Читать книгу: «Irresistible»

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Por años Roma y yo nos hemos esforzado por ser cristianos inquietos. Inquietos, pero inteligentes. Andy ha capturado las dos ideas en una sola palabra, “irresistible.” Pero como estás a punto de descubrir, él ha hecho más que eso. En Irresistible, Andy nos ayuda a encontrar de nuevo la versión original de la fe. ¡La versión que de hecho fue irresistible! ¡Nos gusta mucho este libro!

—Mark Burnett, productor de televisión y cine

He sido un seguidor de Cristo por más de treinta años y quizá ningún otro libro que he leído me ha llevado a luchar con el fundamento mismo de mi fe como lo ha hecho este libro. En Irresistible, Andy Stanley nos reta a volver a descubrir el evangelio y recuperar la versión de la fe que finalmente transformó a nuestro mundo. Este libro provocativo tiene el potencial de alterar la esencia de tu teología. Y cuando lo haga, puede muy bien cambiar la forma en la que lees la Biblia y vives tu fe de ahora en adelante.

—Tony Morgan, fundador y líder de estrategia en “The Unstuck Group”

Es tiempo de que la iglesia reconsidere cómo presentar un evangelio atemporal a esta generación. En Irresistible, Andy Stanley nos reta a asegurarnos que manejamos las Escrituras con la clase de integridad que nos obliga a todos a considerar seriamente seguir a Jesús. Cualquier cristiano que lea este libro se encontrará de pronto a sí mismo aceptando la misión de Jesús con una nueva pasión.

—Reggie Joiner, autor; fundador y Director General de “Orange”

La gente difícilmente rechaza a Jesús cuando lo conocen realmente como es. Más bien rechazan una visión distorsionada de lo que ellos creen que es Él. En este nuevo libro, Irresistible, el pastor Andy Stanley te lleva en un viaje histórico para redescubrir la pasión de la primera generación de lo que significa seguir fielmente a Cristo. Este libro te va a tumbar. Te va a sacar de la autocomplacencia y despertará una fe inamovible que no podrá ser ignorada.

—Craig Groeschel, pastor de la iglesia Life Church y autor de Esperanza en la Oscuridad

Irresistible es como un disparo de advertencia para nuestra generación. Andy Stanley toma toda una vida de conocimiento y sabiduría acumulada sobre la fe cristiana y su historia (y el por qué la iglesia no está conectando con nuestra cultura actual) y lo combina todo en una obra de arte, de forma concisa, poderosa y convincente. Andy nos muestra cómo tantos cristianos han malentendido lo que es el cristianismo y nos ayuda a retomar lo que originalmente era el cristianismo. Oro para que tengamos el valor de vivir la ética de la primera y precisa fe cristiana que Andy tan hábilmente describe. El mundo podría llegar corriendo a nuestras puertas si lo hacemos.

—Carey Nieuwhof, autor y pastor fundador de la Iglesia Connexus

Advertencia: Este libro te hará retroceder a ti y a tu ministerio, retroceder al primer siglo y al enfoque para hacer progresar el evangelio que Jesús y los apóstoles modelaron. Andy nos recuerda que la resurrección era el fundamento de la apología del primer siglo. Después, nos reta a los creyentes del siglo veintiuno a recuperar también ese fundamento. Estoy de acuerdo con Andy, este enfoque cambió al mundo una vez. Estoy convencido de que podría hacerlo de nuevo. ¡Léelo y aplícalo ahora!

—Frank Turek, autor cristiano, orador y locutor de radio

Irresistible ha extendido mi visión de las Escrituras como ningún otro libro que haya leído en años. No puedo escuchar o leer un pasaje del Antiguo o Nuevo Testamentos sin pensar en las ideas provocativas de Andy. Si tú y yo nos tomamos este libro seriamente, nuestras vidas y nuestras iglesias nunca más serán las mismas.

—Kara Powell, Doctora en Filosofía, directora ejecutiva de Fuller Youth Institute y coautora de Growing Young

Este libro me retó a replantear mis pensamientos sobre el Antiguo Testamento, discutir con compañeros creyentes lo que estaba aprendiendo, conectar más y corregir menos a otros y, ser sal y luz para hacer mejor las cosas y más brillantes. Me gusta mucho cómo Andy ama a las personas … a TODAS las personas.

—John Maxwell, autor de Líder de 360°

Andy Stanley cree que el evangelio de la gracia es un mensaje irresistible. Entonces ¿Por qué tantos se resisten a él, rechazan a Jesús y desprecian a la iglesia? Quizá la culpa no es de Jesús sino de un conjunto de reglas y regulaciones insoportables que se han sido añadidas a la ética sencilla que Él enseño en el gran mandamiento: ama a Dios y ama a los demás (Mateo 22:36–40). Con una base bíblica, provocativa en algunas propuestas, convincente en sus desafíos, este libro hace una importante contribución a la conversación actual sobre la misión de la iglesia, mientras esta busca alcanzar a una cultura plural mediante las buenas noticias del evangelio.

—Glenn R. Kreider, profesor de estudios teológicos en el Seminario Teológico de Dallas

Irresistible

Reclamando lo nuevo que Jesús desató para el mundo

ANDY STANLEY


Irresistible: Reclamando lo nuevo que Jesús desató para el mundo

© 2019 por Andy Stanley

Publicado por Editorial Patmos,

Miami, FL 33169

Todos los derechos reservados.

Publicado originalmente en inglés por Zondervan, 3900 Sparks Dr. SE, Grand Rapids, Michigan 49546, con el título Irresistible: Reclaiming the New that Jesus Unleashed for the World.

Copyright © 2018 por Andy Stanley

Todas las citas de las Escrituras, a menos que se indique otra versión, son tomadas de la Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.®, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.

Diseño de portada por Micah Kandros

Adaptación de portada al español y diseño interior por Adrián Romano

Traducido por SpanishLink LLC: Leonardo Molina, Rafael Torres,

Erik Álvarez y David Acosta

Adaptación de Enrique Govea

Editado por Ruhama Pedroza y Jennifer Govea

eISBN: 978-1-58802-996-6

Categoría: Vida cristiana

Impreso en Brasil | Printed in Brazil

Para Sandra

Han pasado ya treinta años… y sigues siendo la mejor mujer que he conocido.

CONTENIDO

Agradecimientos

SECCIÓN 1 POR QUÉ NO ES IRRESISTIBLE

Introducción

1. La Nueva Versión Americana

2. Alcance global

3. La trama del templo

4. La ruptura

5. Volver al centro del universo

SECCIÓN 2 TODO ES HECHO NUEVO

Introducción

6. Un movimiento completamente nuevo

7. Un acuerdo completamente nuevo

8. Amor a primera Biblia

9. La Biblia según Jesús

10. Este es mi pueblo

11. El apóstol fariseo

12. Más obsoleto que nunca

13. Nuestro viejo amigo

SECCIÓN 3 UNA NUEVA ÉTICA.

Introducción

14. Tendencia horizontal

15. Un nuevo mandamiento

16. Pablo y la ética irresistible

17. Es mutuo

18. Ni siquiera lo pienses

19. Una pregunta mejor

20. Lo que el amor pidió de mí

SECCIÓN 4 UN NUEVO ENFOQUE

Introducción

21. Los poscristianos

22. Lo antiguo y lo nuevo

23. Primero lo primero

24. La Biblia dice

Conclusión

Notas

AGRADECIMIENTOS

Ningún libro es el producto del esfuerzo individual. Irresistible desde luego no es la excepción. Para comenzar, quiero agradecer a nuestras congregaciones de Atlanta por la confianza que me han extendido por veintitrés años, mientras me he esforzado por dirigir a nuestras iglesias, en el aprendizaje de los conceptos presentados en este libro. No siempre ha sido un viaje fácil. Las iglesias hacen iglesia pensando en la gente que ya es parte de ella. Desde el primer día he insistido, que alcanzar a la gente alejada de Dios, es más importante que mantener a los que ya han cruzado la línea de la fe.

Esto no siempre lo más cómodo.

¡Gracias!

Por el lado de la investigación para este proyecto, estaré por siempre agradecido con Thomas Horrocks. Conocí a Thomas en Twitter. Había escrito un artículo bien pensado defendiendo mi enfoque en el ministerio y en la predicación. Me puse en contacto con él para agradecerle, y finalmente, lo invité a ayudarme en asuntos de investigación de este proyecto. ¡Gracias, Thomas!

Una vez más, estoy agradecido con mis amigos de Zondervan, en particular con John Raymond y Ryan Pazdur. John, gracias por tu entusiasmo en este proyecto, así como por tu retroalimentación honesta y enfocada. Tu interés personal en el mensaje de este libro ha sido muy alentador. Ryan, gracias por leer, releer y luego volver a leer. Y gracias por ayudarme a no salirme del camino en mi estilo y forma de exponer el mensaje.

Del lado de la producción, este proyecto nunca hubiera dejado la línea de salida o llegado a la meta sin el enfoque, tiempo y energía incansable de Suzy Gray. Suzy, tu pasión en torno a este contenido fue contagiosa e inspiradora. ¡Gracias por tomarlo personal!

Finalmente, quiero agradecer a Sandra. Gracias por escuchar. Gracias por leer. Gracias por las múltiples veces en que irrumpiste en mi estudio, para leer una porción de este manuscrito en voz alta, porque te gustó tanto que no podías esperar a que otros lo leyeran también. Gracias por recordarme una y otra vez que “una persona”, siempre es más importante que una “opinión”. Realmente eres la mejor mujer que he conocido.

SECCIÓN I

INTRODUCCIÓN

En 2007, mi hijo Andrew, que en ese tiempo tenía trece años, me acompañó en un viaje a China. Durante nuestra visita fuimos invitados a dar un recorrido por una fábrica de productos de piel. El dueño era norteamericano, de hecho, era el amigo de un amigo. Cuando llegamos, él cortésmente insistió en ser nuestro guía personal. Antes de comenzar la visita, nos presentó a una jovencita china que rondaba los veinte años. Ella había comenzado como obrera, pero había trabajado muy duro hasta convertirse en gerente. El dueño nos preguntó si estaba bien que ella nos acompañara durante el recorrido.

Dos horas después, estábamos de regreso en su oficina hablando de lo que vimos en el recorrido. Mientras estábamos en eso, él preguntó: “¿Alguien tiene alguna pregunta?”. Para nuestra sorpresa, levantado su mano tímidamente, nuestra “acompañante” habló. “Yo tengo una pregunta”, dijo. Volteando hacia mí, preguntó: “¿Es usted pastor?”

Yo no tenía idea cuál era el propósito de su pregunta. Cuando me presenté, no les dije que yo era pastor. Ni siquiera estaba seguro si estaba bien o mal que yo fuera pastor. Estábamos en China. En ese momento hasta sospeché que ella había sido asignada por el gobierno para seguirnos toda la tarde.

“Sí”, le dije, “soy pastor”.

De verdad que hasta se me erizó la piel, al escuchar lo que dijo a continuación, en su escaso pero hermoso inglés.

“¿Cuán bueno es suficientemente bueno? Reconozco su voz”.

Yo estaba estupefacto. ¿Cuán bueno es suficientemente bueno? es el título de un pequeño libro que recientemente yo había publicado. Lo escribí basado en un mensaje que había predicado años antes. Ella continuó.

“Hace dos años, alguien me dio un CD de su sermón, ‘¿Cuán bueno es suficientemente bueno?’. Lo escuché una y otra vez. Luego acepté a Jesús como mi salvador y lo invité a vivir en mi corazón. Antes, estaba vacía. Ahora, me siento llena de vida.”

Querido lector, si crees me estoy inventando esta anécdota, no te culpo… pero conste que tengo testigos.

Ella siguió: “Quería ir a la iglesia, pero no hay iglesias en mi ciudad. Comencé a asistir a un estudio bíblico en un apartamento cerca de donde vivo. A veces voy en autobús a la iglesia, pero tarda dos horas y siempre llego tarde. Además, el boleto del autobús es caro y no conozco a nadie en la iglesia.”

Sentí un profundo y humilde honor por estar ahí en ese momento. Pero ella no había terminado. Mirando a su jefe, le dijo: “¿Puedo hacerle otra pregunta al pastor?”

Con un gesto él le comunicó que no había problema y ella me preguntó: “Pastor”, dijo, “¿por qué no todos van a la iglesia en su país?”.

Años después, todavía no me recupero del impacto que me causó su pregunta.

No tenía idea de cómo responder en ese momento. Aún no tengo idea de cómo responderle.

¿Cómo le explicas que hay miles de iglesias vacías a una joven que toma un autobús por dos horas para asistir a la iglesia en otra ciudad? Porque si hubiera una iglesia en su ciudad, esta joven estaría ahí cada vez que abrieran las puertas. El estudio bíblico al que ella asistía era parte de una red de iglesias clandestinas, lo que el gobierno chino llama iglesias “no registradas”. Su asistencia la puso en riesgo. Poseer una Biblia la puso en riesgo. Hablar acerca de asistir a una iglesia clandestina frente a su jefe la puso en riesgo.

Imagínese su conmoción si descubriera que no solo la mayoría de los cristianos en mi país no leen la Biblia, sino que en la mayoría de las iglesias hay armarios llenos de Biblias empolvadas.

No me acuerdo cómo le respondí. Seguramente le dije algo fácil de olvidar. Pero a mí no se me ha olvidado su pregunta. Me ha incomodado mucho desde entonces. Su pregunta es una de las razones por las cuales escribí este libro.

De modo que, ¿por qué no todos asisten a la iglesia? ¿Por qué es tan fácil resistirse ir a la iglesia? ¿Por qué la iglesia no es irresistible?

Jesús era irresistible.

Hace mucho, mucho tiempo, la iglesia también era irresistible.

Capítulo 1
LA NUEVA VERSIÓN AMERICANA

La resistencia de nuestra sociedad hacia el cristianismo es producto de los mismos elementos que los cristianos debieron haber puesto resistencia. Aunque muchos de nosotros nos hemos esforzado para hacer la iglesia más interesante, resulta que menos personas están interesadas. Y aunque la mayoría de las personas ajenas a la iglesia siguen teniendo una visión favorable de Jesús, no necesariamente tienen una visión favorable de su cuerpo, la iglesia.

Eso es problemático.

Es como si yo dijera: “Tienes cara de tentación y cuerpo de arrepentimiento”.

El descenso del cristianismo en los Estados Unidos, la popularidad del nuevo ateísmo y el meteórico surgimiento de los que no quieren identificarse con ninguna religión oficial, subrayan algo que ha sido verdad por generaciones, pero que no significaba mucho sino hasta ahora. La corriente principal del cristianismo, el cristianismo moderno, tiene fatales defectos. Estos defectos lo hacen frágil e imposibles de defender en la opinión pública. La versión populista del cristianismo cultural que vemos hoy está anclado a dos supuestos que crean una versión caricaturesca de nuestra fe. Tristemente, esa caricatura pasa por fe real en muchas iglesias evangélicas.

Esta versión de cristianismo es simplista y fácilmente desacreditada. Por décadas, los profesores con prejuicios contra la religión han visto lo fácil que es atacar a los cristianos recién llegados a la universidad. He escuchado y leído entrevistas y blogs, y he hablado con decenas de individuos que han abandonado la fe cristiana. De todas formas, nunca he escuchado la historia de alguien que haya dejado la fe con base en algo directamente relacionado al cristianismo, al cristianismo original.

Recientemente leí un blog de alguien que era un líder de adoración que dejó la fe después de que leyó un libro que “comprobaba” las contradicciones de la Biblia. Aparentemente, ella creció con la creencia que el fundamento de nuestra fe es un libro sin contradicciones.

Pero ese no es no el fundamento original del cristianismo.

Un reconocido erudito del Nuevo Testamento recientemente reconoció que perdió su fe y adoptó el ateísmo debido al sufrimiento en el mundo. Pero el fundamento de nuestra fe no es un mundo sin sufrimiento. El dolor y el sufrimiento no refutan la existencia de Dios. Solo refutan la existencia de un dios que no permite la pena y el sufrimiento.

¿Cuál dios es ese?

No el Dios nuestro.

