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Travesía


Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia

Gómez, Camilo Enrique

Travesía / Camilo Enrique Gómez. -- 1a. ed. -- Bogotá : Taller de Edición Rocca, 2021.

138 p. -- (Ex-Libris. Poesía)

ISBN 978-958-52943-2-5 ISBN (digital): 978-958-52943-7-0

1. Poesía Colombiana - Siglo XXI I. Título II. Serie

CDD: Co861.5 ed. 23 CO-BoBN– a1068891

© Camilo Enrique Gómez

camilo@camiloegomez.com

© Taller de Edición Rocca® SAS

Colección Ex-Libris

Primera edición, TALLER DE EDICIÓN ROCCA®, 2021

Febrero de 2021

Bogotá, D. C., Colombia

ISBN: 978-958-52943-2-5

ISBN (digital): 978-958-52943-7-0

Edición y producción editorial: TALLER DE EDICIÓN ROCCA® SAS / COLECCIÓN EX-LIBRIS Carrera 4aA NO. 26A-91, oficina 203 Teléfonos: (57+1) 243 2862 - 284 8328 taller@tallerdeedicion.com correotallerdeedicionrocca@gmail.com www.tallerdeedicion.com Bogotá, D. C., Colombia

Editor general: Luis Daniel Rocca Lynn

Coordinación editorial: Juanita Rocca Toro

Edición al cuidado de: Liza J. Ariza

Diseño y diagramación: Juan Pablo Rocca Barrenechea

Fotografía de solapa: Oscar Javier García R.

Foto de cubierta: www.pixabay.com https://pixabay.com/es/photos/punto-de-vista-ventana-vistasal-mar-2417156/

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida en su todo o en sus partes, ni registrada o transmitida por un sistema de recuperación, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico o fotoquímico, electrónico, magnético, electro-óptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor y del editor, Taller de Edición Rocca®.

Diseño epub: Hipertexto – Netizen Digital Solutions

TRAVESÍA


A la Mona y Martina que han trajinado la noche, los desvelos y la tinta de estos versos.

Prólogo

Camilo abandona el derecho en las noches para darle permiso a la poesía de ocupar su tiempo, su espacio, su mente, sus letras.

Este poemario no es nada más que la puerta abierta a las noches en su estudio, una rendija disponible para el lector a esa vida privada de letras donde el escritor se desliza debajo de noches estrelladas, se cobija con arena y mar, se deja absorber por recuerdos de anhelos pasados evocados con fuerza y los convierte en palabras repletas de flores, deseo y vida.

Tal como la pasión es tratada de maneras lúbricas, también se encuentran los dolores de la ausencia, las frustraciones de lo que hubiera sido, las preguntas condenadas a una eternidad sin respuesta de cuánto hubiera cambiado el presente con un giro del pasado. De esta manera, Travesía también intenta transmitir al lector un dolor latente que parece exorcizarse solamente por medio de un juego de palabras como gritos de dolor, de ansias, de anhelos.

Los poemas se inspiran en detalles que suelen pasar desapercibidos para un ojo poco sensible, y por medio de esa observación se juega con ideas y conceptos, llevando a reflexiones cargadas de ritmo y belleza.

Travesía es un intento arriesgado de convertir la cotidianidad, los contrastes y el tiempo en poesía, un viaje por la vida emocional y descarnada de un hombre sensible y observador.

Con cada creación, Camilo estuvo jugando como con un rompecabezas, buscando el orden perfecto, tarea difícil para poemas que han nacido independientes y en diferentes épocas, muchos que no habían estado tan juntos como lo están en esta antología. No quiero adelantarme a quienes hasta ahora lo descubren, pero este orden obligará al lector a seguir el ritmo que cierra con un poema que coquetea con la prosa, contando una historia que nos cuestiona sobre lo que hemos leído, el viaje, sobre el autor y la inspiración, esa Ventana abierta para espiar la creación del poeta.

Esta bien podría ser una antología dedicada a explorar el amor desde diferentes puntos, momentos y deseos, desde los más sencillos y evidentes, hasta otros más confusos y abstractos. Dice él: «las ansias me enloquecen; después, lo harás tú, amor», y eso, seguramente, resume la intención del poeta con su creación, esta travesía.

LIZA J. ARIZA

Editora

La historia detrás de Travesía

Tiempo hace que llevo estos poemas conmigo o ellos a mí. La discusión sobre quién lleva a quién encontró sentido un sábado en la tarde, en febrero de 2020 y en la que, de nuevo e inesperadamente, aparecieron, pero esta vez, en su forma más rudimentaria.

Debo advertir, a modo de contexto, que los había dado por perdidos el seis de septiembre de 2017, día en el que fueron hurtados. Sin embargo, si de botines o tesoros se trata, resulta imperioso manifestar que quien se llevó la mejor parte fui yo. Así como poseo poco, también me aferro a poco. Y eso era lo que en aquella vieja y desgastada mochila negra (que me fue sustraída), iba. Tan sólo una memoria extraíble con versiones en borrador de algunos de estos escritos y el libro de obligaciones del maestro Ospina Fernández.

