santos del cielo, a sus buenas obras y a todas las buenas virtudes, a su padre, a su madre,17 y a todos sus amigos. Y así lo hizo. Difamaba a su marido, a sus amigos, y a ella misma; pronunciaba muchos insultos y vituperios; no reconocía virtud ni bondad alguna; deseaba toda la maldad; exactamente según los espíritus la tentaban para que hiciera y dijera, así decía y hacía. Se habría matado tantas veces como ellos la incitaron a hacerlo, y habría sido condenada con ellos en el infierno, y como prueba se mordió su mano con tal violencia que la cicatriz pudo verse durante el resto de su vida. Y también, se arrancó violentamente la piel de su cuerpo cerca del corazón con sus uñas, por no disponer de ninguna otra herramienta, y habría hecho algo peor, si no hubiera estado atada y sujetada a la fuerza de día y de noche de modo que no podía hacer lo que quería.

Y después que fue largo tiempo mortificada por estas y otras muchas tentaciones, de manera que la gente pensó que nunca saldría viva de ellas, entonces en cierta ocasión mientras yacía sola y sus cuidadores no estaban con ella, nuestro misericordioso Señor Jesucristo –en el que siempre se ha de confiar, ¡adorado sea su nombre!, que nunca abandona a su siervo en tiempo de necesidad– se apareció a esta criatura que le había abandonado, en forma de hombre, el más atractivo, el más hermoso, y el más cariñoso que jamás pudo verse con ojos humanos, cubierto con un manto de seda de color púrpura, sentado sobre la cabecera de su cama, mirándola con un aspecto tan bendito que reconfortó completamente su espíritu, y le dijo estas palabras:

—Hija, ¿por qué me has abandonado, y yo nunca te abandono?

Y en el mismo instante en que él dijo estas palabras, ella realmente vio la atmósfera tan brillante como los rayos, y él se elevó en el aire, sin prisa ni rápidamente, sino majestuosa y pausadamente, de manera que pudo verle claramente en el aire hasta que desapareció de nuevo.

E inmediatamente la criatura se volvió más equilibrada en sus juicios y en su razón como jamás lo fuera, y preguntó a su marido, cuando vino a verla, si podía disponer de las llaves de la despensa para conseguir su comida y su bebida según había hecho antes. Sus doncellas y sus cuidadores advirtieron al marido para que no le entregara ninguna llave, pues según decían, regalaría tantos productos como hubiera, pues, según ellos creían, no sabía lo que decía.

Sin embargo, su marido, que siempre había sido tierno y compasivo con ella, ordenó que le entregaran las llaves. Y ella tomó tanta comida y bebida como sus fuerzas le permitieron, y una vez más recibió a sus amigos y familiares, y a todos los que acudían a ver cómo la gracia de nuestro Señor Jesucristo había obrado en ella. ¡Bendito sea, que está siempre cerca en la tribulación! Cuando las personas piensan que se encuentra lejos de ellos, él está muy cerca mediante su gracia. Después esta criatura, cumplió con todas sus responsabilidades juiciosa y sensatamente, pese a no conocer verdaderamente el poder de nuestro Señor para seducirnos.18

2

Y cuando, mediante la gracia, esta criatura recuperó de nuevo su lucidez, pensó que estaba en deuda con Dios y que debía ser su sierva. Pese a todo, no renunció a su orgullo ni a su llamativa forma de vestir, la misma que lucía antes de aquella crisis, ni por los consejos de su marido ni por los de ninguna otra persona. Y sin embargo, sabía perfectamente bien que la gente hacía numerosos comentarios maliciosos sobre ella por lucir tubos de oro en su cabeza, y sus capuchas con las esclavinas estaban cortadas a la moda. También sus capas estaban elegantemente cortadas y lucían vistosos colores en las costuras, de modo que era la que más fascinaba a los hombres y la más admirada.19

Ycuando su marido intentaba hablar con ella para que abandonara sus orgullosas maneras, le respondía áspera y desconsideradamente, diciéndo– le que provenía de una familia distinguida; él nunca mereció casarse con ella pues su padre fue durante algún tiempo alcalde de N.,20 y después fue el cargo más alto de la gran guilda de la Trinidad en N.21 Y por eso ella debía mantener el honor de su familia, pese a lo que cualquier persona pudiera decir.

Tenía gran envidia de los vecinos que vestían tan elegantemente como ella. Todo su afán era ser adorada por la gente. No haría caso a ninguna crítica, ni se contentaría con los bienes que Dios le había enviado, como hacía su marido, sino que siempre deseó más y más.

