Читать книгу: «Fotografía infantil»
A mis padres por su amor y ayuda en todo momento.
A mis hijas Sonia y Marina siempre presentes al escribir cada línea de este libro.
A Inmaculada, fuente de alegría y ánimo para continuar mis proyectos.
A José Alberto Mariñas, Antonio Lafuente, Eduardo Pardo, Juan Zoido y al grupo de lectura fotográfica CLEF por su amistad y estímulo a mi creatividad.
A Pepa Valero, Alba Soler y Manuel González por sus conocimientos y experiencia que han sido fundamentales para dar forma a este libro.
A mi editor Javier de Juan y al diseñador Juan Carlos González Pozuelo por todo su esfuerzo para lograr una publicación tan esmerada.

FOTOGRAFÍA INFANTIL
Manuel Santos
© JdeJ Editores, 2019
© Juan Carlos González Pozuelo, 2019
© de los textos, Manuel Santos
© de las fotografías, Alba Soler, Manuel González y Pepa Valero, según se cita en el texto
Fotografías de portada (de izquierda a derecha y de arriba a abajo):
Manuel González, Pepa Valero, Alba Soler.
Fotografías de contra portada: Pepa Valero, Manuel González, Alba Soler.
Fotografía de Manuel Santos en solapa: Raúl Herrera y Miguel Mancera.
Editor:
Javier de Juan y Peñalosa
Diseño y maquetación:
Juan Carlos González Pozuelo
www.juancarlosgonzalez.es
Coordinación editorial:
María Dolores Bagudá
JdeJ Editores
Sauces 7, Chalet 8. Montepríncipe
28660 - Boadilla del Monte (Madrid)
www.jdejeditores.com
Más información de la colección FotoRuta:
www.FotoRuta.com
ISBN: 978-84-947781-2-4, edición en papel
ISBN: 978-84-122513-1-9, edición digital
eISBN: 978-84-122513-0-2
Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)
FOTOGRAFÍA
INFANTIL
TÉCNICAS Y ESTILOS
Manuel Santos

Índice
CAPÍTULO 1 Introducción
A quien se dirige este libro, su estructura y autores
Recursos no solo fotográficos: calma, descanso, comida, juegos…
Peculiaridades de la fotografía de niños
Las claves
CAPÍTULO 2 Equipo fotográfico y humano
Cámaras y objetivos más adecuados
Iluminación
Otros componentes del equipo
Equipo humano
CAPÍTULO 3 Buscando su propio estilo
Tres fotógrafos, tres estilos
Transmitir emociones
Sembrar la acción y recoger historias: cómo desarrollar su habilidad para crear historias
CAPÍTULO 4 Mejorando: composición e iluminación
Mejorando la composición
Saltarse las normas para crear composiciones originales y emocionantes
Configuraciones de luces más usadas en retrato
CAPÍTULO 5 Desarrollo de sesiones con bebés
0 a 15 días
15 días a 3 meses: sonrisas y… lágrimas
4 a 8 meses: nuevos retos y rápida evolución
CAPÍTULO 6 Desarrollo de sesiones con niños hasta 7 años
8 a 12 meses: primeros pasos
12 a 18 meses: juegos y objetos favoritos, imitando a los mayores, situaciones divertidas…
18 meses hasta los 3 años y medio: empezando a ser diferente, ropa preferida, bailes, meriendas con muñecos …
4 a 7 años: expresión de sentimientos, comenzando a ser autónomo y socializando con amigos y compañeros del colegio
CAPÍTULO 7 Desarrollo de sesiones con niños de 8 a 12 años
8 a 10 años, pequeños adultos
11 y 12 años, preadolescentes
CAPÍTULO 8 Eficiencia digital: máxima calidad en el menor tiempo posible
Equipo informático para edición de fotografías
Edición digital eficiente: máxima calidad en el menor tiempo posible
Importación y catalogación
Selección de las mejores imágenes
Revelado RAW básico
Revelado RAW avanzado
Exportación de la selección
Copias de seguridad
CAPÍTULO 9 Creación digital. Impresión y otros productos
Creación Digital: añadiendo atmósferas
Retoque avanzado orientado al retrato de niños y preadolescentes
Creación digital de escenas
Impresión y creación de álbumes en papel, tipos y calidades, proveedores y programas específicos
Creación de videos, galerías y otros productos orientados a Internet
Otros productos: ampliaciones, fotomosaicos, objetos de regalo…
CAPÍTULO 10 Promoción del negocio
Localización del estudio
Materiales promocionales
Colaboración con empresas del sector infantil
Web en Internet
Promoción en Internet. Técnicas básicas
Presencia en las redes sociales
Anuncios y otras acciones publicitarias
CAPÍTULO 11 Gestión del negocio
Tipo de estudio y plan de negocio
Plan de negocio
Fortalezas – Claves de éxito
Debilidades
Clientela objetivo
Productos y servicios
Planificación financiera
Objetivos anuales
Calculando sus costes
Modelos de facturación
Valores diferenciadores que permiten incrementar el precio de su reportaje
Cálculo inicial del precio por sesión
Incrementando el margen de beneficio
Estrategia a medio plazo en varios años
Contabilidad y programas de gestión
Comunicación con los clientes
Durante la sesión fotográfica
Contrato entre fotógrafo y padres
Permisos y condicionantes. Leyes de protección a los menores y su imagen
Fidelización de sus clientes
Un excelente trabajo en equipo

Pepa Valero acostumbra a diseñar una atmósfera completa para sus sesiones: desde la elección de los complementos a la postproducción digital. Estas sesiones de Primera Comunión decidió realizarlas en clave alta, ajustando la exposición y la edición digital para que la mayoría de los tonos de la imagen fueran muy luminosos, según las técnicas que le explicaremos en el capítulo 9.
Nikon D-800, Nikkor 85 mm f/1,8, ISO 640, f/4, 1/125 s.
CAPÍTULO 1
Introducción
AL FINALIZAR ESTE CAPÍTULO HABRÁ APRENDIDO:
•La importancia de conocer el desarrollo físico y sicológico de los niños
•Los recursos no fotográficos imprescindibles para trabajar con niños
•Las peculiaridades de la fotografía de niños
•Las claves para preparar y desarrollar una sesión con éxito
•A valorar el interés en una relación larga y periódica con los padres
Los niños nos emocionan y enternecen, hay un estímulo inmediato cuando los observamos; quizás genéticamente despiertan nuestro instinto de conservación de la especie o simplemente nos divierten con sus ocurrencias. A lo largo de la historia, los niños han protagonizado muchas de las obras artísticas y literarias que forman parte de nuestra memoria colectiva. Entre otros muchos ejemplos, recordemos el candor de los bebés en las Vírgenes con Niño de Tiziano, la picardía de los preadolescentes de Murillo, la mirada hacia su mundo interior que evocan los retratos que pintó Rembrandt de sus hijos o los continuos juegos en las luminosas playas del Mediterráneo de Sorolla.
Observar a un niño nunca nos deja indiferentes, son una fuente permanente de sorpresas y emociones. Fíjese en la sinceridad de sus sentimientos, la continua atención con la que sus ojos miran el mundo incluso cuando haya visto su muñeco cientos de veces. Ese interés genuino por el mundo de los pequeños guiará nuestra búsqueda al fotografiarlos, haciendo nuestro camino mucho más sencillo. Puede pensar que para fotografiar niños es necesario un gran equipo fotográfico o muchos conocimientos técnicos sobre iluminación y procesado digital; pero eso no es cierto y se lo demostraremos a lo largo de este libro que contiene todo lo necesario para poder resolver sus dudas y necesidades en esos campos. Lo realmente importante es tener pasión por observar al niño y dejarse emocionar por sus historias.
Mientras, observamos el milagro y misterio de su aprendizaje: sus primeros pasos, los balbuceos para hacerse entender, sus infinitas ganas de juego o la diversión continua que encuentran disfrazándose… realmente estamos aprendiendo mucho sobre nosotros mismos. Los niños contienen el germen de todo lo que podemos ser de adultos; su espontaneidad, inocencia e imaginación surgen en un torrente ilimitado. Aproveche esas capacidades para vincular al niño con las ideas que tenga para la sesión fotográfica y logrará imágenes inolvidables.
En los capítulos centrales de este libro encontrará en las primeras páginas una serie de consideraciones sobre las peculiaridades de cada edad, volcando en ellas la gran experiencia de nuestros tres estudios fotográficos. Aprenda todo lo que pueda sobre los niños, obsérvelos atentamente fuera de las sesiones, intente que su mente retroceda un poco a ese estadio anterior para comprenderlos mejor. Esos deberían ser los primeros pasos de su aprendizaje cuando se plantee fotografiarlos.
A quien se dirige este libro, su estructura y autores
Este libro se ha desarrollado pensando primero en el profesional que desea especializarse en el campo de la fotografía de bebés y niños. No es un libro de nivel básico, dado que presupone unos ciertos conocimientos y experiencia mínimos en fotografía. Cubre todas las necesidades formativas para iniciarse en este campo, empezando por la selección del equipo más adecuado y cómo mejorar sus imágenes de niños, tanto en el aspecto narrativo como en la construcción de un estilo propio. El núcleo del libro son los capítulos 5, 6 y 7 donde se explican las peculiaridades de los períodos más importantes del crecimiento de los niños: bebés, infantil y preadolescencia. A continuación dos capítulos condensan todo lo necesario para lograr una edición digital cuidada y eficiente, así como algunas técnicas que le permitirán definir aún más su estilo fotográfico. En los dos capítulos finales se explica de forma sencilla los procedimientos necesarios para mejorar la gestión y promoción de un estudio fotográfico especializado en niños.
No obstante muchos papás y mamás, que ya son aficionados a la cámara desde antes de que llegaran sus pequeños, también pueden sacar cuantioso provecho de las páginas de este libro repletas de excelentes ejemplos y consejos por parte de tres de los mejores profesionales de este campo en España. Veamos quienes son estos fotógrafos.
Pepa Valero nació en San Miguel de Salinas (Alicante) y cursó la especialidad de Fotografía Artística en la Escuela de Artes Aplicadas de Orihuela, además de realizar estudios de diseño gráfico en Madrid. En 1991 abre su propio estudio fotográfico en su localidad natal especializándose en fotografía infantil. Desde entonces no ha parado de fotografiar bebés y niños de todas las edades. Su imaginación y carácter juguetón le facilita la comunicación con los peques que fotografía, haciendo que sus sesiones sean muy divertidas para ellos. En sus imágenes logra evocar el mundo interior de los niños y sus estados de ánimo, además de poseer una gran facilidad para capturar sus expresiones más auténticas.
Alba Soler estudió Comunicación Audiovisual y trabajó en publicidad antes de abrir su estudio especializado en fotografía infantil en Xátiva (Valencia). Considera que una de sus claves fotográficas es situarse en un estado mental de ‘niña’ para crear un mundo donde expresar la inocencia e ilusiones de los pequeños. Prefiere trabajar fuera del estudio, en localizaciones que aporten una atmósfera especial a sus imágenes. Cuida mucho la iluminación, combina luz natural y flash con gran pericia técnica buscando soluciones creativas que le permitan aportar una atmósfera muy especial a sus imágenes. Como reconocimiento de su experiencia en el manejo de luz artificial, Alba, Pepa y Manuel son embajadores de la marca de flashes Profoto en España.
Manuel González empezó a fotografiar y revelar en el laboratorio casi antes de que se le cayeran los primeros dientes, pues su padre ya tenía un estudio fotográfico en El Arahal (Sevilla). Prefiere trabajar en su estudio porque considera que tiene un mayor control de la iluminación y los niños se concentran más en la sesión al tener menos distracciones que en exteriores. Su estilo combina una iluminación sencilla con una cuidada atención a los gestos y movimientos de los pequeños. Considera que la toma digital es unicamente el negativo, por lo que después trabaja exhaustivamente su postproducción para conseguir bellas texturas de fondo y un control preciso del color que aporta esa paleta tan especial a sus imágenes. Aunque se siente cómodo con la fotografía infantil en general, le atrae especialmente la fotografía de recién nacidos porque le hace sentir bien tener ese control perfecto sobre un crío tan indefenso de pocos dias de vida, en estas sesiones. Explica que él mueve al crío, cambia los pañales, da el biberón, calma al bebé, etc. Lógicamente con toda esa experiencia logra hacer ver a los papás que su pequeño bebé indefenso se encuentra en manos de un experto lo que se hace notar aún más con padres primerizos.
Además, a nuestros tres fotógrafos les encanta compartir sus conocimientos y experiencias, como muestran sus numerosas conferencias y talleres especializados en España y Latinoamérica. Mi misión como autor de este libro ha sido estructurar y condensar las técnicas usadas por ellos –en las sesiones fotográficas, la postproducción y la gestión del estudio– seleccionando de entre sus mejores fotografías las más adecuadas para ilustrar cada capítulo.
Recoger en un retrato fotográfico la personalidad de un niño constituye un gran reto, que deberá afrontar con paciencia y empatía; pero sin duda le ayudará, además, contar con algunos de los trucos que el día a día va aportando. Gracias a la experiencia acumulada por nuestros fotógrafos usted podrá avanzar mucho más rápido en este aprendizaje.
En primer lugar ha de conocer cómo evoluciona el niño y cuáles son las peculiaridades de cada fase de su desarrollo. Alba Soler resume su experiencia con una divertida e instructiva anécdota: “Al principio cometía muchos errores, por ejemplo: una vez fotografiando a una niña de 3 años se me ocurrió decirle ‘¡Ahora, salta!’ y la madre se quedó mirando con una cara de sorpresa total, porque ¡los niños de 3 años no saltan!, hacen como que toman impulso pero no llegan a saltar. Ahora ya lo tengo mucho más controlado; sé cuándo pueden saltar, cuándo mantienen el equilibrio, cuándo les puedes pedir que se suban a un árbol. Después de estar fotografiando muchos niños de diversas edades, ya conozco perfectamente en qué momento se puede pedir cada cosa”.
No es lo mismo tomar fotografías a un bebé recién nacido, que ha comido y está dormido, pudiendo prácticamente colocarlo y mantenerlo quieto en cualquier postura, que intentar convencer a una preadolescente de que la imagen que usted va a conseguir de ella es mucho mejor que las fotografías que se toma ella misma con su móvil. En cada edad debería conocer qué tipo de actividades puede documentar con su cámara. Hay etapas en el crecimiento de un niño durante las que interactúa fácilmente con sus padres, otras donde empieza a querer conocer mejor a los demás miembros de su familia, por ejemplo a sus abuelos, y por supuesto en algunas etapas, como la preadolescencia, es mejor que se concentre en capturar su personalidad ya más forjada. En cada capítulo le ofreceremos una pequeña introducción sobre las peculiaridades físicas y sicológicas de diversos períodos de crecimiento del niño. No tiene que poseer los conocimientos de un sicólogo infantil, pero sí le vendrán muy bien algunas nociones que le ayudarán enormemente en su trabajo diario.
Recursos no solo fotográficos: calma, descanso, comida, juegos…
No todos los niños son igual de sociables y se comportan de manera similar en una sesión fotográfica. Con algunos podrá empezar la sesión casi inmediatamente, mientras que con otros necesitará una fase de aclimatamiento. En especial considere que las sesiones en estudio significan para el niño entrar en un entorno desconocido, algunos parecen entrar en fase de auténtico pánico porque creen que los llevan a la consulta del médico o a la cueva oscura del lobo de sus cuentos. Por ello será conveniente que tenga preparados ciertos recursos, no sólo fotográficos, para su sesión. Pepa Valero tiene siempre su nevera bien surtida de chocolatinas, batidos, etc. “Un trozo de chocolate y esperar 5 minutos a que haga efecto, cambia completamente la actitud de un niño enfadado”.

En esta imagen, tomada durante una sesión fotográfica de Pepa Valero, puede apreciar cómo la fotógrafa incentiva una atmósfera de juego en los niños. Para campañas específicas suele construir un escenario donde los pequeños están deseando entrar a divertirse e imaginar historias. Ella misma se pone cómoda, se quita los zapatos y, entre foto y foto, ¡salta a la escena a jugar con ellos! Habitualmente usa una iluminación sencilla que permita al niño moverse libremente por la escena para esta imagen situó un flash a la izquierda montado con una ventana rectangular y nido de abeja, según las técnicas explicadas en el capítulo 4, y ajustó la potencia del flash para que las pequeñas luces de Navidad también iluminaran el rostro de la niña.
Nikon D-800, Sigma 35 mm f/1,4, ISO 800, f/2,8, 1/160 s.
Cada fotógrafo al especializarse en fotografiar niños busca sus propios recursos. Pepa Valero resalta cómo “mi arma secreta para trabajar con niños es que yo también soy muy niña, un poco trasto y me encanta hacer el tonto. Ellos no me ven como una mamá o una abuelita, que ya tengo edad para ello, sino como un niño más. Tengo una clienta con una niña que cuando le dice la mamá en su casa ”Marta, ven aquí que te tienes que comer esto”, la niña le contesta ‘yo no me llamo Marta, ¡me llamo Pepa Valero!’ (risas). Muchos padres y madres me dicen que sus niños recuerdan mucho la sesión conmigo y es por ese motivo, porque para ellos resulta una experiencia distinta de lo que hacen todos los días. Estamos dos horas juntos bromeando, jugando, haciendo el tonto… entonces a los críos se les queda mucho en la cabeza que han estado con una payasa ¡directamente!”.
Detecte el carácter y momento en que se encuentra el niño. Pepa Valero insiste en la importancia de “entender las peculiaridades de cada edad, porque así no es difícil encontrar trucos para que colaboren en la sesión. Por ejemplo, con los niños de dos años, que suelen ser muy rebeldes, funciona de maravilla la compañía de un hermano o primo mayor porque lo que haga el mayor lo va a imitar también el pequeñajo. Si no quiere hacerse fotos, empiezo haciendo fotos al primo o al hermano, inmediatamente tengo ya al pequeño que quiere que le haga a él, a menudo me dice: ‘Este no, ¡yo!’ con lo que ya puedo empezar la sesión”.
“Para niños más grandes, de siete a diez años, lo que suelo tener como recurso es decir palabrotas o tacos con ellos. Intento no decir muchas pero que alguna se escape y reírnos juntos. A las chicas les va mucho sentirse princesas; siempre llevo mis coronas, mis pañuelos, mis faldas… y eso funciona genial. Con los chicos suelo llevar bombas de humo, pues les llaman mucho la atención ver cómo se abre el humo, los colores que forma, etc.”.
Si el niño es muy nervioso quizás lo mejor es dejarle que explore el estudio o le acompañe explicándoselo, o quizás se sienta más relajado si plantea una sesión en exteriores. Cuando acaba de despertarse después de una siesta en el coche, déjele su tiempo para que abandone su estado de sueño y le conozca. Además hable con el niño, pregúntele por sus temas o canciones favoritas y tenga a mano su tableta u ordenador para reproducir alguno de ellos. Un niño relajado, cómodo y confiado supone un 50% del éxito de su proyecto fotográfico.
CONSEJO
EL JUEGO… Y LA RISA
Fred Rogers: «El juego es realmente el trabajo de la infancia»
El juego es una pieza clave en el aprendizaje y la interacción social de los niños. El juego les permite entretenerse, así como descubrir y aprender de su entorno. Los pequeños no entienden muchas cosas del mundo de los adultos: ¿para qué les llevan con un desconocido que se esconde detrás de un aparato negro y les marea la cabeza con fogonazos de luz? La primera tarea del fotógrafo es conseguir que los pequeños no lleguen a esa percepción. Los niños se sienten atraídos por el juego y está en sus manos saber aprovechar esa tendencia natural para que colaboren con usted sin esfuerzo y pasando un buen rato.
Olvide su cámara, siéntese con su protagonista en el suelo con algún juguete o muñeco y plantéele un juego que consista en una tarea sencilla. Puede pedirle que mueva la cabeza del muñeco para contestar a las preguntas que usted le formule, o que haga andar o parar al muñeco cuando se lo indique, o que pulse el botón del resorte para hacer salir a un muñeco de una caja. Procure que los movimientos que le solicite sean fáciles de entender y vincular a una palabra; no los asocie a una señal visual porque entonces el niño fijará demasiado la mirada en su mano. Por último intente que la secuencia posible de movimientos facilite una pose adecuada del pequeño.
Motívele a reír; el niño reaccionará de manera muy diferente si ve que usted se ríe por los fallos de sincronización de los movimientos del pequeño, en vez de agobiarlo con una perorata cada vez que no se mueve justo cuando usted le indica. La risa, al igual que el juego, desencadena toda una serie de reacciones fisiológicas, cognitivas y emocionales que facilitan el aprendizaje, la sociabilidad, la liberación del estrés acumulado y permiten que el niño sea más abierto a nuevas personas y experiencias. Planee, memorice y practique algunos recursos para provocar la risa en un niño: desde muecas y sonidos de animales para los más pequeños, a chistes o parodias de personajes para los mayores. Incluso algo tan simple como hacer que el niño lo perciba a usted como que juega al escondite detrás de la cámara puede convertirse en una fuente de carcajadas en el pequeño.

En el almacén de Manuel González se encuentran ositos y animales de peluche, mariposas, margaritas y otras flores, con los que puede distraer a los niños para que aparezcan más naturales y menos pendientes de la cámara. En este caso le propuso a la niña un juego sencillo con la margarita En esta fotografía, como es habitual en él, utiliza la estrategia acción/reacción: la mamá está al lado de la cría y la incita a mirar a la margarita o bien a arrancarle una hojita, consiguiendo esta instantánea, tan natural y fresca, al disparar cuando tenía la mirada concentrada en la acción sobre la flor. Hasta los 3 años, los niños tienen que concentrar toda su atención para lograr coordinar sus movimientos, de modo que solicitarles una acción concreta sobre algo les induce a permanecer atentos con todos sus sentidos en ello, facilitando al fotógrafo posturas y gestos más naturales.
Canon 5D Mark IV, Canon 135 mm f/2, ISO 800, f/5, 1/250 s.
Peculiaridades de la fotografía de niños
IMPREVISIBLE
Una sesión fotográfica con niños puede ser muy imprevisible, tanto en sentido positivo como negativo. Es posible que se encuentre con un niño que se expresa de forma muy natural ante la cámara y permita que la sesión fluya fácilmente; pero también que al pequeño no haya forma de mantenerlo quieto por ser hiperactivo o, simplemente, porque no le gusta el entorno del estudio del fotógrafo.
La planificación previa de una sesión fotográfica con niños puede ahorrarle mucho tiempo. Empiece por ofrecer a sus padres una serie de sugerencias sobre el descanso previo que debería haber tenido el niño, la hora ideal para las fotografías, etc., en función de la edad del pequeño. Expréseles también que siempre hay que contar con factores imponderables, desde aquellos niños que vienen aterrorizados por experiencias cercanas desagradables, por ejemplo visitas al médico, a otros que se enojan cada vez que se les propone cambiar de vestuario.
Sobre todo busque establecer una buena comunicación con el niño; entonces observará cómo fotografiarlo se convertirá en una experiencia estimulante por la cantidad de sorpresas que puede ofrecerle. Esté muy atento a la inocencia con que le pueden proponer ideas divertidas y emocionantes. Muchas veces no necesitará más que sugerirle el inicio de una historia, preguntándole por el nombre de su muñeco o indicándole que agite la caña con la bandera pirata, para que el niño le sorprenda con toda una aventura de conquista improvisada en su estudio o en el bosque donde se encuentre.
RÁPIDA
A excepción de los recién nacidos, ¡o cuando duermen la siesta!, le resultará difícil mantener quietos a los niños que fotografíe. Por naturaleza los niños están en constante movimiento: desde los pocos meses y hasta los tres años necesitan practicar constantemente el control de sus movimientos para agarrar cosas, andar, etc.; después, simplemente por explorar y aprender del entorno. Además muchos de ellos no paran de gesticular y hacer mohines cuando están frente a una cámara.
Tendrá que acostumbrarse a esa dinámica por parte de los pequeños e intentar reconducir la sesión hacia una atmósfera de colaboración. Si el niño se siente escuchado y comprendido, si observa que usted le habla en un tono tranquilo y pausado, que le ofrece posibilidades de jugar, mantendrá una actitud más reposada y colaborativa. Por el contrario, si aprecia que usted no le presta atención o que le habla en un tono imperativo, el niño rápidamente lo captará, se sentirá solo y demandará mayor atención llorando o moviéndose agitadamente. Para Pepa Valero “la paciencia es la madre de la ciencia en este tipo de fotografía. A mí me llegan muchos niños llorando y pataleando, pero con paciencia he conseguido calmarlos a todos. No hay más secreto que darles su tiempo y espacio para que el niño te sienta como alguien cercano, como un amigo, y eso requiere tiempo. Lo mínimo que se necesita es una hora, incluso cuando son pequeñas sesiones requieren ese tiempo, no puedes hacerlas en quince minutos. Si coloco una sesión cada quince minutos, no hay suficiente tiempo para que el niño pueda adaptarse”.
Busque calmarlos y no sobreexcitarlos con sus propuestas de juego. Tómese su tiempo para sentarse con ellos en el suelo, dejar que le cuenten sus aventuras con sus muñecos y conseguir que se relajen con usted. Propóngale tareas sencillas pero que requieran de una cierta atención para realizarlas, al objeto de que concentre todos sus sentidos en ello y relaje la atención hacia usted y la cámara. Si todavía el niño se encuentra demasiado nervioso, quizás por timidez o miedo al entorno del estudio, deje que se calme en brazos de su madre o padre mientras aprovecha para tomar algunas fotografías de ellos juntos. Y si incluso eso falla, siempre le queda el recurso de la chocolatina y esperar a que haga efecto el poder ‘sedante’ de la golosina.

