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© Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá

Facultad de Ingeniería, Departamento de Ingeniería Mecánica y Mecatrónica

© Vicerrectoría de Sede Bogotá

Dirección de Investigación y Extensión - Dieb

© Vicerrectoría de Investigación

Editorial Universidad Nacional de Colombia

© Édgar Espejo Mora

Héctor Hernández Albañil

Primera edición, diciembre de 2017

ISBN 978-958-783-022-4 (papel)

ISBN 978-958-783-023-1 (digital)

ISBN 978-958-783-024-8 (IBD)

Colección Ingenio Propio

Serie Notas de Clase

Facultad de Ingeniería

Edición

Editorial Universidad Nacional de Colombia

direditorial@unal.edu.co

www.editorial.unal.edu.co

Coordinación editorial: Edicsson Quitián

Diseño de la colección: Ángela Pilone Herrera

Diagramación en LATEX: Ana Patricia Chávez

Bogotá, D. C., Colombia, 2017

Conversión a ePub

Manuvo Colombia SAS/ Mákina Editorial

https://makinaeditorial.com/

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales

Catalogación en la publicación Universidad Nacional de Colombia

Espejo Mora, Édgar, 1975-

Análisis de fallas de estructuras y elementos mecánicos / Édgar Espejo Mora, Héctor Hernández Albañil. – Primera edición. – Bogotá : Universidad Nacional de Colombia (Sede Bogotá). Facultad de Ingeniería, 2017.

734 páginas : ilustraciones (principalmente a color), diagramas, figuras. – (Colección Ingenio Propio. Serie Notas de Clase)

“Lecturas recomendadas y referencias” al final de cada capítulo e índices de figuras, tablas y temático

ISBN 978-958-783-022-4 (papel). – ISBN 978-958-783-023-1 (digital). –

ISBN 978-958-783-024-8 (IBD).

1. Fallas estructurales 2. Resistencia de materiales 3. Fractura de sólidos 4. Deformaciones (Mecánica) 5. Desgaste mecánico 6. Corrosión con esfuerzo 7. Fractografía 8. Ejes de transmisión 9. Engranajes 10. Cojinetes (Maquinaria) 11. Cables 12. Calderas I. Hernández Albañil, Héctor, 1943- II. Título III. Serie

CDD-23 620.1126 / 2017

Agradecimientos

A todas las empresas, personas naturales, laboratoristas y estudiantes, que de manera directa o indirecta colaboraron con los autores del texto, suministrando piezas, realizando análisis de laboratorio o llevando a cabo la diagramación de escritos anteriores.

A la Universidad Nacional de Colombia – Sede Bogotá, por la oportunidad brindada de organizar los escritos que condujeron al presente texto, durante la comisión de año sabático otorgada al profesor Édgar Espejo Mora entre julio del 2011 y julio del 2012.

TABLA DE CONTENIDO

PRÓLOGO

Todas las máquinas y estructuras son susceptibles de presentar fallas, ya que las condiciones reales de utilización, de fabricación, o las características de los materiales pueden discrepar de las que esperaba el diseñador; también desde el diseño se pueden cometer errores u omisiones. Por lo tanto, cada vez que ocurre una falla de un elemento mecánico, se debe implementar una metodología de análisis de falla, con el fin de establecer las causas y tomar acciones correctivas hacia el futuro.

En el 2002 los autores publicaron el libro titulado Mecánica de fractura y análisis de falla, que combinaba un componente teórico de la mecánica de cuerpos agrietados, con un resumen de la metodología del análisis de fallas, el cual estaba orientado a servir de texto guía a un curso de posgrado que integraba ambas áreas. Con el paso del tiempo se vio la necesidad de dividir la temática en tres cursos separados, uno dedicado a la mecánica de la fractura, otro al análisis de fallas y un tercero a los análisis de integridad estructural (aptitud para el servicio), con lo cual se inició el presente escrito centrado en el análisis de fallas.

En este texto se exponen los fundamentos metodológicos del análisis de fallas de componentes mecánicos y estructuras, y se presenta la teoría básica asociada con los modos de falla más comunes que muestran estos elementos. El contenido del texto es un resumen de tópicos tomados de varias fuentes bibliográficas, complementado con la experiencia ganada por los autores y los casos de falla analizados, a través de la labor de consultoría llevada a cabo durante cerca de doce años. Las gráficas y fotografías incluidas en el texto, corresponden a casos de análisis de falla adelantados por los autores.

En el capítulo 1 se presenta una introducción a los conceptos básicos relacionados con el análisis de fallas, los cuales se requieren para llevar a cabo la lectura de los demás apartados del texto. En los capítulos 2 a 5 se trata la teoría de los modos de falla relacionados con deformación, fractura, desgaste y corrosión, la cual es básica para poder identificar un determinado modo de falla que esté presente en un elemento fallado. El capítulo 6 presenta algunas deficiencias comunes de material y proceso de fabricación, que pueden inducir fallas en elementos mecánicos o estructuras. En los capítulos 7 y 8 se presenta la metodología básica para abordar un análisis de falla, incluyendo casos de ejemplo que muestran su aplicación. Los capítulos 9 a 16 están dedicados a modos de falla y sus causas más comunes en elementos mecánicos o estructuras específicas, como son los ejes, los engranajes, los cables, los rodamientos, los cojinetes, los tornillos, las uniones soldadas, las tuberías y los cuerpos de caldera.

Este escrito está orientado a servir como texto guía, tanto en cursos de pregrado como de posgrado en el área, y también se pretende que se constituya como una herramienta útil de consulta para los diferentes profesionales que en su vida laboral deban adelantar análisis de fallas de componentes mecánicos en diferentes ramos industriales.

El contenido del texto está diseñado para lectores con conocimiento básico de mecánica de sólidos, mecánica de la fractura, mecánica de fluidos, materiales de ingeniería, procesos de manufactura, máquinas térmicas, química y diseño de elementos de máquinas. A lo largo del libro el lector encontrará lecturas sugeridas que le permitan refrescar conocimientos en estos temas si ello es requerido.

Al final del libro se encuentra un índice de palabras clave en análisis de fallas de elementos mecánicos y estructuras, donde se adicionan algunas traducciones en el idioma inglés, para que el lector pueda buscar literatura científica especializada en cada tópico.

1
INTRODUCCIÓN AL ANÁLISIS DE FALLAS

Cuando se ha detectado la ocurrencia de una falla de un elemento mecánico, se debe adelantar un procedimiento lógico y sistemático cuyo objetivo sea establecer el mecanismo de falla y el modo o modos de falla presentes en este, con lo cual se responde la pregunta ¿cómo falló?; también se busca determinar las causas organizacionales y humanas que permitieron la ocurrencia de dicho evento de falla, es decir, responder la pregunta ¿por qué falló?; a todo este procedimiento se le denomina análisis de fallas. Como consecuencia de un análisis de fallas se establecen responsabilidades y se toman las acciones correctivas necesarias que minimicen la recurrencia futura de la falla. Cuando el objetivo último de un análisis de fallas es determinar responsabilidades legales por pérdidas económicas, de vidas, reclamos de garantías, pagos de seguros, etcétera, allí se habla de que se hace un análisis de ingeniería forense. En la figura 1.1 se muestra la relación entre los análisis de fallas y los de ingeniería forense.


Figura 1.1 Diagrama de bloques que esquematiza la relación entre los análisis de fallas y los de ingeniería forense

Fuente: elaboración propia.

1.1 FALLAS Y SU CLASIFICACIÓN

Cuando una estructura, un elemento, un conjunto de elementos de máquinas o un equipo durante su operación son incapaces de brindar las prestaciones, o las condiciones de seguridad, o la eficiencia, o la operatividad, o los costos de operación y mantenimiento, o la vida de servicio, o demás indicadores de desempeño dentro de los límites especificados por el diseñador, se dice que ha experimentado una falla.

Así pues, un sistema mecánico ha fallado cuando: (a) deja de operar, por ejemplo, en el caso de la fractura del cigüeñal del motor de un vehículo, lo cual anula completamente su funcionalidad; (b) sigue operado de manera no satisfactoria, por ejemplo, si el motor de un vehículo tiene alguna obstrucción en el sistema de admisión de aire, que hace que genere menos potencia con consumos mayores de combustible, lo cual lo hace ineficiente pero no necesariamente anula su funcionalidad; (c) el hecho de seguirlo utilizando puede provocar a futuro daños mayores, que sería el caso de tener un motor de combustión, el cual tenga degradado el aceite por contaminación con fluido refrigerante, lo cual no anula la funcionalidad inmediata del motor, pero hacia el futuro puede acelerar los problemas de desgaste adhesivo de las partes móviles y corrosión interna.

A la situación (a) descrita en el párrafo anterior se le llama falla catastrófica, ya que se genera parada total del equipo, lo que implica pérdidas económicas por el lucro cesante y los costos de reparación, o incluso puede conducir a pérdidas de vidas como es el caso de la industria automotriz. Las situaciones (b) y (c) no implican pérdida de funcionalidad, pero la baja eficiencia generada o el acortamiento de la vida a desgaste y corrosión de los elementos internos del motor, hace que se trabaje por fuera de los límites de diseño, por lo que se les conoce como fallas no catastróficas. El problema de las fallas no catastróficas está en que en la práctica pueden llevar a subestimar sus posibles consecuencias, porque una persona con un mínimo de conocimiento técnico es consciente de las implicaciones de la obstrucción del sistema de admisión de aire del motor o la contaminación del aceite con el fluido refrigerante y, por lo tanto, considerar estos eventos como fallas, para tomar así las acciones correctivas pertinentes, pero el conductor del vehículo puede que no los considere como fallas, ya que la funcionalidad no se ha perdido y, por lo tanto, no toma acciones correctivas.

Cuando una falla se desarrolla en tiempos muy cortos, por lo que es casi imposible su detección en etapas tempranas, con los sensores y tecnología disponibles, y que por lo tanto no permite realizar una parada programada del equipo para tomar una acción correctiva, la llamamos falla súbita. Este tipo de fallas generalmente son catastróficas. Ejemplos de algunos modos de falla comúnmente asociados con las fallas súbitas son la fractura frágil, la fractura dúctil o la deformación plástica.

Cuando la falla tiene un tiempo prolongado de evolución, que permite su detección en etapas tempranas y el seguimiento de su progreso, lo cual facilita la toma de acciones correctivas antes que se convierta en una falla catastrófica, la llamamos falla progresiva. La mayoría de los modos de falla son de este tipo, por lo que se tienen ejemplos como la fractura por fatiga, la fractura por corrosión bajo esfuerzo, el desgaste adhesivo, el desgaste abrasivo, la corrosión generalizada, entre otras. Si la velocidad de evolución de la falla progresiva es muy alta, puede llegar a convertirse en súbita; es el caso por ejemplo del desgaste adhesivo que experimenta un eje girando a altas revoluciones por minuto, sobre un cojinete que pierda completamente el suministro de lubricante, lo cual desencadena en pocas revoluciones del eje, aumento severo de la temperatura y fusión de las partes.

Es posible definir tanto para las fallas progresivas como para las súbitas, dos etapas generales: (1) falla en etapa latente o falla latente, que se caracteriza por ser una etapa en la cual el mecanismo de falla está en marcha (bien sea el mecanismo físico o el humano-organizacional), pero aún no se ha manifestado, es decir, el sistema mecánico no se ha salido de los parámetros de diseño, que corresponde, por ejemplo, a las primeras fases de contaminación del aceite con el líquido refrigerante en el ejemplo del motor contaminado; (2) falla en etapa manifiesta o falla manifiesta, donde la evolución del mecanismo ya ha hecho que el sistema mecánico se salga de los parámetros de diseño, que en el caso del ejemplo del aceite de motor contaminado con refrigerante, implica que este, después de varias horas de funcionamiento, ha variado sus propiedades físicas y químicas, y por lo tanto, ya se ha acelerado la velocidad de desgaste y corrosión de las partes internas del motor, siendo detectable el mecanismo de falla si se analizan el lubricante o las partes. En la figura 1.2 se resume la clasificación de las fallas.


Figura 1.2 Clasificación de las fallas

Fuente: elaboración propia.

1.2 MODO DE FALLA Y MECANISMO DE FALLA

La manera física o química en que un elemento de máquina se degrada se denomina modo de falla, es decir, hace referencia a la forma en que la pieza se agrieta, distorsiona, cambia de dimensiones, etcétera; ejemplos de modos de falla son la fractura por fatiga, la corrosión por picadura, el desgaste adhesivo, entre otros. El proceso mediante el cual un elemento de máquina falla se conoce como mecanismo de falla físico o simplemente como mecanismo de falla, es decir, se refiere a toda la secuencia de eventos físicos o químicos involucrados, desde la fuente de la falla hasta que esta es detectada, por lo tanto, un mecanismo de falla puede incluir secuencias de modos de falla y se trata de una secuencia de eventos causa-efecto físicos. Al establecerse el mecanismo de falla de una pieza se responde a la pregunta ¿cómo falló? En la figura 1.3 se esquematiza la relación entre la fuente de la falla, los modos de falla y el mecanismo de falla.


Figura 1.3 Relación entre fuente, modos y mecanismo de falla

Fuente: elaboración propia.

A manera de ejemplo tomemos el caso de la falla catastrófica hipotética por fractura del cigüeñal de un motor, donde al adelantarse la inspección fractográfica el especialista puede determinar que el modo de falla final fue fractura por fatiga bajo carga de flexión, y al seguir inspeccionando el cigüeñal, nota que la zona de origen del agrietamiento por fatiga corresponde a una de daño previo por desgaste adhesivo contra un cojinete de biela, y al verificar la referencia del cojinete nota que el espesor de este es inferior al necesario para el diámetro del cigüeñal y fue colocado en el último mantenimiento realizado al motor. Con lo anterior el mecanismo de falla que identifica el especialista es el siguiente: por un mantenimiento deficiente (fuente de falla), se colocó un cojinete de bajo espesor sobre el cigüeñal, el cual no generó una película de aceite apropiada entre estos elementos, desencadenando desgaste adhesivo con un posterior agrietamiento por fatiga, el cual finalmente inutilizó al cigüeñal. Nótese que en este caso se tienen dos modos de falla secuenciales dentro del mecanismo de falla (figura 1.4).

Los elementos mecánicos son piezas de máquinas diseñadas para soportar cargas o deformaciones, bajo unas determinadas condiciones de radiación electromagnética o de radiación material incidente, de temperatura, de presión y de composición química del medio ambiente circundante, lo cual hace que se desarrollen varios modos de falla en el tiempo, que se pueden agrupar en cuatro familias básicas (figura 1.5), estos modos aplican también a estructuras.


Figura 1.4 Ejemplo de un mecanismo de falla hipotético en la fractura de un cigüeñal de motor

Fuente: elaboración propia.


Figura 1.5 Familias de modos de falla básicos de los elementos mecánicos y las estructuras

Fuente: elaboración propia.

Las fallas por deformación o distorsión se presentan, si bajo la acción de las cargas una pieza cambia su geometría de manera permanente (deformación plástica) o si su deformación elástica no es la esperada, bien sea por muy elevada o muy baja. Un estado vibratorio anormal en un equipo puede ser consecuencia de la evolución de modos de falla por deformación, fractura, desgaste o corrosión, sin embargo, también es posible tener fallas por vibración, lo cual indica que se tienen amplitudes, velocidades, aceleraciones o frecuencias de vibración fuera de rango, que pueden desencadenar la ocurrencia de los otros modos de falla. Las fallas por deformación y vibración se pueden agrupar en una misma familia, ya que la vibración es una deformación cíclica. Las fallas por fractura son modos de falla mediante los cuales se disgrega en dos o más fragmentos un elemento de máquina o estructura, lo cual ocurre como consecuencia de la generación y posterior propagación de grietas en la pieza bajo la acción de las cargas que experimenta. Las fallas por desgaste y las fallas por corrosión son modos de falla que remueven, agregan o desplazan material de la superficie de las piezas, modificando su estructura, enlaces químicos, composición química, geometría y dimensiones, dándose estos procesos bajo la acción de esfuerzos de contacto o deslizantes en el caso del desgaste, y por la acción química, electroquímica o de la radiación del medio que rodea una pieza en el caso de la corrosión. Dentro de los fenómenos de corrosión se incluyen también aquellos modos de falla, derivados de la modificación de propiedades de los materiales por la interacción con el medio ambiente, sin que necesariamente se haya dado modificación de la geometría o dimensiones de una pieza. Es posible tener sinergias entre modos de falla (acción conjunta), por ejemplo, fallas por corrosión fractura, donde cargas y medio corrosivo promueven la fractura de una pieza, o fallas por corrosión desgaste, donde se presenta modificación superficial de las piezas, por la acción combinada de esfuerzos de contacto y un medio corrosivo.

1.3 FUENTES GENERALES DE LAS FALLAS

El evento final de un mecanismo de falla es el modo de falla final detectado dentro del proceso de falla, mientras que el evento inicial del mecanismo de falla corresponde a la fuente de la falla o causa física de la falla (figura 1.3). Las fuentes generales de falla son las siguientes (figura 1.6):


Figura 1.6 Fuentes de falla básicas de los elementos mecánicos y estructuras

Fuente: elaboración propia.

1.Deficiencias de diseño. Cuando el elemento, equipo o estructura es incapaz de soportar las cargas, deformaciones y medio ambiente para los cuales fue concebido (radiación, composición, temperatura y presión), debido a deficiencias en el proceso de diseño. Ejemplos comunes son, a saber: especificar concentradores de esfuerzos severos en las piezas; realizar una inadecuada selección del material, proceso o procedimiento de fabricación; no haberse realizado un estudio juicioso de las cargas por soportar; cálculos de dimensionamiento erróneos o incompletos; entrega de planos incompletos o errados al fabricante, etcétera.

2.Deficiencias de material. Cuando el elemento, equipo o estructura es incapaz de soportar las cargas, deformaciones y medio ambiente para los cuales fue concebido (radiación, composición, temperatura y presión), debido a que el material en el cual fue construido no posee la resistencia que especificó el diseñador. Esto se debe básicamente a una composición química del material alejada de las especificaciones, que genera problemas como contenido excesivo de inclusiones, o facilitación en la generación de segregaciones, o incapacidad de lograrse las propiedades mecánicas deseadas a través del proceso de fabricación escogido.

3.Deficiencias de fabricación. Cuando el elemento, equipo o estructura es incapaz de soportar las cargas, deformaciones y medio ambiente para los cuales fue concebido (radiación, composición, temperatura y presión), debido a que en su proceso de fabricación hubo deficiencias que hicieron que la pieza no quedara con la resistencia que especificó el diseñador. Ejemplos pueden ser: generación de concentradores de esfuerzo severos en la geometría de las piezas que no estaban especificados en planos; generación de esfuerzos residuales no deseables por inadecuados procesos de enfriamiento; ciclos termomecánicos que faciliten fenómenos de segregación; procedimientos de soldadura inadecuados que inducen discontinuidades; procedimientos inadecuados de tratamientos térmicos que generan agrietamientos y oxidación, etcétera.

4.Deficiencias de transporte. Cuando el elemento, equipo o estructura es incapaz de soportar las cargas, deformaciones y medio ambiente para los cuales fue concebido (radiación, composición, temperatura y presión), producto de deficiencias en el embalaje, medio de transporte, manipulación, etcétera, que atentan contra la integridad de los equipos; generando, por ejemplo, impactos, corrosión, desensamble, entre otros, durante el traslado de estos desde las fábricas hasta el lugar donde serán montados e instalados.

5.Deficiencias de montaje. Cuando el elemento, equipo o estructura es incapaz de soportar las cargas, deformaciones y medio ambiente para los cuales fue concebido (radiación, composición, temperatura y presión), debido a que durante su montaje o ensamble se incurrió en deficiencias que modificaron su resistencia o aumentaron las solicitaciones de servicio. Algunos ejemplos son los siguientes: desalineamientos que generan esfuerzos parásitos, inapropiada cimentación de una máquina que la hace trabajar en un alto estado vibratorio, montaje con golpes sobre las piezas que dañan sus superficies, etcétera.

6.Deficiencias de operación. Cuando el elemento, equipo o estructura es incapaz de soportar las cargas, deformaciones y medio ambiente que experimenta en servicio (radiación, composición, temperatura y presión), debido a que estas solicitaciones son superiores a las especificadas por una inadecuada operación. Generalmente se presenta cuando el equipo se usa en una aplicación para la cual no fue diseñado o es sometido a condiciones severas de velocidad, carga, temperatura, medio ambiente, etcétera.

7.Deficiencias de mantenimiento. Cuando el elemento, equipo o estructura es incapaz de soportar las cargas, deformaciones y medio ambiente que experimenta en servicio (radiación, composición, temperatura y presión), debido a que no se ejecutó una labor de mantenimiento en el momento adecuado o se hizo incompleta. Ejemplos son los siguientes: cambios de aceite superiores en tiempo a lo recomendado por el diseñador, recambio de piezas en tiempos superiores a los recomendados, uso de repuestos no probados y aprobados por el diseñador, etcétera.

1.4 CAUSA RAÍZ DE FALLA

Al establecerse la fuente de falla dentro del mecanismo de falla se ha respondido la pregunta sobre ¿cómo falló?, pero aún sigue estando sin respuesta la pregunta ¿por qué falló?, la respuesta a esta pregunta es lo que se conoce como causa raíz de falla. Al establecerse la fuente de falla se tiene claro que hubo deficiencias en el diseño, o en la calidad del material, o en la calidad del proceso de fabricación, o en el transporte, o en el montaje, o en la operación, o en el mantenimiento del elemento fallado, sin embargo, todas estas actividades son adelantadas por personas adscritas a organizaciones, por lo tanto, la causa raíz de falla debe establecer por qué razón o razones las personas y organizaciones responsables del proceso asociado al diseño, el material, la fabricación, el transporte, el montaje, la operación y el mantenimiento del equipo o estructura, hicieron su trabajo de manera deficiente. Un buen análisis de falla debe detectar la o las causas raíces de falla, para de esta manera poderse tomar las acciones correctivas en personas y organizaciones que minimicen la recurrencia futura.

Si retomamos el ejemplo de la falla por fractura del cigüeñal del motor, y asumimos que los analistas no hayan quedado conformes con haber detectado que la fuente de falla era un mantenimiento inadecuado que permitió la instalación de un cojinete no apropiado, es posible que estos al seguir indagando detecten que el mecánico responsable de colocar el cojinete no seleccionó el adecuado, por no haber consultado el manual de mantenimiento del motor. Al continuar la investigación los analistas pueden darse cuenta de que el mecánico no consultó el manual, sino que confió en su propia experiencia, porque en el taller en el cual trabaja no existe un procedimiento escrito y difundido que lo exija, si este es el caso se puede concluir que la causa raíz de falla está en que la jefatura del taller no tenía una política de calidad. En la figura 1.7 se resume lo anterior.


Figura 1.7 Ampliación de la figura 1.4, donde se encadena con otros eventos desde la causa raíz de falla (mecanismo humano u organizacional de falla)

Fuente: elaboración propia.

En resumen, podemos decir que la causa raíz de falla desencadena una serie de eventos que hacen parte de lo que llamaremos mecanismo de falla humano u organizacional o mecanismo humano-organizacional, el cual culmina en la fuente de falla. A partir de la fuente de falla la secuencia de eventos físicos y químicos que llevan al modo de falla final es lo que hemos llamado mecanismo de falla. Si consideramos todo el proceso de falla desde la causa raíz hasta el modo de falla final, encontramos que la etapa latente generalmente cubre la mayoría del mecanismo de falla humano u organizacional y algunas veces parte del mecanismo de falla (físico o químico), mientras que en la etapa manifiesta es lo contrario (figura 1.8).

Las causas raíces de falla se pueden agrupar en las siguientes categorías (figura 1.9):


Figura 1.8 Proceso de falla, sus elementos y etapas

Fuente: elaboración propia.


Figura 1.9 Causas raíces de falla básicas

Fuente: elaboración propia.

1.Deficiencias en el diseño del sistema de calidad. Cuando el proceso asociado con el diseño, el material, la fabricación, el transporte, el montaje, la operación o el mantenimiento de un elemento, equipo o estructura, favorece la ocurrencia de una falla, es decir, actúa como fuente de falla, producto de una deficiencia o ausencia en el diseño del sistema de calidad asociado. Ejemplos de ello son la ausencia de políticas de calidad en la organización, ausencia de una estructura organizacional y de responsabilidades asociadas con el sistema de calidad, ausencia de procedimientos o instrucciones de trabajo (cuando la organización confía en la experiencia de la gente para hacer su trabajo y, por lo tanto, no tiene escritos procedimientos), etcétera. Cuando la fuente de falla se encuentra en deficiencias del diseño del sistema de calidad, una causa raíz común está en la ausencia de procedimientos de diseño o de medición de las solicitaciones o de resistencias de los elementos (es el caso de un fabricante de equipos que base sus diseños más en copia que en ingeniería propia).

2.Deficiencias en los procedimientos del proceso. Cuando el proceso asociado con el diseño, el material, la fabricación, el transporte, el montaje, la operación o el mantenimiento de un elemento, equipo o estructura, favorece la ocurrencia de una falla, es decir, actúa como fuente de falla, producto de deficiencias en los procedimientos e instrucciones de trabajo que maneja la organización; es el caso de procedimientos incompletos, errados o imprecisos que inducen a fallas. Un ejemplo se da en equipos pioneros o tecnologías nuevas, donde por el desconocimiento de los diseñadores en la aplicación en particular, es altamente probable cometer errores u omisiones en la generación de los procedimientos, es el caso de los transbordadores espaciales de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), donde de 5 transbordadores construidos 2 tuvieron fallas catastróficas (Challenger y Columbia), es decir, un porcentaje de falla del 40 %; en este caso la causa raíz de falla estuvo en la imposibilidad por parte de los diseñadores, de prever todos los escenarios de falla para hacer un procedimiento de diseño seguro, en un equipo que era el primero de su tipo.

3.Deficiencias en la ejecución de los procedimientos. Cuando el proceso asociado con el diseño, el material, la fabricación, el transporte, el montaje, la operación o el mantenimiento de un elemento, equipo o estructura, favorece la ocurrencia de una falla, es decir, actúa como fuente de falla, como consecuencia de disparidades entre los procedimientos e instrucciones de trabajo generados con las labores efectivamente realizadas. Puede ser el caso de la existencia de procedimientos de trabajo no actualizados, o la no difusión de los procedimientos al personal encargado desde la gerencia.

4.Deficiencias en los recursos asignados. Cuando el proceso asociado con el diseño, el material, la fabricación, el transporte, el montaje, la operación o el mantenimiento de un elemento, equipo o estructura, favorece la ocurrencia de una falla, es decir, actúa como fuente de falla, producto de una deficiencia o ausencia en los recursos asignados por la organización. Recordando que los recursos son tanto físicos como humanos, se tienen ejemplos como la falta de herramientas y equipos adecuados, falta de capacitación adecuada, sobrecarga laboral (conduce a cansancio, falta de atención, omisiones), recortes de presupuesto, entre otros ejemplos.

5.Errores humanos, violaciones y negligencias. Cuando el proceso asociado con el diseño, el material, la fabricación, el transporte, el montaje, la operación o el mantenimiento de un elemento, equipo o estructura, favorece la ocurrencia de una falla, es decir, actúa como fuente de falla, debido a un error humano, una violación o una negligencia. Un error humano es una desviación de la conducta esperada por acción u omisión no intencional de un individuo, una violación en cambio es un acto intencional que busca inducir una falla, mientras que una negligencia es una desviación de la conducta esperada, sin la intencionalidad de provocar una falla, aunque con el conocimiento de que dicha acción tiene un riesgo mayor asociado. Un error humano se presenta, por ejemplo, cuando de manera involuntaria un operario se salta un paso dentro de un procedimiento. Una violación se presenta como un acto deliberado de sabotaje. Un ejemplo de negligencia se da cuando un operario capacitado decide operar un equipo sin los elementos de seguridad respectivos.

Las causas raíces 1 a 4 anteriormente mencionadas, son responsabilidad directa de la organización y, por lo tanto, las llamamos organizacionales, y es la gerencia de dicha organización la directamente responsable de las fallas que se generen allí, ya que ella fue la que generó la estructura organizacional, la política de calidad, la selección y distribución de recursos, el diseño de los procesos y procedimientos, etcétera. Por lo anterior, todas aquellas personas que hacen parte del nivel gerencial son las directamente encargadas de implementar las acciones correctivas futuras.

La quinta causa raíz recae directamente sobre los individuos que ejecutan los diferentes procedimientos, y por ello es una causa de falla humana y no organizacional. Cada individuo por tanto es el responsable de implementar las acciones correctivas hacia el futuro.

1.5 SOLICITACIÓN, RESISTENCIA Y FACTOR DE SEGURIDAD

Los elementos mecánicos y estructurales son expuestos a cargas durante su trabajo (fuerzas y momentos) y deformaciones por la interacción con otros cuerpos, con unas determinadas condiciones de radiación, temperatura, presión y composición química del medio circundante; dicho medio, a su vez, puede ser un líquido o un gas y, por lo tanto, ser un fluido monofásico o ser una mezcla de líquido-sólido, gas-sólido, líquido-gas, líquido-gas-sólido, líquido A-líquido B, gas A-gas B, etcétera, en cuyo caso se tiene un fluido multifásico.

Así pues, una pieza es sometida en servicio a estímulos físicos y químicos que generarán de esta algún tipo de respuesta, a estos estímulos los llamaremos solicitaciones. Por otro lado, en virtud del material del cual está hecha la pieza, de su proceso de fabricación, de su tamaño, de su geometría, de su acabado superficial, etcétera, esta será capaz o no de soportar las solicitaciones sin llegar a falla, a esto le llamaremos resistencia del elemento mecánico o estructura.

Para poder diseñar un elemento mecánico o estructura se debe escoger una magnitud física o química en la cual se pueda cuantificar y comparar la solicitación y la resistencia. En el caso del diseño a fractura o deformación plástica, una magnitud comunmente usada es el esfuerzo (carga por unidad de área), donde el valor límite de esta magnitud para una pieza puede ser la resistencia a tensión, la resistencia a fatiga, la resistencia a fluencia, etcétera; en el diseño a desgaste una posible magnitud por usar es la rata de desgaste (cantidad adimensional), siendo el valor límite la máxima rata de desgaste; en el diseño a corrosión una magnitud por usar puede ser la velocidad de la corrosión (espesor de material perdido por año), teniéndose igual que en el caso del desgaste un valor límite máximo; en el diseño a deformación elástica la magnitud puede ser el desplazamiento, siendo su resistencia un desplazamiento límite máximo o mínimo; en el diseño a vibración se puede cuantificar los desplazamientos, velocidades o aceleraciones de vibración, imponiéndose, por ejemplo, límites máximos.

Para cada una de las cuatro familias de modos de falla básicos (deformación- vibración, fractura, desgaste y corrosión) se pueden usar varias magnitudes físicas de estudio, con las cuales cuantificar las solicitaciones y comparar con las resistencias, con lo cual el diseñador debe escoger de acuerdo con la aplicación las magnitudes más adecuadas para adelantar el diseño del respectivo elemento mecánico. Los valores de la solicitación y la resistencia a un modo de falla específico, en general dependen del material usado en la pieza y de variables como la forma, el tamaño, el acabado superficial, el medio ambiente, entre muchos otros. Algunas resistencias son fuertemente dependientes del material, más que de las otras variables geométricas o de medio ambiente, como puede ser el caso de la resistencia a tracción; ello le facilita enormemente el trabajo al diseñador, ya que a partir de ensayos normalizados de material, puede obtener un valor de resistencia a tracción que extrapole a muchas geometrías de piezas. En otros casos el valor de la solicitación y/o de la resistencia al modo de falla es fuertemente influenciado por la geometría y medio ambiente de la pieza, como es el caso de la velocidad de corrosión, ya que un mismo material presenta diferentes velocidades de deterioro en diferentes medios y con diferentes geometrías; esto obliga al diseñador a hacer ensayos muy cercanos a cada aplicación particular que tenga, para obtener datos confiables tanto de la solicitación como de la resistencia. Como regla general para la minimización en la ocurrencia de las fallas, se deberá propender por determinar todas las solicitaciones y resistencias a los modos de falla, a partir de ensayos en condiciones cercanas a las de operación.

Una vez definida la magnitud física por usar durante el diseño de una pieza mecánica, se procede a escoger el material y dimensionarla a partir de los valores de la solicitación y la resistencia. Una práctica común del diseño consiste en proyectar la pieza para que en servicio sea sometida a una solicitación máxima admisible, la cual es menor a su resistencia o valor límite máximo. El cociente entre la resistencia teórica de la pieza (valor límite máximo) y la solicitación máxima admisible se denomina factor de seguridad (FS), ecuación 1.1. Dicho factor toma valores comunmente entre 1, 2 y 3, o mayores en ciertas aplicaciones, para asegurar que no ocurra falla, cuantificando de manera indirecta la inseguridad que tiene el diseñador del valor de la resistencia y del valor de la solicitacion real a la cual será sometida la pieza (a mayor factor de seguridad mayor incertidumbre en el diseñador).


FS= Resistencia teórica Solictación máxima admisible (1.1)

En las aplicaciones reales la resistencia y la solicitación no son exactamente las esperadas por el diseñador, por lo que el cociente entre la resistencia real y la solicitación real que tiene la pieza en servicio se denomina factor de seguridad real (FSREAL), ecuación 1.2. Debido a esta discrepancia, el valor del factor de seguridad real puede ser menor que el esperado por el diseñador, figura 1.10, lo cual, aunado a las consideraciones estadísticas que se describen en el siguiente numeral, puede aumentar la probabilidad de falla.


F S REAL = Resistencia real Solictación real (1.2)


Figura 1.10 Relación entre las solicitaciones y resistencias teóricas y reales

Fuente: elaboración propia.

Diseñar elementos mecánicos y estructuras basados en el método de cálculo del factor de seguridad es una práctica muy extendida en el medio ingenieril. Si el lector no está familizarizado con esta filosofía de diseño, puede consultar alguna de las referencias [13].

1.6 PROBABILIDAD DE FALLA Y CONFIABILIDAD

Muchos parámetros relacionados con la resistencia real de un elemento mecánico o estructura a presentar alguno de los modos de falla y con la solicitación real, están sujetos a incertidumbres y variabilidad, es decir, tanto la solicitación real como la resistencia real se pueden representar mediante variables aleatorias con sus correspondientes funciones de densidad de probabilidad (figura 1.11). La variabilidad de la solicitación implica que en servicio esta cambia en cada ciclo de trabajo del elemento, siendo algunas veces mayor y en otras menor; mientras que la variabilidad en la resistencia proviene de la variación en la calidad del proceso de fabricacion de una pieza a otra, de su homogenidad, de su cambio dimensional en servicio, etcétera.


Figura 1.11 Distribuciones de la solicitación y la resistencia reales de una pieza

Nota. El solapo entre estas dos distribuciones representa la probabilidad de falla (área).

Fuente: elaboración propia.

El concepto de probabilidad de falla (Pf ) está relacionado con el criterio según el cual ocurre falla cuando la solicitación real en un componente iguala o excede su resistencia real (figura 1.11), o en otras palabras, cuando el factor de seguridad real se hace igual a uno o menor. Entonces, suponiendo que tanto la resistencia como la solicitación son variables aleatorias, la probabilidad de falla se puede determinar mediante la ecuación 1.3.


P f = Probabilidad |R≤S| (1.3)

Donde R y S son las variables aleatorias de la resistencia y de la solitación, respectivamente. Para definir la distribución de probabilidad de la solicitación es necesario cuantificar las cargas experimentadas por las piezas, por análisis o por medidas directas de campo. Luego, los datos de campo se representan por un modelo teórico de distribución de la solicitación. Nótese que la probabilidad de falla nunca llega a ser cero, es decir, la naturaleza aleatoria de la solicitación y la resistencia no permite generar diseños cien por ciento seguros.

En aplicación la probabilidad de falla de una pieza puede aumentar respecto a su condición inicial, por el aumento en la variabilidad de la solicitación o de la resistencia, o por una conjunción de aumento de la solicitación promedio (S¯) y disminución de la resistencia promedio (R¯), figura 1.12.


Figura 1.12 Escenarios posibles para el aumento de la probabilidad de falla en servicio

Fuente: elaboración propia.

La probabilidad de superviviencia o confiabilidad (Ps) de un componente o de una estructura está definida en la ecuación 1.4. Numéricamente, el nivel de confiabilidad representa el porcentaje de sobrevivencias de un gran número de unidades en un determinado tiempo de servicio.


P s =1− P f (1.4)

La exactitud con que se estime la probabilidad de falla o la confiabilidad depende de la caracterización estadística apropiada tanto de la resistencia como de la solicitación. El grado de incertidumbre puede ser disminuido por la actualización continua de información de las solicitaciones y resistencias reales de un componente.

En un análisis del mecanismo de falla, en últimas se pretende determinar qué fuente o fuentes de falla aumentaron la probabilidad de falla, al modificar la solicitación real o la resistencia. Deficiencias de diseño, transporte, montaje, operación o mantenimiento pueden implicar solicitaciones reales mayores o resistencias reales menores a las esperadas; deficiencias en el material o en el proceso de fabricación generalmente implican resistencias reales menores.

El diseño de elementos mecánicos y estructuras basado en lograr una confiabilidad determinada (o probabilidad de falla) es una filosofía de diseño que actualmente está ganado terreno y que va más acorde con la naturaleza estadística de la solicitación y la resistencia. En [4] se encuentra un resumen de este enfoque de diseño.

1.7 ANÁLISIS COMPLEMENTARIOS A LOS DE FALLA

Los análisis de falla hacen parte de un conjunto de metodologías relacionadas con el manejo de la integridad mecánica de activos. La integridad mecánica de activos es una filosofía de diseño, fabricación, ensamble, operación y mantenimiento de activos que busca la minimización de la ocurrencia de las fallas y, por ende, de sus consecuencias, durante la vida últil de las partes, equipos, instalaciones mecánicas y estructuras.

