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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 226


Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ANA PÉREZ VEGA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1996.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO322

ISBN 9788424932510.

INTRODUCCIÓN

Datos biográficos

Son tan escasas las noticias que nos han llegado acerca de Manilio que J. Woltjer 1 podía afirmar en los años 1881-1882 que sobre la época de Manilio sólo podía saberse con seguridad que floreció al final del reinado de Augusto, y quizás al comienzo del de Tiberio; y, en efecto, a pesar de los años transcurridos desde entonces y de la abundante bibliografía maniliana, nada ha podido añadirse con una cierta seguridad 2 a esas afirmaciones.

De los manuscritos, concretamente del Matritensis, se deduce que se llamaba Marcus Manilius , pues el cognomen Boetii del mismo manuscrito y del Vossianus 390 no pertenece a nuestro poeta, por tratarse de una confusión con Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio, el autor del De consolatione philosophiae 3 .

Mucho se ha discutido sobre la patria de Manilio, asignándosele los más diversos lugares: oriental 4 de forma genérica, asiático 5 , griego 6 , africano 7 , y, naturalmente, romano 8 o, al menos, itálico. Tal variedad de opiniones tiene su origen en las distintas intrerpretaciones de los escasos indicios encontrados; así, en el cognomen Boetii, deducido de los manuscritos Matritensis y Vossianus 390, se ha visto una corrupción por Poeni, que indicaría un origen africano; por otra parte, en algunas particularidades de su latín se ha querido fundamentar un posible origen asiático; asimismo, un texto de Plinio 9 , en el que se relaciona a un Manilio de Antioquía (fundador de la astrología) con Publilio Siro (fundador del mimo) y con Estaberio Eros (profesor de Bruto y Casio), ha servido a L. Hermann 10 para hacer de M. Manilio el hijo de L. Manilio.

Ninguno de los argumentos 11 esgrimidos tiene la suficiente fuerza para ganar el asentimiento, por lo que lo más prudente creo que es considerar a Manilio de origen itálico 12 , dado que el propio poeta en varios pasajes de su obra opone su lengua 13 a la griega.

Fecha de la composición de los Astronomica

El aspecto más debatido de todos los relacionados con la obra de Manilio es, sin duda, el de la fecha de la composición de la misma, y esto a pesar de que los Astronomica encierran varios indicios 14 para su datación; en torno a ellos se ha generado una amplia bibliografía, que trataremos de sintetizar para dar una visión lo más exacta posible de toda la problemática discutida.

En lo único en lo que coinciden los investigadores es en que Manilio terminó el libro primero con posterioridad al año 9 d. C., fecha de la derrota de Varo en Teutoburgo, ya que hay en él una alusión 15 a ese desastre:

externas modo per gentes, ut foedere rupto

cum fera ductorem rapuit Germania Varum

infecitque trium legionum sanguine campos.

A partir de ese dato evidente se han defendido tres posiciones básicas: la primera pretende que toda la obra fue compuesta en la época de Tiberio, la segunda que fue escrita en parte bajo Augusto y en parte bajo Tiberio, mientras la tercera defiende que hay que adscribirla enteramente a los tiempos de Augusto. El problema fundamental del debate radica, en efecto, en saber a qué emperador hay que referir las alusiones contenidas en los libros I, II y IV. Hasta principios del siglo XIX se admitía de forma unánime, y casi sin plantearse ningún problema, que el emperador aludido era Augusto, y así quedó reflejado en los prolegómenos y comentarios de las ediciones de los siglos XV , XVI , XVII , XVIII y primera mitad del XIX (las de J. Müller, J. J. Escalígero, R. Bentley, M. du Fay, A. G. Pingré y F. Jacob, por citar sólo las más importantes).

Fue en el año 1815 cuando el joven filólogo K. Lachmann, entonces con sólo 22 años, se atrevió a defender en contra de la opinión común que los Astronomica habían sido compuestos en tiempos del emperador Tiberio. Para lanzar esta propuesta se basó fundamentalmente en un pasaje 16 del libro primero:

… Descendit caelo caelumque replebit,

quod regit Augustus socio per signa Tonante.

¿Cómo es posible, se preguntaba Lachmann, que Augusto gobierne el cielo estando todavía en la tierra? Su conclusión fue que Augusto debía estar ya muerto cuando Manilio escribió el libro primero, y a partir de ahí trató de demostrar 17 que todas las alusiones se referían a Tiberio. En realidad, el pasaje en cuestión resulta problemático y, de hecho, ya Woltjer 18 propuso como conjetura reget en lugar de regit de la tradición manuscrita; esa conjetura fue aceptada por Housman y después por Goold, y en ella descansa nuestra traducción. La tesis de Lachmann no encontró eco hasta muchos años después, al ser recogida y defendida por B. Freier 19 y, sobre todo, por F. Ramorino 20 , quien argumenta además que el pasaje 21 :

est Rhodos, hospitium recturi principis orbem,

tumque domus vere Solis, cui tota sacrata est,

cum caperet lumen magni sub Caesare mundi

fue escrito cuando Tiberio era ya emperador. Esta interpretación fue seguida por W. Bannier 22 , quien llega a postular que el libro IV fue compuesto a finales del gobierno de Tiberio o en los comienzos del de Calígula.

Una posición parecida a la de Lachmann, sin llegar a coincidir en lo fundamental, es la sostenida por E. Bickel 23 , quien defiende que no hay seguridad de que las alusiones referidas a Augusto en los libros I y II impliquen que estaba vivo, y que no se puede decidir si las demás se refieren a Augusto o a Tiberio.

Desde una perspectiva completamente distinta H. Wempe 24 reforzó la tesis de Lachmann; en efecto, lo que él pretendía era establecer una cronología relativa entre los Astronomica y la traducción aratea de Germánico; al no encontrar ningún apoyo en los aspectos lingüísticos, derivó su investigación al contenido, en el que halló razones para la prioridad de Germánico, quien dedicó su poema a Tiberio. También trató de establecer una cronología entre Manilio y Germánico M. Pauer 25 , quien llega a la conclusión contraria a la de Wempe, esto es, a la prioridad de Manilio. Con todo, Pauer defiende que los cinco libros de los Astronomica fueron escritos bajo Tiberio, si bien la concepción de la obra pertenecería a los últimos años de Augusto.

El último en adscribirse a la tesis lachmanniana ha sido E. Gebhardt 26 , para quien, si se admite que los dos primeros libros fueron compuestos en vida de Augusto, hay que considerar como una interpolación los vv. 799-801 del libro primero. Para encontrar la solución a la problemática planteada, Gebhardt defiende que hay que buscar otros apoyos, concretamente en el pensamiento político. Es precisamente bajo el espíritu cultural de los años de Tiberio como mejor se explica el pasaje 27 :

Hunc mihi tu, Caesar, patriae princepsque paterque,

qui regis augustis parentem legibus orbem

concessumque patri mundum deus ipse mereris,

das animum viresque facis ad tanta canenda …

en el que el princeps aparece como auctor de la obra maniliana bajo la paz que la ha hecho posible. De acuerdo con esos presupuestos la fecha más adecuada sería el final del segundo decenio, esto es, en torno a los años 18-20 d. C.

La tesis intermedia (los dos primeros libros bajo Augusto y los dos últimos bajo Tiberio) se debe a A. E. Housman 28 , quien ya en 1903 se hacía eco de lo mucho que se había escrito sobre la cuestión 29 . Para probar la primera parte, esto es, que Augusto estaba vivo durante la composición de los dos primeros libros, se basa en tres pasajes:

(I) 30 Cetera non cedunt: uno vincuntur in astro.

Augusto, sidus nostro qui contigit orbi,

legum nunc terris post caelo maximus auctor.

(II) 31 Sed satis hoc fatis fuerit: iam bella quiescant

atque adamanteis discordia vincta catenis

aeternos habeat frenos in carcere clausa;

sit pater invictus patriae, sit Roma sub illo,

cumque deum caelo dederit non quaerat in orbe.

(III) 32 … Contra Capricornus in ipsum

convertit visus (¿quid enim mirabitur ille

maius, in Augusti felix cum fulserit ortum?) .

Para confirmar que Capricornio era el signo de Augusto Housman aporta el testimonio de Germánico 33 y de Suetonio 34 , y añade que esos versos no pueden haber sido escritos bajo Tiberio, ya que el emperador reinante siempre era más grande que sus predecesores.

Por lo que se refiere a la segunda parte de su tesis, esto es, que los libros cuarto y quinto fueron escritos bajo Tiberio, Housman argumenta que en el libro IV Capricornio ha perdido la preeminencia en favor de Libra, el signo de Tiberio, para lo que aduce dos pasajes:

(I) 35 felix aequato genitus sub pondere Librae.

Iudex examen sistet viaeque necisque

imponetque iugum terris legesque rogabit.

Illum urbes et regna trement nutuque regentur

unius et caeli post terras iura manebunt.

(II) 36 Hesperiam sua Libra tenet, qua condita Roma

orbis et imperium retinet discrimina rerum,

lancibus et positas gentes tollitque premitque,

qua genitus Caesar melius nunc condidit urbem

et propriis frenat pendentem nutibus orbem.

Que Libra era el signo de Tiberio trata de demostrarlo Housman con el testimonio de la numismática, ya que una moneda de plata de la reina Pitodoris del Ponto muestra por la cara a Tiberio y por la cruz el signo de Libra, mientras otra del mismo año representa a Augusto y a Capricornio.

También aduce Housman como prueba para adscribir el libro IV a los años de Tiberio el pasaje ya citado de IV 764-766, en el que trata de solventar la dificultad de aludir a Tiberio como una segunda luminaria, bajo el reinado de Augusto, sugiriendo que la expresión lumen magni sub Caesare mundi puede tener el sentido de «el Sol, en la persona del que ahora es emperador» 37 .

A la tesis de Housman se adhirió J. van Wageningen 38 , quien añade como argumento para la datación del libro V el siguiente pasaje 39 :

hinc Pompeia manent veteris monumenta triumphi

et Mithridateos vultus induta tropaea,

non exstincta die semperque recentia flammis

en el que es posible que el poeta se refiera a la restauración del teatro de Pompeyo en el año 22 d. C., con lo que la composición de los Astronomica se extendería desde el año 9 al 22 d. C. Han seguido también a Housman, sin aportar nuevos argumentos, G. P. Goold 40 , D. Liuzzi 41 y E. Romano 42 , y más recientemente M. von Albrecht 43 y B. Baldwin 44 , quien trata de completar la postura de Housman con relación a los libros IV y V: en el III encuentra un pasaje 45 :

tunc et bella fero tractantur Marte cruenta

nec Scythiam defendit hiems; Germania sicca

iam tellure fugit

que debe ser posterior al año 14 d. C., ya que Manilio alude a las campañas contra los germanos de los años 14-17, así como a las que siguieron contra Tracia y Escitia; por lo que se refiere al libro V vuelve a defender que en el pasaje de V 509-515, se alude a la restauración del templo de Pompeyo.

Después de la exposición de los argumentos que avalan la primera y la segunda teorías, pasamos a la tercera, que podríamos llamar tradicional, defendida en varios trabajos a partir de 1931 y que a nosotros nos parece también como la más plausible. R. B. Steele 46 , oponiéndose al gran prestigio de A. E. Housman en el mundo anglosajón, defendió que el libro IV habría que situarlo no lejos del triunfo de Tiberio del año 13 d. C.; para su demostración aduce dos versos:

(I) 47 Et stupefacta suos inter Germania partus

(II) 48 Flava per ingentes surgit Germania partus

que son comparados con otros parecidos de Ovidio en Ex ponto III 4, 97 y Tristia III 12, 47. Por lo que se refiere al libro V, y concretamente al pasaje ya citado de 509-511, Steele argumenta que la restauración del teatro de Pompeyo debe ser la realizada por Augusto en el año 32 a. C.

De todos los trabajos escritos sobre el intrincado problema de la datación de los Astronomica, el más extenso (61 págs.) y el mejor documentado es el de E. Flores 49 ; como no es posible en esta breve síntesis resumir su rico contenido, nos detendremos solamente en los argumentos expresamente dirigidos contra la tesis de Housman, y más concretamente contra la segunda parte de la misma, puesto que en lo que se refiere a la primera hay coincidencia entre Housman y Flores. Se trata, por tanto, de demostrar que el libro IV fue escrito en tiempo de Augusto. El pasaje fundamental es 50 :

Hesperiam sua Libra tenet …

qua genitus Caesar melius nunc condidit urbem

et propriis frenat pendentem nutibus orbem.

¿A qué emperador nacido bajo el signo de Libra se refiere Manilio? Ya hemos visto que era Tiberio para Housman, quien se basaba en el testimonio de la numismática. Flores 51 , por su parte, hace ver que este argumento no es decisivo, ya que J. Bayet 52 hizo notar que esas monedas eran anteriores a la subida al trono de Tiberio, quien, una vez nombrado emperador, cambió el signo de Libra por el de Escorpio, que es el que dio como insignia a las cohortes pretorianas. Para completar su argumentación Flores defiende que, si bien es cierto que Augusto prefirió el signo de Capricornio (correspondiente al día de su concepción) no lo es menos que tenía también el signo de Libra (correspondiente a su nacimiento, el 23 de septiembre del 63).