Aunque la sesión se desarrolló en exteriores, Alba Soler recurrió al flash para conseguir detener el movimiento constante de este niño. Le propuso diversos juegos sobre esta traviesa de ferrocarril, retándole a abrirse de piernas sobre el puente improvisado. Para que el bosque al fondo no distraiga, usó un objetivo tele corto de 85 mm y un diafragma bastante abierto de f/2, lo que le permitió una profundidad de campo muy reducida y que únicamente el plano del niño estuviera enfocado con nitidez.
Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 200, f/2, 1/160 s.
Hay ocasiones en que no le quedará más remedio que disparar en ráfaga para poder captar movimientos, gestos y expresiones rápidas. Si el niño es un apasionado de su bicicleta, el columpio es su sitio preferido o no para de saltar a la comba… ajuste su exposición y dispare en ráfaga. También resulta muy útil esta técnica cuando fotografíe a un preadolescente que empieza a tener demasiada consciencia de su propia imagen, porque así podrá captarlo en los intervalos entre momentos demasiado posados.
SESIONES BREVES
Nuestros tres fotógrafos coinciden en que las sesiones con niños tienen que desarrollarse en algo menos que una sesión equivalente con adultos; aunque si se suma el tiempo que hay que darles a los pequeños para acostumbrarse a un nuevo entorno y para descansar entre tomas en realidad el tiempo requerido viene a ser muy similar. Si una sesión de retrato de adultos con tres o cuatro cambios de ropa viene a durar una hora y media, calcule que tendrá alrededor de una hora si se trata de un niño pero añada al menos otra media hora para aclimatación y descanso entre tomas. Si parte de esa hora de trabajo real en estudio y considera en unos cinco minutos el tiempo necesario para realizar cada cambio de vestuario, el tiempo real que le quedará para fotografiar será de unos cuarenta y cinco minutos o sea unos 10 a 15 minutos para cada atuendo.
Para Alba Soler, la clave es no agobiar al niño con el tiempo: “No voy acelerada haciendo la sesión, así que me tomo de una hora y media a dos horas y media máximo. Prefiero ir con tiempo, porque a lo mejor nada más llegar el niño necesita adaptarse al entorno o exige parar un cierto tiempo la sesión, porque necesite descansar, merendar o jugar sin que nadie le esté diciendo donde colocarse todo el tiempo. Mucha gente piensa que dos horas es mucho para un niño; pero es al contrario, el niño se estresa menos si vamos con más tiempo”.
Manuel González, lógicamente bajo su criterio y experiencia de trabajar en fotografía infantil desde hace muchos años, opina que “los niños de 1 a 4 años aproximadamente no aguantan más de una hora metidos en el estudio. Pasado este tiempo el crío va perdiendo la energía y el consiguiente interés por todo lo que le rodea. Por regla general mis sesiones infantiles tienen una duración de una hora, exceptuando recién nacidos que van de 3 a 5 horas”.
Algunos fotógrafos, como Pepa Valero, han diseñado varios tipos de sesiones con distinta duración dependiendo de la edad: “Puedo ir de una sesión mínima de 45 minutos hasta 4 o 5 horas. Si los padres quieren algo muy extenso, en estudio y exteriores, con y sin familia, hay veces que divido la sesión en dos días. Ese tipo de sesiones largas únicamente son posibles a partir de los siete años en adelante. Hay muchos niños que se cansan y entonces es conveniente saber parar la sesión, para quizás continuar al día siguiente si es necesario”.
FASCINANTE
Los niños son criaturas fascinantes, aproveche los momentos mágicos que seguro le brindarán, por ejemplo cuando tienen menos de 10 años todavía no son completamente conscientes de su propia imagen y, por tanto, son mucho más espontáneos y menos reservados a la hora de disfrazarse o actuar. Con muy pocos elementos que usted aporte y una oportuna sugerencia de aventura podrá activar su imaginación. Alba Soler indica “la importancia de incluir en la mochila de equipo algunos pequeños objetos, por ejemplo unas mariposas de plástico, y después simplemente con preguntarle ‘¿de dónde ha venido esta mariposa?’ es suficiente para que el niño se concentre en ella, se olvide de la cámara y brote la magia de su fantasía. Para mí los niños o la infancia serían como los momentos ideales para soñar, donde no tienes ningún prejuicio ni ninguna responsabilidad. Puedes pensar libremente: ¿qué voy a hacer de mayor?, ¿dónde voy a vivir? Al realizarle una foto a un niño estamos recogiendo dichas sensaciones. Cuando le hacemos una foto con los ojos cerrados, estamos transmitiendo todo eso: ¿qué estará soñando?, ¿cómo va a ser su vida?”.

Con niños mayores, Alba Soler prepara sesiones más tranquilas donde busca captarlos absortos en su mundo interior y menos atentos a la cámara. Con algunos funciona muy bien ofrecerles algunos libros antiguos con ilustraciones atractivas y dejarles un rato para que los curioseen. Después puede indicarles que se recuesten e imaginen en cual de esas historias les gustaría aparecer junto a los personajes. Alba preparó una iluminación sencilla, situando un Flash Profoto con reflector de belleza (Beauty Dish) arriba a la izquierda, para incrementar un poco la iluminación en la zona central de la imagen que estaba en la sombra del árbol y ajustando su potencia para que la propia luz natural le sirviera como luz de relleno de sombras.
Canon 5D Mark III, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 400, f/4,5, 1/200 s.
Las claves
CONOCER CADA EDAD
Cada niño es un mundo en sí mismo; no obstante hay una serie de patrones comunes de comportamiento que dependen mucho de la edad del pequeño y por ello le insistiré en los capítulos siguientes cómo abordar su forma de tratarlos durante la sesión fotográfica. Hay edades cuando podrá convencerlos fácilmente para seguir sus instrucciones, mientras que en otras el niño deseará imponer sus condiciones y tendrá que negociar con él.
En general, procure que el niño llegue relajado a su estudio y se mantenga así la mayor parte de la sesión. Para ello es fundamental que los padres no creen demasiadas expectativas al pequeño sobre la sesión en las conversaciones previas; más vale que bromeen con él sobre el estudio o el fotógrafo y le cuenten de forma divertida cómo le hicieron fotos a los padres cuando eran pequeños, a que lo atosiguen con indicaciones absurdas sobre cómo tiene que comportarse y lo que se espera de él.
Un buen fotógrafo de niños es una equilibrada combinación de madre, padre, sicólogo, compañero de juegos… ¡y por supuesto experto en fotografía! No obstante, de nada le servirán sus amplios conocimientos de fotografía si no logra calmar una rabieta o proponerle un juego que le entusiasme. Para ello es fundamental que conozca las peculiaridades de cada edad, sus problemas más habituales y cómo enfrentarse a ellos con éxito. Nunca pierda la oportunidad de aprender de los niños, incluso cuando no está fotografiándolos y, simplemente, se encuentra visitando a una pareja de amigos con niños pequeños. Pepa Valero reconoce que “el día a día me ha hecho conocer al niño y saber las peculiaridades de cada edad. Es curioso que hay veces que estoy en la playa y oigo una rabieta detrás de mí y digo ‘un niño de dos años’, escucho a otro y calculo un año y medio…¡Y no fallo!, ¡los tengo cronometrados! Me los conozco al dedillo”.
Mientras más domine sus peculiaridades y haya interactuado previamente con niños de todas las edades, con mayor facilidad logrará que fluya la sesión fotográfica sin problemas. Quizás por ello, tantos fotógrafos de niños consideran que han empezado realmente a saber cómo fotografiar a los pequeños cuando han tenido sus propios hijos y han debido afrontar las peculiaridades y problemáticas del desarrollo del niño en cada edad. Pepa Valero considera que “no es fundamental tener hijos para entenderlos, al igual que hay excelentes profesores que no los tienen, pero es natural que a raíz de ser padre o madre tu forma de trabajo cambia”.
Manuel González opina que “bajo mi criterio, el ser papá de dos crías maravillosas, Natalia de 12 años y María de 10 años, pienso que no me ha cambiado mi forma de trabajar con críos, Eso sí, he de decir que esa combinación de la que hablabais arriba de madre, padre, psicólogo, compañeros de juego, quizás me haga tener otra visión a la hora de abordar una sesión infantil. Pero lo que si tengo clarísimo que a quien no le gusten los críos y tenga esa paciencia, con toda probabilidad le cueste más abordar las sesiones. La paciencia y dejar fluir la sesión son primordiales para que el crío se encuentre cómodo en el espacio extraño en el que está. Por regla general seguir esta forma de actuar me lleva a conseguir una sesión con éxito”.

Conocer cada edad y sus peculiaridades físicas y sicológicas es fundamental para iniciarse en la fotografía de niños. Entre los 6 meses y el año los bebés se llevan todo a la boca, pues para ellos es otra manera de explorar el mundo. Además le están saliendo los dientes y le molestan las encías, de modo que suelen intentar mitigarlo masticando lo que encuentran a su alrededor. El fotógrafo Manuel González conoce perfectamente este período y tiene varios peluches que pueden dar juego a imágenes divertidas cuando el niño empiece a explorarlos y morderlos. También sabe que no pueden quedarse erguidos al sentarse, por lo que coloca al niño en un cesto de tamaño reducido que le ayude a mantenerse sentado sin caerse.
Canon 5D Mark III, Canon 24-70 mm f/2,8 @ 38 mm, ISO 100, f/22, 1/60 s.
NARRAR SUS HISTORIAS, INCENTIVARLAS MEDIANTE EL JUEGO Y LA MÚSICA
Ofrézcale espacio y tiempo para que le sorprenda, haga que el niño se sienta libre en su presencia, de forma que no coarte su imaginación… déjele que se sienta un poco ‘salvaje’ y vea la sesión como un juego más. No conozco niños que no deseen jugar… de modo que esa tiene que ser su arma secreta: el juego. Cuando el niño se concentra en un juego, su mente se focaliza en él y ya no está preocupado por el fotógrafo o por el entorno del estudio. Por ejemplo: indíquele que se prepare para salir corriendo o que suelte su cometa cuando usted cuente hasta tres. Pídale que imite las toses de su padre o los ladridos de su perro…
Alba Soler considera que “la situación óptima es de juego controlado. En mi forma de disparar no propicio situaciones donde el niño vaya corriendo o se mueva rápido. Soy más de posado aunque sean muy pequeños. Siempre es una situación controlada, sí que les doy juguetes, una pelota, cosas con las que jugar… pero les pido que la encesten en algún punto, si tienen que coger una flor… debe ser esa flor en concreto. Estoy preparada por si se mueven pero intento no propiciar que corran o se muevan del sitio donde deseo, porque he elegido ese sitio con esa luz, ese encuadre, esas características… Es más fácil sentarlo y, por ejemplo, darle un camión para que lo llenen de piñas, así mientras lo llenan el niño no se moverá de allí”.
Pepa Valero sugiere usar la música para que el niño pierda el miedo al estudio: “A mí me funciona mucho el cantar, ¡y mira que canto mal!, o simplemente ponerle algo de música. Hay veces que canto muy flojito y entonces, si logro mantener callados a los papás porque siempre se eleva mucho la voz en el estudio, el niño empieza a perder los miedos y a querer acompañarme cantando o bailando. Otra cosa que funciona también muy bien, con niños de dos años que suelen ser muy rebeldes, es la compañía de un hermano o primo mayor, porque lo que haga el mayor lo imitará también el pequeñajo. Si no quiere hacerse fotos, empiezo tomándole fotografías al primo o al hermano; inmediatamente tengo ya al pequeño que quiere que se las haga a él.
EMPATÍA Y ASTUCIA
Un niño de corta edad es mucho más espontáneo e inocente que un adulto, lo que en muchos casos facilita la interacción con ellos. No son tan conscientes de sí mismos ni capaces de avergonzarse y retraerse. Lo que sienten lo expresan directamente en su cara y gestos, permitiendo al fotógrafo atento lograr imágenes de gran intensidad emocional. Sus reacciones son más fáciles de prever pues responden de forma más regular a los estímulos, al no estar tan influidos por la racionalidad que domina los comportamientos adultos.
Pero también la interacción puede ser mucho más compleja, porque no son capaces de comunicar verbalmente todo lo que sienten. Tienen desconfianza y miedo; ante nuevas situaciones sus reacciones pueden desbordarle y empezar a llorar o gritar. Entre las claves para conseguir sesiones fotográficas agradables para el niño, la familia y el fotógrafo posiblemente las dos más importantes sean: empatía y astucia. La empatía, el situarse en la cabeza y sentimientos del niño, le ayudarán a anticipar sus miedos, analizar sus actitudes y comprender sus acciones. De ese modo conseguirá reunir mucha información que le posibilitará diseñar un entorno inicial satisfactorio para el niño, así como poder reaccionar a los problemas que surjan durante la sesión.
Cierre los ojos e intente imaginarse dentro de la mente de un niño de dos o tres años. Acaba de comenzar a ir a la guardería, lo que le ha costado varias rabietas pero, más o menos, se ha empezado a acostumbrar a los vivos colores, al ambiente de juego y los amigos que empieza a hacer. Ahora su madre le ha dicho que van a ir a casa del fotógrafo para que le haga unas fotos. Entra en un lugar extraño y oscuro, donde la única zona donde hay luz está sin ningún mueble y con un suelo muy raro de color blanco, sin esquinas. Está empezando a aprender a bajar las escaleras por sí solo, a controlar el miedo al vacío, pero de pronto le depositan en una superficie sin texturas y que parece que puede hundirse en cualquier momento. ¿Cómo cree usted que reaccionaría? Es bastante probable que entrara en una situación de pánico y deseara que sus padres lo sacaran fuera de allí cuanto antes.
Cuando la madre o el padre llevan a su hijo al estudio de un fotógrafo, que desde luego es lo menos parecido a su hogar o a la guardería, deben esperar que al niño tarde un cierto tiempo en acostumbrarse al lugar y al fotógrafo. Aunque le daremos una serie de consejos para conseguir un entorno agradable para esa primera experiencia, considere fundamentalmente que es el momento de la empatía con el niño, de ponerse en su lugar y ofrecerle todo el cariño que demanda. Una vez superada la fase de aclimatamiento, puede encontrarse con un niño sociable, simpático y encantado de seguir sus indicaciones.
Para Pepa Valero “también es muy importante que únicamente una persona le hable al niño, que solo una esté a su nivel. Si el niño está a tres metros, debe haber otra persona que conozca (su madre o padre habitualmente) que se encuentre de treinta a cincuenta centímetros de él, mientras que mi ayudante también se suele quedar cerca jugando con él. Tanto en el estudio como en exteriores, si al niño se le deja solo y a tres metros, frente a él, se encuentra el fotógrafo, sus padres y todas las demás personas, su reacción inmediata es pensar ‘Yo también me voy. ¿A mí por qué me habéis dejado solo aquí? ¿Qué juego hay aquí, si estoy yo sólo y vosotros lejos?’ y deseará buscar la compañía y acercarse a donde están todos”.
Manuel González indica cómo “dependiendo del temperamento o personalidad las indicaciones al crío las hará la mamá o el papá o yo mismo; pero nunca le vamos a dar esas indicaciones u órdenes tres personas, porque así el niño se aturulla y no sabrá a quien hacer caso. En críos más introvertidos, por regla general, esas órdenes serán realizadas por el papá o la mamá, lógicamente bajo mi guión, a diferencia de críos extrovertidos con los que esas peticiones las daré yo. Siempre comento que esa psicología debe tenerla un fotógrafo infantil y captar rápidamente la personalidad del crio actuando en consecuencia para el buen desarrollo de la sesión”.

Para que se acostumbre al espacio del estudio, un niño de corta edad requiere de un periodo de aclimatamiento donde la madre o el padre se encuentren muy cerca de él. Manuel González le pidió a la madre que sostuviera la bufanda mediante un hilo transparente, mientras se mantenía próxima al pequeño. Fíjese en el gesto tan expresivo y tranquilo del niño, ¡no siempre tiene que captar una sonrisa para conseguir una buena fotografía!
Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 125, f/4,5, 1/200 s.
Si el niño empieza a tener una actitud poco cooperativa, es el momento de comenzar a usar toda su astucia y cartera de trucos para distraerlo, de modo que la mente del pequeño se dirija hacia algo fuera de la experiencia de la sesión. Unas figuras de colores, un muñeco de peluche o, simplemente, usted imitando el ladrido de un perro pueden bastar para conseguir fijar su atención y activar su imaginación, de forma que olvide el lugar donde se encuentra.
Ofrézcale algunas recompensas; Pepa Valero asegura que según su experiencia “no hay nada que una chocolatina no pueda conseguir…” También nuestros tres fotógrafos suelen usar otro truco basado en la sicología inversa: “cuando desee que el niño haga algo, indíquele justo lo contrario… Si quiere que se suba a la silla, dígale que no se suba y espere a su reacción. Lo más probable es que en unos segundos intente subirse a ella”.
CONSTRUYENDO UNA RELACIÓN LARGA Y PERIÓDICA
A medida que vaya teniendo mayor soltura fotografiando niños, logrará que ellos le aprecien y consideren sus encuentros como una experiencia divertida y entretenida con la que disfrutarán. Al establecer un vínculo con el pequeño logrará que al niño le apetezca volver a tener una sesión de fotografías, ya sea en estudio o en exteriores.
Desde un punto de vista comercial le interesa empezar a construir esa relación con los padres cuanto antes, por lo que muchos fotógrafos realizan ofertas especiales para sesiones de embarazadas o de ellas con sus parejas. Si logra captar las bellas curvas de su cuerpo o la chispa de amor entre ellos durante el embarazo, muy probablemente conseguirá, en breve, una reserva de sesión para cuando llegue el bebé. En el capítulo dedicado a la promoción de su estudio le aconsejaré algunas campañas que puede planificar para las distintas edades, de manera que logre la fidelización de sus clientes.
“Evidentemente –indica Alba Soler– el momento estrella es cuando nacen y todo su primer año. Después me piden mucho inmortalizar el primer cumpleaños, bien en exterior o en estudio, dado que es un periodo muy especial para los padres, porque ven cómo el niño empieza a andar y a hablar. Posteriormente también se solicita todo lo que es 2 o 3 años porque los padres empiezan a darse cuenta de que el niño va creciendo y dejando de ser bebé. A continuación hay un rango de edad bastante vacío hasta la Primera Comunión. Ese es uno de los períodos que a mí, personalmente, más me gustan; sin embargo los padres no lo acaban de valorar, tampoco saben qué momento es mejor, porque realmente da lo mismo con 4, que con 5, 6 o 7 años. En el fondo se les considera a todos niños de edad media y el pensamiento de la mayoría de la gente es: ‘Si no es este año cuando le lleve a una sesión fotográfica, será el que viene’ pero van dejando pasar los años y llega la Comunión sin que la hayan realizado”.

Para algunas tomas, es necesaria la calma total del niño para conseguir los resultados que hemos imaginado, son tomas que requieren algo más de tiempo y un poco de paciencia por parte del modelo. Lo primero es que esté lo más cómodo posible, que no le duela nada, que no le pique nada… y si hay algo que pueda ser incómodo y no podemos evitar, intentar darnos prisa. En esta fotografía, tiene una pieza de tela cubriendo toda la espalda para que su piel no esté en contacto directo con la tierra. Y para conseguir su participación Alba recurre a la colaboración del niño en la “obra de arte” que están creando juntos. Explicándole cada detalle de la imagen, cómo va a acabar siendo, cómo se va a realizar y qué tiene que hacer el niño. De esta forma se implican en la toma y hasta corren a ver en el visor cómo ha quedado! La iluminación proviene de un flash Profoto modelo B1 Con un accesorio tipo reflector de belleza (Beauty Dish) situado a la derecha, con las sombras suavizadas por la luz natural que había en la escena.
Canon 5D Mark II, Canon 50 mm f/1,2, ISO 200, f/5,6, 1/200 s.
A lo largo de los primeros años de vida de los niños hay muchos momentos mágicos que puede plantear a los padres y captar con su cámara fotográfica. Algunos tienen gran relevancia para los padres y casi siempre serán ellos los que le busquen a usted, como el bebé recién nacido o la Primera Comunión en las familias católicas. Sin embargo, si desea hacer crecer su negocio fotográfico, o simplemente es un papá o mamá con deseo de mejorar sus fotografías, explore también las historias que le pueden aportar los niños y niñas en cada edad: cuando empiezan a andar, su primer pastel de cumpleaños, jugando a merendar con sus muñecas, sus escondites favoritos, conquistando rincones del bosque con su tirachinas y bandera, buscando sus flores preferidas….
Este libro condensa la gran experiencia de tres estudios fotográficos especializados en la fotografía de niños y todas sus páginas están cargadas de información útil. No obstante, dependiendo de sus conocimientos y experiencia, le aconsejo que lea este libro de dos formas diferentes. Si es profesional de la fotografía o cuenta con una cierta formación y experiencia, puede comenzar a leer a partir del capítulo 5 donde se empiezan a analizar las peculiaridades de fotografiar a niños en distintas edades, para continuar después con los capítulos dedicados a postproducción, gestión y promoción del estudio. En caso de que usted sea una madre o padre aficionado avanzado a la fotografía, le invito a leer antes los capítulos 2, 3 y 4 donde se describen los equipos más recomendables, así como técnicas básicas para construir mejor sus reportajes y conseguir imágenes bien compuestas e iluminadas.

Para lograr primeros planos en retratos de niños, Alba Soler considera fundamental usar buenos objetivos, porque proporcionan una gran nitidez en los ojos y otros detalles, a la vez que ofrecen transiciones suaves y altas luces con desenfoques atractivos. En esta imagen usó uno de sus favoritos, el objetivo Canon 85 mm f/1,2, un teleobjetivo corto que captura muy bien las delicadas tonalidades de la piel de los niños. Combinó la luz solar para el fondo con un flash Profoto B2 y accesorio de Beauty Dish para iluminar el rostro.
Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 400, f/2,8, 1/200 s.
CAPÍTULO 2
Equipo fotográfico y humano
AL FINALIZAR ESTE CAPÍTULO HABRÁ APRENDIDO:
•Qué factores debería considerar para seleccionar su cámara y objetivos
•Cómo ajustar su cámara correctamente
•Cuáles son los objetivos más útiles en fotografía de niños
•Los accesorios de iluminación más útiles y cómo configurar un equipo básico o avanzado, tanto en estudio como en localizaciones
•Qué otras herramientas y complementos debería considerar incluir en su equipo para fotografiar niños fuera del estudio
•Cómo transportar de forma cómoda y segura su equipo fotográfico
•Las aportaciones de un buen equipo humano para ampliar su negocio
La elección de su equipo fotográfico vendrá determinada en gran medida por el tipo de fotografía de niños que realice. Si trabaja en un estilo más periodístico necesitará un equipo más ligero que le permita moverse con facilidad; mientras que si fotografía mucho en interiores no le quedará más remedio que invertir en objetivos más luminosos pero también más pesados e incómodos. Por supuesto, además de estos factores dependientes del método de trabajo, hay otros de gusto personal o, simplemente, derivados de una mayor familiaridad con ese tipo de equipamiento. En las páginas siguientes le guiaremos para que configure su equipo de acuerdo a su estilo, la edad de los niños fue dejar fotografiar y su presupuesto.
Cámaras y objetivos más adecuados
ELECCIÓN DE CÁMARA
Debido a la rápida evolución de las cámaras digitales sería de escasa utilidad recomendar una relación de equipo fotográfico para cada tipo de sesión, pues seguramente ya estará a la venta alguna cámara mejor para cuando tenga este libro en sus manos. Por ello le ofreceré una relación de características que debe tener en cuenta para elegir el equipo idóneo para fotografía de niños. Estas características son muy útiles para esta especialidad y son independientes del momento en que usted desee comprar su cámara.
Objetivos intercambiables: réflex o híbridas
Para el fotógrafo profesional o el padre o madre aficionada no hay lugar para considerar las cámaras compactas, a excepción de algunos modelos de gama muy alta que permiten las opciones de grabación en RAW y cuentan con objetivos de calidad razonable. Aunque por el rango de precio de dichos modelos merece más la pena que invierta en una cámara que permita el intercambio de objetivos. Las únicas ventajas de las cámaras compactas son su reducido peso y tamaño, así como las menores posibilidades de que el polvo entre en el sensor.
Las cámaras réflex SLR (réflex de único objetivo) han constituido la opción preferida por los fotógrafos de niños. El fotógrafo profesional busca cámaras que ofrezcan calidad de imagen, buena medición de luz, enfoque rápido, solidez y durabilidad. Estas cualidades se encuentran en las cámaras réflex de gama media o alta de la mayoría de los fabricantes actuales. Además, las cámaras réflex constituyen algo más que una cámara; son el centro de un sistema completo de objetivos, flashes y otros accesorios, que permiten al fotógrafo expandir las posibilidades de su equipo para fotografiar todo tipo de sujetos y en cualquier variedad de condiciones. En la elección de su cámara SLR busque entre los modelos de gama media o alta aquellos que se comporten mejor en las características que le explicaremos en los siguientes apartados. Los tres fotógrafos de este libro usan cámaras réflex para la mayoría de sus trabajos, “fundamentalmente por calidad y por estar muy acostumbrados a ellas, lo que redunda en un manejo muy rápido de sus controles en todo tipo de situaciones” como indica Pepa Valero.
Aunque hasta hace pocos años el único tipo de cámara a considerar para fotografía de niños eran las SLR, actualmente van ganando terreno las denominadas cámaras híbridas. Este tipo de cámaras permiten intercambio de ópticas pero en ellas se ha sustituido el sistema de visión ocular a través del objetivo y el pentaprisma por un visor electrónico. Básicamente son visores parecidos a los que montan las cámaras de vídeo con un pequeño monitor LCD donde se visualiza la escena captada por el sensor a través del objetivo que esté montado. La eliminación del sistema óptico de visor permite que estas cámaras híbridas sean más ligeras y de menor tamaño.
Además, varios fabricantes incorporan en sus cámaras híbridas sensores de tamaño considerable y niveles de ruido bajo, por lo que muchos fotógrafos profesionales de niños incluyen este tipo de cámaras en su trabajo. Pepa Valero considera que “para fotografiar niños que se mueven una cámara pesada te deja agotado, por mucha calidad que te ofrezca. Así que ya he empezado a tomar contacto con ellas y no dudo de que las iré usando en muchos de mis trabajos”. Desde luego, las cámaras híbridas son también una buena opción para los padres aficionados avanzados porque reducen el peso a la mitad, además de contar con sensores y objetivos excelentes, lo que facilita su transporte en viajes y poder usarla en muchas circunstancias cuando realice actividades con sus hijos.