Desde las etapas del diseño el diseñador puede prever los mecanismos y modos de falla potenciales de la estructura, componente o equipo mecánico que está concibiendo, para estimar así las probabilidades de falla asociadas, la forma de monitorear su evolución, las posibles causas y sus posibles consecuencias, haciendo las correcciones necesarias a los diseños que aseguren que se cumplirá con las prestaciones, criterios de seguridad y tiempo de vida esperado, a esto se le denomina análisis de modos de falla y sus efectos cuya sigla en español es AMFE.

Los análisis de falla se ocupan de fallas ya ocurridas, es decir, post mortem, y los AMFE se ocupan de fallas potenciales; sin embargo, para adelantar los dos análisis y otros que se mencionan más adelante, se requiere que las personas encargadas tengan un conocimiento profundo de los mecanismos de falla y modos de falla posibles de los elementos de máquinas que analizarán.

Antes de mencionar los demás análisis complementarios a los análisis de fallas, dentro del manejo de la integridad mecánica de activos conviene definir algunos términos: rata de falla o frecuencia de falla, que hace referencia a la cantidad de eventos de falla que puede experimentar un elemento, equipo, estructura o instalación durante un intervalo de tiempo dado; severidad de un evento de falla es una medida de la consecuencia más grave que puede tener la ocurrencia de dicho evento, y es proporcional al grado de lesión personal causado, daño físico del sistema o infraestructura, contaminación causada al medio ambiente, etcétera; mantenibilidad es la facilidad con que se pueden realizar todas las labores de mantenimiento de un equipo, de manera que se minimice la ocurrencia de las fallas; disponibilidad corresponde a la fracción de tiempo que un equipo está disponible para ser usado, respecto al tiempo total analizado; criticidad es una medida del impacto que tiene un modo de falla en el cumplimiento del objetivo del equipo o instalación, por lo tanto, depende de la rata de falla y de su severidad; riesgo es un concepto íntimamente relacionado con el de criticidad, y mide el nivel de pérdida económica o humana que tiene un modo de falla, se centra en el impacto sobre una organización, por lo tanto, también depende de la rata de falla y la severidad.

Dentro del manejo de la integridad mecánica de partes, equipos, estructuras e instalaciones, se adelantan los siguientes análisis complementarios a los de fallas y los AMFE: análisis de confiabilidad es aquel cuyo objetivo es establecer la confiabilidad de un equipo a partir del conocimiento de su historial de fallas, o de las leyes físicas que gobiernan el desarrollo de los modos de falla involucrados; análisis de confiabilidad, disponibilidad y mantenibilidad (Análisis CDM), el cual es un procedimiento que usa los análisis de confiabilidad y la estrategia de mantenimiento usada, para pronosticar pérdidas de producción y falta de disponibilidad de un proceso; análisis de criticidad, que es un procedimiento en el que cada modo de falla es jerarquizado de acuerdo con su frecuencia de falla y la severidad de su efecto sobre el cumplimiento del objetivo; análisis de riesgo, similar al análisis de criticidad, pero en este caso la jerarquización mide el impacto sobre la pérdida económica, humana o ambiental; análisis de aptitud para el servicio, en el cual, a partir de la medición del estado actual de evolución de los modos de falla de un equipo, se determina si este puede seguir operando y hasta cuándo lo puede hacer de manera segura, usando las leyes que gobiernan cada modo de falla involucrado. En la figura 1.13 se esquematiza la relación entre los diferentes análisis mencionados y el manejo de la integridad mecánica.

El lector puede acudir a las siguientes lecturas para profundizar sobre cada uno de los análisis mencionados en este capítulo: análisis de fallas [5]; análisis de ingeniería forense [6]; análisis de modos de falla y sus efectos Amfe [7]; análisis de confiabilidad [8]; análisis de confiabilidad, disponibilidad y mantenibilidad CDM [9]; análisis de criticidad y riesgo [10], y análisis de aptitud para el servicio [11].


Figura 1.13 Sistema de manejo de la integridad mecánica de activos que asegura alta confiabilidad y disponibilidad

Fuente: elaboración propia.

1.8 COSTOS, TIEMPO Y PERFIL DE LOS ANALISTAS DE FALLA

La realización de un análisis de fallas implica un costo importante en tiempo y dinero; típicamente el análisis de un componente de máquina fallado puede durar entre 1 y 2 meses, y su costo puede oscilar entre 3.000 y 20.000 dólares americanos, lo que incluye el costo de los análisis de laboratorio y los honorarios de 1 o 2 analistas. Análisis más complejos como los de accidentes aeronáuticos pueden requerir de 6 meses a 1 año de realización, con costos que pueden llegar a ser del orden de millones de dólares, ya que se incluyen varios analistas de falla, personal técnico, administrativo, y varias pruebas de laboratorio especializadas. Por ejemplo, el análisis de falla del transbordador espacial Columbia involucró a un panel de 13 expertos más el personal de apoyo, donde se adelantaron entrevistas, inspecciones y diferentes tipos de ensayos, cuyo costo total se estimó en cerca de 400 millones de dólares de la época [12], tomando un tiempo de aproximadamente 7 meses.

Debido a su costo, la realización de un análisis de falla con todas las etapas que se describen en los numerales 7.1 y 7.2 solo se justifica si se trata de un problema crónico (fallas repetitivas) o si el costo del análisis es inferior al valor del equipo. Un ejemplo donde un análisis de falla no es justificable realizarlo desde el punto de vista económico es el siguiente: si se hacen todos los ensayos e inversión de tiempo del analista de falla en un evento de falla de un rodamiento, el costo puede ser de 1.500 dólares americanos y se puede demorar cerca de 3 semanas, lo cual es muy alto al compararse con el valor del rodamiento que es apenas de 200 dólares, con un tiempo de reposición de apenas unos minutos. Si esta falla de rodamiento no es aislada sino crónica, es decir, que el costo del recambio continuo de rodamientos es muy alto, puede que ahí se justifique realizar el análisis si el potencial de ahorro en mantenimiento es mayor que el costo del análisis de falla.

Un análisis de falla de un componente, equipo o estructura mecánica involucra varias disciplinas como el diseño mecánico, la caracterización de materiales, el mantenimiento de equipos, sistemas de control, las condiciones propias de la operación (ingeniería de petróleos, aeronáutica, etcétera), la psicología, la sociología (estas dos disciplinas se requieren cuando se buscan causas de una falla en el comportamiento humano o social), etcétera. Por lo anterior, el escenario ideal es que el análisis sea adelantado por un equipo multidisciplinario de expertos de todas estas áreas, con el fin de poder evaluar con mayor certeza cuál o cuáles son las causas raíces de la falla. Así pues, la visión tradicional de nuestro medio, que deja la responsabilidad del análisis de falla solo a especialistas del área de materiales, es errada, ya que, a este profesional, por su formación, le resulta difícil identificar posibles causas en el ámbito del diseño, el transporte, el montaje, la operación o el mantenimiento.

1.9 EL PAPEL DEL ANÁLISIS DE FALLA EN LA METÓDICA DEL DISEÑO

Una máquina está integrada por decenas, cientos o miles de piezas, las cuales, a su vez, se encuentran agrupadas en sistemas; luego, al hablar del diseño y construcción de una máquina se está hablando en realidad del diseño y construcción de cada uno de sus sistemas y dentro de estos de cada una de sus partes, a lo cual sigue el ensamblaje de las piezas para formar la máquina total (montaje), la prueba del conjunto, la operación y el mantenimiento (figura 1.14).


Figura 1.14 El análisis de falla y su función en la metódica general del diseño

Fuente: elaboración propia.

Un segundo aspecto importante, adicional a la complejidad propia de las máquinas integradas por sistemas y partes, se encuentra en el hecho de que todo diseño que se haga siempre está basado en diseños anteriores (excepto que se trate de una tecnología radicalmente nueva), por ejemplo, los primeros diseñadores y constructores de automóviles y aviones hicieron sus trabajos basándose en la experiencia acumulada por más de un siglo, en el diseño y construcción de maquinaria industrial y de las primeras máquinas de trasporte como las bicicletas, las locomotoras y los barcos de vapor, entre otros; además, es importante hacer énfasis en que los precursores en la construcción de estas máquinas no partieron de cero, ya que si se mira la historia de muchos de ellos, se encuentra que eran técnicos o ingenieros especialistas en una actividad afín. Se pueden mencionar casos famosos como el de los hermanos Wright, inventores del vuelo controlado y propulsado, los cuales eran diestros constructores de bicicletas, o el de Benz, quien antes de presentar su primer carruaje motorizado llevaba una extensa trayectoria en la construcción de motores de combustión estacionarios. Debido a lo anterior, se hace evidente que en el proceso del diseño y construcción de maquinaria es de vital importancia el conocimiento acumulado en los diseñadores de la máquina.

Por lo anterior, es importante tener presente que el conocimiento acumulado es el núcleo fundamental en el proceso de diseño y construcción de máquinas (figura 1.14), por ello, la historia de una industria de punta actual como la espacial no tiene sus raíces en las loables obras de ingeniería realizadas por precursores europeos y americanos durante el siglo XX, sino que proviene de todo un conocimiento acumulado en esos países desde el siglo XVII cuando empezó la Revolución Industrial.

El tercer factor por analizar es el significado del conocimiento acumulado en el proceso de diseño y construcción de máquinas, el cual se puede definir como la forma científica, ingenieril y técnica en que la máquina cumplirá las funciones que se le piden, es decir, es el conocimiento que permite elegir con criterio qué piezas, de qué materiales, con qué sistema de control, etcétera, harán parte de la máquina; adicionalmente, y contrario a lo que se cree, ese conocimiento acumulado no corresponde a las leyes universales formuladas por grandes científicos como Newton, Joule, Einstein, entre otros, las cuales se estudian con una profundidad suficiente en las universidades, sino que hace referencia al detalle técnico, el cual muchas veces no es suficientemente explicado por las leyes físicas, y que obedece sobre todo a la experiencia obtenida durante mucho tiempo por el método empírico. Este último tipo de conocimiento se encuentra en algunas escuelas ingenieriles y técnicas, y especialmente en empresas o institutos constructores de máquinas. Ese conocimiento tecnológico y técnico al cual se hace referencia, está plasmado en las normas, prácticas recomendadas, procedimientos, manuales, etcétera, que cada empresa de construcción genera y renueva constantemente y que representa su mayor capital, el cual, por obvias razones, no es de dominio público.

El último aspecto sobre el cual se debe hacer énfasis está en la forma en la cual el conocimiento acumulado debe evolucionar dentro de una empresa, es decir, la forma en que se optimizan los diseños, las normas, las prácticas de mantenimiento, etcétera; es aquí donde aparece el aporte fundamental del análisis de fallas, ya que la empresa debe preocuparse por hacerle seguimiento a sus diseños en todas las etapas de la metódica general de la figura 1.14, para que al detectarse las fallas, se indaguen sus causas y se replantee así el conocimiento acumulado de la empresa, para mejorar en diseños futuros. Así pues, podemos catalogar al análisis de falla como el sensor que determina las causas técnicas y raíces de falla, permitiéndoles a los diseñadores y a la dirección generar acciones correctivas, vía modificaciones en el conocimiento acumulado o en la organización misma.

Infortunadamente en nuestro medio muy pocas empresas, técnicos e ingenieros aplican el análisis de falla como una rutina obligatoria de trabajo, lo cual, como es obvio, se traduce en una baja calidad de las máquinas generadas o de los servicios prestados de ensamble, operación o mantenimiento. Si queremos alcanzar un nivel alto de competitividad interna y externa, el análisis de falla debe ser una práctica continua e integral de los sistemas de calidad de nuestras empresas.

El análisis de falla debe estar presente en todas las etapas de la metódica del diseño, sin embargo, su participación se hace más fuerte a la hora de las pruebas de las partes, sistemas o máquinas, ya que es aquí donde el fabricante logra establecer con cierto nivel de precisión la vida útil esperada de su producto, para lo cual debe alimentarse de tres fuentes principales: modelos teóricos generados en la propia empresa que predigan la vida; ensayos a escala 1:1 para medir solicitaciones, resistencias, vida, etcétera, y, por último, se debe hacer seguimiento a las máquinas generadas sobre la vida que están mostrando en su lugar de trabajo (figura 1.15). Con lo anterior también se asegura que, al realizar un nuevo diseño, se minimice la probabilidad de ocurrencia de fallas.

El esquema de la figura 1.15 muestra un procedimiento aceptable que asegura diseños de alta calidad en empresas de diseño y construcción de máquinas; sin embargo, en nuestro medio el grueso de los técnicos, ingenieros y empresas de ingeniería no diseñan ni construyen, sino que prestan los servicios de ensamble, operación o mantenimiento, los cuales son los últimos pasos de la metódica general del diseño (figura 1.14). En estas etapas el aseguramiento de la calidad debe centrarse en hacer cumplir los criterios de ensamble, operación y mantenimiento, que el diseñador o el fabricante original del equipo han consignado en los manuales de ensamble, operación y mantenimiento (figura 1.16). En esta figura se sugiere que cualquier cambio en las rutinas de ensamble, operación o mantenimiento debe ser consultada con el fabricante, para asegurar que dicho cambio no vaya a aumentar la probabilidad de falla. Que una empresa cumpla con lo anterior en nuestro medio, a primera vista no debería ser difícil; sin embargo, la experiencia de los autores muestra que el grueso de las fallas que ocurren en el país se da precisamente por no ceñirse a las recomendaciones de los manuales de los fabricantes o a los códigos de sociedades técnicas especializadas.


Figura 1.15 Determinación de la vida esperada por el fabricante de una máquina o parte

Fuente: elaboración propia.


Figura 1.16 Minimización de fallas en los procesos de ensamble, operación y mantenimiento de máquinas

Fuente: elaboración propia.

1.10 ÉTICA EN LOS ANÁLISIS DE FALLAS

Los analistas de falla deben propender por mantener siempre la independencia en la emisión de sus conceptos sobre el mecanismo de falla o de causa raíz, evitando ceder ante las presiones conscientes e inconscientes siempre presentes de los representantes de la fábrica, de los operadores, de los mantenedores, etcétera. Esto se vuelve especialmente crítico cuando los analistas trabajan para una de las partes involucradas; no obstante lo anterior, los analistas deben recordar que su trabajo es determinar las causas físicas, humanas y organizacionales de una falla, atendiendo estrictamente a las evidencias que la investigación genere.

Quienes solicitan conceptos del mecanismo de falla o de la causa raíz de falla deben ser conscientes de que están contratando un concepto técnico, cuyo resultado no está predefinido, es decir, en este caso no aplica el principio de que el cliente siempre tiene la razón. La responsabilidad del cliente, por lo tanto, es la de brindar toda la información que necesiten los analistas, para emitir un concepto imparcial.

Los análisis de falla son procesos de ingeniería similares al diseño, en el sentido de que dos analistas al estudiar un mismo caso, es posible que lleguen a conceptos de mecanismo de falla diferentes (identificando los mismos modos de falla). Lo mismo ocurre cuando dos diseñadores resolviendo el mismo problema, plantean dos soluciones diferentes, lo cual es perfectamente normal. Lo acertado de un análisis de falla en cuanto a la identificación de modos de falla, mecanismos de falla, causas físicas y causas raíces, dependerá de la riqueza y veracidad de la información recolectada, de la experiencia de los analistas y de la amplitud de ensayos, mediciones y cálculos realizados.

1.11 ESTADÍSTICAS DE FALLAS

A partir de los análisis de mecanismo de falla realizados por los autores del presente texto, durante una ventana de tiempo de 10 años que corresponden a cerca de 290 eventos de falla estudiados [13], se pudieron establecer las estadísticas que a continuación se mencionan, las cuales pueden dar al lector información sobre las tendencias de tipos de falla, modos de falla y fuentes de falla que comúnmente se consultan en el medio local. Estos eventos de falla provinieron principalmente de empresas del sector minero (carbón y petróleo), aeronáutico, automotriz, de maquinaria industrial e infraestructura (puentes metálicos).

Debido a su impacto en la producción, disponibilidad y funcionalidad de equipos e instalaciones, y a sus consecuencias económicas, humanas y ambientales, no es de extrañar que la mayoría de casos consultados por los diferentes sectores productivos correspondan a fallas catastróficas (82,6 %) (figura 1.17).


Figura 1.17 Proporción entre fallas catastróficas y no catastróficas consultadas

Fuente: elaboración propia.

Las fallas súbitas engloban generalmente modos de falla como las fracturas súbitas, la deformación plástica o eventos de desgaste adhesivo severo, producto de una falta de control efectiva sobre el valor de las solicitaciones, lo cual genera sobrecargas o mal funcionamientos que favorecen la ocurrencia de los modos de falla mencionados. En general, si se tienen eficientes procesos de operación y mantenimiento, normalmente se logra disminuir la proporción de fallas súbitas frente a las progresivas. De los casos consultados a los autores, la mayoría correspondieron a fallas progresivas (67,5 %) (figura 1.18).


Figura 1.18 Proporción entre fallas progresivas y súbitas consultadas

Fuente: elaboración propia.

Dependiendo de las solicitaciones particulares a las cuales se someten los elementos mecánicos en diferentes ramos industriales, se encuentra que en algunos ramos predominan ciertos modos de falla finales que en otros sectores industriales no son tan frecuentes. Por ejemplo, en operación de maquinaria industrial, estructuras, automóviles, aeronaves, minería y movimiento de tierras, donde el ambiente corrosivo está limitado a la acción de la atmósfera, es común que los modos de falla finales predominantes sean en orden descendente de importancia, los relacionados con fractura, desgaste y deformación plástica, siendo los modos de falla finales relacionados con corrosión poco frecuentes (figuras 1.19 y 1.21, izquierda), nótese que el modo de falla final de mayor consulta fue la fractura por fatiga.

En ramos industriales relacionados con la conducción y el bombeo de fluidos corrosivos como el agua, el vapor de agua, alimentos, petróleo y sus derivados, la participación de los modos de falla finales relacionados con corrosión y su cooperación con fractura (corrosión-fractura) o con desgaste (corrosión-desgaste) se hace importante, equiparándose a los modos de falla finales por fractura (figuras 1.20 y 1.21, derecha). Nótese que los modos de falla finales más consultados fueron la fractura por cooperación corrosiónfatiga y la fatiga pura.


Figura 1.19 Modos de falla finales comúnmente consultados

Nota. Relacionados con operaciones de maquinaria industrial, estructuras, automóviles, aeronaves, minería y movimiento de tierras.

Fuente: elaboración propia.

Los modos de falla relacionados con vibración no aparecen en las figuras 1.19 a 1.21, no por su ausencia, sino debido a que las empresas generalmente los consultan con analistas especializados en ese tipo de eventos, perfil que no corresponde al de los autores del presente texto.

De los análisis de mecanismo de falla realizados, se encontró que las fuentes más comunes de falla recaen en operación y en mantenimiento (figura 1.22), sumando estas 2 fuentes el 75,7 % de los casos. Esto indica que es más común encontrar la fuente de la falla en la organización operadora y mantenedora del equipo, que en la empresa fabricante, esto se debe a los filtros de control de calidad en diseño, material, fabricación, transporte y montaje que las empresas fabricantes les hacen a sus productos.


Figura 1.20 Modos de falla finales comúnmente consultados en operación de conducciones y bombeo de fluidos corrosivos

Nota. Fluidos como el agua, el vapor de agua, alimentos, petróleo y sus derivados.

Fuente: elaboración propia.


Figura 1.21 Resumen de los porcentajes de consulta de los modos de falla finales agrupados por familias

Nota. Para el caso de las industrias mencionadas en la figura 1.19 (izquierda) y las mencionadas en la figura 1.20 (derecha).

Fuente: elaboración propia.


Figura 1.22 Estadística de la participación de las fuentes de falla en los análisis de mecanismo de falla realizados

Nota. La sumatoria de los porcentajes excede el 100 %, ya que no es extraño que 2 o más fuentes de falla cooperen en un evento.

Fuente: elaboración propia.

1.12 COMENTARIOS FINALES

Como se habrá notado en la lectura del capítulo, las causas raíces de falla están íntimamente relacionadas con ausencias o deficiencias de los elementos típicos que componen los sistemas de aseguramiento de la calidad en los diferentes procesos de las organizaciones involucradas en el diseño, la fabricación, el transporte, el montaje, la operación y el mantenimiento de piezas, equipos y estructuras mecánicas. Por lo anterior, la principal recomendación es que dichos sistemas de aseguramiento de la calidad existan realmente en las empresas, lo cual va más allá de tener un certificado de calidad que diga que este sistema existe.

No es raro encontrar que las deficiencias en el sistema de aseguramiento de la calidad estén íntimamente relacionadas con un alto grado de desconocimiento por parte de la organización y de las personas involucradas, de la labor propia que realizan; casos como diseñadores que no calculan sus equipos; vendedores de equipos que realmente no conocen lo que están vendiendo y sus limitaciones, los cuales asesoran a compradores que tampoco conocen lo que están comprando; mantenedores que modifican piezas y materiales sin ningún criterio técnico; operadores que nunca calculan el efecto de sobrepasar las resistencias de sus equipos por necesidades de producción, y decenas de ejemplos más. Por ello, se deduce que es muy importante la preocupación de la organización por capacitar su personal para que sea competente en su función, y ello, por supuesto, significa invertir.

Siempre que sea posible es deseable que exista una alianza entre fabricantes de equipos y usuarios, que les permita a ambos mejorar la estimación y medición de las resistencias y solicitaciones reales, de forma que se mejore en últimas la confiabilidad de los equipos.

Cuando se trabaje con un equipo que se base en una nueva tecnología o un nuevo diseño, es probable que se tenga una menor confiabilidad de este respecto a otros equipos basados en tecnologías o diseños suficientemente probados, lo cual debe tenerse en cuenta a la hora de escoger entre uno u otro. Lo anterior implica que no necesariamente las últimas tecnologías son las más confiables, aunque tengan promesas de mayor productividad, por ejemplo; estos casos son muy comunes en la industria minera y de petróleos; así pues, se deberá sacar cuentas sobre si el muy probable aumento en costos de mantenimiento es suficientemente compensado con el aumento en la productividad.

Es importante recordar la relevancia de determinar la causa raíz de falla (responsables humanos y organizacionales), y no solo la fuente de la falla (sistema o proceso responsable de la falla), pues de este modo se asegura que al implementarse las recomendaciones, cambien actitudes de personas, procedimientos, políticas, asignación de recursos, etcétera.

Ningún elemento, equipo o estructura diseñada y construida por el hombre está libre de fallas, sin importar el cuidado y esmero puesto por los diseñadores, el grado de sistemas de control e instrumentación empleados, el grado de capacitación, etcétera, ya que tanto las solicitaciones como las resistencias al ser variables aleatorias, conllevan a que siempre haya una probabilidad mayor a 0 de tener una solicitación igual o superior a la resistencia, o en otras palabras, la incertidumbre asociada con estas variables solo deja como certeza que la confiabilidad nunca será del 100 %.

Toda organización o persona tiene derecho a equivocarse, por lo que el objetivo final de un análisis de fallas no debe ser punitivo sino educativo, para hacer caer en cuenta a las organizaciones y personas sobre lo que están haciendo mal e indicarles cómo mejorar. Por supuesto, lo anterior excluye la etapa del análisis de ingeniería forense. Si durante un análisis de fallas predomina lo punitivo dentro de la organización, será difícil encontrar las causas raíces y mejorar, ya que la información será ocultada deliberadamente por el personal involucrado.

1.13 LECTURAS RECOMENDADAS Y REFERENCIAS

[1] Norton, R. Machine Design, 5th Ed. 2014, Prentice Hall, Chapter 5: Static Failure Theories. ISBN: 9780133356717.

[2] Budynas, R. and Nisbett, K. Shigley’s Mechanical Engineering Design, 10th Ed. 2014, McGraw Hill, Chapter 5: Failures Resulting from Static Loading. ISBN: 9780073398204.

[3] Juvinall, R. and Marshek, K. Fundamentals of Machine Component Design, 5th Ed. 2011, Wiley, Chapter 6: Failure Theories, Safety Factors and Reliability. ISBN: 9781118012895.

[4] Verma, A., Ajit, S. and Karanki, D. Reliability and Safety Engineering, 1st Ed. 2010, Springer Verlag, pp. 241-255. ISBN: 9781447162698.

[5] Tinga, T. Principles of Loads and Failure Mechanisms, 1st Ed. 2013, Springer Verlag, Chapter 8: Failure Analysis. ISBN: 9781447149170.

[6] Carper, K. Forensic Engineering, 2nd Ed. 2000, CRC Press, Chapter 1: What is Forensic Engineering? ISBN: 9780849374845.

[7] Bertsche, B. Reliability in Automotive and Mechanical Engineering, 1st Ed. 2008, Springer Verlag, Chapter 4: FMEA Failure Mode and Effects Analysis. ISBN: 9783540342823.

[8] Lazzaroni, M., Cristaldi, L., Oeretto, L., Rinaldi, P. and Catelani, M. Reliability Engineering, 1st Ed. 2011. Springer Verlag, Chapter 2: The Concept of “Statistical” Reliability. ISBN: 9783642209833.

[9] Hastings, N. Physical Asset Management, 1st Ed. 2010. Springer Verlag, Chapter 21: Reliability, Availability, Maintainability. ISBN: 9783319147772.

[10] Theoharidou, M., Kotzanikolaou, P. and Gritzalis, D. Critical Infrastructure Protection, III-2009, Springer Verlag, Chapter 3 Risk-Based Criticality Analysis. ISBN: 9783642047985.

[11] Koçak, M. FITNET Fitness for Service Procedure: An Overview, Welding in the World, Vol. 51, no 5/6, 2007.

[12] Associated Press, “NASA Puts Cost of Shuttle Inquire, Cleanup at $400 Million”, Los Angeles Times, September 12, 2003.

[13] Espejo, E. y Hernández, H. Informes técnicos de análisis de fallas, archivo de ensayos de laboratorio-Laboratorios de Metalurgia, Materiales y Procesos-IEI-Facultad de Ingeniería-Universidad Nacional de Colombia, años 2000 a 2010.

2
FALLAS POR DEFORMACIÓN, FALLAS POR VIBRACIÓN Y ANÁLISIS DE DEFORMACIONES

Las fallas por deformación o distorsión son una familia de modos de falla, en los cuales un elemento mecánico se deforma elásticamente o de forma plástica bajo cargas estáticas o cíclicas, por fuera de los parámetros de diseño previstos. En esta familia de modos de falla se agrupan las fallas por deformación elástica o recuperable fuera de rango, las fallas por deformación plástica o distorsión y las fallas por vibración. Se habla de fallas por vibración cuando condiciones anormales de esta originan malfuncionamientos u otros modos de falla por deformación, fractura, desgaste o corrosión; en otros casos, los niveles anormales de vibración, las deformaciones elásticas excesivas o la deformación plástica podrán ser no la causa sino la consecuencia de la evolución de otros modos de falla. La mayoría de estos modos de falla son no catastróficos, es decir, originan malfuncionamientos en la máquina o estructura, pero no la inutilizan; sin embargo, hay situaciones donde se puede llegar a condición catastrófica, como puede ser el caso de las deformaciones plásticas y condiciones de resonancia durante la vibración.

Los modos de falla por deformación elástica fuera de parámetros, por deformación plástica a bajas temperaturas y por vibración anormal, en general, se consideran como eventos súbitos, ya que se manifestarán una vez se den las condiciones de carga adecuadas para la geometría del elemento presente. Cuando estos modos de falla no son la primera etapa dentro del mecanismo de daño, sino que son su consecuencia, tendrán una aparición retardada en el tiempo; por ejemplo, ante el agrietamiento progresivo de los elementos mecánicos, es común que aparezcan retardadas en el tiempo deflexiones elásticas excesivas o aumento de los niveles de vibración, a consecuencia de la merma de rigidez asociada. La termofluencia es un modo de falla progresivo, ya que se trata de un proceso de deformación plástica retardada en el tiempo, a consecuencia de un comportamiento viscoso del material.

Los modos de falla por deformación plástica dejan evidencia directa en las piezas afectadas, ya que estas quedan distorsionadas de forma permanente. Los modos de falla por deformación elástica fuera de parámetros o por vibración anormal tienen la particularidad de no dejar evidencias en los elementos como ocurre con la deformación plástica, la fractura, el desgaste o la corrosión; en cambio, estos modos de falla solo se detectan en operación, ya que una vez desaparece la carga o el equipo se encuentra estático, no se manifiestan excepto que hayan desencadenado la aparición de otros modos de falla (agrietamientos, ludimiento, vibrocorrosión, etcétera).

El análisis de piezas deformadas plásticamente es una disciplina de la ciencia de los materiales, en la cual se estudian los aspectos morfológicos característicos que cada modo de falla por deformación plástica deja en las piezas afectadas. El análisis de vibraciones, por su parte, estudia, entre otros aspectos, las condiciones de carga, masa y rigidez de las piezas, que favorecen la ocurrencia de una condición de vibración anormal. El análisis de rigidez estudia las relaciones entre las cargas y las deflexiones elásticas, que experimentan las piezas de acuerdo con su geometría y material. Las tres disciplinas anteriores se pueden agrupar dentro de lo que llamaremos análisis de la distorsión y deformación. A partir de este conocimiento y de la observación de piezas distorsionadas, o del monitoreo de vibraciones y deflexiones en servicio, es posible inferir el modo de falla presente. En el análisis de piezas deformadas plásticamente estas se inspeccionan visualmente a ojo desnudo, con ayuda de lupas, de un estereoscopio o de un microscopio electrónico de barrido; además se incluye la observación metalográfica, plastográfica o ceramográfica en las zonas deformadas, de forma que se puedan observar los micromecanismos de deformación presentes y su relación con la microestructura. En [1] el lector podrá encontrar ejemplos que ilustran el análisis de la distorsión y la deformación.

2.1 CLASIFICACIÓN GENERAL DE LAS FALLAS POR DEFORMACIÓN

En las figuras 2.1 y 2.2 se muestra una clasificación genérica, de los modos de falla más comunes por deformación que se presentan en componentes mecánicos. Las fallas por deformación se pueden clasificar de acuerdo con su rango elástico o plástico, donde en cada caso las deformaciones se presentan bien sea bajo carga estática o bajo carga cíclica. Cuando se habla de vibraciones mecánicas se hace referencia especialmente, a las deformaciones cíclicas que experimenta un elemento en el rango elástico; sin embargo, también se pueden tener vibraciones en el rango plástico, desencadenando deformación plástica o agrietamientos por fatiga de bajo ciclaje, entre otras posibilidades. Se habla de deflexiones fuera de rango, cuando se presenta una elevada o baja rigidez de un elemento en el rango elástico. Un estado vibratorio fuera de rango puede implicar: a) amplitudes, velocidades o aceleraciones de vibración elevadas o bajas; b) una frecuencia de vibración alejada de las condiciones seguras de diseño, y/o c) un estado vibratorio no estacionario, donde las amplitudes o las frecuencias cambien constantemente. Se hablará de deformación permanente o plástica cuando el elemento experimente flujo plástico que cambie su geometría, bien sea bajo carga estática o cíclica. Si la deformación plástica ocurre retardada en el tiempo, como consecuencia de un comportamiento viscoso del material, se hablará de fluencia lenta o termofluencia.


Figura 2.1 Clasificación general de los modos de falla por deformación de componentes mecánicos

Fuente: elaboración propia.

2.2 MODOS DE FALLA POR DEFORMACIÓN

Los modos de falla por deformación mencionados en las figuras 2.1 y 2.2 hacen referencia a si se presentan deformaciones elásticas no permanentes en las piezas o si se tiene distorsión permanente de la geometría del elemento (deformación plástica). Dentro de un mecanismo general de falla de una pieza, se debe ser cuidadoso para identificar correctamente si los modos de falla por deformación son causa o consecuencia de otros procesos de daño (fractura, desgaste o corrosión). En los siguientes numerales se hará énfasis en casos donde los modos de falla por deformación son la causa de otros modos de daño.

2.2.1 Deflexión fuera de rango

En este modo de falla las piezas afectadas en servicio experimentan una deflexión elástica superior o inferior al rango permisible esperado desde diseño (figura 2.2a). Cuando una pieza se deforma más de lo esperado para una carga aplicada dada, se dice que falla por baja rigidez, es decir, bajo valor de la constante de rigidez (k) de la pieza, mientras que si la deformación resulta inferior al rango permisible, se presenta una falla por alta rigidez (alto valor de k). Una deformación elástica excesiva también se puede dar por una sobrecarga dentro del rango elástico, que hace que, aunque la pieza posea la rigidez adecuada, debido a la magnitud de la carga se genere un cambio de dimensiones excesivo (sin llegar al régimen plástico).


Figura 2.2 Esquemas de los modos de falla por deformación de componentes mecánicos

Nota. Deflexiones fuera de rango (a): en la figura superior izquierda se muestra la deflexión ideal de diseño (di) de una viga en voladizo ante una carga (P); en la figura superior central se tiene una deflexión baja (db) ante la misma carga, debido a una elevada rigidez de la viga; en la figura superior derecha se presenta una elevada deflexión (da), como consecuencia de una baja rigidez del elemento. Amplitudes, velocidades o aceleraciones de vibración fuera de rango (b): en la figura central izquierda se esquematiza el comportamiento ideal de vibración esperado desde diseño, para la deflexión respecto al tiempo de una viga en voladizo vibrando (di (t)); en la figura central se muestra la misma viga vibrando con deflexiones inferiores a las de diseño (db (t)); en la figura central derecha la viga vibra con deflexiones superiores a las esperadas desde diseño (da (t)). Frecuencias de vibración fuera de rango (c): para una viga en voladizo se espera un espectro de vibración donde la frecuencia de diseño es (fi), pero se pueden presentar desviaciones hacia frecuencias altas (fa) o frecuencias bajas (fb).

Fuente: elaboración propia.


Figura 2.2 Esquemas de los modos de falla por deformación de componentes mecánicos (continuación)

Nota. Estado no estacionario de vibración (d): en este caso un elemento mecánico vibra en un estado inestable, donde las amplitudes, velocidades, aceleraciones y/o frecuencias de vibración se encuentran en constante cambio. Deformación permanente estática o cíclica (e): en la figura central izquierda se esquematiza una viga en voladizo sin carga y, por lo tanto, no deformada; en la figura central se muestra la viga cargada con (P) y con deflexión (d); en la figura central derecha se tiene la viga descargada, donde esta no regresa a su forma original, conservando una deflexión permanente (dp), a consecuencia de la distorsión por deformación plástica. Fluencia lenta o termofluencia (f): en este caso se observa que la distorsión en la viga conservando la misma carga (P), aumenta progresivamente con el tiempo

(dt1 < dt2 < dt3).

Fuente: elaboración propia.

La rigidez se puede definir como la medida de la resistencia a la deformación elástica de un elemento mecánico. La rigidez de una pieza se mide a través de su constante de rigidez (k), que corresponde a la pendiente de la curva carga —deflexión del elemento, figura 2.3 (izquierda)—. Esta propiedad de la pieza depende de tres factores: (a) el material constituyente, (b) su geometría y (c) sus apoyos. Existen materiales más rígidos que otros, y las propiedades del material que la miden son básicamente dos: (1) el módulo de elasticidad del material (E) y (2) el módulo de rigidez (G), donde a mayor valor de estos, se obtendrán piezas a su vez más rígidas. En general, los cerámicos son materiales más rígidos que los metales, y estos a su vez son más rígidos que los polímeros. En el diseño mecánico la rigidez depende fuertemente de la geometría de la pieza y sus apoyos, donde para un mismo material se pueden lograr configuraciones de alta o de baja rigidez, cambiando posición de apoyos, áreas o momentos de inercia de las secciones.


Figura 2.3 Relación entre cargas y deflexiones

Nota. Relación entre una carga constante y las deflexiones obtenidas de piezas con rigideces alta, ideal y baja (izquierda); relación entre una deflexión constante y las cargas obtenidas de piezas con rigideces alta, ideal y baja (derecha). La pendiente de las curvas de carga o constante de rigidez (k) es la medida más común de la rigidez de las piezas.

Fuente: elaboración propia.

Cuando una pieza por la combinación de sus materiales constituyentes, geometría y disposición de apoyos, posea baja rigidez, puede llevar a que en aplicaciones de carga constante (P) se generen, por ejemplo, errores en el posicionamiento de maquinaria de precisión, debido a la discrepancia entre la deflexión de diseño (di) y la real que será mayor (da) (figura 2.3, izquierda); en aplicaciones de deflexión constante (d), se puede dar por ejemplo que en un ensamble se genere una presión insuficiente entre las partes (Pb), inferior a la esperada por diseño (Pi), lo que puede llevar a fugas de fluidos contenidos o a fomentar el desgaste por ludimiento (figura 2.3, derecha).

Cuando una pieza por la combinación de sus materiales constituyentes, geometría y disposición de apoyos, posea alta rigidez, puede llevar a que en aplicaciones de carga constante (P), se generen al igual que en baja rigidez, errores en el posicionamiento de maquinaria de precisión, debido a la discrepancia entre la deflexión de diseño (di) y la real, que en este caso será menor (db) (figura 2.3, izquierda); en aplicaciones de deflexión constante (d), se puede dar, por ejemplo, que en un ensamble se genere una presión excesiva entre las partes (Pa), superior a la esperada por diseño (Pi), lo que puede llevar a fracturas progresivas prematuras, debido a los elevados esfuerzos residuales que quedan en la unión (figura 2.3, derecha).

2.2.1.1 Mecanismos de la deformación elástica

Todo material bajo la acción de una carga mecánica responderá experimentando un cierto nivel de deformación, el cual será proporcional a la magnitud de dicha carga. Esta deformación no solo se restringe a la dirección de aplicación de la carga, sino que además se presenta en las direcciones perpendiculares y se dimensiona a través del módulo de Poisson (ν). La deformación elástica es aquella que cesa una vez desaparece la carga, es decir, la pieza que la experimenta recobra las dimensiones macroscópicas originales cuando se descarga. No obstante lo anterior, de todas maneras, con valores menores que el esfuerzo límite elástico (σE), los materiales experimentan a nivel nanoscópico o microscópico deformación plástica localizada. Esta deformación plástica no es suficiente para producir una distorsión notable de la pieza a escala macroscópica, pero sí es importante tenerla en cuenta, ya que tiene una enorme influencia en el mecanismo de nucleación de grietas por fatiga (numeral 3.6).

