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Panorama de la metaficción


Panorama de la metaficción

© Carmen Dorado Arroyo, 2020

D.R. © Vos Ediciones S.A.S., 2020

Sierra Hermosa 137

El Refugio, Querétaro

C.P. 76146

México

Primera edición: marzo de 2020

ISBN : 978-607-98781-0-8 (epub)

Colección: Vos Académica

Colección a cargo de: Francisco Vásquez Ponce

Diseño de la colección: Francisco Ibarra Design Studio

Diseño de portada: Francisco Ibarra π

Foto de cubierta: Shutterstock

Cuidado de edición: Uriel Carrillo Durán

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Panorama de
la metaficción

Carmen Dorado Arroyo


Carmen Dorado Arroyo es doctora en Literatura Hispánica por el Colegio de México, tiene la especialización como profesora-investiga-dora por la Agencia Española de Cooperación Internacional y ha llevado cabo una estancia de investigación postdoctoral en la Universidad de Harvard; ha sido docente en la Universidad Autónoma del Estado de México y en la Universidad de Harvard; también ha colaborado con el Instituto Cervantes en el Observatorio de la Lengua Española y las Culturas Hispánicas en Cambridge, Estados Unidos.

Índice

Introducción

Capítulo 1 Problemática de la metaficción

1.1 Consideraciones preliminares

1.2 El origen de un término

1.3 El origen de la metaficción

1.4 El concepto de metaficción

Capítulo 2 Teorías de la metaficción

2.1 Antecedentes

2.2 El desarrollo de la teoría metaficcional

2.3 Evaluación y recientes planteamientos sobre la metaficción

Capítulo 3 Características de la metaficción

3.1 Autoconsciencia, autorreflexividad y autorreferencialidad

3.2 Acto crítico

3.3 Relación particular ficción/realidad

3.4 Lector copartícipe

3.5 Carácter lúdico

Capítulo 4 Estrategias de la metaficción

4.1 Tematización de la escritura

4.2 Intervención narratorial

4.3 Intervención autorial

4.4 Alusiones al lector

4.5 Tematización de la ficcionalidad de los personajes

4.6 Parodia

4.7 Mise en abyme

4.8 Intertextualidad

4.9 Metalepsis

4.10 Paratexto

Conclusiones

Bibliografía

Introducción

Este estudio introductorio tiene la finalidad de identificar y explicar algunas cuestiones básicas de la metaficción. Primero, se ha realizado una problematización a través del análisis de diversos planteamientos formulados alrededor del concepto. A pesar de las numerosas propuestas analizadas, debe aclararse, sin embargo, que la presente investigación no tiene pretensiones exhaustivas, sino que sólo intenta dar un panorama general de algunos de los aspectos implicados en la metaficción.

A fin de que lo expuesto sea lo más sistemático posible, se ha dividido el examen de dicha cuestión en cuatro capítulos. En el primero se hace una reflexión sobre la problemática de lo metaficcional. En él se trata de establecer el origen del fenómeno y del término por medio del cual es referido, así como las implicaciones que éste conlleva, a fin de precisar los aspectos aludidos por tal concepto; para ello se ofrece una definición operatoria que permite esclarecer los elementos que lo caracterizan y componen. En este capítulo también se presenta y se describe la inmensa divergencia de nomenclatura producida alrededor de la metaficción y los distintos supuestos que determinadas etiquetas poseen, a la vez que se cuestionan algunas categorías que no contribuyen del todo a su dilucidación.

En el segundo capítulo, se hace un acercamiento al desarrollo que ha tenido la teoría sobre la metaficción. Es una visión panorámica e histórica sobre esta noción desde el momento en que fue identificada hasta los planteamientos más recientes. En esta descripción diacrónica, pueden percibirse tres etapas. En la primera se encuentran los planteamientos correspondientes a las propuestas de Barth, Gass y Scholes, quienes en las décadas de los sesenta y setenta, señalaron y esbozaron los aspectos fundamentales para la comprensión y definición de dicho concepto, por lo que establecieron las bases para el desarrollo de la teoría sobre este elemento. A partir de estos tres planteamientos, o bien de manera paralela, se produjo, en un segundo momento, una gran diversificación de posturas, con su respectiva terminología. A pesar de sus posibles divergencias tenían un fin común: establecer los rasgos definitorios del fenómeno en cuestión; por ello, el análisis de estos acercamientos se centra en los distintos mecanismos que permiten la manifestación de lo metaficcional. De esta manera, los diferentes planteamientos en torno a la metaficción, sin importar la perspectiva desde la que son formulados, coinciden en múltiples ocasiones; además de que la continua revisión realizada por estos trabajos sobre los cuestionamientos que les preceden enriquece la reflexión sobre esta categoría, pues los diferentes aspectos implicados por ésta son continuamente reformulados y reelaborados.

