Читать книгу: «Detente, ¿cómo va tu vida?»

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INTRODUCCIÓN

Sé que pueden haber días en los que despiertas sin saber exactamente por qué te sientes triste, sin ánimos y con un vacío. Y si, por el contrario, crees saber la razón, no sabes muy bien cómo solucionarlo.

Muchas veces es más fácil continuar creyendo que todo pasará y que puedes con eso. Y seguro en ocasiones has caminado por la vida sin resolver a fondo tus conflictos. Lo que a veces no notamos es que todo se acumula y, de repente, la mochila de situaciones complicadas ya está llena y nos pesa mucho.

Por eso quiero preguntarte: ¿hasta dónde vas a permitir que la situación avance? ¿Realmente te has detenido a pensar cómo va tu vida? No para vivir por vivir, sino para darle el sentido que merece y transformar esas emociones de tristeza, miedo, ira o disgustos que suelen aparecer y no te dejan fluir.

Si todos escondemos mil cosas, no solo de los demás, sino de nosotros mismos, es porque nos hemos educado en una sociedad llena de inhibiciones, represiones y tabúes. Donde resulta más seguro mantener distancias y defensas para que no se aprovechen de nuestros momentos de debilidad o vulnerabilidad. Sin embargo, lo que nadie nos ha dicho es que no está mal ser vulnerables y hay que aprender a dejar fluir todas esas emociones que muchas veces negamos.

No importa la situación en la que te encuentres, la edad o el sexo, este libro está creado para que realices una introspección profunda con la que podrás generar cambios concretos y, de esa forma, llegar a una mejor versión de ti mismo.

Detente, ¿cómo va tu vida? es un viaje práctico en el que aprenderás a identificar los apegos emocionales, el autosabotaje, la baja autoestima, las autocríticas destructivas, la baja tolerancia y todos esos temas que suelen presentarse en la vida diaria y que pueden llegar a perjudicarte, explicados de una forma interesante y sin pretensiones.

A través de anécdotas cotidianas y ejercicios prácticos y sencillos, comenzarás a desarrollar herramientas para resolver las preguntas que te aquejan: ¿qué necesito trabajar en mi vida?, ¿cómo puedo resolver mis conflictos pendientes?, ¿cómo puedo canalizar mis emociones y desarrollar mis talentos sin temerle al fracaso?

En cada capítulo te invitaré a cuestionarte aspectos de tu vida y a establecer estrategias para sobrellevar tus adversidades. Así podrás combatir tus miedos con técnicas que te fortalecerán para alcanzar tu éxito y llevar la vida que siempre has querido.

Este libro pretende ser un acompañante que te ayude a descubrir tu mejor versión y a crear motivaciones diarias con las que puedas disfrutar de una autorrealización sin barreras, en tu aquí y ahora.

Aquí te darás la oportunidad no solo de conocerte más a fondo, sino de admitir que eres una persona inigualable y dispuesta a ver sus virtudes. Aprenderás a aceptar tus emociones y dejarlas fluir. Conocerás cómo vivir a conciencia en tu presente. Te darás cuenta, sin prejuicios ni subestimaciones, de las áreas de tu vida en las que necesitas trabajar para estar bien.

No es casualidad que estés sosteniendo este libro en tus manos. Es un mensaje de vida maravilloso, de corazón a corazón, para que comiences a volcarte hacia el desarrollo personal que hoy necesitas.

Detente, respira profundo y pregúntate: ¿cómo va tu vida? Te invito a descubrir tus fortalezas, virtudes y talentos para que te liberes de las barreras de tu vida y saques a relucir tu mejor versión. Nos enfocaremos en tu presente y en lo que deseas cambiar en él.

Prepárate, porque vamos a liberar juntos a ese gigante interno que quiere ser visto.

El amor perfecto es

aceptar y amar nuestra

imperfección.




UN MOMENTO
DE VICTORIA

Te voy a contar una historia. De pequeña era una niña muy tímida. Siempre intentaba ser buena y amable, pero todos pensaban que me comportaba así por ingenua o tonta. Lo peor era que yo siempre creía lo que decían. Tenía miedos e inseguridades que incrementaban por las opiniones de mis compañeros y compañeras de la escuela.

Cuando iba en la primaria, la maestra de español nos pidió que nos aprendiéramos un poema para participar en un concurso de declamación: el mejor representaría a todo el grupo frente a la escuela entera. Me llevé una gran sorpresa cuando la maestra dio los resultados: ¡yo había sido la mejor del salón! Aunque por dentro estaba llena de miedos por declamar frente a todos, que la maestra creyera en mí me impulsaba a que yo también lo hiciera.

Me asesoré con una tía que era muy buena en la materia, fue ella la que me compartió el poema con el que gané. Gracias a ella dejé de dudar si podía aprenderme de memoria todos los versos y perdí el miedo a que los demás se burlaran de mí, entre muchas otras inseguridades que una niña de diez años puede tener.

El día de la competencia, mientras esperaba mi turno, podía ver a niñas y niños equivocarse al pasar al frente o llorar desde el principio por el pánico escénico. Aunque yo también temblaba, traté de mantener la calma porque estaba casi segura de que mi poema era muy bueno y que yo lo hacía muy bien.

