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Un rayito de luz para cada día
Cinthya Samojluk de Graf
Gabriela Ruth Brizuela de Graf
Magaly Tuesta Viveros de Alaña
Mirta de Samojluk
Ninayette Galleguillos Triviño

Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.
Índice de contenido
Tapa
Introducción
1º de enero
2 de enero
3 de enero
4 de enero
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6 de enero
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31 de diciembre
Un rayito de luz para cada día
Dirección: Natalia Jonas
Diseño del interior: Giannina Osorio
Diseño de tapa: Carlos Schefer
Ilustración: Shutterstock
Libro de edición argentina
IMPRESO EN LA ARGENTINA - Printed in Argentina
Primera edición, e - Book
MMXXI
Es propiedad. © 2021 Asociación Casa Editora Sudamericana.
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
ISBN 978-987-798-458-3
| Samojluk, CinthyaUn rayito de luz para cada día / Cinthya Samojluk de Graf ... [et al.] / Dirigido por Natalia Jonas. - 1ª ed. - Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2021.Libro digital, EPUBArchivo digital:OnlineISBN 978-987-798-458-31. Devocionario para niños. I. Jonas, Natalia, dir. II. Título.CDD 242.62 |
Publicado el 23 de julio de 2021 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).
Tel. (54-11) 5544-4848 (Opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)
E-mail: ventasweb@aces.com.ar
Web site: editorialaces.com
Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.
Introducción
Creciendo en valores
“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18).
No sé cuántas veces habrás visto la salida del sol, pero ¡qué bello es cuando el día comienza a llenarse de color y vida! El astro rey se abre paso entre las tinieblas de la noche, llegando a cada rincón con su luz y calor. El día se despierta de a poquito, y la naturaleza parece revivir después de la oscuridad nocturna. Aunque hay claridad desde el comienzo del día, el sol sigue iluminando más y más, hasta que llega el mediodía, el momento en que brilla en toda su plenitud y fuerza.
La Biblia dice que nuestra vida espiritual es como esa luz, pequeña al principio, pero que puede –y debe– ir creciendo hasta que el día sea perfecto. Crecemos un rayito de luz a la vez, un poquito cada día. Cada pensamiento, cada acción, cada hábito formado, todos ellos son como rayos de sol agregados al esplendor de nuestra vida.
Deseamos de corazón que, a través de estas meditaciones, puedas crecer en el desarrollo de tu carácter, un día a la vez, un valor a la vez. Oramos para que Dios te ayude cada día a desarrollarte como un cristiano que ilumine su entorno como “un rayito de luz”.
Cinthya Samojluk de Graf
A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas se han tomado de La Biblia de las Américas (LBLA).
Para los padres
¡Buenas noticias! Estas lecturas devocionales han sido pensadas para ayudarte en tu labor paterna. Sin duda, sabes la importancia del desarrollo de los valores cristianos en la educación de tu hijo; y que estos no deben ser trabajados en forma aislada, sino con regularidad y planificación. A pesar de ello, en la vorágine cotidiana, puede ser que te cueste encontrar el tiempo para organizar los recursos, las historias y las anécdotas que puedan hacer que este aprendizaje sea una realidad en tu familia.
Con cariño, esperamos que Un rayito de luz para cada día pueda suplir esta necesidad en tu hogar. Encontrarás que cada mes las meditaciones giran en torno a un valor en particular: fe y fidelidad, bondad y compasión, responsabilidad, respeto y reverencia, obediencia, autocontrol y temperancia, integridad, excelencia, perseverancia y paciencia, humildad, lealtad y compromiso, y gratitud. Si eres constante en las lecturas, al final del año, por la gracia de Dios, ¡habrás dejado una huella imborrable en el carácter de tu hijo!
Sin duda, vivimos en una época en la que no resulta tarea fácil formar niños leales al deber, en quienes se pueda confiar, que aprendan a manejar sus emociones y sean una luz a su alrededor. No obstante, ten por seguro que no estás solo en esta misión. Desde los lugares del mundo donde nos toca servir, cuentas con nuestras oraciones. Y recuerda que tenemos un Dios “que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efe. 3:20). ¡Confía tu vida y tu hijo a él cada día!
Que este sea un año de bendiciones sin par,
Las autoras
¡Nos presentamos!
Gabriela Ruth Brizuela de Graf
¡Hola, amiguito! ¡Hola, amiguita! Quiero contarte algo de mi vida. Vivo en Argentina, un país precioso, donde Dios me ha dado la oportunidad de conocer varias de sus provincias y paisajes, ya que mi esposo trabaja para la iglesia y vamos donde se nos necesite sirviendo a Dios.
Pero ¿sabes cuál es mi mayor delicia? ¡Ser mamá! Disfruto mucho de mis dos hijas, estar con ellas, reír y jugar juntas, aprender versículos de memoria, y tener largas charlas sobre muchos temas. Entre ellos, nuestro preferido es hablar sobre el cielo y lo que haremos cuando estemos allá. Eso renueva nuestras fuerzas para prepararnos cada día para ese momento. Mi anhelo es que a través de estas meditaciones participes con nosotras en este proceso de preparación, y juntos podamos ser “un rayito de luz” para quienes nos rodean hasta que lleguemos a la Patria celestial. ¿Te unes a nosotras?
Ninayette Galleguillos Triviño
¡Hola! Soy Nina, chilena, profesora en la Universidad Adventista de Chile. Dios me ha bendecido con una hermosa familia. Mi esposo es el pastor Sergio Celis, y tengo dos hijos a los que amo muchísimo: Joyce y Jahzeel. Los dos están estudiando Teología y preparándose para servir a Jesús. Amo a los niños de todas las edades, disfruto estar con ellos, compartiendo y riendo de sus aventuras. Amo la música, tocar piano, nadar, estar en la playa y leer muchos libros.
También soy escritora, y este ha sido un don que Dios ha puesto en mi camino sin haberlo imaginado. Sabiendo que un don es un regalo del Cielo, antes de escribir pido a Dios que me inspire para transmitir lo que sea de ayuda y bendición para los lectores. Espero que disfrutes de leer estos devocionales escritos con tanta dedicación y cariño para niños y niñas como tú, ¡que aman a Jesús!
Magaly Tuesta Viveros de Alaña
Yo también tuve tu edad. Crecí en el Perú y en Bolivia, en un hogar donde aprendí a conocer y amar a Jesús. Mis papis me guiaron, junto a mis hermanas, por el camino que conduce al Cielo. Los cultos familiares fueron su mejor inversión. No soy más una niña, pero disfruto mucho compartir del amor de Jesús con niños y niñas como tú.
Me casé con Walter, un hombre maravilloso del que vivo enamorada. Mi tesoro más valioso es mi hija, Nicole, que aunque ya va dejando de ser niña, conserva su tierno corazón. Juntos vivimos extraordinarias aventuras misioneras en Ecuador, Chile y el Perú. Aunque siempre me gustó escribir, fue Dios quien me dio la oportunidad de hacerlo, a través de una amiga especial. Él tiene un plan maravilloso para tu vida, como lo tiene para la mía. Deseo de todo corazón que estas lecturas puedan aportar “un rayito de luz para cada día” en tu vida, y que al practicar estas virtudes, nunca dejes de brillar hasta llegar al Hogar celestial. ¡Maranata!
Mirta de Samojluk
¿Cómo están, chicos? Toda mi vida trabajé con niños, así que puedo decir que un “poquito” los conozco. Pero lo mejor es que fui niña. Amaba cuando con mi mamá compartíamos momentos de lecturas en esas noches frías de invierno, bien calentitas en la cama. O en el patio en esas mañanas veraniegas, dialogábamos de las lecturas compartidas. Hoy, puedo ser parte de escribir este bello libro, Un rayito de luz para cada día, que espero disfruten.
Les dije que trabajé con niños, y sí, aún soy docente y también soy bibliotecaria en una escuela. Los niños me preguntan sobre qué leer y les sugiero aquella literatura que enriqueció mi infancia. También estuve rodeada de tres niñas hermosas, que hoy tienen sus propios hijitos. A ellos, mis cuatro nietos, Emily (13), Sebastián (12), Melissa (10) y Valeria (8) les dedico estas historias para que puedan enriquecer su vida con los valores que buscan transmitir.
Cinthya Samojluk de Graf
¡Qué lindo saludarte! Aunque no nos conocemos, estoy feliz de poder comunicarme contigo a través de estas palabras. Te escribo desde el Perú, donde vivo en la Universidad Peruana Unión junto a mi esposo, Roy, y a mis hijitas, Emily y Melissa. En nuestra familia nos encanta cantar, leer y acampar. Amamos los animales y viajar. Nos gusta andar a caballo y jugar juntos. Además, tenemos el privilegio de hacer homeschooling, la escuela en casa, así que nos divertimos aprendiendo y creciendo cada día.
En medio de las muchas cosas lindas que nos gusta hacer, disfrutamos el culto en familia, ¡especialmente cuando hay relatos! A mis hijas les encantaron las historias de este devocional, así que estoy segura de que también serán de bendición para ti. Anhelo que llegue el día en que nos conozcamos cara a cara en el cielo, y me cuentes cómo lo que leíste en este libro te ayudó a crecer como Jesús. ¡Nos vemos allá!
1º de enero

Viviendo por fe
“La fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1, NVI).
¡Qué lindo es empezar algo nuevo! Casa nueva, ropa nueva, un nuevo año de clases en la escuela, una receta de cocina nueva; todas son cosas que nos traen emoción y expectativa. Hoy también espero que hayas abierto este, tu nuevo devocional, con alegría y entusiasmo, oliendo tal vez el aroma a tinta, y preguntándote de qué tratará. ¡Lo iremos descubriendo juntos!
Hoy empieza un nuevo año. ¿Qué desafíos traerá? No lo sabemos. Pero sí sabemos que tendrá momentos alegres, y quizá algunos tristes; y que Dios siempre estará a nuestro lado. ¿Cómo lo sabemos? Pues porque él lo prometió en su Palabra. Y porque tenemos fe.
¿Qué es la fe? Es importante que lo sepamos, pues este mes vamos a hablar mucho acerca de la fe y de la fidelidad. La fe es estar seguros de cosas que no vemos. Es confiar. Para muchos de los científicos de hoy, creer en cosas que no vemos es una idea ridícula. Según ellos, si no lo puedes ver, medir y tocar, ¡no existe!
Pero te hago una pregunta: cuando estás en una habitación, y tu papá en otra, ¿cómo sabes que él está allí realmente? Tal vez, de repente estornuda, o tose, o quizá sus pantuflas hacen un ruidito cuando mueve los pies. Yo sabía dónde estaba mi papá porque silbaba ¡todo el tiempo! Algunas veces, sin embargo, tu papá puede estar completamente callado y sin hacer ningún ruido. ¿Cómo sabes, entonces, que él está allí? Muchas veces, simplemente, porque él te dijo que estaría allí. Y tú le crees.
Puedes tener fe en algo que no veas, porque a veces lo sientes, lo percibes de alguna manera. ¿Cómo sabes que Dios es real y te cuidará este año? Porque siempre te ha cuidado. Porque sientes su presencia en tu vida. Y puedes tener fe en que Dios te guía porque él cumple sus promesas. ¿Crees en él? ¿Tienes fe?
Ten por seguro que, con Dios de tu lado, puedes comenzar hoy viviendo por fe, sabiendo que cada día será una aventura junto a tu Dios, quien está a tu lado, tu mejor Amigo. Cinthya
2 de enero

El salón de los espejos
“Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” (2 Corintios 3:18, NVI).
¿Sabes para qué sirven los espejos? Existen muchas variedades y usos, pero su función principal es recibir la luz y reflejar una imagen. Debes tener el espejo correcto para poder ver la imagen que quieres reflejar.
Una de las actividades más esperadas por grandes y chicos en las vacaciones de invierno de mi niñez era una feria orientada a la familia. Mucha gente llegaba de todas partes de la ciudad y era recibida por una curiosa llamita que daba la bienvenida.
Mis padres hacían un gran esfuerzo para poder llevarnos, y recuerdo con cariño que pasar las vacaciones de Fiestas Patrias recorriendo la feria era el premio que recibíamos mis hermanas y yo por habernos esforzado durante el primer semestre escolar. Pabellones inmensos llenos de decorados coloridos ofrecían atracciones de todo tipo para todos los gustos, suficientes para entretener a miles de personas por el precio de una sola entrada.
Una de las atracciones que mi familia y yo más disfrutábamos era el salón de los espejos. Esta clásica recreación era la más solicitada; las filas para entrar eran casi interminables. Desde los pasillos se escuchaban las fuertes y contagiosas risas de la gente que desde que entraba no paraba de reír.
El secreto de esta divertida atracción era la variedad de espejos con superficies irregulares que no reflejaban lo que esperabas ver, sino una cambiante apariencia del cuerpo de las personas. Podías verte muy pequeño, con el cuello largo, con los brazos cortos e incluso, ver parte de tu cuerpo volteada de cabeza. Pero aunque las ilusiones ópticas creadas por algunos espejos podían ser muy graciosas, estos mostraban un reflejo falso y distorsionado de lo que en realidad éramos.
A diferencia de esos espejos de mi infancia, el versículo de hoy te recuerda que tu vida es como un espejo que debe reflejar la imagen correcta. Tener fe es mirar a Dios y reflejar en tu rostro la luz de su gloria. Es creer que con su luz puedes brillar para alumbrar este mundo oscuro, donde tu bondad y tu sonrisa pueden hacer que otros sonrían porque reflejas el amor de Jesús. ¿Qué ven tus amigos cuando te miran? Magaly
3 de enero

La fe no es matemática
“Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho” (1 Reyes 17:16).
¿Recuerdas los problemas matemáticos que te daban en la escuela en primer grado? Por ejemplo, el clásico: “Tienes 2 manzanas y regalas 1, ¿cuántas te quedan?” Otro parecido: “Tienes 2 manzanas y regalas 2, ¿cuántas te quedan?”
Ahora este: “Supón que lo único que tienes para la cena es un pan, nada más. De repente viene Dios y te dice: ‘Comparte tu pan con tus vecinos de al lado, pues ellos no tienen nada. Yo te prometo que aunque des, nunca te va a faltar’. ¿Qué harías? Muchos razonaríamos así: ‘No, Señor. ¿Acaso no ves lo poco que tengo? Si yo le doy a los vecinos, ¡me faltará a mí! Habiendo tanta gente rica en mi ciudad, ¿justo a mí me pides que comparta?’ ”
En la Biblia encontramos una historia donde Dios le pidió a una viuda pobre que hiciera exactamente eso. Estaba juntando leña para prepararse un pancito para comerlo con su hijo y luego “dejarse morir”. Entonces, llegó Elías, y le dijo: “Con esa poca harina y aceite que te queda, hazme un pancito a mí, pues Dios promete que no te va a faltar ni harina ni aceite”. La viuda podría haber pensado: “¿Qué? ¿Este hombre quiere que le prepare lo último que me queda para él?”
Volvamos a los problemas matemáticos del principio: “Si tengo 2 elementos para hacer pan y los 2 se los doy a Elías, ¡yo me quedo con nada! (2 - 2 = 0)”. Sin embargo, Dios desafió la fe de la viuda con una propuesta antimatemáticas: “Si tienes 2 elementos para hacer pan y le das los 2 a Elías, te prometo que seguirás teniendo 2 elementos para hacer pan (2 - 2 = 2)”. Hmmm... ¡Imposible! ¿Qué hubieras hecho tú?
La viuda le dio la oportunidad a Dios de mostrar su poder antimatemáticas. Con lo último que tenía, le preparó un pancito a Elías, ¿y qué pasó? Lo dice el versículo de hoy. ¡Dios cumplió lo que prometió! Por muchos días la viuda tuvo para comer junto a su hijo y Elías.
¿Sabes? Dios desea más personas como la viuda, que confíen en él. Por ello, cuando en la Biblia Dios te pida algo matemáticamente difícil (como diezmar aún cuando el dinero no te alcanza, o compartir con otros lo poco que tienes), obedécele igual y deja que él se encargue de los “imposibles”, así como hizo con la viuda. ¡Eso es tener fe! Gabriela
4 de enero

Cadena fuerte
“Por ella (la fe) recibieron aprobación los antiguos” (Hebreos 11:2).
Me gusta imaginar a los héroes de la fe de Hebreos 11 como los protagonistas de una larga galería de arte donde se exhiben las pinturas de personajes célebres. Y mientras caminamos por sus corredores recordamos sus acciones, que hasta hoy nos inspiran.
Pero días atrás un pastor los comparó con los eslabones fuertes de una cadena. Y vinieron a mi mente algunos tipos de cadenas que conozco. Pensé en la cadena de una bicicleta, en cadenas alimenticias. También hay cadenas de oración, cadenas televisivas. Hay cadenas para portar relojes o alhajas. Cadenas para nieve, para que los transportes no se hundan después de una gran nevada.
Pero volvamos a la comparación de cada héroe de la fe como eslabones de una cadena fuerte y segura. ¿Qué sucedería si todos los eslabones fueran fuertes menos uno? La cadena sería tan fuerte como su eslabón más débil. ¿Te sentirías seguro siendo rescatado a gran altura por una cadena así? No, ¿verdad?
Nosotros somos como eslabones. ¿Te gustaría ser un eslabón muy, muy fuerte? Entonces, conságrate a Dios todas las mañanas. Lee tu Biblia, ora y cuéntale del amor de Dios a alguien. Sé fiel en cada cosa que hagas por amor a Jesús. Verás y escucharás muchas cosas. Pero a la luz de la Biblia, retén solo lo bueno, aquellas cosas que agradan a Dios. Ten identidad, vive como un hijo de Dios, de acuerdo con su voluntad, haciendo lo que es agradable, de buen nombre y perfecto.
Federico es conocido por todos sus vecinos como un ejemplo de laboriosidad y amor. Él hace todo lo posible por compartir el evangelio. Ayuda, después de clases, a los ancianos de su barrio. Tiene un grupo pequeño de niños para enseñarles de Jesús. Además, a veces predica en diferentes iglesias. Su familia puede contar con él, y es un buen compañero en la escuela también. Sin duda, ¡un eslabón pequeño pero muy fuerte! Y tú, ¿qué tipo de eslabón eres? ¿Sabes? Fuimos llamados a esperar y apresurar la venida de Jesús. Romanos 13:11 dice que ya es hora de levantarnos pues la hora de nuestra salvación está cerca. ¡Formemos una cadena fuerte! Mirta
5 de enero

La niña salvaje
“Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse” (Lucas 15: 24, RVR).
¿Has visto la película “El libro de la selva”? Hoy te contaré una historia real de una niña criada sola en la selva. Ella se llama Rochom P’ngieng y es conocida como “la niña salvaje”.
Esta niña nació en Cambodia, y a los siete años se perdió en un bosque mientras cuidaba búfalos con un primo. Por más que trataron de encontrarla no apareció hasta veinte años más tarde. Cierto día, ella estaba comiendo arroz de una granja, y la tomaron como ladrona. Al llevarla a la policía, coincidentemente el policía que la reconoció era su padre. “Cuando la vi, estaba desnuda y caminando doblada hacia adelante como un mono. Era piel y huesos”, dijo su padre. “Estaba temblando y recogiendo granos de arroz del suelo para comer”. Tenía el pelo hasta los tobillos, estaba muy sucia.
La llevaron a casa y celebraron su retorno. Pero extrañamente ella no se adaptaba, no estaba feliz. Su madre trataba de alimentarla con cuchara, y ella se negaba a recibir la comida; solo comía con las manos. La vestían y se negaba a usar la ropa. No recordaba cómo se hablaba, solo emitía gruñidos. Prefería caminar en cuclillas en lugar de erguida. Tenían que vigilarla porque constantemente intentaba huir de la casa. Rochom tuvo que aprender poco a poco a comer bien, a tener modales y vestir adecuadamente. Ella necesitó mucho amor y paciencia de sus padres y familia.
¿Sabes? Así como esta niña, muchas personas se pierden al alejarse de Jesús. Dejan de orar, de cantar a Jesús, de leer su Biblia e ir a la iglesia, y así van olvidando cómo vestirse, comer bien, caminar derechos. Esto trae mucha tristeza al corazón de Dios, quien es un Padre tan bueno y amoroso. Pero él no se cansa de buscar a sus hijos hasta que finalmente los encuentra; y cuando lo hace, nuevamente les enseña con amor y paciencia a caminar correctamente.
Probablemente te has perdido alguna vez, ¡qué miedo! Es feo sentirse solo y asustado. Para que nunca te alejes de Jesús y te pierdas en este mundo tan peligroso, camina cada día a su lado. Lee tu Biblia cada día, no dejes de ir a la iglesia. Ora de rodillas y durante el día ora en tu mente a cada momento. Cuéntale todo a Jesús y así jamás te perderás. Nina
6 de enero

Fe en crecimiento
“Entonces el padre del muchacho gritó: ‘Yo creo. ¡Ayúdame a creer más!’ ” (Marcos 9:24, DHH).
¿Conoces a alguien con verdadera fe? Hay personas que admiro por su confianza total en Dios. Pero, ¿crees que siempre han sido así? La fe es como una pequeña plantita, débil tal vez al comienzo, y que puede crecer cada día un poquito si la cuidamos.
Te voy a contar cómo la plantita de mi propia fe creció, y cómo la tuya puede crecer también. Cuando nació mi primera hija, mi esposo y yo no podíamos haber estado más felices. Sanita, hermosa, Emily era todo para nosotros. Nuestra alegría era completa. Sin embargo, cuando tenía cuatro meses de edad, comenzó a tener malestares estomacales y diarreas. Le hicimos muchos estudios médicos, pero no descubríamos el problema, y Emily no subía de peso.
No fueron días fáciles. Quizá exageradamente, en ese momento tenía miedo por la vida y la salud de Emily. Muchas noches lloré, muchos días me preocupé. Yo, que siempre había tenido una vida llena de felicidad, me enfrentaba a un problema grande por primera vez. Me daba cuenta de que no podía controlar lo que pasaba, y creía que confiaba en Dios, pero seguía sintiendo miedo.
Recuerdo, finalmente, un día en el que oré a Dios: “Señor, Emily es tu hija antes que mía. Tú la amas más que yo. Tú sabes qué es lo mejor para ella. Te la entrego. Está en tus manos”. Y confié de verdad. Confié en que Dios sabía mejor, y amaba más que yo.
Al poco tiempo, un doctor descubrió que Emily era alérgica a una proteína que está en la leche de vaca. Comenzamos a tomar leche de soja o de almendras, y Emily creció. Hoy es una adolescente sana, inteligente y fuerte.
Así como mi hijita creció, mi fe creció. Y sigue creciendo día a día. Cuando veo cómo Dios me guía y guía a mi familia, cuando siento su amor en las pequeñas y grandes cosas, me acuerdo de ese padre que, en nuestro versículo de hoy, expresó, angustiado por su hijo, que necesitaba creer más. Porque siempre, siempre se puede creer más.
Si tú hoy sientes que crees, pero debes enfrentar algún problema, algún desafío, confía en tu Padre. Él sabe mejor lo que tú necesitas. Dile hoy: “Yo creo. ¡Ayúdame a creer más!” Cinthya
7 de enero

El cangrejo ermitaño
“Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno” (Efesios 6:16, NVI).
¿Conoces al cangrejo ermitaño? ¡Es un animalito muy interesante! Le gusta vivir en las zonas rocosas del mar y en arrecifes. A veces sale del agua y se refugia debajo de rocas que se encuentran en la costa. ¿Qué hace a este amiguito tan particular? A diferencia de otros cangrejos, su abdomen no posee exoesqueleto (no tienen esa capa durita por fuera que los protege). Y eso lo hace vulnerable frente a animales más fuertes.
¿Qué hace entonces? Busca un caparazón de caracol vacío, que se adapte a su tamaño, y se mete dentro de él. De este modo, logra refugio y defensa contra los peligros del mar. A medida que va creciendo, se ve obligado a buscar caparazones más grandes para seguir protegiéndose. Es muy simpático verlos seleccionar su nueva “casita” metiéndose de un caparazón a otro, hasta dar con el indicado.
¿Sabías que nuestra vida espiritual se parece a la del cangrejo ermitaño? Somos débiles y vulnerables ante los ataques de Satanás. No hay nada en nosotros para sentirnos seguros. Eso nos obliga a buscar un escudo que nos defienda de sus ataques.
El apóstol Pablo conocía muy bien nuestra debilidad, y por ello nos dice qué usar como escudo espiritual. Vuelve a leer el versículo de hoy. Ese escudo es la fe. Un sinónimo de “fe” es “confianza”. Pero, ¿confianza en quién? Así es, en Jesús. Él ya venció a Satanás, Él sabe lo que es luchar con el pecado y tiene el poder para protegerte de sus ataques.
Debes acudir a Jesús en oración para que él te auxilie, y cuando haces esto, todo cambia. Satanás se las tiene que ver con él y no contigo. Es como aquel niñito pequeño al que lo persiguen niños más grandes, hasta que este llega corriendo donde está su papá, y se refugia detrás de él. Entonces los grandulones no se atreven a hacerle frente al papá, porque saben que saldrán perdiendo. Así sucede con Satanás. Si tú te acostumbras a correr y esconderte detrás de Jesús, estarás a salvo.
Por ello, recuerda: lo primero que debes hacer al levantarte cada mañana es orar y pedirle a Jesús que sea tu refugio, que te proteja de las tentaciones de Satanás. Haz como el cangrejo, ¡y comienza cada día protegido con el escudo de la fe! Gabriela
8 de enero

