Читать книгу: «El adolescente y sus conductas de riesgo»

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EL ADOLESCENTE Y SUS CONDUCTAS DE RIESGO

Ramón Florenzano Urzúa y Macarena Valdés Correa

© Inscripción N° 143.925

Derechos reservados

Noviembre 1998

I.S.B.N. edición impresa 956-14-0806-6

I.S.B.N. edición digital 978-956-14-2576-7

Segunda edición ampliada: enero 2002

Tercera edición: mayo 2005

Actualización de datos de Gabriela Huepe.

Producción de portada: Paulina Lagos e Isabel del Río

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com info@ebookspatagonia.com

C.I.P - Pontificia Universidad Católica de Chile

Florenzano, Ramón

El adolescente y sus conductas de riesgo /

Ramón Florenzano Urzúa y Macarena Valdés

Correa.

Incluye bibliografía

1. Adolescentes—Chile

I. Valdés Correa, Macarena.

II. t.

2004 305.2350983 dc 21 RCA2

A nuestros hijos ya adultos jóvenes: Matías, Francisca, Cristóbal y Pablo,

hombres y mujeres en buen pie para formar una nueva generación,

sin duda más integral

A nuestra hija pos-adolescente, Alejandra, que trabaja para agregar

a la ciencia lo que siente como esencial: el mundo del espíritu.

A nuestra hija adolescente, María Paz, nuestro "concho"

que como todos ellos, nos ha enseñado más sobre este tema

que cualquier teoría o trabajo de investigación. Que con el ejemplo

de sus hermanos pueda ser una mujer plena y feliz.

Índice

Prefacio

CAPÍTULO I Introducción

CAPÍTULO II Los Conceptos de Juventud y Adolescencia hoy

CAPÍTULO III Las Etapas de la Adolescencia

CAPÍTULO IV Adolescencia y familia

CAPÍTULO V Adolescencia, pares, escuela y medios masivos de comunicación

CAPÍTULO VI Conductas de riesgo adolescentes y factores protectores

CAPÍTULO VII Farmacodependencias

CAPÍTULO VIII Sexualidad precoz

CAPÍTULO IX Delincuencia y conductas violentas

CAPÍTULO X Bajo rendimiento escolar

CAPÍTULO XI Problemas e intervenciones en la salud mental del adolescente

CAPÍTULO XII Intervenciones preventivas

CAPÍTULO XIII Vulnerabilidad psicosocial y desarrollo yoico

CAPÍTULO XIV Sobre la resiliencia

Bibliografía

Nueva Bibliografía

Indice Temático

Prefacio

Éste es un libro sobre los adolescentes y los jóvenes chilenos. Ellos han sido el objeto de nuestros estudios en los últimos quince años. En una publicación de ese entonces(1) afirmábamos que se sabía poco de nuestros jóvenes. Lo que se repetía venía de los países del norte, y había poca investigación con datos empíricos sobre nuestra juventud. Comenzamos entonces una serie de estudios, tanto clínicos como epidemiológicos, acerca de los adolescentes chilenos y sus conductas de riesgo. Hoy, estamos más provistos de información propia, y podemos decir que nuestra realidad no es tan diversa de la descrita en otras latitudes, pero que no es tampoco idéntica. Este libro pretende cerrar un ciclo de investigaciones y mostrar las diferencias y semejanzas del adolescente chileno con los de otros países, sea de Iberoamérica o del mundo anglosajón.

En el campo de los marcos referenciales y de las teorías sobre la adolescencia, estos quince años han visto un desplazamiento desde el interés en el mundo interno del adolescente hacia la interfase con su contexto social. El tema de la importancia de la familia ha ido surgiendo con progresiva fuerza, así como el del papel de amigos y de la escuela en el moldeamiento de su personalidad. En nuestros estudios hemos tratado de cuantificar la relativa importancia de estos entornos(2),(3).

Cuando hace una década y media hablábamos de salud del adolescente, la reacción escéptica de muchos médicos o especialistas en salud pública era: "¿Para qué preocuparse de los adolescentes? ¡Son el grupo de edad más sano!". De allí surgió el foco en conductas de riesgo para la salud.. Si bien es cierto que los jóvenes mueren poco y enferman menos que cualquier otro grupo de edad, no es menos real que las costumbres y estilos de vida que se adoptan en la segunda década de la vida serán el germen de muchas de las enfermedades crónicas del adulto. El concepto de conductas de riesgo, que surgió de las investigaciones de Jessor y Jessor en 1977 fue empíricamente validado por Maddaleno y nuestro grupo en 1987(4). La demostración cuantitativa de que un subgrupo de adolescentes concentraban un porcentaje importante del consumo de alcohol y drogas, de las conductas violentas o delincuentes, de los embarazos tempranos y de los problemas de rendimiento escolar nos llevó, por una parte, a desarrollar una serie de estudios(5),(6) destinados a profundizar en las características de esas conductas y, por otra, a colaborar en los programas desarrollados en Peñalolén, una comuna de bajos ingresos en la Región Metropolitana de Santiago de Chile.

Estos estudios comenzaron con descripciones de las características de nuestros adolescentes, con encuestas a escolares y consultantes en la comuna de La Reina(7), y con descripciones de sistemas de atención de adolescentes en un servicio local de la Región Metropolitana, el Servicio de Salud Metropolitano Oriente (8), con especial foco en los consultorios Hernán Alessandri (Providencia) y La Faena (Peñalolén). Posteriormente, volvimos a profundizar en el tema de servicios al adolescente al analizar la población de quince a veinticuatro años en un estudio colaborativo sobre problemas emocionales en el nivel primario de atención, coordinado desde Ginebra por la Organización Mundial de la Salud(9).

En cuanto a los factores de riesgo, los estudiamos a través de dos encuestas amplias, una en 1991 y otra en 1994, a muestras representativas de más de un tercio de millón de estudiantes de la Región Metropolitana, iniciando, así, el Estudio Periódico de la Salud del Adolescente de Santiago de Chile(10),(11). Para ello, contamos con el apoyo del Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Chile, y con el trabajo colaborativo de un equipo de la Universidad de Minnesota, que había desarrollado ya varias encuestas que fueron extremadamente útiles para ser adaptadas a nuestra realidad. El grueso de la información sobre conductas de riesgo que presentamos en este libro provienen de dichas encuestas.

En una etapa posterior, el foco de atención se desplazó al concepto de factores protectores, en general, y al papel de la familia, en particular. El giro desde el concepto de riesgo al de protección es de importancia, al priorizar lo positivo sobre lo deficitario, y buscar, entonces, cómo promover el crecimiento y desarrollo normales sobre la prevención de la enfermedad. La estructura familiar tiene un papel privilegiado al ser el entorno más cercano donde se desarrolla el adolescente. Nuestro libro sobre Familia y Salud de los Jóvenes(12) profundizó en ese punto.

En nuestro equipo de trabajo en la Universidad de Chile, Macarena Valdés asumió el liderazgo de un proyecto de investigación sobre el papel protector de la familia en las conductas de riesgo adolescentes, implementando una nueva encuesta en la Región Metropolitana, esta vez, centrada en más de seiscientas familias y sus hijos adolescentes(13). El instrumento -adaptado otra vez de la batería de la Universidad de Minnesota- ha sido ya utilizado en varios países (Colombia, Argentina, Brasil y Costa Rica, fuera de Chile y los Estados Unidos), y está siendo difundido en el ámbito continental por la Organización Panamericana de la Salud(14). Ha dado, también, origen a proyectos bilaterales con grupos interesados en el tema en la Universidad de Buenos Aires, con especial participación de los médicos Carlos Bianculli y Enrique Berner, del proyecto EDISA.

Todos los estudios previos se han desarrollado insertos en un contexto de investigación-acción en el mejor sentido del término. El programa de Salud Integral del Adolescente en el consultorio La Faena creció en forma importante en la década de los 90 bajo la conducción de Matilde Maddaleno. Con el apoyo de la Fundación W. K. Kellogg se desarrolló una intensa labor de capacitación del personal de esa unidad, labor en la que participamos hasta hoy. Además, el programa se amplió a otros consultorios de la Comuna de Peñalolén y posteriormente a todo el Servicio de Salud Metropolitano Oriente. Al asumir la Dra. Maddaleno responsabilidades como Asesor Regional del tema en la Organización Panamericana de la Salud en Washington, D.C, distintos grupos chilenos han mantenido una activa asesoría a profesionales de salud, educación y otras áreas, a nivel no sólo nacional, sino internacional: en varias oportunidades se han desarrollado actividades conjuntas de capacitación para profesionales del Cono Sur, y especialmente de la República Argentina. Nuestro texto Guías Curriculares de Salud Integral del Adolescente(15) es un producto de este permanente esfuerzo de capacitación.

Uno de los temas reiterativos en toda esta trayectoria ha sido la convicción de que es mejor integrar los esfuerzos preventivos dirigidos al adolescente en programas comunes. La tradición de separarlos en categorías fragmentarias (programas de prevención de farmacodependencias, de medicina reproductiva, de prevención de la violencia o del fracaso escolar) lleva a múltiples duplicaciones de esfuerzo y a gastos innecesarios para terminar, generalmente, ayudando a los mismos adolescentes desde nichos administrativos o burocráticos diversos. Si bien nuestra aproximación al tema fue desde la salud mental y la prevención del alcoholismo y la drogadicción(16), tema en el cual pudimos demostrar la importancia especial del grupo de pares en los programas educativos(17), progresivamente hemos llegado a la convicción de que los factores antecedentes de estos temas, que se revisarán en detalle en varios de los capítulos de este texto, son comunes. Los programas preventivos, creemos, debieran desarrollarse en forma cada vez más integrada. El camino recorrido nos permite señalar en algunas direcciones: además del fortalecimiento de la familia y la integración de programas, ya mencionados, agreguemos el foco en los sistemas escolares y la participación juvenil.

Todo éste no ha sido un recorrido solitario: hemos integrado parte de un equipo, al cual es oportuno agradecer en este momento. El poder comunicar estos resultados ha sido posibilitado por muchas instituciones y personas. En primer lugar, y antes que nada, por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, que fue el lugar desde donde se desarrolló la mayoría de nuestros estudios. Ésta más que centenaria institución mostró, una vez más, su compromiso con el mandato de Bello acerca de estudiar los problemas urgentes de nuestro país. Los temas de adolescencia tienen en ella una larga trayectoria, con nombres como los de Paula Peláez, Ana María Kaempffer y, actualmente, Santiago Muzzo y Ramiro Molina. Dentro de esa Facultad, el equipo de la Unidad de Salud Mental contribuyó permanentemente con aportes y comentarios a esta línea de estudios. Debemos mencionar en especial a Gabriela Venturini, Anita Marchandón, Nina Horwitz, así como a Gloria Estrada y Elba Andrade. El trabajo colaborativo con la unidad de Medicina de la Adolescencia de la Universidad de Minnesota y, en especial, con Robert Blum, Trisha Beuhring y Michael Resnik, ha sido una experiencia extremadamente satisfactoria. En el plano editorial, han difundido nuestros estudios en forma de libros la Editorial Universitaria, las Ediciones de la Universidad Católica de Chile y la Corporación de Promoción Universitaria. Esta última institución, además, ha realizado diversos seminarios académicos para discutir nuestros hallazgos y puntos de vista. El apoyo financiero para las investigaciones ha venido del Departamento Técnico de Investigación de la Universidad de Chile, del Fondo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, del fondo de subsidios a la investigación de la Organización Panamericana de la Salud y, en forma muy especial, de la Fundación W. K. Kellogg. Esta última, fuera de prestar su apoyo directo al Proyecto Peñalolén, antes descrito, ha subsidiado la Subred de Familia y Juventud, que ha permitido intercambiar experiencias sobre estos temas con otros grupos nacionales y con aquellos allende los Andes. La Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud nos han invitado a participar en reuniones de expertos, dándonos una visión más global de estos temas. La preocupación de esa Organización por ellos es antigua: la visión profética de Jorge Rosselot promovió iniciativas que han sido concretadas por Elsa Moreno, Joao Yunes, Néstor Suárez Ojeda, Carlos Serrano, Mabel Munist y, actualmente, Matilde Maddaleno.

Finalmente, y en forma muy especial, vayan nuestros agradecimientos para la Fundación Rockefeller, que nos ha permitido redactar este libro en su Centro de Estudios en Bellaggio, a las riberas del lago de Como en Italia. Esta invitación ha posibilitado el tiempo y las condiciones de trabajo ideales para esta tarea.

Ramón Florenzano Urzúa y Macarena Valdés Correa

CAPÍTULO I

Introducción

Julián observaba cabizbajo cómo sus compañeros se inscribían en diversas carreras universitarias. Hijo de una familia humilde, pasó a ser el jefe de hogar cuando a los ocho años de edad su padre abandonó la casa. Su madre, con esfuerzo y tenacidad, trabajó y pudo mantener a sus tres hijos en la escuela y liceos de su sector. Julián respondió estudiando seriamente y ayudándola con trabajos ocasionales que podía hacer los fines de semana. Al terminar su enseñanza media, comprobó cómo su puntaje ponderado en la Prueba de Aptitud Académica no era, sin embargo, suficiente para entrar a alguna de las universidades tradicionales. Su madre no contaba con los recursos para inscribirlo en una privada. Sus compañeros más afortunados elegían alegremente entre diversas carreras que eran anunciadas por los multicolores folletos de la prensa de fines de año. Resignado a trabajar, comenzó una larga peregrinación con su curriculum y diploma de licencia secundaria por varios lugares. Pudo allí comprobar cómo éstos no acogían su nivel deformación como útil más que para tareas de empleado administrativo, junior o de aseador. En la gran mayoría de los lugares se exigía formación técnica o profesional. Progresivamente se percató de que su posibilidad ocupacional real era uno de esos empleos. En diversas industrias a las que acudió se le dijo que debería tener una formación técnica más específica, que con una licencia secundaria tampoco calificaba para actuar como obrero especializado. Julián observaba cabizbajo cómo sus compañeros se inscribían en diversas carreras universitarias. Por primera vez entendió a quienes, frustrados, se refugiaban en la marihuana.

Vivimos en mundo para los jóvenes, pero no de los jóvenes. Los temas ligados a la juventud aparecen a diario en la prensa, a veces, pintados en forma entusiasta e ilusionada, con una visión idealizada de lo que es ser joven hoy día. En muchas otras oportunidades, los adolescentes aparecen como los chivos expiatorios de múltiples males sociales: la droga, la promiscuidad sexual, la despreocupación y falta de responsabilidad son presentados como problemas exclusivamente de ellos. Los jóvenes son halagados y vilipendiados a la vez: los políticos cortejan su apoyo pensando en futuras elecciones, y los administradores de sistemas educacionales y laborales los ven como los sujetos a quienes hay que incorporar en sus sistemas sin que alteren demasiado el funcionamiento de éstos. La opinión pública los tiene constantemente en el foco de su atención. Los departamentos de prensa de los medios televisivos y escritos saben que las noticias sobre el aumento de consumo de cocaína, de los embarazos tempranos, de la delincuencia juvenil y otros temas ligados a la juventud, venden y, por lo tanto, les dan espacio en titulares y en tiempo estelar de noticiarios y de programas de conversación.

Al mismo tiempo, los jóvenes se sienten excluidos y fuera del sistema. El teatro, los suplementos juveniles de periódicos, los programas juveniles de radio y televisión transmiten ese tema una y otra vez. La no inserción en el sistema social es un tópico recurrente en grupos focales y en proyectos ligados a la juventud. La paradoja, entonces, consiste en que un grupo altamente importante para toda la sociedad no se siente incluido como actor significativo de esta preocupación: los adolescentes, como grupo, no se sienten protagonistas de su propio destino. ¿Cómo explicar esta paradoja?