Por eso me concentré, creí en mí y traté de declamar de la forma más perfecta posible: desde el corazón. Me desconecté de todo y solo me sumergí en la poesía como si estuviera viviendo cada palabra en mi interior. Cerré los ojos y cuando los abrí pude ver que todos estaban de pie y aplaudían muy, muy fuerte. Y a pesar de que me había escuchado muchas veces practicando, vi a mi maestra con lágrimas en los ojos. Ese momento mágico la hizo conectar. Además, también vi a mi madre llena de alegría, mandándome besos y diciéndome que lo había hecho maravilloso.

Cuando llegó la hora de la premiación, ¿qué lugar crees que gané? Pues el primero. No podía creerlo, sentía que había hecho algo perfecto por primera vez en mi vida. Al salir de la premiación fui a mi salón y todos mis compañeros me recibieron con abrazos y felicitaciones por haber ganado. Era la primera vez que todos me festejaban con gritos y aplausos por una victoria. Fue ahí cuando mi cerebro captó que había hecho algo bien y que ahora tenía el reconocimiento de todos a mi alrededor.

Yo creía que mi seguridad iba a durar eternamente por lo que había logrado. Pero no, solo duró unas semanas. Siempre buscaba demostrar a los demás que podía hacer algo perfecto. Quería reconocimiento. No lograrlo me causaba desánimo, frustración e inseguridad. En lugar de impulsarme, prefería quedarme callada.

Por eso quiero preguntarte: ¿cuánto nos exigimos por tratar de ser perfectos para los demás o por querer hacer lo que todos dicen que es perfecto para ser reconocidos?

Nuestra realidad es que somos seres imperfectos y eso nos hacer ser perfectos como humanos.

¿QUÉ ESTÁS ESPERANDO
DEL EXTERIOR?

En la escuela nos enseñan que el que obtiene un diez de calificación es el mejor niño del salón. Desde pequeños nos acostumbramos a recibir premios o palmaditas en la espalda cuando hacemos las cosas correctas, así como castigos cuando no lo hacemos bien. Como los aplausos que recibí cuando gané el concurso de declamación.

Nos enseñan a pensar en el qué dirán, la clásica preocupación o miedo por el juicio que otros puedan tener acerca de nuestras acciones, comportamientos o situaciones. Por ejemplo, yo soy de Campeche, una pequeña ciudad al sureste del país, en donde escuchar esas palabras es muy común. Cuando algún amigo me invitaba a tomar un café para hablar de algún proyecto o solo por mera convivencia, enseguida me preocupaba por lo que la gente pudiera pensar si nos veían. Podía parecer que estábamos en una cita o que me estaba enamorando y yo no quería ser parte de ningún chisme. Por lo que en muchas ocasiones opté por ir acompañada.

El miedo a ser juzgados tiene que ver con una búsqueda, a veces muy inconsciente, por la aprobación de los otros. Por eso es normal que al sentir que hacemos algo bien surjan emociones de felicidad, alegría y entusiasmo. Nos gusta sentirnos aceptados por los demás. Aunque es cierto que también en ocasiones puede causar que las personas se conformen con la idea de no llegar más alto para no sentirse defraudados. Pero ¿qué sucede cuando sentimos que no hacemos las cosas como deberían ser? Nos desvivimos por demostrar que podemos llegar a la cima siempre y no disfrutamos el momento porque estamos buscando lo perfecto en diferentes ámbitos.

A diferencia de los animales, cuando nacemos necesitamos de otro ser humano para sobrevivir. Es desde ese momento que aparece nuestro primer patrón de dependencia. A esto, Milton Erickson, hipnoterapeuta estadounidense ícono de la Psicología y pionero en aplicar las técnicas de hipnotismo a la psicoterapia, lo llama pensamiento de conciencia de primer orden.

Erickson menciona que ese primer nivel tiene que ver con la forma en que lo externo, las creencias y personas nos alimentan y cómo ello suele hacernos esperar cosas del exterior para ser felices. La paradoja es que depender de los demás automáticamente nos trae sufrimiento y dolor porque nos vuelve esclavos.

Con esto no quiero decir que dejes de dar tu mejor esfuerzo. Todo lo contrario. Cada impulso y reconocimiento es importante, pero es más importante que los recibas por ti y no porque los demás lo noten. Muchas veces, en lugar de que el reconocimiento y los comentarios de aliento se conviertan en nuestros mejores amigos internos, sucede lo contrario: creamos una voz interior que se transforma en nuestro peor enemigo. Se encarga de repetirnos lo que no hacemos bien según lo que esperamos, nos recuerda cada imperfección, altera nuestras emociones y centra nuestra energía en lo malo y en asuntos inconclusos que pueden generarnos vacío.

¿Qué pasaría si crearas a tu mejor amigo interno para que te impulse a diario? Te daría la oportunidad de sentir, experimentar y, cuando falles, en lugar de concentrarte en el error, te permitiría repensar que todo el entusiasmo que pusiste en la experiencia es lo que te ayuda a ser la persona que eres hoy.