Para sustentar su teoría en contra de la de Housman, Flores 53 tiene que probar que el pasaje ya citado de IV 764-766, se refiere a Augusto y no a Tiberio; fundamental para la demostración es el participio de futuro recturi (v. 764) que indica una acción posterior a la fecha en que escribe el poeta y, por tanto, cuando todavía no gobernaba Tiberio.

Un año después del artículo de E. Flores aparecía uno de L. Herrmann 54 , en el que sin citarlo llega a conclusiones parecidas, lo que hace suponer que el trabajo del italiano no había llegado todavía a su conocimiento. Herrmann critica, sobre todo, la tesis de Wageningen de que el libro V era posterior al 22 d. C. por aludir a la restauración del teatro de Pompeyo; para Herrmann en el pasaje de V 509-511 no se alude al teatro de Pompeyo, sino a la colección de piedras preciosas consagradas a Júpiter Capitolino después de la victoria sobre Mitridates.

Recientemente, J. H. Abry 55 , que estudia en profundidad por qué Augusto entre Libra (signo del sol y del ascendente) y Capricornio (signo de la luna y del momento de su concepción) prefirió este último, defiende que el pasaje de IV 549-552 hay que referirlo a Augusto, con lo que el libro IV habría sido compuesto en los años de su gobierno.

Para terminar con la polémica cuestión de la datación de los Astronomica, quisiera añadir un argumento que considero importante en favor de la teoría que propugna la cronología bajo Augusto, y es que, si Manilio hubiera escrito en tiempos de Tiberio, no se comprende cómo en el libro IV pueda aludir al destierro voluntario de Tiberio en Rodas, cuando por el testimonio de Suetonio 56 sabemos que, una vez en el trono, no quería oír recordar ese período de su vida; téngase presente además que el poeta lo que quería era agradar e incluso halagar al emperador.

Estructura de la obra

Si prescindimos de los trabajos dedicados al estudio de los prólogos 57 de la obra maniliana, hay que poner de relieve la escasez de bibliografía sobre la estructuración global de los Astronomica: tan sólo tenemos la monografía de Elisa Romano 58 , que en 75 densas páginas ofrece una explicación satisfactoria de la composición del poema.

Antes de ofrecer los resultados de la investigadora italiana hay que aludir al primer intento de clasificación de los cinco libros, realizado por J. J. Escalígero 59 en el comentario de su edición; dejando aparte el libro primero, Escalígero hace una división entre libros isagógicos (introductorios) y libros apotelesmáticos (conclusivos); en los primeros (II y III) el autor expone las nociones básicas de la astrología, mientras en los segundos (IV y V) pone de manifiesto el influjo de las constelaciones zodiacales y las conjunciones astrales sobre el carácter de los hombres.

Housman, por su parte, sin entrar en el fondo de la problemática separa muy claramente el libro primero 60 del resto, además de presentar una repartición del poema desde el punto de vista del contenido y como guía 61 para los lectores.

Después de estos insuficientes precedentes pasamos a exponer con más detenimiento las conclusiones del trabajo de E. Romano, con las que estamos plenamente de acuerdo. Como introducción la autora encuadra los Astronomica dentro de la tradición 62 didascálica greco-romana, en la que las obras suelen tener un proemio, la exposición de la materia y algunas digresiones. La clasificación de los libros es también tripartita 63 , pero distinta a la ofrecida por Escalígero. El primer bloque estaría formado por el libro primero, dedicado de forma autónoma a los conocimientos astronómicos sistematizados por Arato; el segundo bloque, compuesto por los libros II, III y IV, constituye el poema astrológico propiamente dicho, en el que predomina el rigor científico, la ausencia de mitos y la exaltación de la filosofía estoica; por último, el libro quinto sería una adición a los planes iniciales del poema, donde lo que predomina es la superficialidad y los errores en el tratamiento de los temas.

La estructuración de los libros propuesta por E. Romano no convence del todo a W. Hübner 64 , quien prefiere adherirse a la división tripartita de Escalígero (I, II-III, IV-V), por reflejar mejor la idea de descensus como concepto filosófico-poético, esto es, que Manilio, al igual que Arato, empieza su poema por el cielo (libros I-III) para viajar a la tierra y a los hombres (libros IV-V).

En relación con la estructura general de la obra hay que tratar de un problema percibido ya por Escalígero: el de si los Astronomica, tal como nos han llegado, están completos o no; la dificultad surge de lo que afirma el autor 65

quid valeant ortu, quid cum merguntur in undas

al anunciar lo que va a contar en lo que le queda; como en el libro V trata solamente de la primera parte, es decir, de las conjunciones (paranatéllonta) en la salida de las constelaciones, Escalígero 66 supuso que quizás hubiese existido un libro sexto que recogiese la influencia de las conjunciones en el ocaso. Esta opinión fue también defendida por F. Skutsch 67 , encontrando así un nuevo argumento para la tesis que ve en los Astronomica una obra programática contra el De rerum natura de Lucrecio. En contra de la misma se pronuncia F. Lühr, quien llega a afirmar 68 que los últimos versos del libro V son apropiados para terminar el libro y toda la obra. También G. P. Goold 69 no duda de que tengamos la totalidad del poema, si bien con una laguna en el libro V.

Por su parte, E. Romano 70 defiende que no hay razones suficientes para pronunciarse por una postura u otra y que, en consecuencia, pierde fuerza la opinión de los que propugnan que la intención de Manilio fue escribir un poema en seis libros como contrapartida estoica al epicureísmo lucreciano. El De rerum natura no es el modelo estructural de los Astronomica, «un poema en el que confluye toda la tradición didascálica, con todas las posibles soluciones a los problemas estructurales de la poesía didáctica, tal como se habían venido diseñando en el desarrollo de la evolución del génos » 71 .

La astronomía en Manilio

Antes de adentrarse en la exposición de la teoría astrológica, que constituye el contenido de los cuatro últimos libros, Manilio quiso proporcionar a sus lectores los conocimientos astronómicos básicos para una mejor comprensión de la parte fundamental de su obra. Ya hemos aludido anteriormente al carácter diferente del libro primero con respecto a los otros cuatro, y esto no sólo desde el punto de vista de la materia, sino también por su refinada composición, no alcanzada en los demás.

Así como para el núcleo más importante de su obra (la astrología) Manilio proclama con orgullo 72 haber sido el primero en versificar esa difícil materia, con relación a la astronomía contaba con una larga tradición, iniciada en Grecia con Arato 73 y continuada en Roma con las traducciones del poema arateo por parte de Cicerón, Varrón del Átace y Ovidio, con la reelaboración en prosa de Higino, y con la nueva traducción de Germánico 74 . Al tratar de astronomía era casi obligatorio para Manilio tomar como base a Arato, lo que no implica que lo siguiese con exclusividad. De hecho la composición del libro primero maniliano es diferente: empieza con un largo proemio 75 (vv. 1-117), que ofrece una digresión sobre el progreso 76 humano y, sobre todo, una adhesión a la filosofía estoica, que lleva consigo la oposición al epicureísmo y, más concretamente, a Lucrecio; también es perceptible un genuino programa literario, que encuentra sus apoyos en las Églogas de Virgilio, en el Somnium Scipionis de Cicerón, así como en Horacio y Propercio 77 . Hacia el final del libro se encuentra una digresión sobre los héroes de la Vía Láctea (vv. 758-802) y otra sobre las guerras civiles romanas (vv. 905-921).

Sobre la dependencia de Manilio respecto a Arato las opiniones son variadas; en el siglo pasado R. Malchin 78 sostuvo que Manilio tradujo a Arato casi literalmente; este exagerado juicio fue desmentido pocos años después por G. Thiele 79 , al examinar de forma detallada la esfera maniliana en relación a la aratea. La opinión de E. Romano 80 es que Arato proporcionó solamente una pauta, dentro de la cual Manilio se mueve con libertad, ya que no sólo se sirvió del texto arateo, sino también de Hiparco, de los escolios a Arato y de los Catasterismos. Por su parte, C. Salemme 81 demuestra que Manilio era un profundo conocedor de las fuentes mitográficas perdidas, y que pudo haber leído incluso la redacción originaria de los Catasterismos 82 . Gracias a todos esos conocimientos Manilio, por una parte, se apartó de lo expuesto por Arato y, por otra, embelleció el árido lenguaje astronómico con leyendas mitológicas 83 relativas al origen de las constelaciones; en este último aspecto se ha querido ver una contradicción entre la crítica a la utilización de tales leyendas 84

Quorum carminibus nihil est nisi fabula caelum

terraque composuit mundum quae pendet ab illo

y su propia práctica. Para C. Salemme 85 la solución hay que verla en la evolución del poeta, que, partiendo de unos presupuestos críticos, va poco a poco compartiendo el gusto alejandrino por el arte como juego erudito; esa evolución culmina en los últimos libros y, sobre todo, en el quinto.

El esquema de la parte propiamente astronómica es el siguiente: constelaciones zodiacales (vv. 256-274), constelaciones boreales (vv. 275-370), constelaciones australes (vv. 373-455), planetas (vv. 532-538 y 805-808), círculos celestes (vv. 539-804), cometas (vv. 809-926).

Para poder entender mejor el texto de Manilio consideramos útil, además de la lectura de las notas a pie de página, adelantar los conceptos que constituían la base de la formación astronómica grecorromana.

La tarea fundamental de la astronomía griega consistió en la explicación de las «apariencias», de ahí que varias obras astronómicas recibiesen el título de Phainómena, entre ellas la de Arato, modelo de Manilio. Una de las características de esa astronomía es la geometrización, esto es, el intento de resolver los problemas planteados por las «apariencias» celestes por medio de la geometría, tras haber comparado el cielo estrellado con una esfera; una vez establecido este principio, la geometría les permitió hacer generalizaciones y demostraciones de lo que no aparece a la vista; de esta forma, la geometría y la mecánica contribuyen más al desarrollo de la astronomía que la misma ordenación del universo 86 .

En la esfera celeste hicieron una distinción entre estrellas fijas y planetas, no porque las primeras no estuvieran dotadas de movimiento, sino por mantener siempre sus posiciones relativas frente al movimiento aparentemente errático de los planetas; por su parte, la esfera, dotada de movimiento uniforme, da una vuelta en veinticuatro horas girando de este a oeste alrededor de un eje, que pasa por el centro de la tierra y cuyas extremidades son los polos, uno siempre visible y otro invisible en cualquier lugar de observación excepto en el ecuador.

Después de describir las constelaciones, la astronomía griega puso de relieve la importancia de algunos círculos de la esfera celeste: en primer lugar el ecuador y los dos trópicos (así llamados a partir del griego tropḗ «vuelta», por indicar los puntos extremos en los que el sol parece darse la vuelta en su movimiento aparente); en el espacio intertropical y con una oblicuidad de 24 grados se inserta la Eclíptica, que constituye el camino aparente del sol. En cualquier lugar de observación de la tierra se percibe un gran círculo, el horizonte, que separa la parte visible de la invisible. Otros círculos menos importantes son el ártico, el antártico y los coluros; estos últimos son los meridianos que pasan por los puntos equinocciales y solsticiales. Al tratar de los círculos tanto Arato como los autores latinos mencionan otro de naturaleza completamente distinta, la Vía Láctea, a la que Manilio dedicará un amplio pasaje (vv. 684-804).

A un lado y otro de la eclíptica se extiende un espacio de 12 grados, el Zodíaco, en el que se encuentran los doce signos zodiacales, teóricamente de la misma extensión, pero de hecho desiguales. Dentro de esa banda zodiacal, pero con un movimiento opuesto, se mueven los planetas, entre los que incluía al sol y a la luna. A pesar de que Manilio anuncia en varios pasajes que se va a ocupar extensamente de los planetas, ese tratamiento no aparece en el texto que nos ha llegado. El extraño movimiento de los planetas (del griego planáō «andar errante») llamó poderosamente la atención de los astrónomos antiguos. En el conjunto de los siete planetas, el sol y la luna ofrecían un movimiento menos irregular a primera vista; el sol presenta un doble movimiento: por una parte, se mueve diariamente de este a oeste y, por otra, con velocidad uniforme recorre en el espacio de un año la eclíptica, que es tangente a los dos trópicos (el de Cáncer y el de Capricornio). Cuando el sol se encuentra en los trópicos se producen los solsticios (del latín sol stat, esto es, «el sol se detiene» en su marcha y empieza la vuelta) de verano y de invierno, adquiriendo en ese momento su diferencia máxima la duración del día y de la noche. Por el contrario, cuando el sol se encuentra en los puntos equinocciales, que son los de intersección de la eclíptica con el ecuador, se produce el equinoccio de primavera o de otoño, en los que la duración del día es igual a la de la noche.

Para explicar la desigualdad de las estaciones astronómicas supusieron que el sol en su movimiento a través de la eclíptica describe con velocidad uniforme un círculo excéntrico, mucho más bajo que la esfera de las estrellas fijas; en realidad, es la apariencia, que nos hace creer que el sol recorre arcos iguales en tiempos desiguales en su marcha por la eclíptica.