La deformación elástica se presenta en los materiales básicamente mediante tres mecanismos: (1) por modificación de la distancia interatómica. Este es el mecanismo básico que predomina en los sólidos cristalinos metálicos y cerámicos; (2) por modificación de los ángulos de enlace. Este mecanismo de deformación elástica se presenta en sólidos cerámicos donde sea importante la participación del enlace covalente o dentro de cada una de las cadenas y mallas que componen los materiales poliméricos; y (3) por modificación de la distancia intermolecular. Este mecanismo predomina en los materiales poliméricos termoplásticos, donde las cadenas están unidas entre sí por enlaces secundarios. En la figura 2.4 se muestran esquemas de los tres mecanismos básicos de la deformación elástica.

La deformación elástica real de los materiales es una combinación de los mecanismos descritos anteriormente, ya que en un mismo material se pueden encontrar tanto enlaces primarios como secundarios, lo cual es particularmente cierto en los materiales compuestos. En [2] se puede encontrar una introducción al estudio del comportamiento elástico de los materiales.

2.2.2 Estado vibratorio fuera de rangos

Amplitud, velocidad o aceleración fuera de rango se dan cuando los valores pico de estas magnitudes de vibración, están por fuera del rango esperado por el diseñador, lo que conlleva a experimentar eventos de falla, bien sea por elevados valores de estas variables o por ser muy bajos (figura 2.2 (b)). Los valores pico de amplitud, velocidad y aceleración de vibración son proporcionales entre sí, luego, un elevado estado vibratorio se puede detectar bien sea con sensores de posición, velocidad o aceleración.


Figura 2.4 Mecanismos de la deformación elástica

Fuente: elaboración propia.

Un estado vibratorio en el cual el espectro de las amplitudes de vibración tenga niveles pico inferiores a los de diseño db(t)<di( t _ ) (figura 2.2 (b)) generalmente origina malfuncionamientos en el equipo; por ejemplo, en bandas transportadoras vibrantes para minería, un bajo nivel de vibración puede hacer que no se transporte de manera eficiente el material particulado. Bajos niveles de vibración se pueden deber a: (1) una carga o una deflexión forzada de bajo nivel, (2) una elevada acción amortiguante en el sistema, (3) una frecuencia de excitación forzada muy alta o muy baja respecto a la frecuencia natural de vibración, (4) una elevada rigidez del sistema o (5) variación en la masa del sistema.

Un estado vibratorio en el cual el espectro de las amplitudes de vibración tenga niveles pico superiores a los de diseño da(t) > di(t) (figura 2.2 (b)), es un estado potencial de generación de fallas catastróficas, ya que las elevadas aceleraciones y deflexiones desembocan en altos niveles de esfuerzo. Este elevado estado tensional facilita los agrietamientos progresivos en los cuales la fatiga participa, también puede posibilitar la ocurrencia de fracturas súbitas, fatigas de bajo ciclaje (agrietamiento asociado con la deformación plástica cíclica), el ludimiento, la vibrocorrosión, entre muchos otros modos de falla. Altos niveles de vibración se pueden deber a: (1) una carga o una deflexión forzada de alto nivel; (2) una baja acción amortiguante en el sistema; (3) una frecuencia de excitación muy cercana a la frecuencia natural de vibración, es decir, en la condición de resonancia; (4) una baja rigidez del sistema; o (5) variación en la masa del sistema.

Frecuencia fuera de rango ocurre cuando los valores de la frecuencia de vibración de la pieza, equipo o estructura están por fuera del rango esperado por el diseñador, se pueden experimentar eventos de falla, bien sea por elevados valores de las frecuencias o por ser muy bajos (figura 2.2 (c)). Frecuencias de vibración inferiores a las esperadas desde diseño (fb < fi), en general, desembocan en malfuncionamientos de los equipos, como puede ser el caso de un motor de combustión a pistones que opere a una velocidad de rotación inferior a la de mínima o “ralentí”, lo cual amplifica las amplitudes de vibración. Frecuencias de vibración superiores a las de diseño (fa > fi) pueden generar fallas catastróficas, ya que están asociadas con altos valores de aceleración y, por lo tanto, de esfuerzos generados, lo cual puede desembocar en fallas por fractura o desgaste prematuras. Altas frecuencias también pueden provocar malfuncionamientos, como, por ejemplo, ruidos de alta frecuencia que afecten a los operarios. Frecuencias de vibración fuera de rangos están asociadas, principalmente, con frecuencias inapropiadas de excitación de las fuentes de vibración, por ejemplo, de las velocidades de rotación de los motores.

Cuando se tenga un estado vibratorio en el cual las amplitudes, velocidades, aceleraciones y las frecuencias de vibración experimenten constantes cambios, se habla de que se tiene un estado no estacionario de vibración (figura 2.2 (d)). Estos estados pueden originar mal funcionamientos o fallas catastróficas. La ocurrencia de fallas catastróficas está asociada con que se pueden presentar picos importantes de esfuerzo en el estado no estacionario, lo cual puede desembocar, por ejemplo, en agrietamientos o desgastes prematuros. Los estados no estacionarios se presentan especialmente porque la fuente excitadora de la vibración también presenta un estado no estacionario, lo cual hace que los estados transitorios de vibración, que son los derivados de la vibración amortiguada no forzada, no desaparezcan con el tiempo.

Cuando los niveles de vibración y sus esfuerzos asociados son muy altos, es posible que la vibración se dé en rango plástico, lo cual desembocará en una falla catastrófica por distorsión permanente del elemento, y/o fractura (súbita o progresiva), y/o desgaste prematuro, entre otras consecuencias. Las fracturas asociadas con la vibración en rango plástico, corresponden especialmente a las fatigas de bajo ciclaje. Si el lector no está familiarizado con la teoría básica de las vibraciones mecánicas, se recomienda consultar la lectura [3].

2.2.3 Deformación plástica

En este modo de falla las piezas afectadas en servicio experimentan una distorsión de su geometría o deformación plástica permanente, consecuencia de sobrepasarse el esfuerzo límite elástico del material (σE) sin llegar a fractura, es decir, sin superar el esfuerzo último (σU) (figura 2.2 (e), figura 2.5). Este modo de falla, por lo tanto, es súbito y debido a una sobrecarga (para el material, geometría y apoyos involucrados), ya que con una sola vez que se sobrepase el esfuerzo límite elástico, la distorsión permanente aparecerá.


Figura 2.5 Comportamiento del esfuerzo versus el tiempo en las fallas por deformación plástica

Fuente: elaboración propia.

2.2.3.1 Mecanismos de la deformación plástica

La deformación plástica de los materiales se puede dar mediante los mecanismos básicos del deslizamiento, el maclaje, el cambio de ángulos de enlace de moléculas, o por combinación de estos. La deformación plástica puede ser generalizada en la pieza o estar localizada en ciertas zonas. En los siguientes numerales se describen los mecanismos básicos de la deformación plástica.

2.2.3.1.1. DESLIZAMIENTO

El deslizamiento se presenta cuando átomos o moléculas dentro de un material se desplazan unas sobre otras de manera permanente, bajo la acción de un esfuerzo cortante o cizallante (τ), sin que desaparezcan las fuerzas de enlace entre estas.

En materiales metálicos y cerámicos iónicos este deslizamiento se presenta cuando hay movimiento relativo de planos atómicos dentro de un cristal, en el cual estos se desplazan unos sobre otros bajo la acción de esfuerzos cortantes. Como resultado de los diferentes estudios realizados, se ha encontrado que el deslizamiento tiene lugar preferentemente entre los planos de mayor densidad atómica y siempre en la dirección más compacta, ya que estas dos situaciones ofrecen la menor resistencia al movimiento. De acuerdo con lo anterior, se denomina sistema de deslizamiento al conjunto formado por un plano de deslizamiento y una dirección de deslizamiento dentro de un cristal. En la figura 2.6 se muestra el interior de un grano con una estructura cúbica simple, donde se esquematizan dos orientaciones en las que se podría producir el deslizamiento. Observando este gráfico se puede deducir que el deslizamiento se dará más fácilmente entre los planos horizontales que entre los diagonales, ya que existe una mayor densidad lineal (átomos por unidad de longitud ρL), la cual a su vez implica una mayor distancia interplanar.


Figura 2.6 Orientación del deslizamiento en una estructura cúbica simple

Nota. Obsérvese que la distancia interplanar a es mayor que la b.

Fuente: elaboración propia.

En la tabla 2.1 se muestran los planos de mayor densidad atómica y direcciones cristalográficas más compactas para las estructuras cristalinas ideales cúbica centrada en el cuerpo (CC), cúbica centrada en las caras (CCC) y hexagonal compacta (HC). La estructura cúbica centrada en el cuerpo no presenta grandes variaciones de densidad entre los planos de mayor y menor valor de esta, lo que hace que el deslizamiento pueda ocurrir en los planos {110}, {112} o {123}, pero siempre en la dirección ⟨111⟩. La estructura CCC es más compacta que la CC, y muestra importantes diferencias entre las densidades de los diferentes planos, lo que conduce a que la familia de planos {111} y las direcciones ⟨110⟩ sean particularmente densas, haciendo que el deslizamiento en esta estructura se dé siempre en este sistema. En la estructura HC predomina el deslizamiento en la familia de planos {0001}, pero para algunos materiales en los cuales los planos más densos no están en contacto, se puede presentar deslizamiento en las familias {10-10} y {10-11}, conservándose eso sí, para todos los casos, la dirección de deslizamiento ⟨1120⟩ [4].

Tabla 2.1 Familias de planos y direcciones de mayor densidad de las estructuras

Nota. Estructura cúbica centrada en el cuerpo, cúbica centrada en las caras y hexagonal compacta, donde se da preferentemente el deslizamiento en cristales metálicos.


Estructura Planos más densos Direcciones más compactas
CC {110} ⟨111⟩
CCC {111} ⟨110⟩
HC {0001} ⟨1120⟩

Fuente: elaboración propia.

Si se calcula el número de sistemas de deslizamiento para las estructuras CC, CCC y HC, de acuerdo con las posibles combinaciones de familias de planos y de direcciones de deslizamiento, se obtienen los resultados mostrados en la tabla 2.2. Con los datos de este cuadro se puede ver que, en general, hay más sistemas de deslizamiento en la estructura CC, que en la CCC y HC, lo cual sugiere, en primera instancia, que la estructura CC es más dúctil que las otras dos (propensa a deformarse plásticamente), y que las estructuras CCC y HC tienen una ductilidad similar. Sin embargo, el número de sistemas de deslizamiento no es el único criterio para determinar la ductilidad de una estructura cristalina, ya que también se debe tener en cuenta la distribución espacial de dichos sistemas; es decir, se debe evaluar si para cualquier sentido de ataque de un esfuerzo cizallante, se encuentran o no alineados con este, sistemas de deslizamiento sobre los cuales pueda ocurrir el desplazamiento atómico. Teniendo en cuenta lo anterior, se encuentra que, aunque la estructura de CC tiene un gran número de sistemas de deslizamiento, sus orientaciones no están distribuidas uniformemente alrededor del cristal, mientras que los sistemas de la estructura CCC sí lo están. La estructura HC presenta además de un bajo número de sistemas de deslizamiento, una mala orientación de estos.

A partir de lo discutido anteriormente, se puede asegurar que en general (porque hay excepciones), para sólidos cristalinos el orden descendente de ductilidad para las estructuras es CCC, CC y HC. En la tabla 2.3 se relacionan los metales de uso común, que presentan las estructuras CCC, CC y HC, donde se nota además el orden de ductilidad.

Tabla 2.2 Sistemas de deslizamiento de las estructuras

Nota. Estructura cúbica centrada en el cuerpo, cúbica centrada en las caras y hexagonal compacta.


Fuente: elaboración propia.

Tabla 2.3 Ductilidad teórica de los metales en función de su estructura cristalina

Nota. Estructura cúbica centrada en el cuerpo, cúbica centrada en las caras y hexagonal compacta.


Estructura Metal Ductilidad
CCC Cobre, aluminio, níquel, plomo, oro, plata, austenita (Feϒ), etcétera. Alta
CC Ferrita (Feα), tungsteno, molibdeno, etcétera. Media
HC Titanio, zinc, magnesio, berilio, cadmio, etcétera. Baja

Fuente: elaboración propia.

A manera de resumen se puede decir que, para evaluar la ductilidad de un metal, a partir de la estructura cristalina que presenta, se deben considerar los siguientes aspectos: a) número de sistemas de deslizamiento y b) distribución espacial de dichos sistemas.

En el caso de los cristales cerámicos iónicos, el deslizamiento se da entre planos adyacentes de carga opuesta, es decir, entre planos aniónicos y catiónicos, lo cual hace que el número de sistemas de deslizamiento, en este caso, sea más limitado que para los metales, por lo que se disminuye, además, su cobertura espacial. Lo anterior hace que un cristal iónico sea en general menos dúctil que uno metálico, excepto en la dirección del sistema de deslizamiento, donde la ductilidad es similar. En la figura 2.7 se muestra en un cristal iónico, el plano y dirección en el cual ocurre el deslizamiento, y un sistema en el cual este no puede ocurrir. En este caso el deslizamiento solo se da entre planos de carga opuesta, ya que siempre permanece la atracción electrostática, mientras que en otros planos el deslizamiento puede enfrentar iones de igual carga, que al repelerse, favorecen el agrietamiento.


Figura 2.7 Deslizamiento en un cristal iónico cúbico centrado en las caras

Fuente: elaboración propia.

El primer modelo teórico del mecanismo de deslizamiento en un cristal suponía que este se producía por un movimiento simultáneo de todos los átomos ubicados sobre el plano de deslizamiento, tal como se muestra en la figura 2.8. Este desplazamiento tenía lugar cuando el esfuerzo cortante inducido en el cristal hubiera sobrepasado el valor de la resistencia teórica al deslizamiento τmáx, la cual viene dada por la ecuación (2.1), donde G representa el módulo de rigidez.


τ máx ≈ G 2π (2.1)

Hoy en día se sabe que el deslizamiento real que se presenta en el interior de los cristales no se realiza por un movimiento total y uniforme de los átomos ubicados en el plano de deslizamiento, sino que este tiene lugar por generación y desplazamiento paulatino de las dislocaciones.


Figura 2.8 Esquematización del mecanismo teórico del deslizamiento

Fuente: elaboración propia.

Las dislocaciones son defectos cristalinos lineales que se presentan en las estructuras cristalinas (tanto metálicas como cerámicas), clasificándose de manera básica en dislocaciones de borde y dislocaciones de hélice. El estudio de estos defectos reticulares es importante, ya que en virtud de su movimiento se presenta el deslizamiento real en los cristales.

La dislocación de borde se presenta cuando un plano de átomos no atraviesa completamente el interior de un cristal, lo cual origina una apreciable distorsión de la red cristalina alrededor de la línea atómica hasta la cual llega este plano. La dislocación de hélice recibe esta denominación, ya que la distorsión adyacente a la línea de dislocación posiciona a los átomos sobre una hélice alrededor de esta. En la figura 2.9 se muestran esquemáticamente una dislocación de borde y una de hélice.

El deslizamiento en los cristales como se mencionó anteriormente, está gobernado fundamentalmente por el movimiento de las dislocaciones sobre la interfaz de planos de alta densidad en los metales, o sobre la interfaz de planos aniónicos y catiónicos en cerámicos iónicos (la interfaz se refiere al plano de deslizamiento). En la figura 2.10 se esquematiza el proceso de generación y movimiento de una dislocación de borde, hasta que este culmina con la aparición de un escalón de deformación dentro de una estructura cúbica simple. Para que se presente el deslizamiento por el movimiento de una dislocación de borde o una de hélice, no es necesario que esta sea originada por el esfuerzo cortante inducido, sino que es suficiente con que este movilice una dislocación ya existente en el cristal. En el movimiento de una dislocación de hélice bajo la influencia de un esfuerzo cortante se obtendrá también como resultado final un escalón de deformación. La mayoría de las dislocaciones presentes en los cristales son el resultado de intersecciones de las líneas de dislocación de borde y de hélice, las cuales al movilizarse producen igualmente escalones de deslizamiento.


Figura 2.9 Esquemas de las dislocaciones de borde y de hélice

Fuente: elaboración propia.


Figura 2.10 Esquema de la generación y movimiento de una dislocación de borde

Fuente: elaboración propia.

El esfuerzo teórico calculado por la ecuación (2.1) es mayor que el esfuerzo real de deslizamiento en las aleaciones comunes de ingeniería, ya que este no se produce por el movimiento simultáneo de todos los átomos ubicados en el plano respectivo, sino que obedece al movimiento de las dislocaciones en dicho plano. El desplazamiento de una dislocación involucra el movimiento solo de algunos átomos, por lo que el esfuerzo necesario para producir este fenómeno es menor que el teórico.

De lo tratado hasta ahora acerca del deslizamiento, es válido deducir que un cristal que no posea dislocaciones presentará una alta resistencia a este, lo cual ha encontrado sustento experimental cuando se han ensayado probetas monocristalinas pequeñas con un alto control de calidad, en las cuales se han alcanzado valores del esfuerzo cortante necesario para producir el deslizamiento, muy cercanos a los teóricos.

El deslizamiento en polímeros termoplásticos se da cuando una o más macromoléculas se desplazan sobre otras (las moléculas están unidas entre sí por enlaces secundarios), bajo la acción de un esfuerzo cortante. Lo anterior se esquematiza en la figura 2.11.


Figura 2.11 Deslizamiento entre macromoléculas

Fuente: elaboración propia.

2.2.3.1.2. MACLAJE EN CRISTALES METÁLICOS Y CERÁMICOS IÓNICOS

Mediante este mecanismo de deformación plástica, una región de un cristal se desplaza respecto a otra que no lo hace, generándose una zona intermedia donde se concentra la deformación, denominada zona maclada. La zona maclada está delimitada respecto a las zonas no deformadas por planos de simetría cristalinos denominados planos de macla. Dentro de la zona maclada se presenta el movimiento de planos enteros de átomos, de manera paralela a los planos de macla y en una distancia proporcional a la separación entre cada uno de estos y el plano de macla. La región maclada corresponde a aquella zona del cristal que sufre la deformación de la red cristalina por la ocurrencia del maclaje. Una diferencia importante entre el deslizamiento y el maclaje radica en que este último presenta una mayor distorsión de la red cristalina. En la figura 2.12 se aprecia esquemáticamente la forma final de la estructura cristalina, una vez ha ocurrido el maclaje.


Figura 2.12 Estado final de un cristal deformado plásticamente mediante maclaje

Fuente: elaboración propia.

Los metales con estructura de CC y CCC, cuando se deforman a temperatura ambiente, no tienden a presentar maclas, sobre todo en el caso de la estructura CCC, ya que la alta ductilidad de esta hace que predomine el deslizamiento. Las maclas en estas estructuras se presentan de manera importante a altas ratas de aplicación de la carga (impactos) o en ensayos mecánicos realizados a bajas temperaturas. En la estructura HC el mecanismo de deformación por maclaje es muy importante, ya que el deslizamiento está restringido por el número de sistemas de deslizamiento bajo y orientaciones de estos desfavorables.

El maclaje se puede formar en fracciones de tiempo muy cortas, las cuales pueden estar en el orden de los microsegundos, mientras que la formación de la estructura escalonada producto del deslizamiento puede demorar varias milésimas de segundo [5]. Las parejas de planos y direcciones más comunes de maclaje para las diferentes estructuras no son las mismas que para el deslizamiento. En la tabla 2.4 se dan los planos y direcciones de maclaje más comunes para las estructuras de CC, CCC y HC.

Tabla 2.4 Planos y direcciones comunes de maclaje de las estructuras CC, CCC y HC [5]


Estructura Planos de maclaje Direcciones de maclaje
CC (112) [111]
CCC (111) [112]
HC (10-12) [–1011]

La deformación total de una pieza producto del maclaje es pequeña cuando se le compara con la que resulta después del deslizamiento; sin embargo, el maclaje es importante dentro de la deformación de la mayoría de metales de estructura CC y HC, ya que reorienta regiones importantes de los cristales, colocando sistemas de deslizamiento en posiciones más favorables para continuar la deformación por este mecanismo. En general, se encuentra que el esfuerzo cortante crítico necesario para producir el maclaje es mayor que el que produce el deslizamiento, razón por la cual, este último tipo de deformación plástica predomina sobre el maclaje. El maclaje se producirá fácilmente en aquellas estructuras donde se encuentre restringido por alguna razón el deslizamiento (bajas temperaturas, alto endurecimiento por partículas de segunda fase, elevada velocidad de deformación, etcétera). El maclaje en cristales iónicos se da siempre y cuando en la formación de la zona maclada se desplacen planos aniónicos sobre catiónicos.

2.2.3.1.3. ROTACIÓN DE ENLACES EN MOLÉCULAS POLIMÉRICAS

La deformación plástica en un polímero también se puede dar, además del deslizamiento entre moléculas, a través de la rotación permanente de enlaces sencillos entre sus átomos, lo cual se traduce en que, por ejemplo, una molécula inicialmente enrollada quede alineada en el sentido del esfuerzo. Esta rotación es posible en enlaces covalentes sencillos, ya que no se modifica la forma del orbital molecular. En la figura 2.13 se esquematiza este mecanismo de deformación.


Figura 2.13 Alargamiento de una molécula por rotación de enlaces

Fuente: elaboración propia.

2.2.3.1.4. DEFORMACIÓN PLÁSTICA REAL DE LOS MATERIALES

En materiales metálicos los mecanismos del deslizamiento y maclaje descritos anteriormente se pueden aplicar directamente para predecir el comportamiento de monocristales bajo la acción de las cargas; sin embargo, las aleaciones de ingeniería son en su gran mayoría agregados policristalinos en los cuales estos dos mecanismos de deformación plástica se presentan en cada uno de los granos de una manera restringida, debido a la acción de los granos circundantes.

En el proceso de deformación plástica de una aleación de ingeniería, el deslizamiento y el maclaje se presentarán juntos antecediéndose el uno al otro. El maclaje podrá ocurrir primero que el deslizamiento, cuando no se encuentre un sistema de deslizamiento apropiadamente orientado respecto a la carga, empezando el deslizamiento cuando el maclaje haya reorientado parte de la estructura apropiadamente. El maclaje podrá seguir al deslizamiento cuando este último haya generado un nivel deendurecimiento tal que selimite a sí mismo.

El comportamiento de metales policristalinos ante la deformación plástica se enuentra fuertemente influenciado por la presencia de los siguientes factores: (a) límites de grano, (b) límites de subgranos en el interior de los granos, (c) átomos en solución sólida y (d) dispersión de partículas de segunda fase.

Cuando una región de un grano rota por la acción simultánea de varios sistemas de deslizamiento, para acomodarse a la deformación aplicada, se dice que este presenta una banda de deformación, pero si esta rotación se presenta en muchos granos adyacentes dentro de una aleación de ingeniería, se le denomina a esta región banda de corte. Las bandas de deformación y de corte son zonas localizadas dentro de un cristal o un policristal, respectivamente, que han experimentado una mayor deformación que el material que los rodea, con lo cual en estas se tenderá a formar una orientación preferente. Estas bandas se presentarán bajo la acción de esfuerzos cortantes. En la figura 2.14 se esquematiza el aspecto que presenta al microscopio una banda de corte.


Figura 2.14 Esquematización del aspecto metalográfico de una banda de corte

Fuente: elaboración propia.

Cuando en las bandas de corte se presentan altas velocidades de deformación, las cuales pueden ser producidas por cargas de impacto, se podrá encontrar que su formación se lleva a cabo en condiciones adiabáticas; con lo cual el calentamiento localizado de la banda puede llegar a ser importante, desencadenando transformaciones microestructurales. En este caso se habla de bandas de corte adiabáticas.

Así, pues, en resumen, en las aleaciones de ingeniería la deformación plástica se presentará por la acción de los mecanismos del deslizamiento, del maclaje, de las bandas de deformación y de las bandas de corte.

En los materiales cerámicos, los monocristales covalentes por la rigidez en la posición de los electrones que intervienen en los enlaces no son susceptibles de deformar plásticamente, mientras que los monocristales iónicos sí lo pueden ser, incluso en porcentajes que pueden igualar a los metales, en los planos y direcciones de deslizamiento permitidos. A nivel de los cerámicos de ingeniería, es decir, de los policristales, los cerámicos covalentes seguirán siendo frágiles y en los cerámicos iónicos la plasticidad será severamente reducida, ya que el limitado número de sistemas de deslizamiento será en general incapaz de asegurar que, durante la deformación plástica, los granos permanezcan en contacto, por lo que se producirán grietas con mucha facilidad.

De acuerdo con lo anterior y teniendo en cuenta que los productos cerámicos en general serán policristales que tendrán tanto enlaces covalentes como iónicos, se puede asegurar que estos materiales presentarán una alta fragilidad, o lo que es lo mismo, baja o nula ductilidad.

Dentro de los materiales poliméricos, los plásticos termoplásticos se caracterizan por presentar en general niveles de deformación plástica altos, lo cual se produce fundamentalmente por deslizamiento entre moléculas y por rotación de los enlaces sencillos. En los plásticos termoestables la deformación plástica es prácticamente nula, ya que su estructura de mallas moleculares hace prácticamente imposible el deslizamiento entre moléculas, por lo que se presenta solo una pequeña rotación de enlaces sencillos. Los elastómeros, al igual que los plásticos termoestables, poseen enlaces cruzados entre las cadenas, lo cual hace que una vez cese la deformación elástica, sea baja o nula la deformación plástica, por lo que predomina de nuevo la rotación de enlaces sencillos. En las lecturas [68] se trata con mayor profundidad la plasticidad y el comportamiento plástico de los materiales.

2.2.3.2 Análisis de piezas deformadas plásticamente

Una pieza se deformará plásticamente cuando la carga aplicada genere un esfuerzo que sobrepase el límite elástico del material (σaplicado > σE), a una temperatura de operación dada. El límite elástico del material podrá experimentar variaciones en su valor, dependiendo del tipo de carga actuante. Es común que la deformación plástica tienda a concentrarse en ciertas zonas, una vez la pieza sea sobrecargada, estas se conocen como zonas de inestabilidad plástica.

Bajo carga de tracción, las piezas experimentan alargamiento y una zona de acuellamiento (figura 2.15 (a)) cuando el esfuerzo sobrepasa el límite elástico del material (σaplicado > σE). La zona de acuellamiento corresponde a la de inestabilidad plástica a tracción. Bajo cargas compresivas, los elementos mecánicos de baja relación de aspecto (es decir, aquellos cuya altura no es grande comparada con sus otras dos dimensiones) muestran acortamientos en la dirección de la carga y abombamientos en la dirección perpendicular a esta, cuando se sobrepasa el límite elástico del material a compresión (σaplicado > σE compresión). El límite elástico a compresión de un material es en general mayor que a tracción. Si un elemento mecánico bajo carga compresiva es esbelto, lo que significa que su altura es grande comparada con sus otras dos dimensiones, y la carga está alineada con la dirección más larga, se podrán producir fallas por deformación plástica o fractura, una vez el esfuerzo compresivo sobrepase la carga crítica de Euler o resistencia al pandeo (σaplicado > σEuler), donde el elemento se dobla lateralmente (figura 2.15 (b)). La resistencia al pandeo de Euler es de la pieza y no solo del material, ya que depende fuertemente de la sección resistente y del tipo de apoyos del elemento. Elementos tubulares pueden experimentar también fallas por pandeo, bajo cargas de flexión o torsión, cuando las láminas de sus paredes experimenten esfuerzos equivalentes de compresión que sobrepasen la resistencia de Euler (figura 2.15 (c)). En las fallas por pandeo las zonas donde se concentra el doblado corresponden a las de inestabilidad plástica.

Cuando se presentan cargas excesivas de contacto entre dos cuerpos, se pueden generar esfuerzos hertzianos que sobrepasen la resistencia a la deformación plástica local por aplastamiento (σaplicado > σaplastamiento), lo cual desemboca en fallas por aplastamiento o indentación (figura 2.15 (d)). Bajo carga de flexión se pueden generar doblados por deformación plástica (figura 2.15 (e)) cuando el esfuerzo sobrepase el límite elástico a flexión (σaplicado > σE flexión), el cual es en general mayor que el límite elástico a tracción; si es un momento torsor el que sobrecarga la pieza, se tendrá deformación permanente por rotación (figura 2.15 (f)), una vez el esfuerzo cortante sobrepase el límite elástico cortante (τaplicado > τE). Bajo la acción directa de un esfuerzo cortante, se puede generar deformación plástica cizallante (figura 2.15 (g)) cuando el esfuerzo aplicado sobrepase el límite elástico cortante (τaplicado > τE).


Figura 2.15 Aspecto de piezas que experimentaron deformación plástica

Nota. a) Tornillo con alargamiento y acuellamiento producido por una carga de tracción, que sobrepasó su límite elástico; (b) tijera de tren de aterrizaje de aeronave que falló por pandeo, al disminuirse la resistencia del material a consecuencia de un incendio; (c) viga de una grúa que falló por pandeo de lámina en el lado de compresión, producto de una sobrecarga a flexión; (d) pista interior de rodamiento, la cual presentó indentación o falla por aplastamiento por parte de los elementos rodantes, producto de una sobrecarga radial. Las flechas rojas indican la dirección de aplicación de la carga y las negras las zonas deformadas.

Fuente: elaboración propia.

Para poder observar evidencias del mecanismo de deslizamiento que ocurre dentro de los cristales metálicos, se debe preparar metalográficamente una cara del material por analizar previo a la deformación plástica. Una vez deformada esta probeta, se observará con la ayuda del microscopio óptico o electrónico en el interior de los granos, una serie de líneas o bandas dependiendo de su ancho, las cuales se deben a diferencias de elevación en la superficie pulida de la probeta. Estas líneas o bandas de deslizamiento no son más que la unión de muchos escalones de deformación debidos a este mecanismo. Las líneas de deslizamiento cambiarán de orientación al pasar de un grano a otro. En la figura 2.16 se puede observar el aspecto de las bandas de deslizamiento dentro de varios granos, cuando se observan al microscopio. Las líneas o bandas de deslizamiento no se observarán en probetas que se pulan y ataquen posteriormente a la deformación, ya que el pulimento elimina los escalones; luego, en piezas que hayan fallado por deformación plástica mediante deslizamiento este mecanismo solo se podrá evidenciar en el análisis de fallas, por encontrar los granos alargados en su conjunto, o evidencias del endurecimiento por deformación plástica, etcétera.


Figura 2.15 Aspecto de piezas que experimentaron deformación plástica (continuación)

Nota. (e) Tornillo con doblado producido por una sobrecarga a flexión; (f) eje con distorsión por rotación, debida a una sobrecarga a torsión; (g) platina con cizallamiento a partir de agujero, producido por una sobrecarga aplicada por el cuerpo de un tornillo. Las flechas rojas indican la dirección de aplicación de la carga y las negras las zonas deformadas.

Fuente: elaboración propia.


Figura 2.16 Esquema del aspecto de las líneas de deslizamiento en un metal policristalino

Nota. Preparado metalográficamente antes de deformarse plásticamente (izquierda); imagen de probeta de acero ASTM A36, que se sometió al procedimiento descrito bajo carga de tracción a temperatura ambiente, donde se pueden observar las líneas de deslizamiento, las cuales son paralelas en cada grano a las líneas rojas (derecha).

Fuente: elaboración propia.

El mecanismo de deformación plástica en metales por maclaje, contrariamente al deslizamiento, sí se puede observar en probetas pulidas y atacadas con posterioridad a la deformación, ya que la diferencia de orientación cristalográfica entre las zonas no deformadas y la zona maclada hace que los planos de macla sean revelados por el ataque químico. En la figura 2.17 se muestra el aspecto que presentarían granos con maclas, al ser observados al microscopio óptico o electrónico.


Figura 2.17 Aspecto de granos con maclas

Nota. Esquema del aspecto metalográfico del maclaje en un metal policristalino (izquierda); imagen de probeta de acero ASTM A36, que se deformó plásticamente mediante carga de impacto, donde se pueden observar las maclas en cada grano (derecha).

Fuente: elaboración propia.

Cuando se formen bandas de corte dentro de un metal, estas actuarán como zonas de inestabilidad plástica, ya que concentrarán la deformación en su interior. Ante inspección metalográfica se notará que dentro de la banda los granos estarán alargados, mientras que fuera de esta no mostrarán gran distorsión (figura 2.18, superior izquierda). Si dentro de la banda de corte se genera en muy corto tiempo una gran cantidad de calor, se podrá tener transformación microestructural local; afinándose el tamaño de grano o formándose estructuras fuera de equilibrio de elevada dureza y fragilidad, en este caso se tiene una banda de corte adiabática (figura 2.18, superior derecha). Si la pieza deformada no presenta zonas de inestabilidad plástica, sino que la deformación se da de manera homogénea en todo el volumen afectado (flujo plástico), se encontrará en inspección metalográfica que todos los granos se habrán alargado en la dirección de la deformación principal (figura 2.18, inferior). Dentro de cada grano en el flujo plástico generalizado, se tendrá la participación del deslizamiento o el maclaje. Para que se note el alargamiento de los granos en sección metalográfica, se requieren altos porcentajes de deformación generalizados o localizados en la pieza, por ejemplo, mayores al 25 %. En el diseño mecánico es común que se use el esfuerzo de fluencia (σF) en lugar del límite elástico, como el criterio para el inicio de deformaciones plásticas, esto es debido a que este esfuerzo es más sencillo de determinar a partir de los ensayos de material, además los dos esfuerzos tienen valores muy cercanos entre sí.


Figura 2.18 Secciones metalográficas de probetas de acero AISI 1045 en estado recocido, que se sometieron a carga de impacto

Nota. Zona con banda de corte, donde la deformación se concentra en los granos ubicados en la banda (superior izquierda); zona con banda de corte adiabática, donde el calentamiento asociado con la deformación provocó transformación microestructural dentro de la banda, generándose martensita no revenida de grano fino (superior derecha); zona con flujo plástico generalizado, donde todos los granos se alargaron en la dirección de deformación (inferior). Las flechas rojas indican la dirección de los esfuerzos cortantes. Todas las secciones se encuentran atacadas con nital al 3 %.

Fuente: elaboración propia.

2.2.4 Fluencia lenta o termofluencia

Se trata de un modo de falla por deformación plástica, mediante el cual, una pieza experimenta deformación permanente que incrementa con el paso del tiempo, estando sometida a un esfuerzo constante, cuyo valor es inferior al límite elástico o la resistencia a la fluencia del material (figura 2.19). El proceso de deformación se da una velocidad lenta, menor que la experimentada en la deformación plástica cuando se supera el esfuerzo de fluencia, por ello se le clasifica como un modo de falla por deformación plástica dependiente del tiempo. La deformación se da mediante un proceso viscoso que se presenta dentro del material (comportamiento similar al de un fluido), el cual se puede dar si el material se encuentra por encima de una temperatura mínima que activa el fenómeno.


Figura 2.19 Comportamiento del esfuerzo versus el tiempo en las fallas por deformación plástica mediante fluencia lenta o termofluencia

Fuente: elaboración propia.

La deformación total que experimentará una pieza en régimen de termofluencia será la suma de: (1) la expansión térmica, que se genera durante el calentamiento de la pieza; (2) la deformación elástica ∈0, la cual se da en el proceso de carga inicial del elemento; y (3) la deformación por termofluencia, que constituye el componente viscoso retardado en el tiempo. Al analizar el fenómeno de la termofluencia en un gráfico deformación-tiempo, se encontrará que esta presenta en general tres zonas de comportamiento definido: (a) termofluencia primaria o zona I, (b) termofluencia secundaria o zona II y (c) termofluencia terciaria o zona III (figura 2.20).

Durante la termofluencia primaria el material experimenta una alta velocidad de deformación dε/dt, donde paulatinamente esta irá disminuyendo, en la medida en que el endurecimiento por deformación contrarreste parcialmente el efecto viscoso. El endurecimiento por deformación no logra eliminar la deformación plástica del todo, debido a la recuperación térmica, por ello, se alcanza un punto de equilibrio donde la velocidad de deformación permanece constante y en un valor mínimo, lo cual caracteriza a la termofluencia secundaria. En la termofluencia terciaria la velocidad de deformación vuelve a aumentar, como consecuencia de una inestabilidad plástica (acuellamiento de la pieza), y/o porque el efecto viscoso y la recuperación térmica empiezan a primar sobre el endurecimiento por deformación, acelerándose el proceso hasta la fractura del elemento.


Figura 2.20 Curva típica del comportamiento de la deformación contra el tiempo, para una aleación en régimen de termofluencia

Nota. ε0: es la deformación elástica inicial; la zona I de la gráfica se conoce como termofluencia primaria; la zona II se denomina termofluencia secundaria, y se caracteriza por tener una rata de deformación constante que es la menor de todo el proceso; la zona III se denomina termofluencia terciaria.

Fuente: elaboración propia.

No todas las aleaciones ni en todas las situaciones de carga-temperatura se presentará una curva de termofluencia como la mostrada en la figura 2.20, por ejemplo: 1) a elevados esfuerzos y temperaturas puede que no se presente la termofluencia primaria, o incluso se puede tener solo la termofluencia terciaria, debido al fuerte predominio del efecto viscoso y la recuperación térmica sobre el endurecimiento por deformación (figura 2.21); 2) la termofluencia terciaria puede no aparecer cuando el elemento por su área o inercia no genere fácilmente una zona de acuellamiento o inestabilidad plástica; también puede no presentarse cuando el esfuerzo y la temperatura sean bajos (figura 2.21); 3) algunos materiales muy dúctiles al mostrar baja capacidad de endurecimiento por deformación podrán tener curvas de termofluencia, donde la velocidad de deformación estará en continuo incremento; 4) materiales que presenten cambios microestructurales a las temperaturas de termofluencia, como precipitación de nuevas fases, cambios en tamaños de grano, embastecimiento de precipitados, etcétera, podrán presentar gráficos con varios cambios de pendiente o velocidades de deformación, ya que algunas estructuras serán más o menos resistentes a la termofluencia que otras.

