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García Vargas, AlejandraSentidos de ciudad : poder, desigualdad y diferencia en narrativas audiovisuales de Jujuy / Alejandra García Vargas. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Miño y Dávila, 2020.Libro digital, EPUB - (Antropología, estudios culturales y relaciones de poder / Caggiano, Sergio; Figurelli, Mónica Fernanda; 3)Archivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-47358-6-71. Estudios Culturales. I. Título.CDD 306

Edición: Primera. Agosto de 2020

ISBN: 978-987-47358-4-3

© 2020, Miño y Dávila srl / Miño y Dávila editores sl

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Composición: Eduardo Rosende


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En España: Miño y Dávila Editores s.l.

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En Argentina: Miño y Dávila s.r.l.

Tacuarí 540. Tel. (+54 11) 4331-1565

(C1071AAL), Buenos Aires.


Índice

Presentación, por Javier Campo

Prólogo, por Belén Espoz

Introducción. Lumbre. San Salvador de Jujuy a la luz de la televisión y al calor de la LSCA

I. Comunicación/ciudad (por estudios culturales)

El lugar de los Estudios Culturales en un abordaje comunicacional posible de las ciudades

Producción social del espacio y configuraciones culturales: los puntos clave de la configuración teórico-epistemológica

Mapas clásicos y parecidos de familia en la producción latinoamericana sobre ciudades del campo de la comunicación/cultura

Ciudad/televisión (por programas producidos localmente)

Los nativos filman, las investigadoras escriben (y algunos/as militamos)

II. Geografías del poder: mutaciones y sedimentaciones en contextos de desigualdad

1. Cartografías de la desigualdad

Mutaciones y sedimentaciones en contextos de desigualdad

Capítulo 1. Producir cultura desde acá: sentidos de ciudad (mediatizada) de productores y productoras televisivos de Jujuy

1. Un bunker simbólico: “yo defiendo la verdadera verdad histórica”

2. Un refugio creativo: “nosotros somos artistas”

3. Un barrio ubicado entre la intervención política y la comunicación popular: “nosotros somos trabajadores de la cultura”/“nosotros somos militantes”

4. La LSCA y “la movida federal”

Capítulo 2. Alta(s) en el cielo: audiovisualización del Estado, la patria y la nación en los programas del corpus

1. Placas y banderas

2. Los trapos y la bandera

3. Coreografías de placas, trapos y banderas

Capítulo 3. La vida me puso frente a ti para hacerte acordar quién eres: los “otros espaciales” de la ciudad

1. Disonancias en el concierto del “lugar común”: la ciudad contra “el norte”

2. La puerta de Latinoamérica (desde las rutas argentinas): la ciudad en geografías audiovisuales amplias

Capítulo 4. Un sentido de ciudad con raíz: entre la fundación frustrada y el kilómetro cero de la patria

1. La ciudad como enclave civilizatorio

2. El kilómetro cero de la patria

3. La siembra: un lugar desde donde “mapear(nos)”

Capítulo 5. Un sentido de ciudad trajinante: márgenes, murmullos y peligros

1. La ciudad periférica: el centro desde la terminal

2. La ciudad “revelada”: el lugar marginal

3. ¡Pucha, se me adelantó!: la plaza y los trajines como expresión local de la “nueva” audiovisualidad nacional

4. Intersecciones, márgenes y centros: croquis urbanos del sentido común audiovisual local

Conclusiones. Rutas, raíces, trajines: configuraciones urbanas del lugar común

La ubicación importa

Cartografiar: la ciudad como enclave civilizatorio

Urbanizar/edificar: patrimonialización y marginalización

Ubicar: los otros ¿internos?

Inaudiovisualizaciones e hiperaudiovisualizaciones: estrategias espaciales de la multiculturalidad

Coda. No disponible (Argentina, 2017)

Agradecimientos

Bibliografía

Siglas utilizadas

Para Moncho y Anaclara, por la amorosa producción cotidiana del espacio que elegimos compartir

Presentación

Comenzando el siglo XXI los gobiernos progresistas, o de centro izquierda, de Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Argentina han intentado, a través de la reforma de las legislaciones que regulan los medios de comunicación, una mayor participación en la producción y distribución de materiales culturales, en principio, para ampliar la cantidad de voces con llegada extendida a la sociedad. La constitución brasileña de 1988 enarboló el principio que los medios de comunicación no pueden caer bajo el dominio de monopolios u oligopolios. Este compromiso político de la restauración democrática, con ecos en toda Sudamérica, que los partidarios de estos gobiernos electos veían como una parte instrumental del proceso de superación de las políticas de las dictaduras, formó parte de un controversial esfuerzo para superar la desigualdad en Latinoamérica. Los triunfos electorales posteriores a ese ciclo, y maniobras parlamentarias, que nuevamente colocaron en las residencias presidenciales a accionistas de corporaciones oligopólicas, ponen en evidencia el desafío que los gobiernos populares constituyeron para las burguesías dominantes. En un giro netamente conservador, el electorado en la Argentina dijo tener memoria del neoliberalismo pero optó por Mauricio Macri; en Ecuador Lenin Moreno se planteó como el continuador de las políticas populistas de Rafael Correa, pero luego inició el trámite para cambiarse de nombre; Sebastián Piñera, otro gran empresario, volvió al poder en Chile y en Brasil Dilma Rousseff no logró resistir a un golpe (institucional) de Estado (y como por si eso fuese poco, encarcelaron a Lula da Silva con una causa armada por los detentores del poder). Más que vientos de cambio se trató de un verdadero vendaval.

Hubo un tiempo que fue hermoso, o estuvo cerca de serlo. Quizás mucho más cerca que otros momentos de la historia argentina. Desde el retorno al sistema democrático, sin dudas. ¿Qué pasó que en pocos años todo pareció volver al punto de partida? Algunos explican que en época de crisis las propuestas políticas progresistas son acompañadas por el electorado, mientras que en momentos de estabilidad o bonanza económica las pasiones se enfrían, la cabeza se resetea y los pueblos se sienten seducidos por discursos pro libertad de mercado, hoy envasados con un bello marketing empresarial que de vender productos sabe bastante. ¿La respuesta debe ser buscada en una explicación que concluya en los “ciclos” exclusivamente? No creo en los determinismos del estilo “ya tuvimos varios años de gobiernos de tal o cual signo político, ahora le tocará a los otros”. Porque a esa explicación le falta sustento, es fundamentalista, suena al “origen del hombre” contado en la Biblia. Le falta un entendimiento general de los procesos que, por ejemplo, poco a poco llevan a las mayorías a creer lo contrario que creían ayer u olvidar aquello que juraron nunca olvidar.

Hoy juegan un rol esencial en esta distribución / imposición de saberes y opiniones los medios masivos de comunicación. Y, como empresas, esos medios se encuentran en pocas manos. Es decir, solo basta para que sus dueños, que tienen mucho poder, difundan determinadas ideas, para modificar el clima social en derredor de un gobierno o sector político/social. Asimismo, nada de esto es lineal, ante esta propuesta de los que mandan está la de los trabajadores de la comunicación popular y comunitaria, la cual intenta promover un diálogo democrático, crítico y plural. Desde ya que decir todo esto es mucho más sencillo que desentrañarlo, indagarlo, mediante una investigación. Para eso está el trabajo profundo de Alejandra García Vargas, aquí presentado como libro.

Este libro se sustenta en una sólida investigación de doctorado, en la que se utilizan diversos recursos metodológicos de forma rigurosa (como el análisis bibliográfico y audiovisual y las entrevistas), con una voluntad polémica que hoy se echa de menos. Destaco el trabajo teórico realizado, recordándonos que los Estudios Culturales pueden sernos útiles para el análisis audiovisual.

La autora elabora tipologías y clasificaciones que clarifican la exposición del análisis. Elementos que podrían iluminar los estudios audiovisuales realizados en otras partes de la Argentina y que trabajan con corpus similares (programas o films que repiten el mismo tono en los debates y perspectivas sobre historia regional, las elucubraciones contrafácticas y las diferentes configuraciones de la “identidad”).

Se trata de una investigación que abordó las interpretaciones y representaciones sobre la ciudad de San Salvador de Jujuy en un corpus audiovisual local. Una parte importante de esos contenidos fueron producidos bajo el amparo de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (n° 26.522). Aunque pasible de críticas por izquierda, la LSCA pateó el tablero de la distribución de espacios radioeléctricos en la Argentina. Hizo poner nerviosos a los poderosos, y eso siempre es bueno. La ley abrió una serie de discusiones que estaban vedadas hasta hace poco tiempo, los alcances en la regulación de la propiedad de los medios masivos y la participación de aquellos alternativos en el espectro, como los más importantes. Una ventana de esperanza para aquellos comunicadores que nos formamos en el dilema de “acomodarnos” ideológicamente en un medio grande o vivir de changas (o, prácticamente lo mismo, dedicarnos a la docencia). Hoy hemos vuelto a la Edad Media. Aunque guardamos una luz de esperanza, recordamos que algunas cosas que actualmente vemos de lejos fueron posibles hace muy poco.

El trabajo de Alejandra se aloja en el terreno de los estudios de caso que brindan elementos para reflexionar sobre los procesos socioculturales y comunicacionales. Como ella misma lo advierte temprano, elude dos riesgos: 1) dar información sobre un caso que no aporta a una discusión más amplia, 2) utilizar al “caso” como mera ilustración de la teoría. Su investigación posee un sustento teórico fuerte (aunque, como muchos hemos tenido que hacer durante el proceso de volver libro una tesis, las referencias teóricas se han reducido para una divulgación con llegada a un público más amplio) que se inserta decididamente en un debate contemporáneo mediante los programas, series, films y productos audiovisuales que analiza, con la construcción social del espacio urbano como objetivo. Es uno de los puntos más importantes de su estudio la diferenciación entre las cartografías audiovisuales como sentido de ciudad con raíz y como ciudad de los trajines. Dos tipos de construcción que, aunque son de plano completamente diferentes, no están exentas de aristas polémicas.

No voy a reproducir aquí el lamento típico de quienes vivimos en el interior del país, sobre el ser soslayados, dado que es inconducente y ubica a gran parte de los argentinos en un papel de víctimas a la espera de una redención mágica (que parecería alimentar la resucitación de esporádicos y espontáneos proyectos de traslado de la Capital al interior). Por lo contrario, quiero recalcar que la rigurosidad de la investigación de Alejandra, presentada en este libro, la coloca en un lugar de referencia de los estudios de comunicación argentinos. Lo hizo en y desde Jujuy, lo cual sin dudas le imprimió un sello local. Sin caer en patéticos localismos defensivos (que sí detecta en audiovisuales de su corpus), ella inscribe su indagación en el amplio campo de la comunicación.

El trabajo de campo lo realizó entre 2011 y 2015, a eso se deben las aclaraciones de la “coda” sobre los súbitos cambios en las plataformas de acceso a los contenidos digitales durante el gobierno de Cambiemos. El reemplazo de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) por el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) y las modificaciones mortíferas de la LSCA, supusieron la modificación completa del contexto en que Alejandra hizo su investigación. O bien, como ella destaca, se trata de “una restauración de las situaciones y condiciones productivas anteriores a la LSCA”. Un regreso del gélido clima, muy distinto del cálido tiempo que fue hermoso.

Javier Campo

Tandil, marzo de 2020

Prólogo

“El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… el objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje” (Saramago)

Conocer es un viaje que, como otros, aparece hoy teñido de colores múltiples que tejen un discurso –como base material– que captura, aquí y ahora, un saber/poder –siempre escurridizo– sobre un proceso. Un libro, de alguna manera, es un viaje-discurso en la voz de un viajante y, en este caso, nos convoca una y otra vez a pensar los nuevos comienzos en las travesías del conocer las ciudades contemporáneas en su complejidad y particularidad.

Un libro es la memoria de un viaje: el resultado particular de una elaboración artesanal que fracciona, selecciona y clasifica con la intención de mostrar la experiencia del conocer de la cual se nutre un recorrido, a la vez que monta la escena construida en su totalidad. Recordando a Walter Benjamin, “retomar en la historia lo que es el principio del montaje” es “erigir las grandes construcciones con los más pequeños elementos, confeccionados con perfil seco y cortante, para descubrir en el análisis del pequeño momento singular el cristal del total acontecer”. Quizás ésta sea una de las claves más creativas del trabajo ya que remite a una forma de construcción del objeto desde la indicialidad/circularidad como pista epistémica. Esta “manera de hacer” se manifiesta como la forma de organizar el escrito que va aportando, desde diferentes indicios, una perspectiva de totalidad que excede al propio objeto, abriendo el campo de indagación sobre los fenómenos de sentidos de ciudad en un mapa mayor de complejidades sociales y comunicacionales de nuestra contemporaneidad.

“La(s)” ciudad(es) y “los” medios-mediaciones, aparecen como el primer encuadre de interpretación para arribar a las actuales modalidades del hacer y del decir la ciudad: como lo señala la autora, “abordar las ciudades a partir de las narrativas televisivas producidas localmente posibilita una localización estratégica que multiplica las relaciones posibles entre el espacio social de la TV y la producción social del espacio”. Guy Debord ya señalaba algunas décadas atrás que “ciudad y comunicación” se funden en el urbanismo contemporáneo provocando un montaje en el que las imágenes no representan nada sino que son el resultado de la acumulación del capital. El presente libro nos convoca a pensar dicho vínculo, constituyendo un aporte fundamental para comprender las relaciones sociales y de poder que nos estructuran socio-subjetivamente, en el espacio físico, social y mediatizado de la vida urbana actual. Y ambivalentemente, nos da también “pistas” para pensar las injerencias del espacio social mediatizado en la reorganización material y perceptiva del territorio, es decir, en las experiencias y vivencias presentes de las imágenes y sentidos de ciudad.

Por todo ello, la producción de conocimiento desde lo que la autora, recuperando a Harvey, denomina “geografías del poder” es la clave de lectura que nos sumerge en ese viaje por las memorias de una ciudad del norte argentino. Pero a la vez, nos narra la constitución de una espacialidad sedimentada en los sentidos propuestos de un espacio en tensión y conflicto constante (y constitutivo) de las relaciones –desiguales y diferenciales– de poder que se dan en el territorio nacional. El libro pinta y expone los paisajes en continuo movimiento (histórico, urbanístico, narrativo) de la conformación de los sentidos de ciudad en San Salvador de Jujuy que revela un tipo de conflictividad poco tematizada como objeto de estudio en el campo de las Ciencias Sociales y Humanas contemporáneas.

Y como todo viaje está estructurado en torno a la experiencia del viajante, la autora va aunando su trayectoria de formación y práctica profesional a la construcción y reflexión del fenómeno estudiado: realiza un trabajo artesanal en el que la conexión mano-cabeza evidencia, al decir de Sennett, “la exploración de las dimensiones de habilidad, compromiso y juicio de una manera particular”. Y en ello radican los múltiples aportes que van emergiendo de la exposición y análisis a lo largo del libro. Expresan, por un lado, el fundamento de la distribución actual de las formas de conformar la ciudad como un todo social, y por el otro, dibuja los contornos y los limites/exclusión del sentido hegemónico de ciudad, tanto en las formas de organización urbana como en las formas de organización audiovisual. Construye el montaje que permite leer la multiplicidad y complejidad de las figuras del adentro/afuera; del centro/periferia; el otro externo/interno; etc. que caracterizan el paisaje urbano del norte en nuestra actualidad. Las relaciones entre sentidos de ciudad y geografías del poder que la autora va exponiendo a lo largo de su trabajo, captan –casi plásticamente–, las cartografías de inclusión –social, audiovisual, estatal y gubernamental– que materializan y evidencian formaciones sociales de alteridad.

Este libro nos lleva por un viaje que nos permite comprender que “la diferencia y la desigualdad” son el “resultado de las relaciones de poder en el proceso de producción social del espacio urbano” y de la especificidad de los procesos de comunicación y mediatización, en su materialización reproductiva o transformadora. En definitiva, el objeto-libro aparece como ese tejido, concienzudo y soñado, que muestra la constante tensión de reconocer el trabajo y el producto como parte de un mismo proceso, es decir, un trabajo artesanal. Y esa tensión que vibra a lo largo de toda la obra, nos convoca a nuevas travesías del conocer.

Belén Espoz

Córdoba, julio de 2020

Introducción
Lumbre. San Salvador de Jujuy a la luz de la televisión y al calor de la LSCA

Hace tiempo, en el cable, vi fragmentos de un documental. Y lo que vi me desenterró –como un hueso incrustado en la tierra– una percepción, latente, amasada por los años pero nunca dicha hasta ese momento. Durante los días siguientes esperé descubrir la repetición de las imágenes. Quería ver la totalidad del relato. Había algo, ahí, en el tono y el paisaje, que me interpelaba. (…) Nunca pude saber el nombre del documental (…) Por lo tanto, estaba frente a un puñado de imágenes que mostraban a un hombre, el entrevistado, y una cámara que lo seguía en una recorrida en auto por su ciudad natal. (…) Trataba de adivinar el nombre y la actividad del tipo (¿un sobreviviente?). Y el lugar. (…) Entonces el hombre, ahora en movimiento, con el recuerdo de esa vaca en los ojos, largando una bocanada de humo, dijo algo que yo leí en letras blancas y a la velocidad que pasan los subtítulos; y que, a pesar de la fugacidad, se me grabó con la contundencia del fuego: Cada pedazo de pared de esta ciudad lleva, como una piel, las huellas de mi historia.