En la tercera etapa están incluidos los cuestionamientos más recientes que se caracterizan por realizar una evaluación crítica de los estudios anteriores. En estos trabajos se problematizan las dificultades conceptuales y terminológicas de las propuestas sobre la metaficción y, al mismo tiempo, se retoman aquellos planteamientos que permitan elaborar una teoría integral sobre este fenómeno.

El objetivo del segundo capítulo es, por tanto, mostrar los distintos cuestionamientos que se han hecho en torno a este tema y la participación que tuvieron en la evolución de la teoría metaficcional.

En el tercer capítulo, se establecen las características que, según los autores estudiados, permiten identificar un texto metaficcional. Con la finalidad de ahondar en estos elementos se tomaron como base los rasgos señalados por Dotras, pero se hizo un replanteamiento de ellos, particularmente en lo que se refiere al acto crítico, la relación ficción/realidad y el lector. A pesar de las mínimas variaciones se conservaron cinco rasgos, los cuales son analizados considerando las propuestas de diversos autores, lo que permitió una taxonomía y morfología más amplia de tales propiedades. Para entender con mayor profundidad el funcionamiento de estas propiedades se llevó a cabo el análisis del cuento “Cementerio de tordos” de Sergio Pitol. Por medio de este análisis se dio cuenta del funcionamiento de estos rasgos y de los elementos que implican.

Por último, el cuarto capítulo está dedicado a las distintas estrategias a través de las cuales se manifiesta lo metaficcional. En este apartado se exponen además las técnicas y recursos más representativos usados para establecer las distintas formas y mecanismos que construyen los textos metaficcionales. Con el objetivo de mostrar las diversas funciones que estas estrategias pueden adoptar, se analiza dichas técnicas en varios textos de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Juan José Arreola, Augusto Monterroso, Salvador Elizondo, Marco Denevi y Enrique Prochazka, autores emblemáticos de lo metaficcional dentro de la literatura latinoamericana del siglo xx.

Numerosas apreciaciones surgen a partir de esta investigación, la más patente, quizá, es la dificultad para sistematizar los planteamientos formulados sobre la metaficción. De esta problemática, además, se derivan numerosas interrogantes que dificultan aún más una mejor comprensión de este fenómeno dada su complejidad.

CAPÍTULO 1

Problemática de la metaficción
1.1 Consideraciones preliminares

Definir y delimitar de manera precisa el concepto de metaficción es el primer aspecto al que se enfrenta cualquier estudio sobre esta noción. Esta primera tarea, además, se encuentra condicionada no sólo por las múltiples definiciones formuladas sobre esta categoría, sino también por la evidente popularidad del prefijo meta en la actualidad, pues no son pocas las voces y ámbitos en que ésta se encuentra presente. De hecho, afirma Luigi Cazzato:


Nuestra cultura es la cultura de meta. La cultura de metapolítica, metalenguaje, metateoría, metaliteratura, metacrítica, metadrama, metapoesía, metacine, metatelevisión, metaficción. La metacultura es el producto de nuestra civilización, el máximo producto del proceso histórico cultural de Occidente.

El uso indiscriminado de esta voz implica paradójicamente cierta precisión del concepto metaficción, ya que pareciera existir un consenso sobre su significado; sin embargo, al referir simultáneamente tantos ámbitos se impone la necesidad de clarificar con exactitud a qué refiere. Es obvio que el uso del prefijo meta alude al carácter reflexivo implicado por este prefijo y, tal como sucede con las palabras que lo usan —por ejemplo: metateorema, metalenguaje, metalingüístico— supone una cierta jerarquía de niveles en las que un concepto es utilizado para explicar o referirse a ese mismo concepto.

Es este significado reflexivo el que adopta el concepto metaficción, así es concebido como una categoría que permite que una ficción se refiera a sí misma o explique su carácter ficcional. La noción meta apunta a aquello que se refiere a sí mismo, pone de relieve la capacidad autorreflexiva de los términos que se sitúan en distintos niveles con respecto al elemento que convierten en su sujeto, que, en el caso de la metaficción, son los sistemas ficcionales.

Definir la metaficción como una ficción que trata sobre la ficción puede conducir, sin embargo, a la simplificación de dicho fenómeno. Si bien ésta es en principio su acepción original y más recurrente, en realidad la reflexividad no es la única característica que permite diferenciarla y dar cuenta de sus elementos constitutivos.

