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La radio en el Perú

Emilio Bustamante



Colección Investigaciones

La radio en el Perú

Primera edición digital, marzo 2016

© Universidad de Lima

Fondo Editorial

Av. Manuel Olguín 125, Urb. Los Granados, Lima 33

Apartado postal 852, Lima 100, Perú

Teléfono: 437-6767, anexo 30131. Fax: 435-3396

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Diseño, edición y carátula: Fondo Editorial de la Universidad de Lima

Foto de carátula: Luis Peirano

Versión ebook 2016

Digitalizado y distribuido por Saxo.com Peru S.A.C.


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Teléfono: 51-1-221-9998

Dirección: calle Dos de Mayo 534, Of. 304, Miraflores

Lima - Perú

Se prohíbe la reproducción total o parcial de este libro sin permiso expreso del Fondo Editorial.

ISBN versión electrónica: 978-9972-45-320-5

Universo del hombre

Tú —el único sentido máximo engendras el siglo del Radio —de la broadcasting— i de la vida

Serafín Delmar

Radiogramas del Pacífico (1927)

Maravilla moderna, fantástica, ilusoria;

sonora maravilla que ha conmovido al mundo. Donde tú estás hay fiesta, hay ensueños de gloria y la vida palpita con un ritmo profundo.

Maravilla celeste que irradias por doquiera

en mil compases brujos, tu magnético encanto, que aprisiona a las almas en redes de quimera y es bálsamo y antídoto para todo quebranto.

Amparo Baluarte, “Radiolandia”

Alta Voz, 22 de setiembre de 1939

Índice

Prólogo. Historia de los medios de comunicación en el Perú

Prefacio. Nosotros, los hijos de la radio

Presentación

Introducción

Capítulo 1. De OAX a Radio Nacional del Perú (1925-1937)

1. Un nuevo medio para la “Patria Nueva”

1.1 El gobierno de Leguía

1.2 El monopolio de la Marconi

1.3 La patente de Luis G. Tirado

1.4 La Peruvian Broadcasting Company

1.5 Las propuestas de La Crónica

1.6 El directorio de la Peruvian Broadcasting Co.

1.7 OAX.: La primera estación

1.8 El fracaso de la Peruvian Broadcasting Co.

1.9 La programación de OAX (1925-1926)

1.10 OAX bajo la administración de la Marconi

1.11 La programación de OAX de 1926 a 1930

1.12 Los primeros radioaficionados

2. Los años de la tempestad

2.1 Radio y política después del derrocamiento de Leguía

2.2 El conflicto con Colombia: La guerra a través de altoparlantes

2.3 La Marconi y el Estado peruano después de la muerte de Sánchez Cerro

2.4 El homenaje a la fundación española del Cusco

2.5 La programación de OAX de 1930 a 1933

2.6 Avatares de los radioaficionados

3. Un medio masivo

3.1 Radio y política en el gobierno de Benavides

3.2 Nuevas emisoras en Lima y provincias

3.3 Anunciantes: Las emisoras y la publicidad

3.4 Programación de las radios limeñas (1934-1936)

3.5 La primera encuesta radial sobre preferencias del público

3.6 Las primeras estrellas

3.7 La primera revista especializada, el Día de la Radio y la primera reina

3.8 Los radioaficionados y el panamericanismo

3.9 Una propuesta: Radio en los autos de la policía

3.10 El consumo de la radio entre 1934 y 1936

3.11 Hacia la creación de Radio Nacional del Perú

Capítulo 2. La Edad de Oro (1937-1956)

1. Una radio “nacionalista”

1.1 Radio y política (1937-1939)

1.2 Las emisoras comerciales limeñas

1.3 Oferta y consumo

1.4 Anunciantes y publicidad

1.5 Primeros intentos de agremiación de los trabajadores

1.6 La relación entre la radio y el cine

1.7 Programación de las emisoras limeñas (1937-1939)

2. Tiempos de guerra

2.1 El censo de 1940

2.2 La educación y la radio

2.3 La guerra con Ecuador

2.4 La Segunda Guerra Mundial

2.5 La radio clandestina aprista

2.6 Las emisoras privadas

2.7 Los trabajadores de la radio

2.8 La asociación de broadcasters

2.9 Popularidad de animadores y locutores

2.10 Las reinas de la radio

2.11 Publicidad

2.12 Consumo

2.13 Programación en las radios limeñas (1939-1944)

3. Radio y crisis (1945-1949)

3.1 La radio como arma política: El gobierno de Bustamante y el golpe de Odría

3.2 La crisis económica y la radio privada

3.3 Emisoras y cadenas

3.4 La agremiación de broadcasters

3.5 Pulseadas entre la Anrap y Odría

3.6 Agremiaciones de trabajadores

3.7 Auditorios y estudios

3.8 Programación en las radios limeñas (1945-1949)

4. Alegría y lágrimas (1950-1956)

4.1 Radio y política bajo la dictadura de Odría

4.2 La radio privada

4.3 La publicidad

4.4 Agremiaciones de trabajadores

4.5 Las reinas de la radio

4.6 Programación y consumo en Lima (1950-1956)

Capítulo 3. Nuevas olas (1956-1980)

1. Convivencia y transición

1.1 Radio y política de 1956 a 1962

1.2 Nuevas reglas y actores

1.3 Radio estatal y radio privada durante la Convivencia

1.4 La publicidad

1.5 Agremiaciones de trabajadores

1.6 Las reinas de la radio

1.7 Programación en las radios limeñas (1957-1961)

2. El replanteamiento del modelo radial

2.1 Radio y política (1962-1963)

2.2 Radio y política durante el primer gobierno de Fernando Belaunde (1963-1968)

2.3 Nuevas emisoras y propuestas

2.4 Los gremios empresariales

2.5 La radio frente a la televisión

2.6 Agremiaciones de trabajadores

2.7 La publicidad

2.8 Programación en las radios limeñas (1962-1968)

3. La radio bajo el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada

3.1 Radio y política (1968-1980)

3.2 Los trabajadores de la radio durante el Gobierno Revolucionario

3.3 Radios estatizadas y privadas

3.4 La publicidad

3.5 Programación en las radios limeñas (1968-1980)

Capítulo 4. El desborde (1980-2000)

1. Bajo fuego (1980-1990)

1.1 El Estado y la radio

1.2 La radio y el conflicto armado interno

1.3 Radio y religión

1.4 El movimiento de radio popular

1.5 La radio comercial

1.6 Gremios empresariales

1.7 Trabajadores

1.8 El estrellato de los disc-jockeys

1.9 Programación en las radios limeñas (1980-1990)

2. La década de Fujimori

2.1 Radio y política (1990-2000)

2.2 La radio popular

2.3 La radio comercial

2.4 La inversión publicitaria

2.5 Programación y segmentación de la audiencia

2.6 Consumo

2.7 Géneros y programas

Bibliografía

Prólogo
Historia de los medios de comunicación en el Perú: Siglo XX

Ahora mismo, millones de peruanos están vinculados a un medio de comunicación mientras miran la televisión, escuchan radio, asisten a una sala de cine o leen un medio impreso. La información, el entretenimiento, la reflexión y la experiencia artística modelada al contacto con otras miradas, opiniones y formas de ver la vida y la cultura provienen de un trato colectivo con los medios de comunicación, que fue afianzándose hasta adquirir una importancia central en el curso del siglo XX.

En consideración a esa realidad, el equipo de investigadores responsable de este proyecto editorial, profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima, se propuso elaborar, en el seno del Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima (IDIC), una “Historia de los medios de comunicación en el Perú: Siglo XX”. Es decir, examinar el desarrollo del periodismo, la radio y los medios audiovisuales (cine y televisión) peruanos, así como del marco regulatorio expresado en la legisl ación dictada sobre la materia, a lo largo de la centuria anterior.

Uno de los impulsos para emprender el proyecto fue constatar la carencia de bibliografía sobre el tema. No se ha publicado ninguna historia general de los medios de comunicación en el Perú. Solo existen trabajos parciales sobre cada medio, algunos muy logrados. Ellos trazan horizontes del desarrollo de la radio, el cine y la televisión, describiendo etapas específicas u ofreciendo opiniones críticas y de enjuiciamiento a los “productos mediáticos”, sean películas o programas televisivos.

Creímos necesario, por eso, realizar una investigación basada en el acopio minucioso de datos ciertos y testimonios plurales, con el fin de aportar bases documentales que ayuden a ordenar la información dispersa y parcial sobre el tema tratado, sistematizando lo que se mantiene fragmentario y facilitando las investigaciones que, más adelante, amplíen y profundicen los estudios sobre los medios de comunicación en el país.

Sabemos que no existe una Gran Historia, única, total y abarcadora que examine hechos, motivos y consecuencias a partir de una clave interpretativa capaz de descifrar el sentido de todos los fenómenos y ocurrencias. Hay, en cambio, muchas historias y relatos que abordan los temas relevantes de una investigación desde horizontes y propósitos diversos. Este trabajo es una de esas historias, la primera que busca acercarse, en forma general, al asunto del desarrollo de los medios de comunicación en el Perú durante el siglo XX. En el futuro, otros estudiosos hallarán nuevas informaciones e intentarán otros abordajes, planteándose nuevas preguntas, las que dicte cada época, ofreciendo conclusiones a partir de las evidencias que no se hallaron aquí y ahora.

La investigación que ofrecemos es un acercamiento realizado por profesionales de la comunicación, no por historiadores profesionales. Nuestra intención y objetivo ha sido comprender el pasado de nuestros campos respectivos de trabajo para tener bases más firmes en el desarrollo de nuestra labor cotidiana como investigadores y profesores universitarios.

Una periodista, María Mendoza Michilot, trabaja el tema del periodismo diario durante el siglo pasado; Emilio Bustamante, comunicador interesado en el fenómeno de la radio popular y en la creación de ficciones para los medios de comunicación, aborda el pasado de la radio; el abogado José Perla Anaya ofrece su visión del marco legal y normativo que sirvió para propiciar la creación y canalizar el desarrollo y regulación de los medios; un abogado y crítico de cine, Ricardo Bedoya, se encarga de los medios audiovisuales. Cada autor eligió los datos relevantes de acuerdo con su propio derrotero de investigación. En casi todos los casos, este trabajo amplía, modifica o ratifica las investigaciones realizadas por cada uno de los autores en los campos de sus especialidades respectivas, publicadas en obras previas.

Abordamos esta investigación como un trabajo interdisciplinario. Cada uno de los tomos que la conforman tiene su propio diseño y entidad, y corresponde a la visión personal y la interpretación del autor que la suscribe, aun cuando el conjunto se gestó como una investigación propiciada por el IDIC.

Centrar la investigación en el siglo XX no ha impedido el análisis de datos relevantes de fechas anteriores. Es el caso del periodismo, cuyos antecedentes son básicos para entender el desarrollo que obtuvo en el periodo tratado. Lo mismo ocurre con el cine, aparecido en los años finales del siglo XIX, a los que se remonta la investigación. Solo la radio y la televisión nacieron y se asentaron en el siglo que estudiamos.

Sin imponer una rígida división o establecer una periodización fija y cerrada, los investigadores convinimos en la necesidad de organizar los periodos estudiados en cada capítulo teniendo en cuenta algunos hitos reconocibles en el desarrollo político del país. Así, la primera parte de los trabajos sobre la prensa, el cine y la legislación de los medios de comunicación remiten a la situación de fines del siglo XIX y se proyectan hasta el advenimiento del llamado Oncenio, o “Patria Nueva”, el periodo del segundo mandato de Augusto B. Leguía que, a su vez, constituye un segundo periodo de estudio. Es entonces que empieza la investigación sobre la radio, instalada en el Perú a mediados de las décadas de los años veinte. Una tercera etapa abarca desde los inicios de los años treinta, acabado el periodo de la “Patria Nueva”, hasta llegar a la interrupción del periodo democrático del presidente José Luis Bustamante y Rivero, lo que marcó el comienzo del gobierno de Manuel A. Odría. Una cuarta etapa comprende lo ocurrido en los años cincuenta —cuando empieza la televisión, en 1958— y sesenta hasta la irrupción del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, presidido por el general Juan Velasco Alvarado, en su primera fase, entre 1968 y 1975, y por el general Francisco Morales Bermúdez, en su segunda fase, hasta 1980. Las dos últimas décadas del siglo conforman la quinta etapa de la investigación.

En algún caso, como el del cine, esta periodización se altera de algún modo debido a características propias del medio, que divide su existencia en dos épocas netas, el periodo silente y el sonoro. En lo relativo a la producción fílmica peruana, la periodización encuentra una demarcación adicional: la ley de promoción de la industria cinematográfica, dictada en 1972, hito que hay que considerar en la fijación de los periodos de la historia del cine en el Perú.

Estudiar el desarrollo de los medios de comunicación supone examinar las características y singularidad de sus productos, en cualquier género o formato, en soporte escrito o fílmico, de proyección mecánica o transmisión electrónica. Pero también requiere entender el marco general en que se produjeron: desde el encuadre legal y sus circunstancias políticas y económicas hasta el estado del equipamiento técnico empleado para su hechura, pasando por la identidad de las empresas que financiaron o elaboraron los diarios, películas, telenovelas, series televisivas y programas radiales en general, sin olvidar la identificación de los profesionales, creativos o técnicos, que los imaginaron y diseñaron.

Aunque la investigación de cada medio señala sus propias formas de acceso y metodología, en aras de conseguir un trabajo de coherencia orgánica los investigadores participantes decidimos establecer algunas directivas de organización para emprender y desarrollar la labor de acopio de información y las tareas posteriores de explicación y análisis. Las mencionamos a continuación.

En primer lugar, para uso del equipo de los investigadores y no como objeto de investigación, establecimos un marco temporal, cronología o línea del tiempo, con indicación de hechos del contexto histórico, político, social, económico, cultural y tecnológico, nacional e internacional, a modo de referente para situar los procesos de comunicación en nuestro medio.

En segundo lugar, prestamos atención al estudio de las formas y modos de propiedad, organización y producción de los medios, examinando las actividades de las empresas de comunicación, de productoras de películas y de emisoras radiales y televisivas, identificando sus “productos”, sean diarios, películas, programas de radio y televisión. La tónica del acercamiento se moldeó a las características de cada medio: en el cine, la “obra” acabada, la película estrenada o exhibida es el elemento distintivo y el objeto de estudio; en la televisión y la radio importan más los “flujos”, las corrientes de programación, la lógica que se encuentra en la determinación de las grillas y en los horarios en los que se ubica un programa u otro.

Atendimos a los avances tecnológicos de cada medio, sobre todo en el horizonte de un siglo que ha visto la sustitución de las técnicas de registro y difusión basadas en la reproducción analógica de imágenes y sonidos a las sustentadas en su codificación binaria o digital. La relación entre técnicas, lenguajes y mensajes en los medios de comunicación reviste un grado de significación fundamental.

En tercer lugar, tuvimos presente las relaciones de los medios con el Estado, examinando las políticas gubernativas en cada época, la legislación, la censura, las formas de promoción y, en general, los modos de intervención, directa o indirecta, del Estado en los medios. Ello sin perder de vista la influencia relevante de otras instituciones sociales, los grupos de poder económico y las decisiones de los individuos, protagonistas de circunstancias económicas y de negocios que llevaron a tal o cual orientación empresarial.

En cuarto lugar, nos interesamos en estudiar los géneros y formatos documentales y de ficción trabajados y difundidos a través de los años, con sus particularidades expresivas, estilísticas y semánticas, sobre todo los de producción peruana, pero con referencias puntuales a productos extranjeros con influencia en los medios audiovisuales.

En quinto lugar, prestamos atención al examen de la formación, ampliación e integración de los públicos al circuito de la comunicación, rastreando esa participación en testimonios aparecidos en espacios periodísticos y en las informaciones sobre recaudaciones de películas, índices de asistencia a las salas de espectáculos o mediciones de las audiencias radiales y televisivas. Algunos productos de los medios de comunicación, sobre todo los audiovisuales, son mercancías que se distribuyen en un mercado, anunciándose como espectáculos masivos, pero también elementos distintivos de la historia social y cultural: testimonian identidades y formas de pensar, representan mentalidades, documentan la realidad, a la vez que promueven la circulación de valores, estereotipos, pautas de comportamiento, modas. De allí la importancia de tener en cuenta las características de su consumo público.

Esos fueron los cinco vectores metodológicos que articularon la investigación, con las singularidades propias del estudio de cada medio y el acento particular aportado por los investigadores. No es posible acercarse con un bagaje metodológico invariable a medios de naturaleza distinta que cumplen funciones diversas, generando una pluralidad de mensajes que trascienden —como lo postula la semiótica— la identificación con el mero “contenido”.

Nuestra propuesta de investigación tuvo desde el inicio la voluntad de poner por delante el establecimiento de datos e informaciones ciertas, como una forma de describir el estado de las cosas, preguntándonos cuándo y dónde pasó tal hecho y ubicando su ocurrencia en el panorama general de la historia internacional de los medios. El trabajo de campo se desarrolló a par tir de búsquedas en archivos, hemerotecas, filmotecas, videotecas y museos, aprovechando también los testimonios personales, las fuentes estadísticas, las visitas a lugares y la observación in situ, entre otros.

En este punto, es preciso hablar de los problemas y limitaciones que tuvimos en el desarrollo de la investigación que se prolongó durante un lustro. Por ejemplo, de las dificultades para obtener informaciones indispensables para explicar una situación, corroborar una hipótesis, confirmar un dato o sustentar una afirmación.

Investigar la existencia, forma, acabado, identidad o influencia de películas o programas televisivos o radiales es hacer una pesquisa sobre “productos mercantiles” que no se consideraron en su momento como obras culturales, dignas de comentario, preservación o memoria. En su época, muchos de esos productos audiovisuales fueron vistos como pasatiempos transitorios, fiascos insalvables o productos de la fungible y pasajera vida del espectáculo y la farándula. Por eso, su existencia apenas si se consigna en un pie de página o un comentario marginal. Las fuentes para conocerlos no son los estudios académicos, ni los propios “productos” audiovisuales, que se han deteriorado o perdido y no existen más, sino periódicos, revistas especializadas de espectáculos o documentos de existencia azarosa.

Si estudiar los productos de la industria audiovisual es muy difícil en países de Europa o en Estados Unidos, lo es mucho más en el Perú, donde nunca existió conciencia de la necesidad de preservar las obras audiovisuales y cuyos archivos documentales son mantenidos en precarios estados de conservación. No abundaremos en anécdotas como la del hallazgo en una biblioteca municipal de dos buscados tomos del diario La Crónica, del año 1930 (en el periodo crucial que siguió al derrocamiento de Leguía), envueltos por telarañas y transitados por insectos, pero es preciso lamentar la incuria con que se manejan en nuestro país las tareas de mantenimiento del acervo documental —del que forman parte las grabaciones de programas radiales y los archivos audiovisuales—, por no mencionar la inexistencia de políticas de restauración y preservación del patrimonio audiovisual.

Por último, anotamos que el ámbito geográfico de la investigación se concentró en la ciudad de Lima, capital del Perú, lo que no cancela la inclusión de referencias puntuales a hechos o sucesos ocurridos en otras regiones del país.

Destinatarios de este trabajo son los estudiantes y los profesionales de la comunicación, pero también los interesados en la historia social y cultural del Perú.

Ricardo Bedoya

Coordinador de la investigación

Prefacio
Nosotros, los hijos de la radio

De mi infancia en el puerto de Mollendo atesoro recuerdos como si los estuviera viendo, o mejor dicho... oyendo. Porque todos los atardeceres de aquellos iniciales años cuarenta, cuando el rojísimo y enorme sol se hundía en el horizonte, mi padre se inclinaba sobre su poderoso Telefunken de madera y movía el dial buscando las nuevas de la gran guerra europea…

Brotaban las noticias, mi madre mandaba callar el alboroto familiar con un gesto y entonces solo se oían voces extrañas que mis padres escuchaban con dramática atención en un ritual que se repetía todos los días. En la noche, después de comer, nos asomábamos al balcón que daba al mar para escudriñar en la negrura porque mi hermano mayor decía que en cualquier momento se verían las luces de un submarino alemán…

No había mejor medio que la radio para seguir de cerca las incidencias de la guerra, sus efectos en Lima, en la política, en un tiempo de confusiones en que muchos creían que la catástrofe total estaba a la vuelta de la esquina.

¿Qué emisoras sintonizaban? Solo conservo en la memoria ese suave crepitar que surge cuando se salta de una banda a otra y se mueve el botón para buscar la radio justa. Quizá era la célebre BBC de Londres con sus notas beethovenianas iniciales o La Voz de América desde Washington, o la más lejana Radio Moscú.

Aquel receptor era una especie de hermano mayor, pues cuando lo encendían debíamos callar para escucharlo, y en especial a mediodía, cuando irrumpía la presentación del famoso Repórter Esso, el noticiero que preparaba la agencia de noticias United Press para la petrolera Standard Oil de la familia Rockefeller. Pero esto lo sabríamos muchos años después, cuando comenzamos a comprobar que las emisoras iban a la guerra junto con sus ejércitos y que la radio había sido el más utilizado y potente medio de propaganda de la Segunda Guerra Mundial.

En este texto que prologamos, el investigador Emilio Bustamante nos cuenta todo esto y mucho más poniendo fechas a evocaciones que eran difusas, arrinconadas en la memoria a la vez que nos provee del contexto para su comprensión, pues de otra manera no se puede explicar un hecho histórico tan trascendente como una emisión de radio.

Para los tiempos en que tuve la fortuna de asomarme a la llamada edad de oro de la radio ya esta era un medio masivo de comunicación en toda la regla, que hacía temer y hasta retroceder a la prensa periódica que hasta entonces había reinado en el mundo de las noticias.

Hasta que la radio no comenzó a transmitir noticieros los grandes públicos debían esperar al día siguiente de los grandes eventos para conocer resultados. Pero ahora solo había que sintonizar el noticiero para saber quién había ganado el partido del deporte favorito o mejor todavía, seguir la competencia directamente confiando en la versión del narrador para imaginar lo que pasaba en aquel campo deportivo.

Al iniciarse la década de 1930 los resquemores de la prensa habían casi desaparecido porque se comprendió que eran roles y lenguajes distintos, los que podían convivir sin problemas en cualquier hogar: había un horario para leer las noticias y otro para encender el receptor y escuchar noticias; pero sobre todo entretenimiento y música, mucha música gratis.

Y esta fue otra resistencia que debió vencer la radio, pues inicialmente los fabricantes de discos se negaron a que las emisoras transmitieran sus productos hasta que entendieron que el nuevo medio era el mejor publicista para sus ventas.

Quienes primero advirtieron la enorme importancia del nuevo medio fueron los comerciantes, quienes comprobaron que comprar espacios para publicitar sus productos podía ser hasta más rentable que la ya vieja prensa. Pero probablemente quienes mejor aquilataron su importancia fueron los políticos, los cuales creyeron que los mensajes radiales eran infalibles para la propaganda, el reclamo de adhesión a sus ideas.

Todos los inventos son precedidos por otros y así, enriqueciendo, añadiendo, surgieron novedades tecnológicas tan importantes como la imprenta, por ejemplo, pero que debió esperar quinientos años antes de ser renovada. La radio en cambio fue consecuencia de una rápida sucesión: la telegrafía con hilos, el teléfono, la telegrafía sin hilos y finalmente la transmisión de sonidos, música y palabras. Fue tan novedosa que hubo que inventarle el nombre y así se adoptó el vocablo broadcasting (acción de diseminar semillas) porque no había otra manera de llamarla.

Los historiadores norteamericanos cuentan del radio boom de los años veinte, sin detenerse mayormente a considerar si este nuevo medio de comunicación masiva debía ser controlado dada su importancia política. Pero en América el prodigio se adaptó muy pronto al sistema comercial y, tal como la prensa, vendió espacios para avisos publicitarios. La radio entonces debía ser atractiva, convocar audiencias para que los avisos comerciales llamaran la atención y cumplieran con su rol de incentivar al consumo. Y todo esto debía estar, como en la prensa, en manos privadas empresariales. Los contenidos de la radio de los Estados Unidos —sistema que incidiría de manera decisiva en la enorme zona de influjo norteamericana— estarían a partir de entonces absolutamente ligados a lo comercial; y, en lo político, a lo que consideraban sistema ideal y natural de gobierno, es decir, a la democracia representativa.

Pero los ingleses y muchos europeos no pensaban así, y plantearon y lanzaron el sistema de servicio público liderado por la BBC que no dejó pasar la publicidad como método de financiamiento, y adoptaron un sistema de pagos que el usuario debía hacer para disfrutar de una programación de entretenimiento cuidadosamente estudiada y noticieros muy balanceados y alejados de la pasión partidaria.

Poca atención se prestó por entonces a que en el otro lado de Europa nacía la Unión Soviética que lideraba el desconocido Lenin, fundador del primer partido comunista que llegaba al poder desmantelando nada menos que al antiguo y poderoso imperio ruso. Era el año 1917, en plena Primera Guerra Mundial, cuando tomaron el control del país imponiendo su doctrina política, el marxismo-leninismo, esto es, la teoría de Karl Marx y la acción político-partidaria de Lenin. Quizá algunos se habían detenido a examinar el proyecto que señalaba claramente que los medios de comunicación, la prensa y la naciente radiodifusión debían ser utilizados para la educación de las masas, la politización, la organización, y en consecuencia pasarían a ser controlados por el partido y el Estado. Y así la nueva prensa y la radio comunistas nunca conocieron la publicidad porque su rol sería propagandístico y cultural.

Tres modelos o puntos de vista sobre el uso y regulación de la radiodifusión. Y esto lo debió considerar el presidente Augusto B. Leguía cuando decidió que la radiodifusión debería formar parte de su modelo modernizador que había echado a rodar en esos años veinte, de gran influencia norteamericana.

Y así comienza esta historia que nos relata en detalle Emilio Bustamante. Leguía no tenía otro camino que el liberal democrático norteamericano porque él mismo era Presidente gracias a elecciones. Pero era un dictador civil, es decir, había construido un férreo aparato político burocrático de control de las instituciones, incluido el Parlamento, que no toleraba la libertad de crítica.

Entonces ideó un extraño modelo a la peruana. Otorgó el monopolio de la nueva radiodifusión a una empresa particular cuyos accionistas eran sus amigos y partidarios. Así salió al aire la pionera y legendaria OAX que más tarde sería adjudicada a la empresa inglesa Marconi, adoptándose el modelo inglés de pago por “derecho de antena”, un sistema exótico para un país latinoamericano.

Lo interesante, cuenta Bustamante, fue la confianza de Leguía en el poder propagandístico de la radio pues, en su primer discurso luego de elogiar las bondades de la modernidad representadas en el nuevo medio pasó a asegurar que pronto se resolvería el agudo problema de las llamadas “provincias cautivas” —Arica, Tacna y Tarapacá—, en manos chilenas desde el fin de la Guerra del Pacífico.

Fueron años de rutina y baja calidad de programación que cambiarían de manera drástica luego de la caída del régimen leguiista. En la década de 1930 la radio peruana solo conoció el crecimiento; y las cifras, ejemplos y relatos de Bustamante lo demuestran.

La extraordinaria capacidad de convocatoria y credibilidad de la radio fueron confirmadas en el Perú en 1936 con las emocionantes noticias que llegaban desde Berlín, adonde partiera una importante delegación peruana para participar en las Olimpiadas. Es probable que aquella haya sido la fecha clave para el gran lanzamiento de la nueva radio, que abandonaba su tono provinciano para buscar igualar a sus pares latinoamericanos, y en especial en el ancho mundo de los deportes donde reinaban el fútbol y el boxeo. El punto máximo de atención y tensión puede haber sido la confrontación militar con Ecuador, en 1941, donde se confirmó la capacidad propagandística del medio.

Fue también el tiempo del grito de “¡Coche a la vista!” de los locutores que anunciaban la llegada de un automóvil a la meta o de los corresponsales que aguardaban en los puestos de control el paso de los famosos pilotos peruanos Arnaldo Alvarado, el Rey de las Curvas; Henry Bradley y su Avispón Verde, o Luis Astengo, Flecha de Oro. Pero sobre todo del ídolo máximo, el Cholo Julio Huasaquiche, mecánico y piloto, que con un Ford casi destartalado partía entre los últimos y llegaba en el límite, cuando el público ya se había marchado y estaban a punto de cerrar el registro. La emoción era intensa cuando el locutor gritaba “¡Atención... se ven luces… viene un auto muy despacio... es... es... ¡Huasasquiche!”.

Las carreras de autos estaban absolutamente ligadas a la radio. Hubo, recordarán todavía algunos, por lo menos tres competencias importantes: en 1940 Buenos Aires-Lima-Buenos Aires; luego, en 1948, la formidable Buenos Aires-Caracas, y ese mismo año la Lima-Buenos Aires. En todas destacaba el esfuerzo organizador de Juan Sedó y sus corresponsales. Fue uno de ellos quien transmitió la primicia de que Arnaldo Alvarado, crédito nacional, atropelló a un burro en Paramonga y quedó fuera de la carrera cuando le pisaba los talones a Juan Manuel Fangio y los hermanos Gálvez en la sétima etapa, Lima-Tumbes, de la Lima-Caracas.

Las radios locales de aquellos años dorados enviaban locutores y equipos a todos los eventos, de cualquier clase. Ellos ponían la narración y nosotros imaginábamos. Por ejemplo, un anunciante tuvo la idea de publicar un dibujo de la cancha cuadriculada en sectores numerados para que se pudiera seguir el partido de fútbol y entonces el argentino Boris Sojit pedía tener a la vista el diagrama y anunciaba “Pasan el balón al sector C… de ahí con un pase largo al sector D…”.

Más imaginación todavía había que poner en las transmisiones dominicales de las corridas de toros, de la procesión del Señor de los Milagros, del fútbol de Lolo Fernández, del boxeo de Antonio Frontado y la célebre transmisión internacional Cabalgata Deportiva Gillete, con el locutor que insistía: “No se vayan… que esto se pone bueno…”, desde el lejano Madison Square Garden de Nueva York.

Llegó entonces la época de los auditorios, que los colegiales sabíamos aprovechar bien. A la vuelta del colegio San Agustín, en el jirón Camaná, estaba Radio Colonial, donde a las cinco de la tarde se iniciaba un programa infantil al que asistían también alumnas de un colegio cercano. Apenas salíamos de las aulas nos atropellábamos en las estrechas escaleras que conducían a una pequeña sala donde nos apretujábamos más para ver a las chicas que para participar en el programa.

Pronto los miembros de la pandilla quinceañera de Monserrate nos convertimos en expertos en programaciones, horarios y carteleras; porque todos los artistas de renombre hacían sus presentaciones en teatros, quizá cabarés (boites) y generalmente pasaban a la radio, donde el ingreso era libre. Solo era cuestión de ir temprano y acomodarse. Las radios Central, Mundial, Nacional (la de más antigua y mejor sala), Atalaya, La Crónica (quizá la última moderna), y otras, eran las favoritas.

Era también el tiempo de los radioteatros, el antecesor de las radionovelas. La diferencia, según la define el cubano Reynaldo Gonzales, está en que los primeros recogen adaptaciones de los folletines nacidos en Francia para la prensa popular. Más tarde vendrían los autores especializados y nacería el género radionovelesco, con técnica y lenguaje propios.

Los melodramas preferían el mediodía y la tarde mientras que la noche era para el misterio y la aventura y también la política, porque alguna emisora recibía los discos que enviaba el servicio informativo de los Estados Unidos con su serie anticomunista Ojo de águila.

El derecho de nacer, del cubano Félix B. Caignet, fue la máxima expresión de la radionovela, pues alcanzó niveles de sintonía que no han sido igualados, un fenómeno que llegó al Perú y aquí se hizo una versión a la peruana. Bustamante nos recuerda bien el incidente de la presunta agresión al actor Ego Aguirre que hacía el papel del odioso Rafael del Junco, el canalla de la historia.

Nosotros también nos pasamos a la televisión cuando en 1957 ingresó a la casa un televisor Philco, que pronto cautivó a la familia e hizo arrinconar el radiorreceptor, que sin embargo no fue olvidado, porque siempre conservó su espacio para las noticias, el deporte y la música de moda, aunque el cambio fue inevitable. La banda de AM perdió terreno ante la novísima FM y sus emisoras de formato puramente musical, y en algún día que no podemos precisar se transmitió la última radionovela.

Pero la vieja Onda Corta, aquella de las bandas de 19, 25 y, la favorita, de 31 metros, eran todavía el escenario preferido de la confrontación conocida como la Guerra Fría, en que La Voz de América lanzaba su artillería anticomunista hacia el otro lado de la Cortina de Hierro y desde allá contestaban y rebatían con igual potencia Radio Moscú y Radio Progreso.

En el medio, para estar mejor informado, estaba la venerable BBC de Londres marcando una línea de esfuerzo de imparcialidad que seguían muchas otras emisoras, entre las que recordamos a Radio Nederland, Radio Suecia Internacional, la Deutsche Welle de Alemania Occidental, Radio Francia Internacional y muchas otras más (escribí una vez a Radio Pekín dando cuenta de haber escuchado sus programas y meses después me enviaron un recuerdo: varios paisajes recortados a tijera).

Al terminar los años cincuenta trabajé por un par de años en La Oroya, editando una revista para empleados de la otrora formidable Cerro de Pasco Copper Co. Todos los que han transitado alguna vez por aquella ciudad (si se le puede llamar así) de paso a Jauja o Huancayo, concordarán en que es uno de los lugares más inhóspitos de los Andes centrales. Noches solitarias, frías e interminables, de lluvia y nieve, en que mi viejo receptor Philips de tubos, “tropicalizado”, que todavía conservo, se convertía en el amigo necesario para sobrellevarlas.

Recuerdo, entre otras, las voces de “Aquí Radio Rebelde, transmitiendo desde territorio libre en América” de los guerrilleros castristas desde la Sierra Maestra cubana. Luego del triunfo revolucionario cederían el espacio internacional a Radio La Habana, que se lanzaría con fuerza a refutar la propaganda anticastrista de Miami. Confirmaría por entonces la enorme importancia de Radio Nacional y sus noticieros y de la BBC británica.

Una decena de años más tarde viajé a Moscú contratado por una editorial para hacer corrección de estilo y tomé mis precauciones para estar informado porque me habían asegurado que allá, en la cuna del comunismo, era imposible conseguir un receptor y que todas las casas poseían uno pero de estación única que solo transmitía propaganda. Era una verdad a medias. El departamento asignado tenía efectivamente un receptor pero con dos estaciones, una de noticias y otra de música, ambas de manera permanente. Llevé mi potente y envidiado Zenith TransOceanic cuya enorme antena y ocho pilas me permitían asomarme a Radio Nacional de España, Radio Suecia Internacional y otras que me rescataban del aislamiento impuesto por el idioma.

Tampoco era cierto que no se podía comprar receptores, pues había de todos los precios y bandas, y no era verdad que el régimen interfería las potentes señales de las emisoras norteamericanas —Free Europe era una de ellas— que bombardeaban todo el sector de países por entonces socialistas.

En los ochenta ya mi receptor era un pequeño Sony digital, compacto, que carecía de dial y evitaba la búsqueda porque se requería solamente conocer la banda y la frecuencia.

Hoy, la zona de la short wave está casi solitaria. La recorremos buscando las antiguas emisoras grandes y reconocemos algunas voces que es mejor escuchar por la maravilla moderna de internet, portador imbatible de miles de señales en todos los idiomas de todas las latitudes.

La melancolía es ineludible al rememorar aquellos viejos buenos tiempos en que nos disputábamos el receptor, la radionovela llorosa versus el invencible Tamakún.

Al paso de los años la radio sigue siendo el medio masivo de comunicación más importante de todos porque supo adaptarse a los tiempos, a los contextos cambiantes y configurar lo que podríamos llamar el Planeta Radio. Aquí cohabitan la radio comercial, la educativa, la pública, la comunitaria, la estatal, la partidaria, todos abriendo espacios a la imaginación.

Debemos agradecer a Emilio Bustamante la paciente investigación que ha tenido como fruto este magnífico texto. Aquí leeremos no solo los arañazos de historia que les he propuesto en estas nostálgicas líneas, sino que comprenderemos mejor por qué es así la radio en el Perú.

Como todos los buenos historiadores el autor nos propone un derrotero personal para su relato, dividiendo la gran historia de la radio en el Perú en fases bien definidas. Primero los años iniciales, “De OAX a Radio Nacional del Perú 1925-1937”, que recoge los episodios inaugurales y conoce los sucesos dramáticos de transición del leguiismo al nuevo escenario político en que surgieron nuevos partidos y la radio avanzaba hacia la masividad y al uso propagandístico y publicitario pleno.

La siguiente etapa es la favorita de los historiadores de la radio y hace bien Bustamante en llamarla “La Edad de Oro”, que corre desde 1937 hasta 1956, esto es, al año anterior a la llegada formal de la televisión. Son los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial, del conflicto con Ecuador, pero sobre todo los tiempos de la imbatible radionovela, de los grandes artistas que era posible ver sin pagar en los pequeños auditorios. La popularidad de la radiodifusión aumenta cada día, los receptores están ya en cada casa y se convierten para siempre en la manera de conocer las noticias por las mañanas. Nunca más perderán ese privilegio.

“Nuevas olas 1956-1980” describe la etapa más dura de la historia de la radio, pues debió adaptarse a las nuevas condiciones para sobrevivir. Pero sobre todo fue obligada a inventar modelos distintos porque las radionovelas fueron derrotadas por la imagen de las telenovelas. Ya la posesión de una radio solitaria era un mal negocio porque los empresarios y comerciantes prefirieron invertir su publicidad en la televisión, lo que fomentó la creación de cadenas radiales, de empresas acaparadoras que incluso hoy llegan a superar el centenar de emisoras a nivel nacional.

La última etapa que reconoce nuestro historiador la describe como “El desborde 1980-2000”, que él mismo sigue de cerca indicando como fecha de inicio el año en que empezaron las acciones de la violencia terrorista en los Andes centrales. En un conflicto tan severo la radio llegó a tener un rol informativo y político importante y no fueron pocos los periodistas perseguidos y abatidos por ambos bandos.

Esta descripción del contenido del texto de Emilio Bustamante debería servir, pese a ser breve e incompleta, como incentivo para acompañar al autor en el extenso recorrido histórico que propone con metodología exacta y fuentes precisas en un envidiable trabajo que será muy difícil de superar.

La historia de la radio tiene tantas aristas o, mejor, escenarios, que es muy difícil resumirla. Los temas de tecnología, propietarios, programas, música, noticias, locutores, radionovelas, educación a distancia, la intención comunitaria, emisoras pirata o sin licencia, publicidad radial, etcétera, merecen cada uno tratamientos históricos especiales y es por ello que la síntesis de Bustamante resulta tan importante como información cabal así como de incentivo a nuevas investigaciones que verán ahora rutas abiertas que ahondar.

Juan Gargurevich

Presentación

El presente libro tiene como objetivo ofrecer un panorama de la evolución de la radiodifusión en nuestro país desde 1925 hasta el 2000. Forma parte del proyecto “Historia de los medios de comunicación en el Perú: Siglo XX”, impulsado por el Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima.

Cuando en 1925 Augusto B. Leguía inauguró la primera estación radiodifusora, OAX, eran muy pocos quienes podían comprar en el Perú un receptor, aunque algunas personas armaban ingeniosamente sus propios aparatos de galena. Diez años después la radio estaba ya en camino de convertirse en un medio de masas. A finales de la década de 1930 brillaban las primeras estrellas y la música criolla empezaba su reinado en el dial. Durante las décadas de 1940 y 1950, la radio capturó la imaginación y los sentimientos de miles de oyentes a través de los radioteatros. A fines de la década de 1950 los transistores y las pilas o baterías eléctricas permitieron que un nuevo público accediera al medio, y algunos programas facilitaron que se tejieran redes entre los migrantes y se mantuviera el vínculo de ellos con la provincia. Si bien la llegada de la televisión restó dinero de la publicidad a las emisoras privadas, no acabó con la popularidad de la radio; por el contrario, las estaciones se reprodujeron en las décadas de 1960 y 1970. A comienzos de la década de 1980, no solo existía una radio comercial capaz de concentrar a jóvenes citadinos en espectáculos musicales multitudinarios, sino también una radio educativa y popular a través de la cual se hacían escuchar sectores antes desoídos. Por otro lado, la “exclusiva” frecuencia modulada era invadida por ritmos populares y voces irreverentes. La radio se mantuvo al lado de la población en la violenta década de 1980, sufriendo atentados como ella, tranquilizándola durante los apagones, entreteniéndola en las noches de toque de queda. Y en la década de 1990, a la hora de informarse, la gente le otorgó mayor confianza que a la televisión y la prensa escrita.

Desde sus inicios la radio pareció buscar a las multitudes; su confinamiento nunca duró mucho. Y, sin embargo, la popularidad de la radio parece estar relacionada, también desde su inicio (recordemos a los radioaficionados), con cierta intimidad y con la participación de un oyente que demanda convertirse en emisor. Medio cálido en un sentido distinto al que le otorgaba McLuhan, la radio tiene en nuestro país una historia a veces incandescente. Este libro trata de dar cuenta de ella, dentro de las posibilidades del autor y las condiciones de la investigación.

Los límites que hemos encontrado en la realización del proyecto en general han sido ya descritos por Ricardo Bedoya, el coordinador de la investigación, en el prólogo de la serie. Como allí se señala, el ámbito geográfico prácticamente se tuvo que reducir a Lima, y es de lamentar la precariedad de archivos documentales que ha dificultado el acceso a fuentes directas. En el caso de la radio, la casi total ausencia de archivos de sonido ha hecho que conozcamos de voces y programas de décadas pasadas, en su mayoría, solo por lo que dicen los diarios y revistas de ellos. Respecto de las décadas recientes, los problemas han sido distintos: el crecimiento impresionante de la radio en el país ha hecho que sea sumamente difícil recopilar y ordenar una información estimable que excede en mucho a la que se refiere al ámbito de las emisoras comerciales limeñas. Aún así, espero que el libro sea de utilidad e interés para estudiantes y especialistas, y que motive nuevas investigaciones, más profundas y reflexivas.

En algún momento pensé que este trabajo sobre la historia de la radio en el Perú debía ser realizado por un equipo de investigación, y no por un solo individuo; pero no lo hubiera terminado sin el apoyo de muchas personas que, de algún modo, formaron a través del tiempo ese equipo que silenciosamente reclamaba. Son, entonces, varios los agradecimientos. A Teresa Quiroz y Fermín Cebrecos por su respaldo, comprensión y paciencia. Al poeta y acucioso investigador Guillermo Gutiérrez Lyhma, quien me proporcionó valiosa información y fue un interlocutor infatigable y crítico durante más de un lustro. A Irela Núñez del Pozo y Mario Lucioni, directores del Archivo Peruano de Imagen y Sonido (Archi), quienes pusieron a mi disposición su importante colección de revistas peruanas de espectáculos de las décadas de 1930, 1940 y 1950, donde encontré material gráfico y datos que no hubiera podido hallar si no fuera por su amistad y confianza. A Juan Gargurevich, que generosamente me entregó los libros de radio de su biblioteca y los recortes periodísticos que sobre el tema había recopilado a lo largo de varios años, con la única condición de que no se los devolviera. A Julio Heredia, quien me abrió las puertas de Radio Nacional durante el breve tiempo que estuvo allí, y a Fabiola Sancho Dávila, por permitirme escuchar cintas antiguas del archivo de esa emisora; archivo que existe gracias a su iniciativa y cuidado. A Augusto Tamayo San Román, por confiarme los guiones radiofónicos de su padre, Augusto Tamayo Vargas. A Carlos Rivadeneyra, quien me proporcionó bibliografía y accedió a conversar conmigo más de una vez sobre la radio popular. A Fernando Ruiz Vallejos, que me brindó material inédito con declaraciones recogidas por él de célebres personajes de la radio. A Abelardo Sánchez León, Luis Peirano y Dan Lerner, que me facilitaron importante material fotográfico. A Maya Dolorier, quien transcribió fichas y grabaciones. A Ernesto Jiménez, por seguir aportando sus habilidades con entusiasmo y capacidad a la investigación, cuando ya no tenía obligación de hacerlo. A quienes contribuyeron a que algunas entrevistas pudieran llevarse a cabo: Sergio Salas Dueñas, Miriam Larco, Estefanía Mas Amorós, Miguel Mejía Salas, Gina Yáñez de la Borda. A quienes accedieron a ser entrevistados y brindaron su testimonio y conocimiento: Miguel Humberto Aguirre, Óscar Avilés, Héctor Béjar, Teresa Bolívar, Jorge Cuadros Pastor, Caroline Cruz, Juan Francisco Escobar, Fernando Farrés, Carlos Galdós, Sergio Galliani, Román Gámez, Gina Gogin, Paul Gogin, Alberto Ku King, Cecilia Laca, Jaime Lértora, Adrián Menéndez, Juan Felipe Montoya, Emilio Muro, Luzmila Palma, Graciela Polo, Gerardo Manuel Rojas Rodó, Gerardo Rojas, José María Salcedo, Pedro Salinas, Álex Samaniego Pleitikosic, Fernando Samillán, Zenaida Solís, Víctor Tejada, Maruja Venegas, Enrique Victoria y Armando Villanueva del Campo. A mi esposa, Gabriela Dolorier, por darme fortaleza para terminar este trabajo.

Introducción

Este libro contiene cuatro capítulos que se refieren a cada uno de los períodos en los que he dividido la historia de la radio en el país. El primer período (1925-1937) comprende el surgimiento y la transformación de la radio de un medio de elite a uno de masas. El segundo período (1937-1956) se inicia con la creación de Radio Nacional del Perú y la promulgación de un reglamento que consagra un modelo de radio comercial orientada al entretenimiento, con presencia, sin embargo, de una poderosa emisora estatal; abarca lo que se ha denominado la “edad de oro”, en él se consolidan algunas empresas y cadenas, así como determinados géneros, programas, locutores, animadores y artistas. El tercer período (1956-1980) se inicia con los primeros intentos de dar una nueva reglamentación al medio ante la inminencia del ingreso de la televisión al país, y las presiones de nuevos actores sociales y políticos que reclaman la modificación del modelo con una orientación de la radio hacia el servicio público; culmina con el fracaso del experimento realizado por el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. El cuarto período (1980-2000) comienza con la devolución de las empresas mediáticas a sus propietarios, y comprende dos décadas de caótica expansión, la conformación de nuevas cadenas y corporaciones, y el desarrollo de una radio popular, todo ello bajo condiciones políticas difíciles creadas por el conflicto armado interno en la década de 1980 y el gobierno autoritario en la década de 1990.

En cada período se ha considerado las relaciones entre radio y política; la evolución empresarial del medio, su recepción y consumo; y la programación de la radio comercial limeña.

La relación entre radio y política ha sido intensa y ha adquirido características particulares en cada período. En la inauguración de la primera emisora (OAX) en 1925, el presidente Leguía aprovechó el discurso de apertura de la estación para defender su postura en torno al plebiscito sobre la devolución de Tacna y Arica al Perú, que se hallaba en plena discusión por esos años. Durante el régimen de Sánchez Cerro, la Radiodifusora Nacional OAX4A fue empleada para llevar a la ciudadanía los discursos del mandatario, haciéndose uso entonces de parlantes ubicados en lugares públicos con el fin de aumentar la audiencia del medio, que por el alto costo de los receptores y el pago del derecho de antena se hallaba entonces solo al alcance de personas pudientes. En las elecciones de 1936, los candidatos no desdeñaron el uso de la radio al haberse ya percatado de que un solo aparato receptor estratégicamente ubicado podía servir para que llegaran mensajes a decenas de personas.

El general Benavides recurrió al medio repetidas veces, y bajo su jefatura se emitió el reglamento de 1937 que clasificó a las emisoras y buscó ordenar el otorgamiento de frecuencias. Durante el régimen de Benavides, además, el Apra empleó la estación clandestina Indoamérica para hacer oposición al gobierno. En las campañas electorales de 1939 y 1945 nuevamente los postulantes a la Presidencia y al Parlamento se valieron de la radio. Durante el gobierno de Bustamante y Rivero (1945-1948), el Presidente se dirigió al país constantemente por Radio Nacional (que además irradiaba el programa La Voz del Perú con mensajes del Ejecutivo en respuesta a la oposición), y las emisoras privadas dieron cabida a programas políticos (en ocasiones diarios) del Apra y la derechista Alianza Nacional. Al iniciarse la dictadura de Odría hubo una evidente tensión entre el Ejecutivo y las emisoras privadas al ser clausuradas algunas (Radio Victoria, temporalmente) y multadas otras (Radio América), pero también relaciones de cercanía política (con Radio Lima en especial, que contribuyó al golpe de Estado de 1948).

Durante el Ochenio, se impuso la transmisión del Informativo Nacional en cadena a través de todas las emisoras, pero las agremiaciones de empresarios radiales lograron tener participación en la elaboración del nuevo Reglamento de Telecomunicaciones, que establecería las normas sobre adjudicación de frecuencias, finalmente promulgado en el segundo gobierno de Prado.

