Читать книгу: «Voleibol táctico»

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Diseño cubierta: Rafael Soria

© 2009, Juan José Molina Martín

Cristòfol Salas i Santandreu

Editorial Paidotribo

http://www.paidotribo.com

E-mail: paidotribo@paidotribo.com

Primera edición:

ISBN: 978-84-8019-991-9

ISBN EPUB: 978-84-9910-818-6

Fotocomposición: Editor Service, S.L.

Diagonal, 299 – 08013 Barcelona

Índice

Prólogo:

Introducción: Concepto de táctica frente a concepto de estrategia

1.EL VOLEIBOL ENTRE LOS DEPORTES DE EQUIPO

La evolución reglamentaria y la filosofía del juego

La clasificación del juego en relación con su naturaleza

2.LA ESTRUCTURA DEL JUEGO

3.LOS COMPLEJOS ESTRATÉGICOS

El inicio de la jugada: del saque al complejo estratégico II

El enfrentamiento entre complejos de la misma naturaleza: K-II frente a K-II

El complejo III o la defensa del free-ball

La aparición del complejo estratégico IV en el desarrollo de la jugada: el apoyo o defensa del bloqueo

4.LOS MEDIOS TÁCTICOS BÁSICOS

Las permutas

Las penetraciones

Las estructuras espaciales

El espacio reglamentario

El espacio táctico

5.SISTEMAS DE JUEGO APLICADOS DURANTE LAS FASES DEL K-I: ESTRUCTURAS Y FUNCIONES

Sistemas de recepción

Estructuras formales de recepción aplicadas a la iniciación o aprendizaje básico

Estructuras formales de recepción para la fase de perfeccionamiento

Estructuras formales de recepción propias de niveles de medio y alto rendimiento

Estructuras funcionales de recepción

Sistema de ataque

Forma y función del sistema de ataque

Dirección táctico-estratégica de la fase de ataque

6.EL DESARROLLO DEL COMPLEJO I EN FUNCIÓN DEL NIVEL DE JUEGO: RECEPCIÓN Y ATAQUE

El complejo I en la fase de iniciación

El complejo I en la fase de perfeccionamiento

El complejo I en el voleibol de alto nivel

BIBLIOGRAFÍA

Prólogo

JUAN JOSÉ MOLINA

Y

CRISTÒFOL SALAS SANTANDREU

A finales del siglo XX se produjeron demasiados cambios en el reglamento, que por extensión causa efecto lo han sido también en las técnicas de ejecución, en las tácticas aplicadas, en las estrategias planificadas y evidentemente en la propia planificación.

A lo largo de este libro se realiza un enfoque conceptual del tema tratado para posteriormente profundizar en el desarrollo de las estructuras de juego aplicadas a las fases de cada uno de los complejos. En el presente trabajo tan sólo abordaremos el KI.

Esperamos, desde la más estricta humildad, poder llegar al lector, no tanto como una guía o receta explicativa de qué hacer con el correspondiente equipo, sino como un foco que alumbra más allá y que permite ver una realidad oculta, en ocasiones, para los futuros entrenadores, que pre-tenden mejorar su conocimiento y ampliar la gama de soluciones tácticas y, por ende, de sistemas estratégicamente trabajados para conseguir encontrar la respuesta colectiva adecuada.

Hace años un profesor del INEF de Madrid nos puso este ejemplo:

“Hay conductores que al llegar a la cola de una caravana se encienden un cigarro y buscan tranquilamente su mejor cinta de música clásica. Otros, en cambio, analizan los caminos adyacentes y saltan por la cuneta a ese camino. En ocasiones el camino está embarrado y el coche queda encallado, en otras en cambio el camino está seco… ¡Tú eliges!”.

Este libro tiene una dedicatoria especial a aquellos que nos han enseña-do que la búsqueda de soluciones, la duda y la observación son un vicio permanente que debe coexistir de manera vital junto con el individuo que pretende progresar.

