Читать книгу: «Biblioteca histórica. Libros IX-XII.»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 353

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN MANUEL GUZMÁN HERMIDA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2006.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO431
ISBN 9788424937270.
LIBRO IX
SINOPSIS
1
Solón.
2
Solón y Creso.
3
El trípode, los Siete Sabios y Apolo.
4
Solón se enfrenta a Pisístrato.
5
El injusto no es sabio.
6
Anacarsis y Misón.
7
Misón en lugar de Periandro.
8
Solón pone a prueba a Misón.
9
Quilón: consonancia de vida y enseñanzas.
10
Las máximas de Quilón.
11
Cualidades de Pítaco de Mitilene.
12
Moderación, desprendimiento y clemencia de Pítaco. Pítaco, Creso y Alceo.
13
Bías de Priene. Generosidad, sabiduría y talento oratorio.
14
El uso oportuno del poder y la fuerza. Milón de Crotón y Polidamante de Tesalia.
15
Proezas de Polidamente.
16
Oráculo sobre Cirra.
17
Cronología de Dracón y Solón.
18
Perilao y Fálaris.
19
El toro de Fálaris.
20
Solón se enfrenta a Pisístrato. Medos y persas.
21
Subida al trono de Ciro. Cómputo por Olimpíadas.
22
Excelencia de Ciro.
23
Crueldad de Astíages.
24
Afabilidad de Ciro.
25
Creso y los isleños. Anécdota de la construcción de una flota.
26
Creso y Anacarsis.
27
Creso pregunta a Solón, a Bías y a Pítaco.
28
Esopo y el trato con los señores.
29
Adrasto, Atis y Creso.
30
Observación de Fálaris.
31
Creso, el oráculo y Ciro.
32
La deslealtad de Euríbato.
33
El hijo mudo de Creso y el oráculo de Delfos. El saqueo de Sardes.
34
Admiración de Ciro por Creso.
35
Harpago y los griegos de Asia.
36
Embajada lacedemonia a Ciro. Esparta y los oráculos sobre Tegea.
37
Moderación de Pisístrato.

FRAGMENTOS DEL LIBRO IX
Solón
Solón 1 era hijo de Execéstides y [1 ] su familia era de Salamina del Ática 2 ; en ingenio e instrucción superaba a todos sus contemporáneos y, distinguiéndose sobremanera entre los demás hombres por su inclinación natural hacia la virtud 3 , trató de alcanzar una altura moral que es objeto de elogio 4 . Al dedicar ciertamente mucho tiempo a todo tipo de conocimientos, se convirtió en un experto en todas las virtudes. [2] Durante su niñez disfrutó de las enseñanzas de los maestros más ilustres y, una vez adulto, frecuentó a los hombres que tenían una mayor influencia 5 por su amor a la sabiduría. Por esta razón, por relacionarse con estos personajes y por pasar el tiempo conversando con ellos, fue considerado uno de los Siete Sabios 6 y, por su inteligencia, se ganó el primer puesto no sólo entre estos hombres, sino también entre todos los que eran objeto de admiración.
[3] El mismo Solón, que se granjeó una gran reputación en su labor de legislador, en sus conversaciones y respuestas como ciudadano privado, y también dando consejos, fue admirado por su alto grado de preparación 7 .
El mismo Solón, aunque la ciudad 8 seguía un modo de [4] vida totalmente jonio y los ciudadanos se habían afeminado a consecuencia del lujo y de las comodidades, provocó en ellos un cambio acostumbrándolos a la práctica de la virtud y al entusiasmo por las acciones viriles 9 . Fue por esto que Harmodio y Aristogitón, pertrechados con las armas de su legislación, trataron de acabar con el poder de los Pisistrátidas 10 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 217 BÜTTNER -WOBST.]
Solón y Creso
[2 ] Creso 11 , el rey de los lidios, que poseía ingentes fuerzas y había acumulado de acuerdo con sus fines una gran cantidad de oro y plata, solía invitar a su corte a los hombres más sabios entre los griegos y, tras pasar un tiempo con ellos, los despedía con muchos regalos y él mismo obtenía una gran ayuda en su camino hacia la virtud. En cierta ocasión en que había invitado a Solón 12 , después de haberle mostrado sus fuerzas armadas y su riqueza, le preguntó si, a su parecer, existía un hombre más feliz que él. Solón, con la libertad de [2] palabra usual entre los sabios, respondió que ningún hombre en vida era feliz, ya que aquel que se enorgullece por su prosperidad y piensa que tiene la fortuna a su lado no sabe si permanecerá con él hasta su último día. Así, pues, prosiguió, era preciso considerar el final de la vida, y sólo el que siguiera siendo afortunado en aquel momento podía justamente considerarse feliz 13 . Cierto tiempo después, cuando [3] cayó prisionero de Ciro 14 y estaba a punto de ser quemado vivo en una gran pira, Creso se acordó de la respuesta de Solón, por lo que, cuando ya iba a verse envuelto por las llamas, se puso a gritar continuamente el nombre de Solón. [4] Entonces Ciro envió a unos hombres para que averiguaran la razón por la que nombraba continuamente a Solón y, al enterarse de la causa, cambió súbitamente de parecer y, convencido de que la respuesta de Solón estaba en lo cierto, puso fin a su arrogancia, hizo apagar la pira y salvó la vida a Creso, y en adelante lo tuvo en el número de sus amigos 15 .
[5] Solón pensaba que los púgiles y los corredores en la prueba del estadio y los demás atletas no contribuían a la seguridad de las ciudades en nada digno de mención, y que, por el contrario, quienes se distinguían por su prudencia y virtud eran los únicos capaces de velar por su patria en situaciones de peligro 16 .
El trípode, los Siete Sabios y Apolo
Al tener lugar la disputa sobre el [3 ] trípode de oro 17 , la Pitia 18 pronunció el siguiente oráculo:
Vástago de Mileto, ¿a Febo preguntas sobre el trípode?
Del primero de todos en sabiduría proclamo que sea el trípode.
Pero algunos dan otra versión; dicen que al estallar una [2] guerra entre los jonios, cuando el trípode fue sacado por unos pescadores, interrogaron al dios sobre el fin de la guerra 19 . Y la sacerdotisa les dijo:
No cesará nunca la guerra entre méropes y jonios
hasta que el trípode de oro que construyó Hefesto 20
enviéis afuera y llegue a la casa de un hombre
que con su sabiduría prevea el presente y el futuro.
[3] Los milesios, deseosos de acatar el mandato del oráculo, querían entregar el premio a Tales de Mileto 21 , pero él les dijo que no era el más sabio de todos y les aconsejó que lo remitieran a otro que fuera más sabio. Así, al rechazar el trípode de igual modo los otros sabios del grupo de los Siete, fue entregado a Solón, que tenía fama de superar a todos los demás hombres en sabiduría e inteligencia. Pero él aconsejó que se dedicara a Apolo, puesto que el dios era el más sabio de todos 22 .
Solón se enfrenta a Pisístrato
Solón, hacia el final de su vida, [4 ] viendo que Pisístrato, para complacer a las masas, actuaba como un demagogo e incitaba a la tiranía, trató, primero con argumentos, de disuadirle de este proyecto 23 , pero, al no hacerle caso Pisístrato, se presentó en el ágora con la armadura completa, pese a que ya había llegado a la vejez.
Y cuando el pueblo, ante aquel hecho insólito, se reunió [2] en torno a él, exhortó a los ciudadanos a tomar las armas y acabar inmediatamente con el tirano. Pero nadie le hizo caso, y todos le acusaron de locura, y algunos incluso dijeron que chocheaba. Entonces Pisístrato, que ya llevaba a su lado a algunos miembros de su guardia 24 , se acercó a Solón y le preguntó en quién se apoyaba en su intento de derribar la tiranía, y cuando Solón le contestó que su sostén era la vejez, Pisístrato, admirado por su presencia de espíritu, no le causó ningún daño. 25
El injusto no es sabio
[5 ] El hombre que emprende acciones contrarias a las leyes y a la justicia no puede con justicia ser tenido por sabio.
Anacarsis y Misón
[6 ] Dicen que el escita Anacarsis 26 , un hombre que estaba muy orgulloso de su sabiduría, se presentó en Pitón 27 y preguntó al dios quién era más sabio que él entre los griegos. Y el oráculo le respondió:
Un hombre del Eta, dicen, Misón ,
dotado de una inteligencia más viva que la tuya.
Misón era un malieo 28 y habitaba el Eta, en un pueblo llamado Quenas. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 281-283, ed. BOISSEVAIN .]
Misón en lugar de Periandro
Misón era originario de Málide y [7 ] habitaba en un pueblo llamado Quenas; pasaba todo su tiempo en el campo y era un desconocido para la mayor parte de los hombres. Fue incluido entre los Siete Sabios en lugar de Periandro de Corinto, cuando éste fue excluido por haberse convertido en un tirano odioso 29 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 217 BÜTTNER -WOBST .]
Solón pone a prueba a Mis ón
[8 ] Solón sentía curiosidad por conocer el lugar en el que Misón pasaba sus días, y lo halló en una era ajustando la mancera de un arado 30 . Queriendo ponerlo a prueba Solón le dijo: «No es ahora la estación del arado, Misón». «No lo es para usarlo», replicó Misón, «pero sí para prepararlo». [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 283, ed. BOISSEVAIN .]
Quilón: consonancia de vida y enseñanzas
[9 ] Por lo que respecta a Quilón 31 , su vida estuvo de acuerdo con sus enseñanzas, lo que se encuentra raramente. Entre los filósofos de nuestro tiempo, por ejemplo, es posible ver que la mayor parte predican los principios más nobles, pero actúan de la manera más innoble, y que la respetabilidad y la inteligencia de sus exposiciones son desvirtuadas por la práctica. Quilón, por el contrario, amén de la virtud que manifestó en todos los actos de su vida, concibió y expresó muchas ideas dignas de recuerdo. [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 218 BÜTTNER -WOBST .]
Las máximas de Quilón
Llegado a Delfos y queriendo ofrecer [10 ] al dios las primicias de su inteligencia, Quilón grabó en una columna estas tres máximas: «Conócete a ti mismo», «Nada en exceso», y en tercer lugar «Da una garantía y seguirá la ruina». Cada una de estas sentencias, aun siendo corta y lacónica 32 , merece una atenta reflexión 33 . El «conócete a ti mismo», en efecto, nos [2] invita a formamos y a ser prudentes, puesto que sólo así el hombre puede llegar a conocerse a sí mismo; porque aquellos que no disfrutan de los beneficios de una formación y son insensatos o la mayor parte de las veces piensan que ellos son muy inteligentes, lo que, según Platón, es la forma más necia de la ignorancia, o consideran virtuosos a los viles mientras que contrariamente tienen por ineptos a los hombres honrados; ciertamente sólo es posible que uno se conozca a sí mismo y a los otros si ha alcanzado una formación y una inteligencia notables.
La máxima «Nada en exceso» nos exhorta a mantener la [3] justa medida en todas las cosas y a no tomar decisiones definitivas en ningún asunto humano, como hicieron los epidamnios. Éstos, que habitaban en la costa del Adriático, en cierta ocasión en que disputaron unos con otros, arrojaron al mar bloques de metal candente jurando solemnemente que no pondrían fin a su enemistad hasta que estos bloques no emergieran incandescentes a la superficie 34 . Y a pesar de haberse comprometido con un juramento tan duro, sin haber tenido en cuenta la máxima de «Nada en exceso», se vieron obligados por las circunstancias a cesar en su enemistad, dejando los bloques fríos en el fondo del mar.
[4] En relación a la máxima «Da una garantía y seguirá la ruina», algunos han sospechado que se trata de un rechazo del matrimonio por parte de Quilón. En efecto, entre la mayor parte de los griegos al arreglo matrimonial se lo conoce como «garantía», y una confirmación de ello la ofrece la experiencia común de los hombres en el hecho de que la mayor parte de las desgracias más terribles sobreviene a causa de las mujeres. Pero algunos escritores dicen que esta interpretación es indigna de Quilón, porque, si se aboliera el matrimonio, la vida no podría continuar, y que la «ruina» a la que se refiere se relaciona con las garantías ligadas a los contratos y a los acuerdos sobre otros asuntos en los que interviene el dinero. Y así Eurípides dice:
No doy garantía, observando el perjuicio de quien garantía
entrega; y no me lo permite lo escrito en Pitón 35 .
[5] Algunos, sin embargo, afirman que no estaba en el pensamiento de Quilón, y además no hubiera sido propio de un buen ciudadano, no socorrer a un amigo que se hallara en situación de necesitar ayuda; su advertencia se dirigía más bien contra las aseveraciones irrevocables 36 , contra los compromisos absolutos y contra cualquier decisión definitiva en los asuntos humanos, como la que tomaron los griegos cuando derrotaron a Jerjes. Juraron en efecto en Platea 37 que transmitirían a los hijos de sus hijos su odio contra los persas mientras los ríos vertieran sus aguas al mar y existiera el linaje de los hombres y la tierra produjera frutos; pero, pese al firme compromiso que contrajeron frente a la inestabilidad de la fortuna, al cabo de cierto tiempo enviaron una embajada a Artajerjes, el hijo de Jerjes, para negociar un tratado de amistad y alianza 38 .
Las máximas de Quilón, aun en su concisión, contienen [6] todos los principios fundamentales para una vida mejor, puesto que estos apotegmas suyos son más valiosos que todas las ofrendas que se encuentran en Delfos. En efecto, los lingotes de oro de Creso 39 y otras obras de arte han desaparecido y han ofrecido un importante pretexto a aquellos que han elegido el camino de cometer sacrilegios contra el templo 40 ; pero los preceptos de Quilón se mantienen vigentes para siempre, conservados en las almas de los hombres que han recibido una formación y constituyendo un tesoro muy preciado, sobre el que ni focenses ni gálatas podrían poner sus manos 41 . [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 283-285, ed. BOISSEVAIN .]
Cualidades de Pítaco de Mitilene
[11 ] Pítaco de Mitilene no sólo fue admirable por su sabiduría, sino que también fue un ciudadano de tales cualidades que la isla no ha engendrado otro igual, ni, a mi parecer, podrá engendrarlo en el futuro si no es que llega a producir vino más abundante y suave 42 . Fue, en efecto, un legislador excelente, afable y humano en el trato individual con sus conciudadanos, y liberó a su patria de las tres mayores desventuras, la tiranía, la discordia civil y la guerra 43 .
Pítaco era un hombre poderoso pero al mismo tiempo [2] humano y capaz de condenar sus propios errores. Por ello todo el mundo de modo unánime lo tenía por un hombre perfecto dotado de todas las virtudes. En su labor de legislador, en efecto, se mostró como un prudente hombre de estado, en sus compromisos manifestó su sentido de la justicia, en su excelencia en el campo de batalla su valor, y en su magnanimidad en los negocios su escaso aprecio por el dinero. [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 218 BÜTTNER -WOBST .]
Moderación, desprendimiento y clemencia de Pítaco. Pítaco, Creso y Alceo
[12 ] Cuando los mitileneos ofrecieron a Pítaco la mitad de la tierra por la que había luchado en combate singular 44 , él no la aceptó, sino que dio la orden de asignar una parte igual a cada uno de ellos, enunciando la máxima «La parte igual es mayor que la parte más grande» 45 . Midiendo, en efecto, «la parte más grande» en consideración a la equidad y no al lucro, juzgó sabiamente; estaba convencido ciertamente de que a la igualdad la acompañaban la gloria y la seguridad, mientras que la codicia estaba acompañada por la maledicencia y el miedo, por cuya causa se vería rápidamente privado del obsequio del pueblo.
[2] De acuerdo con estos principios actuó asimismo en sus relaciones con Creso, que de la cámara de su tesoro le daba todo el dinero que Pítaco quisiera coger 46 . Se cuenta, en efecto, que en esta ocasión tampoco quiso aceptar el obsequio argumentando que entonces ya poseía el doble de lo que deseaba. Y cuando Creso, admirado ante tal desinterés por el dinero, le preguntó sobre la razón de su respuesta, Pítaco le contestó: «Mi hermano ha muerto sin dejar hijos y yo he heredado una fortuna igual a la que ya tenía, y no he experimentado ningún placer al recibir tal incremento».
El poeta Alceo, que era su acérrimo enemigo y que lo [3] había injuriado con mucha acritud en sus poemas, cayó en cierta ocasión en sus manos, y Pítaco, al dejarlo en libertad, pronunció esta máxima: «El perdón es preferible al castigo» 47 . [(Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , pág. 285, ed. BOISSEVAIN .]
Bías de Priene. Generosidad, sabiduría y talento oratorio
Los habitantes de Priene cuentan [13 ] que Bías 48 , tras rescatar de unos bandidos a unas muchachas de distinguidas familias de Mesenia, las honró como si fueran sus propias hijas. Y después de un cierto tiempo, cuando sus familiares fueron a buscarlas, les entregó a las jóvenes y no les reclamó ni los gastos de manutención ni el dinero del rescate, sino que, por el contrario, les obsequió con muchas cosas de su pertenencia. Las doncellas, por consiguiente, le amaban como a un padre, ya por el tiempo pasado en su casa ya por la magnitud de los beneficios recibidos, de modo que, una vez que hubieron regresado a su patria con los suyos, no olvidaron la generosidad de que fueron objeto en tierra extranjera.
[2] Unos pescadores mesenios, al sacar sus redes, no encontraron pesca alguna, sino sólo un trípode de bronce con una inscripción de este tenor: «Al más sabio». Y tras llevar el objeto a tierra, lo entregaron a Bías 49 .
[3] Bías era un habilísimo orador y en el arte de la palabra superaba a todos sus contemporáneos. Pero se sirvió de su elocuencia de modo diferente al habitual en muchos oradores, puesto que no la utilizó con fines mercenarios ni para obtener unos ingresos, sino que la puso al servicio de quienes eran víctimas de la injusticia, una opción que difícilmente puede encontrarse 50 . [(Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, págs. 218-219, BÜTTNER -WOBST .]
El uso oportuno del poder y la fuerza. Milón de Crotón y Polidamante de Tesalia
[14 ] No tiene gran importancia poseer el poder, de cualquier tipo que éste sea, sino tener capacidad de usarlo en el momento oportuno. Porque ¿de qué aprovechó a Milón de Crotón 51 su enorme fuerza física? 52 .
La muerte de Polidamante, el tesalio, aplastado por una [2] roca demostró a todos qué peligroso es poseer una gran fuerza pero un cerebro pequeño 53 . [(Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 285-286, ed. BOISSEVAIN .]
Proezas de Polidamente
Este Polidamante era originario de [15 ] la ciudad de Escotusa 54 ; con sus simples manos mataba leones como si fueran corderos, con sus pies alados superaba fácilmente a carros lanzados en rápida carrera, y con las manos trató de sostener el techo de una cueva que se desplomaba. Diodoro Sículo narra su historia. [TZETZES , Historiarum variarum Chiliades , II 555-559.]
Oráculo sobre Cirra
Cuando ya hacía mucho tiempo [16 ] que el pueblo de Cirra se encontraba sitiado por haber tratado de saquear el oráculo 55 , una parte de los griegos regresaron a sus ciudades, pero otros interrogaron a la Pitia y obtuvieron la siguiente respuesta:
De esta ciudad no tomaréis ni derribaréis la torre
antes de que la sonora ola de Anfitrite de ojos negros
mi sacro recinto no bata en estos riscos sagrados 56 .
[Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , pág. 286, ed. BOISSEVAIN].
Cronología de Dracón y Solón
[17 ] Se ha de saber que Solón vivió en Atenas en la época de los tiranos antes de las guerras con Persia, 57 y que Dracón vivió cuarenta y siete años antes que el, según afirma Diodoro. [Ulpiano, sobre el Timócrates de Demóstenes, vol. 9, pág. 805, ed. W. DINDORF , Oxford, 1851.]
Perilao y Fálaris
El escultor Perilao construyó un toro [18 ] de bronce para el tirano Fálaris 58 , para que éste castigara a su propio pueblo; pero él fue el primero en experimentar un tan terrible castigo. Porque, por lo general quienes traman alguna vileza contra otros suelen acabar siendo víctimas de sus propios designios. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , pág. 286, ed. BOISSEVAIN .]
El toro de Fálaris
El citado Fálaris hizo quemar en [19 ] el toro de bronce a Perilao, el famoso broncista ático. Éste, en efecto, una vez que hubo realizado en bronce el ingenioso artefacto del toro, instaló unas pequeñas flautas en las ventanillas de la nariz del animal, abrió una puerta en el costado del toro, y lo llevó como regalo a Fálaris. Fálaris acogió al hombre que acudía con regalos y ordenó que aquel ingenioso artefacto fuera consagrado a los dioses. Luego, tras abrir el costado, aquel artífice explicó el perverso engaño de esta forma inhumana: «Si quieres, Fálaris, castigar a algún hombre, enciérralo dentro de este toro y coloca un fuego debajo; con los gemidos del hombre parecerá que el toro muge y tú experimentarás placer oyéndolo a través de las cañas de las fosas nasales». Tan pronto como Fálaris supo aquello, sintió aversión por el autor del artefacto y dijo: «Ea, pues, Perilao, sé tú el primero en hacer una demostración del ingenio y haz una imitación de quienes tocarán la flauta, y así me darás una clara prueba de tu destreza». Y luego que Perilao se introdujo en el toro para efectuar una imitación, según creía, del sonido de las flautas, Fálaris mandó cerrar el toro y amontonar fuego debajo. Y para que al morir no profanara la obra de bronce, lo hizo salir, medio muerto, y lo precipitó desde lo alto de un peñasco. Acerca de este toro escriben Luciano de Siria 59 , Diodoro 60 , Píndaro 61 y con ellos otros muchos. [Tzetzes, Historiarum variarum Chiliades I 646-668.]
Solón se enfrenta a Pisístrato. Medos y persas
[20 ] Solón, el legislador, se presentó ante el pueblo reunido en asamblea y exhortó a los atenienses a derribar al tirano antes de que su poder se consolidara completamente. Y dado que nadie le prestaba atención, se presentó en el ágora con la armadura completa, pese a que ya había llegado a la vejez 62 , e, invocando a los dioses como testigos, declaró que en la medida de sus capacidades, con su palabra y con su acción, había prestado su auxilio a la patria en peligro. Pero puesto que las masas no se daban cuenta de los designios de Pisístrato, lo que ocurrió fue que Solón, aunque decía la verdad, fue ignorado. Se dice asimismo que Solón había predicho a [2] los atenienses el advenimiento de la tiranía en algunos versos elegíacos 63 :
De la nube emana la furia de la nieve y el granizo
y el trueno nace del fulgente relámpago.
Por obra de poderosos la ciudad perece, y el pueblo,
en su ignorancia, cayó en la esclavitud de un tirano.
Al que se eleva en demasía es difícil poner freno
más tarde; pero es preciso ya reflexionar sobre esto 64 .
Y después, una vez instaurada la tiranía, dijo: [3]
Si por vuestra cobardía sufrís ahora desventuras,
a los dioses de esta suerte no echéis la culpa.
A esta gente vosotros habéis elevado dándoles una guardia,
y la esclavitud penosa padecéis por esta causa.
Cada uno de vosotros anda con paso de zorra,
pero todos juntos tenéis la cabeza vacía.
A la lengua atendéis y a la palabra de un hombre astuto,
pero de lo que ocurre no miráis hecho alguno 65 .
Pisístrato exhortó a Solón a mantener la calma y a disfrutar [4] con él de las ventajas derivadas de la tiranía. Pero no pudiendo de ningún modo hacerle cambiar sus principios y viendo, por el contrario, que cada vez estaba más excitado y que en un tono violento profería amenazas de venganza contra él, le preguntó en qué confiaba para oponerse a sus designios. Y cuentan que la respuesta de Solón fue «En mi vejez» 66 . [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 286-287, ed. BOISSEVAIN .]
[Heródoto, que vivió en tiempos de Jerjes 67 , dice que los asirios, después de haber dominado Asia durante quinientos años, fueron destruidos por los medos 68 ; a continuación no hubo ningún rey que disputara por el imperio durante muchas generaciones, y las ciudades, disfrutando de autonomía, se administraban democráticamente 69 ; pero, finalmente, después de muchos años, fue elegido rey entre los medos un hombre que se distinguía por su justicia, de nombre Ciáxares. Éste fue el primero en la empresa de anexionarse los pueblos vecinos y fue el fundador del imperio universal de los medos; después, sus descendientes, añadiendo sin cesar una gran cantidad de territorios limítrofes, acrecentaron el reino hasta que Astíages 70 fue vencido por Ciro y los persas. Respecto a estos hechos, nosotros, tras haber recordado ahora lo esencial, describiremos más adelante cada detalle con exactitud, cuando acometamos la narración de su propia época; fue, en efecto, durante el segundo año de la decimoséptima Olimpíada 71 cuando, según Heródoto, Ciáxares fue elegido rey por los medos.] [DIODORO , II 32, 2-3.]
[Cuando Astíbaras, el rey de los medos, murió de vejez en Ecbatana, le sucedió en el trono su hijo Aspandas, el llamado Astíages por los griegos. Y cuando éste fue vencido por el persa Ciro, el reino cayó en manos de los persas, acerca de los cuales nosotros describiremos cada detalle con exactitud en el momento oportuno.] [DIODORO , II 34, 6.]
Subida al trono de Ciro. Cómputo por Olimpíadas
Ciro se convirtió en rey de los [21 ] persas el año en que se celebraba la quincuagésima quinta Olimpíada 72 , como podemos encontrar en la Biblioteca de Diodoro y en las Historias de Talo 73 y Cástor 74 , y también en la obra de Polibio 75 y de Flegón 76 y de otros que han usado el cómputo por Olimpíadas. Todos estos escritores, en efecto, concuerdan respecto a esta fecha. [Eusebio, Praeparatio evangelica , X 10, 488c 77 .]
Excelencia de Ciro
[22 ] Ciro, hijo de Cambises y de Mandana 78 , la hija del rey de los medos Astíages, fue el primero entre los hombres de su tiempo no sólo por su valor e inteligencia, sino también por el resto de sus virtudes; su padre, en efecto, le dio una educación propia de un rey y le inculcó el deseo de emular los hechos más altos. Y resultaba evidente que acometería grandes empresas, puesto que mostraba unas cualidades superiores a las propias de la edad.
Crueldad de Astíages
[23 ] Cuando fue derrotado y forzado a una vergonzosa huida 79 , Astíages, el rey de los medos, descargó su ira contra sus soldados: destituyó a todos los que ocupaban un puesto de mando, sustituyéndolos por otros, y, tras separar a todos los responsables de la huida, los hizo degollar, pensando que con este castigo obligaría al resto de sus hombres a comportarse como valientes ante los peligros; era, en efecto, cruel y de naturaleza implacable 80 . El pueblo, sin embargo, no se dejó amedrentar por su dureza, sino que todo el mundo, detestando la violencia y la conculcación de las leyes, aspiraba a un cambio de la situación. Por ello se producían reuniones de pequeños grupos y conversaciones sediciosas, en las que se exhortaban unos a otros a vengarse del rey.
Afabilidad de Ciro
Ciro, según cuentan, fue no sólo [24 ] valeroso en la guerra, sino también generoso y afable con sus súbditos, por lo que los persas le llamaron Padre. [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 219, BÜTTNER -WOBST .]
Creso y los isleños. Anécdota de la construcción de una flota
Dicen que Creso en cierta ocasión [25 ] estaba construyendo naves de guerra con la intención de organizar una expedición contra las islas. Pero Bías [o Pítaco] 81 , que estaba de paso en Lidia y presenciaba la construcción de las naves, al preguntarle el rey si había oído algo nuevo entre los griegos, le contestó que todos los habitantes de las islas estaban reuniendo caballos con el propósito de emprender la guerra contra los lidios. Al oír estas palabras, se dice que Creso exclamó: [2] «¡Ojalá que alguien convenza a los isleños de que se enfrenten a los lidios a caballo!». Los lidios, en efecto, eran expertos jinetes y Creso creía que por tierra llevaban las de ganar 82 . Y [Pítaco, o] Bías, replicándole, le dijo: «Según eso, tú afirmas que los lidios, que viven en el continente, desean sorprender a los isleños en tierra firme; pero ¿no piensas que los habitantes de las islas han suplicado a los dioses la merced de sorprender a los lidios en el mar, a fin de poder, como contrapartida de los males que los griegos del continente han sufrido, dar su merecido en alta mar a aquellos que han esclavizado a gentes de su misma estirpe?». Entonces Creso, impresionado por esta respuesta, cambió inmediatamente de parecer y suspendió la construcción de la flota.
