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Eduardo Rosalío Hernández Montes

El fin del dragón

Volumen 1

© Eduardo Rosalío Hernández Montes, 2022

© El fin del dragón Volumen 1, 2022

Marzo 2022

ISBN papel: 978-84-685-6556-9

ISBN Pub: 978-84-685-6581-1

Portada e ilustraciones: Angry Wolf

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A mi padre, a quien tanto respeto y admiración

le guardo, mismo que siempre confió y se preocupó

por mí hasta el lamentable día de su despedida.

Al tan popular videojuego de mundo

abierto compuesto principalmente por

cubos, y a su creador original.

Índice

CAPÍTULO 1 Un mundo extraordinario

CAPÍTULO 2 Invitados indeseados

CAPÍTULO 3 Acechando desde las sombras

CAPÍTULO 4 Un guerrero nato

CAPÍTULO 5 Una sensación aterradora proveniente de las sombras

CAPÍTULO 6 Un combate incesante contra criaturas repugnantes

CAPÍTULO 7 Hasta lo más oscuro y profundo

CAPÍTULO 8 Recuerdo traumático

CAPÍTULO 9 El origen de una larga y fiel amistad

CAPÍTULO 10 Forastero

CAPÍTULO 11 Mal presagio

CAPÍTULO 12 La aldea

CAPÍTULO 13 Asedio sombrío

CAPÍTULO 14 A un paso de otro mundo y una visita inesperada

CAPÍTULO 15 Batalla pantanosa

CAPÍTULO 16 Asalto

CAPÍTULO 17 Una flor con un profundo valor

CAPÍTULO 18 Última voluntad

CAPÍTULO 1

Un mundo extraordinario

Esta historia comienza cuando un hombre adulto, de complexión delgada, piel morena, pelo café oscuro, ojos morados; con vestimenta compuesta meramente por una camiseta azul celeste, pantalones de mezclilla azul oscuro y zapatos grises simples; despierta recostado en un suelo de textura peculiar después de haber estado desmayado por un tiempo. Confundido y desorientado, abre lentamente sus ojos, mientras recobra sus sentidos, y deslumbrado por la intensa luz cegadora del sol, por instinto, cubre su vista con su brazo. Enseguida, intenta levantarse del suelo a la vez que observa su brazo con detenimiento y, posteriormente, todo a su alrededor. Contempla el terreno con asombro…, como si todo lo que ve fuera nuevo para él. Y, de hecho, no se equivoca, pues ha abierto los ojos luego de haber permanecido dormido durante bastante tiempo en este mundo de apariencia misteriosa… Aunque, como problema…, ha perdido su memoria.

El hombre, a pesar de encontrarse en un mundo completamente desconocido, no se inquieta en absoluto, ya que, de alguna forma…, el lugar le resulta familiar…, como si sintiera que pertenece a este mundo. Lo primero que pasa por su cabeza es cómo es que llegó aquí, e incluso se cuestiona sobre su propio nombre, lo cual comienza a alarmarlo un poco, pues no recuerda absolutamente nada de sí mismo, como si hubiera perdido cualquier recuerdo relacionado a sí mismo, como quién es o, más importante, cómo es que llegó a este lugar.


Al tratar de encontrar sus recuerdos con desesperación, comienza a perder la cabeza. A volverse loco por el simple hecho de hacerse tantas preguntas sobre sí mismo en tan poco tiempo…, y ninguna con respuesta… Pero antes de perder la razón, de alguna parte cercana se escucha algo extraño e inquietante, similar a un gruñido. Un sonido inesperado que asustaría a cualquiera en esta situación, aunque lo extraño es que él no se asusta, pues de inmediato se da cuenta de que el sonido provino de su estómago. Solo es su cuerpo diciéndole que está hambriento.

Dicho ruido interrumpió sus pensamientos abrumadores y le ayudó a calmarse un poco, replanteándose de mejor manera una sola pregunta en la cual enfocarse. “¿Qué es lo que va a hacer ahora?”, es la interrogante, respondiéndose a sí mismo: “En lugar de enloquecer perdiendo el tiempo buscando preguntas sin respuestas, será mejor que por ahora me concentre en mantenerme con vida. Ya cuando sea el momento indicado, me enfocaré en encontrarme a mí mismo y descubrir quién soy realmente.”. De esta manera, queda claro que pese a no saber absolutamente nada de sí mismo, cuenta con el razonamiento, sensatez e inteligencia para analizar y comprender su situación, y establecer un inicio inmediato a su supervivencia en este mundo desconocido.

Ya decidido, el hombre se levanta del suelo para poder explorar el terreno en el que se encuentra y buscar algún alimento. Aunque justo cuando se pone de pie, ve un libro a un constado de donde despertó. Al levantarlo para examinarlo, se percata de que la cubierta de este no muestra ningún tipo de información (algo muy peculiar en un libro). Pero más se sorprende cuando lo abre y se da cuenta de que todas las páginas están… ¡en blanco!, y por más que lo hojea no encuentra ni una sola palabra, absolutamente nada, ni siquiera alguna ilustración referente a algún tema o algo por el estilo. Al principio, pensó que no le sería de utilidad, pero luego de reflexionar un poco más, cree que en algún momento podría servirle para anotar algo que encuentre relevante a lo largo de su travesía en este mundo, por lo que decide llevarlo consigo.

Después de recoger el libro, el hombre voltea a su alrededor en busca de algo que pudiera comer, reconociendo así el lugar en el que está, siendo este mayormente llano y cubierto de césped, arbustos, flores y árboles, estos últimos en su mayoría de color café y algunos de color blanco con manchas negras; pero nada de su interés.

Ya muy hambriento, piensa que lo mejor sería caminar y explorar más allá de donde alcanza su vista, con la esperanza de encontrar algo más que árboles…, o, si no, terminará comiendo madera. Sin embargo, luego de tan solo avanzar unos cuantos pasos, un sonido interrumpe su andar, aunque esta vez no fue el mismo que antes, sino el gruñido del que parece ser un cerdo salvaje que podría estar merodeando en la cercanía.

Obviamente, el hombre voltea y corre hacia donde provino el sonido, hasta llegar a un lugar con un pequeño estanque rodeado de flores rojas y amarillas. Y mayor es la impresión cuando divisa a tres cerdos salvajes a un costado del estanque. Al instante, piensa en cuál sería la mejor manera para atrapar al menos uno de ellos (asumiendo él mismo desde el principio que solo tiene la capacidad suficiente para atrapar a un único cerdo…, o simplemente tiene pocas expectativas). Como sea, no hay mucho tiempo para pensar, y antes de poder perder la oportunidad, se impacienta y corre de frente hacia uno de los cerdos lo más rápido que puede y con los brazos extendidos… Pero, desafortunadamente, al que escogió como presa fue demasiado rápido y escurridizo, y lo único que consiguió fue gastar energías. Además, terminó golpeándose con fuerza contra el tronco de un árbol después de la breve persecución, perdiendo ahora de vista a los tres cerdos salvajes.

De nuevo tirado en el suelo, el hombre se encoje sobre sí, mientras muchos pensamientos negativos aparecen y lo atormentan. No obstante, un cambio repentino en su suerte lo sorprende, pues gracias al fuerte golpe que se dio contra el árbol, de este cae una manzana justo en su cabeza, un fruto hermoso, de un brillante color rojo y de aspecto muy apetecible. Tanta fue su sorpresa y admiración que podría decirse que casi se la come con los ojos. Él, por supuesto, no duda en agarrarla y darle un gran mordisco hasta llenar sus cachetes con esta jugosa manzana. Por muy simple que parezca, esto generó un sentimiento melancólico y nostálgico en su interior…, aunque al mismo tiempo satisfactorio y consolador. Tan solo esta única manzana bastó para calmar su hambre, al menos un poco, pero también para apaciguarlo con unos efímeros segundos de paz y tranquilidad.

Después de haberse terminado la manzana, el hombre considera que puede alimentarse de las demás que están en los árboles, al menos hasta que pueda cazar algún cerdo salvaje. El problema está en cómo bajarlas de los árboles si son demasiado altos para poder treparlos, además de que tienen pocas ramas de las que sujetarse, y la mayoría no parecen poder soportar su peso. Entonces, lo único que se le ocurre es tirar abajo el árbol para que caiga junto con las manzanas (una idea brusca y un tanto irracional, aunque también cuenta como una solución), y así podría aprovechar también para conseguir madera que podría servir para crear herramientas que le puedan ser útiles en un futuro. Pero conseguir derribar el árbol él solo y sin instrumentos parece una tarea imposible, sin olvidar que todos los árboles tienen troncos muy gruesos y fuertes, a excepción de los blancos, solo que estos no parecen dar manzanas.

Sin embargo, el hambre y el deseo de supervivencia del hombre son más fuertes que su razonamiento actual, así que, sin pensarlo demasiado, le da un puñetazo al tronco de uno de los árboles, descargando contra él todas sus emociones e inquietudes. Increíblemente, él apenas siente dolor, lo cual lo sorprende bastante, pues está seguro de haber golpeado el tronco con todas sus fuerzas. Además, cuando mira el lugar donde golpeó, observa una muesca significativa en el tronco. En cambio, podría decirse que su puño no recibió casi nada de daño. Resultado que no habría pensado lograr con tal facilidad.

Una vez consciente de lo conseguido, el hombre cree contar con una fuerza y resistencia superiores a lo que aparenta, suficientes para tirar un árbol con las manos desnudas sin que su cuerpo reciba un daño significativo. Por lo tanto, lleno de confianza, golpea el tronco una segunda vez, consiguiendo así agrandar la fisura sin recibir dolor, por lo que, ahora sin detenerse y confiando plenamente en sus capacidades, golpea el árbol una y otra vez. Hasta que, luego de un rato, logra partir el tronco lo suficiente para que este pierda el equilibrio sobre sí y caiga por fin al suelo junto con una gran cantidad de manzanas iguales a la que comió. Enseguida, arranca todos los deliciosos frutos de las ramas, y, mientras tanto, degusta unas cuantas para saciar su hambre. Aunque ahora surge un nuevo problema: ¿cómo llevará consigo tantas manzanas y la madera si apenas puede cargar con unas pocas manzanas en sus brazos? No obstante, el hombre resuelve dicho percance al percatarse de que su pantalón de mezclilla tiene varios bolsillos en los que puede guardar algunas manzanas. Pero, inesperadamente, cuando intenta meter una, esta es “absorbida” con una facilidad sorprendente y sin provocar algún tipo de cambio en el bolsillo o en el pantalón como tal, como si la manzana hubiese desaparecido por completo, pues el bolsillo ni siquiera parece estar abultado (como normalmente se esperaría al introducir un objeto de un tamaño a considerar), y por más que busca alrededor, no encuentra la manzana, sino hasta que vuelve a abrir su bolsillo, encontrándola dentro, solo que esta, de alguna manera, adquirió un tamaño menor al normal, como si se hubiera encogido. Además, por dentro el bolsillo parecía increíblemente grande y espacioso, mucho más a como se creería al verlo desde el exterior, lo cual explicaría por qué no se abultó al meter la manzana.

Sea como sea, el hombre no le da más vueltas al asunto, y mucho menos sabiendo que esto es algo conveniente para él. Así que simplemente procede a meter en sus bolsillos todas y cada una de las manzanas que hay por el suelo y en las ramas del árbol, sin disminuir su asombro por el cambio repentino en el tamaño que adquieren las manzanas y la facilidad con la que se las lleva, pero también por el hecho de poder sacarlas sin dificultad alguna y sin sufrir ningún tipo de alteración, aparte de volver a su tamaño normal cuando él quiere, y sin perder su sabor original.

Una vez guardadas todas las manzanas en su pantalón “mágico”, el hombre se acerca hacia el tronco del árbol caído para intentar conseguir madera. Aunque, sorpresivamente, cuando voltea hacia la base del árbol, ve encima una parte del mismo, pero de menor tamaño, como si hubiera sucedido lo mismo que con las manzanas, lo cual lo sorprendió mucho, pero aún más cuando se acerca y toca el pedazo miniatura del tronco, provocando que este de repente recobre el mismo tamaño que tenía, encajando a la perfección en la base del árbol; y si lo vuelve a tocar, de nuevo retoma su tamaño a escala, cabiendo incluso en la palma de su mano y, asimismo, en el bolsillo de su pantalón, mismo que facilita enormemente su capacidad para transportar objetos de gran tamaño y peso.


Aquí es cuando el hombre comienza a darse cuenta de que se encuentra en un mundo muy, muy extraño…, aunque fascinante.

Después de haber descubierto que puede manipular el tamaño de los objetos que toma y llevarlos consigo (o por lo menos es así con las manzanas y los troncos de los árboles), el hombre decide seguir golpeando el resto del árbol para conseguir más secciones del tronco. Pero antes de seguir, se da cuenta de que el libro que había recogido comenzó a vibrar sutilmente, lo cual llama su atención, así que decide abrirlo para descubrir qué sucede. Y justo en el instante en el que lo hace, todas las hojas se desplazan rápidamente por sí solas, hasta detenerse en una página específica, misma que contiene información, en concreto, sobre el tronco que había recogido, señalando que este es un “Tronco de roble”, junto con una especie de proceso en el que se ilustra la “transformación” de un tronco de roble a cuatro “Tablones de madera de roble”. Lo extraño es que él juraría que el libro no contaba siquiera con una sola página que contuviera algo parecido, reafirmando que lo revisó por completo. Aunque, por todo lo que ha experimentado durante este corto rato, en lugar de seguir confundiéndose a sí mismo, decide mejor no pensar demasiado en este tipo de cosas, sobre todo si le favorecen.

Al encontrarse en la etapa de aprendizaje acerca de este mundo y sus secretos, el hombre no duda en crear los cuatro tablones de madera como le indica el libro, transformando así el tronco de roble de su forma a escala en cuatro tablones de madera de igual proporción con solo ejercer un poco de presión con su mano y pensar en lo que quiere obtener. Al mismo tiempo, el libro vuelve a vibrar, aunque esta vez una gran cantidad de páginas se van llenando con nueva y abundante información, aparentemente, sobre diferentes creaciones, solo que ahora utilizando los tablones de madera que acaba de conseguir. Entre las recetas se observa cómo hacer “Palos de madera”, “Botones de madera”, “Tazones de madera”, “Placas de presión de madera” y “Mesas de trabajo”, de lo cual, lo más interesante en este momento es la mesa de trabajo, por lo que el hombre decide crearla, utilizando así los cuatro tablones de madera que había hecho. Al construirla, enseguida descubre que esta también toma un tamaño a escala, pero al momento de colocarla en el suelo, esta adopta un tamaño más grande y realista acordes a la perspectiva.

Con esto, sin duda alguna, el libro será de inmensa ayuda en la vida del hombre, respecto al apoyo que le brindará para entender con exactitud el concepto y utilidad de cada objeto que encuentre y que desconozca.

Al principio, no pareció suceder nada raro con la mesa de trabajo, pero justo cuando el hombre se apoya en ella para analizarla detenidamente, las ilustraciones que explicaban los procesos de creación que había visto en el libro cambiaron, mostrando además nuevas recetas. Él, valiéndose del razonamiento, deduce que esto podría deberse a que puede crear objetos más complejos que exigen un espacio de trabajo idóneo, como lo es la mesa de trabajo, misma que permite una mejor manipulación de los objetos en su tamaño a escala, a diferencia de hacerlo sin ella, pues así puede crear ciertas cosas en cualquier lugar con la ayuda de su libro, pero limitándose a objetos más simples.

Con esto, el hombre comienza a entender un poco mejor cómo funciona este mundo, por lo cual se dispone a conseguir más recursos para descubrir nuevas cosas y comprender todavía más los fundamentos que rigen este mundo, y así ir llenando su libro con más información sobre el tema de la creación de objetos interesantes; empezando por recolectar más troncos de los árboles.

Entonces, volviendo al árbol que derribó antes, el hombre comienza a golpearlo para conseguir más troncos de roble, que luego utilizará para crear algo útil.

Desgraciadamente, no todo en este mundo resulta ser tan fácil y conveniente como el hombre ha experimentado desde que despertó. Una realidad que se hace presente de la peor manera posible…, pues, mientras se encontraba concentrado en partir el resto del tronco del árbol que derribó, justo detrás de él se escucha un siseo aterrador, tan cerca, fuerte y repentino que le erizó la piel al instante… Todos sus sentidos se alarman, e, instintivamente, da un salto hacia enfrente con el fin de alejarse de lo que sea que esté produciendo este abrumador sonido. Al instante, voltea para descubrir el origen del siseo, reconociendo algo sumamente horrible, algo que lo pone pálido en segundos, ya que el siseo proviene de un verdadero ¡monstruo! Se trata de una criatura del mismo tamaño que él, con el torso alargado y de piel tosca, escamosa y de color verde; no tiene brazos, pero sí cuatro patas en su parte inferior; su rostro es inexpresivo, pero totalmente espeluznante… Es un ser traído del mismísimo infierno… Aunque lo más increíble y perturbador es cuando el hombre ve cómo este monstruo, de alguna manera, comienza a “inflarse”, al mismo tiempo que el volumen del siseo aumenta y su cuerpo se va cubriendo por un resplandor intenso… Así, hasta que su cuerpo parece ya no poder más…, llega al límite y… ¡explota! desde su interior, produciendo una devastadora explosión que crea un gran agujero en el suelo y tumba bastantes ramas, hojas y manzanas de los árboles cercanos a la detonación, inclusive más de las que el hombre recolectó; sin siquiera dejar evidencia alguna de qué era este monstruo.