Con la finalidad de operar sobre una definición que permita hacer uso de este término con una noción clara de lo que se intenta aludir en este trabajo, se retomará la de Ana Dotras,2 quien pretende integrar en su acepción sobre este aspecto las distintas formulaciones de las que ha sido objeto la metaficción: “la novela de metaficción es aquella que se vuelve a sí misma y, a través de diversos recursos y estrategias, llama la atención sobre su condición de obra de ficción y pone al descubierto las estrategias de la literatura en el proceso de creación”.3

De acuerdo con esta definición varias características permiten determinar un texto metaficcional:

1. Autorreflexividad que alude al término mismo que lo nombra, en tanto pone en evidencia su cualidad de referirse a sí mismo.

2. Autoconsciencia por la que expone abiertamente su condición ficticia en un acto de autodenuncia a través del cual manifiesta la naturaleza de su ser.

3. Uso de diversas estrategias, a través de las cuales, da cuenta de los mecanismos que construyen un texto ficcional.

Así, por medio de distintos recursos y técnicas emerge un acto autorreflexivo y autoconsciente en este tipo de obras con la finalidad de referirse a los sistemas ficcionales que se convierten en su objeto. Los textos metaficcionales se caracterizan, entonces, por evidenciar su carácter ficticio y los procedimientos que participan en su composición, tanto interna como externamente.

La propuesta ofrecida por Dotras nos permite un primer acercamiento a la metaficción y una definición sobre la cual operar para examinar las distintas teorías que se han elaborado sobre este concepto. Es de fundamental importancia enfatizar que los rasgos definitorios de un texto metaficcional son la autorreflexividad y la autoconsciencia, los que tienen como objetivo declarar abiertamente ficticia la obra en que se producen, aunque hay que advertir que adoptan diversas formas y distintos grados.

A la dificultad de establecer con claridad lo que esta noción implica, se suma la imprecisión para identificarla bajo una categoría que establezca con claridad qué es lo que se refiere por medio de esta palabra, pues ha sido denominada: estrategia, tipo de literatura, narrativa, tendencia, tipo de novela, técnica, modo narrativo, etc., lo que complica aún más la posibilidad de esclarecer su naturaleza. En este estudio, de acuerdo con la definición que se ha utilizado para operar sobre ella, la metaficción es concebida como un conjunto de características o rasgos que pueden producirse simultáneamente con muchos otros aspectos literarios, es decir, un texto podrá ser metaficcional y, al mismo tiempo, pertenecerá a cierto género y a cierta corriente literaria.

La metaficción, a pesar de lo que se podría suponer, es un concepto acuñado y analizado apenas hace unas décadas, pero que rápidamente fue tema de numerosos trabajos que han sido publicados a su alrededor. Esta diversidad no implica posturas irreconciliables y excluyentes unas de las otras. Aunque es cierto que los diferentes planteamientos sobre este tipo de textos son formulados desde distintas perspectivas, resultan coincidentes en muchos puntos, hecho del que la teoría metaficcional se beneficia, pues algunos de los aspectos que la conforman son continuamente reformulados, y por tanto, enriquecidos por los distintos análisis de que son objeto.

Hay que advertir, sin embargo, que si bien los estudios sobre la metaficción se ocupan de elementos comunes no significa que las reflexiones elaboradas a partir de ésta sean uniformes y fáciles de sistematizar. Un acercamiento a todas estas formulaciones se enfrenta a múltiples problemas; el más grave de ellos es, quizá, la innumerable cantidad de términos que han aparecido en torno a esta categoría y que en algunos casos, si bien dan cuenta de los múltiples aspectos de este fenómeno, entorpecen el manejo de los distintos planteamientos sobre este aspecto narrativo.

Esta diversidad terminológica no sólo dificulta el estudio de la metaficción en su evolución, también, como afirma Linda Hutcheon, obliga a los investigadores sobre este concepto a ser necesariamente eclécticos: “If self-conscious narrative by definition includes within itself its own first contextual readings, no single theory will be able to deal with it withouth considerable distortion”.4 [Si la narrativa autoconsciente por definición incluye sobre sí sus propias lecturas contextuales, una sola teoría no será capaz de tratar sobre ella sin considerable distorsión].

Por otro lado, afirma también esta autora, es casi imposible realizar una teoría completa de lo metaficcional. Al ser un fenómeno tan complejo y que supone tantos elementos, casi todo lo que se pueda decir sobre ella puede ser fácilmente relativizado; así, según esta misma autora, sólo se pueden hacer ciertas implicaciones teóricas debido a la complejidad del fenómeno analizado: “There can be not ‘theory’ of metafiction, only ‘implications’ for theory: each self-informing work internalizes its own critical context. To ignore that is to falsify the text itself”.5 [No puede haber una “teoría” de la metaficción, solo “implicaciones”, cada trabajo autoinformativo interioriza su propio contexto crítico. Ignorar esto es falsear el texto mismo.]