Nuestro Dios de hecho nos prometió dolor y sufrimiento.

La gente abandona la fe porque tuvo una mala experiencia con la iglesia.

Yo también tuve una mala experiencia.

¿Y qué?

La física cuántica no socava las declaraciones de Jesús. Ni tampoco la teoría de la selección natural. Los milagros del Antiguo Testamento que no pueden verificarse científicamente no provocan que nuestros fundamentos se derrumben.

Por cierto, si algo de los párrafos previos te puso incómodo, me da muchísimo gusto que estés leyendo este libro. Continúa leyendo y encontrarás una mejor y más robusta versión de tu fe.

En todos mis años de ministerio solo he tenido una conversación con un no creyente —un amigo judío— que tenía una objeción al cristianismo con base en algo directamente relacionado con las afirmaciones de Jesús. Dijo: “Andy, simplemente no puedo creer que alguien pueda pagar por los pecados de otro. Creo que cada uno de nosotros es responsable por nuestros propios pecados”. Con una sonrisa le dije: “Bueno, felicidades, ya estás bien parado en el umbral de la fe cristiana porque ese es el punto central de nuestra fe.”

EL CAMINO A SEGUIR

El camino a seguir no es complicado, aunque algunos lo hallarán controversial. No es originalmente mío. Está escondido a plena vista en los Evangelios y en las epístolas de Pablo. Sabemos que funciona porque ya funcionó. Hace muchos años, los miembros de una secta llamada El Camino, (a pesar de tener todos los pronósticos en contra), captaron la atención y la devoción del mundo pagano, tanto dentro como fuera del Imperio romano. Así que tal vez necesitamos ponerle pausa a mucho de lo que estamos haciendo hoy, que de todas formas no está funcionando tan bien, y tomar notas de los hombres y mujeres a quienes se les atribuye la dramática transformación de nuestro mundo.

¿Qué hicieron los cristianos del primer siglo que nosotros no estamos haciendo?

¿Qué hizo su fe tan convincente, tan resistente y, al final, tan irresistible?

No tiene sentido que una nueva secta haya nacido supuestamente en contra del gobierno más poderoso del mundo. No tiene sentido que el líder de esa secta fuera rechazado por su propio pueblo y crucificado por supuestamente querer usurpar el trono por Roma. No tiene sentido que un movimiento haya sobrevivido y triunfado ante tan abrumadora resistencia. No tiene sentido que esta misma religión desconocida sería a la larga, oficialmente instituida por el mismísimo imperio que trató de extinguirla.

No soy el primero en hacerme estas preguntas. Los eruditos e historiadores han contemplado estos misterios por generaciones. La mayoría de ellos han llegado a la misma conclusión. La autora británica, Karen Armstrong, que no es simpatizante del cristianismo evangélico, lo resume de esta forma:

Aun así, aun con todos los pronósticos en contra, para el tercer siglo, el cristianismo se había convertido en una poderosa fuerza que no podía ser ignorada. Aún no comprendemos cómo sucedió esto.1

Históricamente hablando, ella tiene razón. Es virtualmente imposible de explicar. Los antropólogos, historiadores e incluso los escépticos han llegado a la misma conclusión. Concretamente, algo sucedió en el primer siglo que resultó en la expansión del cristianismo como si fuera una infección transmitida por el aire. Esos primeros creyentes tenían algo en su fe. Algo que la hizo atractiva, convincente y aparentemente irresistible.

El papel de los eruditos e historiadores es similar al papel de un médico al diagnosticar una enfermedad. Deben buscar las causas naturales. Buscamos explicaciones racionales sobre los sucesos que ocurrieron. En lo que se refiere al aparentemente inexplicable surgimiento vertiginoso de la iglesia, estoy convencido que debemos aceptar la explicación ofrecida por aquellos que estuvieron más cerca de los eventos originales. Los testimonios de Pedro, Lucas, Santiago, Pablo y otros, proveen una amplia explicación de por qué el movimiento de Jesús no solo sobrevivió el primer siglo, sino que a la larga superaron el intento del mismo aparato político y religioso de destruirlo.

Por la doble presión entre el templo judío y el Imperio romano, el movimiento de Jesús debió haber sido sepultado junto con su fundador. Pero no fue así. En este preciso momento, cristianos de todo el mundo visitan las ruinas del templo judío y el Imperio romano. Desde el Foro Romano en Italia hasta el monte donde se encontraba el templo en Israel. Pero el cristianismo no está en ruinas.

Ahora Roma está adornada con cruces y Jerusalén está llena de turistas cristianos. Roma y Jerusalén no destruyeron a la iglesia. Más bien la iglesia se fundó sobre Roma y Jerusalén. Hace dos mil años, la cruz simbolizaba el poder del imperio. Hoy simboliza el poder de Dios.

¿Cómo sucedió esto?

¿Qué podemos aprender?

Y lo que es más importante, ¿podría suceder otra vez?

Creo que sí.

NUEVO, NO MEJORADO

Jesús interrumpió la historia de la humanidad para introducir algo completamente nuevo.

No llegó a Jerusalén a ofrecer una nueva versión de algo antiguo, o para actualizar algo que ya existía. No vino a mejorar algo. Jesús fue enviado por el Padre para introducir algo completamente nuevo en el mundo. Miles se congregaron para escucharlo. Para ver. Para experimentar. Lee el Evangelio de Marcos, y encierra la palabra multitud. Hay una multitud prácticamente en cada capítulo.

Su nuevo mensaje no fue lo único que hizo a Jesús irresistible. Fue Jesús mismo. Su personalidad magnética atraía polos opuestos. La gente que era completamente diferente a Jesús se sentía completamente atraída hacia Él. Y viceversa. Jesús invitaba a mujeres y hombres no creyentes, a los mal portados, a los problemáticos. Los invitaba a seguirle y a adoptar algo nuevo. Y ellos aceptaron su invitación.

Como seguidores de Jesús, deberíamos seguir sintiéndonos atraídos por los polos opuestos. De tal forma, que cuando invitáramos a los no creyentes, a los mal portados y los problemáticos a unirse a nosotros, ellos deberían tener cierta curiosidad —o cierta inclinación— a aceptar nuestra invitación.

Deberían. Pero la pregunta persiste. “Pastor Stanley, ¿por qué no todos van a la iglesia en su país?”

LOS QUE SE RESISTEN

En los Evangelios descubrimos dos grupos que consideraron a Jesús una amenaza: Por un lado, estaban los religiosos y, por otro lado, aquellos cuya fortuna política y financiera estaban aseguradas por la frágil paz entre el templo y el imperio.

En su mayoría, los enemigos de Jesús no lo criticaban por su carácter. Ninguno lo acusó de ser inmoral, deshonesto o cruel. Se sentían atemorizados principalmente por sus enseñanzas y su popularidad. Los líderes religiosos de Jerusalén estaban celosos del favor que halló con el pueblo. Cuando lees las transcripciones de los juicios donde sentenciaron a Jesús, no te queda otra que estar de acuerdo con Pilato cuando anunció a los acusadores de Jesús: “Ningún delito hallo en este hombre”.2

No halló ningún delito porque era completamente inocente.

Pilato sabía por qué los líderes del templo insistían en que Jesús fuera crucificado. No tenía nada que ver con su ley o su elitista religión. Pilato sabía que habían entregado a Jesús por pura envidia.3

El momento crítico para aquellos que se oponían a Jesús no fue por un escándalo típico de una celebridad. No fue por encontrar una verdad oculta o un secreto de su pasado. El momento crítico fue un milagro. Un extraordinario acto de compasión. Jesús levantó a un reconocido ciudadano de entre los muertos. Cuando circularon las noticias de este milagro en particular, los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron al Sanedrín a reunión. Puede que eso no signifique mucho para nosotros, pero ese tipo de convocatoria era muy poco frecuente en la Judea del primer siglo.

Los distintos grupos que pertenecían al Sanedrín estaban en desacuerdo casi en todo. Pero en Jesús hallaron un punto en común. Una amenaza común. Un enemigo común.

Después de múltiples intentos, ningún grupo había tenido éxito en menoscabar la influencia de Jesús sobre las multitudes. Así que, en un momento de desesperación, unieron fuerzas. Todo lo que necesitaban era un… ¿cómo lo dijo Pilato? Un delito. El apóstol Juan conocía o más tarde conoció, a alguien que asistió. En un momento, las emociones de alguien tomaron el control de su boca y dejaron escapar lo que todos en esa habitación estaban pensando:

Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron una reunión del Consejo. —¿Qué vamos a hacer? —dijeron—. Este hombre está haciendo muchas señales milagrosas. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, y vendrán los romanos y acabarán con nuestro lugar sagrado, e incluso con nuestra nación.4

Cuarenta años más tarde, eso que temían fue exactamente lo que sucedió. Los romanos destruyeron el lugar sagrado y la nación de Israel. Hablaremos de eso más adelante.

Al final, los líderes religiosos fueron capaces de fabricar un delito. Jesús fue hallado culpable de mala teología y amenazas terroristas contra el templo. Pilato se unió a la farsa para mantener feliz a la gente que mantenía al pueblo contento. Esto no tuvo nada que ver con justicia. No se había cometido ningún crimen. Al analizar el pasado cuidadosamente, entre el caos y la rapidísima serie de acontecimientos que llevaron a su crucifixión, queda abundantemente claro que Jesús fue arrestado y crucificado porque era demasiado popular. Fue crucificado por atraer a tan grande multitud. Por atraer polos opuestos. Porque era difícil de resistir. Porque era imposible de olvidar. ¿Por qué? Porque él ofrecía algo nuevo. Algo completamente nuevo.

Pero lo nuevo rara vez va bien con los grupos cuyas fortunas dependen de lo antiguo. Aquellos que se benefician mayormente del statu quo, están menos inclinados a recibir el cambio.

El giro inesperado en esta trama fue la crucifixión de Jesús. Porque parecía el final, pero en realidad marcó un inicio. Su muerte inició eso nuevo de lo que Él había hablado a lo largo de su ministerio público, lo nuevo que anunciaron los profetas del Antiguo Testamento y aún previsto desde el Génesis. Lo que los enemigos de Jesús no sabían —no tenían forma de saberlo— fue que, al acabar con la vida de Jesús, aunque parecía su final feliz, no fue el final que ellos habían imaginado. Su muerte y resurrección iniciaron una cadena de eventos que a la larga marcaría el fin del antiguo judaísmo, así como al Imperio romano en su forma actual, el mismo imperio responsable por su muerte.

EL MOVIMIENTO DE JESÚS

No fue sino hasta después de la resurrección, que los seguidores de Jesús comenzaron a comprender que Él no vino simplemente para agregar otro capítulo a la historia de Israel. Jesús no había venido a presentar una versión mejorada del judaísmo. Su movimiento no estaba limitado a una región. El movimiento de Jesús fue para todos sin excepción. Para todas las naciones. Sus seguidores afirmaron que Él fue el sacrificio final por el pecado, eliminando así la necesidad del templo judío. Pero no solo del templo judío. Algo así como veinte años después de la resurrección, el apóstol Pablo confrontaría a los líderes civiles en Atenas y declararía que sus templos eran innecesarios también.5 En el mismo discurso, Pablo calificó a quienes adoraban cualquier tipo de ídolos mitológicos como ignorantes. Como un padre, esperando a que su hijo dejara su etapa más infantil, Dios había esperado e ignorado la idolatría por un tiempo.6 Pero ahora, el mundo debía madurar y reconocer al Dios viviente de todos los pueblos.

Sobra decir que el movimiento de Jesús entró inmediatamente en conflicto tanto con la cultura judía como con la cultura romana y con razón. Porque Jesús afirmaba ser el cumplimiento del judaísmo por lo cual el judaísmo ya no era necesario. Además, Jesús se declaraba el reemplazo legítimo de la falsa religión grecorromana.

Jesús era vino nuevo. El judaísmo y la religión grecorromana eran los odres viejos. Lo nuevo que Jesús ofrecía se alejaba de las tradiciones de ambos. Jesús, junto con sus primeros seguidores, declaraban que tanto el judaísmo como el paganismo eran el preámbulo que anunciaba un día futuro donde Dios comenzaría algo nuevo en el mundo para su beneficio. Aquellos que tuvieran ojos para ver lo reconocerían. Aquellos con oídos para oír lo escucharían y le seguirían.

Específicamente, Jesús vino a establecer un nuevo pacto, un nuevo mandamiento y un nuevo movimiento. El nuevo movimiento sería internacional. El nuevo pacto cumpliría y reemplazaría los sistemas basados en conducta y sacrificios reflejados en casi toda religión del mundo antiguo. Su nuevo mandamiento serviría como la ética de conducta gobernante para los miembros de su nuevo movimiento.

Lo nuevo que Jesús introdujo, contrastó con los valores y costumbres tanto del imperio como del templo. El imperio asumía la ley del más fuerte. Y mientras Roma se adjudicaba el derecho a crear todas las reglas, los que mantenían el templo estaban comprometidos a proteger sus propias reglas a toda costa. Aunque el Imperio romano y el templo judío eran dos mundos aparte, dentro de cada uno había valores y supuestos que los mantenían unidos, creando un formidable obstáculo para el cristianismo del primer siglo. Que la iglesia haya sobrevivido a ambos es un testimonio del poder del evangelio y del valor de los cristianos en estos primeros dos siglos.

La iglesia del primer siglo soportó la presión de adoptar e integrar las corrientes del imperio y del templo a su nueva fe. Esto es testimonio de cuán incompatibles eran ambas con la iglesia. Lo nuevo que Jesús introdujo permaneció en crudo, descarado y nada ambiguo, en contraste con los valores y supuestos, tanto del imperio como del templo. Aquellos que estaban más cerca de Jesús comprendieron este contraste. Los recuentos de los Evangelios subrayan e ilustran las diferencias. El apóstol Pablo criticó duramente a aquellos que intentaron integrar el pensamiento del imperio y del templo en lo nuevo que Jesús introdujo.

Por casi trescientos años, la iglesia eludió la presión de integrar e incorporar las normas antiguas. Pero con la conversión de Constantino el Grande y la firma del Edicto de Milán, la iglesia vivió una transición: de ser una minoría perseguida se convirtió en la mayoría empoderada. Casi inmediatamente, esa resistencia que habían tenido fue reemplazada por la adopción, integración e incorporación de lo antiguo.

LA REFORMA

No fue sino hasta el siglo XVI que los reformadores dedicarían su vida (y en ocasiones, darían su vida misma) para liberar a la iglesia de los valores, la cultura y el estilo del imperio y del templo. Para muchos, el nacimiento del protestantismo indicaba el resurgimiento de lo nuevo que Jesús introdujo. Pero la lucha no terminó ahí. La tentación de verter el vino nuevo de lo que Jesús ofrece en los odres viejos del templo y del imperio, sigue con nosotros hasta hoy. Cada generación necesita reformadores humanamente imperfectos. Hombres y mujeres que, como el apóstol Pablo, se mortifiquen cuando vean algún trazo de las antiguas tradiciones filtrándose sigilosamente en lo nuevo que Jesús introdujo.

Estoy convencido que es la mezcla, la combinación y la integración de lo antiguo con lo nuevo lo que hace que la sociedad de hoy se resista a la iglesia moderna. Es la mezcla, la combinación y la integración de lo antiguo con lo nuevo la que hace nuestra fe, algo indefendible en esta era de desinformación. Jesús nos advirtió hace dos mil años lo que pasaría al verter el vino nuevo en odres viejos. Al final, tanto el vino como el odre se arruinan.7 El resultado es un desastre.

“Pastor Stanley, ¿por qué no todos van a la iglesia en su país?”

Para comprender la singularidad del mensaje, el movimiento y la ética de Jesús, debemos primero comprender lo antiguo con lo que se estaba contrastando. Para enfatizar este contraste, es necesario que hagamos un viaje al pasado y veamos una famosa historia de la Biblia.

Capítulo 2
ALCANCE GLOBAL

Israel no era la meta final y más importante de la historia. El antiguo Israel fue un medio para un fin.

Eso no es un desaire.

