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Frédéric Sonntag
B. Traven
George Kaplan
Traducción de Pablo Krantz
Colección Tintas Frescas

| Sonntag, Frédéric B. Traven & George Kaplan / Frédéric Sonntag. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2020.Libro digital, EPUB - (Tintas frescas) Archivo Digital: descarga y onlineTraducción de: Pablo Krantz.ISBN 978-987-599-628-11. Teatro Contemporáneo. 2. Teatro Francés. I. Krantz, Pablo, trad. II. Título. CDD 842 |

Esta publicación cuenta con el apoyo del Programa especial artes escénicas en Sudamérica hispanoparlante, del Ministerio de Europa y de Asuntos Exteriores, del Ministerio de la Cultura de Francia, del Institut français, de la Mousson d’été y del programa Fabula Mundi Playwriting Europe: Beyond Borders. El Institut français d’Argentine es miembro de la red Contxto.
Títulos originales de las obras:
George Kaplan, © éditions THEATRALES, Paris, 2012.
B. Traven, © éditions THEATRALES, Paris, 2018.
© Foto del autor en página 10: Jean-Louis Fernandez
© 2020. Libros del Zorzal
Buenos Aires, Argentina
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Comentarios y sugerencias: <info@delzorzal.com.ar>
Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio o procedimiento, sin la autorización previa de la editorial o de los titulares de los derechos.
Impreso en Argentina / Printed in Argentina
Hecho el depósito que marca la ley 11723
Índice
Sobre la colección Tintas Frescas | 5
B. Traven | 7
Personajes | 10
Primera parte | 13
Segunda parte | 35
Tercera parte | 65
Cuarta parte | 102
Referencias de las citas y fuentes | 136
George Kaplan | 139
Personajes | 140
I. El ggk | 141
II. El dream team | 166
III. El gobierno invisible | 187
Sobre la colección Tintas Frescas
La edición de obras de teatro es un gesto fuerte y fundamental. Ofrece a todos los públicos la posibilidad de hacerse una idea propia sobre las nuevas dramaturgias, permitiéndole a cada uno recrear su propia música y alcanzar, en el ritmo de la intimidad, una interpretación personal.
El impulso de la innovación dramática, la búsqueda sobre la lengua y una mirada muy política y sin complacencia sobre nuestro mundo contemporáneo presidieron el espíritu de esta publicación.
En tiempos marcados por la multiplicación frenética de eventos verticales, esta edición le garantiza al autor una perennidad y una forma de estabilidad y horizontalidad. Tintas Frescas es un vasto proyecto de colaboración dramática, de traducciones e intercambios entre Francia y América del Sur, dentro de los cuales se encuentra también el festival Mousson d’été. Permite que, de ambos lados del Atlántico, estas tintas que no han secado encuentren múltiples resonancias, complicidades y espacios en los que puedan imprimirse y gravarse de manera duradera.
Más allá de las creaciones y producciones, los libros de teatro y sus infinitas riquezas son indispensables para la elaboración, la construcción y el equilibrio de una biblioteca. Y así, durante mucho tiempo, garantizan infinitas alegrías.
Michel Didym

Frédéric Sonntag nació en Nancy, en 1978. Es dramaturgo, director de teatro y actor. Al terminar sus estudios en el Conservatoire National Supérieur d’Art Dramatique en 2001, fundó la compañía AsaNIsiMAsa y comenzó a trabajar en la creación de sus propios textos.
Ha escrito unas quince obras de teatro, entre las cuales se destacan: Idole, Disparu(e)(s), Intrusion, Des heures entières avant l’exil, Nous étions jeunes alors, Toby ou le Saut du chien, Incantations, Dans la zone intérieure, Sous contrôle, Soudaine timidité des crépuscules, The Shaggs, George Kaplan (Éditions Théâtrales, 2012), Benjamin Walter (Éditions Théâtrales, 2017) y B. Traven (Éditions Théâtrales, 2018), por las que ha recibido una beca del Centre National du Livre, un galardón de la Association Beaumarchais y, en varias ocasiones, el apoyo del Centre National du Théâtre.