Hernán Ronsino (2013, pp. 15; 157-158, mi énfasis)

¿Qué significa estar ubicada en lugares particulares, cuando ese lugar es una provincia argentina de frontera, cuando tal ubicación se interroga a partir de los sentidos de ciudad que ofrecen narrativas audiovisuales locales, y cuando esa pregunta busca analizar una configuración cultural conmocionada por el debate en torno a la redistribución del poder de visibilizar el orden social y sus conflictos mediante programas televisivos?

Este libro aborda la conflictividad de lo social expresada en las interpretaciones heterogéneas, históricas, conflictivas y contingentes sobre San Salvador de Jujuy que construyen diversos actores, en desiguales condiciones, para comprender su experiencia urbana. Los sentidos de ciudad, como parte del sentido común o como formas coherentes que lo combaten, participan de las disputas culturales en torno a las relaciones y posiciones sociales.

La perspectiva teórica se basa en la literatura que enfatiza el carácter de producción social del espacio, resalta el carácter constituyente de la cultura en ese proceso y vincula a ambos con específicas geografías del poder. Desde allí, se especifica la mirada al espacio urbano y a los paisajes audiovisuales contemporáneos, para analizar los sentidos de ciudad circulantes en San Salvador de Jujuy entre 2011 y 2015, durante el período de debate sobre los servicios de comunicación audiovisual, y su relación con la cultura nacional argentina, asociados a las políticas públicas para la televisión digital.

Metodológicamente, se realiza un ejercicio interpretativo que reúne diversas estrategias en el marco del análisis cultural, para dar cuenta de las articulaciones entre espacios, temporalidades y ejes de identificación de actores/actrices sociales, a partir de materiales concretos provenientes de programas televisivos locales y de trabajo de campo realizado durante ese período.

Los programas televisivos elegidos operan como punto de ingreso a ese ejercicio y combinan como características compartidas el período de realización o circulación y la audiovisualización de espacios públicos de la ciudad de San Salvador de Jujuy; mientras que ofrecen heterogeneidad en géneros, financiamiento, plataformas o canales de circulación. El trabajo de campo se orientó a registrar y analizar narrativas que combinaran itinerarios sociobiográficos y profesionales y representaciones sobre la ciudad, la región y la nación, e incluyó entrevistas en profundidad a los realizadores y realizadoras de los programas seleccionados; entrevistas a audiencias destinatarias del Plan Mi TV digital y visionado compartido de los programas con jóvenes estudiantes universitarios.

Ese conjunto principal de materiales permitió identificar y analizar narrativas o imágenes complementarias citadas, referidas o editadas por ellos, o bien coexistentes en las pantallas televisivas accesibles localmente al momento de producción y/o programación de los programas seleccionados. El conjunto de materiales así reunido se contrastó entre sí.

El análisis indica que ubicar, cartografiar, urbanizar y edificar son ejercicios de la imaginación social local que participan de los conflictos culturales asociados al establecimiento de un sentido común (audio)visual sobre la ciudad otorgando poder de manera sistemáticamente desigual a quienes la habitan. Es así que los sentidos de ciudad de estas narrativas descentran y multiplican los paisajes urbanos disponibles, disputando el ejercicio del poder simbólico, pero al mismo tiempo reafirman formas sedimentadas de visualización de la heterogeneidad y la desigualdad sociales, participando activamente en los procesos de formaciones nacionales y provinciales de alteridad en un marco de multiculturalismo neoliberal.

Itinerario

Este libro se organiza en una introducción, cinco capítulos en los que se despliega el análisis, las conclusiones y una coda final.

Por claridad expositiva, la introducción se organiza en dos partes, que creemos que están integradas teórico-metodológicamente. La primera parte ofrece los aspectos conceptuales de la arquitectura teórico-metodológica. La segunda parte explora el lugar relativo de San Salvador de Jujuy en las específicas geografías del poder de las que participa a partir de una síntesis crítica de información, con el objetivo de ligar las posiciones relativas de la ciudad y sus habitantes con la circulación del audiovisual televisivo en procesos que son a un tiempo urbanos, provinciales, nacionales y globales. El ejercicio de síntesis crítica de este capítulo observa a la ciudad desde cierta distancia, ya que opera sobre la contrastación de indicadores sociodemográficos o económicos con el objetivo de describir aspectos generales de la historicidad espacializada de San Salvador de Jujuy para vincularlos al proceso de urbanización del capital (Harvey, 2005) y su relación con las dinámicas de circulación de las industrias culturales como parte de las geografías del poder y la desigualdad en la producción cultural contemporánea.

El capítulo 1 da inicio al análisis y especifica la pregunta “¿qué significa estar ubicados y ubicadas en lugares particulares?” para asociarla a la producción de la cultura y la cultura de la producción (televisiva local) a partir de entrevistas en profundidad con cinco realizadores y una realizadora. Este capítulo encuentra en la figura de la “ciudad mediatizada” acuñada por Raquel Paiva y Muniz Sodré (2004) –quienes retoman la ciudad letrada de Angel Rama (1998) para pensar las tramas sociotécnicas contemporáneas del ejercicio del poder simbólico– la principal clave interpretativa para abordar las diversas posiciones de enunciación desde las que San Salvador de Jujuy es audiovisualizada, y brinda un interesante contrapunto con las distancias de ese conjunto de posiciones respecto a las de quienes participan del proceso de circulación como audiencias. Ese conjunto de contrastes superpuestos que habilita observar la ciudad mediatizada muestra la desigual distribución del poder de definición de sentidos de ciudad que brinda la audiovisualización televisiva, desigualdad que se articula a través de y en relación con diversos ejes ordenadores de la diferencia –entre los cuales la consideración de las formaciones provinciales y nacionales de alteridad pero también la atención a las homologías (fundamentalmente, de clase, de género y de generación), resultan clave–.

El capítulo 2 especifica el vínculo entre formaciones nacionales de identidad y sentidos de ciudad para abordar los modos y significaciones de la nación y su relación con la experiencia de la estatalidad en las narrativas televisivas analizadas, a partir de las estrategias de audiovisualización de símbolos de representación oficiales argentinos, y especialmente de aquellos que se producen con la bandera nacional, como elemento vinculado a la ciudad en el conjunto de los programas del corpus. El capítulo surge como resultado de la recurrente presencia de este emblema en los programas analizados.

Esas formaciones nacionales de alteridad y esas experiencias de la estatalidad implican mapas paisajísticos compartidos y repertorios de características para la definición de lo urbano sintetizados en sentidos de ciudad que se construyen parcialmente a partir del contraste con otros sitios. Los sentidos de ciudad del material analizado señalan “los otros espaciales de la ciudad” y esa otredad se superpone (en coincidencia o contraste) con las producidas para imaginar los espacios de la nación.

El capítulo 3 explora los ejercicios de pareo (Lindón, 2008) en el material analizado, e indica que San Salvador de Jujuy se recorta contra los Andes (como un otro “natural” que la define como ciudad) y contra otras ciudades (que se presumen modélicamente “argentinas”) para participar de esas formas visuales y experienciales de la imaginación nacional y provincial relacionando paisaje y naturaleza al interior de mapas sedimentados.

Si bien los sentidos de ciudad se oponen a la naturaleza y a otras ciudades, también establecen relaciones con ellas en términos de geografías culturales amplias que permiten pensarlas como partes coexistentes, escalas o puntos de caminos, ya no por oposición sino por continuidad. En el material analizado, los Andes y varias ciudades argentinas alimentan los ejercicios de pareo imprescindibles para definir sentidos de ciudad para San Salvador de Jujuy, pero esos mismos lugares son, además, espacios coexistentes en relaciones mutuas y continuas que los definen. La segunda parte del capítulo 5 aborda las maneras en las que la capital jujeña es parte de ciertos mapas mayores con los que se articula o a los que articula: es “puerta”, “escala”, “periferia”, “punto de partida” o “punto de llegada”. Es decir, los sentidos de ciudad apelan a figuras que definen a San Salvador de Jujuy vinculándola a espacios mayores que la contienen. La ciudad es parte de conjuntos estructurados en relaciones simétricas o complementarias, de paridad o de centralidad/marginalidad pero de completa coexistencia.

Definidos contra otras experiencias espaciales y como parte de geografías amplias, los sentidos de ciudad permiten observar que, en tanto lugar, San Salvador de Jujuy es un momento en la intersección de relaciones sociales (Massey, 1995). Esas relaciones incluyen las formas de la imaginación social productivas de un reparto diferencial de actores vinculados a tiempos y espacios tanto en las homologías o contrastes entre la ciudad y otros sitios como en su distribución al “interior” de aquellos límites que la definen. De esa manera, los sentidos de ciudad construyen una verdadera topología social urbana al definir actores, espacializarlos y vincular ese conjunto de espacios precisos, habitados o transitados por actores igualmente precisos, con temporalidades diversas (y, lógicamente, también precisas).

Los capítulos 4 y 5 se detienen en esa capacidad constructiva de topologías sociales que tienen los sentidos de ciudad de narrativas televisivas, abordando las específicas maneras de condensación de los polos del eje metafórico centro/periferia (Silva, 2000; Segura, 2015) en el material analizado: para el primero, el centro del centro (la plaza Belgrano) y el territorio físico y simbólico que se constituye a su alrededor, y para la segunda, el área de los trajines callejeros de la antigua terminal de ómnibus (en pleno funcionamiento al momento de la realización de los programas y del trabajo de campo).1 Cada uno de esos capítulos observa esos lugares de referencia principal y continua para la espacialización diferencial de actores, actividad productiva de dos formas que son complementarias en la percepción hegemónica del espacio de San Salvador de Jujuy. Es así que el capítulo 4 trabaja sobre un sentido de ciudad “con raíz”, relevando las maneras en las que el espacio central de la ciudad se produce audiovisualmente en relación principal (aunque no exclusiva) con el ejercicio de una tradición selectiva que la liga a la colonia y a las guerras de la independencia, en una operación que presenta metonímicamente a una específica “porción” de la ciudad como si fuera la ciudad en su conjunto, como parte del ejercicio de dominación hegemónica que propone la propia cultura que ese recorte presenta como centro del mundo y que postula al territorio al que la asocia como “el centro de un grupo que se vuelve mundo para todos los integrantes” (Silva, 2000, p. 128).

El capítulo 5, por su parte, explora los “márgenes” de este “centro” en las prácticas y relaciones abigarradas que se concentran espacialmente en las áreas de los trajines callejeros y que completan de ese modo la trama de interpretación necesaria para la definición de un sentido de ciudad hegemónico (Antezana, 2009; Kingman Garcés, 2016). Sin embargo, tanto centro como márgenes conllevan y potencian posibilidades de contestación y disputa que se inscriben (en este caso, audiovisualmente) sobre esos sentidos preferentes, o que proponen otros espacios para desestabilizarlos.

El conjunto de capítulos culmina en las conclusiones, donde se sintetizan las acciones producidas por los sentidos de ciudad asociados a narrativas televisivas locales como parte del proceso de urbanización de la conciencia (Harvey, 1989): cartografiar, urbanizar, edificar y ubicar son ejercicios de la imaginación social que participan de los conflictos culturales asociados al establecimiento de un sentido común (audio)visual sobre la ciudad otorgando poder de manera sistemáticamente asimétrica a quienes la habitan.

La coda final se propone como ejercicio de apertura de líneas de fuga vinculadas al cambio de políticas audiovisuales asociadas al gobierno de la Alianza Cambiemos, a la luz del recorrido realizado.

La ubicación (me) importa: televisión digital en una capital provincial

En el epígrafe de esta introducción, cité una novela que me produjo cierta inquietud mientras realizaba la investigación que condujo a este libro. En Lumbre, Hernán Ronsino (2013) explora –como parte de un conjunto de zonas de penumbra que incluye el ambiente azulado propiciado por los rayos catódicos– los espacios de la visión y la producción televisiva en una ciudad pequeña del área pampeana argentina. El autor expone su teoría de las asimetrías de poder vinculadas a la circulación del audiovisual en términos del fusilamiento masivo de las audiencias locales por parte de los guionistas metropolitanos. Actualiza en su argumento la teoría de la “bala mágica”,2 argentinizándola mediante la imagen criolla del escopetazo en una cacería de perdices:

Los guionistas de televisión disparan cada día contra esos cuerpos que ahora descansan o terminan de comer fruta –atentos a la semilla o el carozo–, detrás de las persianas cerradas. Hay algo de fusilamiento masivo. Porque las palabras del guionista se desparraman en el aire, como las municiones que se usan para cazar perdices. (Ronsino, 2013, pp. 31-32)

En otro capítulo, que titula expresamente “Televisión”, el autor acude a la descripción de la experiencia de ser entrevistado en el plató del canal de cable local, siendo un guionista metropolitano. En ese estudio, todo es modesto, muy diferente a los sets que imaginamos para la “ciudad mediatizada” que describen Paiva y Sodré (2004), y en una distancia reafirmada por la sobrecorreción en el discurso del conductor del programa. Las instalaciones televisivas se superponen a usos anteriores del edificio, conocidos por quienes habitaron la ciudad por largo tiempo.

En las frases que abren esta introducción, Ronsino (2013) vuelve recurrentemente a la experiencia del narrador (a la sazón, el propio guionista) como televidente, en la fascinación –y el alto grado de identificación– que le produce la visión de un fragmento de un documental donde un sobreviviente habla de su ciudad natal. El entretejido entre unos “tonos y paisajes que desentierran percepciones” con una ciudad periférica, la televisión local y los guionistas metropolitanos que elabora Ronsino se relaciona con la búsqueda de este libro, y al mismo tiempo presenta literariamente parte de las posiciones contra las cuales se escribe. Esa trama coincide y se aleja, alternativamente, de los vínculos entre la vida social de la televisión (Abu-Lughod, 2006) y la producción social del espacio (Lefebvre, 2013) que revela el análisis de materiales precisos, cuyas disonancias y consonancias forman parte de una configuración cultural (Grimson, 2011).

Mientras cuenta la historia de un crimen en un contexto social crítico (Argentina en el entresiglo XX-XXI), Lumbre trama las relaciones espacializadas y espacializantes entre cultura y poder, desde la cotidianeidad de la televisión y la politicidad de la vida cotidiana. Es así como la localización de este relato en una ciudad no-metropolitana y la circulación de contenidos audiovisuales como punto de fuga para pensar el propio lugar intersecan escalas espaciales y diversas dimensiones de la heterogeneidad y de la desigualdad sociales desde diferentes escenas que hacen a los momentos de la comunicación televisiva y a su relación con la producción social del espacio. A lo largo de la novela, la acción plantea diversos escenarios: el hogar como un punto de encuentro entre las audiencias y los programadores y guionistas locales o metropolitanos (y, en ellos, con los productos televisivos transnacionales y sus hacedores en general); el set de televisión como espacio de las prácticas cotidianas de una televisión local que se distancia de aquellas realizadas en los enclaves centrales de las industrias culturales; los espacios referidos por narrativas en la pantalla como “series sintagmáticas” separables y recordables (Machado y Vélez, 2013), en este caso, un documental cuyo título se busca en el flujo repetido de las transmisiones de las decenas de señales del cable disponibles; una escena relevante en ese programa cuyo nombre no se conoce pero que se busca en la pantalla para identificar en él los fragmentos recordados no sólo por lo que brinda esa edición precisa sino, y sobre todo, por lo que en ese tono o en ese paisaje se reconoce como posibilidad de reflexión o como identificación con el propio lugar de quien mira la televisión, esto es, por su capacidad de interpelación. Ese conjunto heterogéneo de lugares se despliega a partir de la búsqueda de un puñado de imágenes y un conjunto de palabras transcriptas como subtítulos que narran una experiencia urbana.

Ronsino (2013) reúne en la trama de su novela experiencias espaciales y televisivas: piensa en el poder y la desigualdad para abordar localizadamente la conflictividad de lo social, y lo hace –en parte– desde y a través de los procesos de circulación televisiva que se desarrollan en una localización periférica de las industrias culturales transnacionales. La distancia que emerge de las búsquedas e identificaciones del guionista-narrador cuando recuerda sus propias experiencias como audiencia y la imagen del fusilamiento con la que piensa las de los sectores populares forma parte de esas desigualdades y esos poderes: el narrador busca en la programación del cable “un puñado de imágenes” de un determinado documental (y no otro) para confirmar su propia experiencia de nostalgia y de extrañamiento asociada a las transformaciones de su ciudad natal (y sus relaciones con la crisis de inicio del siglo XXI en Argentina). En cambio, las audiencias de los barrios de su propia ciudad de origen no realizan búsqueda alguna, sino que son fusiladas diariamente por guionistas metropolitanos, durante siestas agobiantes, en hogares donde se pelan frutas pegajosas.

