Читать книгу: «La dieta Keto»

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Este libro está dedicado a mi mejor amiga, mi esposa y el amor de mi vida, Chelsea Axe, y a mi padre Dios por haberme dado la plataforma y el privilegio de escribirlo.

Introducción

La búsqueda de un método mejor

El médico que menosprecia el conocimiento adquirido por los antiguos es un necio.

HIPÓCRATES

Debe haber un método mejor. La primera vez que pensé esto tenía trece años de edad, vivía en Troy, Ohio, y con frecuencia encontraba en el piso del baño mechones del cabello rubio rojizo de mi mamá, efecto secundario de la quimioterapia que dañaba su cuerpo para tratar las células cancerosas acumuladas en su seno y ganglios linfáticos izquierdos. Esa inquietante idea reapareció cuando mi vigorosa y atlética madre (profesora de natación y maestra de gimnasia en mi escuela) salió, aparentemente curada, de un tratamiento de cáncer, pero despojada de su chispa, energía y salud.

Debe haber un método mejor.

Aunque a esa edad yo no sabía absolutamente nada de nutrición, el mensaje de una campaña nacional se abrió camino hasta mi cerebro adolescente: los refrescos no son saludables. Así pues, decidí dejar de tomarlos. Nunca antes se me había ocurrido que la alimentación y la dieta formaran parte de un “método mejor”. Si el refresco hacía daño, ¿también podían hacerlo otros alimentos? ¿Y algunos más harían bien?

En la década siguiente, mi madre lidió con una amplia variedad de problemas de salud que la hacían sentirse enferma y cansada todo el tiempo: depresión, hipotiroidismo, estreñimiento, síndrome de fatiga crónica. Todo esto en una mujer que antes de su tratamiento podía desempeñar con facilidad un empleo de tiempo completo, cuidar a su familia y salir a correr después, o ir a una sesión de ejercicio, y sentirse aún con energía. Mientras yo veía que su salud se deterioraba, una idea empezó a cobrar forma en mí y siguió creciendo al paso de los años: sería médico. Aprendería por qué mi madre debía sacrificar su salud para tratar su enfermedad. E intentaría encontrar un método mejor.

Cuando tenía ya más de veinte años, ese sueño comenzó a hacerse realidad. Asistía a una escuela quiropráctica en Florida, donde aprendí los fundamentos de la nutrición. Me especializaba también en medicina funcional, y aprendía acerca de remedios antiguos. La sabiduría de la medicina tradicional china y la medicina ayurvédica tenía sentido para mí. Estas milenarias prácticas trabajaban con el cuerpo, no contra él. En lugar de examinar una enfermedad por separado, esos tratamientos tomaban en consideración a la persona íntegra y atacaban la causa de fondo de su dolencia. Veían el bosque y los árboles, así que restauraban la salud al mismo tiempo que erradicaban un padecimiento. Y usaban la alimentación como medicina para reforzar el cuerpo y crear condiciones óptimas para sanar.

La nutrición era la pieza clave del rompecabezas de “un método mejor” que poco a poco se armaba en mi mente. Mientras leía todo lo que podía sobre alimentación y curación, tropecé con la dieta cetogénica o Keto. Las investigaciones al respecto me impresionaron. Ésta es una dieta que transforma el modo en que el cuerpo utiliza los macronutrientes, ya que provoca que la principal fuente de combustible sean las grasas, no los carbohidratos. Ningún otro procedimiento, salvo el ayuno, puede conseguir esto. En consecuencia, esta dieta puede ser un método revolucionario para quienes durante años se han esforzado en bajar de peso sin lograrlo, porque convierte literalmente al cuerpo humano en una máquina quemadora de grasas. Al mismo tiempo, las implicaciones generales de salud son profundas. La dieta cetogénica puede reducir la inflamación, equilibrar hormonas vitales como la insulina y promover la salud de tu cerebro. Durante mis investigaciones descubrí que esta dieta ya se había usado durante décadas para tratar la epilepsia y la diabetes, y que también se exploraba ya para otras enfermedades, como el cáncer.