Ser un medio para un fin es lo que da significado a las cosas. Es lo que nos da significado y propósito. Si vives para ti mismo, tu vida va a carecer de significado. Conviértete en un medio para un fin y tu vida adquiere propósito. Eso nos enseñan los funerales. Nos recuerdan que el valor de una vida siempre se mide no por cuantos años viviste o por cuántas cosas adquiriste, sino por cuánto de tu vida le entregaste a los demás.

Pero estamos hablando de Israel.

Dios creó a la nación de Israel como un medio para un fin divino. Creó la nación para un propósito global. El plan global de Dios para la nación de Israel fue anunciado por primera vez mucho antes de que existiera como nación. Alrededor del 2067 a. C., Dios prometió un hijo a un Abraham de noventa y nueve años. Un hijo que se convertiría en una nación que bendeciría al mundo.

Al mundo entero.

Aquí está la redacción original:

Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

Dios prometió a Abraham que “engrandecería su nombre”. Esa es la forma bíblica de decir “te haré famoso”.1 Me imagino que sabes quién fue Abraham.

Ahí está la prueba. Promesa cumplida.

Pero aquí está lo más importante:

…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.2

¿Te imaginas lo ridículo que le pareció esto a Abraham? Un hombre sin tribu, solo, en medio de la nada. Sin embargo, esa promesa inició una cadena de eventos que se extendería sobre el transcurso de casi dos mil años. Su alcance nos parece incomprensible. Pero históricamente encierra otro aspecto muy peculiar también. Dios prometió “bendecir” al mundo a través de la descendencia de Abraham. Eso no tenía ningún sentido en esa época.

Las tribus de ese entonces no se bendecían una a la otra.

Las tribus antiguas se conquistaban, se saqueaban y se esclavizaban unas a otras. Siendo honestos; aún las naciones modernas no se bendicen mutuamente. Espiamos, negociamos e imponemos sanciones. Nuevamente, no nos podemos imaginar lo ridículo que esto sonó para Abraham.

Sigamos adelante.

A la larga, Abraham tuvo su gente y con el tiempo emigraron hacia Egipto, en donde se multiplicaron hasta alcanzar el estatus de nación, lo cual incomodó terriblemente a sus anfitriones. Pero en vez de expulsarlos, Faraón los puso a trabajar… como esclavos.

Hasta aquí llegaron todas aquellas promesas. Resulta difícil bendecir a todas las naciones de la tierra mientras fabricas tabiques para un rey, que se cree el amo del universo. Pero a diferencia de los dioses egipcios, el Dios de Abraham no era de barro. Así que cuando el Dios de Abraham estuvo listo, apareció. Utilizó a Moisés como su representante y lo envió a Faraón con aquellas inolvidables plagas.

Después de un poco de forcejeo, Faraón accedió.

La razón por la cual siento la libertad de resumir cuatrocientos y tantos años de la historia de Israel en cuatro enunciados es por nuestra familiaridad con la trama. Aunque muchos lectores modernos (y cinéfilos), conocen la historia, es casi imposible para nosotros no darnos cuenta de su trascendencia. En la forma más extraordinaria, más anticipada, más espectacular y digna de la atención de Hollywood que se pueda imaginar, el Dios de Israel demostró su capacidad de acción y su autoridad. Claramente, su autoridad no estaba restringida por la geografía. La tierra era su jurisdicción. Su mensaje para Faraón fue inequívoco:

Tienes algo que me pertenece ¡y no me voy a ir de aquí hasta que me lo des!

Uno por uno, el Dios invisible de Israel, humilló al olimpo de los dioses egipcios. Al final, haría que su pueblo desvalijara a la que tal vez, era la nación más rica del planeta. Todo ello sin retener a nadie a punta de espada. Cuando Israel puso a Egipto a sus espaldas, la economía de la antigua ciudad había quedado diezmada. Claramente, el único Dios de Israel era más poderoso que todos los dioses egipcios combinados. Y todo eso como un Dios en tierra ajena. El Dios de Israel estaba jugando de visitante. Y asombrosamente era móvil, no estático. Los dioses móviles no eran comunes en la época precristiana.

Adelantemos la película cuatro meses, para encontrar al pueblo de Israel acampando al pie del monte Sinaí observando a Moisés descender con las instrucciones de Dios para la nación. Las llamamos los Diez mandamientos, aunque terminaron siendo como 600. Esos famosos primeros diez mandatos, funcionaron un tanto como una tabla de contenido, como resumen. Si fuiste de los que creciste en la iglesia, de seguro recuerdas cómo comenzaba esta antiquísima constitución:

Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo.3

En otras palabras: Fue todo gracias a mí.

Continúo:

No tendrás dioses ajenos delante de mí.4

De seguro ellos pensaron: ¡Vale! Ningún otro dios. Ya vimos que Tú les ganas a todos.5 Y luego vino la declaración que puso a Israel, en una categoría que no existía en ninguna otra cultura alrededor:

No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores.6

Cuando Moisés terminó de leer los puntos principales de todo lo que Dios demandaba de la nación, ellos respondieron al unísono:

Haremos todo lo que el Señor ha dicho.7

Pero por supuesto no lo hicieron.

Y no debería sorprendernos.

Ya ves cómo se pone la gente cuando anda de campamento.

Después del campamento y el retiro de la iglesia se te olvida todo.

A mí se me olvidó. Quizás a ti también. Si tú no fuiste de los que creciste yendo a campamentos de la iglesia… a lo mejor hubieras terminado igual que nosotros.

Las películas y las versiones infantiles de esta narrativa no reflejan exactamente cuántos viajes de ida y vuelta, tuvo que hacer Moisés al monte Sinaí. Y en cada uno, Moisés regresaba con más y más instrucciones detalladas para la nación. Una de sus excursiones al monte duró cuarenta días. Y cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta. A ver si se acuerdan de esta parte de sus clases de escuela dominical:

Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a reunirse con Aarón y le dijeron: —Tienes que hacernos dioses que marchen al frente de nosotros, porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!8

¿En serio?

Dios todavía ni ha terminado de escribir todos sus mandamientos, y su pueblo ya está abandonado el primero y más grande de ellos. ¿Cómo es posible?

Aarón les respondió: —Quítenles a sus mujeres los aretes de oro, y también a sus hijos e hijas, y tráiganmelos. Todos los israelitas se quitaron los aretes de oro que llevaban puestos, y se los llevaron a Aarón, quien los recibió y los fundió; luego cinceló el oro fundido e hizo un ídolo en forma de becerro. Entonces exclamó el pueblo: «Israel, ¡aquí tienes a tus dioses que te sacaron de Egipto!9

¿Cómo? ¿Esas vacas que te vimos fabricar de nuestro oro egipcio saqueado, fueron las que nos liberaron de Egipto?

Aquí es en donde la mayoría de nosotros se confunde. ¿Por qué abandonarían unos esclavos recientemente liberados al Dios que los liberó? ¿Cómo podrían adoptar como objeto de adoración algo que vieron ser creado ante sus propios ojos? Es confuso para nosotros porque crecimos creyendo en un Dios invisible que está en todo lugar al mismo tiempo. Pero eso era territorio nuevo para el pueblo de Israel. No tener un objeto para adorar, era tan confuso para ellos, como para nosotros sería, adorar una vaca. Necesitaban algo tangible. Visible. Inmóvil. Este episodio en la historia de Israel no terminó bien. Al final, Moisés tuvo que volver al monte Sinaí para recibir tablas nuevas.

Pero bueno, así Israel comenzó su relación formal con el Dios invisible y móvil de Abraham. Liberados de sus capataces egipcios y armados con nuevas reglas para vivir, se prepararon para levantar el campamento y comenzar su travesía al norte, hacia la tierra prometida. Pero antes de olvidarse de Sinaí por completo, Moisés ordenó la construcción de una tienda de campaña llamada el tabernáculo para albergar y transportar las sagradas tablas de la ley. Cuando se completó la construcción de esta tienda y las tablas de piedra descansaban a salvo en la caja de madera construida para ese propósito, sucedió algo extraordinario. Moisés lo describe de esta forma:

En ese instante la nube cubrió la Tienda de reunión, y la gloria del Señor llenó el santuario. Moisés no podía entrar en la Tienda de reunión porque la nube se había posado en ella y la gloria del Señor llenaba el santuario.10

Dios estableció su residencia.

Nadie llevó una estatua al tabernáculo para ponerla en un pedestal, como era la costumbre en las naciones paganas. Cuando el Dios de Israel estuvo satisfecho con que todo estuviera como debía estar, eligió habitar en el tabernáculo. Lo llenó con su gloria. Su presencia. Bajo sus términos.

Pero incluso con la presencia de Dios en medio de ellos, Israel aún no estaba en posición de “bendecir” a todas las naciones de la tierra.

Pregúntale a Faraón.

Nadie en Egipto se sintió “bendecido”, en ese momento en particular.

UNA COSA MÁS

Además de los múltiples viajes de Moisés al monte Sinaí, hay algo más que a los lectores modernos de la Biblia se les puede escapar también. El contenido, la redacción y el arreglo de las instrucciones de Dios para Israel están en forma de contrato legal. Los eruditos se refieren a esta plantilla como un tratado de suzeranía o tratado de suzeranía bilateral. Esta forma de acuerdo era usada por dos partes desiguales cuando definían los términos y condiciones de su relación. En un tratado de suzeranía, el poder mayor, el soberano, dicta los términos del poder inferior, el vasallo.

Algo así como las reglas de nuestros papás.

El punto es que los Diez mandamientos fueron más que eso. Fueron parte de un extenso contrato legal o pacto entre Dios (el Soberano) y la nación. Aquí hay un fragmento de la redacción original:

El Señor le dijo a Moisés: —Pon estas palabras por escrito, pues en ellas se basa el pacto que ahora hago contigo y con Israel.11

Los acontecimientos del monte Sinaí señalaron la inauguración de una relación de pacto entre Dios y la nación de Israel. Como descubriremos, este pacto definiría y gobernaría la relación de Dios con la nación de Israel por los siguientes mil y tantos años. Los términos y condiciones principales se hallan en Éxodo 19 al 24. Se repiten, se expanden y en algunos casos se esclarecen en Levítico, Números y Deuteronomio. Pero los siguientes tres versículos resumen muy bien los puntos del acuerdo:

Ustedes son testigos de lo que hice con Egipto,

y de que los he traído hacia mí

como sobre alas de águila.

Si ahora ustedes me son del todo obedientes,

y cumplen mi pacto,

serán mi propiedad exclusiva

entre todas las naciones.

Aunque toda la tierra me pertenece,

ustedes serán para mí un reino de sacerdotes

y una nación santa.12

Esto era un clásico tratado de soberanía del tipo: “yo haré esto, si ustedes hacen lo otro”. Guarden mis mandamientos y yo los mantendré a salvo. El acuerdo era bilateral y condicional. Si la nación de Israel no mantenía su parte del acuerdo, Dios no tenía la obligación de mantener la suya.

¿Está claro?

Sigamos adelante.

AÑOS DESPUÉS

A la larga, Israel llegó a salvo a la tierra prometida. Una vez que llegaron, sin embargo, no comenzaron a bendecir a todas las naciones que habitaban esa tierra. Al contrario, las conquistaron, y en ocasiones las saquearon hasta dominar la región.13 Después de varias generaciones operando como una teocracia poco organizada, regulada por jueces, los ancianos de la nación decidieron que era hora de algo nuevo. Era tiempo de que Israel creciera y comenzara a actuar “como todas las naciones”.14 Eso requeriría un rey. Un rey visible.15

REY DE CORAZONES

Nunca fue la intención de Dios que Israel tuviera otro rey aparte de él. Pero los israelitas sentían que, como estaba de moda tener rey, ellos deberían tener el suyo. Así que los ancianos y los líderes de la nación confrontaron al profeta Samuel e insistieron en que nombrara un rey. Samuel le preguntó a Dios y recibió esta respuesta:

Hazle caso al pueblo en todo lo que te diga. En realidad, no te han rechazado a ti, sino a mí, pues no quieren que yo reine sobre ellos.

¡Desechado, eso duele!

Te están tratando del mismo modo que me han tratado a mí desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy. Me han abandonado para servir a otros dioses. Así que hazles caso, pero adviérteles claramente de cómo el rey va a gobernarlos.16

Samuel regresó con los ancianos e hizo como Dios le había instruido. Hizo su mejor esfuerzo por explicarles porqué una monarquía no era el mejor de los gobiernos, pero sin resultado.

El pueblo, sin embargo, no le hizo caso a Samuel, sino que protestó: —¡De ninguna manera! Queremos un rey que nos gobierne.17

Lo que dijeron a continuación, estableció el escenario para lo que sucedió después.

Así seremos como las otras naciones, con un rey que nos gobierne y que marche al frente de nosotros cuando vayamos a la guerra.18

El problema, por supuesto, era que Dios no planeó que Israel fuera como las otras naciones. Dios tenía la intención de que Israel destacara del resto de las naciones, porque estaba planeando hacer algo, a favor de todas las naciones, a través de ellos.

Ellos eran el medio para un fin de alcance global.

Al final, ellos cedieron a la presión de grupo y obtuvieron lo que habían pedido: un rey. Varios, en realidad. Por décadas tuvieron más de uno a la vez. Tal como fue predicho, la mayoría de los reyes de Israel fueron un desastre. La nación pagó por esta decisión con oro y sangre. De esta forma se hicieron como las otras naciones. A pesar de ello, Dios mantuvo la promesa que le hizo a Abraham. Él no abandono sus propósitos globales para la nación. Todas las naciones de la tierra serían efectivamente bendecidas, a través de una nación que insistía en ser como las demás.

Capítulo 3
LA TRAMA DEL TEMPLO

Necesito que imagines, solo por un momento, lo que no hubiera pasado y a quién nunca habríamos conocido, si Israel hubiera escuchado a Samuel, abandonando la idea de una familia real.

No hubiera existido un rey Saúl, ni un rey David, ni Salomón. Los padres de Salomón nunca se habrían conocido. No solo no existirían los Salmos de David, tampoco los Proverbios, Eclesiastés, ni el Cantar de los cantares. No habría registro de las actividades de los reyes, y tampoco archivos que documentaran lo que los profetas profetizaron en respuesta a las decisiones de los reyes. ¿Por qué? Porque no hubiera habido reyes.

El curso de la historia sería diferente; muy diferente. Sin embargo, este es el verdadero punto de partida:

Si no hubiera habido rey, no hubiera habido templo.

Toda nación decente en ese entonces que tuviera un rey, tenía un templo. Así que Israel finalmente se hizo uno también. Y de la misma forma que los reyes de Israel trajeron consigo todos los problemas relacionados con los reyes, el templo trajo consigo, todos los desafíos que supone tener un templo. Israel no necesitaba un rey; tampoco necesitaba un templo. Ambas cosas fueron intentos de ser como las demás naciones.

Permíteme explicarlo.

DIOS EN RESERVA

Después de tomar el mando, tras el desastre del rey Saúl, el rey David dedicó años a expandir, establecer y fortificar la nación de Israel. Finalmente, hubo un descanso en la acción. Durante el período de calma, a David se le ocurrió que mientras todos los demás estaban dentro de sus casas, Dios seguía viviendo en una tienda de campaña.

Como un niño explorador.

Como un pobre pastor.

Así que David hizo una cita con el profeta en turno, Natán, y le dijo:

Como puedes ver, yo habito en un palacio de cedro, mientras que el arca de Dios se encuentra bajo el toldo de una tienda de campaña.1

Natán sonrió y sugirió a David hacer algo al respecto. Incluso sugirió que lo que tuviera en mente, Dios lo apoyaría.2 Resulta que Natán estaba equivocado. Habló fuera de tiempo. Lo que sucede a continuación muchas veces lo pasamos por alto.

Durante la noche, después de la conversación de “haz lo que quieras, mi rey”, Dios habló a Natán. Explícitamente le dijo que hablara con David y le diera una respuesta diferente:

Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto, y hasta el día de hoy, no he habitado en casa alguna, sino que he andado de acá para allá, en una tienda de campaña a manera de santuario.

Esta es mi parte favorita.