Creso y Anacarsis
[26 ] Creso solía mandar a buscar a los más eminentes sabios de Grecia, a fin de mostrarles la magnitud de su felicidad, y honraba con espléndidos regalos a los que ensalzaban su buena suerte 83 . Llamó también a Solón 84 , así como a otros que gozaban de una fama sobresaliente por su amor a la sabiduría; quería que su felicidad recibiera la sanción del testimonio de estos hombres. [2] Acudieron a su corte Anacarsis, el escita, Bías, Solón y Pítaco, a los cuales tributó grandes honores en los banquetes y en su consejo, mostrándoles sus riquezas y la magnitud de su poder. La concisión del lenguaje 85 era entonces una cualidad [3] muy apreciada entre los hombres cultivados, y Creso, tras exhibir ante aquellos hombres la felicidad de su reino y la multitud de pueblos sometidos, formuló a Anacarsis, que era el más viejo de aquellos sabios, la siguiente pregunta: «¿A cuál de los seres vivos tienes por más valeroso?». «A los animales salvajes» —le dijo—, «puesto que son los únicos dispuestos a morir en defensa de su libertad». Entonces Creso, [4] pensando que aquél se había equivocado en su respuesta y que a una segunda cuestión le daría una contestación agradable a sus oídos, le planteó esta nueva pregunta: «¿A cuál de los seres vivos consideras más justo?». Y aquél de nuevo le respondió: «A los animales salvajes, puesto que son los únicos que viven de acuerdo con la naturaleza, no con las leyes; y dado que la naturaleza es una creación de Dios, mientras que la ley es una convención del hombre, es más justo atenerse a las instituciones divinas que a las humanas». A esto Creso, [5] queriendo ridiculizar a Anacarsis le replicó: «¿Las bestias son, pues, los seres más sabios?». Y aquél, confirmándolo, explicó que la característica específica de la sabiduría era preferir la verdad de la naturaleza a la convención de la ley. Y Creso se burló de él, pensando que las respuestas que había dado eran dignas de alguien que venía de Escitia y vivía de un modo semejante a las bestias.
Creso pregunta a Solón, a Bías y a Pítaco
[27 ] Creso preguntó a Solón quién le parecía más feliz entre los seres vivos, pensando que sin duda alguna le concedería esta distinción. Pero Solón le contestó: «No puedo en justicia calificar a nadie de este modo, puesto que de ningún ser vivo he podido ver todo el curso de su vida hasta el final, sin cuyo conocimiento no se puede debidamente considerar a nadie dichoso. Muchas veces, en efecto, quienes han creído ser felices durante toda su vida pasada se han visto golpeados por las más terribles desgracias en el mismo fin de sus días» 86 . [2] Entonces el rey le dijo: «¿Y no crees que yo soy el más rico?». Solón le dio la misma respuesta, explicándole que se ha de reputar por los más ricos no a los que poseen la mayor cantidad de riquezas, sino a los que consideran la sabiduría como la posesión más valiosa; la sabiduría, al no tener equivalente en ninguno de los otros bienes, hace que sólo los hombres que la tienen en mucho posean la riqueza más grande y más segura.
[3] A continuación Creso preguntó a Bías si, en su opinión, la respuesta que había dado Solón era correcta o equivocada; y Bías le contestó: «Correcta, puesto que quiere emitir un juicio después de contemplar las riquezas que hay en ti, y por ahora sólo ha visto las que hay en torno a ti; y no son éstas las que hacen felices a los hombres, sino las otras». Y el rey replicó: «Pero si no concedes la primacía a la riqueza que procede de los bienes materiales, al menos puedes ver la multitud de mis amigos, en tan gran número que ningún otro hombre los posee». A esto Bías objetó que el número de amigos era incierto por cuanto dependía de su buena suerte.
Dicen que Creso preguntó a Pítaco cuál era la mejor [4] forma de gobierno que había visto, y que Pítaco le respondió: «La de la tabla pintada», aludiendo claramente a las leyes.
Esopo y el trato con los señores
Esopo, que floreció en la misma [28 ] época que los Siete Sabios 87 , afirmó: «Estos hombres no saben cómo tener trato con un soberano, ya que hay que vivir con los señores o lo menos posible o del modo más obsequioso posible» 88 .
Adrasto, Atis y Creso
Adrasto, un frigio, en una cacería, [29 ] al disparar un dardo contra un jabalí, alcanzó involuntariamente al hijo de Creso, el rey de Lidia, llamado Atis, y lo mató. Aunque le había quitado la vida sin querer, dijo que era indigno que él siguiera vivo, y por ello pedía insistentemente al rey que no le perdonara la vida y que lo inmolara cuanto antes sobre la tumba de su difunto hijo. Pero Creso, que en un primer momento estaba [2] furioso contra Adrasto por lo que consideraba asesinato de su hijo y lo amenazaba con quemarlo vivo, cuando vio que estaba dispuesto a dar su vida para reparar la muerte del muchacho, puso entonces fin a su furia y liberó del castigo a quien había dado muerte a su hijo, echando la culpa a su mala suerte y no a la voluntad de Adrasto. De todas formas éste, por propia iniciativa, se encaminó a la tumba de Atis y se suicidó 89 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, págs. 219-220, BÜTTNER -WOBST .]
Observación de Fálaris
[30 ] Fálaris, viendo una numerosa bandada de palomas perseguidas por un solo halcón, dijo: «¿Véis, señores, cómo una multitud tan grande huye de un solo perseguidor movida por el miedo? Porque, si hubiera tenido el coraje de darse la vuelta, sin duda hubiera vencido fácilmente a su perseguidor». [Pero la observación de Fálaris era especiosa, ya que la victoria se debía al valor, no a la superioridad numérica] 90 . Y conforme a estas palabras perdió el poder, como está escrito en la parte dedicada a la sucesión de los reyes 91 .
Creso, el oráculo y Ciro
[31 ] Cuando iba a emprender la expedición contra el persa Ciro, Creso interrogó al oráculo. La respuesta fue la siguiente:
Si Creso cruza el Halis, destruirá un gran reino.
Él interpretó el ambiguo oráculo de acuerdo con sus planes y así le sobrevino la desgracia 92 . Creso preguntó una segunda [2] vez al oráculo para saber si su reinado sería de larga duración. Y el oráculo le respondió con los versos siguientes:
Cuando un mulo se convierta en rey de los medos,
entonces, lidio de andar afeminado, allende el guijarroso Hermo
huye; no te quedes ni te avergüences de ser cobarde 93 .
Con el «mulo» se refería a Ciro, dado que su madre era meda y su padre persa 94 .
Ciro, el rey de los persas, se presentó con todo su ejército [3] en los pasos de Capadocia 95 y envió mensajeros a Creso no sólo para que obtuvieran información sobre la situación del reino, sino también para que le manifestaran que Ciro lo absolvería de los errores que había cometido en el pasado y le nombraría sátrapa de Lidia si comparecía en la corte del rey persa y se declaraba vasallo igual que los otros 96 . Pero Creso contestó a los mensajeros que lo oportuno era que Ciro y los persas aceptaran ser vasallos de Creso, recordándoles que en el pasado siempre habían vivido sometidos a los medos, mientras que él nunca había estado a las órdenes de otro. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 289-290, ed. BOISSEVAIN .]
La deslealtad de Euríbato
[32 ] Creso, el rey de los lidios, con el pretexto de enviar una embajada a Delfos, envió a Euríbato de Éfeso al Peloponeso, entregándole dinero para que reclutara el mayor número posible de mercenarios griegos 97 . Pero el enviado se presentó ante el persa Ciro y le reveló con todo detalle el plan de Creso. Por ello la villanía de Euríbato se hizo proverbial entre los griegos, e incluso en nuestros días, cuando se quiere reprochar a alguien su vileza, se le llama Euríbato. [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 220, BÜTTNER -WOBST .]
El hijo mudo de Creso y el oráculo de Delfos. El saqueo de Sardes
Aunque los hombres malvados consigan [33 ] evitar por el momento la venganza de aquellos que han sido sus víctimas, la maldición al menos les acompaña toda su vida y les persigue para castigarlos, en la medida de lo posible, después de su muerte.
Cuentan que Creso, antes de emprender la guerra contra [2] Ciro, envió embajadores a Delfos para preguntar de qué manera su hijo podría adquirir el don de la palabra 98 ; y la Pitia le contestó:
De estirpe lidia, rey de muchos hombres, Creso, gran insensato,
no quieras escuchar en tu casa la voz muy deseada de tu hijo
de palabra dotado. Mejor que el momento sea para ti muy lejano,
pues hablará por primera vez en un día desgraciado 99 .
Es preciso aceptar la buena suerte con moderación y no [3] confiar en los éxitos humanos, porque éstos pueden sufrir un gran cambio por un motivo insignificante 100 .
[4] Después de caer prisionero y una vez que se hubo apagado la pira 101 , Creso, viendo que su ciudad iba a ser saqueada y que, entre otros bienes, se iba a robar una gran cantidad de oro y plata, preguntó a Ciro: «¿Qué están haciendo tus soldados?». Ciro riendo contestó: «Están saqueando tus bienes». «No los míos, ¡por Zeus!», replicó Creso, «sino los tuyos». A Creso, en efecto, ya no le quedaba nada suyo. Entonces Ciro, impresionado por aquellas palabras, cambió inmediatamente de parecer y, poniendo fin al saqueo de sus soldados, retuvo las riquezas de los habitantes de Sardes para el patrimonio real 102 . [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 290-291, ed. BOISSEVAIN .]
Admiración de Ciro por Creso
[34 ] Ciro, convencido de que Creso era un hombre piadoso debido al aguacero que cayó y apagó las llamas 103 , y recordando la respuesta de Solón 104 , rodeó a Creso de honores y lo mantuvo a su lado. Hizo que formara parte de su consejo, considerando que era una persona inteligente, dado que había tenido relaciones con muchos hombres cultivados y sabios. [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 220, BÜTTNER -WOBST .]
Harpago y los griegos de Asia
Harpago 105 había sido nombrado [35 ] por el persa Ciro comandante de las fuerzas navales, y cuando los griegos de Asia enviaron embajadores a Ciro para concertar un tratado de amistad, Harpago les dijo que su conducta le recordaba en gran manera una experiencia que él mismo había tenido en el pasado 106 . Un día, en efecto, deseoso de tomar mujer, pidió la [2] mano de la muchacha a su padre; éste primero, considerando a Harpago indigno de casarse con su hija, la prometió a un hombre más poderoso; después, sin embargo, cuando vio que Harpago era honrado por el rey, le dio la mano de la hija; a ello el pretendiente le contestó que entonces ya no la tomaba por esposa, pero que consentiría tenerla como concubina. Con estas palabras Harpago quería hacer ver a [3] los griegos que antes, cuando Ciro les había pedido que fueran amigos de los persas, ellos se habían negado, y que en aquel momento, cuando la situación había cambiado y ellos se afanaban por sellar un pacto de amistad con él, Ciro no estipularía ningún acuerdo tratándolos como aliados, sino que los acogería como esclavos que se confiaban a la protección de los persas.
Embajada lacedemonia a Ciro. Esparta y los oráculos sobre Tegea.
[36 ] Los lacedemonios, cuando se enteraron del peligro que corrían los griegos de Asia, enviaron una embajada a Ciro para manifestarle que ellos, al ser de la misma estirpe que los griegos de Asia, le prohibían que esclavizara a las ciudades griegas. Ciro, asombrado por esta amenaza, les contestó que emitiría un juicio sobre su valor cuando enviara a uno de sus esclavos a someter Grecia 107 .
[2] Cuando los lacedemonios se disponían a someter Arcadia 108 , recibieron la siguiente respuesta del oráculo:
¿Arcadia me pides? Mucho me pides. No te la daré.
En Arcadia hay muchos hombres que comen bellotas
que te detendrán. Pero yo no te la niego por resentimiento.
Te daré Tegea para que dances con cadencioso pie
y puedas medir a cordel su hermosa llanura 109 .
[3] Los lacedemonios enviaron a Delfos una delegación para preguntar en qué lugar estaban sepultados los huesos de Orestes, el hijo de Agamenón 110 . Y el oráculo dio la siguiente respuesta:
En un anchuroso lugar de Arcadia hay una ciudad, Tegea;
allí soplan dos vientos por imperiosa ley de la naturaleza;
al golpe le sigue el contragolpe y hay pena sobre pena.
Allí al Agamenónida cubre la nutricia tierra;
si te lo llevas, protector 111 serás de Tegea.
Había allí una fragua y el oráculo se refería a los dos fuelles 112 ; con el «golpe» y el «contragolpe» aludía al yunque y a los martillos, y con la expresión «pena sobre pena» significaba el hierro golpeado sobre el hierro 113 ; se llama, en efecto, «pena» al hierro por considerar que ha sido descubierto para desgracia de los hombres.
Es preferible morir antes que vivir viéndose a uno mismo [4] y a los familiares en situaciones de infortunio equivalentes a la muerte.
Moderación de Pisístrato
En cierta ocasión en que la hija de [37 ] Pisístrato llevaba la sagrada canasta en procesión 114 y se distinguía por su belleza, un joven se acercó insolentemente a la muchacha y la besó. Los hermanos de la doncella, al llegar a sus oídos lo sucedido, se enojaron gravemente por la arrogancia del joven y lo llevaron ante su padre pidiendo que fuera castigado. Pero Pisístrato riendo dijo: «¿Qué deberemos hacer a los que nos odian, si abrumamos con castigos a quienes nos aman?» 115 .
Un día, cuando recorría los campos, Pisístrato vio a un [2] hombre que en las laderas del Himeto trabajaba en unos terrenos extraordinariamente pobres y pedregosos. Maravillado por su laboriosidad, envió a algunos miembros de su séquito para preguntarle qué ganancia obtenía trabajando un campo como aquél. Los enviados preguntaron lo que Pisístrato [3] les había mandado y el agricultor contestó que de aquel campo sólo sacaba miserables penalidades, pero que no le importaba en absoluto, puesto que daba el diezmo de ellas a Pisístrato. El tirano, al oír esta respuesta, se puso a reír y eximió de impuestos aquel campo; de ahí proviene el proverbio: «Las convulsiones 116 también dan exención de impuestos». [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 291-293, ed. BOISSEVAIN .]
1 Estos fragmentos sobre los Siete Sabios pueden compararse con los relatos completos de Diógenes Laercio.
2 Generalmente se acepta el origen ateniense de Solón, como hace el mismo Diodoro en I 96, 2. No hay acuerdo en las fuentes respecto a la procedencia salaminia, error seguramente de algunos autores atribuible a diversas causas, como por ejemplo, la leyenda de que las cenizas del legislador fueron esparcidas por Salamina (CRATINO , fr. 228 KOCK; cf. DIÓGENES LAERCIO , I 62); que la isla que estuvo en poder de la vecina Mégara y que fue reconquistada por los atenienses enardecidos por los versos de Solón (cf. fr. 2); o que le fue dedicada una estatua en Salamina (cf. DEMÓSTENES , Sobre la embajada fraudulenta 251, frente a ESQUINES , Contra Timarco 25-26). De Execéstides, el padre de Solón, PLUTARCO (Vida de Solón 1, 2-3) dice que era miembro de una familia noble, puesto que descendía de Codro, pero que su riqueza e influencia eran de clase media (cf. asimismo ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses 5, 3); y añade, siguiendo a Heraclides el Póntico, que su madre era prima de la madre de Pisístrato.
3 La virtud (aretḗ) , por antonomasia para Solón era la justicia, y junto a la justicia, en su actuación moral y cívica, vemos que, para mantenerse entre uno y otro bando, era también necesario el valor. Solón defendió su reforma política con valentía, «como un lobo acosado por los perros» (cf. SOLÓN , fr. 24 DIEHL ). Cf. C. GARCÍA GUAL , Los Siete Sabios (y tres más) , Alianza Ed., Madrid, 1989, págs. 61 sigs. El sabio era, según Protágoras. un didáskalos tês aretês , «un maestro de excelencia», de virtud, un experto en saberes que le hacían guía de la comunidad.
4 Epainouménēn. O «la altura moral que se adquiere con la educación» con la lectura pepaideuménēn.
5 Traducción de dýnamin de los manuscritos; pero, según la conjetura dóxan de Dindorf y Vogel, habría que entender «una mayor fama».
6 Frente a las figuras de los míticos héroes antiguos, los Siete Sabios, a los que se dedica la mayor parte de los fragmentos de este libro IX, no son grandes guerreros, sino que se caracterizan por una filosofía hecha de sabiduría moral, de inteligencia política y de una moderación ligada a la conciencia de la limitación humana; son los constructores del orden social de la ciudad de la época arcaica y sus armas son la habilidad, el diálogo y la inteligencia. Cf. C. GARCÍA GUAL , ob. cit., Madrid. 1989.
7 El momento culminante de la actividad política de este hombre de estado, legislador, viajero y poeta fue el año 594/93 a. C., el año de su arcontado. cuando le fueron otorgados poderes especiales para reformar la constitución. Según los cronógrafos antiguos ésta, o algunos años antes, hacia el 600, era la fecha de su acmé, es decir, debió de nacer unos cuarenta años antes, y la muerte le sobrevino poco después de implantarse la tiranía de Pisístrato el 560 a. C.; o sea, hacia el 640 a. C. y hacia el 558 a. C. podemos situar su nacimiento y muerte. La figura de Solón es pues plenamente histórica y podemos trazar su biografía a partir de su propia obra y de testimonios externos (cf. principalmente PLUTARCO , Vida de Solón y ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses , que probablemente utilizaban como fuente obras perdidas del propio Solón); pese a ello, ya en el siglo v se veía envuelta por la leyenda; Solón se convirtió en el prototipo del sabio y se le relacionó con diversas personalidades históricas, a veces contra toda posibilidad cronológica, como el caso de su encuentro con Creso, del que habla HERÓDOTO , I 29. Frecuentemente resulta complicado separar la realidad histórica de la leyenda, del mismo modo que en el estudio de su legislación se ha de esclarecer lo que es obra de Solón y los elementos anteriores o posteriores que se le atribuyen. Su obra poética es un testimonio y a la vez una justificación de su actividad política y legislativa, actividad orientada a solucionar las tremendas diferencias sociales y políticas entre una aristocracia terrateniente y una población campesina endeudada y sometida a la esclavitud, tal como permitía la constitución de Dracón (cf. ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses 5, 1-2). Pese a sus importantes reformas, abolición de las deudas y la esclavitud, y al establecimiento de las bases de una constitución democrática, su labor no satisfizo a muchos, lo que le hizo decir que en los grandes asuntos es difícil complacer a todos; animado por su espíritu de moderación, atacó los excesos de los ricos, pero no se puso enteramente de parte del pueblo que aspiraba a un cambio radical, con lo que se abrió el camino a la tiranía de Pisístrato.
8 Atenas, naturalmente.
9 Solón no sólo trató de reestructurar la sociedad ateniense, sino que también se preocupó por las costumbres de sus conciudadanos. La pacificación social y la moderación debían reducir los excesos provocados por las riquezas y el afán de poder. Dictó leyes contra el lujo excesivo y, según Diógenes Laercio, recortó los honores a los atletas vencedores en los juegos mientras que aumentó los ofrecidos a los caídos en el campo de batalla, de cuyos hijos se ocuparía el Estado
10 Harmodio y Aristogitón pertenecían a la noble familia de los Gefireos y en el 514 a. C. se confabularon para matar a Hipias, hijo y sucesor de Pisístrato en el 527 a. C. y a su hermano Hiparco; pero el complot falló ya que sólo se pudo dar muerte al hermano menor, Hiparco. Los dos tiranicidas pagaron su intento con la muerte e Hipias no cayó hasta el 510 a. C. (cf. infra , X 17), pero su acción fue exaltada por la tradición filodemocrática de los siglos v y IV a. C., que les atribuyó el título de restauradores de la libertad.
11 Cf. Heródoto, I 6-94. Creso, el último rey de la dinastía de los Mérmnadas, subió al trono de Lidia en el 560 a. C. sucediendo a su padre Aliates, cuya política de expansión continuó sometiendo las ciudades griegas de la costa de Asia Menor y obligándolas al pago de tributo (cf. Heródoto, I 6, 2; 26, 2-3). Se interesó por el mundo griego y su cultura y Sardes se convirtió en un importante centro comercial y cultural; le atrajo asimismo la religión de los griegos y Heródoto nos da testimonio de la consulta del rey lidio a los oráculos griegos (I 46, 2-56, 1; 90, 4-91, 1), de sus ofrendas a diversos santuarios griegos (I 92, 1-2) y de su contribución en la construcción del templo de Ártemis de Éfeso, incendiado por Heróstrato en el 356 a. C.
12 El encuentro de Solón y Creso, al que se refieren muchos testimonios, se enfrenta a un serio obstáculo cronológico, puesto que, como hemos dicho, la muerte de Solón se sitúa poco después del 560 a. C., año en que sube al trono el rey lidio, por lo que parece históricamente improbable una visita del ateniense a la corte de Creso. A este encuentro se refieren HERÓDOTO (I 29-33) y PLUTARCO (Vida de Solón 27); pero Diodoro se aparta de ellos omitiendo la descripción del lujo de la corte lidia y los detalles de la respuesta de Solón. Esta visita de Solón a Creso, como otros encuentros, se fundamentan en el carácter viajero del sȧbio, deseoso de explorar otros pueblos y culturas. Heródoto nos ha dejado un relato admirable, y luego el encuentro del rey y el sabio se ha convertido en un tópico (Alejandro y Diógenes, o Alejandro y los gimnosofistas; cf. C. GARCÍA GUAL , ob. cit. , Madrid, 1989, págs. 80-81).
13 En el relato de Heródoto, después de mostrar a Solón el palacio y los tesoros, Creso le pregunta a quién considera el hombre más feliz, esperando que le señale a él, pero el sabio le da el nombre de Telo de Atenas, que, tras una vida dichosa rodeado de una buena familia, supo morir gloriosamente. Creso insiste entonces confiando en un segundo puesto, pero de nuevo le sorprende Solón citando a Cléobis y Bitón. El rey, contrariado, le pregunta si su dicha y riquezas no eran dignas de consideración, a lo que Solón le responde que, al ser la divinidad «envidiosa y perturbadora» y el hombre «una pura contingencia», no puede llamarse a nadie feliz hasta que se haya visto su final, sino, todo lo más, afortunado. Entonces Creso le despide enfadado, pero, pasado el tiempo, pierde a su hijo y es derrotado y hecho prisionero por Ciro, que le condena a la hoguera. A punto de arder, Creso grita tres veces el nombre de Solón; le escucha Ciro, que detiene la ejecución y se entera de la historia, lo que le lleva a perdonar a Creso y a hacerle su consejero. Una historia ejemplar sobre lo imprevisible del destino humano.
14 Ciro, el fundador del Imperio Aqueménida, subió al trono de Persia en el 560 a. C. Sometió Media y a su rey Astíages hacia el 550 a. C., después de incitar a los persas a rebelarse y tras ocupar Ecbatana (cf. HERÓDOTO , I 125-128 y JUSTINO , I 6, 7-17); reprimió rebeliones, emprendió numerosas expediciones militares y organizó su vasto imperio. Una de sus conquistas fue Lidia, región puente entre Oriente y el mundo griego que empezaba en las ciudades costeras de Asia Menor. Lidia alcanzó una gran prosperidad e influencia durante la dinastía de los Mérmnadas, iniciada por Giges (h. 680-650 a. C) y finalizada con Creso, cuyo enfrentamiento con Persia (cf. HERÓDOTO . I 75, 2-81; 83-85 y JUSTINO , I 7, 3-10) acabó con la victoria de Ciro, que se apoderó de Sardes e hizo prisionero a Creso (545 a. C).
15 El relato de Diodoro sobre Creso es similar al de Heródoto (I 86-87), salvo en la invocación a Apolo y en el aguacero milagroso que apagó la hoguera.
16 Las locuras, la desmesura y las acciones injustas de los ciudadanos pueden arruinar la ciudad; la Disnomía, el «mal gobierno», le acarrea desdichas sin cuento, mientras que la Eunomía, el «buen gobierno», procura orden y equilibrio; frente a las locuras de los ciudadanos la prudencia y la virtud de un buen gobierno protegen la ciudad y contrarrestan o evitan excesos, abusos, sentencias torcidas, actos soberbios y el odio de la discordia civil. Cf. las elegías Eunomía (fr. 3) y A las Musas (fr. 1).
17 Se trataba del trípode de oro que, según la tradición, habría arrojado al mar Helena durante su viaje de regreso de Troya. PLUTARCO , Vida de Solón 4, cuenta que lo sacaron unos pescadores de la isla de Cos y que lo disputaron con unos extranjeros de Mileto que habían comprado la pesca antes de que las redes fueran izadas. Este incidente provocó una guerra entre las dos ciudades hasta que el oráculo de Delfos dictaminó que el trípode debía entregarse al hombre más sabio. Pero existen diversas versiones sobre el famoso trípode (cf. C. GARCÍA GUAL , «El trípode y los sabios», ob. cit. , Madrid, 1989, págs. 211-215). En el certamen los sabios se pasaron el objeto precioso de uno a otro, en un gesto de sorprendente modestia, hasta que llegó a Solón, que dijo que Apolo era el primero en sabiduría y lo entregó al dios (cf. DIÓGENES LAERCIO , I 27-33). Cf. asimismo infra , IX 13, 2.
18 La sacerdotisa que en el ádyton del santuario de Apolo de Delfos emitía, como intermediaria entre el dios y el hombre, las respuestas oraculares; según la tradición, estaba sentada en un trípode en un estado de trance más bien dionisíaco provocado por las «emanaciones sagradas» que surgían de unas fisuras en el suelo. Muchos estudiosos ponen en duda esta teoría tradicional de la falla y el vapor profético, pero cf. J. Z. DE . BOER -J. R. HALE -J. CHANTON , «New evidence for the geological origins of the ancient Delphic oracle (Greece)», Geology , vol. 29, núm. 8, (2001) 707-710; L. PICCARDI , «Active Faulting at Delphi, Greece: Seismotectonic Remarks and a hypothesis for the geologic environment of a myth.» Geology , vol. 28 núm. 7 (2000), 651-654.
19 En Diógenes Laercio (I 30 sigs.) se encuentran diversas variantes; unos, por ejemplo, afirmaban que el trípode iría en una nave que Periandro envió a Trasibulo, tirano de Mileto, y que naufragó en aguas de Cos y que luego fue recuperado por unos pescadores; según otros, el trípode que Helena había arrojado al mar de Cos fue a parar a manos de unos ciudadanos de Lébedos que habían comprado toda la pesca a unos pescadores de Cos, lo que, pese a la mediación de Mileto, originó una disputa entre ambas ciudades, que no acabó hasta la intervención del oráculo; para Fanódico (FGrHist 397, fr. 4 a) el trípode se encontró en el mar cerca de Atenas y fue enviado a Bías. Las dos respuestas del oráculo que aparecen en Diodoro se encuentran también en DIÓGENES LAERCIO (I 28 y 33).
20 El trípode había sido forjado por Hefesto, que se lo regaló a Pélope el día de su boda; luego fue robado por Paris cuando raptó a Helena, y arrojado al mar de Cos a instancias de ésta, que profetizó que sería causa de disputas.
21 Los antiguos lo consideraban el primero de los famosos Siete Sabios, el filósofo que abrió la investigación sobre los principios de lo real; para él la archḗ de todo era el agua. Desde la época de su vida, en pleno siglo VI a. C., se transmitió su prestigio como astrónomo, geómetra, viajero, estudioso de la naturaleza y estadista; fue el primero en predecir un eclipse de sol, el del 585 a. C.
22 Sobre el recorrido del trípode, el trípodos períodos , véase PLUTARCO , Vida de Solón 4, 2-4, que recoge diversas tradiciones. Tras ser entregado a Tales de Mileto, éste lo habría pasado a Bías, quien a su vez se habría desprendido de él; finalmente llegó de nuevo a Tales, y de Mileto fue enviado a Tebas para ser consagrado a Apolo Ismenio. Pero, según Teofrasto, el trípode fue enviado primero a Bías, a Priene, de donde pasó a Mileto, a Tales, que lo envió a otros sabios; finalmente llegó de nuevo a Bías y fue enviado a Delfos.
23 Algo antes del 561/560 a. C., cuando se hizo con el poder Pisístrato. Cf. HERÓDOTO , I 59, 3-6. Sobre el intento de Solón de disuadir a Pisístrato, cf. PLUTARCO , Vida de Solón 29, 5.
24 La guardia personal de un gobernante absoluto solía recibir el nombre de doryphóroi , es decir, los «portadores de lanzas» o «lanceros» (cf. HERÓDOTO , I 8, 1), pero en el caso de Pisístrato, como observa el mismo HERÓDOTO en I 59, 5, fueron «maceros» (korynēphóroi ), puesto que sus guardaespaldas le escoltaban provistos de mazas de madera. Pisístrato consiguió que el pueblo le concediera esta guardia gracias a una estratagema; se hirió a sí mismo y a los mulos que llevaba y se presentó así en el ágora, como si hubiera sido víctima de un atentado. Con la ayuda de estos hombres llevó a término el golpe de estado apoderándose de la Acrópolis (cf. HERÓDOTO , I 59, 6; PLUTARCO , Vida de Solón 30, 1-3, 5; ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses 14, 1; DIÓGENES LAERCIO , I 60 y 66; POLIENO , I 21, 3; JUSTINO , I 8, 6-10).