Yentonces, por pura codicia y para mantener su orgullo, comenzó a fabricar cerveza y se convirtió en una de las grandes cerveceras de la ciudad de N. durante tres o cuatro años hasta que perdió muchísimo dinero, pues carecía de experiencia en esa clase de negocio.22 Porque, aunque contaba con buenos trabajadores y expertos en la fabricación de cerveza, las cosas nunca marcharon bien para ellos. Pues, cuando la cerveza tenía una excelente corona de espuma que todos podían ver, de repente la espuma desaparecía, y así, elaboración tras elaboración, se agriaba toda la cerveza, hasta el extremo de que sus empleados sentían vergüenza y no querían continuar con ella. Entonces esta criatura pensaba cómo Dios la había castigado antes, –y no podía concentrarse–, y ahora de nuevo mediante la pérdida de sus bienes; y luego abandonó para siempre la fabricación de cerveza.

Yentonces pidió perdón a su marido por no haber seguido antes su consejo, y dijo que su orgullo y su pecado eran la causa de su castigo, y que estaba dispuesta a enmendar debidamente todos sus errores.

Aunque todavía no abandonaría del todo el mundo, pues ahora pensaba en un trabajo de ama de casa. Poseía un molino de caballos. Ella misma disponía de dos buenos caballos, y un hombre para moler el cereal de la gente, confiando que de esa manera conseguiría ganarse la vida. Esta empresa no duró mucho, pues poco tiempo después, la víspera del Corpus Christi, se produjo el prodigio siguiente. El hombre disfrutaba de buena salud, y sus dos caballos eran fuertes y estaban en buena condición y antes habían trabajado bien en el molino, pero aquel día, cuando agarró a uno de los caballos y lo enganchó al molino según había hecho otras veces, este caballo no tiró del molino pese a los esfuerzos del hombre para que lo hiciera. El hombre estaba contrariado y probó todo lo que se le ocurría para conseguir que su caballo trabajara. Unas veces tiraba de la cabezada, otras lo golpeaba, otras le hablaba y le acariciaba el lomo, pero no servía de nada, pues el caballo reculaba en vez de tirar hacia delante. Entonces este hombre se colocó un par de afiladas espuelas en los talones y se subió al lomo del caballo para conseguir que tirara, pero tampoco lo logró. Cuando este hombre vio que nada servía, devolvió el caballo a su establo, y le echó de comer, y el caballo comió bien y con avidez. Y después tomó el otro caballo y lo colocó en el molino. Y también hizo lo mismo que su compañero, pues no tiraba, hiciera lo que hiciera el hombre. Y luego este hombre renunció a su trabajo y no permaneció más tiempo con dicha criatura.

Entonces se corrió la voz en la ciudad de N. de que ni hombres ni bestias servirían a esta criatura, y algunos dijeron que estaba maldita; algunos dijeron que Dios se vengaba abiertamente de ella; unos decían una cosa y otros decían otra. Y algunos hombres sensatos, cuyas mentes estaban más enraizadas en el amor de nuestro Señor, dijeron que se trataba de la alta misericordia del Señor Jesucristo que la había convocado y llamado desde el orgullo y la vanidad de este miserable mundo.

Y así esta criatura, viendo todas estas adversidades que llegaban desde todas partes, pensó que se trataba de los azotes de nuestro Señor que la castigaba por su pecado. Luego pidió a Dios misericordia, y abandonó su orgullo, su codicia, y el deseo que tenía de dignidades mundanas y practicó gran penitencia corporal, y comenzó a entrar en el camino de la vida eterna, según se dirá de aquí en adelante.

3

Una noche, mientras esta criatura yacía en la cama con su marido, escuchó una melodía tan dulce y deleitosa que le hizo creer que había estado en el paraíso.23 E inmediatamente saltó de la cama y exclamó:

—¡Ay, que siempre he pecado; el cielo rebosa felicidad!

Esta melodía era tan dulce que, sin comparación posible, sobrepasaba cualquier otra que pudiera oírse en este mundo e hizo que esta criatura, siempre que escuchaba cualquier alborozo o melodía, derramara muy abundantes lágrimas de auténtica devoción, con grandes sollozos y suspiros debido a la felicidad del cielo, sin temer las deshonras y el desprecio de este miserable mundo. Y siempre, después que fue llamada hacia Dios de esta manera, guardó en su memoria el alborozo y la melodía que existían en el cielo, de suerte que apenas podría cesar de hablar sobre ello. Pues cuando se encontraba en compañía de alguien, solía exclamar:

—¡El cielo rebosa felicidad!

Y quienes conocían su conducta anterior y ahora la oían hablar tanto sobre la bienaventuranza del cielo le decían:

—¿Por qué hablas así de la alegría que existe en el cielo? Tú no la conoces, y no has estado allí más de lo que hemos estado nosotros.

Y estaban enojados con ella pues no escuchaba ni hablaba de las cosas mundanas como ellos, y según hacía antes.

Y después de esta época nunca más deseó tener relaciones sexuales con su marido, pues pensaba que cumplir con el débito del matrimonio24 le resultaba tan aborrecible que comería y bebería el cieno y las heces de las cloacas antes que aceptar las relaciones sexuales, a no ser que fuera por obediencia.