Las opciones de cámaras más usadas en fotografías de niños: las cámaras réflex (Canon 5D Mark III y Mark IV. Nikon D750 y D850) y las cámaras híbridas de gama alta (Fujifilm X-T3 y Sony A9).
Una de sus principales desventajas proviene de que la escena se visualiza como en los visores de vídeo con los problemas inherentes a los visores electrónicos; o sea; que la imagen puede tener una pequeña ralentización o sobreexposición si se cambia de punto de vista rápidamente, sobre todo cuando hay cambios importantes de iluminación entre una escena y otra. A cambio, el visor electrónico permite añadir información extra sobre la visualización de la escena; así por ejemplo podrá ver su histograma en tiempo real superpuesto a la escena o manejar los menús de su cámara sin apartar el ojo del visor.
Megapíxeles: únicamente los necesarios
No se obsesione con adquirir una cámara dotada con el sensor de mayor número de píxeles en el mercado. Si bien es verdad que contar con un sensor de un gran número de píxeles permite recortar y quedarse con una pequeña parte de la imagen, manteniendo un nivel de calidad razonable. También es cierto que la mayoría de los profesionales no recurren a esa opción, sino que prefieren acercarse al sujeto, bien físicamente o por medio de teleobjetivos, para que el encuadre recoja al sujeto correctamente y sin necesidad de arreglos posteriores. Por otra parte, para la mayoría de los productos que ofrecerá basados en sus fotografías de niños le bastará con una cámara de un mínimo de 16 millones de píxeles. Con ese número de píxeles puede realizar copias de hasta 62 x 42 cm sin interpolar y llegar al 80 x 100 cm con una pequeña interpolación (33%).
Además, hay que considerar la ralentización en su flujo de trabajo que supondrá mover ficheros de gran tamaño desde su tarjeta al disco duro y cada vez que accede a ellas desde el disco. Si su cámara tiene 21 megapíxeles, los ficheros RAW que genere tendrán un tamaño de unos 26 megabytes y los TIFF resultantes sin ninguna capa de ajuste pesarán ya unos 63 megabytes. Multiplique por el elevado número de fotografías que se realizan en una sesión con niños y verá que solo los RAW pueden ocuparle más de 10 gigabytes. ¿Por qué usar un tamaño de imagen superior, si no es necesario para ofrecer una alta calidad y significará mayor espacio en disco y una ralentización notable de las labores de selección y ajuste?
Enfoque rápido
Para todo tipo de reportaje fotográfico, y más aún para recoger a los niños y sus actividades, se requiere una cámara que enfoque rápidamente y permita varios modos de ajuste del autofoco. Compruebe la velocidad del sistema de autoenfoque y su funcionamiento en condiciones de iluminación débil. Muchas cámaras de gama baja simplemente no son capaces de enfocar rápidamente en un interior de una vivienda poco iluminada.
Además, el sistema de autoenfoque de su cámara deberá permitir el autoenfoque único de cada disparo y también el autoenfoque continuo, que ajusta el enfoque siguiendo al sujeto mientras dispara una ráfaga de fotografías. Los modos de autoenfoque para ráfagas le serán muy útiles en numerosas ocasiones, por ejemplo cuando esté siguiendo a un niño que desarrolla alguna actividad en exteriores.
Según Pepa Valero “los sistemas de enfoque en cámaras digitales todavía dejan mucho que desear, al menos para mi método de trabajo, porque me gusta abrir mucho el diafragma para crear desenfoques y mezclas de luz. Uso tanto el enfoque puntual por zonas concretas, como enfoque al centro y reencuadrar después; a veces ajusto en modo de enfoque único y otras en enfoque continuo según las circunstancias y el niño, también uso enfoque manual sobre todo en macro. Sin embargo, cuando hay poca luz a veces enfocar es misión imposible, por lo que en algunas ocasiones me suelo ayudar de la linterna del móvil”.
Manuel González indica que usa “equipos Canon desde mis comienzos y estoy contento con los resultados que me ofrecen sus cámaras y ópticas. No obstante, siempre digo que antes de comprar, hay que probar los equipos. Afortunadamente todos tenemos distribuidores en nuestra zona para hacer las pruebas pertinentes. En la actualidad me siento cómodo con Canon y particularmente no siento ninguna inquietud por las nuevas cámaras sin espejos, pero siempre digo que si el camino está por ahí tarde o temprano llegará”.
Alta sensibilidad (ISO)
La mayoría de las fotografías de niños las realizará en estudio o de día en exteriores, por lo que no necesitará una cámara con sensibilidad ISO muy elevada; habitualmente la situará entre 100 y 800 ISO, por lo que no tiene sentido buscar una cámara que ofrezca mucho más de 3200 únicamente para algunos casos de interiores con iluminación reducida. Alba Soler considera “que una cámara con una calidad aceptable es más que suficiente. Mientras no limite tu creatividad, actualmente con cualquier cámara se pueden hacer maravillas. Sin embargo, una de las características prioritarias para mí al elegir una cámara es que tenga un buen comportamiento con sensibilidades medias o altas, ya que trabajo casi todo el tiempo con luz natural”. Piense que la mayoría de las cámaras prometen fotografiar con muy altas sensibilidades pero otra cosa diferente es que la imagen resultante tenga calidad. Si puede, verifique usted mismo el comportamiento de la cámara a ISO 1600 y 3200, observe si reproduce correctamente una carta de colores, el ruido que aparece en zonas de sombra y la resolución de detalles finos (una carta de prueba de objetivos o un periódico). Si a esas sensibilidades no le convencen los resultados, sin duda debería buscar otro modelo de cámara si quiere fotografiar niños.
Rapidez de disparo
A lo largo de una sesión de exteriores con niños se suceden muchos momentos únicos que transcurren rápidamente y añaden esa “chispa” de vida al reportaje. No puede permitirse fallos para captarlos, porque su cámara no enfoca rápidamente o porque hay un cierto retardo en el disparador. La mayoría de las cámaras DSLR no tienen retardos apreciables desde el momento en que pulsa el disparador hasta el que se abre el obturador; sin embargo, cámaras híbridas y compactas de gama alta pueden tener un cierto retraso que es inadmisible para fotografía de niños.

A los niños de menos de 5 años resulta difícil mantenerlos quietos, por ello Pepa Valero ilumina la escena con luz natural difusa de forma que no tenga que estar ajustando la exposición todo el tiempo. Además, usa el modo ráfaga en su cámara Nikon para no perder las secuencias de movimientos y gestos. Muchas veces encuentra en los fotogramas intermedios de una ráfaga aquellos que son más naturales y emotivos.
Nikon D-800, Nikkor 50 mm f/1,8, ISO 400, f/4, 1/200 s.
También evalúe la velocidad de disparo en ráfagas; normalmente una velocidad máxima de 6 fotogramas por segundo es más que suficiente para exteriores con niños ¡no está fotografiando deportes! Además, deberá considerar el tiempo de grabación de una ráfaga; ese tiempo va a depender de la velocidad de transferencia del procesador de su cámara y de la velocidad de escritura que admita su tarjeta de memoria. No hay nada más frustrante que perder un instante único porque la cámara se encuentra ocupada ¡transfiriendo datos cuando tendría que estar tomando fotografías!
CONSEJO
TARJETAS DE MEMORIA: SUS CARACTERÍSTICAS
Para elegir la tarjeta de memoria más adecuada entre la amplia oferta disponible actualmente es fundamental conocer las características principales que debe comparar. La capacidad de almacenamiento no siempre es lo más importante. Considere prioritaria su velocidad de grabación, porque la experiencia más frustrante al fotografiar niños puede resultar de la incapacidad de la tarjeta de memoria para grabar rápidamente las ráfagas que en muchos casos necesitará disparar.
La velocidad máxima de la tarjeta viene indicada bien en MB/s (megabytes por segundo) o en un factor, número seguido de letra x: 100x, 300x, 500x, que indica el número de veces que debemos multiplicar 150 kB/s para obtener la velocidad de transferencia, así por ejemplo: una tarjeta de 100x tendrá una velocidad de 100 por 150 kB/s o sea 15000 kB/s o lo que es igual 15 MB/s. Si únicamente aparece una indicación de velocidad, esta será la de lectura que siempre es mayor que la de escritura. Realmente dicha velocidad máxima no es una buena indicación de las cualidades de la tarjeta para mover datos; además, es difícil incluso que la cámara que use pueda llegar a las velocidades más altas publicitadas en ellas.
Resulta mucho más útil la clasificación de velocidad, indicada por un número de una o dos cifras rodeado por un círculo ligeramente incompleto que forma una “C”. Esta es una de las características clave a considerar, sobre todo si va a usarla también para realizar vídeos, pues indica la velocidad mínima que la tarjeta le garantiza en una grabación continua. Las velocidades habituales son 2, 4, 6 o 10 megabytes por segundo.
Otra consideración sobre la velocidad es la velocidad mínima de escritura que garantiza la tarjeta, no la velocidad máxima de la que hablan las cifras en grande de la tarjeta, fundamental para conocer cómo se va a comportar de verdad la tarjeta al disparar una ráfaga de fotografías. Viene indicada por una letra “U” con un número dentro: el 1 indica 10 MB/s y si lleva un 3 sube a 30 MB/s.

La categoría de velocidad de vídeo se ha añadido para facilitar la selección de tarjetas destinadas a ser usadas prioritariamente para realizar vídeos. Se indica por una “V” seguida de un número que expresa la velocidad mínima de grabación de video en MB/s. Si grabara en Full HD se recomienda usar V6, V10 y V30; mientras que si graba en 4K debería escoger las V30 o V60.
Para aumentar la velocidad de transferencia, los fabricantes han desarrollado nuevos buses de conexión entre la tarjeta y la cámara. Las tarjetas denominadas UHS-I tienen una sola fila de contactos y una velocidad máxima de bus de 104 MB/s, mientras que las de UHS-II y UHS-III poseen dos filas de contactos y velocidades máximas de 312 y 624 MB/s respectivamente. Antes de optar por tarjetas UHS-II y III verifique que su cámara pueda beneficiarse de leer por medio de dichos buses mejorados, porque si no los leen estará simplemente gastando más dinero y la cámara seguirá leyendo solamente la fila superior de contactos.
La capacidad de almacenamiento de las tarjetas de memoria se expresa en gigabytes y actualmente se encuentra ya por encima de las necesidades habituales para los fotógrafos. No necesita invertir en tarjetas de enorme capacidad, de hecho la mayoría de los fotógrafos optan por una entre 32 y 64 gigabytes porque tienen una buena relación entre capacidad y precio. Algunos fotógrafos prefieren tarjetas de menor capacidad porque así en caso de error de una tarjeta no perderían todas las fotografías de la sesión. No obstante, si opta por cámaras de gama alta con doble ranura para grabación de las fotografías sobre dos tarjetas simultáneamente, esta medida de seguridad ya no tiene mucho sentido.
Si su cámara es antigua verifique si únicamente lee tarjetas hasta 32 GB, denominadas SDHC (Secure Digital High Capacity) o también puede leer las tarjetas de alta capacidad, de 64 GB o más también denominadas SDXC (Secure Digital Extra Capacity).
Las tarjetas tipo Compact-Flash también vienen marcadas con características similares. Las más importantes son la velocidad de Acceso Directo a Memoria (UDMA), las más antiguas UDMA modo 6 ofrecen velocidad de 133 MB/s y las modo 7 llegan a 166 MB/s. También indican la velocidad de grabación de vídeo mediante un símbolo de claqueta con un número dentro que indica la velocidad en MB/s.
Ergonomía, controles y menús
Entre los factores a los que no se les presta mucha importancia a la hora de escoger una cámara para fotografiar niños se encuentran la ergonomía y la facilidad de uso de controles y menús. Una sesión con niños supone un manejo continuo de la cámara, por lo que ésta debe adaptarse bien a la mano, sin posibilidad de que se deslice o resbale accidentalmente, con el disparador y los controles más usados fácilmente accesibles y sin retirar el ojo del ocular. Si trabaja sobre todo en exteriores, considere el peso del cuerpo de la cámara sumado al del objetivo más pesado que usará. ¡Usted tendrá que llevar ese peso durante una o dos horas bien al cuello o en su mano! Y aunque una diferencia de 150 a 250 gramos puede no parecer notable, sin embargo supone un mayor cansancio al cabo de unas horas. De modo que le aconsejamos que compare los pesos de los conjuntos cámaras y objetivos que esté evaluando para comprar.
Además valore los controles y menús de funciones pues los cambiará frecuentemente si sus localizaciones tienen entornos variados, con interiores, exteriores, diferentes iluminaciones, etc. Los controles para ISO, Balance de Blancos, Compensador de Exposición, Modos de Disparo y Modos de Enfoque deberían ser accesibles rápidamente y sin intricados submenús. A ser posible deberían tener sus propios controles directos o poder configurarlos en otros controles programables de acceso directo.
Batería
Pocas personas consideran el tiempo de duración de la carga de una batería a la hora de seleccionar su cámara… ¡hasta que en medio del momento cumbre de una ceremonia de comunión salta el aviso de falta de carga en la batería! Hay diferencias importantes en la duración de la carga de las baterías entre unos fabricantes y otros, e incluso entre diferentes modelos del mismo fabricante. Además de revisar sus especificaciones, compruebe la opinión de otros usuarios o incluso alquile una para poder comprobar su duración real.
En fotografía de niños, sobre todo si es profesional y realiza también reportajes sociales, su cámara debería poder trabajar todo el día sin necesidad de cambiar de batería. En caso de que la batería de su cámara se agote tras varias horas de uso continuo, considere comprar una empuñadura que permita incorporar baterías extras para no tener que cambiarlas durante toda la sesión. Además, estas empuñaduras facilitan el disparo de fotografías en formato vertical mediante el botón disparador adicional que incluyen para esta función. Este pequeño detalle ergonómico lo agradecerá su codo y antebrazo al final del día, dado que no tendrá que elevarlo para disparar en vertical.
Sistema de flashes asociado
Toda cámara profesional usada para fotografía de niños debería contar con un sistema de flashes portátiles de altas prestaciones, que le permita complementar su iluminación siempre que lo necesite. Los principales fabricantes de cámaras profesionales incluyen en su catálogo un conjunto de flashes portátiles, que hacen posible la sincronización de la cámara a un transmisor o flash maestro, y de éste a varios flashes esclavos que se dispararán simultáneamente cuando accione el disparador de su cámara. Para poder definir una iluminación concreta a las diferentes zonas de la escena, cada unidad deberá poder ajustarse en más (+) o menos (-) sobre el valor de exposición principal. Busque también en el sistema de flashes asociado a su cámara que tenga una buena valoración de su sistema de medición TTL, en el que la cámara mide la iluminación que aportan los flashes sobre la escena y puede cortar su potencia para conseguir una exposición correcta. (Lea más adelante en este mismo capítulo la sección dedicada a flashes portátiles para una información más detallada).
ELECCIÓN DE OBJETIVOS
Si desea avanzar a un escalón profesional en su fotografía de niños necesitará dedicar a la elección de objetivos tanto o más tiempo que el dedicado a estudiar la cámara que adquirirá… y por supuesto, asignarle un presupuesto en muchos casos similar o superior al dedicado a su cámara. ¿Por qué asignarle mayor presupuesto a su kit de objetivos que a su cámara? En primer lugar porque un objetivo profesional de gama alta logra resultados profesionales, al menos desde el punto de vista técnico (¡el artístico lo tendrá que poner usted!). Un objetivo de gama alta tiene un diseño óptico y una calidad de lentes y construcción que le permiten tener muchas de las cualidades que usted desea para su fotografía de niños. Si compara las fotografías tomadas con un objetivo de gama alta frente a uno de gama media baja observará: mayor resolución de detalles en todo el plano focal (no sólo en el centro como los objetivos de gama baja media), menor distorsión de las formas en los bordes (¡menos caras deformadas o edificios que se inflan!), mejor reproducción del color (compruebe la calidad de los tonos pasteles y saturados que puede conseguir con uno y otro objetivo) y desenfoques o bokeh mucho más suaves y con formas bonitas.
Otro punto clave que conviene considerar es su vida útil: un buen objetivo le prestará servicio durante más años que una cámara. Seguro que el sensor u otros componentes electrónicos de su cámara empezarán a fallar o su cámara estará desfasada tecnológicamente antes de que su objetivo empiece a dar problemas. Por lo que su inversión en un buen objetivo puede amortizarla durante muchos más años que la de su cámara.
Y un último argumento, no menos importante, se deriva de las exigencias de la fotografía de niños, sobre todo en eventos sociales, que requieren de una gran fiabilidad y resistencia en los equipos. Usted no puede repetir la ceremonia de la primera comunión por problemas con un objetivo de mala calidad que le falló en el momento más inoportuno. Tampoco puede retrasar una salida a realizar exteriores porque haya empezado a llover un poco. Un buen objetivo tiene componentes mecánicos de alta calidad e incluso puede estar sellado para garantizarle un funcionamiento óptimo durante años en las condiciones más difíciles (lluvia, viento, arena, etc.), sin que puedan penetrar en él polvo o agua que lo estropeen.

Los cinco objetivos fijos usados por Manuel González en fotografía de niños (de izquierda a derecha): Sigma 105 mm f/2,8 Macro, Sigma 85 mm f/1,4, Sigma 50 mm f/1,4. Canon 135 mm f/2 L y Canon 35 mm f/1,4 L.
Para fotografía de niños no es preciso disponer de un conjunto muy amplio de objetivos. Como en la mayoría de las especialidades fotográficas, en su elección debería primar la calidad de sus objetivos sobre su número. A continuación le ofreceremos algunas ideas útiles que pueden ayudarle a escogerlos. Para Pepa Valero, “en estudio e interiores resulta suficiente un pequeño conjunto de objetivos, que incluya un buen objetivo 50 mm y un tele corto entre 80 y 135 mm; personalmente me decanto por el 85 mm f/1,4 de Nikon”. Para Alba Soler; “si tuviera que escoger un solo objetivo, una lente fija que no te limite y pueda servirte en cualquier ocasión, estoy pensando claramente en un 50 mm. (Yo tengo el Sigma Art 50 mm f/1.4). Es una apertura que funciona bien prácticamente para todo y permite obtener atractivos desenfoques en los fondos. La mayor parte del tiempo trabajo en exteriores y tengo espacio de sobra para alejarme o acercarme si quiero cambiar el tipo de plano”.
El tele corto (80 a 135 mm de distancia focal) le permitirá conseguir planos medios y cortos, donde destaquen detalles del rostro y expresiones, desenfocando fácilmente el resto, para lo que debería elegir uno con una apertura máxima igual o por debajo de 2,8. Si, además, su tele corto es un objetivo macro, todavía podrá acercarse y captar planos aún más cercanos. Alba Soler tiene claro que “si queremos motivar nuestra creatividad y rodearnos de juguetes que nos hagan la vida más divertida, es cuando entran en juego otras lentes. Mi objetivo absolutamente favorito es el 85 mm f/1,2 que lleva pegado a mi cámara desde que lo compré. El 85 mm comprime el fondo de forma que no se come a la persona; encuentro que objetivos como el 50 o el 35 mm dan mucho protagonismo al entorno a no ser que la persona esté muy cerca de la cámara. Y aquellos con distancia focal superior al 85 mm hacen desaparecer demasiado el contexto de la persona, no permitiendo ver realmente donde está. El 85 mm nos sigue dando información del entorno, de sus formas y de lo que pasa alrededor, pero lo separa de la persona que cobra así mayor protagonismo”.

La fotografía superior está tomada con un objetivo 50 mm. Puede apreciar la escasa profundidad de campo al usar un diafragma muy abierto (f/2,5) si el punto de enfoque se encuentra muy cercano a la cámara. Las zonas enfocadas nítidamente se limitan a los ojos, nariz y labios, mientras que el fondo queda muy desenfocado permitiendo aminorar su importancia y reducir su visibilidad si no es muy de su agrado. Para la segunda, Alba Soler necesitó cambiar a un 135 mm para conseguir que, usando, un diafragma similar (f/2), pudiera alejarse de la niña y seguir teniendo un atractivo desenfoque en el fondo, pues si hubiera seguido usando el 50 mm tendría bastante zona enfocada por delante y detrás de ella.
Canon 5D Mark III, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 200, f/2,5, 1/200 s.
Canon 5D Mark III, Canon 135 mm f/1,4, ISO 400, f/2, 1/160 s.
Manuel González coincide en estas apreciaciones sobre el 85 mm y añadiría también entre sus favoritos al 135 mm, además de un zoom 24-70 mm f/2,8 para ocasiones donde no tenga tiempo de cambiar de objetivo. Por regla general Manuel tira toda su fotografía de estudio con el 85 mm, nos comenta que “aunque los entendidos en la materia dicen que lo más parecido al ojo humano es el 35 mm o 50 mm, en la práctica y según mi criterio lo más fiel a la realidad de lo que estoy fotografiando cuando trabajo en el estudio es el 85 mm. Dependiendo de cómo usemos los ángulos en la toma, el 50 mm distorsiona la realidad y si hablamos del 35 mm mucho más. Además al usar el 85 mm consigo guardar la distancia de seguridad para no invadir los espacios de los sujetos fotografiados. En cuanto a exteriores, aparte del 85 mm, también utilizo el 135 mm, porque tiene un bokeh especial. El 50 mm y 35 mm lo uso para grupos puesto que carezco de espacio amplio en mi estudio para estas instantáneas. El 105 mm macro lo utilizo exclusivamente para detalles en fotografía de recién nacido”.

En el mismo escenario Pepa Valero suele efectuar fotografías con un 35 mm (arriba) y un 85 mm (abajo). En la foto tomada con el angular se puede identificar el lugar donde se tomó la imagen. Sin embargo, el ángulo más estrecho del teleobjetivo combinado con su menor profundidad de campo logra que el fondo de cañas y hojas aparezca mucho menos definido en la fotografía captada con el teleobjetivo. Además, al situarse la fotógrafa en un punto de vista más bajo para la toma logra transformar un paisaje convencional en un lugar mágico donde la niña aparece como en un sueño.
Arriba: Nikon D800, Sigma 35 mm f/1,4, ISO 200, f/2,8, 1/160 s.
Abajo: Nikon D800, Nikkor 85 mm f/1,8, ISO 100, f/2,2, 1/160 s.
Pepa Valero indica que “a veces puede ser necesario un 35 mm; sobre todo lo uso en estudio para grupos porque no tengo demasiado espacio. También tiendo a usar la combinación del 35 mm con el 85 mm en exteriores, porque me agrada el ángulo más amplio que me ofrece el 35 mm y la pequeña distorsión que añade. En fotografía infantil cada edad tiene sus peculiaridades. Los bebés los trabajo casi siempre con el 50 mm aunque últimamente voy utilizando más el 35 mm, casi siempre con diafragmas muy abiertos para conseguir desenfoques y, por supuesto, el 60 mm macro para detalles. Para los bebés más mayores y niños hasta unos 5 años uso el 85 mm y el 50 mm en estudio y exterior. Normalmente suelo trabajar casi siempre con diafragmas bastante abiertos, menos los grupos. Y para niños de 6 hasta 8 años, en estudio y exterior trabajó con la combinación de 35 mm, 50 mm y 85 mm, aunque con la variante que decía antes: uso más el 85 y 50 en estudio y 85 y 35 en exteriores”.