La novela, entonces, describe heterogeneidades y desigualdades que se multiplican al ritmo de diversas relaciones que hacen al proceso de circulación televisivo (situado en tiempo y espacio). Este aspecto de la trama coincide con mi indagación general sobre los diversos y desiguales modos en los que las narrativas audiovisuales sobre ciudades refieren a la producción social del espacio, ya que la televisión “vuelve obvio el hecho de que los mismos textos culturales tienen importancias diferentes en contextos distintos” (Abu-Lughod, 2006, p. 72). Los mundos que esos textos intersecan sólo pueden comprenderse dando cuenta de los diversos espacios y tiempos por los que circulan. La naturaleza ideológica de las narrativas televisivas, que actúan hegemónicamente a favor de determinados proyectos,

nos lleva a pensar en el modo en que los aspectos con que contamos para considerar una cultura como local no son en sí rasgos neutrales a ser interpretados, sino el resultado –a veces contradictorio– de otros proyectos de poder más locales dignos de ser analizados. (Abu-Lughod, 2006, p. 72)

Abordar las ciudades a partir de la circulación de narrativas televisivas producidas localmente posibilita una localización estratégica que multiplica las relaciones posibles entre el espacio social de la TV y la producción social del espacio. Sostengo que esa posibilidad analítica no se restringe al seguimiento de la multisituacionalidad transnacional, sino que también permite indagar las relaciones entre sentidos de ciudad y geografías del poder en otras escalas que intersectan variadas experiencias en un lugar determinado.

Denomino sentidos de ciudad a las interpretaciones heterogé­neas, históricas, conflictivas y contingentes sobre el espacio urbano, que construyen diversos actores, en desiguales condiciones, para comprender su experiencia urbana. Tales interpretaciones coproducen las específicas geografías del poder de las que, al mismo tiempo, forman parte (es decir, están dentro de un juego de interconexiones múltiples y se localizan en mapas de poder a los que, a su vez, alimentan) (Massey, 1995).

He procurado construir una estrategia para indagar en tales relaciones a partir de narrativas sobre el espacio urbano asociadas a programas televisivos producidos en San Salvador de Jujuy. El punto de ingreso al análisis propuesto descansa en la hipótesis de que estas representaciones sobre las ciudades dependen de la experiencia espacial, social y audiovisual de los actores que las producen. Dado que el espacio es un producto social –o sea, un conjunto de relaciones históricas y conflictivas– el abordaje de las distancias entre productores/as, textos, circuitos y audiencias (entre sí y entre todos esos momentos) que revelan estos sentidos de ciudad (muchas veces, discrepantes) suma posibilidades al análisis de la pregunta crítica sobre cultura y poder que abre esta introducción.

Las diversas figuras ofrecidas por narrativas audiovisuales sobre la ciudad como espacio social refractan y al mismo tiempo construyen conflictos profundos de la sociedad jujeña vinculados al proceso de producción social del espacio. Interrogada de manera contextualista, esa condensación de elementos permite interpretar, a partir de materiales concretos, tanto el trabajo ideológico de establecimiento de “topologías” sociales como el de los lugares que ocupan esas mismas narrativas en San Salvador de Jujuy.

Es así que mediante el análisis de sentidos de ciudad propongo dar cuenta de articulaciones entre espacios, temporalidades y ejes de identificación de actores producidas por narrativas audiovisuales locales, como parte constitutiva de una serie de situaciones sociales de diverso tipo que se acumulan y condensan en una coyuntura.

Siguiendo la trama de sus procesos productivos y las posibilidades de conversación que abren con sus públicos, los sentidos de ciudad que ofrecen estos programas al narrar la capital jujeña se multiplican y expanden al ritmo de la vida social de la televisión, mostrándonos parte de las configuraciones sociales y territoriales –y los conflictos sobre el poder a ellas asociados–, del modo en que se presentan cuando se las interroga a partir de la circulación de estas narrativas, concebida –a su vez– como parte de la experiencia urbana y audiovisual de sus productores, productoras y televidentes.

Es así que los programas televisivos producidos localmente resultan un “espacio interpretativo” relevante y disponible de representaciones que circulan socialmente (Reguillo, 2008, p. 13), y por lo tanto permiten el abordaje de una coyuntura de multiculturalismo neoliberal (Hale, 2002) que relativiza la concepción universal de los procesos de globalización o de mundialización de la cultura, y al mismo tiempo recupera tanto la importancia de los lugares locales para comprender las dinámicas sociales (Massey, 1991) como su participación desigual(ada) en diversas geografías del poder (Massey, 1995). Esto es, la ubicación importa (Grossberg, 1996; Restrepo, 2012): ser audiovisualizado/a o poder audiovisualizar(se) se relaciona con localidades geoculturales estructuralmente asimétricas (globalmente, tales asimetrías se establecen entre el norte próspero y el sur del mundo; nacionalmente, entre en las capitales nacionales sede de los grupos concentrados y de los gobiernos federales; provincialmente, en entornos urbanos o rurales con diverso peso jurisdiccional y administrativo). Finalmente, esas posibilidades están asociadas a localizaciones institucionales (en productoras metropolitanas o periféricas que a su vez pueden ser públicas, privadas o privadas sin fines de lucro) y se vinculan con los lugares de enunciación (hablar con, hablar por, hablar desde, hablar de, hablar sobre).

Metodológicamente, la relevancia asociada a la atención al espacio próximo refiere a la posibilidad de trabajar en las especificidades históricas o sociales en diálogo con procesos empíricos situados y significativos. En este sentido, uno de los desafíos de este libro es producir un conocimiento teóricamente fundado y socialmente relevante, que dialogue con y enriquezca a la memoria teórica y metodológica del campo de la comunicación/cultura desde una ubicación precisa. Esto es, que al construir un objeto fuertemente localizado eluda dos riesgos asociados al “caso”: el peligro de proveer de abundante información sobre el entorno próximo sin aportar a la inteligibilidad de los procesos socioculturales y comunicacionales y/o a su crítica sistemática, y la tentación de reducir la tarea empírica a la ilustración de categorías o teorizaciones previas.

San Salvador de Jujuy es la ciudad capital de una provincia argentina de frontera ubicada en la región surandina, a mil seiscientos kilómetros de la capital nacional (Buenos Aires). Su condición liminar permite pensar el poder y la cultura desde una posición “excéntrica” a la tradición dominante de los estudios sobre ciudades latinoamericanas, y potenciar la capacidad crítica del teorizar de los Estudios Culturales (Hall y Mellino, 2011, p. 30). La articulación de varias escalas en el espacio urbano de la capital jujeña –entre las que podemos mencionar la relación de exclusión del proyecto nacional que Manzanal (1999) describe como desarticulación profunda; las características de ser la capital de una provincia de frontera que recibe un flujo permanente (aunque fluctuante) de migrantes bolivianos (Sala, 2005); la dinámica excluyente con el conjunto provincial que Karasik (2005) describe como un proceso histórico de drenaje de la población de las tierras altas hacia las áreas de desarrollo capitalista más dinámicos; la profunda desigualdad social que se verifica en el territorio urbano (García Vargas, 2009); y la fuerte exposición a las dinámicas culturales globales vinculadas al turismo a partir de la declaración de la Quebrada de Humahuaca como Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en 2003 (Troncoso, 2009)– la vuelve un sitio especialmente fértil para el análisis cultural, ya que esta serie de superposiciones de experiencias espacio-temporales en situación de frontera nacional multiplica la intensidad e historicidad de su desigualdad social y su heterogeneidad humana y, por lo tanto, de las disputas hegemónicas para representarla en clave de interculturalidad (Briones, 2008; Caggiano, 2005), diversidad o discrepancias (Carman, 2006; Massey, 2005a; Segura, 2015).

El período durante el cual se produjeron o difundieron los programas televisivos (2011-2013), se realizó el trabajo de campo (2011-2016) y la tarea analítica (2011-2016) asocia la riqueza de tal liminaridad excéntrica y desigualada de esta ciudad a dos condiciones contextuales relevantes, vinculadas a la decisión de trabajar con estas narrativas en un momento en el que la televisión se apaga mientras se encienden otras pantallas.

En primer lugar, aún en una ecología de medios caracterizada por la transmedialidad y la convergencia, la I Encuesta Nacional de Tecnologías de la Información y la Comunicación (ENTIC) realizada en 2011, señaló a la televisión como la tecnología de la información y la comunicación más presente en los hogares urbanos de Argentina, en todas las regiones y en todos los niveles de ingreso. En el caso específico de Jujuy, el relevamiento indicó que el 94,9% de los hogares poseía televisor, porcentaje que se elevaba a 96,9% para el aglomerado San Salvador de Jujuy-Palpalá.3

En ese sentido, es importante notar que en la idea del “fin de la televisión” (Gilder, 1992; Negroponte, 1995), e incluso en la de su mutación vinculada a las transformaciones en las experiencias interactivas de las audiencias (Islas, 2010; Scolari, 2008) suele generalizarse las prácticas ligadas a los usos de la audivisualidad4 y la audiovisualización5 de los y las analistas –o, al menos, los de quienes habitan áreas urbanas y acceden a formas de conexión fluidas– al conjunto de la sociedad y de las regiones geográficas. De ese modo, se invisibiliza6 la heterogeneidad y desigualdad de esas prácticas y –quizá, sobre todo– la distancia entre las situaciones desiguales en los momentos de producción y de reconocimiento de narrativas audiovisuales. Tal posición niega, por un lado, la pregnancia de los medios tradicionales; luego, la importancia determinante de las tecnologías vinculadas a la conexión entre los dispositivos digitales y las redes de telefonía o distribución de flujos de contenidos en ese tránsito sociotécnico y su relación con las condiciones de acceso a los circuitos que aseguran la distribución amplia de esos contenidos. Esto es, la problemática del acceso material a las tecnologías se inscribe en mapas históricos de desigualdades nacionales y regionales, y también en aquellos que se trazan diariamente en la lucha y resistencia contra ellas.

En segundo lugar, ese proceso de multiplicación y transformación (desigual) de las pantallas y de los públicos convive con la inminencia del apagón analógico de la televisión (por entonces previsto para 2019 en Argentina). Durante el trabajo de campo, esas variaciones se sobrepusieron con el período de transformación normativa y organizativa de los medios operada por la conjunción de la sanción de la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), el decreto 1148/09 regulatorio de la Televisión Digital Abierta (TDA) y las modalidades de implementación de ambos, asociados a numerosas políticas públicas.

Tres de los programas analizados en este trabajo han sido financiados por fondos públicos destinados a la promoción de contenidos federales, y los cuatro inscriben su proceso productivo en la consideración del tiempo que va desde el anuncio y posterior sanción de la LSCA (en octubre de 2009) hasta las sustanciales modificaciones a esa norma que introdujeron los decretos 13, 236 y 267 en diciembre de 2015, completados luego con otros decretos durante 2016 y 2017.7

Durante el período de realización y emisión de los programas analizados (2011-2013), las políticas de fomento de la producción asociadas a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) interpelaron las prácticas sedimentadas de la comunidad audiovisual local, tanto en términos de las condiciones generales de posibilidades de producción como en la reflexión sobre los contenidos producidos y su relación con los que circulan habitualmente en las pantallas televisivas. Esas interpelaciones se dieron en un marco también cambiante y crecientemente visibilizado sobre la definición, percepción y valoración estatales del lugar de los medios y los servicios de comunicación audiovisual (especialmente, la televisión) en relación con “la cultura nacional” (habitualmente, en singular) abiertamente politizado. Al mismo tiempo, esas mismas preocupaciones implicaron la generación de políticas de asistencia para acompañar la migración al entorno digital de la televisión de aire analógica y el visionado de la TDA en parte de las audiencias (aquella considerada como “población prioritaria”) (García Vargas y otrxs, 2014).

Todas estas consideraciones sostienen la decisión de indagar los vínculos entre narrativas audiovisuales, configuraciones culturales y producción social del espacio urbano a partir de un corpus que combina tres importantes características en común –la audiovisualización de espacios públicos de San Salvador de Jujuy, la localización, y el período de registro y producción, en tanto dimensiones de la situacionalidad compartida–, con la heterogeneidad en géneros, en formatos y en otros componentes de las condiciones y situaciones productivas (por ejemplo, las formas del financiamiento o la relación con las instituciones que regulan los circuitos de distribución). Los programas seleccionados son la serie de ficción El viaje, 9 días buscando Norte (Vargas, 2011); el unitario documental San Salvador de Jujuy, Murmullo que aturde (Ricciardi, 2011); la serie documental Maestros del Norte (Ogando, 2011) y la temporada 2012 del magazine cultural semanal Jujuy Profundo (Calvetti, 2012).8

La combinación de elementos homogéneos y heterogéneos en los programas seleccionados buscó concordancias y discrepancias significativas en el material, que permitiesen analizar un “sentido común” sobre la ciudad y las disputas hegemónicas en torno a su construcción, consolidación y sostenimiento.

Las narrativas construidas por, o asociadas a, los programas seleccionados brindan, entonces, un interesante punto de abordaje situado de las dinámicas de la comunicación/cultura contemporánea en una coyuntura de transformación particular. En los términos indicados, permiten comprender tanto a la ciudad como a la cultura, pues interrogan las disputas en torno a qué significa estar ubicado o ubicada en lugares particulares, qué distintas modalidades de pertenencia son posibles y de qué diversas formas se vinculan las personas entre sí y con el mundo. Esa pregunta amplia, que recoge la inquietud de Grossberg (1996) sobre la dimensión espacial en los estudios culturales, consiente interrogar, a partir de materiales específicos:

- El proceso de representación y definición de la ciudad (cómo se compone en cada caso la trama intertextual; cómo se muestra, define y representa la ciudad; quiénes muestran; quiénes dicen; cómo muestran y cómo dicen; cómo acceden estas representaciones a circuitos de circulación pública; cómo son interpretadas).

- Las relaciones entre interculturalidad y ciudad (qué tipo de relaciones interculturales se proponen y cómo se las vincula con el espacio y la experiencia urbanas).

- Las “topologías sociales” de la ciudad (cómo se perciben y valoran las áreas que la constituyen y cómo se espacializan los actores sociales representados tanto en el ámbito urbano como en sus relaciones con otros lugares).

Se propone, entonces, que los sentidos de ciudad –y los vínculos hipotéticos que postulo entre ellos y una precisa configuración sociohistórica– tienen en los programas televisivos producidos localmente una posibilidad de recreación singular por los múltiples niveles y dimensiones analíticas que ofrecen para la tarea interpretativa de una configuración cultural. Las maneras en las que la producción social del espacio urbano se presenta cuando es interrogada a partir de narrativas televisivas locales permite explorar la articulación de al menos tres de esos niveles y dimensiones:

- La politicidad de la experiencia urbana y su vínculo con la producción audiovisual de la cultura (y las culturas de la producción audiovisual) en cuanto procesos espacializados y espacializantes que participan en formaciones nacionales y provinciales de alteridad (Agüero y García, 2010; Álvarez Leguizamón, 2010; Arancibia, 2014; Briones, 2005; Burgos y García Vargas, 2008; García Vargas, 2004; Karasik, 2005; Martín-Barbero, 1998; Orquera, 2010; Rabey y Jerez, 2010; Román Velázquez, 1999; Sarlo, 1999; Segato, 2007).

- La constitución de series de imágenes y sonidos sedimentados y emergentes en las configuraciones audiovisuales contemporáneas (Sorlin, 1980; Benjamin, 2011 [1931]; Berger, 2005 [1978]) y su relación con el sentido común (audio)visual (Caggiano, 2012) desde la precisa intersección de escalas y relaciones que ofrece la audiovisualización de una ciudad no-metropolitana en un marco de multiculturalismo neoliberal alimentado por industrias culturales transnacionales (Bayardo y Lacarrieu, 1999; Brunsdom, 2007; Chamorro, 2011; Miller, 2012; Masrany, 2016; Paulinelli, 2005; Rose, 2016a, 2016b; Yúdice, 2002; Zhang Zhen, 2007).

- La relación de ambos aspectos con la diversidad de formas de producción social del espacio y las temporalidades que implican el abordaje de los procedimientos interpretativos y de sus situaciones y condiciones sociales de producción en clave de hegemonía (Carman, 2006 y 2011; García Vargas, 2006; Lacarrieu, 1988; Lindón, 2008; Segura, 2015; Silvestri, 2011; Visacovsky, 2001).

Como ya he señalado, trabajo sobre materiales específicos, y con una concepción del espacio que lo concibe como producto de relaciones sociales, constituido a través de interacciones, que es condición primaria para la heterogeneidad y es siempre político (Massey, 2005b). Esa combinación resulta de interés para observar la potencia de los mapas y paisajes dominantes –como planos sedimentados que posibilitan (o imposibilitan) percibir, decir y representar la ciudad– en la tarea de estructurar aquellos que resultan hegemónicos, y sin perder de vista en qué medida las significaciones dominantes y un paisaje material ya existente abren y cierran posibilidades de acción y de coacción para su transformación por diversos actores. Por eso, los “sentidos de ciudad” discrepantes que ofrece la televisión resultan una vía de acceso situada para el análisis de la diversidad de experiencias de lo urbano, de su inestabilidad y dinamismo, y de su profunda imbricación con la desigualdad y el poder en Jujuy (Hall, 1995; Massey, 1994; Rose, 1995; Segura, 2015).

La mayor parte de las relaciones transnacionales, migrantes y barriales –pero también las comunitarias y familiares– se da en entornos ambientales urbanos específicos y situados. La ciudad (en tanto experiencia espacio-temporal) conecta, articula y reúne pero también desconecta, fragmenta y separa. Las narrativas televisivas ofrecen contradicciones similares, al amplificar la visibilidad y resonancia de determinados discursos y apreciaciones sobre la ciudad, pero también por su participación desigualada en las geografías amplias de las industrias culturales transnacionales y de los flujos de comunicación nacionales y provinciales, participación que se da desde entornos urbanos específicos, a los que a su vez co-produce mediante complejas prácticas de enmarcamiento y filtrado.

