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808.066378 / L486l 2021

Leer para escribir, leer para informar, leer para argumentar y leer para resolver en la universidad / Silvia Garavito Constantín… [y otros 5]. Bogotá: Colegio de Estudios Superiores de Administración – CESA, 2021. 336 páginas.

DESCRIPTORES:

1. Escritura – Estrategia y técnicas 2. Lectura 3. Organización de la información – Estrategia y técnicas 4. Recuperación de información 5. Lingüística estructural - Métodos de enseñanza 6. Comprensión de lectura.

© 2021 CESA ‒ Colegio de Estudios Superiores de Administración

© 2021 Silvia Garavito-Constantín

© 2021 Nicolás Gómez

© 2021 Catalina Isaza-Cantor

© 2021 Juan Cubillos-Quecán

© 2021 Lina Calle-Arango

© 2021 Javier H. Murillo

ISBN Impreso: 9789588988559

ISBN Digital: 9789588988566

Editorial CESA

Casa Incolda

Diagonal 34a No 5a - 23

www.editorialcesa.com

www.cesa.edu.co

editorialcesa@cesa.edu.co

Bogotá, D.C, Julio de 2021

Dirección: Editorial CESA

Corrección de estilo: José Ignacio Cursio

Diagramación: Yimmy Alberto Ortiz Arias

Impresión: Imagepriting

Todos los derechos reservados. Esta obra no puede ser reproducida sin el permiso previo escrito.

Diseño epub:

Hipertexto – Netizen Digital Solutions

Contenido

Introducción

A. Leer para informar y leer para argumentar

1. La información adecuada y cómo buscarla

1.1. La información que necesito

Paso 1: Identificar el propósito central de la tarea

Paso 2: Definir y delimitar la búsqueda de información

Paso 3: Determinar el tipo de información que se necesita

Paso 4: Establecer las posibles fuentes de consulta

En síntesis…

Yo construyo

Ejercicios

Ejercicio a

Ejercicio b

Que no nos pase

1.2. Búsqueda de la información

Paso 1: Definir las palabras clave

Paso 2: Establecer estrategias de búsqueda

Paso 3: Explorar los buscadores

Búsqueda de fuentes primarias

Búsqueda de fuentes secundarias

En síntesis…

Yo construyo

Ejercicios

Ejercicio a

Ejercicio b

Que no nos pase

2. Estrategias de lectura y organización de la información

2.1. Estrategias de lectura y toma de apuntes

Paso 1: Establecer el foco de lectura

Paso 2: Realizar una lectura de barrido

Paso 3: Subrayar o resaltar

Planificar convenciones

Tipos de subrayado o resaltado

Paso 4: Toma de apuntes

Ejemplos

Caso 1

Caso 2

Caso 3

Caso 4

Caso 5

En síntesis…

Yo construyo

Ejercicios

Ejercicio a

Ejercicio b

Ejercicio c

Ejercicio d

Ejercicio e

Ejercicio f

Que no nos pase

2.2. Estrategias de organización de la información

Algunos tipos de organizadores gráficos

Diagrama de Venn

Mapa conceptual jerárquico

Telaraña o mapa de araña

Organizadores gráficos secuenciales

Mapa mental

En síntesis…

Recomendaciones generales para el uso de los organizadores gráficos

Ejercicios

Ejercicio a

Ejercicio b

Ejercicio c

Ejercicio d

Que no nos pase

B. Leer para resolver

Paso 1: Comprender

Paso 2: Formular

Descripción de variables

Traducción de las ecuaciones

Traducción a ecuaciones

Palabras clave que significan igualdad (=)

Palabras clave que significan suma (+)

Palabras clave que significan resta (-)

Palabras clave que significan multiplicación (x)

Palabras clave que significan división (÷)

Palabras clave que significan desigualdades (>, ≥, < y ≤)

Ejemplos:

Ejemplos de formulación con las diferentes operaciones vistas

Ejemplos de aplicación de los dos pasos vistos: comprender y formular

Paso 3: Resolver

Paso 4: Verificar

Paso 5: Concluir

En síntesis…

Yo construyo

Ejercicios

Ejercicio a

Ejercicio b

Ejercicio c

Que no nos pase

Bibliografía

Notas al pie

INTRODUCCIÓN

Leer es una actividad que realizamos permanentemente. Leemos en la calle, en el centro comercial, en el transporte público y en la casa. Leemos en nuestras computadoras y teléfonos móviles cuando usamos aplicaciones como WhatsApp o Facebook. Leemos conscientemente, con la intención de buscar una información específica, y también a veces leemos sin darnos cuenta. Leemos textos (aquellos compuestos por signos lingüísticos), pero también puede decirse que leemos otros tipos de signos y otros tipos de textos, como los que son comunes en las matemáticas o en la música, por ejemplo, o los gráficos y las imágenes que recibimos a diario de la publicidad. Pero como la lectura no es solo decodificar letras y sonidos, leemos también en otros espacios de nuestra vida, más complejos y a veces también oscuros: leemos los gestos de nuestros seres queridos, las intenciones de quienes nos rodean e, incluso, buscamos las marcas de nuestro destino en las cartas, en las estrellas, en el chocolate o en las entrañas de los animales, como los antiguos romanos.

Existen variadas maneras de leer, y muchas de ellas están condicionadas por la intención con que lo hacemos. Cuando nos levantamos leemos nuestro reloj para saber qué hora es. Posiblemente leemos también el diario en las mañanas para informarnos sobre sucesos ocurridos en nuestra ciudad, país y el mundo. Cuando nos transportamos leemos las señales de tránsito para guiarnos, o los letreros del transporte público para saber qué bus debemos tomar. Leemos la correspondencia que nos llega a la casa o al correo electrónico para descubrir qué tienen los demás que comunicarnos, y leemos las cuentas de luz, agua, etc., para informarnos de los valores que tenemos que pagar. Leemos los letreros de las películas cuyo audio está en idiomas distintos del nuestro para entender qué dicen los personajes. Leemos los mensajes de Instagram para compartir experiencias o hacer mercadeo personal, o simplemente para actualizarnos sobre la vida de nuestros conocidos, y Twitter para informarnos sobre lo que opinan personas o entidades que nos interesan… Pero no leemos siempre de la misma forma: no leemos con la misma atención la novela que nos tiene fascinados o el volante promocional de una cafetería que nos es entregado mientras caminamos por la calle. Leemos todos los días y en todo momento de nuestra vida. La lectura es un elemento constitutivo de nuestra cotidianidad y determina la forma en la que vivimos en sociedad.

En este libro nos ocuparemos solo de dos tipos de lectura específicos: aquel que da cuenta de signos lingüísticos que componen textos, textos formales, y que tiene lugar fundamentalmente en el ámbito académico, en el colegio o en la universidad; y el que se usa para resolver problemas que involucran números y operaciones matemáticas. Además, nos enfocaremos en la lectura con un propósito definido; esto es, no en la lectura con un fin lúdico o placentero (como cuando leemos por mera diversión, curiosidad o entretenimiento, con la literatura o con nuevos medios de comunicación como las redes sociales), sino en aquella lectura que es apenas un medio, un instrumento para conseguir otro. Hablamos, de esta manera, de leer para escribir; de leer para comunicar, algo, por escrito: cualquier información que pueda ser dada a través de signos lingüísticos o de signos matemáticos. De ahí el título de nuestro libro.

La estructura del libro obedece, pues, a tal propósito. El volumen está dividido en dos grandes apartes: “Leer para informar y leer para argumentar” y “Leer para resolver”. El primero hace referencia a lo que hemos llamado los signos lingüísticos, a los textos con los que un lector corriente se puede encontrar en la universidad. Y el segundo, a esos otros textos que constituyen la materia prima del estudio de las matemáticas: los problemas y las situaciones comunicativas que incluyen números y valores, fórmulas y sus planteamientos y sus resultados.

Cada uno de estos dos apartes está dividido en secciones y en pasos concretos en los cuales se explican los procedimientos para alcanzar los propósitos planteados. A continuación se presenta un resumen en el que se resaltan las ideas principales del capítulo, y los elementos que no deberían olvidarse (“En síntesis”). Después, se procede a aplicar lo visto en el capítulo en una reconstrucción propia del conocimiento, donde se practica lo aprendido (“Yo construyo”). Luego se proponen los ejercicios que el estudiante debe desarrollar para comprobar que se ha apropiado de la información; finalmente, en un último aparte se da cuenta de los errores en los que podría caer el estudiante y se anticipan las principales dificultades que podría enfrentar al trabajar en cada uno de los temas (“Que no nos pase”).

Leer en el entorno académico

Las situaciones formales y académicas demandan ciertas tareas de escritura y, como es natural, estas implican también determinadas formas de lectura. En el entorno académico leemos para buscar información específica, para dar cuenta de un concepto, de una idea específica. Para demostrar (o para negar) una de nuestras ideas; leemos para conocer los temas que nos presentan los profesores, pero también para poner por escrito este conocimiento. Informar, argumentar y resolver suelen ser tres de los propósitos más comunes en la universidad. Por eso, son los que nos ocuparán en este libro: ¿cómo leer para informar? ¿Cómo leer para argumentar? ¿Cómo leer para resolver?

Evidentemente, no es lo mismo leer para escribir un resumen que leer para dar nuestra opinión respecto a un tema específico, como puede ocurrir en una discusión abierta de clase o en un debate, o para resolver una situación que propone variables numéricas. ¿Cómo hacerlo, entonces, en cada uno de los casos que nos demandan las diferentes tareas de la universidad?

Como no siempre leemos igual, existen distintas estrategias que nos pueden resultar de utilidad para dar cuenta de las tareas escritas que nos piden: ¿qué buscamos? ¿Dónde lo buscamos? ¿Qué debemos recordar y conservar, y qué podemos desechar en el gran mar de información que tenemos hoy a nuestro alcance gracias a los sistemas hiperconectados? Todas estas preguntas, que dan lugar a posteriores decisiones, tienen que ver con el propósito, con la intención con que leemos y, sin duda, con el contexto dentro del cual se produce esta intención. Este libro se ocupa de tales cuestiones.

A.
Leer para informar y leer para argumentar
A. Leer para informar y leer para argumentar

Para gran parte de las tareas de escritura que la universidad nos demanda debemos reunir información con el fin de realizar dos tipos específicos de actividades: dar cuenta de manera sintetizada de lo que leemos, y proponer una opinión argumentada al respecto. Estas dos actividades, que pueden o no convivir en una misma tarea, son diferentes, por más de que el éxito de la segunda dependa del rigor con el que se desarrolle la primera.

Esto significa que no es lo mismo exponer un tema o un concepto específico y reunir la información que resulte pertinente acerca de él, que plantear una posición personal (una opinión) al respecto.

La primera actividad, que en adelante llamaremos informar, parte del silencio del lector. Significa que, como lectores, nos abstenemos de comunicar una percepción o brindar una opinión para, más bien, limitarnos a recoger información externa y organizarla según los criterios que nos indique la búsqueda. Esto significa estar abierto a lo que dicen las fuentes más autorizadas y evitar conceptos previos que interfieran con los hallazgos resultantes de la consulta de libros, artículos, entrevistas, videos o páginas web, entre otros medios.