Sus obras han sido publicadas a través de L’Avant-Scène Théâtre, Éditions Théâtrales y la colección Tapuscrit-Théâtre Ouvert, y han sido presentadas, con sus propias puestas en escena, en muchos teatros de Francia.
Acaba de terminar la creación de la “Trilogía fantasma” (George Kaplan, Benjamin Walter y B. Traven). Se encuentra trabajando en la elaboración de formas performativas y formas cortas dedicadas a las mitologías de la cultura pop, como Atomic Alert o el díptico Beautiful Losers.
Desde 2009 ha participado en muchos eventos internacionales. Obtuvo el Premio Godot de estudiantes de liceo 2010 por su obra Toby ou le Saut du chien, el premio a la Pieza de Teatro Contemporáneo para el Joven Público y el Premio Ado de Teatro Contemporáneo 2012-2013 por Sous contrôle, y fue galardonado por las Journées de Lyon des Auteurs de Théâtre 2012 por George Kaplan.
Es artista asociado del Nouveau Théâtre de Montreuil-cdn, del Grand R-Scène Nationale de la Roche-sur-Yon y de Apostrophe-Scène Nationale de Cergy-Pontoise, y forma parte del colectivo de artistas de la sn 61 - Scène Nationale d’Alençon - Flers - Mortagne-au-Perche.
Sus obras han sido traducidas a muchos idiomas e interpretadas en una gran cantidad de países.
B. Traven
“Traven has worked very hard at being mysterious […]
in a world where too much is known about too many”.
John Huston, entrevista para Time Magazine (1948)
“La mayor parte de las leyendas que se han inventado sobre mí
se relacionan, creo, con mi estadía en Estados Unidos”.
León Trotski, Mi vida (1930)
“Soñaba con ese México que quisiera ver antes de morir,
con ese país de mis sueños cuyo aspecto me resulta familiar
y desconocido, con esos hombres que son mis amigos
y a los que todavía no terminé de encontrar”.
Robert Desnos, Nouvelles Hébrides (1927)
“Yo, que me sueño a mí mismo incluso en las catástrofes,
sostengo que el hombre solo es así de infeliz porque mil almas conviven en un solo cuerpo”.
Arthur Cravan, “Oscar Wilde est vivant!” (1913)
“En los orígenes del dadaísmo, encontramos al poeta-boxeador Arthur Cravan que fue, durante el primer conflicto mundial,
‘desertor de diecisiete naciones’. El neodadaísmo es el dadaísmo de Estado que solo logra causar un poquito de efecto haciendo representaciones en lujosos escenarios subvencionados”.
Guy Debord, Guy Debord, son art et son temps, de B. Cornand (1994)
“Los hijos de Marx y de Coca-Cola,
el que quiera entender que entienda”.
Jean-Luc Godard, Masculino, femenino (1966)
“Enjoy”.
Coca-Cola (desde 1999)
“Your doggie’s gonna have a puppy,
And we’re running out of Coke.
No enchiladas in the icebox,
And the television’s broke”.
Pat Boone, Speedy Gonzales (1962)
“Ese sector deshabitado de la selva era el lugar de los muertos,
de los fantasmas y de todas las historias que pueblan aún
la noche de la Selva Lacandona”.
