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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 79


Asesor para la sección latina: SEBASTIÁN MARINER BIGORRA .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN HIGUERAS MALDONADO .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

REF. GEBO197

ISBN 9788424930950.

INTRODUCCIÓN

1. Reseña biográfica .

Resulta en cierta medida irónico que, de un hombre que pasó su vida dedicado a escribir biografías de personajes célebres, apenas si tengamos conocimiento sobre su propia personalidad. No es éste, ya se sabe, un hecho aislado en la historia de la Literatura Latina, pues otro tanto ocurre con un gran número de autores; pero en él resulta aún más chocante, ya que fue una persona relacionada con grandes figuras de la Roma de su tiempo: Cicerón, Catulo y Tito Pomponio Ático, con el primero de los cuales mantuvo una apretada correspondencia epistolar.

Según Ausonio 1 había nacido en la Galia Cisalpina, denominada también Gallia Togata, por lo que el propio Ausonio le llama con el apelativo de «Galo». Plinio 2 lo hace «Padi accola » (que habitaba cerca del río Po), lo que podría dar pie a pensar que naciera en Pavía, la antigua Ticino, en la región de Insubria, o, como otros han querido, en Mantua. Su nacimiento se suele datar hacia el año 100 a.d.C.

Debió morir hacia el año 30 a.d.C. o tal vez uno o dos años más tarde. Se sabe positivamente que sobrevivió a su amigo Ático, como puede colegirse del propio testimonio de Nepote, en el capítulo 19 de la Vida de Ático , en la que al mismo tiempo encontramos ciertos detalles que pueden iluminarnos, si no sobre la fecha exacta de su muerte, sí con una aproximación de dos o tres años.

Cuando cita en la vida de Ático a Octavio César Augusto le da el título de «Imperator», pero no el de «Augusto». Como quiera que César Octaviano recibió el título de «Imperator» el año 29 a.d.C. y el de «Augusto» el año 27 a.d.C., no sería descabellado deducir que su muerte pudiera haber tenido lugar hacia el 28 a.d.C. Pero esta conclusión sería válida sólo en el supuesto de que la Vida de Ático fuera lo último que saliera de la pluma de Cornelio, lo que, por otra parte, parece lo más verosímil.

Nepote debió desenvolverse en un ambiente culto, a juzgar por los personajes que le honraron con su amistad, estando muy vinculado sin duda con los poetas del círculo de Catulo, quien le dedicó su «nuevo y gracioso librito » 3 .

Respecto a su vida apenas si podemos añadir algún detalle más, si no es el de que debió estar casado, ya que Cicerón 4 dice que había perdido un hijo.

Se mantuvo al margen de cualquier evento político, como lo hiciera su amigo Ático; así se desprende de una carta de Plinio el Joven, en la que expresa categóricamente que Cornelio no ocupó un lugar en el Senado y de la que se puede deducir que no ejerció tal vez magistratura alguna 5 .

Basta una mirada a su obra para averiguar las cualidades humanas de este romano adusto, austero y severo, cuya vida fue toda un auténtico dogma de fe en la grandeza de Roma y para el que el honor, la virtud, el desinterés, la religión en su versión más genuina fueron el objeto de la más alta admiración. Así se comprende su veneración sin medida por la persona de Ático.

Si la luz de su intelecto no brilló a la altura de sus contemporáneos, ello no empece en nada sus valores personales. No acudiría a las tertulias literarias en la villa Tanfilia del Quirinal en calidad de personaje ilustre, docto e intelectual, sino más bien un tanto cohibido ante las figuras de Ático, Hortensio, Cicerón y Varrón, y no pasaría de ser entre ellos una mediocridad —el mismo Cicerón en una carta a Ático (XVI, 14, 4) nos lo presenta como poco menos que un cualquiera, alguien totalmente desconocido. Pero ¿era en realidad Nepote un ser mediocremente dotado de inteligencia y cultura?

Esta evidente indiferencia de Cicerón hacia nuestro autor obedecía más a cierta oposición natural de caracteres entre él y Nepote. Nos ha llegado (véase aquí el fragmento quinto) parte de una carta de Cornelio a Cicerón: se encontrará en ella el verdadero motivo de esta conducta de Cicerón hacia Cornelio: el de Arpino era un «teorizante» en posesión de una de las más extensas culturas que un hombre podía poseer, un filósofo moralista, un político, a veces más o menos contemporizador, y, en no escasa medida, un liberal; sin duda todo lo contrario de lo que podríamos afirmar de Cornelio Nepote, por lo que en el fragmento citado no se recata de criticar acerbamente y hasta con expresiones fuertes la meticulosidad teorética de los cultivadores de la filosofía y de los dogmáticos teorizantes, inmersos en el mundo de la elocuencia y de la oratoria, lo que, sin duda alguna, no podía ser del agrado de Cicerón.

2. Producción literaria .

Aunque la mayoría de las obras de Nepote no han llegado a nosotros, queda constancia por los testimonios de autores latinos de las siguientes:

1.° Una Crónica , escrita en tres libros, de cuya existencia da testimonio Catulo 6 .

La distribución argumental que de ella hace Vosio 7 carece de todo fundamento y no aporta prueba positiva. En ella sigue Cornelio las crónicas de Apolodoro de Atenas.

2.° Un tratado de Ejemplos en cinco libros, escrito tras la muerte de César, a imitación de las célebres colecciones griegas de «paradoxa » y que servirían de fuentes a Valerio Máximo, Suetonio, Aulo Gelio y Plinio el Viejo.

Debería tratarse de una exposición en estilo narrativo de una serie de fenómenos extraordinarios, comprendiendo una gran variedad de temas sobre física, historia y geografía.

3.° Una Vida de Catón , que se ha perdido, y de la que el propio Nepote nos habla en la vida abreviada del mismo personaje 8 .

4.° Vidas de varones ilustres , sin duda la principal obra de nuestro autor.

La crítica ha admitido generalmente que esta obra constaba de dieciséis libros, distribuidos en los siguientes títulos:

1. Sobre los reyes de los pueblos extranjeros .

2. Sobre los reyes de los romanos .

3. Sobre los generales famosos de las naciones extranjeras .

4. Sobre los generales famosos del pueblo romano .

5. Sobre los jurisconsultos griegos .

6. Sobre los jurisconsultos romanos .

7. Sobre los oradores griegos .

8. Sobre los oradores romanos .

9. Sobre los poetas griegos .

10. Sobre los poetas romanos .

11. Sobre los filósofos griegos .

12. Sobre los filósofos latinos .

13. Sobre los historiadores griegos .

14. Sobre los historiadores latinos .

15. Sobre los gramáticos griegos .

16. Sobre los gramáticos latinos .

De esta prolífera colección de títulos sólo ha llegado hasta nosotros el libro tercero, Sobre los generales famosos de las naciones extranjeras , la Vida abreviada de Catón y la Biografía de Ático , amén de algunos escasos fragmentos de la correspondencia mantenida con Cicerón, de una Carta de Cornelia , madre de los Gracos, y del libro catorce Sobre los historiadores latinos .

A pesar de la extensa producción literaria, Nepote se ha visto infravalorado y subestimado en el ámbito de la Literatura Latina. Tuvo, sin duda, la mala fortuna de que la parte conservada de su obra no nos pueda permitir formarnos la verdadera imagen de lo que en realidad pudiera haber representado.

Conocemos precisamente aquello de lo que él podía hablar con menos elementos de juicio; aquello en lo que su lucimiento personal podría brillar a menor escala. Esto ha hecho que Nepote pase a la Historia como una especie de ciudadano de segundo orden y que los elogios que le concedieran Aulo Gelio 9 , San Jerónimo 10 y Valerio Catulo 11 no hayan calado muy hondo en el juicio de los críticos. Se le ha considerado como una especie de «mercado distribuidor de mercancías intelectuales de calidad mediana» 12 .

Sin embargo la admiración y los elogios vertidos por los autores latinos dan derecho a pensar que el Nepote de Sobre los generales famosos de las naciones extranjeras no debió ser sino una fotografía velada del auténtico Nepote, cuando se veía inmerso en los argumentos del pueblo romano. Nada más significativo a este respecto que una sencilla comparación entre la Vida de Ático y cualquiera de las vidas de los personajes no romanos por él narrada. Y algo que le ha perjudicado más aún y desvirtuado la que pudiera haber sido su verdadera imagen: el afán de los críticos por establecer una comparación entre él y el gran Plutarco, comparación a todas luces ilegítima y fuera de lugar.

Los límites de la obra nepotina son más restrictivos que los del gran biógrafo griego. No es éste el momento de discutir las grandes diferencias que entre ambos existen; sólo recalcar que la concepción de la obra de Plutarco no tiene parecido con la de Nepote, y mucho menos aún su intencionalidad. Vea el lector el comienzo de la Vida de Pelópidas y deduzca por sí mismo a qué grado de ambición y de gloria aspiraba Nepote. Confróntese este pasaje con el pensamiento del prefacio y el no menos significativo del comienzo de la Vida de Epaminondas .

Creo que, si se quiere emitir un juicio desapasionado, imparcial y objetivo sobre nuestro autor, es imprescindible sacar a Nepote del entorno histórico de Roma, que estaba medido por aquel entonces con un patrón que sin duda le tenía que venir demasiado largo: el de César y Cicerón. Hay que evitar cualquier comparación con autores que, debido a la naturaleza intrínseca de sus obras, estaban destinados a ocupar un lugar preponderante en la época en que le tocó vivir.

Juzguemos a Cornelio partiendo de él mismo, procurando no salirnos de su propia personalidad; es así como aparecerán sus virtudes y defectos, su grandeza y su «ignorancia». Él es un romano y escribe para todo romano ávido de instrucción. Su obra es una narración compendiosa de hechos ilustres, de hombres no menos ilustres, de heroicidades, vicios, virtudes y traiciones, encaminados todos ellos a crear en sus lectores como una despensa bien nutrida de reflexiones morales. Ir más lejos en Nepote sería desbordar su propia meta.

Su propósito estaba bien definido: instruir a los romanos, hacerles ver que, como dijera Apio el Ciego, cada cual es el factor de su propia fortuna, avivar en el alma de todo ciudadano romano lo que otrora fuera el símbolo más genuino de la grandeza de Roma: aquellas austeridad y severidad que siempre fueron las ruedas sobre las que girara el carro de la gran historia de Roma.

Este carácter doctrinal de su obra, ese sentido gnómico y moralizante en que trata de bañar todas sus ideas, le llevó, quizá más que la propia ignorancia de los hechos que se le achaca, a incurrir en múltiples errores, lo que por otra parte no le debió preocupar lo más mínimo, y en exageraciones, y, lo que parece más grave, en cierta parcialidad, que a veces es totalmente manifiesta.

3. La biografía nepotiana y su valor crítico e histórico .

Para una buena valoración crítica de la obra de Nepote, empecemos por no esperar de él más de lo que nos puede ofrecer. Tal vez por no tener en cuenta este principio han proliferado las críticas negativas en torno a su persona y obra.

No menos importante para ello es tener presente que Cornelio jamás se propuso escribir historias bajo ninguna de las múltiples proyecciones en que éstas pueden desembocar; él escribió Vidas , que no debemos ni tan siquiera identificar con la idea de verdaderas biografías en el estricto sentido de la palabra. Por eso, incluso como biógrafo, deja un tanto que desear.

Su estilo, lejos de ser uniforme, conservando siempre las mismas características literarias, es desigual e inconstante; pero esa misma desigualdad de estilo tiene un punto justificable: la variada naturaleza de los personajes biografiados, a la que hay que añadir la diferencia de conocimiento que sobre cada uno de ellos tenía.

No puede negarse, sin embargo, que esa disparidad en su estilo es no pocas veces producto de una latinidad mediocre. Se aprecia en él una tentativa, que no logra consumar, de exponer en períodos breves una abigarrada gama de pensamientos, que nos recuerda a Tácito, pero sin lograr la perfección de sus períodos gramaticales. Parece una burda imitación del estilo asiático.

En sus narraciones suele unir de manera incongruente lo necesario y conveniente con lo anecdótico y fútil. Uno de sus principales defectos quizá sea el desorden y anarquía que muestra en la exposición de las ideas. Un gran hecho de capital importancia lo difumina y diluye entre intranscendentes anécdotas, que le hacen perder incluso el valor y el fruto didáctico que de él podría desprenderse.

Si su latinidad no puede compararse con la de César y menos aún con la de Cicerón, esto habría que aplicarlo, por otra parte, a la mayoría de los autores contemporáneos suyos.

Pero hay algo en lo que creo que Nepote se nos muestra digno del mayor elogio: su léxico. El perfecto y adecuado empleo de los términos, las distinciones específicas entre conceptos afines pero diferenciados institucionalmente, distinción y diferenciación que él consigue perfectamente con el uso discriminado de los términos adecuados, nos permiten afirmar que, a pesar de la distancia que le separa de un Cicerón o un César, no se encontraba tan lejos de una latinidad más que aceptable.

Es en la Vida de Ático , a quien Nepote conocía perfectamente, donde mejor pueden apreciarse las cualidades literarias de nuestro autor. Es una biografía escrita con afecto y con el más acendrado amor hacia el personaje; está amasada con dos grandes conceptos que sublimizan al biografiado: la pietas y la humanitas .

La veracidad histórica de su obra está por encima de toda influencia de personalismo afectuoso, aunque, como en él es habitual, tienda, quizá más que en ninguna otra, a la hipérbole.

Escrita sin el menor sentido cronológico de los hechos, cosa esta que jamás preocupó a nuestro hombre, es, sin duda, la muestra más significativa de cuanto Cornelio se propuso conseguir cuando escribía.

El valor histórico de sus Vidas es, desde luego, mínimo; pero, supuesta la intencionalidad de su obra, nada debemos imputarle en este sentido. Prefiere contactos con Teopompo o Timeo y no con Heródoto o Jenofonte. A aquéllos debe sus conocimientos de la historia griega y no a éstos, que se prestan menos al género biográfico.