Es posible pensar que el cambio social rápido, no solo en Chile sino en toda América Latina, ha creado una crisis de inserción para los grupos juveniles. Esta crisis está directamente ligada a un conjunto de problemas sociales más amplio, pero su repercusión entre adolescentes y jóvenes lleva, muchas veces, a consecuencias negativas para la salud: la vulnerabilidad a las conductas de riesgo aumenta en situaciones de crisis, tanto sociales como familiares e individuales.

Los cuatro capítulos iniciales de este libro se centrarán en describir la adolescencia normal, tal como ha sido normativamente retratada en Occidente, y su contexto. La transición adolescente, con sus cambios físicos y sicosociales, se da en un sistema donde la familia, la escuela y los pares juegan un papel central. El mundo social externo llega hoy al joven a través de los medios masivos de comunicación y, en especial, de la televisión. Usaremos el modelo ecológico de Bronfenbrenner(18) para revisar los elementos del contexto del desarrollo "normal". Luego, pasaremos a describir cuáles son las principales conductas y factores de riesgo juveniles hoy día para, enseguida, mostrar las diversas consecuencias de estas conductas. Hemos trabajado en este modelo de riesgo acopiando documentación empírica al respecto, que será utilizada para ilustrar esta tesis. Por otra parte, afirmamos que es posible prevenir o minimizar el impacto de este riesgo, y que el concepto de resiliencia y de factores protectores es una aproximación útil para el diseño de intervenciones efectivas. En los capítulos finales nos centraremos en ese aspecto y, en especial, en el impacto de los programas preventivos.

En este capítulo pretendemos retratar el contexto global de la situación de los adolescentes en una sociedad de cambio rápido, para esbozar una explicación de la paradoja antes descrita. Algunos de los elementos de esta contextualización son los siguientes:

• Cambios demográficos en cuanto a la cantidad y características de las poblaciones juveniles.

• Inadecuación relativa de los sistemas educacionales.

• Progresiva desideologización y secularización de la sociedad.

• Inestabilidad de las estructuras familiares.

• Cambios demográficos en cuanto a la cantidad y características de las poblaciones juveniles. Los avances en materia de salud pública han llevado a disminuciones espectaculares en las cifras de mortalidad infantil: hoy es cada vez más raro que un niño muera en el primer año de vida, ocurrencia frecuente hasta la vuelta del siglo XIX. Las novelas románticas están llenas de historias de huérfanos, viudas, viudos, padres cuyos hijos mueren en la guerra o quedan dañados por plagas y enfermedades. Hoy esa realidad nos parece lejana, aunque las guerras del siglo XX probablemente han tenido un costo de muertes y enfermedades superior a muchas del pasado. El hecho de que la mayoría de los niños que nacen sobrevivan hasta la edad adulta hace que la humanidad deba enfrentar un desafío cada vez mayor: acomodar más gente, educarla y darle un espacio en un mundo progresivamente complejo. Esta realidad es especialmente notoria en América Latina y en países jóvenes como Chile. Los adolescentes pasan a constituir un porcentaje importante de la población de estos países, que no presentan aún las pirámides envejecidas de Europa u otros países del norte. Las tasas de natalidad se concentran, además, en zonas rurales o en sectores urbano-marginales de bajos recursos, lo que hace que surja un número importante de personas que quieren acceder a los logros de la modernidad, que están muy conscientes de los estilos de vida de los países desarrollados y de los grupos de elevados ingresos en sus propios países, pero que se sienten excluidos de estos avances por razones que no comprenden bien. La cobertura masiva de los medios actuales de comunicación y, en especial, la llegada de la televisión a los sectores geográficamente más apartados o socialmente más excluidos, hacen aún más patente estas diferencias.

Diciendo lo anterior de otro modo: Han sido precisamente los cambios importantes de los indicadores demográficos chilenos, producto de los avances en salud pública y el desarrollo global del país, los que han hecho que el grupo juvenil tenga hoy mayor visibilidad que antes. De acuerdo con los datos sobre indicadores comparativos de desarrollo humano, proporcionados por el Human Report de 2003, en Chile, la expectativa de vida al nacer subió de 57.1 años en 1960 a 75,8 en 2001. En nuestro país, este índice aumentó más para las mujeres (de 66 a 78.8 entre 1970 y 2001), que para los hombres (entre 59 y 72,8 años, en el mismo periodo). Esto debe ser comparado con las variaciones ocurridas en América Latina: de 63 a 73 para las mujeres y de 58 a 67 para los hombres. En los EEUU, en tanto, la variación es de 75 a 79,7 para las mujeres, y de 67 a 74.0 para los hombres. La tasa de mortalidad infantil bajó de 117 por 1.000 nacidos vivos en 1960 a 10 en 2001 y, coincidentemente, en el mismo período, el producto geográfico per cápita subió de 3.130 a 9.417 dólares anuales. El descenso de la mortalidad infantil se puede comparar con un descenso de 82 a 28 en toda América Latina y con uno de 20 a 7 en los EE.UU. En Chile, el porcentaje de población urbana ascendió del 75% en 1970 a 86% en 2001. El 2001, el 40,2% de la población total del país vive en la ciudad capital. Las cifras equivalentes para América Latina son de 57% en 1970 y 75,8% en 2001. Durante este periodo, el 16.2% de la población vive en la capital. En los EE.UU., el índice es de 74% en 1970 y de 77,4% en 2001. Cabe consignar que el los EE.UU. un 1,86% de la población vive en la capital el país. (Fuente: Informe sobre Desarrollo Humano 2003. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio: un pacto entre las naciones para eliminar la pobreza. PNUD. Ediciones MundiPrensa 2003.)

La salud de los adolescentes chilenos, como en todas las Américas, es buena si uno utiliza los indicadores clásicos de mortalidad, la cual es baja en este grupo de edad, como muestra la tabla 1.1. Por otra parte, si se está consciente de que muchas de las causas de muerte de los adultos vienen de estilos de vida y conductas de riesgo adoptadas en la adolescencia, es posible comprender la preocupación de los especialistas por este grupo de edad.

El crecimiento demográfico chileno se hizo mayor desde 1992 hasta 2002. La tasa chilena es menor al promedio de crecimiento hispanoamericano (1,2% vs. 1,7% para la región). Esta tendencia general hace que la población joven, que se incrementó significativamente desde 1950 hasta la primera mitad de la década del 80, comience a disminuir. Según datos del INE, en el 2001, la población joven, que representaba en 1982 el 30% de la población total del país, se redujo al 24,3%. La mayor disminución porcentual se dio en las regiones extremas geográficamente (I y XII) y en las más pobladas (V y Metropolitana).

Tabla 1.1 Mortalidad específica en el grupo de edad de los 15 a los 24 años, por país, según datos de la Organización Panamericana de la Salud(20). Tasas por 100.000 habitantes.


País Ambos sexos Varones Mujeres
Costa Rica 61 80 41
Martinica 66 98 33
Barbados 66 80 50
Jamaica 67 83 51
Saint Lucia 73 98 49
Canadá 78 115 39
Uruguay 79 105 52
Argentina 87 114 56
República Dominicana 87 103 71
Chüe 88 131 43
Surinam 90 145 61
Panamá 94 132 55
Perú 100 116 83
Estados Unidos 102 152 50
Trinidad y Tobago 103 145 61
Cuba 105 132 78
México 106 154 57
Guyana Francesa 110 146 74
Ecuador 129 166 90
Guyana 129 162 97
Belize 130 148 112
Bahamas 132 198 53
Brasil 142 218 67
Colombia 192 309 72
El Salvador 205 319 94
Guatemala 210 252 166

• Inadecuación relativa de los sistemas educacionales. La respuesta tradicional a las necesidades anteriormente descritas ha sido la educación. Hace un poco más de cincuenta años un presidente chileno llegó a La Moneda con el slogan de "Gobernar es Educar". Muchos de los grupos profesionales y de las clases medias hoy en el poder obtuvieron una importante movilidad social a través de tener una educación superior facilitada por apoyos y subsidios estatales. El sistema educacional actual experimenta una demanda sin precedentes, y nuevamente los gobernantes cifran sus esperanzas de desarrollo del país en la mejoría de la calidad de la educación. El contexto económico es diferente, sin embargo al de la década del 40, y aparece comparativamente más complejo el dar acceso equitativo a la educación a todos los jóvenes que la buscan. Los modelos sociales han también cambiado, y la identificación con futbolistas, cantantes o figuras artísticas es mayor que aquella con poetas, literatos o científicos que aparecían como imágenes prestigiosas en décadas anteriores. La educación tiende por otra parte a centrarse aún en modelos retóricos, que dan destrezas en manejo de conocimientos no siempre útiles, y que consideran como de menor categoría a oficios y destrezas ligadas a las nuevas tecnologías. La educación actual adolece, por lo tanto, de fallas en su profundidad y en sus áreas de concentración. El relativo descuido de los establecimientos técnico-profesionales es un ejemplo de la anterior afirmación. Cada vez más observamos como el contar con un grado secundario o con una licenciatura en humanidades no califica para muchas de las ofertas del mercado, que valorizan habilidades y destrezas en informática, administración, u otras tecnologías cada vez más necesarias en el mercado ocupacional. En suma: la oferta educacional, insuficiente en cantidad, no prepara tampoco a los jóvenes para el tipo de ofertas laborales del presente.

• La educación chilena, como en muchos otros países latinoamericanos, experimentó un crecimiento explosivo a lo largo de este siglo: desde ser un fenómeno de élites a comienzos de éste, se masificó alrededor de las décadas del 40 y 50, primero en el nivel primario, llegándose a muy altos porcentajes de población alfabetizada (en el 2001 el porcentaje de analfabetismo para el grupo de edad entre 15 a 29 es de un 1,09%) (Fuente: INE: Censo de Población y Vivienda 2002.), o en el secundario, en la década de los 60, y finalmente en el universitario y técnico, en la década de los noventa. La cobertura educacional para la enseñanza media aumentó de poco menos de un 50% en la década del setenta a un 87% en 2002. En términos generacionales, el grupo de edad juvenil presenta un mayor nivel de escolarización que las generaciones de sus padres y mucho más que la de sus abuelos, procesos ligados a la urbanización del país, así como a la expansión de la cobertura educacional de las últimas décadas. Esta expansión es también patente en el nivel superior: Chile terminó la década del 80 con 34 universidades y 53 institutos profesionales. En el 2001 las universidades habían aumentado a 63, los institutos a 51 y los centros de formación técnica a 112. En todo caso, la situación chilena se compara favorablemente con el resto de la región de las Américas. En cuanto a educación, los datos del Banco Mundial para 2001 muestran que el porcentaje de niños inscritos en el sistema primario en Chile fue de 99%, superior al promedio de América Latina (94%). El porcentaje de inscritos en el nivel secundario subió de 37% en 1970 a un 96% en el 2001, y aquél en la educación superior ascendió de 13 a 23%. Los porcentajes equivalentes en el nivel secundario para América Latina fueron de 28 y 66% para el año 97, y para el nivel terciario de 11 a 23%. En los EE.UU., el ascenso equivalente para la educación superior fue de 56 a 76%. (Fuente: MINEDUC: Estadística de la Educación 2002.)

A comienzos del siglo, para la mayoría de los chilenos la relación entre familia y trabajo era directa: se trabajaba directamente dentro del seno de la familia, o se pasaba de la familia al trabajo directamente, sin intermediaciones. En la medida que el sistema educacional se masificó, la escuela medió en forma cada vez más importante la transición entre familia y trabajo, transformándose en una instancia potenciadora a veces, y una barrera en otros casos, para la inserción laboral de los individuos. Este cambio se liga a la disminución de las ofertas laborales para los jóvenes: la tasa de desocupación juvenil ha sido creciente, a pesar de los avances de la expansión del sistema educacional antes descrito: los adolescentes en 1988 tenían un desempleo que equivalía a 2,1 veces la tasa nacional, índice que en 1996 aumentó a un 2,3, lo que evidenció una mayor desocupación relativa de los jóvenes. (Harald Beyer (autor) Estudios Públicos N° 71, 1998.)

Mucha de la frustración por esta falta de ajuste entre los sistemas laboral y educacional explican la sensación de "ausencia de futuro", como un autor colombiano ha denominado a la situación recién descrita, imperante entre muchos adolescentes y jóvenes(22). En especial, el proceso de ampliación de la educación superior ha llevado a una estratificación de las instituciones universitarias que tiene que ver tanto con el origen social de los alumnos, como con la calidad de la educación que se imparte en su interior. Una serie de estudios muestra con claridad la diferencia de origen social de los alumnos de las universidades según éstas sean consideradas de elite o de masa, públicas o privadas. La calidad de la educación brindada por las universidades así llamadas tradicionales se liga a un compromiso aún existente del profesorado, y con otros hechos como el tiempo de dedicación de los docentes, la presencia de profesores con estudios de posgrado y la existencia de investigación. En el nivel medio es donde se ha segregado en forma más intensa la calidad de la educación: la ventaja histórica de las universidades públicas tradicionales ha desaparecido en el caso de los liceos públicos, y hay una estratificación cada vez mayor en el sistema secundario de educación.

• Progresiva desideologización y secularización de la sociedad. Este fin de siglo ha presenciado el crepúsculo de las ideologías. Quizá el mismo entusiasmo con que hace cien años se pensaba que los sistemas filosóficos entonces en boga como el marxismo o el psicoanálisis podían explicar muchos fenómenos y carencias humanas, y abrían un nuevo cauce al ideal racionalista de los dos siglos que terminaban, se ha colocado hoy día en insistir en que no existen sistemas verdaderos, y que toda aspiración a un conjunto de principios y valores que guíen la vida de las personas es fútil. Esta actitud relativista de muchos intelectuales y líderes de opinión actuales impacta particularmente a los jóvenes. El adolescente, por razones que profundizaremos más adelante, tiende a buscar en forma activa un sentido para su vida. Por largo tiempo la religión y las ideologías proporcionaban un cauce al altruismo e idealismo juveniles. Hoy, al primar una actitud escéptica y desilusionada acerca de las posibilidades de la humanidad, el joven se siente, a veces, obligado a vivir en tiempo presente. Si no se le ofrece un futuro, sea laboral, sea en términos de una misión trascendental que acometer, el adolescente con cierta razón tiende a vivir en el "aquí y ahora", adoptando actitudes hedonistas o emotivistas con respecto a su propia vida. La ciencia positiva empírica, que por una parte aporta los avances tecnológicos y prácticos que impresionan e impactan a diario, no ofrece por otra un sistema de creencias que le permita despegarse de una actitud consumista en tiempo presente. Muchas de las conductas de riesgo que revisaremos después se pueden relacionar con esta falta de compromiso vital

Nuestra evidencia empírica con respecto a la religiosidad de los adolescentes proviene de estudios acerca de las características de los adolescentes escolarizados santiaguinos(23). En ese estudio, encontramos que, si bien la adscripción religiosa informada por los jóvenes es alta (el 88,3% de los jóvenes se describe como católico o perteneciente a otra religión cristiana), la observancia religiosa real es baja: solo el 19% dice ser muy religioso en el sentido de asistir semanalmente a un oficio religioso, como misa dominical u otro rito. En cuanto a adscripción ideológica, la tendencia mostrada por diversas encuestas es que el interés de los jóvenes por la política, el nivel de satisfacción y la percepción juvenil de la eficacia de la democracia han decaído notablemente en Chile(24). Un estudio del Instituto Nacional de la Juventud de Chile afirma: "Los jóvenes no se sienten incorporados a esta democracia que se institucionaliza como representativa, a la política que se profesionaliza (carrera que exige destrezas, dedicación exclusiva, estructura jerárquica de cargos y tareas y que deviene en acuerdos y negociaciones infinitas y lejanas)"(25).