Y por eso le dijo a su marido:

—No te puedo negar mi cuerpo, pero todo el amor y afecto de mi corazón están apartados de todas las criaturas terrenales y puestos únicamente en Dios.

Pero él satisfaría sus deseos, y ella le obedecería con mucho llanto y tristeza por no poder vivir castamente. Y con frecuencia esta criatura sugería a su marido que vivieran castamente y decía que frecuentemente (ella también lo sabía) habían desagradado a Dios debido a su amor desordenado y al gran placer que ambos sentían cuando gozaban del cuerpo del otro, y ahora estaría bien que de mutuo acuerdo se castigaran y purificaran ellos mismos absteniéndose de la lascivia de sus cuerpos. Su marido dijo que estaría bien hacerlo así, pero que todavía no podía: lo haría así cuando Dios quisiera. Y consecuentemente la utilizó según antes había hecho, él no se contendría. Y ella rogaba a Dios todo el tiempo para que pudiera vivir castamente y, tres o cuatro años más tarde, cuando agradó a nuestro Señor, su marido hizo voto de castidad, según se escribirá después, ¡con permiso de Jesús!25

Y también, después que esta criatura oyó esta melodía celestial, hizo una gran penitencia corporal. En ocasiones se confesaba y recibía la absolución dos o tres veces el mismo día,26 especialmente de aquel pecado que durante tanto tiempo había ocultado y encubierto, según se ha escrito al comienzo de este libro. Se entregaba a grandes ayunos y a la observancia de las vigilias; se levantaba a las dos o las tres de la noche y acudía a la iglesia y permanecía allí orando hasta el mediodía y también toda la tarde. Y entonces muchas personas la difamaban y la amonestaban debido a la vida tan rigurosa que llevaba. Luego consiguió una estera de crines de caballo, como las de secar la malta, y se la puso bajo sus vestidos tan discreta y secretamente como pudo, de tal manera que ni su marido la notó. Y no lo supo, aunque todas las noches se acostaba a su lado en la cama y llevaba a diario la estera de crines de caballo, y le dio los hijos durante esa época.

Entonces pasó tres años de grandes dificultades acompañados de tentaciones que sobrellevó con tanta paciencia como pudo, dando gracias a nuestro Señor por todos sus dones, y se sentía muy feliz cuando era reprobada, despreciada o ridiculizada por el amor de nuestro Señor, y mucho más feliz que cuando antes se encontraba entre los notables de este mundo. Pues sabía perfectamente que había pecado gravemente contra Dios y merecía mucha más vergüenza y dolor de los que cualquiera pudiera causarle, y el desprecio en este mundo era la senda segura hacia el cielo, pues el mismo Cristo eligió esta senda. Todos sus apóstoles, mártires, confesores y vírgenes, y todos aquellos que llegaron al cielo, pasaron por la senda de la tribulación, y ella nada deseaba tanto como el cielo. Entonces se alegraba interiormente cuando creía que estaba entrando en la senda que la conduciría al lugar que más deseaba.

Y esta criatura tenía gran contrición y remordimiento, con abundantes lágrimas y muchos fuertes y violentos sollozos, por sus pecados y por su desconsideración hacia su creador. Reflexionaba sobre su desconsideración desde su niñez, según nuestro Señor se lo recordaría muchísimas veces. Y entonces, cuando reflexionaba sobre su propia maldad, solamente podía sentir dolor y llorar, y rezar continuamente para pedir misericordia y perdón. Su llanto era tan abundante y tan continuo que muchas personas pensaban que podía llorar y dejar de llorar siempre que quería, y por eso muchas personas decían que era una falsa hipócrita, y que lloraba para la gente, para conseguir ventajas y beneficios mundanos. Y luego muchas personas que antes la habían amado, mientras estaba en el mundo, la abandonaron y no la conocerían, y todo el tiempo ella daba gracias a Dios por todo, sin desear otra cosa que la misericordia y el perdón del pecado.

4

Durante los dos primeros años, cuando esta criatura fue llamada de esta manera por nuestro Señor, gozó de una gran paz espiritual respecto a cualquier tentación. Podía soportar bien el ayuno –no era un problema para ella. Odiaba los placeres del mundo. No sentía la rebeldía de su carne. Según creía, era tan fuerte que no temía al demonio del infierno, pues hacía grandes penitencias corporales. Pensaba que amaba más a Dios que él a ella. Estaba tocada por la herida mortal de la vanidad y no era consciente, pues muchas veces deseaba que Cristo soltara sus manos de la cruz y la abrazara en prueba de amor. Nuestro misericordioso Señor Jesucristo, viendo la presunción de esta criatura, le envió, según antes se ha escrito, tres años de grandes tentaciones, de las que yo me propongo escribir una de las más graves para que sirva de ejemplo a los que vengan después, de manera que no confíen en sí mismos, ni se complazcan en sí mismos como esta criatura; pues, sin duda alguna, nuestro enemigo espiritual no duerme, sino que sondea diligentemente nuestros caracteres y nuestras actitudes, y allí donde nos ve más débiles, allí, con el consentimiento de nuestro Señor, coloca la trampa, de la que nadie puede escapar por su propia fuerza.