En esta atmósfera de investigación y descubrimiento, mi madre me llamó un día, llorando. “El oncólogo acaba de decirme que tengo un tumor en los pulmones”, me informó con voz trémula, y me quise morir. No, pensé, otra vez no. Mi madre era mi inspiración y ya había sufrido demasiado. Le dije que la quería mucho y que pronto estaría con ella. Al día siguiente abordé un avión rumbo a Ohio.

En su casa me explicó que los médicos le habían recomendado cirugía y radiación. Yo le dije que creía que había un método mejor, el cual fortalecería los innatos mecanismos curativos de su cuerpo, apuntalaría su salud y le ofrecería un procedimiento sano, sostenible y científicamente sólido para alcanzar bienestar de por vida.

Intensifiqué entonces mis investigaciones. Dediqué cientos de horas a leer sobre cáncer, nutrición, hierbas medicinales y antioxidantes y me comuniqué con algunos de los mejores practicantes de la medicina integral en el mundo entero, para pedirles consejo sobre cambios en la nutrición y el estilo de vida que afianzaran la inmunidad y la curación. Con base en todo lo que aprendí, modifiqué por entero la dieta de mi madre.

Vacié su alacena de alimentos procesados y llené su refrigerador de verduras, hierbas, proteínas sanas, grasas saludables y caldo de huesos. Le enseñé a hacer deliciosos jugos de verduras con apio, espinacas, cilantro, jengibre, limón y betabel. Le compré aceites de salmón silvestre y de hígado de bacalao, con un alto contenido de ácidos grasos omega-3, que reducen la inflamación. Ella empezó a comer varios hongos, como el shitake, el cordyceps y el reishi, conocidos como los hongos de la inmortalidad en la medicina tradicional china . Usaba hierbas como el cardo mariano, con comprobados efectos de desintoxicación del cuerpo, y la cúrcuma, potente antiinflamatorio capaz de revertir varias enfermedades, entre ellas el cáncer. Eliminé casi por completo de su dieta los carbohidratos procesados y el azúcar adicionada.

Mi madre hizo también otros cambios saludables. Empezó a recibir masaje linfático y atención quiropráctica; a orar y hacer afirmaciones positivas de salud, y a usar esencias como el incienso, que alivia el estrés y la ansiedad, refuerza la inmunidad y contiene propiedades contra los tumores. Aunque se le había diagnosticado cáncer, no parecía enferma. Semanas después ya se sentía mejor que en los últimos años, su depresión desapareció y bajó 10 kilos.

Cuatro meses más tarde, cuando fue a ver a su médico para que le hiciera una tomografía, él no podía creer lo que veía. El tumor de mi madre se había contraído a la mitad de su tamaño original, sin quimioterapia ni radiación. Nueve meses después de su diagnóstico, ella estaba casi en completa remisión. Y ahora, trece años más tarde, está libre de cáncer. Practica esquí acuático, participa en carreras de 5 kilómetros y les sigue el paso a sus nietos. Dice que hoy en día, a sus más de sesenta años de edad, se siente mejor que cuando tenía treinta.

Con esto no sugiero que las personas con un diagnóstico de cáncer deban ignorar las recomendaciones de su médico. Las decisiones vitales deben tomarse con la ayuda de profesionales de confianza y basarse en las características particulares de cada caso. Pero reforzar con nutrición las defensas del cuerpo tiene sentido sea cual sea el reto de salud que tú enfrentes. La dieta que ayudó a mi madre a vencer el cáncer fue una versión modificada del protocolo cetogénico que describiré en este libro. Para mí, esa experiencia fue crucial. Tenía por fin todas las pruebas que necesitaba. Había descubierto un método mejor.

