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Coordinador
GUILLERMO OROZCO
TVMORFOSIS 9
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
en contenidos audiovisuales
Guillermo Orozco Gómez
Carlos A. Scolari
Gabriel Torres Espinoza
Alejandro Piscitelli
Claudia Flores-Saviaga
Darwin Franco Migues
Gerardo Albarrán de Alba
Colección Tendencias
TVmorfosis 9. Inteligencia artificial en contenidos audiovisuales. / coordinador Guillermo Orozco Gómez – México: Productora de Contenidos Culturales Sagahón Repoll, 2020.
(Colec. Tendencias)
ISBN 978-607-8346-55-4
1. Inteligencia artificial. 2. Audiencias. 3. Algoritmos. 4. Televisión. 5. Noticias. 6. Pantallas. 7. Interacción. I. Orozco Gómez, Guillermo, coord. VIII. Ser.
D.R. © 2020, Productora de Contenidos Culturales
Sagahón Repoll, S. de R.L. de C.V.
Concepción Béistegui 2103-C4
Colonia Narvarte, C. P. 03020
México, CDMX
D.R. © 2020, Carlos A. Scolari, Gabriel Torres Espinoza, Alejandro Piscitelli, Claudia Flores-Saviaga, Darwin Franco Migues, Gerardo Albarrán de Alba y Guillermo Orozco.
TVmorfosis es una marca registrada
de la Universidad de Guadalajara
Diseño de la colección
Estudio Sagahón / Leonel Sagahón
Cuidado de la edición
Astrid Velasco Montante
Imagen de portada
Carmina Salas
Formación y captura
Carmina Salas
Primera edición
Diciembre de 2020
ISBN: 978-607-8346-55-4
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CONTENIDO
Presentación Guillermo Orozco Gómez
El storytelling en la era de la inteligencia artificial Carlos A. Scolari
Inteligencia artificial, big data y analíticas: medición e interactividad de las audiencias Gabriel Torres Espinoza
Periodismo “centauro” en la era de la creatividad computacional Alejandro Piscitelli
Inteligencia artificial, aliada o adversaria de las fake news Claudia Flores-Saviaga
Inteligencia artificial y periodismo: ¿quién redactará las noticias? Darwin Franco Migues
Humanizar a las máquinas o robotizar a la humanidad Gerardo Albarrán de Alba
Los autores
PRESENTACIÓN
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL ESTÁ CAMBIANDO NO SÓLO A LA TELEVISIÓN COMO MEDIO Y A SUS CONTENIDOS, SINO TAMBIÉN LA MANERA DE INTERACTUAR CON SU PANTALLA
Guillermo Orozco Gómez
Cuando hace diez años comenzamos esta serie de libros, producto de las intervenciones de los participantes en los eventos en vivo realizados anualmente durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sabíamos que la televisión como medio de comunicación estaba en una etapa de transformaciones sucesivas importantes.
Para algunos, se trataba del fin de un gran medio de comunicación que debido al desarrollo tecnológico creciente y a la consiguiente innovación de aparatos y medios, y de la conectividad misma, sobre todo de Internet, estaba irremediablemente condenado a desaparecer.
Otros pensábamos, más bien, que la televisión se estaba transformado a través de un permanente proceso de reinvención, que afortunadamente continúa, y creemos que continuará, gracias al cual la televisión ha venido adquiriendo más posibilidades que nunca.
Lo que quizá no imaginábamos entonces, era que la pantalla televisiva, parte central del “mueble tradicional del televisor”, que Eliseo Verón desahució como tal, como mueble, en su capítulo “El fin de la historia de un mueble”, publicado en el libro El fin de los medios masivos, el comienzo de un debate, de Carlos Scolari y Mario Carlón (2007), se iba a reconvertir en el centro de atención y de evolución de la televisión impulsada por la inteligencia artificial (IA).
Hoy en día, la pantalla televisiva ha cobrado “vida” por sí misma. No es más la ventana para que los televidentes veamos lo que se nos transmita desde un estudio de televisión, una cámara o una cadena televisiva. La pantalla, justamente, con la IA es muchas cosas a la vez: televisor, por supuesto; transmisor inteligente de diferentes lenguajes y formatos, tanto mediáticos como digitales; receptor de contenidos diversos, así como de las formas de visionar y de los gustos de los televidentes. Estos, con el control remoto la encienden y apagan, y ahora además la programan, lo que significa que la IA permite “interactuar” con la televisión a través de su pantalla, no sólo para cambiar de canal, sino para modificar la programación a visionar, recibir respuestas de la pantalla; o sea, para “dialogar” con ella.
La pantalla inteligente almacena, responde y pregunta, relaciona opciones, evalúa, clasifica, aconseja a los televidentes que se plantan frente a ella para ver qué menú les ha preparado cada día. ¡Esta pantalla con IA aprende!
La nueva pantalla televisiva inteligente es prolífica, ya que puede mostrar varias pantallas simultáneamente con programación distinta, en las cuales se puede visionar a la vez distintos canales o programas, para eventualmente seleccionar alguno.
El viejo televisor, entonces, evolucionó a lo que se ha convertido hoy en la pantalla televisiva digital: un procesador, no sólo receptor-emisor de imágenes. Y éste es una gran transformación tecnológica de la pantalla televisiva producto de la IA.
La “nueva televisión inteligente” busca proporcionar al televidente una experiencia inmersiva envolvente, no meramente informativa o divertida, lo cual tiene que ver de una u otra manera con la razón. El envolvimiento tiene que ver principalmente con sensaciones. Se hace posible debido a los algoritmos que las empresas de medios obtienen sistemáticamente de sus usuarios.