En breve lapso de la Junta Militar (1962-1963), que derrocó a Prado, surgieron desavenencias entre los gobernantes y los empresarios radiales aparentemente por deudas de los últimos al Estado, pero que en el fondo expresaban concepciones opuestas respecto del medio, entendido como un servicio público por los militares y un negocio privado por los dueños de las emisoras. Durante el primer gobierno de Belaunde (1963-1968), la beligerancia política sería muy clara en algunas emisoras (Radio Expreso haría defensa cerrada del Ejecutivo y Radio Continente, alineada con la alianza Apra-UNO, se mantendría en constante oposición). Después, el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada (1968-1980) intervino en la radiodifusión como nunca antes lo hizo régimen alguno sobre la base de la Ley General de Telecomunicaciones que promulgó en 1971, y mediante la expropiación de un gran número de emisoras. La intención, según sus mentores, era cambiar el modelo para poner la radio al servicio de las mayorías nacionales, pero las medidas fracasaron y solo sirvieron para el control de la información por parte de la dictadura.

Tras la devolución de los medios a sus antiguos propietarios al inicio del segundo gobierno de Belaunde (1980-1985), la radio enfrentó problemas políticos a la par que económicos. Durante ese régimen y el primer gobierno de Alan García (1985-1990), los movimientos subversivos del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) realizaron tomas de emisoras con la intención de propagar sus mensajes, pero también se observó la defensa de los derechos humanos por parte de estaciones y programas radiales que, en represalia, sufrieron ataques tanto de los subversivos como de fuerzas paramilitares.

En la década de 1990, las relaciones con el gobierno de Alberto Fujimori fueron, a menudo, conflictivas. Durante el golpe de Estado de 1992, efectivos policiales y de las Fuerzas Armadas ocuparon los locales de las emisoras y detuvieron a varios periodistas. El gobierno, además, empleó la publicidad del Estado como forma de control sobre las radios, restringiéndola o negándola a las emisoras que le resultaban incómodas. Asimismo, usó el Poder Judicial y la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (Sunat) para acallar o amedrentar a la prensa radiofónica. Algunos periodistas sufrieron seguimientos por parte de supuestos agentes del orden y amenazas anónimas. Los casos más graves se dieron en el interior del país, donde más de uno perdió la vida a causa de sus denuncias contra irregularidades cometidas por autoridades locales. El movimiento de radio popular, que había adquirido mucho vigor desde fines de la década de 1970, también recibió duros golpes. Vinculado a sectores progresistas de la Iglesia católica y a la izquierda, se vio afectado por la crisis mundial y nacional de las posturas socialistas. A ello se sumó un gobierno represivo que no solo pretendió dejarlo sin reservas económicas prohibiendo la publicidad en las radios educativas, sino que, mediante agentes de los servicios de inteligencia, sembró amenazas y llevó a cabo atentados físicos en contra de emisoras, directivos y conductores de programas. No obstante, al final del período, el movimiento de radio popular salió fortalecido, incrementando sus redes, que fueron de singular importancia para mantener informado al país durante la crisis política del año 2000.

El otorgamiento y uso de frecuencias, la propiedad y gestión de las emisoras, el financiamiento de estas, la adquisición de nuevas tecnologías y la formación de entidades gremiales de propietarios y trabajadores han sido también temas de análisis en cada período. En 1925, el gobierno de Leguía aparentemente optó por un modelo de monopolio privado al auspiciar la aparición de la Peruvian Broadcasting Co., empresa privada a la que adjudicó la frecuencia de OAX, la primera estación peruana. Sin embargo, al quebrar la entidad poco tiempo después, el Estado entregó la emisora a la empresa británica Marconi, que controlaba la Administración General de Correos y Telégrafos. Con la caída de Leguía en 1930, el Estado asumió la administración de la emisora por un breve intervalo antes de otorgársela a otra empresa privada: la Compañía Nacional de Radiodifusión S. A., que la dejó en 1937, cuando, sobre la base de OAX, se inauguró Radio Nacional del Perú como emisora estatal. Entonces ya se había roto el monopolio al hallarse en funcionamiento varias emisoras comerciales privadas, a las que el Estado había otorgado frecuencias desde 1934.

El Reglamento de Radiodifusión de 1937 consagró un modelo donde se daba amplia cabida a la radio comercial privada, pero reservándose para el Estado una poderosa emisora de alcance nacional. No se trató de un modelo enteramente liberal el que rigió desde entonces, pues además de la presencia de Radio Nacional, los gobiernos de Benavides y Odría impusieron censura a las radios privadas supervisando su programación mediante un funcionario de la Dirección de Radio (dependiente del Ministerio de Gobierno), cuando no las clausuraron o allanaron en los momentos que juzgaron conveniente hacerlo. Desde la década de 1940, sin embargo, se fueron creando cadenas de emisoras y agremiaciones de empresarios. En la década de 1950 había ya dos cadenas poderosas, con filiales que operaban varias frecuencias en diferentes ciudades del país: la encabezada por Radio América (Umbert-González) y la liderada por Radio Victoria (Cavero); y otras dos en crecimiento: la de Radio Central (Delgado-Gjurinovic) y la de Excelsior (Belmont). Asimismo, adquirió importante presencia la Asociación Nacional de Radioemisoras del Perú (Anrap), que agrupaba a los dueños de las emisoras y que demostró gran capacidad de negociación con el gobierno de Odría, logrando el retiro de normas dadas por el Ejecutivo que los propietarios de las radios consideraban perjudiciales para ellos.

Aunque la Anrap se partió en 1955 al separarse la cadena de Cavero, quien creó su propia organización gremial (Federación Peruana de Radiodifusión [Federadio]), los empresarios de ambas entidades (Anrap y Fede-radio) lograron integrar la comisión que elaboró el nuevo Reglamento General de Telecomunicaciones de 1957, promulgado por el segundo gobierno de Prado. No obstante, la Junta Militar de Gobierno de 1962 convocó a una nueva comisión a fin de elaborar un reglamento que supliera el de 1957, pero sin la participación de los empresarios radiales. En el primer gobierno de Belaunde se discutió la nueva normativa, que al final devolvió el estado de cosas al de 1957, debido a la presión que sobre el Parlamento ejercieron los gremios de empresarios. Durante el régimen de Belaunde, sin embargo, hubo cambios en el campo empresarial de la radiodifusión: algunas de las cadenas se fortalecieron (en especial la conformada por los hermanos Delgado Parker) mientras otras empezaron a afrontar dificultades económicas (las de Cavero y Belmont). La llegada de la televisión afectó la captación de publicidad, la principal fuente de financiamiento de las emisoras; lo que no significó que disminuyera el número de estas (al contrario, aumentó) sino que incumplieran compromisos de pago, abarataran sus costos de producción y se orientaran a una programación básicamente musical. La Ley de Telecomunicaciones de 1971, que dispuso la expropiación del veinticinco por ciento de las acciones de las empresas de radio, y la posterior expropiación mediante decretos del cien por ciento de las acciones de varias emisoras por parte del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, alteró no solo el estatus logrado por las empresas privadas sino el modelo mismo vigente desde 1937, reforzándose mucho el papel del Estado.

A los pocos años de ser devueltos los medios a sus antiguos propietarios por el segundo gobierno de Belaunde, el panorama ya no era el mismo de antes de la expropiación. En un escenario de desborde popular del Estado descrito por el antropólogo José Matos Mar (1984), desaparecieron antiguas cadenas y surgieron otras, se produjo un proceso de popularización de la radio comercial en la frecuencia modulada, se replantearon los modelos de producción de las emisoras privadas (lo que supuso una búsqueda a veces desesperada y a ciegas de un público objetivo), se ensayaron nuevas formas de financiamiento de la radio comercial que implicaron el alquiler de espacios a emergentes actores culturales así como la organización de espectáculos masivos, se afirmó una radio popular impulsada por la Iglesia católica y organizaciones no gubernamentales, y aumentó el número de radios piratas. Durante la década de 1990 se consolidaron grandes corporaciones y, bajo su dirección, se organizaron las modernas cadenas nacionales que vincularon a muchas emisoras en todo el país por medio del satélite y llevaron su señal a miles de oyentes a través de la frecuencia modulada. Las emisoras provincianas, en su gran mayoría, fueron desplazadas en el favor del público por estas cadenas. Las corporaciones lograron concentrar la inversión en publicidad radial, la que no sufrió mayor menoscabo durante la década, aún en la segunda mitad de esta, cuando la inversión en otros medios (sobre todo en la televisión) disminuyó dramáticamente a causa de la recesión.

En cuanto al consumo, la radio era escuchada por la elite durante la década de 1920. Sin embargo, como ya se ha señalado, el gobierno de Sánchez Cerro —a comienzos de 1a década de 1930— empleó parlantes ubicados en las plazas públicas para hacer llegar los mensajes del Jefe de Estado a numerosos oyentes. El consumo del medio fue haciéndose masivo en Lima hacia finales de esa década, cuando se superó la crisis económica y se abarataron los precios de los receptores, que fueron ofrecidos a plazos. Además, continuaron las prácticas de recepción múltiple: la radio era escuchada no solo por los miembros de una familia sino a través de aparatos que se hallaban en establecimientos públicos o en domicilios particulares que eran visitados por los vecinos. Al ampliarse la cantidad de oyentes, hubo mayor inversión en publicidad, lo que permitió el desarrollo de la radio comercial desde fines de la década de 1930. En provincias se establecieron estaciones comerciales importantes (especialmente en Arequipa, Ica, Chiclayo y Cusco) y, en algunos casos, donde no había emisora local fueron adquiridos receptores por municipios para que los residentes escucharan programas de onda corta a través de parlantes. Se llegó a vender en zonas rurales y asentamientos mineros aparatos receptores de onda corta que funcionaban con batería, pero su precio era elevado. Asimismo, aparecieron los primeros receptores para ser incorporados en los automóviles.

En el segundo período, al auge de los programas musicales de fines de la década de 1930 y comienzos de la de 1940 (en particular de música criolla), le siguió desde mediados de esta el de los radioteatros y programas humorísticos. La mayoría de las emisoras ambientaron en sus locales espacios de auditorio a los que acudía el público a presenciar números en vivo.

Aunque el receptor a transistores y pilas se expandió algo tardíamente en el Perú, ya a inicios del tercer período permitió ampliar el público de la radio en las zonas rurales y, especialmente, en áreas urbanas recién pobladas por la gran ola migratoria de esos años. También por entonces aparecieron las primeras líneas de ómnibus citadinos equipados con receptores. Al comenzar la década de 1960, a pesar de la televisión, la radio seguía siendo el medio de mayor consumo. Según el censo de 1961, había en el país 72.399 televisores y 455.267 receptores de radio. No obstante, la televisión captó la mayor parte de la publicidad disponible, y la radio se limitó en la mayoría de los casos a satisfacer la demanda de música de los oyentes. Los auditorios prácticamente desaparecieron y la participación del público en los programas se realizó a través de llamadas telefónicas para solicitar canciones o intervenir en sencillos concursos; las emisoras emplearon ese mecanismo, además, para medir su audiencia. La frecuencia modulada (FM) apuntó en esos años a un público de clase alta. En la década de 1970 se hizo usual la comunicación por microondas.

Al comenzar el cuarto período se incorporó el satélite, el cual permitió integrar a mayor cantidad de oyentes; entonces se produjo también la llamada “popularización de la FM”. En la década de 1990, como ya se ha mencionado, las nuevas corporaciones recurrieron al satélite y a la FM para formar cadenas de emisoras que les permitía cubrir amplios sectores del país.

Los modelos de programación así como la predominancia de determinados géneros, formatos y estilos, han variado según los tiempos. A la radio elitista (de programación compuesta por espacios hablados y música diversa) de 1925-1936, le sucedió el modelo de radio masiva dirigida a un público heterogéneo y urbano, con una programación elaborada para satisfacer a cada segmento según un horario preestablecido. Este modelo, dominante desde 1937 hasta 1956, implicaba, sin embargo, una producción diferenciada, constante y costosa, que no pudo mantenerse con la disminución de los ingresos por publicidad ante el surgimiento de la televisión. Es así que, partir de 1960, se fueron creando otros modelos de programación, orientados hacia la especialidad musical o informativa.

Los géneros tienen su propia historia que atraviesa los períodos establecidos. El musical fue el favorito de 1925 hasta mediados de la década de 1940. Desde entonces hasta comienzos de la década de 1960 las encuestas realizadas a los oyentes indicaron la preferencia por los radioteatros, los programas de humor y los musicales, en ese orden. Algunas emisoras (como Radio Central y Radio La Crónica) llegaron a tener más de diez radioteatros diarios durante la década de 1950. Luego, a causa de la competencia de las ficciones televisivas y el reajuste financiero de las emisoras por la pérdida de publicidad que impidió seguir manteniendo cuadros de radioteatro, el género preferido volvió a ser el musical. Dentro del musical hubo gran variedad de estilos, desde 1925 hasta el 2000, hallándose en diferentes épocas programas especializados en la emisión de música criolla, andina, tropical, clásica y chicha. Los programas musicales en vivo fueron disminuyendo desde finales de la década de 1950 para dar paso a la hegemonía de los de disc-jockey. En las décadas de 1930 y 1940 la música criolla era la preferida en el dial; en la década de 1950 los ritmos tropicales empezaron a imponerse, y, de otro lado, el aumento de espacios de música andina fue notorio. A fines de la década de 1950 e inicios de 1960 el rock entró a la programación. En las décadas de 1970 y 1980 creció la preferencia popular por la salsa, la chicha y las baladas en castellano, aunque hubo también emisoras dedicadas al pop-rock. Las radios que optaron por transmitir música en la década de 1990, vinculadas a las corporaciones y cadenas, conocieron dos etapas: durante el primer lustro se convirtieron, la mayoría de ellas, en radio mix, mezclando ritmos en busca de atraer a un público muy amplio; en el segundo lustro retomaron la especialización y, prácticamente, cada corporación contaba con cadenas de radio dedicadas a un tipo específico de música (salsa, baladas en castellano y pop-rock); a fines del período se impuso la tecnocumbia como el ritmo preferido por los oyentes.

A partir de la década de 1980, el género informativo (impulsado por RPP) empezó a adquirir una importancia inusitada, motivada en parte por la rapidez del medio para transmitir noticias, y por la posibilidad que ofrecían los aparatos receptores de emplear energía alternativa ante las frecuentes interrupciones del fluido eléctrico causadas por los atentados terroristas. A finales de la década de 1990, los programas informativos elevaron su audiencia debido a que el público prefirió enterarse de los agitados acontecimientos políticos de entonces a través de la radio, otorgándole al medio una credibilidad mayor que a la televisión y la prensa escrita.

La presente investigación se refiere, en gran medida, a la historia de la radio en la capital del país. Los capítulos sobre programación contemplan únicamente la de las emisoras limeñas, y la relación de programas, locutores, animadores y artistas que se hace en ellos no pretende ser exhaustiva. Estas son algunas de las limitaciones del texto.

Las fuentes de la investigación han sido fundamentalmente hemerográficas y bibliográficas. Se ha consultado diarios y revistas peruanos de 1925 al 2000; varias de esas revistas eran publicaciones de espectáculos especializadas en radio. También se han llevado a cabo entrevistas a locutores, artistas, programadores y académicos. Es importante reconocer que este trabajo no se inició en un terreno inexplorado. Han sido de gran utilidad para mí los libros de Juan Gargurevich, La Peruvian Broadcasting Co. Historia de la radio (I) (1995), Prensa, radio y TV. Historia crítica (1987) e Introducción a la historia de los medios de comunicación en el Perú (1977). Asimismo, fueron de indispensable consulta el libro de Alonso Alegría, OAX. Crónica de la radio en el Perú (1925-1990) (1993), y el texto pionero de Jorge Vargas Escalante y Enrique M. Gamio, 40 años de radio en el Perú (1944). Entiendo que el conocimiento histórico se va construyendo sobre la base de investigaciones anteriores que nos revelan algo que ignorábamos, nos plantean interrogantes, nos mueven a cotejar datos, llenar vacíos, buscar nuevas fuentes e inclusive disentir de ellas. Espero que futuros investigadores recurran también a este libro para conocer algo más sobre el tema, ampliar la información que contiene, corregir sus errores, o discrepar de su metodología y puntos de vista.

Capítulo 1

De OAX a Radio Nacional del Perú (1925-1937)

1. Un nuevo medio para la “Patria Nueva”

“La inauguración de este magnífico servicio de radiodifusión, es la prueba más concluyente de que el progreso del Perú marcha a grandes pasos hacia un porvenir que por ahora no podemos siquiera vislumbrar”.

Augusto B. Leguía en la inauguración de OAX

El Comercio, 20 de junio de 1925

1.1 El gobierno de Leguía

Augusto B. Leguía pone fin en 1919 a lo que Jorge Basadre llamó “La República Aristocrática”, aquel período de relativa estabilidad política y crecimiento económico iniciado en 1895 y caracterizado por la sucesión de presidentes surgidos de la oligarquía, cuya representación política recaía fundamentalmente en el Partido Civil. La oligarquía estaba compuesta por familias de Lima y la costa norte vinculadas a la agroexportación y la minería, y por algunos ricos comerciantes del sur dedicados a la exportación lanera. Este grupo social de ascendencia europea era muy cerrado y excluyente, mantenía una alianza tácita con los gamonales de la sierra, y alentaba la inversión extranjera en el país.

De 1895 a 1912 se sucedieron en el gobierno Nicolás de Piérola, Eduardo López de Romaña, Manuel Candamo, José Pardo y Augusto B. Leguía. En 1912, Guillermo Billinghurst fue elegido presidente sin contar con el apoyo del Partido Civil, pero en 1913 el coronel Oscar R. Benavides lo derrocó, y devolvió el gobierno en 1915 a los civilistas en la persona de José Pardo. Al terminar el segundo régimen de Pardo, en 1919, Augusto B. Leguía, distanciado ya del Partido Civil que lo había llevado al gobierno en 1908, se enfrentó en un proceso electoral al candidato de aquella agrupación política, Ántero Aspíllaga. Sin embargo, poco antes de la votación, el 4 de julio de 1919, Leguía dio un golpe de Estado alegando que se preparaba un fraude en su contra. En 1924 se reeligió, siendo candidato único, previa enmienda constitucional y luego de condenar a la prisión y el destierro a sus adversarios. Fue derrocado en 1930.

Aunque había sido miembro del Partido Civil, Leguía (nacido en Lambayeque en 1863), no era exactamente un oligarca, sino un hombre de clase media que había obtenido su riqueza gracias a su sagacidad en la economía y los negocios actuando para empresas extranjeras y propias. Al asumir de facto la jefatura del Estado en 1919 anunció un régimen de “Patria Nueva”; al término de este, su gobierno se conocería como “El Once-nio”, por los once años que duró.

Según Baltazar Caravedo Molinari, el Oncenio de Leguía tuvo dos “fases políticas”: la primera, de 1919 a 1922; la segunda, de 1923 a 1930. A la primera fase la habría caracterizado la lucha anticivilista (y, por tanto, antioligárquica), la búsqueda de respaldo entre los nuevos sectores industriales, medios y populares, y una campaña proindígena y antigamonalista (Caravedo 1977: 59-60, Burga y Flores Galindo 1981: 132-133).

La segunda estaría definida por la hegemonía norteamericana, el apoyo en la burguesía agraria e industrial y un “burocratismo represivo acentuado” (Caravedo 1977: 60). Aunque los historiadores Manuel Burga y Alberto Flores Galindo admiten la existencia de estas dos fases, consideran que hubo “líneas permanentes de gobierno y administración” y señalan como una de ellas la modernización del país, “desde múltiples perspectivas y niveles”; para ellos, “la preocupación central que asediaba a Leguía era urbanizar, construir caminos e irrigar tierras” (Burga y Flores Galindo 1981: 135).

En efecto, durante el régimen se mejoraron de manera notable los servicios de agua potable y electricidad, se construyeron avenidas, paseos, bulevares, muelles, malecones, edificios públicos y monumentos. Lima, la capital del país se transformó, adquiriendo la apariencia de una ciudad moderna. El financiamiento de esas y otras obras se logró gracias a un aumento descomunal de la deuda externa.

Al apartar a la oligarquía del gobierno, Leguía buscó apoyo en una nueva plutocracia que se esmeró en crear (Burga y Flores Galindo 1981: 137) y en una burocracia que amplió considerablemente, integrando a ella a sectores mesocráticos; sin embargo, no modificó sustancialmente la estructura de la propiedad ni el modelo económico de la República Aristocrática. Las actividades principales siguieron siendo la agroexportación y la minería, y su gobierno continuó estimulando la inversión extranjera, aunque los capitales norteamericanos reemplazaron en gran medida a los ingleses que habían predominado en años anteriores. Una práctica de entonces fue que los mismos inversionistas asumieran la administración de las áreas en las que colocaban su dinero; el control de las aduanas, por ejemplo, pasó a manos de funcionarios de los bancos norteamericanos (Burga y Flores Galindo 1981: 137).

Leguía también fortaleció a las instituciones militares y policiales, lo que permitió al Estado “imponer una autoridad indiscutible” (Burga y Flores Galindo 1981: 138). No debe olvidarse, por otro lado, que, pese al funcionamiento del Parlamento durante el Oncenio, el origen del régimen era espurio, las elecciones de 1924 fueron una farsa, y la práctica del Ejecutivo no dejaba de ser autoritaria. Tanto en la primera como en la segunda fase, el gobierno practicó la detención y la expulsión del país de sus opositores políticos. Asimismo, estimuló la obsecuencia al Jefe de Estado de buena parte de la prensa, y encubrió una corrupción que tras su caída se reveló inmensa.

Los primeros años de la radiodifusión en el Perú son indesligables de las características señaladas del Oncenio. El gran interés de Leguía por la modernización fue coherente con el apoyo que brindó a la iniciativa de crear una estación de radio en Lima a mediados de la década de 1920. La radio, entonces, era signo de lo nuevo, y un gobierno que se preciaba de moderno no podía ignorarla. El afán por la construcción de caminos por parte del régimen reflejaba, además, la voluntad de conectar a un país todavía insuficientemente cohesionado y cuyas fronteras, inclusive, no se hallaban plenamente definidas por tratados internacionales (otra de las preocupaciones de Leguía fue, precisamente, firmar convenios limítrofes con los estados vecinos); no era extraño por tanto, desde esta perspectiva integradora, que un medio de comunicación, como la radio, capaz de enlazar a habitantes de diversas regiones, resultara seductor para el gobierno. Por otro lado, fiel a su política respecto al capital extranjero, el gobierno de Leguía entregó en un inicio (no sin fuerte resistencia de adversarios e incluso aliados políticos) la administración de la radiotelefonía a una empresa extranjera (la británica Marconi), aunque después permitiera que ella fuera asumida por una entidad nacional privada integrada por miembros de aquellos sectores cuyo ascenso político y económico se esmeró en estimular.

1.2 El monopolio de la Marconi

Invocando razones de seguridad nacional, el gobierno de Leguía consideró, mediante Decreto Supremo del 19 de enero de 1921, que los servicios de correo, telégrafo y similares (lo que incluía a la radiotelefonía) constituían un monopolio cuya explotación corría a cargo del Estado (Gargurevich 1995: 46-47). Sin embargo, pocos meses después contempló que el desarrollo de esos medios de comunicación demandaba inversiones que excedían su capacidad financiera, y entregó, mediante dos decretos supremos fechados el 21 de abril de 1921, los servicios de correos y telégrafos a la empresa británica Marconi’s Wireless Telegraph Company. Los decretos, publicados el 27 de abril, hacían alusión a un contrato que no fue de conocimiento de la prensa sino hasta mayo, y que sería elevado a escritura pública el 13 de junio de 1921. El documento consagraba la entrega del Estado a la Marconi de “la administración completa, exclusiva e irrevocable, por un período de veinticinco años” de los servicios de correos y telégrafos, otorgándole facultades para usar y explotar todas sus patentes (presentes y futuras) sobre radiotelegrafía y radiotelefonía.

El contrato fue muy cuestionado por el diario El Comercio, que veía inapropiada la entrega de un servicio público que comprometía la seguridad nacional a una entidad comercial extranjera. Por su parte, el diario El Tiempo criticó acremente, durante el año 1922, a la administración de la Marconi (Gargurevich 1995: 48-50).

Cediendo a la presión de los medios y de la oposición política, el Ejecutivo llevó el documento al Congreso para su discusión. Fueron nombradas dos comisiones parlamentarias para estudiarlo: una en la Cámara de Diputados y otra en la Cámara de Senadores. La primera emitió su dictamen el 27 de noviembre de 1922, señalando que “vería con agrado” que se rescindiera el contrato; la segunda informó el 27 de diciembre del mismo año, sugiriendo solo algunas modificaciones al contrato. En febrero de 1923, el Senado envió al Ejecutivo un proyecto de contrato con las correcciones que consideraba necesarias, ninguna de ellas sustancial. Finalmente, el 1 de febrero de 1926, el Congreso promulgó la Ley 5363, que contenía el contrato firmado por el gobierno de Leguía y la Marconi, con las modificaciones propuestas por la Cámara de Senadores tres años antes (Gargurevich 1995: 50-52).

En 1922, mientras se discutía la validez y pertinencia del contrato con la Marconi, el Estado promulgó el Reglamento de Licencias de Estaciones de Radiodifusión. Establecía como requerimientos para el otorgamiento de licencias que las estaciones estuvieran destinadas a la enseñanza, a la experimentación científica o a la prestación de determinados servicios locales. Los aspirantes debían demostrar al administrador del servicio que perseguían fines científicos y de utilidad pública (Perla 1995: 47-48).

1.3 La patente de Luis G. Tirado

En 1923, el comerciante Luis G. Tirado1 solicitó ante el Ministerio de Fomento una patente de introducción de aparatos receptores de radiofonía y radiotelefonía, y el permiso para el establecimiento de “[…] una central transmisora, desde la cual se darían conciertos, se cantaría, se pronunciarían discursos adecuados a la cultura general, se impartirían noticias, etc., los que serían escuchados desde su casa por los poseedores de receptores” (La Crónica, 12 de setiembre de 1923). El Ministerio de Fomento acogió la solicitud, pero la compañía Marconi se opuso judicialmente, alegando que de proceder el pedido de Tirado se lesionaría el contrato suscrito con el gobierno, que le reconocía a la empresa británica la exclusividad para la explotación de todo tipo de patentes sobre la radiotelefonía, lo cual incluía las de importación y venta de aparatos. Además, argüía que se pondría en peligro el secreto de las comunicaciones y se vulneraría el privilegio de invención del que gozaba la Marconi.

Según el diario La Crónica, los informes de dos peritos y del fiscal fueron adversos a la Marconi. El mismo medio de prensa comentaba que en el fondo lo que había era una “lucha comercial”, pues la Marconi pretendía “[…] englobar dentro de su contrato de administración postal y telegráfica el negocio del broadcasting para introducir y vender los aparatos ingleses”, mientras que “[…] los señores que han obtenido la patente van a introducir y vender los acreditados aparatos de la Radio-Corporation de New York” (La Crónica, 12 de setiembre de 1923).

Casi un año después, La Crónica insistía en atribuir a la Marconi apetitos comerciales y “una especulación colateral a su contrato de servicio público”. Acusaba a la empresa británica de haber “involucrado sofisticadamente” a la radiotelefonía en el contrato de exclusividad de administración de correos y telégrafos firmado con el Estado, lo cual era un despropósito, pues, señalaba, había tanta diferencia entre la radiotelegrafía y la radiotelefonía como entre el correo y el periódico. Recordemos que, para entonces, el contrato era materia de discusión en el Congreso.

La Crónica informaba, también, del curso que había tenido el proceso entre la Marconi y Luis G. Tirado. Según el diario, previendo que los tribunales fallarían en su contra, la Marconi,

[…] optó por el camino más directo: por arreglarse con el contendor, y convenir con él la formación de una sociedad con acciones por el monto de cien mil soles, para invertir cincuenta mil en la estación trasmisora y repartirse amistosamente los otros cincuenta mil soles, amén de las utilidades del negocio que saldrían de la venta exclusiva y a precios locos de los aparatos y el producto de los servicios de réclame, subvenciones, etc. (24 de agosto de 1924).

Mientras ello ocurría, decía el periódico, se hallaba en vigencia una prohibición de importación de receptores de radio. La Crónica alertaba sobre la intención “arbitraria” y “ridícula” de la Marconi de ser la única entidad vendedora de aparatos de radio, e invocaba al gobierno que exigiera a esa empresa la implantación en un breve plazo de la estación trasmisora “ultra poderosa que nos viene ofreciendo” y la autorización de la importación libre de aparatos.

1.4 La Peruvian Broadcasting Company

La Crónica parecía ignorar, en aquella nota del 24 de agosto de 1924, que existía una resolución suprema fechada en mayo de ese mismo año por la cual, vista una solicitud presentada por la Marconi, el gobierno entregaba expresamente a esa compañía la exclusividad para “la importación, venta, alquiler y explotación de aparatos para la recepción y transmisión de la radiotelefonía”, y le otorgaba la autorización para que transfiriera ese derecho a un empresa peruana: la Peruvian Broadacasting Co. El gobierno consideraba en la resolución que la implantación de la Peruvian Broadcasting Co. significaba “progreso positivo” y representaba “un medio más de desarrollo cultural y sano entretenimiento” (Gargurevich 1995: 66).

La resolución dejaba en claro varios puntos. En primer lugar, al decir que se emitía a solicitud de la Marconi, evidenciaba que la empresa británica reconocía no haber gozado del derecho de exclusividad sobre importación y venta de aparatos antes de la emisión de la resolución, pues entonces únicamente hubiera demandado su reconocimiento, supuestamente otorgado en el contrato de 1921. En segundo lugar, la norma daba a entender que existía un acuerdo previo entre la Marconi y la Peruvian Broadcasting Co., pues la empresa británica no solo había solicitado que se le otorgara el derecho mencionado, sino la autorización para traspasarlo a la Peruvian Broadcasting Co. En tercer lugar, admitía la existencia de una empresa nacional que se dedicaría a la transmisión de programas de radio y la venta de receptores.

Lo sorprendente, como señala Gargurevich (1995: 66), es que la Peruvian Broadcasting Co. no se constituiría como empresa sino hasta el 29 de agosto de 1924, es decir, meses después de que presuntamente fuera aprobada la resolución.

Ese mismo 29 de agosto de 1924, La Crónica afirmaba tener informes sobre la constitución de una empresa para “la implantación en Lima de una poderosa estación trasmisora de radiotelefonía”, y alertaba que el gobierno cedería a las pretensiones de esa empresa de contar con el monopolio de la venta de los aparatos receptores. La Crónica no citaba el nombre de la empresa, pero evidentemente se trataba de la Peruvian Broadcasting Co.

Que el diario La Crónica tampoco mencionara en esta nueva nota la resolución suprema de mayo hace suponer que la norma, aunque aprobada, no había sido aún publicada, o que su fecha de aprobación no era veraz y fue elaborada mucho después. Esto último no sería extraño, pues el gobierno de Leguía acostumbraba publicar resoluciones con fechas atrasadas para que surtieran efectos retroactivos.

1.5 Las propuestas de La Crónica

En su nota del 29 de agosto, La Crónica (dirigida por el escritor y radioaficionado Clemente Palma) sostenía que el otorgamiento de la exclusividad en la venta de receptores era inaceptable porque atentaba contra la libertad de comercio e industria. Sugería, además, que la venta de esos aparatos no era una manera práctica de obtener ganancias, pues a los potenciales oyentes les podría resultar más fácil y barato construir sus propios receptores de galena que comprar uno de los que fuera ofertado por la empresa. Descartaba, asimismo, que la contabilización de antenas facilitara el cobro de una tarifa, habida cuenta de que para las audiciones locales los oyentes no necesitarían una antena, y, para las del extranjero, aquella podría ser sustituida por “un pequeño cuadro especial de alambre que no es visible del exterior de las casas”. Consideraba que el único ingreso efectivo era por el pago de “[…] reclames o anuncios verbales de propaganda comercial o industrial intercalados entre las audiciones artísticas”; pero reconocía que este sistema en una primera etapa sería “restringido” hasta que el medio se expandiera. Proponía, entonces, que el Estado subvencionara a la empresa en una “primera etapa” o la liberara del pago de derechos aduaneros por la importación de receptores por el plazo de un año. Alertaba, sin embargo, sobre el peligro de que la empresa multiplicara empleados y asignara “sueldos enormes”. Decía que para el buen funcionamiento de la empresa bastaba “un director técnico, con tres o cuatro empleados auxiliares y un gerente general”, y para los números musicales: “una buena orquesta de tres o cuatro personas a las que se contratará para que presten servicio durante tres horas diarias” (La Crónica, 29 de agosto de 1929).

Las propuestas de La Crónica no fueron atendidas por el gobierno, pese a la amistad que unía al director del diario, Clemente Palma, con el Presidente de la República. Esa cercanía con el poder, sin embargo, habría permitido a Palma conocer la constitución legal de la Peruvian Broadcasting Co., aunque aparentemente no estuviera enterado del decreto supuestamente aprobado en mayo.

1.6 El directorio de la Peruvian Broadcasting Co.

En su nota del 29 de agosto, La Crónica no precisaba el nombre de la empresa de broadcasting, como hemos señalado, ni si tenía algún vínculo con la que, según su información del 24 de agosto, habrían constituido la Marconi y Luis G. Tirado. Sin embargo, el 3 de octubre de 1924 publicó una Resolución Suprema fechada 30 de setiembre de 1924, en la que se daba cuenta de la cesión que hacía la Marconi de sus derechos sobre la explotación de servicios de radiotelefonía y de importación de aparatos de transmisión y recepción (incluidos repuestos y accesorios) a favor de la Peruvian Broadcasting Co. por un término de diez años. La resolución señalaba además que la Peruvian Broadcasting Co. procedería a instalar una estación de radio “en todo semejante a la de Londres”, que sería construida por la Marconi.2

Entre los fundadores de la Peruvian Broadcasting Co. se hallaba Luis G. Tirado. Los otros miembros del directorio eran los señores César Coloma, Santiago Acuña, Fernando G. Carbajal (peruanos), Paul Widmer (belga), Ronald M. J. Gordon (inglés) y W. F. Ford (norteamericano) (Gargurevich 1995: 100-101). El presidente era Coloma, y el gerente Carbajal.

Ford trabajaba como Administrador General de Correo y, a pesar de ser norteamericano, desempeñaba el cargo de personero de la Marconi ante el gobierno; presumiblemente era el hombre de la empresa británica en la Peruvian Broadcasting Co. (Gargurevich 1995: 67). Gordon, Coloma y Acuña eran socios de la Compañía Urbanizadora de la Avenida La Magdalena. Paul Widmer ejercía la gerencia del Banco de Perú y Londres. Coloma era, además, miembro del directorio de la Compañía de Seguros Rímac y de la Compañía Peruana de Teléfonos. Acuña era, también, director gerente de Compañía de Seguros Rímac y director del Banco de Perú y Londres. Fernando G. Carbajal había sido gerente de la Compañía Peruana de Teléfonos (Gargurevich 1995: 67-70).

Los lazos empresariales entre ellos parecen claros, así como con el capital británico y el gobierno. La relación con la Compañía Peruana de Teléfonos era importante, pues, como indica Balsebre (2001: 16), las emisiones radiofónicas entonces, aunque fuesen “sin hilos”, necesitaban en algún momento de la conexión telefónica entre dos puntos, ya fuera entre el estudio y el centro emisor, cuando este se encontraba en otro lugar de la ciudad, o, en el caso de las retransmisiones, entre la estación y el teatro, edificio público, estadio o coliseo desde donde se realizaba la transmisión.

1.7 OAX: La primera estación

El 3 de octubre de 1924, el mismo día de la publicación de la Resolución Suprema que anunciaba el traspaso de derechos de radiotelefonía de la Marconi a la Peruvian Broadcasting Co., se anunció que la gerencia de la empresa peruana había “embarcado en uno de los puertos ingleses” todo el material necesario para la instalación de una estación transmisora. La Crónica anticipaba que la estación sería “una de las más poderosas del mundo”, pues emplearía corriente de mil quinientos vatios para la producción de ondas, mientras que las de las emisoras de Estados Unidos y Argentina solo empleaban corriente de mil vatios. Señalaba, además, que se había hecho un pedido, en este caso a Estados Unidos, de aparatos receptores “de diferente capacidad para que oportunamente los aficionados puedan adquirirlos”.

No obstante, La Crónica insistía en lamentar el privilegio otorgado a la Peruvian Broadcasting Co. para la importación y venta de receptores. De otro lado, informaba que se había llegado a un acuerdo con la Marconi para que el servicio radiotelegráfico se realizara a horas distintas a las del funcionamiento del broadcasting, a fin de evitar interferencias (La Crónica, 3 de octubre de 1924). Ese servicio se realizaba desde una estación (OAZ) ubicada en el cerro San Cristóbal.

En días y meses previos a la primera emisión oficial de broadcasting, El Comercio, La Crónica y Variedades desplegaron nutrida información sobre el nuevo medio. El Comercio inauguró una sección titulada “Radio”, que algunas veces salió bajo la firma de A. T. R. (Adolfo T. Romero); y durante varias semanas, antes y después de la inauguración de OAX, Óscar Miró Quesada (Racso) publicó la serie “La radiotelefonía y sus misterios”. Racso y Adolfo T. Romero eran, al igual que el director de La Crónica, Clemente Palma, radioaficionados, y participarían después en la creación del Radio Club Peruano.

En enero de 1925, El Comercio comentaba que “[…] al fin podrán desvanecerse las sonrisas de incredulidad con que se recibieron las primeras noticias sobre el establecimiento de la radiodifusión (radio broadcasting) en Lima”, pues los aparatos de transmisión ya se encontraban en la ciudad y en breve quedarían instalados la antena y los generadores. Informaba, asimismo, que se había escogido como local para la estación transmisora un edificio en la calle Washington construido por la Compañía Peruana de Teléfonos “con vistas al desarrollo de sus servicios que, por ahora, no requieren mayor atención”. Aunque El Comercio lamentaba las condiciones “tan poco de acuerdo a los principios que hoy priman en este orden de cosas” en que se había constituido la compañía peruana de broadcasting, se felicitaba de que el país tuviera por fin “tamaño elemento de progreso”. Aclaraba, también, que los aparatos receptores que se estaban importando eran cerca de seiscientos, mitad ingleses (producidos por la Marconi) y mitad norteamericanos. Indicaba que se había preferido la introducción de receptores de uno o dos controles “cuyo manejo es fácil para el neófito”, y aquellos que no requerían “[…] el empleo de acumuladores cuya carga y cuidado da siempre ocasión a perturbaciones, sobre todo entre nosotros que siendo tan inclinados a las letras, descuidamos un poco las ciencias” (El Comercio, 20 de enero de 1925).

El 12 febrero de 1925, la sección “Radio” de El Comercio publicaba una foto de “las primeras instalaciones de la Compañía Peruana de Broadcasting Estación O.A.X.” en la que aparecían el superintendente e ingeniero jefe del Servicio Radiotelegráfico del Perú, Ralph Elwyn Ricci; el ingeniero Edgard Slater, encargado del ensamblaje de los aparatos; el mecánico electricista Víctor Wither, y el reportero del diario. La nota que acompañaba a la foto precisaba que la construcción era llevada a cabo por el Servicio Radiotelegráfico del Perú, pero a cuenta de la Peruvian Broadcasting Company. Señalaba, también, que en breve se iniciaría la comercialización de aparatos de recepción, y “de partes para formarlos, repuestos y baterías”, a cargo de la misma empresa, que había establecido oficinas y lugar de ventas en la calle de Divorciadas (actualmente la sexta cuadra del jirón Carabaya), bajo la gerencia del ingeniero Julio Avendaño. Los aparatos receptores eran de dos tipos: a válvulas (con un alcance de 400 millas en buenas condiciones) y de cristal (con un alcance máximo de 80 millas).

1.7.1 El chispeo del cerro San Cristóbal

El 6 de junio de 1925, La Crónica informaba sobre unas transmisiones de prueba iniciadas por la emisora de broadcasting, señalando en términos muy duros la interferencia producida por la torre radiotelegráfica instalada en el cerro San Cristóbal, que producía un constante y molesto “chispeo”. Como sabemos, el servicio radiotelegráfico estaba a cargo de la Marconi, empresa sobre la cual recayeron nuevamente los ataques de la prensa. Decía el diario dirigido por Clemente Palma respecto de la Peruvian Broadcasting Co. que “ni la huachafería de adoptar nombre inglés le vale para merecer consideraciones de la Marconi”; y añadía sobre la corporación británica:

Parece que esta empresa que en mala hora encajó sus garras aquí, se propone no cambiar su viejo chispeo por los sistemas modernos hasta que el Congreso no le apruebe el leonino contrato que tiene celebrado con el Gobierno. Y como parece que el Senado no está dispuesto a ceder, pues tendremos chispeo para rato (La Crónica, 6 de junio de 1925).

El 10 de junio de 1925 La Crónica publicaba dos cartas en torno a la queja del diario por el chispeo del cerro San Cristóbal. En una de ellas el ingeniero Jorge Vargas Escalante pedía paciencia y aseguraba que

[…] según lo convenido y de las disposiciones ya anunciadas se desprende que el departamento de radiotelegrafía está estudiando la forma más eficaz de salvar toda dificultad que emane de la continua transmisión de San Cristóbal, contemplando las necesidades en uno y otro sentido mientras duren los programas que emita normalmente OAX.

En la otra misiva, el lector L. Levy reducía el problema del chispeo al tipo de receptor empleado para captar la onda de broadcasting. “El trabajo de un receptor —decía Levy— es un trabajo de filtración rigurosa de ondas. Un receptor no es otra cosa que un filtro de sonidos”; y ponía un ejemplo, dirigiéndose al director del diario:

Si la señora de Ud. está al piano interpretando una sonata de Beethoven y se percibe en esos momentos el pregón estridente de la tamalera, Ud. sacude tranquilamente la ceniza de su cigarrillo; se levanta de la poltrona donde ha estado Ud. sumergido en un grato baño espiritual; se dirige Ud. a la ventana que da a la calle y, muy simplemente, la cierra Ud. Entonces se realiza este fenómeno: la tamalera insiste en obtener salida para su antihigiénica mercancía, pero esta vez sin impedir que Ud. y su culta esposa penetren de lleno en el dulce misterio de Claire de lune... (La Crónica, 10 de junio de 1925).

La Crónica (presumiblemente con la pluma de su director Clemente Palma) respondía al lector Levy que los únicos aparatos capaces de filtrar la onda de la estación radiotelegráfica eran los de onda corta, pero además de escasos resultaban poco prácticos pues la única estación de broadcasting que transmitía en esa frecuencia era la de Pittsburg, y solo a determinadas horas. Tales aparatos “[…] no servirían para escuchar las otras trasmisiones —insistía La Crónica—, sino a condición de cambiarles de bobinas; y entonces se harían víctimas del chispeo como los demás receptores en uso corriente y moliente”. Terminaba la respuesta al lector con el agresivo estilo que caracterizaba al director del diario: “[…] Nos interesaría conocer y hacer conocer de nuestros lectores el maravilloso aparato del señor Levy que le permite chingarse en la tamalera del San Cristóbal” (La Crónica, 10 de junio de 1925).

El chispeo del San Cristóbal continuó generando interferencias hasta 1927, año en que la estación radiotelegráfica fue relevada (Vargas y Gamio 1944: 93).

1.7.2 Las emisiones de prueba de OAX

Los días 16, 17, 18 y 19 de junio de 1925, El Comercio informó sobre las emisiones de prueba de OAX. El martes 16 destacó que el programa musical emitido la noche anterior fue muy interesante, y que se escuchó con “bastante nitidez y relativo volumen”, pero lamentó que se malograra por la interferencia de la chispa radiotelegráfica del cerro San Cristóbal. Convendría, decía el autor de la nota, que la Marconi “impidiera la función de esa ametralladora en la hora de la trasmisión de conciertos”. En cuanto al programa en sí, se detallaba que había comenzado con una pieza bailable tocada por la orquesta de la estación integrada por los artistas González, Francini y Bascuñan, y conducida por el maestro Amílcar Mateucci. La misma orquesta interpretó a continuación el vals Primavera, la habanera Ahorita y la fantasía Pagliacci. Las señoritas Pepita Gómez Sánchez y Jelice Sathern cantaron, “habiendo bisado la primera su Canción Mexicana, por haberlo pedido telefónicamente los aficionados”. La transmisión se escuchó, según el diario, no solo en Lima sino también en el Callao y balnearios (El Comercio, 16 de junio de 1925).

El miércoles 17, El Comercio comentaba la segunda prueba de la estación. Observaba que si bien la música de orquesta se escuchaba “con volumen y pastosidad muy agradables”, no ocurría lo mismo con los solos. Agregaba que el anunciador había prometido para la tercera prueba una sorpresa, y adelantaba que tomaría parte de la emisión una jazz band compuesta por “jóvenes dilettanti” (El Comercio, 17 de junio de 1924).

El mismo diario informó, el jueves 18, sobre la tercera prueba, en la que volvió a participar la orquesta del maestro Mateucci, además de un cantante que interpretó un tema argentino y un conferencista que expuso sobre la radio. La sorpresa anunciada consistió en la presentación del afamado dúo criollo Montes y Manrique, quienes entonaron “cantos nacionales”. El autor de la nota de El Comercio relataba que la música de la emisión entró al receptor de la imprenta con “volumen ensordecedor”, y que perfeccionada luego la amplificación, pudieron ofrecer el programa “al numeroso público que invadió, con agrado para nosotros, el hall de la casa”; añadía que “[…] por vía de ensayo, también, hicimos sonar el altoparlante en las ventanas exteriores del edificio, para conocer el alcance del sonido, sorprendiendo con los agradables acordes de la música perifónica a los vecinos de dos cuadras a la redonda”. Reconocía que, aunque Montes y Manrique quizá se acercaron demasiado al micrófono, fueron coreados y aplaudidos por los oyentes con entusiasmo. Al final de la nota, el diario insistía “en nombre de los aficionados que no poseen sets de ajuste fijo” que se suspendiera el trabajo de radiotelegrafía del cerro San Cristóbal durante las horas de audición, pues se seguía escuchando el chispeo (El Comercio, 18 de junio de 1925).

Una cuarta prueba se realizó la noche del 18 de junio. El Comercio destacaba la interpretación de Madame Butterfly por un solo femenino, y la Mignon, cantada por Carlos Pardo Figueroa. Aseguraba haber recibido llamadas telefónicas de oyentes de Miraflores, Barranco, Callao y La Punta, que decían haber escuchado “admirablemente” la transmisión. Hacía, por último, una mención elogiosa del speaker Antonio Garland, “[…] claro como una campana, con vago acento que delata larga permanencia en Nueva York y Pittsburg, sedes de grandes trasmisiones” (El Comercio, 19 de junio de 1925). Hubo una quinta y última emisión de prueba el viernes 19 de junio.

1.7.3 La inauguración de OAX

Finalmente, el sábado 20 de junio de 1925, a las 11.30 horas, OAX fue inaugurada por el presidente Leguía. En la Plaza de Armas y la Plaza San Martín fueron instalados receptores para que el público congregado en esos lugares pudiera escuchar la transmisión.

El local, ubicado en la calle Washington, había sido dividido en: sala de transmisión, sala de acumuladores, sala de control, y estudio. El transmisor era un Marconi tipo Q, similar al del 2LO de Londres, la antena en forma de T era sostenida por dos torres de 70 pies de altura. En la sala de acumuladores se hallaban instalados un generador de corriente alterna de 6 K.W de 3000 ciclos y 500 voltios y un generador de corriente continua (Vargas y Gamio 1944: 125).

El presidente del directorio de la Peruvian Broadcasting Co., César A. Coloma, leyó un discurso en el que señalaba los objetivos de la emisora:

Esta Estación no va a ser únicamente un agente propulsor de cultura y honesto solaz; las conferencias y programas artísticos que en ella se produzcan serán el exponente de nuestros ideales y de nuestros constantes esfuerzos a este respecto. Aspiramos a más; aspiramos a que el comercio nacional la utilice como factor provechoso en sus transacciones, a cuyo efecto se transmitirán diariamente cotizaciones, cambios, y en general cuanto en alguna forma pueda contribuir al mayor desarrollo comercial del país (Vargas y Gamio 1944: 124).

El presidente Leguía dijo en su discurso:

La inauguración de este magnífico servicio de radiodifusión, es la prueba más concluyente de que el progreso del Perú marcha a grandes pasos hacia un porvenir que por ahora no podemos siquiera vislumbrar.

Es esta, una obra en la que se junta la perfección científica con el entusiasmo reformador de un pueblo.

Es incalculable lo que ganará nuestro país con el establecimiento de esta poderosa estación destinada no sólo a facilitar las transacciones comerciales y la vinculación más estrecha de las naciones, sino también a propagar con asombrosa rapidez los nuevos cocimientos que amplían los horizontes de la vida y las creaciones artísticas que la embellecen (El Comercio, edición de la tarde, 20 de junio de 1925).

Leguía aprovechó, además, la inauguración de la emisora para llamar a la ciudadanía a acatar el laudo arbitral de Estados Unidos, que había dispuesto un plebiscito para definir si Tacna y Arica retornaban al Perú. El laudo había sido repudiado por la ciudadanía, pero el gobierno había decidido acatarlo. Leguía defendió ante el micrófono la decisión de su régimen:

Ya que se me brinda esta primera oportunidad de que mi voz sea escuchada por todos mis conciudadanos, la aprovecho para decir en síntesis lo que, dentro de breves horas, les diré por escrito con mayor amplitud.