Después del inesperado encuentro, el hombre, todavía sorprendido y aterrado, se tira al suelo apoyándose de un árbol para recuperar el aliento, pensando en que si en este mundo habitan más criaturas como la de ahora, entonces su vida corre grave peligro, pues no se le ocurre ni una sola forma de sobrevivir a un encuentro directo contra una monstruo como este. Esta vez tuvo suerte al percatarse a tiempo y actuar al instante, pero aun así estuvo bastante cerca de ser golpeado por la explosión del monstruo… Un solo descuido… podría significar su muerte de forma instantánea si es alcanzado por una explosión de tal magnitud.

Este primer encuentro le deja al hombre más que claro la importancia de apresurar el avance en todos los aspectos… si es que no quiere morir…

Pronto, ya un poco más calmado, se arma de valor para investigar el hueco en la tierra que dejó la explosión, en busca de algún indicio del monstruo causante de tal destrucción, encontrando en el fondo un poco de polvo de color gris oscuro, al que recoge por simple curiosidad. Al instante, el libro llama su atención nuevamente, en cuyo interior se reescribe una página, la cual menciona que el polvo recogido es “Pólvora”, aunque la que encontró parece ser inservible por la explosión. Además, nueva información aparece en otra página de una sección aparte del libro, aunque esta vez… sobre la criatura aterradora, a la que llama “Bestia explosiva”, junto con un texto muy peculiar que describe a este monstruo y expresa lo siguiente: “Una bestia que se encuentra frecuentemente de noche, pero también de día. Detrás de los árboles se esconde y te observa, y cuando menos te lo esperas, con una poderosa explosión te encuentras.”. Carece de grandes detalles y nada de lo que menciona ayuda a aliviar el miedo que este monstruo provoca al topársela de frente (o de espaladas, como sucedió).

De cualquier forma, el hombre, más que dejarse abrumar por la posible existencia de estas bestias explosivas y el temor de volver a encontrarse con otra, decide apresurarse a conseguir algún arma con la que por lo menos pueda sentirse un poco más seguro. Por lo tanto, retoma de inmediato su objetivo de conseguir más madera.

Dejando de lado el inoportuno percance con la bestia explosiva, el hombre continúa golpeando más árboles para conseguir más troncos. Y de repente, junto con el impacto de la caída de uno de los árboles, de este se desprende, además de manzanas y ramas delgadas, algo que llama su atención, siendo esto un “Brote de roble”, mismo que podría utilizarse para el crecimiento de otro árbol de este tipo en cualquier lugar en el que sea plantado, o al menos esto describe el libro sobre este pequeño, pero prospero tallo. Por lo cual, el hombre lo guarda y lo lleva consigo en su bolsillo.

Luego de obtener suficientes troncos de roble, el hombre procede a transformarlos en tablones de madera, y con ellos crea unos cuantos palos de madera, pues, por simples que sean, son la base para crear cualquier herramienta primitiva de utilidad y demás posibles creaciones. Aunque antes, en su búsqueda de la receta para transformar los gruesos tablones de madera en palos delgados y prácticos en su libro, se topa con nuevas recetas con el uso único de los tablones de roble, que explican cómo hacer “Escaleras de madera de roble”, “Losas de madera de roble”, “Trampillas de madera de roble” y “Puertas de madera de roble”; cosas ideales para la construcción de un refugio provisional que serviría para mantenerse seguro ante el posible peligro. Por otra parte, incluyendo como “ingrediente” las ramas de los árboles que recogió, puede crear “Vallas de madera”, “Puertas para vallas”, “Carteles”, “Escaleras de mano de madera” y, mucho más importante, ¡herramientas de madera!, como picos, hachas, palas, azadas e, incluso, ¡espadas!, y solo con unos cuantos palos y tablones de madera, según indica el libro.

Todo lo nuevo que lee capta su interés totalmente, pero sobre todo las herramientas, pues es lo que había estado buscando y lo que tenía en mente por hacer desde el inicio, y el hecho de que el libro le facilite el método para crearlas, es una oportunidad y alivio enormes.

Entonces, de entre todas las opciones, lo primero que el hombre decide crear es una espada de madera, más que nada por seguridad, por si de repente se encontrase de nuevo con otro monstruo; y, segundo, un hacha de madera para conseguir más troncos de una forma más fácil y rápida, dejando atrás el método primitivo y cansado que es golpear los árboles con los puños. Aunque, por el material de las herramientas, no se debe tener altas expectativas en su eficiencia.

Posteriormente, ya creada la espada y el hacha de madera en la mesa de trabajo apoyándose de su libro, el hombre prueba el hacha talando más árboles, consiguiendo así más madera, manzanas, brotes y ramas que sirven como palos, un poco más rápido que con los puños; mas no solo a los árboles de roble, sino también a los de corteza blanca que había visto antes, a los que el libro llama “Árboles de abedul”, cuyos troncos pueden ser transformados también en tablones de madera, resultando en lo mismo que con los de roble, solo que de un color más claro, pero de misma utilidad.

Como conclusión, durante el proceso de recolección de madera, el hombre tuvo que acudir a su mesa de trabajo constantemente para crear más hachas de madera, ya que, aunque hayan mejorado un poco la eficiencia de la actividad, estas se rompen fácilmente con el uso continuo, mas no supone un gran problema, considerando que la cantidad de este recurso tan útil que es la madera va en aumento.

Después de un largo tiempo, ya un poco exhausto, el hombre cree tener suficiente madera para todo lo que pudiese necesitar, así que recoge su mesa de trabajo y, por extraño que suene, la guarda en su pantalón junto con el hacha de madera que estaba usando. Se tira al cálido césped y come unas cuantas manzanas, mientras observa el lento pasar del sol junto con las nubes y el relajante hondeo de las hojas de los árboles desde su perspectiva.

Pero el momento de paz y tranquilidad solo fue breve, ya que su intención era solo apaciguar su estómago con un par de manzanas y recuperar energías. Y una vez cumplido lo anterior, se levanta del suelo, y con una mirada un tanto seria y con la espada de madera en mano, se dirige hacia el estanque de agua que había encontrado antes.

Al llegar, su sorpresa es evidente cuando se da cuenta de que de nuevo están los tres cerdos salvajes indefensos justo donde los había visto antes, por lo que, sin dudarlo, empuña su espada de madera, y cuando cree estar preparado, sale de entre los matorrales y corre rápidamente hacia uno de los cerdos, al cual persigue de cerca y sin interrupción. En esta ocasión, ya con sus movimientos escurridizos memorizados, basta con acercarse lo suficiente y acertar un golpe con la espada de madera para derribar al cerdo y dejarlo vulnerable sobre el suelo, siendo este el momento perfecto para el hombre, quien enseguida pone fin a los alaridos y al pataleo incesantes del cerdo clavándole la espada directamente en el pecho, aunque con dificultad por la falta de filo. Como resultado, acaba con la vida del animal con el menor sufrimiento posible, y así consigue varias “Chuletas de cerdo crudas”, según afirma el libro; ahora por fin podrá comer algo además de manzanas. Sin embargo, la carne no luce muy exquisita estando cruda, por lo que considera que lo mejor sería cocinarla de alguna manera… Aunque, desafortunadamente, en este instante el sol comienza a ocultarse y todo se torna muy oscuro.

En este momento, el hombre empieza a entrar en pánico, ya que andar por este mundo desconocido sin luz que lo cobije podría ser muy peligroso. Lo más indicado sería resguardarse en un refugio improvisado, y con la información que tiene en su libro y con toda la madera que recolectó, él mismo podría construir uno. Pero el tiempo está en su contra, y al estar privado de luz, reconoce ruidos de todo tipo por doquier, lo cual lo abruma todavía más. Aunque en este momento de inquietud recuerda que también puede crear palas y picos de madera en la mesa de trabajo, herramientas que podría utilizar para cavar un agujero en el suelo y pasar la noche dentro de una pequeña cueva. Así que, sin perder más tiempo, saca su mesa de trabajo de su bolsillo, la coloca en el suelo, crea una pala y un pico de madera y comienza a cavar en la tierra justo debajo de él. O al menos esto último le gustaría, pero los sonidos inexplicables de alrededor se vuelven más fuertes, y por el miedo no puede apartar la mirada de lo que sea que haya cerca, reconociendo que no podrá cavar un agujero en el cual protegerse antes de que aquello que lo acecha desde la sombras… decida aparecer…, pero tampoco piensa quedarse inmóvil esperando lo peor, así que antes de cualquier otro imprevisto recoge su mesa de trabajo y corre desesperadamente sin rumbo aparente, aunque en realidad observa a sus costados en todo momento, no solo por si aparece algún monstruo, sino también para intentar reconocer el entorno, determinando así su ubicación y la de su objetivo, siendo este el gran hueco que hizo la bestia explosiva en la tierra, mismo al que por fortuna llega en poco tiempo gracias a que no estaba muy lejos y al rastro de árboles que fue derribando; donde de inmediato clava su pala y comienza a cavar, topándose así al poco tiempo con una capa de roca sólida, contra la que el pico de madera no parece ser el más indicado, pero aun así sirve para abrirse paso al menos un poco, aunque con bastante exigencia física y desgaste rápido en su estructura, lo cual obliga al hombre a detenerse un par de veces para colocar su mesa de trabajo y crear más picos de madera.

De cualquier forma, a pesar de los percances, el hombre logra hacer un gran hueco entre toda la roca, lo suficiente para considerarlo como refugio provisional, omitiendo el hecho de que se trata de una pequeña, fría y oscura cueva. Aunque todavía falta algo muy importante: cerrar la entrada para impedir que algún invitado no deseado pueda entrar. Para eso, se le ocurre la idea de crear una puerta de madera para poder entrar y salir fácilmente, puesto que prefiere no bloquear el acceso con piedra o tablones de madera por la preocupación de que el techo se derrumbe y quede atrapado en la oscuridad, valiéndose también de la idea de que una bestia explosiva no podría abrir la puerta al no tener manos…, aunque siempre existe la posibilidad de que literalmente explote junto con la puerta (un pequeño detalle que pasa por alto). Pero cuando coloca la mesa de trabajo dentro de la cueva y busca la receta de la puerta en el libro, curiosamente, en este aparecen nuevas recetas, o al menos eso alcanza a ver con la limitada luz de la luna que llega a la cueva; y esta vez el material principal es la piedra que consiguió picando, misma con la que puede crear nuevas cosas como “Escaleras de piedra”, “Palancas”, “Losas de piedra”, “Muros de piedra”, “Hornos de piedra” y, más importante aún, ¡herramientas de piedra! Además de ser esto último lo más atractivo, el horno de piedra es el que atrae su atención, sobre todo porque es justo lo que necesita para poder cocinar las chuletas de cerdo. Pero además de las creaciones con piedra, se da cuenta de que también hay recetas para crear “Cofres de madera” y “Botes de madera” que hasta ahora no podía hacer, pues, como ve, requieren de muchos tablones de madera, con los cuales no contaba sino hasta que ocupó para hacer las hachas y picos de madera.

Ya con las cantidades necesarias, el hombre, además de la puerta de madera, crea un horno de piedra y un cofre de madera, para cocinar las chuletas de cerdo y para guardar y ordenar todos los materiales que ha conseguido, respectivamente.

En cuanto la oscuridad comienza a cubrir por completo el interior de la cueva, el hombre rápidamente coloca la puerta de madera en la entrada, empotrándola contra la roca, y enseguida intenta encender el horno para poder iluminar la cueva…, aunque hasta ahora olvidaba dos cosas muy importantes: ¿cómo prenderá el fuego? y ¿cómo lo mantendrá sin combustible alguno en el horno? No tenía idea de cómo conseguir lo que en su cabeza parecía irrelevante. Pero en este momento de desesperación, inhibiendo su razonamiento, introduce todos los materiales que tiene dentro del horno hasta colmarlo… Sorpresivamente, en cuanto lo hace, una gran llama se produce de forma espontánea en el interior del horno de piedra, algo que deja al hombre sin palabras y lo hace retroceder, pues ahora tiene fuego sin la necesidad de generar alguna chispa o energía que encendiera las llamas, aunque también por el inesperado fogonazo que casi le quema el poco vello facial que tiene.

Ahora el hombre dispone de luz y calor, aunque, intrigado sobre qué es lo que mantiene el fuego con vida, observa fijamente el interior del horno, descubriendo así que el combustible que se está consumiendo son los palos, tablones de madera y troncos, aunque también hay algo más que parece estar liberando chispas…, algo delgado y aplanado que no deja de producir un sonido como el de la bestia explosiva… “¡Las chuletas de cerdo!”, reconoce; mismas que metió descuidadamente junto con todo lo demás, por lo que, al momento en el que se percata de su error, sin pensarlo dos veces, mete las manos al fuego y saca la carne cruda…, que ahora ya no está del todo cruda, además de la piedra, tierra y demás objetos que introdujo, para mantener el fuego controlado y que no se extinga. Ahora bien, coloca las chuletas en la parrilla de la parte superior del horno, cocinándose así uniformemente, mientras que al mismo tiempo la cueva se cubre de luz y calor agradables, pero solo por poco tiempo, ya que, lamentablemente, la madera no dura mucho tiempo como combustible para mantener el fuego encendido, y en cuestión de pocos minutos solo quedan brasas. Para ello, solo habría que meter más tablones, solo que, antes que quemar toda la madera que tiene, el hombre piensa que tal vez podría utilizar las herramientas de madera que había creado anteriormente, ya que, de cualquier manera, después podría crear nuevas, e incluso podría hacerlas de piedra.

Y así fue como a duras penas el hombre pudo mantener el fuego el tiempo suficiente para poder cocinar totalmente la carne del cerdo salvaje, aunque también, gracias a la calidez que el horno irradiaba y al cansancio que acumuló, poco a poco va cerrando sus ojos…, hasta quedar completamente dormido, recostado y encogido sobre sí mismo en el frio suelo de la cueva…, sin darse cuenta de que el fuego solo duraría unos pocos minutos más luego de quedarse dormido…

Al despertar, el hombre abre lentamente sus ojos con la esperanza de aparecer en el lugar al que pertenece…, deseando que todo lo sucedido haya sido solo un mal sueño… Pero nada ha cambiado. Todavía sigue en la cueva… Aunque esto no lo deprime, porque significa que lo que hizo no fue en vano; quizá realmente este es el lugar al que pertenece… Tal vez después pueda responderse quién es en verdad, pero por ahora solo queda levantarse y retomar sus actividades de supervivencia.

Ya completamente despierto, se asoma por las ventanillas de la puerta de madera, y se da cuenta de que la noche ya ha transcurrido, así que decide salir al exterior. No sin antes asegurarse de que no hay peligro afuera y de tomar la carne de cerdo cocinada del horno de piedra con una gran felicidad en el rostro, así como el horno de piedra, la mesa de trabajo, el cofre y la puerta de madera.


Luego de salir al exterior y sin peligro a la vista, el hombre se prepara para este nuevo día, esta vez con el objetivo de explorar sus alrededores. Por lo tanto, para comenzar con la exploración, empieza por determinar en qué dirección ir. Aunque en este momento divisa a lo lejos a una criatura idéntica a la que explotó detrás de él el día anterior, y, además, bajo la sombra de un árbol un poco más lejos alcanza a ver una silueta blanca, delgada y, aparentemente, del mismo tamaño y forma que él, pero lo extraño es que dicha criatura no parece tener piel…, ni siquiera carne, literalmente es un esqueleto viviente. Más curioso aún, aquel esqueleto, además de moverse en dos pies sin problema alguno, sostiene un objeto con una de sus extremidades superiores, mismo al que, después de verlo detenidamente, reconoce como un arco. ¡Un esqueleto vivo con un arma de ataque a larga distancia! Al darse cuenta, el hombre queda atónito, aunque tan solo por unos segundos, ya que, en el instante en el que se percata de la presencia de aquel monstruo, nuevamente su libro muestra una página con información específica acerca del esqueleto, llamándolo “Arquero esquelético” (o solo “esqueleto”, para los amigos), junto con una breve descripción: “No tiene carne ni cerebro, pero no quieras tomarle el pelo, pues precisión con el arco le sobra, la cual le funciona muy bien, ya que ataca desde las sombras… y muy pocos lo prevén.”.

Luego de leer la poca información que le proporciona el libro, el hombre, intimidado, regresa a la seguridad de la cueva para pensar un momento sobre qué debería hacer ahora, pues sabe que no tiene posibilidad alguna de sobrevivir si se encuentra de frente con una bestia explosiva o un esqueleto ¡armado!, y mucho menos contra los dos al mismo tiempo.

Dominado por el miedo, no tiene más opción que quedarse en la cueva hasta que los monstruos se marchen lejos de su guarida. Pero pronto, la desesperación por estar mucho tiempo en la cueva sin poder hacer algo de provecho lo motiva a pensar en qué otra cosa podría hacer además de esperar. Entonces, se le ocurre que sería una buena idea picar más allá de la cueva, y así conseguir más piedra, y quizás encuentre algo nuevo o, incluso, otra forma de salir al exterior. Por lo tanto, vuelve a colocar los “muebles” de su hogar provisional, y, a pesar de que ya conoce las recetas para crear herramientas de piedra, crea un par de picos de madera, ya que gastó la mayoría de la piedra que consiguió haciendo el horno de piedra, y antes que acabar con la que le queda, piensa que lo mejor sería primero conseguir más. Así que de inmediato comienza a picar en una de las paredes de roca.