En ensayos de termofluencia es común definir dos medidas de ductilidad, una es la elongación verdadera al final de la termofluencia secundaria y la otra es la elongación total a fractura. La ductilidad verdadera es preferida a la ductilidad total, porque está menos influenciada por microvacíos, grietas o inestabilidades plásticas (acuellamientos). Las piezas fundidas presentan datos de ductilidad más dispersos que las piezas forjadas, derivado de la mayor presencia de discontinuidades e inhomogeneidades. Piezas que trabajan a altas temperaturas, como partes de motores térmicos, se diseñan para que su tiempo de servicio coincida con una deformación verdadera máxima admisible, la cual puede ser por ejemplo del 1 %; esta deformación máxima debe coincidir con el final de la termofluencia secundaria, de forma que el factor de seguridad en vida de servicio abarque al menos la termofluencia terciaria.


Figura 2.21 Influencia general del nivel de esfuerzo o de la temperatura para una aleación metálica

Nota. Diagrama que muestra la influencia general del nivel de esfuerzo o de la temperatura para una aleación metálica en la forma de las curvas de termofluencia, en las velocidades de deformación, en el tiempo a fractura y en la deformación a fractura.

Fuente: elaboración propia.

2.2.4.1 Mecanismos de la distorsión por fluencia lenta en metales

La temperatura a partir de la cual el fenómeno de la termofluencia se vuelve importante en metales cambia de una aleación a otra, estando generalmente entre un 30 y 50 % de la temperatura de fusión absoluta del material (tabla 2.5). El fenómeno de la termofluencia en las aleaciones se activa cuando la energía térmica asociada con la temperatura del material es lo suficientemente grande para darle a los átomos un mínimo de movilidad que les permita contrarrestar los fenómenos del endurecimiento por deformación (recuperación térmica), facilitándose así el comportamiento viscoso (deformación plástica a esfuerzo constante). El comportamiento viscoso se vuelve predominante al darse entre otros fenómenos: (a) un mayor número de sistemas de deslizamiento dentro de los granos; (b) el trepado de las dislocaciones alrededor de los obstáculos; (c) mayor difusividad de átomos y vacancias dentro del material, que faciliten la neutralización del exceso de dislocaciones generadas; (d) activación del deslizamiento entre los granos.

Tabla 2.5 Temperaturas típicas de inicio del fenómeno de la termofluencia para varias familias de aleaciones metálicas [9]


Material Temperatura en oC
Aleaciones de aluminio 150-200 (0,48-0,54 TF)
Aleaciones de titanio 315 (0,3 TF)
Aceros de baja aleación 370 (0,36 TF)
Aceros inoxidables austeníticos y refractarios 540 (0,49 TF)
Aleaciones base níquel o cobalto resistentes al calor 650 (0,56 TF)
Aleaciones refractarias 980-1540 (0,4-0,45 TF)

Nota: TF es la temperatura de fusión absoluta de la aleación.

Dentro del fenómeno de la termofluencia en metales, existe una temperatura importante que se conoce como temperatura equicohesiva, y corresponde a la temperatura donde la aleación muestra la misma resistencia en límites de grano y en el interior de estos (de ahí su nombre). Por debajo de esta temperatura los metales exhiben una mayor resistencia en los límites de grano, mientras que, a mayores temperaturas de la equicohesiva, la resistencia del interior de los granos será mayor. Como consecuencia de lo anterior, si la termofluencia se da a una temperatura mayor de la equicohesiva, en el material se fomentará la formación de microvacíos en los límites de grano, producto del deslizamiento entre estos y la difusión de vacancias, lo que llevará en últimas a fracturas intergranulares por fluencia lenta; mientras que por debajo de esta temperatura predominarán fracturas transgranulares dúctiles, es decir, por formación y coalescencia de microvacíos intragranulares. La temperatura equicohesiva será alta, cuando se tengan esfuerzos bajos y tiempos de exposición bajos, y será baja para tiempos de exposición prolongados y altos esfuerzos.

Las variables más importantes que influyen en la termofluencia son, a saber: (a) la aleación, ya que existen aleaciones más resistentes que otras, es decir, pueden tener mayores tiempos de fractura, y/o mayor capacidad de soportar esfuerzos, y/o menor velocidad de deformación, además de ser más resistentes a experimentar transformaciones microestructurales a la temperatura de trabajo; (b) la temperatura, teniéndose que entre más alta sea esta, se obtendrá una mayor velocidad de deformación, mayor deformación total y menor tiempo de vida (figura 2.21); (c) el nivel de carga, presentándose una mayor velocidad de deformación, mayor deformación total y menor tiempo de vida al aumentar el valor de los esfuerzos (figura 2.21); (d) el tiempo de exposición, donde entre más tiempo de trabajo sea expuesto el material a carga a altas temperaturas, se tendrá una menor vida de servicio; (e) la geometría, acentuándose la deformación plástica y el agrietamiento en los concentradores de esfuerzo; (f) el medio ambiente, ya que a altas temperaturas es común que se tenga oxidación, lo cual podrá acentuar el agrietamiento superficial, vía la oxidación intergranular, y/o disminuir el tiempo de servicio por la reducción de espesores y el aumento de esfuerzos asociado.

En aleaciones metálicas el mecanismo propuesto de deformación plástica por fluencia lenta es el siguiente (figura 2.22): (a) el esfuerzo aplicado al material produce deformación plástica, vía la generación y movimiento de dislocaciones dentro de los granos, lo cual empezará a generar endurecimiento por deformación en la medida en que haya más dislocaciones y estén apiladas contra obstáculos (partículas de segunda fase, límites de grano, etcétera); (b) la alta temperatura implica la presencia de un alto número de vacancias y elevada movilidad de los átomos y, por lo tanto, de estas vacancias (difusividad); lo anterior hace que continuamente se esté anulando el exceso de dislocaciones producidas en la deformación plástica, favoreciéndose que estas puedan superar los obstáculos trepándolos, y se faciliten procesos de recristalización por migración de límites de grano; a esto se le conoce como recuperación térmica, y, por lo tanto, contrarresta al endurecimiento por deformación; (c) el endurecimiento por deformación y la recuperación térmica alcanzan un equilibrio donde se forman configuraciones de dislocaciones estables en el interior de los granos, lo que significa que la velocidad de creación de dislocaciones se iguala con la de su neutralización, teniéndose así la posibilidad de tener fluencia a carga constante (el hecho de estar creando dislocaciones implica tener deslizamiento); (d) aparte del deslizamiento interno en los granos, también se presenta deslizamiento entre los límites de grano; (e) formación de microvacíos en límites de grano por encima de la temperatura equicohesiva, lo cual es consecuencia del deslizamiento entre los granos y/o de la difusión de átomos y vacancias por la elevada temperatura; este fenómeno desembocará en coalescencia de microvacíos y agrietamiento intergranular; (f) formación de microvacíos en el interior de los granos por debajo de la temperatura equicohesiva, los cuales se forman en partículas de segunda fase, inclusiones o zonas de alta energía; este fenómeno desembocará en coalescencia de microvacíos y agrietamiento transgranular; (g) transformaciones microestructurales a la temperatura y nivel de esfuerzos de trabajo que pueden generar dos efectos básicos: 1) acelerar la termofluencia (merma de la resistencia aumentando la movilidad de las dislocaciones) o 2) contrarrestar el fenómeno, por ejemplo, a través de la precipitación de fases duras finas, que se opongan al movimiento de las dislocaciones (endurecimiento por deformación).

La deformación total por termofluencia estará compuesta de: (1) la debida al deslizamiento interno de los granos y (2) la producida por el deslizamiento entre granos. En la termofluencia primaria y secundaria predomina el deslizamiento interno de los granos, pero cerca del final de la termofluencia secundaria y, especialmente en la terciaria, el deslizamiento entre granos cobrará relevancia si se está por encima de la temperatura equicohesiva, facilitando así la formación de microvacíos entre granos, el agrietamiento y, finalmente, la fractura intergranular. Por debajo de la temperatura equicohesiva predominará durante todo el fenómeno la deformación por deslizamiento interno de los granos, desembocando al final en fractura transgranular.

Durante la termofluencia primaria, debido a que las dislocaciones no están apiladas contra obstáculos, se tienen altas velocidades de deformación, pero este proceso rápidamente genera una gran cantidad de dislocaciones nuevas y apilamientos que aumentan el endurecimiento por deformación, contrarrestando dicha velocidad; de no haber recuperación térmica, la deformación plástica cesaría, sin embargo, por la aniquilación y movilidad de las dislocaciones, se alcanza el estado de equilibrio, a partir del cual inicia la termofluencia secundaria. En la termofluencia secundaria se tiene un arreglo estable de dislocaciones en el interior de los granos, lo que permite tener una rata de deformación aproximadamente constante, a partir de la cual se pueden hacer cálculos de vida de las piezas. El arreglo estable de dislocaciones se facilita en aleaciones con alta energía de apilamiento, lo cual favorece la formación de subgranos de bajo ángulo; en aleaciones con baja energía de apilamiento se tiende más a recristalizar. En la termofluencia terciaria puede darse acuellamiento (inestabilidad plástica que incrementa los esfuerzos localmente) y/o recristalización del material, lo cual aumenta la movilidad de las dislocaciones aumentando la velocidad de deformación.


Figura 2.22 Esquematización del mecanismo de deformación plástica por termofluencia

Nota. (a) Material en estado original, donde en rojo se esquematizan las dislocaciones; (b) ante el esfuerzo se produce deslizamiento intragranular, generando, desplazando y apilando las dislocaciones contra obstáculos; (c) la recuperación térmica disminuye y mantiene el número y configuración de dislocaciones, recristaliza los granos y hay cambios microestructurales (las esferas negras indican a manera de ejemplo la globulización de una fase); (d) se da deslizamiento intergranular, especialmente si se está por encima de la temperatura equicohesiva; (e) el deslizamiento intergranular y la difusión de vacancias generan microvacíos (verdes), en límites de grano; (f) si la temperatura es inferior a la equicohesiva, se formarán microvacíos intragranulares (verdes), en sitios de alta energía, como consecuencia principalmente del deslizamiento intragranular. En la figura 3.100 se muestra la fase final de este mecanismo, cuando termina en agrietamiento o fractura intergranular o transgranular.

Fuente: elaboración propia.

Si por encima de la temperatura equicohesiva, la formación de microvacíos en los límites de grano se concentra en puntos de intersección de tres granos, se les llama microvacíos del tipo cuña, por su forma típica, siendo consecuencia especialmente del deslizamiento entre granos; los microvacíos también se pueden formar entre dos granos, llamándoseles en este caso microvacíos del tipo redondeado, los cuales se forman principalmente por la difusión de átomos y vacancias. La formación de los microvacíos del tipo cuña es común, cuando se apliquen altos valores de esfuerzo y se tengan temperaturas no tan elevadas (pero superiores a la equicohesiva), donde predomina el deslizamiento entre los cristales. Estos microvacíos pueden iniciar su formación a partir del clivaje de partículas de segunda fase, ubicadas en los límites de grano. La formación de los microvacíos del tipo redondeado es común cuando se apliquen bajas velocidades de deformación y altas temperaturas, lo que favorece la difusión de vacancias en los límites de grano. A esfuerzos bajos estos microvacíos se pueden formar en el interior de los granos, en las interfaces de la matriz con partículas de segunda fase. Los microvacíos también pueden ser consecuencia de diferencias en las ratas de deformación interna entre granos adyacentes. A la formación de microvacíos en límites de grano por termofluencia se le suele denominar cavitación por termofluencia.

Algunas de las transformaciones microestructurales más comunes que se pueden dar a alta temperatura son, a saber: (1) precipitación de nuevas fases, por ejemplo, la sensibilización de aceros inoxidables, donde se precipitan en límites de grano carburos de cromo; (2) crecimiento de fases, debido, por ejemplo, al sobreenvejecimiento; (3) disolución de fases, como disolución de inclusiones, carburos, etcétera; (4) crecimiento de grano; (5) recristalización, donde granos deformados previos a la termofluencia o generados en esta se regeneran; (6) oxidación de las superficies por el contacto con atmósferas oxidantes a alta temperatura; (7) fragilización a alta temperatura, producto de la difusión a límites de grano de elementos químicos fragilizantes, como el fósforo, el azufre, el cobre, el arsénico, el antimonio y el estaño para el caso de los aceros, lo cual está relacionado con el mecanismo de fragilización dinámica (véase numeral 3.14).

En aceros ferrito perlíticos o ferrito bainíticos (muy usados en tuberías para calderas), los cambios microestructurales más comunes a alta temperatura, que desembocan en una reducción de la resistencia a la termofluencia (disminución de la vida de servicio y/o aumento de la velocidad de deformación y/o merma en la capacidad de carga), son los siguientes: (a) esferoidización y embastecimiento de los carburos de la perlita y de la bainita, lo cual facilita el movimiento de las dislocaciones; (b) grafitización, donde el carburo de hierro se descompone parcialmente para formar grafito, lo cual facilita el movimiento de las dislocaciones y además concentra el esfuerzo alrededor de los nódulos grafíticos. La adición de cromo a los aceros retarda la posibilidad de grafitizar, y la estructura ferrito-bainítica muestra una mayor resistencia a la esferoidización que la ferrito-perlítica. Los aceros ferrito-bainíticos o perlíticos al cromo molibdeno, y los aceros inoxidables austeníticos muestran alta resistencia a la termofluencia, comparada con la de otros tipos de aceros (baja velocidad de deformación y mayor tolerancia al daño por agrietamiento).

En algunos aceros y aleaciones de níquel, la presencia de ciertos tipos de carburos y de ciertas morfologías incrementan la resistencia a la fluencia lenta. En las aleaciones de níquel para alta temperatura (álabes de turbinas), se logran bajas ratas de deformación por termofluencia mediante: (1) precipitación masiva de la fase en el interior de los granos, la cual limita el movimiento de las dislocaciones disminuyendo el efecto viscoso; (2) precipitación de carburos en límites de grano, los cuales disminuyen el deslizamiento entre los granos; y (3) se buscan tamaños de grano gruesos, con lo cual queda menor área de límites de grano, sobre la cual se pueda presentar deslizamiento y formación de microvacíos. En general, por encima de la temperatura equicohesiva, los metales de grano grueso serán más resistentes a la termofluencia que los de grano fino. En las lecturas [10-11] se podrá encontrar un tratamiento más profundo de la termofluencia.

2.2.4.2 Análisis de piezas deformadas por termofluencia

Una pieza se deformará plásticamente por termofluencia cuando: (1) se opere a una temperatura tal, que por recuperación térmica se contrarreste el endurecimiento por deformación; (2) exista una carga constante en el tiempo —también puede ser variable, en cuyo caso se habla de fatiga termomecánica (véase numeral 3.16)—; y (3) se da el tiempo suficiente para que se manifieste un determinado nivel de deformación.

A simple vista, las piezas con deformación plástica por termofluencia mostrarán distorsión permanente producto de la deformación, y si la pieza llegó hasta las etapas finales de la termofluencia secundaria o hasta la termofluencia terciaria, se podrán apreciar agrietamientos o zonas de inestabilidad plástica (acuellamientos) (figura 2.23). En la mayoría de aplicaciones a alta temperatura, las piezas fallan cuando sobrepasan un valor máximo de deformación verdadera admisible, la cual puede ser tan baja como del 1 %; una deformación así no se detecta fácilmente por inspección visual, sino que debe recurrirse al estudio metrológico para ello. Una deformación plástica localizada por termofluencia se puede deber a una distribución no homogénea de esfuerzo (concentradores), o a una distribución no homogénea de temperaturas, lo cual puede ocurrir en motores térmicos o calderas. Cuando la distribución de esfuerzos y temperaturas es uniforme, se presentará deformación plástica generalizada en todas las zonas de la pieza.


Figura 2.23 Deformación plástica por termofluencia

Nota. Tubo de caldera acuatubular hecho de acero de bajo carbono y baja aleación al cromo-molibdeno, que mostró aumento de diámetro por termofluencia (izquierda); deformación plástica por termofluencia localizada en un tubo similar, en zona orientada hacia el hogar de la caldera, donde la temperatura es mayor (derecha).

Fuente: elaboración propia.

Al inspeccionar las piezas deformadas por termofluencia en secciones metalográficas, será posible detectar: (a) la formación de microvacíos (figura 2.24, superior izquierda) y (b) los cambios microestructurales que se hayan dado (figura 2.24, superior derecha). En las etapas finales de la termofluencia secundaria y en la termofluencia terciaria se podrá notar cómo los microvacíos en límites de grano empiezan a coalescer y a alinearse formando grietas, que son perpendiculares al esfuerzo máximo de tracción local (figura 2.24, inferior). Debido a la recuperación térmica y a la recristalización, no es común notar que los granos se encuentren alargados en el sentido de la deformación; sin embargo, si la temperatura fue inferior a la equicohesiva y el esfuerzo o la velocidad de deformación fueron muy altos, se podrá hacer que predomine el deslizamiento interno dentro de los granos como mecanismo de falla, con lo cual los granos sí se podrán ver alargados ante inspección metalográfica.


Figura 2.24 Secciones metalográficas de tubos de caldera de aceros de bajo carbono y baja aleación al cromo-molibdeno, que experimentaron daño por termofluencia

Nota. Formación de microvacíos en límites de grano, producto del deslizamiento intergranular (superior izquierda); detalle de la globulización del carburo de hierro por la alta temperatura, en el mismo tubo de la imagen anterior (superior derecha); detalle de una zona del tubo anterior, donde los microvacíos están coalesciendo para formar grietas perpendiculares al esfuerzo principal de tracción (inferior); las flechas azules indican la orientación de dicho esfuerzo. Ataques químicos realizados con nital al 3 %.

Fuente: elaboración propia.

2.3 LECTURAS RECOMENDADAS Y REFERENCIAS

[1] ASM International, ASM Handbook, Vol. 11, 4th printing 2007, ASM International, Materials Park-Ohio. p. 1045-1057.

[2] Meyers, M. and Chawla, K. Mechanical Behavior of Materials, 1st Ed. 2009, Cambridge University Press, Cambridge-UK, Chapter 2: Elasticity and Viscoelasticity.

[3] Harris, M. And Piersol, G. Harris’ Shock and Vibration Handbook, 5th Ed. 2002, McGraw-Hill, New York, Chapter 2: Basic Vibration Theory.

[4] Dieter, G. Mechanical Metallurgy, SI Metric Ed. 1988, McGraw-Hill, Singapure. pp. 114-117.

[5] Ibid., p. 133.

[6] Ibid., Chapters 3 (Elements of the Theory of Plasticity), 4 (Plastic Deformation of Single Crystals), 5 (Dislocation Theory) and 6 (Strengthening Mechanisms).

[7] Hertzberg, R., Vinci, R. and Hertzberg, J. Deformation and Fracture Mechanics of Engineering Materials, 5th Ed. 2012, Wiley. Chapters 2 (Yielding and Plastic Flow) and 3 (Controlling Strenght).

[8] Wenbing, H. Polymer Physics, 1st Ed. 2013, Springer Verlag. Chapter 6: Polymer Deformation.

[9] ASM International, op. cit., p. 729.

[10] Dieter, G., op. cit., Chapter 13: Creep and Stress Rupture.

[11] Meyers M. and Chawla K., op. cit., Chapter 13: Creep and Superplasticity.

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FALLAS POR FRACTURA Y FRACTOGRAFÍA

Las fallas por fractura son una familia de modos de falla, en los cuales un elemento mecánico se disgrega en dos o más fragmentos, lo cual ocurre como consecuencia de la generación y posterior propagación de grietas en la pieza bajo la acción de las cargas que experimenta. Todas las fallas de este tipo constan de las siguientes etapas: (1) nucleación de una o varias grietas, (2) propagación de la grieta o las grietas y (3) fractura del elemento. La etapa (1) y el inicio de la etapa (2) se enmarcan dentro de la fase latente de estos modos de falla, mientras que la mayoría de la etapa (2) y la etapa (3) corresponden a la fase manifiesta. Cuando estos modos de falla se encuentran en etapa (2) hablamos de agrietamiento y cuando alcanzan la etapa (3) hablamos de fractura. Si el modo de falla es detectado en la etapa (2), se trata generalmente de una falla no catastrófica, pero cuando alcanza la etapa (3), la anulación de la operatividad del elemento por la fragmentación implica una falla catastrófica.

Si las tres etapas generales de evolución de una falla por fractura ocurren en un lapso tan corto como un ciclo de trabajo de la máquina (un ciclo de carga), lo cual equivale a decir que las grietas se propagan a una velocidad tan alta como 0,2 a 0,4 de la velocidad del sonido en el material [1], u otras veces más lento, tomando segundos o minutos (10–3 - 10–1 m/s), ahí hablamos de una fractura súbita. Ese tipo de crecimiento de grietas a alta velocidad lo llamamos crecimiento inestable de grieta. Cuando las etapas (1) y (2) de una falla por fractura se dan durante muchos ciclos de carga de la pieza o un largo periodo de trabajo de esta, lo que implica velocidades de propagación de grietas tan bajas como por ejemplo 1 mm/mes o 1 mm/día, allí tenemos una fractura progresiva. Debido a la velocidad de propagación tan lenta de las grietas en las fracturas progresivas, es posible detectar y monitorear su crecimiento en servicio con el equipo apropiado y el personal entrenado para ello, de tal manera que se puede realizar una parada de mantenimiento programada que permita corregir el problema antes que se produzca la fractura o falla catastrófica, lo cual no es posible hacer en las fracturas súbitas. El crecimiento lento de las grietas en las fracturas progresivas se conoce como crecimiento estable de grieta.

La fractografía o análisis de piezas fracturadas es una disciplina de la ciencia de los materiales, en la cual se estudian los aspectos topográficos característicos que cada modo de falla por fractura deja en las superficies de fractura formadas. A partir de este conocimiento y de la observación de la superficie de fractura de una pieza fallada, es posible inferir el modo de falla que la formó. Cuando se habla de observar una superficie de fractura de una pieza fallada, se hace referencia a la inspección visual a ojo desnudo, con ayuda de lupas, con ayuda de un estereoscopio o con ayuda de un microscopio electrónico de barrido; además, se incluye la observación metalográfica, plastográfica o ceramográfica transversal a la superficie de fractura, de tal modo que se pueda observar la trayectoria y topografía dejada por las grietas, además de su relación con la microestructura. Dentro del estudio fractográfico también es importante observar la presencia o ausencia de deformación plástica alrededor de las zonas de fractura de las piezas, y relacionar todo lo observado con el tipo de cargas que se experimentaron, el medio de trabajo en el cual se operó y la temperatura de operación, entre otras variables. Se recomienda realizar la lectura [2] sobre la mecánica de la fractura; la lectura [3] sobre el diseño mecánico; la lectura [4] sobre plasticidad, dislocaciones y mecanismos de endurecimiento de metales, y la lectura [5] sobre fundamentos de la corrosión, esto para refrescar conceptos básicos que se necesitarán a lo largo de la lectura del capítulo.

3.1 CLASIFICACIÓN GENERAL DE LAS FRACTURAS

A partir de la clasificación básica entre fracturas súbitas y progresivas, se puede agrupar la mayoría de los modos de falla por fractura más comunes en metales, de la manera en que se muestra en la figura 3.1, donde las fracturas súbitas se clasifican de acuerdo a si predomina un comportamiento frágil o dúctil en el proceso de falla, o si es mixto entre los dos; las fracturas progresivas se dividen de acuerdo a si son los ciclos de carga los principales responsables de la nucleación y propagación de las grietas, o si lo es el paso del tiempo, o si son mixtas (dependientes de los ciclos de carga y del tiempo).

En las fracturas por fatiga los ciclos de carga son los responsables de la nucleación y el crecimiento de las grietas (en este caso se habla de fatiga mecánica), si además un medio corrosivo ayuda a esa nucleación y/o crecimiento, se habla de corrosión fatiga. Se habla de fatiga térmica o corrosión fatiga térmica, si los ciclos de carga son consecuencia de cambios cíclicos de temperatura (ciclos de dilatación y contracción restringidos por apoyos). En la fluencia lenta se da una deformación plástica y finalmente un agrietamiento progresivo en el tiempo, el cual es activado por una alta temperatura bajo carga para el material que lo experimenta (ver numeral 2.2.4), mientras que en los fenómenos de fragilización el agrietamiento es asistido por un proceso difusivo de elementos químicos fragilizantes dentro del material cargado, donde dichos elementos pueden estar presentes en su composición química o ser aportados por el medio ambiente. En el agrietamiento por corrosión esfuerzo este se genera por la acción de un medio corrosivo en un material que está sometido a un cierto nivel de esfuerzo, sin que haya ciclos de carga (para diferenciarse de la corrosión fatiga). La fatiga termomecánica es un proceso de deformación y agrietamiento donde cooperan la fluencia lenta y la fatiga (mecánica y/o térmica), siendo común que además se tenga cooperación de la corrosión (oxidación a alta temperatura).


Figura 3.1 Clasificación general de los modos de falla por fractura más comunes en metales, de acuerdo con su naturaleza súbita o progresiva

Fuente: elaboración propia.

Los mismos modos de fractura básicos mencionados se pueden reclasificar, de acuerdo con la principal fuente activadora de la nucleación y el crecimiento de las grietas, como fracturas mecánicas, cuando es solo la solicitación por esfuerzo la responsable del proceso de falla; fracturas asistidas por el ambiente (sinergia corrosión fractura), cuando además del esfuerzo se presenta una acción química por parte del medio ambiente que rodea a la pieza; fracturas asistidas por la temperatura, cuando la generación del esfuerzo y/o del agrietamiento es consecuencia de cambios de temperatura y/o de mecanismos de deformación activados a altas temperaturas; y fracturas mixtas, cuando se den combinaciones entre las anteriores (figura 3.2).


Figura 3.2 Clasificación general de los modos de falla por fractura más comunes en metales

Nota. Efectuada de acuerdo con su origen: mecánicas, asistidas por el ambiente, asistidas por la temperatura o mixtas.

Fuente: elaboración propia.

3.2 MARCAS CARACTERÍSTICAS EN LAS SUPERFICIES DE FRACTURA

En las superficies de fractura de los elementos mecánicos se pueden formar cuatro tipos principales de marcas: (1) marcas de dirección de propagación, (2) marcas de posición del frente de grieta, (3) marcas de interacción con ondas de deformación y (4) marcas de cambio de material —figuras 3.3, 3.4 y 3.6 (inferior derecha)—.

Las marcas de dirección de propagación, como su nombre lo indica, están alineadas con la dirección local de crecimiento de grieta en una superficie de fractura. Dentro de estas marcas se encuentran las radiales, las de diente de sierra o Ratchet y las de río (figura 3.4, marcas negras). Todas estas marcas tienen en común que a través de ellas se separan dos o más superficies de grieta que están a diferente nivel (figura 3.5, superior izquierda).


Figura 3.3 Clasificación general de las marcas que comúnmente se presentan en las superficies de fractura de los elementos mecánicos

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.4 Marcas que comúnmente se presentan en las superficies de fractura de los elementos mecánicos

Fuente: elaboración propia.

Las marcas Ratchet se forman en las zonas de origen de las fracturas, separando cada marca a dos grietas independientes adyacentes, lo cual origina la geometría de diente de sierra que las caracteriza. Mientras las grietas iniciales se propaguen en planos diferentes, las marcas Ratchet persistirán, pero una vez estas grietas se unan para formar un solo frente común de propagación la marca desaparecerá (figura 3.5, superior derecha).

Las marcas radiales y las marcas de río se forman sobre la superficie de fractura en las zonas de propagación. Las marcas de río obtienen su nombre a partir de la forma que tienen, la cual asemeja el cauce de un río, en donde el sentido de propagación de las grietas se orienta con la misma lógica del movimiento de una corriente de agua de este tipo (figura 3.5, fotos inferiores).


Figura 3.5 Marcas de fractura

Nota. Imagen de MEB de una superficie de fractura súbita frágil de un metal con varias marcas radiales, donde se pueden notar las diferencias de altura en la superficie que hay a lado y lado de cada marca radial (superior izquierda). Marcas Ratchet en la zona de origen de una fractura por fatiga de un metal, que se originó a partir de tres grietas independientes; nótese que una de las marcas desaparece cuando dos de las grietas originales se unen en el punto indicado por la flecha verde (superior derecha); marcas radiales en superficie de fractura súbita frágil de un metal (inferior izquierda); marcas de río en una superficie de fractura súbita frágil de una lámina de acrílico (inferior derecha). Las flechas rojas indican la dirección de propagación de las fracturas.

Fuente: elaboración propia.

La formación de las marcas de río y las radiales, en una superficie de fractura, indica que en la propagación de la grieta se produce una división de esta en dos planos (marca radial) o en varios planos (marca de río), como consecuencia de heterogeneidades locales del material, alta velocidad de propagación de la grieta, cambio de estado de esfuerzos presente, etcétera. Si los planos de grieta divididos vuelven a converger las marcas desaparecerán.

Es posible al inspeccionar una superficie de fractura, establecer con buena precisión su dirección y sentido de propagación (y por lo tanto, los orígenes), a partir de las marcas Ratchet y las marcas de río, mientras que a partir de las marcas radiales solo se establece la dirección, mas no necesariamente el sentido, especialmente cuando las marcas radiales presentan patrón paralelo. En este último caso se requiere información adicional como tipo de carga que experimentó el elemento; por ejemplo, a partir de una carga flectora se puede inferir que la fractura debe originarse en el lado de tensión para un metal. Hay dos tipos de patrones de marcas radiales o de río que permiten establecer el sentido de propagación, además de la dirección: el patrón de Chevron o de “V” de sargento (marcas de Chevron) y el patrón de roseta o estrella; ambos patrones de marcas radiales o de río son comunes en fracturas súbitas frágiles y apuntan o convergen hacia las zonas de origen del agrietamiento (figura 3.19, fotos inferiores).


Figura 3.6 Diferentes tipos de marca

Nota. Marcas de playa o costilla en una superficie de crecimiento de grieta por fatiga de un acero (superior izquierda); imagen MEB de estriaciones presentes en una superficie de fatiga de un duraluminio (superior derecha); marcas Wallner en una superficie de fractura súbita frágil de una lámina de acrílico (inferior izquierda); marca de cambio de material presente entre la capa de temple superficial y el núcleo, de un eje de acero que experimentó una fractura súbita frágil a torsión (inferior derecha). Las flechas azules indican la dirección de propagación de las fracturas.

Fuente: elaboración propia.

Las marcas de posición del frente grieta cuando se forman, indican la ubicación que en su momento tenía la cabeza de una grieta; por lo tanto, son perpendiculares a la dirección local de crecimiento y a las marcas de dirección de propagación. A este grupo pertenecen las marcas de costilla o de playa y las estriaciones. Las marcas de playa o de costilla reciben este nombre debido a su forma y se originan por cambios en la velocidad de crecimiento de la grieta, cambios en el estado de esfuerzos, por acción del medio ambiente en la cabeza de la grieta, etcétera (figura 3.4, marcas rojas, y figura 3.6, superior izquierda). Cuando estas marcas se forman en un periodo en que la grieta no avanza, se conocen como marcas de detención. Las estriaciones son marcas que se forman con cada ciclo de crecimiento de una grieta, y, por ende, tienen espaciamiento entre ellas del orden de los micrómetros, o aún menores, lo cual solo permite que se puedan observar por una técnica como la microscopia electrónica de barrido (MEB) (figura 3.4, marcas azules, y figura 3.6, superior derecha).

Las marcas de interacción con ondas de deformación o marcas Wallner se forman cuando durante la propagación en una grieta inestable, interfieren con el frente de grieta ondas de deformación producidas por: (1) el propio fenómeno de agrietamiento, que al reflejarse contra superficies libres retornan al área de grieta, o (2) por cargas aplicadas a alta velocidad (impactos). Estas ondas al interferir con el frente de grieta, hacen que esta se propague, generando con ello pequeñas oscilaciones a cada lado de la dirección principal, dejando marcas que son muy parecidas en su forma a las de playa o de costilla (figura 3.6, inferior izquierda). Estas marcas es común encontrarlas en fracturas súbitas frágiles por clivaje, de materiales poliméricos o cerámicos amorfos. Las marcas por su forma pueden llegar a confundirse con marcas de posición del frente de grieta, sin embargo, en general estas marcas no coinciden con la posición de todo el frente de grieta en un instante de tiempo, solo lo hacen si se forman cuando todo el frente de grieta es alcanzado por un máximo de una onda de deformación al mismo tiempo. No obstante lo anterior, es posible localizar la zona de origen del agrietamiento, ya que esta se encontrará siguiendo la dirección del lado cóncavo de las marcas (figura 3.4, marcas verdes).

Las marcas de cambio de material se forman cuando en la propagación de las grietas dentro de una pieza continua, estas pasan, por ejemplo, de una zona de alta dureza a una de baja o viceversa, o cuando hay un cambio efectivo de composición química del material. Lo anterior es común que se dé en piezas con tratamientos superficiales, depósitos o zonas soldadas. En un material metálico como regla general se notará que la textura de la superficie de grieta será más rugosa en las zonas de baja dureza que en las de alta dureza, ello debido a que las zonas de baja dureza podrán tener mayor participación de mecanismos de fractura dúctiles (formación de microvacíos), los cuales, por el flujo plástico asociado, dejan una superficie más distorsionada que en las zonas de alta dureza, donde podrán predominar mecanismos de fractura frágil (clivaje o intergranular) (figura 3.6, inferior derecha).

3.3 TEXTURA DE LAS SUPERFICIES DE FRACTURA

Cuando se hace la inspección visual a ojo desnudo, con lupas o estereoscopio de las superficies de fractura, se debe poner atención además de las marcas presentes en estas, a la textura que en general se encuentra en dicha superficie (entre las marcas). La textura hace referencia al aspecto visual que tiene una superficie y que es consecuencia de su topografía (rugosidad).


Figura 3.7 Texturas típicas de las superficies de fractura súbitas en materiales

Nota. Textura granular por fractura frágil de metal (superior izquierda); textura fibrosa por fractura dúctil de metal (superior derecha); textura tersa por fractura dúctil a desgarre de metal (inferior izquierda); textura plana por fractura frágil por clivaje de acrílico (inferior derecha).

Fuente: elaboración propia.

Las fracturas súbitas en los materiales generalmente presentan cuatro tipos de texturas: (1) la granular, (2) la fibrosa, (3) la tersa o (4) la plana (figura 3.7). La textura granular recibe su nombre debido a que muestra un aspecto similar al de granos de arena y tiende a ser brillante en metales; la textura fibrosa es en general más opaca (en metales) y rugosa que la granular, y recibe su nombre porque recuerda la textura de la madera fracturada; la textura tersa es poco rugosa y en metales puede llegar a ser brillante (en este caso producto del frotamiento entre las superficies de fractura, figura 3.33, fotos derechas); y la textura plana es la que en inspección visual se aproxima más al concepto de planitud. Las fracturas progresivas muestran las mismas cuatro texturas mencionadas, solo que en general tienden a ser más opacas y pueden estar cubiertas de residuos, los cuales algunas veces deben ser retirados primero para poder observar la textura con claridad (figura 3.8).


Figura 3.8 Texturas típicas de las superficies de fractura progresivas en materiales

Nota. Textura tersa de metal fatigado a alto ciclaje (superior izquierda); textura fibrosa de metal fatigado a bajo ciclaje (superior derecha); textura granular de ZAC de acero soldado, producto del agrietamiento por hidrógeno (inferior izquierda); textura plana de PVC con agrietamiento inducido por el ambiente, debido a plastificación por adsorción de un solvente orgánico (inferior derecha). En todos estos casos las superficies fueron limpiadas para retirar residuos orgánicos y productos de la corrosión.

Fuente: elaboración propia.

La textura granular de las fracturas se forma en materiales policristalinos, tengan o no la capacidad de presentar deformación plástica, aunque se hace más notoria esta textura si se tiene un comportamiento frágil. Las texturas fibrosa y tersa están íntimamente relacionadas con la capacidad de deformación plástica del material, pudiendo ser este cristalino o no. La textura plana se presenta en materiales amorfos que tengan poca capacidad de deformación plástica.

Por lo anterior, en las fracturas las texturas granular, fibrosa y tersa serán comunes en metales, ya que su estructura típicamente policristalina hace que en fracturas frágiles las grietas revelen una textura granular, y debido a su capacidad de deformación plástica se favorece la formación de las texturas fibrosa y tersa en las fracturas dúctiles. Los cerámicos, al tener un comportamiento eminentemente frágil, favorecen la formación en sus fracturas de la textura granular (si son cristalinos) y la plana (si son amorfos), y en polímeros, al no tenerse la estructura cristalina y en algunos casos poseerse la capacidad de deformación plástica, es común que se encuentren las texturas fibrosa, tersa y plana.

Las trayectorias de propagación de las grietas dentro de los materiales cristalinos están fuertemente influenciadas por la estructura granular (tamaño, forma y orientación de los granos), teniéndose por tanto dos tipos principales de trayectoria de las grietas a nivel microscópico: (1) trayectoria intergranular, cuando las grietas se propagan siguiendo los límites de grano del material, y (2) trayectoria transgranular, cuando las grietas se propagan atravesando los granos (figura 3.9). Las texturas granulares de las superficies de fractura pueden formarse a partir de trayectorias de propagación de las grietas tanto inter como transgranulares. Las texturas fibrosa y tersa típicamente se forman a partir de trayectorias de propagación de grietas transgranulares.


Figura 3.9 Secciones metalográficas transversales a grietas

Nota. Acero AISI 4140 bonificado que muestra agrietamiento intergranular por hidrógeno, en una zona afectada por el calor de una junta soldada, donde la grieta sigue los límites de grano de la austenita original (izquierda); misma pieza con agrietamiento transgranular por fatiga, que nucleó a partir del agrietamiento intergranular inicial (derecha).

Fuente: elaboración propia.

El que se presente una trayectoria de grieta inter o transgranular lo condiciona el hecho de que las grietas se propagan por las zonas más débiles de un material, siendo estas en algunos casos los límites de grano (genera trayectoria intergranular) y, en otros, el interior de los granos (genera trayectoria transgranular). El área desarrollada de la superficie de una grieta intergranular es en general mayor que el área de una transgranular (para el mismo material), sin embargo, ello no implica que la energía consumida en el agrietamiento (tenacidad) sea también mayor, lo cual se debe a que en general las trayectorias transgranulares están asociadas también a un alto trabajo de deformación plástica previa al paso de la grieta, mientras que en el agrietamiento intergranular, por lo común, el trabajo de deformación plástica es mucho menor.

