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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 238


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por RICARDA CANTARERO SÁNCHEZ .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1997.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO333

ISBN 9788424932626.

XVII

PRIMER DISCURSO DE ESMIRNA

INTRODUCCIÓN

Los discursos XVII al XXI de Elio Aristides constituyen un grupo bien definido dentro de lo que se podría considerar su obra política. Son discursos que tienen como tema fundamental su ciudad, Esmirna 1 , aunque de diversas maneras y bajo puntos de vista diversos. Son obras, además, que poseen un profundo sentido institucional: a diferencia de la mayoría de los trabajos conservados del sofista, no son ejercicios retóricos u obras destinadas a sostener disputas con otros practicantes de la profesión, sino que están directamente vinculados con las distintas esferas de poder, ya sea municipal, provincial o imperial.

El primero de éstos, el Discurso de Esmirna I, es un discurso que pese a su sencillez y brevedad no deja de plantear algunas dificultades importantes. Siendo un discurso dirigido a una autoridad que se dispone a visitar Esmirna, la obra se aleja de lo que los cánones describen como un prosphōnētikós , una arenga de bienvenida 2 . En ella no aparece el elogio del destinatario que las reglas exigen, sino que el autor se limita a hacer un «retrato» de la ciudad con la clara intención de animar y excitar el deseo no sólo de visitarla sino de permanecer en ella algún tiempo. Así, tras una brevísima introducción de carácter histórico en la que se reflejan las tres etapas mitológicas de la fundación de la ciudad, y el recuerdo de la celebración de la Nave Sagrada durante la festividad de las Dionisias, el autor realiza un recorrido por la ciudad y sus alrededores a través del que se recuerdan las bellezas extraordinarias que Esmirna posee.

Como prácticamente para todas la obras de Aristides, proponer una fecha de composición es algo realmente complicado y aventurado. La razón principal en este caso, además de la ausencia de cualquier referencia cronológica clara dentro del discurso 3 , reside en la incertidumbre que rodea al destinatario.

A. Boulanger se inclinaba a creer que éste no era otro que Marco Aurelio y su hijo Cómodo 4 . Los dos emperadores, tras la revuelta de Avidio Casio, realizaron un viaje por Oriente que los llevó a Cilicia, Antioquía, Egipto, Esmirna, Éfeso y Atenas 5 . Así, el discurso no sería otra cosa que una carta enviada posiblemente a Antioquía o a Alejandría por el sofista a requerimiento de las autoridades de la ciudad para convencer al emperador de la conveniencia de visitar Esmirna. Por tanto la fecha de la obra no podría ser otra que el año 176 6 . El interés de Esmirna por recibir a Marco Aurelio es comprensible si se tiene en cuenta lo que las visitas imperiales significaban para el prestigio y el orgullo de la comunidad 7 . La ausencia de menciones directas al emperador, mientras que lo natural sería lo contrario 8 , podría encontrar explicación en la tardanza con la que el sofista acabó presentándose ante el emperador cuando éste estuvo en la ciudad 9 .

No obstante, el investigador francés no pudo dar por absolutamente cierta su posibilidad, y tuvo que admitir que quizás sólo estuviera dirigida la obra a un gobernador de la provincia 10 . Esta es la opción elegida por C. Behr, que sigue la opinión de K. Turzewitsch y que U. Wilamowitz recogió 11 . El argumento fundamental para esta posibilidad es la relación que existe entre XVII y otra obra posterior, XXI, que también recibe el mismo título. Según se deja entrever, el destinatario de esta obra es el hijo de otro personaje que con anterioridad fue saludado por el sofista, casi con toda seguridad el mismo al que XVII estaba destinado 12 . Puesto que con dificultad el destinatario de XXI puede ser Cómodo, el de XVII es muy difícil que sea M. Aurelio. Ante esta conclusión sólo queda admitir que XVII y XXI fueron dirigidos a sendos gobernadores de la Provincia de Asia, que fueron padre e hijo. Por otra parte, el intento de identificación del primero de ellos con P. Cluvio Máximo Paulino, y el establecimiento de la fecha en 157, no es sino pura conjetura. Hasta que los fastos provinciales no se establezcan con seguridad no se podrá comprobar la veracidad de esta suposición, es decir, si existe padre e hijo que ocuparan el cargo en las condiciones requeridas, y en su caso, el establecimiento de la fecha de composición.

La edición que se ha seguido para la traducción de esta obra, como para todas las restantes de este volumen, es la de B. Keil 13 , la mejor disponible hasta ahora pero claramente insuficiente. Se han tomado algunas variantes de C. Behr 14 , que en su traducción ofrece algunas correcciones de la edición citada, y de la más antigua de W. Dindorf 15 .



1 Aristides nació en un distrito rural que en 124 se convirtió en la ciudad de Hadriani por iniciativa imperial; C. BEHR , Aelius Aristides and the Sacred Tales , Amsterdam, A. M. Hakkert, 1968, págs. 1-4. No obstante, el sofista poseyó desde el momento de su nacimiento la ciudadanía de Esmirna y siempre consideró que ésta era su ciudad, cf. L 73; U. WILAMOWITZ , «Der Rhetor Aristeides», Sitzungsberichte der preussischen Akad. der Wissenschaften 28 (1925), 334.

2 MENANDRO EL RÉTOR , 415-418; D. A. RUSSEL , N. G. NILSON , Menander Rhetor , 1981, págs. 327-330.

3 La única posible indicación está en § 10 donde dice que es demasiado trabajo incluso para un anciano. No obstante, no permite un acercamiento preciso a la cuestión.

4 A. BOULANGER , Aelius Aristide et la sophistique dans la province d’Asie au IIe siècle de notre ère , París, 1923, págs. 384-387.

5 El viaje, con el detalle de las etapas, aparece descrito en M. L. ASTARITA . Avidio Cassio , Roma, 1983.

6 C. J. CADOUX , Ancient Smyrna. A History of the City from the earliest Times to 324 A.D ., Oxford, 1938.

7 S. MACCORMACK , «Change and Continuity in Late Antiquity: The Ceremony of the Adventus», Historia 21 (1972), 721-52.

8 No obstante, en § 13 se indica la buena disposición de la ciudad para aquellos que hayan decidido vivir verdaderamente la filosofía. Esto podría entenderse como una referencia indirecta a Marco Aurelio.

9 FILÓSTRATO , Vidas de los sofistas 582-583. F. GASCÓ , «The Meeting between Aelius Aristides and Marcus Aurelius in Smyrna» Amer. Journ. Philo . 110(1989), 471-478.

10 Lo hace siguiendo la propuesta de E. ROHDE , «Die asianische Rhetorik und die zweite Sophistik», Rheinische Museum 41 (1886), 170-190.

11 C. BEHR , Aelius Aristides ... págs. 91-92. U. WILAMOWITZ , «Der Rhetor Aristeides», 352.

12 Para todo ello véase la introducción a XXI.

13 Aelii Aristidis Smyrnaei quae supersunt omnia , ed. B. KEIL , vol. II: Orationes XVII-LIII , Berlín, 1958 (= 1898).

14 P. Aelius Aristides The Complete Works , volume II. Orations XVII-LIII [trad, al inglés por C. BEHR ], Leiden, E. J. Brill, 1981.

15 Aristides , vol. I, ed. por W. DINDORF , Hildesheim, 1964 (= Leipzig 1829)

XVII. PRIMER DISCURSO DE ESMIRNA

El discurso no debe componerse de igual manera cuando [1] se dedica a esta ciudad y cuando se dedica a las demás: pues éstas no podrían mostrar tanto cuanto se dijera de ellas, mientras que nosotros no podríamos decir cuánto puede ésta mostrar. Pero la obligación debe ser cumplida escrupulosamente conforme a la ley, puesto que también éstos lo ordenan 1 . Quizás en esta peculiaridad haya una ventaja para la ciudad, y para el orador casi ningún peligro. Pues éste, mientras más bello se presenta el espectáculo, tanto más parece sufrir, como es natural, por no estar a la altura de las circunstancias, de manera que, a la vez, será refutado y encontrará una excusa en los argumentos de su propia refutación. Por otra parte, a la ciudad se le añade gloria si no sólo se apoya en la presentación de tantos y tan grandes monumentos que puede mostrar, sino también en los discursos sobre su herencia patria.

La fortuna de nuestra ciudad no es reciente, sino que data de [2] nuestros antepasados, y la ciudad ha sido para sí misma como una colonia y una metrópoli. Esta es la tercera ciudad desde que se fundó la originaria 2 , pues, de la misma manera que las esculturas y los discursos compuestos con esmero se arreglan por segundas y terceras manos, así también era necesario que la ciudad fundada por una tercera mano alcanzase la más perfecta belleza. Y esta misma ciudad, que se ha renovado a sí misma como se cuenta del ave sagrada 3 , ha [3] llegado a ser la más antigua y la más nueva. La ciudad más antigua fue fundada en el Sipilo 4 , donde se dice 5 que están los lechos de los dioses y los lugares donde danzan los Curetes alrededor de la madre de Zeus 6 . Desde el principio, tan querida fue para los dioses, que los poetas 7 dicen que los dioses se reúnen con los héroes en ella cuando realizan un banquete juntos. Las ninfas recibieron aquella primera ciudad, y ahora está bajo el agua, sumergida en el lago según se [4] dice 8 . Después de aquélla, una segunda ciudad fue fundada a los pies del Sipilo 9 , a lo largo del malecón de la costa; estaba situada en medio de la antigua y la moderna, y ahora se ha convertido en la antigua si se la compara con ésta última. Esta segunda ciudad fue como un ejercicio de la fundación definitiva que se realizó con otras figuras de inferior calidad 10 . Pues levantada en su tercer estrato, como los poetas lo llaman 11 , la ciudad se ha dispuesto en esta apariencia única.

Su pueblo más antiguo es autóctono de aquí. Y cuando [5] tuvo que recibir colonos, también los recibió de aquellos que en el otro continente eran autóctonos 12 , y la ciudad se unió por medio de un lazo divino con los griegos de Europa, pues tanto ofreció como recibió colonos: ofreció a los peloponesios su héroe epónimo 13 y el derecho a sentirse orgullosos de su título, y recibió de Atenas, según reza la leyenda, a los Erecteidas tras la guerra contra las amazonas y, posteriormente, a los demás que vinieron después 14 . Como herencia de su metrópoli disfrutó tanto de los lujos de la vida diaria 15 como del valor en las situaciones de guerra, que hace que luchar sea más ventajoso para ella que para las demás ciudades, de tal manera que también esta actitud ha sido llamada por algunos poetas «el carácter esmirneo» 16 . Una única prueba bastará, cuyo recuerdo también vas a ver —pues las primeras horas de la primavera te han convocado aquí—: en las dionisias 17 , la trirreme sagrada es transportada en derre dor [6] del ágora en honor a Dioniso. Esta ceremonia es un símbolo de cómo una vez los quiotas navegaron contra la ciudad para capturarla cuando estaba deshabitada, ya que los hombres estaban lejos, en la montaña, durante una celebración religiosa. Y cuando fueron vistos por los hombres que ya descendían del monte, no sólo fracasaron en su intento sino que además perdieron las naves. Entonces los esmirnotas bailaron una danza guerrera en honor a Dioniso y celebraron [7] los ritos báquicos sobre los cadáveres de los quiotas 18 . Y éste es un aderezo de las hazañas de la ciudad, y sirve de botón de muestra de las otras que es necesario pasar por alto: de ahí que haya sido divulgado por muchos. Se podrían citar también muchas otras contiendas de la ciudad; y de cierto un trabajo que requeriría mucho tiempo libre es contar los últimos enfrentamientos habidos en vuestro favor y en vuestra alianza en cualquier circunstancia 19 . Pero ¿qué necesidad hay de externderse en estos temas? Es natural que las ciudades cuyo honor reside en mitos y en historias del pasado se vuelquen en ellos, pero aquella que subyuga tan pronto como es divisada y no consiente que se investigue su historia, ¿qué necesidad hay de glorificarla por aquello que una vez ocurrió, en lugar de guiar al espectador a través de ella como si lo llevase de la mano, convirtiéndolo en testigo de mis palabras?

Creo que, si la imagen de alguna ciudad debiese aparecer [8] en el cielo, como se cuenta que ocurrió con la corona de Ariadna 20 y con las otras imágenes de ríos y animales que fueron honrados por los dioses, ésta habría conseguido ser la que apareciese. De esta manera, me parece que por su naturaleza está inclinada a ser el paradigma de ciudad, y que no tiene además necesidad de un poeta ciudadano 21 que le consiga favor ni de ninguna otra técnica para su elogio, sino que es ella misma la que consigue el amor de todos los hombres, y es ella misma la que atrae las miradas sin necesidad de haber seducido los oídos. Se ha extendido sobre el mar difundiendo [9] su flor de perpetua juventud, como si no hubiese sido fundada gradualmente, sino como si se hubiese levantado de la tierra de una sola vez, ofreciendo un tamaño ni forzado ni apresurado, sino que por todas partes la ciudad es grande y armoniosa, y su magnitud es provisión de belleza. No podrías decir de ella que es muchas ciudades esparcidas cada poco, sino una sola, equivalente a muchas, pero una sola, consistente y armónica, que procura que sus partes guarden proporción con la totalidad, como si de un cuerpo humano se [10] tratase. Sus ornamentos, tanto los del interior como los que la rodean, son igualmente numerosos y espléndidos, y no falta ninguno de los más agradables, sino que toda la ciudad, gracias a sus estatuas, se parece a las túnicas bordadas. Cuando avances de oeste a este, irás de templo en templo y de colina en colina a través de una sola avenida más bella que su nombre 22 . Cuando te encuentras sobre la acrópolis, abajo fluye el mar y los suburbios anclan en él. La ciudad, mezclada entre los dos, esparce su alma a través de tres de los más agradables espectáculos, y no es posible encontrar dónde clavar la mirada. Cada uno de ellos arrastra hacia sí al observador, como las piedras de un collar de variados colores. Al descender de la acrópolis, se encuentra el lado oriental de la ciudad *** y, de nuevo, el más bello de los templos, el de la diosa que ha sido asignada por el destino a la ciudad 23 . Y recordar cumplidamente lo que sigue es trabajo incluso para [11] un anciano 24 . Toda la ciudad hasta la costa está ocupada con gimnasios, ágoras, teatros, recintos sagrados, puertos, y bellezas, tanto naturales como fabricadas por la mano del hombre, que entre sí compiten; y nada carece ni de estampa monumental ni de utilidad. Los baños son tantos que dudarías en dónde bañarte, hay calles de todas clases, unas en lo profundo de la ciudad, otras en sus confines, cada una poniendo impedimentos para que la otra sea la más bella; hay fuentes y surtidores para cada casa, e incluso hay más que para cada casa; hay avenidas que sirven de ágoras, y en cuatro lugares se cruzan unas con otras para recibir el sol 25 , —y poco falta para afirmar lo que antes negué 26 — creando muchas ciudades en su contorno, imitación cada una de la totalidad.

Las brisas de la primavera y el verano tienen un sonido [12] más agradable que los ruiseñores y las cigarras de los poetas, y cada una, penetrando por distintos sitios, convierte a toda la ciudad en un bosque. ¿No es esto mejor que cualquier pintura y escultura? La ciudad, siempre adornada como para la procesión anual, se embellece con las construcciones privadas y públicas: un espectáculo más magnífico que la tienda meda 27 . Los encantos nunca la abandonan, ni [13] ninguna de las Musas que inundan las ciudades de los hombres habita fuera de la ciudad. Muchas son nativas, muchas son foráneas; podrías decir que éste es el hogar del continente por lo que se refiere a la educación 28 . Hay una abundancia inconmensurable de toda clase de teatros para juegos y otras pruebas. Y además de éstos, hay manufacturas de todas clases y productos tanto de la tierra como del mar émulos entre sí. Para abreviar, ésta es la única ciudad que es apropiadísima para cada uno de estos dos linajes: para aquellos que han preferido terminar sus días con comodidad, y para aquellos otros que han creído conveniente dedicarse sin engaño a la filosofía. Pues ambos disponen de los descansos convenientes a sus trabajos, de manera que no caen enfermos.

[14] Este es el ornamento que está delante de sus puertas, en lugar de un Apolo guardián de las calles, como un atrio de la ciudad, el Meles, el epónimo canal de las Ninfas 29 desde sus fuentes hasta el mar, de forma que éstas tienen un baño fluyente y las nereidas lo reciben de manos de Nereo 30 tras un breve trecho. Fluye el Meles, surgiendo igualmente de cuevas, casas, árboles y de en medio de su lecho, y avanzando hasta el mar. Su cauce, en la parte de sus fuentes de más arriba, es circular y bien podrías compararlo con un collar, y lo que sigue, podrías compararlo con un estrecho de mar. En su desembocadura es muy poco estruendoso; sin ruido se mezcla con el mar amansando el oleaje, cediendo sitio al mar cuando avanza por los vientos, siguiéndolo cuando se retira, mostrando una única superficie de ambas aguas, de [15] manera que no podrías saber dónde se han encontrado. Incluso los niños podrían contar, y es posible que cualquiera lo vea, que está repleto de unos peces que están domesticados y sirven de comensales a quienes celebran banquetes en sus orillas, que bailan al son de la flauta no sólo sobre tierra seca sino también en su espacio 31 , y que se tiran de cabeza contra los comensales en medio de su borrachera. La más bella descendencia del río, y la que tiene relación con todas las ciudades, es Homero 32 , el común educador de Grecia y amigo de cada uno de nosotros por herencia paterna y desde la infancia. Por ello me parecería conveniente que en justicia todos ofrecieran las primicias de sus palabras a las fuentes del Meles, como si fueran los rizos de su cabello, tal y como el poeta dijo de Esperquio 33 , cantando al río en favor de Homero.

Cuando se cruza el Meles, se encuentra una región, según [16] creo, regalo de Posidón a la ciudad, semejante, pero a la vez diferente, a la que se dice que hay en torno a Tesalia. Pues allí, una vez que separó las montañas, creó Tesalia como una tierra llana a partir de un lago, habiendo evacuado el río Peneo por una falla. Pero aquí separó el mar de las montañas e hizo que la belleza del continente estuviera en correspondencia con la del mar y en armonía con la ciudad. No dejó una zona pantanosa ni desecó por completo el suelo, sino que cuando se cava existen signos de su antigua naturaleza, y también se ven cuando se dirige la vista hacia las regiones que la rodean, contra las que una vez el mar golpeaba, y cuando se cruza la llanura marina entre fuentes y manantiales, y así hasta el final. Y cuando se ha vuelto a [17] avanzar un poco, de nuevo la ciudad aparece como si te estuviera acompañando, y allí su belleza es mejor calculada y medida en menos tiempo. Y nadie hay tan apesadumbrado que vea lo que tiene delante del camino y no cambie de actitud, cambiando lo que tiene frente a sus ojos a la derecha, y lo que está a su izquierda ante su vista. Pues la ciudad atrae hacia ella como la piedra magnética al hierro, y subyuga por una voluntaria obligación. La ciudad ha experimentado lo mismo en relación a sus lugares exteriores que éstos con respecto a la ciudad. Pues no hay hartazgo para quien mira a sus alrededores desde la ciudad, pero, si alguien mirase la ciudad desde fuera, igualmente nunca sería posible alcanzar la plena satisfacción.

[18] Esta ciudad es la única para la que su reputación se ha trocado en perjuicio, pues ninguna persona de fuera que hubiese oído de ella conseguiría abarcarla toda con el pensamiento. Me parecería bien que cada uno en privado tomase esta decisión: de la misma manera que se dice que un hombre picado por una víbora no quiere contárselo a otro salvo que también lo haya experimentado 34 , así también que quien hubiese visto las bellezas de la ciudad sólo las pusiera en común con quien las haya visto o vaya a verlas inmediatamente 35 , pero que a los demás no se las diese a conocer con facilidad, de la misma manera que no se divulgan los misterios [19] sagrados a los profanos. Pues quizás un poeta podría expresarlo y seducirnos: que el puerto está en el centro de la ciudad, y el mar a la vista, no menos visible para quienes viven alejados a ambos lados que para quienes viven próximos a él. Y la acrópolis se eleva sobre toda la ciudad, el mar se extiende como una basa, desviándose hacia el este del Meles tanto cuanto para pasar por un recodo. Y otras cosas se podrían [20] elogiar cuando les llegase su turno. Está aquella gracia que se extiende por todos lados como Iris 36 y que afina a la ciudad como si se tratase de una lira, haciéndola armoniosa consigo misma y con sus ornamentos situados fuera; y está también su omnipresente resplandor que se eleva continuo hasta el cielo, como el del bronce del que habla Homero 37 . ¿Quién lograría exponer todo esto con detalle? Pues ni el Meles es de tan bellos hijos ni nadie es tan afortunado en el arte de la oratoria. Esta es la única ciudad que requiere de [21] una investigación ocular y no sólo informarse de oídas, y la única que necesita no sólo de una investigación ocular sino de una estancia prolongada y del trato con ella, para quien tenga la intención de contemplarla con justicia y recoger de allí las recompensas de los elogios. Yo, además, añadiré esto a mi itinerario. Un poco antes recordé el interior del golfo 38 ; lo que resta sobre todo lo demás será breve. Es completamente [22] apropiado por su nombre para esta ciudad, y no conviene a ninguna otra. Pues por su mansedumbre, utilidad, belleza y constitución es un golfo, pero por su fuerza, mar abierto. Aunque tiene el nombre de un solo golfo, se extiende en numerosos golfos, como las tablillas de escribir plegadas. Los diferentes promontorios conforman diferentes golfos, e innumerables son los puertos y los fondeaderos. Podrías decir que se parece a las vasijas de múltiples pitones; así, siempre ofrece un punto de amarre gracias a una pequeña península, y permite periplos de no pocos días si se hace anclar la nave en cada fondeadero.