25 Sobre la actitud de Pisístrato respecto a las leyes de Solón y a las relaciones de los dos hombres después del golpe de estado, cf. PLUTARCO , Vida de Solón 31, 2; HERÓDOTO , I 59, 6; ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses 22, 1. Las noticias, además de escasas, son contradictorias. Así Heródoto afirma que Pisístrato no modificó las magistraturas existentes ni alteró las leyes y que su gobierno fue acertado, mientras que Aristóteles dice que el tirano abandonó la legislación de Solón. Plutarco escribe que Pisístrato manifestó su estima por Solón, que acabó dando consejos al tirano y aprobando muchas de sus aciones.
26 El escita Anacarsis, si hacemos caso a DIÓGENES LAERCIO (I 41), fue introducido en la lista canónica de los Siete Sabios por el historiador Éforo, pero sabemos que su fama era bien conocida en época anterior. Heródoto (IV 76-77) nos habla de la leyenda trágica de Anacarsis, víctima de las costumbres extranjeras y de sus relaciones con Grecia, y en IV 46 lo menciona como un sabio de reconocido prestigio. Platón también señala su talento y lo asocia a Tales (cf. República X 600 A). Fue un sabio viajero; la tradición recogida por Heródoto se refiere a su viaje a Cícico, y otra tradición que encontramos en Plutarco (Vida de Solón 5) y en DIÓGENES LAERCIO (I 101) cuenta su viaje a Atenas y su encuentro con Solón.
27 Nombre antiguo de Delfos (Pythṓ, oûs) , nombre relacionado con el de la serpiente Pitón (Pýthōn) a la que el dios dio muerte.
28 Los malieos habitaban Málide, región que mira al golfo Malíaco; de allí era Misón, uno de los Siete Sabios, que residía en Quenas, pueblo situado en el Eta, la cordillera situada entre el Pindo y el Parnaso.
29 Periandro fue hijo de Cípselo, el que derribó la oligarquía de los Baquíadas en Corinto. Sobre ellos, cf. HERÓDOTO , V 92. La cronología de la tiranía de los Cipsélidas ha sido objeto de debate. Hay una cronología «alta» (defendida por Felix Jacoby, entre otros, a partir de la Crónica de EUSEBIO y de fragmentos atribuidos a Apolodoro de Atenas) y otra «baja» (propuesta por Julius Beloch y algunos autores modernos, basada en los sincronismos de Heródoto entre Periandro, Creso y los Pisistrátidas). Según el cómputo alto tradicional (cf. F. JACOBY , «Apollodors Chronik», Philologische Untersuchungen , Berlín, 1902, págs. 405 sigs.), Cípselo se estableció como tirano en Corinto hacia el 655 a. C. y se mantuvo hasta el 625 aproximadamente. Le sucedió su hijo Periandro, que gobernó desde el 625 hasta el 585 a. C. Pese a su creciente despotismo, confirmado por Heródoto al decir que fue más cruel que su padre, posiblemente como reacción a los deseos de los aristócratas de volver a la oligarquía, desarrolló una política de engrandecimiento de Corinto a la que convirtió en una gran potencia naval, comercial y colonizadora; y en un importante centro cultural que acogió, por ejemplo, a Arión de Metimna (cf. HERÓDOTO , I 23-24). El prestigio de Corinto le llevó a formar parte de los «Siete Sabios», personajes de los siglos VII y VI a. C. famosos en las ciudades griegas, aunque Platón (Protágoras 343a), debido a la consideración que en los siglos V y IV se tenía de la tiranía y a la fama de crueldad de Periandro, no incluía a Periandro entre aquéllos.
30 Cf. HESÍODO , Trabajos y días 467.
31 Quilón de Esparta también fue contado entre los «Siete Sabios» (cf. PLATÓN (Protágoras 343a). Se sabe que desempeñó el cargo de éforo en el 556 a. C., pero por lo demás es una figura legendaria a la que conocemos por los aforismos que encontramos en las Vidas de los filósofos ilustres de DIÓGENES LAERCIO . PAUSANIAS (III 16, 4) nos habla de un heroon en el que recibía culto heroico.
32 Expresada de modo conciso, «lacónico», es decir, «espartano».
33 Cf. JENOFONTE , Recuerdos de Sócrates IV 2, 24 sigs. Sobre el gnôthi sautón («conócete a ti mismo»), esta sentencia adoptada por Sócrates que invita a la moderación y a la conciencia de la propia limitación, cf. asimismo ARISTÓTELES , Retórica II 21. Estas máximas délficas constituyen la síntesis de la sophrosýnē del hombre griego.
34 Encontramos una historia semejante en HERÓDOTO , I 165, donde los foceos juraron no regresar a Focea hasta que una masa de hierro candente lanzada al mar no reapareciera en la superficie.
35 Fr. 923 NAUCK.
36 Es decir, contra toda prenda, garantía, compromiso o juramento que constituye un vínculo.
37 En el 479 a. C., antes de la famosa batalla que obligó a retirarse al ejército persa de Mardonio. Sobre este juramento, cf. infra , XI 29, 2-3.
38 Diodoro piensa seguramente en el tratado con Persia estipulado en el 449/448 a. C., la llamada «paz de Calias» por el nombre del personaje que estaba al frente de la embajada ateniense. Cf. infra , XII 4, 5, y notas 26-28.
39 Respecto al interés de Creso por ganarse el favor del dios de Delfos, a sus sacrificios y ofrendas, y especialmente a los ciento diecisiete lingotes de oro y a la estatua de un león de oro puro, cf. HERÓDOTO , I 50-51.
40 Sobre el ataque persa a Delfos en el 480 a. C., después de las Termópilas, cf. infra , XI 14, 2-4, y notas 119-121; HERÓDOTO , VIII 35 sigs.
41 Se alude aquí a dos pueblos que pusieron sus ojos en el dominio y los bienes de Delfos, los focenses y los gálatas o galos. Los focenses habitaban la Fócide, región de Grecia Central situada entre Lócride, Dóride y Beocia; en su territorio se encontraba Delfos, por lo que no dejaron de tener problemas con otros pueblos, con los anfictiones o administradores del santuario. Ya a principios del siglo VI a. C., tuvieron que ceder el control del santuario a los tesalios cuando fueron derrotados en la Primera Guerra Sagrada por la liga tesalia apoyada por Atenas y Sición. Luego, en la época de la tiranía de Hipias, los focenses, ayudados por los beocios, expulsaron a los tesalios más allá de las Termópilas y recuperaron el control del oráculo; y hacia el 457, guerrearon contra la Dóride, pero esta política expansiva fue frenada por Esparta, que obligó a los focenses a la restitución de sus conquistas (cf. infra , XI 79, 4-6). La victoria de Enófita, una respuesta ateniense a los intentos espartanos de imponerse en la Grecia Central, la ocupación de la Fócide y la expedición ateniense contra Tesalia indican la decidida voluntad ateniense de controlar la anfictionía délfica (cf. infra , XI 83, 3). Pero después de la derrota ateniense de Coronea del 447, los focenses se inclinan por Esparta, a la que apoyan durante la Guerra del Peloponeso y en los primeros años del siglo IV . Luego, en el 356, se produce uno de los graves incidentes a los que aquí se alude; los focenses (o focidios), siempre dominados por la tentación de saquear los tesoros acumulados por la devoción de los griegos en el santuario de Delfos, se deciden a «tomar en préstamo» los tesoros, apoyados por Esparta. A los sacrílegos se enfrenta la anfictionía de Delfos, dirigida por Tebas y apoyada por locros y tesalios, e interviene Filipo de Macedonia. Se acaba la aventura focense. Por otra parte, los gálatas, celtas procedentes de Occidente, hacia el 280 empezaron a extenderse en diversas oleadas desde la zona danubiana hasta Grecia y Asia Menor; y en el 279/278, mandados por Breno, se dirigieron contra Delfos atraídos por sus tesoros, pero fueron rechazados en una batalla en la que la fe popular atribuyó la victoria a Apolo, enojado por el ataque a su santuario. Antígono Gonatas, en el 277, en la victoria de Lisimaquia, liberó a Grecia del peligro de los gálatas, que pasaron a Asia, a establecerse en los territorios que por ellos recibirían el nombre de Galacia (cf. DIODORO , XXII 3, 2; 4, 1).
42 Era celebrada la abundancia y la calidad del vino de Lesbos.
43 Pítaco de Mitilene (ca. 650-570 a. C.), otro de los Siete Sabios, fue inmortalizado por su enemigo, el poeta Alceo (cf. C. GARCÍA GUAL , ob. cit. , Madrid, 1989, págs. 99 sigs.). Con sus ataques e insultos el poeta, aristócrata rencoroso e intransigente, ha contribuido a la fama del gobernante. Tras la muerte del tirano Mírsilo, cantada por ALCEO (fr. 332 LOBEL -PAGE) , fue elegido Pítaco para gobernar Mitilene con plenos poderes, con el título, según ARISTÓTELES (Política , III 1285 a), de aisymnḗtēs , un pacificador, un tirano legalizado nombrado para arreglar una situación de crisis. Diodoro es una de las fuentes que nos presenta una valoración positiva de este personaje, que, antes de su elección para arreglar la larga discordia civil de su ciudad, ya se había distinguido en su lucha contra el gobierno de dos tiranos, Melancro y Mírsilo. Su gobierno de diez años trató de buscar el equilibrio social entre los aristócratas y el pueblo. Cf., asimismo, DIÓGENES LAERCIO , I 74-81, respecto a aspectos anecdóticos de su actuación, y ESTRABÓN , XIII 1, 38-39; 2, 3.
44 Mató al estratego ateniense Frinón, envolviéndolo en una red, cuando mitileneos y atenienses combatieron por el dominio de Sigeo, en el Helesponto. Sobre las luchas entre Atenas y Mitilene por la posesión de Sigeo, cf. HERÓDOTO , Historia , trad. y notas de C. SCHRADER , libros V-VI [BCG 39, Madrid 1981], V 94-95 y notas 474 sigs.
45 Cf. DIÓGENES LAERCIO , I 75, donde leemos «La mitad es más que el todo», en relación a que sólo aceptó una pequeña parte de un regalo excesivo; esta máxima además se ha considerado un buen lema para un gobernante que supo retirarse a tiempo.
46 Cf. infra , frags. 25; 26, 2 y 27, 4.
47 El gran poeta lírico, el aristócrata Alceo se opuso firmemente a los gobiernos tiránicos de su ciudad y pasó buena parte de su vida en el exilio. Sus hermanos, más viejos que él, habían colaborado con Pítaco en el derribo de la tiranía de Melancro (cf. fr. 75 LOBEL -PAGE ; DIÓGENES LAERCIO , I 74). La familia de Alceo mantuvo relaciones con Pítaco durante un tiempo, pero luego se distanciaron y Alceo, que atacó ferozmente a Mírsilo y celebró con alegría su muerte, no diferenció mucho a Pítaco de sus antecesores y le acusó de conculcar los juramentos y devorar la ciudad (cf. fr. 129 LOBEL -PAGE). La noticia que da aquí Diodoro sobre el perdón de Alceo aparece asimismo en DIÓGENES LAERCIO , I 75.
48 Bías, otro de los Siete Sabios, nacido en Priene, una ciudad jonia situada en la desembocadura del río Meandro (cf. ESTRABÓN , XIV 1, 12). Sería contemporáneo de Creso de ser cierta la anécdota recogida por HERÓDOTO (I 27) de un encuentro del rey de Lidia con Bías, que habría disuadido a Creso de construir una flota para atacar a los isleños del Egeo. Sobre el nombre, Biante o Bías, cf. C. GARCÍA GUAL , ob. cit. , Madrid, 1989, págs. 89 sigs.
49 Cf. PLUTARCO , Vida de Solón 4, 4, donde se cita a Teofrasto respecto a esta tradición de la entrega del trípode a Bías.
50 Sobre su talento y su fama como orador y sobre su inteligencia o habilidad negociadora, por el que tras su muerte se le tributó un culto heroico, se han transmitido numerosas leyendas y anécdotas.
51 Crotón (gr. Krótōn) o Crotona (lat. Crotōna).
52 Cf. ESTRABÓN , VI 1, 12. El atleta crotoniata, que vivió en la segunda mitad del siglo VI a. C., se granjeó una gran fama por sus numerosas victorias en los Juegos Olímpicos, Píticos, Ístmicos y Nemeos, y asimismo por su intervención en la guerra de Crotona contra Síbaris en el 510 a. C. (cf. infra , XII 9, 6), pero tuvo un final lamentable ya que murió devorado por las fieras tras quedar apresado en la trampa de un árbol. Sobre la fama de este Milón, cf., asimismo, HERÓDOTO , III 137, 5; PAUSANIAS , VI 14, 5; infra , XII 9, 5.
53 Polidamante de Tesalia fue otro célebre atleta que también tuvo un final miserable aplastado por el techo de una cueva que se resquebrajó y que el atleta, insensatamente, creyó poder sostener. Cf. PAUSANIAS , VI 5, 4 sigs.
54 Ciudad de Tesalia situada cerca de Farsalo.
55 El pueblo de Cirra fue responsable de acciones sacrílegas contra el santuario de Delfos (cf. ESTRABÓN , IX 3, 4; ATENEO , XIII 560b-c). Aquí Diodoro se refiere a un episodio de la primera Guerra Sagrada, a un intento de los focenses hacia el 590 a. C. de controlar el santuario, intento contrarrestado por la intervención de los tesalios, apoyados por Atenas, con especial papel de Solón (cf. ESQUINES , Contra Ctesifonte 3, 107-108; PLUTARCO , Vida de Solón 11, 1; PAUSANIAS , X 37, 6-7) y de la ciudad de Sición.
56 Respecto a esta respuesta del oráculo, cf. ESQUINES , Contra Ctesifonte [3] 112; PAUSANIAS , X 37, 6. Se piensa que este oráculo de los manuscritos de Esquines fue añadido por algún antiguo editor a partir del texto de Pausanias. Parece haber un cierto contraste con el contenido del oráculo de la Pitia que aparece en el mismo texto de Esquines (108), ordenando a los atenienses y a los miembros de la Anfictionía que combatieran hasta el final contra el pueblo de Cirra, devastaran sus tierras, saquearan su ciudad y esclavizaran a sus habitantes, y finalmente consagraran el territorio a Apolo Pitio, a Ártemis, a Leto y a Atenea Pronea, sin consentir allí cultivo alguno.
57 El momento cumbre de la actividad política de Solón fue su arcontado, el año 594/93 a. C., cuando la ciudad le confirió poderes especiales para reformar la constitución. Para los cronógrafos antiguos esta fecha seria su acmé , es decir, debió de nacer unos 40 años antes. Su muerte tendría lugar poco después de implantarse la tiranía de Pisístrato el año 560 a. C., según la afirmación de Fanias de Éreso (recogida por PLUTARCO , Vida de Solón 32, 3).
58 Tirano de Acragante (570-554 a. C.). Se hizo con el poder hacia el 570, no mucho después de la fundación de Acragante (situada tradicionalmente hacia el 580: cf. TUCÍDIDES , VI 4, 4 y notas 15-17). La amenazadora proximidad de los cartagineses creó seguramente en aquella ciudad condiciones especiales que propiciaron la tiranía de Fálaris, conocida sobre todo por las anécdotas sobre su crueldad y por la criminal utilización del toro de bronce, obra de Perilao o Perilo. Según la tradición murió de una pedrada durante una revuelta popular (cf. Escolios a PÍNDARO , Olímpicas I 68).
59 Luciano de Samosata en el primer período de su producción literaria fue autor de unos discursos sofísticos con el título de Fálaris. Parece que el opúsculo constaba de tres discursos, de los que los manuscritos han conservado dos (cf. LUCIANO , Obras , tomo I, intr. J. ALSINA , trad. y notas de A. ESPINOSA , BCG 42, Madrid, 1981, págs. 71 sigs.).
60 Diodoro se referirá de nuevo al toro de Fálaris en otros dos pasajes, en XIII 90, 4-5 y en XIX 108, 1.
61 Cf. Píticas I 95.
62 Cf. supra. IX 4, 1.
63 Cf. asimismo PLUTARCO , Vida de Solón 3, 7; DIÓGENES Laercio, I 50.
64 Fr. 10 DIEHL. El poeta pasa de la ley física, de la fuerza creciente de la tempestad, al acontecer moral y político, a la amenaza inminente de la esclavitud impuesta por el tirano.
65 Fr. 8 DIEHL.
66 Cf. supra , IX 4, 2.
67 Jerjes reinó del 486 al 465 a. C, y el nacimiento de Heródoto se sitúa tradicionalmente en el 484 mientras que su muerte ocurrió hacia el 425 a. C.
68 Respecto a las fuentes de este pasaje (= DIODORO , II 32), Heródoto y Ctesias, y a sus inexactitudes, cf. DIODORO DE SICILIA , Biblioteca Histórica. Libros I-III. intro., trad. y notas de F. PARREU ALASÁ , BCG 294, Madrid, 2001, pág. 99. En cuanto a los quinientos años de este pasaje, cf. los quinientos veinte de HERÓDOTO , I 95, 2, frente a los mil trescientos de DIODORO , II 21, 8, y a los más de mil doscientos de II 28, 8, cifras basadas en Ctesias, que alargaba mucho la hegemonía asiria.
69 Este período democrático entre la caída de los asirios y la elección de Ciáxares no existió.
70 Astíages fue hijo y sucesor directo de Ciáxares. Cf. HERÓDOTO . I 107 sigs. Ctesias presentaba una serie de soberanos medos más larga al asignar a la hegemonía de los medos una duración mayor, de más de trescientos años frente a los ciento veintiocho de HERÓDOTO I 130, 1 y a los ciento cincuenta que se obtienen sumando diversos reinados asimismo según los datos de Heródoto.
71 El 711-710 a. C.
72 El 560-559 a. C.
73 Talo escribió tres libros de cronología que abarcan los sucesos comprendidos entre la guerra de Troya y la Olimpíada 167 (112-109 a. C.), de acuerdo con Eusebio (cf. Crónica de EUSEBIO en traducción armenia: Die Chronik aus dem Armenischen übers. mit textkrit. Commentar , trad. alemana de J. KARST , 1911, pág. 125, 22 = C. MÜLLER , Fragmenta Historicorum Graecorum , vol. 3, pág. 517).
74 Cástor de Rodas, erudito del siglo I a. C. autor de unas Crónicas en seis libros. Eran una cronología universal que llegaba hasta el 60 a. C., año de la pacificación de Asia por obra de Pompeyo. Cf. FGrHist II B, 1130.
75 Polibio de Megalópolis, el gran historiador ligado al círculo de los Escipiones, autor de cuarenta libros de Historias que narran acontecimientos ocurridos entre el 264 y el 144 en Oriente y en Occidente, de concepción científica e inspiración tucidídea.
76 Flegón de Tralles, liberto de Adriano, autor de las Olimpíadas , una obra cronológica que va de la primera Olimpíada hasta la muerte de Adriano en el 138 d. C. Cf. FGrHist II B, 257.
77 Ed. Gifford, Oxford, 1903. Cf. G. BOUNOURE , «Eusèbe citateur de Diodore», Rev. Ét. Gr. [95] (1982), págs. 433-439.
78 Cf. HERÓDOTO , I 107 sigs.; JUSTINO , I 4, 2-4. Sobre los sueños de Mandana o Mandane y el intento de matar a Ciro recién nacido, cf. HERÓDOTO , I 107-113; CTESIAS , FGrHist 90 F, 66, 3; JENOFONTE , Ciropedia I 2-4; JUSTINO , 14, 5-5, 4.
79 La rebelión de los persas conducida por Ciro, con la inspiración de Harpago (cf. Heródoto, I 123-126), llevó a la lucha contra los medos de Astíages, a la traición de las tropas medas y a esta vergonzosa huida (cf. HERÓDOTO , I 127, 3). Según Heródoto, Astíages empaló a los magos que le habían aconsejado dejar marchar a Ciro.
80 De su crueldad habla también HERÓDOTO (I 130, 1).
81 Sobre este plan de Creso de construir una flota, cf. HERÓDOTO , I 27. El proyecto estaba en la línea de la política de expansión hacia la costa de Asia Menor que llevó al monarca a atacar Éfeso y someter a los jonios y eolios de Asia. Esta anécdota de la visita de Bías o Pítaco es una más de las muchas que circulaban en relación con los Siete Sabios; y Pitaco no pudo ser el que llegó a Sardes por aquel tiempo, dado que vivió dos generaciones antes que Creso (cf. DIÓGENES LAERCIO , I 74-81).
82 «Los lidios... ganar» se lee al final del capítulo, pero lo trasladamos aquí de acuerdo con Vogel.
83 Cf. HeRÓDOTO , I 29, 1.
84 Cf. supra , fr. 2, 1 y nota 12.
85 La brachylogía , la brevedad en el hablar, en las preguntas y respuestas, en oposición a los largos discursos. Cf., por ejemplo, PLATÓN , Gorgias 449b. Por lo que respecta a Anacarsis, eran conocidos su laconismo, su franqueza y su simpatía por Esparta, debida probablemente a sus costumbres austeras y a la tendencia a las expresiones breves y sentenciosas (cf. C. GARCÍA GUAL , ob. cit. , Madrid, 1989, págs. 137 sigs.).
86 Cf. supra , fr. 2, 1-2.
87 De un Esopo legendario, un esclavo frigio que vivió en Samos en tomo al 600 a. C., nos habla HERÓDOTO , II 134. Cf. asimismo DIÓGENES LAERCIO , I 72, que sitúa la época de florecimiento del fabulista en la Olimpíada 52 (572/569 a. C.), con lo que sería históricamente aceptable su presencia en la corte de Creso.
88 La misma idea en boca de Esopo aparece en PLUTARCO , Vida de Solón 28, 1.
89 La trágica historia de Adrasto, nieto del rey Midas, que fue a la corte de Creso desterrado por haber dado muerte a su hermano, también sin querer, es objeto de una extensa y dramática narración de HERÓDOTO (I 34-45). El nombre «Adrasto» tiene un significado trágico: es «el incapaz de sustraerse (a su propio destino)», el de ocasionar la muerte, involuntariamente, a seres queridos. Adrasto es asimismo el instrumento de la venganza divina (némesis) contra Creso, que había creído ser el más feliz de todos los hombres.
90 Seguramente es un comentario del escoliasta.
91 Sobre Fálaris, cf. supra , IX 18-19; fue derribado por una rebelión popular en el 554 a. C.
92 Ante la expedición contra Ciro, Creso envió emisarios a los oráculos de Grecia y de Libia, y la respuesta que más le satisfizo fue la del dios de Delfos: «Yo sé el número de los granos de arena —le dijo— y las dimensiones del mar; y al sordomudo comprendo y al que no habla oigo. A mis sentidos llega el aroma de una tortuga de piel rugosa, que en recipiente de bronce cociéndose está con carne de cordero; bronce tiene abajo y bronce la recubre». (HERÓDOTO , I 47, 3, trad. de C. SCHRADER). La respuesta a la que aquí se refiere Diodoro es en realidad la segunda que el oráculo de Delfos dio a Creso (cf. HERÓDOTO , I 53, 3). El monarca lidio, complacido con la respuesta, obsequió con dos estateres de oro a cada uno de los ciudadanos de Delfos y no entendió la ambigüedad oracular que no dejaba claro si el reino destruido sería el de Ciro o el suyo.
93 Esta respuesta corresponde a la tercera que aparece en HERÓDOTO (I 55, 2).
94 Creso se alegró mucho pensando que un mulo jamás reinaría sobre los medos y que, por lo tanto, ni él ni sus descendientes perderían el trono (cf. HERÓDOTO , I 56, 1). Pero la interpretación del oráculo era diferente, ya que la palabra «mulo» encerraba una referencia al origen medo-persa de Ciro. Para esta interpretación, cf. HERÓDOTO , I 91, 5-6.
95 La región que se extendía entre el Ponto Euxino y la Cilicia. La llegada de Ciro había sido precedida por una incursión de Creso contra Capadocia con la intención de vengar a Astíages, destruir a Ciro y agrandar su reino a costa de los persas (cf. HERÓDOTO , I 71; 73 sigs.). La reacción de Ciro fue inmediata (cf. HERÓDOTO , I 76, 2). Heródoto subrayaba la agresión de Creso (I 130, 3) para justificar su posterior ruina.
96 Heródoto (I 76, 3) habla de una embajada enviada a los jonios para tratar de apartarlos de Creso.
97 Cf. HERÓDOTO , I 69-70, respecto a la alianza de Esparta con Creso. JUSTINO (I 7, 9-10) habla de las relaciones de Creso con diversas ciudades griegas.
98 Creso tuvo dos hijos; uno era el mudo aquí aludido y el otro era Atis, al que había dado muerte Adrasto durante una cacería (cf. supra , fr. 29).
99 A este hecho sorprendente se refiere HERÓDOTO , I 85, en el curso de su narración de la toma de Sardes por Ciro. Cuenta cómo un persa se abalanzaba sobre el rey lidio con ánimo de matarlo y cómo el hijo mudo, al ver en grave peligro a su padre, rompió a hablar y exclamó: «¡Soldado, no mates a Creso!», tras lo cual ya pudo hablar durante toda su vida.
100 Se refleja aquí la reflexión de Ciro sobre la inestabilidad de las cosas humanas cuando, tras oír a Creso en la pira que invocaba a Solón y enterarse de la lección del sabio ateniense sobre la felicidad humana, ordenó apagar a toda prisa el fuego que iba a abrasar al rey lidio (cf. HERÓDOTO , I 86, 6 sigs.).
101 Cf. supra , IX 2, 3-4.
102 Cf. HERÓDOTO , I 88, 2-89.
103 Cf. HERÓDOTO , I 87. 1-2. donde Creso invoca a gritos a Apolo para que acuda en su ayuda.
104 Cf. supra , IX 2, 2; 27, I. Sobre el trato cortés de Ciro y su admiración por Creso, cf. HERÓDOTO , I 88, 1.
105 Harpago era el guerrero medo que había recibido la orden de Astíages de matar a Ciro recién nacido (cf. HERÓDOTO , I 108 sigs.) y que después ayudó a Ciro a subir al trono y le prestó importantes servicios como la conquista de Jonia (cf. HERÓDOTO , I 162-169).
106 Sobre el envío de emisarios a Ciro, que todavía se encontraba en Sardes, cf. HERÓDOTO , I 141. Los griegos de Asia estaban dispuestos a ser súbditos de Ciro en las mismas condiciones que lo habían sido de Creso; pero Ciro, según Heródoto, les contestó con una fábula, la del flautista y los peces, de sentido semejante a la experiencia a la que aquí se refiere Harpago.
107 Cf. HERÓDOTO , I 141, 4; 152, 2-3. El envío de emisarios espartanos a Ciro estuvo precedido por el viaje de embajadores jonios y eolios a Esparta para recabar la ayuda de los lacedemonios. Éstos decidieron no enviarles ayuda, pero despacharon algunos hombres en un pentecontero con un comunicado amenazador que denotaba el desconocimiento del poderío persa.
108 Hacia el 560 a. C. Arcadia, región central del Peloponeso, estaba en las miras de la política expansionista de Esparta, que encontró la resistencia de Tegea, ciudad surgida en un proceso de sinecismo en la zona sudoriental; tuvo lugar una guerra violenta que concluyó a mediados del siglo VI con la derrota de los tegeatas, que tuvieron que ceder la Escirítide a Esparta.
109 También encontramos esta ambigua respuesta del oráculo en HERÓDOTO , I 66, 2, referida a la primera guerra contra Tegea, que acabó con una victoria de la ciudad arcadia y el apresamiento de muchos lacedemonios, que tuvieron que medir a cordel el llano de Tegea no como dueños de un terreno, sino cargados de grilletes efectuando una tarea propia de esclavos.
110 A raíz de su fracaso ante los tegeatas, los lacedemonios enviaron una delegación a Delfos, donde la Pitia les profetizó la victoria si conseguían llevar a su patria los huesos de Orestes, hijo de Agamenón (cf. HERÓDOTO , I 67 1-2).
111 Epitárrothos , «protector» y en consecuencia señor, dado que el traslado a Esparta del protector de Tegea transfería a los espartanos los derechos que tenía sobre la ciudad. Al no encontrar le tumba de Orestes, los espartanos enviaron de nuevo emisarios a Delfos, donde recibieron esta respuesta, que encontramos en HERÓDOTO , I 67, 3-4.