Conciudadanos:

Ha llegado la hora de liquidar el conflicto del Pacífico, acudiendo sin temor al plebiscito que debe decidir la soberanía de las provincias de Tacna y Arica.

La concurrencia del Perú a este acto trascendental, está aconsejada por el respeto que debe a su tradición histórica y al honor nacional comprometido en un tratado.

Ejercitaremos nuestros derechos al amparo de garantías que hemos solicitado y que se nos ha dicho serán otorgadas por la comisión plebiscitaria.

Tengamos confianza en el porvenir y en la justicia de nuestra causa (El Comercio, edición de la tarde, 20 de junio de 1925).

El Presidente daba así al medio, en su inauguración, un uso político. No sería la única vez que se emplease a la radio de ese modo.

Poco después de las 21.00 horas se emitió el primer programa, preparado por el director artístico Antonio Garland. El carácter predominantemente limeño y “culto” de la selección fue evidente. Se leyó el Elogio a la limeña de Ricardo Palma; el poeta José Gálvez recitó algunos versos; la señorita Loayza ejecutó Claro de luna, la señorita Pepita Gómez Sánchez interpretó una canción, acompañada al piano por Federico Gerdes, director de la Academia Nacional de Música Alzedo; el señor Vicente Crebs recitó Cafetín de la bohemia vieja de Leonidas Yerovi, el señor Amílcar Mateucci ejecutó La Berceusse de José Lyn; la niña prodigio Elvira Sánchez Lavalle cantó el aria Lucía. Se tocó también “música de baile” y se finalizó con el himno nacional. Los locutores fueron Rosa Hernando y Juan Fernández Stoll (El Comercio, 21 de junio de 1925; La Crónica, 21 de junio de 1925; Vargas y Gamio 1944: 126-127).

A los pocos días, la revista Mundial expresó su júbilo por la inauguración de la emisora, extendiéndose sobre las virtudes y las posibilidades “civilizadoras” del medio:

A medida que la Peruvian Broadcasting Co., perfeccione sus servicios y haga de ellos el foco de cultura y delectación espiritual que se propone y que en otros lugares ha logrado, aumentaría entre nosotros la ventaja de la radiotelefonía. Desde Lima se hará llegar a muchas ciudades y centros de trabajo del interior de la República las notas subyugantes de la buena música, el detalle oportuno de los sucesos locales y universales, conferencias de divulgación científica, recitales de canto, noticias de índole comercial y todo cuanto envuelva un aspecto interesante. En esta forma en el más lejano lugar de la selva o de una provincia desvinculada de la vida moderna se podrá compartir el trajín de la vida universal con beneficio para las cosas materiales y para el espíritu. A esos pueblos donde nunca llegó la voz de una cantante eximia ni los acordes de un concierto sinfónico ni la palabra de un literato selecto les será tarea fácil y barata redimirse de su alejamiento hasta hoy irremediable. Un aparato receptor de radiotelefonía, de precio irrisorio siempre en comparación con los beneficios que proporciona, será suficiente para realizar este nuevo milagro producto de la ciencia y digno de figurar al lado de los bíblicos portentos de la varita de Moisés (Mundial 263, 26 de junio de 1926).

Mundial acompañaba la nota con fotografías de la ceremonia de inauguración de OAX, el edificio de Washington en el que podían apreciarse las torres transmisoras, el público escuchando la audición en la Plaza San Martín, y la primera orquesta de la emisora interpretando una pieza musical.

La revista Variedades (904, 27 de junio de 1925) imprimió también fotos de la ceremonia de inauguración, presidida por Leguía, y del público atento a los receptores colocados en la Plaza de Armas y la Plaza San Martín.

1.7.4 OAX y el cine

El 22 de junio, un aviso insólito aparecía en las páginas de El Comercio: el cine Excelsior anunciaba que durante sus funciones de noche, los concurrentes podrían escuchar la programación de la radio a través del potente receptor de la sala:

El Teatro Excelsior posee un aparato radiográfico [sic] potentísimo, que permite oír la estación O. A. X. con gran claridad y volumen. Esta noche funciones por tandas á 40 cts., á las 9 y á las 10 y 15, acompañadas por el aparato radiográfico del EXCELSIOR.

El primer cinema en Sud América que inaugura funciones combinadas de radio y cinema (El Comercio, 22 de junio de 1925).

El 23 de junio se repetía el anuncio: “Las funciones nocturnas del EXCELSIOR serán acompañadas por las audiciones de la estación Radio fónica O. A. X. Venga usted á informarse personalmente de las maravillas de este invento del siglo que trasmite por el aire, música, discursos, noticias del día, etc.” (El Comercio, 23 de junio de 1925). En la función de las 21.00 horas se anunciaba el filme Pasión impura con Clara Adams y en la de las 22.15 La mujer de bronce con Clara Kimball Young.

El experimento, al parecer, no duró mucho, pero la relación entre los dos grandes medios se mantuvo en las décadas siguientes.

1.8 El fracaso de la Peruvian Broadcasting Co.

Al día siguiente de la inauguración de OAX, Adolfo T. Romero informaba, en la sección “Radio” de El Comercio, que muchos lectores se quejaban de los precios impuestos por la Peruvian Broadcasting Co., y explicaba, con la finalidad de ayudar a quienes carecían de suficientes recursos económicos, “cómo se puede construir con poco gasto un receptor de cristal” (El Comercio, 21 de junio de 1925).

Romero confiaba en que la Peruvian Broadcasting Co. importara, como había prometido, “partes aisladas” para que los oyentes pudieran armar sus propios receptores, pues los que había puesto inicialmente a la venta eran muy costosos. El texto de Romero reconocía la dificultad de conciliar los objetivos económicos de la empresa monopólica con las posibilidades educativas del medio.3

Una nota titulada “Radiotelefomanía”, aparecida en el diario La Crónica el 24 de agosto de 1925, firmada con el pseudónimo de Juan Pálido, indicaba que había en la capital una fiebre por el nuevo medio de comunicación. No obstante, no daba cuenta de compras de aparatos receptores, sino de piezas para su armado artesanal: “[…] medio Lima anda loca procurándose clavos de bronce, alambres, aisladores, galena, goma, laca y papel de estaño”, decía. Destacaba “el ingenio limeño” que había sido capaz de montar “un set de cristal perfecto” en una cáscara de nuez; y añadía, con humor, que se tenía conocimiento de quien procuraba armar un receptor con una papa y un clavo. Advertía, sin embargo, que los comerciantes de artículos para fabricación de receptores habían cuadruplicado sus precios.

El sábado 29 de agosto de 1925, La Crónica publicó un aviso del Servicio Radiotelegráfico del Perú, en el cual se leía que “en vista del gran número de receptores radiotelefónicos instalados”, el Servicio hacía presente al público que debían cumplirse las disposiciones contenidas en una resolución suprema que se transcribía a continuación. Según la resolución, fechada 18 de mayo de 1925, es decir antes de la salida al aire de la OAX, la Administración General de Correos, Telégrafos y Radiotelegrafía, por intermedio del Servicio Radiotelegráfico del Perú, se debía encargar del registro y control de las “instalaciones radiotelefónicas receptoras”. Señalaba, además, que quienes adquirieran un receptor estaban en la obligación de pagar, por una sola vez, una libra peruana por el certificado de licencia. Esa suma permitiría, según la norma, “sufragar los gastos de control y vigilancia” que se le encomendaba al Servicio.4

La resolución citada buscaba contener la proliferación de receptores armados artesanalmente y promover la compra de los aparatos ofrecidos por la Peruvian Broadcasting Co. en exclusividad. Sin embargo, al adjudicar el dinero obtenido por certificados de licencia a la Administración General de Correos y Telégrafos, se le privaba a la Peruvian Broadcasting Co. de una posible fuente de ingresos.

Sin poder percibir, entonces, dinero alguno por el certificado de licencia, y ante el aumento de receptores y antenas “clandestinos”, la Peruvian Broadcasting Co. pareció comprender la necesidad de abaratar los aparatos que vendía al público. En setiembre de 1925 anunció una semana de rebajas: los receptores de un tubo más baratos costaban 15 libras peruanas, los de dos tubos con altoparlante estaban a 23 libras, y los de tres tubos se hallaban en dos modelos, a 43 y 54 libras peruanas, respectivamente. La libra era equivalente a diez soles. El receptor de más bajo precio era de galena, y costaba 56 soles (La Crónica, 25 de setiembre de 1925).

A fines de 1925, la Peruvian Broadcasting Co. trató de encontrar clientes entre hacendados y empresarios mineros mediante avisos publicitarios:

¡Agricultores y mineros! / Indaguen de que punto de la República nos llegan elogios de los resultados obtenidos con un “Zenith” o un “Stromberg Carlson”, y demás tipos de radiolas con los que no existe distancia y merced a los cuales en las soledades del asiento minero o de la hacienda, se reciben todas las noticias del mundo, las cotizaciones y cambios comerciales, y centenares de bellas y perfectas expresiones del Arte / No titubee en la compra, y acérquese a la “Casa de la Radio” de la Peruvian Broadcasting Company – San Pedro 337 / Consulte precios” (La Crónica, 14 de diciembre de 1925).

También se dirigió a padres de familia y directores de colegios:

Los directores de Colegios y Escuelas, lo mismo que los padres de familia / no encontrarán mejor regalo para sus alumnos premiados y para la Pascua de sus hijos, que un / ‘Junior Marconi’ / Cumplirán con satisfacción el sabio consejo clásico / ‘Deleitar instruyendo’ / Con un ‘Junior Marconi’ o un ‘Baby Cristal’, las imaginaciones infantiles se despertarán a una cultura y arte provechosos / Peruvian Broadcasting Co. – San Pedro no 337 (La Crónica, 16 de diciembre de 1925).

Al parecer, la propaganda no tuvo demasiado éxito en ninguno de los casos.

En enero de 1926, la Peruvian Broadcasting Co. ofertó por la Semana de la Radio receptores desde 54 soles, y aparatos para larga distancia y con altoparlante a 20 libras peruanas (Gargurevich 1995: 85). El 3 de junio del mismo año redujo notablemente los precios, ofreciendo “aparatos radiotelefónicos completos con accesorios y sistema de antena” desde 39 soles (La Crónica, 23 de junio de 1926). Puede parecer este último precio harto razonable, si se toma en cuenta que un gramófono mediano estaba a 55 libras peruanas y los discos a 2,50 soles (El Comercio, 26 de julio de 1927); sin embargo, se hallaba totalmente fuera del alcance de los sectores populares. Según un testimonio del obrero Guillermo Oquendo, recogido por Wilma Derpich y Cecilia Israel (1987: 28), en la década de 1930 una familia obrera vivía con 1,20 soles a la semana. Las autoras acotan que el costo de vida en Lima, medido por el índice general de precios al consumidor, disminuyó entre 1926 y 1933 (aunque en ese lapso también aumentó considerablemente el desempleo), de modo que hacia 1926 una familia obrera necesitaba probablemente más de 1,20 soles por semana para subsistir; y es obvio que no compraba discos y mucho menos estaba en capacidad de adquirir el más barato receptor de radio, es más, era posible que en su vivienda ni siquiera gozara de energía eléctrica.

La venta de receptores (principal fuente de ingresos de la compañía, ante la falta de publicidad pagada) no prosperó (como ya lo había vaticinado La Crónica). La Peruvian Broadcasting Co. quedó así en una situación financiera grave.

Habría que considerar en este fracaso empresarial a la pequeñez del mercado: quienes disfrutaban de energía eléctrica eran probablemente los mismos que tenían la capacidad económica para adquirir discos y gramófonos, y se mostraban poco interesados en comprar aparatos de radio, que proporcionaban apenas unas hora fijas de entretenimiento con una calidad de sonido menor. De otro lado, quienes se hallaban seducidos por el nuevo medio habían armado sus propios receptores y antenas, siguiendo los consejos de la prensa; y podían disfrutar de la radiotelefonía sin pagar por un aparato a la Peruvian Broadcasting Co. ni abonar al Servicio Radiotelegráfico monto alguno por licencia, desafiando de este modo las advertencias de control y confiscación por parte de Estado.

El 24 de setiembre de 1926, El Comercio publicó un aviso de la gerencia de la Peruvian Broadcasting Co. citando a Junta General Extraordinaria de Accionistas para el día 29 del mismo mes, teniendo como orden del día: “acordar la disolución y consiguiente liquidación de la compañía” (El Comercio, 24 de setiembre de 1926).

En una extensa carta fechada el 23 de setiembre de ese año, y publicada en la sección “Intereses generales” de El Comercio el lunes 27 de setiembre, el lector O. A. Gonzales Moreno se refería a la crisis de la emisora y hacía una propuesta para salvarla. Juzgaba que la señal de OAX era muy potente, pero que su programación no llegaba a satisfacer al público debido a que la empresa que la administraba carecía de suficientes ingresos económicos para extenderla y mejorarla. Consideraba que era necesario mantener una estación peruana, pues no siempre se podía obtener buenas señales de larga distancia de las emisoras extranjeras, y planteaba crear un sistema de suscripciones para financiar a la Peruvian Broadcasting Co. Mencionaba el “enjambre de antenas que corona los edificios de Lima y los repartidos en otros lugares de la república que no son exponentes de suscripciones o cuotas que se traduzcan en remuneración por las vibraciones que reciben de la estación O.A.X.”. Proponía que la red de antenas debía traducirse en una de suscriptores, y sugería que se pagara 60 centavos mensuales por uso de antena en Lima, y el doble en provincias. Esta propuesta del pago por uso de antena resultaba sin embargo tardía, pues la Peruvian Broadcasting Co. estaba ya a punto de decretar su disolución, pero sería recogida por el Estado más adelante.

1.9 La programación de OAX: 1925-1926

La programación de OAX (cuestionada por Gonzales Moreno en su carta) se limitaba a dos horas al día (normalmente de 21.00 a 23.00 horas.). Comprendía conferencias y música diversa. La transmisión de los domingos, desde junio de 1925, se iniciaba a las 11.00 horas y estaba compuesta de música sacra y pláticas religiosas. El programador era Antonio Garland. En los primeros meses, la estación sirvió como tribuna al presidente Leguía y, en alguna oportunidad, al arzobispo de Lima, Emilio Lissón. En la carta de Gonzales Moreno, citada anteriormente, se destaca además “cómo se llevaron hasta el sur, durante las discusiones del plebiscito, los discursos pronunciados delante del poderoso radiotransmisor de la ‘O.A.X’ por nuestros más elocuentes oradores”. La variedad de la programación musical de la emisora puede apreciarse en dos ejemplos tomados de setiembre de 1926, el último mes en que OAX estuvo bajo la administración de la Peruvian Broadcasting Co.:

Viernes 17 de setiembre: Una mujer en un rincón – One step – De Peso. / – Solo de canto – Por el barítono Monti. / – Viens reves – Vals – De Vliemon. / – Solo de canto – Por la Sevillanita. / – Las olas del Danubio – Fox trot – De Cortopazzi. / – Fox trot – Canto – Bertita Dávalos. / – La Gran Vía– Selección – De Valverde. / – Canto y piano – Por el barítono Monti. / – Sumurum – Fox trot – De May. / – Conferencia – Por el señor L. F. Meza. / – El Carro del Sol – Canción venezolana – De Serrano. / – Solo de canto – Por la Sevillanita. / – Francesita – Tango de Torres. / – Canto y piano. Por la tonadillera Bertita Dávalos. / – Cuando las rosas caen – Camel trot – De Saco. / – Conferencia – Por el señor Luis Hinojosa de la Piedra. / – Canto y piano – Por la Sevillanita. / – El Querer Bandolero – Canción – De Alonso. / – Canto y piano – Barítono Monti. / – Fox trot- Bertita Dávalos. / – El Galeón – Pasodoble – De Solazzo (El Comercio, edición de la tarde, 17 de setiembre de 1926).

Martes 28 de setiembre: 9 a 9 y ½. Curso de inglés por la profesora diplomada Miss Ferry, asistida por Luis Raspaldiza. El texto usado es el ‘Manual Elías’. / – 9 ½ a 10 y ½ .– Octava prelección de los cursos de Mentalismo Gimnástico que dicta a los oyentes el profesor Reymar. Ilustrante: Soprano, señorita Teresa Ibarra, de las clases de canto de la señorita Teresa Ferreira. / Apertura musical. / Los motivos incaicos de la próxima fiesta de clausura de los cursos en el teatro Forero, y una proclama del eminente catedrático de la Universidad del Cusco, doctor Gabriel Cossío. / Partitura musical. / Prelección del profesor Reymar. Cómo por mentalismo se llega a las viriles potencias heroicas del optimismo, que todo vence hasta la muerte (última parte y revisión de la parte anterior). Nuevas y últimas pruebas de las influencias mentales en la vida y salud del cuerpo. / SO. Romanza de Tirindelli, por la soprano, señorita Teresa Ibarra. // – Continúa el programa de la OAX: / Canto, por Bertita Dávalos. / Número por los intérpretes populares Gamarra y Salerno. / Monólogo cómico por I. Cavero. / Número de canto, por la tonadillera Berta Dávalos. / Número de guitarra y canto por los intérpretes criollos Gamarra y Salerno. / Couplet cómico, por Cavero. / Canto, Bertita Dávalos. / Monólogo, Cavero. / Guitarra y canto, Gamarra y Salerno. (El Comercio, edición de la tarde, 28 de setiembre de 1926).

1.10 OAX bajo la administración de la Marconi

El 30 de setiembre de 1926, El Comercio, con el encabezado “El traspaso de la Broadcasting al gobierno”, publicó dos resoluciones supremas. En una de ellas, fechada el 6 de setiembre de 1926, el gobierno disponía la adquisición de los derechos y propiedades de la Peruvian Broadcasting Co., y la entrega de la administración de los servicios a la Marconi Wireless. El precio de la compra, según la norma, se haría sobre la base de una valoración realizada por peritos de la empresa británica. Asimismo, la resolución suprema dejaba sin efecto la exclusividad concedida a la Peruvian Broadcasting Co. para importar aparatos y accesorios radiofónicos, “quedando completamente libre la importación de ellos, previo pago de los respectivos derechos de aduana”. Por último, fijaba el pago semestral y adelantado por derecho de antena a los usuarios de receptores en una libra peruana y otorgaba facultades a la Administración General de Correos, Telégrafos y Radiotelegrafía (a cargo de la Marconi) para que propusiera la reglamentación sobre uso de aparatos y cobro de licencias (El Comercio, 30 de setiembre de 1926).

Mediante la otra resolución suprema, fechada el 27 de setiembre de 1926, el gobierno, vista una “comunicación adjunta de la Administración General de Correos, Telégrafos y Radiotelegrafía”, establecía disposiciones reglamentarias para el uso de receptores, las que deberían ir impresas en el dorso de las licencias que se otorgaran. Mediante estas disposiciones, el gobierno prohibía el empleo de los aparatos con fin comercial, y fijaba límites a la longitud de las antenas. Advertía, además, que el poseedor de un receptor no debía divulgar ni permitir que se divulgaran mensajes que recibiera por medio del aparato, “excepto los programas de broadcasting, señales horarias e informes meteorológicos”. Las licencias eran intransferibles, y el poseedor debía comunicar al Servicio Radiotelegráfico si trasladaba el receptor a otro lugar. La resolución contemplaba también la inspección de la estación materia de la licencia y el decomiso de aparatos por falta de pago o instalación clandestina. El producto de la venta de los aparatos decomisados debía dividirse entre el Servicio Radiotelegráfico y la persona que denunciase la existencia de la instalación clandestina (El Comercio, 30 de setiembre de 1926).

El 1 de octubre, el Servicio Radiotelegráfico del Perú, publicó un comunicado en El Comercio, informando al público que desde esa fecha, y de acuerdo a la resolución suprema del 6 de setiembre, la Administración General de Correos, Telégrafos y Radiotelegrafía (en manos de la Marconi) asumía el control general de los servicios de radiodifusión y de las trasmisiones de la estación OAX. Asimismo, indicaba que quedaban sin valor las licencias para el uso de receptores otorgadas anteriormente, y se remitía a las resoluciones mencionadas en cuanto al otorgamiento de certificación de licencias, el pago semestral y las normas de uso de los aparatos receptores (El Comercio, 1 de octubre de 1926).

Como epílogo de este proceso, el 3 de octubre, El Comercio publicaba un aviso de liquidación de aparatos receptores de la Peruvian Broadcasting Co. en las oficinas de la compañía (San Pedro 337). El 20 de noviembre, un último aviso ofertaba receptores de galena desde 6 soles, de un tubo desde 28 soles, de dos o tres tubos desde 4 libras, de cuatro tubos desde 7 libras, y de cinco tubos desde 8 libras, así como partes aisladas (Gargurevich 1995: 89).

En resumen, las disposiciones del gobierno no solo establecían la adquisición de las propiedades y derechos de la Peruvian Broadcasting Co. y otorgaban la administración de la estación de radio a la Marconi, sino que buscaban reordenar el uso del medio y aumentar el control del Estado sobre este. Pretendían, también, explorar otra forma de financiamiento, distinta al monopolio sobre la importación y venta de receptores, y complementaria al pago de licencia: el cobro por derecho de antena.

1.11 La programación de OAX de 1926 a 1930

Durante los años 1926 y 1927, el horario de trasmisión de la estación peruana siguió siendo de 21.00 a 23.00 horas. La programación se mantuvo a cargo de Antonio Garland, y contemplaba la emisión de conferencias, intervenciones humorísticas, servicio informativo y música variada que comprendía piezas clásicas, fox trot, one step, zambas, pasodobles, canciones mexicanas, argentinas y nacionales.5

En las Fiestas Patrias de 1927 hubo una programación especial que comprendió las retransmisiones del mensaje presidencial desde el Congreso y el concierto de gala desde el teatro Forero.6

En 1928 se regularizó la transmisión en dos horarios; mañanas de 11.30 a 12.30, y noches de 21.00 a 23.00. La música popular de origen foráneo, pero interpretada por artistas nacionales, siguió ganando terreno en la programación.7 Hubo también algunas audiciones especiales, como las que tuvieron lugar con ocasión de la visita al Perú del entonces presidente electo de Estados Unidos Herbert C. Hoover, en diciembre de 1928.

El 19 de febrero de 1929, OAX emitió un programa por el cumpleaños de Leguía que incluyó una “nota literaria” titulada “El ideario de acción leguiista” por el periodista y secretario del Comité Pro Museo Leguía, Carlos F. Bustamante.

En julio, OAX desarrolló una serie de retransmisiones de la temporada de ópera desde el Teatro Municipal. Se escucharon La Boheme, Rigoletto, Il Trovatore, Tosca, Carmen y Germania. El director era Julio Falconí, y participaban los cantantes Augusto Concato, Angelo Pintucci, Armando Brogioli, Aurora Rettoro, Humberto Di Lellio, Romano Raspón, Adolfo Pacini, Guido Uxa, E. Marchetti, Iva Pacetti, Jesús de Gaviria, Giuseppina Cobelli, Roberto D’Alessio, y Víctor Damini. Las retransmisones se escucharon en Arequipa, Cajamarca y Pasco, según telegramas de felicitación enviados a la radio por oyentes de esos lugares. El 30 de julio, OAX repitió la ópera Carmen a las 20.00 horas para que fuera escuchada al aire libre en el Parque de la Exposición a través del sistema Vitaphone Dubreuil colocado en el Pabellón Municipal.

En noviembre de 1929 se presentó el famoso ocultista y rosacruz Arnold Krum-Heller, quien se hacía llamar Huiracocha, para disertar sobre el subconsciente. En diciembre la actriz y cantante mexicana Columba Quintana interpretó entremeses y fragmentos de zarzuelas.

Por lo demás, OAX continuaba transmitiendo música variada, información sobre cotizaciones y boticas de turno, noticias deportivas, charlas, declamaciones de poemas, y monólogos cómicos (a cargo de la actriz Antonia Puro). El programador seguía siendo Antonio Garland.8

1.12 Los primeros radioaficionados

Por decreto supremo del 14 de enero de 1921 se autorizó la instalación de “pequeñas estaciones de telegrafía o telegrafía sin hilos, destinada a la enseñanza, o la experimentación científica”. En mayo de 1922 se emitió una resolución “reglamentando la concesión de autorizaciones para la instalación y uso de pequeñas estaciones de radiotelegrafía o telefonía sin hilos”, que fue publicada en El Peruano el 21 de julio de 1922 (Gargurevich 1995: 62).

En 1923 el radioaficionado Jorge Vargas Escalante llamó, desde las páginas de la revista Ideal, a la creación de un Radio Club, y expresó sus deseos de que se instalara una primera estación de broadcasting, así como que se adquirieran equipos emisores en las universidades de Lima, Trujillo y Arequipa, y receptores en la escuelas públicas. Además de Vargas Escalante, se contaba entre los primeros radioaficionados a Germán Gallo Porras, Adolfo Hournón, Manuel Zapata, González Galdós, Adolfo T. Romero, Luis Iturriaga, Santiago Devéscovi y N. Catter (Vargas Escalante y Gamio 1944: 73-75).

El 6 de julio de 1924 Vargas Escalante, desde su estación JV1 ubicada en Magdalena del Mar, logró comunicación radiotelefónica con el argentino Franklin B. Yolde, radicado en Viedma (Río Negro, Argentina). El 26 de julio de ese año, el Buenos Aires Radio Club emitió una audición especial de homenaje al Perú por Fiestas Patrias. La transmisión se hizo desde la estación LOV (Brusa) y fue captada por JV1. El diario La Crónica publicó el programa, en el que figuraban como participantes, entre otros residentes peruanos en Argentina, Luis Fernán Cisneros y Carlos Alberto Seguín. Se trató del primer homenaje hecho al Perú a través de la radiotelefonía. En la fecha central de las festividades patrias, el 28 de julio, JV1 logró comunicación radiotelefónica por primera vez con un barco: la nave-exposición Italia, anclada en el Callao (Vargas Escalante y Gamio 1944: 77-83).

Durante aquel año de 1924 se realizó una “reunión preliminar” con el objetivo de fundar el Radio Club Peruano, objetivo que no llegó entonces a cristalizarse. Fueron convocados Vargas Escalante, Jaramillo Infante, Clemente Palma, Adolfo Romero y Enrique Pérez Palacio. Una segunda reunión tuvo lugar al año siguiente, bajo el estímulo de la inauguración de la Peruvian Broadcasting Co. y la importación de aparatos realizada por esta empresa. Se formaron comisiones de propaganda, reglamento e instalación. Entre los asistentes se encontraban, además de los que participaron en la primera reunión, Óscar Miró Quesada, Gerald Slater, Alfonso Pereyra, José Pereyra, José Rivero Ríos, Alfonso Rouillón, Carlos Braschi, Isaac Pajares y Carlos Tudela, entre otros (Vargas y Gamio 1944: 97-101). A partir de 1926, Germán Gallo Porras obtuvo “una serie de sensacionales éxitos en transmisión” con su estación OA4B. En octubre de 1927 transmitió “para toda América” el Campeonato Sudamericano de Fútbol desde el palco de prensa del antiguo Estadio Nacional. Vargas Escalante desempeñó la parte técnica de la emisión, y el cronista deportivo fue Fernando Braschi (Vargas y Gamio 1944: 85-86).

2. Los años de la tempestad

“Sánchez Cerro pasa como una tempestad por la historia peruana”.

Jorge Basadre

2.1 Radio y política después del derrocamiento de Leguía

La recesión mundial originada por el crac de la bolsa de Nueva York en 1929 tuvo efectos devastadores en la economía del Perú. El Estado quedó en la bancarrota financiera, el comercio se contrajo, la moneda se devaluó, se restringió el crédito y aumentó la desocupación. El 22 de agosto de 1930, el teniente coronel Luis Miguel Sánchez Cerro tomó, con fuerzas del Ejército, la prefectura de Arequipa, emitió un manifiesto en contra del gobierno de Leguía, y se autoproclamó Jefe Supremo Militar y Político. En Lima, el 24 de agosto, Leguía era depuesto por una Junta Militar presidida por el general Manuel María Ponce; y, tras intentar salir del país, fue apresado. Sánchez Cerro, que contaba en la capital con un gran respaldo popular y el apoyo de las escuelas del Ejército y la Aviación, así como con el de los cadetes y la plana menor de la Marina, llegó a un acuerdo con el general Ponce, y arribó a Lima en olor de multitud el 28 de agosto para asumir la presidencia de una nueva Junta Militar de Gobierno (Basadre 1970, XIII: 381-398, Ugarteche 1969, I: 108-179).

2.1.1 Sánchez Cerro y la Marconi

El 25 de agosto de 1930, es decir, después del pronunciamiento de Arequipa, pero antes de ser reconocido como presidente de la nueva Junta Militar, Sánchez Cerro emitió un decreto en el que declaraba que su gobierno no reconocía validez a los actos y contratos celebrados por Leguía “o por sus sucesores en el Gobierno de Lima” a partir del 22 de agosto, y advertía que oportunamente se designarían “Comités de Investigación de las actas y contratos del Gobierno derrocado, anteriores al 22 de agosto último para la revisión de aquellos que fuesen lesivos a los intereses nacionales” (Ugarteche 1969, I: 149). La norma anticipaba cuál habría de ser la actitud del Jefe de Estado en relación con el discutido contrato con la Marconi que había regido correos, telégrafos, radiotelegrafía y radiotelefonía durante el Oncenio.

Mientras ello ocurría, la empresa norteamericana All American Cables, que tenía un contrato celebrado con el régimen de Leguía en mayo de 1929 sobre servicios internacionales de comunicación cablegráfica, radiotelegráfica y radiotelefónica, sugería al gobierno de Estados Unidos que reconociera a la Junta de Sánchez Cerro (Ugarteche 1969, I: 225).9

La Marconi, como era de prever, fue intervenida por la Junta. Se nombró a Alfredo Herrera (hombre muy cercano a Sánchez Cerro) como personero del fisco en ella. Herrera gozó de facultades administrativas para despedir y contratar personal.

2.1.2 Las innovaciones de Joaquín de Azambuja

El 1 de octubre de 1930, la Junta Militar dispuso mediante resolución suprema que el Ministerio de Gobierno asumiera directamente la administración del servicio de radiodifusión, nombrando a Joaquín de Azambuja como jefe de dicho servicio (Gargurevich 1995: 95-96). Un mes más tarde, el 1 de noviembre, Joaquín de Azambuja anunciaba una serie de innovaciones en la radiotelefonía local, “de acuerdo con las sugerencias de la dirección artística que la ejerce el prestigioso escritor Antonio Garland”. Las novedades, publicadas en los principales diarios de Lima, eran las siguientes:

a) El aumento de las horas de audición de broadcasting. En adelante serían seis las horas en las que transmitiría OAX, divididas en tres tandas: de 11.00 a 13.00, de 17.00 a 19.00, y de 21.00 a 23.00. Azambuja también anticipaba que se instalaría una nueva estación, a cargo de la casa F. W. Castellano y Hno., representante en Lima de Victor Talking Machine Co.; que emitiría su programación de 19.00 a 21.00. Esta estación se sumaría a OAX y a la de la casa Lemare que ofrecía una audición diaria de 18.00 a 19.30.

b) La instalación en curso de dos poderosos parlantes en la Plaza San Martín, “para dar audiciones públicas, como se hace en Buenos Aires, Río de Janeiro, y otras capitales de importancia”; Azambuja recalcaba que se contaba para ello con el apoyo del alcalde Luis Antonio Eguiguren, y que los parlantes eran puestos por la Casa Philips a cuenta de OAX.

c) La instalación de líneas directas a los cines Excelsior y Princesa, “a fin de dar al público, en las noches, la novedad de las retrasmisiones de los discos sonoros y películas parlantes de la Paramount, Goldwyn Mayer y Fox”. Anunciaba la inauguración de ese servicio para el 3 de noviembre próximo.

d) La instalación de un moderno aparato eléctrico de pick-ups en la estación OAX.

e) La solicitud a la National Broadcasting de Nueva York del envío de discos que se imprimían allá.

f) La cooperación de las casas Victor, Columbia, Brandes, Brunswick, Odeón y Lemare en el suministro de discos, “con lo que se podrá dar gran variedad a los programas”, sin dejar de contemplar en ellos “la inclusión de artistas de variedades que actúan en la localidad”.

g) El permanente concurso de “artistas amateurs, literatos y poetas de valía nacionales”, lo que “proporcionaría a los radioescuchas verdaderas veladas de arte y de buen gusto”.

h) La emisión de boletines diarios de noticias (a las 12.00 y 21.00 horas) suministrados por los diarios El Comercio y La Prensa.

i) La recepción de anuncios comerciales que no excediesen de 25 palabras.

j) La continuación de las clases de inglés, para lo que se convocaría a un concurso de profesores de ese idioma.

Azambuja concluía haciendo una invocación a los radioescuchas a que pagaran sus cuotas de licencia (diez soles por semestre), aclarando que el abono era obligatorio para quienes tuvieran aparatos de radio en general, con antena o sin ella. Añadía que existían aún “puntos por desarrollar”: la instalación de aparatos de radio en escuelas fiscales, establecimientos penales y asilos; y la implantación de una poderosa estación de onda corta transmisora y receptora cuya señal pudiera alcanzar a todo el Perú y llegar con nitidez al extranjero.

En la nota se decía, también, que se instalarían más parlantes en otros sectores de Lima y balnearios “como medio de esparcimiento para la clase media y el pueblo que no cuenten con recursos suficientes para adquisición de un aparato de radio”. Se invocaba, finalmente, “a los comerciantes de este ramo, la necesidad de vender aparatos de radio de bajo precio, a fin de que muchas personas que por modesta situación económica no puedan adquirir aparatos de lujo, como los que actualmente se venden, tengan a su alcance aparatos pequeños de menor valor” (La Noche, 1 de noviembre de 1930; La Crónica, 1 de noviembre de 1930; La Prensa, 3 de noviembre de 1930).

Los anuncios hechos por Azambuja son relevantes. Expresan un interés que parece venir desde la Junta de Gobierno, por extender el consumo del medio en los sectores populares, es decir, en esos mismos sectores que habían aclamado a Sánchez Cerro en Arequipa y Lima. Debe anotarse que el jefe de la Junta, pese a haber dicho en un primer momento que no se presentaría a las elecciones presidenciales, anunció luego su postulación, la misma que sería muy controvertida. Es probable que Sánchez Cerro tuviera presente, ya por entonces, la utilidad política que podría depararle la radio como medio de propaganda y movilización.

En las palabras de Azambuja se observa, al mismo tiempo, una estrategia dirigida a captar no solo más oyentes (a través de parlantes, aparatos de bajo costo, y la ampliación y mejora de la programación), sino también anunciantes; no otra cosa se deduce de la apertura de OAX a la publicación de avisos comerciales y los acuerdos a los que se había llegado con las casas de discos. A pesar de que aún era vital para OAX el pago de la licencia, era obvio que se estaba pensando ya en otra forma de financiamiento de la emisora. Finalmente, es de destacar que la instalación de nuevas estaciones, de carácter privado, empezaba a perfilar un modelo que se consolidaría al final de la década, caracterizado por la presencia de una fuerte radiodifusora estatal y varias estaciones comerciales privadas.

Sánchez Cerro no esperó demasiado para emplear la radio (y las innovaciones de Azambuja). El 31 de diciembre de 1930, los periódicos de Lima anunciaban que el presidente de la Junta emitiría por radio un discurso a las 12 de la noche, saludando por el Año Nuevo al país. Transmitiría la OAX en banda de 380 metros y la emisora del radioaficionado Germán Gallo Porras en banda de 41 metros. “De esta manera todas las personas que tengan aparatos de radio, de onda corta o larga, podrán escuchar las palabras del señor Presidente, y el resto de la población podrá escucharla por medio de los altoparlantes que la OAX tiene instalados en la Plaza San Martín” (La Crónica, 31 de diciembre de 1930).10 En su mensaje, Sánchez Cerro pidió cooperación, perseverancia y austeridad para reconstruir el país “después de once años de sistemática destrucción” (La Noche, 1 de enero de 1931).

Semanas después, el 23 de febrero, el Jefe de Estado emplearía nuevamente el medio para declinar su candidatura presidencial. Sus palabras se escucharon, según el diario La Noche, “en todos los restorantes, en las calles donde los altoparlantes irrumpen sobre el tráfico [...]. En el Leons, en El Rey Mono, en el Hotel Canessa, en los flancos de la Plaza San Martín [...]” (La Noche, 23 de febrero de 1931).

2.1.3 Marconi y OAX durante el gobierno de Samanez Ocampo

Tras insurrecciones en el sur y el norte del país, Sánchez Cerro dimitió el 1 de marzo de 1931, y viajó a Europa. Fue elegido Presidente provisorio el titular del Poder Judicial, Ricardo Leoncio Elías. No obstante, Elías no fue reconocido por los insurrectos del sur. El 5 de marzo, el comandante Gustavo Jiménez derrocó a Elías y convocó a David Samanez Ocampo (entonces cabeza de la Junta Civil del Sur que había desconocido a Elías) para que presidiera una Junta Nacional de Gobierno que se instaló el 11 de marzo en Lima.

La nueva Junta de Gobierno se planteó como objetivo la vuelta a la constitucionalidad; en mayo de 1931 convocó a elecciones a la presidencia de la República y a un Congreso Constituyente. Aprobó, también, un Estatuto Electoral.

La renuncia de Sánchez Cerro y el nombramiento de Samanez Ocampo como nuevo jefe de gobierno, ocasionó el cese inmediato de Alfredo Herrera como personero del fisco ante la Marconi, pero no el término de la intervención estatal en la empresa británica. La labor de Herrera fue elogiada por sus correligionarios y criticada por los opositores de Sánchez Cerro. La Revista Semanal denunció que, desde el nombramiento de Herrera, la estación OAX había generado pérdidas de 650 soles mensuales. Acusaba también al personero de haber repuesto a trabajadores que habían sido despedidos por malos manejos, haber creado nuevos puestos y hacer gastos innecesarios para adornar lujosamente su oficina (La Revista Semanal, 12 de marzo de 1931). El periódico El Hombre de la Calle (dirigido por Federico More) precisó que la Marconi, bajo la administración de Herrera, había gastado 30.502,90 soles de octubre de 1930 a febrero de 1931 (El Hombre de la Calle, 21 de marzo de 1931). Herrera denunció penalmente al director de La Revista Semanal por calumnia cuando esta sugirió que lo procesaran por malversación de fondos; el exfuncionario recordó que, según el contrato de 1926 entre el gobierno y la Marconi, al personero del fisco solo le correspondía supervisar la administración de la compañía, no el manejo de renta alguna, cosa que él había observado escrupulosamente. En el lugar de Herrera fue nombrado el abogado cusqueño Manuel Velasco, quien a su vez fue víctima de ataques por parte del órgano de prensa sanchezcerrista La Opinión.

La caída de Herrera arrastró la de Azambuja, a quien la prensa contraria a Sánchez Cerro acusó de haber convertido a la OAX en un medio de propaganda a favor del renunciante Jefe de Gobierno. Decía, ironizando, El Hombre de la Calle:

El joven Alfredo [Herrera] tenía un amiguito. El señor Azambuja. Este señor Azambuja es tremendo. Se metió en la OAX, hizo gastar un montón de plata y habló de los enemigos del heroico, si que mocho, Comandante. Y aumentó los gastos de esa estación de furiadifusión en seiscientos cincuenta del ala. Del ala arcangélica del joven Alfredo. ¿Con qué objeto se metía el joven Alfredo en líos con la OAX? Nadie lo sabe. Pero desde sus frescos y muelles sillones, el joven abogado le ordenó al asesor que le dijese al secretario para que le avisara al contador para encargar al auxiliar que le encargasen cosas raras al señor Azambuja. Y el señor Azambuja empezó a decir un montón de lisuras contra el mundo. El único que era buen señor, elegante y buen mozo, era el señor Sánchez Cerro. Imaginen ustedes. Qué barbaridad, ¿no? (El Hombre de la Calle, 14 de marzo de 1931).

La Tribuna, órgano del Partido Aprista Peruano, también fustigó a la administración de Azambuja, acusándola de haber estado al servicio de los intereses políticos de Sánchez Cerro, a quien llamaba “tiranuelo seismesino” (en alusión a los seis meses que había durado como jefe de la Junta Militar):

Iba todo muy bien, cuando al bendito tiranuelo seismesino se le ocurrió introducir reformas que, como siempre, gravaron más el presupuesto. La oficina que, primitivamente, a órdenes de Antonio Garland, intelectual de diecicocho kilates, realizaba funciones de cultura evidentes, cayó en un aciago y triste artículo de propaganda a la autocandidatura del tiranuelo, y de denigración de quienes la combatían (La Tribuna, 15 de junio de 1931).

La Tribuna, sin embargo, se oponía al cierre de la estación por parte de la nueva Junta, como al parecer se estaba comentando que ocurriría:

Nos hemos informado de modo semioficial de que se trata de suprimir la estación de la radio OAX. Por economía se quiere realizar un acto injustificable, contra el cual habrán de protestar todas las personas cultas e incultas, es decir, todo el país [...]. No nos imaginamos con qué criterio puede hacerse algo tan incomprensible, y menos cuando, justamente, el radio está ayudando a una labor de efectivo provecho como es la que viene realizando el Departamento de Extensión Cultural de San Marcos [...]. Cumplimos con dar nuestra voz de alarma a tiempo, antes de que el mal se realice. Y creemos que no ha de llegarse al extremo de suprimir un servicio que es signo y vehículo de civilización (La Tribuna, 15 de junio de 1931).

La Junta de Samanez Ocampo no cerró OAX, sino que entregó la administración de la emisora en concesión a una nueva empresa privada, la Compañía Nacional de Radiodifusión S. A., fundada por Guillermo Lazarte, Santiago Neguib y Félix Navarro, e inscrita en el registro público para tal fin el 2 de octubre de 1931 (Gargurevich 1995: 96). La nueva empresa concesionaria puso a fin a los servicios de Antonio Garland como programador de la emisora (La Tribuna, 23 de enero de 1934).

2.1.4 La radio y las elecciones de 1931

Las elecciones de 1931 marcaron la aparición en el escenario político del país de los partidos de masas: la Unión Revolucionaria, encabezada por Sánchez Cerro (quien había regresado al país), y el Partido Aprista Peruano, liderado por Víctor Raúl Haya de la Torre. Contendieron por la presidencia: Sánchez Cerro, Haya de la Torre, José María de la Jara y Ureta y Arturo Osores. La campaña electoral fue intensa; sin embargo, a juzgar por la información revisada, no fue empleada la radio como medio de propaganda. Se hizo uso de volantes, periódicos, revistas, carteles, mítines, conferencias, pero, aparentemente, no de la radio (Stein 1980).

Los comicios se realizaron el 4 de octubre. Días después, Sánchez Cerro reiteró en un comunicado su desacuerdo (planteado semanas antes) con la decisión del jurado electoral de que no se efectuara el conteo de los votos en mesa inmediatamente después de la elección, sino que se esperara a que todas las ánforas de provincias llegaran a la capital para hacer el escrutinio. Las ánforas vendrían a través del servicio de correos a cargo de la Marconi. Decía Sánchez Cerro:

Yo sé que no puedo esperar imparcialidad de una junta de gobierno que negó mi entrada al Perú con fútiles pretextos; que ha hostilizado a mis partidarios; y que apoya, ahora una candidatura oficial. Tengo, por consiguiente, derecho a mirar con desconfianza un procedimiento que deja en manos del ministerio de gobierno, y más particularmente del correo y de esa misma compañía Marconi que durante la época de la tiranía tan experta fue en la violación de la correspondencia – el cuidado de las ánforas que habrán de contener los sufragios de los ciudadanos del Perú (Ugarteche 1969, II: 231).

La Junta de Samanez Ocampo, en efecto, había obstaculizado el retorno de Sánchez Cerro al país. Las elecciones, sin embargo, fueron ganadas por Sánchez Cerro. La instalación del Congreso Constituyente y la juramentación del Presidente de la República tuvieron lugar el 8 de diciembre de 1931 en el Palacio Legislativo. La ceremonia fue transmitida por OAX:

Sobre la derecha de la sala, entrando, por la puerta principal, en los pasadizos, detrás de uno de los mamparones, se ha instalado la estación de radio de la O. A. X. Que, como el día anterior, va a trasmitir todos los detalles de la memorable sesión. Sobre el estrado se colocan más tarde dos micrófonos, frente a los cuales han de hablar el presidente de la junta de gobierno y el presidente constitucional, comandante Sánchez Cerro (Ugarteche 1969, II: 259).

2.1.5 La rescisión del contrato con la Marconi

Una vez asumido el mando por Sánchez Cerro e instalado el Congreso Constituyente con mayoría de su partido, la Marconi fue colocada nuevamente en la mira.

Manuel Velasco renunció como personero del fisco ante la compañía británica el 9 de diciembre, y en su reemplazo fue nombrado Oswaldo Hoyos Osores. La Opinión, órgano de prensa del partido sanchezcerrista Unión Revolucionaria, publicó en enero de 1932 un artículo en el que demandaba que los servicios encargados a la Marconi “por mil razones deben ser única y exclusivamente manejados por peruanos” y afirmaba que la empresa británica “está sindicada por la opinión pública como la más inicua de las explotadoras entre las compañías extranjeras que hay establecidas dentro de nuestra circunscripción territorial” (La Opinión, 16 de enero de 1932).

Por último, el Congreso Constituyente ordenó mediante Ley 7576 del 13 de agosto de 1932 que el Estado interpusiera acción rescisoria ante el Poder Judicial del contrato que había firmado la Marconi con el gobierno de Leguía, y recomendó al Ministerio Fiscal que procediera “con la mayor actividad y celo en la secuela de los juicios que inicie contra la Compañía Marconi, solicitando si fuese preciso el embargo preventivo y demás medidas judiciales precedentes; teniendo en cuenta el daño que sufre el país con la continuación de la administración encargada a esa Compañía” (El Comercio, 10 de setiembre de 1932).

2.1.6 El Reglamento General de Radio de 1932

El 28 de mayo de 1932, el gobierno emitió un Reglamento General de Radio (publicado en El Comercio, 12 de junio de 1932). Se establecía en él que la Jefatura General de Radio expediría licencias a estaciones de seis tipos: de servicio internacional, de radiodifusión, privadas, de aeronavegación (fijas y móviles), experimentales, de carácter científico (fijas y móviles), y de aficionados. El Estado se reservaba el derecho de autorizar la frecuencia, el tipo de onda y la clase de aparatos que serían utilizados.

Se consideraban como estaciones de radiodifusión las estaciones comerciales de broadcasting que obtuviesen “autorización para efectuar transmisiones con fines de propaganda comercial, música, etc.”. La frecuencia asignada era entre los 1500 y 550 kilociclos, con longitudes de onda de 200 a 545 metros. El reglamento precisaba en su numeral 27 que “las transmisiones deberán tener como primordial objeto, ofrecer audiciones artísticas y culturales, noticias de interés general, y, en especial, difundir la música nacional”. En el siguiente artículo establecía: “Quedan terminantemente prohibidas las transmisiones que tiendan a llevar la alarma al público y a la propaganda política disociadora”.

Estación privada era, según el reglamento, “toda compañía o particular que para su uso exclusivo o el de su negociación y con fines de carácter comercial necesita instalar un servicio de comunicación” (artículo 29).

Las estaciones destinadas al servicio aeronáutico eran clasificadas como comerciales, y se distinguía en ellas a móviles y fijas (artículos 30 a 33).

Las estaciones experimentales eran, según la norma, aquellas que tenían “como objeto el progreso técnico y científico, y todo lo relacionado a la radioelectricidad”. Las entidades solicitantes, entre las que se mencionaba a las universidades y escuelas técnicas, debían precisar el motivo de la instalación. Se indicaba que para evitar “perturbación al servicio público y oficial, todos los experimentos se efectuarán de acuerdo con la gama de ondas correspondientes a los aficionados” (artículo 37). La diferencia entre las estaciones experimentales y las de carácter científico no era clara, pues no se definía a estas últimas, señalándose únicamente que la obtención de su licencia era gratuita, que se clasificaban en móviles y fijas, y que debían justificar sus fines, estando obligadas a dar cuenta de sus estudios y observaciones a la Jefatura General de Radio (artículo 42).

En cuanto a las estaciones de aficionados, tampoco había definición, pero se advertía que “sólo podrán hacer uso de sus transmisiones para mensajes que tengan relación con observaciones y experiencias científicas o de un carácter personal”. Se prohibía “en absoluto” a las estaciones de esta categoría “utilizar los aparatos para comunicar noticias a terceros, ni nada que tenga carácter se servicio radiotelegráfico, telegráfico o telefónico, y haya interés pecuniario” (artículo 43). Decía que no estaban facultadas para comunicarse con estaciones comerciales y oficiales, pero hacía excepciones por casos de sintonía, experimentos solicitados o de emergencia; no precisaba, sin embargo, los “casos de sintonía” (artículo 54). Advertía que “la moralidad del aficionado transmitente” sería “puesta a prueba”, debiendo concretarse el emisor “a sus experimentos” y en ningún momento auspiciar “comunicaciones maliciosas, de carácter político que alteren el orden público, así como también transmitir noticias falsas o inmorales que afecten las buenas costumbres” (artículo 56).