Todo el tiempo que anduve con los israelitas, cuando mandé a sus gobernantes que pastorearan a mi pueblo Israel, ¿acaso le reclamé a alguno de ellos el no haberme construido una casa de cedro?3

Aparentemente Dios estaba bien viviendo en una tienda de campaña.

Además, si lo pensamos, Dios se la pasaba fuera de su casa la mayor parte del tiempo.

Pero había algo más en juego aquí. A diferencia de la hermosa casa de piedra de David, todo en el tabernáculo era temporal. Estaba construido de cortinas de lino, cortinas de pelo de cabra y madera. Constantemente necesitaba reparaciones. Sin embargo, la naturaleza portátil y temporal del tabernáculo, acentuaba su propósito. Todo lo del tabernáculo, y todo lo relacionado con él, era simplemente un contexto para algo más grande y majestuoso. El tabernáculo era un medio para un fin. Y en un final distante, la necesidad de un tabernáculo también terminaría.

Poniendo palabras en la boca de Dios —lo cual es peligroso— es como si Dios estuviera diciendo: “Estoy bien en mi alojamiento temporal. Todo este sistema es temporal de todos modos. No tiene caso hacerme algo elegante que ni voy a utilizar mucho tiempo”.

A partir de ahí, la conversación toma un pronunciado giro. Después de asegurarle a David que estaba bien viviendo en una tienda, Dios cambia el tema completamente. Parafraseando, Dios le dice a David:

Déjate de eso de construirme una casa; vamos a hablar de tu familia, David. Basta de lo temporal, hablemos del futuro. Tú quieres edificarme una casa. Pero yo voy a ¡edificar tu casa! Voy a hacer algo a través de tu familia que va a durar para siempre.4

De manera similar a como le prometió a Abraham, Dios le dice a David que iba a hacerlo tan famoso, como “los más grandes de la tierra”.5

Otra promesa cumplida porque me imagino que desde pequeño sabías quién era el rey David.

Dios le dice a David que tiene demasiada sangre en las manos como para construir un templo. David no discute, pero no renuncia a su idea. Sigue adelante hasta asegurarse de que cuando su hijo Salomón se convierta en rey, todo esté dispuesto para la construcción de una estructura permanente. David imagina un templo que supera a todos los templos. El templo supremo.

David recaudó el dinero, mandó a hacer los planos, contrató forjadores de piedra, hizo todo menos la inauguración. De acuerdo al plan, cuando Salomón asumiera el trono, el gran proyecto de construcción iba a comenzar.

Se terminó veinte años después.

Al final de esos veinte años, Salomón invitó a Dios a dejar su tienda y mudarse bajo techo, por así decirlo. Finalmente, lo hizo, por así decirlo. Pero antes de hacerlo, le dijo a Salomón algo que debería haber producido escalofríos. Salomón no sintió nada, pero ojalá lo hubiera entendido.

Dios le dio a Salomón el típico discurso que tus papás te dan antes de darte las llaves del auto. ¿Te acuerdas? Ya sea que lo escuchaste de tus padres, o ya sea que se lo dijiste a tus hijos. Con mis hijos, fue más o menos así:

Me da mucho gusto que pude comprarte un auto para que lo conduzcas. Espero que lo disfrutes; pero entiende… si abusas de esta libertad, lo voy a vender.

La versión de Dios con Salomón se encuentra en 1 de Reyes. Va más o menos así:

Salomón, realmente agradezco todo lo que hicieron para crear esta fabulosa obra arquitectónica. Acepto tu regalo. Me mudaré inmediatamente. Pero, Salomón, si veo que tú o mi pueblo se portan mal allá afuera porque piensan que estoy atrapado aquí dentro, ¡voy a derrumbar este lugar!

Este edificio siempre reflejará mi poder y mi gloria; pero yo puedo lograr eso con o sin un edificio. En su forma actual, refleja mi presencia; pero si me abandonan para adorar a otros dioses, este pedazo de tierra quedará baldío, como testimonio de mi ausencia.

¡Todo eso antes de mudarse! No creas que lo estoy inventándolo. Lee 1 Reyes 9. Este es un adelanto:

Este templo no será más que un montón de ruinas y todos los que pasen a su lado se asombrarán y se burlarán, diciendo: “¿Por qué Dios ha hecho esto con Israel y con este templo?”6

Dios se mudó, pero no se comprometió a quedarse ahí bajo cualquier condición. ¿Por qué?

Esto es importante.

Porque el templo estaba vinculado al pacto condicional (yo me quedo con la condición de que ustedes…). Ese era el pacto condicional de Dios con la nación, el pacto establecido en el monte Sinaí.

Dios produciría la demolición de su propio hogar si el pueblo lo abandonara por otros dioses. Era agradable tener el templo, pero no era necesario. No fue su idea. El templo era más bello que importante. Y si Salomón pensaba que la naturaleza permanente de su templo de alguna manera alteraría la naturaleza temporal y condicional del pacto de Dios con la nación, estaba equivocado. Dios había aclarado desde la fundación de la nación que Israel era un medio divino para un fin divino.

NOTORIAMENTE INVISIBLE

Quizá no sepas esto, pero el templo de Salomón contenía características de diseño similares a las de los templos paganos que podían encontrarse en todo el mundo antiguo. Si te tomas en serio el Antiguo Testamento, es difícil imaginar que este sea el caso. Las Escrituras judías incluyen detalles extraordinarios sobre cómo debía lucir y funcionar el templo, y sobre quién tenía permiso de dirigirlo. Pero, pese a unas cuantas características únicas, el templo judío tenía mucho en común con los templos paganos del mundo antiguo, incluyendo los pórticos, salones, patios, estancias y un altar utilizado para el sacrificio de animales. Los templos paganos de esa época, siempre incluían un espacio sagrado, diseñado específicamente para la imagen del dios para el cual se había construido y dedicado el templo. Una caja fuerte para sus dioses. Fue esta recámara sagrada, la que diferenció al templo judío de todos sus competidores. De hecho, puede argumentarse que esta recámara, con frecuencia llamada “Lugar Santísimo”, fue lo único que marcó la diferencia del templo judío.

La característica distintiva del templo judío no fue que tuviera algo que los otros templos no tuvieran, sino todo lo contrario; el templo judío se distinguía por no tener algo que todos los demás sí tenían.

Una imagen.

El Lugar Santísimo era como un hermoso marco diseñado con muchas ornamentaciones, pero sin ninguna imagen, escultura o pintura. Por eso Israel no necesitaba un templo, para empezar. La característica distintiva del judaísmo no era el diseño de su templo, sino la falta de una imagen representativa de su Dios. Las imágenes estaban estrictamente prohibidas en el judaísmo. Como descubrimos antes, esta prohibición en particular era una de las “diez grandes”.

Para los evangélicos de hoy en día, la idea de un lugar de adoración sin imágenes no nos resulta nada extraño. Sin embargo, en la antigüedad tener imágenes era muy común. Una religión sin una imagen era… absurda. Cuando el general romano Pompeyo entró a Jerusalén, en el año 63 a. C., hizo un recorrido por el templo. Sintió curiosidad de ver a este Dios judío del que tanto había oído hablar, quien se ofendía con tanta facilidad y era tan exclusivo que no se juntaba con otros dioses. Hizo a un lado a los sacerdotes, y con atrevimiento entró a donde solo los sumos sacerdotes habían entrado hasta ese momento: el Lugar Santísimo. Al empujar el velo del templo, una cortina con un gran diseño de ingeniería que separaba la habitación de Dios del patio exterior, quedó decepcionado al descubrir que ¡no había ningún dios! Ningún ídolo. Solo había una mesa dorada, un candelabro y unos dos mil talentos de oro.7

Todo lo cual dejó intacto.

Quizá pensó: Estos judíos locos. Construyeron una elaborada estructura física para un dios que no tiene representación física. ¿Quién alguna vez ha oído de un dios sin imagen?

Exacto.

¿Quién habría oído hablar de este extraño Dios a quien no se podía contener, reducir ni definir mediante ninguna cosa creada?

Todos.

¿Cómo?

Por medio de la nación de Israel.

Regresemos a Salomón.

Aunque el templo no haya sido idea original de Dios, tenía un propósito. Destacaba, acentuaba y subrayaba la principal diferencia entre el Dios de Israel y los de sus vecinos: Israel servía a un Dios vivo. A diferencia de los dioses paganos de los días de Salomón, o los dioses adorados siglos después por los ciudadanos de Roma, el Dios de Israel no necesitaba ser acarreado hacia el interior de su templo y levantado hasta su pedestal. El Dios de Israel no necesitaba ruedas para que los sacerdotes lo sacaran en los días de fiesta. El Dios de Israel no necesitaba que lo guardaran con llave durante la noche, para que nadie se lo robara, o para que nadie le quitara un pedacito, para la buena suerte. El Dios de Israel no necesitaba guardaespaldas. No necesitaba ser protegido contra los elementos. El Dios de Israel era Espíritu.

Un Espíritu Santo.

El Dios de Israel no fue puesto en su templo.

El Dios de Israel habitó en su templo.

Así como había habitado en el tabernáculo todos esos años, habitó el templo de Salomón bajo sus propios términos. Esta es la forma en que sucedió:

Luego los sacerdotes llevaron el arca del pacto del Señor a su lugar en el santuario interior del templo, que es el Lugar Santísimo, y la pusieron bajo las alas de los querubines.8

Pero la presencia del arca no igualó la presencia de Dios. El arca que contenía la ley de Dios no fue creada como objeto de adoración. Lo que pasó después, dio al templo su significado:

Cuando los sacerdotes se retiraron del Lugar Santo, la nube llenó el templo del SEÑOR. Y por causa de la nube, los sacerdotes no pudieron celebrar el culto, pues la gloria del SEÑOR había llenado el templo.9

La presencia del Espíritu de Dios, bajo sus propios términos, fue la característica distintiva del templo judío. Cada nación tenía sus leyes. Cada nación tenía sus sacerdotes y rituales religiosos. Las religiones más antiguas exigían sacrificios de animales. Los judíos tenían todo eso, salvo una cosa: su templo servía como marco imponente de algo que no estaba ahí. Pero el propósito de este magnífico edificio, construido para la gloria del Dios invisible, se extendió más allá de Israel.

El templo judío, con su intrincado sistema de sacrificios, serviría como contexto. El templo de Jerusalén serviría como el epicentro de una serie de acontecimientos que más tarde remodelarían el mundo, y no solo al mundo antiguo. A diferencia de los dioses paganos, el Dios de Israel no era un dios regional de alcance menor. El Dios de Israel era el Dios vivo cuyo poder y presencia no se limitaban a un edificio. El templo jugaría un papel importante, pero temporal en el plan profético de Dios. Sus similitudes con otros templos de la región, puntualizaron, enfatizaron, acentuaron y subrayaron la única diferencia significativa; la cual preparó el escenario para la siguiente gran actividad de Dios en el mundo. La ausencia de imagen o ídolo era más que un detalle diferenciador. Señalaba el propósito global de Dios para la nación.

TEMPLOS DE PERDICIÓN

Cuando Salomón fue ungido rey, había paz en el territorio. Algunos se refieren a esta época como la época dorada de Israel. Finalmente, parecía haber una oportunidad para que Israel fuera una bendición para otras naciones. Sin embargo, Dios no estaba listo; resulta que Israel tampoco. Salomón se distrajo un poco —con mujeres; mujeres extranjeras y sus dioses extranjeros. El tema del templo no fraguó.

Aquí hay algo que suele pasarse por alto: además de construir un templo para su Dios, Salomón construyó muchas capillitas para un abanico de otros dioses. ¿Por qué? Porque quería mantener contentas a sus esposas extranjeras. “¿Cuántos otros?”, te preguntas.

Prepárate.

Unos setecientos.

El autor de 1 Reyes nos cuenta que Salomón tuvo setecientas esposas de sangre real.10

Construyó altares, santuarios y casas de adoración para cada dios adorado por sus setecientas esposas de sangre real. Una de estas esposas fue, ¿puedes creerlo?, ¡hija del faraón! Aun peor, sabemos que, hacia el final de su vida, Salomón, junto con sus esposas, adoraba a estos dioses extranjeros.11 Pero no crean que dejó de adorar al Dios de su padre, David. Hizo algo peor: los adoraba junto al Dios de su padre, David.

Aunque esto es confuso para nosotros, tenía todo el sentido del mundo para Salomón. Una vez que Salomón metió a Dios, por así decirlo, a su propio templo, lo rebajó al nivel de todas las demás deidades paganas de todas las naciones del mundo. Dios tenía una ubicación; una ubicación similar a la que los vecinos de Israel crearon para sus dioses. Con la construcción del templo, el Dios móvil de Israel parecía un poco más domesticado, regional. Había desaparecido la tienda de campaña, el recordatorio visual de que el Dios de Israel era un Dios que podía ir de un lugar a otro. Había desaparecido el recordatorio de que él podía levantarse e irse sin previo aviso. Y habiendo paz en el territorio, no había necesidad de invocar a Dios para que protegiera a Israel de sus enemigos.

Bajo el reinado de Salomón, Israel no estuvo en condiciones de bendecir a las naciones de la Tierra. Para el final de dicho reinado, Israel se parecía mucho a todas las demás naciones de la Tierra. Sin embargo, mientras que Salomón olvidó, o simplemente abandonó, su promesa a Dios, Dios no olvidó ni abandonó su promesa a Salomón. Su acuerdo con Salomón reflejaba la naturaleza condicional de su acuerdo con la nación.

Este templo no será más que un montón de ruinas y todos los que pasen a su lado se asombrarán y se burlarán, diciendo: “¿Por qué Dios ha hecho esto con Israel y con este templo?”12

Fiel a su palabra, en el año 587 a. C., después de un asedio sangriento, los soldados de Nabucodonosor atravesaron una brecha en el muro de Jerusalén, asesinaron a miles de ciudadanos, esclavizaron a miles más, y derrumbaron el templo de Salomón hasta sus cimientos.

Afortunadamente, Dios no estaba en casa esa tarde.

Se había mudado mucho antes.

Capítulo 4
LA RUPTURA

Después de la muerte de Salomón, su hijo Roboam tomó una decisión tonta, que dio por resultado la división de la nación en el reino del norte y el reino del sur. Para el año 700 a. C., el reino del norte (Israel) había abandonado a Dios por completo, y adoptado los cultos de adoración a los ídolos de sus vecinos. El reino del sur (Judá) estaba al borde de la misma apostasía. La noción de Israel como bendición para otras naciones, era ya inimaginable. Después de todo, la nación no podía resolver sus propias disputas internas, y una vez dividida sufrió la división militar y económica. Tanto Asiria como Siria estaban buscando una excusa para invadir. Eran tiempos difíciles para la gente de ambos reinos.

Dios envió una serie de profetas para exhortar, reprender y advertir a toda una serie de reyes. Uno de esos profetas fue Isaías. La profecía de Isaías no es fácil de entender, sobre todo si no se conoce el contexto histórico. En realidad, es difícil seguir el hilo de sus pensamientos aun con el contexto histórico. La razón por la cual lo menciono, es que a mitad de lo que fue quizá el punto más bajo en la historia de Israel, Isaías resucita la promesa de Dios a Abraham y le da su propio toque. Si le sonó extraña a Abraham, le sonaría aún más extraña a los habitantes de Judá en aquellos tiempos difíciles. Isaías escribe:

No es gran cosa que seas mi siervo, ni que restaures a las tribus de Jacob, ni que hagas volver a los de Israel, a quienes he preservado. Yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra.1

Para nada.

Repito, esta era una época de conquista, saqueo y toma de esclavos. Nadie estaba tratando de ser “luz” para nadie más. Nadie estaba tratando de salvar a nadie, salvo a sí mismo. Después de la muerte de Isaías, Judá (el reino del sur) fue invadido por Babilonia. En ese asedio, el magnífico templo de Salomón fue destruido; pero antes de arrasarlo, como era su costumbre, el rey Nabucodonosor ordenó extraditar a Babilonia la imagen del dios conquistado, para colocarla en su colección de dioses.

¡De verdad! Nabucodonosor tenía una colección de dioses.