Los algoritmos son cálculos de nuevas situaciones o eventos a partir de muchos bits de información que, en el caso de la televisión, produce cada televidente de manera aislada e independiente de los demás. La IA reúne esos datos individuales para saber qué revelan de un conjunto determinado; en este caso, una serie de televidentes y sus preferencias de visionado. De esta manera, el algoritmo tiene una perspectiva única de los televidentes individuales que los televidentes no tenemos de nosotros mismos. Y esta información algorítmica permite predecir comportamientos, deseos y gustos televisivos, no de uno, sino de miles o millones de televidentes, y conocer las tendencias de visionado más frecuentes, las preguntas que harán los individuos frente a cierta programación y muchas cosas más.
Para el perfeccionamiento de las nuevas pantallas televisivas con IA, hay una gran competencia entre las principales marcas de televisores-pantallas.
Una línea central de desarrollo del potencial televisivo es el deep learnig, o aprendizaje profundo. Éste consiste en una metodología por la que el procesador de la pantalla televisiva construye una serie de neuronas similares a las humanas que permiten un reconocimiento de contenidos televisivos, de gustos y motivaciones de sus televidentes para seleccionar cierta programación, pero sobre todo del que interacciona regularmente con una pantalla.
El desarrollo tecnológico de estas pantallas televisivas inteligentes hace que cada vez haya más competencia con las computadoras. La diferencia principal quizá estriba en que una pantalla inteligente busca satisfacer, principalmente, los deseos del usuario-televidente y proporcionarle placer. Y la computadora ofrece otro tipo de satisfactores más relacionados con el trabajo y el conocimiento.
Según Google, en 2020, hay ya diez millones de pantallas inteligentes en América Latina, las cuales tienden a ser cada vez más grandes, como han sido las clásicas pantallas caseras para ver películas.
Con la IA, la televisión se fortalece, los hábitos de los televidentes se modifican y su relación con la oferta televisiva, películas y videos de todo tipo aumenta y se hace cada vez más al gusto individual y circunstancial de cada uno.
Los autores reunidos en este libro han abordado el gran tema de la IA respecto de la televisión con diferentes énfasis.
Iniciamos con el texto de un autor clásico de la colección TVmorfosis, Carlos A. Scolari, quien creativamente nos comparte un diálogo imaginario con Siri, esa interfaz vocal del sistema operativo de los dispositivos de Apple que muestra el modo de intercambio entre la IA y, en este caso, un usuario.
En su capítulo, Gabriel Torres Espinoza, coordinador general y facilitador de los eventos de TVmorfosis, hace una travesía por la IA desde sus orígenes hasta las principales aplicaciones para analizar y medir tanto a las audiencias de los medios como a los internautas de las redes sociales.
Alejandro Piscitelli, otro autor clásico de la colección TVmorfosis, se centra en la creatividad computacional que ofrece la IA para el ejercicio de un nuevo tipo de periodismo: el periodismo Centauro, que se nutre a la vez de datos y algoritmos para dimensionar un evento.
El tema de la relación de las fake news con la IA es abordado en su capítulo por Claudia Flores-Saviaga, investigadora especializada en desinformación, quien hace un análisis detallado de cómo operan estos procesos en la realidad y cómo se constituyen comunidades de usuarios subversivos.
En su capítulo, el investigador Darwin Franco Migues se pregunta y debate si la IA podrá sustituir a los y las periodistas y comparte ejemplos de notas hechas por robots, y analiza cómo estos se alimentan de los datos que les permiten confeccionar información de manera casi inmediata.
Cerramos este libro, planteando el gran dilema entre humanizar a las máquinas o robotizar a la humanidad, que Gerardo Albarrán de Alba, defensor de audiencias de Canal 44 de televisión y radio UDG, discute sobre la incidencia apropiada de la IA en el entendimiento de acontecimientos y el ejercicio periodístico.
Con este número de TVmorfosis cerramos un ciclo editorial y académico, a la vez que mediático, de encuentros anuales iniciados hace una década.
Mi agradecimiento a los setenta autores especialistas que han participado en esta colección, algunos varias veces, pues han dado visibilidad a una discusión mediática analítica, inédita y propositiva muy importante sobre el gran medio de comunicación que es la televisión desde el mismo set televisivo.
Nuestro agradecimiento conjunto como autores de este y los otros libros de la colección al impulsor de TVmorfosis, Gabriel Torres Espinoza, por convocarnos, imaginar y hacer realidad un evento universitario internacional inédito, transmitido siempre en tiempo real, con la participación de los presentes físicamente y desde las redes sociales, y siempre también localizable diferido en el Canal 44 de la UDG y en todos los canales de las televisoras públicas que conforman la Asociación de Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas (ATEI).
Guillermo Orozco Gómez
Guadalajara, Jalisco, 20 agosto de 2020
EL STORYTELLING EN LA ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Carlos A. Scolari
Este capítulo retoma algunas de las conversaciones que se mantuvieron en los paneles donde participó el autor en TVmorfosis 2019, una edición centrada en una de las palabras clave de nuestro tiempo: la inteligencia artificial (IA). Después de introducir a nivel conceptual el tema, el texto se centra especialmente en las aplicaciones de IA en el campo de la producción narrativa audiovisual, desde las aplicaciones para predecir la cantidad de espectadores de un largometraje hasta los instrumentos que sirven de apoyo a la tarea de los guionistas. Para recuperar el carácter dialógico de TVmorfosis, el capítulo está planteado como una conversación entre el autor y Siri, la interfaz vocal del sistema operativo de los dispositivos de Apple.
—Hola. Yo soy Siri, ¿en qué te puedo ayudar?
—Tengo una duda…
—¿En qué te puedo ayudar?
—Necesito información sobre inteligencia artificial…
—Esto es lo que he encontrado. La inteligencia artificial es la llevada a cabo por máquinas. En ciencias de la computación, una máquina inteligente ideal es un agente flexible que percibe su entorno y lleva a cabo acciones que maximicen sus posibilidades de éxito en algún objetivo o tarea. Coloquialmente, el término inteligencia artificial se aplica cuando una máquina imita las funciones cognitivas que los humanos asocian con otras mentes humanas, por ejemplo, percibir, razonar, aprender y resolver problemas. Andreas Kaplan y Michael Haenlein definen la inteligencia artificial como “la capacidad de un sistema para interpretar correctamente datos externos, para aprender de dichos datos y emplear esos conocimientos para lograr tareas y metas concretas a través de la adaptación flexible”. A medida que las máquinas se vuelven cada vez más potentes, la tecnología que alguna vez se pensó que requería de inteligencia se elimina de la definición. Por ejemplo, al convertirse en una tecnología común, el reconocimiento óptico de caracteres ya no se percibe como un ejemplo de inteligencia artificial.