De manera que el tipo de intersecciones y mediaciones que presentan las situaciones sociales que analizo en este libro requiere abordar procesos que implican espacios y trayectos extensos crecientemente transnacionalizados, pero que al mismo tiempo se (re)territorializan porque están situados espacial y temporalmente y marcados por la desigualdad de base de la modernidad-mundo (Ortiz, 1996). Esas ubicaciones espacio temporales son progresivamente urbanas, aunque el lugar relativo que cada ciudad ocupa en el “tablero de la liga de ciudades” global, construido y alimentado por las dinámicas de la producción cultural transnacional (y por diversas instituciones y actores) sea diferente (Robinson, 2004 y 2006; Robinson en García Vargas y Román Velázquez, 2006).9

Las maneras de acceder a esos espacios mediante el análisis cultural ha sido seguir el hilo que enhebra la circulación de sentidos de ciudad a través de diferentes momentos del proceso comunicacional mediatizado de cuatro programas televisivos producidos localmente. Entiendo que esa elección me ha permitido observar la variedad de discursos y registros que construyen sentidos de ciudad, y las características de sus ubicaciones sociales. Ha sido una forma de ligar el espacio social de la televisión a la problemática general de la producción social del espacio a través de los sentidos de ciudad producidos por la televisión, intentando matizar la desoladora imagen del fusilamiento masivo de las audiencias populares por parte de los guionistas metropolitanos que expresara Ronsino en Lumbre (aunque sin olvidar la radical agudeza con la que esa imagen denuncia las relaciones de poder implicadas en la circulación mediatizada).

Mi camino para encontrar esos matices se ubica en el campo de la comunicación/cultura, y abreva en una apuesta interpretativa contextualista (basada principalmente en los estudios latinoamericanos críticos sobre cultura y poder, los estudios culturales británicos y la geografía feminista), cuya arquitectura teórico-metodológica repongo en la parte I de esta introducción, en la que además presento en detalle los materiales con los que se trabajó. Allí describo la tarea de articulación (Slack, 1996) que sostiene el trabajo con materiales específicos, explicitando las decisiones teóricas que guiaron el trabajo empírico.10 La primera parte de este capítulo cierra con una coda reflexiva sobre las relaciones entre la producción audiovisual y el trabajo de campo como praxis reveladoras de la relación entre la politicidad de la cultura y la producción social del espacio en áreas no centrales de Argentina, un país en el que la confrontación capital/provincias estructura continuamente la interpretación sociopolítica de la desigualdad.

En la segunda parte de la introducción se analizan algunas características contextuales e históricas vinculando a la producción televisiva con las condiciones de vida en San Salvador de Jujuy.

I.
Comunicación/ciudad (por estudios culturales)

No se trata de describir apartándonos, sino de construir un saber que nos incluya, que no podría dejar de incluirnos. La relación comunicación/cultura es un salto teórico que presupone el peligro de desplazar las fronteras. Pero, justamente, de eso se trata: de establecer nuevos límites, de definir nuevos espacios de contacto, nuevas síntesis. En vez de insistir en una especialización reductora, se propone una complejidad que enriquezca.

Héctor Schmucler (1997, pp. 150-151)

En la biblioteca de las teorías sociales y de la significación que alimentan la investigación en comunicación es posible encontrar una constelación de autores de adscripciones disciplinares (auto o hetero atribuidas) heterogéneas. La multiplicidad de autores y autoras visitados hace que Caggiano (2007) indique que, en lugar de “padres”, el campo de la comunicación (estrictamente, el de la comunicación/cultura) cuente con “tíos fundadores”. Lejos de percibir esa heterogeneidad como limitación, tiendo a comprenderla como una posibilidad contextual de movimiento que alienta la exploración teórica y metodológica. Alejandro Grimson (2011, p. 47), entre otros referentes, indica que esa potencialidad marcó su formación inicial y determinó parcialmente su apertura disciplinar y su rechazo al “monoteísmo metodológico”.

En esa misma y heteróclita biblioteca encontramos un conjunto de libros que se ocupan de la comunicación adscribiéndose explícitamente a este campo. Y en los estantes latinoamericanos de este grupo, una mirada rápida a los títulos revela que son numerosas las menciones que lo imaginan a través de metáforas espaciales y asociadas al movimiento. En ellos, la comunicación se ofrece como un mapa de rutas: caminos que unen puntos históricamente disciplinados y reconocibles de las ciencias sociales, desde y sobre Latinoamérica. Este mapa de rutas incluye tanto localizaciones particulares como trayectos y posiciones intermedias.

Ahora bien, ¿qué significa que una parte de la investigación en comunicación social pueda pensarse como un mapa de rutas, y qué consecuencias o posibilidades teórico-metodológicas ofrece? Concretamente, ¿cuáles son las rutas que permitirían recorrer la conflictividad y el poder de Salvador de Jujuy desde el análisis cultural de narrativas televisivas locales?

Vanina Papalini (2010) indica que, en términos prácticos, el conocimiento situado en el campo de la comunicación demanda resolver reflexivamente las tensiones que se producen al enfrentar los desafíos metodológicos. Deseo inscribirme en ese camino reflexivo, relatando conceptualmente cómo construí una aproximación teórico-metodológica interpretativa. Propongo la imagen del mapa de rutas, inspirada en los títulos de la biblioteca latinoamericana de la comunicación/cultura recién señalados, como figura que permite ordenar (relativamente) el relato sobre la producción de ese camino. Mapear el trayecto es una forma contextualista de explorar la biblioteca, de recorrer un estado de la cuestión articulando tales categorías, conceptos y líneas de abordaje en una reflexión situada sobre el conocimiento que se intenta producir, sin pretensiones de universalismo.

La perspectiva teórica de este libro se basa en la literatura que enfatiza el carácter de producción social del espacio (Harvey, 2005 [1997]), resalta el carácter constituyente de la cultura en ese proceso (Williams, 1997) y vincula a ambos con específicas geografías del poder (Massey, 1995). Desde allí, especifico la mirada al espacio urbano y a la industria cultural contemporánea, para analizar la conflictividad de lo social en los sentidos de ciudad ofrecidos por narrativas audiovisuales locales circulantes en San Salvador de Jujuy. Ese marco permite trabajar en la zona de confluencia disciplinar que suele nombrarse como Estudios Culturales.

Dentro de este piso fértil y amplio de los Estudios Culturales, propongo la elaboración de un conjunto teórico-metodológico que puede agruparse alrededor de la idea de configuración como principio clave de interpretación situada y contextual, y que me permitirá considerar a los procesos de significación del espacio urbano jujeño como parte constitutiva de la articulación de una serie de situaciones sociales de diverso tipo (económicas, políticas, culturales) que se acumulan y condensan en una coyuntura. Ese proceso configuracional y significativo puede interpretarse a través del análisis cultural de los “sentidos de ciudad” que se producen y reconocen en los procesos de comunicación de narrativas audiovisuales locales.

La atención al espacio próximo de la ciudad capital de una provincia del noroeste argentino posibilita trabajar en las especificidades históricas o sociales en diálogo con procesos empíricos situados. Pero tal posibilidad no implica un “encapsulamiento” en tiempo y espacio, sino que la vincula a la problematización de la desigualdad en la intersección de escalas implicadas tanto en la capacidad de movimiento como en las posiciones relativas de actores y regiones, ya que implica considerar no sólo relaciones de copresencia, sino también aquello que se excluye o está ausente.

El lugar de los Estudios Culturales en un abordaje comunicacional posible de las ciudades

Por la amplitud de experiencias que la denominación Estudios Culturales evoca (Richard, 2010), es necesario mencionar que recurro a la vertiente que se nombra habitualmente como Estudios Culturales Ingleses (Zubieta, 2000; Grimson, 1999) o Escuela de Birmingham (Hall y Grossberg, 1996 [1983] –quienes interponen cierta distancia irónica con la idea de “Escuela”–; Mattelart y Mattelart, 1997; Grimson y Varela, 1999; Mattelart, 2010; Grossberg, 2012).

Preliminarmente, resulta necesario discutir al menos dos críticas recurrentes a la biblioteca y las investigaciones que se encuadran bajo ese espacio. En primer lugar, la posición crítica que ejemplifica la caracterización de Alexander (2000, p. 44) de esta línea de trabajo como “programa débil” de la Sociología Cultural. En segundo término, el debate en torno al “etiquetado” de las prácticas académicas y su vínculo con la colonialidad del saber (Mato, 2001; Rivera Cusicanqui, 2010).

En el primer caso, Alexander (2000) critica a la Escuela de Birmingham la ambigüedad sobre el mecanismo a través del cual la cultura se vincula a la estructura y a la acción sociales. Al contrario, considero que esa caracterización no atiende al trabajo efectivo de estos teóricos. Lejos de concebir mecánicamente la cultura o sobresimplificar la acción cultural en dos posiciones dicotómicas (dominación/resistencia) previamente definidas y sin conflictos ni movimiento en cada una o entre ellas, la perspectiva ofrece algunas líneas definitorias que pretendo actualizar en este libro, y que podrían resumirse en la síntesis, propuesta por Hall (1996), de “marxismo sin garantías”. Esas líneas configuran un marco que puede pensarse a través de la figuras de la articulación (Hall y Grossberg, 1996; Slack, 1996), de la configuración cultural (Grimson, 2011; 2014) o de la dialéctica contexto/coyuntura (Grossberg, 2012). Se trata de las siguientes:

a) La politicidad de la cultura en clave de hegemonía (Grimson y Caggiano, 2010; Hall, 1996). Puede definirse a la hegemonía como un proceso social dominante (aunque nunca exclusivo) que Williams (1997) describe como “un complejo efectivo de experiencias, relaciones y actividades que tiene límites y presiones específicas y cambiantes” (p. 134).

El autor (Williams, 1997) señala que la hegemonía “es siempre un proceso (…) jamás puede ser individual (…) [y] (…) no se da de modo pasivo como una forma de dominación” (p. 134). Esa calidad de proceso continuo y conflictivo implica que deba ser “continuamente renovada, recreada, defendida y modificada. Asimismo, es continuamente resistida, limitada, alterada, desafiada por presiones que de ningún modo le son propias”, por ello la hegemonía lleva consigo la necesidad de agregar “los conceptos de contrahegemonía y de hegemonía alternativa, que son elementos reales y persistentes de la práctica” (Williams, 1997, p. 134).

La hegemonía es, entonces, un juego de límites y presiones de carácter continuo y su análisis no cancela, niega ni omite las específicas tensiones entre estructura y agencia que allí se producen, sino que demanda abordarlas en las específicas relaciones que ofrecen en determinada coyuntura.

b) La noción de articulación como concepto crítico de dimensiones teóricas, metodológicas y epistemológicas (Hall y Grossberg, 1996; Morley, 2005; Slack, 1996;) que podríamos definir algo rápidamente como un juego situado, conflictivo y desigual de correspondencias y contradicciones entre los elementos heterogéneos y no infinitos de una configuración hegemónica. La noción de articulación permitió la transformación de “los estudios culturales desde un modelo de comunicación (producción – texto – consumo; codificar/decodificar) hasta una teoría de los contextos” (Grossberg, 1993, p. 4).

Entiendo que las “mediaciones” propuestas por Jesús Martín-Barbero (1998) realizan operativamente ese movimiento en Latinoamérica. Es decir, producen un tipo de análisis que reúne conjuntos de actores, de objetos, de momentos comunicacionales, en espacios y tiempos precisos para dar cuenta de una configuración cuyas conexiones no son naturales ni tampoco inevitables, por lo que pueden ser rearticuladas. La articulación no es sólo una conexión, sino el proceso de crearla (Slack, 1996; Howley, 2010). Como todo proceso, es histórico y conflictivo. Se trata de la posible unión de dos elementos que no se ignoran completamente aunque tal vinculación no se produce exclusivamente como efecto de la mirada o el punto de vista de un observador o intérprete (como acontecería en la figura de la constelación benjaminiana). Al mismo tiempo, no están determinadas por algo exterior y “básico”, sino que cuestionan las reivindicaciones de relaciones necesarias (garantizadas), pero también las de ausencia de relaciones necesarias (también garantizada), a favor de relaciones no necesariamente necesarias. Esa posición implica que las relaciones son reales, que hay una realidad material, en la que es imposible separar un modo “real” de uno discursivo ya que la realidad es “una articulación compleja de muchos tipos diferentes de elementos o acontecimientos” (Grossberg, 2012, p. 40).

c) El contextualismo (Restrepo, 2010) y la coyunturalidad (Grossberg, 2006), reunidos metodológicamente en el análisis situacional, entendido como “una exploración dialogada con los procesos empíricos” (Grimson, 2011, p. 35) en la que diversas cuestiones epistemológicas y teóricas, como por ejemplo la pregunta por la relación sujeto-estructura, se resuelven casuísticamente ya que lo que efectivamente existe son situaciones en las cuales esas relaciones varían significativamente (por ejemplo, el análisis de la circularidad que pone en práctica Ginzburg, 1996 [1976], o las ya mencionadas mediaciones de Jesús Martín-Barbero, 1998). Los Estudios Culturales producen un “conocimiento situado” que Grossberg (2012) explica en términos de “un mapa producido por la trayectoria que se sigue, un mapa que ‘fabrica’ lo real” (p. 33)

Esa forma de operar es probablemente una de las causas del desasosiego de Alexander (2000) cuando critica a la Escuela de Birmingham en términos de las definiciones sobre las relaciones entre cultura y sociedad, sin atender a las consideraciones que se producen vastamente en la obra de estos autores, porque esas definiciones no se reducen a explicaciones singulares ni se ubican como perspectivas o categorías previas sino que se producen en términos de mapas informados por una “autorreflexividad rigurosa acerca de los modos en que ‘caminamos’ a través de los mundos en los que siempre estamos involucrados” (Grossberg, 2012, p. 33).

Por lo tanto, las relaciones entre cultura y sociedad se analizan en una coyuntura, que Grossberg define como

una descripción de una formación social como fracturada y conflictuada, sobre múltiples ejes, planos y escalas, en búsqueda constante de equilibrios o estabilidades estructurales momentáneos a través de una variedad de prácticas y procesos de lucha y negociación. (2006, p. 4)

La idea de “coyuntura” implica focalizar las especificidades históricas sin renunciar a explicar ordenamientos amplios, lo que permite comprenderlas y eludir tanto el provincianismo como la subsunción de lo localizado en dinámicas o modelos explicativos generalizantes.

Indiqué al inicio de este apartado que el conjunto teórico-metodológico invocado implica, en segundo lugar, la problematización de la geopolítica del conocimiento vinculada al etiquetado de las prácticas epistemológicas en los sitios de producción con efecto de “centro” (Rivera Cusicanqui, 2010). En el último punto de definición del campo de los Estudios Culturales se responde parcialmente tal inquietud, ya que la producción contextualista permite salir del dilema mediante la propuesta de Nelly Richard (1997) de indicar el lugar de enunciación: hacer estudios culturales desde y sobre Latinoamérica.

Producción social del espacio y configuraciones culturales: los puntos clave de la configuración teórico-epistemológica

Con producción social del espacio nos referimos al espacio como resultado de procesos y prácticas materiales que producen y reproducen la vida social (Harvey, 2005 [1997]). La noción de proceso alude a formas y condiciones específicas en las que estos procesos y prácticas se producen. La actividad de producción/reproducción de la vida social, por su parte, indica que la configuración del espacio conlleva conflictos sociales de distinta naturaleza (Lefebvre, 1991).

La sedimentación histórica de estos procesos enmarca ciertas prácticas (incluidas las significativas que le son inherentes) para el uso del espacio en una ciudad, que es heterogéneo y conflictivo (Caggiano, 2012). Al mismo tiempo, esos usos espacializan (Segura, 2015). En ese sentido, Jess y Massey (1995) proponen recuperar el postulado marxista sobre la historia para pensar que “es la propia gente la que hace los lugares, pero no siempre en circunstancias que ella misma haya elegido” (p. 134).

Con sentidos de ciudad (García Vargas, 2006) nombramos la posibilidad de acción de los practicantes del espacio urbano, en su dimensión significativa. Retomamos en esa categoría el concepto de “sentido del lugar” que Rose (1995) incorpora para dar cuenta de cómo los diversos sitios resultan significativos porque son el foco de emociones y sentimientos personales y colectivos, experiencias que a su vez están insertas en configuraciones más amplias de relaciones sociales.

Por la extensión de los debates y posiciones en torno al “sentido” en las Ciencias Sociales en general, y en el campo de la comunicación en particular, es necesario explicitar el “sentido de los sentidos (de ciudad)” en este trabajo. Entendemos que los sentidos de ciudad son heterogéneos, pueden ser diferentes y procurarse simultáneamente en varias escalas, y forman parte de un contexto mayor que los vincula con un conjunto específico de relaciones de poder, sociales e históricas, observables en una configuración cultural.

Es así que los sentidos de ciudad se relacionan con la producción social del espacio porque permiten abordar la tensión entre la interpretación recibida sobre la ciudad y la experiencia urbana práctica (Segura, 2015) de quienes la habitan, ya que remiten a las sentimientos y razones cotidianos sobre la ciudad de hombres y mujeres situados social y espacialmente en geografías del poder (Massey, 1995), quienes al mismo tiempo (re)producen esas asimetrías.