Las numerosas imprecisiones, confusiones, anacronismos, que se encuentran esparcidos por toda su obra, más que defectos deberían considerarse como algo consustancial a ella, ya que, como se ha dicho repetidas veces, nunca aspiró a ser histórica, sino didáctica y moralizante, por lo que el autor se siente totalmente desligado de esos defectos, que serían graves tratándose de un auténtico historiador.

Los méritos de Cornelio son más de orden doctrinal que literario y es en aquéllos en los que radica la pervivencia de su obra.

4. La tradición manuscrita del texto 13 .

Malcovati 14 , basándose en el estudio crítico realizado por C. L. Roth 15 , ha distribuido los manuscritos de Nepote en dos familias: la primera comprende todos los códices perdidos y la segunda los que suponen una tradición directa.

Esta clasificación ha sido corregida por González Rolán 16 , al tomar como criterio de clasificación no el hecho de la conservación o pérdida de los códices, sino «la adición u omisión de cierto número de frases o palabras».

En la clasificación de los códices realizada por Malcovati aparecen en la primera familia, la de los manuscritos perdidos, los siguientes: Danielinus seu Gifanianus (Dan. seu Gif.), Leidensis Boecleri (Leid.), Parcensis (P), Batauicus (Bat .), la edición de Utrecht (u ) 1542.

En la segunda familia, es decir, la de los manuscritos de tradición directa, se encuentra en primer lugar y como el más importante el Guelferbytanus seu Gudianus 166 (A ), perteneciente al siglo XIII .

De otra fuente que guarda paralelo con A se derivan el resto de los manuscritos, que la autora distribuye en tres apartados:

1.° El Sangallensis 315 (B ), del siglo XIV .

El Monacensis 433 (Q ), del siglo XV .

El Ambrosianus T 16 sup. (Ambr. I ), del año 1456.

2.° El Codex olim Collegii Romani, nunc Vat. Lat . 11464 (R ), del siglo XV .

El Monacensis 88 (M ), del 1482.

El Claromontanus 250 (F ), del siglo XV .

El Ambrosianus H 167 (Ambr. II ), del siglo XV .

3.° El Strozzianus 57 (Σ), del siglo XV .

El Vindobonensis Palatinus 3155 (V ), del siglo XV .

Todos los códices del grupo tercero tienen la particularidad de presentar las Vidas en un orden diferente del que es habitual.

El stemma codicum propuesto por Malcovati está basado en la existencia de un original del que saldrían dos arquetipos o, por mejor decir, un arquetipo con dos copias, de las cuales la más importante sería el A .

La colación de un nuevo manuscrito español, el Scorialensis 0-1-10 (Scor .), ha llevado a González Rolán a establecer las relaciones del códice A y del Scor . con los manuscritos estudiados por Malcovati, pertenecientes a la primera familia, sobre todo con Dan . y P .

El antedicho Scorialensis es un manuscrito del siglo XV .

El estudio comparativo llevado a efecto por el profesor González Rolán le ha permitido sacar conclusiones que reforman el stemma codicum propuesto por la profesora Malcovati, conclusiones que, para una mejor comprensión de dicho stemma codicum , tratamos de sintetizar.

Afirma que tanto el Scor . como el A proceden de un mismo arquetipo perdido, al que él denomina y .

Que el Scor . está más cerca de dicho arquetipo que lo está el A , por lo que lo considera como una copia fiel del arquetipo y .

De la comparación de Scor . y A con los códices de la primera familia (x ), propuestos por Malcovati, deduce el autor que tanto unos como otros, es decir Scor ., A y los demás de la primera familia de los dados por Malcovati son copias de un arquetipo común, que González Rolán llama z .

En consonancia con estos hechos, el stemma codicum propuesto por el profesor González Rolán queda estructurado del siguiente modo:


5. Fuentes .

De los testimonios del propio Nepote se desprende que sentía una gran admiración por Tucídides, a quien en la Vida de Temístocles , capítulos nueve y diez, considera muy superior a los demás historiadores contemporáneos suyos.

En la Vida de Agesilao se nos muestra defensor de Jenofonte, al que prefiere como fuente en esta Vida , sin duda porque Jenofonte había conocido íntimamente al propio rey Agesilao.

Si tuviéramos que juzgar las preferencias de nuestro autor por lo que él dice de los historiadores griegos, habría que adjudicar a Tucídides el primer puesto; pero ello sería engañoso, ya que en la mayoría de los hechos, sobre todo en los de origen más incierto y de carácter histórico menos serio, en realidad sus fuentes han sido historiadores como Teopompo, Eforo y Timeo, al segundo de los cuales no lo cita nunca; a Timeo tan sólo una vez en la Vida de Alcibíades , en el capítulo 11, y a Teopompo en el mismo pasaje anterior y en el capítulo tercero de la Vida de Ifícrates . Las condiciones de estos historiadores estarían más en consonancia tal vez con el carácter e intencionalidad de las Vidas .

Por otra parte no veo nada extraño el desdén y olvido que Nepote tiene de Herodoto, cuya historia de poco podría servirle a nuestro autor para sus fines. La profundidad del pensamiento teológico-religioso de la historiografía herodotea debió parecerle a Cornelio, de tendencia más pragmática y moralizante y, por qué no decirlo, más simplista, una meta inalcanzable, a la que se vería obligado a renunciar «a priori».

Desgraciadamente en este sentido Nepote, a mi juicio, cometió un doble error: acudir a las fuentes de aguas menos purificadas y, lo que fue aún peor, hacer mal uso de éstas.

Su impenitente inclinación a la hipérbole, a deformar los hechos históricos, es en él demasiado frecuente, incluso para un regular biógrafo, por lo que altera no pocas veces el pensamiento de su modelo. Hay hechos incontestables a este respecto: Tucídides cuenta que, cuando Temístocles quería entrevistarse con el rey persa, trata de aprender la lengua de éste sólo en la medida que le permitiera cumplir con su objetivo. Nepote, sin embargo, exagera diciendo que llegó a hablar tan perfectamente la lengua persa como pocos lo hicieran de entre los mismos persas 17 .

Así, también Jenofonte, en su Elogio de Agesilao , alaba el escaso boato de la casa real y afirma que era tan sencilla su ornamentación que bien podría pensarse que las puertas de la casa eran las mismas que habían servido en vida de Aristodemo. Nepote lleva esta idea de Jenofonte a sus últimas consecuencias al decir que la mansión de Agesilao era la misma que la que había habitado Eurístenes, el primero de los de la estirpe de Agesilao.

Todas estas deformaciones, a los ojos de un crítico, no son sino auténticas aberraciones inadmisibles en el marco de una verdadera historia; pero yo creo que no lo son enmarcadas en la obra nepotiana. Él ama por encima de las cosas a los hombres, a sus héroes, y de aquí su énfasis, sus exageraciones, sus anacronismos, sus confusiones, sus alteraciones de la realidad histórica, que, como ya he apuntado en otro lugar, no debieron de producir en él desasosiego alguno.

Todo esto en conjunto nos permite ver en él más que a un biógrafo desinteresado e imparcial a un panegirista, al menos con ciertas reservas, lo que de una u otra manera le coloca a una distancia abismal de las características de un auténtico historiador, de donde la inexorable secuela de falta de sentido crítico histórico de que adolece su obra.

6. Ediciones y traducciones .

La «edición princeps» es la de Utrecht del año 1542, basada entre otros en el Codex Danielinus , cuya importancia radica en que, además de ser la primera, constituye el único testimonio de pervivencia de uno de los manuscritos más famosos e importantes de la obra de Nepote.

Vosio publica en 1667 en Leipzig su edición, acompañada de abundante comentario, que será reimpresa en el 1675.

Ya en la primera mitad del siglo XVIII aparece la de VAN STEVEREN del 1734, reeditada en 1773.

Es a partir de finales de la primera mitad del siglo XIX cuando se dejan ver las mejores ediciones.

La de C. L. ROTH , Basilea, 1841, es de un valor extraordinario por el número de códices colacionados en ella mediante los cuales se establece el códice prototipo. Se trata de una edición un tanto escrupulosa, que registra hasta los más mínimos errores de ortografía.

En 1849 aparece la primera edición de NIPPERDEY , Leipzig, 1849, que alcanzará hasta la undécima, la NIPPERDEY -WITTE , Berlín, 1913.

En París, A. MONGINOT publica su segunda edición en el 1882, digna de resaltarse por sus abundantes comentarios a pie de página en los que se incluyen no pocas observaciones de carácter crítico.

En Leipzig, en el 1871, se imprime la famosa edición de C. HALM , que habrá de servir a Guillemin para reproducir en gran parte su aparato crítico.

Ya en el siglo XX , A. M. GUILLEMIN publica en 1923 en París su primera edición, que llegará a la tercera en 1970, con traducción francesa, y que, salvo algunas importantes variantes, nos ha servido de base, junto con la de Malcovati, para nuestra traducción.

Superior a ésta, sobre todo desde el punto de vista crítico, es la de MALCOVATI , Torino 1934 y 1945 (2.a ) que se distingue por la gran cantidad de manuscritos en ella recogidos, la sensatez en la elección de las variantes y respeto a los códices.

Por lo que hace a las ediciones españolas nos limitaremos a reseñarlas y datarlas, ya que los títulos de las mismas son excesivamente prolijos, hasta el límite de que algunos de ellos son de por sí un auténtico juicio de su contenido.

Siguiendo la colación de Menéndez y Pelayo (Bibliografía Hispano-Latina VII, Madrid, 1951, págs. 169-173), enumeramos las siguientes:

JUAN DE ANGULO , Alcalá, 1521-1538, en letra gótica.

AUGUSTO ESCUDERO , Villagarcía de Campos, 1764, que el autor dedica al P. Francisco Idiáquez.

ALFONSO GÓMEZ ZAPATA , Madrid, 1788, del cual se hacen grandes elogios en el Memorial Literario de enero de 1789.

REAL ACADEMIA LATINA , Madrid, 1806.

FRANCISCO IDIÁQUEZ , Madrid, 1817.

VICENTE SALVÁ , París, 1838, 1844 (2.a ) y 1857 (3.a ).

ALFONSO GÓMEZ ZAPATA , Madrid, 1847 (7.a ).

JUAN B. GUIM , París, 1857.

Traducciones españolas . — Hay una edición del texto de Nepote y traducción con introducción y notas de D. Agustín MILLARES CARLO , Méjico, 1947, en la «Bibliotheca scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana».

En 1783 Rodrigo DE OVIEDO , catedrático de Buena-Versión en los Reales Estudios de Madrid, publicó su traducción, que sigue una edición de Amsterdam del 1706.

En 1652 Juan MATEO SÁNCHEZ tradujo la Vida de Epaminodas , acompañando la traducción con disquisiciones de orden político, rememorando una vez más el Marco Bruto de Quevedo.

Jose Nicolás DE AZARA (Madrid, 1804) tradujo la Vida de Tito Pomponio Ático , traducción que aparece inserta en la Vida de Cicerón de Midleton.

Solamente a título de curiosidad citaremos la traducción de F. de P. SAMARANCH , inserta en Biógrafos y Panegiristas Latinos , Madrid, 1969, y hemos dicho a título de curiosidad ya que, más que de una auténtica traducción, se trata de una adaptación española, sacada directamente de la traducción francesa de Guillemin, adaptación que afecta no sólo al texto traducido, sino incluso a las notas a pie de página.

En cuanto a nuestra traducción sólo nos resta decir que hemos procurado, en la medida de lo posible, mantener el paralelismo sintáctico entre ella y el texto latino, cuando las circunstancias eran favorables.

Aunque no se trata evidentemente de una edición crítica, hemos tenido muy presente respetar en el texto las lecciones de los manuscritos que figuran como los mejores, aceptando conjeturas sólo en los casos en que el texto apariecía evidentemente corrupto.

Hemos preferido, si ello no implicaba defecto en la comprensión, evitar una excesiva libertad de traducción, pensando que esto hubiera situado al lector lejos del verdadero estilo de Nepote. No obstante, en los períodos gramaticales en exceso prolíferos en oraciones subordinadas, nos hemos liberado un poco del servilismo sintáctico en aras a una mejor comprensión, exonerando así la traducción de esa fatiga que produce en el lector en tales casos.

BIBLIOGRAFÍA

EDICIONES PRINCIPALES

A. M. GUILLEMIN , Cornelius Nepos , 3.a ed., París, 1970.

C. HALM , Cornelii Nepotis quae supersunt , Leipzig, 1871.

H. MALCOVATI , Cornelii Nepotis quae exstant , 2.a ed., Turín, 1945.

A. MONGINOT , Cornelius Nepos , 2.a ed., París, 1882.

NIPPERDEY -WITTE , Cornelius Nepos , 11.a ed., Berlín, 1913.

C. L. ROTH , Aemilius Probus de excellentibus ducibus exterarum gentium et Cornelii Nepotis quae supersunt , Basilea, 1841.

FRAGMENTOS

H. PETER , Historicorum Romanorum Reliquiae , Stuttgart, 1967.

TRATADOS Y MONOGRAFÍAS

W. A. BAEHRENS , «Zur Probusfage», Hermes (1915), 266 y sig.

E. BOLISANI , «Sul luogo natale di Cornelio Nepote», Atti Acad. Padova (1933-1934) , 205-223.

L. CASTIGLIONI , «In Senecam Rhetorem, Pomponium Melam, Cornelium Nepotem animaduersiones criticae», Raccolta di Scritti in onore di Felice Ramorino , publicaz. dell’ Università Catt. del Sacro Cuore, serie IV (Scienze Philologiche ), Vol. VII, 1927, págs. 101-129.

T. GONZÁLEZ ROLÁN , «El inédito Scorialensis 0-I-10 entre los mejores manuscritos de Cornelio Nepote», Emerita 41 (1973), 427-536.

G. E. F. LIEBERKÜHN , De auctore Vitarum quae sub nomine Cornelii Nepotis feruntur quaestiones criticae , Leipzig, 1837.

H. MALCOVATI , «Cornelius Nepos civitati Ticinensi vindicatus», Athenaeum (1925), Nueva serie, Volumen III, 181-185.

VARIANTES EN LAS QUE DISCREPAMOS DE LA EDICIÓN DE GUILLEMIN



1 Epist . XXIV.

2 Hist. Nat . III 18.

3 Carm . 1, 1: «¿A quién daré mi nuevo y gracioso librito, recién pulido con la áspera piedra pómez? A ti, Cornelio, porque tú solías estimar en algo mis bagatelas».