Secretos de la verdadera fama
“Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Hebreos 10:17, NVI).
¿A Qué personaje famoso admiras? ¿Te gustaría saber sus secretos y ser tan famoso como él o ella? En muchos lugares existe un Salón de la Fama. Un lugar donde se destacan personas por algo importante que hicieron. Las hay de diversas categorías: deportes, música, ciencia, literatura; de inventores, compositores, actores, etc.
¿Podrías descubrir quiénes son y a que salón de la fama pertenecen los siguientes personajes?
Dios le mandó que construyera un arca para salvarse de una gran inundación, sin que alguna vez haya visto llover.
Dios le dijo que saliera de donde vivía para ir a vivir a un lugar que no conocía, y más aún, no sabía dónde era.
Dios le anunció que iba a tener el bebé que siempre había querido, aunque ya había pasado la edad para poder tenerlo.
¿Los descubriste? ¿A qué salón de la fama pertenecen? Todos ellos pertenecen al “Salón de la Fama de la Fe”. También tienen su club de fans, y espero que tú estés entre ellos. ¡Esta clase de fama sí es digna de imitar!
Noé construyó el arca, y Dios salvó a su familia.
Abraham dejó su casa, su tierra, y Dios le dio una gran herencia.
Sara concibió al pequeño Isaac, y Dios la hizo madre de multitudes.
La lista en este Salón de la Fama es muy extensa. La puedes encontrar en la Biblia, junto al secreto de su fama: “Oyó el mensaje de su palabra”. En la Biblia, la palabra “oyó” significa creer y obedecer. Sin importar las circunstancias, los argumentos lógicos o cómo ellos se sintieran, ellos creyeron y obedecieron y Dios obró con poder en sus vidas. ¡Este es el secreto de la verdadera fama!
¿Te gustaría ser alguien famoso? Vive esa fe que camina sobre el agua, que mueve montañas, que pelea batallas y ve milagros... esa fe que no duda de nada, que destruye el miedo y hace posible lo imposible; porque la victoria que vence al mundo es la fama de la fe en la Palabra de Dios. Magaly
9 de enero

Fe al comenzar la semana
“Y ahora, gloria sea a Dios, que puede hacer muchísimo más de lo que nosotros pedimos o pensamos” (Efesios 3:20, DHH).
Mis hijas, Emily y Melissa, aman los animales. Sueñan con tener algún día un refugio para perritos, gatitos y otros animales. En nuestra familia hemos cuidado gatos, pájaros, gusanos y caracoles; y hemos rescatado arañitas de ser aplastadas, sacándolas afuera por la ventana.
Hace un tiempo, mis hijas encontraron una cachorrita abandonada. La llevamos a casa para darle de comer, pero luego de verla tan indefensa, me dio mucha pena dejarla afuera solita, así que les dije que la podíamos tener hasta que encontráramos un hogar para ella. Decidieron llamarla Mía.
Le sacamos fotos y las publicamos en nuestras redes sociales, la ofrecimos a varias familias amigas, pero no pasaba nada. Una señora me contactó para llevarse a Mía. Felices, acordamos un momento de encuentro, pero nunca llegó. Por más que yo intenté varias veces contactarla para llevarle la perrita a su casa, no me contestó más. ¡Qué desilusión!
Habían pasado dos semanas. Nosotros ya teníamos una perrita, y las dos juntas hacían mucho lío. Nos estábamos empezando a preocupar. Al hacer nuestro culto familiar un martes, les dije a mis hijas:
–Chicas, oremos con fe para que Mía sea adoptada antes de que termine esta semana.
Y así lo hicimos. Oramos cada día, en cada oración, para que nuestra perrita invitada pudiera tener un nuevo hogar. Mis hijas estaban llenas de fe. Pero Mía aún seguía con nosotros... El viernes de tarde me contactó una jovencita. Quería a Mía. Le contesté enseguida, ofreciéndole llevar a la cachorrita a su casa. Y no me dijo nada más...
El sábado de tarde, como a las 14:00, me escribió la misma señorita, diciéndome que vendría a ver a Mía a la tarde. ¿Querría adoptarla? ¡Qué nervios! Cuando la vio, se encariñó y se la llevó para darle un hogar permanente.
Emily, Melissa y yo nos quedamos un momento para orar, agradeciendo a Dios por honrar nuestra débil fe, cumpliendo en darle un hogar a Mía, ¡Quince minutos antes de que acabase la semana!
¿Crees que Dios es grande y poderoso? ¿Crees que puede hacer más de lo que pedimos o esperamos? Si lo crees, si lo pides con fe y lo esperas, Dios honrará tu fe, así como honró la nuestra años atrás. Cinthya
10 de enero

El piano
“A los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28 p.p.).
Nunca imaginamos que Dios respondería tan rápido a nuestro pedido. Hacía como un año que, viviendo en Argentina, habíamos comprado un piano en Uruguay porque una familia sería trasladada, y en su mudanza podría traerlo. Comprar un piano había sido un deseo muy acariciado. La música era parte de nuestra familia y ansiábamos poder tener ese precioso instrumento en casa.
Por alguna razón la familia no incluyó a nuestro amado piano en su lista de mudanza. Tal vez fue un simple olvido. Y quedó en la casa de unos hermanos, sin que nadie lo ejecutara. Como si eso fuera poco, el piano molestaba, pues en su pequeña sala no podían prender la estufa a leña.
¡Me parecía tan difícil orar por ese motivo! Llegué a creer que tendríamos que venderlo, pues conseguir traerlo parecía imposible. Los meses pasaban y veía que mis niñas ya debían empezar a estudiar música.
Un día de agosto, cuando todavía hacía frío, leíamos acerca de oraciones respondidas. Cuando ya estaban en sus camas, después de leer la lección bíblica y antes de orar, les abrí mi corazón y expresé mi deseo en voz alta. Ellas escucharon y con la fe gigante de los niños oraron felices, pues dieron por sentado que la respuesta llegaría pronto. Con el dulce cansancio de los juegos del día y las sencillas tareas realizadas, las vi dormirse ¡tan confiadas!
Habían pasado solo un par de días cuando una amiga vino a visitar a sus parientes y ese sábado nos acompañó en nuestra iglesia con su familia. En un momento de la conversación, me preguntó:
–¿Ustedes no saben nada todavía?
La miré, confundida... Y cuál fue mi sorpresa cuando me comentó que habíamos sido llamados a trabajar nuevamente en Uruguay. De allí en adelante quedó la frase: “El piano no vino a nosotros, nosotros fuimos al piano”. Me emociona pensar cómo Dios esperó hasta responder a las oraciones de dos niñitas de fe.
¡Cuántas veces cantamos en la sala de nuestra casa en Montevideo al son de los sonidos del bello piano! ¡Cuántas piezas practicaron mis niñas! ¡Cuántas partes especiales preparamos! Qué bello fue sentir que nada es imposible para nuestro Dios. Él tiene el control de nuestras vidas y nos guía. Mirta
11 de enero

Pez alcancía
“Bendito el hombre que confía en el Señor y pone su confianza en él” (Jeremías 17:7, NVI).
Esta es la historia bíblica del pez más famoso de la historia. Cómo llegó la moneda hasta la boca del pez y cómo permaneció allí hasta que Pedro la sacó es algo que quiero preguntarle a Jesús en el cielo. Doy gracias a Dios porque Mateo registró en la Biblia este milagro tan extraordinario, pues nos muestra una faceta material de la vida cotidiana de Jesucristo, del día a día que vivía como cualquier ciudadano.
Cada año, en el mes de Adar, los judíos mayores de veinte años debía pagar dos dracmas para el mantenimiento del templo. Como Hijo de Dios, Jesús no tenía que pagar ese impuesto para el templo de su Padre. Pero él, con el corazón tan lleno de amor, se preocupó más por no herir o confundir a los que lo seguían y veían su actuar y proceder, que por defender su derechos.
Me encanta imaginar a Pedro haciendo lo que Jesús le pedía. Ya lo había hecho otras veces y había presenciado milagros; esta vez no iba a ser la excepción. En pocos segundos un vivaz pececito se movía en sus manos. Luego de que el apóstol tomara la moneda, pienso que devolvió el pez al agua. Tenía el equivalente al pago de cuatro días de trabajo, lo necesario para pagar su impuesto y el de Jesús.
El que no debía nada había pagado. El Creador del cielo, la tierra y las riquezas, había provisto. Hoy también podemos confiar, porque él sigue proveyendo. ¿Qué necesitas?
De pequeña nunca me faltó nada. Mi papá era constructor, mi mamá estaba en casa toda para mí. Quizás había niños que tenían más cosas, pero yo era feliz con mis juguetes y mis mascotas: Cacique, mi perrito, y Caty y Mocho, mis gatitos. No se me hubiera ocurrido pedir nada más. Hasta que un día pedí a Jesús algo con todo mi corazón.
Íbamos con mis papis y mi abuelita a pasear en nuestra camioneta. Yo tenía siete años. Y, como pensaba que mi abuela era muy viejita y por lo tanto no tendría fuerzas para cerrar la puerta, me ofrecí a ayudar. La mala suerte fue que, mientras cerraba con una mano, la otra estaba puesta en la bisagra de cierre. ¡Qué dolor! ¿Pueden imaginarlo? Hasta se me cayó la uña días después. ¿Qué necesitaba? Que no me doliera tanto. Y sí, Jesús proveyó calma y consuelo cuando se lo pedí. Confía hoy en ese amoroso Amigo. Mirta
12 de enero

José, el joven fiel
“Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).
Me imagino que conoces la historia de José, que se encuentra en el libro de Génesis en la Biblia. José es un personaje destacado por su total fidelidad a Dios. Hoy, analizaremos cómo llegó a ser gobernador de Egipto. Normalmente, todos pensamos que para ser felices e importantes todo tiene que salir bien, pero la historia de José es totalmente contraria a este pensamiento. Así que, si te sientes triste por algo que no va bien en tu vida, déjame que te cuente algunas cosas de la vida de José:
Su mamá murió cuando él era pequeño, al dar a luz a su hermanito.
En su infancia, su padre lo sobreprotegió y lo mimó. Por eso, sus hermanos lo envidiaban y odiaban.
Sus hermanos lo rechazaron, lo traicionaron y lo vendieron a unos extranjeros.
Luego llegó a vivir a un país extranjero donde no estaba su papá ni nadie conocido y tampoco se hablaba su idioma. En ese lugar fue un esclavo.
Fue tentado a hacer algo malo, pero él se negó por su fidelidad a Dios. Tristemente, fue acusado injustamente y pasó dos años en la cárcel por un delito que no había cometido.
Si miras su vida hasta aquí, podríamos pensar que después de todas estas cosas tan tristes que vivió pudo haber sido un hombre malo, delincuente, resentido. Pero al leer su historia, es maravilloso ver que a pesar de todo lo que le tocó pasar, fue un hombre extraordinario y llegó a salvar al pueblo de Dios de la hambruna y la miseria.
Además, fue capaz de perdonar a sus hermanos y ayudarlos. Se casó y, por lo que dice la Biblia, tuvo dos hijos y una bella familia. ¿Quieres saber cómo lo logró? Buscó a Dios en oración, y fue fiel aun en las tentaciones y en sus momentos tristes.
Esta historia nos da un maravilloso ejemplo. Cuando te sientas triste porque hay problemas en casa, o se burlan de ti en el colegio, o algunos compañeros o “amigos” te tengan envidia, no te desanimes. Más bien sé fuerte y vence la tentación de hacer cosas malas, actuando en todo momento como es correcto para Dios. Nina
13 de enero

La medida de Dios
“Dad, y os será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante...” (Lucas 6:38 p.p.).
¿Viste alguna vez cuando tu mami o tu papi cocinan? Es divertido, ¿verdad? Muchas veces, hasta quieres ayudar. Si es una receta con harinas verás que se usan medidas muy precisas y, para eso, se usa un medidor.
En la antigüedad no existían estos recipientes que indican las medidas. Los vendedores vendían “a ojo”. Así, si alguien compraba telas podía pedir diez palmos. Pero para medir había manos más grandes y otras muy pequeñas. ¿Serían iguales los retazos comprados? ¡Por supuesto que no!
Pero volvamos a las harinas. Sin duda que para esta compra había un recipiente estándar. Pero había vendedores muy pícaros que igual hacían trampa. Mira lo que dice la Palabra de Dios en Lucas 6:38: “Dad, y os será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante”.
Cuando mis niñas eran pequeñas, quizá de tu edad, hicimos este sencillo ejercicio. Jugando a ser vendedoras, tomamos un recipiente y pusimos harina. La taza parecía llena y ya no era posible que entrara algo más. Pero hicimos lo que dice el versículo, la remecimos. Cuando bajó el nivel, agregamos más harina. Ahora lo apretamos con la mano y ¡volvió a bajar el nivel! Y así, agregamos harina hasta que rebosó.
No hay dudas de que Dios tiene una gran lección que enseñarnos con esta forma de medir... ¿Te das cuenta cuál es? A mí me hace pensar que con la generosidad con que damos, Dios también nos da a nosotros.
Mi amiga Marta me contó que cuando su hijo era pequeño le habían regalado dinero. La cantidad era exacta para que se comprara el camioncito de sus sueños. Pero este niñito estaba aprendiendo a ser fiel y devolver el diezmo. Cuando el sábado lo depositó fielmente no imaginaba la sorpresa que Dios tenía reservada para él.
A la puesta del sol, después de despedir el sábado, fueron a la juguetería y él iba a comprar otro camioncito de menor tamaño y valor... pero fue ahí cuando descubrió que el precio del juguete que él había querido tener, ¡había sido rebajado! No solo le alcanzó el dinero, sino que le sobró.
Sí, Dios es fiel y generoso. ¡Confía en que él te dará lo que pides con su medida! Mirta
14 de enero

Charly
“Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4).
Mi esposo y yo veníamos retrasando el día, pero sabíamos que llegaría. Nuestras hijas querían un perrito con todo su corazón. Intentamos convencerlas de que un gatito sería mejor, dado que nuestra casa no tenía un patio con césped; les ofrecimos hamsters, peces, y conejos. Pero el sueño del perrito no cesaba. Tenían una lista de posibles nombres de perros, una lista de trucos para enseñarle. Y oraban por un perrito todas las noches.
Un día, Charly llegó a nuestras vidas. Sucio, huraño y hambriento, confió en mis hijitas. Lo bañamos, lo vacunamos, y Charly quedó con nosotros. Emily y Melissa no lo podían creer. ¡Al fin teníamos un perrito! Pero, el lugar era muy pequeño, y creo que eso fue afectando su humor. Acostumbrado a estar libre, no le gustaba estar limitado en un patio pequeño y de cemento.
Cuando lo llevamos a un retiro espiritual, ¡casi se come a otra perrita! Ladraba a nuestros amigos con furia, y estábamos todos bastante incómodos pensando en si mordería a alguien. Pero el momento crucial fue cuando Charly casi lastima a mi hija Melissa en el viaje de vuelta.
Sabíamos que Charly no se podría quedar con nosotros, pero ¿qué hacer? No podíamos simplemente devolverlo a la calle. Oramos con fe, pidiendo a Dios un hogar para Charly. A mí me parecía casi imposible que alguien lo quisiera así. Sin embargo, Dios contesta. Nunca lo dudes.
Una familia que había estado en el retiro y había visto a Charly en acción nos dijo que querían un perro guardián para su campo. A la semana siguiente, lo llevaron. Hoy, Charly vive en un campo, feliz y libre, con una familia que lo quiere mucho.
¿Y el perrito para mis hijas? Al tiempo, adoptamos a una cachorrita dócil y amorosa: Scout. Hoy, no tenemos dudas de que Scout era la perrita para nosotros, y Dios lo sabía desde un comienzo.
¿Qué deseos hay en tu corazón? Dios puede concederlos si es lo mejor para ti y su voluntad. Elena de White escribe que “ninguna cosa es demasiado grande como para que él no la pueda soportar”; pero también que “nada que de alguna manera afecte nuestra paz es demasiado pequeño como para que él no lo note” (CC 86). Confía en Dios, pídele en oración, y él te oirá. Cinthya
15 de enero

Dios suple
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
Seguramente te gusta la geometría, como a mí. De pequeña me la pasaba construyendo toda clase de figuras y me gustaba clasificarlas por sus nombres. Tal vez ya te hayan enseñado a medir ángulos; se usa un instrumento llamado transportador. ¿Lo conoces?
Hay diferentes tipos de ángulos: agudos, rectos y obtusos. Estos me hacen pensar en personajes bíblicos. Los agudos, que son pequeños, me recuerdan a niños maravillosos de la Biblia: la niña cautiva que ayudó a Naamán, enviándolo junto al profeta Eliseo para sanarse de la lepra; el sobrino del apóstol Pablo, que le avisó a su tío del complot que había contra él para matarlo. También el generoso niño que regaló su merienda para alimentar a la multitud, ¡y tantos otros!
Los ángulos rectos, un poco mayores, me hacen pensar en personas ya adultas que fueron mencionadas en la Biblia como ejemplos de fidelidad: Aquila y Priscila, que ayudaron a evangelizar; Jabes y su maravillosa oración que hasta hoy nos inspira; Eliezer, que viajó hasta cumplir el pedido de Abraham de conseguir una esposa para su hijo Isaac; y otros.
Y, por fin, los obtusos, grandes ángulos de más de 90 grados, que representan a personajes destacados, como David cuando venció al gigante; Moisés cuando abrió por fe el mar Rojo y condujo al pueblo de Israel con paciencia; la valiente reina Ester que intercedió por su pueblo a riesgo de su propia vida; y tantos otros que podemos recordar.
Pero el versículo de hoy me hace pensar que si eres un ángulo agudo, recto u obtuso, aún puedes crecer. Observa lo que dice la Biblia: “Mi Dios suplirá todo lo que os falte conforme a sus promesas”. Si seguimos pensando en la geometría, hay un tipo de ángulos llamados suplementarios que no importa cuánto midan siempre añadirá a tu valor el ángulo necesario para ser más grande y medir ¡180 grados!
Quiero que pienses qué falta aún en tu vida que deseas que Dios supla, cambie, renueve, modifique o amplíe. Ten la certeza de que él es poderoso para hacerlo. Mirta
16 de enero

Lo que no se ve
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23, RVR).
Si te dijera que estoy pensado en un hombre que trepó un árbol, ¿en quién pensarías? ¡Exacto! ¿Y si te dijera que estoy pensando en el nombre del árbol que trepó Zaqueo? ¡Muy bien! Es el sicómoro. ¿Y si te dijera que estoy pensando en el anclaje del sicómoro? Pensemos...
Los árboles son plantas increíbles. Los hay de muchas clases, formas y tamaños. Algunos soportan fuertes tormentas, otros son derribados fácilmente por el viento. Muchos proporcionan sombra y frutos; y hay especies que tienen hojas y flores tan lindas que parecen sacadas de una postal.
Hace algunos años atrás vivimos dentro de un campus educativo donde el delicioso clima tropical nos permitía tener un exuberante paisaje verde. Mi hija pequeña disfrutaba la bendición de jugar al aire libre. En medio del campus había un árbol grande y frondoso. Los niños lo convirtieron en su centro de encuentro. Su grueso tronco los incentivaba a buscar la mejor manera de trepar. Sus ramas eran muy gruesas, así que ellos parecían muy seguros allá arriba; se desplazaban sin miedo y con facilidad hasta alcanzar lo más alto. Imagínate a los niños jugando felices sin ninguna preocupación. A ninguno se lo ocurría pensar que ese árbol perfecto para la diversión se caería o partiría en dos en cualquier momento.
¡La escena era perfecta! Pero lo que se veía no era lo más importante. Lo más importante era lo que no se veía: el anclaje, la parte del árbol que estaba enterrada bajo tierra. ¿Ahora sabes en lo que estoy pensando? ¡Sí, así es! Para que un árbol crezca firme necesita raíces.
La raíz no es visible, pero es la parte más importante. Es la que da vida, belleza y mantiene fuerte a un árbol. Mientras más profunda es la raíz, más grande y fuerte es el árbol. Imagínate a Zaqueo subiendo al sicómoro. ¿Qué hubiera pasado si el árbol no hubiese tenido raíz?
Cuando decides obedecer lo que Dios te pide, estás anclando las raíces de tu corazón en suelo profundo. Eso te mantiene firme ante las tentaciones, que no podrán destruirte porque estarás protegido por tu fe en Dios. ¿Dónde están ancladas las raíces de tu corazón? ¿Son profundas o fáciles de derribar? Magaly
17 de enero

¡Comunicados!
“E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15).
¿Sabías que fue en realidad un italiano llamado Antonio Meucci, y no Alexander Graham Bell, quien inventó el teléfono? El primero nunca pudo patentarlo. Entonces, el escocés lo patentó en 1876. Sin embargo, al poco tiempo los derechos de autoría fueron anulados por fraude.
¡Qué útiles son los teléfonos! No hace tanto, te hablo de hace solo cincuenta años, eran muy pocas las familias que tenían uno. Hoy, casi cada miembro de la familia posee el suyo.
¡Qué maravilloso poder hablar con alguien que está al otro lado del mundo! Hasta el año pasado mis nietas estaban al otro lado del mundo. Había once horas de diferencia. Ellas terminaban el día cuando yo lo comenzaba. Pero cuando hablábamos, ¡las sentía tan cerca! Me contaban sus aventuras, de su tortuga Manuelita, de sus campamentos y clases. ¡Tan dulces sonaban sus voces en mis oídos!
Ahora con un teléfono hasta se puede ver al interlocutor. Esta es una aplicación que no tiene el teléfono divino, jamás podremos tenerla, pues Dios le dijo a Moisés: “No me verá ojo y vivirá” (Éxo. 33:20).
Sin embargo, el teléfono divino tiene otras aplicaciones que no tenemos ni en los teléfonos más sofisticados. Algunas son:
Nunca se pierde la señal. Puedes estar en el lugar más apartado, pero Dios te escuchará si oras.
No te quedas nunca sin batería, pues por el Espíritu Santo siempre podemos acudir al Padre en el nombre de Jesús, y nuestro Padre nos oye.
Nadie puede robarte este teléfono ni de la mochila ni del bolsillo.
No hay peligro de que los intrusos entren a tu línea, pues es privada. Hay cosas que solo puedes y quieres contarle a tu Padre tierno, Dios. Cosas que te asustan, avergüenzan y quieres que él perdone.
Ni siquiera necesitas marcar número o seleccionar nombre, solo debes invocarlo. Salmo 50:15 dice: “E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás”.
Y recuerda, dijo el apóstol Pablo que podemos acercarnos al trono de la gracia para obtener el oportuno socorro. Cualquiera sea la ayuda que necesites, Dios está a la distancia de una oración. Úsala. Mirta
18 de enero

Demasiado bueno para ser cierto
“Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender” (Salmo 139:6).
¿Has oído alguna vez decir: “Es demasiado bueno para ser cierto”? La frase está hecha para expresar que si ves en un negocio, por ejemplo, algo muy lindo, útil y sumamente barato, quizá algún problema tenga... ¡no puede ser perfecto! En general, en nuestro mundo la calidad y la belleza cuestan, ya sea tiempo o dinero. Si quieres tener un trabajo bien hecho, deberás dedicar tiempo. Y si quieres un buen auto, generalmente tendrás que pagar un buen precio por él.
Hace unos años, sin embargo, viví una excepción a esta frase popular. Estábamos por comenzar a hacer la escuela en casa con mis hijas, y estaba buscando programas de estudio para ellas. Vi cosas hermosas y buenas en internet, pero los programas que me gustaban costaban cientos de dólares, dinero que no podíamos pagar como familia. Finalmente me encontré revisando una página web muy buena, y parecía ser gratis. ¡No lo podía creer!
De hecho, no lo creí al principio. Estuve por un buen tiempo esperando que en cualquier instante apareciera un cartelito diciendo que algo había que pagar. Era “demasiado bueno para ser cierto”, realmente. Pero el cartelito jamás apareció. La persona que había puesto todo el material en forma ordenada para que sus hijos aprendieran había decidido que su trabajo dedicado fuera una bendición para otras familias también, como la nuestra.
Hay muchas personas que hoy también creen que la salvación y el amor de Jesús son “demasiado buenos para ser ciertos”. Cuando les cuentas acerca del cielo, ¡no lo pueden creer! ¿Cómo es que Dios nos creó por amor, nos perdonó y redimió a través de Jesús, nos ama incondicionalmente y nos vendrá a buscar por segunda vez? ¿Cómo es que nos acepta como somos, nos cambia y nos regala la vida eterna? ¿Cómo es que nos prepara mansiones donde viviremos para siempre? ¡No puede ser cierto!
Jesús hoy te ofrece todo. Tanto, y tan maravilloso, que parece “demasiado bueno para ser cierto”. Pero no dudes. Acepta por fe el regalo de la salvación que el Señor te ofrece por amor. Maravíllate hoy al aceptar todo lo que tu Dios te da. Cinthya
19 de enero