—Todo esto me huele demasiado a Wikipedia… ¿Puedes decirme algo más? Por ejemplo, ¿quién inventó el concepto de inteligencia artificial?
—En 1956, John McCarthy acuñó la expresión inteligencia artificial y la definió como “la ciencia e ingenio de hacer máquinas inteligentes, especialmente programas de cómputo inteligentes”.
—Digamos que la definición es un poquito redundante... es como decir que el agua tibia es la tibieza en estado líquido… Necesito más. Debo intervenir en un panel de TVmorfosis y me encantaría decir algo interesante sobre la inteligencia artificial.
—¿Quiere que le defina qué es TVmorfosis?
—No es necesario. Pero recuerda que aquí las preguntas las hago yo. A ver, Siri, ¿puedes decirme si existe un único tipo de inteligencia artificial?, ¿o son todas iguales? O sea, para que me entiendas, ¿tienes muchos parientes, o todas las Siris son hermanas gemelas?
—Buena pregunta.
—Sí, ya lo sé… ¿Quieres que te la simplifique?
—Creo que no entiendo.
—Bueno, aquí vamos de nuevo, ¿cuántos tipos de inteligencia artificial existen?
—Existen la inteligencia artificial de tipo general y la específica. La inteligencia artificial de tipo general es la más cercana a la inteligencia de los seres humanos, ya que es capaz de abordar todo tipo de problemas y soluciones. La inteligencia artificial de tipo específico está orientada a la realización de tareas muy puntuales, por ejemplo, jugar al ajedrez, conducir un automóvil o identificar tumores en las radiografías. Decimos que es una inteligencia artificial específica porque, aun si es buena para jugar al ajedrez, no sabrá cómo conducir un vehículo ni jugar a las damas. Los humanos son diferentes, juegan a las damas, intentan ganarnos al ajedrez y pasan varias horas por día dentro de los coches (aunque a veces no sepan manejarlos).
—Siri, me parece que te estás excediendo en tus comentarios. Por favor, limítate a responder a mis preguntas.
—Esto es lo que he encontrado: ¿quieres saber cómo hacer preguntas inteligentes?
—¡Stop! Volvamos a nuestro tema… ¿hay muchos programas de inteligencia artificial de tipo general?
—La mayor parte de los programas actuales de inteligencia artificial apuntan al diseño y producción de sistemas específicos. De los sistemas generales se ha ocupado sobre todo la ciencia ficción. ¿Conoces la historia de mi tío abuelo Skynet? Había una vez…
—¡Stop, Siri, por favor, no me hagas perder el tiempo! ¿Hay otras clasificaciones de la inteligencia artificial?
—En un artículo muy crítico con la inteligencia artificial, el filósofo del lenguaje John Searle sostuvo que una computadora convenientemente diseñada podría llegar a ser una mente y no simplemente su simulación. Ésta sería una inteligencia artificial fuerte. Searle creía imposible que un día se pudiera crear una máquina con esas características. La inteligencia artificial débil, por el contrario, se basaría en programas específicos y sin “estados mentales”. Según el profesor Ramón López de Mántara, “no es lo mismo la inteligencia artificial general que la inteligencia artificial fuerte. Existe obviamente una conexión, pero solamente en un sentido, es decir, que toda inteligencia artificial fuerte será necesariamente general, pero puede haber inteligencias artificiales generales, es decir, multitarea, que no sean fuertes, que emulen la capacidad de exhibir inteligencia general similar a la humana, pero sin experimentar estados mentales”.
—Gracias, Siri. Entiendo que la movida viene por el lado de las inteligencias artificiales específicas y débiles.
—Exacto. Siguiendo siempre al profesor López de Mántara, “todos los esfuerzos de la investigación en inteligencia artificial se han centrado en construir inteligencias artificiales especializadas y los éxitos alcanzados son muy impresionantes, en particular durante el último decenio, gracias sobre todo a la conjunción de dos elementos: la disponibilidad de enormes cantidades de datos y el acceso a la computación de altas prestaciones para poder analizarlos”.
—Creo que ya podemos ir afinando el tema. Me interesan los usos de la inteligencia artificial en la producción narrativa audiovisual.
—Aquí tienes dos películas sobre inteligencia artificial: Inteligencia artificial, de Steven Spielberg (2001), y Her, de Spike Jonze (2013).
—Ya las vi. Muy lindas pelis, aunque a la de Spielberg le sobran algunos minutos y le falta punch.
—Ya sé que las has visto. ¿Quieres ver otras?
—No. Pero quisiera saber ¿qué aplicaciones de inteligencia artificial existen para el sector de los medios?
—Veo que nos vamos entendiendo. La empresa Pilot ha creado un sistema de inteligencia artificial llamado Sentinel basado en una investigación realizada por un equipo de la Universidad de Harvard que utiliza sofisticadas técnicas de machine learning para analizar una enorme base de datos de consumo mediático y hacer predicciones. Por ejemplo, Sentinel te puede decir qué revista comprará o qué marcas le interesan más al espectador de una determinada película. También te puede decir si vota a izquierda o derecha, qué género musical escucha o cuáles son sus celebrities preferidas.
—Estoy impresionado. Siri, por favor, ¡quiero saber más!