Los géneros discursivos con propósito informativo

Los géneros discursivos con propósito informativo tienen como objetivo dar cuenta de una información específica sobre cualquier tema, de manera jerarquizada, objetiva y organizada. Mediante estos géneros, compartimos conocimientos, como es el caso de las enciclopedias, los manuales o los libros de texto. Podemos hablar de géneros con objetivos informativos analíticos (si presentamos la idea principal al inicio del texto) o sintéticos (si la presentamos al final).

No pasamos un día sin encontrarnos con el propósito comunicativo de informar. Cuando pedimos a alguien indicaciones para llegar a algún lugar, cuando prendemos el noticiero para saber los eventos del día, cuando vemos un video de YouTube para aprender sobre un tema… En todas estas acciones tenemos el propósito de conocer algunos hechos, es decir, informarnos sobre ellos.

Así mismo, los escritos que tienen un propósito informativo están por todas partes, y acudimos a ellos con más frecuencia de la que somos conscientes. Cuando queremos cocinar es posible que consultemos el libro de recetas para leer las indicaciones que nos llevarán a preparar un buen plato. Cuando compramos un nuevo artefacto, o se daña alguno de nuestra casa, buscamos el manual de instrucciones para que nos guíe en relación con su uso o reparación.

De la misma forma, es común que en el entorno académico nos soliciten tareas de escritura con un propósito informativo; ejemplo de ello son las síntesis, los resúmenes o las infografías, por mencionar solamente algunos entre los más usuales. A través de tareas como esas, los profesores esperan que demos cuenta de forma objetiva de aquella información que se considera determinante para comprender el tema que se está trabajando. Lo mismo puede decirse del ámbito laboral: cuando nuestro jefe nos solicita un reporte de las ventas realizadas durante el mes, o vemos que redactan actas de reunión, se trata de maneras de comunicar una información clave, de la que no se puede prescindir, para comprender una situación determinante de la realidad.

Veamos un ejemplo:

Resumen del apartado “La situación del café en Colombia” (Valencia, 2016)

El café se introdujo en la región en la zona oriental de Colombia y para 1835 había ya una producción comercial notable. Esta producción se consolidó durante la segunda mitad del siglo XIX al multiplicarse por 10: de 60.000 sacos, se pasó a 600.000, fundamentalmente con la producción de departamentos como Santander y Cundinamarca, según información de la Federación Nacional de Cafeteros. Según esta misma fuente, 563.000 familias colombianas encuentran su sustento en este cultivo. Estados Unidos es el principal importador de café colombiano, con un 37%. Allí, el café de Colombia se comercializa a un precio mayor que el proveniente de Brasil. Sin embargo, la producción del grano ha mermado como consecuencia de cambios climáticos, y según datos de La Promotora de Comercio Exterior de Costa Rica, la exportación nacional colombiana ha disminuido en un 18%.

Fuente: Valencia Sandoval (2016).

Infografía del mismo fragmento


Fuente: Valencia Sandoval (2016).

Como podemos ver, el objetivo de ambos géneros, tanto el del resumen de “La situación del café en Colombia” como el de su infografía, es transmitir la información de manera objetiva, y que conocemos como neutral. Es decir, estos textos no serían meramente informativos si en ellos encontráramos afirmaciones que involucraran posturas, como “una de las consecuencias de la falta de conciencia de la humanidad sobre el cambio climático es que la producción del grano ha mermado y la exportación nacional colombiana disminuido. Esto es una pena y requiere que reaccionemos”, o bien “el delicioso café colombiano deleita los paladares de países como EEUU y Canadá”.

En cuanto a la segunda actividad, proponer una opinión sustentada, lo que en adelante llamaremos argumentar, implica tomar lo realizado de la primera y llevarlo más allá, a lo subjetivo (siempre adecuadamente sustentado). En otras palabras, nos demanda tomar una postura informada.

El proceso argumentativo, aunque sea de manera informal, está presente en nuestra cotidianidad, y en muchas ocasiones nos enfrentamos a situaciones de argumentación. Es decir que todos los seres humanos, de maneras variadas y en escenarios diversos, estamos constantemente en circunstancias que nos exigen una actividad argumentativa. Esto ocurre porque deseamos convencer a otro de una idea, porque nos interesa justificar una decisión, porque nos queremos explicar con claridad en un diálogo, porque deseamos probar que tenemos la razón o que estamos equivocados.

La forma en que afrontamos estos diálogos, así como la profundidad y elaboración de nuestros argumentos, depende por lo general de la evaluación del contexto y de nuestro destinatario. Un ejemplo puede ser cuando participamos argumentativamente en una reunión informal de amigos y queremos convencerlos de que actualmente el mejor jugador de fútbol es Messi y no, por ejemplo, Cristiano Ronaldo. Otro caso es cuando estamos de compras y queremos convencer al vendedor para que nos dé un descuento porque la prenda está defectuosa. También podemos encontrarnos con situaciones más formales, como la conversación con un profesor a quien queremos ofrecer argumentos para recibir una segunda oportunidad en la prueba. O una reunión con inversionistas a quienes deseamos convencer para que financien nuestro emprendimiento.

Los géneros discursivos con propósito argumentativo

Los géneros con objetivo argumentativo tienen en común el propósito de sustentar, apoyar o negar una posición previamente establecida, con el fin de persuadir a un interlocutor o explicar por qué la opinión expuesta tiene fundamento. Esto se logra a través de una serie de razones o justificaciones, es decir, con un proceso lógico que debería demostrar la validez o la falsedad de la posición planteada inicialmente.

Su desarrollo está determinado por un orden específico. Inicialmente se presenta una información básica que debe ser tenida en cuenta (premisas), a partir de la cual se llega a una idea conclusiva. Esta puede cerrar el texto, a modo de tesis, o abrirlo, como una hipótesis (o tesis previa).

Existen diversos géneros en los que prima el objetivo argumentativo. En ellos pasamos de solo informar de manera expositiva descriptiva ciertos hechos, a arriesgarnos a expresar nuestra opinión sobre ellos. Podemos, por ejemplo, escribir a un amigo un correo electrónico únicamente para contarle sobre los contenidos que se vieron en la clase a la que faltó. Pero también podemos escribirle una carta a la rectora de la universidad, con la intención de explicarle las razones por las que consideramos importante que nos otorguen una beca. En la primera, hay una intención expositiva o informativa, mientras que en la segunda buscamos argumentar. De la misma forma, las columnas de opinión que leemos en los medios, a diferencia de las noticias, buscan comentar un suceso, y ese comentar no es otra cosa que decir lo que se piensa al respecto: asumir una posición.

En pocas palabras, cuando hablamos de textos con intención argumentativa nos referimos a escritos en cuyo contenido encontramos la posición del autor respecto de una idea o situación. Todas esas formas escritas que buscan argumentar comparten el propósito de convencer o probar validez, lo que varía son las características que como sociedad hemos acordado que deben tener.

Ahora bien, aunque en todos esos escenarios estamos haciendo un ejercicio argumentativo, según el contexto nuestros argumentos requerirán de mayor o menor elaboración y respaldo. Para comenzar, hay que decir que en toda argumentación formal, no importa el contexto en el que esta se dé, hay una idea que busca ser defendida y sustentada, lo que es aplicable a cualquiera de los géneros usados dentro del lenguaje formal y en la universidad.

En el contexto de una tarea universitaria la opinión que buscamos sustentar equivale a la hipótesis, y las ideas que la respaldan a los argumentos. A continuación veremos un ejemplo de cómo se argumenta una opinión en el texto académico “Tendencia de la producción y el consumo del café”, de los profesores Ocampo y Álvarez, publicado en 2017 en la revista Apuntes del CENES. Al margen, podemos ver las ideas que se usan para construir un argumento que sustente la opinión que se busca defender:

Adaptación de un fragmento de Ocampo y Álvarez (2017)

Opinión que se busca defender (hipótesis): En la caficultura es fundamental adaptar las medidas y estrategias para reducir la vulnerabilidad frente a la variabilidad climática.

Información que apoya la opinión (argumento): En respuesta a los impactos del cambio y la variabilidad climáticos, el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) busca incidir en los procesos de planificación ambiental, territorial y sectorial para que se incluyan las proyecciones climáticas en la toma de decisiones, de tal manera que se reduzca la vulnerabilidad de las poblaciones, los ecosistemas y los sectores productivos y se incremente la resiliencia para responder a los eventos climáticos (DNP, 2011).

Idea 1:

Caso de política pública que busca responder a la vulnerabilidad de la caficultura ante retos ambientales.

En eventos cálidos como el fenómeno de El Niño, es fundamental el manejo adecuado de arvenses y sombrío, al igual que la vigilancia y control en los cafetales ante la broca, el minador de la hoja y la arañita roja. En eventos fríos, como el de La Niña, se deben vigilar la dispersión del hongo de la roya, el mal rosado y el ataque de babosas, al igual que los sistemas de drenaje, y atender las recomendaciones técnicas para el trazado geométrico del cultivo, la densidad de siembra y el control de arvenses (Poveda et al., 2014; FNC, 2014b).

Idea 2:

Ejemplos de medidas y estrategias en casos como los fenómenos climáticos de El Niño y La Niña.

La Federación Nacional de Cafeteros es pionera en el campo y está adelantando ambiciosos programas de renovación con variedades resistentes a la roya y focalizando sus esfuerzos en temas de investigación en nuevas variedades. La conservación del suelo, el uso adecuado del sombrío, los sistemas de alerta temprana de broca y roya, el conocimiento oportuno del clima en las diferentes regiones y el uso de la tecnología para llevar soluciones prácticas relevantes y oportunas hacen parte de lo que se ha denominado “caficultura climática inteligente” (FNC, 2011, 2012).

Idea 3:

Caso de estrategia exitosa desarrollada por una organización relevante para el contexto en cuestión (café en Colombia).

Fuente: Ocampo-López & Álvarez-Herrera (2017).

En suma, cuando en la universidad se nos pide en una tarea que expresemos nuestra opinión, quiere decir que debemos realizar una labor argumentativa. Y, por supuesto, en los entornos académicos esta tarea no puede ser el resultado de simplemente decir lo primero que nos pase por la cabeza, o soltar ideas apenas vinculadas con lo preguntado y justificarlas con el principio egoísta de “es lo que yo pienso”. Nuestra opinión, como vimos en el ejemplo, tiene que estar sólidamente fundamentada, pues estamos en un entorno en el que el pensamiento y la razón deben ser protagonistas, lo mismo que el rigor para buscar y organizar información.

Lo anterior significa que, primero, debemos leer la información que se conoce al respecto, separar las ideas más relevantes, vincularlas lógicamente y exponer, a partir de ellas, ciertas conclusiones que resulten pertinentes para avanzar en el asunto estudiado, con una perspectiva propia, pero informada. En ese sentido, los géneros discursivos más académicos suelen contener citas de otros autores que ayudan a respaldar o problematizar una posición, a diferencia, por ejemplo, de la columna de opinión, que suele ser informal, un poco más libre y dar la opinión de forma abierta. Por esta razón, en la academia todas las lecturas que hagamos para recopilar información que nos ayude a escribir con un objetivo argumentativo deben provenir de fuentes confiables y serias.