Te preguntarás: ¿cómo podemos crearlo? Hay un ejercicio que me encanta compartir en sesión y consiste en lo siguiente: darnos cinco minutos en la mañana mientras nos arreglamos. Solo necesitas verte al espejo y hablar contigo, no importa si es en voz alta o en silencio, lo importante es que al ver tu reflejo te digas a ti mismo: “Hoy es un día maravilloso y es mejor que ayer. Tú [mencionas tu nombre] eres un increíble ser humano, tienes todo para lograr lo que te propones. Te amo y estoy contigo”.

Es importante que lo realices por una semana y le vayas añadiendo diferentes cumplidos o frases que te agraden, imagina que estás hablando con tu mejor amigo interno. Esto te servirá en gran forma para los momentos de vulnerabilidad cuando estamos pasando por situaciones difíciles llenas de negatividad y necesitamos de esa voz interior positiva que te anima a levantarte y continuar.

Por eso te pregunto: ¿qué está pasando con tu vida y lo que esperas del exterior?

¿CÓMO ESTÁS CALMANDO
TUS TORMENTAS PERSONALES?

Es importante que cuando surja una situación que nos haga sentir mal, podamos identificar el origen de lo que estamos sintiendo. De esa forma también podremos determinar y reorientar la idea hacia otra perspectiva más constructiva y positiva que nos genere motivación, entusiasmo y crecimiento personal.

Si sentiste dolor, deja que fluya. Haz lo mismo con el enojo o la tristeza. Identifica qué originó esa emoción en ti y pregúntate: ¿cuánto tiempo de tu día le quieres dar? Sin evadir ni hacerte la víctima. Simplemente deja que la emoción aparezca. Todos tenemos emociones y no siempre nos permitimos sentirlas porque las evadimos. Sin embargo, ¿qué pasaría si las dejamos aparecer sin estancarnos en ellas? En el momento en que empezamos a fluir es cuando realmente empezamos a vivir.

El ejercicio que voy a compartirte a continuación me parece maravilloso para conectarnos con nuestras emociones y empezar a trabajar en ellas. Primero, busca un lugar donde nadie te moleste y ponte lo más cómodo posible. Si necesitas quitarte los zapatos o cambiarte de ropa, hazlo.

Comienza aflojando cada parte del cuerpo, después tensa al inhalar mientras cuentas del uno al tres. Afloja los músculos al exhalar y continúa contando del cuatro al seis. Siente cómo cada parte, desde la cabeza hasta los dedos de los pies, se relaja, y después siéntelo de vuelta, de los pies a la cabeza.

Respira lentamente, con mucha profundidad y concéntrate solo en esas respiraciones. Es normal que mientras más profundas sean, la intensidad de tus emociones vaya en aumento y comiencen a aparecer pensamientos que te desconcentren. Si esto sucede, reduce el ritmo de la respiración. De esa forma podrás explorar las sensaciones que afloran en tu cuerpo y concentrarte en los sentimientos con los que las asocias: miedo, rabia, incluso no sentir nada. Repite en tu cabeza: “Me permito sentir”. Permanece de esa forma durante 20 o 30 minutos. Es probable que durante ese tiempo se presenten distintos tipos de sentimientos, pero solo enfócate en el de mayor intensidad. Si no se presenta ninguno, trata de evocar alguna situación que te haya afectado emocionalmente, pero intenta no observar los detalles de la escena, solo concéntrate en el recuerdo de las sensaciones físicas que experimentaste y tráelas a tu presente.

Cuida el tiempo que pasas en la práctica, programa un cronómetro para que no superes los 30 minutos. La idea no es quedarte con los sentimientos, sino salir de ellos. Una vez que concluyas el ejercicio, ponte de pie, abre los ojos y estírate o camina, échate agua en la cara si crees que es necesario para despejarte. Practica este ejercicio de forma gradual, es decir, comienza con diez minutos y ve incrementando el tiempo hasta que puedas llegar a la media hora. Verás que te servirá para reconocer tus emociones, poder convivir con ellas de una forma más saludable y dejarlas ir.

Un trabajo sobre la conciencia, la aceptación de uno mismo y sus errores fue hecho por las psicólogas Shelley Carson y Ellen Langer del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard. Ellas observaron lo siguiente:

Cuando una persona se permite analizar sus errores y ve que puede aprender de ellos, piensa detenidamente en sí misma y en su mundo. Y es mucho más capaz no solo de aceptarse a sí misma y de aceptar sus errores, sino que también se permite estar agradecida y reconocer que estos contribuirán a su crecimiento futuro.

Es por ello que la decisión de tomar conciencia para nuestro crecimiento solo depende de nosotros. No se trata únicamente de exigirnos alcanzar la cima por la creencia de que ahí seremos felices, porque la realidad es que siempre vamos a querer más y más.

