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Garzón Bustos, Carlos Alberto

Ejercicios de poder y educación matemática en Colombia. Una mirada al período histórico

1995-2013 / Carlos Alberto Garzón Bustos

Bogotá : Universidad Piloto de Colombia, 2019

Incluye referencias bibliográficas ( páginas 101-111)

112 páginas : ilustraciones

ISBN : 978-958-5106-02-4

ISBN : 978-958-5106-03-1 (Digital)

1. MATEMÁTICAS – EDUCACIÓN

2. MATEMÁTICAS – ENSEÑANZA

3. MATEMÁTICAS – PROBLEMAS, EJERCICIOS, ETC.

4. POLÍTICAS EDUCATIVAS

CDD 372.7

Universidad Piloto de Colombia

Presidente

Olinto Eduardo Quiñones Quiñones

Rectora

Ángela Bernal Medina

Director de publicaciones y comunicación gráfica

Rodrigo Lobo-Guerrero Sarmiento

Director de investigaciones

Mauricio Hernández Tascón

Coordinador de publicaciones

Diego Ramírez Bernal

Área Común de Matemáticas

© Ejercicios de poder y educación matemática en Colombia.

Una mirada al período histórico 1995 – 2013

Autor

Carlos Alberto Garzón Bustos

ISBN: 978-958-5106-02-4

978-958-5106-03-1 (Digital)

Primera edición

2019

Bogotá, Colombia

Coordinadores de publicación

Carlos Arias y Catalina Moreno Correa

Diseño y diagramación

Juliana Vélez Velásquez

Juan José Camargo Gómez

Ilustración de portada

Daniela Martínez Díaz

Fotografías

Banco de imágenes de la Universidad Piloto de Colombia

La obra literaria publicada expresa exclusivamente la opinión de sus respectivos autores, de manera que no representan el pensamiento de la Universidad Piloto de Colombia. Cada uno de los autores suscribió con la Universidad una autorización o contrato de sesión de derechos y una carta de originalidad sobre su aporte, por tanto, los autores asumen la responsabilidad del contenido de esta publicación.

Tabla de contenido

Prólogo

Introducción

Capítulo 1. Sujetos y educación matemática

Capítulo 2. El saber matemático y la educación

Capítulo 3. Instituciones, fuerzas sociales y educación matemática

Capítulo 4. Análisis: amalgama compleja de sujetos, saber escolar matem tico y fuerzas sociales

Conclusiones

Referencias

Prólogo

Aunque para muchos reviste de un halo de incomprensión, la matemática es un tema de constante actualidad, cuya evolución se mantiene permanente. Es por ello que a través de nuevos y mejores análisis se abren nuevas posibilidades de reflexión interpretativa que dan cuenta, como en el caso de esta publicación, de procesos que han sido subsumidos en un falso empirismo, puesto que no se relacionaban las múltiples variables que eran articuladas para el logro de una claridad científica. Por ello, dicho tema ha de ser develado por personas con una sensibilidad investigativa especial y con esa pasión que atrae a muchos estudiantes cuyo interés sobre la comprensión de los conceptos subyacentes en la naturaleza y su reflejo en la mayoría de las profesiones de carácter técnico y científico son necesarias para volver a impulsar el espacio matemático en Colombia.

Contar con la experiencia investigativa en educación matemática puede hacerse difícil cuando no se ha tenido un recorrido académico que permita elaborar un tejido fino entre lo teórico y lo práctico. Es por ello que el trabajo desarrollado en el libro Ejercicios de Poder y Educación Matemática en Colombia logra develar la metamorfosis, en un periodo de dieciocho años, de cómo los saberes representados en teorías e imaginarios han permitido la orientación de actividades a los actores académicos, por medio de los escenarios provistos por las diferentes instituciones, para garantizar una formación matemática como pilar de los procesos de comprensión de realidades.

Este libro emerge como resultado del proyecto de investigación del profesor y maestro Carlos Alberto Garzón; se trata de un gran sueño que nació de su quehacer docente y se concretó con su proceso de formación doctoral. La seriedad, la dedicación del proceso investigativo y la revisión documental, de la mano con la actividad docente, nos permiten evidenciar que se dio un trabajo riguroso; el cual llevó a la tarea de producir un diagnóstico sobre el estado que guardaba la consolidación de dos corrientes que tuvieron convergencia durante dos décadas y que fueron orientadoras de procesos didáctico-pedagógicos, que debían responder a los supuestos sobre los compromisos de la educación matemática en el país. Afortunadamente, los grandes paradigmas pudieron ser reinterpretados desde la perspectiva de la complejidad, lo que permitió explicar de manera crítica los modelos hegemónicos reinantes a través de poderes muchas veces invisibles que delineaban algunos propósitos para pensar, delinear y promover una enseñanza “moderna“ de las matemáticas. Una vez entendida la situación, se correlacionan sin prejuicios las políticas, que de manera integral, permiten interpretar el papel de las matemáticas, no desde las aspiraciones, sino desde una verdadera experiencia participante.

Encontrar este recorrido en un libro que guarda claridad y coherencia con los procesos y las políticas trazadas durante el periodo seleccionado da la posibilidad de argumentar e interpretar y, porque no, de criticar algunas de las orientaciones sobre las prácticas docentes utilizadas en la enseñanza de la matemática en los diferentes niveles; actividad que no era una práctica reflexiva establecida en nuestro país, pues sobre muchos procesos hemos carecido de un diagnóstico serio. Por ello, formular una propuesta investigativa de este talante reclama la intervención de un investigador que reuniera evidencia empírica, teórica y científica a partir de la precisión del significado y del alcance del término formación matemática; así como de los métodos que evaluarían su cumplimiento y, con base en ello, de la revisión de los documentos y orientaciones de datos complementarios.

Es relevante revisar el estado de la regulación en materia de los imaginarios sobre la formación matemática, en los que el autor desarrolla una interpretación clara y amplia sobre los presupuestos de formación de los docentes que estuvieron a cargo de la orientación de los procesos, su hechura en actividades didácticas y los sistemas de control sobre su ejercicio, a fin de establecer un “mapa” de las obligaciones asumidas por los docentes para formular sus presupuestos conceptuales; así como los procedimientos y las rutinas seguidas para ejercer la enseñanza, controlarla y evaluarla.

En la descripción de cada uno de los capítulos encontramos el estado de los sistemas de política educativa consagrados en las dos décadas, lo que orienta sobre los procedimientos, la formulación, la aprobación de las estrategias y los roles de los actores, y analiza no solo desde el plano de la formalidad matemática, sino de las cualidades formativas a la luz de los criterios de enseñanza, pedagogía, didáctica y educación con accesibilidad y responsabilidad.

El hilo conductor de la investigación presentada en este libro sería entonces la verificación de la transformación permanente, no desde el mirador exclusivo de la academia, sino de las políticas que intentaron orientar con transparencia el acceso a la información; lo que finalmente se reflejó en la educación del país en el periodo descrito, con la necesidad de construir una infraestructura educativa que tendiera a producir incentivos para afirmar la coherencia entre los objetivos académicos que asumen los gobiernos, los actores de poder y los medios educativos disponibles en los diferentes escenarios de educación para verificar su cumplimiento. Así como de verificar los procedimientos formales que deben seguirse para formular, ejercer, controlar y evaluar los logros de la educación matemática en el país.