No obstante, luego de picar durante un rato, el hombre se topa con unas manchas negras incrustadas en algunas rocas, y al tratarse de algo nuevo e intrigante, no duda en golpear esas extrañas manchas oscuras con su pico, pero tan solo al primer golpe su pico de madera se destruye, siendo este el segundo de los dos picos que había hecho, aunque por lo menos pudo conseguir bastante piedra, misma con la que ahora puede crear tantos picos de piedra como quiera. Sin embargo, por el momento solo crea uno, además de una espada de piedra mucho más resistente y eficiente que la de madera, aprovechando la oportunidad.

Ya con el pico de piedra, enseguida lo estrena picando las manchas negras, las cuales resultan ser pequeñas rocas oscuras de un mismo mineral, mismas que va descubriendo con mayor facilidad y rapidez gracias al pico de piedra, hasta separarlas por completo de la roca natural, desprendiéndose así varias piezas de diferentes formas y tamaños. Justo cuando el hombre levanta uno de estos minerales del suelo, su libro lo reconoce como “Carbón mineral”, mostrando en una de las páginas una nueva receta para crear “Antorchas”, utilizando carbón y palos de madera, y sin la necesidad de recurrir a la mesa de trabajo. Además, después de recoger todo el carbón y disponerse a picar lo demás que faltaba, observa, del hueco que hizo, unas pequeñas esferas brillantes de tonalidades verdes cambiantes y muy llamativas. Por curiosidad, extiende su mano lentamente para tomar uno de los peculiares orbes, pero en cuanto lo hace, de alguna manera, todos comienzan a moverse hacia él por cuenta propia, y por la reacción tan repentina, retrocede y cae de espaldas por miedo a estas esferas, aunque estas no se detienen y continúan acercándosele, hasta que, sorpresivamente, todas son “absorbidas” por su cuerpo y desaparecen sin dejar rastro alguno.

A pesar del inquietante incidente, lo extraño es que a simple vista no hubo cambio físico alguno en el hombre, quien, muy sorprendido, busca a aquellos orbes brillantes por todas partes…, mas no encuentra ninguno.

Cuando el susto pasa, el hombre se levanta del suelo y vuelve a intentar picar el carbón que todavía queda entre la pared de roca, aunque temeroso al no saber qué más pudiese pasar. Y al igual que antes, además de carbón, también se desprenden más esferas brillantes de la roca natural, que igualmente son absorbidos por su cuerpo, mismo que sucede cada vez que pica más de este mineral, y en cada ocasión tanto el tamaño como la cantidad de los orbes varían, llegando el punto en el que ya no se sorprende por el comportamiento tan extraño de estas… cosas. Aunque todavía más extraño, él cree ya haber tenido una experiencia así, como si esta no hubiera sido la primera vez que se relaciona con estas esferas, asegurando que las obtuvo de una forma diferente en algún otro momento, ya que recuerda haber tenido la misma sensación que ahora, concretamente, cuando sacó las chuletas de cerdo cocinadas del horno de piedra. Además, cree que ese debe ser el único momento y de mayor sentido en el que pudo haber conseguido más de estos orbes sin darse cuenta, pues en ese momento todavía se encontraba somnoliento. Así que lo más probable es que al cocinar también aparezcan estas esferas intangibles y curiosas, aunque solo es una mera especulación de él. Realmente, la única forma de estar seguro de lo que cree sería comprobándolo, pero por ahora deja de lado este tema y decide usar una parte del carbón que consiguió para crear unas cuantas antorchas e iluminar la cueva, y la otra parte la guarda para otra necesidad.

Para probar la funcionalidad de las antorchas, el hombre procede a colocar una en la cueva, aunque es justo en este momento cuando se da cuenta de que no tiene cómo encenderla, lo cual es un gran problema. No obstante, este imprevisto se soluciona por sí solo, ya que, justo cuando toma la antorcha con su mano, esta se prende en llamas de manera instantánea, al igual que como sucedió con el horno de piedra.

Posteriormente, ahora con una fuente de luz manipulable, el hombre avanza con mayor confianza picando la roca durante un largo tiempo, encontrando así un poco más de carbón, pero también un nuevo mineral adherido a la roca, casi con las mismas características que el carbón, solo que este es de tonalidad café claro. Además, al picarlo, dicho mineral no se separa totalmente de las rocas, al contrario de como sucede con el carbón. De cualquier manera, el hombre logra picarlo, aunque sin poder deshacerse por completo de las rocas que lo cubren. Aun así, es suficiente para que el libro lo identifique, mencionando que se trata de “Mineral de hierro”, con el cual, por alguna razón, no se puede crear absolutamente nada, o al menos el libro no muestra algo relacionado, intuyendo el hombre que lo más probable es que se deba a que el objeto principal está mezclado con la roca. He ahí el dilema. Pero si ese es el verdadero problema, ¿cómo podría separar la roca del mineral? Luego de pensarlo con detenimiento, lo único que se le ocurre, al no poderse valer de la mesa de trabajo para transformar el objeto en cuestión, según lo indica el libro, es recurrir al horno de piedra como su última opción, con el fin de extraer el mineral por medio de calor, aunque por ahora decide guardar el mineral de hierro obtenido y seguir picando por si encuentra algún otro objeto nuevo. Sin embargo, su actividad se interrumpe tan pronto se le rompe el pico de piedra, habiendo conseguido todavía un poco más de carbón y otros dos minerales de hierro más, mismos que le sirvieron para comparar su extracción y darse cuenta de que, a diferencia del carbón, de estos no aparecen más orbes brillantes, lo cual le resulta un poco extraño, aunque aun así sigue sin comprender la utilidad de esos objetos, así que no le toma mucha importancia.

Una vez el pico de piedra está destruido, el hombre se da cuenta de que ya no tiene más tablones de madera ni troncos para hacer más, por perder una gran parte cuando intentó encender el horno; tan solo algunos palos de madera que alcanzan apenas para un pico de piedra nuevo y otra antorcha más. Siendo así, utiliza los palos para crear otro pico de piedra, pero no para seguir picando, sino para tenerlo listo cuando tenga que necesitarlo de nuevo, pues, considerando que ya ha paso bastante tiempo bajo tierra, decide salir a la superficie de una vez por todas. Entonces, enseguida echa un vistazo hacia el exterior, reconociendo que no hay ningún peligro a la vista y que aún queda mucha luz del día por delante. Por lo cual, recoge todas sus cosas de la cueva y sale con toda confianza, teniendo en mente explorar el territorio en el que se encuentra. Pero antes, por curiosidad, voltea hacia el lugar donde había visto al esqueleto al amanecer, en donde, extrañamente, solo ve los que parecen ser huesos en el suelo; sin olvidarse tampoco de la bestia explosiva, de la cual no hay rastro alguno.

Sea lo que sea que haya sucedido con aquellos monstruos, el hombre no se preocupa más por eso, sino en aprovechar la luz del sol para ser productivo. Entonces, comienza por conseguir una gran cantidad de recursos, suficientes para poder construir un hogar en mejores condiciones que su refugio en la cueva, principalmente madera, aprovechando, en cuanto puede, para hacer un hacha de piedra, la cual mejora aún más el proceso de tala de los árboles. Al mismo tiempo, va recorriendo la zona en busca de un lugar adecuado para cimentar su casa.

Después de un largo rato rondando por el campo y talando más árboles, el hombre por fin llega a una zona mayormente llana y sin tantos árboles, perfecto para construir una casa. Además, ve unas cuantas gallinas corriendo por los alrededores. Sin duda, un panorama hermoso que le sube el ánimo, ya que se trata de algo que difiere de la existencia de los monstruos aterradores.


Como ya había pasado mucho tiempo y la noche no tardaría en llegar, el hombre investiga de inmediato el nuevo territorio. Y cuando parece encontrar el lugar indicado para su hogar, empieza por establecer las dimensiones que este tendrá. Es así como, sin retraso alguno, da inicio a la construcción, comenzando por el suelo, el cual debe ser considerablemente grande para tener espacio suficiente. Una vez definido el tamaño, procede a cavar un poco en la tierra para sustituir el suelo de césped por los tablones de madera de abedul que recolectó, pues considera que quedarían bien para su casa, o al menos mejor que dejarlo así; para lo cual tuvo que crear una pala de piedra. En cambio, las paredes serán de piedra, pensando en que así su casa resistirá incluso la detonación de una bestia explosiva… probablemente. Mientras que el techo también será de madera, pero ahora de roble, pues no cree contar con suficiente madera de abedul ni piedra para hacerlo.

No obstante, a pesar de que construir resulta ser bastante fácil gracias al manejo y colocación tan prácticos de los objetos en este mundo, por el poco tiempo que disponía, el hombre apenas alcanzó a terminar de construir las paredes de piedra antes de que el sol se ocultara, incluyendo el establecer la que será la entrada, a la que concluye colocando dos puertas de madera de roble para su fácil acceso; por lo que no tuvo más opción que terminar con lo faltante al día siguiente.

Por ahora, bajo la seguridad de cuatro paredes de piedra sólida, el hombre se dispone a organizar el interior de su nueva casa, colocando la mesa de trabajo, el horno de piedra, el cofre de madera y antorchas para iluminar.

Al final de todo, el resultado es una casa en muy buenas condiciones y de buen aspecto…, omitiendo el hecho de que todavía no está concluida, al menos la menor parte, y que no resulta muy acogedor encerrarse por cuatro grandes muros de piedra que bloquean la vista al exterior.

CAPÍTULO 2

Invitados indeseados

Al llegar la noche, el hombre aprovecha para “cocinar” el mineral de hierro que consiguió en la cueva, así que mete una gran parte del carbón en su horno de piedra junto con el mineral en cuestión para probar si sus sospechas son ciertas. Luego de un rato, cuando el calor del horno ya era muy intenso, el hombre pudo observar cómo se separaba la roca sobrante del mineral, mismo que se fundía en un rojo intenso hasta formar algo parecido a un ladrillo pequeño. En este momento, al ver que no pasaba nada más, saca dicho objeto del horno, y aunque al principio se quemó la mano por estar a una gran temperatura, un instante después el ladrillo dejó de arder, por lo que ahora pudo volver a tomarlo con seguridad. Curiosamente, al mismo tiempo que sacó el mineral del horno, de este aparecen orbes brillantes como los que había conseguido antes. Pero lo más importante es que su libro no tardó en mencionar que dicho ladrillo es un “Lingote de hierro”, mostrando además nuevas recetas, para crear “Palas de hierro”, superando a las de madera y piedra; y “Pepitas de hierro”.

Examinando el lingote, el hombre reconoce que este es bastante duro y pesado, incluso en su forma a escala. Pero lo que realmente le extraña es que con él solo puede crear palas, de entre tantas herramientas más que ha visto en el libro.

“¿Por qué solo palas?”, se pregunta. Y en la búsqueda de la razón, llega a su cuestionamiento la otra creación que le facilita el libro: las pepitas de hierro, mismas que podría conseguir al transformar el lingote de hierro…, pero en una cantidad limitada… o, mejor dicho, equivalente a la cantidad de hierro del lingote. Entonces, llega al hombre el pensamiento de que quizá el libro solo muestra las posibles creaciones que él puede hacer, siempre y cuando cuente con los materiales y cantidades necesarios, lo cual explicaría por qué no puede crear otras herramientas, como picos, espadas, hachas…; mismas que evidentemente exigen una cantidad de material mayor al de una simple pala. Y, de hecho, eso lo puede verificar al revisar las recetas de las herramientas de madera y piedra, las cuales demandan cantidades de material variables entre sí.

La suposición parece tener lógica, pero, una vez más, no será un hecho hasta que el hombre mismo confirme que tiene razón. Para su fortuna, recuerda que tiene otros dos minerales de hierro más, los cuales serán la clave para sacarlo de sus dudas, pues con ellos podría conseguir otros dos lingotes de hierro, que, en teoría, junto con el que ya tiene, debería ser suficiente para crear otras posibles herramientas de hierro además de la pala, basándose en las recetas ya conocidas de estos artículos.

Por lo tanto, esperanzado, el hombre mete al horno los minerales de hierro que tiene, y espera ansioso a que se fundan en bloques homogéneos. Una vez consigue los dos lingotes de hierro, inmediatamente revisa su libro, y, para su suerte, confirma que su hipótesis es acertada, ya que el libro muestra cómo crear “Espadas de hierro”, “Picos de hierro”, etcétera. Además, aparecen otras recetas, las cuales muestran cómo crear “Escudos”, “Placas de presión de hierro”, “Ganchos para hilo”, “Tijeras” y “Cubetas de hierro”.

Sin embargo, no todo es alegría, pues ahora sabe que podrían existir variantes de las creaciones que no podrá descubrir sino hasta que tenga los materiales exactos y suficientes.

Como sea, ahora con los tres lingotes de hierro, el hombre tiene la facilidad de crear una espada de hierro, que es la opción más sensata que optar por otra cosa, priorizando su seguridad, aunque con el pesar de no haber tenido la oportunidad de probar la espada de piedra.

Como sea, al final le quedó solo un lingote de hierro, con el cual, para lo único en lo que lo podría emplear y que a la vez valiera la pena, era en hacer un escudo. Siendo así, junto con unos cuantos tablones de madera, se dispone a crearlo. Quizás le podría servir para protegerse de un ataque por parte de una bestia explosiva…, aunque lo duda mucho…

Ya con el nuevo equipamiento tan sobresaliente y diferente a las variaciones de materiales inferiores, el hombre queda maravillado y con una gran alegría en el rostro, sobre todo por la hermosa, uniforme, reluciente y afilada espada de hierro de doble filo y para una sola mano que creó con gran facilidad en su mesa de trabajo. Simplemente, no puede esperar a probar sus nuevas creaciones… Y precisamente ahora, el destino actúa ante su impaciencia…, ya que, justo en el momento en el que termina de crear su escudo, la tranquilidad en su casa se ve interrumpida por fuertes golpes contra las puertas de su humilde morada. Por instinto, voltea hacia la entrada de su casa en busca de la causa de dichos golpes, pero en este mismo instante, mientras observaba a través de las ventanillas de las puertas con suma atención, estas sorpresivamente ¡se destruyen!, y con ellas la seguridad desaparece. Resultando en un gran agujero en la entrada por donde ingresaría con gran facilidad cualquier intruso.

La sorpresa y miedo en el hombre son evidentes, pero sobre todo la incertidumbre de no saber cuál es la causa de tal atentado en su hogar. Al principio, imaginó que el culpable sería una bestia explosiva, pero, pensándolo mejor y tomando en cuenta los golpes consecutivos y el posterior destrozo de las puertas no correspondientes a una explosión, asegura que no es posible, principalmente porque en ningún momento escuchó el estruendo propio de una. No obstante, ahora que existe la oportunidad, no es de tardar que el causante se haga presente para profanar su hogar, y, como él ya sospechaba, aquel… o, mejor dicho, aquellos que invaden su aposento no constan de una bestia explosiva, y tampoco de un esqueleto (al menos por ahora)…, sino de dos criaturas aterradoras de apariencia similar al hombre, solo que de piel verdosa, ojos completamente blancos, con ropa simple, aunque desgarrada; con heridas de todo tipo por todo su cuerpo y sin algunas de sus extremidades…; en pocas palabras, de aspecto moribundo; los cuales se comportan de una manera muy extraña, incluso el traspasar la entrada les resultó muy complicado a pesar del gran agujero que hicieron, como si su cuerpo no les respondiera adecuadamente… Pero eso no quiere decir que sean inofensivos. De hecho, haber destrozado en pedazos las puertas de madera dice lo contrario. Además, sus movimientos un tanto torpes y lentos no son impedimento para que estos monstruos no hagan más daño del que ya hicieron.

Aunque tembloroso y con bastante miedo, el hombre reacciona enseguida y reconoce que estos invitados no buscan nada bueno en su casa, los cuales, acompañados por un hedor putrefacto y gruñidos anormales, podrían ser más peligrosos de lo que aparentan. Por lo cual, antes de que ellos actúen primero, el hombre rápidamente empuña su nueva espada de hierro en una mano y su escudo en la otra, logrando detener a uno de estos monstruos con su escudo mientras ataca a otro con su espada, aunque con dificultad por la obvia falta de práctica, para luego repetir lo mismo con la anterior, acabando así con ambas con cortes precisos y facilitados por su letal arma. Aunque, por ser la primera vez que maneja una espada así, de peso, capacidad y calidad notables, tan diferente a las de madera y piedra que una vez empuñó; al mismo tiempo que usa un escudo con la otra mano, sus primeros ataques resultan ser torpes y poco letales, permitiendo que el primer monstro se le acercara los suficiente para rasguñarle el brazo con fuerza, causándole un poco de daño, además de que este seguía moviéndose incluso después de haber recibido varios espadazos.

De cualquier manera, justo luego de acabar con esas criaturas, el hombre, todavía agitado, revisa su libro al reconocer que este reaccionó ante un nuevo descubrimiento, llenando una página con nueva información, esta vez acerca de estos monstruos que hasta ahora desconocía, a los que llama “Zombis”, y describe de esta manera: “No está ni vivo ni muerto, se mueve lento y con el estómago gruñendo, buscando a alguien indefenso. Pero solo con la ausencia de luz solar, pues su piel no es para broncear.”… Aunque ahora no es momento de distraerse, sino de centrarse en bloquear la entrada de su morada antes de que entren más monstruos, por lo que de inmediato guarda su libro y decide reparar el daño en la entrada de su casa…, aunque para este momento ya es tarde, pues, como si estuviesen esperando la oportunidad, comienzan a entrar más criaturas hostiles una tras otra, entre ellas más zombis, esqueletos e, inclusive…, una temible bestia explosiva.