Y me está llegando la hora de anclar mi discurso aquí.[23] ¿Qué necesidad hay de hablar de su pueblo? Tú mismo lo juzgarás 39 y lo harás mejor guiándolo por la más bella senda. Ahora sé que te parece a ti y a los muchos que están presentes que he hablado proporcionadamente, pero en seguida se demuestra que todas mis palabras han sido inferiores a la ciudad. Y estoy satisfecho de resultar inferior ante tales realidades.


1 Posiblemente el discurso fue escrito por mandato de los magistrados de la ciudad. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., pág. 278.

2 Las tres fundaciones de Esmirna se atribuyen a Tántalo o a Pélope la primera, a Teseo la segunda, y a Alejandro Magno la tercera. Cf. XXI 3-4, 10.

3 El ave Fénix; cf. OVIDIO , Metamorfosis XV 460-78.

4 Grupo de montañas al este de la ciudad. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 4-6. Esta primera ciudad fue fundada por Teseo.

5 HOMERO , Ilída XXIV 615.

6 Los Curetes ejecutaban armados ruidosas danzas para que el llanto de Zeus no llegara a Cronos. La versión más difundida de la leyenda lo sitúa en Creta. A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , 2a ed., Madrid, Gredos, 1982, pág. 52.

7 PÍNDARO , Olímpica I 37.

8 La ciudad se sumergió en el Nauloco, al norte del golfo de Esmirna, tras ser destruida por el rey lidio Aliates en el 588 a.C. aproximadamente; cf. HERÓDOTO , I 16; PAUSANIAS , VII 5, 1; C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ... págs. 83-85.

9 Esta segunda fundación no aparece recogida en XX 20, donde sólo se recuerdan las fundaciones de Teseo y Alejandro Magno.

10 PLATÓN , Político 286A.

11 PÍNDARO , Pítica III 43. Esta fundación es atribuida a Alejandro (PAUSANIAS , VII 5, 1-3), pero ESTRABÓN , XIV 37, más correctamente, atribuye la tercera ciudad a Antígono y especialmente a Lisímaco en el 290 a.C. Este último habría realizado un sueño de Alejandro; cf. ARISTIDES XIX 4; C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ... págs. 94-95, 100.

12 Los atenienses que vinieron con Teseo. La autoctonía de los habítantes de Atenas es un tema repetido también por el propio ARISTIDES , I 25-34 y 328; cf. N. LORAUX , L’invention d’Athènes , Paris, 1981, págs. 150-2.

13 Pélope, el hijo de Tántalo, cf. XXI 3. Después de haber vencido en carrera a Enómao, se casa con su hija y se hace con el reino dando su nombre al territorio; cf. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ... pág. 36; A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , págs. 190-194.

14 Esta unión entre los griegos de ambos continentes, y con Atenas como vertebradora de la misma, no era sólo una unión sentimental sino que contaba con las instituciones del Panhelenion; cf. A. J. SPAWFORTH , S. WALKER , «The World of the Panhellenion I. Athens and Eleusis», Journ. Roman Stud . 75 (1985), 78-104.

15 TUCÍDIDES , I 6, 3.

16 PÍNDARO , frag. 204.

17 También llamadas Antesterias. Polemón y sus descendientes tenían el privilegio de conducir esta trirreme; cf. FILÓSTRATO , Vidas de los sofistas 530-531. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 208-209.

18 Quizás fuese un acontecimiento real durante la guerra entre Ptolomeo III y Seleuco II en 244. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 114-115. Un relato algo diferente encontramos en HERÓDOTO , I 150; aquí son unos exilados de Colofón los que lograron apoderarse de Esmirna y arrebatársela a los eolios, mientras éstos estaban fuera celebrando una fiesta en honor a Dioniso.

19 La ayuda prestada a los romanos contra Antíoco y Aristónico. En XIX 11 se relatan con algún detalle.

20 Esta corona, de oro y piedras preciosas, fabricada por Hefesto, fue el regalo de bodas de Baco para Ariadna. Fue catasterizada en la corona Boreal; A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , pág. 373.

21 Homero que, según la leyenda más difundida, era originario de Esmirna.

22 Es el camino dorado, mencionado únicamente por ARISTIDES , XVIII 6.

23 Magna Mater . El templo recibía el nombre de Metroo, Corp. Inscrip. Graec . 3387, y ESTRABÓN , XIV 646.

24 Aquí posiblemente esté una de las claves para acercarse a la fecha del discurso. Si el término presbytēs significa anciano, como lo hemos traducido, habría que pensar en la década de 170. En cambio C. BEHR , The Complete Works II ... pág. 3 prefiere traducirlo por «hombre de larga experiencia», que le permite fecharlo en 157.

25 ESTRABÓN , XIV 646 recuerda el trazado ortogonal de las calles de Esmirna.

26 Cf. § 9.

27 La magnífica tienda de Jerjes, HERÓDOTO , IX 82.

28 Esmirna ocupó uno de los primeros lugares del movimiento cultural conocido como Segunda Sofística, cf. XXIII 22. Véase G.W. BOWERSOCK , Greek Sophists in the Roman Empire , Oxford, 1969, págs. 17-29.

29 Epónimo puesto que toma el nombre de las ninfas de la región. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 10-12.

30 El mar Mediterráneo.

31 HERÓDOTO , I 141.

32 En Esmirna había un templo dedicado al poeta, ESTRABÓN , XIV 646. Cf. E. ARISTIDES , XXI 8 y XXXIII 29.

33 HOMERO , Ilíada , XXIII 148.

34 PLATÓN , Banquete , 217E.

35 La visita del destinatario del escrito aparece como inminente.

36 La mensajera de los dioses.

37 HOMERO , Ilíada , 457.

38 § 14.

39 Aquí el verbo «juzgar» no tiene que tener necesariamente el sentido judicial que Behr quería darle; cf. C. BEHR , The Complete Works, II ..., pág. 358, n. 45.

XVIII

MONODIA POR ESMIRNA

INTRODUCCIÓN

En el año 178 un intensísimo terremoto produjo la destrucción de la ciudad de Esmirna 1 . Este desgraciado acontecimiento, del que Aristides se libró gracias a la previsión de Asclepio 2 , se va a convertir en el asunto de tres obras del sofista, XVIII-XX. A través de ellas es posible seguir el proceso que va desde la ruina total y el sufrimiento por la pérdida, hasta el renacimiento de la esperanza y la reconstrucción de la ciudad.

La primera de éstas es la Monodia por Esmirna . Refugiado como estaba en Laneo, su finca de Misia 3 , tan pronto se enteró del infortunado suceso, el sofista se sintió invadido por un inmenso dolor que sólo fue capaz de tolerar gracias a la oratoria, que le proporcionó el medio para desahogarse 4 . Esta obrita constituye una verdadera excepción dentro del conjunto de discursos de Aristides. La desesperación de la que es presa le lleva a apartarse de la tradición aticista, en la que siempre había permanecido y que había cultivado como una de sus grandes virtudes, y se arroja a los ritmos asiánicos 5 . Así, la mayor parte del discurso XVIII está repleta de pequeñas frases exclamativas, fuertemente rítmicas, y tan lejanas de los largos periodos bien construidos en los que gustaba ejercitarse.

La monodia es un género al que Menandro el Rétor, un siglo más tarde, atribuía como funciones el lamento y la compasión 6 . El teórico de la retórica consideraba que era el género adecuado para el discurso fúnebre. Así lo entendía Aristides cuando lo aplica a una ciudad para cantar la muerte de Esmirna. Como si estuviera hablando de la desaparición de un ser muy querido, el autor recrimina al destino, lamenta el pasado perdido, y llora por el presente. Su desaliento le impedía pensar en el futuro.

La edición utilizada ha sido la de B. Keil aunque se han introducido algunas variantes que el propio editor indicaba en el aparato crítico.



1 La fecha del terremoto no es absolutamente segura. Tuvo que ocurrir entre 177, año en el que Cómodo es nombrado Augusto (XIX 1), y agosto de 178, cuando parten los emperadores de Roma hacia la guerra del Norte. Pero EUSEBIO , Crónica , vol. II, pág. 172 SCHOENE daba los años 178-179 para el suceso. A. BOULANGER , Aelius Aristide ... págs. 162 y 387 lo sitúa en 178, como también C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ... págs. 279-80. C. BEHR , Aelius Aristides ... pág 112 lo fecha un año antes apoyándose en un supuesto ciclo de reuniones de la asamblea de la provincia. Cf. J. M. CORTÉS COPETE , Elio Aristides. Un sofista griego en el imperio romano , Madrid, Ed. Clásicas, 1995, págs. 160-166.

2 XIX 6 y XX 3.

3 C. BEHR , Aelius Aristides ... pág. 7.

4 XX 3. La subscripción del discurso indica el momento en el que ésta fue compuesta.

5 A. BOULANGER , Aelius Aristide ... págs. 325-328.

6 MENANDRO EL RÉTOR , 434-437.

XVIII. MONODIA POR ESMIRNA

¡Oh Zeus!, ¿qué voy a hacer? ¿Acaso debo callar cuando [1] Esmirna yace muerta? ¿Participo de una naturaleza dura como el acero, o tanta es mi fortaleza? ¿Pero debo lamentarme? ¿Qué armonía compondré, o qué resolución tomaré? Pues si todas las voces de los griegos y los bárbaros, tanto las de aquellos que ahora están en la tierra como las de aquellos otros que han vivido a lo largo del tiempo, digo que si todas estas voces se reuniesen habrían sido insuficientes para hacerse cargo únicamente de esta desgracia, y no digamos para salvar su dignidad. ¡Ay de mí, que he visto y escuchado la mayor desgracia entre las grandes! ¡Oh tiempo que todo lo mudas!, ¡qué ciudad has destruido después de idearla y fabricarla! ¡Todo es tan diferente a lo [2] que fue! Sus antigüedades fueron los coros de Curetes, la crianza y nacimiento de los dioses, los Pélopes que cruzaron el mar Egeo partiendo desde aquí, el Peloponeso como colonia, Teseo como fundador de los lugares situados al pie del Sipilo, los vástagos de Homero, 〈y sus méritos recientes〉 los campeonatos, los trofeos, las victorias conseguidas en alianza con los gobernantes 1 ante todos los pueblos, y las exposiciones de hombres elocuentes que la calificaban como la más bella de todas las ciudades 2 .

[3] Y en verdad, todo lo que se podía ver superaba a cualquier descripción que se diese. Al aproximarse, inmediatamente se observaba un resplandor hermoso y las proporciones, medidas y estructuras de sus dimensiones, como si fuese propio de una singular armonía. Sus pies firmemente asentados en las orillas, puertos y bosques; su porción central elevándose sobre la llanura tanto cuanto dista de la cumbre; su extremo meridional que se va elevando poco a poco, terminando todo por igual imperceptiblemente en la [4] acrópolis, que sirve de atalaya sobre el mar y la ciudad. El resplandor que se levantaba sobre toda la ciudad no podría ser expresado con palabras ni podría ser apreciado fielmente con la vista, sino que se escapaba sin saber cómo, pero inspiraba siempre el deseo de comprenderlo. Este no echaba a perder nuestra visión, como decía Safo 3 , sino que la acrecentaba, la alimentaba, la regaba con alegría, no de la misma manera que a la flor del jacinto, sino como algo que nunca antes ni la tierra ni el sol dejaron ver a los hombres. [5] Y de la misma manera que una estatua cincelada en bulto redondo ofrece una perspectiva completa cuando se la rodea, así para ti, que antes fuiste la más encantadora de la ciudades pero que ahora (has sufrido una ruina y muerte) intempestiva, siempre quedaba alguna nueva perspectiva desde otro lado diferente (que) además siempre (permitía contemplar) la más bella imagen tan pronto como se hacía visible ante quien se hubiese colocado enfrente 4 ; y era igual desde los suburbios como desde los estrechos, el golfo, el mar y la tierra.

¿Cuántas relaciones y visitas a la ciudad provocaron [6] hartazgo en los hombres? ¿A qué otra ciudad se permitieron acercarse tanto? ¡Oh fuentes, teatros, avenidas y calles cubiertas o al aire libre! ¡La belleza de esa magnífica plaza! ¡Los caminos que reciben su nombre del oro y de los ritos sagrados 5 , en cada cuadrado como un ágora! ¡Oh muelles, que deseáis el abrazo de vuestra queridísima ciudad! ¡La indescriptible belleza de sus gimnasios! ¡Los encantos de los templos y recintos sagrados! ¿En qué lugar de la tierra os habéis hundido? ¡Los monumentos de la costa! ¡Todos aquellos sueños! ¿Qué manantiales de lágrimas dan [7] abasto para tal desastre? ¿Qué sinfonías y cantos de orfeones bastarán para llorar la ciudad de hermosos coros, cantada en innumerables himnos y tres veces deseada por los hombres? ¡La ruina de Asia! ¡Ay de las restantes ciudades! ¡Ay de toda la tierra, de todo el mar tanto el que está dentro como el que está fuera de Gades 6 ! ¡Ay de la esfera de estrellas! ¡Ay de Helio que todo lo ve! ¡Qué espectáculo ha tenido que soportar! Un juego de niños fue el saco de Troya, un juego de niños fueron las dificultades de los atenienses en Sicilia 7 y la destrucción de Tebas 8 , y la pérdida de ejércitos, el ocaso de ciudades, y todas las otras cosas que el fuego, la guerra y los terremotos habían ejecutado hasta ahora. ¡Ay de ti, que antes eclipsaste a todas las demás ciudades con tu belleza y tu cultura, y que ahora has eclipsado la ruina de Rodas 9 ! Tú estabas destinada a hacer cantar a los griegos: «más infortunados fueron los segundos» 10 .

[8] ¡Un día de sacrificios expiatorios para todos los congéneres, un día nefasto para todos los griegos! ¡Qué cabeza ha arrebatado al linaje, qué ojo ha vaciado! ¡Joya de la tierra! ¡Teatro de la Hélade! ¡Vestido de las Ninfas y Gracias! ¡Ay de mí que he sufrido todas estas desgracias! ¿En qué lugar de la tierra cantaré mi monodia ahora? ¿Dónde está mi Salón del Consejo? ¿Dónde están las agrupaciones de jóvenes y ancianos?, ¿y sus aplausos, que todo me lo dieron? Una vez hubo una ciudad en el Sipilo que, según la leyenda, se hundió en el lago. ¡Esmirna, cuánto tiempo hace que se te cantó el preludio! ¡Qué fortuna has heredado, la que menos te convenía!

[9] Ahora es necesario que todas las aves que anuncian el porvenir se lancen al fuego 11 —un fuego que la ciudad procura abundante—; es necesario que todo el continente se mese los cabellos —su bucle se ha perdido absolutamente —; es necesario que ahora los ríos manen lágrimas, que los barcos zarpen con velas negras 12 . ¡Ay del Meles, que fluye por un yermo! Estos presentes cantos replican a los antiguos: la oda de los cisnes y el coro de ruiseñores, 〈mientras que nosotros tenemos la oportunidad de〉 lamentarnos 〈por su ausencia〉. Y en verdad, si las Górgonas 13 hubiesen estado vivas, no habrían llorado ni por Medusa 14 ni por su ojo, sino por el de Asia. ¿Existe algún Bósforo, algunas [10] Cataratas, algún Tarteso, oh divina ciudad, a donde no haya llegado tu fama? ¿En qué Masalia o en qué Borístenes el dolor se detuvo? ¿Hay algún griego que viva tan alejado de Grecia, o hay algún bárbaro tan indómito e invencible por los dardos y hechizos de Esmirna, que no la ame aunque sólo la conozca de oídas, y que no sufra ante estas noticias? Se dice que las Helíades, llorando a su hermano, al morir transformaron sus naturalezas en álamos y solidificaron sus lágrimas en ámbar 15 . Ahora es el momento para que estos árboles lloren por ti, la más agradable de las ciudades.

SUBSCRIPCIÓN : Fue compuesta en el mismo momento en el que llegó la noticia.


1 Los romanos, cf. XIX 13.

2 Por ejemplo ESTRABÓN , XIV 646.

3 SAFO , frag. 94 y 127 b.

4 El texto está gravemente corrupto.

5 La avenida Dorada que únicamente se cita en E. ARISTIDES XVIII 6, y la Vía Sacra.

6 Extremo retórico del mundo por Occidente.

7 La expedición ateniense contra Sicilia en 413 a.C.

8 La ciudad de Tebas se sublevó tras la muerte de Filipo y Alejandro se vio obligado a tomarla por las armas en 335. Sus habitantes fueron vendidos como esclavos y la tierra de la ciudad repartida entre los vecinos.

9 El terremoto que destruyó la ciudad de Rodas es recordado con viveza en XXV.

10 Es la inversión de uno de los proverbios favoritos de Aristides, cf. XXIV 59, XX 23 y XXVI 101.

11 El sentido de esta frase es oscuro. Quizás se están indicando que las aves utilizadas para los augurios deberían castigarse a sí mismas por haber anunciado lo que se hizo realidad.

12 Como signo de desgracia. Los barcos que llevaban a Creta la ofrenda de jóvenes atenienses para el Minotauro enarbolaban un velamen de luto. PLUTARCO , Teseo 17, 4.

13 Las tres hijas monstruosas de Forcis y Ceto. Dos de ellas eran inmortales, Esteno y Euríale, mientras que no lo era Medusa; cf. A. RUTZ DE ELVIRA , Mitología clásica , págs. 45-46.

14 Medusa fue muerta por Perseo; cf. A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , págs. 157-158.

15 Las Helíades son hijas del Sol y de Clímene, y hermanas de Faetón. A la muerte de éste se transforman en álamos; cf. OVIDIO . Metamorfosis II 340-66; A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , págs. 446-447.

XIX

CARTA A LOS EMPERADORES SOBRE ESMIRNA

INTRODUCCIÓN

El terremoto que asoló Esmirna en el año 178 1 , como bien sabemos, sumió en el dolor y la desesperación al sofista. No obstante, éste no se conformó con lamentarse y componer ese canto fúnebre que era XVIII. Era necesario pasar a la acción y hacer renacer la esperanza. Por eso, incluso antes de que la ciudad como institución recuperara su capacidad de actuación, él mismo se decide a tomar las medidas pertinentes para solucionar el desastre. Así, y gracias a la alta concepción que de su persona y de su misión tiene, se nombra a sí mismo ministro 2 y decide actuar como embajador de la ciudad ante el poder imperial.

Si las legaciones a la corte constituían uno de los mayores servicios que el aristócrata podía prestar a su comunidad 3 , las que tenían como causa un seísmo o una catástrofe que hubiese sembrado la desolación eran consideradas evergesías de primerísimo rango. De su éxito dependía en definitiva la misma continuación de la vida ciudadana. A pesar de ello el sofista no estaba dispuesto a moverse de su retiro en Misia, posiblemente por lo avanzado de su edad 4 , y se limita a escribir una breve carta en la que da noticia del suceso y solicita de Marco Aurelio y Cómodo su colaboración para la restauración de la ciudad 5 .

Los argumentos que manejó fueron en esencia tres: el hecho de que conocían lo que había sido destruido puesto que en año 176 estuvieron en la ciudad; la percepción de que la reconstrucción de la ciudad con fondos imperiales sería una muestra clarísima, ante todo el Imperio, del carácter y de las virtudes de los dos emperadores 6 ; en tercer lugar, recuerda los servicios que la ciudad prestó a la causa romana durante los tiempos de la República, cuando ésta se hallaba enfrascada en la lucha contra los reyes helenísticos; ese favor podía ahora serle reconocido.

La carta fue un éxito absoluto. Filóstrato 7 , el biógrafo de los sofistas, cuenta que, cuando Marco Aurelio la estaba leyendo «con frecuencia lloró, pero sobre el pasaje ‘los soplos del Céfiro recorren un yermo’ el emperador dejó caer sus lágrimas sobre el papel y prometió la refundación de Esmirna». Se conocen algunas de las medidas que los emperadores tomaron para llevar a cabo su promesa. Tras convocar el Senado y conseguir su aprobación, se otorgó dinero en efectivo, a más de una exención temporal de impuestos; para la supervisión de todas las operaciones designaron a un senador de rango pretorio 8 . A través de la concesión de honores y privilegios consiguieron movilizar para la causa a la iniciativa privada. En esta misma línea, convocaron una reunión del Consejo provincial de Asia para establecer los cauces por los que la ayuda habría de discurrir 9 . Muy posiblemente de ahí salió el socorro regional que más tarde Aristides recordó 10 . Este enorme éxito del sofista ante la corte imperial redundó también en su propio beneficio, aumentando de una manera insospechada su prestigio. Así, de nuevo según Filóstrato, el orador consiguió la mayor distinción a la que un aristócrata municipal podía aspirar, ser considerado el «fundador» de su ciudad, un título de carácter casi divino.