NUTRICIÓN ANCESTRAL EN UN MUNDO MODERNO

Mi dieta cetogénica no es una moda engañosa, ni su único propósito es ayudarte a adelgazar. Es un procedimiento científico para reducir la inflamación, corregir los desequilibrios hormonales, emprender en firme tu pérdida de peso y transformar tu salud para que tengas la mejor oportunidad de un futuro sin enfermedades. No implica hambre, privación, ni conteo de calorías. Es un método rico en grasas, moderado en proteínas y muy bajo en carbohidratos, una combinación singular que logra algo que ninguna otra dieta puede hacer: cambiar fundamentalmente la forma en que tu cuerpo quema calorías. Al desplazar de los carbohidratos a las grasas la fuente de energía que tu cerebro y músculos utilizan, obliga a tu cuerpo a deshacerse de esa obstinada llanta de refacción que se ha estacionado en tu vientre, esa grasa frustrante desde el punto de vista estético que es en gran medida responsable de los problemas de salud que acompañan al sobrepeso. En consecuencia, mi dieta cetogénica es la única que puede servirte cuando todas las demás han fallado.

Aunque tiene raíces científicas, este método se basa en la manera en que los seres humanos nos hemos alimentado desde el amanecer de los tiempos. Nuestros antepasados no tenían acceso a anaqueles repletos de cereales, papas fritas y macarrones con queso, como tampoco a alimentos disponibles las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Su sustento provenía de la naturaleza —de las plantas, hierbas, moras y nueces orgánicas y una extensa variedad de carnes a su alrededor—, así que la disponibilidad de ese sustento dependía de los caprichos naturales y nuestros ancestros experimentaban ciclos de abundancia y hambruna. La alternancia de periodos buenos con gran cantidad de comida y de fases difíciles en las que ésta escaseaba tenía una ventaja: durante las hambrunas intermitentes, el organismo entraba en cetosis, estado promotor de la salud en el que el cuerpo quema grasas, no carbohidratos, para abastecerse de combustible.

Puedes entrar en cetosis con el ayuno o con la dieta cetogénica. Ésta se descubrió en la década de 1920. Médicos que trabajaban en la Universidad Johns Hopkins y la Clínica Mayo trataban a pacientes con problemas dispares: trastornos de ataques incurables y diabetes. Sabían que el ayuno aliviaba los síntomas, pero que éstos regresaban una vez que los pacientes volvían a comer. Así, los investigadores de cada una de esas instituciones comenzaron a manipular por separado la dieta de sus pacientes, para tratar de repetir el estado producido por el ayuno. Cuando redujeron los carbohidratos casi a cero, sus pacientes entraron en cetosis. Los ataques desaparecieron y el azúcar en la sangre se normalizó. Había nacido la dieta cetogénica.

Mi programa cetogénico se basa en la muy sólida ciencia detrás de ese importante descubrimiento. Su combinación de macronutrientes da origen a la misma condición metabólica saludable del ayuno. Así, al tiempo que consumes alimentos que te nutren y satisfacen, cosechas los beneficios de salud de la abstinencia: quemas grasas para tener combustible, normalizas los niveles de tus hormonas, reduces drásticamente la inflamación y le das a tu cuerpo la oportunidad de sanar.

Permíteme reiterarlo: mi dieta cetogénica no supone privación, y mucho menos hambre. Gira en torno a deliciosos platillos que eliminan grasas, reducen el antojo de azúcar y te ayudan a sentirte mentalmente despierto, vigoroso y saciado. Como la del ayuno, la intención no es que ésta sea una práctica prolongada. Pero en nuestros días, en los que desde el estrés hasta las toxinas del entorno pueden echar a perder tu sistema, mi dieta cetogénica es una manera científicamente comprobada de reactivar tu cuerpo mediante el reajuste y estabilización de sus funciones bioquímicas básicas. Más todavía: hay un medio para beneficiarse de la cetosis a largo plazo, conocido como ciclo cetogénico, que explicaré en detalle en las páginas siguientes.