• Inestabilidad de las estructuras familiares. Para la mayoría, la estructura social en la que se inserta la propia vida es la familia. Se nace en una familia, se forma una familia, se muere en familia. Para la mayoría, la familia es el marco de la propia biografía. La institución familiar también ha sufrido cambios y desafíos cada vez mayores a lo largo de esta centuria. Hace pocos días, el titular de un semanario internacional se preguntaba si estaba obsoleto el matrimonio(26). Se plantea el que no existe uno sino muchos tipos de familias. Las cifras de divorcios tienden a aumentar en muchas latitudes. En nuestro estudio sobre jóvenes santiaguinos, encontramos que el 20,6% de los adolescentes encuestados decían que sus padres estaban separados. En países del primer mundo estas cifras son mucho mayores: la tasa de divorcio (calculada como porcentaje sobre el total de matrimonios contraídos) para 1995, de acuerdo con el Informe Mundial de Desarrollo (op. cit) fue para Finlandia de 58%, para Dinamarca de 49%, para Suecia y para los Estados Unidos, de 48%. Esto se compara con un 17% para Polonia, un 11% para España, un 8% para Italia y un 4% para Portugal. Esta así llamada "crisis de la familia" en nuestra época también impacta poderosamente a los jóvenes. En nuestras encuestas, éstos señalan cómo uno de los elementos cruciales en el propio proyecto de vida es el poder formar una familia. A pesar de que muchos de ellos provienen de hogares con problemas, todos esperan poder superar éstos y no repetir los errores que piensan que cometieron sus padres. La despreocupación social por la familia, sea en términos de exigencias laborales que limitan el tiempo de uno o ambos padres para estar con los suyos, sea en términos de falta de apoyo social a las necesidades emocionales de los grupos familiares es una de las áreas más rechazadas por los jóvenes. La disfunción familiar, como también veremos, se encuentra muchas veces detrás de problemas que presentan los adolescentes.

UN MARCO REFERENCIAL

¿Qué tiene que ver lo anterior con la salud de los adolescentes? La preocupación de médicos, enfermeras y de otros profesionales de la salud por estos temas ha sido progresiva, al comprobar que detrás de las principales causas de muerte y de enfermedad de los jóvenes se encuentran problemas ligados a los factores anteriores: esto hace que los temas de ecología humana, de relaciones familiares, de sistemas educacionales, de creencias y valores hayan alcanzado progresiva importancia en la agenda de salud pública en muchos países. En el nuestro también en la última década se ha producido un interés creciente por los temas juveniles. En este libro intentamos mostrar en detalle la interrelación entre el crecimiento y desarrollo individuales del adolescente y su contexto cercano, especialmente familiar, y el resto de su entorno. Para ello, el marco teórico global que utilizaremos será el antes mencionado planteado por Urie Bronfenbrenner (18), que es para nosotros una aproximación muy útil, centrada en una concepción ecológica del desarrollo humano. La tesis central de este autor es que el adolescente debe ser estudiado en el contexto en el que se desarrolla, o sea, en los diversos estratos de su ecosistema. Asimismo, cualquier intento de intervenir y remediar problemas evolutivos debe considerar las interacciones existentes entre el organismo y su ecosistema. Ve, así, la experiencia individual como un conjunto de estructuras insertas las unas en las otras, o sea, como un juego de muñecas rusas. Desarrolla, de esta manera, una terminología útil para realizar este análisis entre capas de los diversos sistemas:

• El microsistema es el nivel más inmediato al individuo en desarrollo: sus realidades inmediatas y cotidianas. Para cualquier niño o adolescente, su microsistema corresponde a los lugares en los cuales habita, las personas que están con él, y lo que hacen en conjunto. Para la mayoría de los niños el microsistema original es pequeño y está constituido por la familia, primero en una interacción diádica con la madre que, luego, se amplía a un conjunto de relaciones triádicas con el padre o con los hermanos, en actividades simples: alimentarse, ser aseado, ser acariciado. En la medida que el niño va creciendo surgen mayores complejidades. Hace más cosas, con diversas personas, en más lugares. Para Bronfenbrenner, la esencia del desarrollo es la capacidad de expansión. El motor del desarrollo es el cariño o amor de quienes lo rodean. En cuanto a actividades, el niño comienza tempranamente a jugar y desarrolla más lentamente su capacidad para trabajar. Esos tres elementos: amor, juego y trabajo son las actividades centrales del microsistema infantil y si se dan positivamente, constituirán la base de una adecuada salud mental futura, siguiendo la clásica definición freudiana: la salud mental como "la capacidad de amar y trabajar" con el agregado rogeriano de "... y jugar". El desarrollo infantil se caracteriza por el aumentó en complejidad de las relaciones en las que participa o que observa: el reconocer que los padres tienen una relación entre ellos es un paso importante evolutivo en algún momento de la niñez. El microsistema infantil, entonces, se amplía por un aumento en el número de relaciones recíprocas con más personas y mayor grado de complejidad en la medida en que se crece.

• Un segundo nivel de interacciones está constituido por los mesosistemas. Éstos son conexiones entre microsistemas en los que está inserto el niño o adolescente. Un ejemplo sería la primera ida del niño sin compañía de sus padres a la escuela. Este sería un vínculo mínimo entre dos sistemas: la familia y la escuela. Es mínimo porque el nexo es único: el propio niño. Si se mantuviera esta relación escasa entre padres y sistema escolar, aparece un factor de riesgo, ya que puede haber diferencias progresivas en cuanto a valores, experiencias o estilos conductuales entre escuela y familia. Las familias que no valorizan la educación, que no tienen preparación formal ellos mismos, que no tienen libros o enciclopedias en casa, que no promueven la lectura u otras destrezas académicas básicas, y que no usan el mismo lenguaje que se usa en el colegio, van colocando al niño en una progresiva desventaja. En contraste, cuando hay vinculación cercana de la familia y colegio, o sea, hay un mesosistema denso, los riesgos se transforman en oportunidades y mejora la posibilidad de una alta competencia académica. El principio global es que mientras más fuerte y complementaria es la relación entre microsistemas, más poderoso será el mesosistema resultante, y más potente su influencia en el desarrollo infantil

• Un tercer nivel es el de los exosistemas. Éstos son situaciones que afectan el desarrollo infantil, pero en los cuales el niño no participa. Incluyen el trabajo de sus padres y los niveles de decisión, como las directivas de los establecimientos educacionales y las comisiones de planificación de las municipalidades o las juntas de vecinos de los barrios donde viven. Las decisiones tomadas en estos exosistemas afectarán directamente la vida cotidiana del niño. En este nivel, el riesgo puede surgir cuando hay situaciones que empobrecen la calidad de vida del microsistema infantil. Por ejemplo, si el trabajo no le da ninguna flexibilidad a la madre en cuanto a horarios o a tiempo para cuidar a un hijo enfermo, o si el padre tiene un trabajo que requiere que viaje constantemente y pase poco tiempo en casa. El efecto más frecuente del exosistema se ve cuando el nivel de ingresos es inadecuado para las necesidades familiares. Otra fuente potencial de riesgo en estos casos es cuando se toman decisiones que afectan en forma directa y negativa al niño: cuando se decide que las actividades de enriquecimiento curricular deben ser pagadas en forma adicional o cuando el concejo municipal autoriza venta de alcohol en locales cercanos al establecimiento educacional. Muchos niños quedan así expuestos a riesgos innecesarios por falta de una actitud de defensa de los niños de parte de los componentes de los cuerpos intermedios que toman decisiones. El tema de la equidad educacional es, entonces, muy importante.

• Finalmente, está el nivel denominado de macrosistemas, que corresponde a las instituciones e ideologías que componen una cultura o subcultura particulares. Constituyen éstos los "guiones" del desarrollo individual, sean nacionales (chilenos, argentinos, latinoamericanos), ideológico-religiosos (judeocristianos, socialistas, capitalistas). Se refieren a una orientación acerca de "cómo debiera ser el mundo". El cambio cultural de un sistema a otro ha sido una de las tónicas de nuestro siglo, pudiendo ser evolucionarlo y lento o, revolucionario, cuando unas pocas personas instauran un cambio total, como sucedió con Cuba con el advenimiento de Fidel Castro al poder, o cuando Gorbachov promovió la perestroika de la ex Unión Soviética. El proceso de urbanización acelerada de las urbes latinoamericanas es otro cambio macrosistémico que afecta directamente a los adolescentes de hoy. Estos cambios globales afectan positiva o negativamente a los adolescentes que viven en estos períodos. Una política económica que no ayuda a mejorar la calidad educacional claramente afecta el desarrollo de los individuos así como el grado de sistemas de apoyo a los exosistemas cercanos a las personas en las comunidades locales. Políticas laborales de apoyo a las necesidades de las familias también pueden ser muy necesarias para favorecer un mejor nivel de desarrollo.

En resumen, la perspectiva ecológica anterior, que se ilustra en el gráfico 1.1, es un mapa mental que permite entender la naturaleza o interacción de muchos de los factores de riesgo que mencionaremos. Éstos pueden ser vistos como negativos, cuando afectan dañinamente el desarrollo, o sea, factores de riesgo en sentido estricto, o positivos, cuando promueven el desarrollo, o sea, factores protectores. Si bien el microsistema es el ambiente más directamente involucrado en el desarrollo infantil, todos los niveles descritos terminan influyendo en el resultado final de éste.

Gráfico 1.1 Resumen de la perspectiva ecológica del desarrollo adolescente.

Modificado de Bronfenbrenner.


La formación de los profesionales de la salud con respecto a adolescentes y jóvenes ha sido errática: en general, en las escuelas de medicina, enfermería, nutrición y otras existe poca información en relación con estos temas, y lo que hay es hecho en forma fragmentaria en diversas cátedras y ramos clínicos: pediatría, ginecoobstetricia, endocrinología, siquiatría, medicina familiar, etc. Lo mismo se aplica a carreras de otras profesiones que posteriormente deben trabajar intensivamente con adolescentes: psicología, trabajo social, pedagogía, etc. Como una manera de remediar lo anterior un conjunto de docentes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile preparamos recientemente un texto con guías curriculares acerca de estos temas(27). En lo que sigue, revisaremos las definiciones y etapas del desarrollo adolescente normal y su contexto familiar, del grupo de pares, escolar y social. En términos de Bronfenbrenner, estudiaremos primero al adolescente y luego a su microsistema.

DATOS EMPÍRICOS SOBRE LA JUVENTUD CHILENA: EL PROYECTO EPSAS

Nuestro equipo en la División de Ciencias Médicas Oriente de la Facultad dé Medicina Universidad de Chile ha trabajado por ya más de una década en el tema de la Salud Familiar. Nuestras investigaciones apuntan a una correlación cercana entre disfuncionalidad familiar y aparición de conductas de riesgo en el adolescente. Estos resultados nos han hecho también buscar intervenciones que eviten tal disfuncionalidad. Nuestra hipótesis fue que el camino a un desarrollo psicosocial sano del adolescente atraviesa por el campo de un fundonamiento familiar activo y enriquecedor. Desde este punto de vista, la mejor manera de prevenir la drogadicción, la delincuencia o el embarazo temprano adolescente es el promover un funcionamiento familiar sano.

A continuación describiremos un trabajo que buscó estimar la relación entre la prevalencia de conductas de riesgo biopsicosocial en adolescentes escolares de la Región Metropolitana de Santiago de Chile y su relación con la diferentes situaciones dentro de la familia, tales como separación, consumo excesivo de alcohol, y maltrato intrafamiliar. Se entendió como conducta de riesgo, el consumo frecuente de cigarrillo y alcohol y el consumo de drogas ilegales, así como: robo, agresividad individual o colectiva y vandalismo entre las actividades antisociales. La hipótesis de este estudio fue que existía una asociación entre la psicopatología parental y la manifestación de algunas conductas de riesgo, así como la manifestación de síntomas emocionales y la frecuencia de maltrato físico y abuso sexual entre los adolescentes hijos de padres con psicopatología.

La población, objetivo de este estudio, la constituyeron aproximadamente 365.425 adolescentes escolares, cuyas edades fluctuaron entre 10 y 19 años y que al contestar la encuesta aplicada, cursaban entre séptimo básico y cuarto medio en colegios municipalizados y particulares subvencionados del Gran Santiago. Esta población correspondía al 80% de la población total de los escolares de la Región Metropolitana.

La muestra utilizada fue una muestra probabilística por conglomerados, trietápica y estratificada por nivel socioeconómico. Se identificaron cuatro estratos homogéneos de comunas a partir de variables socioeconómicas extraídas de una ordenación previamente conocida de las comunas del país(28). En cada estrato se sorteó un número proporcional de comunas; de entre estas comunas, 41 colegios municipalizados y particulares subvencionados; y de estos colegios, 56 cursos. Finalmente, en estos últimos, se incluyó a la totalidad de los alumnos asistentes el día de la encuesta, se conformó una muestra de 1.904 adolescentes escolares. El error calculado fue de 2.5% y el nivel de confianza, de 95%.

El instrumento utilizado fue la Escala de Conductas de Riesgo Adolescentes, cuestionario adaptado en Chile por nuestro equipo(29), a partir de un cuestionario -el Minnesota Adolescent Health Survey(30)- que ha sido usado en el Programa de Salud de Adolescentes de la Universidad de Minnesota y validado en una muestra de 2.160 adolescentes de ese estado(31). Posteriormente, esa misma encuesta fue aplicada en el estado de Alaska(32) y en la comunidad de Puerto Rico, donde se tradujo al español.

La versión original del instrumento consta de 189 preguntas. Las modificaciones introducidas en Chile fueron concebidas a partir de un proceso que incluyó la aplicación del cuestionario original a adolescentes consultantes en el nivel secundario (Servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital del Salvador), en el nivel primario (consultorio La Faena) y a adolescentes asistentes a dos colegios semejantes a los que constituyeron la muestra final. A partir de las observaciones de éstos se evaluaba -en cada etapa- la comprensión, adecuación y respuesta a los ítemes que constituían el instrumento original. Paralelamente, con metodología de grupo focal se identificaron las principales áreas problemáticas de los hijos de padres con psicopatología mayor. Este proceso permitió la identificación de setenta preguntas que abordan las siguientes áreas: características sociodemográficas; características de la familia; percepción de conductas de riesgo de los padres; uso de sustancias químicas por el propio adolescente; otras conductas de riesgo; síntomas emocionales en el último mes. A lo largo de este libro mostraremos los resultados de dicha investigación, como así mismo ilustraremos los diversos temas tratados con los resultados de este proyecto de investigación.

CAPÍTULO II

Los conceptos de juventud y adolescencia, hoy

Ya en la Atenas clásica, el tema de los jóvenes era motivo de preocupación para gobernantes y filósofos. La tendencia de los adolescentes a crear disturbios, a no obedecer a sus mayores y a aparecer como rebeldes y pendencieros, es puesta en boca de Sócrates por diversos de los diálogos iniciales de Platón. Un tema recurrente entre los clásicos fue el de la Paideia y el de la educación de los jóvenes, no sólo en el sentido de conocimientos técnicos que les dieran destrezas profesionales sino en el de saber cómo vivir la vida, cómo cuidar de sus asuntos familiares y, sobre todo, de cómo participar como ciudadanos en la vida de la polis. El tema de qué hacer con las pandillas de imberbes reaparece entre los historiadores medievales, que describen una y otra vez como las guerras entre ciudades, las vendettas y las disensiones entre facciones internas en Genova, Venecia o en el Friuli utilizaban las armas volátiles generadas por la pasión, arrojo e inexperiencias juveniles.