112 Los dos vientos que soplaban eran los fuelles de la fragua. El texto es elíptico.
113 Es decir, la forja del hierro. Respecto a la interpretación de este oráculo, cf. HERÓDOTO , I 68, 4. Según la narración de Heródoto, quien descubrió la tumba de Orestes fue Licas, uno de los cinco agatoergos (encargados de misiones civiles o diplomáticas elegidos entre los caballeros más ancianos), el cual prestó atención al relato del herrero de la fragua de Tegea, que había encontrado en su patio un ataúd de siete codos, de dimensiones excepcionales en consonancia con la gran estatura de los héroes del pasado.
114 Se refiere a la procesión de las Panateneas, inmortalizada por Fidias en el rriso del Partenón; se iniciaba en el Cerámico y terminaba en la Acrópolis con la ofrenda del peplo. Las Panateneas se celebraban cada año en honor de Atenea Políade, la diosa protectora de la ciudad; cada cuatro años la fiesta adquiría un carácter más solemne; eran las Grandes Panateneas, que tenían lugar en el tercer año de las Olimpíadas, en el mes de hecatombeón julio-agosto). Tenían un carácter panhelénico y acudía gente de todo el mundo griego.
115 El verbo phileîn, utilizado antes con el significado de «besar», se traduce aqui por «amar».
116 Sphákeloi . Según la Suda (s. v. sphákeloi) el labrador habría replicado que del campo obtenía «dolores y convulsiones». Esta segunda anécdota, de las dos recogidas en este capítulo, se encuentra también en ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses, 16, 6; ZENOBIO , IV 76; Y VILLOISON , Anecdota Graeca, II 40. Con estos episodios la tradición filosófica celebraba la moderación de Pisístrato.
LIBRO X
SINOPSIS
1
El final de Servio Tulio.
2
Reinado de Servio Tulio.
3
Excelencia de Pitágoras. Cuida al viejo Ferecides. Solidaridad de los pitagóricos.
4
Ejemplos de la solidaridad pitagórica. La amistad de Fintias y Damón.
5
Prácticas pitagóricas: ejercicios de memoria, examen de conciencia y autocontrol.
6
Pitágoras y la metempsicosis. El escudo de Euforbo. La geometría pitagórica.
7
La moralidad pitagórica. Reacción de Arquitas de Tarento.
8
Lealtad pitagórica.
9
Respeto a los juramentos. Moral sexual. Edades y estaciones. Plegarias y actitud ante los dioses. Sobriedad. Crotón honra a Pitágoras.
10
Philosophía , no sophía. La envidia alcanza a los pitagóricos.
11
Cilón y los pitagóricos. Lisis y Epaminondas.
12
La utilidad pedagógica de la historia.
13
Ambición de Ciro.
14
Cambises y Egipto. La momia de Amasis. Expedición contra los amonios.
15
Rendición de libios y cireneos.
16
Polícrates de Samos.
17
Los hijos de Pisístrato. Valor de Aristogitón.
18
Zenón y el tirano Nearco.
19
Fatalidad y naturaleza humana. Megabizo y la toma de Babilonia. Ambición de Darío. Los tirrenos abandonan Lemnos.
20
Violación y muerte de Lucrecia.
21
El heroísmo de Lucrecia. Consecuencias de su violación.
22
Tarquinio el Soberbio y su sobrino L. Junio Bruto.
23
Lecciones de la fortuna. La ruina de los sibaritas.
24
Comentario de Diodoro sobre Heródoto. El carro de bronce, exvoto ateniense por la victoria sobre los beocios.
25
La sublevación jonia y la derrota de Lade. Papel de Hecateo de Mileto.
26
Ciudadanos y esclavos.
27
Exigencias de Datis y respuesta de Milcíades.
28
Hipócrates de Gela y Terón de Acragante.
29
Anécdotas sobre Gelón de Siracusa.
30
Excelencia de Cimón.
31
Cimón y Elpinice.
32
Temístocles prefiere el hombre a la riqueza.
33
Los griegos piden ayuda a Gelón.
34
Reflexiones de los griegos ante el encuentro con los persas.

FRAGMENTOS DEL LIBRO X
El final de Servio Tulio
Cuando tuvo lugar la sublevación [1 ] de Tarquinio 1 , Servio Tulio se presentó en el Senado y, al darse cuenta de la conspiración que se gestaba contra él, dijo tan sólo esto: «¿Qué significa esta audacia, Tarquinio?» A ello Tarquinio replicó: «¿Y qué audacia es la tuya? ¿No eres tú quien, pese a ser esclavo e hijo de esclavo, te has atrevido a reinar sobre los romanos y que, pese a pertenecerme el reino de mi padre, me has arrebatado ilegalmente el poder que de ningún modo te estaba destinado?» Al mismo tiempo que pronunciaba estas palabras, se lanzó contra Tulio y, cogiéndolo por un brazo, lo tiró escaleras abajo 2 . Servio Tulio se levantó y, cojeando a consecuencia de la caída, trató de huir, pero fue asesinado 3 . [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 293, ed. BOISSEVAIN .]
Reinado de Servio Tulio
[2 ] Servio Tulio, el rey de los romanos, reinó durante cuarenta y cuatro años 4 y, gracias a sus cualidades, alcanzó numerosos logros en beneficio de la comunidad 5 .
Excelencia de Pitágoras. Cuida al viejo Ferecides. Solidaridad de los pitagóricos
[3 ] Cuando Tericles era arconte en Atenas, en la Olimpíada sexagesimoprimera 6 , el filósofo Pitágoras era bien conocido 7 , dado que ya había realizado importantes progresos en el aspecto cultural; si alguno de los que se han ejercitado en el mundo de la cultura merece un sitio en la historia, éste desde luego es él. Era natural de Samos, aunque algunos dicen que era tirreno 8 . Tan grande [2] era la fuerza de persuasión y la fascinación de sus palabras que todos los días prácticamente la ciudad entera se dirigía hacia él como si se tratara de la presencia de un dios y todos se reunían para escucharle. Se le consideraba un hombre extraordinario [3] no sólo por su elocuencia, sino también porque mostraba un carácter tranquilo y constituía para los jóvenes un ejemplo admirable de vida moderada que movía a la imitación 9 . A quienes trataban con él los apartaba del lujo y de la molicie, mientras que todos los hombres, debido a su abundancia de recursos, se entregaban sin ningún cuidado a una vida desenfrenada y a una innoble corrupción del cuerpo y del alma 10 .
Tan pronto como se enteró de que su viejo maestro Ferecides [4] se encontraba enfermo en Delos y afrontaba el fin de sus días, Pitágoras zarpó de Italia rumbo a Delos. Allí cuidó del viejo durante bastante tiempo y puso todo su empeño en que el anciano se restableciera de su enfermedad. Y cuando Ferecides fue vencido por la vejez y por la gravedad de su enfermedad, Pitágoras se ocupó con solicitud de su sepultura y, después de honrarle con los ritos acostumbrados, como un hijo a su padre, regresó a Italia 11 .
[5] Cuando alguno de sus seguidores perdía su fortuna, los restantes compartían con él sus bienes como si fueran hermanos. Tenían esta disposición no sólo con los conocidos con los que convivían cotidianamente, sino también de un modo general con todos los que participaban en su modo de obrar.
Ejemplos de la solidaridad pitagórica. La amistad de Fintias y Damón
[4 ] Clinias de Tarento, uno de los miembros de la escuela de la que hemos hablado 12 , al enterarse de que Proro de Cirene, a causa de un cambio político, había perdido su fortuna y se veía reducido a la absoluta miseria, partió de Italia rumbo a Cirene con una considerable cantidad de dinero y restableció la fortuna del mencionado al que no había visto anteriormente [2] y del que sólo sabía que era un pitagórico. También se conserva el recuerdo de otras muchas iniciativas semejantes a ésta. Y no sólo se mostraban tan bien dispuestos con sus amigos en las contribuciones de dinero, sino que también afrontaban peligros con ellos en las situaciones más [3] comprometidas. Así, durante la tiranía de Dionisio 13 , un cierto Fintias, un pitagórico, el cual por haber conspirado contra el tirano estaba a punto de sufrir el castigo, suplicó a Dionisio que le concediera el tiempo para poder tomar las disposiciones sobre sus asuntos particulares de acuerdo con sus deseos, afirmando que le presentaría a uno de sus amigos como garante de su muerte. Al maravillarse el déspota [4] de que pudiese existir un amigo tal que estuviera dispuesto a entrar en prisión en su lugar, Fintias llamó a uno de sus conocidos, un filósofo pitagórico llamado Damón, que sin vacilación se ofreció inmediatamente como fiador de aquella muerte.
Algunos ciertamente alababan el excepcional afecto entre [5] los amigos, mientras que otros criticaban la temeridad y la locura del garante. A la hora determinada todo el mundo acudió aguardando con ansia para ver si el que había presentado al amigo cumpliría su palabra. Cuando ya se terminaba [6] el plazo y todos desesperaban, Fintias inesperadamente llegó a la carrera en el último momento, en el mismo instante en que Damón era llevado al suplicio. Al aparecer ante los ojos de todos aquella admirable amistad, Dionisio suspendió el castigo del condenado y pidió a los dos hombres que le acogieran como tercero en su amistad 14 .
Prácticas pitagóricas: ejercicios de memoria, examen de conciencia y autocontrol
Los pitagóricos también ejercitaban [5 ] extraordinariamente la memoria, sometiéndose a este ejercicio del modo siguiente. No se levantaban del lecho antes de haber sacado cuentas consigo mismos respecto a las acciones realizadas el día anterior, desde la mañana hasta la noche 15 . Si tenían tiempo y gozaban de un mayor sosiego, trataban de añadir a su cuenta lo que habían hecho el segundo y el tercer día antes e incluso los anteriores. Efectuaban esta práctica no sólo con vistas al conocimiento y enjuiciamiento de todo, sino también para adquirir una experiencia en la capacidad de traer muchas cosas a la memoria.
[2] Los pitagóricos ejercitaban el autocontrol del modo siguiente. Después de haberse preparado todas las exquisiteces que se sirven en los banquetes más espléndidos, tenían la mirada puesta en ellas durante un buen tiempo; a continuación, cuando la vista de las viandas excitaba sus naturales deseos a fin de darles satisfacción, ordenaban a sus siervos que retiraran las mesas y se alejaban al instante sin haber probado nada de lo servido. [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, págs. 220-223, BÜTTNER -WOBST .]
Pitágoras y la metempsicosis. El escudo de Euforbo. La geometría pitagórica
[6 ] Pitágoras creía en la metempsicosis 16 y consideraba abominable el consumo de carne 17 , argumentando que las almas de todos los seres vivientes se trasladan después de la muerte a otros seres vivos. Respecto a sí mismo, solía afirmar que recordaba que en tiempos de la guerra de Troya había sido Euforbo 18 , el hijo de Panto, matado por Menelao 19 .
Cuentan que en cierta ocasión, durante su estancia en [2] Argos, Pitágoras vio entre los despojos de Troya un escudo colgado de un muro y estalló en llanto. Al preguntarle los argivos por la causa de su dolor, contestó que él había tenido aquel escudo en Troya cuando era Euforbo. Y dado que [3] los argivos se mostraban incrédulos y juzgaban que estaba loco, Pitágoras les replicó que podía darles una prueba convincente de que sus afirmaciones eran ciertas; en la parte interior del escudo, en efecto, había una inscripción con el nombre de «EUFORBO» escrito en caracteres arcaicos. Ante esta sorprendente respuesta todos los argivos pidieron que se descolgara el escudo y en la parte interior efectivamente fue encontrada la inscripción 20 .
Que Pitágoras resolvió algunos de los problemas de [4] geometría y que fue el primero que llevó a los griegos otros desde Egipto 21 lo afirmó Calímaco en aquellos versos donde dice:
Lo descubrió el frigio Euforbo 22 , el que a los hombres mostró
los triángulos y los escalenos y el círculo de siete espacios
y enseñó a abstenerse del consumo de seres vivos;
pero no todos le hicieron caso 23 .
La moralidad pitagórica. Reacción de Arquitas de Tarento
[7 ] Pitágoras exhortaba a buscar con ardor la sencillez de costumbres, puesto que la vida opulenta, decía, destruye no sólo las fortunas de los hombres, sino también su cuerpo. En efecto, la mayor parte de las enfermedades provienen de una mala digestión 24 , [2] que a su vez está ligada a una vida opulenta. Persuadió a muchos a comer alimentos no cocidos y a beber sólo agua durante toda su vida a fin de alcanzar lo que de verdad es un bien. Los hombres de nuestros días, sin embargo, si alguno sugiriera abstenerse durante pocos días de uno o dos de los bienes que se consideran placenteros, renunciarían a la filosofía, afirmando que sería de ingenuos ir en pos de un bien invisible y no hacer caso del que está claramente [3] a la vista. Y si es necesario granjearse el favor popular por cualquier medio o inmiscuirse en asuntos ajenos, tienen tiempo para ello y no encuentran ningún impedimento; pero si es necesario ocuparse de la cultura y del mantenimiento de la moralidad, dicen que no es el momento oportuno, de modo que están ocupados cuando tienen tiempo libre mientras que están ociosos cuando no es tiempo de ocio.
[4] Dicen que Arquitas de Tarento 25 , uno de los discípulos de Pitágoras, se irritó con sus siervos debido a unas importantes faltas; pero, reaccionando contra su cólera, les dijo: «No habríais salido indemnes de tales fechorías si yo no me hubiera irritado» 26 .
Lealtad pitagórica
Los pitagóricos mostraban la mayor [8 ] preocupación por mantener un constante afecto hacia los amigos, convencidos de que la lealtad de los amigos es el bien más precioso en la vida de un hombre. Podría considerarse la causa de su lealtad hacia [2] los amigos como el hecho más extraordinario y digno de la mayor admiración. ¿Cuáles eran, en efecto, sus costumbres, cuál su manera de obrar o cuál la fuerza de sus argumentos con los que conseguían inculcar una tal disposición en aquellos que se unían a su común modo de vida? Muchos observadores [3] externos ciertamente, deseosos de conocer tal causa, pusieron gran empeño en ello, pero ninguno fue capaz de descubrirla. La razón de que sus instrucciones a este respecto se mantuvieran invioladas fue el hecho de que los pitagóricos establecieron como principio fundamental no dejar nada sobre ello por escrito, pero guardar los preceptos en la memoria.
Respeto a los juramentos. Moral sexual. Edades y estaciones. Plegarias y actitud ante los dioses. Sobriedad. Crotón honra a Pitágoras
Pitágoras, entre otras regulas, ordenaba [9 ] a sus discípulos que juraran raramente, pero que, una vez que hubieran prestado un juramento, se mantuvieran absolutamente fieles a él y llevaran a término las acciones respecto a las que habían empeñado su palabra, evitando hacer declaraciones semejantes a las del laconio Lisandro y del ateniense Démades 27 ; el primero afirmaba que había que engañar a los niños con las tabas y a los hombres con juramentos 28 , y Démades aseguraba que en el caso de los juramentos, como en cualquier otro asunto, era preciso optar por lo más ventajoso; observaba que el perjuro conservaba a continuación aquellas cosas respecto a las que había jurado, mientras que quien permanecía fiel a su juramento perdía visiblemente lo que poseía 29 . Ninguno de estos hombres, en efecto, sostenía, como hacía Pitágoras, que el juramento constituía una garantía segura de fidelidad, sino que lo contemplaban como señuelo para obtener vergonzosas ganancias y para inducir al engaño. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 293-295, ed. BOISSEVAIN .]
[2] Pitágoras ordenaba a sus discípulos que juraran raramente, pero que, una vez que hubieran prestado un juramento, se mantuvieran absolutamente fieles a él.
[3] El mismo Pitágoras, en relación a los placeres sexuales, reflexionaba sobre su conveniencia y exhortaba a no tener trato carnal con las mujeres durante el verano y a limitar su frecuencia durante el invierno. En general pensaba que todo tipo de placeres amorosos resultan dañinos y consideraba que su disfrute frecuente era un factor determinante de debilitamiento y de ruina física 30 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 423, BÜTTNER -WOBST .]
Se dice que Pitágoras a alguien que le preguntó cuándo [4] debía satisfacer sus deseos sexuales le contestó: «Cuando quieras ser esclavo de ti mismo» 31 .
Los pitagóricos dividían la vida del hombre en cuatro [5] edades, la niñez, la juventud, la madurez y la vejez, y afirmaban que cada una de ellas tenía su paralelo en las estaciones que se suceden a lo largo del año, asimilando la primavera a la niñez, el otoño a la madurez, el invierno a la vejez y el verano a la juventud. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , pág. 295, ed. BOISSEVAIN .]
El mismo Pitágoras a aquellos que se acercaban a los altares [6] de los dioses para ofrecer un sacrificio les aconsejaba que no llevaran ropa lujosa, sino sólo vestidos relucientes y limpios, y que igualmente se presentaran ante los dioses no sólo con un cuerpo limpio de cualquier acción injusta, sino también con un alma pura. [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 223, BÜTTNER -WOBST .]
Él mismo solía declarar que los hombres sensatos debían [7] rogar a los dioses en beneficio de los imprudentes, puesto que los alocados ignoran lo que en la vida constituye el verdadero bien.
Solía decir además que en sus súplicas debían pedir simplemente [8] lo que era bueno, sin especificar el nombre de bienes singulares como el poder, la fuerza, la hermosura, la riqueza y otros semejantes; muchas veces, en efecto, ocurre que cada uno de estos bienes arrastra a la extrema perdición a los hombres que, dominados por el deseo, los han alcanzado. Esto puede verlo cualquiera que fije su atención en los versos de las Fenicias de Eurípides 32 que contienen la plegaria de Polinices a los dioses. Comienzan con estas palabras:
Dirigiendo la mirada hacia Argos...
y terminan:
¡Que con el impulso de mi brazo pueda golpear el pecho de mi hermano ! 33
Aquéllos 34 , en efecto, creían que con sus plegarias obtendrían lo mejor para sí mismos, pero en realidad se atrajeron la propia ruina. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , pág. 295, ed. BOISSEVAIN .]
[9] Durante el tiempo en que Pitágoras pronunció otros muchos discursos para inculcar el deseo de una vida sobria, fortaleza y constancia, en unión a las demás virtudes, fue honrado por los crotoniatas con honores semejantes a los tributados a los dioses 35 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 223, BÜTTNER -WOBST .]
«Philosophía», no «sophía». La envidia alcanza a los pitagóricos
Pitágoras definía su sistema como [10 ] philosophía y no como sophía 36 . Criticaba, en efecto, a los llamados Siete Sabios, que habían vivido antes que él, afirmando que, por el mero hecho de ser hombre, nadie es sabio, y porque muchas veces, debido a la debilidad de su naturaleza, no puede tener un éxito completo; pero quien se esfuerza por emular las costumbres y el modo de vida del sabio puede ser llamado acertadamente «amante de la sabiduría».
Sin embargo, a pesar de ser tan extraordinarios los logros [2] del propio Pitágoras y de los posteriores pitagóricos y de deberse a ellos tan importantes beneficios para las ciudades, no consiguieron evitar la envidia que arruina todo lo noble; entre los hombres, en efecto, no existe, creo, ninguna noble empresa tan sólida que después de mucho tiempo consiga eludir la ruina y la destrucción. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , pág. 296, ed. BOISSEVAIN .]
Cilón y los pitagóricos. Lisis y Epaminondas
Un crotoniata llamado Cilón, el [11 ] primero entre sus conciudadanos por su riqueza y reputación, estaba deseoso de ser uno de los pitagóricos. Pero fue rechazado puesto que era intratable y de carácter violento, sedicioso y despótico. Por ello, irritado con la escuela de los pitagóricos, organizó una facción numerosa y no dejó de enfrentarse a ellos por todos los medios, de palabra y de obra 37 .
[2] Lisis, uno de los pitagóricos, marchó a Tebas de Beocia y fue maestro de Epaminondas 38 , e hizo de él un hombre perfecto en la práctica de las virtudes, convirtiéndose en su padre adoptivo debido al afecto que sentía por él. Y Epaminondas, incitado por los estímulos hacia la fortaleza y simplicidad y las demás virtudes a las que le conducía la filosofía pitagórica, se distinguió no sólo entre los tebanos, sino también entre todos los griegos de su tiempo 39 .
La utilidad pedagógica de la historia
[12 ] El relato de las vidas de los hombres del pasado constituye una tarea dificultosa para los escritores, pero es de extraordinaria utilidad para el común de las gentes. Este relato, en efecto, al mostrar con toda libertad la nobleza o la vileza de las acciones humanas, honra a los buenos y humilla a los malos por medio de los elogios y los reproches que dirige respectivamente a unos y a otros. La alabanza es, podría decirse, un premio de la virtud sin costo alguno y el reproche constituye un castigo de la bajeza humana que no comporta violencia física. Es hermoso además que las generaciones futuras [2] tengan como principio fundamental que cada hombre, cualquiera que sea el modo de vida que haya elegido vivir, merecerá después de su muerte un recuerdo en consonancia con su conducta, y ello a fin de que estas generaciones no se afanen en la construcción de monumentos conmemorativos de piedra, que están limitados a un único lugar y se ven expuestos a una rápida ruina, sino en alcanzar la inteligencia y las demás virtudes que mediante la fama llegan a todos los lugares 40 . El tiempo ciertamente, que lo aniquila todo, conserva de estas virtudes un recuerdo imperecedero y, pese a su propio transcurrir, las hace siempre más vivas. Lo que [3] acabamos de decir encuentra un claro ejemplo en el caso de los hombres mencionados 41 , puesto que, pese a pertenecer al pasado, todo el mundo habla de ellos como si todavía estuvieran entre nosotros 42 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, págs. 223-224, BÜTTNER -WOBST .]
Ambición de Ciro
Ciro, el rey de los persas, después [13 ] de haber sometido el territorio de los babilonios y el de los medos 43 , alimentaba la esperanza de conquistar todo el mundo habitado. En efecto, una vez que estuvieron sometidos estos dos poderosos y grandes pueblos, pensaba que no habría ni rey ni pueblo que fueran capaces de resistir a su fuerza; porque entre aquellos que gozan de poderes ilimitados, algunos suelen no saber llevar el peso de su buena suerte como debe hacer cada hombre. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , pág. 296, ed. BOISSEVAIN .]
Cambises y Egipto. La momia de Amasis. Expedición contra los amonios
[14 ] Cambises 44 era de un natural alocado y en sus razonamientos evidenciaba su trastorno mental, y la magnitud de su reino lo hacía mucho más cruel y arrogante.
[2] Cambises el persa, después de la conquista de Menfis y de Pelusio 45 , incapaz de llevar el peso de su buena suerte con humanidad, hizo excavar la tumba de Amasis, el anterior rey de los egipcios. Al hallar en el sepulcro el cadáver embalsamado, ultrajó el cuerpo del muerto y, tras descargar toda su insolencia en aquel cuerpo privado de sensibilidad, finalmente dio orden de que fuera quemado. Y dado que no era costumbre de los habitantes de aquel país entregar los cuerpos de sus muertos a las llamas 46 , pensó que de este modo ofendería aún más a aquél que había muerto hacía algún tiempo 47 .
Cuando iba a emprender una expedición contra Etiopía, [3] Cambises envió una parte de sus fuerzas contra los amonios 48 , ordenando a sus generales que saquearan e incendiaran el oráculo y que redujeran a la esclavitud a todos los que habitaban en los alrededores del templo 49 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, págs. 224-225, BÜTTNER -WOBST .]
Rendición de libios y cireneos
[15 ] Una vez que Cambises, el rey de los persas, se hubo convertido en señor de todo el Egipto, los libios y los cireneos, aliados de los egipcios, le enviaron presentes y declararon que obedecerían sus órdenes 50 . [Constantini Excerpta I (de Legationibus) , pág. 397, C. DE BOOR .]
Polícrates de Samos
[16 ] Polícrates, el tirano de los samios 51 , enviaba trirremes a los sitios más oportunos para asaltar a todos los que se encontraban en el mar, y sólo restituía el botín a aquellos que eran sus aliados 52 . A quienes le reprochaban esta práctica solía responderles que todos sus amigos, recuperando lo que habían perdido, le estarían más agradecidos que si no hubieran perdido nada en un principio 53 .
A las acciones injustas, por lo general, les sigue una [2] venganza que comporta castigos apropiados para los responsables de la injusticia 54 .
Cualquier muestra de benevolencia, libre de arrepentimiento, [3] produce el excelente fruto del elogio de los que han recibido el beneficio; ocurre, en efecto, que, si no todos, al menos alguno de los que han sido objeto de la buena acción corresponde a ella en nombre de todos. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis ), pág. 296, ed. BOISSEVAIN .]
Unos lidios, para huir de la tiranía del sátrapa Oretes, [4] desembarcaron en Samos con muchas riquezas y se presentaron ante Polícrates como suplicantes. Éste los acogió primero con benevolencia, pero poco tiempo después los hizo degollar para apoderarse de sus riquezas.
Los hijos de Pisístrato. Valor de Aristogitón
Tésalo, el hijo de Pisístrato 55 , fue [17 ] lo bastante sabio para renunciar a la tiranía y, al pugnar en defensa de la igualdad, se granjeó grandes simpatías entre sus conciudadanos; pero los otros hijos, Hiparco e Hipias 56 , hombres violentos y crueles, tuvieron la ciudad bajo el yugo de su tiranía. Cometieron muchas ilegalidades contra los atenienses, e Hiparco, al enamorarse de un joven de extraordinaria presencia, se vio envuelto por este motivo [2] en una situación peligrosa... 57 . Ciertamente el ataque contra los tiranos 58 y el afán de conseguir la libertad para su patria fue común empeño de estos hombres que hemos mencionado 59 ; pero la presencia de ánimo ante las torturas y la fortaleza de su resistencia a terribles dolores fueron mérito exclusivo de Aristogitón, que en los momentos más difíciles conservó dos virtudes: la confianza hacia los amigos y el deseo de venganza respecto a los enemigos. [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 225, BÜTTNER-WOBST .]
Aristogitón demostró a todo el mundo que la nobleza de [3] ánimo prevalece ante los mayores sufrimientos del cuerpo.
Zenón y el tirano Nearco
Cuando el filósofo Zenón estaba [18 ] sufriendo los padecimientos de la tortura por la conspiración contra el tirano Nearco 60 , interrogado por el propio Nearco respecto a quiénes eran sus cómplices, exclamó: «¡Ojalá fuera señor de mi cuerpo como lo soy de mi lengua!». [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 296-297, ed. BOISSEVAIN .]
Cuando su ciudad natal se vio duramente reprimida por [2] la tiranía de Nearco, Zenón organizó una conspiración contra el tirano. Descubierto y sometido a los padecimientos de la tortura, al ser interrogado por el propio Nearco respecto a quiénes eran sus cómplices, exclamó: «¡Ojalá fuera señor de [3] mi cuerpo como lo soy de mi lengua!». Cuando el tirano intensificó la dureza del tormento, Zenón resistió todavía durante un tiempo; pero después, ansioso de liberarse al fin de aquel padecimiento y de vengarse al mismo tiempo de [4] Nearco, ideó el siguiente plan. En un momento de máxima intensidad de la tortura, fingiendo que su ánimo ya no soportaba el dolor, gritó: «¡Soltadme. Diré toda la verdad!». Tan pronto como le soltaron, pidió a Nearco que se le acercara y le escuchara en privado, puesto que muchas de las revelaciones que iba a hacerle convenía mantenerlas en secreto. [5] Y cuando el tirano estuvo bien dispuesto a su lado y arrimó el oído a la boca de Zenón, éste agarró con su boca la oreja del señor y la sujetó fuertemente con sus dientes. Aunque los siervos acudieron al momento e infligieron todo tipo de torturas al que estaba sometido a tormento a fin de que soltara la presa, Zenón siguió apretando con mucha más [6] fuerza. Finalmente, no pudiendo domeñar el valor de aquel hombre, comenzaron a apuñalarlo para que separara los dientes. Con esta astucia Zenón logró librarse de sus padecimientos y vengarse del tirano del único modo posible 61 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, págs. 225-226, BÜTTNER -WOBST .]
[En efecto, muchas generaciones después, Dorieo, el Lacedemonio 62 , llegó a Sicilia, se hizo cargo de la región y fundó la ciudad de Heraclea. Debido a su rápido crecimiento, los cartagineses, que estaban recelosos respecto a la ciudad y a la vez temían que un día llegara a ser más fuerte que Cartago y arrebatara la hegemonía a los fenicios, emprendieron una expedición contra ella con numerosas fuerzas y, tras tomarla al asalto, la arrasaron completamente. Pero sobre estos hechos ya haremos una exposición detallada en el momento oportuno. (DIODORO , IV 23, 3.)]