Volar a ciegas
“Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria” (Salmo 73:24, NVI).
¿Has viajado en avión alguna vez? ¡Qué lindo es volar! El ser humano siempre ha estado fascinado con volar. Tal vez sea por eso que muchas personas sueñan con ser pilotos de avión. Para ser piloto, por supuesto, hay que cumplir muchos requisitos. Los pilotos de avión profesionales tienen un entrenamiento muy exigente. Deben pasar pruebas físicas, exámenes escritos de cómo se vuela un avión, muchas horas en simuladores de vuelo y, por supuesto, muchas más horas en vuelos reales, primero con instructores y luego como pilotos.
Pero los aviones de hoy son muy distintos a los aviones que construyeron, allá por el año 1900, los hermanos Wright. En ese tiempo era mucho más difícil volar. De hecho, al principio, ¡los hermanos Wright tenían que hacer equilibrio en el avión para que no se fuera a pique! Hoy los aviones están llenos de palanquitas, botones, reguladores, sensores, y ¡quién sabe cuántas cosas más! Son sofisticadas computadoras que casi, casi, pueden volar solas.
Parte del entrenamiento de un piloto es enseñarle a confiar en sus instrumentos de vuelo. Los pilotos que han volado en condiciones climáticas que hacen difícil poder ver por dónde van saben que, en caso de duda, no deben confiar en lo que creen que ven, o en lo poco que ven, sino en sus instrumentos. Ha habido casos en los que, luego de horas de vuelo, el cielo y el océano se confunden, y algunos pilotos se convencen de que sus instrumentos deben estar errados, cuando los errados son ellos. Puedes imaginarte cómo terminan los aviones...
Nuestra vida espiritual se parece un poco a esto de volar a ciegas. En este mundo no vemos con claridad, y podemos confundirnos muchas veces. Pero, si con los ojos de la fe miramos nuestros “instrumentos de vuelo”, podemos estar seguros de que volaremos a salvo por el cielo de nuestra vida.
Si buscas en la Palabra de Dios su voluntad para tu vida, si oras pidiendo al Señor que guíe tus decisiones, grandes y pequeñas, no te confundirás aun cuando no veas bien tu cielo al volar, o sea, cuando no sepas qué hay en tu futuro. Que los consejos de Dios, quien te creó y te cuida cada día, te guíen en el vuelo de tu vida, hoy y siempre, al seguro aeropuerto del cielo. Cinthya
20 de enero

Duke
“Si tuviereis fe como un grano de mostaza, [...] nada os será imposible” (Mateo 17:20).
Cada mañana me levanto rápido pues quiero ver la fiesta que hace Duke cuando me ve. Si le pongo agua y comida, ¡hasta me lame las manos!
Hacía tiempo, mucho tiempo, que quería un cocker. Es una raza que me encanta, con sus orejas largas y sus dulces ojos. Pero me había prometido a mí misma que no lo compraría. Esperaría a adoptar uno que realmente necesitase de mí, tanto como yo de él.
Un día apareció una foto de un perrito blanco y marroncito claro en adopción. ¿Podría ser? Estaba medio borrosa. Concreté el encuentro y cuando lo vi, ¡fue amor a primera vista! Era cariñoso y tímido. Le pregunté a sus dueños cómo se llamaba y me respondieron: “Duke”; y Duke, pues, quedó. Ya ha viajado con nosotros por todos lados. Duerme mucho y le encanta andar en auto. Todos los que lo conocen lo aman, especialmente mis cuatro nietitos.
Un día teníamos que hacerle un estudio en el que debían sacarle sangre, para poder llevarlo a otro país. Al regresar a casa necesitaba cariño, pues estaba dolorido por la pinchadura de aguja; pero lamentablemente teníamos que salir rápido pues teníamos un compromiso. ¿Qué pasó? Duke se escapó. Al regresar a casa y no verlo... ya imaginarán nuestra tristeza.
Esa noche lo buscamos hasta las tres de la mañana. Dormimos un par de horas y a las seis volvimos a salir. Preguntando y preguntando por todos lados si lo habían visto, un veterinario de la zona me dijo que ponga el anuncio de “perdido” en las redes sociales. Luego, él mismo me ayudó a hacerlo.
Mi esposo ya había preparado cartelitos con la foto de Duke, y mis ojos estaban muy hinchados de tanto llorar. Simplemente me reprochaba haberlo dejado. Él había ido detrás de nosotros y no supo cómo regresar. Orábamos pero no aparecía. Pasaron casi doce horas y nos enviaron un mensaje diciendo que en una dirección alguien había visto un perrito parecido al de la foto publicada. Fuimos volando a esa dirección. Miré, pero no vi nada. Llamé, y nada. En eso apareció, entre las plantas del jardín, ¡allí estaba nuestro Duke! ¡Cómo lo abracé! ¡Qué encuentro fue ese!
¡Amo a Dios tanto! Me permitió recuperar a Duke, aunque mi fe era tan pequeña como un grano de mostaza. Recuerdo que oraba: “Señor, aumenta mi fe”. Haz tuya esa oración hoy también. Mirta
21 de enero

Aprendiendo a confiar
“Y se fue Ana por su camino, y comió, y no estuvo más triste” (1 Samuel 1:18).
Cuando vivíamos en Corrientes, Argentina, conocí a un niñito llamado Daniel, el cual asistía sin falta con su mamá y su hermana todos los miércoles al culto de oración. Y todas las veces pedía lo mismo: que su papá entregara su vida a Jesús. Aún recuerdo la mirada resignada de su mamá cada vez que él hacía su pedido, como diciendo: “No hay caso, parece que él nunca lo hará”.
Pero Danielito era diferente. Sabía que el Señor contestaría su oración. Se notaba en él la confianza que tenía en Dios. Y para sorpresa de la mamá, Dios respondió el pedido del niño, y premió su fe; unos años después el padre se interesó en aprender más de la Biblia, y finalmente, entregó su vida a Jesús.
¿Qué actitud tienes cuando pides algo en oración? ¿Te levantas tranquilo luego de hacer tu pedido a Dios? ¿Confías en él como si pudieras escucharlo decir: “Hijito(a), escuché tu oración y voy a contestarla”?
Me encanta repasar la historia de Ana, una mujer angustiada por no poder tener un bebé. En la época en la que Ana vivía, tener hijos era el orgullo de una mujer, su corona de gloria. Y mientras más hijos tenía, más honrada era en la sociedad. Y Ana no solo no tenía esa honra, sino además se sumaba que la otra esposa de Elcana se burlaba de ella y la menospreciaba por eso. Se convirtió para ella en una carga demasiado pesada de llevar. Fue así, con esa carga en el corazón, que Ana se dirigió al templo a orar a Dios.
¡Y acá viene mi parte favorita! Luego de una larga oración, donde le contó todo lo que sentía y pidió que le diera un bebé, la Biblia nos cuenta cuál fue la actitud de ella cuando terminó de orar. Es el versículo de hoy. Vuelve a leerlo. Aunque Ana seguía teniendo motivos para estar triste, y aunque no había escuchado de parte de Dios una respuesta inmediata, ella decidió confiar, “y no estuvo más triste”.
¿Te animas a probar? ¿Hay algo que te pone ansioso o triste? Cuéntale a Dios cómo te sientes, y pídele aquel deseo que tienes en tu corazón. Luego de rogarle que se haga su voluntad, haz como Ana. Alegra tu ánimo como si ya te hubiera dado lo que le pediste. ¡Eso es tener fe! Gabriela
22 de enero

Papá vendrá a buscarnos
“No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí. En la casa de mi Padre hay lugar para todos. Si no fuera cierto, no les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar. Después de esto, volveré para llevarlos conmigo. Así estaremos juntos” (Juan 14:1-3, TLA).
Nací en un hogar misionero adventista y he tenido que mudarme de casa tantas veces que ya perdí la cuenta... Una mudanza involucra algunos cambios que pueden ser emocionantes y tristes al mismo tiempo. Elegir cosas que puedo llevar y cosas que debo dejar ¡no es tan fácil! Pero encontrar cosas que estaban perdidas y echaba de menos ¡es emocionante! Hacer maletas y empacar cajas puede resultar mucho trabajo; pero siempre hay buenos amigos que están listos a ayudar. Tener que dejar a esos buenos amigos es muy triste, pero también tienes la posibilidad de conocer nuevos amigos. ¡Eso me ha gustado siempre!
En algunas ocasiones nuestro traslado tenía que ser a otro país y mi familia debía separarse por algún tiempo. Mi papá tomaba primero el avión y viajaba solo a su nuevo lugar de trabajo. Como éramos pequeñas, mis hermanas y yo quedábamos llorando. Al despedirse mi papá nos consolaba diciendo: “No se pongan tristes, yo iré para cumplir con mi trabajo y buscar una nueva casa; luego de un tiempo volveré por ustedes y juntos viajaremos a nuestro nuevo hogar”. Papá iba a dejarnos, pero volvería.
La espera se hacía muy larga porque extrañábamos mucho a papá. Todos los días al levantarnos y acostarnos preguntábamos a mamá: “¿Cuándo regresa papá?” Ella siempre nos respondía con amor: “No se preocupen, papá está buscando una linda casa y cuando la haya encontrado vendrá a buscarnos como lo prometió”. Un día papá tomó el avión de regreso y, con los brazos abiertos, corrimos para encontrarnos con él. Él cumplió su promesa y vino a buscarnos para llevarnos a nuestra nueva casa y estar todos juntos nuevamente.
Tener fe es creer que Dios siempre cumple sus promesas. Así como mi papá cumplió su promesa, nuestro Padre celestial también cumplirá la suya. Pronto vendrá a buscarte para ir junto a él a la casa más maravillosa que jamás hayas visto y vivir con él por la eternidad junto a tu familia. ¿Crees en esa promesa? Será una celebración maravillosa que no me quiero perder, ¿y tú? Magaly
23 de enero

Caer de espaldas
“Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza” (Salmo 56:3, NVI).
Recuerdo un pícnic en la playa con varias familias que organizó la iglesia donde asistíamos. Los niños jugamos mucho con las olas, las mujeres charlaron y los hombres organizaron sus juegos deportivos.
Pero lo que me impresionó ese día fue uno de los juegos de varones, que consistía en hacer una ronda y poner una persona en el medio. La persona del medio se tenía que dejar caer de espaldas y quien estaba detrás de él en la ronda lo tenía que sostener y luego pasarlo al compañero de al lado. Y así, hacían “girar” como aguja de reloj al del medio.
Lo curioso del juego es que a muchos les costaba dejarse caer. Tenían la sensación de que nadie los sostendría y caerían al suelo. Nos reíamos de ver los “amagues” de algunos por tirarse, pero finalmente no lo hacían por temor y desconfianza. Es que el ser humano por naturaleza desconfía de lo que no puede ver. ¡Y es precisamente eso lo que Dios nos pide! Confiar en él aunque no lo veamos y estar tranquilos en situaciones en las que no tenemos el control.
¿Recuerdas la historia de Gedeón? Dios le pidió que enfrentara con solo trescientos hombres al numeroso ejército madianita. ¿Y en qué consistía su “táctica de guerra”? En rodear el ejército madianita de noche, hacer sonar sus cuernos, mostrar sus antorchas, dar un grito de victoria, y quedarse parados. ¡Sí! Debían quedarse quietos y observar a Dios actuando. De por sí, pensar en ir a una batalla acobarda a muchos... pero enfrentar un ejército numeroso con poquitos hombres y encima tener que quedarse parados, suena muy loco. ¿Tú irías con esas condiciones? ¡Gedeón tampoco estaba muy convencido!
Y Dios, conociendo sus temores, lo animó haciéndole escuchar a dos madianitas charlar sobre un sueño, cuya interpretación era que Gedeón iba a derrotarlos. Así como en el juego que te conté, Gedeón y sus hombres debían decidir confiar, y dejarse caer de espaldas, sabiendo que Dios los sostendría. Eso hicieron, ¡y la victoria fue rotunda!
¿Sabes una cosa? Dios dejó historias como la de Gedeón en la Biblia porque sabe que nos cuesta confiar. Él quiere que aprendamos a tener fe. Está ansioso por mostrarnos lo que su poder puede hacer en nuestra vida. Lee el versículo de hoy. ¡Ojalá sea una realidad en tu vida! Gabriela
24 de enero

Antes que clamen
“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído” (Isaías 65:24).
Ayer salimos con mis hijitas y los miembros de nuestra iglesia en el Perú a repartir el libro misionero del año. Saldríamos en autobuses, y no habría que caminar mucho, así que les dije:
–No voy a llevar agua, tomen bastante ahora.
Si bien ellas obedecieron y tomaron agua, el autobús estaba bien caluroso y, cuando llegamos al lugar polvoriento, sentimos mucha sed. Varios hermanos de iglesia habían llevado agua, y pensamos en pedirles, pero nos dio vergüenza. Después de todo, había sido nuestra decisión no cargar el peso del agua, y teníamos que atenernos a las consecuencias de nuestras elecciones.
Fuimos repartiendo los libros, invitando a las personas a leerlos y a ver cómo Dios puede actuar en sus vidas. En un momento entramos a un negocio de comestibles. Emily y Melissa le explicaron a la dueña de qué trataba el libro, y ella quedó encantada con el trabajo misionero. Entonces, tomó algo de los estantes y les regaló a las misioneritas. ¿Qué crees que era? No eran ni caramelos, ni bombones, que suelen ser cosas pequeñas que la gente regala a los niños. ¡Eran dos botellas de agua! Una para cada una.
Nos llenó de emoción ver el tierno amor de Dios para con nosotras. Ni siquiera habíamos orado pidiendo agua. Pero el Señor ya sabía que dos de sus pequeñas hijas tenían sed y suplió su necesidad.
Nuestro versículo de hoy habla exactamente de eso: de cómo Dios sabe qué necesitamos antes aún de que lo pidamos en oración. Antes de que le cuentes tus problemas, tu Amigo ya está pensando en cómo ayudarte.
Entonces, ¿para qué pedir, si Dios ya conoce todo? Recuerda lo que escribe la hermana Elena de White en su libro El camino a Cristo, página 79: “La oración no baja a Dios hasta nosotros, sino que nos eleva hasta él”. No es que el Señor necesita que hagamos nuestra “lista de compras”, como esas que hace mamá o papá antes de ir al supermercado o la feria. Dios ya lo sabe.
Pero algunas veces, cuando ni se te ocurre pedirle algo, como nos pasó a nosotras que ni pensamos en pedir agua, Dios te sorprenderá con tiernos regalos que demuestran su amor por ti. Y demuestran, también, que él te cuida y que, antes siquiera que tú hayas pensado en clamar por algo, él ya lo sabe. ¡Confía en él! Cinthya
25 de enero

Panes multiplicados
“Y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Jehová” (2 Reyes 4:44).
¡Adivina, adivinador! Estoy pensando en una historia bíblica en la que se produjo un milagro, y unos panes de cebada se multiplicaron y alimentaron a muchas personas. ¿Qué historia es? Si estás pensando en la alimentación de los 5.000, lamento decirte que no es esa. ¿La alimentación de los 4.000? Tampoco. ¡Es del Antiguo Testamento! ¿Adivinaste?
La historia a la que me refiero se encuentra en 1 Reyes 4:42 al 44. Es muy cortita, pero significativa. Su protagonista principal es el profeta Eliseo y esta historia ocurrió en una época de hambre. Eliseo estaba pasando unos días con los profetas de Gilgal cuando un conocido le trajo veinte panes de cebada recién horneados. Y para sorpresa del criado de Eliseo, este le pidió que sirviera los veinte panes a los cien profetas que había en el lugar.
Cuando el criado le preguntó cómo iba a hacer para que veinte panes alcanzaran para cien, Eliseo respondió que el Señor le había dicho que todos iban a comer de esos panes ¡y además iba a sobrar!
¿Qué pasó finalmente? Vuelve a leer el versículo de hoy. Quiero que recuerdes dos cosas. Primero, Dios cumple lo que promete; y segundo, para Dios no existen limitaciones. Él puede dar de comer a cien personas con veinte panes; él puede alimentar más de 5.000 personas con cinco panes y dos peces; él puede hacer que un poquito de aceite llene muchas vasijas; y lo mejor de todo... él quiere hacerlo en tu vida. ¿Cómo?
Al hablar de este milagro, me estoy refiriendo al diezmo. Sí, no me pidas que te explique cómo puede ser que sacándole un 10 % al sueldo, Dios puede hacer que te rinda como si no hubieras sacado nada y más. ¡Solo él puede hacer ese tipo de cosas! Y la promesa de Dios dice lo siguiente: “Si lo hacen [separar el diezmo] les abriré las ventanas de los cielos. ¡Derramaré una bendición tan grande, que no tendrán suficiente espacio para guardarla! ¡Inténtenlo! ¡Pónganme a prueba!” (Mal. 3:10, NTV).
Así que cuando tus padres o abuelos te den dinero, o cuando hagas algún trabajito por el que te paguen, o cuando te regalen dinero en tu cumpleaños o Navidad, separa el diezmo para Dios. Nunca pienses que te va a quedar menos o que no te va alcanzar. Si no, ¡pregúntale al criado de Eliseo! Gabriela
26 de enero

Un jardinero especial
“Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra... dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3:11).
Hoy te quiero contar sobre Skwebele, un ancianito, y su esposa, nativos de una aldea en Zambia, África. Ellos vivían del maíz cafre que plantaban y cuidaban largas horas al día bajo el sol ardiente. Pero hubo un año en que, para la época de la cosecha, cayeron enfermos de malaria.
Tirados en sus jergones en su choza de barro, los ancianitos podían escuchar el golpeteo de latas y tambores de los sembradíos cercanos para espantar los pájaros que venían en grandes bandadas a comerse el maíz maduro. Skwebele no tenía a nadie que vigilara su campo. Tampoco podía pedir ayuda a sus vecinos, que bastante trabajo tenían con sus propios sembrados.
Pero, ¿estaba Skwebele realmente solo? Hacía tiempo él y su esposa asistían fielmente todos los sábados a la misión donde habían aprendido a amar y obedecer a Dios. Y entre tantas cosas hermosas, aprendieron el versículo de hoy. En los momentos en que la fiebre bajaba y Skwebele se despertaba, oraba a Dios reclamándole su promesa. Mientras tanto, los vecinos hablaban con curiosidad sobre los campos de Skwebele. Ningún pájaro se acercaba a su maíz. ¿Será porque ya se lo habían comido todo? Algunos fueron a investigar y comprobaron que las espigas se inclinaban pesadamente, llenas de grano. ¡Estaban intrigados!
Varios días después, cuando Skwebele se sentía un poco mejor, pudo sentarse y hablar con el grupo de vecinos que habían venido a verlo para averiguar su secreto. El ancianito les contó que él tenía un jardinero especial que vigilaba su campo. Ante la mirada de desconcierto de sus vecinos, les explicó que él había hecho un trato con el gran Dios del cielo. Él le entregaba la décima parte de sus cosechas y Dios se encargaba de prosperar sus sembrados. Skwebele explicó que era un ángel el que cuidaba su campo, y aunque no pudieran verlo, los pájaros sí lo veían, y por eso no se acercaban.
¡Qué sorpresa para Skwebele unos días después, cuando sus vecinos llegaron a la choza trayendo la cosecha de su campo! Pensaban que un hombre que tenía un ángel de jardinero merecía la ayuda de ellos también. ¿Qué te parece? ¿Vale la pena ser fiel a Dios? Gabriela
(Adaptación del relato “El muchacho jardinero de Skwebele”, de Nellia Burman Garber, El Amigo de los Niños, año 18, segundo trimestre de 1965, N° 15).
27 de enero

Puringa vendió su camisa
“Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán” (Marcos 11:24, NVI).
Puringa era un misionero nativo que vivía y trabajaba en la misión en Nueva Guinea. Un día, Puringa le dijo al pastor que quería ir a las aldeas que están a orillas del río Ramu para predicar acerca de Jesús.
El pastor le dijo que la gente que vivía en ese sector del país era mala y peleadora. No obstante, Puringa estaba decidido. No fue fácil remar río arriba, soportando el arduo sol y los insectos. Pero Puringa nunca se hubiera imaginado la triste recepción de los habitantes de las aldeas.
–¡Vete de aquí! –gritaron–. Nosotros sabemos que eres de la Misión Adventista. Queremos seguir fumando y mascando nuez de areca. Queremos seguir comiendo cerdo y tener muchas esposas. ¡Fuera!
Con paciencia, Puringa les explicó que venía como un amigo, a contarles historias. Él no podía, ni quería obligar a nadie a creer en nada. Finalmente, los habitantes de las aldeas le permitieron quedarse, pero no como amigo, sino como un forastero. Esto significaba que Puringa tendría que comprar su comida, ellos no le darían nada.
Puringa no se desanimó. Oraba cada día, contaba historias, trataba de enseñar cantos. Trabajaba con amor, y mucha fe, pero sin resultados. Su dinero comenzó a escasear, y Puringa tuvo que vender primero su camisa, ¡y luego hasta sus pantalones! Todo para poder comer.
Finalmente, llegó la fecha en la que había prometido volver, y Puringa, reuniendo al pueblo, se despidió y les rogó que pensaran en sus enseñanzas. ¿Será que todo habría sido en vano? Al llegar a la Misión, Puringa no perdió la fe. Siguió orando y pensando en las personas que había conocido.
Meses después, se escuchó resonar por toda la Misión: “¡Puringa! ¡Ven!” Cuando Puringa fue corriendo, vio a los jefes de las aldeas donde él había estado. ¡Venían a pedir un maestro que les enseñara de Jesús!
La fe de Puringa lo hizo dar todo lo que tenía por Jesús. No lo olvides: aun cuando parezca no haber esperanza, sigue orando, sigue predicando, sigue entregando lo que tienes a su causa. Dios premiará tu fe, así como lo hizo con la fe de nuestro amigo Puringa. Cinthya
(Adaptación del relato “Puringa vendió su camisa”, de Walter Scragg, El Amigo de los Niños, año 2, cuarto trimestre de 1976, N° 4).
28 de enero

Metamorfosis: de oruga a mariposa
“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2, NVI).
Era un príncipe de su país, hombre rico y muy importante. Fue a las mejores escuelas y tenía talentos extraordinarios, pero sentía que su vida no estaba completa. Haciendo una investigación averiguó dónde podía hallar al Maestro que lo ayudaría a encontrar lo que buscaba.
Cuando cayó la noche, Nicodemo salió en secreto en busca de Jesús. Muy calladito llegó hasta donde él estaba y le dijo: “Maestro... nadie puede hacer los milagros que tú haces”, y Jesús le respondió: “Quien no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios”. ¿Qué cosa? ¿Me repite por favor?
Usemos la ilustración de una de las creaciones más bellas de Dios: la mariposa. ¿Las has visto volar? ¡Cuántos colores y formas tienen! Pero la mariposa no empezó teniendo bellas alas ni lindas antenitas, y ¡ni siquiera podía volar! Era un gusano que se arrastraba por la tierra.
Para que la mariposa llegue a ser mariposa, tiene que pasar por una transformación muy rigurosa. A este proceso se le llama metamorfosis, que significa “cambio de forma o transformación”.
Esta transformación en cuatro etapas ¡me fascina! Primero, nace un huevito y sale una larva. Segundo, se convierte en una oruga y se arrastra por la tierra. Tercero, entra en un capullo llamado crisálida, y queda inmóvil. Cuarto, se libera de su caparazón, despliega sus coloridas alas al sol y vuela.
¡Qué maravillosa transformación! Cuando Jesús mencionó que había que “nacer de nuevo” se refería a la clase de transformación que experimentamos cuando lo invitamos a entrar a nuestro corazón. ¡La fe en Dios lo transforma todo! Transforma tus hábitos, tus costumbres, tus gustos. Eso quiere decir que si antes mentías ahora no lo harás más; si te enojabas por cualquier cosa, ahora serás gentil con los demás. Si te costaba obedecer, ahora con la ayuda de Dios serás un niño obediente.
Las mariposas nos ayudan a comprender de forma maravillosa lo que hace la fe de Dios en nosotros. ¿Qué eliges ser hoy? ¿Un gusano que se arrastra por la tierra o una hermosa mariposa que vuela? Magaly
29 de enero