Mientras los zombis se acercan lentamente al hombre, los esqueletos atacan desde la retaguardia disparando flechas hacia él, quien, arrinconado en su propio hogar, como última opción, decide pelear de frente contra todos los monstruos. Entonces, superando su pavor, se abalanza contra los zombis para acabar rápidamente con ellos y de alguna manera acercarse a la entrada para intentar bloquearla con piedra lo antes posible. Aunque, desgraciadamente, pese a que son solo un par, los esqueletos frenan sus movimientos con flechas certeras y veloces. Para empeorar la situación, al entretenerse demasiado en acabar con los zombis y sin poder avanzar, de entre todos los monstruos aparece la bestia explosiva, la cual entra al interior de la casa y se acerca al hombre sin complicación alguna…, e inmediatamente… ¡comienza a inflarse! igual al primer encuentro que tuvo con otra de su especie…, e, indiscriminadamente, esta horrible criatura ¡explota! en cuestión de segundos, matando a la gran mayoría de los monstruos dentro de la casa. Pero antes de que esto sucediera, el hombre, quien ya había experimentado un encuentro así, pudo reaccionar a tiempo para cubrirse con su escudo, el cual, afortunadamente, bloqueó gran parte del daño provocado por la devastadora explosión, mas no es así con la inmensa potencia producida, la cual lo golpea directamente, lanzándolo contra la pared de piedra de detrás.


De cualquier forma, aunque aturdido y un poco adolorido, el hombre pudo soportar el devastador ataque de la bestia explosiva, mientras que los monstruos cercanos no corrieron con la misma suerte… Pero eso no quiere decir que el peligro haya pasado. La entrada sigue expuesta y debe hacer algo para que no entren más monstruos a su casa. Para lo cual, inmediatamente después de recuperarse de la repentina detonación, se esfuerza por levantarse del suelo y corre hacia el hueco agrandado de lo que queda de su hogar, quitándose del camino a las pocas criaturas que sobrevivieron a la explosión y a las que había afuera. Y de la misma forma en la que construye, cubre todo el agujero de la pared con la poca piedra que le quedaba, evitando así que más monstruos irrumpan en su hogar, aunque con bastante dificultad… y miedo.

Pero no recupera la calma y seguridad de antes sino hasta estar completamente seguro de que no hay ni un solo hueco por el que puedan pasar más monstruos, y de que todos los que están adentro están “muertos” (si es que se les puede decir así).

Ya habiendo pasado lo peor, el hombre revisa cuánto daño recibió su casa, encontrando, además de un gran agujero en el suelo y pedazos de madera y piedras por todas partes, unos cuantos huesos de los esqueletos, algunas tiras de carne podrida nada apetecible entre los cuerpos de los zombis y una pizca de destrucción por parte de la bestia explosiva, pero también una gran cantidad de orbes brillantes alrededor de todos los cadáveres esparcidos por el piso.

Después de todo el alboroto, el hombre se sienta en un rincón de su casa aún con miedo, aferrándose a su espada y escudo como única protección, intentando asimilar lo que acaba de suceder. Para tranquilizarse un poco, intenta apartar su mente de los temibles monstruos de este mundo desviando su atención en su libro, encontrando en él que con los huesos que consiguió de los esqueletos podría crear “Polvo de hueso”, que no sabe para qué sirve, pero es bueno saberlo; de la carne putrefacta, parte del cuerpo de los zombis, solo señala que se trata de “Carne podrida”, y que para lo único que sirve es para comérsela…, aunque no debería ser una alternativa.

Cuando ya parecía estar más calmado, el hombre, luego de pasar por un día agotador y de diversas emociones, poco a poco va cerrando los ojos, hasta quedar completamente dormido.

Al día siguiente, cuando el hombre por fin despierta, traumatizado por la experiencia de ayer, lo primero que hace es mirar a todos lados con detenimiento, temeroso y con una mirada rígida, aparentemente por haber escuchado sonidos extraños al otro lado de las paredes de piedra a lo largo de toda la noche, mismos que hicieron más difícil el poder descansar. Aunque enseguida reconoce que afuera no hay ningún ruido…, lo cual también parece muy sospechoso… Además, observa que su casa no fue atacada mientras estuvo dormido, así que no tiene por qué seguir asustado.

Después de recuperar su confianza y levantarse del suelo, aunque con dolor en su espalda por no dormir cómodamente, se da cuenta de que los cadáveres de los zombis habían desaparecido por completo, como si nunca hubieran estado aquí, lo cual le sorprendió, aunque no le tomó mucha importancia. De hecho, le favoreció que esto pasara, pues no querría tener cadáveres en descomposición en su casa.

Entonces, aprovechando que su casa todavía no tiene techo, el hombre simplemente voltea hacia arriba para darse cuenta de que la oscuridad de la noche ya había pasado, afirmando que es un buen momento para salir al exterior. Así que, sin perder más tiempo, hace un agujero en la pared de su casa y asoma su cabeza hacia afuera, afortunadamente, sin ver algún otro monstruo a su alrededor, lo cual es increíble, ya que no veía nada más que monstruos a donde volteaba la noche anterior; y siendo así, no hay razón alguna para seguir encerrado en su casa. En tal caso, por fin sale de su hogar, y para comenzar con un nuevo día productivo, mientras reconstruye el suelo y entrada de su casa, considera que debería mejorar su vivienda, y esto incluye terminar de construir el techo, pues asegura que más monstruos podrían aparecer y atacarlo en cualquier momento, lo cual es muy probable por lo que vivió por la noche; enfocándose especialmente en la entrada de su casa, ya que, como se vio, unas simples puertas de madera no son lo más adecuado para mantener a raya a los monstruos. Aunque tal inconveniente podría no ser tan difícil de solucionar, pues considerando que ahora conoce un material mucho más resistente que la madera, refiriéndose al hierro, de alguna manera podría reforzar la entrada de su casa incluyendo dicho mineral, el cual debería poder sobreponerse a los ataques de los zombis y de cualquier otro monstruo. Pero con esto aparece un nuevo problema, que es la falta de lingotes de hierro, mismos que obviamente son imprescindibles para poder reforzar las puertas. Y para dificultar todavía más las cosas, la comida comienza a escasear, ya que luego del desgastante encuentro de ayer, acabó con las chuletas de cerdo cocinadas para recuperar su salud y energía, y tampoco es que tenga más manzanas para seguir dependiendo de ellas.

Priorizando el alimento, el hombre pensó en aprovechar el día para atrapar algunas de las gallinas que se encontraban rondando los alrededores, pero su intención no es matarlas…, al menos no por ahora; sino criarlas, ya que de esa manera tendría una forma de conseguir comida fácilmente y por bastante tiempo. Aunque para eso tendría que construir un lugar especial para que no se escapen una vez las atrape. Pero esto no supone un gran problema, pues sabiendo cómo crear vallas de madera desde hace ya un tiempo, podría construir un corral para todas las gallinas sin mayor complicación.

Respecto al problema de conseguir hierro, el hombre piensa que podría “picar” una nueva cueva cerca de su casa para no tener la necesidad de ir a en la que estuvo la primera noche, y así, en lugar de arriesgarse y exponerse al peligro, tendría a su disposición comida y minerales de una manera más fácil.

Entonces, el hombre empieza por crear unas cuantas vallas de madera en su mesa de trabajo, las cuales enseguida lleva a un costado de su casa, donde cree que sería un buen lugar para construir el corral, erigiendo así la estructura que contendrá a las gallinas. Y ahora llega lo complicado: atraparlas y encerrarlas en él.

En el intento de lo antes mencionado, la suerte no está a favor del hombre, pues en cuanto se acerca tan solo un poco a las gallinas, estas inmediatamente huyen lejos de él. Y por más que corre detrás de ellas intentando acorralas de alguna manera, no puede siquiera tocarles una sola de sus plumas.

Y así fue pasando el tiempo, cada vez frustrándose más por no poder atrapar a estos simples, pero escurridizos animales. Y aún más al ver cómo el sol se va ocultando poco a poco y al corral aún vacío.


Después de un muy largo tiempo persiguiendo a las gallinas sin la suerte de su lado, el hombre cae rendido al suelo, ya sin esperanza de atrapar alguna gallina el día de hoy… Aunque, mientras observa a las gallinas con desprecio, se da cuenta de que estas parecen picotear varias veces una cierta parte del césped, como si estuvieran buscando algo.

Intrigado, el hombre se levanta y se acerca a esa parte del pasto en específico, encontrando unas cuantas semillas entre la hierba, las cuales, en cuanto las toma con sus manos, de inmediato llaman la atención de varias gallinas que se encontraban cerca. Es entonces cuando se percata de que las gallinas se sienten atraídas por estas semillas, así que ahora, en lugar de centrarse en perseguirlas, comienza a buscar más semillas por todas las hierbas que hay por el campo.

Al conseguir una buena cantidad de semillas, simplemente con tenerlas en las palmas de sus manos, las gallinas siguen al hombre por sí solas, y de esta manera lleva a algunas hacia el corral, en el que lanza todas las semillas que tiene para asegurarse de que ninguna gallina se quede fuera de él.

Al final, el hombre se detiene un momento para observar a las gallinas dentro del corral con gran alivio, como fruto de su perseverancia…, aunque en realidad se había rendido luego de un tiempo persiguiéndolas. Pero, sorprendentemente, en este momento se da cuenta de que algunas gallinas comienzan a poner huevos, prácticamente después de comer algunas de las semillas dispersas por el suelo, lo cual es algo muy raro, ya que en el corral solo hay gallinas… De hecho, ahora que lo piensa, el hombre no ha visto ni un solo gallo por toda la zona…, por lo que resulta extraño que estén preñadas. Sea como sea, con el tiempo, de los huevos saldrán más gallinas, y eso significa más comida.

Desgraciadamente, al hombre le tomó gran parte del día conseguir meter a las gallinas al corral, por lo que crear ahora una cueva desde la superficie le costaría mucho más tiempo del que tiene, y correría el riesgo de ser alcanzado por la noche y las amenazas que se ocultan en ella. Entonces, al no poder crear él mismo una cueva como lo tenía planeado, en su lugar, decide dirigirse a la entrada de una cueva que había visto antes por el campo mientras perseguía a las gallinas, imaginando que, pese a ser una cueva oscura e inexplorada, sería un buen lugar para buscar más minerales. Pero no sin antes sacrificar a un par de gallinas para conseguir su carne, y luego cocinarla en el horno de piedra para así tener al menos un poco más de alimento para la exploración de la cueva; además de un par de sus plumas, las cuales por ahora simplemente guarda en su cofre de madera.

Cuando llega a la entrada de la cueva natural, el hombre se detiene un momento para asegurarse de que esta es la mejor opción, mirando detenidamente el interior sombrío de la misma. Pero no pasa mucho tiempo hasta que por fin se anima a adentrarse, principalmente al pensar que sería más peligroso estar en el exterior con el riesgo de ser atacado por más monstruos que dentro de la cueva en un espacio más reducido, donde sería más fácil defenderse de los peligros que le esperen de frente; obviamente, con su espada y escudo en manos por precaución.

Sin más tiempo que perder, entra a la caverna con mucha cautela, iluminando cada rincón con antorchas y atento a cualquier indicio de los minerales que precisa, específicamente, carbón y mineral de hierro, encontrando así varios de estos ejemplares a tan solo unos pasos de la entrada, y sin dudar en detenerse para picarlos.

Desafortunadamente, no todo es felicidad, ya que, justo luego de guardar los minerales, una flecha proveniente de más al fondo de la cueva se clava en la roca a un costado del hombre… apenas rozándole, lo cual obviamente lo interrumpe y atrae su atención, así que rápidamente voltea hacia la parte de la cueva de donde salió disparada la flecha, aunque, por culpa de la oscuridad, no es hasta que lanza una antorcha a ese lugar cuando logra ver un esqueleto apuntando su arco hacia él, pero además, cuando tropieza al retroceder por la sorpresiva aparición de ese monstruo, divisa unos intensos y aterradores ojos rojos ocultos en las sombras y colgando del techo de la cueva, justo encima del esqueleto, y no es hasta que aquello se lanza hacia él cuando se da cuenta de que se trata de otra criatura monstruosa, misma que ahora está tan cerca que puede reconocerla a la perfección, siendo esta ¡una araña gigante! de aspecto y tamaño sumamente intimidantes, alcanzando casi la altura del hombre y con unos enormes y afilados colmillos. Pero en esta situación no es momento para contemplar las horripilantes cualidades del monstruo que ahora se encuentra a un suspiro de él, quien, por desgracia, no puede hacer uso inmediato de su espada de hierro, pues la había guardado en su pantalón para picar el carbón y mineral hierro, aunque, en cambio, sí tiene a la mano su pico de piedra, mismo con el que logra ahuyentar a la araña gigante justo antes de que ella lo atacara primero, obligándola a retroceder. Inmediatamente después, el hombre se levanta del suelo…, aunque no lo suficientemente rápido para evadir una segunda flecha disparada por parte del esqueleto, la cual le provoca una profunda herida en su torso, aunque no letal. Para evitar que eso vuelva a suceder, el hombre rápidamente tira al piso la antorcha que llevaba en su mano izquierda, y así tener una mejor maniobrabilidad con el escudo que tiene equipado, justo a tiempo para protegerse con él de una tercera flecha lanzada desde el fondo por el esqueleto, al que enseguida planea acercársele para golpearlo con su espada de hierro, a la cual cambia de lugar en su bolsillo con su pico. Pero justo en el instante en el que empuña su espada, la araña gigante lo enfrenta de nuevo, lanzándose contra él de la forma más espeluznante que se podría imaginar de un monstruo tan aterrador e intimidante como lo es este, a lo que el hombre responde cubriéndose con su escudo. Sin embargo, la araña lucha desesperadamente por pasar a través del escudo y alcanzar al hombre con sus peligros colmillos y peludas patas, mientras que él apenas puede soportar el peso y la fuerza que la araña ejerce contra su escudo.

Al darse cuenta de que está perdiendo en fuerza contra la araña gigante, el hombre opta por girar hacia atrás y usar el impulso a su favor. De esta manera, apoyando su espalda con el suelo de la cueva, lanza lejos a la araña gigante con su escudo, e inmediatamente rueda y se levanta del piso, y, anticipándose al siguiente movimiento del esqueleto, usa su escudo para bloquear otra flecha más disparada, y enseguida, antes de que la araña se recupere y lo ataque por la espalda, voltea y la parte a la mitad con un fuerte golpe certero de su espada, matándola al instante. Posteriormente, ahora que nada más puede interponerse entre él y el esqueleto, de inmediato se le acerca mientras se protege con su escudo de las flechas que este le dispara, frenando sin problemas estos proyectiles, y acabando así fácilmente con él al tenerlo acorralado en esta estrecha cueva.


Al final, todavía un poco alterado y asustado, aunque muy sorprendido por haber logrado acabar con dos monstruos aterradores movido únicamente por mero instinto, y recibido solo una herida que sanará con el tiempo.

Al haber sido su primer encuentro con una araña gigante, el hombre revisa su libro, descubriendo, al igual que las otras veces, el nombre de dicha criatura, en este caso, “Araña gigante” (un nombre muy superficial), junto con su respectiva descripción: “Por la noche es violenta; por el día es neutra. Le encanta merodear en la oscuridad de cualquier cueva, pero también al exterior a sus grandes colmillos lleva.”.

Dejando de lado el libro por la poca información útil que ofrece, el hombre, luego de recoger algunos huesos íntegros del esqueleto que mató, se acerca al cadáver de la araña gigante en busca de algo que le pudiera servir, encontrando así tres “Hilos de seda” y un “Ojo de araña” (según el libro) como recompensa, o al menos así lo interpreta él por haber acabado con esos monstruos. Con ello, además descubre que con el hilo puede crear “Arcos” como los de los esqueletos, y “Cañas para pescar”, herramientas que le serán de mucha ayuda en un futuro.

Continuando con la exploración de la cueva, el hombre va encontrando más minerales entre más sigue adentrándose, aunque también más monstruos, cada uno muy problemático, especialmente las bestias explosivas. Aunque para él, no son más que una forma de entrenar y fortalecerse, y superar así su temor a ellas…, a menos de que se tope con varios al mismo tiempo. Eso implicaría una mayor dificultad.

Después de seguir por un largo tiempo por la cueva, el hombre se da cuenta de que esta comienza a reducirse cada vez más, como si estuviera a punto de llegar al final. Y no se equivoca, pues no tarda en toparse contra una pared de roca, siendo este el límite de la gruta. O esto creyó, hasta que, justo antes de voltear y regresar por donde vino, logra ver una gran grieta en una parte de la pared de roca que detuvo su paso, la cual llama mucho su atención, ya que, por alguna razón, de ella sale una luz tenue, por lo que no duda en acercarse para mirar a través de dicha fisura, descubriendo así que del otro lado hay ¡otra caverna!, y mucho más amplia que la que acaba de recorrer, aunque, por esta misma razón, esta alberga una gran cantidad de monstruos, como bestias explosivas, esqueletos, zombis y arañas gigantes por todas partes. Pero también en otra parte alcanza a ver algo brillante, lo cual seguramente sea el origen de la luz que lo incitó a investigar la abertura.

Al mirar fijamente aquella parte de la cueva, se da cuenta de que lo que está iluminando esa zona parece ser… ¡lava ardiente!


Maravillado por encontrar una enorme cueva potencialmente rica en minerales, el hombre planea adentrarse en ella para conseguir todo lo que pudiese encontrar…, pero no ahora, ya que reconoce que no está preparado para incursionar en esta inmensa caverna, pues además de la posibilidad de albergar muchos minerales, también hay una gran cantidad de monstruos sumamente agresivos, los cuales acabarían con él con gran facilidad y en un santiamén, sobre todo al no tener otra cosa más que su espada y escudo como ofensa y defensa efectivas, sin olvidar que acabó con las dos gallinas cocinadas que trajo consigo y la mayoría de sus manzanas para recuperar su salud y energía que perdió en los enfrentamientos durante el recorrido hasta aquí. Por lo cual, no le queda otra opción más que optar por salir de la cueva y dejar la exploración de la esta nueva para otra ocasión.