Afortunadamente, desde hace ya varias décadas, y debido a la proliferación de textos a partir de las ideas de Hutcheon y otros autores fundamentales en el desarrollo de la teoría sobre la metaficción, como Patricia Waugh y Mark Currie, hay cierto consenso en lo que debe considerarse por metaficción. Un análisis diacrónico de todos esos acercamientos revela los múltiples aspectos que la metaficción ha implicado, los cuales no necesariamente constituyen una masa confusa de planteamientos; por el contrario, las diversas aproximaciones dan cuenta de la complejidad y riqueza de la categoría.

Otro de los aspectos fundamentales que destaca al examinar esta cuestión es la diferencia abismal entre el origen del fenómeno y su concepto, lo que demuestra la indiferencia de la que había sido objeto hasta hace pocas décadas, pues aunque sus precedentes se encuentran prácticamente en los inicios de la literatura, sus estudios de manera sistemática no tienen sino relativamente poco tiempo.

1.2 El origen de un término

Se ha atribuido a William Gass el haber acuñado el término metaficción (así lo afirman Scholes, Alter, Waugh, Currie y casi todos los críticos que exploran este asunto).6 Este autor lo usó por primera vez en 1970 en su libro Fiction and the Figures of Life para señalar una característica que él percibía en distintos textos que se cuestionaban, implícita o explícitamente, sobre la ficción y sus posibilidades en el mismo acto de la escritura. Gass analiza en ese libro una novela metaficcional paradigmática de Nabokov: Rey, dama y valet, pero también menciona las obras de Borges, Barth y O’Brien para examinar y explicar las características de ese tipo de narrativa. Para Gass, la metaficción era un fenómeno equivalente al de distintas áreas del conocimiento, donde se producían diversos metateoremas con una finalidad autorreflexiva. Sin embargo, Gass no proporcionó una clara definición de lo que entendía por dicho concepto, sólo señaló el trabajo de algunos autores que correspondía a lo que él concebía como metaficcional, en los que ciertas formas de la ficción actualizaban aspectos de los textos que hasta entonces no habían sido evidenciados tan claramente:


There are metatheorems in mathematics and logic, ethics has its linguistic oversoul, everywhere lingos to converse about lingos are being contrived, and the case is not different in the novel. I don’t mean those drearily predictable pieces about writers who are writing about what they are writing, but those, like some of the work of Borges, Barth and Flann O’Brien, for example, in which the forms of fiction serve as the material upon which further forms can be imposed. Indeed many of the so called anti-novels are really metafictions.7 Hay metateoremas en matemáticas y lógica, la ética tiene su propia lingüística, en todos lados, jergas para referirse a otras jergas están siendo construidas, y el caso no es diferente en la novela. No me refiero a esas monótonas y predecibles obras acerca de escritores que están escribiendo acerca de lo que están escribiendo, sino a ésas, como algunos de los trabajos de Borges, Barth y Flann O’Brien, por ejemplo, en los cuales la forma de la ficción sirve como el material a través del cual otras formas pueden ser impuestas. En realidad muchas de las llamadas antinovelas son realmente metaficciones.

En este multicitado fragmento, Gass no sólo creó un concepto, simultáneamente también delimitó el fenómeno aludido por esta noción, al enmarcarlo en un cierto tipo de narrativa y, también, efectuó una diferenciación esencial entre lo que ahora se concibe como metaficción y la llamada antinovela. De esta manera, al distinguir estos dos modos de ficción, Gass puso de relieve la autonomía de dos fenómenos distintos, aunque, como se verá más adelante, algunas veces coincidentes.

El hecho de que esta narrativa recibiera un nombre que la identificara hasta los principios de los años setenta no significa que sólo hasta entonces la metaficción se hubiera manifestado, pues a pesar de que carecía de denominación, no es un fenómeno surgido apenas en este siglo, su origen se remonta, según casi todos los planteamientos estudiados, a un pasado muy lejano: “the term ‘metafiction’ might be new, the practice is as old (if not older) than the novel itself”.8 [el término “metaficción” puede ser nuevo, la práctica es tan vieja (si no es que más vieja) que la novela misma.]

Es por ello que Christensen afirma que, al analizar este concepto, tres elementos deben ser tomados en consideración:

1. El origen del término

2. La designación del fenómeno

3. El origen del fenómeno9

Al establecer esta distinción se determina el origen del fenómeno, tan lejano como la literatura misma y el origen del término que lo designa, acuñado apenas en la década de los setenta, además de plantearse la necesidad de explorar las propiedades que caracterizan este aspecto.