Sobre la edición de B. Keil sólo se ha introducido una variante que él mismo proponía en el aparato crítico.



1 Cf. la discusión sobre la fecha en la introducción a XVIII. C. BEHR , Aelius Aristides ..., pág. 112, puesto que fecha el terremoto en el año anterior, también coloca esta carta en 177.

2 §6.

3 W. WILIAMS , «Antoninus Pius and the Control of Provincial Embassies», 51 Historia 16 (1967) 470-483; G. BOWERSOCK , Greek Sophists ..., pág 44-45.

4 Teniendo en cuenta que había nacido en 117 tenía 61 años.

5 Existe un magnífico paralelo de esta actitud en una inscripción que la ciudad de Cos levantó en Olimpia donde se narra la petición de auxilio que la ciudad hizo ante Augusto puesto que había sido destruida por un terremoto. Insc. Olimpia núm. 53. L. Robert «Documents d’Asie mineure» Bullet. Correspon. Hellénique , 102 (1078) pág. 401.

6 La actividad edilicia constituía uno de los elementos esenciales de la función imperial, S. MITCHELL , «Imperial Building in the Eastern Roman Provinces», Harvard Stud. Class. Philo . 91 (1978) 333-365.

7 FILÓSTRATO , Vidas de los sofistas 582-583.

8 Sobre la convocatoria del Senado, cf. XX 10. Sobre la aportación de dinero y el nombramiento del supervisor, cf. DIÓN CASIO , 32. Sobre la exención de impuestos, cf. EUSEBIO , vol. II, pág. 172. SCHOENE .

9 Prolegomena III DINDORF , pág. 737 y F. W. LENZ , The Aristeides Prolegomena , Leiden, Brill, 1959, pág. 111-112.

10 XX 12-14.

XIX. CARTA A LOS EMPERADORES SOBRE ESMIRNA

Al emperador César Marco Aurelio Antonino Augusto [1] y al emperador César Lucio Aurelio Cómodo Augusto, os saluda Elio Aristides.

Antes, grandísimos emperadores, os enviaba obras preparadas para concursos, discursos, y cosas parecidas, pero ahora el hado me ha proporcionado otro asunto: yace Esmirna, la joya de Asia, el adorno de vuestro imperio, aniquilada por el fuego y los terremotos. Por los dioses, ofreced vuestra mano, ofrecedla como es propio de vosotros. En verdad, Esmirna, que ha sido la ciudad más favorecida de la Hélade de hoy en día, tanto por parte de los dioses como por vuestra parte, es decir tanto por todos los emperadores que el tiempo ha ido trayendo como por el senado, ha sufrido el daño más grande de los que se recuerdan. Pero sin embargo, incluso en estas circunstancias, el hado preservó un elemento a la manera de esperanza de salvación: vosotros visteis la ciudad 1 , conocéis la pérdida. Recordad [2] lo que dijisteis cuando la mirasteis todavía en camino; recordad lo que dijisteis cuando entrasteis, cómo fuisteis tratados, cómo os sentisteis. Se celebraban las Teoxenías 2 , y vosotros descansabais como en la más civilizada de vuestras posesiones. ¿Qué perspectiva no os agradaba? ¿Qué elemento, de entre todos, contemplasteis en silencio y sin que vosotros pronunciarais un elogio conveniente? Cosas que no habéis olvidado tras marcharos. Todo eso ahora son cenizas. [3] Aquel puerto ha cerrado los ojos, la belleza del ágora ha perecido, los adornos de las avenidas han desaparecido, los gimnasios de aquellos hombres y niños están destruidos completamente, de los templos, unos yacen en el suelo, otros se han hundido. La que era de entre las ciudades el más encantador espectáculo y sinónimo de la belleza 3 se muestra ante todos los hombres como la más inconveniente visión. Una colina derruida y muerta, y el céfiro sopla furioso sobre el yermo. Todo lo que ha sobrevivido pone su mirada en vosotros, y en vosotros toda el Asia completa pone sus ojos, rogando toda reunida, ahora y siempre, el bien para vosotros, pero para Esmirna vuestra piedad, si es que Esmirna es su solar.

[4] En efecto sé que voy a pronunciar un discurso extraño, pero no insensato; al menos eso creo. Pues, incluso si el asunto os parece indiferente, ha resultado ser propio de vuestra buena fortuna que ha proporcionado un motivo por el que desplegar vuestra naturaleza de la mejor y más briliante manera, después de aquellas abundantes y grandes hazañas con las que os mostrasteis en un tiempo anterior. Pues para mí, ni Lisímaco, ni el mismo Alejandro, ni Teseo y las otras leyendas 4 , sino vosotros habéis llegado a ser los fundadores de la ciudad; vosotros establecedla nueva desde el principio; que toda la ciudad, y en todos los aspectos, llegue a ser vuestra. Si queréis considerarla como velo de las princesas, o como diadema de los emperadores, o de cualquier otra manera que queráis, así salvad la ciudad. ¿A qué fundadores, a qué reyes no eclipsaríais? ¿Qué cotas de magnanimidad no sobrepasaríais al hacer que cuanto con el tiempo y de manera progresiva la ciudad había adquirido formase parte de una sola fundación? Y estas cosas no las [5] digo como si estuviera aconsejándoos, o como si estuviera enseñando a unos ignorantes, no me he vuelto tan insensato a consecuencia de esta desgracia, pero en verdad los hombres acostumbran a suplicar así: «concede la victoria a Áyax» y «séme ahora propicia, Atenea» 5 . Tampoco puede tomarse a mal el que os escriba de la misma manera en la que tratamos con los dioses. Y a los dioses suplicamos por estas cosas, pero nosotros necesitamos de vosotros, los más divinos gobernantes; de alguna manera es hermoso pedir tales cosas tanto a los dioses como a los hombres.

Quizás deseáis escuchar cómo yo mismo me libré. Algunos [6] días antes de estos acontecimientos, el dios 6 me puso en camino y me condujo hacia cierto fundo 7 que tengo y me ordenó permanecer en la finca; en ella me encontraba cuando me enteré de los acontecimientos. Pero cuando me enteré, no pude conservar la tranquilidad, y nada me faltó, creo, salvo invocar a los dioses y a vosotros. Por todo esto, ni esperé a la embajada común, ni creí conveniente orientarme hacia otra cosa salvo a lo que debía hacer, sino que, pensando que, si a alguna otra persona de entre todas le (convenía) tratar el asunto (con vosotros), también a mí me convenía, me ordené a mí mismo ministro, creyéndome digno, si no de alguna otra cosa, sí al menos de [7] lamentar en voz alta las desdichas de la ciudad. Otros que tuvieron influencia junto a los reyes obtuvieron regalos para sus patrias cuando atravesaban por momentos felices, pero yo, si es que también tengo algún ascendiente sobre vosotros, os pido y suplico que concedáis esta gracia a la ciudad, que no sea lanzada lejos como un utensilio roto al que se le reprocha su inutilidad, sino que sea traída de nuevo a la vida por vuestro medio. Me viene a la mente así mismo la historia de Solón, del que se dice que, tras disolverse su constitución, tomando el escudo y la lanza, los colocó delante de su casa ya que no podía prestar ayuda, creo, pero así mostró como pensaba 8 . Pero mi contribución es incluso mayor. Pues, si en nada puedo colaborar con mi trabajo, sé que es conveniente para la empresa invocar vuestra filantropía de manera que mi esfuerzo no será en vano. [8] Y cuanto se encuentra fuera de las puertas de ningún modo me turba, puesto que no compartía la alegría de los magistrados cuando se tomaban un interés superfluo 9 . El que quiera que pida para éstos, lo mío nada estorba. Pero de buena gana corro hacia ese día en el que vea todo levantado, todo lo que está dentro del recinto de la ciudad. tanto los antiguos como los nuevos recuerdos que os honran y los que provienen de vuestra mano, todo lo que proporciona honra a la ciudad ante los hombres del mismo rango y los extranjeros que acuden, y todo aquello que proporciona además principio de toda fortuna y consuelo de toda desgracia a los extranjeros.

Cuando pienso para mí que uno de los emperadores antiguos, [9] no de vuestra casa —pues no podría suceder, ni hubiese sido propio de ninguno de vosotros— sino uno de los primeros, jugando a las damas, según se cuenta, en medio del juego dijo así, de pasada, que no quería que los nasamones existieran; más tarde los nasamones perecieron 10 . Y creo que de vosotros se podría esperar en justicia que, si os tomaseis interés, hicieseis uso de vuestros propios hábitos, y tan sólo dijeseis y declaraseis que vuestro deseo es que Esmirna exista, mostraríais rápidamente a todos nosotros lo que deseamos. No voy a hacer uso más de ejemplos extraños, [10] sino de los vuestros mismos: la solicitud tan grande que mostrasteis por la ciudades de Italia, de manera que las habéis recuperado de todos sus problemas 11 . Habéis recobrado a aquellas ciudades que ciertamente estaban enfermas desde antiguo, pero a Esmirna, que florecía en la actualidad y que ahora mismo ha sido derribada, colocadla de nuevo entre el número de las ciudades, antes adornando [11] sus templos, ahora salvando toda su dignidad. La ciudad es digna de ser salvada no sólo por su apariencia, sino también por la buena disposición que siempre mostró hacia vosotros, pues tomó parte en vuestro favor en la guerra contra Antíoco 12 , en la guerra contra Aristonico 13 , sosteniendo sitios y manteniendo batallas no insignificantes, de las que todavía se conserva recuerdo en las puertas. Además, cuando necesitaron ropa para vuestro ejército y, el general que lo mandaba había muerto, llevando a la ciudad el cadáver, le tributaron honras fúnebres dentro de las actuales murallas 14 y repartieron túnicas para los soldados, dándo cada [12] ciudadano la suya a un soldado 15 . Tales fueron los gastos que en vuestro favor emprendieron nuestros gobernantes. ¿Qué cosas hicieron en favor de sus congéneres, los demás griegos? Ponerlo por escrito no sería pequeña tarea, pero en una época en la que tuvieron lugar continuos terremotos y hambres en la región costera de Asia, en la que algunos lugares fueron destruidos por las simas, y en la que toda clase de desgracias asaltaron a las ciudades, con trigo y dinero y sin reserva de interés salvaron a estas ciudades: Quios, Eritrea, Teo, Halicarnaso 16 . Mientras que entonces una sola ciudad bastó para socorrer a las demás, ahora no hay para ella una ciudad suficiente para auxiliarla. La esperanza está en vosotros.

Y antiguamente recibía los premios de sus trabajos, tierra, [13] panoplias y botín, con los que vosotros la honrasteis. Pero ahora el hado le ha otorgado la primacía en las desdichas, cuya liberación está en vuestras manos. El cambio de fortuna, de entre todos sus premios, sería el más digno de contar y admirar. Se dice que consiguió tan espléndidamente el templo que ahora yace derribado, que, en la competición entablada, Asia fue elegida de entre las otras provincias, y de entre las ciudades de Asia tal era Esmirna que el resto de Asia obtuvo siete votos y sólo para esta ciudad hubo cuatrocientos 17 . Este templo, posiblemente, podría salvarse por la acción de la provincia de Asia 18 , si a vosotros os parece bien, pero la reconstrucción de toda la ciudad es cosa únicamente vuestra, a quienes los dioses concedieron tan importantes recursos. Cuando dirijo la mirada [14] hacia la grandeza del desastre me parece que ninguna palabra es suficiente, sino que todas se quedan cortas, pero, cuando dirijo la mirada hacia vuestra virtud, naturaleza y disposición para la beneficencia, me sucede que temo que pueda parecer que hablo más de lo conveniente. Creo que, en efecto, esto no es así; pero si fuese así, sé que me perdonaréis. Ciertamente también un hombre dice muchas cosas, incluso contrarias a su naturaleza, llevado por la desgracia, especialmente cuando de ningún modo podía esperarla.


1 Los emperadores visitaron la ciudad en la primavera de 176, tras la sublevación de Avidio Casio; cf. M. L. ASTARITA , Avidio Cassio , Roma, 1983, págs. 155-162; J. M. CORTÉS , Elio Aristides ..., págs. 156-159.

2 Festival en honor a Apolo; cf. J. C. CADOUX , Ancient Smyrna ..., pág. 278.

3 La belleza de Esmirna era considerada proverbial. ESTRABÓN , XIV 646. Formaba parte también de su titulatura oficial, Inscrip. Graec. ad Res Roman. Pertin . IV 1419-21 y 1424. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 171-201, con la descripción de sus monumentos más destacados.

4 Cf. XVII 2-4.

5 HOMERO , lliada , VII 203 y V 117.

6 Asclepio.

7 Esta finca probablemente sea Laneo, en Misia; cf. C. BEHR , Aelius Aristides ..., pág. 6.

8 ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses , 14,2.

9 Esta oscura indicación hace referencia a ciertos problemas desconocidos de urbanización fuera de las murallas de la ciudad.

10 Se trata de Domiciano quien en 85-86 dio la orden de exterminar a la tribu norteafricana de los nasamones; cf. DIÓN CASIO , LXVII 4, 6.

11 El favor de Marco Aurelio para las ciudades italianas (Historia Augusta, Vida de Marco 11,3), cuando suministra trigo en épocas de hambre. También tomó medidas para proteger de la extorsión a los colonos de las fincas imperiales sitas en Italia; Historia Augusta, Vida de Marco , 11, 9; cf. M. ROSTOVTZEFF , Historia social y económica del Imperio romano , 4a ed., Madrid, Espasa Calpe, 1981, vol. I, págs. 390-407 y vol. II, pág. 235, n. 29.

12 Antíoco III, rey de Siria, derrotado en 190 a. C. por los hermanos Escipión. Esmirna, para conseguir el auxilio romano frente a las pretensiones del rey, erigió en el 195 un templo a Dómina Roma como diosa protectora. Los marineros de Esmirna, bajo mando romano, contribuyeron decisivamente a la victoria frente al rey; cf. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ... págs. 129-140.

13 Aristonico pretendió el trono del reino de Pérgamo tras la muerte de Átalo III (133 a. C.). No consiguió nunca el apoyo de las ciudades porque habían sido declaradas libres en el testamento del rey. Fue derrotado en 129 a. C.; cf. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., pág. 146.

14 P. Licinio Craso, quien fue muerto al inicio de la guerra contra Aristonico. Fue enterrado fuera de las murallas, pero en tiempos de Aristides ya estaba dentro; cf. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., pág. 147, n. 1.

15 El reparto de ropa tuvo lugar al final de la primera guerra contra Mitrídates, con evidente confusión por parte de Aristides, mientras Sila invernaba con su ejército en el año 85-4 a.C.; cf. TÁCITO , Anales IV 56; cf. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., pág. 157, n. 4.

16 No hay seguridad sobre la fecha de estos terremotos.

17 El templo estaba dedicado a Tiberio, Livia y el Senado. La adjudicación definitiva tuvo lugar en el 26 d. C.; cf. TÁCITO , Anales IV 15; 37; 55-56 y DIÓN CASIO , LIX 28, 1. Sólo se vio afectada la provincia de Asia. En la elección tuvo mucho peso los servicios prestados a los romanos; cf. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 239-240; D. MAGIE , Roman Rule ..., págs. 503-504.

18 El templo de Cícico también fue reconstruido con fondos provinciales, cf. Introducción al discurso, XXVII.

XX

PALINODIA POR ESMIRNA

INTRODUCCIÓN

Algunos años después de la destrucción de Esmirna en el terremoto del 178 1 , las obras de reconstrucción, patrocinadas por los emperadores a instancias de Elio Aristides, avanzaban a buen ritmo y comenzaban a ofrecer los primeros frutos. El renacimiento de la ciudad era ahora algo más que un sueño. Para festejar la nueva situación se organizó en Esmirna una reunión que se quería aprovechar para dar las gracias tanto al emperador como a los demás griegos por su colaboración y auxilio en aquellos momentos tan difíciles. La totalidad de los autores que se han acercado al tema pensaron que se debía tratar de una reunión del Consejo provincial de Asia 2 . Para ello se invocaba el testimonio, problemático, de los Prolegomena , donde se recuerda que Marco Aurelio convocó este consejo para tratar el problema de la ruina de la ciudad 3 . Pero como se vio en XIX, este consejo habría que entenderlo como la medida que los emperadores tomaron para asegurar la participación de los griegos, o de parte de ellos, en la reconstrucción de la ciudad. Más bien el discurso de Aristides parece dirigido a los griegos de ambos continentes, tanto a los europeos como a los asiáticos 4 , mientras que no se hace mención alguna a la institución provincial 5 . Por ello se debería entender que se trataba, mejor, de una reunión extraordinaria del consejo del Panhelenion fuera de su sede habitual, Atenas 6 , o de alguna otra convocatoria de similares características.

Aristides se quiso hacer nuevamente presente en esta ocasión. Para ello recurre de nuevo a la epístola: compone esta Palinodia por Esmirna , un billete destinado a ser leído en el seno de esta reunión 7 . El título no se corresponde con la naturaleza de la obra. Son muy escasos los pasajes que constituyen una retractación del destino de la ciudad y de su anterior obra (XVIII) en la que desesperaba ante la desgracia 8 . Más bien, se trata de un nuevo discurso de carácter político. A través de él el sofista quiere, en primer lugar, justificar su ausencia de la ciudad en un momento tan complicado y de crisis tan profunda como fue el propio terremoto y los tiempos inmediatamente posteriores 9 . A la vez, y para compensar esta carencia de virtudes ciudadanas, se esfuerza por resaltar su papel como embajador ante los emperadores que, a su juicio, ha sido trascendental para la reconstrucción de la ciudad 10 . Por último, aprovecha para dar las gracias tanto a los emperadores mismos como a todos los griegos por el socorro primero y el apoyo para la reconstrucción de la ciudad 11 .

La edición utilizada ha sido la de B. Keil, y sólo se ha tenido que admitir un añadido que él mismo recogía en el aparato crítico.



1 De nuevo la fecha es incierta. A. BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 162, simplemente lo fecha después del terremoto, 178. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna , pág. 281, piensa que al menos transcurrieron dos o tres años desde el terremoto. C. BEHR , Aelius Aristides ..., pág. 113, afirma que se pronunció en 178 ya que fecha el terremoto en 177. Con toda seguridad esta última es la peor opción puesto que es muy poco tiempo para que la reconstrucción fuera efectiva.

2 Cf. A. BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 389; C. BEHR , Aelius Aristides ..., pág. 113.

3 Prolegomena III DINDORF , pág. 737 y F. W. LENZ , The Aristeides Prolegomena , Leiden, Brill, 1959. pág. 111-112.

4 §§ 1,4, 12. En §§ 16 y 19 se recuerda tanto el socorro prestado por la Hélade, como la ocasión para reunir a toda la misma.

5 La única mención a esta institución en § 15. Pero, puesto que está en plural, mejor hay que entenderla como indicación de todos los consejos de todas las provincias griegas.

6 A. J. SPAWFORTH y S. WALKER , «The World of the Panhellenion I. Athens and Eleusis », Journal of Roman Studies , 75 (1985), 78-104.

7 §2.

8 §§ 3 y 19-23.

9 Cf. § 3. He tratado el asunto de los terremotos y la conciencia cívica en un artículo sobre otro pasaje de la vida de Aristides, «Ciudad y terremotos», Ritual y conciencia cívica en el Mundo Antiguo . Madrid, 1995, págs. 171-179.

10 Cf. § 1.

11 Sobre los emperadores, cf. §§ 4-11. Sobre los griegos, cf. §§ 12-14.

XX. PALINODIA POR ESMIRNA

A mí, caballeros helenos, me ha venido a suceder lo mismo [1] que les ocurre a esos personajes trágicos que guardan silencio durante mucho tiempo, y después, cuando se presenta la ocasión, hablan dirigiéndose bien hacia el coro, bien hacia cualquier otro. Pues, después de haberme contenido todo este tiempo pasado, es decir, desde que ocurrió aquello que todos sabéis, y de no haberme lanzado a la consolación de mis conciudadanos ni de haber hecho otra cosa salvo haber escrito a nuestros jefes 1 en tanto que era algo oportuno, y salvo observar lo que se derivó en consecuencia, ahora, ya que los dioses han actuado con generosidad y nuestros reyes, conducidos en nuestro favor por la voluntad divina y manejando los asuntos humanos, tras rechazar un destino que era extraño al de la ciudad, han introducido a cambio un destino favorable y el que desde antiguo le convenía, creo que ahora podría ser el momento oportuno para hablar. Si me estuviera permitido moverme [2] a donde quisiera, presente allí os hablaría, pero puesto que el Salvador 2 me lo impide, únicamente me queda la posibilidad de dirigirme a vosotros por carta. Y si de esta actitud se puede ofrecer algún ejemplo, no es necesario sorprenderse; pero en justicia, si es algo que os conviene, nadie se puede sentir ofendido por ello aunque no se haya [3] llevado a cabo nunca hasta ahora 3 . Cuando me enteré de lo que había sucedido —pues en aquel momento no me encontraba presente en la ciudad sino que me había marchado con antelación, y tomad en consideración por mandato de quién 4 — canté algunas monodias 5 hasta que, por el sufrimiento, llegué a componer algunos discursos sin advertirlo. De ninguna otra manera, salvo entregándome a estos ejercicios, me hubiese sido posible resistir. Ahora es el momento de que imite a Estesícoro con su palinodia 6 , y no de guardar silencio en respuesta a mis súplicas después de haber cantado aquello que no quería. No obstante me parece que me distingo de Estesícoro en estos aspectos: pues éste compuso un segundo poema en compensación a sus desafortunadas palabras sobre Helena, mientras que yo, aquellas cosas que entonces alabé desde el dolor, esas mismas ahora las alabaré desde el gozo, ofreciendo palabras de buen augurio limpias de dolor.