Situándose a la misma distancia del sujeto pero con objetivos de diferente distancia focal, transformará por completo los retratos que fotografíe. Aquí puede comparar una imagen tomada con un objetivo de 35 mm de distancia focal (izquierda) y otra con un 85 mm (derecha). En la tomada con el 35 mm destaca el entorno, mientras que en la del 85 mm la niña se convierte en la protagonista indiscutible.
Canon 5D Mark II, Canon 35 mm f/1,4, ISO 400, f/2,8, 1/160 s.
Canon 5D Mark II, Canon 85 mm f/1,2, ISO 400, f/2,8, 1/160 s.
Zoom versus focal fija
Un buen objetivo de distancia focal fija con una excelente calidad de imagen y pocas distorsiones y aberraciones resulta mucho más fácil de diseñar y más barato de fabricar que un objetivo de distancia focal variable (zoom). La mayoría de las fotografías en este libro están tomadas con objetivos de distancia focal fija, principalmente 35 mm, 50 mm y 85 mm con aperturas máximas de f/1,4 o f/1,2. Para Alba Soler “hace años que descubrí la gran diferencia entre ópticas zoom y ópticas fijas, y decidí que nunca más compraría un zoom. Cierto es que siempre trabajo en entornos controlados en los que puedo tomarme el tiempo de cambiar de una óptica a otra. Mi fotografía es muy pausada y controlada, por lo que casi nunca sucede algo que no supiera que fuese a suceder. No ocurre lo mismo en la fotografía de bodas por ejemplo, donde hay veces que no hay tiempo para cambiar de objetivo y está más justificado el uso de zooms”.
Considere que hay excelentes objetivos de focal fija (35 o 50 mm) que le costarán menos de la cuarta parte de un objetivo zoom de calidad. Algunos objetivos de distancia focal fija ofrecen una relación entre calidad y precio increíblemente alta, podríamos mencionar entre ellos: Nikkor 35 mm f/1,8 G-ED (sobre 530 euros), Canon o Nikkor 50 mm f/1,4 (sobre 380 euros), Canon 100 mm f/2,8 macro (sobre 490 euros) y Canon 200 mm f/2,8 (sobre 690 euros). Estos objetivos de precio ajustado no suelen llevar un sellado contra inclemencias del tiempo, pero por su coste más reducido no le dolerá reemplazarlos si se estropearan algún día.
Otro problema de los objetivos zoom es su mayor peso, Pepa Valero resume sus pros y contras: “tengo un zoom 70-200 mm f/2,8, maravilloso en cuanto a calidad de imagen pero muy pesado, por lo que lo uso poco. También un 24-70 mm que utilizo cuando hay niños que son muy movidos o se cansan y enfadan rápido. No quiero perder ningún gesto ni cansarlos mucho; con esta tipología de niños hay que ser muy rápido y aprovechar el tiempo y el cambio de objetivo me hace perder tiempo y comunicación con el niño”.

Pepa Valero incluye un zoom Nikkor 24-70 mm f/2,8 en su conjunto de objetivos habituales para su cámara Nikon. Montado en la cámara se encuentra el Sigma Art 50 mm f/1,4 y de izquierda a derecha: Nikkor 24-70 mm f/2,8, Sigma Art 35 mm f/1,4, Nikkor 85 mm f/1,8 y el objetivo de tipo macro Micro Nikkor 60 mm f/2,8.
Por tanto, si se encuentra con un presupuesto ajustado, quizás debería considerar comprar dos objetivos fijos de calidad que cubran la gama aconsejada (24-200 mm), por ejemplo un 35 mm o un 50 mm y un 135 mm, y su coste estará todavía por debajo del importe de dos objetivos zoom de gama profesional. Ahora bien, tenga en cuenta que elegir distancias focales fijas implica no poder cambiar rápidamente de ángulo de cobertura, lo que le obligará en algunos momentos a cargar con dos cuerpos de cámara, cada uno con un objetivo fijo diferente para poder realizar tomas más amplias o de detalle desde el mismo punto. Si prefiere un equipo más ligero cuando su sesión transcurre en exteriores, le resultará más cómodo un único cuerpo con un objetivo zoom adecuado a su método de trabajo.
Respecto al coste total del equipo deberá considerar si la mayor parte de sus reportajes son en estudio o exteriores, pues en este último caso tendrá la necesidad de duplicar al menos el cuerpo de cámara, por si uno de ellos se estropeara fuera del estudio. Evidentemente, si usted es el fotógrafo de sus hijos puede optar por no duplicar el equipo, dado que siempre podrá volver con ellos a realizar otra sesión similar. Por tanto, si piensa dedicarse profesionalmente a la fotografía de niños, en sus consideraciones económicas debería comparar el coste de dos configuraciones mínimas de equipo:
• Dos cámaras con dos objetivos zoom que cubran la gama de distancias focales aconsejadas (24 a 200 mm), por ejemplo: un objetivo 24-70 mm y otro 70-200 mm.
• Dos cámaras combinadas con un conjunto de dos o tres objetivos fijos, por ejemplo: un 35 mm, un 50 mm, y otro en la gama de 85 a 200 mm.
Apertura máxima
La apertura máxima aparece junto a la distancia focal en las especificaciones de los objetivos e indica el diafragma más abierto que puede usarse. Al principio todos los fotógrafos hemos tenido problemas con la escala de diafragmas, porque un número más pequeño no indica una diafragma más pequeño sino al revés, uno más grande. De modo que un objetivo 35 mm f/1,4 será capaz de recoger más luz que un objetivo 35 mm f/2. Para empezar a fotografiar niños no es imprescindible un objetivo con una apertura máxima muy elevada (o sea número/f pequeño) pues la mayor parte de sus imágenes serán tomadas de día en exteriores e interiores suficientemente iluminados, o directamente en un estudio dotado de flashes.
No obstante, debería considerar otro factor importante: la menor profundidad de campo que ofrece el objetivo si su apertura máxima es bastante pequeña. Por ejemplo, conseguirá unos fondos mucho más desenfocados si usa un objetivo 50 mm f/1,4 que si usa un zoom 24-100 mm que únicamente llega a una apertura máxima de f/4. Además, los desenfoques de puntos luminosos (denomidados bokeh) son mucho más definidos y atractivos cuando se usan aperturas máximas por debajo de f/2,8 (fíjese por ejemplo en la fotografía de Alba Soler de la página 33.
Si usted como padre o madre aficionada prevé que muchas de sus fotografías de niños transcurrirán en interiores de su casa, en escenarios con iluminación reducida, o como profesional le gusta usar la iluminación ambiental en las localizaciones exteriores o simplemente de unas velas o luces de navidad, por ejemplo, entonces debería considerar adquirir un objetivo con apertura máxima elevada que haga posible captar el máximo de luz. Piense que un objetivo de apertura máxima f/2,8 le permitirá captar 4 veces más luz que uno de apertura máxima f/5,6 o sea ganar dos pasos EV, y poder usar velocidades más elevadas que capturen a los niños nítidamente. Por ejemplo, si su fotómetro le midiera f/5,6 a 1/30 s, con su objetivo de apertura máxima f/5,6 tendría muchas posibilidades de que su fotografía saliera movida, mientras que si usara un objetivo de apertura máxima f/2,8 podría fijar ese diafragma con una velocidad de 1/125 s, de forma que la fotografía no resultara con trepidación o con los sujetos movidos.
Los objetivos zoom de calidad alcanzan aperturas máximas de f/2,8 en todo el recorrido de distancias focales. Compruebe que la apertura máxima de su objetivo sea constante en todas las distancias focales, pues en caso contrario puede encontrarse con que su zoom en distancias focales elevadas tenga una apertura máxima muy reducida que dificulte su uso con baja iluminación.
Autofoco
Debería probar el sistema de autoenfoque de su cámara con cada objetivo que compre buscando dos características fundamentales: rapidez y precisión de enfoque. No todos los sistemas de autoenfoque de los objetivos funcionan del mismo modo, pudiendo haber notables diferencias de rapidez y precisión entre objetivos de gama media y gama alta. Compruebe también si en autoenfoque con disparo foto a foto puede reenfocar manualmente sobre el enfoque ofrecido por la cámara sin tener que activar el enfoque manual; pues esta opción puede serle útil en condiciones de baja iluminación o bajo contraste, donde la cámara no sea capaz de enfocar con precisión.
Estabilizador y sellado
Para adquirir un buen objetivo orientado a fotografía de niños no es necesario que considere muchos más factores que los anteriormente mencionados. Algunos objetivos de gama media o media alta cubren perfectamente las necesidades de este tipo de fotografía. Si se decide por algunos de gama alta puede pagar bastante más por dos características no fundamentales para este tipo de fotografía: estabilizador y sellado.
Los objetivos con estabilizador incorporan un conjunto de sensores que detectan pequeñas vibraciones y activan un motor conectado a un conjunto de lentes que se mueven en sentido inverso al de la vibración para corregir la proyección de la imagen y evitar que la fotografía resulte con trepidación. Usándolo podrá fotografiar con la cámara en la mano al menos 2 pasos de obturador por debajo de lo habitual para la distancia focal que use (por ejemplo: podrá usar una velocidad de 1/30 s con un objetivo 100 mm a pulso cuando lo habitual hubiera sido poner una velocidad de 1/125 s.). Ahora bien, los objetivos dotados con estabilizador incrementan su peso ligeramente y su precio de manera notable. Además, no siempre son la solución, pues hay que contar no solo con la trepidación de la cámara sino también con el movimiento de los niños en la escena. Esos movimientos no hay estabilizador que los detenga si usa velocidades bajas por debajo de 1/125 s.
Respecto al sellado, los fabricantes incorporan varios métodos para lograr el aislamiento contra agentes externos en objetivos de altas prestaciones, mediante sistemas de gomas y otras barreras en botones y juntas que logran impedir el paso de partículas de polvo y de lluvia. Como no será habitual que continúe una sesión en exteriores con niños si empieza a llover, puede prescindir de dichas características. Sin embargo, considere la protección adicional que supone el sellado si suele realizar sesiones en playas u otros lugares con arena fina y humedad.
Macro y otros objetivos especiales
Los fotógrafos de este libro incluyen en su equipo algún objetivo del tipo macro, que les permita realizar fotografías de detalles pequeños, sobre todo con bebés. Entre los más habituales en fotografía de niños se encuentran el 60 mm f/2,8 macro y el 100 mm f/2,8 macro. Los objetivos macro permiten fotografiar a muy poca distancia del sujeto y conseguir, incluso, tomas donde el objeto se reproduzca a escala 1:1 sobre el sensor de la cámara. Alba Soler destaca su importancia pues “en estas sesiones el reto es conseguir la mayor cantidad de imágenes sin despertar al bebé. Has estado durmiéndolo, te has pasado un buen rato colocándolo para que todo esté perfecto y haces la foto en dos segundos… ¿Tantísimo tiempo para una sola foto?… Una vez lograda esa foto, que será un plano general del bebé en el que se aprecie toda la escena, debes considerar qué posibilidades tenemos evitando mover al bebé inmediatamente. Lo primero que hago es obtener varios retratos muy cerquita sin cambiar de lente desde diferentes perspectivas. Y después, tomo mi antigua cámara Canon 5D Mark II en la que ya está montado el objetivo macro e incluso están ya preparados los ajustes de la cámara y tomo detallitos de las pestañas, las orejas, los deditos de las manos y los pies, así como cualquier cosa que esté bien iluminada y pueda quedar atractiva”.

Al fotografiar a pequeñas distancias, como permiten los objetivos macros, podrá enfatizar sutiles detalles de los bebés, que al ampliarlos después a gran tamaño adquieren una inusitada belleza: las delicadas curvas de sus labios, sus dedos diminutos, las pestañas incipientes… Al acercarse mucho obtendrá una pequeña profundidad de campo, que le vendrá bien para concentrar la atención sobre esos detalles pero hace más difícil enfocar correctamente. Por ello, le recomiendo que use diafragmas no excesivamente abiertos y compruebe bien que la zona enfocada es la que desea destacar. Si desea usar diafragmas bastante abiertos, como en esta imagen de Alba Soler, asegúrese de situar su cámara paralela al plano del bebé que desea mantener a foco, para que todos los detalles de dicho plano se encuentren a la misma distancia de enfoque. Otro aspecto clave en la fotografía macro de bebés es el tratamiento del color de su piel en la postproducción digital, como le explicaré en los capítulos 8 y 9.
Canon 5D Mark II, Canon 100 mm f/2,8, ISO 200, f/2,8, 1/125 s.
CONSEJO
CONVERTIR UN OBJETIVO NORMAL EN MACRO
Si su presupuesto no le alcanza para un objetivo macro específico para fotografiar a corta distancia, puede optar por usar lentes de aproximación o anillos de extensión acoplados a su objetivo normal. Las lentes de aproximación se enroscan en la parte exterior del objetivo y consiguen que éste enfoque a menores distancias. Sus precios oscilan entre 10 y 50 euros, muy por debajo de los más de 500 euros para un buen objetivo macro. Los anillos de extensión permiten aumentar la distancia entre el objetivo y el sensor de la cámara, consiguiendo que su objetivo enfoque a distancias mucho menores. Habitualmente se venden en conjuntos de tres anillos de 10, 20 y 30 mm, por precios entre 50 y 180 euros. Como puede apreciar, los anillos son algo más caros que las lentes de aproximación pero tienen la ventaja de que le valdrán para todos sus objetivos; mientras que si se decide por las lentes de aproximación tendrá que comprar varias diferentes con las roscas específicas del diámetro de los objetivos con los que vaya a usarlas.
Los anillos de extensión y lentes de aproximación son un poco más incómodos y lentos de usar, porque primero tendrá que elegir el adecuado para el rango de aproximación que desee o probar con varios diferentes hasta encontrar el rango de ampliación deseado. Obviamente, también la calidad de imagen conseguida con las lentes de aproximación es inferior a la de un buen objetivo macro. No obstante suele ser más que suficiente considerando que lo que prima en este tipo de fotografías no es la resolución y nitidez, sino la capacidad del fotógrafo de elegir detalles atractivos y sugerentes que emocionen a los padres al volver a verlos en el futuro.

Con su objetivo 105 mm macro Manuel González se acerca a detalles diminutos de los recién nacidos que, a ser posible, puedan ser muy característicos. Después, en el procesado, convierte sus fotografías a blanco y negro para acentuar las líneas y detalles, así como evitar que sean muy visibles los cambios de color en la piel por las marcas y roces de los primeros días.
Izquierda: Canon 5D Mark III, Sigma 105 mm Macro, ISO 400, f/3,5, 1/160 s.
Derecha: Canon 5D Mark III, Sigma 105 mm Macro, ISO 400, f/2,8, 1/250 s.
Hay fabricantes que producen algunos tipos de objetivos especiales que son usados ocasionalmente en fotografía de niños. Entre los más habituales se encuentran los objetivos de la marca Lensbaby que permiten obtener desenfoques más acusados que con objetivos tradicionales, ofreciendo un aire más mágico a sus fotografías. Además, con ellos se logran desenfoques en planos paralelos a la cámara, al bascular el objetivo hacia los lados, un efecto imposible de realizar en cámaras convencionales digitales pero muy habitual entre los usuarios de las cámaras técnicas de gran formato. En cualquier caso, asegúrese siempre de haber realizado sus tomas fundamentales en una sesión con niños antes de lanzarse a experimentar con este tipo de objetivos.

Pepa Valero controla todo el proceso y factores que intervienen en la creación de sus fotografías, desde el diseño de la escena y estilismo, hasta el más pequeño detalle para lograr el resultado deseado. Para esta imagen buscaba una imagen en clave alta y ajustó la iluminación para que fuera suave y dominaran los tonos claros. Incentivando el juego de la niña con su reflejo, dedicó unos minutos a buscar esa expresión de sorpresa que había imaginado para la imagen. En el postprocesado digital presta mucha atención al color buscando esquemas específicos para cada campaña, e incluso para cada niño si es muy especial, como esta curiosa pelirrojilla.
Nikon D800, Nikkor 24-70 mm f/2,8, ISO 1600, f/2,8, 1/160 s.
Iluminación
LUZ NATURAL Y CONTINUA
Muchos fotógrafos especializados en niños optan por la luz natural o continua en sus estudios. La luz continua tiene la ventaja de poder disparar secuencias de varias fotografías con lo que es más fácil que no se escape algún gesto o mohín divertido. Pepa Valero trabaja habitualmente en su estudio con luz natural que entra por una ventana de unos 4 por 2,70 metros. “No obstante también tengo dos flashes D1 de Profoto y un B1, un B10 y un Multiblitz antiguo, pero que utilizo a veces como luz continua, aunque también disparo con él. También construí dos paneles de 1 x 2 metros con dos cajas en aluminio blanco forradas de papel plata con tubos fluorescentes y filtradas con un panel de PVC blanco, que me dan una luz muy interesante”. Las utilizo con niños más mayores y gente joven porque dan un aspecto muy de publicidad. Y por supuesto un reflector con una cara dorada y otra blanca de 1 x 2 metros, imprescindible. En localizaciones cerradas suelo apoyarme en el B1 y el B10, al ser portátiles son muy cómodos, aunque últimamente coqueteo con el B2, me gusta mucho. ¡Y por supuesto el reflector!, eso no falla. Cuando hago exteriores no utilizó nada, hace tiempo salía con flashes de mano, antorchas o el B1, pero últimamente no los uso. Me gusta trabajar ‘a pelo’, ni siquiera llevo reflector”.
En gran parte de sus sesiones Alba Soler trabaja en localizaciones en exteriores, donde busca usar la luz existente como base y complementarla con una unidad de flash portátil Profoto B1 o B2 si es necesario. Alba considera que “no siempre la solución es tan sencilla como usar exclusivamente la luz existente o encender el flash. Conviene evaluar la luz disponible en la escena y considerar si puede mejorarse con luz de flash u otro tipo. Usar la luz natural permite concentrarse más en el niño y la escena, sin tener demasiado aparataje técnico que puede abrumar o distraer al niño. Además, la luz natural tiene muchos matices en función del lugar. No hay que limitarse a la luz dorada de atardecer o a la luz suave bajo la sombra de unos árboles, hay también luces muy atractivas en otros lugares. A mí me gustan especialmente los grandes ventanales de edificios antiguos, como casinos, bibliotecas u hoteles. También, simplemente, la luz sin sombras que hay bajo los toldos de una terraza o kiosko, una luz que ilumina casi desde todas direcciones pero con una mínima direccionalidad para que el rostro no quede excesivamente plano”. Puede ver algunos ejemplos de fotografías que ilustran estas ideas de Alba Soler en el capítulo sobre Preadolescentes.

Esquema de iluminación usada por Manuel González en gran parte de sus fotografías de estudio. Se basa en un flash de estudio situado a 45º del eje sujeto y cámara, montado con un accesorio de ventana rectangular de gran tamaño para conseguir una luz difusa.
Manuel González nos explica que, a pesar de dominar la técnica y conocer numerosos esquemas de iluminación, utiliza una sola fuente de luz principal, porque según nos dice Sol solamente hay uno; por esa razón tan sencilla utiliza una única fuente de luz, por regla general siempre situada a la derecha. Además, es de la opinión de que un punto de luz = un problema, dos puntos de luz = dos problemas, tres puntos de luz = tres problemas. Esto sumado al atrezo que se desee utilizar supone tener en cuenta demasiados factores; por eso prefiere simplificar todo a una sola fuente, como el Sol, y mínimo atrezo, consiguiendo prestar atención a lo que realmente le interesa que es el propio niño y conseguir de ese modo las instantáneas tiernas a las que nos tiene acostumbrado. Habitualmente el esquema de luz que más utiliza es el indicado junto a estas líneas.
FLASHES DE ESTUDIO: TIPOS
Una gran parte de las fotografías que realizará un especialista en niños se harán en estudio. Para estas sesiones no hay mejor alternativa que un equipo de flashes de estudio, pues ofrecen potencia suficiente para fotografías individuales o de grupos; así como tiempos de recarga rápidos, lo que es fundamental al trabajar con niños para poder tener la cámara y el flash listo para cualquier gesto divertido o interesante.
Aunque puede optar por equipos de flash basados en un generador que alimenta varios cabezales, no considero que sea lo más barato y cómodo cuando se trabaja con niños. Primero, los generadores suelen ser equipos más potentes y costosos, sin embargo no va a requerir de tanta potencia como entregan y por tanto ¿por qué pagar más? Además, ofrecen menos comodidad para poder trabajar con niños, porque obligan a tener cables de conexión largos desde cada cabezal al generador, con la posibilidad de que un niño se enrede en alguno de ellos y ¡arrastre una cabeza de flash al suelo! Resulta mucho más rápido y seguro trabajar con los cabezales autónomos, al solo requerir unos pocos enchufes distribuidos por las paredes del estudio y cables más cortos desde cada cabezal a dichos enchufes.
La opción más interesante son los flashes de estudio basados en cabezas autónomas que incluyen su propio generador de alta tensión para las lámparas de disparo del flash. Estos flashes suelen indicar su potencia en watios por segundo o W/s. Dado que en la mayoría de sus fotografías no tendrá que iluminar más que una zona de unos 3 metros de ancho por 2 metros de altura, o incluso menos si la fotografía es solo de un niño de corta edad, los cabezales con potencia entre 300 y 500 W/s son los más apropiados. Le permitirán usarlos a una distancia de unos 2 metros del sujeto, con accesorios difusores como una ventana o paraguas, y poder disparar a diafragmas entre f/2,8 y f/8 usando únicamente fracciones de la potencia de carga. De esa forma se consigue un tiempo de recarga más rápido y que el flash pueda disparar inmediatamente; de hecho unidades modernas como el flash Profoto B2 permiten llegar hasta 20 disparos por segundo.