DEFINICIONES

La adolescencia constituye el período de la vida en que el niño deviene adulto. Etimológicamente, el término "adolescere" significa crecer hacia la adultez. Se ha dicho que el comienzo de la adolescencia es biológico, ya que se produce por cambios endocrinos y sus consecuencias en el cuerpo, y que su fin es sicosocial, terminando cuando el joven es capaz de definir elecciones de pareja y vocacional. Esta afirmación, siendo correcta, abre una amplia gama de interpretaciones en cuanto a los momentos de comienzo y fin de este período. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha preferido, para evitar confusiones, utilizar criterios cuantitativos, definiendo adolescencia y juventud por grupos de edad(33). Para la OMS, la adolescencia es la etapa que ocurre entre los diez y veinte años de edad, coincidiendo su inicio con los cambios puberales y finalizando al cumplirse gran parte del crecimiento y desarrollo morfológicos. La juventud, por otra parte, es el período entre los quince y veinticinco años de edad. Constituye una categoría sociológica, caracterizada por asumir los jóvenes con plenitud sus derechos y responsabilidades sociales.

La adolescencia ha sido también definida(34) como el período durante el ciclo vital de la persona en el cual muchas de sus características cambian desde lo que típicamente se considera infantil hacia lo que típicamente se considera adulto. Los cambios más evidentes a la observación son los corporales. Sin embargo, otros atributos menos definidos como los modos de pensamiento, las conductas y las relaciones sociales también se alteran definitivamente durante este período. La velocidad de estos cambios varía de un individuo a otro.

HISTORIA DEL CONCEPTO

El estudio científico empírico de la adolescencia es un tema propio de los últimos cien años. Su desarrollo conceptual coincide con el nacimiento de la psicología infantil, siendo quizá el primer autor que la estudió el estadounidense Hall, alrededor de 1882. La publicación de su texto clásico sobre el tema en 1904(35), titulado Adolescence: Its Psychology and its relations to Physiology, Anthropology, Sociology, Sex, Crime, Religión and Education, enuncia las mismas afinidades disciplinarias que continúan vinculándose al tema hasta hoy.

El hecho de que el estudio científico del adolescente sea relativamente reciente, no quiere decir, sin embargo, que anteriormente no existiera una preocupación social por los jóvenes. En el hecho, ya Aristóteles, en la antigüedad clásica, describió en forma detallada los cambios del período puberal en términos de cambios de voz, desarrollo de caracteres sexuales secundarios, determinando a qué edades y en qué momentos se producían la menarquía en la mujer y la aparición del vello pubiano en el varón. Sin embargo, el ciclo vital para el estagirita abarcaba sólo tres edades (niñez, juventud y senectud), denominando jóvenes a sujetos entre los siete y los cuarenta años. Los romanos tampoco hicieron una distinción nítida entre puer (niño) y adolescens (adolescente), tratándolos como sinónimos frecuentemente, y aplicando el término aun a muchos adultos jóvenes. Fue el emperador Constantino de Bizancio el primero en delimitar seis a siete edades o eras en la vida humana. La tercera fue denominada por él adolescencia, definiéndola como "el momento en el que la persona crece hasta el tamaño que le asignó la naturaleza". Durante la Edad Media, el niño se transformaba en adulto entre los cinco y los siete años, norma que se mantuvo prácticamente hasta el presente entre los grupos socioeconómicamente deprivados. En el momento de comenzar a trabajar, el niño se transformaba de golpe en adulto, lo que era muy frecuente en el Medioevo, especialmente entre los siervos. Aries(36) ha escrito un libro apasionante acerca de la emergencia histórica de la niñez en Occidente, describiendo el papel que cumplieron las escuelas en crear la conciencia de la existencia del niño y del adolescente como individuos con características diversas del adulto. Este hecho ha sido explicado por razones centralmente demográficas: la expectativa promedio de vida era tan corta que las diversas edades no eran en general percibidas. Las personas de edad eran extremadamente raras. Un historiador experto en el período colonial venezolano nos contaba cómo en una estadística en Caracas colonial, sólo dos personas habían conocido a sus abuelós(37). La estructura social extremadamente rígida y estratificada hacía también que la mayor parte de las personas dependieran toda su vida de una minoría rica y noble. Esta dependencia hacía que, incluso, en el lenguaje se siguiera utilizando el término "niño" toda la vida para dirigirse a los miembros de las clases más bajas. En la Rusia Imperial, como las novelas de Tolstoi nos lo recuerdan, el apelativo habitual de los siervos hacia sus feudatarios era el de "padrecito". Finalmente, no había mayor interés en explorar las diferencias cognitivas ni el nivel de destrezas de las personas, ya que en general no se requería mayor habilidad para enfrentar las demandas promedios de la vida, con excepción de los estamentos militares o al servicio de la Iglesia en monasterios o abadías.

Aspectos fisiológicos

El término adolescencia propiamente tal fue reutilizado a partir del siglo XIX por los biólogos, para describir el período evolutivo entre la pubertad y el final del crecimiento físico. Ya en 1795 un médico, Osiander, comenzó a recolectar estadísticas acerca del crecimiento y desarrollo puberales, y en el libro de Hall antes citado éste revisa más de sesenta estudios al respecto. Hasta hoy, sin embargo, para muchos esta definición biológica sigue teniendo validez. Citemos al respecto a Ford y Beach(38) que dicen:

"Adolescencia es el período que se extiende desde la pubertad hasta el desarrollo de la madurez reproductiva completa... Las diferentes partes del sistema reproductivo alcanzan su eficiencia máxima en momentos diferentes del ciclo vital. Por eso, hablando en sentido estricto, la adolescencia no se completa hasta que todas las estructuras y procesos necesarios para la fertilización, concepción, gestación y lactancia no han terminado de madurar".

Los cambios físicos y sicológicos de la adolescencia no se dan de modo uniforme. Sin embargo, en la mayoría de las personas siguen una secuencia previsible. Es útil hablar de fases del cambio corporal en la adolescencia. Estos cambios corporales afectan la altura, el peso, la distribución de los tejidos grasos y musculares, la secreciones hormonales y las características sexuales. Cuando los primeros de esos cambios aparecen, pero la mayoría están pendientes, la persona está en la así llamada fase prepuberal Cuando la mayoría de los cambios que debieran producirse ya se han iniciado, se habla de la fase puberal. Finalmente, cuando la mayoría de los cambios corporales ya terminaron, se dice que la persona está en la fase pospuberal El período adolescente termina así, desde el ángulo biológico, cuando todos los cambios físicos asociados a la adolescencia han sido completados.

Estos cambios corporales modifican tanto los caracteres sexuales primarios como secundarios. Los caracteres sexuales primarios están ya presentes en el momento del nacimiento y comprenden los genitales externos e internos (como la presencia de pene y testículos en el varón y de vagina y ovarios en la mujer). Los caracteres sexuales secundarios son aquellos que emergen desde la fase prepuberal hasta la pospuberal (como las mamas en la mujer y pelo facial pigmentado en los hombres). Diversos cambios se producen específicamente dentro de cada uno de los tres períodos anteriores. El período prepuberal comienza con las primeras indicaciones de maduración sexual y termina con la aparición inicial de pilosidad pubiana. En los varones hay aumento evidente de los testículos, crecimiento y enrojecimiento del saco escrotal y del largo y circunferencia penianas. Estos cambios involucran a todos los caracteres sexuales primarios. En la mujer, los cambios prepuberales típicamente comienzan en promedio dos años antes que en los hombres. El primer fenómeno de desarrollo femenino en este período es el aumento de los ovarios y la maduración de los oocitos. En contraste con los varones, estos cambios de caracteres sexuales primarios no son observables externamente. Sin embargo, hay alteraciones de los caracteres secundarios como redondeo de las caderas y la primera fase del desarrollo mamario. Este último comienza con una elevación de la areola alrededor del pezón, lo que produce una pequeña protuberancia denominada "botón mamario".

El período puberal en ambos sexos comienza con la aparición del vello pubiano y termina cuando este crecimiento piloso se completa. La mayor velocidad de crecimiento en altura y peso se produce también durante esta fase. El así denominado "estirón del crecimiento" se produce dos años antes en las mujeres que en los varones. Otro cambio clave de la pubescencia en las mujeres es la menarquía, o comienzo de las menstruaciones, que se produce alrededor de dieciocho meses después del máximo aumento en estatura, que típicamente no va acompañada por ovulación. En la pubescencia los caracteres sexuales primarios continúan el desarrollo iniciado en la prepubertad. En las mujeres la vulva y el clítoris aumentan de tamaño. En los varones los testículos continúan creciendo, el escroto crece y se pigmenta, y el pene se elonga y aumenta de diámetro. En cuanto a los caracteres sexuales secundarios, en las mujeres hay un mayor desarrollo de los senos, y los pezones forman la mama primaria. En los varones, la voz se hace más profunda y aparece pilosidad pigmentada en las axilas y pelo facial, generalmente alrededor de dos años después de la aparición de vello pubiano.

La fase pospuberal comienza cuando el crecimiento del vello pubiano se ha completado, produciéndose también una desaceleración del crecimiento en altura. Los cambios en los caracteres sexuales primarios y secundarios están básicamente completos, y la persona ya es fértil. Se producen, además, algunos cambios en estos caracteres sexuales: en los hombres comienza a crecer la barba y en la mujer prosigue el crecimiento de los senos.

Los cambios fisiológicos anteriores son gatillados y controlados desde el sistema nervioso central a través de un eje formado por el hipotálamo, la hipófisis y las gónadas, denominado, a veces, el "gonadostato", por comparación con los termostatos que regulan las temperaturas de una casa(39). El hipotálamo libera un factor liberador (el LHRF) que actúa sobre la hipófisis que, a su vez, libera hormona luteinizante o LH y hormona folículo estimulante o FSH que, a su vez, estimulan a las gónadas para que éstas produzcan estrógenos o andrógenos. El nivel de estrógenos controla el gonadostato, haciendo que, cuando su nivel ascienda sobre cierto nivel, se frene la producción de factores liberadores. En la pubertad se produce un cambio en este sistema, que existe desde el nacimiento, necesitándose niveles mucho mayores de estrógenos o testosterona para producir esta frenación del eje hipotálamo-hipofisario. Es como si un termostato colocado para responder a 2 °C dejara de hacerlo y comenzara a hacerlo a 30°. Se necesitan, así, mucho mayores niveles de hormonas para provocar una respuesta hipotalámica.

Aunque esta secuencia de cambios es bastante uniforme, entre los individuos hay una considerable variación en la velocidad del cambio. Algunos adolescentes maduran más rápido y otros lo hacen más lentamente. Esta variabilidad en la velocidad del cambio puede afectar el desarrollo psicológico y social de la persona. Los niños que maduran precozmente, en general, tienen un mejor ajuste que aquellos que lo hacen más tardíamente, llegando a tener mejor interacción con sus pares y con los adultos. Estas ventajas de la maduración temprana se mantienen hasta la adultez media en el caso de los varones. En las mujeres, sin embargo, la maduración precoz, comparada a la tardía, se asocia con desventajas psicosociales. La maduración a una edad promedio parece ser lo mejor para la mujer. Se ha visto, por ejemplo, que las niñas que maduran tempranamente tienden a verse como más obesas y a tener peores imágenes corporales que sus pares que maduran a una edad promedio(40). El madurar asincrónicamente de los propios iguales parece ser un factor de riesgo para un desarrollo emocional equilibrado. Esto, sin embargo, depende también de la sitúación socioambiental del adolescente. Estos cambios corporales tienen consecuencias psicosociales de importancia. Por ejemplo, hay diversos estudios que muestran la correlación entre status social y estatura física. Las personas son inicialmente juzgadas por su apariencia física, y quienes son altos tienden a ser mejor evaluados que los bajos. Los gerentes de empresas, como lo han mostrado estudios de selección de personal, tienden a ser más altos que los subgerentes, y éstos a tener más altura que los jefes de área y que los operarios.

Los cambios corporales entre los adolescentes también varían en relación con influencias socioculturales e históricas. La edad de la menarquía, por ejemplo, varía entre países y, aun, entre diversos grupos culturales en el mismo país. Aún más, existe una tendencia histórica a la disminución en la edad de la menarquía, que ha bajado en varios meses por década desde 1840 a la fecha. La edad de la menarquía se ha estabilizado en Europa y Estados Unidos alrededor de 12,5 años, en tanto que a la vuelta del siglo era de dieciséis años en Alemania, de quince en Inglaterra y de 14,2 en los Estados Unidos. En el caso chileno, desde 1910 hasta 1990 la edad promedio de menarquía disminuyó desde 15,5 a 12,3 años. Este fenómeno, en general, se atribuye a una mejor salud y nutrición de los actuales adolescentes.

Desarrollo cognitivo

Los cambios fisiológicos característicos de la adolescencia recién descritos tienen un impacto dramático en el funcionamiento cognitivo y social. Los adolescentes piensan acerca de sus "nuevos" cuerpos y sus "nuevos" sí mismos de un modo cualitativamente diferente. En contraste con los modos de pensar de tipo sensoriomotor, simbólico, intuitivo y operacional concreto, que de acuerdo con Piaget(41) caracterizan la infancia y la niñez, alrededor de la pubertad emerge el pensamiento operativo formal, o hipotético-deductivo, que se caracteriza por las capacidades de abstracción y razonamiento. En la etapa de operaciones formales del pensamiento, los adolescentes comienzan a discriminar entre sus pensamientos acerca de la realidad y la realidad misma, y llegan a reconocer que sus suposiciones tienen un elemento de arbitrariedad que puede no representar realmente la naturaleza de sus experiencias. Así, el pensamiento se hace de alguna manera experimental en el sentido científico, empleando hipótesis para probar nuevas ideas en relación con la realidad externa. Además de la comprensión de la metáfora, el joven es capaz de entender implicaciones lógicas del tipo "si... entonces".

Al formar sus hipótesis acerca del mundo, la cognición de los adolescentes crece junto con el desarrollo del modo de pensamiento formal, científico y lógico. Un ejemplo típico de pensamiento combinatorial es el siguiente: se le presentan al adolescente cinco jarros, cada uno de los cuales contiene un líquido incoloro. Al combinar los líquidos de tres jarros específicos se producirá un color, mientras que el uso de cualquiera de los otros dos jarros restantes no creará ninguno. Se le dice al adolescente que se puede generar un color, sin mostrarle cuál combinación producirá ese efecto. Los niños en la etapa de operaciones concretas típicamente tratan de resolver el problema combinando líquido de dos jarros a la vez, pero después de combinar todos los pares, o al tratar de juntar los cinco líquidos a la vez, generalmente dejan de buscar una solución al problema. Un adolescente en la etapa de operaciones formales, por otro lado, explorará todas las posibles soluciones, probando todas las combinaciones posibles de dos o tres líquidos hasta que se produce finalmente el buscado color. Otro ejemplo es el del modo como los adolescentes piensan acerca de determinados problemas verbales, como los representados por la pregunta: "Si Paula es más alta que Mónica y más baja que Francisca, ¿cuál es la más baja de las tres?" Los niños en la etapa de operaciones concretas pueden ser capaces de resolver un problema análogo (por ejemplo, usando palitos de diversas alturas y dándoles a éstos un nombre propio). Los problemas verbales abstractos, sin embargo, no son habitualmente resueltos hasta que no ha surgido la capacidad para operaciones formales.