Esto nos lleva a plantear uno de los elementos fundamentales de la lectura en el entorno académico: ¿qué información me exige cada tarea y cómo puedo conseguirla? Y, tras este, ¿qué estrategias de lectura y organización de la información puedo aplicar para sacar el mayor provecho de este ejercicio? A continuación nos ocuparemos de ambas cuestiones.

1. La información adecuada y cómo buscarla

Hoy, a diferencia de hace unos años, la información disponible parece crecer exponencialmente. Actualmente la oferta y los medios para acceder a datos de todo tipo resulta casi apabullante, dada la velocidad con la que se alimenta y con la se renueva. Como consecuencia de ello, y en el entorno de un mundo hiperconectado e hiperinformado, saber seleccionar información resulta fundamental. Por eso la importancia de que escojamos de manera adecuada y pertinente el tipo de fuentes que nos permitirán escribir una tarea bien lograda. Si conseguimos hacer bien esta parte, es ya la mitad de la tarea.

Para comenzar la búsqueda y selección de la información debemos saber qué camino escoger y qué tipo de trabajo queremos conseguir al final. A continuación veremos cómo decidir qué tipo de información necesitamos y cómo podemos buscarla.

1.1. LA INFORMACIÓN QUE NECESITO

Antes de comenzar a desarrollar cualquier tarea de escritura debemos asegurarnos de que contamos con la información suficiente. Algunas veces basta con lo que hemos aprendido en clase, o con lo que ya hemos leído o estudiado al respecto por recomendación del profesor; pero otras veces debemos comenzar a buscar desde cero. ¿Cómo hacer esto sin enloquecer en el intento? Los siguientes pasos nos podrán guiar en el proceso:


Paso 1: Identificar el propósito central de la tarea

Como hemos dicho, las tareas de escritura suelen ser diferentes, y cada una de ellas exige diversas actividades para terminarla con éxito. Si una tarea nos exige simplemente resumir un texto predeterminado, o conseguir información sobre un tema específico, pero sin necesidad de opinar al respecto, la actividad de lectura estará limitada al texto mismo, porque la tarea tendrá un objetivo informativo. Por el contrario, si se trata de un texto con un objetivo argumentativo, nuestra labor debe ir más allá, pues es necesario no solo comprender y dar razón de la información, sino plantear otras ideas que sean resultado de nuestra lectura.

Los siguientes son ejemplos de propósitos informativos o argumentativos que pueden tener las tareas.

Propósito 1: sintetizar o resumir textos solicitados por el profesor (p. ej., un resumen).

Para ello podemos simplemente recurrir a la bibliografía dada en clase y establecer nuestra estrategia de lectura y organización de la información, según explicaremos más adelante. Como lo que el profesor desea es que pongamos en evidencia que hemos leído y comprendido las ideas principales de uno o varios textos, en este caso no es necesario buscar información complementaria.

Propósito 2: exponer o dar razón de un tema determinado a partir de la búsqueda de diversas fuentes (el informe es un ejemplo de tarea que sigue esta dinámica).

En esta tarea, además de incluir la información y los textos sugeridos por el profesor, debemos buscar otras fuentes que nos permitan complementar las que nos fueron dadas.

En este punto, si bien es necesario explorar nueva información, aún no se requiere que opinemos al respecto o propongamos nuevas ideas. Solamente debemos transmitir de manera objetiva y organizada información que ya existe.

Propósito 3: comentar o escribir un texto sintético sobre alguna fuente específica, y complementarlo con una postura crítica u opinión (lo que incluye tareas como la reseña o el memo).

En este caso la búsqueda se limita al texto asignado, pero se nos pide algo más: que tomemos una posición personal que complemente lo leído.

Propósito 4: proponer y sustentar. Escribir, a partir de la lectura de una cantidad específica de fuentes una opinión sustentada de manera suficiente según la clase de información (este tipo de tarea incluye géneros como el ensayo académico o, incluso, el proyecto de grado).

En este caso, además de buscar información por nuestra cuenta (es decir, sin mediación directa del profesor), debemos tomar una posición personal informada (opinión), frente al tema que estamos investigando y su pertinencia. Esto quiere decir que debemos encontrar bibliografía que apoye los argumentos que vamos a elaborar.

En suma:


Como podemos ver, los propósitos enumerados en el cuadro anterior pueden caer en la categoría de aquellos textos con objetivo informativo o argumentativo. Lo común es que para todos ellos requiramos del ejercicio lector antes de avanzar hacia alguna etapa de escritura.

Paso 2: Definir y delimitar la búsqueda de información

Antes de comenzar una búsqueda debemos tener claro de qué vamos a hablar. En algunas ocasiones pudo haber sido dado el tema de la tarea e, incluso, las lecturas sobre las que vamos a trabajar. Sin embargo, en los demás casos la elección del tipo de información y las correspondientes fuentes dependerá de nuestro criterio. En consecuencia, el éxito de la tarea estará relacionado con la información seleccionada.

Con eso en mente, sería una labor titánica aproximarse a las diferentes fuentes con temas demasiado generales, pues la búsqueda se haría infinita. Entonces, ¿cómo empezar? Lo primero es limitar el tema.

No podemos informar, comentar u opinar en el ámbito académico sobre la economía mundial en general, porque no terminaríamos nunca, ni las lecturas que escojamos serían nunca suficientes para alcanzar con éxito el propósito; de hacerlo, nuestras descripciones o argumentos serían apenas una pincelada genérica y poco efectiva para conseguir la tarea que se nos asigna. Por el contrario, sí podemos hablar acerca de asuntos concretos sobre los que se pueda precisar la información pertinente y acceder a ella.

Una manera de limitar el tema económico que ha despertado nuestro interés podría ser enfocarlo en los asuntos tributarios de un país y en un periodo específico.

En caso de tener el propósito de exponer o comentar (propósitos 2 y 3), la limitación de la búsqueda de información es muy sencilla, pues por lo general está dada por la instrucción. Es el profesor quien, al proponer un tema, limita la selección de la información complementaria que requerimos para hacer un informe, escribir una reseña o producir un memo, entre otros. En estos casos, el profesor puede pedir que complementemos ciertas definiciones básicas dadas en clase, que elaboremos un resumen ejecutivo sobre una idea de negocio o que escribamos un informe con base en una visita empresarial. En escenarios como estos ya es claro el tema; entonces, lo que nos corresponde es saber escoger las fuentes y la información que nos permitirán dar cuenta de lo exigido. De acuerdo con ello, debemos buscar conceptos y teorías que amplíen lo ya dicho. Así mismo, podemos apoyarnos en cifras, datos concretos, índices de comportamiento y hechos que ubiquen espacial y temporalmente el tema.

El asunto se hace más complejo cuando se trata de una tarea con un objetivo primordialmente propositivo y de sustentación. En un ejercicio como ese requerimos informarnos previamente sobre el tema para poder dar una opinión argumentada, y posteriormente consultar diferentes opiniones informadas, porque leer sobre lo que otros opinan nos ayuda a alimentar nuestra propia posición, identificar bases para respaldarnos, y encontrar opiniones contrarias que nos permitan replantear o cuestionar nuestros propios argumentos, o fortalecerlos. Pero ambas etapas serán inabarcables si no definimos y delimitamos antes el tema sobre el que vamos a investigar.

En últimas, la decisión acerca del tema específico y del enfoque que le daremos a la tarea depende de diferentes factores: en primer lugar, de los motivos personales, entre los que se pueden contar nuestros gustos y nuestros intereses particulares, y en segundo lugar, de motivos prácticos, es decir, que podamos realizar el trabajo en el periodo de tiempo asignado y que las fuentes a las que podamos acceder sean suficientes (en términos de calidad y de cantidad) para que sustentemos adecuadamente lo que queremos plantear.

En vez de hablar de economía mundial, podríamos limitar el tema a la importancia de reducir los impuestos de los artesanos nacionales, con el objetivo de promocionar la mano de obra, o a las implicaciones económicas que conlleva un alza significativa del salario mínimo, o las consecuencias para las importaciones de la subida del dólar de los dos últimos años…

Debemos tener en cuenta que la limitación del tema no es solo conceptual. También es importante limitar el asunto espacial y temporalmente, lo que significa saber escoger el lugar geográfico y el periodo específico sobre los que pretendemos investigar.

No es lo mismo hablar de la pobreza en Colombia, que de los problemas de limitación de recursos que se han evidenciado en los últimos diez años en el departamento de La Guajira.

Igualmente, debemos ser conscientes de la vigencia de los textos que estamos leyendo y con los que tenemos la intención de sustentar nuestras afirmaciones. Es posible que encontremos lecturas que nos parecen relevantes, pero cuyas evidencias estén desactualizadas, o ya han sido cuestionadas o replanteadas. La vigencia de la información será relativa también al área de conocimiento sobre la que estemos investigando: por ejemplo, en las ciencias y en la medicina suele haber mayores cambios (y por lo tanto, mayor caducidad) que en áreas como las humanidades.

Si se nos propone un trabajo en el que se debe hablar del impacto de la comunicación virtual en la vida cotidiana de los jóvenes de hoy en día, respaldado por un artículo que provea estadísticas respecto de las horas diarias que le dedica una persona a la interacción con otras a través de dispositivos electrónicos, hay que tener en cuenta la actualidad de la información disponible. Puede ocurrir que los indicadores que trabaja el artículo correspondan a las plataformas My Space o Blackberry chat, que cayeron en desuso hace ya varios años.

En ese caso, los datos ya no resultan representativos o significativos para un trabajo que dé cuenta de la situación actual, pues si bien trabajan con rigor el tema, proveen información que no resulta suficiente para comprenderlo hoy en día. Es así como debemos ampliar la búsqueda y recurrir a textos equivalentes que traten de las redes sociales de mayor uso en el momento que queremos explorar, es decir: información actualizada.

Para retomar: la cantidad de información disponible suele hacer que nos sintamos abrumados y no sepamos cómo comenzar ni para dónde mirar… Encontrar en el buscador del computador centenas de miles de textos disponibles, en primera instancia, puede parecernos una buena noticia para el trabajo que tenemos que realizar. Pero, pensándolo bien, probablemente ya no tanto. “¿Qué mirar primero?, ¿por dónde comenzar?”, “con seguridad no alcanzaré a leerlo todo…”, pueden ser las preocupaciones que nos vengan a la cabeza en esa situación. Es por eso que debemos priorizar la definición del propósito de la tarea a realizar, pues hacerlo significa tener claro el tipo de información que sería idóneo para trabajar en ella. Esto nos dará una pista de hacia dónde ir y reducirá en mucho el volumen de trabajo. Tampoco olvidemos que el tipo de información seleccionada determinará en gran parte el tipo de texto que escribiremos. De esa manera, el hallazgo de las fuentes apropiadas puede servir también para delimitar el trabajo: una buena fuente nos permite acotar nuestra búsqueda, conceptual, temática, espacial y temporalmente.