4 Ad Att . XVI 14, 4.

5 Epist . V 3, 6. Aunque Plinio dice sólo que no fue senador, non quidem hi senatores , nuestra deducción de que tal vez no desempeñara magistratura alguna obedece a que lo compara o iguala en este sentido con Virgilio, del que tampoco se sabe que ejercitara ninguna magistratura.

6 Carm . 1, 1: «… tú sólo entre los italianos osaste referir todo el pasado en tus libros, doctos, ¡por Júpiter!, y llenos de trabajo».

7 De Historicis Latinis I 14. Vosio cree que la división de la Crónica de Nepote en tres libros se corresponde con otras tantas épocas diferentes: la que pudiéramos llamar prehistoria, la época mítica y la puramente histórica.

8 Cf. Vida de Catón 3.

9 Noches Áticas XV 28.

10 Crónica a Eusebio: «Cornelio Nepote, escritor de historias, fue considerado como hombre preclaro».

11 CATULO , 1, 1,

12 KARL BÜCHNER , Historia de la Literatura Latina [traducción de E. VALENTÍ FIOL y A. ORTEGA ], pág. 221.

13 En los datos recogidos sobre la tradición manuscrita del texto de Nepote soy deudor al artículo del Dr. T. GONZÁLEZ ROLÁN , «El inédito Scorialensis 0-I-10 entre los mejores manuscritos de Cornelio Nepote», Emérita 41 (1973), 427-436.

14 Cornelii Nepotis quae exstant , Turín, 1944.

15 Aemilius Probus de excellentibus ducibus exterarum gentium et Cornelii Nepotis quae supersunt , Basilea, 1841, pág. 252.

16 T. GONZÁLEZ ROLÁN , «El inédito Scorialensis…», pág. 429.

17 Para esta observación y la siguiente, cf. A. MONGINOT , Cornelius Nepos , 2.a ed., París, 1882, págs. XXIV-XXV.

TRATADO DE CORNELIO NEPOTE SOBRE LOS GENERALES FAMOSOS DE LAS NACIONES EXTRANJERAS

PREFACIO

No dudo, Ático 1 , que habrá muchos que consideren [1 ] sin importancia y poco digno del papel representado por varones excelsos este género literario, sobre todo cuando lean que cuento quién enseñó música a Epaminondas 2 y cuando vean que, entre sus cualidades, aludo a su habilidad para la danza y a lo bien que tocaba la flauta.

Sin embargo éstos serán por lo común personas [2] que, ignorando los escritos de los griegos, pensarán que nada es bueno si no se aviene a sus propias costumbres.

Si consiguiesen aprender que no todos tienen la [3] misma idea de lo que es honesto y vergonzoso y que todo juicio en este sentido se basa en el uso y costumbre de los antepasados, no se extrañarían de que, a la hora de relatar los grandes hechos de los griegos, me decida a seguir sus propias costumbres.

[4] En efecto, no supuso desdoro alguno para Cimón, ciudadano ateniense tan ilustre, el hecho de haber tomado por esposa a su propia hermana 3 , nacida del mismo padre, pues sus conciudadanos hacían otro tanto por tratarse de una institución 4 pública; sin embargo entre nosotros esto se considera abominable. Así también en Creta es motivo de honra y honor entre los adolescentes el haber tenido cuantos más amantes 5 mejor. No hubo en Lacedemonia mujer tan noble como para que, tras enviudar, no aceptase ir a una 〈cena〉 6 , movida por una recompensa. Casi en toda Grecia fue 5 causa de gran honor el haberse proclamado vencedor en una Olimpíada 7 , y del mismo modo para nadie fue motivo de vergüenza el haber sido actor de teatro y el haberse exhibido públicamente como espectáculo ante el pueblo; y sin embargo todo esto entre nosotros se considera infamante, humillante y muy lejos del concepto de honorabilidad.

Por el contrario, otras muchas cosas que, a nuestro [6] juicio y según nuestras costumbres, son dignas, entre ellos, en cambio, se reputan como vergonzosas. ¿Qué romano siente vergüenza de llevar a su esposa a un banquete?; o ¿acaso la dueña de la casa no habita el lugar más visible de la misma y se deja ver públicamente? Muy distinto es lo que acaece en Grecia, donde a [7] la mujer no se le admite en un banquete salvo que se celebre entre parientes, y no permanece sino en la parte más íntima de la casa, llamada «gineceo», en el que nadie puede penetrar excepto los parientes consanguíneos más próximos.

[8] Pero tanto la dimensión de mi trabajo cuanto la prisa por exponer lo que me he propuesto me impiden alargarme más en estas consideraciones. En consecuencia vayamos al asunto y desarrollemos en este libro la vida de los grandes generales.


1 Tito Pomponio Ático, escritor romano, nacido en 109 a. C. y muerto en 32 a. C., amigo íntimo de Cicerón y a quien Nepote dedica su obra.

2 General de Beocia, nacido en Tebas hacia el 418 a. C. y muerto en Mantinea en el 362 a. C. Compañero de Pelópidas, jefe del partido popular tebano. Venció a los espartanos en Leuctra (371 a. C.) y obligó a la Grecia Central a una alianza con Beocia. El poderío de Tebas comenzó a decaer con la muerte de Epaminondas.

3 Cimón mantuvo relaciones incestuosas con su hermana Elpinice. Plutarco (Vid. Paral. Cimón I) dice: «no fue a escondidas sino a la vista de todos el trato de Elpinice con Cimón, como si estuviesen casados». Nepote parece hacerse eco aquí del testimonio de la fuente de Plutarco.

4 He traducido «institución pública» y no «ley», ya que contravenir a la primera no implicaba una transgresión punible, como suponía la violación de una ley; sería en este caso sinónimo de uso o costumbre, cuya transgresión situaba al ciudadano en una postura enojosa y ridícula.

5 No creo sea necesario usar eufemismo alguno en la traducción de este pasaje, como hace Guillemin (Cornelius Nepos , París, 1970, pág. 5, líns. 3.a y 4.a ). Nepote alude aquí al uso frecuente de la homosexualidad en Grecia, que no sólo no mereció implicar desdoro alguno sino más bien fue motivo de alabanza.

Plutarco (Vid. Par. Pelópidas-Marcelo XVIII) pone en boca de Filipo las siguientes palabras pronunciadas después de la batalla de Queronea: «Mal hayan quienes hayan podido pensar que entre semejantes hombres haya podido haber nada reprensible», aludiendo a la cohorte de amadores y amados que, después de la batalla, aparecieron muertos, hacinados todos en un montón. Cf. los testimonios del mismo Plutarco en este sentido en los primeros capítulos de la Vida de Alcibíades .

6 He aceptado en mi traducción la lección más generalizada de los códices, rechazando la conjetura de Havet, que lee moeccum en lugar de cenam . No se me escapa la aparente contradicción en que se incurre al admitir la traducción «ir a una cena» cuando la realidad es que en Grecia se excluían las mujeres de los banquetes.

¿Se trata pues de un error de Nepote? No lo creo; más bien podíamos estar ante un eufemismo intencionado; la expresión siguiente «movida por una recompensa» implica, a mi entender, el carácter peyorativo de «cena»: sería tanto como decir «ir a una cena» exponiéndose a las posibles contingencias posteriores a ella.

Por otra parte no se trata de una mujer en general, sino de una mujer viuda y por tanto no sujeta a los vínculos del matrimonio. El término «viuda» parece abogar por el sentido metafórico de «cena», sentido que, según he dejado dicho con anterioridad, se ve justificado más aún por la expresión mercede conducta .

Nada empece por otro lado el que en Esparta se hiciese excepción a esta norma de excluir a las mujeres de los banquetes o que estas acudiesen a los mismos en calidad de cortesanas en busca de un estipendio.

7 Traduzco «Olimpíada» y no «Olimpia» por deducirse del contexto que tal era la intención de Nepote.

Olimpia fue el centro religioso del Peloponeso; estaba situada en la falda del monte Cronio a la orilla derecha del Alfeo. En ella se encontraba el templo de Zeus Olímpico, en cuyo honor se celebraban los Juegos. Según los griegos, fueron los aqueos los que fundaron dichos juegos para celebrar el triunfo de Pélope (de donde el nombre de Peloponeso) sobre Eunomaos, rey de Élida, a cuyo triunfo debió su casamiento con Hipodamia, hija de dicho rey.

Las Olimpíadas tenían lugar cada cuatro años y fueron la base para el cómputo del tiempo entre los griegos, sistema éste introducido por el historiador Timeo. Las primeras Olimpíadas se celebraron en el año 776 a. C.

I

MILCÍADES

SINOPSIS

1. Ascendencia de Milcíades. Se le encomienda la expedición del Quersoneso. — 2. Conquista el Quersoneso, Lemnos y las Cícladas. — 3. Incursión de Darío en Escitia. — 4. Primera Guerra Médica. Expedición de Datis y Artafernes. — 5. Batalla de Maratón: Victoria ateniense. — 6. Recompensa recibida por Milcíades en virtud de la batalla de Maratón. — 7. La empresa de Paros: el fracaso de Milcíades. Su condena y muerte. — 8. Cualidades de Milcíades. Milcíades es considerado como un tirano, pero un tirano justo. La verdadera causa de su muerte.

Ascendencia de Milcíades. Se le encomienda la expedición del Quersoneso

Milcíades, hijo de Cimón 8 , ateniense, [1 ] tanto por el rancio abolengo de su estirpe y la gloria de sus antepasados cuanto por su propia moderación sobresalía ya muy por encima de todos y, cuando llegó a una edad tal que sus conciudadanos podían no sólo abrigar buenas esperanzas en torno a su persona, sino también confiar en que en el futuro habría de seguir siendo tal y cual le habían conocido, ocurrió entonces que los atenienses se propusieron [2] enviar colonos al Quersoneso 9 . Al ser muy grande el número de éstos y deseando muchos alistarse en esta expedición, se eligieron de entre ellos algunos para enviarlos a Delfos 10 a consultar el Oráculo [para consultar el Oráculo de Apolo] sobre qué jefe deberían elegir. En efecto, a la sazón habitaban aquellas regiones los tracios, a quienes habría que disputárselas con [3] las armas. A los que tal consulta hicieron la Pitia 11 les contestó, citándolo por su nombre, que era a Milcíades 12 a quien deberían tomar por caudillo y que, si tal cosa hacían, la empresa resultaría favorable.

[4] En cumplimiento de la respuesta del oráculo, Milcíades parte con una flota en dirección al Quersoneso en compañía de una tropa escogida; arribó a Lemnos y, deseando someter al poder de los atenienses a los habitantes de esta isla, les exigió que lo hiciesen sin [5] ofrecer resistencia. Ellos irónicamente respondieron que estaban dispuestos a hacerlo así siempre que él, zarpando con sus naves desde su país con viento aquilón 13 , consiguiese llegar a Lemnos: tal viento, soplan do como sopla del norte, resulta desfavorable para los que, partiendo de Atenas, se dirigen a Lemnos.

Milcíades, que no tenía tiempo que perder, partió [6] hacia su destino sin desviarse y llegó al Quersoneso.

Conquista el Quersoneso, Lemnos y las Cícladas

Una vez allí, tras haber aniquilado [2 ] en breve tiempo las tropas bárbaras, conquistó todo el país que se había propuesto conquistar, fortificando luego con sólidos reductos los lugares más aptos y estableciendo en los campos a la multitud que había llevado consigo, enriqueciéndola con frecuentes expediciones. Y en esto le ayudó no menos su prudencia [2] que su buena suerte. Pues, si bien es verdad que había logrado vencer al ejército enemigo gracias al valor de sus soldados, él trató con suma equidad todos los asuntos e incluso decidió quedarse él mismo allí.

Entre ellos gozaba de un trato propio de un rey 14 , [3] aunque no poseía tal título y no lo había conseguido más en virtud de su cargo militar que por su sentido de la justicia. Y no por ello olvidaba sus obligaciones para con los atenienses, de quienes procedía. De este modo acaeció que obtuvo el poder sin limitación de tiempo y ello tanto por consentimiento de los que le habían enviado, cuanto por el de aquellos con quienes había partido de Atenas.

[4] Organizadas así las cosas en el Quersoneso, retorna a Lemnos y les exige que le entreguen la isla de acuerdo con lo pactado [ellos le habían dicho que se entregarían cuando, saliendo él de su patria y navegando bajo el viento norte 15 , consiguiese llegar hasta Lemnos]; alegaba que su patria estaba también ahora en el Quersoneso.

[5] Los carios 16 , que a la sazón habitaban la isla de Lemnos, aunque todo había sucedido de manera que ellos no podían ni haber imaginado, coaccionados no precisamente por la palabra dada sino por la buena suerte de sus enemigos, no tuvieron valor para resistir y emigraron de la isla 17 . Con igual fortuna sometió al poder de los atenienses el resto de las islas, llamadas Cícladas 18 .

Incursión de Darío en Escitia

[3 ] Por aquel tiempo, Darío 19 , rey de los persas, una vez que había hecho pasar a su ejército de Asia a Europa, decidió hacer la guerra a los escitas. Hizo construir un puente sobre el río Histro 20 por el que poder pasar sus tropas. Encomendó la custodia de este puente durante el tiempo que debiera durar su ausencia, a hombres importantes que se había llevado consigo de Jonia y Eólida, y a cada uno de los cuales había investido de un poder vitalicio sobre sus respectivas ciudades. Pensaba, en efecto, que [2] mantendría más fácilmente bajo su dominio a los habitantes de habla griega que habitaban Asia, si tenía entregada la custodia de aquellas plazas a amigos suyos, a quienes, en caso de que él fuese derrotado, no les quedaría esperanza alguna de salvación.