Aceptar que las cosas no siempre nos saldrán perfectas a la primera, como solemos creer que debe ser, también nos permitirá reconocer y aplaudir los resultados que obtenemos, de esa forma también nos impulsaremos a ser mejores. Por ejemplo, el destacado pintor y escultor Pablo Picasso creó más de 50 000 obras, pero solamente alrededor de 100 son consideradas, en la actualidad, obras maestras. Por eso te pregunto: ¿por qué creemos que todo lo que hacemos tiene que ser una obra maestra a la primera?

Por mi experiencia como psicoterapeuta, sé que obsesionarnos con esa idea muchas veces puede llevarnos a la frustración generada por el fracaso. Cuando realmente el fracaso no existe, porque el fracaso es más bien la forma en que valoramos el resultado inesperado que obtuvimos.

Me ha tocado ver diferentes casos de pacientes que llegan con la idea de que han fracasado por no estar llenos de proyectos laborales en ese momento, por no tener el dinero que esperaban, porque están terminando una relación. En esas situaciones yo siempre los invito a que piensen en una persona a la que admiren mucho profesional o emocionalmente. Les pido que la describan, que me digan qué es lo que les gusta de esa persona y que imaginen que en este momento está pasando por lo mismo que ellos: ¿qué le dirías sobre su presunto fracaso, sabiendo que tiene muchos talentos y cualidades? Cuando estés pasando por alguna situación difícil, ¿tú como responderás a esa última pregunta?

Es así como podemos estar siempre en contacto con nuestro “mejor amigo interno”, ese que nos cambia la percepción y nos lleva a la toma de conciencia. Según la reconocida psicóloga clínica Laura Monserrate, el fracaso como tal no existe, solo son momentos o situaciones por los que atraviesa el ser humano a lo largo de la vida y pueden dar lugar a un crecimiento personal o, por el contrario, a un debilitamiento que genere vacíos existenciales y, de no tratarse, puede incluso desembocar en la muerte.

Yo siempre hablo de salir de nuestra zona de confort y de adentrarnos en nuestra zona de riesgo para admirar todo lo que somos capaces de lograr. Hay quienes se animan, pero se van para abajo cuando tropiezan o se encuentran con obstáculos en el camino y deciden no continuar por miedo a fracasar más.

Pero ¿te has fijado que no todos los que sacaban diez en la escuela han obtenido el éxito que esperaban? Y eso es porque con el paso del tiempo empezamos a encontrar diferentes habilidades, talentos y astucias que no son medibles con una calificación, pero sí son muy efectivos para la vida.

¿Y si soltáramos por un momento el qué dirán haciendo lo que amamos? ¿Y si mejor nos concentramos en que lo importante no es llegar a la meta, sino en que recorrer el camino también nos deja aprendizajes? Al final nos estaremos llevando una gran experiencia y eso cuenta mucho.

Si vivimos con la idea de ser perfectos para los demás, nos volvemos esclavos en busca del reconocimiento y perdemos nuestra autenticidad, no disfrutamos nuestro aquí y ahora y, por lo tanto, es imposible evaluar nuestro crecimiento interno.

Por ello es tan importante darles la bienvenida a los errores o acontecimientos que no son los que esperábamos. Porque nos dan autenticidad y nos identifican como personas. Lo que no significa caer en una zona de confort, sino aceptar nuestras experiencias para poder tener un crecimiento sano.

Recuerda lo que dice el reconocido autor alemán Eckhart Tolle: “Cuanto más capaz seas de honrar y aceptar el ahora, más libre estarás del dolor, del sufrimiento y de una mente egoísta”.


LAS MONTAÑAS
DE MI VIDA

Ahora te invito a elaborar un ejercicio que será de mucha ayuda para identificar tu trayecto de vida. Dibuja la silueta de algunas montañas. Cada montaña representará los años de tu vida en donde hayas vivido situaciones que te hayan hecho sentir arriba (en la cima) y abajo (en el valle). Dentro de las mismas montañas representa con símbolos cada situación en donde hayas experimentado momentos difíciles. Pueden ser corazones, estrellas, símbolos de heridas, figuras que representen en ti fortaleza, etc.

Al final, responde: ¿de qué forma decides aceptar y amar tus montañas de vida con todas las emociones que se han presentado?


PALABRAS PARA
LLEVAR CONTIGO

 Cuando me libero de la idea de ser perfecto, soy más libre: puedo aceptarme y disfrutar de mi vida.

 Cuando quiero ser reconocido constantemente para otorgarme un valor, pierdo mi propio valor interno.

 Identificar el origen de la situación que me genera un problema me ayuda a reorientar mi perspectiva y transformarla en una creencia constructiva.

 Reconocer y dejar que mis emociones negativas fluyan me ayuda a conocerlas y a convivir mejor con ellas.

 Analizar mis errores y ver qué puedo aprender de ellos me permite pensar detenidamente en mí mismo y en mi mundo. De esa forma soy mucho más capaz de estar agradecido y de reconocer los errores que contribuirán a mi crecimiento futuro.

 Conseguir mi autenticidad no sucederá de un día para otro. Aceptarme a mí mismo y no copiar lo que se dice que hace a las demás personas perfectas me hace identificar mis talentos, virtudes y características únicas e inigualables.