Juan José Molina Cristòfol Salas

Introducción

CONCEPTO DE TÁCTICA FRENTE A CONCEPTO DE ESTRATEGIA

L a táctica deportiva constituye para muchos autores el elemento central de los deportes de oposición-colaboración. En estos deportes el análisis de la técnica es insuficiente para comprender el enfrentamiento entre los contendientes (Riera, 1995). En este tipo de deportes, también reconocidos como deportes de situación, es imprescindible asumir que tanto el individuo como el equipo están sometidos a un continuo proceso de estímulo-respuesta sobre el que intervienen una serie de parámetros adyacentes cuyo peso dentro del proceso es de difícil valoración. La individualidad o colectividad de la respuesta nos obliga a la necesidad de diferenciar entre los conceptos de táctica individual y táctica colectiva, sin olvidar el de estrategia; uno de los primeros objetivos de este trabajo es establecer aspectos diferenciadores entre estos tres conceptos.

La táctica individual está relacionada con un complejo acto o sistema cognitivo en el cual se ve inmerso el individuo durante el desarrollo del juego; este complejo sistema conlleva tres momentos diferenciados, pero no mutuamente excluyentes, sino, en cierto modo, concurrentes, que son: la percepción de la situación de juego; la elaboración mental de la respuesta reconocida como la decisión. En dicha elaboración se deben poner de manifiesto procesos de captación y fijación de información que harán posible la anticipación, la ejecución, la evaluación y, por lo tanto, la fijación de la respuesta y el análisis del contexto (Konzag, G., 1995). Es por esto por lo que podemos entender que la táctica individual es un proceso de elección de entre los recursos utilizables, proceso condicionado por la complejidad de la situación, complejidad fundamentada en función de la cantidad de estímulos presentes y del espacio que hay que atender, de la claridad del código, velocidad de los estímulos, importancia de la consecuencia en el desarrollo del juego y también condicionado por la cantidad de recursos conocidos y dominados por parte del individuo, es decir, por el nivel técnico del jugador.


Figura 1. Esquematización de la actividad cognitiva del jugador. Adaptado de Konzag, I. (1992).


Figura 2. Receptora utilizando distintas técnicas.

En este entramado cognitivo es concluyente que para cada situación es necesario que se determinen continuamente nuevos objetivos y programas de acción, cuyo resultado final serán continuas soluciones adaptadas (Konzag, I., 1992).

Puede ser un error pensar que la gran diferencia entre las tres imágenes de la jugadora de la figura 2 es sólo técnica, ya que en primer lugar debemos pensar que la causa de las variaciones entre las tres ejecuciones es la acomodación de la jugadora al problema que le plantea el juego, y por lo tanto, la causa es primeramente cognitiva. En segundo lugar, la consecuencia de dicha acomodación es una evidente ejecución diferente de técnica de recepción: recepción en salto, en caída y de rodillas. Sin embargo, si analizamos los tres golpeos observamos bastantes similitudes motrices; es lo que algunos entrenadores llaman puntos críticos de la técnica.

Es decir, el cambio en la ejecución no viene determinado por una diferencia en el objetivo final, ni tan siquiera por una premisa técnica dada de antemano: “Los próximos balones hay que recibirlos en caída”, sino en la adaptación que realiza el jugador de su cuerpo en relación con aquello que tiene que conseguir en función de lo que percibe que ha ocurrido, es decir, según las características del estímulo: tipo de trayectoria, velocidad de vuelo del balón, lugar de caída del mismo, ubicación inicial del jugador, contexto competitivo. Esta última variable parece poco importante, pero, sin embargo, es crítica a la hora de que el jugador preste atención a aquello que está haciendo y ponga el más mínimo interés o muestre el mayor interés posible en la ejecución del golpeo.

De hecho, ¿qué atención prestará el niño de la figura 3 en la ejecución de un golpeo de antebrazos si la consecuencia del error no existe? Es decir, si el factor estrés desaparece porque el único objetivo de la tarea es el de pasar el balón por encima de la red. El contexto competitivo es crucial a la hora de crear situaciones relevantes en cuanto a la información que recibe el/la deportista.