Cartas de amor
“Y nosotros hemos llegado a creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16, NVI).
Una de las cosas importantes en mi vida han sido las cartas. Ellas han tenido un fantástico poder para hacerme sentir amada cuando tuve que separarme muchas veces de mi familia. Más adelante, el joven del que estaba enamorada recibió una invitación para trabajar como misionero en otro país, por lo que también nos tuvimos que separar.
En ese tiempo no existía Internet. Lo mejor que podíamos hacer era tomar una hoja de papel y escribir a mano una carta. Yo escogía el papel más lindo que encontraba en la librería y escribía el mensaje de amor más tierno que salía de mi corazón. Para poder enviarla, la colocaba en un sobre, la sellaba y la llevaba a la oficina de correos para que fuese enviada de un país a otro. Esto no era instantáneo; tenía que esperar muchos días y hasta muchas semanas para poder recibir la respuesta.
Más emocionante que escribir y enviar las cartas, era el poder recibirlas. Cuando recibía una carta corría a algún lugar solitario para que nadie interrumpiera ese momento especial. Al abrir el sobre lo hacía con mucho cuidado, y aunque tenía prisa por leer cada una de sus palabras, lo hacía cuidadosamente para no romper ninguna de las hojas. Ellas me traían el mensaje de amor más esperado, bañado en tantos suspiros como respiros tenía.
Lo conocía desde hacía mucho tiempo; por eso, mientras leía sus cartas podía imaginarme su sonrisa, y mi corazón latía a cien por hora cuando leía que me amaba... me salían corazoncitos por los ojos. Estábamos separados por muchos kilómetros de distancia y, aunque no podía verlo, las cartas me ayudaron a creer que me amaba. Tenía la seguridad de sus palabras, y eso nos acercaba y mantenía unidos todo el tiempo que estuvimos separados.
Aunque esas cartas fueron muy importantes en mi vida, sin lugar a dudas todos tenemos acceso a la carta de amor más maravillosa jamás escrita. ¿Sabes cuál es? Sí, es la Biblia. Mediante sus palabras podemos imaginarnos a un Padre de amor que, aunque no vemos, sabemos que nos ama.
Creer en su Palabra es tener fe; es confiar que, aunque no puedas verlo, él te ama más que cualquier cosa en el mundo. Dios te ama y dejó una carta de amor para ti. ¿Ya la leíste hoy? Magaly
30 de enero

El sacrificio
“El Ángel de Jehová dijo a Abraham: ‘Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos’ ” (Génesis 22:16, 17).
Imagínate que un día despiertas temprano, cuando está amaneciendo, y tu padre te dice: “Hijo, vamos a salir de viaje”. Tú te emocionas muchísimo y le preguntas: “¿A dónde vamos y en qué vamos a viajar?” Él responde: “Vamos a ir a una montaña que queda a un par de días de viaje e iremos caminando”. Como eres un niño obediente, partes a la aventura con papá. El viaje es polvoriento y la montaña se ve muy lejana. A la vez, observas que tu papá está silencioso y en momentos para a descansar y a orar. Comienzas a captar que esta aventura es más que eso, es más bien una misión. Al tercer día de este viaje, tu padre dice: “Hijo, este el lugar donde nos detendremos y prepararé un altar para adorar a Dios”.
Tu padre edifica allí el altar y pone la leña sobre las piedras. Tú le preguntas: “¿Dónde está el cordero que será ofrecido como ofrenda en este altar?” Tu padre responde: “Hijo mío, Dios proveerá el cordero para el holocausto”. Luego de un momento tu padre te explica que Dios le ordenó hacer este sacrificio y te pone sobre la leña. “¡¿Qué?! ¿Yo? Pero, ¿por qué yo?” Quizás gritarías: “¡Mamá, auxilio! ¡Alguien que me ayude!”
No creo que te suceda algo así; sin embargo, esta fue la historia de Isaac. Es impresionante no solo porque muestra la fe total de Abraham en Dios, sino también porque muestra la gran fe y obediencia de Isaac. La Biblia no registra que él haya intentado escaparse mientras su padre lo perseguía. Más bien el relato bíblico dice que él sumisamente obedeció la indicación de Dios y de su padre.
Esta historia termina diciendo que un ángel le dijo a Abraham: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único”.
Te pregunto a ti: ¿Tienes una fe como la de Isaac? ¿Eres obediente a Dios y a tus padres cuando te piden que hagas algo? Sé siempre fiel y así ¡gana tus victorias espirituales! Nina
31 de enero

¿Dónde está tu confianza?
“Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz” (Lucas 8:48).
Me pregunto si todavía estará en algún lugar de tu casa, viejita y arrugada. Tal vez está en algún cajón, porque te da pena tirarla a la basura. Quizá quedó para que la usen tus hermanitos menores. Tal vez quedó para el perrito, ¡quién sabe! Pero una cosa es cierta, muy posiblemente has tenido una mantita especial, esa con la que dormías mejor y te sentías seguro. O, tal vez no fue una mantita, sino un osito de peluche o algún otro animalito blando.
De cada diez bebés, siete tienen algo preferido para dormir y para sentirse seguros. ¿Crees que las mantitas y los peluches tienen poderes especiales? ¡Claro que no! Pero los bebés se sienten mejor con ellos, se sienten confiados. Hay algo en ese olorcito que los hace sentir cómodos, seguros.
La confianza de los bebés en sus mantitas me hace pensar en la historia de una mujer que también confió. Doce años llevaba enferma. Doce años de gastar dinero en medicinas; de perder a sus amigos, uno a uno. Doce años de sentirse abandonada, débil, sola...
Imagino qué habrá sentido cuando escuchó decir que Jesús curaba a la gente. Esperanza, emoción y fe. Pero también vergüenza. Había mantenido su enfermedad en secreto tanto tiempo, y ahora, ¿tenía que decir frente a todos los seguidores de Jesús por qué quería ser curada? No podía aceptarlo, pero tampoco podía seguir viviendo esa vida infeliz y sin esperanza.
Y entonces, en su desesperación, nació la fe. Fe en que Jesús podía curarla. Y tanta fue su fe que creyó en que con solo tocar el manto de Jesús, podía ocurrir el milagro. Se estiró, en medio de la gente, deseosa de que acabase ya su lucha, su miseria. Y la fe ganó. Fe no en un trozo de tela, sino en el poder del mismo Maestro, el Sanador poderoso.
Jesús, que conoce tu necesidad aun antes de que pidas con fe, dijo a esa mujer: “¿Quién me tocó? Sentí que salió poder de mí”. Los ojos de la mujer buscaron tímidamente los ojos del Señor. Ahora sus ojos brillaban de salud, emoción y gratitud.
¿En qué confías tú? ¿Dónde está tu confianza? Si confías en cosas, sea ropa, calificaciones, lugares, o incluso personas, quedarás decepcionado. Solo confiando en Jesús y en su poder podrás escuchar las palabras de Jesús, que te dice con amor: “Tu fe te ha salvado”. Cinthya
1º de febrero

Dedicados a hacer el bien
“Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien” (Tito 2:14, NVI).
Hoy quiero invitarte a usar tu imaginación y pensar en algunas cosas de la creación. ¿Has estado alguna vez en la ribera de un río? Si es así, quiero que pienses en su utilidad. Muchas ciudades extraen agua de los ríos, la potabilizan y la usan para su consumo. Cerca de los ríos, la vegetación que está en la orilla siempre está verde y con colores vivos, porque absorben sus frescas aguas. Además, hay un montón de animalitos que viven dentro de sus aguas.
¿Y los árboles? ¡Nos regalan muchas cosas! El oxígeno que respiramos todos los días es gracias a ellos. Su sombra en días calurosos nos alivia y nos refresca. Los árboles frutales tienen un toque extra: nos dan deliciosas frutas. Y además, ¿cuántas cosas conoces que se fabrican con madera?
¿Te gustan las flores? Su variedad de colores y formas deleitan la vista de todos. ¿Y su aroma? Hay flores como la fresia, el jazmín y la rosa, que embellecen el aire con su perfume. ¡Qué delicia!
¿Y el sol? Su luz llena de alegría el ambiente y su calor nos entibia en los días fríos. Ahora, ¿notaste una cosa? Parece ser una ley de la naturaleza que todas las cosas creadas están hechas para dar algo en beneficio de otros. Todas fueron creadas para el bien de los demás. El sol no guarda su luz para él mismo, los árboles no se comen sus propias frutas, las flores no retienen egoístamente su aroma, ni los ríos se beben su propia agua. Todos fueron hechos para dar y beneficiar a otros.
Tú y yo, como hijos de Dios, no somos la excepción. ¿Por qué estás en este mundo? ¿Para qué fuiste creado? El versículo de hoy te puede ayudar a encontrar la respuesta. Vuelve a leerlo.
Sí, amiguito, Dios te creó para que seas una de bendición para los que te rodean. Tú eres parte del pueblo elegido de Dios, dedicado a hacer el bien a los otros. Y así como cada cosa en la naturaleza tiene su función, tú también tienes algo para dar: una sonrisa, palabras de ánimo, ayuda a quien la necesita, y mucho más. Pídele hoy a Dios que te muestre cómo ser una bendición para los demás en cada pequeña y gran acción. Gabriela
2 de febrero

Bondad ejemplar
“¡Qué bondadoso es el Señor! ¡Qué bueno es él!” (Salmo 116:5 p.p., NTV).
Había una vez un niñito que vivía en una aldea de montaña. Este niño tenía una personalidad encantadora. Era cortés por naturaleza, y parecía que sus manos voluntarias estaban siempre listas para servir a otros de manera totalmente desinteresada.
Todos en la aldea lo conocían. Desde pequeñito parecía que vivía para beneficiar a otros. Él era miembro de una familia pobre; por ello no solo ayudaba en los quehaceres del hogar, sino también trabajaba en el taller de su papá. ¿Cómo crees que tomaba él este asunto? ¿Era un amargado por tener que trabajar cuando otros niños de su edad se la pasaban jugando? No. Todos los que lo conocía, sabían que lo caracterizaba su alegría constante. Muchos que pasaban frente al taller donde él trabajaba podían oír que expresaba su alegría cantando himnos de agradecimiento. Con algo tan sencillo como el canto, parecía perfumar el ambiente con la fragancia del Cielo, logrando que los demás se elevaran por sobre los pesares de esta Tierra y sintieran más cerca la Patria Celestial.
Este niño fue creciendo hasta llegar a ser un joven. Y seguía siendo un ayudador nato. Su simpatía y ternura alegraban y cambiaban el día de todos los que tenían contacto con él: ancianos, niñitos, personas tristes o preocupadas. ¡Hasta los animalitos eran más felices a causa de su presencia! Parecía que no había nada tan insignificante que no mereciese su atención o su ayuda. No tenía problema en agacharse a aliviar un pajarito herido. Era una persona capaz de simpatizar con todos. Parecía siempre envuelto en una atmósfera de esperanza y valor que hacía de él una bendición en todo lugar.
¿Sabías que esta historia es real? Es la descripción que hace Elena de White sobre el niño Jesús en el libro El Deseado de todas las gentes. ¡Sin dudas él fue la bondad en persona! Ahora, piensa en esto: ¿Se podría usar la misma descripción para hablar de ti? ¿Eres una bendición para los demás? ¿Disfrutas de ayudar a todos? ¿Alegras con tu presencia a los tristes?
No te desesperes si te falta mucho para ser como Jesús. La bondad es algo que cultivamos toda la vida. Y Dios hizo provisión para que todo niño que quiera, pueda llegar a ser bondadoso como él. ¡Pídeselo hoy en oración! Gabriela
(Basado en el capítulo 7 de DTG: “La niñez de Cristo”, pp. 49-55.)
3 de febrero

Lodebar, donde la bondad llegó
“El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus obras” (Salmo 145:17).
Lodebar, también conocida como “tierra maldita”, era un lugar donde la Palabra de Dios no llegaba. Un lugar alejado de todo. Una pequeña aldea ubicada a 13 kilómetros del mar de Galilea. Ya imaginarás que era un lugar terrible para vivir. Se la describe como una tierra seca, sin pastos, ni frutos... nada.
Mefiboset, el joven de nuestra historia, vivía allí. ¿Cómo lograba subsistir después de haber sido príncipe y vivir con todos los lujos? No lo sé. Además, el pequeño quedo lisiado cuando tenía cinco años. Su abuelo Saúl y su padre Jonatán habían muerto en batalla. Al escuchar estos incidentes, la nodriza de Mefiboset quiso escapar rápido del palacio, porque era costumbre que el nuevo rey que asumía el cargo matase a los descendientes del rey anterior. En la veloz huida, la nodriza dejó caer al niño heredero, quien quedó cojo de ambos pies por el resto de su vida. Qué triste, ¿verdad?
Pero esta historia bíblica tiene un final feliz. Un día, David, quien ya era rey, buscó ser bondadoso con cualquiera que quedara de la casa de Saúl. Y Mefiboset fue llamado. Humildemente y con temor, el joven se presentó delante de David. Es posible que su voz haya reflejado temor, pues inmediatamente David lo tranquilizó, asegurándole: “No tengas miedo, porque sin falta ejerceré bondad amorosa para contigo por amor de Jonatán tu padre; y tengo que devolverte todo el campo de Saúl tu abuelo, y tú mismo siempre comerás el pan a mi mesa” (2 Sam. 9:1-7). Movido por un sentimiento de profundo aprecio, Mefiboset se postró ante David y dijo: “¿Qué es tu siervo, para que hayas vuelto tu rostro al perro muerto cual soy?” (2 Sam. 9:8). Estaba confundido por la bondad de David. Según la propia opinión de Mefiboset, él era totalmente indigno de aquello. ¡Su vida cambió para siempre!
La vida de David es un reflejo de un corazón conforme al de Dios; su historia con Mefiboset ilustra esta verdad por completo. ¡Dios nos ama, nos busca y nos encuentra! De alguna forma, todos somos Mefiboset, adoptados por la familia divina, sin merecerlo. Llamados a compartir con el Rey de los cielos la eternidad en las mansiones celestiales. ¡Cuán agradecidos debemos estar porque nuestro Padre es tan bondadoso! Mirta
4 de febrero

“¡No me ignoren!”
“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros” (Efesios 4:32).
Agotada, subí al autobús que me llevaría a casa nuevamente. Estaba embarazada y me sentía exhausta después de una larga mañana de actividades y clases. Pronto me sentí descompuesta. Rápidamente abrí la ventana e intenté respirar hacia afuera. Entonces escuché una voz cansada:
–Soy madre de seis hijos... Fui diagnosticada con depresión...
“Ay, otra vez me viene el malestar”, pensé. “Mejor sigo tratando de respirar el aire más fresco o voy a tener que bajarme del autobús”.
En un tono aburrido, la madre de seis hijos contaba su historia. Allí estaba, mal vestida, con el pelo graso y una figura triste. Allí estaba ella, suplicando un poco de dinero para sus hijos, y a nadie le importaba.
“Si la miro yo sola, me va a querer pedir todo el dinero a mí, ¿y qué voy a hacer entonces? Pero ¿cómo puedo no mirarla? Pobrecita... Uy, aquí viene otro mareo”, cruzaron los revueltos pensamientos.
Fue entonces cuando sucedió lo inesperado, y mi corazón recibió un sacudón que pocas veces volví a experimentar. Hubo un pesado silencio... y luego una suplicante y quebrada voz:
–Por favor, ¡no me ignoren!
Dos lágrimas saltaron como resortes hacia el borde de mis ojos. Sus palabras me hicieron ver cuán egoísta había sido. Jóvenes y adultos, la miramos con ternura, viéndola por primera vez no como alguien que venía a robar lo poco que teníamos, sino como alguien que no tenía a quién acudir.
Nunca, con palabras, alguien me volvió a pedir que no lo ignorase. Pero, ¡cuán real es ese pedido en las personas con quienes nos encontramos! Ojos que suplican una mirada de compasión. Manos que reclaman un toque cálido. Personas pidiendo alguien que escuche sus historias.
“No me ignores”, dice tu hermanito, “solo voy a ser pequeño por poco tiempo. Ten paciencia conmigo”. “No me ignores”, dice un compañero, “sé que no me conoces, pero necesito un amigo”.
“No me ignores”, dice tu mamá, “estoy cansada y estresada. Dame un abrazo. Ayúdame un poquito”. “No me ignores”, dice tu abuelito, “escucha esta historia solo una vez más. Sonríeme”.
“No me ignores, por favor...” es el silencioso pedido que hoy puedes contestar con tus actos de amor. ¡Que Dios te acompañe en esa misión! Cinthya
5 de febrero

Manos
“Y después de poner las manos sobre ellos, se fue de allí” (Mateo 19:15).
Las manos dicen mucho sobre una persona. Siempre me llenaban de ternura las manos de mi papá. Era un hombre muy trabajador y eso lo reflejaban sus manos. Era constructor. Cuando llegaba a casa después de la jornada, que comenzaba antes de que el sol saliera, y antes de higienizarse, humectaba sus manos con aceite y azúcar. No sé si tenía mucha base científica esa mezcla, pero recuerdo que corría a ayudarlo, proveyéndole lo necesario o vertiendo ambas cosas alternativamente. Me enternecían esas manos toscas, y admiraba que papá fuese tan trabajador.
Hubo una vez Alguien que no temió usar sus manos. Esas fueron manos que recordaremos por la eternidad. Vamos a recordar algunas virtudes de las manos de Jesús:
Manos de bendición. ¿Recuerdas cuando una gran multitud había estado escuchando a Jesús y al terminar el día ya no podían comprar alimentos? Jesús multiplicó la merienda que un niño compartió.
Manos de perdón. En Juan 8:11 se narra cómo un grupo acusaba a una mujer. El grupo esperaba ansioso la condena. Jesús escribió en la tierra los pecados de ellos y lentamente cada uno se retiró. Y ahí, Jesús expresó: “Ni yo te condeno, vete y no peques más” (Juan 8:11).
Manos poderosas. En Mateo 14 se cuenta un incidente conmovedor. Pedro comienza a hundirse en el mar, exactamente cuando deja de mirar a Cristo. Su Maestro le había dicho que fuese a él, y al principio todo iba bien. ¡Caminaba sobre las olas! Pero dudó, temió y finalmente clamó: “¡Señor sálvame!” Al instante Jesús le extendió la mano.
Manos de gloria. Después de resucitar al tercer día y de pasar cuarenta días con sus discípulos, era hora de ascender al Padre. Jesús podía ver la tristeza en el rostro de sus discípulos y, después de prometerles que volvería, “alzando sus manos, los bendijo” (Luc. 24:50).
Cuando en el cielo veamos esas manos con cicatrices, jamás olvidaremos cuánto hicieron en nuestro favor. ¿Quieres tocar esas manos?
Y tú, ¿cómo usas tus manos? ¿Están siempre dispuestas a hacer el bien a otros? Como dice el hermoso cántico: “Estas manos Dios me dio para que puedan servir...” ¡Estoy feliz porque un día, “mis manos se unirán a las de mi Salvador” (Himnario adventista, Nº 497) para andar con él por la eternidad! Mirta
6 de febrero

Perdidos en Manila
“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos” (Salmo 91:11).
¿Recuerdas si alguna vez te perdiste? A veces los niños pequeños se pierdan en el parque, o en un supermercado. A veces solo pierdes de vista a tus padres o a quien esté contigo por unos pocos segundos, pero eso es suficiente para que tu corazón casi se detenga.
Una vez, con mi familia nos perdimos todos juntos. Nos habíamos subido al auto felices, preparados para disfrutar un día de paseo en Manila. Como la capital de las Filipinas es una ciudad enorme y no la conocíamos bien, decidimos pedir prestado un GPS a unos amigos. Si no lo conoces, un GPS es una maquinita que te indica dónde debes doblar con el auto para llegar a tu destino.
No tuvimos problemas para llegar, pero a la vuelta, el GPS no quiso funcionar por ningún motivo. Así que tuvimos que avanzar por donde nos pareció mejor. Preguntamos a muchas personas cómo encontrar nuestro camino nuevamente, pero nadie sabía guiarnos. En parte, porque no hablábamos el mismo idioma. Cuando quisimos darnos cuenta, estábamos en un vecindario oscuro, totalmente perdidos.
Nuestras hijitas dormían, y mi esposo y yo decidimos orar pidiendo ayuda a Dios. Estábamos cansados, y ahora también preocupados. Apenas habíamos terminado de orar cuando un motociclista se estacionó a nuestro lado. Sentimos que Dios nos mandaba un ángel para ayudarnos. Él nos explicó cómo llegar y nos dibujó un mapa lo mejor que pudo.
Pero, ¡nos perdimos nuevamente! Cuando estacionamos otra vez para intentar descifrar dónde nos habíamos equivocado con el mapa, ¡apareció nuestro ángel personal, el motociclista! Esta vez, insistió en que lo siguiéramos, y nos condujo a una ruta que conocíamos perfectamente. ¡Qué alivio!
Después de darle muchas gracias, y de ofrecer pagarle por su ayuda, le dije, muy conmovida: “Hoy tú has sido nuestro ángel personal”. Él sonrió y se fue, satisfecho de habernos ayudado. ¿Sabes? Dios usa personas como tú y yo para ser de bendición para otros. Pídele a Jesús que hoy te ayude a ser un “ángel” para otros; y a ayudar (¡incluso dos veces!) a quien lo necesite. Cinthya
7 de febrero

El valor de un pequeño acto
“Sean compasivos, así como su Padre es compasivo” (Lucas 6:36, DHH).
Tenía que estar callada y trabajar. Esa era la condición de una cautiva, sierva, extranjera y judía viviendo en Siria. Ella tenía muchas razones para estar con resentimiento: había sido arrebatada de su hogar, alejada de todo lo que amaba. Pero esa niña sabía cómo un pequeño acto podría hacer una gran diferencia. Conoces la historia, ¿verdad? Si no, puedes buscarla en 2 Reyes 5. Es la historia de un milagro, que le ocurrió a un capitán llamado Naamán. Él era leproso.
Como ya sabes, tener esta enfermedad era una condena de muerte, lenta y dolorosa. Hasta ahora, este poderoso hombre la había llevado oculta debajo de sus finas ropas. Pero su esposa no podía ocultar el dolor que sentía, y sus lágrimas brotaban casi sin quererlo.
Observadora como era, nuestra heroína podría haberse mantenido en el anonimato, pero ella decidió ayudar. Pensó en el profeta Eliseo, un poderoso hombre guiado por Dios que sabría qué hacer. Ella solo hizo lo que estaba a su alcance: testificar del amor de Dios. No tenía posición, ni bienes, ni poder. Lo único que tenía era su fe. Y eso fue suficiente.
Siempre me pregunto qué habrá obtenido esta niña en recompensa. ¿Será que sus padres aún vivían y retornó a vivir con ellos? ¿Será que fue adoptada como hija legítima del capitán y su esposa, como muestra de gratitud de parte de ellos? No lo sabemos. Pero de algo estamos completamente seguros: ella entró en el gozo de Dios, como alguien que tuvo bondad y compasión.
Querido lector, ¿quieres tú también hacer la diferencia con pequeños actos llenos de amor? Entonces ten confianza. Dios está a tu lado. Vive y testifica de Quien tanto hizo por ti. Sé una persona compasiva. Que lo que digas y lo que hagas infunda amor a otros. Inspira esperanza en otros. Llena tu mente y corazón de las promesas divinas, y ellas serán parte de tu vida. Cada uno da de lo que tiene.
No tengas miedo de hacer algo para el Señor, aunque sea un acto pequeño. Una sonrisa, un versículo de memoria dado a alguien que está triste, una oración... Y así, la vida de alguien podrá ser transformada por algo “tan sencillo”. ¡Pruébalo! Mirta
8 de febrero