Además, en esta etapa se desarrolla un segundo sistema simbólico, el lenguaje, que comienza a asumir múltiples significados, abriéndose al uso de dobles sentidos y metáforas. El adolescente por primera vez puede pensar acerca de su pensamiento, tomando una actitud reflexiva frente a su propio ser. Esta misma capacidad cognitiva le permite comenzar a desarrollar la capacidad de construir realidades abstractas posibles, los ideales, que se contrastarán con la realidad. Esta constitución de un Yo Ideal tiene consecuencias prácticas importantes, en el sentido de que surge una maqueta o plano de expectativas futuras de logro, que se traducen en un proyecto de vida, consciente o inconsciente, que se tratará de implementar a lo largo de la vida adulta.

Las operaciones formales del pensamiento no parecen caracterizar a todos los adolescentes. Estudios de adolescentes mayores y de adultos en diversas culturas occidentales muestran que muchos no alcanzan la etapa de operaciones formales. Algunos investigadores han atribuido estas diferencias a lo diverso de las culturas rurales y urbanas y a las distintas cosmovisiones que cada una de éstas ofrece. Hay poca evidencia, sin embargo, que muestre que las diferencias socioeconómicas o educacionales se asocien con el logro o no de la etapa de operaciones formales. El pensamiento operativo formal tiene, también, sus limitaciones: tal como el niño se preocupa de su "sí mismo" físico en un mundo lleno de nuevos estímulos corporales, asimismo, el adolescente puede preocuparse de su propio pensamiento en un mundo lleno de nuevas ideas. Esta preocupación, a menudo, lleva a una suerte de egocentrismo, que se manifiesta de dos maneras: primero, el individuo puede presumir que sus propias preocupaciones, valores y creencias son igualmente importantes para todos los otros. Además, la urgencia de este nuevo tipo de pensamiento puede paradojalmente dar nacimiento a una sensación de ser absolutamente único, lo que lleva, a veces, a sentirse distinto de los demás y a ser poco comprendido por los otros. Aunque la etapa de operaciones formales es la última en la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget, el egocentrismo de esta etapa disminuye a lo largo de la vida de las personas, en general, como consecuencia de interacciones con sus pares y con personas mayores y, sobre todo, con la adopción de funciones y responsabilidades propias de los adultos.

El concepto de self en la adolescencia

El término self, o "sí mismo", es una denominación técnica en psicología, cuya evolución ha estado cercanamente ligada a los estudios sobre la adolescencia. Su importancia ha sido progresiva a lo largo de los años, tal como Cheshire y Thomas(42) lo han descrito. El padre de la psicología, William James, planteó al self como una entidad compleja, que fluctúa, se expande y se contrae. Implica todo aquello que se denomina "uno mismo", incluyendo al propio cuerpo, capacidades psicológicas, posesiones, familia, amigos, reputación, trabajo y emociones(43). James clasificó al self en diversos niveles: el material, el social y el espiritual y señaló que una de las tareas centrales de la adolescencia es alcanzar la integración entre estos diferentes conceptos del sí mismo.

Posteriormente, Sigmund Freud reconceptualizó el desarrollo adolescente señalando que el tema central de esta etapa era el dominar los impulsos sexuales y agresivos de un modo socialmente aceptable(44). Esto implica manejar sentimientos tanto hacia el padre del mismo sexo como al del otro sexo. Esto produce una etapa de turbulencia emocional, en la medida que los impulsos sexuales y agresivos adquieren progresiva fuerza en ese período. En la medida que transcurre la adolescencia, se llega a una relación nueva y más madura con ambos padres, y con otras figuras de autoridad que los representan. El desarrollo adolescente normal lleva, entonces, a un concepto estable y estructurado del self, con sentimientos positivos acerca del propio cuerpo, las relaciones sociales y capacidades de logro. Desde ese ángulo, la adolescencia normal implica un buen ajuste interpersonal con relación a la familia, al grupo de pares y al ambiente social. En el mismo sentido, Erikson(45) habló de la centralidad para el desarrollo adolescente de una identidad personal viable y coherente. La identidad para este autor implica la integración de "las variadas imágenes de uno mismo que se han experimentado desde la infancia". En ese sentido, la identidad es el puente entre el individuo y la sociedad. El riesgo, por otro lado, es la confusión de identidad, que corresponde al fracaso en alcanzar una identidad consistente, coherente e integrada. Esta confusión de identidad se manifiesta por una incapacidad de comprometerse, aun, al final de la adolescencia con una ocupación, toma de posición valórica o ideológica, y de integrarse establemente en la vida.

Posteriormente, Heinz Kohut ha incorporado al concepto de self la idea de esta estructura como el centro de iniciativa personal, caracterizado por la afirmación de uno mismo y por la capacidad de proponerse metas(46). Kohut vuelve a la idea original de James de múltiples selves, o sí mismos, algunos conscientes, otros inconscientes. El "sí mismo" subjetivamente experimentado como tal es llamado self nuclear. Éste tiene capacidad de introspección y empatía. El adolescente enfrenta, así, la vida con un programa básico, con un plan de futuro y una anticipación de logros particulares. Esta programación básica es centralmente una función del self nuclear. Los logros de esta programación llevarán al adolescente a un autoconcepto realista, no demasiado exigente ni excesivamente grandioso. Con este narcisismo moderado, el self será capaz de enfrentar realistamente sin colocarse exigencias excesivas ni de no enfrentar ninguna tarea para proteger una autoimagen frágil. En resumen, la misión psicodinámica de la adolescencia comienza con temas infantiles como el control de una sexualidad y una agresividad crecientes, y con competencias y anhelos por el cariño de los padres, y termina con un foco en temas más maduros, como el de insertarse en forma adecuada en el mundo social y sentirse razonablemente bien con uno mismo, haciendo elecciones realistas y satisfactorias con respecto a la pareja, los hijos y la realización laboral

Posteriormente, han adquirido importancia teorías que toman en cuenta las influencias sociales en el desarrollo adolescente. La teoría del aprendizaje social de Bandura(47), por ejemplo, señala que la conducta adolescente es influenciada por los premios y castigos sociales en relación con sus comportamientos así como por los modelos sociales que rodean al joven. En la medida que pasa el tiempo, el adolescente forma una imagen de sí mismo que incorpora estos mensajes externos acerca de su conducta. Se llega, de esta manera, a una autoimagen consistente y adaptativa, que se caracteriza por capacidad de autocontrol, por la capacidad de resolver problemas, de participar activamente en la toma de decisiones y por un sentido de autoeficiencia, o sea, de poder influir personalmente en el mundo que les rodea. Esta teoría es particularmente importante para entender el papel crítico de los pares en el desarrollo adolescente. Los jóvenes se alejan progresivamente de sus familias y modelan su self social más alrededor de pares de su misma edad: imitan y aprenden los unos de los otros.

Un paso más en el campo de la influencia social en el self adolescente fue dado por Goffman(48) y Kelly(49) al desarrollar la aproximación socialconstructivista, que subraya cómo los constructos personales, la realidad social y las representaciones de uno mismo son producto de la cultura y de interacciones con los demás. El mayor nivel de interrelación de los adolescentes con el medio social hace que la matriz cultural de una sociedad dada sea activamente incorporada por ellos, que así aprenden cómo anticipar el propio futuro, a asumir nuevos papeles sociales y a formar parte de la cultura dominante. Para los constructivistas como Berger y Luckman el self se forma a partir de las reacciones a las acciones sociales que la persona realiza. Los adolescentes se percibirán a sí mismos dependiendo de los grupos sociales con los que interactúen. Las respuestas de sus pares modificarán el modo como se ven a sí mismos, y estas respuestas llevarán a cambios cualitativos en los adolescentes. Este nivel de explicación es especialmente adecuado para entender las diferencias culturales entre diversos adolescentes.

EL DESARROLLO MORAL

El trabajo de Lawrence Kohlberg(50), en el plano del desarrollo moral, complementa los estudios cognitivos de Piaget. Este autor ordena un conjunto sucesivo de etapas que las personas atraviesan en la medida que enfrentan decisiones valóricas cada vez más complejas. Kohlberg ha descrito seis de dichas etapas en la progresión desde la niñez temprana hasta la vida adulta. Las dos primeras son denominadas "preconvencionales", con la primera centrándose alrededor del dilema "castigo/obediencia". En ésta el niño es motivado a comportarse de cierta manera, dada la creencia de que el no hacerlo conlleva un castigo. "Si no recoges tas cosas, te vas castigado a tu pieza" es el prototipo de esta actitud inicial por parte de muchos padres. La segunda etapa del pensamiento preconvencional ha sido denominada "hedonismo instrumental" o "reciprocidad concreta". Por ejemplo, dos preescolares deciden intercambiar juguetes, no con la intención de hacerse un regalo sino en la esperanza de que el cambio les beneficiará con un mejor juego. Las dos etapas siguientes fueron denominadas por Kohlberg "convencionales". La primera de éstas fue descrita como "una orientación hacia la mutualidad en las relaciones interpersonales". En ésta, los niños, habitualmente entre siete y once años, se comportan de un modo dado, con la expectativa de obtener la amistad de los otros. El deseo de ser querido y respetado es una motivación importante en esa etapa. Esta orientación a las relaciones interpersonales afectuosas pasa a ser un factor mayor en lo que se ha descrito como "presión del grupo de pares". La segunda etapa del desarrollo moral convencional ha sido denominada como de "ley y orden", ya que en ella la mantención de un orden social, de reglas fijas y de la autoridad pasan a ser las principales motivaciones de la conducta. En esta etapa el razonamiento es la base de muchas acciones: es que se hace así porque así lo dice la ley, las reglas o las tradiciones. Esta orientación se mantiene, posteriormente, central para muchos adultos.

La forma final del razonamiento moral ha sido denominada por Kohlberg como "posconvencional". En la primera de estas etapas el razonamiento moral se basa en la noción del contrato social: "el mayor bien para el mayor número posible de personas". Esta noción del bien común plantea que, aunque algunos sufran, si este dolor es necesario para que una mayoría se beneficie, lo hará sostenible, en la medida que permita el beneficio de la mayoría. El nivel más evolucionado del razonamiento moral en el esquema de Kohlberg es el basar las decisiones en un "principio ético universal". El último principio en este esquema evolutivo es el de justicia. Más que basar las decisiones en las que beneficiaría a la mayoría, en esta etapa las decisiones se centran en cuál sería la situación más justa para los miembros menos favorecidos de la sociedad. En este esquema la pregunta que se plantea es: "Si Ud. no supiera cuál es su situación en la sociedad, y siendo tan probable que fuera pobre y excluido como rico y lleno de privilegios, ¿qué decidiría?". Además, para quienes toman sus decisiones basados en estos principios éticos-universales, las consecuencias de sus acciones no son relevantes, a no ser que violen normas sociales o legales. Bajo estas circunstancias, si uno está tranquilo frente a la propia conciencia, es capaz de enfrentar consecuencias negativas, sean legales o sociales.

El adolescente en su desarrollo atraviesa estas diversas etapas. Dependiendo de capacidades individuales o de su contexto cultural, puede llegar o no a alguna de las etapas más evolucionadas de la moral posconvencional. Transita frecuentemente de un período de decisiones en blanco o negro a otro de relativismo moral, en el cual su respuesta habitual a los dilemas es "Depende...". Luego, comienza a centrarse en los ambientes sociales que lo ayudan a definir lo correcto de lo erróneo, abandonando los sistemas más simples utilizados en la niñez. Uno de los puntos polémicos acerca de la secuencia propuesta por Kohlberg es acerca de su vigencia transcultural. Se ha visto que muchas elecciones están culturalmente determinadas. Algunas culturas sobrevaloran la evitación del castigo, mientras que otras se centran en dejar contentos a los demás, especialmente dentro de la familia: de allí el concepto de "obediencia filial". Por otra parte, los estudios transculturales muestran que la gran mayoría de las culturas aprecian el respeto a la dignidad humana, la equidad y el valor de la vida. No es, pues, lícito igualar el relativismo cultural con el relativismo ético. Rodríguez Luño ha mostrado cómo la ética es un desarrollo independiente de las culturas, y que los individuos responden a los imperativos éticos independientemente de su etapa evolutiva a lo largo del ciclo vital(51).

EL CONTEXTO SOCIAL

El contexto social de los adolescentes es más amplio y complejo que el del niño. El fenómeno social más notable durante esta etapa es la aparición de un grupo de pares de gran importancia para él. El adolescente llega a apoyarse mucho en sus iguales para obtener apoyo, seguridad y guía durante una etapa en la cual estos elementos son urgentemente necesitados y quizá también porque sólo otros que pasan por la misma transición aparecen como confiables para comprender sus experiencias. Contrariamente al estereotipo cultural, sin embargo, la familia sigue influyendo mucho entre los adolescentes. En realidad, ninguna otra institución social tiene tanta influencia como la de ésta a lo largo de todo el desarrollo. La mayoría de los estudios muestran que los adolescentes tienen pocas veces discrepancias serias con sus padres. En realidad, al escoger a sus pares los adolescentes, en general, gravitan hacia aquellos que tienen actitudes y valores consistentes con aquellos mantenidos por sus padres. Por ejemplo, mientras que los pares influyen a los adolescentes en relación con temas tales como aspiraciones y logros educacionales, en la mayoría de los casos se produce una convergencia entre la influencia de familia y pares. Mientras que, muchas veces, los adolescentes y sus padres tienen actitudes diversas acerca de temas sociales de actualidad (como política, uso de drogas, conducta sexual), la mayoría de esas diferencias reflejan contrastes en la intensidad más que en la dirección de las actitudes. Es raro que un adolescente y sus padres estén en lados opuestos con respecto a un tema dado y la mayoría de las diferencias generacionales comprenden diversos niveles de apoyo para la misma posición.

CAPÍTULO III

Las etapas de la adolescencia

"Los adolescentes pueden aparecer como excesivamente egoístas, considerándose abiertamente a sí mismos el centro del universo y como el único objeto interesante en éste; al mismo tiempo, en ningún otro momento de la vida serán capaces de mostrar tanta capacidad de entrega y devoción a los demás. Pueden también enamorarse del modo más apasionado, para romper estas relaciones en forma tan repentina como las comenzaron. Por un lado, se involucran entusiastamente en la vida de su comunidad, y, por otro, tienen una tremenda necesidad de estar solos. Oscilan entre una ciega sumisión a un líder elegido por ellos, y una desafiante rebelión en contra de toda y cualquier autoridad. Son egoístas y materialistas y, al mismo tiempo, están llenos del más elevado idealismo. Son ascetas, pero abruptamente se permiten las licencias instintivas más primitivas. En algunas oportunidades su comportamiento hacia los demás es rudo y poco considerado, pero, al mismo tiempo, son extremadamente sensibles acerca de cómo los tratan a ellos. Su ánimo cambia desde el optimismo más liviano al pesimismo más oscuro. A veces, pueden trabajar en forma infatigable y, en otras oportunidades, actúan en forma arrastrada y apática".