UNA GRAN (Y GORDA) VERDAD

Sin duda ya sabes que Estados Unidos es la nación industrializada con más personas con sobrepeso en el mundo. A nadie le gusta padecer sobrepeso, y quienes lo sufren han probado ya una dieta tras otra para ponerlo bajo control. A pesar de esos sinceros intentos, hoy los estadunidenses pesan más que nunca. En 1960, 31% de los adultos en Estados Unidos registraban sobrepeso, y 13% obesidad. Hoy en día, nada menos que 70% de ellos registran sobrepeso, y más de un tercio pertenecen a la categoría de la obesidad, con muy altos riesgos de salud.

Subir medio kilo o un kilo entero al año se ha vuelto la norma, un efecto secundario aceptado y esperado del envejecimiento. Sin embargo, subir de peso por motivo de la edad no es inevitable, sino una señal de desequilibrio en tu estilo de vida externo (exceso al comer y muy poca actividad física) y tu entorno físico interno, específicamente el hormonal. Esos kilos de más que demasiadas personas dan por descontados son muy peligrosos, porque te exponen a graves problemas de salud que limitan la posibilidad de que te sientas bien y funciones mejor, desde alta presión arterial, enfermedades del corazón y diabetes hasta apnea del sueño, artritis y complicaciones hormonales como el síndrome de ovarios poliquísticos, que puede dificultar el embarazo. El exceso de peso te expone también a desarrollar ciertos tipos de cáncer, como los de mama, colon y vesícula.

Hay varias causas de la epidemia de obesidad, pero los carbohidratos procesados que constituyen la dieta básica de la mayoría de los estadunidenses son la principal de ellas. Los alimentos muy procesados contienen “obesógenos” —sustancias tóxicas que nos engordan— y azúcares ocultos que enganchan al cerebro, interfieren en el azúcar en la sangre, energía y estado de ánimo y nos hacen desear más de lo mismo. Después de observar a miles de pacientes —incluida mi esposa, Chelsea, quien perdió esos obstinados 5 últimos kilos, balanceó sus hormonas y recuperó su esbeltez gracias a la dieta cetogénica— y luego de experimentar yo mismo el programa (que me hizo adelgazar más que nunca), puedo afirmar con certeza que el modo más rápido de bajar de peso y no volver a subir nunca es reducir radicalmente los carbohidratos, al menos por un tiempo, para que incineres las profundas e inalcanzables reservas de grasa de tu cuerpo. La dieta cetogénica es el único método específicamente diseñado para cumplir esa meta.

El secreto de la efectividad de mi dieta cetogénica es una combinación óptima de macronutrientes: altas cantidades de grasas sanas, proteínas moderadas y muy pocos carbohidratos. La idea de comer grasas para bajar de peso podría parecer contraintuitiva, pero los estudios demuestran que los tipos de grasas correctos te ayudan a perder hasta la grasa más renuente. Mi dieta cetogénica se basa en grasas sanas, como las del aguacate, el aceite de coco, el aceite de oliva y el salmón. Estas grasas son buenas para el corazón y el cerebro, y muy sabrosas además.

Mi dieta cetogénica es más baja en carbohidratos que la mayoría de los planes alimentarios bajos en ese factor. Es superbaja en carbohidratos, de los que se consumen 30 gramos al día. Sin los cereales ni las frutas y verduras con almidones de los que el organismo suele depender para disponer de combustible, tu cuerpo empieza a utilizar grasas en tres o cuatro días. Entras en cetosis y quemas lo que has acumulado en tu vientre, muslos o espalda.

Este estado metabólico es altamente restaurador y desencadena una cascada de cambios saludables:

■Tu cuerpo libera menos insulina, lo que hace que ocurran dos cosas: que almacenes menos grasa y que tu nivel de azúcar en la sangre se normalice, lo cual disminuye el riesgo de diabetes.