Llegamos, en segundo lugar, al concepto de táctica colectiva. Ésta debe ser entendida como la intervención conjunta de un equipo, o grupo de integrantes de un equipo en un espacio y un tiempo comunes, con la intención de conseguir un determinado objetivo parcial durante el desarrollo del juego. A pesar de que en el desarrollo de la táctica colectiva intervienen factores individuales, como ajustes espaciales, lecturas de trayectorias, anticipaciones…, que en parte pueden entenderse como meras aportaciones individuales, nunca debemos interpretar que la táctica colectiva es la suma de tácticas individuales, ya que si lo hiciésemos así estaríamos cayendo en un error que a la larga podría provocar desajustes en el juego. La táctica colectiva es una respuesta en conjunto que dependerá del conocimiento, del dominio y del empleo de los sistemas, bien ofensivos o bien defensivos.


Figura 3. Niño dispuesto a golpear un balón por encima de la red.

La implicación en la táctica colectiva de más de un jugador conlleva la necesidad de la creación de los sistemas. Esto no quiere decir que sea necesario un entrenamiento previo, ni tan siquiera una planificación para que aparezca el concepto de táctica colectiva, ya que es evidente que desde el momento en el que se pone de manifiesto un movimiento complejo y común, aunque sea improvisado en más de un jugador, el proceso deja de ser individual.


Figura 4. Esquematización de la actividad cognitiva del equipo. Adaptado de Konzag, I. (1992).

Por ejemplo, en la figura 5 podemos observar cómo un equipo desarrolla su sistema defensivo en función de sus propias posibilidades y en relación con la amenaza del contrario. La respuesta otorga cierta ventaja al equipo en ataque ofreciendo la línea al jugador que va a efectuar el remate. Podemos observar cómo en la línea un defensor espera el remate sobre esa trayectoria. La decisión puede no ser la correcta, sin embargo, es evidente que responde a un esquema común al menos entre ambos jugadores.

Por último, nos queda analizar el término “estrategia”. Etimológicamente viene de los vocablos griegos: strato que significa “ejército”, y agein que significa “conductor”. El término “estrategia” fue recuperado en el s. XVIII (Martínez de Santos, 1996) por Maizeroy y definido como “ciencia del general que actúa en el plano inmediatamente superior al de la táctica”. Posteriormente fue muy aplicado al mundo de las finanzas (Grima y Tena, 1987), en el que se entendía que la estrategia es el producto de un acto creativo, innovador, lógico, aplicable y planificado. Este proceso está basado en la observación y el estudio predeterminado de las carencias y virtudes contrarias, así como de las propias. La estrategia genera un conjunto de objetivos, diseña los recursos tácticos y técnicos destinados a alcanzar la mejor clasificación posible, el mejor resultado posible, y planifica la ocupación del espacio y el uso del tiempo de manera adecuada.


Figura 5. Relación de dos jugadores en defensa, en función de la situación de juego.


Figura 6. Esquematización del concepto de estrategia. Adaptado de Konzag, I. (1992).

Si nos fundamentásemos en la figura 5, podríamos afirmar que el equipo defensor está aplicando un tipo de defensa en función de los puntos fuertes del rival y de sus propias debilidades. Dicho sistema responde a un trabajo planificado en el cual la defensa del uno contra uno al atacante de zona 2 ha debido quedar muy clara: comunicación del sistema, relación primera y segunda líneas, zonas de responsabilidad, distancia del bloqueador a la varilla… Es decir, la respuesta no es consecuencia de la improvisación sino del trabajo planificado y, por lo tanto, de la estrategia.


LA EVOLUCIÓN REGLAMENTARIA Y LA FILOSOFÍA DEL JUEGO

A lo largo de la historia, los juegos o prácticas que surgen de la utilización de una pelota y de la presencia o no de compañeros y adversarios van de lo más simple a lo más complejo, del mero lanzar y atrapar de las representaciones griegas y egipcias (Blanchard y Cheska, 1985), pasando por las de Nausicaá jugando con sus compañeras a una especie de balonmano en donde el fin era mantener la posesión de la pelota sin que el adversario fuese capaz de apoderarse de ella (Diem, 1966), y llegando a los juegos de pelota con presencia de compañeros y de adversarios, que tienen su representación en el harpastum, en el epískyros o en el ke-retízein (Hernández-Mendo, 2000).