Aquí puede observar a Alba Soler trabajando con los flashes Profoto B1, que mediante sus baterías le permiten trabajar en exteriores casi con la misma comodidad que lo haría en su estudio. Para realizar la fotografía a la derecha situó sobre una jirafa un accesorio Beauty Dish portátil, también de Profoto, a la izquierda de la niña y un poco elevado para que la luz iluminara el lado de ella que miraba a la cámara, al objeto de conseguir expandir visualmente su cara que era muy delgada, usando un esquema de iluminación ancho tal como se explica en el capítulo 4.
Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 400, f/2,8, 1/200 s.
Después de probar varias marcas y soluciones de iluminación, tanto basadas en flash como en luz continua, nuestros tres fotógrafos usan actualmente cabezas de flash con generador de la marca Profoto. Manuel González trabaja con las cabezas de flash para estudio Profoto D2 conectado a la red, porque le permiten fotografiar con diafragmas muy abiertos y el tiempo de carga es extremadamente rápido consiguiendo que no se escape ningún disparo. Pepa Valero usa las cabezas Profoto D1, B1 y B10; mientras que Alba Soler eligió las Profoto B1 y B2 porque pueden usarse tanto en estudio como en localizaciones mediante baterías.
FLASHES PORTÁTILES COMPACTOS: TIPOS Y SUS ACCESORIOS (PAQUETES DE BATERÍA EXTERNOS)
Muchos fotógrafos de niños se especializan en escenarios fuera del estudio. Ello suele implicar disponer de iluminación adicional por si fuera necesario complementar la disponible en dichas localizaciones. Actualmente los equipos de flash de pequeño tamaño concebidos para ser controlados por cámaras SLR constituyen la opción más cómoda para el fotógrafo de niños en exteriores. Ciertos equipos profesionales de flash, como los indicados anteriormente de Profoto B2, admiten alimentación con baterías específicas y podríamos decir que se sitúan a medio camino entre los flashes específicos de estudio y los portátiles, aunque por su elevado precio van a ser de uso casi exclusivo para profesionales. Evidentemente el menor precio de las unidades portátiles compactas –también denominadas Speedlight– combinado con su potencia razonable y facilidad de uso hacen de ellas la mejor opción para los padres o madres aficionadas.
La potencia de un flash portátil viene indicada por el Número Guía que ofrece el fabricante en sus características. Con el Número Guía y la distancia entre flash y sujeto puede calcular fácilmente el diafragma que debe ajustar en la cámara, dividiendo el Número Guía por esa distancia. El Número Guía se indica para una sensibilidad dada, normalmente 100 ISO. Si incrementa la sensibilidad tendrá que buscarlo para esa sensibilidad o calcularlo, simplemente, multiplicando por la raíz cuadrada de 2 (aproximadamente 1,4).
Adquiera flashes que tengan un Número Guía elevado, pues muchas fotografías de grupo requieren situar los flashes a bastante distancia del sujeto para iluminar a éste y la escena en conjunto. Si tiene uno de 40 y sitúa el flash a una distancia de 6 metros, la fórmula anterior le indica un diafragma de 6,6, suficiente para obtener una buena profundidad de campo a esa distancia con un objetivo angular moderado. Pero si el flash tuviera un Número Guía inferior tendría que situar un diafragma demasiado abierto y correr el riesgo de una profundidad de campo pequeña o recurrir a incrementar la sensibilidad en su cámara lo que le provocará más ruido y peor calidad de color. Elija flashes con N.G. de 40 como mínimo.
Modos de flash
La mayoría de los flashes modernos incorporan tres modos de funcionamiento:
• Manual: El fotógrafo ajusta el flash para que entregue toda o parte de su potencia y también es responsable de situar el diafragma para que la exposición sea correcta.
• Automático: La célula fotoeléctrica de la propia unidad de flash mide la luz del flash que rebota en el sujeto y corta el destello cuando considera que la exposición es correcta.
• TTL (siglas de Through The Lens): La cámara capta la luz emitida por el flash y corta el destello cuando considera que la exposición es correcta. Este modo requiere de un flash que sea capaz de comunicarse con la cámara para intercambiar parámetros y órdenes de activación/desactivación.
Modo Manual
En fotografía social los dos modos más usados son el Manual y el TTL, así que veamos cómo sacar el máximo partido de ellos. En el modo Manual deberá conocer el Número Guía para la sensibilidad que esté usando en ese momento y la distancia del flash al sujeto, después aplique la fórmula:
Diafragma o nº f = Número Guía / distancia
por ejemplo, para un flash de Número Guía 60, si la distancia flash al sujeto es de 6 metros:
f/ = 60/6 = 10
Consulte el Número Guía que indique el fabricante de su flash si necesita usar otra sensibilidad ISO. Si no cuenta con dicha tabla puede calcularlo aproximadamente, considerando que cada vez que duplica la sensibilidad ISO el Número Guía se multiplica por la raíz cuadrada de 2 (aproximadamente 1,4). También puede calcularlo fácilmente sabiendo que cada vez que incrementa su sensibilidad dos pasos (por ejemplo de 100 a 200 y de 200 a 400), el Número Guía se duplica. O sea que si tiene uno de 60 para 100 ISO, si incrementa su ISO a 400 el Número Guía aproximado será de 120.
Considere que si su flash cuenta con una antorcha motorizada con zoom, el flash abrirá más o menos el cono de luz para adaptarse al ángulo de cobertura de su objetivo. Eso significa que el flujo luminoso para una posición de flash adaptada a un objetivo de 24 mm será menos concentrado que para una posición de 100 mm, porque se dispersará sobre una zona más grande. Suele ser habitual que el fabricante del flash le indique su potencia máxima para la mayor distancia focal, tenga en cuenta que el Número Guía si usa una distancia focal menor puede ser bastante más reducido, por ejemplo un Metz 58AF tiene uno de 58 para la posición de antorcha adecuada a un objetivo de 105mm pero el Número Guía baja a 29 cuando se ajusta para un objetivo de 24mm.

Un flash colocado a 1 metro de una pared blanca proyecta una luz con mayor o menor cobertura en función de la posición zoom. La primera imagen (1) está realizada con la pestaña difusora del flash (14 mm); en la segunda (2), el zoom se encuentra en una posición de 24mm; en la tercera (3), de 50mm; en la cuarta (4), de 200mm. En todos los casos, el encuadre corresponde a una porción de pared de unos 4 metros de ancho por algo más de 1,5 metros de alto
El Número Guía dependerá también de los accesorios que coloque entre el flash y el sujeto. Si decide usar la pestaña difusora que tienen muchos flashes para ampliar el ángulo de cobertura del flash su Número Guía bajará aún más.
Los Número Guía suministrados por los fabricantes suelen ser indicativos y más bien ¡generosos! (la mayoría suelen ser superiores a lo que las pruebas demuestran). Para usar su flash en modo Manual de forma profesional debería realizar unas fotografías de prueba que le permitan conocer los Número Guía más exactos para las configuraciones más habituales en sus reportajes. Para cada distancia focal habitual que use pruebe a situar su flash a varias distancias y en cada una pruebe varios diafragmas hasta encontrar el adecuado para esa distancia. Al final de su prueba debería tener una tabla similar a la siguiente.
| FLASH “X” PARA OBJETIVO DE DISTANCIA FOCAL 35 MM A ISO 200 | |
| Distancia | Diafragma para exposición correcta |
| 2 metros | f/16 |
| 3 metros | f/11 |
| 4 metros | f/8 |
| 6 metros | f/5,6 |
| 8 metros | f/4 |
Si suele usar el flash para complementar la iluminación en exteriores de grupos, considere que puede haber una distribución no homogénea de la luz. Si se sitúa con un objetivo angular de 35 mm y un flash para fotografiar a una pareja de hermanos, podrá iluminar correctamente a ambos, porque la luz del flash llegará de forma muy similar a los dos. Pero si decide realizar allí alguna fotografía de toda la familia con el mismo objetivo, las circunstancias serán muy diferentes. Piense que los miembros del grupo situados más alejados recibirán mucha menos luz del flash que los situados en primer plano. En este caso la mejor solución es alejar el flash del grupo. Al alejarlo disminuyen las diferencias de distancias respecto al flash entre los miembros del grupo más alejados y los sujetos más cercanos, por lo que la exposición de todos ellos resultará más uniforme. Necesitará también alejarse del grupo para que su sombra no se proyecte sobre ellos, lo que le obligará a cambiar a un objetivo de mayor distancia focal si desea un encuadre similar.

En esta disposición, fotografiando con un objetivo gran angular a corta distancia del grupo, la quinta fila se sitúa al doble de distancia que la primera. Aplicando la ley del inverso del cuadrado, puede verificar que la fila quinta solo recibe el 25% de la luz, por lo que estará subexponiendo esa zona 2 pasos de diafragma.
Si cambia a un teleobjetivo corto y se aleja del grupo, situándose a cuatro veces la distancia anterior respecto de la primera fila, la quinta fila se situará solamente a un 25% más de distancia. Aplicando de nuevo la ley del inverso del cuadrado, ahora obtendrá que la quinta fila recibe el 64% de la luz que llega a la primera.
Modo TTL
En este modo la cámara realiza la estimación de la potencia de flashes necesaria en función de la luz que reciba de la escena, dependiendo del fabricante su denominación varía: E-TTL (Canon), i-TTL (Nikon), etc. Estos sistemas son fantásticos porque permiten usar uno o varios flashes simultáneamente sobre la escena de forma muy fácil para el fotógrafo, porque son lo suficientemente inteligentes como para considerar la luz que recibe el sujeto, el objetivo usado, la distancia a la cámara y otros factores.
Si usa un único flash en modo TTL, solamente tendrá que preocuparse de la compatibilidad con su modelo de cámara y colocarlo en la zapata de su cámara para poder empezar a fotografiar con este modo inteligente de medición por la propia cámara. El flash directo al sujeto desde la posición de la cámara es una de las iluminaciones “terribles” que siempre debería evitar. Pero en modo TTL sí podrá realizar fotografías rebotando el flash en una pared o en el techo y la cámara detectará cuando ha llegado suficiente luz del flash e interrumpirá el destello en ese momento.
Si desea usar un flash TTL separado ligeramente de la cámara de una forma económica, puede adquirir un cable TTL que le permitirá sincronizar todas las funciones del flash desde la cámara. Son cables de entre 1,5 a 10 metros con dos zapatas en sus extremos, una para conectar a la cámara y la otra para conectar al flash.
Si usa varios flashes en modo TTL tendrá que configurar uno de ellos como Maestro y los otros como Esclavos. Entre ellos intercambiarán información mediante sistemas ópticos (por infrarrojos) o por radio. El flash Maestro deberá estar conectado a la zapata de su cámara para poder intercambiar información con ella (en algunos modelos puede usar el propio flash incorporado en la cámara en modo maestro). Los flashes Esclavos se activarán y desactivarán controlados por el flash Maestro. Puede configurar las relaciones de iluminación entre dos o tres grupos de flashes, así por ejemplo podría asignar al grupo A una intensidad de 4 veces la del grupo B. O incluso anular la iluminación del flash Maestro si lo desea.
Si no desea que su flash Maestro esté situado sobre la propia cámara, deberá usar un transmisor Maestro que puede ser óptico (por infrarrojos) o por radio. Disponer de un transmisor tiene varias ventajas como son su menor coste, su reducido tamaño y peso más ligero. Canon tiene los modelos ST-E2 (óptico) y ST-E3 (radio); Nikon posee el modelo SU-800 (óptico); y otros fabricantes (Pixel King, Yongnuo, Pocket Wizard) comercializan sistemas ópticos y de radiofrecuencia compatibles.

Para sesiones en exteriores Alba Soler usa frecuentemente estos dos esquemas de iluminación basados en un flash situado cerca del modelo y ligeramente lateral, con un accesorio tipo Beauty Dish que aporta una iluminación con sombras suaves y unos brillos atractivos en los ojos. En el diagrama y fotografía de la izquierda puede apreciar cómo combina la luz solar, en una posición entre lateral y contraluz para conseguir altas luces en el pelo, mientras que el flash con Beauty Dish rellena la cara en sombra del rostro. Para la fotografía a la derecha decidió montar una iluminación más frontal y muy suave basada en un flash con Beauty Dish en posición muy cercana al eje sujeto y cámara. Puede observar cómo el primer esquema de iluminación estrecha visualmente el rostro del modelo al tener la mayor parte en sombras, mientras que el segundo lo hace más ancho y redondeado.
ACCESORIOS DE ILUMINACIÓN: REFLECTORES, VENTANAS DIFUSORAS, PIES, ETC.
Además de las fuentes de luz, ya sean flashes o luz continua, un estudio especializado en fotografía de niños necesita accesorios de iluminación que permitan modificar la calidad y dirección de las luces a fin de conseguir la atmósfera que desee para cada imagen.
Reflectores
Los reflectores son superficies que reflejan la luz para poder dirigir las fuentes de luz ya existentes hacia otras zonas. Su uso más común es para reenviar algo de luz hacia las sombras de la cara del niño, de forma que no queden excesivamente oscuras en comparación con las zonas más iluminadas. Habitualmente los reflectores para fotografía son de color blanco, plata o dorado. Los metalizados reflejan la luz de forma más direccional, de forma parecida a como actúan los espejos; por lo que deberá tener cuidado y colocarlos a cierta distancia si no desea un efecto excesivamente intenso. Sin embargo, los reflectores blancos difunden la luz que reciben, configurando una iluminación suave desde el lado en que se coloquen.
Existen varias marcas fabricantes –Lastolite, Polaroid, Neewer– de reflectores circulares o rectangulares en tejidos ligeros y que permiten ser plegados fácilmente para ocupar un espacio mínimo. Elija reflectores no demasiado grandes, pues son bastante incómodos y dado que la mayoría de los niños que retratará medirán por debajo de 1,50 metros, resulta más que suficiente uno rectangular de 90 x 120 cm. Adquiera también un pie y una rótula con pinza u otro dispositivo para poder sostener cómodamente el reflector. Si lo usa en exteriores, tenga cuidado con el viento dado que el reflector actuará como una vela de barco y puede ser arrastrado al suelo. Tome la precaución de llevar algún saquito para llenarlo de arena o piedras, situarlo en la parte inferior del pie y evitar su “vuelo”.
TRUCO
REFLECTORES IMPROVISADOS
Si no dispone de un reflector profesional busque otros materiales alternativos en su hogar. A veces un simple periódico abierto colocado en el lado opuesto a la fuente de luz es suficiente para rellenar las sombras de su bebé y mejorar notablemente su fotografía. También analice la habitación buscando posibles reflectores ya presentes, por ejemplo: si su salón dispone de un sofá de colores blanco o crema, puede situar al bebé sobre el sofá de manera que un lado de su cara reciba la luz directa desde la ventana y el otro lado reciba la luz reflejada por los cojines del respaldo del sofá.
También le recomendamos que adquiera un par de cartulinas blancas, que puede disponer, por ejemplo, sobre una mesa delante del niño para reflejar la luz desde abajo si lo fotografía cuando el Sol está ya demasiado alto, para evitar unas sombras excesivamente oscuras debajo del cuello y los ojos.
Si quiere un efecto de relleno más notable, seguro que en su cocina puede encontrar un trozo de papel de aluminio y pegarlo con cinta adhesiva a un cartón si desea un reflector metalizado, o también fijarlo con chinchetas a una pared para completar la iluminación de su retrato desde el otro lado.
También puede usar una pared cercana de color claro para rebotar su flash y simular una luz de ventana lateral. Verifique que el color de la pared sea blanco o un tono muy suave para que no produzca dominantes de color. Asegúrese de que toda la luz de su flash se dirige hacia la pared y no hay ningún accesorio que la envíe directamente al modelo. Con esta iluminación se consigue una atractiva luz suave y con sombras de contornos poco definidos. Procure rellenar un poco desde el otro lado, por ejemplo si su flash lo rebota en una pared a la derecha del sujeto, coloque un reflector improvisado a la izquierda para que las sombras no sean excesivamente densas.
Paraguas
Es un accesorio muy usado, sobre todo fuera del estudio, porque es ligero y muy útil para suavizar la luz de fuentes luminosas puntuales como el flash portátil. También son interesantes por su reducido coste para las madres o padres aficionadas que desean configurar su pequeño kit de iluminación.
En los paraguas reflectores el flash se rebota sobre ellos de forma que el cono de luz se amplia y se suaviza y resulta menos dura. En los paraguas difusores, la luz del flash pasa a través de la tela del paraguas resultando más difusa que provoca sombras con bordes más suaves. Existen paraguas que pueden configurarse para ser usados tanto como reflectores o como difusores.

A Alba Soler le fascinaba este pequeño rincón de un jardín pero la luz solar empezaba a escasear, de modo que decidió usar un paraguas de gran tamaño para recrear una luz suave de un día nublado. Para ello situó el paraguas reflector XL a la derecha y un poco por detrás de la posición de la niña, al objeto de que las sombras generadas dieran volumen al rostro y a sus piernas.
Canon 5D Mark III, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 500, f/3,5, 1/200 s.
Los paraguas logran expandir mucho el pequeño cono de luz de un flash portátil permitiendo que ilumine un área extensa de manera más uniforme. Por ello son también muy apropiados para fotografiar grupos en interiores, por ejemplo los padres jugando con sus hijos. Le mostraremos en el capítulo 4 cómo iluminar en las casas de sus clientes con uno o dos flashes con paraguas. Los paraguas de gran tamaño, también denominados XL, tienen diámetros superiores a 100 cm y consiguen iluminaciones muy naturales en escenarios fuera del estudio donde escasee la luz.
Ventanas
Manuel González y Pepa Valero prefieren la luz de ventanas a la que se consigue con paraguas porque, sobre todo los pequeños, tienden a tener una fuerte variación de intensidad entre la zona central de la luz y los extremos, mientras que las ventanas logran una distribución más homogénea con intensidades más similares en esos puntos. En el caso de Manuel considera también que el reflejo de ojos es muy importante y prefiere un reflejo de ojos rectangular como el de una ventana que el octogonal o redondo de los paraguas; pues dependiendo que cómo situemos el ángulo de iluminación los reflejos redondos u octogonales se nos pueden meter en la pupila o incluso perderse, cosa que le molesta bastante. En las fotografías adjuntas puede observar una muestra de ambos reflejos en las cuales se aprecia perfectamente lo que Manuel nos cuenta.

Detalle de retrato hecho con Softbox Octogonal (izquierda) Retrato con Softbox Rectangular (derecha). Fotografías: Manuel González.
Los accesorios de iluminación con forma de ventanas permiten transformar la luz puntual de su flash o bombilla en una luz similar a la ofrecida por una ventana con luz de día. Lo consiguen mediante un interior de material reflectante donde rebota parte de la luz del flash y una pantalla difusora que suaviza la luz transmitida, de manera que obtiene una luz más suave y con una distribución más uniforme que la proporcionada por un paraguas difusor. Además, las ventanas están completamente cerradas excepto en el lado frontal y no permiten que la luz salga por los lados, evitando así que pueda entrar luz directamente en el objetivo o que se proyecte accidentalmente sobre una zona de la escena no deseada, como sí puede suceder con los paraguas.

Pepa Valero usó una ventana de tamaño mediano situada en un lateral, aproximadamente a un metro a la izquierda de la niña para que la luz fuera suave en su rostro pero ofreciera sombras suficientes para moldear su volumen, así como los pliegues de la falda. Pequeños detalles, como las hojas secas de otoño, pueden introducir elementos discordantes que intrigan al espectador. ¿Dónde se encuentra la niña? Únicamente con esos elementos de atrezo Pepa Valero convierte su estudio en una casa abandonada, donde la preadolescente se refugia. Observe el cuidadoso ajuste del color en la postproducción digital, la imagen se articula en torno a dos gamas de colores poco saturados: azules muy grisáceos y fríos que contrastan con los tonos dorados y pardos de la piel, las hojas y los muebles. En los capítulos 9 y 10 se explican técnicas sencillas y rápidas para lograr estas atractivas armonías de colores.
Nikon D800, Nikkor 50 mm f/1,4, ISO 800, f/1,4, 1/160 s.
Para fotografía de niños se usan frecuentemente ventanas verticales que permiten suavizar la luz pero mantienen una cierta direccionalidad que aporta volumen a los niños. Las de tamaño reducido (30 x 90 cm o 50 x 90 cm, por ejemplo) son perfectas, ya que posibilitan iluminar uniformemente desde los pies a la cabeza incluso hasta a un niño de unos 10 años de edad. “Los tamaños superiores no aportan nada extra y además pueden ser engorrosas de manejar, sobre todo en exteriores donde no siempre se dispone de un ayudante para que la sostenga cuando hay viento y riesgo de que se caiga” destaca Alba Soler.

Aunque es una fotografía tomada en estudio, Manuel González deseaba crear una atmósfera fresca y natural, como si la imagen estuviera captada en la propia casa del niño; para conseguirlo usó una ventana de luz continua vertical a la izquierda e introdujo unos visillos para que acentuaran esa sensación.
Canon 50 mm f/1,4, ISO 640, f/3,5, 1/160 s.
Las softbox son un híbrido entre un paraguas y una ventana, reflejan y difunden la luz como las ventanas, pero se despliegan y montan tan fácilmente como un paraguas. Suelen ser octogonales, aunque también hay modelos rectangulares. Al igual que las ventanas elija modelos con un diámetro de 50 cm o superior para que pueda conseguir una distribución homogénea de luz en todos los puntos del retrato de cuerpo completo de un niño. Pepa Valero usa “para los flashes Profoto un Umbrella XL con difusor, un softbox con panal, un Beauty Dish y un softbox octogonal de unos 70 cm. Y para los Multiblitz tengo un foco con panal y un octabox de 120 cm, y una ventana rectangular de 150 x 30 cm aproximadamente”.
Algunas ventanas poseen como accesorio un panel de abeja (rejilla de tela con celdas) que sirve para proporcionar una mayor direccionalidad de la luz, a fin de que produzca sombras más definidas pero con una zona de transición suave. Considerando su escaso peso en relación a su gran utilidad, busque modelos de ventana que incluyan dicha rejilla.
TRUCO
BUSQUE LUCES SUAVES
El fotógrafo profesional necesita disponer de un estudio donde pueda replicar diferentes tipos de iluminación natural mediante flashes y accesorios a cualquier hora del día en que un cliente se lo requiera. Los padres y madres fotógrafos difícilmente van a poder contar con un espacio y equipamiento dedicado a estudio, sin embargo tienen a sus niños disponibles durante todo el día. Por tanto, si no dispone de flashes con paraguas o ventanas considere otras soluciones alternativas en su propio hogar. Busque una ventana con buena luz natural y fíjese a qué horas del día entra el sol directamente y aquellas en que solamente entra luz reflejada.
Asegúrese de que la ventana tenga un visillo que permita difundir la luz, y si no lo hay compre una pieza de unos 3 x 2 metros y fíjela sobre la ventana. Si persigue una luz más direccional que ofrezca un mayor relieve al rostro, puede fotografiar a aquellas horas en las que la luz solar entra directamente, por ejemplo a primera hora de la mañana, si la ventana está orientada al Este, o a última hora de la tarde, si está hacia el Oeste.
Si no dispone de una ventana con buena luz natural, también puede optar por realizar una ventana o softbox con materiales relativamente económicos; explore las soluciones que plantean en el sitio web http://www.diyphotography.net. Ahora bien, considere que estas soluciones caseras no pueden compararse con la calidad de luz que proporcionan los accesorios profesionales. Las ventanas construidas con materiales económicos pueden tener escape de luces por los lados o cambiar considerablemente el color de la luz del flash aportándole dominantes a la fotografía. Por otra parte, realizar una ventana sólida y ligera le resultará complejo sin recurrir a materiales más caros. En conclusión, si desea resultados profesionales, mejor invierta en accesorios profesionales.
Otro accesorio de iluminación muy usado para retratos de niños son las denominadas Luces de Belleza o Beauty Dish, que consisten en un reflector de tipo parabólico de un tamaño entre 40 y 80 cm, al que se adosa un disco que intercepta toda la luz directa desde el flash, permitiendo así que la luz conseguida no tenga los bordes tan difusos como con una ventana y aportando una cierta direccionalidad a las sombras pero sin que tengan un borde tan definido como con la luz directa. Los hay rígidos construidos en aluminio y también plegables, bien con superficie plateada o con superficie blanca (mayor difusión de la luz). Pueden usarse tanto en estudio como en exteriores, pues pesan poco y son fácilmente transportables.