A nosotros, caballeros helenos, nos tocó sufrir aquella [4] desgracia conforme a la fortuna común de los hombres, por la que no es posible recorrer nuestro camino hasta el final libre de desgracias. Pero también la reconstrucción ha sido posible gracias a la fortuna de la ciudad, gracias a la que nadie ha estado privado siempre de bienes. Esto podría llegar a comprenderse si se tiene en consideración la época en la que ocurrió. ¿Cómo alguien sensato no iba a atribuir a la parte de buena fortuna de la ciudad el que fuese derribada en aquel momento en el que no iba a permanecer en ruinas, ni iba a suponer algo parecido a la muerte de un hombre, como ya ocurrió antes con algunas otras ciudades, sino cuando iba a ser levantada sobre mejores fundamentos? El [5] hado observó, según parece, la conjunción. Pues la fundación de la más bella ciudad proporciona honor 7 a los mejores emperadores en todos los aspectos 8 y los que tienen todas las ciudades bajo su mando, mientras que para la ciudad el haber sido levantada por la acción de éstos y poder inscribirlos como sus fundadores transforma su desgracia en un hecho afortunado. Antes cantábamos a Teseo y a Alejandro 9 , uno el más humanitario de los griegos, creo, el otro el que más admiración generó de entre todos los reyes a causa de su ánimo para la guerra. Pero ahora hemos recibido los fundadores más gloriosos y grandes, aquellos que tienen sometida toda la tierra y todo el mar tanto por lo que de sus padres recibieron como, además, por lo que ellos mismos han adquirido, quienes son excelentes no menos en sabiduría, justicia, sinceridad y bondad, si no más, que en vigor [6] con las armas 10 . ¿Pues quién vive tan fuera de las columnas de Hércules o quién vive tan al oriente del Cáucaso que ignore su humanidad y magnanimidad? Éstos no han permitido que el nombre de Esmirna pase a la categoría de leyenda, sino que insuflaron cierta emanación de su fortuna a la ciudad e hicieron posible que no se lamentase la [7] ruina de la ciudad sino que se celebrase su fundación. En efecto se canta que un sueño de Alejandro fue el preludio de la fundación 11 , pero éstos tan gran desvelo mostraron que llegaron a levantarnos antes de que partiese el que iba [8] a anunciarles las desgracias que habíamos sufrido. Hicieron uso de los más divinos y gloriosos instrumentos, pues nos consolaron con sus palabras, demostraron lo que una vez Hesíodo profetizó 12 —qué gran cosa es la música nacida de la realeza—, proporcionaron todos los fondos para el remedio de lo que había sucedido y además para dotarnos de otros adornos. Y no les bastó con esto, sino que, como si participaran en el gobierno de su propia ciudad 13 , enseñaron cuáles eran los caminos para obtener dinero, convocaron a los que pretendían honores bajo la esperanza de ellos, y anunciaron la ayuda de obreros a quienes los quisieran, pero que no se molestarían si no los queríamos. E incluso nos ordenaron comunicarles cualquier otra cosa que necesitáramos para así darnos satisfacción. De este [9] modo, me parece que ni siquiera la totalidad del dinero de los hombres es equivalente a la atención continua que nos prestaron. Si es justo decirlo, esta atención hizo que el terremoto fuese algo provechoso para la ciudad. Pues antes de que se sufriese este golpe de fortuna, de ningún modo era evidente en qué grado se estimaba a la ciudad ni en qué modo los demás debían comportarse con ella 14 . Pero ahora es posible repetir aquello que dijo Temístocles, si es que debe creerse esta historia que sobre él se cuenta, que, después de recibir los regalos de manos del rey persa, dijo estas palabras a sus hijos, que ahora ellos habían sido salvados cuando se habían arruinado 15 . Pero en efecto, se cuenta que Temístocles dijo estas palabras después de haber perdido su patria, mientras que nosotros, además del recobro de nuestra patria, hemos recibido a la vez dinero, adornos, honores, a los emperadores como fundadores y consejeros, y todo lo mejor. ¿Acaso no es necesario decir que todo ha [10] sido digno de la fortuna invencible de los emperadores y de la buena fortuna de la ciudad, que ha proporcionado eterno reconocimiento tanto a ellos, por las circunstancias en las que se convirtieron en fundadores de la ciudad y actuaron, como para ésta, por las circunstancias en las que fue fundada? Estos actuaron con tanta exageración que no creyeron que fuera bastante lanzarse a la fundación espontáneamente, sino que, en lugar de aguardar a nuestros embajadores, ellos mismos se convirtieron en los embajadores de nuestros intereses ante el Senado de Roma 16 , estimando conveniente decretar aquello que ninguno de nosotros se hubiese [11] atrevido a pedir. ¿Acaso estos actos no han borrado de la memoria todos los lamentos y todos los recuerdos de las desgracias tanto privadas como públicas? ¿Y a cambio no se ha recuperado ahora la alegría, además de el felicitarnos, el deseo de vivir, si es que alguna vez lo hubo, por las esperanzas puestas en el futuro, y el de dar las gracias de manera conveniente a los dioses, a los emperadores, y al (consejo) que aceptó de buena gana las medidas de sus directores y que recordó lo que convenía de Esmirna?

[12] Es justo ahora también, caballeros helenos, que recordemos vuestra parte en la reconstrucción como miembros de la misma raza, es decir, que fuisteis afectados de la misma manera por estos acontecimientos y que nos mostrasteis el más evidente afecto, aquel mismo que siempre tuvisteis por la ciudad. Podría comprenderse mejor si observamos la actuación de la primera y más antigua ciudad de la Hélade, me refiero a Atenas: ¿cómo se comportó en los momentos desgraciados? Y no voy a contar lo que sigue porque crea que sea justo destronarla —jamás habría sido yo tan chovinista—, sino porque, a la vez que quiero consolar a mis conciudadanos, quiero demostrar a los presentes que es una virtud patria ser afortunado en cualquier circunstancia y forma parte de su estimable destino que le fue asignado en suerte. Cuando Atenas fue despojada de su [13] flota, fue privada de sus murallas y de todo su imperio, y llegó a tal punto que el pueblo fue obligado a exilarse de su patria —pues voy a pasar en silencio tantos acontecimientos que tuvieron lugar entre tanto—, pero cuando así fueron tratados, nadie, salvo Farsalia, Argos y Tebas 17 , le dio una muestra de agradecimiento, ni grande ni pequeña, por todos aquellos favores que habían recibido siempre de manos de Atenas, ni porque la ciudad había sido cantada como el baluarte de la raza 18 . Pero estas ciudades, las que ya he mencionado, recibiendo a los exilados y oponiéndose a quienes los reclamaban, devolvieron este favor a la ciudad que en todo les superaba, en donde dicen los oráculos que la buena fortuna se ha instalado 19 .

Continuemos. Vamos a considerar ahora las circunstancias [14] de nuestra ciudad, a ver si es propio de alguno de sus amantes avergonzarse de ella. Ésta, hasta estos momentos, había sido puesta como el paradigma de belleza de la ciudad, puesto que su contemplación dejaba encantados enseguida a los que llegaban tanto por tierra como por mar, y porque a todos aquellos que pasaban dentro mostraba y ofrecía los más bellos monumentos de los que la vista no podía cansarse, como tampoco podía cansarse de la duración de la estancia. Ahora sería interminable enumerarlos todos. Un poco más arriba ya hemos tratado 20 el afán que invadió [15] a nuestros gobernantes cuando fue necesario que la ciudad experimentase la parte contraria de la fortuna. ¿Pero qué muestra de buena disposición no se dio entre vosotros, hombres de nuestra misma dignidad? ¿En todas las ciudades y en los consejos provinciales 21 no hubo lamentos de quienes proferían grandísimos gritos y anhelaban la ciudad como si fuera su patria, de los que creían que se debían suspender las fiestas, y de los que pronunciaban discursos en su honor según sus capacidades 22 ? Os sentíais como si hubiese [16] tenido lugar la ruina de toda Asia. ¿Quién recuerda que en algún otro momento se hayan organizado en la Hélade acciones de socorro que superen a éstas? Llegaron víveres de todas partes, por tierra y por mar, para aquellos que permanecieron en el lugar, y surgió cierta rivalidad y celo entre las más grandes ciudades de ambos continentes, que los invitaban a venir a sus propias ciudades como si fueran conciudadanos y les enviaban vehículos y medios de transporte, pero que además aprestaron residencias, derechos a participar en sus consejos y toda clase de recursos, como si lo estuvieran haciendo en favor de sus padres o hijos; cosas similares aprestaron aquellos que carecían de tanta grandeza pero que no eran inferiores ni en ardor ni en [17] honra. ¿Quién no lo consideró como su feliz ocasión? ¿Quién no consideró que estaba recibiendo un favor más que prestándolo cuando recibieron como convecinos a hombres que tan preeminentes habían sido? ¿Quién podría llevar a término una relación completa de las aportaciones en dinero y las promesas para el futuro que se recibieron de ambos continentes, y todas las otras muestras de generosidad hechas conforme a la capacidad de cada uno? Y no por esta razón la ciudad creyó conveniente recibir todo sin distinción o como querían quienes lo ofrecían, sino sólo en tanto que para ella fuese mejor aceptarlo. ¿Qué necesidad [18] hay de enumerarlas atribuyendo a cada ciudad las suyas? Pues todos los pueblos que ocupan nuestra Asia mostraron para con la ciudad una unánime liberalidad en la reconstrucción de las más nobles de sus antigüedades. Unicamente con respecto a esta ciudad ese antiguo dicho —que quienes se encuentran en una situación difícil son olvidados por sus amigos— se ha demostrado que era falso 23 . Tanto renombre, gracia y gloria el hado le reservó incluso durante la desgracia.

Ahora se ha alejado todo cuanto había de fúnebre melodía [19] y de triste apariencia, y también el elogio que del dolor nacía. El continente se viste de blanco; la Hélade se reúne para su fiesta por un motivo dichoso; la ciudad, como en un drama, de nuevo crece desde sus fundamentos tras haber mudado su edad, siendo a la vez una ciudad vieja y nueva, como en la historia del ave Fénix que resucita de sus propias cenizas: pues no le pareció bien al dios que naciera un ave Fénix distinto en lugar del que había muerto y con posterioridad a él. Pero parece como si todo hubiera avanzado por su camino. Después de haberla fundado originariamente [20] Teseo, más tarde Alejandro la llevó hasta esta forma. Pero una tercera mano, la de aquellos que han resultado vencedores en todas las circunstancias, la ha levantado y reunido 24 . Pues por el amor que tenían a la ciudad, no creyeron conveniente cambiarla de lugar sino que la restauraron sobre sus huellas. La naturaleza de la ciudad, que considera a dos diosas como sus jefas 25 , requería una [21] pareja de fundadores. Y los puertos han recobrado el abrazo de su más querida ciudad 26 , y a su vez es adornada por ellos; nada impide al Meles tener vecinos 27 . En primavera y en verano las puertas están abiertas adornadas con coronas. Los coros de ninfas y musas bailan dentro de la ciudad y alrededor de ella; el céfiro no inquietará cuando sople 28 . [22] ¡Dichosos los ancianos que han alcanzado este día, en el que vuelven a contemplar Esmirna en toda su belleza! ¡Dichosos los niños que no sufrieron ninguna pérdida, pero que verán la patria tal y como sus padres la habitaron! ¡Dichosos los que están en la flor de la vida, que compartieron tanto los trabajos como los sufrimientos, pero que celebrarán sacrificios y fiestas con ellos mismos y con los que lleguen a esa edad, puesto que las esperanzas depositadas en el futuro son incluso mejores que los bienes presentes!

[23] ¡Zeus Poliado!, ¡diosas a quienes os correspondió esta ciudad!, ¡Posidón, que tienes parte tanto en el terremoto como en la salvación de él!, ¡dioses de los emperadores!, ¡dioses de los griegos! ¡conceded que esta fundación sea para nosotros un segundo intento mejor y más seguro, que proporcione una mayor alegría y fama a sus fundadores y buenos resultados para la ciudad para todo el futuro, y que mi actuación sea reconocida de alguna manera entre los griegos ahora y siempre!


1 Los emperadores Marco Aurelio y su hijo Cómodo; cf. XIX 1.

2 Asclepio.

3 No obstante, él mismo había actuado de manera similar muchos años antes con respecto a la ciudad de Rodas, cf. XXIV 1.

4 El autor parece que se está excusando por no haber estado presente en la ciudad y quiere aclarar que no había huido dominado por el miedo. Ésa era una actitud que con anterioridad había criticado. Cf. XLIX 38-9.

5 Cf. XVIII.

6 Según la leyenda, Estesícoro compuso un primer poema titulado Helena en el que reflejaba los rasgos más desagradables que la tradición había conservado sobre la mujer que fue origen de la guerra de Troya. A consecuencia de ellos, el poeta quedó ciego y no recobró la vista hasta que se retractó en un nuevo canto. PLATÓN , Fedro 234a.

7 Los emperadores como evergetas, benefactores; cf. P. GAUTHIER , «Les cités grecques et leurs Bienfaiteurs», Bulletin de Corresp. Hellénique Supplément XII, (1985), págs. 39-52.

8 Cf. XXVII 22.

9 Los dos fundadores anteriores de la ciudad. Ambos son considerados como personalidades excepcionales del mundo griego y no obstante son superados por los emperadores romanos.

10 Marco Aurelio, contra sus tendencias íntimas, se vio obligado a mantener una guerra perpetua en la frontera del Danubio. A. BIRLEY , Marcus Aurelius. A Biography = Marco Aurelio [trad. ital. C. DE GRANDIS ], Milán, Rusconi, 1990, págs. 199-229.

11 PAUSANIAS , VII 5, 2-3.

12 HESÍODO , Teogonia , 81-90.

13 Era práctica común otorgar con carácter honorífico el cargo de máxima autoridad municipal al emperador, quien normalmente se conformaba con nombrar un delegado.

14 El favor recibido de manos de los emperadores ha señalado a Esmirna como una ciudad especialmente querida por ellos. Esto repercute directamente en la perpetua rivalidad interciudadana.

15 PLUTARCO , Temístocles 29, 10 y Apophthegmata , 185F.

16 Esta reunión del Senado posiblemente se debe al hecho de que Asia era una provincia senatorial.

17 Después de la derrota en la Guerra del Peloponeso Argos y Tebas recibieron a algunos exilados demócratas atenienses, entre ellos a Trasibulo. Aristides constituye la única noticia de que Farsalia también participara en el socorro.

18 Cf. PÍNDARO , frag. 76.

19 Este oráculo es desconocido.

20 §8.

21 Debe entenderse que Aristides no está haciendo referencia sólo al consejo de la provincia de Asia sino a todos los demás de provincias griegas.

22 La destrucción de Esmirna produjo una profunda conmoción en todo el mundo griego surgiendo voces de lamento y solidaridad.

23 SÓFOCLES , frag. 667 N. Cf. ARISTIDES , I 60.

24 Esta versión entra en conflicto con XVII 3, XVIII 2 y XXI 3-4, donde Teseo aparece como segundo y Alejandro como tercer fundador.

25 Las dos Némesis, un culto particular de la ciudad. Son las diosas que aparecieron en el sueño de Alejandro incitándole a fundar la ciudad. Su templo estaba situado en el monte Pago, lugar del acontecimiento.

26 Cf. XVIII 6.

27 Quizás los muelles, pero también los habitantes de la ciudad.

28 Cf. XIX 3.

XXI

SEGUNDO DISCURSO DE ESMIRNA

INTRODUCCIÓN

Este es el último de los discursos que tiene como tema la ciudad de Esmirna, y posiblemente también la última obra conservada del sofista 1 Si se tiene en cuenta que todavía habla de los dos emperadores que reconstruyeron la ciudad 2 , es decir Marco Aurelio y su hijo Cómodo, habría que fechar la obra con anterioridad al 17 de marzo de 180, día de la muerte de Marco Aurelio y de la ascensión de Cómodo al trono en solitario. Por otro lado es evidente que la obra fue compuesta tras el terremoto de 178 y, aún más, en un momento en el que la reconstrucción de la ciudad estaba lo suficientemente avanzada como para prometer al visitante un digno espectáculo. Por todo ello este pequeño discurso habría que fecharlo mejor más cerca de 180 que de 178 3 .

La obra, al igual que XVII, está destinada a saludar a una importante personalidad que se dispone a visitar la ciudad. Puesto que no sólo se afirma que ya ha visitado Esmirna sino que se deja entender que también fue obsequiado con un discurso del sofista en aquella primera visita en la que acompañaba a su padre 4 , se ha querido ver la existencia de una vinculación directa con XVII. Para aquellos que pensaban que la primera de éstas estaba dedicada a Marco Aurelio cuando visitó la ciudad en 176, esta segunda necesariamente debía estar dirigida a Cómodo 5 . No obstante esto hoy parece imposible porque Aristides no hace ninguna mención directa al emperador como destinatario, habla en cambio de los dos emperadores que parecen estar vivos todavía, y por el hecho de que Cómodo no realizó nunca un viaje en solitario a Oriente. Así las cosas cobra fuerza la hipótesis de que el auténtico destinatario era el gobernador de la provincia para ambos casos, que debían ser padre e hijo 6 . No obstante, ante la ausencia de una pareja que reúna estas condiciones esta propuesta no pasa de ser una mera hipótesis a la espera de mejor confirmación 7 .

Por último hay que hacer notar la posibilidad de que ambas obras no estuvieran conectadas por la persona del destinatario, y que el padre del beneficiado con XXI hubiese sido objeto de un discurso perdido. La razón fundamental para esta opción reside en la disconformidad en algunas noticias que ofrecen una y otra obra. Aristides en XXI 3 recuerda algunos pasajes de la historia antigua de Esmirna y afirma haberlo contado con anterioridad. Pero esa misma historia es relatada de manera diferente en XVII 3. De esta manera se podría mantener el destinatario imperial para el primero, mientras que el segundo habría que suponer que estaba destinado al hijo de un gobernador provincial que también escuchó un discurso perdido del sofista. La cuestión permanece abierta.

La edición utilizada ha sido la de B. Keil y sólo se han introducido lecturas diferentes en dos pasajes, siguiendo la indicación del aparato crítico del autor en un caso, y en otro optando por la lectura de W. Dindorf que C. Behr aprobaba.



1 C. BEHR , Aelius Aristides.. ., pág. 114, n. 78, considera que el discurso LIII K es posterior a éste, aunque reconoce que esta fecha es muy insegura.

2 §2.

3 A. BOULANGER , Aelius Aristide.. ., págs. 154 y 162, lo fecha en el año 181. C. BEHR , Aelius Aristides ..., pág. 113 lo fecha en 179.

4 Cf. § 3.

5 A. BOULANGER , Aelius Aristide.. ., págs. 154 y 389-391.

6 C. BEHR , Aelius Aristides.. ., págs. 113-114.

7 Véase la introducción a XVII.

XXI. SEGUNDO DISCURSO DE ESMIRNA

Hubiese querido muy especialmente, mi admirable amigo, [1] que la ciudad apareciese tal y como la dejaste; pero puesto que no pudo ser, hubiese querido componer mi discurso allí presente, para que por estas dos razones me resultase de provecho, tanto por estar contigo como por gozar de la ciudad que ahora nos ha sido devuelta. Pero puesto que ha sucedido de esta otra manera, no pensé que estuviese bien que yo me mantuviese completamente al margen, sino que debería estar presente algún vestigio de nuestra voz para darla a conocer tanto a ti como a los griegos que estuviesen presentes, ya fueran ciudadanos o extranjeros. En general, se ha convertido casi en una costumbre [2] propia, cuando estoy ausente, participar con un discurso en alguna fiesta religiosa, puesto que dios 1 me lo indica. Para mí, el presente discurso es muy oportuno. Puesto que, cuando llegó la inesperada noticia, yo fui el primero que, en favor de la ciudad, la mencioné ante nuestros excelentes emperadores, no habiéndome demorado más de una noche 2 , es natural sentir que todo aquello que concierne a la glorificación de la ciudad también es de mi competencia.