■El nivel de triglicéridos y colesterol malo (LDL) baja, mientras que el de colesterol bueno (HDL) sube, factores que protegen la salud de tu corazón.

■Tu capacidad natural para combatir el cáncer mejora, porque el azúcar es el combustible que las células cancerosas necesitan para sobrevivir. Los estudios indican que la dieta cetogénica muy baja en carbohidratos puede reducir tumores y matarlos de hambre.

■El funcionamiento de tu cerebro se optimiza, ya que las mitocondrias —minúsculos órganos en las células que transforman el combustible en energía— desempeñan mejor su trabajo. De hecho, nuevas y prometedoras investigaciones señalan que, en vista de que la cetosis mantiene en funcionamiento los centros de energía del cerebro, es probable que proteja de devastadores trastornos neurológicos como el mal de Alzheimer y de Parkinson y la epilepsia, e incluso de dolores de cabeza, traumatismos cerebrales y desórdenes del sueño.

¡EN SUS MARCAS, LISTOS, KETO!

Existen varios enfoques de la dieta cetogénica, pero el mío es único. Está diseñado no sólo para poner tu cuerpo en estado de cetosis y quema de grasas, sino también para crear un entorno óptimo para sanar. Por tanto, mi dieta cetogénica no se reduce a tocino y mantequilla; consiste en darle a tu cuerpo las verduras, hierbas, vitaminas y minerales que representan los componentes básicos de la salud.

Los capítulos siguientes contienen toda la información que necesitas para conocer por entero mi dieta cetogénica y sacar el máximo provecho de los próximos treinta días y el resto de tu vida. La Parte I sienta las bases. En ella explicaré, en una forma fácil de digerir, cómo funciona esta dieta y por qué es tan efectiva. Cubriré los principales errores que he visto cometer a otras personas, para que tú evites los escollos más comunes que pueden socavar la efectividad de este régimen. Compartiré impactantes casos de personas, como mi esposa y mis pacientes, que han seguido mi programa Keto36o, el cual consta de la dieta incluida en este libro y de apoyo adicional en línea. (Para más información sobre mi programa Keto36o, visita www.keto360.draxe.com.) Asimismo, te pondré al tanto de los principales alimentos, suplementos, ejercicios y aceites esenciales de mi programa cetogénico, e incluiré una detallada lista de compras e instrucciones para comer fuera de casa y salir de viaje sin que afectes tu dieta.

En la Parte II cavaremos más hondo. Ahí explicaré la manera en que la dieta cetogénica transforma la salud de todo tu cuerpo, hasta llegar a tus células y mitocondrias, mediante el hecho de reducir la inflamación, producir cetonas y equilibrar la insulina. Cubriré cómo puedes favorecer la salud de tu cerebro, hormonas y metabolismo y cómo combatir el cáncer con esta dieta.

La Parte III te dará a escoger entre cinco planes cetogénicos de corto plazo, con base en tus metas de salud y lo lejos que quieras llegar con este régimen: un plan para principiantes, uno avanzado que incluye el ayuno intermitente, otro para veganos, uno más para quienes deseen estimular su colágeno y combatir el envejecimiento y uno último contra el cáncer. Volveré superfáciles todos estos planes dándote acceso a más de ochenta recetas cetogénicas deliciosas.

Sea cual sea el plan que elijas, necesitarás una forma de incorporar a largo plazo en tu vida la dieta cetogénica. Es ahí donde entra en juego el último programa de la Parte III. El plan para un ciclo cetogénico permanente es un método sostenible que te permitirá entrar y salir de la cetosis una y otra vez a fin de que mantengas en el porvenir un cuerpo esbelto, joven y sano.

Me da un gusto enorme que emprendas la lectura de este libro, y te agradezco que hayas decidido sumarte a mi misión de procurar un mundo más fuerte y saludable. Si deseas afianzar tu salud cerebral y neurológica, equilibrar tus hormonas, mejorar tu salud digestiva, perder peso, quemar grasas, aumentar tu energía y sentirte mejor que nunca, mi dieta cetogénica es para ti. Ya es hora de que dejemos atrás la frustración y desaliento de dietas fallidas y una salud en deterioro. Bienvenido a un método mejor.