Alba Soler usa frecuentemente accesorios de iluminación tipo paraguas de gran tamaño (XL) o también Beauty Dish montados sobre su flash, tanto para sesiones en estudio como en exteriores. Para este caso situó un paraguas XL, desde la parte superior muy cerca del suelo, casi entrando en el encuadre, con el fin de conseguir una iluminación con transiciones suaves entre luces y sombras, relativamente plana en el rostro y con brillos atractivos en ojos, labios y pelo. En el postprocesado digital añadió algo de color y sombras al rostro para que tuviera más volumen.
Canon 5D Mark III, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 125, f/2,8, 1/200 s.
Pies y soportes de fondos
Tanto si usa pequeños flashes portátiles como flashes de estudio necesitará adquirir algunos soportes para situarlos cómodamente. En caso de usarlos únicamente en estudio puede comprar los trípodes o pies para flashes con ruedas para facilitarle su desplazamiento; pero si los empleará también en otras localizaciones conviene que los compre sin ruedas, aminorará su peso y, además, evitará que se muevan fortuitamente. Adquiera modelos que permitan una altura máxima superior a 200 centímetros para que pueda situar su iluminación por encima de la altura de un niño de hasta unos 12 o 13 años.
También le recomiendo que compre uno de los pies con una pequeña jirafa, que consta de una rótula, una barra que puede ser situada horizontalmente o en el ángulo que se desee y un contrapeso. Dicho brazo adicional le facilitará colocar las ventanas y otros accesorios sobre los bebés o los niños, sin tener demasiado cerca las patas del pie y evitando movimientos e incluso posibles accidentes con niños muy activos. Verifique la solidez del trípode y la jirafa, sobre todo asegúrese de la firmeza y estabilidad del brazo de la jirafa comprobando que no se mueva una vez fijado en su posición, ni sea excesivamente inestable con el peso de su unidad de flash y accesorios de iluminación usados. Observe en la página 41 de este capítulo cómo Alba Soler usa su flash montado sobre una jirafa para acercar la unidad de flash a la niña, sin que le interfieran las patas del soporte.
Aunque en esta lista de accesorios haya quedado para el final, no es menos importante contar con un buen sistema de soporte de fondos. Tanto si usa rollos de cartón plástico como telas necesitará un sistema fiable de soporte de fondos. Para el estudio le recomiendo soportes anclados en la pared o mediante autopoles (soportes verticales de suelo a techo), de esta forma evitará que los movimientos de niños puedan desplazar el fondo o incluso que provoquen la caída de los soportes. Fuera del estudio, en casa de clientes o en otras localizaciones, si desea usar fondos de papel o tela no le quedará más remedio que recurrir a pies de iluminación o autopoles y una barra horizontal entre ellos. Avise a los padres para que estén pendientes de los movimientos del pequeño, por si pudiera arrastrar el fondo y hacer que vuelquen los trípodes que lo sujetan. Si observa que es demasiado activo mejor renuncie a los fondos que haya traído y recurra a usar las propias paredes de la localización.
KITS DE ILUMINACIÓN
Nuestros fotógrafos recomiendan el siguiente equipo básico de iluminación para iniciarse en fotografía de niños:
• Una ventana de luz natural, “barata y fundamental para empezar a aprender –como indica Pepa Valero– nos permite fijarnos en lo esencial, en estudiar la calidad de la luz y la dirección, sin tener que prestar atención a aspectos técnicos del manejo de flashes. Si no tiene ventana de luz natural, puede confeccionarla en una pared con unas lámparas LED de 5500° K filtradas con un PVC translúcido para dar una luz semejante a una ventana de luz natural, ¡cuánto más grande más suave!”.
• Un flash de estudio de entre 300 y 500 W/s. Pueden ser de marcas más económicas, pero nuestros fotógrafos recomiendan los B1 o D2 de Profoto 500 W/s, aunque sean caros, porque merecen la pena por calidad de la luz, fácil manejo y duración.
• Una ventana con panel de abeja, bien de 50 x 90 cm u octogonal de 90 a 120 cm
• Un paraguas extragrande XL con difusor
• Un reflector dorado-blanco montado sobre un pie.
Para un equipo más completo añadirían:
• Otro flash de estudio de 300 a 500 W/s
• Otro paraguas extragrande XL
• Una luz de belleza (Beauty Dish) blanco
Si estima que gran número de sesiones se realizarán en exteriores, puede optar por añadir baterías a sus cabezas de flash, ya que algunos modelos sí lo permiten, por ejemplo las B2 de Profoto. Otra solución es adquirir un par de unidades de flashes portátiles TTL compatibles con su cámara y al menos dos modificadores de luz compatibles con ellos, por ejemplo ventana y paraguas mediano.
Otros componentes del equipo
BOLSAS, MOCHILAS Y MALETAS CON RUEDAS
Para fotografiar niños en localizaciones fuera del estudio necesitará una bolsa o mochila que pueda albergar el conjunto de cámaras, objetivos y otros materiales que configuren su equipo para localizaciones. Las bolsas suelen tener menor tamaño y capacidad pero ofrecen la ventaja de tener el equipo muy a mano, en caso de necesitar cambiar de objetivo, por ejemplo. En fotografía de niños ya le indicamos que no va a necesitar un gran número de objetivos, por lo que la opción de una bolsa para un equipo de iniciación o medio es muy aconsejable.
Otros fotógrafos optan por una mochila cuando se desplazan, porque permite albergar un mayor número de accesorios, además del equipo básico, y por supuesto otra cámara de recambio para casos de avería. Cuando ya se encuentra en la localización, la fotógrafa Pepa Valero deja la mochila en una habitación o en el coche y se mueve únicamente con la cámara y el objetivo principal; a veces con uno o dos objetivos dispuestos en una pequeña bolsa de las que pueden colgarse del cinturón por si son necesarios.

Pepa Valero prefiere llevar una mochila diseñada para transportar el equipo fotográfico. Ha configurado su interior para la cámara y cinco objetivos que suele llevar fuera del estudio, dejando una parte importante de su interior para accesorios, complementos y materiales de su kit para emergencias. A la derecha puede apreciarse la maleta con ruedas que usa Alba Soler para transportar su equipo para localizaciones: cuerpo de cámara con un objetivo Sigma 50 mm f/1,4, un objetivo Canon 85 mm f/1,2, otro objetivo Canon 100 mm f/2,8 macro y un flash portátil Profoto A1. La gran cantidad de compartimentos en la tapa superior de la maleta le permiten llevar accesorios fotográficos, así como pequeños elementos para atrezo y complementos de vestuario.
Existen modelos de mochilas de diferentes tamaños y configuraciones, que pueden albergar cómodamente dos cuerpos de cámara, 3 o 4 objetivos, un flash portátil y los complementos necesarios (baterías, tarjetas de memoria, kit de limpieza de objetivos, etc.). Elija un modelo que ofrezca buena protección contra golpes a su equipo, que sea ligero y lo más impermeable posible, o compre una funda de protección para la lluvia.
La maleta fotográfica con ruedas es otra solución muy usada por fotógrafos de niños que realizan gran parte de sus trabajos fuera del estudio. Estas maletas están diseñadas para soportar fuertes impactos, son relativamente ligeras, se transportan cómodamente con sus ruedas y algunos fabricantes las diseñan completamente estancas al agua, polvo y arena. Entre las maletas indestructibles que sobreviven en cualquier circunstancia se encuentran las fabricadas por Pelican y Mantona. No dude en invertir en una maleta fotográfica profesional si va a viajar mucho con ella, porque su espalda y su equipo se lo agradecerán. Alba Soler usa una maleta Tenba, “que aparte de tener ruedas, algo imprescindible para mí, tiene mil compartimentos y la uso como mi oficina portátil además de mochila para la cámara. Llevo de todo lo que uno se pueda imaginar: tijeras de podar, hilo de coser, recibos, contratos, crema de manos, colorete, pintalabios, etc. El interior se puede personalizar moviendo los separadores para ajustarlo al equipo que lleve. Además, cuenta con varios bolsillos transparentes que revelan su contenido y son muy útiles para llevar las tarjetas de memoria, las baterías y cualquier otra cosa necesaria durante la sesión”.

Manuel González usa una maleta con ruedas específicamente diseñada para fotógrafos de la marca Vanguard, donde puede llevar cómodamente todos sus objetivos favoritos, más dos cuerpos de cámara y gran número de otros accesorios.
CONSEJO
OTROS ACCESORIOS NO FOTOGRÁFICOS
Al realizar fotografías en estudio, o en la propia casa si son padres o madres aficionadas, no hay problema en disponer de un gran número de elementos para incorporar en las escenas o ayudarle en las pequeñas tareas. Sin embargo, al fotografiar en localizaciones fuera del estudio acarrear un gran volumen y peso en equipo puede convertirle en un porteador más que en un fotógrafo, perjudicándole en la movilidad para cambiar de localización y, sobre todo, incrementando el cansancio físico que reducirá sustancialmente su creatividad. Para Alba Soler “curiosamente en exteriores una de mis herramientas imprescindibles son unas tijeras de podar que llevo siempre en la maleta. Antes de empezar, recorro la escena y elimino todo lo que pueda distraer, sobre todo ramas secas que por su color pajizo sé que atraerán más la luz y aparecerán brillantes en la foto. Otro elemento imprescindible es un kit que llevo siempre en el coche con todo tipo de cosas que puedan ser de utilidad, tijeras, maquillaje, hilo de coser, ganchitos del pelo, imperdibles, etc. El hilo de coser me ha salvado más de una sesión de comunión en la que se había caído un botón de la chaqueta del traje”.
Después de sus primeras sesiones analice cuales son los accesorios no fotográficos realmente necesarios y redúzcalos al mínimo imprescindible. A continuación le indicamos algunos elementos útiles para sus primeras localizaciones:
• Kit básico de maquillaje y peluquería: polvos de maquillaje mate y barras de labios para pequeños retoques de maquillaje. Peine y cepillo para el pelo, cintas y gomas, bote de espray con agua y otro con laca para situaciones de pelos rebeldes.
• Pequeños elementos de atrezo: lápices, globos, cartulinas y telas de colores, etc.
• Juguetes y otros objetos para entretener a los niños, como peluches, muñecas, silbatos, coches, pequeños instrumentos musicales, etc.
• Elementos para fijar cosas: adhesivo instantáneo, cinta adhesiva tipo ‘americana’, alfileres e imperdibles.
• Útiles para eliminar elementos o reducir su presencia en la escena: tijeras, visillos y telas ligeras que no ocupan sitio en la maleta pero pueden ayudarnos al colocarlas sobre muebles y objetos no deseados, etc.
Equipo humano
AYUDANTES Y OTROS COLABORADORES EN LAS SESIONES
En el estudio los escenarios y la iluminación se controlan más fácilmente y deberían estar ya dispuestos cuando llegan los padres y el niño. Aunque realice algunos cambios en la iluminación y en el atrezo, puede prescindir de ayudante para estas sesiones. De hecho, Manuel González trabaja solo en estudio todas las sesiones, exceptuando las de comuniones en las que le ayuda su hermana debido a la mayor complejidad que suelen tener o, simplemente, para obtener más fluidez en las sesiones. Manuel nos comenta que en todas sus sesiones infantiles entran los papás y que ellos le sirven de apoyo o ayudante con los críos. Pero en las sesiones de comuniones los papás se quedan fuera, pues tiene comprobado que obtiene mejores resultados que con los papás dentro observando. Para ello les facilita un protocolo indicando todos los detalles de cómo se realizará la sesión. En definitiva, en la mayoría de las sesiones en estudio son los propios padres los que hacen de ayudantes implicándolos en la sesión y ofreciéndoles una experiencia única, pues de ese modo se sienten más partícipes del resultado obtenido.
Cuando la mayoría de sus sesiones se realizan fuera del estudio, nuestros fotógrafos prefieren contar con un ayudante. Pepa Valero explica que tiene “una ayudante en exteriores para que se encargue del decorado y las cámaras. Para que yo pueda estar pendiente del niño y jugar con ellos, necesito ir lo más cómoda y ligera posible, de modo que ella no se separa de mi lado y me va pasando objetivos o ajustando los accesorios de iluminación. Por supuesto, debe estar igual de atenta que yo, por si hay algún defecto en el vestuario, en la iluminación o en la localización. También suele dar conversación a los familiares y, aunque esto puede parecer una tontería, es realmente muy importante. Tener a los familiares entretenidos y tranquilos es fundamental para transmitirles seguridad tanto por mi parte como por la suya”.
Alba Soler se ocupa personalmente “de todas las tareas que me definen como artista, o sea de la toma de las fotografías y la edición de las mismas. Mi asistente coordina todas las sesiones, informa, da las citas y soluciona cualquier problema que pueda surgir para que yo únicamente tenga que preocuparme de crear. En cuanto a asistentes en la propia sesión, suelo hacer que los padres colaboren; cuanto más partícipes sean, más ilusión tienen en el resultado”.
Selección
Inicialmente puede contactar con escuelas oficiales y centros de enseñanza de fotografía. Muchos de estos centros exigen a sus alumnos que realicen unas semanas de prácticas en empresas al finalizar sus estudios. Hable con sus responsables e indíqueles qué tipo de trabajo realiza y cuáles serán las áreas en que el ayudante que busca colaborará con usted. Resúmales los conocimientos y experiencia que necesita, así como los valores que considera prioritarios. Por ejemplo, para seleccionar sus colaboradores, Pepa Valero considera fundamentales cuatro valores: “actitud, educación, disposición y lealtad; todo lo demás se aprende”.
OTROS COLABORADORES EN POSTPRODUCCIÓN
En las temporadas de gran volumen de trabajo, por ejemplo en Navidades y Comuniones, considere subcontratar algunas de las tareas más repetitivas, como pueden ser el procesado de sus fotografías digitales o la maquetación de álbumes y otros productos. Pepa Valero cuenta con ayuda ocasional en las tareas de procesado, así como colaboradores online a los que envía trabajos para algunos períodos puntuales.

Con esta emotiva imagen de su línea de trabajo ‘Fine Art’ Manuel González recibió el Premio Goya de Fotografía 2018, otorgado por la Asociación de Fotógrafos y Videógrafos Profesionales de Aragón. Con estas nuevas producciones ofrece fotografías para niños diferentes a las tradicionales con esta edad, que suelen ser las de Comunión. Manuel trabaja exhaustivamente su edición digital, imprime las imágenes sobre papeles artísticos de alta calidad y entrega las ampliaciones en cajas elaboradas por un artesano que colabora con él en su diseño.
Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 125, f/4, 1/320 s.
Aunque en ocasiones Manuel González ha subcontratado esta edición, ha comprobado en la práctica que, bajo su criterio y puesto que su edición es muy personal, no ha conseguido resultados óptimos con esta opción. Por eso y como él dice en campañas fuertes como Navidad o Comuniones aunque suele ir muy apretado, prefiere hacer la edición personalmente. Además, Manuel González cuenta entre sus colaboradores con una empresa que le fabrica sus cajas y otros envoltorios. Trabajar directamente con una pequeña industria le facilita que puedan elaborar maquetas según sus diseños y producir pequeñas tiradas. En el capítulo 9 dedicado a postproducción digital se incluyen unas páginas para guiarle en la colaboración con laboratorios fotográficos especializados para impresiones, álbumes y otros productos.
A lo largo de este capítulo habrá comprobado cómo no es necesario un gran equipamiento para realizar bellas y emocionantes fotografías de niños. Si es una madre o padre que desea mejorar las imágenes que captura de sus pequeños, no necesita más que adquirir una cámara y uno o dos objetivos de calidad razonable siguiendo nuestras indicaciones en este capítulo. Considere que cuenta con el principal activo para lograr buenas imágenes: mucho tiempo para poder fotografiarlos. Si desea subir a un escalón profesional para especializarse en fotografía de niños, tampoco necesita una gran inversión como en otras especialidades. Solamente necesitará añadir al equipo anterior uno de los conjuntos de iluminación que le han propuesto nuestros fotógrafos, al objeto de poder abordar escenas en estudio y complementar la iluminación en localizaciones, si fuera necesario.

Alba Soler suele trabajar en exteriores solamente con su cámara y sus dos objetivos favoritos de 50 y 85 mm. Considera que un equipo fotográfico reducido le permite concentrarse en aspectos más importantes que la mera calidad de la imagen, como la búsqueda de escenarios, la iluminación y la pose. En esta localización le atrajeron los azulejos e inmediatamente pensó en usarlos como fondo, para lo que pidió a la niña que se tumbara en el suelo con las flores en su regazo. Después le extendió el pelo para que destacaran sus bucles y le reajustó la postura del otro brazo para que formara una atractiva forma en “S”.
Canon 5D Mark III, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 200, f/4, 1/125 s.

En esta sesión de Navidad Pepa Valero quería que los niños se sintieran como si fueran los personajes de un cuento y pudieran salir de entre sus páginas. Encargó la construcción de una estructura de madera, mientras en su estudio imprimía en su plóter a gran tamaño las páginas escaneadas de un antiguo libro de cuentos. Después adhirió dichas páginas sobre la estructura para simular el libro abierto. Esta imagen ilustra dos elementos clave del estilo de Pepa Valero: diseño de escenarios y atención al color. En todas sus sesiones presta mucha atención a lograr combinaciones de colores armoniosas y emotivas. Para las fotografías de campañas de Navidad suele elegir un color dominante cálido y toques de color en verdes y rojos que sirvan de contraste y puntos de atención.
Nikon D800, Nikkor 24-70 mm f/2,8 @ 38 mm, ISO 200, f/2,8, 1/30 s.
CAPÍTULO 3
Buscando su propio estilo
AL FINALIZAR ESTE CAPÍTULO HABRÁ APRENDIDO:
•A valorar las características que definen un estilo fotográfico
•Cómo transmitir emociones con sus fotografías de niños
•Algunos fundamentos del lenguaje corporal y su aplicación para mejorar las posturas de los niños en sus imágenes
•A potenciar la interacción entre el niño y otros familiares
•Cuáles son los elementos clave para contar historias emocionantes
•A buscar o diseñar escenarios sobre los que desarrollar sus historias
¿A qué nos referimos con estilo propio? Desarrollarlo en fotografía significa configurar una nueva forma de crear imágenes de una forma claramente identificable. Podemos decir que un fotógrafo ha alcanzado un estilo propio cuando el espectador es capaz de reconocer unos rasgos comunes en sus imágenes que le diferencian de otros fotógrafos. Algunas veces el estilo se basa en una forma de aproximarse al sujeto, por ejemplo, Richard Avedon opta en sus retratos por un punto de vista frontal, sin nada que distraiga del sujeto; no hay elementos en el fondo, ni busca recoger el espacio alrededor, no hay líneas de perspectiva, ni una iluminación con sombras acentuadas que puedan atraer la atención, tampoco usa el color, prefiriendo el blanco y negro. Todo se configura para que el espectador se concentre en ‘observar’ al sujeto que retrata. Otros fotógrafos deciden configurar su estilo basándose justo en decisiones opuestas a las de Avedon, por ejemplo Martin Parr elige trabajar en color y, además, busca contrastes y saturación extrema, escoge ópticas y encuadres donde incluye una descripción completa del entorno, parece querer decirnos: ‘mira con atención no sólo a los sujetos, sino también lo que hacen y donde se encuentran’.
Conseguir un estilo propio no es una tarea que se pueda dar por finalizada. Todos los artistas, y por supuesto los fotógrafos, están en permanente evolución, buscando recoger en sus obras nuevos temas o, simplemente, cambiando su forma de aproximarse a ellos en función de su desarrollo personal, las influencias del entorno y la exploración de nuevos caminos en sus técnicas artísticas. Analicemos juntos cual es el estilo que han desarrollado cada uno de los fotógrafos incluidos en este libro.
Tres fotógrafos, tres estilos
CREAR EN EL ESTUDIO: MANUEL GONZÁLEZ
Manuel González, aunque también realiza sesiones en el exterior, prefiere el estudio para sus fotografías de niños. Considera que llevar a los pequeños a un lugar fuera de sus espacios habituales le facilita que estén menos concentrados en la sesión. Además, el estudio les permite trabajar de forma similar durante todo el año con independencia de la luz solar y las condiciones meteorológicas, que en Sevilla suelen ser muy extremas (demasiado frío en invierno y demasiado calor en verano).

Manuel González considera que solamente es necesario un pequeño estudio con un fondo gris para lograr fotografías donde poder trasladar a los niños ¡a los confines del universo! Esta imagen condensa su método de trabajo: primero situó la iluminación mediante un flash montado en una ventana rectangular a la derecha, después fotografió a la niña delante del fondo gris de su estudio, vestida unicamente con una pieza de tul y una diadema que disponía en su almacén de atrezo. En la postproducción digital añadió el fondo de estrellas y las alitas, según se detalla en el capítulo 9.
Canon 5D Mark III, Canon 35 mm f/1,4, ISO 500, f/3,5, 1/200 s.
En vez de agobiarse por el reducido tamaño de su estudio, Manuel ‘le ha dado la vuelta a la tortilla’ y ha ido conformando su estilo en función del espacio de que disponía. Por ello fue eliminando luces que resultaban un quebradero de cabeza con los niños por los cables y trípodes y quedándose con esquemas de iluminación muy sencillos, basados casi en su totalidad en un flash montado con una ventana rectangular vertical como accesorio difusor. Al no poder montar mucho atrezo y elementos para fondos, decidió usar fondo y suelo blanco sobre los que después superpone texturas en la postproducción digital de las fotografías. Precisamente esa cuidada edición posterior en el ordenador es una de sus marcas de estilo, porque considera que la toma de la fotografía es solo la primera parte del proceso, que después complementará en la edición buscando los sutiles matices de colores que considera más adecuados a cada imagen.
Manuel prefiere que los pequeños aparezcan con poses sencillas, distraídos jugando con algún muñeco o, simplemente, sentados. No considera que a las fotografías de niños les vayan las poses muy complicadas o con un excesivo atrezo. En cuanto al ansiado estilo propio, la fotografía de Manuel se conoce por su marcada edición, el utilizar poco atrezo y siempre de manera que esté interactuando con el propio niño, creando una simbiosis perfecta. Nos comenta que “el estilo no es más que destacar tu fotografía en algo. Por ejemplo si eres de utilizar atrezo, que tu fotografía se reconozca por ese atrezo. Si eres de utilizar colores vivos, pues que tu fotografía se reconozca por esos colores, etc. En mi caso mi fotografía pienso que se reconoce por la edición, para la cual me he molestado en buscar una colorimetría, una paleta de colores y todo esto desde cero sin utilizar preajustes o acciones compradas. Soy de la opinión que si utilizamos este tipo de preajustes o acciones compradas no estamos personalizando nuestro trabajo; por otra parte, si lo tenemos nosotros los puede tener cualquier otra persona. Todos deberíamos, como primer ejercicio, preguntarnos qué queremos representar en nuestra obra y en consecuencia ir buscando esos matices que hagan diferentes nuestras fotografías de los demás. Siempre digo que todos tenemos referentes y que los podemos utilizar para crear un estilo fotográfico propio”.
NARRAR EN EXTERIORES: ALBA SOLER
Si algo caracteriza el estilo de Alba Soler es la construcción de historias con los niños que fotografía casi siempre en exteriores. Prefiere a los niños porque se siente más libre para crear historias que con los adultos. Nos indica que “desde el momento en que quise ser fotógrafa tuve claro que quería hacer sesiones donde lo importante fuera preparar la sesión de fotos: fondo, vestuario, iluminación, etc. Después necesitaba especializarme, porque si una cosa creo es en la especialización, y decidí hacer solamente niños, desde el embarazo, bebés y hasta que se hacen mayores. Elegí esta especialidad porque tienes muchas más posibilidades creativas. Con los adultos es todo más serio y elegante, pero con los niños puedes desarrollar más la imaginación”.
Para crear sus pequeñas princesas y príncipes inmersos en cuentos de hadas, Alba escoge localizaciones donde domine la naturaleza, ya sean ríos, bosques o, simplemente, un prado con flores. Selecciona el vestuario cuidadosamente, añadiendo complementos sencillos pero sumamente efectivos: un pañuelo, un pequeño ramillete o una diadema decorada con flores para las niñas, y sombreros de pirata o espadas para los niños. Considera que la labor de un estilista es fundamental para lograr ese toque especial de producción que tienen sus fotografías.
En la postproducción digital cuida mucho que los tonos de piel sean cálidos y atractivos, prestando también atención a los colores de la vegetación, los prefiere poco saturados y con una ligera dominante amarilla. No concibe entregar un retrato que no haya sido cuidadosamente mejorado con técnicas de retoque y suavizado de piel. Prefiere que en sus fotografías domine la sugerencia y lo velado, de modo que suele usar una profundidad de campo muy limitada en la toma e incluso después en la postproducción incrementa localmente el desenfoque de algunas zonas.

Una imagen que contiene los rasgos más representativos del trabajo de Alba Soler: escenarios en la naturaleza, vestuario muy escogido y poses naturales, prestando especial atención a evocar los sentimientos de los niños en cada edad. A pesar de que la mayoría de sus fotografías las realiza en exteriores, desea conseguir en ellas la perfección de una iluminación en estudio; por ello suele combinar la luz natural con luz de flash de forma muy armónica. A fin de completar la atmósfera de ensueño en sus fotografías suele trabajar cuidadosamente en postproducción los matices de piel y los tonos de la vegetación.
Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 200, f/2,8, 1/160 s.
REPORTAJES COMBINADOS: PEPA VALERO
En sus reportajes y álbumes de niños, a Pepa Valero le gusta ofrecer una visión poliédrica que refleje las múltiples personalidades que afloran en un pequeño. Por ello suele combinar fotografías en estudio con otras en exteriores, siempre buscando que las imágenes sean muy pictóricas y expresivas, que emocionen al espectador. Le encanta jugar con los pequeños y recoger esa atmósfera de juego en sus fotografías captando sus movimientos y expresiones. En estudio acostumbra a trabajar sobre un concepto o idea motivadora; unas veces puede ser recrear una escena de un cuento infantil o, simplemente, un decorado realizado con luces. También suele complementar sus sesiones de estudio con algunos primeros planos muy cercanos.
Dependiendo de la campaña Pepa adapta su postproducción digital a ella, con el fin de mejorar su efectividad en la comunicación de su idea inicial. Por ejemplo, en las campañas de Navidad prefiere los colores más vivos y saturados, donde destaquen verdes y rojos; mientras que en las campañas de Primavera y Primera Comunión se decanta por atmósferas luminosas, con tonos muy pasteles y casi lavados de color; y en verano dominan los tonos amarillos y cianes.
Para avanzar en la búsqueda de su propio estilo es fundamental que investigue lo que considera interesante de recoger y expresar en cada una de las etapas de los niños y niñas que fotografíe; también debería valorar si hay algunas edades que se adapten mejor a su temperamento y método de trabajo. Si le resulta difícil interactuar con los niños, quizás es mejor que se especialice en madres embarazadas, que seguirán más fácilmente sus indicaciones, o bebés recién nacidos, que mantienen las posturas sin ningún problema. Sin embargo, si se decide por niños de 3 a 8 años puede estar seguro de que necesitará grandes dosis de paciencia y habilidades para controlarlos durante la sesión.
Explore también lo que le gusta artísticamente y digiera con calma una amplia selección de fotógrafos y artistas de todas las épocas. Para ello le recomiendo que vaya construyendo su cuaderno de referencias e ideas, bien en papel o en una carpeta en su ordenador donde vaya almacenando imágenes y textos que le resulten útiles como inspiración. Aunque usted desee especializarse en fotografía de niños, no se limite a buscar imágenes e información de fotógrafos que trabajen dicha especialidad; explore otros campos como la moda, publicidad, reportaje de bodas, etc.