En el grupo de estos, a quienes se les llegó a encomendar [3] la custodia del puente, se encontraba Milcíades. Por aquel entonces llegaban frecuentes mensajes de que las cosas marchaban mal, y que Darío se veía en aprieto por parte de los escitas; Milcíades, pues, exhortó a los guardianes del puente a que no dejasen escapar la ocasión, que la suerte les brindaba, de liberar Grecia. Pues, si Darío llegaba a morir junto con las [4] tropas que había llevado consigo, no sólo se sentiría segura Europa, sino que incluso los habitantes de Asia de origen griego se librarían del dominio y amenaza de los persas 21 . Ambas cosas podían conseguirse fácilmente: con el puente cortado, el Rey perecería, bien a manos de los enemigos, bien de hambre, en pocos días.

Aunque muchos 22 estaban de acuerdo con este [5] plan, Histeo de Mileto impidió que se llevara a la práctica alegando que los intereses de ellos, que ostentaban el supremo poder, no coincidían con los del pueblo, ya que su poder tenía como base de sustentación el poder de Darío, y que, una vez muerto éste, quedarían privados de ese poder legal 23 y sometidos al castigo de sus conciudadanos. Y por ello sentía tan gran animadversión hacia el plan de los demás, pensando que nada era más útil para ellos como que el poder de los persas se consolidase.

[6] Milcíades, como quiera que la mayoría siguieran esta opinión, y seguro de que, siendo tan numerosos los que conocían sus planes, éstos acabarían por llegar a oídos del Rey, abandonó el Quersoneso, volviendo de nuevo a Atenas.

Aunque su plan no prevaleció, sin embargo es muy digno de alabarse, por cuanto que favorecía más la libertad de todos que los intereses de su propio poder.

Primera guerra Médica. Expedición de Datis y Artafernes

[4 ] Darío, que había regresado de Europa a Asia, y debido a que sus amigos le instaban a que sometiera a su dominio a Grecia, dispuso una flota 24 de quinientas naves, al frente de la cual puso a Datis y a Artafernes, entregándoles al mismo tiempo doscientos mil infantes 25 y diez mil jinetes, alegando como motivo de su hostilidad hacia los atenienses el hecho de que los jonios habían tomado Sardes gracias a la protección de los atenienses e incluso habían pasado a cuchillo guarniciones suyas.

Tras obligar a la flota a atracar en Eubea, estos generales [2] del Rey conquistaron rápidamente Eretria, y a todos sus habitantes, tras hacerlos prisioneros, los enviaron al Asia ante el Rey. Desde Eretria alcanzaron el Ática, desembarcando sus tropas en la llanura de Maratón 26 , que está 27 de Atenas a unos diez mil pasos.

Los atenienses, aunque aterrados por un ataque tan [3] inminente y de tales proporciones, no pidieron auxilio sino a los lacedemonios, enviando para ello a Lacedemonia a Fidipo 28 , corredor de los llamados «corredores de un día», para que les hiciera saber cuán apurada era la ayuda que se necesitaba. Por otro lado, nombran [4] en Atenas diez generales para ponerlos al frente del ejército y entre ellos a Milcíades.

Entre ellos se entabló una gran disputa sobre si era conveniente defenderse encerrados en sus murallas o, por el contrario, salir al encuentro del enemigo y luchar a campo abierto. Sólo 29 Milcíades ponía su obstinado [5] empeño porque se emprendiera la campaña cuanto antes, pensando que, si se hacía así, se encenderían los ánimos de los ciudadanos al ver que se tenía total confianza en su valor y por idénticas razones los enemigos se harían más indolentes, al advertir que osaban luchar contra ellos con tan escasas tropas.

Batalla de Maratón.

[5 ] En tales circunstancias no acudió en ayuda de los atenienses ninguna ciudad estado , salvo Platea. Ésta envió mil soldados. Así pues, con la llegada de estos soldados se alcanzó el número de diez mil combatientes, que ardían en un deseo [2] de luchar digno de admiración. De este modo se consiguió que la teoría de Milcíades prevaleciera sobre la de sus colegas. Movidos por su prestigio, los atenienses hicieron salir sus tropas de la ciudad y construyeron su campamento en lugar adecuado.

[3] Al día siguiente, formado el ejército en línea en la falda de un monte 30 , desde un lugar excesivamente abierto (pues los árboles por muchos lugares eran escasos) entablaron el combate con el propósito de verse protegidos por la altura de la montaña y de que la caballería enemiga se vería obstaculizada por los árboles y de este modo no se sentirían agobiados por la multitud de los enemigos.

[4] Datis, aunque veía que el lugar no era favorable para sus tropas, no obstante, confiado en su superioridad numérica, deseaba entrar en combate, máxime porque consideraba ventajoso luchar antes de que llegaran los refuerzos de Lacedemonia. Por ello dispuso en orden de batalla cien mil infantes y diez mil jinetes y comenzó el combate.

[5] En este combate los atenienses se mostraron tan superiores en valor, que derrotaron un número de enemigos diez 31 veces superior, produciendo entre ellos tal pánico, que los persas se precipitaron en dirección no de su campamento, sino de las naves 32 .

Nada ha acontecido hasta nuestros días más famoso que este combate, pues jamás un ejército tan exiguo consiguió aniquilar a otro tan numeroso.

Recompensa de Milcíades por la victoria de Maratón

No parece fuera de lugar decir qué [6 ] premio recibió Milcíades por semejante victoria, con lo que se podrá comprender fácilmente que el comportamiento de todos los pueblos es por naturaleza el mismo. Pues así como en otro tiempo las distinciones [2] honoríficas en nuestro pueblo fueron escasas y sencillas, y por lo mismo acarreaban mayor gloria, mientras que ahora son excesivamente frecuentes y banales, del mismo modo sabemos que otro tanto había ocurrido antiguamente en Atenas. En efecto, a este famoso Milcíades, [3] por haber liberado a Atenas y a toda la Grecia entera, se le concedió por todo honor el siguiente: cuando en el pórtico llamado Pecile 33 se representó la batalla de Maratón 34 , se pintó su imagen la primera en el grupo de los diez generales, en actitud de arengar a sus soldados y de comenzar la batalla. Aquel mismo [4] pueblo, después de haber conseguido un imperio más extenso, se corrompió con la prodigalidad de sus magistrados y así decretó que se erigieran trescientas estatuas a Demetrio Falereo 35 .

La empresa de Paros. Condena y muerte de Milcíades

[7 ] Tras este combate, los atenienses confiaron a Milcíades una flota 36 de setenta naves para que luchase contra las islas 37 que habían prestado ayuda a los bárbaros. De acuerdo con las órdenes recibidas obligó a la mayor parte de éstas a que volvieran a la obediencia, mientras que a otras las conquistó por la fuerza.

[2] Entre estas últimas se encontraba la isla de Paros, engreída por su poderío; no pudiendo conseguir reducirla 38 a buen camino por medio de la persuasión, desembarcó sus tropas y, cercando la ciudad, la privó de todo medio de avituallamiento: finalmente, tras haber colocado manteletes y tortugas , se aproximó muy cerca de sus murallas.

[3] Cuando estaba ya a punto de apoderarse de la plaza, a cierta distancia, en tierra firme, se incendió, no sé por qué motivo, durante la noche un bosque que se divisaba desde la isla. Cuando ciudadanos y sitiadores vieron las llamas, unos y otros creyeron que los marineros del Rey estaban haciendo señales. Debido a esto sucedió [4] que los de Paros abandonaron la idea de rendirse y Milcíades, temeroso de que de un momento a otro apareciera la flota real, hizo quemar las obras de cerco que había construido, y con el mismo número de naves con las que había partido regresó a Atenas, provocando gran enojo entre sus conciudadanos. Por esto fue acusado [5] de traición 39 , ya que, pudiendo haberse hecho con la isla de Paros, había abandonado, sin terminarla, la empresa por soborno del Rey. A la sazón Milcíades se encontraba enfermo a causa de las heridas recibidas en el asedio de la ciudad. Y, no pudiendo hablar por sí mismo en su defensa, por este motivo lo hizo su hermano Esteságoras 40 .

Instruido el sumario, se le absolvió de la pena de [6] muerte, pero se le impuso una multa en dinero por un importe de cincuenta talentos, cantidad que se estimaba equivalente a lo que se había invertido en armar la flota. Por no haber podido pagar esta suma al contado se le encerró en una prisión pública y en ella murió 41 .

Cualidades de Milcíades. La verdadera causa de su muerte

[8 ] Aunque figuró como causa de la acusación su delito de Paros, muy otro fue sin embargo el verdadero motivo de su condena. En efecto, debido a la tiranía de Pisístrato, que había tenido lugar pocos años antes, los atenienses tenían miedo del poder extralimitado de sus conciudadanos. [2] Milcíades, que había pasado gran parte de su vida investido de las magistraturas tanto militares como civiles, no parecía poder considerarse ahora como un ciudadano cualquiera, ya que la costumbre 〈de mandar〉 parecía arrastrarle de una manera inexorable a desear [3] el poder. Pues ya en el Quersoneso, durante todos aquellos años que lo había habitado, ostentó un poder vitalicio y había recibido el apelativo de tirano, pero tirano justo. Y es que el poder lo había conseguido no por la fuerza, sino por deseo de sus conciudadanos, y lo mantenía gracias a su probidad. Pero ya se sabe que se llaman y se les considera tiranos a todos aquellos que obtienen el poder vitalicio en una ciudad que antes ha [4] disfrutado de libertades públicas. Pero en Milcíades se conjugaban una gran benignidad y un extraordinario sentido de la convivencia, hasta el punto de que nadie, por humilde que fuera, al acudir a él encontró las puertas cerradas; gozó de gran predicamento en todas las ciudades griegas; su nombre fue ilustre, recibiendo los más grandes honores por sus campañas militares. En consideración a todo esto el pueblo prefirió que se le castigara, aun inocente, a seguir temiéndole por más tiempo.


8 Cimón el Viejo, hijo de Estaságoras. No debe confundirse con su nieto Cimón, hijo de Milcíades, cuya vida narra Plutarco y el mismo Nepote.

9 Denominación que daban los griegos a la antigua región de Tracia, que se corresponde hoy con la actual Gallipoli, entre los Dardanelos y el golfo de Saros.

10 Ciudad famosa de la antigua Grecia, ubicada en la Fócida, en la vertiente del Parnaso. En ella se encontraba el Santuario de Apolo y su célebre Oráculo.

11 La Pitia, oráculo de Apolo. Reclinada sobre un trípode quedaba en éxtasis mientras los sacerdotes interpretaban sus expresiones.

12 Imperdonable error de Nepote, que confunde a Milcíades, hijo de Cimón, cuya vida narra, con su tío Milcíades, hijo de Cipselo, a quien corresponde este pasaje. En el libro VI de sus Historias cuenta Heródoto cómo había sido enviado Milcíades el de Cipselo al Quersoneso.

13 Heródoto (VI, 139) narra los acontecimientos de distinta manera: los pelasgos, que habitaban Lemnos, a causa de una peste que había desolado a su país consultaron el oráculo de Delfos para ver el modo de librarse de esa calamidad; el oráculo les respondió que deberían dar completa satisfacción a los atenienses, a quienes enviaron mensajeros para cumplir la respuesta del oráculo. Fue entonces cuando los pelasgos contestaron a la proposición de rendimiento que les hacían los atenienses con la falacia a que aquí se alude (cf. el adverbio «irónicamente»).

14 Este poder real, no nominal pero sí efectivo, lo atestigua Heródoto (VI 39) cuando dice que Milcíades hizo presos a todos los señores principales del Quersoneso, poniendo a su servicio a quinientos hombres de guardia y casándose después con la princesa Hegesipila, hija de Oloro, rey de los tracios.

15 Al viento norte los latinos lo llamaban aquilón y los griegos Bóreas , dios del viento, hijo de Eos (la Aurora) y de Astreo, y hermano de Céfiro y de Noto. Pertenece a la raza de los Titanes, personificación griega de las fuerzas de la Naturaleza.

16 Según Heródoto (cf. nota 13) eran los pelasgos los que por entonces habitaban Lemnos.

17 Lemnos tenía dos ciudades importantes: Hefestia y Mirina. Según Heródoto, los de Hefestia se entregaron en principio a Milcíades, pero no así los de Mirina, que se resistieron, alegando que el Quersoneso nada tenía que ver con el Ática.

18 Conjunto de islas en el mar Egeo, cuyo nombre, según Plinio (Hist. Nat . IV 122), proviene del griego kýklos , por cuanto forma como un anillo alrededor de Delos. El escoliasta de Virgilio, Servio (En . III 126), dice que este nombre se debe a que las naves que se dirigían hacia ellas lo hacían en círculo.

19 Darío I, padre de Jerjes. Atacó a los escitas como represalia por haber invadido Media.

20 Hoy Danubio.

21 Una vez más el relato de Nepote se aparta del de Heródoto, que afirma (IV 137 y 138) que fueron los propios escitas los que invitaron a los griegos a cortar el puente y a liberarse del dominio persa.

22 Los más importantes, que siguieron el parecer de Histieo, son citados por Heródoto por sus nombres y lugar de procedencia (HERÓD ., IV 138).

23 El término «potestas» implica un poder que se ostenta legalmente, bien en nombre del pueblo bien que sea de origen real, y se opone a «potentia», que supone un dominio ilegal o usurpado.

24 Nepote ha silenciado la existencia de una primera flota, mandada por Mardonio, en el 492 a. C. Viendo Darío lo poco fructuoso que había sido el mando de Mardonio lo depuso, y nombró como generales a Datis y Artafernes para que atacaran Escitia y Atenas. Es esta la expedición a la que se refiere Nepote. En cuanto al número de navíos, mientras Heródoto cita seiscientos, Platón refiere trescientos, sin contar los de carga, y Nepote quinientos.

25 Valerio Máximo (V 3) da un número de trescientos mil hombres, Pausanias (IV 25) otros trescientos mil, Lisias quinientos mil y Nepote doscientos mil. De todos modos estas cifras deben estimarse superiores a la realidad.

26 La llanura de Maratón había parecido a Hipias, hijo de Pisístrato (cf. HERÓD . VI, 107), el lugar más adecuado para la facilidad de movimientos de la caballería persa.

27 Mi traducción «está a» supone no admitir la corrección abesse ab frente a la lección generalizada de los manuscritos est ab .