Subcomandante Marcos, La verdadera leyenda
del subcomandante Marcos, de T. Brisac y C. Castillo (1995)
Personajes
Historia de Arthur y León (1914-1940)
Arthur, poeta y boxeador, 27 años-31 años
León, revolucionario, 37 años-60 años
Mina, poetisa, 35 años-36 años
Natalia, esposa de León, 54 años-58 años
Historia de Dalton (1947-1953)
Bill (soldado 1), 20 años
Johnny (soldado 2), 20 años
Dalton, guionista, 42 años-48 años
Voz de una niña pequeña, 5 años
El guionista 1, entre 30 y 50 años
El guionista 2, entre 30 y 50 años
El guionista 3, entre 30 y 50 años
El agente del fbi, entre 30 y 40 años
El segundo agente del fbi, entre 60 y 65 años
El Santo, luchador de catch, 35 años
Historia de Glenda (1977)
Glenda, periodista, 35 años
Lester, cameraman, 37 años
Rosa Elena Montes de Oca Luján, viuda de B. Traven, entre 55 y 60 años
Zapata, loro de B. Traven
La Catrina
El doctor Federico Marín, 60 años
Lawrence Hill, periodista y editor, 50 años
Judith Stone, escritora y periodista, 45 años
Edward Pynger, universitario, 35 años
Michael L. Baumann, universitario, 35 años
Malú, hija de Rosa Elena, hijastra de B. Traven, 26 años
Luis Suárez, escritor y periodista, 40 años
John Huston, cineasta, 70 años
El luchador 1, entre 25 y 30 años
El luchador 2, Malú
El luchador 3, entre 25 y 30 años
El luchador 4, entre 25 y 30 años
Philip Agee, exagente de la cia, 42 años
La máscara 1
La máscara 2
Historia de Olivier (1994)
Zed, 40 años
Alex, 25 años
Olivier, 23 años
El músico 1
Elisa, 21 años
El músico 2
Raph, 31 años
Annabelle, 27 años
Yann, 27 años
Noémie, 25 años
El periodista de Les Inrockuptibles, entre 30 y 40 años
Historia de Alex (2009)
Zed, 55 años
Raph, 46 años
Noémie, 40 años
Alex, 40 años
El productor, entre 30 y 35 años
Annabelle, 42 años
Declaraciones (1918, 1947, 1994, 2004)
Rosa Luxemburgo
Ayn Rand
Subcomandante Marcos
Patrick Lelay
Una barra inclinada (/) marca el punto a partir del cual los diálogos se superponen.
Una doble barra inclinada (//) marca el momento en que una frase se ve interrumpida por otra.
Unos corchetes ([ ]) indican palabras que deberían ser pronunciadas pero no lo son pues están cortadas por una doble barra inclinada (//).
Nota del editor
Las referencias de las citas y las fuentes se encuentran al final de la obra, en las páginas 173-176.
Primera parte
Armut, Arnolds, Barker, Hal Croves, Traven Torsvan,
Traves Torsvan, Traven Torsvan Torsvan,
Traven Torsvan Croves, B. T. Torsvan,
Berick Traven Torsvan, Fred Mareth, Fred Maruth,
Red Marut, Ret Marut, Rex Marut, Robert Marut,
Richard Mauruth, Richard Maurhut,
Albert Otto Max Wienecke, Otto Feige,
Adolf Rudolf Feige, Kraus, Martínez, Fred Gaudet,
Lainger, Götz Ohly, Anton Räderscheidt,
Robert Bek-Gran, Hugo Kronthal, Wilhelm Scheider,
Heinrich Otto Becker, Arthur Terlelm, B. Traven
*
París, 2009
(Historia de Alex)
Testimonio en video.
Fragmento del documental de Alex.
Zed, en pantalla, habla con Alex, fuera de campo.
Zed.– ¿Qué mirada tengo ahora sobre esa época? ¿Esa es la pregunta?
Un tiempo. Un suspiro.
¿Qué querés que te conteste?
Pensalo un poco, hace casi quince años que no nos vemos y aparecés de la nada para preguntarme eso…
Un tiempo.
No sé… Honestamente, no sé qué contestarte…
*
París, 1914
(Historia de Arthur y León)
El salón de un music-hall.
Un ring de boxeo ha sido instalado en el sitio de la orquesta.
Un boxeador de 27 años (Arthur) de dos metros de altura se entrena.
Boxea solo contra la nada.
Su respiración se va haciendo cada vez más audible.
Su manera de boxear se va volviendo poco a poco un baile, una lucha.
En voz en off, escuchamos un fragmento del poema “Hie!”, de Arthur Cravan:
Arthur.– Esta noche, ¿en qué me equivoco,
Ya que con tanta tristeza
Todo me parece hermoso?