ANNA FREUD

"El Yo y los Mecanismos de Defensa"

TEORÍAS SOBRE LA ADOLESCENCIA

1. Teoría de la recapitulación de Hall La descripción de Hall, que diéramos anteriormente, se basa en la teoría embriológica de la recapitulación: durante la ontogénesis, el hombre recapitula la filogenia de la especie y la evolución de la sociedad humana. La adolescencia para él correspondía a un período conflictivo y transicional de la evolución cultural humana. No se ha llegado en ella, todavía, a la fase de formación de sociedades civilizadas, que corresponderían a un logro de la etapa adulta. En la adolescencia, el individuo supera la presión de los instintos y las actitudes egoístas, y si el desarrollo se da adecuadamente es capaz de llegar a ser un sujeto civilizado. Las descripciones de Stanley Hall se han mantenido en muchos textos casi sin variaciones hasta nuestros días. Hall fue el primer expositor de una teoría frecuente en nuestro siglo, la que muestra a la adolescencia como una etapa de "sturm imd drang", tormentosa y conflictiva. Otro de sus puntos de vista, mantenido hasta hoy, es la idea de que el adolescente pasa por una etapa de apego a pares del mismo sexo, para luego hacerlo a personas mayores del sexo opuesto, para finalmente desembocar en la atracción por pares del sexo opuesto.

2. El proceso madurativo según Gessell(52). Este autor se centró en el concepto de procesos innatos y universales de maduración, en los cuales el desarrollo físico y conductual está gobernado por la herencia genética individual. Describió así una sucesión de cambios de año en año a lo largo de la adolescencia, que son integrados en un conjunto de etapas. No estuvo de acuerdo con el carácter unitario y progresivo de la adolescencia como un todo, haciendo énfasis en sus etapas y en la sucesión de avances y retrocesos, de momentos positivos y negativos en las características y conductas adolescentes. Sus estudios acerca del crecimiento y desarrollo psicomotrices tienen vigencia hasta hoy

3. El desarrollo psicosexual según Sigmund Freud(53). El modelo freudiano coloca a la adolescencia como la etapa de resolución final de las etapas del desarrollo psicosexual que comienzan con el nacimiento. Para Freud, la pubertad reactiva los conflictos genitales y pregenitales propios de la niñez, debiendo el individuo, para alcanzar la plena madurez, ser capaz de superar las fijaciones y regresiones de etapas previas del desarrollo. El narcisismo con el que se entra a la adolescencia debe ser reemplazado por relaciones altruistas con el objeto amado, y el adolescente debe, asimismo, independizarse de sus figuras parentales. Freud explica la rebeldía, característica de esta etapa, como el modo de conseguir esta autonomía. Como en otros planos, delineó este autor una visión de la adolescencia basada en el conflicto entre impulsos libidinales y agresivos cuya intensidad aumenta con la pubertad, y las restricciones y normas sociales que no permiten dar libre cauce a los antedichos impulsos. Entre los conceptos freudianos que se han mantenido hasta hoy día está el de la adaptación psicológica a los cambios corporales (el duelo por el cuerpo infantil perdido), y el de tareas del desarrollo, que implica enfrentar desafíos instintivos y desarrollar equilibrios y balances diversos a los infantiles.

4. Los aportes de Anna Freud(54). Esta autora dio mayor importancia a las estructuras yoicas del adolescente, y a su funcionamiento defensivo. Apoyó y amplió tanto la visión de su padre, centrada en el conflicto, como la teoría de Hall del sturm und drang. Utilizando el esquema de etapas y subfases propio de la psicología evolutiva, mostró cuidadosamente cómo en la preadolescencia surge un aumento difuso de energía libidinal, que debe ser manejado con diversos mecanismos de defensa para evitar que aparezcan síntomas especialmente conflictivos. Entre estos mecanismos describió detalladamente algunos: la intelectualización, el ascetismo, la formación reactiva y la sublimación. La intelectualización es un modo de huir de los impulsos que surgen desde un cuerpo que cambia, para refugiarse en el plano de las ideas y las teorías, tratando de explicar ordenadamente lo que sucede en rededor en forma abstracta. Este proceso es facilitado por la capacidad recientemente adquirida del pensamiento de tipo abstracto. El ascetismo es la tendencia a mantener los impulsos del Ello bajo control a través de normas y prohibiciones, que le demuestran al adolescente de que es capaz de manejar estos impulsos. Plantea esta autora que los adolescentes parecen temer más a la cantidad que a la calidad de sus pulsiones, y que por ello optan por establecer las prohibiciones más estrictas que pueden aplicarse a sus necesidades físicas cotidianas, a evitar contacto con personas de su edad, música, bailes, indumentaria atractiva, etc. La formación reactiva es la capacidad de transformar los impulsos agresivos o sexuales en sus opuestos: las ganas de romper o ensuciar, en ordenar y limpiar, de acercarse al sexo opuesto, en mantener una prudente distancia de éste, el deseo de liberarse de las normas familiares en una aceptación total de éstas, etc. La sublimación es la transformación de un impulso instintivo en una acción socialmente útil y aceptada: las ganas de discutir se transforman en capacidad de liderar a grupos juveniles, las de tocar cuerpos femeninos, en el estudiar una carrera que le permite ayudar a través de terapias físicas y masajes, etcétera.

5. Erik Erikson y el concepto de identidad(55). Más adelante describiremos en detalle la visión de este autor. Sólo señalaremos acá que su idea de una secuencia evolutiva en ocho etapas, cada una con una crisis y una oportunidad de desarrollo, fue estudiada por el mismo y por otros autores en términos culturales, por lo que su aproximación ha sido denominada psicosocial, en comparación a la del mismo Freud, de más foco biológico y, por lo tanto, llamada psicosexual. Para Erikson, ante desafíos universales propios de cada etapa de la vida, cada persona busca soluciones individuales adecuadas a su contexto cultural. La fuerza del Yo será crucial en cuanto a cómo resuelva los desafíos sucesivos propios de esta sucesión de etapas. La adolescencia para él se caracteriza por una necesidad de mantener la continuidad del sí mismo a pesar de los marcados cambios corporales sobrevinientes, centrándose, por lo tanto, en la búsqueda y mantención de la identidad, las que serían las tareas propias de la adolescencia para este autor.

6. La perspectiva psicoanalítica revisada de Peter Blos(56). Este autor ha centrado su re-evaluación de la evolución adolescente desde el psicoanálisis al considerar los cambios psicológicos como de adaptación a la pubescencia, delineando cuidadosamente los procesos experimentados en el mundo interno del individuo. Así, define a la preadolescencia como una etapa en la cual hay un aumento cuantitativo de fuerzas instintivas y una reaparición de "todos los modos de gratificación libidinal y agresiva que fueron útiles en los años anteriores", con conductas compensatorias que son, a veces, difíciles de comprender para la familia o los profesores. La adolescencia propiamente tal trae consigo cambios cualitativos. Las amistades del mismo sexo son también importantes para las niñas, que tienden a tener amigas íntimas sin que esto implique una tendencia homosexual. Esta subetapa se caracteriza por una reactivación de los conflictos edípicos, separación de los objetos primarios de amor y elección heterosexual de objeto. La organización mental se hace más compleja, la emociones más profundas e intensas, y aparece el sentido de finalidad en las elecciones. Son comunes actitudes narcisistas y una sobreestimación de las propias capacidades. Propio de esta etapa es un "amor tierno", que lentamente se integra con la sexualidad. El ascetismo y la intelectualización son, dice Blos, más propios del adolescente europeo de clase acomodada, mientras que el adolescente promedio usa, más bien, una mezcla defensiva con identificación, negación, aislamiento y maniobras contrafóbicas que él denomina "conformismo". Durante la adolescencia propiamente tal comienza a cristalizarse la organización jerárquica del Yo, subordinándose las gratificaciones pregenitales a las genitales, quedando sólo como conductas introductorias hacia la relación objetal completa. En la adolescencia tardía se cristaliza un sistema integrado y unificado del Yo, la identidad sexual se consolida irreversiblemente, y se pueden reconocer los conflictos y constelaciones defensivas con los que el sujeto enfrentará la vida adulta.

7. Puntos de vista europeos: Spranger y Remplein. Estos autores tomaron un rumbo diverso al de Hall y Freud. Spranger, cuyo libro publicado por primera vez en 1924 ha tenido innumerables reediciones(57), se centró en el estudio de "estructuras mentales", con un énfasis mayor en determinantes innatos que en los ambientales. Para él, la adolescencia es aquel período durante el cual la estructura psicológica indiferenciada del niño se reorganiza a través del descubrimiento de sí mismo que éste hace, de la emergencia de un sistema de valores propios y del desarrollo de un plan de vida personal. La preocupación por uno mismo lleva a sentimientos de aislamiento, a una necesidad de interacción y aprobación sociales, a experimentar con diversas identidades (explicando el interés por figuras heroicas) y rebelión en contra de las tradiciones familiares y sociales. La elección vocacional es un aspecto de una expansión más amplia de la perspectiva temporal y de una actividad dirigida a integrar el sistema de valores. En todas estas etapas aparece una sobreestimación de las propias capacidades. La adolescencia también permite separar la realidad de la fantasía, el sí mismo del mundo circundante y la sexualidad del amor idealizado. Esta distinción consciente debe, al mismo tiempo, compatibilizarse con una fusión paralela de los dos aspectos de la sexualidad, necesaria para el desarrollo de una sexualidad madura. Spranger distinguió la forma hasta entonces más habitualmente descrita por los teóricos, la de sturm und drang, como uno de tres tipos posibles de desarrollo adolescente: los otros son el de cambio gradual y continuo y el de cambio proactivo, iniciado por el mismo adolescente.

Remplein(58) es otro autor que desarrolló un sistema abarcativo estructural, describiendo al adolescente con un desarrollo en tres etapas y tres fases, con una teoría de la personalidad basada en las tipologías constitucionalistas, y con una estratificación en capas, popularizada especialmente en Alemania por Lersch. Desarrolló así un sistema evolutivo en el que se parte de una capa inferior psicológica centrada en los impulsos vitales, asociada a las funciones fisiológicas básicas y centrada neuroanatómicamente en el centro del cerebro (paleocortex). Las actitudes, las intereses y las emociones no vitales se ubican en el estrato medio, o endotímico. Por ejemplo, el sexo es un instinto vital y el amor, un "sentimiento endotímico". Ambos confluyen y se dirigen hacia la misma pareja durante la adolescencia. El autocontrol y las funciones cognitivas son propias de la tercera capa, neocortical, que es denominada estrato personal o superior. El control volicional sobre las capas anteriores se logra sólo parcialmente al fin de la adolescencia y en algunos sujetos no se alcanza ni siquiera durante la vida adulta.

Los puntos de vista anteriores tienen un elemento constitucional importante. Por ejemplo, la prepubertad es caracterizada por la introversión, pero en la adolescencia propiamente tal hay una nueva emergencia de conductas agresivas y grupales, lo que hace esta etapa particularmente difícil para individuos con características esquizoides, que de por sí tienden a aislarse. Por lo mismo, es mucho menos problemática para los cicloides, que tienen menos dificultad en adaptarse a situaciones gregarias.

8. Las influencias de la antropología cultural y de la sociología. En la medida que diversos antropólogos estudiaron la validez de las teorías europeas y americanas anteriores en otros lugares, se dieron cuenta de que su aplicación era limitada. Se encontraron ceremonias de iniciación de gran variabilidad, actitudes variables de los adultos hacia los adolescentes, pudiendo sólo clasificar Benedict(59) las sociedades a lo largo de tres ejes en relación con sus actitudes hacia los adolescentes: responsabilidad vs. irresponsabilidad del joven, dominancia vs. sumisión, y contraste de los papeles sexuales. Esta variabilidad los ha llevado a adoptar en forma frecuente posiciones de relativismo cultural El papel de los factores socioculturales ha adquirido especial importancia en los últimos treinta años, en relación con lo que Richard Jessor(60) ha denominado un cambio de zeitgeist. Este cambio ha llevado a la adopción de una inevitable perspectiva multidisciplinaria, que utiliza constructos de disciplinas tales como la antropología y la economía. O sea, se da progresivamente mayor importancia a los exosistemas y a los macrosistemas.

9. Otros desarrollos contemporáneos. Entre los cambios recientes se pueden también constatar una declinación y gradual abandono de las epistemologías positivistas: la restricción de la atención psicológica a lo observable y operativamente definible ha sido reemplazada por una apertura a reconocer la función central del lenguaje y de los significados en las acciones humanas, y una revalorización de las experiencias íntimas y las dimensiones del encuentro interpersonal. Esto hace que la relación con el adolescente sea hoy, más que antes, vista como intersubjetiva.

TAREAS DE LA ADOLESCENCIA

Los conceptos de adolescencia y juventud engloban un período transicional con importantes cambios globales (biopsicosociales) en la persona. Dichos cambios han sido esquematizados dentro del concepto de "tareas del desarrollo", que han sido definidas por Havighurst de la siguiente manera: "Surgen en cierto período de la vida del individuo cuya debida realización lo conduce a la felicidad y al éxito en las tareas posteriores, y cuyo fracaso conduce a la infelicidad del individuo, a la desaprobación de la sociedad, y a dificultades en el logro de tareas posteriores"(61)

La tarea central de la adolescencia ha sido definida por Erikson como la BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD. Ella se relaciona con el sentirse a sí mismo como estable a lo largo del tiempo, con la adopción de una identidad psicosexual definitiva, expresada a través de papeles sexuales socialmente aceptados, y con la posibilidad de una conducta sexual activa. Muy ligado a lo anterior está el sentirse preparado para la elección de pareja y su estabilización, generalmente a través del matrimonio. Dicha tarea tiene diferentes pasos de "relaciones de práctica" (pololeos), con grados progresivos de acercamiento físico, que se consolida al final del período con la capacidad de estabilizar la relación de pareja, y de casarse(62).

Una segunda tarea del desarrollo adolescente es la separación de la familia de origen para posibilitar la individualización de la persona. Esta necesidad del adolescente por definirse a sí mismo (contestando su típica pregunta de, "¿quién soy yo?") implica un grado de conflicto e, incluso, de rebeldía en la relación con los padres, a veces necesaria para lograr un nivel suficiente de autonomía personal. La independencia psicológica es un paso necesario, a veces previo, otras paralelo, al logro de la independencia social y económica. Esta separación/individuación se logra en forma importante a través del desarrollo de lazos amistosos y emocionales con adolescentes de la misma edad: el centro de gravedad emocional pasa desde la familia y los padres hacia el grupo de pares. Dicha transición es importante y especialmente frágil: numerosos problemas surgen cuando las dos generaciones en juego no permiten que se atraviese en forma fluida.

Una tercera tarea de la adolescencia es la definición de la identidad en el plano de la elección vocacional y laboral. Esta consolidación es quizá la más influenciada por el entorno sociocultural, geográfico y económico del joven. El adecuado equilibrio entre capacidades, expectativas, logros académicos y oportunidades laborales determinará, en buena parte, la calidad de vida y satisfacción personal posteriores del sujeto(63).

Erikson ha descrito cómo el desenlace de estas tareas o "crisis normativa" de la adolescencia puede ser la consolidación de la identidad, avanzando, el adolescente, entonces, a la etapa siguiente (la de adulto joven) o, bien, quedando en el así denominado "síndrome de difusión de identidad". En éste el sujeto, a lo largo de su vida adulta, vuelve una y otra vez a tratar de definir sus áreas de interés o elecciones vocacionales o de pareja. Un seguidor de Erikson, Marcia, ha descrito cuatro diferentes etapas de la identidad adolescente: identidad lograda, cuando se ha vivido un período de toma de decisiones y se están persiguiendo las propias elecciones y metas; identidad hipotecada, en que el compromiso con la ocupación y posición existen, pero no se ha logrado personalmente, sino por el influjo de otros; identidad difusa, en la que no se han definido diversas opciones, independientemente de haber atravesado por un período de toma de decisiones personales y, finalmente, la así denominada por el mismo Erikson moratoria de identidad, en la cual se posterga y prolonga el período de definiciones hacia la etapa adulta de la vida(64).