Y así él puso delante de esta criatura la trampa de la lascivia cuando ella creía que todos sus deseos carnales estaban extinguido por completo. Y así fue tentada con el pecado de la lujuria durante mucho tiempo, pese a cualquier cosa que pudiera hacer. Y, sin embargo, se confesaba con frecuencia, llevaba cilicio, y hacia grandes penitencias corporales y derramaba muchas amargas lágrimas, y rogaba con muchísima frecuencia a nuestro Señor qué la protegiera y la guardara para no caer en la tentación, pues pensaba que era mejor estar muerta que consentir en la misma. Y durante todo este tiempo no deseó tener relaciones sexuales con su marido, lo que resultaba muy doloroso y horrible para ella.

En el segundo año de sus tentaciones sucedió que un hombre a quien ella le gustaba le dijo, la víspera de santa Margarita27 antes de la hora de vísperas, que, a pesar de cualquier resistencia, se acostaría con ella y disfrutaría de la sensualidad de su cuerpo, y no debería resistirse, pues, decía él, si no podía satisfacer su deseo en esta ocasión, lo conseguiría en otra oportunidad; no tenía elección. Y él hacía esto para probar lo que ella haría, aunque ella imaginaba que en aquella ocasión lo decía totalmente en serio y en su respuesta apenas dijo nada. Luego se separaron y ambos se dirigieron a oír vísperas, pues su iglesia estaba dedicada a santa Margarita.28 Tan perturbada se encontraba esta mujer por las palabras del hombre que no podía concentrarse en las vísperas, ni recitar su Padre nuestro, ni tener ningún otro buen pensamiento, pues jamás había estado tan angustiada.

El diablo puso en su pensamiento que Dios la había abandonado, pues de otra manera no habría sido tentada. Creía las persuasiones del demonio y comenzó a consentir pues no podía tener ningún buen pensamiento. Por eso pensaba que Dios la había abandonado. Y cuando terminaron las vísperas acudió a ver a dicho hombre con la intención de que poseyera su voluntad, según creía que él deseaba; pero él disimuló de tal modo que no pudo saber su intención, y así se separaron por aquella noche. Tan preocupada y confusa estuvo esta criatura toda la noche que no logró saber qué podría hacer. Estaba acostada con su marido, y le parecía tan abominable tener relaciones sexuales con él que no podía soportarlo, y sin embargo le estaba lícitamente permitido si lo hubiera deseado. Pero estuvo preocupada todo el tiempo con el otro hombre para pecar con él, tal como le había dicho. Finalmente, tan persistente fue la tentación y la falta de discernimiento, fue vencida, y consintió interiormente, y acudió a ver al hombre para saber si él aceptaría poseerla en ese momento. Y él respondió que ni por todo el dinero de este mundo; que preferiría ser cortado en trozos tan pequeños como la carne para la olla.

Se alejó, absolutamente avergonzada y confundida interiormente, al ver la firmeza de él y su propia debilidad. Luego meditó sobre la gracia que Dios le había concedido anteriormente, cómo había disfrutado durante dos años de gran tranquilidad espiritual, de arrepentimiento por sus pecados con muchas amargas lágrimas de remordimiento, y de una perfecta voluntad de no volver a pecar jamás o de lo contrario estar muerta, le parecía a ella. Y ahora vio cómo había consentido pecar en su ánimo. Entonces estuvo a punto de caer en la desesperación. Pensaba que se hallaba en el infierno, tan enorme era la congoja que sentía. Pensaba que no era digna de misericordia pues su consentimiento para pecar fue totalmente deliberado; ni jamás sería digna de servir a Dios, pues era muy desleal con él.

Sin embargo se confesó muchas veces y con frecuencia, e hizo penitencia, cualquier cosa que su confesor le ordenara que hiciera, y después se rigió por las normas de la Iglesia. Esta gracia se la concedió Dios a esta criatura, ¡él sea bendito!, aunque no apartó su tentación, sino que más bien aumentó, según pensaba ella.

Y por eso supo que él la había abandonado y no se atrevía a confiar en su misericordia, sino que padeció horribles tentaciones de lujuria y de desesperación durante casi todo el año siguiente, salvo que nuestro Señor en su misericordia, según se decía a sí misma, le concedía cada día casi dos horas de contrición por sus pecados, con muchas amargas lágrimas. Y después sufrió tentaciones de desesperación como en otro tiempo y estaba tan lejos de percibir la gracia como quienes nunca la habían sentido. Y que ella no podía soportar, y así continuó desesperada. Salvo cuando sentía la gracia, sus pruebas eran tan asombrosas que apenas podía enfrentarse a ellas, aunque siempre lloraba y se lamentaba como si Dios la hubiera abandonado.