El reglamento establecía tarifas de licencia e indicaba que los derechos que se recaudasen por concepto de licencia de aficionados se destinarían “al sostenimiento de la Estación de Radiodifusión O. A. X. de propiedad del Estado” (artículo 65).

2.1.7 El mensaje de Sánchez Cerro por OAX tras el atentado de Miraflores

El Partido Aprista Peruano no reconoció la legitimidad de la elección de Sánchez Cerro en 1931. El mismo día de la juramentación del Presidente, el líder del PAP, Víctor Raúl Haya de la Torre, pronunció en Trujillo un discurso en el que habló, a propósito de las elecciones, de “la victoria fugaz del fraude y la usurpación”. El 24 de diciembre de 1931 hubo un tiroteo en esa misma ciudad. Según el Apra se trató de un atentado contra la vida de Haya de la Torre; en la versión del gobierno, militantes apristas promovieron un alboroto subversivo.

Tres días después del incidente de Trujillo, el Ejecutivo envió al Congreso un proyecto de Ley de Emergencia, que fue aprobado el 9 de enero de 1932 con oposición aprista. El 15 de febrero, Haya de la Torre, perseguido, pasó a la clandestinidad, y el 29 de febrero, invocando la Ley de Emergencia, el gobierno deportó a veintidós parlamentarios apristas. El 6 de marzo, un joven aprista, José Melgar Márquez, disparó contra Sánchez Cerro cuando este salía de la iglesia matriz de Miraflores. El Presidente, gravemente herido, fue internado en la Clínica Delgado.

La tarde del 23 de marzo, Sánchez Cerro, aún convaleciente, dirigió un mensaje a la nación desde la clínica, a través de los micrófonos de OAX. Según La Crónica, “gran cantidad de ciudadanos se estacionaron en la Plaza San Martín, y en las proximidades de las casas de música y establecimientos con radio” para escucharlo. El Presidente agradeció a la divina providencia y condenó, sin mencionarlo por su nombre, al Partido Aprista: “Mi gobierno no puede permitir que en el país se prediquen doctrinas de destrucción y odio, ni tampoco que el Perú sea hogar de una secta de fanáticos que llegan hasta el crimen, en su locura por convertirlo en la llamada ‘célula’ de un organismo internacional” (La Crónica, 24 de marzo de 1932).

2.1.8 Insurrección aprista y suspensión de licencias de radiotelefonía

Los siguientes meses del gobierno de Sánchez Cerro fueron aún más violentos. El 6 de mayo, Haya de la Torre fue apresado. Al día siguiente un motín de marineros contra el régimen culminó con el fusilamiento de ocho de ellos. El 7 de julio tuvo lugar la sublevación aprista en Trujillo. Fueron asesinados militares y policías que habían sido tomados prisioneros por los alzados. La insurrección fue sangrientamente reprimida por las Fuerzas Armadas, que tomaron el control de la ciudad el 11 de julio luego de combates y bombardeos, calculándose los muertos apristas en centenares, muchos de ellos víctimas de ejecuciones extrajudiciales.

El mismo 11 de julio el gobierno emitió una resolución suprema suspendiendo todas las licencias de radio concedidas a estaciones privadas, con excepción de la OAX, la que, sin embargo, quedaba sujeta al control del Ministerio de Gobierno. La norma advertía que las estaciones que no cumplieran con lo dispuesto y funcionasen clandestinamente recibirían las sanciones establecidas en la Ley de Emergencia, que eran de multa, ocupación y suspensión del servicio (La Crónica, 13 de julio de 1932).

Al cumplirse el 22 de agosto de 1932 el segundo aniversario del alzamiento de Sánchez Cerro en Arequipa, el Presidente, ascendido ya a general, hizo uso de la OAX para dirigirse al país. Lo presentó el director de la estación, Guillermo Lazarte, con encendidos elogios, que ejemplifican la obsecuencia de la emisora al régimen:

Por dos razones poderosas la dirección de la estación OAX siente verdadera satisfacción al dirigirse a sus oyentes: celebra el país, en esta fecha, el acontecimiento nacional que hace dos años llenara de júbilo patriótico el corazón de todos los peruanos: el derrocamiento de una tiranía que durante once años dejó sentir su insolente impudicia y que un valeroso ciudadano se encargó de arrancar de raíz, dándonos una segunda libertad. Esa, una razón; la otra, el anunciar que dentro de breves instantes va a dirigirse al país, a través del espacio aquel patriota: el General Luis M. Sánchez Cerro, Presidente Constitucional de la República: Trasmite OAX. Lima, Perú (La Crónica, 23 de agosto de 1932).

A través de los micrófonos, Sánchez Cerro fustigó al Apra, a la que llamó “secta internacional que predica la carnicería de las guerras civiles”. En el plano de la economía, notificó que los productos peruanos comenzaban a experimentar mejoras en los mercados, y que otorgaría facilidades y garantías a “una legión de buscadores de oro” que habían llegado al país “atraídos por el alto precio de este metal”. No obstante, llamó a una colecta nacional para aliviar las penurias del fisco. Asimismo, prometió la irrigación de La Joya, y anunció la continuación de las obras públicas. Nada hacía prever la guerra exterior que se avecinaba, en la que también le cupo un papel a la radio.

2.2 El conflicto con Colombia: La guerra a través de altoparlantes

El 1 de setiembre de 1932, un grupo de ciudadanos peruanos se apoderó por la fuerza de la región de Leticia, que había pasado a ser parte de Colombia según el tratado Salomón-Lozano, firmado en 1922 durante el gobierno de Leguía. El gobierno de Sánchez Cerro, tomado por sorpresa, se encontró en una situación difícil: era contrario a cómo se había firmado el tratado y discrepaba de la cesión de territorio acordada en él; pero, por otra parte, le reconocía validez jurídica. Presionado por la opinión pública a respaldar a los ciudadanos peruanos que habían ocupado Leticia, intentó lograr una revisión del tratado sobre la base de la impopularidad de este en el país; lo que fue rechazado por Colombia. Los enfrentamientos armados no tardaron en producirse, y encontraron al Perú mal equipado para una guerra y con escaso dinero en sus arcas.

Sánchez Cerro se dirigió constantemente a la población por radio durante el conflicto, empleando el sistema de altoparlantes para dar mayor alcance a sus discursos. El 18 de febrero de 1933 emitió un mensaje en medio de gran expectativa. El Comercio informó que:

Desde antes de las nueve de la noche de ayer, hora en que de ordinario se inicia la audición cotidiana de la estación radiodifusora OAX del Perú, los cafés, cantinas, bares, establecimientos públicos y casas particulares que cuentan con aparatos de radio, se vieron invadidos de gente deseosa de escuchar las palabras del Presidente de la República” (El Comercio, 19 de febrero de 1933).

La Crónica precisaba a su vez que “faltando media hora, público numeroso se hallaba congregado en las plazas y plazoletas donde habían instalado los altoparlantes” (La Crónica, 19 de febrero de 1933).

Sánchez Cerro expuso esa noche la posición del gobierno, consistente en la revisión del tratado, y se quejó de que el clamor de los peruanos fuera “aceradamente juzgado por Colombia con inflexible y arcaico criterio jurídico, mas no con comprensión humana”. Advirtió, dramáticamente, que había “llegado la hora de repeler la fuerza con la fuerza” (La Crónica, 19 de febrero de 1933).

El mensaje, según El Comercio, fue recibido “con una ovación y coreado con vivas al Perú [...] improvisándose después una manifestación que recorrió las calles del centro, poseída de exaltado patriotismo y que llegó hasta la Plaza de Armas”. Esta manifestación “que alcanzó a reunir algunos miles de ciudadanos, se formó con los diversos grupos que habían escuchado el mensaje presidencial desde los distintos puntos donde funcionaban aparatos de radio y altoparlantes” (El Comercio, 19 de febrero de 1933).

Dos días después, el 20 de febrero, tuvo lugar una gigantesca manifestación de apoyo a la toma de Leticia (más de cien mil personas, de acuerdo a lo publicado por los diarios). Sánchez Cerro y el alcalde de Lima dieron discursos que fueron escuchados en todo el país, según La Crónica, gracias a que “en diferentes lugares de la República se pusieron altoparlantes” (La Crónica, 21 de febrero de 1933).

Otras autoridades también usaron la radio en la coyuntura. El 25 de febrero de 1933, el jefe del Gabinete Militar, comandante Castro Ríos, se dirigió por OAX a la población para solicitar su colaboración monetaria a fin de sostener la guerra, haciendo insólitas alusiones al carnaval:

En consecuencia, queridos compatriotas, por la Patria y por Leticia, os invito a depositar, en las alcancías de la Defensa Nacional, por medio de la adquisición de la insignia respectiva, que debe lucir en el pecho de todos los peruanos, una pequeña parte de lo que pensabais gastar alegremente en el carnaval, con el fin de dotar a los institutos armados del Perú con serpentinas de acero para los cañones, confetis para las ametralladoras y fusiles y bombas para los aviones que han de mantener muy en alto, y con mucha gloria, el pabellón y el honor nacionales, en el épico carnaval que, contra nuestra voluntad, se ha iniciado en el Oriente y cuya reina será, por este año, Leticia, que fue, es y será siempre peruana (La Crónica, 26 de febrero de 1933).

En marzo, la señorita Beatriz Cisneros, del Consejo Nacional de Mujeres, y la señorita Helena Gazzani, de la Escuela de Enfermeras del Perú, se presentaron en OAX para pedir apoyo a la reorganización de la Cruz Roja Peruana mediante un óbolo a entregarse en el Día Patriótico Femenino. En abril de 1933, la Secretaria General de la Junta General Patriótica de Damas de Loreto residentes en Lima, Barcia Bonifatti, ofreció en OAX una charla sobre las “madrinas de la guerra”, invocando a “todas las mujeres del Perú” a que eligieran a un soldado como ahijado (La Crónica, 9 de abril de 1933).

Por otro lado, hubo, al parecer, un intento del gobierno de impedir, mediante el alargamiento de la onda de OAX, que se recibieran en el Perú las emisiones de radios colombianas; al menos fue lo que afirmó meses después La Tribuna (23 de enero de 1934).

2.3 La Marconi y el Estado peruano después de la muerte de Sánchez Cerro

El presidente Sánchez Cerro fue asesinado el 30 de abril de 1933, cuando salía en un auto descubierto del hipódromo de Santa Beatriz, después de que presenciara un desfile de reservistas en el marco de la guerra con Colombia. Ese mismo día, el Congreso eligió como nuevo Presidente al general Óscar R. Benavides, quien en aquellos momentos ejercía el comando de las Fuerzas Armadas. En junio, Benavides marcó distancias políticas con el sanchezcerrismo y nombró jefe de gabinete a Jorge Prado Ugarteche, quien se presentó ante el Congreso el 5 de julio para leer su programa de gobierno, recibiendo al final un voto de confianza. La sesión fue transmitida por OAX; era la primera vez que la radio emitía en directo la exposición de un primer ministro ante el Congreso.

Ese mismo mes, el Congreso dispuso que el Ejecutivo fuera “el único encargado de modificar el contrato vigente con la Marconi”, anulando por tanto las gestiones de resolución iniciadas el año anterior. El diario La Crónica (adquirido ya por Rafael Larco Herrera) decía estar seguro de que el gobierno daría “las facilidades que la Marconi’s Wireless ha menester para que pueda completar su obra, mejorando considerablemente el sistema de comunicaciones postales, telegráficas y de radio”. Añadía: “Sabe el gobierno, y así lo entendemos quienes contemplamos el asunto sin apasionamiento, con un criterio eminentemente nacional, que ninguna otra empresa similar ofrece la solvencia y garantía técnica de la Marconi” (La Crónica, 26 de julio de 1933). Con la muerte de Sánchez Cerro, pues, la actitud del Estado hacia la Marconi tomaba un nuevo giro, favorable a la empresa británica, con el apoyo de algunos medios de prensa, como La Crónica.

La empresa norteamericana All American Cables no vio con buenos ojos este cambio, conocedora de las pretensiones monopólicas de la Marconi, que había reclamado siempre la exclusividad sobre los servicios de radiotelegrafía y radiotelefonía internacional. All American Cables había ganado en 1929, durante el gobierno de Leguía, una batalla legal para obtener un contrato que le permitió instalar en el país estaciones de radiotelegrafía y radiotelefonía internacional e invocaba haber cumplido a cabalidad con lo estipulado en dicho contrato que, además, había sido ratificado en julio de 1931 por la Junta de Samanez Ocampo. Temía, no obstante, que en vista del restablecimiento de las buenas relaciones entre el Estado peruano y la Marconi, la empresa británica pretendiera retomar sus aspiraciones de exclusividad. Advertía que de atender a esos infundados anhelos, el Perú quedaría incomunicado con los Estados Unidos, pues según ley aprobada por el Congreso de ese país, el gobierno norteamericano prohibiría toda comunicación radiotelegráfica y radiotelefónica con entidades que “invocando un monopolio excluyan a Compañías Americanas de la libre explotación de estas industrias en cualquier parte del mundo” (La Crónica, 7 de julio de 1933).

2.4 El homenaje a la fundación española del Cusco

En agosto de 1933, OAX comenzó a emitir charlas de conocidos intelectuales en torno a la ciudad del Cusco, conmemorando el cuarto centenario de su fundación española. Participaron Luis E. Valcárcel, Carlos Ríos Pagaza, Anaximandro Vega y Emilio Harth Terré.

En octubre de aquel año, en el marco de la misma celebración, la emisora inició una serie de programas dedicados al Cusco, en los que, una vez por semana, una delegación de un departamento del país rendía homenaje a la ciudad imperial, previa presentación a cargo de un destacado intelectual cusqueño. La orientación de las conferencias y poemas era predominantemente indigenista; y entre los representantes de los departamentos figuraron varios miembros del Apra, evidencia de la breve tregua democrática que se vivió en los primeros meses del gobierno de Benavides, que para entonces había decretado ya una amnistía, permitiendo la libertad de varios presos políticos, incluido Haya de la Torre.

La primera delegación en usar los micrófonos de la radio, el 29 de setiembre, fue la iqueña, compuesta por Alberto Ureta, J. Alberto Ormeño, Lizardo Revoredo, Roger Luján Ripoll, Guillermo Morón Ayllón y Julio César Nieri. El 9 de octubre se presentaron los intelectuales puneños José Antonio Encinas, Emilio Romero y Alejandro Peralta, el parlamentario Francisco Pastor y el músico Virgilio Laghi, quien interpretó Pandilla aimara de Teodoro Valcárcel. La semana siguiente le tocó el turno a Cajamarca; participaron Horacio H. Urteaga, Mariano Iberico Rodríguez, Pedro Barrantes, Fidel Zárate, José Sabogal, Anaximandro Vega y el músico Alfonso de Silva. Siguió el homenaje de Loreto, representado por Genaro Herrera, Enrique Dávila Cárdenas, el poeta Miguel de Chuquipiondo y el guitarrista Miguel Ángel Casas.

En noviembre continuaron las transmisiones. La delegación de Apurímac estuvo integrada por Guillermo Pinto, Julio Velarde Valencia, Manuel Calle Luna y Arturo Bravo Pinto. El programa siguiente, dedicado por San Martín, incluyó canciones alusivas a Leticia: Viva Leticia, pasodoble de Carlos Cavero Egúsquiza, y A Leticia, muchachos, marcha de Manuel Clavero. En el homenaje de Ayacucho intervinieron el arpista Estanislao Medina, el conjunto musical dirigido por Justo P. Morales y los intelectuales Alberto Arca Parró y Enrique Galván. Por Ancash se presentaron Santiago Antúnez de Mayolo, Fermín Carrión Matos, Carlos Alberto Eyzaguirre, Ernesto Guzmán y el parlamentario Erasmo Roca; Rosa Roca leyó un poema de José Ruiz Huidobro y la orquesta La Rosa tocó “motivos autóctonos” (La Crónica, 22 de noviembre de 1933).

En el programa de La Libertad se presentó el jefe del Apra, Víctor Raúl Haya de la Torre. La emisión tuvo lugar el lunes 27 de noviembre, y fue presentada por Manuel Velasco Núñez, secretario general del Comité Pro IV Centenario del Cusco. La pianista Victoria Vargas de Sivirichi interpretó el himno del Cusco y hubo números musicales a cargo de un conjunto de artistas trujillanos dirigidos por Ernesto López Mindreau. Además de Haya, quien pronunció un “Homenaje al Cusco”, intervinieron Antenor Orrego, con el tema “Cusco, matriz de americanidad”; Alcides Spelucín, quien disertó sobre “Cusco y Trujillo”; y Ciro Alegría, quien declamó un “Poema al Cusco”, de su autoría (La Antorcha, 27 de noviembre de 1933).

En diciembre hubo dos programas de homenaje de Arequipa a la ciudad imperial. En el segundo hizo de anfitrión José Z. Portugal e intervinieron Enrique Cornejo Koster, Raquel Delgado de Castro y Rómulo Meneses; este último exigió la solución al problema del indio y el campesino cusqueño, enfocando el tema “desde el punto de vista de la ideología aprista” (La Crónica, 9 de diciembre de 1933). El mismo mes tuvo lugar el homenaje de Junín; presentó el cusqueño Antonio de la Torre, participaron Salvador Faura, Clodoaldo Espinoza Bravo y el poeta Julián Petrovik (Óscar Bolaños Díaz), cantó un coro de alumnas del colegio de la señorita Edelmira del Pando; las señoritas Josefina García y Goya Altamirano también interpretaron canciones, “con el acompañamiento de las guitarras de José Santander y Manuel Cornejo Valdivia” (La Crónica, 14 de diciembre de 1933). El 18 de diciembre, dentro del homenaje de Lambayeque, fue programada la charla “Hacia el Tahuantinsuyo”, a cargo del dirigente aprista Luis Heysen.

En el homenaje ofrecido por Lima, en enero de 1934, participaron José de la Riva Agüero, Óscar Miró Quesada, Rafael Larco Herrera, Jorge Guillermo Leguía, Angélica Palma y la Academia Nacional de Música Alzedo.

Los problemas surgieron en la decimotercera emisión de homenaje. Correspondía la fecha de entonces (8 de enero de 1934) a la delegación de Piura. Se anunció en los diarios que se presentarían Luis Antonio Eguiguren, Luis Humberto Delgado, Luciano Castillo y el poeta piurano José Santos Berríos. El anfitrión sería el cusqueño Clímaco Tamayo. Castillo, Eguiguren y Tamayo integraban entonces el Congreso Constituyente: Castillo era representante de Piura por el Partido Socialista; Eguiguren (de origen piurano) era parlamentario por Lima y líder del Partido Social Demócrata; Tamayo era congresista por Cusco. La transmisión fue suspendida, según se dijo inicialmente por “desperfecto de la máquina de la estación”; sin embargo, La Tribuna denunció que los discursos de los participantes en el homenaje habían sido censurados por Santiago Neguib, inspector general de radio, quien pidió que se los entregaran por escrito antes de la transmisión, y, luego de leerlos, ordenó cancelar el de Luciano Castillo y tarjó párrafos en los de Eguiguren, Tamayo y Delgado. Los oradores, según el diario aprista, protestaron y resolvieron, indignados, no tomar parte de la audición, debiendo suspenderse esta (La Tribuna, 13 de enero de 1934; La Tribuna, 17 de enero de 1934).

El Comité Pro IV Centenario del Cusco emitió un comunicado en el que culpó de la censura a la Jefatura General del Servicio Radiotelegráfico, pidió al gobierno una investigación al respecto y anunció que mientras ello no ocurriera, se suspenderían los homenajes departamentales al Cusco (La Tribuna, 13 de enero de 1934). Días después, Eguiguren, Castillo y Tamayo enviaron una carta al ministro de Gobierno y Policía, quejándose de la medida de censura en su calidad de representantes parlamentarios. Decían los congresistas en su misiva:

[...] el cargo legislativo nos obliga a dejar constancia ante Ud. de que esa censura es un atropello a la cultura y a la prerrogativa de la función de representante, al que no alcanza por expresa exclusión ni aún la ilegal ley de emergencia. No hay autoridad en la República que pueda poner veto a la expresión de un miembro del Congreso [...] (La Crónica, 17 de enero de 1934).

2.5 La programación de OAX de 1930 a 1933

Desde 1930, de acuerdo a lo anunciado por Joaquín de Azambuja, el horario de programación de OAX se amplío a tres tandas: mañana (11.00 a 13.00), tarde (17.00 a 19.00) y noche (21.00 a 23.00). Pese al cambio de administración y a la destitución de Antonio Garland en 1931, la oferta musical de OAX mantuvo su variedad genérica y se incrementó con el aporte de los discos de las casas Victor, Brandes, Brunswick, Odeón y Columbia, cuyos catálogos comprendían foxtrots, pasodobles, valses, rancheras, música clásica, etcétera. Gracias a ello, figuraban ya los nombres de Carlos Gardel, Tito Guízar, Libertad Lamarque y Marlene Dietrich entre los intérpretes anunciados en la programación. Asimismo, eran incluidos los temas musicales de las novedosas películas sonoras.11

No obstante, a inicios de 1931 hubo críticas al exceso de música popular grabada en la radio y a la desaparición de artistas nacionales de la programación, así como a la política de altoparlantes en plazas y calles de Lima que obligaba a los transeúntes a escuchar las melodías emitidas por OAX “mañana, tarde y noche”. En una nota de la revista Presente, dirigida por Carlos Raygada, tras formular los juicios mencionados, se hacía una exhortación “revolucionaria” (e irónica) al público a “disparar contra los altoparlantes de la Plaza San Martín, por considerarlos atentatorios de la paz urbana y del buen sentido de la cultura” (Presente 2, enero de 1931).

El panorama fue cambiando desde 1932. Entre las grabaciones ofrecidas ese año se observa, por ejemplo, alguna del tenor nacional Alejandro Granda (El Comercio, 8 de setiembre de 1932). La música popular peruana tuvo también cabida, aunque minoritaria, en 1932; así, se llegaron a irradiar yaravíes y huainos, entre estos últimos uno que llegaría a ser famosísimo: Adiós pueblo de Ayacucho de Estanislao Medina. En cuanto a los músicos costeños, se programaron canciones interpretadas por Sáez y los hermanos Azcue, y se presentó en vivo Carlos Saco, mientras que el dúo Salerno y Gamarra figuró como participante frecuente de las transmisiones.12 En el programa del jueves 5 de enero de 1933, publicado por El Comercio, se anunciaba a la jazz band Pacocha, integrada por Pedro A. Montalva, Enrique Santa Cruz, Francisco Hidalgo, G. Ortiz y Carlos Vásquez, que interpretaría las siguientes canciones: Paseando con Susana (foxtrot), El huerto de mi amada (vals), Yes, yes (foxtrot), Confieso que te amo (foxtrot), Rosa Luz (vals), Oh, hermosa (foxtrot), Abuelita (tango), Honolulu Moon (dueto de guitarras hawaianas), Pasión y odio (vals) y Pacocha (foxtrot) (El Comercio, 4 de enero de 1933). Es de destacar que, al parecer, esta fue la primera vez que se interpretaron en la radio composiciones de Felipe Pinglo, y que en varias de esas canciones (El huerto de mi amada, Abuelita, Pasión y odio), en el programa publicado por El Comercio Pedro A. Montalva figura como coautor.

Una de las primicias anunciadas por Joaquín de Azambuja en 1930, y que hoy puede sonar insólita, fue la retransmisión de películas sonoras desde determinadas salas cinematográficas. El miércoles 19 de noviembre de 1930 se anunció en La Prensa que desde el teatro Excelsior se emitirían las películas Vida nocturna y Orquesta típica mexicana, y se precisaba que en esta última actuaba una rondalla “ejecutando la popular canción ‘La paloma’ de Iradier” (La Prensa, 19 de noviembre de 1930). En realidad, se trataba de la retransmisión de escenas de ambas películas; no de las cintas completas. También se retransmitieron, desde el teatro Princesa, pasajes de los filmes sonoros Canción de cuna, El negro que tenía el alma blanca y El nuevo campeón. El viernes 16 de enero se anunció que se emitiría, esta vez sí íntegramente, de 21.30 a 23.30, la película Galas de la Paramount; también desde el teatro Princesa (La Noche, 15 de enero de 1931).

En los meses de junio y julio de 1931, OAX retransmitió un ciclo de charlas y conciertos desde la Universidad de San Marcos, organizado por el Departamento de Extensión Cultural encabezado por Luis Alberto Sánchez y César Barrio. Víctor Andrés Belaunde habló sobre “Filosofía de la serenidad”, Uriel García sobre “El feudalismo peruano”, el general Luis E. Galván hizo “Una interpretación de las ideas filosóficas de la educación”, Emilio Gutiérrez de Quintanilla se ocupó de las “Causas de la anarquía en el Perú”, Mariano Iberico disertó sobre “La filosofía de Ragel”, Antonio Ugarte tocó el tema de los bancos y Alberto Ureta expuso sobre George Duhamel. Es a este ciclo al que se refirió elogiosamente La Tribuna para argumentar en contra de un posible cierre de OAX por motivos económicos. Según el órgano del Partido Aprista, diariamente había “más de tres mil personas, además de las quinientas que acuden al salón de la Universidad, que escuchan las conferencias y conciertos de ese departamento” (La Tribuna, 15 de junio de 1931). La nota no precisaba cómo se hizo ese cálculo de tres mil oyentes.

OAX continuó brindando servicios informativos básicos durante aquellos años sobre cotizaciones, farmacias de turno y lotería. Incluyó horas dedicadas a la mujer, a los oyentes católicos y a los agricultores, así como clases de inglés. Hizo, además, destacadas transmisiones conjuntas con la estación de onda corta OA4B de Germán Gallo Porras, y homenajeó a diferentes naciones en La hora internacional; en diciembre de 1933, por ejemplo, se presentaron, en la emisión dedicada a España, el cónsul de ese país, Antonio Pinilla, y su esposa, la señora María Isabel Sánchez Concha (El Comercio, 1 de diciembre de 1933). También participó OAX en una campaña de combate a la tuberculosis durante los años 1932 y 1933, interviniendo en ella, entre otros especialistas, los doctores Max Arias Schreiber, Leonidas Klinge y Amadeo Soto.

La Tribuna cuestionó, no obstante, la programación de OAX bajo la gestión de Lazarte, como lo había hecho antes respecto a la de Azambuja. En enero de 1934 acusó a OAX de ser una sucursal de discos y repetir los mismos temas musicales en todos los horarios; criticó la Hora femenina (donde decía “no se escucha ninguna cosa real”), la Hora católica (“que se limita a transcripciones de discursos retóricos, con la única excusa de algunos coros interesantes”), la cátedra de periodismo (“a cargo de un señor que recién empieza a hacer periodismo, y en la peor forma posible”), y aseguró que la sociedad Neguib-Lazarte “sólo trata de llenar horas de cualquier forma, sin criterio selectivo y sin hacer gasto”. Demandaba La Tribuna una “reforma constructiva” de OAX que no solo fuera de programación, sino “financiera y técnica” (La Tribuna, 25 de enero de 1934).

La revista Suplemento, dirigida por José Faura, también objetó la administración de Lazarte, a comienzos de 1934. En un diálogo humorístico titulado “Los chismes del Jirón de La Unión”, se decía que la programación de OAX era “puro aviso y puro disco”; y se discutía la potencia y el alcance nacional de la emisora: “cuando se trasmitió el discurso presidencial de año nuevo [sic], para que fuera escuchado en todo el Perú, la trasmisión no llegó ni a Pisco por el sur, ni a Huacho por el norte”. Añadía que la compañía concesionaria le había “sacado el jugo a la pobre institución, comprando avisos y más avisos, sin gastar un solo centavo en reparaciones, ni en artistas, ni en nada” (Suplemento, 15 de marzo de 1934).

2.6 Avatares de los radioaficionados

En diciembre de 1930, Germán Gallo Porras emitió en onda corta el mensaje de Año Nuevo de Sánchez Cerro.

En enero de 1931 se fundó, por fin, el Radio Club Peruano. La primera junta directiva estuvo conformada por Germán Gallo Porras (presidente), Enrique Pérez Palacio (primer vicepresidente), Alfonso Cobián (segundo vicepresidente), Augusto Taimán (tesorero), Jorge Vargas Escalante (secretario), G. W. Wilson (pro secretario), Carlos Tudela, Alfredo Icaza, Harry Helden (fiscales); R. H. Cannock, R. Pflücker (vocales); Juan Seminario, Áureo Amorós y Alfonso Pereyra (consultores técnicos). Óscar Miró Quesada fue nombrado presidente honorario. La directiva se instaló en un local de la Calle de Estudios (Altos de la Biblioteca Nacional), que había sido cedido gracias a gestiones de Clemente Palma (Vargas y Gamio 1944: 103).

Quien mejor ha documentado estos primeros años de los radioaficionados es Jorge Vargas Escalante en su libro 40 años de radio en el Perú; sin embargo, no expone la razón de que transcurrieran varios años entre las reuniones preliminares y la constitución del Radio Club Peruano. En un artículo publicado en 1934 en el periódico aprista La Tribuna, se insinuaba que el retraso se debió a que Leguía, pese al impulso dado a la OAX, “persiguió a los especialistas de radio”, pues “el despotismo le teme siempre a la noticia”. Se aseguraba en la nota que Vargas Escalante y Gallo Porras habían sido detenidos “repetidas veces” durante el Oncenio “porque se sospechaba de que ellos lanzaban al exterior noticias de lo que ocurría en el Perú” (La Tribuna, 23 de enero de 1934).

El 19 de setiembre de 1931, la Junta presidida por Samanez Ocampo dispuso por decreto supremo que OAX entregara al Radio Club Peruano una de las tres estaciones de radio que tenía y que estaba al servicio de la Sociedad Agrícola La Esperanza, con el objeto de que pudiera ser utilizada “con fines de estudio y experimentación” (La Crónica, 9 de octubre de 1931). El Radio Club Peruano emitió su programación en banda de 230 metros a cargo de diferentes aficionados, la cual fue publicada desde agosto hasta el fin de aquel año en diarios de Lima; estaba compuesta en su mayor parte de temas musicales.

Durante el gobierno de Sánchez Cerro, sin embargo, volverían a surgir las dificultades para los radioaficionados. Según La Tribuna, al pionero Áureo Amorós se le confiscó su aparato de transmisión y “a la compañía Italo Peruana se le impuso una crecida multa por tener aparato difusor”, multa que habría pagado “su empleado, el señor Ezeta, quien además fue detenido” (La Tribuna, 23 de enero de 1934).

3. Un medio masivo

Al dejar su exclusividad para determinados núcleos favorecidos por el halago de la fortuna, pasó a sernos familiar. Perdíanse en las nebulosidades del pretérito los primeros aparatos rudimentarios. De los laboratorios extranjeros, siguiendo las pautas del progreso, nos llegaron los primeros tubos electrónicos, revolucionándose la manufactura de los aparatos receptores. Restábasenos la emoción íntima del esfuerzo personal traducido en la confección de un receptor construido en casa, pero en cambio ganábamos con la ampliación de la voz dentro del hogar y la selección de los programas. Decretóse, así, la desaparición de las victrolas y el auge de los radiófilos.

Luis Lama

El Comercio, 21 de junio de 1936

3.1 Radio y política en el gobierno de Benavides

Benavides concluyó un acuerdo de paz con Colombia en 1934. A partir de ese año empezó a recuperarse la economía peruana gracias al aumento del precio de la plata, el azúcar y, especialmente, el algodón; y al incumplimiento del pago de la deuda externa, que permitió al país aumentar su capacidad importadora y estabilizar la tasa de cambio. El gobierno incrementó los impuestos y, considerablemente, la inversión, atacando el desempleo con un programa de obras públicas. Pudo implementar, además, medidas de carácter social, entre ellas el establecimiento del salario mínimo y el seguro social obrero; y creó los ministerios de Educación y Salud (Klarén 2004: 341).

El clima político, sin embargo, continuó agitado. La amnistía dispuesta por el gabinete, llamado de “Paz y concordia”, presidido por Jorge Prado Ugarteche, no fue bien recibida por el diario El Comercio y los sectores sanchezcerristas, mientras que el Apra mantenía una actitud beligerante. Prado renunció el 24 de noviembre 1933, siendo nombrado un nuevo gabinete, presidido por el conservador José de la Riva Agüero, de inmediato rechazado por el Apra, que exigía la reposición de sus representantes en el Congreso. Benavides prometió a Haya de la Torre que, en lugar de la reincorporación de los representantes apristas, se realizarían elecciones complementarias al Congreso, pero ellas no fueron convocadas. El alejamiento de Riva Agüero de la presidencia del gabinete, el 18 de mayo de 1934, no calmó los ánimos. El 25 de noviembre tuvo lugar un intento de golpe de Estado promovido por el Partido Aprista que terminó con la prisión, el exilio y el retorno a la clandestinidad de varios de sus líderes. A raíz de ese incidente, y “habiéndose comprobado la transmisión de noticias de carácter alarmante y tendenciosas”, el gobierno decretó (el 29 de noviembre de 1934) la suspensión de las licencias de radioaficionados (Tribuna, 30 de noviembre de 1934; La Crónica, 30 de noviembre de 1934), medida que levantó al finalizar aquel año (Tribuna, 2 de enero de 1935).13

3.1.1 Las charlas del general

Como sus antecesores en la presidencia, el general Benavides empleó la radio para dirigirse al país en la coyuntura política. La noche del 31 de diciembre de 1934 pronunció un discurso que se emitió por OAX, la recién creada Radio Grellaud (OAX4B) y la emisora de onda corta OA4B de Germán Gallo Porras. Se colocaron altoparlantes en lugares públicos, como ya era costumbre. El director-gerente de OAX, Guillermo Lazarte, presentó al presidente Benavides, quien comenzó su alocución así:

No es un discurso el que voy a pronunciar; es una charla amistosa con mis conciudadanos, en estilo tan llano, preciso y claro como me sea posible. Hablemos, pues, sencilla, familiar y sinceramente, como compañeros que han hecho juntos un largo viaje y se detienen, después de una larga etapa, para comentar las dificultades vencidas, los progresos alcanzados, y para templar su optimismo y su fe en el comienzo de un nuevo camino […] (El Comercio, 1 de enero de 1935; Tribuna, 2 de enero de 1935).

El tono recuerda a las “charlas junto al fuego” que el presidente norteamericano Roosevelt dirigía a los oyentes de su país entre 1933 y 1936. Benavides pasó a enumerar los logros de su gobierno en materia económica, social y de política internacional, pero también se refirió a los sucesos políticos recientes:

[...] hice aún una nueva invocación a algunos sectores políticos que se desviaban de la senda en que honradamente debían actuar. La fatal influencia de las pasiones políticas, la incomprensión y las más mezquinas pasiones se impusieron sobre todo otro sentimiento. Y esas pasiones originadas por la ambición y por el odio han culminado en actitudes de rebeldía contra el orden, contra la paz pública, contra el bienestar y contra el prestigio de la nación (El Comercio, 1 de enero de 1935; Tribuna, 2 de enero de 1935).

El general Benavides volvió a dirigirse al país por radio al celebrar su segundo año en la presidencia. Esta vez hicieron cadena con OAX dos nuevas emisoras: la estación de onda corta OAX4D de All American Cable Inc. y OAX4C (Radio DUSA) (El Comercio, 10 de mayo de 1935). En su discurso anunció las elecciones generales del año siguiente y formuló votos para que: “El Perú elija en perfecta armonía, dentro de los principios y normas democráticas, al ciudadano que ha de sucederme y a quien entregaré las insignias del mando con el respeto del verdadero patriota y con la obediencia y la disciplina del soldado” (Atlántida 1981, II: 203).

Pocos días después, el 15 de mayo, el ambiente político se ensombrecería nuevamente con el asesinato del director de El Comercio, Antonio Miró Quesada, y su esposa María Laos de Miró Quesada, a manos de un joven militante aprista.

En medio de un clima otra vez violento y represivo, una resolución fechada el 5 de octubre de 1935, y firmada por el ministro de Gobierno y Policía, coronel Antonio Rodríguez, prohibió la propaganda de “tendencias comunistas y disociadoras” en todas sus formas, incluyendo en ellas a “la propaganda por radio” (La Crónica, 10 de octubre de 1935).

3.1.2 El asalto a Radio Sucre

La noche del 7 de enero de 1936, un destacamento armado integrado por jóvenes apristas tomó Radio Sucre para transmitir un mensaje de saludo por el aniversario de la Federación Aprista Juvenil (FAJ).

El asalto se produjo a las 22.50 horas. Los jóvenes eran alrededor de dieciocho, y llegaron en tres autos que estacionaron frente al edifico de la emisora. Diez o doce de los asaltantes ingresaron al inmueble, casi todos con los rostros cubiertos por pañuelos blancos. Los demás permanecieron en los autos y en la puerta de entrada. En el interior se encontraba el técnico de la estación, Raúl Rodríguez; el pianista Goyzueta Pardo, que ejecutaba un tema bailable; la señorita Armanda Vélez, cuya presentación había sido anunciada; personal de la radio y otras pocas personas. Los asaltantes reunieron a todos en el patio de la estación, amenazándolos con armas de fuego y emitieron un mensaje en el que, según el diario El Universal, saludaron a los militantes apristas y expresaron su solidaridad con “los compañeros presos en Satipo” (Villanueva y Throndike 2004: 75-77). Después huyeron en los autos con dirección a San Isidro.

La Crónica y El Comercio informaron que el mensaje no llegó a ser emitido debido a la reacción del personal de la radio y los vecinos (La Crónica, 8 de enero de 1936; El Comercio, 8 de enero de 1936); pero ambos diarios se rectificaron después, señalando que el mensaje se emitió “en parte”. La Crónica añadió que, ante la reacción de los empleados, “el que tenía en sus manos el mensaje procedió a comerse el papel con tal de no dejar huella alguna sobre el citado documento” (La Crónica, 21 de enero de 1936).

Según El Comercio, la policía sospechaba de los empleados de la emisora, pues los asaltantes habían procedido “con perfecto conocimiento del terreno en que actuaban”, y habían manejado sin titubear los aparatos, como si los conocieran. Concluía la información señalando que “de las investigaciones practicadas se desprende que casi en su totalidad los empleados de la estación pertenecen a partidos políticos de izquierda” (El Comercio, 9 de enero de 1936).

El 15 de enero, La Crónica informó que, según el atestado policial, se encontraban comprometidos “los hermanos Arbulú”, señalándose a uno de ellos como el cabecilla del operativo (La Crónica, 15 de enero de 1936). El 21 de mismo mes, La Crónica dio cuenta de que cuatro jóvenes se hallaban detenidos, habiéndose liberado a dos menores, pese a su “activa participación en el asunto”. Los detenidos apellidaban Zevallos, Consiglieri, Morales y Tantaleán (La Crónica, 21 de enero de 1936).

Muchos años después, el líder aprista Armando Villanueva del Campo, uno de los jóvenes que tomó Radio Sucre, rememoraría este suceso:

La “Operación Radio Sucre” estuvo bien planificada. El aún escolar Biagio Arbulú Galliani, más tarde graduado con honores en la Universidad de Ingeniería y profesional de prestigio nacional, fue quien, vecino de la Radio, levantó los planos que sirvieron para el asalto. Acompañó en este encargo el hermano menor de los Arbulú Galliani, Guillermo, más tarde General de División y comandante general del Ejército. De este episodio sobrevivimos Fortunato Jara Rondón, que fue uno de los choferes cuyo auto utilizamos (los otros fueron los compañeros Laura y Montoya, ya fallecidos), Víctor Tantaleán Vanini, Alfredo Morales y yo. Mi hermano Pedro trabajaba en El Universal como traductor de cables y me contó la consternación que había habido en el diario al recibirse la noticia (Villanueva y Throndike 2004: 77).

3.1.3 Las elecciones de 1936

El 14 de junio de 1936, a las once de la noche, el Partido Aprista lanzó a través de su emisora clandestina la candidatura de Víctor Raúl Haya de la Torre a la presidencia de la República. El coronel César Enrique Pardo (exiliado en Chile) era candidato a la primera vicepresidencia y el obrero Juan Guerrero Químper a la segunda vicepresidencia. La transmisión duró aproximadamente veinte minutos y durante esta se escucharon explosiones en varias partes de Lima (Baldeón 2005: 468).

Al día siguiente, el 15 de junio de 1936, el gobierno, mediante decreto supremo, convocó oficialmente a elecciones para elegir presidente de la República, primer y segundo vicepresidentes, senadores y diputados. La candidatura de Haya de la Torre fue vetada el 5 de setiembre por el Jurado Electoral, invocando el artículo 53 de la Constitución, que prohibía la actividad política de partidos internacionales. Quedaron así cuatro candidatos a la presidencia: Jorge Prado Ugarteche, exprimer ministro de Benavides, por el Frente Nacional, que agrupaba a la burguesía industrial y financiera; Manuel Vicente Villarán, apoyado por los partidos Nacional Agrario, Nacionalista del Perú y Acción Patriótica, que se ubicaba a la derecha de Prado y representaba al viejo civilismo y a los agroexportadores; Luis A. Flores, por la Unión Revolucionaria, la agrupación de Sánchez Cerro, convertida ya en un partido fascista cuyos militantes desfilaban en las calles con camisas negras; y Luis Antonio Eguiguren, por el Partido Social Demócrata, que contaba con el respaldo del proscrito Partido Aprista Peruano.

La elección de Jorge Prado como candidato del Frente Nacional concitó la atención de las emisoras DUSA, Grellaud, Internacional y Goicochea, que informaron en directo de los pormenores de la asamblea que culminó con el lanzamiento del expremier a la Presidencia de la República. La Crónica, que respaldaba la candidatura de Prado, colocó altoparlantes en los balcones de su local para que el público siguiera el curso del evento transmitido por radio (La Crónica, 17 de marzo de 1936).

Las elecciones de 1936 fueron, en realidad, las primeras en las que se empleó la radio como un medio de campaña, pues en los comicios de 1931, ya se ha señalado, el medio no fue usado por las fuerzas políticas que entonces contendieron.

Tras una gira por el interior del país, Jorge Prado convocó en julio a un mitin en la Plaza Dos de Mayo, en Lima, el cual resultó muy accidentado. El discurso del candidato fue transmitido por Radio Goicochea, que además puso altoparlantes en las bocacalles de la plaza. Según el diario El Comercio, cuando las dos terceras partes de la plaza estaban ya ocupadas por los manifestantes, estalló un petardo de dinamita que voló un alambre que conectaba el micrófono con los altoparlantes, “interrumpiendo el servicio de los amplificadores por unos minutos”. Contramanifestantes de la Unión Revolucionaria y el Apra se enfrentaron a continuación a los seguidores de Prado e intentaron impedir el ingreso del candidato a la plaza. Prado logró penetrar, sin embargo, y se dirigió al domicilio de Víctor Larco Herrera, desde donde debía dirigir el discurso de campaña. A decir de El Comercio, los silbidos eran ensordecedores al punto de que la voz del locutor de la emisora que anunciaba en esos momentos el ingreso de Prado a la residencia apenas si se escuchaba por el bullicio. Cuando Prado, por fin, inició su discurso estallaron “dos potentes cohetes” debajo del balcón donde se encontraba; aun así continúo. “El Perú —dijo— necesita terminar con este sistema de luchas enconadas y odiosas de hombres que se despedazan, de derechas o de izquierdas” (El Comercio, 6 de julio de 1936).

La campaña de Jorge Prado incluyó presentaciones de los candidatos de sus listas parlamentarias, en las radios Grellaud, DUSA, Goicochea, Internacional y Miraflores, “en horarios diurnos y nocturnos”. Hicieron uso del medio los candidatos a senadores Melitón F. Porras, José Balta, Rafael Larco Herrera, Andrés F. Dasso; y los candidatos a diputados Genaro M. Agüero, Jorge Badani, Carlos Borda, Vicente H. Castro, Guillermo Correa Elías, Julio Ferrand, Francisco Lanatta, Santiago Llosa Argüelles, Julio César Mariátegui (hermano de José Carlos Mariátegui), Claudio Martínez, Carlos Sayán Álvarez y Federico Uranga (La Crónica, 8 de octubre de 1936).

El discurso de cierre de campaña de Jorge Prado tuvo lugar en el local del comité ejecutivo del Frente Nacional, en la Calle del Milagro, y se escuchó en la tarde del 9 de octubre por todas las estaciones limeñas en onda corta y larga; además, por los parlantes instalados en la Plaza San Martín y la Plaza Dos de Mayo. Prado nuevamente llamó a superar “todos los odios, todas las divergencias que hasta ahora hemos sufrido con pena y dolor los peruanos” (El Universal, 10 de octubre de 1936).

Manuel Vicente Villarán también empleó intensamente la radio en su campaña. El 12 de mayo expuso su programa por Radio DUSA. El 20 del mismo mes, Clemente Revilla, líder del Partido Nacionalista que apoyaba su candidatura, se dirigió a los electores a través de las ondas hertzianas, prometiendo que Villarán: “No trasplantará métodos exóticos, y fiel a la ideología derechista, responderá a la ciudadanía como saben responder los hombres de honor y de conciencia rectilínea” (El Comercio, 21 de mayo de 1936). El 27 de mayo, Villarán usó nuevamente los micrófonos, esta vez para dirigirse a un público que le era más bien esquivo: “Lo que más interesa a los proletarios y empleados, si bien calculan su verdadera conveniencia, es que se conserve la paz y el orden, para que la prosperidad no se interrumpa” (El Comercio, 28 de mayo de 1936). La frecuencia de las alocuciones por radio de Villarán (quien tenía entonces 63 años de edad) hizo que La Crónica (defensora de la candidatura de Prado) se refiriera jocosamente a él como “El viejito de la Dusa” (Baldeón 2005: 472).

Otro paladín de la candidatura de Villarán, el intelectual conservador José de la Riva Agüero, presidente de la Acción Patriótica, habló en junio a los oyentes: “Aspiremos a lo mejor, votemos por un gobierno derechista, homogéneo y compacto, de propósitos fijos y netos, de acendrada autoridad intelectual y moral”. En aquel discurso radial, Riva Agüero advertía sobre las tendencias de algunos electores: “Los que por novelería y poquedad de espíritu se inclinan a no repugnar un régimen de Centro Izquierda, porque se han constituido análogos en numerosos países, son pobres pusilánimes, débiles mentales, propensos a imitarlo todo, aún lo más dañino [...]” (El Comercio, 11 de junio de 1936).

El uso privilegiado que dio Villarán a la radio como medio de propaganda durante su campaña tendría como razón, según comentaba el escritor marxista Juan Luis Velázquez en un folleto publicado aquel año, la incompatibilidad del candidato con la popularidad, lo que llevaba a sus promotores a guardarlo “en una cámara cerrada y hermética, como es el cuarto donde está el micro” (Velázquez 1936: 39). Velázquez se refería en su opúsculo a varias de las intervenciones por radio de los seguidores de Villarán (José de la Riva Agüero, Clemente Revilla, Pedro Beltrán, Raúl Ferrero Rebagliati, José Carlos Bernales, Enrique Douglas y Ernesto de la Jara), y se detenía especialmente en la de López de la Torre, quien habría dicho: “Tengo el presentimiento de que este micro maravilloso ante el cual hablo, llega a los cuatro puntos cardinales del Perú, a todas las regiones y a todas las comarcas, a todas las inteligencias y a todos los corazones, una voz fraterna y una palabra cordial, cuyos ecos y matices se conservan inalterables a través del tiempo y la distancia” (Velázquez 1936: 51-52).

Velázquez ironizaba sobre esas palabras:

¿Cree, efectiva, honradamente, el Dr. López de la Torre, que los aparatos receptores de radio están divulgados en el Perú, “en todas las regiones y en todas las comarcas”? Nosotros, la verdad, no podemos preciarnos de conocer totalmente el Perú, pero, le conocemos, sobre todo, en la costa, donde el nivel de vida es más elevado que en la sierra y la montaña. Y nosotros no hemos visto aparatos de radio en los hogares de los trabajadores de las ciudades de la costa —y estos hogares sí los conocemos—. Nosotros no hemos visto aparatos de radio en las chozas de los peones agrícolas. Nosotros sólo sabemos que los aparatos de radio son artículos, no sólo de lujo, sino de gran lujo en la costa del Perú. Sabemos que, inclusive, en muchas ciudades donde existe luz eléctrica, ésta no puede ser pagada por los obreros, por constituir un artículo de lujo, debido a las condiciones de vida que tienen [...]. El pueblo peruano está sin zapatos y en la ignorancia. El pueblo peruano, no puede tener radio. No puede tenerlo, así lo quisiera. No es cierto, pues, que, cuando se habla por radio, el Civilismo se dirige al pueblo. Cuando el Civilismo habla por radio, se dirige a los grandes señores feudales-latifundistas, esparcidos por todo el territorio nacional, se dirige a los familiares de los candidatos y adherentes, residentes, en su mayoría, parasitariamente en Lima. Cuando el Civilismo habla por radio se dirige al extranjero, a los imperialistas que siguen de cerca la política nacional, para buscar la mejor utilización de los hombres civilistas-feudales que pueden servir los intereses extranjeros (Velázquez 1936: 52-53).