28 Heródoto (VI 105) y Pausanias (I 28) dan el nombre de Fidipides, mientras algunos códices tienen Filipo. Posiblemente su verdadero nombre fuera Filipides. Cf. PLIN ., Hist. Nat , VII, 20.

29 Si hemos de prestar fe a Heródoto (VI 105), no fue sólo Milcíades el que tenía esta opinión, sino cinco de los diez generales, sin incluir al propio polemarco Calímaco Afidneo, a quien Milcíades convenció con un discurso, deshaciendo de este modo el empate en la votación.

30 El monte denominado de Pan.

31 Heródoto (VI 117) afirma que los barbaros muertos en Maratón sumaban seis mil cuatrocientos y los atenienses sólo ciento noventa y dos.

32 Error de interpretación de Cornelio. Heródoto (VI 115) dice que los bárbaros expulsaron de algunas de sus naves a los atenienses, haciendo que los esclavos de Eretria embarcasen en otra nave, y siguieron su rumbo, bordeando a Sunio con la intención de atacar a Atenas. Se dirigieron, pues, a sus naves no por precipitación en la huida, sino con una intencionalidad clara.

33 Galería existente en Atenas, que estaba decorada con variadas pinturas; de aquí su nombre Pecile (cf. el griego poikílos = ‘vario’). Diógenes Laercio en la Vida de Zenón (cap. 1) dice que el nombre de Pecile viene de las tablas pintadas por Polignoto. Plinio (Hist. Nat . XXXV 35) afirma que las pinturas de Pecile se debían a Polignoto y Micón.

34 Plinio (Hist. Nat . XXXV 4) estima que el cuadro de la batalla de Maratón fue pintado por un hermano de Fidias, llamado Panemo. En él, además de a Milcíades, podía verse a Calímaco, el polemarco, y a Cinegiro, atenienses, a Datis y a Artafernes, persas.

35 Amigo íntimo de Teofrasto y administrador de Atenas en los años 318 a 308, durante la dominación macedónica. Fue derrocado por Demetrio Poliorcetes.

36 La flota fue pedida, según Heródoto, por el propio Milcíades, sin decirles contra quienes pensaba luchar, asegurándoles solamente que les haría ricos si consentían en seguirle.

37 Las Cícladas, conquistadas por Datis y Artafernes.

38 Cornelio da aquí una razón bastante trivial y muy distinta de la aducida explícitamente por Heródoto (VII 133) cuando dice que se dirigió Milcíades contra Paros, alegando que iba a castigar a sus habitantes por haber luchado antes al lado de los persas en Maratón; pero que esto era tan sólo un pretexto, ya que la verdadera causa estaba en que Liságoras, hijo de Tisias y natural de Paros, le había acusado y enojado con el persa Hidarmes y de aquí su animadversión contra los de Paros.

39 No parece ser cierto que la acusación lanzada contra Milcíades fuera la de traición, pues, según Heródoto (VI 136), Jantipo, hijo de Arifrón, intentando plantearle ante el pueblo causa capital, le acusaba de haber engañado a los atenienses. Fue, por tanto, de dolo y fraude a Atenas.

40 Prescindiendo de la diversidad de nombres que nos dan los manuscritos (Tiságoras, Ságoras, Diágoras e Iságoras), lo que parece cierto es que la defensa de Milcíades estuvo a cargo de sus amigos (cf. HERÓD ., VI 136).

41 La versión sobre los últimos momentos de la vida de Milcíades no concuerda con la dada por Heródoto (VI 136), quien dice que el pueblo le absolvió de la pena capital en virtud de los méritos contraídos por él en Maratón y en la conquista de Lemnos, muriendo, después del juicio, a causa de la gangrena en el muslo. La multa de cincuenta talentos la haría efectiva su hijo Cimón.

II

TEMÍSTOCLES

SINOPSIS

1. Juventud de Temístocles. Sus comienzos en la vida pública. — 2. Segunda Guerra Médica. Guerra de Corcira. Invasión de Grecia por Jerjes. — 3. Las Termópilas. Batalla de Artemisio. — 4. Jerjes destruye Atenas. Batalla de Salamina. — 5. Estratagema de Temístocles y retirada de Jerjes. — 6. Construcción del puerto del Pireo. Reconstrucción de las murallas de Atenas. — 7. Defensa hecha por Temístocles ante el Senado espartano de los derechos de Atenas. — 8. Destierro de Temístocles. Su estancia en Argos, Corcira y Asia. — 9. Carta que envía Temístocles a Artajerjes. — 10. Sus últimos días en Magnesia. Teorías sobre su muerte.

Juventud de Temístocles. Sus comienzos en la vida pública

Temístocles, hijo de Neocles, ateniense. [1 ] Los vicios de su adolescencia se vieron corregidos 42 con tan grandes virtudes, que difícilmente nadie 43 le pudo aventajar en ellas y pocos fueron los que le igualaron. Pero preciso es comenzar la 〈historia de Temístocles〉 desde el principio.

[2] Neocles 44 , su padre, era de familia noble y casó con una oriunda de Acarnania que gozaba del derecho de ciudadanía, y de la que nacería Temístocles, quien, reprobado por sus padres por la licenciosa vida que llevaba, malgastando la hacienda familiar, fue desheredado 45 por su padre. Pero esta afrenta no sólo no lo hundió, sino que levantó más aún su ánimo.

[3] En efecto, pensando que no podía hacer que tal afrenta quedara en el olvido si no era poniendo en ello todo su esfuerzo, se dedicó por entero a la vida pública, tratando de este modo de adquirir fama y amigos. Por ello solía participar asiduamente en las causas civiles, tomando con frecuencia la palabra en las asambleas del pueblo; sin su consentimiento no solía hacerse nada que fuese de cierta importancia; comprendía casi intuitivamente lo que debía hacerse en cada momento y en sus discursos era 46 de una gran claridad de ideas; a [4] la hora de llevar a efecto algo, mostraba la misma aptitud que cuando lo meditaba, pues, como dice Tucídides, juzgaba con toda exactitud las situaciones del momento y preveía con gran sagacidad el futuro. De este modo se convirtió en poco tiempo en un hombre célebre.

Segunda guerra médica. Guerra de Corcira. Invasión de Grecia por Jerjes

Su primer paso en la carrera política [2 ] fue con motivo de la guerra de Corcira 47 : el pueblo le eligió general y le puso al frente de la misma. Y no sólo durante esta guerra, sino en el tiempo posterior a ella hizo de Atenas una ciudad más belicosa. En efecto, viendo que la recaudación que se [2] obtenía de la explotación de las minas se dilapidaba por la prodigalidad que los magistrados realizaban cada año, convenció al pueblo para que con este dinero se construyera una flota de cien navíos 48 . Ultimada [3] con toda rapidez esta flota, primeramente derrotó con ella a los de Corcira y luego persiguiendo a los piratas, consiguió la seguridad en el mar. Durante esta guerra enriqueció a los atenienses e hizo de ellos los más avezados en la guerra naval.

Cuán importante fue esto para la seguridad de la [4] Grecia entera se puso bien de manifiesto en la guerra contra los persas. En efecto, Jerjes emprendía la guerra contra toda Europa por mar y por tierra con un ejército tan numeroso cual nadie antes de él ni después tuvo. Su flota constaba de mil doscientas naves de guerra a [5] las que había que sumar otras doscientas de carga, mientras su ejército de tierra lo formaban setecientos mil infantes y cuatrocientos mil jinetes.

Llegó a Grecia la noticia de su inmediata invasión [6] y se decía que eran sobre todo los atenienses contra quienes se dirigía, por lo de la batalla de Maratón; por lo cual éstos enviaron legados a Delfos para consultar acerca de lo que era conveniente hacer. A los que habían ido a consultar la Pitia les respondió que se fortificaran con murallas de madera.

[7] Como quiera que nadie 49 entendía el significado de tal respuesta, Temístocles les convenció de que el consejo de Apolo era que se embarcaran junto con sus enseres; que tal era lo que el dios quería decir al hablar [8] del muro de madera. Aceptada esta decisión, añaden a las ya citadas naves otras tantas trirremes, llevando en ellas sus bienes muebles, unos a Salamina y otros a Trecene 50 , mientras entregan a los sacerdotes y a un pequeño grupo de ancianos la acrópolis y el cuidado de las ceremonias religiosas, abandonando el resto de la ciudad.

Las Termópilas. Batalla de Artemisio

[3 ] La decisión de Temístocles no era del agrado de la mayor parte de las ciudades, a las que les parecía mejor que se luchara en tierra. Por ello se enviaron, a las órdenes de Leónidas, caudillo de los lacedemonios, tropas escogidas, para que ocuparan las Termópilas, impidiendo así que los bárbaros avanzaran demasiado. Los soldados no pudieron aguantar el impetuoso ataque del enemigo y murieron todos en este lugar 51 .

La armada confederada griega, compuesta por trescientas [2] naves, de las que doscientas 52 eran atenienses, entabló combate por primera vez con la flota real en Artemisio, entre Eubea y el continente. Temístocles procuraba buscar siempre lugares angostos para no verse rodeado por la multitud de enemigos. Entonces, [3] aunque habían terminado el combate ni victoriosos ni vencidos 53 , no se atrevieron a permanecer en este lugar, ya que se corría el riesgo de que, si una parte de la flota enemiga conseguía doblar Eubea, se encontrarían cogidos por un frente doble. Esto fue la causa de [4] que se retiraran de Artemisio y anclasen su flota en Salamina, dando vista a Atenas.

Destrucción de Atenas por Jerjes. Batalla de Salamina

Jerjes, tras apoderarse de las Termópilas, [4 ] se dirige rápidamente a Atenas y, encontrándola indefensa, mata a los sacerdotes que encuentra en la acrópolis y la incendia. Los soldados [2] de la flota, aterrados por el fuego, no se atrevieron a permanecer en las naves y, siendo la mayoría de la opinión de volver a sus países y defenderse tras sus murallas, sólo Temístocles se resistió a ello, alegando que todos juntos podrían detener al enemigo, jurándoles incluso que, separados, estaban condenados a morir, al mismo tiempo que a Euribíades 54 , rey de los lacedemonios 55 , a la sazón investido del mando supremo, le aseguraba que tarde o temprano esto tendría que suceder.

[3] No pudiendo convencerle hasta el punto que él deseaba, eligió de entre sus esclavos al más fiel 56 que tenía y le envió al Rey para anunciarle en su nombre que sus enemigos se habían dado a la huida, añadiendo [4] que, si llegaban a disgregarse, la guerra le resultaría más laboriosa y larga, al verse obligado a atacar a cada uno por separado, mientras que, si les atacaba al instante, en poco tiempo los vencería a todos. De este modo conseguía obligarles a luchar contra su voluntad. [5] El bárbaro, oído esto, y sin sospechar engaño ninguguno, al día siguiente atacó en un lugar muy desfavorable para él y, al contrario muy favorable para el enemigo, en una zona del mar tan angosta, que apenas si pudo desplegarse su numerosa flota 57 . Así resultó vencido más por la sagacidad de Temístocles que por las armas de Grecia.

Estratagema de Temístocles y retirada de Jerjes

Aunque las cosas le habían ido [5 ] mal, sin embargo contaba aún con tal número de tropas como para poder derrotar a sus enemigos; pero por segunda vez fue apartado de su posición 58 por el mismo Temístocles.

Temístocles, en efecto, temeroso de que (Jerjes 59 ) decidiera continuar la guerra, le hizo saber que en esos momentos se estaba decidiendo en asamblea cortar el puente que él había mandado construir en el Helesponto e impedir de esta manera su regreso a Asia, y consiguió que se lo creyera. Así logró volver a Asia en menos [2] de treinta días, siguiendo el mismo camino por el que antes había invertido seis meses en llegar, pensando que Temístocles no sólo no le había vencido sino que había sido su salvación. De este modo fue como Grecia [3] se vio libre gracias a la habilidad de un solo hombre, y Asia sucumbió a Europa.

Esta es la segunda victoria, que bien podría compararse con la de Maratón, ya que, del mismo modo que en Maratón, en Salamina la flota más grande que se recuerda fue vencida aparatosamente por un insignificante número de naves.

Construcción del puerto del Pireo. Reconstrucción de las murallas de Atenas

Grande fue Temístocles en esta [6 ] guerra, pero no lo fue menos en la paz. En efecto, los atenienses venían usando el puerto de Falero, demasiado pequeño y poco apto, y he aquí que por decisión suya se acondicionó el triple puerto del Pireo y se amuralló en su alrededor hasta el punto que llegó a igualar en magnificencia a Atenas, e incluso la superó en eficacia.

[2] Él mismo reconstruyó las murallas de Atenas con riesgo de su propia persona 60 . Pues los lacedemonios, que habían encontrado un pretexto suficiente en las invasiones bárbaras para decir que no era conveniente que fuera del Peloponeso existiera ciudad alguna, por si, al convertirse en lugares fortificados, los enemigos acababan apoderándose de ellos, al ver que los atenienses las edificaban, ponían todo su empeño en impedírselo. [3] Y esto lo deseaban por causas muy distintas de las que querían aparentar. Y es que los atenienses con dos victorias, la de Maratón y la de Salamina, habían conseguido ante todas las naciones tan gran gloria que los lacedemonios sabían que la lucha con los atenienses [4] por la primacía de Grecia era inevitable. Por ello querían que los atenienses se vieran lo más indefensos posible. Cuando se enteraron de que los muros se estaban levantando, enviaron a Atenas mensajeros para intentar impedirlo. Ante la presencia de éstos, desistieron, diciendo que les enviarían legados a Lacedemonia para resolver este asunto.

[5] Temístocles asumió la responsabilidad de esta embajada, siendo el primero en marchar; recomendó que los restantes legados salieran de Atenas sólo cuando se estimara que la altura del muro construido era suficiente, aconsejándoles que mientras tanto todos, esclavos y libres, trabajasen y sin respetar lugar alguno, ya sagrado, ya profano, bien privado o público, recogiesen por doquier cuanto estimaran que podría ser material adecuado para la fortificación. Por ello las murallas de Atenas estaban construidas de pequeños santuarios y tumbas.