[3] Recuerdas las antigüedades de la ciudad, puesto que las escuchaste durante tu primer mandato 3 , que compartiste con tu padre: el nacimiento de Zeus y las danzas de los curetes, la fundación de la primera ciudad en el Sipilo por Tántalo y Pélope 4 , la travesía de Pélope a la antigua Apia, que después recibió el nombre de Peloponeso por él, cuyo tercer descendiente 5 , después de haber llegado a ser el rey común de la Hélade, destruyó el imperio de los bárbaros. [4] Entre sus segundas glorias, Teseo como fundador, el nombre de Esmirna concedido a la ciudad, la raza ática, y la posterior inmigración de los jonios como a su propia patria 6 . Y la tercera ordenación y fundación, de manos de quien fundó los dos más bellos y grandes monumentos, uno esta ciudad, el otro la colonización del Nilo 7 . Tales cosas me oíste decir. Y hay una trirreme que se expone durante las fiestas de Dioniso y que es cantada en los Desembarcos 8 , símbolo de la antigua victoria en la que los esmírneos, que celebraban la fiesta de Baco, vencieron a los quiotas protegidos por escudos y barcos.

Todo esto eran cosas que el ojo iba descubriendo y no [5] solamente mitos o los relatos de fabulistas y poetas; pero, incluso si estuviese presente el propio Homero, podría haber considerado como más prudente callar que hablar sobre ello. Viste el ágora, hogar de los dioses; los puertos, que por una parte rodean la ciudad y por otra están situados en su mismo centro; la belleza de sus templos y recintos sagrados, ornados por igual tanto por la naturaleza como por las artes; todo el adorno de sus muelles, cómo están cogidos unos de otros. Viste también el más importante símbolo de la ciudad, la coordinación y la armonía de todos sus elementos que hace que todo aparezca como un único cuerpo, como si se hubiese construido desde el principio al son de la lira y la cítara, como reza la leyenda de las murallas tebanas 9 .

Bien. Con respecto a las antigüedades y a aquellas que [6] no lo son tanto, pero que, como se dice, eran visibles ayer y antes de ayer, tales cosas escuchaste, tales cosas viste. Nada humano, se dice, es inmutable, sino que incluso la tierra es cubierta por el mar y el mar se convierte en tierra firme, y hay ciudades que se han hundido bajo tierra y otras que han sido destruidas por las aguas celestes o marinas. Los cambios son propios del los linajes de mortales, y muchas son las maravillas del tiempo. Y he aquí que a [7] nuestra ciudad, cuya superioridad era tanta, le sobrevino de alguna manera un resbalón. De aquí se evidenció con claridad qué gran adorno fue para Asia, y no me refiero sólo a la que se extiende hasta las fuentes del Meandro, ni a la que delimita el sorteo de vuestros procónsules, sino a la que en un principio los griegos llamaron Asia y designaron especialmente como uno de los tres continentes 10 . Pero lo que quería decir es que al mismo tiempo que se producía la desgracia, todo parecía haber quedado desnudo y todo el [8] mundo la buscaba, como si fuera el ojo del cuerpo. Me refiero a que a la ciudad le aconteció ser destrozada conforme al destino y naturaleza común de todos los hombres, pero lo que siguió fue propio de la buena fortuna de la que la ciudad había sido partícipe desde el principio. Pues cuando 〈la ciudad estuvo sumida en aquellos extremos males que una vez la ocasión reclamó, fue la misma〉 ocasión la que ofreció su auxilio, puesto que tenía como jefes del universo, no a aquellos que iban a mirar con mayor indiferencia que nadie a la ciudad derribada, sino quienes, más que ningún otro, estaban dispuestos no sólo a volverla a levantar sino también a acrecentarla hasta la exageración 11 . «Todo esto se está cumpliendo», dice el hijo del Meles 12 . [9] Y para que todo el discurso no verse sobre los edificios, ¿quién no envidiaría y admiraría la nobleza del pueblo 13 ? Pues no se asustó por el desastre 14 , y no buscaron ni esperaron un mejor consuelo que el nacido de la obra y de la palabra de sus emperadores, de manera que lo que fue una ocasión de duelo se convirtió en una suerte de celebración.

Y lo que aconteció después nosotros sólo lo sabemos [10] de oídas 15 , pero tú, cuando lo veas, podrás incluso contárselo a otros. Pues no parece que la ciudad haya corrido una suerte muy diferente a la del relato mítico que se cuenta sobre su fundador. Sabes que los poetas dicen que Pélope, descuartizados todos sus miembros y cocinados en una caldera, fue recompuesto de nuevo como al principio con lo que había en la caldera; pero puesto que faltaba el hombro recibió en lugar del antiguo uno de marfil 16 . Y se cuenta que fue obra de Deméter. De igual manera, después de aquel caldero que quemó todo 17 lo que había en la ciudad, su segunda reorganización condujo a una sorprendente provisión de belleza, como si Posidón la hubiese sacudido con el tridente adrede, para verla más bella que antes. Como también se dice que actuó humanitariamente en Tesalia construyendo un desfiladero para el río Peneo para crear Tempe 18 . Antes no era posible concebir esta idea de superioridad, [11] sino que parecía que la ciudad era paradigma de belleza 19 . Pero ahora, nos hemos convencido de que no opinábamos con rectitud. Pues antes superó a las otras ciudades, pero ahora, como podría decirse poco más o menos, se ha superado a sí misma. Y creo que ha sufrido algo muy semejante a lo que experimentó su metrópoli 20 . No voy a recordar una imagen mitológica, sino algo que es forzoso [12] creer. Pues aquella, tras ser incendiada por los persas y quedar completamente destruida, creció por todos lados, y la desgracia resultó provechosa para la ciudad 21 . Por tal mano se alza toda, más venerable, más magnífica y mejor protegida; pero invoquemos a Adrastea 22 . Y aunque todos los ornamentos visibles son bellos, ha recibido otro mayor: pues sus fundadores son aquellos que tienen bajo su mando a todas las ciudades 23 , a los que nadie nunca ha superado ni en filantropía ni en obras realizadas. Ellos eran los únicos, creo, que tenían la capacidad de idear algo mejor [13] que la antigua Esmirna. Tal ha sido la retractación de la fortuna respecto a nuestra ciudad. La corona de Jonia se ha salvado justamente y Asia ha recobrado su adorno. Los acontecimientos de la ciudad son ejemplo para los desesperanzados, pues no se debe jurar que los que navegan con viento favorable no vayan a sufrir desgracia alguna, pero tampoco, una vez que el barco se ha roto, se debe perder la esperanza de que ocurra algo en nuestro favor.

Dejo ahora que otros honren al Meles 24 . De todas formas, [14] cuando se le ve, constituye su mejor adorno. Un río para el que el verano y el invierno son equivalentes, y no se ha desbordado nunca por las tormentas, ni ha sucumbido por las sequías, sino que como si fuese un objeto inamovible, siempre mantiene a través del tiempo una única forma, una única superficie. Y el Meles, ni es un río errático, [15] ni es capaz de salirse de su cauce, sino que se parece a un enamorado de la ciudad que no tiene valor para ausentarse durante mucho tiempo puesto que, creo, su amor por ella es infinito y su vigilia interminable, de manera que empezando allí mismo, allí también acaba, extendiéndose junto a una parte de la ciudad. Como los enloquecidos, parece que, movido por algún poder de las propias ninfas, he añadido estos cantos sobre el Meles aunque no me lo había propuesto. Quizás sea necesario reservarlo también para sus hijos 25 , como la otra parte del discurso.

Se podría considerar como un buen augurio que tú llegues [16] al mando de nuestras ciudades y que tu itinerario 26 se haya desarrollado de tal manera que hayas renovado perfectamente el mandato de tu padre por sus estancias en Esmirna. La oportunidad de la ciudad es grande. ¡Que su buena fortuna prevalezca siempre!


1 Asclepio.

2 Cf. XIX.

3 Quizás se esté refiriendo al discurso XVIII. No obstante lo que aquí recuerda que dijo no concuerda a la perfección con lo que escribió en aquél.

4 Cf. XVIII 3, aunque allí no se nombran ni Tántalo ni a Pélope como fundadores. C. BEHR , The complete Works.. ., vol. II, pág. 449 propone eliminarlo.

5 Agamenón.

6 HERÓDOTO , I 150.

7 Alejandro y Alejandría.

8 Estos Desembarcos no son mencionados en el primer discurso, XVII 5-6; quizás se aluda con ellos al lugar donde la barca sagrada toma tierra o a una parte del festival.

9 El asunto de Anfión y Zeto es repetido por Aristides en varias ocasiones; cf. XXVII 31. Véase HOMERO , Odisea XI 263; A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , págs. 186-190.

10 El cambio de significado de Asia, del continente como lo entendían los griegos, a la provincia romana de Asia, mucho más limitada, cf. XXIII 10.

11 Recuerda en definitiva la ayuda que de manos de los emperadores recibió Esmirna tras su destrucción por el terremoto de 178. Cf. XX.

12 El hijo del río Meles es Homero; cf. XVII 15 y XXXIII 29. HOMERO , Ilíada II 330.

13 En XVII 23 se negó a hablar del pueblo.

14 Por el miedo, tal y como el propio Aristides rescuerda, XLIX 38, que se instaló en la población de Esmirna durante una serie anterior de terremotos, aunque de menor virulencia, esta afirmación es claramente una exageración.

15 Después de la visita a la ciudad de Marco Aurelio y Cómodo durante el año 176, en la que Aristides estuvo presente, FILÓSTRATO , Vidas de los sofistas 582, el orador se retiró a sus propiedades familiares en Misia y posiblemente no volvió nunca más a la ciudad. C. BEHR , Aelius Aristides.. ., págs. 111-2.

16 Cf. PÍNDARO , Olímpica I 37-41 y OVIDIO , Metamorfosis VI 404-411. A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica 190. El omóplato de marfil de Pélope se exhibía en Élide en tiempos de PLINIO (cf. Historia Natural XXVIII 34), pero había desaparecido en el s. II; cf. PAUSANIAS , V 13, 6.

17 HERÓDOTO , VIII 32.

18 XVII 16.

19 La belleza era el gran atributo de Esmirna, e incluso aparecía en su titulatura oficial; cf. Inscr. Graec. ad Res Rom. Pertin . 1419-1421. Véase C. J. CADOUX , Ancient Smyrna , 171-201, donde se describen los monumentos más destacados.

20 Atenas.

21 Es la gran reconstrucción de la ciudad patrocinada por Pericles tras la invasión persa de 480 a.C.

22 Se identifica con Némesis y representa la justicia inexorable. Se la invoca para impedir el castigo divino por comportamientos temerarios o palabras culpables.

23 Es decir los emperadores Marco Aurelio y Cómodo, cf. XXI 12.

24 El río que corre junto a Esmirna, XVII 14-5 y 19.

25 La referencia es ambigua. Aquí se ha entendido como los hijos del Meles, que bien pueden ser poetas, herederos de Homero, o bien aquellas personas que critica en XXXIII 29.

26 Debe entenderse que lo que va a reeditar en iguales condiciones que su padre es el circuito por las principales ciudades de la provincia y no la carrera de magistraturas, como interpreta C. BEHR , The Complete Works.. ., vol. II pág. 363 n. 28. Se trataba del convento jurídico.

XXII

DISCURSO ELEUSINIO

INTRODUCCIÓN

A finales de la primavera, o durante el verano, de 170 d. C. 1 Grecia se vio alterada por la desagradable presencia de unos bárbaros en su territorio. La tribu de los costobocos había conseguido forzar las defensas del Imperio penetrando en los Balcanes, donde impunemente llevaron a cabo múltiples tropelías. La más significativa de todas ellas fue el saco y la destrucción del santuario de Eleusis 2 . El acontecimiento conmocionó profundamente a todo el mundo heleno, que creyó perder así uno de sus símbolos más eminentes, y una de sus esencias.

Aristides, tan pronto como se enteró de la noticia, compuso un discurso que leyó en el Salón del Consejo de la ciudad de Esmirna 3 . Formalmente la obra está compuesta por dos partes bien distintas. En la primera de ellas (§§ 1-10), el autor desarrolla un encomio del santuario donde alaba de manera destacada la buena fortuna de la que siempre gozó, incluso en las circunstancias más difíciles para los griegos. La segunda parte, mucho más breve (§§ 11-13), es una monodia donde lamenta la destrucción, se duele por el futuro de los griegos, tanto de aquellos que han sido iniciados como los que no, y maldice a los profanadores. La combinación en una misma obra de estos dos elementos diversos no era una innovación de Aristides. Según relata Filóstrato, Dionisio de Mileto ya había procedido de manera semejante en su Lamento por Queronea 4 .

El interés de Aristides por el santuario no era meramente religioso. Es cierto que en este discurso deja traslucir un mayor conocimiento de la realidad mistérica que el que efectivamente expone. Esto, junto con algunas otras menciones a la iniciación, ha hecho pensar en la posibilidad de que el sofista hubiese participado en alguna medida de los misterios 5 . Pero la evidencia es tan escasa que no permite llegar a una conclusión cierta. No obstante, otra faceta del santuario también era del máximo interés para Aristides: la consideración de Eleusis como metonimia de la cultura griega, que constituía el rasgo diferenciador de una Hélade integrada en el Imperio romano. Directamente vinculado con ello, existía una profunda conexión entre el poder imperial, la federación de los griegos, o el Panhelenion, y el propio templo 6 . Desaparecía de esta forma, o al menos así se creyó en los primeros momentos 7 , uno de los vértices de este triángulo que permitía a los griegos sometidos conservar su identidad. El futuro era incierto.

Se ha seguido la edición de B. Keil.


1 Cf. J. M. CORTÉS , «La datación de la expedición de los costobocos: la subscripción de XXII K de Elio Aristides», Habis 26 (1995), 185-191. Tanto A. BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 162, como C. BEHR , Aelius Aristides ..., pág. 110, lo fechan un año después, en 171, pero se trata de un error de cálculo.

2 Cf. A. VON PREMERSTEIN , «Untersuchungen zur Geschichte der Kaisers Marcus. II», Klio 12 (1912) 139-178.

3 Esta información la ofrece la subscripción del discurso. El valor de la misma: A. BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 468 y F. LENZ , C. BEHR (eds.), P. Aelii Aristidis Opera quae exstant omnia , vol. I, Leiden, 1976, pág. LXX.

4 FILÓSTRATO , Vida de los sofistas 522. A. BOULANGER , Aelius Aristide... . pág. 329-332.

5 C. BEHR , Aelius Aristides..., pág. 110, n. 62.

6 La exposición más clara del valor y significación de Eleusis se encuentra en ARISTIDES , I 31-39, y es directamente heredera de ISÓCRATES , IV. La relación emperador, Eleusis y Panhelenion es estudiada en J. H. OLIVER , Marcus Aurelius. Aspects of Civic and Cultural Policy in the East (Hesperia, supl. XIII) , Princeton, 1970.

7 El santuario fue rápidamente reconstruido por Marco Aurelio. G. E. MYLONAS , Eleusis and the Eleusinian Mysteries . Princeton, 1961, págs. 160 ss.

XXII. DISCURSO ELEUSINIO

Eleusis, hace tiempo me hubiese resultado más grato [1] cantarte; ¿qué Orfeo 1 , o qué Támiris 2 , o qué Museo habitante de Eleusis 3 , basta para tan gran desgracia? ¿Con qué cítaras y liras se llorará esta común ruina, común a toda la tierra? ¿Qué asunto es éste, Zeus, que te has propuesto? Yo, al acercarme para hablar me siento entumecido y quiero darme media vuelta, pero estoy obligado a hablar por este único motivo, porque no puedo callar. Pues ¿qué heleno o [2] qué bárbaro es tan torpe o ignorante, o quién vive tan apartado de la tierra o de los dioses, o, en suma, quién es tan insensible a la belleza —salvo los que van a perecer de la peor manera, aquellos que han cometido esta fechoría— que no considere a Eleusis como un santuario común a toda la tierra, y de entre todas la cosas divinas la más terrible y a la vez la más gozosa para los hombres? ¿De qué otro lugar o mito los presagios cantan cosas tan maravillosas, o las ceremonias proporcionan tan gran espanto, o lo que se ve rivaliza tanto con lo que se oye 4 ?

[3] Todo aquello cuando puede verse, lo han visto familias enteras de hombres y mujeres dichosos en secretas imágenes. Pero cuanto es de dominio público, poetas, fabulistas e historiadores, todos, las han cantado: que la hija de Deméter llega a estar desaparecida durante algún tiempo, pero que Deméter atraviesa toda la tierra y el mar buscando a su hija. Hasta ese momento no había sido capaz de encontrarla, pero al llegar a Eleusis le dio nombre al lugar 5 y, [4] tras haber encontrado a la muchacha, creó los misterios. Y ambas diosas entregaron el trigo a la ciudad de los atenienses y, a su vez, la ciudad lo entregó a todos los griegos y bárbaros 6 . Con estas acciones son acreditados Celeo, Metanira y Triptólemo 7 , y los carros alados tirados por dragones que los transportaban sobre la tierra y el mar. Los primeros extranjeros en ser iniciados fueron Heracles y los Dioscuros 8 ; la primera competición gimnástica tuvo lugar en Eleusis, en el Ática 9 , y el premio fue el grano que acababa de aparecer, de manera que experimentaron los hombres cuánto aumentaba su fuerza gracias al alimento cultivado. Anualmente entregaban los helenos las primicias de sus frutos a la ciudad de los atenienses como si se tratara de su propia metrópoli y de la de sus frutos 10 . Los Eumólpidas y los Cérices, quienes se remontan a Posidón y a Hermes respectivamente, suministran los hierofantes, unos, los daducos, los otros 11 . Y tales son las cosas que se refieren en el mito.

Después, una vez que habían vuelto los Heraclidas al [5] Peloponeso y había transcurrido algún tiempo, los dorios hicieron una expedición contra Atenas 12 . Pero cuando llegaron a Eleusis, avergonzados y, si es necesario decirlo también, asustados, dándose la vuelta retornaron por el mismo camino. La conmoción que en aquel entonces éstos [6] provocaron nos llevó a colonizar Jonia 13 . Cuando tuvo lugar la expedición persa y grandes dificultades y peligros afectaron, no sólo a la Hélade, sino también a todo cuanto se encontraba fuera del Imperio persa, muchos de los templos de Grecia fueron quemados y también la cúspide de la Hélade, la ciudad de los atenienses. Pero tan bien le fue a Eleusis que no sólo, como se dice, se mantuvo libre de ser saqueado sino que, cuando se trabó la batalla naval, salió Iaco para tomar parte en el combate como aliado de los griegos, y una nube que se había levantado y elevado desde Eleusis se lanzó sobre las naves acompañada de un cántico místico 14 . Jerjes, asustado, huyó y el propósito de los [7] medas fracasó. Cuando se produjo la guerra civil entre los griegos 15 y todo estuvo revuelto, únicamente Eleusis se mantuvo tranquilo en cierta medida. Y, ni la caballería de los beocios, ni las invasiones de los lacedemonios y peloponesios violaron el santuario, ni se acercaron a la imagen de los templos con otra cosa que no fueran los ojos. Cuando más tarde Esfodrias 16 atacó desde Tespias, bastó que aparecieran las antorchas para poner fin al atrevimiento. Todas las otras treguas se quebrantaron: y así, durante los juegos pitios, la Cadmea fue tomada 17 , y también los argivos condujeron la procesión a los juegos ístmicos, y la condujeron también los corintios, cuando por las armas unos a otros se dominaron 18 . Paso en silencio la batalla sobre el Alfeo 19 , salvo por el hecho de que aquí también queda como un signo de Zeus, y no de los malos, el valor y la victoria de los que habían sido despojados de sus derechos. Solamente las treguas mistéricas han conservado su nombre, y únicamente durante las fiestas de Eleusis la Hélade recobraba la salud. Es muy evidente que este festival es una catarsis tanto para las locuras como para todas las desgracias desacostumbradas. ¿Qué necesidad hay de exponer todos y cada uno de aquellos acontecimientos? Los Filipos, [8] los Alejandros, los Antípatros y toda la lista de dinastas que los sucedieron, aunque perturbaron innumerables cosas entre los helenos, entendieron que sólo Eleusis era verdaderamente inviolable y superior a ellos mismos. Y callo los celtas, quienes finalmente penetraron en la Hélade como libertinos 20 , y todos aquellos acontecimientos que de este cariz puedan añadirse. En todas estas circunstancias el templo escapó indemne. Sólo éste quedó como recuerdo de la antigua felicidad y dignidad para la ciudad y para la Hélade. Las batallas navales, las terrestres, las leyes, las constituciones, las glorias ciudadanas y los dialectos, todo, podría decirse, ha quedado atrás; se mantenían los misterios.

[9] Los otros festivales se celebran cada cuatro o cada dos años; sólo el de los misterios ha prevalecido como anual. Lo más grande y lo más divino es que éste es el único de los festivales que cuando se reúne se celebra en un solo edificio, y la muchedumbre de la ciudad y la del Eleusino [10] son equivalentes 21 . ¿Quién no se habría sentido alegre al ver las estatuas, las pinturas, la decoración que lo rodea, incluso las que están en la encrucijada de caminos, para no mencionar las que están en el anexo de los lugares más venerables? Pero el provecho del festival no sólo está en la alegría del instante, ni en la liberación y el olvido de las dificultades de tiempos pasados, sino también la obtención de dulces esperanzas para la muerte, como la convicción de una vida mejor y de no yacer en las tinieblas y en el fango que es lo que espera a los no iniciados.