3.4 PARTICIPACIÓN DE LA DEFORMACIÓN PLÁSTICA

A la escala de las dimensiones de una pieza mecánica, es común que se hable de fracturas con presencia de deformación plástica o distorsión visible de la pieza, y fracturas sin ella (figura 3.10). Tanto las fracturas súbitas como las progresivas pueden presentar deformación plástica visible a simple vista antes de la fractura. Dicha deformación se presenta comúnmente en fracturas súbitas dúctiles, por fatiga de bajo ciclaje, por fluencia lenta y por fatiga termomecánica.


Figura 3.10 Fracturas con y sin deformación de pieza

Nota: espárrago que presentó fractura súbita dúctil a tensión, obsérvese el acuellamiento por deformación plástica que experimentó antes de la fractura (izquierda); elemento estructural aeronáutico con fracturas por fatiga de alto ciclaje, donde no hay deformación visible de ninguno de los fragmentos. Nótese que si las piezas se unen completamente la geometría del elemento se aproxima bastante a la original (derecha).

Fuente: elaboración propia.

Una pieza hecha en un determinado material, generalmente muestra un mayor grado de deformación plástica previa a la fractura, si esta es de tipo súbita, que si la misma pieza falla por varias de las fracturas progresivas. Por esta razón, es común que muchas de las fracturas progresivas tengan o hayan tenido en el pasado nombres relacionados con el término fragilización, ya que este da a entender que el material está mostrando un comportamiento más frágil del que se esperaría. Hoy en día este término se conserva para aquellas fracturas progresivas que efectivamente por procesos difusivos, de segregación o precipitación de partículas de segunda fase, están generando merma en la ductilidad del material, y, por tanto, favoreciendo un agrietamiento intergranular, y el término ya no se usa para fallas relacionadas con fatiga, fluencia lenta o agrietamiento por cooperación entre carga y medio corrosivo.

3.5 FRACTURAS SÚBITAS

Estas fracturas se forman en un solo ciclo de carga de una pieza y las solicitaciones que las originan son completamente mecánicas, es decir, se forman bajo la acción pura de los esfuerzos. Las velocidades de crecimiento de grieta son grandes: 6 m/s (dúctiles) a 103 m/s (frágiles) [6]. Si la carga se aplica lentamente, de manera que se dé tiempo al material para responder con deformación, se habla de carga cuasiestática, pero si la carga se aplica rápidamente, la capacidad de deformación queda restringida y se habla de una carga del tipo impacto (figura 3.11).


Figura 3.11 Tipos de esfuerzo que originan fracturas súbitas versus tiempo

Fuente: elaboración propia.

Para que se forme una fractura súbita, el esfuerzo aplicado debe superar la resistencia última del elemento al modo de carga que actúa en este (tracción, compresión, cortante, flexión o torsión). Por ello, a estos modos de fractura se les suele llamar fracturas por sobrecarga. Dicha resistencia depende de la geometría del elemento, pero es aún más dependiente de la resistencia del material, la cual se puede obtener a partir de un ensayo normalizado como el de tracción. Por lo anterior, una fractura súbita se considera que se forma si el esfuerzo equivalente real aplicado a un elemento mecánico (σ aplicado) se hace tan grande que iguala la resistencia real a tracción del material (σU).

Estas fracturas se dividen en las súbitas frágiles, las súbitas dúctiles y las súbitas mixtas. Los factores principales que inciden en la formación de un tipo de fractura o de otro son, a saber: la naturaleza súbita o dúctil del material, el estado de esfuerzos (tipo de carga y si se tiene estado de deformación plana o de esfuerzo plano), el tamaño de la pieza, la temperatura y la velocidad de aplicación de la carga. Hay que recordar que el juzgar si una pieza es grande o pequeña, o si la temperatura de trabajo o la velocidad de aplicación de la carga es alta o baja, depende del material del cual esté construida la pieza analizada; por ejemplo, una temperatura de trabajo de 200 oC no es alta para un acero maraging, pero sí lo es para un duraluminio 2024 T6. Además de las fracturas frágiles, dúctiles y mixtas, también se pueden incluir dentro del grupo de las fracturas súbitas, aquellas producidas por mecanismos progresivos, que por su elevada velocidad de propagación se puedan considerar súbitas. Es el caso de algunos agrietamientos debido a la fragilización por contacto con metales en estado líquido (numeral 3.13), donde si la velocidad de agrietamiento es muy elevada (0,1-1 m/s) [7], se suele hablar de fracturas súbitas cuasifrágiles, para diferenciarlas de las fracturas súbitas frágiles, donde las velocidades de propagación son del orden de 103 m/s.

3.5.1 Mecanismo de la fractura súbita frágil por clivaje

El clivaje es un mecanismo de fractura súbita frágil que consiste, idealmente, en la escisión, separación o descohesión (ruptura de enlaces químicos) de la pieza a lo largo de un plano que es normal a la dirección del máximo esfuerzo normal local, donde además la deformación plástica que precede a la fractura es inexistente. En los materiales reales, sin embargo, se presentan desviaciones de esta idealización, ya que la superficie de fractura no es perfectamente plana, hay deformación a pequeña escala que precede a la fractura y puede que no siempre se siga la dirección perpendicular al máximo esfuerzo normal, como se describe en los siguientes párrafos.

Un cristal como el que se presenta en los metales o cerámicos no amorfos, muestra anisotropía en la resistencia al clivaje, ya que hay direcciones dentro de un cristal que son de menor resistencia que otras, y esas direcciones cristalinas de menor resistencia son diferentes para cada sistema cristalino (CCC, CC, HC u otro). Por lo anterior, en un material policristalino cuando se presente el clivaje, cada grano fracturará en un plano de menor resistencia, cuya orientación será distinta de un grano a otro, sin embargo, a escala macroscópica, se podrá ver que en promedio el plano de fractura seguirá la dirección perpendicular al máximo esfuerzo normal (figura 3.12, izquierda y central); esto origina la formación de una textura granular cuando se observa una superficie de fractura de este tipo.

Los sistemas cristalinos de metales que tengan un alto número de sistemas de deslizamiento bien distribuidos en el espacio, como es el caso de la estructura CCC, difícilmente presentan clivaje, es decir, favorecen el deslizamiento y, por lo tanto, el comportamiento dúctil. Entre menos sistemas de deslizamiento posea una estructura cristalina, se favorece más la aparición del clivaje, lo cual ocurre en metales CC y HC.


Figura 3.12 Fractura súbita frágil

Nota. Esquema de la sección metalográfica de un material policristalino (izquierda); fractura súbita frágil por clivaje, donde cada grano cliva en una dirección diferente. Obsérvese que la dirección global de la fractura es perpendicular al esfuerzo normal máximo (centro); fractura súbita frágil intergranular, donde la grieta bordea los granos, en este caso también la dirección global de la grieta es perpendicular al máximo esfuerzo normal (derecha).

Fuente: elaboración propia.

Dentro de cada grano la superficie de fractura por clivaje idealmente debería ser plana (descohesión a lo largo del plano cristalino de menor resistencia), sin embargo, ello no se da, por la presencia de marcas como las radiales o las de río. El origen de estas marcas está relacionado con las no homogeneidades presentes dentro del grano (partículas de segunda fase, zonas de apilamiento de dislocaciones, cruce de maclas, cambios de velocidad de la grieta, etcétera), lo que hace que dentro en un grano se puedan generar varias grietas o planos de fractura, bien sea cuando inicia el agrietamiento del grano o en la propagación de las grietas. La cinética de propagación de las grietas dentro de un grano, también puede promover la generación de nuevas marcas de río o radiales, ya que si la fuerza conductora de grieta es muy grande y la velocidad de crecimiento de las grietas ha llegado a su límite, este exceso de energía promoverá la bifurcación de las grietas, generando por lo tanto nuevos planos y con ello nuevas marcas (la formación de las nuevas marcas radiales o de río puede generar también la formación de una marca de posición del frente de grieta) (figura 3.13).

El origen del agrietamiento dentro de un plano de clivaje de un grano, se da mediante la formación de microgrietas en zonas de menor resistencia local y/o altos esfuerzos locales (concentración de esfuerzos), como pueden ser: (1) fractura por clivaje previo de partículas duras de segunda fase o impurezas ubicadas en límite de grano (por ejemplo carburos en aceros); (2) zonas de alta energía por cruce de maclas previas o intersección de una macla con un límite grano; (3) zonas de alta energía generadas en apilamiento de dislocaciones por deslizamiento previo contra límites de grano o partículas de segunda fase; (4) zonas de alta energía por apilamiento de dislocaciones, generadas por deslizamientos internos en granos adyacentes curvos, etcétera (figura 3.14). Nótese que todas estas posibilidades de formación de las microgrietas iniciales requieren que haya deformación plástica previa, la cual, al darse a escala tan pequeña, no se refleja en distorsión visible de la pieza macroscópicamente.


Figura 3.13 Imágenes de MEB de granos de ferrita clivados en un acero de bajo carbono

Nota. Se pueden ver marcas de río, algunas radiales y una de posición del frente de grieta (asociada a una masiva aparición de marcas de río por aceleración de la grieta). Las flechas azules indican sitios de origen del agrietamiento y las flechas rojas direcciones de crecimiento de las grietas. En la imagen de la izquierda se puede ver que el clivaje de un grano se originó en una cavidad, dejada probablemente por la fractura de una inclusión o un carburo. En la imagen de la derecha los dos orígenes señalados, probablemente correspondan a zonas de apilamiento de dislocaciones.

Fuente: elaboración propia.

Así pues, el mecanismo de clivaje que se puede dar en materiales metálicos policristalinos se resume en: (1) aplicación del esfuerzo, (2) deformación plástica a pequeña escala dentro de los granos mediante deslizamiento y/o maclaje, (3) formación de una microgrieta a través de alguno de los mecanismos mencionados en el párrafo anterior o similares (también pueden ser grietas submicrométricas), (4) crecimiento inestable de grietas por clivaje en los granos, a partir de las microgrietas previas.

En materiales cristalinos, aunque a escala macro exista una dirección de crecimiento de grieta, ello no necesariamente implica que a escala micro, en frente de grieta, ocurra lo mismo estrictamente. Lo anterior se debe a que en el campo de concentración de esfuerzo que hay en el frente de grieta, pueden caber varios granos que están sobrecargados; por lo tanto, algunos de ellos pueden clivar antes que el frente de grieta principal los alcance, lo cual implica que puede haber granos que tengan direcciones de clivaje contrarias a las del crecimiento de la grieta global (figura 3.15).


Figura 3.14 Ejemplos de formación de microgrietas a partir de las cuales se nuclea el clivaje en los granos metálicos

Nota. Fractura por clivaje de una partícula de segunda fase o inclusión, lo que origina una microgrieta (superior izquierda); formación de microgrieta a partir del cruce de dos maclas (superior derecha); formación de microgrieta a partir de apilamiento de dislocaciones (inferior izquierda); formación de microgrieta a partir de deslizamientos internos dentro de granos adyacentes curvos (inferior derecha).

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.15 Avance de fractura por clivaje en material policristalino

Nota. Esquema que ilustra que antes de llegar el frente de grieta a un grano, este puede que ya haya clivado (imagen izquierda, flechas azules). En relación con lo anterior, es posible encontrar granos que clivan en direcciones opuestas (foto derecha, las flechas amarillas indican la dirección de clivado de cada grano).

Fuente: elaboración propia.

En polímeros y cerámicos amorfos, la fractura por clivaje tiende a ser más plana que la que se forma en materiales policristalinos, y sigue la dirección perpendicular a la del máximo esfuerzo normal de tracción; sin embargo, también se presentan desviaciones de la planitud por la presencia de marcas radiales y de río. En estos materiales, el origen del agrietamiento por clivaje también se da en zonas de menor resistencia local y/o altos esfuerzo locales, asociados a partículas de segunda fase o impurezas, o por formación de zonas de alta energía debido a flujo plástico a pequeña escala por apilamiento de dislocaciones (cerámicos) o deslizamiento o rotación entre moléculas (polímeros).

Una superficie de fractura por clivaje de una pieza polimérica o cerámica amorfa, se parece mucho a la que muestra un grano clivado metálico o cerámico a nivel microscópico, es decir, una textura plana con marcas radiales y de río, y puede haber marcas de posición del frente de grieta.

En las superficies de fractura por clivaje de piezas hechas de polímeros o cerámicos amorfos, es común que se presenten tres regiones diferenciables: (1) región espejo, donde la grieta muestra una textura muy plana con ausencia de marcas radiales o de río (si no hay varios planos de origen). En esta zona la grieta acelera su velocidad de propagación, y puede aumentar aún más la velocidad, ya que no ha alcanzado el límite; (2) región de niebla o bruma, donde la grieta está próxima a alcanzar la velocidad límite de propagación en el material, pero si aún hay una fuerza conductora de grieta muy alta, ello hace que el material consuma ese exceso de energía que no puede consumir vía aceleración de la grieta, a través de la formación de nuevas superficies de grieta (marcas radiales y de río), lo que origina ese aspecto de bruma o neblina por la mayor rugosidad; (3) región Hackle, donde si aún hay una fuerza conductora de grieta muy alta, se multiplica la formación de nuevas superficies de grieta, y por lo tanto de marcas, lo que desemboca en un relieve muy rugoso con una propagación incluso caótica de las grietas; aquí la velocidad de propagación de las grietas está en el límite que permite el material (figura 3.16). Los límites entre la región espejo, la de niebla y la Hackle, son marcas de posición del frente de grieta.

Al comparar la figura 3.16 (superior izquierda), con la figura 3.13 (izquierda), se puede notar en esta última que la zona alrededor de la flecha azul sería la región espejo y alrededor de ella está la zona Hackle. Así, la textura, las marcas y las regiones que hay en un grano metálico o cerámico clivado, son en esencia las mismas de un material amorfo clivado.


Figura 3.16 Superficie de fractura de lámina de vidrio impactada

Nota. Zona de inicio de fractura donde es posible observar la región espejo, la de niebla y la Hackle (superior izquierda); detalle de una región Hackle en la misma pieza, donde hay una alta rugosidad, producto de la alta densidad de marcas radiales y de río. Nótese que las marcas tratan de formar el patrón de Chevron (superior derecha); detalle de otra zona Hackle menos rugosa, donde se ven las marcas de río y marcas Wallner, que en este caso también son marcas de posición del frente de grieta (inferior). Las flechas rojas indican la dirección de propagación.

Fuente: elaboración propia.

En materiales compuestos, ya que hay varios materiales metálicos, cerámicos o poliméricos mezclados, y en diferentes arquitecturas (matriz-partícula, matriz-fibra, multicapas, etcétera), se complica el estudio de los diferentes modos de fractura; sin embargo, en el caso del clivaje, este se presentará en los agregados o matriz intrínsecamente frágiles, y en el caso particular de la arquitectura multicapa, es posible que el plano de clivaje no siga necesariamente el plano de máximo esfuerzo normal de la pieza, sino un plano interlaminar donde el esfuerzo normal local es lo suficientemente alto, como para provocar el clivaje de un adhesivo o una matriz.

Fracturas súbitas donde se combina el clivaje con otros mecanismos (por ejemplo, con la formación de microvacíos) o fracturas progresivas donde se forman facetas similares a las del clivaje súbito, pero que difieren en morfología o planos cristalinos de propagación, se denominan cuasiclivaje.

3.5.2 Mecanismo de la fractura súbita frágil intergranular

Este es un mecanismo de fractura súbita frágil que se presenta en materiales policristalinos, donde la descohesión del material sigue los límites de grano. Lo anterior origina una textura granular en la superficie de fractura, la cual a escala macro sigue la dirección perpendicular al esfuerzo máximo local de tracción (figura 3.12, derecha). Así, la diferencia entre la fractura frágil intergranular y la de clivaje está en que la primera sigue los límites de grano y la segunda los planos de clivaje.

En los metales se presenta una temperatura crítica conocida como temperatura equicohesiva, en la cual la resistencia mecánica de los límites de grano y la interna de los granos es aproximadamente igual; dicha temperatura se ubica aproximadamente en 0,4 de la temperatura de fusión absoluta de cada metal. Por debajo de dicha temperatura, los materiales de este tipo tienden a presentar una mayor resistencia en los límites de grano versus la que tienen en el interior de los granos, debido a que estas barreras presentan mayor resistencia a fluir, por que bloquean el movimiento de las dislocaciones, que es relativamente libre en el interior de los granos. Por lo anterior, cuando un metal policristalino exhibe una fractura súbita frágil intergranular, por debajo de la temperatura equicohesiva, se considera anormal, y, por lo tanto, es probable que esté asociada con algún fenómeno de fragilización. En materiales metálicos policristalinos correctamente procesados y en un ambiente benigno, en general no ocurre la fractura súbita intergranular (a temperatura ambiente).

Los límites de grano son zonas de alta densidad de imperfecciones cristalinas (vacancias y dislocaciones), de alta difusividad de elementos químicos, de alta velocidad de nucleación y crecimiento de nuevas fases y de alta absorbancia de elementos químicos desde el medio que rodea una pieza, lo cual facilita algunos procesos que pueden hacer que por debajo de la temperatura equicohesiva, los límites de grano muestren una menor resistencia que la del clivaje de los granos. Dentro de tales procesos se encuentran: (1) segregación de elementos químicos fragilizantes hacia los límites de grano durante la fabricación (proceso de fabricación, tratamiento térmico, soldadura, etcétera) o durante la operación; (2) precipitación durante la fabricación o la operación, de partículas o capas de materiales de segunda fase frágiles en límites grano; (3) generación de gradientes de composición química cerca de los límites de grano durante la fabricación o la operación (segregación); (4) clivaje de partículas frágiles de segunda fase en límite grano; (5) difusión de elementos químicos fragilizantes desde el medio ambiente, a través de los límites de grano; (6) presencia de un tamaño de grano grueso, lo cual favorece la ocurrencia de la fractura intergranular sobre el clivaje. Cuando los procesos de fragilización de los límites de grano se desarrollan en servicio, hacen parte de los mecanismos denominados de degradación microestructural en servicio.

En aceros algunos de los procesos fragilizantes más conocidos son: (1) segregación en ciclos de tratamiento térmico o termoquímico hacia límites de grano de la austenita original, de elementos químicos fragilizantes de los grupos IV a VI de la tabla periódica, tales como el silicio, el germanio, el estaño, el fósforo, el arsénico, el antimonio, el azufre, el selenio y el telurio; (2) formación de carburos discontinuos o continuos en límite de grano de la austenita original, en aceros bonificados o recocidos de alto carbono; (3) formación de películas de carburo en límites de grano, por divorcio eutectoide en aceros de bajo carbono; (4) formación de nitruros en límites de grano de la austenita original de aceros nitrurados; (5) formación de AlN en límites de grano de la austenita original, cuando se enfrían lentamente desde 1300 oC o desde fusión; (6) sensibilización de aceros inoxidables austeníticos por precipitación de carburos de cromo en límites de grano; (7) fragilización de aceros maraging por precipitación en límites de grano de la austenita original, de carburos o carbonitruros de titanio, cuando se calientan por encima de 1095 oC y se enfrían lentamente; (8) precipitación de sulfuro de manganeso en límites de grano, por sobrecalentamiento durante trabajo en caliente o soldadura (entre 1200 y 1300 oC); (9) fragilización por difusión en límites de grano de la austenita original, de elementos como el mercurio, el galio, el cadmio, el zinc, el indio y el litio, cuando están en estado líquido y en contacto con el acero (fragilización por metales en estado líquido o sólido); (10) fragilización por difusión o ataque con hidrógeno; (11) corrosión previa intergranular.

Otros ejemplos de procesos de fragilización en otras aleaciones son: (1) fragilización en molibdeno por difusión en límites de grano de oxígeno, nitrógeno o carbono; (2) fragilización de aleaciones de cobre por segregación hacia límites de grano de antimonio o por precipitación de partículas de óxido de cobre; (3) fragilización por difusión y/o ataque del hidrógeno en la mayoría de aleaciones metálicas; (4) formación de zonas libres de precipitado (ZLP), cerca de los límites de grano, durante procedimientos erróneos de envejecimiento.

El inicio de la descohesión intergranular en metales que han sufrido alguno de los procesos de fragilización antes descritos, puede darse, entre otros, a través de los siguientes fenómenos: (1) descohesión o ruptura a tracción de enlaces entre átomos ubicados en límites de grano; (2) movimiento de dislocaciones en corte entre granos adyacentes, que finalmente generan descohesión intergranular; (3) por difusión de los átomos fragilizantes a zonas que bajan la resistencia local y promueven la descohesión intergranular (figura 3.17). El apilamiento de dislocaciones contra límites de grano, o el clivaje previo de partículas de segunda fase ubicadas en límite de grano (figura 3.14, imágenes a la izquierda), también son sitios de inicio de la descohesión intergranular. Estos y otros procesos relacionados involucran un grado de deformación plástica aún menor que el del clivaje; por ello, la tenacidad asociada a este mecanismo de fractura es en general menor que la del clivaje.


Figura 3.17 Ejemplos de iniciación de la descohesión intergranular (microgrietas o microvacíos)

Nota. Descohesión de granos bajo la acción directa del esfuerzo normal aplicado (superior); descohesión en límite de grano por deslizamientos internos de los granos (inferior izquierda); descohesión en límite de grano por difusión de átomos fragilizantes (inferior derecha).

Fuente: elaboración propia.

Con lo anterior, el mecanismo del agrietamiento intergranular, que se puede dar en materiales metálicos policristalinos, se resume en: (1) fragilización de los límites de grano del material, a través de alguno de los procesos antes descritos; (2) aplicación del esfuerzo; (3) en algunos casos puede haber flujo plástico previo por movimiento de las dislocaciones (figura 3.17, inferior izquierda); (4) iniciación de la descohesión intergranular, es decir, formación de microgrietas o microvacíos (también pueden ser grietas submicrométricas); (5) crecimiento inestable de grietas por descohesión intergranular, ya que se presenta menor resistencia respecto a la del crecimiento inestable por clivaje (producto de la fragilización).

A nivel microscópico, las superficies por fractura frágil intergranular mostrarán el contorno de los granos que recorrió la grieta (figura 3.18, izquierda), y en algunos casos se encontrarán microhuecos o microvacíos en los contornos de dichos granos, que podrán estar relacionados con alguno de los mecanismos de inicio del agrietamiento en cada grano, como: fractura de partículas de segunda fase, apilamiento de dislocaciones, descohesión de límite de grano, descohesión por deslizamientos internos en granos adyacentes o difusión de elementos químicos fragilizantes (figura 3.18, derecha). A estos microhuecos o microvacíos se les suele llamar cavitación en límite de grano, y su presencia es mucho más común cuando hay una mayor participación de la deformación plástica cerca a los límites de grano durante el proceso de fractura, lo que se puede dar en fracturas súbitas mixtas (figura 3.40, inferior).


Figura 3.18 Imágenes de MEB de fracturas súbitas frágiles intergranulares

Nota. Contornos de los granos en la superficie de fractura (izquierda); presencia de microhuecos o microvacíos en los límites de los granos, formados por el inicio de alguno de los mecanismos de fractura intergranular, lo que se conoce como “cavitación en límite de grano” (derecha).

Fuente: elaboración propia.

En los materiales cerámicos policristalinos, como no hay capacidad de deformación plástica, no siempre se espera que una fractura súbita frágil “normal” deba ser por clivaje, ya que es posible que los límites de grano sean intrínsecamente más débiles para algunos de estos materiales. Por lo tanto, la fractura súbita frágil intergranular no se asociaría necesariamente a un fenómeno previo de fragilización.

3.5.3 Fractografía de las fracturas súbitas frágiles

La formación de una fractura súbita frágil se favorece si: (1) el material del cual está hecha la pieza es intrínsecamente frágil; por ejemplo, materiales cerámicos, polímeros termoestables, algunos elastómeros o metales de alta dureza, o metales que han experimentado algún proceso de fragilización por precipitación de partículas de segunda fase o segregación de elementos químicos fragilizantes; (2) se tiene un estado triaxial de tensiones o de deformación plana, bien sea por la forma en que se aplica la carga, o por la presencia de entallas en la geometría de la pieza, lo cual limita la ductilidad del material; (3) la pieza es grande o gruesa y por lo tanto favorece la formación de un estado triaxial de tensiones; (4) la temperatura es baja para el material, lo que favorece su comportamiento frágil; por ejemplo, en metales por debajo de la temperatura de transición dúctil-frágil o en polímeros termoplásticos por debajo de la temperatura de transición vítrea; (5) si la velocidad de aplicación de la carga es alta, es decir, un impacto, lo que limita la ductilidad del material.

A simple vista, las fracturas súbitas frágiles de elementos mecánicos no mostrarán deformación plástica o distorsión notable de las piezas en su conjunto o cerca de las zonas de fractura (figura 3.19, superior izquierda); sin embargo, es necesario recordar que sí hay deformación plástica a escala nanométrica o micrométrica, sobre todo concentrada en la superficie de fractura (asociada al clivaje o la descohesión intergranular), que para ser detectada requiere instrumentación especial.

La textura apreciable a simple vista, con lupas o estereoscopio óptico, de las superficies de fractura en materiales cristalinos (metales y cerámicos no amorfos) será granular (figura 3.19, superior derecha e inferiores). En el caso de polímeros, cerámicos amorfos o materiales cristalinos de tamaño de grano muy fino (por ejemplo, con diámetros de granos del orden de un micrómetro o menores), la textura será plana (figura 3.22, izquierda). Piezas fracturadas por clivaje de materiales amorfos mostrarán superficies de fractura, regiones y marcas en ellas, como las mostradas en las figuras 3.16 y 3.22 (derecha).

Las marcas radiales, las de río y las Ratchet tienden a formar un patrón paralelo, cuando la fractura se forma, por ejemplo, a flexión o tracción en una pieza tipo platina (ancha y delgada), lo cual indica que el frente de grieta parte del lado de tracción y se mueve hacia el lado opuesto. El lado de origen se podrá ubicar donde se encuentren las marcas Ratchet (figura 3.19, superior derecha). Las mismas marcas pueden formar un patrón de roseta o estrella, y esto se da bajo cargas de tracción, torsión o flexión en piezas generalmente redondas, aunque también se pueden presentar en piezas tipo platina; el origen del agrietamiento se encuentra en la zona donde convergen las marcas (figuras 3.19, inferior derecha y 3.20). Las mismas marcas de dirección de propagación pueden formar un patrón de “V” de sargento o de Chevron, lo cual se presenta generalmente en piezas tipo platina bajo carga de flexión o tracción; sin embargo, también se pueden presentar en piezas redondas. Aquí al igual que en el caso anterior, el origen del agrietamiento se encontrará hacia la zona en que apuntan las marcas (figuras 3.19, inferior izquierda y 3.21).


Figura 3.19 Superficies de fracturas súbitas frágiles

Nota. Asiento para válvula construido en un cermet (carburos de tungsteno en matriz de cobalto), el cual experimentó fracturas múltiples del tipo súbitas frágiles ante un impacto. Nótese la ausencia de deformación plástica de la pieza en su conjunto y de cada uno de los fragmentos (superior izquierda); superficie de fractura súbita frágil de un metal donde se nota la textura granular y la presencia de una marca ratchet y varias radiales en patrón paralelo (superior derecha); superficie de fractura súbita frágil de un metal, donde se tiene el patrón de marcas radiales tipo chevron o “V” de sargento (inferior izquierda); superficie de fractura súbita frágil de un eje de acero, con un patrón de marcas radiales en forma de roseta (inferior derecha). Las flechas rojas indican la dirección de propagación de las fracturas.

Fuente: elaboración propia.

En general, los materiales de naturaleza frágil tienden a propagar las grietas en la dirección perpendicular al máximo esfuerzo normal de tracción local; por ejemplo, bajo cargas de tracción o flexión, un eje fracturará en sección transversal, mientras que, bajo carga de torsión, la superficie de fractura estará orientada a 45o respecto al eje del elemento (figura 3.23). En todos estos casos se presenta modo I de carga para la nucleación y propagación de las grietas.


Figura 3.20 Ejemplo de una fractura súbita frágil a torsión de un eje

Nota. Se formó un patrón de marcas radiales tipo estrella desde el sitio de origen de la fractura (escalón o concentrador de esfuerzo).

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.21 Ejemplo de fracturas súbitas frágiles con patrón de Chevron de las marcas radiales

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.22 Ejemplos de superficies de fractura súbita frágil con textura plana

Nota. Fractura de una pieza de granos de carburo de tungsteno, de menos de un micrómetro de diámetro en matriz de cobalto (izquierda). Nótese que la textura es bastante plana y guarda similitud con la textura del clivaje en materiales amorfos; fractura de lámina de acrílico (derecha), donde se notan las tres regiones típicas del clivaje en este tipo de materiales amorfos. Las flechas verdes indican la dirección de crecimiento de grieta.

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.23 Orientación de las superficies de fractura súbita frágil, en función del tipo de carga aplicada a una barra redonda: tracción (izquierda), flexión (centro), torsión (derecha)

Nota. Obsérvese que la superficie de fractura será perpendicular al máximo esfuerzo normal generado.

Fuente: elaboración propia.

En relación con lo anterior, las grietas prexistentes bajo modo I de carga (tracción a cara de grieta) tenderán a propagarse de manera recta (por ejemplo, flexión y/o tracción aplicadas a un eje con grieta transversal). Si se sobreponen el modo I y el modo II (corte en plano de la grieta), ello generará curvatura en la dirección del crecimiento de la grieta (por ejemplo, tracción más cortante puro, sobre un eje con grieta transversal), en tanto que si se sobreponen el modo I y el modo III (corte fuera de plano de la grieta), la grieta experimentará un giro en su crecimiento (por ejemplo, tracción más torsión, sobre un eje con grieta transversal) (figura 3.24). En materiales frágiles bajo los modos puros II o III de carga, no se logra en general propagar las grietas, lo cual no significa que las piezas no se fracturen, sino que se nuclearán nuevas grietas en planos de máximo esfuerzo normal, a partir del campo de esfuerzo generado alrededor de la grieta que no se pudo propagar.

Aunque no es tan común, las piezas que experimentan fracturas súbitas frágiles pueden llegar a presentar marcas de posición del frente de grieta, cuando se produzcan cambios en el estado de esfuerzos, orientación o velocidad del frente de grieta, o incluso detenciones de esta (marcas de detención). Este último caso se presenta cuando el factor de intensidad de esfuerzos aplicado cae por debajo de la tenacidad de fractura, bien sea porque el crecimiento de grieta descarga la pieza, o porque la grieta penetra en una zona de mayor tenacidad.


Figura 3.24 Direcciones de propagación de grietas prexistentes en fracturas súbitas frágiles y progresivas (fatiga, fluencia lenta, corrosión esfuerzo, corrosión fatiga, agrietamiento por hidrógeno, fragilización por contacto con metales sólidos o líquidos, fragilización dinámica, etcétera)

Nota. En modo I de carga (superior); en modos I y II combinados (inferior izquierda); en modos I y III combinados (inferior derecha). Las flechas negras indican la normal de la grieta original y las rojas la normal al plano de propagación.

Fuente: elaboración propia.

Al inspeccionar a altos aumentos las superficies de fractura súbitas frágiles de materiales cristalinos con el estereoscopio óptico o el MEB, y complementar dicha inspección con observación de secciones materialográficas transversales a las superficies de fractura, se podrá determinar con precisión cuál de los mecanismos de fractura frágil está presente: el clivaje, la descohesión intergranular o ambos (figura 3.25). No se puede dar una escala de aumentos específicos, a los cuales se observan con claridad dichos mecanismos, ya que ello depende del tamaño de grano que tenga el material de la pieza analizada.


Figura 3.25 Fracturas frágiles

Nota. Fractura frágil por clivaje de material policristalino: aspecto típico en estereoscopio óptico (superior izquierda), aspecto típico en MEB (superior central); aspecto típico en sección materialográfica (superior derecha), nótese que la superficie de fractura es mucho más recta, que una línea que siga los límites grano (las líneas blancas son límites de grano). Fractura frágil intergranular de material policristalino: aspecto típico en estereoscopio óptico (inferior izquierda), aspecto típico en MEB (inferior central); aspecto típico en sección materialográfica (inferior derecha), nótese que la superficie de fractura es tan quebrada como las líneas de límite grano del material (líneas negras).

Fuente: elaboración propia.

Con lo mencionado hasta ahora, implícitamente se ha supuesto que en una pieza cargada que fracture de manera súbita frágil, se formará una sola grieta global, dentro de la cual habrán varias grietas que viajan una al lado de la otra, separadas por marcas Ratchet, de río o radiales, recordando que a mayor fuerza conductora de grieta, habrá mayor tendencia a tener mayor número de estas marcas (que es el caso de las regiones Hackle). Pero, ¿qué pasa si la fuerza conductora de grieta es tan alta que no se puede consumir toda la energía disponible de esta manera? La respuesta es que se generarán varias zonas agrietadas dentro de la misma pieza, o incluso durante la propagación de las grietas se pueden generar múltiples ramificaciones; esta situación es común en fracturas súbitas frágiles bajo cargas de impacto (figura 3.26).


Figura 3.26 Agrietamientos masivos durante fracturas súbitas frágiles, bajo cargas de impacto balístico

Nota. Acero AISI 1045 con 55 RC de dureza (izquierda); capas de vidrio templado adheridas mediante películas poliméricas flexibles (derecha); la cantidad de grietas formadas tiende a aumentar con la dureza y fragilidad del material.

Fuente: elaboración propia.

3.5.4 Mecanismo de fractura súbita dúctil por formación y coalescencia de microvacíos intragranulares

Este mecanismo de fractura se caracteriza en materiales metálicos policristalinos por estar precedido de un importante grado de deformación plástica, a través del deslizamiento interno de los granos, vía el movimiento de dislocaciones. Producto de esta deformación plástica, el material nuclea microcavidades (microvacíos o microhuecos) principalmente intragranulares, en zonas propicias para ello, donde cada microcavidad es un origen local de grieta. Con el progreso de la deformación plástica, las microcavidades crecen y coalescen (se unen), para formar así la superficie de fractura de la pieza. La trayectoria de grieta es transgranular y se puede formar bajo esfuerzo normal o cortante (figura 3.27).

La formación de un microvacío se puede dar en alguno de los siguientes sitios propicios: (1) alrededor de inclusiones no coherentes con la matriz, donde estas generalmente tienen una baja fuerza de unión con el metal, lo cual facilita que se descohesionen en la medida en que la matriz metálica de los alrededores fluye; (2) alrededor de partículas de segunda fase, donde también se presente descohesión; (3) en inclusiones coherentes o partículas de segunda fase con alta fuerza de unión a la matriz y de naturaleza frágil, las cuales ante el deslizamiento de la matriz pueden fallar por clivaje y formar así un microvacío; (4) en inclusiones coherentes o partículas de segunda fase que estén previamente agrietadas, debido al proceso de deformación plástica experimentado durante la fabricación; (5) en la matriz metálica cerca de una partícula de segunda fase de bordes angulosos, que genere un concentrador de esfuerzo tal que agriete a la matriz; (6) en apilamientos de dislocaciones presentes en bordes de grano; (7) en discontinuidades generadas durante fabricación, como rechupes de fundición, poros, grietas previas, etcétera. Ejemplos de lo anterior se esquematizan en la figura 3.28.


Figura 3.27 Fractura súbita dúctil

Nota. Esquema de la sección metalográfica de un metal policristalino (izquierda); fractura súbita dúctil por formación y coalescencia de microvacíos bajo esfuerzo normal (centro); fractura súbita dúctil por formación y coalescencia de microvacíos bajo esfuerzo cortante (derecha). En los esquemas central y derecho se sugiere deformación previa de los granos antes de la fractura; además, los microhuecos quedan inclinados en el caso de formarse bajo cortante puro.

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.28 Ejemplos de formación de microvacíos dentro de un grano metálico

Nota. A partir de la descohesión alrededor de una partícula de segunda fase (superior izquierda); a partir de la fractura previa por clivaje de una partícula de segunda fase (superior derecha); a partir de un microporo (inferior izquierda); a partir de un apilamiento de dislocaciones (inferior derecha).

Fuente: elaboración propia.

Una superficie de fractura formada por microvacíos en un metal, mostrará microhuecos claramente definidos al observarse bajo una técnica como la MEB, donde si estos microhuecos se formaron principalmente alrededor de partículas de segunda fase o inclusiones, será posible observar fragmentos de estas en su interior (figura 3.29, foto izquierda). En aquellos casos donde la formación de los microhuecos no estuvo asociada a partículas de segunda fase o inclusiones, sino a apilamiento de dislocaciones, por ejemplo, solo se observará el microhueco (figura 3.29, central). En general, a escala microscópica no se forman marcas de dirección de crecimiento o de posición del frente de grieta, como ocurre con el clivaje.


Figura 3.29 Imágenes de MEB de metales que fallaron por formación y coalescencia de microvacíos

Nota. Superficie de fractura de duraluminio, donde se puede notar que en el interior de los microhuecos se encuentran fragmentos de las partículas de segunda fase a partir de las cuales se formaron, que en este caso son compuestos intermetálicos (izquierda); superficie de fractura de un acero ferrítico acicular, donde la formación de la mayoría de los microhuecos no estuvo asociada a partículas de segunda fase o inclusiones, sino probablemente a apilamientos de dislocaciones, por lo que no hay presencia generalizada de partículas en el interior de los microhuecos (central); superficie de fractura de un acero 5160 bonificado, donde se pueden ver grandes microhuecos asociados a inclusiones y microhuecos más finos nucleados en carburos de revenido (derecha).

Fuente: elaboración propia.

El tamaño del microhueco o microvacío generado es en general proporcional al tamaño de la inclusión o partícula de segunda fase, alrededor de la cual se formó, si este fue el caso. Cuando se tienen varios tamaños de inclusiones o partículas de segunda fase en el metal, los primeros microvacíos se forman alrededor de las más grandes (generalmente las inclusiones), y a altos porcentajes de deformación aparecen los microvacíos asociados a las partículas más pequeñas (generalmente las de segunda fase) (figura 3.29, derecha).