Por supuesto, cuando sus soldados entraron a la “bóveda” del Dios judío, no encontraron ninguna imagen. Así que tomaron los cubiertos y los platos, y se dirigieron a casa… remolcando a una gran porción de la población, incluyendo a los Cuatro Fantásticos: Sadrac, Mesac, Abednego y Daniel.

Yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra.2

Mmmm.

Por suerte para Israel, su Dios era itinerante. Sin que Nabucodonosor lo supiera, Dios salió de Judea y se infiltró en Babilonia. El libro de Daniel registra esta aventura.

La historia sigue su curso.

LA ÚLTIMA PALABRA

Cuando Babilonia cayó ante los persas, alrededor del año 538 a. C., el emperador Ciro el Grande permitió a los judíos regresar a su patria, e incluso los animó a reconstruir su templo. En realidad, les dio la orden de reconstruirlo y hasta les dijo qué tamaño debía tener.3

Más pequeño.

Mucho más pequeño.

Así lo hicieron. Cuando los cimientos estaban terminados, y la gente pudo ver que su nuevo templo no era tan grande ni tan grandioso, aquellos quienes recordaban el templo de Salomón, “rompieron en llanto”.4 El nuevo templo, más pequeño, era un recordatorio visible de lo bajo que puede caer una nación.

El hecho de que un rey extranjero dictara de qué tamaño podían construir su propio templo, también les dolió. Pero los habitantes de Jerusalén no eran los únicos decepcionados con la versión económica del templo. Por lo visto, a Dios tampoco le agradó. Según lo que podemos deducir al leer todo lo que se escribió sobre este capítulo de la historia de Israel, Dios nunca se mudó a la nueva casa que le construyeron. Nunca “habitó” el templo renovado. De hecho, al final de esta trama, Dios tampoco habitó la edición renovada que construyó Herodes.

Aparentemente, Dios estaba harto de los templos.

No habían sido su idea, para empezar.

Él era el Dios Espíritu, que está en todas partes. Estaba bien en su tienda. Además, para esa época, el Arca de la Alianza estaba perdida junto con otros artículos importantes. No era como en los viejos tiempos. Sin embargo, Dios entendía lo que representaba el templo para este preciado pueblo recién llegado del exilio. Así que les habló por medio del profeta Hageo.

¿Queda alguien entre ustedes que haya visto esta casa en su antiguo esplendor? ¿Qué les parece ahora? ¿No la ven como muy poca cosa?

A lo cual seguramente respondieron: “¡Sí! Es ‘muy poca cosa’ comparado con el templo del rey Salomón”.

Continuó:

“¡Ánimo, pueblo de esta tierra!” afirma el Señor. “¡Manos a la obra, que yo estoy con ustedes!” afirma el Señor Todopoderoso. “Y mi Espíritu permanece en medio de ustedes, conforme al pacto que hice con ustedes cuando salieron de Egipto. No teman”. Esto es lo que dice el SEÑOR todopoderoso.

Aquí viene lo bueno.

Dentro de muy poco haré que se estremezcan los cielos y la tierra, el mar y la tierra firme; ¡haré temblar a todas las naciones!

Ahí está otra vez eso de “todas las naciones”. Nuevamente, parecía altamente improbable que Israel hiciera algo que hiciera estremecer a “todas las naciones”.

Luego dice:

¡Haré temblar a todas las naciones! Sus riquezas llegarán aquí, y así llenaré de esplendor esta casa, dice el Señor Todopoderoso.5

Lee cuidadosamente esos versículos (porque se me hace que nada más le diste una ojeada ¿verdad?). Nota que Dios les dijo que no iba a habitar en el templo. Al menos no en ese momento. Estaría “con” la nación y “entre” el pueblo judío. Mantendría su promesa orientada a todas las naciones (aunque hasta este punto, nadie había qué significaba esto). Sin embargo, no “llenaría” ese templo con su gloria, sino hasta una fecha futura. Luego concluye con un último vistazo al futuro:

El esplendor de esta segunda casa será mayor que el de la primera”, dice el Señor Todopoderoso. “Y en este lugar concederé la paz”, afirma el Señor Todopoderoso.6

En otras palabras: algo grande está por venir.

APAGA LAS LUCES

No mucho después de que se terminara de construir el templo a menor escala, las cosas en Judea se revolvieron nuevamente. El templo reconstruido reavivó la esperanza de que quizá los días de gloria de David y Salomón regresarían. Pero no ocurrió nada en ese sentido. El templo y todo lo relacionado con él, servía como doloroso recordatorio de una época pasada que probablemente nunca regresaría. La economía siguió decayendo. El interés por la adoración en el templo siguió menguando. Los líderes políticos y religiosos discutían entre ellos y aprovechaban su poder en perjuicio del pueblo, lo cual solo aumentaba el cinismo y la desconfianza.

En medio de esta confusión, entró en escena el profeta Malaquías. Su profecía sirvió como epílogo a lo que conocemos como el Antiguo Testamento.7 Aunque es el último profeta, no es el menos importante. Como los profetas anteriores a él, Malaquías reprendió furiosamente al pueblo por su apatía, falta de fe, inmoralidad y egoísmo. Le recordó a la nación, el amor inagotable de Dios, así como su inevitable juicio. La cuota profética estándar.

Sin embargo, en sus primeras profecías, Malaquías reitera el destino divino de Israel, la intención global de Dios. A pesar de todo lo que habían hecho para deshonrar su nombre, Dios estaba comprometido a cumplir su pacto con Abraham. Israel sería un medio para su fin. De hecho, el mundo sería bendecido a través de Israel.

Grande es mi nombre entre las naciones…

Ahí está otra vez.

Porque desde donde nace el sol hasta donde se pone, grande es mi nombre entre las naciones. En todo lugar se ofrece incienso y ofrendas puras a mi nombre, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor Todopoderoso.8

Luego…

Yo estoy por enviar a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí. De pronto vendrá a su templo el Señor a quien ustedes buscan.

Que conste que vendrá, es decir, aún no estaba allí.

…vendrá el mensajero del pacto, en quien ustedes se complacen…9

Fin.

Malaquías apagó las luces, cerró la puerta y desapareció en el desierto.

La verdad no, pero más o menos así se sintió.

Durante los siguientes cuatrocientos años, aproximadamente, no hubo profetas. Bueno, no hubo ninguno que la gente tomara en serio. Judea permaneció bajo control extranjero. Después de los persas, siguieron los ptolomeos, luego los seléucidas. Alrededor del 167 a. C., apareció un débil destello de esperanza. Un grupo de judíos apasionados, conocidos como Macabeos, iniciaron una revuelta. Bajo el liderazgo de Judas Macabeo, derrocaron y expulsaron a los invasores griegos. Purificaron, dedicaron (otra vez) y abrieron el templo. Por primera vez en siglos, los judíos eran libres del yugo extranjero. Muchos creyeron que Judas Macabeo era el Prometido, el Salvador enviado por Dios a restaurar la nación a su gloria anterior. Pero no sería así. Tras su muerte, la nación volvió a caer en una espiral de inestabilidad económica y política. Luego, en 63 a. C., el general Pompeyo hizo su famosa visita al templo judío, y anexó Judea a la república romana.

CALLADO, PERO NO QUIETO

Aunque podría decirse que Dios estuvo callado durante los años de ocupación y opresión de Israel, ciertamente no estuvo quieto. El apóstol Pablo plasmó perfectamente la tensión existente al escribir:

Pero cuando se cumplió el plazo…

Una vez que Dios tuvo todo y a todos preparados…

Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos.10

Cuando nadie lo esperaba.

Cuando la mayoría había perdido la esperanza.

Mientras la república romana estaba a un paso de convertirse en imperio…

Dios actuó.

Un carpintero descubrió que su prometida estaba embarazada y, mientras decidía qué hacer, un ángel le habló en un sueño:

José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel.11

Había llegado el momento.

Se había acabado la espera.

Se cumpliría la promesa de Dios a Abraham. Las naciones de la Tierra estaban a punto de ser bendecidas. Como parte del proceso, Dios visitaría el templo una última vez.

Pero no como nube.

Esta vez se mostraría como un humilde artesano de Galilea convertido en rabí. Un rabí que iniciaría un incendio que ningún imperio ni templo podría extinguir. Y al final, como lo había prometido, todas las naciones del mundo (por fin) serían bendecidas.

Capítulo 5
VOLVER AL CENTRO DEL UNIVERSO

Quizá el tema más prominente en los evangelios —los cuatro relatos de la vida de Jesús—, sea el incesante conflicto entre Jesús y los líderes religiosos. Aunque es fácil identificar sus diferencias de perspectiva e interpretación de la ley, no es fácil redondear la idea de por qué dichas diferencias ocasionaron que los fariseos, saduceos y maestros de la ley odiaran a Jesús. No podían simplemente decir que no estaban de acuerdo con él, era más que eso. Lo odiaban. No solo desearon su muerte, sino que orquestaron su arresto y ejecución. Aunque a nosotros nos parezca una reacción exagerada, como le pareció a Pilato, en realidad tenían una buena razón para despreciarlo.

Ellos vieron lo que nosotros pasamos por alto.

Los líderes del templo no veían a Jesús como iniciador del judaísmo 2.0. Entendieron correctamente que Jesús era una amenaza para todo lo que valoraban. ¡Todo! Si lo que Jesús afirmaba era verdad, señalaba una nueva versión del mundo, y el fin de su mundo como lo conocían.

Los lectores modernos de la Biblia ven a Jesús como una extensión de las Escrituras judías (nuestro Antiguo Testamento). Los líderes judíos en tiempos de Jesús no lo veían como una extensión o cumplimiento de nada. Nosotros vemos a Jesús como el resultado del Antiguo Testamento; sus detractores del primer siglo lo veían como un hereje que quería cambiar todo.

En ese punto, tenían razón: Jesús estaba presentando algo nuevo.

Una de las declaraciones más ofensivas de Jesús está registrada en el evangelio de Mateo. Si lo has leído, lo más probable es que la hayas pasado por alto. Pocos la notamos. Durante una de sus muchas disputas con los líderes religiosos acerca de las implicaciones de una violación del sabbat, Jesús, refiriéndose a sí mismo, declaró:

Pues les aseguro que aquí hay algo más importante que el templo.1

Indignante, ¿no?

¿No?

¿No habías notado esa declaración?

Eso pensé.

Para los judíos del primer siglo, nada ni nadie era más importante que el templo. Si hubiera habido algo más importante, el templo no habría tenido razón de ser. Era inútil. Aunque hay lugares que consideramos especiales, quizá sagrados, nuestra conexión emocional con esos lugares, no son nada en comparación con lo que los judíos sentían (y en algunos casos siguen sintiendo), por su templo. Para los judíos del primer siglo, el templo era todo. Era el centro del mundo; no solo de su mundo, sino del mundo entero.

El templo era el epicentro de la vida religiosa judía. Era el hogar legítimo de la ley oficial. El templo era la presencia de Dios en la Tierra. Compararse uno mismo con el templo, o sugerir que cualquier cosa era más importante que el templo, reflejaba una extraordinaria arrogancia, ignorancia o locura. Que alguien afirmara ser más importante que el templo era una blasfemia digna de la muerte. Una amenaza al templo era una amenaza a la nación. La población judía habría muerto antes que permitir que este inmueble sagrado fuera profanado o amenazado.

Habrían dado su vida.

No es una exageración.

Para muestra, un botón.

CONVERSACIÓN SOBRE ÍDOLOS

Alrededor del año 40 D.C., los ciudadanos de Jerusalén fueron notificados de que una estatua del emperador Calígula iba a ser erigida dentro de las paredes del templo. A Petronio, gobernador de Siria, se le dio la responsabilidad de transportar la estatua desde la ciudad portuaria de Ptolemaida hasta Jerusalén. Lo acompañaron dos legiones (aproximadamente 10.000 soldados). Cuando llegó a tomar posesión de la estatua, le sorprendió descubrir que miles de judíos de la región se habían reunido para protestar.2 Al ser amenazados con violencia, en lugar de organizarse y defenderse, los protestantes se arrodillaron y expusieron el cuello al filo de las espadas. El mensaje era claro: morirían antes de ser testigos de la profanación de su templo. Petronio fue superado en la táctica.

Un conflicto armado era una cosa; pero masacrar a ciudadanos desarmados era algo completamente diferente. Ignorando a las multitudes, Petronio y sus legiones se abrieron paso tierra adentro hacia Tiberíades. Según Josefo, al llegar al lugar, se encontró con un contingente mucho mayor de protestantes. Aún estaba a más de 160 kilómetros de Jerusalén. Josefo describió la escena a las afueras de Tiberíades, de la siguiente manera:

Así que se postraron en su cara, expusieron la garganta y dijeron estar listos para ser masacrados; e hicieron esto durante cuarenta días y, mientras tanto, abandonaron la labranza de su tierra, y esto cuando por la temporada del año era tiempo de sembrar. Así continuaron firmes en su resolución, y se propusieron morir voluntariamente antes que ver la dedicación de la estatua.3

Todos los campesinos se pusieron en huelga, poniendo en riesgo la economía de la región. Una vez más, Petronio se encontraba en un callejón sin salida. El cumplimiento de los deseos del emperador exigiría algo mucho peor que un conflicto armado. Exigiría algo más parecido al genocidio. Con reticencia, escribió al emperador para pedirle instrucciones, totalmente consciente de que no cumplir sus órdenes. se interpretaría como incompetencia y sin duda, ocasionaría su destitución o algo peor. Por un extraordinario giro del destino, o la providencia, oficiales de la Guardia Pretoriana conspiraron junto con un puñado de senadores romanos para asesinar al emperador antes de que la carta de Petronio llegara a la capital.

Crisis evitada.

Así que sí, el templo era importantísimo.

Jesús declaró ser más importante que el templo.

Ese era un problema.

FALLAS DE MODELO

Para cuando Jesús llegó a la edad adulta, el sistema del templo judío estaba completamente corrupto. Al menos eso pensaba él. Aunque los evangelios nos presentan un puñado de sacerdotes, abogados y fariseos sinceros, son la excepción. Tan solo el juicio de Jesús es suficiente para eliminar cualquier duda sobre el estado de las cosas.

La corrupción generalizada de la comunidad religiosa no solo se infiere y se ilustra en los evangelios. Jesús la abordó directamente. En el evangelio de Mateo, encontramos la descripción de Jesús sobre los dirigentes.4 Esta es una muestra:

•Todo lo hacen para que la gente los vea.

•Les encanta estar en el lugar de honor en los banquetes.

•Les encantan sus títulos.

•Les encanta que los saluden con respeto en los mercados.

•Descuidan la justicia, la misericordia y la fidelidad.

•Son hipócritas.

•Están llenos de avaricia y auto indulgencia.

•Por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de maldad.

Unos tipos encantadores.

Jesús concluye sus observaciones llamándolos víboras y preguntándoles cómo planean escapar al infierno.5 El lado positivo… bueno, no había un lado positivo. Jesús consideró que toda la empresa estaba corrupta. Por el tiempo en que Jesús salió del río Jordán para empezar su ministerio, los líderes del templo habían creado un sofisticado e intrincado sistema de resquicios legales que les permitía evitar las exigencias más inconvenientes de la ley. Eran especialmente hábiles en la reinterpretación y simplificación de las partes de la ley de Moisés, que les significaran algún gasto económico. Por consiguiente, quienes estaban en el escalón superior de la autoridad del templo vivían como reyes. En tiempos de Jesús, era muy rentable ser sacerdote en Jerusalén. La mayoría de la gente no sabe esto, pero en tiempos de Jesús, el templo era una empresa con enormes ganancias.

¡Enormes!

Esta es la razón.

EL TEMPLO DE LA PROSPERIDAD

El templo se beneficiaba de diferentes fuentes de ingresos, el más importante era el impuesto del templo. Los hombres judíos mayores de veinte años debían pagar medio siclo de impuesto anual al templo, equivalente al salario de un día y medio de trabajo. No era una cantidad enorme, pero no se limitaba a los hombres que vivían cerca del templo.