El dinero que es real,
La paz, los grandes proyectos,
Los autobuses y los sepulcros;
Los campos, el deporte, las amantes,
Incluso la vida inimitable de los hoteles.
Quisiera estar en Viena y en Calcuta,
Tomar todos los trenes y todos los barcos,
Fornicar con todas las mujeres y atragantarme con todos los platos.
Snob, científico, puta, borracho, músico, obrero, pintor, acróbata, actor;
Viejo, niño, estafador, bandido, ángel y fiestero; millonario, burgués, cactus, jirafa o cuervo;
Cobarde, héroe, negro, mono, Don Juan, proxeneta, lord, campesino, cazador, empresario.
Fauna y flora:
¡Soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales!
¿Qué hacer?
Probemos viajando lejos.
¡Quizá lejos lograré abandonar
Mi funesta pluralidad!
Ruido ensordecedor de un avión que despega.
*
Ciudad de México, primavera de 1977
(Historia de Glenda)
Aeropuerto de Ciudad de México. Día de mucho sol.
Glenda y Lester esperan un taxi a la salida del aeropuerto.
Valijas. Anteojos de sol. Miran a lo lejos.
Lester toma una Coca-Cola.
– Cuando Glenda y Lester aterrizaron en el aeropuerto de Ciudad de México, una mañana de primavera de 1977, se sentían bastante felices de haber dejado California.
Hacía más de veinte años que Glenda no regresaba a aquella ciudad, desde aquel día de diciembre de 1953 en el que, a los 11 años, había tomado el vuelo de regreso a Los Ángeles junto con toda su familia, después de dos años de exilio en México.
Mientras esperaban el taxi, Glenda pensó en la casa de Lomas de Chapultepec con persianas de caoba; en esa canción de Lead Belly que a su padre le gustaba escuchar por las noches con un vaso de Wild Turkey en la mano; en una bandada de cotorras volando sobre el sol poniente mientras sus metálicos chillidos se confundían con los gritos de los niños que jugaban entre los senderos del parque del Bosque; en aquellos dos hombres que solían estacionar su Chevrolet Bel Air frente a la casa de la familia de Glenda y a los que a veces seguía viendo entre sueños.
*
Océano Atlántico, enero de 1917
(Historia de Arthur y León)
El ritmo del océano adormece a los transatlánticos,
Y en el aire donde los vapores bailan como trompos,
Entre los silbidos del rápido heroico que llega a Le Havre,
Avanzan como osos los marinos atléticos.
¡Nueva York! ¡Nueva York! ¡Me gustaría vivir ahí!
Arthur y León se conocieron a bordo del Montserrat, un barco de vapor transatlántico español que navegaba hacia Nueva York luego de haber zarpado el 1° de enero de 1917 del puerto de Cádiz.
Arthur había podido embarcar gracias al dinero ganado en una pelea contra Jack Johnson, campeón del mundo de peso pesado, una pelea que Arthur había perdido por knock-out en el séptimo round pero que le había permitido embolsar la suma necesaria para pagar su travesía.
En cuanto a León, había embarcado cuatro días antes en Barcelona, después de haber sido encarcelado en Madrid y obligado por las autoridades españolas a abandonar su territorio junto con su mujer e hijos por sus actividades y opiniones políticas.
Esa noche se conocieron sobre el puente del paquebote.
León disertó sobre la Internacional Comunista y su papel en la revolución rusa de 1905; Arthur contó sus hazañas de pugilista y poeta y enumeró sus numerosas actividades pasadas.
Arthur.– Caballero de industria, marinero sobre el Pacífico, conductor de mulas, cosechador de naranjas en California, encantador de serpientes, ladrón de hotel, leñador en los bosques gigantes, chofer de autos en Berlín, saqueador de domicilios.
El provocador navío de la Compañía inglesa
Me vio instalarme a bordo terriblemente excitado,
Tan feliz con el confort de aquel hermoso barco de turbinas
Como con la instalación eléctrica
Que iluminaba a raudales la trepidante cabina.