1.3 El origen de la metaficción

La metaficción es un fenómeno tan antiguo como la literatura misma. Ésta, que podría ser una afirmación temeraria, encuentra bases para su sustentación al señalar diversas manifestaciones de este tipo de las que se tiene noticia, a través del rastreo realizado por distintos investigadores:


The phenomenon of an artwork mirroring itself as it mirrors reality is of course by no means restricted to the novel: and in literature it could be traced back as far as the bard within the epic in the Odyssey and Euripides’s parody of the conventions of Greek tragedy. Renaissance theater, to cite a central instance, offers many striking examples of such artistic self-consciousness.10 El fenómeno de un arte reflejante en sí mismo como el reflejo de la realidad no está restringido de ninguna manera a la novela: y en la literatura puede ser rastreado tan lejos como el bardo dentro de la épica en la Odisea y en la parodia de Eurípides de las convenciones de la tragedia griega. El teatro del Renacimiento, para citar un modelo central, ofrece muchos ejemplos impresionantes de tal autoconsciencia artística.

De hecho, la metaficción es tan antigua como las primeras aproximaciones a la literatura. Según Karl Kao es conocido que ya Aristóteles en la Poética se refiere a una obra paródica con elementos metaficcionales:


Examples of such meta-fictional auto-references in Western literature, in fact, have been traced even further back to the Greek tradition, to works of mock-epics and the parodic writings such as that of Hegemon of Thasos mentioned in Aristotle’s Poetics.11 Ejemplos de tales autorreferencias metaficcionales en la literatura occidental, de hecho, pueden ser rastreados incluso más lejos, hasta la tradición griega, en las obras burlescas épicas y en los escritos paródicos de Hegemón de Tasos mencionados en la Poética de Aristóteles.

La metaficción es aún más clara y sorprendente durante los siglos XVI y XVII. Basta con mencionar Hamlet de Shakespeare y en la tradición literaria hispánica La vida es sueño y El gran teatro del mundo, de Pedro Calderón de la Barca; Lo fingido verdadero y Los locos por el cielo, de Lope de Vega; El vergonzoso en Palacio y La fingida Arcadia, de Tirso de Molina; El retrato de las maravillas, Los baños de Argel, La gran sultana, La entretenida y Pedro de Urdemalas, de Cervantes. Esto es aún más evidente en los textos de carácter burlesco, donde la intertextualidad, la parodia y la tematización de la ficción son necesarias en la construcción de estas obras. Tal es el caso de las comedias burlescas El cerco de Tagarete, de F. Bernardo de Quirós o de Las mocedades del Cid, de Jerónimo de Cáncer.12 Tampoco se puede dejar de lado el teatro cómico breve, en el que un gran número de textos, jácaras, loas, entremeses y mojigangas hacen referencia a su carácter ficticio.

Aunque, sin duda alguna, son dos las grandes novelas en las que pueden percibirse rasgos metaficcionales aún sorprendentes en nuestra época. El Quijote, de Cervantes y Tristram Shandy, de Laurence Sterne son obras en las que se encuentran ya muchos de los rasgos característicos de lo que en la actualidad se designa como metaficción. Aun más, pues a diferencia de muchos textos de este siglo, en estas novelas se produce no una mera demostración de genialidad formal, sino también un profundo cuestionamiento de múltiples aspectos que revelan las posibilidades de lo ficticio:


The four self-conscious novelists of the first great age of the novel (from the beginning of the seventeenth century to the end of the eighteen) are Cervantes, Fielding, Sterne and Diderot... They were the first —and Cervantes of course the first among them— to see in the mere fictionality of fictions the key to the predicament of a whole culture, and to use this awareness centrally in creating new fictions of their own.13 Los cuatro novelistas autoconscientes de la primera era de la novela (desde el principio del siglo diecisiete al final del dieciocho) son Cervantes, Fielding, Sterne y Diderot. Ellos fueron los primeros —y Cervantes por supuesto el primero entre ellos— en ver en la mera ficcionalidad la llave del predicamento de toda una cultura, y usar esta consciencia centralmente en crear nuevas ficciones de ellas mismas.

El origen de lo metaficticional da cuenta de la discordancia temporal entre el fenómeno y su designación. La razón de tal desacuerdo parece encontrar justificación en el hecho de que, si bien es cierto que esta tendencia se produce casi desde los inicios de la literatura, no había sido diferenciada porque los estudios sobre las obras que la presentaban se habían centrado en otros aspectos y porque la metaficción se había producido de manera más o menos dispersa en épocas literarias distintas.