Los sentidos de ciudad toman forma o son conformados, en gran medida, por las circunstancias sociales, culturales y económicas en las que se encuentran las personas y, al mismo tiempo, espacializan sus experiencias, ya que producen espacios. Es así que se producen y circulan en una trama de relaciones de poder, desigualdad y resistencia espacializada y espacializante a la que a su vez alimentan. Remitimos a esa trama mediante la noción de “configuraciones culturales” (Grimson, 2011).

Las configuraciones culturales, para Grimson (2011), son campos de posibilidad (sobre pasado y futuro; sobre lo que está dentro y lo que está afuera; sobre outsiders y miembros); tienen una lógica de interrelación entre las partes; e implican una trama simbólica común (algunos principios de división del mundo, y una lógica sedimentada de la heterogeneidad). En una configuración cultural, “las clasificaciones son más compartidas que los sentidos de esas clasificaciones (…) Por ello, la disputa acerca del sentido de las categorías clasificatorias es una parte decisiva de los conflictos sociales” (Grimson, 2011, p. 185).

Los sentidos de ciudad, al clasificar y ordenar el espacio urbano, sus actores y relaciones, permiten observar conflictos centrales de la sociedad y la cultura contemporáneas. Dado que consideramos que la cultura masiva es una dimensión constitutiva de lo social, proponemos analizarlos en narrativas audiovisuales de producción local. Se entiende a las narrativas audiovisuales como el “saber, oficio y práctica que comparten los productores y las audiencias” (Rincón, 2006, p. 94). El autor sostiene que la narrativa es una matriz de comprensión y explicación de las obras de la comunicación. Se afirma la narratividad como una racionalidad intrínseca que busca hacer legibles los mensajes a través de estrategias de organización del discurso audiovisual; como formas del relato que comparten procedimientos comunes y referencias arquetípicas vinculantes a partir de los referentes conocidos. Las narrativas audiovisuales televisivas, por su parte, son centrales en la organización del saber social, por su pregnancia y accesibilidad.

Es así que la configuración propuesta permite vincular la identidad al espacio, y notar el carácter procesual de ambos términos, ya que –al decir de Hall (1995) las relaciones que se han superpuesto durante el tiempo en un lugar producen una intensa “sensación de vida” (p. 180), de modo que aunque un lugar no sea literalmente necesario para pensar la cultura, parece ofrecer una especie de “garantía simbólica de pertenencia” (p. 180) que alienta las identificaciones. Rose (1996) señala tres maneras “básicas” de conexión entre sentidos de lugar e identidades, que operarían a partir de identificarse con un lugar (la “garantía simbólica de pertenencia” mencionada por Hall); identificarse contra un lugar (por ejemplo, “no soy de aquí”); y no identificarse para nada con él (es decir, que ese lugar resulte irrelevante para las identificaciones de una persona).

La ligazón propuesta dialoga con la geografía crítica feminista, que problematiza las bases de la concepción universal de los procesos de globalización y defiende la importancia de lo local para comprender las dinámicas sociales, articulando los espacios próximos de la cotidianeidad a dinámicas espaciales más amplias, que además sean capaces de reflexionar sobre la inequidad del desarrollo global, en términos de geografías del poder. En ese sentido, Doreen Massey sostiene que:

El poder es una de las pocas cosas de las que raramente se ve un mapa. Sin embargo, una geografía del poder (…) sustenta buena parte de lo que experimentamos en cualquier área local. Y es sobre las intersecciones de todas estas geografías que tal “lugar” adquiere tanto su singularidad como su interdependencia con cualquier otro sitio. (1995, p. 71)

Al mismo tiempo, un aspecto constitutivo de los “sentidos de ciudad” es territorial, se trata del establecimiento de la diferencia social a través de la demarcación de límites espaciales, que son contingentes y precarios pero revelan estructuras subyacentes de poder. Gillian Rose (1995) sostiene que “el ejemplo más obvio de la forma en que las relaciones de poder pueden estructurar sentidos del lugar se da en casos donde uno de ellos se vuelve tan dominante que oscurece otras interpretaciones, quizá más importantes, sobre el mismo lugar” (p. 100).

Por contraste, puede ilustrarse la vinculación entre sentidos del lugar y geografías del poder con el “Mapa invertido” de Joaquín Torres García (1943), cuya efectividad se explicaría porque subvierte el sentido del lugar dominante sobre Sudamérica.11

Esta configuración teórica permite comprender la diferencia y la desigualdad como (uno de los) resultado(s) de las relaciones de poder en el proceso de producción social del espacio urbano. La situación se ha expuesto al conceptualizar los sentidos de ciudad y su relación con las configuraciones culturales, pero cabe recordar que los sentidos de ciudad (múltiples y diversos) están profundamente vinculados a la desigualdad social y revelan cuál será el más poderoso en cada caso, cuál deberá luchar para poder expresarse y por qué algunos son negativos para algunos actores. Del mismo modo, las temporalidades también son diversas en los procesos que las construyen (Chaterjee, 2008).

Este es un libro sobre la ciudad. Existe una vasta cantidad de propuestas que trabajan el entorno barrial como espacio de comprensión de lo urbano (Grimson, Ferraudi Curto y Segura, 2009), escala que parece la más apropiada para las aproximaciones etnográficas (Carman, 2006 y 2011; Segura, 2006). Esa escala es frecuente en las valiosas etnografías urbanas sobre ciudades jujeñas producidas en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Jujuy (entre otros, García Moritán, 1997; Rabey y Jerez, 2000; Bergesio, Golovanevsky y Marcoleri, 2009; Gaona, 2016). También resulta el entorno central en el campo de la historia social argentina, y se problematiza especialmente durante su proceso de reconfiguración posterior a la última dictadura (Armus, 1990; Romero y Gutiérrez, 1995).

En otros registros, como el de los “imaginarios”, el barrio como escala de comprensión de lo urbano es consistente a los entornos que García Canclini (1999) describe como “ciudades diseminadas” (p. 82), cuyas características de dispersión, heterogeneidad y masividad impiden una experiencia del conjunto de la ciudad. Sin embargo, el mismo autor contrapone a esa ciudad-hecha-de-fragmentos la ciudad “informacional o comunicacional” (p. 82), que a través de sus narraciones restituye la idea de mundo en común ofrecida por la cultura masiva contemporánea.

El abordaje propuesto permite comprender la ambigüedad constitutiva de la ciudad (Gorelik, 1998): ser una (en tanto territorio ocupado u horizonte posible de interpretación) aun siendo múltiple (en tanto espacio diversa y desigualmente experimentado e interpretado, como sostiene Segura [2006]).12 Del mismo modo, frente al intento de unificación y uniformización hegemónicos de las percepciones del espacio existe una radical heterogeneidad (temporal, simbólica, pasional, entre otras) que se traduce en las formas en que la experiencia personal y grupal permite la apropiación y la significación de la ciudad. Estas tensiones revelan la dimensión política del espacio, como proceso conflictivo de producción, ya que múltiples posiciones en idéntico tiempo conllevan necesariamente conflictos, en una suerte de heterogeneidad que se articula y puede reconocerse al interior de un proyecto común, sedimentado (Massey, 1999).

De la diversidad de medios a través de los cuales se expresan los sentidos de ciudad y que forman parte de una determinada configuración cultural, elegimos trabajar a partir de la circulación de un conjunto de narrativas audiovisuales de producción local, que nos permiten abordar productivamente una serie de preocupaciones teóricas, epistemológicas y metodológicas sobre los procesos de producción social del espacio urbano, resaltar su dimensión significativa, y posicionarnos en una perspectiva propia. Específicamente, ese conjunto de narrativas opera como “objeto que concentra la atención inicial”:

El objeto que concentra la atención inicial nunca es un acontecimiento aislado (un texto o lo que fuese) sino un ensamblaje estructurado de prácticas –una formación cultural, un régimen discursivo– que ya incluye tanto las prácticas discursivas como las no discursivas. Pero incluso tal formación debe situarse en formaciones superpuestas de la vida cotidiana (como un plano organizado de poder moderno) y de estructuras sociales e institucionales. Es decir que, en última instancia, no puede haber una ruptura radical entre el objeto o acontecimiento inicial de estudio y el contexto en el que este se constituye. (Grossberg, 2012, p. 42)

En ese sentido, la circulación de estas narrativas audiovisuales permite abordar la tensión entre la vivencia urbana y el trabajo crítico con los textos que cohabitan en nuestra noción de “sentidos de ciudad”. Dentro de esta perspectiva, la obra de Benjamin sobre ciudades resulta una herencia reconocible. En esta lectura nos distanciamos de la idea extendida del análisis de la ciudad en Benjamin, que restringe su aporte ya que se limita a las (por cierto, maravillosas) observaciones del flâneur sobre París, en lugar de compararlas con sus consideraciones sobre Berlín, Nápoles y Moscú para percibir la descripción situada de mundos urbanos únicos (las ciudades de Benjamin en plural, cfr. Kohan, 2004). En segundo término, nos alejamos de las interpretaciones en las que la identificación entre ciudad y texto se presume directa (Bolle, 2007), ya que Benjamin articula la representación de espacios y temporalidades y la relación entre experiencia, vivencia y mediación textual como actitud posible del análisis cultural frente a las ciudades (Kohan, 2004). Pero, además, el materialismo benjaminiano atiende a ese conjunto articulado (de representaciones, experiencias, vivencias y mediaciones) como parte de las prácticas productivas del espacio ligadas a las construcciones, a los usos y a los consumos de las figuras sobre ciudades que circulan en una trama sociotécnica común, vinculada al capitalismo, a la que al mismo tiempo constituye. Ese vínculo teórico y epistemológico complejo entre niveles que habitualmente se plantean de manera separada también se encuentra en los estudios latinoamericanos críticos sobre cultura y poder. Las tres herencias mencionadas (Birmingham, los estudios latinoamericanos sobre cultura y poder, Benjamin) se reúnen en un “zócalo” que puede nombrarse materialismo cultural.

En síntesis, nuestro estudio propone dar cuenta, a partir de materiales audiovisuales concretos, de las dinámicas de la significación en la producción social del espacio en y de una ciudad ordinaria (Robinson, 2006; García Vargas y Román Velázquez, 2006) inscripta en formaciones nacionales de alteridad (Briones, 2008) que la ubican en una posición excéntrica, permite tensar las relaciones y articulaciones –histórica y socialmente construidas– con diferentes sitios y escalas, y en ese movimiento alienta una agenda de investigación que reconoce diferentes formas de ser urbanes en Latinoamérica y en Argentina. El capítulo 2 liga una descripción crítica de San Salvador de Jujuy a los procesos de urbanización del capital y de la conciencia (Harvey, 2005), en términos de intersección histórica de relaciones sociales que cohabitan y producen específicas geografías del poder e igualmente específicos paisajes mediáticos (Appadurai, 2001).

Mapas clásicos y parecidos de familia en la producción latinoamericana sobre ciudades del campo de la comunicación/cultura13

La vinculación entre ciudad, cultura y política, germinal en la experiencia iberoamericana por el papel de las ciudades en la estructuración del territorio de uno y otro lado de la relación colonial, se reflexiona desde los proyectos intelectuales que acompañaron los procesos emancipatorios y el lento camino de organización de los estados nacionales latinoamericanos hasta nuestros días, en un recorrido continuo de diálogo cambiante con la producción sobre ciudades de otros continentes.14

En este apartado tomaremos una parte de esa experiencia de reflexión sobre lo urbano, recortada en el tiempo, en el espacio y en el tipo de abordaje, y la relacionaremos con el campo de la comunicación social, para abordar críticamente sus potencialidades, límites y alcances. Al hacerlo, ponemos en acto un ejercicio interpretativo que da cuenta de la forma de operar que planteamos como método. Esto es, partimos de la lectura de un conjunto de textos en los que encontramos puntos en común para relacionarlos a través de ejes específicos que nos permitan atender al sentido que producen para esta investigación y para el campo de la comunicación/cultura. El recorte temporal elige detenerse en textos que se produjeron durante los procesos de recuperación democrática en los países latinoamericanos y la primera parte de la década de 1990. El recorte espacial se limita a los países hispanoparlantes, en la convicción de que la traducción tardía e incompleta de autores brasileños al habla hispana y la escasa circulación de textos en esa lengua en nuestro país nos llevaría necesariamente a omitir partes significativas de su producción. El recorte por énfasis de interés se limita a ciertos tópicos que percibimos como transversales en los estudios culturales urbanos, y que a su vez conectan con nuestra propuesta de abordaje a través de los sentidos de ciudad.

a) Mapas clásicos para un campo en formación

Entre los textos hispanoamericanos que han circulado vastamente por el continente, y a partir de esa trascendencia han sido traducidos a otros idiomas, se encuentran: Latinoamérica, las ciudades y las ideas (1977) de José Luis Romero, La ciudad letrada (1984) de Ángel Rama, De los medios a las mediaciones (1987) de Jesús Martín-Barbero, Culturas híbridas (1992) y Consumidores y ciudadanos (1995) de Néstor García Canclini, y Una modernidad periférica (1988) de Beatriz Sarlo. En poco tiempo, esos textos adquirieron categorías de “clásicos” en los estudios del campo de la comunicación social dedicados a la ciudad y lo urbano, trabajos que acompañan y enriquecen la renovada intensidad que el tema adquirió para las ciencias sociales en general a partir de los procesos de restauración democrática de las dos últimas décadas del siglo XX.

Luego, ingresan dos autores que se inscriben en el filo de lo clásico, con circulación inmediata y lectura recurrente entre los estudiosos de la comunicación latinoamericanos. Se trata de Armando Silva, con Imaginarios urbanos (publicado por primera vez en 1992), y Rossana Reguillo Cruz con En la calle otra vez. Las bandas: identidad urbana y usos de la comunicación (1991), y su posterior La construcción simbólica de la ciudad (1996), de menos circulación y lectura que el primero. Ambos, se inscriben abiertamente en el campo de la comunicación.

Hacia y desde el 2000, es casi imposible resumir la enorme cantidad de textos sobre la ciudad y lo urbano que pueblan el continente. Esa fertilidad quizá sólo pueda abordarse en clave nacional. Por ejemplo, entre los aportes que se produjeron en Argentina que resultan de especial interés para mi abordaje se cuentan los libros de Gorelik (1998), Lacarrieu (1998), Svampa (2001), Carman (2006) y Segura (2015). Se trata de producciones de distintos ámbitos disciplinarios que se incorporan rápidamente a la discusión del campo de la comunicación.

Por otra parte, durante todo este tiempo y hasta la actualidad, los autores y autoras que hemos mencionado como “clásicos” –excepto José Luis Romero– siguieron produciendo textos sobre ciudades.

Como anuncié, me detendré en este apartado en los dos primeros grupos mencionados, retomando algunos aportes de los demás en el transcurso del análisis, ya que sistematizarlos requeriría un proceso de lectura y descripción dentro de marcos nacionales que abra el diálogo a la comparación continental o regional.

b) Mapas urbanos en el pensamiento latinoamericano durante la restauración democrática

Mirados en conjunto, los estudios “clásicos” del primer período de trabajo sobre ciudades en el campo de la comunicación presentan varios puntos transversales, de los que me interesa destacar la periodización, la localización y la idea de mezcla o encuentro cultural. Como veremos, esas preocupaciones adquieren diferentes matices en distintos autores, pero se retoman continuamente.

Periodización histórica

Latinoamérica, las ciudades y las ideas, cuya primera edición data de 1976, se constituye en una suerte de punto de partida ineludible en este período de estudios sobre ciudades del continente. La centralidad original del libro de José Luis Romero puede rastrearse, entre otras vías, por la manera en que se retoma en los demás autores citados. Por ejemplo, Jesús Martín-Barbero (1998) reconoce este estatuto mediante el largo diálogo que emprende con este libro en la tercera parte de De los medios a las mediaciones (titulada “Modernidad y massmediación en América Latina”).

El texto de Romero propone una historia en tiempo largo de las ciudades del continente, a partir de ciertos puntos de contacto en la forma de vivir-juntos en las ciudades que atraviesan las diversas historias nacionales. Luis Alberto Romero, en el prólogo a la edición de 1986, señala que la clave interpretativa principal del libro reposa sobre la posibilidad de pensar a América Latina en conjunto a partir de “la unidad del estímulo, derivada del hecho colonial, y la diversidad de las respuestas” (Romero, 1986, p. XV). En ese sentido, este libro es una historia de América Latina, que en todo caso se escribe a partir de sus ciudades.

Romero (1986) sistematiza formas de lo urbano latinoamericano desde la conquista hasta mediados del siglo XX. Para hacerlo, propone una tipología cronológica que ordena a las ciudades del continente en base a seis períodos (desarrollados en seis de los siete capítulos del libro). Esos tipos son: ciudades “de las fundaciones” (siglo XVI); “ciudades hidalgas de Indias” (siglo XVII); “ciudades criollas” (últimas décadas del siglo XVIII-primeras del siglo XIX); “ciudades patricias” (desde las independencias hasta 1880); “ciudades burguesas” (1880-1930) y “ciudades masificadas” (1930-1964).

La periodización propuesta por Romero (1986) se reproduce en buena parte de los textos posteriores sobre ciudades latinoamericanas sin demasiada discusión. La única que escapa relativamente a estas etapas es Sarlo (1999), ya que trabaja sobre el período 1920-1930, alterando el corte que toma Romero (1986) –y recupera Martín-Barbero (1998)– de 1930 como clave de una “unificación visible” vinculada al proceso de incorporación de los países de la región a la modernidad industrializada y al mercado internacional.

