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¿Hemos vivido otras vidas antes de ésta? ¿Es posible que hoy, en nuestra vida presente, reaccionemos sin saberlo al influjo de antiguas emociones no resueltas?

Muchas personas que atravesaron por la experiencia de regresión, descubrieron que los síntomas y conflictos que las perturban desaparecían o se resolvían al revivir escenas de sus vidas anteriores. Por primera vez un médico argentino revela su experiencia clínica con la Terapia de Vidas Pasadas y explica, en forma clara y amena, a través de historias reales, la técnica que utiliza en su práctica privada.

Terapias de Vidas Pasadas, un libro que ya es un clásico de la psicología transpersonal.

Graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1974 el Dr. José Luis Cabouli se formó como cirujano en la Escuela Quirúrgica "Enrique y Ricardo Finochietto" del Hospital Rawson especializándose más tarde en cirugía plástica en el Hospital Ramos Mejía. En 1988 abandona el ejercicio de la cirugía para dedicarse exclusivamente al desarrollo de la Terapia de Vidas Pasadas. Desde 1992 dirige el Curso de Formación en esta técnica y ha entrenado profesionales en Argentina, España, México y Venezuela. Entre 2012 y 2016 realiza el dictado del Curso Básico de Terapia de Vidas Pasadas en la Escuela de Graduados de la Asociación Médica Argentina. En la actualidad imparte talleres y cursos de formación en Argentina y España

José Luis Cabouli

Terapia de vidas pasadas Un camino hacia la luz del alma Técnica y práctica


Índice

  Cubierta

  Contratapa

  Biografía del autor

  Portada

  Dedicatoria

  Acerca de esta edición

  Prólogo

  Capítulo 1. Voy a ir a las catacumbas

  Capítulo II. Memoria y olvido

  Capítulo III. Una terapia del alma ¿Qué es la Terapia de Vidas Pasadas?

  Capítulo IV. Cómo funciona la TVP

  Capítulo V. Un poco de historia Las experiencias del coronel Albert de Rochas El nacimiento de la terapia de vidas pasadas

  Capítulo VI. Del sueño magnético al estado expandido de conciencia ¿Qué es el sueño magnético? El estado expandido de conciencia

  Capítulo VII. El plan de trabajo Conceptos básicos ¿Cómo llevo a la persona a revivir el trauma original? Regresión propiamente dicha El momento más traumático Armonización Mandatos Víctima y victimizador o verdugo Algunas precisiones en cuanto al manejo de la regresión

  Capítulo VIII. El anciano archivero

  Capítulo IX. El karma

  Capítulo X. La técnica del Samyama El miedo de Penélope

  Capítulo XI. Otra variante técnica La fobia de Aída

  Capítulo XII. El espacio entre vidas La psoriasis de Roberto

  Capítulo XIII. El propósito de vida La experiencia de Nadia

  Capítulo XIV. La vida fetal Una madre dormida y un oído que no funciona La rebeldía de Rosaura

  Capítulo XV. Cómo trabajar situaciones difíciles Una vida de tortura

  Capítulo XVI. Reminiscencias del pasado La experiencia de Lamartine Las ruinas de San Ignacio

  Capítulo XVII. Cómo trabajar los sueños La pesadilla de Checha

  Capítulo XVIII. Regresiones como animales Criatura acuática, tigre y pantera Los mandatos de un conejo ¿Fue o no fue un conejo?

  Capítulo XIX. El suicidio Pedro Flavia Julieta

  Capítulo XX. Cómo trabajar una depresión El miedo de Mario

  Capítulo XXI. Reflexiones, indicaciones y contraindicaciones ¿Cuáles son las indicaciones de la TVP? Contraindicaciones

  Capítulo XXII. Cierre y despedida

  Quién soy

  Apéndice 1. Charla personal con Morris Netherton Algunas recomendaciones de Morris Netherton

  Apéndice II. Otras variantes para inducción El túnel detrás de los ojos La confesión al anciano archivero