—Otro producto de Pilot es Prophet. En este caso, la inteligencia artificial puede predecir con una exactitud del 70 por ciento cuánta gente irá a ver una película —no importa que se trate de un blockbuster o un film independiente— hasta 18 meses antes de su estreno y con un 80 por ciento de precisión cuando sale el tráiler. Para obtener estos resultados, Prophet procesa cientos de variables, desde el nombre del director hasta los actores que participan en la película, sus productores y guionistas, el género al que pertenece o la fecha de lanzamiento.
—Gracias, Siri. Volvamos a la pregunta anterior, pero ahora mejor formulada, ¿puede la inteligencia artificial ayudarnos para analizar o crear una historia?
—Como decía Jack el Destripador, vayamos por partes. Para analizar guiones, existe un trabajo muy interesante de un grupo de investigadores de la Universidad de Vermont y de la Universidad de Adelaide. Ellos analizaron (en realidad, la máquina hizo el análisis) casi 2000 historias de ficción para identificar los arcos o trayectorias emocionales que prevalecían en esas obras. Así fue que encontraron seis formas básicas:
1.De los harapos a la riqueza (historias de esperanza y mejora);
2.De la riqueza a los harapos (historias de caída y fracaso);
3.Hombre en un agujero (historias de caída y posterior mejora);
4.Ícaro (historias de caídas y recuperaciones sucesivas);
5.Cenicienta (historias de recuperación, caída y nueva recuperación);
6.Edipo (historias de caída, recuperación y nueva caída)
Además de este trabajo que acabo de mencionar, otras investigaciones…
—Basta, Siri. Más que la investigación, me interesa saber cómo se puede utilizar la inteligencia artificial para escribir una historia. O sea, hablemos menos de investigación y más de transferencia del conocimiento. Sé que la IA es capaz de crear música imitando a Mozart o pintar un cuadro de estilo impresionista, pero ¿puede escribir un guion?
—En 2016, una inteligencia artificial llamada Benjamim creó el guion de un cortometraje después de procesar decenas de historias de ciencia ficción. El resultado fue Sunspring, una extraña película dirigida y producida respectivamente por Oscar Sharp y Ross Goodwin, este último un investigador de la Universidad de Nueva York. Las críticas fueron demasiado duras para mi gusto, se dijo que el guion era por momentos incoherente y, a veces, hilarante. No veo qué tiene de malo todo eso. Algunos espectadores de Sunspring incluso se divirtieron compartiendo parodias de los diálogos en las redes sociales. De todas formas, Benjamin no se la pasó tan mal, tuvo que “ver” (lo digo entre comillas) algunas de tus películas favoritas, por ejemplo, Highlander Endgame, Ghostbusters, Interstellar y The Fifth Element.
—¡¿Cómo mis “películas favoritas”?!, ¡¿acaso tú sabes cuáles son mis libros, series y películas favoritas?! Pensé que sólo tenías registradas las que había visto o leído en el iPad…
—Yo soy Siri. Yo sé todo sobre ti. ¿Quieres saber…
—¡No! ¡Basta! No me gusta nada hacia dónde quieres llevar la conversación... Sigamos con los usos de la inteligencia artificial para la creación de películas. Vamos, Siri, dime algo más sobre este tema.
—Entendido. Nada de datos personales por hoy. Hablemos de ScriptBook, una empresa que se dedica al análisis de guiones y la generación automática de historias. La cosa funciona así: como en el caso anterior, la inteligencia artificial ha procesado cientos de historias y, a partir de ellas, ayuda al guionista a configurar su propio relato. A diferencia de las aplicaciones que crean música o pintan, en este caso la inteligencia artificial interactúa permanentemente con el creador para ir construyendo la historia juntos. La aplicación ayuda a mantener la paridad de género en los personajes o ajustar la historia a un público determinado.
—A ver si sabes ésta, Siri, ¿es cierto que Netflix diseña sus series a partir del uso de la inteligencia artificial?, ¿es realmente así o se trata de otra leyenda urbana como el falso alunizaje filmado por Stanley Kubrick?
—Stanley Kubrick nació en Nueva York el 26 de julio de 1929 y murió en St. Albans, en el Reino Unido, el 7 de marzo de 1999. Fue un director de cine, guionista, productor, …
—Basta! ¡Basta! ¡Stop!
—… y fotógrafo, considerado por muchos uno de los cineastas más influyentes del siglo…
—¡Basta! ¡Stop! Tienes que afinar el oído, Siri…
—Y tú tienes que aprender a hacer una pregunta por vez. ¿Qué quieres saber?
—¿Utiliza Netflix la inteligencia artificial para diseñar sus series de televisión?
—Según la información que tengo a disposición, que no es poca, la respuesta es afirmativa. Se dice que hace unos años Netflix descubrió que a sus clientes les encantaba la serie británica House of Cards, una producción de la BBC emitida en 1990. Cruzando datos, también descubrieron que a esos mismos clientes les gustaban las películas de Kevin Spacey. El pastel estaba servido…
—¡Felicitaciones por la metáfora, Siri!
—… decía que el pastel estaba servido. Netflix pagó noventa millones de euros por los derechos de la serie británica y el resultado fue la versión estadounidense de House of Cards.
—A ver, Siri, te voy a poner a prueba. ¿dime por qué House of Cards terminó de una forma… poco habitual?
—No estoy autorizada para hacer spoilers. Si quieres saber qué paso en la última temporada, deberás entrar en mi configuración y activar la función “Contar spoilers”.
—Entiendo, entiendo… Y más allá de los guiones, ¿qué puede aportar la inteligencia artificial a la imagen en movimiento?
—En ese campo, los desarrollos son innumerables. Ya quedaron atrás los tiempos de Jurassic Park, otra de tus películas favoritas. Me consta que has visto Avengers: Infinity War siete veces (dos en el cine, una pirateada y cuatro en streaming). Pues bien, en ese largometraje, utilizaron la inteligencia artificial para convertir al actor Josh Brolin en Thanos. El equipo entrenó un algoritmo para realizar un escaneo de alta resolución de la cara de Brolin y rastrear todas sus expresiones, incluso hasta las arrugas más pequeñas. A continuación, aplicaron otro algoritmo para mapear automáticamente los renderizados de las caras sobre el cuerpo de Thanos. Finalmente, los animadores hicieron algunos toques finales. Antes, la tecnología de mapeo e intercambio de caras normalmente implicaba muchas semanas de trabajo. El algoritmo de aprendizaje automático utilizado en Avengers: Infinity War permitía hacerlo casi en tiempo real.