Por lo que se refiere a la luna, afirmaron que carecía de luz propia y que la recibía del sol; sus fases fueron explicadas de forma correcta por las conjunciones, oposiciones y sizigias, dado que describe dentro del zodíaco su círculo propio en menos de un mes mientras que el sol lo hace en un año. Esto es confirmado por los eclipses de sol y de luna, que los griegos supieron predecir desde los tiempos de Tales de Mileto.

Además de los planetas los antiguos incluían entre los astros errantes a los cometas, que todavía les intrigaban más.

La astrología maniliana

El núcleo fundamental de la obra de Manilio está constituido por la exposición de su sistema astrológico, al que trataremos de aproximarnos en sus elementos básicos para facilitar la lectura del poema 87 ; pero antes parece conveniente aclarar algunas ideas de carácter general 88 , que pueden contribuir también a esa comprensión.

La astrología es una forma de ver las relaciones del hombre con el cosmos basada en lo que E. Cassirer 89 llamó «pensamiento mítico»; algunos investigadores ven en la astrología una manifestación religiosa 90 , pero, sobre todo, la astrología es una forma de adivinación; debido a esta complejidad, tal vez no haya que extrañarse de que haya tenido en determinadas épocas un extraordinario auge, y de que todavía en la actualidad, después de haber pasado por los siglos de las luces y del positivismo, encuentre cultivadores y adeptos.

Los conocimientos astrológicos se iniciaron en Mesopotamia, pero fue en Egipto donde adquirieron sus características propias, transmitidas a la Grecia helenística y desde allí a Roma; en todas estas regiones el interés primordial estuvo en los círculos del poder, ya que en el determinismo 91 de los astros encontraban un apoyo para su autoridad, como dará a entender el propio Manilio en relación con el imperio romano 92 .

Dentro de la historia de la astrología la obra de Manilio ocupa un lugar preferente, ya que es la primera que se nos ha conservado con un plan sistemático del saber astrológico; es cierto que Manilio no fue el primero 93 en escribir sobre astrología, pero es posible que fuera el primero 94 en poner en verso los materiales anteriores escritos en prosa; en varios pasajes 95 alude Manilio a la lengua griega, por lo que fácilmente se deduce que las fuentes en las que se basa estaban escritas en griego; además W. Hübner ha puesto de relieve que dichas fuentes componían un corpus de doctrina bastante uniforme 96 , si bien se advierte la utilización de otras distintas en las partes finales de los libros I y IV. Por otra parte, G. Vallauri 97 y M. Valvo han resaltado la importancia de las fuentes herméticas en Manilio, quien apostrofa así al dios Mercurio 98

Tu princeps auctorque sacri, Cyllenie, tanti

y es precisamente Mercurio-Thot quien comunica los conocimientos astrológicos al rey Nequepsón y al sacerdote Petosiris 99 .

A pesar de la importancia histórica y de la singularidad de la obra maniliana, los juicios de los grandes especialistas han sido muy negativos respecto al contenido de la misma, desde Escalígero 100 hasta D. Pingree, debido a los numerosos errores que creyeron detectar en el texto, sobre todo, en el libro V. Sólo recientemente W. Hübner 101 ha tratado de rehabilitar a Manilio como fuente astrológica de primera importancia, demostrando que muchos de los errores que se le achacaban no eran tales, sino más bien combinaciones especulativas 102 propias de la naturaleza misma de la astrología, y que debían encontrarse en las fuentes en que bebió nuestro autor; además Hübner 103 ha puesto de relieve que muchos aspectos de la astrología que sólo aparecen en Manilio se encontrarán varios siglos más tarde en autores árabes. Esta visión renovadora aparece también en el trabajo de J. M. Abry, quien resume así los frutos de la reciente investigación 104 : «Ainsi, loin d’être isolés dans la tradition antique, ou d’être défigurés par de trop nombreuses erreurs, les Astronomiques se révèlent comme un témoignage précieux sur la constitution de l’astrologie hellénistique et sur son acclimatation à Rome».

Una vez examinada la problemática general sobre la astrología maniliana, vamos a ofrecer el esquema del contenido de los libros II, III, IV y V, para terminar con una síntesis de las características de su sistema astrológico.

En el libro II se pueden establecer las siguientes divisiones: 1) un largo proemio (vv. 1-149) en el que el poeta esboza una historia de la literatura griega con alguna referencia a la latina; 2) la clasificación de los signos zodiacales según sus propiedades (vv. 150-269), v. gr. en masculinos y femeninos, humanos y animales, simples y dobles etc.; 3) relaciones geométricas entre los signos (vv. 270-432), como triángulos, cuadrados, hexágonos; 4) tutela de los dioses sobre los signos (vv. 433-452) y de éstos sobre cada una de las partes del cuerpo (vv. 453-465); 5) otras relaciones entre los signos (vv. 466-692), como de amistad o de hostilidad; 6) divisiones de cada uno de los signos en dodecatemorias (vv. 693-721), esto es, doce casas o templos asignados a otras constelaciones; el término se emplea también para indicar la posición de la luna (vv. 722-737) y los dominios de los planetas en cada uno de los signos (vv. 738-787); 7) los cuatro puntos cardinales en un nacimiento son el Medio del cielo, el Fondo del cielo, el Horóscopo o signo Ascendente y el Descendente (vv. 788-855); desarrollo de la vida a través de los doce lugares del dodecátropos (vv. 856-959).

El libro III presenta estos apartados: 1) proemio (vv. 1-42); 2) otra división de la eclíptica con las doce suertes (vv. 43-159); 3) modo de encontrar la suerte de la Fortuna (vv. 160-202); 4) cálculo preciso del horóscopo (vv. 203-509); 5) explicación de la cronocratoría, esto es, la influencia de los signos sobre los años, meses, días y horas (vv. 510-617); 6) descripción de los cuatro signos trópicos, Aries, Cáncer, Libra y Capricornio, con un excursus final (vv. 618-682).

El libro IV ofrece la siguiente estructura: 1) un largo proemio (vv. 1-118); 2) influencias de las constelaciones zodiacales en los nacimientos (vv. 121-293); 3) influencias de los decanos, esto es, de los signos que dominan en cada división de 10 grados (vv. 294-407); 4) partes damnandae o grados nefastos en cada constelación (vv. 408-501); 5) influencias de algunas partes de los signos sobre los nacimientos (vv. 502-584); 6) geografía astrológica, esto es, influencia de los signos en las distintas partes de la tierra (vv. 585-817); males que afectan a los signos que presiden los eclipses lunares (vv. 818-865); 8) epílogo de carácter filosófico (vv. 866-935).

El libro V, con excepción de un proemio (vv. 1-29) y de la parte final (vv. 710-745) dedicada a las magnitudes de las estrellas, trata de los paranatéllonta (vv. 32-709), esto es, la conjunción de dos constelaciones, una zodiacal y otra extrazodiacal, en su orto o en su ocaso.

Después de esta sinopsis del contenido de los cinco libros y antes de entrar en el sistema astrológico maniliano, parece oportuno hacer algunas referencias a las ideas filosóficas que están en la base del pensamiento de nuestro autor; en efecto, Manilio, a diferencia de Arato y de sus traductores latinos, presenta una visión del mundo basada fundamentalmente en la cosmología estoica. Tradicionalmente se venía defendiendo la dependencia concreta de Manilio del sistema de Posidonio, pero recientemente C. Salemme 105 ha criticado tal adscripción por considerar que la doctrina del filósofo griego no es suficientemente conocida como para establecer esa relación. Para nuestro propósito, basta con descubrir en Manilio aquellas doctrinas pertenecientes al estoicismo, que pueden contribuir a la comprensión en profundidad de la astrología, teniendo en cuenta que dicha escuela filosófica se caracterizó por la apertura y la aceptación de ideas procedentes de diversos filósofos.

La física astrológica en general y maniliana en concreto asume la teoría estoica, procedente de Empédocles, de los cuatro elementos, de los que el más importante es el fuego, ya que de su equilibrio depende la estabilidad o la destrucción del universo, como indica Manilio 106 :

Si la naturaleza le hubiese dado un poder parecido a su número,

el propio éter no podría soportar sus llamas

y, al encenderse el cielo, todo el universo ardería.

Los estoicos, y con ellos la astrología, reprodujeron a su manera el lógos de Heráclito, razón universal presente en todo el cosmos como principio rector. Esa ratio es la causa de la unidad y de la armonía del universo, por lo que el mundo fue concebido como un ser vivo, dotado de alma. Pero la ratio no es sólo universal, sino que constituye también la parte más noble y más poderosa del hombre, cantada por Manilio en dos versos lapidarios 107 :

No busques los límites de la materia, antes bien fíjate en los poderes

que tiene la razón, que no es algo material. La razón lo vence todo.

De la unidad cósmica impregnada por la ratio nació la idea de la simpatía universal, que tan bien supo cantar Manilio en lo que puede ser llamado «himno al consenso universal» al comienzo del libro segundo 108 :

Cantaré, en efecto, al dios que con silencioso designio gobierna la naturaleza

que está en el interior del cielo, de la tierra y del mar,

y dirige la inmensa mole con leyes constantes;

cantaré cómo todo el universo subsiste gracias a la concordia de sus partes

y es movido por el impulso de la razón, pues un único espíritu

habita en todas sus partes e impregna el universo

recorriéndolo todo y configurándolo como un ser vivo.

Otra consecuencia de la unidad cósmica es la concepción del hombre como microcosmos, de origen pitagórico y platónico y expresada por Manilio de forma maravillosa 109 :

¿Qué tiene de extraño que los hombres puedan

conocer el cielo, si el cielo está en ellos mismos

siendo cada uno una imagen de dios en pequeña representación?

Para terminar con estas ideas de carácter filosófico, nos referimos a la concepción determinista del universo en general y de la vida de los hombres en particular, propia del estoicismo y, por supuesto, de la astrología. Así como en el cosmos hay una racionalidad absoluta, también hay una necesidad absoluta, ya que razón y destino se identifican. Manilio lo ha expresado con rotundidad en el proemio del libro IV 110 :

El destino gobierna el mundo, todos los hechos están fijados por una ley inmutable.

De acuerdo con esa necesidad al hombre no le queda otra alternativa que aceptar su propia suerte 111

… cada uno tiene que soportar su propia suerte.

Se trata, evidentemente, de una aceptación necesaria, pero con matices que abren un camino al optimismo 112 , ya que tanto el bien como el mal han de ser apreciados por lo que son y por su origen; Manilio lo dice en espléndidos versos 113 :

De la misma forma se debería dar a los méritos de los hombres una gloria mayor

por deber su excelencia al cielo y, a su vez, odiaremos más

a los malvados por haber sido creados para la culpa y el castigo.

Y no importa de dónde procede el crimen: como tal ha de ser reconocido.

También es cosa del destino el que yo examine de esta forma su íntima naturaleza.

En los dos últimos versos W. Hübner 114 ha querido ver la expresión de la contradicción entre determinismo y libertad, pero a mí me parece que en ellos sólo se puede apreciar la aceptación de la necesidad.

Pasamos ya a examinar los aspectos más significativos del sistema astrológico maniliano, haciendo también algunas referencias a su originalidad dentro del corpus tradicional de estos conocimientos. La astrología de Manilio, tal como la hemos recibido, es fundamentalmente zodiacal, ya que, sin despreciar el influjo 115 de los planetas, van a ser los doce signos del zodíaco los que ejerzan una influencia decisiva sobre los nacimientos, completada además por la de los decanos y la de los grados de cada signo. Este predominio zodiacal se pone también de manifiesto en la llamada «cronocatoría», es decir, el gobierno de cada uno de los períodos de la vida humana; para Manilio el primer año de vida está regido por el signo del nacimiento propio, mientras el segundo lo estará por el signo que le sigue en el zodíaco, y así sucesivamente. En esta forma de proceder, Manilio se encuentra aislado dentro de la tradición astrológica, ya que los restantes autores asignan la función de la cronocratoría a los planetas. Igualmente zodiacal es la geografía astrológica contenida en el libro IV 744-817; en efecto, las distintas regiones del mundo conocido son puestas bajo la protección de uno de los signos zodiacales; así, v. gr., bajo Capricornio se encuentran Hispania, Galia y Germania.

De acuerdo con la importancia concedida al zodíaco, el autor se va a detener en la exposición de las cualidades 116 de los signos, que dependen tanto de la forma de los mismos como de las relaciones entre ellos. Por lo que se refiere a la forma y naturaleza de los signos Manilio pone en juego hasta diez particularidades:

1.a ) masculinos (Aries, Gémini, Leo, Libra, Sagitario y Acuario) y femeninos (Tauro, Cáncer, Virgo, Escorpio, Capricornio y Pisces); 2.a ) humanos (Gémini, Virgo, Acuario y Libra), animales (Aries, Tauro, Cáncer, Leo, Escorpio, Capricornio y Pisces) y de doble naturaleza (Sagitario); 3.a ) simples (Aries, Tauro, Cáncer, Leo, Libra, Escorpio y Acuario) y dobles (Gémini, Virgo, Sagitario, Capricornio y Pisces); 4.a ) con salida recta (Aries, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Pisces) y con salida invertida (Tauro, Gémini y Cáncer); 5.a ) diurnos (Aries, Cáncer, Leo, Escorpio, Sagitario y Pisces) y nocturnos (Tauro, Gémini, Virgo, Libra, Capricornio y Acuario); 6.a ) acuáticos (Cáncer y Pisces), terrestres (Aries, Tauro, Leo y Escorpio) y anfibios (Capricornio y Acuario) quedando los demás fuera de la clasificación; 7.a ) fecundos (Cáncer, Escorpio y Pisces), estériles (Virgo, Leo y Acuario), ocupando los restantes una posición intermedia; 8.a ) en posición de correr (Aries, Leo y Sagitario), erguidos (Gémini, Virgo y Acuario), sentados (Tauro, Libra y Capricornio), tumbados (Cáncer, Escorpio y Pisces); 9.a ) defectuosos (Escorpio, Tauro, Cáncer y Sagitario), frente al resto de los signos; 10.a ) primaverales (Pisces, Aries y Tauro), estivales (Gémini, Cáncer y Leo), otoñales (Virgo, Libra y Escorpio) e invernales (Sagitario, Capricornio y Acuario).