Ya que la formación de microvacíos está fuertemente asociada a la presencia de partículas de segunda fase, inclusiones o discontinuidades previas, se puede inferir que en un metal ideal (continuo, homogéneo e isotrópico), la formación de los microvacíos se elimina, y la fractura dúctil, por ejemplo, de una pieza a tracción, se da por acuellamiento hasta llegar a un punto (un átomo). El metal ideal no existe, pero se logra un comportamiento similar si los metales reales se calientan lo suficiente (sin superar la temperatura equicohesiva), de modo tal que se incrementa la plasticidad, debido a la mayor movilidad de las dislocaciones y vacancias, lo que en últimas hace que sea difícil nuclear microvacíos, haciendo que el deslizamiento sea casi ilimitado (a esto se le llama superplasticidad); claro está que la resistencia de la pieza será baja.

Los microvacíos, después de formados, siguen su crecimiento con la deformación plástica que se está experimentando en la matriz metálica de los alrededores, y la superficie de fractura se genera a través de dos mecanismos básicos: (1) coalescencia de microvacíos, donde microhuecos cercanos se encuentran y unen mientras crecen; y (2) a través de bandas de corte, las cuales se forman entre microvacíos alejados de gran tamaño, que vía la concentración de esfuerzo que producen, nuclean unas zonas de deslizamiento localizado llamadas bandas de corte. Dentro de la banda de corte se pueden formar otros microvacíos, asociados a partículas de segunda fase más pequeñas. La formación de bandas de corte generalmente produce superficies de fractura zigzagueantes, mientras que la coalescencia pura produce una sola superficie de fractura (figura 3.30).


Figura 3.30 Crecimiento de grieta por coalescencia de microvacíos (izquierda); crecimiento de grieta por conexión de microvacíos a través de bandas de corte (derecha)

Fuente: elaboración propia.

Al igual que como se mencionó en el caso del clivaje y la fractura intergranular, aunque exista a escala macro una dirección de crecimiento de grieta, ello no necesariamente implica que a escala micro en frente de grieta ello se cumpla de manera estricta. Lo anterior se debe a que en el campo de concentración de esfuerzo que hay en el frente de grieta, pueden caber varias zonas sobrecargadas que estén nucleando microvacíos; por lo tanto, allí pueden coalescer y formar una grieta, la cual puede crecer en dirección contraria a la grieta principal hasta que se encuentran (figura 3.30, izquierda).

La formación y coalescencia de microvacíos se puede dar bajo los modos de carga I, II, III o por combinaciones entre ellos, es decir, el plano de fractura puede ser perpendicular a la dirección del esfuerzo normal máximo o coplanar con la dirección del cortante máximo. Los microhuecos que se aprecian sobre la superficie de fractura podrán ser circulares o elípticos, dependiendo de las combinaciones de modos de carga aplicados. Los microhuecos redondos sugieren cargas de tracción y/o flexión (modo I), mientras que los microhuecos elípticos indican cortante puro o torsión (modos II y III), o combinación de estos con tensión o flexión. Bajo flexión pura también se pueden formar microhuecos elípticos, sin embargo, estos no serán tan alargados como los presentes con los modos II y III. Cuando la fractura se forma por modos de carga II, III o combinación entre ellos, donde puede haber presencia también de compresión, o si la fractura se desarrolla a través de bandas de corte, es común que las superficies de fractura se dañen por la fricción entre las dos partes, lo cual puede borrar la presencia de los microhuecos, dejando una textura muy parecida a la del desgaste adhesivo (figura 3.31), comparese con la figura 4.4.


Figura 3.31 Imágenes de MEB de metales fracturados por formación y coalescencia de microvacíos

Nota. Microhuecos redondeados, lo cual indica predominio del modo de carga I (izquierda); microhuecos ovales o elípticos, lo que indica modos de carga II o III, con o sin combinación con el modo I (centro); superficie plana producto del aplastamiento por frotamiento de los microhuecos, que indica carga tipo II o III, generalmente puros o combinados con compresión (derecha), o fractura a través de bandas de corte. Las flechas indican el sentido del esfuerzo cortante.

Fuente: elaboración propia.

3.5.5 Fractografía de las fracturas súbitas dúctiles

La formación de una fractura súbita dúctil se favorece si: (1) el material del cual está hecha la pieza es intrínsecamente dúctil, por ejemplo, materiales metálicos de baja dureza, polímeros termoplásticos o metales no fragilizados en límite de grano; (2) hay un estado de esfuerzo plano, lo cual facilita el comportamiento dúctil del material; (3) la pieza es pequeña o delgada y, por lo tanto, favorece un estado de esfuerzo plano; (4) la temperatura es alta para el material, lo que favorece su comportamiento dúctil; por ejemplo, en metales por encima de la temperatura de transición dúctil-frágil o en polímeros termoplásticos por encima de la temperatura de transición vítrea; (5) si la velocidad de aplicación de la carga es lenta, es decir, una carga cuasiestática, lo que no limita la ductilidad del material.

Cuando una superficie de fractura dúctil no tenga marcas de dirección de propagación o de posición del frente de grieta, es indicio de que en toda el área de fractura se nuclearon y coalescieron microhuecos, de una manera más o menos homogénea, por lo tanto, no hay orígenes de grieta especialmente identificables; a este tipo de fractura dúctil se le llama colapso plástico. En otros casos, las superficies de fractura dúctil pueden insinuar marcas radiales o de posición de frente de grieta (costillas o playas). No es común observar marcas Ratchet o de río.

A simple vista, las fracturas dúctiles de elementos mecánicos mostrarán deformación plástica o distorsión notable de las piezas en su conjunto o cerca de las zonas de fractura (figuras 3.32 y 3.33, fotos de la izquierda). En el caso particular de la fractura bajo torsión, la deformación consistirá en rotación de la superficie de la pieza. Las texturas apreciables a simple vista, con lupas o estereoscopio óptico de las superficies de fractura en metales, serán la fibrosa, la tersa y la tersa con frotamiento.

Cuando se presenta una fractura a tracción habrá acuellamiento de la pieza y en la superficie de fractura se tendrá una zona central de textura fibrosa, la cual es la primera en formarse y tiene una orientación perpendicular al esfuerzo de tracción. En esta zona fibrosa no habrá ningún origen particular de grietas, ya que aquí hay colapso plástico; alrededor de la zona fibrosa se tendrá otra zona con textura tersa, cuya orientación seguirá la del esfuerzo cortante máximo, es decir, 45o aproximadamente respecto al eje de la pieza (figura 3.32, fotos superiores). Esta zona de textura tersa es la última en formarse y tiene su origen en la zona fibrosa, comúnmente se le conoce como labio de corte. Este labio de corte se forma con dichas características, ya que consiste en el colapso de un anillo cuyo material es de espesor delgado, dentro del cual predomina la condición de esfuerzo plano, donde los materiales dúctiles desgarran siguiendo la dirección del cortante máximo.

En algunos casos con materiales no tan dúctiles, pero que siguen conservando dicho comportamiento, como puede ser el caso de un acero bonificado con 35 RC, en las piezas sometidas a tracción puede que se presente una subdivisión de la zona fibrosa, donde se tendrá en el centro una zona fibrosa como la que se describió en el párrafo anterior y alrededor de ella otra muy rugosa con marcas radiales (figura 3.32, fotos centrales). La zona fibrosa con marcas radiales se forma porque la grieta crece anularmente a alta velocidad cerca a la límite para el material, lo cual recuerda lo descrito para la región Hackle típica de fractura por clivaje en materiales amorfos.


Figura 3.32 Fracturas dúctiles

Nota. Fractura dúctil a tensión de un alambrón: presencia de acuellamiento en la zona de fractura (superior izquierda), con zonas fibrosas y labio de corte en la superficie de fractura (superior derecha), la formación de la zona fibrosa precedió a la del labio de corte. Fractura dúctil a tensión de un espárrago: presencia de acuellamiento en la zona de fractura (central izquierda), con zona fibrosa central y zona de marcas radiales en la superficie de fractura (central derecha), la formación de la zona fibrosa precedió a la de marcas radiales. Fractura dúctil a flexión de un esparrago: presencia de doblado en la zona de fractura (inferior izquierda), con zonas fibrosa central y labio de corte en la superficie de fractura (inferior derecha), en la zona fibrosa los microhuecos formaron un patrón en forma de marcas de costilla, que permite localizar la zona de origen de la fractura. Las flechas rojas indican la dirección de propagación de las fracturas.

Fuente: elaboración propia.

Cuando se presenta una fractura a flexión habrá doblado de la pieza y en la superficie de fractura se tendrá una zona central de textura fibrosa (perpendicular a los esfuerzos normales), que podrá estar rodeada de un labio de corte de textura tersa, o dicho labio podrá estar solo presente en la región que originalmente estaba a compresión por la carga flectora. En la zona fibrosa podrán aparecer marcas de posición del frente de grieta (marcas de costilla) o marcas radiales, que son arreglos de microvacíos, con las cuales se podrá deducir la orientación del momento flector; el labio de corte será la última zona en formarse (figura 3.32, fotos inferiores).

Cuando se presenta una fractura bajo cortante puro (desgarre), en la pieza se formará un labio de desgarre y en la superficie de fractura se tendrá una textura tersa, en la cual, si se presenta deslizamiento entre las partes, se generará una textura tersa con frotamiento; la superficie de desgarre estará orientada con la dirección del esfuerzo cortante aplicado (figura 3.33, fotos superiores). Las fracturas bajo carga de torsión generarán deformación por rotación de la pieza, sin que necesariamente se genere doblado o adelgazamiento en la zona de fractura. La superficie de fractura se alineará con los esfuerzos cortantes del torsor, es decir, será perpendicular al eje del momento. La textura de la superficie de fractura generalmente será tersa con frotamiento en la periferia de la pieza, y fibrosa en la zona central, la cual es la última en formarse (figura 3.33, fotos inferiores).


Figura 3.33 Fracturas dúctiles por desgarre y torsión

Nota. Fractura dúctil por desgarre de un perno: presencia de un labio de desgarre en la zona de fractura (superior izquierda), con zonas de textura tersa y tersa con frotamiento (superior derecha). El frotamiento se produce por el contacto bajo presión de las superficies de fractura formadas. Fractura dúctil a torsión de un eje: no hay reducción de área o distorsión en la zona de fractura (inferior izquierda), la deformación consistirá en rotación de la superficie del eje. Se tendrá una zona fibrosa central y una zona tersa con frotamiento periférica (inferior derecha), la zona central fibrosa es la última en formarse. Las flechas rojas indican la dirección de desgarre.

Fuente: elaboración propia

Al inspeccionar con el MEB las superficies de fractura de metales, a altos aumentos, y complementar dicha inspección con observación de secciones metalográficas transversales a las superficies de fractura, se podrán observar: (1) los microhuecos de forma circular típicos de la textura fibrosa (figura 3.34, fotos superiores); (2) los microhuecos de forma oval o elíptica comunes de la textura tersa (figura 3.34, fotos centrales); (3) la superficie deformada y desgastada por el deslizamiento en una textura tersa con frotamiento (figura 3.34, fotos inferiores). Además, en la sección metalográfica será posible detectar la deformación plástica presente en los granos (distorsión de estos).


Figura 3.34 Imágenes de MEB y metalográficas de fracturas súbitas dúctiles

Nota. Zona de textura fibrosa de una fractura dúctil: aspecto en MEB de los microhuecos circulares (superior izquierda); aspecto típico en sección metalográfica (superior derecha). Nótese en la superficie de fractura la presencia de los microhuecos. Zona de textura tersa de una fractura dúctil: aspecto en MEB de los microhuecos ovales o elípticos (central izquierda); aspecto típico en sección metalográfica (central derecha). Nótese en la superficie de fractura que los microhuecos están inclinados en la dirección del desgarre. Zona de textura tersa con frotamiento de una fractura dúctil: aspecto en MEB del aplastamiento generado en los microhuecos por el contacto entre las dos superficies de fractura (inferior izquierda); aspecto típico en sección metalográfica (inferior derecha). Nótese que la superficie de fractura está deformada en el sentido del desgarre por la acción del frotamiento. Las flechas rojas indican el sentido del desgarre.

Fuente: elaboración propia.

A simple vista, es posible que en una superficie de fractura súbita dúctil se vean grandes cavidades, del orden de las décimas de milímetro o aún más grandes, las cuales generalmente estarán asociadas a grandes inclusiones, grandes discontinuidades del material (poros, rechupes, etcétera) o delaminaciones (descohesión dúctil en un plano que contiene una gran inclusión alargada) (figura 3.35). A partir de la forma de los microhuecos y la orientación que estos tienen en las dos superficies generadas en una fractura, se puede deducir el tipo de carga bajo la cual se formaron, según las reglas básicas que se muestran en la figura 3.36.


Figura 3.35 Superficie de fractura dúctil

Nota. De un acero bonificado, con grandes cavidades y delaminaciones asociadas con grandes inclusiones (izquierda); sección metalográfica en una superficie de fractura dúctil que contiene una delaminación asociada con un sulfuro en un acero bonificado (derecha).

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.36 Imágenes de MEB de la morfología típica de los microhuecos en las dos superficies de fractura formadas

Nota. Redondeados bajo modo I en tracción (superior izquierda); ligeramente ovales bajo modo I en flexión (superior derecha); ovales bajo modo II de carga (inferior izquierda); ovales bajo modo III de carga (inferior derecha). Las flechas rojas indican la dirección de propagación de las grietas y las formas amarillas el aspecto típico de los microhuecos.

Fuente: elaboración propia.

Los materiales de naturaleza dúctil bajo tracción o flexión fracturan, bien sea siguiendo el esfuerzo cortante máximo en piezas delgadas (45o respecto al esfuerzo de tracción normal, en modos II y/o III), o mediante una combinación de fractura perpendicular al esfuerzo normal de tracción máximo (modo I) y labios de corte laterales que siguen al cortante máximo (modos II y/o III), lo cual se da en piezas gruesas. Bajo torsión o cortante puro, la fractura sigue el cortante máximo (modos II y/o III) (figura 3.37).


Figura 3.37 Orientación de las superficies de fractura súbita dúctil, en función del tipo de carga aplicada

Nota. Tracción en pieza delgada (izquierda); tracción en pieza gruesa (centro izquierda); torsión (centro derecha); cortante puro o desgarre (derecha). Bajo flexión, el lado de tracción generado por esta carga mostrará una orientación similar a la de las dos figuras a la izquierda en función del espesor. La superficie de fractura puede ser perpendicular al máximo esfuerzo normal generado o colineal con el máximo esfuerzo cortante.

Fuente: elaboración propia.

En piezas hechas de materiales dúctiles, dependiendo de su espesor, se tendrá bajo carga de tracción o flexión: una fractura predominantemente perpendicular a la dirección del esfuerzo normal, con textura fibrosa (pieza gruesa), una formando un labio de corte a 45o siguiendo los esfuerzos cortantes máximos, con textura tersa (pieza delgada), o una mezcla de ambos (espesor intermedio) (figura 3.38). De nuevo, como se ha mencionado antes, decir pieza delgada o gruesa es relativo a cada material, y se encuentra en general que, a mayor tenacidad de fractura del material, la zona límite entre delgado y grueso se correrá a mayores valores de espesor.


Figura 3.38 Fracturas dúctiles a tracción en función del espesor

Nota. Superficie fibrosa perpendicular a la dirección del esfuerzo de tracción, en pieza gruesa (izquierda); superficie fibrosa central perpendicular a la dirección del esfuerzo de tracción y labios de corte laterales con textura plana, formado 45o respecto al esfuerzo normal, en pieza de espesor intermedio (central); superficie a 45o siguiendo el cortante máximo con textura tersa, en pieza delgada (derecha).

Fuente: elaboración propia.

3.5.6 Fractografía de las fracturas súbitas mixtas

Las fracturas súbitas mixtas se forman por condiciones intermedias entre las que favorecen a las fracturas frágiles y a las fracturas dúctiles, como son: (1) un material intermedio entre dúctil y frágil, por ejemplo, un metal de dureza media o un metal fragilizado en límite de grano que promueva fractura intergranular con microvacíos; (2) un estado de esfuerzos intermedio entre esfuerzo plano y deformación plana; (3) un tamaño de pieza o espesor de esta intermedio entre grande y pequeño; (4) una temperatura ubicada en la zona de transición dúctil-frágil del material; (5) una velocidad de aplicación de carga intermedia entre impacto y cuasiestática.

Las fracturas mixtas mostrarán características de deformación, marcas en la superficie de fractura, textura y mecanismos de fractura combinados, entre los típicos de las fracturas dúctiles y los de las frágiles. No existen criterios unificados que permitan establecer una clara división entre fracturas dúctiles y fracturas frágiles. Piénsese en el siguiente caso: si se encuentra una fractura donde una pieza metálica no muestre a escala macro distorsión visible o deformación, pero a escala micro, mediante observación con estereoscopio y MEB, se advierte formación de microvacíos, ¿cómo debe clasificarse esta fractura?, ¿frágil, por la no presencia de deformación de la pieza, o dúctil, por la presencia de los microhuecos?, y ¿qué tal si además se halla que los microhuecos están en algunas zonas de las superficies de fractura y en otras hay clivaje? La respuesta no es sencilla, algunos analistas podrán responder: a escala macro es una fractura frágil y a escala micro será dúctil si el porcentaje en área ocupada por los microvacíos supera el del clivaje. En este texto fracturas súbitas que presenten situaciones como esta o similares son las que llamaremos súbitas mixtas.

Bajo inspección a simple vista, con lupas o estereoscopio, se podrán encontrar marcas de dirección de crecimiento de grietas (Ratchet, radiales o de río) o marcas de posición del frente de grieta. En cuanto a la textura se encontrará que será granular si predomina el micromecanismo de descohesión intergranular y/o el de clivaje, o fibrosa si son los microvacíos los que predominan (figura 3.39).


Figura 3.39 Superficie de fractura súbita mixta

Nota. Superficie de fractura súbita mixta de un acero bonificado, donde predomina una textura central granular con marcas radiales y en los bordes hay un labio de corte con textura tersa (izquierda); superficie de fractura súbita mixta de un acero bonificado, donde se combinan en la región central la textura fibrosa y la granular, y en los bordes se tiene un labio de corte con textura tersa (derecha).

Fuente: elaboración propia.

Algunos ejemplos de casos de fracturas mixtas son, a saber:

1. Fracturas macroscópicamente dúctiles, en cuya superficie haya participación de micromecanismos frágiles (intergranular y/o clivaje). Puede ser el caso de materiales con heterogeneidades estructurales, donde globalmente muestran una alta elongación, pero al formarse la fractura, esta se ve influida por la presencia de fases frágiles.

2. Fracturas macroscópicamente frágiles, en cuya superficie de fractura haya participación de micromecanismos dúctiles (microhuecos), lo cual es común que se presente con piezas de material dúctil, pero con concentradores de esfuerzo severos que promueven un estado de deformación plana que limita la ductilidad de la pieza.

3. Combinación de clivaje y microvacíos en una superficie de fractura, esto corresponde a uno de los tipos de cuasiclivaje, el cual se puede presentar por ejemplo en aceros de medio carbono bonificados de durezas intermedias a altas, 45 RC y superiores, figura 3.40 (superior izquierda).

4. Combinación de intergranulary microvacíos en una superficie defractura, lo que sugiere que hay presencia parcial de elementos químicos o partículas fragilizantes en límites degrano, figura3.40 (superiorderecha).


Figura 3.40 Imágenes de MEB de superficies de fractura súbitas mixtas en aceros bonificados

Nota. Cuasiclivaje, donde se presenta una mezcla de clivaje con formación de microvacíos (superior izquierda); mezcla de zonas donde granos fracturan transgranularmente por microvacíos y otras donde hay descohesión intergranular (superior derecha); fractura intergranular con formación de microvacíos (inferior). En este caso se nota la textura intergranular, pero la fractura fue precedida de formación de microhuecos cerca a los límites de grano, esto también se conoce como cavitación en límite de grano.

Fuente: elaboración propia.

5. Zona central de la superficie de fractura con clivaje y/o intergranular y formación de labio de corte en los bordes con microvacíos, donde este labio se puede formar al final de la propagación de las grietas frágiles, y el remanente del material, por ser delgado, ingresa a la condición de esfuerzo plano, facilitando el comportamiento dúctil. El aspecto de una fractura como esta es similar al que se muestra en la figura 3.38 (central), solo que en la zona central no habrá textura fibrosa, sino granular.

6. Textura granular con presencia de microhuecos en límite de grano, donde, por ejemplo, se tiene segregación de fases fragilizantes cerca al límite de grano (no necesariamente en el propio límite), lo que facilita el flujo y la formación de microvacíos alrededor de los precipitados, que al crecer y encontrarse con los límites de grano generan fractura; otra posibilidad es tener cerca al límite de grano las zonas conocidas como zonas libres de precipitados (ZLP), en donde hay una alta concentración de matriz metálica dúctil, la cual nuclea microvacíos desde este límite; por su aspecto, es común que se refieran a estas fracturas como las formadas por cavitación en límite de grano (figura 3.40, inferior).

En la referencia [8] el lector encontrará una ampliación sobre los mecanismos y fractografía de las fracturas súbitas.

3.6 FRACTURAS PROGRESIVAS POR FATIGA

Estas son fracturas que para formarse requieren varios ciclos de carga (figura 3.41), donde ninguno de los picos de dichos ciclos sobrepasa en valor a la resistencia última de la pieza; las solicitaciones en este caso son completamente mecánicas, es decir, bajo la acción pura de los esfuerzos. La onda de esfuerzo aplicada oscila entre un σmínimo y un σmáximo, a partir de los cuales se define la razón de carga de la onda R = σmínimo /σmáximo. La fatiga se puede definir como un fenómeno de nucleación y crecimiento estable de grietas, producto de cambios inducidos en el material por la acción de cargas cíclicas o fluctuantes. La generación de dichos cambios en el material bajo los ciclos de carga y su relación con el agrietamiento, es lo que llamamos el mecanismo de fatiga, el cual cambia de un material a otro.


Figura 3.41 Comportamiento del esfuerzo versus el tiempo en las fracturas por fatiga y corrosión fatiga

Nota. El rango de esfuerzos aplicado se define como Δσ = σmáximo – σmínimo.

Fuente: elaboración propia.

A partir de los resultados obtenidos en un ensayo como el de tracción (un solo evento de carga), el cual se hace sobre un material típicamente policristalino, queda la sensación de que siempre que el esfuerzo esté por debajo del esfuerzo límite elástico, no se generará ningún tipo de daño en el material. Sin embargo, esto no es cierto. Téngase en cuenta el siguiente ejemplo: el hierro puro puede generar movimiento de dislocaciones a temperatura ambiente en el plano (110) y en la dirección [111], si el esfuerzo cortante aplicado en dicho plano es del orden de 27,5 MPa [9]. Si asumimos que tenemos un material de estos policristalino y le hacemos el ensayo de tracción, ello implicaría que a partir de un esfuerzo normal a la probeta de 55 MPa (2 veces el cortante máximo), estamos generando cambios internos en algunos granos del material (aquellos cuyos sistemas de deslizamiento formen 45o con la dirección de carga), y recordemos que para el hierro puro policristalino, la resistencia a fluencia (próxima al límite elástico) está entre 69 y 138 MPa. Lo anterior nos da una idea de que aun con esfuerzos por debajo del límite elástico de los materiales, estamos induciendo cambios en su nano y microestructura, que se deben básicamente al movimiento interno de las dislocaciones; sin embargo, hay otros cambios asociados con difusión de elementos químicos y vacancias, que pueden ocurrir a esfuerzos incluso más bajos. Si lo anterior ocurre repetidamente durante varios ciclos de carga, no es difícil imaginarse que por dichos cambios, en algún momento ese daño acumulado degenere en la formación de grietas de fatiga.

Entre más altos sean el rango de esfuerzos y la razón de carga aplicados, menor será el número máximo de ciclos que puede soportar el material antes de la fractura por fatiga. En ensayos de algunos materiales se encuentra que si el pico del esfuerzo en cada ciclo es lo suficientemente bajo, se puede tener una vida a fatiga infinita; el pico de esfuerzo por debajo del cual no se presenta fractura por fatiga se llama esfuerzo límite de fatiga, y está asociado a una vida entre 106 y 108 ciclos. El valor de este esfuerzo límite de fatiga aumenta, en la medida en que la onda de esfuerzo aplicada se acerca a la razón de carga R = −1. No obstante lo anterior, a nivel de una pieza mecánica la resistencia fatiga no solo depende del material, sino que es fuertemente influenciada por su tamaño (a mayor tamaño de pieza menor resistencia a fatiga), su acabado superficial (a mayor rugosidad menor resistencia a fatiga), el tipo de carga (a flexión y torsión la resistencia a fatiga es mayor que a tracción) y la geometría de la pieza (las zonas de concentración de esfuerzo de acuerdo con su geometría modifican la resistencia a fatiga de las piezas). Por ello, para la pieza debe definirse una resistencia límite de fatiga corregida ( σF AT C ) que tenga en cuenta estas influencias.

La resistencia límite de fatiga corregida de la pieza aumenta si el proceso de fabricación o de tratamiento superficial induce esfuerzos residuales de compresión en las zonas comunes de origen de grietas de fatiga; pero si por el contrario, dichos procesos dejan esfuerzos residuales de tracción, la resistencia a fatiga de la pieza se verá disminuida. El efecto benéfico de los esfuerzos residuales de compresión aplica para cargas flectoras o torsoras, sin embargo, para cargas de tracción no lo es tanto, ya que este esfuerzo residual está en equilibrio con otro residual de tracción bajo la superficie (generalmente en la interfaz capa de tratamiento superficial-núcleo), el cual al sumarse a la carga externa de tracción, puede favorecer un agrietamiento prematuro desde dicha zona.

Las fracturas por fatiga se pueden dividir en dos tipos: (a) fracturas por fatiga de bajo ciclaje, donde los picos de las ondas de esfuerzo son muy grandes, de manera tal que su valor nominal es muy cercano o superior al de la resistencia a fluencia del material, lo que hace que la fractura de fatiga se dé con muy pocos ciclos de carga en metales (cientos o miles), (b) fracturas por fatiga de alto ciclaje, donde los picos de las ondas de esfuerzo están bastante alejadas del esfuerzo de fluencia del material, lo que hace que la fractura en metales se demore muchos ciclos (cientos de miles, millones, cientos de millones o más). En diseño mecánico es común que se defina (σM ) como el esfuerzo límite entre las fatigas de bajo y de alto ciclaje; generalmente, este esfuerzo produce fractura por fatiga alrededor de los 1.000 a 100.000 ciclos de carga. En la figura 3.42 se muestra una curva típica de resistencia a fatiga de un acero, donde se puede observar la relación entre el esfuerzo último, el esfuerzo límite entre las fatigas de bajo y alto ciclaje y la resistencia límite de fatiga corregida (compárese con la figura 3.41).


Figura 3.42 Forma de la curva de resistencia de fatiga típica de un acero para una razón de carga dada

Fuente: elaboración propia.

Bajo carga cíclica, el nivel de concentración de esfuerzo es menor que para carga estática, ya que la fluencia plástica que ocurre en los concentradores redistribuye los esfuerzos (especialmente en materiales dúctiles). Esto se mide a través del factor de sensibilidad a la entalla (q), donde altos valores de este (cercanos a 1), indican que el material no puede disminuir la concentración de esfuerzo por fluencia plástica (material frágil), mientras que valores bajos indican lo contrario (material dúctil).

En la figura 3.43 se muestra el comportamiento general de la velocidad de crecimiento estable de las grietas (da/dN) en la fatiga de alto ciclaje, contra el rango de intensidad de esfuerzos aplicados (ΔKaplicado), donde se puede notar que hay tres etapas de propagación: etapa I, donde se presenta un comportamiento no lineal con bajas velocidades de crecimiento de grieta y bajo rango de intensidad de esfuerzos; etapa II, donde se tiene una relación lineal logarítmica entre las velocidades de crecimiento de grietas y los factores de intensidad de esfuerzo aplicados de valor medio; etapa III, donde de nuevo aparece un comportamiento no lineal, con elevadas velocidades de crecimiento y altos rangos del factor de intensidad de esfuerzos aplicados. No se tendrá crecimiento de grietas si el rango de intensidad de esfuerzos aplicados es inferior al rango de intensidad de esfuerzos umbral (ΔKumbral).

Para nuclear grietas de fatiga, los ciclos de esfuerzo aplicados pueden variar desde esfuerzos mínimos compresivos hasta picos de esfuerzo en tracción, o pueden ser tanto el esfuerzo mínimo como el máximo, ambos de tracción. Sin embargo, la propagación de las grietas nucleadas (etapas I, II y III) solo la realiza la fracción de la onda de esfuerzo que está en el lado de tracción; por lo anterior, cuando se define el rango de intensidad de esfuerzos aplicados (ΔKaplicado), solo se toma en consideración la amplitud de la onda de esfuerzo que está en el lado de tracción.

En materiales metálicos, en general, a mayor resistencia a la tracción, tiende a aumentar el esfuerzo límite de fatiga, y, por tanto, tiende a aumentar también el rango de intensidad de esfuerzos umbral.

El comportamiento genérico de crecimiento de las grietas mostrado en la figura 3.43 modela bastante bien grietas de más de 0,5 mm de longitud [10], a las cuales se les suele denominar grietas largas de fatiga; sin embargo, grietas más pequeñas no muestran un comportamiento como el mostrado sobre todo en la etapa I de crecimiento, ya que puede que no se presente un (ΔKumbral). A estas grietas se les denomina grietas cortas de fatiga. En la medida en que por su crecimiento y/o por el rango de intensidad de esfuerzos aplicados, las grietas tanto cortas como largas ingresen en la etapa II de propagación, desaparecerán las diferencias y el comportamiento de la figura 3.43 las representará por igual.


Figura 3.43 Comportamiento de la velocidad de crecimiento estable de grietas por fatiga o corrosión fatiga de alto ciclaje en función del rango de intensidad de esfuerzos aplicado

Nota. Para una razón de carga R dada hay tres etapas de propagación diferenciadas.

Fuente: elaboración propia.

Así, en resumen, para que ocurra una fractura por fatiga, deberán darse dos situaciones: (a) que el pico de la onda de esfuerzo aplicada (σmáximo) sea igual o mayor a la resistencia límite de fatiga corregida en los materiales que la presentan (σF AT C ), para la razón de carga de la onda de esfuerzo aplicada (R); o colocándolo en términos del factor de intensidad de esfuerzos, que el rango de intensidad de esfuerzos aplicados (ΔKaplicado) sea igual o mayor al rango umbral de la pieza (ΔKumbral) y (b) que se dé un número suficiente de ciclos.

En las fracturas por fatiga se presentan tres fases: (a) nucleación de grietas, (b) propagación estable de las grietas (que se da en las etapas I, II y III) y (c) fractura final por sobrecarga, una vez el tamaño de las grietas de fatiga ha generado un factor de intensidad de esfuerzos, igual a la tenacidad de fractura del material.

3.6.1 Mecanismos de la fatiga en metales

En los metales policristalinos las grietas de fatiga se pueden nuclear, entre otros, a partir de los siguientes mecanismos: (a) por movimiento acumulativo de las dislocaciones en planos y direcciones de deslizamiento, de los granos ubicados en las zonas con superficie libre más esforzadas de la pieza. Este movimiento de dislocaciones genera en la superficie intrusiones y extrusiones, que a la larga se convierten en concentradores de esfuerzo, lo cual, aunado al endurecimiento por deformación acumulado, desencadenará descohesión y por lo tanto una microgrieta; (b) por movimiento acumulativo de dislocaciones contra límites de grano, partículas de segunda fase o maclas, generando microgrietas; (c) por fractura mediante clivaje de inclusiones o partículas de segunda fase, que generan las microgrietas iniciales (figura 3.44). Ya que los tres mecanismos requieren que halla deformación plástica previa localizada, es de esperarse que las zonas de una pieza más propensas a agrietarse por fatiga sean aquellas que mayor concentración de deformación plástica microestructural desarrollen en servicio.


Figura 3.44 Ejemplos de mecanismos de nucleación de grietas de fatiga

Nota. Formación de intrusiones y extrusiones por deslizamiento dentro de un grano en la superficie libre de la pieza (izquierda); apilamiento de dislocaciones en límite de grano interior de la pieza (derecha); clivaje de partículas de segunda fase (inferior).

Fuente: elaboración propia.

Las zonas de las piezas donde típicamente se nuclean las grietas, a partir de los mecanismos antes descritos, son, a saber: (a) regiones de daño mecánico por deformación superficial (ludimiento), a lo que comúnmente se le denomina fatiga por ludimiento o por vibrocorrosión; (b) concentradores de esfuerzo geométricos (escalones, filetes de rosca, agujeros, etcéterea); (c) concentradores de esfuerzo inducidos en manufactura (marcas de mecanizado, poros, rechupes, labios de forja, etcétera); (d) concentradores de esfuerzo microestructurales (microrechupes, inclusiones, etcétera); (e) concentradores de esfuerzo generados en servicio (golpes, desgaste abrasivo, desgaste adhesivo, corrosión, arcos eléctricos, etcétera); (f) interfaz entre capas de endurecimiento superficial y núcleo (figuras 3.45 y 3.46). También se puede tener nucleación de grietas subsuperficiales bajo la acción de esfuerzos de contacto. De ello se trata en el numeral 4.2.3.


Figura 3.45 Fractura por fatiga

Nota. Fractura por fatiga a flexión de un pin de giro de una retroexcavadora, nucleada en una zona con daño superficial por deformación mediante ludimiento (fotos superiores), a esto se le conoce como fatiga por ludimiento; fractura por fatiga a flexión nucleada en el radio de acordonamiento de un muñón de cigüeñal, es decir, en un concentrador geométrico de esfuerzos (fotos centrales); fractura por fatiga a torsión de un resorte helicoidal, nucleada en un defecto superficial de laminación, que es un concentrador de esfuerzo inducido en manufactura (fotos inferiores). Las flechas amarillas indican los orígenes del agrietamiento y las negras los sentidos de propagación.

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.45 Fractura por fatiga (continuación)

Nota. Fractura por fatiga a flexión de una hoja de ballesta, nucleada desde una inclusión no metálica subsuperficial, es decir, desde un concentrador de esfuerzo microestructural (fotos superiores); fractura por corrosión fatiga a flexión de un eje, nucleada desde una picadura de corrosión generada en servicio (fotos centrales); fractura por fatiga a torsión de un eje de acero con capa de temple superficial, donde la fatiga se originó en la interfaz entre la capa y el núcleo no endurecido (fotos inferiores).

Fuente: elaboración propia.

Después de nucleadas las grietas, si el ΔKaplicado es mayor que el ΔKumbral, inicia la fase de propagación, es decir, si el tamaño de la grieta y el esfuerzo aplicado en cada ciclo son lo suficientemente grandes. Si las grietas vienen desde el proceso de fabricación, en servicio entrarán directamente a la fase de propagación si cumplen con el criterio mencionado.


Figura 3.46 Esquema que ilustra la condición para que se originen grietas de fatiga en la interfaz entre la capa endurecida y el núcleo blando de una pieza

Nota. Se requiere que la carga de flexión o torsión iguale o supere a la resistencia a la fatiga en la zona de transición.

Fuente: elaboración propia.

La fase de propagación de grietas por fatiga en metales se puede dar a través de alguno de los siguientes mecanismos: (a) fatiga cristalográfica, donde las grietas se propagan a través de los granos, siguiendo planos cristalinos específicos; aquí el crecimiento de la grieta es precedido por deformación plástica intragranular en el frente de grieta; (b) crecimiento transgranular perpendicular al esfuerzo normal máximo; en este caso no hay dirección cristalográfica específica de crecimiento (lo que lo diferencia de la fatiga cristalográfica), y el crecimiento en cada ciclo se encuentra precedido de deformación plástica intragranular; (c) crecimiento cíclico intergranular, cuando se da un avance cíclico de las grietas bordeando los granos; (d) clivaje cíclico, donde las grietas crecen intragranularmente en los planos de clivaje; (e) crecimiento mediante formación y coalescencia de microvacíos; de igual manera a los anteriores, se da de manera cíclica (figura 3.47).

En algunos metales de alta ductilidad, se pueden formar estriaciones de fatiga cuando se tenga fatiga cristalográfica o crecimiento transgranular (figura 3.47, fotos superior y central a la izquierda). En la fatiga transgranular es posible que se forme un patrón de marcas radiales que permite conocer la dirección de crecimiento de las grietas (figura 3.47, superior derecha). Cuando se tenga clivaje cíclico, las marcas de río permitirán conocer la dirección de crecimiento (figura 3.47, inferior izquierda). En las fatigas intergranular y por formación y coalescencia de microvacíos, no es tan común encontrar marcas de dirección de propagación o de posición del frente de grieta a nivel microscópico, por lo que se deberá recurrir a la inspección macro y otras fuentes de información, como tipo y sentido de aplicación de la carga, para conocer las direcciones de propagación.


Figura 3.47 Mecanismos de la fatiga

Nota. Fatiga cristalográfica en duraluminio 7075 T6 (superior izquierda), donde dentro de cada grano la trayectoria de las grietas sigue una familia de planos específicos; fatiga transgranular en acero AISI 5160 bonificado con 40 RC (superior derecha). Nótese que la textura no está tan influenciada por los granos como en el caso de la fatiga cristalográfica; (c) fatiga transgranular de acero de bajo carbono donde se tiene presencia de estrías (centro izquierda); (d) fatiga intergranular en acero AISI 5160 bonificado con 50 RC (centro derecha); grano clivado por fatiga en acero AISI 1040 recocido (inferior izquierda); fatiga de bajo ciclaje por formación y coalescencia de microvacíos en acero recocido AISI 1040 (inferior derecha). Las flechas amarillas indican el sentido de propagación de las grietas.

Fuente: elaboración propia.

Los mecanismos de propagación que presentan mayores grados de deformación plástica en cabeza de grieta son, a saber: crecimiento por formación y coalescencia de microvacíos, crecimiento transgranular perpendicular al esfuerzo normal máximo y crecimiento por fatiga cristalográfica. Los que menor grado de deformación plástica asociada tienen son: el crecimiento por clivaje cíclico y el crecimiento cíclico intergranular. Todos estos mecanismos de crecimiento siguen en promedio la perpendicular al máximo esfuerzo normal local.