Este impuesto se exigía a cada hombre judío, independientemente de dónde viviera. En el primer siglo, había millones de judíos diseminados por todo el imperio romano y más allá.6 Existía un elaborado sistema para recolectar, resguardar y transportar el impuesto del templo a Jerusalén. Los hombres judíos podían pagar el impuesto en centros de recolección ubicados en las principales ciudades del imperio romano y sus alrededores, o podían pagarlo directamente en el templo. Josefo hace referencia a una ciudad con uno de dichos centros, Nísibis, ubicada en la actual Turquía. La siguiente cita, nos da alguna idea de cuánta riqueza se recolectaba y transfería hacia Jerusalén desde las ciudades recaudadoras:

… pues hacían uso de estas ciudades como una tesorería, desde donde, en el momento oportuno, lo recaudado era transferido a Jerusalén; y decenas de miles de hombres realizaban el transporte de esas donaciones, por miedo al pillaje de los llamados partos…7

Josefo es famoso por sus exageraciones, pero, aunque fueran solo mil judíos babilonios los asignados a proteger el convoy de los impuestos, sería un ejército de tamaño medio. Todo esto para apoyar la actividad que se llevaba a cabo, en ese lugar de apenas 150 metros cuadrados en Jerusalén. La suma exportada fuera de las provincias romanas que se embarcaba a Jerusalén, era tan grande que hizo que los gobernadores romanos propusieran leyes para prohibir que los judíos pagaran el impuesto en sus ciudades. En algún punto, el senado romano, en un esfuerzo por mantener la riqueza judía en la capital, aprobó una ley para prohibir la exportación de plata. Sin embargo, los judíos siguieron pagando el impuesto en el imperio romano y sus alrededores.

Eso fue solo el principio.

Para el siglo I, a los judíos se les prohibía acuñar su propia moneda. Los rabinos a cargo de la tesorería del templo, se vieron forzados a buscar una moneda extranjera que se aproximara al valor de un siclo o medio siclo. Escogieron monedas de plata acuñadas en la ciudad de Tiro.8 Los didracmas y tetradracmas tirios se aproximaban mucho al valor del antiguo siclo y medio siclo judíos. En los días de Jesús, el templo solo aceptaba la moneda tiria. Eso era un problema para los contribuyentes y una oportunidad para los recaudadores de impuestos. Los judíos viajaban desde todo el mundo para visitar el templo. Pocos de ellos llevaban consigo monedas tirias. Para remediar este problema, había mesas en el patio del templo donde los cambistas tomaban cualquier moneda que un adorador pudiera traer y la cambiaban por siclos tirios. ¿Y quién crees que determinaba el tipo de cambio? Las autoridades del templo, por supuesto. Los adoradores no tenían más opción que someterse a la tasa publicada.

Así que además de los impuestos que fluían desde todo el mundo civilizado, el personal del templo había descubierto otra forma de aumentar los ingresos. Fue esta práctica, junto con la venta de animales para el sacrificio, sobrevalorados y de segunda clase, lo que llevó a Jesús a ejercer su autoridad mesiánica de aquella forma tan inolvidable. En un extraño giro, indudablemente fueron treinta monedas tirias de plata, sustraídas del erario, las que el sumo sacerdote usó para pagarle a Judas.

El poder, la política y las utilidades relacionadas con el templo judío del primer siglo, fueron la tormenta perfecta. Se convirtieron en la receta perfecta para la corrupción. Agrega religión a la mezcla y la receta dará pie a una extraordinaria hipocresía (algo que Juan Bautista y Jesús señalaron y condenaron constantemente). A pesar de todo eso, el templo seguía siendo muy importante para la cultura judía del primer siglo. Algo realmente importante. Pero Jesús declaró ser más importante que el templo.

Eso era notoriamente escandaloso.

INIMAGINABLE

Una tarde, mientras Jesús y sus camaradas salían del templo, alguien hizo un comentario sobre las gigantescas piedras y magníficos edificios que formaban parte del complejo.9 Jesús se detuvo, volteó y dijo:

¿Ven todo esto? Les aseguro que no quedará piedra sobre piedra, pues todo será derribado.10

Traducción: No se impresionen mucho; será derribado.

Quedaron pasmados.

Pensaron que a lo mejor Jesús les iba a decir “no se crean, estoy bromeando.”

Pero Jesús se dio vuelta y siguió su camino hacia la ciudad.

“¿Derribado?” En verdad dijo: “¿Derribado?”

Cada piedra “¿derribada?” ¿Derribados esos 150 metros cuadrados y lanzados al valle que se encontraba abajo? ¿Cómo podía ser eso? Para ir más al grano, ¿cómo podía llevarse a cabo? Los terremotos eran comunes en la región; pero Herodes el Grande había reconstruido el templo de tal forma que era prácticamente a prueba de terremotos. Toda la estructura era de piedra cortada. Las piedras de los cimientos pesaban como quinientas toneladas. Un terremoto podía, a lo mucho, agrietar un techo, derribar un parapeto o crear una fisura en una pared. Pero incluso un terremoto no podría hacer lo que Jesús describió. Para eso se necesitaría un ejército, y el único ejército capaz de tal hazaña implicaba a las legiones romanas. Sin embargo, Roma no destruiría el templo, como se demostró con Herodes, el patrocinador real de Roma, y responsable de su reconstrucción.

Quizá habían entendido mal.

Más tarde, ese mismo día, se reunieron a las afueras de la ciudad, en el Monte de los Olivos, un lugar que les proveía una vista panorámica de la ciudad, incluido el templo. El suspenso los estaba matando.

La declaración de Jesús respecto al futuro del templo fue… bueno, apocalíptica. El fin del templo señalaba el fin del mundo como lo conocían. Nadie se sentía bien. Por fin, alguien habló y preguntó lo que todos se morían por saber:

¿Cuándo sucederá eso…11

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas registran la respuesta de Jesús. Lo que siguió fue la profecía más sorprendente y verificable jamás hecha por nadie antes, en ningún otro lugar y en ninguna otra época. A los cristianos les gusta apoyarse en las profecías del Antiguo Testamento para “demostrar” que Jesús es quien decía ser. Pero esta épica predicción, es mucho más convincente que cualquier cosa que podamos encontrar en el Antiguo Testamento. Es una prueba de la respuesta de Jesús en el evangelio de Lucas:

Ahora bien, cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que su desolación ya está cerca. Entonces los que estén en Judea huyan a las montañas, los que estén en la ciudad salgan de ella, y los que estén en el campo no entren en la ciudad.12

Existe la posibilidad de que hayas leído eso antes. Existe la posibilidad de que hayas escuchado uno o dos sermones que incluyeran estos versículos. Y existe la posibilidad, de que quien haya dado esos sermones, haya relacionado esos versículos con los últimos días… con el libro del Apocalipsis… con la segunda venida… etc. ¡Es lamentable!

Por la siguiente razón.

Jesús no estaba prediciendo el fin del mundo, tal y como lo describe el último libro de nuestras Biblias. Él estaba prediciendo algo local, algo que ocurriría durante la vida de muchas personas de su audiencia. Por supuesto, cuarenta años después de que Jesús hiciera esta perturbadora predicción, el general Vespasiano, quien pronto sería elegido emperador de Roma, atrapó a miles de rebeldes judíos dentro de la ciudad de Jerusalén. Esta fue la culminación de una campaña militar de cuatro años del imperio contra la resistencia judía. Los historiadores se refieren a esto como la Guerra Judía o guerras judeo-romanas. Era inimaginable cuando Jesús habló de ella, pero el ejército de Vespasiano literalmente sitió Jerusalén, encerrando a las fuerzas rebeldes y a los ciudadanos dentro de los muros de la ciudad —muros que a la larga se convertirían en una cárcel para los aterrorizados ciudadanos de Jerusalén. Con ese poco de historia como telón de fondo, veamos una vez más la declaración de Jesús:

Ahora bien, cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que su desolación ya está cerca. Entonces los que estén en Judea huyan a las montañas, los que estén en la ciudad salgan de ella, y los que estén en el campo no entren en la ciudad.13

Conforme el ejército de Vespasiano se aproximaba a Jerusalén, miles de peregrinos judíos se dirigían a la Ciudad Santa a celebrar un festival religioso. Al principio, los comandantes romanos impidieron la entrada de los peregrinos a la ciudad. Vespasiano revocó esa orden y dio instrucciones a sus legiones de proteger y escoltar a los peregrinos hasta las puertas de la ciudad. Esto sucedió durante varios días. Una vez que todos estaban seguros dentro de los muros, Vespasiano selló la ciudad. Fue un movimiento tan brillante como cruel, por parte del general romano. Entre más bocas que alimentar, más corto sería el sitio. Para cuando la Décima Legión atravesó el muro interior de la ciudad, la población estaba, literalmente, muriendo de hambre.

…y los que estén en el campo no entren en la ciudad.14

Jesús continuó:

¡Ay de las que estén embarazadas o amamantando en aquellos días! Porque habrá gran aflicción en la tierra, y castigo contra este pueblo.15

La palabra “castigo” se quedó corta. El sitio se prolongó tanto, que para cuando la infantería romana se abrió paso a través de la brecha, su ira reprimida los hizo despiadados. Miles de judíos fueron salvajemente asesinados. Josefo, el historiador judío, escribe:

La matanza en el interior fue aún más espantosa que el espectáculo visto desde fuera. Hombres y mujeres, viejos y jóvenes, insurgentes y sacerdotes, quienes pelearon y quienes imploraron clemencia, fueron cortados de arriba a abajo en una carnicería indiscriminada… Los legionarios tuvieron que trepar sobre montones de cadáveres para llevar a cabo la obra de exterminio.16

Quienes se salvaron, no fue por misericordia, sino por codicia. Los sobrevivientes, incluidos niños, fueron vendidos a los tratantes de esclavos, quienes esperaron con impaciencia su día de pago. Josefo establece el número de judíos vendidos como esclavos en cientos de miles. Jesús también predijo eso:

Caerán a filo de espada y se les llevará cautivos a todas las naciones.17

Esta extraordinariamente detallada predicción de lo que sucedería en Jerusalén, es una razón por la que los expertos seculares insisten en que los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas se escribieron más de una generación después de los hechos ahí registrados. A su modo de ver, para cuando se escribieron los evangelios, todos los supuestos testigos de la resurrección estaban muertos. Cualquiera que hubiera conocido a Jesús o escuchado sus enseñanzas, estaba muerto. Según ellos, los evangelios son obra de los cristianos no judíos que pusieron palabras en boca de Jesús con base en leyendas y rumores. Esta hipótesis presenta innumerables problemas. Se han escrito libros y artículos para demostrar lo absurdo de esas declaraciones. Sin embargo, compadezco a quienes insisten en pensar así.

¿Por qué?

Porque, si los evangelios se escribieron antes del año 70 D.C., antes de que ocurrieran los sucesos descritos por Jesús, es imposible evitar la conclusión de que Jesús predijo, con extraordinarios detalles, el fin del antiguo judaísmo. Si Jesús lo profetizó, sería tonto no considerar cuidadosamente todo lo demás que tuvo que decir.

Y ni siquiera hemos llegado al suceso principal: la destrucción del templo.

PIEDRA SOBRE PIEDRA

Cuando las legiones romanas entraron a Jerusalén, descubrieron que el distrito del templo estaba bien defendido. Mientras los rebeldes, desesperados, peleaban para defender su lugar más sagrado, los sacerdotes suplicaban a Dios un milagro desde el techo. Finalmente, las legiones se impusieron, pero no antes de que alguien incendiara el interior del templo. Todo lo que era inflamable, se destruyó. Los sacerdotes fueron asesinados, y todos los objetos de valor que sobrevivieron a las llamas, fueron sacaron del lugar. Pero lo que pasó a continuación no tenía precedentes, y fue totalmente inesperado.

Tito, quien ahora estaba al mando por la ausencia de su padre, ordenó que cada piedra usada en la construcción del templo fuera derribada, arrastrada a la orilla de la plaza, y empujada hacia el valle que se encontraba abajo. Algunas de esas piedras enormes permanecen ahí hasta nuestros días, donde quedaron hace casi dos mil años.

¿Ven todo esto? Les aseguro que no quedará piedra sobre piedra, pues todo será derribado.18

Al leer la descripción de Jesús de lo que sucedería, con la claridad que tenía del futuro, es fácil imaginar el dolor en su voz. Es como si pudiera ver la carnicería, oír los gritos y sentir el pánico de las madres aferradas a sus hijos.

Este era su pueblo. Esta era su nación —la nación que Dios había levantado a partir de un hombre, con un propósito: bendecir al mundo. Pero ese capítulo estaba llegando al final. El templo estaba llegando al final. El pacto de Dios con la nación había servido a su propósito. Ya no era necesario.

¿Por qué?

Porque algo más importante que el templo, había llegado.

Algo que haría que el templo, y todo lo relacionado con él, quedase obsoleto. Algo nuevo. Algo mejor. Algo para todo el mundo. El antiguo Israel fue un medio para un fin.

Ese fin había llegado.

Lo nuevo estaba por comenzar.

SECCIÓN 2

INTRODUCCIÓN

Hay algo que debería quedarnos completamente claro a partir de nuestro rápido resumen del Antiguo Testamento. Dios tenía un plan. Su plan tenía implicaciones para todas las naciones, no sólo para una nación. Si los capítulos anteriores no te convencieron, quizás esto lo haga:

Porque tanto amó Dios al…

¿Conoces este verso?

…mundo.

Así es, al mundo entero. Esto significa a cada persona, en cada nación y en cada generación. El Creador del Mundo se reveló asimismo a un hombre que no tenía un pueblo y quien se convertiría en una nación con un propósito divino. A lo largo de ese tortuoso camino, Dios usaría una variedad de elementos para hacer que la historia avanzara. Largos viajes, plagas, fuego, azufre, terremotos mortales, tablas de piedra, una antigua constitución, un altar portátil, reyes, y eventualmente, aunque con algo de reservas, un templo. Bueno en realidad, fueron varios templos.

Pero cada uno de estos elementos fueron un medio para un fin, y todos fueron diseñados para tener un final. Todo en esa lista tuvo cierto tiempo de vida útil.

No quiero restarle importancia a ninguno de los elementos en la lista. Tampoco lo hago con las Escrituras judías. En lo que respecta a los textos sagrados judíos, estoy completamente de acuerdo con Jesús. Su punto de vista es mi punto de vista. Pero ¿qué dice él acerca de las Escrituras judías? Hablaremos un poco más al respecto, en esta sección.

En muchas formas, las aventuras y desventuras del pueblo judío, según están registradas en la primera mitad de la Biblia, pueden compararse con un capullo diseñado de forma divina que, “en el tiempo indicado”, dio paso al cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham. Cuando Jesús puso un pie en el Río Jordán para ser bautizado, se estaba desatando algo completamente nuevo en el mundo. Algo tan nuevo, tan completamente diferente, tan distinto a nada que hubiese existido antes, que incluso Juan el Bautista reconoció que su momento de brillar había llegado a su fin. A partir de ese momento, todo giró en torno a esta nueva persona.

¿Recuerdas esto?

El siguiente día Juan vio que Jesús venía hacia él, y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del.…

Y ahí está de nuevo.

… ¡mundo!

Juan se emocionó tanto que le costó mucho trabajo hablar.

Él es de quien yo dije: “Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.

¿No te parece fascinante? Pero escucha… Quiero decir, lee lo que dijo después:

Yo no lo conocía; pero vine bautizando con agua para esto…

Dinos Juan, ¿por qué viniste bautizando con agua?

…para que él fuera manifestado a Israel. 1

¿Cuál era la implicación? Ahora que él ha sido revelado, mi pequeña parte dentro de esta historia ha terminado. Soy simplemente un hombre, parte de una larga lista de personas a quienes Dios ha usado para preparar lo que está por hacer. Juan el Bautista —al igual que Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, David, Salomón, Nehemías y todos los profetas— fueron un medio para un fin.

Al igual que los largos viajes, las plagas, los incendios, el azufre, las tablas de piedra, los altares portátiles, los reyes y los templos, Juan fue necesario, pero temporal. Fue tan temporal, que los escritores de los Evangelios nos dicen que cuando Jesús se enteró que Juan había sido arrestado, no sólo no lo rescató, sino que se fue al lago.2

¡Es verdad! Se fue al lago.