La casita flotante
“Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia” (Colosenses 3:12, NVI).
Es una bella ciudad, calurosa por su clima y por el cariño de su gente. Su paisaje es pintoresco, su vegetación impresionante, y su exótica comida encanta a todo el que visita Iquitos, capital de la Amazonia peruana. Pero esto no es lo más importante. Lo mejor de esta ciudad es el testimonio de vidas de abnegación, compasión y bondad que dejó una familia misionera que dedicó muchos años de sus vidas al servicio de los indígenas.
Sintiendo el llamado de Dios y la seguridad de haber sido escogidos para un propósito especial, Fernando y Ana Stahl, junto a sus dos hijos, Frena (15 años) y Wallace (4 años), estuvieron dispuestos a dejarlo todo. Sin saber nada de español partieron desde Nueva York hacia Perú.
En 1926, construyeron una casa flotante de madera a orillas del río Itaya y destinaron una de las habitaciones como dispensario médico. Ana y Fernando habían sido entrenados como enfermeros y fueron los primeros profesionales de salud en atender a los enfermos en esa región sin tener en cuenta raza, color de piel o nivel social.
En 1977, la casita flotante se convirtió en un moderno edificio hospitalario, y en el programa de inauguración, el prefecto de la región pidió un minuto de silencio luego de expresar: “Cuando era niño enfermé gravemente, y hoy vivo gracias a la bondadosa atención de doña Ana; de otro modo nunca hubiera llegado hasta aquí para contarlo”. En 2018, 92 años después, tuve el privilegio de ver con mis propios ojos cómo la acción bondadosa de esta familia sigue cambiando vidas a través de la obra médico-misionera de lo que ahora es la Clínica Adventista Ana Stahl.
Al igual que Ana y Fernando Stahl, tú y yo somos escogidos por Dios para revestirnos de compasión y practicar la bondad hacia los demás. Quizá por ahora no tengas que viajar en barco tanto tiempo como ellos, pero sí puedes utilizar lo que Dios te da para ayudar a otros en el lugar donde estés.
Y quizá algún día, cuando seas más grande, Dios te escoja para ser un misionero en un lugar del mundo donde necesiten de ti. Los Stahl eran conocidos por una vida abnegada de bondad y amor hacia los demás. Y tú, ¿por qué quieres ser conocido? Magaly
9 de febrero

La tapita de la plastilina
“El segundo es: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’. No hay otro mandamiento más importante que estos” (Marcos 12:31, NVI).
En una mudanza que nos tocó vivir, pudimos llevar muy pocas cosas. Tuvimos que vender la mayor parte de los juguetes de mis hijas. Mi hijita menor, Melissa, tenía tres años, así que le fue muy difícil separarse de sus cositas. Finalmente, cuando llegó la hora de armar las maletas, cada una tenía dos muñequitas, un osito de peluche, un par de rompecabezas... en fin, no era mucho. Pero habíamos guardado, nuevecitos, dos tarritos de plastilina.
Cuando llegamos a nuestro nuevo destino, un día Meli me acompañó a comprar vegetales, aferrada a su tarrito de plastilina. En el medio de la compra, se le cayó la tapita de plástico en un desagüe. Tanta pena le dio desprenderse de su pequeña tapita, que se puso a llorar. Yo di por perdida la tapita enseguida, pero Meli no paraba de llorar. ¡Los desagües tenían casi un metro de profundidad y encima tenían una reja pesadísima encima!
En ese momento, una de las vendedoras de vegetales se conmovió y le dijo: “No te preocupes, la vamos a sacar”. Y esta bondadosa señora se las ingenió para probar varios métodos diferentes. Finalmente, ató dos ramas, y en la punta de una de ellas pusimos plastilina. Cuando la tapita salió, después de unos veinte minutos, ¡Melissa estaba feliz! Y yo, muy agradecida a la señora de los vegetales por su ayuda.
¿Sabes? Ese pequeño gesto de bondad me marcó profundamente. ¿Valía la pena tanto esfuerzo por una tapita de plastilina? Para esta amorosa señora, sí, valía la pena. Valía la pena gastar tiempo, valía la pena esforzarse, idear nuevos métodos. Valía la pena demostrar bondad para con una niñita de tres años, desolada por la pérdida de su tapita.
Hoy quiero invitarte a pensar, ¿qué esfuerzo vale la pena para ti hacer, para ser bondadoso con los demás? ¿Te detendrías a ayudar a un niño pequeño? ¿Te molestarías en salvar un pajarito? ¿“Perderías tiempo” en consolar a alguien que llora? ¿Te quedarías sin recreo para explicarle matemáticas a un compañerito que no entiende?
Recuerda las palabras de Jesús: “A mí lo hicisteis”. Cuando ayudas con amor, cuando demuestras tu bondad, lo estás haciendo al mismo Jesús. Que él esté contigo hoy, mientras muestras bondad a todos aquellos con quienes te encuentres. Cinthya
10 de febrero

La dama de la lámpara
“Y este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado” (Juan 15:12, NVI).
Florence Nightingale nació en 1820 en una familia rica e influyente. Aunque en esa época no era común que las niñas estudiaran, su padre mismo le enseñó italiano, latín, griego, filosofía, historia, literatura y matemáticas. Como una dama rica, bella, y preparada, cuando fue ya mayor recibió varias propuestas de matrimonio. En aquellos días se creía que la única misión de las señoritas era casarse y tener hijos. Pero Florence no aceptó ninguna propuesta de formar un hogar propio. Ella tenía un llamado que había recibido de Dios: el llamado a servir a otros. Florence quería ser enfermera.
En sus días, la enfermería era una profesión no muy bien considerada. Las enfermeras eran descuidadas, sucias y, a veces, hasta borrachas. Florence no solo se preparó como enfermera, sino que, más tarde, decidió transformar la profesión. Si has sido cuidado por enfermeras, habrás visto cuánta atención ponen en la limpieza y el cuidado del enfermo.
Cuando Florence llegó a un hospital de guerra en Crimea, en el año 1854, ella y sus enfermeras voluntarias encontraron ratas, heridas podridas, pacientes ebrios, y un gran desorden. Muchos pacientes morían. Florence y sus enfermeras se pusieron en acción. Poco a poco, los pacientes empezaron a mejorar. Los soldados, angustiados, enfermos y solitarios, comenzaron a llamarla “el ángel guardián” y “la dama de la lámpara”, pues Florence los visitaba de noche y de día, y brindaba amor y palabras animadoras a cada uno.
Al volver a Londres, lo que Florence había aprendido le sirvió para escribir un libro acerca de cómo debía ser el cuidado de los enfermos. Su bondad y dedicación cambiaron la historia de la enfermería. Y, ¡no solo de la enfermería! Años más tarde, Henry Dunant, el fundador de la Cruz Roja, reconoció la influencia de las ideas de Florence en su propia vida e ideas humanitarias. Hoy, muchas organizaciones de salud llevan el nombre de esta dama ejemplar, quien estuvo dispuesta a poner a un lado las comodidades de la vida para servir a otros.
No siempre servir a otros es fácil y cómodo. De hecho, la mayoría de las veces no lo es. Así como Dios llamó a Florence, hoy te llama a ti. ¿Hasta dónde estás dispuesto a ir por amor a otros? Te invito a inspirar a otros hoy con tu bondad y compasión, así como lo hizo Florence Nightingale. Cinthya
11 de febrero

¡Contrastes!
“¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” (Mateo 18:33 u.p., NVI).
La vida está llena de contrastes: hay cosas grandes y cosas pequeñas; hay climas fríos y los hay cálidos; hay gente alta, pero también hay gente de baja estatura. Los versículos de hoy nos muestran contrastes entre valores y antivalores que traerán consecuencias felices o consecuencias tristes.
Un rey llamó a los administradores de su gobierno para que le presentaran su informe financiero. Cuando el rey escuchó el informe descubrió que había un saldo deudor. Inmediatamente mandó llamar al responsable.
–¡Me debes diez mil billetes! –dijo el rey muy furioso al hombre que estaba delante suyo con la cabeza gacha–. Tienes que pagarme hasta el último billete ahora mismo –continúo diciendo el rey.
–No tengo con qué pagarle, mi señor –contestó tímidamente el deudor.
El rey se enfureció aún más y ordenó que fuera vendido junto a su esposa y sus hijos, y con todo lo que tenía, para que con eso pudiera pagar algo de su tremenda deuda.
El deudor, aterrorizado, cayó a sus pies y le suplicó:
–Mi rey, por favor, le suplico misericordia y paciencia, yo le pagaré todo.
Al ver esa escena y escuchar la súplica, el rey se conmovió y decidió perdonar la deuda. El hombre se apresuró a salir, antes de que el rey se arrepintiera de su gran acto de bondad, pero, al salir, se encontró frente a frente con uno de sus compañeros que le debía muy poco dinero. Al verlo, se le tiró encima y, agarrándolo, lo estrangulaba y le decía:
–Págame los cien centavos que me debes.
Su compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba:
–Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.
Pero este hombre endureció su malvado corazón y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo poco que le debía. Al verlo, sus compañeros quedaron espantados y fueron a contarle al rey. Inmediatamente el rey lo llamó y le dijo:
–¡Siervo malvado! Te perdoné una gran deuda. ¿No debías tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?
Esta vez no se salvó, porque el rey lo encerró de por vida. Qué contraste más grande. Hoy debes elegir estar de un lado o del otro. ¿Elegirás la bondad y el perdón, para así contrarrestar todo lo malo de este mundo? Magaly
12 de febrero

Ayudar, ¿sí o no?
“Por tanto, siempre que tengamos oportunidad, hagamos bien a todos...” (Gálatas 6:10)
Una noche muy fría vi desde la ventana de mi casa a un señor viejito vendiendo globos. ¿Qué hacía un señor vendiendo globos a las nueve de la noche? La verdad, no lo sé. Pero parecía tener hambre y frío. Me dio mucha pena, así que rapidito saqué dos manzanas rojas jugosas y un paquete de galletas, y bajé a entregárselas. Con una sonrisa, le di lo que había llevado con tanto cariño. ¿Qué crees que pasó? Nada. El señor no me dijo ni siquiera “gracias”. Apenas recibió las cosas, no me miró más.
Volví a casa sintiéndome rara. ¿Tal vez lo había ofendido? ¿Tal vez no debería haberle dado nada? Quedé con la idea de que debía tener más cuidado. Tal vez, no siempre era correcto intentar ayudar a otros.
Tiempo después, cuando hacía unas compras en el centro de la ciudad, vi a una señorita ciega. Estaba caminando, guiándose con su bastón blanco. Cuando llegó a una esquina, nuestros caminos casi se chocaron. Ella estaba por cruzar la calle, y yo pensé: “¿Qué hago? ¿La ayudo?” En realidad, como seguramente sabes, los ciegos tienen el sentido de la audición muy desarrollado. Y allí estaba yo, dudando de ayudar a la señorita, pues no quería ofenderla. ¿Qué pasaba si ella realmente quería depender solo de su oído para cruzar la calle? Mientras yo pensaba qué hacer, un hombre salió de una tienda, y le ofreció su brazo para cruzar la calle. La señorita aceptó, agradecida, y llegaron al otro lado juntos.
Aprendí una lección importante ese día. Es mejor equivocarse con ofrecer ayuda de más que no ofrecerla. Es verdad, a veces puede haber personas que no la aprecien. Y también puede haber personas que no la necesiten, y te lo digan. Quizá te sientas mal por eso. Pero, piensa, ¿importaba, realmente, si yo ofrecía mi ayuda y la señorita prefería cruzar la calle sola? No. ¡Era mejor intentarlo!
El versículo de hoy nos deja un mensaje muy claro: “Siempre que tengamos oportunidad, hagamos bien a todos”. No solo cuando estoy seguro de que mi ayuda será apreciada. No solo cuando conozco a las personas. No solo cuando tengo tiempo de sobra. Siempre que tengamos oportunidad. Que hoy sea un hermoso día, lleno de oportunidades de mostrar tu amor ayudando a los demás, sin esperar nada a cambio. Cinthya
13 de febrero

Samarn Poonan
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
Seguramente recordarás un suceso que fue noticia en los meses de junio y julio de 2018. Fue en Tailandia, en la cueva de Tham Luang: una serie de cavidades de diez kilómetros bajo la montaña de Doi Nang Non, consideradas una de las mayores atracciones turísticas de la zona.
Doce niños y un adulto quedaron atrapados allí por no hacer caso a los carteles que decían que estaba prohibido ingresar a la cueva en época de lluvias. Cuando estaban en el fondo de la cueva, una lluvia torrencial hizo que el agua comenzara a subir, y los dejó encerrados adentro. Pasaron diez días y sus familias no sabían nada de su paradero, hasta que las bicicletas dejadas a la entrada de la cueva dieron la pista para ubicarlos.
Entonces, se dio inicio a la operación de rescate. Uno de los preparativos preliminares, antes de intentar rescatar a los niños, era distribuir tanques de reserva de oxígeno a través de los 3 kilómetros que comprendían los pasadizos llenos de agua, para luego usarlos en el operativo de rescate. Uno de los buzos encargados de esa tarea era Samarn Poonan. Él sabía que era una tarea riesgosa, pero aun así lo hizo. Tristemente, le costó la vida. Falleció a 1,5 kilómetros de la salida de la cueva cuando regresaba de su misión. Él, que había ido a distribuir oxígeno, murió por falta de oxígeno. Entregó su vida voluntariamente para salvar la vida de trece personas. ¡Qué ejemplo de bondad!
La historia de este héroe contemporáneo no es la única. Tú y yo conocemos una más grandiosa. Hace miles de años, el ser humano quedó atrapado en una cueva sin salida: un mundo usurpado por el enemigo de Dios, y convertido en un lugar triste, oscuro y sin esperanza. El nombre de nuestro rescatista: Jesús. Sabiendo que era una operación riesgosa, vino a este mundo, y al igual que Samarn, prefirió nuestra vida que la suya. Él se entregó a la muerte para que tú y yo podamos vivir eternamente. ¡Y su operación de rescate fue todo un éxito! El suyo fue el acto de bondad más grande que jamás haya existido, porque abarca a todo ser humano que quiera aceptar su regalo de salvación. Repasa el versículo para hoy. ¿Qué te parece agradecer en oración a Dios por la bondad de enviar a Jesús para rescatarnos? Gabriela
14 de febrero

Efecto mariposa
“Les he enseñado que deben trabajar y ayudar a los que nada tienen. Recuerden lo que nos dijo el Señor Jesús: ‘Dios bendice más al que da que al que recibe’ ” (Hechos 20:35, TLA).
En muchos países del mundo hoy se celebra el Día del Amor y la Amistad. En muchos lugares se intercambian tarjetas, bombones, rosas, osos de peluche. Pero, más importante es poder realizar actos de amor hacia otros. Así, cada día puede ser una celebración de amor hacia otros.
¿Has oído hablar del “efecto mariposa”? Esto se refiere que un minúsculo cambio puede ocasionar grandes resultados; por ejemplo, que el aletear de una mariposa podría cambiar el clima de otro continente. Esta relación de causa-efecto puede aplicarse también a un simple acto de bondad, que puede ser contagioso y multiplicarse a grandes escalas.
Un conductor llegó al peaje en la carretera y notó que se había olvidado la billetera. El conductor que venía atrás se percató de ello y decidió pagar su cuenta. El conductor olvidadizo quedó tan agradecido que al siguiente día decidió retribuir el favor pagando el peaje del siguiente vehículo que venía detrás. Este simple gesto de bondad se repitió por las siguientes horas con muchos conductores que iban llegando a esa caseta de peaje.
Anita y su mamá decidieron preparar comida para salir a repartirla a las personas sin hogar. Al ver este gesto de bondad, algunos de sus vecinos se unieron y ahora hacen una gran cena para estas familias cada año en el parque del vecindario, con una hermosa decoración y muchos regalos.
Una pequeña acción es capaz de generar grandes reacciones en la vida de otros, no solo en quienes la reciben, sino especialmente en quienes la dan. Simples gestos, como una sonrisa, pueden cambiar el día a cualquier persona. Un amable saludo o ceder el asiento, puede hacer más feliz el día a alguien. Mantener el orden, obedecer las reglas o cuidar las plantas también hacen que el mundo sea un lugar mejor.
Hoy, cuando se celebra el Día del Amor y la Amistad, es un buen día para empezar tu propio efecto mariposa de bondad, ¿no te parece? Sé que Dios te usará para desencadenar grandes cambios en la vida de los demás. Así como usó a Moisés, David o Elías, Dios puede usarte para ocasionar reacciones asombrosas. Piensa, ¿qué podrías hacer hoy? ¡Más bienaventurado es dar que recibir! Magaly
15 de febrero

Androcles y el león
“Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7).
¿Qué recibes cuando das bondad? Más bondad. Es una ley. Los bondadosos reciben como respuesta más bondad.
Un antiguo historiador llamado Apiano describió en su libro Maravillas de Egipto un incidente que él mismo presenció en la ciudad de Roma, en los días de Julio César. Ocurrió en el inmenso Coliseo romano, donde las multitudes se divertían con crueles batallas entre fieras y humanos. Un día fue traído desde el norte de África un esclavo condenado a muerte. El show consistiría en ver la lucha entre el esclavo y un hambriento león.
El esclavo esperaba temblando su fatal desenlace. Finalmente, se liberó al león para así iniciar el espectáculo. Grande fue la sorpresa de todos cuando el león, lejos de atacar al pobre esclavo, se detuvo, como observándolo, y luego mansamente se acercó y comenzó a lamerle las manos y los pies.
Julio César, maravillado por la escena, mandó a llamar al esclavo. Se le preguntó su nombre y la razón del comportamiento del león. Él contestó que se llamaba Androcles y contó que luego de haber huido de su cruel amo, se escondió en una cueva del desierto. Cierto día, entró allí cojeando un león. Por sus gemidos y la sangre que le corría por la pata, se notaba que le dolía mucho. El león extendió su pata, y Androcles pudo ver que tenía clavada una enorme espina. Con cautela, le sacó la espina y, luego de eso, el león durmió tranquilamente. Androcles vagó por el desierto hasta que su amo lo recapturó y lo llevó a Roma para ser devorado por leones. Y ahora, varios meses más tarde, se había producido este sorprendente e inesperado reencuentro con el león.
¡Qué maravilloso! El león sencillamente trató a Androcles con la misma bondad con que él lo había tratado meses atrás. Sin saberlo, Androcles experimentó las palabras del versículo de hoy.
Recuerda siempre ser bondadoso con tus padres, tus hermanos, tus amigos y hasta con tus mascotas. Y más todavía: trata con bondad a los que te tratan mal, y observa su respuesta. Aunque tarden en reaccionar, finalmente caerán rendidos ante la bondad. Te aseguro que, como le ocurrió a Androcles, ¡ser bondadoso te traerá gratas sorpresas! Gabriela
16 de febrero

El mundo necesita más niños como Oliver
“El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron” (Mateo 25:40, DHH).
Por las redes sociales anduvo circulando un video con el título de la meditación de hoy. ¿Quieres saber de qué trata? Resulta que un niño de unos seis o siete años llamado Oliver tiene una misión muy particular junto a su mamá: hacer sonreír a la gente. ¿Cómo llevan a cabo esta tarea? Visitan hogares de ancianos llevando flores y tarjetas.
Entonces Oliver entra en acción: reparte una tarjeta y una flor acompañados de un largo y fuerte abrazo a cada ancianito. Su mamá se tomó el trabajo de filmar las reacciones e hizo un compilado. ¡Qué hermoso fue ver esos ojos húmedos y esas sonrisas de agradecimiento en los abuelos!
¿Has pensado en lo sencillo que es hacer feliz a alguien? Oliver encontró una de muchas maneras de pensar en los demás y hacer algo por ellos. ¿Se te ocurre alguna otra manera? Acá hay algunas ideas dadas por Jesús mismo en Mateo 25:31 al 46: compartir nuestro alimento con alguien hambriento, dar agua a quien tiene sed, ser hospitalario y tener un hogar abierto para recibir gente, visitar a gente enferma o débil, visitar a los presos en la cárcel.
Oliver eligió visitar a los ancianitos. Hay otros que prefieren visitar comedores comunitarios donde alimentan a gente sin techo, cantan alabanzas y oran con ellos; hay otros que gustan de invitar a almorzar a las personas que son “nuevas” en la iglesia o que la visitan por primera vez; hay gente que tiene el ministerio de trabajar en las cárceles, por personas que supuestamente son incorregibles, y es hermoso ver cómo gracias a este ministerio el Espíritu transforma corazones duros, y les da una nueva vida.
Como ves, las opciones son muchas. Lo importante es que elijas alguna y puedas hacerla regularmente. El título del video que te conté es muy acertado: “Se necesitan más niños como Oliver, que piensen en los demás”.
Recuerda las palabras del versículo de hoy. Cuando piensas y haces algo por los demás, ¡lo estás haciendo para Jesús mismo! Pídele hoy en oración que te haga bondadoso y te ayude a aliviar las cargas de quienes te rodean. Gabriela
17 de febrero

Bondad con los enemigos
“No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:21).
¿Cuál es tu reacción más común para con tus enemigos? Imagina que vives tranquilo en una ciudad y de repente te enteras de que un rey de un país enemigo envió a un numeroso ejército para atraparte y matarte. Pero así como en las mejores películas, la situación se da vuelta a tu favor, y todo el ejército enemigo queda rendido a tu poder y tienes que decidir qué hacer con ellos. ¿Tú qué harías? ¿Vengarte? ¿Castigarlos?
Bueno, la situación que acabo de contarte es exactamente lo que le sucedió al profeta Eliseo. Puedes encontrarla en 2 Reyes 6:8 al 23. El rey de Siria mandó atraparlo con un numeroso ejército que rodeó la ciudad de Dotán, donde Eliseo vivía. Eliseo oró a Dios para que todo el ejército quedara ciego, y luego él mismo los guió hacia el centro de la ciudad de Samaria, donde volvió a orar para que Dios les abriera los ojos.
¡Guau! ¡Qué situación! Imagina dos cosas: una, que eres del ejército israelita y notas con alegría cómo Dios ha entregado al ejército enemigo en tus manos. ¡Ya saboreas de antemano el merecido que les darás! Ahora imagina que eres un soldado del ejército sirio y cuando se abren tus ojos descubres que estás a merced de tus enemigos, ¿qué pensarías? ¿Qué querrían hacer los israelitas contigo? ¡Qué miedo!
Resulta que hasta el rey israelita estaba confundido con la situación, por ello le preguntó al profeta qué hacer. ¡Había llegado el momento de la dulce venganza! ¿Qué crees que ordenó Eliseo? La respuesta se encuentra en 2 Reyes 6:22. Mandó que les dieran de comer y beber, y luego los enviaran de vuelta a casa. ¡Qué venganza más inusual!
Sin dudas Eliseo se vengó “a la manera de Dios”. Aplicó al pie de la letra el principio que figura en el versículo de hoy. Vuelve a leerlo. Se “vengó” de los sirios haciéndoles el bien, ¡y los venció!
En 2 Reyes 6:23 la Biblia nos cuenta que luego de haberles hecho un banquete al ejército sirio, los mandaron sanos y salvos de vuelta a su país y “nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de Israel”. ¡Fabuloso! Lograron liberarse de los sirios sin derramar una sola gota de sangre.
Así trabaja Dios. Y así debemos trabajar nosotros. Vencer con el bien el mal. ¿Te animas a probar con la bondad? Gabriela
18 de febrero

Extiende una mano misericordiosa
“No romperá la caña que ya está quebrada, ni va a apagar la mecha que apenas está encendida. Él sí hará justicia” (Isaías 42:3, PDT).
Este versículo no es muy conocido pero, ¡qué gran verdad enseña! Hay cañas y cañas. Si has sido conquistador, muchos mangrullos se construyen con ejemplares muy gruesos y fuertes. Nada los puede derribar, ni tormentas ni vientos. Menos aún se puede quebrar alguna de ellas. Lucen vigorosas allá en lo alto. Pero hay otro tipo de cañas, finitas y quebradizas. Sin ninguna utilidad aparente, débiles, descartadas.
Obviamente, la Biblia no está describiendo distintos tipos de estos tallos. ¿A qué se refiere? ¿De quiénes habla? De personas que, por el sufrimiento, están rotas y tienen el corazón quebrado.
En la escuela donde trabajo, todos estamos tratando de ayudar a Mati. Sus papás se acaban de separar. Antes, él era un niñito feliz, estudioso... pero aunque hay muchas familias que deciden no continuar juntas, y niños que lo superan, a Mati le está costando. Grita, tira cosas, pega... ¡Tan pequeño y tan quebrado está! Cuántos niños, adolescentes y adultos día tras día podrán cruzar a tu lado y solo puedes ver en ellos violencia o malos modos, pero en realidad sienten gran tristeza y soledad.
La palabra que viene a mi mente es misericordia. Dios los ama, y ellos tienen que ver su amor, a través de ti. ¿Qué puedes hacer? Brindar un abrazo, invitar a jugar, compartir tu merienda. Tener misericordia con pequeños actos de afecto y sinceridad.
El versículo también menciona que hay algo que es como una vela que se está apagando, como un tizón del que solo queda un hilito de humo, del cual el calor quedó lejos... Esto que queda es lo que una vez fue una llama; es la débil fe de los que están tristes. Otra versión bíblica del mismo versículo, llamada Traducción en Lenguaje Actual dice: “No les causará más daño a los que estén heridos, ni acabará de matar a los que estén agonizando. Al contrario, fortalecerá a los débiles y hará que reine la justicia” (Isa. 42:3).
Dios ama también a los tristes y quebrados. Deseo que él te utilice para ser misericordioso, paciente y piadoso con quienes sufren ese tipo de dolor que es difícil de aliviar, el dolor del alma. ¿Lo harás? Mirta
19 de febrero