La atmósfera de juego y la interacción con los niños son dos claves en el desarrollo de las sesiones de Pepa Valero. Para esta fotografía les pidió a los niños que “simularan que se habían escapado del libro y que me dijeran que no se lo contase a nadie ni hiciera ruido”. Otra de las características de su estilo son los decorados que diseña para sus sesiones en estudio aquí ideó un escenario que era un libro del cual se escapaban los duendes dibujados en él. Para la iluminación situó un flash con ventana y rejilla a la izquierda, con un reflector dorado a la derecha, destacando el fondo con otro flash montado con un cono para concentrar la luz sobre el libro. Midió la exposición necesaria para las luces pequeñas de Navidad y ajustó la potencia de los flashes para poder usar dichos ajustes de exposición.
Nikon D750, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 400, f/2,8, 1/125 s.

Otra gran fuente de inspiración son los libros y películas para niños; recoja ideas y tramas de sus historias, así como de la forma de contarlas, de sus portadas y carteles anunciadores, etc. La chispa de la creatividad se enciende en muchas ocasiones porque su cerebro observa algo que le interesa y lo relaciona con otras imágenes o experiencias propias. Quizás los reflejos de una fotografía de arquitectura le hagan pensar en realizar su próxima sesión buscando la incorporación de ellos en sus retratos, o esa gama tan limitada de colores de unas Polaroid antiguas le conecte con su niñez y desee probar a editar digitalmente sus fotografías de niños para obtener unos colores similares.
Transmitir emociones
En otras especialidades de la fotografía social, como pueden ser las bodas, hay ocasiones donde el protagonismo en la imagen lo lleva el escenario o la relevancia del hecho fotografiado, por ejemplo la fotografía del intercambio de los anillos. Sin embargo, a medida que avance en su aprendizaje de fotografía de niños observará que las imágenes que más le gustarán, a usted como fotógrafo y a sus clientes, son aquellas donde logre que el espectador se detenga y sea partícipe de la emoción que reflejan. Son tantas las situaciones donde un pequeño puede enternecernos: la mirada de cariño abrazando a un nuevo hermano recién llegado, su expresión boquiabierta de sorpresa ante unas pompas de jabón o los movimientos entusiasmados con que imita a los héroes de sus películas con una toalla como capa.
Con los niños resulta mucho más fácil que con los mayores, pues hasta la preadolescencia no suelen tener demasiada consciencia de sí mismos y no se avergüenzan por nada, así que no les preocupa disfrazarse, pintarse la cara o gesticular abiertamente. Acostúmbrese a observar a sus hijos y a otros niños en todo tipo de situaciones, no solamente cuando los está fotografiando. Muy probablemente encontrará muchos momentos mágicos cargados de emociones. Anote la situación en su cuaderno de ideas para que pueda servirle de inspiración para una sesión posterior. En la sesión fotográfica no trate de reconstruir ese momento concreto, eso resulta casi imposible y rara vez funciona, en cambio sí puede generar una atmósfera similar donde seguro que algo va a suceder. En la siguiente sección le indico en una breve lista algunos de esos momentos mágicos que puede empezar a observar.
EXPRESIONES Y GESTOS
Si en el mundo adulto suele decirse que la cara es el espejo del alma, más aún sucede en los pequeños que todavía no han aprendido a expresarse con el lenguaje verbal, pues dependen de los gestos y expresiones de su cara, así como de sus movimientos corporales, para que los adultos les podamos entender. El lenguaje verbal requiere un largo proceso de aprendizaje que no se culminará hasta los seis o siete años. Sin embargo, incluso los más pequeños cuando todavía no saben hablar ya son capaces de comunicar muchas emociones y deseos con sus expresiones faciales, gestos y lenguaje corporal.
Madres y padres suelen entrar al estudio fotográfico con una idea prefijada: el fotógrafo recogerá la felicidad de sus hijos. Sin embargo, esa obsesión por una imagen tipificada no facilita las mejores imágenes. Por ello muchos fotógrafos especializados prefieren que los familiares no se encuentren directamente en el plató del estudio, al objeto de que el niño pueda sentirse más tranquilo y con menos presión de los adultos, lo que les facilita recoger otros estados de ánimo. Considere la siguiente lista de actitudes y estados de ánimo para intentar capturarlos en sus fotografías y reflejar de un modo más completo y auténtico la personalidad del niño.
• Curioso, observador, concentrado, ensimismado.
• Entusiasmado, sorprendido, alerta.
• Activo, juguetón.
• Relajado, meditativo, somnoliento.
• Alegre, placentero, gozoso.
• Tierno, cariñoso, apegado.
• Triste, apenado, frustrado.
• Desilusionado, decepcionado.
• Enfadado, enrabiado.
Trácese un esquema mental de la sesión que le facilite registrar al niño en tres tipos de actitudes como mínimo. Muchos fotógrafos, como Alba Soler, prefieren no estimular en exceso a los niños al comienzo de las sesiones porque tienden a ser más monótonas en sus resultados. Piense que si implica al niño en una fuerte dinámica de juego en exteriores, será complicado detenerlo hasta que se encuentre cansado. Lo ideal es averiguar el ritmo adecuado para cada niño. Con el tranquilo puede empezar con las actitudes más reposadas y posteriormente ir activándolo mediante juegos para fotografiarlo en las más dinámicas; mientras que con el hiperactivo conviene ir al revés, primero dejarle que juegue hasta que se empiece a cansar; entonces es el momento para acercarlo a algún muñeco u objeto de su interés y pedirle que se concentre en hablarle o expresarle su cariño.
Detectar su personalidad le ayudará también al planteamiento técnico de la sesión. Por ejemplo, para un niño hiperactivo Pepa Valero sugiere “trabajar con luces muy abiertas, difusas y amplias, para poder dejarlo que se mueva más libremente en el plató. No es aconsejable trabajar con luces muy cerradas porque es imposible mantenerlo quieto y en una postura determinada. Dicho esto, es maravilloso trabajar con ese tipo de niños porque las expresiones son muy bonitas y supernaturales”.
Para la mayoría de los niños hasta los ocho años, Manuel González recomienda “sesiones de no más de una hora porque después empiezan a perder energía y a decaer su interés. Lo primero que hago es jugar con ellos para tomar planos largos y medios; después en la segunda mitad de la sesión cuando va bajando su ritmo y está más tranquilo, ya no le importa que me acerque e invada su espacio, entonces empiezo con planos más cortos. Busco crear dinámicas de acción y reacción, donde le indico al niño algo para provocarle que reaccione. Si es más tranquilo, empiezo por poses más paradas, después cuando he conectado con él ya puedo empezar los juegos de acción y reacción. Si es más hiperactivo, le dejo que se mueva por el estudio y que se canse para posteriormente empezar, o simplemente dejo fluir la sesión mientras voy disparando”.

En esta fotografía Manuel González usó la estrategia de acción y reacción que le funciona muy bien con niños hasta los 6 años. Encendió el Baby Shusher –un aparato para dormir bebés que genera ruido blanco– después se puso el dedo en la boca haciendo el gesto de callar al aparato, inmediatamente el niño también empezó a imitarlo y solo tuvo que realizar tres o cuatro disparos de su cámara para captar esta expresión tan genuina y auténtica.
Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 200, f/3,2, 1/160 s.
Tenga en cuenta que el rostro, pero sobre todo los ojos y la boca son los órganos con mayor control de movimientos y, por tanto, los más importantes a la hora de comunicar emociones. Incluso podríamos imaginar un retrato donde no se incluyera la boca, pero sería imposible sin recoger los ojos del niño. Estos transmiten la vida interior y mucho de lo sentido en cada momento. Y para captar esa vida es fundamental que los ojos estén bien iluminados. Modifique la posición de sus luces o simplemente pida al niño que gire la cabeza o suba ligeramente la barbilla hasta que observe los reflejos de las luces en sus ojos (a menudo denominados también catchlights en inglés).
A veces los niños se tapan la cara o parte de los ojos; eso es normal y forma parte de sus mecanismos de protección cuando no se encuentran seguros. No se preocupe porque es una fase que suele durar poco tiempo. Aproveche para tomar algunas fotografías donde el niño juegue a taparse parcialmente un ojo o la boca… o incluso a agarrar algún objeto y esconderse un poco detrás de él. Algunas de estas fotografías pueden ser muy entrañables y expresar la personalidad del niño o las peculiaridades de la edad en que se encontraba.

Pepa Valero acostumbra a embarcar a sus niños en una fuerte dinámica de juegos durante las sesiones. No obstante siempre está muy atenta a los momentos de relajación de los pequeños, en los que suele acercarse para tomar primeros planos porque sus expresiones son muy naturales y emotivas. Para que el niño pudiera moverse sin problemas, en esta ocasión usó una ventana grande situada bastante frontal para que los ojos siempre estuvieran muy iluminados y acentuar la suavidad de su piel. En postproducción mejoró todavía algo más los ojos, incrementando luminosidad y contraste del iris y ajustando ligeramente el tono de azul.
Nikon D750, Nikkor 85 mm f/1,8, ISO 160, f/4, 1/200.
Alba Soler usa un truco muy sencillo cuando el niño tiene una sonrisa forzada: “Hay que evitar decirle ‘no pongas esa cara’ porque entonces pensará que está haciendo algo mal y debemos evitar pensamientos negativos tanto en los niños como en los adultos. Continúo haciéndoles fotos y les digo que miren hacia abajo o hacia el cielo, inmediatamente les indico que miren a cámara y justo en ese momento disparo. El niño se habrá relajado cuando mira hacia otros sitios y así conseguimos que tenga una cara nueva en el momento que le indiquemos que nos mire”.
Además, puede aprovechar para tomar algunas fotografías mientras dirigen la mirada al suelo o al cielo. Cuando los niños no miran directamente a la cámara evocan muchas emociones: observación, ensoñación, sorpresa… Sus ojos están concentrados y abiertos; los reflejos en ellos logran captar la atención del espectador y transmitirle la emoción que embarga al pequeño. En esos casos procure dejar siempre bastante área libre en su encuadre en la zona hacia donde se dirige la mirada. También cuide que su punto de vista no sea demasiado bajo ni la postura de la cabeza sea excesivamente erguida porque puede resultar demasiado esnob o petulante.
Tampoco tenga miedo a captarlo con los ojos cerrados o semicerrados, porque de ese modo puede sugerir silencio, relajación, concentración o inspiración…Cuidado si lo asocia a otros gestos, como la boca abierta gritando, porque puede transmitir dolor, rabia o terror. Considere que los niños pasan mucho tiempo durmiendo o soñando, así que siempre les atrae la propuesta de cerrar sus ojos y pensar en su personaje favorito de dibujos animados, permitiéndole conseguir unas expresiones relajadas y muy atractivas en sus retratos. Para evitar una imagen excesivamente estática, busque que sus manos y brazos tengan una posición que indique alguna acción del sujeto, por ejemplo: levantar una flor para olerla o colocarse unos auriculares para escuchar música. Un consejo importante: Procure evitar los puntos de vista excesivamente frontales al sujeto si lo fotografía con los ojos cerrados, porque suelen asociarse con los antiguos retratos de niños fallecidos muy habituales en los comienzos de la fotografía.

“En esta sesión empecé haciendo fotos más estáticas y después fuimos incorporando más movimiento. Esta imagen la realicé en varias tomas, iluminando con una sola luz de un flash con ventana y panel de abeja y rellenando con un reflector lateral. Primero le indiqué a la niña que cerrara sus ojos e imaginara que volaba, ‘Cuando yo diga 1,2 y 3, sueltas las hojas hacia arriba’. Lo que me gusta de esta fotografía es la actitud corporal de la niña, el movimiento y la emoción que expresa. Después en la postproducción incrementé la sensación de hojas volando, montando más hojas y clonando otras para rellenar las zonas más vacías de la imagen”. Para dar variedad a su reportajes, Pepa Valero busca siempre algunas imágenes donde lo evocado por la postura o el gesto del niño sea más importante que la descripción detallada de sus rasgos, que ya se encontrarán en los retratos en primeros planos.
Nikon D800, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 200, f/3,2, 1/160 s.
CONSEJO
ABANDONE LA SONRISA ‘PATATA’
Aléjese de la obligación de tomar fotografías mirando a cámara, con una sonrisa forzada y poco auténtica. El niño se pondrá mucho más nervioso si el fotógrafo o la familia intenta conseguir de él una actitud forzada ante la cámara porque los pequeños no entienden qué les quieren decir y son muy sensibles al estrés de los mayores junto a ellos. Además, la sonrisa ‘patata’ no siempre consigue una buena iluminación en la parte más importante de su retrato: los ojos. Cuando el niño está sonriendo tiende a cerrar los párpados provocando que haya mucha menos superficie para los reflejos en sus ojos y haciendo que a menudo la mayor parte del ojo quede bastante oscuro.
A lo largo de este libro observará que hay infinidad de ejemplos en los que aparecen observando, jugando, pensando… con una actitud relajada y transmitiendo mucho más de su mundo interior que lo que hubiera conseguido con una sonrisa ‘patata’. Relájese, no se obsesione con que el niño ponga una cara determinada y notará inmediatamente cómo el pequeño se relajará también.

Una vez haya confirmado que la iluminación y la exposición que ha fijado en su cámara son correctas, concéntrese en no perder ningún gesto de los niños, sobre todo en los más pequeños. No se preocupe en exceso de que miren a la cámara, sino de que se encuentren cómodos y relajados. Aunque esta niña no mire directamente, su gesto espontáneo de taparse la boca y la mirada pícara hacia un lado son suficientes para generar en el espectador una sonrisa y evocar la atmósfera de juego que Pepa Valero crea durante la sesión fotográfica.
Nikon D800, Nikkor 24-70 mm f/2,8 @ 70 mm, ISO 500, f/4,5, 1/125 s.
Acérquese o mejor coloque su teleobjetivo y no tenga miedo a recoger su rostro en primeros planos que ocupen todo su encuadre. Sobre todo en los niños de uno a dos años podrá concentrar la atención en sus gestos, que a menudo son muy divertidos y espontáneos, porque justo en esas edades empiezan a controlar sus movimientos, mientras que más tarde no es tan fácil captarlos de forma natural.
Una técnica que puede probar consiste en indicarle que cierre sus ojos y se imagine algo que le guste, ya sean flores, helados o su peluche; después dígale que los abra cuando cuente hasta tres. Tenga la cámara preparada de antemano, porque muy probablemente la expresión durará muy poco, pero seguro que será auténtica e inolvidable. Pepa Valero sugiere el juego como su técnica más efectiva. “Un niño puede tener mucha vergüenza, pero si empieza a entrar contigo en una dinámica de juegos, de bromas, esa sonrisa no aparece porque el niño está entretenido y se olvida que le están haciendo fotos y salen imágenes mucho más naturales”.
Actualmente la fotografía digital facilita reflejar los gestos de los niños al no tener que preocuparse del coste de la película como ocurría con la fotografía química. Además, puede verificar inmediatamente si ha logrado captar la atmósfera de la escena y la esencia del momento tal como los imaginaba. Lo fundamental es no quebrar la atmósfera de confianza entre el fotógrafo y el niño. Sobre sus estrategias para lograrlo, Alba Soler resalta como “es muy importante que los niños no perciban negatividad, que no se les diga continuamente ‘eso no’, porque si empiezan a tener la sensación de que lo están haciendo todo mal resulta más complicado sacarlos después de esa sensación. Es más fácil hacer esas fotografías que no nos servirán y seguir con la sesión sin que ellos aprecien que no nos ha gustado, buscando que focalicen su atención en otras cosas: ‘mira esa falda que hemos traído’ o ‘acaricia el osito’. Esa sonrisa va a desaparecer en algún momento y después, si deseas que tenga una sonrisa, ya le provocarás con algo que le haga reír”.
LENGUAJE CORPORAL
El lenguaje corporal estudia el significado expresivo, apelativo o comunicativo de los movimientos corporales y de los gestos aprendidos. Durante sus sesiones fotográficas, y fuera de ellas, aprenda observando a los niños. Apreciará cómo apoyan la cabeza sobre sus dos manos cuando están atentos o ladean la cabeza cuando buscan la aceptación de los mayores, si saben que han hecho algo distinto y puede que no esté bien.
Procure que las posturas del niño no solo sean atractivas desde el punto de vista de la composición de la imagen, sino también que comuniquen sus emociones e intereses. Alba Soler destaca que no se trata de buscar la perfección de las poses por sí mismas, “cuando hablamos de posturas, de que todo esté muy bien situado, parece que estamos centrando todo en aspectos muy materiales, muy estéticos, pero es todo lo contrario. Cuando no hay ningún elemento que te distrae, ningún brazo en tensión, ningún pie doblado de forma extraña, entonces es cuando de verdad estás leyendo el sentimiento de la foto. En realidad estamos mejorando la percepción de la emoción que deseamos captar con la fotografía, porque de ese modo evitamos distracciones con elementos que alteran la percepción de lo más importante de la fotografía que es nuestro personaje. Es necesario que esté todo perfecto y que sea creíble; tú no vas a pensar en qué siente ese personaje o que te está transmitiendo, si le ves que tiene un dedo levantado del pie porque le da asco el suelo”.
Hay cuatro partes claves que analizar rápidamente en cada nueva situación que fotografíe: cabeza, brazos, cuerpo y piernas. Acostúmbrese a realizar un breve análisis de ellas al cambiar de escena o situar al niño en otra actividad.
Cabeza y mirada:
Posiblemente la cabeza y la mirada son los elementos más importantes a la hora de transmitir un determinado estado de ánimo. Si la cabeza se encuentra erguida y la barbilla hacia adelante, el espectador percibirá al niño como interesado y atento. Puede acentuar ese sentimiento colocando la cabeza apoyada sobre las manos. Cuando levanta un poco la barbilla evidencia una cierta autosuficiencia y orgullo, pero atención a no exagerar porque puede denotar chulería y agresividad.
En cambio si la cabeza está inclinada hacia abajo, se identifica al niño como concentrado y atento a algo, aunque no conviene exagerar mucho la inclinación porque indicaría sumisión o miedo a una reacción de sus padres. Si lo que desea es expresar candidez e inocencia, procure que incline lateralmente la cara mientras mira hacia la cámara. Cuando en esta postura se le suma que mire hacia otro lado, puede indicar una búsqueda de aceptación de algo que el niño cree que no ha hecho bien.
Alba Soler procura “que el plano de la cara se encuentre paralelo al de la cámara. Si la cara está inclinada hacia arriba, me situaré con la cámara por encima del sujeto y apuntando hacia abajo para que los dos planos, el de la cara y la cámara estén casi paralelos. Hacia donde miran viene dictado por el encuadre y por la posición de los brazos y el cuerpo… pero no hay una receta. Lo importante es que la pose tenga sentido, que no parezca falsa y esté bien compuesta; y sobre todo que sea coherente; se debe evitar que la cara exprese una cosa y las manos digan otra”.
Además de los recursos de postproducción digital, busque ya desde la toma atenuar la presencia de rasgos faciales problemáticos. Manuel González destaca “los recursos ópticos, de iluminación y de poses que debemos usar los fotógrafos para mejorar los retratos. Por ejemplo, en los críos con orejillas despegadas, aparte del licuar –que es una buena herramienta de posproducción– también debemos saber que óptica utilizar y cómo usar diafragmas muy abiertos para que las orejillas estén más desenfocadas y no resalten. Obviamente, a un niño con una nariz aguileña no le voy a hacer un perfil, sino enfocarle de frente, pero además seleccionar la óptica también ayuda. No puedo usar un 35 mm con una nariz pronunciada porque exagera las perspectivas y aumenta el tamaño de las partes del rostro más próximas a la cámara. Casi siempre uso en estudio el 85 mm porque es el que favorece más los primeros planos que me gustan. Además, consigo otro beneficio adicional, porque al retirarme más con el 85 mm consigo no ‘invadir’ tanto la intimidad del propio crío”. En definitiva, tener en cuenta que las ópticas angulares exageran las perspectivas y los teleobjetivos comprimen.

Alba Soler lleva en su equipo para exteriores algunos pequeños animales y muñecos que son muy útiles para concentrar la atención del niño. Fíjese en la postura de la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo y con la mirada dirigida hacia el muñeco, de forma que el espectador percibe la observación concentrada del pequeño. Imagínese que el niño mirara hacia la cámara, seguro que le parecería que el niño tiene ya desconectada su atención del juguete y no le transmitiría la sensación de juego.
Canon 5D Mark III, Canon 135 mm f/1,4, ISO 400, f/2,8, 1/200 s.
Otro punto importante a considerar es el pelo, Alba y Pepa comentan cómo “da lo mismo que el niño salga guapísimo pero si aparece con el pelo revuelto a la madre no le va a gustar. Antes de disparar la foto es conveniente revisar que el pelo luzca bien, y en el caso de las niñas tener mucho cuidado de que algún pelo largo no le cruce la cara o los ojos, sobre todo porque luego lleva mucho tiempo retocarlos. Después habrá que comprobar que el pelo esté bien colocado, porque si es muy largo se puede enganchar en muchos sitios y aparecer de forma rara. Si es una fotografía tumbada en el suelo, disponer bien el pelo para que quede bonito. En función de la iluminación también es necesario valorar el efecto; por ejemplo, en los contraluces no conviene que haya mucho pelo suelto volando porque después brillará y quedará extraño”. Después de tomar las fotografías que les gustan a las mamás –por regla general les gustan los críos muy peinaditos– Manuel González aconseja cambiarles un poco, agitarles el pelo y volverlo a peinar de un modo más suelto para que esté más desenfadado, más tieso, y el niño parezca más travieso.
CONSEJO
SIEMPRE A LA ALTURA DEL NIÑO
Seguramente habrá observado cientos de fotografías de niños con el efecto poco afortunado de cabeza grande y pies pequeños. Esa es la consecuencia de tomar las fotografías desde la altura de un adulto, con la cámara inclinada hacia abajo, provocando que la cabeza del niño se encuentre entonces más cerca del objetivo y se capte mucho más grande que las partes más lejanas, como los pies. Este efecto se exagera aún más con los objetivos granangulares.
Para evitarlo sólo hay una solución: agacharse, arrodillarse o tumbarse para que la cámara se encuentre a la altura de la cabeza del niño, buscando que su cuerpo esté paralelo al plano trasero de la cámara. Observe cómo este ligero cambio en el punto de vista transforma la percepción del niño; inmediatamente dejamos de verlo con esa perspectiva casi caricaturesca y empezamos a darle ya la dignidad que merece como una persona, ¡pequeña pero persona al fin y al cabo!

Esta imagen sencilla contiene muchas claves de la atención a posturas y pequeños detalles que mantiene constantemente el fotógrafo Manuel González. En primer lugar pidió a la niña que se sentara en la silla, mientras él lo hacía en el suelo para situar la cámara por debajo de la cabeza de la niña y así no alterar las proporciones entre cabeza y cuerpo. Después le indicó que recogiera las piernas con sus brazos, lo que contribuyó a dar mayor informalidad a la postura y conseguir mejorar la composición, aportándole dinamismo al lograr una forma más triangular del cuerpo y menos alargada. Por último, empezó a bromear con la niña y a hacerle gestos graciosos para provocarle esa mirada divertida y lograr imágenes más espontáneas.
Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 125, f/3,2, 1/160 s.
Incluso puede probar a situar la cámara un poco más abajo, aproximadamente a la altura de la cintura del niño, lo que hará que este parezca ligeramente más alto y disminuya un poco el tamaño de la cabeza, lo que suele venir bastante bien para que resulten más proporcionados los niños menores de 6 años en las fotografías.
Además, si se sitúa a su altura contribuirá a que se encuentre más cómodo con el fotógrafo, a que lo aprecie a usted como más cercano y a facilitar la comunicación con él, lo cual es muy importante sobre todo si no es su padre o madre y es la primera vez que lo fotografía. Descender físicamente a su nivel también le ayudará a ver el mundo desde la perspectiva del niño, a entrar en un estado de ánimo donde prime el juego y la fantasía, las dos claves para generar historias emocionantes.
Si por alguna razón decide que un punto de vista superior es el más adecuado, por ejemplo para fotografiar al niño jugando sobre una atractiva alfombra, evite hacerlo de pie sobre el suelo y considere situarlo tumbado o recostado, de modo que no haya tanta diferencia de distancia entre su cabeza o sus pies a la cámara.
Brazos y manos
Los brazos y manos permiten configurar signos muy efectivos a la hora de lograr una buena comunicación en un mensaje no verbal. Sin coherencia entre lo expresado por el rostro y lo que dicen las manos será difícil que llegue al espectador un mensaje claro. Si el niño sitúa los brazos abiertos y elevados, transmitirá la idea de alegría con lo que está haciendo; mientras que si los mantiene abiertos pero a la altura del pecho, indica que tiene ganas de ser abrazado. Procure no fotografiarlo con los brazos elevados y juntos porque indicaría que se siente inseguro y desea que sus padres le recojan en sus brazos. Debería evitar esta postura porque el niño suele evidenciar en su cara síntomas de miedo ante una posible caída.
Al colocar los brazos cruzados a la altura del cuerpo se evidencia inseguridad, molestia y rechazo. Sin embargo, si los cruza por detrás indica confianza, seguridad e incluso en las niñas una cierta coquetería. Cuando coloca algún objeto con el brazo o mano sobre su torso o cerca del mismo, está realizando una ocultación parcial de su cuerpo que viene a significar también esa necesidad de protección y cierta inseguridad. A veces los niños se llevan la mano hacia la cara para ocultarla parcialmente; con ello pueden indicar que se han sorprendido con algo y también que dudan de la reacción de los mayores hacia alguna cosa que hayan hecho.