Paso 3: Determinar el tipo de información que se necesita

Una vez delimitado el tema podemos comenzar la búsqueda de información pertinente en las fuentes disponibles, y para ello hemos de tener en cuenta que no todos los datos que encontremos servirán para desarrollar todas las tareas.

Podemos comenzar por decir que el tipo de información que solicitaremos está determinado, como en los casos anteriores, por el propósito de la tarea. La tarea más sencilla, resumir, no demanda de fuentes externas, mientras que una como comentar y sustentar, sí; de hecho su complejidad radica en que la búsqueda se extenderá tanto como nos propongamos al momento de hacer una investigación. Lo anterior no quiere decir que haya información exclusiva para ciertas tareas o propósitos particulares. La información no tiene un uso predeterminado: sirve para lo que queramos (y podamos) usarla, según el contexto y nuestro objetivo comunicativo. En otras palabras, la información depende del uso que le demos. Para ejemplificarlo, un dato concreto:

La Secretaría Distrital de Planeación afirma que existen tres causas principales de contaminación de las aguas del río Bogotá: vertimientos residuales, vertimientos de origen doméstico, y vertimientos de aguas industriales y de uso agropecuario.

Este hecho, por sí solo, informa acerca de una situación específica. Forma parte de un contexto comunicativo que puede estar en un resumen o un informe, como un recurso ilustrativo y nada más. Pero, si lo usamos junto a otros, con una intencionalidad específica, como en un comentario crítico, en un memo o en un texto argumentativo, forma parte de una opinión. Esta opinión consistirá en poner en relación este y otros datos para permitirnos establecer y demostrar nuestra posición personal respecto al tema de la contaminación del río Bogotá.

Por ejemplo, podemos encontrar, también, que según la Corporación Autónoma Regional (CAR), la contaminación del río Bogotá depende en un 80% de los vertimientos de aguas residuales domésticas. En este caso, la relación que establezcamos entre estos dos datos nos permitirá comenzar a demostrar que el uso del agua por los particulares es más relevante que el de las industrias. Así, la confrontación de información diversa sobre un mismo tema nos resulta de utilidad para sustentar una posición.

Así mismo, la amplitud de nuestra búsqueda depende de la tarea de escritura. En el caso de un resumen o de un ejercicio cualquiera de síntesis, la información está contenida en una sola fuente, que incluso puede ser un texto asignado por nuestro profesor. Lo mismo podemos decir en el caso de un memo o una reseña, salvo que para esta última se nos indique que debemos buscar nueva información para construir nuestra opinión. Por el contrario, a la hora de hacer una tarea cuyo propósito sea proponer nuevas ideas o argumentar una propia, nuestro ejercicio de búsqueda será mayor, pues debemos encontrar información suficiente, clara, ilustrativa y confiable para fortalecer o refutar la posición que adoptemos.

En contraste, cuando nos disponemos a construir un texto con objetivo argumentativo, antes de dar una opinión debemos contar con toda la información que nos permita entender el contexto de la situación estudiada, o el problema que queremos trabajar. El tipo de información que puede servir para conseguir este propósito incluye datos y hechos relevantes y objetivos sobre lo que ocurre; también puede requerir o contener definiciones de conceptos principales e indicadores puntuales que den cuenta del estado (o evolución) de la cuestión. Igualmente, debemos tener en cuenta las posiciones oficiales, es decir, si existe o no un marco legal, si se han establecido políticas (de cualquier tipo) para hacerle frente al problema, o si se han presentado iniciativas o acciones en su nombre, por ejemplo.

En esa misma línea, si se pretende realizar un aporte al mundo académico, como es el caso de un trabajo de grado, de pregrado o de maestría, es importante enterarnos de cómo se ve el tema desde el campo científico e investigativo. Esto quiere decir que debemos leer estudios y opiniones autorizadas al respecto del tema que estamos analizando, como hallazgos, soluciones planteadas, ideas que apoyen o refuten lo propuesto y casos de estudio concretos.

Paso 4: Establecer las posibles fuentes de consulta

Una vez hemos determinado el tipo de información que necesitamos, podemos preguntarnos dónde podría estar ubicada esta. En situaciones cotidianas e informales, podemos dar información que hemos oído por ahí. Pero en la universidad, y en un contexto formal, debemos ser muy rigurosos con lo que leemos y con la información que seleccionamos para fundamentar lo que estamos afirmando. Si vamos a hablar sobre un tema que hemos leído, no sería presentable escribir que esta información la “escuchamos por ahí” o “la leímos en Wikipedia”. Acudir a las fuentes de consulta apropiadas es fundamental para el proceso de investigación, ya que de la calidad de las fuentes (confiabilidad) depende, en gran medida, el éxito de nuestra tarea. No podemos informar o forjar una argumentación creíble para el lector si este mismo duda de la veracidad y confiabilidad de la información que consultamos. Habremos perdido nuestra oportunidad de generar credibilidad o de convencer a nuestro lector, sin siquiera haber comenzado. Tenemos que demostrar que verdaderamente conocemos el tema, por eso la información debe venir de fuentes confiables.

Para comenzar, fuentes oficiales como las páginas gubernamentales, de organizaciones nacionales o internacionales de prestigio, entidades estadísticas ampliamente referenciadas, entre otros, son algunas de las fuentes que pueden proveernos datos y reportes fidedignos, puesto que se han recopilado a través de procedimientos sistemáticos y transparentes.

También es posible usar los medios de comunicación cuando estamos tratando temas coyunturales y de naturaleza muy reciente. Esto porque si vamos a hablar de algo que actualmente está sucediendo en el país, puede ser difícil encontrar información en libros o fuentes académicas. Es en estos momentos que podemos apoyarnos, aunque no quedarnos solo ahí, en lo que recientemente se ha reportado al respecto. También puede suceder que necesitemos hacer uso de afirmaciones o declaraciones oficiales que se han divulgado por este medio, y que pueden mostrar un punto de vista central dentro de nuestros escritos.

Otro insumo clave son las revistas académicas indexadas en las bases de datos. Estas tienen la ventaja de que los artículos han sido revisados previamente por otros expertos en el tema. Los buscadores de bases de datos, e incluso el Google Académico, suelen ser muy útiles para ayudarnos a identificar ese tipo de fuentes y autores. A través de búsquedas como estas, fundamentales en el ejercicio académico, podemos tener acceso a artículos teóricos de gran relevancia, pero también a trabajos empíricos que muestran avances sobre temas de investigación. Además, en las bases de datos tenemos la posibilidad de consultar cuántas veces ha sido citado un autor, como un indicador de la influencia en su campo y la relevancia que ha tenido su investigación o aporte.

De igual manera, una fuente gubernamental nos puede facilitar indicadores (cifras o datos) que den cuenta de situaciones concretas; pero, también, informar acerca del marco legal que se ha establecido al respecto, o de las políticas diseñadas para atacar la problemática que se estudia. En ese caso los indicadores y el marco legal son útiles para enmarcar el contexto (informar); pero también con la información sobre las políticas podemos establecer o sustentar la opinión (argumentar) que estamos construyendo o defendiendo. Ejemplo de ello sería asumir una postura acerca de si esas políticas han sido o no efectivas.

En suma, existen diferentes tipos de fuentes y estas pueden ser útiles de diversas maneras:




Como podemos ver, la mayoría de las fuentes son útiles para varios propósitos y, por lo mismo, diferentes tareas. Esto ocurre porque a un mismo dato podemos darle diferentes usos, como comentamos en el Paso 3.

Un artículo científico puede comenzar con una definición que sea útil para un contexto; pero, también, brindar información científica que permita entender o conocer a fondo un tema. Asimismo, dicho artículo puede contener propuestas o hallazgos susceptibles de ser debatidos o que ya han sido reevaluados, así como servir de apoyo para la opinión que buscamos defender.

Como ya dijimos, el tipo de fuentes que escojamos determinará en gran parte el texto que vamos a escribir. Además, tendremos que utilizar la información que encontremos de manera estratégica y a favor de nuestra narrativa. Por ejemplo, algunas fuentes pueden sernos muy útiles para una introducción, pero no tanto para el desarrollo argumentativo. Por esto, el reconocimiento de las diferentes clases de fuentes y su uso en una tarea, sobre todo cuando esta es argumentativa, nos ayudará a garantizar una buena parte del éxito de la misma.

Ejemplo

Supongamos que para una clase nos han pedido elaborar un ensayo académico -una de las tareas más requeridas en el entorno universitario- sobre alguna situación contemporánea que nos preocupa, y frente al cual debemos proponer una solución o tomar posición. Es decir, una tarea cuyo objetivo comunicativo es argumentar.

Supongamos que, luego de pensar el asunto, decidimos que nos preocupa la contaminación ambiental. Luego de haber recopilado más información sobre el tema y haber consultado diversas fuentes, tomamos la decisión de que nos gustaría analizar en qué medida los carros eléctricos pueden contribuir a disminuir el problema.

Como se ha mencionado, antes de comenzar a escribir debemos leer. Y, antes de leer, debemos haber buscado qué leer. Pero ¿dónde?, ¿cómo?, ¿quién sabe de esto?

La siguiente tabla simplifica y organiza cada paso de búsqueda, a la vez que nos da ideas sobre las fuentes y su pertinencia: esta nos ayudará a pasar este umbral de la búsqueda sin morir en el primer intento.


PASO LO QUE DEBO DEFINIR EJEMPLO
1 Comprender el propósito de la tarea ¿Cuál es el propósito de la tarea? Proponer y sustentar
2 Definir y delimitar la búsqueda de información ¿En qué me voy a enfocar? Tema: Contaminación ambiental Periodo: actualidad Ubicación geográfica: Bogotá, Colombia Otra limitación importante: relación con la industria automotriz
3 Determinar el tipo de información que se necesita Para alcanzar mi propósito, ¿qué información necesito? Contexto general: • Definición general de contaminación en ciudades (indagar términos de búsqueda como polución, calidad del aire, problemas respiratorios…) • Fuentes principales de contaminación, con su correspondiente impacto en el medioambiente (buscar términos como motores de combustión y desechos industriales que producen gases de efecto invernadero y partículas nocivas) • Datos y estadísticas sobre esta situación en Bogotá
Posiciones oficiales frente al tema: • Marco legal (gobiernos) • Políticas institucionales (organismos oficiales públicos y privados) • Iniciativas, acciones y campañas organizadas (gubernamentales o no gubernamentales)
Estudios y opiniones de expertos sobre el tema: • Hallazgos científicos relevantes • Soluciones iniciales propuestas • Apoyo o puesta en duda de estas soluciones • Pertinencia en contextos actuales • Casos de éxito o de fracaso en la implementación de las soluciones
1. Agremiaciones o Centros de Investigación: − ANDI − ASCOLFA − CIMA (Centro de Investigación del Medioambiente) − Observatorio Ambiental de Bogotá.
4 Establecer las posibles fuentes de consulta ¿Dónde podría encontrar esta información? 2. Entidades gubernamentales: − Ministerio del Medio Ambiente − Ministerio de Transporte − Secretaría de Movilidad − IDEAM
3. ONG de prestigio: − Organización Mundial de la Salud (OMS) − Organización de las Naciones Unidas (ONU) − Greenpeace − Cruz Roja Internacional − Agencia Europea del Medio Ambiente
4. Empresas dedicadas a estudios de mercado: − Nielsen − Euromonitor − GFK − EMIS
5. Webs oficiales de recolección y análisis de datos y estadísticas: − Bloomberg − Statista − Thomson Reuters
6. Publicaciones de profesores investigadores en bases de datos de revistas científicas indexadas de instituciones como: − La Universidad de Antioquia − La Universidad Nacional − La Universidad de los Andes − La Stockholm University − La University of Eastern Finland − Harvard − La Universidad de Michigan

En síntesis…

Cada tarea tiene un objetivo o propósito predominante. De acuerdo con este, debemos leer para informar o bien leer para argumentar. En el primer caso debemos cerciorarnos de buscar información que permita comprender suficientemente un tema, para luego hablar sobre él de manera objetiva. En el segundo caso, además de recurrir a esa información objetiva, debemos establecer y dar cuenta de una opinión que buscamos defender. Para ello es necesario contar con información que nos permita fortalecerla; es decir, que además de contextualizar, nos lleve a persuadir sobre una posición particular.