Fatalidad y naturaleza humana. Megabizo y la toma de Babilonia. Ambición de Darío. Los tirrenos abandonan Lemnos
Cuando algunos se pronuncian [19 ] respecto a ciertos hechos afirmando que nunca se producirán, parece que su declaración va seguida de una especie de castigo fatal que pone en evidencia la insignificancia de la naturaleza humana 63 .
Cuando Megabizo, llamado también Zópiro, amigo del [2] rey Darío, se dio de latigazos y se mutiló el rostro 64 porque quería convertirse en desertor y entregar Babilonia a los persas 65 , Darío, dicen, se apenó por ello y declaró que preferiría tener a Megabizo entero, en caso de que ello fuera posible, a tener diez Babilonias bajo su poder 66 , aunque aquel deseo no fuera alcanzable.
[3] Los babilonios nombraron a Megabizo general, ignorando que el beneficio que les ofrecía era como un cebo que daría paso a la destrucción que iba a seguir 67 .
[4] El cumplimiento satisfactorio de los hechos constituye una prueba suficiente de las predicciones 68 .
[5] Una vez que Darío se hubo convertido en señor de casi toda Asia, deseó someter Europa. Dado que aspiraba a poseer siempre más y estaba convencido de la gran potencia de Persia, trataba de tener bajo su dominio toda la tierra habitada, considerando vergonzoso que los reyes que le habían precedido, pese a contar con recursos inferiores, habían conseguido vencer en el campo de batalla a pueblos más poderosos, mientras que él, que disponía de fuerzas más importantes que las de ninguno de sus predecesores, no había llevado a cabo ninguna empresa digna de mención.
[6] Después de abandonar Lemnos por miedo a los persas, los tirrenos fueron diciendo que habían hecho esto a raíz de ciertas respuestas del oráculo y dejaron la isla a disposición de Milcíades 69 . Y dado que esta entrega fue obra de Hermón, el jefe de los tirrenos, ha ocurrido que los presentes de este género desde aquel tiempo han sido llamados «regalos de Hermón» 70 . [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 297-298, ed. BOISSEVAIN .]
Violación y muerte de Lucrecia
Sexto, el hijo de Lucio Tarquinio, [20 ] el rey de los romanos 71 , salió 72 y se dirigió a la ciudad llamada Colacia 73 , donde fue a alojarse a casa de Lucio Tarquinio 74 , un primo del rey, cuya esposa era Lucrecia, una mujer de gran belleza y de natural virtuoso 75 . Dado que el marido se encontraba en el campamento 76 , el huésped se levantó de noche y, saliendo de su dormitorio, fue en busca de la mujer, que estaba acostada en una alcoba 77 . De pronto se detuvo en la puerta con la espada [2] desenvainada y le dijo que había preparado un esclavo destinado a morir y que la mataría a ella junto al esclavo como si hubiera sido sorprendida en flagrante adulterio y hubiera recibido el castigo merecido a manos de un pariente muy cercano de su marido. En consecuencia, añadió, era preferible que cediera a sus deseos y guardara silencio, asegurándole que no sólo recibiría espléndidos regalos como recompensa de sus favores, sino que podría vivir con él y convertirse en reina cambiando el hogar de un ciudadano privado por un [3] puesto de soberana. Lucrecia, aterrada por el hecho inesperado y temiendo que realmente se pudiera creer que había recibido la muerte a causa de un adulterio, mantuvo de momento la calma; pero, al llegar el día, una vez que Sexto hubo marchado, llamó a sus parientes 78 y les rogó que no dejaran sin castigo a aquel hombre que había profanado las leyes de la hospitalidad y los vínculos del parentesco. Y después de declarar que para ella, víctima de un ultraje de aquella magnitud, no era decoroso contemplar la luz del sol, se hundió un puñal en el pecho y murió 79 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, págs. 226-227, BÜTTNER -WOBST .]
El heroísmo de Lucrecia. Consecuencias de su violación
[21 ] A propósito de la violación de Lucrecia por Sexto y al suicidio motivado por la ofensa sufrida, pensamos que sería injusto dejar de señalar la nobleza de su decisión. A esta mujer, en efecto, que voluntariamente ofreció su vida a las generaciones futuras como hermoso ejemplo a seguir deberíamos considerarla con justicia digna de honores inmortales, a fin de que las mujeres que eligen mantener la pureza de su cuerpo completamente libre de censura puedan invocar como ejemplo un modelo válido. Otras mujeres ciertamente, aun cometiendo [2] abiertamente alguna acción como la que nos ocupa, tratan de ocultar lo realizado, a fin de evitar el castigo que sus faltas merecen. Lucrecia, en cambio, después de dar a conocer lo que le había ocurrido en secreto, se dio la muerte, dejando el testimonio del fin de su vida como la más brillante defensa de su conducta. Y si otras mujeres solicitan el perdón [3] por actos cometidos contra su voluntad, Lucrecia se impuso a si misma la pena de muerte por el ultraje sufrido por la fuerza, a fin de que, aunque se la quisiera cubrir de oprobio, nadie tuviera la posibilidad de vituperar la resolución al ser fruto de su libre voluntad. Dado que los hombres por naturaleza prefieren [4] las censuras a los elogios, la mujer cortó por lo sano con las acusaciones de los amigos del reproche, puesto que consideraba vergonzoso que cualquiera pudiera decir que, mientras vivía el hombre al que estaba unida por la ley, ella tenía relaciones con otro hombre en contra de las leyes; y consideraba igualmente vergonzoso que ella, al estar implicada en un acto por el cual las leyes imponen a los culpables la pena de muerte, siguiera aferrándose más tiempo a la vida, porque anticipando un poco la muerte, una deuda que en todo caso debía pagar a la naturaleza, podría cambiar el oprobio por los mayores elogios. Así pues, con este acto heroico, no [5] sólo se granjeó una gloria inmortal a cambio de una vida mortal, sino que impulsó a sus parientes y a todos sus conciudadanos a infligir un inexorable castigo a quienes habían obrado contra ella pisoteando las leyes 80 .
Tarquinio el Soberbio y su sobrino Lucio Junio Bruto
[22 ] El rey Lucio Tarquinio gobernó de un modo despótico y violento; solía condenar a muerte a los ciudadanos romanos más ricos, aduciendo falsas imputaciones contra ellos, con el objeto de apropiarse de sus bienes 81 . Por esta razón Lucio Junio 82 , al ser huérfano y el más rico de todos los romanos, por ambas razones recelaba de la arrogante ambición de Tarquinio y dado que, como sobrino suyo, solía vivir continuamente con el tirano, comenzó a fingirse loco, ya porque quería evitar que cualquier habilidad suya fuera objeto de malevolencia, ya porque deseaba observar atentamente, sin suscitar sospecha, todo lo que sucedía y esperar el momento oportuno para derribar la monarquía.
Lecciones de la fortuna. La ruina de los sibaritas
[23 ] Los sibaritas marcharon contra los crotoniatas con un ejército de trescientos mil hombres, dando comienzo a una guerra injusta, pero su fracaso fue completo 83 , y al no conseguir mantener felizmente su prosperidad, con su propia ruina dejaron un ejemplo bastante claro de que en los tiempos en que se disfruta de buena suerte es preciso estar en guardia con una atención mucho mayor que en los momentos de desgracia.
Comentario de Diodoro sobre Heródoto. El carro de bronce, exvoto ateniense por la victoria sobre los beocios
Diodoro dice lo siguiente respecto [24 ] a Heródoto: «Hemos hecho esta digresión no tanto movidos por el deseo de criticar a Heródoto como para demostrar que los relatos que contienen elementos maravillosos suelen prevalecer sobre aquellos que se ciñen a la realidad» 84 .
Es de justicia que se honre el valor, incluso cuando se [2] manifiesta en las mujeres.
Los atenienses obtuvieron provecho de su victoria y, [3] tras derrotar a los beocios y los calcideos, inmediatamente después de la batalla se apoderaron de Calcis 85 . Con la décima parte del botín capturado a los beocios dedicaron en la Acrópolis un carro de bronce en el que inscribieron estos versos elegíacos:
A los pueblos beocio y calcideo domeñaron
los hijos de Atenas en acciones de guerra
y entre negras cadenas de hierro su insolencia extinguieron.
A Palas consagraron estas yeguas, diezmo de su rescate 86 .
La sublevación jonia y la derrota de Lade. Papel de Hecateo de Mileto
[25 ] Los persas aprendieron de los griegos a incendiar los templos, respondiendo con la misma insolencia a quienes habían sido los primeros en cometer injusticia 87 .
[2] Los carios, oprimidos por los persas 88 , consultaron al oráculo respecto a las alianzas, para saber si debían acoger a los milesios como aliados. Y el oráculo respondió:
Antiguamente los milesios eran hombres valerosos.
[3] Pero el terror que se había apoderado de sus ánimos hizo que se olvidaran de su antigua rivalidad, obligándoles a equipar las trirremes a toda prisa 89 .
Hecateo de Mileto 90 , enviado por los jonios como embajador 91 , [4] preguntó a Artafernes cuál era la causa por la que desconfiaba de ellos. Y cuando Artafernes le contestó que recelaba que pudieran guardar rencor por los males sufridos en su derrota 92 , Hecateo replicó: «Bien, si ser objeto de un trato vejatorio engendra desconfianza, un trato favorable hará que nuestras ciudades estén bien dispuestas hacia los persas». Entonces Artafernes aprobó estas palabras, aceptó que las ciudades restablecieran sus leyes y les impuso un tributo fijado de acuerdo con la capacidad de cada una.
Ciudadanos y esclavos
Ciertamente el odio de los ciudadanos [26 ] hacia la plebe, que en el pasado había permanecido oculto, al encontrar el momento oportuno, estalló con toda la rabia acumulada. Por esta rivalidad liberaron a los esclavos, prefiriendo conceder la libertad a sus siervos que la ciudadanía a hombres libres 93 .
Exigencias de Datis y respuesta de Milcíades
[27 ] Datis, el general de los persas, que era de origen medo y había recibido de sus antepasados la tradición de que los atenienses eran descendientes de Medo, el que había fundado el reino de Media, envió unos mensajeros a los atenienses con el anuncio de que iba a llegar al frente de un ejécito para reclamarles la soberanía que había pertenecido a sus antepasados; según él, en efecto, Medo, que era el más antiguo de sus antepasados, había sido desposeído del reino por los atenienses y, tras arribar a Asia, había fundado el reino de [2] Media 94 . En consecuencia, les dijo, si le restituían la soberanía, se olvidaría de aquella primera culpa 95 y de la expedición que habían efectuado contra Sardes 96 ; pero si se le enfrentaban, sufrirían una suerte mucho más terrible que la de los eretrieos 97 . Milcíades, en desacuerdo con el parecer de [3] los diez estrategos 98 , contestó que, en consonancia con la declaración de los mensajeros, era más adecuado el dominio de los atenienses sobre el imperio de los persas que el de Datis sobre la ciudad de los atenienses, puesto que había sido un ateniense quien había fundado el reino de los medos, mientras que ningún hombre de estirpe meda jamás se había apoderado de Atenas. Datis, al oír esta respuesta, se preparó para la batalla 99 . [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 298-301, ed. BOISSEVAIN .]
Hipócrates de Gela y Terón de Acragante
[28 ] Hipócrates, el tirano de Gela 100 , después de haber vencido a los siracusanos 101 , estableció su campamento en las cercanías del templo de Zeus. Sorprendiendo al propio sacerdote y a unos siracusanos que estaban descolgando las ofrendas de oro y en especial sacando el manto de la estatua de Zeus que [2] había sido confeccionado con una gran cantidad de oro, los increpó acusándolos de sacrilegio y les ordenó regresar a la ciudad. Pero él se abstuvo de tocar las ofrendas porque quería granjearse una buena fama y creía que, al haber emprendido una guerra de tal envergadura, era preciso no cometer ninguna falta hacia la divinidad y al mismo tiempo desacreditar ante las masas a quienes administraban los asuntos de Siracusa, al cundir la sospecha de que gobernaban con afán de lucro, y no en beneficio del pueblo y con espíritu de equidad.
[3] Terón de Acragante, tanto por su linaje y por su riqueza como por la humanidad mostrada en su trato con el pueblo, superó con mucho no sólo a sus conciudadanos, sino también a todos los siciliotas 102 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, pág. 227, BÜTTNER -WOBST .]
Anécdotas sobre Gelón de Siracusa
Gelón de Siracusa 103 se puso a [29 ] gritar en sueños, porque soñaba que había sido alcanzado por un rayo, y su perro, cuando se dio cuenta de que su amo estaba desmesuradamente turbado, no paró de ladrar hasta que lo despertó. Gelón asimismo en cierta ocasión fue salvado de la muerte por un lobo. Cuando todavía era un niño, estaba sentado en una escuela y se le acercó un lobo, que le arrebató la tablilla; y mientras corría detrás del lobo y de su tablilla, he aquí que la escuela sufrió una sacudida sísmica y se derrumbó desde los cimientos, causando la muerte de todos los niños juntamente con su maestro. Algunos escritores como Timeo, Dionisio, Diodoro y Dion nos dan el número de los niños, que eran más de cien. Pero la cifra exacta no la conozco. [TZETZES , Chiliades , 4, 266-278.]
Excelencia de Cimón
[30 ] Cimón 104 , hijo de Milcíades, al morir su padre en la prisión del Estado por no poder pagar enteramente la multa 105 , se dispuso a ingresar en prisión y asumió la deuda para poder hacerse cargo del cuerpo del padre y darle sepultura.
[2] Cimón, que deseaba distinguirse en la dirección de la política de su ciudad, posteriormente fue un excelente estratego y gracias a su propio valor realizó empresas gloriosas 106 . [Constantini Excerpta II (de Virtutibus et Vitiis) , 1, págs. 227-228, BÜTTNER -WOBST .]
Cimón y Elpinice
Cimón, según afirman algunos escritores, [31 ] era hijo de Milcíades, pero según otros su padre se llamaba Esteságoras 107 . De Isódice tuvo un hijo, Calias 108 . Este Cimón se casó con su propia hermana Elpinice 109 como posteriormente hizo Tolomeo con Berenice 110 y antes de ellos había hecho Zeus con Hera 111 , y como en nuestros días es costumbre de los persas. Calias tuvo que pagar una multa de cincuenta talentos, para evitar que su padre Cimón sufriera un castigo indigno a causa del reprobable matrimonio de un hermano con su hermana. Resultaría largo para mí citar todos los escritores que se han referido a este hecho, porque es infinito el número de los que han escrito sobre ello, poetas cómicos y oradores, Diodoro y otros. [TZETZES , Chiliades I 582-593.]
Temístocles prefiere el hombre a la riqueza
[32 ] Temístocles, el hijo de Neocles 112 , a un hombre rico 113 que se acercó a él porque trataba de hallar un yerno rico, le recomendó que no buscara riquezas a las que faltara un hombre, sino más bien un verdadero hombre falto de riquezas 114 . Y dado que aquel hombre estuvo de acuerdo con lo que le decía, Temístocles le aconsejó que diera a su hija en matrimonio a Cimón. Ésta fue la razón por la que Cimón, al contar con grandes sumas de dinero, salió de la cárcel y, tras incoarles un proceso, logró la condena de los magistrados que le habían encerrado 115 . [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , pág. 301, ed. BOISSEVAIN .]
[El libro precedente, el décimo de nuestra obra, ha concluido con los sucesos del año anterior 116 al paso de Jerjes a Europa y al debate que tuvo lugar en la asamblea general de los griegos en Corinto para discutir sobre la alianza entre Gelón y los griegos. (DIODORO , XI 1, 1.)]
Los griegos piden ayuda a Gelón
Cuando Jerjes estaba a punto de [33 ] pasar a Europa 117 , todos los griegos enviaron una embajada a Gelón para tratar sobre una alianza, y éste respondió que se aliaría para combatir a su lado y que se cuidaría del aprovisionamiento sólo en el caso de que le ofrecieran el mando supremo tanto de las fuerzas de tierra como de las navales; así el deseo de fama del tirano al exigir el mando supremo obstaculizaba la alianza, pero la importancia de la ayuda y el temor de los enemigos impulsaban a los griegos a compartir la fama con Gelón 118 .
Reflexiones de los griegos ante el encuentro con los persas
En efecto, si la superioridad de los [34 ] persas impone dones para satisfacer su deseo, la codicia del tirano no desprecia ni una mínima ganancia 119 .
La desconfianza, ciertamente, es [2] la garantía más segura de la salvación.
Como los niños, cuando sufren un maltrato, buscan la [3] protección de sus padres, del mismo modo las ciudades acuden a los pueblos que las han fundado.
[4] La codicia del tirano no encuentra satisfacción con lo que posee, sino que ambiciona lo que pertenece a otros, y nunca está satisfecho.
[5] A aquellos cuya naturaleza les inclina a oponerse a su poder, cuando se les presente la ocasión oportuna, no les permitirá que se vuelvan poderosos.
[6] Sois, en efecto, descendientes de aquellos hombres que han legado a la gloria sus virtudes, inmortales después de su muerte.
[7] El premio por la alianza no pretende dinero, que frecuentemente, como podemos observar, es despreciado incluso por los hombres del pueblo más humildes una vez que han alcanzado una buena posición, sino el elogio y la gloria, por la que los hombres valerosos no vacilan ante la muerte; la gloria, en efecto, es una recompensa más valiosa que el dinero.
[8] La herencia que los espartiatas reciben de sus padres no es la riqueza, como es el caso de los demás hombres, sino la disposición entusiasta a morir por la libertad, de modo que todos los bienes que la vida puede ofrecer pasan a segundo plano detrás de la gloria.
[9] En nuestro anhelo de tropas mercenarias no descuidemos las propias fuerzas de la ciudad, no sea que, tratando de alcanzar lo que no está a la vista, perdamos el control de lo que tenemos ante nuestros ojos.
[10] Niego que esté espantado por la magnitud del ejército de los persas, porque la guerra se decide por el valor, no por el número.
[11] La herencia que han recibido de sus padres es vivir sus propias vidas, y morir cuando lo requiere la necesidad de su patria.
[12] ¿Por qué deberíamos temer el oro con el que se engalanan para ir a la batalla, como se acicalan las mujeres para la boda, si, a raíz de ello, el premio de nuestra victoria será no sólo la gloria, sino también la riqueza? El valor ciertamente no teme al oro, que suele caer prisionero del hierro, sino a la habilidad militar de quienes tienen el mando.
Todo ejército que supera las justas proporciones en la [13] mayor parte de los casos se lleva a sí mismo a la ruina. En efecto, antes de que las hileras de los enemigos puedan recibir las órdenes, nosotros nos anticiparemos a su acción y alcanzaremos nuestros objetivos. [Constantini Excerpta IV (de Sententiis) , págs. 301-302, ed. BOISSEVAIN .]
1 Tarquinio el Soberbio. El trágico final de Servio Tulio al que se refiere este pasaje se sitúa en el 535 a. C. Cf. T. LIVIO , I 47, 7-48, 3; DIONISIO DE HALICARNASO , IV 38. Tarquinio, incitado por la ambiciosa Tulia, la hija menor de Servio, trató primero de atraerse las simpatías de los senadores y del pueblo romano simulando un buen entendimiento con Servio Tulio, cuyo natural conciliador procuraba evitar un enfrentamiento con su hija y su yerno. Pero después, en atuendo real y acompañado por hombres armados, irrumpió en el Foro y en el edificio del Senado convocó a una reunión a los senadores. Entonces Tulio acudió al Senado sin tomar precauciones; se produjo el enfrentamiento y Tarquinio, después de insultar a Tulio, lo arrojó por las escaleras del Senado dejándolo malparado. Finalmente, intervino de nuevo Tulia para precipitar el asesinato de su padre.
2 Según el relato de Dionisio se trataría de la escalinata del Senado que bajaba al Foro.
3 Cf. T. LIVIO , I 48, 4, donde leemos que fue alcanzado por los esbirros de Tarquinio en el Vicus Cyprius , la calle Cipria, cuando trataba de llegar a palacio.
4 Del 578 al 535 a. C. Cf. T. LIVIO , I 48, 8, donde se celebra la sabiduría y moderación del penúltimo rey de Roma.
5 La tradición (cf. T. LIVIO , I 42, 5-44, 1; DIONISIO DE HALICARNASO , IV 16 sigs.) le atribuía los «muros servianos», un recinto de 11 Km que encerraba el Campidoglio, el Quirinal, el Viminal, el Esquilino, el Celio y el Palatino, obra construida en realidad en el 378 a. C. tras la invasión de los galos, y los comicios centuriados basados en un censo económico, atribuidos asimismo a una época posterior y a un proceso evolutivo. También se le atribuyen la construcción de un templo de Diana, símbolo, según Tito Livio (I 45), de la unión de romanos y latinos y de la supremacía de Roma, en el Aventino, y la reorganización del ejército.
6 En el 532 a. C.
7 Egnorízeto , forma verbal que los cronógrafos suelen usar como equivalente al floruit , indicando la acmé o madurez de una persona.
8 Parece que Pitágoras era hijo de Mnesarco y que nació en Samos, aunque la tradición ha hablado de otros orígenes como el tirreno (de la isla de Lemnos), el sirio o el tirio. Se le atribuyen diversos viajes y finalmente, debido a su enfrentamiento con el tirano Polícrates (cf. infra, X 16, 1), abandonó Samos para ir a establecerse en Italia, donde fundó su célebre escuela de Crotón (Crotona).
9 Cf. PORFIRIO , Vida de Pitágoras 18-19.
10 Respecto a la severidad pitagórica, cf. infra, frs. 5, 7 y 9.
11 Cf. DIÓGENES LAERCIO , I 118 sigs. Ferecides era natural de Siros y en su obra combinó la teología y la prosa. Cf. C. GARCÍA GUAL , LOS Siete Sabios (y tres más) , págs. 182 sigs. En su obra cosmogónica Sieteantros ( Heptámychos , las siete cavernas en las que se escondió el semen de Crono) el origen del mundo estaba en una tríada divina constituida por Zas (Zeus), Crono y Ctonia.
12 La de los pitagóricos naturalmente. Eran notables los lazos de solidaridad que los unían.
13 Se refiere sin duda a Dionisio el Viejo, tirano de Siracusa entre el 405 y el 367.
14 La historia de la amistad de Fintias y Damón tuvo gran resonancia en el mundo antiguo. Aristóxeno fue seguramente la fuente de este relato de Diodoro. Cf., asimismo, CICERÓN , Deberes III 10, 45; Tusculanas V 22, 63; y JÁMBLICO , Vida de Pitágoras 233.
15 El examen de conciencia era una importante práctica de los pitagóricos.
16 La creencia en la transmigración de las almas era esencial en el ideario pitagórico. Cf. PORFIRIO , Vida de Pitágoras 19, donde se precisan tres puntos básicos, es decir, que el alma es inmortal, que se traslada a otras especies de seres vivos, y que nada es absolutamente nuevo.
17 Cf. DIÓGENES LAERCIO , VIII 20, donde Aristóxeno dice que la abstención de carne se limitaba a la del buey de labranza y a la de carnero.
18 Cf. DIÓGENES LAERCIO , VIII 4-5, donde Heraclides Póntico afirma que Pitágoras solía decir que había vivido en el cuerpo del argonauta Etálides, considerado hijo de Hermes, y que luego su alma había entrado en Euforbo; al morir éste a manos de Menelao, el alma se habría trasladado al cuerpo del taumaturgo Hermotimo, y luego al de Pirro, un pescador de Delos, antes de reencarnarse en Pitágoras.
19 Cf. Ilíada XVII 1 sigs.
20 Cf. DIÓGENES LAERCIO , VIII 5, donde Hermotimo protagoniza una anécdota similar.
21 Se reconoce la influencia egipcia en la geometría pitagórica, así como el papel de la matemática fenicia y de la astronomía de los caldeos.
22 Referencia a Pitágoras como reencarnación de Euforbo.
23 Cf. CALÍMACO , Fragmentos, Yambo 1, 59 sigs.; intr., trad. y notas de L. A. DE CUENCA Y PRADO y M. BRIOSO , BCG 33, Madrid, 1980, pág. 210. El papiro de Oxirrinco (1011 HUNT) contiene los versos originales atribuibles a Calímaco.
24 La ōmótēs , referida a la dificultad de la pépsis , a la mala digestión de alimentos faltos de sencillez.
25 Uno de los más importantes seguidores de Pitágoras, destacó como filósofo, estadista, general y matemático (fueron notables sus investigaciones de geometría, aritmética, astronomía y música). Era hijo de Mneságoras o de Hestieo (cf. DIÓGENES LAERCIO , VIII 79) y vivió en la primera mitad del siglo IV a. C., época en la que Tarento, gracias a su talento de hombre de estado, gozó de gran prosperidad. Se recuerdan sus amistosas relaciones con Platón, con el que se carteó.
26 Una anécdota que refleja el severo autocontrol de los pitagóricos y su preocupación por la perfección moral. Cf. CICERÓN , Sobre la República I 38, 59; Tusculanas IV 36, 78. JÁMBLICO , Vida pitagórica 197, precisa que los siervos habían descuidado los campos durante una ausencia de su señor.
27 Lisandro es el famoso general espartano vencedor en las batallas de Notio (cf. DIODORO , XIII 71, 1-4) y Egospótamos (cf. DIODORO , XIII 105), que llevó a la rendición de Atenas. Démades es el orador y político ateniense que se distinguió en los años que siguieron a la batalla de Queronea del 338 a. C. Viendo la hegemonía imparable de Macedonia, se opuso a Demóstenes y a Hipérides y trató de llegar a un compromiso con la potencia.
28 Cf. PLUTARCO , Vida de Lisandro 8, 3, donde encontramos la misma expresión.
29 Plutarco condena la falsedad del espartano y el utilitarismo del ateniense. Cf. Vida de Foción 1, 1-4.
30 El rechazo o control de los placeres sexuales está en la línea de dominio de los impulsos que caracteriza la moral pitagórica. Cf. CICERÓN , Sobre la vejez 12, 39-41.
31 Cf. PLATÓN , República 430e.
32 Tragedia representada entre el 409 y el 407 a. C.: se refiere al mito de la muerte de Polinices y Eteocles, al que Esquilo ya dedicó sus Siete contra Tebas.
33 Es la plegaria a Hera de los versos 1364-1375.
34 Se refiere a Polinices y Eteocles.
35 La llegada de Pitágoras a Crotón se sitúa hacia el 530 a. C.; llegó precedido de una gran fama y los crotoniatas le recibieron con entusiasmo (cf. PORFIRIO , Vida de Pitágoras 18). Según ELIANO (Historias curiosas, [intr., trad. y notas de J. M. CORTÉS COPETE ], BCG 348, Madrid, 2006, II 26), que se basa en Aristóteles, los crotoniatas le llamaron Apolo Hiperbóreo; y JUSTINO (XX 4, 5-12) recuerda que trató de inculcar al pueblo el amor por la vida sobria.
36 Es decir, como «amor a la sabiduría» y no como «sabiduría», distinción importante en una doctrina que se basaba en una continua aspiración al saber y a la perfección moral.
37 Los pitagóricos desempeñaron un importante papel político en muchas ciudades de la Magna Grecia, con una tendencia claramente oligárquica. La facción antipitagórica liderada por el rico aristócrata Cilón trataría de recuperar la primacía política perdida. A raíz de este movimiento Pitágoras tuvo que trasladarse de Crotón a Metaponto, donde murió (cf. JÁMBLICO , Vida de Pitágoras 248-249; PORFIRIO , Vida de Pitágoras 56 sigs.; DIÓGENES LAERCIO , VIII 40; JUSTINO , XX 4, 17-18).
38 Según cuenta Jámblico (Vida de Pitágoras 249-250), en el incendio de la casa de Milón perecieron muchos pitagóricos que se habían reunido allí para discutir asuntos políticos; sólo se salvaron Arquipo y Lisis, los dos de Tarento. Arquipo regresó a Tarento mientras que Lisis se dirigió primero a Acaya y después a Tebas, donde se encargó de la educación de Epaminondas (cf. CORNELIO NEPOTE , Vida de Epaminondas 2, 2; DIÓGENES LAERCIO , VIII 7).
39 Epaminondas, nacido en Tebas en el 415 a. C., fue protagonista de la política tebana desde el 371, año en que, junto con Pelópidas, venció a los espartanos en la batalla de Leuctra. Se esforzó por conseguir la hegemonía de Tebas; por tierra invadió en varias ocasiones el Peloponeso. y, para tener la primacía en el mar, construyó una flota poderosa y conquistó Bizancio. Murió en el campo de batalla en el año 362, en un encuentro con los espartanos junto a Mantinea.
40 Recordemos la sentencia tucidídea: Andrôn gàr epiphanôn pâsa gê táphos , es decir, «la Tierra entera es la tumba de los hombres ilustres». Cf. TUCÍDIDES , II 43, 3.