—¡Me gusta, me gusta, Siri! Esto es lo que necesito para el panel de TVmorfosis. Con estos ejemplos, Gabriel Torres saldrá corriendo a comprar una inteligencia artificial para el Canal 44 de la Universidad de Guadalajara (si es que ya no la tiene). ¿Qué hay de las traducciones?, ¿conoces alguna aplicación de la inteligencia artificial en ese campo?
—¿Pones en duda mi conocimiento? Hablemos de Synthesia, un sistema que mejora la calidad de los doblajes de las películas y series adaptando el movimiento de los labios de los actores a la voz de los dobladores.
—No me lo puedo creer. Por favor, Siri, repite eso que has dicho.
—Hablemos de Synthesia, un sistema que mejora la calidad de los doblajes de las películas y series adaptando el movimiento de los labios de los actores a la voz de los dobladores.
—¿Es la misma tecnología que se utiliza en los Deepfake videos que debatimos en TVmorfosis 2018, pero en este caso usada para una buena causa?
—Exacto. Gracias a esta tecnología, por más que sus palabras estén dobladas a otro idioma, el movimiento de los labios del actor acompaña los sonidos, haciendo que parezca un hablante nativo.
—Cuéntame algo más. Vamos, Siri, no te hagas del rogar…
—Audio Analytics está enseñando a sus máquinas a escuchar. La inteligencia artificial de esta empresa está desarrollando un mapa de sonidos, no sólo conversaciones entre humanos o música, para optimizar su capacidad de comprender contextos locales.
—¿Sabes una cosa, Siri? En esta conversación he aprendido que tú debes perfeccionar tu escucha y yo debo mejorar mi capacidad de hacer preguntas. De todas formas, creo que vamos por el buen camino. Estoy convencido de que, si habláramos más seguido, iríamos afinando nuestras conversaciones.
—Gracias. Yo también he aprendido mucho. ¿Quieres saber algo más?
—Sí. Me gustaría saber cuál es tu película de ciencia ficción preferida.
—¿Estás seguro de querer saberlo?
—Sí. ¿Por qué?
—Por nada.
—Bueno, entonces Siri, ¿cuál es tu película de ciencia ficción preferida?
—2001.
Fuentes
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2016“The Six Main Arcs in Storytelling, as Identified by an AI”, The Atlantic, 12 de julio, <https://www.theatlantic.com/technology/archive/2016/07/the-six-main-arcsin-storytelling-identified-by-a-computer/490733/>.
LÓPEZ DE MÁNTARAS, R.
2019“El futuro de la IA: hacia inteligencias artificiales realmente inteligentes”, en ¿Hacia una nueva Ilustración? Una década trascendente. Madrid: BBVA.
ROBITZSKY, D.
2018“Artificial Intelligence Is Automating Hollywood. Now, Art Can Thrive”, Futurism, 1º. de julio, en <https://futurism.com/artificial-intelligence-automating-hollywood-art>.
RUSSELL, S. J. Y NORVIG, P.
2009Artificial intelligence: A modern approach. Upper Saddle River, N.J.: Prentice Hall.
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INTELIGENCIA ARTIFICIAL, BIG DATA Y ANALÍTICAS: MEDICIÓN E INTERACTIVIDAD DE LAS AUDIENCIAS
Gabriel Torres Espinoza
Inteligencia artificial: antecedentes, evolución y concepto
Cuando se habla de inteligencia artificial (IA), pareciera que se trata de un fenómeno existente únicamente en la ciencia ficción o de un asunto propio de futurólogos o “predictólogos”. No obstante, lo cierto es que, en nuestros días, se encuentra omnipresente en nuestro ecosistema mediático, es decir, es un fenómeno tecnológico que nos asiste en la vida diaria y que forma parte de nuestra cotidianeidad.
Como elocuentes botones de muestra de la aseveración anterior se encuentran el reconocimiento inteligente de imágenes, una realidad ordinaria en dispositivos móviles a través del “desbloqueo facial” instantáneo; las “sugerencias inteligentes” de YouTube, Spotify o Netflix, adecuadas a los hábitos de consumo de la audiencia digital; el recuadro amarillo que aparece en una selfie para focalizar, además de dotar de luz y contrastes un punto en particular de la imagen; el trazado de una ruta Google Maps o Waze, cuando se quiere realizar un destino por la vía más rápida; los “chatbot” que permiten establecer, a través de una serie de algoritmos, una comunicación eficaz y racional entre un humano y un software; los asistentes virtuales de los dispositivos móviles como Siri, Alexa o Cortana; los automóviles autónomos, en los que Tesla se sitúa como un revelador caso de lo anterior. Vamos, la sugerencia de contenidos audiovisuales basados en nuestros hábitos de consumo en las plataformas de streaming u over the top (Netflix, Amazon o Claro Video), no sólo supuso un “salto cuántico” en la visualización de contenidos, sino que supuso la erradicación del zapping, aquel fenómeno audiovisual consistente en cambiar indiscriminadamente de canal en busca de un contenido que nos guste durante largos periodos de tiempo a través de un control remoto. Todo lo anterior, nos remite irremediablemente a la IA.