No obstante que Velázquez tenía razón en su diagnóstico sobre el escaso alcance nacional del medio por entonces, ha de recordarse que el consumo de la radio no se hacía únicamente en el hogar, sino también en plazas y lugares públicos donde eran instalados altoparlantes, y en los centros comerciales. Por otro lado, el grueso de los electores (que según la ley vigente solo podían ser varones adultos que supieran leer y escribir) se concentraba en las ciudades, donde podía tener acceso a audiciones radiales. No debe olvidarse, además, que ya se había demostrado con motivo de la guerra con Colombia en 1933, y se comprobaría ese mismo año de 1936 con ocasión de las Olimpíadas de Berlín, la capacidad que tenía la radio para movilizar masas en Lima. Quizá por ello la mayoría de los postulantes a la presidencia no desdeñó el uso de la radio en su campaña electoral.

La Unión Revolucionaria, el partido fascista que postulaba a Luis A. Flores a la presidencia, privilegió las manifestaciones de masas, pero también empleó la radio. El 13 de setiembre, una marcha convocada por la UR partió de la Plaza Unión hasta la Plaza San Martín. Allí, desde uno de los edificios del Portal de Belén, se dirigieron a la multitud Abelardo Solís (secretario general del partido), Yolanda Coco (secretaria de organización femenina) y Luis A. Flores. Los discursos fueron transmitidos por Radio Goicochea (El Callao, 14 de setiembre de 1936).

El candidato del Partido Social Demócrata, Luis Antonio Eguiguren, contrató en setiembre una hora en Radio DUSA, con consecuencias inesperadas. Según testimonio de César Miró recogido en el libro de Alonso Alegría, OAX Crónica de la radio en el Perú (1993), Eguiguren le pidió a Miró, entonces locutor de DUSA y conductor de La revista oral en esa emisora, que leyera en su lugar un mensaje debido a que el candidato tenía “muy mala voz”. Miró accedió. Al día siguiente tuvo que hacer frente a un intento de detención por parte del gobierno, Radio DUSA fue multada y La revista oral suspendida (Alegría 1993: 58-59). El argumento esgrimido por el gobierno para la sanción a la emisora fue que la transmisión no había sido autorizada por el Ministerio de Gobierno y Policía (Baldeón 2005: 477).

La víspera del día de las elecciones, el 10 de octubre de 1936, el general Benavides se dirigió al país por las ondas hertzianas. Transmitieron las radios Nacional, DUSA, Grellaud, Internacional, Miraflores y Goicochea, con la cooperación de All American Cables Inc. y la Compañía Peruana de Teléfonos. En su discurso, el Presidente rechazó versiones de que había querido imponer como su sucesor a uno de los candidatos (Prado), pero reconoció que había buscado la unión de dos fuerzas políticas (las encabezadas por Prado y Villarán) para que formaran una sola candidatura, y aceptaba su fracaso en esa pretensión. Admitía, asimismo, haber empleado la censura pero “sólo con el objeto de impedir que se soliviantara a la opinión induciéndola en los peligros de una lucha inmotivada o favoreciendo la propaganda de tendencias adversas a la tranquilidad social y el orden que el gobierno está obligado a mantener”. Aludía, luego, al proscrito Partido Aprista y la candidatura de Eguiguren, llamando a los oyentes a cerrar filas en su contra; y hacía, por último, una invocación a los electores: “¡Que vuestro voto lleve al poder a un ciudadano que mantenga la orientación dada al país! Que vuestro voto afirme la senda del progreso nacional que hoy recorremos. ¡Que no sea el acto destructor que nos conduzca a la angustia económica, a la anarquía, al caos que en otras horas vivimos!” (La Crónica, 11 de octubre de 1936).

Las elecciones se realizaron sin incidentes. Los escrutinios, sin embargo, se suspendieron cuando se comprobó que el candidato respaldado por el Apra, Luis Antonio Eguiguren, empezaba a tomar notoria ventaja.14 El 3 de noviembre el Congreso declaró nulos los sufragios emitidos a favor de la lista de Eguiguren, y el Jurado Nacional de Elecciones anuló el proceso electoral. El 13 de noviembre, el Congreso prorrogó por tres años el mandato de Benavides, otorgándole además facultades legislativas; de modo que el general gobernaría en adelante sin Congreso. El 8 de diciembre, Benavides recurrió a la radio para inaugurar la prórroga de su gobierno. Una vez más aludió a la “charla familiar”: “Usaré, como en otras idénticas oportunidades, el sencillo lenguaje de la charla familiar”; recordó sus esfuerzos por lograr una candidatura única que hiciera frente al APRA: “Si se hubiera producido esa unificación que yo ansiaba y que propicié desde el primer instante, y que sólo fracasó, como ya dije, por una lamentable incomprensión, el país habría elegido, legal y pacíficamente a mi sucesor”; y, refiriéndose a la prórroga que le fue propuesta por el Congreso, exclamó:

Fue entonces cuando se produjo en mi espíritu el conflicto más hondo, más trascendental de toda mi vida [...]. La disyuntiva era fatal. O dejar al Perú en los más funestos y evidentes peligros, o me decidía a aceptar la ampliación de mi mandato [...]. Acepté la ampliación de mi mandato únicamente por la conformidad patriótica con que todo soldado acepta y cumple su deber, cuando la nación le reclama sus servicios. Ninguna ambición ni grande ni pequeña, ha sido el móvil de mi proceder. Pongo a Dios por testigo [...] (El Comercio, 9 de diciembre de 1936).

3.1.4 Radio Indoamérica

El Partido Aprista, proscrito desde fines de 1934, empezó a irradiar mensajes el 14 de junio de 1936 (fecha en que lanzó la candidatura de Haya de la Torre a la Presidencia de la República) con una estación móvil a la que llamó Radio Indoamérica. Se trataría de la primera estación política clandestina del país. Antes del primer mes de su funcionamiento, La Tribuna celebraba así el éxito de sus transmisiones:

Continúa irradiando regularmente la estación Indoamérica APRA, desde Incahuasi, a pesar de la enconada e inútil persecución de la tiranía.

El Partido del Pueblo ha demostrado una vez más su fuerza, su técnica y su maravillosa organización al instalar una potente emisora ambulante, que por más esfuerzos que hace el gobierno, no puede descubrir. Desde el 14 de junio que comenzaron nuestras irradiaciones, la estación Indo-américa ha venido realizando regularmente sus magníficas audiciones. Por la nitidez y precisión, la emisora aprista es una de las mejores del país.

El gobierno se contenta con producir ruido y ‘chisperos’. Logra demostrar su impotencia. La audición deja de oírse en un barrio o sector, pero se escucha bien en el resto del país, y aún fuera de él. Esta labor perfectamente controlada por el Secretariado Nacional de Técnica (Buró Nacional de Transmisiones) ha sido y es un admirable suceso del Aprismo.

Emitir es fácil, pero emitir regularmente, teniendo al frente todo el poder de la tiranía, es una hazaña. Y esto solo el Aprismo puede hacerlo!! (La Tribuna, 10 de agosto de 1936).

Según La Tribuna, Radio Indoamérica transmitía diariamente a partir de las 21.30 horas en las ondas corta y larga. Anuladas ya las elecciones, y habiéndose intensificado la represión, el periódico aprista anunciaba que a partir de noviembre las emisiones serían interdiarias (La Tribuna, 5 de noviembre de 1936). Al día siguiente de este aviso, La Crónica informaba acerca del descubrimiento por parte de la policía de la estación aprista. Los miembros de la “brigada política del Ministerio de Gobierno”, según la nota, detuvieron a Carlos Braschi Porcari, “constructor de radios y técnico electricista” en su domicilio de Chacra Colorada, e incautaron diversos materiales de radiodifusión. Junto a Carlos Braschi fueron detenidos sus hermanos Sixto, Ricardo y José Luis, y el chileno Agustín Flores Guzmán, “discípulo de Braschi, y que tomaba participación en las transmisiones en su condición de mecánico” (La Crónica, 6 de noviembre de 1936). Días después, La Crónica hacía precisiones sobre la operación de detección de la estación aprista, dando cuenta de que los detenidos se hallaban en la Intendencia, y que se buscaba aprehender al dirigente José Bedoya (La Crónica, 8 de noviembre de 1936).

3.2 Nuevas emisoras en Lima y provincias

Durante varios años OAX fue la única estación peruana que emitía señal en onda larga. El 1 de noviembre de 1930, Joaquín de Azambuja decía que se hallaba en funcionamiento la estación de la casa Lemare (que transmitía de 18.00 a 19.30 horas) y anunciaba el próximo inicio de actividades de la estación de la casa F. W. Castellano y Hno., la cual, sin embargo, no saldría al aire sino tres años después.

El reglamento promulgado en 1932 estableció que la Jefatura General de Radio otorgaría licencias a emisoras no estatales, pero a raíz de la sublevación de Trujillo, el gobierno de Sánchez Cerro suspendió en julio de 1932 todas las licencias concedidas a las estaciones privadas. Los violentos acontecimientos que se sucedieron impidieron la aparición de nuevas emisoras comerciales hasta 1934, año en que empezó a notarse una importante mejora en la situación económica del país.

En 1934 salió al aire en Lima Radio Grellaud, primero con transmisiones de prueba con la denominación OA4AR y luego como OAX4B, en 1200 kilociclos en onda larga, y OAX4G en onda corta. Estaba ubicada en la avenida Abancay 915 y era de propiedad del ingeniero Roberto Grellaud. Se inauguró oficialmente el 12 de mayo de 1934. Tuvo destacada participación en su puesta en marcha el ingeniero Alfonso Pereyra (El Comercio, 13 de mayo de 1934).

Ese mismo año se anuncia la salida al aire de una nueva emisora, gestada por la empresa Difusora Nacional S. A. (DUSA). Saldría en transmisiones de prueba como OA4K, y luego oficialmente como OAX4C. En mayo, La Crónica informaba que la estación estaba siendo construida por la firma Sanguinetti y Dasso, y que su antena se alzaba sobre el edificio Omnes Arts en la Plazuela de San Agustín; agregaba: “El espectáculo que de noche ofrece de citada antena es sugestivo y atrayente, pues en el remate de ella se han instalado ocho potentes lámparas, de cuatro mil bujías cada una, las que proyectan intensísima luz” (La Crónica, 6 de mayo de 1934). El diario informaba, además, que se había contratado a artistas limeños y “personal para un periódico hablado”. El maestro Tito Cremagnani dirigiría la orquesta de la estación. Radio DUSA supo, asimismo, crear expectativa sobre su salida oficial al aire convocando a un concurso de locutoras. Gerente de la emisora fue nombrado Carlos Franco; transmitió en onda larga de 220 metros y en los 1360 kilociclos. Empleó, además, la onda corta de OAX4D de All American Cables Inc., con la que llegó a un acuerdo para usarla dos veces por semana. Inició sus transmisiones oficiales el 11 de agosto de 1934. Su programa de inauguración incluyó música clásica en vivo (dirigida por el maestro Tino Cremagnani), canto lírico, noticiarios (con el servicio de All American Cables y United Press), música popular (vals, rumba, pasillo, ranchera), y canto folclórico (temas en castellano y quechua por la argentina Ana S. de Cabrera) (La Crónica, 12 de agosto de 1934). Su programación regular iba en tres horarios, de 13.00 a 14.00, de 17.00 a 18.00 y de 21.00 a 22.30.

En 1934, también, apareció Radio Weston (OAX4E), que transmitía en 960 kilociclos, propiedad del ingeniero Juan Pablo Goicochea. Inaugurada el 21 de diciembre de 1934, tuvo como padrinos a Rafael Larco Herrera (presidente del directorio de La Crónica y Variedades) y a María Isabel Sánchez Concha de Pinilla (La Crónica, 22 de diciembre de 1934). A mediados del año siguiente, Radio Weston cambió de nombre por el de Radio Goicochea, y mudó su local al jirón Ocoña 158. Rosa Elvira Figueroa fue su directora artística. En 1936 emitió, además, señal en onda corta (OA4K).

El 13 de mayo de 1935 inauguró sus transmisiones Radio Castellano (OAX4F), de la casa F. W. Castellano y Hno., representante de RCA Victor en el Perú, y ubicada en la calle La Merced. Transmitía en onda larga en frecuencia de 1080 kilociclos. Era propiedad de los hermanos Federico y Santiago Castellano. El ingeniero encargado de la instalación fue Eduardo Romero Sáenz. El programa de inauguración incluyó música grabada: clásica, foxtrot, rumba, ranchera (El Comercio, 13 de mayo de 1935).

El 3 de noviembre realizó su primera transmisión oficial Radio Miraflores (OAX4L) propiedad de los hermanos Ricardo, Clemente y Clemencia Palma Schmalz (hijos del escritor y exdirector de La Crónica, Clemente Palma); se autodenominó “La primera emisora de los balnearios del sur”, emitió su señal en frecuencia de 1250 kilociclos, y en horarios de 12.00 a 14.00 y de 21.00 a 23.30. Estaba ubicada en la calle Manco Cápac 347, en el distrito de Miraflores. El ingeniero Alfonso Pereyra fue el constructor del transmisor (El Comercio, 4 de noviembre de 1935).

Otras estaciones que aparecieron en 1935 en Lima fueron Radio Internacional (OAX4I y OAX4J), de propiedad de R. H. Cannock, V. Reith Price, H. Drangenstin, M. Baer y J. Elliot (Portocarrero 2008: 298), dirigida por Antonio Vásquez Pequeño, que transmitía en 1100 kilociclos en onda larga y 6000 kilociclos en onda corta, y tenía su local en el Pasaje Olaya; Radio Gilco (OAX4O), de la Gildred Corporation (cuyos gerentes eran Albert y Henry Gildred), que transmitía en 1170 kilociclos; Radio Dávila (OAX4H), de Samuel Dávila, dueño de un establecimiento de venta de receptores Zenith en la calle Filipinas 554, que transmitía en 1050 kilociclos; y Radio Sucre (OAX4M), en 1450 kilociclos, de propiedad de Hernán Moscoso, vinculado a Aguas San Mateo, y con local ubicado en la calle Manuel Candamo 377, Lince.

La antigua OAX, por su parte, empezó a denominarse “OAX4A Radiodifusora Nacional”; mudó sus oficinas de la calle Washington e inauguró estudios en la tercera cuadra del Paseo Colón el 13 agosto de 1935. En abril de 1936 estrenó un nuevo aparato transmisor. Guillermo Lazarte siguió al frente de la emisora, y la dirección artística estaba a cargo de Rosa Hernando.

La actividad radial también se incrementó en provincias.15 En Arequipa, el ingeniero Máximo Landa Valcárcel venía realizando transmisiones desde 1930 con el nombre de Radio Sur. Según información obtenida por Jacqueline Oyarce Cruz, los acontecimientos políticos de 1932 obligaron al cierre temporal de la emisora (Oyarce 2007: 17-19). En enero de 1933 reapareció la radio del ingeniero Landa con emisiones de prueba como estación experimental (Oyarce 2007: 21). El 1 de julio de 1933 se inauguró Radio Universidad (OA6A), de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa. El 27 de abril de 1934 comenzó a funcionar de manera regular Radio Landa (Quiroz 1990: 621). En 1935 se creó la primera estación comercial en el sur del país: Radio Arequipa (OAX6A) (Oyarce 2007: 44); ese mismo año, Radio Landa (OAX4B) salió al aire ya como emisora comercial.

En Iquitos, el diario El Eco, de Enrique Reátegui, inició, en febrero de 1934, transmisiones por altoparlantes colocados en su edificio, las que fueron bien recibidas por el público (La Crónica, 11 de febrero de 1934). En mayo del mismo año, El Eco emitió por sus altoparlantes la audición realizada por el actor mexicano Ramón Novarro (una de las primeras estrellas latinoamericanas de Hollywood) en una emisora de Buenos Aires. Según cables recibidos en Lima desde Iquitos, se aglomeró gran gentío delante de la imprenta del periódico, y “los radioescuchas existentes en esta localidad oyeron perfectamente la audición ofrecida por el célebre artista de la pantalla” (La Crónica, 6 de mayo de 1934).

En 1934, en Tacna, los aficionados José Pareja, Luis Veraud y Edgardo Tarabotti crearon una estación de onda corta que se escuchaba con nitidez “en todos los aparatos receptores de la localidad, lo mismo que por los radioescuchas del vecino puerto de Arica” (El Comercio, 12 de octubre de 1934).

En Huánuco se inauguró Radio Huallico, el 6 de octubre de 1934, gracias a los esfuerzos del ingeniero Máximo Cerro y el radioaficionado Óscar Benites (El Comercio, 6 de octubre de 1934).

En octubre de 1935 se anunció en la prensa la pronta salida al aire de una emisora en el Cusco, por iniciativa del ingeniero Carlos Lizárraga Fischer, quien manifestaba que estaban colaborando con él “para que el propósito fuera una realidad, los miembros del Rotary Club, el Alcalde y Teniente Alcalde del Concejo Provincial, el Rector de la Universidad, y algunas otras personas entusiastas y progresistas” (La Crónica, 22 de octubre de 1935). El 11 de abril de 1936 el proyecto se cristalizó y se inauguró Radio Cuzco (OAX7A) (Oyarce 2007: 75).

En 1936, en Huancayo funcionaba la Radiodifusora Andina Junín OAX4R, que se podía escuchar en Lima en onda corta de 49 metros, entre las 12.00 y las 13.00 horas, y las 21.00 y las 23.00 horas (La Crónica, 14 de marzo de 1936).

En Chiclayo se inauguró Radio Delcar (OAX1A), “La Voz de Chiclayo”, el 1 de noviembre de 1936. Transmitía en onda corta de 6125 kilociclos (La Crónica, 1 de noviembre de1936).

En Trujillo se anunció, en mayo de 1936, que se estaba construyendo una emisora con artefactos de la casa Gildred Corporation de Nueva York, que llevaría por nombre “Radio Chimú” y transmitiría en las ondas larga y corta (La Crónica, 5 de mayo de 1936). En octubre del mismo año, sin embargo, el diario La Industria expresó su preocupación debido a que no se autorizaba aún el funcionamiento de la estación, pese a que contaba con un local ya preparado en el tercer piso de la Municipalidad (La Crónica, 7 de octubre de 1936).

En Ica, en julio de 1936 salió al aire Radio Universal (OAX5A y OAX5B), “La voz de Ica para toda América”. Era propiedad de Luis Macchiavello y Antonio Umbert, y tenía potencia de 500 watts; las oficinas estaban instaladas en el Colegio Nacional San Luis Gonzaga. La institución educativa disponía de una hora semanal para hacer extensión cultural por esa emisora (El Universal, 12 de julio de 1936).

En noviembre de 1936 se produjo un intento de formar una primera cadena radial que integrara a varias emisoras privadas. Radio DUSA, Radio Internacional, Radio Gilco y Radio Miraflores crearon Difusoras Unidas del Perú a inicios de ese mes. Las estaciones coordinaron sus programaciones durante algunas semanas; pero la experiencia duró muy poco. A fines de noviembre, Radio Internacional abandonó la corporación, que terminó disolviéndose (El Universal, 26 de noviembre de 1936).

3.3 Anunciantes: Las emisoras y la publicidad

En 1934, en la programación de OAX4A, aparte de las casas que venden aparatos de radio (Casa Dávila, por ejemplo) y las fabricantes de discos (RCA Victor), aparece como auspiciadora la cervecera Pilsen Callao.

Con el surgimiento de nuevas emisoras de carácter comercial, se sostuvo que esas estaciones no estaban autorizadas a contratar propaganda de productos o empresas no vinculadas directamente a ellas; así, Weston y Grellaud, por ejemplo, solo podrían publicitar sus laboratorios. OAX, en cambio, sí estaría autorizada a contratar todo tipo de propaganda comercial. En algunos medios se denunció como inconstitucional esta situación (Buen Humor, 1 de julio de 1934), y ya a fines de 1935 y comienzos de 1936 aparecían en los diarios anuncios de programas pagados por diferentes firmas. Así, Chiclets Adams invitaba a los oyentes a “organizar una fiesta en su casa” con el programa bailable que obsequiaba en Radio Grellaud los domingos de 18.00 a 19.00 horas (La Crónica, 21 de setiembre de 1935); la Casa Welsh daba las 12.00 horas en Radio Internacional, evocando el cañonazo que antaño la indicaba desde el cerro San Cristóbal;16 Max Factor Internacional auspiciaba programas musicales de quince minutos dos veces por semana, Almacenes Santa Catalina presentaba varios espacios en Internacional, lo mismo que la Casa del Mueble de F. Cuadros Grillo en Goicochea, y la mueblería El Eslabón permitía que saliera al aire uno de los más prestigiosos programas de esos años (La hora notable de El Eslabón) en Grellaud.

La elaboración de los avisos comerciales para ser emitidos por radio, sin embargo, no era aún muy sofisticada. En una encuesta realizada por el diario El Universal a locutores en 1936, varios de ellos se quejaban de las dificultades que les significaba la lectura de algunos avisos. A la pregunta de “cuáles son los problemas que diariamente confronta el speaker”, Roberto Cruzalegui, de Grellaud, respondía:

La mala redacción de los textos de avisos de algunos anunciadores que se empecinan en que se diga frases disparatadas. A este respecto soy de la opinión de que las direcciones de radio den a los speakers autoridad suficiente para rechazar la redacción de anuncios que no sean lógicos, morales y bien escritos. Porque al fin y al cabo es la voz del speaker la que escucha el público diciendo disparates y él quien tiene que recibir luego el chaparrón de las críticas (El Universal, 30 de noviembre de 1936).

Por su parte, algunos oyentes y cronistas se quejaban del exceso de avisos, emitidos en largas tandas (El Universal, 23 de junio de 1935). En respuesta a uno de estos reclamos, y a la vez con clara intención publicitaria, Radio Goicochea comunicó que había elaborado un folleto titulado Cómo se anuncia en radio, como “primer aporte técnico a la ciencia de anunciar y que está a disposición de los señores anunciadores que lo soliciten”. En el texto se sugería el empleo de anuncios de treinta palabras como máximo cada quince minutos. Según la emisora de la calle Ocoña:

En otros sistemas empíricos por muy escuchada que sea una broadcasting, se proporciona al comerciante anunciador la posibilidad de que los oyentes atiendan un aviso perdido entre otros 62, en el espacio de una hora. En Radio Goicochea el comerciante, en cambio, no paga el 1/62 de la atención de un oyente medio en una hora, sino solamente 1/8 aproximadamente. Y el oyente no es sometido a la “tortura del anuncio” porque 30 palabras cada quince minutos lejos de fatigarle le hacen aplicar su atención a un objeto distinto del programa musical que está escuchando, y este cambio significa más bien un descanso para su atención. De allí que la eficacia del anuncio irradiado en Radio Goicochea es indiscutible, y que el placer que experimenta el oyente al escuchar sus programas es también tan indiscutible que, en menos de un mes, Radio Goicochea se ha convertido en la estación más sólida del Perú, y su anuncio es el más solicitado (El Universal, 24 de julio de 1935).

3.4 Programación de las radios limeñas (1934-1936)

Entre 1934 y 1936, OAX transmite en tres horarios: de 11.00 a 13.00, de 18.00 a 19.00, y de 21.00 a 23.00. En 1935, Radio Goicochea transmite de 7.00 a 11.30; Radio Internacional transmite en dos tandas: de 12.00 a 13.30 y de 19.00 a 23.00. Radio Miraflores tiene tres transmisiones: de 12.00 a 14.00, de 15.00 a 18.00 y de 21.00 a 23.30; aunque a veces no tiene tanda de la tarde. Radio Castellano lo hace de 15.00 a 17.00, Radio Dávila de 11.00 a 12.00 y de 14.00 a 15.00, y Radio Gilco de 8.30 a 12.00 y de 15.30 a 17.30.

La programación es muy variada en OAX, DUSA, Goicochea y Miraflores; mientras que Castellano, Dávila y Gilco privilegian casi exclusivamente la emisión de música grabada.

Se empiezan a afirmar ciertos espacios para públicos específicos y algunos géneros radiales. Hay también programas con motivo de eventos internacionales y efemérides.

3.4.1 Panamericanismo y regionalismo

En una década en la que se pretende afirmar el panamericanismo, son frecuentes los homenajes a países de nuestro continente. Durante 1934, por ejemplo, hay audiciones en OAX4A Radiodifusora Nacional, dedicadas a Chile, Uruguay, México, Venezuela, Guatemala y Nicaragua. El homenaje a Chile, en setiembre, es bastante destacado por contar con la participación de una importante delegación cultural del vecino del sur, compuesta por el poeta aviador Diego Barros Ortiz, la cantante Camila Bari y los narradores Mariano Latorre y Sady Zañartu; actúa como presentador el periodista Octavio Cabada Dancourt, quien tendrá larga vigencia en la radiodifusión nacional. Ese mismo año, en julio, OAX4A había realizado un programa especial sobre el Ecuador, con motivo de la visita del presidente electo de ese país, José María Velasco Ibarra.

En junio de 1935, a raíz de la paz firmada entre Bolivia y Paraguay que ponía fin a la guerra del Chaco, OAX4A reunió ante sus micrófonos a los embajadores de esos países: Alberto Ostria Gutiérrez, de Bolivia, e Isidro Ramírez, de Paraguay; al embajador de Estados Unidos, Fred Morris Dearin, a los diplomáticos de Argentina y Venezuela y al ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Fernando Tola. Un programa semejante presentó Radio Weston el mismo mes, organizado por su directora artística, Rosa Elvira Figueroa. La guerra del Chaco, en general, mereció la preocupación constante de las emisoras locales, que informaron al respecto en sus espacios noticiosos.17

El 6 de noviembre de 1936, el general Benavides dirigió un mensaje de saludo y felicitación a la Conferencia Panamericana de Buenos Aires que se inauguraba entonces y a la que asistía el presidente norteamericano Roosevelt. Lo hizo desde Palacio de Gobierno a través de Radio DUSA y el servicio de onda corta de All American Cables. Benavides recordó que el Perú sería la sede de la VIII Conferencia Panamericana en 1938.

3.4.2 El IV centenario de la fundación de Jauja

En 1934, OAX4A y Goicochea celebraron con charlas y números artísticos el cuarto centenario de la fundación de Jauja. En el primer programa dedicado a esa ciudad, OAX4A incluyó música indígena con Miguel A. Casas en la guitarra y las cantantes Teresa y Blanca Romero; se interpretaron además las melodías ¡Oh, luz resplandeciente! (recopilada en el libro Melodías populares indígenas de D’Acourt y M. Beclard) por Amílcar Mateucci en el cello y Alberto Mejía en el piano; y Wasi Wasiuta por el trío de flauta, violín y piano de la orquesta de la estación (La Crónica, 3 de octubre de 1934). El segundo programa contó con la participación de la Acción Cultural Jaujina; Germán Martínez tocó la marcha Centenario de Jauja, de la que era autor, y el yaraví En el cerco de Huancas se oye un lamento; Marino Baltasar ejecutó al piano el carnaval de Jauja y la cashua relojera Mi cholita; la orquesta La Rosa interpretó el yaraví-huaino Injusticia, el vals incaico Sueños del Inca y un fox incaico; Modesto Villavicencio disertó sobre “El punto de vista del hombre de los Andes”; Max Espinoza expuso su trabajo “El clima de Jauja, enemigo de la tuberculosis”; y Miguel Martínez hizo una síntesis histórica de la ciudad. El programa de Radio Goicochea incluyó la interpretación de El despertar de una ñusta por la orquesta de la estación; la directora artística, Rosa Elvira Figueroa, cantó Malpachán de Alomía Robles, e India bella, acompañada por la quena de Francisco Gómez Negrón (La Crónica, 5 de octubre de 1934).

3.4.3 El IV centenario de la fundación de Lima

El 18 de enero de 1935 se conmemoró el cuarto centenario de la fundación de Lima. Las actuaciones oficiales fueron retransmitidas por la Radiodifusora Nacional OAX4A. Incluyeron, en la mañana, un tedeum en la Catedral y la inauguración del monumento a Francisco Pizarro como fundador de la ciudad. En la tarde, la estación oficial retransmitió el partido de fútbol entre Chile y Uruguay por el Campeonato Sudamericano, que entonces se realizaba en Lima. Luego emitió la sesión solemne desde el local de la Municipalidad, a la que asistió el presidente Benavides. En la noche irradió la “gran velada literario musical” que se llevó a cabo en el Teatro Municipal. El programa de la velada comprendió la interpretación del Himno Nacional a cargo de una orquesta dirigida por Federico Gerdes, un discurso del teniente alcalde y presidente de la Comisión de Festejos del IV Centenario, Diómedes Arias Schreiber, la ejecución del Himno al Sol del Ollanta de Valle Riestra, la lectura de unos textos dedicados a Lima por el poeta José Gálvez, la obertura Ifigenia de Gluck, un discurso de José de la Riva Agüero y La marcha de la coronación de la ópera Atahualpa de Valle Riestra (El Comercio, 19 de enero de 1935). Al día siguiente continuó el homenaje en la Radiodifusora Nacional, con un programa al que asistieron dignatarios internacionales y que fue amenizado por las canciones de Ana S. de Cabrera. La orquesta y el coro de la radio también participaron, así como el conjunto Los Criollos (Luis de la Cuba, Luis Aramburú y Ernesto Echecopar). Se colocaron parlantes en el Paseo Colón (El Comercio, 20 de enero de 1935).

3.4.4 Presencia de la Iglesia católica

El Congreso Eucarístico realizado en Buenos Aires, en octubre de 1934, recibió la atención de OAX4A Radiodifusora Nacional y OAX4C Radio DUSA. La primera, a través de La hora católica, dirigida por Ricardo Mariátegui Oliva, informó diariamente sobre el evento, mientras que DUSA hizo retransmisiones de este. La ceremonia de clausura fue retransmitida por OAX4A desde Buenos Aires, en cadena con Radio Splendid. El arzobispo de Lima, monseñor Pedro Pascual Farfán, al regresar del Congreso, dirigió un mensaje a los católicos peruanos a través de Radio DUSA.

Al año siguiente tuvo lugar en Lima el Primer Congreso Eucarístico Nacional y las emisoras locales se esmeraron en elaborar programas al respecto. OAX4A Radiodifusora Nacional emitió conferencias alusivas. Para una de las charlas, dada por el rector de la Universidad Católica de Chile en setiembre, se instalaron parlantes en el frontis del nuevo domicilio de la radio (Paseo Colón 302), con el fin de que fuera escuchada por los transeúntes. Radio Goicochea inauguró una Hora mística, donde informó regularmente sobre el Congreso. Radio DUSA irradió disertaciones preparatorias de destacadas personalidades, entre ellas la de José de la Riva Agüero en junio, y la del rector de la Universidad Católica del Perú, padre Jorge Dintilhac, en julio. La ceremonia central tuvo lugar el 26 de octubre en la Plaza Dos de Mayo. Transmitieron en onda larga: Nacional, DUSA y Goicochea; y en onda corta: DUSA (a través de OAX4D de All American Cables) y Antonio Santelló (OA4R). La instalación de altoparlantes estuvo a cargo de los Laboratorios Goicochea, y fue criticada meses después por Jorge Vargas Escalante (El Comercio, 1 de enero de 1936). Actuaron como locutores (o speakers, como se les decía entonces) Luis Marchand de Radio DUSA, y los sacerdotes Muente, Averdi y Albacete. La palabra de bendición del papa Pío XII fue escuchada gracias a DUSA y American All Cables, “utilizando líneas telefónicas directas entre Roma y Berlín”, desde donde se transmitieron radiotelefónicamente a Buenos Aires y de allí a Lima (La Crónica, 28 de octubre de 1935).

3.4.5 Música

Daniel Alomía Robles, quien había regresado al Perú en 1933, después de larga estadía en Nueva York, tuvo una presencia frecuente en la radio de esos años. Sus composiciones, muchas de ellas grabadas, fueron a menudo transmitidas por las emisoras locales, y, como presidente de la Asociación Cultural Música y Danza, impulsó diversas audiciones, dirigiéndose personalmente al público a través de los micrófonos y promoviendo la música peruana, especialmente la de influencia andina. Las presentaciones de la asociación presidida por Robles se hicieron en OAX4A, DUSA, Miraflores y Goicochea, y comprendieron desde un homenaje al Himno Nacional en 1934, en OAX4A, que contó con la participación de las cantantes Julia Spiers, Nina de Antonoff, Rosa Valentín y los pianistas Federico Gerdes y Alberto Mejía, hasta la presentación de jóvenes compositores como Alfonso de Silva, quien tocó su Canción india en DUSA, en noviembre de 1934. En agosto de 1935, Daniel Alomía Robles recibió un homenaje en Radio Goicochea. En noviembre del mismo año, en Radio Miraflores, la mencionada asociación presentó al violinista Virgilio Laghi y a los guitarristas Miguel Ángel Casas y Moisés Vivanco, quienes irradiaron varias canciones indígenas. El 22 de diciembre, Robles participó en un homenaje al departamento de Huánuco (de donde era oriundo) en la Hora regional de Radio Goicochea; se escucharon sus composiciones Himno al sol, Fantasía incaica y Algo me dicen tus ojos, cantada esta última por la conductora del espacio, Rosa Elvira Figueroa, quien también era huanuqueña.

La corriente de música académica con inspiración andina (“nacionalista” o “romántica tardía”) tuvo también como importantes representantes en la radio de entonces a Carlos Valderrama, Carlos Sánchez Málaga, Teodoro Valcárcel y el mencionado Alfonso de Silva. En el programa de homenaje a Bolivia que realizara la OAX4A, en agosto de 1934, participaron Carlos Sánchez Málaga (con Himno al Illimani), Alfonso de Silva y Teodoro Valcárcel. En junio de 1936, Carlos Valderrama ofreció en Radio Internacional un In memoriam dedicado a los esposos Antonio Miró Quesada y María Laos, asesinados un año antes; además, tocó otras dos obras suyas: Idilio en la fuente y Funerales de un inca (El Comercio, 3 de noviembre de 1936).

La ópera y el canto lírico conservaron su espacio en la programación radial. En julio de 1934, la flamante Radio DUSA organizó, bajo la dirección del maestro Tino Cremagnani y la ejecución de 55 profesores, un evento musical donde se cantaron temas de La fuerza del destino de Verdi, por la soprano chilena Blanca Hauser; el dueto final de Aída de Verdi por la soprano Elena Campos y el tenor Rodrigo Llorens; temas de Berlioz; partes de la Sinfonía no 2 de Beethoven; el Preludio y muerte de Isolda de Tristán e Isolda de Wagner; y partes del Turandot de Puccini (La Crónica, jueves 26 de julio de 1934). En agosto del mismo año, los cantantes Blanca Hauser, Emilio de Ioannes y Roberto Saa Silva, del Teatro Municipal de Santiago de Chile, y primeras figuras de la temporada de ópera que se llevaba a cabo en Lima, se presentaron en OAX4A Radiodifusora Nacional.18

No obstante estas transmisiones en vivo, el público mantenía, al parecer, cierta preferencia por las grabaciones de prestigio. Así, en noviembre de 1934 un anuncio en La Crónica indicaba que “atendiendo a numerosas solicitudes” se repetiría la emisión de Carmen en la versión de la cantante Gabriela Besanzoni de la Scala de Milán. Se acotaba que el álbum, con la ópera completa, era el único que existía en Lima, y pertenecía a José Luis Arrieta (La Crónica, 1 de noviembre de 1934).

La música popular de la costa (la llamada música criolla), empezó a cobrar mayor presencia en la programación, anticipando ya lo que sería su auge mediático a fines de la década. Si bien la renovación de la canción criolla se había iniciado algunos años atrás en los barrios populares de Lima, gracias a la que más tarde se denominó “La generación de Pinglo” (en alusión a Felipe Pinglo Alva, su más conspicuo representante), el acceso de los nuevos cantantes y compositores a la radio había sido aún restringido entre 1925 y mediados de 1934, limitándose la celebridad de muchos de ellos al ámbito barrial. Sin embargo, a fines de 1934 el panorama se veía distinto.

A los nombres de Carlos Saco y de los integrantes del conjunto Los Criollos (Luis de la Cuba, Luis Aramburú y Ernesto Echecopar), que tenían ya buen tiempo figurando en la programación de OAX4A, se añadirían pronto los de otros cultores de la música criolla, aunque es preciso anotar que algunos de los artistas que poco después destacaron en este tipo de música debutaron en aquellos años interpretando tangos y rancheras argentinas. Tal fue el caso de Ángel Santillán, Nicolás Wetzell y Alcides Carreño, Alicia Lizárraga, el trío Guido-Espinoza-Hernández y el pianista Laureano Martínez.19 La música argentina estaba entonces de moda, e inclusive César Miró, gran impulsor de la música criolla desde la dirección artística de DUSA, se destacó por cantar tangos ante los micrófonos.20

En 1935, solistas, dúos y tríos de barrio demostraban su talento y versatilidad en OAX4A Radiodifusora Nacional y en las nuevas emisoras. Alternaban la ejecución de música criolla con tangos, rancheras argentinas, foxtrot y one-step. En Internacional se presenta por única vez en radio el legendario Felipe Pinglo (1899-1936), quien, con el acompañamiento de Jorge Costa y Ángel Monteverde, interpreta El espejo de mi vida. En la misma emisora, el Conjunto Vitartino de Millares y Sotomayor, canta en noviembre A la memoria de Carlos Saco (fallecido pocos meses antes). En noviembre, también, debuta Rosa Ascoy (La Limeñita) en Radio Goicochea, donde los hermanos César y Manuel Andrade ejecutan “las más elogiosas piezas de su bellísimo y único repertorio de música criolla” (El Comercio, 2 de noviembre de 1935). Ese mismo mes se presentan en OAX4A el Trío Washington (Juan Sánchez, Manuel Ramírez y Domingo Flores) y Las Peruanitas (hermanas San Martín), acompañadas por el piano de Laureano Martínez.

César Santa Cruz recuerda que en OAX4A existía La hora del aficionado y que el solista o conjunto que se presentaba, previo examen ante Rosa Hernando o José Muñoz, participaba en el mencionado espacio, “no siendo materia de discriminación el género y tipo de música que los postulantes cultivaran”. Añade Santa Cruz:

Quien revise la programación correspondiente al mes de abril de 1935 encontrará que el sábado 6, a continuación de la orquesta “Los bohemios”, se presentó el “Trío Catalino” dando inicio al momento de los aficionados. Este conjunto criollo lo conformábamos: Pablo Casas Padilla, Manuel Villalba La Rosa y un servidor de Uds. No recuerdo cuántas presentaciones cumplimos (no fueron muchas). Pablo recién se perfilaba como compositor; en cada programa incluía algunos de sus valses. Como nos reuníamos en el barrio de Santa Catalina (en él vivía Pablo), Villalba decidió que el nombre del conjunto lo evidenciara (Santa Cruz 1989: 75).

En enero de 1936, César Santa Cruz Gamarra integra el Conjunto Abancay con Enrique Salinas, José Moreno y Ernesto Rosas. El grupo actúa ya bajo contrato en OAX4A y se llama así porque su “base de operaciones”, según Santa Cruz, se hallaba en la cuadra diez de la avenida Abancay (Santa Cruz 1989: 76). El programa de Radiodifusora Nacional del 14 de enero de 1936 incluye al Conjunto Abancay, anunciándolo como intérprete de varios temas, entre ellos La canción del porvenir y El espejo de mi vida de Felipe Pinglo (El Comercio, 14 de enero de 1936).

El “criollismo” empieza a ponerse de moda en la radio en 1936. En La hora notable de El Eslabón de Radio Grellaud se presenta el periodista Ezequiel Balarezo Pinillos (Gastón Roger), director del diario La Noche, para hablar de “cuadros criollos de antaño” (El Comercio, 23 de enero de 1936); y la entusiasta Rosa Elvira Figueroa organiza una Fiesta de arte cholo en Radio Goicochea, por el día de San Pedro y San Pablo, con “lo más destacado del arte costeño”: el poeta José Torres de Vidaurre diserta sobre “El romancero criollo”, se escenifican piezas de Rosa Mercedes Ayarza, el escritor J. E. Menacho interpreta Yo y mis hermanitas, “monólogo revistero de las calles de Lima”, y el ya afamado conjunto Los Criollos luce nuevamente su repertorio (La Crónica, 29 de junio de 1936). Los “cuadros criollos de antaño” se suceden en La hora notable de El Eslabón, y hacia fines de aquel año, Higinio García Vásquez, ganador de un concurso de música criolla organizado por la Municipalidad del Rímac, canta en Radio Internacional.

El 21 de diciembre de 1934 fue inaugurado el restaurante La Cabaña con asistencia del presidente Benavides, el mismo día en que iniciaba sus transmisiones Radio Weston (más tarde Radio Goicochea). La noche del 31 de diciembre, Radio DUSA transmitió en directo el baile de Año Nuevo desde el local del lujoso restaurante; en febrero, OAX4A haría retransmisiones de música bailable desde el mismo local a cargo de la orquesta Melody Jazz. Muchísimas audiciones musicales se emitirían desde allí en lo sucesivo, y La Cabaña se convertiría en las décadas siguientes en un local asociado al quehacer radial.

3.4.6 Radioteatro

Aún no existía el radioteatro por episodios especialmente escrito para el medio que poco tiempo después se impondría en las emisoras limeñas, pero dos compañías destacaron por su constancia en representaciones radioteatrales durante 1935: la Compañía de Revistas, Comedias y Zarzuelas Radio Nacional dirigida por Pepe Muñoz; y la compañía de Camila Sánchez y Ricardo Carenzo. La primera se presentaba exclusivamente en OAX4A Radiodifusora Nacional; la segunda actuó en Goicochea e Internacional.

Entre las obras que presentó la compañía dirigida por Pepe Muñoz se contaron: Primavera en otoño de Gregorio Martínez Sierra, la comedia Rigoberto del chileno Armando Mock, Pigmalion de George Bernard Shaw y la zarzuela El dúo de la africana de Manuel Fernández Caballero, que contó con la participación de Columba Quintana. Integraban el elenco de la compañía: Amalia del Valle, Celeste Pereda, Nina Ramos, Anita Villarán, Adolfo Hernández, Carlos de Granada, Elsa Alcalá, Enrique Rayo, Sara Macher y Luisa Castillo.

En Radio Goicochea, Camila Sánchez y Ricardo Carenzo presentaron Bendito seas de Alberto Nervión, Con las alas rotas de Emilio Berisso, y Mamá Isabel; y en Radio Internacional La luna en el pozo de Armando Mock. El elenco estaba conformado por Silleta Allister, Rosa Armida, Margot Louis, Claribel, Uelita Allister, Ricardo Amestoy, Pedro Roggero, Lucho Muñoz, Luis Vicente, Julia Serrano, Alfredo Hernández y Alberto Ego Aguirre.

En octubre de 1935, Internacional presentó el poema en verso en cuatro actos Cancionero de los sevillanos hermanos Álvarez Quintero, con Charito Molina, Clotilde Calvet, Amalia Díaz Labrada, José Granda, Aníbal Reyna y Francisco Adamuz. En 1935, también, el actor peruano Leonardo Arrieta encarnó al Don Juan Tenorio de Zorrilla en La hora notable de El Eslabón por Radio Grellaud; participaron Araceli Márquez y Elsa Alarcón.

En 1936, el Conjunto Travesí representó en Goicochea Los hombres, comedia en un acto de Marín y Montenegro.

3.4.7 Programas culturales

Durante 1935, Rosa Roca conduce El momento poético en Radio Weston, los martes a las 10.00 horas. El 15 enero tiene como invitadas a María Wiesse, Rosa María Rojas, Rosa Angélica Miró Quesada, Mercedes Spiers y Esther Zamora, que declaman versos propios y ajenos. El 22 de enero rinde homenaje al poeta chileno Pedro Prado; participa Ricardo Walter Stubbs, Rosa Roca recita poemas de Prado, cantan Nina de Antonoff, Rosa Elvira Figueroa y Rosa Pezet de Miró Quesada, acompañadas al piano por Alfonso de Silva; al final, el coro de la estación interpreta una cueca.

En febrero el programa homenajeó al dramaturgo y poeta conservador Felipe Sassone, que había regresado al Perú después de varios años de residencia en España; habló Antonio Garland y recitaron poemas Rosa Pezet de Miró Quesada, Rosa Roca y Rosa Sánchez. En el mismo espacio, meses después, se rindió tributo a César Vallejo, por entonces en Europa; constituyendo aquel probablemente el único homenaje que se le hizo en vida a Vallejo a través de la radio peruana. Rosa Roca recitó Los heraldos negros y Ágape, y Ernesto More dio una charla literaria; acompañaron la emisión Carmen Álvarez, quien interpretó algunas canciones, y Angélica Arévalo con piezas de música clásica para piano (La Crónica, 11 de junio de 1935). En enero de 1936, Rosa Roca ofrecería una edición de su Momento poético (cuando Radio Weston ya había cambiado de nombre por el de Radio Goicochea) a la memoria de Alberto Guillén; se escucharía el Poema Cera y miel (a Alberto Guillén) de Martín Adán, recitado por la conductora, y Teodoro Valcárcel tendría a su cargo el número musical (La Crónica, 14 de enero de 1936).

En 1935 eran frecuentes las audiciones del escritor José Gálvez, quien conducía el espacio Estampas limeñas en el horario matutino de OAX4A, y del poeta costumbrista José Torres de Vidaurre, quien recitaba ante el micro de Radio Goicochea su Romancero criollo. En febrero de aquel año, OAX4A anunció el saludo a la ciudad de Lima de la poeta argentina Julia Prilutzky; en marzo rindió homenaje a la escritora española Concha Espina, participando en la audición Felipe Sassone, Angélica Palma, José Gálvez, Guillermo Lazarte, Rosa Hernando y el ministro de España, Avilés y Tiscar.

Durante 1935 y 1936, Radio Castellano emitió las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma en la voz de un locutor que, según la revista Cascabel, era “más soporífero que el cloroformo y más pesado que un riel” (Cascabel 59, 16 de noviembre de 1936).

En junio de 1936, La hora notable de El Eslabón de Radio Grellaud ofreció un ciclo de audiciones titulado Los poetas peruanos. Se escucharon poemas de José Santos Chocano, Luis Fernán Cisneros, José Gálvez, Alberto Ureta, Juan Parra del Riego, César Vallejo, Luis Berninzon, Nicolás Yerovi y Federico Barreto, entre otros. Recitaban los poemas Jorge Plasencia, Leonardo Arrieta y Rosalbina.

En noviembre del mismo año, la escritora Rosa Arciniega desarrolló un ciclo de charlas literarias sobre las repúblicas americanas en Radio DUSA.

3.4.8 Programas infantiles

En OAX4A el Conjunto Infantil Estrella de los hermanos Rojas tuvo un programa donde se interpretaban canciones de moda durante 1935. En Radio Goicochea se creó La hora del niño por iniciativa de Rosa Elvira Figueroa y Catalina Recavarren. Tenía las secciones “Canción de cuna”, “Canción ingenua” y “Correo de brujas”, donde “una señorita imitará la voz de una abuelita, que, previo aviso de las mamás, nombrará a los niños inscritos como participantes poniendo de manifiesto sus adelantos y travesuras” (La Crónica, 31 de enero de 1936).

Fue, sin embargo, La hora infantil de Radio Internacional el más exitoso de los programas infantiles de esos años. Fundado prácticamente con la emisora en 1935 por Corina Garland, creó un Club Infantil en el que se inscribieron numerosos niños, y cuya membresía les permitía asistir a la radio y presentar espectáculos artísticos. Contaba con el respaldo del suplemento Pirulete de la revista Social, donde aparecían los cupones de inscripción. La mayoría de los niños eran de sectores socioeconómicos altos, y algunos de ellos alcanzaron notoriedad en las artes cuando fueron mayores, como Ricardo Roca Rey (el primer locutor infantil de la radio peruana), Joaquín Roca Rey y Chabuca Granda. Óscar Avilés, quien también participó en algunas audiciones, recuerda que allí conoció a Augusto Ego Aguirre, con quien formaría varios años después el conjunto Los Morochucos (entrevista con Óscar Avilés, 21 de setiembre del 2010). En el primer aniversario del programa se entregaron diplomas por asistencia y actuación a varios niños, entre ellos a Lucy Smith, quien se convertiría en cantante y actriz juvenil en la década siguiente (Pirulete 17, suplemento de Social 137, 5 de noviembre de 1936).

Sin embargo, no a todos agradaba La hora infantil de Radio Internacional. La revista Cascabel opinaba que el programa era “para salir corriendo” (Cascabel 58, 9 de noviembre de 1935) y que “Radio Internacional mejora a partir del momento en que terminan los chiquillos”. Respecto a ellos decía que “son cada vez menos tolerables. Destrozan los oídos de la gente” (Cascabel 71, 15 de febrero de 1936). Por cierto, el título de la revista, dirigida por el talentoso y malhumorado Federico More, parecía remitir antes a un venenoso ofidio que a una alegre sonaja.

3.4.9 Programas deportivos

Destacaron en esos años el espacio deportivo conducido por Gustavo Montoya en Goicochea, y las transmisiones desde el Estadio Nacional realizadas por Radio Miraflores en la voz del locutor Franklin Urteaga.

