Читать книгу: «Geografía. Libros XV-XVII»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 415

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B.C.G., la traducción de este volumen ha sido revisada por IRENE PAJÓN .
© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2015.
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
www.editorialgredos.com
Primera edición: Junio de 2015.
Ref.: GEBO139
ISBN 9788424930240.
INTRODUCCIÓN
Para una introducción general a la vida y obra de Estrabón, y concretamente al contenido y aspectos generales de su Geografía , remitimos a la introducción de J. García Blanco al primer volumen dedicado a esta obra en la colección Gredos.
La presente introducción está dedicada a comentar el contenido y los aspectos principales de los libros XV-XVII de la Geografía .
LIBRO XV
Tras una breve introducción genérica (XV 1, 1-10) en la que se refiere a los conocimientos procedentes de los primeros exploradores griegos de la India, a la poca fiabilidad de sus informes, a la escasa presencia de comerciantes griegos en la región, a la relevancia de las campañas de Alejandro, a los informes de Megástenes, a Eratóstenes y el escepticismo ante el mito, el libro XV de la Geografía tiene tres partes principales, pero de extensión desigual: Estrabón dedica casi dos tercios del total del libro a la India (XV 1, 11-73), y el resto a Ariana (XV 2, 1-14) y a Persia (XV 3, 1-24).
I. La India
La obra de Estrabón nos permite apreciar hasta qué punto los contactos entre Grecia y la India se intensificaron a partir de las campañas de Alejandro Magno, tras un conocimiento remoto y más superficial que se podría remontar hasta dos siglos más atrás como mínimo 1 . Esta expedición fue un hito muy señalado en los siglos posteriores también y vemos claramente hasta qué punto la parte correspondiente a esta región del mundo en la obra del geógrafo de Amasia depende en última instancia de personas que viajaron en el grupo macedonio, como se verá en las páginas que siguen.
Una parte muy importante del noroeste del subcontinente (que corresponde a los territorios de los modernos Pakistán y Afganistán [en su parte oriental en este caso] había caído hacia el 520 a. C en manos del Imperio aqueménida de los persas (Bongard-Levin, A History of India, pág. 11). En el mismo período, por cierto, los persas, liderados por Darío el Grande, estaban también presionando a los griegos, apoderándose de todas sus ciudades en Anatolia e incluso llegando al corazón de la Grecia europea, donde solo fueron detenidos tras las inestables alianzas de las ciudades estado griegas que dieron lugar a episodios heroicos como el de las Termópilas (480 a. C.), que trajo la gloria a los espartanos, o los de Maratón (490 a. C.) y Salamina (480 a. C.), que convirtieron a los atenienses en salvadores de la Hélade, con consecuencias políticas y culturales de primer orden en el desarrollo del período clásico heleno.
Hacia el final del período clásico, el rey macedonio Alejandro Magno, tras seguir los pasos de su padre, Filipo, en la unificación griega, inició una expansión colosal que le llevó, en primer término (tenía planes de hacer algo semejante en dirección oeste), al Oriente. Conquistó primero toda la Anatolia y lo que quedaba en su tiempo del Imperio aqueménida, alcanzando en una campaña dura y relativamente rápida las fronteras noroccidentales del subcontinente indio.
Ya en el año 331 a. C., el ejército macedonio había invadido Persia entrando fácilmente hasta Susa. En el 328 a. C., Alejandro invadió Bactriana, y en el 327 a. C., Sogdiana, que ofreció algo más de resistencia. Se casó allí con la princesa local Roxana, intentando congraciarse con la aristocracia local, y en el 326 a. C. Alejandro se centró en el subcontinente indio y cruzó el Hindu Kush con su ejército, iniciando las campañas de conquista del valle del Indo. Tras cruzar el Indo derrotó al líder local Poros, que controlaba la región del Panyab paquistaní, en la batalla del Hidaspes del 326 a. C., que tuvo lugar en la orilla oriental del río, en el entorno de lo que hoy es Bhera. Fue la última gran batalla de Alejandro. A partir de ahí tuvo cada vez más problemas de disciplina con su ejército, que no quiso adentrarse más en la India.
Alejandro decidió entonces iniciar el regreso y se dirigió hacia el sur. Tras superar duros combates y una grave herida, Alejandro dividió a su ejército, enviando una mayoría en dirección a Carmania (zona meridional del Irán moderno), a las órdenes de Crátero, y construyó una flota para navegar por el golfo Pérsico, poniendo a Nearco al mando. Al resto lo conduciría él mismo por el desierto de Gedrosia (hoy Irán meridional y la región paquistaní de Makrán). El viaje de regreso fue muy duro para los macedonios. El propio líder no podría llegar a casa. En junio del 323 a. C. Alejandro murió en Babilonia, a pocos días de cumplir treinta y tres años.
Las noticias que nos da el texto estraboniano acerca de la India en particular no son resultado de ningún viaje del de Amasia a este país, llamado hoy con frecuencia «subcontinen te», por lo que todo procede o bien de informes escritos a los que tuvo acceso (informes que en última instancia remontan a las campañas de Alejandro varios siglos antes de su vida), o bien de informaciones orales de viajeros contemporáneos. No obstante, todo ello de un modo fragmentario y poco sistemático 2 . El autor con frecuencia nos ofrece discusiones acerca de la fiabilidad relativa de una o de otra fuente, pero no de modo sistemático, y no muestra una solución clara a las dudas que le generan determinados datos, vacilando con frecuencia si debe prescindir de la información dudosa o simplemente indicar de modo expreso al introducirla que él la percibe como poco fiable; también parece no tener claro siempre si mostrarnos o no las discrepancias entre los «alexandrógrafos», sus fuentes principales 3 (ejemplos en 1, 33; 1, 68; 3, 7-8), pero no las únicas 4 . Por otro lado, la escasez de datos de alguna comarca le lleva a introducir informaciones escasamente relevantes para la geografía física o para la etnografía, y a romper con frecuencia el hilo del discurso 5 .
Da la impresión de que a algunos autores Estrabón no los conoce directamente, sino a través de Eratóstenes, lo que coadyuvaría a una visión generalmente no favorable a la opinión de estos cuando era discrepante de la del cirenaico 6 . El buen juicio que en cambio le merecen normalmente Nearco, Onesícrito y Aristóbulo también puede ser influencia de Erastóstenes 7 . Las menciones expresas a estos tres autores, además, son abundantes, aparte de que parece que a lo largo de la redacción de todo su texto son constantemente la referencia última para el de Amasia 8 . Cuando alguno de estos tres discrepa entre sí, Estrabón está presto a comentarlo (XV 1, 17; XV 1, 18; XV 1, 24; XV 1, 28; XV 1, 43; XV 1, 45; XV 3, 7; XV 3, 8). Biffi 9 dice de modo explícito que «Strabone ha seguito in parallelo l’esposizione dei tre storici e talora ha tratto dal loro pieno accordo la garanzia che gli eventi di cui sta discorrendo sono veritieri o quanto meno probabili». No obstante, alguno de los autores es el preferido para diferentes secciones: Nearco en la descripción de la costa occidental o la casi totalidad del capítulo 2 de este libro XV. Pero para la descripción geográfica general de la India, también Megástenes ha sido una fuente muy utilizada 10 . En cualquier caso, queda fuera de toda duda que el autor al que más respeta es Eratóstenes, en el que tiene plena confianza y con el que se siente liberado de ulteriores comprobaciones 11 .
En definitiva, como decíamos un poco más arriba, este modo relativamente poco sistemático de trabajar las fuentes justifica un poco que el texto pierda el hilo conductor en ocasiones y se produzcan saltos y falta de sistematicidad 12 .
Los aspectos que quiere incluir son, en primer término, los relativos a la geografía física de estas regiones, aunque en ocasiones, incluso dentro de este tema, no todos los asuntos pertinentes son tratados con la misma extensión (cf. XV 1, 26), por causas ajenas a su voluntad, como la falta de información fidedigna. Tras la geografía física viene la agricultura y la economía, y finalmente aspectos sociales y etnográficos de las comarcas descritas, de donde tiene la información o (en ocasiones es lo que parece) donde no tiene otra información que le parezca de interés.
Biffi 13 , a partir de una serie de indicios menores del propio texto, llega a la conclusión de que el libro XV de su Geografía fue escrito en algún momento entre el año 20 y el año 8 a. C.
La parte del texto del libro XV específicamente dedicada a la India comienza situando sus límites geográficos en las cadenas montañosas del norte (Paropamiso o Hindu Kush 14 , Emodo e Imeo 15 ), el río Indo por el oeste 16 , y el océano por el sur y el este. Menciona las dimensiones calculadas por Eratóstenes 17 como las que más confianza le inspiran (1, 10-11) 18 : las demás propuestas no le parecen fiables. Rechaza la propuesta de Ctesias (1, 12) de que la India es tan grande como todo el resto de Asia, o la de Onesícrito, que cree que ocupa un tercio de toda la oikoumene . Megástenes y Deímaco le inspiran comentarios más moderados, pero también considera equivocados sus cálculos 19 .
En el siguiente parágrafo (1, 13) habla de los ríos de la India, de la flora, de la fauna y del aspecto físico de los indios. Se detiene especialmente en la descripción de los ríos, numerosos y caudalosos en la India, en especial en lo referente al Ganges y al Indo y sus numerosos afluentes. Sin duda esto es un elemento llamativo en comparación con los capítulos dedicados a Egipto y Etiopía. Teniendo en cuenta la similitud latitudinal, podría haberse esperado condiciones geográficas semejantes. También puede influir el contraste con la propia geografía griega, pero a Etiopía y a Egipto los menciona de forma explícita al hablar del régimen de lluvias en la India y de los productos que es posible cultivar gracias a ello, o de la fauna de la región 20 . Termina el parágrafo con la comparación física de los nativos. Los del sur coinciden en color de piel con los etíopes, aunque sin el pelo rizado, supuestamente por la humedad ambiental, y los del norte son parecidos a los egipcios.
A continuación (1, 14-15) menciona la isla de Taprobane 21 , en una breve interrupción de su discurso acerca de los ríos y del régimen de lluvias indio, temas que parecen interesarle más. En 1, 16 hace, de hecho, referencia explícita a la celebrada descripción herodotea de Egipto como el «don del Nilo» 22 , señalando el paralelismo con la India, sus ríos y la fertilidad de sus tierras. Expone a continuación (1, 16-19) las explicaciones de Nearco y Aristóbulo sobre el régimen de lluvias de la India, no coincidentes entre sí (1, 18), con comparaciones repetidas con Egipto y Etiopía 23 , y con Eratóstenes como referente siempre.
Como una consecuencia lógica de la descripción de los ríos y de las lluvias surge el tema de la fertilidad de las tierras y de los productos agrícolas indios (1, 20). Relaciona las crecidas de los ríos y el limo que depositan en el terreno con una fertilidad prodigiosa, en lo que recuerda de nuevo el caso egipcio. Biffi 24 observa que tampoco nos da una lista de productos muy amplia en este punto. No obstante, deja espacio a lo maravilloso, como las referencias a ciertas plantas que pueden producir miel sin necesidad de la participación de abejas siquiera (1, 20) o al enorme tamaño de los árboles de la India y de sus hojas (1, 21).
Estrabón nos habla a continuación de la fertilidad comparada de la India, Arabia, Etiopía y Egipto, tanto en flora como en fauna, incluyendo en la reflexión, incluso, la fertilidad de las mujeres egipcias (1, 22). El tono maravilloso continúa al señalar que se dice que el agua de lluvia en la India cae ya caliente del cielo (1, 23).
El texto aborda a continuación el tema del color de piel de los indios, señalando el paralelismo con los etíopes (1, 24). Estrabón se esfuerza por entender la afirmación de Teodectes de que es la mayor «proximidad» al sol la que explica el color de piel de etíopes e indios. Aun estando de acuerdo con Onesícrito en que, técnicamente, el Sol está igual de lejos de todos los pueblos de la Tierra, interpreta que lo que quiere decir Teodectes es que el sol calienta más. De hecho, como es notorio, calienta más según las latitudes, aunque no sea por cercanía, sino por el grado de inclinación de los rayos.
Sigue el texto con una referencia a la situación geográfica de la India con respecto a Egipto y Etiopía (1, 25), y con un informe (1, 26) acerca de todos los ríos, afluentes del Indo, que discurren por el norte del país 25 , y que conocemos gracias a la expedición de Alejandro Magno: el río Cofes 26 y el Coaspes 27 (afluente del Cofes), y después del Cofes (1, 27) el Indo, después el Hidaspes, después el Acesines y el Hiarotis, y por fin el Hipanis 28 . Junto con los ríos menciona de paso a los pueblos que habitan esas comarcas: entre el Cofes y el Indo viven los astacenos 29 , los masianos 30 , los niseos 31 y los hipasios 32 , y más allá está la región de Asacano, con la ciudad de Masoga 33 . Y junto al Indo, la ciudad de Peucolaitis 34 .
Entre el Indo y el Hidaspes menciona Estrabón (1, 28) la región de Taxila 35 , con su capital del mismo nombre, y luego el reino de Abisares 36 , con sus gigantescas serpientes. Entre el Hidaspes y el Acesines, a su vez, se encuentra el reino de Poro (1, 29), momento en el que aprovecha para hablar de los monos de cola larga 37 . A continuación, Estrabón (1, 30) trata de Catea 38 y la región de Sopites 39 . Describe una curiosa obsesión por la belleza de los habitantes de Catea, así como su pasión por una raza muy agresiva de perros (1, 31).
Como Biffi 40 observa, Estrabón no tiene un esquema bien diseñado de cómo organizar los datos de que dispone, y simplemente sigue los informes de los «alexandrógrafos». Así, en 1, 32 el texto simplemente sigue las expediciones de Alejandro por esta comarca entre el Hipanis y el Hidaspes. En 1, 33, Estrabón nos dice que «la región que se extiende desde el Hipanis hasta el Hidaspes se dice que la ocupan nueve pueblos, y que las ciudades llegan a cinco mil», aunque él mismo no da credibilidad a estas cifras. En 1, 28 ya había hablado de los pueblos más importantes de esta comarca, pero añade ahora a los sibas 41 , a los mallos 42 y a los sidracas. Menciona el reino de Porticano y la ciudad de Patalene, y a continuación, el reino de Musicano, de rasgos utópicos (1, 34), algunos de ellos explícitamente comparados con rasgos laconios.
En 1, 35 nos señala que no cree la historia de Cratero que afirmaba que Alejandro habría llegado hasta el Ganges, de dimensiones variables según las fuentes. Menciona a continuación (1, 36) la ciudad de Palibotra (en la confluencia del Ganges y el Eranoboa, hoy Sone). El nombre en sánscrito es Pâtaliputra , hoy Patna, capital del estado de Bihar. Era la capital de los prasios, ribereños del Ganges, y de quienes es Megástenes 43 nuestra principal fuente.
Vuelve entonces (1, 37) sobre el río Hipanis, lamentando el alto grado de desconocimiento de sus fuentes acerca de toda la comarca que se extiende hacia el este, lo que le lleva finalmente a incluir historias paradoxográficas acerca de animales fantásticos, como las hormigas buscadoras de oro 44 , o los nativos llamados seras, que supuestamente llegaban a vivir más de doscientos años. Habla también Estrabón (1, 38) de que, según Megástenes, había en estas montañas un río Sila, en el que nada podía flotar 45 . Pero él explícitamente señala que la historia no es creíble.
Con esto termina la parte más puramente descriptiva de los límites y la geografía de la India y comienza el tratamiento de aspectos de la geografía humana, de la sociedad local, como las famosas siete castas 46 a las que dedica el grueso de los siguientes parágrafos. Comienza en 1, 39 con la referencia a la casta de los filósofos, la menos numerosa. En 1, 40 nos habla de la casta de los agricultores, y luego (1, 41), de la casta de los pastores y cazadores, punto en el que interrumpe su narración para tratar de algo tan exótico y llamativo para él y para sus lectores como es la caza 47 del elefante (1, 42-43), obviamente justo en el momento en que estaba hablando de los cazadores. Lo que ya no tiene tanto sentido es que vuelva a mencionar ahora a las hormigas buscadoras de oro (1, 44), o a los maravillosos reptiles o criaturas marinas (1, 45). Podemos especular que la fuente de Estrabón de la que ha obtenido la información sobre los elefantes seguía con esta otra fauna real o fantástica y el de Amasia la ha seguido fielmente sin importarle o sin percatarse de la inconveniencia, por la interrupción del relato sobre las siete castas. No obstante, a partir de 1, 46, trata de las cuatro castas 48 que le quedaban, sin más interrupciones:
— artesanos, comerciantes y trabajadores manuales (1, 46);
— militares (1, 47);
— inspectores (1, 48);
— consejeros y asesores del rey (1, 49).
En 1, 50-52 habla de las competencias de los magistrados, de los funcionarios municipales y de los responsables de los asuntos militares.
En los siguientes parágrafos, con un orden y estructuración internos más claros, repasa los usos y costumbres de la población local, en un retrato que trata de manera obvia de ser ejemplarizante acerca de valores en su opinión probablemente perdidos en la sociedad griega contemporánea. Menciona, por ejemplo (1, 53), que son amigos de la paz y que son sobrios y honrados, no roban, son ordenados, no beben vino, sino una especie de brebaje preparado con arroz; tampoco tienen leyes escritas ni hipotecas. Los funerales (1, 54) son sobrios también, pero, en cambio, son muy aficionados a los adornos en vida. Evidentemente, este contrapunto en la descripción de las virtudes de los indios suena un poco a crítica velada al exceso idealizador de los pasajes precedentes, atribuibles a Megástenes. De igual modo podríamos entender lo que sigue, más bien crítico también con la sociedad india, al menos desde el punto de vista de un griego como Estrabón: no muestran especial respeto por los ancianos, practican la poligamia, compran a sus mujeres a cambio de una yunta de bueyes, al mentiroso le amputan manos y pies, y dice que según Megástenes no practicaban la esclavitud. También señala, no obstante, que Onesícrito nos dice que esto era una peculiaridad de la región de Musicano 49 . Nos cuenta también que el rey (1, 55) está siempre bajo amenaza de conspiración y asesinato, y que no puede dormir tranquilamente siempre en el mismo lecho.
En los siguientes parágrafos se vuelve a perder un poco el orden. Estrabón nos informa de elementos variopintos, como relatos fantásticos de Megástenes (1, 56), tales como que «los que habitan el Cáucaso practican el sexo con sus mujeres a la vista de todos y se comen los cuerpos de sus parientes», elementos con los que da una pincelada de barbarismo a los indios. Añade a continuación historias fabulosas acerca de distintos animales, o (1, 57) de poblaciones locales de hombres muy pequeños, tipo pigmeos, y otros con un solo ojo, o con orejas de perro, etc.
Dejando a un lado estas historias fantásticas, pasa a hablar de los filósofos indios, uno de los elementos de la geografía humana de la región que más le llama la atención.
La filosofía india sin duda interesaba a Estrabón y a su audiencia, y nuestro texto le dedica nada menos que doce parágrafos 50 (1, 58-70). Nos hablará de los filósofos de la montaña y de los de la llanura (1, 58), de los brahmanes (1, 59), de los garmanes (1, 60), del testimonio de Aristóbulo cuando conoció a dos brahmanes (1, 61), de las extrañas costumbres de los habitantes de Taxila (1, 62), de los testimonios de Onesícrito sobre los filósofos indios (1, 63-64), de cómo estaban estos hombres sabios entrenados para sufrir (1, 65), del testimonio de Nearco acerca de la ausencia de leyes escritas (1, 66) o de la artesanía de los indios (1, 67). En el siguiente parágrafo (1, 68), Estrabón se refiere a la historia del filósofo indio Calano, y a las diferentes versiones transmitidas desde la época de Alejandro, aunque coincidentes en que murió voluntariamente al lado del rey 51 .
En 1, 69 se nos habla del culto de los indios a Zeus lluvioso 52 , al río Ganges y a las deidades locales. Y el texto nos menciona, con afán de detalle, los muchos objetos preciosos y riquezas. En 1, 70 llegamos a los gimnosofistas propiamente dichos, a los pramnas desnudos 53 , amigos de discutir y de argumentar. En 1, 71 se refiere al grupo particular de los pramnas urbanos, y en el siguiente (1, 72), al río Ganges, siguiendo a Artemidoro, al que acusa de tocar muchos otros temas, «pero de modo confuso y descuidado, por lo que no merecen que se les preste atención». Es cierto que el material de Estrabón nos aparece con frecuencia desordenado, pero resulta irónico ver al propio autor luchando con estas mismas sensaciones y filtrando y tratando de organizar el material del que él dispone.
En el siguiente parágrafo (1, 73), con el que acaba la sección dedicada a la India, se dedica a contarnos la muerte por suicidio en Atenas de un tal Zarmanocegas, transmitida por Nicolao de Damasco 54 .
II. Ariana
El segundo capítulo del libro XV está dedicado a Ariana, situada al oeste de la India, conquistada por los persas 55 . El primer parágrafo (2, 1) habla de sus límites, el mar, las montañas del norte, el río Indo, Carmania, etc. También menciona a sus principales grupos étnicos: los arbies 56 , los oritas 57 , los ictiófagos («comedores de peces»).
En 2, 2 describe la comarca de los ictiófagos, su geografía, su flora y su fauna. A continuación (2, 3) nos habla de la región de Gedrosia, un país árido, pero que produce nardo y mirra, plantas características de climas desérticos. La estación de lluvias es en verano. En 2, 4 Estrabón nos habla del trayecto del séquito de Alejandro por Gedrosia 58 , sin alejarse nunca mucho del mar. El viaje, en cualquier caso, resultó sin duda penoso por las condiciones, para las que el ejército no estaba preparado: la escasez de víveres, de agua; las condiciones de calor extremo; el terreno arenoso, e incluso los peligros de la fauna y la flora locales, etc., propiciaron un número importante de bajas (2, 5-7), algo que, no obstante, el texto presenta como un ejemplo de superación 59 .
A continuación, una vez descrita la parte meridional de Ariana 60 , «de la costa y de las tierras de los gedrosios y de los oreítas que quedan cerca», Estrabón da una visión de la geografía del resto de la región, siguiendo especialmente a Eratóstenes (2, 8). Hacia el interior, Gedrosia limita con el territorio de los drangas 61 , los aracotos 62 y los paropamisadas 63 . El límite oriental de Ariana es el río Indo, y el meridional, el gran mar; el septentrional, las montañas del Paropamiso y la cordillera que se extiende hasta las llamadas puertas del Caspio 64 . En cuanto al límite occidental sería la región montañosa en la que habitaban los coseos. En el mismo parágrafo nos da las diferentes estimaciones acerca de las dimensiones de Ariana de las que él dispone. En cualquier caso, en el plano étnico y cultural, Estrabón tiene claro que «Ariana se extiende hasta una parte de Persia y de Media e incluso hasta las tierras de los bactrios y los sogdianos por el norte; pues estos son prácticamente hablantes de la misma lengua, salvo por pequeñas diferencias».
En 2, 9 nos habla de los principales grupos étnicos de Ariana y de su disposición geográfica de estos pueblos, siguiendo a Eratóstenes 65 , aunque no lo diga de modo expreso: paropamisadas, aracotos, gedrosenos, arios, drangas, partos. Dado que las fuentes de Estrabón en la descripción de la región beben, en última instancia, en gran medida, en la expedición de Alejandro, se comprenden bien sus palabras al comienzo de 2, 10: «Uno comprendería mejor lo relativo a la región montañosa mencionada examinando en detalle el camino del que se sirvió Alejandro en su persecución de los del entorno de Beso desde el territorio de los partos hacia Bactriana». Se trataría de la vertiente oriental del Hindu Kush. Por allí (2, 11) se encontraba también Caarene 66 , la última región bajo el control de los partos antes de la India.
En este punto (2, 12), el texto hace un excursus sobre las ballenas del golfo Pérsico, de las que todos los navegantes por la zona habrían hablado con admiración y casi pavor 67 . En el siguiente parágrafo (2, 13) nos reproduce la refutación por parte de Nearco de la existencia de una isla mágica «que hacía desaparecer a los que fondeaban en ella». Para concluir la sección dedicada a Ariana, el texto de Estrabón (2, 14) hace una descripción somera de la comarca de Carmania, entre Gedrosia y la Pérside, con minas de oro, plata, cobre y minio. Pero también con un desierto 68 en el límite con Partia y con Paretacene. Describe también las costumbres de sus habitantes, étnicamente próximos a los persas y a los medos 69 .
III. Pérside
La última parte del libro XV de Estrabón son los 24 parágrafos dedicados a la Pérside, desde «la costa del golfo que recibe de él su nombre 70 , pero con una porción mucho mayor tierra adentro» 71 , «desde el sur y Carmania hasta el norte y los pueblos de la Media». La región se divide fácilmente en tres en términos geográficos: la costa, «tórrida, arenosa y desprovista de todo fruto salvo los dátiles»; la llanura 72 , muy fértil, buena para la cría de ganado y llena de ríos y de lagos, y, finalmente, la región septentrional, «invernal y montañosa». Como grupos étnicos principales destaca a los patescores 73 , aqueménidas 74 , magos, cirtios y mardos 75 .
Entre Babilonia y Persia se encuentra también la comarca de Susiana 76 con su capital, Susa 77 , donde los reyes persas establecieron su sede real. En 3, 3 describe con admiración el palacio de Susa, donde «los persas tenían sus riquezas, sus tesoros y sus tumbas». No obstante, desde la época del esplendor persa la región sufrió una decadencia notable.
En 3, 4-5, Estrabón vuelve a la geografía física y sitúa a Susa tierra adentro, a la orilla del río Coaspes, en el territorio por el que discurren el Tigris, el Éufrates y sus respectivos afluentes. La costa de Susiana es tierra de marismas y termina en el río Éufrates. A continuación de la desembocadura del Éufrates y la del Pasitigris (nombre que recibe el Tigris en la parte baja de su curso) está ya la costa de los árabes. Habla a continuación (3, 6) de los valles fluviales del Copratas 78 , el Pasitigris, el Ciro 79 , el Araxes 80 o el Medo 81 .