Pero incluso después de la impresionante presentación que le dio Juan, nadie esperaba que Jesús crease algo nuevo. Por el contrario, si él era en verdad el Mesías, su papel era el de extender algo antiguo. Si era un profeta, su tarea era la de pastorear a la nación hacia las antiguas costumbres. Si Jesús hubiese estado satisfecho con el título de rabí o maestro, su papel hubiese sido el de aclarar y aplicar las antiguas palabras de Moisés. Pero sin importar qué papel eligiera, la palabra “nuevo” no era parte de la ecuación. ¿Mejorado? Quizá, pero no nuevo.

En las próximas secciones exploraremos tres facetas de lo nuevo que Jesús desató en el mundo. Comenzaremos por su nuevo movimiento, la Iglesia. Después escucharemos cómo les explica a sus discípulos los términos y condiciones de un nuevo pacto, un nuevo acuerdo entre Dios y la humanidad. Por último, trataremos de abrazar y entender la importancia del nuevo mandamiento de Jesús, un único mandamiento destinado a ser la ética gobernante de su nuevo movimiento.

Tengo la impresión que eso nuevo que Jesús inició no será novedad para ti. Ciertamente no te molestará. Lo que puede que encuentres perturbador, son las implicaciones que existen sobre lo viejo. Jesús vino a cumplir y a reemplazar mucho de lo que ya estaba funcionando. Normalmente no nos molesta algo nuevo, eso es hasta que entendemos que significa soltar lo viejo, lo que nos hace sentir cómodos. Eso explica por qué te quedaste con tu viejo sillón después de comprar uno nuevo. Todo eso que tienes guardado en el ático, en el sótano o en algún clóset… pareciera que simplemente no puedes deshacerte de ello, ¿verdad? Es la naturaleza humana. Y en el caso de tu clóset, sótano o ático, es inofensivo. Ese viejo sillón que guardaste en el sótano no te impide para nada disfrutar del nuevo que tienes en la sala. Pero como estamos por descubrir, en tanto nos aferremos a lo viejo que Jesús vino a reemplazar, jamás podremos plenamente apreciar, experimentar o incluso reconocer lo nuevo que vino a poner en su lugar.

Así que sí, lo que viene a continuación puede ser un poco perturbador.

Pero la verdad espero que te sientas más que perturbado. Para cuando hayamos terminado nuestro tiempo juntos, espero que estés listo para de una vez por todas desconectar tu fe, tu teología y tu estilo de vida de eso viejo que Jesús vino a reemplazar. Y espero que abraces plenamente lo nuevo que Jesús vino a desatar en el mundo y para el mundo.

Capítulo 6
UN MOVIMIENTO COMPLETAMENTE NUEVO

No es sólo que los seguidores de Jesús del primer siglo no estuviesen esperando algo nuevo, ellos asociaban a Jesús con alguien viejo.

Verdaderamente viejo.

Tan viejo que estaba muerto.

Esto es lo que sucedió.

Jesús y su grupo de “alegres compadres” estaban viajando por la región de Cesárea de Filipo cuando Jesús les hizo una pregunta crucial. Quizá fue la historia sobre el trasfondo de esta región, que tenía dos nombres, lo que llevó a Jesús a preguntar:

¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?1

¿Qué está diciendo la gente? ¿Cuál es mi reputación?

Resulta que algunos creían que era Juan el Bautista reencarnado. Otras sugerían que era Elías, Jeremías o algún otro profeta judío muerto.2 ¿Cuál era la implicación? Más de lo mismo. Nada nuevo. Entonces Jesús le hizo una segunda pregunta:

Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”

Obviamente, Simón Pedro fue quien respondió…

Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.3

A lo que Jesús respondió:

Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo. Yo te digo que tú eres Pedro…

Y después llegó el gran anuncio:

…y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella.4

Esta es mi profecía bíblica favorita.

Jesús nos predijo a nosotros.

Más específicamente, Jesús predijo algo nuevo. El habló en tiempo futuro. “Edificaré…”, refiriéndose a que no había sucedido aún. Algo nuevo estaba por llegar.

¿Qué era esto nuevo que nadie sabía que estaba en camino?

Su “iglesia”.

PRIMERA VEZ

Esta es la primera vez que la palabra iglesia aparece en el Nuevo Testamento. Pero resulta que no debió haber siquiera aparecido. Mientras que la mayor parte del Nuevo Testamento en español es una traducción literal del latín, el término iglesia es una excepción. El término iglesia no es una traducción. Es más bien una sustitución, bastante engañosa, por cierto.

El término “iglesia” se deriva del latín ecclesía y esta del griego, ekklesía (έκκλησία) que significa: asamblea. El término “church” (iglesia en inglés), es un derivado del término alemán “kirche”, que significa: casa del Señor o templo. En vez de traducir la palabra “reunión” o “asamblea” a lo largo del Nuevo Testamento, decidieron crear la palabra “iglesia”. Bueno, no siempre sustituyeron la palabra iglesia. Hay notorias e importantes excepciones. Notorias e importantes porque nos aclaran, a los lectores de hoy en día, el punto que Jesús estaba enfatizando esa tarde, Jesús no estaba prediciendo un nuevo templo para el Señor. Por el contrario, como ya hemos visto, Dios ya estaba cansado de templos para ese entonces.

Una mirada rápida a una de estas excepciones notorias de la traducción de ekklesía, nos permite despejar cualquier confusión relacionada con lo que Jesús estaba y no estaba prediciendo esa tarde en Cesárea de Filipo. La excepción que elegí se encuentra en el contexto de uno de los viajes misioneros de Pablo.

EL GREMIO DE LOS ÍDOLOS

Mientras estaba de visita en la ciudad de Éfeso, el apóstol Pablo se encontró en medio de una controversia local ocasionada principalmente por el éxito que había tenido al convertir a un gran número de personas que adoraban ídolos. Había tanta gente abandonando sus tradiciones idólatras, que el negocio de la fabricación de ídolos se veía amenazado. Como respuesta a esto, un platero llamado Demetrio convocó una reunión del gremio de los fabricantes de ídolos y de otras actividades relacionadas, y les compartió su preocupación. ¿Qué ocurrió después? ¡Un disturbio!

Lucas, quien estuvo ahí, afirma que hubo un tumulto en toda la ciudad.5 A continuación verás la descripción de lo que sucedió. El término griego ekklesía, traducido como iglesia más de cien veces en nuestra versión del Nuevo Testamento en español, está traducido de una forma diferente en este pasaje. Veamos si puedes encontrarlo:

Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la asamblea, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido.6

¿La encontraste? Así se leería este pasaje si ekklesía hubiese sido traducida como iglesia.

Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la iglesia, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido.7

Bueno, la verdad eso sí que me recuerda bastante a una “reunión de negocios” en la iglesia a la que yo iba cuando estaba en la secundaria. Durante esa reunión, ¡alguien golpeó a mi papá! Pero bueno, esa es una historia que te cuento otro día.

Como probablemente te diste cuenta, ekklesía se tradujo en este pasaje como asamblea. ¿Por qué? Porque eso es lo que significa esa palabra. Ekklesía no era, y no es un término religioso. No significa iglesia o casa del Señor. Ciertamente no debería asociarse con un templo. El término se usaba ampliamente para describir una reunión o una asamblea, una reunión cívica o incluso una asamblea de soldados. O como se menciona antes, una reunión de fabricantes de ídolos ocasionando un disturbio. Una ekklesía era una reunión de personas con un propósito específico. Cualquier propósito específico.8 El punto es este…

COMO NINGÚN OTRO

Esta mala traducción de lo que Jesús dijo le resta valor a lo que Jesús quiso decir.9 Jesús anunció la creación de una nueva asamblea en su nombre: “mi ekklesía”. Lo cual era blasfemia. Jesús se estaba colocando asimismo en contra del templo y de lo que representaba, y lo hizo de una manera ofensivamente clara. Él no era simplemente otro rabí con un grupo común de seguidores que eventualmente se dispersarían cuando su maestro se fuera, se muriera, o algo peor.

Jesús no era simplemente uno más dentro de una larga lista de profetas que habían llegado para castigar y corregir a la nación. Ciertamente no era un zelote. El gobierno romano parecía no preocuparle en lo más mínimo… lo cual molestaba a sus seguidores… y mucho. Jesús no era nada de esto. Él pertenecía a una categoría única. Pedro estuvo en lo cierto, él era el Cristo, el hijo del Dios viviente. Él era distinto a todos los que lo antecedieron, y nada, ni siquiera su propia muerte detendría lo nuevo que él estaba por iniciar en el mundo.

EL CAMINO

Estando de pie bajo el sofocante sol de Galilea, Jesús no predijo un lugar. Él predijo un grupo de personas, una nueva asamblea que representaría un nuevo movimiento. Lucas habría de documentarlo tiempo después. La promesa de Jesús eventualmente se materializó. Semanas después de la resurrección, sus seguidores tomaron las calles de Jerusalén y el movimiento empezó a moverse. Llenos del Espíritu móvil de Dios, comenzaron a movilizarse. No necesitaron ningún tipo de instalaciones sagradas. No había edificio alguno que pudiera contenerlos. El movimiento de Jesús había despegado.

No pasó mucho tiempo para que el movimiento tuviera un nombre, pero no fue la iglesia. Después de la resurrección, los seguidores de Jesús no se llamaban cristianos. Eso pasaría tiempo después. Al inicio, el movimiento de Jesús tenía un nombre dinámico. Un hombre que indicaba dirección, intención y pasión. Al inicio, el movimiento de Jesús fue llamado El Camino.

Antes de su conversión, el apóstol Pablo se refería a los seguidores de Jesús como los que pertenecían al Camino. Después de su conversión, él admitió delante del gobernador Félix que él también era un seguidor del Camino.10 La palabra en griego que se tradujo como camino, también puede traducirse como vía, sendero o calle. Los seguidores de Jesús se veían a sí mismos como los encargados de guiar el camino hacia un futuro para toda la humanidad. A diferencia del judaísmo antiguo o de distintas religiones paganas, el camino no era algo regional, tampoco era nacional. No estaba atado geográficamente a un lugar sagrado. Éste era un movimiento que ofrecía una forma de avanzar para todas las personas sin importar a qué grupo, tribu o lengua pertenecieran. Este apelativo enfatizaba una vez más la novedad inherente al movimiento de Jesús. No era la continuación de algo viejo, sino el comienzo de algo nuevo. Jesús había llegado para establecer algo, diseñado para cumplir y reemplazar todo lo que había sido establecido antes.

Como dije anteriormente, el término iglesia jamás debió haber sido incorporado en las Escrituras o en la cultura cristiana. Es más que una mala traducción. Representa una mala dirección. Si nunca habías escuchado algo similar antes, puede que te estés preguntando, “¿por qué nadie me había dicho esto? Si la palabra en griego significaba reunión, ¿por qué nuestras Biblias en español no dicen ‘reunión’? ¿Por qué nuestras Biblias usan un derivado de la palabra en latín, ecclesía, en lugar de una traducción directa?”

La respuesta corta es que alguien lo intentó en una ocasión y el resultado no fue bueno.

LES PRESENTO A WILLIAM

En 1522, William Tyndale comenzó a traducir el Nuevo Testamento del griego al inglés. Tyndale tuvo la audacia de traducir el término ekklesía, en lugar de superponer el ampliamente aceptado término alemán kirche. En lugar de iglesia, el usó el término congregación. Si eso no era lo suficientemente ofensivo, encima de eso, el texto en griego lo llevó a utilizar la palabra anciano, en lugar de sacerdote y arrepentirse, en lugar de hacer penitencia.11

Tyndale fue catalogado como un rebelde y después de eludir exitosamente a las autoridades durante diez años, fue traicionado por un amigo y arrestado. Un tribunal de la Santa Inquisición lo condenó como hereje y lo entregó a las autoridades civiles, quienes lo ataron a una estaca, lo estrangular con una cuerda, quemaron su cuerpo y dispersaron sus restos.

Todo esto para decirte: “Que ni se te ocurra cambiar el letrero de tu iglesia”.

Pero hablando en serio, piénsalo por un momento.

Los funcionarios de la “iglesia” ejecutaron a un hombre por traducir y distribuir las palabras de Jesús en un lenguaje que tanto adultos como niños podían leer y entender.

¿Cómo puede ser eso posible?

Es posible porque para ese tiempo en la historia de la iglesia, gran parte de lo que Jesús había venido a reemplazar ya había sido adoptado de nuevo. Como descubriremos a lo largo de nuestro tiempo juntos, cada vez que la iglesia decide mezclar lo antiguo con lo nuevo, pasan cosas malas y las personas terminan lastimadas.

Para el tiempo en el que William Tyndale entró en escena, los funcionarios de la iglesia ya habían abandonado el nuevo modelo de liderazgo de Jesús. Lo habían reemplazado con un modelo jerárquico imperial. Los funcionarios sabían que si la gente común (o los plebeyos) tenían acceso a las Escrituras, descubrirían que la iglesia de su generación no se parecía en nada a la iglesia descrita en el Nuevo Testamento. Ellos se encontrarían con un Salvador que no se parecía en nada a la deidad intimidante y violenta representada en los sermones de ese tiempo. Ellos habrían buscado en vano términos tales como purgatorio, indulgencia y excomunión. Darle a la gente acceso al texto, le habría quitado a la iglesia su principal método de control, el miedo. Algo que Jesús se negó a hacer. Algo que Jesús repetidamente les instruyó a sus seguidores a no hacer.

Gracias al valor de hombres como Tyndale, Huss, Lutero y otros, la ekklesía de Jesús fue parcialmente liberada de la tiranía impuesta por la manipulación jerárquica de la iglesia. La Reforma protestante trajo nueva vida a la ekklesía de Jesús. El evangelio dejó de estar encadenado al altar y se hizo accesible para las masas y no sólo para las misas.

Es una pena que la osada, aunque precisa traducción de Tyndale del término ekklesía, no hubiera prevalecido. Para los tiempos de la Reforma, el término iglesia se había arraigado tanto en la cultura y en las conversaciones, que no hubo vuelta atrás. De manera que, aunque la traducción de Tyndale logró abrirse paso hacia el mundo moderno y posmoderno, el término ekklesía sigue siendo una víctima de la traducción tradicional.

El término, mas no el movimiento.

Desde el primer siglo y hasta el siglo veintiuno, siempre ha existido un remanente, un grupo que se ha rehusado a definir a la iglesia en función de una ubicación o una jerarquía. Siempre ha habido, y siempre habrá, hombres y mujeres que ven a la iglesia como un movimiento con una misión y mandato divinamente inspirados.

Bueno, vamos de vuelta con Jesús.

VAMOS DE NUEVO

Mientras caminaba con sus discípulos en la región de Cesárea de Filipo, los doce no tenían la menor idea que estaban al borde de una nueva era. No había manera de que ellos supieran lo importante que esa conversación en particular resultaría ser. Ciertamente no tenían idea de la importancia que ellos tendrían en los eventos que estaban por suceder. Ellos estaban pensando en un reino con un trono y ejército. Su visión no llegaba más allá de las antiguas fronteras de Israel. Pero Jesús tenía algo más grande en mente.

Algo nuevo.

Su ekklesía.

Su nuevo movimiento eventualmente llevaría su nuevo mensaje más allá de las fronteras de Judea y Galilea. En un lapso increíblemente corto y en contra de todo pronóstico imaginable, el mensaje de Jesús logró llegar al corazón del Imperio romano. Para el inicio del segundo siglo, había conquistado la atención de muchos paganos, tanto dentro como fuera del imperio. Uno de esos, fue un abogado convertido en teólogo y apologista cristiano llamado Quinto Septimio Florente Tertuliano, mejor conocido como Tertuliano. Tertuliano fue tanto producto, como testigo de la difusión del cristianismo al final del segundo siglo y a principios del tercero. Cuando Tertuliano escribió las siguientes palabras, aún había cruces en Roma con cuerpos de sentenciados a muerte colgando de ellas. Sin embargo, la ekklesía de Jesús florecía:

¿Qué puedo decir de los mismos romanos, quienes fortifican su propio imperio con guarniciones de sus propias legiones, y no pueden extender el poder de su reino más allá de estas naciones?