No todas las civilizaciones conocieron ni manejaron la pelota, y por supuesto no todas la utilizaron de la misma forma, pero la que lo hizo fue sacudida por su versatilidad y simbolismo. La pelota ha sido el móvil lúdico más versátil, dinámico, ambivalente y popular que el hombre ha conocido a lo largo de su evolución a través de los tiempos. Las superficies del cuerpo utilizadas para golpearla variaban: los pies, los pies y las manos, sólo las manos, los glúteos e incluso la cabeza. Las herramientas podían ser un bastón ahorquillado, una especie de raqueta o un bate. El diseño de la propia pelota y el material utilizado para su fabricación también variaban: desde la pelota hecha con el estómago o con la piel de un animal, o con las hojas de una palmera hasta las fabricadas de caucho macizo o hueco, estas últimas de gran parecido a las actuales (Olivera, 1999). Otra gran diferencia encontrada entre los distintos juegos era la situación motriz exigida, ya que la pelota podía ser conducida, agarrada o voleada (Diem, 1996). Esta última forma de golpeo, sin lugar a dudas, puede ser considerada la característica principal del voleibol y la razón por la cual algunos autores descubren en algunas prácticas antiguas posibles antecesores de este deporte.

La evolución de este deporte, desde que el doctor W. G. Morgan inventó el mintonette el 3 de diciembre de 1895 (Díaz-García, 1996), comienza en el mismo momento de su nacimiento. De hecho desde la redacción de este primer reglamento internacional hasta nuestros días, los cambios han seguido siendo cuantiosos. Entre todas estas modificaciones de las reglas de juego, las habidas entre el XXV y el XXVI Congresos Mundiales de la FIVB (Federación Internacional de Voleibol), celebrados en Atlanta96, con motivo de la celebración de los JJ.OO., y en Tokio98, con motivo de la celebración de los Campeonatos del Mundo de Voleibol, han marcado de alguna manera un antes y un después en el juego. De entre todos los cambios habidos en el periodo señalado, dos son las reglas que pueden ser consideradas como la revolución copernicana de este deporte de cara al siglo XXI:

1.La posibilidad de utilizar el líbero que tienen los equipos desde la temporada 97-98. Regla que parece comenzar a gestarse de una idea original del profesor Toyoda y de la Asociación Japonesa de Voleibol (Stibitz, 1984): Toyoda y Baacke propusieron al Congreso de la FIVB de 1984 la inclusión de un jugador que reforzase la defensa, bien que sustituyese a un jugador de segunda línea, en el caso del primero, bien como séptimo jugador en el caso del segundo; a este jugador se le denominaría líbero. Si bien las propuestas originales parecían estar muy distanciadas, las intenciones no lo estaban, eran éstas: buscar el equilibrio entre el ataque y la defensa, y dar entrada a jugadores de menor estatura. Fue durante las Ligas Mundiales de 1997 y 1998 cuando se realizaron las pruebas oficiales, que se consideraron exitosas, por lo que durante la temporada 98-99 los equipos dispusieron de la posibilidad de utilizar a dicho jugador.1

2.La aplicación del sistema de puntuación denominado acción-punto. El cambio del antiguo sistema de puntuación, en el cual el equipo para puntuar debía estar en posesión del saque, por el sistema actual, en el que cada jugada ganada significa punto a favor o en contra, se esté o no en posesión del saque, entró en vigor el 1 de enero de 1999 para todas las competiciones FIVB, a partir de la resolución tomada de manera unánime por los 174 delegados que componían el XXVI Congreso Mundial de la FIVB.2 La idea cuajó después de muchas pruebas en distintas competiciones de diferentes niveles y países durante tempora-das anteriores (FIVB, 1998). Según la fuente anteriormente citada, tras la aprobación de la nueva regla, R. Acosta, presidente de la FIVB, declaró:

“Éste es el mayor cambio en la vida del voleibol, es un hito histórico. Convierte a la FIVB en un seguro para el futuro de este deporte y demuestra la vitalidad de sus líderes. El sistema de acción-punto pondrá nuestro deporte en una posición de privilegio, con la orientación perfecta hacia el nuevo siglo” (Rubén Acosta).