41 Debe de referirse a discípulos de Pitágoras.
42 Diodoro tiene una concepción historiográfica presidida por la idea de la utilidad pedagógica de la historia.
43 Hacia el 550 a. C. Cf. supra , IX 2, 3, nota 14.
44 Subió al trono persa en el 529 a. C. Cambises II continuó la política expansionista de su padre Ciro II el Grande y conquistó Egipto en el año 525 a. C. (cf. HERÓDOTO, III 11). Sobre la locura y la desmesura de Cambises, cf. HERÓDOTO , III 33-34, 61, 80. Murió en el 522, en Siria, cuando regresaba de Egipto.
45 La expedición persa contra Egipto del 525 ocurre un año después de la muerte de Amasis (cuyo reinado abarca el período 570-526 a. C). Su sucesor Psamético III trató de detener a los persas en la boca Pelusia junto a Pelusio, ciudad situada en el extremo oriental del delta, pero fue derrotado y se refugió en Menfis, donde los egipcios se rindieron (cf. HERÓDOTO , III 10-13).
46 Los persas adoraban las fuerzas de la naturaleza, entre las que estaba el fuego, por lo que no incineraban nunca los cadáveres. Cf. HERÓDOTO , Historia III-IV [trad. y notas de C. SCHRADER] , BCG 21, Madrid, 1979, III 16, 3 y nota 94.
47 HERÓDOTO (III 16, 1-5) se refiere asimismo a las represalias de Cambises contra la momia de Amasis. Diodoro, como Heródoto, se hace eco de una tradición antipersa, de origen egipcio, que al parecer se desvía en parte de la verdad. Según otra tradición, la actitud de los monarcas persas hacia Egipto fue buena, y también lo fue la de Cambises, al menos en el comienzo de la conquista; pero posteriormente, tras la sublevación de Psamético III, debió de cambiar su buena disposición, como ya subraya el relato de Heródoto.
48 Los amonios habitaban el oasis de Sivah, donde se encontraba el famoso templo de Zeus-Amón con su prestigioso oráculo, consultado por destacados personajes como Cimón, Lisandro y Alejandro Magno. Cf. HERÓDOTO , I 46, 2; III 17, 1.
49 Según HERÓDOTO (III 25, 3), Cambises, en el curso de su expedición contra Etiopía, envió unos cincuenta mil hombres, cifra sin duda exagerada, con la orden de esclavizar a los amonios e incendiar el oráculo de Zeus. Este contingente, tras partir de Tebas, llegó a Oasis, a un lugar denominado en griego «Isla de los Bienaventurados», probablemente el oasis de Kharga (sobre todo ello cf. HERÓDOTO , ob. cit. libro III, notas 142-146), pero no consiguió llegar al territorio de los amonios puesto que «se desató sobre los persas [...] un viento del sur sumamente violento, que, arrastrando torbellinos de arena, los sepultó», (cf. HERÓDOTO , III 26).
50 Cf. HERÓDOTO , III 13, 3-4, según el cual los libios, los cireneos y los barceos, tras la rendición de los egipcios de Menfis, se rindieron a los persas sin presentar batalla. Cambises aceptó con complacencia los presentes de los libios, pero rechazó las quinientas minas de plata de los cireneos (anécdota que se sitúa en el contexto de la «leyenda negra» egipcia sobre Cambises, ya que éste agradeció a Arcesilao III que se sometiera sin resistencia y devolvió sana y salva a Cirene a la princesa Ládice, esposa de Amasis, según leemos en HERÓDOTO, II 181, 5).
51 Del 540 al 522 a. C., año en que el sátrapa persa Oretes le dio una muerte infame (cf. HERÓDOTO , III 39-47; 54-57 y 120-125). Lo hizo todo por conseguir la hegemonía del mar (cf. HERÓDOTO , III 39; 122, 2).
52 Evidentemente con el propósito de granjearse aliados.
53 Sobre la piratería samia y las aspiraciones marítimas de Polícrates, cf. HERÓDOTO , III 39, 3-4 y TUCÍDIDES , I 13, 6.
54 Parece referirse al castigo de Polícrates, que murió «de un modo que, en conciencia, no puede ni contarse» (cf. HERÓDOTO , III 125).
55 Era hijo de la unión de Pisístrato con la argiva Timonasa; Tésalo era su sobrenombre mientras que su verdadero nombre era Hegesístrato (cf. HERÓDOTO , Historia [trad. y notas de C. SCHRADER] , V 94, 1 y notas 293 y 472; TUCÍDIDES , Historia de la Guerra del Peloponeso [trad. y notas de J. J. TORRES ESBARRANCH ], I 20; VI 55 y notas 136-138; ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses 17, 3-4, donde leemos que Hipias e Hiparco eran hijos de la mujer legítima, mientras que Iofón y Hegesístrato eran ilegítimos como hijos de la argiva). El juicio que recoge aquí Diodoro contrasta con el que emite ARISTÓTELES (Constitución de los atenienses 18, 2), según el cual Tésalo, proclive a la arrogancia y a la violencia, sería responsable de los males de la ciudad.
56 Al morir Pisístrato en el 528/527, Hipias se hizo cargo del gobierno de Atenas (cf. TUCÍDIDES , VI 54, 2; 55, 1). Según TUCÍDIDES , VI 54, 5, parece que los primeros años de su tiranía se caracterizaron por unas acciones de gobierno moderadas y aceptadas por el pueblo (cf. asimismo PAUSANIAS , I 23, 1). No es probable que Hipias e Hiparco compartieran el poder, como parece desprenderse de este pasaje de Diodoro y de ARISTÓTELES (Constitución de los atenienses 16, 7 y 18, 1).
57 Respecto a Hiparco, ARISTÓTELES (18, 1) dice que sentía inclinación por las diversiones, los amores y la poesía; habría invitado a Atenas a Anacreonte, Simónides y otros poetas (cf. HERACLIDES PÓNTICO , fr. 4 ROSE ). El joven de quien se habría enamorado Hiparco era Harmodio (cf. TUCÍDIDES , VI 54, 3). Harmodio y Aristogitón, pertenecientes al noble clan de los Gefireos, para vengarse de las afrentas de Hiparco, organizaron una conjuración contra la tiranía. Decidieron pasar a la acción en la celebración de las Grandes Panateneas, «la única fecha en la que no resultaba sospechoso que los ciudadanos que participaban en la procesión se reunieran llevando armas». Su primer objetivo era Hipias, ocupado en la organización de la ceremonia en el Cerámico; «pero al ver a uno de sus conjurados conversar familiarmente con Hipias, tuvieron miedo y pensaron que habían sido delatados», por lo que inmediatamente encontraron a Hiparco, el responsable de la ofensa a la hermana y a la familia de Harmodio, junto al llamado Leocorio y lo apuñalaron hasta matarlo. Aristogitón, tras conseguir huir, fue apresado poco después, pero Harmodio encontró la muerte al instante, en el mismo lugar de la acción (cf. TUCÍDIDES, I 20, 2; VI 56-57). Cf., asimismo, supra , IX 1, 4.
58 Se echa en falta la narración del desarrollo de los hechos, como el ataque y las muertes de Hiparco y Harmodio. El relato más completo es el de TUCÍDIDES (VI 54-57).
59 Diodoro refleja la tradición de exaltación democrática que subraya el móvil político en el asesinato de Hiparco, ensalzando a los tiranicidas como mártires de la libertad (cf. supra , IX 1, 4). Esta magnificación, con objeciones en Heródoto y Tucídides, tiene su representación en la estatuaria (cf. PAUSANIAS , I 8, 5). Sobre todo ello, cf. HERÓDOTO , V 55-56 y notas 251-256; VI 123 y notas 615-616; TUCÍDIDES , I 20 y nota 140; VI 56-59.
60 La conjuración de Zenón de Elea, discípulo y amigo de Parménides, contra la tiranía de Nearco representa probablemente un intento de la oligarquía de aquella ciudad de la Magna Grecia por recuperar el espacio político que había tenido en la primera mitad del siglo v a. C. y en la primera parte de la segunda mitad. Se ha discutido sobre la cronología y las motivaciones de la tiranía de Nearco y acerca de la actitud respecto a Atenas del tirano y de sus opositores. Lípara, isla que había tomado partido por Siracusa frente a los atenienses y que fue atacada por Atenas en el invierno del 427/426 (cf. TUCÍDIDES , III 88), sirvió de base a los secuaces de Zenón, según dice DIÓGENES LAERCIO , IX 26. Zenón, junto con Parménides, había viajado a Atenas, al parecer antes del 440, probable año de la muerte de Parménides (cf. PLUTARCO , Vida de Pericles 4, 5).
61 Cf. DIÓGENES LAERCIO , IX 26, que nos ofrece un relato parecido de la tortura de Zenón.
62 A ello se refiere HERÓDOTO , V 41-48; VII 158. Cf. DIODORO , IV 23, 3. El pasaje está aquí fuera de lugar.
63 Puede relacionarse con la frase pronunciada por un babilonio respecto a la posibilidad de que su ciudad fuera tomada por los persas; «sólo lograréis rendirnos —dijo— cuando puedan parir las mulas» en la creencia de que una mula no podía parir nunca (cf. HERÓDOTO , III 151).
64 Literalmente dice «mutiló las extremidades de su cara», es decir, la nariz y las orejas; cf. HERÓDOTO , 111 154, 2.
65 En Heródoto, Zópiro es el hijo de Megabizo. Heródoto nos cuenta toda la historia, la frase del babilonio, el parto de una de las mulas de Zópiro y la conclusión de éste de que la toma de Babilonia ya era factible, la intervención de Zópiro y la astucia de su mutilación, para engañar a los babilonios y entregar la ciudad a Darío (cf. HERÓDOTO , III 151-159, 1).
66 En Heródoto, después de la conquista, Darío manifiesta que «antes que agregar a sus dominios veinte Babilonias, además de la que poseía, preferiría que Zópiro no hubiera sufrido aquella ignominia» [III 160, 1, trad. C. SCHRADER].
67 Cf. HERÓDOTO , III 157, 2-4-158.
68 Se refiere al cumplimiento de la profecía del parto de la mula como condición para la toma de Babilonia. Cf. HERÓDOTO , III 151, 2 y 153, 1.
69 La isla de Lemnos, dice HERÓDOTO (V 26; VI 137-139), estuvo habitada por los pelasgos, que pueden identificarse con los tirrenos de este pasaje de Diodoro; según una tradición recogida por Heródoto, estos pelasgos habían sido expulsados del Ática y se habían instalado en Lemnos, isla del Egeo noroccidental que acabaron abandonando por la amenaza de los persas sobre Acte, la península más occidental del tridente de Calcídica (sobre la cual cf. TUCÍDIDES , IV 109). Lemnos pasó a estar bajo los persas después de la expedición contra Escitia (cf. HERÓDOTO , V 26-27) y fue recuperada por Milcíades II, el «Maratonómaco» que, poco antes de la revuelta jonia, la repobló con colonos atenienses (cf. HERÓDOTO , VI 136, 2; CORNELIO NEPOTE , Vida de Milcíades 2, 4).
70 Con referencia a regalos no estrictamente necesarios.
71 Tarquinio el Soberbio, que subió al trono en el 535. Cf. supra , X, fr. 1. Sexto Tarquinio era el más joven de sus tres hijos y, según la tradición, se valió de la astucia y el engaño para entregar la ciudad de los gabinos a su padre. Cf. T. LIVIO , I 53, 5-54; DION CASIO , Historia Romana I-XXXV (Fragmentos) [intr., trad. y notas de D. PLÁCIDO] , BCG 325, Madrid, 2004, págs. 206-207.
72 Del campamento del ejército romano que estaba sitiando Árdea, la ciudad de los rútulos, situada al sur de Roma, que se había enfrentado a la hegemonía de los Tarquinios en la liga latina. Cf. T. LIVIO , I 57 sigs.; DIONISIO DE HALICARNASO , IV 64 sigs.; DION CASIO , ob. cit. , págs. 210 sigs.
73 Colacia se encontraba a unos 16 km. al este de Roma, en el territorio de los sabinos; pasó a estar bajo el poder de Roma en el reinado de Anco Marcio. Cf. T. LIVIO , I 38, 1.
74 Lucio Tarquinio Colatino, hijo de Egerio. Cf. DIONISIO DE HALICARNASO , Historia Antigua de Roma IV 64, 3.
75 Lucrecia, hija de Lucrecio Espurio, símbolo para Diodoro de la virtud femenina, es la protagonista de la famosa leyenda a la que se liga la caída de los Tarquinios.
76 En el campamento del que había marchado Sexto.
77 Básicamente Diodoro sigue la tradición que se encuentra en Livio. Pero en T. LIVIO , I 57, 4-11 Sexto había encontrado a Lucrecia unos días antes cuando, en una estancia en Colacia junto a Colatino y a los otros Tarquinios, había sorprendido a Lucrecia hilando en plena noche y se había quedado prendado de su belleza.
78 A su padre, que fue a Colacia con Publio Valerio, y a su marido, que volvió de Árdea con Lucio Junio Bruto.
79 Cf. T. LIVIO , 158, 8-12.
80 Según la tradición, el ultraje cometido por Sexto fue la chispa que hizo estallar la rebelión que provocó la huida de Tarquinio a Cerveteri y la instauración de la república. Cf. T. LIVIO , I 59; PLUTARCO , Vida de Publícola 1, 3; DION CASIO , ob. cit. , págs. 212 sigs.; pág. 223, notas 1 y 2.
81 Las fuentes están de acuerdo respecto al gobierno despótico de Tarquinio el Soberbio. Cf. T. LIVIO , I 53, 1; PLUTARCO , Vida de Publícola 1, 3; DION CASIO , ob. cit. , págs. 203-205.
82 Lucio Junio Bruto, hijo de una hermana de Tarquinio el Soberbio, que había matado a su padre y a su hermano. Según la tradición, que con ello justifica su sobrenombre de Bruto, se fingió loco como medio de salvación propia (cf. T. LIVIO , I 56, 8; PLUTARCO , Vida de Publícola 3, 5; DION CASIO , ob. cit. , págs. 209 sigs. La tradición cuenta que promovió la expulsión de los Tarquinios, que desempeñó el primer consulado en el 509 a. C. junto a Lucio Tarquinio Colatino y pereció en un encuentro contra Arrunte, hijo de Tarquinio (cf. T. LIVIO , I 59, 1-60, 4).
83 Esta batalla entre los sibaritas y crotoniatas, que precedió a la destrucción de Síbaris, ocurrió en el 510 a. C. Respecto al enfrentamiento entre estos pueblos, cf. infra, XII 9-10.
84 Es conocida la presencia de la novela y la fábula en la narración histórica de Heródoto. Cf. HERÓDOTO , Historia I-II [intr. F. R. ADRADOS , trad. y notas C. SCHRADER] , BCG 3, Madrid, 1984, págs. 24 sigs.
85 Se refiere al enfrentamiento de los demócratas atenienses con los espartanos, beocios y calcideos en el 507/506 a. C. Los atenienses infligieron una terrible derrota a los beocios y, tras pasar a Eubea, vencieron a los calcideos y establecieron clerucos en la isla (cf. HERÓDOTO , V 77).
86 Cf. HERÓDOTO , V 77, 4. La inscripción aparece aquí en la misma forma que la presentaba Heródoto: en realidad se trata de una réplica del original, que seguramente sufrió el saqueo de los persas cuando en el 480 a. C. devastaron e incendiaron la Acrópolis. Se ha encontrado un fragmento en la Acrópolis que contiene los mismos versos, pero en otro orden. Sobre las inscripciones, cf. I.G. I2 334 (= M. N. TOD , Greek Historical Inscriptions , 12 y 43; MEIGGS -LEWIS , 15). Del carro de bronce habla PAUSANIAS , I 28, 2, que lo menciona con la enorme estatua Atenea Prómaco de Fidias, exvoto de Atenas por la victoria contra los persas; pero, según Heródoto, el carro estaba situado en los Propileos, a la izquierda según se entra.
87 Del mismo modo HERÓDOTO (V 102) dice que el incendio del templo de Cibebe en Sardes por obra de los griegos sirvió de pretexto a los persas para incendiar los templos griegos en la expedición del 480. Pero se ha observado que, pese a la afirmación de Heródoto, la destrucción accidental del templo de la Cíbeles lidia no pudo ser la razón de los incendios provocados por los persas (cf. HERÓDOTO , Historia [trad. y notas C. SCHRADER] , BCG 39, V 102, nota 508).
88 Los carios, situados en la zona sudoccidental de Asia Menor, entre Lidia, Frigia y el Egeo, fueron sometidos primero por Creso y después por los persas; cuando se produjo la sublevación jonia, se alinearon al lado de los griegos.
89 Parece que Diodoro se refiere al tiempo que precedió inmediatamente a la batalla de Lade, en el 494 a. C. (cf. HERÓDOTO , VI 7), cuando los jonios, asustados por el avance persa contra Mileto, enviaron sus delegados al Panionio (cf. HERÓDOTO , I 148, 1), donde decidieron equipar la flota y reunirla en Lade, un islote situado frente a Mileto que protegía el acceso al mayor de los cuatro puertos de la ciudad.
90 Hecateo es seguramente el más original e importante de los logógrafos, historiadores «más atentos a cautivar a su auditorio que a la verdad» (cf. TUCÍDIDES , ob. cit. , I 21, 1 y notas 146-147). Nacido hacia la mitad del siglo VI a. C., pertenecía a una influyente familia de Mileto. Agatémero dijo de él que «era hombre que había hecho muchos viajes», en los que sin duda adquirió saberes que se reflejan en sus obras (Genealogías , en cuatro libros, y Contorno de la Tierra o Períḗgēsis , en dos); su estancia en Egipto está atestiguada por Heródoto (II 143) y es probable que también haya visitado Fenicia, los territorios del Mar Negro y la meseta irania. Destacó por su actitud crítica frente a las tradiciones y por su racionalismo ante los mitos.
91 HERÓDOTO (V 36, 2-4) se refiere al papel de Hecateo en la revolución jonia y a los importantes consejos que dio: propugnaba no entrar en guerra contra Persia y, en caso de hacerlo, que Mileto se procurara la hegemonía marítima y que se apropiara de los tesoros del santuario de Apolo en Bránquidas. Tras el fracaso de la revuelta, no quedaba otra solución que conseguir acuerdos de paz con los persas que no resultaran humillantes. La habilidad diplomática de Hecateo con el sátrapa Artafernes a la que hace referencia este pasaje no aparece mencionada en Heródoto.
92 En la batalla naval de Lade.
93 Este fragmento se refiere probablemente a la situación de Argos al ser derrotada por Cleómenes I de Esparta en el 494 a. C. Heródoto narra la matanza de argivos en el bosque consagrado a Argos (VI 78, 2-80). Tras esta derrota la ciudad de Argos se vio disminuida en el número de ciudadanos y se inició un período de disputas con los esclavos que acabó con la victoria de los ciudadanos argivos, hijos de los que habían caído frente a Cleómenes (Cf. HERÓDOTO , VI 83).
94 Según una tradición recogida por Justino (II 6, 14; XLII 3, 6), Medo había nacido de la unión de Medea con Egeo, rey de Atenas, en cuya corte se había refugiado la maga. Según los trágicos áticos, Medo, con la ayuda de su madre, tras ser expulsados de Atenas, dio muerte a Perses, hermano de Eetes, y reinó en su lugar. En honor de su madre fundó el reino de Media, con lo que un ateniense fue el epónimo de los medos.
95 La expulsión de Atenas de su antepasado.
96 Alude al envío de una escuadra de veinte naves que se unieron a las cinco de Eretria, un escaso soporte a la revuelta jonia.
97 Eretria, que en el 499/98 había enviado una ayuda a la revuelta jonia, fue saqueada e incendiada por los persas en el 490 a. C., pocos días antes de la batalla de Maratón. La ciudad de Eubea resistió durante seis días, pero al séptimo cayó y sus habitantes fueron reducidos a la esclavitud (cf. HERÓDOTO , VI 101). Posteriormente fue sometida por los atenienses, en el 446, cuando Pericles conquistó la isla (cf. infra , XI 88, 3). Pero en el 411 a. C. Atenas fue derrotada en Eretria, como vemos en TUCÍDIDES , VIII 95.
98 Sobre Milcíades, perteneciente a la noble familia de los Filaidas, cf. supra , X 19, 6, nota 69. Hipias le envió al Quersoneso Tracio, donde permaneció hasta su regreso a Atenas, en el 493 a. C. En Maratón, tras el desembarco de los persas, consiguió que prevaleciera su estrategia frente a la opinión de algunos estrategos, que querían renunciar al encuentro con los invasores (cf. HERÓDOTO , VI 109-110; CORNELIO NEPOTE , Vida de Milcíades 4, 4-5; PLUTARCO , Vida de Arístides 5, 1; JUSTINO , II 9, 10). Como es sabido, los estrategos eran los diez jefes militares elegidos por las diez tribus creadas por Clístenes; había uno por tribu y mandaban las fuerzas que cada tribu aportaba al ejército; formaban el Estado mayor del polemarco, el jefe supremo del ejército; la elección era por un año y eran reelegibles. A partir del 487 a. C. asumieron el mando, desplazando al polemarco.
99 La batalla de Maratón, en el verano del 490, un gran triunfo ateniense gracias a la estrategia de Milcíades.
100 Hipócrates sucedió a su hermano Cleandro hacia el 498 a. C. y gobernó hasta el 491 a. C. Su época fue una de las más gloriosas de la colonia fundada por rodios y cretenses (cf. TUCÍDIDES , VI 4, 3). Inició la política expansionista de Gela, quiso extender su dominio por toda la Sicilia oriental hasta el estrecho de Mesina y en poco tiempo su ciudad se convirtió en la más poderosa de la isla (cf. HERÓDOTO , VII 154-155; TUCÍDIDES , VI 5; FILISTO , FGrHist , fr. 15; TIMEO, FGrHist , frs. 19 a y b; infra , X 62; DIONISIO DE HALICARNASO , VII 1; POLIENO , V 6). En el 491 «le sorprendió la muerte en las inmediaciones de la ciudad de Hibla, durante una expedición contra los sículos» (HERÓDOTO , VII 155, 1). Entonces Gelón se hizo cargo del poder.
101 Esta derrota siracusana tuvo lugar a orillas del río Eloro, pero no fue seguida del asalto a Siracusa gracias a la intervención de corintios y corcireos, que lograron que se llegara a un armisticio por el que los siracusanos entregaban Camarina a Hipócrates (cf. HERÓDOTO , VII 154, 2).
102 Terón gobernó Acragante entre el 488 y el 472 a. C. (cf. infra , XI 53, 1). Este juicio positivo sobre Terón está de acuerdo con el resto de la tradición. Píndaro lo elogió fervientemente (cf. Olímpicas 2, 93 sigs.). Terón desarrolló una política de buena relación con Gelón de Gela, unidos por el sentimiento antipúnico. Impulsó la expansión hacia Selinunte, que tuvo el éxito de la conquista de Heraclea Minoa, y hacia Hímera, gobernada por el filopúnico Terilo, conquistada hacia el 482. Respecto a su papel en la decisiva victoria de Hímera, cf. infra , XI 20 sigs.
103 Tirano de Siracusa entre el 485 y el 478 a. C. Este pasaje se refiere a dos de las diversas anécdotas transmitidas sobre este personaje.
104 Cimón era hijo de Milcíades, el «Maratonómaco», y de Hegesípila, hija de Óloro, rey tracio (cf. HERÓDOTO , ob.cit. [BCG 39], VI 34 sigs.; TUCÍDIDES , ob.cit. [BCG 149], I 98, nota 537). La biografía de Plutarco nos cuenta numerosas anécdotas sobre este ilustre almirante ateniense.
105 Tras la victoria de Maratón, Milcíades impulsó una política expansionista para asegurar a Atenas el control de las islas del Egeo. Pero la expedición contra Paros del 489 a. C. constituyó un fracaso (cf. HERÓDOTO , VI 133-135; CORNELIO NEPOTE , Vida de Milcíades 7, 2-4), por lo que Cimón, al regresar a Atenas, fue acusado por Jantipo, el padre de Pericles, y condenado a pagar una multa de cincuenta talentos. Según una tradición recogida por Plutarco y Cornelio Nepote, ingresó en prisión por no satisfacer la deuda; murió allí y Cimón asumió el pago de la multa.
106 Después de distinguirse en la batalla de Salamina, en el 480 a. C. (cf. PLUTARCO , Vida de Cimón 5, 4), Cimón fue el alma de numerosas empresas como la toma de Eyón en el 476 (cf. infra, XI 60, 2), la victoria de Eurimedonte, hacia el 470/466 (cf. infra, XI 61, 1-7), la conquista de Tasos en el 464 (cf. infra , XI 70, 1) y la expedición contra Chipre del 449 (cf. infra , XII 3-4), en la que encontró la muerte.
107 Según leemos en HERÓDOTO , VI 34; 103, 1 y en otros pasajes del libro VI, Esteságoras era abuelo de Milcíades el Joven (el Maratonómaco) y padre de Cimón I y de Milcíades el Viejo. Otro Esteságoras era hermano de Milcíades, el de Maratón, y por tanto tío de Cimón II, al que se refiere aquí Diodoro (cf. CORNELIO NEPOTE , Vida de Milcíades 7, 5).
108 Isódice, una alcmeónida hija de Euriptólemo, fue seguramente su segunda mujer (cf. PLUTARCO , Vida de Cimón 4, 10; 16, 1). El nombre de Calias está ligado al tratado de paz con Persia del 449 a. C. (cf. infra , XII 4, 5).
109 Elpinice era en realidad su hermanastra, Cf. PLUTARCO , Vida de Cimón 4, 6-8; Vida de Pericles 10, 5.
110 Se refiere probablemente al matrimonio de Ptolomeo I Soter (h. 366-283/282) con Berenice I, hijos del macedonio Lago, él de una unión con Arsínoe y ella del matrimonio con Antígona.
111 Zeus y Hera eran hijos de Crono y Rea (cf. HESÍODO , Teogonía 454). Esta unión suponía el sincretismo de dos cultos diversos, uno indoeuropeo y otro mediterráneo.
112 Temístocles, nacido en Atenas hacia el 525 a. C. y arconte en el 493/492 (cf. DIONISIO DE HALICARNASO , VI 34), fue el político que puso las bases de la talasocracia ateniense. Fue protagonista de las batallas de Artemisio y Salamina en el 480 y a su iniciativa se ha de atribuir que los atenienses, en contra del parecer de Esparta, amurallaran la ciudad, iniciaran la construcción de los Muros Largos y fortificaran el puerto del Pireo (cf. TUCÍDIDES , I 90 sigs.; 108). Fue condenado al ostracismo hacia el 471 (cf. infra , XI 55, 1) y acabó sus días en Persia [cf. TUCÍDIDES (BCG 149), I 137-138 y nota 877].
113 Seguramente era Euriptólemo. hijo de Megacles, cuya hija Isódice se casó con Cimón (cf. supra. X fr. 31, 1).
114 PLUTARCO , Vida de Temístocles 18, 5 cuenta la misma anécdota. Entre dos pretendientes de su hija prefería el joven de buenas cualidades al rico, a un verdadero hombre sin riquezas que las riquezas sin tal hombre.
115 Diodoro recoge la tradición según la cual Cimón ingresó en la cárcel por no haber pagado la multa de su padre (cf. asimismo CORNELIO NEPOTE , Vida de Cimón 1, 1).
116 El 481 a. C.
117 En la segunda expedición persa contra Grecia, en el 480 a. C.
118 Cf. HERÓDOTO , VII 157-162. Gelón y los griegos de Sicilia también se enfrentaban a la amenaza de un ataque cartaginés (cf. HERÓDOTO , VII 158).
119 Las reflexiones del fragmento 34 reflejan el sentir de los griegos ante el enfrentamiento con Persia y sus consideraciones sobre los pros y los contras de la lucha con los persas y el sometimiento al tirano Gelón.
FRAGMENTOS DE PROCEDENCIA INCIERTA
FRAGMENTOS DE PROCEDENCIA INCIERTA
[En fin, muchas generaciones más tarde, el pueblo de los sículos pasó en masa de Italia a Sicilia y se estableció en el territorio abandonado por los sicanos. Al avanzar continuamente los sículos movidos por su ambición y saquear las tierras limítrofes, se produjeron frecuentes guerras entre ellos y los sicanos hasta que al fin se estipularon pactos y de común acuerdo establecieron las fronteras de sus territorios. Pero de esto haremos un relato detallado en el momento oportuno 1 . (DIODORO , V 6, 3-4.)]
Diodoro, sin embargo, establece una distinción entre [1 ] ellos cuando habla de los sicanos y sículos. [EUSTACIO , Comentario a la Odisea XX, pág. 1896 STALLBAUM.]