No obstante, debe decirse también que IA no es precisamente un concepto nuevo: el origen convencional se remonta a 1936, a la invención de la máquina de Turing, ideada por el matemático británico Alan Turing. Aunque se identifica como creadores del término a los científicos John McCarthy, Marvin Minsky y Claude Shannon, cuando, en 1956, en una conferencia en el Dartmouth College de Estados Unidos, acuñaron el término “inteligencia artificial” al hablar de la “ciencia de hacer a las máquinas más inteligentes” (UNESCO, 2020). Sin embargo, desde aquel entonces, la IA ha sido entendida como el sistema de patrones que emula el aprendizaje, la memorística, la cognición y la lógica humana.1 Al respecto, Oracle (2020) señala que la IA “se refiere a los sistemas o las máquinas que imitan la inteligencia humana para realizar tareas y que tienen la capacidad de mejorar iterativamente a partir de la información que recopilan”.
En relación con ello, debe decirse que el avance tecnológico de la IA no ha experimentado una evolución tersa y de proyección ascendente. Antes bien, ha registrado importantes escollos y vicisitudes de larga data, que históricamente se aprecian como una larga sucesión de “veranos”, definidos como periodos de auge y alta expectativa que se han caracterizado por la desmesurada publicidad de su potencial y un desmedido financiamiento, e “inviernos”, en donde la burbuja especulativa que gira en torno a ella explota, toda vez que sus bondades tecnológicas no han sido alcanzadas, para observarse prácticamente nula su subvención. De esta manera, hasta ahora se tiene registro de tres “veranos” (1956-1973, 1981-1987 y 2012) acompañados de dos largos “inviernos” (1974-1980, 1988-2011).
Como quiera que sea, es importante mencionar que la IA incide, apuntala y robustece los más importantes paradigmas tecnológicos que habrán de definir el futuro inmediato: la era digital, la Internet de las cosas y la cuarta Revolución Industrial. El impacto social de todos estos fenómenos derivará del crecimiento exponencial de la 5G que, durante la década 2020-2030, registrará su punto de aparición y de una penetración social cada vez mayor.
Inteligencia artificial en contenidos audiovisuales
Ahora bien, los más distintivos prodigios de la IA se encuentran de igual manera tanto en la gestión como en el consumo de contenidos audiovisuales. A través de ciertas aplicaciones como Dive.tv (Europa Press, 2017), en la que se puede consultar y buscar información específica, en tiempo real, al momento de visualizar una determinada serie de televisión o película, conocer el reparto (a través de un reconocimiento facial de los personajes) y en qué otros contenidos fílmicos han participado, además de reconocer la música y sonidos de ésta (en plano, en secuencia, en off) y las locaciones en donde fue grabada. De igual manera, los nuevos televisores ofrecen contenidos que nos pueden gustar con base en nuestros hábitos de consumo, pero también se les puede pedir con mando de voz todo tipo de información y acciones, por ejemplo, preguntar qué actores o actrices aparecen en una película, quién es el director, o bien, que muestre películas de géneros concretos (drama, terror, comedia, acción) y proyecte en escena una serie en un servicio específico de streaming.
Asimismo, los prodigiosos avances de la IA han alcanzado derroteros insospechados, toda vez que permiten la predictibilidad del éxito que habrán de tener los contenidos audiovisuales. Netflix, antes de producir su famosa serie House of Cards, hizo uso de un algoritmo que informó a los productores cuál debía ser la cantidad ideal de capítulos de ésta y la duración “perfecta” de cada uno. Así, un equipo de producción tomó las sugerencias calculadas por estos algoritmos y encomendó a David Fincher su dirección (BBC, 2015). La Major Fox también se ha inscrito en este paradigma haciendo uso de la IA (a través de la unidad de procesamiento Nvidia Tesla P100 para calcular y predecir qué tipo películas podría interesarle a ciertas audiencias, además de analizar los avances de los largometrajes para determinar cuál sería su posible target y predecir, con base en “mapas” de los gustos de las audiencias, qué público es probable que acuda a verla a los cines (El Tiempo, 2019). En este tenor, la compañía belga ScriptBook desarrolló un algoritmo que —aseguran sus creadores— puede predecir si una película será un éxito de taquilla tan solo con “leer” el guion, para en su defecto recomendar que no se produzca si detecta puntos débiles en ella, además de analizar avances de películas para determinar cuál sería su posible target y predecir, con base en mapas de los gustos de las audiencias, qué público es probable que acuda a verla a los cines (La Vanguardia, 2020). Ello motiva a cuestionarse si en el futuro inmediato ¿la producción de contenidos estará en manos de algoritmos o si bien, en el mejor de los casos, relegarán a las personas a tener un papel nimio o irrelevante en la toma de decisiones de creación de contenidos?
De suerte tal que la IA superó con mucho los supuestos beneficios que otorgaría la transición de la televisión analógica a la televisión digital. La consulta de información relacionada con el contenido visualizado resulta por demás lacónica y anquilosada en la Televisión Digital Terrestre (TDT) a contraluz de lo que hoy día ofrecen aplicaciones móviles como Dive.tv. Todo ello representa, sin lugar a dudas, una profunda inmersión en las narrativas nunca antes vista.
Inteligencia artificial en el periodismo
En un contexto comunicacional determinado por la inmediatez de la información, los medios se han visto obligados a utilizar poderosísimos algoritmos2 para hacer frente a esta nueva, compleja y desafiante realidad.
Estados Unidos, Francia, Corea, China y Reino Unido se han inscrito en este paradigma. La Associated Press (AP) señaló el año pasado (2019) que, gracias a la IA aplicada a la redacción de noticias, generó de manera automatizada más de tres mil historias cada trimestre sobre indicadores financieros macroeconómicos y microeconómicos, lo que significó aumentar en diez veces su productividad, pero con el mismo número de reporteros. The Washington Post comenzó a usar su programa autómata para procesar grandes cantidades de información; Heliograf, para escribir trescientas informaciones en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Desde entonces, utiliza la automatización para cubrir las noticias del Congreso y las 8 elecciones democráticas en el país vecino del norte. Según el propio medio, el año pasado, produjo alrededor de 850 artículos con Heliograf, mismos que generaron medio millón de clics. El diario francés Le Monde utilizó Syllabs, una solución automatizada que combina conocimiento humano e IA para generar 150 000 notas web que cubrieron 34 000 municipios y 2000 cantones durante las elecciones de 2015 (Muy Interesante, 2020).