[11] Todo ha sido así hasta este funesto día. ¿Qué lamento argivo, qué cantores egipcios o frigios 22 medirán en sus justas proporciones aquello que el hado nos ha confiado para que lo veamos y lo cantemos? ¿Qué Esquilo Eleusino 23 lo cantará a su coro? ¿Qué ardientes manantiales de Nauplio, como dijo Sófocles 24 , son dignos de ser comparados con esta pira? ¡Oh antorchas, por qué género de hombres habéis sido apagadas! ¡Oh temido y oscuro día, que has eliminado las noches refulgentes! ¡Oh fuego, cómo te has dejado ver en Eleusis! ¡En lugar de qué otro! ¡Oh nube y noche sin luna que ahora estás sobre la Hélade! ¡Oh Deméter, que hace ya tiempo encontraste a tu hija aquí!, ahora te queda tratar de encontrar tu templo. Y los misterios [12] ¡tierra y dioses! se aproximan. Este mes de Boedromión 25 requiere ahora otro tipo de clamor, no como cuando Ión gritó hacia Atenas 26 . ¡Oh aquella proclamación 27 !, ¡oh aquella lista de días y de noches sagradas!, ¡en qué día terminasteis! ¿A quiénes conviene lamentarse más, a los no iniciados o a los iniciados? Estos han sido privados de lo que han visto, aquellos de lo más bello que hubiesen podido ver. ¡Ay de los que han profanado torpemente los misterios! [13] ¡Ay de los que han visto lo invisible, enemigos comunes de los dioses infernales y celestes! ¡Ay de los helenos, verdaderos niños antes y ahora, que permitisteis tamaño mal que se acercaba! ¿Ahora no os ocuparéis de vosotros mismos, queridos caballeros? ¿No salvaréis a la propia Atenas 28 ?

SUBSCRIPCIÓN: Fue escrito el Eleusinio aproximadamente en el momento de los acontecimientos, en Esmirna, en el decimosegundo mes, en el proconsulado de Macrino, a los cincuenta y tres años y nueve meses 29 de edad. Se leyó en Esmirna en la sala del Consejo.


1 Músico y cantor mitológico de extraordinarias dotes. Se dice que acudían a escucharlo árboles, piedras, animales, y que los ríos detenían su curso para oírlo mejor. Cf. A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , págs. 95-96 y 481-482.

2 Músico, hijo de Filamón, que fue cegado por la Musas por haber competido con ellas. Cf. A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , págs. 471-472.

3 Museo, tercer músico mitológico y que recibió de manos de las Musas la lira de Orfeo, es considerado como Eumólpida y, por tanto, miembro de la familia que proporciona los hierofantes.

4 Son los tres elementos de los misterios que tradicionalmente se distinguían: drōmena , los movimientos y gestos de los oficiantes; deiknýmena (orómena en Aristides) todo lo que se enseña a través de estatuas, pinturas, etc.; legómena son las órdenes e instrucciones dadas por los sacerdotes. P. FOUCART , Les Mystères d’Eleusis , París, 1914 (1975), pág. 356.

5 Eleusis significa «advenimiento».

6 I 34-37. Este acto es considerado el nacimiento de la civilización. Así se interpreta al menos desde ISOCRATES , IV 28.

7 Celeo era el rey de Eleusis y Metanira su esposa. Ambos acogieron a Deméter, sin saber quien era, mientras buscaba a su hija y consiguieron distraerla y hacerla reír. Como premio la diosa les entregó el trigo y utilizó a Triptólemo, el hijo de ambos, para su difusión. A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , págs. 69-73.

8 Un tema repetido en Aristides, I 50, 374 y XL 11. Tanto Hércules como los Dioscuros estaban íntimamente relacionados con la mitología imperial, en la que la iniciación en Eleusis era un hecho importante. K. CLINTON , «The Eleusinian Mysteries», Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt II 18.2 (1989), 1499-1539.

9 I 362.

10 Esta práctica está documentada con seguridad para época clásica; cf. R. MEIGGS , D. LEWIS , A Selection of Greek Historical Inscriptions , núm. 73. Parece que fue recuperada y actualizada por Adriano; M. GUARDUCCI , «Adriano e i culti misterici della Grecia», Bullett. Commisione Arch. di Roma 69 (1941), 149-158.

11 Estas son las dos familias que ocupan los dos sacerdocios más importantes de Eleusis. Los Eumólpidas se consideraban descendientes de Eumolpo, hijo de Posidón. Los Cérices se remontaban a Hermes y Aglauro, una hija de Cécrope. PAUSANIAS , I 38, 2-3.

12 En esta guerra murió Codro, el último rey ateniense. I 87.

13 Fueron los hijos de Codro quienes llevaron a cabo esta empresa, cf. I 55.

14 HERÓDOTO , VIII 65 y PLUTARCO , Temístocles 15. Iaco es un dios poco conocido relacionado con Deméter (quizás su hijo) al que se le confundía con Baco; cf. Escolio a ARISTIDES III DINDORF , pág. 648, 213, 18. Su estatua era transportada desde Atenas al santuario a comienzos del festival. P. FOUCART , Les Mystères d’Eleusis , pág. 110.

15 La Guerra del Peloponeso.

16 General espartano, jefe de la guarnición de Tespias, que en 378 intentó tomar al asalto el puerto del Pireo, JENOFONTE , Helénicas V 4, 21-22.

17 En el 382 a. C. el general espartano Fébidas ocupó la Cadmea, la acrópolis de Tebas, durante la celebración de las Tesmoforias; cf. JENOFONTE , Helénicas V 2, 29.

18 390 a. C. JENOFONTE , Helénicas IV 5, 1-2.

19 En el 364 durante los juegos olímpicos. JENOFONTE , Helénicas VII 4, 29.

20 En el 278 a.C. los gálatas, mandados por Breno, franquearon las Termópilas e intentaron asaltar Delfos. Una tempestad de nieve, que los griegos consideraron enviada por el dios, los hizo fracasar. Aristides recoge y utiliza para otro fin el oráculo de Apolo que la anunciaba; cf. L 75.

21 El Telesterion tenía capacidad para 3.000 personas. P. FOUCART , Les Mystères d’Eleusis , pág. 351. Se aseguraba que prácticamente toda la población ateniense estaba iniciada, LUCIANO , Demonax 11.

22 El canto argivo era el de Lino, que las mujeres argivas cantaban todos los años; cf. CONON , 19. Los egipcios cantaban la muerte de Apis y los frigios la de Atis.

23 Esquilo había nacido en el demos de Eleusis.

24 SÓFOCLES , frag. 402 N.

25 Tercer mes del calendario ateniense, entre septiembre y octubre. Las fiestas de Eleusis empezaban el día 13 con la procesión de los efebos desde la capital al santuario. El primer día de Misterios era el 15 y terminaban el 22. J. D. MIKALSON , The Sacred and Civil Calendar of the Athenian Year , Princeton, 1978, págs. 54-60.

26 Ión ayudó a Atenas en su guerra contra Eleusis y se convirtió en rey de la ciudad.

27 Se realizaba el quince de Boedromion para no excluir a lo impuros de las celebraciones. P. FOUCART , Les Mystères d’Eleusis , pág. 311.

28 Aristides se queja amargamente de la ineficacia de los griegos para defender sus más venerables pertenencias. No obstante, algunos sí intentaron impedir la invasión de los costobocos, como es el caso de Mnesibulo, vencedor olímpico, que organizó una fuerza de Elateos. Cf. PAUSANIAS , X 34, 5; A. VON PREMERSTEIN , «Untersuchungen zur Geschichte...», págs. 150-151.

29 Se ha aceptado la enmienda de A. BOULANGER , Aelius Aristide , pág. 468 de sustituir la cifra seis por nueve, de manera que todos los testimonios fueran concordes. J. M. CORTÉS , «La datación de la expedición...», pág. 191.

XXIII

SOBRE LA CONCORDIA A LAS CIUDADES

INTRODUCCIÓN

El discurso XXIII, Sobre la concordia a las ciudades , es la obra más política de las que de se conservan de Aristides. Tras el panegírico pronunciado en la ciudad de Cícico con motivo de la inauguración del templo de Adriano 1 , nuestro orador se retiró a las propiedades familiares que poseía en Misia a finales del verano de 166. Allí, según relata en los Discursos Sagrados 2 , recibió una nueva orden de su guía y protector, Asclepio: debía emprender camino a Esmirna. No obstante, cuando ya se encontraba en ruta el dios decidió cambiar su destino final, éste ahora sería Pérgamo. Eran los primeros días del año 167 y en la capital de la provincia se celebraba el año nuevo; el día tres de enero se procedía a la proclamación solemne de votos. Las celebraciones estaban organizadas por la asamblea de ciudades de la provincia de Asia, o Koinón asiático. En estas circunstancias Aristides tuvo la oportunidad de presentar su discurso 3 . Lo hizo en el Salón del Consejo de la ciudad de Pérgamo que se estaba utilizando como sede de las reuniones oficiales.

Desde finales del s. I d. C. las ciudades griegas que estaban bajo el dominio romano venían enzarzándose en una serie de disputas que podían llegar a poner en peligro la estabilidad del orden romano 4 . La realidad era que no discutían por parcelas reales de poder como había ocurrido en los lejanos tiempos de la independencia griega —el Imperio no lo permitiría—, pero no por ello dejaba de tener consecuencias importantes. El objeto de la rivalidad lo definían como tà prōteîa , es decir aquel grupo de elementos que concedían la primacía o la preeminencia sobre las demás ciudades. En realidad, no eran sino un conjunto de concesiones meramente formales en la mayoría de los casos que servían para establecer un jerarquía ciudadana. Así por ejemplo, entre estos elementos figuraban designaciones honoríficas como «primera de Asia», también el permiso romano para levantar un templo en honor del emperador, que convertía a la ciudad en neocora o guardiana del templo —y aquí volvía a surgir la disputa haciéndose llamar algunas ciudades «primera neocora» o buscando una segunda concesión de un templo, o incluso una tercera—. No obstante, este clima de inestabilidad, aunque se tratara de una disputa que carecía de un auténtico contenido político, podía llegar a convertirse en una seria amenaza para lo que sobrevivía de la autonomía ciudadana. Las dificultades que la aristocracia urbana tenía para controlar el proceso, una vez que había conseguido excitar a sus respectivos pueblos para que se mostrasen hostiles contra sus vecinos, y las dificultades que tenía también para controlarse a sí misma, puesto que algunos miembros de las élites ciudadanas utilizaban la rivalidad como medio de ascenso social, podía acabar destruyendo hasta el régimen municipal en el que vivían. La permanente disputa ofrecía a los gobernadores un campo abonado para aumentar su intervención en ámbitos que en principio escapaban al ámbito de sus competencias. El último reducto de la libertad griega podría así llegar a desaparecer.

La situación había sido denunciada por algunos otros pensadores, entre ellos Plutarco y, especialmente, Dión de Prusa 5 . Pero ninguno de los dos había conseguido volver razonables a los protagonistas de tan desagradables prácticas. Aristides vuelve a intentarlo aprovechando la nueva coyuntura imperial. Acabada victoriosamente la guerra contra los partos, y estando muy reciente la presencia del emperador Lucio Vero, el sofista considera que ha llegado el momento para poner fin a esta situación. La propuesta del sofista consiste en reforzar la estructura de la asamblea provincial, del Koinón , de manera que deje de constituir el marco de la rivalidad para pasar a ser una institución fuerte con personalidad propia dentro del Imperio. Avala su opción política con la referencia a un mandato imperial (§ 73). Posiblemente sea una orden de Adriano a través de la que se exhorta a las ciudades griegas a entrar en concordia y definir así un nuevo parámetro de jerarquización. Si hasta ahora las ciudades intentaban destacar por la obtención de privilegios particulares, el emperador promete tener en especial estima a partir de ese momento a aquellos que se esfuercen por fomentar un nuevo clima en las relaciones interciudadanas.

Como es natural, resulta muy difícil medir los efectos inmediatos de una obra como ésta. No obstante existen algunos elementos que pueden llevar a suponer que constituyó un revulsivo en la situación de la provincia de Asia. Durante el reinado de Marco Aurelio se acuñaron monedas en las que figuraba el lema CONCORDIA y que se referían a Éfeso y Esmirna. En los primeros años de Cómodo otras monedas portadoras del mismo lema incorporaban el de KOINON 6 . Tímidamente al parecer se había entrado en el camino de la solución.

La obra se puede organizar en los siguientes apartados:

1-7:

Proemio.

8-26:

Elogio de la provincia y sus ciudades.

27-40:

Concordia y facción.

41-53:

Ejemplos históricos.

54-58:

Guerra y facción.

59-80:

La situación bajo el Imperio y ventajas de la unión.

La edición utilizada ha sido la de B. Keil, aunque se han aceptado algunas lecturas diferentes de W. Dindorf, y C. Behr.



1 Cf. la introducción a XXVII.

2 LI 18-29.

3 C. BEHR , Aelius Aristides ..., pág. 104. A. BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 162 colocaba el discurso entre 161 y 165, pero olvidaba la referencia al fin de la guerra pártica de § 3. Cf. J. M. CORTÉS , Elio Aristides ..., págs. 135-141.

4 D. KIENAST , «Die Homonoiaverträge in der römischen Kaiserzeit», Jahrbuch für Numism. u. Geldgeschichte 14 (1964) 51-64. A. R. R. SHEPPARD , «Homonoia in the Greek Cities of the Roman Empire», Ancient Society 15-17 (1984-86) 229-252. F. GASCÓ , Ciudades griegas en conflicto . I-III d. C., Madrid, 1990.

5 Cf. DIÓN DE PRUSA , XL, XLI y XLII. P. DESIDERI , Dione di Prusa. Un intellettuale greco nell’impero romano , Florencia, 1978, págs. 376-468.

6 R. PERA , Homonoia sulle monete da Augusto agli Antonini , Génova, 1984, págs. 105-109.

XXIII. SOBRE LA CONCORDIA A LAS CIUDADES

Muchos de los que se dedican a la oratoria, caballeros [1] helenos, tras elegir discursos sobre temas ficticios, acostumbran a intentar hablar todo el tiempo, pero suelen estar tan lejos de hablar como si no se ocupasen de nada de lo que concierne al tema. Otros, aunque desprecian estas prácticas, no acostumbran a dedicarse a un asunto más serio, sino que se vuelcan en temas concernientes a la disputa y a alborotar a quienes acuden a sus declamaciones, por medio de las que afligen a los que se encuentran presentes, pero por las que no consiguen, sin duda, presentarse como los mejores ni son capaces de mejorar a su público 1 . Además, [2] un reputado y antiguo sofista se enorgullecía de sí mismo al principio de un tratado, puesto que ni él estaba haciendo ninguna cosa de este estilo ni declamaba haciendo simplemente un ejercicio de ingenio, sino porque iba a discutir sobre estos dos asuntos, la concordia mutua y la guerra contra los bárbaros 2 , emprendiendo, a mi juicio, un muy excelente e importante tema de debate. Pero yo no veo que [3] de ningún modo sea oportuno hablar sobre la guerra contra los bárbaros 3 . Pues creo que el castigo de todos los que se han entregado corresponde a los dioses y a los emperadores y, hablando con el permiso de los propios dioses, no creo que vaya a haber ningún gran enfrentamiento, si se tiene en cuenta que, mientras que la totalidad de la tierra habitada se mantiene sometida con mano firme, una pequeña parte ahora se ha opuesto a su dominio por insensatez 4 . Pero hay una parte que resta, la mutua concordia, sobre [4] la que voy a hablar tan bien como pueda. Pienso que de mi continua dedicación y práctica de la retórica se alcanza alguna ventaja, especialmente para tal clase de certámenes. Pues no estamos declamando constantemente para no decir nunca nada útil, sino que, quien puede decir lo que debe y se atreve a ello, ése es el que demuestra que su discurso no se ha compuesto en vano ni al azar.

[5] Sé también que muchos oradores, como si encontrasen en ello un apoyo y un refugio, alaban a los que están presentes siempre y en cualquier circunstancia en la que hablen, y que hay muchos de los que han huido de otras ciudades que hablan mal de éstas ante aquellas otras en las que pudieran encontrarse, y principalmente si preexiste un desacuerdo entre ellas. Pero yo no podría ofrecer elogios que fuesen ilimitados si esto no conllevase también alguna ventaja y el que, en lo posible, la audiencia partiese mejorada; ni, en tanto en cuanto se debe ser agradable en justicia durante un discurso, podría honrar a la ciudad que está ante mis ojos, pero me substraería a satisfacer a las otras en lo conveniente. Ni en esta primera declamación separaré a las ciudades, como lo hacen muchos oradores malos, sino que ensalzaré a todas las ciudades en cuanto es conveniente a cada una de ellas, y empezaré mis palabras por aquí. Pues [6] creo conveniente que el que quiera conseguir la común amistad entre la ciudades no hable bien de unas y se refiriera mal a otras, sino que a todas recuerde con buenas palabras, para que desde el primer momento todas, puesto que están satisfechas, acepten con bonísima voluntad el consejo y, ya así, uno de los elementos propios de la concordia se cumpla. Pues si aceptáis ser elogiados en común [7] y ninguno de vosotros cuenta los elogios ajenos como descrédito propio, sino que cada uno os congratuláis con los elogios de los demás como si fuesen propios, en primer lugar, empezando desde el altar, haréis una demostración de concordia y, después, vosotros también os acostumbraréis poco a poco a hablar bien unos de otros y a pensar lo que en común aproveche a todos. Pero venir para recomendaros que entréis en concordia pero al mismo tiempo rehusar a ensalzaros, me parece tanto un acto de cobardía como propio de quien destruye su argumento, o si no, o bien del que lo ha intentado mal, o del que no sabe en qué manera hay que disertar sobre esta cuestión.

En primer lugar, en efecto, tomemos conciencia de la [8] total organización 5 de la que todos aquí formamos parte, igualmente grandes y pequeños, y en cuánto se cree que supera a las otras uniones tanto ante los jueces gobernantes como ante casi todos los demás. Pues ninguna otra organización [9] de entre todas presenta tantas ciudades en total, ni éstas tan grandes; además la belleza tan variada de la región, la proporción de las estaciones, los variados estilos de vida, su general disposición, cómo está colocada en el ombligo de todo el Imperio, ceñida, tanto en el mar como en la tierra, por muchas y pacíficas naciones 6 y razas dispuestas en torno a ella. Vive con la mejor organización y nadie podría acusarla de arrogancia ni de exceso de servilismo, sino que con una conducta comedida es administrada mejor que todas las restantes organizaciones que hay [10] bajo el sol. Hasta tal grado ha llegado su dignidad que, aunque es tan grande la región a la que el Fasis 7 y el Nilo ponen límite y que se extiende tierra adentro, y aunque a ésta en su totalidad los griegos la llamaban Asia en un principio, ahora, la parte que está junto al mar, tras haber arrebatado el nombre al continente, lo ha convertido en exclusivo [11] de ella 8 . Así prevaleció ante todas las demás. Además de esto, el respeto de los gobernantes, su benignidad y su condescendencia en todo han hecho que a la mayoría de los sometidos a la autoridad del Imperio les parezcamos mejores en lugar personas del mismo rango. Así pues, ¿por qué no es conveniente que todos nos enorgullezcamos de las circunstancias presentes, que todos pensemos sobre los bienes comunes de la misma manera que lo hacemos sobre los propios, que de ninguna manera formemos facciones contra nosotros mismos por asuntos por los que ninguno de los de fuera forma facciones, 〈y que no suframos〉 por no ser superiores en todo?

Sigamos adelante. Me voy a dirigir a las ciudades que [12] ahora luchan por la preeminencia 9 y entre las que ha surgido la mayor causa de disputa, no más por sus propias faltas, podría decirse, que por los otros que han tomado partido por una de ellas. Pues cada uno quiere injuriar en cuanto puede a las demás ciudades para favorecer a ésta para la que está favorablemente dispuesto. Pero yo, ni podría hacer una cosa semejante, ni pienso que cualquier otro que lo haga sea un hombre sensato, sino que voy a avanzar en dirección completamente contraria y celebraré a las ciudades en cuanto sea posible, haciendo uso de los principales elementos de elogio de una manera conveniente.