Para explicar el crecimiento de grieta en la fatiga cristalográfica o en la transgranular, se puede recurrir al modelo del deslizamiento cruzado, que se esquematiza en la figura 3.48. En el caso de las fatigas por clivaje e intergranular, el crecimiento de grieta se adjudica a la descohesión (ruptura de enlaces). Para el mecanismo de formación y coalescencia de microvacíos, se sigue la misma lógica del crecimiento de grieta, descrito cuando se trató en la fractura súbita dúctil.


Figura 3.48 Modelo del avance de grieta a través del deslizamiento cruzado, aplicable a la fatiga cristalográfica o a la transgranular

Nota. (a) Grieta original, (b) primer deslizamiento en frente de grieta bajo tracción, (c) segundo deslizamiento cruzado en frente de grieta bajo tracción, (d) abombamiento de la grieta después del ciclo de tracción, (e) primer deslizamiento bajo compresión o descarga, (f) segundo deslizamiento cruzado bajo compresión o descarga. En este modelo tanto el ciclo de tracción como el de compresión o descarga producen crecimiento efectivo de la grieta [11].

En general, en la fatiga de alto ciclaje, los aceros ferríticos y martensíticos tienden a propagar las grietas de fatiga, mediante el crecimiento transgranular en las etapas I, II y III (figura 3.43). Algunas veces, en la etapa I hay participación del crecimiento intergranular cíclico o del clivaje cíclico, y en la etapa III participación también de la formación y coalescencia cíclica de microvacíos. En estos materiales no es tan común la participación de la fatiga cristalográfica, debido a la alta energía de apilamiento del material que favorece los deslizamientos cruzados, lo que facilita el crecimiento transgranular (asociado a la estructura CC). Si se presenta la fatiga cristalográfica (generalmente en aceros de bajo carbono), aparecerá especialmente en la etapa I de propagación, notándose como un zigzagueo de la trayectoria cerca al origen y a 45o, abarcando de 2 a 5 granos de longitud (figura 3.59, derecha). El crecimiento intergranular cíclico puede favorecerse por la presencia de fenómenos de fragilización en límite grano, como los que se describieron en la fractura súbita frágil de este tipo; el crecimiento por clivaje cíclico se ve favorecido por temperaturas bajas; el crecimiento por formación de microvacíos cíclico se acentúa a bajas durezas y especialmente al final de la etapa II y en la etapa III de propagación.

En aceros austeníticos y duraluminios predomina también el crecimiento transgranular, sin embargo, en la etapa I de propagación también es importante la participación de la fatiga cristalográfica. En varias de las aleaciones base cobalto y base níquel, es común que se tenga fatiga cristalográfica tanto en la etapa I como en la II de propagación, debido a que estos materiales tienen baja energía de apilamiento, lo que no favorece los deslizamientos cruzados intragranulares.

Lo mencionado en los párrafos anteriores respecto a la nucleación y la propagación de las grietas, aplica para la fatiga de alto ciclaje. En el caso de la fatiga de bajo ciclaje, los principales mecanismos de nucleación y propagación de grietas son: (a) formación y coalescencia de microvacíos intragranulares, (b) la descohesión intergranular y (c) el clivaje de granos individuales. La ocurrencia de un mecanismo u otro dependerá de la ductilidad del material.

La vida a fatiga de bajo ciclaje no resulta muy influenciada por el tamaño de grano de un metal, mientras que la de alto ciclaje sí; se nota que a menor tamaño de grano la resistencia y la vida a fatiga aumentan. Esto se debe a que el tamaño de grano fino al restringir más la deformación plástica, retarda el desarrollo del daño que precede al agrietamiento.

Las aleaciones metálicas endurecibles por deformación plástica muestran un incremento en la resistencia a fatiga con el porcentaje de deformación; pero aleaciones endurecicles por temple-revenido o temple-envejecimiento no muestran un efecto tan benéfico del endurecimiento por deformación.

La fractura final de la pieza fatigada, dependiendo del tamaño de la zona remanente y de la tenacidad de fractura del material, podrá ser súbita dúctil, súbita frágil o súbita mixta; en estas zonas se presentan los mecanismos, marcas, texturas y orientaciones de fractura descritos en el numeral 3.5.

En las fatigas mecánicas (solo dependientes de los ciclos de esfuerzo), no existe una influencia muy marcada de la frecuencia de la onda de esfuerzo en la resistencia a fatiga o en la cinética de propagación de las grietas [12]; esto a los valores típicos de aplicación de frecuencias en maquinaria (500 a 10.000 ciclos por minuto). Sin embargo, a muy bajas frecuencias la resistencia a la fatiga puede disminuir, ya que hay mayor tiempo para que la pieza se deforme plásticamente por cada ciclo, y a muy altas frecuencias puede aumentar marcadamente la resistencia, debido a que, por el corto tiempo de cada ciclo, no se alcanza a generar suficiente daño por deformación plástica.

3.6.2 Fractografía de las fracturas por fatiga en metales

La formación de una fractura por fatiga en metales se presenta si: (1) hay una carga variable en el tiempo; (2) el rango de intensidad de esfuerzo aplicado supera al rango de intensidad de esfuerzos umbral del material (ΔKaplicado > ΔKumbral), lo cual se relaciona con que el pico de la onda de esfuerzo aplicada (σmáximo) sea mayor a la resistencia límite de fatiga corregida de la pieza (σmáximo > σF AT C), para la razón de carga de la onda de esfuerzo aplicada (R). Si las condiciones anteriores no se cumplen, ello implica que las microgrietas formadas en la nucleación no se propagarán, es decir, tenderán a permanecer en condición estable. La vida a fatiga de una pieza se verá seriamente acortada si hay daño mecánico previo por deformación superficial o concentradores severos de esfuerzo: (a) en la geometría de la pieza, (b) inducidos por el proceso de fabricación, (c) de tipo microestructural o (d) generados en servicio, por golpes, desgaste o corrosión.

A simple vista, las fracturas por fatiga de alto ciclaje de elementos mecánicos no mostrarán deformación plástica o distorsión notable de las piezas, en su conjunto o cerca de las zonas de fractura; sin embargo, en fracturas por fatiga de bajo ciclaje, ello sí podrá estar presente si se trata de un material dúctil (figuras 3.49 y 3.50, imágenes superiores izquierdas). No obstante lo anterior, en las fatigas de alto ciclaje, si se presenta fractura final súbita dúctil, es posible que en dicha zona esté presente la deformación macroscópica de la pieza.

En general, las superficies de las fracturas por fatiga de alto ciclaje se caracterizan por presentar dos zonas claramente diferenciadas: (1) zona de propagación estable de grietas en servicio, en la cual a simple vista, con lupas o estereoscopio óptico, se encontrará una textura tersa o granular; (2) zona de fractura final, donde la pieza agrietada no pudo seguir soportando la carga, y por lo tanto, ocurrió una fractura de manera súbita (crecimiento inestable de grietas) (figura 3.49, superior derecha).

Bajo inspección visual a ojo desnudo, con lupas o estereoscopio, la textura predominante en las superficies de propagación estable de grieta por fatiga de alto ciclaje de metales será la tersa (figura 3.51, superior izquierda). La textura tersa es consecuencia del predominio del mecanismo de fatiga transgranular. Si el mecanismo predominante es la fatiga cristalográfica, la textura visible será una combinación de la tersa y la granular, ya que dentro de cada grano habrá planos preferentes de propagación de las grietas de fatiga (figura 3.51, superior derecha). Cuando predominen los mecanismos de clivaje o agrietamiento intergranular, la textura predominante será la granular (figura 3.51, central izquierda). En la fatiga de bajo ciclaje, donde predomine el mecanismo de formación y coalescencia de microvacíos, la textura encontrada será la fibrosa (figura 3.51, central derecha). Todas estas texturas podrán presentar frotamiento total o parcial, es decir, daño de las superficies de fatiga por roce entre las dos caras de grieta (figura 3.51, inferior), lo cual se favorece cuando halla inversión total de carga (tracción-compresión) o cuando se combinen los modos de carga I y II o I y III.

El límite entre la zona de propagación estable de grieta y la zona de fractura final es una marca de playa, cuya geometría indica la forma que tenía el frente de grieta, inmediatamente antes de presentarse la fractura final (figura 3.49, superior derecha). Esta marca se forma por el contraste visual que se produce entre las texturas de la zona de propagación estable y las de la zona de fractura final.


Figura 3.49 Fracturas por fatiga de alto ciclaje

Nota. Muñón de cigüeñal fatigado a torsión, donde se puede notar que no hay deformación plástica de la pieza (superior izquierda); zonas típicas de una superficie de fractura por fatiga (superior derecha). Nótese que no hay marcas de playa intermedias; fractura por corrosión fatiga a flexión de un eje, donde hay una marca de playa intermedia (central izquierda); fractura por fatiga a flexión de un cigüeñal, donde se presentaron varias marcas de playa intermedias (central derecha); orígenes múltiples de fatiga separados por marcas ratchet (inferior izquierda); presencia de marcas de río en superficie de fractura por fatiga de un cigüeñal. Nótese que la aparición de las marcas coincide con un cambio en la orientación de la superficie de fractura (inferior derecha). Las flechas amarillas indican la dirección del crecimiento de las grietas.

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.50 Fracturas por fatiga de bajo ciclaje

Nota. Tornillo de acero martensítico fatigado a bajo ciclaje en 32 ciclos, aplicando un 95 % del esfuerzo último. Nótese que hay deformación del elemento alrededor de la zona de fractura (superior izquierda); superficie de fractura por fatiga del tornillo, donde se nota su textura fibrosa (superior derecha); superficie de fractura por fatiga de bajo ciclaje, de un elemento estructural hecho en duraluminio 7075 T6, donde hay textura fibrosa y presencia de marcas de playa (inferior). Las flechas amarillas indican la dirección del crecimiento de las grietas.

Fuente: elaboración propia.

Lo más común en piezas mecánicas que fallan por fatiga es que tengan varias marcas de playa en la zona de propagación estable de grietas, las cuales se forman generalmente por: (1) corrosión u oxidación en el frente de grieta, producto de la acción del aire o del lubricante de la máquina durante un periodo de detención de la pieza; (2) cambios en el rango de intensidad de esfuerzos aplicados, que producen cambios en la cinética de crecimiento y en la rugosidad; (3) cambios en el estado de esfuerzos que originen variaciones en la orientación de la superficie de grieta; (4) cambios en la frecuencia de los ciclos de carga aplicados, que llevan a variaciones en la cinética del crecimiento. En las imágenes superior derecha, central izquierda y central derecha de la figura 3.49, se puede ver la apariencia que tiene una fractura por fatiga sin marcas de playa intermedias, la de una fractura con una marca de playa intermedia y la de una fractura con varias marcas de playa intermedias, respectivamente.


Figura 3.51 Texturas en las zonas de propagación estable de grietas por fatiga

Nota. Tersa en fatiga transgranular de acero bonificado 8640 con 40 RC (superior izquierda); combinación de tersa y granular en fatiga cristalográfica de duraluminio 7075 T6 (superior derecha); granular en fatiga intergranular de acero 5160 bonificado a 50 RC (central izquierda); fibrosa en fatiga de bajo ciclaje por formación y coalescencia de microvacíos, en duraluminio 7075 T6 (central derecha); tersa con frotamiento por roce entre las caras de grieta, en acero inoxidable AISI 410 (inferior). Las flechas amarillas indican la dirección de crecimiento de las grietas.

Fuente: elaboración propia.

En el caso de una fractura por fatiga en la cual solo se encuentre la marca de playa, que separa las zonas de propagación estable y de fractura final (figura 3.49, superior derecha), se puede afirmar que las condiciones ambientales, de nivel de esfuerzos y de orientación de estos, no cambiaron durante todo el proceso de crecimiento en servicio de la grieta de fatiga, es decir, esta pieza probablemente no tuvo detenciones prolongadas durante su funcionamiento (operación continua a ciclos de carga constantes).

El eje de la figura 3.49 (central izquierda) corresponde a un eje perteneciente a una bomba de extracción de crudo en pozo, equipo que operó en varios pozos diferentes antes de la falla. Su superficie de propagación estable mostró claramente una marca de playa intermedia, con lo cual se pudo deducir que el eje nucleó e inició su agrietamiento en el penúltimo pozo en que operó, ya que dicha marca de playa probablemente se formó por acción corrosiva, mientras el eje estuvo almacenado antes de ingresar al último pozo.

El cigüeñal de la figura 3.49 (central derecha) trabajó en el motor de un helicóptero; en este caso se encontraron quince marcas de playa claramente definidas, lo que para el helicóptero implicó que desde al menos quince vuelos anteriores, el cigüeñal ya se encontrara agrietado. Además, las marcas de playa se formaron por la acción corrosiva del aceite lubricante del motor durante los largos periodos detención del helicóptero.

En las zonas de origen de los agrietamientos por fatiga, será común encontrar las marcas Ratchet, cada una de las cuales separa dos grietas de fatiga independientes. Es importante notar que los orígenes de los agrietamientos por fatiga no están en las marcas Ratchet, sino entre ellas (figura 3.49, inferior izquierda). Si no se encuentran marcas Ratchet en la zona de origen de agrietamiento, ello indica que se tuvo un solo origen de grieta de fatiga (figura 3.49, superior derecha y central izquierda).

Marcas radiales y de río también pueden estar presentes en las zonas de propagación estable de las grietas, y generalmente están asociadas a cambios en el estado de esfuerzos, que generan bifurcaciones y reorientaciones de las superficies de fatiga (figura 3.49, inferior derecha). Estas marcas tenderán a aparecer en piezas grandes, o de geometría compleja, o cerca de la transición entre las zonas de propagación estable y de fractura final, es decir, en la etapa III de propagación.

Como regla general, en las superficies de fractura por fatiga de alto ciclaje se encontrará que la rugosidad irá en continuo incremento, desde el origen hacia la zona de fractura final (figura 3.49, inferior derecha), lo cual ayuda a establecer las regiones de origen de los agrietamientos, si no se tienen marcas Ratchet, de río, radiales o de playa que lo permitan. De igual manera, las zonas de origen al ser más antiguas, es posible que presenten coloraciones oscuras producto de la corrosión u oxidación, mientras que las últimas zonas en formarse durante la propagación serán de un brillo metálico más acentuado (figura 3.56, central derecha).

Las superficies de fractura por fatiga de bajo ciclaje tienden a no mostrar un límite claro entre la zona de propagación estable de grieta en servicio y la zona de fractura final. Sus texturas tienden a ser fibrosas en el caso de materiales dúctiles (figura 3.50, superior derecha) y granulares para materiales frágiles. En las texturas fibrosas se podrán encontrar marcas de playa (figura 3.50, inferior), y en menor medida marcas radiales o de río. Debido a estas características, a veces es difícil distinguir entre una fractura súbita y una por fatiga de bajo ciclaje.


Figura 3.52 Tipos de fracturas finales en fatiga

Nota. Fractura súbita frágil con textura granular (superior izquierda); fractura súbita dúctil con textura fibrosa (superior derecha); fractura súbita dúctil formando labio de corte con textura fibrosa (inferior). Se pueden tener zonas de crecimiento estable en servicio, pequeñas o grandes respecto a la zona de fractura final. Las flechas amarillas indican la dirección del agrietamiento.

Fuente: elaboración propia.

El tamaño relativo entre la zona de propagación estable de grieta y la zona de fractura final puede dar indicios sobre el nivel del esfuerzo experimentado respecto a la resistencia de la pieza, si se tiene certeza de que durante la propagación de grieta el nivel de carga se mantuvo aproximadamente igual. Una zona de propagación estable pequeña (figura 3.52, superior izquierda) sugiere que la carga de fatiga era muy elevada respecto a la resistencia de la pieza, ya que con pocos ciclos se generó fractura final, mientras que una zona de propagación estable grande (figura 3.52, superior derecha), sugiere un nivel de carga de fatiga baja. En este último caso surge una pregunta obvia: ¿si la carga de fatiga era baja, por qué se fatigó la pieza? La respuesta no es sencilla, pero es común encontrar que en los casos en que se presenta esta situación, ello se debe a que en la zona de inicio del agrietamiento había algún concentrador de esfuerzo severo o un daño mecánico previo. Esto facilita la nucleación del agrietamiento, y el rango de esfuerzos aplicado, aunque es bajo, es de todas maneras suficiente para propagar las grietas. Además de lo anterior, se debe tener presente que el tamaño relativo entre las dos zonas, no solo depende de la solicitación, sino también de la tenacidad de fractura de la pieza.

En la figura 3.53 se resume, a manera de ejemplo, para ejes sometidos a flexión unidireccional, la influencia que el nivel de esfuerzo y su concentrador tienen en: (a) el tamaño relativo entre la zona de propagación estable y la zona de fractura final; (b) el número de orígenes del agrietamiento y, por lo tanto, de marcas Ratchet. En esta figura también se ilustra que cerca de cada origen de grieta, las marcas de playa tienden a ser elípticas o circulares, y el origen se encuentra hacia la zona cóncava de la marca. Una vez las grietas se unen para formar un solo frente de grieta, este puede generar marcas de playa ya no tan cóncavas, rectas o incluso convexas; cerca de la zona de fractura final, las marcas de playa generadas pueden ahora ser convexas respecto a los orígenes, o lo mismo cóncavas respecto a la fractura final.


Figura 3.53 Influencia del rango de esfuerzos aplicados y el nivel de concentración de esfuerzos presente en el tamaño de la zona de propagación de grietas en servicio y el número de orígenes de fatiga para un eje sometido a flexión unidireccional

Fuente: elaboración propia.

Además de la posibilidad de tener varios orígenes de grieta en una superficie de fatiga, también es probable que se tengan varias grietas paralelas de fatiga, es decir, un agrietamiento múltiple (figura 3.54). Esto se favorece cuando se tiene un rango de esfuerzos aplicados alto y una zona amplia de la pieza sometida a este, es decir, no hay una zona especialmente cargada, sino varias (ausencia de concentradores de esfuerzo o presencia de varios que generan el mismo nivel de concentración).

Cuando no exista certeza de que el valor de la carga de fatiga se mantuvo constante durante el proceso de agrietamiento, no es tan fácil sacar conclusiones sobre el nivel de carga que experimentó la pieza, a partir del tamaño relativo de las zonas de propagación estable y de fractura final, ya que en muchos diseños mecánicos (por ejemplo, en puentes metálicos), es común que al agrietarse por fatiga un elemento estructural, otro denominado redundante asuma la carga que el agrietado está dejando de soportar, es decir, el elemento producto de su agrietamiento pierde carga. En este caso tendremos una zona de propagación estable grande y de fractura final pequeña, pero no por esto debemos asumir que la carga de fatiga era nominalmente baja, ya que de entrada sabemos que durante el origen del agrietamiento la carga era probablemente alta.


Figura 3.54 Agrietamiento múltiple de eje en fatiga bajo torsión (las grietas están resaltadas con partículas magnéticas)

Nota. Obsérvese el patrón en forma de “X” que tienen las grietas cerca de su origen.

Fuente: elaboración propia.

Dependiendo del tipo de material (dúctil o frágil), del tamaño y la geometría de la pieza, y del tamaño relativo de la zona de fractura final, se podrá encontrar una fractura final súbita frágil (figura 3.52, superior izquierda) o súbita dúctil (tipo fibrosa o tipo labio de corte) (figura 3.52, superior derecha e inferior).

La trayectoria de las grietas de fatiga durante su propagación es similar a la de las fracturas súbitas frágiles, donde en general se sigue una trayectoria perpendicular al máximo esfuerzo de tracción local generado por los diferentes modos de carga; sin embargo, existen dos particularidades: (a) para el caso de tracción, en piezas delgadas, materiales tenaces y altas velocidades de propagación (etapa III), o en fatiga de bajo ciclaje, se podrá tener una trayectoria de propagación a 45o respecto al normal máximo, donde dicha propagación se dará bajo la acción combinada de un esfuerzo normal y el cortante máximo; (b) para el caso de torsión, es posible que las grietas durante su nucleación y las fases iniciales del crecimiento (etapa I) sean colineales con el cortante máximo, haciendo transición posteriormente a la perpendicular al esfuerzo de tracción (figuras 3.55 y 3.56, ver también la figura 3.24). El caso (b) descrito en este párrafo se ve favorecido si hay, por ejemplo, inclusiones no metálicas orientadas con el cortante máximo, o si además del torsor hay esfuerzos de contacto superficial por deslizamiento.


Figura 3.55 Orientación de las superficies de fractura por fatiga en función del tipo de carga aplicada

Nota. (a) Tracción, trayectoria perpendicular al esfuerzo normal máximo; (b) tracción, trayectoria a 45o bajo combinación de esfuerzo normal y cortante; (c) flexión, trayectoria perpendicular al esfuerzo normal máximo; (d) torsión, trayectoria perpendicular al esfuerzo normal máximo; (e) torsión con trayectoria inicial longitudinal; (f) torsión con trayectoria inicial circunferencial. En los últimos dos casos el agrietamiento inicial sigue al cortante máximo y cuando gira a 45o sigue la perpendicular al normal máximo.

Fuente: elaboración propia.

En las fracturas por fatiga a torsión en las zonas de origen, se podrá encontrar: (a) un patrón de agrietamiento completamente orientado a 45o respecto al esfuerzo normal (figura 3.56, central izquierda); (b) un patrón de grietas en forma de “X” (figuras 3.54 y 3.56, central derecha), o (c) un patrón escalonado (figura 3.56, inferior).


Figura 3.56 Ejemplos de orientación de las superficies de fractura por fatiga, en función del tipo de carga aplicada

Nota. Orientación transversal en fractura por fatiga de tornillo sometido a tracción (superior izquierda); orientación transversal en fractura por fatiga de eje sometido a flexión unidireccional (superior derecha); orientación a 45o en fractura por corrosión fatiga de eje sometido a torsión (central izquierda); múltiple agrietamiento a 45o en eje cigüeñal fatigado a torsión (central derecha); aspecto escalonado de superficie de fatiga a torsión de cigüeñal, donde el origen del agrietamiento fue paralelo al eje (inferior). Las flechas amarillas indican la dirección de crecimiento del agrietamiento.

Fuente: elaboración propia.

Al inspeccionar a altos aumentos las superficies de fractura por fatiga de alto ciclaje de metales, con el estereoscopio o el MEB, y complementar dicha inspección con observación de secciones metalográficas transversales a las superficies de fractura, se podrá observar que, en general, el mecanismo de fatiga transgranular deja una superficie menos rugosa que la generada por la fatiga cristalográfica, y esta a su vez menos que la que dejan la fatiga por clivaje o desprendimiento intergranular cíclico (figura 3.57). Las superficies con mayor rugosidad se obtendrán en la fatiga de bajo ciclaje, donde predomine el mecanismo de formación y coalescencia de microvacíos (figura 3.58). Las estriaciones de fatiga se presentan especialmente en metales de alta ductilidad y son observables con MEB (figura 3.47, superior y central izquierdas); sin embargo, en algunos materiales frágiles también podrán aparecer. En sección metalográfica no es posible detectar las estriaciones.


Figura 3.57 Imágenes de MEB y metalográficas de fatiga intergranular, cristalográfica y transgranular

Nota. Fatiga intergranular cíclica en acero 5160 bonificado con 50 RC: aspecto en MEB de los granos (superior izquierda); aspecto típico en sección metalográfica (superior derecha). Fatiga cristalográfica en duraluminio 2014 T6: aspecto bajo observación en estereoscopio (central izquierda); aspecto típico en sección metalográfica (central derecha); nótese que en cada grano las grietas de fatiga siguen una trayectoria diferente, lo que origina la textura mixta entre granular y tersa. Fatiga transgranular en acero 5160 bonificado con 40 RC: aspecto en MEB de la superficie de fractura (inferior izquierda); aspecto típico en sección metalográfica (inferior derecha); nótese que la trayectoria de grieta es bastante llana, ya que no se experimentan cambios importantes de dirección al pasar de un grano a otro. Nótese también el patrón radial que se forma en la superficie de fractura deformada, lo que permite conocer la dirección de crecimiento. Las flechas amarillas indican el sentido de propagación.

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.58 Fatiga de bajo ciclaje de un acero 8620 bonificado con 27 RC, mediante el mecanismo de formación y coalescencia de microvacíos intragranulares

Nota. Aspecto en MEB (izquierda); aspecto en sección metalográfica (derecha). Las flechas amarillas indican el sentido de propagación.

Fuente: elaboración propia.

Bajo inspección con MEB de superficies de fatiga que contengan estriaciones, será posible estimar un valor del número total de ciclos transcurridos en la propagación, a partir del conteo de las estriaciones en diferentes zonas de la superficie de fractura (cerca de los orígenes, en zonas intermedias y cerca de la zona de fractura final); sin embargo, el valor obtenido es solo una estimación, ya que el espaciamiento entre estriaciones no es constante en toda la superficie de fractura, y habrá zonas donde no se hallen estriaciones o estén borradas por el frotamiento, y hay que tener en cuenta que es posible que una sola estriación se forme en varios ciclos de carga, es decir, no necesariamente siempre se cumple que una estriación equivale a un ciclo (especialmente a bajos niveles del rango de esfuerzos aplicados). De todas maneras, este conteo le servirá al analista para estimar al menos el orden de magnitud de los ciclos transcurridos en la etapa de propagación de las grietas.

En la fatiga de alto ciclaje durante la etapa II de propagación, en muchos de los metales predomina el mecanismo de fatiga transgranular, con lo cual en sección metalográfica las grietas tenderán a ser bastante rectas, es decir, poco afectadas por la microestructura (figura 3.59, izquierda); no obstante lo anterior, es posible que en la etapa I o en la etapa III de propagación se presenten otros mecanismos; en estas zonas se presentan trayectorias más quebradas, como el ejemplo mostrado en la figura 3.59 (derecha).

En la referencia [13] el lector encontrará una ampliación sobre los mecanismos y fractografía de las fracturas por fatiga.


Figura 3.59 Secciones metalográficas

Nota. Trayectoria de grieta aproximadamente recta por fatiga transgranular (en etapas I y II), en duraluminio 7075 T6 (izquierda); trayectoria zigzagueante por fatiga cristalográfica en etapa I de propagación y posterior trayectoria recta por fatiga transgranular en la etapa II, en un acero 5120 recocido.

Fuente: elaboración propia.

3.7 FRACTURAS PROGRESIVAS POR FATIGA TÉRMICA

Estas son fracturas que para formarse requieren varios ciclos de carga (figura 3.41), donde ninguno de los picos de dichos ciclos sobrepasa en valor a la resistencia última de la pieza. Las solicitaciones en este caso son derivadas de ciclos térmicos, es decir, por la acción de esfuerzos generados en dilataciones y contracciones térmicas restringidas (agrietamiento asistido por cambios de temperatura), lo cual las diferencia de las fracturas por fatiga mecánica, descritas en el numeral 3.6. Aunque el origen de los esfuerzos es distinto, el tratamiento de la resistencia al agrietamiento, los mecanismos de agrietamiento y las características fractográficas son las mismas entre la fatiga térmica y la fatiga mecánica, a condición de que la acción corrosiva asociada con la temperatura no sea muy severa y que no se tenga cooperación de la fluencia lenta o termofluencia en el mecanismo de agrietamiento. Los ciclos de fatiga térmica generalmente están asociados a los transientes generados durante los encendidos y apagados de los equipos, por lo que durante su vida total, en general, se aplica un número pequeño de cargas. Lo anterior lleva a que muchos de los casos de agrietamiento que se desarrollen durante la vida de servicio, se traten de fatiga de bajo ciclaje.

Si la fatiga térmica se da a un régimen de temperatura muy alto, donde empiece a presentarse el comportamiento viscoso del material, el agrietamiento por fluencia lenta cooperará, a lo cual se le denomina fatiga termomecánica, y se describe en el numeral 3.16. Si con la fatiga térmica no cooperan efectos viscosos, pero el agrietamiento es influenciado por la acción de un medio corrosivo u oxidante, se hablará de corrosión fatiga térmica; de ello se trata en el numeral 3.11.

Entre más altos sean el rango de esfuerzos y la razón de carga aplicados, menor será el número máximo de ciclos que puede soportar el material antes de la fractura por fatiga térmica. En ensayos de algunos materiales se encuentra que si el pico del esfuerzo en cada ciclo es lo suficientemente bajo, se puede tener una vida a fatiga térmica infinita; el pico de esfuerzo por debajo del cual no se presenta fractura por fatiga, se llama esfuerzo límite de fatiga, y está asociado a una vida entre 106 y 108 ciclos. Esta resistencia corresponde al esfuerzo límite de fatiga térmica, para la temperatura máxima de trabajo. Al igual que en el caso de la fatiga mecánica, existirá una resistencia al agrietamiento de la pieza, la cual depende del tamaño, la condición superficial, el tipo de carga y la geometría de la pieza, la cual se denomina resistencia límite de fatiga corregida (σF AT C), para la temperatura de trabajo máxima de la pieza.

3.8 GENERALIDADES SOBRE LAS FRACTURAS ASISTIDAS POR EL AMBIENTE

En este grupo de fracturas progresivas se aglutinan mecanismos de agrietamiento que se activan por la acción combinada de cargas mecánicas (esfuerzos) y la acción del medio ambiente que rodea la pieza (sinergias corrosión fractura). El medio ambiente puede facilitar el agrietamiento, básicamente mediante tres acciones: (1) corrosión, (2) difusión de elementos químicos hacia la pieza y (3) radiación.

En estos agrietamientos las velocidades de crecimiento de grietas son muy amplias, desde 10–1 a 10–12 m/s [14]. Dentro de esta familia de agrietamientos se encuentran, entre otros, los que responden a: corrosión esfuerzo, corrosión fatiga, corrosión fatiga térmica, fragilización por hidrógeno, fragilización por contacto con metal líquido, fragilización por contacto con metal sólido, fragilización por radiación, fragilización dinámica (las formas que están influenciadas por el ambiente). Estos tipos de agrietamientos tienden a aparecer solapados entre sí, o combinados con efectos debido a la temperatura, por lo que muchas veces en los análisis de falla es difícil clasificar un agrietamiento determinado en un tipo u otro.

3.9 FRACTURAS PROGRESIVAS POR CORROSIÓN ESFUERZO

Estas son fracturas que se forman en materiales metálicos bajo carga constante, por nucleación y crecimiento estable de grietas durante un determinado periodo de tiempo (agrietamiento retardado en el tiempo) (figura 3.60), donde cooperan de manera sinérgica en el agrietamiento, la presencia del esfuerzo y de reacciones de corrosión anódicas o catódicas, desde un medio ambiente específico (sinergia corrosión fractura o más específicamente, sinergia corrosión esfuerzo). En general, se encuentra que las aleaciones metálicas son más susceptibles a agrietarse que los metales puros. Un material dado experimenta este tipo de agrietamiento si es sometido a un determinado nivel de carga y en un ambiente químico específico. Si la carga disminuye o el medio ambiente cambia, el agrietamiento puede que no se presente o que se dé a una menor velocidad. El medio ambiente presente es el que permite que un esfuerzo constante, inferior al esfuerzo de fluencia, logre fracturar la pieza, facilitando la nucleación de las grietas y permitiendo que estas puedan avanzar a esfuerzo constante, vía interacciones del medio con el material presente en la cabeza de las grietas. Cada pareja material-ambiente bajo carga constante, nuclea y propaga grietas de manera diferente, y a esto se le denomina el mecanismo del agrietamiento por corrosión esfuerzo.


Figura 3.60 Comportamiento del esfuerzo versus el tiempo en las fracturas por corrosión esfuerzo

Fuente: elaboración propia.

Algunas aleaciones en determinados ambientes pueden exhibir un esfuerzo por debajo del cual no se presenta el agrietamiento, el cual se conoce como esfuerzo umbral de agrietamiento (σumbral), cuyo valor depende del ambiente químico que se tenga, del acabado superficial y de la microestructura; este valor oscila en la mayoría de las aleaciones entre el 10 y el 70 % del esfuerzo de fluencia. En la figura 3.61 se ilustra la forma de un diagrama típico de resistencia al agrietamiento por corrosión esfuerzo de una aleación. Asociado con el esfuerzo umbral de agrietamiento, se encuentra el factor de intensidad de esfuerzos umbral para el crecimiento de grietas por corrosión esfuerzo (KIACE), por debajo del cual no se propagan las grietas. El valor tanto del σumbral como del KIACE, no es tanto una propiedad del material, sino más bien una propiedad de la dupla material-medio ambiente estudiada. En la figura 3.62 se muestra el comportamiento general de la velocidad de crecimiento estable de las grietas (da/dt), contra el factor de intensidad de esfuerzos aplicados (Kaplicado), donde se puede notar que hay tres etapas de propagación (bajo carga constante, que es lo que comúnmente se presenta en servicio): etapa I, donde se presenta un comportamiento lineal logarítmico, con un rápido aumento de la velocidad de crecimiento de las grietas para cambios pequeños del factor de intensidad de esfuerzos aplicados; etapa II, donde se tiene una velocidad de crecimiento constante para un rango amplio del factor de intensidad de esfuerzos aplicados; etapa III, donde de nuevo aumentan las velocidades de propagación, con el factor de intensidad de esfuerzos aplicados, hasta que se alcance la tenacidad de fractura. En las etapas I y II de propagación se presentan velocidades que están en los órdenes de 10–9 a 10–6 m/s [15].


Figura 3.61 Curva típica de resistencia al agrietamiento por corrosión esfuerzo de una aleación metálica que exhibe un esfuerzo umbral

Fuente: elaboración propia.


Figura 3.62 Comportamiento de la velocidad de crecimiento estable de grietas por corrosión esfuerzo, en función del factor de intensidad de esfuerzos aplicado

Nota. Hay tres etapas de propagación diferenciadas.

Fuente: elaboración propia.

El esfuerzo que genera el agrietamiento, generalmente corresponde al modo I de carga y puede ser aplicado desde el exterior de la pieza y/o producto de esfuerzos residuales de fabricación. Si los esfuerzos residuales presentes en la pieza son de compresión, ello puede aminorar el agrietamiento. El fenómeno de agrietamiento se da generalmente con soluciones líquidas, producto de condensación sobre las superficies de las piezas o por inmersión en estas. Medios gaseosos también pueden provocar el agrietamiento.

Así, en resumen, para que ocurra una fractura por agrietamiento mediante corrosión esfuerzo, deberán darse dos situaciones: (a) que el esfuerzo aplicado (σaplicado) sea igual o mayor al esfuerzo umbral de agrietamiento (σumbral), para aquellos materiales que lo presentan, o en términos del factor de intensidad de esfuerzos, que el factor de intensidad de esfuerzos aplicados (Kaplicado) sea igual o mayor al factor de intensidad de esfuerzos umbral (KIACE); y (b) que se dé el tiempo suficiente.

En las fracturas por cooperación corrosión esfuerzo se presentan tres fases: (a) nucleación de grietas, (b) propagación estable de las grietas (que se da en las etapas I, II y III) y (c) fractura final por sobrecarga, una vez el tamaño de las grietas ha generado un factor de intensidad de esfuerzos igual a la tenacidad de fractura del material.

3.9.1 Mecanismos del agrietamiento por corrosión esfuerzo en metales

Como mecanismos de nucleación y crecimiento de grietas se han propuesto, entre otros, los siguientes (figura 3.63): (a) modelo de ruptura por deslizamiento de capas pasivantes: donde la nucleación de las grietas y su propagación se atribuyen a que la capa pasivante es repetidamente fracturada por el escalonamiento generado en el deslizamiento que se da en el frente de grieta. Lo anterior expone metal nuevo al medio, permitiendo su disolución por corrosión, posterior repasivación y de nuevo fractura de la capa por el deslizamiento, repitiéndose este proceso durante el agrietamiento. Este mecanismo es común en metales de baja energía de apilamiento; (b) modelo de zona activa en límite de grano: acá se presenta agrietamiento preferentemente intergranular, debido a que en los límites de grano del material o en sus zonas adyacentes hay precipitados y/o segregados que hacen que estas regiones sean más anódicas que el centro de los granos, facilitando la disolución del metal por corrosión bajo la acción del esfuerzo; (c) modelo de corrosión en túneles: donde se presenta disolución del metal por corrosión, en forma de pequeñas picaduras o túneles paralelos, que al ir creciendo dejan delgadas líneas de metal soportando el esfuerzo entre ellas, las cuales finalmente fracturan de manera dúctil.


Figura 3.63 Mecanismos de nucleación y crecimiento de grietas por corrosión esfuerzo y corrosión fatiga

Nota. (a) Modelo de ruptura por deslizamiento de capas pasivantes: de izquierda a derecha se ve cómo el deslizamiento rompe la capa pasivante en frente de grieta, permitiendo la disolución del metal por corrosión y la posterior repasivación, repitiéndose el ciclo; (b) modelo de zona anódica en límite de grano, donde es esta región la preferente del metal para disolverse por corrosión; (c) modelo de corrosión en túneles, el cual inicia con picaduras profundas de corrosión cercanas, las cuales al crecer promueven fractura del metal remanente entre ellas, repitiéndose este proceso cíclicamente durante el crecimiento de grieta; (d) modelo de plasticidad acrecentada por absorción de elementos químicos en cabeza de grieta (especialmente del hidrógeno en zonas catódicas), que favorecen el deslizamiento y el posterior crecimiento por clivaje de la grieta; (e) modelo de fractura de capa pasivante frágil, donde el esfuerzo fractura la capa exponiendo metal nuevo, el cual se disuelve y repasiva, repitiéndose continuamente la fractura de la capa y reexposición del metal.

Fuente: elaboración propia.