5

Entonces un viernes antes de la Navidad,29 mientras esta criatura estaba arrodillada en la capilla de san Juan,30 en la iglesia de Santa Margarita de N., llorando de manera asombrosamente amarga y pidiendo misericordia y perdón por sus pecados y sus ofensas, nuestro misericordioso Señor Jesucristo, ¡bendito sea!, arrebató su espíritu en éxtasis y le dijo interiormente:

—Hija, ¿por qué lloras tan amargamente? Yo, Jesucristo, que he muerto en la cruz, sufriendo amargos dolores y pasión por ti, he venido hasta ti. Yo, el mismo Dios, perdono completamente todos tus pecados. Y nunca jamás pisarás ni el infierno ni el purgatorio, sino que, cuando abandones este mundo, en un abrir y cerrar de ojos tendrás la felicidad del cielo, pues soy el mismo Dios que te ha recordado tus pecados y logrado que te confieses de ellos. Y te concedo arrepentimiento hasta que mueras.

Por eso mismo, te ordeno y mando que me llames con valentía Jesús, tu amor, pues soy tu amor y seré tu amor eternamente.31 E, hija, tú llevas un cilicio en tu espalda, quiero que te desprendas de él, y te colocaré un cilicio en tu corazón que me agradará mucho más que todos los cilicios del mundo. Pero también, mi querida hija, debes abandonar lo que más amas en este mundo, y que es comer carne.32 Y en lugar de esa carne comerás mi carne y mi sangre, que es el verdadero cuerpo de Cristo en la eucaristía. Esta es mi voluntad, hija, que recibas mi cuerpo todos los domingos33, e infundiré tanta gracia en ti que todo el mundo se maravillará de la misma.

Las personas de este mundo te comerán y roerán igual que las ratas roen el bacalao seco. No temas, hija, pues saldrás victoriosa de todos tus enemigos. Te daré suficiente gracia para responder a los clérigos en el amor de Dios. Te juro por mi majestad que nunca te abandonaré ni en la dicha ni en la aflicción. Te ayudaré y te protegeré, de modo que ningún demonio del infierno, ni ningún ángel de los cielos, ni ningún hombre de la tierra te apartarán jamás de mí, pues no podrán ni los demonios del infierno, ni los ángeles del cielo, ni los hombres de la tierra.

»E hija, quiero que renuncies a tu recitación de muchas oraciones, y pienses en aquellos pensamientos que pondré en tu mente. Te autorizaré a orar hasta las seis en punto, para que digas lo que quieras. Después descansarás y hablarás conmigo en el pensamiento, y te concederé la alta meditación y la verdadera contemplación. Y te ordeno que vayas a ver al ermitaño del convento de los dominicos,34 y le cuentes mis confidencias y los consejos que te he revelado, y cumplas lo que te diga, pues mi espíritu te hablará por medio de él.

Luego esta criatura, según se le ordenó, fue a ver al ermitaño, y le comunicó las revelaciones que había recibido. Entonces el ermitaño, con mucha reverencia y llorando, dando gracias a Dios, dijo:

—Hija, incluso te estás amamantando en el pecho de Cristo,35 y has recibido una promesa formal del paraíso. Te encargo que aceptes dichos pensamientos, siempre que Dios te los otorgue, tan humilde y devotamente como puedas, y luego vengas y me los cuentes, y, con la venia de nuestro Señor Jesucristo, te diré si son obra del Espíritu Santo o de tu enemigo el demonio.

6

Otro día esta criatura se dedicó a la meditación, como antes se le había ordenado, y permaneció quieta, sin saber qué mejor cosa podía pensar. Entonces dijo a nuestro Señor Jesucristo:

—Jesús, ¿sobre qué he de pensar?

—Hija, piensa en mi madre, pues es la causa de toda la gracia que posees –respondió en su interior nuestro Señor Jesucristo.

E inmediatamente vio a santa Ana embarazada, y entonces suplicó a santa Ana que le permitiera ser su doncella y su sierva.36 Y poco después nació nuestra Señora, y luego se ocupó de tomar a la criatura para ella misma y cuidar de ella hasta los doce años, con buena comida y bebida, con hermosos vestidos y pañuelos blancos. Y entonces dijo a la bienaventurada niña:

—Señora, seréis la madre de Dios.

—Me gustaría merecer ser la esclava que concebirá al Hijo de Dios –respondió la bienaventurada niña.

—Os ruego, mi señora –dijo la criatura–, que si esa gracia recae en vos no prescindáis de mi servicio.37

La bienaventurada niña desapareció durante un tiempo, permaneciendo la criatura en contemplación, y cuando volvió de nuevo dijo:

—Hija, ahora me he convertido en la madre de Dios.

Y entonces la criatura se arrodilló con gran reverencia y con grandísimo llanto y dijo:

—No soy digna, mi señora, de serviros.

—Sí, hija, –dijo ella–, sígueme, estoy muy satisfecha de tu servicio.