Cada capítulo se convertirá en una gran aventura docente para verificar que efectivamente se cumpla la premisa principal del proyecto, como la clave para generar una verdadera transformación en la enseñanza y la comprensión de la matemática en Colombia.

Ingeniero Jaime Durán García

Decano del programa de Ingeniería Mecatrónica

Universidad Piloto de Colombia

Introducción

Cuéntame la historia de la génesis y desarrollo de mi entendimiento de mí mismo […] de tal manera que, al oírte hablar, no quiera ser más como creía que tengo que ser, y que, al oírte hablar, me dé cuenta de que esta [forma de ser] no es necesaria.

Saar, 2002, citado en Valero y García, 2014, p. 497

Develar parte de lo que se ha invisibilizado, naturalizado y convertido en la educación matemática oficial colombiana durante los últimos veinte años me exigió determinación para construir una mirada crítica sobre su saber y su práctica. Para ello fue necesario reflexionar y verificar lo dicho a través de la historia oficial educativa, representada en leyes y decretos; en manuales y libros escolares; en currículos y planes de estudio; en encuentros de expertos, plataformas virtuales y proyectos educativos; en otros documentos y muchas otras opiniones.

Uno de dichos documentos es la Ley General de Educación (Ley 115, 1994), la cual pretende que se respeten todos los derechos humanos y principios democráticos en el sistema educativo, que se promueva la participación de sus integrantes en todas las decisiones significativas que se tomen y que se fortalezca el avance científico-tecnológico para mejorar la calidad de vida a partir del desarrollo de capacidades analíticas, reflexivas y críticas. Una de las áreas fundamentales para este avance es la matemática escolar, objeto epistémico sobre el que discurre este libro bajo la perspectiva teórica de la educación matemática crítica como paradigma en emergencia (Valero y Skovsmose, 2008).

Para obtener otra comprensión de los hechos históricos, me fue necesaria la construcción de un archivo desligado de la versión “mítica-oficial”, que presenta prácticas diferenciadas entre sí, enunciadas como acontecimientos puntuales en torno a cosas concretas, tangibles y oponibles a categorías universales, abstractas o difusas (Foucault, 1969;1980). Así pues, este libro partió de la educación matemática crítica y en su elaboración se emplearon algunas herramientas de la arqueología foucaultiana para romper la continuidad de las prácticas y discursos perfilados para dicho campo del saber, y de esta manera presentar una alternativa a la concepción tradicional sobre el “deber ser” de esta disciplina y buscar la procedencia de las subjetividades en los sujetos escolares desde el presente (Castro, 2011). Tal búsqueda me encaminó hacia el origen de la diferenciación de estos sujetos con respecto a su grupo social, su dispersión con respecto a las rutas que la sociedad traza para todos sus miembros y el conjunto de accidentes o errores que han originado su unicidad (Foucault, 2004).

Ahora bien, para esta investigación abordé el periodo histórico comprendido entre 1995 y 2013 en Colombia, porque en él ocurrieron dos situaciones definitivas para el país, las cuales repercuten incluso en el posconflicto en el que nos encontramos: a) la consolidación del conflicto armado en el marco del desplazamiento forzado más grande de América Latina (Gutiérrez, 2015) y b) la emergencia del mercado neoliberal y los supuestos económicos que este predica sobre la educación (Gentili, 2015). Se trabajaron ambas situaciones a partir de mi experiencia como profesor de matemáticas en diferentes escenarios nacionales.

Así pues, me planteé la siguiente pregunta investigativa: ¿cómo abordar las historias escolares matemáticas de las últimas dos décadas en Colombia y su incidencia en la configuración de subjetividades de niños y niñas, de hombres y mujeres que, como en una rueda de molino, atraviesan y son atravesados y constituidos por los discursos y las prácticas educativas? En esta búsqueda encontré trabajos de investigación sobre las problemáticas de la educación matemática en Colombia, generalmente referidos a la didáctica y la pedagogía (Rojas, 2014), pero muy pocos, con excepción de los trabajos de Valero et al., (2013), indagan por los ejercicios escolares matemáticos y la constitución de subjetividades. La falta de estos estudios impide la exposición de la inequidad y la exclusión desde el currículo en el contexto colombiano, lo cual agrava la injusticia, la pobreza y la desigualdad social.

No obstante, al enfocar mi interés hacia las subjetividades y sus relaciones con la educación matemática, hallé, por un lado, los trabajos de Castro (2008), Knijnik (2006), Martínez (2014), Popkewitz (2002, 2004) y Wanderer (2007), todos ellos autores que tienen en sus búsquedas investigativas un denominador común: el uso de herramientas foucaultianas. Por otro lado, me topé con las investigaciones de Valero y Skovsmose (2008), quienes se preguntan por los contextos sociales y políticos desde la educación matemática crítica.

Ahora bien, para el desarrollo de esta investigación fue necesario volver a la historia, pero no a aquella docta, lineal e inmutable de aquel personaje de El polvo y la nube (Jordá, Foucault y Léonard, 1982), de la que se espera la certeza de unas intenciones profundas, de unas necesidades permanentes y cuya prédica de proximidad o distancia de los hechos es netamente cronológica (Foucault, 2004). Se volvió a la historia que se cuenta desde el cuerpo y su natural decadencia, la que no traza rectas entre acontecimientos ni espera bases estáticas de ellos, la que se hace a sí misma en vez de ser dictaminada: la historia efectiva (Foucault, 2004).

En este punto es probable que el lector se pregunte: ¿Investigó el autor con la erudición suficiente las sagradas matemáticas escolares para atreverse a hablar de ellas de esa manera?, ¿tiene suficientes bases de datos, o lo que otros llaman el estado del arte?, ¿están completos, bien clasificados y actualizados sus registros?, ¿puede dar cuenta de sus referencias?, ¿son estas tan robustas como las de los expertos? Ante tan relevantes preguntas, respondo que asumir con otra mirada parte de la historia del saber escolar matemático en Colombia y su relación con la configuración de subjetividades no fue sencillo ni complicado, sino complejo (Maldonado, 2014). En efecto, me fue necesario volver a imaginar y codificar el mundo matemático escolar propio, dejando atrás, con dificultad, esa docta historia de hechos sucesivos que han invisibilizado las prácticas que como estudiante y como profesor he vivido. En otras palabras, he tenido que desaprender para asomarme a la incertidumbre de algo que no tenía cómo enunciar. He tenido que acogerme a la emergencia compleja que lleva la educación a horizontes distintos de los propuestos por las ciencias sociales tradicionales (Maldonado, 2014).