Las intenciones que provocaron el cambio en el sistema de puntuación fueron fundamentalmente dos: hacer el juego más atractivo para los espec-tadores y tener un mayor control del tiempo de los partidos. Se considera-ba que éste era el principal problema al que se enfrentaba el voleibol a la hora de ser incluido en las programaciones televisivas (FIVB, 1998).

Y… durante el juego, ¿cambia algo o no cambia nada? El nuevo sistema de puntuación conocido como acción-punto incide sin duda alguna en la filosofía del juego y, desde su aplicación, parecen surgir dos tendencias ex-tremas: por un lado, la que impone el riesgo sobre la primera acción del juego, filosofía que en ocasiones impide toda posibilidad de juego, no sólo al adversario, sino también al equipo propio. Es la idea de el no jugar, pero tampoco dejar. Por otro lado, la filosofía de juego que da más importancia a la posibilidad de jugar en defensa, admitiendo momentos de riesgo para el saque, al igual que jugadores sobre los cuales cargar la responsabilidad de ese riesgo durante todo el partido (Anastasi, 2001).

LA CLASIFICACIÓN DEL JUEGO EN RELACIÓN CON SU NATURALEZA

Esta evolución no sólo se queda en los aspectos formales del deporte, también existe una evolución conceptual y taxonómica, que sin duda sirve en parte para entender la evolución en la filosofía de los distintos juegos. De esta forma entre las clasificaciones más conocidas, el voleibol puede ser considerado simplemente como un deporte de balón (Blandchar y Cheska, 1985). Esta clasificación puede irse complicando en función de la perspectiva desde la que se analice: en relación con la técnica (Farfel, 1988) el voleibol puede ser considerado como deporte combinado, caracterizado por las continuas variaciones en las acciones motoras en un entorno de intensidad cambiante; en relación con las capacidades condicionales manifestadas durante su práctica, se podría afirmar que el voleibol es un deporte multicondicional dado el compendio de capacidades condicionales que se dan durante su práctica: fuerza, velocidad, resistencia y flexibilidad se exigen en un grado importante y de continua variabilidad (Navarro, 1993); Pittera y Riva (1980) y después Manno (1991) entienden que el voleibol es un deporte de situación; Bayer (1986) lo considera un juego deportivo colectivo. Sin embargo, la clasificación más socorrida es la de considerarlo como un deporte de equipo, 3como así lo hace Matveiev (1977), definición a la que nos sumamos con ciertas consideraciones, ya que el número de participantes no debe ser el único parámetro que debe tenerse en cuenta a la hora de realizar una clasificación de esta índole, como así lo reconoce Sánchez-Bañuelos (1993), quien afirma que, además del número de deportistas implicados en el desarrollo del juego, es necesario establecer la distinción en función del tipo de relaciones que se establecen entre los equipos adversarios, concluyendo que el voleibol quedaría encuadrado dentro de los deportes de equipo o colectivos de confrontación indirecta.

En último lugar citaremos la clasificación realizada por P. Parlebas (1988). Este autor considera los deportes en función de la relación con el medio y con los coactores, estableciendo la existencia de deportes en situación psicomotriz, carentes de interacción y de dependencia emotiva, como el maratón; y deportes en situación sociomotriz, con interacción y con dependencia emotiva, como por ejemplo los deportes de equipo. Por otro lado, este mismo autor considera una categoría intermedia, más propia de los llamados cuasi-juegos,4 en los cuales se da una situación de co-motricidad, ya que no existe interacción, pero sí existe dependencia emotiva. Entre estas actividades se encontraría el footing en compañía, si bien en esta última categoría se reúnen en mayor medida las actividades físicas que los deportes propiamente dichos.

Partiendo de las clasificaciones anteriormente consideradas, podríamos entender el voleibol como deporte de situación (Manno, 1991; Pittera y Riva, 1980; Ureña, 1998) y más concretamente, dentro de los que se reconocen como deportes de situación sociomotriz, con interacción y con dependencia emotiva (Parlebas, 1988).