Después partió con nuestra Señora y con José, llevando con ella una frasca de vino dulce y especiado. Entonces fueron a casa de Isabel, madre de san Juan Bautista, y cuando se encontraron María e Isabel se hicieron mutuamente reverencias, y así moraron juntas doce semanas con mucha gracia y alegría. Y nació san Juan, y nuestra Señora tomó del suelo con toda reverencia y se lo entregó a su madre, diciendo que sería un hombre santo, y le bendijo.

Después se despidieron la una de la otra con lágrimas de compasión. Y luego la criatura se arrodilló ante santa Isabel y le pidió que intercediera por ella ante nuestra Señora para que pudiera servirla y complacerla.

—Hija, –dijo Isabel–, me parece que desempeñas perfectamente tu tarea.

Y luego la criatura partió con nuestra Señora hacia Belén y todas las noches se ocupaba con gran reverencia de su alojamiento, y nuestra Señora fue recibida con gran alegría. También mendigaba para nuestra Señora ropa y pañales blancos para envolver a su Hijo cuando naciera. Y, cuando nació Jesús, preparó el lecho para que nuestra Señora descansara con su niño bienaventurado.38 Y después mendigó comida para nuestra Señora y su hijo bienaventurado. Y luego lo envolvió con amargas lágrimas de compasión, sabedora de la dolorosa muerte que padecería por el amor de los pecadores, diciéndole:

—Señor, os trataré con ternura; no os oprimiré cuando os envuelva. Os ruego que no os molestéis conmigo.39

7

Y después, en el Día Doce,40, cuando llegaron tres reyes con sus dones y adoraron a nuestro Señor Jesucristo en el regazo de su madre, esta criatura, sierva de nuestra Señora, al contemplarlo, lloró amargamente de manera asombrosa. Y cuando vio que ellos deseaban regresar de nuevo a casa en su país, no pudo soportar que tuvieran que alejarse de la presencia de nuestro Señor, y, asombrada de que desearan marcharse, gritó tan angustiosamente que parecía increíble.

Y poco después, llegó un ángel que ordenó a nuestra Señora y a José que fueran de Belén a Egipto. Luego esta criatura acompañó a nuestra Señora, ocupándose cada día de su alojamiento con gran reverencia, con muchos dulces pensamientos y altas meditaciones, así como altas contemplaciones, llorando a veces sin cesar durante dos horas seguidas, y con frecuencia más, al recordar la pasión de nuestro Señor, algunas veces por sus propios pecados, otras por los pecados de la gente, otras por las almas del purgatorio, otras por quienes padecían pobreza o cualquier otra miseria, pues deseaba consolar a todos.

En ocasiones lloraba muy abundante y violentamente por lo mucho que deseaba la felicidad del paraíso, y por permanecer alejada de ella durante tanto tiempo. Entonces esta criatura deseaba muchísimo ser llevada fuera de este miserable mundo. Nuestro Señor Jesucristo le dijo en su interior que debía perseverar y languidecer de amor:41

—Pues te he ordenado que te arrodilles delante de la Trinidad42 para rogar por todos, pues muchos cientos de miles de almas se salvarán mediante tus plegarias. Y por eso, hija, pide lo que desees, y te lo concederé.

—Señor –dijo esta criatura–, os pido misericordia y que nos preservéis de la condenación eterna a mí y al mundo entero; castigadnos aquí y en el purgatorio como deseéis, y libradnos de la condenación por vuestra gran misericordia.

8

Otra vez, mientras esta criatura estaba postrada en el suelo rezando43, se le apareció la Madre de misericordia y le dijo:

—¡Ah, hija! ¡Bendita seas! Tu asiento está listo en el cielo delante de la rodilla de mi Hijo, y al cual deseas tener contigo.

—Hija –preguntó luego su bendito Hijo–, ¿a quién tendrás como compañero?

—Mi amado Señor, os ruego por mi padre espiritual, el maestro N.

—¿Por qué pides más por él que por tu propio padre o por tu esposo?

—Porque jamás le pagaré su bondad conmigo, y la benévola atención que me ha dedicado oyéndome en confesión.

—Te concederé lo que deseas para él y, también, tu padre y tu esposo, y todos tus hijos se salvarán.

—Señor –dijo luego esta criatura–, pues habéis perdonado mi pecado, os nombro albacea de todas las buenas obras que operáis en mí. En la oración, en el pensamiento, en el llanto, en la peregrinación, en el ayuno, o en decir una buena palabra; es mi entera voluntad que otorguéis la mitad al maestro N.44 para que aumenten sus méritos como si lo hiciera por sí mismo. Y la otra mitad, Señor, derramadla sobre vuestros amigos y vuestros enemigos y sobre mis amigos y mis enemigos, pues solo os tendré a vos mismo como recompensa.

—Hija, seré tu verdadero albacea45 y cumpliré cuanto desees, y por el gran amor que tienes para consolar a tus prójimos cristianos recibirás doble recompensa en el cielo.