A través del análisis practicado a la masa documental ubicada en el periodo de 1995 - 2013, propuesto para esta investigación y coincidente con mi iniciación como profesor de matemáticas, se individualizaron y describieron algunas formaciones discursivas, las cuales, cotejadas con las prácticas escolares que las mantienen y que permiten un soporte instrumental e institucional, evidencian que a través de las prácticas y los rituales escolares matemáticos se importa un orden simbólico, dictador de subjetividades —subjetivante— en los individuos que enseñan y aprenden. Estas formaciones discursivas fungen como un régimen de verdad amparado en lo institucional, que decide lo que es falso o verdadero, así como la forma en que se comprueba una condición o la otra, y que, al incorporarse tempranamente en los sujetos, reduce la emergencia de lo nuevo, de lo creativo. Este régimen sobresale en el archivo construido con los estudiantes de la sede de Yopal de la Universidad de la Salle, tal como se detallará en los siguientes capítulos.

Lo anterior se ha desarrollado desde el reconocimiento y la construcción de enunciados que hacen parte del saber escolar matemático, los cuales se han institucionalizado en los estudiantes que participaron de esta experiencia investigativa. Dichos enunciados prescriben posiciones que constituyen a los sujetos a través de actuaciones verbales, escriturales y de comportamiento, que se han convertido en materialidades repetibles, en cosas. En el archivo construido para esta investigación aparecen enunciados como: “las matemáticas nos hacen inteligentes”, “las matemáticas son muy importantes”, “las matemáticas están en la base de todo”, “la necesidad de la educación matemática”, “la inflexible lógica matemática”, “las matemáticas no son para todo el mundo”, “las matemáticas y el desarrollo de las competencias”, “los niños son mejores que las niñas para las matemáticas”, “los países pobres no tienen buenos resultados en las pruebas internacionales de matemáticas”, entre otros, todos ellos muy frecuentes. La importancia de estos enunciados radica en que son el eje en torno al cual giran discursos, técnicas, esquemas de comportamiento, modelos de transmisión de la información e, incluso, de las estructuras de las instituciones; por tanto, justifican su imposición y permanencia a expensas de concepciones alternativas de la disciplina (Castro, 2011, p. 110).

Así como los enunciados anteriores surgen rápidamente, también lo hacen las dificultades metodológicas para la indagación acerca del tipo de subjetividades que, en los últimos veinte años, han emergido en los sujetos colombianos escolarizados con el saber matemático. Al respecto, se observó que en el ejercicio educativo matemático también se encuentra el uso “nocivo” de las matemáticas en la sociedad, pues sus propiedades formales, sus algoritmos y sus reglas suelen aplicarse como argumentos e instrumentos ideológicos (Valero y Skovsmose, 2008). Asimismo, se confirmó lo que han advertido estudios políticos y socioculturales sobre la educación matemática desde la década de 1990, esto es, que la marginación de los estudiantes en el aprendizaje de las matemáticas tiene escasa relación con sus capacidades cognoscitivas (Valero y García, 2013).

Por lo anterior, se hizo necesaria otra mirada. La masa documental reunida para esta investigación, que permitió dar cuenta de las condiciones históricas que contribuyeron a la producción de un tipo de sujetos en Colombia desde el saber matemático en los últimos veinte años, proviene de diferentes escenarios discursivos: revistas de investigación, artículos, encuentros de expertos, textos y manuales escolares, además de lineamientos y políticas educativas. También se consideraron reportes de investigación, grupos de discusión y recopilaciones de historias personales en torno a las experiencias matemáticas escolares de los jóvenes que participaron.

En ese orden de ideas, resulta pertinente considerar lo que Foucault (2004) ha escrito: “la misma cuestión de la verdad, el derecho que se otorga de rechazar el error o de oponerse a la apariencia, […] ¿no es todo eso una historia, la historia de un error llamado verdad?” (p. 22). ¿Acaso el discurso matemático no ha estado en el centro de la historia de la verdad desde la modernidad, desde que Galileo nos hizo creer que el lenguaje del universo estaba escrito en caracteres matemáticos? (Sábato, 2007). Cabe preguntarse qué papel juega dicho saber en la constitución de nuestra subjetividad para rastrear la singularidad de algunos acontecimientos y discursos escolares matemáticos en Colombia en los últimos veinte años, inmersa en prácticas que refuerzan el orden social establecido e incluyen la aplicación automática de algoritmos en detrimento de la construcción y demostración de procedimientos (Zalamea, 2007), así como el desconocimiento del error como parte de la construcción de los objetos y la comprensión de lo matemático. Estos elementos, en conjunto, parecen reforzar la exclusión social en beneficio de la explotación que promueve la asunción de la existencia de una única “verdad matemática” (Castro, 2011), en apariencia garantizada en el uso y aplicación del texto escolar, desde la práctica del profesor y avalada por las instituciones educativas como verdad indiscutible que jerarquiza los posibles lugares sociales del sujeto y sus relaciones con el mundo que habita.

Y pese a lo anterior, aún se excluye el rol fundamental de las matemáticas en el ejercicio de la democracia, rol que, desde finales del siglo XX, se ha reconocido como parte de los cambios educativos promovidos en aquella época (Valero y Skovsmose, 2012). De hecho, se crea un discurso que, desde la “verdad” ya mencionada, crea el tipo de sujeto dócil necesario en el establecimiento de una economía de mercado, propia de políticas internacionales en las que los pobladores de las diferentes naciones –en especial las del llamado “tercer mundo”– son etiquetados como una forma de capital que debe ser administrada por los entes gubernamentales. Allí tiene su punto de partida la línea de organización de una biopolítica, de un sistema de control que planifica, modela y regula a los miembros de una sociedad en tanto son fenómenos biológicos medibles, predecibles y susceptibles a condicionamientos (Castro, 2011; Foucault, 2011).

Las matemáticas escolares hacen parte de los planes de estudio en Colombia en todos los niveles y el Estado insiste en que desarrollan la inteligencia, los esquemas de pensamiento, las competencias ciudadanas y un sentido de pertenencia local o nacional (Men, 2003ª, p. 18). No obstante, son escasas las ocasiones en que, efectivamente, las matemáticas escolares constituyen sujetos críticos y autónomos; en que su presencia se traduce en términos de propuestas para el desarrollo y la solución de los problemas más urgentes del país. Entonces, ¿contribuyen estas prácticas escolares a la construcción social de un tipo de racionalidad? Sí que lo hacen, cuando proclaman y exigen a los estudiantes objetividad, precisión y apego a esquemas lógicos tradicionales, cualidades valoradas en un mundo donde el poder se detenta con base en criterios promulgados desde el positivismo (Valero, 2006).

De otro lado, en los documentos oficiales del período mencionado se encuentran enunciados como el siguiente: “es necesario relacionar los contenidos de aprendizaje con la experiencia cotidiana de los alumnos” (Men, 1998b, p. 35). A partir de esto, me pregunto, entonces, por el papel que juegan las evaluaciones, los textos y las didácticas. De igual manera aparecen enunciados como: “las situaciones problema proporcionan el contexto inmediato en donde el quehacer matemático cobra sentido” (Men, 2006, p. 55), lo cual exige reflexionar acerca de lo que se comprende por quehacer matemático, desde donde vuelvo a preguntar: ¿Caben en las prácticas reales de los escenarios escolares las experiencias cotidianas de los estudiantes?