PARTE I

Conoce la dieta cetogénica


Capítulo 1

La dieta que da resultado cuando no funciona nada más

Necesidad de la nutrición ancestral en el mundo tóxico de hoy

En los veinte años que he dedicado a ayudar a pacientes, amigos y familiares a mejorar su salud, una de las realidades de la dieta que más les sorprenden es que las grasas son cruciales para el cuerpo humano y que los carbohidratos desempeñan un papel menor. Se nos ha hecho creer que los carbohidratos son buenos y las grasas malas. Falso. De los tres macronutrientes contenidos en los alimentos —grasas, proteínas y carbohidratos—, médicos y científicos saben ahora que los únicos no esenciales son los carbohidratos.

Para comprobarlo, basta con que consideres tu cuerpo. Si dejamos fuera el agua, el cuerpo humano promedio se compone de 73% de grasas, 25% de proteínas y 2% de carbohidratos. ¿Te das cuenta de la proporción? Principalmente grasas y casi nada de carbohidratos. Las grasas son decisivas para el óptimo funcionamiento de los 37 billones de células de tu cuerpo. Protegen tus órganos, brindan energía a tu cuerpo y cerebro y desempeñan un papel vital en las señales emitidas por hormonas como la insulina, el estrógeno y la testosterona. No sólo eso; alrededor de 60% de tu cerebro y sistema nervioso se componen de grasas,1 25% de las cuales son colesterol. Y aunque pesa apenas 1.360 kilogramos, una fracción muy reducida de tu peso total, tu cerebro utiliza 20% de la energía metabólica y el oxígeno de todo tu organismo.

En este libro te demostraré que consumir más grasas y menos carbohidratos —lo contrario de lo que te han dicho siempre— es la estrategia dietética que puede transformar tu salud. En mi clínica de salud funcional he visto pruebas de que el singular método alto en grasas y muy bajo en carbohidratos que yo describo en La dieta keto puede cambiar la vida de la gente.

A cierto paciente se le prescribió una dieta sin grasas para tratar su enfermedad del corazón. Cuando llegó a verme, se estaba quedando calvo, sus músculos se habían desgastado y le fallaba el hígado. Yo lo sometí a una dieta cetogénica alta en grasas que hizo que recuperara su cabello, recobrara su masa muscular y viera sanar a tal punto su sistema cardiovascular que pudo dejar de tomar todos sus medicamentos para el corazón.

Otra paciente llevaba varios años combatiendo la esterilidad, como resultado de su grave desorden hormonal. Padecía hipotiroidismo y síndrome de ovarios poliquísticos. Yo le prescribí una estricta dieta cetogénica de 30 días, seguida por un plan menos riguroso del ciclo cetogénico. Dos meses después, sus hormonas habían sanado y ella se embarazó.

Traté a un amigo médico al que se le diagnosticó cáncer en la espina dorsal. Sus doctores le dijeron que su única esperanza era la quimioterapia, y que aun así su pronóstico era desconsolador. Yo le sugerí que probara una dieta cetogénica estricta. Esto sucedió hace ocho años; desde entonces ha estado libre de cáncer.

Mi dieta cetogénica ha dado resultado a cientos de pacientes y puede funcionarte a ti. Antes, sin embargo, debes olvidar casi todas las reglas convencionales que te han enseñado acerca de lo que debes comer, porque la mayoría de esas reglas están totalmente equivocadas.

Te dijeron que la clave para bajar de peso es comer menos y hacer más ejercicio.

No es cierto.

Te dijeron que comer grasas te haría engordar y contribuiría a enfermedades del corazón.

No es cierto.

Te dijeron que tu falta de resultados se debe a que no tienes fuerza de voluntad.

No es cierto.