El texto vuelve a Alejandro y su expedición en 3, 7, donde nos cuenta su llegada a Pasargadas 82 , con su palacio y la tumba de Ciro. En 3, 8 es la tumba de Darío de la que se nos habla, siguiendo los testimonios de Onesícrito y de Áristo de Salamina. En 3, 9, Estrabón nos cuenta que Alejandro se llevó todas las riquezas de la Pérside a Susa 83 . Los tesoros de Susa y los de la Pérside tenían un valor aproximado de entre cuarenta mil y cincuenta mil talentos.
En cualquier caso (3, 10), el lugar favorito de Alejandro en la región fue Babilonia, tanto por el clima (Susiana era fértil, pero sofocante 84 ), como por el tamaño y esplendor general de la ciudad. En 3, 11 insiste en cuán fértil era Susiana. Habla después (3, 12) de Apoloniatis (antes Sitacene), sometida a los partos 85 .
La parte final del capítulo dedicado a Persia trata de sus usos y costumbres en el plano etnológico y comienza con su religión (3, 13), de la que destaca la ausencia de estatuas o altares, o sus sacrificios 86 , o su culto al cielo-Zeus, al Sol-Mitra 87 , «y a la Luna y a Afrodita, y al fuego y a la tierra, a los vientos y al agua» 88 . En 3, 14 describe sus sacrificios al fuego y al agua 89 . Y de aquí salta a la descripción de los sacrificios en Capadocia. Señala en 3, 16 que para los persas los ríos son sagrados, y por ello «nunca orinan ni se lavan en un río» 90 .
En 3, 17 trata de la monarquía hereditaria, de la poligamia y de la existencia de premios de natalidad. En 3, 18 el tema es la educación de los jóvenes, desde los cinco hasta los veinticuatro años, y en 3, 19, el servicio militar (entre los veinte y los cincuenta años), la falta de actividad comercial, la artesanía, la moda, las armas, la gastronomía o la decoración. En 3, 20 el texto habla de su afición al vino, o de las costumbres sociales como el beso entre iguales y entre diferentes, o los ritos funerarios o la sexualidad.
En 3, 21, Estrabón, siguiendo a Policrito 91 , nos cuenta cómo se implementó en Persia un sistema de impuestos, y en 3, 22, las consecuencias derivadas de la riqueza excesiva: la molicie de los reyes. En 3, 23 toca el tema de la interacción histórica de griegos y persas, «que llegaron a ser los más conocidos de todos los bárbaros entre los griegos, porque ningunos de los otros bárbaros que dominaron Asia llegaron a tener bajo su dominio gentes griegas». Concluye el capítulo dedicado a Persia hablándonos de cómo esa hegemonía persa es algo del pasado, de la época de Ciro 92 , y de Darío. Y que duró unos doscientos cincuenta años 93 . No obstante, en la época de Estrabón habían decaído mucho 94 .
LIBRO XVI
Una vez descrita la India, el país más oriental de toda la geografía conocida por los griegos, Estrabón retrocede en el libro XVI hacia occidente abordando los territorios que quedan sin describir al sur del Tauro en Asia Central y que se extienden hasta el Mediterráneo y Egipto. Después de Asiria (capítulo primero) pasa a describir Siria (capítulo segundo), las costas en torno al golfo Pérsico (capítulo tercero) y la península Arábiga, incluyendo las costas occidentales del golfo Arábigo, actual mar Rojo (capítulo cuarto). 95 Lo que unifica los territorios descritos en este libro es su pertenencia común al mundo semítico, que los griegos veían, sin duda, reflejada no solo en las relaciones lingüísticas, sino también en la comunidad de elementos culturales y religiosos, a pesar de haber entrado en contacto con estos pueblos cuando ya formaban parte de un amplio mundo persa. La relación entre Siria y Asiria estaba clara para los griegos, como refleja la onomástica y explica Estrabón en 1, 2. Por otra parte, los griegos eran muy conscientes de que había pueblos árabes dispersos desde antiguo por Mesopotamia, Siria, y, al sur de esta, en unos territorios casi desconocidos que se extendían por una parte hasta la mucho más civilizada Egipto y por otra hasta el mar Exterior 96 . A pesar de esta unidad y mezcla de pueblos, en la época de Estrabón existía ya un concepto muy claro de Siria y Arabia como países con entidad propia, y un concepto menos claro de ese territorio que correspondía a los antiguos imperios asirios y babilonios. Los distintos capítulos son muy diferentes, tanto por las fuentes usadas como por el grado de conocimiento del autor y el tipo de aspectos tratados, por lo que la introducción se hará de cada uno de ellos por separado.
Se pretende a continuación ofrecer al lector una visión general y organizada, y dentro del contexto de la tradición y los conocimientos de su época, de la información, rica pero muy dispersa, que Estrabón presenta a lo largo del libro: geográfica, etnográfica, histórica, cultual e incluso paradoxográfica, aspecto este último especialmente presente en este libro. A pesar de la variedad entre los capítulos, destaca el hecho de que Estrabón no conoce de primera mano la zona descrita en estos libros, por lo que depende de la información de algunos conocidos y sobre todo de fuentes helenísticas. Esto explica que su descripción de la costa occidental del mar Rojo se haga junto con la de la península Arábiga en vez de junto a la del resto de Egipto, o que la descripción de los territorios que en su época estaban en los límites con el Imperio parto, y por tanto eran bien conocidos, sea absolutamente superficial y rápida. La descripción detallada se limita a los centros de civilización helenísticos, como Babilonia, Seleucia, Apamea, Antioquía, Ctesifone o Petra. Su dependencia de fuentes helenísticas explica también que la mayor parte de los datos históricos que ofrece datan de una época anterior a la suya, e incluso estos son dispersos y no siempre los más importantes o los esperables. La razón de muchas omisiones o de la desigualdad en la información histórica puede deberse también a que él mismo había escrito ya en los años veinte a. C. sus Historika Hypomnemata , cuya información no querría repetir 97 . Especialmente relevante es la omisión de la campaña de C. César realizada en el 1 d. C. por las provincias orientales, que originó numerosos escritos en la época sobre Armenia, Partia, Mesopotamia, Siria y Arabia, y que sin duda era tema de conversación y lectura entre el público de Estrabón 98 . Tanto Biffi como Engels explican esta omisión mediante la hipótesis de que Estrabón terminó el libro XVI algunos años antes de esta expedición y de la publicación de los tratados de Juba II y de Isidoro de Carax 99 .
I. Asiria
Para unificar esa extensa zona que se extiende desde los territorios más occidentales descritos en el libro XV hasta Siria y Arabia, extensos pero además ocupados y dominados por pueblos muy diversos a lo largo de la historia, el autor recurre al término de Asiria, que aunque ya anacrónico en época helenística y romana, es el único que puede englobarlos. Los griegos tenían conocimiento de ese Imperio asirio del que habla Heródoto y, mucho tiempo después, Diodoro Sículo (II 1-32). Contaban con una tradición transmitida por los persas, de cuya época data la primera presencia significativa de griegos en Babilonia, y a cuya época responde la descripción topográfica de Diodoro, tomada de Ctesias. También disponían de una historia de Babilonia escrita por Beroso, un nativo; pero, curiosamente, los datos supuestamente históricos más tratados, aunque de formas distintas, por Heródoto, Diodoro y Estrabón son los relativos a Nino y a Semíramis, reyes en realidad legendarios que no menciona Beroso. Estrabón conoce la tradición sobre el pueblo asirio que encontramos en Heródoto, a la que responde la coincidencia en ambos autores de la descripción de las costumbres asirias, y la importancia de Nino y Semíramis como reyes edificadores, sin la aureola divina con que los cubre Diodoro.
El capítulo de Asiria en Estrabón recoge un amplio y variado grupo de territorios y pueblos que a lo largo de la historia han estado bajo el dominio de muy diversos soberanos, algunos de ellos pueblos cuya adscripción a un país u otro es tan difícil que Estrabón ya los ha mencionado más o menos detalladamente en el libro XI, como los gordieos o los coseos. De hecho, el autor solo es capaz de establecer como pueblos limítrofes claros Persis y Susiana al este (§ 1). Ya en el libro II (1, 31) comentaba la dificultad de delimitar la tercera esfrágide de Eratóstenes, la que corresponde más o menos a su Asiria, y en su comentario a la descripción de la tierra hecha por Posidonio (II 5, 32), tan clara en relación con la mayor parte de los países, los pueblos correspondientes a la Asiria de Estrabón quedan englobados en el apartado de países del Tauro exterior. Asirios son los babilonios y los pequeños pueblos que viven a su alrededor y, junto a las montañas, los pueblos vecinos a los armenios y Mesopotamia.
El término Asiria designa en origen el territorio de la ciudad de Assur. El núcleo del país era la parte occidental, pero sobre todo la oriental del río Tigris, correspondiente más o menos al norte de la actual Iraq. En inscripciones aqueménidas el término se utiliza para los territorios al norte de Mesopotamia y norte de Siria, a veces incluso como término de administración para referirse a Siria, ya que el núcleo propiamente asirio formaba parte de la satrapía llamada Babilonia. A este uso aqueménida parece deberse la abreviación de Asiria en Siria y la diferenciación en las fuentes griegas (cf. 1, 2). En Heródoto (III 155), Asiria engloba Babilonia y Mesopotamia. Este mismo sentido amplio, excluyente a su vez de Siria, es el que encontramos en Estrabón, consciente sin embargo de la relación entre sirios y asirios, como se deduce de su digresión en el parágrafo 2. Este autor sitúa el núcleo de Asiria en las regiones de Aturia y Adiabene, un término político geográfico este último que con el tiempo va sustituyendo al de Asiria. Es significativo que en el 115 d. C. Trajano restablece brevemente el antiguo núcleo asirio con el nombre de provincia de Asiria.
A pesar de que a partir de las conquistas de Alejandro Magno estas zonas se hacen mucho más cercanas a los griegos, siguen siendo de difícil acceso y conocimiento, y esta es la causa, junto con las numerosas repeticiones de topónimos, la falta de coincidencia en muchos casos entre límites geográficos e históricos 100 , y la diversidad y parcialidad de las fuentes, de los errores, ambigüedades y falta de claridad en la descripción de muchos de los pueblos por parte de Estrabón, especialmente patente cuando habla de los «puentes» (zeugmata ) del Éufrates, o de los pueblos al norte de Mesopotamia, como los gordieos y migdones 101 . De hecho, muchos de los pueblos aquí mencionados como componentes o limítrofes de los asirios aparecen ya en la descripción de Armenia, Media o el Tauro en el libro XI.
Lo que Estrabón describe como Asiria queda delimitado en 1, 1: los territorios al oeste de Persis y de Susiana hasta el Tigris, Babilonia, Mesopotamia y, al norte de esta, el territorio de los gordieos y los migdones, y además algunos territorios al oeste del Éufrates ocupados por sirios (luego no especificados) y árabes (los árabes escenitas al oeste de Babilonia). La descripción topográfica es muy escueta, siendo pocas las localidades mencionadas (muchas menos que las que se encuentran en Plinio o en Ptolomeo), y las referencias hidrográficas y orográficas se limitan a los accidentes más importantes. La descripción se centra sobre todo en datos de interés especial relativos a la producción natural y la importancia económica, como las explicaciones sobre la abundancia y preparación del asfalto y sobre los canales y sistemas de regulación de las aguas del Éufrates, que describe por extenso. Empieza hablando de Aturia al noreste, donde parece situar el núcleo de la antigua Asiria, con la ciudad de Nino, pero aparte de esta ciudad solo menciona a Gaugamela por su interés en relación con la derrota infligida a Darío por Alejandro. Despacha en un parágrafo (§ 4) el territorio desde Aturia hasta Babilonia, y centra la descripción de esta ciudad en sus conocidas particularidades urbanísticas: las murallas y los jardines con la tumba de Belo. También de Seleucia del Tigris, que sustituyó a Babilonia como sede real, destacan solo sus construcciones, lo que le permite mencionar la escasez de madera en la región a excepción de la de palmera. Al sur de Babilonia solo menciona a los caldeos y su ciudad Borsipa, los primeros por su reputada fama de filósofos y sabios, y la segunda por la particularidad de sus murciélagos. La descripción del país babilonio continúa con una delimitación de sus fronteras que habría sido más lógica al comienzo o al final, y sigue con cinco largos parágrafos dedicados a los ríos que bañan el país, los problemas de inundaciones y la construcción de canales, con las teorías al respecto de Aristóbulo, Eratóstenes y Policleto sobre el curso y desbordamientos de las aguas, e incluyendo al hilo de esta descripción hidrográfica y tecnológica un episo dio histórico: el plan de Alejandro de llevar a cabo la guerra contra los árabes, que le llevó a hacer cambios en los canales y a la construcción de barcos. Continuando con cuestiones de geografía natural, Estrabón habla de la riqueza agrícola de Mesopotamia y se explaya sobre el asfalto, su producción, tipos, particularidades y usos. En el parágrafo 16 retoma la descripción de lugares con Ctesifonte, de la que destaca su importancia como residencia real de los reyes partos, introduciendo así, aunque tan solo implícitamente, otro período histórico del país, la época de dominación parta. De ahí pasa a mencionar lugares y regiones al este de Babilonia y a describir las características de algunos de estos pueblos, más que al este al noreste, como los coseos, elimeos o paretacenos, sin diferenciar los que pertenecen a Asiria de los otros, y repitiendo mucho de lo que ya había dicho en la descripción de estos mismos pueblos en el libro XI. Un parágrafo especial (§ 19) está dedicado a la Adiabene, al hilo de cuya descripción menciona las luchas entre babilonios, medos y partos hasta la supremacía de los últimos en la región y la de partos y armenios después. Una nueva interrupción a la descripción de lugares aparece en el parágrafo 20 con una exposición de las costumbres asirias, pero solo de las que sin duda llamaban la atención a los griegos, coincidente en gran parte con Heródoto. De Mesopotamia, aparte de la mención muy anterior de su riqueza natural, solo nos habla de su delimitación por el Tigris y el Éufrates, de su forma, tamaño y distancias siguiendo en general a Eratóstenes. De la paroreia mesopotámica menciona a los migdones y a algunas de sus ciudades, sobre todo conocidas por las guerras entre partos y romanos, y a los gordieos, a quienes dedica información de carácter diverso y en relación con los cuales habla de nuevo brevemente de la ocupación de Mesopotamia por Roma y de la relación entre Roma y Armenia. La descripción del capítulo dedicado a Asiria termina, volviendo al sur, con los árabes escenitas y las tribus en general al oeste del Éufrates y sus relaciones con partos y romanos, desembocando en las relaciones de Partia con Roma y en concreto entre Fraates y Augusto.
La alusión a hechos históricos está condicionada, como en toda la obra de Estrabón, por la descripción geográfica, aunque a veces es un hecho histórico lo que lleva al autor a hablar de un determinado lugar, como en el caso de Gaugamela. El término Asiria se justifica en los primeros parágrafos con la mención de las fundaciones de Nino y la reina Semíramis, y de la labor de construcción y la expansión política llevadas a cabo por esta reina. Estrabón recoge aquí una tradición que aparece ya en Heródoto (y también, aunque con un desarrollo y mitificación que no encontramos en Estrabón, en Diodoro Sículo), con quien concuerda en la exposición de las costumbres asirias o en el comentario de que Nínive es mucho más grande que Babilonia (§ 3). La tradición de Nino y Semíramis como reyes fundadores y edificadores se ha interpretado como una trasposición a la Antigüedad más remota de la época del reino neobabilónico, con Nabucodonosor II (604-562 a. C.), época de la que datan muchas de las grandes obras arquitectónicas y de cuyo florecimiento podían tener noticia los griegos a través de los persas que subyugaron el país a continuación (cf. § 2), época a la que no hace mención Estrabón, como tampoco a la Babilonia de Hamurabi (siglo XVIII a. C.) o la de Nabucodonosor I (XI a. C). También Diodoro salta de Ninias, hijo de Nino y Semíramis, a Sardanápalo (Asurbanipal, a quien Estrabón menciona también como último rey asirio), con la justificación de que los intermedios no hicieron nada digno de mención (§ 22). Exceptuando aisladas menciones a reyes persas, como Darío I, hijo de Histaspes, o Darío III, derrotado por Alejandro en Gaugamela (§ 3), nada cuenta Estrabón de esta época. Curiosamente, la referencia más extensa a Alejandro Magno tiene que ver con su preparación en Mesopotamia y Babilonia (§ 11) de la guerra contra los árabes poco antes de morir, citando como fuente a Aristóbulo y apoyándose seguramente en otros historiadores de Alejandro, los mismos que sirvieron de fuente a Arriano y a Plutarco en sus relatos de los mismos eventos. Aparte, solo hace referencia a este rey y a los seléucidas en relación con la tumba de Belo y la ciudad de Babilonia, que el primero intentó restaurar y mantener pero en época de los segundos acabó por arruinarse, siendo trasladada la capital a Seleucia del Tigris. Mucho más frecuentes son las alusiones a los acontecimientos más cercanos a Estrabón, en los que Roma estaba claramente envuelta: la dominación de armenios, partos y romanos en la zona, mencionando en varias ocasiones la complicada cuestión de la ocupación y cambios de fronteras de los armenios y partos en el siglo I a. C., así como las enemistades y alianzas respectivas de estos pueblos con Roma (§ 19, 24, 26, 28). El final del capítulo es precisamente un resumen, aunque con el peso en un episodio concreto, de las relaciones entre partos y romanos a lo largo del siglo I a. C.
Característico de este capítulo es la ausencia de elementos que en otros aparecen como característicos de pueblos civilizados. La descripción de las costumbres asirias se centra en elementos llamativos y ajenos al mundo griego. No hay mención de personas ilustres, a excepción de algunos matemáticos caldeos (§ 6), referencia obligada dada la fama de estos sabios en la Antigüedad (cf. Diod. Síc., II 30-32), de Diógenes el filósofo estoico de Seleucia (§ 16) y, como figura mitológica de interés etiológico, de Gordis, hijo de Triptólemo, fundador de Gordiea (§ 25, cf. 2, 5). Tampoco hay descripciones de costumbres de otros pueblos o exposiciones etiológicas, tan del gusto de Estrabón. La escasa helenización y el conocimiento parcial e indirecto de toda esta zona, y por tanto la escasez y parquedad de las fuentes al respecto, explica sin duda estas carencias. El interés mayor se centra en cuestiones de producción, en general referi da a animales y productos extraños a los griegos. La fuente principal, aunque no siempre citada, parece ser Eratóstenes, y posiblemente también, aunque en menor medida, Posidonio. Eratóstenes es explícitamente citado como fuente en los comentarios sobre los desbordamientos del Éufrates (§ 12), sobre las propiedades del asfalto de Babilonia (§ 15, donde también se cita a Posidonio) y las medidas de las distancias entre el Tigris y el Éufrates (§ 21) o de la longitud de este último río (§ 22). Es significativo que el aspecto más largamente tratado, el de los canales, le es muy familiar a Estrabón referido a los canales egipcios, con los que lo compara, debido a su amistad y experiencia de un viaje por el Nilo con Elio Galo, de quien habla extensamente en el capítulo 4.
II. Siria
Con Siria, Estrabón entra en un territorio claramente mejor conocido y para el que dispone de fuentes más coherentes y más variadas.
Una larga tradición había familiarizado a los griegos con Siria, en cuyas costas llevaban mucho tiempo comerciando y de cuyos cultos y productos tenían noticia por este contacto y por los sirios que surcaban el Mediterráneo y se asentaban, entre otros puertos, en el Pireo. Las ciudades de Siria mejor conocidas, y desde más antiguo, eran las fenicias debido a su importancia comercial en todo el Mediterráneo y a su presencia en la literatura griega desde la época más arcaica, como señala Estrabón cuando menciona la presencia de Tiro en la Ilíada . Comerciantes de Tiro, Sidón y Árado eran bien conocidos en el Pireo en época clásica. Además, soldados griegos lucharon en los ejércitos aqueménidas contra Egipto o las revueltas fenicias, viajeros griegos hicieron descripciones de Fenicia, como Heró doto que habla de la circuncisión o las inscripciones de Sesotris, o Ctesias de Cnido, médico al servicio del gran rey.
A pesar de ello, como ocurre con el resto del territorio descrito en este libro, el conocimiento más profundo de este país, y el primer acercamiento, aunque todavía superficial, a la zona interior, comienza con la conquista de Alejandro Magno. Los datos que tenemos de la época de la conquista son los que nos han transmitido autores bastante posteriores a las fuentes originales, especialmente Diodoro Sículo, Quinto Curcio y Arriano; para la época de los diadocos contamos fundamentalmente con Diodoro y la Vida de Demetrio de Plutarco y, en general para toda la época helenística, nuestra información depende de autores de época augústea (aparte de Estrabón, Diodoro y Nicolás Damasceno), flavia (Flavio Josefo), del siglo II (Plutarco, Apiano, Arriano) o del III (Dion Casio). Sin embargo, en todos ellos los datos históricos sobre el país se reducen prácticamente a las guerras sirias entre seléucidas y ptolomeos y a los problemas dinásticos entre los seléucidas. A estos episodios pertenecen también las menciones de época helenística en Estrabón. Algo mejor se conoce la historia helenística de los judíos, sobre todo gracias a los libros de los Macabeos, a Flavio Josefo y a diversas obras de la literatura judeohelenística. Para la época romana hasta Augusto, las fuentes que complementan la información que nos proporciona Estrabón son Plinio el Viejo, Flavio Josefo y, en menor medida Dion Casio. Desde el punto de vista puramente toponímico, la fuente anterior a Estrabón más importante es el Pseudo Scylax. De época posterior, Plinio y Ptolomeo son el complemento principal 102 .
Como ocurre con la descripción de otras zonas, la parte mejor conocida y por tanto descrita con mayor detalle es la costera. Era la zona mejor conocida antes de Alejandro Magno, y en época helenística es la zona helenizada. Los fenicios, sin duda como resultado de un largo contacto, se adaptan fácilmente a la vida griega, y al norte de Siria nacen ciudades griegas en lugares estratégicos que influyen en la helenización de toda la costa. Durante la época seléucida se produce una fuerte helenización de los judíos, cuyo territorio, Judea, llevaba ya, como Fenicia, mucho tiempo de contactos con los griegos, aunque la conciencia de la existencia de judíos entre los griegos no parece clara antes de la época de Alejandro. La Siria interior aparece, en cambio, pobremente descrita en los textos griegos, incluido Estrabón. Hay que señalar que en general las fuentes tanto literarias como arqueológicas son muy pobres para este territorio durante la época aqueménida, en la que solo Damas tiene importancia, y que Heródoto solo conoce exclusivamente las ciudades costeras 103 . Todavía en la época helenística los griegos son, fuera de las ciudades de la decápolis, muy escasos en Palestina. Solo en época romana se va extendiendo la helenización y el conocimiento del interior en relación con el progreso urbanístico 104 . Es curioso que Estrabón no mencione a Palmira, ya conocida en el siglo I a. C. por su fama en la ruta caravanera y por su control del desierto sirio ente Emesa y el Éufrates, que dio lugar a una aristocracia camellera de la que salían los jefes de las caravanas atestiguados en las inscripciones palmirenas. De hecho, Siria produce la mayor parte de las mercancías que se venden en la India y en el sur de Arabia a cambio de las especias y seda de un sitio y los perfumes del otro.
La delimitación del país en el primer parágrafo es muy clara, tanto por los pueblos que utiliza como fronteras como por los accidentes geográficos. También es clara la división de Siria en cinco partes (Comagene, Seléucide al sur de esta, Fenicia en la costa al sur de Seléucide, y Celesiria y Judea en el interior de Fenicia). Menos clara, sin embargo, resulta la división en el curso de la descripción, donde salta de Fenicia a Celesiria, y a la inversa, sin dejar claro la pertenencia de los lugares a uno u otro país. La Siria de Estrabón es la Siria en sentido extenso, que abarca el cercano oriente semítico occidental, entre el Mediterráneo y el Éufrates o el desierto sirio-arábigo, incluyendo Fenicia y el Levante meridional, correspondiente a la satrapía aqueménida de Transeufratene 105 .
Una breve descripción de Comagene, con mención exclusiva de Samosata y Seleucia, da paso a la mucho más detallada presentación de Seléucide, donde se encontraban las ciudades griegas fundadas por Alejandro y sus sucesores. Comenzando por Antioquía y las ciudades cercanas en torno al Orontes, sigue hacia el norte con la Cirréstica para volver de nuevo al sur, esta vez por la costa, hasta Laodicea pasando por Seleucia y Heraclea. De allí salta a Apamea en el interior, a la que dedica una descripción más completa de lo que suele en esta zona (características urbanísticas, calidad de las tierras, fundación, importancia histórica y política). Continúa al este de Apamea con la Calcídica y los árabes escenitas y vuelve a la costa para enumerar las ciudades justo al norte y sur de Laodicea. A continuación habla de la costa de los aradios, considerándola parte de Seleucia, aunque dice de Árado (§ 13) que es fenicia. A esta ciudad dedica una atención especial, sobre todo a sus técnicas de suministro de agua y a su papel en la historia, que le produjo grandes beneficios. Continúa la descripción hacia el sur, hasta Theouprosopon, donde deja la costa para hablar de la Celesiria, que sitúa entre el monte Líbano (cuyo extremo está justo al lado de las últimas ciudades mencionadas) y el Antilíbano, y describe sus elementos geográficos y naturaleza del terreno, y especialmente sus dos llanuras principales, la de Macras y la de Masias, con mención de las ciudades de Calcis, Laodicea y varias plazas fuertes de bandidos árabes e itureos. Antes de seguir por las ciudades del interior, Estrabón habla de Biblo y Berito y de las localidades entre ambas, como si formaran parte de la Celesiria, y vuelve al interior, a la región de Damasco. Terminada así la descripción de la Celesiria, introduce un parágrafo dedicado a la delimitación de Celesiria, Fenicia y Judea, antes de comenzar la descripción de Fenicia (22), de la que dice que ya ha hablado en lo referente a la costa entre Ortosia y Berito. Continúa aquí con Sidón y Tiro. A ambas dedica un espacio mayor de lo normal, especialmente a Tiro, de la que describe su disposición natural, sus casas, su importancia en la tintura y el comercio marítimo, su colonización, su autonomía en relación con los distintos dominadores, seléucidas y romanos. Un parágrafo está dedicado a las habilidades científicas de Sidón y Tiro y otro a la fabricación del vidrio en Sidón. Continúa por la costa hasta Ptolemaís (= Ace) y luego hasta Pelusio, con indicaciones de distancias, y mención especial de Gaza, Rafia, Rinocolura y el monte Casio. Estrabón termina la descripción de Fenicia dando distancias generales de Siria y Fenicia según Artemidoro. Comienza a continuación (§ 34) la descripción de Judea, y después de establecer los límites y composición de la misma y de plantear la cuestión del origen de los judíos, dedica cinco parágrafos a Moisés (§ 35-39): a cómo establece a los judíos en Jerusalén y cómo su estado es luego corrompido, a cuestiones teológicas y sobre la importancia de que los estados tuviesen leyes divinas, tanto entre los bárbaros como entre los griegos, y a la función de los profetas y comparación de profetas griegos y de otros pueblos con Moisés. Después de mencionar unos breves datos históricos de Judea y especialmente la toma por Pompeyo de Jerusalén y varios centros de ladrones y tiranos, describe la llanura de Jericó y el mar Muerto (al que erróneamente llama lago Sirbonis) del que destaca en dos parágrafos la producción de asfalto y la técnica de recogida de los lugareños, y en otros dos, la naturaleza volcánica de la región y las propiedades del lago, nocivas y beneficiosas respectivamente en las localidades de Gádaris y Tariqueas. La descripción de Judea y el capítulo entero de Siria terminan con una información histórica relativa a Herodes, descendiente del sacerdote Hircano restablecido en Jerusalén por Pompeyo, y a quien Antonio concedió la autoridad regia, que Augusto confirmó.