  Apéndice III. Ejercicio del espacio entre vidas antes de nacer

  Bibliografía

  Créditos

  Otros títulos de esta editorial

A mis padres, a mis maestros

Acerca de esta edición

El tiempo y la experiencia permiten que podamos entender de una manera diferente lo que ya conocemos. No obstante, no es fácil revisar nuestro propio trabajo y emitir un nuevo concepto de aquéllo que hacemos todos los días. Desde mi primer encuentro con la Terapia de Vidas Pasadas, en 1986, he ido perfeccionando y simplificando la técnica procurando llegar cada vez más profundamente a mí mismo y al alma de mis semejantes. Cuando escribí la versión original de este libro mi experiencia era de un poco más de 1200 regresiones. Ahora ya son más de 3000 las regresiones individuales que llevo realizadas. Ni la TVP ni yo somos los mismos que cuando nos encontramos aquel día de 1986. La técnica básica continúa siendo la misma, pero el enfoque y la comprensión de lo que sucede durante el trabajo son diferentes. Ante la oportunidad de una nueva edición de Terapia de Vidas Pasadas, técnica y práctica, decidí introducir algunas correcciones y modificaciones menores en algunos párrafos de algunos capítulos y hacer cirugía mayor en el capítulo correspondiente al plan de trabajo. Es así que el capítulo VII fue modificado totalmente y escrito de nuevo para exponer mi concepto actual de la TVP y la forma como trabajo en este momento. He agregado además un apéndice en el que encontrarán una charla personal con el Dr. Morris Netherton, creador del término terapia de vidas pasadas, donde él relata la forma en la que se inició y cómo desarrolló la TVP. Encontrarán, también en el apéndice, algunas variantes técnicas para la inducción y un ejercicio de regresión al espacio entre vidas antes de nacer.

Hay mucho más para compartir de la experiencia con la TVP, pero eso excede el marco de este libro. Aquí estamos mostrando la técnica básica. Con ella se puede ir en forma segura y precisa hacia lo más profundo de nosotros mismos para sanar nuestra alma.

José Luis Cabouli

Prólogo

Tenía cinco años cuando dije que quería ser médico. Y no había dudas al respecto. Sabía exactamente lo que estaba diciendo.

Alrededor de los ocho, comencé a preguntarme de dónde venía. ¿Quién soy? ¿Quién fui antes de ser José Luis? En mis fantasías pensaba a lo grande. ¿Y si yo fui Cristóbal Colón o San Martín? ¿Cómo había llegado a ser José Luis? ¿Por qué no me acordaba?

Nadie supo jamás de estas inquietudes de mi infancia. En mi familia no se hablaba de estas cosas. Nunca se habló de la reencarnación. Ni siquiera sabía de la existencia de esa palabra. Y sin embargo, tenía la fuerte sensación de haber existido antes, de haber sido siempre yo. ¿De dónde venía esta sensación?

Pasaron algunos años y me olvidé de la cuestión. Hasta que alrededor de los quince, leí el libro de Milton Steinberg Como una hoja al viento. La desgarradora búsqueda del rabí Elisha ben Abuya, el hereje, reactualizó en mí la vieja pregunta. ¿De dónde venía? ¿Quién o qué era Dios? ¿Qué era la muerte? ¿Por qué ocurrían tragedias que no tenían explicación? ¿Por qué un criminal andaba suelto y moría un niño inocente?

Entonces conocí a mi amigo Nicolás Rey y de él escuché por primera vez la palabra reencarnación, y todo comenzó a encajar como en un rompecabezas. Y el primer libro que leí fue Autobiografía de un yogui, de Paramahansa Yogananda, y después siguió la lectura y el estudio apasionado de Lobsang Rampa, Blavatsky, Leadbeater, Allan Kardec y muchos más. Y me recibí de médico y casi simultáneamente comencé a asistir a una escuela espírita kardeciana, y allí encontré a mi maestra espiritual. Mejor dicho, me reencontré con mi maestra y madre espiritual.

El círculo se cerraba. Ya estaba en el camino. Allí, por espacio de veinte años, aprendí a trabajar con lo que hoy se llaman emergencias espirituales. Aprendí a reconocer las distintas manifestaciones mediúmnicas, como así también a diferenciar los seres de luz de los mistificadores. Adquirí así una gran experiencia que más tarde me sería de inestimable ayuda al trabajar con la Terapia de Vidas Pasadas (TVP).

Mientras tanto, me especialicé en cirugía general primero, y más tarde en cirugía plástica, y comencé a desarrollar la microcirugía como subespecialidad.