Fuerte defensa ante el Senado de Esparta de los derechos de Atenas

Temístocles, cuando llegó a Lacedemonia, [7 ] no quiso presentarse a los magistrados 61 , sino que, poniendo como pretexto que estaba esperando a sus colegas, procuró darle largas al asunto. Cuando los lacedemonios se estaban quejando [2] de que a pesar de todo las obras continuaban y de que él les estaba engañando, en ese momento se presentaron todos los demás legados. Enterado por éstos de que no quedaba ya mucha obra por hacer, se presentó a los éforos 62 lacedemonios, que ejercían el sumo poder, tratando de demostrarles que cuanto les habían dicho era falso y que en consecuencia creía justo que ellos enviaran a hombres honestos y nobles, dignos de toda confianza, para que investigaran y mientras tanto le tomasen a él como rehén.

Se le hizo caso y se enviaron a Atenas tres legados, [3] que habían ejercido las más altas magistraturas. Temístocles dispuso que junto con éstos marcharan también sus colegas, aconsejándoles que no dejasen salir (de Atenas) a los legados de los lacedemonios antes de que le dejasen libre a él. Cuando estimó que los legados debían [4] haber llegado a Atenas, se presentó a los magistrados y senado de los lacedemonios haciéndoles con entera libertad la siguiente confesión: que los atenienses por consejo suyo y haciendo uso del derecho común de gentes habían rodeado con murallas a los dioses públicos, a los de su propia patria y a sus Penates 63 para poderlos defender mejor de sus enemigos y que lo habían [5] hecho así en provecho de Grecia. Precisamente porque habían hecho de su ciudad un baluarte contra los bárbaros era por lo que las flotas reales habían fracasado [6] dos veces en su ataque 64 . Que los lacedemonios habían obrado perversa e injustamente al poner sus miras más en la defensa de su primacía que en los intereses de toda Grecia. Por lo tanto, si querían que los legados, que habían enviado a Atenas, regresaran a Esparta, tendrían que dejarle salir a él, pues de otro modo éstos jamás volverían a sus patria.

Destierro de Temístocles. Su estancia en Argos, Corcira y Asia

[8 ] A pesar de todo esto (Temístocles) no pudo librarse de la envidia de sus propios conciudadanos; en efecto, por los mismos temores por los que Milcíades había sido condenado, lo fue él al destierro 65 , retirándose a vivir a Argos.

[2] Mientras vivía allí rodeado de grandes honores, ganados por sus muchas virtudes, los lacedemonios enviaron a Atenas legados para que le acusaran durante su ausencia de haber hecho un pacto con el Rey persa para aplastar a Grecia.

Por esta acusación se le condenó en su ausencia por [3] el delito de traición. Cuando se enteró de esto, al no sentirse suficientemente seguro en Argos, se marchó a Corcira. Al darse allí cuenta de que los ciudadanos más importantes temían que por su causa los lacedemonios y atenienses atacaran a los de Corcira, se refugió en la corte de Admeto, rey de los molosos 66 , con quien se consideraba vinculado por lazos de hospitalidad 67 .

Llegado aquí y en un momento en que el rey se hallaba [4] ausente, para obligarle más aún a recibirle y defenderle, se apoderó de una hija 68 de Admeto de corta edad, refugiándose con ella en el santuario doméstico, lugar que solía venerarse con sumo respeto religioso. No salió de allí hasta que el rey, estrechándole su diestra, le diera garantías de protección.

Las cumplió: aunque los atenienses y lacedemonios [5] reclamaron de manera oficial que se lo entregara, él no sólo no lo traicionó, entregando a su suplicante, sino que le aconsejó que se precaviera, ya que le sería difícil seguir viviendo sin riesgo en un lugar tan cercano (a Grecia). Por ello el rey ordenó que se le condujera a Pidna 69 , dándole toda la protección que fue necesaria.

[6] Embarcó sin ser notado por los marineros. Arrastrada la nave a causa de una gran tempestad a Naxos, donde a la sazón se encontraba el ejército ateniense, Temístocles se dio cuenta de que, desembarcando allí, estaríaperdido. Obligado por esto, descubrió al dueño de la nave quién era, prometiéndole muchas cosas si le salvaba. [7] Aquél, movido a compasión por un hombre tanilustre, ancló la nave durante un día y una noche 70 lejos de la isla, en alta mar, no permitiendo que nadie abandonara la nave. De allí marchó a Éfeso, en donde dejó a Temístocles, quien más tarde le recompensó por este favor.

Carta enviada por Temístocles a Artajerjes

[9 ] Ya sé que la mayor parte de los historiadores dijeron que Temístocles había pasado a Asia durante el reinado de Jerjes. Pero yo presto mayor confianza a Tucídides, tanto por ser el más próximo en el tiempo (a los hechos narrados)de entre cuantos escribieron la historia de aquellas épocas, cuanto por ser de la misma ciudad. Él dice que era Artajerjes a quien había acudido, previo envío de [2] una carta en los siguientes términos: «Acudo a ti yo, Temístocles, que de entre los griegos he sido el que más daño ha causado a tu casa, al verme obligado a luchar [3] contra tu padre por defender a mi Patria. Pero también yo le hice mucho más bien, cuando yo estaba seguro y él comenzaba a encontrarse en peligro; pues terminada la batalla de Salamina, cuando él quería volver a Asia, se enteró, por carta que yo le escribí, de que se estaba procurando la destrucción del puente que había hecho construir en el Helesponto, y que se hallaba rodeado por el enemigo; gracias a mi aviso se pudo ver libre de este peligro.

Ahora he huido a tu presencia, hostigado por toda [4] Grecia, en busca de tu amistad; si consigo alcanzarla, me tendrás como un amigo tan bueno cual enemigo valeroso fuí para él. Te suplico, pues, que me concedasel plazo de un año para (tratar) de las cosas que quierodiscutir contigo y que, una vez transcurrido este plazo, me permitas ir a tu presencia».

Sus últimos días en Magnesia. Teorías sobre su muerte

Sintiendo gran admiración por [10 ] una grandeza de alma tal y deseandoganarse para sí a un hombre de talescondiciones, el rey le concedió el permiso. Él durante todo este tiempo se dedicó por entero al estudio de la cultura y de la lengua de los persas; hasta tal punto se impuso en ellas que, según se dice, hablaba ante el Rey con mucha mayor soltura que podían hacerlo los nacidos en Persia 71 .

Tras haberle hecho al Rey muchas promesas, entre [2] las cuales la más agradable fue la de que, si estaba dispuesto a seguir sus consejos, conquistaría Grecia, volvió a Asia, cargado de honores por Artajerjes, estableciendo su residencia en Magnesia 72 . El rey le había [3] dado esta ciudad diciéndole que ella le proveería de pan (esta región solía producir de renta cincuenta talentos al año); pudiendo adquirir de Lámpsaco el vino y de Miunte el resto de los víveres.

De él han perdurado íntegros hasta nuestros días dos monumentos: la tumba, cerca de la ciudad 73 , en la que estuvo enterrado, y su estatua en el foro de Magnesia.

[4] Por lo que hace a su muerte los historiadores han emitido teorías diversas 74 ; pero yo me atengo al testimonio de Tucídides por encima de los demás, cuando dice que murió en Magnesia de enfermedad natural, si bien no niega haberse difundido la noticia de que se envenenó por propia voluntad, pues desesperaba de no poder cumplir la promesa que hizo al rey de someter a Grecia.

[5] El mismo (Tucídides) ha dejado constancia de que sus amigos dieron sepultura a sus restos en Ática ocultamente, ya que las leyes no lo permitían, por haber sido condenado por traición.


42 Los manuscritos A, B dan emundata . Sigo la corrección propuesta por Nipperdey (In C. N ., pág. 16), emendata , estimando que la primera forma no aparece atestiguada en latín hasta Columela.

43 Aunque nuestro autor es dado a la hipérbole, en este caso no debe considerarse exageración, pues Tucídides (I 138) se deshace en elogios en la persona de Temístocles.

44 Plutarco (Temístocles , I) dice que Neocles no era de los distinguidos en Atenas, siendo de Frear, uno de los pueblos de la tribu de Leóncide. Por lo que respecta a la madre de Temístocles, de un poema de Anfícatres parece colegirse que su nombre era Abrotono, de origen tracio. Fanias (según Plutarco) afirma que su madre no era tracia sino de Caria y que su nombre era Euterpe. Por su parte Neantes de Cizica le hace descender de la ciudad de Halicarnaso. En lo que parecen estar de acuerdo todos es en afirmar que no era ateniense, si bien, según nuestro autor, gozaba del derecho de ciudadanía ateniense.

45 Según Plutarco (Temis . II) esto es falso: «Todas las demás relaciones, que sobre esto han inventado algunos, como son el que su madre se suicidara por el deshonor de su hijo o que su padre le desheredara, hay que tenerlas como falsas».

46 La importancia del códice Danielino o Gafaniano me ha inducido a aceptar el texto facile eadem oratione explicabat .

47 Plutarco (Temis . IV) se refiere también a esta guerra, pero no dice que fuera contra Corcira sino contra Egina, que era por entonces la dueña del mar por el número de sus naves. Lo mismo afirma Heródoto (VII 134).

48 El dinero que los atenienses sacaban de la explotación de las minas de Laurio estaba a punto de ser distribuido a razón de diez minas a cada uno.

49 Afirmación gratuita por parte de Nepote, ya que Heródoto (VII 142) habla de una doble interpretación dada por el congreso del pueblo a la respuesta del oráculo: la primera la de aquellos que la interpretaron como que la acrópolis quedaría salva, por estar desde antiguo defendida por una estacada, que era el muro al que se refería el oráculo; la segunda la de aquellos que identificaban el muro, citado por el oráculo, con las naves.

50 Ciudad de la Argólida en la misma entrada del golfo de Salónica. Plutarco (VII 10) dice que los atenienses dejaron a sus padres y mujeres en Trecene, donde fueron honrosamente recibidos.

51 Heródoto cita los epitafios colocados en honor de los caídos en las Termópilas: «Contra tres millones pelearon solos aquí en este lugar cuatro mil peloponesios». Y el de los espartanos: «Habla a los lacedemonios, amigo, y diles que yacemos aquí obedientes a sus mandatos».

52 Heródoto (VIII 1) habla de ciento veintisiete naves atenienses, aunque en el capítulo XLIV cita ciento ochenta; Plutarco da también el número de ciento ochenta naves atenienses.

53 En efecto la batalla de Artemisio no decidió nada ni en favor ni en contra de Atenas, pero los atenienses aprendieron la lección de que en la lucha no vence quien más grita ni más naves posee, sino el que está dotado de coraje y valor. Así Píndaro, refiriéndose a esta batalla, dice:

A la libertad seguro y claro asiento

dieron los hijos de la preclara Atenas .

54 La entereza de ánimo de Temístocles queda de manifiesto en el diálogo, mantenido con Euribíades, recogido por Plutarco: «Dícele Euribíades: ‘Oh Temístocles, en los juegos, a aquellos que se adelantan les dan de bofetadas.’ ‘Sí’, responde Temístocles, ‘pero no coronan a los que se quedan atrás’». Al tratar de darle Euribíades un bastonazo, Temístocles le dijo: «Bien, pega, pero escucha».

55 Según Heródoto (VIII 42) Euribíades era natural de Esparta y no era de familia real.

56 El nombre de este esclavo era Sicino, persa por nacimiento, pero muy fiel a Temístocles.

57 Del testimonio indirecto de Plutarco se deduce que el lugar debió ser la zona limitada por el templo de Hércules y Salamina, que es por donde ésta dista menos de Atenas.

58 He respetado la expresión de Cornelio gradu depulsus est conservando así la intención del autor, que quiere emplear una metáfora tomada de la lucha entre los gladiadores.

59 Una de las características más típicas del estilo de Nepote son sus cambios bruscos de sujeto en verbos, que se encuentran en la misma persona gramatical, lo que me obliga y obligará a veces a tener que suplir entre paréntesis el sujeto verbal para evitar confusiones.

60 Parece deducirse por el ordenamiento de los hechos, narrados por Nepote, que la construcción del puerto del Pireo fuera anterior a la construcción de las murallas de Atenas, lo que está en evidente contradicción con los datos de Plutarco (XIX) y Tucídides (I 93).

61 Magistrados, que gozaban de gran poder en Esparta. Fueron creados, según Plutarco, por Teopompo con la intención de que su poder fuera como un contrapeso del poder real. Se vienen a corresponder en orden a sus poderes con los tribunos de la plebe romanos.

62 Los éforos .

63 Dioses públicos, es decir, los dioses comunes a toda la Grecia; los privados o particulares de Atenas y los Penates o dioses familiares.

64 La expresión de Nepote fecisse naufragium bien podría traducirse por «hacer aguas», locución técnica de la marina, no exenta en este caso de una intencionalidad alusiva a las batallas de Maratón y Salamina.

65 Temístocles fue condenado, como la mayoría de los hombres importantes de Grecia, al ostracismo. Los términos testarum suffragiis aluden a la forma como en Grecia se decretaba la condena de ostracismo o condena al destierro durante diez años.

El ostracismo no era una pena impuesta por algún delito público, sino una medida de prevención frente a los máximos poderes de cualquier ciudadano. Cada año se consultaba al pueblo si debía plantearse un voto de ostracismo y en caso afirmativo el pueblo votaba (suffragium) en voto secreto, escribiendo en una teja (testa) el nombre del que, en virtud de sus grandes poderes, podía representar un peligro para las libertades del pueblo y en consecuencia merecía ser desterrado, dejándosele escoger el lugar de residencia. Temístocles eligió Argos.

66 Habitantes de una zona en la parte central del Epiro.

67 No entiendo las razones que tuviera Nepote para hablar de vínculos de hospitalidad entre Temístocles y Admeto. Tucídides dice que Temístocles se refugió en casa de Admeto, rey de los molosos, el cual le era desafecto. Con mayor precisión se manifiesta Plutarco al decir que Admeto miró siempre con odio a Temístocles, estando siempre dispuesto a vengarse de él, si le tuviese a mano. Justifica al mismo tiempo el que se refugiara en su casa, alegando que para Temístocles era menos peligrosa la ira de Admeto y de su familia que la del pueblo.