En enero de 1935 se realizó el Lima el Campeonato Sudamericano de Fútbol con la participación de cuatro países: Argentina, Chile, Perú y Uruguay. El evento coincidió con las celebraciones por el cuarto centenario de Lima. Campeonó Uruguay, Perú quedó tercero, y los partidos fueron transmitidos por OAX4A Radiodifusora Nacional y las estaciones de onda corta OA4B y OA4R de Gallo Porras y Santelló, respectivamente.

En febrero de 1936, sin embargo, se entabló una polémica sobre la transmisión en directo de los partidos de fútbol. Ocurrió a raíz de una temporada internacional que tuvo lugar en el Estadio Nacional y que fue cubierta por Radio Miraflores. El primer partido de la temporada, entre Universitario de Deportes y el equipo argentino Vélez Sarfield, fue transmitido por la emisora de la calle Manco Cápac, originando la protesta de los dirigentes de los equipos y los empresarios que habían organizado el espectáculo, quienes alegaban que la transmisión les acarreaba perjuicio económico pues disminuía la afluencia de público al estadio, beneficiándose, en cambio, la emisora privada con el dinero que obtenía de los anunciantes. El gerente de Radio Miraflores, Clemente Palma Schmalz, arguyó en una carta enviada al diario El Universal que la transmisión no había causado daño económico a los empresarios deportivos ya que asistió “público a satisfacción” al estadio, ni había significado grandes ingresos para la radio, sugiriendo que animaba a Miraflores no el lucro sino “el deber de cultura y de patriotismo de expandir en el país y fuera de él los progresos del sport peruano” (Cascabel 71, 15 de febrero de 1936). La polémica se extendió a los medios de prensa escrita: El Universal se puso del lado de los empresarios deportivos, y la revista Cascabel apoyó a Radio Miraflores.

A fines del mismo mes, el club argentino Gimnasia y Esgrima de Santa Fe, cuyo equipo de fútbol vino a jugar partidos a Lima, pidió al Comité Nacional de Deportes que no permitiera la transmisión a Radio Miraflores desde el Estadio Nacional. El Universal informó que había la idea de cobrar por los derechos de transmisión a la emisora y que “las utilidades fueran repartidas al prorrateo entre el C. N. D., la Federación y la empresa, perjudicadas con el menor ingreso a las tribunas” (El Universal, 27 de febrero de 1936). No sabemos si la propuesta mencionada por El Universal fue planteada a Radio Miraflores, pero finalmente el Comité Nacional de Deportes negó autorización a la emisora para que transmitiera los partidos de Gimnasia y Esgrima desde el Estadio Nacional. Sin embargo, Radio Miraflores llegó a transmitir el partido entre el club argentino y Alianza Lima, en marzo, desde una casa vecina al estadio. La revista Cascabel celebró el acontecimiento: “Cuando se tiene entusiasmo es fácil superar los obstáculos”, dijo. Y añadió: “Ahora los radioescuchas saben que los partidos de fútbol se transmitirán de todos modos” (Cascabel 75, 14 de marzo de 1936).

El debate continuó en abril, cuando el club Alianza Lima pidió al Comité Nacional de Deportes que no permitiera la transmisión de sus partidos. El diario La Crónica publicó una carta de la lectora Blanca de Herrán en clara defensa de las transmisiones. Decía la lectora que las transmisiones beneficiaban a los enfermos, a los médicos y enfermeros que hacían turnos en los hospitales, a los policías y militares que se encontraban en comisarías y cuarteles, y a los niños de los internados. Aseguraba que, de otro lado, no afectaban al verdadero aficionado, quien “no estando enfermo, empeña hasta la camisa por asistir al match” (La Crónica, 19 de abril de 1936).

A pesar del conflicto suscitado en aquellos primeros meses de 1936, nadie estaba en desacuerdo, en agosto del mismo año, con las retransmisiones que hiciera Radio Miraflores (con la voz del locutor Jorge Alvarado) de los partidos de fútbol que jugó la selección peruana en las Olimpíadas de Berlín. El mismo diario El Universal, que había objetado las retransmisiones del verano, elogió esta vez a la emisora (El Universal, 9 de agosto de 1936).

Las noticias diarias de las olimpíadas fueron captadas en Lima a través de Radio DUSA y de la radio de onda corta alemana D. J. A.- D. J. N. A. Por el mismo medio se escucharon entrevistas a dirigentes y deportistas peruanos realizadas en los estudios de la emisora berlinesa.

Los días en que la selección peruana de fútbol se enfrentó a las de Finlandia y Austria, numeroso público se ubicó en los alrededores de los establecimientos que poseían receptores de radio y en las afueras de los diarios limeños para escuchar las incidencias de los partidos. El 6 de agosto, Perú derrotó 7 a 3 a Finlandia; y el 8 de agosto, venció 4 a 2 a Austria. Sin embargo, la FIFA anuló el partido con Austria, alegando que el campo de juego había sido invadido durante el match por aficionados peruanos, y dispuso que se jugara un nuevo encuentro sin público el 10 de agosto; el gobierno peruano decidió que el equipo no se presentara al nuevo partido y ordenó el retiro de toda la delegación de los juegos olímpicos.

Conocida la noticia de la anulación del partido por la FIFA, a través de la radio, el público se echó a las calles. El Comercio informó que “la calle Manco Cápac, donde funciona radio Miraflores, se vio muy animada y concurrida”, y “cada vez que el locutor deportivo de la estación lanzaba una nueva noticia, se sucedían las manifestaciones” (El Comercio, 11 de agosto de 1936).

César Miró recuerda, en una entrevista concedida para el libro OAX Crónica de la Radio en el Perú de Alonso Alegría, que a través de los micrófonos de Radio DUSA convocó a una multitud de aficionados frente al local de la emisora en la Plazuela San Agustín. El público solicitó la salida de Miró a los balcones del edificio, pero el locutor temió que, de acceder al pedido, el general Benavides lo interpretara como un gesto político. Todavía se vivía el clima electoral (los comicios serían en octubre), y la censura a La revista oral (conducida por Miró) a raíz de la presentación de Eguiguren era muy reciente (Alegría 1993: 61-62).

Pero DUSA no fue la única emisora que llamó a manifestaciones masivas. Según El Comercio, “conforme las numerosas invitaciones se propalaron por intermedio de las estaciones radiodifusoras”, fueron reuniéndose cientos de personas en la Plaza San Martín, iniciándose una marcha que culminó en la Plaza de Armas. El presidente Benavides se vio obligado a hablar al público; criticó a la FIFA por el fallo, pero exculpó al gobierno alemán (El Comercio, 11 de agosto de 1936).

El recibimiento brindado a la delegación olímpica en Lima, el 17 de setiembre de 1936, fue apoteósico. Las emisoras de Lima, Ica, Pisco, Cusco y Huancayo formaron una cadena con el nombre de Broadcasting Unidas del Perú, y cubrieron el desfile de los deportistas desde el Callao hasta el centro de la capital, así como los homenajes y discursos alusivos que se sucedieron en el trayecto. La transmisión comenzó a las 8.00 horas, “estimulando el interés del público con los primeros informes sobre la fiesta” y con “música ligera y alegre, genuinamente criolla”. A las 10.40, los olímpicos llegaron a la Plaza Dos de Mayo, precedidos por motociclistas municipales, y fueron aclamados por una ola humana que portaba banderas peruanas. Desde ese momento, según El Comercio, las radios “se concentraron a dar detalles del desfile que se iniciaba rumbo al Estadio Nacional” (El Comercio, 18 de setiembre de 1936). La delegación siguió luego a la Plaza San Martín. La transmisión duró hasta las 14.30 horas.

La hípica siguió ocupando espacios en la programación radial de esos años. OAX4A realizó con frecuencia retransmisiones desde el hipódromo de Santa Beatriz. El locutor era Benjamín Puente; el 23 de diciembre de 1934 debutó como narrador hípico el joven Augusto Ferrando (Alegría 1993: 54-55). Radio Goicochea, por su parte, inauguró un programa de pronósticos y entrevistas a preparadores de caballos en 1935.

El boxeo también recibió la atención de la radio. En junio de 1934, All American Cables instaló en el local del diario El Comercio una estación para recibir las noticias y descripción de la pelea entre Primo Carnera y Max Baer por el campeonato mundial de los pesos completos realizada en el Madison Square Garden de Nueva York. A través de un altoparlante, un locutor iba informando al público reunido en las afueras del local del diario de los despachos recibidos. Cuando el locutor anunció el triunfo de Baer por nocaut en el noveno asalto, “Una ovación estalló saludando al nuevo campeón. Luego los miles de oyentes se esparcieron animadamente por todos los sectores de la ciudad, llevando la noticia y sus comentarios” (El Comercio, 15 de junio de 1934). La pelea fue escuchada directamente por quienes poseían receptores de onda corta.

El viernes 13 de diciembre de 1935, DUSA transmitió en castellano la pelea por el campeonato mundial de la máxima categoría entre Paulino Uzcudum (el Leñador Vascongado) y Joe Louis. El diario El Universal instaló un altoparlante en su local para que el público que careciera de receptores la escuchara (El Universal, 14 de diciembre de 1935). Ganó Louis por nocaut técnico en el cuarto round.

3.4.10 La hora notable de El Eslabón y otros programas

La hora notable de El Eslabón era un programa de contenido variado (conferencias, música y radioteatro) producido por Eduardo Eckhardt Pastor y auspiciado por la mueblería El Eslabón. Salía por Radio Grellaud y gozaba de justificado prestigio.

La instalación de estaciones con onda corta permitió que La hora del agricultor, programa preparado por la Sección Técnica de Defensa y Propaganda Agrícola y Ganadera del Ministerio de Fomento, pudiera llegar a lugares alejados de la capital. Se emitía por Radio Grellaud OAX4B y OAX4G, en ondas de 48 metros (6230 kilociclos) y 250 metros (1200 kilociclos). Comprendía conferencias y música. El 30 de setiembre de 1936 celebró su centésima audición.

OAX4A emitió, a fines de 1934, Tic tac, con chistes, anécdotas, música y canciones, a partir de las 21.00 horas; se trataría de una de las primeras revistas del aire. La revista oral, en Weston, era un programa que estaba más orientado hacia lo informativo; era bisemanal, dirigido originalmente por José Torres de Vidaurre y Augusto Mariátegui Oliva; cuando el programa pasó a Radio DUSA, César Miró se hizo cargo de su conducción.

Goicochea estrenó, en 1936, La hora cinematográfica, que contaba con la conducción del “actor y periodista Martínez Campo y el periodista King Wallace” (El Comercio, 1 de julio de 1936).

3.5 La primera encuesta radial sobre preferencias del público

En julio de 1935, el diario El Universal y Radio Goicochea lanzaron una encuesta para conocer las preferencias del público en cuanto a música, tipo de programa radiofónico y horario de sintonía. Cada participante debía responder a las preguntas y depositar en las oficinas de Goicochea (jirón Ocoña 158) tres de los cupones que aparecían en El Universal; entre los encuestados se sortearía un receptor marca De Wald (El Universal, 27 de junio de 1935). Los resultados fueron publicados en la edición de El Universal del 3 de agosto. La música preferida era la popular (3.020 cupones), seguida de la clásica (2.907 cupones), la criolla (2.350 cupones) y la autóctona (687 cupones). Los programas que agradaban más a los participantes eran: musicales (2.030 cupones), literarios (1.654 cupones) y verbales (1.280 cupones). El horario preferido era el de la noche (7.256 cupones), luego venía el de la tarde (896 cupones) y al final el de la mañana (816 cupones) (El Universal, 3 de agosto de 1935).

3.6 Las primeras estrellas

Dos activas programadoras y conductoras destacaron nítidamente en esos años: Rosa Hernando (OAX4A Radiodifusora Nacional) y Rosa Elvira Figueroa (Radio Goicochea). Hernando había sido la voz femenina en la inauguración de OAX en 1925; fue, también, la directora de la revista especializada Radiocultura (1934). Rosa Elvira Figueroa había estudiado canto lírico en la Academia Alzedo y sería elegida la primera reina de la radio en los carnavales de 1936; su apoyo a la música peruana, tanto de inspiración andina como criolla, fue notable.

El director artístico de Radio DUSA era César Miró. Poeta, narrador, cronista, cantante y compositor de música criolla (y décadas más tarde director de cine y conductor de televisión), Miró, quien se había iniciado en la revista Amauta, que dirigiera José Carlos Mariátegui, y había seguido cursos en La Sorbona y Madrid, fue una presencia destacadísima en la radio prácticamente desde que dejó escuchar su voz en ella. Además de la dirección artística de DUSA, tenía a su cargo La revista oral, el programa informativo de mayor relieve de entonces, y la animación y presentación de conjuntos de música peruana.

Los directores artísticos mencionados eran también locutores o speakers, como se les llamaba entonces. Los speakers establecían un contacto diario con el público y sus voces identificaban a las emisoras. En DUSA se distinguieron en esos años, además de Miró, Juan Malmborg (Humorista Miope) y Jorge C. Aprile (Gaucho). En Gilco, José Pepe Muñoz conducía, con éxito, La voz de la capital. En Dávila, Graciela Lorza concentraba interés en La hora Zenith. En Grellaud se perfilaba Roberto Cruzalegui (sería una de las personalidades más importantes del medio en años posteriores), y llamaba la atención el mexicano Alfonso D’Alessio, quien había sido locutor de Radio Mercurio en Chile y animaba los espectáculos del restaurante La Cabaña. A fines de 1936, D’Alessio sería contratado por Radio Nacional, y lo reemplazaría en Grellaud el tenor Guillermo Lecca Iturbe, que había interpretado tangos en Radio Miraflores, y sería en el futuro actor de radioteatro y el más reconocido locutor nacional.

Una jovencísima Maruja Venegas, quien hasta hacía poco tiempo había tenido a su cargo la discoteca de Radio Internacional, se convertía a fines de 1936 en “el alma de la emisora, sino en el corazón” (Pirulete 19, suplemento de Social 139, 5 de diciembre de 1936), participando en diversos programas como La hora de pedido y La hora infantil, comentando las modas de Hollywood con el seudónimo de Maruvene, y hasta terciando en números cómicos con el Cholo Revolledo y el Roto Palomino en un programa especial con artistas chilenos invitados (El Universal, 23 de noviembre de 1936).

Por otro lado, la cantante y actriz cómica Teresa Arce, ya famosa en el teatro local, fue incorporada en 1935 a la plantilla de Radio Grellaud, y motivó de inmediato comentarios entusiastas por sus monólogos, en los que interpretaba a personajes populares e imitaba acentos regionales.21 Sería durante décadas primera figura de la radio peruana y haría memorable su creación de “La Chola Purificación Chauca”.

Por entonces, las emisoras empezaban a disputarse a los artistas que gozaban del beneplácito del público. Eran frecuentemente citados y elogiados por la prensa el pianista Filomeno Ormeño, el trío Guido-Espinoza-Hernández, los guitarristas Ángel Monteverde y Jorge Costa, el conjunto Los Criollos, los cantantes José Pipo Cómena, Alberto Mecklenburg y Ernesto La Hoz (al comienzo integrantes del Conjunto Callao y, poco después, destacados solistas), Eduardo Villanueva (El Cantor Proletario), La Limeñita, Alicia Lizárraga, Celia Miller, Micaela González, Aída Medrano, Mercedes Segura, Elena Campos, Rodrigo Llorens, Santiago Bacigalupo e Ismael Hoyos, y los humoristas Carlos Cholo Revolledo y Paco Andreu. José Cómena fue elegido, en 1935, El Astro de la Radio, gracias a un concurso convocado por la revista La Lira Limeña. Cómena fue, quizá, el primer artista de la radio peruana cuya vida se convirtió en objeto de interés de las revistas de espectáculos; al menos eso parece desprenderse de estas líneas aparecidas a comienzos de 1937 en la sección “Captando la onda” del diario El Universal:

Al estilo de las revistas extranjeras que traen simpáticas crónicas sobre la vida de las estrellas radiotelefónicas, ha comenzado en Lima a publicarse algo de este género. Lo ha hecho un semanario de ameno y agradable material de lectura, y el primer motivo brindado: “La vida y milagros de Pipo Cómena” (El Universal, 11 de noviembre de 1937).

3.7 La primera revista especializada, el Día de la Radio y la primera reina

Radiocultura fue la primera revista especializada en radio. Apareció en 1935, dirigida por Rosa Hernando. Colaboraban en ella: Germán Gallo Porras, G. Corzo, Luis Alayza y Paz Soldán, José Hernando, Roberto Ralston, Augusto Taimán y otros.

La importancia alcanzada por el medio en esos años se expresa en la celebración, por primera vez, del Día de la Radio en 1936. La iniciativa surgió de la revista Radiocultura, y fue acogida con entusiasmo por aficionados, diarios y emisoras. El 20 de junio de 1936, once años después de la primera emisión oficial de OAX, La Crónica decía de manera solemne: “Aunque oficialmente no se ha instituido, pero debido a motivos cronológicos superiores, hoy es el día de la radio en el Perú” (La Crónica, 20 de junio de 1936).

Las emisoras Dávila, Internacional, Grellaud, Castellano, Gilco, Goicochea y, por supuesto, OAX4A Radiodifusora Nacional, elaboraron programas especiales para conmemorar la fecha. En Goicochea asistieron como invitados varios representantes de la prensa y el escritor Antonio Garland disertó sobre la historia de la radio e hizo una reseña de sus años al frente de la dirección artística de OAX. La Radiodifusora Nacional, por su parte, invitó a todos los directores artísticos de las estaciones locales para que expresaran su parecer sobre el presente y el futuro del medio. El periodista Luis Lama dio una charla en Goicochea en términos similares a un artículo suyo publicado en El Comercio, en el que rememoraba, exultante:

Cientos de personas agrupadas en torno a los portavoces de las plazas públicas escuchaban alborozadas los detalles que les portaba el éter. Familias enteras en comunión con los vecinos de sus alrededores, se disputaban los fonos conectados a minúsculos aparatos construidos rudimentariamente a base de mica, de cartón, con hilos de bobinas y trozos pequeños de galena o de pirita, que extendían su embrionaria manifestación hacia los mástiles improvisados de las primeras antenas que se erguían orgullosamente sobre las azoteas […].

Al dejar su exclusividad para determinados núcleos favorecidos por el halago de la fortuna, pasó a sernos familiar. Perdíanse en las nebulosidades del pretérito los primeros aparatos rudimentarios. De los laboratorios extranjeros, siguiendo las pautas del progreso, nos llegaron los primeros tubos electrónicos, revolucionándose la manufactura de los aparatos receptores. Restábasenos la emoción íntima del esfuerzo personal traducido en la confección de un receptor construido en casa, pero en cambio ganábamos con la ampliación de la voz dentro del hogar y la selección de los programas. Decretóse, así, la desaparición de las victrolas y el auge de los radiófilos (El Comercio, 21 de junio de 1936).

Meses antes, durante el carnaval de 1936, la radio había elegido ya a su primera reina. Se trataba de Rosa Elvira Figueroa, la directora artística de Radio Goicochea. El 10 de marzo, Rosa Elvira I asistió al homenaje de la emisora en la que trabajaba; la acompañó su “corte de honor” compuesta por “princesas” de las estaciones Nacional, DUSA, Dávila, Miraflores y Gildred (La Crónica, 7 de marzo de 1936).

3.8 Los radioaficionados y el panamericanismo

Una de las actividades más destacadas de la radioafición en la década de 1930 fue la campaña de Buena Voluntad impulsada por Jorge Vargas Escalante “en pro de la intensificación y estímulo de las vinculaciones espirituales de las naciones del continente americano” (La Crónica, 15 de diciembre de 1933). Vargas Escalante actuaba en coordinación con radioaficionados de Bloomington y colaboraban con él Enrique Gamio, Guillermo Lazarte (director de OAX4A) y Rosa Hernando. El primer programa de la campaña se emitió el 6 de enero de 1934 por onda corta a todas las capitales de América del Sur a través de la estación OA4B de Germán Gallo Porras, y participaron el ministro de Relaciones Exteriores, Solón Polo; el embajador de Estados Unidos, Fred Morris Dearing; el nuncio apostólico, monseñor Gaetano Cicognani; los embajadores de Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador y México; los encargados de negocios de Cuba y Chile; el alcalde de Lima, Luis Gallo Porras; el presidente del Rotary Club de Lima, W. F. Molina; el presidente del Touring Club, Eduardo Dibós Dammert; el presidente honorario del Radio Club, Óscar Miró Quesada; y el representante de la Associated Press, Luis León. La locutora fue Rosa Hernando; una orquesta tocó los himnos nacionales “a medida que cada diplomático daba su discurso” e interpretó Amanecer andino de Alomía Robles, “dedicado al pueblo peruano” (La Crónica, 7 de enero de 1934).

El 14 de abril tuvo lugar el segundo programa de Buena Voluntad, en homenaje al Día de las Américas, patrocinado esta vez por la Unión Panamericana de Washington. La transmisión se hizo en dos horarios (tarde y noche) por OA4B en onda corta y OAX4A en onda larga desde la casa de Germán Gallo Porras. Inició la transmisión de la tarde Óscar Miró Quesada, y participó el ministro plenipotenciario de España en Lima, Luis Avilés y Tiscar, además de los invitados al primer programa. Habló en inglés el embajador de Estados Unidos, Dearing, “quien exaltó el panamericanismo, traduciendo la nueva doctrina internacional que día a día va ganando terreno en todo el continente” (La Crónica, 15 de abril de 1934). Rosa Hernando fue nuevamente la locutora, acompañada de un intérprete que anunciaba los números en inglés; se interpretaron temas de Alomía Robles (otra vez Amanecer andino) y Dunker Lavalle (Quenas). Por la noche, la banda de la Guardia Republicana tocó el Himno Nacional, Guillermo Lazarte leyó un homenaje a España, Enrique Villanueva Valcárcel habló en nombre de los intelectuales españoles y Alberto Ureta recitó en representación de los peruanos.

El 29 de noviembre de 1934, después del fallido golpe de Estado orquestado por el Apra, el gobierno de Benavides suspendió las licencias otorgadas a estaciones de radioaficionados. Las licencias fueron restauradas el 31 de diciembre de ese mismo año, y el 14 abril de 1935 se volvió a celebrar El Día de las Américas, nuevamente bajo la iniciativa de Vargas Escalante, y con el concurso de OAX4A Radiodifusora Nacional, y la estación de onda corta del Germán Gallo Porras. El discurso de apertura en esa ocasión estuvo a cargo de Óscar Miró Quesada, quien dijo:

En el Día de América mi voz se torna continental, porque el milagro del radio dilata la palabra del hombre en la ruta ilimitada del espacio; viaje prodigioso del pensamiento, merced a la ciencia que da alas al verbo y enlaza a las mentes más remotas en instantánea comunicación [...]. El radio, señor del espacio y rey de la velocidad, vence todas las separaciones y unifica a todos los pueblos en la rauda soberanía del instante. Y en el Día de América las ondas del éter se pueblan de mensajes de buena voluntad, enlazando a los países del continente con la guirnalda expresiva de su sonora congratulación (Vargas y Gamio 1944: 186-187).

Luego hablaron el ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Carlos Concha; el nuncio apostólico, los embajadores de Chile y Argentina, y el ministro de España.

La actividad de radioaficionados se desarrolló también con entusiasmo en otros lugares del Perú, como Arequipa, donde los miembros del Rotary Club realizaron, en 1934, comunicaciones con sus colegas de Lima y La Paz con el fin de estrechar los lazos de amistad entre Perú y Bolivia.

3.9 Una propuesta: Radio en los autos de la Policía

En octubre de 1935, el ingeniero Juan Pablo Goicochea declaraba al diario La Crónica que, sobre la base de experimentos realizados por Henry Ford, se había demostrado que era posible la comunicación entre un automóvil “que corra a treinticinco millas por hora, o más, con un equipo de onda ultra corta de doble vía, o sea de doble comunicación, como si fuera un hilo de teléfono ordinario”. Sostenía, a continuación, la conveniencia de instalar “lo más pronto posible” equipos de radio para los autos de policía. El dueño de Radio Goicochea era también el representante en el Perú de E.R.L. (Radio Engenering Laboratories), que se había especializado en la instalación de tales equipos en los Estados Unidos (La Crónica, 2 de octubre de 1935).

3.10 El consumo de la radio entre 1934 y 1936

Cualquier consideración del consumo de radio en la década de 1930 deberá partir del hecho de que, al comenzar esta, más de la mitad de las familias en Lima carecían del servicio de corriente eléctrica, y presuntamente el porcentaje era mucho más alto en el interior del país. Según el censo de población y vivienda de Lima y Callao de 1931, el 43 por ciento del total de familias tenía luz eléctrica y el 57 por ciento carecía de ella. En el Callao, el 42 por ciento gozaba del servicio y el 58 por ciento no lo tenía.22 En el mismo documento se señalaba que existían solo seis tiendas de victrolas y aparatos de radio en la provincia de Lima (cuatro en el Cercado, una en La Victoria y una en el Rímac), y ningún establecimiento comercial de ese tipo en el Callao (Perú. Junta Departamental de Lima Pro-Desocupados 1932: 41). El número de negocios se incrementó en años posteriores.

A mediados de la década de 1930, algunas casas comerciales publicitaban receptores de baterías para quienes no recibían servicio eléctrico, aunque a un precio bastante alto.23 A partir de 1934, año en que aparecieron nuevas emisoras y se superó la crisis económica, se ofrecía, a quienes sí gozaban de luz eléctrica, receptores al contado o a plazos, de diferentes precios y variedad. En junio de 1936, el semanario Excelsior aseguraba que existían ya “más de veinte establecimientos dedicados, principalmente, a la venta de receptores” que ofertaban “aparatos de más de cuarenta marcas distintas” (Excelsior, 11 de junio de 1936). Las marcas más prestigiosas seguían siendo RCA Victor y General Electric. La primera tenía como distribuidora a F. W. Castellano y Hno., que vendía desde modelos avanzados de once tubos metálicos, onda corta y larga, a 1.450 soles o 1.598 soles a plazos con un pago inicial de 218 soles y doce mensualidades de 115 soles cada una (El Comercio, 9 de junio de 1936); hasta modelos “económicos”, “pequeños en tamaño pero grandes en resultados”, a 120 soles al contado, 130 a plazos con primer pago de 30 soles y 2,50 soles de aporte semanal (La Crónica, 23 de mayo de 1936).

Otras marcas que compitieron en el mercado fueron Westinhouse, cuya distribuidora era la casa Cock en Lima; American Bosch, distribuida por Comercial Escardó S.A.; Atwater-Kent y Scott, distribuidas por Gildred Corporation; Zenith, distribuida por la casa Dávila; Wells-Gardner, distribuida por la casa Neisser; Hetro, distribuida por H. Burger; Gumen, Admiral y Howard, distribuidas por Gutiérrez y Menozzi; Silcox, distribuida por José M. Barrantes; además de Philips y Philco. La marca más popular fue Gilco, de la casa Gildred, que promocionaba sus aparatos de tres válvulas y en diversos colores (verde, rojo, caoba y beige) como “al alcance de todas las personas que no pudieron antes poseer un radio”; su venta era a plazos “desde S/. 1.50 semanal” (La Crónica, 11 de noviembre de 1935). Surgieron también clubes, cooperativas y panderos cuyo atractivo era la posibilidad de verse beneficiado con un aparato receptor.24

El consumo de radio, sin embargo, no se limitó al interior del hogar. El sistema de altoparlantes promovido por Joaquín de Azambuja en 1930, a pesar del propósito inicial de uso político en favor de Sánchez Cerro, constituyó un cambio importante en la manera de consumir radio hasta entonces. La escucha de transmisiones radiales por altoparlantes de parte de un público ansioso de noticias y música fue constante durante la década, y su suspensión en algunos casos generó quejas. Una carta de un lector del diario La Crónica durante el gobierno de Samanez Ocampo, expresaba el descontento del remitente por haber sido retirado el altoparlante ubicado en la Plaza Grau, donde se reunía con otros vecinos a oír transmisiones de OAX. Los motivos del retiro del altorparlante no serían aparentemente políticos, según el suscrito, sino que obedecerían al disgusto de los propietarios de salas de cine cercanas que encontraban este tipo de consumo de la radio como perjudicial para su negocio (La Crónica, 15 de mayo de 1932).

Los altoparlantes no fueron empleados únicamente por el Estado. Algunas emisoras comerciales privadas los colocaron en plazas públicas para llevar discursos de determinados candidatos en las elecciones presidenciales de 1936. En otras ocasiones, los altoparlantes fueron ubicados por emisoras y empresas periodísticas privadas en las afueras de sus oficinas o imprentas para transmitir a los oyentes, que se congregaban en la vía pública frente a ellas, información directa o indirecta de acontecimientos políticos, culturales, religiosos y deportivos. Las emisoras DUSA y Miraflores, y los diarios El Comercio, El Universal y El Eco (Iquitos) ejercitaron con éxito esta forma de comunicación con el público.

Algunos restaurantes, bodegas y otros centros comerciales instalaron también altoparlantes o aumentaron el volumen de sus receptores en ocasiones especiales (algunos de los discursos de Sánchez Cerro y Benavides tuvieron esa difusión), o simplemente para atraer clientes, aunque en alguna ocasión se ganasen la antipatía de sus vecinos. Una nota aparecida el 25 de junio de 1935 en el diario El Comercio, titulada “Radio impertinente”, daba cuenta de una carta de residentes de las calles Santa María, Corcovado, Sagástegui y Mascarón en la que se quejaban del propietario de un cafetín que tenía encendido su receptor de radio “las veinticuatro horas del día” a todo volumen; decían que cuando terminaban las transmisiones locales, el dueño del negocio sintonizaba las extranjeras impidiéndoles dormir (El Comercio, 25 de junio de 1935).

En otros lugares, en cambio, los vecinos se mostraban felices de que el propietario de un receptor compartiera las audiciones con ellos. Según una información proveniente de Cusco y publicada en el diario limeño La Crónica, con motivo del Congreso Eucarístico de Buenos Aires, numerosas familias se congregaban en residencias particulares donde había aparatos de radio para escuchar “fervorosamente los actos rituales” (La Crónica, 15 de octubre de 1934).

En 1934, en Huari, la instalación de un aparato receptor en el domicilio de uno de los vecinos constituyó un acontecimiento que mereció su publicación en los diarios:

Se efectuó la instalación del aparato radio receptor en la población de Huari.- Huari, octubre 20 (United). Ante nutrida concurrencia se efectuó el día de ayer la instalación del aparato receptor de radio en la casa del teniente Isaac Ingunza, jefe de línea del puesto de la guardia civil. La instalación del aparato de radio ha tenido buen éxito, pues las audiciones se han efectuado con toda claridad no notándose ruido mayor. Esta mejora pública se debe al entusiasmo que desde hace tiempo ha puesto en práctica el teniente Ingunza.

En las horas de audición, el pueblo se estaciona debajo de los balcones de la casa del teniente Ingunza y pasa momentos agradables, escuchándose perfectamente los programas de los Estados Unidos, de la Argentina y de Bolivia. Con motivo de esta instalación de radio, el teniente Ingunza ha recibido numerosas felicitaciones (La Crónica, 21 de octubre de 1934).

En otras provincias se promovió la compra comunal de receptores para que la programación de las estaciones fuese escuchada por todos los pobladores. En Huanta, la Municipalidad adquirió un radiorreceptor que instaló en mayo de 1934; según un despacho publicado en El Comercio:

La prueba resultó muy buena. Fueron captadas las estaciones principales de los Estados Unidos de Norte América, de Paris, de España de la República Argentina, de Bolivia y de Lima.

La plaza principal, donde se efectuó una audición, estuvo muy concurrida por numerosas familias de la localidad, ya que es la primera vez que en esta localidad se hace una instalación de radio (El Comercio, 28 de mayo de 1934).

El mismo mes, en Puerto Maldonado se inauguró un aparato de onda corta, renaciendo “el optimismo por el progreso de la localidad”, según el despacho publicado en El Comercio (29 de mayo de 1934). En Moquegua, un “grupo de distinguidas señoritas” realizó actividades sociales para comprar un receptor con altoparlantes que fue instalado en la plaza principal y entregado a la Municipalidad para su administración, “debiendo funcionar en las noches para esparcimiento del vecindario” (La Crónica, 26 de febrero de 1935, edición de la tarde). También se colocaron receptores de uso público con aportes económicos de la comunidad en Cabana (1934), Trujillo (1935), Huaraz (1936) y Cerro Azul (1936). En Yungay tuvo lugar un caso singular; un despacho publicado en El Comercio lo exponía de esta manera:

La señorita Julia Coello Vinatea, presidente de la Sociedad de la Cruz Roja, reunió a un numeroso grupo de personas de esta localidad a quienes expuso la labor que lleva a cabo el comité de su presidencia.

Se presentó a la consideración de las personas que habían sido convocadas las cuentas en detalle, apreciándose que figuraba un saldo de doscientos cincuenta soles en caja. Después de un ligero cambio de ideas sobre la forma de invertir de la mejor manera esa suma de dinero, se rechazó por mayoría la iniciativa de entregarlo a la sociedad de beneficencia para que sirviera de base para la construcción de un asilo de mendigos, y sin desvirtuar la finalidad patriótica de la colecta, se tomo el acuerdo de obsequiarlo al señor párroco para la compra de un radio, completando el valor con una erogación inmediata y destinar su renta a la construcción del templo de esta ciudad (El Comercio, 1 de octubre de 1934).

En Cora Cora, donde también se compró un aparato receptor, hubo reclamos por su mal funcionamiento (El Comercio, 5 de octubre de 1936).

No solo las plazas fueron ámbitos de consumo masivo de radio. Las audiciones en salas destinadas al cine y el teatro ya habían tenido lugar en Lima en la década de 1920, y en Iquitos se repitió la experiencia en 1934, con la instalación de un receptor en el teatro Alhambra. Según El Comercio, la primera función que se brindó allí “resultó espléndida”, y “el público se retiró completamente satisfecho y complacido de contar con un importante lugar de esparcimiento” (El Comercio, 5 de octubre de 1934).

Un hecho nuevo fue la asistencia de público a audiciones radiales en vivo. El primer “auditorio” lo constituyó la sala de conciertos de Radio Dávila (OAX4H), que se inauguró el 28 de octubre de 1935 con una función de gala en la que participaron la cantante Matilde Bonino y los músicos Alfonso de Silva y Teodoro Valcárcel (La Crónica, 29 de octubre de 1935). Radio Goicochea no tardaría en anunciar una revista radio-teatral con todo su personal artístico en el Teatro Municipal, donde el público, por módicos precios, podría conocer “los secretos de las transmisiones” (El Universal, 10 de diciembre de 1935).

Lo común, sin embargo, no era que el público llegara a la radio, sino que ella fuera a donde estaba el público. Se instalaron receptores en hospitales y en centros penitenciarios. Un representante al Congreso, Elio Dalmau, obsequió un aparato de radio a la cárcel de Trujillo (La Crónica, 10 de octubre de 1935), y el Rotary Club de Chiclayo ofreció otro a los reclusos de esa ciudad (La Crónica, 24 de noviembre de 1936).

También empezó a escucharse la radio en los automóviles. Al respecto, el periódico Tribuna alertaba en 1934 sobre lo que consideraba un peligro de accidentes de tránsito:

Actualmente circulan por Lima innumerables automóviles dotados de radio. Es la moda. Una moda de la que [se] hace muy mal uso. La radio en un automóvil está muy bien cuando se va [de] picnic; pero resulta un snobismo, una rastacuerada, utilizarlo, como lo hemos visto, cuando se circula por el Jirón de la Unión, en el que existen como cincuenta establecimientos que emiten la música de sus radios.

El chofer, en un auto con radio, va pensando en el baile, en un paso de tango, o se distrae con las reminiscencias que le trae la música.

Estamos seguros de que, en cuanto el número de autos con radio aumente, los choques se producirán con más frecuencia. Muchas veces, los accidentes sobrevendrán con un ritmo de minueto o de jarana (Tribuna, 29 de octubre de 1934).

En la década de 1930, la radio se convirtió, a través de diversas modalidades, en un medio de consumo masivo. No obstante, también se elevaron voces —sobre todo en las provincias— que reclamaban mayor nitidez y alcance a las señales, especialmente a OAX4A Radiodifusora Nacional, que carecía de una estación de onda corta.

3.11 Hacia la creación de Radio Nacional del Perú

En setiembre de 1934, el técnico de radio J. Vásquez de Velasco, en una entrevista concedida a El Comercio, intentaba explicar las causas de la mala recepción de las señales de radio en Huancayo, atribuyendo el problema al bajo voltaje de las líneas (160 voltios), la interferencia de señales radiotelegráficas, los techos de calamina y los minerales de los cerros (El Comercio, 3 de setiembre de 1934). Se decía en la nota que ni siquiera la señal de onda corta de DUSA llegaba con nitidez, escuchándose únicamente, y de vez en cuando, la de Grellaud. Sin embargo, en 1935, un nuevo reporte de Huancayo indicaba que sí eran bien recibidas algunas transmisiones en onda corta del extranjero (entre ellas la de Radio Illimani de Bolivia) y las de Antonio Santelló (OA4R) desde Lima. Los pobladores de Huancayo pedían al gobierno que modificara la señal de OAX4A Radiodifusora Nacional de larga a corta, o que implementara una estación de onda corta para mantenerlos informados de los acontecimientos ocurridos en el resto del país y evitar “la circulación de rumores falsos de supuestos movimientos revolucionarios, como ocurrió en días pasados” (La Crónica, 30 de enero de 1935).

Semanas después, una nota desde Pampas se orientaba en el mismo sentido: los vecinos se quejaban de no recibir la señal de la Radiodifusora Nacional, por lo que se veían obligados a recurrir a emisoras extranjeras de onda corta para conocer las noticias del Perú. Según el artículo era posible escuchar a las emisoras peruanas de onda corta (Grellaud, DUSA y Santelló) solo dos veces por semana, haciéndose urgente el establecimiento de una estación nacional que transmitiera diariamente en esa frecuencia (La Crónica, 11 de febrero de 1935).

Al año siguiente, un despacho aparecido en El Comercio daba cuenta de similar malestar entre los habitantes de Tacna:

Nuevamente se han acercado a esta corresponsalía numerosos radioescuchas a solicitar que se publique en los diarios de la capital su pedido para que las estaciones radiotransmisores transmitan un servicio noticioso de la República y también del extranjero, porque es una lástima oír en las estaciones transmisoras de otras repúblicas un buen servicio noticioso, mientras que nosotros los de provincias nos tenemos que contentar con los radiocomentarios que hace una estación de Lima dos veces por semana (El Comercio, 29 de mayo de 1936).

La deficiente o nula recepción de la señal de onda larga de la Radiodifusora Nacional en varias provincias, trajo consigo en 1934 la rebeldía de los radioescuchas de Pisco y Talara, que se negaron a pagar la cuota semestral de diez soles por derecho de antena (El Comercio, 13 de setiembre de 1934; El Comercio, 28 de octubre de 1934).

En febrero de 1936, el semanario Excelsior inició una campaña para abolir el cobro del derecho de antena que continuaba haciéndose a favor de la Radiodifusora Nacional OAX4A. Excelsior recordaba que la beneficiada con ese cobro era la empresa privada que todavía tenía en concesión la señal (Excelsior, 15 de febrero de 1936).

Ante tales quejas, demandas y gestos de protesta, el Ejecutivo manifestó su intención de recuperar OAX4A y convertirla en una poderosa estación. Pidió para ello proyectos de inversión a empresas extranjeras y después de, supuestamente, evaluar varios de ellos, se inclinó por el que presentó la Marconi Wireless Telegraph Co. Ltd., nada menos. Para entonces el conflicto entre la Marconi y el Estado, surgido durante el régimen de Sánchez Cerro, había sido resuelto. Fue así como el 20 de noviembre de 1935 se emitió una resolución suprema autorizando al director de Gobierno para que, en representación del Presidente de la República, firmara un nuevo contrato con la empresa británica, esta vez conducente a la erección de la Estación Oficial Radiodifusora del Perú (El Comercio, 24 de noviembre de 1935).25

El contrato, que no fue publicado, contemplaba —según el diario La Crónica — la construcción de un local idóneo para la emisora en la avenida Petit Thouars y el establecimiento de dos transmisores: uno de onda larga y el muy reclamado de onda corta. El costo, de 800.000 soles, sería cubierto por la Marconi, que tendría a cambio la administración de la emisora por diez años, al cabo de los cuales pasaría al Estado. El ingeniero de la obra era el británico Charles James, quien venía de instalar una radiodifusora en Finlandia; cooperaban con él un señor de apellido Rice, el ingeniero Carlos Tudela, quien era jefe del Servicio Radiotelegráfico Nacional, y el ingeniero Jorge Vargas Escalante (La Crónica, 13 de noviembre de 1936).

El 16 de junio de 1936 se promulgó la Ley 8341, mediante la cual se suprimió el cuestionado cobro de derecho de antena. La misma ley autorizaba al Poder Ejecutivo a destinar el producto de los derechos de importación a que estaban afectos los aparatos de radio y sus implementos a la amortización del costo y mantenimiento de la Estación Radiodifusora Nacional. Tales derechos podían ser elevados, según la norma, “hasta un cincuenta por ciento más de lo que pagan en la actualidad”. La ley entraría en vigencia el 1 de enero de 1937.

1925-1937

Inicios de la radio


Inauguración de OAX por el presidente Leguía. 20 de junio de 1925. Archivo Peruano de Imagen y Sonido (Archi), revista Mundial.


Un numeroso público se reúne en la Plaza San Martín para escuchar la primera transmisión oficial de OAX. Archivo Peruano de Imagen y Sonido (Archi), revista Mundial.


Copia del acta de constitución de la Peruvian Broadcasting Company. Archivo de Juan Gargurevich.


Antonio Garland, primer director artístico de OAX. Foto: La Prensa, 1937.


Rosa Hernando, la primera locutora.

Foto: Lima en el IV centenario de su fundación (Monografía), 1935.


Sánchez Cerro dirige un mensaje radial después del atentado sufrido en Miraflores. 23 de marzo de 1932.


Guillermo Lazarte, director de OAX en 1935.

Foto: Lima en el IV centenario de su fundación (Monografía), 1935.


Rosa Elvira Figueroa, primera reina de la radio en 1936. (Archi), revista Cahuide.


César Miró en Radio DUSA, donde dirigió La revista oral. Fue poeta, narrador, cronista, compositor de música y posteriormente productor de programas de televisión. En 1936 convocó a una multitud frente al local de la emisora para protestar por la anulación del partido de fútbol Perú-Austria durante las Olimpíadas de Berlín.

Capítulo 2

La Edad de Oro (1937-1956)

1. Una radio “nacionalista”

Las conferencias y toda clase de audiciones difundidas por las ondas de OAX4A y OAX4Z encarnan el nacimiento del nuevo espíritu del pueblo peruano. El diapasón del progreso fija sus bases en todo el ambiente cultural de una raza.

Radiocine, julio de 1938

1.1 Radio y política (1937-1939)
1.1.1 Radio Nacional del Perú

Durante el trienio (1937-1939) en que el general Benavides gobernó sin Parlamento, se relanzó la emisora del Estado, con el nombre de Radio Nacional del Perú, y se le orientó hacia la propaganda externa e interna.

La ceremonia de inauguración de Radio Nacional del Perú tuvo lugar en el flamante local de la emisora, situado en la avenida Petit Thouars, el 30 de enero de 1937. El general Benavides en persona inauguró la estación.

En su discurso, el representante de la Marconi en el Perú, Miguel Mc Nulty, destacó el cumplimiento por parte de la citada empresa del encargo que recibiera del Gobierno, y describió los modernos edificios que comprendía la estación: el destinado a estudios y oficinas, en la avenida Petit Thouars, y el ubicado en el distrito de San Miguel, donde se hallaba la planta de transmisión. A su turno, Benavides aprovechó los micrófonos para dirigir un discurso a la nación en el que, una vez más, exaltó los logros de su régimen, entre los que incluyó la propia inauguración de Radio Nacional. Dijo el Jefe de Estado:

Con la instalación de esta nueva Radiodifusora, mi Gobierno realiza una de las más vivas y justificadas aspiraciones en su perseverante obra de nacionalismo, de organización y de progreso.

El Perú cuenta desde hoy con una de las Estaciones más poderosas y perfeccionadas de la América el Sur. A partir de este instante, las corrientes del conocimiento adquieren mayor frecuencia entre nuestros pueblos, y la misma distancia se convierte para ellos en proximidad y vínculo con todas las naciones de la tierra (El Comercio, 31 de enero de 1937).

Benavides afirmó sentirse complacido de “haber encomendado estos trabajos a la Compañía Marconi, cuyo prestigio mundial para esta clase de obras es nuestra mejor garantía”. Se despidió dirigiéndose a:

[…] mis conciudadanos de todas las regiones de la república […], a los peruanos que hallándose lejos de la Patria tienen fijos en ella el pensamiento y la esperanza; a las colectividades extranjeras que eligieron nuestro suelo para elevar nuevos hogares e identificarse en nuestro esfuerzo; a España que nos legara el noble idioma con el que trasmitimos hoy a las naciones amigas del orbe, nuestro mensaje cordial y nuestros fervientes votos porque la prosperidad y la paz presidan para siempre los destinos humanos (El Comercio, 31 de enero de 1937).

De 1937 a 1939, Radio Nacional tuvo como gerente general a Miguel Mc Nulty. La dirección comercial la ocupó Guillermo Lazarte y el director artístico fue Antonio Garland. Transmitía en tres longitudes de onda: OAX4A (351 metros, 854 kilociclos), OAX4T (31,37 metros, 9562 kilociclos) y OAX4Z (49,32 metros, 6082 kilociclos).

El empleo político dado al medio por Benavides se intensificó en ese lapso, acentuándose, asimismo, un sesgo “nacionalista” en los mensajes y programación. A un año de inaugurada Radio Nacional del Perú, la revista Radiocine, muy afecta al régimen, destacaba cómo la emisora se había convertido en “intermediaria de la patriótica labor del General Benavides, que hace llegar sus frases de optimismo a los confines más lejanos del suelo nacional” (Radiocine 13, julio de 1938); y precisaba:

Las conferencias y toda clase de audiciones difundidas por las ondas de OAX4A y OAX4Z encarnan el nacimiento del nuevo espíritu del pueblo peruano. El diapasón del progreso fija sus bases en todo el ambiente cultural de una raza. Ya no podemos engañarnos de que la época de la recuperación de las fuerzas vivas del país es un hecho. El arte, las ciencias, las industrias y los ejercicios que preparan los músculos de un hombre, abriéndole nuevas perspectivas en el momento por el que atravesamos, son recogidos con toda preferencia, en las charlas que Radio Nacional efectúa. Pero lo que en el año transcurrido ha sido más saltante es el contacto que se ha producido entre los hombres dirigentes del Perú con los ciudadanos de todos los sectores sociales repartidos en los más lejanos lugares de la República.

El Presidente de la República, General Benavides y sus Ministros de Estado, han hecho conocer sus gestiones realizadas para el rápido crecimiento de todas las actividades sociales, industriales, comerciales, educativas y formación de una nacionalidad unificada. Antes de ahora no se conocía la labor desempeñada por los mandatarios y sus colaboradores; pero hoy, mediante la comprensión de ellos, que saben el deber contraído con el resto de la nacionalidad no se ocultan planes y se publican. Quiere decir, que todo se hace con el consenso de los ciudadanos. Las palpitaciones del alma nacional, reflejada por el Jefe del Estado y sus Ministros, día a día se agigantan y se conocen por la radiodifusión de las ondas de OAX4A y OAX4Z (Radiocine 13, julio de 1938).

1.1.2 El Reglamento General de Radiocomunicaciones de 1937

En armonía con la “nueva era” iniciada con el relanzamiento de la radiodifusora estatal, el gobierno de Benavides emitió, el 30 de junio de 1937, un Reglamento General de Radiocomunicaciones, que reemplazaba al de 1932. Consagraba el establecimiento de una estación de propiedad del Estado y pretendía poner remedio al carácter “precario” con el que habían sido dadas las licencias a las ya numerosas estaciones que funcionaban en el país.

El Reglamento ratificó que toda estación, transmisora o receptora, debía contar con una licencia otorgada por resolución suprema, y cuya duración era de un año. Distinguía, además, los siguientes tipos de estaciones:

a) Estaciones transmisoras de radiodifusión comercial privada (música y voz).

b) Estaciones privadas de radiocomunicación (telegrafía únicamente).

c) Estaciones aeronáuticas y de aeronaves (voz y telegrafía).

d) Estaciones receptoras de noticias.

e) Estaciones experimentales de carácter científico (voz, telegrafía y música para ensayo solamente).

f) Estaciones de carácter cultural (voz y música).

g) Estaciones de aficionados (voz, telegrafía y música solo para ensayo).

Las estaciones de radiodifusión comercial privada eran definidas como “aquellas dedicadas a emitir conjuntamente con su programa musical la propaganda del producto o artículo cuya representación se acreditó al momento de solicitar licencia”. Podían también “trasmitir avisos comerciales que no figurasen en su giro de negocios”; pero en ese caso debían regirse de acuerdo con las tarifas establecidas por Radio Nacional, y estaban obligadas a pagar el 10 por ciento de sus ingresos por tal concepto a la emisora del Estado (Vargas y Gamio 1944: 256-260).

El Reglamento perfilaba con claridad el modelo de radiodifusión que se seguiría en adelante: el de una radio predominantemente comercial privada, pero con el funcionamiento permanente de una poderosa emisora estatal.