Con ocasión de ese suceso, empecé a contemplar la idea de no volver a escribir. Siempre hubo algo de aterrador en aquel pensamiento. A pesar de ello, una decisión debía tomarse. Los argumentos personales se inclinaban porque el hurto fuese total y mandara bajo tierra cualquier intento de escribir poesía otra vez. No obstante, empecé a sentir una extraña sensación, como si alguien o algo, pacientemente, estuviese aguardando por mí. Mi instinto tenía razón. Ese sábado, esa tarde, mientras me encontraba cumpliendo una antigua obligación (organizar la biblioteca), me topé de frente con una carpeta ignorada. ¡Vaya sorpresa! En su interior yacían unos versos y sonetos enmarañados y resignados al olvido o al encuentro. Estos aún conservaban mis garabatos y anotaciones. Incluso varios de aquellos hurtados estaban ahí, en versiones toscas.

En ese momento, comprendí que los poemas fueron y no fueron robados. Entendí, a su vez, que la naturaleza de la poesía está entre el capricho y la sabiduría, puesto que es ella la que escoge de quién es. De ahí que sea de quien la escribe, de quien la lee, de quien la siente, de quien la vive y hasta de quien la hurta. Al mismo tiempo, que solamente ella sabe cómo y cuándo aparecer: en manuscritos, en un libro, en una conversación, en una mirada, en una sonrisa; inclusive, en algo tan cotidiano como organizar una biblioteca. Y acepté que tengo una obligación con ella y, conforme me enseñaron en la facultad de derecho, las obligaciones son para cumplirlas, más si son naturales… y caprichosas.

CAMILO ENRIQUE GÓMEZ

Enero 27 de 2021

A quien leyere este libro

Ruego al lector excuse mi arrogancia o imprudencia al publicar los poemas que está por leer, pero la terquedad (y obligación) que me acompaña me impulsa a ello. Siento, eso sí, que debo advertirle algunas pequeñas cosas. No se trata de mí, es poesía. Abarca todo y nada, depende de cada uno. Es un espejo en donde, quizá, encuentre un reflejo, una realidad, un vacío o, nuevamente, nada. Eso dependerá no del espejo, sino de quien se para al frente. Una travesía, ¡ideal!, ¿de quién?, ¿a dónde?, no sé; sin embargo, puedo asegurarle que, en efecto, hay una y, no obstante, las letras, las palabras, los versos son los mismos, la suya será muy diferente de la mía… si es que aún puedo reconocerme en alguno e igual, puede sucederle, pues no reconocerse, en este caso, no precisamente significa haberse perdido. A veces, es un encontrarse, tanto, que no se quiere regresar.

C. E. G.

El agua se conoce por la sed. La tierra – por los océanos atravesados, arrobamiento – por la angustia – paz – por sus batallas – amor, por el molde conmemorador – pájaros, por la nieve.

EMILY DICKINSON1

LEVANDO ANCLAS


Agua del cielo

Caí.

Y tú que dices vivir, también.

Caímos.

De la nada, del vapor, de una nube.

No fuimos los únicos,

no me sorprende.

Del cielo no se cae solo

lo haces junto a otros,

pero no hay tiempo para la compañía

eso, para algunos, vendrá después.

Caes:

acompañado, pero solo

con semejantes, pero único.

Sientes la brisa tocar tu rostro

esta

sencilla, ligera y desprevenida

pasa mientras desciendes

parecido

a como lo hace el agua que baja del cielo…

No lo recuerdas, lo sé.

Parte del salto es perder la sensibilidad

y la memoria

¡qué conveniente!

Caemos

de un firmamento sospechoso, pero cierto:

antes azul, antes empíreo

antes edén, después oculto

y lo haremos

siempre lo haremos

pero nunca

como lo hace el agua que baja del cielo.

Abandonados

He despertado abandonado en el mundo.

He vagado por la misma tierra en la que tú,

abandonada, vagas también

y te he visto ignorante a esta

como me sucede a mí.

A ti, a mí, a los dos,

nos sucede la ignorancia del mundo.

Vagar ignorante por él

es tan tuyo como mío.

Despertar abandonado,

a ambos nos es común, ordinario, habitual.

¿Cuántas veces tus pasos con los míos se han

[cruzado?

¿Cuántas nuestras miradas?

Aun así

seguimos distantes por el mundo.

Y este, así mismo, parece abandonado

ignorante y vagaroso en y por el universo.

Y flota. Y vive.

Y tú y yo no.

A pesar de despertar abandonados

en el mismo mundo.

Sonar de la lluvia

Afuera se escucha el sonar de la lluvia

cada gota que cae choca con la humanidad

con sus ideas, sus formas, sus conceptos;

todo lo moja, todo lo abarca, todo lo atavía

la lluvia, la liviana lluvia todo lo abarca

y con su tintineo nos recuerda lo frágil

de la humanidad que todo pretende abarcar

como si fuese lluvia que cae queriendo chocar.