Categorías construidas y herramientas arqueológicas de análisis

En el marco de esta investigación, se construyeron tres macrocategorías: sujetos; saber escolar matemático e instituciones como fuerzas sociales, emergentes como fuerzas en contexto asociadas a los materiales y discursos acopiados en el archivo construido, que posteriormente hibridé mediante las herramientas arqueológicas y genealógicas de emergencia, discontinuidad, procedencia, historia efectiva y acontecimiento (Foucault, 1969 y 1980; Castro, 2011), las cuales detallaré a continuación.

La emergencia —Entstehung— fue la primera herramienta empleada. Foucault (1969;1980) la presenta como el punto de surgimiento de una categoría a partir de enfrentamientos críticos para el sujeto. En este caso se trata de las políticas educativas, los dispositivos disciplinares y los saberes escolares matemáticos, que se debaten entre ser fines perseguidos e instrumentos de dominación a evitar. Los cuales se refieren a situaciones educativas como las propuestas desde las nuevas tecnologías computacionales y comunicacionales, las llamadas competencias matemáticas y su relación con los requerimientos del mercado neoliberal y las aplicaciones industriales y tecnológicas que han producido un nuevo campo de saber llamado matemáticas aplicadas. Así, se muestra un escenario de fuerzas en disputa, que dejan secuelas en los sujetos escolarizados por las prácticas matemáticas y que no necesariamente actúan de manera sucesiva y sistemática, sino más bien a través de “reemplazamientos y de desplazamientos, de conquistas disimuladas, de giros sistemáticos” (Foucault, 2004, p. 42), lo que muestra la emergencia de un nuevo campo de fuerzas en el escenario que aquí interesa.

De igual manera, una herramienta como la discontinuidad permitió deshacer categorías utilizadas en los discursos matemáticos escolares tradicionales, donde se ha privilegiado “la continuidad del pensamiento, de la razón, del saber: autor, obra, libro” (Castro, 2011, p. 108). Se socavaron aquellas seguridades que, a través del tiempo y el uso, se han naturalizado en la propia manera constituida —estudiante, profesor— y se siguen mostrando en las prácticas escolares a través de una pretendida continuidad, como ocurre, por ejemplo, en el diseño de los microcurrículos o en las secuencias didácticas —organización lineal y continua: presentación espacio-temporal newtoniana de los temas de enseñanza—. Desde la mirada newtoniana el tiempo y el espacio están separados y los fenómenos físicos discurren linealmente, en un orden (antes, ahora, después), pero ahora, después de la mecánica cuántica, no es así. Mucho menos en lo que atañe a la enseñanza y los aprendizajes. En efecto, se siguen asumiendo las prácticas escolares sin reconocer y valorar la discontinuidad y la dinámica no lineal de la vida.

De lo anterior que, dado que se hizo un trabajo de investigación con el referente disciplinar de las matemáticas, sea necesario precisar que la continuidad y la discontinuidad, como categorías matemáticas, aparecieron en el escenario del siglo XIX a través de las funciones analíticas y las aplicaciones de los sistemas dinámicos no lineales.

De esta manera, quizás la propuesta foucaultiana a través de la creación y puesta en práctica de una herramienta como discontinuidad, desde la historia y la filosofía, viniera a sumarse a algo que ya había emergido en las matemáticas de finales del siglo XIX. De hecho, actualmente se considera que los sistemas matemáticos y biofísicos más importantes tienen comportamientos no lineales asociados a la discontinuidad de las funciones que intentan modelarlos. La gran implicación que tiene esta herramienta es que introduce la discontinuidad propia del ser en la reconstrucción histórica de los sujetos y además cuestiona cualquier noción estática que se les haya impuesto.

Otra herramienta que se utilizó fue la procedencia —Herkunft—, con el fin de reconocer la proliferación de acontecimientos escolares matemáticos fragmentados en el lenguaje y los cuerpos de seres humanos que han hecho parte de las prácticas escolares. Lo anterior con la intención de comprender el impacto de los regímenes que lo modelan, lo cuantifican, lo dotan de unos ritmos, unas dietas y unos hábitos “socialmente aceptables”, tanto en virtud de su acatamiento como de sus escapadas y sus respuestas imprevistas (Foucault, 2004).

En este caso, con el acto de desafiar la historia oficial de las prácticas escolares matemáticas se agita la inmovilidad de los discursos de los “expertos” y los lineamientos curriculares, y se muestra la heterogeneidad de lo que se ha dicho durante demasiado tiempo acerca de lo que deben ser las actividades y las reglas de formación de los discursos educativos matemáticos. Justo en este punto caben las siguientes preguntas: ¿cuál es la procedencia de esa actitud sumisa de profesores y estudiantes frente a las “verdades matemáticas”? ¿De dónde proviene esa aparente seguridad de la escritura simbólica que se utiliza frecuentemente en los discursos matemáticos y que se ha naturalizado a través de las prácticas escolares? ¿Cuáles pudieron ser esas acciones pensadas, recurrentes y prescritas desde alguna postura epistemológica, ética o política que la hicieron posible? La pertinencia de estas preguntas atañe a la inquietud por las prácticas que constituyen sujetos, en tanto que se asumen no como entes fundadores sino fundados (Castro 2011).

Ahora bien, a través de la herramienta denominada historia efectiva se pudo revisar, en parte, la historia oficial, la misma que impide ver que “por detrás de la historia atropellada de los gobiernos, de las guerras y de las hambres, se dibujan unas historias, casi inmóviles a la mirada, historias de débil declive” (Foucault, 1979, p. 4) y que resulta crítica en el periodo en el que se propuso esta investigación, marcado por una extensa y profunda violencia en el territorio colombiano. Cabe, entonces, preguntarnos por el tipo de historia referenciada en los manuales escolares y en los lineamientos educativos de las matemáticas, por el tipo de juegos de ausencias y presencias en los discursos y las prácticas, puesto que se ajustan a la constitución de un tipo de políticas donde los sujetos son objeto de estrategias de subjetivación. De nuevo, los sujetos son fundados por las instituciones y las circunstancias en que se relacionan con ellos (Castro, 2011).

Esta fundación aparenta ser un fenómeno natural, una consecuencia lógica del funcionamiento del universo, para convertirse en fundamento de lo que se conoce como método científico y pretexto gubernamental para organizar una biopolítica desde la cuantificación de los sujetos y sus acciones, dando origen al Estado Moderno (Foucault, 2011). Tal biopolítica afecta a los sujetos que hacen parte de los escenarios escolares, pues, a través de disposiciones legales y discursos oficiales, gobierna la vida de estudiantes, profesores y trabajadores de la educación matemática.

Siguiendo con el apoyo teórico-metodológico para esta investigación, nos encontramos, ahora, con la herramienta acontecimiento (Castro, 2011), que al versar sobre una relación de fuerzas subyacente a las emergencias y las discontinuidades en general se configuró como una construcción compleja que desafió la comprensión del problema asumido y a todas aquellas que han hecho parte de mi experiencia como docente de matemáticas desde mediados de la década de los noventa hasta la fecha. En consecuencia, he tenido que sufrir varias rupturas, como acontecimientos, a lo largo de mi propia vida escolar para empezar, hoy, a reconocer de otras maneras, el sentido y el compromiso con un problema de investigación como el que se enfrentó aquí.