Siendo así, después de un largo tiempo picando y picando, el hombre recorre sin problemas el trayecto de vuelta por las antorchas que en cada momento fue dejando para iluminar la extensa gruta, hasta salir exitoso y sin mayor contratiempo a la superficie, pues ha conseguido considerables cantidades de carbón y mineral de hierro gracias a su rápido entendimiento sobre las características en las que se dan estos minerales, lo cual le permitió encontrar más ejemplares de una manera más fácil y rápida que la vez anterior, estando el mineral de hierro listo para ser fundido en lingotes.

Ya en un futuro, cuando esté mejor equipado, volverá para dar algo más que echar un vistazo a lo que le espera más allá de la grieta al final de la cueva.

Cuando el hombre por fin sale al exterior, exhausto, pero literalmente con los bolsillos llenos de una gran cantidad de minerales que recolectó, regresa por fin a su hogar, por suerte, justo al amanecer de un nuevo día.

En cuanto llega a su casa, que por cierto está exactamente igual a como la dejó, reabastece su horno de piedra con el carbón que consiguió e introduce también todo el mineral de hierro que tiene. Y como su impaciencia es notable ante el lento proceso de fusión del hierro, decide crear un segundo horno de piedra, en el que mete la mitad del mineral de hierro y carbón para optimizar dicho proceso al doble de velocidad. De esta forma, en poco tiempo consigue una gran cantidad de lingotes de hierro, mismos que “despiertan” a su libro, el cual muestra nuevas e interesantes recetas, para crear cosas como “Puertas de hierro”, “Vagonetas”, “Trampillas de hierro”, “Barrotes de hierro”, “Tolvas”, “Calderos”, “Bloques de hierro” y, lo más sorprendente y ansiado, ¡armaduras de hierro!

El hecho de poder crear una armadura de hierro que pueda defenderlo de los ataques de los monstruos a los que se enfrente, indudablemente, atrae el interés del hombre, pero también otra de las creaciones mencionadas: las puertas de hierro, pues son justo lo que requería para recuperar la seguridad al interior de su propia casa.

Por otro lado, en un arrebato de hambre, el hombre interrumpe su admiración por la nueva información para comer unas cuantas manzanas, dándose cuenta así de que ya solo le queda un par con las que alimentarse, por lo que tendrá que conseguir más comida aparte de estos jugosos frutos, los cuales no aportan mucha energía; y de las gallinas cautivas en su corral, ya que aún no es momento para sacrificarlas.

Pero, luego de haber estado mucho tiempo dentro de una cueva y luchar contra varios monstruos, el hombre se encuentra muy sucio, apestoso y con algunas heridas ocasionadas por zombis, que, aunque leves, puede que terminen infectándose y causen más problemas, lo cual no lo deja concentrarse, así que decide tratar de quitarse de encima el hedor impregnado por las peleas contra los zombis y demás inquietudes. Aunque el problema está en cómo eliminar dichas preocupaciones. Es entonces cuando se le ocurre que podría bañarse en el estanque de agua donde encontró a los cerdos salvajes por primera vez…, pero la distancia y el tiempo que ello implica no lo convence de ir. No obstante, en el momento en el que salió del territorio repleto de árboles de roble y abedul y encontró esta llanura, recuerda haber visto un río no muy lejos de donde ahora está asentada su casa, en el que fácilmente podría asearse y a la vez refrescarse, además de que así conocería nuevos lugares.

Entonces, sin pensarlo mucho más, el hombre decide dirigirse al río que vio hace un tiempo. Pero antes de salir de su casa, saca tres lingotes de hierro ya endurecidos de su horno de piedra y crea una cubeta de hierro con ayuda de su mesa de trabajo y su libro, con la finalidad de poder traer agua del río por si en algún momento llegara a necesitarla. Por ejemplo, usarla para enfriar la lava que había visto en la gran cueva a un punto en el que no sea peligrosa.

Una vez crea la cubeta de hierro y la guarda en su pantalón, el hombre sale de su casa y les da unas cuantas semillas más a las gallinas de su corral para que sigan poniendo más huevos. Posteriormente, ahora sí se dirige en la dirección hacia donde supuestamente se encuentra el río, al que por fortuna encuentra después de un rato caminando mientras observaba sus alrededores, quedando maravillado en el instante en el que llega y ve las calmadas corrientes de agua cristalina.

Al contemplar del río hasta donde alcanza su vista, reconoce que este es bastante extenso, un poco ancho y no tan profundo; con aguas tan transparentes que incluso se puede apreciar todo el fondo. Pero más increíble aún fue el darse cuenta de la presencia de peces nadando a lo largo de este cuerpo de agua.


Instantáneamente, al identificar el río como una nueva fuente de alimento, en el rostro del hombre se dibuja un gesto de alivio, ya que en algún otro momento podría volver para pescar y alimentarse de los peces que pudiese capturar. Pero por ahora, con gran satisfacción, entra al río y se da un baño relajante mientras nada junto con los peces.

Más tarde, sale del agua sintiéndose alguien nuevo, como si se hubiera deshecho de sus inquietudes; y enseguida se dirige de vuelta a casa, mas no sin antes llenar su cubeta de hierro con el agua fresca del río.

CAPÍTULO 3

Acechando desde las sombras

De camino a su hogar, curiosamente, el hombre vislumbra un rebaño de ovejas salvajes cubiertas de lana blanca pastando a espaldas de su casa, por lo que, obviamente, corre hacia ellas para intentar atraerlas a su corral, aunque lo único que consigue es espantarlas y alejarlas en la dirección opuesta. Y como no tiene nada que sirva para llamar su atención como con las gallinas, no tiene otra opción más que dejar de molestarlas hasta descubrir cómo atraerlas hacia el corral.

Retomando su camino a casa, pensando aún en las ovejas, imagina alguna forma para llamar el interés de esos animales, justo como hizo con las gallinas al seducirlas con semillas, solo que en este caso las ovejas fijan su atención en el pasto que abunda por todo el campo, por lo que el hombre no conseguirá atraerlas con algo que ellas mismas encuentran con gran facilidad; así que el césped no servirá para esto.

Al ya estar en la comodidad de su hogar, el hombre continúa con sus demás labores, como sacar los lingotes de hierro de los hornos de piedra y terminar de construir su casa, expresamente, en concluir el techo de una vez por todas. Y, mientras tanto, sigue pensando en el tema de las ovejas en busca de algo que le pueda servir para atraer su atención y encerrarlas en su corral.

Luego de bastante tiempo divagando en sus pensamientos, afirma que las ovejas no se interesarán en carne ni manzanas, sino solo en el pasto simple, del cual solo puede conseguir semillas, mismas que sirven para atraer a las gallinas, y aunque lo más seguro es que no consiga lo mismo con las ovejas, podría utilizarlas para cultivarlas de alguna forma, y así conseguir pasto de mejor calidad que sea de sumo interés para las ovejas, surgiendo esta idea por la receta para crear azadas que describe su libro, precisamente, para este tipo de actividad; ya sea de madera, piedra o hierro, con la que podría acomodar la tierra del campo de una forma en la que pueda cultivar las semillas que tanto les fascinan a las gallinas.

Con una idea clara en mente y un largo día por delante, el hombre, después de terminar con sus tareas incompletas, se dirige directamente a su mesa de trabajo para crear una azada de hierro, y enseguida sale de su casa en busca de un buen lugar para sus cultivos, siendo este a un costado de su hogar, donde clava de inmediato su azada en la tierra fértil para amoldarla de la mejor forma para que las semillas que plante puedan brotar sin problemas. Al terminar, lo que falta ahora son las semillas, así que comienza a buscar más de estas por toda la zona hasta conseguir suficientes. Y una vez las consigue, las coloca en los surcos de su campo de cultivos.

Curiosamente, luego de terminar de plantar las últimas semillas, el hombre se asegura de no haber olvidado ninguna, percatándose así de que las primeras que plantó salieron a la superficie, lo cual es extraño, pues juraría haberlas cubierto por completo con tierra, mas imagina que solo debió haber sido un descuido suyo, así que vuelve a enterrarlas. Pero en cuanto lo hace, al voltear a un costado, observa lo mismo con las otras semillas que plantó, viéndolas salir de la tierra una tras otra, como si la tierra las estuviera rechazando.


Ante tal reacción, el hombre comprende que algo está haciendo mal. Seguramente olvidó un paso muy importante, algo que debe estar omitiendo. Pero por más que piensa en cómo hacerlas crecer naturalmente, no encuentra la solución, lo cual es muy frustrante, ya que se supone que tienen un lugar adecuado, moldeado y expuesto a los rayos del sol; características ideales para el desarrollo satisfactorio de estos cultivos. Aunque simplemente no sucedía.

Por otra parte, la falta de comida y el desgaste físico comienzan a afectar el raciocinio del hombre, y al ver que sus cultivos literalmente no están dando frutos, decide dejarlos a un lado y aprovechar la luz del día restante para conseguir alimento más rápido. Y como todavía no quiere sacrificar más gallinas para este propósito, planea ir al río a intentar atrapar algunos peces… “Los peces del río… ¡Eso es!”, reflexiona el hombre, comprendiendo que el ingrediente que le falta a sus cultivos para que las semillas germinen es la fría y refrescante agua del río. Y al ser una especulación lógica, no duda en regresar a su campo de cultivos, cavar un agujero en la tierra e, inmediatamente después, verter el agua del río que antes recogió con su cubeta de hierro, observando así a la tierra de alrededor “absorbiendo” uniformemente el agua hasta alcanzar a las semillas, las cuales, ahora con todos los factores que requieren, poco a poco vuelven a integrarse por sí solas en la tierra húmeda y fértil, divisándose inclusive un pequeño tallo verde brotando de una semilla.

Lamentablemente, el agua que trajo consigo no es suficiente para distribuirse y humedecer toda la tierra en la que plantó la semillas, y, por lo tanto, algunas de ellas se mantienen aún en la superficie. Por consiguiente, el hombre decide regresar al río para traer más agua en su cubeta.

Así es como el hombre, muy emocionado, logra viajar dos veces al río y volver a sus cultivos trayendo más agua, pero en la tercera vez que llega al río, por su descuidado control de su apetito por el conocimiento y la experimentación, pasa por alto el transcurso del tiempo, dándose cuenta, de la peor manera, de que el sol está por ocultarse, percibiendo cómo lentamente la luz natural del sol va desapareciendo y toma su lugar la oscuridad de la noche que se aproxima rápidamente…, y con ella los monstruos. Por lo cual, él sabe que tiene que apresurarse a llegar a la protección de su casa, pues, por tantas distracciones que tuvo durante el día, no pudo centrarse en lo más importante: su vida misma, la cual corre peligro al andar en el exterior rodeado de criaturas monstruosas, sin olvidar que al final nunca creó la armadura de hierro que tanto había planeado hacer.


Desgraciadamente, el camino de regreso a casa es bastante largo, y ahora complicado por la oscuridad y la presencia de criaturas hostiles que aparecen por todas partes atacando al hombre, quien simplemente sigue corriendo hacia su hogar evitando enfrentamientos innecesarios e iluminando su andar con la luz de una antorcha, aunque en algunos momentos del recorrido las confrontaciones son inevitables, y se ve obligado a detenerse por unos instantes hasta que consiga abrirse paso de entre todos los monstruos, únicamente con la ayuda de su escudo, espada de hierro y la tenue luz de su antorcha.

Sin embargo, a pesar de la gran cantidad de monstruos atacándolo simultáneamente, los cuales dificultan de gran manera su avance, especialmente las arañas gigantes por su velocidad, los esqueletos que disparan flechas sin cesar y las silenciosas y sorpresivas bestias explosivas que aparecen de la nada; el hombre logra evitar daños graves gracias a que ya conoce las habilidades y cualidades de todas las criaturas hostiles que ve a su alrededor. Aunque por culpa de la falta de alimento en su cuerpo comete algunos errores, resultando en heridas ocasionadas por los ataques incesantes de los monstruos. De cualquier forma, se centra principalmente en llegar a su casa lo más pronto posible, antes de que su situación empeore todavía más.

Luego de una agitada y exhaustiva carrera, el hombre alcanza a divisar su hogar, y con un último esfuerzo, entra y cierra las puertas para que ningún monstruo entre… O esto último quisiera, solo que en este tan inoportuno momento se da cuenta de que su casa ¡no tiene puertas!, ya que, con todo lo sucedido, no tuvo tiempo para reemplazar las que los zombis destruyeron por puertas de hierro. Y sin nada que les impida el acceso a los monstruos, el hombre corre el riesgo de que se repita lo mismo que la otra noche, aunque esta vez no tendría oportunidad de defenderse de los que pudieran entrar durante toda la noche por su falta de energía, así que forzosamente tiene que bloquear la entrada cuanto antes. Entonces, como último recurso, obstruye de inmediato la entrada de su hogar con unos cuantos tablones de madera, para al menos obstaculizar un poco el ingreso al interior. Corre hacia su cofre de madera, saca todos los lingotes de hierro, y mientras escucha cómo los zombis destruyen tablón tras tablón de la barricada que improvisó, crea dos fuertes y pesadas puertas de hierro en su mesa de trabajo, a las que enseguida se dispone a colocar en el marco de la entrada de su casa, alejando con su espada a los zombis que trataban de traspasar, justo antes de que el último tablón cediera.

Y así, favorecido una vez más por la increíble facilidad y rapidez con la que puede crear objetos de todo tipo, transportarlos y utilizarlos de una forma práctica en cualquier momento, el hombre recupera la seguridad de su casa, aunque no sin antes asegurarse totalmente de que las puertas de hierro en verdad son capaces de impedir el paso y soportar los ataques de los monstruos en el exterior.

Sin más preocupaciones por ahora, como ya es costumbre, el hombre se tira en el mismo rincón que las otras noche, completamente exhausto y un poco hambriento, quedándose dormido en el rígido suelo de madera de su casa, aunque con bastante ruido envolviendo y abrumando los alrededores de su humilde vivienda: quejidos, gruñidos y pasos por todas partes, e incluso encima del techo se escuchan extraños y agudos… “¿gruñidos?”, percibe el hombre, aunque no identifica ni comprende qué es lo que hay sobre su casa que esté produciendo dichos sonidos, y, sobre todo, cómo es que aquello pudo subir… De cualquier forma, nada impide que caiga dormido contra el suelo, producto de su cansancio físico y mental acumulados.

Al día siguiente, cuando el hombre por fin despierta, se levanta del suelo y, seguro de que ya no hay ruidos producidos por monstruos alrededor de su casa, empieza con sus tareas diarias, comenzando por salir de su hogar para tomar un poco de aire fresco… No obstante, cuando intenta abrir las puertas de hierro que colocó la noche anterior, no logra moverlas ni “una semilla” por más que las jala o empuja, quedado encerrado en su propia casa. Al reconocer que su fuerza no funciona para salir, en lugar de verse a sí mismo como un zombi desesperado intentando atravesar las puertas, decide buscar en su libro algo que le pueda servir para esta situación tan incongruente y vergonzosa, topándose con las recetas para crear botones, placas de presión y palancas, que podrían servir como interruptores que abran las puertas de hierro. Y como no pierde nada con intentarlo, pese al hecho de no saber cómo podría hacer para que funcionen, prueba a crear un par de botones de madera, a los cuales coloca sin ningún problema a un costado de ambas puertas de hierro, y enseguida presiona uno de ellos. Sorprendentemente, justo cuando lo hace, la puerta de al lado se abre con gran facilidad y ¡por sí sola!, aunque solo por unos segundos, para después volverse a cerrar de la misma manera; y lo mismo sucede con el otro botón y la otra puerta, quedando el hombre asombrado por conseguir abrir las puertas de hierro que hasta ahora parecían imposibles de abrir, y más aún cuando solo tuvo que utilizar un par de tablones de madera para crear dos simples botones. Pero lo importante es que ahora puede salir de su casa sin mayor complicación. Y obviamente, para abrirlas desde el otro lado también coloca dos botones más en la parte de fuera.

Ya por fin afuera de su casa, el hombre mira a su alrededor para confirmar que no hay más monstruos cerca, reconociendo, en este momento, que justo ahora había aparecido el sol desde el horizonte iluminando todo el campo, y con él a unos cuantos monstruos que todavía rondaban por la zona, de los cuales, sorprendentemente, los zombis y esqueletos se prendían en llamas justo en el momento en el que eran alcanzados por los rayos del sol, hasta ser consumidos por completo por el fuego; mientras que las bestias explosivas y arañas gigantes (vistas por primera vez en la superficie por el hombre) simplemente seguían merodeando los alrededores sin rumbo alguno y sin ser cubiertas por fuego espontáneo, como sucede con los zombis y esqueletos.


Dejando de lado este sorprendente y repentino descubrimiento, antes de distraerse con otra cosa, el hombre se dirige directo al corral de las gallinas con la intención de conseguir comida, ya que desde ayer no ha comido prácticamente nada, y no podrá pasar más tiempo sin alimento. Por lo cual, no tiene otra opción más que sacrificar a unas de las pocas gallinas que tiene. Sin embargo, a pesar de encontrarse un poco desanimado por verse obligado a hacer algo así luego de todo lo que tuvo que pasar para meter a las gallinas al corral, su ánimo cambia al instante en el que llega a este y observa a muchos pollitos corriendo por todas partes, e incluso otros más saliendo de sus cascarones justo ahora, incrementando así la cantidad de comid… gallinas que conseguirá en un futuro…, solo que parece bastante extraño que estos animales se reproduzcan y crezcan con tal rapidez, especialmente sabiendo que son de un mismo y único sexo… Aunque esto al hombre no le interesa demasiado, principalmente porque desde el principio no encontró una razón para justificar este hecho.