Para conocer el destino no sólo hay que basarse en las cualidades aisladas de cada signo, sino que además es preciso tener en cuenta las relaciones entre ellos, los «aspectos» de los astrólogos, que descansan en los ángulos formados dentro del círculo zodiacal; de esta forma se pueden establecer cuatro triángulos, tres cuadrados y dos hexágonos, además del aspecto diametral. Entre estos grupos se establecen amistades y enemistades, que se añaden a las que tiene cada signo considerado aisladamente. Los cuatro triángulos quedan establecidos así: primero (Aries, Leo y Sagitario), segundo (Tauro, Virgo y Capricornio), tercero (Gémini, Libra y Acuario), cuarto (Cáncer, Escorpio y Pisces). Los tres cuadrados de la siguiente forma: primero (Aries, Cáncer, Libra y Capricornio), segundo (Tauro, Leo, Escorpio y Acuario), tercero (Gémini, Virgo, Sagitario y Pisces). Los dos hexágonos se forman así: primero (Aries, Gémini, Leo, Libra, Sagitario y Acuario), segundo (Tauro, Cáncer, Virgo, Escorpio, Capricornio y Pisces). La relación diametral o de oposición directa es la siguiente: Aries-Libra, Tauro-Escorpio, Gémini-Sagitario; Cáncer-Capricornio, Leo-Acuario, Virgo-Pisces.

Las influencias de los signos sobre los nacimientos todavía se complican más, debido a que los treinta grados de cada uno quedan divididos en doce partes de dos grados y medio: son las llamadas «dodecatemorias», que se distribuyen de la siguiente forma: la primera corresponde al propio signo y las restantes a los signos sucesivos; si se trata, por ejemplo, de Cáncer, la primera dodecatemoria se asigna al propio Cáncer, la segunda a Leo, la tercera a Virgo, y así sucesivamente.

Hasta aquí hemos fijado nuestra atención en el zodíaco, que responde, en realidad, al movimiento anual del sol; ahora nos detendremos en el movimiento diario de la bóveda celeste alrededor de la tierra, siempre en términos de astronomía antigua; esta rotación origina una órbita que, como el zodíaco, es dividida en doce partes, llamadas casas o templos con dos horas equinocciales cada una. Dicha órbita tiene gran importancia en el sistema astrológico de Manilio porque, de una parte, va a permitir el cálculo del horóscopo y, por otra parte, establecer los círculos de las casas y de las suertes, que se unen al zodíaco para determinar las características de los nacimientos.

Antes de seguir adelante es conveniente determinar qué se entiende por horóscopo, ya que dicho término no tiene el significado habitual en español. Horóscopo propiamente es el grado de la eclíptica que aparece sobre el horizonte en el momento del nacimiento, y en realidad, es uno de los cuatro puntos cardinales del zodíaco, el que corresponde al oriente; los otros tres son el occasus, el medium caelum y el imum caelum; Manilio concibe estos puntos como los apoyos de la esfera, por lo que concede gran importancia a su influencia 117 :

Estos puntos muestran extraordinarios poderes y la influencia más grande

sobre los destinos de acuerdo con nuestro arte, porque todo

el orbe se apoya en ellos como en sus eternos ensamblajes.

Además de los puntos cardinales hay que observar los intervalos entre ellos, de los que el existente entre el horoscopus y el medium caelum gobierna la edad infantil, el que se extiende entre el medium caelum y el occasus la juventud, el que va desde el occasus al imum caelum la edad adulta y el último la vejez. La determinación del horóscopo tiene tanta importancia en la astrología maniliana que a su cálculo dedica un amplio pasaje del libro tercero 118 .

Una vez conocido el horóscopo, entra en juego el círculo de las doce casas , que comunican a los signos sus respectivas cualidades, de forma que éstas llegan incluso a prevalecer sobre las de aquéllos. Cada una de las casas preside un aspecto de la actividad humana: la primera la vida, la segunda las ganancias, la tercera los hermanos, la cuarta los padres, la quinta los hijos, la sexta la salud, la séptima el matrimonio, la octava la muerte, la novena los viajes, la décima los humores, la undécima los amigos y la duodécima los enemigos.

Además del círculo de las doce casas, Manilio introduce al comienzo del libro tercero el círculo de los doce áthla, sortes en latín, que entra en concurrencia e incluso oposición con el primero; es una muestra, entre otras muchas, de la diversidad de fuentes utilizadas por nuestro poeta. Las competencias de los doce áthla es la siguiente: el primero la casa, el segundo la guerra, el tercero los negocios, el cuarto las leyes, el quinto el matrimonio, el sexto los recursos, el séptimo los peligros, el octavo la clase social, el noveno los niños, el décimo el carácter, el undécimo la salud y el duodécimo el éxito. A diferencia del círculo de las casas, que queda fijado por el establecimiento de los puntos cardinales, el círculo de los áthla cambia con las posiciones del sol y de la luna. Para determinar su relación con los nacimientos hay que buscar la posición del primer áthlon, llamado de la Fortuna. Si el nacimiento tiene lugar en el día hay que contar los grados desde el sol a la luna, y después distribuir ese número entre los signos del zodíaco a partir del horóscopo, encontrándose la Fortuna donde termine la numeración. Si el nacimiento es nocturno hay que contar los grados desde la luna al sol; y después distribuirlos entre los signos a partir del horóscopo.

En el libro cuarto Manilio introduce un nuevo principio para conocer las influencias de los signos sobre los nacimientos: la división en decanos, de origen egipcio. Cada uno de los signos está dividido en tres decanos, asignados a la serie sucesiva de los signos: así, el primer decano de Aries es para Aries, el segundo para Tauro, y el tercero para Gémini; el primero de Tauro es para Cáncer, el segundo para Leo y el tercero para Virgo, etc.

Ni siquiera es suficiente con la división en decanos para conocer todas las influencias de los signos, sino que es preciso examinar grado por grado los 360 de la eclíptica; así lo hace Manilio, sobre todo, con los grados desfavorables.

Terminamos esta síntesis del sistema astrológico maniliano con una escueta alusión al libro quinto, cuyo contenido está casi exclusivamente dedicado a los paranatéllonta, esto es, las salidas o las puestas simultáneas de las constelaciones extrazodiacales con determinados grados de la eclíptica.

Manuscritos

Se conservan treinta y dos manuscritos del poema maniliano, todos ellos descendientes del existente en el siglo X en el monasterio de Bobbio, y que aparece citado 119 en las Cartas 8 y 130 del Papa Silvestre II. A pesar de no ser el más antiguo, el manuscrito Matritense 3678 es considerado el mejor tanto por Van Wageningen como por Goold. En general, la tradición manuscrita aparece bastante corrompida, con frecuentes transposiciones de versos y algunas interpolaciones y lagunas. A la subsanación del texto maniliano han contribuido filólogos tan importantes como J. J. Escalígero, R. Bentley y A. E. Housman, sin que, con todo, se haya llegado todavía a una edición satisfactoria.

SIGLAS DE LOS MANUSCRITOS


Lengua y estilo

No existe un estudio completo y profundo sobre la lengua y el estilo de Manilio; tan sólo se han hecho algunas caracterizaciones de tipo general, además de algún estudio sobre aspectos parciales. R. Bentley 120 descubrió rasgos extraños en su latín, hasta el punto de encontrar en ellos un argumento para defender el origen oriental del poeta. Por su parte, G. P. Goold 121 precisa en qué consiste la particularidad de su latín: «On the other hand, the singularity of his Latin consists not in incorrect or gauche or even unidiomatic language, but rather in his excessive striving after sententious utterance concentrated in lapidary brevity».

J. van Wageningen 122 concreta más las peculiaridades del latín maniliano: 1) Usos especiales de las preposiciones in, ad, sub, v. gr. en III 264 donec ad ardentis pugnarunt (= certando pervenerunt ) sidera Cancri; 2) Vulgarismos, como uso de quod en lugar de oración de infinitivo en II 20, toti en lugar de omnes en IV 233, cuncta = omnia reliqua en II, 294, modo = postmodo en I 871, etc.; 3) Arcaísmos, como clepsisset en I 27, itiner en I 88, diu = tempore en IV 823; usos inusuales de ciertas palabras, como colere puppim (= navem regere et curare ) en IV 569, ora = quae loquimur en II 57, reus = noxius en IV 537.

Como consecuencia de la concentración, todos los editores coinciden en admitir que Manilio es un autor difícil de entender y de traducir; G. P. Goold 123 afirma al respecto: «But Manilius is a difficult author. Hix text is unusually corrupt, his subject-matter highly specialized, and his latin style so bizarre and bewildering that, as Garrod dolefully put it, ‘the helpfulness of a translation is not unlikely to be in inverse proportion to its readableness’». Para D. Liuzzi 124 : «Tradurre Manilio certo non è facile: il poeta stesso riconosceva quanto ardua impresa fosse mettere in versi una materia così ribelle alla poesia…; maggiori difficultà deve superare chi traduce tentando di riprodurre il più fedelmente il pensiero del poeta».

También con la necesaria brevedad me referiré a la caracterización del estilo de Manilio, sobre el que se han vertido juicios muy diferentes; negativo es el de Van Wageningen 125 : «aber es fehlt ihm die Kraft, das Ganze poetisch zu beleben». Teórico y general resulta el de Goold 126 : «Nevertheless here and there Manilius so far abandons his customary rhetorical manner as to give voice to his soul’s passion for certain themes: the beauty of the skies, the eternal movement of the great celestial clock, the immanence and supremacy of reason, and heaven’s call to man to elevate himself to godhead». La valoración de Dora Liuzzi es muy limitada, al centrarse de forma exclusiva en la técnica imitativa 127 : «Ciò non toglie che gli Astronomica rimangano un fatto letterario, almeno nelle intenzioni di Manilio, nella misura in cui questi si attiene rigidamente alla Imitationstechnik, chè è di norma nel sistema di riproduzione letterario classico».

Creo que quien mejor ha profundizado en la problemática del estilo de Manilio es C. Salemme, de quien reproduzco algunos párrafos significativos 128 : «Il poeta ha segnato un originale, nodale punto d’incontro tra la ‘maniera’ antica e il ‘nuovo’ stile ormai sorgente: preziosità e realismo alessandrini, agudeza retorica, misura compositiva e insieme dissolvimento della ‘descrizione’ classica. (…) Densità di immagini, rapidità di traspassi, accostamenti arditi di concetti: sono i caratteri più notevoli dello stile maniliano». Las características señaladas por C. Salemme definen perfectamente el estilo de nuestro autor, y a ellas sólo quisiera añadir que Manilio es un escritor que merece una valoración más alta que la que se le ha venido reconociendo en el conjunto de la literatura latina. El sentimiento, e incluso la pasión, con que escribe hace que sus bien construidos versos transmitan la simpatía aun a los que no creen en el determinismo de los astros. Si a ello añadimos la dificultad de la materia, el convencimiento de su mente, el entusiasmo de su espíritu y sus ansias de originalidad, llegaremos a la conclusión de que en Manilio, en contra de lo que sugiere Van Wageningen, hay un verdadero y auténtico poeta.

Pervivencia

Si se juzga por la influencia de nuestro poeta sobre la ulterior literatura latina, se puede afirmar que Manilio no fue muy leído en los cinco primeros siglos de nuestra era. Tal vez fuera su mayor admirador el poeta Lucano, en quien es posible encontrar reminiscencias de versos de los Astronomica; pero también las podemos descubrir en Juvenal, Nemesiano, Draconcio, Claudiano, Fírmico Materno, Arnobio y Marciano Capela, con quien entramos ya en el siglo quinto. A partir de entonces no encontramos rastros ni de su nombre ni de su obra hasta el siglo décimo, cuando Silvestre II se interesa por tener una copia de los Astronomica

Tendrían que pasar otros cinco siglos para que el humanista Poggio Bracciolini encontrase un manuscrito de Manilio y llamase la atención sobre el olvidado poeta. La que no se olvidó fue la imprenta, ya que en 1474 salió la editio princeps, que fue seguida de otras siete ediciones incunables. La importancia de algunos de los editores posteriores (J. J. Escalígero, R. Bentley, A. E. Housman, J. van Wageningen) pone de manifiesto el interés de la filología por Manilio.