De acuerdo con esto, además de completar una plantilla “yo construyo” propia, a continuación proponemos otros ejercicios prácticos que facilitarán el proceso de búsqueda de información para cualquier tarea.

Yo construyo


Yo construyo…
Paso 1 Identificar el propósito central de la tarea ¿Cuál el propósito de la tarea? Sintetizar Exponer Comentar Proponer y sustentar
Paso 2 Definir y delimitar la búsqueda de información ¿En qué me voy a enfocar? Tema: Periodo: Ubicación geográfica: Otra limitación importante:
Paso 3 Determinar el tipo de información que necesito Para alcanzar mi objetivo, ¿qué información necesito?
1 - - - - -
Paso 4 Establecer las posibles fuentes de consulta ¿Dónde podría encontrar esta información? 2 - - - - -
3 - - - - -
4 - - - - -
5 - - - - -
6 - - - - -

Ejercicios
Ejercicio a

El profesor nos pide presentar un informe acerca de la visita realizada a Ecopetrol la semana anterior. Previo a la descripción de la experiencia, el informe debe contener una información que contextualice la empresa y su visita, como la siguiente:

• Información general sobre el sector al que pertenece la empresa en cuestión y su importancia en la economía nacional.

• Descripción de la empresa, su propósito y su estructura, lo mismo que la propuesta de valor dentro del sector anteriormente mencionado.

• Características organizacionales de la empresa.

Lo primero que debemos establecer es el propósito de la tarea.

En la siguiente tabla marque el o los propósitos y las actividades que implica la tarea planteada:


Ahora, liste el tipo de información que necesita para completar cada una de las partes que componen la tarea; en frente establezca los tipos de fuentes que pueden ser de utilidad para encontrarlo:


Tipo de información Tipo de fuente

Ejercicio b

En clase de Coyuntura Económica la profesora nos pide un ensayo en el que demos cuenta del papel de la industria petrolífera en la economía colombiana. Para ello se debemos encontrar una situación problemática -contextualizada en el tema asignado por la profesora- y proponer y sustentar una posible solución a ese problema.

Como siempre, lo primero que debemos establecer es el propósito de la tarea.

En la siguiente tabla marque el o los propósitos y las actividades que implica la tarea planteada:


Después, delimite el asunto específico que se va a abordar dentro de ese tema (p. ej., Colombia en el mercado energético global, impacto ambiental de la explotación petrolífera, implicaciones sociales de la explotación petrolífera en el país, etc.).

Asunto específico:

Como la tarea es un ensayo académico (objetivo argumentativo), su texto debe tener al menos tres partes en las que se describan: el contexto general, la situación problemática y la propuesta y sustentación correspondiente.

En la siguiente tabla establezca los vínculos entre las tres columnas:


Cita y referencia Tipo de fuente En qué parte del ensayo podría usarse y por qué
“Las decisiones tomadas por el G-7 en la pasada reunión de junio reconocen la necesidad de una eliminación gradual del carbón y del petróleo para el año 2050 a más tardar, dejando vislumbrar un futuro basado 100%en energías renovables mientras que se deletrea el fin del carbón” (Ruiz Campillo, 2016: 176).
“La unidad espacial de referencia es un área de 338.158,54 ha, en la zona del Piedemonte llanero con cubrimiento parcial de los municipios de Yopal, Aguazul y Tauramena, reconocida como el “Corredor petrolero de Piedemonte”, y donde se localizan las principales áreas y empresas de explotación de petróleo en el departamento” (Vargas y León, p. 203).
“El crecimiento de la producción de gas y crudo en los primeros siete meses del año representa más y mejores oportunidades de empleo, ingresos y beneficios para el país y las regiones. Desafortunadamente, en el mes de julio, las vías de hecho afectaron la producción de crudo. Estos son actos que van en detrimento del medioambiente y de los recursos del sector mineroenergético que se destinan a programas sociales como educación y salud, entre otros” (María Fernanda Suárez, ministra de Minas y Energía, entrevistada en Portafolio, ¶ 7).
“De acuerdo con el reporte de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, Colombia incrementó en un 9,9% sus reservas probadas de crudo entre 2017 y 2018, al pasarde 1.782 a 1.958 millones de barriles (Mbls) al cierre del año anterior. En consecuencia, la vida media útil de las reservas del país aumentó en cinco meses, al pasar de 5,7 años a 6,2 años” (Ministerio de Minas y Energía, ¶ 6).
Los estudios de la economía política de la guerra en Colombia han evidenciado que la explotación de hidrocarburos ha sido una importante fuente de financiación de los actores armados ilegales, además del narcotráfico. El ELN, las FARC, las AUC y las bandas criminales se han nutrido del sector de hidrocarburos mediante la extorsión, pagos por seguridad y la captación ilegal de regalías. Sin embargo, el ELN es el grupo que más se ha beneficiado de la economía petrolera, el que ha articulado de manera más clara al sector petrolero en su agenda, y en esa medida, el que más ha recurrido a los atentados a la infraestructura petrolera (Fundación Ideas para la Paz, 2015, ¶ 2).

Que no nos pase

En relación con el objetivo comunicativo y propósito de la tarea

• Pasar por alto las instrucciones que definen la tarea.

• Ignorar el propósito u objetivo comunicativo de nuestra tarea.

• No tener clara la diferencia entre informar y argumentar.

• Acudir a información externa o posiciones personales cuando lo que debemos hacer es sintetizar un texto específico.

• Limitarnos a sintetizar algún tipo de información cuando nos piden argumentar.

En relación con la información que estamos buscando

• No establecer un plan de búsqueda de información que nos facilite cumplir con el propósito de la tarea.

• No delimitar con claridad el tema y, por lo tanto, no tener criterios de búsqueda definidos.

• Limitarnos a recabar información descriptiva cuando nos están pidiendo una opinión argumentada.

• Intentar construir argumentos sin contar con ninguna fuente externa que sustente nuestro punto.

• Limitarnos a buscar solo información apenas general.

• Limitarnos a buscar solo información de fuentes secundarias, como periódicos y páginas de noticias.

• Para sustentar nuestras ideas usar fuentes de las que no hemos verificado su veracidad, competencia o confiabilidad en el tema.

En relación con las fuentes que nos brinda esa información

• No establecer de manera efectiva la relación entre tipo de fuente y tipo de tarea que debemos realizar.

• No tener claro qué tipos de fuentes son aceptables en el entorno académico o profesional.

• Acudir a fuentes poco pertinentes para el tema que queremos desarrollar.

1.2. BÚSQUEDA DE LA INFORMACIÓN

Una vez tenemos claro el tema que nos interesa desarrollar, y el tipo de información que nos permitiría avanzar en la investigación, debemos encontrar las fuentes específicas que contienen la información. ¿Qué podemos hacer para encontrarlas? ¿Dónde empezamos a buscar? En principio, como investigadores novatos, nos debatiremos entre no tener ninguna fuente sobre un asunto particular y tener un exceso de fuentes que hablen sobre un mismo tema. Esto implica una dificultad más: tener que elegir entre el cúmulo de informaciones que se nos ofrece.

Por lo anterior, podemos decir que el trabajo de investigación se mueve entre rastrear información que no conocemos, y filtrar y clasificar lo que ya hemos encontrado para saber, al final, qué nos es de utilidad y qué no. A continuación se proponen tres pasos que nos pueden servir para llevar a cabo búsquedas de información:


Paso 1: Definir las palabras clave

Para comenzar a buscar hay que saber qué es exactamente lo que buscamos. Es decir, no es suficiente con tener una idea vaga del tema: tenemos que encontrar los términos exactos (las palabras) con las que vamos a entrar en los diferentes buscadores, que previamente llamamos “términos de búsqueda”. Esto significa hacer un listado con las palabras que creemos que serán clave para establecer una investigación.

Estas palabras clave serán entonces nuestro punto de partida en todas las búsquedas que realicemos. Inicialmente nuestro primer listado de palabras podría resultar muy general o, incluso, no contener todas las posibles variaciones de términos relacionados con el tema. No importa. A medida que vayamos adelantando lecturas, construiremos un listado más detallado, más preciso, que nos permitirá ampliar la búsqueda de manera más eficiente. Además, es posible que, a medida que exploremos, los buscadores o bases de datos nos arrojen sugerencias de otros términos que se relacionan con el tema y que nos pueden servir para refinar nuestra búsqueda o encontrar más información.

Si retomamos el ejemplo visto en el capítulo anterior, acerca de una posible investigación sobre contaminación ambiental y los carros eléctricos, podríamos pensar en las siguientes palabras clave:

• Polución

• Calidad del aire

• Combustibles fósiles

• Problemas respiratorios

• Desechos industriales

• Gases de efecto invernadero, etc.

Para comprender mejor el proceso, podemos suponer que buscar información sobre un tema es equivalente a buscar información acerca de alguna persona a quien nos interesa rastrear por algún motivo específico. Por ejemplo, porque su ayuda nos podría ser de utilidad en nuestro trabajo.

Imaginemos la siguiente situación: en una reunión social conversamos con quien de casualidad coincidimos en una mesa durante algunos minutos. Nos sorprende que esta persona, a pesar de tener nuestra edad, ya sea dueño de un negocio que, en realidad, se parece mucho a algo que hemos pensado en desarrollar. A pesar de las similitudes de nuestros intereses, y de una potencial amistad que podría surgir, no tuvimos oportunidad de pedirle sus datos de contacto.

Meses más tarde, en una de las materias de la universidad nos piden pensar y estructurar una idea de negocio. Es una excelente oportunidad para comenzar a trabajar en nuestro proyecto personal, y qué mejor que empezar a pensarlo a partir de una conversación con esa persona que conocimos y que tiene un negocio parecido. Pero, ¿cómo encontrarla si no sabemos más que su nombre -Ana- y la certeza de que un conocido en común la invitó a la reunión en la que conversamos?