1.1.3 La Segunda Conferencia Sudamericana de Radiocomunicaciones

La Segunda Conferencia Sudamericana de Radiocomunicaciones tuvo lugar en Río de Janeiro, del 7 al 20 de junio de 1937. Terminó con la suscripción del Segundo Acuerdo Sudamericano de Radio, que reemplazó al primer acuerdo firmado en 1935, en Buenos Aires.

Asistieron representantes de nueve países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. El delegado peruano, Carlos Tudela, dijo a su regreso que se había obtenido un canal exclusivo para Radio Nacional en todo el continente, sobre la frecuencia de 1120, para lo cual fue necesario notificar a cinco estaciones ubicadas en esa misma frecuencia con el fin de que se retiraran y pudiese escucharse a la emisora estatal con toda nitidez. Dijo también que se había conseguido libertad completa para ubicar emisoras en lugares donde el gobierno creyese conveniente, “respetando los convenios existentes”, así como el acuerdo de que toda noticia de política nacional e internacional fuera autorizada por las oficinas competentes, evitando así “la perturbante (sic) piratería de noticias”. De otro lado, se había avanzado en el compromiso de elaborar leyes y medidas administrativas que hicieran uniforme una legislación sobre derechos de autor (Cascabel 124, 30 de octubre de 1937).

1.1.4 La radio como medio de propaganda política internacional

José Perla Anaya ha destacado cómo, ya en 1936, el régimen de Benavides ponía énfasis en el objetivo propagandístico de la radio desde los considerandos de un documento legal:

Que la propaganda como medio de hacer conocer en el exterior las actividades nacionales, va tomando incremento cada vez mayor en los principales países del mundo. Que ella no debe limitarse al aspecto comercial, sino comprender también el industrial, el cultural y el artístico, y es preciso para ello que se utilicen todos los medios modernos de difusión, comprendiendo prensa y publicidad, radio y cinematografía (citado por Perla 1995:50).

A partir de la inauguración de Radio Nacional en 1937, este objetivo sería claramente perseguido. En diciembre de 1938, se realizó en Lima un evento apropiado para alcanzarlo: la VIII Conferencia Internacional Americana. Participaron en ella representantes de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Se deliberó sobre “la creación de una Corte Interamericana de Justicia, la codificación del Derecho Internacional Americano, la eliminación a las restricciones y limitaciones al comercio internacional, y la cooperación intelectual y técnica en el hemisferio” (Atlántida 1981, II: 272). Radio Nacional emitió boletines diarios y mensajes de los delegados de los países participantes. Transmitió también una proclama de periodistas latinoamericanos y una audición especial que tituló “Voces femeninas ante la VIII Conferencia”, con “las palabras de distinguidas damas representativas de la intelectualidad femenina americana”. El 26 de diciembre, un día antes de la clausura de la Conferencia, se ofreció a los delegados una función de gala de la revista musical América a través de la radio en el Teatro Municipal, dirigida por Rosa Elvira Figueroa, quien había sido nombrada asesora artística de Radio Nacional; los “temas folklóricos americanos” del espectáculo eran aportados por Rosa Mercedes Ayarza de Morales (Voces en Ondas 49, 27 de diciembre de 1938).

En enero, la revista Cahuide, dirigida por el argentino Jorge Aprile, decía:

Nadie, casi podemos asegurar, habría podido afirmar antes de esta Conferencia, la importancia que se derivaría para el Perú, en el sentido de una verdadera propaganda práctica y efectiva, las transmisiones, que durante esta Conferencia se han sucedido sin interrupción, día a día, por intermedio de Radio Nacional (Cahuide 22, enero de 1939).

En verdad, es poco probable que nadie hubiese reparado en las posibilidades propagandísticas que el evento y el medio ofrecían, no solo al país sino al gobierno.

La revista América a través de la radio, que se ofreció a los delegados de la VIII Conferencia, fue exhibida en enero de 1939 en el Teatro Segura. En realidad, aludía a la televisión y no a la radio, y en ella se incluía la acción de un personaje que salía de la pantalla del televisor para incorporarse al mundo “real”. La trama era la siguiente, según la revista Voces en Ondas:

Un grupo de excursionistas viaja a bordo del avión “BUITRE” de la Compañía de Aeronavegación Intercontinental, rumbo a Lima, cuando, por una falla del motor, se ven obligados a efectuar un aterrizaje forzoso en pleno campo.

Entre los viajeros, se dirige a Lima un inventor norteamericano, míster Stahl, que ha fabricado un receptor de Televisión y está interesado en hacerlo conocer por personas de influencia en la capital. Don Luis de Agüero, otro de los viajeros, quien viaja en unión de su esposa, Blanca Flor, le ofrece todo su apoyo, a condición de una demostración del receptor, que míster Stahl no tiene inconvenientes en efectuar en pleno campo, mientras se espera la llegada de un avión de trasbordo. Viajan también en el “BUITRE”, una muchacha Rosita, y un joven Julián, entre los cuales se establece una corriente de simpatía.

Se verifica la demostración y van apareciendo ante el asombro de los viajeros, escenas típicas de cada uno de los países de América, a medida que van sintonizando. Mientras tanto, don Luis Agüero hace creer a sus oyentes, y en especial al inventor, que él posee grandes haciendas en el territorio peruano, etc., siendo lo cierto que es un simple y modesto portero del Congreso que está viajando gracias al cupón premiado del último concurso organizado por el Jabón Estrella.

En el intervalo, Julián declara su amor a la joven viajera y consigue del piloto del avión, que se demore el viaje, pues la avería ha sido reparada. Prosigue la exhibición de música folklórica americana. Rosita no quiere aceptar el amor de Julián por razones muy especiales. La situación es altamente divertida, llena de ingenio sutil y de gracia y el interés no decae en ningún instante produciéndose un desenlace inesperado por el público que llena de confusión a todos los personajes. Termina la acción y la obra de revista con una apoteosis final en la cual Luis de Agüero baila una marinera típica nacional, con toda su sal y pimienta, con una de las figuras que han brotado de la pantalla televisora, tomando parte en el coro y palmoteo todos los actuantes. Final algo fantástico, pero lleno de novedad, interés y sobre todo, gracia, que es la virtud predominante en la Revista “América a través de la radio” (Voces en Ondas 51, 17 de enero de 1939).

1.1.5 La radio como medio de propaganda interna

La propaganda gubernamental a través de la radio se orientó también hacia el interior; y estuvo acompañada de un discurso nacionalista acorde con los tiempos, y que buscaba contrarrestar el de organizaciones políticas de oposición (en especial el Apra y el Partido Comunista) que habían sido puestas al margen de la ley y a las que se había estigmatizado por su internacionalismo.

El papel de propaganda fue adjudicado explícitamente a la radio estatal. En los considerandos de la Ley 8667 del 12 de mayo de 1938, que otorga un crédito extraordinario a Radio Nacional del Perú, se lee que: “Es deber del Estado fomentar el funcionamiento de organismos que, como Radio Nacional del Perú, realizan acción cultural y de propaganda” (Congreso de la República del Perú, en línea).

Además de los discursos y “charlas” oficiales retransmitidos por Radio Nacional; revistas especializadas en el medio, como Voces en Onda y Radiocine, dirigidas a sectores populares, publicaban panegíricos al gobierno, mezclados con canciones de moda y noticias frívolas. En el número 2 de la revista-cancionero Voces en Ondas, al pie de una nota editorial en la que se pedía más melodías populares en las emisoras, se publicó una marcha para piano dedicada al presidente Benavides (en la página central aparecía la partitura, firmada por el maestro Purizaga). La marcha, titulada Prosperidad, hacía un resumen laudatorio de la gestión del régimen:

En cuatro años y meses de gobierno / laborioso, patriota y paternal / consolida el Perú su orden interno / y conquista prestigio universal // Los empleados y obreros carecían / de asistencia social y atención / y el triste desamparo en que vivían / ha cesado al brindarles protección // Vías libres, / barrio obrero, / dique seco, / previsión, / más escuelas / y al deporte / la mayor / dedicación. // El Ejército, la Armada / y la Aviación Nacional / provistos en abundancia / de moderno material. // Auxilio a los hospitales / desayuno a los niños, / jubilación, cesantía / y asistencia en la vejez. // Aumento de los ingresos / de la Hacienda Nacional / y los pagos con el día / con agrado general. // Auxilio a las madres pobres, / control a la inmigración, / Universidad abierta / y aumento en la exportación. // Vías libres, etc. (Voces en Ondas 2, s/f).

Por su parte, la revista Radiocine, dirigida por Alfredo Ordóñez Lugo, además de festejar “el renacimiento del folklore peruano” ayudado por “las múltiples estaciones de radio ubicadas en todo el territorio”, elogiaba la labor educativa del gobierno, expresada en la construcción de escuelas, y acompañaba la loa con una foto del general Benavides alzando en brazos a una pequeña estudiante (Radiocine 13, julio de 1938).

1.1.6 Música criolla y nacionalismo

La presencia de la música criolla en la radio había ido creciendo desde 1934, pero fue en 1937 que se inició su auge mediático; para ello, contó con el respaldo del Estado y de los propietarios de las emisoras privadas.

La mayor frecuencia en la programación de la música criolla coincidió con la estrategia “nacionalista” del gobierno de Benavides. En octubre de 1937, una disposición oficial establecía que las “estaciones de radio del Perú deben dar ubicación preferente a la música nacional” (Cascabel 123, 24 de octubre de 1937). El encargado de hacer cumplir esa norma era Fernando Bontá Chávez y la primera víctima habría sido Radio DUSA, a la que se le suspendió por veinticuatro horas por infringir la disposición (Cascabel 126, 13 de noviembre de 1937).

En julio de 1938, la revista Radiocine, decidida partidaria del régimen, sostenía:

Nos encontramos en un momento oportuno para poder cimentar sobre bases sólidas las instituciones que tengan por fin el cultivo del Folklore nacional. Nuestra música está en plena etapa de transición y en camino de unificar motivaciones. El movimiento cultural, ayudado por las vías de comunicación y por las múltiples estaciones de radio ubicadas en todo el territorio, están colaborando en la rápida personificación de los diferentes temas de las regiones peruanas, que encuentran, como nunca fue, la simpatía y el aplauso públicos […]. Dos años atrás sentíamos el peso muerto de la injerencia extranjera en la música, en el cine y otros sectores de la cultura […]. Ahora sentimos felizmente la pujanza de la raza traducida en diferentes direcciones, inclusive en el campo artístico, más valioso, por cierto, tomándolo en el sentido de formar el sentimiento de unidad nacional (Radiocine 13, julio de 1938).

Ese mismo año, en el Teatro Municipal de Lima tuvo lugar un concierto de Fiestas Patrias, con asistencia del presidente Benavides, en el que se interpretó música popular peruana seleccionada y arreglada por Rosa Mercedes Ayarza de Morales. La misma recopiladora comentaría entonces que:

[…] la concurrencia de altos funcionarios del Estado les permitirá también apreciar la calidad de nuestro folklore musical y sus innumerables proyecciones en los que se refiere al momento de nuestro sentimiento nacionalista por la exaltación de los valores propios, postergados hasta ahora por importaciones extranjeras, de inferior calidad (citada por Zanutelli 1999: 103).

No obstante lo funcional que resultaba el auspicio de la música popular peruana a la política nacionalista del régimen, la emisora del Estado, bajo la dirección artística de Antonio Garland, mantuvo un cierto equilibrio en la oferta de distintos géneros y estilos musicales. Una revisión de la programación de Radio Nacional entre junio de 1938 y diciembre de 1939 (El Comercio, Voces en Ondas) revela que, aun habiéndose incrementado su presencia, la música peruana (costeña y andina) era solamente una de las propuestas de la estación, que emitía también música argentina, brasileña, cubana, mexicana, boliviana, ecuatoriana, española, zíngara, italiana, rusa, francesa, y norteamericana (en especial el swing).

En ese lapso hubo, sin embargo, una corriente de opinión que demandó una mayor presencia de la música popular peruana en la radiodifusora oficial. El semanario Alta Voz, por ejemplo, editorializaba:

Notamos en los programas de Radio Nacional […] una cierta deficiencia ambiental de colorido y sabor criollo. Es decir, que no bastan los peruanísimos programas de La Limeñita y Ascoy. Tampoco las audiciones peruanas del Maestro Sánchez Málaga o las estampas incaicas del cuarteto que dirige Félix Francisco Castro […]. Por eso sugerimos a los señores de la dirección artística de nuestra primera emisora, que programen, por ejemplo a conjuntos como el de Romero, Las Criollitas, o cualquier otro número esencialmente popular que daría mejor tinte criollo a sus audiciones y completaría el clima nacionalista que dicha estación tan ardorosamente persigue (Alta Voz 14, 6 de octubre de 1939).1

Cascabel, por su parte, exageraba y decía que en Radio Nacional “todo es música de Italia o de México, de Hawai o de Argentina” (Cascabel, 2 de setiembre de 1939).

Por otro lado, para los empresarios privados, más allá de la sanción sufrida por DUSA, acatar la disposición de irradiar música popular peruana en esos años no les fue difícil: era la que más reclamaban los oyentes y permitía, por tanto, captar capitales de los anunciantes.

Despreciada durante décadas por la elite,2 marginada por la radio3 e ignorada por los poderes públicos, la canción criolla, expresión cultural y artística de los trabajadores urbanos de la costa, adquirió así reconocimiento “nacional” a fines de la década de 1930, debido a la necesidad del gobierno de asumir la representatividad de esos sectores populares citadinos que peligrosamente se estaban desbordando y reconociendo dirigencias que cuestionaban su autoridad. Así como eran satisfechas explícitas demandas económicas y sociales por la dictadura de Benavides (estableció el Seguro Social Obligatorio, creó el Ministerio de Salud y el Ministerio de Educación, y construyó barrios obreros y restaurantes populares), eran atendidas también implícitas demandas culturales.

Pero, así como en el campo de lo político y social quedaba seriamente limitada la organización autónoma de los trabajadores, los temas y versos de las canciones criollas emitidas por la radio también debieron ceñirse a algunos parámetros, a fin de adecuarse a las expectativas del gobierno y los sectores que se pretendían hegemónicos. No es inverosímil, por lo mismo, que el vals criollo El Plebeyo, de Felipe Pinglo, fuese censurado en 1939.

1.1.7 La censura

El músico y compositor piurano Enrique Pozo Zegarra ha descrito, en más de una ocasión (Pozo 1984, Kato 1975), un incidente de censura a El Plebeyo y otras canciones criollas ocurrido en 1939. Pozo era entonces integrante del trío de cuerdas de Radio Goicochea y encargado de elaborar los programas de música criolla de esa emisora. Un día, al presentar los temas que habían seleccionado los cantantes Delia Vallejos y Javier González, el director artístico de la estación, Eduardo Sierralta Lorca, tomó un lapicero y tarjó El Plebeyo en los programas. Los cantantes acudieron al despacho de Sierralta a pedirle explicaciones, y este, solicitándoles reserva, les dijo que la Dirección de Radio había prohibido la emisión de El Plebeyo y otros valses criollos bajo amenaza de multa a la emisora y suspensión indefinida a los cantantes que los interpretaran. Les mostró, además, el documento que contenía la prohibición y el listado de las canciones. Los otros temas censurados eran, según Pozo Zegarra: La oración del labriego, Mendicidad, El canillita, El huerto de mi amada, Droga divina,4 todos ellos de Pinglo; Fin de bohemio y El expósito de Pedro Espinel; y El tísico de Luis Molina. El motivo de la censura habría sido el supuesto carácter subversivo de las letras de esos valses. Pozo Zegarra afirma que las autoridades gubernamentales habrían atribuido la autoría de El Plebeyo al líder del Apra, Víctor Raúl Haya de la Torre.5

El mencionado director artístico de Radio Goicochea, Eduardo Sierralta Lorca, era chileno. Había sido dirigente ferroviario anarcosindicalista en su país, y en 1927 fue deportado al Perú después del golpe militar de Carlos Ibáñez del Campo contra Arturo Alessandri. En Lima trabajó en Radio DUSA, Radio Grellaud y Radio Goicochea. En julio de 1939 dejó su cargo en esta última emisora. Fue autor de una novela, El Apra y La Sombra (1957), sobre las supuestas relaciones entre el Partido Aprista y el espiritismo. En ese texto de ficción política (que lleva prólogo de David Alfaro Siqueiros y una “somera noticia acerca del autor” escrita por el ex parlamentario comunista chileno Salvador Ocampo) se lee un encendido elogio al vals peruano y Felipe Pinglo, así como frases muy duras respecto de los dueños de Radio Lima (ex Radio Grellaud), Jorge Carcovich y José Bolívar; no se menciona, sin embargo, a Radio Goicochea ni se hace alusión alguna al incidente de la censura a valses criollos.

La censura era común en esos años. Maruja Venegas recuerda que se elaboraban los programas de las emisoras por triplicado: una copia era para el conductor, otra para la dirección de la radio y la tercera para el Ministerio de Gobierno (entrevista con Maruja Venegas, 6 de noviembre del 2009). Gonzalo Toledo precisa:

Antaño las estaciones de radio eran controladas por las autoridades de Gobierno (hoy del Interior), mediante una oficina instalada en el segundo piso del Pasaje del Correo, la misma que era jefaturada por don Víctor Ramírez Mantilla, persona afable, no mal vista por los broadcasters; en cambio temida por locutores y todo aquel que tuviera que ver con las actividades de las cabinas de emisión. En realidad se trataba de una oficina que ejercía la censura con el disfraz de control.

Era obligación de los funcionarios de las radios llevar a la referida oficina, para su visación, la programación diaria, los libretos de radioteatro, determinados avisos, etc., sin cuyo requisito no podían ser difundidos. Este control subsistió hasta 1945.

Que no quepa la menor duda que en la “línea de mira” de don Víctor y de los empleados de la oficina de control, estaban: el animador mexicano Alfonso D’Alessio, Edmundo Moreau, Augusto Ferrando, Teresita Arce, el Gaucho Aprile, Paco Andreu, el Abuelito Tito, Carlos Revolledo y algunos otros nombres, por temor a que dijesen —según las autoridades— alguna inconveniencia (Toledo s/f: 31).

Cabe mencionar que varios de los nombrados por Toledo (Moreau, Arce, Andreu y Revolledo) eran comediantes. Como volvería a ocurrir en épocas posteriores, la crítica a la dictadura se filtraba a través del humor.

Las faltas de artistas y locutores eran sancionadas con suspensiones, pero existían también penas severas para quienes utilizaran el medio en contra de los intereses del gobierno. La Ley 8505, del 19 de febrero de 1937, Ley de Defensa Social y Seguridad Interior de la República (Congreso de la República del Perú, en línea), penaba a quienes “[…] verbalmente, por escrito, o por cualquier otro medio, propaguen en el interior o el exterior de la República, noticias o informaciones falsas o tendenciosas, destinadas a alterar el orden público o a dañar el prestigio del país, de sus instituciones, de sus altos funcionarios o de la Hacienda Nacional” (artículo 1, inciso 2); a “[…] los que fomenten o propaguen por cualquier medio, individual o como miembros de asociaciones, instituciones, grupos o partidos políticos, doctrinas o propósitos que tiendan a alterar o modificar violentamente el orden político o social de la República” (artículo 1, inciso 3), y a los

[…] que inciten a destruir o inutilizar, o destruyan o inutilicen, interrumpan o se apoderen, total o parcialmente, de los servicios públicos, en especial de las vías de comunicación, medios de transporte, alumbrado, aguas, cables, telégrafos, teléfonos y radio, con el propósito de subvertir, variar o sustituir al Gobierno, o causar intimidación (artículo 2, inciso 8).

1.1.8 Mensaje no emitido: El fallido golpe de Estado del general Rodríguez

En la madrugada del sábado 18 de febrero de 1939, el general Antonio Rodríguez pretendió dar un golpe de Estado contra Benavides, previa conspiración con dirigentes apristas. Benavides se hallaba entonces fuera de Lima. La intentona acabó rápidamente cuando Rodríguez fue muerto por un policía al ingresar a Palacio de Gobierno.

Según el diario El Universal, uno de los “primeros cuidados” de Rodríguez fue “dirigirse telefónicamente a la Estación Central de Telégrafos y a la Estación de Radio Nacional, por medio de los cuales pretendía comunicarse con el resto de la República”, pero ello no fue posible porque los directivos de esas instituciones evadieron astutamente la solicitud de los golpistas de que transmitieran el mensaje del general rebelde (El Universal, 22 de febrero de 1939). El jefe técnico de Radio Nacional, René Dubreuil, relató que había sido despertado a las seis de la mañana del sábado por una llamada telefónica de un comisario de policía que le exigía asistir a esa hora a la estación. Dubreuil acudió y el comisario le exigió que transmitiese por los micrófonos el pronunciamiento del golpe. Dubreuil se excusó arguyendo que no era posible atender el pedido sin poner en marcha el transmisor de la avenida La Marina, para lo cual tenía que ir hasta allá. Se trasladó al lugar acompañado de un oficial y habló con el técnico encargado, pero de regreso en las oficinas de la emisora, Dubreuil aprovechó una distracción de los golpistas —mal organizados e indecisos— y huyó sin transmitir el mensaje (El Universal, 24 de febrero de 1939).

Una vez que Benavides fue informado del amago insurreccional, envió por la radio del buque Rímac, donde se encontraba, unas palabras a la ciudadanía llamando “traidores” a los golpistas y anunciando su pronto retorno a la capital. Llegó en la tarde del mismo sábado.

1.1.9 El plebiscito y las elecciones generales de 1939

El 18 de abril de 1939, el gobierno de Benavides emitió la Ley 8875, convocando a un plebiscito. El objetivo era reformar la Constitución a fin de fortalecer el Poder Ejecutivo. Se fijó como fecha para el plebiscito el 18 de junio. El 25 de marzo, el Jefe de Estado se dirigió al país por Radio Nacional. Defendió el modelo presidencialista en contra del parlamentarista; y planteó crear facultades legislativas para el Presidente de la República, que deberían ejercerse durante el receso parlamentario, así como la potestad de observar las leyes emanadas del Congreso. Aclaró que su pedido era con miras al futuro del país, pues, como era obvio, él gobernaba sin Congreso. Solicitó, además, eliminar mediante el plebiscito “las comisiones de investigación parlamentaria” que se podían hacer según la Constitución de 1933, “en cualquier momento y sobre cualquier materia”, y cancelar las atribuciones otorgadas al Poder Legislativo para “crear y suprimir contribuciones y empleos públicos, votar gastos e inversiones de cualquier especie, sin la previa iniciativa del Ejecutivo”, así como las de “intervenir en cuestiones de carácter técnico o que exigen riguroso secreto” (Atlántida 1981, II: 282-286).

A dos días de su alocución a favor de la reforma constitucional planteada en el plebiscito, Benavides promulgó la Ley 8862 convocando a elecciones generales para el día 20 de octubre de 1939.

La víspera del plebiscito, Benavides dirigió un mensaje a través de Radio Nacional bajo la forma de una entrevista. La Crónica transcribió la introducción que hizo el locutor de la emisora a las declaraciones del Jefe de Estado:

La equivalencia que posee la labor radiofónica con la periodística, nos llevó a solicitar del señor Presidente de la República, general Benavides, una entrevista en la que a manera de reportaje, y en víspera de la trascendencia del acto plebiscitario que mañana va a realizarse nos permitimos llevar a nuestros oyentes, las palabras de sereno patriotismo del Jefe de Estado, reafirmando su pensamiento ante las reformas constitucionales planteadas.

Nos permitimos acudir al Palacio de Gobierno en la esperanza de que el Presidente de la República, acogiera nuestra solicitud. Sabemos, que a despecho de su infatigable labor, su palabra franca y aconsejadora, podría llegar oportunamente a nuestros oyentes. Venturosamente ha sido así (La Crónica, 18 de junio de 1939).

En la “entrevista”, Benavides reiteró que las reformas constitucionales que se consultaban en el plebiscito no estaban animadas por interés personal alguno, pues dejaría el poder a fin de año, “y, por tanto, no sería él beneficiario de las indispensables reposiciones de prerrogativas presidenciales” (La Crónica, 18 de junio de 1939).

El plebiscito se realizó en la fecha señalada, y, según datos oficiales, el 87,83 por ciento de la población votó por las reformas constitucionales planteadas; solo el 12,17 por ciento se habría opuesto. La Constitución quedó reformada por Ley 8929 del 24 de julio de 1939. Benavides volvió a dirigirse a la nación por radio el 26 de julio:

Con la abrumadora votación a favor de las reformas constitucionales, no sólo habéis correspondido plenamente a la fe que tenía y tengo en vosotros. La habéis afianzado, la habéis fortalecido, la habéis superado. Es el motivo que me lleva a dirigiros hoy la palabra. Quiero expresar, en estos momentos, mi honda gratitud a todos los pueblos de la República que rivalizaron, sin excepción alguna, por dar a mi Gobierno y a mi persona el más alto y cierto testimonio de la confianza nacional.

Como gobernante puedo y debo decir, con inmenso orgullo y satisfacción legítima, que existe entre el pueblo peruano y yo una firme y verdadera conjunción de ideales y de sentimientos. Lo habéis demostrado con vuestro voto, despreciando la propaganda malévola y calumniosa con que se pretendió desvirtuar la pureza de la consulta plebiscitaria (La Crónica, 27 de julio de 1939).

No obstante, advertía: “Creo que en el futuro, el Perú no podrá apartarse sin peligro de los precisos y definitivos lineamentos de la política seguida por mi gobierno” (La Crónica, 27 de julio de 1939).

El candidato “oficial” fue Manuel Prado Ugarteche, hermano de Jorge Prado Ugarteche, el ex primer ministro de Benavides y aspirante a la presidencia en los frustrados comicios de 1936. Los Prado constituían una acaudalada familia vinculada a la industria textil y las finanzas (eran dueños de Tejidos Santa Catalina y el Banco Popular, entre otras muchas empresas), y tenían especial interés en la ampliación del mercado interno (Portocarrero 2008). Sobre ellos pesaba, sin embargo, un estigma: su padre, Mariano Ignacio Prado, siendo Presidente de la República, había viajado a Europa en 1879, durante la Guerra del Pacífico, supuestamente para agilizar la compra de armas. No regresó al Perú sino hasta después de la guerra. La opinión pública había tomado esa acción como una fuga del mandatario; recayendo sobre él, además, las sospechas de hurto del erario del Estado.

No obstante, Manuel Prado iba a las elecciones de 1939 como favorito, tanto por el respaldo de Benavides como por el hecho de que el Apra, aún en la clandestinidad, lo consideraba un “mal menor” frente a la otra candidatura, la del derechista José Quesada, que contaba con el respaldo de la UR, El Comercio, La Prensa y los agroexportadores.

El respaldo oficial a la candidatura de Prado tuvo manifestación en el espacio que le brindó Radio Nacional. En agosto de 1939, La Prensa criticaba que, en pleno proceso electoral, el servicio informativo de Radio Nacional diera “la mayor preferencia a la propaganda de determinada candidatura” y que transmitiera “con fruición sólo editoriales de diarios conocidos por su reducida circulación”, aludiendo probablemente a La Crónica (La Prensa, 20 de agosto de 1939).

Semanas antes de los comicios se realizó un ciclo de “charlas cívicas” en Radio Nacional, con la intención de “ilustrar a la ciudadanía” (El Universal, 19 de octubre de 1939), y con evidente sesgo pradista. El viernes 13 de octubre, Prado recibió un homenaje de intelectuales en el hotel Bolívar, transmitido por Radio Nacional. El locutor fue Juan Sedó y el ingeniero encargado de la transmisión, René Dubreuil. Hicieron uso de la palabra Manuel Beltroy, Carlos E. Paz Soldán, Clemente Palma y Daniel Alomía Robles. Entre los oferentes estuvieron hombres de radio como Juan Malmborg y Leonidas Yerovi (El Universal, 14 de octubre de 1939). La tarde del domingo 15 de octubre tuvo lugar el mitin de cierre de campaña de Prado, en la Plaza de Acho. Fue transmitido por Radio Nacional. Según el diario El Universal, en una de las secciones del palco oficial se había colocado un poderoso transmisor, desde donde Juan Sedó “iba dando a los manifestantes las ordenanzas correspondientes de la manifestación y, a la vez, trasmitiendo detalles resaltantes de la manifestación”. Prado llegó a las 15.00 horas, se dirigió al estrado al compás de un himno compuesto en su honor por Ricardo Walter Stubbs, y leyó luego su discurso-programa (El Universal, 16 de octubre de 1939).

El 20 de octubre se realizaron las elecciones. El viernes 1 de diciembre, Manuel Prado fue proclamado presidente electo por el Jurado Nacional de Elecciones. Radio Nacional transmitió, desde el domicilio de Prado, la visita que le hizo el presidente del JNE para comunicarle personalmente el resultado de los comicios. El 8 de diciembre, Radio Nacional emitió la ceremonia de transmisión de mando, y el programa de homenaje brindado al general Benavides. El 13 de diciembre, irradió los discursos pronunciados en el banquete ofrecido al presidente Prado en el hotel Bolívar (Alta Voz 30, 3 de febrero de 1940).

1.1.10 La escuela del aire

En mayo de 1939, el diario La Crónica informaba sobre “un vasto proyecto para instalar la primera escuela del aire”, que había sido presentado en marzo del año anterior y se estaba estudiando en el Ministerio de Educación. La nota del periódico indicaba que ya existían redes culturales en Argentina, Uruguay, Venezuela, Europa y Estados Unidos, y que de ponerse en acción el plan peruano vendría “a realizar la recomendación suscitada y aprobada por la VIII Conferencia Internacional de Lima, que aconseja a todos los gobiernos de América emplear la radiotelefonía como elemento didáctico”. Añadía que de ponerse en práctica el proyecto, señalaría “una etapa de avanzada en el progreso educacional del mundo”, pues resolvería el problema de la extensión escolar y universitaria en regiones apartadas de un territorio “cuyo mapa geográfico presenta tantos obstáculos para la penetración de locales escolares y de misiones pedagógicas” (La Crónica, 9 de mayo de 1939). La puesta en marcha del proyecto se realizaría durante el régimen de Manuel Prado.

1.2 Las emisoras comerciales limeñas

Al celebrarse el Día de la Radio en 1937, además de Radio Nacional, transmitían desde Lima las emisoras comerciales Grellaud (OAX4B), DUSA (OAX4C), Goicochea (OAX4E), Castellano (OAX4F), Dávila (OAX4H), Internacional (OAX4I), Miraflores (OAX4L) y Gilco (OAX4O) (El Comercio, 20 de junio de 1937).

Entre 1937 y 1939 desaparecerían DUSA, Castellano, Dávila y Gilco. En 1937, Radio Miraflores, en cumplimiento de la reglamentación de radio, tuvo que trasladar su planta de transmisión fuera del perímetro urbano, que instaló en la avenida Del Ejército, “coincidiendo dicha fecha con el esfuerzo de los hermanos Palma para adquirir un transmisor RCA de 250 W”. En 1939, Miraflores adquirió un nuevo transmisor de 600 W (Vargas y Gamio 1944: 156).

Radio Grellaud, por su parte, fue comprada en agosto de 1937 por la Empresa Peruana Parlante de José Bolívar y Jorge Carcovich. Un año después comenzó a llamarse Radio Lima, “La perla del Pacífico”, luego de un concurso promovido por la emisora entre sus oyentes para elegir el nuevo nombre de la estación. En primera instancia triunfó la denominación “Radio Perú”, pero se optó por la de “Radio Lima”, pues el nombre del país no podía ser empleado “sino mediante disposiciones oficiales” (Radiocine 14, agosto de 1938). Radio Lima mantuvo su local en la Plaza San Martín hasta fines de 1939, cuando anunció que mudaría sus oficinas y estudios a un edificio construido por la empresa en la cuadra 20 de la avenida Arequipa, donde funcionaría también el teatro Western.

En cuanto a su organización interna, las empresas radiales limeñas contaban con un gerente general, un director comercial (quien encabezaba el departamento financiero que debía conseguir publicidad), y un director artístico (a cargo de la programación).

1.3 Oferta y consumo

Nuevos aparatos receptores son publicitados en los diarios. RCA ofrecía en 1937 un superheterodino de siete tubos con recepción de onda corta y larga, a baterías, para uso de “hacendados, agricultores, mineros e interesados en general” (El Comercio, 1 de junio de 1937). En 1939, Philco pone a la venta su modelo “tropical”, en cuya construcción “se han utilizado únicamente materiales a prueba de calor y humedad”, especialmente diseñado para obtener “una super recepción de onda corta” (El Comercio, 19 de agosto de 1939). Philco, también, promociona un modelo para automóvil, con “cuadrante iluminado de plena visión”, circuito de antena sintonizado, “chasis suspendido a prueba de vibraciones” y “dimensiones reducidas que lo hacen perfectamente adaptable a cualquier tablero” (El Comercio, 26 de agosto de 1939).

La inauguración de la onda corta de Radio Nacional fue muy bien recibida, tanto en localidades de los Andes como en la Amazonía. Una nota publicada en El Comercio informa que localidades como Lamas, Saposoa y Tarapoto captan “admirablemente las audiciones de Radio Nacional” (El Comercio, 16 de mayo de 1939).

1.4 Anunciantes y publicidad

Algunos de los anunciantes eran: Toddy (suplemento alimenticio para niños), Max Factor, la Compañía Anónima Huacachina Ltda., Field, Café Chanchamayo, Bayer, Casa Welsh, Casa Suetomi, Nestlé, Casa Banchero, El Tigre, Fleischmann, Wessel y Duval, Casa Yogui y Futura, productos de belleza.

La gama de “auspiciadores” se extendió, al punto de que un cronista ironizaba en 1939 sobre la aparición de un nuevo anunciante:

Radio Goycochea (sic) ha logrado una proeza que hasta ahora ninguna estación había alcanzado, no obstante que hay muchas que son todo un epitafio: Ha trasmitido un aviso funerario. La voz del locutor resonó lúgubre y gangosa y poco le faltó para hacer una cordial invitación al oyente a que se muera. Está abierto el camino para que la Beneficencia anuncie sus nuevos nichos perpetuos. ¡Era lo único que faltaba! (Alta Voz 11, 15 de setiembre de 1939).

También en Alta Voz se criticaba el estilo de avisaje de la radio peruana:

Quien sintoniza estaciones extranjeras […] se siente en un mundo desconocido y superior; muy superior —no se ofendan las locales […]. Si imitáramos aquí, aunque fuera la forma de decir los avisos ya eso sería un respiro consolador. Pero no. Si en Radio El Mundo, V. G., hay réclames de diez palabras, aquí nos endilgan cincuenta, sin consideración ninguna al público que oye y que en la mayor parte de las veces gira el dial contrariado. No amigos míos, nunca nos cansaremos de atacar la propaganda radiada extremosa de conceptos y larga en avisaje. Del mismo modo que aquella que a la hora de almuerzo le dice al oyente que se purgue, o esa otra que le habla de difuntos en hora bailable o que usando adjetivos imperativos categóricos manda a bañar a un lago salutífero, o le dice al oyente vegetariano que almuerce en el Raimondi.

Todas esas consideraciones surgen solas de la máquina, cuando contemplamos lo nada organizada que está la propaganda radial en el Perú. No hay fabricantes de textos. No hay animadores. Los directores —en su mayor parte— desdeñan al intelectual o lo menosprecian (Alta Voz 6, 11 de agosto de 1939).

1.5 Primeros intentos de agremiación de los trabajadores

En agosto de 1939, la revista Melodías, de propiedad de Pedro A. Casanova, publicaba un artículo en el que demandaba protección para los artistas peruanos del cancionero popular; decía:

[…] debemos manifestar que éstos se encuentran en la actualidad huérfanos de todo apoyo y en condiciones, triste es confesarlo, de las más absoluta miseria, debido a la invasión del elemento extranjero objetivamente discreto que se ha infiltrado en Lima y que debido a su audacia y por el prurito enfermizo de que adolecemos de darle más “chance” ha desplazado sistemáticamente a los artistas nacionales (Melodías 2, agosto de 1939).

El 4 de noviembre de 1939, la revista Alta Voz, dirigida por Juan Malmborg y Guillermo Lecca Iturbe, lanzó, en su editorial del número 18, la iniciativa de la creación de la Asociación de Artistas y Empleados de Radio como una “necesidad largamente sentida y reclamada en silencio por quienes hasta hoy solo han sido explotados, en ciertos sectores, y nunca han podido sacudirse de su impotencia”. Añadía: “En Argentina, en Chile, en Uruguay, ya los artistas y empleados de radio cuentan con organismos fuertes y legalizados que son las piedras angulares en que se sustenta ese equilibrio entre el propietario y el artesano que tanta falta hace entre nosotros. Por lo tanto, afirmamos que todos los que actuamos en micros y oficinas radiales debemos unirnos” (Alta Voz 18, 4 de noviembre de 1939).

Malmborg trabajaba en Radio Lima y Radio Nacional como libretista; Lecca Iturbe era locutor y actor en Radio Lima. En su siguiente número Alta Voz publicó una carta suscrita por artistas y empleados de la radio, respaldando su iniciativa:

Lima, 7 de noviembre de 1939.

Señores directores de la revista “ALTA VOZ”.

CIUDAD. Señores D.:

Los artistas y empleados de radio que suscriben, habiendo recibido su vibrante editorial del sábado último con el calor y entusiasmo que tal idea se merece, nos adherimos fervorosamente a la iniciativa de esa popular Revista y deseamos que los grandes anhelos que la animan se cristalicen lo antes posible, por lo que mucho estimaríamos hicieran ustedes las gestiones para una futura e inmediata reunión con el objeto de cambiar ideas y proceder a la organización de la esperada y largamente sentida fundación de la ASOCIACIÓN DE ARTISTAS Y EMPLEADOS DE RADIO.

Creemos sinceramente que una entidad como la que ustedes sugieren vendrá a llenar una alta finalidad social para nuestro gremio, expoliado e indefenso ante la indiferencia de un ambiente que siempre resultó hostil a las grandes realidades que nuestra vida y el ejercicio de nuestra sacrificada profesión imponen.

Al aprobar ardorosamente tan valiosa iniciativa lo hacemos en la profunda convicción de que serán reconocidos nuestros derechos y de que muy pronto seremos fuertes y unidos en la prosperidad, en el orden y en el trabajo, bases sustanciales que serán los fundamentos de nuestra asociación.

Felicitándolos calurosamente por las grandes campañas de “ALTA VOZ” y muy especialmente por la que motiva esta carta, firmamos todos por voluntad propia y sabedores de los incalculables beneficios que nos producirá la cohesión y el esfuerzo reunidos de nuestros recíprocos derechos.

Solidaria y fraternalmente suyos.

Filomeno Ormeño.- A. Sánchez.- Alicia Lizárraga.- Pedro Espinel.-Mechita Herrera.- Alcides Carreño.- Ernesto La Hoz.- Eduardo Márquez Talledo.- Ernesto Lora.- Elena Mayer.- Oscar Ruiz.- Hugo García.- Nicolás Wetzell.- Luis Romero.- Alfredo Catter.- Paco Cabrejos.- Antonio Díaz del Río.- T. Fuentes.- Alberto Mecklenburg.- H. Pereyra.- Carlos Barraza.-Francisco Carranza.- Miguel Ángel Sánchez.- Eloisa Angulo y Margarita Cerdeña (Las Criollitas).- Roberto Dunker.- Esther Granados.- Manuel García.- Alipio Ponce de León.- Melitón Carrasco.- F. Arteaga.- Esther Cornejo.- Enrique Carbel.- Osvaldo Campos.- C. Cobián.- Rosa Luz-Ricardo y Alejandro Govea.- Víctor Hocker.- María Guzmán.- Juana y Luisa Estrella (Las Estrellitas).- J. E. Brenneisen R.- Julio Garazatúa.-Roberto Cruzalegui.- Max Morales.- Alberto Crespo.- Blanca Varela.- Raúl Varela, y muchos otros cuyos nombres sentimos no consignar por estar firmados ininteligiblemente (Alta Voz 19, 11de noviembre de 1939).

A la semana siguiente, Alta Voz informaba en su editorial sobre la Sociedad de Compositores Nacionales, que también se estaba formando. Indicaba:

[…] es también una necesidad largamente sentida por ese gran factor de nuestro mundo artístico que reclama protección y defensa y cuya acción para nadie debe estar desapercibida por el simple hecho de que el compositor nacional es lumbre y combustible de cualquier manifestación popular, de cámara o clásica en la que vibre el alma de nuestra nacionalidad, encendida y gravitante.

Aquí estamos huérfanos de leyes especiales que protejan al compositor. Sabemos que en Buenos Aires, por ejemplo, por cada disco que se trasmita en radios o cines, hay una organización especial que cobra 2 ctvs. para el compositor, que por otra parte está espléndidamente remunerado y recibe derechos y sueldos por todas partes donde se pase su producción.

Y no se diga que son medios superiores, que aquí, dentro de nuestro círculo también podemos obtener, aun cuando sea en pequeño, todos esos derechos y todas esas justas remuneraciones para quien solo ha visto siempre su arte como pasatiempo estéril aunque brillante (Alta Voz 20, 18 de noviembre de 1939).

Publicaba, asimismo, el acta de la última reunión de los compositores:

Reunidos previa cita, los autores y compositores nacionales, el miércoles 8 del pte.: se acordó como medida previa nombrar una Directiva con el carácter de provisional, hasta llevar a cabo una Asamblea plena, recayendo los siguientes nombramientos: Presidente: Sr. Carlos Sánchez Málaga / Vice-Presidente: Sr. Romualdo Alva / Tesorero: Jorge Aprile / Secretaria: Srta. Rosa E. Figueroa / Bibliotecario: J. Rivera del Mar.

Fueron nombrados asesores técnicos, según clasificación de la música nacional, las siguientes personas:

Música de Concierto: Rvdo. C. Chávez Aguilar / Música Teatral: Sr. Alomías Robles / Música Indígena: Sr. Teodoro Valcárcel / Música Criolla: Sra. Rosa Morales Ayarza / Música Popular y Bailable: Srs. Filomeno Ormeño, Alex Hernández, Laureano Martínez y Jorge Huirse.

Firmaron el acta de fundación de la Asociación de Compositores y Autores Nacionales los siguientes Sres.: Carlos Sánchez Málaga, Romualdo Alva, Pedro Espinel, Enrique Pozo Zegarra, Jorge Aprile, Srta. Rosa E. Figueroa, Sra. Hermelinda Vda. de Pinglo, J. Rivera del Mar, Filomeno Ormeño, Teodoro Valcárcel, David Suárez, Benigno Ballón Farfán, Rvdo. C. Chávez Aguilar, Aurelio Collantes R.

Se acordó citar nuevamente a todos los compositores y autores nacionales, el sábado 11 del pte. a las cuatro de la tarde, en domicilio de la Srta. Rosa E. Figueroa, cito en el Parque Mariscal Cáceres No 4 altos. Se ruega puntual asistencia (Alta Voz 20, 18 de noviembre de 1939).

1.6 La relación entre la radio y el cine

La irrupción de lo popular en la radio a fines de la década de 1930 coincidió con un momento de inusual producción fílmica en el país en que se apostó por la estampa costumbrista. Las películas peruanas de la llamada Edad de Oro apuntaron, al igual que la radio, a incorporar lo popular, y compartieron artistas con las emisoras de entonces. Los nombres de los músicos Filomeno Ormeño y Nibaldo Soto Carvajal, las cantantes Alicia Lizárraga y Jesús Vásquez, y las actrices Elvira y Gloria Travesí aparecen en cintas como De doble filo, De carne somos, Gallo de mi galpón, El guapo del pueblo y Palomillas del Rímac.

La radio fue también tema de esa cinematografía que aspiraba a ser popular. En El destino manda (1938), Corazón de criollo (1938), Esa noche tuvo la culpa (1939), y Almas en derrota (1939), los protagonistas eran jóvenes de extracción popular que lograban superar su condición económica y social gracias a las cualidades artísticas que demostraban ante los micrófonos. Los filmes no eran ajenos a los sueños que la radio motivaba en sus oyentes (Bedoya 1992, 1997). Corazón de criollo, estrenada en octubre de 1938, se inspiraba en El Plebeyo, la canción de Felipe Pinglo que entonces se escuchaba en las radios capitalinas; tuvo como protagonistas a Oswaldo Saravia y Gloria Travesí, esta última integrante del Conjunto Travesí, que se presentaba diariamente en Radio Lima.

Por otro lado, los empresarios Jorge Carcovich y José Bolívar, dueños de Radio Lima, eran propietarios y administradores de locales de cine, y pioneros en el equipamiento de sonido en las salas de exhibición (fueron representantes de los equipos sonoros De Vry). Las salas que se encontraban bajo su manejo eran, según la revista Cahuide: las De Vry en Lima; Municipal, Popular y Colón en Trujillo, Olimpo en Pacasmayo, Excelsior en Chepén, Minerva en Guadalupe, San Pedro en San Pedro, Dos de Mayo en Chiclayo, Municipal y Ritz en Piura, Grau en Paita, Excelsior en Sullana; además de salas en Ferreñafe, Lambayeque, Monsefú, Chongoyape, Catacaos, Talara, Negritos, Lobitos, El Alto, y en las haciendas Chiclín, Casa Grande, Cartavio, Causal, Roma, Chiquitoy, Cayaltí, Pomalca, Pucalá y Tumán (Cahuide 22, enero de 1939). Los equipos cinematográficos sonoros De Vry eran anunciados en todos los números de la revista Voces en Ondas, que resaltaba la programación de Radio Lima.

Cabe recordar que otro propietario de una radio importante, Juan Pablo Goicochea (dueño de Radio Goicochea), fue el primero que instaló equipos sonoros (sistema Movietone) en una sala de cine del país (el cine Colón, en 1928).

1.7 Programación de las emisoras limeñas (1937-1939)
1.7.1 Música

Las emisoras privadas orientaron claramente su programación hacia el entretenimiento de un público masivo. Las empresas anunciadoras que financiaban los programas también eligieron dirigirse a ese público. La música más escuchada fue la música popular, aunque los programadores y broadcasters no le tuvieran alta estima. En noviembre de 1938, el director artístico de Radio Lima, Roberto Cruzalegui, definía así el carácter de su emisora: “Eminentemente popular. Frivolidad, ligereza, ausencia de literaturas que no hacen sino fatigar al oyente poco versado” (Voces en Ondas 41, 1 de noviembre de 1938). Frente a la demanda de programas de música clásica y contenido educativo, señalaba:

La radiotelefonía como elemento de recreo debe estar orientada por el mismo público, y si aquí gusta “Tú ya no soplas” y “Bom-Bom Coronado”, pues hay que brindárselos al público hasta que él mismo se harte. Afirmar lo contrario es no conocer radiotelefonía. Ahora, que debe ser un vehículo de cultura, todos estamos de acuerdo también. Pero todo tiene su medida. Y para ello existen métodos que están supeditados al ambiente en general. Si siguiendo el método de Berlín, Londres o Ámsterdam, Radio Lima pusiese todas las noches en sus programas a una orquesta para que toque a Wagner, Bach, Borodin, Debussy, Falla, etc., entonces la gran masa de radioyentes que nos sintoniza todas las noches se iría a escuchar otras estaciones. Y al suceder esto, nuestros anunciantes, que son el único sostén que tenemos […], se irían con sus programas y avisos a otras estaciones de menos importancia que no hubiesen seguido nuestro depuradísimo ejemplo, y al fin y al cabo clausuraríamos la estación (Voces en Ondas 41, 1 de noviembre de 1938).6

Un editorial de la revista-cancionero Voces en Ondas argumentaba que era ilusorio reclamar que se emitiera en las emisoras privadas música clásica y música popular en proporciones iguales:

[…] para establecer ese término medio hay enormes dificultades. Una mitad, la que corresponde a la música ligera y popular, es fácil conseguirla. Sobran cantantes y ejecutantes. Pero la otra media, salvo rarísimas excepciones, tendría que estar constituida por la trasmisión de grabaciones, conocidas y requeteescuchadas por los aficionados que seguramente han de preferir volverlas a oír cuando les venga en gana, en la ortofónica hogareña y no cuando alguna estación las trasmita en día y hora precisa […]. Por otro lado las broadcastings tienen que supeditar sus trasmisiones a los gustos y exigencias de los anunciadores que son quienes las sostienen. Y éstos no siempre tienen cultura y buen gusto en proporción suficiente para elegir la música que debe ser trasmitida; o sacrifican gustos personales para ceder el paso a melodías o canciones que gozan, en el momento, de mayor popularidad, ya que la principal finalidad que persiguen es la de que las trasmisiones sean oídas por el mayor número de personas. Esto cuando no intervienen para orientar la composición del programa, la calidad del producto que se anuncia y la clase del público al que se quiere impresionar.

No cabría anunciar artículos de lujo en un programa de música criolla; como no cabría anunciar los restorantes populares con sinfonías de Beethoven” (Voces en Ondas 43, 15 de noviembre de 1938).