Entre los admiradores de Manilio destaca un escritor de la talla de J. W. Goethe, quien en Ephemerides (1770) hace alusión a su lectura del poema maniliano, y en 1748 con motivo de su subida al monte Borcken 129 estampó en su libro de visitantes los bellísimos versos:

Quis coelum posset nisi coeli munere nosse,

et reperire Deum, nisi qui pars ipse Deorum est?

Por lo que se refiere a España, muy poco es lo que se puede decir: Menéndez Pelayo 130 solamente recoge una cita del sevillano Juan Mal-lara en su Philosophia vulgar, fol. 211:

Veys que matan los hijos a los padres,

Los padres a los hijos no perdonan

y armados los hermanos, se dan muerte.

Si se prescinde de la traducción publicada en 1977 por D. Santos, no realizada sobre la lengua original, la que ahora ve la luz es la primera traducción completa de Manilio en español.

Advertencia de los traductores

1) El título tardío de Astronomica o Astronomicon ha sido traducido por Astrología por reflejar mejor el contenido de la obra. La historia de los términos Astrologia y Astronomia puede ser consultada en A. Le Boeufle 131 .

2) La presente traducción se ha hecho sobre la edición de G. P. Goold de 1977; de ella nos hemos apartado en dos puntos importantes: en primer lugar, los versos que aparecen en la edición de Goold en letra cursiva, añadidos para completar el sentido sin estar en los manuscritos, no han sido traducidos; en segundo lugar, los versos entre corchetes, considerados por Goold como una interpolación, han sido traducidos entre corchetes. Goold los traduce en las notas a pie de página.

3) Las notas tienen como finalidad facilitar la lectura del poema, en el que son tan frecuentes las alusiones mitológicas; como en dichas notas sólo se pretende la aclaración de referencias concretas, para conocer los mitos en su totalidad remitimos a las obras de A. Ruiz de Elvira 132 y P. Grimal 132 .

4) Para designar las constelaciones zodiacales hemos utilizado tanto los nombres latinos como la correspondiente traducción; hay algunas discrepancias con respecto a los utilizados corrientemente en español, v. gr. Gémini en lugar de Géminis y Pisces en lugar de Piscis.

5) Variantes respecto al texto de Goold (no se anotan las diferencias en la puntuación):


BIBLIOGRAFÍA

I) REPERTORIOS BIBLIOGRÁFICOS

La bibliografía maniliana ha sido recogida en los siguientes repertorios:

A. KRÄMER , «Bericht über die Literatur zur Manilius von 1902-1908», Jahresbericht über die Fortschritte des klassischen Altertumswissenschaft 139 (1908), 234-251.

J. TOLKIEN , «Bericht über die Literatur zur späteren römischen Lehrdichtung von 1902-1910», Jahresbericht über die Fortschritte des klassischen Altertumswissenschaft 153 (1911), 97-102.

—, «Bericht über die Literatur zur späteren römischen Lehrdichtung von 1911-1914», Jahresbericht über die Fortschritte des klassischen Altertumswissenschaft 171 (1915), 6-14.

R. HELM , «Nachaugusteische nichtchristliche Dichter, I», Lustrum 1 (1956), 129-158.

ELISA ROMANO , «Recenti studi su Manilio», Cultura e scuola 18 (1979), 39-58.

C. SALEMME , Introduzione agli «Astronomica» di Manilio, Nápoles, 1983. En las págs. 147-166 y con el modesto título de Nota bibliografica recoge el autor una amplia bibliografía clasificada por temas.

II) PRINCIPALES EDICIONES

I. REGIOMONTANUS , M. Manilii Astronomicon. Ex officina Ioannis de Regiomonte habitantis in Nuremberga oppido Germaniae Celebratissimo. Esta edición es considerada la editio princeps.

J. J. SCALIGER , M. Manilii Astronomicon libri quinque. Josephus Scaliger… recensuit ac pristino ordini suo restituit. Eiusdem Ios. Scaligeri commentarius in eosdem libros et castigationum explicationes. Lutetiae, apud Mamertum Patissonium, MDLXXIX. Importante edición tanto por las mejoras en el texto como por su amplísimo comentario.

—, M. Manilii Astronomicon a Iosepho Scaligero ex vetusto codice Gemblacensi infinitis mendis repurgatum, eiusdem Josephi Scaligeri Notae. Ex officina plantiniana apud Christophorum Raphelengium. MDXCIX. En esta edición Escalígero corrige el texto de la anterior e introduce modificaciones en los Prolegomena y en las notas.

R. BENTLEY , M. Manilii Astronomicon. Londini, sumptibus Pauli et Isaaci Vaillant, MDCCXXXIX. Esta edición representa un gran avance para la constitución del texto y para la comprensión del contenido.

AL . G. PINGRÉ , Marci Manilii Astronomicon libri quinque… cum interpretatione gallica et notis, 2 v. Parisiis, Via et aedibus Serpentinis, MDCCLXXXVI.

F. JACOB , M. Manilii Astronomicon libri quinque, Berolini, Reiner, 1846.

TH . BREITER , M. Manilius Astronomica. I Carmina, Lipsiae, MDCCCCVII; II Kommentar, Leipzig, MDCCCCVIII. Lo más notable de esta edición es su amplio e interesante comentario.

A. E. HOUSMAN , Manilii Astronomicon liber primus, Londinii, Grant Richards, 1903.

—, M. Manilii Astronomicon liber secundus, Londinii, Grant Richards, 1912.

—, M. Manilii Astronomicon liber tertius, Londinii, Grant Richards, 1916.

—, M. Manilii Astronomicon liber quartus, Londinii, Grant Richards, 1920.

—, M. Manilii Astronomicon liber quintus, Londinii, Grant Richards, 1930.

Esta monumental edición en cinco volúmenes tardó veintisiete años en completarse. En ella desplegó Housman todo su ingenio para mejorar el texto, así como toda su sabiduría filológica para la explicación del mismo. Poco después de terminada se hizo una edición abreviada: M. Manilii Astronomica. Editio minor, Cantabrigiae, Typis Academiae, 1932.

J. VAN WAGENINGEN , M. Manilii Astronomica. Lipsiae in aedibus B. G. Teubneri, MCMXV. Importante edición, con una interesante introducción y un apéndice con índices métrico-prosódico, gramatical y de loci similes. Wageningen publicó posteriormente su Commentarius in M. Manilii Astronomica, Amsterdam, 1921.

G. P. GOOLD , Manilius. Astronomica. With an english translation by G. P. Goold, Cambridge-Londres, 1977. El autor sigue fundamentalmente el texto de Housman. Tiene una amplia introducción sobre el contenido de la obra, y notas breves a pie de página con referencias a la introducción. La traducción es a menudo parafrástica.

—, M. Manilii Astronomica, Leipzig, Teubner, 1985.

Esta edición apenas se diferencia de la edición de 1977 en lo concerniente a la constitución del texto.

D. LIUZZI , M. Manilio. Astronomica libro I, Lecce, Congedo, 1990.

—, M. Manilio. Astronomica libro II, Lecce, Congedo, 1991.

—, M. Manilio. Astronomica libro III, Lecce, Congedo, 1992.

—, M. Manilio. Astronomica libro IV, Lecce, Congedo, 1994.

La autora publicó en 1979 la edición del libro primero, y después, en 1983, los dos primeros juntos; finalmente ha iniciado la publicación separada de cada uno de los libros. Para la constitución del texto se basa en Housman y en Goold, separándose de ellos en bastantes lecturas. Tiene traducción italiana y un amplio comentario.

III) TRADUCCIONES

Manilio ha sido uno de los autores latinos clásicos menos traducidos: de forma completa sólo ha sido traducido dos veces al francés, dos al inglés, una al holandés, una al español y otra al alemán. Las versiones francesas fueron realizadas por PINGRÉ (cf. apartado de ediciones) y por M. NISARD , Manilii Astronomicon, París, 1842; las inglesas son de TH . CREECH , The five books of M. Manilius done into English Verse, Londres, 1697, y de G. P. GOOLD (cf. apartado de ediciones); la holandesa corresponde a J. VAN WAGENINGEN , M. Manilii Astronomica in het Nederlandsch vertaald, Leiden, 1914; la española es de D. SANTOS , Astronomicon (Los cinco libros astrológicos), Valladolid, 1982; la alemana es de W. FELS , Astronomica. Astrologie, Stuttgart, 1990.

En cuanto a traducciones parciales, el libro primero ha sido traducido por E. SHERBURNE , The Sphere of Marcus Manilius made an English Poem, Londres, 1675; por J. MERKEL , Des Marcus Manilius Himmelskugel, Aschaffenburg, 1844; por A. COVINO , Manilii I versio italica, Turín, 1895, y por D. LIUZZI (cf. apartado de ediciones); el libro segundo lo ha sido por H. W. GARROD , Manilii Astronomicon liber II, Oxonii, 1911; por F. CALERO , El libro II de los Astronomica de Manilio, Valencia, 1982, y por D. LIUZZI (cf. apartado de ediciones); los libros tercero y cuarto han sido traducidos por D. LIUZZI (cf. apartado de ediciones).

IV) LÉXICOS

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1 J. WOLTJER , De Manilio poeta, Groninga, 1881-1882, pág. 25.

2 G. P. GOOLD , M. Manilii Astronomica , Leipzig, 1985, pág. V, escuetamente afirma: «Sobre el autor de los Astronomica no conocemos nada derivado ni del poema ni de los manuscritos».

3 Así se desprende de la Carta 8 de GERBERTO (Silvestre II), en la que hace referencia a viii volumina Boetii de astrologia, así como de la Carta 130 del mismo autor ut michi scribantur M. Manlius de astrologia (estas referencias se encuentran en G. P. GOOLD , M. Manilii Astronomica , Leipzig, 1985, pág. V.).

4 D. LIUZZI , M. Manilio. Astronomica libri primo e secundo. Lecce, 1983, pág. 7, donde aporta como argumentos: los vivos recuerdos literarios griegos, la naturaleza de sus estudios y la concordancia de muchos pasajes de los Astronomica con el Corpus Hermeticum.

5 R. BENTLEY , M. Manilii Astronomicon, Londres, 1739, pág. XIV; también L. HERRMANN , «Hypothèse sur L. et M. Manilius», LʼAntiquité classique 31 (1962), 82-90.

6 E. GRISSET , «Manilio Poeta Augusteo», Il mondo Classico 1 (1931), 49-58.

7 P. MONCEAUX , Les Africains, París, 1894, pág. 138.

8 J. ESCALÍGERO , M. Manilii Astronomicon a Iosepho Scaligero ex vetusto codice Gemblencensi infinitis mendis repurgatum, eiusdem Josephi Scaligeri Notae. Ex officina Plantiniana apud Christophorum Raphelengium, MDXCIX, Prolegomena, pág. 3; A. KRÄMER , De Manilii qui fertur Astronomicis. Appendix de Manilii patria, Marburg, 1890, pág. 70; J. VAN WAGENINGEN , Manilii Astronomica, Leipzig, 1915, pág. XI.

9 PLINIO Historia Natural, XXXV 199.

10 L. HERRMANN , «Hypothèse sur L. et M. Manilius», 1962, 82-90.

11 Sobre la interpretación de Poeni, cf. nota 3; la latinidad de la lengua fue defendida ya por J. ESCALÍGERO , M. Manilii Astronomicon…, 1599, Prolegomena, págs. 3-4, y, sobre todo, por J. WOLTJER , De Manilio poeta, págs. 30-40, y por A. KRÄMER , De Manilii qui fertur Astronomicis, págs. 21-55.

12 G. P. GOOLD , «A Greek Professorial Circle at Rome», Transactions of American Philological Association 92 (1961), 171, rebate que pueda ser extranjero.

13 En Astronomica II 889-890, afirma Manilio: «Así nuestra lengua sigue muy de cerca la riqueza de la griega»; otros pasajes con ideas parecidas son: II 897, 909, 917; III 40; IV 41, 818-819; y V 645.

14 K. PRINZ , «Die zeitlichen Indizien in den Astronomica», Zeitschrift Oesterreicher Gymnasium 63 (1912), 673-693.

15 Astronomica I 898-900.

16 Astronomica I 799-800.

17 K. LACHMANN , De aetate Manilii, Gottinga, 1815 (= Kleinere Schriften zur Klassichen Philologie, edidit I. Vahlen. Berlín, 1876, II, págs. 42-44).

18 A él la atribuye J. VAN WAGENINGEN en su edición, si bien D. LIUZZI , en la suya, la asigna a HOUSMAN .

19 B. FREIER , De Manilii quae feruntur astronomicon aetate, Gottinga, 1880.

20 F. RAMORINO , «Quo annorum spatio Manilius Astronomicon libros composuerit», Studi italiani di filologia classica 6 (1898), 325-352, especialmente pág. 344.

21 Astronomica IV 764-766.

22 W. BANNIER , «Zu Manilius», Berliner Philologische Wochenschrift 71 (1909), col. 1356-1357.

23 E. BICKEL , «Manilius ed. Housman», Gnomon 9 (1933), 267-269; también en «Apollon und Dodona. Ein Beitrag zur Technik und Datierung des Lehrgedichtes Aetna und zur Orakelliteratur bei Lactanz», Rheinisches Museum 79 (1930) 278-302.