Según este autor, todos los deportes de equipo están incluidos en la misma categoría de “CAI”; clasificación planteada teniendo en cuenta los siguientes tres criterios: la existencia o no de COMPAÑEROS, representado por el carácter “C” si hay presencia de compañeros, o por el mismo carácter subrayado “C” si hay ausencia de los mismos; la existencia o no de ADVERSARIOS, representado por el carácter “A” si hay presencia de adversarios, o por el mismo carácter subrayado “A” si hay ausencia de los mismos; y el criterio de existencia o no de INCERTIDUMBRE en el medio, representado por el carácter “I” si hay presencia de incertidumbre, o por el mismo carácter subrayado “I” si hay ausencia de la misma.

Por lo tanto, el voleibol pertenecería según el profesor Pierre Parlebas a la octava categoría “CAI”, en la cual habría presencia de compañeros (“C”), presencia de adversarios (“A”) y ausencia de incertidumbre en el medio al ser este deporte practicado en un espacio domesticado (“I”).

La clasificación planteada por Parlebas (1988) sería posible completarla si se tuviesen en cuenta dos tipos de relaciones planteadas por algunos de los autores citados, entre ellas la establecida con el espacio y la participación sobre el balón (Hernández-Moreno, 1988 y Hernández- Moreno, Castro, Cruz, Gil, Hernández-Melián, Quiroga y Rodríguez, 1999).

La relación con el Espacio estará en función de si es compartido por los equipos “E”, o no lo es “E”. Entre los deportes en los que el Espacio es compartido se encuentran el fútbol, el rugby o el baloncesto. Entre los que el Espacio no es compartido dada la existencia de una red, se encuentran el

tenis, el voleibol, el padel o el voley-playa. A estos deportes según Devís (1990) y Méndez-Giménez (2000) también se les puede denominar de cancha dividida.

Independientemente de la socialización del espacio compartido frente al no compartido, se nos plantea la posibilidad de distinguir los deportes de equipo en función de la participación sobre el balón, la cual puede ser simultánea, si los dos equipos pueden intervenir sobre el balón a la vez, o alternativa, si un equipo ha de esperar la intervención del equipo contrario para poder intervenir. En este caso distinguiremos el carácter “P = participación”. Si la participación es simultánea el carácter no aparecerá subrayado, frente al carácter “P” cuando la Participación sea alternativa.

Existe la posibilidad de establecer una última diferenciación al ser considerada la Relación entre compañeros, ya que es posible diferenciar un grupo de deportes en el cual los jugadores no tienen la posibilidad de pasarse la pelota, siendo su relación de menor “calidad” que la del grupo o familia de deportes en el que los jugadores si pueden relacionarse de manera directa a través de la existencia de los pases. Este hecho nos lleva a proponer una pequeña modificación de la clasificación primigenia de Parlebas (1988) y acomodada posteriormente por Hernández-Moreno (1988) (figura 7). En esta clasificación propuesta hace aparición el nuevo rasgo: el carácter “R” en el caso de que la Relación incluya la existencia o posibilidad de realizar pases entre compañeros, frente al carácter “R” cuando esta posibilidad no exista.

Tanto la participación como la relación o comunicación con el móvil, como así lo afirman Hernández-Moreno et al. (2002), son rasgos que podrían ser obviados, sin embargo, para la realización de la presente clasificación nosotros los tendremos en consideración, dado que estimamos que las diferencias que presentan son lo suficientemente importantes como para ser tratadas. En este mismo sentido Méndez-Giménez (2000:3) realiza la siguiente afirmación: “... siguiendo la clasificación de Ellis (1983) y de Almond (1986), en el grupo de juegos deportivos de red o de cancha dividida (...), encontramos los deportes que comparten una serie de características comunes, de intenciones básicas y de principios tácticos similares...”; y por lo tanto, pertinentes de un análisis que considere estas diferencias.

En esta nueva clasificación, el frontón por parejas, por poner un ejemplo, quedaría englobado dentro de la familia de los deportes en los que el espacio es compartido (“E”), con participación alternativa (“P”), pero con ausencia de pase entre compañeros (“R”),5 mientras que los deportes en los que existe una red pertenecerán a aquellos en los que el espacio no es compartido (“E”), y la participación de los equipos es alternativa (“P”). En este tipo de deportes es importante establecer la distinción en función del otro carácter antes citado, la relación, en función de la posibilidad de que los jugadores de un mismo equipo tengan la posibilidad de pasarse la pelota. Esta relación nos diferenciará estos dos grandes grupos: la familia del voleibol, con una relación más directa por la existencia del pase entre compañeros, y la familia del tenis, en la cual la relación entre compañeros podríamos considerarla como indirecta por la ausencia de pase entre compañeros.