A diferencia de lo que ocurre en el capítulo anterior, los aspectos tratados en este son muy variados, como es lo normal en las descripciones de zonas bien conocidas por los griegos y para las que hay fuentes diversas. Por una parte encontramos los esperables aspectos geográficos, como detalles sobre ríos, montes y llanuras (por ejemplo, sobre el Orontes en § 7, o sobre las llanuras de Celesiria en § 16); de producción natural (sobre el vino de Laodicea [§ 9], las cebollas de Ascalón [§ 29], las palmeras y el bálsamo en la llanura de Jericó [41] el asfalto en el mar Muerto, confundido aquí con el lago Sirbonis [§ 42], o el excelente pescado para salar en Tariqueas [§ 45]); de fenómenos naturales (como la naturaleza volcánica del mar Muerto [§ 44], o como el caso de las olas de mar semejantes a mareas que sumergen el terreno junto a Ptolemais y el monte Casio [§ 26], fenómeno que Estrabón intenta explicar, sin duda siguiendo a Posidonio, y que define como extraordinario,
); o de recursos técnicos en relación con los bienes naturales (las técni cas de suministro de agua de los aradios [§ 13], la vocación marinera y el arte del teñido de púrpura en Tiro [§ 23], la fabricación de vidrio en Sidón [§ 25], manteniendo así la tradición que hacía a Siria famosa por su producción artesanal). Pero además, son frecuentes los comentarios que reflejan una preocupación etnológica, en concreto las mezclas de pueblos que ya preocupaban a Estrabón, por ejemplo, en su descripción de los libros de Asia Menor, y que aquí expone al hablar de la mezcla de fenicios, árabes y egipcios en Judea (§ 34), o de la relación de idumeos y nabateos (§ 34), o del posible origen egipcio de los judíos (§ 34), o de la presencia de árabes en Siria. En relación con esta misma preocupación por los pueblos se encuentra su preocupación tan helenística y estoica, de la oposición entre civilización y barbarie, reflejada en sus frecuentes menciones a bandidos en relación con determinadas características geográficas (los de Gíndaro en la Cirréstica [§ 8], Zenodoro y otras bandas de bandidos cerca de Damasco [§ 20], los puertos de ladrones en la zona de Yope [§ 28], o los tiranos judíos [§ 40], a quienes muestra como cabecillas de grupos de bandidos que recuerdan a líderes de grupos similares en Cilicia mencionados en el libro XIV). De los aradios destaca que añadieron a la suerte prudencia y esfuerzo en sus asuntos marítimos y no se dejaron influir por la piratería de sus vecinos cilicios (§ 14), y contrapone a los árabes e itureos de las montañas de la Celesiria, a los que califica de malhechores, los agricultores que viven en la llanura (§ 18) 106 .
De las cuestiones religiosas, como en general en su Geogra fía , se limita a señalar la existencia de cultos (el de Apolo y Ártemis en Dafne, en § 6; el de Zeus Casio en el monte Casio junto a Egipto, en § 33; la veneración de Heracles por los tirios, en § 23) y relatos mitológicos relacionados con lugares descritos (mención de los descendientes de Triptólemo en Antioquía, en § 5; el mito de Tifón y los árimos en relación con el río Orontes, en § 7; el mito de Andrómeda expuesta al monstruo marino cerca de Yope, en § 28). En este capítulo encontramos sin embargo una larga digresión teológica dedicada a Moisés, que conlleva una crítica (común a judíos y griegos) a la religión de los egipcios que veneran a animales, una disquisición sobre las leyes divinas, y un paralelismo de Moisés con otros profetas y adivinos de la Antigüedad (§ 35-39), siguiendo una antigua tradición griega en parte, y una reciente tradición judeohelenística. La mención de elementos fantásticos aparece reflejada en la del dragón caído de la llanura de Macras en la Celesiria (§ 17) y el interés etiológico en la explicación del nombre de Rinocolura (§ 31). La relación del mito de Triptólemo con la fundación de Antioquía y Gordis (cf. § 5 y 25) es seguramente una tradición local que responde a un deseo, bien atestiguado en la época helenística por relatos semejantes, de vincular las nuevas ciudades del «nuevo mundo» a antiguas ciudades de la Grecia clásica.
Como es frecuente en las descripciones de ciudades griegas, helenizadas o de importancia internacional, Estrabón detalla aspectos en relación con las fundaciones de las ciudades de la Seléucide (reyes fundadores, explicación de los nombres, fases de fundación en el caso de Antioquía) y de Árado (§ 13); la fama de Sidón y Tiro en la literatura y la tradición (§ 22), la importancia de estas dos ciudades en astronomía y aritmética (§ 24), y menciona filósofos destacados, como Antíoco de Ascalón, o los gadarenses Filodemo el epicúreo, Meleagro, Menipo el autor de sátiras y Teodoro Rétor.
Los datos históricos son en este capítulo mucho más numerosos que en los otros del mismo libro, como es lo esperable debido al mayor contacto de Siria con el mundo griego y sobre todo a su pertenencia al reino seléucida. Hay que señalar, sin embargo, que la mayor parte de estos datos son de la época romana. De la época de dominación persa se destaca la importancia de Damasco (§ 20) y del papel que desempeña Ace como base de operaciones contra Egipto (§ 25). De Alejandro Magno se dice que asedia Tiro (§ 23) y que destruye Gaza (§ 30). Seleuco Nicátor alimenta en Apamea a sus elefantes, posiblemente los que recibió de Chandagrupta en el acuerdo al que llegaron en el 306 a. C. (§ 10). Se recuerda la lucha entre Seleuco Calinico y Antíoco Hierax por el trono de Siria (240 a. C.) al hablar de Árado, que se alía con el primero (§ 14), y al hablar de Rafia, la batalla que tuvo lugar allí en el marco de las guerras sirias entre Ptolomeo IV y Antíoco III el Grande en el 217 (§ 31). En el río Enoparas, en la llanura de los antioqueos murió Ptolomeo Filométor tras una batalla contra Alejandro Balas (146 a. C.), usurpador del trono sirio a Demetrio I, lo que Ptolomeo aprovecha para invadir Siria (§ 8). La usurpación del trono de Antíoco VI Epifanes por Trifón de Apamea, la destrucción por este de Berito y los enfrentamientos que tuvo en Ptolemais contra Seleuco II salen a relucir en los parágrafos 10, 19 y 26, respectivamente. De la historia de Judea menciona la proclamación de Alejandro Ianeo como rey en vez de sacerdote en el 103, y los problemas entre sus hijos Hircano y Aristóbulo por el poder, que llevan a la intervención y asedio por Pompeyo del templo de Jerusalén en el 63 a. C., la destrucción de las tiranías y guaridas de ladrones por este (§ 40) y su instauración de Hircano (erróneamente llamado Herodes) como sacerdote (§ 46), y la concesión por parte de Antonio de la autoridad de rey de Judea a Herodes, descendiente del sacerdote Hircano de Jerusalén (§ 46). De la presencia de los armenios en el norte de Siria recuerda el asesinato de Cleopatra Selene en Seleucia de Mesopotamia, cedida a Comagene por Pompeyo, a manos de Tigranes, que la había cogido priosionera en Ptolemais en el 69 a. C., en el transcurso de sus campañas para dominar toda Siria. También son mencionadas las luchas de Pompeyo contra bandidos y piratas, cómo liberó Biblo de Ciniras en el 64 a. C. (§ 18) y su muerte a manos de los egipcios (por orden de Ptolomeo XIII) cerca del monte Casio (§ 33). En el contexto de las ambiciones partas en la zona recuerda la muerte de Pacoro por Ventidio cerca de Heracleo y la lucha de este con Franipates en Trapezonte en el transcurso de la campaña de Antonio contra los partos, que se habían unido a Labieno para invadir Siria en el 41 a. C. (§ 8). El papel de Siria en las guerras civiles también queda reflejado en la mención del enfrentamiento del anticesariano Casio contra el cesariano Dolabela en Laodicea (§ 9), contra Cecilio Baso en Apamea (§ 10), o la alianza de Herodes el Grande, rey de Judea, con Augusto y la denominación en su honor de Samaria como Augusta al reconstruirla en el 25 a. C. (§ 34). La visión de la seguridad que proporcionaban las legiones romanas es transmitida al hablar de Berito, donde los romanos (Agripa) levantan de nuevo la ciudad destruida y le añaden territorios (§ 19), y de manera general en el parágrafo 20. El carácter independiente de muchas de las localidades sirias, aunque nominalmente formaran parte del reino seléucida, queda reflejado por la frecuente mención a tiranos locales (Dióniso en Bambuce, Berea y Heraclea [§ 7]; Sampsicéramo y Jámblico de Aretusa, Alcedamno de los rambeos, Ptolomeo de Calcis [§ 10]; Gambaro, Temelas [§ 11]).
No son muchas las fuentes expresamente citadas en este capítulo. Cita a Eratóstenes al hablar de la naturaleza volcánica de la comarca del lago Sirbonis; a Posidonio para la división en satrapías de la Seléucide (§4), para la historia del dragón muerto en la llanura de Macra (§17), al atribuir al sidonio Mono el origen de la teoría sobre los átomos (§ 24) y al hablar de las técnicas de recogida y manipulación del asfalto del lago Sirbonis (§ 43); a Artemidoro para las medidas de distancias generales de Siria y Fenicia (§ 33). En la descripción de la costa, Estrabón sigue una tradición de los periplos que encontramos en el Pseudo Scylax (cf. 104-106 para Siria y Fenicia), probablemente dependiente del mismo Artemidoro de Éfeso citado en algunos casos y ampliamente utilizado en toda la obra.
III. Arabia
Los pueblos árabes estaban diseminados en la Antigüedad por gran parte de Oriente Próximo, desde el norte de Mesopotamia hasta el sur de la península Arábiga, por las llanuras de Transjordania y el desierto sirio. El concepto de Arabia como país no existía entre los asirios, para quienes solo había pueblos árabes, generalmente nómadas con los que entraban en contacto. Según Heródoto (III 88), los árabes eran el único pueblo no sometido por los persas con quienes tenían una relación de amistad, puesto que permitían a estos el paso a Egipto a través de sus tierras. Los griegos entran en contacto ya con árabes sedentarios por motivos comerciales. Los términos griegos para el incienso (
«efluvio árabe» en un himno délfico a Apolo 107 ) y la mirra
son semíticos. Los primeros conocimientos geográficos de Arabia datan del siglo VI a. C. La información que de su viaje por estas tierras dejó Escílax de Carianda es utilizada por Hecateo para su mapa de la Tierra, y este mapa es usado a su vez por Heródoto. Escílax llama árabes a los habitantes de las islas de Kamaran en el mar Rojo. Heródoto es el primero en el que encontramos la mención de un país llamado Arabia, que situaba en las tierras entre el Nilo y el mar Rojo, y a esta zona atribuye muchas características propias de la península Arábiga que conocía de oídas y tenía mal localizadas. Todavía en su época, lo que se conocía de la península Arábiga era considerado parte de Asiria.
La Arabia que conocía Alejandro Magno era la que se encontraba entre Palestina y Egipto, con la península del Sinaí, y también la zona del Antilíbano, donde pueblos llamados «árabes» por los asirios pastoreaban sus rebaños en el siglo VIII a. C. y donde Estrabón sitúa a los árabes e itureos, malhechores de las montañas, junto con las que llama montañas árabes, colinas al pie del Antilíbano (2,16,18). Con la expedición de Nearco se avista la península de Omán, que se considera parte de Arabia (Arriano, Anábasis, XXXII 6-7) y se conoce el golfo Pérsico, reconociéndose así la tierra entre este golfo y el Arábigo como una península. Pequeñas expediciones, sin rodear la península entera, aumentaron en gran medida el conocimiento que se tenía de Arabia, y se identificó el Yemen como la zona de donde provenían el incienso y la mirra. El concepto de «península arábiga» nace cuando los griegos se hacen conscientes de la magnitud de ese país y empiezan a llamar de forma común «árabes» a los distintos pueblos de Arabia Feliz, siendo ese término frecuente en la época romana para designar en particular a los pueblos de esta parte de Arabia. Aun así, Alejandro no llegó a conquistar Arabia, pues sus planes fueron frustrados por su muerte, y tampoco los seléucidas los continuaron. Aparte de las antiguas informaciones que transmite Heródoto, la mayor parte del conocimiento que los griegos helenísticos tienen de esta parte del mundo se debe a las expediciones que se realizaron sobre todo por instigación de Ptolomeo II Filadelfo (284-247 a. C.) para explorar las costas del mar Rojo, buscar zonas de caza de elefantes, o frenar la intervención y la superioridad de los nabateos en los viajes comerciales por la zona. El relato de uno de estos exploradores, de nombre Aristón, es la base del de Agatárquides de Cnido (transmitido por Diodoro Sículo y Focio), que utiliza a su vez Estrabón, en el mismo orden, a través de un resumen de Artemidoro de Éfeso de fines del siglo II a. C. Ilustrativo del papel de Ptolomeo II, «que hizo llegar al conocimiento de los griegos especies nunca vistas y asombrosas de otros animales», es el relato de Agatárquides (78) transmitido por Diodoro Sículo (III 36, 3-9) sobre la caza de una serpiente muy especial, de 30 codos, que regalaron al rey llevándola a Alejandría. Es muy posible que los griegos también obtuvieran información de los egipcios, como se deduce de términos como el de crocota para la hiena, que según Agatárquides era egipcio. Para el resto de las tierras árabes se tenían informaciones fragmentarias de otros exploradores, como Nearco el oficial de Alejandro (citado por Estrabón). La primera mención en las fuentes clásicas de los nabateos, uno de los pueblos árabes más conocidos en la época romana, se produce a raíz de la campaña de Antígono Monoftalmo contra ellos en el 312 a. C. (Diodoro Sículo, XIX 94-100). Es significativo que Diodoro Sículo, que utiliza como fuente a Ctesias de Cnido (siglos V-IV a. C.) considere a los nabateos nómadas; mientras que Estrabón (4, 21-26) los presenta ya como sedentarios, comerciantes importantes y de costumbres civilizadas 108 .
En la época augústea se recopila más información de la zona, en parte al realizar Juba de Mauritania su obra De expeditione Arabica como preparación de la expedición de Gaio César, que no llegó a realizarse, o gracias a la expedición de Elio Galo. De época algo posterior (entre el 40 y el 70 d. C.) data el periplo del mar Eritreo, al parecer escrito por un griego de Egipto, que supone (junto con Plinio y Ptolomeo) un complemento a los datos de Estrabón para la enumeración de lugares costeros y de productos de la zona, especialmente para la parte correspondiente al golfo Arábigo (mar Rojo actual), siendo el objetivo del periplo principalmente servir de instrumento para los comerciantes que recorrían el océano Índico desde Egipto hasta la India 109 .
En la época de Estrabón, Arabia era el territorio al sur y este de Palestina, incluidos el actual Negev, el sur de Siria, Jordania y el noroeste de Arabia Saudí (que formaron luego la provincia romana de Arabia), y, además, toda la península Arábiga, formando así uno de los países con mayor diversidad geográfica y climática.
Los capítulos tercero y cuarto del libro XVI de Estrabón están dedicados a este país, que Estrabón define en el primer parágrafo como el que se encuentra al sur del territorio que se extiende desde Judea y Celesiria hasta Babilonia y el valle del Éufrates, y lo divide en una parte norte habitada por escenitas, al sur de la cual se extiende un extenso desierto y a continuación la Arabia Eudaimon, limitada además por el golfo Pérsico, el Arábigo y el mar Rojo. El resto del capítulo tercero está dedicado a la descripción del golfo Pérsico siguiendo a Eratóstenes, aunque a veces contrapone otra fuente, como cuando dice que los de Gerra comercian por tierra, pero según Aristóbulo lo hacen con balsas hacia Babilonia y desde allí río arriba por el Éufrates. La información sobre la isla de Ogiris la atribuye a Nearco y Ortágoras, y termina el capítulo de una forma un poco desordenada hablando de la vegetación en el mar Rojo junto al Golfo, de nuevo sobre la expedición de Nearco y los griegos y la ayuda que les brinda Mitropastes, utilizando a Nearco como fuente, para terminar mencionando otra vez a los mirabilia de la zona, como la abundancia de perlas o el tamaño de los cangrejos y erizos de mar.
El interés de Estrabón por las fundaciones y colonizaciones resultado de movimientos o mezclas de pueblos se refleja en este capítulo cuando habla de la fundación de Gerra por caldeos exiliados de Babilonia (§ 3), o de Tiro y Árado, colonizadoras de las ciudades fenicias de igual nombre mencionadas en el capítulo de Siria (§ 4), y de las que sin embargo dice que tenían templos similares a los fenicios, lo que más bien implicaría una colonización a la inversa. El interés etiológico se muestra aquí particularmente con la dedicación de un parágrafo entero (§ 5) a las distintas explicaciones del nombre Eritras del golfo Pérsico, también llamado mar Rojo. Los mirabilia son una constante tanto en este capítulo como en el siguiente, también dedicado a Arabia: las casas hechas de sal en Gerra (§ 3), las perlas y piedras preciosas, la magnitud de los erizos y cangrejos de mar, los árboles que huelen a incienso en islas del golfo Pérsico (§ 7), los árboles que desaparecen cuando sube la marea (§ 6). La importancia del comercio se refleja en la mención de las mercancías y perfumes árabes con los que comercian los gerreos (§ 3). Respecto a los datos históricos, Estrabón hace referencia a la expedición de Nearco, almirante de Alejandro Magno en la zona, y la ayuda que los griegos reciben de Mitropastes, sátrapa de Frigia exiliado por Darío en la isla de Ogiris (§ 5, 7).
El último capítulo del libro está dedicado a la península Arábiga, incluyendo como parte del golfo Arábigo la costa oriental egipcia, que aparece como árabe en varias fuentes antiguas 110 , pero muchas de cuyas partes trata Estrabón también en la des cripción de Egipto. Como en el capítulo anterior, el desconocimiento de Estrabón sobre esta zona y la falta de transmisión abundante de datos hace que su descripción se estructure no tanto por un orden geográfico como por un orden marcado por las fuentes en las que se basa: Eratóstenes y Artemidoro (que sigue a su vez a Agatárquides), fundamentalmente. Comenzando por Mecene (sin duda error por Mesene), tierra colindante con el golfo Pérsico recién descrito y extremo nororiental de Arabia, como si fuese a hacer una descripción exhaustiva a partir de ahí, Estrabón parece interrumpir este proyecto para transmitir la exposición global que de Arabia hace Eratóstenes. La división básica en una parte nórdica desértica ocupada por pueblos árabes como los nabateos, cauloteos y agreos, y la parte sur llamada Arabia Eudaimon (Felix), a su vez dividida en una parte norte de agricultores, una intermedia de terrenos más árduos donde viven árabes escenitas y la parte sur, la más rica, con cuatro pueblos principales: los mineos, sabeos, catabaneos y catramotitas. Después de una exposición de las costumbres de los árabes «felices», pasa a hacer la descripción, siempre siguiendo a Eratóstenes, de las costas que bordean el golfo Arábigo por ambos lados. En el parágrafo 5 repite la descripción del golfo Arábigo, pero esta vez siguiendo a Artemidoro, de forma mucho más detallada y centrándose —como posiblemente hacía este— en la costa occidental. La descripción es prácticamente una enumeración de lugares desde Heroópolis en el norte hasta el promontorio de Deira, que cierra el golfo en el sur, con algunas divagaciones, por ejemplo; sobre las islas Ofiodes, famosas por sus serpientes y el topacio, sobre la superficie marina y su vegetación en la costa al sur del puerto de Soteira; sobre los pueblos que viven en torno a Méroe y la confluencia de los ríos Astabora y Astapo, que se denominan según sus costumbres alimenticias, o sobre las costumbres cazadoras de los habitantes de Endera. Más atención anecdótica dedica a pueblos que viven en la zona del estrecho de Deira, de quienes comenta sus costumbres, como los ordeñadores de perros, los comedores de elefantes, los comedores de pájaros, los comedores de langostas. La mención de estos pueblos le da pie para detenerse en las particulares costumbres de caza de estos animales o formas de prepararlos para su consumo. Interés especial dedica a los ictiófagos y a los comedores de tortugas, justo al norte de Deire. A continuación describe la costa hasta el cabo del Cuerno del Sur, a partir del cual señala que ya no hay nada escrito y no se conoce nada. De esta costa, donde se encuentran, entre otras, las tierras productoras de incienso, destaca la producción de incienso, mirra y canela, y la abundancia de localidades para la caza del elefante. A partir de aquí empieza una descripción de carácter diferente, que se semeja mucho, y sigue incluso el mismo orden, a la que hace Agatárquides y nos transmiten Focio y Diodoro Sículo 111 . Estrabón parece conocerla, sin embargo, a través de Artemidoro, como se deduce por alguna mención a este autor, lo que explicaría algunas diferencias y algunas omisiones, como, por ejemplo, y especialmente, los comentarios estoicos sobre la naturaleza que sí encontramos en Agatárquides y que posiblemente Estrabón habría mantenido de haberlo usado directamente. Retomando de nuevo el tramo costero entre el estrecho de Deire y el cabo Cuerno del Sur, se centra en los animales propios de la zona y sus características, sobre todo de los rinocerontes, las jirafas y las serpientes. Un último parágrafo dedicado a los trogloditas y sus costumbres, basado en Artemidoro pero coincidente con Agatárquides, cierra la descripción de la costa occidental del golfo Arábigo. Basado en la misma fuente comienza en el parágrafo 18 la descripción de la costa oriental, empezando por el norte, en Posidio, hasta los sabeos, mencionando especialmente a los naba teos, a los debas y a otro pueblo no identificado (seguramente los alileos y gasandros de Plinio) ricos en oro. En el parágrafo 19 comienza la descripción de la Arabia Feliz con los sabeos, de quienes se destaca su producción de plantas aromáticas, sus costumbres en relación con estas y su actividad comercial. Después de un excursus (§ 20) sobre la etiología del nombre del mar Rojo con que se denomina también al golfo Arábigo, de nuevo basado en Artemidoro y en parte coincidente con Agatárquides, vuelve al norte para hablar de Petra y los nabateos. A partir de aquí la descripción depende de fuentes más directas, especialmente de la información obtenida de Elio Galio (el prefecto enviado por Augusto a una expedición en Arabia Feliz), con quien realizó una travesía por el Nilo, y de su amigo Atenodoro de Tarso, fuente para su descripción de las costumbres de Petra. A pesar de ello, la descripción comienza con la adjudicación errónea de los nabateos a la Arabia Feliz y la también errónea atribución a estos y a los sabeos de incursiones en Siria, explicable solo a partir de concepciones más antiguas sobre estos pueblos. Después de la descripción de Petra, capital de los nabateos, relata por extenso la expedición de su amigo Elio Galo (sin duda informado por este mismo) y la traición de Sileo, mano derecha del rey Obodas de los nabateos, que le había prometido su ayuda. El capítulo termina con un parágrafo dedicado de nuevo a Arabia Feliz, pero esta vez siguiendo otras fuentes, lo que explica su alusión a «otro tipo de división», centrada en las diferentes ocupaciones, y su hincapié en las costumbres; un parágrafo dedicado de nuevo a los nabateos, esta vez centrado en las costumbres; un último parágrafo a modo de excursus sobre cuestiones de etnonimia que cierra el capítulo entero de los árabes con una discusión sobre el término «erembos» de la Odisea IV 84 y su posible relación con «árabes», y un comentario final sobre la intención de Alejandro Magno de establecer su sede real en Arabia Feliz como prueba de la prosperidad de esta.
Lo más característico de este capítulo es la descripción etnográfica, en parte de costumbres en el caso de los pueblos más conocidos (como los nabateos o la Arabia Feliz en general), pero, sobre todo de productos naturales, por los que Arabia era especialmente conocida en la Antigüedad. La imagen de una tierra de riqueza agrícola y especialmente de una tierra de fragancias y aromas queda continuamente patente a lo largo de la descripción. Son continuas las descripciones de características atmosféricas y del terreno que explican tipos de producción o costumbres, y sobre todo la mención de animales y plantas exóticas. Entre los datos costumbristas es muy destacable la cantidad de topónimos basados en la forma de alimentación de los respectivos pueblos (ictiófagos, etc.) en la costa occidental del golfo arábigo, topónimos posiblemente griegos que reflejan el escaso conocimiento directo que se tenía de estos pueblos y el tipo de vida tan extraño que tenían desde un punto de vista griego y luego latino.
El topónimo «país productor de la canela», al interior de la costa egipcia del golfo Arábigo, ya atestiguado en Heródoto, quizá se deba a la falsa localización por este en Egipto de tierras de la península Arábiga. Son numerosos los ejemplos de costumbres sin duda muy exóticas para los griegos, sobre todo las relacionadas con la alimentación y las formas de subsistencia de los pueblos llamados «comedores de…». Algunas de las costumbres, sin dejar de ser extrañas a los griegos, eran más conocidas por practicarlas los judíos y los egipcios, como la mutilación sexual atribuida a los comedores de carne (§ 9). Como era de esperar, se dedica una atención especial al comercio en Arabia Feliz y entre los nabateos (18). Solo hay indicación de distancias en determinados pasajes, siempre siguiendo a Eratóstenes, por ejemplo en las distancias generales del golfo Arábigo (§ 4).