Es sólo hasta el siglo XX que un abundante número de textos presentan rasgos metaficcionales. Cuando los críticos empezaron a identificar estas obras con el subsecuente análisis de sus recurrencias temáticas y formales, se impuso la necesidad de diferenciar, caracterizar y delimitar esta tendencia narrativa: “But it has been the twentieth century that has seen metafictional works beginning to appear with insistent regularity”.14 [Pero ha sido en el siglo veinte donde se ha visto que las obras metaficcionales empiezan a aparecer con insistente regularidad]. Así, la proliferación de textos metaficcionales en el siglo XX provocó, a su vez, una numerosa aparición de estudios alrededor de este fenómeno, el cual, a pesar de su antigüedad, no había sido estudiado hasta hace pocas décadas. Es imposible negar, sin embargo, que lo metaficcional siempre ha estado presente en la literatura y que su presencia se hizo notoria sólo hasta hace poco tiempo debido a su intenso contraste con la estética realista de los siglos anteriores:


Self-reflexivity itself is a deeply ingrained quality in the Western literary tradition. It is now simply being brought to a head by the hyper meta-sensibility of postmodernism in the wake of the demise of nineteenth-century high realism.15 La autorreflexividad es una cualidad arraigada profundamente en la tradición literaria occidental. Ahora simplemente es enfatizada por la hipermetasensibilidad del modernismo a la luz de la desaparición del hiperrealismo del siglo XIX.

1.4 El concepto de metaficción

La tardía delimitación y denominación de este fenómeno responde, según Hutcheon, a una fosilización de la crítica que no aceptaba modelos que se encontraran fuera de los tradicionales y que fue incapaz de reconocer, hasta Gass, una nueva tendencia en la narrativa, a pesar de que ya tenía siglos de haberse manifestado:


What was a temporary stage in literature became a fixed definition in criticism from this point on, any form which revealed a moving beyond that stage could only be dealt with in negative terms (as not really a novel, or at best as a new novel or perhaps as a metafiction) rather than being treated in terms of a natural, dialectical development of the genre.16 Lo que fue un estado temporal en la literatura se convirtió en una definición fija en la crítica. A partir de este punto, cada forma que revelara un movimiento alejado de ese estado sólo podía ser tratado en términos negativos (no realmente como una novela, si acaso como una nueva novela o quizá como metaficción) mejor que ser tratada en términos de un natural desarrollo dialéctico del género.

Este no fue el único problema para el estudio de tal narrativa, ya que la identificación del fenómeno y su denominación no implicaron un estudio sistemático sobre un hecho ya delimitado; así pues, este término, inventado en la década de los setenta, no fue aceptado de manera uniforme. Paralelamente a lo propuesto por Gass, múltiples nombres fueron acuñados para referirse a los textos que presentaban rasgos metaficcionales: “The similar modes have been variously termed: ‘the introverted novel’, ‘the anti-novel’, ‘irrealism’, ‘the self-beggeting novel’”.17 [Los similares modos narrativos han sido denominados de varias formas: “la novela introvertida”, “la antinovela”, “la novela autoengendradora”.]

A los términos anteriores deben sumarse otros: “a proliferation of critical terms used to designate it: ‘fabulation’, ‘surfiction’, ‘parafiction’, ‘superfiction’, ‘post-contemporary fiction’, and (the most persistent) ‘postmodern fiction’”.18 [Una proliferación de términos críticos usados para designarlo: “fabulación”, “sobreficción”, “paraficción”, “superficción”, “ficción poscontemporánea” y (el más persistente) “ficción posmoderna”].

Existen también otros conceptos por medio de los cuales se designan este tipo de textos: “literatura del agotamiento” (“literature of exahustion”), novela reflexiva (“reflexive novel”), “novela autorrepresentacional”, “ficción narcisista” (“narcissistic fiction”) y narrativa “autoreveladora”, e incluso designaciones como “mímesis abortiva” (“abortive mimesis”) y “la muerte de la muerte de la novela” (“the death of the death of the novel”).

Todas estas voces dan cuenta de la complejidad del fenómeno, pues hacen referencia a la multiplicidad de factores, formas y estrategias que se manifiestan en textos de este tipo y, al mismo tiempo, revelan las concepciones particulares de los planteamientos que se han producido sobre este aspecto. Sorprende sobre todo la diversidad de formulaciones, incluso entre aquellas que adoptan términos similares o supuestamente referidos al mismo elemento.

Muchas de las expresiones mencionadas resultan problemáticas en la designación de este fenómeno. Algunas de ellas son reduccionistas, ya que sólo dan cuenta de una de las múltiples características de lo metaficcional; tal es el caso de los conceptos novela reflexiva (reflexive novel), novela engendradora (self-begetting novel) y novela autoconsciente (self-conscious novel) que sólo aluden a algunos de los rasgos que implica un texto metaficcional.

Otras pretenden englobar todos los aspectos implicados por este fenómeno, pero son usadas por un solo autor, lo que supondría cambiar únicamente una etiqueta por otra, por ejemplo, en vez de usar “metaficción” utilizar “surfiction” (“sobreficción” en español, según la traducción de Dotras) y hacer aún más caótica la terminología al respecto.