De hecho, en el propio pasado escolar con las matemáticas, como estudiante, pero también como profesor, he tenido que enfrentar una variedad de juegos y luchas (acontecimientos), que me han constituido. Lo anterior implica abordar las instituciones donde he estudiado la primaria, el bachillerato y el pregrado en matemáticas; considerar las instituciones donde he trabajado como profesor; enfrentar los escenarios de la evaluación como estudiante y como profesor de matemáticas, que me han hecho pensar y sentir que puede existir otra historia (historia efectiva) para visibilizar. Acto que se convirtió en uno de los objetivos de este trabajo.

Dicho acto germinó a través de lecturas ajenas a las bibliografías canónicas en todos los niveles de mi formación, de lecturas jamás mencionadas por mis profesores, pues con ellas empecé a dudar de las teleologías y los encadenamientos naturalizados y propuestos en los textos y dinámicas escolares con los que se me intentó formar, o mejor, subjetivar. Esta duda se convirtió en un nudo singular desde donde han emergido, en mis historias personales, enunciados como acontecimientos, objetos de descripción de la arqueología y un lugar complejo para la construcción de una genealogía des-subjetivante.

Escritores como Ernesto Sábato y Nicanor Parra me permitieron otras perspectivas de “eso” que yo aprendía como matemáticas e intentaba comprender, perspectivas que se transformaron en un conjunto de acontecimientos. Por su parte, autores como Paola Valero y Ole Skovsmose me posibilitaron consolidar una visión sociopolítica del aprendizaje y la enseñanza de las matemáticas, desde donde es posible empezar a mostrar la constitución de las subjetividades de los seres humanos que vivimos en medio de estos juegos de saber y poder, y que hoy podemos desafiar a través de la deconstrucción del “sentido” y la “verdad” de las prácticas escolares. Este desafío implicó considerar la discontinuidad de las prácticas escolares para emprender la búsqueda de la emergencia de enunciados desde el archivo construido, considerando, como Foucault (2004), que esta se origina de una fluctuación de sucesos movidos por conquistas, reemplazos, desplazamientos y cambios de naturaleza repentina en el trascurso de los sucesos. Si, como dicho autor afirma, el saber sirve para zanjar más que para comprender, esta consideración me llevó a cuestionarme por el tipo de saber matemático escolar que circula en nuestro país, ese que, a partir de ciertas fuerzas en juego, contribuye a constituir en un momento particular un tipo de sujeto (subjetividad), a interrogarme por el modo en que ese saber matemático se relaciona, por ejemplo, con las evaluaciones internacionales de matemáticas.

Las matemáticas han jugado un papel importante en la historia escolar moderna, su inclusión en los currículos escolares en todo el mundo es de común aceptación; sin embargo, me interesó, principalmente ahondar en los discursos y las prácticas escolares y su procedencia. Esta, en lo que tiene que ver con las prácticas escolares, se ha nutrido y se ha configurado en múltiples relaciones que se han establecido en las instituciones a través de reglamentos, discursos, argumentos y maneras de escribir, leer y hablar. Estas presencias obedecen, entre otras cosas, a intereses y formas culturales, a situaciones que con el paso del tiempo y la repetición terminan por constituir a los sujetos frente a eso que se dice de las matemáticas y sus aplicaciones, a la emergencia de enunciados que se han invisibilizado y que se dan a conocer en este libro.

Así fue posible mostrar situaciones naturalizadas tras algunos comportamientos al hacer clases de matemáticas, como las siguientes:

 Formas de evaluación de los saberes.

 Clasificación de los sujetos a través de pruebas estandarizadas.

 Discursos lógicos y científicos para soportar decisiones.

 Didácticas y pedagogías ancladas en la continuidad y la repetición.

 Circulación del precepto según el cual el saber matemático aporta al desarrollo y a la formación de la racionalidad.

Estas generaron nuevos interrogantes como: ¿de qué tipo de desarrollo y de qué tipo de racionalidad se habla desde los manuales y las políticas educativas? ¿De qué tipo de matemáticas y argumentación se habla, se escribe, se propone?

Ya hace algunos años, Escobar (2006) mostró que el discurso del desarrollo es una manida estrategia de los países del primer mundo para saquear a los “países no desarrollados”. Además, hemos obtenido suficientes pistas acerca de cómo la racionalidad moderna occidental nos está conduciendo a un abismo sin precedentes, acerca de aquellos conceptos que circulan como veraces en este conjunto de prácticas se sostienen con pies de barro en nuestra contemporaneidad. Sin embargo, al emplear una genealogía para reconocer la emergencia de un conjunto heterogéneo de fuerzas y enfrentamientos nos ha sido posible sacar a la luz esta forma de constituir subjetividades en la escuela a partir de saberes como las matemáticas. Subjetividades accidentadas y perdidas en medio de las prácticas discursivas y no discursivas que se han naturalizado y, por lo tanto, invisibilizado.

El discutible saber matemático

En la investigación que se relata en este libro, se construyó un archivo documental con registros orales, escritos y fotográficos, obtenidos a través de la conformación de grupos de discusión, lo anterior con el fin de investigar la producción social de sentido (Ibáñez, 1990, p. 22). En otras palabras, la meta consistía en ver cómo, en medio de una conversación en torno a las experiencias de la formación matemática escolar y universitaria, se comprende el papel de la educación matemática en Colombia en el periodo de 1995 a 2013. Esta perspectiva no se instalaba desde las aspiraciones teóricas e institucionales, sino desde la vivencia de quienes han —hemos— sido partícipes en esta.

Los grupos de discusión se integraron con estudiantes de la Sede Utopía de la Universidad de La Salle, ubicada en Yopal, Casanare, que cursaban el primer semestre del año 2015 del programa Ingeniería Agronómica. Los estudiantes llegaron a este programa a través de la promoción obtenida como bachilleres en sus lugares de origen y de un proceso de selección que realizó la universidad en los diferentes municipios. Ellos provenían de familias rurales o de municipios alejados de la geografía nacional, donde el denominador común es la exclusión social, la pobreza y la violencia armada.

Los encuentros fueron acordados previamente con la dirección académica del programa, pues en la fecha mencionada los estudiantes estuvieron en clases regulares. De igual manera, a través del apoyo académico dirigido a los estudiantes en lo concerniente a las matemáticas se logró potenciar la comunicación y la construcción de los registros que aquí se presentan:

 Se realizaron seis entrevistas en profundidad (grupo de discusión) con estudiantes del primer cuatrimestre del programa.

 Se propusieron un conjunto de preguntas abiertas a treinta estudiantes del primer cuatrimestre del programa.

 Se llevaron a cabo cinco sesiones de clase de matemáticas con un grupo de veinte estudiantes de primer cuatrimestre del programa.

 Se registró un conjunto de fotografías en diferentes momentos y escenarios del trabajo realizado.

Una primera mirada a los capítulos del libro

Ya que se presentaron los elementos básicos que compusieron esta investigación, resta exhibir sus hallazgos a lo largo de este documento, en una estructura triangular en la que se detallan la historia no oficial, el régimen de verdad y la institucionalidad analizadas en dicho proceso.