Entre los datos históricos, el más antiguo es la mención al faraón egipcio Sesostris (de una dinastía vigente entre el tercer y segundo milenios a. C.) a quien se atribuían las conquistas de Etiopía, Nubia y el país de los trogloditas, y una invasión a Arabia (§ 4). De la época de Psamético (siglo VII a. C.), a quien los griegos conocían bien por su expedición a Nubia, en la que participaron numerosos mercenarios griegos, menciona el asentamiento en la comarca de Tenesis de los egipcios que desertaron de sus filas por sentirse abandonados en un puesto fronterizo de vigilancia (§ 8). La intención de Alejandro de invadir Arabia, ya expresada en el capítulo primero, reaparece aquí (§ 27), pero el resto de los datos relacionados con la historia helenística tienen que ver con Ptolomeo II Filadelfo, el rey que impulsó más expediciones por las costas del mar Rojo, creando estaciones de caza del elefante y promoviendo el comercio con los árabes. Se menciona la expedición en el 250 a. C. contra los nabateos por su pillaje de los comerciantes que navegaban desde Egipto, y destacan en la costa occidental del golfo Arábigo los topónimos derivados de nombres de oficiales ptolomaicos (§ 10, 14, 15) o de reyes ptolomaicos o parientes (Arsínoe, Filotera, Berenice, Ptolemaís), o topónimos alusivos a la caza del elefante (§ 4; cf. 14, etc.). El episodio histórico más largamente tratado en el libro entero es la expedición de Elio Galo, el prefecto egipcio enviado por Augusto a la conquista de Arabia Feliz en el 26 a. C., a quien Estrabón conocía personalmente y que fue fuente directa de su información.
Uno de los elementos que relacionan Arabia con Siria es la presencia de árabes a lo largo de la historia en el territorio correspondiente a la Siria de la época de Estrabón.
Estrabón menciona a árabes escenitas en Mesopotamia, donde ya Jenofonte había encontrado árabes en el 401 a. C.; Alejandro y Nearco los encuentran en la Mesene de Estrabón (4, 1), zona entonces considerada asiria 112 . Por diversas fuentes se conoce la ocupación progresiva por los árabes de la Siria oriental 113 . Todo el interior de Siria, hasta el Antitauro, está dominado por la penetración pacífica de árabes desde mediados del primer milenio que dan a la zona un carácter especial frente al resto de Siria y que explica su débil grado de helenización al comenzar la conquista romana y su marcada resistencia a las influencias mediterráneas 114 . La Siria central, al este de Apamea y hasta el Éufrates, estaba dominada por cabecillas árabes de la Parapotamia (2, 11), y la zona desde el sur de Apamea hasta los itureos (y árabes de las montañas junto al Antilíbano) por escenitas similares a los nómadas de Mesopotamia (2, 11). Como forma de gobierno mejor organizada de árabes, según Estrabón, más civilizados cuanto más cerca estaban de Siria, cita a Aretusa (Emesa, actual Homs). La relación en la costa es igualmente estrecha, como puede verse en el caso de Gaza, puerto comercial sirio (cf. ya Heródoto, III 5), pero sobre todo de los árabes. Heródoto dice, a la inversa, que la costa de Arabia estaba habitada por sirios (II 12). Estrabón menciona la presencia de tiranos y bandidos árabes en la costa, en torno al puerto de Yope. Muy significativa es la relación de los nabateos, uno de los principales pueblos árabes, con Siria, pues durante mucho tiempo tuvieron el monopolio del comercio de los productos desde Arabia del sur hacia Petra, Gaza y Rinocolura. Este contacto era lo suficientemente intenso como para que escribieran su lengua con un alfabeto derivado del arameo y no con escrituras sudarábigas. Los problemas políticos con reyes clientes, dinastas locales, mencionados frecuentemente por Estrabón, reflejan en parte esta mezcla de pueblos.
Desde el principio la descripción de los árabes en los textos griegos se basa en estereotipos, topoi y etimologías populares, muchas de las cuales sobreviven hasta hoy. En primer lugar, destaca la imagen de una tierra lejana y exótica, relacionada con el incienso, la mirra y los artículos de lujo, donde la canela y la casia se utilizan como leña para hacer fuego. Además es un pueblo con extrañas costumbres sexuales (4, 25?). Su rey vive en un gran lujo. Hay innumerables animales y plantas exóticas. La lista de Heródoto (III 107-113) se reencuentra en Estrabón pero tomada de Agatárquides, quien dedica especial interés a animales híbridos como el estruzocamello o el camellopardo (avestruz y jirafa). Los griegos intentaban explicar estos prodigios con argumentos como la inmensa fuerza solar de esa tierra, la mayor fuente de vida que engendra animales magníficos y de diferentes colores y todo tipo de piedras preciosas (Diodoro Sículo, II 51, 2; 52, 1). Y además, los árabes eran para los griegos un ejemplo de pueblo independiente, amante de la libertad, de quienes los persas prefirieron hacerse amigos antes que someterlos, y los únicos que se atrevieron a no enviar embajadas a Alejandro (1, 11).
El libro XVI de Estrabón no es solo la descripción del territorio de Asia que falta por tratar es la descripción de una encrucijada de culturas donde se une el mundo semítico con el indoeuropeo, el Mediterráneo con el Asia interior, y donde los productos exóticos y prohibitivos del Lejano Oriente y la Arabia «Feliz» se hacían accesibles al Mediterráneo, y donde, además, se crea un enlace con Egipto, final de la aventura estraboniana. Quizá más que ningún otro libro, éste destaca por su mezcla de civilización y barbarie, de helenismo e indigenismo, de racionalidad y paradoxografía.
LIBRO XVII
El libro XVII de la Geografía completa el recorrido por África, describiendo Egipto, Etiopía y Libia. Es una sobria des cripción del terreno, el clima, las ciudades, los pueblos, los puertos, los acueductos, la campiña, la flora, la fauna, los monumentos, los templos y cultos, con alguna digresión histórica, sin demasiados comentarios sobre las costumbres o el carácter egipcio, pues Estrabón no quería manifestar un juicio sobre las gentes egipcias, ni tampoco hacer demasiada referencia a la actualidad. Hace sin embargo referencia a antiguos reyes, que resistieron la importación y despreciaron a los comerciantes, especialmente los griegos. En su evaluación de los egipcios, Estrabón es positivo 115 . Viven una vida civilizada y digna de elogio, trabajan una tierra fértil, su estructura política y social está inteligentemente organizada, sus sacerdotes son doctos en astronomía, filosofía y geometría: recalca que Platón y Eudoxo pasaron trece años en Egipto aprendiendo de los expertos. Hace especial énfasis en estas características positivas para rechazar los «delirios» de Heródoto y otros autores, a los que acusa de haber divulgado fábulas falsas y sin sentido. Como veremos más abajo, tampoco manifiesta juicios negativos con respecto a la religión egipcia y el culto animal, que tanta crítica despertó por otra parte en los extraños.
La descripción de Egipto de Estrabón está marcada por tres características: la autopsia, el Nilo y los romanos. En primer lugar, la descripción está claramente influida por la visión personal alcanzada en el viaje en el que recorrió el país junto con el prefecto Elio Galo. Su presencia y la viveza de sus descripciones son mucho más claras que en cualquier otro libro de la Geografía.
En su descripción geográfica, el Nilo y la inundación anual, que fascinaron a los geógrafos desde Herodoto, aparecen con especial relevancia, pues afectan a cada aspecto de la vida so cial y económica de los habitantes, como también la naturaleza de plantas y animales (XVII 1, 3-4).
Por su amistad con Galo obtuvo información privilegiada sobre el sistema administrativo y militar de Egipto (XVII 1, 12-13). La presencia romana se describe en los hechos de César, Antonio y Augusto (XVII 1, 10).
Continúa en su descripción de África con Etiopía, para después saltar al norte de África, o sea, Libia, donde recorre de oeste a este, incluyendo Mauritania (XVII 3, 2), Cartago (XVII 3, 13) y Cirene (XVII 3, 21). Un factor dominante en la descripción de estas partes es la conciencia de Estrabón de estar describiendo lugares en el extremo, en los límites de la oikoumene , y, por tanto, de estar aportando a un conocimiento de estas regiones, que para sus contemporáneos era limitado. Abordaremos a continuación varios temas de interés que se refieren al libro XVII en particular.
La datación del libro puede delimitarse al año 20 a. C. 116 . Estrabón conoce el envío de embajadores etíopes a Augusto para tratar la paz, en Samos (XVII 1, 54), donde pasó el invierno del 21-20 a. C. Puesto que Estrabón no hace mención de la remisión del tributo impuesto a los etíopes, se puede pensar que la redacción al menos de un borrador del libro se hizo en el año 20. Luego pudo hacer una edición más o menos intensa del texto. La mención de Arquelao como último soberano de Capadocia, si entendemos que ya estuviera muerto por tanto, nos pone en el año 17 d. C.
1. El viaje a Egipto de Estrabón: la autopsia
El libro XVII de la Geografía cierra la obra de Estrabón con la descripción de Egipto, Nubia y Libia. Estrabón visitó Egipto cuando rondaba la treintena. Era por entonces prefecto en la provincia Elio Galo (27-25 a. C.). Durante sus estancias en Roma, Estrabón había establecido contactos con personalidades romanas relevantes. La más importante fue precisamente con Elio Galo, al que llama «amigo y compañero», y explica que cuando era gobernador de Egipto le acompañó: «subimos con él en el Nilo hasta Siene y los límites de Etiopía» (II 5, 12). Efectivamente, Estrabón acompañó a Galo y su corte de amigos y soldados en un viaje por Egipto que permitió al geógrafo visitar los lugares más afamados en persona, y describirlos a menudo en gran detalle, como vemos todo a lo largo del libro XVII. Esta asociación de un intelectual griego acompañando a un general romano y luego registrando sus hazañas por escrito no es una excepción en el caso de Estrabón y Galo. Otro ejemplo famoso es el de Polibio y Escipión Emiliano. Hay más ejemplos en el siglo I a. C., como Teófanes de Mitilene y Pompeyo, o Teopompo de Cnido y Julio César. Los generales romanos disfrutaban de compañía intelectual y los griegos obtenían favores, como la ciudadanía romana o beneficios para sus ciudades de origen 117 .
La estancia de Estrabón se prolongó después bajo la prefectura del sucesor de Galo, Petronio, que gobernó hasta el año 20 a. C. Durante este período, Estrabón remontó el río hasta los confines de la provincia, en compañía del prefecto, probablemente en el viaje inaugural de su cargo para la inspección de las tierras 118 .
Durante su prolongada estancia en el país del Nilo, Estrabón tuvo su residencia probablemente en Alejandría, y visitó, por tanto, el museo y la biblioteca y mantuvo contacto con la erudición de la ciudad (II 3, 5). Escribió una obra historiográfica, antes de emprender su proyecto geográfico. Sus descripciones de la ciudad de Alejandría incluyen comentarios de tipo personal, testimonio de su propia experiencia. En este período vio la inundación de Pelusio (I 3, 17), el sistema de seguridad romano entrar en el puerto de Alejandría (II 3, 5), y se familiarizó con plantas y animales egipcios (aparte de la sección en el libro XVII, véase también III 5, 10). Aprendió de los cristaleros y su producción local (XVI 2, 25). Es testigo de cómo, en el verano, la inundación del Nilo trae el agua del lago Mareotis a la ciudad, contrarrestando así los efectos contraproducentes del lago (V 1, 7, XVII 1, 4).
Su viaje por Egipto se deduce del norte al sur, como también se desarrolla la exposición en su descripción de Egipto. También es probable, puesto que las describe, que visitara todas las atracciones turísticas de la época 119 . Varias son las referencias en las que deja entender que sus descripciones son propias, no dependientes de noticias indirectas, y que visitó personalmente los monumentos de los que habla. De hecho, en su época era de postín el reclamar la experiencia autóptica, como el mismo Estrabón recalca en varios lugares de su obra 120 . Hay varios puntos en el libro XVII en que describe con viveza experiencias vividas personalmente y en las que claramente no depende de otras descripciones. Por ejemplo, en XVII 1, 15 menciona los campos de cíamo, que «proporcionan una vista muy agradable», lo cual es una nota personal que podemos pensar añadiera nuestro autor. Igualmente se refiere, ya de manera más directa, a su presencia en los lugares de los que habla, como en XVII 1, 29, cuando dice: «Aquí nos mostraron sin embargo las residencias de los sacerdotes y las escuelas de Platón y Eudoxo», o en XVII 1, 34: «Una de las cosas asombrosas que vi en las pirámides no merece ser omitida». Más directamente dice en XVII 1, 46: «Y yo, cuando estuve allí presente en compañía de Elio Galo y su séquito de acompañantes», refiriéndose a la visita a los colosos de Memnón. O su viaje mencionado en XVII 1, 50, en que aclara incluso el medio de transporte: «Nos dirigimos a File desde Siene en carro por una llanura muy plana por una distancia de unos cien estadios».
Las referencias que hace a ciertos aspectos prácticos de su viaje, como a los hitos en las carreteras (XVII 1, 13), el suministro de agua (XVII 1, 45), los «hostales» en los que pudo pasar la noche (XVII 1, 16), medio de transporte (XVII 1, 50), etc., son además testimonio, comparable a la información obtenida en las fuentes documentales, papiros e inscripciones, de este aspecto de la vida cotidiana en Egipto. Otras cuestiones prácticas de los viajes, como permisos y salvoconductos, guardas y escoltas, no aparecen mencionados por ser quizá detalles demasiado específicos 121 .
2. Las fuentes de Estrabón y otros autores sobre Egipto
No mencionaremos aquí, por no ser el lugar adecuado, las fuentes de Estrabón en general, sino las fuentes con las que contó para su descripción de Egipto, además de recordar otros autores que trataron el país del Nilo. En cuanto a la literatura clásica sobre Egipto, se puede decir sin dudarlo que prácticamente todos los autores clásicos desde Homero han mencionado de una u otra manera Egipto y su fascinación por este país es indiscutible, aunque también es variable 122 . Especialmente después de la conquista de Alejandro se produjo una explosión egiptológica, aunque la mayor parte de esta producción literaria no ha sobrevivido para que podamos leerla.
Ciertamente, su viaje al país del Nilo, constatado como ya se ha mencionado más arriba en sus referencias a experiencias personales, se completó con lecturas de autores diversos y fuentes a las que tuvo acceso en la Biblioteca de Alejandría durante su estancia en la ciudad. Después de los conflictos de la época Ptolemaica, la intervención de César y Antonio y la anexión de Egipto al Imperio romano, hubo un período de paz y estabilidad que permitió que los estudiosos, nativos o venidos de otras partes se asentaran en Alejandría a trabajar en la famosa biblioteca. Hemos discutido en notas a la traducción las fuentes concretas de cada pasaje, de las que hacemos elenco a continuación por los autores que cita: de Aristóbulo toma los nombres de los peces (2, 5); de Artemidoro, la correlación entre el nomo Menelaí ta y el héroe homérico (1, 18), la correspondencia entre la medida de longitud schoenus y el estadio (1, 24), el nombre de la ciudad Lynx en Maurusia (3, 2) y los ríos de la costa líbica (3, 10); de Calímaco toma la explicación de la posición del dromos en el templo egipcio (1, 28) y el nombre antiguo Caliste de la isla de Tera (3, 21); de Calístenes toma la visita de Alejandro Magno al oráculo de Amón (1, 43); de Cicerón, los tributos pagados a Auletes (1, 13); de Eratóstenes, la descripción del Nilo y sus afluentes (1, 2), la explicación del mito de Busiris (1, 19), el nombre Lixos para la ciudad que Artemidoro llamó Lynx y el testimonio de las poblaciones fenicias en la costa de Maurusia (3, 2 y 8); de Heródoto menciona las patrañas sobre las fuentes del Nilo (1, 52), pero le da crédito en su narración de la costumbre egipcia de moldear el barro con las manos pero de amasar la masa para el pan con los pies (2, 5); de Ifícrates (o Hipsícrates) toma la fauna de Etiopía (3, 5); de Nicandro cita los tipos de áspid (2, 4); de Ofelas cita el periplo de la Libia atlántica (3, 3); de Píndaro, el ritual de apareamiento de las mujeres con el macho cabrío de Mendes (1,19); de Polibio toma la descripción de las clases sociales de Alejandría en tiempos de Fiscón (1, 12); de Posidonio, la lista de los autores sobre el Nilo (1, 5), la distancia del istmo de Pelusio a Heroón (1, 21), la presencia de monos en la costa mediterránea de Libia (3, 4) y los ríos de la costa líbica (3, 10); de Tanusio (o Gabirio) cita la referencia a la tumba del gigante Anteo (3, 8); y finalmente, de Timóstenes, la ubicación —si bien equivocada— del promontorio Metagonio ante Massilia.
De estos autores destacan Eratóstenes, Artemidoro y Posidonio como fuentes principales. Estrabón mismo da cuenta en el propio libro XVII de su método de trabajo. Como hemos visto, a menudo desvela el origen de sus informaciones. Cita a sus fuentes y las compara, como en su discusión sobre la crecida, XVII 1, 5, en que aparecen Posidonio, Calístenes, que bebe de Aristóteles, y este, de Trasialco. Y dice: «Pues salvo en el orden de las materias, los textos son los mismos en ambos autores, tanto en la expresión como en el contenido. Yo, al menos, no disponiendo de copias paralelas para su comparación 123 , me remito de uno a otro». Da muestra de su carácter crítico al excluir a Heródoto de las fuentes principales.
3. Admiración y rechazo: el impacto de Egipto en la Antigüedad
Efectivamente, la producción literaria también iba acompañada de un crecimiento de los viajes a Egipto, incluso antes de la conquista de Alejandro. Estos «turistas» dejaron innumerables grafitos como testimonio de sus visitas. Egipto ejerció una gran atracción, revelada en los escritos de griegos y romanos, por su gran antigüedad y sus monumentos impresionantes, por la diferencia tangible con respecto a las otras provincias del imperio, y no solo por su cultura material, sino también por su extravagante naturaleza, como el río Nilo, mil veces nombrado, alabado y representado (vid ., por ejemplo, el mosaico de Palestrina 124 , u otros mosaicos nilóticos en Pompeya). La arquitectura egipcia se imitaba también, como vemos, por ejemplo, en el caso de Severo, de quien se decía que tenía en su villa un laberinto y una zona llamada Menfis 125 .
Pero junto a la fascinación también va de la mano el rechazo. De que el pueblo egipcio era volátil y levantisco es prueba la política que desde Augusto se aplicó estrictamente y que consistió en un control jerárquico de una población que había estado durante siglos subyugada a otros pueblos, persas y macedonios, y de cuya permanente rebeldía se nos ha conservado el testimonio a menudo en los textos históricos: Polibio (VII 2) describe la barbarie de las revueltas populares, en las que incluso participaban los niños. Cicerón (Pro Rab. Post. , 34-35) y el autor del Bellum Alexandrinum (I 83, 6-9) recalcan la gran irresponsabilidad y tendencia a la traición de los egipcios. Tácito también los describe como rebeldes y ariscos (Hist. , I 11). Filón, casi contemporáneo a Estrabón y habitante de Alejandría, en su tratado Contra Flaccum arremete contra los egipcios criticando los mismos aspectos mencionados anteriormente 126 . Como ya hemos dicho, sin embargo, Estrabón se reserva su opinión al respecto y no critica el carácter del pueblo egipcio.
A esto se suma el rechazo a uno de los aspectos más llamativos para los foráneos de la cultura egipcia: el culto animal, que parece claramente reflejado en Juvenal (Sat . 15): «Quis nescit, Volusi Bithynice, qualia demens Aegyptos portenta colat? » («¿Quién desconoce a qué monstruos rinde culto el de mente Egipto?».) El culto a toda suerte de animales, con una amplia jerarquía y redes de templos, con rituales de adoración y ritos funerarios, se extendía por todo Egipto y era visible y evidente para los visitantes. Desde Heródoto, los autores grecorromanos trataron de explicar esta veneración egipcia a los animales, o bien decantándose por una búsqueda de la explicación y el origen de dicho culto, o bien por un desprecio absoluto hacia una práctica considerada abominable 127 . Es cierto que en el mundo griego ciertos animales eran venerados, como la lechuza de Atenea, pero no de la misma manera. A pesar de esta crítica, esta práctica peculiar no tardó en recibir en su seno a los inmigrantes griegos y romanos 128 , que con igual fervor que los egipcios rindieron culto a toda especie animal.
Cada región tenía su propio culto: Sujo, el cocodrilo, en el nomo Arsinoita; el «pez de nariz afilada» en el nomo Oxirrinquita, al que de hecho dio nombre; el buey Apis en Menfis; Mnevis en Heliópolis, y Bujis en Ermontis. Como igualmente destaca Estrabón, las diferencias regionales también llevaban a conflicto. Un animal venerado en un lugar podía ser perseguido en otro 129 . Los animales vivos recibían durante toda su existencia veneración como dioses, y a su muerte recibían exequias públicas y ceremonias fúnebres de gran sofisticación, e incluso embalsamados y momificados, e identificados por tanto con Osiris, seguían recibiendo culto.
Como se ha dicho, se buscó una explicación a esta veneración egipcia por los animales. Pese a ser sus puntos de vista los de un foráneo, los autores pretenden haber aprendido sus explicaciones de fuentes egipcias. Había probablemente diferentes tradiciones en estas explicaciones del fenómeno: desde la asociación con el culto de Isis y Osiris en Manetón 130 (quien en sí representa la «visión interior»), pasando por la relación con el origen de los faraones y la capacidad protectora de ciertos animales, hasta el significado metafórico o poder simbólico de ciertos animales sagrados.
Heródoto (II 35-4; 65-76) es nuestra descripción más antigua del culto egipcio a los animales, y también la más detallada 131 . Está basada en su propia experiencia y en su uso de las fuentes, tanto escritas como orales, de las que dispuso allí. Destaca este autor la piedad de los egipcios, que le causó gran admiración. También aporta varios ejemplos de paradoxa o fenómenos considerados extraños, como el culto animal, la circuncisión, la momificación, la construcción de barcos y la gran antigüedad del país (II 145-146). Destaca que lo que es un dios para los egipcios es comida para los griegos. Hace una revisión de los cultos a diferentes animales (II 38, buey; 41, vaca; 42, carnero; 75, ibis; 65-76, otros animales).
Diodoro de Sicilia también tiene experiencia de primera mano de sus informantes nativos. Mientras que parte de su información viene de Heródoto o de Hecateo de Abdera, también recabó datos en su viaje del año 59 a. C. Mientras que se puede ver que Diodoro sigue la interpretatio graeca para los dioses, no encuentra paralelo griego al culto animal, y lo considera un aspecto incomprensible de las costumbres egipcias (I 83, 1; 86, 1), que por otra parte permanece inaccesible al foráneo por ser conocimiento vedado (aporrêton ). Recalca la piedad con la que los egipcios protegen a los animales y la dureza con la que castigan a quien voluntaria o involuntariamente daña a uno de estos animales sagrados. Plutarco, por su parte, insiste en que nada es irracional o fabuloso o carne de superstición o deisidaimonias (Isis y Osiris 353 e-f) 132 .
Estrabón nos ofrece una revisión detallada de las variaciones locales del culto animal. Visitó lugares religiosos y su Geografía sigue el patrón regular de la etnografía griega identificando las ciudades egipcias a través de sus tradiciones religiosas. No parece tener una visión crítica, sino más bien explicativa. Mientras que algunos animales son considerados dioses, otros son sin embargo simplemente sagrados. Su visión tiene toques de ironía, como, por ejemplo, la descripción del espectáculo con los cocodrilos en El Fayum (XVII 1, 38) o la descripción del halcón medio muerto de File (XVII 1, 49). La única crítica que se parece percibir es en la descripción de los templos egipcios, cuando explica que no contienen estatuas o imágenes de forma humana, sino solo de animales «irracionales» (XVII 1, 28), como una característica de los estoicos 133 . Pero en general su aproximación al culto animal es descriptiva y no entra en las polémicas en las que otros autores podían entrar. También conviene destacar que, siguiendo una costumbre general, Estrabón identifica los dioses egipcios con los griegos: como, por ejemplo, en XVII 1.19 Ouadjet con Leto; Neith con Atenea.
4. Egipto como destino turístico o de peregrinación: viajes por Egipto en el siglo I
Cuando Egipto se convirtió en parte del Imperio romano, los turistas y viajeros comenzaron a moverse por allí y visitar los lugares que habían adquirido merecida fama a lo largo de la historia. Estos viajeros llegaban por Alejandría y cruzaban por tierra hasta Giza, lugar de las famosas pirámides, y Menfis, la anterior capital de Egipto. Algunos seguían hasta Tebas y el valle de los reyes, para seguir luego a File y sus famosos templos en la primera catarata. Parece quizá la reproducción de un viaje a Egipto en nuestros días.
Estrabón no es, por tanto, el único «turista» que emprendió un viaje de ese talante, que incluía visitas a templos, maravillas naturales, peregrinación. Tenemos constancia de las visitas de turistas y peregrinos en la documentación papirológica, por ejemplo, P. Lond., VII 1973, del archivo de Zenón (siglo III a. C.), en que se menciona a griegos de Argos llegados a Egipto para visitar las curiosidades de Arsínoe.
Producto de sus notas durante este viaje, Estrabón nos proporciona en su texto una gran cantidad de anécdotas vividas personalmente, que dan gran frescura al relato. Será el primer escritor en notar el silbido o chasquido de las estatuas de los colosos de Memnón al amanecer (XVII 1, 46), un fenómeno que se convirtió en atracción turística. Puesto que no aparece en ninguna fuente anterior, se piensa que probablemente se debió a un desajuste en la estatua producido en el terremoto del año 26 a. C.