Me formé en el viejo Hospital Rawson, en la escuela de Finochietto, bajo la mirada atenta de mi maestro, el doctor Delfín Vilanova, y más tarde con el doctor José Alberto Cerisola. De uno y de otro aprendí el valor de una técnica precisa y detallada paso a paso para el principiante, como así también a planificar con anticipación la estrategia a seguir y el objetivo a alcanzar.

Y cuando todo hacía prever que mi vida estaría por siempre ligada a la cirugía, ocurrió algo imprevisto o tal vez previsto. En 1986 asistí a un seminario de regresión a vidas pasadas que dictó la doctora María Julia Prieto Peres, de la ciudad de San Pablo. Posteriormente, efectué mi entrenamiento con ella y me sorprendió lo fácil y natural que me resultaba trabajar con la regresión. Como si lo hubiera hecho siempre.

De pronto, me di cuenta de que podía unir el arte de la medicina con el conocimiento esotérico y metafísico que poseía. Podía continuar el acto médico de otra manera.

Durante un tiempo alterné la cirugía con la terapia, hasta que una noche, en el verano del ‘88, estando de vacaciones en Ostende, tomé la gran decisión.

Estaba en la playa, recostado mirando las estrellas, contactándome conmigo mismo, y casi instantáneamente supe lo que quería hacer. Ahí mismo decidí dejar la cirugía y dedicarme por entero a la Terapia de Vidas Pasadas. Todo lo anterior no había sido más que una preparación para ese gran momento.

El camino estaba trazado; sólo restaba recorrerlo.

José Luis Cabouli

Nota: Los nombres y datos personales de los pacientes fueron modificados, pero las historias se ajustan fielmente a la realidad. (N. del A.)

Capítulo 1
Voy a ir a las catacumbas

Jueves 23 de mayo de 1991. 11:15 horas

Aquella mañana, Luisa (54 años), llegó al consultorio un poco antes de lo habitual. Apenas me vio me dijo:

—Descubrí que tengo claustrofobia. Me di cuenta el sábado, cuando salí con unos amigos. Íbamos dos parejas en el auto cuando subieron dos personas más. De pronto, me sentí apretada entre dos personas y me ahogué. Tuve una sensación de muerte y comencé a gritar: “¡Así no viajo!”.

Esto era algo que nunca antes le había ocurrido. Ocasionalmente, experimentaba cierto malestar dentro de ascensores con puertas blindadas, pero esto no le impedía utilizarlos. Antes de comenzar con la regresión, le sugerí que fuera al toilette y entonces susurró:

—Voy a ir a las catacumbas.

Sin saberlo, Luisa ya estaba en regresión. Cuando volvió, le pedí que se acostara sobre la alfombra, que cerrara los ojos y que volviera a la situación del auto, sin ningún tipo de preparación previa. Luisa venía trabajando con TVP desde hacía un tiempo y le resultaba muy fácil entrar en regresión.

Terapeuta: Muy bien, cierra los ojos. Ahora ... quiero que me relates la situación del auto desde el principio, paso a paso.

Luisa: Llegamos a la casa de mi amiga. Yo estoy sentada en el asiento de atrás con mi marido. Adelante no pueden ir tres, así que los dos suben atrás. Yo le cedo mi lugar a mi amiga, pero con su cuerpo aprieta el mío contra el asiento. Quería moverme, pero no podía porque estaba aprisionada de ambos lados. No me podía mover ni podía respirar. Pensé que me moría.

T: Muy bien, ahora deja salir todo lo que sientas en ese momento.

L: ¡Salgan de acá! ¡Déjenme salir! ¡No puedo respirar! (Luisa no lo sabe, pero esta reacción no se debe a lo que está sucediendo en el auto, sino a otra realidad, de otro momento, que dejó una impronta emocional muy fuerte, y que está reverberando en el nivel subconsciente de su memoria. La situación en el auto sólo es un eco del pasado.)

T: Ahora cuento hasta tres, y ve directamente al origen de esta emoción. Uno... dos... tres. ¿Qué está pasando?

L: La gente grita... es una calle de tierra... con puentes... vamos caminando unos detrás de otros... tengo mucho miedo... nos llevan. ¿Adónde nos llevan? ¡Ay! No entiendo bien lo que pasa.

T: Fíjate cómo eres allí. ¿Qué llevas puesto?