9

Otra vez, mientras esta criatura rezaba a Dios para que pudiera vivir castamente con autorización de su esposo, Cristo dijo a su mente:

—Debes ayunar carne y bebida los viernes, y alcanzarás tu deseo antes de Pentecostés, pues acabaré de repente [con el deseo sexual]46 de tu esposo.

Después, el miércoles de Semana Santa,47 cuando su marido, según solía, quiso mantener relaciones sexuales y comenzó a aproximarse ella dijo:

—¡Jesús, ayudadme! –Y él no se atrevió a tocarla en ese momento de aquella manera, ni nunca después, para mantener relaciones sexuales.

Un viernes antes de la víspera de Pentecostés, mientras esta criatura oía misa en la iglesia de Santa Margarita en N., escuchó un ruido grande y espantoso. Quedó muy consternada, temiendo muchísimo la opinión de la gente, que decía que Dios debía vengarse en ella. Se arrodilló, manteniendo inclinada su cabeza, y con su libro en la mano, y pidiendo a nuestro Señor Jesucristo gracia y misericordia. De repente –de lo más alto de la bóveda de la iglesia, desde debajo de la base de las vigas–, cayó allí sobre su cabeza y su espalda una piedra que pesaba tres libras, y un trozo de viga que pesaba seis libras, que le hizo pensar que su espalda se había roto en pedazos, y temió que moriría en poco tiempo. En ese momento gritó:

—¡Jesús, misericordia! –E inmediatamente desapareció su dolor.

Un buen hombre llamado John de Wyreham,48 al ver este prodigio y suponiendo que habría quedado gravemente herida, se acercó y tirando de su manga dijo:

—¿Cómo está, señora?

Esta criatura, completamente sana e ilesa, le agradeció su amabilidad, maravillada todo el tiempo y muy sorprendida de que en ese momento no tuviera dolor y hubiera sentido tanto un poco antes. Durante las doce semanas siguientes no tuvo dolor alguno. Entonces el espíritu de Dios le dijo en su alma:

—Considera esto un gran milagro, y si la gente no lo cree, obraré muchos más.

Un prestigioso doctor en teología, llamado maestro Aleyn,49 fraile carmelita, al escuchar este prodigio, preguntó a esta criatura todos los detalles del suceso. Él, deseando que se ensalzara la obra de Dios, recogió la misma piedra que había caído sobre la espalda de ella y la pesó, y después consiguió el extremo de la viga que cayó sobre su cabeza, el cual uno de los guardianes había arrojado al fuego para quemarlo. Y este prestigioso doctor dijo que era un gran milagro, y que nuestro Señor debería ser muy enaltecido por preservar a esta criatura de la maldad de su enemigo, y él se lo dijo a muchas personas y muchas personas glorificaron a Dios en esta criatura. Y también muchas personas no lo creían, y preferían creer que era más una señal de ira y venganza que de misericordia y favor.

10

Poco después, esta criatura fue movida en su alma para ir a visitar algunos centros de salud espiritual, puesto que se había curado; y no podía hacerlo sin el consentimiento de su marido. Pidió a su esposo que la permitiera ir y él, creyendo totalmente que era la voluntad de Dios, consintió inmediatamente, y acudieron juntos a esos lugares según ella deseaba.

Y luego nuestro Señor Jesucristo le dijo:

—Mis siervos desean mucho verte.

Después fue bien recibida y la honraron mucho en distintas partes, y por ello sintió gran miedo por la vanagloria y estaba muy asustada. Nuestro misericordioso Señor Jesucristo, ¡alabado sea su nombre!, le dijo:

—No temas, hija, alejaré la vanagloria de ti. Pues quienes te honran, me honran a mí; quienes te desprecian, me desprecian a mí, y los castigaré por ello. Yo estoy en ti, y tú en mí. Y aquellos que te escuchan, escuchan la voz de Dios.50 Hija, no existe ningún hombre vivo sobre la tierra tan pecador al que, si renuncia a su pecado y sigue tu consejo, no le confirme por tu amor la misma gracia que tú le prometas.

Entonces su marido y ella visitaron York y otros diversos lugares.

11

Sucedió un viernes, víspera de san Juan,51 un día realmente caluroso, cuando esta criatura volvía de York52 con una botella de cerveza en la mano, y su marido traía una tarta oculta bajo su jubón cerca del pecho, éste planteó a su esposa la cuestión siguiente:

—Margery, si viniera un hombre a golpearme en la cabeza con una espada, a menos que me acostara contigo según solía hacerlo antes, dímelo en conciencia, pues dices que no te acostarás conmigo, ¿dejarías que me cortara la cabeza, o permitirías que hiciera de nuevo el amor contigo como lo hacía en otro tiempo?

—¡Ay de mí, señor! –dijo ella. –¿Por qué vuelves sobre este tema, si nos hemos mantenido castos durante las últimas ocho semanas?

—Porque deseo saber la verdad de tu corazón.