24 H. WEMPE , «Die literarische Beziehungen und das chronologische Verhältnis zwischen Germanicus und Manilius», Rheinisches Museum 84 (1935), 89-96.

25 M. PAUER , Zur Frage der Datierung des astrologischen Lehrgedichtes des Manilius, Múnich, 1951.

26 E. GEBHARDT , «Zur Datierungsfrage des Manilius», Rheinisches Museum 109 (1961), 278-286.

27 Astronomica I 7-13.

28 A. E. HOUSMAN , M. Manilii Astronomicon liber primus, Londres, 1903, págs. LXIX-LXXII.

29 A. E. HOUSMAN , M. Manilii Astronomicon liber primus, 1903, pág. LXIX: «The date of the poem has been canvassed with merciless prolixity for the last four-and-twenty years, but the pertinent facts are few».

30 Astronomica I 384-386.

31 Astronomica I 922-926.

32 Astronomica II 507-509.

33 GERMÁNICO , 558-560.

34 SUETONIO , Augusto 94.

35 Astronomica IV 548-552.

36 Astronomica IV 773-777.

37 A. E. HOUSMAN , M. Manilii Astronomicon liber primus, Londres, 1903, pág. LXXI.

38 J. VAN WAGENINGEN , Manilius. Astronomica, Leipzig, 1915, págs. IX-X; también en PAULY -WISOWA , s. v. Manilius, col. 1116-1117.

39 Astronomica V 509-511.

40 G. P. GOOLD , Manilii Astronomica, 1977, pág. XII; igualmente en la edición teubneriana, Leipzig, 1985, pág. V.

41 D. LIUZZI , M. Manilio. Astronomica libri I e II, Lecce, 1983, pág. 8.

42 E. ROMANO , Struttura degli Astronomica di Manilio, Palermo, 1979, pág. 22, nota 37.

43 M. VON ALBRECHT , Geschichte der Römischen Literatur, Múnich, 1992, II, pág. 769.

44 B. BALDWIN , «Dating Maniliusʼ Astronomica», Maia 39 (1987), 101-103.

45 Astronomica III 632-634.

46 R. B. STEELE , «The Date of Manilius», American Journal of Philology 52 (1931), 157-167.

47 Astronomica IV 692.

48 Astronomica IV 715.

49 E. FLORES , «Augusto nella visione astrologica di Manilio e il problema della cronologia degli Astronomicon libri», Annali della Facoltà di Lettere e Filosofia dell’ Università di Napoli 9 (1960-1961), 5-66.

50 Astronomica IV 773-777.

51 E. FLORES , «Augusto nella visione astrologica di Manilio…», 15-18.

52 J. BAYET , «L’inmortalité astrale dʼAuguste ou Manilius commentateur de Virgile», Revue des Études Latines 17 (1939), 154-155.

53 E. FLORES , «Augusto nella visione astrologica di Manilio…», 36-43.

54 L. HERRMANN , «Hypothèse sur L. et M. Manilius». LʼAntiquité classique 31 (1962), 82-90, especialmente 82-83.

55 J. H. ABRY , «Auguste: La Balance et le Capricorne», Revue des Études Latines 66 (1988), 103-121, especialmente 108-109.

56 SUETONIO , Tiberio 56.

57 La bibliografía sobre los prólogos es más numerosa que la dedicada al estudio de la estructura global de la obra, pero me ha parecido más importante estudiar en esta breve introducción los aspectos más generales; en consecuencia remitimos al lector interesado a los siguientes trabajos sobre los prólogos: E. BICKEL , «In Manilii proemia librorum II et III», Reinisches Museum 80 (1931), 408-412; F. LÜHR , Ratio und Fatum. Dichtung und Lehre bei Manilius, Frankfurt, 1969; A. REEH , Interpretationen zu den Astronomica des Manilius mit besonderer Berücksichtigung der philosophischen Partien, Marburg, 1973; E. ROMANO , «Teoria del progresso ed età dell’oro in Manilio (1, 66-112)», Rivista di filologia e di istruzione classica 107 (1979), 394-408; A. MARCHI , «Struttura dei proemi degli Astronomica di Manilio», Anazetesis 6-7 (1983), 8-17; A. M. WILSON , «The Prologue to Manilius I», en Francis Cairns (ed.) Papers of the Liverpool Latin Seminar , Liverpool, 1986, págs. 283-298; L. BALDINI MOSCADI , «Manilio e i poeti augustei: considerazioni sul proemio del II e del III libro degli ‘Astronomicaʼ», Munus amicitiae. Scritti in memoria di Alessandro Ronconi , Florencia, 1986, I, págs. 3-22; G. FLAMMINI , «La Praefatio agli Astronomica di Manilio», Prefazioni, Prologhi, Proemi di opere tecnico scientifiche latine, Roma, 1990, págs. 29-64.

58 E. ROMANO , Struttura degli Astronomica di Manilio , Palermo, 1979.

59 J. L. ESCALÍGERO , M. Manilii Astronomicon libri quinque…, París, 1579, pág. 5.

60 A. E. HOUSMAN , M. Manilii Astronomicon liber primus, 1903, págs. LX-XII: «This Book of Manilius, his Sphaera, being purely astronomical and complete in itself, can be detached without injury from the astrological portion of the poem».

61 A. E. HOUSMAN , M. Manilii Astronomica. Editio minor, Cambridge, 1932, págs. XII y ss.

62 E. ROMANO , Struttura degli Astronomica di Manilio, págs. 9-20.

63 E. ROMANO , Struttura degli Astronomica di Manilio, pág. 73.

64 W. HÜBNER , «Manilius als Astrologue und Dichter», Aufstieg und Niedergang der römischen Welt, Berlín-Nueva York, 1984, II.32.1, págs. 212-245.

65 Astronomica V 28.

66 J. ESCALÍGERO , M. Manilii Astronomicon…, 1599, Prolegomena , pág. 4.

67 F. SKUTSCH , Aus Vergils Frühzeit, Leipzig, 1901, pág. 66, n. 2.

68 F. LÜHR , Ratio und Fatum…, pág. 68.

69 G. P. GOOLD , Manilii Astronomica, 1977, pág. XIV.

70 E. ROMANO , Struttura degli Astronomica di Manilio, pág. 72.

71 E. ROMANO , Struttura degli Astronomica di Manilio, pág. 75.

72 Astronomica I 1-6 y III 1-4.

73 ARATO puede ahora ser leído en español en la traducción de E. CALDERÓN DORDA , Biblioteca Clásica Gredos, 178, Madrid, Gredos, 1993.

74 Entre Germánico y Manilio existen correspondencias que hablan a favor de una imitación, pero todavía no se ha cerrado la cuestión de la prioridad entre ambos poetas; al tratar de la fecha de la composición hemos aludido a esta problemática.

75 Al que ha dedicado un excelente estudio A. M. WILSON , «The Prologue to Manilius I», cf. nota 57.

76 Estudiada por E. ROMANO , «Teoria del progresso ed età dell’oro in Manilio (1, 66-112)», cf. nota 57.

77 A. M. WILSON , «The Prologue to Manilius I», pág. 295.

78 F. MALCHIN , De auctoribus quibusdam qui Posidonii libros meteorologicos adhibuerunt, Rostock, 1893, pág. 51.

79 G. THIELE , Antike Himmelsbilder , Berlín, 1898, pág. 45.

80 E. ROMANO , Struttura degli Astronomica di Manilio, 1979, pág. 73.

81 C. SALEMME , Introduzione agli ‘Astronomicaʼ di Manilio, Nápoles, 1983, pág. 92.

82 Esto es, la obra de ERATÓSTENES , sobre la que existe una polémica todavía no solucionada; es probable que lo que conocemos actualmente bajo el título de Catasterismos de Eratóstenes, publicados en 1672 por J. FELL , sea un compendio (en griego tardío y de mala calidad literaria).

83 Las contenidas en los catasterismos, que son definidos así por A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , Madrid, Gredos, 1975, pág. 470: «Se llama catasterismo a la conversión en constelación de un personaje o ser mitológico, y también a la constelación misma que así resulta, y que por su nombre, forma y cualidades se admitía que seguía siendo el mismo personaje o ser en cuestión, transformado en astro pero conservando de algún modo, más aún que en las metamorfosis ordinarias, su antigua personalidad o individualidad peculiar».

84 Astronomica II 37-38.

85 C. SALEMME , Introduzione agli ‘Astronomicaʼ di Manilio, pág. 105.

86 G. AUJAC , «Regards sur lʼastronomie grecque», Lʼastronomie dans lʼantiquité classique, París, 1979, pág. 50.

87 Para la comprensión de la astrología maniliana son fundamentales los comentarios de ESCALÍGERO y, sobre todo, las introducciones de A. E. HOUSMAN a cada uno de los cinco libros en su editio maior; también son importantes los comentarios de BREITER , WAGENINGEN y GOOLD en su edición de la Loeb; finalmente, resulta imprescindible el renovador estudio de W. HÜBNER , «Manilius als Astrologe und Dichter», Aufstieg und Niedergang der römischen Welt, II, 32, 1 (1984), 126-320.

88 Para el estudio de la astrología grecorromana en general remitimos a las obras ya clásicas de: A. BOUCHÈ -LECLERCQ , L’Astrologie grecque, París, 1899; F. BOLL , Sphaera, Leipzig, 1903; F. H. CRAMER , Astrology in Roman Law and Politics, Filadelfia, 1954; W. GUNDEL y H. G. GUNDEL , Astrologumena. Die astrologische Literatur in der Antike und ihre Geschichte, Wiesbaden, 1966.

89 E. CASSIRER , Philosophie der Symbolischen Formen, Berlín, 1923-1931. Un resumen de las características del pensamiento mítico se encuentra en W. HÜBNER , «L’Astrologie dans l’Antiquité», Pallas 30 (1983), 12-15.

90 W. HÜBNER , «L’Astrologie dans l’Antiquité», pág. 1, afirma: «L’astrologie est lʼune des quelques doctrines religieuses de lʼantiquité qui survivent encore aujourdʼhui. Avec une continuité remarquable, elle s’est conservée à travers les siècles, tout autant que par exemple la mythologie grecque ou bien même le christianisme».

91 A. DIHLE , «Legitimation politischer Herrschaft nach antiker und frühchristlicher Auffassung», Jahrbuch der Wittheit zu Bremen 22 (1978), 53-67.

92 Astronomica IV 36.

93 Nos han llegado fragmentos astrológicos anteriores bajo los nombres de Serapión, Hermes Trismegisto, Orfeo, etc. Los textos más interesantes han sido editados en el Catalogus Codicum Astrologorum Graecorum, 12 vols., Bruselas, 1892-1953, iniciado por F. CUMONT .

94 Así lo proclama el propio MANILIO , Astronomica I 1-6 y III 1-4.

95 Astronomica II 897; IV 298, 818.

96 W. HÜBNER , «Manilius als Astrologe und Dichter», pág. 138.

97 G. VALLAURI , «Gli Astronomica di Manilio e le fonti ermetiche», Rivista di filologia e di istruzione classica 32 (1954), 133-167; M. VALVO , «Considerazioni su Manilio e lʼermetismo», Siculorum Gymnasium 9 (1956), 108-117; M. VALVO , «Tu princeps auctorque sacri, Cyllenie, tanti… La rivincita dellʼuomo maniliano nel regno di Hermes», Sileno (1978), 4, 111-128.

98 Astronomica I 30.

99 Nombres legendarios, a los que los antiguos atribuyeron fragmentos, recogidos por E. RIESS , «Nechepsonis et Petosiridis fragmenta magica», Philologus, Supp. 6, Berlín, 1891-1893, págs. 325-388.

100 J. ESCALÍGERO , M. Manilii Astronomicon… París, 1579, pág. 4: «Nam eum illa, quae ignorabat, scripsisse fateri cogetur»; F. BOLL , Sphaera, pág. 386: «des Dichters Kindliche Unwissenheit in den einfachsten astrognostischen Begriffen»; A. BOUCHÉ -LECLERCQ , L’astrologie grecque, pág. 267: «Manilius, médiocre élève dʼUranie, nʼa fait que traverser les mathématiques sur le dos de Pégase»; D. PINGREE , «Recensio Goold», Phoenix 34 (1980), 263: «Dilettante attitude towards his subject».

101 W. HÜBNER , Die Eigenschafen der Tierkreiszeichen in der Antike. Ihre Darstellung und Verwendung unter besonderer Berücksichtigung des Manilius, Wiesbaden, 1982. También en «Manilius als Astrologue und Dichter».

102 W. HÜBNER , «Manilius als Astrologue und Dichter», pág. 149.

103 W. HÜBNER , «Manilius als Astrologue und Dichter», pág. 145.

104 J. H. ABRY , «L’Astrologie à Rome: les Astronomiques de Manilius», Pallas 30 (1983), 52.

105 C. SALEMME , Introduzione agli «Astronomica» di Manilio, págs. 9-26.

106 Astronomica V 743-745.

107 Astronomica IV 931-932.

108 Astronomica II 60-66.

109 Astronomica IV 893-895.

110 Astronomica IV 14.

111 Astronomica IV 22.

112 C. SALEMME , Introduzione agli «Astronomica» di Manilio, pág. 47, afirma que más que de resignación hay que hablar de asentimiento: «Più che di rassignazione fatalistica converrà allora parlare di deliberato amorevole asenso della volontà singola difronte a un disegno providenziale entro cui, da sempre, è inserita».