L: Tengo el pelo largo, negro. (En su vida actual es rubia de pelo corto.) Llevo un abrigo marrón, sin mangas, tipo túnica o poncho. Tengo unas sandalias con tiras atadas a la pierna y llevo una canasta con frutas.

T: Eso es. Ahora, sigue adelante. ¿Qué está pasando?

L: La gente corre y corre. Hay soldados por todas partes... no nos dejan pasar... se los van a llevar a todos... nadie se va a salvar. ¡Ay! Yo también voy a correr, pero adelante hay una barrera de soldados con caballos. No podemos escapar, y de atrás también vienen corriéndonos.

T: ¿Qué estás sintiendo en esos momentos?

L: Me ahogo, quiero escapar y no puedo... la gente me arrastra porque los soldados nos empujan.

T: ¿Cómo son los soldados?

L: Son enormes, son malos. Tienen un casco y nos llevan por un camino de tierra. Ahora caminamos sin que nos empujen, pero nos guardan de ambos lados de la columna. No hay manera de escapar.

T: Sigue un poco más.

L: Llegamos a un lugar donde hay unos túneles. Arriba hay un parque. Tenemos que entrar ahí. Son prisiones, son oscuras... Quiero mirar el sol por última vez... Hay puertas de rejas... Ya no vemos nada más; estamos debajo de la tierra, hablando en un susurro. Esto es la muerte... No podemos respirar. ¡La tierra nos tapa y estamos vivos! ¡Dios! ¡Me falta el aire! (la misma sensación que en el auto). Nos dejan ahí. ¡Qué espanto! Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre... (reza el Padrenuestro).¡Ayúdanos Señor! ¡Ayúdanos a morir en paz! Ven a recoger mi espíritu.

T: Sigue adelante.

L: Así, despacito, nos fuimos yendo. El maestro está acá. Yo voy a dejar este lugar. Mi cuerpo se queda y yo me elevo. Es como que el techo se abre y por allá nos vamos. Siento que salgo de ahí pero hay muchos que no saben que tienen que salir. Tengo que ayudarlos.

T: Y entonces ¿qué haces?

L: Me voy al espacio, tengo que pedir que me dejen volver.

T: Y... ¿cómo vas a volver?

L: Con otro cuerpo. Tengo que volver a salvarlos. Tengo que volver como soldado para defenderlos.

T: Ahora quiero que veas, ¿cuál fue el momento más difícil de esta experiencia?

L: Fueron dos: cuando la gente me apretaba y cuando entramos en ese lugar.

T. Ve al momento cuando la gente te apretaba y deja salir todo lo que sientas para agotar esa emoción. ¿Qué estás sintiendo?

L: ¡Me ahogo! ¡Me van a matar! ¡Me aprietan! Es mucha gente encima de mí. (Las mismas emociones que experimentó en el auto.)

T: Ahora ve al episodio bajo tierra.

L: Eso es entrar en una tumba. Eso es saber que no se sale más. Es despedirse de la luz del sol. Estamos debajo de la tierra. Es la muerte.

T: Ahora... ya puedes dejar ese cuerpo. Quiero que tomes conciencia de que ya no estás ahí. Nada de eso te pertenece. Ese cuerpo se murió, y al morir ese cuerpo terminaron todas esas sensaciones. Ahora puedes liberarte para siempre de todo eso que ya no te pertenece.

L: Vino el Maestro y yo me elevo y se abre la tierra y por ahí salgo. Subo como si fuera un globo.

¿Qué es todo esto?

¿Fantasía? ¿Realidad? ¿Dramatización? ¿Hemos vivido otras vidas antes de ésta? ¿Es posible que hoy, en nuestra vida cotidiana, reaccionemos sin saberlo al influjo de antiguas emociones no resueltas? ¿De qué manera y hasta dónde, nuestras vidas pasadas condicionan nuestra forma de vida actual? ¿Es posible recordar nuestras existencias anteriores? Y si podemos recordar, ¿por qué nos olvidamos?

Al igual que Luisa, muchas personas que atravesaron por esta experiencia, descubrieron que los síntomas y conflictos que los perturbaban desaparecían o se resolvían al revivir escenas de otras vidas.

Como terapeuta, no estoy interesado en probar la existencia de las vidas pasadas. Personalmente no tengo dudas al respecto. De modo que yo parto de la aceptación de la reencarnación como un hecho natural y desde allí ejerzo el acto médico.