68 Al parecer fue la propia esposa de Admeto quien le instó a que hiciese esto, ya que entre los molosos era aquella la forma más sagrada de súplica.

69 Ciudad de Macedonia, del dominio de Alejandro Magno.

70 MONGINOT (nota al pasaje) señala que la expresión diem noctemque «resulta ambigua por cuanto que puede significar tanto ‘durante un día y una noche’ como ‘durante el día y la noche’, sea cual sea el número de días y noches de que se trate». Pero esto se dice también diu noctuque , por lo que se hace preferible la primera interpretación.

71 Una vez más surge en nuestro autor la inclinación a la hipérbole; tal vez se trate de una aportación personal un tanto arbitraria. Tucídides sólo dice que se empeñó en el estudio de la lengua persa cuanto mejor pudo.

72 Colonia tesala de Jonia, que no debe confundirse con Magnesia, ciudad lidia, lugar en el que Cornelio Escipión venció a Antíoco III en el 189 a. d. C.

73 Debe tratarse de la tumba mencionada por Pausanias. Tucídides menciona sólo la tumba erigida en la plaza pública de Magnesia. Por su parte Diodoro el Periegeta alude, como mera suposición, a una tumba de Temístocles existente cerca del Pireo, mientras su homónimo de Sicilia sólo cita la levantada en Magnesia. Cf. PLUT ., Temist . XXXII; PAUSA ., Attica 2; DIODORO , XI.

74 Tucídides dice que murió de enfermedad (cf. TUCÍD ., Guerra Pelop . I 138). Plutarco que bebió sangre de toro o un veneno muy activo: Vida de Temístocles , 31.

III

ARÍSTIDES

SINOPSIS

1. Destierro de Arístides. — 2. Vida política y actividad militar. —3. El tesoro de Delos. Muerte de Arístides. Su cualidad más importante, su desinterés.

Destierro de Arístides

Arístides 75 , hijo de Lisímaco, ateniense, [1 ] era casi de la misma edad que Temístocles, por lo que luchó con él por la primacía 76 , lo que originó una rivalidad mutua.

La historia de éstos da idea de la preeminencia de [2] la elocuencia sobre la virtud. Pues, aunque Arístides sobresalía por su moderación tanto que, según la historia, al menos la que nosotros hemos oído contar, sólo él mereció el sobrenombre de Justo 77 , sin embargo, desacreditado por Temístocles, fue condenado por obra [3] del voto popular al destierro de diez años. Él, al advertir que no era posible reprimir el furor de la multitud, y habiendo notado, al apartarse de la muchedumbre, que alguien escribía 78 (su voto) para que se le desterrara, se dice que le preguntó por qué hacía aquello o qué delito había cometido Arístides para que se le juzgara [4] merecedor de castigo tan considerable. Aquel sujeto le respondió que no sabía quién era Arístides, pero que, a pesar de ello, le resultaba desagradable el que se hubiese esforzado con tanta avidez porque se le llamara Justo por encima de los demás.

[5] Arístides no cumplió en su totalidad la pena de diez años impuesta por la ley, pues cuando Jerjes bajó (para atacar) a Grecia, a poco de cinco años de su destierro, en virtud de un decreto popular 79 se le permitió volver a su patria.

Vida política y actividad militar

[2 ] Tomó parte en la batalla naval de Salamina, a pesar de que ésta tuvo lugar antes de que se viera libre del ostracismo . También fue general de los atenienses en Platea durante la batalla en la que Mardonio fue vencido y pasado a cuchillo el ejército bárbaro. No existe ningún 80 otro hecho relevante [2] en su carrera militar sino el recuerdo de dicho generalato, mas sí muchos (que hablan) de su justicia, equidad e integridad; por encima de todos el hecho de que gracias a su equidad 81 , cuando formaba parte de la flota confederada griega junto con Pausanias, durante cuyo caudillaje se había puesto en fuga a Mardonio, consiguió que el dominio del mar pasara de Lacedemonia a Atenas. Pues hasta entonces el dominio tanto del [3] mar como de tierra había estado en manos de los espartanos 82 , pero, por un lado la intemperancia de Pausanias, y por otro la justicia de Arístides, hizo que casi todas las ciudades-estado de Grecia se aliaran con Atenas y eligiesen de entre los atenienses a sus generales (para luchar) contra los bárbaros.

El tesoro de Delos. Muerte de Arístides

Para mejor repeler la agresión de [3 ] los bárbaros en caso de que intentaran renovar la guerra, fue elegido Arístides a fin de que determinara cuánto dinero se requería, y qué ciudad debería darlo, para armar la flota y organizar el ejército y, según su estimación, reuniéronse cada año en Delos cuatrocientos sesenta talentos 83 ; decidieron que este dinero constituyera el tesoro de la confederación. Toda esta cantidad fue llevada más tarde a Atenas.

[2] No hay prueba más segura de su desinterés que el hecho de que, habiendo estado, como estuvo, al frente de asuntos de tan gran importancia, muriera 84 en medio de una pobreza tan grande que apenas dejó (lo suficiente) [3] para que se le enterrara. Por eso sus hijas vivieron también del dinero del Estado y a la hora de contraer matrimonio sus dotes se sacaron del erario público.

Murió a poco de los cuatro años de haber sido desterrado de Atenas Temístocles.


75 Oriundo de la tribu antióquide y miembro de la curia alopecense, en Alopece, ciudad ática, a escasa distancia de Atenas, célebre por ser también la patria de Sócrates.

76 La enemistad entre ambos, según Aristón de Quíos, partió de ciertos amores que ambos tenían con Estesilao, también de Quíos, enemistad que en la vida pública se tradujo en competencia política, ya que Arístides era del partido aristocrático y Temístocles demócrata. Cf. PLUT ., Arístides 2.

77 Según los múltiples testimonios de autores griegos y latinos la justicia de Arístides debió de ser proverbial.

78 Plutarco (VII) narra la anécdota más pintorescamente y cuenta que un campesino analfabeto entregó la concha o tablilla a Arístides para que le escribiera el nombre del propio Arístides, a quien lógicamente no debería conocer. Arístides, sorprendido, le preguntó si el tal Arístides le había hecho algún agravio. «Ninguno», respondió el analfabeto, «pero estoy harto de oír que le llaman el Justo».

79 Nepote traduce el término griego psḗphisma por populi scito , versión que parece correcta, aplicando la terminología legal romana. En Roma los decretos eran de tres tipos: los senadoconsultos, promulgados por el senado, los dados por los plebeyos (plebiscitum) y los que emanaban del pueblo entero (populiiussum) .

80 Olvida el autor la extraordinaria conducta de Arístides en Maratón, conducta elogiada por Plutarco.

81 El término usado por Nepote, innocentia , equivale a integridad o desinterés. Cf. SALUST ., Catil . 57; CIC ., Verr . I 4.

82 La expresión mari et terra duces erant Lacedemonii podría igualmente interpretarse, teniendo en cuenta lo que sigue, en el sentido de que los que hasta entonces habían estado al mando de los ejércitos habían sido siempre los espartanos: en efecto, en Salamina lo había sido Euribíades; en Platea, Pausanias, y en Micala, Leotícides.

83 Moneda que en Atenas valía 60 minas o veinticuatro mil sestercios en Roma; en pesetas unos 3.000.000 (1978).

84 Crátero de Macedonia, historiador del siglo III a. C., refiere que Arístides fue acusado por Diofanto, de la tribu anfitrópide, de haber recibido prebendas de los jonios y, habiendo sido multado con cincuenta talentos, al no poderlos pagar, se retiró a Jonia, donde murió. Pero Plutarco (ARÍST . XXVII) habla de su sepulcro en Falero, puerto de Atenas, y que había sido construido por el pueblo por no haber dejado ni siquiera con qué enterrársele.

IV

PAUSANIAS

SINOPSIS

1. Batalla de Platea. El orgullo de Pausanias. — 2. Las ambiciones de Pausanias. Alianza con Jerjes y su traición. — 3. Pausanias adopta los hábitos y costumbres persas. Intento de sublevar a los hilotas. — 4. Los éforos se enteran de las intenciones de Pausanias. — 5. Pausanias se refugia en el templo de Minerva. Su muerte y sepultura.

Batalla de Platea. El orgullo de Pausanias

Pausanias, lacedemonio, fue un [1 ] gran hombre, pero muy voluble en todas las facetas de su vida, pues así como brilló por sus virtudes, igualmente se vio sumergido en los vicios.

Lo más ilustre de su vida fue la batalla de Platea. [2] Siendo él general, Mardonio, sátrapa real, medo de nacimiento y yerno del Rey 85 , de mano enérgica y lleno de discreción como el que más entre todos los persas, disponiendo de un ejército de doscientos mil infantes escogidos previamente uno por uno y veinte mil jinetes, fue puesto en fuga por un insignificante puñado de griegos, muriendo el mismo general en esta batalla.

[3] Enorgullecido por una victoria tal, comenzó a provocar un sinnúmero de intrigas y a desear inconteniblemente cosas cada vez mayores. El primer motivo de crítica que dio fue por (haber cogido) del botín y haberlo colocado en Delfos un trípode 86 de oro con la inscripción en la que podía leerse lo siguiente: bajo su mando los bárbaros habían sido vencidos en Platea y en acción de gracias por esta victoria hacía ese regalo a Apolo. [4] Los lacedemonios borraron estos versos, limitándose a escribir sólo los nombres de las ciudades-estado a cuya colaboración se debió la victoria sobre los persas.

Sus ambiciones. Alianza con Jerjes y su traición

[2 ] Tras esta batalla enviaron al propio Pausanias, al mando de la flota confederada, a Chipre y al Helesponto para que expulsara de estos países a [2] las guarniciones de los bárbaros. Habiendo tenido la misma suerte en esta empresa, comenzó a comportarse con mayor altanería y a tener aspiraciones cada vez más ambiciosas. En efecto, cuando, conquistada Bizancio, hizo prisioneros a muchos nobles persas, encontrándose entre ellos incluso algún que otro pariente del Rey, los envió en secreto a Jerjes, simulando que habían conseguido escapar de la prisión y haciendo que les acompañara Congilo de Eretria, con el encargo de que entregara una carta al Rey en la cual [3] Tucídides dice que podía leerse: «Pausanias, caudillo espartano, que había hecho prisioneros en Bizancio, al enterarse de que eran parientes tuyos, te los remite en calidad de un presente, al mismo tiempo que desea formar parte de tu familia. Por ello, si te parece bien, permítele que se case con tu hija. Si así lo hicieres, te promete [4] que con su ayuda has de conquistar no sólo Esparta sino toda Grecia. Si estuvieres dispuesto a tratar sobre esto, envíale un hombre de confianza con el que entrevistarse».

El Rey, alegrándose sobremanera por la liberación [5] de tantos hombres tan vinculados a él, envió a presencia de Pausanias a Artabazo con una carta en la que le colmaba de alabanzas y le 〈ruega〉 que haga todo lo posible por llevar a efecto lo que promete; si lo cumple,él no le negaría nada.

Pausanias, conocidos los deseos del Rey, se dedicó [6] en cuerpo y alma a cumplir lo dicho, cayendo por ello en sospecha de los lacedemonios. Requerida su presencia en su patria por lo que hizo, y sometido a juicio, se le absuelve de la pena de muerte, pero se le condena con todo, a pagar una multa, siendo apartado por este motivo del mando de la flota.

Pausanias adopta los hábitos y costumbres persas. Intento de sublevar a los hilotas

Pero él, no mucho tiempo después, [3 ] volvió al ejército por su propia cuenta y allí, de una manera no sólo falta de habilidad, sino más aún, demencial, expuso abiertamente sus intenciones; no sólo cambió las costumbres de su patria, sino también su modo de vivir e incluso su indumentaria. Vivía [2] a la manera de un rey y vestía según la moda persa; se hacía acompañar por guardias persas y egipcios; banqueteaba según la costumbre de los persas 87 , con tanta gula que los que estaban presentes no podían tolerarlo. A los que le pedían audiencia les cerraba la [3] puerta 88 ; solía responder con arrogancia y mandaba con dureza.

Se negaba a retornar a Esparta, estableciéndose en Colonas, localidad situada en la campiña de Tróade, donde solía tomar decisiones nocivas tanto para su patria como para sí mismo.

[4] Cuando los lacedemonios se enteraron de esto, le enviaron legados provistos de la clava 89 , en la que, según la costumbre espartana, éstos le habían escrito que si no volvía a su patria le condenarían a muerte. [5] Un tanto asustado por este mensaje y con la esperanza de que con su dinero y su desorbitado poder alejaría el peligro que se le cernía, volvió a su patria. Tan pronto como llegó, los éforos le encarcelaron: las leyes lacedemonias permiten a cada uno de los éforos portarse así con un rey 90 . A pesar de todo, logró librarse, si bien no consiguió verse exento de las sospechas, por cuanto seguía en pie la opinión de que estaba aliado con el Rey.

[6] Hay cierta clase de hombres, llamados hilotas 91 , cuya gran multitud se dedica al cultivo del campo lacedemonio como esclavos. También se creía que trataba de sublevarlos, prometiéndoles la libertad. Pero sobre [7] estas cosas no existía delito manifiesto del que acusarle y pensaban que, tratándose de un hombre tan ilustre y de tales condiciones, no parecía conveniente que se le juzgara sólo por meras sospechas y que debería esperarse a que las cosas se descubriesen por sí mismas.

Los éforos conocen las intenciones de Pausanias

Entretanto cierto jovencito, natural [4 ] de Argilos, con quien en su niñez Pausanias había tenido amores, habiendo recibido de éste el encargo de que le llevase una carta a Artabazo, y sospechando que en ella se hacía alguna referencia a él, ya que no había regresado ninguno de los que habían sido enviados allí con tal motivo, rompió el precinto de la carta y, tras arrancar el sello, supo que si la llevaba a su destino le tocaría morir. En la misma [2] carta había cosas que hacían referencia a los convenios pactados entre el Rey y Pausanias. Así que entregó la carta a los éforos .

Necesario es ahora no olvidar la reflexiva sagacidad [3] de que hacen gala los espartanos. Pues ni siquiera por la delación de éste se vieron impelidos a encarcelar a Pausanias, estimando que no debían emplear la fuerza antes de que él se delatara a sí mismo. En consecuencia le indicaron al denunciante lo que querían que se hiciera.