Diodoro, cuando se refiere a los sículos y sicanos en algunos [2] pasajes de los diez primeros libros, establece una distinción, como ya he dicho anteriormente, entre sículo y sicano. [EUSTACIO , Comentario a la Odisea XXIV, pág. 1962 STALLBAUM.]
[2 ] Diodoro Sículo y Opiano afirman que esta ciudad de Neápolis fue fundada por Heracles. [TZETZES , Sobre la Alejandra de Licofrón V 717 SCHEER .]
[3 ] Y el Paladión 2 de Atenea tenía estas características, medía tres codos, era de madera y había caído del cielo, según dicen, en Pesinunte de Frigia, y tanto Diodoro como Dion afirman que el lugar fue llamado así debido a aquel acontecimiento 3 . [EUDOCIA , Violarium , 322 FLACH .]
[4 ] Y Diodoro cuenta que un pico de los Alpes, que al parecer es la cumbre más alta de toda la cordillera, es conocido por los habitantes de la zona como la «Cresta del Cielo». [EUSTACIO , Comentario a la Odisea I, pág. 1390 STALLBAUM .]
1 No se encuentra tal relato en los libros que quedan de Diodoro.
2 El Paladión o Paladio (Palládion ) era una imagen de la diosa Palas Atenea. Era famoso el robado en Troya por Diomedes y Ulises, del que se pensaba que daba seguridad a la ciudad que lo poseyera (cf. HERÓDOTO , IV 189; PAUSANIAS , I 28, 9). Era un xóanon o escultura en madera que representaba a la diosa de pie y en actitud rígida, con el casco y el escudo y blandiendo la lanza.
3 Ven en Pesinunte la raíz pet-/pes- , con el significado de «caer». Sobre Pesinunte y su santuario de la Madre de los Dioses, cf. ESTRABÓN , XII 5, 3; PAUSANIAS , VII 17, 10 sigs.
LIBRO XI
SINOPSIS
Índice antiguo del libro XI.
1
Plan del libro XI. Expedición persa contra Grecia. Mardonio convence a Jerjes. Tratado entre persas y cartagineses.
2
Preparativos persas. El puente del Helesponto y el canal del Atos. Ultimátum de Jerjes. Expedición griega a Tesalia.
3
Actitud de las ciudades griegas ante la amenaza persa. Jerjes atraviesa el Helesponto y llega a Dorisco. Recuento de efectivos.
4
Leónidas espera a los persas en las Termópilas.
5
El impresionante ejército persa frente a las Termópilas. Embajada de Jerjes a Leónidas.
6
Jerjes y Demarato. Se lanza el ataque de las Termópilas.
7
Primeros encuentros: los persas rechazados.
8
Resistencia de los hombres de Leónidas. La trama del traquinio.
9
Ante la inminencia del cerco persa, Leónidas decide resistir.
10
El final de los soldados de Leónidas.
11
Encomio de los hombres de Leónidas.
12
La batalla de Artemisio.
13
Artemisio. La segunda batalla. Retirada a Salamina y evacuación de Atenas.
14
De las Termópilas a Atenas. Saqueos de los persas.
15
Actitud de los corcireos. Saqueo del Ática y debate sobre la táctica de la batalla naval.
16
Descontento por la decisión de librar batalla en Salamina.
17
Estratagema de Temístocles. Se prepara la batalla naval.
18
Batalla de Salamina. Ruptura de las líneas persas.
19
Se consuma la derrota persa. Nueva estratagema de Temístocles.
20
Expedición cartaginesa a Sicilia. Amílcar ataca Hímera.
21
Gelón acude en auxilio de Hímera. Estratagema de Gelón.
22
Derrota cartaginesa en Hímera. La fama de Gelón.
23
Comparación de hechos y personajes de Grecia y Sicilia
24
Coincidencia de Hímera y las Termópilas. Consternación en Cartago.
25
El esplendor de Acragante y el prestigio de Gelón de Siracusa.
26
Moderación de Gelón. Paz con los cartagineses.
27
La flota persa en la costa jonia. Los premios al valor y el inicio de la ruptura entre Atenas y Esparta.
28
La diplomacia en acción. Segunda toma de Atenas.
29
Se prepara la batalla de Platea. El juramento de Platea.
30
Efectivos de los ejércitos. Primeros encuentros y traslado del campamento griego. Se inicia la batalla.
31
La derrota. Muerte de Mardonio y huida de los persas.
32
Persecución y matanza.
33
Reparto del botín. El trípode de Delfos. Honores a los caídos. Pausanias castiga la traición tebana.
34
Se prepara la batalla de Mícale. Estratagema de Leotíquidas.
35
Exhortaciones ante la batalla. Explicación sobre la noticia del éxito de Platea y la estratagema de Leotíquidas.
36
La batalla de Mícale. Derrota de los persas.
37
Después de Mícale. Se sigue el criterio ateniense. Asedio de Sesto. Victoria romana sobre los volscos.
38
Sicilia. Popularidad de Gelón. Muerte y sucesión.
39
Atenas se fortifica contrariando a Esparta. Astucia de Temístocles.
40
Éxito del plan de Temístocles: Atenas reconstruye sus murallas. Guerra de Roma contra los ecuos y Túsculo.
41
Prestigio y clarividencia de Temístocles.
42
El proyecto de Temístocles ante la Asamblea y el Consejo de Atenas.
43
Política naval de Temístocles.
44
Misión liberadora de Pausanias. Su entendimiento con los persas y su retorno a Esparta. Vía libre a la hegemonía ateniense.
45
Traición y castigo de Pausanias.
46
Pausanias y Arístides. Esparta cede la hegemonía naval.
47
La Confederación ático-delia. Arístides «el Justo» fija el tributo y Atenas obtiene la primacía.
48
Leotíquidas y Arquidamo de Esparta. Anaxilas y Micito de Regio. Siracusa: conflicto entre Hierón y Polizelo. Trasideo y la conspiración de los himereos. Terón de Acragante.
49
Repoblación de Naxos, Catana y Leontinos por obra de Hierón, y de Hímera por Terón.
50
Debate en Esparta sobre la hegemonía.
51
Hierón ayuda a Cumas y vence a los etruscos.
52
Guerra entre los tarentinos y los yápiges.
53
Terón y Trasideo. Trasideo se enfrenta a Hierón y es derrotado. Victoria de los veyentes sobre los romanos.
54
Maniobras de Esparta contra Temístocles.
55
El ostracismo de Temístocles. Esparta acusa a Temístocles de connivencia con Pausanias.
56
Huída de Temístocles, que se refugia en la corte persa.
57
Mandana quiere vengarse. Proceso de Temístocles. Honores del Gran Rey.
58
Muerte y excelencia de Temístocles.
59
Elogio de Temístocles.
60
Cimón conquista Eyón y Esciros. Expedición a la costa de Asia Menor. Derrota de la flota persa en aguas de Chipre.
61
La victoria de Eurimedonte.
62
Fama de Cimón y prosperidad de Atenas a raíz de Eurimedonte. Agradecimiento a la divinidad.
63
Terremoto de Esparta. Rebelión de mesenios e hilotas. Reacción de Arquidamo.
64
Rebelión de mesenios e hilotas. El rechazo de Esparta a la ayuda de Atenas, causa de su posterior hostilidad.
65
Rivalidad entre Argos y Micenas. Destrucción de Micenas.
66
Hierón y los hijos de Anaxilas. Micito abandona Regio. Muerte de Hierón.
67
Digresión sobre los Dinoménidas.
68
Los siracusanos se liberan de la tiranía de los Dinoménidas.
69
Asesinato de Jerjes y subida al trono de Artajerjes.
70
Rebelión de Tasos y Egina y endurecimiento del imperialismo ateniense. Colonización de Anfípolis y desastre de Tracia.
71
Artajerjes reorganiza el Imperio persa. Sublevación de Egipto y ayuda ateniense.
72
Sicilia después de los Dinoménidas.
73
Los mercenarios se enfrentan a los siracusanos.
74
Victoria ateniense contra los persas en Egipto. Artajerjes envía una segunda expedición contra Egipto.
75
Una expedición persa de refuerzo parte hacia Egipto.
76
Luchas civiles en Sicilia después de las tiranías.
77
Partida de los atenienses de Egipto. Efialtes frente al Areópago.
78
Éxitos atenienses contra Corinto, Epidauro y Egina. Ducetio funda Meneno y se apodera de Morgantina.
79
Guerras entre corintios y megareos y entre focenses y dorios.
80
La batalla de Tanagra.
81
La victoria de Mirónides.
82
La victoria de Mirónides comparable a las de Temístocles, Milcíades y Cimón.
83
Enófita y las campañas de Mirónides en Lócride, Fócide y Tesalia.
84
Periplo de Tólmides en torno al Peloponeso.
85
Aparece Pericles. Expedición contra el Peloponeso y Acarnania.
86
Tregua de cinco años entre atenienses y peloponesios. Luchas civiles en Sicilia. Tindárides.
87
Instauración y abolición del petalismo en Siracusa.
88
Expediciones de Pericles y de Tólmides. Siracusa combate a los piratas tirrenos. Empresas de Ducetio.
89
Digresión sobre el culto de los Palicos.
90
La suerte de Palice. Refundación de Síbaris.
91
Derrota de Ducetio.
93
Juicio y destierro de Ducetio. Fin del libro XI.

EL CONTENIDO DEL LIBRO XI DE DIODORO ES EL SIGUIENTE 1 :
Sobre el paso de Jerjes a Europa (1-4).
Sobre la batalla de las Termópilas (5-11).
Sobre la batalla naval que combatió Jerjes contra los griegos (12-13).
Cómo, gracias a la estratagema de Temístocles contra Jerjes, los griegos derrotaron a los bárbaros en la batalla naval de Salamina (14-18).
Cómo Jerjes dejó tras de sí a Mardonio al mando de las fuerzas persas y regresó a Asia con una parte de su ejército (19).
Cómo los cartagineses desembarcaron en Sicilia con importantes fuerzas (20).
Cómo Gelón, después de vencer a los bárbaros gracias a una estratagema, mató a algunos de ellos y a otros los hizo prisioneros (21-23).
Cómo Gelón, a petición de los cartagineses, concluyó con ellos la paz y les exigió el pago de un tributo (24-26).
Atribución de los premios al valor a los griegos que se distinguieron en la guerra (27).
Batalla entre los griegos y los persas de Mardonio en Platea y victoria de los griegos (27-39).
La guerra de los romanos contra los ecuos y los habitantes de Túsculo (40).
Sobre la construcción del Pireo por Temístocles (41-43).
Sobre el socorro enviado a Cumas por el rey Hierón (51).
Sobre la guerra entre los tarentinos y los yápiges (52).
Cómo Trasideo, hijo de Terón y tirano de los acragantinos, fue derrotado por los siracusanos y perdió su trono (53).
Cómo Temístocles se refugió en la corte de Jerjes y salió libre de un proceso en el que se pedía contra él la pena de muerte (54-59).
Cómo los atenienses liberaron las ciudades griegas de Asia (60-62).
Sobre el terremoto que tuvo lugar en Laconia (63).
Sobre la sublevación de los mesenios y los hilotas contra los lacedemonios (63-64).
Cómo los argivos destruyeron Micenas y la convirtieron en una ciudad deshabitada (65).
Cómo los siracusanos derribaron la dinastía de Gelón (67-68).
Cómo Jerjes fue asesinado a traición y subió al trono Artajerjes (69).
Sobre la sublevación de los egipcios contra los persas (71).
Sobre las discordias intestinas de Siracusa (72-73).
Cómo los atenienses derrotaron a los eginetas y a los corintios (78-79).
Cómo los focenses hicieron la guerra contra los dorios (79).
Cómo el ateniense Mirónides con pocos soldados venció a los beocios, mucho más numerosos (81-82).
Sobre la expedición de Tólmides contra Cefalenia (84).
Sobre la guerra en Sicilia entre los egesteos y lilibeos (86).
Sobre la institución del petalismo en Siracusa (86-87).
Expedición de Pericles contra el Peloponeso (88).
Expedición de los siracusanos contra Tirrenia (88).
Sobre los llamados Palicos de Sicilia (89).
Sobre la derrota de Ducetio y el modo inesperado con el que salvó su vida (91-92).

Plan del libro XI. Expedición persa contra Grecia. Mardonio convence a Jerjes. Tratado entre persas y cartagineses
El libro precedente, el décimo de [1 ] nuestra obra, ha concluido con los sucesos del año anterior 2 al paso de Jerjes a Europa y al debate que tuvo lugar en la asamblea general de los griegos en Corinto para discutir sobre la alianza entre Gelón y los griegos 3 . En este libro, para completar sin interrupciones el relato de los hechos históricos, comenzaremos por la expedición de Jerjes contra los griegos y detendremos nuestra exposición en el año precedente a la expedición de los atenienses contra Chipre bajo el mando de Cimón 4 .
[2][480/79] El año en el que Calíades fue arconte en Atenas 5 y los romanos eligieron cónsules a Espurio Casio y Proclo Virginio Tricosto 6 y los eleos celebraron la Olimpíada septuagesimoquinta, en la que Astilo de Siracusa venció en el estadio 7 , Jerjes, el rey de los persas, emprendió su expedición contra Grecia por el motivo siguiente 8 . El persa Mardonio, [3] primo de Jerjes y pariente suyo por alianza matrimonial 9 , era muy admirado entre los persas a causa de su inteligencia y de su valor. Henchido de orgullo y en la flor de la vida 10 , deseaba conducir una expedición con fuerzas considerables, por lo que convenció a Jerjes de la conveniencia de someter a los griegos, que siempre se habían mostrado hostiles a los persas. Jerjes, persuadido por él y deseoso de expulsar a todos [4] los griegos de sus tierras 11 , envió una embajada a los cartagineses para tratar de una acción conjunta y concluyó con ellos un tratado en los términos siguientes: él, Jerjes, emprendería una expedición contra los griegos de Grecia 12 y los cartagineses, al mismo tiempo, prepararían un numeroso [5] ejército para derrotar a los griegos de Sicilia e Italia 13 . Así, pues, de acuerdo con este tratado, los cartagineses reunieron una gran cantidad de dinero y alistaron mercenarios de Italia y Liguria y también de Galia 14 y de Iberia y, además de estas fuerzas, reclutaron tropas de ciudadanos a lo largo de toda Libia y en Cartago; finalmente, al cabo de tres años de preparativos, reunieron un ejército de más de trescientos mil hombres y una flota de doscientas naves 15 .
Preparativos persas. El puente del Helesponto y el canal del Atos. Ultimátum de Jerjes. Expedición griega a Tesalia
Jerjes, por su parte, rivalizando en [2 ] celo con los cartagineses, consiguió superarlos en todos los preparativos en la misma medida que aventajaba a los cartagineses por el número de pueblos de su imperio. Comenzó a hacerse construir naves en todas las zonas costeras sometidas a su autoridad, en Egipto, Fenicia y Chipre, y también en Cilicia, Panfilia, Pisidia e igualmente en Licia, Caria, Misia, Tróade y las ciudades del Helesponto, en Bitinia y en el Ponto 16 . Como los cartagineses, completó los preparativos en tres años 17 y consiguió equipar una flota de más de mil doscientos barcos de guerra. Le sirvió de ayuda asimismo lo que había hecho [2] su padre Darío, que antes de su muerte había equipado un numeroso ejército 18 , puesto que, al ser derrotado por los atenienses en Maratón, donde sus tropas estaban al mando de Datis, abrigaba un gran resentimiento contra los atenienses que le habían vencido 19 . Pero cuando ya iba a pasar a Europa para atacar a los griegos, Darío fue sorprendido por la muerte, y así Jerjes, movido por el proyecto de su padre y también, como se ha dicho antes, por el consejo de Mardonio, decidió hacer la guerra contra los griegos 20 .
[3] Cuando hubo ultimado todos los preparativos para la expedición, ordenó a sus almirantes que concentraran sus naves en Cime y en Focea 21 , mientras que él mismo, tras haber reunido las fuerzas de infantería y de caballería de todas sus satrapías, partió de Susa 22 ; y al llegar a Sardes 23 , despachó heraldos a Grecia con la orden de ir a todas las ciudades y pedir a los griegos el agua y la tierra 24 . Luego [4] dividió su ejército y envió dos contingentes considerables, uno a tender un puente sobre el Helesponto, otro a abrir un canal a través del Atos en el istmo del Quersoneso, con lo que conseguía para sus fuerzas un paso rápido y seguro y al mismo tiempo esperaba espantar a los griegos con la magnitud de sus obras 25 . Los hombres que fueron enviados para realizar estas obras las acabaron rápidamente gracias a la [5] numerosa mano de obra 26 . Los griegos por su parte, al enterarse de la magnitud de las fuerzas de los persas, enviaron diez mil hoplitas a Tesalia para ocupar el desfiladero del Tempe 27 . Al frente de los lacedemonios iba Síneto 28 , mientras que Temístocles estaba al mando de los atenienses. Estos comandantes enviaron embajadores a las ciudades para pedir el envío de refuerzos que colaboraran con ellos en la defensa de los pasos; pretendían que todas las ciudades griegas participaran en los puestos de vanguardia y que consideraran la guerra contra los persas como una causa común. [6] Pero después que la mayor parte de los tesalios 29 y otros griegos vecinos de los pasos ofrecieron el agua y la tierra a los heraldos que habían llegado de parte de Jerjes, renunciaron a la defensa del Tempe y regresaron a su patria 30 .
Actitud de las ciudades griegas ante la amenaza persa. Jerjes atraviesa el Helesponto y llega a Dorisco. Recuento de efectivos
Será conveniente distinguir entre [3 ] los griegos a aquellos que eligieron la causa de los bárbaros, a fin de que la infamia en la que cayeron disuada, como resultado de nuestras maldiciones, a quienes estuvieran tentados de traicionar la libertad común 31 . Los enianes, los dólopes, los melieos 32 , los perrebos [2] y los magnesios se alinearon con los bárbaros cuando el contingente griego todavía guardaba los desfiladeros del Tempe, mientras que los aqueos de Ftía, los locros, los tesalios y la mayor parte de los beocios se pasaron a los bárbaros [3] una vez que las tropas hubieron partido 33 . Entre tanto los griegos que se habían reunido en consejo en el Istmo 34 votaron dos resoluciones: imponer a los griegos que habían elegido voluntariamente el partido de los persas el pago de un diezmo 35 destinado a los dioses, una vez ganada la guerra, y en segundo lugar enviar embajadores a aquellos que permanecían neutrales, a fin de invitarles a unirse a ellos en la lucha [4] por la libertad común 36 . De éstos, unos optaron sin reservas por la alianza, mientras que otros demoraron su decisión bastante tiempo, preocupados sólo por su seguridad y esperando con ansia el final de la guerra 37 . Los argivos por su parte enviaron embajadores a la asamblea de las ciudades y prometieron que entrarían en la alianza si les concedían participar en la dirección de las operaciones 38 . Los miembros [5] de la asamblea les respondieron sin ambages que, si pensaban que la jefatura de un griego era más insoportable que la tiranía de un bárbaro, hacían bien en mantenerse neutrales, pero si aspiraban a tener el mando de los griegos, debían, les dijeron, tener en su haber empresas dignas de una tal ambición antes de pretender un honor tan grande 39 . A continuación, cuando los embajadores enviados por Jerjes recorrieron Grecia pidiendo la tierra y el agua, todas las ciudades demostraron con sus respuestas su empeño en la defensa de la libertad común.
Una vez que Jerjes fue informado de que las dos orillas [6] del Helesponto estaban unidas y de que se había concluido la excavación del canal del Atos, partió de Sardes y se puso en marcha hacia el Helesponto; cuando llegó a Abido, hizo pasar a sus fuerzas a Europa a través del puente 40 . Al atravesar Tracia, enroló en su ejército a muchos soldados, tanto de los tracios como de los pueblos griegos limítrofes 41 . [7] Cuando llegó al lugar llamado Dorisco, dispuso que su flota acudiera allí, a fin de que las fuerzas de tierra y las navales estuvieran reunidas en el mismo sitio 42 . Procedió entonces al recuento de todos sus efectivos: el número de sus fuerzas de tierra ascendió a más de ochocientos mil hombres, mientras que el total de su flota era de más de mil doscientos navíos, de los que trescientos veinte 43 eran griegos, con tripulaciones formadas por griegos, mientras que los barcos los equipaba el Rey; todas las otras naves contabilizadas eran de los bárbaros: los egipcios proporcionaron doscientas, los fenicios trescientas, los cilicios ochenta, los panfilios cuarenta, otras tantas los licios, y además ochenta los carios y [8] ciento cincuenta los chipriotas. De los griegos, los dorios que vivían junto a Caria, juntamente con los habitantes de Rodas y de Cos, enviaron cuarenta naves, los jonios con los de Quíos y Samos cien, los eolios con los de Lesbos y Ténedos cuarenta, los del Helesponto junto con los de la región del Ponto ochenta, y los habitantes de las islas cincuenta 44 ; el Rey, en efecto, había sometido las islas situadas entre las Rocas Cianeas, Triopio y Sunio 45 . Tal era, pues, el [9] número de trirremes, y los barcos destinados al transporte de la caballería eran ochocientos cincuenta, y tres mil los triecóntoros 46 . Así, pues, Jerjes se ocupó en Dorisco del recuento de sus fuerzas.
Leónidas espera a los persas en las Termópilas
[4 ] Los griegos reunidos en asamblea, cuando recibieron la noticia de que las fuerzas persas se aproximaban, decidieron enviar rápidamente sus fuerzas navales a Artemisio en Eubea, dado que les parecía que aquel lugar era adecuado para hacer frente al avance enemigo, y, por otra parte, un número suficiente de hoplitas a las Termópilas 47 , a fin de anticiparse en la ocupación de los pasos en el desfiladero e impedir así que los bárbaros invadieran Grecia; les apremiaba el deseo de proteger aquende las Termópilas a aquellos que habían preferido la causa de los griegos y asegurar la salvación, en la [2] medida de lo posible, de sus aliados. Estaba al mando de toda la flota el lacedemonio Euribíades 48 y el comandante de las tropas enviadas a las Termópilas fue Leónidas, el rey de los espartanos 49 , un hombre que se enorgullecía de su valor y de su experiencia en la guerra. Éste, una vez que hubo tomado el mando, ordenó que sólo le siguieran mil hombres en aquella expedición 50 . Al decirle los éforos 51 que aquel [3] contingente era del todo insuficiente para enfrentarse a un ejército numeroso y ordenarle que cogiera más hombres, les contestó en privado que, si para impedir que los bárbaros atravesaran los pasos eran pocos, eran sin embargo muchos para cumplir la misión hacia la que en aquel momento partían 52 . Ante una respuesta tan enigmática y oscura, le preguntaron [4] si pensaba que conducía a aquellos soldados a una empresa de poca monta. A ello les respondió que en teoría los llevaba para defender los pasos, pero que en realidad iban a morir por la libertad común; en consecuencia, si sólo marchaban mil hombres, Esparta sería más gloriosa gracias a su muerte, mientras que si los lacedemonios partían en masa, Lacedemón 53 entera iría a la ruina, puesto que ninguno [5] de ellos sería capaz de huir para salvar la vida 54 . Las fuerzas enviadas a las Termópilas estaban formadas, pues, por mil lacedemonios, y con ellos iban trescientos espartiatas 55 , a los que se unieron tres mil soldados del resto de los [6] griegos. Así, pues, Leónidas se dirigió hacia las Termópilas con sus cuatro mil hombres, y entonces los locros, que habitaban en las proximidades de los pasos y habían dado la tierra y el agua a los persas con la promesa de ser los primeros en ocupar el desfiladero, al saber que Leónidas llegaba a las Termópilas, cambiaron de parecer y se pasaron a los griegos 56 . [7] Se presentaron de este modo en las Termópilas no sólo mil locros, sino también un número igual de melieos 57 , y algo menos de mil focenses, e igualmente unos cuatrocientos tebanos del partido favorable a la causa griega; los habitantes de Tebas, en efecto, estaban en desacuerdo entre ellos respecto a la alianza con los persas 58 . Tal era, pues, el número de los griegos que se alinearon con Leónidas y tomaron posiciones en la zona de las Termópilas en espera de la llegada de los persas.
El impresionante ejército persa frente a las Termópilas. Embajada de Jerjes a Leónidas
Jerjes, después de la revista de sus [5 ] tropas, avanzó con todas las fuerzas expedicionarias, y toda la flota navegaba simultáneamente a lo largo de la costa mientras él marchaba con su ejército de tierra hasta la ciudad de Acanto, desde donde las naves pasaron rápidamente y sin peligro al otro mar atravesando el canal que había sido excavado 59 . Cuando llegó al [2] golfo Melíaco 60 , se enteró de que los enemigos ya habían ocupado el paso. Por ello, tras concentrar allí sus fuerzas, hizo venir a los contingentes aliados de Europa, cuyo número era algo inferior a los doscientos mil soldados 61 , de modo que el número total que tenía bajo su mando, sin contar las fuerzas navales, ascendía a no menos de un millón de hombres. [3] La totalidad de los efectivos que servían tanto en los navíos de guerra como en los barcos que transportaban los víveres y el resto del equipo no era inferior al número que acabamos de mencionar, de modo que no ha de causar extrañeza cuanto se dice respecto a la multitud de hombres reunidos por Jerjes. Se dice, en efecto, que cursos de agua de caudal permanente se quedaron secos debido a la multitud inacabable que allí acudía y que el mar desaparecía debajo del velamen de las naves 62 . De las fuerzas militares de las que tenemos constancia por los testimonios históricos, las [4] de Jerjes aparecen reseñadas como las más grandes. Una vez que los persas hubieron establecido su campamento junto al Esperqueo, Jerjes envió mensajeros a las Termópilas, en primer lugar para observar con qué disposición de ánimo iba a afrontar el enemigo la guerra contra él, y al mismo tiempo les ordenó que anunciaran que el rey Jerjes les exhortaba a todos a deponer las armas, a regresar a sus patrias sin correr peligro y a sellar una alianza con los persas; a los griegos que actuaran así les prometió que les daría un territorio más grande y más rico que el que entonces poseían 63 . Leónidas [5] escuchó con los suyos a los mensajeros y la respuesta fue que, si se convertían en aliados del Rey, serían más útiles con sus armas, y si se veían obligados a combatir, con las mismas armas en sus manos lucharían con más ímpetu por su libertad; en cuanto al territorio que prometía darles, añadió que era costumbre ancestral de los griegos obtener las tierras no con la vileza, sino con el valor.
Jerjes y Demarato. Se lanza el ataque de las Termópilas
Cuando el Rey hubo escuchado de [6 ] boca de sus mensajeros la respuesta de los griegos, envió a buscar al espartiata Demarato, que, exiliado de su patria, se había refugiado en su corte 64 y, burlándose de aquella respuesta, le hizo al laconio esta pregunta: «¿En su huida correrán los griegos más velozmente que mis caballos o acaso se atreverán a oponer resistencia a unas fuerzas tan poderosas?». Y se cuenta que Demarato contestó de este modo: [2] «Tú mismo no desconoces el valor de los griegos, dado que te sirves de fuerzas griegas para reprimir a los bárbaros que se sublevan; no pienses, pues, que quienes combaten mejor que los persas en defensa de tu imperio correrán menos riesgos luchando contra los persas en defensa de su propia libertad» 65 . Pero Jerjes, burlándose de él, le ordenó que [3] le siguiera para asistir a la huida de los lacedemonios. A continuación reunió sus fuerzas y marchó contra los griegos apostados en las Termópilas, situando en primera línea, por delante de los demás pueblos, a los medos, bien por preferirlos por su valor, bien porque quería que todos perecieran; entre los medos, en efecto, todavía sobrevivía el orgullo, porque no hacía mucho que había sido derrocada la hegemonía [4] ejercida por sus antepasados 66 . Se daba el caso además que entre los medos había los hermanos y los hijos de los caídos en Maratón; y Jerjes se lo recordó a los medos, pensando que estos hombres tendrían el ardiente deseo de vengarse de los griegos 67 . Así, pues, los medos, alineados de este modo en orden de combate, se lanzaron contra los que guardaban las Termópilas 68 ; y Leónidas, que estaba preparado, reunió a los griegos en el sitio donde el paso era más estrecho 69 .