Algunos ejemplos de los mensajes tan diferentes que puede comunicar con el lenguaje corporal en sus fotografías de niños. A la izquierda, el niño tiene una mirada divertida acentuada por la postura de su mano, que invita al espectador a imaginar las acciones en el mundo exterior al encuadre, lo que pudo haber ocurrido antes del disparo de la fotografía. Sin embargo, a la derecha, la mano debajo de su barbilla y la mirada tranquila logran expresar la concentración y el mundo interior de la pequeña.
Izquierda: Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 200, f/3,5, 1/250 s.
Derecha: Canon 5D Mark III, Canon 135 mm f/1,4, ISO 200, f/2, 1/320 s.
Pepa Valero prefiere “que los brazos estén lánguidos, descansados, apoyados en algo o con la mano tocándose el lóbulo de la oreja… también que el brazo no esté recto, que el codo tenga un cierto ángulo y por detrás se vea un poco la forma de la cintura, eso estiliza un montón”. Alba Soler insiste en que “los brazos tienen que mantener una coherencia con la postura general, si están apoyados que estén relajados, si están entrelazados pues que hagan como un círculo entre ellos. Que acompañen a la postura general. Si el niño está sentado sobre el suelo y estamos mirando hacia delante, pues las manos también irían dirigidas hacia adelante, como marcando una misma dirección todo el cuerpo: mirada, brazos y posición del cuerpo”.
Si el niño o niña está sentado o acostado, y cruza las manos por detrás de la cabeza, acentuará su actitud relajada y tranquila, aunque a veces en los más mayores puede confundirse con una señal de prepotencia y exceso de confianza en sí mismo. Sin embargo, si cruza las manos detrás de la cabeza mientras está de pie no se interpreta igual en los dos sexos: para una niña puede indicar un punto de coquetería pero en un niño puede verse como un poco indicativo de afeminamiento.
Respecto a las manos Pepa Valero recomienda “que se vean todos los dedos, que no se aprecie la mano muy cerrada en forma de puño y que tampoco se vea ningún dedo cortado. Hay que estar muy atento a esos detalles, porque a veces el fotógrafo se concentra tanto en la expresión del niño, que las manos se le despistan y después no hay forma de arreglarlo. Por mi experiencia, solo puedes prestar menos atención a las manos cuando se trabaja con niñas que hayan hecho ballet porque saben posar estupendamente y colocan las manos superbonitas”. Alba Soler recomienda buscar posturas donde estén bien definidas: “lo más importante en la posición de brazos y manos es que estas se encuentren relajadas, que no estén a medias de nada y con una pose clara: si están apoyadas que aparezcan bien apoyadas y no a medias; si están cogidas entre sí, que se aprecie la interacción entre ellas. Si se encuentran tocando la cara, que estén grácilmente tocándola, que los dedos no hundan la piel de la cara hacia dentro”. Para los niños más mayorcitos, una postura que ofrece imagen de seguridad y relajamiento consiste en pedirles que metan las manos en los bolsillos de los pantalones o del abrigo; mejor incluso si no las introducen del todo.
No deje de observar a los niños y analizar las peculiaridades de los movimientos en cada edad. Por ejemplo, a los cinco meses, los bebés empiezan a querer levantar el tronco cuando están tumbados boca abajo, apoyándose en los brazos. Ese momento de titánico empeño ofrece inmejorables oportunidades de captar la esencia de esos meses; únicamente lo tiene que tumbar y colocar la cámara al mismo nivel que la cabeza del bebé para hacer que su esfuerzo se aprecie de forma más clara. “Con cada edad es necesario trabajar las posturas de las manos de forma diferente, indica Manuel González. Si los recién nacidos están despiertos, sus músculos se encuentran en pura tensión. Veo muchas fotos de recién nacidos en las que se palpa esa tensión y para mí pierden el 90% de su ternura, porque el fotógrafo se ha precipitado en realizar la instantánea. Para conseguir poses tiernas de bebés solo hay un truco: esperar a que el niño caiga en su propio sueño. Por otra parte, con los pequeños de dos a cuatro años para las manos funciona mejor indicarles que hagan algún movimiento, por ejemplo: si le dices que meta las manos en los bolsillos y no quedan bien, pues le doy algo para que lo tome en sus manos, un peluche o un avión, para buscar un gesto natural de agarrar algo y no una pose forzada. Cuanto más parada sea una pose, más probabilidades tenemos de que quede algo forzada”.

Observe cómo Manuel González ha diseñado la escena para que los niños adopten una posición natural de manos y brazos. Solo tuvo que indicarles que observaron al osito que hay colgado en la cuerda, miraran hacia arriba y la pose fluyera pudiendo empezar a disparar su cámara. Solicitó al mayor que subiera su mano para hacer más fuerza y fotografiarlo en el momento en que separara más los dos brazos y la pose fuera más dinámica. Manuel González planifica siempre sus tomas considerando los elementos que después añadirá en la postproducción, como en este caso la nube con la que sustituiría al osito, tal como se explica en el capítulo 9.
Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 200, f/4, 1/200 s.

En la fotografía superior, Pepa Valero buscaba reflejar la seguridad y madurez de este niño, por lo que decidió pedirle que se tumbara sobre la hierba con la cabeza reposando sobre sus brazos. Fíjese que la mirada no se dirige directamente a cámara, lo que invita al espectador a considerar su gran mundo interior. En la segunda imagen, la postura de los brazos sujetando el libro y los ojos cerrados transmiten los sueños y el hechizo que sintió la pequeña al leer los cuentos que su madre le compraba.
Nikon D800, Sigma 35 mm f/1,4, ISO 80, f/2, 1/800 s.
Cuerpo
El torso de los niños no tiene las formas propias de cada sexo que adoptará en la edad adulta: hombros más anchos y caderas más estrechas en los hombres, cintura más estrecha y caderas más anchas en las mujeres. En general, hasta la preadolescencia los torsos de las niñas y los niños son muy similares, tendiendo a ser bastante rectos, sin formas y casi siempre un poco ‘barrilitos’. No se preocupe demasiado por ello, a no ser que el niño tenga un problema claro de sobrepeso, porque esas formas contribuyen a percibirlos precisamente como niños y no como adultos.
Para niños y niñas que tengan un poco de sobrepeso, considere situarlos ligeramente girados, con el torso no frontal a la cámara; de ese modo logrará reducir ópticamente la anchura de las caderas al situarlas en perspectiva. O pruebe a sugerirle que adelante una pierna sobre la otra, bien de pie o apoyado en una pared. También puede usar algún elemento de atrezo, como pañuelos, bufandas, una cazadora colgada del hombro o incluso algún familiar para tapar ligeramente caderas u otras partes del cuerpo y que disminuyan su presencia en la fotografía. Otra solución es sentarlo en el suelo mirando hacia arriba; de ese modo logrará que su cuello no destaque tanto y la perspectiva hará que su cuerpo se vea más pequeño y delgado. Evite posturas en las que las piernas o brazos se adelanten mucho al cuerpo para evitar efectos de perspectiva, en los que parezca que los miembros son mucho más grandes que el cuerpo.
Para Alba Soler quizás lo más importante “para lograr mejorar la postura o el aspecto general del torso es la ropa. Hay que tener gusto; si tienes un bebé o un niño rellenito tendrás que buscar una ropa que le favorezca, porque si no por mucha gracia que tú tengas haciendo fotos, no le va a quedar bien. Es muy importante mandar buenas instrucciones a los padres sobre la ropa y si no han seguido tus instrucciones intentar salvarlo de la mejor forma posible. No sé por qué pero hay muchos padres que no ven el cuerpo de sus hijos o les da igual. Por ejemplo, si está gordito y le ponen la camisa abrochada y metida por dentro de un pantalón con cinturón, está claro que se le van a salir las mollas y serán muy evidentes en las fotos. A las niñas, por regla general, les digo que prohibido faldas y pantalones, únicamente vestidos. Estéticamente me gustan más pero, además, le van a quedar mejor, porque con esa edad sus cuerpos son como un barrilete: tienen la cintura hacia fuera y si se la marcas más todavía se va a notar demasiado. Por la experiencia vas observando cómo los vestidos que tienen el corte por la cadera quedan peor, independientemente de lo flaquita que esté la niña le hacen un cuerpo ridículo, de modo que busco que los cortes de los vestidos estén siempre por la cintura. Y con los niños si están gorditos suelen ser más por la barriguita; así que funciona muy bien dejar las camisas por fuera con los pantalones preferiblemente ajustados y algo más anchos por arriba, para que tenga un poco de gracia el conjunto”.

Con los niños no tiene que preocuparse tanto como con los adultos de que las posturas de sus cuerpos estén perfectas. El gesto de esta pequeña y sus manos metidas en los bolsillos concentran toda la atención. Por otra parte, su barriguita con la camiseta anudada le añade un toque de improvisación que le da naturalidad a su postura. Para la iluminación Pepa Valero usó un flash adosado a una ventana con rejilla, situándolo a la izquierda de la cámara muy lateralmente.
Nikon D750, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 100, f/4, 1/160 s.
Piernas y pies:
Por último no olvide comprobar la posición de las piernas del niño, porque van a contar mucho. Cuando son pequeños, si se encuentran de pie y con las piernas algo abiertas transmitirán seguridad y firmeza; mientras que si el niño se encuentra de pie apoyado en algo transmitirán la idea opuesta, de no sentirse seguros al andar. Si tienen por encima de los tres años puede empezar a pedirles que se coloquen en posturas más complejas; por ejemplo, apoyado en una pared con las piernas cruzadas para ofrecer una actitud de relajamiento y tranquilidad.
Cuando el niño se encuentra sentado en el suelo con las piernas abiertas se le percibe en actitud de diversión y juego; una situación completamente opuesta a si lo fotografía con las piernas juntas pues parecerá que está concentrado, triste o reservado. Si se encuentra sentado en un sillón o sofá procure que no tenga las piernas excesivamente paralelas porque resulta una postura demasiado rígida para un niño y le faltará espontaneidad. Puede probar con las piernas semiabiertas a distinta altura lo que aportará un signo claro de despreocupación, relajación y seguridad en sí mismo (ver la fotografía del niño disfrazado de deshonillador de Pepa Valero junto a estas líneas). Los niños pequeños no suelen sentarse con las piernas cruzadas como los adultos, por lo que es mejor evitar esa postura. Si la madre o padre cruzan sus piernas al sentarse junto al pequeño, preste atención a que el pie en el aire se sitúe hacia el lado donde se encuentra el niño, pues normalmente los adultos lo dirigimos inconscientemente hacia la persona que más apreciamos.
Para los más mayores, Pepa Valero prefiere que “tengan las piernas cerradas. Cuando los siento, y las piernas les quedan colgando, se las cruzo por los tobillos y para mí quedan así más bonitas. Si los siento lateralmente y están de perfil, me gusta que los pies se pongan de punta como en ballet. Si están con el cuerpo de frente, mirando hacia cámara, que los pies no estén situados lateralmente, sino dirigidos hacia cámara, que la punta del pie mire hacia mí. También es importante que las rodillas no estén dobladas, las tengan rectas y en general que las piernas se vean estilizadas”.
Sobre los pies, Manuel González prefiere “para la inmensa mayoría fotografiarlos descalzos porque generalmente mi fotografía es muy neutra, de modo que si son varios hermanos y cada uno viene con un tipo de calzado me molesta mucho esa falta de homogeneidad. También busco reflejarlos como si estuvieran descalzos en su casa, sobre una alfombra. No quiero ningún protagonismo del calzado, deseo la mayor neutralidad en el vestuario y así se lo recalco a los padres en mi protocolo de sesiones”. Alba Soler indica cómo “dependiendo de la edad tengo diferentes consideraciones. Si hablamos de niños pequeños creo que quedan más bonitos sin zapatos, queda más natural. Aunque lleven ropa de calle, el hecho de llevar zapatos les hace parecer como demasiado vestidos. Si los pones descalzos es más bonito pero hay que evitar empezar la sesión de esta manera, porque si al andar empiezan a pisar arenita o piedrecitas, ya la has liado, van a protestar y no querer estar más descalzos. Mejor empezar con zapatos y cuando ya lo tengas entretenido y en el bote, pues ya lo puedes poner descalzo. También suelo llevar mantas para que les facilite andar sobre ellas, discretas no necesariamente bonitas, tengo una muy fea que es marrón pero se integra muy bien con la naturaleza. Intento no usarlas pero te pueden salvar una sesión. Por otra parte, si sientas al niño y no puedes evitar sacarlo con zapatos, porque no quiere estar en el suelo sin ellos, mejor ponerlo de lado, de forma que no se le vea la suela. Y para los mayores, si se sientan, es muy importante que las piernas no vengan hacia ti, porque entonces tendrán aspecto como de butifarras y no salen bonitas, es mejor echarlas a un lado y ligeramente hacia atrás”.
De todas formas no se obsesione con una pose perfecta como se busca en las fotografías de boda. Un punto de incoherencia en la postura transmitirá cierta espontaneidad que resulta muy atractiva en las fotografías de niños. Considere que los crios de corta edad están continuamente probando distintos movimientos con sus extremidades, porque es su método para entrenarse y mejorar su control, por lo que es normal que a veces adopten posiciones inverosímiles e incluso un punto cómicas. Un ejemplo podrían ser los pies; si se fotografían excesivamente paralelos pueden parecer impostados, porque es muy habitual que el niño esté realizando con ellos pequeños movimientos, independientes de la acción principal en que esté involucrado con sus manos.

Desde arriba, en el sentido de las agujas del reloj, observe la diferencia de posturas de piernas en estas fotografías y lo que transmiten al espectador. Las piernas juntas del niño leyendo enfatizan aún más su atención concentrada sobre el libro; mientras que los pies de la niña entrecruzados comunican un cierto desenfado, más acorde con la idea de evocar su activa imaginación tal como pretendía la fotógrafa. En la del pequeño deshollinador, las piernas abiertas y con distinto ángulo en la rodilla ayudan a transmitir una pose relajada de descanso. Y finalmente observe la fotografía que Manuel González tituló La danza del oso pero donde, en realidad, el niño estaba a punto de caerse y al recoger ese momento le da una especial espontaneidad a la pose.
Fila superior: Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 400, f/3,2, 1/200 s, y Canon 5D Mark II, Canon 85 mm f/1,2, ISO 200, f/2,8, 1/160 s. Fotografías de Alba Soler.
Fila inferior: Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 200, f/2,8, 1/200 s. y Nikon D750, Nikkor 24-70 mm f/2,8, ISO 100, f/8, 1/125 s. Fotografías de Manuel González y Pepa Valero.
CONSEJO
INDUCIR ESTADOS DE ÁNIMO MEDIANTE EL LENGUAJE CORPORAL
Considere que puede usar su conocimiento del lenguaje corporal para lograr que los niños se encuentren más tranquilos y cooperativos. Está demostrado que las posiciones del cuerpo responden de forma inconsciente a la evaluación de la situación que realiza nuestro cerebro; pero también es posible efectuar el proceso inverso, es decir, realizar conscientemente movimientos que activen dichas sensaciones en el cerebro.
Imagine que se encuentra con un niño inseguro, que lo muestra cruzando los brazos sobre su pecho todo el tiempo. Pruebe a pedirle que simule bostezar como si se acabara de despertar y que después cruce sus manos detrás de la cabeza, realice usted mismo esos movimientos para que él los imite. Al efectuarlos, primero el niño se relaja al bostezar y después al cruzar sus manos detrás de la cabeza transmite a su cerebro la sensación de seguridad y confianza en sí mismo que estaba necesitando.
RELACIONES ENTRE VARIAS PERSONAS
A pesar de que parece algo obvio, lo fundamental resalta Alba Soler es que “haya interacción de verdad. Si ni se tocan, o ni siquiera se miran, simplemente es un retrato donde aparece más de una persona pero no hay interacción. Cuando son pequeñitos se vuelve algo más complicado; no obstante es importante que el niño pequeño mire o toque al hermanito o al perro o a la madre, aunque cada uno esté por su cuenta. Me ha pasado con animalitos, donde el retrato del niño se encuentra bien y el del perro también pero no hay ninguna interacción entre ellos, porque cada uno miraba para un lado.
También depende mucho de la foto, si caminan y miran a sitios distintos no hay ningún problema, sin embargo en ocasiones se nota que has llamado la atención al niño por un lado mientras que el perro estaba distraído con otra cosa; esa foto no acaba de transmitir nada porque cada uno va a su bola. En esas ocasiones es recomendable hacer algo, por ejemplo, el hermano mayor puede dar de comer al pequeño, o si los dos son de una edad parecida que recojan flores del mismo sitio, o toquen juntos un juguete. Conviene lograr que las acciones converjan hacia un punto común.
El conocimiento del lenguaje corporal también ayuda a evocar visualmente las relaciones interpersonales de una forma más convincente. Si el niño mira hacia el lado izquierdo de la imagen, mientras la madre dirige su atención hacia el derecho, el espectador percibirá una tensión entre ellos aunque en realidad no sea así. Considere los siguientes puntos que conviene seguir para evocar la interacción y conseguir una atmósfera positiva en sus fotografías.
Miradas
El primer punto sería ocuparse de que los miembros del conjunto familiar que fotografíe se lo pasen bien y, a ser posible, se olviden del fotógrafo. Es más importante captar las miradas cómplices entre ellos que las sonrisas falsas dirigidas al fotógrafo. Por tanto no se obsesione con que miren siempre a cámara si desea imágenes con mayor naturalidad. Si los niños tienen menos de 4 años proponga al padre o madre acciones sencillas, como abrazar a su hijo o besarlo en la frente, para que se concentren en ellas y olviden a la cámara. Observe, por ejemplo, la fotografía de Alba Soler en la siguiente página donde la concentración en el juego entre ambos se transmite mejor al estar mirándose el uno al otro. De los niños menores de dos años no tiene que preocuparse tanto porque todavía está en una fase donde su atención prioritaria siempre se encuentra en lo que hagan sus padres. Cuando son más mayores entienden las ideas más abstractas y puede pedirles que miren con cariño al familiar que les acompañe.
Si los ojos de las dos personas fotografiadas son visibles claramente, indíqueles que miren hacia un mismo punto de forma que coincidan sus miradas, puede situar algo que llame la atención del niño para facilitar la tarea. Si se decide incluir nada más que la mirada del niño hacia la cámara, conviene situar al otro familiar ligeramente de espaldas abrazándolo o jugando con él, de forma que parezca que su mirada y atención se dirige hacia el niño; se consigue así la típica toma de diálogos en cine, donde al actor que escucha se le suele filmar de espaldas. Otras soluciones bastante efectivas son la toma lateral donde ambos están de perfil mirándose el uno al otro o los rostros en tres cuartos con las miradas dirigidas hacia un punto común.

Al igual que le indicamos que no debe buscar la sonrisa feliz en todas las fotografías, tampoco es necesario que los sujetos miren a cámara obligatoriamente. Esta imagen de Alba Soler no condensaría tanto la intensa relación entre las niñas, si dirigieran su atención a la fotógrafa. Observe también la importancia de una pose sencilla, relajada, con un lenguaje corporal claro: las caras apoyadas y brazos entrelazados forman una figura cerrada que enfatiza aún más la complicidad entre ellas.
Canon 5D Mark III, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 250, f/2,8, 1/320 s.
Círculos, elipses u otras formas cerradas
Después de observar numerosas fotografías y pinturas de grupos familiares llegará a una conclusión: en casi todos ellas las estructuras centrales que subyacen en la composición son círculos o elipses. Ambos elementos son formas cerradas sencillas que el espectador asocia a un lugar seguro e íntimo, transmitiendo la idea de abrazo y por ende el amor entre las personas representadas en la imagen. Incluso algunos pintores, como Piero di Lorenzo, Botticelli o Miguel Ángel en sus pinturas de la Virgen con Jesús niño, optaron por formatos circulares (tondos) en vez de rectangulares para acentuar aún más ese mensaje. En muchas imágenes no hay un abrazo explícito sino una forma tácita circular o elíptica conseguida mediante la posición de las cabezas y brazos, e incluso las piernas del bebé. Observe con atención las fotografías junto a estas líneas de Alba Soler y Pepa Valero, considere qué le transmiten y cómo son las estructuras centrales dominantes en la composición.

A la derecha una pose tradicional con un cariñoso abrazo tomado de perfil formando una elipse con las cabezas y los brazos; Alba Soler solo tuvo que pedirle a la niña que abrazara lo más fuerte que pudiera a su padre sin dejar de mirar ambos a la cámara. En la fotografía a la izquierda deseaba conseguir una pose más dinámica, que expresara el juego constante entre madre e hija, por lo que le pidió que la levantara en el aire y aproximaran sus rostros, de manera que consiguió también formar un círculo con los brazos y piernas en el aire. Hay muchas variaciones posibles a partir de este esquema; por ejemplo pruebe a que el pequeño le dé un beso en la frente a su madre o a que el padre se tumbe y haga volar al niño sobre él.
Canon 5D Mark III, Sigma 50 mm f/1,4, ISO 100, f/2,8, 1/200 s, y Canon 5D Mark III, Canon 85 mm f/1,2, ISO 125, f/3,5, 1/200 s.
En los grupos de tres o más personas evite que todos los rostros estén alineados, aproveche las distintas alturas de los miembros de la familia, su posición y los elementos de atrezo (sillas, taburetes, sofás…) para organizar subgrupos donde compositivamente dominen círculos o elipses. No se limite a la imagen convencional de situarlos a todos sentados en el sofá, pruebe a sentar a los padres o hermanos mayores mientras los más pequeños pueden estar tumbados en el suelo o sobre las piernas de los adultos. Otra opción es darle la vuelta al sofá, tomando las fotografías desde la parte posterior; de esa manera los participantes se sorprenden con la propuesta y suelen adoptar poses más naturales y divertidas.
Siguiendo en esa línea de sorprender a la familia, pruebe en su estudio o en exteriores las posibilidades de conseguir formas cerradas atractivas tumbándolos en el suelo formando figuras con sus cabezas y brazos mientras les fotografía desde arriba. O sitúese con la cámara a la altura de sus ojos y pídales a los padres que extiendan sus brazos y abracen a los pequeños. Las composiciones basadas en círculos pueden enriquecerse y hacerse todavía más dinámicas si introduce un tercer elemento que permita formar un triángulo dentro del círculo o elipse, por ejemplo: el padre mostrando a su hija cómo realizar alguna labor de bricolaje o la madre enseñando a su pequeño a tocar la guitarra.
Manuel asume que “en una instantánea de grupo, familia o hermanos tiene que haber una conexión entre ellos independientemente de que hagamos poses más estáticas o en movimiento. Dependiendo de las edades de los críos podemos buscar o jugar con diferentes poses para encontrar unas instantáneas dulces y composiciones estéticamente correctas. Para fotos de familia suelo buscar mucho la complicidad entre ellos, lo que sumado a una pose equilibrada nos llevará a conseguir algo seguramente bonito. Para hermanos y en la misma línea de la búsqueda de la complicidad solo haría falta el ingrediente de hacerlos interactuar. En mis fotos de grupo o familia compongo en triángulo, dado que para mí genera equilibrio y estabilidad, lo cual le viene perfecto a este tipo de fotografías”.

Para no caer en la linealidad de todos los rostros a la misma altura, Pepa Valero acostumbra a colocar a los niños sobre los hombros de los padres o situarlos sentados en el suelo y al niño andando entre ellos. El juego provocado por la fotógrafa en este grupo familiar queda acentuado visualmente mediante la composición: los rostros se alinean sobre una de las diagonales y en las posturas de los brazos se aprecia un “caos ordenado” donde dominan los triángulos. La discordancia de miradas, con unos mirando hacia cámara y otros hacia fuera de campo, es otro factor adicional que contribuye a darle mayor dinamismo a la imagen.
Nikon D800, Nikkor 85 mm f/1,8, ISO 400, f/5,6, 1/500 s.

La concentración sobre un mismo objeto permite fácilmente desarrollar composiciones circulares para los grupos. Pepa Valero introdujo unas luces LED muy potentes dentro de la caja de regalo para iluminar los rostros desde el interior a fin de atraer la atención y contribuir a la magia de la imagen.
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