Algunas nociones, por otra parte, son demasiado generales e imprecisas, por lo que resultan de inmediato inadecuadas para determinar a este tipo de textos. Tal es el caso de antinovela, pues abarca textos no necesariamente metaficcionales, tal como ya lo había señalado William Gass. Resulta sorprendente, entonces, que el término antinovela siga siendo analogado a metaficción por su carácter subversivo y crítico de lo establecido:


The meaning of the antinovel seems too wide to serve as a description of metafictional works, because a not considerable number of novels appear as protests against established artistic forms without possessing metafictional characteristics”.19 El significado de la antinovela parece demasiado amplio para servir como una descripción de los trabajos metaficcionales, porque un considerable número de novelas aparece como una protesta contra las formas artísticas establecidas sin presentar características metaficcionales.

De igual forma, a pesar de que insistentemente suele denominarse bajo el concepto de ficción posmodernista, sobre todo en la crítica angloamericana, resulta también inaceptable aplicarlo a todos los textos incluidos en esa categoría, porque aluden a lo que se denomina como metaficción, pero también a otras obras que no manifiestan rasgos que permitan considerarlas como tales.

La relación metaficción-posmodernismo todavía en los últimos años no parece ser claramente diferenciada, basta con mencionar algunos títulos de exploraciones actuales, como Russian Postmodernist Metafiction, de Nina Kolesnikoff, publicado en 2011, en el que pareciera que la metaficción es un rasgo inherente a los textos posmodernistas. Ya Smyth, casi veinte años atrás, explicaba que esta conexión era de inmediato establecida porque el posmodernismo incluía muchas obras con rasgos metaficcionales, los cuales, sin embargo, no son inherentes a este tipo de obras: “Postmodernism can include self-reflective, metafictional novels or more disparate literary forms like the nonfiction novel, essay autobiography and combinations of realism and fantasy”.20 [El posmodernismo puede incluir novelas autorreflexivas, metaficcionales o algunas otras formas literarias dispares como la novela de no ficción, el ensayo, la autobiografía y las combinaciones de realismo y fantasía.]

Por su origen, no obstante, la metaficción no es una tendencia que sólo haya aparecido en lo que algunos teóricos denominan narrativa posmodernista, pues como ya se mencionó, también se produjo en periodos y textos difícilmente englobados por esta categoría, además de que no es el único tipo de ficción producido en este periodo, por lo que no se presuponen recíprocamente:


Metafiction is not the only kind of postmodern fiction, and nor is it an exclusively postmodern kind of fiction. It is neither a paradigm nor a subject of postmodernism. Terms like “metafiction’ and ‘postmodernism’ are not sustained by any common essence among their referents.21 La metaficción no es el único tipo de ficción posmodernista, y no es una forma exclusiva de ficción posmoderna. No es ni un paradigma ni un sujeto del posmodernismo. Términos como “metaficción” y “posmodernismo” no son definidos por ninguna esencia común entre sus referentes.

La presuposición posmodernismo-metaficción todavía no ha sido resuelta y muchos estudiosos los siguen implicando en una relación intrínseca. Estos autores parecieran implicar que el posmodernismo no es posible sin la metaficción y que, si bien ésta es un fenómeno presente en la literatura desde sus inicios, sólo adquiere su verdadera madurez y función en la narrativa posmodernista. Sin embargo, también es claro para muchos otros teóricos de este fenómeno que posmodernismo y metaficción no están imbricados necesariamente.

Otras denominaciones tienen una carga negativa, aunque no sea ese el objetivo de los autores que los utilizan, lo cual va en detrimento de lo metaficcional, ya que se concibe en términos desfavorables, como una especie de antiliteratura. Aquí se incluirían ficción narcisista (“narcissistic fiction”), mímesis abortiva (“abortive mimesis”) y novela introvertida (“introverted novel”). Es evidente que no son claras las propiedades implicadas por los textos designados de esta manera, tales apelativos parecieran querer otorgar rasgos que poco tienen que ver con la ficción misma y que resultan muy poco explicativos de lo que refieren.

La causa de tal proliferación terminológica tal vez tenga que ver con los múltiples factores que la metaficción implica, como afirma Waugh, es “an elastic term which covers a wide range of fictions”22 [un término elástico que cubre un gran rango de ficciones].

En la actualidad todos esos términos suelen englobarse bajo la categoría más general de metaficción, y aunque todavía coexisten con ella como parte de la historia de esta categoría, ya se ha alcanzado la uniformidad en la utilización de este concepto. En 1995, según Currie, todavía estaba ausente en los diccionarios sobre terminología literaria:


Because metafiction is not strictly a kind of fiction, because previous definitions have no often confronted its complexity, the term ‘metafiction’ has never really established an assure place in the lexicon of critical terms” Porque la metaficción no es un estricto tipo de ficción, porque definiciones previas no han enfrentado su complejidad, el término “metaficción” nunca ha conseguido un lugar en el léxico de los términos críticos.