—Verdaderamente –dijo luego ella con gran pena– preferiría verte muerto antes que volver a nuestra inmundicia.

—No eres una buena esposa –replicó él.

Y seguidamente ella preguntó a su marido por qué razón no había hecho el amor con ella durante las últimas ocho semanas, si todas las noches dormía con él en la cama. Y él respondió que habría experimentado tal miedo si la hubiera tocado, que nunca se atrevió a hacerlo.

—Ahora, buen señor, enmiéndate y pide la misericordia de Dios, pues hace casi tres años te dije que te extinguirías sexualmente de repente, y se cumple el tercer año, y aun confío en que conseguiré mi deseo. Buen señor, te ruego me concedas lo que voy a pedirte, y rogaré para que te salves por la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, y tendrás en el cielo una recompensa mayor que si llevaras en penitencia un cilicio o una cota de malla. Te pido, que me des permiso para hacer voto de castidad en manos del obispo que Dios quiera.

—No –dijo él–, no consentiré que lo hagas, pues ahora puedo hacer el amor contigo sin pecar mortalmente, y después no podría.

—Si es voluntad del Espíritu Santo de que cumpla lo que he dicho –replicó luego ella–, ruego a Dios que puedas dar tu consentimiento; y si no es voluntad del Espíritu Santo, ruego a Dios que nunca consientas en ello.

Después caminaron hacia Bridlington53 y el día era extremadamente caluroso, sintiendo esta criatura todo el tiempo gran pesar y gran temor por su castidad. Y al llegar a una cruz su marido se sentó bajo ella, llamando a su esposa junto a él y diciéndole estas palabras:

—Margery, concédeme mi deseo, y yo concederé el tuyo. Mi primer deseo es que nos acostemos juntos en la cama como lo hacíamos antes; el segundo, que me pagues lo que me debes antes de que viajes a Jerusalén; y el tercero, que comas y bebas conmigo los viernes como solías hacerlo.

—No, señor –dijo ella–, mientras viva nunca quebrantaré el ayuno del viernes.

—Bien –dijo él–, entonces tendré otra vez relaciones sexuales contigo.

Ella le pidió que le permitiera rezar sus oraciones, y él accedió con amabilidad. Luego ella se arrodilló junto a una cruz en el campo y oró así con abundantes lágrimas:

—Señor Dios, vos conocéis todas las cosas. Vos sabéis cuánto dolor he padecido para mantenerme casta en mi cuerpo por vos durante estos tres años, y ahora podría hacer mi voluntad y no me atrevo, por vuestro amor. Pues si quebrantara la costumbre del ayuno que vos me ordenasteis, de no comer carne ni beber los viernes, conseguiría ahora mi deseo. Pero, señor bendito, sabéis que no obraré en contra de vuestra voluntad, y muy grande es ahora mi pena, si no hallo consuelo en vos. Ahora, Jesús bendito, haced que yo, indigna, conozca vuestra voluntad, para poder seguirla y cumplirla después con todas mis fuerzas.

Y luego nuestro Señor Jesucristo habló a esta criatura con gran dulzura, ordenándole que volviera otra vez junto a su marido y le pidiera que le concediese lo que quería:

—Y él conseguirá lo que desea. Pues, mi amada hija, esta es la razón por la que te ordené que ayunaras, para que logres cuanto antes tu deseo, y ahora te ha sido concedido. Ya no quiero que ayunes, y por eso te mando, en nombre de Jesús, que comas y bebas como lo hace tu esposo.

Seguidamente esta criatura dio gracias a nuestro Señor Jesucristo por su gracia y por su bondad, y luego se levantó y acudió junto a su marido diciéndole:

—Señor, si te place, me concederás mi deseo, y tu alcanzarás el tuyo. Prométeme que no vendrás a mi cama, y prometo pagarte lo que te debo antes de irme a Jerusalén. Y deja mi cuerpo disponible para Dios de manera que nunca más reclames el débito matrimonial a partir de ese día mientras vivas, y comeré y beberé los viernes según me invites.

Luego su marido replicó:

—Tan disponible puede estar tu cuerpo para Dios como lo ha estado para mí.

Esta criatura dio muchas gracias a Dios, regocijándose por haber conseguido su deseo, rogando a su esposo que rezaran tres padrenuestros en honor de la Trinidad por la gran gracia que les había sido concedida, Y así lo hicieron, arrodillándose bajo la cruz, y después comieron y bebieron juntos con gran alegría espiritual. Esto sucedió un viernes, víspera de san Juan.

Después visitaron Bridlington y también otros muchos lugares del país, y hablaron con los servidores de Dios, igual con los ermitaños que con los emparedados, y con otros muchos amantes de nuestro Señor, con numerosos clérigos ilustres, también con bachilleres y doctores en teología, en muchos lugares diferentes. Y esta criatura reveló a varios de ellos sus sentimientos y sus visiones, y le ordenaron que lo hiciera así, para saber si existía algún espejismo en sus sentimientos.

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