Pero estos textos ya también clásicos realizan el movimiento contrario al emprendido por el historiador argentino, ya que desagregarán, para cada ciudad o para un conjunto, las características que vuelven únicos estos procesos, prestando atención a determinados períodos (el de las “ciudades masificadas” en el caso de Martín-Barbero [1998], el de 1920-1930 en el de Sarlo [1999], el de la contemporaneidad en el de García Canclini [1990 y 1999]). Ya no es una historia social que aborda procesos económicos, sociológicos y culturales en conjunto en tiempo largo, si no que se trata de intereses más localizados y en un lapso acotado.

Localización metropolitana en capitales nacionales

También permeó hacia la producción latinoamericana “clásica” (salvo el caso específico de Sarlo [1999], que con persistencia heredada de los Estudios Culturales ingleses se ocupa sólo de Buenos Aires, como también lo hacen otros textos de García Canclini, de corte más antropológico, sobre México DF)15 el abordaje en conjunto de las ciudades latinoamericanas, y la atención a las capitales nacionales como sitio privilegiado del pensamiento urbano latinoamericano.

En ninguno de los textos posteriores que aquí se han citado se ignorará ni rechazará la conciencia de la dominación colonial como rasgo unificador clave de la comprensión de lo latinoamericano.

Las matrices históricas de la massmediación en América Latina que propone Martín-Barbero (1998) confluyen hacia la experiencia urbana en un registro que abreva fuertemente en la interpretación de las ciudades masivas de José Luis Romero (2001):

(L)as historias de los medios de comunicación siguen –con raras excepciones– dedicadas a estudiar la “estructura económica” o el “contenido ideológico” de los medios, sin plantearse mínimamente el estudio de las mediaciones a través de las cuales los medios adquirieron materialidad institucional y espesor cultural, y en las que se oscila entre párrafos que parecen atribuir la dinámica de los cambios históricos a la influencia de los medios, y otros en los que éstos son reducidos a meros instrumentos pasivos en manos de una clase dotada de casi tanta autonomía como un sujeto kantiano. (Martín-Barbero, 1998, p. 223)

Tanto la idea de mediación de Jesús Martín-Barbero (1998) como su propuesta de pensar en términos de matrices la comunicación social confluyen en la importancia de la ciudad, porque esas mediaciones se materializan en ella y le dan espesor a la experiencia cultural industrial.

Ahora bien, estas ciudades latinoamericanas, que resultan clave para pensar una historia de América Latina, no son las únicas experiencias urbanas del continente. Sin embargo, la producción que comentamos elude en su trabajo a otras ciudades: aquellas que no son capitales nacionales, o –al menos– puertos que permiten la vinculación con otros países y la inserción en el mercado mundial. Estas ciudades son ignoradas u olvidadas, y su ser-urbanas se simplifica mediante el rótulo del “tradicionalismo” que se esgrime como clave explicativa de las sociedades del “interior” de los países. Este tipo de operaciones –de vasta circulación en las ciencias sociales del continente– es especialmente intenso en relación con las ciudades, ya que éstas suelen acoplarse a la innovación y la modernidad. Al circunscribir al “interior” provincial, en general –y a sus ciudades, en particular–, al vasto e impreciso campo de lo tradicional, se cancela la necesidad de formas específicas de comprensión de sus actores, espacios y relaciones.

Desde esta perspectiva, llegar al “interior” implica un viaje prolongado en el espacio pero también en el tiempo. Esta figura del extrañamiento –y la condena al pasado que ella implica– recorre la producción científica (i.e. la idea de “interior tradicional” de la sociología argentina, ejemplarmente el trabajo de Gino Germani [1969]), artística (i.e. el proceso de desplazamiento del héroe en “Los pasos perdidos” de Alejo Carpentier (2008) o la descripción de una ciudad polvorienta y detenida en el tiempo, y hasta el mismo título, de la novela “El lugar perdido” [Huidobro, 2007]) y periodística (i.e. cualquiera de los relatos de partidos de fútbol jugados en las provincias de la Argentina y transmitidos en vivo por canales televisivos de distribución nacional y sede en Buenos Aires).

Entre los textos que hemos trabajado en la primera parte de este apartado, la exclusión/extrañamiento mencionado se especifica de diversos modos.

José Luis Romero tematiza esta versión de las “sociedades tradicionales” para el caso de las ciudades no-capitales del continente mediante su adscripción a la categoría de “ciudades estancadas” que el autor trabaja en el capítulo sobre “Las ciudades burguesas”, en el que aborda el entresiglo XIX-XX (1880-1930) (Romero, 1986, p. 250). Aquí las ciudades de provincias –salvo unas pocas, generalmente puertos– se oponen a las capitales en el contrapunto “transformación/estancamiento”. Para el autor, las ciudades que quedaron al margen de la modernización “conservaron su ambiente provinciano”, que describe del siguiente modo:

No cambiaron cuando otras cambiaban, y esa circunstancia les prestó el aire de ciudades estancadas. Muchas de ellas lograron, sin embargo, mantener el ritmo de su actividad mercantil al menos dentro de su área de influencia, pero mantuvieron también su estilo de vida tradicional sin que se acelerara su ritmo. Las calles y las plazas conservaron su paz, la arquitectura su modalidad tradicional, las formas de la convivencia sus normas y sus reglas acostumbradas. Ciertamente el horizonte que ofrecían no se ensanchó, cuando en otras ciudades parecía crecer la posibilidad de la aventura, de la fortuna fácil y el ascenso social. Por contraste las ciudades ajenas a las eruptivas formas de la modernización pudieron parecer más estancadas de lo que eran en realidad. (Romero, 1986, p. 258, mi énfasis).

El mismo autor, luego, abunda en estas características:

Lo típico de las ciudades estancadas o dormidas no fue tanto la intacta permanencia de su trazado urbano y su arquitectura como la perduración de sus sociedades. De hecho, se conservaban en ellas los viejos linajes y los grupos populares tal como se habían constituido en los lejanos tiempos coloniales o en la época patricia. Poco o nada había cambiado y, ciertamente, nada estimulaba la transformación de la estructura de las clases dominantes, ni la formación de nuevas clases medias ni la diversificación de las clases populares. (…) Todo lo contrario ocurrió en las ciudades que, directa o indirectamente, quedaron incluidas en el sistema de la nueva economía. Las viejas sociedades comenzaron a transmutarse. (Ibíd., p. 259, mi énfasis).

Jesús Martín-Barbero (1998), directamente, enmudece en relación a ciudades no capitales. Que están excluidas, además, de los imaginarios urbanos de Armando Silva (2000), y de la modernidad periférica de Sarlo (1999).16

Lo que produjo esta exclusión es una serie de consecuencias de diferente tipo. Parte de los trabajos sobre estas (otras) ciudades retoman acríticamente la producción de los que aquí hemos denominado “clásicos” eludiendo la distancia que existe entre las experiencias urbanas metropolitanas y las no-metropolitanas. El efecto, en ocasiones, es catastrófico. Otros, directamente los eluden y caen en la tentación provinciana (en Reino Unido se hablaría de “parroquial”) de intentar explicar sus ciudades sobre la base de su clausura (en este caso, teórica), en una abundancia descriptiva que no quiere –o no puede– sistematizar conclusiones en un horizonte teórico más problemático o más profundo. La producción más interesante, en cambio, dialogará tensamente con esos resultados, y propondrá sus propias mediaciones locales de los avances teóricos y las propuestas metodológicas del propio continente.

Como vemos, la situación –y sus consecuencias– son parecidas al diálogo desigual que se establece entre la producción teórica de los países centrales y la de los países periféricos. Agravada, en este caso, por la situación de doble dependencia, que parece también duplicar la dimensión colonizada de la producción académica de y sobre ciudades no capitales de Latinoamérica. Esto es, una forma específica de jerarquización del conocimiento sobre ciudades asociada a la configuración del colonialismo interno (Stavenhagen, 1963; González Casanova, 2006).

Mezcla y ritmo urbanos

José Luis Romero (1986) emprende en su análisis el relevamiento de una erudita biblioteca sobre ciudades latinoamericanas, en la que conviven textos de la literatura, la historia, la sociología y el ensayismo. En su obra, priman los ejemplos referidos a las ciudades de Argentina, México, Brasil, Perú y Colombia, aunque también se ocupa de las de otros países latinoamericanos. En cada caso, establecerá diferencias dicotómicas entre experiencias urbanas, y a veces –la mayoría– sobre la estructura social de cada una. Prisionero de su tiempo, en el libro es persistente la preocupación por la “aculturación”, consistente con el esfuerzo dicotómico en la sistematización. Si hay “ciudades en movimiento y ciudades estancadas”, “oligarquías y extranjeros ignorantes” habrá también, por supuesto, enfrentamientos polares entre “cultura” y “no cultura” y un pensamiento que implica procesos de dominación del tipo “aculturación” por parte de una sobre otras.

Es constante, en la producción posterior, el esfuerzo por alterar esa pretensión dicotómica, ya que justamente las ideas de “culturas híbridas” (García Canclini, 1990) o “cultura de mezcla” (Sarlo, 1999) vienen a confrontar estos supuestos y a acentuar el carácter de mezcla (sobre el de dicotomía con posición dominante) en la experiencia urbana. En el mismo sentido, Ángel Rama (2008) propuso pensar Latinoamérica en términos de “transculturación”. Nos preguntamos en qué medida este esfuerzo se realiza “en hueco” sobre el telón de fondo del libro de Romero (1986), o al menos sobre las ideas generales en las que reposa, también, su libro.

Esas formas de la mezcla revelan otro parecido de familia entre estos clásicos: la atención que prestan a la producción cultural industrial como clave de bóveda de las mixturas producidas por –y productoras de– la vida urbana a partir de fines del siglo XIX. El tema es de especial relevancia en el libro de Jesús Martín-Barbero, en el que se reúnen la preocupación recién mencionada de atender un período dentro del siglo XX y la idea de las industrias culturales como co-constitutivas de la dinámica social. La idea de matrices culturales históricas que propone Martín-Barbero confronta la ligazón de los estudios comunicacionales latinoamericanos con la tradición estructural-funcionalista norteamericana, a un tiempo que renueva críticamente sus vínculos con los abordajes semióticos de la ideología, al cuestionar la raíz elitista de enfoques que no problematizan las formas del reconocimiento del discurso mediático.

Mapas imaginarios y territorios de la experiencia

Armando Silva Tellez publica en 1992 el gran libro de los imaginarios urbanos en Latinoamérica, que luego tendrá diez reediciones y varias reimpresiones.17 El abordaje de Silva pone nombre a una tradición que recoge ciertas preocupaciones ya esbozadas en trabajos anteriores. Fundamentalmente, lleva al centro del debate la posibilidad de acceder al conocimiento de la ciudad mediante las imágenes que en ella –y también sobre ella– circulan, como una fuente principal e ineludible de la conflictividad urbana.

La renovación fundamental en la propuesta de Silva (2000) es la sistematización –mediante una encuesta– de la construcción de lo imaginario en la ciudad desde la perspectiva de los propios habitantes, que se suma a un análisis propio de diferentes imágenes y espacios visuales de las ciudades. Esa superposición entre análisis propios de lo visual-urbano (vidrieras, grafitis, sitios emblemáticos de las ciudades) y sistematización e interpretación de las consideraciones de los ciudadanos y ciudadanas de las ciudades que estudia (Bogotá y San Pablo) se combinan en un dispositivo metodológico complejo –que abreva fundamentalmente en una opción amplia de la semiótica–, que reúne en un solo libro varias alternativas de gran riqueza. Es el caso, por ejemplo, del contraste entre mapas y croquis, que permite pensar las diferencias entre la dimensión instituida de la representación espacial y la dimensión instituyente de las prácticas territoriales sobre esos sitios.

Por su parte, si tomamos como referencia inicial los textos que hemos mencionado como mapas clásicos en el apartado anterior, aquí puede observarse un desplazamiento que va desde la ideología hacia lo imaginario. Movimiento que participa del realizado por la teoría social vinculada a la sociología y el análisis de la cultura de ese momento (la caída del Muro de Berlín) dentro y fuera del continente.

Las prácticas territoriales esbozadas en el trabajo de Silva (2000) como contrapunto de los imaginarios urbanos, son en cambio el foco central del trabajo de Rossana Reguillo Cruz (1996), que por otro lado indica similares preocupaciones teóricas sobre la necesidad de conjugar experiencias y representaciones para dar cuenta de lo urbano latinoamericano.

Además, en La construcción simbólica de la ciudad, Rossana Reguillo (1996) renueva la producción sobre ciudades latinoamericanas en otros aspectos. En primer lugar, porque se ocupa de una ciudad no-capital: Guadalajara. Pero también por la atención a actores urbanos en acción y relación a partir de un desastre ambiental que pone al descubierto la trama desigual de esa ciudad.

Son esas mismas preocupaciones teóricas, metodológicas y temáticas las que se señalan en su producción sobre las territorialidades conflictivas de los jóvenes (Reguillo Cruz, 1991), que alcanza mayor difusión y circulación en el continente.

La dimensión histórica resulta relevante para ambos autores, que la mencionan en términos parecidos a los investigadores que en este trabajo hemos mapeado como “clásicos” en diferentes referencias, pero la periodización en ambos remite al presente conflictivo de las ciudades latinoamericanas. Ambos autores realizan estudios fuertemente coyunturales, tomando el tiempo presente y sus conflictos para el análisis cultural de Latinoamérica, con un énfasis explícitamente comunicacional.

En términos de “escala”, el texto de Reguillo (1996) es el primero (entre los trabajos de vasta difusión por el campo académico de la comunicación latinoamericana, y producido desde y para ese espacio de pensamiento como primer destinatario) que llama la atención sobre la dimensión barrial. Es así que la autora mejicana propone una tarea de análisis en dos niveles: el primer nivel será el barrio; el segundo, la ciudad. De esa manera, encontrará en el barrio la representación metonímica de la ciudad, y describirá a partir de ese enclave los grandes problemas que atraviesan a la ciudad de Guadalajara en su conjunto. Esta fuerte territorialización –y el juego de escalas que produce– altera, enriqueciéndola, la triple localización que mencionáramos en los “clásicos”: tenemos, entonces, un lugar que se compone complejamente entre el barrio, la ciudad, el Estado nación y el espacio latinoamericano. Más adelante, y en sus indagaciones sobre la adscripción juvenil a las maras y otros colectivos vinculados al tráfico de estupefacientes, Reguillo (2012) pondrá la quinta dimensión: la transnacionalización global (en este caso, de la actividad económica a lo ilegal).

Armando Silva, por su parte, presenta otra novedad en la localización. En este caso, lo novedoso proviene de la construcción de una red de ciudades en la voluntad de abordar distintas capitales latinoamericanas y propiciar, con ello, la comparación. Las ciudades que trabaja Silva (1992) son Bogotá y San Pablo, las capitales de Colombia y Brasil. La primera parte de su libro, titulada “De la ciudad vista a la ciudad imaginada”, reúne el análisis semiótico del autor de varias dimensiones urbanas de estas dos ciudades, para construir lo que él denomina los “cruces fantasmales” entre San Pablo y Bogotá. Con un rico repertorio de recursos metodológicos, el autor describe los imaginarios urbanos de estas capitales, a través del análisis de distintos tipos de textos (relatos, noticias, imágenes de circulación pública, grafitis, vidrieras, etc.).

En la segunda parte (“De las imaginaciones urbanas a la ciudad vivida”) el autor colombiano propuso como método la aplicación de un formulario de entrevistas, a la manera de una encuesta que permitiese evaluar la proyección cualitativa de ciudadanos y ciudadanas de Bogotá y San Pablo mediante la evocación y los usos. Después de publicar su libro, Silva extendió su proyecto a las culturas urbanas de América Latina, mediante un programa patrociado por el Convenio Andrés Bello y llevado a cabo por autoridades locales o universidades públicas de catorce países. La localización, entonces, se muestra en el caso de Silva como la construcción de una red de experiencias imaginarias que se trabajan en varios puntos a la vez. Parte de la riqueza de su abordaje es justamente la sinergia que producen esas experiencias imaginarias urbanas puestas en relación.

Tanto el trabajo de Silva (1992) como el de Reguillo (1991; 1996) se inscriben explícitamente en el campo de la comunicación social.18 Esa adscripción se lee claramente en la justificación teórica. Reguillo (1996) toma como uno de los cuatro ejes teórico-metodológicos a “la comunicación en tanto constitutivo de la intersubjetividad” (p. 19). La autora mejicana es, además, licenciada y Maestra en Comunicación Social por ITESO. Silva, por su parte, es fundador del área de Comunicación Visual de la Universidad Nacional de Colombia, en la que ha enseñado y dirigido el Instituto de Estudios en Comunicación.

Las búsquedas de estos autores para un posicionamiento dentro de ese campo, sin embargo, serán diferentes en los vínculos que establecen con otras áreas del conocimiento social. En el caso de Reguillo (1996), la preocupación entronca principalmente con la Antropología. En el de Silva, con la semiótica y la estética. Ambos, a su vez, buscarán respuestas en la Psicología. En el primer caso, para preguntarse por la constitución de subjetividades desde la comunicación y la acción colectiva. En el segundo, para adentrarse en la ligazón con el imaginario lacaniano.