Solo seremos felices

siendo nosotros mismos,

no tratemos de ser como

los demás.




UN MOMENTO
DE APRENDIZAJE

Había una vez una niña tímida, un poco callada y muy sonriente, siempre en busca de satisfacer a los demás. Aunque era muy amable y alegre porque le gustaba estar bien con los que la rodeaban, sus padres le llamaban la atención con frecuencia, pues tenía la mala costumbre de imitar siempre todo lo que sus amigas y primas hacían, desde juegos hasta formas de ser.

Por ejemplo, ella no coleccionaba nada específico, pero cuando veía que sus amigos lo hacían, le gustaba repetir las mismas modas. “No tienes por qué seguir a nadie, decide por ti misma adónde ir o qué quieres hacer”, solían decirle sus papás. Para ella, seguir el paso de otras niñas o jugar lo mismo que sus amigos era lo más fácil del mundo, porque de esa forma encajaba con rapidez. Por eso odiaba que sus papás le dijeran lo mismo todo el tiempo.

Todo cambió cuando llegó una niña nueva a su escuela. Se llamaba Sofía y tenía un carisma tan cegador que de inmediato quiso tenerla como amiga. Para acercarse a ella, hizo lo que siempre hacía: copió su forma de hablar, su peinado, incluso los pasadores de brillos que se ponía en el cabello. Pero hiciera lo que hiciera, Sofía siempre se alejaba. Una vez la escuchó decir en los baños: “Esa niña me sigue a todas partes y hace siempre lo que yo hago. No tiene personalidad, nunca sería su amiga”.

Fue en ese momento cuando entendió que repetir lo que todos a su alrededor hacían solo bajaba su autoestima y la hacía ser más dependiente. Empezó a tomar conciencia de que ser aceptada no significaba que los demás tenían que tomar las decisiones, sino que a ella también le tocaba tomarlas, ser creativa y proponer ideas diferentes.

Así entendió que no siempre le iba a agradar a todos. Tan solo se trataba de cambiar la perspectiva y creer en ella misma sin necesidad de copiar para encajar. De esa forma fue trabajando su autenticidad hasta que comprendió que eso también se llamaba amor propio.

Por si quedaban dudas, esa niña era yo.

EL DÚO
AUTOESTIMA-AUTENTICIDAD

Lo primero que debemos saber sobre la autenticidad es que es una virtud que va siempre acompañada de la autoestima. Ya que la autenticidad se construye a partir de todas las características que te distinguen de otras personas, pero solo cuando te conoces y te amas tal cual eres puedes ser auténtico. Como ves, autoestima y autenticidad van de la mano.

Pero entonces, ¿qué es la autoestima? La autoestima es la percepción que tenemos acerca de nosotros mismos. Es de vital importancia para nuestro desarrollo personal y para la forma en que nos relacionamos con otros individuos de nuestra sociedad. Es importante porque la calidad de nuestra autoestima definirá en buena medida la calidad de nuestras relaciones personales.

¿Recuerdas alguna reunión en la que te sintieras inseguro o con baja autoestima? Apuesto a que difícilmente podías fluir siendo tú. Es probable que no te sintieras bien en ese momento contigo y, por lo tanto, ese malestar no te permitía creer en ti. Una situación de esta índole crea incongruencia con nuestra autenticidad, porque empezamos a dudar de nosotros mismos y buscamos respaldarnos con lo que está aprobado a nuestro alrededor.

Sin embargo, cuando logramos transformar esa inseguridad en aceptación y nos valoramos y apreciamos a nosotros mismos, también podemos comunicarlo de forma inteligente a las demás personas. El dúo autoestima-autenticidad nos permite disfrutarnos y vivir en paz con quienes somos y, en consecuencia, llevamos a otros a disfrutar de nuestra compañía. No importa que no seamos perfectos, porque nadie lo es. Vivimos mejor la vida cuando somos nosotros mismos, sin necesidad de solo aparentar algo que realmente no somos.

Una de las particularidades de la autoestima es que es sensible a las emociones y a lo que sentimos. Cuando acepto incondicionalmente lo que siento estoy cuidando de mí, estoy afirmándome, me estoy diferenciando, soy yo. Virginia Satir fue una terapeuta familiar con enfoque sistémico que puso de moda el término autoestima. Ella solía hacer dos preguntas a las personas con quienes trabajaba.

La primera era: “¿Cómo te sientes?”, pregunta que tenía por objetivo que el paciente contactara e identificara sus emociones o, por lo menos, que empezara a hacerlo. La segunda pregunta era: “¿Cómo te sientes sintiéndote así?”. La respuesta se asocia por completo con la autoestima.

Estas dos preguntas esenciales las uso en terapia constantemente, porque con ellas podemos crear el vestíbulo para una toma de conciencia de nuestra autoestima y nuestra autenticidad de forma más transparente.

Por el enfoque en terapia Gestalt en el que me he especializado, en mi trabajo suelo aplicar lo que Fritz Perls, creador de esta escuela psicoterapéutica, llamaba la Terapia de la Autenticidad. Lo que busca este tipo de terapia es conectarnos con nuestras emociones desde la comprensión, para que podamos aceptarlas y, de esa forma, fomentar una relación más íntima con nosotros mismos.