Pero el nombre de Cristo se extiende por todo lugar, se cree en todos lados, es adorado en todas las naciones anteriormente mencionadas, reina en todo lugar, es adorado en todos lados y es conferido sobre todos por igual sin importar el lugar. No hay rey que con Él encuentre mayor favor, ni bárbaro menor gozo; ninguna dignidad o linaje disfruta de una distinción por mérito; Él es igual para todos, es Rey para todos, es Juez para todos, es Dios y Señor para todos.12

“Pero el nombre de Cristo se extiende por todo lugar, se cree en todos lados…”

Esto habría sido imposible de comprender para aquellos doce hombres que caminaban con Jesús.

“¿En todos lados?”

Pero después de su resurrección, los seguidores de Jesús del primer siglo fueron testigos del lanzamiento de un movimiento que, de hecho, se extendería “en todos lados”. El epicentro de este movimiento sería la declaración inspirada de Pedro en relación con la identidad de su amigo y maestro. Jesús era, de hecho, el Mesías, el Hijo del Dios viviente.

Capítulo 7
UN ACUERDO COMPLETAMENTE NUEVO

Para los judíos devotos del primer siglo, gran parte de lo que Jesús enseñaba era escandaloso, una blasfemia o en el mejor de los casos, algo infundado. En un par de ocasiones, los líderes religiosos tomaron rocas para apedrearlo.1 Personas con quienes Jesús creció de niño, trataron de aventarlo por un precipicio. Después de un sermón en el que hizo referencia a comer su carne y a beber su sangre, algunos de sus más fervientes seguidores lo abandonaron. Así que, desde el punto de vista religioso del primer siglo, Jesús no era alguien que se apegara al status quo. Pero ¿cómo reaccionaba la gente común? ¡Ellos lo amaban!

Sus más cercanos seguidores estaban convencidos de que al final, el haría las paces con las personas influyentes de la comunidad judía y que juntos lograrían echar fuera a los romanos y darle paso a una nueva era de judaísmo centrado en el templo. Hasta el mismísimo final, ellos estuvieron convencidos que Jesús había venido a extender algo viejo en lugar de iniciar algo nuevo. Esto puede explicar la razón por la que las palabras más ofensivas de Jesús no crearon una reacción en cadena.

LA SORPRESA DE NAVIDAD

Para tratar de entender desde nuestra perspectiva esta declaración tan ofensiva, imagina que el próximo diciembre tu pastor hace el siguiente anuncio el primer domingo del mes:

Quiero tomarme un minuto para anunciar un cambio permanente en la forma en la que nuestra iglesia celebrará la Navidad. A partir de este año, en lugar de celebrar el nacimiento de Jesús, celebraremos mi cumpleaños.

Puedo imaginarme que cuando te des cuenta que él (o ella) está hablando en serio, te saldrías disimuladamente durante la ofrenda y nunca regresarías. Eso claro está, a menos que seas un diácono o un anciano en tu iglesia. En ese caso seguro convocas una reunión de emergencia con los líderes, y luego mandan al pastor con el psiquiatra.

¿Puedes pensar en algo más absurdo? ¿No?

Yo tengo algo en mente.

Y es algo que dijo Jesús. En ese momento todos debieron haberse levantado, todos debieron haberse ido. Pero ellos estaban ahí para quedarse. Así que nadie se fue.

Bueno, la verdad es que uno sí se fue. Ya sabes quién. El traidor.

Esto es lo que sucedió.

UN CAMBIO EN LA PASCUA

La noche previa a su crucifixión, algo que nadie en ese salón esperaba, Jesús se reunió con los doce para la cena de Pascua. La Pascua era una de las celebraciones más importantes, si no es que la más importante para los judíos de la antigüedad. La Pascua era la conmemoración y la celebración anual de la liberación de la nación de Israel de la esclavitud egipcia. Sin duda alguna, los judíos del primer siglo tenían emociones encontradas al celebrar su libertad de Egipto mientras estaban bajo el control de Roma. Para muchos, era un recordatorio anual de lo que Dios podría hacer si tan sólo quisiera hacerlo… básicamente, enviar a otro Josué para expulsar a los invasores. De hecho, las personas que estaban reunidas con Jesús esa noche esperaban que él fuera algo como una versión de Josué. Un Josué 2.0.

Durante esta muy sagrada ocasión, Jesús hizo lo que fue quizás su más extravagante y ofensiva declaración hasta la fecha. Lo has leído o escuchado decenas de veces, y estoy casi seguro que no generó ningún tipo de sentimiento de ti.

Cuando llegó la hora, Jesús y sus apóstoles se sentaron a la mesa. Entonces les dijo: ‘He tenido muchísimos deseos de comer esta Pascua con ustedes antes de padecer’.

Su referencia al sufrimiento puede ser la razón por la que sus amigos no se sintieron ofendidos por lo que dijo después. Al final, si Jesús sufría había una gran probabilidad de que ellos sufrieran también. ¡Y con todo el sufrimiento en mente los agarró distraídos!

Luego tomó la copa, dio gracias y dijo: ‘Tomen esto y repártanlo entre ustedes. Les digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios’.

En cuyo punto puede que hayan pensado: “Pareciera que estás poniéndote en el centro de todo esto. Quizá deberíamos tomarnos unos momentos para recordar lo que estamos en verdad celebrando. Moisés. Egipto. Los carros del Faraón”.

También tomó pan y, después de dar gracias, lo partió, se lo dio a ellos y dijo:

¿Listos?

Este pan es mi cuerpo, entregado por ustedes; hagan esto en memoria de mí.2

A lo que deben haber pensado: “¿Cómo? ¿Quieres que celebremos la Pascua en tu memoria? ¡Eso es peor que afirmar ser más importante que el templo!”

Jesús tomó una comida que hacía referencia al que fue quizás el momento más crucial en la historia de Israel y la redefinió, la reinterpretó. Ponte por un momento en las sandalias de los discípulos e imagina qué tan ridículo, qué tan blasfemo debió haber sonado eso. Nosotros no jugamos con la Navidad o con la Semana Santa, y Jesús no tenía por qué haberse metido con la Pascua.

A menos que…

A menos que algo más importante que la liberación de Israel de Egipto estuviese a punto de suceder. Pero ¿qué podría ser más importante que eso? Quizás se los explicaría después. Además, ya era hora del plato principal. Así que comenzaron a hacer algunas bromas durante la cena mientras reflexionaban sobre la extraña y traicionera declaración de Jesús.

Pero justo cuando pensaron que las cosas volvían a la normalidad, él tomó el tema de nuevo.

De la misma manera tomó la copa después de la cena, y dijo: ‘Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes’.3

“El nuevo pacto”.

¿De verdad dijo el nuevo pacto? ¿Se refiere a lo que predijo Jeremías hace seiscientos años? De ser así, entonces estamos hablando de algo importante. Quizá no tan épico como el éxodo de la nación al salir de Egipto, pero algo importante sin lugar a duda. El profeta Jeremías del Antiguo Testamento, advirtió que el pacto entre Dios y la nación sería eventualmente cumplido y reemplazado.

Vienen días —afirma el Señor— en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Judá. No será un pacto como el que hice con sus antepasados el día en que los tomé de la mano y los saqué de Egipto.4

Este nuevo pacto sería diferente al pacto original en varios aspectos. De acuerdo con Jeremías, el nuevo pacto sería un pacto de conciencia.

Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

El inicio de este nuevo pacto eliminaría la necesidad del sacrificio ceremonial de animales.

Yo les perdonaré su iniquidad, y nunca más me acordaré de sus pecados.5

MENSAJE NO RECIBIDO

Las implicaciones completas de la declaración de Jesús se perdieron con los hombres que estaban en ese salón. Lo cual es entendible. Muchos eventos iban a suceder esa noche, y la noche apenas estaba comenzando. Su referencia sobre el sufrimiento y sobre su inminente partida, junto con la conmoción creada por la desaparición inexplicable de Judas, los distrajo de la magnitud de sus palabras. En unas cuantas horas los testigos de esta declaración trascendental estarían huyendo por sus vidas, mientras su maestro era llevado a la casa de Caifás para ser interrogado y mucho más. Ellos no tuvieron tiempo para digerir la importancia de las palabras de Jesús.

Sin embargo, las recordarían más adelante.

Alguien en ese salón eventualmente le compartiría estas palabras a Lucas, que pudo ser quien se las compartió al apóstol Pablo, quien a su vez las compartió a lo largo de cada ciudad portuaria importante en la costa del Mediterráneo. Como haya sucedido, una vez que se calmaron los ánimos y encontraron la tumba vacía, esas palabras de Jesús se convirtieron en el epicentro de todo. Dos mil años después, los cristianos en iglesias, casas, campamentos, en público y hasta en secreto, celebran alguna versión de esa comida sagrada en memoria de él.

Jesús usó su última comida de Pascua para anunciar el fin de la Pascua como ellos la conocían, y para señalar el inicio de un nuevo pacto. No un nuevo pacto entre Dios y un individuo, como lo fue con Abraham. No un pacto entre Dios y una nación en particular, como lo fue con Israel. Este era un pacto importante.

El último pacto.

El pacto eterno.

Este era un pacto entre Dios y la raza humana. Un pacto con cada nación y para cada generación. El inicio de este nuevo pacto señalaba el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham. Finalmente, algo para todos. Con el inicio de este nuevo pacto todas las naciones serían bendecidas.

Pero, aunque este nuevo pacto representaba el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham, también significaba el final del pacto que Dios había establecido con el antiguo Israel en el monte Sinaí. Para los judíos del primer siglo fue extremadamente difícil lograr comprender esto. Pero como estamos a punto de descubrir, los judíos del primer siglo no fueron los únicos a los que se les dificultó reconocer la naturaleza temporal del acuerdo divinamente instituido entre Dios y el antiguo Israel.

MENSAJE NO TRANSMITIDO

El inicio del nuevo pacto explica la razón por la cual, la mayoría de los cristianos les pone tocino a sus huevos revueltos, y también explica la razón por la cual, la mayoría descansamos los domingos. Si Moisés siguiera siendo nuestro parámetro, el domingo sería un día de trabajo.

¡Dios no lo quiera!

Gracias al nuevo pacto, no necesitamos matar nada para poder tener una relación con Dios. Si le echas un vistazo a libro de Levítico, descubrirás que hay muchas cosas que ya no necesitamos hacer. Pero a través de la historia, la iglesia ha desarrollado el incómodo hábito de retomar selectivamente ciertos aspectos del pacto de Dios con Israel y de contrabandearlos a la ekklesía de Jesús. Este hábito explica cómo los líderes de la iglesia del siglo dieciséis justificaron y autorizaron la ejecución de William Tyndale, por intentar hacer que la Biblia fuera accesible para las personas comunes y corrientes. Sin embargo, el intento infiltrar lo antiguo en lo nuevo comenzó muchos años atrás.

En los años posteriores a la muerte de los apóstoles, los líderes gentiles (es decir, los no judíos) de la iglesia, adoptaron las Escrituras judías como propias e insistieron que tenían un carácter vinculante sobre ella. Esto lo discutiremos a mayor detalle en el capítulo doce. Por ahora basta con decir, que estos líderes no-judíos de la iglesia veían, y por tanto interpretaban, los antiguos textos judíos a través del lente de su teología cristiana en desarrollo. Para este momento de la historia, la iglesia no tenía un texto oficial propio. Por tanto, los líderes gentiles de la iglesia dependían fuertemente de las Escrituras judías. Más específicamente, ellos dependían ampliamente de su interpretación de las Escrituras judías. De forma que poco tiempo después, tanto los valores como las reglas del antiguo pacto comenzaron a influir en las enseñanzas de la iglesia.

Por ejemplo.

Poco después de que el cristianismo fuera legalizado en el siglo cuarto, la iglesia comenzó a hacerle a los paganos, lo mismo que ellos le habían hecho a la iglesia. Ellos persiguieron y en algunos casos, ejecutaron a los paganos por ser impenitentes, adorar ídolos y sacrificar animales. ¿Cómo justificaron los líderes de la iglesia esta violencia que para nada se asemejaba a Cristo? La verdad, fue simple. Las Escrituras decían que los que adoraban ídolos debían ser ejecutados.

¿Cuáles Escrituras?

Las recientemente incorporadas Escrituras judías.

Julio Fírmico Materno fue un astrólogo pagano del siglo cuarto que se convirtió al cristianismo, y eventualmente se volvió un apologeta cristiano honesto y respetado. Alrededor del año 346, les escribió una carta a los hijos del Emperador Constantino, Constante y Constancio II, que eran corregentes del imperio en ese momento. Esta carta llevaba por título: De errore profanarum religionum (Referente al error de las religiones profanas). Para este tiempo, la adoración de ídolos y el sacrificio animal había sido prohibido en el imperio, pero las leyes que prohibían estas expresiones de adoración pagana no se estaban ejerciendo. Esto le preocupaba a Fírmico y fue la razón por la que escribió esta carta.

En ella, Fírmico les recuerda a los hermanos reales que ellos eran siervos de Dios, y que como tales, era su responsabilidad erradicar el paganismo del Imperio. Esto incluía la destrucción y confiscación de templos paganos, así como la destrucción de los paganos mismos, si se rehusaban a convertirse. Él estaba convencido que esos conversos forzados, agradecerían posteriormente a quienes los obligaron. A lo mejor no les iban a agradecer hasta que llegaran al más allá. Pero ¿cómo justificó este pagano convertido en cristiano esta campaña violenta y potencialmente sangrienta?

Con las Escrituras.

La Escritura que eligió para sustentar su solicitud de violencia en contra de los paganos vino de boca de Moisés. El contexto original era irrelevante, porque al final del día, la Escritura era la Escritura. Y toda ella era tanto inspirada como obligatoria. Éste es el texto que eligió:

Si tu propio hermano, o tu hijo, o tu hija, o tu esposa amada, o tu amigo íntimo, trata de engañarte y en secreto te insinúa: ‘Vayamos a rendir culto a otros dioses’, dioses que ni tú ni tus padres conocieron, dioses de pueblos cercanos o lejanos que abarcan toda la tierra, no te dejes engañar ni le hagas caso. Tampoco le tengas lástima. No te compadezcas de él ni lo encubras, ni dudes en matarlo. Al contrario, sé tú el primero en alzar la mano para matarlo, y que haga lo mismo todo el pueblo. Apedréalo hasta que muera, porque trató de apartarte del Señor tu Dios…6

¿Cómo puedes refutar esto que está tan claro?

Pues no lo refutaron.

Poco después, se desató una cacería de brujas contra los paganos.

Y lo hicieron en el nombre de Jesús.

El siglo once fue testigo de la primera cruzada y los historiadores modernos han defendido convincentemente que las cruzadas estuvieron justificadas a la luz de su contexto geopolítico. Lo que nadie intenta justificar es la forma en la que los líderes de la iglesia usaron las Escrituras, para inspirar tanto a ricos como a pobres a embarcarse en ese peligroso viaje al Oriente, con la finalidad de expulsar a los sarracenos de la Ciudad Santa. Los líderes de la iglesia armaron al cristianismo dándole un “pase gratis para no ir al infierno” a cualquiera que se uniera a la cruzada. Es muy fácil perder de vista que existe una duplicidad de conceptos entre el antiguo y el nuevo pacto. La iglesia usó los textos del antiguo pacto para autorizar la violencia en el nombre de Dios; mientras que a quienes participaban, les prometían una versión del cielo conforme al nuevo pacto. Al final, los musulmanes infieles no fueron el único grupo en sufrir. Miles de judíos fueron asesinados también y sus propiedades fueron confiscadas. ¿Por qué? Una vez más, la respuesta es sencilla. Los judíos fueron responsables por la crucifixión de Jesús. Esto los convertía en enemigos de Dios y por tanto en enemigos de la iglesia. Además, las Escrituras eran claras. Los enemigos de Dios debían ser castigados. Al final, los líderes de la iglesia encontraron en las Escrituras judías una justificación para maltratar a los mismos judíos. Obviamente, su interpretación y contextualización de las Escrituras judías fueron terribles.

Pero ese es mi punto.

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