En ese orden de ideas, este documento muestra en el capítulo 1 parte de la historia no oficial de los sujetos docentes: profesores y maestros en ejercicio educativo que configuran sujetos escolares y se configuran como sujetos docentes en los escenarios de las prácticas escolares colombianas. Intersección compleja entre un régimen de verdad, amparado en una visión estrecha del saber matemático, y un conjunto de prácticas en medio del contexto violento que nos ha acompañado en los últimos cincuenta años. Igualmente, se muestra parte de otra historia no oficial de los sujetos escolares: estudiantes en ejercicio educativo, en proceso de configuración como sujetos estudiantes en los escenarios de enseñanza o aprendizaje.

Para continuar, en el capítulo 2 aparece el régimen de verdad del saber matemático escolar. Aquí las fuentes primarias muestran los enunciados referidos a las matemáticas como parte fundamental del discurso escolar: la matemática se debe enseñar porque forma el pensamiento y por su utilidad en cualquier campo. De otra parte, en relación con la matemática escolar, se advierte un cierto idealismo como sustento epistemológico (Trabal, 2011) que soporta su enseñanza y establece una jerarquía de los saberes, que es encabezada por los enunciados de esta disciplina.

Luego, en el capítulo 3 se adelanta una descripción de las instituciones que, desde el marco estatal y normativo, gobiernan las prácticas y los discursos educativos matemáticos. Son estos lugares en donde discurre la vida de los sujetos docentes y los estudiantes, en el contexto de la sociedad colombiana y dentro del escenario neoliberal del mercado educativo globalizado.

Posteriormente, en el capítulo 4 se desarrolla el análisis a partir de los datos hallados: la hibridación de sujetos docentes y sujetos estudiantes en conjunto con las prácticas institucionales normalizadoras de la educación matemática en Colombia y la emergencia de subjetividades en un escenario de fuerzas, en medio del conflicto colombiano. De este ejercicio se obtienen, a modo de cierre tanto del capítulo como del libro, algunas conclusiones.

Capítulo 1

Sujetos y educación matemática

El currículo de matemáticas encarna y pone a disposición de todos quienes lo operan las formas cosmopolitas de razonamiento, que se basan en la creencia de que la razón humana, basada en la ciencia, tiene una capacidad universal emancipatoria para controlar y cambiar al mundo y a la sociedad.

Valero y García (2014).

La enseñanza de las matemáticas

El escenario histórico recorrido en esta investigación se sitúa en el período de 1995 – 2013, elegido por ser el momento en que la Ley General de Educación (Ley 115, 1994) fue promulgada. Además, por contener las dos décadas en las que se presenta un recrudecimiento del conflicto armado y se intensifica la pobreza en el país (Gutiérrez, 2015). Asimismo, por ser el momento en que se evidencia el agotamiento de los modelos pedagógicos y didácticos de la educación matemática frente a las complejas realidades sociales de los profesores y estudiantes colombianos (Valero y Skovsmose, 2012). Finalmente, por ser el periodo en que se inicia mi experiencia como profesor de matemáticas, a la par en que se activa el escenario globalizado de la educación y la competitividad neoliberal.

En este capítulo centramos la mirada sobre los profesores y los estudiantes en situaciones de enseñanza o aprendizaje de las matemáticas. Se considera el tipo de estudiante que se matricula en las facultades de educación para formarse profesionalmente en diferentes escenarios de prácticas escolares, encarnadas en hombres y mujeres llamados docentes y asociadas a las matemáticas. Igualmente, se repara en las creencias, formas pedagógicas y didácticas que, como parte de los procesos de evaluación, han constituido los constructos sociales potenciados a lo largo de un periodo de la historia escolar matemática colombiana.

Para empezar es necesario hacer un reconocimiento al hecho de que las ideas acerca del saber matemático rigen las prácticas docentes de los profesores que las modelan, en gran medida, el desarrollo de la educación matemática en el país. Estas se encarnan en los comportamientos cotidianos corporales y de lenguaje de los docentes y los estudiantes, en las expresiones naturalizadas a través del régimen de verdad constituido en las subjetividades de unos y de otros, en la emergencia de enunciados que se producen siempre en un cierto estado de fuerzas, marcas que constituyen los cuerpos y los discursos (Foucault, 1979). Se trata de la emergencia como un lugar de enfrentamiento entre el mito moderno del lenguaje formal matemático y el lenguaje cotidiano de los estudiantes. Expresiones cotidianas a través de conversaciones desprevenidas, tales como: “esto es tan cierto como que dos más dos es igual a cuatro”, o aquella de los comentaristas deportivos: “matemáticamente, está fuera del torneo”, muestran la naturalización del “lenguaje lógico que enmarca al mundo”, ya que son enunciados que se instauran en lo profundo de nuestra subjetividad y que parecen dar sustento racional a nuestras especulaciones y acciones cotidianas. Pero cuando vamos al saber escolar matemático de algunos profesores, encontramos que les cuesta reconocer las bases lógicas de las respuestas creativas de sus estudiantes —sean niños escolares o jóvenes universitarios—, pues sus propios fundamentos disciplinares son débiles, y su única reacción es descalificarlas (Universia Colombia, 2010).

A partir de este punto, se comenzó a considerar la importancia de revisar la historia oficial de las evaluaciones y las pruebas; los soportes de los enunciados que naturalizan las respuestas de los estudiantes y de los profesores. Se hizo necesario revisar la procedencia de algunos discursos y prácticas escolares, que siguen constituyendo a los sujetos en la confirmación del miedo y el temor, sobre todo en los estudiantes que hacen parte de los estratos populares y rurales, como se observa en la siguiente declaración:

Bueno pues, [en] mi caso, a mí me interesaban mucho los números, pero pues no los asimilaba tan importantes, porque yo decía, cuando estaba en primero, segundo y tercero más que todo, [que] para mí era un martirio hacer las sumas o las multiplicaciones por el simple hecho de saber yo hacer una pregunta (sic), era un regaño o algo así. Entonces, le tenía miedo totalmente. Pero ya cuando llegué a quinto, cuando todo iba girando a los números, me apasioné por los números, pero con miedo, miedo a llegarme a equivocar y me dieran duro, entonces le temía mucho a preguntar, entonces eso hacía que las cosas me quedaran mal, porque lo hacía a mi manera entonces no me garantizaba nada […]. (David).

Puede verse que esta práctica atemorizante se repite hasta llegar a convertirse en algo natural, invisible, tras la subjetivación de nuestro lenguaje. El saber escolar matemático también se ha convertido en un ejercicio de poder que genera exclusión y marginación en muchos casos, lo que hace que un estudiante cuya formación resulte deficiente no pueda aprender nociones aritméticas en grados superiores, mucho menos nociones de ramas matemáticas avanzadas —aritmética, cálculo, probabilidad, teoría de conjuntos, trigonometría, etc.— (Londoño, 2010).