La mejor maestra
“Muestren amor y compasión los unos por los otros” (Zacarías 7:9, NVI).
La maestra Riveros comenzó el primer día de clases de 5º grado. Ahí en la primera fila, había un niño llamado Facundo. Su ropa estaba descuidada y necesitaba darse un buen baño. Además, le costaba socializar con los otros niños. ¿Cuál sería el problema?
Cuando ella revisó su expediente, entendió un poco más:
1er grado: “Facundo es un niño brillante y alegre. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene buenos modales”.
2° grado: “Excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado. Su madre tiene una enfermedad incurable. Debe ser muy difícil para él”.
3er grado: “Su madre ha muerto. Aunque trata de hacer su mejor esfuerzo, su padre no muestra mucho interés”.
4° grado: “Facundo se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y en ocasiones duerme en clases”.
Llegó el Día del Maestro y todos los niños trajeron sus regalos. Facundo también trajo el suyo, envuelto en un papel amarillento. Algunos niños comenzaron a reír cuando la maestra encontró una vieja peineta de perlas y un frasco de perfume con solo un cuarto de su contenido. Ella detuvo las burlas y resaltó lo preciosa que era la peineta y se colocó un poco de perfume en la muñeca. Facundo se acercó con una sonrisa y dijo:
–Señorita, hoy usted huele como olía mi mamá.
Esto la hizo emocionar. Desde ese día, ella puso atención especial en Facundo. Mientras más lo apoyaba, más rápido respondía él. Para el final del año, Facundo se había convertido en uno de los mejores de la clase.
Pasaron veinte años y la maestra recibió la visita de Facundo acompañado de una bella muchacha. Le contó que ahora era un doctor. Y le dijo que sus logros comenzaron mucho tiempo atrás, cuando ella le había dedicado atención. Ahora quería saber si le gustaría ser madrina en su boda. Ella aceptó gustosa, y aquel día llegó usando la vieja peineta y el mismo perfume que usaba su madre.
¡La bondad transforma vidas! ¡Tú también puedes marcar la diferencia en alguien siendo bondadoso! Gabriela
20 de febrero

La bondad da resultados
“El justo sabe que sus animales sienten, pero el malvado nada entiende de compasión” (Proverbios 12:10, DHH).
Permíteme que te cuente acerca de un certamen que ocurrió hace muchos años. Era una competencia para determinar qué caballos tenían más fuerza. Para ello, usaban una especie de trineo, llamado rastra. En la rastra se apilaban grandes bloques de cemento para hacerla más pesada. Cada hombre que participaba en el certamen procuraba que sus caballos llevaran la rastra lo más lejos posible en un tiempo definido.
Hubo un hombre que se presentó con sus caballos. Les gritó, los azotó con riendas y les dio puntapiés para lograr que se colocaran frente a la rastra. Los caballos eran grandes y fuertes, pero resoplaban nerviosos mientras esperaban. Cuando se dio la señal de partida, el hombre comenzó a azotarlos y gritarles para que se movieran. Los animales llevaron la rastra con dificultad. Cada vez que se detenían, el hombre los azuzaba con gritos y los azotaba. Cuando terminó el tiempo, los caballos bufaban, resoplaban y respiraban trabajosamente; y al desatarlos, salieron corriendo asustados.
Luego, se adelantó otro hombre con sus caballos. Este les habló y ellos ocuparon sus lugares frente a la rastra. Mientras él revisaba los arreos, los caballos se quedaron quietos y tranquilos. Cuando dieron la señal de partida, tomó las riendas y las hizo sonar en el aire. Los caballos llevaron la rastra hasta la línea y la trajeron de vuelta ¡tres veces! Varias veces el hombre los detuvo para que descansaran unos segundos a fin de que no se fatigaran tanto. Todo el tiempo les hablaba en voz baja y les daba suaves palmaditas. Cuando el tiempo terminó, los desató y estos salieron tranquilamente.
¡Fue increíble! Esos caballos no solo llevaron la carga tres veces más lejos que los caballos que eran azotados, sino que además, lo hicieron con menos esfuerzo. Como sabían que su amo los amaba y podían confiar en él, no tenían miedo. Un animalito hará todo lo que pueda por un amo a quien ama. Pero no puede aprender ni trabajar bien si tiene miedo.
Sí, amiguito. La bondad da resultados. No te olvides de tratar con amor y suavidad a tus mascotas. Pon en práctica el versículo para hoy. ¡Sé bondadoso! Gabriela
(Adaptación del relato “La bondad da resultados” de Jeanne Gray, El Amigo de los niños, año 1, tercer trimestre de 1975, N° 28).
21 de febrero

No toques la llama
“¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas” (Salmo 36:7).
La hora de comer era la preferida de la pequeña Vicky. A ella le encantaba la comida que preparaba su mamá, pero lo que más disfrutaba era ayudar. Una de las condiciones que había puesto la mamá para que Vicky pudiera ayudar en la cocina era que fuera obediente a las reglas que la mamá le indicaba.
Las reglas eran sencillas y fáciles de cumplir (al menos eso pensaba la mamá). La más importante era: “No toques el fuego”. Vicky era muy pequeña pero también muy curiosa. Un día, ella pensó: “Esa llama roja que sale de la cocina no parece que me pueda hacer algo. ¿Y si meto solo un dedo?” En un momento, no pudo aguantar más la curiosidad y cuando la mamá miró en otra dirección, Vicky metió el dedo en el fuego. ¡Ay, ay, ay!, eso sí que dolió.
¿Qué hubieras hecho tú? Vicky intentó aguantar, pues no quería que la mamá se diera cuenta de lo que había hecho. Pero el dolor pudo más, las lágrimas que intentó guardar estallaron y el fuerte llanto la delató. ¿Qué haría la mamá ahora? ¿La castigaría? ¿Le diría: “Eres culpable; qué bueno que te duela”? ¿O haría algo para hacerla sentir mejor?
La mamá intentó calmar su dolor. Con mucho amor hizo lo que pudo para que el dedo no se inflamara, pero no lo logró. Ese pobre dedo se puso tan rojo y tan hinchado que tuvo que llevarla al doctor, porque absolutamente nada calmaba su dolor. El doctor le colocó una pomada especial, vendó su dedo y le dio una medicina para el dolor.
Pero la pequeña Vicky también aprendió la más grande lección de amor: que, aunque era culpable, su mamá siempre la amaría. ¿Ella merecía un castigo? Claro que sí, pero al cuidarla y pagar la cuenta del doctor, su mamá demostró el gran amor por su pequeña traviesa. ¿Y las consecuencias de la desobediencia? Esas llegaron solas...
¿Sabes cuál es la demostración más grande del amor de Dios? El versículo de hoy nos recuerda que él envió a su hijo Jesús para pagar la cuenta y morir por ti y por mí, a pesar de que somos culpables y pecadores. Aunque desobedecemos y no merecemos nada, Dios extiende sus brazos de amor para salvarnos y ayudarnos a ser mejores cada día. ¿Quieres hoy agradecer el gran amor y la compasión de Dios hacia ti? Magaly
22 de febrero

Amar y ser amado
“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros” (Juan 13:34).
Después de la Segunda Guerra Mundial, un equipo de psicólogos y psiquiatras hicieron un estudio con bebés que quedaron huérfanos como consecuencia de esa guerra. El objetivo fue ver cuán importante es para el ser humano recibir amor de parte de los demás. Por lo tanto, pusieron en dos cuartos diferentes la misma cantidad de bebés. En los dos casos, los bebés eran atendidos por adultos que cuidaban de ellos, los alimentaban y los mantenían limpios. La diferencia estaba en que en un cuarto estos bebés recibían mucho amor: eran abrazados, les cantaban, les hacían cosquillas, jugaban con ellos, les hablaban con ternura. Y en el otro cuarto, no le manifestaban ningún tipo de cariño ni amor a los bebés. Tampoco los maltrataban, pero solamente atendían sus necesidades básicas y cuidaban de ellos silenciosamente.
Los bebés que recibían cariño mostraron grandes avances, movían sus manitos y cuerpo rápidamente, se veían motivados, se sentaban con facilidad, balbuceaban palabras y sonreían con facilidad. Por el contrario, los bebés del otro cuarto fueron creciendo más lento. Eran más irritables y enfermizos. Se veían tristes y desmotivados. Incluso, tristemente, algunos de ellos murieron. Por eso, como te imaginarás, se tuvo que suspender el estudio, que mostró la terrible consecuencia de lo que sucede cuando no se recibe amor.
Dios es amor y nos creó para dar y recibir amor. Es muy negativo el efecto de no sentirse amado, de ser maltratado o ser víctima de bullying, por ejemplo. De hecho, tantos niños sufren por ser humillados en el hogar o en el colegio, al recibir burlas, malos comentarios, calumnias y hasta golpes. He visto muchos niños sufrir por esto, y algunos hasta no deseaban seguir viviendo. ¡Nunca le hagas esto a nadie!
En la Biblia Dios repite este concepto varias veces: “Ámense los unos a los otros”, sopórtense, ama a tu amigo y a tu enemigo, cuida del débil. Amiguito: no te canses de dar amor, porque, así como das vas a recibir. Si te cuesta amar, pídele a Dios que te ayude, porque él es amor, y pondrá amor en tu corazón por los demás. Nina
23 de febrero

Compasión es acción
“Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos” (Salmo 103:13).
Compadecer significa “padecer con”. Es la reacción emocional frente al sufrimiento o las necesidades de otro, que nos lleva a comprender y a compartir su estado de ánimo y a dar algún tipo de acompañamiento, consuelo o ayuda.
¿Por qué algunas personas son más compasivas que otras y están siempre listas a tender una mano ayudadora? Cuando dejamos de lado nuestros propios problemas, podemos desarrollar esa capacidad de comprender y ayudar a otros. Pero también es necesario que nos demos cuenta cuando necesitamos ayuda y la pidamos.
La compasión no es sentir lástima por otros mientras los vemos sufrir. Más bien, la compasión nos impulsa a actuar para aliviar el sufrimiento ajeno. Hace un par de años nos enteramos en el colegio de que los niños de una comunidad indígena iban descalzos a la escuela, y para muchos de ellos, ir a la escuela implicaba horas de caminatas. Ese fue el año de recolectar zapatillas. Como docentes hacíamos pensar a nuestros alumnos en el rostro sonriente de esos amiguitos cuando recibiesen su regalo.
Mientras crecemos, podemos ir aprendiendo a ser compasivos, porque aunque seamos chicos, siempre tenemos la capacidad de ayudar de alguna manera a alguien que lo necesita. Puede ser perdonando un error, visitando un enfermo, o curando a un animalito. Siempre podemos ayudar porque siempre hay alguien más necesitado que nosotros. Solo hay que poner manos a la obra. Si alguien iniciara proyectos podría decir, por ejemplo:
–Vamos a juntar ropita que ya no nos entra para los niños del hospital.
–¿Qué tal si arreglamos juguetes y los llevamos el Día del Niño al orfanato?
–¿Hacemos una chocolatada para los chicos de comedor comunitario?
Sí, la compasión mueve a la acción. ¡Manos a la obra, entonces! Tus padres y otros adultos pueden orientarte y colaborar. Recuerda que somos parte de un mundo con cosas hermosas, pero también de cosas dolorosas. No podemos mirar para otro lado e ignorar la realidad.
La compasión necesita comprensión para entender cómo se sienten otras personas, humildad para verlas como iguales y generosidad para dar de nuestro tiempo y pertenencias al servicio de los demás. Mirta
24 de febrero

Un extranjero compasivo
“El que se compadeció de él, contestó el experto en la ley. Anda entonces y haz tú lo mismo, concluyó Jesús” (Lucas 10:37, NVI).
Un hombre tenía que hacer un pequeño viaje, pero como no tenía auto, se dispuso a caminar. En su caminata se encontró con muchas curvas y pequeñas colinas rocosas. De pronto, un grupo de hombres salió a su encuentro. Se llevaron todas sus pertenencias, le arrancaron la ropa y lo dejaron golpeado a un lado del camino.
No pasó mucho tiempo hasta que, por el mismo camino, apareció un hombre que cumplía servicios religiosos. Vio al hombre tendido en el suelo y aceleró sus pasos, haciendo la vista gorda. ¿Puedes creerlo? En vez de correr a ayudar al hombre herido, se cruzó a la otra orilla del camino y pasó de largo, actuando como si no hubiera visto nada.
Una hora más tarde, otro hombre, que venía de la iglesia, se encontró con la misma escena y, ¿sabes qué hizo? Caminó más despacio en dirección al herido; pero al verlo, en vez de ayudarlo, movió la cabeza, se dio la media vuelta y salió disparado dejando una nube de polvo en el camino.
¿Cómo puede ser que ninguno lo ayudó? Quizás ese hombre no hablaba el mismo idioma y no lo entendían, o sería de otro lugar, tal vez de otra religión, o acaso no les gustó su color de piel... Pero, ¿crees que estas sean buenas razones para ignorar a alguien que necesita ayuda?
A los pocos minutos, apareció en la escena otro personaje. Este hombre era un extranjero que no era bien recibido por los que vivían en esa ciudad. Esto no está pintando bien... Si hace un momento los dos hombres que venían de la iglesia no lo ayudaron, este menos lo haría, ¿no crees?
Para nuestra sorpresa este extranjero fue quien sintió compasión y, sin pensarlo dos veces, corrió a socorrer con bondad al hombre que estaba casi muerto al lado del camino. No le importó quién era ni de dónde venía. Lo cubrió, limpió sus heridas con especias costosas y lo vendó. Con mucho cuidado lo levantó, lo subió a su transporte y buscó un lugar donde cuidarlo.
¿Te suena familiar esta historia? ¿Qué características tiene cada personaje? ¿Te identificas con alguno? Tres hombres pasaron por el camino, pero solo uno tenía bondad en el corazón. El desafío que nos dejó Jesús en esta historia es este: realiza actos de bondad y haz el bien a todos, con compasión, sin hacer excepción. ¿Aceptas el reto? Magaly
25 de febrero

¡Inmóvil!
“Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo” (Gálatas 6:2, NVI).
Me encantaba jugar al “inmóvil”. Era una niña ágil y podía correr para evitar que me atraparan. Con límites de espacio claros, para que el juego no terminara en la casa del vecino, el encargado de perseguir tocaba la espalda de los que corrían a su alrededor y gritaba: “¡Inmóvil!” El que recibía el toque quedaba inmovilizado, con la esperanza de que uno de sus amigos llegara para tocarlo y así poder salir corriendo libre otra vez.
Este juego me recuerda a los amigos de un hombre que también quedó paralizado, pero no por un juego. Su enfermedad era el resultado de las malas decisiones que tomó en la vida. No podía pararse ni caminar. Estaba realmente “inmóvil”. Los médicos lo diagnosticaron paralítico incurable. Había perdido toda esperanza, y eso lo estaba llevando a la muerte.
Qué escena tan triste, ¿verdad? A este pobre hombre todo parecía haberle salido mal en la vida. En medio de su desesperación, un día escuchó de alguien que podía sanarlo. Eso le dio una pizca de esperanza, pero ¿cómo iría si estaba inmóvil sin poder mover ni un dedo del pie?
No todo estaba perdido. Este hombre tenía una de las bendiciones más grandes que una persona puede tener en la vida: amigos, que aparecieron en el momento justo. ¡No había tiempo que perder! Los cuatro amigos cargaron la camilla y salieron en busca de la única persona que podía sanar a su amigo enfermo. Al llegar encontraron tanta gente que no quedaba ni un solo espacio por donde pasar. Una y otra vez intentaron abrirse camino entre la gente, pero fue en vano. El enfermo miraba con angustia, mas el esfuerzo que hacían sus amigos lo llenaba de esperanza.
No se dieron por vencidos. Subieron al techo y, haciendo un hueco, lo bajaron lentamente hasta los pies de Jesús, quien le dijo: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (Mat. 9:6). Inmediatamente, “él se levantó, tomó su camilla y salió caminando a la vista de todos” (Mar. 2:12). ¡Sí! El paralítico inmóvil salió caminando. ¿Quién hizo la diferencia?
Nuestro versículo de hoy dice: “Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo” (Gál. 6:2). No dejes pasar ninguna oportunidad de ayudar a llevar las cargas de alguien que necesite de tu compasión y bondad. Magaly
26 de febrero

De lo simple a lo extraordinario
“Si saludan solo a sus amigos, no hacen nada extraordinario. ¡Hasta los que no creen en Dios hacen eso!” (Mateo 5:47, TLA).
¿Acostumbras ser cordial y bondadoso con todos? ¿O solo eres amable con tus amigos? El saludo es un gesto universal de cordialidad. La forma de hacerlo depende de la costumbre de cada lugar, pero siempre será un acto de bondad hacia los demás.
Quiero contarte la historia de un hombre que trabajaba en una fábrica de alimentos. Su trabajo consistía en empacar productos congelados. Entraba y salía de un gran congelador. Un día, terminando su horario de trabajo, entró al congelador para colocar los últimos paquetes. Mientras, apurado, ordenaba los productos, tras de él se escuchó “bum”. ¡Oh, nooo!
Era la hora de salida y alguien, sin haberlo visto, cerró la puerta, y lo dejó atrapado dentro del congelador. Golpeó la puerta con toda la fuerza que tenía, intentó abrir por dentro, empezó a gritar, pero nadie lo escuchaba. Todos los trabajadores se habían retirado a sus casas, y era imposible que alguien lo escuchara gritar o golpear. Intentó abrigarse, pero debido a las horas que llevaba dentro del refrigerador, empezó a sentir que el corazón se le paralizaba. Se acurrucó en una esquina y, ya al borde de la muerte y sin ninguna esperanza de vida, a lo lejos escuchó abrirse la puerta. No tenía fuerzas ni para levantar la cabeza, pero con el último aliento, sintió que alguien lo abrigaba y sacaba rápidamente.
¿Quién lo encontró? ¿Cómo hizo para encontrarlo? ¿Coincidencia? ¡Claro que no! Al preguntarle al guardia de seguridad, él respondió:
–Trabajo en esta empresa desde hace muchos años y muchos trabajadores entran y salen todos los días, pero este hombre es el único que me saluda cada mañana y se despide de mí cada tarde. Hoy él me dijo: ‘¡Buenos días!’ a la entrada, pero nunca escuché: ‘¡Hasta mañana!’ Al no haberse despedido de mí, pensé que debía estar en problemas, por lo que me apuré a buscarlo.
La bondad de este hombre mediante un simple saludo fue lo que marcó la extraordinaria diferencia. Este hombre jamás imaginó que este simple acto de bondad salvaría su vida. ¿Quieres hacer algo extraordinario? Empieza con pequeños detalles de bondad para con quienes te rodean. Magaly
27 de febrero

El abrazo rescatador
“Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia entre la gente” (Mateo 4:23).
Quiero compartir contigo la historia de un par de gemelas, Brielle y Kyrie Jackson, que nacieron prematuras a los seis meses de gestación hace varios años. Ninguna de ellas alcanzó el kilogramo en peso y, después de unos días de haber nacido, la pequeña Brielle comenzó a tener problemas respiratorios, su nivel de oxígeno en la sangre era bajo y no ganaba peso. Luego de unos días, la bebé estaba a punto de morir. Sus pequeños brazos y piernas se volvieron azules, mientras se ahogaba al respirar.
A la enfermera encargada de cuidarla se le ocurrió juntar a las hermanitas en la misma incubadora. Pidió permiso, y aunque fue un poco difícil el proceso de la autorización, los médicos accedieron. Un rato después de ser puestas una al lado de la otra, Kyrie puso su brazo encima de su hermanita enferma. Muy pronto, el corazón de la pequeña Brielle comenzó a estabilizarse, su presión sanguínea se normalizó, y también mejoró su temperatura. Ella comenzó a sanar poco a poco. Actualmente estas hermanas son adultas totalmente sanas. En Internet puedes ver la foto de ellas abrazadas en la incubadora. Búscala con el nombre de “el abrazo rescatador”.
¿Tienes hermanos o hermanas? ¿Cómo eres con él, ella o ellos? ¿Sale bondad de tu corazón, paciencia, ternura? Esta historia muestra cómo una hermanita salvó la vida de su gemela al transmitirle calor y amor. Es importante que sepas a tu tierna edad que con nuestros actos y palabras podemos destruir o fortalecer la autoestima de los demás.
Cuando Jesús estuvo en esta Tierra solo se dedicó a hacer el bien. “Había aldeas enteras donde no se oía un gemido de dolor en casa alguna, porque él había pasado por ellas y sanado a todos sus enfermos. [...] En cada acto de su vida revelaba amor, misericordia y compasión [...]. Nunca fue áspero, nunca habló una palabra severa innecesariamente, nunca produjo a un corazón sensible una pena innecesaria” (CC 9, 10).
Si imitamos a Jesús, siempre estaremos dando “abrazos rescatadores” con nuestros actos y palabras. Quizá no sepamos el alcance de esto aquí en la Tierra; pero lo más probable es que en el cielo te encuentres con bellas sorpresas al ver los resultados de tu bondad y amor por otros. Nina
28 de febrero

Jesús defiende tus batallas
“Porque el Señor tu Dios está contigo; él peleará en favor tuyo” (Deuteronomio 20:4, NVI).
Carolina, una niña linda de diez años, estudiosa, alegre y amable con todos, que disfrutaba asistir al colegio, de repente comenzó a decir que no quería ir a clases, que prefería estar en casa. Sus padres observaron que sus notas comenzaron a bajar y que se veía triste y silenciosa. Carolina estaba sufriendo bullying de parte de unos compañeros de curso. No era capaz de contarle a nadie ya que ellos la amenazaban con que les harían daño a sus padres si ella los delataba.
Después de varios meses de agonía les contó todo a sus padres. Ellos la acogieron, apoyaron y defendieron. Finalmente, con las evidencias que tenía, sus profesores pudieron interceder por ella y disciplinar a los niños que tanto daño le ocasionaron. Con el tiempo, recobró la alegría y la motivación por el colegio.
Aunque esta historia tuvo un buen final, no siempre es así. En las noticias vemos niños que sufren como víctimas de bullying y, por ser incapaces de manejar su dolor, han llegado incluso al suicidio. Quizás has sido testigo de cómo están maltratando a un compañero tuyo en el colegio, o a tu hermano, tu primo o quizás a ti mismo.
El libro El Deseado de todas las gentes relata que Jesús fue criticado desde niño. “Durante su niñez, su juventud y su adultez, Jesús anduvo solo. En su pureza y fidelidad, pisó solo el lagar, y ninguno del pueblo estuvo con él” (DTG 71). Él sufrió soledad y discriminación de parte de muchas personas que siempre intentaron destruirlo, y con el tiempo, llegaron a matarlo.
¿Te has sentido rechazado por los que amas? ¿Has sentido oposición y maltrato de tus hermanos, tus amigos o compañeros de curso? Jesús conoce tu dolor y sabe el sufrimiento que ocasiona esto. Recuerda que, a pesar de lo que vivió, siempre fue bondadoso y sintió compasión por los que sufrían. Defendió a los que eran injustamente maltratados, consoló a los que lloraban. ¡Qué ejemplo más hermoso de amor y bondad mostró Jesús aún en las peores circunstancias!
Si te están haciendo daño, cuéntalo a tus padres y maestros. Pero recuerda lo más importante: Jesús tiene compasión de ti y te ama; no quiere verte sufrir. Cuéntale todo a él, pues él quiere ser tu defensor. Nina
1º de marzo