Esa misma noche, León escribió en su diario:
León.– “Conocí a este boxeador, ocasionalmente poeta y desertor (como muchos individuos en este barco). Desertores, aventureros, indeseables desterrados de Europa, ¿a quién si no se le podría ocurrir atravesar el Atlántico en esta estación sobre este pésimo barco a vapor español?”.
Arthur, cuyo verdadero nombre era Fabian Avenarius Lloyd, se hacía llamar Arthur Cravan. Tenía 29 años. También había utilizado ocasionalmente los nombres: Robert Miradique, Édouard Archinard, W. Cooper, Ernest Lajeunesse y Marie Lowitska. Pasaba de un país a otro por temor a ser enrolado. Escapaba de la guerra.
León, cuyo verdadero nombre era Lev Davidovitch Bronstein, se hacía llamar León Trotski. Tenía 37 años. En ocasiones había respondido al nombre de: Zratsky, Lvov, Yanofsky, Vikentiev o incluso Arbuvov. Se había visto obligado a exiliarse. Escapaba de Europa.
Finalmente, incapaz de relinchar, incapaz de nadar,
Entablé conocimiento con algunos pasajeros
Que miraban inclinarse la línea de flotación,
Hasta que vimos juntos los tranvías de la mañana correr en el horizonte
Y blanquearse velozmente las fachadas de los edificios.
Esa noche, Arthur soñó con un barco que vagaba sin fin por el océano, una nave cargada de apátridas, desamparados, indeseables expulsados de todos los países del mundo: hombres borrados de la lista de los vivos, hombres ya muertos.
Cuando llegaron el 13 de enero a Ellis Island, a la Oficina Federal de Inmigración, la nieve caía sobre Nueva York.
Arthur y León se dieron la mano y prometieron verse otra vez.
*
“En unas horas me embarcaré en un navío
que me llevará al otro lado del Atlántico.
Así dejaré de existir”.
B. TRAVEN
*
Ciudad de México, primavera de 1977
(Historia de Glenda)
En el 61 de la calle Río Mississippi, frente a la casa donde vivió B. Traven.
Glenda, filmada por Lester.
Le habla a la cámara a través de un micrófono enchufado a un grabador de cinta que Lester lleva en bandolera.
Glenda.– Estamos delante del 61 de la calle Río Mississippi en Ciudad de México (se da vuelta para mirar o señalar el edificio que está detrás de ella), frente al edificio donde murió el 26 de marzo de 1969 el hombre conocido bajo el nombre de B. Traven.
B. Traven: ¿quién es el individuo que se esconde detrás de ese seudónimo, cuyo nombre de pila incluso sigue siendo un misterio?
Avanza hacia la cámara, intentando más o menos discretamente no tropezarse con el cable.
Entre 1925 y 1940 escribió novelas populares con contenido anarquista que vendieron millones de ejemplares en todo el mundo.
La adaptación cinematográfica de su novela El tesoro de Sierra Madre se convirtió en un clásico después de haber ganado tres premios Oscar.
Albert Einstein, cuando le preguntaron qué libro se llevaría a una isla desierta, respondió: “Cualquiera, siempre que sea de Traven”.
Glenda marca una muy breve pausa para crear cierto efecto.
Y sin embargo, no se sabía nada de él.
Nadie sabía cuál era su aspecto.
Nadie sabía en qué idioma escribía.
Nadie sabía si era un solo hombre o varios.
B. Traven era el nombre que aparecía en la tapa de los libros, pero ¿quién era la persona?
Cuidó su anonimato con el mismo esmero con el que escribía sus libros y, a falta de una persona de carne y hueso, se convirtió en un mito, una leyenda:
¿Era el hijo oculto del último emperador de Alemania y una actriz de music-hall?
¿Era el célebre novelista Jack London?
¿Era el actor y anarquista bávaro Ret Marut? ¿El explorador noruego T. Torsvan?