113 Astronomica IV 114-118.

114 W. HÜBNER , «L’Astrologie dans l’antiquité», pág. 19.

115 Manilio no llegó a escribir la parte dedicada a la influencia de los planetas sobre la vida de los hombres, pero en varios pasajes de los Astronomica alude a la importancia de los mismos en relación con el destino, como en I 52-56, III 61-63 y 78-90.

116 Para el estudio de las cualidades atribuidas a cada uno de los signos por los distintos autores remitimos al amplio y bien documentado estudio de W. HÜBNER , Die Eigenschaften der Tierkreiszeichen in der Antike, Wiesbaden, 1982, en el que demuestra que los astrólogos no coinciden al señalar las cualidades por operar cada uno con libertad.

117 Astronomica II 801-803.

118 Astronomica III 203-509.

119 Cf. nota 3.

120 R. BENTLEY , M. Manilii Astronomicon, Londres, 1739.

121 G. P. GOOLD , Manilii Astronomica, 1977, pág. XIII.

122 J. VAN WAGENINGEN , Manilius, en Pauly-Wisowa, col. 1129.

123 G. P. GOOLD , Manilii Astronomica, 1985, pág. XVII.

124 D. LIUZZI , M. Manilio, Astronomica libri primo e secundo, pág. 12.

125 J. VAN WAGENINGEN , Manilius, en PAULY -WISOWA , col. 1129.

126 G. P. GOOLD , Manilii Astronomica, 1977, pág. XV.

127 D. LIUZZI , M. Manilio, Astronomica libri primo e secundo, pág. 12.

128 C. SALEMME , Introduzione agli «Astronomica» di Manilio, págs. 107-108.

129 Estas citas se encuentran en G. P. GOOLD , Manilii Astronomica, 1977, pág. XV.

130 M. MENÉNDEZ PELAYO , Bibliografía hispano-latina clásica, vol. VII, Santander, Aldus, 1951.

131 A. LE BOEUFLE , Astronomie, Astrologie. Lexique latin, París, 1987.

132 A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología Clásica , 2a ed., Madrid, Gredos, 1982; P. GRIMAL , Diccionario de Mitología [trad. F. PAYAROLS ], Barcelona, Labor, 1965.

LIBRO I

SINOPSIS

Proemio: 1-117.

Origen y naturaleza del universo: 118-254.

Constelaciones: 255-531.

Planetas: 532-538; 805-808.

Círculos celestes: 539-804.

Cometas: 809-926.

Proemio

Con mi poema me propongo hacer descender del cielo conocimientos divinos y los astros, confidentes del destino 1 , que cambian las diversas vicisitudes de los hombres, y que son obra de una razón celestial 2 ; me propongo, el primero 3 , hacer [5] vibrar con cantos no escuchados al Helicón 4 y a los bosques que balancean sus verdes copas, pues traigo ciencia sagrada de otras tierras 5 no mencionadas antes por nadie.

Este aliento y las fuerzas para cantar temas tan elevados me los das tú, César 6 , primer ciudadano 7 y padre de la patria 8 , que gobiernas el universo sometido a venerables leyes y que [10] mereces, como dios que eres tú mismo, el cielo concedido a tu padre. El cielo es ahora favorable a quienes lo investigan más de cerca, y anhela que se revelen sus celestiales riquezas a través de los versos. Para esto sólo hay tiempo con la paz 9 : es grato marchar a través incluso del espacio, vivir recorriendo el [15] inmenso cielo y conocer las constelaciones y la marcha opuesta 10 de las estrellas. Es insuficiente conocer esto sólo. Es grato conocer más profundamente las interioridades secretas del espacioso universo, observar de qué forma gobierna y genera los seres vivos con sus constelaciones, y contarlo en versos con el acompañamiento musical de Febo 11 .

[20] Dos altares resplandecen con las luminarias que he colocado, a dos templos dirijo mis súplicas cercado por una doble inquietud: la del verso y la del tema. El cielo atruena en su inmenso círculo al poeta que canta con leyes rigurosas, y apenas [25] permite que la prosa penetre en sus constelaciones 12 . ¿A quién le fue permitido el primero en la tierra conocer tales secretos por regalo de los dioses? ¿Quién, en efecto, si ellos lo hubiesen ocultado, habría robado el secreto del cielo por el que todo es gobernado? ¿Quién se hubiera atrevido, sólo con las fuerzas humanas, a desear parecer dios él mismo contra la voluntad de los dioses, dando a conocer las órbitas boreales y australes, los [30] astros que respetan siempre sus límites a través del vacío, los nombres y el curso de las constelaciones así como su masa y poder?

Tú, Cilenio 13 , fuiste el iniciador y el inspirador de ese conocimiento sagrado tan importante; tú hiciste conocer más profundamente tanto el cielo como las estrellas, a fin de que se [35] ampliase la visión del universo, fuesen dignos de veneración no sólo el aspecto exterior sino también el poder mismo sobre las cosas, y conociesen los pueblos hasta qué punto el dios es inmenso. También la naturaleza proporcionó las fuerzas y ella [40] misma se dio a conocer, dignándose en primer lugar mover el ánimo de los reyes 14 que alcanzan las alturas de la naturaleza, cercanas al cielo, que sometieron pueblos salvajes en el límite oriental, [los que separa el Éufrates y los que inunda el Nilo], por donde vuelven los astros sobrevolando por las ciudades en [45] tinieblas 15 .

A continuación, los sacerdotes 16 , que han habitado siempre los templos para las ceremonias sagradas, elegidos para realizar los votos públicos a los dioses, se ganaron a la divinidad con sus servicios; la presencia auténtica del dios poderoso les inflamó su mente pura, y él en persona llevó a sus ministros [50] ante la divinidad y les mostró sus secretos. Ellos promovieron una disciplina tan noble 17 , siendo los primeros en percibir por medio de la misma que los destinos dependen del movimiento de los astros. En efecto, abarcando una larga serie de siglos gracias a constantes desvelos 18 , marcaron cada período con [55] sus acontecimientos particulares: cuál sería el día de nacimiento de cada uno, qué forma de vida le había tocado, en qué leyes de la fortuna ejercía influencia cada hora, qué diferencias tan grandes producían movimientos tan pequeños.

Después de conocer los diversos aspectos del cielo por haber vuelto los astros a sus posiciones iniciales, y después de reconocer [60] el poder de cada figura 19 para una determinada clase de destino, a través de variadas pruebas 20 , al mostrar los ejemplos el camino, la experiencia constituyó el arte 21 y, tras una prolongada investigación, descubrió que los astros dominan con leyes secretas, que todo el universo es movido por una [65] mente eterna y que por indicios seguros se pueden distinguir las vicisitudes del destino.

En efecto, antes de ellos 22 , la humanidad, ignorante, sin ningún criterio para discernir y atenta a las apariencias, carecía de explicación para los hechos y, asombrada, quedaba en suspenso con el retorno de la luz al mundo, ya triste al perder, por así decirlo, las estrellas, ya alegre cuando resurgían, y no podía [70] explicar por sus causas la distinta duración de los días, la duración fluctuante de las noches y la desigualdad de las sombras, según que el sol se alejase o se aproximase. Todavía el ingenio no había creado los conocimientos técnicos, y la extensa tierra permanecía inactiva por la ignorancia de los colonos; entonces [75] el oro estaba en los solitarios montes, y el mar, no surcado, mantenía alejadas tierras desconocidas; ni se atrevían a confiar la vida al mar ni a los vientos sus deseos; todos creían saber lo suficiente.

Pero, cuando la larga duración del tiempo agudizó la mente de los mortales, el esfuerzo desarrolló la inteligencia de aquellos [80] desgraciados, y la suerte a fuerza de golpes obligó a cada uno a mirar por sí mismo, sus talentos, separados hacia distintas tareas, porfiaron en llevarlas a cabo, y todas las invenciones descubiertas por la sagaz experiencia en sus pruebas con alegría las ofrecieron al bien común. También entonces su lengua [85] salvaje recibió sus leyes, los campos incultos fueron labrados para diversos cultivos y el errante marinero penetró en el desconocido mar, abriendo camino al comercio con tierras ignotas.

La Antigüedad descubrió entonces las artes de la guerra y de la paz, pues siempre la práctica hace nacer unas artes de [90] otras. Para no cantar cosas sabidas 23 , diré que ellos aprendieron el lenguaje de las aves 24 , a interpretar las entrañas 25 , a hacer reventar las serpientes con ensalmos, a invocar las sombras 26 , a sacudir las profundidades del Aqueronte 27 y a cambiar [95] los días en noches y las noches en días. El ingenio, que aprende fácilmente, con tenacidad venció todos los obstáculos, y la razón no puso fin y límite a su actividad antes de llegar al cielo, de comprender por sus causas las profundidades de la naturaleza y de examinar lo que existe en cualquier parte. Comprendió por qué las nubes eran impulsadas y chocaban [100] con un estruendo tan grande, por qué la nieve del invierno es más blanda que el granizo del verano, por qué la tierra echaba fuego 28 y se estremecía 29 el sólido orbe, por qué se precipitaban las lluvias y qué causa movía los vientos, librando a los hombres del estupor por esos hechos, al arrebatar a Júpiter el [105] rayo y el trueno, y otorgar el fragor a los vientos y el fuego a las nubes.

Después de atribuir a cada fenómeno su propia causa, se esforzó en conocer desde las alturas la vecina mole del universo y en abarcar con su mente la totalidad del cielo, asignando a [110] cada constelación la forma y el nombre que le correspondían, y anotando qué ciclos recorrían según una ley fija, así como que todos los acontecimientos dependen de la voluntad y del aspecto del cielo, ya que los astros cambian los destinos según sus diversas posiciones.

Soy el primero 30 en hacer surgir con mis versos esta obra sagrada. Que la fortuna favorezca este gran esfuerzo y que me [115] toque en suerte una vida larga y una dulce vejez, a fin de que pueda hacer emerger una empresa de tanta envergadura, y tratar con igual atención los temas ligeros y los importantes.

Origen y naturaleza del universo

Y puesto que la inspiración desciende del elevado cielo, y de allí llega a la tierra el imutable orden del destino, he de cantar [120] primero la forma misma de la naturaleza y exponer la totalidad del universo por debajo de su apariencia 31 .

Ya sea 32 que el universo, al sacar sus elementos de la nada, no necesita nacimiento, sino que existió y existirá siempre por no tener principio ni tampoco fin 33 ; ya sea que el caos 34 lo [125] engendró en cierto momento mediante la separación de los principios de las cosas, mezclados entre sí, y que la oscuridad, tras haber alumbrado el universo luminoso, se vio obligada a refugiarse en las tinieblas abismales; ya sea que la naturaleza, destinada a deshacerse y a volver a la misma forma, después de miles de generaciones permanece como un agregado de invisibles átomos 35 , y que casi de la nada procede la totalidad y [130] en la nada se convertirá, y que una materia ciega hizo por completo el cielo y la tierra; ya sea que el fuego 36 ha engendrado el universo y junto con el fuego las llamas brillantes, que crearon los astros de la bóveda celeste, que habitan en todos los [130] cuerpos y forman los rayos centelleantes en el cielo; ya sea que lo generó el agua 37 , sin la cual la seca materia de los seres queda rígida, y que incluso destruye el fuego mediante su descomposición; ya sea que ni la tierra, ni el fuego, ni el aire ni el agua conocen un principio, sino que esos cuatro elementos 38 constituyen la divinidad y formaron la bóveda del universo, [140] impidiendo que se investigue algo anterior ya que ellos mismos han creado todo, de forma que a lo caliente no falta lo frío, ni lo húmedo a lo seco, ni lo ligero a lo sólido, pues esta discordia 39 concorde es la que crea las uniones adecuadas y la capacidad generativa, haciendo que los elementos sean capaces [145] de producir cualquier cosa; siempre 40 habrá motivo de debate para la inteligencia de los hombres, y siempre permanecerá la oscuridad 41 sobre lo que está oculto y muy por encima del hombre y del dios.

Ahora bien, cualquiera que sea su origen, el aspecto externo del mismo tiene armonía, y su estructura está dispuesta según un orden preciso 42 . El alado fuego 43 se elevó a las regiones más altas y, abrazando las más elevadas cumbres del cielo [150] estrellado, formó una defensa de llamas para protección del universo. A continuación, el soplo descendió a la región de las sutiles brisas, y en la parte central extendió el aire por el vacío del universo; ese aire, situado debajo de los astros vecinos, es el que alimenta el fuego. El tercer elemento formó las ondas y [155] las fluctuantes olas, originando con su inundación todos los mares, con el fin de que el agua se evapore, expela la sutil brisa y alimente el aire, que tiene su origen precisamente en el agua. La última en asentarse fue la tierra debido a su concentrado [160] peso, y un fango, mezclado con deslizantes arenas, se le unió, escapándose hacia lo más alto el ligero vapor poco a poco. En la medida en que mayor cantidad de humedad se separó para formar límpidas aguas, en la medida en que las aguas filtradas acumularon más tierra y se fue concentrando más líquido en los valles, los montes emergieron de los mares [165] y la tierra se elevó a través de las olas, encerrada, sin embargo, por doquier por el inconmensurable océano. [La más profunda de todas ocupa una posición central respecto al conjunto.] 44 . Por esta razón permanece firme, porque todo el universo se aparta 45 de ella en la misma medida y, al separarse en todas las [170] direcciones, consiguió que no cayese la parte central y más profunda del conjunto. [Los cuerpos adquieren la estabilidad gracias a la conjunción de las presiones, que, al coincidir, les impiden moverse.]