Hay en Tenaro un templo, dedicado a Neptuno, cuya [4] violación la consideran los griegos un sacrilegio: el denunciante se refugió en él, tomando asiento sobre el altar 92 . Junto al altar construyeron un pasadizo subterráneo desde donde podía oírse cualquier conversación mantenida con el joven de Argilos. Allí bajaron algunos de los éforos .

[5] Pausanias, al enterarse de que el de Argilos se había refugiado en el altar, asustado, acudió allí. Al verlo suplicante y sentado en el altar del dios, le preguntó cuál era la causa de tan repentina determinación. Él le descubrió [6] lo que había averiguado por la carta. En ese momento Pausanias, más asustado aún, comenzó a rogarle que no descubriera nada ni le traicionase, precisamente a quien se había portado tan bien con él (añadiendo)que, si atendía a sus ruegos y le prestaba su ayuda, implicado como estaba en dificultades tan grandes, le recompensaría sobremanera.

Pausanias se refugia en el templo de Minerva. Su muerte y sepultura

[5 ] Al enterarse de esto los éforos estimaron más conveniente que se le prendiera en Esparta. Habiéndose dirigido (los éforos) hacia allí, y volviendo Pausanias a Esparta, tras haberse granjeado, según él creía, la confianza del de Argilos, durante el camino, cuando ya estaban a punto de prenderle, comprendió, gracias a la expresión de uno de los éforos , cuya intención era prevenirle, que algo se estaba [2] tramando contra él insidiosamente. Por ello, (caminando) unos pasos delante de los que le seguían, se refugió en el templo de Minerva, llamado «Casa de Bronce» 93 . Entonces los éforos , para que no pudiera salir de él, obstruyeron al instante las puertas del templo, destruyendo después el tejado para que muriera antes (al quedarse) [3] a la intemperie. Se dice que todavía vivía la madre de Pausanias y que, ya de avanzada edad, al enterarse del crimen de su hijo, fue de los primeros en aportar a la entrada del templo piedras para impedir la salida de su hijo 94 .

De este modo Pausanias manchó su gran gloria, adquirida [4] en campañas militares, con una muerte vergonzosa. Cuando se le sacó del templo medio muerto, expiró momentos después 95 .

Siendo algunos de la opinión de que era conveniente [5] que su cadáver se llevara allí donde (yacían) los que habían sido ajusticiados 96 , la idea no fue del agrado de la mayoría, dándosele, pues, sepultura a cierta distancia del lugar [donde había muerto]. Más tarde fue desenterrado por un oráculo del Délfico y se le volvió a sepultar en el mismo lugar en que había muerto.


85 Aquí debe referirse el autor a Darío, con cuya hija contrajo matrimonio. Si gener ha de entenderse en la acepción de Justino, como «cuñado», en ese caso el rey sería Jerjes. Cf. JUSTINO , XVIII 4.

86 El trípode es uno de los emblemas de Apolo, en el que la Pitia pronunciaba sus oráculos.

87 Téngase en cuenta que el pueblo persa se había distinguido siempre por su sobriedad en el comer y beber, sobriedad que se convirtió en gula e intemperancia cuando el imperio persa se vio engrandecido con la conquista de Media. Horacio (Od . I 38) manifiesta su repulsa hacia la magnificencia y lujo persas.

88 La expresión non dabat aditum conueniendi es tan poco feliz que su traducción resulta un tanto forzada. Tal vez el uso de facultatem en lugar de aditum hubiera solucionado lo irresistible de la construcción.

89 Los manuscritos discrepan en la elección de este vocablo: el Danielinus da laua, PA dan lana , el codex Henelianus lana lancea . Petrus Daniel corrige «claua», lección justificada por Nipperdey por el hecho de que Nepote transcribe los términos griegos valiéndose de los latinos que guardan con los primeros mayor analogía de significado, y nada más semejante al término griego skitale que el latino claua . Cf. MONGINOT , Cornelius …, nota al pasaje.

90 Evidentemente Pausanias no era rey de Esparta, pero ejercía las funciones de tal como tutor de Plistarco, hijo de Leónidas, tras la muerte de éste en las Termópilas.

91 Constituían la clase social más humilde y humillada de Esparta: eran auténticos esclavos, maltratados por el resto de la sociedad espartana.

92 Costumbre habitual de los suplicantes era tomar asiento sobre el altar del dios, con lo cual quedaba por el momento al abrigo de las iras de quien le perseguía. Cf. VIRGILIO , En . II 574, cuando dice que la hija de Tíndaro se había escondido y sentado cabe el altar.

93 No queda claro en Nepote si era el templo el que se llamaba Calcieco (casa de bronce) o era éste un sobrenombre de la propia diosa Minerva. Según Tucídides (I 128) era Atenea la que recibía el sobrenombre de «Calcieco», pues tanto su templo como su estatua eran de bronce.

94 Tucídides no alude a nada de esto, Diodoro (XI 45) parece admitir esta tradición.

95 Por el solo hecho de que una persona muriera en un templo éste se consideraba profanado.

96 Según la tradición los ajusticiados en Esparta solían ser arrojados a la sima Ceadas, que había abierto un terremoto.

V

CIMÓN

SINOPSIS

1. Juventud de Cimón. Matrimonio de Calias con Elpinice. — 2. Vida política de Cimón. Su campaña contra los persas. Conquista de Esciro y de Tasos. — 3. Su destierro y muerte. — 4. Generosidad de Cimón.

Juventud de Cimón. Matrimonio de Calias con Elpinice

[1 ] Cimón, hijo de Milcíades, ateniense, sufrió mucho en los inicios de su juventud; pues no pudiendo su padre abonar la multa impuesta por el pueblo, por lo que fue encarcelado, muriendo en prisión, Cimón fue por ello también encarcelado 97 , sin poder salir, según las leyes atenienses 98 , hasta tanto pagara la multa con la que había sido condenado su padre.

Había contraído matrimonio con su propia hermana, [2] hija del mismo padre, llamada Elpinice, movido tanto por el amor hacia ella cuanto por seguir la tradición, pues a los atenienses les está permitido 99 tomar por esposa a una hermana nacida del mismo padre. Un tal [3] Calias 100 , que ansiaba casarse con ella, noble no tanto por su origen cuanto por su dinero, ya que había obtenido pingües ganancias con la explotación de las minas, propuso a Cimón que se la cediera por esposa (diciéndole) que, si se la concedía, pagaría por él la multa. Como [4] Cimón rechazase tal proposición 101 , Elpinice dijo que ella no estaba dispuesta a tolerar que un hijo de Milcíades muriese en prisión, estando en sus manos como estaba el impedirlo, y que en consecuencia estaba dispuesta a casarse, siempre que cumpliera lo pactado.

Vida política de Cimón. Su campaña contra los persas. Conquista de Esciro y Tasos

De este modo quedó libre de la prisión [2 ] y ascendió rápidamente a ocupar los principales puestos 102 , pues tenía gran elocuencia, prodigalidad en grado sumo, un gran conocimiento teórico y práctico tanto del derecho civil como en asuntos militares, ya que de niño había acompañado a su padre a filas. Por esto tuvo bajo su autoridad al pueblo ateniense y gozó de gran predicamento entre los soldados.

[2] Su primera acción como general fue poner en fuga a un gran ejército de tracios 103 a orillas del río Estrimón, fundar la ciudad de Anfípolis y enviar a ella diez mil atenienses para colonizarla. En segundo lugar logró vencer en Micala 104 a la flota chipriota y fenicia, compuesta [3] de doscientas naves. Y con igual fortuna en el mismo día venció por tierra; pues, una vez tomadas las naves al enemigo, al momento hizo desembarcar de las suyas sus tropas, infligiendo gran derrota en un solo [4] ataque a una gran cantidad de bárbaros. Habiéndose apoderado de extraordinario botín con esta victoria, volvió a su patria y, visto que algunas islas a causa de la dureza del gobierno, se habían sublevado, aseguró más aún la fidelidad de las que habían permanecido adictas, obligando además a las sublevadas a volver a la obediencia.

[5] Hizo que los dólopes, que a la sazón habitaban Esciro 105 , la evacuaran, por haberse manifestado demasiado rebeldes (al poder ateniense); expulsó a sus antiguos moradores de la ciudad y de la isla, repartiendo sus campos entre los atenienses.

Con su sola presencia redujo a los de Tasos, tan orgullosos por su riquezas. Con el botín, obtenido de estas guerras, fortificó la acrópolis de Atenas, por donde ésta mira al mediodía.

Su destierro y muerte

Y habiendo conseguido solo él por [3 ] esto una extraordinaria gloria en Atenas, vino a ser objeto de las mismas envidias que (sufrieran) antes su padre y demás ciudadanos principales de Atenas, siendo condenado por el voto popular al destierro por diez años que los atenienses llaman ostracismo 106 . Pero fueron los atenienses los que hubieron de [2] sentir tal decisión antes que el propio Cimón. Pues, mientras él se había resignado con fortaleza de ánimo ante la envidia de sus desagradecidos conciudadanos, en cambio, cuándo los lacedemonios declararon la guerra a Atenas, inmediatamente se echó de menos su reconocido valor. Y así, a los cinco años después de su [3] destierro, fue de nuevo invitado a volver a su patria. Pero él, como sea que disfrutaba de la hospitalidad espartana, estimando que era mejor condescender que luchar, se dirigió a Esparta voluntariamente, restableciendo la concordia entre dos ciudades-estado tan poderosas.

No mucho tiempo después se le envió a Chipre como [4] comandante en jefe al frente de doscientas naves y, tras haber logrado reducir completamente a la mayor parte de la isla, enfermó, muriendo en la fortaleza de Citio 107 .

Generosidad de Cimón

Los atenienses lo echaron de menos [4 ] durante largo tiempo no sólo durante el período de guerra, sino también durante la paz. Hizo gala de tan gran generosidad que, aunque poseía en muchos lugares fincas rústicas y jardines, nunca colocó en ellos guardianes para que vigilaran los frutos de sus tierras, permitiendo que la (gente) pudiera disfrutar de sus cosas como a cada cual le viniese en gana 108 . [2] Se hacía acompañar siempre de esclavos provistos de dinero para, en caso de que alguien necesitara de su ayuda, poder dársela al momento, no fuese que, de aplazarla, pudiera parecer que no se la quería prestar. A menudo, al encontrarse por casualidad 109 con alguien a quien veía mal vestido, le daba su manto.

[3] Cada día su cena se cocinaba tan (abundantemente), que invitaba a ella a cuantos veía en el foro sin haber sido invitados (por otros), cosa que no dejaba pasar ni un solo día sin hacer. A nadie le negó su apoyo, ni sus servicios, ni el uso de sus bienes. Suministró bienes en abundancia a muchos; a otros, que habían muerto en la pobreza sin dejar dinero para su entierro, se lo proveyó de su propio peculio.

[4] Con tal comportamiento nada tiene de raro que, si su vida discurrió libre de toda inquietud, su muerte fuera muy sentida.


97 No parece estar de acuerdo Nepote con Plutarco ni con Heródoto, quienes nada dicen sobre la cautividad de Cimón. Diodoro de Sicilia (X, fragm.) habla de esa prisión sufrida por Cimón, pero dando de ella motivo diferente: para que se le entregara el cuerpo de su padre. Según Plutarco, ya desde su niñez Cimón gozó de una grande reputación. Cf. PLUT ., Cimón IV y sigs.

98 Las leyes de Atenas preceptuaban que, si algún ciudadano moría con deudas al tesoro público, sus hijos estaban obligados a pagarlas bajo pena de perder sus derechos de ciudadano.

99 Plutarco cuenta que una de las hijas de Temístocles, Mnesipolema, nacida de un segundo matrimonio, se casó con su hermano Aqueptolis «por no ser hermanos de madre». Cf. PLUT ., Temístocles XXXII.

100 Tal vez se trate del mismo Calias citado por Plutarco (Arist . V) como usurpador y ladrón de gran parte del botín de Maratón con el que se enriqueció. Los datos aportados por Nepote no parecen confirmar esto.

101 No sé en qué puede fundarse Cornelio para afirmar esto, pues Plutarco (Cimón IV) no habla de la resistencia de Cimón a este matrimonio.

102 Sin duda, ayudado por Arístides para evitar la supremacía de Temístocles.

103 Esta expedición fue encaminada a la toma de Eyona, ciudad de Macedonia, a orillas del río Estrimón, coincidente hoy con la población de Contessa.

104 No fue en Micala donde se produjo la derrota de fenicios y chipriotas como quiere Nepote, sino en el Eurimedonte, río de Pisidia, en Asia Menor, que tiene su desembocadura en el golfo de Panfilia.

105 Aunque los manuscritos PA, B, RM, dan Cyprum , historiadores como Tucídides, Diodoro y Plutarco escriben Scirum . Cf. PLUT ., Cimón VIII.

106 Cf. nota 65.

107 Plutarco no dice concretamente que muriera en Citio, sino que murió cuando tenía sitiada a Citio, ciudad de una colonia fenicia en Chipre. Cf. PLUT ., Cimón XIX.

108 La generosidad de Cimón, según Teofrasto (cf. CIC ., De. Off . II), sólo la ponía en práctica con los individuos de su tribu. Aristóteles dice igualmente que su mesa no estaba dispuesta para todos los atenienses sino sólo para sus compatriotas, los lacíadas. Cf. PLUT ., Cimón X.

109 MONGINOT (Cornelius …, pág. 73) apoya el traducir la expresión de Nepote offensum fortuna por «encontrado por casualidad», basándose en la frase de Plutarco eí tis syntýchoi y en la no menos explícita de Teopompo án tina ídoi , más paralela aún con la de Cornelio. La única dificultad estriba en la acepción de «fortuna» como adverbio, pero esto no es tan grave como para negar la evidencia de las expresiones griegas en las que sin duda se ha basado Nepote. Por otro lado, en parte se justifica este valor adverbial de «fortuna» con un ejemplo semejante que encontramos en Cicerón (De natur. deor . II 37): aliquo casu atque fortuna .

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9788424930950
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