Hoy en día, el uso y aceptación de este término está más o menos generalizado y ya nadie pone en duda su estabilización como concepto,23 así como los diversos elementos que lo caracterizan, sobre todo debido a los diversos trabajos elaborados durante la década de los ochenta y los noventa sobre este aspecto.

Resuelta la cuestión terminológica, hay que advertir también que lo metaficcional, así como las múltiples formas y estrategias que adopta, no son exclusivas de la literatura, también se han producido en las demás áreas del arte, fenómeno al que Christensen ha denominado meta arte y del cual proporciona distintos ejemplos:


Meta-art, which turns its attention upon the work of art itself, is prevalent in all media and art forms. To mention just some areas: in painting is represented by the works of Georges Braque and in drama by Pirandello. Meta-art occurs in film (Fellini), music (J.W. Mastherson) and even in literary criticism.24 El meta arte, el cual vuelve su atención sobre el trabajo del arte mismo, prevalece en todos los medios y formas del arte. Para mencionar sólo algunas áreas: en pintura es representado por los trabajos de Georges Braque y en teatro por Pirandello. El meta arte ocurre en cine (Fellini), música (J. W. Mastherson) e incluso en crítica literaria.

La manifestación de lo metaficcional en las diversas expresiones humanas da cuenta de las posibilidades ofrecidas por las distintas modalidades y mecanismos de esta tendencia, las cuales vehiculan reflexiones sobre los límites y alcances de la actividad creativa.

Notas al pie

1 Luigi Cazzato, Metafiction of the Anxiety: Modes and Meanings of the Postmodern Self-conscious Novel, 2000, p. 17.

* Las versiones del inglés y francés al español son responsabilidad de la autora. El propósito es que el lector tenga a la vista un referente del texto citado en su idioma sin cancelar la comprensión y riqueza que significa el texto en el idioma original. [Nota del editor]

2 Aunque Dotras se refiere exclusivamente a la novela, su definición es válida para cualquier género narrativo.

3 Ana María Dotras, La novela española de metaficción, Ensayos Júncar, Madrid, 1994, p. 28.

4 Linda Hutcheon, Narcissistic Narrative: the Metafictional Paradox, Methuen, Nueva York, 1980, p. 6.

5 Ibid., p. 155.

6 Debe advertirse, sin embargo, que ya Barthes en 1959 había usado la palabra “metaliteratura” para explicar ese tipo de textos: “Roland Barthes avait repéré dés 1959, dans ‘Littérature et métalangage’, cette double conscience de la littérature contemporaine, ‘littérature-objet et métalittérature’”» [Roland Barthes había reparado desde 1959, en ‘Literatura y metalenguaje’, esta doble consciencia de la literatura contemporánea, ‘literatura-objeto y metaliteratura’”]. Laurent Lepaludier, “Introduction” en Métatextualité et Métafiction: théorie et analyses, Presses Universitaires de Rennes, Rennes, 2002, p. 9.

7 William Gass, Fiction and the Figures of Life, Alfred A. Knopf, Nueva York, pp. 24 y 25.

8 Patricia Waugh, Metafiction: the Theory and Practice of Self-conscious Fiction, Methuen, Nueva York, 1984, p. 42.

9 “One has to distinguish accordingly between the origin of the term, designating the phenomenon, and the origin of the phenomenon itself”. [Uno tiene que distinguir de acuerdo con el origen del término, la designación del fenómeno y el origen del fenómeno mismo] Inger Christensen, The Meaning of Metafiction, Universitetsforlaget, Bergen, 1981, p. 9.

10 Robert Alter, Partial magic: The Novel as Self-conscious Genre, University of California, Berkeley, 1975, p. XI.

11 Karl S.Y. Kao, “Self-Reflexivity, Epistemology, and Rhetorical Figures”, Clear, Vol 19, Dic., 1997, p. 59.

12 Se ha contabilizado más de 50 comedias burlescas de los siglos XVI y XVII.

13 Robert Alter, op. cit., p. 3.

14 Ibid., p. 16.

15 Karl Kao, art. cit., p. 59.

16 Linda Hutcheon, op. cit., p. 124.

17 Patricia Waugh, op. cit., p. 49.

18 Robert Alter, op. cit., p. 253

19 Inger Christensen, op. cit., p. 10.

20 Edmund J. Smyth, Postmodernism and Contemporary Fiction, Londres, Batsford, 1991, p. 13.

21 Mark Currie, Metafiction, Longman, Singapur, 1995, p. 15

22 Patricia Waugh, op. cit., p. 15.

23 Aunque hay que señalar que, según Laurent Lepaludier, “la tradition française optera souvent pour le terme de métatextualité» [La tradición francesa optará con frecuencia por el término metatextualidad], art. cit, p. 9.

24 Inger Christensen, op. cit., p. 9.

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