Ante esta situación, el primer interrogante es: ¿qué podemos hacer para encontrarla?

El primer lugar al que podemos recurrir para encontrar la respuesta a este interrogante es, por supuesto, el de las redes sociales. Pero, como no todas ofrecen el mismo tipo de información, podemos entrar a la que tenga menos restricciones. Por ejemplo, si buscamos en Instagram (donde solo hay fotos y los perfiles son privados), con solo el nombre propio y sin la opción de ver fotos en todos los casos, seguramente estaremos perdiendo el tiempo. Twitter, por su parte, no nos da la opción de ver los datos personales, ni las redes de contacto que nos permitan asociarla con un conocido. Por el contrario, Facebook nos permite una búsqueda más amplia, pues tiene muchas variables que nos pueden servir, como son los contactos y el acceso, por lo menos, a la foto de perfil. También, nos permite ver grupos y asociaciones por amistad entre diferentes personas. Esta puede ser entonces una herramienta útil en este caso.

Así, decidimos empezar la búsqueda desde Facebook, a pesar de que solamente tenemos un nombre, y buscar “Ana” en esta plataforma tendría resultados infinitos. Por esta razón conviene, mejor, hacer asociaciones de palabras, con “Ana” y otras “palabras clave” que nos den una pista efectiva acerca de nuestra búsqueda. El primer filtro para reducir el número de “Anas” podría ser mirar el perfil de nuestro potencial amigo en común, es decir, el organizador de la fiesta. Eso implica entrar al perfil de nuestro amigo y revisar si, dentro de sus conocidos, está la foto de quien buscamos. Es muy probable, sin embargo, que no sean amigos directos y que no lo encontremos aquí. Pero, eso no quiere decir que Ana no pueda ser encontrada: solo que debemos probar otras rutas para llegar a ella.

Podemos, por ejemplo, buscar dentro del Facebook de nuestro amigo, en el grupo de “Amigos comunes”, un amigo mutuo que también hubiera ido a la fiesta, y que hubiera podido llevar con él a Ana. Después de una o más vueltas, finalmente encontramos lo que buscábamos: una foto de Ana; probablemente más joven o con el pelo distinto, no tan exacta al recuerdo de ella que tenemos, pero indudablemente ella… Ya lo que queda es seguir su pista directa: de la foto al nombre completo. De ahí, a su perfil y a sus otras redes sociales… hasta llegar, por ejemplo, a su página profesional de Instagram, donde ofrece sus productos, servicios y asesorías.

Algo similar a toda esta historia ocurre cuando comenzamos un proceso de búsqueda de información sobre un tema, o interés particular, sin más indicios que una intuición o una palabra que, creemos, nos puede llevar a escribir una reseña, un informe, un ensayo o incluso una tesis de grado. El mundo académico está lleno de Anas por encontrar.

“Ana” es un ejemplo de una palabra que nos puede servir de “clave” para obtener hallazgos. Puede llevarnos a lo que buscamos o, por lo menos, puede servirnos de indicio para dar con lo que necesitamos. No siempre sabemos a dónde nos va a llevar una búsqueda. Puede ser que esa Ana sea una mujer más bien antipática, que entre desconocidos habla de más y parece saber lo que dice…, o ser una empresaria que no conoce su negocio porque tiene una socia que soluciona todas las dificultades. El punto es que al comenzar a buscar se abren las opciones, y si Ana no nos sirve, tal vez la pesquisa nos lleve precisamente a su socia, o a un antiguo compañero de oficina que sí podrá ayudarnos a encontrar lo que necesitamos.

Por eso, lo único importante no es por dónde empezamos a buscar, sino empezar. En el proceso veremos cómo pequeños hallazgos llevan a otros más grandes, y un tema que en principio no parecía ser tan relevante, se convierte, con algo de suerte, en la llave que abre puertas fundamentales: desde un trabajo que resulte muy interesante de hacer hasta una buena nota. Incluso un hallazgo muy importante para una comunidad específica.

En este punto surgen nuevos interrogantes: ¿cómo buscar nuestro tema en un buscador? ¿Qué palabras debemos usar en el fichero electrónico para obtener los resultados que esperamos?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que, por lo general, se comienza a buscar por conceptos grandes, más generales. Para seguir con nuestra analogía, al principio buscamos a Ana porque no sabemos sus apellidos. Sin embargo, a medida que avanzamos en los hallazgos, los conceptos grandes se irán depurando para acercarnos, cada vez más, a nuestra meta final: vamos a “Ana González”; después a “Ana González Espinosa”, y al final a “Ana Paula González Espinosa” que tiene una empresa en la que se encargan de solucionar este u otro problema.

Asimismo, una cosa es saber que queremos hacer un trabajo de “economía” -esto es más general que buscar a una Ana en Facebook- y otra muy diferente encontrar una fuente que nos dé información acerca de la economía de la segunda mitad del siglo XIX en Colombia. O darnos cuenta de que muchos de los textos que encontramos hablan acerca de la influencia del rompimiento del patrón oro en la economía colombiana.

Como nos muestra este ejemplo, hay un gran salto de lo uno a lo otro. Lograr este salto de manera exitosa depende de saber seguir las pistas que vamos encontrando, y cómo jerarquizar y acotar la información para seleccionar poco a poco los apellidos del Carlos que nos interesa encontrar. También, de saber establecer relaciones entre términos y conceptos que veamos que se repiten, para emprender una nueva búsqueda en varias plataformas (ya no en Facebook sino en Twitter, digamos) que nos entreguen más información útil, que probablemente no hubiéramos contemplado en un principio.

Saber buscar

En definitiva, encontrar información útil, y (aún más importante) lograr seleccionar la adecuada depende de los límites que establezcamos en el proceso de búsqueda.

Estos límites se determinan desde el planteamiento de las palabras clave:

• ¿Cuáles son las palabras que debemos establecer para comenzar una búsqueda de información?

• ¿Cuáles son los términos que se han usado para clasificar, en estos enormes ficheros, el tema que nos interesa?

Esa es la cuestión.

Las palabras clave (keywords, en inglés) son aquellos términos responsables de promover el intercambio de información. En realidad, no siempre son palabras; más bien son términos compuestos por una o más palabras: grupos de palabras que establecen conceptos y que permiten tanto identificar los temas centrales que se trabajan en un texto, como buscar esos mismos temas en los buscadores o bases de datos y en las diferentes fuentes que estos incluyen.

Así, las palabras clave son un instrumento de búsqueda de información (uno de los más importantes) y son la puerta de entrada a lo que será nuestro universo investigativo. Al establecer un grupo de palabras clave para emprender una búsqueda estamos definiendo, al mismo tiempo, los ejes temáticos y conceptuales que guiarán nuestra investigación.

Por lo tanto, conviene saberlas definir y limitar, porque la precisión con que se definen determina la capacidad de filtro de nuestra búsqueda. Esto evita que demos con información que en realidad no deseamos y, por el contrario, nos permite acceder a la que necesitamos. Otra estrategia defectiva es tomar palabras clave de artículos semejantes que hayamos encontrado útiles o que se nos hayan facilitado en clase.

En general, las palabras clave son aquellas cuyo significado resulta más relevante en un texto.

De ser compuestas (más de una palabra) se recomienda escribirlas entre comillas para que el sistema las identifique como un todo.

Paso 2: Establecer estrategias de búsqueda

Una vez tengamos unas palabras clave que guíen nuestro proceso, debemos establecer una estrategia de búsqueda para lograr resultados más precisos. Lo primero que debemos tener en cuenta es no escoger demasiadas palabras (más de tres pueden llevar a búsquedas demasiado específicas que limiten la información arrojada por el buscador). También, al momento de comenzar la búsqueda, podemos optar por darle prioridad a los sustantivos y a los adjetivos, sobre los artículos y las preposiciones.

Asimismo, podemos recurrir al uso de operadores booleanos o lógicos (palabras o símbolos que utilizamos para conectar conceptos con el fin de ampliar, limitar o definir nuestras búsquedas en bases de datos) y expresiones de lógica binaria. Esta estrategia de búsqueda nos permitirá relacionar dos conceptos, o agrupaciones de conceptos, y así optimizar los resultados. Para seguir con nuestro tema ejemplo, sobre contaminación ambiental, veamos las siguientes opciones de búsqueda:


Booleano Uso Ejemplo
AND Inclusión Contaminación AND Bogotá
OR Similitud Contaminación OR polución
NOT Exclusión Contaminación NOT auditiva
Asterisco (*) Búsqueda de palabras con una misma raíz “Contam*” nos mostrará palabras como contaminación, contaminado, contaminar, contaminante

De todos modos, no es bueno quedarse con una sola ecuación de búsqueda. Por eso puede ser muy útil hacer varias a partir de términos similares o, incluso, en inglés. Hay fuentes que, independientemente de haber sido escritas en español, ofrecen un listado de palabras clave en inglés que los sistemas reconocen, pues en las diferentes publicaciones se exige que un autor provea esas palabras en la lengua en que fueron escritas, y en inglés, para favorecer la búsqueda.

Sin embargo, tengamos en cuenta que por muchas estrategias que existan, no siempre llegamos a definir las palabras clave con facilidad. Si bien a veces desde el primer intento los buscadores nos arrojan muchos resultados, también puede ocurrir que no sepamos por dónde comenzar. En este caso, a partir de una búsqueda inicial que parezca limitada, podemos dar con un artículo que nos sea de utilidad porque contiene términos relevantes que nos permiten reiniciarla desde otro ángulo.

De esta forma, llega el momento de resolver el tercer grupo de interrogantes: ¿Dónde encontramos el o los artículos que nos abrirán el camino? ¿Cuáles son, entonces, las plataformas de búsqueda en las que podemos seguirle la pista a los temas que nos interesan? ¿Cuáles son los “Facebook” y los “Instagram” de la búsqueda académica? El siguiente paso nos ayudará a resolver estos y otros interrogantes.

Paso 3: Explorar los buscadores

Hace más de treinta años, cuando el Internet no había entrado en la vida cotidiana, ni en la académica, las búsquedas se limitaban a las bibliotecas a las que tuviéramos acceso: la de la casa -donde podía haber una o, con suerte, dos enciclopedias-, o esa, especializada, del tío que trabajaba en una universidad. Más allá estaban las bibliotecas públicas, en las que había que hacer fila para acceder a los ficheros -de papel- y buscar los libros, que no podíamos llevar a casa, y donde muchas veces ocurría que, al recibirlos, nos dábamos cuenta de que no eran esos, exactamente, los que necesitábamos.