Erróneamente, Pausanias (I 42, 3) lo atribuye a la furia vandálica de Cambises. Se daban explicaciones de todo tipo a ese silbido o chasquido, como que eran voces humanas o cuerdas musicales. Estrabón parece atribuirles a los sacerdotes un truco para producir ese sonido 134 . Fuera lo que fuera el origen de ese fenómeno, se arregló en el 199 d. C. y la estatua dejo de vibrar o sonar. Estrabón da también una de las primeras descripciones del valle de los Reyes (1, 46). Dice que había cuarenta tumbas, finamente construidas y que, sin duda, merecían una visita. El testimonio que nos ofrece Estrabón del espectáculo de los cocodrilos (1, 38 y 1, 44) como una de las atracciones sorprendentes que se pueden ver en Egipto, y de su traslado a Roma (atestiguado en Plinio, VIII 96), la encontramos también en Filón de Alejandría, Prov. 2, 65, que se refiere a su crianza 135 . Aunque también dio descripciones de Tebas y el Nilómetro de Elefantina, su descripción más extensa es la de Alejandría y el Delta.
5. Alejandría
Alejandría, la célebre y más importante ciudad del Mediterráneo desde el siglo III a. C. hasta la Antigüedad tardía, fue fundada por Alejandro en abril del 331 a. C., sobre la preexistente población egipcia de Racotis (r‘-qdw , «en construcción»). Este nombre se mantuvo para denominar al barrio sur, fundamentalmente habitado por nativos egipcios. La ciudad se convirtió en la capital del reino ptolemaico, con una población privilegiada de origen griego y una administración diseñada sobre el modelo de las poleis griegas.
La ciudad fue diseñada por el arquitecto Deinócrates de Rodas. En su momento cumbre, la población de Alejandría llegó a tener medio millón de habitantes, en parte descendientes de los colonos de origen griego. Según Filón de Alejandría (Flac., 55) la ciudad estaba dividida en cinco barrios, denominados con las cinco primeras letras del alfabeto griego, de las cuales dos estaban fundamentalmente habitadas por la comunidad judía, de la que Estrabón apenas hace mención 136 . Los barrios estaban cuidadosamente trazados: Racotis, el barrio egipcio; Neápolis, el griego; Brucheion, los palacios reales con el museo y la biblioteca. Al este quedaban los suburbios de Eleusis y Nicópolis, y al oeste, las necrópolis.
Como sede real, en época ptolemaica, entró en competencia con la ciudad de Menfis, tradicional cuna de reyes. Algunos monarcas fueron coronados en Menfis, como Ptolomeo XII Neos Dionysos , de manos del Gran Sacerdote. Sobre Menfis, sin embargo, Estrabón apenas nos da datos: solo indica que es grande y populosa, la segunda después de Alejandría, y su población presenta una mezcla de razas (XVII 1, 32).
El elemento egipcio está presente, pese a ser una ciudad puramente helenística. La mezcla y el contacto cultural se dejan ver en multitud de aspectos en la cultura material rescatada de sus restos.
La descripción de Alejandría de Estrabón es de las más detalladas que nos ha transmitido la literatura clásica. También tenemos la de pseudo Calístenes (Alex . 1, 4) y la de Filón de Alejandría, mencionado más arriba. Aunque su experiencia personal añade valor a su exposición sobre Egipto, la descripción de Estrabón de la sociedad de Alejandría, sin embargo, depende en gran manera de Polibio (34, 14), que había visitado la ciudad tripartita y manifestó su disgusto. Esta división de la polis en tres clases: agricultores, artesanos y guerreros, y la clase alta educada, es la normal desde Platón. Bajo los últimos ptolomeos, la ciudad había caído a su punto más bajo. Estrabón insiste en la idea de que la toma de poder por Augusto fue la causa de un cambio radical a mejor en la ciudad, y una reorganización de la ciudad y de la administración general de todo el país. Se sustituyó a los oficiales inútiles. La representación negativa del período previo servía para enmarcar las hazañas de los gobernadores del nuevo orden romano.
Aunque vivió la situación política y social precaria de Alejandría, Estrabón, sin embargo, no entra demasiado en detalle. Prefiere dar una lista superficial de funcionarios (XVII 1, 12): el exegetes , que viste púrpura y recibe honores y vigila la economía de la ciudad; el hypomnematographos , el registrador; el archidikastes , juez máximo, y el nyktostrategos , responsable de la seguridad ciudadana. Parece lógico que todos estuvieran bajo las órdenes del prefecto. Es curioso que Estrabón no mencione a los oficiales gimnasiales, el gymnasiarchos y el kosmetes , y tampoco el agoranomos , aunque sabemos que efectivamente operaban en Alejandría en el período augústeo 137 .
Su descripción de la ciudad tiene también ciertas peculiaridades 138 : la lectura de Alejandría de Estrabón es una interpretación histórica que busca retratar la Alejandría de Alejandro Magno y los ptolomeos. Los monumentos de los ptolomeos estaban por toda la ciudad: el Faro, el Timoneion, construido por Antonio como retiro tras la batalla de Accio y el Cesareum, comenzado a construir por Cleopatra en honor a Julio César y finalizado por Augusto. Estrabón menciona solo de pasada el Serapeo, descrito detalladamente por otros autores, como Amiano Marcelino (XXII 16, 12), Aquiles Tacio (V 2), Aftonio y el autor de la Expositio Totius Mundi et Gentium .
Estrabón no es el único en seleccionar el gimnasio como edificio principal. Plutarco (Ant. 54-55) también sitúa las donaciones de Alejandría en el gimnasio (donaciones de tierras entre los hijos de Cleopatra y ruptura oficial de su matrimonio con Octavia). Estrabón destaca el tamaño del gimnasio, pero el lugar más natural para una asamblea del pueblo era el teatro. Su preferencia por el gimnasio se puede deber a que su construcción no estaba asociada a ningún hecho histórico, aunque, evidentemente, el gimnasio no era un terreno neutral, puesto que claramente lo que marcaba una de las diferenciaciones sociales de clase era tener una educación en el gimnasio, que daba entonces acceso a la ciudadanía alejandrina
En su descripción no incluye la biblioteca, lo cual se usa para decir que César ya la había destruido. Pero, sin embargo, sí que menciona los tratados históricos que leyó Eratóstenes, su tercer director, en una biblioteca tan grande como Hiparco la describe (II 1, 5), implicando que desde entonces la biblioteca habría disminuido en calidad y amplitud. También menciona su fundación, y la intervención de Aristóteles para ayudar a los ptolomeos en su fundación (XIII 1, 54). Lo que sí parece claro es que tuvo acceso a muchos libros, necesarios para su estudio, y que comparó autores (XVII 1, 5), lo que sugiere que, o bien tuvo acceso a las colecciones de la Biblioteca de Alejandría, quizá venida a menos, o al Serapeo. Más de veinte años después de su destrucción, durante la visita de Estrabón, los edificios destruidos en la isla de Faro no habían sido reparados (XVII 1, 6). No queda claro si el distrito real en la orilla opuesta, donde también estaba el museo, también quedó destruido. César se resguardó en el palacio (Bell. Civ. III 112), por lo que parece que esa parte de la ciudad se libró del fuego. Al menos Estrabón no lo menciona.
6. África
Después de la descripción de Egipto, Estrabón procede a completar su estudio geográfico con la descripción de África, comenzando por Etiopía y pasando después al norte de África, es decir, a Libia, y avanzando hacia el este, a Mauritania (XVII 3, 2), Cartago (XVII 3, 13) y Cirene (XVII 3, 21). Como ya hemos dicho, destaca en esta sección que Estrabón nos está informando sobre los territorios extremos, y recalca la limitación de nuestra información sobre estas zonas (XVII 3, 23) y el hecho de que gran parte de lo que sabemos está basado en la conjetura, pues es imposible llegar a estos lugares. Esto explica o justifica el hecho de que esta parte es mucho más esquemática que la anterior. Recuerda por el tipo de información que proporciona a textos del tipo del Periplo del mar Rojo 139 , en que se enlazan informaciones, todas de tipo práctico, sobre la geografía local, detalles marineros, población, tipo de mercancías que se pueden intercambiar. Estrabón nos proporciona una justificación a la división en provincias de acuerdo con la organización territorial y administrativa de Augusto (3, 24).
Cuadro cronológico
| 331 | Llegada a Egipto de Alejandro Magno |
| 323 | Muerte de Alejandro |
| 305-283 | Ptolomeo I Soter |
| 285-246 | Ptolomeo II Filadelfo |
| En Etiopía Arkamani / Ergámenes | |
| 246-221 | Ptolomeo III Evergetes |
| 221-205/204 | Ptolomeo IV Filopator |
| 204-180 | Ptolomeo V Epífanes |
| En Etiopía Adilakhamani | |
| 180-145 | Ptolomeo VI Filometor |
| 145-116 | Ptolomeo VIII Evergetes II Fiscón |
| 116-80 | Ptolomeo IX Soter II Látiro |
| 107-105 | Ptolomeo X Alejandro II Coques |
| 80 | Ptolomeo XI Alejandro II |
| 80-51 | Ptolomeo XII Filopator Auletes |
| 58 | Ptolomeo XII en Roma |
| Berenice IV | |
| 55 | Ptolomeo XII restaurado por Gabinio |
| 51-47 | Cleopatra VII Filopator y Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV Filopator |
| 47-44 | Julio César en Egipto |
| 48-46 | Cleopatra en Roma |
| 46-44 | Marco Antonio en Egipto |
| 41 | Cleopatra VII y Ptolomeo XV Cesarión |
| 43-30 | Octavio César en Alejandría |
NUESTRA TRADUCCIÓN
Nuestra traducción es la primera al español de los libros XV, XVI y XVII de la Geografía de Estrabón. Hay traduccio nes en otras lenguas, sin embargo, como la de H. L. Jones 140 (Loeb) al inglés, o las más recientes de N. Biffi al italiano 141 , o la de S. Radt 142 al alemán.
La traducción de los libros XV y XVI, de Juan Luis García Alonso, se realizó siguiendo principalmente el texto y traducción de N. Biffi, basado en la edición de Meineke 143 , pero con algunas variantes textuales que hemos adoptado como nuestras 144 . No obstante, cada pasaje se ha cotejado también con el texto y traducción de H. L. Jones, de un estilo muy diferente al de Biffi, siendo el nuestro, en principio, más próximo al de este último.
La publicación de la edición y traducción alemana de Radt fue posterior a la realización de nuestra traducción. Eso sí, como es obvio, esta nueva edición supuso una revisión pausada de nuestro propio texto, lo que inspiró correcciones menores a lo largo de los dos libros 145 .
El libro XVII, traducido y comentado por Sofía Torallas Tovar, se basó en un principio en el texto de Jones, pero la publicación del texto de Radt y los comentarios críticos de Biffi ayudaron a ajustar el texto y a tomar ciertas decisiones que influyeron en la traducción adoptada, y se han anotado en cada caso.
Nuestra traducción sigue el objetivo de alcanzar ese difícil equilibrio entre la fidelidad al original griego y la fluidez y corrección del uso de la lengua castellana. También se ha intentado reflejar el estilo del autor, con su estilo anacolútico en ocasiones, coloquial o descuidado, para acercar un poco al lector español a las características más particulares del geógrafo de Amasia. Cuando la fidelidad al original griego o al estilo del autor lo aconsejaban por amenazar la comprensión cabal de la idea, o bien nos alejábamos un poco del original o bien añadíamos notas aclaratorias al pie.
En cuanto a la cantidad, extensión y contenido de las notas, pensamos que estas aparecen en una medida tal que suponen una gran ayuda para la comprensión del texto, sin hacer pesada la lectura. Uno de los elementos recurrentes siempre en estas notas es la identificación de los lugares mencionados en el texto (o una presentación de las propuestas más relevantes cuando no existe seguridad, o una confesión de nuestro desconocimiento cuando es el caso), para lo que nuestras fuentes están indicadas en las notas y en la bibliografía específica, siendo la más relevante, sin duda, los propios libros de Biffi, así como el Barrington Atlas of the Greek and Roman World, Princeton-Oxford, 2000, editado por R. J. A. Talbert.
No aparecen en las notas las correspondencias en kilómetros de los estadios. Estrabón usa un estadio que equivale a 1/8 de la milla romana (= 1.500 m), es decir, a 187,5 m. Como Eratóstenes es una de las fuentes principales, la principal para las medidas de las grandes distancias, muy a menudo Estrabón utiliza el estadio eratosténico, que equivale a 157,5 m 146 . A veces es difícil saber qué tipo de estadio está utilizando el autor. A continuación ofrecemos una lista de correspondencias:




1 Cf. POLLET (ed.), India… (1987).
2 La sensación de lejanía se acentúa en las regiones interiores alejadas de las rutas de Alejandro.
3 Vid . KARTTUNEN , India in the Hellenistic World, págs. 2-4, 6.
4 El papel de Nicolás de Damasco, por ejemplo, y otros autores de época romana, es significativo, pero da la impresión de que no les sacó todo el provecho posible.
5 Vid . BIFFI , L’Estremo Oriente , págs. 18-19.
6 Esto señala BIFFI (L’Estremo Oriente , pág. 23) a propósito de Áristo en 3, 8, Patrocles en 1, 11, Deímaco en 1, 12, Megilo en 1, 18 y Clitarco en 1, 69.
7 BIFFI , L’Estremo Oriente, pág. 23. Vid ., no obstante también, AUJAC , Strabon XXXVIII.
8 Menciona a Nearco en XV 1, 5; 1, 12; 1, 16; 1, 18; 1, 20; 1, 25; 1, 33; 1, 43; 1, 44; 1, 45; 1, 66; 1, 67; 2, 1; 2, 5; 2, 11; 2, 12; 2, 13; 2, 14; 3, 5; 3, 11. A Onesícrito en 1, 12; 1, 13; 1, 15; 1, 18; 1, 20; 1, 21; 1, 24; 1, 28; 1, 30; 1, 33; 1, 34; 1, 43; 1, 45; 1, 55; 1, 63; 1, 64; 1,65; 2, 14; 3, 15; 3, 7; 3, 8. A Aristóbulo en 1, 17; 1, 18; 1, 19; 1, 20; 1, 21; 1, 22; 1,24; 1, 33; 1, 45; 1, 61; 1, 62 y 3, 7. Además de las menciones confesadas, es claro que estos tres autores están detrás de su texto de modo constante.
9 L’Estremo Oriente, pág. 26.
10 Cf. XV 1, 36; 1, 37; 1, 53; 1, 58; 1, 59; 1, 68. Es citado explícitamente en 1, 6-7; 1, 11-12; 1, 20; 1, 35; 1, 37; 1, 38; 1, 39-42; 1, 43; 1, 44; 1, 46-55; 1, 56-57; 1, 58-59; 1, 68.
11 Vid . BIFFI , L’Estremo Oriente, pág. 29.
12 Vid . BIFFI , L’Estremo Oriente, pág. 31.
13 L’Estremo Oriente , págs. 33-35.
14 Avistado por primera vez por Alejandro entre diciembre del 330 a. C. y la primavera del 329 a. C. En C. A. ROBINSON , «When did Alexander reach the Hindu Kush?», Amer. Journ. Philol. 51 (1930), 22-31.
15 El Himalaya según BIFFI , L’Estremo Oriente , pág. 155.
16 Vid . II 1, 22, donde también sigue a ERATÓSTENES (F III B, 19).
17 El libro tercero de la obra erastoténica (F III A, 2) era donde el de Cirene proporcionaba una imagen global de la oikumene , fijando, entre otras cosas, los límites de la India.
18 Cf. H. BERGER , Die geographischen Fragmente des Eratosthenes, Leipzig, 1880, 174, FFIII A 3-7.
19 Ya en el parágrafo 4 había señalado que no dispone de datos muy precisos o recientes acerca de la India, al no dar credibilidad al viaje marítimo supuestamente llevado a cabo por Eudoxo de Cízico en el 118 a. C. (cf. II 3.4). Vid. V. A. SIRAGO , «Roma e la via oceanica per l’India», en L’Africa Romana. Atti del XIII convegno di studio. Djerba, 10-13 dicembre 1998 ; M. KHANOUSSI , P. RUGGERI , C. VISMARA (eds.), Roma, 2000, págs. 239-240.
20 Al parecer, a partir de las teorías climáticas de Hipócrates, los geógrafos acompañantes de Alejandro elaboraron la idea de la analogía entre ambas regiones, de latitud semejante, fijándose además en los regímenes de lluvias, el consecuente caudal de los ríos y la fertilidad extraordinaria del terreno. Vid. KARTTUNEN , India in the Hellenistic World , págs. 121-128.
21 Ceilán o Sri Lanka. Vid. FALLER , Taprobane im Wandel der Zeit… , págs. 15-17. Es la expedición de Alejandro la que deja claro a los griegos que se trata de una isla (PLIN ., VI 81; SOLIN ., 53, 1-9).
22 HERÓDOTO , II 5.1. Para Heródoto esto era un descubrimiento de la escuela jónica, quizá del propio Hecateo (ARR ., Anáb. V 6, 5). Cf. BOSWORTH , A Historical Commentary II, pág. 251.
23 Cf. XVII 1, 5 C 790, en este mismo volumen. Vid. BIFFI , L’Africa , págs. 253-254, con bibliografía.
24 BIFFI , L’Estremo Oriente , pág. 8.
25 Era práctica habitual, como lo ha seguido siendo después, de las escuelas de geografía el servirse de los cursos de los ríos como guía en la división de las regiones. Eso sí, Eratóstenes opinaba que la mera división en regiones no tenía mucha utilidad práctica, pues, para empezar, cualquier división es siempre discutible. Cf. ESTRABÓN , I 4.8 C 66, y AUJAC , Strabon , págs. 206-207.
26 Hoy el Kabul, afluente del Indo.
27 El Swat o el Pangkora, según BIFFI , L’Estremo Oriente , pág. 180.
28 Se trata del Punjab moderno, entre el Jhelum y el Beas. El nombre tal y como lo da Estrabón (según BIFFI [L’Estremo Oriente , pág. 181] tomándolo de Aristóbulo) está más alejado del original local (sánscrito Vipāšā ) que la forma Hyphasis o Hypasis de las otras fuentes.
29 ARR . Ind. 1, 1. Quizá se puedan equiparar con los Astacani que menciona SOLINO (52, 24) y con los Aspagani de PLINIO (VI 79). BIFFI (L’Estremo Oriente : 182) lo relaciona con el antiguo persa Θattaguš , tratándolo como una variante del etnónimo Sattagydai (HERÓD ., III 91, 4), nombre de un pueblo que en tiempos de Darío el Grande formaban parte de la séptima satrapía del Imperio persa (LECOQ , 1997, pág. 143), entre lo que hoy son Pakistán centro-occidental y Afganistán meridional. Cf. EGGERMONT , Alexander’s Campaigns in Sind : 179, y ANDRÉ -FILLIOZAT , Pline l’Ancien. Histoire naturelle, Livre VI 2e partie, París, 1980, 108, n. 2.
30 No existen más menciones de este pueblo, no identificado.
31 Mencionados más arriba, en el parágrafo 8. Su región es nombrada y descrita por ARR . (Ind. 1, 6). Cf. BIFFI , L’Indiké , págs. 114-115.
32 Llamados Aspasioi en la tradición iránica, su nombre parece derivar de un sánscrito aśva , «caballo». Cf. BIFFI , L’Estremo Oriente , pág. 183.
33
en DIODORO (XVII Prooem. ) y en ARR . (Ind., 1, 8; pero Mavssaga en Anab., IV 26, 1; 28, 4). Estaría cerca de Bir-kot, sobre la orilla oriental del Gouraios /Pangkora, junto al lugar hoy llamado Chak-Dara. Cf. TUCCI , La via dello Swat , Roma, 1996, págs. 41-42.
34 ARR ., Ind. 1, 8 y 4, 11; Anáb. IV 22, 7 y 28, 6; PTOL ., VII 1, 44
PLIN ., VI 62 (Peucolatis ) y VI 94 (Peucolis ). Se trataría de Bala Hisar, cerca de Charsada, 30 km al noroeste de Peshawar, donde el río Kabul confluye con el Swat (cf. KARTTUNEN , India in the Hellenistic World , pág. 50; BIFFI , L’Estremo Oriente , pág 183), si es que no hubo dos ciudades con el mismo nombre, estando entonces esta más cerca del Indo, como sugiere BOSWORTH (A Historical Commentary, págs. 183-184).
35 Ya mencionada en el parágrafo 17. También lo hará después en el 62. La ciudad, llamada Taksaśilā en sánscrito, la más grande entre el Indo y el Hidaspes (ARR ., Anáb. V 3, 6), a 60 millas del uno y a 120 del otro, respectivamente (PLIN ., VI 62), se encontraría en el entorno del actual Hasan Abdal, unas veinte millas al noroeste de Rawalpindi. Cf. MARSHALL , J., Taxila. An Illustrated Account of Archaeological Excavation Carried at Taxila , págs. 1-3, Cambridge, 1951; M. TADDEI , «Taxila», en Enciclopedia dell’Arte Antica, Classica e Orientale , VII, Roma, 1966, págs. 630-637; TADDEI , M. Suplemento (de Enciclopedia dell’Arte Antica, Classica e Orientale , VII, Roma, 1966) (1970), 770-772, y M. KARTTUNEN , «Taxila Indian City and a Stronghold of Hellenism», Arctos , 24 (1990), 85-96.
36 En la región de la actual Hazara. Cf. STEIN , On Alexander’s Track… , pág. 123.
37 BIFFI (L’Estremo Oriente, pág. 187) se refiere a los dos tipos de simios que hay en la India, los cercopitecos, de cola más corta, y los colobidas, de cola más larga (cf. O. KELLER , Die antike Tierwelt I-II, Leipzig, 1909, pág. 9). Lo más lógico es que Estrabón se refiera aquí al segundo tipo, que además es más abundante. Cf. KARTTUNEN , India in the Hellenistic World, págs. 176-177.
38 Modernamente se ha situado entre Lahore y Amritsar, aunque parece que los argumentos no son en absoluto definitivos (BOSWORTH , A Historical Commentary , págs. 327-328).
39 El nombre indio es Saubhûti y designa a un líder local, bajo cuya jurisdicción no se encontraba solo la región entre el Chenab y el Ravi, sino también incluso las tierras entre el Chenab y el Jhelum. Cf. PĀNINI , Ganapatha IV, 275; PEARSON , The Lost Histories , 105, n. 83; GOUKOWSKY , Diodore de Sicile , pág. 248; ATKINSON , Curzio , pág. 529; BIFFI , L’Estremo Oriente , pág. 188.
40 L’Estremo Oriente, págs. 9-10.
41 Cf. parágrafo 8.
42 Opto por esta transcripción para evitar la incómoda homofonía con el castellano («malos»).
43 Cf. más adelante el parágrafo 53, así como también, del propio ESTRABÓN (II 1, 9 C 70). Vid. BIFFI (L’Estremo Oriente , pág. 200), STEIN (On Alexander , pág. 232), y BOSWORTH (A Historical Commentary , pág. 241 y «The Historical Setting», págs. 115-117).
44 JONES : «Apparently an imaginary creature (sometimes called “ant-lion”) with the fore-parts of a lion and the hind-parts of an ant. Herodotus (III 102) describes it as “smaller than a dog but larger than a fox”. Strabo elsewhere (XVI 4, 15) refers to “lions called ants”». En ELIANO (N. A . VII 47) estos myrmekes aparecen en una clasificación de felinos, junto a tigres, leones, leopardos, etc. Sobre estos extraños animales llamados «hormigas», vid . KINZELBACH , Tierbilder… , págs. 66-71.
45 La historia acerca de este río misterioso parece de origen local. En las fuentes indias antiguas Sila o Sida significaba «la piedra» y según la leyenda local cualquier objeto sumergido en sus aguas se convertía en piedra y se hundía. Cf. SCHWANBECK , Megasthenes , 37, n. 32; LASSEN , Indische, pág. 657, n. 2 y 3; KARTTUNEN , «The Country…», págs. 186-189.
46 MEGÁSTENES , F 19 b. Los indios estaban subdivididos, a partir de los siglos VI y V , en cuatro clases (varna ): la de los sacerdotes o brâhmana , la de los guerreros nobles o kśatriya , la de los hombres libres o vaiśya y la de los inferiores o śudra . Cf. J. DZIECH , «Graeci qua ratione Indos descripserint», Eos, 45 (1951), 61; AUBOYER , La vita, págs. 42-43. Fuera de estas clases estaban los «intocables» o candala , nacidos de matrimonios de individuos de distintas clases.
47 MEGÁSTENES , F 20 b.
48 La norma india era realmente muy severa con quienes se atrevían a romper los límites entre diferentes castas. Sus hijos entraban a formar parte de «los intocables». Cf. AUBOYER , La vita , pág. 55.
49 Lo que sí se puede constatar es que la esclavitud sí era conocida y practicada en muchas regiones indias, salvo quizá en Tamil, aun con la impresión de algún autor moderno que la considera algo más dulcificada que en otras regiones del mundo antiguo (SKURZAK , «En lisant…», pág. 74).
50 Vid . STONEMAN , «Naked Philosophers…», pág. 105. Megástenes seguramente veía paralelismos con el comportamiento de los pitagóricos y los cínicos. Cf. más adelante el parágrafo 65.
51 Las distintas fuentes (HANSEN , «Alexander…», 355, n. 6, y BIFFI , L’Estremo Oriente , pág. 238) corroboran este comportamiento no coincidente precisamente con la tradición de los brahmanes. Cf., no obstante, BOSWORTH , From Arrian to Alexander , pág. 182.
52 Sin duda es un caso más de una interpretatio de una divinidad indígena, quizá Indra, como sugiere BIFFI (L’Estremo Oriente , pág. 239). El Ganges y el resto de divinidades no tenían una fácil traslación a la mentalidad helénica y ni Estrabón ni sus fuentes siguieron el mismo proceso. Cf. KARTTUNEN , India in the Hellenistic World , pág. 90.
53 No hay acuerdo general sobre cómo valorar a este grupo. Hay estudiosos que consideran a los pramnas simplemente un grupo algo particular de la escuela de los brahmanes, pero para otros es un grupo claramente distinto de brahmanes y de garmanes. Pero hay incluso quien (DOGNINI , L’«Indiké» , págs. 140-141) piensa que el nombre es simplemente una variante lingüística del nombre de los garmanes. Vid. KARTTUNEN , India in the Hellenistic World , págs. 59-60, y BIFFI , L’Estremo Oriente , pág. 241.
54 El suicidio en Atenas de este sabio indio (cf. § 4, más arriba) lo mencionan también PLUTARCO (Alex. 69, 8) y DION CASIO (LIV 9, 10). BIFFI (L’Estremo Oriente , pág. 244) indica una plausible relación del antropónimo con el término sánscrito que designa a un asceta: śramạnạh .