¿El poeta dadaísta y boxeador Arthur Cravan, desaparecido misteriosamente en 1918?
¿Un grupo de guionistas comunistas hollywoodenses? ¿Un exesclavo negro? ¿Un misterioso millonario estadounidense?
¿O incluso, por qué no, el presidente de México?
Un tiempo breve y una mirada intensa a cámara.
Se desplaza hacia la izquierda y Lester la sigue, haciendo un paneo hacia la derecha.
Glenda se detiene.
Viajen con nosotros para resolver el misterio de aquel que fue y sigue siendo (deja un breve suspenso para poder resaltar su última frase) el mayor enigma literario de la historia.
Se queda inmóvil en esa pose.
Un tiempo.

Lester saca un porro.
Glenda.– Estaba pensando que en el montaje podríamos intercalar los retratos de las posibles identidades de Traven. Y después volveríamos a mí para la última frase.
Lester.– Podría ser, pero eso va a quebrar la unidad del plano…
Prende el porro.
Estaba pensando: esa historia del hijo oculto del káiser ¿es verdad? ¡Eso sería realmente genial!
Glenda.– No, debe ser una leyenda más, pero ya sabés, Lester: “¡Cuando la leyenda supera a la realidad, hay que imprimir la leyenda!”.
Lester.– (imitando a John Wayne) “¡That’s my steak, Valance!”.
De hecho, me pregunto si no hubiera sido mejor hacer un plano a lo John Ford.
Mira la fachada de la casa mientras vuelve a darle una pitada al porro, luego se lo pasa a Glenda.
¿Y ahora qué hacemos?
Glenda fuma a su vez.
Glenda.– Ahora tocamos timbre y conocemos a la viuda.
*
Una oficina en la casa donde vivió B. Traven.
Una máquina de escribir sobre un escritorio.
Un loro en una jaula.
Un grabador de cinta en un rincón.
Un sillón, al lado del loro.
Un televisor apagado.
Rosa Elena entra, seguida por Glenda, con una libreta en la mano, y por Lester, con la cámara sobre los hombros. Rosa Elena les hace visitar el cuarto como si fuera un museo, sus palabras parecen particularmente bien ensayadas.
Rosa Elena.– Y para terminar, la pieza más importante de esta casa: la oficina de mi difunto marido.
No ha cambiado nada en estos ocho años, ni siquiera el reloj, como pueden constatarlo (señala la esfera del reloj, Lester lo filma), está parado en la hora exacta de su muerte: 5.40 hs.
Y miren, esa era su máquina de escribir.
Lester hace un plano de la máquina de escribir, Glenda toma notas.
Ahí tienen el sillón en el que se sentaba a reflexionar (o, más habitualmente, a dormir la siesta).
Le hace una sonrisa de complicidad a Glenda, luego les muestra un revólver y un casco colonial sobre una mesa.
Ese es su Colt 45 y ese es el casco que usó cuando participó de varias expediciones por la selva de Chiapas.
Señala el grabador de cinta.
Y ese es el aparato con el que a veces se grababa. (Lo enciende, todos se quedan esperando, no pasa nada.) Uh, qué raro, debe ser una cinta virgen, salvo que sea justamente un momento en que se había quedado dormido.
Y este es su loro: Zapata.
Traven lo había llamado así en referencia a Emiliano Zapata, por supuesto. Ustedes saben que mi marido escribió mucho sobre la época de la Revolución mexicana, me imagino que habrán leído el “Ciclo de la caoba”. Zapata, ¿les dirías algo a nuestros invitados?
Silencio del loro. Lester se acerca para mirarlo de más cerca; luce anormalmente inmóvil.
Ya no es el mismo desde la muerte del Capitán.
Glenda.– ¿El Capitán?
Rosa Elena.– Sí, Traven decía que una familia es como un barco: él era el capitán, y yo, el primer oficial, y mi hija, el segundo.