Hoy una búsqueda es diferente

Desde cualquier computador, y con una conexión regular a Internet, podemos acceder a fuentes:

• Primarias

• Secundarias

Ahora podemos revisar estos tipos de fuentes desde la comodidad de nuestro escritorio personal. También, podemos tomar apuntes, lo cual parece sencillo, pero tiene un inconveniente, que es justamente lo opuesto a lo que ocurría hace más de treinta años: nos vamos a ver, ante cualquier tipo de búsqueda, desbordados de información. Sin embargo, recordemos también que quienes buscamos información, los investigadores, no estamos solos. Existen, en todas las bibliotecas públicas y privadas, personas disponibles en las mesas de apoyo para ayudarnos a limitar y a enfocar las búsquedas que realizamos. De hecho, nos pueden ayudar con sugerencias de textos canónicos en uno u otro tema, desde cuya bibliografía podremos empezar, ya no de cero, a buscar la información que necesitamos. Incluso desde una búsqueda en línea, según la biblioteca a la que esté vinculada esta búsqueda, podríamos esperar que hubiera un asesor en línea que nos ayude para dar cuenta con mayor facilidad y celeridad de nuestro propósito investigativo.

Así, es pertinente resolver ahora el cuarto interrogante: ¿qué es lo que estamos buscando, y dónde podemos encontrarlo?

Para seguir un proceso de investigación es necesario saber qué tipo de información buscamos, conocer las fuentes que pueden servirnos y el lugar idóneo donde encontrarlas.


Tipo de fuente Tipo de información Tipos de publicación y ubicación
Fuentes primarias Información nueva y original con propósito informativo, que no ha sido filtrada ni interpretada: información puntual y directa sobre un hecho o un fenómeno. Hechos: indicadores específicos que den cuenta del fenómeno (cifras, números, datos concretos) NO opiniones. • Informes de actividad, balances y reportes. En: páginas web (institucionales y organizacionales). • Investigaciones independientes. En: Google Académico, libros, revistas. • Artículos académicos. En: Google Académico; publicaciones seriadas (revistas especializadas y académicas), bases de datos (académicas e institucionales) y en buscadores de las páginas de cada universidad.
Fuentes secundarias Compilaciones. Recopilación de información derivada de fuentes primarias: sintetizada y reorganizada. Comentarios, análisis y estudios de datos extraídos de fuentes primarias, organizados para dar cuenta de nuevos hallazgos y de nuevas posiciones respecto al tema investigado y, concretamente, sobre las fuentes analizadas. Estudios, antologías y enciclopedias. En: bibliotecas físicas; libros, capítulos o artículos; Google Académico; publicaciones seriadas (revistas especializadas y académicas); bases de datos (académicas e institucionales) y buscadores de las páginas de cada universidad.

Como se puede ver en la tabla anterior, el tipo de información que se busca y la ubicación en la que podemos encontrarla dependen del tipo de fuentes que queramos consultar.

No es lo mismo hacer una búsqueda general en cualquier buscador, desde cero: “Vamos a encontrar a Ana en Facebook”, que tener claras cuáles son las palabras clave para investigar sobre un tema en una base de datos oficial:

“Formo parte de una red de emprendedores que comparte una base de datos con la información de todas las empresas creadas por emprendedores colombianos durante cinco años. En esa red está Ana Paula González Espinosa, sus inversiones principales y sus desarrollos empresariales del último año”.

A continuación veremos algunos ejemplos de búsquedas en diferentes lugares que dan como resultado distintos tipos de fuentes y hallazgos. Para hacerlo, retomemos los temas y casos planteados en apartes anteriores.

Supongamos que vamos a desarrollar una búsqueda acerca de la “contaminación ambiental en Bogotá”. Al respecto, y en una sola búsqueda sencilla, podemos dar con gran cantidad de información, diversa, desarticulada… La primera página en un buscador común se vería así:


Como podemos apreciar, estamos hablando de más de once millones de resultados de búsqueda. Lo mismo que ocurriría si ponemos, simplemente, “Ana” en Facebook. Por supuesto, una exageración para cualquiera… Por eso debemos tener claro cómo filtrar la información, cómo separar lo que podría servir de lo que no.

Para comenzar, y sobre todo si no se tiene mayor idea sobre un tema, conviene echar mano inicialmente de las fuentes primarias, pues estas presentan datos de manera directa, sin interpretación de terceros.

Búsqueda de fuentes primarias

Como ya se dijo, una fuente primaria es aquella que se ocupa directamente de dar cuenta de un hecho o de un fenómeno; es decir, una fuente de información que tiene como propósito mostrar, de manera directa, sin interpretaciones o reflexiones posteriores, ciertos hechos específicos. Es así que, para procesos de investigación que apenas comienzan, es aconsejable dar primero con ese tipo de fuentes. Constituyen material que podríamos llamar “de primera mano”, y son, por lo general (y como podría esperarse), producidas por individuos o grupos de expertos en el tema que nos interesa. Por eso, cualquier lector debería tomarlas como puntos de partida para la elaboración de una tarea seria. Así, y de un solo pantallazo, ya tenemos claro que podemos acceder a algunas fuentes que nos darán información fidedigna sobre lo que nos interesa.

Sin embargo, cuando hacemos una búsqueda en una herramienta como Google, no solo aparecerán fuentes primarias (institucionales), sino además algunas periodísticas. Esto se puede ver claramente en el pantallazo mostrado atrás. Por eso es importante tener en cuenta que las noticias que difunden los medios, en la mayoría de los casos, no son una fuente de información primaria.

Antes de leer, entonces, debemos proceder a seleccionar. Como se ilustra en la imagen, alrededor del título que arroja el buscador se pueden ver las características de la fuente.

En esta primera, en la línea inmediatamente arriba de la entrada puede leerse “sostenibilidad.semana.com > noticias”. Esta es la fuente de la entrada.


En ella vamos a encontrar noticias diversas, sobre temas puntuales, provenientes de un medio de comunicación muy famoso en Colombia. Sin embargo, en principio conviene dejar de lado este tipo de noticias hasta que sepamos exactamente hacia dónde va dirigida nuestra búsqueda, para saber si nos es de utilidad o no.

En la segunda, de “aqicn.org”, podemos ver que se trata de un mapa:


Al entrar al link encontramos que contiene indicaciones, proveídas por una organización particular, que muestran en tiempo real los niveles de polución de diferentes sectores de la ciudad.


Esta es una información valiosa, pues nos da lo que buscamos: datos concretos y objetivos (no interpretaciones) sobre el tema. Se trata de información puntual original, que nos permite informarnos acerca del asunto en cuestión.

Lo mismo ocurre con la tercera entrada de la página, que proviene de una url con la dirección www.ambientebogota.gov.co:


Este tipo de direcciones, como ya dijimos, brindan información directamente de una fuente digna de confianza: una entidad gubernamental. En este caso, la Secretaría Distrital del Medio Ambiente.


Esta página provee información factual acerca de la contaminación, y puede considerarse un reporte (índices, pronósticos y la red de monitoreo), lo que es un buen punto de partida para comenzar la investigación.

Otra forma de dar con información primaria es ir directamente a las fuentes que la provean, lo que implica modificar un poco la búsqueda, de tal manera que los resultados estén vinculados con otra palabra. En el caso que estamos revisando, esta palabra podría ser “medición”, y la búsqueda, “medición de la calidad del aire en Bogotá”, o “medición de la contaminación del aire en Bogotá”. Una búsqueda de este tipo nos llevaría a una página como la siguiente:


Vemos allí coincidencias con la página anterior (las dos primeras ya fueron revisadas), pero encontraremos otras más. Y todas ellas están vinculadas con fuentes primarias, puesto que la inclusión de la palabra “medición” limita la búsqueda.

Con respecto a las fuentes primarias, podemos darnos cuenta de que los autores que realizan los estudios no son, en general, personas o investigadores particulares, sino que se trata de entidades gubernamentales o institucionales; esto, en consecuencia, determina el tipo de información que producen y publican. Firmados por personas naturales, podemos también encontrar en la red hallazgos importantes en textos investigativos científicos que constituyan fuentes primarias.

En el caso concreto que hemos venido desarrollando, nos encontramos con fuentes oficiales como el IDEAM -Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios ambientales- o la Secretaría Distrital de Ambiente, que estudian formalmente el tema y dan cuenta de datos científicos y, por lo tanto, confiables y certeros acerca del asunto que nos ocupa.

En una de esas páginas, la correspondiente al IDEAM que da cuenta de la “calidad del aire”, podemos encontrar lo siguiente:


Como se puede ver, en esta página encontramos el término “calidad del aire” y su definición, el marco normativo de la ciudad al respecto y un contexto general del tema en todo el país, lo que puede ser de mucha utilidad para plantear la generalidad de lo que estamos trabajando.

También, a partir de la información hallada en las primeras búsquedas, podemos estudiar lo que propone concretamente una de las fuentes. En este caso, tomaremos como ejemplo la Secretaría Distrital de Ambiente, que en su página principal muestra lo siguiente:


A partir de esta página, que brinda un contexto general del tema, podemos realizar nuevas búsquedas, siguiendo los enfoques o puntos importantes que nos propone, y de acuerdo con el tema que nos hemos planteado como eje del trabajo investigativo. Estas búsquedas podrán incluir fuentes diferentes que también tengan algo en común con el tema, por ejemplo, la página del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Este ejercicio se podría repetir con cada una de las páginas de la búsqueda hasta dar con una información básica más o menos completa del asunto, lo que nos permitirá no solamente hacernos una idea general de lo que hablamos, sino perfilar lo que específicamente nos interesa hacer con nuestro trabajo. Unas funcionarán mejor que otras, y nos corresponde a los investigadores saber filtrar lo hallado, limitar la búsqueda y separar aquello que nos interesa de lo que no.

También debemos tener en cuenta que muchas organizaciones cuentan dentro de su página con opciones propias de búsqueda. Por eso, una vez localizada la fuente que nos ofrece el tipo de información que requerimos, podemos ir directamente a su página y buscar allí términos relacionados con nuestro tema de investigación, y de esa forma acceder a otros informes, o al mismo tipo de informe pero de años anteriores, y así profundizar en el asunto.

Como se puede ver, las fuentes primarias son útiles para dar cuenta de contextos generales sobre un tema, por ejemplo, fenómenos o segmentos de la realidad que tenemos que mostrar. También sirven para construir problemas de investigación, en el marco de tareas con objetivo argumentativo, por ejemplo.

Una vez agotado este tipo de búsqueda y recopilada la suficiente información como para plantear sus características más generales, podemos proceder a indagar en fuentes secundarias.

Búsqueda de fuentes secundarias

Las fuentes secundarias no se ocupan de los hechos directamente, sino que en ellas personas aficionadas o expertas analizan el tema en cuestión. En consecuencia, presentan estudios y síntesis. En otras palabras, las fuentes secundarias muestran lo que se ha pensado y se ha dicho sobre los fenómenos o los hechos que investigamos: lo que otros han hecho con una tarea equivalente a la propuesta por nosotros, aunque, probablemente, en otro contexto o planteada de otra manera.

De lo anterior podemos inferir fácilmente que las fuentes secundarias son mucho más diversas que las primarias. Si estas últimas provienen de fuentes institucionales u oficiales, las secundarias pueden venir prácticamente de cualquier parte: pueden ser, por ejemplo, resultado del trabajo de un experto que ha pasado toda su vida investigando el tema. Pero también pueden provenir de un joven bloguero e influencer que hace unos días pensó que su opinión sobre el tema podría resultar interesante para los demás. Es por eso que debemos desarrollar la habilidad para diferenciar (y escoger) aquellas fuentes que nos sirven de las que no. Para ello es necesario tener en cuenta que no todas pueden ser igualmente fiables, y por lo tanto lo más sensato es que, como investigadores, nos aseguremos de su fiabilidad; sin embargo, muchas veces -y a diferencia de la fuente primaria- el nombre de quien la firma puede no decirnos lo suficiente.