55 Según los documentos oficiales del Imperio aqueménida esta región estaba encuadrada en la séptima satrapía del Imperio persa (vid. BIFFI , L’Estremo Oriente, págs. 244-245).
56 El original indio es Ãbhīra , señala BIFFI (L’Estremo Oriente , pág. 245). Vid. sobre ellos EGGERMONT , Alexander’s Campaigns in Sind , pág. 49. El río parece que es el moderno Hab, cuyo estuario está hoy a 22 km al oeste de Karachi.
57 También para ARRIANO (Anáb. VI 21, 3 e Ind. 25, 2 y 4) son un pueblo muy particular: visten como los indios y tienen su mismo armamento y demás, pero hablan una lengua diferente y tienen extrañas costumbres, como abandonar a sus muertos en la selva dejándolos como pasto de las fieras, algo más típico de algunos pueblos iranios (cf. más arriba § 1, 62). Vid. EGGERMONT , Alexander’s Campaigns in Sind , pág. 63.
58 Su marcha comenzó en Patala (cf. DIOD ., XVII 104, 4, y PLIN ., 6, 100) en agosto del año 325 a. C., un poco antes de la salida de Nearco, como señala Estrabón en el siguiente parágrafo. Hay dudas sobre el itinerario exacto de Alejandro en la travesía del desierto. BIFFI (L’Estremo Oriente , pág. 250) recoge las principales teorías, con referencias.
59 Etapas de hasta 110 km para un ejército tan grande, en terreno arenoso y por la noche no parece creíble. Cf. E. KORNEMANN , Die Alexandergeschichte des Königs Ptolemaios I. von Aegypten , Leipzig-Berlín, 1935, pág. 86; STRASBURGER , «Alexanders…», págs., 466 y 481; y BOSWORTH , From Arrian to Alexander , 175, n. 37.
60 Es la descripción que vimos en los parágrafos del 1 al 3.
61 Al norte-noroeste de Gedrosia.
62 Al norte-nordeste de Gedrosia.
63 Al norte de drangas y aracotos.
64 Sobre las puertas del Caspio y la controversia acerca de su identificación exacta y de su relevancia geográfica en la región, vid. BIFFI (L’Estremo Oriente , págs. 256-257), con bibliografía.
65 Fr. III B, 23.
66 Pese el parecido de los nombres, resulta dificultoso identificarla con la actual Kharan, por las distancias, aunque puede haber un error en estas. Vid. BIFFI , L’Estremo Oriente , pág. 264.
67 Las ballenas sin duda infundirían pavor a los navegantes, especialmente en el tramo frente a las costas de los ictiófagos. El punto de inflexión se habría producido al ser capaces de ahuyentarlas.
68 BIFFI (L’Estremo Oriente , pág. 268) señala el Dašt-i Lût y el Dašt-i Kavīr.
69 Cf. BRIANT , Histoire… , págs. 779-780.
70 Este tramo es descrito por ARRIANO (Ind. 38, 2; 39, 8).
71 3, 1.
72 Se trataría de la llanura del Araxes.
73 Parece una transliteración de un original persa Pātišuvariš , «che designa una compagine sociale fra le più prestigiose fra i Persiani, perché molto vicine alla familia del re», en palabras de BIFFI (L’Estremo Oriente , pág. 270). Cf. P. BRIANT , «Hérodote et la société perse», en Hérodote et les peuples non grecs (Entrétiens sur l’Antiquité Classique XXXV) , Ginebra, 1990, pág. 84.
74 Es un clan.
75 Sobre estos pueblos vid . P. BRIANT , «“Brigandage”, dissidence et conquête en Asie achéménide et hellénistique», Dial. Hist. Anc. 3 (1976), 195-209.
76 Corresponde más o menos con la moderna provincia persa del Hûzistân.
77 La ciudad se encontraba sobre la colina aún hoy denominada Suš, al sudoeste de Dizful, en la orilla izquierda del río Šavur. Cf. PINELLI , «Susa», págs. 567-571, y H. PITMAN , «Susa», en The Oxford Encyclopedia of Archaeology in the Near East , 5, Oxford, 1997, págs. 106-110.
78 Se trata del moderno Ab-i Dez, que desemboca en el Karūn. Cf. BOSWORTH , «Nearchus in Susiana», pág. 551, y SPECK , Alexander , pág. 20.
79 El moderno Pulwar, o, quizá, el Kur, que confluyen y desembocan en el lago Nīriz.
80 El moderno Rud-i Kur.
81 Verosímilmente el actual Pulwar.
82 Fue fundada por Ciro hacia el 546 a. C. y se encontraba a unos treinta kilómetros al nordeste de Persépolis, en el entorno de la actual Daš-i Murghab.
83 Ya nos lo había contado en el parágrafo 3.
84 En el pensamiento geográfico antiguo es de gran relevancia evitar los excesos del clima. Cf. CLARKE , Between Geography… , pág. 213.
85 ESTRABÓN menciona el lugar en otros libros (XI 13, 6; XVI 1, 1, y XVII 8, 11).
86 Cf. HERÓD ., I 131-132.
87 ESTRABÓN es el primer autor que señala esta identificación. HERÓDOTO (I 131, 3), erróneamente, identificaba a Mitra con Afrodita.
88 Cf. HERÓD ., I 131.
89 Se trata de las dos principales ceremonias del zoroastrismo: la libación del fuego o ātaš-zōhr , y la libación del agua o āb-zōhr .
90 Cf. HERÓD ., I 138, 2.
91 C. MÜLLER enmendaría el texto para leer Policleito. La idea la apoya Jones. Así lo lee también BIFFI (L’Estremo Oriente , pág. 303).
92 Ciro el Viejo. Reinó entre el 559 y el 530 a. C.
93 Es una cifra aproximada. En realidad son doscientos veintiocho años los que transcurren entre la subida al trono de Ciro el Viejo o Ciro II el Grande (558 a. C.) y la muerte de Darío III (330 a. C.).
94 La Pérside cayó bajo el dominio de los partos hacia el 140 a. C.
95 Cf. para una breve descripción geográfica y terminológica de la Siria y Arabia antiguas, SARTRE , L’Orient… , págs. 309-312.
96 Cf., aparte de las numerosas menciones de árabes en Siria y Mesopotamia en el libro XVI, por ejemplo I 2, 34, donde Estrabón defiende las palabras de Posidonio, según el cual Mesopotamia es un ejemplo de las numerosas características comunes entre armenios, sirios y árabes al estar integrada por estos tres pueblos.
97 Para las similitudes entre ambas obras, cf. BIFFI , Il Medio Oriente , págs. 19-20 y 171-172; ENGELS , Augusteische… , págs. 90-114.
98 Cf. la reseña de ENGELS a BIFFI , Il Medio Oriente , en Bryn Mawr Classical Review (2003.09.24), que menciona escritos importantes sobre esta campaña que Estrabón podía haber utilizado: la obra de Juba II sobre Mauritania, Arabia y Asiria (FGrHist. 275) o las Stationes párticas de Isidoro de Carax.
99 BIFFI , Il Medio Oriente , págs. 28-29, que cree que Estrabón compuso su Geografía a comienzos y mediados de la era augústea y que en época de Tiberio solo añadió algunos detalles; cf. ENGELS , loc. cit . Para la teoría, en cambio, de que el grueso de la obra fue escrita entre el 17 y el 23 d. C., cf. S. POTHECARY , «Strabo, the Tiberian Author: Past, Present and Silence in Strabo’s Geography», Mnemosyne 55 (2002), 387-438.
100 Cf. SYME , Anatolica , pág. 55.
101 Cf. SYME , Anatolica , págs. 51-57 para la cuestión de los puentes; págs. 95-110 para la Gordiene.
102 Para otro tipo de fuentes menores, locales o indígenas, y para la información transmitida a través de literatura no historiográfica, cf. SARTRE , La Syrie… , págs. 21-24. Para fuentes epigráficas, papirológicas y arqueológicas cf. op. cit. , págs. 24-33.
103 Cf. SARTRE , La Syrie …, págs. 46 s., quien señala que esta ausencia no es prueba de un interés aqueménida en la zona, esperable por otra parte dada su situación estratégica y la riqueza de su suelo.
104 Cf. SARTRE , L’Orient… , págs. 316, 335-339, sobre los distintos grupos de ciudades en relación con la helenización, el desarrollo urbanístico de Augusto en el interior y la fundación de ciudades por algunos reyes clientes, especialmente Herodes el Grande.
105 SARTRE , La Syrie …, pág. 12.
106 Sobre la oposición que establece ESTRABÓN a lo largo de su obra entre barbarie y civilización, y la relación que tiene la ocupación de la montaña, la guerra, y el bandolerismo y saqueo con la barbarie, y la que tiene la ocupación de la llanura, la agricultura y el carácter pacífico con la civilización, cf. P. THOLLARD , Barbarie et civilisation chez Strabon , París, 1987, esp., págs. 8-9.
107 J. U. POWELL , Collectanea Alexandrina , Oxford, 1925, pág. 141, l, 11; s. IV a. C.
108 DIODORO es, junto con ESTRABÓN , una de las principales fuentes sobre los nabateos (II 48-49; XIX 94-100). Sobre Arabia en general, sus partes y características cf. II 54.
109 Cf. para edición con traducción y comentario del periplo, CASSON , The Periplus… (1989).
110 J. DESANGES («Arabes et Arabie en terre d’Afrique dans la géographie antique», en T. FAHD (ed.), L’Arabie préislamique , págs. 413-430), muestra que la presencia árabe al este del Nilo es un fenómeno constante desde la Antigüedad.
111 Cf. D.MARCOTTE , «Structure et caractère de l’oeuvre historique d’Agatharchide», Historia 50 (2001), 385-435.
112 Cf. MACDONALD , pág. 248.
113 Cf. SARTRE , La Syrie …, págs. 52-58.
114 Cf. SARTRE , La Syrie …, págs. 52-53; SARTRE , L’Orient, pág. 315.
115 Vid . sobre esto E. S. GRUEN , Rethinking the Other in Antiquity , Princeton, 2011, pág. 100.
116 Vid . BIFFI , L’Africa , pág. 65.
117 D. DUECK , Strabo of Amasia. A Greek Man of Letters in Augustan Rome, Londres, 2000, pág. 87.
118 Para establecer la cronología de estos dos prefectos y, por lo tanto, el viaje de Estrabón, probablemente anterior a la desafortunada campaña de Elio Galo contra Arabia Felix, vid. S. JAMESON , «Chronology of the Campaigns of Aelius Gallus and C. Petronius», The Journal of Roman Studies 58 (1968), 71-84.
119 ADAMS , «Travel narrows…», págs 161-184.
120 Cf. I 1.2, VIII 3, 3; vid . M. PRETZLER , «Greek intellectuals on the move: Travel and Paideia in the Roman Empire», en C. ADAMS , J. ROY (eds.), Travel, Geography and Culture in Ancient Greece, Egypt and the Near East, Oxford, 2007, págs. 123-138.
121 Sobre los aspectos prácticos de los viajes en Egipto, ADAMS , «“There and back again”…», págs. 138-166. El papiro P.Oxy . XLII 3052 (s. I d. C.) es un itinerario, como también P.Ryl . VI 627-628, del siglo IV , el conocido itinerario de Teófanes desde Hermúpolis hasta Antioquía en Siria, pasando por Alejandría, donde se lleva un recuento detallado de los gastos, las paradas, el tipo de transporte, etc. Este quizá sería un paralelo del viaje oficial del prefecto, en el que también se llevaría una contabilidad del mismo. Vid . J. MATTHEWS , The Journey of Theophanes: Travel, Business, and Daily Life in the Roman East , New Haven, Yale University Press, 2006.
122 El estudio más amplio sobre la literatura griega sobre Egipto es el de C. FROIDEFOND , Le Mirage Égyptien… Vid. también BURSTEIN , «Images of Egypt…», págs. 591-604. VASUNIA , The Gift of the Nile… (2001). STEPHENS , Seeing Double… (2003), más recientemente, vid. también I. MOYER , Egypt and the Limits of Hellenism , Cambridge, 2011.
123 Probablemente Estrabón se refiere a que intentó acceder a los textos originales para esclarecer la cuestión del plagio. Esta referencia también nos permite comprobar que Estrabón escribe con conocimiento de causa y no se fía únicamente de rumores, sino que comprueba sus fuentes y hace un trabajo crítico basado en ellas.
124 P. G. P. MEYBOOM , The Nile Mosaic of Palestrina: Early Evidence of Egyptian Religion in Italy , Leiden, 1995.
125 Historia Augusta , Severus , 17, 4: Iucundam sibi peregrinationem hanc propter religionem dei Serapidis et propter rerum antiquarum cognitionem et propter novitatem animalium vel locorum fuisse Severus ipse postea semper ostendit. nam et Memphim et Memnonen et pyramides et labyrinthum diligenter inspexit . («Posteriormente, el propio Severo manifestó siempre cuán agradable le había resultado este viaje, debido a su devoción al dios Serapis, al conocimiento de las antigüedades y la novedad de animales y lugares. Pues efectivamente visitó detenidamente Menfis, Memnón, las pirámides y el laberinto.»)
126 Vid. también FILÓN , Contra Flaco 17, y FLAVIO JOSEFO , Contra Apión, II 69, para descripciones despectivas de los egipcios. Sobre este tema, la excelente monografía de PEARCE , The Land of the Body .
127 Sobre esto vid. K. A. D. SMELIK y E. A. HEMELRIJK , «Who knows not what Monsters Demented Egypt Worships? Opinions on Egyptian Animal worship in Antiquity as part of the Ancient Conception of Egypt», ANRW II 17, 4 (1984), 1852-2000. PEARCE , The Land of the Body, págs. 241-264.
128 D. J. THOMPSON , Memphis under the Ptolemies , Princeton NJ, 1989, pág. 190.
129 Además del ejemplo que tenemos en nuestro autor, vid. HERÓDOTO , II 69, sobre el cocodrilo; JUVENAL , Sat . XV 33-88, y PLUTARCO , Isis y Osiris, 380 a-c.
130 La mejor interpretación de Manetón, para mi gusto, en I. S. MOYER , Egypt and the Limits of Hellenism , págs. 84-141.
131 PEARCE , The Land of the Body , págs. 249-250.
132 PEARCE , The Land of the Body, págs. 250-253.
133 Para Filón de Alejandría, contemporáneo de Estrabón, la irracionalidad de los animales será un punto clave en la crítica de la religión egipcia y el culto animal. Vid . PEARCE , The Land of the Body , págs. 241-308.
134 Vid . ADAMS , «Travel narrows…», págs. 172-176.
135 En una carta en papiro, P. Tebt. I 33 (s. II a. C.), se menciona la visita de un personaje importante y se programan sus visitas turísticas, entre las que se cuentan la visita al laberinto y el espectáculo de los cocodrilos. Vid . ADAMS , «Travel narrows…»; ADAMS , ROY (eds.), Travel, Geography… , 2007, págs. 161-184; esp. 166; y A. VERHOOGT , Menches, Komogrammateus of Kerkeosiris: The Doings and Dealings of a Village Scribe in the Late Ptolemaic Period (120-110 B. C.), Leiden, 1998, págs. 9-10.
136 En una cita indirecta: por FLAVIO JOSEFO (Ant. XIV 117), Estrabón dice que los judíos en Egipto habitaban zonas aparte y que una gran parte de Alejandría estaba habitada por ellos. En Contra Apión (II 34-35), FLAVIO JOSEFO dice que fue el mismo Alejandro quien les concedió esa zona. El barrio judío más importante era la zona delta, al noreste de la ciudad. No hay que entender estas zonas como guetos, sino como barrios étnicos, lo cual se explica por la tendencia de las minorías o los grupos étnicos a agruparse en torno a edificios de culto o a mercados adecuados a sus costumbres.
137 ALSTON , The City , pág. 188.
138 ALSTON , The City, págs. 219-220.
139 CASSON , The Periplus… (1989).
140 H. L. JONES , The Geography of Strabo, VII. Books XV-XVI (LCL 241), Cambridge Mass., Londres, 1930 (= 1983); y The Geography of Strabo, VIII. Book XVII (LCL 267), Cambridge, Mass., Londres, 1932 (= 1982).
141 BIFFI , L’Africa di Strabone (1999), Il Medio Oriente di Strabone (2002) y L’Estremo Oriente di Strabone (2005).
142 S. RADT (ed.), Strabons Geographika , Band 4, Buch XIV-XVII: Text und Übersetzung , Gotinga, Vandenhoeck and Ruprecht, 2009. Sustituye a la vieja traducción de A. FORBIGER , Strabos Erdbeschreibung übersetzt und durch Anmerkungen erläutert, Siebentes Bändchen, Buch 16 und 17 , Berlín, 19083 .
143 A. MEINEKE , Strabonis Geographica , vol. III, Leipzig, 1853.
144 Para el libro XV, vid. BIFFI , L’Estremo Oriente , pág. 35. Para el libro XVI, vid. BIFFI , Il Medio Oriente, págs. 31-32.
145 Cuando la solución textual que adoptamos requiere una explicación o comentario específico lo señalamos en las notas al pie.
146 Para el estadio de Estrabón cf. F. HULTSCH , Griechische und römische Metrologie , Graz, 1971 (= 1882), págs. 59 s., 65. Las conversiones de Lasserre en sus notas a los libros XI y XII responden a una equivalencia de este estadio con 185 m. Sobre el estadio eratosténico vid . HULTSCH , Griechische un römische , págs. 60-64; AUJAC , Strabon …, págs. 176-179.
BIBLIOGRAFÍA
En esta bibliografía se encontrarán en primer lugar las ediciones de Estrabón más utilizadas, así como las de otros autores citados con frecuencia en abreviatura. En segundo lugar aparecen algunas referencias a obras generales sobre Estrabón especialmente valiosas para estos libros. En tercer lugar se recogen una serie de obras generales sobre la geografía e historia de la parte del mundo tratada por Estrabón en estos libros, además de algunas referencias a otro tipo de instrumentos, y en último lugar, una selección de obras concretas sobre los distintos pueblos y países que trata Estrabón en los libros XV, XVI y XVII.
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LIBRO XV
SINOPSIS
1. EL RESTO DE ASIA
1. Resto de Asia, Libia, la India. —2. Los exploradores de la India. — 3. La poca fiabilidad de los informes. — 4. Escasa presencia de comerciantes en la región. —5. Alejandro ante los informes previos sobre la región. — 6. Los informes de Megástenes. — 7. Eratóstenes y el escepticismo ante el mito. — 8. Inverosimilitud de los relatos acerca de Dioniso y Heracles. — 9. Invenciones de los aduladores de Alejandro. — 10. Erastóstenes como autoridad. — 11. Límites y extensión de la India. —12. Divergencias entre las fuentes acerca de su extensión. —13. Los ríos de la India, flora, fauna y aspecto de los indios. —14. Taprobane. — 15. Onesícrito sobre Taprobane. — 16. Nearco y los ríos. — 17. Aristóbulo sobre el régimen de lluvias. —18. Discrepancias y coincidencias entre Nearco y Aristóbulo acerca de las lluvias. — 19. Aristóbulo compara las condiciones climáticas de Egipto y la India. —20. La fertilidad de la India. —21. El gran tamaño de los árboles de la India. —22. La fertilidad de la India, Arabia, Etiopía y Egipto. —23. El agua ya cae caliente del cielo. — 24. Sobre el color de la piel de indios y etíopes. — 25. Situación geográfica de la India con respecto a Egipto y Etiopía. —26. El conocimiento de los ríos del norte de la India gracias a Alejandro. —27. El oriente de la India. —28. Grandes serpientes. —29. Monos de cola larga. —30. Catea y la región de Sopites. —31. Los perros de Sopites. —32. Los viajes de Alejandro por el Hipanis y el Hidaspes. — 33. Patalene y la desembocadura del Indo. — 34. Vida social de los indios. —35. El Ganges: el río más grande del mundo. —36. Palibotra. — 37. Las maravillas de la ribera del Hipanis. — 38. El río Sila. — 39. La primera de las siete castas de la India: los filósofos. —40. La segunda casta: los agricultores. — 41. La tercera casta: los pastores y cazadores. —42. La caza de los elefantes. —43. Descripción general de los elefantes. — 44. Las hormigas buscadoras de oro. — 45. Los reptiles y las criaturas marinas. — 46. La cuarta casta: los artesanos, comerciantes y trabajadores manuales. — 47. La quinta casta: los militares. — 48. La sexta casta: los inspectores. — 49. La séptima casta: los consejeros y asesores del rey. — 50. Competencias de los magistrados. — 51. Los funcionarios municipales. —52. Asuntos militares. —53. La sobriedad y honradez de los indios. —54. Funerales sobrios, aprecio por los adornos en vida. —55. La vida del rey. —56. Relatos increíbles de Megástenes. — 57. Megástenes y descripciones míticas de la población local. — 58. Filósofos de la montaña y de la llanura. —59. Los brahmanes. —60. Los garmanes. —61. Dos brahmanes que conoció Aristóbulo. —62. Costumbres de los habitantes de Taxila. — 63. Onesícrito y los sofistas indios. — 64. Onesícrito con los sabios Calano y Mandanis. — 65. Entrenados para el sufrimiento. —66. Leyes y costumbres no escritas. —67. La artesanía de los indios. —68. La autoinmolación de Calano. —69. Riquezas y otras maravillas. —70. Los pramnas desnudos. —71. Los pramnas urbanos. —72. El Ganges. —73. La muerte de Zarmanocegas.
2. ARIANA
1. Límites de Ariana. — 2. La comarca de los ictiófagos. — 3. Gedrosia. —4. Alejandro en Gedrosia. —5. Alejandro superó a Semiramis y a Ciro. —6. La escasez de agua. —7. Peligros de la flora y la fauna. — 8. Informe de Eratóstenes sobre Ariana. — 9. Composición étnica de Ariana. — 10. La región montañosa. — 11. Caarene. — 12. Ballenas en el golfo Pérsico. —13. Nearco deshizo el mito de una isla misteriosa. — 14. Carmania.
3. LA PÉRSIDE
1. Las tres regiones principales de la Pérside. — 2. Susiana. — 3. Los palacios de Susiana. — 4. La región costera de Susiana. — 5. La desembocadura del Tigris y del Éufrates. — 6. Valles fluviales. — 7. Tumba de Ciro. — 8. Tumba de Darío. — 9. El valor de los tesoros. — 10. Clima de la Pérside y Susiana. — 11. La fertilidad de Susiana. — 12. Apoloniatis y el poder de los partos. — 13. Religión de los persas. — 14. Sacrificios al fuego y al agua. — 15. Sacrificios en Capadocia. —16. Ríos sagrados y sacrificios por medio del fuego. —17. Monarquía, poligamia, premios de natalidad. — 18. Educación de los jóvenes. —19. Servicio militar. —20. Besos entre iguales y desiguales. — 21. Impuestos reales. — 22. Molicie. — 23. Relaciones entre persas y griegos. —24. La pasada hegemonía persa.
1. EL RESTO DE ASIA
1
Resto de Asia , Libia , la India
Lo que queda de Asia es lo que está más allá del Tauro (salvo Cilicia, Panfilia y Licia 1 ), es decir, lo que hay desde la India hasta el Nilo 2 y entre el Tauro y la parte meridional del mar Exterior 3 . Después de Asia está Libia, de la que hablaremos más adelante 4 , pero ahora es preciso comenzar por la India, pues es la primera y más extensa región que se extiende hacia el oriente 5 .
2
Los exploradores de la India
Pero es obligado recibir los informes sobre ella con buena disposición, pues es la tierra más lejana, y además no muchos de los nuestros la han explorado; y los que la han visto solo han visto algunas partes y casi todo lo que dicen es de oídas 6 ; y, lo que es más, lo que vieron lo percibieron en un recorrido a la carrera durante una expedición militar 7 . Debido a ello no traen los mismos informes sobre los mismos lugares, aunque los hayan redactado como si lo hubieran investigado todo a fondo y con cuidado. Además, algunos de ellos, que compartieron unos con otros las mismas expediciones militares y las mismas estancias, como, por ejemplo, los que ayudaron a Alejandro 8 a dominar Asia, sin embargo se contradicen unos a otros frecuentemente. Y si acerca de lo que sí vieron difieren hasta ese punto, ¿qué hemos de pensar acerca de lo que nos refieren de oídas 9 ?
3
La poca fiabilidad de los informes
Es más, ni los muchos otros que han escrito algo acerca de esas tierras mucho después 10 ni los que en estos tiempos navegan por allí 11 nos las describen con preci sión alguna. En efecto, Apolodoro, que compuso las Párticas 12 , cuando habla de los griegos que provocaron la rebelión de Bactriana frente a los reyes sirios sucesores de Seleuco Nicátor 13 , dice que estos, tras haber visto incrementado su poder, atacaron también la India; pero no solo no descubre nada adicional a lo ya conocido de antes, sino que además lo contradice, al decir que estos dominaron una proporción de la India mayor que la de los macedonios 14 .Y que Eucrátidas, por ejemplo, mantuvo mil ciudades bajo su control 15 . Pero ellos 16 , no obstante, afirman que los pueblos que habitan entre el Hidaspes y el Hipanis 17 son nueve, y que poseen cinco mil ciudades, de las que ninguna es menor que Cos de Mérope 18 ; y que Alejandro, una vez sometida toda esta región, se la entregó a Poro 19 .
4
Escasa presencia de comerciantes en la región
Y de los comerciantes que actualmente navegan desde Egipto por el Nilo y el golfo Arábigo hasta la India son escasos los que han llegado hasta el Ganges 20 ; pero además estos viajeros son particulares, en nada útiles para la exploración de estas regiones. No obstante, desde allí 21 , de un lugar y de un rey llamado Pandión, o, de otro modo, Poro 22 , llegaron a César Augusto regalos y honores, así como el sofista indio que se quemó a sí mismo en Atenas, como también Calano, mostrando a Alejandro una escena semejante.