Aliviado por ello, no con alegría, pero sí con gratitud, el hombre sacrifica otras dos gallinas adultas para conseguir un poco de alimento, al menos hasta que se le ocurra otra forma de conseguir comida. Regresa a su casa y cocina la carne cruda en sus hornos de piedra, y mientras espera a que esté totalmente cocinada, aprovecha para utiliza los lingotes de hierro que tiene para por fin crear una poderosa armadura de hierro en su mesa de trabajo, además de un pico, un hacha y una pala; equipándose así con una “Careta de hierro”, “Pechera de hierro”, “Grebas de hierro” y “Botas de hierro”. Y así, aparentemente preparado para cualquier combate, sale de su casa con muchas ganas de poner todo el conjunto a prueba…, pero como ahora es de día y no hay enemigos cerca, tendrá que probar su nuevo equipo en otro momento.

Por ahora, retoma su objetivo de traer suficiente agua para sus cultivos para que crezcan lo más pronto posible en las condiciones más óptimas. Y de camino, equipado en todo momento con su armadura de hierro para irse acostumbrando a ella, va buscando más semillas y recogiendo las cosas que puede rescatar de los zombis y esqueletos que murieron calcinados por el sol.

Una vez que toda la tierra arada para los cultivos parece estar completamente húmeda y fértil, lo que resta ahora es plantar las semillas que fue encontrando para tener una mayor cantidad de cosechas, racionando a la vez una parte para alimentar a las gallinas.

Ya sin nada más que hacer en su huerto, decide volver a su casa para pensar en su siguiente objetivo. Aunque antes, el sorpresivo balar de un pequeño grupo de ovejas pastando muy cerca lo asusta, y por pensar que se trataba de algún enemigo, tropieza y cae al suelo al mismo tiempo que intenta sacar su espada de su pantalón, y ya en el suelo se da cuenta de que solo fue el sonido de un animal inofensivo, así que no hay ninguna razón para alterarse.

Curiosamente, luego de haberse percatado de que no hay peligro alguno y de intentar levantarse, observa en su mano derecha el pedazo de uno de los huesos de un esqueleto, al cual aparentemente tomó por equivocación en lugar de su espada de hierro, y este se rompió luego de haber sido aplastado por el peso de su cuerpo.

Increíblemente, justo cuando el hombre intenta ponerse de pie, ve cómo brota y crece un tallo verde en el lugar exacto en el que había quedado el resto del hueso pulverizado, mismo en el que él había plantado unas cuantas semillas, quedando perplejo ante la sorprendente velocidad con la que las semillas germinan. Con una expresión simple, pero razonable, pues con este conveniente descuido acaba de aprender que con el polvo de hueso que puede conseguir fácilmente con los huesos de los esqueletos, puede acelerar el proceso de crecimiento de sus cultivos, y prueba de ello es lo que acaba de presenciar literalmente frente a sus propios ojos. Y para asegurarse él mismo de que sus sospechas son ciertas, muele unos cuantos huesos más con sus propias manos, y enseguida esparce el polvo en otras semillas, consiguiendo así el mismo resultado; aunque también “desbloquea” una nueva receta en su libro, que consiste en la creación de “Bloques de hueso” utilizando una gran cantidad del polvo de hueso que está haciendo, aunque por ahora su atención está fijada en las semillas.

Entonces, ya sin duda alguna, el hombre echa más polvo de hueso en la hierba crecida de las semillas hasta que esté lo suficientemente desarrollada para cosecharla, pasando así de un tamaño minúsculo y color verdoso a alcanzar una altura un tanto mayor y una tonalidad amarilla, siendo este el punto en el que dejaba de observarse algún otro cambio por más polvo de hueso que seguía impregnándole. Por lo tanto, se atreve a arrancar las frágiles plantas de la tierra, descubriendo así, gracias a su libro, que en realidad lo que consigue no es exactamente lo que él esperaba desde un principio, sino que lo que tiene en manos son “Espigas de trigo”, las cuales por sí solas no sirve para mucho. Mas no es hasta que cubre con más polvo de hueso algunas semillas más y cosecha más espigas de trigo cuando el libro ahora sí muestra dos creaciones nuevas: “Balas de heno” y ¡“Pan”!, siendo esta última la de mayor interés, ya que se trata de ¡un alimento!, algo que jamás habría imaginado que aparecería en su libro. Además, en las ilustraciones que le muestra, este se ve muy apetecible.

Al final, después de cosechar todo el trigo con gran emoción, el hombre vuelve a plantar algunas cuantas semillas que también consiguió junto con las espigas de trigo, y como ya no le quedan más huesos para convertir en polvo que sirva como abono, las deja crecer naturalmente, al menos hasta que consiga más huesos…, aunque tampoco es que tarden mucho en crecer por sí solas.

Justo luego de terminar con todo lo relacionado con sus cultivos, el hombre es sorprendido una vez más por el balido de una oveja, que por alguna razón está justo detrás de él, lo cual es cuanto menos extraño, pues desde la primera vez que vio a las ovejas quiso encerrar… invitarlas a entrar en su corral, pero al final de todo no pudo llevarlas consigo.

Y pensar que ahora tiene a una de ellas justo al frente y en plena tranquilidad.

Es en este momento cuando se percata de que la oveja está interesada no en él, sino en el trigo que cosechó. Y para comprobarlo, bastó solo con ofrecerle un poco de su primera cosecha a la oveja extendiendo lentamente su mano con las deliciosas espigas, consiguiendo que esta pierda el miedo y coma de su mano, mientras que el hombre no puede ocultar su alegría, no solo por haber cosechado sus cultivos, sino también por haber logrado llamar la atención de este hermoso animal con algo tan simple que encontró de entre los forrajes del campo.

Entonces, sin pensarlo dos veces, el hombre se dispone a atraer unas cuantas ovejas hacia el corral de las gallinas, en el que planea encerrarlas por un tiempo hasta que construya otro corral únicamente para ellas.

Posteriormente, para que las ovejas se vayan acostumbrando a su nuevo hogar, el hombre las alimenta con una buena cantidad de trigo, y con la misma increíble velocidad que como sucedió con las gallinas, observa cómo estas comienzan a… aparearse prácticamente al instante… Parece ser que no les importa reproducirse en este espacio tan reducido a pesar de haber sido privadas de su libertad por el hombre. Lo cual es algo muy, muy sorprendente, ya que si la reproducción y el crecimiento son tan acelerados como él está presenciando, pronto conseguirá una gran cantidad de animales, tanto ovejas como gallinas (las cuales tampoco se quedan atrás en dicho aspecto); encontrándose también el mismo comportamiento incluso en sus cultivos.

Por lo tanto, para aprovechar al máximo esta favorable particularidad, el hombre sabe que no puede sacrificar a las ovejas hasta tener una gran cantidad de ellas, sin embargo, todas cuentan con abundante pelaje que puede obtener con facilidad con la ayuda de unas tijeras, mismas que, según recuerda, puede crear con tan solo un par de lingotes de hierro, cuya receta, efectivamente, se encuentra en su libro. Y al ser un proceso bastante sencillo el que sigue, no tarda en crear y conseguir unas tijeras de hierro, y con ellas trasquila a las ovejas, obteniendo así su suave y esponjosa lana, con la cual, según menciona el libro, se pueden crear “Alfombras”, “Estandartes”, “Cuadros” y ¡“Camas”! Este último objeto o, mejor dicho, mueble, es el de mayor interés para él, pues, evidentemente, gracias a una cama podría dormir con mucha más comodidad que dormir en el suelo como lo ha estado haciendo durante todos estos días, y quizá podría deshacerse del tan molesto dolor de espalda provocado.

Cuando por fin termina de trasquilar a todas las ovejas que capturó, el hombre entra a su casa para utilizar el trigo que consiguió para hacer todas las piezas de pan posibles, obteniendo así un nuevo alimento, un poco desabrido, pero que le servirá para llenar su estómago. Después, guarda la lana de las ovejas, un par de porciones de trigo que le quedó y algunas semillas en su cofre de madera. Aunque en este momento se da cuenta de que ya casi no hay espacio libre para guardar más cosas, mas esto no presenta un problema muy grande, ya que simplemente puede crear otro cofre más para guardar lo que falta, solo que el inconveniente de ahora es que ya no tiene suficiente madera, pues la mayoría que tenía la utilizó para reconstruir el suelo de su casa, construir el techo de la misma y el corral de las gallinas, y para crear herramientas y antorchas que ha ido requiriendo. Por lo cual, no queda más que recurrir a talar unos cuantos árboles y conseguir más de esta materia prima tan indispensable. No obstante, a lo largo de toda esta pradera en la que vive solo ha visto unos cuantos robles por el campo, cuyos troncos no serán suficientes para conseguir la cantidad de madera que precisa para lo que quiere y para todo lo que pudiera necesitar en un futuro. Ante esto, para evitar contratiempos en el porvenir, al hombre se le ocurre la idea de plantar alrededor de su hogar los brotes de roble y abedul que consiguió en el otro bioma cubierto por estos dos tipos de árboles, los cuales eventualmente crecerán lo suficiente para ofrecer madera resistente y óptima. Aunque por ahora se valdrá de la madera de los pocos árboles que hay por la zona para lo que requiere.

Al volver a casa con unos cuantos troncos de madera, el hombre procede a transformarlos en tablones, con los que crea un nuevo cofre de madera que de inmediato coloca a un lado del otro con el fin de mantener un orden en su hogar. Aunque con esto, sorprendentemente, ambos cofres de madera se ¡“fusionan”! en uno solo al instante, pero más grande y con mayor espacio, equivalente a dos cofres normales. Entonces, sin mayor comentario, el hombre procede a crear un par de cofres más, y de nuevo los pone a un costado del cofre grande con el fin de descubrir qué pasará ahora. Para su mayor asombro, solo los dos nuevos cofres de madera se fusionan, como si este fuera el límite; resultando así en únicamente dos cofres grandes de madera.

Con esto, el hombre, quien poco a poco se va acostumbrando a este tipo de reacciones “mágicas” y repentinas, en lugar de preguntarse cómo es que suceden este tipo de fenómenos inesperados, simplemente decide dejarse llevar por la naturaleza de este mundo y seguir con lo suyo, siendo su nueva tarea el crear un corral para las ovejas, ya que el de las gallinas es muy pequeño para dos especies diferentes y poco a poco está comenzando a saturarse de comid… de vida. Sin embargo, con la poca madera que tiene apenas alcanza a crear unas pocas vallas de madera, las cuales no son suficientes para mantener a las ovejas encerradas, aunque sí servirán para delimitar el tamaño que tendrá el corral y terminarlo posteriormente.

Una vez termina de colocar las vallas de madera en el que luego será el corral de las ovejas, el hombre planea ahora empezar una nueva tarea. Así que, siendo aún de día y para aprovechar la luz natural, se le ocurre explorar un poco más los alrededores, pero como no quiere alejarse demasiado de su casa por la poca comida con la que cuenta, decide mejor ir a un lugar más elevado desde donde pueda observar sus horizontes sin exponerse demasiado.

Entonces, después de vislumbrar una gran colina no muy lejana y de una breve caminata y asenso hasta el punto más alto de la misma, ya en la cima voltea a todos lados, descubriendo que, por el movimiento del sol y hasta donde le permite su vista, al norte, pasando el río de donde llevó agua para sus cultivos, hay montañas bastante altas, las cuales tienen muy poca vegetación y de una tonalidad más oscura a mayor altura; al oeste hay un pequeño lago, que al parecer está conectado con el río del norte; al sur se ve el que aparenta ser un bioma desconocido, un lugar cubierto de una capa blanca y repleto de árboles puntiagudos y más altos que los de roble y abedul; y al este no ve nada más que un inmenso océano al que el río desemboca.

En el momento justo en el que contempla todos los hermosos paisajes y lugares aledaños, el hombre queda fascinado, perdiendo así la noción del tiempo mientras continúa presenciándolos… Y no es hasta que llega la noche cuando recupera el sentido y reconoce que debe volver a su hogar antes de que aparezcan los monstruos en la superficie. Así que rápidamente baja del lugar donde se encontraba y se dirige a su casa con premura.

Ante las prisas, el hombre asegura que podrá llegar a su casa antes de toparse con alguna criatura hostil… Y tratándose de a las que ya ha enfrentado, tiene razón…, mas no es así con ciertos monstruos desconocidos, que aunque no los haya visto antes, sin saberlo, estos han estado atormentándolo y acechándolo desde un par de noches atrás…, pero no es hasta ahora que está expuesto cuando estas bestias se muestran ante él…, pues de camino a su residencia, justo cuando el sol se oculta por completo, detrás de él se escucha un gruñido agudo y, sin duda, muy aterrador, pero cuando voltea para averiguar el origen…, no logra ver al causante…, y por más que mira a sus costados no ve ni un solo monstruo persiguiéndolo, ni siquiera a lo lejos. Tampoco hay animales cerca que hubieran podido asustarlo inconscientemente, lo cual es realmente extraño…, aunque más todavía cuando el gruñido aparece de nuevo, oyéndose una y otra vez por todas direcciones, e incluso más de uno solo al mismo tiempo, lo cual lo confunde cada vez más.

El hombre empieza a entrar en pánico por no encontrar lo que sea que está acechándolo, por más que mira a sus costados con exasperación… Hasta que de repente, justo cuando decide obviar los intimidantes gruñidos y correr directo hacia su casa auxiliado con la luz de una antorcha antes de que la situación se torne peligrosa…, una criatura aterradora baja desde el oscuro cielo y lo ataca mordiéndolo con unos colmillos punzantes, tirándolo de espaldas hacia el suelo, para luego regresar a lo más alto en un instante, antes de que el hombre pudiera siquiera reaccionar; siendo seguido por una segunda criatura idéntica que actúa de igual forma, desapareciendo asimismo entre la penumbra… Aunque en la tercera ocasión el hombre, aterrado, agita su antorcha para espantar a la criatura antes de que lo volvieran a atacar…. Y, sorprendentemente, con este simple movimiento logra reconocer que no es una sola criatura…, sino ¡tres monstruos espeluznantes! sobrevolando alrededor de él; criaturas no muy grandes, pero sumamente intimidantes; de ojos verdes y brillantes, piel de color azul oscuro que se pierde entre la noche, con unos afilados colmillos y partes de su esqueleto expuestas. Criaturas que evidentemente tienen la ventaja sobre el hombre, quien, al percatarse de que está siendo hostigado desde las alturas por tres ágiles monstruos hasta ahora desconocidos, y de que en cualquier momento todo podría empeorar en cuanto los demás monstruos terrestres aparezcan, decide no entretenerse en intentar enfrentarse a estas temibles criaturas, y, en cambio, se levanta del suelo y corre directamente a su casa, mientras que estos monstruos voladores bajan una y otra vez de las alturas para atacarlo y causarle daño, para después regresar a la seguridad del cielo, donde no pueden ser atacados por el hombre, quien poco a poco comienza a enfadarse con estas irritantes y persistentes criaturas que lo incitan a darse la vuelta y pelear… Aunque al ser consciente de su peligrosa situación, él mismo controla su rabia y continúa corriendo mientras soporta los incesantes ataques de estos monstruos… Hasta que por fin logra llegar a su hogar gracias a que no estaba muy lejos, entrando enseguida y cayendo rendido al piso por el cansancio, el daño recibido y el encuentro inesperado que lo afligió por un largo rato. Por fortuna, el daño que recibió no fue grave, gracias a la armadura de hierro que lo protegió de los continuos ataques de aquellas criaturas voladoras.


Ya en la protección de su casa, el hombre agradece el haber terminado de construir el techo y de antes haberse asegurado de que ningún monstruo pueda entrar a su morada.

Sin más preocupaciones, luego de la carga de adrenalina y el miedo que soportó, el hombre abre su libro e investiga en busca de nueva información acerca de los nuevos monstruos, descubriendo así su nombre: “Pesadillas”, a las que el libro enseguida describe con lo siguiente: “Estas temibles criaturas aparecen en grupo a la tercera noche, y es cuando se pasean sin reproche. Junto con la luna se hacen presentes, queriendo jugar con sus oponentes, bajando del cielo nocturno para atormentar a su víctima, y a cada segundo herirlo con constantes mordidas.”. Curiosamente, después de leer esto, esta vez el hombre cree que podría haber información útil en la breve descripción, por lo que se dispone a repasar el escrito con detenimiento, centrándose principalmente en “la tercera noche”. Reconociendo que, al enfocarse en esas tres palabras y relacionarlas con su corta vida hasta ahora, han pasado ya tres noches desde que despertó en este mundo, por lo cual intuye que estos monstruos voladores o, mejor dicho, pesadillas han estado presentes desde hace dos noches, la tercera en la vida del hombre, como indica el libro, justificando también los mismos gruñidos que había escuchado la noche anterior sobre su casa; lo más probable es que hayan sido las causantes de tantos desvelos e inquietudes que el hombre sufrió. Y aunque solo sea una simple suposición, si no se equivoca, no podrá esconderse por siempre en su casa. En algún momento tendrá que prepararse para pelear contra las pesadillas que aparezcan, ya sea cada tres noches… o todas las posteriores a la tercera (como el caso de ahora).