Antes de citar, se debe confirmar la fiabilidad de la fuente secundaria usada.

La mayor dificultad radica en que no basta con que quien firma sea un nombre relativamente conocido, pues puede ocurrir que un celebrado cantante quiera, por ejemplo, opinar sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea en 2019, o que una reconocida periodista de la sección económica del noticiero que todos vemos escriba en su blog personal sobre la música de un grupo específico. Se debe confirmar, entonces, que el autor que vamos a citar es considerado una autoridad en el tema que nos ocupa. Así mismo, antes de citar al autor pertinente, conviene identificar el tipo de información en que se está apoyando para sustentar su opinión. Es decir, debemos buscar (en su texto o en las referencias que se mencionen) datos puntuales o indicadores verificables que nos permitan comprender de dónde parten sus apreciaciones.

Más allá de estas generalidades, hay diversas formas de evaluar la competencia de los autores de una fuente secundaria. Una, por ejemplo, es la cantidad de publicaciones que el autor tenga sobre un tema específico, o la cantidad de tiempo que lleve investigando el tema. Sin embargo, en el entorno académico lo usual es recurrir a los artículos publicados en revistas especializadas sobre uno u otro tema. Estos son los llamados “artículos académicos” o papers (por su denominación en inglés).

Estos papers son en realidad ensayos académicos de corte científico que publican, como ya se dijo, las revistas especializadas sobre cada tema. Son textos “de expertos para expertos”, lo que significa que no circulan entre el público no especializado. Eso quiere decir que no cualquier lector tiene acceso a ellos, pues las que llamamos revistas especializadas no son, como las revistas periodísticas o de difusión general, para el gran público que las espera en la calle. Son de distribución limitada para investigadores de temas específicos. De hecho, actualmente muchas de ellas no son ni siquiera publicadas en papel.

Entonces, ¿cómo podemos acceder a esos artículos?

El recurso más generalizado -y usado por estudiantes y profesores en todo el mundo- es Google Académico (Google Scholar). Este es útil porque ofrece gran variedad de libros y artículos. Sin embargo, no todo lo que se encuentra ahí nos va a ser de utilidad, ni todo lo que puede ser de utilidad está plasmado allí.

Google Académico es una rama del buscador más conocido en la actualidad, y permite realizar búsquedas en un entorno específico: el de las publicaciones de tipo científico y académico.

Resulta muy fácil acceder a él; funciona de manera equivalente al buscador general, y también es gratuito. Basta con teclear “Google Académico” o “Google Scholar” en el buscador para encontrarlo de forma rápida y eficiente.


Al hacer clic en el primer hipervínculo se activa su caja de búsqueda, donde podemos realizar la exploración que nos interesa con las mismas palabras clave que utilizaríamos en cualquier otro fichero.


Tiene las mismas facilidades que el buscador general, y cuenta con diferentes herramientas (tanto en la columna izquierda como en la información resaltada bajo el título de la entrada) que permiten desde acotar las fechas de búsqueda o marcar con favorito una de las entradas, hasta ver cómo se puede referenciar en las diferentes metodologías el artículo en cuestión.


Por ser de uso gratuito, uno de los inconvenientes podría ser que no estén colgados en esta plataforma los artículos más recientes sobre los diferentes temas, ni el material que aparece en las revistas más prestigiosas del mercado. Esto sucede porque algunas de las revistas son muy celosas con sus publicaciones, que son exclusivas.

Entonces, hay que estar muy atento a lo que se busca y se encuentra allí, y estar seguros de que lo encontrado contiene toda la información que se necesita para verificar la idoneidad de la fuente: la revista y las páginas del artículo (si se trata de una publicación periódica), y la editorial y las páginas (en el caso de un libro o capítulo de libro). Todo ello podemos encontrarlo tanto en el texto mismo como en la herramienta de citación:


Al hacer clic sobre el ícono de las comillas se activa la siguiente ventana, que incluye las referencias del texto en diferentes tipos o metodologías de citación (APA, MLA, ISO 690…).


Sin embargo, hay muchas bases de datos de artículos académicos e informes oficiales a las que solo se puede tener acceso desde buscadores más especializados que Google Académico. Estos buscadores hacen parte de los servicios de algunas bibliotecas públicas (p. ej., en Colombia la Luis Ángel Arango o la Biblioteca Nacional) y la mayoría de las bibliotecas institucionales universitarias. En ambos casos se paga a las bases de datos para que sus usuarios tengan acceso a los textos correspondientes.

Veamos, como ejemplo, el buscador de una biblioteca pública. Así se ve la página principal de la Biblioteca Luis Ángel Arango. En ella aparecen dos opciones de buscador:


Si tomamos la opción (recomendada) del catálogo bibliográfico, la búsqueda que nos ocupa arrojaría este tipo de resultados:


Asimismo, una de las ventajas de formar parte de una institución universitaria es que permite a sus usuarios el acceso directo y sin restricciones a las “bases de datos”. Estas son colecciones de información académica reservada, es decir, a la que muy pocas personas pueden acceder, pues inscribirse a ellas significa una gran inversión económica. Sin embargo, la matrícula que se paga en una institución académica incluye el acceso, y les permite a los estudiantes y profesores, tener a la mano gran cantidad de información académica, la más nueva y pertinente, que está reservada dentro de dichas colecciones.

Cada universidad tiene un formato particular, vinculado con el formato de su página web y con el tipo de herramienta que haya escogido. Pero en general las búsquedas se realizan, como ya se dijo, de la misma manera en unas y otras.

En cualquiera de las páginas que se escoge para realizar la búsqueda, sean páginas de bibliotecas públicas o privadas, vamos a encontrar diferentes opciones: el Catálogo en Línea, para saber lo que podemos encontrar directamente en la biblioteca, física o virtualmente. La Biblioteca Digital, donde está el repositorio de las tesis, que puede ser útil para consultar trabajos de grado de otros estudiantes (sus tesis de pregrado y posgrado), que pueden servir de guía para los nuestros. O los Recursos Electrónicos, donde justamente están esas bases de datos a las que hacemos referencia. Ebsco, Harvard, JStore o Scopus son algunas de las más consultadas. Hay decenas de opciones especializadas en diferentes temas, y la plataforma permite entrar a curiosear qué ofrece cada una. La página cuenta con una herramienta que selecciona el tipo de recurso (por bases de datos, en orden alfabético…) para facilitar la búsqueda:


Dado el volumen de información con que cuenta una página como esta, las páginas de las bibliotecas institucionales cuentas con una barra en la que se puede realizar la búsqueda general. Es allí, entonces, donde deben digitarse las palabras clave que nos servirán de guía para nuestra búsqueda.

Al digitar -para seguir con el mismo tema trabajado anteriormente- “Contaminación ambiental en Bogotá”, la página de resultados arroja un resultado como el que se puede ver en el siguiente pantallazo:


A continuación se observa una línea de búsqueda con las palabras clave que usamos (justamente “Contaminación ambiental Bogotá”) que se pueden escribir en mayúsculas o minúsculas sin que se alteren los resultados. También se puede ver la indicación del número de fuentes disponibles (en este caso 11305):


Después, en el centro de la pantalla se despliegan los resultados de la búsqueda (con los archivos en .pdf, cuando acompañan el listado), junto con las características de la fuente listada (Libro, Publicación Académica, Publicación periódica, etc.).


Y a mano izquierda una columna de depuración de resultados, que nos será de mucha utilidad, pues nos permite acotar, dentro del universo encontrado, las características más relevantes de las fuentes buscadas. Entre estas están los términos de búsqueda, la disponibilidad inmediata del documento, la fecha de publicación de las fuentes y, sobre todo, el tipo de fuente, que será determinante para que nuestra búsqueda sea estrictamente académica, si es que nos interesa que así sea:



Esta barra de depuración es una de las herramientas más preciadas en este momento, pues, como ya dijimos, tenemos más 9.000 fuentes disponibles, y debemos ser prácticos y certeros a la hora de buscar. ¿Quién puede leerse el material proveído por casi 10.000 fuentes?

Asimismo, al buscar fuentes que nos sean de utilidad debemos tener en cuenta que en la búsqueda van a aparecer más artículos académicos, por lo que en este caso debemos escoger “publicaciones arbitradas”: estos son los papers. A estas revistas las denominamos “arbitradas” porque para elegir sus publicaciones someten los artículos un riguroso proceso de selección (arbitraje) realizado por los más reconocidos expertos en el tema.

También es importante que seleccionemos los artículos por fecha, pues en el ámbito de la investigación científica y académica, los trabajos más recientes deberían incluir una revisión de los más relevantes del pasado. Igualmente, tendremos en cuenta la disponibilidad de los artículos que encontramos listados en las bases de datos de los recursos digitales.

Si seguimos estas dos indicaciones (fecha y disponibilidad), podremos escoger no solamente los textos más pertinentes en el presente, sino también aquellos a los que se puede llegar con mayor facilidad, sin contar con más herramientas que el computador personal. Al marcar los que están disponibles en formato .pdf, llegamos a los que pueden ser consultados electrónicamente, sin pagar más. Sin embargo, los que soliciten el pago de algún valor, pero que están listados en las bases de datos de la biblioteca institucional digital, pueden pedirse (de manera limitada) a través de ella.

La capacidad de controlar el exceso de información respecto a un tema, así como de dar con los artículos suficientes para desarrollar un trabajo académico, depende justamente de cómo busquemos dentro de ese universo de información.

Si sabemos limitarlo, podremos lograr suficiente amplitud como para comprender las diferentes aproximaciones que se han establecido alrededor del tema que nos interesa, pero también evitaremos información no deseada y enfocarnos en un tema más específico.

Entonces, vemos que a través de los Recursos Electrónicos de la biblioteca institucional podemos acceder a un volumen importante de ellos, incluidas fuentes secundarias de alta calidad. Este aspecto es tan importante que puede parecernos una herramienta infinita ya que abre la puerta a un enorme volumen de información.

Lo anterior nos enfrenta a la necesidad de resolver algunas dudas, entre ellas: ¿cómo encontrar lo que nos sirve entre miles de resultados? ¿Hay que leerlo todo? ¿Se escogen solamente las primeras decenas o centenas de artículos encontrados? También preguntarnos si en realidad todos los temas ya están investigados, y si sobre cualquier idea que se nos ocurra hay un volumen suficiente de textos académicos que nos permita su uso, como fuentes secundarias, en los diferentes trabajos investigativos que podamos emprender. La respuesta radica, como se dijo atrás, en la forma en que limitemos la búsqueda.

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Возрастное ограничение:
0+
Дата выхода на Литрес:
23 октября 2025
Объем:
271 стр. 103 иллюстрации
ISBN:
9789588988566
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Правообладатель:
Bookwire
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