Para los empresarios radiales, pues, emitir música popular era rentable a fines de los treinta; y para el gobierno, como ya hemos visto, si estos ritmos populares eran además peruanos, su transmisión contribuía a afirmar la nacionalidad y servía como propaganda de lo “nuestro” frente a lo “foráneo” y “extranjerizante”. De este modo, fuera a causa del afán de lucro de las emisoras privadas o por motivos de política gubernamental, la música popular peruana, sobre todo en su variante criolla, alcanzó una presencia notable en la programación durante aquellos años.

Si bien la radio acabó con la exclusividad del repertorio y el estilo de los barrios, dio a la canción criolla una difusión muy amplia, creando un gran espacio virtual para su consumo y contribuyendo, de manera fundamental, a otorgarle un carácter “nacional”. Algunos de los cantantes y compositores, además, con el apoyo de la prensa, obtuvieron un rango de “estrellas”, es decir, alcanzaron en poco tiempo una condición mítica, convirtiéndose en arquetipos y ejemplo de ascenso social para los sectores populares.

En 1939, la revista La Lira Limeña convocó a la elección de la Reina de la Canción Criolla, a iniciativa del periodista Aurelio Collantes, resultando elegida Jesús Vásquez. Nacida en 1920, Jesús Vásquez había debutado en Radio Grellaud en 1937, y pasado luego a Radio Goicochea. Roberto Cruzalegui la llevaría después a Radio Lima, y poco tiempo más tarde se convertiría en cantante estrella de Radio Nacional. En 1938 había aparecido en tres películas peruanas de la empresa Amauta Films: Gallo de mi galpón, El guapo del pueblo y Palomillas del Rímac. Su talento era innegable, y su popularidad sería inmensa en las décadas siguientes.

Entre los intérpretes de música criolla, además de Jesús Vásquez, destacaron: La Limeñita y Ascoy (Rosa Ascoy y su hermano Alejandro), Las Costeñitas, Las Estrellitas, Las Norteñitas (Lucila y Marina Gamarra, antes: Las Marinas), Yolanda Matos, Maruja López, Rosita Delgado, Rosita Contreras, Delia Vallejos, Carlota Calderón, Esther Cornejo, Flora Zevallos, Dioselina Salas, Esther Granados, Blanca Torres, el Trío Venero-Arévalo (Josefina y Luzmila Venero, y Zoila Arévalo), Juan M. Peña (a quien se debió, según la prensa de entonces, la “resurrección” del tema afroperuano El Congorito), los hermanos Azcue, el dúo Catter-Romero, los hermanos Oswaldo y Manuel Campos, Juan Criado (llamado El arquero cantor, pues en la misma época era figura del fútbol en ese puesto), Javier González y los hermanos Ricardo y Alejandro Govea.

Populares cantantes peruanos que se habían especializado en otros géneros, como José Pipo Cómena y Alicia Lizárraga, incursionaron con éxito en la música criolla en aquellos años. Lizárraga, además de sus intervenciones como solista, integraría dos dúos: Las Trigueñitas con Nelly Villena, con quien interpretaría música internacional; y Las Mistianas con Dioselina Salas, dando cabida a la música peruana en su repertorio.

Los músicos y compositores Filomeno Ormeño, Eduardo Márquez Talledo, Melitón Carrasco, Nicolás Wetzell, Laureano Martínez, Félix Loyola y Pedro Espinel obtuvieron merecida notoriedad gracias a sus intervenciones ante el micrófono.7 En 1938, Ormeño y Márquez Talledo (ambos ya entonces en Radio Lima) crearon la Academia Nacional de Música Popular que preparaba cantantes y músicos para radio y teatro. En 1939, Ormeño y Carrasco recibieron medallas de plata de la Municipalidad de Lima “por su labor en la difusión de nuestra música” (Alta Voz 7, 18 de agosto de 1939). En julio del mismo año, algunas publicaciones celebraron que la música de Ormeño hubiera sido tocada en Cuba y transmitida por Radio CMQ de La Habana.8 Asimismo, surgieron nuevos compositores: Juan Huirse, Lorenzo Humberto Sotomayor y Aurelio Collantes.

Aunque las radios limeñas dieron prioridad a la música criolla como manifestación de la “nacionalidad”, hubo también un espacio para la música andina, especialmente en la emisora del Estado. Destacó nítidamente en ella el Cuarteto Incaico, integrado por los quenistas Andrés Esquivel y Justo M. Morales, el pianista Roberto Carpio y el violinista Félix Francisco Castro, quien lo dirigía.

En 1937 debutó el trío Los Estudiantes en el concurso Buscando estrellas, convocado por Radio Nacional. Tenían en su repertorio canciones como Pajarillo errante, el yaraví Te acordarás de mí y el huaino Picaflor de mis amores; y estaba integrado por los jóvenes Roberto Zimic, Carlos Gonzales y Moisés Vivanco. Este último conformaría en 1939 un trío de cuerdas de música peruana (criolla y andina) con Nicolás Wetzell y Alcides Carreño en la misma emisora; pocos años más tarde lanzaría la carrera de la cantante Ima Súmac.

La música argentina siguió siendo muy apreciada entre los oyentes limeños. Aparte de los cantantes rioplatenses que visitaron el país y tuvieron temporadas breves en las emisoras locales, destacaron Pipo Cómena, Alicia Lizárraga, Elena Mayer, Paco Cabrejos y la orquesta típica de Rodolfo Coltrinari, que tocaba en Radio Nacional y tenía como pianista a Jorge Huirse.

Aunque no relucían cultores peruanos de la música tropical, esta despertaba simpatías, como lo demostró la acogida brindada a conjuntos y cantantes cubanos que realizaron por entonces presentaciones en Lima. La música tropical era también disfrutada a través de discos irradiados por algunas emisoras.

Por otro lado, la llamada entonces “música bailable” abarcaba varios géneros y estilos (entre ellos el jazz y el swing), y era interpretada por orquestas. En 1938 se realizó un concurso para elegir a la mejor orquesta de música bailable. Lo ganó la orquesta Harry’s de Radio Nacional, en segundo lugar quedó Alex Hernández y sus Muchachos de Radio Lima, y en el tercer puesto quedaron empatadas Rhythm Boys y la orquesta de Conrado Melzi. El jurado estuvo presidido por Miguel Mc Nulty (director de Radio Nacional) e integrado por Guillermo Lazarte, Tino Cremagnini, Demetrio Castañón, Carlos Sánchez Málaga, Roberto Carpio, Virginio Leghi, René Dubreuil y Rosa Elvira Figueroa (Voces en Ondas 28, 26 de julio de 1938).

El 11 de agosto de 1938 se dictó la Ley 8743, que creó la Orquesta Sinfónica Nacional. El 9 de diciembre de ese mismo año, Radio Nacional retransmitió su concierto inaugural desde el Teatro Municipal. La orquesta ofreció cuatro conciertos más (uno de ellos al aire libre, en el Parque de la Reserva), y “una sucesión de programas de radio” (Atlántida 1981, II: 262). Inició una nueva temporada el 20 de abril de 1939 en el Teatro Municipal, que fue transmitida por Radio Nacional.

Radio Nacional, además, emitió en noviembre de 1938 un programa denominado Historia de la música, desde el canto llano hasta la hora actual, con “textos de catedráticos de la Universidad de Oxford e ilustraciones musicales grabadas especialmente” (Voces en Ondas 42, 8 de noviembre de 1938); asimismo, dio importancia al canto lírico. El 30 de octubre de 1937 hizo una retransmisión de La Traviata desde el Teatro Municipal; y, entre 1938 y 1939, presentó ante sus micrófonos a la diva peruana Lucrecia Sarria, el tenor nacional Edmundo Pizarro, la soprano Elvira Sánchez Lavalle y los cantantes extranjeros Valeria Moraday (soprano ligera), Nino Guagglier (tenor), Rodolfo Ducal (tenor) y Edward Mathews (tenor).

Radio Lima, por su parte, tuvo en el maestro Luis Gazzolo a un tenaz divulgador de operetas y zarzuelas con intérpretes nacionales. Gazzolo ofreció a los oyentes, entre otras, las zarzuelas El puñao de rosas, La rosa de las mulas, La gran vía y Enseñanza libre.

1.7.2 Radioteatro

En setiembre de 1937 se emite La Perricholi en Radio Nacional, obra de María Jesús Alvarado. La mexicana Columba Quintana interpretaba a la Perricholi, secundada por Luis Alberto Ego Aguirre y Alicia Bello.

En los últimos meses de aquel año, Radio Grellaud y la revista Cascabel convocaron a un concurso de obras de radioteatro, en el que colaboró Genaro Delgado Brandt, “empleado de la organización Grellaud, quien ha desenvuelto una encomiable labor” (Cascabel 124, 30 de octubre de 1937). En noviembre se escenificaron las tres finalistas: Sol de la tarde, Las abandonadas y Por mi hijo, con el elenco compuesto por Eduardo Sierralta Lorca, Elvira Flores, Carmen Ibarra, Roberto Flores y Ernesto La Hoz. Salió triunfadora Por mi hijo de Víctor A. Díaz y Miguel Campo Flor. El argumento: un muchacho guitarrero y cantor engaña a una chica, pero luego regresa y es perdonado por ella, quien le había dado un hijo. Auspició la casa Suetomi (Cascabel 130, 11 de diciembre de 1937).

En 1938, Felipe Sassone y María Palou teatralizaban obras famosas los domingos a las 22.00 horas en Radio Nacional, auspiciados por Toddy.

Ese mismo año, el escritor y productor Jorge Rivarola ponía en el aire la serie 30 minutos a través de la historia americana, con dramatizaciones de trascendentales acontecimientos pasados ocurridos en el continente. Rivarola escribía los libretos y Pedro Ureta dirigía el elenco. Destacaron los episodios de “La tragedia de Querétaro”, con Pedro Ureta en el papel de Benito Juárez, y las actuaciones de Rosa Elvira Figueroa y Juan Ureta como Maximiliano; “El desembarco de los 33” (sobre la campaña de la independencia de Uruguay); y “Calixto García y la revolución cubana”. Rivarola escribía también los guiones de Esto sucedió ayer, “la audición más sintonizada del Perú”, según Alta Voz 11 (15 de setiembre de 1939), en la que eran dramatizadas notas de actualidad; Pedro Ureta, su esposa, María Mille, y sus hijos Pedro, Juan y Carlotita Ureta Mille integraban el conjunto radioteatral, que tenía como joven estrella a Elvira Tizón.

Nacional emitía, asimismo, seriales como El Doctor X (cuatro episodios en octubre de 1938), y adaptaciones de obras literarias para niños y adolescentes dentro de El momento infantil, con libretos de Juan Malmborg.

Radio Grellaud, antes de cambiar su nombre por el de Radio Lima, transmitió, en julio de 1938, “unos episodios históricos en forma novelada de los hechos que precedieron a la Jura de la Independencia del Perú, arreglo exclusivo del señor Roberto Cruzalegui, director artístico de esta popular broadcasting” (Voces en Ondas 27, 18 de julio de 1938). La prensa destacó “los soberbios efectos sonoros” y la interpretación de los actores Amalia del Valle, Ernesto La Hoz y Guillermo Lecca Iturbe. En julio del año siguiente, la emisora, ya como Radio Lima, repetiría la experiencia patriótica con Al paso de los libertadores, que ofrecía “episodios escritos con orden cronológico a los acontecimientos que precedieron a nuestra independencia y que rematarán el 28 de Julio como un digno homenaje a la gran fecha que el Perú conmemora en estos días” (Alta Voz 2, 14 de julio de 1939).

Radio Lima se pondría a la cabeza de las estaciones privadas que emitían programas de radioteatro desde el segundo semestre de 1938, gracias al Conjunto Travesí, integrado básicamente por don Fernando Travesí, su esposa María Anido, sus hijas Elvira, Gloria y Angelita, y los actores Ernesto La Hoz y Víctor González. Enrique Victoria recuerda que Ángel Sevrati también integraba el conjunto. Era hermano de Fernando Travesí; cambió el orden de las sílabas de su apellido porque “ya había muchos Travesí” (entrevista con Enrique Victoria, 19 de enero del 2005). A fines de 1938, el Conjunto Travesí actuaba todas las noches en la estación, con juguetes, sketchs y comedia. La revista Voces en Ondas resaltaba que era “el único conjunto de su género que actúa con tanta frecuencia, lo que prueba su éxito” (Voces en Ondas 38, 11 de octubre de 1938). En 1939 tenía ya dos horas continuas de programa, lo cual resultaba para entonces excepcional; fueron muy comentadas sus interpretaciones de El ladrón de Henry Bernstein, El conde de Montecristo de Dumas y Papá Lebonnard de Jean Aicard.

La misma emisora también llevó al micrófono al personaje de Sherlock Holmes en El perro de los Baskerville, basado en el libro de Arthur Conan Doyle; y dramatizó canciones criollas como Julia e Infiel (ambas composiciones de Filomeno Ormeño) bajo la dirección de Carlos Gutiérrez.

Radio Goicochea, por su parte, emitió en 1938 obras escritas para el medio por su director artístico, Eduardo Sierralta Lorca, con títulos como El derecho de amar y Canillita, al parecer inspiradas en canciones de Felipe Pinglo (Voces en Ondas 27, 18 de julio de 1938). Sierralta, como hemos señalado, era aficionado a la música criolla; al año siguiente, sin embargo, se vería obligado a censurar las composiciones del mismo Pinglo, según el testimonio de Pozo Zegarra citado anteriormente.

En 1939, Radio Internacional contrató al argentino Ricardo Carenzo para que dirigiera un elenco de comedias de la estación; Carenzo era pionero del género en nuestro país. Ese mismo año, otro argentino, el actor, escritor y director Juan Carlos Croharé, tuvo un gran éxito en la emisora con las seriales Nunca tuvo novia y Clook, el brujo de laboratorio, interpretada por el actor Emilio Ureta Zamorano. Esta emisora tenía también un cuadro dirigido por Ernestina Zamorano. Asimismo, incursionó en el radioteatro patriótico: en 1941 presentó una versión del combate del 2 de mayo, con libreto de Octavio Cabada Dancourt.

Por su parte, radio Lima organizó presentaciones de sus artistas en salas de cine. En abril de 1939 estrenó un sainete español, Aventuras de una chola, adaptado por Fernando Travesí. Los papeles principales eran interpretados por Antonia Puro, Edmundo Moreau, Clarita Ureta Puro, Angelita Travesí y Alfonso D’Alessio. En los cuadros intervinieron Ernesto La Hoz, Alicia Lizárraga, Venturita López Piriz, Filomeno Ormeño (acompañando al piano a Venturita), el Trío Esmeralda (compuesto por las hermanas Ureta-Puro, con número de varieté), Betty Aranda (interpretando folclore hispanoamericano), las hermanas Travesí y el dúo Lucy Smith-Violeta Aguilar (Radiocine 22, abril de 1939). En noviembre, Radio Lima volvió a ofrecer otra “función radioteatral” en el cine Monumental, en horarios de 18.30 y 21.45. Actuaron el concertista de acordeón Johnny Claudel, acompañado por la orquesta de cámara de la emisora, dirigida por Luis Gazzolo; el dúo Las Trigueñitas (Nelly Villena-Alicia Lizárraga), Carlos Ego-Aguirre y Luzmila Cáceres, el trío de cuerdas compuesto por Eduardo Márquez, Manuel García y Carlos Barraza; la cantante juvenil Lucy Smith, la actriz cómica Antonia Puro, el cantante José Pipo Cómena, el conjunto juvenil Trío Esmeralda, la intérprete tropical Perla Negra y el dúo Catter-Romero. La publicidad del espectáculo indicaba que además se exhibiría la película en castellano Padres sin ley, solo para adultos. En la función de matiné se ofrecía únicamente la película (El Comercio, 17 de octubre de 1939).

1.7.3 Programas humorísticos

En 1938, Radio Grellaud emitía La hora en broma con Carlos Cholo Revolledo y Pepe Muñoz (tenor de óperas bufas en ese espacio); acompañaba en el piano Lorenzo Humberto Sotomayor. La hora en broma estuvo antes en Radio Dávila, y reaparecería en Radio Lima en marzo de 1939 con Antonia Puro, Edmundo Moreau y el chileno Juan Muñoz (conocido como el Niño del Tin Tan).

En agosto de 1938, Radio Lima lanzó al aire La hora de la alegría, con participación del público, que enviaba sus chistes por carta a la emisora. Auspiciaba el programa Almacenes Suetomi, y según la revista Radiocine los “sostenedores de esta hora” eran “G. Delgado Brandt, agente de publicidad de Radio Lima, Cruzalegui y los animadores Poncho y Dorita” (Radiocine 14, agosto de 1938). Poncho y Dorita eran los nombres artísticos de Alfonso D’Alessio y su esposa Dora, ambos mexicanos.

El actor cómico Álex Valle, muy popular en el teatro de variedades (y muchos años después en la televisión) también tuvo un espacio en Radio Lima en 1939. Interpretaba a Don Telésforo Babilonio, el Marqués de la Gran Lata, “novísimo y estrafalario personaje”, “simiesco pero sabihondo” (Alta Voz 17, 28 de octubre de 1939). Auspiciaban el programa los productos El Tigre.

El argentino Abraham Rubel hizo conocido a su personaje Freddy el Rezongón en los diálogos humorísticos de Chela y Freddy a través de Radio Nacional.

La cantante y actriz cómica Teresa Arce siguió destacando en la radio como en el teatro. Se presentaba tocando un pito e invitando a los oyentes a visitar el Perú. Juan Malmborg (quien poco tiempo después escribiría los libretos de sus monólogos) le dedicó un soneto en julio de 1939:

Vibra la sangre de los conquistadores

en tus venas ardientes de serrana

y hay en tus movimientos “entradores”

la esencia más criolla y más humana.

Tu arte refleja risas y dolores.

Eclosión nacional y soberana

que da en paleta a cien mil colores

entera el alma popular peruana.

Chola sin par, intérprete genuina

de nuestra patria en todas sus regiones,

eres la artista cándida y ladina.

Insultadora, tierna o retrechera…

Tu voz es voz que enciende corazones

y tu canto es canción… y ¡es marinera!

(Alta Voz 4, 28 de julio de 1939).

1.7.4 Programas de concurso

Los programas de concurso más populares fueron los de búsqueda de estrellas. Radio Nacional convocó a uno de ellos en 1938; habiéndose presentado 873 números, según la revista Voces en Ondas 37 (4 de octubre de 1938). Después de varios procesos de selección quedaron 42 para ser interpretados en la etapa final ante los micrófonos. La mayoría de los participantes cultivaba música criolla y andina

En 1939, Radio Lima realizó un concurso de “voces nuevas”. Las emisiones eran diarias y había dos premios semanales de 25 soles cada uno. El organizador era Eduardo Márquez Talledo; destacaron cantantes como Yolanda Matos, Leonor García y Delia González.

1.7.5 Programas culturales

En Radio Nacional, María Palou y Felipe Sassone condujeron el programa Los poemas olvidados. Ambos regresaron a España en mayo de 1939, concluida la guerra civil en ese país, y al haber triunfado las fuerzas rebeldes de derecha con las que simpatizaban. El mismo año, Nacional retransmitió las conferencias brindadas en El Ateneo de Lima por el médico y escritor español Gregorio Marañón, quien había sido partidario de la República y se hallaba exiliado.

Por otro lado, cabe mencionar que la radio fue tema literario del entonces director artístico de la estación del Estado, Antonio Garland, quien publicó el 28 de julio de 1939 un cuento en La Crónica, dedicado a Miguel Mc Nulty (el director de Radio Nacional). El cuento llevaba por título El speaker que no dijo su adiós, y trataba de un locutor a quien el médico le había diagnosticado una grave enfermedad y prescrito el retiro de su actividad radial; el relato culminaba de un modo algo truculento:

Corrió a su escritorio.

No le ganaban los minutos apremiantes de una improvisación. Ni la lectura de algún autor favorito, para traducir su emocionado adiós definitivo.

Cogió la tijera con que a diario recortara comentarios periodísticos, elogios sin valor, algunas notas de interés literario reservadas para la cotidiana labor. Y, serenamente, de retorno al “studio”, dueño de sí, acercóse al micro plateado y sensibilísimo.

Sonó entonces la nota insospechada. Un sonido de las hojas de acero trágicamente extraño. Que fue estrangulado por una salvaje expresión gutural de dolor que jamás volverían a percibir los radioescuchas. Y sobre el “parquet” luciente del “studio”, su lengua que tantas veces había vibrado a la belleza, cayó en definitiva ofrenda, palpitante casi, mientras allá en el fondo de la garganta, sin iteración posible, quedaban tremolando unos “glu-glus” extraños entre incontenibles borbotones de sangre…!

Y quedó interrumpida la audición, sin escucharse el “buenas noches” de costumbre…

(La Crónica, 28 de julio de 1939).

Antonio Garland conducía, además, en Radio Nacional su programa de charlas Hacia el optimismo. Eduardo Eckhardt Pastor impulsaba en la misma emisora La hora notable de El Eslabón, con audiciones especiales como la dedicada al origen de las calles de Lima, en 1939, escrita por Juan Colich y Leonidas Rivera. Transmisiones de excepción en la radio estatal fueron las auspiciadas por la asociación Ínsula sobre el folclore nacional, con aportes de Rosa Mercedes Ayarza de Morales, también en 1939; y la “retransmisión científica” con los detalles del eclipse solar del 8 de junio de 1937.

1.7.6 Programas cinematográficos

Rodulfo Bazán, con el seudónimo de Cinecrítico, conducía diariamente La hora cinematográfica en Radio Lima, de 16.00 a 18.00 horas. Tenía noticias, cortos musicales, sorteo de premios entre los oyentes que acreditasen haber asistido al cine, y presentaciones en vivo de músicos y cantantes (Elena Mayer, Javier González, Luis Bellido, las hermanitas Travesí, Filomeno Ormeño y el trío Márquez-García-Barraza, participaban en el programa). En setiembre de 1939, La hora cinematográfica inauguró un concurso entre sus radioescuchas, otorgando un premio semanal de veinte soles a “la crítica que mejor encuadre con el verdadero valor artístico de una película cualquiera” (Alta Voz 11, 15 de setiembre de 1939).

Radio Nacional emitía, a fines de la década de 1930, un programa de comentarios de cine y radio, denominado Cine Dial. Radio Internacional transmitía La hora de Hollywood y Radio Miraflores tenía un Boletín cinematográfico.

1.7.7 Programas infantiles

El programa para niños más importante entonces fue El momento infantil de Radio Nacional. Lo dirigía Rosa Elvira Figueroa, y en él se representaban adaptaciones radioteatrales de obras como La caperucita roja (Perrault), Aladino y la lámpara maravillosa (Las mil y una noches), Dos años de vacaciones (Verne) y La ciudad de oro (Salgari), que se emitían a manera de serial. El autor de los guiones era Juan Malmborg. La estrella infantil de esos programas era Blanca Varela, llamada Pirulita por la prensa desde su participación en la serie Las aventuras de Pirulita en setiembre de 1937 (Alta Voz 30, 3 de febrero de 1940). Varela (años más tarde una de las más importantes poetas hispanoamericanas), era hija de la escritora y compositora Esmeralda González Castro, conocida con el seudónimo de Serafina Quinteras.

Radio Lima tuvo, asimismo, un espacio dedicado a los niños conducido por el Abuelito Tito (Alipio Ponce de León), quien contaba cuentos y organizaba concursos, como este que mencionaba Alta Voz:

El abuelito Tito (Alipio Ponce de León) ha organizado un concurso; un concurso que tiene todas las características de una batalla de prolijidad y en el cual estamos seguros que serán muy pocos los vencedores: el certamen se denomina “El concurso del gallo chiquito” y se trata en él de enviar la pajarita de papel más chiquita de todas. Quien tal proeza logre se adjudicará el torneo. No le falta imaginación al abuelito, ¿verdad? (Alta Voz 20, 18 de noviembre de 1939).

También en Radio Lima, Angelita Travesí animó audiciones infantiles diarias en 1938, donde entonaba canciones y conducía radioteatro para niños.

1.7.8 Programas deportivos

El 18 de abril de 1937, Radio Nacional rindió un homenaje al aviador Armando Revoredo Iglesias por el vuelo Lima-Buenos Aires que había realizado el 27 de marzo de ese mismo año.

En febrero de 1938, la emisora del Estado efectuó retransmisiones del Campeonato Sudamericano de Básquet (en el que triunfó el equipo peruano) y del Campeonato Sudamericano de Boxeo, en el que Bom Bom Coronado obtuvo el título de los welter. Radio Miraflores también cubrió, con el locutor Jorge Alvarado, ese acontecimiento boxístico. En agosto del mismo año, Juan Sedó, de Radio Nacional, informó directamente desde Bogotá sobre el desarrollo de los Juegos Bolivarianos, donde el equipo peruano de fútbol campeonó.

En enero y febrero de 1939, Radio Nacional y Radio Miraflores transmitieron el Campeonato Sudamericano de Fútbol que tuvo sede en Lima, y que ganó la selección peruana de ese deporte. La emisora estatal celebró el 14 de febrero a los campeones: hablaron dirigentes deportivos de Perú, Uruguay y Paraguay, y los futbolistas Raúl Chapell, Arturo Fernández, Teodoro Alcalde, Víctor Bielich y Jorge Alcalde; Juan Sedó leyó una carta enviada por Lolo Fernández, estrella de aquel equipo y máximo goleador del certamen. Amenizaron la ceremonia las Hermanas Montenegro, el dúo Costa-Monteverde y la comediante Teresita Arce.

En abril de 1939, Nacional retransmitió una nueva edición del Campeonato Sudamericano de Básquet, esta vez desde Río de Janeiro, siempre con la voz de Juan Sedó. En junio informó, desde Lima, sobre el XI Campeonato Sudamericano de Atletismo. La emisora estatal cubrió también los campeonatos nacionales de atletismo y natación.

Un evento muy destacado fue el Gran Premio Nacional de Automovilismo de 1939 (carrera Ica-Lima), ganado por Luis Astengo Alvizuri. La carrera fue organizada y transmitida por Gustavo Montoya, locutor de Radio Nacional. En una entrevista concedida a la revista Radiocine, Montoya relataba:

Últimamente hubo en el cerro de la “Corvina” unas pruebas de acrobacia en las que participaron varios automovilistas peruanos; y allí me di cuenta del entusiasmo y de la capacidad del elemento nacional por el volante. Entonces me puse a organizar la carrera, trazando primero el plan para ella; y después el plan de trasmisión. Pedí la ayuda de la Radio Nacional; del Touring Automóvil Club, la máxima organización del deporte motorizado en el Perú, afiliada a otra organización internacional; y de la revista ‘Turismo’. La primera se encargó de la propaganda radial con las charlas denominadas “Turismo y Automovilismo”; el Touring Automóvil Club dio los datos técnicos, y la revista “Turismo” se encargó de la propaganda de prensa. Con todas esas medidas tomadas, la organización de la carrera se hizo factible (Radiocine 22, abril de 1939).

La transmisión estuvo a cargo de cuatro locutores. Montoya narró la partida desde Ica, luego Jorge Rivarola informó del paso de los autos desde Chincha, Armando Ortiz Lambert lo hizo desde Cañete, y Eulogio Rengifo transmitió las impresiones del público desde Lima. La llegada de los autos a la meta en Lima fue descrita en directo por el mismo Montoya, quien se trasladó durante la carrera de Ica a la capital de la República en avión.

La revista Radiocine afirmaba entusiasta en su editorial que la carrera había demostrado que la radio, la aviación y el automovilismo eran “tres pedestales de la cultura” del país. Y añadía: “De hoy, en adelante, para cumplir una misión delicada, serán estos tres inventos de la ciencia los que se usen en el Perú” (Radiocine 22, abril de 1939).

1.7.9 Otros programas

En setiembre de 1937 reapareció La revista oral de Radio DUSA, con “menor brillo y virulencia” (Cascabel 119, 25 de setiembre de 1937). La dirigía Humberto Castro Príncipe. No duró mucho, como tampoco la emisora de los hermanos Franco.

El noticiero más destacado fue La gaceta del aire de Radio Nacional, conducido por Eulogio Rengifo. Iba en cuatro horarios: 8.00, 13.00, 20.00 y 22.00.

Radio Internacional tenía en 1937 una audición dirigida por Silvia Villalaz denominada El hogar y sus anexos; la revista Cascabel agregaba: “el marido es un anexo del hogar”, y criticaba la dispersión de temas que había en el programa (Cascabel 121, 9 de octubre de 1937). En 1939, Radio Lima lanzó un programa dirigido “exclusivamente” al público femenino, Hora de confidencias y vanidades, cuya conductora se hacía llamar Emmy.

En Nacional se transmitieron con regularidad La hora obrera (inaugurada el 10 de setiembre de 1937 por el departamento de Extensión Cultural Obrera del Ministerio de Salud, Trabajo y Previsión Social) y La hora del empleado (desde el 17 de junio de 1938).

Radio Lima realizó en febrero de 1939 una función en el Teatro Municipal a beneficio de las víctimas del terremoto de Chillán en Chile. Luis Gazzolo presentó en esa ocasión la revista Arco iris.

1.7.10 Visitantes

En mayo de 1937, Radio Nacional retransmitió desde el Teatro Municipal las conferencias del padre Laburu, sacerdote jesuita que había desestimado, mediante métodos científicos y el uso del cine, la supuesta aparición de la Virgen María en la localidad de Ezquioga (en el país vasco).

Otra visita destacada fue la de la poeta chilena Gabriela Mistral, quien se dirigió a los oyentes de Radio Nacional el 13 de agosto de 1938. Recibiría el Premio Nobel de Literatura en 1945.

El cantante y actor mexicano Tito Guízar vino al Perú en octubre de 1937 y se presentó en Radio Nacional, auspiciado por la cervecería Backus y Johnston y la Casa Fleischmann (especializada en venta de perfumes, sedas y ropa interior). Guízar había protagonizado el año anterior el filme Allá en el Rancho Grande, que lo había convertido en el primer ídolo cantante del cine mexicano, según Emilio García Riera y Fernando Macotela (1984: 21).

La música cubana tuvo a sus mejores exponentes en una embajada artística encabezada por Ernesto Lecuona, que se presentó en Radio Nacional en 1937, y en Guillermo Portabales, El príncipe del punto cubano, quien encantó a los radioescuchas a través de la misma emisora en agosto de 1939.

En 1939 también nos visitaron dos grandes intérpretes de la canción argentina: Agustín Irusta (acompañado del pianista Daniel López Barreto y el violinista J. C. Quiroga) y Hugo del Carril. El primero se presentó en junio en Radio Nacional, y el segundo en setiembre en Radio Lima; ambos auspiciados por Toddy, una marca de alimentos para niños. El mismo año actuaron en Radio Nacional el dúo Martínez-Ledesma (Rodolfo Martínez y Manuel Ledesma), que interpretaba canciones pamperas y dejó magnífica impresión, y la cantante Ada Villarreal.

2. Tiempos de guerra

En estos días dolorosos y oscuros para la historia del mundo el hombre ha agregado un arma de combate más a sus mortíferos implementos bélicos: la radio. […] La radio, pues, se incorpora como novísimo medio de ataque y defensa y ya no es el vehículo de entretenimiento y cultura que todos soñábamos. No. Ahora es la atalaya amurallada e intangible que lucha y vence apostada en el abismo como una catapulta invisible que bombardea impávida el espacio.

Alta Voz, 15 de setiembre de 1939

2.1 El censo de 1940

Durante el primer gobierno de Manuel Prado se llevó a cabo un Censo de Población y Ocupación, que fue muy publicitado. No se había hecho un censo nacional desde 1876. El censo tuvo lugar el 9 de junio de 1940; un día antes, el Presidente de la República emitió un mensaje por Radio Nacional en cadena con las demás radiodifusoras.

Prado aludió en su discurso al reciente terremoto ocurrido el 24 de mayo de aquel año en la ciudad de Lima, augurando que “por vasta que sea la magnitud del desastre, sus consecuencias serán reparadas y sobre los escombros se levantarán nuevas ciudades florecientes y se crearán otras fuentes de trabajo y de riqueza”. Dijo más adelante que para la obra de progreso integrador del Perú era condición básica conocer los problemas del pueblo, y que el censo sería el medio más eficaz para “llegar al conocimiento exacto de la realidad nacional”; añadió que establecería “una moderna orientación de la vida del Estado peruano” y que constituía “el paso del empirismo hacia la técnica” (La Crónica, 9 de junio de 1940).

Respecto a la radiodifusión, el censo permitió precisar el número de personas, por departamento, dedicadas al oficio de la radio; no así la cantidad exacta de personas dedicadas a la venta de receptores, pues ellas fueron incluidas en un rubro que comprendía también a los comerciantes de instrumentos musicales, partituras, fonógrafos y discos. De todos modos, la información es útil para tener una idea de cuan extendido se hallaba el medio en el país. En total, los trabajadores en estudios de radiodifusión en el Perú eran 185, según el censo; de ellos 132 laboraban en Lima, 14 en Ica, 8 en Lambayeque, 6 en el Callao, 5 en Arequipa, 4 en La Libertad, 4 en Junín, 3 en Tumbes, 2 en Cusco, 2 en Puno, 1 en Ayacucho, 1 en Loreto y 1 en Piura. Las personas dedicadas a la venta de instrumentos musicales, aparatos de radio, victrolas, discos y piezas de música eran 292 en total; de ellas 207 se hallaban en Lima, 38 en Arequipa, 14 en el Callao, 12 en La Libertad, 5 en Cusco, 5 en Junín, 3 en Piura, 3 en Ica, 2 en Lambayeque, 2 en Loreto y 1 en Cajamarca. Los demás departamentos no tenían trabajadores dedicados a la venta de esos productos ni empleados en estudios de radiodifusión.

Por otro lado, el examen de los resultados generales —que arrojaban una alarmante cifra de 60 por ciento de analfabetismo— impulsó al gobierno a una campaña educativa en la que se adjudicó un papel a la radio. La Dirección de Estadística estimaba que, no obstante el alto porcentaje de analfabetismo, era alentador que el 65 por ciento de la población peruana hablara castellano, y que debía propiciarse el aumento de ese porcentaje, pues se hallaba ligado a la instrucción (Ministerio de Hacienda y Comercio 1944: CLXXXIII-CLXXXVI). El Estado elevó en 52 por ciento el presupuesto destinado a la educación pública e inició una campaña que comprendió el uso del cine (mediante “equipos rodantes” en zonas rurales) y la radio (a través de la Escuela Nacional del Aire).

2.2 La educación y la radio

La Escuela Nacional del Aire fue creada para “auxiliar el dictado de las lecciones escolares y crear núcleos especiales de alumnos entre el elemento obrero y campesino” (El Comercio, 29 de julio de 1944).

Ya en enero de 1940, Jorge Vargas Escalante, entonces director técnico de Radio Nacional, escribía al director de La Crónica sobre la conveniencia de adoptar el modelo de las escuelas del aire de Europa y Estados Unidos, en circunstancias en que se debatía en las cámaras parlamentarias sobre las deficiencias de la educación en el país. Proponía para el efecto un proyecto que incluía la creación de un Ministerio de Comunicaciones (La Crónica, 25 de enero de 1940). El mes siguiente fue presentado en el Senado un proyecto de ley para crear ese ministerio, pero no prosperó (La Crónica, 18 de febrero 1940).

La Escuela Nacional del Aire, en cambio, fue creada por decreto supremo del 10 de julio de 1941. Su plan respectivo era variable cada tres meses, y estaba organizado por la Dirección de Educación Artística y Extensión Cultural del Ministerio de Educación Pública, con la cooperación de los establecimientos oficiales de enseñanza, la Academia de Música Alzedo y la Orquesta Sinfónica Nacional, y en armonía con la Ley Orgánica de Educación Pública (Vargas y Gamio 1944: 242).

La mencionada escuela se inauguró el 1 de junio de 1942. En la ceremonia hicieron uso de la palabra Antonio Garland (programador de Radio Nacional) y Manuel Beltroy (director de Educación Artística y Extensión Cultural del Ministerio de Educación). Dijo Beltroy en esa ocasión:

Paulatinamente, la radiodifusión ha invadido la Escuela, el Colegio, la Universidad, ensanchando progresivamente el ámbito de su palabra de vida y la órbita de su labor, poniendo en contacto directo e inmediato al maestro con los últimos y más remotos vasos capilares de la colectividad y, mediante tan vasto e íntimo contacto, desarrollando en escala y con rapidez nunca soñadas la tarea de educación general e individual y constituyendo así la verdadera y perdurable Democracia.

En nuestro país recién ahora comienza este trabajo educativo por medio de la Radio, al que se ha dado el nombre de Escuela del Aire, organizada, o en vías de organizarse, sobre las bases de la Ley Orgánica de Educación Pública y del Drecreto Supremo que la establece, al que acabamos de dar lectura.

Tales audiciones —ensayo en nuestro medio de un novísimo modo de enseñanza— se realizarán todas las tardes de los días hábiles de 6 a 6 y 15, a través de las ondas de Radio Nacional; y consistirán en breves conversaciones que acerca de temas educacionales contemporáneos ofrecerán escogidos maestros y directores de educación primaria fiscal, profesionales egresados del Instituto Pedagógico Nacional.

Serán a modo de las “Audiciones de sintonía” con que inician su funcionamiento las nuevas Estaciones de Radio, con el propósito de probar la eficacia de sus aparatos, la transmisión y el equipo mecánico y personal de sus instalaciones y estudios; así como, para observar y recibir las impresiones y los juicios del público, acerca de sus transmisiones, a fin de adecuarlos a sus necesidades y sus gustos.

Agradecemos, por tanto, a nuestros oyentes se sirvan enviarnos a esta emisora las opiniones, juicios y sugerencias que les inspiren estas audiciones iniciales de experimentación, de suerte que el experimento cumpla el objeto a que responde: satisfacer la necesidad popular de la educación y culturización por medio de la Radio.

No ofrecemos, pues, una Escuela Radial acabada y perfecta, armada de todas las piezas, sino apenas una escuela en formación, inspirada en las realizaciones y métodos practicados fructuosamente en medios más avanzados, adaptada al nuestro, correspondiendo a nuestra realidad social y educativa (Vargas y Gamio 1944: 242-243; La Crónica, 3 de junio de 1942).

Los programas de la Escuela del Aire comprendían conferencias, consejos para padres de familia, cuentos infantiles y un noticiario pedagógico. Con buen criterio, Vargas Escalante y Gamio comentarían en 1944:

Si ya está organizada la escuela Nacional del Aire en su lado administrativo y activo, sin embargo, urge organizar técnicamente el otro aspecto del problema, que es el más importante para su finalidad práctica, cual es el de organizar a los radioyentes escolares en especial; nada se diga de maestros primarios y secundarios y de padres de familia en todo el territorio de la República. O sea, que las retransmisiones radiales no vayan a ser infructuosas, es decir, que se pronuncie un discurso o conferencia cualquiera y ellos no serían escuchados por las personas a quienes son dedicados muy especialmente. Es de esperar pues que se complete esta parte del plan educacional a través de la Radiotelefonía.

El problema del analfabetismo y la difusión de la cultura en el Perú se hace cada vez más urgente y serio; ahí están las cifras estadísticas del censo último del año 40, las que serían distribuidas gratuitamente por la ESCUELA NACIONAL DEL AIRE, que debe ser obligatoria y organizada en forma más amplia y científica (Vargas y Gamio 1944: 243).

José Jiménez Borja sucedió a Manuel Beltroy en 1943 como director de Educación Artística y Extensión Cultural.

Durante este régimen también fue creada la Universidad del Aire Javier Prado, que tuvo como director al doctor Moreno Figueroa. De manera semejante a la Escuela del Aire, brindaba charlas periódicas desde los estudios de Radio Nacional (Vargas y Gamio 1944: 244).

Asimismo, se dieron numerosas conferencias educativas en Radio Nacional dentro de la Cruzada Pro Educación de la Futura Madre, y, semanalmente, en un programa de la Inspección General de Instrucción Pre Militar.

Otra actividad educativa de la emisora del Estado fue la transmisión de radioteatro cultural, con adaptaciones de novelas peruanas. Fueron guionistas de estos programas Augusto Tamayo Vargas y Alberto Tauro del Pino. Las adaptaciones de Tamayo Vargas, que hemos podido leer, constituyen auténticas versiones radiofónicas en las que el diálogo y las indicaciones de sonido reemplazan muchas veces a la descripción empleada en la novela original, evidenciando un temprano conocimiento del medio por parte de su autor. Aunque algunas de las historias están ambientadas en el siglo XIX (Julia, basada en la novela de Luis Benjamín Cisneros; y Sacrificio y recompensa, sobre el texto de Mercedes Cabello), el guionista evita el exceso de anacronismos que pueda hacer difícil la comprensión de los oyentes y perjudicar la fluidez del relato. Asimismo, cuando representa a personajes de regiones específicas, busca evitar el abuso de construcciones sintácticas propias de los habitantes de esos lugares. En una anotación en El guanay joven (adaptación del cuento El nido extraño de Fernando Romero), Tamayo Vargas además advierte por escrito a los actores sobre la inconveniencia de enfatizar en demasía esas particularidades: “Se emplean discretamente algunas formas prosódicas y sintácticas de la gente de la costa peruana, para dar ambiente al cuento, pero no debe exagerarse la pronunciación, pues no se trata de conservar fielmente todos los rasgos folclóricos” (Tamayo 1944). Se trata, obviamente, de lograr la verosimilitud de la ficción mediante una adecuada estilización, no a través de una fidelidad que pudiera resultar contraproducente.

2.3 La guerra con Ecuador

La guerra con Ecuador fue, probablemente, el acontecimiento más importante en el primer gobierno de Prado (Klarén 2005: 349). Ante reclamos territoriales de Ecuador, y en respuesta a actos hostiles de guarniciones de ese país en la frontera, las fuerzas peruanas, al mando del general Eloy G. Ureta, avanzaron por aire y tierra sobre el vecino del norte. Los combates comenzaron el 5 de julio de 1941, hubo una tregua entre el 7 y el 22 de julio, y, finalmente, el 24 de julio tuvo lugar la batalla de Zarumilla, que culminó con victoria peruana. El conflicto armado cesó con el acuerdo de Talara del 2 de octubre de 1941. Posteriormente, en febrero de 1942, se suscribió el Protocolo de Río de Janeiro que fijó los límites territoriales entre ambos países (Ortiz de Zevallos 1995).

El inicio del conflicto fue cubierto por las emisoras nacionales. Un mensaje de Manuel Prado de felicitación al Ejército fue escuchado el 9 de julio de 1941 a través de Radio Nacional. Durante los días siguientes, la Oficina de Informaciones y Prensa del Perú enviaba a las emisoras privadas un boletín informativo de los acontecimientos, que era de lectura obligatoria. El diario La Crónica se quejó entonces de que en “más de una emisora local” se leía el informativo “solo para salir del paso”, y denunciaba la “falta de elocuencia y de patriotismo” de los locutores (La Crónica, 11 de julio de 1941). No obstante, otros medios destacaron la ponderación de las radios locales en el modo de brindar la información frente al apasionamiento de las emisoras ecuatorianas. Alta Voz decía, al respecto, que “nuestra radiodifusión ha respondido a los insultos del éter tropical con la serena actitud de la cultura” (Alta Voz 107, 2 de agosto de 1941), y Cahuide destacaba que:

[…] la prensa nacional y las radios han demostrado con los hechos, que no en vano, en más de una centuria de vida libre y soberana han conservado la cultura que les legaron sus mayores, mejorándola en muchos casos.

En cambio, la prensa y la radio ecuatoriana, han hecho todo lo posible para aparecer ante las Américas a la inversa, insultándonos a mansalva, con los epítetos más tropicales que pueden haber creado mentes caldeadas por los grados de calor y humedad, que el delicioso clima guayaquileño les brinda en casi todos los días del año (Cahuide 51, julio de 1941).

Ambas revistas elogiaron las alocuciones del speaker de Radio Internacional, Heraldo Falconí Sevilla, durante el conflicto. Falconí Sevilla conducía los programas Viajes pascuales, La voz del pasado y Unas cuartillas en el aire, consistente en “libretos periodísticos de sabor literario” (La Crónica, 15 de octubre de 1941).

El 28 de julio, Radio Nacional transmitió el discurso del presidente Prado en el Congreso de la República, en el que hizo un pormenorizado recuento de las acciones bélicas y negociaciones diplomáticas. Radio Nacional transmitió también un tedeum extraordinario para celebrar el triunfo alcanzado en la frontera. A través de las ondas de la emisora del Estado se escuchó a la Orquesta Sinfónica Nacional tocar el himno patrio, que fue coreado por los fieles que se hallaban en el interior de la basílica y por la muchedumbre que llenaba la Plaza Mayor. Se escucharon también las palabras del arzobispo de Lima, Pedro Pascual Farfán, quien dijo: “Tenemos que defender el Hogar Nacional, porque defender el Hogar Nacional es defender la Patria; y muchas veces para esa defensa es de necesidad la guerra”. No obstante, añadió que “ecuatorianos y peruanos son hermanos” y que sus brazos se extenderían hacia los ocasionales enemigos para darles un saludo de paz (La Prensa, 4 de agosto de 1941).

El 2 de agosto, Alta Voz comentó en su sección “Bombardeo aéreo” que dos extranjeros que habían trabajado años atrás en la radio peruana, tuvieron “conductas diametralmente opuestas” durante el conflicto peruanoecuatoriano:

El primero es el escritor colombiano Carlos Gutiérrez […] que en una magnífica audición en la Radio de Nueva Granada, Colombia, rindió el 28 de julio un hermoso y emocionado homenaje al Perú […]. El segundo, es doloroso consignarlo: se trata de un actor que recibió continuamente el aplauso de nuestros públicos y fue acogido en radios locales con benevolencia. Se trata de Juan Muñoz, el Niño del Tintán, quien actuando de locutor en Radio Telégrafo de Guayaquil, no ha tenido reparos en dirigir diariamente los más atroces insultos al Perú (Alta Voz 107, 2 de agosto de 1941).9

La tarde del sábado 16 de agosto, Radio Nacional transmitió desde el Estadio Nacional, en cadena con las demás emisoras, un homenaje al gobierno y a los caídos en la guerra. Asistieron el Presidente, los jefes de los poderes públicos y autoridades del clero. Hubo discursos y canciones.

El 27 de setiembre de 1941, el general Fernando Melgar rindió homenaje a los aviadores nacionales desde el micrófono de Radio Nacional. Se conmemoraba el 31 aniversario de la hazaña de Jorge Chávez. Melgar citó a “nuestros primeros mártires de la guerra, Renán Elías Olivera y José Quiñones González, caídos con gloria en defensa de los más sagrados intereses de la Patria, en la garantía de nuestra integridad territorial” (Radiocine Actualidades 50, octubre de 1941).

El 29 de enero de 1942, el presidente Prado dio un mensaje sobre la firma del protocolo con Ecuador. Fue por Radio Nacional y en cadena. Dijo el gobernante: “El día de hoy podrá señalarse en la Historia, a las generaciones futuras, como uno de los momentos más venturosos para la fe en los principios de la justicia internacional y para el mantenimiento de la solidaridad americana. El arreglo de límites entre el Ecuador y el Perú suscrito en Río de Janeiro tiene ese significado de afirmación y esperanza”. Prado no perdió la oportunidad de evocar otro episodio histórico, el triunfo sobre fuerzas españolas en 1866, en el que su padre (entonces también Presidente del país) tuvo participación:

El espectáculo de hoy recuerda otra hora culminante de la Historia de América, henchida como ésta, de peligro y de emoción solidaria: la del 2 de mayo de 1866. Entonces como ahora, las naciones de América, estrechamente unidas en el pensamiento y en la acción, proclamaron su derecho a la Libertad y al respeto de los demás. Al Perú le cupo entonces el honor insigne de ser el paladín de aquella cruzada de fraternidad donde se afirmaron los derechos soberanos de los pueblos de este hemisferio. Esa misma voz del Perú es la que se ha dejado oír en América en el movimiento de la Conferencia de Cancilleres, asumiendo, hoy como ayer, idéntica actitud de viril responsabilidad ante los peligros que amenazan el porvenir del continente (La Prensa, 30 de enero de 1942).

Prado vinculaba de este modo a su apellido con dos victorias patrióticas, tratando de que el país olvidara el nefasto viaje de su padre a Europa durante la Guerra del Pacífico. Felipe Portocarrero Suárez destaca lo importante que era para el mandatario la resolución del conflicto con el Ecuador:

[…] el favorable desenlace con el Ecuador y la forma del Protocolo de Río de Janeiro determinó un fortalecimiento de su gobierno y de su propia figura, puesto que si bien el conflicto limítrofe tenía una connotación nacional, involucraba, asimismo el prestigio personal de Manuel Prado y el apellido de la familia por la natural asociación que se habría hecho, en caso de derrota, con los controvertidos sucesos de los que fue protagonista su padre hacía más de medio siglo (Portocarrero 2008: 122).

La guerra, por otro lado, motivó el interés por la creación de una estación radiodifusora en Iquitos que permitiera “una labor de propaganda histórica, geográfica y económica” en toda la región (El Comercio, 8 de julio de 1941). En pleno conflicto se formó el Radio Club de Loreto para “establecer una estación y desarrollar una activa labor de propaganda y divulgación regionales”; nombrándose como “presidente vitalicio de la institución” a Manuel Prado (El Comercio, 15 de julio de 1941).

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15 ноября 2024
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1160 стр. 68 иллюстраций
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9789972453205
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