Figura 7. Clasificación de los Deportes de Equipo a partir de la inclusión en el sistema propuesto por Parlebas (1988) de los caracteres participación (alternancia o simultaneidad en el uso del móvil) y relación (existencia o no de pase entre los compañeros “R”).

Respetando la intención de separar estas mismas categorías de deportes se encuentra Méndez-Giménez (2000), quien entre los juegos deportivos de cancha dividida (JDCD) separa los jugados sin implemento de aquéllos jugados con implemento, siendo el implemento la raqueta.

A partir de lo expuesto hasta ahora, se puede deducir que el voleibol pertenece a una familia de deportes de equipo de situación sociomotriz dada la existencia de compañeros y de adversarios, con espacio separado, uso alternativo del móvil y de relación directa entre compañeros dada la posibilidad de la realización de pases entre los jugadores de un mismo equipo, y cuya especificidad queda recogida en su propio reglamento:

“... El voleibol es un deporte de equipo jugado por dos equipos de seis jugadores, en una cancha de juego dividida por una red... El objetivo del juego es enviar el balón por encima de la red al piso del contrario e impedir esta misma acción por parte del oponente. Cada equipo tiene la opción de golpear el balón tres veces para intentar devolverlo, además del golpeo del bloqueo. El balón se pone en juego mediante un saque: golpe del sacador por encima de la red hacia el campo del contrario. La jugada continúa hasta que el balón toca el suelo, va fuera, o uno de los equipos no logra devolverlo de forma correcta. Cada jugada supone un punto. Cuando el equipo que recibe gana la jugada, obtiene un punto y el derecho al saque y sus jugadores rotan una posición en el sentido de las agujas del reloj” (FIVB, 2001: 9).

Para Teodorescu (1977), Pittera y Riva (1980), Marsenach y Druenne (1981), Ivoilov (1986), Beal (1989), Chêne, Lamouche y Petit (1990), Bertucci (1992), Santos, Viciana y Delgado (1996), Mesquita (1997), Moutinho (1997), Ureña (1998) y Bonnefoy, Lahuppe y Né (2000), dicha especificidad queda resumida en varios aspectos, entre los que se repiten: el golpeo de volea; la limitación del número de contactos para preparar el objetivo; la imposibilidad de invadir el campo rival excepto durante la acción de bloqueo; el hecho de que el punto de partida de todas las jugadas es el saque; la ausencia del factor tiempo y la rotación de los jugadores. Aspectos a los que Beal (1989) añade la altura de la red, la inversión de roles ataque-defensa y el marcado desequilibrio en favor del ataque.

Agrupando todas y cada una de las características antes citadas en torno a dos factores o parámetros, podemos afirmar que el voleibol es un deporte de máxima exigencia: en cuanto a la tarea motriz que hay que resolver (golpear un balón que vuela); en cuanto a la velocidad del estímulo (un remate puede llegar a alcanzar más de 100 km/h); en cuanto a la exigencia de la tarea (cada uno de los errores cometidos representa un punto más en el marcador del equipo contrario, en ocasiones puede significar el set o el partido); el espacio en el que se ha de desarrollar dicha tarea presenta una serie de dificultades específicas añadidas que aumentan el nivel de exigencia para su realización (altura de la red, ancho de la zona de paso, prohibición de algunos tipos y formas de golpeo…). Por lo que si la táctica individual depende de la dificultad de la tarea, la velocidad y cantidad de estímulos y del peso o consecuencia del acto en el desarrollo del juego, es evidente que nos encontramos ante un deporte de una gran carga táctica.

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0+
Дата выхода на Литрес:
23 октября 2025
Объем:
223 стр. 89 иллюстраций
ISBN:
9788499108186
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Bookwire
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