Así que ¿por qué no empezar a recuperar nuestra intimidad genuina? A continuación, veremos cómo hacerlo.

FORMAS DE RECONECTAR
CON EL INTERIOR

Conocerte y aceptarte a ti mismo no es tarea fácil. Lo primero y más importante que debes hacer es descubrir quién eres, es decir, darte cuenta de cada acción o actitud que te hace único e inigualable. Solo así puedes aceptar de forma propositiva esos dones que tienes y transformarlos en una confianza incomparable, ya que al conocerte y aceptarte te liberas de los prejuicios y las expectativas sociales. Vivir con libertad y amor propio significa vivir en paz y tranquilidad mental con tus decisiones y con la forma en la que llevas tu vida.

Para comenzar a conocerte es importante mirar hacia dentro. En Psicología se conocen dos tipos de introspección que nos ayudan a generar autoconciencia: la autorreflexión y la autorrumiación.

Por un lado, la autorreflexión es como la forma positiva de introspección. A través de ella significamos y le damos importancia a nuestros pensamientos y acciones, lo que nos ayuda a analizar, aceptar y aprender de nuestros errores y aciertos. Es una gran herramienta para aumentar el conocimiento que tenemos acerca de nosotros mismos.

Por otro lado, la autorrumiación es una forma negativa de introspección. A diferencia de la autorreflexión, este proceso consiste en la obsesión con nuestros defectos y errores, por lo que la desconfianza aumenta y creamos una idea distorsionada de quiénes somos. Esto nos lleva a dudar de nosotros todo el tiempo y, en consecuencia, afecta directamente nuestra autoestima.

¿Con cuál de los dos tipos de introspección te sientes identificado en este momento?

Vamos a hacer un ejercicio. Te invito a cerrar los ojos por unos segundos y respirar tres veces profundamente. Deja fluir tu mente, tu corazón y, sobre todo, las sensaciones en tu cuerpo.

Permite conectar contigo mismo y piensa en lo que has aportado a tu día y a tu vida: ¿qué cosas has hecho para mejorar y disfrutar? Piensa en la forma en la que te hablas en tu cabeza: ¿eres agresivo, amable, neutral o amoroso contigo mismo? Piensa en todas las cosas en tu vida por las que puedes agradecer: quizá es tu familia, tus amigos, tu trabajo, tu casa, tu pareja.

Permítete disfrutar contigo, con lo que ves y piensas sin tanta crítica o juicios hacia ti, olvida lo externo que te abruma y te genera ansiedad o angustia. No abundes mucho en las cosas negativas ni te obsesiones con ellas. En su lugar, piensa en los aprendizajes que te dejaron. De esa forma llegarás a la autorreflexión, el punto en el cual podrás comenzar a tomar conciencia de todas esas acciones y actitudes que te hacen ser tú mismo.

Para terminar, cierra con otras tres respiraciones profundas. Siente cómo todo tu cuerpo fluye y se integra al aquí y ahora.

LOS SUPERPODERES DEL
REDESCUBRIMIENTO

Una de las principales reacciones que el ejercicio anterior puede generar es que comiences a sentirte cómodo con tu soledad. Casi siempre nuestra atención se enfoca en lo exterior. Por eso, cuando pasamos mucho tiempo solos podemos llegar a sentirnos tristes o frustrados y es normal que nuestro primer impulso sea evadir esa situación enseguida y buscar la compañía de quien sea. Sin embargo, pregúntate: ¿pasas tiempo de calidad contigo mismo? ¿Qué pasaría si te das la oportunidad de tener una cita contigo para consentirte y quererte?

Siempre que hablo de este tema, recuerdo a tantas personas que me han hablado de cómo se les dificulta realizar actividades sin compañía. Por ejemplo, me acuerdo de un paciente que un día me dijo con mucha angustia, como si estuviera a punto de vivir otra vez esa catástrofe que se repite todo el tiempo: “Odio que sea viernes. No me gusta que lleguen los fines de semana porque nunca tengo con quién salir y me da pena ir solo a comer o al cine”.

Cuando hablo de liberarnos de prejuicios y expectativas sociales, me refiero a los miedos que se generan con las etiquetas que le ponemos a cada situación y que nos enseñan que, por ejemplo, debemos estar acompañados siempre que salimos a algún lugar público. Porque, por alguna razón, ir solos está mal visto.

Recuerdo que ese día le contesté a mi paciente: “¿Y qué pasaría si cambias tus palabras? ¿Y si en lugar de decir que no tienes a nadie con quien salir, dijeras que este fin de semana la pasarás contigo y, si alguien se incluye o no, igual será maravilloso?”. Poco a poco vi cómo sus hombros y su semblante se relajaban. Respiró profundo y, con una sonrisa, me dijo: “Me encanta esa idea”.