No obstante, por el momento el hombre solo piensa en descansar. Y al ya tener el conocimiento y materiales necesarios para crear una cama, no tarda en crear una con unos cuantos tablones de madera y lana de las ovejas, a la cual coloca tan pronto como la crea, y, de igual manera, se recuesta en ella, quedando dormido placenteramente y al instante, casi como si olvidara que hay monstruos deambulando alrededor de su casa.

Al día siguiente, lleno de energía… y con la espalda en perfecto estado, el hombre despierta luego de una agradable noche durmiendo en su cálida cama nueva, levantándose de la misma justo al amanecer de un nuevo día. Aunque en este momento la serenidad es perturbada por los quejidos de algunos monstruos provenientes del exterior, observando él, al salir de su vivienda, a varios zombis y esqueletos quemándose luego de ser alcanzados por los rayos del sol, junto con las pesadillas de la noche anterior, las cuales igualmente arden en llamas y se desploman desde las alturas, mientras que él solo mira desde lejos con gran alivio.

Después de que aquellos monstruos terminaran hechos ceniza, el hombre sale con confianza de su casa, planeando aprovechar sus energías recuperadas y la luz del día para comenzar a hacer cosas productivas para su supervivencia. Primeramente, se dirige a su zona de cultivos para cosechar el trigo que ya está listo y replantar las semillas que vaya consiguiendo en el acto, quedándose con algunas para luego alimentar a las gallinas, y con trigo para las ovejas, y lo que sobre de esto último lo destina para crear todas las piezas de pan que pueda en su mesa de trabajo (una mesa para muchos usos diferentes, convenientemente).

Al final, ya que todo lo anterior no le toma mucho tiempo, el hombre decide invertir el resto de día explorando los alrededores. Así que guarda unas cuantas cosas en sus cofres, toma lo que cree necesario para su corta travesía, y cuando cree estar listo, sale de su casa y se dirige al oeste, concretamente, al lago que vio en esa dirección el día anterior. Hasta que, luego de un rato caminando y evitando a las bestias explosivas y arañas gigantes, llega al cuerpo de agua predicho, donde observa un panorama hermoso, un ambiente natural imperturbable a cada lado al que voltea, con grandes árboles por doquier, gallinas y ovejas rondando la zona, y una gran cantidad de peces nadando en las aguas ligeramente transparentes del lago. Al examinarlo con mayor detenimiento, el hombre queda maravillando ante la belleza natural del mismo y de lo que lo rodea, descubriendo, además de los animales y la vegetación de alrededor, algunos montones de materiales desconocidos, de los cuales reconoce dos que ya había visto presentes en las orillas del río del norte, siendo uno un conjunto de fragmentos pequeños de color amarillo claro que se encuentran por todo el lago, ya sea en las orillas como en la profundidad del mismo; material al que el libro define como “Arena” en cuanto el hombre toma una porción de este con sus manos, mencionando además, después de tomar una mayor cantidad, que con ella podría crear “Dinamita” juntado bastante con pólvora; y “Arenisca”, lo cual parecía ser un bloque de arena compacta; mientras que el otro material está compuesto por fragmentos más grandes que los granos de arena, pero de tonalidades grises y de formas diferentes. Igualmente, gracias al libro, el hombre descubre que este material se trata de “Grava”, la cual no parece servir para crear algún objeto interesante.

Dejando de lado la arena y la grava, el hombre utiliza unos cuantos tablones de madera para crear una nueva mesa de trabajo, pues la otra está en su casa. La coloca en el suelo y se apoya en ella para crear un bote de madera con el que pueda entrar al lago y acercarse al tercer material desconocido que había visto desde la orilla; y para aprovechar la oportunidad, crea también una caña para pescar con el hilo que había conseguido de la araña gigante contra la que se enfrentó hace un tiempo en la cueva, y que tomó de su casa antes de salir, pensando justamente en intentar pescar si es que existía la posibilidad.

Al terminar, recoge y guarda la mesa de trabajo en uno de sus bolsillos y coloca el bote de madera en el lago. Prueba que este sea resistente y funcional pese a su reducido tamaño y facilidad con la que lo creó. Estando ya seguro de lo anterior, se sube al bote y comienza a remar lentamente hacia el centro del lago, desde donde logra distinguir a aquel material que vio antes justo debajo de él. Así que, una vez seguro de que no hay peligro alguno cerca, salta del bote de madera y se sumerge en el agua hasta llegar al fondo. Rápidamente, saca su pala de hierro y comienza a cavar el material nuevo, aunque con gran dificultad por el entorno en el que está; consiguiendo así una muestra del mismo, al que lleva a la superficie, donde la examina con calma, reconociendo por sí mismo que este material es bastante suave, maleable y de color grisáceo, cuyo nombre es “Arcilla”, según el libro; y que parece no servir para crear alguna cosa relevante. Asimismo, luego de que el hombre baja unas cuantas veces más para conseguir más arcilla, descubre que también puede crear “Bloques de arcilla”, idénticos a los que ha estado escarbando.

Cuando cree tener una considerable cantidad de arcilla, el hombre sube de nuevo a su bote de madera para descansar y comer por un rato mientras contempla las vistas. Para después sacar su caña de pescar y hacer lo propio con ella. Entrando, de esta forma, en un estado de relajación y tranquilidad, mientras que al mismo tiempo consigue alimento alto en proteínas.

Luego de un muy largo tiempo pescando, el hombre piensa que ya es momento de regresar a casa. Así que guarda su caña de pescar junto con los peces que atrapó, los cuales son bastantes para haber sido su primera vez, ya que atraparlos resultó demasiado fácil, pues, solo con ser paciente, estos siempre picaban, incluso sin carnada en el anzuelo. Entre ellos encuentra peces de todo tipo, como “Bacalaos”, “Salmones” e, incluso, “Peces tropicales”, según indica el libro.

Y pensar que hay tal variedad de peces en este único lago.

Finalmente, cuando llega a la orilla, el hombre guarda su bote de madera en su pantalón y se dirige a casa. Aunque antes de regresar recuerda que no recolectó arena, la cual podría serle de utilidad en un futuro, específicamente, para crear dinamita…, a la que ojalá no llegue a necesitar. Por lo tanto, se detiene un momento para cavar bastante arena de la orilla del lago e, igualmente, la guarda en su pantalón sin problema alguno. La grava, por otra parte, no parece ser de mucha utilidad, así que simplemente no le muestra mayor interés.


Y ahora sí, el hombre regresa a casa a tiempo antes de que la noche arribara, con mucha comida y materiales nuevos en sus bolsillos, pero sobre todo con nuevos conocimientos.

CAPÍTULO 4

Un guerrero nato

En cuanto entra a su casa, el hombre de inmediato mete los peces que consiguió en un horno de piedra para cocinarlos, aunque de los peces tropicales no consigue mucho alimento por su pequeño tamaño. Y mientras los peces se cocinan, guarda todos los materiales que encontró en sus cofres de madera.

Al instante, un sonido peculiar proveniente del horno de piedra atrae la curiosidad del hombre, quien enseguida mira con atención el interior del horno, y aunque al principio no ve nada extraño, además de seductores pescados asándose, pronto distingue un diminuto destello de luz sobre la parrilla del horno, y enseguida aparecen más “saltando” por todas partes, incluso en los pescados. Entonces, muy intrigado, saca del horno de piedra uno de los pescados ya cocinados y lo examina, descubriendo así tres cosas: que este está cubierto por granos de arena y minúsculos fragmentos de ¡“Vidrio”! (afirma el libro), que debe dejar de sacar cosas del horno mientras aún están calientes y que debería lavarse las manos para no contaminar los objetos y la comida con otros materiales.

Por lo tanto, con el nuevo descubrimiento de los fragmentos de cristal, el hombre intuye que estos, al aparecer junto con los granos de arena que introdujo inconscientemente en el interior de su horno, deben ser una transformación de la arena al exponerla a altas temperaturas. Por lo cual, para estar seguro, mete varios montones de arena a su otro horno de piedra y lo enciende con carbón, consiguiendo así, después de un rato, “Bloques de cristal” transparentes y uniformes, originando el pensamiento en el hombre de que son perfectos para complementar su casa con ventanas, a través de las que podría ver el exterior sin riesgo alguno, y ya no se sentiría tan aislado. Además, con los bloques de vidrio que tiene puede crear “Frascos de cristal” y “Paneles de cristal”, según el libro. Aunque por ahora no son creaciones de su interés.

Al final, mientras que toda la arena y pescado restantes continúan calentándose en los hornos, el hombre, al no querer arriesgarse a abrir agujeros en su casa para colocar los cristales que va consiguiendo por ser de noche y ya haber monstruos en los alrededores, decide recostarse en su cama y dormir hasta el siguiente día. Ya luego, con más calma y seguridad, retomará sus labores.

Al inicio de un nuevo día, el hombre despierta con gran alegría, pensando en qué hará de provecho para hoy. Y mientras piensa en algo productivo e interesante, sale de su casa, cosecha el trigo maduro de sus cultivos, alimenta a sus gallinas y ovejas, entra a su casa para recoger el vidrio y pescado de sus hornos de piedra, sale de nuevo, determina en qué lugares estarán las ventanas de su hogar mientras come un par de pescados cocinados, y cuando ya lo tiene claro, abre unos huecos en las paredes de su casa y coloca los vidrios correspondientes, consiguiendo así vistas perfectas al exterior desde la seguridad de su humilde morada.

Con eso, finaliza sus tareas y el propósito de ayer, pero esto no quiere decir que se quedará de brazos cruzados el resto del día, sino todo lo contrario, ya que ahora podrá continuar con nuevos objetivos, siendo el primero de ellos el de por fin construir un corral específico para las ovejas, pues en el que se encuentran ahora ya está demasiado apretado, aunque para ello necesita bastante madera, con la cual no cuenta. Pero esto no presenta un gran problema para el hombre, ya que solo tiene que talar unos cuantos árboles, y como hace un tiempo plantó bastantes brotes de roble y abedul cerca de su casa, estos, sorprendentemente, ya han crecido grandes y fuertes por la gran velocidad con la que se desarrollan. Ahora, simplemente tala dichos árboles sin mayor complicación y sin tener que alejarse demasiado de su casa, consiguiendo una gran cantidad de troncos de madera, unas cuantas manzanas jugosas y más brotes de los árboles, a los cuales igualmente planta para cuando vuelva a necesitar más madera en el futuro.

Ya con bastantes troncos, el hombre regresa a su casa para crear tablones y palos de madera que utiliza para crear suficientes vallas de madera, a las que enseguida coloca a un lado del corral de las gallinas, formando el que será el corral de las ovejas. Después de construirlo, se da cuenta de que hizo demasiadas vallas de madera de las que necesitó, y al no querer desperdiciarlas, decide aprovecharlas para cercar el terreno donde están sus cultivos, pues cuando cosechó el trigo, se percató de que algunas espigas y tierra arada habían sido pisoteadas, seguramente por culpa de los monstruos que deambularon por la noche, y por esto decide usar las vallas de madera restantes e impedir el acceso de otras criaturas aparte de él.


Con esto, el hombre con gran alegría se detiene un momento a observar el resultado de su sudor y esfuerzo, luego de haber conseguido un hogar acogedor y en buenas condiciones, un huerto próspero y un par de corrales para el cuidado y desarrollo de carn… animales. Todo en tan solo cuestión de días.

Después de reconocer todos sus logros, el hombre se encuentra completamente feliz y satisfecho con lo que ha logrado… Aunque todavía hay más cosas por hacer. Fácilmente podría vivir en su entorno y condición actuales, pero lo que busca no es una vida cómoda, sino el encontrarse a sí mismo y descubrir quién es en realidad. Es por eso que lo que sigue ahora es establecer cuál será su nuevo objetivo para seguir aprovechando cada segundo, decidiéndose por regresar a la cueva de donde antes consiguió bastantes minerales e investigar aquella caverna de gran tamaño que vio al final, creyendo que, gracias a su conocimiento, experiencia y equipamiento adquiridos en este poco tiempo, ya está preparado para adentrarse en ella y enfrentarse a las terribles criaturas hostiles que alberga, ya que si logra conquistar a aquella cueva, conseguirá una gran cantidad de minerales, los cuales no le sobran, particularmente el carbón, pues ha gastado casi todo en antorchas y como combustible para sus hornos de piedra.

Entonces, ya con un objetivo definido, el hombre se prepara y se dirige hacia la cueva.

Al llegar y adentrarse en ella, se da cuenta de inmediato de que ya no hay tantos enemigos como la primera vez que entró, probablemente debido a que aquella vez iluminó todo el camino con antorchas, cuyas llamas siguen ardiendo con la misma intensidad que al principio, lo cual facilitó enormemente el trayecto hacia la gran cueva inexplorada… Pero no todo iba a ser tan fácil, pues cuando llega a la conexión con la gran cueva, no tarda en percatarse de la presencia de una increíble cantidad de monstruos rondando por esta, incluso más de los que había visto la primera vez que vino. Mas eso no lo intimidó; al contrario, se emocionó por darse cuenta de que podría probar su fuerza y progreso obtenidos durante estos últimos días.

Así que, sin más tiempo que perder, el hombre destruye con su pico el muro de piedra que lo separaba de la gran cueva, creando un gran hueco y alboroto que llama la atención de los monstruos cercanos, dando inicio a una batalla desfavorable para el hombre respecto a la cantidad de enemigos a los que enfrentará al mismo tiempo, aunque esto no le importa demasiado, pues confía ahora en sus capacidades. Y como muestra de ello, justo cuando tira abajo la pared de roca que se interponía, acaba con un zombi que estaba justo enfrente con un movimiento certero con su espada, y al mismo tiempo bloquea con su escudo el flechazo de un esqueleto cercano que trató de sorprenderlo.


En cuanto todos los monstruos se percatan de la intromisión del hombre, estos inmediatamente se le acercan para atacarlo sin compasión alguna. Pero sus intenciones hostiles siguen sin alterar al hombre, quien, muy confiado por conocer a la perfección el comportamiento de todas las criaturas que tiene delante, se prepara para pelear contra todos sin pensar siquiera en retroceder.

Los zombis son los primeros en acercársele lo suficiente y atacarlo, aunque por su corto rango ofensivo y lenta velocidad, no presentan un gran problema para el hombre, que fácilmente acaba con ellos con solo tres fuertes golpes con su espada de hierro, al igual que con las arañas gigantes, con la única diferencia de que estas son más rápidas, espeluznantes y atacan desde toda perspectiva, por lo cual en algunos momentos depende de su escudo; sin olvidar a los esqueletos, los cuales disparan flechas desde lejos y sin preocupación alguna, aunque estas solo rebotan en el escudo y armadura del hombre; eso si no terminan clavándose en los cuerpos de los zombis que se atraviesan en sus trayectorias. Y cómo no, nunca faltan las bestias explosivas queriendo sorprender a los presentes en este tipo de encuentros, inmolándose sin importarle absolutamente nada más que alcanzar a su objetivo, solo que en esta situación, por la gran cantidad de monstruos atacando simultáneamente, no consiguen abrirse paso para acercarse al hombre lo suficiente como para alcanzarlo con su tan devastadora habilidad.

De esta forma, el hombre continúa atacando y defendiéndose al mismo tiempo, recibiendo un daño mínimo en su cuerpo. Pero, aunque esté consiguiendo resultados a su favor, no podrá seguir así para siempre, además de que no paran de aparecer más monstruos desde las sombras. Así que, para acabar con esto lo antes posible, se abre paso entre los zombis y arañas gigantes hasta acercarse a una bestia explosiva, la cual, en el momento justo en el que él entra en su rango letal, inmediatamente comienza a inflarse para acabar con él con una brutal explosión. Aunque, en realidad, esto era lo que el hombre había planeado, pues un instante antes de que la bestia explosiva estallara, él la golpea con su escudo con todas sus fuerzas (en lugar de cubrirse con él, como lo haría una criatura razonable y sensata), empujándola así hacia los esqueletos, mismos que son alcanzados por la explosión repentina e ineludible provocada por la bestia.

Enseguida, aprovechando la conmoción, el hombre corre y acaba con otra bestia explosiva antes de que esta también alcanzara a detonar, y con un par de esqueletos más que se mantuvieron lejos de la explosión anterior. Posteriormente, sigue corriendo por la caverna y va iluminando el lugar con antorchas, dándose cuenta así de que solo quedan unos cuantos zombis y arañas gigantes vivos, a los que se dispone a matar de inmediato.

Con este resultado favorable, pese a las probabilidades en su contra, parecía que el hombre se había convertido en todo un luchador y estratega profesional, ya que en algunas oportunidades analizó y aprovechó los descuidos y ataques de los monstruos para que se golpearan entre sí y él rematarlos; digno de un peleador.

Luego de la dramática batalla, el hombre prosigue por saquear los cadáveres de los monstruos que derrotó, con regocijo, pues venció a aquellas criaturas hostiles que hasta hace unos días le provocaban tanto miedo, dejándolo sin otra alternativa más que mejorar y prepararse para este tipo de enfrentamientos valiéndose de todo tipo de herramientas y equipo… Pero esto no quiere decir que lo haya hecho perfectamente; al contrario, ya que en algunas ocasiones no pudo evitar algunos ataques, principalmente por culpa de la cantidad y variedad de enemigos y la oscuridad del entorno; y si no hubiera sido por su escudo y armadura, quizá no haya corrido con la misma suerte, además de que en algunas ocasiones todavía lo domina el miedo y termina solo agitando su espada de un lado a otro y sin sentido alguno, a la vez que se oculta detrás de su escudo…

Como sea que haya sido, al no estar tan acostumbrado a enfrentamientos que involucran a tantos enemigos a la vez, a moverse y atacar con su equipamiento y a pelear en un escenario desfavorable, su cuerpo reciente toda la exigencia, sintiéndose el hombre muy pesado y agotado, por lo que antes de continuar, se sienta en el suelo de la gran cueva para descansar y comer algunas piezas de pan y pescado cocinado para recuperar su salud y energía cuanto antes.