Te dijeron que tu desequilibrio hormonal, problemas digestivos, dolores y otras afecciones son incurables y que ninguna dieta puede remediarlos.

No es cierto.

Ahora sabemos que la composición de tu dieta —la combinación de grasas, proteínas y carbohidratos de alta calidad—, más que el minucioso conteo de calorías o la quema de muchas de ellas mediante el ejercicio, es la clave para bajar de peso y mejorar tu salud. Un paquete de galletas de 100 calorías tiene un efecto en tu cuerpo muy distinto al de medio aguacate o un puñado de almendras con el mismo número de calorías. La dieta keto se basa en ese cambio radical en nuestra comprensión de lo que hace que una dieta surta efecto o no, así como en mi larga experiencia como experto en medicina funcional y nutriólogo clínico, durante la cual he tratado a cientos de pacientes que intentaron seguir las reglas convencionales y terminaron más obesos, enfermos y cansados que antes.

No todas las dietas cetogénicas son iguales. Para obtener el máximo provecho de este nuevo enfoque para verte y sentirte mejor, los alimentos específicos que ingieres son muy importantes. La dieta keto explica mi especial versión, megasaludable y superlimpia, de ese concepto, la cual te ayudará a evitar los escollos comunes de otras dietas de este tipo, extraer el mayor contenido nutritivo de cada bocado y optimizar los beneficios de este plan transformador. Al paso de los años he descubierto la combinación ideal de los nutrientes clave, junto con sus mejores y más saludables fuentes. Mis pacientes que siguen este método reducen la inflamación, equilibran sus hormonas y pierden esa grasa obstinada que los vuelve infelices y poco sanos. Después de varios años de intentarlo, cumplen por fin sus metas de salud y bienestar.


LA DIETA CETOGÉNICA DEL DR. AXE VS. LA ESTÁNDAR
Dieta cetogénica del Dr. Axe Dieta cetogénica estándar
Infinidad de verduras Pocas verduras
Carnes orgánicas Carnes convencionales
Alta en colágeno Sin colágeno
Alimentos con un denso contenido de nutrientes Centrada en mantequilla/ tocino
Alcalinizante Acídica
Hierbas y especias antiinflamatorias Sin hierbas/especias

Si tú eres como la mayoría de mis pacientes, puedes suponer que perderás de 7 a 8 kilos en tus 30 días con mi dieta, y que seguirás bajando de peso en adelante si te apegas al programa del ciclo cetogénico permanente, diseñado para alcanzar y mantener a largo plazo una salud y peso óptimos. Por cierto, no comerás los mismos platillos de siempre. Las sencillas recetas de crepas cetogénicas, pizza florentina cetogénica y natilla cetogénica te encantarán. ¿Alguna vez pensaste que bajarías de peso comiendo alimentos como éstos?

Lo que puedes suponer que aumentarás con mi dieta es también transformador: energía, vitalidad y claridad mental. Quienes han lidiado con afecciones como diabetes, síndrome de ovarios poliquísticos, epilepsia, esterilidad, enfermedades del corazón y de la tiroides, problemas digestivos, esclerosis múltiple, migraña y padecimientos autoinmunes verán probablemente mejoras drásticas. Y pese a que resulta controvertido afirmar que cambios en la dieta pueden producir mejoras en el mal de Alzheimer, el autismo y el cáncer, yo he visto curaciones significativas con el tipo correcto de dieta cetogénica. Aun si intentos fallidos de sanar un trastorno crónico o bajar de peso te han desanimado tanto que ya no quieres intentarlo, en estas páginas encontrarás esperanza. Esta dieta cetogénica puede dar los resultados que ninguna otra te dará.


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Возрастное ограничение:
0+
Дата выхода на Литрес:
02 марта 2026
Объем:
371 стр. 36 иллюстраций
ISBN:
9786075279770
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Правообладатель:
Bookwire
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Входит в серию "Para estar bien"
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