Hice café, pueden servirse, Traven lo tomaba negro, yo le pongo azúcar y leche, cada uno tiene sus gustos. Es un café que viene directo de Chiapas, es excelente. Les propongo ponerme en ese sillón (lo señala), espero que les parezca bien.
Se sienta en el sillón, saca un cigarrillo y se pone a fumar.
Glenda.– Sí, por supuesto. Lester, ¿te parece bien así?
Lester.– Perfecto. Voy a hacer un plano a lo Orson Welles.
Glenda agarra una silla y se sienta frente a Rosa Elena.
Glenda.– Señora Rosa Elena Luján, gracias por recibirnos en la casa donde vivió sus últimos años el autor de El tesoro de Sierra Madre y El barco de la muerte. Le hago primero una pregunta que nos morimos de ganas de hacerle: ¿cuándo supo que su marido era el famoso B. Traven?
Rosa Elena.– En realidad a mí nunca me lo ocultó, aunque nunca se haya presentado como tal. Cuando lo conocí, a comienzos de los años cincuenta, se hacía llamar Hal Croves y decía ser el agente de Traven. Pero en su entorno nadie tenía la menor duda de que Croves y Traven eran en realidad la misma persona.
Glenda.– Pero ¿cuál era entonces la identidad del hombre con el que se casó?
Rosa Elena.– Me casé con Hal Croves, agente y guionista estadounidense. Pero en su pasaporte, que siempre me pareció falso, figuraba como Traven Torsvan, de nacionalidad noruega. Y en 1951 había obtenido la nacionalidad mexicana, bajo el nombre de Traven Torsvan Croves. Sabrán comprender, con mi marido había que aceptar que uno nunca tendría acceso a toda la verdad.
Lester gira sobre sí mismo para hacer un plano del loro.

Rosa Elena da una larga pitada, se toma su tiempo y luego responde.
Rosa Elena.– Miren, les voy a contar todo. Nadie ha sabido jamás todo lo que yo sé sobre él.
Pero para empezar, les voy a confesar algo que no puedo decir delante de la cámara.
Lester mira a Glenda, ella le hace señas de parar de filmar, Lester deja la cámara.
Mi marido era en realidad el hijo ilegítimo del káiser Guillermo II.
Rosa Elena muestra un retrato que está colgado en la pared y que representa al último emperador de Alemania.
Lester y Glenda intercambian una larga mirada.
*
“Si no quieren que les mientan, no hagan ninguna pregunta. La mentira es la única auténtica defensa del hombre civilizado frente a cualquiera que venga a fastidiarlo. Si no hubiera preguntas,
no habría mentiras”.
B. TRAVEN
*
Berlín, 14 de diciembre de 1918
(Rosa Luxemburgo, integrante de la Liga Espartaquista)
Fragmento de “¿Qué quiere la Liga Espartaquista?”
Rosa Luxemburgo.– “El 9 de noviembre el proletariado alemán se alzó para rechazar su yugo infame. Los Hohenzollern (muestra o levanta un retrato de Guillermo II) fueron expulsados y se eligieron asambleas de obreros y soldados. Pero los Hohenzollern eran solo los empleados de la burguesía imperialista. La orden de masacrar a los pueblos la dieron los capitalistas de todos los países. Ese Baal insaciable, en cuya boca sangrienta fueron arrojadas millones y millones de víctimas humanas, ese Baal insaciable es el capital internacional.
La guerra mundial puso a la sociedad ante la alternativa siguiente: o bien mantener el capitalismo, al precio de nuevas guerras y una rápida caída en el caos, o bien abolir la explotación capitalista.
Al terminar la guerra mundial, la burguesía y su dominación de clase han perdido todo derecho a la existencia. La burguesía es incapaz de sacar a la sociedad del terrible caos económico que la orgía imperialista dejó detrás de sí. Los medios de producción han sido destruidos en proporciones enormes; millones de obreros han sido masacrados.
Cuando aquellos que quedaron con vida regresan a sus hogares, se encuentran con el rostro gesticulante del desempleo, el hambre y las enfermedades.
El enorme peso de las deudas de guerra torna inevitable la bancarrota financiera del Estado.