Y si la tierra no fuera estable gracias a ese equilibrio de fuerzas, el sol no conduciría su carro desde el poniente, al aparecer [175] las estrellas del cielo, y no volvería nunca al saliente, ni la luna 46 , sumergida en el vacío, regiría su marcha, ni el Lucífero 47 brillaría en las horas de la mañana, después de haber dado luz bajo el nombre de Héspero y de haber recorrido el cielo. Ahora bien, puesto que la tierra no está sepultada en lo [180] más profundo, sino que permanece suspendida en el centro, por todas partes hay comunicación: por donde el cielo cae y desaparece, y por donde de nuevo se levanta. No puedo creer, en efecto, que, cuando salen los astros, sus ortos sean fortuitos ni que el universo nazca tantas veces, o que el sol nazca continuamente [185] y perezca todos los días, ya que el aspecto de los astros es el mismo desde hace siglos, el mismo Febo recorre las mismas partes del cielo, la luna cambia su circunferencia 48 en un número igual de días, el universo conserva los caminos que [190] él mismo se creó y no se equivoca con ensayos, el sol con luz eterna da vueltas señalando las mismas estaciones, ya a las cercanas regiones del mundo ya a las alejadas, siempre está más lejano el oriente para los que se dirigen hacia el orto, como más lejano está el occidente para los que se dirigen al ocaso 49 , y el cielo permanece siempre con el sol.

Pero no debes sentir admiración ante el hecho de que la tierra [195] esté en suspenso. Puesto que el universo mismo lo está y no se apoya en ninguna base, lo que es manifiesto tanto por el hecho mismo de moverse como por su marcha circular, puesto que Febo se mueve en suspensión y con agilidad hace girar su carro ya en una dirección ya en otra, manteniendo en el alto cielo los puntos de vuelta 50 , y puesto que la luna y las estrellas [200] vuelan por el vacío del universo, también la tierra siguiendo las leyes espaciales quedó suspendida.

Así, pues, la tierra obtuvo en suerte el vacío central de la atmósfera, alejándose de forma equidistante de cualquier profundidad, y no se extiende en amplias llanuras, sino que está encerrada en una esfera que al mismo tiempo empieza y termina 51 [205] en cualquier punto. Éste es el aspecto de la naturaleza: el propio universo, al girar circularmente, hace que las formas de las estrellas sean redondas. Vemos que el contorno del sol es redondo y también el de la luna, la cual con la convexidad de su cuerpo busca la luz, ya que su esfera no puede recibir en [210] toda ella los rayos oblicuos. Ésta es la forma inmutable y muy semejante a la de los dioses 52 , que no tiene principio en ninguna parte ni fin en sí misma, sino que es igual en toda su superficie y a través de todos los movimientos. La tierra tiene también la forma de globo, imitando la del universo.

Por esa razón 53 no vemos todas las constelaciones desde [215] cualquier punto de la tierra. En ninguna parte verás brillar a Canopo hasta que no hayas llegado, a través del mar, a las riberas del Nilo; pero los que vean esa estrella echan en falta a Hélice 54 , ya que habitan regiones en pendiente y las tierras por [220] su abombamiento central 55 les quitan la visión de esa parte del cielo. La tierra hace de ti, luna, un testimonio de su redondez, pues, cuando te ocultas sumergida en las negras sombras de la noche, no ensombreces a todos los pueblos al mismo tiempo, sino que tu luz les falta en primer lugar a los pueblos orientales, [225] después a los que habitan bajo la parte central del cielo [por último te precipitas al occidente con tus alas oscuras], y más tarde a los pueblos occidentales, que hacen resonar sus bronces los últimos 56 .

Y, si la tierra fuera plana, saldrías, luna, de una vez en toda ella y dejarías de alumbrar lamentablemente en todo el orbe al [230] mismo tiempo. Sin embargo, puesto que la tierra está formada según una curva esférica, Delia 57 se muestra primero a unas tierras y luego a otras, saliendo y ocultándose al mismo tiempo, y, como sigue una órbita circular, une al mismo tiempo zonas ascendentes y descendentes, alcanzando unas curvas y dejando [235] otras [de lo que se deduce que la forma de la tierra es redonda].

Alrededor de ella viven pueblos diversos y variadas clases de animales y de aves. Una parte se eleva hacia las Osas 58 y la otra, también habitable, está en las regiones australes, bajo nuestros pies, y, sin embargo, en ella se tiene la impresión de [240] estar arriba, porque el suelo disimula la larga pendiente y porque el terreno se eleva y desciende al mismo tiempo. Cuando el sol, al ponerse para nosotros, mira hacia esa región, nace allí el nuevo día, que pone en movimiento las ciudades dormidas y con la luz vuelve a traer a la tierra la obligación del trabajo; nosotros estamos en la noche y relajamos los miembros con el [245] sueño. El océano con sus aguas separa y une ambas partes.

Esta obra, formada con la materia del inmenso universo, así como las diversas partes de la naturaleza, constituidas en distinta proporción por el aire, el fuego, la tierra y el agua nivelada 59 , son dirigidas por la fuerza divina de un alma, a lo [250] que contribuye la divinidad con su sagrado movimiento, la cual gobierna con una norma secreta, estableciendo mutuos vínculos entre todas las partes, a fin de que cada una aporte sus fuerzas a las demás y las reciba ella, y permanezca unido el conjunto a través de las formas diversas 60 .

Constelaciones

Ahora te hablaré de los fuegos de las [255] constelaciones que brillan por doquier con un orden fijo; y en primer lugar cantaré los que oblicuamente ciñen la parte central del universo, acogiendo al sol alternativamente por un período de tiempo 61 , cantaré también otros astros que luchan con el cielo que gira en dirección opuesta: todos [260] ellos podrías contarlos en un cielo despejado, y gracias a ellos se puede conocer todo el plan del destino, de forma que lo más importante del universo es lo que ocupa su parte más alta 62 .

En primer lugar Aries, resplandeciente por su vellón de oro, observa con admiración la salida de Tauro por detrás, que con el rostro y la frente bajos llama a Gémini; a éstos sigue [265] Cáncer, a Cáncer Leo y a Leo Virgo. Igualada la duración del día y de la noche, Libra atrae a Escorpio, resplandeciente [270] gracias a su ardoroso astro 63 , hacia cuya cola el que tiene mezcla de caballo 64 , con el arco tenso, dirige una veloz flecha dispuesto ya a lanzarla. A continuación viene Capricornio, curvado 65 en su estrecho espacio sideral. Tras él Acuario derrama el agua de la urna inclinada, mientras los peces se meten con ansias en el líquido al que están acostumbrados; Aries toca a Pisces, que ponen fin a las últimas constelaciones.

[275] Ahora bien, por donde el cielo se levanta hacia las brillantes Osas, que desde lo más alto del universo contemplan todos los astros, sin conocer el ocaso y cambiando en el vértice su posición a la dirección opuesta, al tiempo que hacen girar el cielo y los astros, un imperceptible eje 66 desciende a través del [280] helado aire y gobierna el universo equilibrado gracias a sus polos opuestos. En torno a este eje central gira la esfera estrellada, que hace rodar las órbitas etéreas, pero él, inmutable, a través del vacío del gran universo y a través incluso del globo [285] terrestre se mantiene fijo en dirección a las dos Osas. Pero este eje no se mantiene por la robusta solidez de su cuerpo ni tiene un peso grande, capaz de soportar la carga del elevado éter, sino que, como toda la masa aérea gira siempre en círculo volando por doquier sobre sí misma hacia donde una vez empezó, lo que está en el centro y en torno a lo cual todo se mueve [290] es tan ligero, que no puede girar sobre sí mismo ni doblarse ni tomar la forma circular; lo llamaron «eje» porque él mismo no tiene ningún movimiento, pero ve que todo se mueve 67 girando a su alrededor.

La cúspide del eje la ocupan constelaciones conocidísimas [295] para los desgraciados navegantes, a quienes guían cuando se afanan con avidez por el inmenso mar. Hélice, la mayor, describe un círculo más grande (siete estrellas que rivalizan en esplendor señalan su figura), y con su guía las naves griegas despliegan sus velas a través de las olas. Cinosura 68 , más reducida, gira en un círculo estrecho, menor tanto por el espacio como por [300] la luz; sin embargo, para los tirios es superior a la mayor. Según los cartagineses es la guía más segura para los que buscan en el mar una costa que no aparece. Y no están colocadas frente a frente, sino que cada una dirige su cola hacia el hocico de la otra y se persiguen mutuamente. Extendido entre ellas y abrazándolas, [305] el Dragón las separa y las rodea con sus ardientes estrellas, a fin de que no se junten ni se salgan nunca de su lugar.

Entre este círculo y el central 69 , por donde vuelan siete estrellas a través de los doce signos, que brillan en dirección contraria, se levantan constelaciones en las que se mezclan [310] fuerzas distintas, por una parte son vecinas de la zona fría y por otra se aproximan a los lugares cálidos del cielo. Debido a que son atemperadas 70 por una atmósfera de diversas influencias en lucha, hacen que la zona que está debajo de ella sea fértil en beneficio de los hombres. Próxima a las frías Osas y al [315] helado Bóreas surge una figura arrodillada 71 , que conoce la causa de su postura. A su espalda brilla Artofílace 72 , llamado el Boyero porque se asemeja al que instiga según la costumbre a los bueyes uncidos; bajo el centro de su pecho arrastra consigo a Arturo. Pero por la otra parte gira en un círculo luminoso [320] la Corona 73 , que brilla de forma desigual, pues la estrella que luce con máximo esplendor en el centro de la guirnalda supera la luz de todo el círculo, distinguiéndose su ardiente fuego de las claras llamas. Brillan como recuerdo de la muchacha [325] de Cnosos abandonada. Entre las estrellas con sus extremos separados a través del cielo, se distingue la Lira, con la que Orfeo en cierta ocasión conquistó todo lo que había atraído con su canto, caminó incluso a través del reino de los manes 74 y domeñó las leyes del infierno con su canto. De ahí le viene el honor que tiene en el cielo y un poder semejante al motivo: entonces [330] arrastraba los bosques y las rocas, ahora guía estrellas y arrastra el inmenso globo del universo giratorio.

La constelación llamada Ofiuco 75 divide la Serpiente de grandes roscas, la cual le ciñe el cuerpo con las tortuosidades del suyo, a fin de desplegar sus espirales y su lomo, que se repliega en forma de círculos. Ella, girándose gracias a la flexibilidad de su cuello, le mira y se vuelve, al tiempo que las manos [335] de Ofiuco se extienden por los amplios anillos. Siempre habrá guerra entre ellos porque se igualan con fuerzas semejantes. Parecida suerte es la del Cisne 76 , que el propio Júpiter llevó al cielo como pago de su belleza, por la que conquistó a su enamorada, cuando el dios descendió transformado en un cisne blanco como la nieve y llevó sobre su dorso de plumas a [340] la confiada Leda. Ahora, convertido en estrellas con forma de alas desplegadas, también vuela. A continuación brillan las estrellas que imitan el movimiento y la figura de una flecha 77 . Después el ave 78 del gran Júpiter se dirige a lo alto, como si llevase en su vuelo los habituales rayos del cielo; ave digna de [345] Júpiter y del cielo, que les proporciona las armas sagradas. Entonces surge también desde el mar hacia los astros el Delfín 79 , orgullo del océano y del cielo y en ambos lugares venerado. Trata de alcanzarlo en rápida carrera el Caballo 80 , que se apresura con su pecho resplandeciente gracias a una brillante estrella, yendo a terminar en Andrómeda [a la que salva Perseo con [350] sus armas y la hace su compañera. Le] sigue con dos espacios iguales separados por uno desigual, ya que se le ve brillar con tres estrellas, la constelación del Triángulo 81 , que debe su nombre al parecido con tal figura, así como Cefeo y Casiopea, [355] arrogante hacia su castigo, al lado de Andrómeda 82 , abandonada y temerosa ante la enorme abertura de la boca de la Ballena [está llorando, expuesta al mar y atada a los peñascos], por si Perseo no conserva también en el cielo su antiguo [360] amor, y no viene en su ayuda sosteniendo el horrible rostro de la Górgona 83 , despojo de su victoria y ruina para quien la mira.

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Возрастное ограничение:
0+
Дата выхода на Литрес:
30 января 2026
Объем:
299 стр. 16 иллюстраций
ISBN:
9788424932510
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Правообладатель:
Bookwire
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