Este fenómeno se acentúa cuando los profesores trasmiten la idea de que las matemáticas solo pueden ser aprendidas y disfrutadas por los superdotados (Universia Colombia, 2010). Tal trasmisión condiciona de tal manera su quehacer que vulnera de manera sistemática las posibilidades de desarrollo de los estudiantes, tal como se atestigua en el siguiente ejemplo:

Yo también recuerdo, por ejemplo, algunos profesores míos que yo sentía, por ejemplo (sic), cuando perdía las evaluaciones de matemáticas, casi siempre las perdía; se alegraban o como que, si como que para ellos no, si como que ellos ya estaban, ya habían establecido qué estudiantes más o menos pasaban, eran inteligentes y, otros que no lo éramos tanto; lo normal era que perdiéramos y antes se alegraban, antes como que decían hay que salir de estos estudiantes (Óscar).

Esta mitificación parece condicionar el ejercicio de poder autoritario en las aulas por parte de los profesores, pues tal como se observó en el testimonio anterior, el índice de reprobación de la asignatura parece una medalla de guerra para ellos, un motivo de orgullo, más que una preocupación o una señal de alerta frente a las estrategias pedagógicas empleadas (García; et al., 2009, p. 8). Tanto la subjetivación desde el miedo como la exclusión se asientan, además, en prácticas de repetición, tales como la memorización de datos y la aplicación automática de procedimientos, que responden a una apropiación particular del conocimiento matemático (Malagón, 2002), los cuales conlleva a la repetición de esquemas que invisibilizan la importancia del error, la paradoja o la creatividad en los procesos de aprendizaje de los estudiantes. De esta manera se constituye buena parte de la historia oficial de las prácticas escolares en Colombia. Por lo anterior, y de acuerdo con la educación matemática crítica (Valero y Skovsmose, 2012), se hizo necesario el abordaje de documentos y enunciados inmersos en algunos contextos socioculturales colombianos para aportar por la construcción de otras historias (Foucault, 2004) y construir en el escenario colombiano durante el periodo 1995 - 2013 una historia efectiva del saber escolar matemático.

En efecto, se construyó una eventualización de los entornos escolares con perfil matemático para romper los fundamentos de esos saberes y prácticas naturalizadas (Jordá et al., 1982, p. 60). Podríamos, entonces, construir una historia alternativa de las matemáticas escolares en Colombia, alejada del purismo matemático que persigue un prestigio académico entre las comunidades científicas de Estados Unidos y Europa a cambio de anclar a la escuela colombiana en prácticas de subordinación científica y cultural (Poveda, 2012). Esa construcción hace parte de lo que hicimos en los grupos de discusión que alimentan este trabajo.

El primer aspecto por considerar en esta eventualización es el imaginario de las matemáticas como un dolor de cabeza (MEN, 2003a), forjado con base en la acumulación de creencias y experiencias negativas en torno a su aprendizaje y su enseñanza. Ante este, el MEN (2003a) ha decretado el descubrimiento de las causas de dicho “mal” como el elemento clave para “aliviarlo” y cómo el fundamento de sus estrategias pedagógicas ante las matemáticas. No obstante, aun suponiendo que estas pudieran implementarse sin la influencia de los contextos sociales —algo difícil de probar, como puede entreverse en las explicaciones planteadas hasta este punto del texto—, su efectividad resultaría superficial, ya que los temores humanos prevalecen sobre los decretos ministeriales a la hora de influenciar el comportamiento. Una idea difundida en un contexto habitual se convierte en una verdad más cotidiana que cualquier intención política documentada; en este caso, creer que “la matemática es la materia que la mayoría de la gente le tiene pavor”, como lo expresó una estudiante durante uno de los grupos de discusión, influye en su abordaje más que el decreto ministerial que, promulgado en un nivel central, apenas si puede entrar en el contexto de esta mujer.

En parte del trabajo realizado con estudiantes del Programa de Ingeniería Agronómica de la Universidad de la Salle, se puede apreciar cómo, al recuperar parte de la historia efectiva de los saberes escolares, emergen en los discursos hablados y escritos enunciados como:

Los profesores de matemáticas son así, […] no todas las personas tienen la capacidad de asimilar y de ser como tan rápidos para dar una respuesta (Óscar).

Ellos invitan a reconsiderar el modo en que se han construido los encuentros humanos escolares, que homogenizan y exigen de los sujetos respuestas definidas y acotadas linealmente. Cuando enunciados como éstos resurgen como una singular relación de fuerza (Foucault, 2004, p. 48), encontramos que las enseñanzas y los aprendizajes de las matemáticas se inscriben en los cuerpos y la experiencia de los estudiantes a través de ejercicios subjetivantes, discursivos e institucionalizados que producen sometimiento (Knijnik, 2006). Un ejemplo de lo anterior se observa en la narración de Iván, cuando declara: “[…] pues de pronto […] le explicaban a uno un ratico y cuando uno no prestaba mucha atención, entonces le cascaban, entonces uno le va cogiendo miedo a la matemática”.

A los estudiantes que obtienen resultados poco favorables en los encuentros escolares solo les queda, en muchos casos, reprobar y ser sancionados, además de ser clasificados (normalizados) como poco inteligentes y perezosos. En la misma dirección, en uno de los ejercicios compartidos Yopal, uno de los estudiantes relató:

Los profesores tenían conmigo como un afán de que uno copiara cosas en un cuaderno o de un tablero, copiara y copiara e hiciera eso para llenar un cuaderno para llenar, pero eso qué quería decir, eso a mí qué me significaba, nadie me preguntaba eso y a nadie le interesaba (Óscar).

De esta manera, se ha venido construyendo un imaginario social acerca de las dificultades de los estudiantes con las matemáticas, pues se insiste en su reducida e inmodificable capacidad. Los matemáticos puristas explican el fracaso desde las capacidades del estudiante y nunca desde las del docente, desde las oportunidades de la institución, desde el sistema educativo o desde las transformaciones de su disciplina (Vasco, 2006, citado en Jiménez, 2010, p. 137). De acuerdo con lo anterior, podemos advertir la construcción de un régimen de verdad que se ha convertido en un referente naturalizado de los discursos educativos sobre la enseñanza de lo matemático en Colombia. Nos hemos acostumbrado a creer y actuar como si el aprendizaje de la matemática fuera un campo de estudio solo para los muy inteligentes. Entonces, aparece el miedo como una categoría existencial relevante en las experiencias escolares matemáticas, tal como lo relata este estudiante, justo después de presentarse en el séptimo grupo de discusión:

Se me hace difícil enfrentarme a las matemáticas, a veces me asusta (Farid).

Este conjunto de situaciones, que envuelven las prácticas escolares, se nutre de la vida y las historias de bajo declive, que ocasionalmente llegan a los discursos académicos oficiales porque no son tenidas en cuenta, pero que muestran su importancia. La suma de estas experiencias produce en muchos sujetos estudiantes un desarraigo que se convierte en deserción escolar, desesperanza y miedo. Situaciones que ahondan la brecha social que se nutre de la pobreza y el abandono oficial de las instituciones escolares.