Empezaré por la que ahora nos acoge 10 y la que ha [13] ofrecido su Salón del Consejo para hablar sobre estos asuntos. Me parece conveniente omitir cómo una vez gobernó las regiones circundantes 11 , y cómo, más tarde, aquí tuvieron su principio estos ceremoniales de los que nos ufanamos 12 . Pero lo que en seguida se nos viene a los ojos es su Acrópolis, de tamaño considerable, que a lo lejos brilla desde todos los accesos a la ciudad, como si fuera la cumbre común de la nación. Bajo ésta, el resto de la ciudad, diferente en cada lugar, toma disposiciones y formas muy variadas. Podrías decir que muchas ciudades reunidas ocupan el mismo territorio, y que ocurre como si algunos, que eran vecinos, con el tiempo hubiesen llegado a ser conciudadanos, puesto que sus respectivas ciudades aumentaban continuamente. Hay monumentos, tanto antiguos como nuevos, que se extienden por toda la ciudad; uno solo de éstos, el que fuese, sería bastante incluso para ser ornato de toda [14] una ciudad. Muchas otras cosas se podrían referir de los demás distritos de la ciudad —tanto si se debe llamarlas partes de una sola ciudad o bien pequeñas ciudades. Pero ¿cómo sería posible pasar en silencio lo más distinguido de todo y lo que constantemente está en mi recuerdo 13 ? Me refiero a la última sección de la ciudad que ha sido consagrada al Salvador para la común buena fortuna de todos los [15] hombres. Pues cuando fue preciso que el dios cruzase a este continente, cruzó primero hacia aquí, e hizo a la ciudad cabeza de puente de su relación con todo el continente 14 . Y si, desde el punto de vista cronológico, esta colonia es la segunda que aquí vino desde la Hélade, tras aquella que llegó desde Arcadia con Télefo 15 , en dignidad y poder es la más venerable de todas las colonias. Pues el hogar de Asclepio en Asia ha sido fundado aquí, y aquí se levantan antorchas amigas para todos los hombres de manos del dios que los llama 16 , ofreciendo la auténtica y verdadera luz. Y ni la reunión del coro, ni la compañía en los viajes, [16] ni disfrutar de los mismos maestros es algo tan importante, como riqueza y ganancia es frecuentar juntos el Asclepieo y haber sido iniciado en los más excelentes ritos bajo el más hermoso y perfecto portador de la antorcha y sacerdote encargado de la iniciación 17 , y ante quien toda ley de necesidad cede. Yo mismo soy uno de esos que bajo la protección divina han vivido no dos sino muchas y diversas vidas 18 , uno de esos que piensan que por esta razón su enfermedad ha sido provechosa 19 , y de esos que además han ganado su favor, en cuyo lugar yo no aceptaría todo aquello que los hombres llaman felicidad. Y bien, nadie podría [17] decir que esta región no tiene puertos 20 , sino que es más correcto y justo decir que éste es el más seguro y sólido de todos los puertos, el que recibe más gente, el que destaca por su calma, en donde para todos los hombres se han colocado los norays de salvación de Asclepio. De esta manera, [18] ¿quién no sería prudente ayudando a una ciudad de tal magnitud y calidad, realizando votos conjuntos por ella, y atribuyéndole todos los elogios posibles? Pues yo pienso que, de la misma forma que esta ciudad es un bien común para todos los hombres gracias al poder de Dios, así también es justo que reciba de todos los hombres juntos afecto y honor.

[19] ¡Así sea! Pero ¿la ubicación de Esmirna es mala o algo hecho el azar, o es tal que se pueden encontrar ejemplos de ello en otros muchos lugares? Cuantos no la han visto no podrían entenderla con sólo imaginarla, pero aquellos que la han visto podrían decir que es obra de los dioses, como dice Homero que el escudo de Aquiles era obra de Hefestos, [20] como también las ciudades que en él había 21 . El aspecto que ofrece vista desde el mar o vista desde la tierra podría provocar una gran disputa entre quienes entran por mar y quienes entran por tierra: ¿cuál de los dos es más agradable? Pues como en una figura oblonga se levanta, si se considera como base la costa y la cumbre como la superficie de su lado superior, una figura que se va elevando desde la llanura y valles poco a poco y siempre con una apariencia semejante 22 . Pero en efecto, ésta no es su única perspectiva, sino que la del interior de la ciudad la supera. Pues todos aquellos ornamentos a los que se les ha atribuido una utilidad, ya sea porque proporcionan adecuados alivios a las fatigas del cuerpo, ya sea porque ofrecen al alma libertad y comodidad para los trabajos que le son propios, todos se han reunido aquí por medio de los templos, los baños, los puertos, las avenidas, de manera que nadie hay quien consagrase el tiempo a llamarla la más grande, encantado por la superioridad de su belleza. El mar, los ríos 21 y los suburbios son dignos unos de otros y todos de la ciudad, como si no hubiesen sido asignados a la ciudad por suerte sino por votación. Podrías decir aquello que dijo el poeta esmirneo: «sin hermandad, sin ley, sin hogar es aquel» 23 quien no ame primero la belleza de Esmirna, y sólo después cualquier otra cosa. Por otra parte, lo más grande [22] de todo y lo más honroso que se puede citar aquí son los coros de la Musas 24 y Gracias 25 que siempre frecuentan la ciudad, gracias a los que es propensa por naturaleza a despedir a sus visitantes, no sólo más contentos, sino mejores. De esta manera, ¿cómo va a ser conveniente que nos comportemos mal 〈con esta ciudad, gracias a la que nosotros〉 hemos mejorado mucho 〈nuestra capacidad retórica〉 y nuestras otras facultades, pero no nos hayamos mejorado gracias a sus misterios 26 ?, ¿y cómo va a ser conveniente que todos hagan sus progresos y prácticas de retórica principalmente aquí, pero no se le atribuya a ella, entre las primeras ciudades, todos los elogios y agradecimientos de los que la retórica dispone?

[23] Continuemos. Recordemos a la tercera ciudad, como si fuese la tercera libación 27 ; y digo la tercera en número y no ahora en rango, para que nadie que esté escuchando mis palabras entienda mi discurso de manera inversa. Y lo más grande que se puede decir sobre Efeso es que, aunque existan esas otras dos ciudades y aunque además se hayan dicho tales cosas sobre ellas, reste algo diferente por decir de [24] ésta y no inferior en categoría. Creo que todos cuantos viven dentro de las Columnas de Hércules y el río Fasis juzgarían rectamente al reivindicar a Efeso como algo propio, tanto por la accesibilidad de sus puertos como por todas sus otras muestras de hospitalidad. Pues todos son acogidos en esta ciudad como en su propia patria y nadie hay tan insensato, ni que se deje llevar tan rápidamente por las apariencias, que no pueda estar de acuerdo en que la ciudad es el tesoro común de Asia 28 y el refugio de la necesidad. Ni hay nadie que ame tanto hacer reproches que censure las fronteras de aquella ciudad. Pues su distrito es amplio cuando se marcha hacia el interior, pero también ocupa una gran zona de la costa; en todas partes es suficiente para suministrar cuanto es necesario a una ciudad y es bastante para todos los géneros de vida que los hombres puedan y se [25] propongan vivir. Y en verdad ¿cómo va a ser justo que esta ciudad sea provechosa para todos los hombres en común, pero que no reciba el común afecto de todos?, ¿y cómo va a ser justo que a todos importe igualmente que la ciudad florezca, pero que todos juntos del mismo modo no roguemos para que la ciudad florezca? Durante el tiempo de los persas, los bárbaros sintieron una gran veneración por Ártemis 29 , pero cuando el mismo templo se ha levantado más grande de lo que lo era antes y cuando se ha instituido el más grande Imperio, y a la vez el más venerable, de todos, ¿acaso no basta para llevar a los hombres a la amistad con la ciudad este único elemento, el honor que la diosa le presta, ese honor con que la diosa tiene honrada la ciudad y el que es justo que los hombres le concedan?

Y además, dos de estas ciudades 30 son fundaciones de [26] una sola y de un misma ciudad, la de los atenienses; probablemente nadie podría sentir vergüenza si a ésta se la llamara adorno de todo lo heleno 31 . Pero ésta otra 32 puede también, de la misma manera que la propia Atenas, jactarse de su cosecha de varones y héroes autóctonos; o si no, puede hacerlo de la misma manera que aquéllas, pues también sus colonos provienen de los autóctonos arcadios, de manera que, también por estas razones, es conveniente que las ciudades aprendan a conocerse mutuamente y que honren sus méritos 33 .

[27] ¡Así sea! Se ha expuesto con toda brevedad, según mi parecer, y a la vez no de torpe manera, según vosotros habéis indicado, lo que conviene, en interés público, que se restituya a los pueblos que forman esta provincia y a las ciudades que disputan por la preeminencia. Y os doy las gracias por recibir estas razones bien dispuestos. Lo que me queda es añadir el resto del discurso siempre que no sólo se vaya a sacar placer de su audición, sino que también se derive algún provecho. Y lo que a vosotros os queda es querer escuchar estas palabras con igual intención, para que no sólo honréis en el momento el discurso con buenos elogios, sino para que lo honréis recordándolo en todo momento y en todos los asuntos.

[28] Pues yo, excelsos varones griegos de la provincia, si cada uno de vosotros debiese abandonar aquello por lo que ahora se enorgullece para así conseguir una actitud conveniente y afable con los demás, yo por mi parte no os podría aconsejar que, perjudicando vuestros asuntos domésticos, honraseis los de los vecinos. Pero, cuando cada uno de vosotros tiene tantas razones por las que puede sentirse orgulloso y no hay necesidad de renunciar al orgullo para comportarse virtuosamente con los demás, no veo qué sentido tiene el desacuerdo, sino que incluso podría decir todo lo contrario, es decir, que es propio de quienes quieren salvar su propio honor comportarse afablemente con los demás, mientras que es propio de quienes vejan sus cualidades [29] dejarse arrastrar hacia la disputa y la envidia. Pues en la concordia radica el elogio de los demás y el escuchar cómo las virtudes propias son elogiadas, mientras que en la enemistad reside el escucharse decir mutuamente palabras que no convienen, de manera que cuanto más quiere uno ser alabado y disfrutar de sus posibilidades, tanto más se debe tomar la iniciativa de la equidad y hacer uso de la afabilidad. Lo más absurdo de todo sería apesadumbrarse por los bienes de los demás, perjudicar a los de uno mismo, e irritarse más si algún otro va a honrar aquello que merece ser honrado que si uno mismo no recibe voluntariamente de todos los demás los elogios que merece. Tan pronto como se disgusta con los bienes ajenos está claro que los envidia. Pero esto en absoluto es propio del que es superior. Ahora bien, también es conveniente considerar 30 que todas estas cosas, aquellas que poco antes exponíamos y otras semejantes que se pudiesen citar, como por ejemplo la belleza de los edificios públicos, el tamaño de los recintos sagrados, su adecuada situación, la abundancia de recursos terrestres y marinos, y todo cuanto pertenece a este género de cosas, se podría decir que son cosas propias de Fortuna, que tanto concede cada una de éstas como las quita cuando quiere. Pero la opción de la concordia y la decisión de usar actitudes convenientes con los demás es propio de quienes han tomado esta determinación. De esta manera, no es conveniente que aquellos que aventajan en fortuna sientan más orgullo que los que sobresalen por su determinación. Y también es posible decir que aquellas [31] cosas no pertenecen a todos los hombres sin distinción, sino sólo a los que las han construido, de quienes las hemos heredado, ya seamos sus contemporáneos o de generaciones posteriores. Pero la capacidad de tomar la decisión correcta y de actuar con sensatez pertenece prácticamente a todo el que quiera poseer estas facultades. De la misma manera que consideramos que la casa mejor construida no es aquella que tiene los mejores sillares sino la que se habita con una única determinación, así también es necesario pensar que las ciudades mejor habitadas son aquellas que han aprendido a pensar en concordia. Pues por todas partes la facción es terrible, tumultuosa, y semejante a la consunción 34 , pues lacera todas las fuerzas y, una vez que ha nacido, las sorbe y vacía, y no cesa hasta no haberlo aniquilado completamente, utilizando a las enfermedades como [32] agentes de su propia destrucción. Y está claro que conviene que ciudades que pertenecen a la misma entidad, ya sean tres juntas o más, emprendan lo que constituye también la más bella organización de toda nación y su más segura salvación. Pues éste no es el caso en el que aquello que es provechoso en común para todas la ciudades de la nación no tenga, de ninguna manera, el mismo significado para alguna de ellas individualmente. Pues, si rivalizan por la preeminencia, este hecho no convierte a la facción en algo mejor, sino que aquí precisamente podría encontrarse la [33] exageración. Pues si aquellos que tienen por digno ser los primeros piensan que a ellos les conviene lo que nadie podría decir que ni siquiera conviene a hombres vulgares, y no se guardan de ello con todas sus fuerzas, ¿cómo no va a adquirir la acusación un argumento añadido?, o ¿cómo no son cosas distintas lo que quieren y lo que construyen? Pues quieren ser celebrados más o menos como los mejores, pero podrían parecer que se encuentran, cuando actúan [34] así, en la mismas condiciones que los peores. Creo que, de la misma manera que todo el mundo pensaría que los generales son mucho mejores que sus soldados, o por lo menos no peores, las ciudades en las que recae la responsabilidad de hablar primero en el consejo provincial no deben dar muestra de menor inteligencia que las restantes ciudades ordinarias 35 . De la misma manera, ciertamente no sucede que la disciplina y el orden sean convenientes para los soldados pero indignas para sus generales, sino que, si el pueblo se presenta en orden, es necesario que sus conductores lo guíen en este aspecto principalmente, puesto que es imposible que el ejército mantenga la concordia cuando sus generales forman facciones y conspiran unos contra otros. Y así, en lo que respecta a las ciudades, es necesario pensar que principalmente a aquéllas, las que están al frente de la organización de la provincia, les conviene actuar con prudencia en beneficio de todas las que forman parte de la nación.

Me sorprende que en caso de guerra todo el mundo [35] pueda creer que afrontar el peligro en compañía de numerosos y linajudos aliados es algo que redunda es su provecho, pero que, cuando es posible disfrutar sin peligro de las ventajas presentes, si hay que compartirlas con otros, se considere un perjuicio, y que no se vaya a tener en cuenta que cuanto más merecedor de un alto rango se considere uno a sí mismo, tanto más es natural que quiera para los demás que sus asuntos marchen por buen camino, puesto que la preeminencia sobre hombres indignos no es honrosa mientras que la rivalidad con hombres insignes goza de una doble garantía. Pues en el que vence es honesto el aire de gloria; pero si todo acabase de distinta manera, tendríamos la posibilidad de consolarnos.

Es posible también aprender lo mismo de Homero. Ya [36] que el poeta es nuestra posesión más común, no es mala idea hacer uso también de él para estos asuntos. Pues aquél, digámoslo así, ensalza a todos los héroes e incluso a aquellos que son entre sí grandísimos enemigos, considerando que así la gloria sería mayor para los vencedores. Y al catalogar las ciudades honró a cada una de ellas de un modo diferente, pero a todas en cuanto era posible, sin dejar pasar de ninguna manera lo que pudiese proporcionar algún honor, aunque fuese pequeño 36 . Pues ligera, se dice, es la gracia de la buena fama. Píndaro 37 afirma, creo, que aquella exhortación, que no era necesario privar a los enemigos del mérito alguno cuando hubiesen hecho algo bueno, Heráeles [37] la recibió de uno de los dioses. Así, por naturaleza el acto de la alabanza es divino y no sólo es oportuno entonces, cuando vamos a comenzar los sacrificios, sino también en la mayoría de los asuntos humanos. Las propias expresiones del heraldo y de los sacerdotes, las que pronuncian cuando pedimos bienes a los dioses, son un símbolo de que los que usan de la alabanza todo lo posible resultán [38] agradables a los dioses. De esta manera, cuando esta suerte de discurso es propia de la petición de bienes, ciertamente es razonable pensar que, honrándolo siempre, actuaremos mejor y que también mantendremos el asunto en la mejor condición. Pero además, si esto es así, ¿por qué no debemos evitar la facción de acuerdo con lo ya dicho? Pues no hay nada que sea más contrario a la buena fama que este mal. Un solo mal se enfrenta a dos de las mejores cosas, ya que no permite decir ni hacer lo mejor, sino que trae insultos en lugar de elogios, desgracias en lugar de beneficios. Así donde se pronuncian buenas palabras también se consiguen éxitos, pero donde hay facción ninguna de las dos se salva.

Y quien de ningún modo cree conveniente quitar mérito [39] al vecino da la impresión que actúa con confianza en sí mismo, como si él no se considerase inferior de este modo. Pero quien convierte la ofensa a los demás en una ganancia propia, aparte de su otra infamia, se convierte en sospechoso con respecto a lo que disputa, como si no tuviese tanto que alegar cuanto quisiere. De esta manera no parecería que actúa así por valentía, lo que sólo podría llamarse así si se utiliza como un eufemismo para la arrogancia, sino todo lo contrario, por temor a la insuficiencia de sus propias cualidades. Pues como en las competiciones gimnásticas, [40] el hacer mal con otro tipo de lucha extranjera, después de haber repudiado la forma de lucha usual y acostumbrada, no es propio de los que tienen confianza en sí mismos ni de los que piensan que son capaces de ganar limpiamente. Y así también en estos asuntos la disputa sin medida y una actitud fuera de lo conveniente parecen ser propias de los que son inferiores en todos los aspectos. De manera que la facción es causa no sólo de envidia sino también de miedo, de soberbia, de insensatez y, en una palabra, de todo mal 38 y es absolutamente contraria al título que vosotros mismos os habéis impuesto.

A parte de esto, quizás podría haber una excusa para estar [41] mal dispuesto y ser hostil contra las gentes de otras razas, pero nadie podría decir que es propio de una actitud inteligente y afortunada mantener una posición tan desleal y facciosa contra uno mismo. Podríais comprobarlo haciendo uso de los ejemplos del pasado. Y si no son iguales los asuntos, ni las circunstancias semejantes, el buen sentido [42] siempre ha sido el mismo. Remontaos ahora a la antigua Grecia, pues sucede que prácticamente todos vosotros sois colonos de los griegos de allí. Pero no hablaré de nada nuevo, sino de lo que todos sabéis, de los lacedemonios y los atenienses. Pues aquellos, mientras pensaron lo mismo y mantuvieron la misma opinión, fueron admirados por todos los griegos y fueron la causa de muchos bienes mutuos y [43] de otros para quienes tenían necesidad de ellos. Cuando se coligaron, podría decirse, todos los hombres contra los griegos 39 de manera que el mar se llenó de trirremes y la tierra de infantes, y cuando la espera de los males que se avecinaban se consideraba una situación ventajosa puesto que todavía no se habían hecho efectivos los males mismos, no dudaron en lo que debían hacer. Sino que, aunque habían oído que la tierra y el mar se habían intercambiado 40 , que el sol se había ocultado por las flechas, que los ríos habían dejado de correr por causa de los que acercándose a ellos bebían 41 , que absolutamente todas las naciones y todas las ciudades habían pagado un impuesto para el banquete del rey 42 , y, además de todo esto, que el dios había despedido con amenazas extremas y miedos a los diputados que se habían acercado de Delfos 43 , ni se espantaron ni se dejaron superar por las dificultades que se les venían encima. Pero, aunque no una pequeña parte de la Hélade estaba enferma, algunos porque de manera cuidadosa se mantenían neutrales, si se debe llamar a esto de manera cuidadosa, y otros porque abiertamente medizaban, las primeras ciudades demostraron qué cosa tan digna es la concordia. Siendo unos fuertes en el mar y los otros en tierra, 44 en primer lugar se procuraron por ambos medios común socorro tanto a ellos mismos como a los demás griegos. Y entonces, y es lo que podría provocar mucha más admiración, no dividieron el mando sino que, como si una sola ciudad suministrara ambas fuerzas, les pareció bien hacer una voluntad común, un solo mando 44 . Y sucedió que no [45] fue menos satisfactorio para quienes renunciaron al mando que para quienes lo sostuvieron, ni se hizo merecedor de una palabra indigna para los griegos en aquel momento, ni después para todos los hombres. Parecía que los atenienses habían guiado a los griegos entonces puesto que ocupaban el primer puesto en dos campos, en la preparación contra el enemigo y en la equidad con todos, cuando ellos, que cubrían solos dos tercios de todos los trirremes, permitieron que los lacedemonios, que no ofrecieron ni diez, mandaran, pensando que, aunque las naves fuesen el doble de las que tenían, éstas no serían de ningún provecho en aquella situación si primero no construían la mutua concordia. Tras haber firmado esta mutua alianza, estando de acuerdo en [46] todo y estableciendo las mismas definiciones de lo que convenía, reconquistaron la propia Atenas que había sido tomada y ocupada por los persas, liberaron la Hélade, que había sido arrojada al mar y que había estado a punto de perderse toda, y adornaron la tierra y el mar con batallas terrestres y navales en las que vencieron como habían rogado a los dioses. Pero al que había igualado su imperio al de Zeus lo llevaron a tal grado de temor y de humildad que, después de saltar del trono, huyendo marchó de tierra en tierra, mientras que su flota huía por otro camino hacia el Asia interior 45 . Y trofeos se colgaban de trofeos, y se acordaron altares a Zeus Libertador, trípodes de todos los griegos en Delfos, ofrendas, diezmos y ornamentos de las ciudades, toda clase de donativos y otras cosas por el estilo 46 . [47] Y los atenienses obtuvieron la hegemonía sobre los griegos a cambio de todo aquello que entonces habían cedido oportunamente, recibiéndola de los propios espartanos voluntariamente, de la misma manera que entonces los atenienses, también voluntariamente, la pusieron a su disposición. Aquéllos, los espartanos, les entregaron lo mismo que habían recibido, y ni lo estorbaron ni lo discutieron, sino que, ya que consideraban que los atenienses los superaban en capacidad para las expediciones navales y las campañas militares lejos de la patria, después de licenciar a sus propios generales, a aquéllos les entregaron el mando. Tras esto vinieron Sesto 47 , Eón 48 , Chipre, Eurimedonte 49 , un catálogo adornado doblemente con victorias navales y terrestres, émulas de sí mismas. Se podría decir que todas las hazañas más hermosas se han enumerado una detrás de otra. Y los bárbaros se retiraron viendo en los griegos a sus señores en lugar de rey.