Una vez considera estar listo, el hombre retoma la investigación de la gran caverna en busca de minerales, mientras que al mismo tiempo pelea contra algunos monstruos más con los que se va topando y coloca antorchas para iluminar cada rincón que puede. Aunque antes de seguir más adelante, se interesa por el pequeño estanque de lava que había visto hace un tiempo, cuando descubrió esta cueva, pues lo que más le llama la atención es el hecho de que la lava continúa ardiendo con la misma fuerza y esplendor que la primera vez, lo cual es extraño, ya que es increíble que no se haya enfriado y endurecido después de tanto tiempo en este sitio mayormente gélido.

Sea como sea, el hombre mantiene la distancia entre aquel material ardiente y reanuda la exploración de la cueva.

Luego de bastante tiempo recorriendo la caverna, encontrando bastante carbón y mineral de hierro, llega un momento en el que el hombre se topa con un nuevo mineral muy similar al mineral de hierro, solo que de color amarillo, brillante, muy atractivo, y más escaso. Curiosamente, al picarlo reconoce que, además de ser también el nombre parecido (“Mineral de oro”, según el libro), comparte las mismas características que el mineral de hierro, pues tampoco consigue separar por completo la roca natural de este mineral, por lo que tendrá que intentar fundirlo en su horno de piedra en cuanto regrese a su casa, al igual que como lo hace con el de hierro, así que por ahora lo guarda en su pantalón y continúa explorando la cueva, llegando a lugares cada vez más profundos. Hasta detenerse en una parte en la que más adelante distingue una luz brillante, a la que lenta y cautelosamente se acerca, encontrándose así con una zona de la cueva cubierta de lava, como un gran depósito natural de esta roca fundida.

El sitio es abrasador y muy peligroso, por lo que el hombre debe estar atento a su entorno para que ningún monstruo se le acerque por la espalda e intente tirarlo hacia la lava.

Para evitar un resultado trágico como el que se imagina, recuerda que trae consigo una cubeta de hierro llena de agua

fría, a la cual podría utilizar para disminuir la temperatura de la lava y endurecerla. Así que, con mucho cuidado, toma su cubeta de hierro, se acerca al estanque de lava y vierte el agua desde la orilla, creando una “fuente” de agua que fluye hasta cierto rango, manteniéndose así, sorprendentemente, fluyendo desde el punto en el que fue vaciada la cubeta, como si el agua literalmente hubiera caído y se esté esparciendo alrededor de manera constante. Y justo como el hombre sospechaba, la roca fundida se enfría y solidifica. Aunque, curiosamente, al agacharse para inspeccionar el resultado, reconoce que la lava alcanzada por el agua termina transformándose en rocas de color negro con tonalidades moradas, relieves irregulares, superficies reflejantes e increíblemente duras.


Como se trata de un nuevo material, el hombre no tarda en querer picarlo. Así que recoge el agua que vertió desde el origen para facilitar la extracción de la roca endurecida (lo cual es convenientemente posible en este mundo). Ahora bien, comienza a picar la roca negra. Y luego de un desgastante rato de esfuerzo y paciencia, a pesar de ser un material extremadamente duro y, por lo tanto, demasiado difícil y exhaustivo el tener que golpear repetidas veces con su pico de hierro, consigue partirlo…, aunque, para su sorpresa, la roca se ¡destruye por completo!, quedando solo pequeños trozos y polvo inservibles de este material. Algo inesperado para el hombre, pues estaba seguro de que iba a conseguir un ejemplar útil de este nuevo material sin problema alguno, como sucedería con cualquier otro, que, irónicamente, tendría que “destruir” para transformarlo a su tamaño a escala y así manipularlo, pero en este caso pasó algo muy diferente a lo que está acostumbrado. Un resultado “anormal”, desde su perspectiva y experiencia.

Con este resultado desalentador e imprevisto, el hombre se desanima, principalmente por haber pasado mucho tiempo golpeando la dura roca negra una y otra vez, para que al final no pudiera conseguir otra cosa más que pedazos insignificantes. Y ante su impotencia y cansancio, se tira al suelo a descansar un poco y comer en el cálido sitio.

Sin embargo, no pasa mucho tiempo cuando es interrumpido por el gruñido de un zombi que aparece a lo lejos en la otra orilla del estanque de lava, el cual se acerca cada vez más a este sin preocupación alguna, aparentemente, por haber visto al hombre y querer atacarlo de inmediato, sin darse cuenta de que entre ambos hay un depósito de roca fundida y ardiente. Y como era de esperarse por parte de una criatura sin razonamiento que actúa por mero impulso, el zombi cae directo a la lava y muere calcinado en cuestión de pocos segundos.

Con este inesperado suceso, el hombre piensa que sería una buena idea intentar llevar lava consigo para utilizarla contra los monstruos a los que tenga que enfrentar. Así que enseguida coloca su mesa de trabajo en el suelo. En ella crea un horno de piedra que también pone en el suelo, y le introduce un poco de mineral de hierro y carbón. Espera a que el mineral se transforme en lingotes de hierro, y cuando ya están listos, los utiliza para crear otra cubeta de hierro en la mesa de trabajo. Con ella cuidadosamente toma un poco de lava, consiguiendo así llenar la cubeta de hierro con roca fundida sin que esta se disuelva (algo muy asombroso, considerando que la lava se conserva a una temperatura muy alta, en la que debería poder derretir el hierro al contacto directo), y manteniendo el fácil manejo con ella como con cualquier otro objeto; una ventaja más a su favor que le provee este mundo.

Pero, sorpresivamente, justo en el momento en el que el hombre “encoge” la cubeta de hierro con lava a su tamaño a escala y la guarda en su pantalón, detrás de él se escucha el sutil disparo de una flecha y su posterior trayecto por el aire, lo cual, por instinto, lo hace voltear hacia donde provino el sonido, reconociendo al instante lo que tanto temía, pues ve a un esqueleto a tan solo unos pasos de él, el cual le ha disparado una flecha a quemarropa, a la cual observa acercándosele rápidamente… Y a pesar de haber volteado lo más rápido que pudo…, ya era demasiado tarde para poder actuar ante tal movimiento rastrero. Por lo tanto, sin forma alguna de evadir la flecha, esta impacta directo en el costado derecho del abdomen del hombre, justo en la parte que su pechera de hierro no cubre… No alcanza un punto vital…, aunque sí lo golpea con la fuerza suficiente para hacerlo retroceder, como un acto reflejo del inesperado ataque, y como estaba parado sobre la superficie irregular de la roca negra y en la orilla…, pierde el equilibrio y cae hacia el estanque de lava ardiente, la cual lo sepulta inevitablemente… Aun así, el hombre no iba a permitir que la lava lo convirtiera en cenizas tan fácil como al zombi de antes. Por lo cual, al instante en el que siente el calor abrasador cubriendo todo su cuerpo, se esfuerza por salir del depósito de lava con desesperación, logrando así apenas alcanzar la orilla con su mano derecha gracias a la densidad de la roca fundida, y, apoyándose de la roca oscura, consigue salir…, aunque para nada ileso…, pues a pesar de haber estado dentro de la lava tan solo por un instante, el tiempo fue suficiente para provocar graves quemaduras en todo su cuerpo…, incluso ahora continúa cubierto por violentas llamas que poco a poco están dañándolo más a cada segundo que pasa, sin olvidar que el causante de su caída y quemaduras aún sigue a la espera de otra oportunidad para rematarlo.

Entonces, astutamente, el hombre, soportando todavía el intenso dolor ocasionado por la lava y por el fuego que lo tiene envuelto, toma su escudo y lo usa para protegerse de los próximos dos disparos del esqueleto. Enseguida, saca su cubeta de hierro con de agua de su pantalón, la cual se echa encima, extinguiendo así las llamas que consumían todo su cuerpo. Pero todavía no es momento de relajarse, ya que aún debe matar al esqueleto que provocó todo esto. Lo cual no resultó muy difícil por ser solo un enemigo, mismo que sucumbió ante la furia descargada del hombre, quien, luego de deshacerse del peligro, cae rendido al suelo por el inmenso dolor que recibió, aunque aliviado por haber sobrevivido después de haber caído a la lava, hecho que no puede sacarse de la cabeza, pues cuando el zombi cayó en este mismo estanque de lava, este se carbonizó incluso antes de ser tragado por completo, sin darle tiempo siquiera para reaccionar, a diferencia del hombre, quien es cierto que sufrió graves quemaduras y que también se prendió en llamas en el instante en el que tocó la lava, pero aun así mantuvo el control de sus movimientos en todo momento, pudiendo incluso salir del estanque y sobrevivir…, aunque con su salud muy, muy afectada; y terminar perdiendo el tiempo buscándole una explicación a esto; lo cual lo lleva a revisar el estado de su cuerpo, descubriendo así que algunas partes de su armadura habían desaparecido, entre ellas sus botas y su careta de hierro, mientras que en sus grebas y pechera se observan indicios de derretimiento y fracturas; por otra parte, su ropa, increíblemente, parece estar casi intacta…, mas no su piel por debajo… Es entonces cuando comprende que su armadura de hierro le salvó la vida, al ser esta la que recibió directamente el calor de la lava y redujo considerablemente el daño que habría recibido, y como resultado, esta terminó derritiéndose poco a poco, lo cual también habría sucedido con él si no hubiese salido a tiempo de la lava y extinguido el fuego producido.

De cualquier forma, el hombre está feliz por seguir con vida, y para no perderla con tanta facilidad como casi sucede, una vez recupera el aliento y la fuerza de su cuerpo, decide crear una nueva armadura de hierro para seguir protegido. Pero al no tener lingotes de hierro suficientes, recurre a su horno de piedra para colocar más mineral de hierro y carbón dentro y conseguir más. Y mientras espera, se sienta en el suelo para comer y descansar luego de exponerse a tanto peligro y emociones. Reconociendo hasta ahora que, gracias a que actualmente su dieta incluye carne, recupera con mayor facilidad y rapidez su salud y energías, y, asimismo, sus heridas cierran…, aunque el dolor persiste por un rato.

Una vez los lingotes de hierro que metió al horno están hechos, el hombre crea todo un equipamiento nuevo, desechando el anterior que estaba ya muy desgastado y con piezas faltantes, estrenando así su nueva armadura de hierro.

Posteriormente, recoge su mesa de trabajo y su horno de piedra junto con el carbón y mineral de hierro que quedaba por fundirse. Vuelve a llenar su cubeta de hierro con el agua que antes se echó encima, la cual de alguna forma sigue fluyendo interminablemente, y planea retomar la investigación de esta extensa cueva cuanto antes, aunque para esto debe encontrar un camino por el cual seguir explorando, mas no pasa mucho tiempo hasta que vuelve a recordar al zombi que murió al caer en la lava, pensando en que este debió aparecer de otra sección de la caverna. Y al voltear al lugar de donde salió dicho zombi, descubre que, en efecto, hay otro camino oscuro y desconocido que lo podría conducir a otro lugar interesante, pero el problema está en que para llegar hasta allí tiene que cruzar el estanque de lava, aunque para esto piensa que podría volver a hacer uso del agua que trae consigo para convertir la lava en la resistente roca negra. No obstante, antes de hacerlo, un destello brillante lo deslumbra por un instante, lo cual obviamente llama su atención. Y al voltear en la dirección de donde supone que vino el sutil resplandor, logra ver pequeñas piedras brillantes justo al lado de la continuación de la cueva, justo de donde apareció el zombi, y de inmediato reconoce que se trata de un nuevo mineral. Además, divisa otro desconocido incrustado en la roca de encima del depósito de lava. Este último parece ser de color rojo, mientras que del primero, por la larga distancia, no distingue sus características.

Entonces, ahora más animado por haber encontrado nuevos minerales, el hombre rápidamente toma su cubeta de hierro con agua y la vierte en la lava, creando así un camino seguro de roca negra, recogiendo y esparciendo el agua una y otra vez para enfriar toda la lava. Hasta conseguir estar justo debajo del mineral rojo que vio hace un momento, al cual pica de inmediato apoyándose de un montículo de piedra que construye, después de asegurarse de que no hay ningún peligro cerca. Curiosamente, en cuanto lo hace, cae al suelo aquel material junto con un par de orbes brillantes, solo que, por alguna razón, hecho polvo, lo cual es bastante extraño, pues no golpeó el mineral con tanta fuerza como para pulverizarlo…, aunque no sería la primera vez que se jacta de poseer una fuerza superior a la que aparenta. Afortunadamente, aún hay más de este mineral oculto detrás del que picó, al cual esta vez golpea con mucho más cuidado para no destruirlo…, pero aun así solo consigue más de los orbes extraños y más polvo, que, a simple vista, pese a emitir una débil luz roja y por la experiencia que tuvo con la roca negra, supone que no sirve para nada. Sin embargo, por simple curiosidad, baja del montón de piedra que acomodó, se arrodilla y recoge un poco de este polvo rojizo. Y es en este instante cuando su libro comienza a llamar su atención, mismo al que no duda en revisar, percatándose así de que este polvo en realidad sí es útil, pues el libro, además de llamar “Polvo de piedra rojiza” a este peculiar mineral, menciona que con este puede crear “Antorchas de piedra rojiza”, “Bloques musicales”, “Pistones”, “Soltadores” y “Brújulas”. Quedando el hombre impresionado al descubrir que este polvo sirve para crear muchos más objetos de los que habría imaginado, los cuales parecen ser creaciones un poco más avanzadas y complejas que muchas otras anteriores, mismas que podrían ser útiles en un futuro.

Entonces, sabiendo que el polvo de piedra rojiza es útil, el hombre pica la demás piedra rojiza que hay para conseguir todo el polvo que pueda, hasta obtener una considerable cantidad de este, lo cual desvela una nueva creación en su libro: “Bloques de piedra rojiza”.

Ya con todo el polvo de piedra rojiza en sus bolsillos, continúa endureciendo la lava restante igual que al principio, para llegar al otro extremo del estanque y al otro mineral que también había visto.


Cuando llega por fin a la otra orilla del depósito de lava, enseguida se acerca al mineral desconocido que antes lo cegó ligeramente, comprendiendo ahora que se trata de una piedra reluciente, cristalina y de color azul claro incrustada en la roca natural, a la cual extrae tan rápido como la ve, consiguiendo así la piedra preciosa sin defecto alguno (a diferencia de los últimos dos materiales que picó). Y al igual que siempre, en cuanto recoge el mineral del suelo, su libro muestra algunas páginas con nueva información, esta vez acerca de esta piedra, a la que llama “Diamante”, y que, dice, sirve únicamente para crear “Palas de diamante” y “Tocadiscos”; lo cual le pareció bastante raro al hombre, particularmente por derivar solo en dos creaciones, ya que en cuanto tuvo este diamante en la palma de su mano, reconoció su increíble dureza, superior incluso a la de un lingote de hierro, “Cualidad que podría servir para muchas cosas, no solo para una simple pala o un tocadiscos (sea lo que sea).”, afirma el hombre. Le parece absurdo que incluso el simple polvo de piedra rojiza que encontró apenas, sirva para crear muchas más cosas interesantes que con este mineral, sin dudas, más llamativo y con potencial para muchas otras cosas, “Incluso podría sustituir a las herramientas y armaduras de hierro.”, imagina él. Pero ¿por qué solo puede crear una pala de diamante? Es entonces, con este último pensamiento, cuando deduce que tal vez sí existen más creaciones derivadas de este mineral, o al menos tiene la esperanza de que así sea, solo que todavía no tiene suficientes diamantes para poder crear esos supuestos objetos, lo cual explicaría por qué no aparecen más recetas, especialmente de otras herramientas además de la pala de diamante; como en su momento sucedió con los lingotes de hierro. Y a pesar de que son simples suposiciones, confía plenamente en que esta vez tampoco se equivoca. Aunque para estar seguro, tendrá que encontrar más diamantes y salir de sus dudas.


Entonces, el hombre guarda en su pantalón el preciado diamante y se adentra en la nueva gruta de la caverna en busca de más minerales, especialmente de este último hallado.

Sorprendentemente, apenas da unos cuantos pasos, divisa más diamantes entre la roca natural… O al menos eso creía, pero cuando se acerca muy emocionado, de inmediato se da cuenta de que este mineral sobresaliendo de la roca es de un color azul más oscuro que el diamante, y, además, no es cristalino, sino opaco. Aparte de eso, cuando lo pica para estar seguro, consigue, junto con unos cuantos orbes brillantes, bastantes piedras con dichas características; duras, aunque no tanto como el diamante, por lo que en este punto ya puede comprender que se trata de un nuevo mineral, que, a pesar de no haber sido lo que esperaba, le ayudará para conocer más cosas. O al menos eso pensaba, pero cuando revisó su libro en busca de nueva información al respecto, solo encontró el nombre de esta piedra: “Lapislázuli”, y solo una receta para crear “Bloques de lapislázuli” con una cantidad considerable de este mineral.

De cualquier manera, el hombre pica el lapislázuli que faltaba. Guarda todo y continúa por la gran cueva, con la idea de que entre más profundo se adentre, más posibilidades habrá de encontrar nuevos minerales como los últimos tres que acaba de hallar.

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480 стр. 167 иллюстраций
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9788468565811
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