Primeros encuentros: los persas rechazados
La batalla que siguió fue encarnizada, [7 ] y mientras los bárbaros tenían al Rey como testigo de su valor 70 , los griegos pensaban en su libertad y eran incitados a la lucha por Leónidas; el resultado fue que tuvo lugar un combate asombroso. La pelea [2] se desarrolló cuerpo a cuerpo, los golpes se intercambiaron de cerca entre una apiñada masa de combatientes y así el resultado de la batalla fue incierto durante mucho tiempo. Pero al ser los griegos superiores gracias a su valor y a sus grandes escudos 71 , los medos fueron cediendo poco a poco; muchos de ellos cayeron y el número de heridos tampoco fue pequeño. Los cisios y los sacas 72 , elegidos por su valor como reserva de los medos 73 , les relevaron en la batalla y, al ser tropas frescas que se enfrentaban a hombres cansados, lograron resistir durante un tiempo, pero después los soldados de Leónidas les causaron muchas bajas y les forzaron a [3] retirarse. Los bárbaros, equipados con escudos pequeños y escudillos de mimbre 74 , tenían ventaja en los espacios abiertos, dado que podían moverse con gran facilidad, pero en los lugares angostos a duras penas conseguían herir a los enemigos, dispuestos en formación cerrada y con grandes escudos que protegían todo su cuerpo; así, en una situación de inferioridad por la ligereza de sus armas de defensa, caían [4] cubiertos de heridas. Finalmente, Jerjes, viendo que toda la zona cercana al desfiladero estaba sembrada de cadáveres y que los bárbaros eran incapaces de resistir el valor de los griegos, hizo intervenir a un cuerpo de elite de los persas, los llamados «Inmortales» 75 , que por su bravura tienen la fama de superar a todos sus compañeros de armas. Pero cuando éstos, tras una breve resistencia, también se dieron a la fuga, entonces, al sobrevenir la noche, se puso fin al combate; los bárbaros sufrieron muchas pérdidas, mientras que en el bando de los griegos el número de caídos fue pequeño.
Resistencia de los hombres de Leónidas. La trama del traquinio
Al día siguiente, Jerjes, al haber [8 ] tenido la batalla un resultado contrario a sus expectativas, eligió entre todos los pueblos a los soldados que le parecían mejores por su valor y arrojo y, después de exhortarles con insistencia, les anunció que les concedería magníficas recompensas si forzaban el desfiladero, pero que la pena de muerte sería el castigo en caso de huida 76 . Estos hombres se lanzaron contra los griegos en [2] tromba y con gran violencia, pero los soldados de Leónidas cerraron las filas y, disponiéndose en una formación semejante a un muro, combatieron con ardor. A tal punto llegaron en su celo que a aquellos que habitualmente eran su relevo no les consintieron que los sustituyeran en la batalla e, imponiéndose gracias a su capacidad de resistencia, dieron muerte a muchos bárbaros de aquel contingente escogido. Siguieron combatiendo todo el día rivalizando unos con otros [3] en heroicas empresas: los soldados de más edad se esforzaban en superar el floreciente vigor de los jóvenes, mientras que los más jóvenes trataban de competir con la experiencia y la fama de los veteranos. Finalmente, cuando estas tropas de élite también se dieron a la fuga, los bárbaros que ocupaban la segunda línea cerraron filas y no permitieron que huyeran, por lo que se vieron obligadas a volver sobre sus [4] pasos y a reemprender el combate 77 . Mientras el rey se encontraba sin saber qué hacer en la creencia de que ya nadie se atrevería a combatir 78 , se presentó a él un traquinio habitante de la región, que conocía perfectamente aquella zona montañosa 79 . Éste, una vez que estuvo ante Jerjes, le prometió que conduciría a los persas por un sendero estrecho que bordeaba un precipicio; así los que le siguieran sorprenderían por detrás a los hombres de Leónidas, que, al encontrarse cercados de este modo, serían aniquilados sin dificultad. [5] El rey tuvo una gran alegría, recompensó al traquinio y lo hizo partir de noche con veinte mil soldados 80 . Pero había entre los persas un hombre llamado Tirrastíadas, originario de Cime, un hombre de honor y de carácter noble; éste se escapó de noche del campamento persa, llegó al sitio donde se encontraban los hombres de Leónidas y les reveló la trama del traquinio, de la que no sabían nada 81 .
Ante la inminencia del cerco persa, Leónidas decide resistir
Una vez que hubieron escuchado [9 ] sus palabras, los griegos se reunieron en consejo en plena noche y deliberaron acerca de los inminentes peligros. Unos afirmaron que era preciso abandonar inmediatamente el paso e ir a buscar la salvación junto a los aliados, dado que era imposible salvarse si se quedaban. Leónidas, sin embargo, el rey de los lacedemonios, deseoso de obtener la corona de una gran fama para sí mismo y para los espartiatas, ordenó a todos los otros griegos que marcharan y se pusieran a salvo, a fin de poder estar en las filas del ejército griego en las demás batallas, pero dijo que los lacedemonios debían permanecer y no abandonar la guardia del paso, ya que el honor imponía que quienes tenían la hegemonía de Grecia estuvieran dispuestos a morir luchando por mantener aquella primacía 82 . Inmediatamente, [2] pues, todos los demás se retiraron mientras que Leónidas con sus conciudadanos llevó a cabo heroicas y sorprendentes empresas y, aunque los lacedemonios eran pocos (pues sólo tenían a su lado a los tespieos) y eran en total no más de quinientos hombres, estaba dispuesto a afrontar la muerte en defensa de Grecia 83 .
[3] A continuación los persas que, guiados por el traquinio, habían efectuado el movimiento envolvente por unos lugares abruptos súbitamente cortaron la retirada de Leónidas y sus hombres; entonces los griegos, que habían renunciado a su salvación y habían elegido la gloria, a una voz pidieron a su jefe que les condujera contra los enemigos antes de que los persas se dieran cuenta del éxito de la maniobra envolvente [4] de sus hombres. Leónidas acogió satisfecho la buena disposición de sus soldados y les ordenó que prepararan rápidamente su desayuno pensando que la comida la harían en el Hades; 84 él mismo, de acuerdo con la orden dada, tomó el alimento, convencido de que así podría resistir mucho tiempo y soportar el esfuerzo del combate. Una vez que sin entretenerse hubieron recuperado sus fuerzas y que todos estuvieron prestos, ordenó a sus soldados que se lanzaran al asalto del campamento enemigo, que mataran a todos los que encontraran a su paso y que se dirigieran contra la tienda del Rey 85 .
El final de los soldados de Leónidas
[10 ] Siguiendo, pues, las órdenes de Leónidas, los soldados, prietas las filas y de noche, se lanzaron contra el campamento de los persas con Leónidas a la cabeza; los bárbaros, ante el hecho inesperado y sin tener idea de lo que pasaba, salieron corriendo de sus tiendas con gran alboroto y en desorden y, pensando que los hombres que habían marchado con el traquinio habían muerto y que estaban allí todas las fuerzas de los griegos, fueron presa del pánico 86 . Por esta razón muchos [2] fueron muertos por los hombres de Leónidas, pero fueron muchos más los que perecieron a manos de sus propios camaradas, que por error los tomaron por enemigos. La noche, en efecto, les quitaba toda posibilidad de reconocerse y la confusión que reinaba en todo el campamento fue la causa de una gran masacre; se daban muerte unos a otros dado que las circunstancias no les permitían un control preciso de la situación, puesto que no tenían instrucciones de sus jefes, ni se había establecido un santo y seña, ni se daba, en suma, condición alguna para la clarividencia. Si el Rey hubiera estado [3] en su tienda real, sin duda, también él hubiera perecido fácilmente a manos de los griegos y toda la guerra habría tenido un rápido final; pero Jerjes había huido al primer alboroto y los griegos, irrumpiendo en la tienda, hicieron una matanza casi completa de todos los que habían quedado en el interior. Mientras fue de noche, anduvieron de acá para [4] allá por todo el campamento, naturalmente a la busca de Jerjes; pero cuando se hizo de día y se aclaró toda la situación, los persas, viendo que el número de los griegos era pequeño, los miraron con desprecio, pero no trabaron combate con ellos de frente, puesto que tenían miedo de su valor, sino que los fueron rodeando por los flancos y por detrás y, lanzándoles flechas y jabalinas por todas partes, los mataron a todos. Así, pues, acabaron sus días los soldados de Leónidas que guardaron el paso de las Termópilas.
Encomio de los hombres de Leónidas
[11 ] ¿Quién no admiraría el valor de estos hombres? Animados por un mismo ideal, no abandonaron el puesto que Grecia les había asignado, estuvieron prestos a entregar su propia vida por la salvación de todos los griegos y prefirieron una muerte gloriosa a una vida en la ignominia. Y el estupor de [2] los persas no creo que nadie pueda ponerlo en duda. ¿Qué bárbaro hubiera podido sospechar que las cosas ocurrieran de aquel modo? ¿Quién hubiera esperado que un pequeño número de quinientos hombres se atrevería a atacar a un millón? Por consiguiente, ¿qué hombre de las generaciones posteriores no aspiraría a emular el valor de estos héroes, que dominados por la magnitud de las circunstancias fueron abatidos físicamente, pero no fueron vencidos moralmente? Así, pues, sólo ellos, entre los hombres cuyo recuerdo conserva la historia, han conseguido de su derrota una gloria mayor que la que otros han obtenido por las más brillantes victorias. Es preciso, en efecto, juzgar a los hombres valerosos no por el resultado de sus acciones, sino por los principios por los que han obrado, porque lo primero depende de la fortuna, mientras que en lo segundo lo que se pone a [3] prueba es la intención 87 . ¿Quién podría juzgar a otros hombres por encima de estos espartanos que, sin llegar a alcanzar en número la milésima parte de los enemigos, se atrevieron a oponer su valor a aquellas increíbles multitudes? No esperaban vencer a tantas miríadas, pero creían que superarían en bravura a todos sus predecesores y juzgaban que la batalla que emprendían era contra los bárbaros, pero que la verdadera contienda y el juicio por el premio de heroísmo se sostenía con todos aquellos que eran admirados por su valor. Fueron los únicos, entre los hombres cuyo recuerdo [4] conserva la historia desde tiempo inmemorial, que prefirieron la observancia de las leyes de su ciudad 88 a la salvaguarda de su propia vida, y no se afligieron por el hecho de verse expuestos a los más grandes peligros, sino que juzgaron que era lo más deseable para quienes cultivaban el valor afrontar pruebas como aquella. Sería, pues, de justicia considerar [5] a estos hombres como los verdaderos creadores de la libertad de todos los griegos, con preferencia a aquellos que después consiguieron las victorias en las batallas contra Jerjes, porque el recuerdo de las proezas de aquellos héroes provocó el terror de los bárbaros, mientras que a los griegos les incitó a emular su bravura. En suma, fueron los únicos [6] entre los hombres de las generaciones precedentes que pasaron a la inmortalidad debido a su extraordinario valor 89 . Por ello su gesta fue celebrada no sólo por los historiadores, sino también por numerosos poetas, entre los que está Simónides 90 , el poeta lírico, que compuso un encomio digno de su valor, en el que dice:
De quienes en las Termópilas murieron ,
gloriosa es la suerte, hermoso el destino;
su tumba es un altar, en vez de llanto el recuerdo 91 ,
y su lamento 92 es el encomio.
Un tal monumento fúnebre ni el moho ,
ni el todopoderoso tiempo lo oscurecerán.
El santuario de estos héroes el honor de Grecia
lo ha habitado. Leónidas da testimonio ,
el rey de Esparta, que de su valor aquí ha dejado
un gran ornamento y una gloria imperecedera 93 .
La batalla de Artemisio
[12 ] Una vez que hemos hablado suficientemente del valor de estos héroes, ahora reemprenderemos el hilo de nuestro relato. Jerjes ocupó, pues, el paso del modo que hemos descrito y obtuvo una victoria que, según el dicho, podríamos calificar de «cadmea» 94 ; mató a unos pocos enemigos, mientras que la pérdida de sus propios soldados alcanzó un número mucho mayor. Y después de haberse apoderado del desfiladero con el ejército de tierra, decidió hacer la prueba de una batalla por mar 95 . Inmediatamente, pues, convocó [2] al comandante de la flota, Megábates 96 , y le ordenó que hiciera rumbo contra las fuerzas navales griegas y tratara de entablar con toda su flota una batalla naval contra los griegos. Megábates, en cumplimiento de las órdenes del [3] Rey, zarpó de Pidna en Macedonia con toda su flota y puso rumbo al cabo de Magnesia llamado Sepíade 97 . Allí le sorprendió un vendaval que le hizo perder más de trescientos navíos de guerra, así como un gran número de transportes de caballos y de otros barcos 98 . Una vez que hubo amainado el temporal, levó anclas y puso proa rumbo a Áfetas de Magnesia 99 . De allí envió doscientas trirremes, ordenando a sus comandantes que circunnavegaran Eubea manteniendo la isla a su derecha a fin de envolver al enemigo 100 .
[4] Entre tanto los griegos estaban fondeados junto al Artemisio de Eubea con un total de doscientas ochenta trirremes, de las que ciento cuarenta eran de los atenienses y el resto de las otras ciudades griegas 101 . El almirante era el espartiata Euribíades 102 , pero era el ateniense Temístocles quien dirigía los asuntos de la flota; debido a su inteligencia y a sus cualidades de general se había granjeado en gran manera el favor no sólo de los griegos de la flota, sino también del mismo Euribíades, y todos le prestaban atención y le obedecían de buen grado 103 . Cuando se reunió el consejo [5] de los comandantes de las naves para discutir sobre la batalla naval, todos los demás eran del parecer de no tomar la iniciativa y esperar el ataque de los enemigos; Temístocles fue el único que sostuvo la opinión contraria, demostrando que era conveniente poner proa contra el enemigo con toda la flota en orden de batalla; de este modo ellos tendrían ventaja al mover sus barcos en formación compacta contra unos adversarios que, debido a la confusión, estarían en una situación de dispersión, puesto que zarpaban de puertos diversos y distantes unos de otros 104 . Finalmente prevaleció la opinión de Temístocles y los griegos pusieron proa contra [6] los enemigos con toda la flota 105 . Y dado que los bárbaros se hacían a la mar desde diversos puertos, en un primer tiempo, los de Temístocles, al trabar combate con los persas todavía dispersos, lograron hundir muchas naves, y también obligaron a un buen número a emprender la huida persiguiéndolas hasta tierra; pero a continuación, cuando la flota persa se reunió, se produjo una violenta batalla naval: unos y otros alcanzaron ventaja con una parte de las naves, pero ni los unos ni los otros obtuvieron una victoria completa y, al hacerse de noche, cesó el combate 106 .
Artemisio. La segunda batalla. Retirada a Salamina y evacuación de Atenas
[13 ] Después de esta batalla, sobrevino una violenta tempestad que destruyó un gran número de las naves ancladas fuera del puerto 107 , de modo que la divinidad parecía ponerse de parte de los griegos, a fin de que, una vez disminuida la inmensa flota de los bárbaros, las fuerzas de los griegos fueran comparables y suficientes para medirse con el enemigo en una batalla naval 108 . Por ello, mientras que los griegos tenían cada vez más confianza, los bárbaros estaban cada vez más temerosos ante los peligros. De todas formas, se recuperaron después de aquel naufragio y se hicieron a la mar con todas sus naves contra el enemigo. Los griegos, que acababan de [2] recibir el refuerzo de cincuenta trirremes áticas 109 , se situaron en orden de batalla frente a los bárbaros. La batalla naval que libraron a continuación 110 tuvo un desarrollo semejante al del encuentro de las Termópilas: los persas, en efecto, estaban decididos a forzar la barrera de los griegos y a franquear el Euripo, mientras que los griegos, que habían bloqueado el estrecho, luchaban en defensa de sus aliados de Eubea 111 . La batalla fue violenta y numerosas fueron las pérdidas de naves que sufrieron uno y otro bando; pero, al sobrevenir la noche, se vieron obligados a regresar a sus respectivos puertos. En las dos batallas 112 se distinguieron, según se cuenta, los atenienses por el lado de los griegos y [3] los sidonios por el de los bárbaros 113 . A continuación, cuando supieron lo que había ocurrido en las Termópilas y se enteraron de que los persas avanzaban con su ejército de tierra hacia Atenas, los griegos perdieron el ánimo; por ello pusieron rumbo a Salamina, donde esperaron acontecimientos 114 .
Los atenienses, conscientes del grave peligro que corría toda [4] la población de Atenas, hicieron embarcar a los niños y las mujeres y cargaron todos los bienes que pudieron llevarse y los transportaron a Salamina 115 . Cuando el almirante de [5] los persas se enteró de la retirada de los enemigos, desembarcó en Eubea con todas las fuerzas de marina, tomó al asalto la ciudad de Hestiea, la saqueó y devastó su territorio 116 .
De las Termópilas a Atenas. Saqueos de los persas
Mientras ocurrían estos hechos, [14 ] Jerjes levantó el campamento de las Termópilas y avanzó a través del territorio de los focenses, saqueando las ciudades y destruyendo las propiedades rurales. Los focenses, que habían elegido la causa de los griegos, viendo que no estaban en condiciones de enfrentarse al enemigo, abandonaron en masa todas las ciudades y se refugiaron en los lugares abruptos del Parnaso 117 . A continuación, [2] el Rey atravesó la Dóride sin causar ningún daño, debido a que sus habitantes eran aliados de los persas 118 . Allí dejó una parte de sus fuerzas con la orden de marchar contra Delfos, de incendiar el santuario de Apolo y llevarse las ofrendas; entre tanto él con el resto de los bárbaros penetró [3] en Beocia y estableció allí su campamento 119 . Los soldados enviados a saquear el oráculo habían llegado a la altura del templo de Atenea Pronea 120 cuando desde todos los puntos del cielo cayeron inesperadamente sobre ellos impresionantes aguaceros acompañados de numerosos rayos; además, al arrancar la tormenta grandes rocas de la montaña, que se precipitaron sobre el campamento de los bárbaros, fueron numerosos los persas que allí perdieron la vida; y todos los otros, espantados por aquella poderosa intervención [4] de los dioses, huyeron de aquellos parajes 121 . Así, pues, el oráculo de Delfos, por la acción de la providencia divina, pudo escapar del saqueo. Los delfios, queriendo dejar a la posteridad un monumento perenne en recuerdo de aquella manifestación de los dioses, levantaron, al lado del templo de Atenea Pronea, un trofeo, en el que grabaron esta inscripción en dísticos elegíacos:
En recuerdo de la guerra protectora y de la victoria testimonio,
los delfios me erigieron, a Zeus agradecidos,
y a Febo, tras rechazar el destructor ejército de los Medos
y proteger el templo de bronce coronado 122 .
Al pasar por Beocia, Jerjes arrasó el territorio de los tespieos [5] e incendió Platea, que se encontraba desierta, dado que los habitantes de esta ciudad habían huido en masa hacia el Peloponeso 123 . A continuación, los persas invadieron el Ática, devastaron los campos, arrasaron Atenas e incendiaron los templos de los dioses. Mientras el Rey estaba ocupado en estas acciones, la flota zarpó de Eubea rumbo al Ática y en la travesía saqueó Eubea y la costa del Ática 124 .
Actitud de los corcireos. Saqueo del Ática y debate sobre la táctica de la batalla naval.
[15 ] Por el mismo tiempo los corcireos, que habían equipado sesenta trirremes, se entretenían en aguas del Peloponeso porque, según ellos decían, no estaban en condiciones de doblar el cabo Malea, o bien, según afirman algunos historiadores, porque esperaban a ver por quién se inclinaba la balanza de la guerra, con el fin de ofrecer a los persas el agua y la tierra en el caso de que la ganaran, o para dar a los griegos la impresión de que estaban a su lado si éstos conseguían la [2] victoria 125 . Los atenienses que estaban a la expectativa en Salamina, cuando vieron el Ática asolada por el fuego y supieron que el santuario de Atenea había sido arrasado, experimentaron un terrible desánimo. Igualmente un miedo espantoso se apoderó de los otros griegos que, venidos de todas partes, se habían concentrado en el Peloponeso 126 . En estas circunstancias se decidió que todos aquellos a quienes se había conferido el mando se reunieran en consejo para determinar en qué aguas era conveniente combatir la batalla naval. Las opiniones que se expusieron fueron numerosas y [3] de diverso género. Los peloponesios, preocupados sólo de su propia seguridad, sostenían la necesidad de entablar el combate cerca del Istmo 127 , que, una vez bien fortificado, ofrecería a los derrotados, en el caso de infortunio en la batalla naval, la posibilidad de encontrar con la mayor presteza un refugio seguro en el Peloponeso; si, por el contrario, se encerraban en la pequeña isla de Salamina, se verían expuestos a situaciones de difícil solución. Temístocles, en [4] cambio, aconsejó que libraran la batalla naval en aguas de Salamina, ya que creía que en espacios reducidos quienes combatían con un pequeño número de barcos tendrían una importante ventaja frente a una flota mucho más numerosa; en suma, demostró que el mar del Istmo sería totalmente inadecuado para aquella batalla naval, puesto que el combate se entablaría en alta mar y los persas, debido a los amplios espacios disponibles, podrían fácilmente destruir una flota exigua gracias a su superioridad numérica. Y tras desarrollar con igual perspicacia otros muchos argumentos en relación con la situación, convenció a todos para que votaran en el sentido que les proponía 128 .
Descontento por la decisión de librar batalla en Salamina
[16 ] Finalmente, al haber tomado el Consejo la decisión de combatir en aguas de Salamina, los griegos hicieron los preparativos para afrontar convenientemente el encuentro con los persas. Euribíades, teniendo a su lado a Temístocles, trataba de animar a las tripulaciones incitándolas al inminente combate. Pero las tripulaciones no le escuchaban, sino que, al estar todos espantados ante la magnitud de las fuerzas persas, nadie prestaba atención a sus jefes, y en el pensamiento de cada uno no había otra idea que zarpar rápidamente de [2] Salamina rumbo al Peloponeso 129 . Asimismo el ejécito de tierra de los griegos no estaba menos aterrorizado por las fuerzas de los enemigos; causaba consternación la pérdida en las Termópilas de aquellos soldados de un prestigio extraordinario, y las desgracias del Ática que tenían ante sus [3] ojos inspiraba en los griegos un terrible desánimo. Cuando los miembros del Consejo vieron la turbación de las masas y el terror general, votaron fortificar el Istmo con la construcción de un muro 130 . La obra fue llevada a término rápidamente 131 gracias al entusiasmo de los hombres que en gran número trabajaron en ella; pero mientras los peloponesios consolidaban el muro, que tenía una extensión de cuarenta estadios desde Lequeo hasta Cencreas 132 , los soldados estacionados en Salamina, así como toda la flota, estaban hasta tal punto espantados que ya no obedecían a sus jefes 133 .
Estratagema de Temístocles. Se prepara la batalla naval
Viendo que el navarca Euribíades [17 ] era incapaz de contener la irritación de las tripulaciones y constatando que las dificultades de la bahía de Salamina podían prestar una gran contribución con vistas a la victoria, Temístocles urdió este estratagema 134 : persuadió a un hombre 135 para que se presentara como tránsfuga a Jerjes y le asegurara que las naves fondeadas en Salamina estaban a punto de abandonar el lugar [2] para reagruparse en el Istmo 136 . Por ello el Rey, confiando en aquellas noticias debido a su verosimilitud, se apresuró a impedir que las fuerzas navales de los griegos se unieran a las tropas de tierra. A toda prisa, pues, hizo zarpar a la flota egipcia con la orden de bloquear el paso entre Salamina y Megáride 137 . El resto de la flota fue enviado a Salamina con la orden de atacar al enemigo y de resolver la contienda en aquella batalla naval 138 . Las trirremes estaban ordenadas por pueblos, unas a continuación de otras, a fin de que la comunidad de lengua y el conocimiento mutuo de los tripulantes [3] los animara a prestarse ayuda unos a otros. Ordenada la flota de este modo, los fenicios ocupaban el ala derecha, mientras que la izquierda estaba ocupada por los griegos que sostenían la causa de los persas 139 . Los comandantes de los jonios enviaron a los griegos un hombre de Samos para revelarles las decisiones del Rey y la disposición en orden de batalla de todas sus fuerzas, y para explicarles los motivos por los que tenían la intención de desertar de los bárbaros en [4] el curso del combate 140 . Cuando el samio logró realizar la travesía a nado sin ser descubierto e hizo aquellas revelaciones a Euribíades, entonces Temístocles, al haber tenido su estratagema el resultado que había previsto, se alegró mucho y comenzó a exhortar a las tropas a afrontar el peligro; y los griegos, que con la promesa de los jonios habían recuperado su confianza y pese a que la situación les forzaba a un combate naval contrario a su idea, llenos de ardor bajaron todos juntos las pendientes de Salamina para librar la batalla naval 141 .
Batalla de Salamina. Ruptura de las líneas persas
Cuando finalmente Euribíades y [18 ] Temístocles dispusieron sus fuerzas, los atenienses y los lacedemonios ocuparon el ala izquierda, alineándose frente a la flota de los fenicios; la superioridad de los fenicios era grande, tanto por su número como por su experiencia en las actividades náuticas heredada de sus antepasados 142 . Los eginetas y los megareos formaban [2] el ala derecha; tenían la fama de ser los más expertos marineros después de los atenienses 143 , y además eran los que iban a luchar con más porfía, puesto que sólo ellos entre los griegos se quedarían sin refugio si la batalla naval acababa en fracaso. El centro estaba ocupado por el resto de los griegos.
Así, pues, tras formar de este modo, se hicieron a la mar y ocuparon el estrecho entre Salamina y el santuario de [3] Heracles 144 . El Rey ordenó a su almirante que avanzara contra el enemigo y él se fue a un lugar de la costa situado enfrente de Salamina, desde donde era posible seguir el desarrollo [4] de la batalla naval 145 . En un primer momento, los persas conservaban su formación, dado que, al navegar en mar abierto, tenían mucho espacio, pero cuando llegaron al estrecho, se vieron obligados a romper las líneas separando [5] algunas naves, lo que provocó un gran desconcierto 146 . El almirante, cuyo navío iba al frente de la formación, fue el primero en trabar combate y pereció después de haberse batido con gran vehemencia 147 . Cuando su nave fue hundida, el desorden se apoderó de la flota de los bárbaros, puesto que eran muchos los que daban la voz de mando, pero cada uno daba órdenes diferentes. La consecuencia fue que interrumpieron el avance de sus naves, ciaron y retrocedieron hacia alta mar. Los atenienses, cuando vieron el desorden de [6] los bárbaros, pusieron proa contra las naves enemigas; a unas las alcanzaron de lleno con sus espolones y a otras les arrancaron sus filas de remos al pasar rozando sus cascos; y al no poder servirse de los remos, muchas trirremes de los persas, dejando su flanco expuesto al enemigo, fueron golpeadas repetidamente por los espolones. Por ello no sólo cesaron de ciar, sino que se pusieron a virar de bordo e iniciaron una apresurada fuga 148 .
Se consuma la derrota persa. Nueva estratagema de Temístocles
Una vez que las naves de los fenicios [19 ] y de los chipriotas fueron sometidas por los atenienses, las de los cilicios, de los panfilios y también las de los licios, que estaban alineadas a continuación, en un primer momento resistieron vigorosamente, pero cuando vieron que los navíos más fuertes emprendían [2] la fuga, abandonaron igualmente el combate. En la otra ala 149 tuvo lugar una violenta batalla y durante algún tiempo el resultado fue indeciso 150 ; pero cuando volvieron los atenienses, que habían perseguido hasta la costa a los fenicios y a los chipriotas, los bárbaros, rechazados por ellos, [3] viraron de bordo y perdieron muchas naves 151 . De este modo, pues, vencieron los griegos superando a los bárbaros en una brillante batalla naval; en el encuentro los griegos perdieron cuarenta naves y los persas más de doscientas sin contar las que fueron apresadas juntamente con sus tripulantes 152 .
El Rey, derrotado contrariamente a sus esperanzas, condenó [4] a muerte a los fenicios a los que atribuía la mayor responsabilidad en el inicio de la fuga y amenazó a los otros con infligirles el castigo que merecían. Los fenicios, asustados por estas amenazas, primero hicieron vela hacia el Ática, pero, al sobrevenir la noche, zarparon rumbo a Asia 153 . Entre tanto Temístocles, considerado el artífice de [5] esta victoria 154 , imaginó un segundo ardid no menos notable que el primero. Dado que los griegos temían combatir por tierra contra tantas miríadas, redujo en gran manera el potencial de las fuerzas de tierra enemigas del modo siguiente. Envió al pedagogo de sus hijos 155 a Jerjes para revelarle que la flota griega se disponía a navegar hacia el puente 156 para [6] destruirlo. El resultado fue que el Rey, confiando en aquella revelación debido a su verosimilitud, fue presa del temor de que los griegos, al ser señores del mar, le cortaran la vía de regreso a Asia, y decidió pasar de Europa a Asia lo más rápidamente posible, dejando en Grecia a Mardonio con tropas de élite de caballería e infantería, cuyo número total ascendía a no menos de cuatrocientos mil hombres 157 . Así, pues, Temístocles, con sus dos estratagemas, fue el artífice de los grandes éxitos de los griegos 158 . Tales son los hechos que tuvieron lugar en Grecia en esta época.
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