La corrosión en túneles avanza intermitentemente, repitiéndose cíclicamente el proceso de formación de los túneles y la fractura dúctil, durante todo el fenómeno del agrietamiento; (d) modelo de plasticidad acrecentada por absorción de elementos químicos en cabeza de grieta: donde desde el medio ambiente se difunden elementos químicos en la cabeza de grieta (especialmente el hidrógeno en zonas catódicas y en aleaciones de níquel), que aumentan el nivel de dislocaciones en planos de deslizamiento, facilitando deslizamientos que permiten el crecimiento de las grietas; (e) modelo de fractura de capa pasivante frágil: en este caso la acción del esfuerzo fractura la capa pasivante frágil, exponiendo metal nuevo a la disolución por corrosión, con lo cual se forma una nueva capa que al ir creciendo de nuevo fractura, y el ciclo se repite de esta manera, profundizando la grieta; (f) modelo de inducción de clivaje por fractura de la capa pasivante: este caso es similar al anterior, la diferencia radica en que el agrietamiento de la capa puede penetrar en el metal, lo que genera clivaje dentro de los granos. El clivaje crece hasta que la grieta se detiene por el abombamiento, lo que permite de nuevo la pasivación y posterior ruptura, repitiéndose el proceso. Este mecanismo también se propone para zonas dealeadas de un metal, donde es la fractura de la capa dealeada la que induce el clivaje de los granos de la aleación; (g) modelo de absorción de elementos químicos que inducen fragilidad: producto del proceso de corrosión, se difunden elementos químicos en la cabeza de grieta que bajan la resistencia de los enlaces en los planos de clivaje, lo cual permite el crecimiento de la grieta; (h) modelo de la descohesión inducida por el hidrógeno: producto de la acción corrosiva, en las zonas catódicas se puede producir hidrógeno, el cual se difunde preferentemente en los límites de grano del metal, bajando la resistencia local y permitiendo la ruptura de enlaces, con lo cual las grietas crecen.

De los mecanismos de nucleación y propagación descritos se puede resumir lo siguiente: se aplican a aleaciones que se pasivan (mecanismos a, c, e y f); permiten explicar la presencia de estriaciones en la superficie de fractura (mecanismos a, c, d, e, f y g); generan agrietamiento intergranular (mecanismos b y h); generan agrietamiento transgranular (mecanismos a, c, d, e, f y g), dentro de los cuales algunos generan cuasiclivaje (mecanismos c, f y g); contemplan disolución anódica del metal en frente de grieta (mecanismos a, b, c, d, e, f y g); contemplan reacciones catódicas en frente de grieta como la evolución de hidrógeno, oxígeno o nitrógeno (mecanismos d, g y h); involucran dentro del proceso deslizamiento en frente de grieta y/o fractura de metal y/o fractura de la capa pasivante (mecanismos a, c, d, e, f, g y h).


Figura 3.63 Mecanismos de nucleación y crecimiento de grietas por corrosión esfuerzo y corrosión fatiga (continuación)

Nota: (f) Modelo de inducción de clivaje por fractura de la capa pasivante, donde por el esfuerzo la capa fractura penetrando la grieta en el metal, lo cual favorece el clivaje parcial del grano y la posterior repasivación del frente de grieta, reiniciándose el proceso posteriormente; (g) modelo de absorción de elementos químicos que inducen fragilidad, donde dichos elementos bajan la resistencia de los enlaces, favoreciendo la progresión de las grietas por clivaje; (h) modelo de la descohesión inducida por el hidrógeno, el cual se da en las zonas catódicas del proceso de corrosión, donde la evolución del hidrógeno facilita su difusión en límites de grano del metal y la posterior merma de la resistencia local.

Fuente: elaboración propia.

Los mecanismos d y h son dos formas reportadas en que el hidrógeno puede provocar el agrietamiento bajo carga constante; sin embargo, el daño por hidrógeno también se puede manifestar a través de otros mecanismos como los descritos en el numeral 3.12.1, entre los que además se cuentan: (1) teoría de la presión de hidrógeno, (2) teoría de la reacción gaseosa y (3) teoría de la formación de hidruros.

Los sitios preferentes en los cuales inicia el agrietamiento, son zonas de alta solicitación por concentración de esfuerzo en la pieza (concentradores geométricos, de manufactura y generados en servicio), zonas con diferencias locales de composición química (pares galvánicos dentro del material), zonas con bajo espesor local de la capa pasivante, o zonas con capas endurecidas por golpes o mecanizado; sin embargo, también es posible que se presente agrietamiento en superficies planas libres de concentradores, pares galvánicos o daños superficiales, con tal que el esfuerzo sea el suficiente para el ambiente presente.

Dentro de los concentradores de esfuerzo generados en servicio, los producidos por la acción corrosiva del medio son muy importantes, como picaduras de corrosión y la corrosión intergranular; sin embargo, no necesariamente se presenta corrosión previa al agrietamiento, ni siempre que se tenga corrosión intergranular o picaduras se va a producir agrietamiento. Para que a partir de picaduras de corrosión se genere agrietamiento, se requieren grandes relaciones de aspecto de estas (profundidad/diámetro), mayores a 10 [16]. También son importantes como zonas de inicio, aquellas donde se presenten efectos de rendija (gradientes de concentración de especies respecto al fluido libre), como pueden ser zonas de traslape entre piezas o zonas de estanque de fluido en defectos superficiales. En cuanto a zonas que presentan dealeación en una superficie, se ha detectado igualmente que pueden actuar como orígenes del agrietamiento (figura 3.64).

Por razones obvias, no hay origen subsuperficial de agrietamientos por corrosión esfuerzo, sin embargo, una vez las grietas lleguen a la superficie por otro mecanismo progresivo, al entrar el medio en ellas se puede seguir la propagación por corrosión esfuerzo en el interior de la pieza.

Algunas de las explicaciones que se han dado a la presencia del esfuerzo umbral de agrietamiento son como sigue: (a) la existencia de un esfuerzo mínimo para romper la capa pasivante; (b) la existencia de un esfuerzo mínimo para activar el deslizamiento en frente de grieta; (c) la existencia de un esfuerzo mínimo para romper una capa dealeada; (d) la existencia de una abertura de grieta mínima que permita el transporte de iones. La existencia de la etapa II de propagación de las grietas, donde se alcanza una velocidad de crecimiento constante para varios valores de intensidad de esfuerzos aplicados, se atribuye, entre otros factores, a que: (1) se ha alcanzado la máxima velocidad de transporte de iones dentro de la grieta; (2) se ha alcanzado un equilibrio entre las velocidades de ruptura y regeneración de la capa pasivante en cabeza de grieta; (3) se ha alcanzado la máxima rata de corrosión posible para la solución en frente de grieta y el potencial presente. Nótese que la velocidad de crecimiento de grieta en la etapa II no depende de factores mecánicos.


Figura 3.64 Sitios de agrietamiento por corrosión esfuerzo

Nota. Eje de aleación Inconel 625, que presentó agrietamiento en la base de las nervaduras, transmitiendo torque en contacto con solución acuosa de Cl– + H2S + CO2 a altas temperaturas (superior izquierda); alambre de anclaje en suelo hecho de acero AISI 1070, que fracturó en zona de rendija, por daño en el encauchetado que aislaba el cable de la humedad y las sales del terreno (superior derecha); acero no aleado de bajo carbono agrietado en base de picaduras, el cual operó en medio acuoso aireado a 300 oC (central izquierda); duraluminio 7075 T6 con corrosión intergranular y posterior agrietamiento, en ambiente acuoso rico en cloruros (central derecha); latón con 35 % de Zn agrietado desde zonas dealeadas, en ambiente con aguas duras (inferior).

Fuente: elaboración propia.

Entre otras, las variables que influyen en si se producirá o no el agrietamiento y la cinética a la cual se dará, se encuentran: la temperatura, la presión, el grado de aireación de la solución, especies químicas presentes, concentración y actividad de los iones, pH de la solución, potencial electroquímico, viscosidad, nivel de agitación, nivel del esfuerzo, rata de deformación, estado de esfuerzos (plano o triaxial), tipo de carga (tensión, flexión, etcétera), composición química del metal, su microestructura (fases, tamaño de grano, inclusiones), su tendencia pasivante y su dureza.

Durante el diseño de un componente mecánico que operará en un ambiente que puede producirle agrietamiento, el diseñador deberá escoger la composición química y el nivel de dureza adecuado del material. Para escoger la aleación que se utilizará, se deberá evitar en lo posible usar aquellas que se sabe son susceptibles de agrietarse en el medio en que se operará (tabla 3.1), y si ello no es posible, documentarse bien sobre la mejor combinación de microestructura, composición específica de aleación y medio, temperatura y demás variables mencionadas, que minimizarán la ocurrencia del agrietamiento. Para que se produzca el agrietamiento bajo las soluciones mencionadas en la tabla 3.1, generalmente no se requieren grandes concentraciones de las especies químicas responsables; pueden incluso ser tan bajas como 10 ppm. En varios casos al incrementarse la concentración, aumenta la velocidad de nucleación y crecimiento de las grietas. En general, se escogen tratamientos térmicos y microestructuras que den durezas bajas, ya que ello asegura un bajo nivel de esfuerzos residuales y un material que, por tener microestructuras de baja energía, es menos susceptible a la corrosión y al agrietamiento por corrosión esfuerzo.

Tabla 3.1 Combinaciones aleación-medio ambiente reportadas que producen agrietamiento por corrosión esfuerzo**** [1719]


Familia de aleación Ambiente
Aceros de baja resistencia (durezas inferiores a 40 RC) Halogenuros* en solución acuosa a Tamb, gas hidrógeno a temperaturas mayores de 200 oC (poco frecuente por las bajas durezas), soluciones cáusticas** a más de 100 oC, sulfuros en solución acuosa*** a Tamb (poco frecuente por las bajas durezas), nitrates (ion NO3–) en solución acuosa a más de 100 oC (poco frecuente por las bajas durezas), iones carbonato (CO3 =) o bicarbonate (HCO3–) en solución acuosa a 100 oC, mezclas gaseosas de CO, CO2 y H2O, soluciones acuosas con ácido sulfúrico a Tamb y mayors (poco frecuente por las bajas durezas), agua de mar a Tamb, agua aireada a alta temperatura en ambientes de calderas, amoniaco con trazas de oxígeno y CO2 a Tamb (poco frecuente por las bajas durezas)
Aceros de alta resistencia y baja aleación, aceros aleados de alta resistencia (durezas superiores a 40 RC) Gas cloro a Tamb, HCl y HBr gaseosos a Tamb, halogenuros* en solución acuosa a Tamb, gas hidrógeno a Tamb, soluciones causticas** a más de 100 oC, H2S gaseoso a Tamb, sulfuros en solución acuosa*** a Tamb, nitratos (ion NO3–) en solución acuosa a más de 100 oC, soluciones acuosas con iones arsénico, antimonio y bismuto a Tamb, iones carbonato (CO3 =) o bicarbonate (HCO3–) en solución acuosa a 100 oC, mezclas gaseosas de CO, CO2 y H2O, soluciones acuosas con ácido sulfúrico a Tamb y mayores, agua de mar a Tamb, amoniaco con trazas de oxígeno y CO2 a Tamb
Aceros inoxidables austeníticos Halogenuros* en solución acuosa en caliente, vapor de agua con cloruros, agua de mar, soluciones cáusticas (NaOH) a alta temperatura, agua aireada a alta temperatura en ambientes de calderas
Aceros inoxidables austeníticos sensibilizados Halogenuros* en solución acuosa en caliente, iones fluoruro a Tamb, O2 disuelto en agua líquida a 300 oC, ácido politiónico (H2SnO6) a Tamb, agua de mar
Aceros inoxidables ferríticos y duplex (ferrita y austenita) Halogenuros* en solución acuosa en caliente, vapor de agua con cloruros, agua de mar, soluciones cáusticas (NaOH) a alta temperatura. Estos aceros, en general, son más resistentes al agrietamiento que los austeníticos
Aceros inoxidables martensíticos y endurecibles por precipitación Cloruros en solución acuosa y otros medios corrosivos, donde predomina el mecanismo del agrietamiento por hidrógeno, especialmente a altas durezas
Aleaciones de titanio Sales de cloruros fundidas (260 a 480 oC), ácido nítrico a más de 100 oC y sus vapores, halogenuros* en solución acuosa a Tamb, N2O4 líquido a 50 oC, alcoholes metil o etil con o sin halogenuros* a Tamb, agua de mar
Aleaciones de aluminio Halogenuros* en solución acuosa a Tamb, vapor de agua a Tamb, ácido nítrico a más de 100 oC, agua de mar a Tamb
Aleaciones de magnesio Halogenuros* en solución acuosa a Tamb, ambiente atmosférico marino, agua aireada a Tamb, agua destilada a Tamb
Aleaciones de cobre Mezclas gaseosas con SO2 a Tamb, mezclas gaseosas con óxidos de nitrógeno a Tamb, mezclas gaseosas y soluciones acuosas con amoniaco a Tamb, agua pura en algunos casos
Aleaciones de níquel ácido politiónico (H2SnO6) a Tamb, soluciones acuosas con ions fluor a Tamb, vapor de agua, soluciones acuosas con iones plomo, soluciones acuosas con Cl– + H2S + CO2 a altas temperaturas, soluciones de NaOH a altas temperaturas

Desde el diseño se deberá propender por mantener los esfuerzos aplicados y residuales bajos. Los esfuerzos residuales pueden provenir de fabricación, por tratamiento térmico, soldadura, trabajo en frío, etcétera, o generarse en servicio; por ejemplo, cuando la acumulación de productos de la corrosión genera cuñas que esfuerzan piezas bajo unión. Los ajustes prietos entre piezas pueden promover el agrietamiento, por lo que se debe ser cuidadoso en la selección de este tipo de uniones en ambientes corrosivos. Dilataciones o contracciones térmicas también pueden generar esfuerzos que degeneren en agrietamiento. La protección catódica y la presencia de algunos aniones no fragilizantes pueden, en algunos casos, evitar o aminorar la velocidad del agrietamiento. Sin embargo, en la protección catódica se debe ser cuidadoso de no promover una excesiva evolución de hidrógeno, lo cual también puede promover el agrietamiento.

La velocidad del crecimiento de grietas mediante los mecanismos anódicos, que no incluyen deslizamiento en frente de grieta y/o fractura de metal y/o fractura de la capa pasivante, estará condicionada por la densidad de corriente de corrosión; si además están incluidos estos efectos mecánicos, la velocidad del agrietamiento será mayor. No necesariamente un medio que favorezca la nucleación de las grietas favorecerá su crecimiento, o viceversa, lo que se debe, entre otros factores, a que las condiciones del medio que hay en el frente de grieta, generalmente difieren de las del fluido libre fuera de la grieta, como consecuencia de la disolución del metal y fenómenos de transporte de masa a través de la grieta (efectos de rendija).

Una grieta avanza por reacciones anódicas, si termodinámicamente es factible que haya disolución de iones metálicos en el frente de grieta y que la velocidad de entrega de los iones sea mucho menor en las paredes de la grieta que en la cabeza. Bajo reacción catódica la grieta avanza si hay condiciones termodinámicas que favorezcan la reducción de hidrógeno en la cabeza de grieta.

El agrietamiento por corrosión esfuerzo del tipo intergranular se favorece cuando hay ciertos gradientes de composición química entre el centro de los granos y sus límites (segregaciones) o cuando se tienen precipitados en dichas zonas (partículas de segunda fase). Ejemplos de esta situación se encuentran en: aceros inoxidables sensibilizados (carburos de cromo precipitados en límites de grano); aceros con segregación de S, P o Sn a los límites de grano; aleaciones de níquel de la serie 600 que precipitan carburos de cromo en límite de grano; aleaciones de aluminio con precipitados intermetálicos anódicos o catódicos en límites de grano. En el caso de las segregaciones, el espesor de las zonas enriquecidas de elementos químicos que favorecen el agrietamiento alrededor de los granos puede ser del orden de 1 a 2 nm [20]. En aceros ferríticos el agrietamiento por corrosión esfuerzo anódico es común en ambientes acuosos por encima de los 100 oC, mientras que el agrietamiento catódico por evolución de hidrógeno (agrietamiento por hidrógeno) tiende a presentarse a temperaturas menores de 100 oC y con pH bajos.

Entre los medios que pueden cooperar con el esfuerzo para producir el agrietamiento, se encuentran, entre muchos otros: (1) los de composición controlada, donde se puede ejercer control sobre las concentraciones, como es el caso de los fluidos de trabajo, proceso o intercambio de energía (agua, vapor, sodio líquido, productos químicos, petroquímicos, sustancias alimenticias, etcétera), o el de los fluidos usados durante los procesos de fabricación (lubricantes de maquinado, sustancias protectoras durante transporte, sustancias de limpieza ácidas o alcalinas, residuos de fluidos usados durante depósitos electrolíticos, líquidos penetrantes usados en búsqueda de discontinuidades, etcétera); (2) los de composición no controlada, en donde no se puede controlar las concentraciones, o a lo sumo se agregan inhibidores de la corrosión, lo cual se encuentra, por ejemplo, en la atmósfera y sus condensados, en los fluidos extraídos de pozos petroleros o aguas de yacimiento, etcétera; (3) los producidos por lixiviación, donde un fluido puede atravesar un sólido poroso y arrastrar algunos de sus componentes, como es el caso de sustancias corrosivas liberadas por el concreto, aislamientos térmicos, polímeros, el suelo u otros, cuando el agua los infiltra (estas sustancias pueden ser ricas en cloruros o iones azufre).

Tanto en fenómenos de corrosión como en la cooperación de esta con el agrietamiento, se debe poner especial atención en los ciclos de mojado y secado sobre las superficies metálicas, ya que aun cuando el líquido no tenga una composición agresiva, el hecho de evaporarse cíclicamente deja sobre la superficie metálica parte de los iones nocivos que poco a poco se irán concentrando. En el caso del ambiente atmosférico, estos ciclos provienen de las oscilaciones en presión y temperatura entre el día y la noche, o se pueden deber a subidas y bajadas del nivel de un líquido dentro de un tanque, etcétera.

Ambientes típicos con cloruros se encuentran en la atmósfera marina y en el contacto directo con el agua de mar, por lo que la maquinaria de transporte (vehículos, aeronaves y embarcaciones) es susceptible de presentar agrietamientos en los aceros de alta resistencia, los inoxidables y en las aleaciones de aluminio.

Los fluidos temporales pueden ser tan dañinos o más que aquellos a los que comúnmente está expuesto el material, es el caso del agua usada en pruebas hidrostáticas de tuberías y recipientes a presión (donde es común que no se ejerza mucho control sobre su composición), o el ambiente rico en cloruros que rodea a las piezas durante su transporte marítimo, o los fundentes de soldadura empleados durante el ensamble de la estructura, o los lavados ácidos y/o alcalinos periódicos, o los periodos de encendido y apagado de los equipos de proceso, donde se presentan gradientes de composición en los fluidos de trabajo (por ejemplo, por ingreso de aire en el interior de una caldera durante paradas), etcétera.

Aleaciones que comúnmente agrietan de manera intergranular son las aleaciones de aluminio y los aceros de alta resistencia. Aceros de media y baja resistencia, aleaciones base níquel y latones pueden agrietarse inter o transgranularmente, dependiendo del medio y la microestructura del material. Los latones bifásicos pueden presentar agrietamiento en agua pura. Las aleaciones de magnesio y los aceros inoxidables austeníticos generalmente agrietan de manera transgranular; sin embargo, si estos últimos están sensibilizados puede ser intergranular. Los aceros inoxidables ferríticos o dúplex tienden a ser más resistentes al agrietamiento en medios con cloruros que los austeníticos. En general, se nota que aleaciones de dos elementos químicos mayoritarios son más susceptibles a agrietarse que aleaciones con poco nivel de aleantes y, a su vez, estas son más susceptibles que los metales puros. Las aleaciones de grano fino presentan una mayor vida al agrietamiento que las de grano grueso, especialmente cuando los mecanismos de crecimiento dependan del movimiento de las dislocaciones, la formación del clivaje o el agrietamiento intergranular.

Las aleaciones de aluminio generalmente se usan en condición de máxima resistencia, lo que implica tener granos de solución sólida con precipitados intermetálicos (normalmente tratamiento T6), los cuales al precipitarse en límites de grano generan pares galvánicos con el interior de estos, lo cual facilita la corrosión intergranular y también el agrietamiento por corrosión esfuerzo intergranular. Para bajar la susceptibilidad al agrietamiento, se recurre a tratamientos de envejecimiento que no arrojan la máxima dureza, pero son más benignos, como el T7 o el T8.

En aceros de baja resistencia mecánica, el agrietamiento cáustico se da normalmente a temperaturas mayores a 100 oC, en contenidos de soda del orden del 15 % o más y es de tipo intergranular. En estos materiales en agua aireada a temperaturas del orden de 200 o 250 oC, también se experimenta agrietamiento intergranular por la presencia del oxígeno disuelto (situación que se puede presentar en aguas de calderas). En ambos casos, es conveniente mantener el nivel de esfuerzos residuales bajo, para minimizar el agrietamiento.

En aceros de media y alta resistencia se puede dar agrietamiento intergranular, en soluciones con nitratos a más de 100 oC (NH4NO3, Ca(NO3)2, LiNO3, KNO3, NaNO3), donde a mayor concentración disminuye el esfuerzo umbral. En este caso tratamientos de alivio de tensiones también bajan la susceptibilidad del material por agrietarse.

El amoniaco con trazas de oxígeno y CO2 (no el amoniaco puro) puede promover el agrietamiento inter o transgranular de los aceros, siendo mayor la tendencia con el aumento de la dureza. Adiciones de agua al amoniaco pueden eliminar el agrietamiento y, así mismo, tratamientos de alivio de tensiones bajan la susceptibilidad a este.

Soluciones acuosas alcalinas que contengan carbonato o bicarbonato de sodio (NaHCO3 y Na2CO3), a temperaturas mayores a 100 oC promueven el agrietamiento intergranular de los aceros, lo cual se ha encontrado en conducciones de gas natural (condensados). En aceros ferríticos, el agrietamiento por hidrógeno es intergranular, y se da en zonas catódicas de las reacciones de corrosión con agua pura, con condensados de vapor de agua, con condensados atmosféricos, con soluciones ácidas, o con soluciones de sulfuros y arseniuros. El agrietamiento por hidrógeno asociado a procesos corrosivos también se presenta comúnmente en aleaciones base níquel, titanio y aluminio, siendo de tipo intergranular.

Los aceros inoxidables austeníticos son especialmente sensibles a las soluciones acuosas con cloruros y en caliente, generando agrietamiento transgranular, el cual pasa a ser intergranular si el acero está sensibilizado. Soluciones acuosas con soda cáustica en el orden del 50 %, y a temperaturas de 150 a 205 oC, promueven el agrietamiento intergranular de estos materiales. Se presenta también agrietamiento intergranular en aceros sensibilizados, en contacto con ácido politiónico, el cual se puede formar fácilmente por reacción del aire húmedo con la película pasivante del acero. Los aceros inoxidables ferríticos y dúplex también se agrietan en soluciones acuosas con cloruros o soda cáustica, pero muestran mayor resistencia que los aceros austeníticos, siendo los dúplex los de mejor desempeño.

Los aceros inoxidables martensíticos y los endurecibles por precipitación son sensibles a soluciones con cloruros y, en general, a otras soluciones que produzcan corrosión sobre el material, donde el mecanismo de agrietamiento está asociado a la fragilización por hidrógeno en las zonas catódicas (evolución de hidrógeno), lo cual se acentúa especialmente a altas durezas.

Las aleaciones de cobre se pueden agrietar a temperatura ambiente, en soluciones acuosas con amoniaco, citratos, tartratos, sulfatos, nitratos, nitritos y en algunas aleaciones con agua pura, al igual que en mezclas gaseosas con SO2. En el caso del agrietamiento con soluciones amoniacales, a pH neutro se da intergranularmente y a alta velocidad, mientras que a pH alto o bajo, la velocidad del agrietamiento disminuye y es transgranular.

Las aleaciones de titanio se agrietan en sales fundidas de cloruros entre 260 y 480 oC, en ácido nítrico a alta temperatura (más de 100 oC) y con sus vapores a temperatura ambiente, en soluciones con halogenuros (cloruros) a temperatura ambiente y mayores, en tetróxido de nitrógeno entre la temperatura ambiente y 75 oC, en alcoholes metil o etil con o sin halogenuros a temperatura ambiente, en agua de mar a temperatura ambiente. Los agrietamientos pueden ser inter o transgranulares.

Las aleaciones de níquel se pueden agrietar en soluciones que formen ácido politiónico a temperatura ambiente, especialmente si la aleación está sensibilizada (intergranular); en soluciones acuosas con iones flúor a temperatura ambiente; en vapor de agua a alta temperatura que puede llevar a agrietamiento intergranular; en soluciones acuosas con iones plomo; en soluciones acuosas con Cl– + H2S + CO2 a altas temperaturas, que producen agrietamiento transgranular; en soluciones de NaOH a alta temperatura, donde generalmente el agrietamiento es intergranular. El agrietamiento intergranular se acentúa si la aleación está sensibilizada, especialmente en las de alto cromo (como las series 600 u 800) donde los límites de grano se empobrecen de este elemento.

Las aleaciones de magnesio a temperatura ambiente agrietan generalmente de manera transgranular, en soluciones acuosas con halogenuros, en agua aireada, en agua destilada o en ambiente atmosférico marino. Estas aleaciones son en general más resistentes al agrietamiento en ambientes atmosféricos que las aleaciones de aluminio.

Piezas forjadas o laminadas donde la estructura de los granos está altamente texturizada, son altamente sensibles a generar corrosión esfuerzo, si la carga de tracción actúa perpendicular a la dirección principal de deformación (el umbral de agrietamiento y la vida son menores). Las aleaciones de aluminio son especialmente sensibles a esta situación en ambientes con cloruros, por ello en el diseño con estos materiales, se debe ser muy cuidadoso en la selección de la orientación de los granos en las piezas y del tratamiento de envejecimiento por usar, ya que en estos casos no es conveniente tener el máximo grado de dureza.

3.9.2 Fractografía de las fracturas por corrosión esfuerzo en metales

La formación de una fractura por corrosión esfuerzo en metales se presenta si: (1) hay un esfuerzo constante en el tiempo, aplicado o residual; (2) el factor de intensidad de esfuerzos supera al factor de intensidad de esfuerzos umbral para el crecimiento de grietas por corrosión esfuerzo (Kaplicado > KIACE), lo cual está relacionado con que el esfuerzo sea mayor que el esfuerzo umbral de agrietamiento de la pieza (σaplicado > σumbral); (3) la pieza está operando en un medio ambiente que favorece el agrietamiento del metal del cual está hecha. La vida a corrosión esfuerzo de una pieza se verá seriamente acortada si: (a) hay concentradores de esfuerzo severos (geométricos, por fabricación, microestructurales o generados en servicio por desgaste o corrosión); (b) no se tiene un buen acabado superficial; (c) hay rendijas sobre la pieza o defectos superficiales que las favorezcan.

A simple vista, el agrietamiento o las fracturas por corrosión esfuerzo en las zonas de propagación estable de grieta no mostrarán deformación plástica o distorsión notable de la pieza (figura 3.65, fotos superiores); sin embargo, en las zonas de fractura final es común que sí se tenga dicha deformación. Lo anterior se debe a que la mayoría de metales que fallan por este mecanismo están en condición blanda, lo cual facilita que la fractura final sea de naturaleza súbita dúctil (figura 3.65, central izquierda).

En general, las superficies de las fracturas por corrosión esfuerzo se caracterizan por presentar dos zonas claramente diferenciadas: (1) zona de propagación estable de grietas en servicio, en la cual a simple vista, con lupas o estereoscopio óptico, se encontrará una textura predominantemente granular y en algunos casos tersa; (2) zona de fractura final, donde la pieza agrietada no pudo seguir soportando la carga y, por lo tanto, fractura de manera súbita (crecimiento inestable de grietas). El tamaño relativo entre las dos zonas puede dar información sobre el nivel de esfuerzos aplicados; en general, a mayor tamaño de la zona de fractura final se habrá tenido un esfuerzo aplicado más elevado.


Figura 3.65 Fracturas por corrosión esfuerzo

Nota. Grieta de corrosión esfuerzo en tubería de evaporador de caldera, en zona con capa de magnetita y picaduras por oxígeno. El medio consta de vapor de agua aireado a 300 oC (superior izquierda); eje de perforación petrolera de acero AISI 4330 con 40 RC, que fracturó por corrosión esfuerzo en un ambiente acuoso con H2S disuelto. Nótese la ausencia de deformación en la zona de fractura (superior derecha); superficie de fractura del eje anterior, donde se puede ver la zona de propagación en servicio y la zona de fractura dúctil final (central izquierda); detalle de la superficie de propagación de grieta en servicio del eje anterior, donde se nota la presencia de productos de la corrosión sobre ella (central derecha); superficie de fractura por corrosión esfuerzo, de una chaqueta para cable eléctrico que operó en pozo petrolero (medio acuoso con sal, H2S y CO2), la cual estaba hecha de acero AISI 304 soldado. Nótese que no hay productos de la corrosión en la superficie de fractura (inferior izquierda); imagen de MEB de la superficie de fractura de la chaqueta anterior (inferior derecha).

Fuente: elaboración propia.

Bajo inspección visual a ojo desnudo, con lupas o estereoscopio, o bajo inspección con MEB, en la zona de propagación estable de grieta, se podrán encontrar marcas Ratchet, marcas radiales, marcas de río y marcas de playa (figura 3.65, central derecha e inferiores), donde se sigue la misma lógica de dirección de propagación respecto a las marcas que se muestran en la figura 3.4. Las marcas de playa se pueden formar por detención en el crecimiento de grieta, cambios en el valor del esfuerzo aplicado o cambios en el medio presente (química, temperatura, pH, etcétera); sin embargo, la presencia de marcas de playa no es tan común como en el caso de la fatiga, ya que muchos de los elementos que se agrietan están bajo carga constante; la marca de playa que más comúnmente se encuentra, es la que separa la zona de propagación estable de la de fractura súbita final. En general, se observa que la densidad de marcas Ratchet, radiales y de río es alta en las superficies de fractura por corrosión esfuerzo, ya que, entre otras razones, este modo de fractura tiende a tener múltiples orígenes, múltiples ramificaciones de grieta y alta rugosidad (debido a que los mecanismos de agrietamiento están fuertemente influenciados por la estructura granular del metal).

Sobre las superficies de fractura en materiales no pasivantes, se podrán encontrar productos de la corrosión (exceptuando algunos casos, por ejemplo, en el agrietamiento por hidrógeno) (figuras 3.65, central derecha, y 3.67, izquierda), mientras que en materiales pasivantes es común que no queden productos de la corrosión (de nuevo con excepciones) (figura 3.65, inferior izquierda). Además, las superficies de las piezas agrietadas puede que presenten o no signos de algún otro mecanismo de la corrosión aparte del agrietamiento (figura 3.66).


Figura 3.66 Piezas de acero inoxidable AISI 304

Nota. Superficie de tubería agrietada por corrosión esfuerzo a 150 oC, en medio acuoso estático con alta concentración de cloruros, donde además hay corrosión uniforme y por picaduras en la superficie (izquierda); superficie de chaqueta para cable eléctrico agrietada por corrosión esfuerzo, en pozo petrolero (medio acuoso con sal, H2S y CO2 a 100 oC en flujo continuo), en donde no hay signos de otras formas de corrosión aparte del agrietamiento (derecha).

Fuente: elaboración propia.

Debido a estas situaciones, es claro deducir que no siempre que haya corrosión y agrietamiento se debe inferir automáticamente que el mecanismo presente es corrosión esfuerzo (porque la corrosión pudo ser posterior a la fractura o agrietamiento); ni tampoco se puede inferir que si no hay ningún signo de corrosión, ello descarte que una grieta se haya formado por corrosión esfuerzo.

Así pues, el analista debe recurrir, aparte de la información que brinda la pieza, a información sobre temperatura, composición del medio en que se operó, esfuerzos aplicados (estáticos y/o cíclicos) residuales, etcétera, para poder establecer si se tiene efectivamente un caso de agrietamiento por corrosiónesfuerzo o no.

Bajo observación a ojo desnudo, con lupas o estereoscopio, la textura granular de las superficies de fractura es la más común en el agrietamiento por corrosión esfuerzo, y se presenta cuando a nivel microscópico hay agrietamiento intergranular o transgranular, con cambios importantes de dirección en la propagación de la grieta de un grano a otro. Si en el agrietamiento transgranular no hay cambios importantes de dirección entre un grano y otro, la textura tenderá a ser tersa (asemejándose a las de fatiga de alto ciclaje) (figura 3.67). En términos generales, la rugosidad promedio de las superficies de fractura por corrosión esfuerzo tiende a ser mayor que las de la fatiga de alto ciclaje.


Figura 3.67 Texturas de superficies de fractura por corrosión esfuerzo

Nota. Textura granular de superficie de fractura por corrosión esfuerzo, de acero AISI 4120 que operó en ambiente de pozo petrolero (izquierda). Nótese la presencia de los productos de la corrosión sobre la superficie; textura tersa en acero AISI 304 agrietado por corrosión esfuerzo, en ambiente de pozo petrolero (derecha).

Fuente: elaboración propia.

En los agrietamientos y fracturas por corrosión esfuerzo, es común que se presenten varias grietas paralelas y cada una con varias ramificaciones, lo cual se atribuye sobre todo a la acción corrosiva, que permite que no se genere una sola grieta predominante, como ocurre en la fatiga, sino que varias de ellas puedan propagarse profundamente en la pieza. La acción corrosiva también permite que puedan darse varios ánodos o cátodos (según sea el mecanismo predominante), en cada grieta principal, lo que origina las ramificaciones (figura 3.68, izquierda). Si la acción del crecimiento de grietas se diera solo por el esfuerzo, como es el caso de la fatiga, la cabeza de grieta sería la única zona propensa a propagar. No obstante lo anterior, también en corrosión esfuerzo se pueden presentar grietas con pocas o nulas ramificaciones (figura 3.68, central). Al abrir las grietas secundarias se podrá tener mayor claridad sobre el mecanismo de agrietamiento predominante y los sitios de origen. En aquellos casos en los cuales el agrietamiento estuvo asociado a la disolución anódica, será posible notar que las grietas son anchas y con productos de la corrosión en su interior (lo cual también es válido para las grietas de corrosión fatiga) (figura 3.68, derecha), mientras que, por ejemplo, las grietas por fatiga serán finas y sin productos en ellas (figura 3.59).


Figura 3.68 Agrietamientos inter y transgranulares por corrosión esfuerzo

Nota. Aleación Inconel 625 con agrietamiento transgranular ramificado, la cual operó en solución acuosa de Cl– + H2S + CO2 a altas temperaturas (izquierda); acero no aleado de bajo carbono con agrietamiento intergranular no ramificado, el cual operó con vapor de agua aireado a 300 oC (centro); detalle de una de las grietas de la foto izquierda, en cuyo interior se aprecian productos de la corrosión (derecha).

Fuente: elaboración propia.

La trayectoria promedio que siguen las grietas de corrosión esfuerzo durante su nucleación y propagación es similar a la de las fracturas súbitas frágiles (figura 3.24), donde en general se sigue una trayectoria perpendicular al máximo esfuerzo normal local, generado por los diferentes modos de carga (modo I, combinaciones de modos I y II, y de modos I y III); también se ha documentado propagación bajo modo III en torsión.

Al inspeccionar a altos aumentos las superficies de agrietamiento por corrosión esfuerzo de metales, con el estereoscopio o el MEB, y complementar dicha inspección con observación de secciones metalográficas transversales a las superficies de fractura, se podrá identificar si el mecanismo predominante es: (a) el agrietamiento intergranular (figura 3.69, fotos superiores) o (b) el agrietamiento transgranular (figura 3.69, fotos inferiores). El agrietamiento intergranular puede mostrar evidencias de “cavitación” en límites de grano, si hay formación de microvacíos cerca de ellos, ruptura de partículas de segunda fase, etcétera (figura 3.69, superior central). En el agrietamiento transgranular, cada grano tiende a mostrar una superficie de fractura similar a la del clivaje frágil (cuasiclivaje), razón por la cual, varios de los mecanismos de agrietamiento mostrados en la figura 3.63 incluyen al clivaje como medio de propagación. Mediante pruebas de emisión acústica, los investigadores han detectado que algunos materiales en algunos medios propagan las grietas a saltos, lo cual genera en la superficie de fractura estriaciones, sobre todo en el agrietamiento transgranular (figura 3.69, inferior izquierda). Se debe ser cuidadoso de no confundir estas estriaciones con las de fatiga, por ejemplo, recurriendo a la información recopilada del historial de la pieza y de otras características de la superficie de fractura. Sin embargo, es importante recalcar que no todos los agrietamientos por corrosión esfuerzo generan estriaciones. Una superficie de grieta puede mostrar zonas transgranulares y otras intergranulares, lo cual puede indicar alternancia entre comportamientos anódicos y catódicos durante la propagación, y también se puede presentar en el agrietamiento por corrosión fatiga.


Figura 3.69 Imágenes de MEB y metalográficas de fracturas por corrosión esfuerzo

Nota. Fractura intergranular por corrosión esfuerzo de acero AISI 4120 que operó en ambiente de pozo petrolero: aspecto típico en MEB (izquierda y central superior). Nótese la presencia de la cavitación en límite de grano; aspecto típico en sección metalográfica (superior derecha). Nótese que la superficie de fractura bordea los granos. Fractura transgranular por corrosión esfuerzo de acero AISI 304 que operó en ambiente de pozo petrolero: aspecto típico en MEB (izquierda y central inferior). Nótese la presencia de estrías y la textura del cuasiclivaje en cada grano; aspecto típico en sección metalográfica (inferior derecha). Nótese que la superficie de fractura atraviesa los granos. Las flechas rojas indican el sentido de propagación.

Fuente: elaboración propia.

En aquellos casos donde hay productos de la corrosión ubicados en la superficie de fractura, que no permiten visualizar la textura o las marcas bajo inspección óptica o con MEB, será necesario remover por vía química o con ultrasonido dichos productos para acceder a las superficies; pero previamente a ello se deberán tomar las muestras de los productos necesarias para conocer su composición química.

En la referencia [21] el lector encontrará una ampliación sobre los mecanismos y fractografía de las fracturas por corrosión esfuerzo.

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0+
Дата выхода на Литрес:
16 сентября 2025
Объем:
1120 стр. 485 иллюстраций
ISBN:
9789587830224
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