5
Alejandro ante los informes previos sobre la región
Si, no obstante, uno debiese, dejando de lado estos datos, considerar la información anterior a la expedición de Alejandro, encontraría una situación mucho menos clara que esta. Es convincente, en cualquier caso, que Alejandro creyera esos datos, cegado por sus numerosos éxitos. Lo cierto es que Nearco dice 23 que él quiso conducir su ejército a través de Gedrosia para rivalizar, informado de que Semíramis había dirigido una expedición contra los indios 24 , y también Ciro, pero que ella se volvió, huyendo con veinte hombres, y él, con siete; y que Alejandro consideró cuán honroso sería que, tras haber sufrido ellos tales desgracias, él fuese capaz de conducir a la victoria a un ejército sano y salvo a través de las mismas regiones y los mismos pueblos 25 . En suma, Alejandro creyó esos informes.
6
Los informes de Megástenes
Pero nosotros, ¿qué credibilidad justificada habríamos de depositar en expediciones tales como la de Ciro o la de Semíramis? Megástenes se muestra más o menos de acuerdo con esta idea, al afirmar que se desconfíe de estas viejas historias de indios; pues jamás fue enviado por los indios un ejército al exterior ni jamás llegó ninguno desde el exterior y se hizo con el poder, a no ser el de Heracles y Dioniso 26 y el de ahora con los macedonios. Más bien, sostiene, Sesostris el egipcio 27 y Tearcón el etíope llegaron hasta Europa 28 ; y Nabocodrosor 29 , más estimado entre los caldeos 30 que el propio Heracles, avanzó hasta las mismísimas Columnas 31 : y hasta allí sin duda también arribó Tearcón, y también Sesostris 32 dirigió a su ejército desde Iberia hasta Tracia y el Ponto; e Idantirso el escita se lanzó sobre Asia 33 hasta alcanzar Egipto: pero ninguno de ellos, concluye 34 , llegó a la región de la India y Semíramis murió antes de poner manos a la obra 35 . Y sostiene que si bien los persas mandaron venir a los hidraces 36 como mercenarios desde la India, no dirigieron allí ningún ejército, sino que solo llegaron cerca, cuando Ciro marchaba contra los masagetas 37 .
7
Eratóstenes y el escepticismo ante el mito
Por lo que se refiere a las historias de Heracles y de Dioniso, Megástenes, de acuerdo con unos cuantos, las considera verosímiles 38 , pero la mayoría de los demás, y entre ellos Eratóstenes, las tiene por inverosímiles y míticas 39 , como tantas historias que circulan entre los griegos 40 . Pues en las Bacantes de Eurípides 41 , Dioniso fanfarronea de este modo:
Tras dejar los dorados campos de lidios
y frigios, he recorrido las llanuras de los persas, acribilladas
[por el sol,
las murallas bactrias, la tierra invernal de los medos, la Arabia
[Feliz
y Asia toda.
Y en Sófocles hay quien canta a Nisa como la montaña consagrada a Dioniso:
Cuando vi la célebre Nisa, poseída de furor báquico para los mortales, a la que el cornudo Yaco considera su más dulce nodriza, y en donde ¿qué pájaro no canta?
Y lo que sigue. Y se le llama también Merotrafes 42 . El poeta Homero dice así de Licurgo el edonio 43 :
Quien una vez arrojó a las nodrizas del enloquecido Dioniso abajo del sacratísimo monte de Nisa.
Lo dicho en lo referente a Dioniso. Y en lo que concierne a Heracles, algunos cuentan que solo viajó en dirección contraria, hasta los confines occidentales, mientras que otros sostienen que a ambos confines 44 .
8
Inverosimilitud de los relatos acerca de Dioniso y Heracles
A partir de relatos así, llamaron niseos a cierto pueblo, y Nisa a una ciudad de su territorio, fundación de Dioniso, y Mero al monte que hay sobre esta ciudad 45 , explicando el nombre a partir de la hiedra que hay allí, y de la vid, aunque sus frutos no madu ren, pues el racimo se cae antes de madurar por culpa de las abundantes lluvias 46 . Sostienen que los sidraces son descendientes de Dioniso 47 , a juzgar por su vid y sus magníficas procesiones, haciendo sus reyes las expediciones militares fuera de su territorio al modo báquico y acompañando las demás salidas con tambores 48 y ropajes floridos, algo que se manifiesta también entre los demás indios. Pues bien, al tomar Alejandro, en un solo ataque, Aorno, una roca bajo cuya base fluye el río Indo, cerca de su nacimiento, afirmaron sus ensalzadores que Heracles había lanzado tres ataques contra esta misma roca y las tres veces había sido rechazado 49 . Afirman también que los sibas eran descendientes de quienes participaron con Heracles en su expedición 50 , y que conservaban rasgos identificadores de esta estirpe: se vestían con pieles, como Heracles, llevaban una maza y habían marcado a sus bueyes y mulos con una clava. Y confirman esta historia con lo del Cáucaso y Prometeo, pues han trasladado esto aquí desde el Ponto 51 con una pequeña excusa: porque vieron una cueva sagrada en el territorio de los paropamisadas, pues sostenían que este es el lugar en el que estuvo preso Prometeo, y que aquí llegó Heracles a liberar a Prometeo y que este es el Cáucaso que los griegos afirmaban había sido la prisión de Prometeo.
9
Invenciones de los aduladores de Alejandro
Que esto son inventos de los aduladores de Alejandro es evidente 52 primero no solo por el hecho de que los autores no están de acuerdo unos con otros, sino también porque mientras unos narran estas historias otros no las recuerdan en absoluto; pues no es verosímil que episodios tan famosos y llenos de soberbia no sean conocidos, o que sean conocidos y sin embargo no sean considerados dignos de recuerdo, y todo ello cuando estamos hablando de los autores más fiables. Y en segundo lugar por el hecho de que ni siquiera las gentes del camino a lo largo del cual era preciso, para llegar a la India, que pasasen tanto el séquito de Dioniso como el de Heracles, tenían para enseñar prueba alguna del tránsito de aquellos a través de su tierra. Y además tal equipamiento de Heracles es mucho más reciente que la historia de Troya, siendo una ficción de los poetas de la Heraclea , ya fuera el autor Pisandro 53 , ya algún otro: las más antiguas estatuas (de Heracles) no están equipadas de este modo.
10
Erastóstenes como autoridad
Así pues, en ocasiones como esta, es necesario aceptar todo lo más cercano a lo verosímil. Nosotros ya hicimos nuestro manifiesto en nuestras primeras palabras acerca de la geografía 54 , en todo lo posible, acerca de estos temas 55 . Y ahora me serviré en lo que sigue de ello, aunque añadiré algo más: lo que parezca preciso para mayor claridad. Quedó especialmente claro en mis reflexiones de entonces que lo expuesto con brevedad por Eratóstenes en el libro tercero de su Geografía 56 acerca de lo que en su tiempo (cuando llegó allí Alejandro) se consideraba la India era particularmente digno de crédito. Así, el río Indo era la frontera entre la India y Ariana 57 , la cual, situada inmediatamente a su oeste, estaba entonces en poder de los persas 58 , aunque posteriormente lo cierto es que también los indios controlaron la mayor parte de Ariana, tras recibirla de los macedonios 59 . Lo que sigue es lo que dice Eratóstenes.
11
Límites y extensión de la India
La India está limitada por el norte, desde Ariana hasta el mar Oriental, por los confines del Tauro, que los indígenas llaman, sucesivamente, Paropami so 60 , Emodo, Imao y de otros modos, región que los macedonios llaman Cáucaso; por el oeste, por el río Indo 61 ; pero los lados meridional y oriental, siendo mucho mayores que los otros, se meten dentro del mar Atlántico, y así la forma del país es romboidal 62 , sobrepasando cada uno de los lados mayores a su lado opuesto en tres mil estadios, los mismos que el cabo que es común a la costa oriental y meridional se extiende hacia fuera, por igual por cada lado, con respecto al resto de la costa. Ahora bien, con respecto al lado occidental, generalmente se admite que hay trece mil estadios desde las montañas del Cáucaso hasta el mar del Sur, siguiendo el curso del río Indo hasta su desembocadura. De manera que la longitud del lado opuesto, el oriental, será de dieciséis mil estadios, sumando los tres mil del cabo. Así pues, esta es la anchura mínima y la máxima del país. Y la largura es lo que hay desde el occidente hasta el oriente; y de ella lo que hay hasta Palibotra podría decirse con mayor seguridad, pues ha sido medido en unidades terrestres de longitud y existe un camino real de diez mil estadios 63 . Pero con respecto a lo que queda más allá se obtiene como una tentativa a partir de las navegaciones río arriba desde el mar a lo largo del Ganges hasta Palibotra, y sería una distancia de unos seis mil estadios. Así la longitud total, en su punto mínimo, sería de dieciséis mil, según dice Eratóstenes haber tomado del Registro de Jornadas de Viajes, digno de mucho crédito. Megástenes concuerda con esto 64 , pero Patrocles da mil estadios menos. Eso sí, añadiendo a esta distancia todavía la distancia del cabo que se adentra aún más hacia el oriente, esos tres mil estadios extra supondrán la longitud máxima 65 , y esta es la que hay desde la desembocadura del río Indo siguiendo la costa que sigue hasta el ya mencionado cabo y los límites orientales de la India. Habitan allí los llamados coníacos 66 .
12
Divergencias entre las fuentes acerca de su extensión
A partir de todo esto puede verse cuánto difieren los informes de los demás autores: mientras Ctesias afirma que la India no es menor que el resto de Asia 67 , para Onesícrito es la tercera parte del mundo habitado 68 , y según Nearco para recorrer su llanu ra harían falta cuatro meses 69 ; siendo Megástenes 70 y Deímaco más moderados, pues establecen en algo más de veinte mil estadios lo que hay desde el mar del Sur hasta el Cáucaso, aunque Deímaco matiza que en algunos puntos es de algo más de treinta mil: pero a estos ya se ha contestado en mis primeras palabras [sobre la India] 71 . En cualquier caso, ahora es suficiente decir algo así como que mi opinión no difiere de la de quienes piden comprensión si, al decir algo con respecto a la India, no lo afirman con total confianza 72 .
13
Los ríos de la India , flora , fauna y aspecto de los indios
Toda la India está regada por ríos. Unos son afluentes de los dos mayores 73 , el Indo y el Ganges; mientras que otros desaguan en el mar con sus propias desembocaduras 74 . Todos tienen su nacimiento en el Cáucaso 75 y fluyen todos hacia el sur primero, pero luego algunos continúan en la misma dirección, especial mente los que desembocan en el Indo, pero otros giran hacia el oriente, como, por ejemplo, el Ganges. Ahora bien, este río, el más grande de los que hay en la India 76 , cuando tras descender de las montañas alcanza las llanuras, después de girar hacia oriente y fluir hasta Palibotra, una gran ciudad 77 , se precipita allí sobre el mar, formando una única desembocadura. Sin embargo, el Indo desagua en el mar del Sur en dos brazos distintos 78 , circundando la comarca llamada Patalene 79 , muy parecida a la del delta del Nilo. Y es debido a la evaporación procedente de todos estos ríos y a la acción de los vientos etesios, tal y como afirma Eratóstenes 80 , por lo que la India es bañada por las lluvias del verano y las llanuras se empantanan. Así, en la estación de las lluvias se siembra lino y mijo; y, además de esto, sésamo, arroz y un cereal parecido a la cebada. Por su parte, en el invierno 81 , trigos, cebadas, legumbres y otros frutos comestibles desconocidos para nosotros. Y casi diría que los mismos animales que en Etiopía y en Egipto se crían también en la In dia 82 , y que en sus ríos, salvo el hipopótamo (aunque Onesícrito dice que también hay hipopótamos), todos los demás los llevan también los ríos indios 83 . Y de los humanos, los meridionales son semejantes a los etíopes en cuanto al color de la piel, pero como los demás en su aspecto general y en su pelo (pues no tienen el pelo rizado debido a la humedad del aire), mientras que los del norte son parecidos a los egipcios 84 .
14
Taprobane
Y dicen que Taprobane 85 es una isla en alta mar, alejada de la costa meridional de la India, la región de los coníacos 86 , a una distancia de siete días de navegación 87 hacia el sur, y que tiene una longitud de unos ocho mil estadios 88 en la dirección de Etiopía. Y que también tiene elefantes 89 . Hasta aquí las afirmaciones de Eratóstenes. Pero la adición también de las de los demás autores, por si algo añaden a la precisión de los datos, individualizará mi escrito.
15
Onesícrito sobre Taprobane
Por ejemplo, sobre Taprobane Onesícrito dice que es de un tamaño de cinco mil estadios, sin distinguir entre largura y anchura, y que dista de la tierra firme una navegación de veinte días 90 : pero que se navegan penosamente con esos barcos que apenas tienen velas, y desprovistos en su panza de quilla de un lado y del otro 91 . También dice que hay otras islas entre esta y la India 92 , aunque Taprobane es la más meridional. Y que hay monstruos anfibios en el mar alrededor de la isla, algunos semejantes a bueyes, otros a caballos y otros a otros animales terrestres 93 .
16
Nearco y los ríos
Por su parte Nearco, en referencia a los aluviones de los ríos, trae a colación estos ejemplos: que la llanura del Hermo, la del Caistro, la del Meandro y la del Caico se llaman así debido a que crecen, o mejor dicho se generan, por la tierra acumulada en las llanuras, arrastrada desde las montañas, la que es fértil y blanda. Que son los ríos los que la bajan, de modo que las llanuras nacen como si fueran criaturas de estos, y que es correcto afirmar que las llanuras son propiedad de los ríos 94 . Esto es idéntico a lo que dijo Heródoto 95 acerca del Nilo y la tierra que lo rodea: que esta es un don del río. Por ello, correctamente, Nearco 96 dice que al Nilo se le llama con el mismo nombre que a Egipto.
17
Aristóbulo sobre el régimen de lluvias
Aristóbulo, por su lado, dice que son solo las montañas y las comarcas a sus pies las que reciben tanto lluvia como nieve, mientras que las llanuras están libres igual de lluvia que de nieve, pues solo se inundan con las crecidas de los ríos. Así, explica que las montañas reciben nieve en invierno y que al comienzo de la primavera las lluvias hacen también acto de aparición y aumentan más y más 97 , y en la época de los vientos etesios 98 jarrean día y noche sin cesar, turbulentas, hasta la subida de Arturo 99 . De este modo los ríos, cargados con las nieves y las lluvias riegan las llanuras. Y dice que estas cosas las percibió, él como los demás, después de haber salido él mismo hacia la India desde Paropamisadas, tras la caída de las Pléyades 100 , al pasar el invierno cerca de las mon tañas en la tierra 101 de los hipasios y de Asacano 102 , y descender al comienzo de la primavera hacia las llanuras y la ciudad de Taxila 103 , bien grande, y desde allí hasta el río Hidaspes y la región de Poro, pues dice que en invierno no se veía la lluvia, sino solo nieve, y que llovió por primera vez en Taxila 104 , y que cuando bajaron al Hidaspes y vencieron a Poro y se encaminaron hacia el Hipanis, hacia el oriente, y desde allí de nuevo hacia el Hidaspes, llovía continuamente, y especialmente en la estación de los vientos etesios, pero que con la salida de Arturo se hizo la pausa. Cuenta también que con la pérdida de tiempo por la construcción de su flota sobre el Hidaspes 105 empezaron a navegar no muchos días antes de la puesta de las Pléyades, y que ocupados durante todo el otoño y el invierno y la primavera y verano siguientes en la navegación río abajo llegaron a Patalene en la época de la salida del Perro 106 . Señala entonces que la navegación río abajo llevó diez meses y que no vieron nada de lluvia en ninguna parte, ni siquiera cuando los vientos etesios arreciaron con más fuerza, y que las llanuras se inundaron al llenarse los ríos y que el mar se hizo innavegable al soplar vientos contrarios y que no hubo ninguna brisa desde tierra que después tomase el relevo.
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Discrepancias y coincidencias entre Nearco y Aristóbulo acerca de las lluvias
Lo cierto es que esto mismo es lo que dice también Nearco 107 , pero no está de acuerdo en lo referente a las precipitaciones veraniegas, pues dice que las llanuras reciben lluvia en verano 108 , aunque en invierno no se registre precipitación alguna. Sin embargo, ambos hablan de las crecidas de los ríos. Nearco, por su parte, dice que cuando ellos estaban acampados junto al río Acesines se vieron forzados en el momento de la crecida a trasladarse a otro lugar más elevado, y que esto sucedió en la época del solsticio de verano 109 . Por su lado, Aristóbulo da a conocer incluso la medida de la crecida, cuarenta codos 110 , veinte de los cuales los llena la corriente por encima del nivel previo hasta el borde del cauce, y por encima de este hay otros veinte de desbordamiento en las llanuras. También están de acuerdo en que las ciudades situadas sobre alturas se convierten en islas, como pasa también en Egipto y en Etiopía 111 , y que la crecida cesa tras la salida de Arturo, al retroceder el agua. Afirman que la tierra se siembra cuando solo está medio seca, después de ararla con cualquier artilugio, y que de igual modo crece y madura completamente un fruto excelente. Dice Aristóbulo que el arroz se encuentra en recintos cerrados con agua y que está separado en secciones, que tiene cuatro codos de alto, y es rico en ramas y en grano. También dice que se cosecha en la época de la puesta de las Pléyades y que se desgrana como la escalda 112 , y que crece también en Bactriana, Babilonia y la Súside, así como en Siria Inferior 113 . Megilo 114 dice que el arroz se siembra antes de las lluvias, aunque necesita irrigación y trasplantes, siendo regada de aguas estancadas. Onesícrito dice del bósmoro 115 que es un grano más pequeño que el trigo. Crece en las tierras que hay entre ríos. Y se tuesta inmediatamente después de trillarlo, pues han jurado previamente que no se lo llevarán de la era sin que haya pasado por el fuego con el fin de evitar que la semilla salga de la región.
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Aristóbulo compara las condiciones climáticas de Egipto y la India
Aristóbulo, considerando conjuntamente las semejanzas de este país con respecto a Egipto y a Etiopía, así como también sus diferencias (como que el Nilo se nutre de aguas procedentes del sur, mientras que los ríos de la India las reciben del norte 116 ), se pregunta cómo es posible que las regiones intermedias no reciban lluvias, pues no las reciben ni Tebas hasta Siene y la co marca cercana a Meroe 117 , ni las regiones de la India desde Patalene hasta el Hidaspes 118 . Sin embargo, la parte que hay por encima de esta zona, en la que hay tanto lluvia como nieve, es cultivada, dice, de modo semejante al de todo lo que queda fuera de la India, pues recibe el agua necesaria tanto de las lluvias como de las nieves. Y es verosímil, a partir de lo sostenido por Aristóbulo, pensar que la tierra es proclive a los terremotos, pues es muy porosa a causa de la excesiva humedad y está sujeta a fracturas tales que hasta cambian los cursos de los ríos. 119 Por ejemplo: dice que en una ocasión fue enviado en una misión y vio una comarca de más de mil ciudades, además de las aldeas, desierta al haber dejado el Indo su curso habitual cambiándolo por otro más hacia la izquierda, mucho más profundo y caer violentamente como una catarata, de modo que ya no irrigaba con sus crecidas la comarca de la derecha, ahora abandonada, pues estaba por encima no solo del curso nuevo del río, sino también de sus crecidas.
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La fertilidad de la India
Con las crecidas de los ríos y la afirmación de que no hay brisas que soplen desde tierra concuerda también lo que dice Onesícrito, pues afirma que la costa es una marisma 120 , y ello particularmente en torno a las desembocaduras de los ríos, debido a los aluviones, las subidas de la marea y el predominio de los vientos de alta mar. Megástenes indica la riqueza de la India con lo de que produce fruto y grano dos veces al año 121 . En esto coincide con Eratóstenes, quien habla de la siembra invernal y de la veraniega, y en los mismos términos en lo que se refiere a la lluvia, pues dice haber llegado a la conclusión de que no hay año sin lluvia en ambas estaciones 122 . De manera que, debido a esto, se dan buenas cosechas, al no quedarse nunca esta tierra sin grano. También dice que los árboles producen muchos frutos y que las raíces de las plantas, y en particular las de grandes cañas, son dulces 123 tanto por naturaleza como por el calentamiento que sufren, al ser caldeada por los rayos del sol tanto el agua que cae de Zeus 124 como la de los ríos. Así pues, Eratóstenes de alguna manera quiere decir que lo que para los demás se llama «maduración» tanto de los frutos como de sus zumos, para ellos es «cocción», y que la maduración es igual de eficaz para lograr un buen sabor de boca que el paso por el fuego. Y dice que también debido a esto son flexibles las ramas de los árboles de los que se hacen las ruedas, y que por esta razón incluso crece algodón 125 en algunos. De este algodón dice Nearco 126 que se tejen finos paños bien urdidos que los macedonios usan para sus cojines y como almohadillas para sus sillas de montar. Y del mismo tipo son los hilos séricos 127 , cuyo biso 128 se obtiene de ciertas cortezas. Eratóstenes también dejó dicho, con respecto a las cañas, que producen miel, incluso sin abejas. Pues también dice que hay un tipo de árbol frutal de cuyo fruto se puede componer miel, aunque los que comen de este fruto crudo se emborrachan 129 .
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El gran tamaño de los árboles de la India
La verdad es que en la India crecen muchos árboles maravillosos, como el que tiene ramas que se inclinan hacia abajo, y cuyas hojas no son más pequeñas que un escudo 130 . Onesícrito 131 , al describir de un modo excesivamente minucioso la región de Musicano, que dice que se encuentra al sur de la India, cuenta que hay allí unos árboles enormes cuyas ramas crecen hasta los doce codos y que el crecimiento restante a partir de aquí toma un curso descendente, como torcidas hacia abajo, hasta que tocan el suelo; y que una vez desplegadas así por el suelo echan raíces de igual modo que los mugrones 132 , y que después, volviendo a crecer hacia arriba, forman un nuevo tronco. Y que a partir de aquí, de nuevo, del mismo modo, curvados hacia abajo por su propio crecimiento, forman otro mugrón, y después otro más, y así sucesivamente, de manera que, a partir de un solo árbol se llega a generar una enorme umbría, semejante a una gran tienda con infinidad de columnas 133 . También habla del gran tamaño de los árboles, hasta el punto de que los troncos a duras penas serían abarcables por el abrazo de cinco hombres 134 . También Aristóbulo, a propósito del Acesines y de su confluencia con el Hiarotis 135 , habla de árboles con ramas curvadas hacia abajo y de su gran tamaño, hasta tal punto de que cincuenta jinetes (o cuatrocientos según Onesícrito) pueden pasar el me diodía a la sombra de un solo árbol 136 . Pero Aristóbulo habla también de otro árbol, no grande, con corteza, como las habas, de diez dedos de largo, lleno de miel; pero dice que quien come de él no es fácil que se salve 137 . Pero a todos los que hablan del gran tamaño de los árboles los han superado los que dicen haber visto al otro lado del Hiarotis un árbol que, al mediodía, proporcionaba sombra a un área de cinco estadios 138 . Finalmente, en referencia a los árboles del algodón, Aristóbulo dice que la flor tiene una pepita 139 , y que cuando se quita esta, el resto se carda como la lana 140 .
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La fertilidad de la India , Arabia , Etiopía y Egipto
También habla 141 de un grano en la región de Musicano que crece por sí solo, parecido al trigo y un tipo de vid que produce vino, aunque digan los demás autores que en la India no se da el vino 142 , de manera que según Anacarsis no existe allí la flauta ni ningún otro instrumento musical a no ser los címbalos, tambores y castañuelas, que son propiedad de los prestidigitadores 143 . Este y otros autores afirman también que este país es rico en hierbas y raíces ricas en propiedades curativas y todo lo contrario, así como en plantas de muchos colores 144 . Y añade 145 que existe allí una ley según la cual el que descubre algo mortal, a no ser que descubra también el remedio contra ello, es condenado a muerte, pero si descubre un remedio obtiene un premio de los reyes 146 . También dice que la región sur de la India, al igual que Arabia y Etiopía, produce cinamomo 147 , nardo y otras plantas aromáticas 148 , teniendo algo parecido a estos países en lo que se refiere a los rayos del sol, aunque los aventaje en la abundancia de lluvias de modo que el aire allí es húmedo y por ello más nutritivo y fértil, lo que vale también para la tierra y el agua. Y así, en la misma medida, tanto los animales terrestres como los acuáticos de la India se manifiestan más grandes que los de los otros dos países. Pero también dice que el Nilo es más fértil que los otros y que engendra criaturas gigantescas, algunas de las cuales son anfibias, y que las mujeres egipcias a veces dan a luz cuatro niños. Aristóteles nos informa de una que dio a luz a siete 149 , llamando también él al Nilo prolífero y nutritivo a causa del calentamiento moderado procedente de los rayos solares que dejan el elemento nutritivo y evaporan lo sobrante.
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El agua ya cae caliente del cielo
Y también es verosímil que, debido a esta misma causa, como dice él 150 , suceda esto: que el agua del Nilo hierva con la mitad de calor que las demás. Pero dice que en cuanto que el agua del Nilo atraviesa en su recto curso una región larga y estrecha y cambia muchas veces de clima 151 y de aires, mientras que las corrientes indias se desparraman en llanuras más grandes y anchas, gastando mucho tiempo en los mismos climas, en esa misma proporción las aguas de la India son más productivas que la del Nilo, y que por ello sus animales acuáticos también son mayores y más numerosos. Y dice además que el agua ya está caliente al verterse desde las nubes.
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Sobre el color de la piel de indios y etíopes
Pero los del entorno de Aristóbulo no estarían de acuerdo, pues afirman que las llanuras no reciben lluvias 152 . No obstante, en opinión de Onesícrito el agua es causante de las particularidades en los animales y aduce como prueba el hecho de que el color del ganado extranjero que la bebe se transforma en el del ganado local. La verdad es que en esto tiene razón 153 , pero ya no en lo de poner la causa de que los etíopes sean negros y de pelo rizado sin más en las aguas, y en lo de censurar a Teodectes (quien consideraba causante al propio sol), quien dice así:
vecino al territorio de estos el sol, conduciendo su carro, imprimió un oscuro tono ahumado 154 en los cuerpos de estos hombres y rizó sus cabelleras fundiéndolas con formas de fuego insuperables
No obstante, Onesícrito podría tener algo de razón, pues dice que ni el Sol está más próximo a los etíopes que a otros (sino que está más perpendicular sobre ellos y por ello calienta más) y así no es correcto decir que el Sol es vecino de estos, pues dista lo mismo de todos los pueblos, ni el calor es causante de un efecto así, pues no alcanza a los niños en el vientre de su madre, a los que el sol no alcanza. Pero es más acertada la idea de quienes consideran causante al calor del sol, debido a la gran deficiencia de humedad en la superficie de la piel. Y debido a esto digo yo que los indios no tienen el pelo rizado ni su piel ha sido requemada de un modo tan inclemente, es decir, que tienen en común un aire húmedo. Y ya en el vientre materno, a causa de la transmisión genética, se hacen en este aspecto tal y como son sus padres, pues las patologías congénitas y otros parecidos se explican así. Además, la afirmación de que el Sol es equidistante de todos los pueblos se dice de acuerdo con la observación, no con la razón; y no de acuerdo con una observación cualquiera, sino de acuerdo a lo que dije de que la Tierra tiene la importancia de un insignificante punto al confrontarse con la esfera del Sol, pues a partir del tipo de observación según la cual recibimos el calor respectivamente más cuanto más cerca y menos cuanto más lejos, en ese sentido, el Sol no es equidistante a todas las regiones. Y es en este sentido en el que se dice que el Sol es vecino de los etíopes, no como cree Onesícrito 155 .