EL SÍNDROME DE LA ADOLESCENCIA NORMAL

¿De qué modo el adolescente reacciona frente a todos los cambios físicos recién descritos? Dos autores argentinos, Aberastury y Knobel(65), han estudiado el tema y han descrito una serie de síntomas y características que se presentan sistemáticamente a lo largo de esta etapa. Las diez características que conforman el denominado por ellos síndrome de la Adolescencia Normal, son las siguientes:

1. Búsqueda del sí mismo y de la propia identidad; aquí, el adolescente recurre a la búsqueda de soluciones como la uniformidad, que brinda seguridad y estima personal. Ocurre, también, un mecanismo que estos autores llaman de doble identificación masiva, en donde todos se identifican con cada uno, y que explicaría en parte el proceso grupal del que participa el adolescente. En otras ocasiones, la solución puede ser la de buscar lo que Erikson ha llamado identidad negativa, basada en identificaciones con figuras negativas, pero reales. Esto constituye una de las bases de las pandillas de delincuentes, los grupos de homosexuales, los adictos a las drogas, etc. Se pueden presentar también identidades transitorias, ocasionales o circunstanciales, adoptadas sucesiva o simultáneamente por el adolescente;

2. Tendencia grupal; se transfiere al grupo parte de la dependencia que antes se mantenía con la familia, y el grupo pasa a ser el continente de las ansiedades de sus integrantes;

3. Necesidad de intelectualizar y de fantasear; estas defensas aumentan frente a la imposición de la realidad del crecimiento y desarrollo físicos, y a la necesidad de renunciar a los aspectos infantiles, desarrollándose lo que Aberastury denomina atitismo positivo, que lleva a la preocupación por aspectos éticos, filosóficos y sociales;

4. Crisis religiosas que pueden ir desde el ateísmo más intransigente hasta el misticismo más fervoroso; puede presentarse, así, el adolescente como un ateo exacerbado o como un místico apasionado. Esta tendencia a irse a posiciones extremas va disminuyendo en la medida que se estabiliza el proceso de desarrollo;

5. Desubicación temporal: el pensamiento adquiere las características del proceso primario; las urgencias son enormes y las postergaciones son aparentemente irracionales. Dos ejemplos que da Knobel son el de la muchacha que necesita inmediatamente un vestido para una fiesta que tendrá tres meses después y el del muchacho que descansa plácidamente, porque tiene un examen recién al día siguiente;

6. Evolución sexual manifiesta que va desde el autoerotismo hasta la heterose-xualidad; se da una transición que va desde conductas masturbatorias esporádicas hacia la búsqueda inicial de pareja, con caricias cada vez más cercanas. Los enamoramientos iniciales son apasionados, pero dirigidos hacia figuras idealizadas: ídolos musicales o deportivos, poco alcanzables para el adolescente. El acercamiento inicial al otro sexo es primero lúdico, a través de bailes, juegos y conversaciones de pasillo. Aumenta la curiosidad sexual, que se expresa en el interés por revistas o videos explícitos o pornográficos. Para estos autores, como para Hall, hay en la preadolescencia una etapa normal de bisexualidad, que no significa necesariamente homosexualidad. Dice al respecto Françoise Dolto(66): "Se dice que hay cada vez más homosexuales, pero eso no es cierto. Se creen homosexuales después de haberse escaldado con un primer amor. Es una conducta de búsqueda de lo fácil, una liberación del compromiso. Se han quedado en ese terreno puesto que nadie les alentó a correr de nuevo un riesgo valorizante. Han perdido su creatividad después de malograr un primer amor, y nadie les dice ‘No te desalientes después de esta experiencia. Te preparas para otro encuentro más duradero, con un ser que tendrá fe en ti'. Entonces se vuelven hacia otro semejante que les devuelve el espejo del narcisismo así como el sentimiento de su valor respecto de gentes que desprecian al otro sexo"

7. Actitud social reivindicatoria; esta rebeldía se liga a la percepción de las contradicciones y falta de equidad del mundo adulto, y sirve, también, a la función de separarse de los padres, vistos como representantes de una estructura social injusta;

8. Contradicciones sucesivas en todas las manifestaciones de la conducta; no se mantiene una línea de conducta rígida, permanente y absoluta, aunque se la busca. Desde el punto de vista de los adultos, aparece como muy variable y poco predecible;

9. Separación progresiva de los padres; esta tarea sería la básica de esta etapa, ligada por estos autores psicoanalíticos a una segunda elaboración del conflicto edípico. Al ser claro que debe buscar su pareja fuera de la familia, comienza un proceso activo de alejamiento y de búsqueda de un objeto amoroso propio;

10. Constantes fluctuaciones del humor y del estado de ánimo. Estos cambios se relacionan con un sentimiento básico de ansiedad y depresión ligado a los duelos y separaciones que caracterizan a este período. Aparecen sentimientos de soledad, de frustración, de desaliento y de aburrimiento frecuentes. El adolescente pasa de la desesperanza más profunda a entusiasmos rápidos y poco duraderos.

LOS HOMÓCLITOS

Una de las polémicas más permanentes en la literatura es cuan generalizables son descripciones como la anterior y de otras realizadas por psicoanalistas como Anna Freud o Peter Blos, cuya experiencia es fundamentalmente clínica, al estudiar adolescentes consultantes. La alternativa ha sido el estudio de adolescentes normales realizada, primero, en los Estados Unidos y, luego, en forma transcultural por Offer y su grupo. Estos autores han acuñado el término homóclitos, para referirse al desarrollo habitual de los adolescentes que, de acuerdo a sus hallazgos, no es tan tumultuoso ni emocional como las descripciones hacen pensar. A través de una serie de encuestas realizadas con adolescentes estadounidenses de enseñanza media, utilizando un cuestionario estandarizado, han llegado a la visión de que la mayoría de los adolescentes son capaces de integrar sus nuevas experiencias afectivas, cognitivas, biológicas y sociales con poca disrupción(67). Los resultados de esta aproximación empírica muestran que los adolescentes, de acuerdo con las características de su desarrollo, pueden ser agrupados en tres grupos:

1. Desarrollo continuo. Este grupo, que correspondió al 21% del grupo total, progresaron a través de la adolescencia con un desarrollo imperturbado, con mucha seguridad de que llegarían a tener una vida adulta satisfactoria. En general, provenían de familias que no habían tenido experiencias particularmente negativas, y de unidades nucleares estables. Eran capaces de enfrentar las situaciones estresantes combinando la razón y la emocionalidad en forma tranquila, aceptaban las normas culturales y se podían insertar en su contexto sin mayor rechazo ni rebeldía. Sus padres habían podido apoyar la independencia de sus hijos, y aceptar un equilibrio diferente en la medida que éstos maduraban. Se había desarrollado un grado importante de confianza y respeto mutuos, con ligazones afectuosas evidentes entre padres e hijos. Este proceso era facilitado por el hecho de que en general los hijos no habían cambiado radicalmente de rumbo en comparación a los estilos de vida parentales, y sus sistemas de valores se relacionaban claramente con los de éstos, sin ser necesariamente idénticos. Estos adolescentes también exhibían la capacidad de relaciones interpersonales poco conflictivas, con amigos cercanos y con relaciones cada vez más cercanas con el sexo opuesto. Sus sistemas de valores no les creaban dificultades especiales, y tenían una vida de imaginación y fantasía relativamente activa, siendo capaces de llevar sus ideales y sueños a la realidad a través de la acción.

2. El grupo de desarrollo surgente, como lo denominó Offer y su grupo, correspondió al 35% de los adolescentes estudiados y se caracterizó por desarrollarse a través de "saltos" y mayor discontinuidad que el anterior. Tenían que concentrar más energía en enfrentar las tareas del desarrollo, y oscilaban entre una adaptación adecuada y períodos de detención y, a veces, retroceso. Tendían a mostrar más emociones de tipo enojo y frustración, y sus relaciones con la familia eran menos positivas. En general, podían enfrentar el estrés adecuadamente, pero con niveles de ansiedad, a veces, significativos. Tenían menos confianza en ellos mismos, con una autoestima más oscilante; en general, desarrollaron relaciones interpersonales tan cercanas como el grupo previo, pero demostraron mayores diferencias de opiniones y valores con sus padres. Los temas de disciplina, rendimiento acádémico o creencias religiosas los colocaron, en oportunidades, a distancia de sus progenitores. En general, definieron adecuadamente sus expectativas de largo plazo, pero les costó más trabajar hacia esas metas, pasando por etapas de desinterés o falta de entusiasmo por sus estudios. En cuanto a su acercamiento al sexo opuesto, mostraron más dificultad, tendiendo, a veces, a postergar su acercamiento a éste, con excepción de un pequeño subgrupo que mostró conducta sexual muy temprana. En general, sin embargo, el ajuste final de estos sujetos era tan adecuado como el del grupo anterior al final de la adolescencia.

3. Grupo de desarrollo tumultuoso. Este grupo es el más cercano al habitualmente descrito en la literatura psiquiátrica y psicoanalítica, y corresponde al 15% a 20% de los adolescentes estudiados. La turbulencia interna de estos jóvenes no sólo se expresa en una mayor emocionalidad y en síntomas ansiosos y depresivos, sino en conductas alteradas que les pueden crear problemas en la casa o en la escuela. Tienen muchas mayores dudas acerca de sí mismos, conflictos, a veces, significativos con sus padres y rendimientos académicos inconsistentes y en algunas oportunidades francamente deficitarios. Su background familiar es menos estable que en los otros grupos, encontrándose familias con conflicto conyugal abierto, historia de enfermedad mental: en general, un contexto familiar o social menos favorable. En nuestra nomenclatura, corresponde a sujetos con mayor riesgo que los anteriores.

Un 20% adicional en el estudio de Offer correspondió a sujetos no clasificables en ninguno de los tres grupos anteriores. En resumen, este autor plantea que alrededor del 80% de su muestra corresponde a homóclitos, y un 20% a adolescentes que calzan con la forma clásica de sturm und drang.

SUBETAPAS DE LA ADOLESCENCIA

Los diferentes componentes del síndrome de adolescencia normal antes descrito no se presentan de una vez, sino que en varias subetapas, que se superponen entre sí. Ellas se han clasificado en: la FASE PERIPUBERAL (o de adolescencia inicial) que va de los diez a los catorce años; la FASE POSPUBERAL (o de adolescencia propiamente tal) que va de los quince a los diecisiete años, y la FASE JUVENIL INICIAL (o de adolescencia tardía) que va de los dieciocho a los veinte años. A continuación, describiremos, en detalle, cada una de dichas etapas.

1. Adolescencia Inicial

Los cambios biológicos de la pubertad antes descritos son vividos por el niño como una irrupción de elementos nuevos, irracionales y extraños, en un mundo que hasta el momento era ordenado y previsible. En especial, la niña fluctúa en su estado emocional en relación con los cambios de sus niveles hormonales que se acentúa alrededor de las primeras menstruaciones. El cambio en su aspecto externo puede, también, preocupar sobremanera a la muchacha adolescente. Se da cuenta de que los varones la miran, de que su padre no le demuestra ya el cariño físico anterior, y experimenta sentimientos encontrados al contemplarse en el espejo. La reelaboración del conflicto edípico, en este período, ha sido descrita como de especial importancia en los estudios psicoanalíticos ya mencionados de Anna Freud y Peter Blos.

La metamorfosis anterior, en el caso del varón, se centra en el aumento de su masa muscular y, por lo tanto, de su capacidad potencial de agresión física. Aparece también la capacidad de eyacular, y con ello las poluciones nocturnas y conductas masturbatorias. El control de la tendencia a la masturbación compulsiva representa un desarrollo de la capacidad psicológica de autocontrol. Estudios chilenos muestran que las conductas masturbatorias son mucho más frecuentes en los varones que en las mujeres: Avendaño encontró que a los dieciséis años se había masturbado el 95% de los hombres y el 23% de las mujeres. Estos porcentajes ascendieron al 98 y 33%, respectivamente, a los diecinueve años(68).

Otro elemento importante, en esta etapa, es a nivel del desarrollo cognitivo. De acuerdo con las investigaciones mencionadas de Piaget y su escuela de Ginebra, se avanza desde el pensamiento lógico concreto del inicio de edad escolar al pensamiento operatorio formal(69). Dicho pensamiento se orienta hacia lo posible, y procede contrastando sistemáticamente las alternativas de solución de un problema. Esencialmente hipotético-deductivo, se libera de la realidad concreta inmediata y se adentra en el terreno de lo abstracto y de las operaciones simbólicas. El mencionado pensamiento permite la construcción de sistemas y teorías y, además, la adopción de una actitud crítica frente a la realidad, tan propia de los adolescentes. Álamos y cols.(70) encontraron, en su estudio de 143 adolescentes chilenos de nivel medio-alto, que si bien desde los catorce-quince años disminuye el pensamiento concreto y aumenta el formal, aun a los dieciséis-diecisiete había un predominio del primero sobre el segundo: el 56,7% de los jóvenes estudiados presentaron respuestas concretas y sólo el 43,3% tuvieron respuestas formales.

En el plano de las relaciones interpersonales, en esta época comienzan los primeros entusiasmos por otros, a veces del mismo y generalmente del sexo opuesto. Tales enamoramientos fugaces son de carácter narcisista, buscando o bien un reflejo del sí mismo o bien una proyección idealizada del cómo se quisiera ser. Los "ídolos juveniles", sean cantantes, figuras públicas o maestros, tienen una característica de lejanía, idealización y cualidad de "amor imposible". Representan, asimismo, una elaboración de la relación con el propio progenitor: de allí el interés frecuente de las preadolescentes en hombres mucho mayores.

La sexualidad en esta etapa es activamente sublimada, sea en proezas deportivas o en una activa vida social. Tal sublimación es reforzada positivamente por las organizaciones que se preocupan de la juventud: boy sconts o girl guides, grupos deportivos o de Iglesia, etc. En cuanto a la familia, la relación con el progenitor del mismo sexo se distancia, y comienza la reorientación desde la familia hacia los grupos de amigos. Este cambio de centro de gravedad es muchas veces mal tolerado por los progenitores, produciendo un grado de tensión en la familia que típicamente se exacerba en la etapa consecutiva.

2. Adolescencia media

El hecho central en este período es el distanciamiento afectivo de la familia y el acercamiento a los grupos de amigos. Implica una profunda reorientación en las relaciones interpersonales, que tiene consecuencias no sólo para el adolescente sino para sus padres. La familia ha sido el centro de la existencia emocional del joven por catorce o quince años. La superación del apego y el dejar de aceptar fielmente el control familiar es un paso difícil, pero necesario para conocer sin temor el mundo de los demás y para aprender a relacionarse con los pares, en especial con los del sexo opuesto. El adolescente oscila entre la rebelión y el conformismo. Para alejarse de sus padres los jóvenes se visten, hablan y opinan muy diferente a ellos, pero a la vez son muy leales a su grupo de iguales, conformándose rígidamente a las modas, expresiones y estilos de relación de éstos. Las pandillas y los grupos de amigos conforman, entonces, una subcultura cerrada que hace que los padres se sientan excluidos, sea por costumbres o por lenguaje que no entienden o aceptan. El uso excesivo de drogas u otras actividades antisociales surgen dentro de este contexto de búsqueda de actividades que diferencien al joven de las generaciones que le preceden.