Imagínate qué tan mágicas son las palabras que tienen el poder de modificar nuestros pensamientos y emociones. Por eso es muy importante que en cada oportunidad que tengamos de estar a solas con nuestros pensamientos, nos dirijamos a nosotros con todo el cariño posible. De esa forma podremos también crear la atmósfera adecuada para que nuestro silencio no nos incomode y, al contrario, lo disfrutemos. En todo momento que trabajes con tu yo interior piensa que estás creando un espacio para ti mismo.

Así, una situación que podemos creer caótica e insufrible, como pasar los fines de semana o fechas especiales solos, sin personas queridas a nuestro alrededor, podemos transformarla en una experiencia que alimente nuestro interior y nos ayude a descubrir más de nosotros.

Por ejemplo, recuerdo la vez en que iba a pasar uno de mis cumpleaños sola: sin pareja, sin mi familia, en una nueva ciudad y, como cereza del pastel, en lunes. En un inicio pensé que sería el cumpleaños más triste, pero no lo fue desde el momento en que decidí cambiar mi pensamiento. Pensé: “Si yo fuera mi pareja, ¿qué cosas especiales haría para que Erika pasara un cumpleaños maravilloso?”. En ese momento empecé a organizarme un autorregalo: un viaje al que, más tarde, se unió una amiga. Y, el fin de semana previo, hice una cena a la que terminaron asistiendo muchos amigos. En ese cumpleaños, que al inicio no pintaba tan bien, terminé festejando como nunca y todo cambió cuando decidí no pasarla sola, sino conmigo misma.

Estar con nosotros mismos también nos ayuda a identificar nuestros logros, metas próximas y virtudes. En ese cumpleaños, por ejemplo, aprendí que puedo hacer cosas especiales para mí sin esperar que los demás tengan la iniciativa. Por lo tanto, disfrutarnos nos permitirá también descubrir más de lo que nos gusta y de lo que no nos parece. Además, nos ayudará a replantearnos si queremos seguir con ciertas situaciones en nuestra vida o si es mejor tomar otros caminos. En definitiva, nos ayudará a identificar las herramientas que tenemos para sacar nuestra mejor versión y aceptarnos como somos realmente. Eso incluye las cosas que no nos gustan, porque también nos conforman como la persona única que somos hoy.

Otra acción muy poderosa es agradecer. Porque cuando agradecemos, nuestra cabeza bloquea los pensamientos negativos y se enfoca en resaltar los positivos. Su poder nos permite transitar hacia un proceso de aceptación de nuestra persona y nuestra vida.

En lo personal, el poder de agradecer lo uso como ejercicio en mi día a día: al levantarme o antes de dormir, agradezco por todo lo que me rodea y también me agradezco a mí. Es en ese momento cuando puedo abrirme hacia una autorreflexión constructiva. Porque al agradecer le doy un giro a mis pensamientos y a la perspectiva de mi día. Es una forma muy útil de no caer en la autorrumiación, donde la crítica es muy dura y solo genera negatividad.

Puedes agradecer todos los días por infinidad de cosas: por estar vivo, por tu cuerpo, por los seres queridos que te rodean. Seguro encuentras muchas buenas razones para decir gracias.

Intenta usar estos poderes tantas veces como puedas. Entre más los practiques, verás que poco a poco empezarás a redescubrirte internamente, identificarás cada parte que te conforma y comenzarás a aceptarte con lo que tienes y puedes lograr en este momento, en tu aquí y ahora. De esa forma comenzarás a descubrir tu autenticidad.

Me gusta mucho una frase del reconocido creador de la Psicomagia, Alejandro Jodorowsky: “La frustración es provocada por una sociedad que nos pide ser lo que no somos y nos culpa de ser lo que somos”. Yo te invito a conocerte y disfrutar hoy lo que realmente eres. Permítete ser esa persona tan única que puede reinventarse constantemente y descubrir algo diferente y maravilloso de sí misma todos los días, sin presionarte por los prejuicios impuestos socialmente.

FORMAS DE PRACTICAR
LA AUTENTICIDAD
Redescubre los dones y cualidades con los que llegaste

La vida siempre nos entrega tesoros, pero a veces, cuando nos sentimos juzgados, con tal de ser aceptados terminamos por olvidarlos. Como cuando era pequeña y solo repetía todo lo que las personas a mi alrededor hacían, sin permitirme experimentar el gran potencial que tenía en ese momento. Lo hacía solo para ser aceptada por los demás, ¿te acuerdas? Te invito a tomar conciencia de tus virtudes y darte la oportunidad de abrir y aprovechar ese tesoro.

Suelta las emociones tóxicas externas

Es importante soltar las emociones ajenas que no nos corresponden. Por ejemplo, imagina que un compañero del trabajo nos expresa que el ambiente laboral es horrible y que ya no soporta lidiar con los demás compañeros porque él tuvo malas experiencias. Incluso aunque tú te sientas bien en tu trabajo, ese tipo de comentarios pueden influir en cambiar tu perspectiva del ambiente, hasta es posible que empieces a dudar de cómo te sientes realmente. Lo importante es ser firmes ante nuestras emociones para no ser tan influenciables por los demás.