Cabe decir que, a partir de la docencia —y otras fuerzas discursivas que se detallarán en el capítulo 3—, la educación matemática en Colombia se enmarca en la frustración y posterior apatía de los estudiantes, en su cada vez mayor distanciamiento de la vida diaria, de la equidad social y del establecimiento de relaciones democráticas (Valero, 2006)

Esto quiere decir que los discursos y las prácticas en torno al aprendizaje de las matemáticas contribuyen a frustrar, en muchos casos, los intentos de los estudiantes, a lo largo de años de asistencia a las aulas e instituciones escolares, por aprenderlas. No puedo dejar de preguntarme aquí, de manera urgente: ¿qué es lo que los docentes entienden y asumen por matemáticas, y cómo a partir de ese saber, entonces, construyen y aplican sus prácticas escolares en los diferentes lugares de este país? Pregunta que desborda este trabajo, que tendrá que ser asumida en nuevos proyectos de investigación, pero que no podemos dejar de nombrar ahora, en medio del escenario recorrido. No obstante, habrá que volcarse a construir otros escenarios de formación docente, buscando generar otros sentidos y apropiaciones de las matemáticas. También es esencial potenciar otros escenarios escolares que no sean únicamente los importados por la globalización y el mercado neoliberal. Asimismo, habrá que considerar la complejidad del país colombiano y sus enormes problemas sociales en clave educativa.

En cuanto a los profesores de matemáticas y su ejercicio académico, conviene detenernos un poco y reconocer que el aporte de los matemáticos colombianos a su disciplina en los últimos 400 años, comparado con el de los matemáticos del “primer mundo”, es casi nulo (Zalamea, 2014). Entonces: ¿cuál es el saber matemático que se difunde y enseña en Colombia? Posiblemente sea aquel que se ha institucionalizado y convertido en un régimen de verdad a través de los discursos y las prácticas escolares; qué se enseña y aprende en las instituciones educativas colombianas, y qué aparece en los discursos oficiales, prácticas discursivas y no discursivas, lineamientos curriculares, relatos y narraciones educativas con referente matemático. Hay que decir que ese saber escolar matemático en Colombia solo se alimenta de la matemática de la tribu europea (Lizcano, 2006) ignorando las matemáticas de otros espacios tiempos a lo largo de la historia del mundo; en este caso, la diversidad étnica y cultural de los territorios colombianos.

Ahora bien, esta investigación busca, precisamente, eventualizar y visibilizar ese régimen de verdad constituido y constituyente de las subjetividades escolares. Visibilizar el hecho de que además de contenidos matemáticos, los educadores enseñan el modo de aprenderlos y ponerlos en interacción con el mundo (Moura, 2011); de que dichos contenidos son sociales y, por tanto, sus reglas se someten a las negociaciones entre sujetos, a sus capacidades comunicativas (Moura, 2011). No obstante, en el archivo construido, se observa que enseñar matemáticas se asimila a enseñar contenidos, que supuestamente desarrollan competencias para formular, abordar y resolver problemas de forma contextualizada, cotidiana, interdisciplinaria (MEN, 2006). Lo que encontramos, en relación con lo anterior, lo dicho, lo que emerge en el archivo, poco tiene que ver con estas declaraciones. Uno de los estudiantes de Yopal, relata que:

[mi] escuelita era un cuartucho muy pequeñito, […] una cosita muy pequeñita, ahí hice toda mi primaria y ya cuando salí al pueblo, digamos a estudiar porque por ahí no había ninguna otra escuela que dictara la secundaria […] cuando ya en el colegio no habían ni laboratorios, no había nada de eso, simplemente le explicaban a uno en el tablero un poconón de cosas pero no es practicar para aprender mejor, solo las letras no hacen mucha cosa, […], eso es lo que yo recuerdo así, aunque se le quedan muchas cosas a uno pero no son las necesarias. (Óscar).

En este relato, no se evidencian ni negociaciones ni, mucho menos, transformaciones en la enseñanza producidas por su naturaleza social. Al contrario, las prácticas se homogenizan con los temas de enseñanza. Se observa además un desprecio por la experiencia juvenil y su diversidad cultural, al que le subyace una resistencia para abandonar un canon de joven colombiano “normal” (Muñoz, 2010). Esta situación refleja que aún se les da continuidad a los discursos educativos oficiales, surgidos en la burocracia y marcados en los sujetos docentes, olvidando la vida social, urbana, rural de la compleja geografía nacional. Se olvida que aproximadamente el 30% de la población en edad escolar habita en zonas de difícil acceso, donde el analfabetismo y la deserción abundan (MEN, 2005). Incluso las facultades de ciencias o de educación enseñan solo una porción muy limitada del mundo lógico matemático, quizás poco relevante para nuestras latitudes latinoamericanas (Zemelman, 1997, 2012; Lizcano, 2006; Knijnik, 2006; Peña-Rincón, Tamayo-Osorio y Parra, 2015), y con las formas pedagógicas y didácticas que en muchos casos generan exclusión, marginación y frustración en los estudiantes del país, como se discutió atrás. Además, hay que tener en cuenta factores como la ausencia de enfoques que consideren variables asociadas a cuestiones de género, pobreza, violencia y contextos en la educación matemática, evidentes en reportajes especiales como el que se cita a continuación:

La prueba Pisa confirmó que los niños en Colombia aventajan a las niñas en matemáticas, con 32 puntos más, la brecha más grande entre los países evaluados, y en ciencias, con 21 puntos más. […] Esto es grave porque se sabe que el impacto de la educación de la madre es importante en la educación de sus hijos. Se sabe que no es un problema de capacidades, pues en otras partes del mundo las mujeres aventajan a los hombres o son similares. La situación puede responder a expectativas bajas del profesor frente al desempeño de las niñas o a ausentismo de la escuela para atender temas domésticos (Semana, 2010).

En muchos casos, la docencia matemática se reduce a la repetición insulsa, sin la formación suficiente y necesaria. Pareciera que a muchos estudiantes se les ha condenado a repetir hasta el cansancio sin reflexionar sobre lo que se hace. Esto emerge en el archivo construido en Yopal, que incluye la siguiente narración:

Las matemáticas en mi vida siempre han sido duras, me acuerdo tanto que llevaba del bulto como dicen, me cascaban por no saber hacer las sumas. Y los profesores me cascaban con una regla y de ahí fuimos aprendiendo a las buenas o a las malas, yo llegué a entrar al bachillerato y en octavo tuve un profesor que se enredaba él mismo y no sabía explicar las ecuaciones y yo nunca pude entender qué era una ecuación, porque él las colocaba en un tablero y se ponía bravo cuando le pedíamos explicación, entonces dejaba un trabajo y en la otra clase teníamos que traerlo resuelto; nosotros simplemente buscábamos el álgebra y copiábamos y listo. […] Y acá me ha tocado sufrir (Elías).

Por supuesto, repetir sí tiene que ver con la disciplina matemática, pero, lamentablemente, en muchos casos, nos quedamos solo en eso, en una repetición insulsa. Un aprendiz tiene que empezar por repetir los procedimientos, pero debe ser capaz de aplicarlos según sus necesidades. Este proceso deberían tenerlo en cuenta los docentes. Repetir sin la intención de dejar de repetir para ingresar en la comprensión y la explicación, no es apropiación de los avatares de las matemáticas. Es mera repetición, mecánica y vacía.

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Дата выхода на Литрес:
22 октября 2025
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161 стр. 2 иллюстрации
ISBN:
9789585106321
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