Lo que veremos aquí es cómo funciona la Terapia de Vidas Pasadas (TVP). Asistiremos al desarrollo de una técnica clara, precisa y segura, fruto de la experiencia obtenida en más de 1.200 regresiones individuales. Fiel a las enseñanzas de mis maestros, “curar cuando se puede, aliviar a veces, y consolar siempre”, es como abordo mi trabajo con la TVP.

Capítulo II
Memoria y olvido

La posibilidad de recordar existencias previas es una facultad inherente del ser humano. En la antigüedad, varios personajes famosos recordaban algunas de sus personalidades anteriores. Tal vez el caso más notable es el de Pitágoras. Diógenes Laercio nos cuenta lo siguiente:

...decía de sí mismo que en otro tiempo había sido Etalides y tenido por hijo de Mercurio; que el mismo Mercurio le tenía dicho que pidiese lo que quisiese, excepto la inmortalidad, y que él le había pedido que vivo y muerto retuviese en la memoria cuanto sucediere. Así que mientras vivió se acordó de todo y después de muerto conservó la misma memoria. Que tiempo después de muerto pasó al cuerpo de Euforbo y fue herido por Menelao. Que siendo Euforbo, dijo había sido en otro tiempo Etalides, y que había recibido de Mercurio en don la transmigración del alma. Que después que murió Euforbo, se pasó su alma a Hermótimo, el cual, queriendo dar fe de ello, entrando en el templo de Apolo, enseñó el escudo que Menelao había consagrado allí, y decía que cuando volvía de Troya consagró a Apolo su escudo y que ya estaba podrido, quedándole sólo la cara de marfil. Que después que murió Hermótimo, se pasó a Pirro, pescador delio, y se acordó de nuevo de todas las cosas, a saber, cómo primero había sido Etalides, después Euforbo, luego Hermótimo y finalmente que después de muerto Pirro, vino a ser Pitágoras y se acordaba de todo cuanto hemos mencionado. 1

También Ovidio decía haber asistido al sitio de Troya y el emperador Juliano el apóstata afirmaba haber sido Alejandro de Macedonia. Napoleón creía haber sido Carlomagno, tanto que tenía en su poder el talismán que había pertenecido al gran emperador, y el general George Patton, héroe de la Segunda Guerra, recordaba haber combatido contra Ciro, junto a Alejandro Magno.

Estos recuerdos pueden surgir espontáneamente, como ocurre a veces en los niños, o ser despertados por algún impacto emocional o por la visita a algún lugar desconocido y que sorpresivamente resulta familiar. Algunos sueños también pueden ser reminiscencias de vidas pasadas.

Pero, además, la memoria de vidas anteriores puede ser inducida o provocada, y es esta posibilidad lo que permite su uso terapéutico y da origen a la Terapia de Vidas Pasadas (TVP). El mecanismo o la técnica por los cuales se accede a la revivencia del pasado, tanto sea de esta vida, como de una anterior, se denomina regresión de memoria.

Seguramente, se preguntarán ustedes: si es posible tener estos recuerdos, ¿por qué el olvido, entonces? “Es por bondad de la naturaleza que no recordamos nuestros nacimientos anteriores”, responde Gandhi. La vida sería una carga si arrastráramos todos esos recuerdos. ¿Cuántas veces, en nuestra vida actual, quisiéramos borrar todo y tener la oportunidad de comenzar nuevamente? ¿Podríamos llevar una vida social normal si todos recordáramos nuestras faltas del pasado y conociéramos las de los otros?

Y aquellos que fueron poderosos, ¿no querrían reclamar sus riquezas materiales, sus tierras, o tal vez países enteros, amparados en sus títulos del pasado? El recuerdo de nuestras anteriores personalidades traería graves inconvenientes, pues podría en algunos casos humillarnos profundamente, y en otros exaltar nuestro orgullo y esclavizar nuestro albedrío.

No en vano, la figura del olvido está presente en todas las culturas, tanto en la hebrea, como entre los griegos o los hindúes. En La República, Platón relata que las almas, antes de volver a la vida, se encaminan juntas a la llanura del Leteo. Allí corre el río Ameleto, cuyas aguas no pueden ser recogidas por vasija alguna. Es preciso que todas las almas beban de esta agua cierta cantidad, pero aquéllas que por imprudencia beben más allá de la medida, pierden absolutamente la memoria.