Estamos hablando de textos de los tempranos años de la década de 1990 y ya tenemos un área de estudios delimitada e institucionalizada dentro del campo de la comunicación social, un área que en buena medida fundaron (voluntaria o involuntariamente) los textos “clásicos” de Martín-Barbero (1998) y Sarlo (1999) que hemos mencionado en el apartado anterior.

Ciudad/televisión (por programas producidos localmente)

En el primer apartado de este capítulo se recorrió una serie de localizaciones teórico-epistemológicas para unir los estudios sobre ciudades y los del campo de la comunicación/cultura desde materiales bibliográficos específicos. El camino de los Estudios Culturales que se trazó entre los dos conjuntos permitió entrever el diseño de este apartado, si se quiere más metodológico.

Como se dijo, la biblioteca sobre ciudades en Latinoamérica es interdisciplinaria, abierta y compleja. Si se la vincula con la producción social del espacio –en tanto proceso histórico y conflictivo–, y desde el campo de la comunicación/cultura –como lugar de lectura– señala ciertas recurrencias. Los textos recorridos tienen en común una periodización histórica que brinda sentido a los pasados de las ciudades a través de una selección de momentos en común que reúnen transversalmente a las naciones del subcontinente. Se mencionó, además, que entre esos hitos del pasado resulta central la problematización de la incidencia de la cultura masiva como elemento configurador de la experiencia urbana en su carácter de “arena cultural” (Romero, 1998; Gorelik y Areas Peixoto, 2016). El conjunto bibliográfico seleccionado problematiza el carácter de intersección de escalas conviviendo en lo local urbano (Massey, 1993), que superpone la dimensión espacial a los efectos de la interseccionalidad (Crenshaw, 1991) en la construcción de la desigualdad y la diferencia a partir de grandes líneas o ejes ordenadores de la heterogeneidad social. En conjunto, la atención a la cultura masiva, a la periodización y a las intersecciones mencionadas producen una serie de categorías que sintetizan el carácter disonante o discrepante de la experiencia urbana (Massey, 2005a; Segura, 2015), no como anomalía sino como característica a ser explorada, descripta y/o analizada en cada urbe (García Canclini, 1990; Martín-Barbero, 1998; Sarlo, 1999; Rama, 2008).

Pero también se ha mencionado la ligazón de estos estudios con el trabajo de Benjamin y el de los Estudios Culturales británicos para indicar que ese análisis proviene de materiales concretos y situados (Kohan, 2004; Zubieta, 2000).19 De modo que hay una base teórico-epistemológica que busca en la materialidad de la experiencia urbana su relación con las configuraciones sociales. Se trata, entonces, de un tipo de abordaje que parte de materiales concretos, producidos y circulantes en una coyuntura a la que al mismo tiempo dan forma (Grossberg, 2003; Hall, 1995; Hall y Grossberg, 1996; Kaliman, 2010; Slack, 1996).

El primer desafío metodológico, entonces, refiere a la selección de aquellos materiales que operan como punto de ingreso al análisis crítico de las geografías del poder y los sentidos de ciudad, en tanto nervaduras que guían el análisis de la producción social del espacio urbano de la capital jujeña desde una opción contextualista (Grimson, 2011; Restrepo, 2010).

La imbricación entre las imágenes en general y al audiovisual en particular con los procesos de producción social del espacio y de la cultura masiva indica que las narrativas audiovisuales producidas localmente constituyen un reservorio relevante y disponible de representaciones sobre la ciudad y lo urbano en una específica coyuntura. Por eso, se trata de materiales que permiten abordar la tensión entre la interpretación recibida sobre la ciudad y la experiencia urbana práctica que informan las emociones y razones cotidianas sobre la ciudad de hombres y mujeres situados social y espacialmente. Es decir, toman forma en las específicas circunstancias sociales, culturales y económicas en las que se encuentran las personas, aunque no se limitan a reproducirlas, sino que también producen otras nuevas. Es así que las narrativas televisivas se producen y circulan en una trama de relaciones de poder, desigualdad y resistencia espacializada y espacializante, a la que a su vez alimentan. Los sentidos de ciudad se conforman a partir de elementos diversos e incluyen tanto los recuerdos y las experiencias cotidianas personales de la interacción y la relación con otros y otras como el sentido común sedimentado sobre lugares, personajes y relaciones. La narración permite “elaborar –de manera comunicable a otro– fragmentos de esas complejas conexiones entre lo inconmensurable de lo vivido” (Lindón, 2008, s/p).

Como sostiene Vila, las narrativas y las categorías se relacionan y una parte importante de la connotación de las categorías que utilizamos para describir a actores sociales sería “el producto de la sedimentación de las múltiples narrativas acerca de nosotros mismos y los ‘otros’ que utilizamos para dar cuenta de la realidad que nos rodea” (1997, pp. 132-133). La audiovisualización expande y multiplica las relaciones existentes entre narrativas, experiencia urbana y categorías.

A su vez, entre la tecnología de la televisión y las formas heredadas o emergentes de otros tipos de actividad social y cultural se da una complicada interacción (Williams, 2011). Por eso, en el caso de las experiencias audiovisuales sobre ciudades, algunas observaciones que provienen del análisis de narrativas cinematográficas resultan aplicables a unitarios documentales y de ficción, y las que se trabajan en relación con la prensa o la radio, a los programas de noticias o de interés general. Además, el carácter visual de la TV puede vincularse con la fotografía. Del mismo modo, surgen nuevas relaciones entre este medio tradicional y las experiencias transmedia, hipermedia y/o multipantalla.

Sorlin (1980) destaca la importancia del cine para el análisis social, resaltando el vínculo con las mentalidades y representaciones como situación material y vívida de las expresiones ideológicas propias de una formación social. En ese camino, postula que las representaciones cinematográficas resultan una fuente de las percepciones visuales que impactan en la configuración y difusión de los estereotipos visuales propios de una formación social. El análisis de Sorlin (1980) toma como parte de la genealogía de las configuraciones visuales contemporáneas, que se observan principalmente en las pantallas de televisión y cine, el papel de las fotografías. Para ello, recupera el carácter sedimentado del repertorio de imágenes que circulan en determinado momento de determinada sociedad. El autor postula, entonces, la capacidad de estructuración histórica dominante de dichas configuraciones visuales a partir de una breve historización del uso de la fotografía en pequeñas comunidades y grupos, para extender luego su argumento al conjunto de lo social. Esa capacidad de estructuración refiere tanto a la perpetuación como a la constitución de imágenes. Para el primer caso, dice el autor: “el grupo familiar confirma su existencia a través de una imagen” (Sorlin, 1980, p. 27); para el segundo, destaca que “al lado de las series visuales ya admitidas aparecen otras visiones” (p. 28).

La apreciación de Sorlin (1980) puede relacionarse con el uso de la fotografía alternativa que propusiera Berger (2005) retomando el planteo de Sontag y vinculándolo a la memoria: las imágenes (habla de fotografías) se parecen a la memoria en cuanto no existe una sola manera de acercarnos a la cosa recordada, la memoria no es el final de una línea sino que numerosos puntos de vista o estímulos convergen y conducen hasta ella. El autor señala que el contexto de aparición de la imagen fotográfica debería señalar y dejar abiertos diferentes accesos a las imágenes. Del mismo modo, puede pensarse que es posible construir un sistema radial en torno al audiovisual, de modo que éste pueda ser visto en términos que son simultáneamente personales, políticos, económicos, dramáticos, cotidianos e históricos.

Berger (2005) asegura que la función de cualquier modalidad de fotografía alternativa es incorporarse a la memoria social y política (constituyendo otras visiones). Entendemos que las representaciones audiovisuales trabajan con la memoria de modo no idéntico pero análogo en cuanto cabe postular esa posibilidad de radialidad para su análisis. Al mismo tiempo, su existencia y exhibición articulan las redes de la memoria y de la interpretación de lo social, ampliando o reduciendo sus enclaves emancipatorios.20

En conclusión, el análisis de Sorlin (1980) resulta un importante punto de apoyo para indicar que las imágenes no se analizan aquí como develadoras de algo que de otro modo permanecería oculto, sino como parte de la construcción que sostiene, promueve o interpela a la dominación, que –en tanto ejercicio del poder hegemónico– no es (solamente) una instancia latente (Ferro, 1980), sino que es producida activamente por una serie de dispositivos diversos. Cada producción audiovisual es un hecho social que nos indica que hay una historia que la rodea y constituye, un proceso de materialización de diferentes líneas que la configuran. Es por eso que los programas producidos localmente permiten el análisis del sentido común (y los eventuales sentidos alternativos) sobre la ciudad, y sus relaciones con la producción social del espacio.

Los programas televisivos narran brindando un ordenamiento posible, es decir, criterios para la producción, reunión, selección y forma de exhibición de imágenes y sonidos, situación que potencia la dimensión de “metáfora del poder” ya presente en las fotografías (Edwards, citada por Caggiano, 2012): visibilizan lo invisibilizado e invisibilizan lo visible. El autor indica que es en esa capacidad productiva donde se despliega el carácter político de las disputas visuales.

La decisión de trabajar sobre narrativas audiovisuales televisivas reposa en que éstas son centrales en la organización del saber social, por su pregnancia y accesibilidad. La trama argumental produce un ordenamiento de la realidad, seleccionando los eventos que contribuyen significativamente a la historia que se construye, y poniéndolos a disposición de las audiencias. Para hacerlo elige, registra, ordena, jerarquiza y categoriza tiempos, espacios, actores y actrices sociales. Es decir, que mientras audiovisualiza/inaudiovisualiza participa activamente en la dinámica general de visibilización/invisibilización de lo social. Las narrativas televisivas locales construyen, participan, sostienen y perpetúan el sentido común visual ya que, como sostiene Caggiano (2012), “[l]as apariencias y las apariciones (los dispositivos y modalidades sociales de ver y de mostrar) juegan un papel vital en la creación y recreación de las comunidades y grupos en los cuales nos imaginamos” (p. 288).

La televisión, específicamente, narra mediante imágenes y sonidos mientras constituye (junto a otras instituciones y actores, y ella misma como parte del ambiente comunicacional que habitamos) el inmenso reservorio audiovisual de imágenes y categorías sobre tiempo, espacio, objetos y actores que delinea las geografías del poder de las ciudades contemporáneas. Se trata de un tipo de reservorio que está producido, programado y emitido o puesto en línea para ser compartido ampliamente. Lejos de terminar con ese reservorio, las nuevas modalidades de puesta a disposición de esas narrativas multiplican posibilidades que se añaden o superponen a la búsqueda de público masivo expuesto a los contenidos conjuntamente en términos temporales (característica de las emisiones de tipo broadcasting), dejando a disposición lo emitido en plataformas que permiten navegar “a la carta” en prácticas de consumo reticulares mediadas por las redes digitales.

Omar Rincón (2006) define a las narrativas audiovisuales como “el saber, oficio y práctica que comparten los productores y las audiencias, saber que posibilita la inteligibilidad de lo comunicado, experiencia que permite generar comunidad de sentido [sobre la ciudad]” (p. 95, mi agregado). El autor sostiene que la narrativa es “una matriz de comprensión y explicación de las obras de la comunicación” (Rincón, 2006, p. 95). Esa definición afirma la narratividad como una racionalidad intrínseca que busca hacer legibles los mensajes a través de estrategias de organización del discurso audiovisual; como formas del relato que comparten procedimientos comunes y referencias arquetípicas vinculantes a partir de los referentes conocidos. En el caso de las narrativas televisivas locales sobre la ciudad, esas referencias combinan las imágenes sedimentadas de tiempos, espacios, objetos y actores vinculadas a la representación de la ciudad (y por lo tanto relativas a la experiencia urbana de quienes producen y reconocen esas narrativas) con otras nuevas.

La decisión para conformar el corpus se produjo, entonces, en base a la selección de programas televisivos que audiovisualizaran la ciudad de San Salvador de Jujuy, y específicamente sus espacios públicos, producidos localmente y emitidos o puestos a disposición en línea entre 2011 y 2013.

Se trata de materiales que manifiestan prácticas específicas de sus realizadores y realizadoras; materiales que –al proponer, enmarcar y filtrar definiciones y redefiniciones de tiempo, espacio y actores, y relacionarlos con determinados objetos– “definen” tanto a la ciudad y a sus espacios urbanos como a sus otros espaciales (el “campo”, la “naturaleza”, otras ciudades) en tanto objetos singulares que al mismo tiempo alimentan la imaginación social sobre la ciudad y lo urbano; materiales que están situados, y por lo tanto participan y se ubican de maneras particulares en los “mapas amplios” urbanos, provinciales, nacionales y transnacionales por los que circulan y a los que al mismo tiempo conforman.

Ahora bien, estas narrativas audiovisuales televisivas de producción local se proponen como el punto de ingreso al contexto, ya que el trabajo del contextualismo implica “delinear la configuración que rodea a ese hecho social y lo constituye” (Grossberg, 2012, p. 43).

En términos metodológicos prácticos, uno de los puntos de partida empíricos para la construcción de un corpus que combina narraciones audiovisuales con las de las y los realizadores que las produjeron abreva en la definición de la comunicación televisiva como un proceso de articulación de diferentes momentos (producción, distribución/circulación y reconocimiento) de discursos significativos, que se conectan y encadenan pero que mantienen una modalidad específica (Hall, 1996 [1978]). El estudio de dicho proceso implica notar la materialidad de estas prácticas, que incluye tanto una particular infraestructura técnica como la ubicación relativa de los actores involucrados dentro de las relaciones de producción y el contexto social, y demanda analizar la variedad de marcos de interpretación del mundo que se ponen en juego para producir y comprender los discursos mencionados.

Pero el proceso de comunicación televisiva propuesto por Stuart Hall (1996) en Codificar-decodificar se ofrece como un punto de partida para abordar una configuración más amplia, estrategia que el mismo autor desarrollara a lo largo de su obra. Su potencia ordenadora se capitaliza en términos de producción del material necesario para el análisis interpretativo de los contextos. Esto es, en este libro el material empírico proviene de entrevistas en profundidad a productores y productoras, de una experiencia de visionado conjunto del material con estudiantes universitarios, y de las propias producciones audiovisuales que reúnen a ambos conjuntos; material que se suma a la sistematización de un conjunto amplio de información secundaria, notas de prensa, sistematización de entrevistas y trabajo de campo con audiencias de la televisión digital destinatarias del Plan Mi TV digital y con diversos materiales audiovisuales anteriores o coexistentes al momento de la producción o emisión de los programas seleccionados y que operan como “fondos de contraste” necesarios para la interpretación de las efectivas maneras de producción de sentidos de ciudad en estas narrativas, y también como contexto (audiovisual) de estos programas. Esta modalidad de sistematización del trabajo parte del modelo producción-texto-consumo, pero ese modelo no se traduce en la estructura de la presentación de resultados (esto es, en este documento) sino que los emergentes del trabajo analítico emprendido sobre ese conjunto de materiales se ordenan a partir de diversos ejes que los atraviesan y que refieren intertextualmente unos a otros y, sobre todo, al contexto social compartido de las diversas experiencias urbanas que implican.

En este capítulo ya se ha señalado que la noción de articulación permitió la transformación de “los estudios culturales desde un modelo de comunicación (producción – texto – consumo; codificar/decodificar) hasta una teoría de los contextos” (Grossberg, 1993, p. 4). Esta afirmación teórico-epistemológica se traduce en una analítica en la que intento dar cuenta de los contextos realizando un recorrido que reúne procesos sociales e históricos vinculados a la politicidad de la vida cotidiana y a la cotidianeidad del ejercicio del poder en la producción social del espacio, desde y sobre los sentidos de ciudad de narrativas audiovisuales locales. De manera que los programas actúan como una pieza central de la estrategia metodológica, pero en tanto se ofrecen como punto de ingreso situado a las tramas de la significación de la ciudad en el contexto local, vinculadas a las diversas interpretaciones del espacio, tanto en términos de audiovisualizaciones circulantes como de su proceso productivo y de las posibilidades de conversación que abren con sus públicos. A su vez, la circulación de esas narrativas ofrece posibilidades de acceso a formas específicas de producción social del espacio, a partir de las maneras en las que expresan la desigualdad y la diferencia asociadas a las relaciones entre productores, textos, circuitos y audiencias.

Se trata de una forma de abordaje de los procesos de comunicación en la que los programas no resultan el material exclusivo para el análisis, sino que se incorpora la necesidad de atender a las situaciones en las que se desenvuelve el proceso, invocando para ello sus relaciones con la producción social del espacio desde una apuesta interpretativa de las configuraciones culturales (Grimson, 2012). Esta forma del análisis cultural se ampara en antecedentes como la propuesta de transversalidad metodológica que propone Chartier (1992) para la historia de la lectura; el ingreso a las relaciones entre cultura masiva y poder a partir de las mediaciones de Jesús Martín-Barbero (1998); las historias y la Historia de un objeto y medio tecnológico específico como el walkman para pensar la historia cultural del capitalismo tardío en Doing Cultural Studies (Du Gay, Hall, Janes, Mackay & Nigus, 1999); la circularidad a partir de huellas e indicios en el trabajo de Carlo Ginzburg (1996) sobre Menocchio; o el abordaje de la ideología y la comunicación masiva contemporánea desde una hermenéutica profunda que ofrece Thompson (1991).