Mas la lluvia es vida que cae y debe chocar

es como el alma al cuerpo o la sal al mar

¡es vida!, cae y en vida penetra y vuelve a brotar.

Así florece la lluvia cuyo tintineo… cesó su sonar.

Todo ha quedado mojado y más la humanidad,

que no entiende de lluvia ni de su frágil sonar.

Las aceras

Desde mi cuerpo de concreto

aislado, despojado y lanzado

a la intimidad, añoro sentir

la lluvia, la brisa, los rayos del sol.

Afuera sucede, lo observo.

Todo cae, sutil y anhelado,

sobre las impasibles aceras

en donde se gesta la humanidad.

Qué veraces o condenadas

las aceras, siempre desnudas

a su suerte, a la intemperie

pisoteadas, ultrajadas

nadie reconoce su belleza,

sólo su irrebatible utilidad.

Se han vuelto impasibles, finitas, grises;

de tantos pasos, perdieron la humanidad.

Unas son de cemento, otras de piedra.

Las miro, en ellas me convierto

y no puedo evitar preguntar

¿cuándo, por mi cuerpo, tú andarás?

Grato amor

En qué maceta reposas, suspiro,

eres flor, eres emblema: eres;

existes, amor, entre tantos éteres

y cuánto me agrada, flor y céfiro.

Elogio mudo tu existencia, flor

no puedo tomarte ni tus ramas ver

más tu sustancia puedo percibir

en la tierra, la brisa… tu aroma.

Respirarte es acariciar lo apacible

asir lo inasible, sentir lo etéreo

es vivir un instante en tu ser aéreo

sin que importe quién riega hoy tu ser.

Rememorar nuestro amor en soledad

es evocar lo simple, lo plácido, lo ligero

es releer en una nube un grato libro

palpando, complacido, un par de capítulos.

Austeridad

Qué hermosa es la noche.

La noche solitaria, la noche silenciosa.

Qué austeros y bellos sus adornos,

una luna, un par de estrellas.

Qué armónico y agradable su respirar,

el grillar de los grillos

el croar de los sapos

el ulular de las lechuzas

el silbar de la brisa.

Qué simple es la belleza,

la belleza de la noche.

Qué sencillo es admirarla

respirarla y en una bocanada

de vida, vivir para sentir

la noche, la vida, la belleza.

Y aún más hermosa

es la humildad de la noche

que permite

a varios

vivirla durmiendo

a otros

abusar de su oscuridad

a unos pocos

lamentar la humanidad y

a los que quedan

vivir para escucharla.

Germina vida mía

Mía, hasta hace poco, mía y bella.

Te escondes tras la tierra, mujer y vida

tras los árboles y la arena, abatida.

Mía, tu cuerpo es noche sin estrella.

Mía, hasta hace poco, mujer y vida.

Tu aroma, tu aroma de gardenia y nardo,

de sol y verano, todavía lo guardo

en la memoria de mi alma triste y adolorida.

Mía, hasta hace poco, gardenia y nardo.

Perfuma la tierra con tu gracia

yo perfumaré mis manos de ausencia

y viviré sin la presencia de tu ser aromado.

Mía, hemos perdido la vida en la tierra

en la misma tierra donde brota la vida.

Ahí hemos perdido el tacto y el calor

pero ¿puede la muerte sepultar el amor?

Germina, vida mía, y florece en la tierra

yo aguardaré por tus flores, tú por las mías.

Tu aroma

Tu aroma aún remanece en mí, amada.

Sé que te has ido, te has marchado

pero sigues aquí, atada a mí,

merodeando en el espacio demarcado por nosotros

para una vida en primavera

que ahora parece más un otoño, un invierno

una estación pletórica de un perfume lóbrego:

tu imagen.

La ausencia trae consigo una representación

de presencia; esa misma habita en tu aroma

ese aroma que sólo yo percibo

y que evoca del vacío lo que no es, pero está:

tu amor ausente y presente que aún respiro

como el aire, inasible, presente y ausente,

está y no está.

La ausencia

La ausencia tiene un reclamo de alguna

presencia, una nostalgia, una aflicción.

Por ejemplo, la noche, la luna, la caricia,

la sonrisa lejana y añorada que hoy duele.

La ausencia no es para los cuerpos

ni para la materia ni para los astros.

Y, aunque se camufla en ellos,

la ausencia es para quien la evoca,

nunca para lo ausente.

Lo ausente no conoce de ausencia

ni de nostalgia ni de añoranza.

No sabe siquiera en qué objetos, situaciones,

o aromas es rememorado.

Amada, voy por ti;

que la ausencia no te toque.

Es un mar profundo e iracundo

en el que lo ausente no está.

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Возрастное ограничение:
0+
Дата выхода на Литрес:
22 октября 2025
Объем:
40 стр. 7 иллюстраций
ISBN:
9789585294370
Издатель:
Правообладатель:
Bookwire
Формат скачивания:

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