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Situación geográfica de la India con respecto a Egipto y Etiopía
Y lo que sigue es uno de los aspectos en que están de acuerdo los que mantienen la idea de una gran semejanza de la India con respecto a Egipto y Etiopía: el hecho de que todas las llanuras no inundadas son improductivas a causa de la falta de agua 156 . Nearco 157 dice que lo anteriormente investigado, en referencia al Nilo, acerca de cuál sería el origen de sus crecidas, lo ilustrarían los ríos indios: sería el resultado de las lluvias del verano. No obstante, que cuando Alejandro vio cocodrilos en el Hidaspes y habas egipcias en el Acesines creyó haber descubierto las fuentes del Nilo 158 y consideró preparar una expedición a Egipto, como si fuera a navegar por ese río hasta allí, pero pronto supo que no sería posible lo que ansiaba 159 …
pues entre medias hay grandes ríos y terribles corrientes, y el océano lo primero… 160
en que desembocan todos los ríos indios. Después están Ariana 161 , el golfo Pérsico, el Arábigo, Arabia propiamente dicha y el país de los trogloditas 162 .
Tales son, así pues, los estudios de que disponemos acerca de los vientos y de las lluvias y de las crecidas de los ríos y la inundación de las llanuras.
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El conocimiento de los ríos del norte de la India gracias a Alejandro
Pero es preciso que hablemos una a una de las diferentes cuestiones relativas a estos ríos, todas las que sean útiles para la geografía y de las que he averiguado su historia 163 . Pues los ríos, en general, siendo una especie de límites naturales del tamaño y la forma de los países 164 , proporcionan mucha información muy adecuada a la totalidad del asunto que nos ocupa; pero el Nilo y los ríos de la India presentan una cierta ventaja sobre los demás por el hecho de que las comarcas alejadas de ellos son inhabitables, siendo, no obstante, navegables 165 y cultivables, y sin que sea posible hacer un viaje a través de ellas de otro modo 166 ni habitarlas de manera alguna 167 . Así pues, voy a contar lo que he averiguado acerca de los ríos que desembocan en el Indo dignos de mención, así como lo referente a las comarcas por las que discurren, pero sobre los demás hay más ignorancia que conocimiento 168 . Pues Alejandro, el que más descubrimientos hizo en lo relativo a estas regiones 169 , desde el principio, cuando los traicioneros asesinos de Darío tramaron el levantamiento de Bactriana 170 , supo que lo más ventajoso era perseguirlos y disolverlos. Así, Alejandro llegó cerca de la India a través de Ariana, y dejando a la India a su derecha cruzó el Paropamiso hacia las comarcas norteñas y Bactriana 171 . Y tras someter allí todo lo que estaba en poder de los persas y aún más 172 , aspiró ya desde entonces a dominar también la India, pues muchos 173 le hablaban de ella, aunque sin mucha precisión. En vista de ello, volvió, cruzando las mismas montañas por otros caminos más cortos, dejando a la India a mano izquierda y de repente giró sobre ella y sus límites occidentales, el río Cofes 174 y el Coaspes 175 , que desemboca en el río Cofes cerca de una ciudad llamada Plemirio 176 , tras pasar por Góride 177 , otra ciudad, y discurrir también por Bandobene 178 y Gandaritis 179 . Averiguó que la región montañosa del norte era la más habitable y fértil, y que la meridional, en parte árida y en parte bañada por ríos, era excesivamente calurosa, más a la medida de fieras 180 que de hombres. Así pues, decidió someter primero la región recomendada, considerando al mismo tiempo que los ríos que era necesario cruzar (dado que discurrían transversalmente cortando el país contra el que se dirigía) serían más fáciles de vadear cerca de sus fuentes. A la vez también oyó que varios ríos confluyen en una sola corriente, y que ello siempre sucedía más cuanto más avanzaba hacia adelante, de modo que el país era más difícil de cruzar, especialmente en caso de escasez de barcas. Por lo tanto, temeroso de esto, cruzó el Cofes y conquistó toda la comarca montañosa que mira hacia el oriente.
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El oriente de la India
Y después del Cofes estaba el Indo; después, el Hidaspes; después el Acesines y el Hiarotis, y por fin, el Hipanis 181 . Pues no pudo ir más allá, en parte por tomar en consideración ciertos vaticinios, en parte forzado por el ejército 182 , ya muy desgastado por lo soportado, y que en especial sufrió por las lluvias que continuamente habían caído sobre ellos 183 . Y así hemos llegado a conocer las regiones orientales de la India que quedan a este lado del Hipanis, además de algunas más allá del Hipanis sobre las que han añadido sus testimonios quienes, con posterioridad a Alejandro 184 , han avanzado más allá de este río hasta el Ganges y Palibotra. Después del Cofes, pues, fluye el Indo, y las comarcas que están entre estos dos ríos las dominan los astacenos 185 , los masianos 186 , los niseos 187 y los hipasios 188 . Y después está la región de Asacano, en la que está la ciudad de Masoga 189 , sede real del país. Y de nuevo junto al Indo hay otra ciudad, Peuco-laitis 190 , junto a la cual había un puente que permitió cruzar al ejército 191 .
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Grandes serpientes
Entre el Indo y el Hidaspes está Taxila, una ciudad grande y con las mejores leyes 192 , y la región que la circunda es extensa y muy rica, y limita ya también con las llanuras. La verdad es que tanto sus habitantes como su rey Taxiles 193 recibieron a Alejandro amistosamente, y obtuvieron más regalos de los que ellos mismos presentaron, hasta el punto de que los macedonios estaban celosos y decían que Alejandro no tenía, al parecer, a quiénes hacer el bien hasta que cruzó el Indo 194 . Algunos dicen que este país es mayor que Egipto 195 . En las montañas que hay en el interior de la India está la región de Abisares 196 , en cuya compañía los embajadores enviados por él decían que se criaban dos serpientes, una de ochenta codos y la otra de ciento cuarenta, según Onesícrito 197 , quien no podría ser llamado piloto jefe de Alejandro con mayor motivo que se le podría llamar piloto jefe de lo inverosímil 198 . Pues todos los del entor no de Alejandro aceptaban mejor lo maravilloso que lo verdadero, pero este parece superar a todos estos en la narración de cuentos maravillosos. No obstante, cuenta algunas cosas convincentes y dignas de mención, de modo que no son pasadas por alto ni por quien no cree en ellas. En cualquier caso, de las serpientes también hablan otros 199 , diciendo que se cazan en las montañas Émodas y son criadas en cuevas.
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Monos de cola larga
Entre el Hidaspes y el Acesines está la región de Poro, extensa y productiva, con casi trescientas ciudades 200 , y además el bosque que hay junto a las montañas Émodas, bosque del que Alejandro taló y derribó una enorme cantidad de abetos, pinos, cedros 201 y otros árboles de todo tipo útiles para la construcción de barcos, con los que construyó una flota sobre el Hidaspes 202 junto a las ciudades fundadas por él a ambos lados del río 203 en el punto por donde cruzó para conquistar Poro. A una de estas ciudades la llamó Bucefalia por el caballo suyo 204 que cayó en la batalla de Poro (al que llamaba Bucéfalo 205 por la anchura de su cara; era un caballo de combate muy bueno y siempre se servía de él en las batallas) y a la otra le dio el nombre de Nicea por su victoria 206 . Y en el bosque mencionado tanto el número como el tamaño de los monos de cola larga 207 son igualmente descritos como algo extraordinario, hasta el punto de que los macedonios, en una ocasión, viendo a un numeroso grupo de ellos en pie, en formación como de batalla, sobre unas colinas desnudas (pues este animal tiene una mentalidad muy humana, no menos que los elefantes), sufrieron el espejismo de que se trataba de un ejército y tomaron la decisión de atacarlas, aunque, dándose cuenta de la realidad por Taxiles, en esos momentos en compañía del rey, cejaron en su empeño. La caza de este animal es de dos tipos. Es un animal mimético y suele huir por encima de los árboles 208 . Por ello, los cazadores, si ven a uno sentado sobre los árboles, ponen a la vista un recipiente con agua y se frotan los ojos con ella. A continuación, poniendo un recipiente con liga para pájaros en lugar de agua, se van y se quedan a esperar desde lejos. Y cuando el animal salta hacia abajo y se unta la liga, y al guiñar se le quedan los párpados pegados, acuden rá pidamente y lo capturan vivo. Este es un método, aunque hay otro: poniéndose una especie de sacos, como pantalones bombachos, se alejan dejando allí otros bien tupidos y ungidos en su interior de liga para pájaros, y cuando estos animales se meten en ellos les resulta fácil capturarlos.
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Catea y la región de Sopites
Algunos ubican Catea 209 y la región de Sopites 210 , uno de los gobernadores de la provincia, en esta misma región entre ríos; pero otros al otro lado del Acesines y del Hiarotis, limitando ya con la comarca del otro Poro, el primo del homónimo suyo capturado por Alejandro 211 . Llaman Gandarida 212 a la región bajo su mando. Y se habla de que en Catea hay una curiosa novedad en lo referente a la belleza, que es honrada de un modo diferente, como, por ejemplo, la de los caballos o los perros. Es más, Onesícrito dice que seleccionan para rey al más guapo 213 , y que los niños son juzgados en público a los dos meses de edad acerca de si poseen la belleza exigida por la ley y son dignos de vivir o no, y que una vez juzgados por un magistrado elegido a tal efecto se les deja vivir o se les condena a muerte. También se dice que los hombres tiñen su barba de los colores más floridos por esta misma razón 214 , con el propósito de embellecerse; y que esto mismo lo hacen también cuidadosamente muchos otros pueblos indios (pues en verdad, afirma, el país produce colores maravillosos), tanto con su pelo 215 como con sus ropas, pues estas gentes son sobrias en otras cosas, pero son amantes de los adornos. Y lo que sigue también está atestiguado como algo peculiar de los cateos: el novio y la novia se escogen mutuamente y las mujeres son incineradas junto con su marido muerto por este motivo: porque algunas veces, enamoradas de jovencitos, abandonaban a su marido o lo envenenaban. Y así este pueblo estableció esto por ley, con la intención de detener los envenenamientos 216 . Sin embargo, ni la ley ni su causa están redactadas de modo convincente. También dicen que en el territorio de Sopites hay una montaña de sales minerales capaz de abastecer a toda la India 217 . Y se habla de excelentes minas de oro y de plata en otras montañas no lejos de allí, como demostró Gorgo el buscador de metales 218 . Pero al no ser los indios expertos en la minería ni en la fundición, tampoco conocen nada de la riqueza que proporcionan, sino que manejan todo este asunto de un modo bastante simple.
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Los perros de Sopites
También hay informes referentes a las maravillosas virtudes de los perros de la región de Sopites 219 . Por lo menos dicen que Alejandro recibió ciento cincuenta perros de manos de Sopites, y que habiendo soltado a dos contra un león para probarlos, al ser dominados, Sopites ordenó soltar otros dos más, y que entonces, establecido ya un equilibrio entre los dos bandos de la lucha, Sopites ordenó separar a uno de los perros cogiéndolo de una pata y cortársela si no obedecía. Que Alejandro al principio no consentía en lo de cortársela, queriendo ahorrarse el perro, pero que accedió al decirle Sopites que le daría cuatro en su lugar, y que el perro entonces permitió que se le amputara la pata en un corte lento, antes de soltar su bocado.
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Los viajes de Alejandro por el Hipanis y el Hidaspes
Pues 220 bien, la ruta hasta el Hidaspes era en su mayor parte hacia el sur, pero desde allí hasta el Hipanis era más bien hacia el este y en su conjunto recorría más bien las faldas de las montañas que las llanuras. En cualquier caso, Alejandro, volviéndose del Hipanis hacia el Hidaspes y el puerto, construyó bien la flota y después se puso a navegar sobre el Hidaspes 221 . Todos los ríos mencionados, y el último el Hipanis, desembocan en uno solo: el Indo. Y dicen que confluyen quince ríos dignos de mención en total 222 , y que al ser llenado por todos ellos se ensancha en algunos lugares hasta el punto de alcanzar los cien estadios, según sostienen los autores carentes de moderación, o, para seguir a autores más moderados, los cincuenta donde más y los siete donde menos 223 (y hay muchos pueblos y ciudades en su entorno), y después desagua por dos desembocaduras en el mar del Sur y forma la isla llamada Patalene 224 . Alejandro elaboró este plan tras descartar las regiones orientales primero por habérsele impedido cruzar el Hipanis 225 , y en segundo lugar por haber aprendido por experiencia que era falso el informe preocupante según el cual las regiones de las llanuras serían desmesuradamente cálidas y más habitables para fieras que para una raza humana 226 . Y así se dirigió hacia ellas, descartando las otras, de manera que estas llegaron a ser mejor conocidas que aquellas 227 .
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Patalene y la desembocadura del Indo
La región que se extiende desde el Hipanis hasta el Hidaspes se dice que la ocupan nueve pueblos, y que las ciudades llegan a cinco mil, no menores que Cos de Mérope 228 , si bien el número mencionado parece exagerado. Con respecto a la región entre el Indo y el Hidaspes, ya he dicho casi todo lo referente a los pueblos dignos de recuerdo que la habitan 229 . Pero a continuación de ellos, hacia abajo, viven los llamados sibas, a quienes ya traje antes a cola ción 230 , así como los mallos 231 y los sidracas, pueblos populosos. Estos mallos son aquellos en cuyo territorio Alejandro estuvo en peligro de morir 232 en la captura de un poblacho; y los sidraces son los que dije que cuenta el mito que son de la estirpe de Dioniso 233 . Y ya cerca de esta Patalene dicen que se encuentra el país de Musicano 234 y el de Sabo 235 (donde está Sindomana 236 ), y además el país de Porticano 237 y de otros (de todos los cuales se apoderó Alejandro), habitantes de la ribera del Indo, y, por último, la re gión de Patalene 238 , que crea el Indo, dividido en dos brazos en su desembocadura 239 . A propósito, Aristóbulo dice que estos brazos distan el uno del otro mil estadios 240 , pero Nearco añade otros ochocientos. Onesícrito sostiene que cada lado de la isla que rodean, de forma triangular, es de dos mil estadios, y la anchura del río, en el punto en el que se divide en dos brazos, sería de unos doscientos 241 . Además llama a la isla Delta 242 y sostiene que es de igual tamaño que el Delta de Egipto 243 , aunque esto no es verdad, pues se dice 244 que el Delta de Egipto tiene una base de mil trescientos estadios, aunque cada uno de sus lados 245 es menor que la base. Volviendo a Patalene, hay en ella una ciudad digna de mención, Patala 246 , de cuyo nombre procede el de la isla.
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Vida social de los indios
Dice también Onesícrito que la mayor parte de la costa 247 por allí es marisma, especialmente en torno a las desembocaduras de los ríos, a causa de los aluviones y de las crecidas y por el hecho de que las brisas no soplan desde tierra sino que por lo general estas regiones están sujetas a vientos marinos. Habla también de la región de Musicano 248 , encomiástica y extensamente, por características que están atestiguadas también entre otros indios, como su longevidad, hasta el punto de vivir treinta años por encima de los cien 249 (pues lo cierto es que hay quien dice que los seras viven aún más tiempo que estos 250 ), así como su sobriedad y su saluda-bilidad, pese a que la región dispone en abundancia de todo. Pero es peculiar de ellos el que haya un cierto tipo de comidas en común semejantes a las laconias 251 , en que comen en público sir viéndose de carne de caza. No se sirven del oro ni de la plata, aunque tienen minas. Y en lugar de esclavos se sirven de jóvenes en la plenitud de su vida 252 , como los cretenses se sirven de los afamiotas y los laconios de los hilotas 253 . Además no hacen investigación científica aparte de la médica, pues para ellos la excesiva práctica de alguna de las ciencias es un vicio, como, por ejemplo, la ciencia militar y semejantes. Otra característica suya es que no tienen procesos judiciales más que por asesinato y por injuria, pues no está en manos de uno no sufrir esos delitos, mientras que lo que consta en los contratos está en las manos de cada uno, de manera que está obligado a soportar si alguien se comporta con infidelidad, y poner atención en quién es digno de confianza y no llenar la ciudad de procesos judiciales 254 . Esto es lo que cuentan 255 los que hicieron la expedición en el séquito de Alejandro.
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El Ganges : el río más grande del mundo
Pero se ha publicado también una carta 256 de Cratero a su madre, Aristopatra, narrando muchas otras maravillas y no concordando con nadie en absoluto y donde afirma en particular que Alejandro avanzó hasta el Ganges. Y sostiene que él mismo vio el río y los monstruos que habitan en él y una magnitud tanto de anchura como de profundidad lejos, más que cerca, de toda credibilidad. Pues que es el más grande de los ríos conocidos 257 en los tres continentes (y después de él el Indo, siendo tercero el Istro y cuarto el Nilo) es algo sobre lo que hay suficiente acuerdo. Pero los detalles particulares acerca del río cada autor los cuenta de modo diferente, situando algunos su anchura mínima en treinta estadios y otros en tres. Mientras, Megástenes dice que su anchura media se ensancha hasta los cien estadios 258 , siendo para él la profundidad mínima de veinte brazas 259 .
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Palibotra
Se dice que en la confluencia del Ganges y otro río, el Eranoboa 260 , se encuentra Palibotra 261 , de ochenta estadios de largo y quince de ancho, con la forma de un paralelogramo, con una muralla de madera toda perforada, de modo que se puede disparar flechas a través de los agujeros, y que tiene por delante un foso que sirve a un tiempo como protección y para recibir las aguas del alcantarillado de la ciudad 262 , y que las gentes en cuyo territorio se asienta esta ciudad reciben el nombre de prasios 263 , muy superiores a todos los demás. También se dice que es preciso que el rey reinante reciba como sobrenombre el de la ciudad, añadiendo Palibotro al nombre propio de su linaje, como Sandrocoto, ante quien llegó Megástenes en una embajada 264 . Esto también sucede entre los partos 265 , pues todos son llamados Arsacas, aunque el nombre propio de uno sea Orodes; el de otro, Fraates, y el de otro, otra cosa.
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Las maravillas de la ribera del Hipanis
Existe un acuerdo general de que la región al otro lado del Hipanis es la mejor. Pero no la describen con precisión sino que a causa de la ignorancia y de la lejanía todo se cuenta exagerándolo o rodeándolo de todo tipo de portentos 266 . Como las historias de las hormigas buscadoras de oro 267 , y de otras fieras y seres humanos, de formas peculiares y completamente transformados a causa de ciertos poderes, como los seras, que, cuentan, son muy longevos 268 y llegan a vivir más de doscientos años. Hablan también de un cierto sistema aristocrático autóctono de gobierno compuesto de cinco mil consejeros, cada uno de los cuales proporciona a la comunidad un elefante 269 . Megástenes también dice que los tigres más grandes son los que hay en el territorio de los prasios, y que son casi el doble de grandes que los leones y tan fuertes que uno, domesticado, incluso siendo conducido por cuatro hombres, agarrándose a los cuartos traseros de una mula, usando su fuerza, se la arrastró hacia sí 270 . También que los monos de colas largas son mayores que los perros más grandes y que son blancos salvo en el rostro, que es negro (en otros lugares es lo contrario) 271 , y que sus colas son de más de dos codos, y que son muy dóciles y no de malas costumbres en lo referente a ataques y robos. También se dice que se excavan piedras del color del incienso y más dulces que higos o miel. Y que en otros lugares hay serpientes de dos codos de largo, con alas membranosas, como murciélagos, y que vuelan de noche, soltando gotas de orina, y también de sudor, pudriendo la piel de quien pillan desprevenido. También se dice que hay escorpiones voladores de un tamaño exagerado 272 . Y que también se da el ébano 273 . Y que hay unos perros muy fuertes que no sueltan lo mordido hasta que se les echa agua sobre sus narices, y que a algunos se les retuercen los ojos a causa de la violencia en el mordisco, y que a algunos incluso se les caen; y que incluso un león fue retenido por un perro, y también un toro, y que el toro incluso murió, sujeto por el hocico, antes de poder ser liberado 274 .
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El río Sila
Dice también Megástenes que en las montañas hay un río llamado Sila, en el que no flota nada 275 ; pero que Demócrito no creía esta historia, por lo mucho que había viajado por Asia 276 . Pero tampoco Aristóteles se lo creía 277 , y esto aunque existan aires tan ligeros que ninguna criatura alada podría volar en ellos. Además, ciertos vapores ascendentes se atraen a sí mismos y se «tragan», por así decir, lo que vuele por encima de ellos, como el ámbar hace con las brozas o el imán con el hierro; quizá el agua tenga también propiedades de este tipo. Eso sí, estas cosas están más bien en el ámbito de las ciencias naturales, en concreto en lo que se refiere a las leyes de flotación, de modo que debe ser considerado por quienes se dediquen a esto. Mientras que aquí debe añadirse aún lo que sigue, y todo aquello más relacionado con la geografía.
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La primera de las siete castas de la India : los filósofos
Dice entonces que la población de la India está dividida en siete castas 278 : los primeros en honra pero los menores en número son los filósofos. Y que se sirven de ellos, de cada uno individualmente, los que hacen sacrificios a los dioses u ofrendas a los muertos, y, del conjunto, los reyes en el llamado Gran Sínodo 279 , en el cual, con el año nuevo, reuniéndose todos los filósofos ante las puertas del rey, lo que cada uno de ellos haya compuesto por escrito o haya observado de utilidad para la prosperidad de cosechas o ganados o acerca del gobierno, lo expone ante todos. Y quien por tres veces 280 se demuestra que ha mentido, una ley le obliga a callar de por vida 281 , mientras que al que emite juicios correctos lo distinguen con una exención de todo tipo de impuestos y tasas.
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La segunda casta : los agricultores
Y dice que la segunda casta es la de los campesinos, que son los más numerosos y también los más honrados, por su exención del servicio militar y por la falta de restricciones en su modo de trabajo 282 , y que no acuden a la ciudad ni por una agitación pública ni por ninguna otra necesidad. Es más, dice que muchas veces, en el mismo momento y el mismo lugar, a algunos les toca estar ordenados para la batalla y arriesgar su vida frente a los enemigos, mientras que estos están arando o cavando sin peligro 283 , pues tienen a aquellos como defensores en vanguardia. Toda la tierra es de propiedad real, y la trabajan por un alquiler además de la cuarta parte de la cosecha 284 .
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La tercera casta : los pastores y cazadores
La tercera casta es la de los pastores y cazadores 285 , los únicos a los que les está permitido cazar y criar ganado, así como proporcionar animales de carga, ya sea vendiéndolos o alquilándolos. Y a cambio de liberar la tierra de fieras y de aves comedoras de semillas reciben adecuadas cantidades de trigo de manos del rey, observando un estilo de vida errante y alojándose en tiendas. No le está permitido a un particular criar un caballo o un elefante; la posesión de cualquiera de los dos es, según ley, real 286 , y lo único que hay es cuidadores de estos animales.
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La caza de los elefantes
La caza de estos animales 287 se lleva a cabo de este modo 288 . Después de excavar una trinchera profunda todo alrededor de una extensión de terreno desnudo de unos cuatro o cinco estadios, hacen una entrada con un puente muy estrecho 289 . Después 290 sueltan a tres o cuatro de las hembras más dóciles que tengan, sentándose ellos a esperar a cubierto en chozas ocultas. La verdad es que los elefantes salvajes no se aproximan durante el día, sino que hacen su entrada uno a uno durante la noche. Pero una vez que han entrado, los cazadores cierran la entrada discretamente, y después, haciendo entrar en el recinto a los más bravos de los elefantes domados, combaten con ellos, tratando de rendirlos a un tiempo por hambre. Y una vez que están ya cansados, los jinetes más valientes, descabalgando discretamente, se sitúan cada uno por debajo de la panza de su propia montura. Y desde ahí se arrastran por debajo del animal salvaje y le atan los pies juntos. Una vez hecho esto, ordenan a los domésticos golpear a los que tienen las patas atadas juntas hasta que caen a tierra. Cuando caen, atan su cuello al de los mansos con correas de piel de buey sin curtir, y para que al sacudir a los que intentan subirse a ellos no puedan quitárselos de encima, les infligen pequeños cortes en círculo en su garganta y ponen las correas en torno a esos cortes, de modo que a causa del dolor ceden a las ataduras y se tranquilizan. Y, rechazando de los elefantes capturados a los demasiado viejos o demasiado jóvenes para ser útiles, se llevan a los demás a los establos, y luego, tras atar las patas de unos con las de otros y el cuello a una columna bien plantada, los doman por hambre. Después los recuperan con brotes de caña y hierba. Después de todo esto los elefantes aprenden a obedecer, seducidos algunos por la palabra y otros por alguna musiquilla acompañada de tambores. Y son escasos los que son difíciles de domar. Pues por naturaleza tienen un carácter apacible y dócil, hasta el punto de estar cerca de ser un animal racional. Algunos salvan a sus jinetes ensangrentados caídos en combate arrastrándolos fuera del campo de batalla y a veces han rescatado, luchando, a quienes se han arrastrado entre sus patas delanteras 291 . Y si da la casualidad de que hayan matado por un cambio de ánimo a uno de los que les dan de comer o les enseñan, hasta tal punto lo lamentan después que se abstienen de comer de pura pena, y hay casos incluso en que se dejan morir de hambre.
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