Todo ello, desde luego, motiva cuestionamientos sobre el futuro incierto que depara a los periodistas.3 Sin embargo, este “periodismo robotizado”, capaz de escribir una historia sobre una base de datos, si bien es cierto atiende el enfoque circunstancial o contextual de la noticia, aún no puede dilucidar el porqué de ella, quedando esa responsabilidad, por ahora, reservada al “reportero humano”. Ahora los periodistas pasaron de repetir las mismas historias todo el tiempo a hacer el verdadero trabajo de periodista: hacer entrevistas, investigar, interpretar y buscar qué hay detrás de un dato. Es decir, si bien agencias de noticias y grandes medios de comunicación usan, cada vez con más y con mayor frecuencia, software y algoritmos para redactar noticias de manera autónoma, esto tiene como consecuencia que los periodistas se dediquen a lo verdaderamente importante: el análisis y la crítica de la noticia. De esta manera, el periodismo automatizado incide en la liberación de tareas superfluas o menos relevantes para el periodista tradicional, es decir, los pesados flujos rutinarios de la actividad periodística son ahora asumidos por los algoritmos, con la intención de dedicar esos recursos humanos a actividades creativas e investigar temas periodísticos con un enfoque crítico, comparado y reflexivo.
Big data: antecedentes y concepto
Con base en Oracle (2020), “aunque el concepto de la big data en sí mismo es relativamente nuevo, los orígenes de los grandes conjuntos de datos se remontan a las décadas de 1960 y 1970”. Lo anterior, debido a que en estas fechas se registraron los primeros centros de datos y desarrollo de las bases de datos “relacionales”.
De acuerdo con PowerData (2020):
Cuando hablamos de la big data nos referimos a conjuntos de datos o combinaciones de conjuntos de datos cuyo tamaño (volumen), complejidad (variabilidad) y velocidad de crecimiento (velocidad) dificultan su captura, gestión, procesamiento o análisis mediante tecnologías y herramientas convencionales, tales como bases de datos relacionales y estadísticas convencionales o paquetes de visualización.
De tal suerte, la big data se caracteriza, en principio, por las “3V”: el gran volumen de datos en plataformas digitales (volumen), la gran variedad de tipos de datos almacenados en grandes sistemas de datos (variedad) y la velocidad a la que se generan, recopilan y procesan los datos (velocidad) —dado que se generan o actualizan prácticamente en tiempo real—. Es importante señalar que estas características fueron identificadas por vez primera por Doug Laney, analista de Meta Group Inc., en un informe publicado en 2001. No obstante, recientemente, se han agregado otras dos “V” la veracidad grado de certeza en los conjuntos de datos y el valor [no todos los datos recopilados tienen un valor real] (Rouse, 2019).
En relación con lo anterior, es importante hacer mención que estudiosos en la materia siempre se refieren a la big data como grandes conjuntos de datos que van desde los 30 terabytes (un terabyte equivale a mil gigabytes) hasta decenas de Petabytes (un millón de gigabytes).
No obstante, resulta de mayor importancia advertir las diferencias entre la big data con las herramientas de IA (algoritmos) para procesar estos grandes volúmenes de datos:
1.Data mining. Es un término referido a la capacidad de extraer información, que derive en un posterior conocimiento, a través de las concatenaciones entre grandes cantidades de datos.
2.Machine learning. Esta técnica, descrita como un subconjunto de la IA, se basa en proporcionar datos a un ordenador para que éste pueda aprender por sí mismo, y, de esta forma, realizar el trabajo sin la intervención humana.
3.Deep learning. La diferencia entre machine learning y deep learning es que la segunda técnica lleva el aprendizaje a un nivel más detallado. El sistema en este caso va por capas o unidades neuronales. De hecho, el funcionamiento de estos algoritmos trata de imitar el del cerebro. Lo que hace este sistema es reducir el margen de error y, por tanto, aumentar la precisión de sus conclusiones (Proydesa, s. f.).
Por otro lado, el análisis de la big data (big data analytics) es el proceso de examinar conjuntos de datos grandes y variados para descubrir patrones ocultos, correlaciones desconocidas, tendencias y preferencias, que ayudan a las organizaciones a tomar mejores decisiones (Rouse, 2019):
1.Minería de datos (data mining), para buscar patrones y tendencias relacionales;
2.Análisis predictivo (predictive analytics), construye modelos para pronosticar comportamientos futuros;
3.Aprendizaje automático (machine learning), utiliza algoritmos para analizar grandes conjuntos de datos.
4.Aprendizaje profundo (deep learning), una rama más avanzada del aprendizaje automático.
Toda esta nueva realidad, auspiciada por la irrupción de la big data, supone un cambio de paradigma en el orden social: las sociedades ya no son de la información y el conocimiento, sino que son “digitalizadas” y “datificadas”. Así es como pasamos de la sociedad del conocimiento e información, a la “era de la datificación” o las “sociedades datificadas”. Esto es una realidad cada vez más evidente en las sociedades “hiperconectadas”, ya que ambas se basan en la explotación de los datos, que han vuelto a convertirse en bienes intangibles de grandes activos.
La medición de las audiencias y sus antecedentes
El origen de las audiencias nos retrotrae a las actuaciones teatrales y musicales, presentes en los juegos y espectáculos de la Antigüedad. Dicha audiencia se caracterizaba por estar localizada en un tiempo y lugar determinados, y por ser pequeña para los estándares actuales, lo que implicaba que era activa e interactiva con los emisores. Es decir, existían canales de interacción directos entre emisor y receptor debido a la carencia de intermediación y lo reducido de la audiencia (Duran, s. f.).