Muchas veces la superación de la dependencia con respecto a la familia se hace descalificando a uno o ambos progenitores. Ello puede obedecer más a una necesidad inconsciente de aflojar lazos que a dificultades objetivas con los padres. El joven, para alcanzar más autonomía, necesita demostrarse a sí mismo que es capaz de trazar su camino por la vida y que no precisa de los juicios y directivas de sus padres. El adolescente busca activamente juicios, opiniones y valores propios, sin aceptar ya, automáticamente, los de sus padres. Los errores y contradicciones de éstos son magnificados para facilitar el proceso de desapego.

Otras veces se produce una desilusión real al descubrir o corroborar una conducta o antecedente decepcionante en la vida de uno o ambos padres. Este desplomarse de los modelos patentales puede representar una dificultad para éstos, cuya relación con los hijos se ve sometida a prueba. Deben confiar en que lo que realizaron en la niñez de sus hijos ha sido sólido, y que el adolescente ya es capaz de comportarse bien por su cuenta, y no estar permanentemente supervisado. Hemos ya comentado cómo esta dificultad aumenta cuando la crisis del adolescente coincide con la crisis de la edad madura de uno o de ambos padres.

La importancia del grupo juvenil aumenta en la medida que decrece para el joven la de sus progenitores. El grupo mencionado desarrolla, frecuentemente, posiciones antiadultas. Se forman núcleos de amigos íntimos, que se apoyan y acompañan mutuamente. Dentro de estos grupos no se aceptan normas o controles externos, y se da un espacio donde se define la legitimidad o madurez de las propias conductas. Este grupo pasa a compensar para el joven la pérdida que implica la separación de los padres, y representa, también, un lugar donde se exploran costumbres y normas sociales externas a la familia. La conducta es controlada por el grupo respecto a la homogeneidad de todos los miembros: cada uno debe actuar conforme a los patrones valorados por el grupo. El prestigio individual se basa en símbolos (ropas de marca, posesión de objetos, etc.) que son valorizados por todos.

Existe, además, una diferenciación sexual en la estructura y temática de los grupos. Algunos son predominantemente masculinos, orientados hacia la acción y otros mixtos o predominantemente femeninos, orientados hacia la socialización y relaciones de tipo sentimental o romántico. Los grupos masculinos encuentran su polo extremo en las pandillas antisociales, que roban y condonan otras conductas agresivas de sus miembros.

La homeostasis intrafamiliar implicaba la represión de la conducta sexual del muchacho. Dicha represión se supera paulatinamente en tal etapa, al desplazarse el foco afectivo y erótico fuera de la familia y hacia personas de la misma edad y del sexo opuesto. La transición hacia los primeros pololeos se da en esta etapa, en forma paulatina y tímida primero, y más agresiva y abierta, después. Las actividades de búsqueda entre ambos sexos son progresivamente más cercanas y explícitas, y van desde el enamoramiento sentimental y romántico a las primeras aproximaciones físicas. Las reuniones grupales pasan a transformarse en grupos de parejas y, luego, en parejas solas que tienden a aislarse.

Las relaciones sexuales son relativamente poco frecuentes en esta etapa, dada la prohibición cultural que pesa sobre los encuentros prematrimoniales. El doble estándar de nuestra cultura, más permisivo con respecto a hombres que a mujeres, está variando en las últimas décadas. Psicológicamente, sin embargo, es necesario que exista un lapso de tiempo entre tener la capacidad biológica de relacionarse sexualmente y el concretar esta potencialidad en la práctica.

Lentamente surge, en este período, la capacidad de enamorarse, integrando componentes espirituales, sentimentales y eróticos en una persona, no disociadas en diferentes personas, como en las etapas anteriores. El adolescente es capaz de integrar estos aspectos gracias a la capacidad de utilizar mecanismos de defensa más elaborados, tales como los de fantasía activa (ensoñación), el de sublimar impulsos prohibidos en otros socialmente aceptables, y el de intelectualizar y racionalizar cierto ascetismo. La adolescencia media constituye, entonces, una última etapa en la que pueden ensayarse conductas sin que esta práctica tenga las consecuencias determinantes y los compromisos a largo plazo propias de las etapas consecutivas.

3. Adolescencia final

En esta etapa terminal de la adolescencia se concretan los procesos recién descritos, alrededor de la consolidación de la identidad del Yo. La respuesta a la pregunta: ¿quién soy yo? es contestada ahora con innumerables variaciones. La búsqueda de vocación definitiva se hace más premiosa y urgente, muchas veces estimulada por hermanos o amigos que se casan o comienzan a trabajar. Para muchos adolescentes dicha etapa constituye un desarrollo lógico y no conflictivo de procesos previos. En otros casos, hay conflictos más abiertos que llevan, a veces, a la así llamada por Erikson MORATORIA PSICOSOCIAL.

La identidad consiste en la sensación de continuidad del sí mismo ("self) personal a lo largo del tiempo. Dicha identidad hace a la persona diferente tanto de su familia como de sus coterráneos. Ella confiere cierta previsibilidad a las conductas individuales en diferentes circunstancias, y acerca y diferencia, al mismo tiempo, al joven de su familia, grupo social, colegas profesionales y laborales, grupo etario y momento histórico. El completar la propia identidad es personal y socialmente necesario para, posteriormente, evitar fluctuaciones extremas. La elección vocacional se hace con un costo interno y externo: el cambiarse de una carrera a otra cuesta cada vez más en la medida que transcurre el tiempo. Lo mismo vale para la elección de pareja, ya que el daño emocional que conllevan las separaciones matrimoniales es progresivo, en la medida que transcurre el tiempo.

En algunos cuadros clínicos, como ciertas neurosis y patología limítrofe del carácter, se aligera este cierre y delimitación de elecciones. El patológico síndrome de difusión de identidad descrito por Erikson se advierte en sujetos que, crónicamente, van de oficio en oficio, de carrera en carrera o de pareja en pareja, ya que no han logrado una definición positiva de la propia identidad. La alienación y el fatalismo juveniles y el cierre prematuro de la identidad son otros desenlaces posibles, pero anormales de este período.

Los problemas de identidad en la mujer se centran en la opción entre el papel matrimonial y el laboral. La preparación para un título universitario pasa, en algunas adolescentes, a tener mucha más importancia que la búsqueda de una relación de pareja adecuada. El encontrar marido y el realizarse profesionalmente son percibidos como objetivos incompatibles, generándose dinámicas de competencia intelectual con los varones que se les acercan: ellas se sienten, constantemente, superiores a éstos. Dicha configuración explica por qué es más frecuente en mujeres profesionales la soltería prolongada.

La identidad yoica, en este período, pasa a fusionarse con la capacidad de intimidad: el saber que se es amada y que se ama, y el poder compartir el yo y el mundo con otra persona. Esta capacidad de intimidad sólo aparece después de tener una razonable fe en sí mismo y en la propia capacidad de funcionar en forma autónoma e independiente: antes de caminar de a dos, es necesario saber caminar solo. De otro modo, se necesita al otro no como persona sino como bastón. La identidad de la mujer pasa también a depender, en gran medida, de las características y capacidades de su pareja. Ello hace que, a veces, se orienten al matrimonio más rápida y activamente que los hombres. Esta es una etapa difícil para la mujer, pues culturalmente se espera que adopte un papel más pasivo y receptivo que el varón. En general, la capacidad para la intimidad tiene una función más central en la formación de la identidad femenina que en la masculina.

Sólo al final de la adolescencia está el joven preparado para una relación íntima estable. En los períodos previos predominan la exploración y la búsqueda, y hay una mayor presión de impulsos que buscan descarga, así como un mayor grado de egocentrismo y narcisismo. La coparticipación y el interés en la satisfacción del otro se hacen sólo gradualmente más centrales. Existen casos en los cuales el sexo se mantiene separado del amor y del cariño. Éste puede prestarse a ser juego, deporte o camino para superar las propias inseguridades, siendo usado agresivamente en la relación con el otro. Varias desviaciones del impulso sexual, como el sadomasoquismo o el exhibicionismo, son ejemplos en la práctica clínica de la afirmación anterior.

Las variaciones en la conducta sexual y de acercamiento de pareja han sido documentadas por diferentes estudios chilenos. Así, Álamos (op. cit) demostró cómo la dicotomía amor-sexo recién aludida es más acentuada en la adolescencia inicial que en la tardía. De los doce a trece años sólo el 46% de los adolescentes informa experimentar atracción física hacia la mujer que se quiere. Este porcentaje sube a un 83% en el período de dieciséis-diecisiete años. La frecuencia de relaciones heterosexuales encontrada en el estudio recién aludido de Álamos, en adolescentes de nivel medio alto, fue de un 36,4% entre los varones. En el mismo sexo, Avendaño (op. cit.) encontró un 56,7% entre adolescentes de nivel medio y medio-bajo en el sector norte de Santiago de Chile. Las mujeres del último grupo habían tenido relaciones en un 19,4%. Velasco(71) halló un aumento en la frecuencia de las relaciones sexuales entre las mujeres, desde un 6% a los quince-dieciséis años, hasta un 31% entre los diecisiete a diecinueve. Todos los estudios, por lo tanto, concuerdan en la mayor frecuencia de conducta sexual activa en el varón de estratos socioeconómicos bajos. En nuestros estudios antes mencionados, en una muestra representativa de los adolescentes escolarizados de Santiago de Chile en 1994, un 22,7% señalaba haber tenido relaciones sexuales, la mayoría de las veces en forma única u ocasional. El porcentaje de relaciones frecuentes aparecía en un quinto del total de adolescentes iniciados sexualmente. La conducta homosexual era aún más rara: un 1,6% de los varones y un 0,2% de las mujeres informaban experiencias de este tipo. Más adelante volveremos a estas cifras.

El fin de la adolescencia es, por lo tanto, un cierre de un tiempo de cambios rápidos y de exploraciones, y lleva a uno de compromiso personal y laboral: la adultez joven que, externamente, puede parecer una restricción y una pérdida de los horizontes amplios que caracterizaron al período que acabamos de revisar. Los logros típicos del final de la adolescencia que se.encuentran normativamente son entonces los siguientes:

1. Una identidad coherente, que no cambia significativamente de un lugar a otro;

2. Una capacidad de intimidad adecuada en términos de relaciones maduras, tanto sexuales como emocionales;

3. Un sentido claro de la integridad, de lo que está bien y lo que está mal, con desarrollo de sentimientos socialmente responsables;

4. Una independencia psicológica con sentido del sí mismo que permite tomar decisiones, no depender de la familia, y asumir funciones y responsabilidades propias de los adultos;

5. Una independencia física con capacidad de ganarse el propio sustento sin apoyo familiar.

CORRELATOS SOCIOCULTURALES

El concepto de adolescencia es una construcción social relativamente reciente, propia de las sociedades urbanas occidentales industriales y posmodernas. Las descripciones, clasificaciones y subetapas recién expuestas deben, por lo tanto, tomarse con bastante precaución al trabajar en niveles socioeconómicos bajos o con grupos urbano-marginales o rurales. El niño con baja escolaridad que debe empezar a trabajar en forma muy temprana para contribuir al sustento familiar, o el hijo de una madre soltera adolescente, muchas veces no atraviesa las etapas recién descritas. Es en estos jóvenes donde son más necesarios los esfuerzos de investigación tanto descriptiva como explicativa. La marginalidad y la interfase sociocultural de las poblaciones periféricas del gran Santiago, o los "pueblos jóvenes" de Lima, o las "favelas" paulistas albergan un tipo de adolescente poco estudiado en comparación al de la clase media urbana. Mucho de la violencia y delincuencia juveniles de las grandes ciudades corresponde a estos grupos de riesgo alto, de salud tanto física como psicosocial Los adolescentes campesinos constituyen otro grupo, demográficamente en disminución, pero también importante: gran parte del cambio socio tecnológico recién descrito también ha llegado al campo, e impactado no sólo las economías sino los estilos de vida agrarios. La crisis de la adolescencia será, como ya señaláramos, muy diferente en sociedades estables y tradicionales, en las cuales los jóvenes heredan las actividades, propiedades y estilos de vida de los padres, que en sociedades en flujo y cambio rápidos.

Otro fenómeno propio de nuestra época es la aparición de subculturas juveniles urbanas. Los niños de la calle de Rio o São Paulo son una versión latinoamericana de los gangs neoyorquinos y del fenómeno del mobbing nórdico o germano que aparece en el cine juvenil europeo actual. Son necesarias investigaciones que muestren las motivaciones y peculiaridades de estas subculturas juveniles. Zegers(72) ha mencionado tres dimensiones que caracterizan a los jóvenes de nivel medio, integrados a la estructura social urbana: actividad autónoma, individualismo y orientación hacia el futuro. Éstas se contraponen a algunas características de los grupos socioeconómicos bajos que la misma autora menciona: pasividad-fatalismo, colectivismo y orientación hacia el presente.

El estudio socioantropológico de las subculturas juveniles marginales de las grandes urbes es, pues, hoy día, cada vez más necesario. Un aporte interesante al respecto es el realizado por Portillo, en Uruguay, quien ha descrito el actual modelo cultural de la juventud, señalando cómo(73) en nuestras sociedades se ingresa cada vez más temprano a la adolescencia, lo que se expresa en los juegos, las costumbres o las modas. Se irradia así sobre toda la sociedad un "espíritu juvenil", que pone en entredicho y cuestiona la respetabilidad y hegemonía del mundo adulto que existió en épocas anteriores. Dice este autor: "Ubicado en el centro de la propuesta cultural de la postmodernidad, este modelo juvenil hegemónico no sólo acorta la infancia, sino que hace que adultos y hasta viejos pretendan ser jóvenes". Se trata de afrontar un futuro incierto, dadas las crisis de las ideologías y del "fin de la historia" desde la alegre irresponsabilidad juvenil. Vivir al día, sin ataduras con el pasado y en ruptura con la memoria colectiva, en un discurrir sin rumbo fijo. Todo esto se expresa con mucha fuerza en la música, en la moda y, sobre todo, en la transmutación de las prácticas deportivas. De un deporte fuertemente disciplinado y disciplinador que se desarrolló como un correlato de la industrialización al servicio de individuos físicamente aptos para la producción, se evoluciona a un deporte predominantemente individual que privilegia lo placentero sobre lo competitivo. En un debilitamiento de las prácticas deportivas, las nuevas manifestaciones deportivas enfatizan la soledad del individuo en el placer de un deslizamiento sin un rumbo fijo: es el caso del windsurf, el jogging, la bicicleta de montaña, etc. Concomitantemente, se constata cada vez más una propensión al encerrarse en uno mismo cuyas manifestaciones son el individuo aislado de su entorno escuchando el walkman o los jóvenes cautivados durante horas enteras frente a los videojuegos.

Mencionemos, finalmente, que el adolescente en situación de pobreza requiere una consideración especial. La gran mayoría de las investigaciones se han centrado en los hijos de las clases medias profesionales. En Chile, tres de cada cinco adolescentes viven en familias de bajos ingresos. Este vacío de conocimientos lo hemos enfrentado estudiando en mayor detalle a adolescentes urbano-marginales. Queda, sin embargo, mucho por hacer. En especial, el adolescente rural o de origen campesino es un subgrupo descuidado, pero de crucial importancia en el caso chileno: mucho de la migración desde el agro a la ciudad y por ende del rápido crecimiento de nuestras urbes, se hace sobre la base de jóvenes que vienen a probar fortuna a la capital o a otras grandes ciudades del país.

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