Estos fueron los resultados de su concordia, beneficios [48] generales para ambos, pero también beneficios comunes para todos sobre los que mandaban. Después formaron facciones por la hegemonía y, considerando a la equidad cobardía, estimaron la arrogancia como una virtud 50 . Los demagogos y los jefes de ambos bandos, en lugar de, previendo el futuro, impedirlo y apaciguar los ánimos, excitaron a la muchedumbre y enemistaron a las ciudades vendiendo todo el futuro por el placer de un día. El heraldo de los espartanos, como si hubiese sido enviado por alguno de los dioses, proclamó que aquel día era el comienzo de grandes males para los griegos 51 ; y éstos se hicieron realidad no mucho después. Los espartanos, que parecían ser 49 invencibles e indestructibles, fueron capturados vivos con sus armas y se mostraron deseosos de un armisticio 52 , siendo posible desde el principio convencerlos de que hicieran la paz. Pero los atenienses, puesto que sobrepasaron tanto a espartanos en esta guerra y antes se habían convertido en la causa de la libertad de los griegos, cuando, a continuación, se produjo aquella segunda guerra, la de Decelia 53 , y pasaron todas las pruebas, se vieron sufriendo aquello que no es posible decir sin lágrimas en los ojos, hasta llegar a destruir con sus propias manos sus murallas y a ser privados de todo su imperio 54 . Nadie alcanzaría a relatar los exilios y las muertes que afectaron a todos los griegos, [50] ni las fortunas aniquiladas en la total ruina. Los lacedemonios mantuvieron por su parte su imperio pero tras no mucho tiempo fueron expulsados del mar, pisoteados en tierra, y una tercera ciudad aventajó a ambas, la de los tebanos 55 . Y durante algún tiempo floreció maravillosamente entre los griegos. Pero ella tampoco estaba instalada en la virtud de la prudencia, sino que mientras que estaba en [51] ascenso a su vez estaba en decadencia 56 . Pero puesto que tres eran las ciudades y, de los griegos, algunos eran partidarios de los atenienses, otros de los lacedemonios y otros admiraban a Tebas, y puesto que no había nada común ni nada que se administrase con inteligencia y razones, en seguida vinieron las guerras focias 57 , las perturbaciones en las Termópilas 58 y algunos otros asuntos que ocasionaron vergüenza a todos. La última parte fue Filipo, emperador de los griegos, y Antípatro su señor 59 —pues omitiré a Alejandro—, pero todo aquello desapareció como agua sobre la tierra. Un pequeño residuo de Grecia, escasamente, ha llegado hasta vosotros; éste ha sido recobrado por la virtud de los que ahora nos gobiernan 60 . Entonces ¿os parece una pequeñez y una insignificancia la diferencia que existe entre la facción y la concordia? Si además queréis considerar [52] únicamente a los atenienses 61 , éstos, cuando atacaban los bárbaros, puesto que participaban en el estado con igualdad, fueron muy superiores a todos. Pero durante la guerra del Peloponeso, tras soportar todas aquellas desgracias, la derrota en Sicilia, defecciones de aliados, Ciro 62 , el rey 63 y a todos los hombres como sus adversarios, solamente por un motivo fueron confundidos, por haberse desunido, y no fueron derrotados por sus enemigos hasta que ellos mismos no lo quisieron. Cuando llegaron a este punto de fortuna de manera que el pueblo se había marchado de la ciudad al exilio, *** después, tras haber retornado, decretaron una amnistía, prestaron atención a las mejores razones, y de nuevo fueron casi como al principio 64 .

[53] Así, la amistad mutua y la concordia se convirtieron en causa de grandes bienes tanto para la nación en su conjunto, como para las ciudades directoras y para cada una de las demás ciudades en particular, y, contrariamente, la facción fue la causa de extremos males 65 . Pues no es posible que quienes hacen uso de un ánimo desfavorable intenten acciones bienintencionadas. Pero si alguien pensase que esto es una necedad, puesto que no hay ninguna guerra en la actualidad 66 , no se está dando cuenta de que es él mismo quien habla neciamente. Pues la cuestión es como sigue, [54] creo. Cuando hay guerra, la facción perjudica a los asuntos de la guerra, pero, cuando hay paz, es enemiga de los beneficios de la paz. Pues su ser siempre está inclinado por naturaleza a generar perjuicio, y el perjuicio está presente en todas las circunstancias. Pero lo más extraño de todo es que, por una parte, os mostréis muy agradecidos a los gobernantes porque de los males de la guerra os guardan indemnes 67 , mientras que, por otro lado, vosotros voluntariamente escojáis aquello que es un mal mayor que la [55] guerra. Pues la facción es tanto más amarga que la guerra cuanto la guerra se lleva con éxito desde la concordia, pero la paz es destruida por la facción. En la guerra muchas veces es posible no sufrir ninguna desgracia, pero en la paz nada es útil si se hace uso de la facción. Además, la facción acaba con la paz, pero la guerra en ocasiones acaba con la facción. Así de preferible es la guerra a la facción. Realmente donde hay facción allí también hay guerra de unos contra otros, pero donde hay una guerra legal 68 el peligro es más simple y hacedero. Con respecto a la guerra es posible [56] hacer uso de ambos argumentos, tanto que es necesario hacerla como que no lo es, pero con respecto a la facción nadie ha tenido la audacia nunca de decir que todo iría mejor si la hubiese ni, si ya ha ocurrido, que sería mejor que continuase. Sobre las guerras algunos dicen que no deben terminarse, pero sobre la facción nadie nunca dijo francamente que no debiera terminarse lo más rápidamente posible. Y con razón. Además, las guerras han llevado la [57] reputación de prudencia y valentía a quienes las arrostraron, hicieron que se apreciara más a gentes que antes eran desestimadas, y prepararon el bienestar para los tiempos venideros. Pues el dominio por medio de las armas sobre los enemigos hace, creo, a los hombres menos despreciables; y esto no es una pequeña contribución para habitar con seguridad su propia tierra. Pero la facción es como si fuera el resumen de todos los vicios y males, y no sólo no les permite ser superiores a los demás, sino que no les permite ser iguales a ellos mismos. Pues no penséis que si nada irremediable ahora ocurre, —y que jamás ocurra, ¡oh Zeus y dioses!—; pero se dice que no es necesario salvar la [58] semilla de los malos frutos. Se debe también creer que Homero decía la verdad cuando afirmaba que la discordia empezaba siendo algo muy pequeño y crecía hasta convertirse en algo muy grande. Pues, aparte de que él compuso toda la Ilíada con este argumento y de que todo el poema es un reproche de la facción, una vez pronunció estos versos claramente contra la discordia:

Ésta al principio poco se levanta, pero después en el cielo firmemente apoya la cabeza mientras sobre la [tierra marcha 69

Pero yo no puedo estar de acuerdo en que la discordia llegue hasta el cielo, porque formidables son las puertas de Zeus para cerrar la entrada a todo infortunio. Y podría mantener con fuerza que, sobre todo, este mal tiene sus límites circunscritos a los hombres.

[59] En una palabra, ninguna recompensa que haya bajo la tierra o que esté a la vista de todos, creo, se debe pensar tan grande que sea merecedora de tamaña locura. Y, si también es necesario decirlo, pensemos que en aquel tiempo para los lacedemonios, como para los atenienses y los tebanos, además, había cierta dignidad en las acciones que emprendían contra ellos mismos, pues la dirección de los helenos, el creerse señores para dirigirse a ellos mismos, ir junto a aquellos que los necesitaban, las recaudaciones de impuestos, y otras muchas cosas parecidas, se consideraban como el germen de la rivalidad, aunque sus acciones no eran, creo, completamente deseables —¿quién podría afirmarlo así teniendo sentido común?—. Pero al mismo tiempo se podría decir que la enfermedad tenía algún sentido 70 . Pero [60] vosotros, caballeros jonios, y vosotros, caballeros autóctonos, o arcadios, o de la manera que os complazca que os llame, si alguien os preguntase por qué estáis divididos en facciones, rivalizáis, os agitáis y estáis cegados por la soberbia, ¿qué contestaríais, por los dioses? ¿Por qué clase de hegemonía hacéis esto, o por qué aliados, o por qué puertos, trirremes, impuestos o lugares? O ¿qué es eso tan grande que prevalece sobre la razón? No vuestros antepasados [61] 71 —por Zeus, concededme el derecho a expresarme con franqueza; seguramente los médicos no curan todo por medios placenteros, pero hay que contentarse si no curan la mayoría de forma desagradable. Continuemos. Vamos a recordar con brevedad algo sobre este aspecto por si al escucharlo deponéis al menos un poco de vuestro orgullo—. Aquellos hombres, vuestros antepasados, ciertamente estaban contentos si tenían a alguien como su conductor, y vivían en esta situación, unas veces pensando que los atenienses eran sus bienhechores porque los había liberado de los bárbaros, otras, que sus benefactores eran los lacedemonios porque los habían liberado de los atenienses, y a su vez se entregaron de buen grado a Filipo y Alejandro. ¡Así de ocupados estaban por ser los primeros! Pero con respecto [62] a la situación actual y al orden divino que por buena fortuna se ha fundado 72 , ¿quién hay tan niño o anciano 73 privado de entendimiento que no sepa que una sola ciudad, la primera y la más grande, tiene toda la tierra bajo su dominio, que un sola casa lo dirige todo, que los gobernadores vienen a nosotros anualmente, y que a ellos se les ha encargado ocuparse de todo, tanto de lo grande como de lo [63] pequeño, por donde a ellos les parezca mejor? ¿Por qué entonces sabiéndolo, dime, nos causamos a nosotros mismos preocupaciones, soñamos, y luchamos por una sombra 74 , y cuando nos es posible disfrutar de la paz que éstos, habiéndola construido de manera adecuada, nos procuran, molestamos a aquellos que nada necesitan 75 , y nos deseamos males que nosotros mismos nos procuramos, como si [64] no supiésemos hacer uso de nuestros bienes? ¿Quién no malinterpretaría la manera en la que ahora nos comportamos con los gobernadores? Pues es amistosa, creo, y fiel. ¿Por qué no? ¿Quiénes más que nosotros? Pero nos relacionamos con ellos mezclando, no sé cómo, arrogancia con adulación. Pues cuando cada uno de vosotros cree conveniente servirlos más de lo que aquéllos necesitan, fija el tiempo que deben permanecer entre vosotros 76 amenazando con no soportarlo si no se dejan persuadir, les promete, tanto si quieren como si no, obedecerles en todo, y les ordena que se sirvan de ellos exclusivamente o de manera principal, pero, a la vez, se cree dueño de no tener que hacer lo que ellos determinen 77 , ¿qué podría decirse de esto sino que es la unión de prácticas diferentes, cuyo comienzo no ha llegado a ser más sorprendente que el hecho de que no queráis abiertamente ponerle fin? Pues los peores hombres empezaron tales prácticas, pero les ponen fin los mejores 78 . De esta manera, ¿cómo no sería una completa desgracia querer prestar atención siempre a los peores, pero a nosotros, los mejores, no querer hacerlo ni cuando llega nuestro turno? Me maravillo de que os gloriéis de modo [65] especial de los templos y certámenes que consideráis propiedad de toda la provincia 79 , y que por ellos mismos entréis en disputa 80 . Y en verdad, cuando rivalizáis por estos temas, de cuya comunidad os enorgullecéis, ¿os mostráis de acuerdo sobre el futuro? Pues yo creo que en esto se distingue lo común y los privado, y que el discurso de los sabios significa esto mismo, que es necesario que todo sea común para los que tienen la intención de vivir lo mejor posible. Pues donde cada uno posee sus cosas por separado, también el provecho es particular de cada uno, y de aquí surgen las facciones, las luchas y las discrepancias: pues aquella frase, «eso no es tuyo sino mío», es el comienzo de toda rivalidad. Pero donde creen que todo es común, comparten también un mismo sentir sobre sus bienes.

Y en verdad, vosotros mismos, como si hubieseis hecho [66] de los títulos refutaciones de la facción, llamáis comunes a los Salones de los Consejos, comunes a los templos y a los certámenes, y común a todo aquello que se podría decir que es importante. Y en verdad, ¿cómo no es forzoso equivocarse de una de las dos maneras? Pues si correctamente os sentís orgullosos porque estas cosas sean comunes ¿por qué no debéis avergonzaros al disputar por ellas? Pero si nada de esto es digno de consideración, ¿cómo va a ser [67] conveniente que os sintáis orgullosos de ellas 81 ? Pues si hasta ahora esto se os hubiese ocultado y alguien, descubriéndolo, os mostrase que una parte de todo esto también pertenece a los demás y que no es exclusivo de quienes lo poseen, sino que, como el dinero, es común a todos, y que no es posible privar a los demás del honor que de ello se deriva, creo que, como es natural, todos pondríais fin a vuestras discrepancias. Pero el que vosotros, aun sabiéndolo, dándoles esos nombres y aun enorgulleciéndoos de la denominación, desviéis el germen de la concordia hacia la facción, abuséis de la buena fama de los nombres para crear dificultades en vuestros negocios, y enferméis por todo aquello que evidentemente os libraría de la enfermedad, ¿quién no diría que es lo mismo que si algunas personas, en lugar de mejorar gracias a los fármacos preparados para su curación, llegasen incluso a morir por ellos? ¡De ningún [68] modo, nobles hombres! Nadie podría indignarse porque queráis ensalzar vuestras propias patrias u honrar los bienes que tenéis, pero yo os aconsejo suprimir lo que de desagradable hay en ello. ¿Queréis que os diga cómo sería esto? Pero escuchad con el ánimo favorablemente dispuesto. Mis buenos amigos, esto es posible si moderáis un poco vuestra admiración por las piedras, si pensáis que vosotros mismos sois más dignos que los edificios, y si creéis que es verdad este antiguo dicho 82 , que ni las murallas, ni los odeones, ni las estoas, ni el adorno de los elementos sin vida, son las ciudades, sino los hombres que saben confiar en sí mismos. Esto no significa ni desdeñar a la ligera lo de [69] vuestros vecinos, ni creer que vosotros lo tenéis todo. ¿Cómo? Sino que el buen sentido es algo pequeño y sencillo. Pues quienes en sus decisiones lo tienen consigo apenas se refugian en murallas y puertos, y apenas también tienen necesidad de dinero, de estoas y de todo honor traído de fuera, sino que saben que incluso acampando al aire libre no son peores que los babilonios que se emborrachan puertas adentro 83 . Y lo que más contribuye a su buen ánimo: pues no piensan que son una añadidura de sus propiedades sino que consideran que todo cuanto pudieran poseer está por detrás de ellos.

Además, aquellos ornamentos requieren también de dinero, [70] de tiempo y del trabajo de los artesanos, mientras que este otro está expuesto en público a disposición de todos los que sean capaces de verlo, y no necesita de ningún esfuerzo, sino que basta con querer poseer este bien 84 . Es necesario que los que mantienen un juicio recto quieran sobrepasar a sus enemigos en todo, pero también es necesario que sepan dejarse superar por sus amigos cuando sea la ocasión 85 . Pues no toda victoria es bella ni viene a los [71] hombres de parte de los dioses; la tragedia está llena de quienes así lo aconsejaron. Uno de estos dice así:

pues mandarás a tus amigos, pero sin dominarlos cuanto [quieres 86

A su vez otro dice:

mandas a tus amigos cediendo ante ellos 87

Demóstenes, cuando escribió a los atenienses sobre la concordia, dijo que una derrota en tales circunstancias se considera entre las personas prudentes una bella y conveniente victoria, refiriéndose a la manera en que los hijos son superados por los padres, si también los ciudadanos ceden [72] ante sí mutuamente 88 . Si vosotros también quisieseis usar de estos razonamientos y, en primer lugar, estuvieseis en tal disposición que os convirtieseis en vuestros amantes en la consideración de que ni el más bello, en cierta manera, está enamorado de sí mismo 89 sino de algún otro, y, a continuación, también a vuestros líderes y a los que os gobiernan se les ocurriese usar estos encantamientos con vosotros en plena seguridad y, de la misma manera que ahora consiguen decir y hacer 90 todo cuanto provoca rivalidad, así en el futuro se ejercitasen en la amistad y concordia mutua, probablemente, de la misma manera que cualquier otro asunto que recibe el cuidado conveniente, también vosotros podrías arreglar este conflicto y todo quedaría firmemente establecido, por decirlo con una expresión de plegaria. Pero ahora nos encontramos en un estado tal de irreflexión [73] que disputamos y luchamos por lo que creemos que no nos va a ofrecer ninguna ganancia, mientras que en nada estimamos aquello de lo que nos sería posible gozar si hiciésemos uso de la equidad, y esto, como ya he recordado, cuando el mejor de los emperadores y el que aventaja a todos en formación 91 escribió, él mismo, sobre estos temas de manera expresa al principio de su reinado y prometió que consideraría a quienes voluntariamente comenzasen la concordia como los mejores y óptimos 92 . Ahora, cuando [74] sobreviene un seísmo o algún otro peligro, nos descubrimos mutuamente, realizamos sacrificios conjuntos, y unos dicen que se han salvado gracias a los otros 93 , de manera que puede ser conveniente dar las gracias a estas situaciones de peligro. Pero cuando nos encontramos seguros en nuestras circunstancias y hacemos lo que queremos, nos convertimos en nuestros propios terremotos y no podemos vivir en paz ni tener ningún sentimiento de comunidad sino que, como una balanza a la que se la ha quitado la carga, nos movemos arriba y abajo en vano. Así parece que hay incluso algo de molicie en el asunto 94 .

[75] ¿No lo pararéis, singulares varones, y comprenderéis que estas cosas por las que tenéis interés, incluso si son de algún valor, no son sino mortales y de segunda clase? ¿No comprenderéis que el buen juicio es lo más provechoso de todo para los poderosos, y que no una pequeña cantidad de éste se necesita para consolidar la amistad? Pues si, por una parte, en las operaciones de sitio lo más perjudicial de todo es dividir las guarniciones, no creáis que, por otra parte, en el gobierno de las ciudades muchas facciones son provechosas, sino que también la armonía prevalece aquí [76] como en otras ocasiones. Éste es el verdadero adorno de las ciudades, éste es su más grande salvaguardia, ésta es su más bella disposición. Estas cosas son propias de los que miran hacia arriba, no hacia las minas y las rocas; de aquellos que realmente han visto la naturaleza, pero no la naturaleza de las piedras y maderas sino la naturaleza bajo cuyo mandato todo el universo se conduce; éstas son propias de quienes han tomado la parte que nos corresponde de la divina constitución, pues una única voluntad y el poder de la amistad gobiernan todo el cielo y el cosmos, que ha recibido [77] la ordenación y el nombre más bellos 95 . Conforme a este poder, el sol avanza manteniendo su lugar por siempre, las fases de la luna y el curso de los astros se cumplen, se mantiene el paso de las estaciones, se guardan las posiciones fijadas para cada uno de los elementos con respecto a los demás y sus convenientes distancias y, a su vez, las armonías, puesto que el acuerdo prevalece y no se da ni ocurre ningún enfrentamiento sino que todo está sometido a la divina norma y hacen uso de un único juicio sobre todo lo que conviene. De esta manera, si imitar a los dioses es propio de hombres prudentes, sería también propio de hombres prudentes pensar, en cuanto sea posible, que todos ellos juntos son una sola cosa.

Tenéis ante vuestros ojos el más grande ejemplo humano [78] de esta actitud, nuestros emperadores 96 absolutamente óptimos, cuya concordia y ardor mutuo parecen ser las mejores de sus muchas y grandes virtudes. Y así, aquellos que gobiernan todas las ciudades, tanto grandes como pequeñas, lo comparten todo. Y ¿por qué no es extraño que nos consideremos dichosos porque nos gobiernan tales emperadores pero no queramos imitarlos en todo cuanto sea posible? Y así, los reyes regirían los asuntos de los hombres [79] excelentemente asemejándose ellos mismos a los dioses, señores del universo, pero las ciudades se regirían muy bien si marchasen lo más cerca posible del juicio de los gobernantes. Pues, mientras que sucede que nosotros somos honrados de manera especial tanto por los emperadores como por los supervisores que nos llegan anualmente 97 —pues por donde empecé, por allí también voy a terminar—, ¿cómo no es conveniente un gran cuidado para no mostrarnos actuando de una manera que a ellos no les parezca adecuada? Muy al contrario. ¡Por los dioses y por los divinos emperadores, y por todo cuanto es bueno y apreciado! ¡aspiremos a ponernos en orden y a rivalizar entre nosotros, si me está permitido decirlo, en un único desafío: quiénes empiezan primero la concordia y quiénes muestran más, y más preclaros, actos de virtud hacia los demás 98 !

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13 ноября 2024
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484 стр. 24 иллюстрации
ISBN:
9788424932626
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