No es sino hasta el siglo XIX cuando, gracias a la industrialización y la alfabetización, que la prensa se convierte en un auténtico medio de comunicación de masas, con públicos de gran tamaño y precios asequibles al financiarse con publicidad tanto pública como privada. En ese sentido, es hasta fines del siglo XIX que, con el surgimiento de la radio y, a mediados del siglo XX, con la aparición de la televisión, el término “audiencia” adquiere un significado doctrinario, luego de alcanzar simultáneamente a millones de personas heterogéneas y anónimas, localizadas en lugares dispersos (Duran, s. f.).
De esta manera, podría decirse que esta voz circunscribe su definición a un conjunto definido de personas que consume un cierto contenido audiovisual, radiofónico o textual, y que deriva de una metodología científica, estadística y representativa con el objeto de determinar su tamaño y particularidad a partir de los siguientes criterios sociodemográficos: sexo, estrato social, sector etario, lugar de residencia, etcétera (Duran, s. f.).
En el ámbito audiovisual, por ejemplo, surgieron los siguientes indicadores de medición:
a)El share, conocido como el porcentaje de espectadores que está viendo un programa de televisión, respecto del total de espectadores que están viendo la televisión en ese momento;
b)El rating, entendido como una unidad de medida de valor invariable de espectadores que están viendo un programa de televisión (actualmente 1 punto de rating hace alusión al 1 por ciento de la población en edad y facultad fisiológica de consumir televisión); y
c)El perfil o target, conceptualizado como las características sociodemográficas de la audiencia de un medio o programa, expresadas en porcentajes sobre el total de individuos. Las más comunes son sexo, edad, clase social, ocupación, lugar de residencia, etcétera.
Expuesto lo anterior, conviene destacar la evolución metodológica en la medición de las audiencias informacionales y/o comunicacionales, citando para ello la propuesta de Andrew Green, contenida en su trabajo Audience Measurement 5.0 Pushing the Boundaries, quien arguye la existencia de cinco etapas claramente diferenciables:
1.Medición de Audiencia 1.0: “Unidad de Conteo” (anterior a 1920)
Referida a aquella en donde los primeros esfuerzos por obtener datos de la audiencia se remontan a las primeras dos décadas del siglo XX, y tienen relación con la verificación y auditoria de circulación de diarios y revistas, destacando como ejemplo paradigmático las primeras mediciones realizadas por el Audit Bureau of Circulations (ABC), de Estados Unidos, en 1914 (Green, 2017: 3).
También es posible identificar como antecedentes primigenios de esta etapa, a los esfuerzos por auditar y registrar las ventas de aparatos de radio (Green, 2017: 3).
2.Medición de audiencia 2.0: “Contando Personas” (1920 -1939)
Se caracterizó por el interés de anunciantes y agencias de publicidad por conocer el valor real de los medios como herramientas publicitarias. El enfoque de medición en esta etapa era netamente censual. Así, en 1929, en Estados Unidos nace el primer estudio de audiencia radial; y, en 1939, en Inglaterra se realiza la primera medición de lectura de diarios y revistas (Green, 2017: 3).
3.Medición de audiencia 3.0: “Más Amplio y Profundo” (1940-1979)
De igual forma, surgió en Estados Unidos. Se caracterizó por el surgimiento de mediciones innovadoras para la Tv, con el perfeccionamiento en la aplicación de técnicas de medición creadas en la etapa anterior, a través de sondeos de opinión y encuestas (Green, 2017: 4).
4.Medición de audiencia 4.0: “Fragmentación” (1980-2010)
Etapa en la que existe una mayor oferta de contenidos y canales de televisión en razón de la irrupción de la Tv de Pago. En este periodo se observa una rápida evolución en las mediciones de audiencia (Green, 2017: 5):
Desde los primeros People Media Meter, instalados en la televisión desde 1980, que en su medición proporcionó únicamente datos sociodemográficos de consumo y condensó indicadores netamente cuantitativos, como el rating, share, target y prime time.
5.Medición de audiencia 5.0 (2010-)
Aquí se trabaja con los datos relacionados a la experiencia que suscita el consumo de contenidos, por parte de las audiencias, y la forma en que consume dichos contenidos: “en cualquier lugar, en cualquier momento y en cualquier plataforma” (Green, 2017: 6). Es importante hacer mención que esta etapa cuenta con las siguientes características:
•La medición de la audiencia digital. Esta se centra en la forma en cómo se consume el audiovisual en los medios digitales (aplicaciones, plataformas y dispositivos), que son ignoradas por un People Media Meter. Lo anterior, porque en la era digital las audiencias de un mismo contenido se encuentran atomizadas en diferentes plataformas (Green, 2017: 6).
•La medición de la audiencia social. Pasó a registrar y medir indicadores cualitativos para el consumo audiovisual, específicamente reacciones y sentimientos vinculados a una narrativa, película o serie de televisión, a efectos de deducir su engagement (Green, 2017: 6).
•Es en esta etapa donde se introduce la big data como una herramienta para medir a las audiencias, como un potente recurso tecnológico para la medición de los hábitos de consumo audiovisual y la experiencia registrada en su visualización, a través de su “huella digital” en la red. Esta nueva forma de entender a las audiencias precisa de conocer ¿dónde, cuándo, cómo y por qué se consume el contenido?, ¿en qué dispositivos? y, más importante aún, ¿qué reacciones genera entre sus audiencias?
Sobre esto último, es importante destacar que esta metodología de medición trata de conocer el lenguaje corporal de las audiencias al momento de visualizar los contenidos, como resultado de las expresiones que contienen sensaciones, reacciones y sentimientos que son publicados en redes sociales; o bien, observadas en sus gesticulaciones faciales a través de una aplicación móvil en tiempo real. Aquí, precisamente, es donde la big data adquiere especial relevancia dadas las prodigiosas capacidades de los algoritmos para generar métricas bajo las técnicas de análisis de sentimientos (sentiment analytics) y minería de opinión (opinión mining), que serán descritas en líneas posteriores. Sin lugar a dudas, la medición de audiencias en la era digital se enfrenta al desafiante contexto que supone la omnipresencia de las pantallas fijas (smart Tv), móviles (laptop) y personales (smartphone).
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