Analiza tus modelos a seguir

¿Cuántas veces imitas a los demás? Todos tenemos modelos a seguir, pero es importante que aprendamos a diferenciar cuándo una inspiración se convierte en una copia que no nos permite ser nosotros mismos. Cuando abrí mi canal de YouTube, inicié con audios de hipnosis para dormir y tomé como inspiración otros audios que yo usaba para lo mismo. Para ser congruente con mi autenticidad, con cada tema siempre trataba de grabar algo especial, con escritos propios para no copiar lo que ya estaba en las redes. Buscaba poner mi sello y transmitir desde el corazón. Mi intención era compartir videos o audios que siempre llevaran mi esencia, pero inspirados en grandes psicólogos o coaches de vida que admiro, sin caer en la repetición. Así, tomo de ellos el impulso de sus conocimientos, pero les sumo los míos y mis experiencias de vida únicas.

Establece relaciones interpersonales que te permitan ser libre y auténtico

Busca compañeros, amigos, familiares y parejas con los que no tengas que fingir ser alguien que no te gusta ser. Es importante relacionarte con personas que te permitan ser quien eres. Hace unos años tuve una relación en la que quería ser tan excelente novia que llegó un punto en el que me empezaba a limitar, porque siempre intentaba hacer las cosas extremadamente bien para mi pareja. Al grado que incluso recuerdo a mis amigos diciéndome: “Esa no eres tú, todo lo quieres hacer muy perfecto”. Un tiempo después, cuando por fin terminé esa relación, empecé a sentirme mejor y liberada, lo que se notó rápidamente, porque mis amigos me dijeron: “Por fin, ya estás de vuelta”. Por eso siempre será de gran apoyo establecer relaciones sanas que te permitan fluir 100 % con tu persona, eso te ayudará a disminuir inseguridades o miedos.

Tú no eres tu familia

Hay situaciones familiares que a veces cargamos por obligación, pero que no son nuestras. Por ejemplo, cuando en la familia el abuelo fue abogado y el papá también, suele asumirse que el hijo debe ser lo mismo. Todos debemos descubrir nuestros propios talentos y disfrutar de nuestra pasión, nadie debe imponernos la suya.

LAS VENTAJAS DE SER AUTÉNTICOS

A lo largo de este capítulo, te mostré de qué forma podemos autoanalizarnos y comenzar a redescubrir las cualidades y los intereses que nos forman como personas. Porque cuando conocemos quiénes somos es más fácil destacar nuestras fortalezas y reconocer nuestras debilidades. Esto es importante porque así podemos trabajar en ellas, mejorar nuestras áreas de oportunidad y mantener nuestro crecimiento.

Son muchas las ventajas de dirigirnos por la vida con autenticidad. Por ejemplo, expresar nuestra autenticidad en el trabajo nos permite mostrar un nivel más alto de compromiso con la organización y mayor rendimiento individual, pues dejamos que nuestras ideas fluyan y generamos nuevas e innovadoras perspectivas. Para hacerlo, es importante confiar en nosotros mismos y enfocarnos en cómo buscamos crecer laboralmente.

Un ejemplo de una persona auténtica en este ámbito es un chef que conocí en terapia. Era tan apasionado y auténtico que cuando decidió salir de un famoso restaurante de la Ciudad de México al que dedicó varios años de su vida, lo reemplazaron con tres personas para hacer lo que él hacía solo. Él era fuera de lo común, extraordinario, irreemplazable, porque todo lo hacía con pasión, se conocía a sí mismo y sabía hacer su trabajo desde la autenticidad. Al encontrar nuestra autenticidad nadie nos puedes reemplazar tan fácilmente, porque al evolucionar y transformarnos también transformamos nuestro exterior.

Ser auténticos nos hace más libres y confiables, lo que al mismo tiempo nos ayuda a cultivar bienestar y estrechas relaciones con las personas a nuestro alrededor. Uno de los pilares que sustenta, por ejemplo, una relación de pareja saludable es que ambas partes estén en equilibrio. Tiene su lógica: uno no puede dar lo que no tiene ni tampoco puede pedirlo a los demás.

¿Qué sucede cuando nos mostramos fieles a nosotros mismos y compartimos con honestidad nuestros deseos a nuestra pareja? Comenzamos a crear una relación sana, no digo perfecta, porque esas no existen. Esto significa que ambas personas ya han trabajado consigo mismas con anterioridad y tienen claro dos cosas: que el amor es un lugar donde resguardarse y que se necesita de ambos para existir y sobrevivir. Por eso, si alguno de los dos no se ama lo suficiente, no será capaz de amar plenamente a la otra persona. Los amores auténticos son los únicos que deberíamos perseguir.

El escritor Jean-Paul Sartre tiene una frase que me gusta mucho: “Quien es auténtico asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es”. La mayor ventaja de caminar con autenticidad por la vida es reconocernos como personas únicas y autónomas. Y así podremos ser más libres.

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721,04 ₽
Возрастное ограничение:
0+
Дата выхода на Литрес:
15 ноября 2024
Объем:
163 стр. 39 иллюстраций
ISBN:
9789877476965
Издатель:
Правообладатель:
Bookwire
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