Cada día, ¡un tesoro!
“Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:16).
Durante estos días, probablemente tus vacaciones están llegando a su fin. Es hermoso disfrutar el verano, ¿verdad? Ojalá hayas aprovechado mucho el tiempo. Sin duda, es lindo cada día aprender algo nuevo: nadar, cocinar, jugar, cantar, dibujar, ¡cuántas cosas se pueden hacer!
Durante alguno de estos días estarás comenzando la escuela otra vez. ¡Espero que estés contento! Seguramente tienes ganas de volver a encontrarte con tus amigos, maestras, y seguir aprendiendo ¡cada día más!
Especialmente durante el tiempo de clases, tienes que prestar atención y ser responsable de un tesoro que Dios te da cada día: tu tiempo. Si te pregunto cuántas horas tiene cada día, seguro me dirás: 24. Cada día tiene la misma cantidad de horas para todos. Pero a veces parece que es más largo para algunos. ¡Hay gente que hace tantas cosas que parece que tuviera más tiempo! ¿Cuál crees que sea su secreto? El secreto es cuidar el tiempo.
No es fácil cuidar el tiempo. Algunas personas lo pierden continuamente, jugando juegos en la computadora, mirando demasiada televisión, conversando de cosas inútiles... Debemos recordar que cada día es valioso, y hay que cuidarlo muy bien. Años atrás, Gabriela Mistral, una poetisa chilena, dijo: “Tengo un día. Si lo sé aprovechar, tengo un tesoro”.
¿Cómo puedes cuidar tu tiempo? Una sugerencia que puedo darte es hacer un horario en una hoja de papel, que puedes luego pegar en tu habitación o en la heladera (o refrigeradora). Allí puedes escribir cada hora del día, desde que te levantas hasta que te acuestas, y qué piensas hacer en ella. Otra sugerencia es muy simple: ve a dormir temprano y levántate temprano. Así tendrás mucha energía y el día parecerá más largo. ¿Un consejo más? Ten siempre a mano un buen libro para leer. Cuando tengas que esperar en cualquier lugar, puedes leer algo útil y así aprovechar tu tiempo. ¡No lo desperdicies jugando en un celular!
Ahora que vas a empezar un nuevo año de clases, te animo a cuidar el tesoro del tiempo. Elena de White nos dice: “Estudiantes, hagan que su vida escolar sea tan perfecta como fuere posible. Pasarán por este camino una sola vez” (CM 511). Si aprendes desde ahora a ser responsable con el uso de tu tiempo, sin duda tu vida escolar mejorará mucho. Decide este año aprovechar el tiempo, ¡ese maravilloso regalo que Dios te da! Cinthya
2 de marzo

Practicando la responsabilidad
“¿Quién es pues el siervo fiel y prudente al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?” (Mateo 24:45).
Muchos niños piensan que sus padres son cansadores. Siempre están recordándoles todo: “Hoy luego de la escuela tienes clase de violín, ¿recordaste estudiar tus partituras?”; “Recuerda darle de comer a tu mascota”; “La semana que viene tienes prueba de Matemáticas, ¿estás estudiando?”; “Recuerda cargar los libros de geografía en tu mochila, que hoy te toca esa materia”. Y la lista podría continuar...
Dos cosas: la primera, tus padres te recuerdan todo porque su deseo es protegerte y que te vaya bien en la vida. Piensa que cuando seas adulto y tal vez ya no tengas a tus padres cerca, no habrá nadie que te recuerde tus compromisos, y ahí sí tendrás que pagar las consecuencias de tus “olvidos”. Y la segunda, si quieres que ellos dejen de recordarte las cosas todo el tiempo, ¿qué tal empezar a practicar la responsabilidad? Sí, amiguito, responsabilidad significa hacer tus tareas y trabajos sin que nadie tenga que recordártelos vez tras vez. Todo es cuestión de costumbre: si tus padres ven que eres irresponsable, seguirán recordándote las cosas. Ahora, si por dos semanas seguidas les demuestras que puedes hacer tus cosas sin necesidad de un recordatorio, ellos dejarán de recordarte todo y tú te sentirás supersatisfecho de tus logros (¡y ellos también!). Suena tentador, ¿no?
Si aceptas el desafío de ser responsable con tus cosas, te doy una idea: tal vez tienes una pizarra en tu pieza, y si no es así, haz un cuadro en una cartulina o afiche que contenga todos los días de la semana y las tareas de rutina que debes hacer cada día. Debes incluir todo: tareas de la casa, la escuela, deportes, clases de música, etc. Todo con sus horarios y los materiales que debes llevar. Todas las noches antes de dormir, da una mirada a las cosas que te esperan al día siguiente y planifica a qué hora te convendrá despertarte para poder hacerlo todo.
Tal vez al comienzo puedes pedirle ayuda a tus padres, que son quienes mejor te conocen, para que te orienten sobre cómo recordar solito tus deberes. A ti y a ellos seguramente se les ocurrirán buenas ideas. Pero no te quedes solo en los planes. ¡Practica ser responsable! Gabriela
3 de marzo

En lo poco y en lo mucho
“El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho” (Lucas 16:10).
La inversión estaba hecha; y los amigos, felices. Por fin el doctor Wilfred Grenfell tendría en la fría zona de Canadá donde vivía un medio de transporte rápido que le permitiera llegar hasta los lugares más alejados. La lancha sería una bendición para llegar donde había personas enfermas que necesitaban ayuda. Apenas llegó la embarcación, y rugió con su motor nuevo, tuvo que partir. Era de noche y arreciaba una tormenta, pero el doctor decidió salir de todas formas. La lancha tenía una brújula, así que no había nada que temer: llegaría a su destino a ayudar a la enferma que lo solicitaba.
Sin embargo, después de navegar por muchas horas sin llegar a destino, y en medio de la tormenta, el doctor se dio cuenta de que estaba perdido. ¿Qué había salido mal? “La investigación demostró que la tragedia era el resultado de la irresponsabilidad de un obrero en Liverpool. Cuando aseguró la brújula en su lugar designado en la lancha, el hombre cometió el error de usar tornillos de acero en lugar de unos de bronce. Los tornillos de acero desviaron la aguja de la brújula conduciendo a Grenfell muy lejos de su destino”.1
¡Todo por un simple tornillo! Sin duda, esta historia nos enseña cuán cuidadosos debemos ser cuando estamos realizando alguna tarea o trabajo, porque un pequeño error puede traer terribles consecuencias. Si tan solo aprendiéramos a seguir el consejo bíblico que dice: “Así que, sea que coman o beban o cualquier otra cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31), nos evitaríamos lágrimas, retos y malos ratos. Se trata de vivir haciendo todo de la mejor forma posible, siendo responsables de nuestros actos.
El joven de esta historia jamás imaginó que, por su descuido en algo pequeño, alguien moriría y que una persona estaría perdido y con riesgo de muerte por la tormenta. Y así es normalmente. Algunas personas no miden las consecuencias de sus actos, y no son diligentes ni piensan en honrar a Dios con lo que hacen. Sé responsable y cumple bien con los pequeños detalles porque eso puede traer consecuencias eternas para salvación. Dios ve las intenciones del corazón, tu deseo de agradarlo, y él te recompensará por tu fidelidad. Nina
1 Citado por Bietz, R., Jesús, el Líder (Florida, EE. UU.: Asociación Publicadora Interamericana, 1988), pp. 26, 27.
4 de marzo

¿En qué usas las 24 horas del día?
“Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo” (Mateo 5:15, 16).
Posiblemente conoces el testimonio de Andressa Barragana. Una niña de tan solo trece años que amaba intensamente a Jesús; cada día lo dedicaba a ayudar a los demás y a testificar. Ella contó, en un video que puedes ver en YouTube, que los domingos tenía un programa radial dedicado a los niños. Los lunes de tarde hacía trabajo misionero. Los martes visitaba un asilo de ancianos. Los miércoles se reunía con familias pobres y hacían manualidades de cosas útiles. Los jueves de tarde se reunía con su grupo pequeño de 45 niños, y de noche salían a dar serenatas a algunos hermanos de la iglesia. Los viernes tenía grupos de oración intercesora con otros niños. Los sábados asistía a la iglesia y a veces también predicaba.
Ella conoció a Jesús a través de su abuelita. Le encantaron las enseñanzas de la Biblia y el ejemplo de algunos hermanos de la iglesia. Pronto decidió bautizarse y comenzó un grupo pequeño. Ella dijo: “Soy una niña normal porque estudio, juego, me entretengo con mis padres. Jesús nos da 24 horas. Deberíamos por lo menos darle una hora para hacer un trabajo misionero, entregar folletos, dar un estudio bíblico. Jesús está regresando pronto. Si no hacemos esto ahora, quizá mañana sea muy tarde”.
Tristemente, un año después de haber grabado ese video, un sábado de mañana Andressa se dirigía a la iglesia. Iba a predicar, pero hubo un accidente automovilístico. Murieron cuatro personas, incluida ella. ¡En tan poco tiempo hizo tanto! Llevó a más de cien personas al bautismo.
Pero esta historia no termina con un final triste. Andressa murió sirviendo a Jesús y nos dejó un hermoso ejemplo de bondad y compasión por los demás. Estoy segura de que cuando él vuelva, podremos verla. Cada día puedes decidir en qué vas a ocupar tu tiempo. ¡Espero que, como Andressa, lo uses responsablemente, para testificar y para agradar a Dios con todas tus acciones! Nina
5 de marzo

¡Terremoto!
“Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen” (Mateo 24:44).
¿Has sentido alguna vez un temblor o terremoto? Cuando la tierra que crees firme comienza a moverse, la sensación no es nada agradable. Las cosas más livianas se sacuden, los vidrios vibran, los perros ladran. Si vives en una zona donde los temblores y terremotos son esperados, sabes que pueden ocurrir en cualquier momento.
Hace poco tuvimos un temblor bastante fuerte en Perú, donde vivimos. Era de madrugada. Todos en casa estábamos durmiendo, y la sacudida nos hizo despertar sobresaltados. Tuvimos que recordar en un instante nuestro plan para estas ocasiones. Como vivimos en una zona de terremotos, siempre tenemos lista nuestra mochila de emergencia con ropa extra, agua, galletas, y otras cosas útiles. Creíamos estar preparados...
Pero ¿sabes qué? A la hora de la verdad, cuando el piso temblaba, ni nos acordamos de la mochila. Buscamos a nuestra perrita y salimos disparados de la casa. La realidad es que la mochila ni siquiera estaba a mano, como debería haber estado. Creíamos estar preparados, pero, si hubiera sido un terremoto fuerte, una emergencia real, y no un simple temblor, nos hubiéramos quedado solo con la ropa puesta, sin comida ni agua, afuera de la casa. Creíamos haber sido responsables en nuestra preparación para esta emergencia, pero en verdad no lo fuimos.
Si leíste con atención el versículo de hoy, probablemente ya estás esperando lo que vas a leer a continuación. Claro que sabes que Jesús ya está viniendo. ¡Por supuesto que tienes tu “mochila” preparada! Seguramente vas a la iglesia los sábados, estudias tu lección, quizá hasta eres un Aventurero o Conquistador. Tal vez cantas en el coro de tu iglesia. Pero eso no lo es todo. Si tu “mochila” no está donde debe estar, no estarás preparado tampoco.
¿Y qué podría significar que tu “mochila” esté donde debe estar? Para mí quiere decir que todo lo que haces, lo hagas porque amas a Jesús de corazón. Ese amor solo puede existir cuando conoces a tu Salvador de verdad. Búscalo en oración cada día, lee sus palabras en las Escrituras. Sé responsable y acepta la salvación de Jesús.
Cristo viene, y puede llegar cuando menos lo esperas. Que tu “mochila” esté preparada, ¡y colocada en el lugar correcto! Cinthya
6 de marzo

Como una novia
“Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, engalanada como una novia para su esposo” (Apocalipsis 21:2).
¡Qué hermosas son las bodas! Si hay un día en que una señorita está asombrosamente deslumbrante, es el día de su casamiento. Hoy vamos a ver que la novia es la iglesia de Dios, que espera al esposo, el Señor Jesucristo.
¿Sabías que las novias reciben muchos consejos? Y algunos de esos, los podemos aplicar a la iglesia. Todas las novias quieren lucir ese vestido tan especial de color blanco, que simboliza la pureza. La iglesia también se mantendrá pura guardando la Palabra de Dios. También lucirá sonriente, pues se unirá a quien ama por el resto de su vida. La iglesia espera feliz encontrarse con el esposo, Jesús, que viene a buscarla para pasar juntos la eternidad.
También se aconseja a la novia no desvelarse la noche anterior, para poder estar alerta y lucir su mejor apariencia. La Biblia dice que la novia debe velar y estar atenta para no ser engañada por el gran enemigo. Tampoco hay que dejar tareas pendientes hasta último momento. Por eso, los hijos de Dios cada día deben confesar sus pecados y tener las lámparas bien llenas, colmadas de su Santo Espíritu.
Se les aconseja a las novias alimentarse de manera saludable. En relación con la vida espiritual, aliméntate del pan nutritivo, la Santa Biblia, para estar de pie cuando Jesús venga a buscarte.
Antes de la boda no debes callar aquellas cosas que podrán dañar tu boda perfecta. Tal vez el sabor de la torta, los colores seleccionados y cómo te queda ese peinado. En la vida de la iglesia también podemos tener que arreglar asuntos, como por ejemplo, relaciones rotas que te afectan o incomodan. Jesús quiere una iglesia unida, que lo espera.
Se recomienda que una novia no haga cambios radicales, como cortarse el cabello o cambiar el color de su cabello, justo antes de la boda. Los cambios para bien deben ser paulatinos. Así mismo, la iglesia también debe realizar los cambios necesarios de manera paulatina, especialmente si se trata de cosas relacionadas con malos hábitos o rasgos nocivos de carácter.
Tú, amiguito, eres parte de la iglesia, la novia que espera al novio, el Señor Jesús. Ten en cuenta que falta poco para esa boda. ¿Estarás listo esperándolo? Mirta
7 de marzo

¡Hay equipo!
“Porque cada uno llevará su propia carga” (Gálatas 6:5).
Desde niña, me encantaban los proyectos de investigación, los trabajos prácticos, y todas las presentaciones escolares. Pero, a veces, había algo que arruinaba esas tareas para mí. ¡No me gustaba tener que trabajar en equipo! Parecía que siempre terminaba haciendo los trabajos sola, ¡qué aburrido, y qué injusto! Luego de la escuela primaria, llegó el secundario y seguía sin agradarme la idea de hacer todo el trabajo sin mucha ayuda.
Fue recién en la universidad, estudiando para ser maestra de escuela primaria, donde pude empezar a disfrutar de trabajar con otras personas que también tenían muchas ganas de aprender y colaborar en el equipo. ¡Qué alivio cuando cada uno hacía su parte! ¡Cuánto más se podía hacer y avanzar cuando cada uno cumplía con su responsabilidad!
¿Sabes? En la vida hay muchos “equipos”. Además de equipos de trabajos prácticos en la escuela, donde espero que puedas hacer tu parte para alegría y tranquilidad de tus compañeros, hay otros equipos. ¿Cuáles serán? Un equipo podría ser tu clase de Escuela Sabática. ¿Diría tu maestra que cumples tu parte con responsabilidad? ¿Llegas a tiempo y sabes tu versículo de memoria? ¿Cantas con alegría? ¿Oras cuando te lo piden? ¡Qué lindo es poder contar con un niño responsable como parte del equipo!
Hay otro equipo del que eres parte: eres parte del equipo de tu familia. Tu familia puede estar formada por diversas personas, pero estoy segura de que los miembros de tu familia cuentan con que tú llevarás tu parte de la carga. ¿Qué te toca hacer en la casa? Recuerdo que a mí me tocaba lavar la loza con mi hermana. No me encantaba hacerlo, pero mi mamá contaba con nosotras. Éramos parte del equipo. Y cumplíamos nuestra parte, porque todo el equipo esperaba que lo hiciéramos.
Además, como parte del equipo, puede haber otras cosas que sea necesario hacer. Quizá a veces tu deber dentro del equipo sea tener paciencia con tus hermanos. Nada fácil, ¿verdad? ¡Quizá hasta debas tener paciencia con tus propios padres! Pero un niño que comprende que es parte de un equipo, como tú, sabe que a veces hay que hacer cosas por el bien del equipo. Dios te ha puesto en tu familia. Hoy te invito a vivir con responsabilidad, como un miembro de ese equipo que Dios mismo creó. ¿Hay equipo? Sí, ¡hay equipo! Cinthya
8 de marzo

Chispita
“Asegúrate de saber cómo están tus rebaños; cuida mucho de tus ovejas” (Proverbios 27:23 p.p., NVI).
Gustavo tenía un perrito llamado Chispita que sus padres le habían regalado para su cumpleaños, junto con el siguiente consejo:
–Gustavo, Chispita es tu mascota, de modo que tienes que darle de comer y ponerle agua todos los días. Hace calor, y si no lo cuidas sufrirá sed.
–Sí, papá; lo haré –prometió Gustavo.
Los días fueron pasando, y Gustavo se iba olvidando de darle de comer y ponerle agua en el plato a Chispita. Solo se acordaba si los padres le decían que tenía que hacerlo. Una tarde, llegó Roberto, su amigo, trayendo un nuevo autito a pedal. Los muchachos jugaban a que estaban manejando un gran ómnibus. Hasta que comenzaron a sentir sed.
–Vamos a mi casa –propuso Gustavo–. Mi mamá nos dará limonada fresca.
Luego de darles limonada, la mamá le hizo acordar a Gustavo de darle agua a Chispita. Pero Gustavo se fue a jugar. A la hora de la merienda volvieron por unos sándwiches y más limonada. Nuevamente, la mamá le recordó a Gustavo darle agua a su perrito. Pero era tan divertido jugar que se olvidó.
Finalmente comenzó a atardecer, así que terminaron el juego y cada uno fue a su casa. En ese momento llegó el papá de Gustavo del trabajo, así que entraron juntos a la casa. Mamá los estaba esperando con la cena lista. Cuando se sentaron a la mesa, la mamá preguntó:
–Gustavo, ¿te acordaste de darle agua a Chispita?
–Mmm... no. Me olvidé –dijo Gustavo.
–Ven –dijo la mamá–, vamos juntos a ver a tu mascota.
Pobre Chispita. Estaba con la lengua afuera, al lado de su platito de agua... vacío.
–Hijo –dijo la mamá–, con el gran calor que hizo esta tarde tú recibiste una fresca limonada las veces que quisiste. En cambio, tu perrito se la pasó en el patio con mucha sed. Necesitas ser más responsable.
Gustavo comprendió que ser irresponsable perjudicaba a otros, y se propuso ser más cuidadoso y practicar la responsabilidad. Y tú, amiguito, ¿quieres ser responsable? Gabriela
(Adaptación del relato “Chispita” de Hildegard Stanley, El Amigo de los niños, año 6, cuarto trimestre de 1979, N° 4).
9 de marzo

Catalina Shelly
“Y el segundo es: Ama a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que estos” (Marcos 12:31).
Esta historia ocurrió una tormentosa noche del 6 de julio de 1881 en Iowa, Estados Unidos. Catalina Shelly, de quince años, era la mayor de cinco niños que vivían junto a su mamá, que era viuda, en una casita en la ribera del arroyo Honey, al cual cruzaba un puente ferroviario.
A las once de la noche se escuchó un fuerte ruido proveniente del puente. Por la ventana entre los refucilos de los relámpagos, Catalina y su mamá pudieron ver el arroyo desbordado y el puente destrozado. ¡La locomotora de un tren de carga había caído al arroyo!
A pesar de la negativa de su madre, Catalina tomó un farol y se dirigió al arroyo. Se alegró al escuchar con vida al maquinista y al fogonero, que estaban agarrados a un árbol. Pero tembló al pensar en el expreso de medianoche. Si nadie se dirigía a la estación a detener el tren, mucha gente podría morir.
Catalina no lo dudó. Muchas vidas dependían de ella. Así, se dirigió a la estación. Para llegar, primero caminó dos kilómetros hasta otro puente sin barandas de 150 metros de largo sobre el río Des Moines. El solo hecho de cruzarlo de noche la hacía temblar. Cuando había recorrido unos metros, una fuerte ráfaga de viento le apagó el farol. Pero, a pesar del terror, el pensar en la gente del expreso le hizo sacar fuerzas de la nada y comenzó a cruzar el puente gateando, tanteando los durmientes. Las astillas comenzaron a lastimarle las rodillas y las manos. Era una carrera contrarreloj. Por fin Catalina pudo tantear que los durmientes tocaban tierra firme. Se paró y comenzó a correr a oscuras. Se cayó muchas veces, pero se levantaba y seguía corriendo, luchando contra el viento. A lo lejos divisó una lucecita proveniente de la estación. Con las pocas fuerzas que le quedaban, logró llegar y avisar del puente roto, justo cuando el silbato del expreso comenzaba a escucharse. Sin demora, el encargado de la estación agitó en medio de la vía un farol rojo para hacer detener el tren. Esa noche, Catalina salvó a trescientos pasajeros.
¿Qué habría sido de esas personas si Catalina no se hubiera sentido responsable por sus vidas y hubiera permanecido cómodamente en su hogar? ¡Es una bendición ser responsable! Cinthya
(Adaptación del relato “Catalina Shelly salvó el tren” de Virgil Robinson, El Amigo de los Niños, año 4, segundo trimestre de 1978, N° 2).
10 de marzo

La teoría de las ventanas rotas
“Por lo tanto, cuiden mucho su comportamiento. No vivan neciamente, sino con sabiduría” (Efesios 5:15, DHH).
En 1969, el profesor Zimbardo, de la Universidad de Stanford, realizó un experimento interesante. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, de la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York, y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California.
El auto abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, la radio, etc. Se llevaron todo lo aprovechable, pero no lo destruyeron. En cambio, el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto. Sin embargo, el experimento no finalizó ahí.
Cuando el auto de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores le rompieron un vidrio. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.
¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo? Porque transmite una idea de irresponsabilidad y desinterés, y eso rompe códigos de convivencia, dando la idea de que “vale todo”. Si se rompe un vidrio de la ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. La teoría de las ventanas rotas fue aplicada pero a la inversa a mediados de la década de 1980 en el metro de Nueva York, que se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Borraron grafitis, restauraron pisos y paredes, y mantuvieron limpia la estación. ¡Los resultados fueron maravillosos! Poco a poco, el metro se convirtió en un lugar seguro.
¿Qué podemos aprender de este experimento? Que si todos somos responsables por mantener nuestro hogar, escuela, plazas y parques en buenas condiciones, incentivaremos en los demás el sentido de responsabilidad por el cuidado de los espacios comunes. Por ello, no seas irresponsable, no tires basura en la vía pública, no escribas paredes ni bancos, no rompas nada, y si notas que alguien lo hace, colabora para limpiar y restaurar. ¡Pon en práctica el versículo de hoy! Gabriela
11 de marzo

Fui yo
“Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón” (Proverbios 28:13, NVI).
¿Has notado que muchos niños tienen la costumbre de echar la culpa de sus errores a otros cuando en realidad son ellos los verdaderos responsables? Te doy algunos ejemplos:
Cuando Ana, por falta de estudio, salió mal en su prueba de Matemáticas, para justificar su mala nota dijo que la profesora era muy exigente y que casi nadie aprobaba con ella.
Cuando Pedro, por un error suyo, hizo que su equipo deportivo perdiera, le echó la culpa a la cancha, que no estaba en buenas condiciones.
Cuando la mamá le preguntó a Jorge si él había comido las galletitas del frasco, él culpó a su hermanito Lucas diciendo que como él había comido primero, lo había tentado a comer también.
¿Te suenan conocidas frases como “mira lo que me obligas a hacer” o “mira cómo me has hecho enfadar”?
La costumbre de no hacerse cargo de los errores o equivocaciones propias no es nueva. Es tan vieja como el tiempo que llevamos en este mundo de pecado. ¿Puedes adivinar quiénes fueron las primeras personas en no hacerse cargo de sus errores? Sí, fueron Adán y Eva. ¿Qué fue lo que Adán le contestó a Dios cuándo le preguntó qué había pasado con el fruto prohibido? Le echó la culpa a Eva. ¿Y qué contestó Eva cuando Dios le pidió explicaciones? Le echó la culpa a la serpiente. Y desde aquel episodio hasta nuestros días, nada ha cambiado. Niños y adultos por igual buscan evadir la responsabilidad de sus actos culpando a otros, o culpando las circunstancias.
Pero si hay una lección que debemos aprender es la de ser responsables por nuestros actos. Nadie nos “obliga” a enojarnos, nadie nos “obliga” a comer las galletitas del frasco; somos nosotros los que decidimos hacer esas cosas. Por lo tanto, debemos aprender a decir “fui yo”. No mi hermano, ni mi amigo, ni mi profesor; fui yo.
La irresponsabilidad de los actos es particularmente peligrosa en relación con el pecado. Vuelve a leer el versículo para hoy. Si quieres recibir el perdón de Dios, lo primero que debes hacer es reconocer que eres el culpable y no “encubrir” tus faltas echándole la culpa a otros. No tengas miedo en reconocer que fuiste tú. ¡Dios te recibirá y te perdonará! Gabriela
12 de marzo