En la tradición hindú, al explicarle a Kali los secretos de la iniciación sexual, Shiva dice: “La primera iniciación sexual por la que pasan todos los seres, tiene lugar al salir por el yoni2 de la madre, paso que hace olvidar sus vidas anteriores”. Durante esta primera iniciación, la madre ofrece a su hijo el mundo entero y borra todos los recuerdos dolorosos del pasado.3

Hay otras razones para el olvido. Al entrar en la atmósfera material, el alma atraviesa una barrera energética que disminuye las vibraciones de su conciencia. El río del olvido sería la metáfora de esta barrera. Al completar el proceso de encarnación, el pasaje del estado de energía al estado de materia hace que disminuyan aún más estas vibraciones. El cuerpo físico es un material muy denso, y el alma ya no puede transmitir todas sus sensaciones.

Por otra parte, se ha comprobado que la ocitocina, una hormona que regula las contracciones uterinas en el momento del parto, provoca amnesia en animales de laboratorio, y que aun los mejores entrenados no son capaces de realizar sus tareas habituales, luego de ser sometidos a la acción de esta hormona.4 Se sabe que la ocitocina liberada por la mujer durante el trabajo de parto pasa a la circulación sanguínea de su hijo. Ésta podría ser otra de las razones físicas para el olvido del pasado.

Esta amnesia es indispensable para poder asumir la nueva personalidad. No sólo se olvidan los hechos de la anterior encarnación, sino también la angustia y la nostalgia que provocan la pérdida de un mundo de luz y de amor como lo es el mundo de la esencia espiritual.

El olvido nos permite recomenzar de cero, en igualdad de condiciones, sin prejuicios. Al nacer, todos iniciamos una nueva vida, una nueva experiencia, una posibilidad de rectificación de nuestros caminos.

El olvido es la amnistía cósmica.

Si el olvido es la amnistía cósmica, ¿para qué recordar, entonces?

Aunque no tengamos conciencia de ello, en los bancos de nuestra memoria subconsciente todos tenemos recuerdos de otras encarnaciones que, de una u otra manera, están incidiendo en nuestra vida actual. Y no se trata de recuerdos anecdóticos, sino de registros emocionales muy fuertes que nos están afectando ahora. No recordamos, pero estos registros están presentes en nuestra vida cotidiana, ya sea en nuestro carácter, en nuestras creencias, en nuestras pautas de conducta o en la forma como reaccionamos frente a determinadas situaciones.

De igual manera, no recordamos lo que hemos aprendido y, sin embargo, ese conocimiento se mantiene intacto. El aprendizaje alcanzado en vidas previas se manifiesta a través de aptitudes o habilidades innatas para realizar determinadas actividades o emprender estudios especiales. La facilidad que tienen algunas personas para entender un idioma que escuchan por primera vez, es señal de que ya han estado en contacto con él en una existencia anterior. Los niños prodigio son el ejemplo clásico. Es como si ellos no hubieran bebido de la copa del olvido. Cicerón decía que la velocidad con que aprenden los niños es una prueba de que los hombres saben casi todo antes de nacer, y Platón afirmaba que el conocimiento fácilmente adquirido es aquel que se ha obtenido en una vida anterior. Aprender es recordar.

Así como el aprendizaje realizado en vidas anteriores se expresa en aptitudes en la vida presente, de la misma manera los traumas del pasado se manifiestan en forma de conflictos emocionales. Cuando estas emociones impiden el libre fluir en esta vida, llegó el momento de recordar, de traer a la conciencia el trauma original para resolver el conflicto en su origen. Es allí cuando entra en escena la Terapia de Vidas Pasadas.

1 Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, Diógenes Laercio, Perlado Páez, Madrid, 1914, t. 2, libro VIII.

2 Órgano sexual femenino. (N. del A.)

3 Secretos sexuales, N. Douglas y P. Slinger, Martínez Roca, Barcelona, 1982.

4 La vie secrete de l’enfant avant sa naissance, Thomas Verny, Grasset, París, 1982. Versión en español: La vida secreta del niño antes de nacer, Urano, Barcelona, 1988.

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333 стр. 6 иллюстраций
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9789507546686
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