Para escapar de este caos sangriento, existe solo una salvación: el socialismo.
En la actualidad el socialismo es el último recurso de la humanidad. Sobre las murallas que se desploman de la sociedad capitalista vemos brillar con letras de fuego la profética disyuntiva del Manifiesto del Partido Comunista: ¡socialismo o barbarie!”.
Unos ruidos de obús cubren progresivamente el discurso de Rosa Luxemburgo, hasta volverlo inaudible.
Mientras tanto, el humo la hace desaparecer poco a poco.
*
Francia, noviembre de 1917
En el frente de batalla. Trincheras. Cae la noche.
Una lluvia de metralla.
Explosiones ensordecedoras. Bloques de tierra salen volando. Humo.
Dos soldados estadounidenses se abren camino entre las explosiones.
Se acurrucan detrás de una pendiente para protegerse.
Tienen que gritar para hacerse entender.
Soldado 1.– ¿Cuándo llegaste?
Soldado 2.– Anteanoche.
Soldado 1.– ¿Cómo te llamás?
Soldado 2.– Johnny.
Soldado 1.– Yo soy Bill.
¿De dónde venís?
Soldado 2.– Shale City, Colorado.
¿Y vos?
Un obús explota muy cerca de ellos. Un bloque de tierra les cae encima.
Soldado 1.– Bueno, me parece que no conviene quedarse acá.
Se levantan para irse pero un obús explota justo al lado de ellos.
Los dos soldados desaparecen bajo la lluvia de tierra y el humo negro.
Los ruidos se alejan (pero perduran un tiempo a lo lejos).
El humo de las trincheras se disipa.
Deja sitio a la nube de humo de un cigarrillo alrededor de un hombre de unos 40 años, escribiendo a máquina.
Los Ángeles, 26 de octubre de 1947
(Historia de Dalton)
Interior. Noche.
Un hombre de 42 años escribe a máquina, una lámpara de oficina lo ilumina débilmente, fuma un cigarrillo mientras escribe.
Dalton.– (voz en off) “Exterior noche. Johnny y Bill corren bajo una lluvia de metralla. Un obús explota junto a ellos. Bloques de tierra salen volando. Humo negro”.
La luz ilumina de pronto a Johnny, de pie con un uniforme de soldado, observando con insistencia a Dalton, frente al escritorio.
Johnny.– ¿Todavía seguís trabajando en ese guion?
Dalton.– (sin mirarlo, concentrado en la página que está escribiendo) Sí, estoy convencido de que hay que hacer esta película.
Johnny.– ¿Y quién se te ocurre para interpretar mi papel?
Dalton.– No lo pensé todavía.
Johnny.– Ninguna estrella va a querer interpretar a un soldado con todos sus miembros mutilados.
Dalton.– De todos modos nadie va a querer producir esta película.
Soy el guionista mejor pago de Hollywood. Y mi carrera está a punto de derrumbarse.
Mañana tengo que declarar ante la Comisión de Actividades Antiamericanas.
Me acusan de haber pertenecido al Partido Comunista.
Y mañana me negaré a responder.
Invocaré la Primera Enmienda: libertad de opinión y reunión.
Y probablemente me acusen de afrenta al Congreso.
Suena el teléfono.
Dalton.– Hola, Dalton Trumbo, lo escucho. (Silencio.) ¿Hola?
Johnny.– ¿No es nadie?
Cuelga.
Dalton.– Ya pasó varias veces esta semana.
Johnny se acerca a la ventana.
Johnny.– Qué raro. En la calle hay dos hombres que miran para acá.
Dalton va a mirar por la ventana. Johnny retrocede y desaparece entre las sombras.
Dalton.– Ya vinieron ayer y anteayer.
Creo que son del fbi, vigilan que no trate de escaparme.
Una niña de 5 años está en la puerta de la oficina (solo se escucha su voz).
Voz de la niña.– Papá, ¿con quién hablás?
Dalton se da vuelta. Johnny ya no está.