Federico
“Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino” (Daniel 6:3).
¿Se nace responsable o es un valor que podemos desarrollar?
La historia de Daniel es una de mis favoritas. Joven, desterrado, preso y, sin embargo, siguió haciendo lo que era correcto, especialmente a los ojos de Dios. Todos se daban cuenta de ello, ¡hasta el mismo rey! No creo que haya sido fácil hacerlo, ¿y tú?
Federico era un niño que desde pequeño mostró una inclinación natural al estudio y la responsabilidad. Cumplía con las tareas asignadas y presentaba sus trabajos a tiempo y prolijos. Siempre escoltaba la bandera, por ser un excelente alumno. No es que fuese superinteligente; era responsable y esforzado, lo cual muchas veces es mejor que lo primero. En su casa era igual de diligente y cumplidor.
Por todo eso, muchos compañeros le tenían celos. A diferencia de Federico, eran descuidados y malos estudiantes; solo querían bromear y perder el tiempo. Un día la maestra notó que Federico prefería quedarse en el aula leyendo un libro en lugar de salir a jugar, y comprendió enseguida que sus compañeros no lo incluían, aunque él era amigable y servicial.
En ese país solían rendirse exámenes anuales, evaluados por región. Las profesoras incluso intercambiaban colegios para no ayudar a sus propios alumnos en los exámenes, y que el resultado fuese muy objetivo y real. Cuando se anunciaron estas fechas, todos comenzaron a inquietarse, pues eran muy conscientes de que no sabían lo suficiente, especialmente en las áreas fundamentales: Matemáticas y Lengua.
Hablaron entre todos de la posibilidad de prepararse con profesores particulares. ¡Estaban tan atrasados! Pero se les ocurrió una mejor idea. ¿Quién mejor que alguien de su edad para ayudarlos? Alguien que les explicara todo lo que tenían que saber y rápidamente, pues las fechas se aproximaban. Cuando pidieron la ayuda de Federico no sabían cómo reaccionaría.
¿Qué imaginan que hizo Federico? Sí, los ayudó. Porque además de responsable era tierno y amigable. Desde aquel día todos fueron buenos amigos, y aprendieron que la responsabilidad es un don maravilloso. ¿Serás tú un Daniel moderno? Mirta
13 de marzo

Puntualidad
“Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta” (Mateo 25:10).
¿Cómo andas en puntualidad? ¿Llegas a horario a tus compromisos? Si eres como la mayoría, seguramente necesitas de una alarma o recordatorio que te ayude a ser puntual. ¿Quieres saber un dato curioso? El primer sistema para despertarse a una hora determinada fue inventado por los griegos hacia el año 250 a.C., y consistía en un pájaro mecánico que sonaba cuando la marea subía de nivel. Pero el despertador o alarma, tal y como se conoce hoy, fue inventado en 1787 por el relojero Levi Hutchins en los Estados Unidos. Hutchins diseñó una palanca para que, cuando la manecilla marcara cierta hora, sonase una campana.
Pero, ¿cuál es la importancia de ser puntual? Es pensar en los demás, y no hacerles perder su tiempo, porque sabemos que tienen otras cosas que hacer. Es un excelente hábito que debemos cultivar toda la vida.
No solo debes ser puntual como muestra de respeto, sino también porque cuando llegas tarde a un compromiso te puedes perder cosas importantes. Cuenta una historia que el 24 de junio de 1950 comenzó a jugarse en Brasil la cuarta Copa Mundial de fútbol en el estadio Maracaná. Aunque todavía el presidente de Brasil con su familia no habían llegado, el árbitro inglés George Reader decidió iniciar el partido puntualmente. Cuando se le preguntó por qué no había esperado a que llegara el presidente, él contestó que comenzaba los encuentros con puntualidad porque la prensa extranjera y los reporteros de radio estaban sujetos a un horario donde debían pasar sus informes a periódicos y emisoras en un momento fijado. Dos semanas después, cuando se disputó otro encuentro decisivo, el presidente, su familia y un montón de otros funcionarios estuvieron sentados en sus lugares ¡veinte minutos antes del horario anunciado!
En la Biblia, hay otra historia sobre cinco vírgenes que fueron responsables con su provisión de aceite y, gracias a ello, cuando vino el esposo estuvieron preparadas para entrar a las bodas a tiempo. Luego de que todos entraron, la puerta se cerró y ya no hubo más oportunidad para los que llegaran tarde. ¡Ojalá tú y yo estemos entre los “puntuales” que estén preparados cuando él regrese! Gabriela
14 de marzo

Un rey irresponsable
“En la primavera, que era la época en que los reyes salían de campaña... David se quedó en Jerusalén” (2 Samuel 11:1).
Me imagino cómo se preparaban mentalmente los soldados cuando llegaba la época de estar fuera de casa. ¡Ya sabían lo que se esperaba de ellos! Sabían que era su deber cuidar de su pueblo. Sabían también que podían contar con su rey.
Sin dudas, no había otro como David. Era tan valiente que se habían compuesto cantos acerca de él. Y, por si fuera poco, era apuesto, consagrado, y encima ¡músico y poeta! Cuando estaban en el campo de batalla, los soldados seguramente miraban hacia donde estaba su erguido monarca y renovaban su coraje. Además, me imagino que David aprovechaba a inspirar a los soldados con cantos. ¡Qué gran rey! Era un honor luchar a su lado.
Ese año, sin embargo, todo cambió. El rey decidió quedarse en casa. ¿Crees que David sabía que sus soldados lo necesitaban? ¿Piensas que él conocía su responsabilidades? Yo creo que sí. Pero decidió enviar a Joab, y él se quedó. ¡No me preguntes haciendo qué! Pero seguramente nada muy útil, pues la Biblia dice que “una tarde, al levantarse David de la cama”, comenzó a pasearse.
La historia que continúa es muy triste. David, en sus paseos, comenzó a mirar lo que no debía. En este caso, la esposa de su vecino Urías. Una cosa llevó a la otra... y, al tiempo, David no solo había tomado una esposa que no le pertenecía, sino que había mandado matar a su esposo, un fiel soldado que sí había estado todo el tiempo en su puesto del deber.
Hay un dicho que ni siquiera quiero escribir completo, pero imagino que tú lo sabes: “Mente desocupada...” ¿Cómo continúa? No hay duda, cuando no estamos cumpliendo con nuestro deber, cuando no estamos haciendo lo que tenemos que hacer, las probabilidades de que el enemigo de lo bueno tome control de nuestros pensamientos y acciones ¡aumenta mucho!
Quizá David pensó que necesitaba “un descansito”. Quizá tú puedas pensar, a veces, que tienes demasiadas obligaciones y que, en algunos momentos, no tienes que hacer todo lo que te piden tus padres o maestros. Cuando te sientas inclinado a pensar así, recuerda a David, su irresponsabilidad, y las consecuencias que esa falta de responsabilidad causaron. Honra a Dios donde estés. Cinthya
15 de marzo

Que puedan confiar en ti
“Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta” (Proverbios 20:11).
¿Te has preguntado alguna vez qué pasaría si el chofer que maneja tu ómnibus pasase un semáforo en rojo? ¿O si tu médico pediatra se equivocara de medicamento y te recetara un antibiótico de adulto? Por supuesto, ¡esto no pasa! Estos son ejemplos de cosas cotidianas que damos por sentado que deben hacerse bien, pues las llevan a cabo personas responsables. ¿Cuándo aprendieron a serlo?
A medida que crecemos vamos asumiendo pequeñas responsabilidades que nos preparan para otras mayores. ¿Recuerdas cuando hiciste la cama por primera vez? ¿Y cuando mami te pidió que lavaras los platos? Fuimos aprendiendo que esas tareas estaban relacionadas con los demás. Alexandra y Elizabeth tienen una perrita y cada viernes de tarde la bañan, peinan y secan su abundante pelito. Sebastián y Valeria baten huevos y los mezclan con harina para hacer la pastafrola de sábado. En familia, cuando trabajamos en equipo, todos hacen la parte que les toca, especialmente para recibir el día del Señor.
El planeta también necesita habitantes responsables. Hace algún tiempo en Florida, Estados Unidos, todos los habitantes de un pueblo debieron abandonar sus casas, pues estas comenzaron a hundirse. Acudieron geólogos e ingenieros y descubrieron que durante mucho tiempo se había extraído agua de una napa subterránea hasta que se vació y ese espacio se hundió. Un acto irresponsable que afectó a todos.
Pero también podemos tener actitudes responsables. Cepillarme los dientes antes de dormir sin que nadie tenga que recordármelo es una actitud responsable. Organizar mi tiempo para terminar mis tareas o dejar la ropa doblada son manera de colaborar responsablemente para hacer felices a los miembros de mi familia. Ellos pueden confiar en nosotros pues cumplimos nuestros deberes con responsabilidad.
Una conducta responsable es premiada con el respeto de quienes nos rodean y con la propia satisfacción del deber cumplido. Las personas responsables no sienten que cumplir con sus obligaciones sea una carga, porque están convencidas de que es lo que les corresponde. ¡Seamos responsables! Mirta
16 de marzo

Difícil, pero sorprendente
“Su señor le respondió: ¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mateo 25:23, NVI).
Tenía 17 años y a su corta edad le tocó vivir una de las experiencias más difíciles y sorprendentes de su vida. Su padre lo amaba mucho, y los regalos que le hacía despertaron envidia en sus hermanos, quienes lo vendieron. En un abrir y cerrar de ojos pasó de ser el hijo mimado a un esclavo cualquiera.
Mientras viajaba al país de su destierro, José se acordó de las enseñanzas de sus padres y, en vez de amargarse la vida, tomó la decisión de ser fiel a Dios. Al llegar a Egipto fue vendido al jefe de la guardia real, quien, al ver cuán responsable era, lo puso a cargo de todas las cosas de su casa.
Un día apareció una mujer que quiso tentarlo, pero José había asumido la responsabilidad de no traicionar la confianza de su amo y mucho menos la de su Dios. Su tentadora, al no lograr su objetivo, se vengó acusándolo de un crimen que no había cometido, y lo hizo encerrar en la cárcel. A pesar de eso, José se mantuvo fiel, y en la oscura celda se ganó la confianza del carcelero, quien le dio la responsabilidad del cuidado de todos los presos.
José siempre hacía más de lo que le pedían. Un día vio tristes a dos de los presos y se acercó para ayudarlos. El copero y el panadero del rey le contaron los sueños que los perturbaban, y José les hizo saber que Dios podía interpretarlos. Todo sucedió tal como él predijo y el copero volvió a servir al rey.
Dos años después, el rey tuvo un sueño extraño que nadie podía interpretar. ¿Quién crees que se acordó de José? ¡Así es! Por fin el copero se acordó de José y le contó su historia al rey, quien mandó que lo trajeran enseguida. Cuando el rey escuchó la interpretación del sueño y lo que debía hacer, no le quedó la menor duda de que José era el único que podría encargarse de cumplir esa gran responsabilidad. Entonces, ¡ocurrió lo sorprendente! En un abrir y cerrar de ojos pasó de ser un esclavo cualquiera a ser el gobernador del país más poderoso de ese tiempo.
¿Te das cuenta? Ser responsable en las pequeñas cosas hace que Dios puede usarte como lo hizo con José. Pero la prosperidad no es resultado de un milagro; debes esforzarte y ser responsable, porque no existe éxito sin responsabilidad. Magaly
17 de marzo

Se necesitan...
“Y el jefe de la cárcel confió en mano de José a todos los presos que estaban en la cárcel, y de todo lo que allí se hacía él era responsable” (Génesis 39:22, LBLA).
La vida de José es una de las más explícitas y detalladas de la Biblia. Varios capítulos de Génesis cuentan cómo este joven pasó por momentos difíciles y hasta incomprensibles, pero Dios tenía un bello plan para su vida. Uno de los momentos más llamativos es cuando aceptó hacerse responsable de una cárcel. En el libro Patriarcas y profetas se menciona que José “encontró una obra que hacer, aún en la prisión. Dios lo estaba preparando en la escuela de la aflicción [...]. En la cárcel, presenciando los resultados de la opresión y la tiranía, y los efectos del crimen, aprendió lecciones de justicia, simpatía y misericordia que lo prepararon para ejercer el poder con sabiduría y compasión. [...] Cada rayo de luz que derramamos sobre los demás se refleja sobre nosotros mismos. Toda palabra bondadosa y compasiva que se diga a los angustiados, todo acto que tienda a aliviar a los oprimidos [...] resultará en bendiciones para el dador” (p. 218).
No siempre las tareas hechas con grandeza, sacrificio y responsabilidad son vistas y valoradas en esta vida. Pero para Dios, nada pasa desapercibido. La responsabilidad social es esperable en un buen cristiano. Los “demás” no son solo nuestra familia y amigos. Son las personas que nos rodean, y en ellas tenemos que pensar.
Hoy en la escuela jugamos al básquet en uno de los recreos. El cuarto grado del cual soy maestra me llena de orgullo. Son niños buenos, con una excelente mezcla de estudiosos, amigables, alegres y solidarios. Hoy también demostraron responsabilidad social, pues compartimos el patio con los más pequeños, de tercer grado, ya que su maestra se había ausentado por motivos de salud. Ante la consigna de permitir jugar a los más chiquitos e integrarlos, ellos postergaron su propio juego, lo que me llenó de alegría. Pasaban la pelota asumiendo su rol de “más grandes” amorosamente, haciendo felices a sus compañeritos.
Las personas responsables consideran que todos tienen algo valioso para ofrecer, que nadie es superior o más importante que otro, y que para trabajar bien y con alegría se necesita un ambiente de cooperación y no de competencia. Es decisión nuestra; elijamos responsablemente. Mirta
18 de marzo

Vivir para agradar a Dios
“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).
Imagina que tienes ocho años y fuera de tu casa se estacionan varias limusinas. Personas importantes, escoltadas por guardaespaldas, golpean tu puerta y te dicen: “Buenos días. Venimos a buscarte para ir a vivir a la Casa de Gobierno, porque a partir de ahora serás el presidente de este país”. Lo más probable es que te pongas a reír o te asustes y salgas corriendo. La Biblia relata la historia de un niño y dice así: “Cuando Josías comenzó a reinar era de ocho años, y reinó en Jerusalén treinta y un años” (2 Crón. 34:1).
El abuelo de Josías fue Manasés, quien fue un rey malvado. Amón fue el padre de Josías, que también fue desobediente y perverso, por lo que reinó solo dos años. Allí fue que tomaron a Josías para ser rey. ¡Que tremenda responsabilidad! ¿Cómo guiar a un pueblo por el buen camino si venían siguiendo los malos caminos de su padre y abuelo por tantos años?
Elena de White escribe que, cuando Josías se convirtió en rey, algunas personas que todavía amaban a Dios y querían hacer su voluntad sintieron esperanza. Sabían que Josías, aunque tenía solo ocho añitos, amaba y obedecía a Dios. ¡Qué hermoso testimonio! Desde el comienzo, el pequeño rey “hizo lo recto en ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a diestra ni a siniestra” (2 Rey. 22:2).
“Hijo de un rey impío, asediado por tentaciones a seguir las pisadas de su padre, y rodeado de pocos consejeros que lo alentasen en el buen camino, Josías fue sin embargo fiel al Dios de Israel. [...] Decidió hacer lo recto en vez de rebajarse al nivel de pecado y degradación al que habían caído su padre y su abuelo. ‘Sin apartarse a derecha ni a izquierda’, como quien debía ocupar un puesto de confianza, resolvió obedecer las instrucciones que habían sido dadas para dirigir a los gobernantes de Israel; y su obediencia hizo posible que Dios lo usase como vaso de honor” (PR 283).
¡Qué ejemplo de obediencia y responsabilidad nos dejó este niño que llegó a ser un gran rey ante Dios! Si tus padres se han alejado de Dios, tú sigue adelante. Puedes llegar a ser un gran cristiano. Que nadie te “tenga en poco” por ser un niño. Toma la responsabilidad de vivir agradando a Jesús en todo lo que hagas y él te bendecirá, así como bendijo a Josías. Nina
19 de marzo

Irresponsables en la casa de Elí
“[Los hijos de Elí] menospreciaban las ofrendas de Jehová” (2 Samuel 2:17).
Pocos malos ejemplos hay en la Biblia tan espantosos como la vida sin control de los hijos de Elí. La Biblia los llama “los hijos de Belial”, y afirma que “no conocían al Señor”. Para que entiendas la profundidad, significa algo así como hijos de la inutilidad o hijos de la irresponsabilidad.
¿Cuándo empezó la irresponsabilidad y el descontrol en la vida de estos muchachitos? Imagino que su padre, como líder espiritual del pueblo de Israel, habrá querido educarlos en piedad y orden. Entonces, ¿qué falló?
Ofni y Finees, que así se llamaban estos muchachos, son nombres egipcios, paganos, y significan “renacuajo” y “el nubio o negro”. Ellos pretendían servir al Señor, a quien no conocían. Hicieron del oficio santo, de su responsabilidad como sacerdotes, simplemente un medio de ganar dinero. Se aprovechaban de la confianza de las personas para sacar provecho personal. Les imponían ofrendas a las personas y exigían lo que debería y debe darse de forma voluntaria y santa.
Y todo comenzó con un primer paso en la dirección equivocada. Elí llegó tarde en auxilio de sus hijos. Les permitió deslices, irresponsabilidades... Habrán comenzando con pequeños pecadillos, un error “sin importancia” aquí, y luego otro más grande allá, hasta que se acostumbraron y cada vez los hicieron más descaradamente. Sin duda fue un camino que bajó poco a poco hasta su perdición completa. Elí habló a sus hijos en algún momento, pero ya era tarde. Por esto, Dios pronunció sentencia sobre Elí y su casa.
Deslices, irresponsabilidades, pecadillos... Así comenzaron ellos. Hoy, mirando con tristeza su historia, podemos aprender sobre la importancia de ser responsables en las pequeñas cosas.
Hay una famosa frase, atribuida a varios personajes célebres, que espero pueda guiar tus pensamientos y acciones hoy. Dice así: “Cultiva un pensamiento, cosecharás una acción; cultiva una acción, cosecharás un hábito; cultiva un hábito, cosecharás un carácter; cultiva un carácter, cosecharás un destino”. Mirta
20 de marzo

Responsable en la casa de Elí
“Y el niño Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino...” (1 Samuel 2:18).
¿Qué harían ustedes si escucharan a Dios llamándolos por su nombre? ¿Qué le contestarían al Señor? Quizá hoy no todos tengamos la experiencia de escuchar a Dios hablarnos, llamarnos por nuestro nombre. Pero, ¿sabes?, Dios nos habla por medio de su Palabra.
Samuel había llegado al santuario acompañado por su madre cuando aún era muy pequeñito. Ella lo había consagrado a Dios. Lo había educado con esmero para que sirviera con fidelidad. Claro, al principio Samuel realizaba tareas sencillas, pero este niñito las cumplía responsablemente.
Me gusta que la Biblia menciona que Samuel crecía delante de Dios (1 Sam. 2:21). Así, creciendo poco a poco, pronto estuvo listo para responsabilidades mayores. En 1 Samuel 2:26 leemos que el joven Samuel “era acepto delante de Dios”. Y, por la velocidad con que Samuel respondió a lo que él creyó era el llamado de Elí, vemos que también respetaba al sumo sacerdote (1 Sam. 3:5). Samuel no dejó que ninguna de las cosas malas que pasaban en el tabernáculo hiciera que él dejase de servir a Jehová.
Por mucho tiempo Jehová no le había hablado a ningún hombre, porque poca gente de veras lo amaba. Sin embargo, cuando Samuel creció un poco más, un día, mientras dormía, Dios lo llamó por su nombre varias veces. Esta parte de la historia se encuentra en 1 Samuel 3. ¿Qué mensaje de parte de Dios debía transmitir con toda responsabilidad este niño a Elí? ¿Era un mensaje agradable, feliz? No lo era. Sin embargo, aun ante esa difícil responsabilidad, lo hizo fiel y responsablemente. “Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras” (1 Sam. 3:19). Samuel tenía un corazón puro, pero Dios necesitaba probarlo en esa situación.
Ocurre lo mismo con nosotros, Dios nos da tareas para poner a prueba nuestra fidelidad. Nuestro Padre celestial quiere que, al igual que Samuel, tengamos algunas cualidades que nos hagan niños diferentes a los demás, y que las demás personas vean en nosotros algo especial. ¿Eres un pequeño Samuel entre los tuyos? ¿Pueden confiar en ti tus padres? ¿Tus maestros? ¿Tus pastores? Cumple tu misión. Mirta
21 de marzo

Dos latidos
“Más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos” (1 Tesalonicenses 2:7).
Uno de los acontecimientos más maravillosos de mi vida fue escuchar por primera vez el latido del diminuto pero fuerte corazón de mi bebé. No existe emoción más grande que ser parte de este milagro, donde en un mismo cuerpo laten dos corazones. Sin embargo, ser mamá implica mucha responsabilidad antes y después del nacimiento del bebé.
Empecemos desde el principio: el embarazo. En esta etapa el tiempo se cuenta en semanas y en trimestres. En el primer trimestre aparecieron las náuseas y los cambios en mi cuerpo. Mi responsabilidad era ir al médico para los chequeos y seguir las instrucciones para mi cuidado y el de mi bebé.
En el segundo trimestre las náuseas desaparecieron, pero mi barriga crecía y mi peso aumentaba. Bostezaba todo el día, y donde iba ¡me quedaba dormida! Este trimestre sentí los primeros movimientos de mi bebé. ¡Qué sensación más maravillosa! Una nueva vida crecía dentro de mí. Debía descansar y comer sano para que mi bebé se alimentara y creciera bien.
Llegó el tercer trimestre y mi barriga no daba más. ¿Cómo podía haber crecido tanto? Mi bebé ya no tenía espacio y sus movimientos parecían salirse de mi cuerpo. El parto se acercaba y la emoción aumentaba. Elegimos no saber si sería niña o niño. Con mucho cariño acondicionamos un dormitorio de nuestro pequeño departamento. Pintamos, decoramos y colocamos la cuna, el cambiador y un pequeño ropero con sus primeras prendas de vestir.
Llegó el día del parto y una hermosa nena vino a completar la felicidad de nuestro hogar. Era la niña más bella que habían visto mis ojos, y el amor que ya tenía por ella se elevó a escalas mayores. Con su nacimiento empezó una nueva etapa de responsabilidades, y desde ese día mi prioridad en la vida ha sido estar pendiente de su crecimiento físico, mental y espiritual las 24 horas los 365 días del año.
Al igual que yo, muy posiblemente tu mamá tuvo que pasar por muchas etapas de cambios, y hacer muchos esfuerzos y sacrificios para cuidarte, protegerte y amarte. Ella cumplió cada una de sus responsabilidades con amor. ¿Qué sería de ti sin su amor y cuidado? Eres muy bendecido al tener una mamá responsable. ¿Qué harás para agradecerle hoy? Magaly
22 de marzo

¡No inventes excusas!
“El haragán siempre pone pretextos para no ir al trabajo; dice que un león en la calle se lo quiere comer” (Proverbios 22:13, TLA).
Si tienes una mascota en casa, sabes que eso requiere mucha responsabilidad: debes alimentarla, colocarle suficiente agua y sacarla a pasear. Si no se cumple con eso, habrá muchos problemas. ¿Te parece mucha responsabilidad? ¿Y si todo eso lo multiplicamos por cien?
Como todos los días, nuestro amigo pastor se ponía su sencilla pero resistente ropa de trabajo que lo protegía de la lluvia y el sol, sus sandalias que protegían sus pies de espinos y rocas afiladas, y un paño de lana tejida en la cabeza para cubrirse. Colocaba en una bolsa de cuero: pan, queso y frutos secos, un odre para sacar agua del pozo, y una honda por si algún león aparecía por ahí. No podía faltar la flauta de caña para tranquilizar a las ovejas, y la vara y el cayado para proteger y guiar a sus esponjosos animalitos.
Cuando tenía todo listo, muy temprano, llevaba a sus cien ovejitas a los mejores pastos para que pudieran alimentarse, a las mejores aguas para que pudieran beber y al mejor prado para descansar. A pesar de que tenía que lidiar con los peligros del campo, nuestro amigo cumplía fielmente con sus deberes y responsabilidades.
Al caer la tarde nuestro amigo pastor llegaba muy cansado a casa, pero se tomaba el tiempo para contarlas una por una antes de irse a descansar. Un día, al realizar el conteo, algo no cuadró bien. Se rascó la cabeza, y frotó sus ojos soñolientos. “¡No puede ser!”, pensó. Respiró y volvió a contar... Definitivamente le faltaba una. Nuestro amigo podría haber pensado: “Estoy muy cansado, la buscaré mañana. Además, tengo 99, solo me falta una... nadie lo notará”; sin embargo, él no puso ningún pretexto. ¿Qué habrías hecho tú?
El pastor guardó las que quedaban y salió a buscar la que estaba perdida. Su obligación era cuidar de todas, y ningún pretexto era válido para no cumplir con sus responsabilidades. Así que, aunque estaba muy cansado, salió en busca de la única ovejita que faltaba, y no regresó hasta encontrarla.
¿Qué obligaciones tienes? Sé responsable, no inventes excusas para no cumplir con tus deberes. No importa cuántos sean, siempre debes hacer el mejor esfuerzo para cumplirlos. Solo el haragán pone pretextos. ¡No los inventes tú! Magaly
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