La estrategia metodológica que propongo se estructura a partir de la descripción y análisis de las geografías del poder y los sentidos de lugar en cada una de las instancias del circuito comunicacional exploradas, pero éstas se piensan, asimismo, como “un punto de articulación adoptado o una cristalización de líneas de determinación” (Grossberg, 2012, p. 43). La figura a través de la cual puede pensarse esta práctica contextualista es la de articulación, central para la práctica de los Estudios Culturales, tal como se ha desarrollado en el primer apartado de este capítulo.21

Es así como se trabaja con las geografías del poder de la producción audiovisual televisiva en Argentina y Jujuy, y los sentidos de ciudad que otorgan a esas geografías quienes produjeron los programas del corpus; con las geografías del poder y los sentidos de ciudad emergentes del análisis de esos textos, y con las geografías del poder y los sentidos de ciudad que informan las condiciones urbanas de las audiencias. El diálogo entre esos dos grandes principios configuradores permite observar tanto la heterogeneidad como las dinámicas del poder, de la desigualdad y de la diferencia asociadas a estas narrativas, en las distintas instancias del circuito comunicacional televisivo y también entre ellas. De ese modo, potencia la condición de heterogeneidad y movimiento de San Salvador de Jujuy para analizar tanto la posibilidad de acceso a los sentidos de ciudad que brindan los programas televisivos, como las narraciones asociadas en los sujetos que las producen y aquellos y aquellas que las reconocen.

Se trata, entonces, de una investigación cualitativa que integra diferentes métodos de investigación en el marco del análisis cultural (Sautu, 2005; Papalini, 2010), consistente con la idea de “configuración”, para un enfoque interpretativo (Sautu, 2005, pp. 83 y ss.) que permite operacionalizar las bases teóricas de los estudios culturales desde y sobre Latinoamérica a partir de las recomendaciones de Thompson (1991) para el análisis de la cultura y la comunicación, y las de Fairclough (2001 [1995]) para el análisis del discurso mediático.

En ese sentido, se trabaja en diferentes niveles analíticos: el análisis sociohistórico del contexto situacional, a partir de información estadística y fuentes secundarias; el análisis de los sentidos de ciudad en las narrativas televisivas seleccionadas (a partir de la interpretación del ejercicio de audiovisualización que produce); el análisis de las representaciones/interpretaciones de las situaciones de producción y de las audiencias por medio del trabajo de campo, entrevistas y visionado y diálogo en grupos; y el análisis interpretativo conectado a la crítica de la dominación.

Para materializar este ejercicio, opté por una estrategia multi-método basada en el análisis de diferentes narrativas de circulación pública (producciones audiovisuales locales); de circulación privada (entrevistas sobre historias de vida, prácticas y rutinas de producción y de consumo a los y las realizadores/as y audiencias); y de circulación semipública (expresiones vertidas en grupos). El análisis de narrativas se combina con la observación participante, el trabajo de campo y el trabajo con documentos y fuentes primarias y secundarias de distinto tipo, que brindan historicidad y espesor a dicho análisis.

La selección del material del corpus busca heterogeneidad a partir de las narrativas audiovisuales. Por la estrategia metodológica y teórica elegida, esas narrativas extienden las posibilidades de heterogeneidad a sus productores y a los grupos que se relevan como audiencias. Estas producciones ofrecen puntos o lugares diferentes que permiten usar sus articulaciones cruzadas para constituir el contexto, es decir, para delinear la configuración que rodea al hecho social del producto audiovisual y lo constituye.

Los contextos se producen aun cuando “articulan” los “hechos” o las individualidades y relaciones que los conforman; se encuentran siempre en relación con otros contextos, y producen complejos conjuntos de relaciones y conexiones multidimensionales. Son el resultado de múltiples tecnologías –residuales, dominantes y emergentes–, de las que también constituyen la expresión.

a) El corpus de producciones locales

El corpus audiovisual que se analiza y que al mismo tiempo opera como punto de ingreso al trabajo de campo se construye en torno a la representación de la ciudad de San Salvador de Jujuy y sus espacios públicos, y en ella busca caracterizar explícitamente el tratamiento del tiempo, el espacio y los actores en la construcción de “sentidos de ciudad”. Producidos en Jujuy, la heterogeneidad está dada por los géneros, el financiamiento y las pantallas o redes por las que circula cada uno de los programas.

Por otro lado, el corpus se construye atendiendo a las situaciones y condiciones de producción local, realizada en la provincia de Jujuy, atendiendo a la “geopolítica de la estética” que propone Jameson (1995). Si bien el autor enfatiza que la totalización mundial es la referencia de toda representación (como consecuencia de la globalización), reconoce a las películas “nacionales” (entendiendo como tales a las elaboradas fuera de la gran industria norteamericana) como zona de confluencia entre ontología y geografía que permite que “los paisajes más aleatorios, insignificantes o aislados funcionen como una maquinaria figurativa en la que aparecen y desaparecen incesantemente cuestiones sobre el sistema y su control de lo local” (Jameson, 1995, p. 25). Rita Laura Segato (2007b) cita a Naficy (1999) para hablar de un “cine con acento” que se da aún en directores exilados. La autora, además, complejiza la escala nacional al indicar el lugar que ocupa la frontera en el cine argentino y el brasilero (Segato, 2007b). Si bien los dos primeros autores se refieren a marcos nacionales homogeneizados (como escalas casi excepcionales en el proceso general de mundialización y concentración de la producción cultural) y los tres se ocupan del cine, consideramos que estas apreciaciones pueden aplicarse a nuestro corpus, advirtiendo que trabajamos con el marco provincial y con producciones destinadas a la televisión digital.

Con esos recaudos, la selección del material audiovisual es la siguiente:

- San Salvador de Jujuy, murmullo que aturde (en adelante, Murmullo) dirigido por Diego Ricciardi, premio región NOA concurso Documental Unitario “Nosotros” del Plan Operativo de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales Digitales 2010 (POPFCAD) impulsado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y el Consejo Asesor del Sistema Argentino de TV Digital Terrestre. Premio región NOA, unitario de 26 minutos. Programa disponible en las plataformas BACUA (Banco Argentino de Contenidos Universales Audiovisuales) y CDA (Contenidos Digitales Argentinos), de acceso abierto en internet. Se programó en la Muestra Jujuy Cortos 2012 y en la Itinerancia Jujuy de la I Muestra de Cine y Ciudad Ciudades Reveladas en 2014. En el sistema de referencias del material audiovisual citado, se codifica con una M seguida del número de cita.

- Serie de ficción El viaje. 9 días buscando Norte (en adelante, El viaje), dirigida por Jorge Vargas, premio región NOA concurso “Series de Ficción Federales” del Plan Operativo de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales Digitales 2010 (POPFCAD) impulsado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y el Consejo Asesor del Sistema Argentino de TV Digital Terrestre. Serie compuesta por ocho capítulos de 26 minutos cada uno. Se trabaja con el capítulo 6 (realizado en San Salvador de Jujuy) y con fragmentos complementarios de otros capítulos. Programado por canal 7 de Jujuy y, por lo tanto, disponible en las grillas de los dos canales locales de cable, en la única señal local de televisión abierta analógica y en el sitio web del canal emisor. Se emitió en el horario central de las 21 hs., durante nueve domingos consecutivos, de marzo a mayo de 2013. También disponible en la plataforma BACUA. Una versión resumida se pre-estrenó en una función especial de lanzamiento en la sala mayor del Teatro Mitre (el más importante de la provincia de Jujuy). En el sistema de referencias del material audiovisual citado, se codifica con la letra V seguido del número de cita.

- Programas semanales de interés general correspondientes a la quinta temporada de Jujuy Profundo, conducido y realizado integralmente por Fernando Calvetti, cada uno de una hora de duración, emitido por la señal de cable local de canal 4 (Unicable). Se trata de un ciclo cultural de una emisión en vivo y una repetición semanal. Se trabaja sobre aquellos programas del ciclo focalizados en la ciudad. En el sistema de referencias del material audiovisual citado, se codifica con las letras JP seguidas del número que corresponde a cada fragmento.

- Serie documental Maestros del Norte (en adelante, Maestros), dirigida por Ariel Ogando, premio región NOA concurso “Series de Documentales Federales” del Plan Operativo de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales Digitales 2010 (POPFCAD) impulsado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y el Consejo Asesor del Sistema Argentino de TV Digital Terrestre. Se trabaja con los capítulos 1 y 2 de la serie compuesta por cuatro programas de 26 minutos cada uno. La serie fue emitida por la señal Encuentro (Ministerio de Educación al momento del trabajo de campo), y por lo tanto estuvo disponible en la grilla de la TDA y en las de los dos canales de cable locales. Dado que integraba el sistema Educ.ar (Ministerio de Educación de la Nación) se encontraba disponible en esa plataforma, y también la del BACUA al momento del trabajo de campo. En el sistema de referencias del material audiovisual citado, los fragmentos correspondientes a esta serie se codifican con las letras MN precediendo el número de cita.

El material audiovisual se analiza atendiendo a las estrategias de audiovisualización relacionadas con la intertextualidad presente en cada programa (para lo que capitalicé mi trayecto de investigación anterior sobre la prensa gráfica local, los planos y mapas de la ciudad y el discurso político municipal, además de otras fuentes22); las representaciones de temporalidades y espacialidades; las representaciones de los actores, sus relaciones y espacialización; las nociones de cultura, interculturalidad y su relación con diferentes objetos, con los espacios urbanos y no urbanos, con la ciudad en su conjunto y con las diversas escalas que se intersectan en ella (Arancibia, 2015; Ferro, 1980, Rincón, 2006; Ryan, Foote y Azaryahu, 2016; Sorlin, 1985; Williams, 2001).

b) Análisis de sentidos de ciudad en narrativas autobiográficas profesionales de productores y productoras

Metodológicamente, la circulación de las narrativas remite al “espacio social” de la televisión y por lo tanto brinda la posibilidad de “seguir la cosa”. Es posible, de esa manera, describir la interrelación entre los diferentes “sentidos de ciudad” en narrativas televisivas que forman parte de los distintos “nódulos” de la vida social de la TV (Abu-Lughod, 2006). El acercamiento permite observar los conflictos, movimientos, distancias, confluencias, sedimentaciones, emergencias y formas de legitimación entre sentidos de ciudad heterogéneos ya que remite a distintas situaciones, actores y momentos del proceso comunicacional mediatizado, que no sólo están “localizados”, sino que también espacializan.

El “espacio social” de la TV abarca un espacio mental y de relaciones sociales móvil en el cual la ciudad es un punto relativo pero, al mismo tiempo, la localización urbana brinda un punto de estabilización o cristalización de la experiencia que se constituye sobre historias personales y colectivas sedimentadas. De ese modo, la ciudad brinda cierta estabilidad para pensar, sentir y narrar el propio tiempo y lugar de pertenencia –vinculado a múltiples formas de movilidades y accesibilidades entre diversas y desiguales escalas, temporalidades y marcos de inteligibilidad– y las posibilidades de enmarcarlos y compartirlos audiovisualmente a través de unas prácticas y unas tecnologías específicas.

Es así que las situaciones de producción locales del audiovisual televisivo refieren a una historia común que liga diversos puntos urbanos en la circulación de actores, grupos, imágenes, ideas u objetos. Al mismo tiempo, remiten a una configuración económico-política de las instancias productivas y distributivas vinculadas a la instalación, acceso y uso del espectro radioeléctrico, los equipamientos tecnológicos y las redes. Esa “geografía mayor” (Sorá, 2010, p. 12) condicionó y condiciona tanto los modos de producción y circulación cultural locales, en general, como los de las narrativas audiovisuales televisivas, en particular.

Se examina, entonces, los sentidos de ciudad de productores y productora como parte de la dinámica de los procesos de producción audiovisual televisiva en Jujuy, con énfasis en las continuidades y transformaciones vinculadas a la digitalización, a partir del análisis de las situaciones y condiciones de producción de los programas que conforman el corpus. Con ello, se actualiza la preocupación inicial de considerar las situaciones de producción, circulación y reconocimiento de las representaciones/interpretaciones de los medios locales sobre las áreas urbanas, ampliándola mediante la problematización y análisis de las industrias culturales locales, y se relaciona, a su vez, con la específica demanda social identificada en las tareas de vinculación productiva realizadas en el marco del Subprograma Polos y Nodos del SATVD-t entre 2011 y 2014 (García Vargas, 2011).

Para la reconstrucción de las dinámicas productivas mencionadas, se ha realizado un recorrido que aborda las formas históricas de la concentración de la producción de contenidos en Argentina y el lugar relativo de Jujuy en ese proceso; y la inscripción de políticas públicas de fomento vinculadas a la Televisión Digital Abierta (TDA) en la provincia; que conforman una coyuntura en la que las posiciones de enunciación se observan como parte de la ciudad mediatizada. Esto es, en la relación que productores y productoras establecen sobre este proceso con su ubicación en términos profesionales y políticos dentro del campo de la producción audiovisual. La significación que estos procesos adquieren para los propios actores se trabaja sobre las experiencias locales de los equipos productores de los programas del corpus, como fenómenos comunicacionales que permiten visibilizar las transformaciones asociadas tanto a las continuidades de prácticas sedimentadas como a la institucionalización de demandas por la democratización de las comunicaciones asociada a la sanción y aplicación de la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA).

Se realizaron seis entrevistas en profundidad, a cinco realizadores y una realizadora locales:

- ArO: es el director de Maestros del Norte y el productor de Murmullo. Nació en Buenos Aires, en la infancia se trasladó a Jujuy junto a su familia en el marco del movimiento de “exilio interno” de la última dictadura argentina. Reside en San Salvador de Jujuy, donde realizó toda su formación educativa hasta alcanzar la tecnicatura en Antropología de la Universidad Nacional de Jujuy. Además tuvo trayectos formativos y profesionales de breve o mediana duración en España, diferentes países de Latinoamérica y otros puntos del país. Es miembro fundador de Wayruro Comunicación Popular.

- DiR: es el director de Murmullo y el productor de Maestros del Norte. Nació en Neuquén, realizó la primera parte de su trayecto formativo audiovisual universitario en Buenos Aires, se trasladó a Tilcara (Jujuy) para luego completar la tecnicatura en Comunicación Social en la UNJu y residir en San Salvador de Jujuy. Es docente en la Universidad Nacional de Jujuy. Es miembro de Wayruro Comunicación Popular.

- FeB: es el guionista de El viaje. Nació en Buenos Aires, donde realizó todo su trayecto educativo hasta graduarse como Licenciado en Comunicación Social en la UBA, se trasladó a Tartagal y luego a San Salvador de Jujuy en un período profesional extenso durante el cual combinó su tarea en producción audiovisual con la docencia universitaria en Salta (UNSa), realizó un doctorado con una beca Erasmus Mundus en la Universidad de Málaga (España), y actualmente reside en Tucumán. Es docente universitario en la UNSa y en la UNSE. Trabajó en la serie sin vincularse formalmente a la Fundación Séptimo Arte.

- FeC: es periodista, conductor y productor general de Jujuy Profundo. Nació en Jujuy, donde realizó su trayecto escolar. Su extensa carrera profesional en el campo periodístico se desarrolló completamente en San Salvador de Jujuy.

- JoV: es el director de El viaje. Nació en Jujuy, realizó el trayecto formativo en Córdoba hasta graduarse como Licenciado en Cine y Televisión en la UNC. Una vez graduado, retornó a San Salvador de Jujuy e hizo numerosos trabajos en la Quebrada y Puna, conservando la residencia en la capital jujeña. Es integrante de la Fundación Séptimo Arte desde su constitución.

- PaK: es la asistente de dirección de Murmullo y de Maestros. Nació en Rafaela y se trasladó a Jujuy luego de terminar su formación universitaria como licenciada en Comunicación, con trayectos profesionales y formativos de corta y mediana duración en Francia, España y diversos lugares del país. Actualmente reside en Rafaela, donde ejerce la docencia universitaria en la Universidad Nacional de Rafaela (UNRa). Es miembro de Wayruro Comunicación Popular e integrante de Federal Distribución Internacional desde su creación en 2013.

En base a entrevistas con los miembros de cada equipo de realizadores/as, se recuperaron los sentidos de ciudad vinculados a las situaciones de producción de cada serie o ciclo. Esta tarea se aproxima al método etnográfico de análisis de situaciones tal como lo explica Sautu (2005).

c) Trabajo con audiencias

Para describir y analizar procesos y formas de constitución material y simbólica de prácticas vinculadas a las condiciones y situaciones de acceso a y reconocimiento de contenidos audiovisuales televisivos en contextos domésticos, la tarea se organizó en dos áreas.

Por una parte, se reconstruyeron las cartografías y tendencias vinculadas al reconocimiento del audiovisual televisivo en Jujuy, a partir del análisis de información y datos secundarios y la relectura de información primaria producida en el marco del subprograma de Análisis de Medios del Picto-UNJu 151, que estuvo a mi cargo durante el período 2011-2014. Ese conjunto incluye el análisis de información secundaria proveniente de la ENTIC y la EAHU (ambas de 2011) que permitió describir el equipamiento tecnológico de acceso a contenidos audiovisuales en los hogares jujeños, por niveles de ingreso y en contraste con la región y el país y la reposición de un conjunto de datos estadísticos que provienen de la Encuesta de Consumos Culturales y Audiencias para San Salvador de Jujuy (realizado por el área I+D del Programa Polos en colaboración y cofinanciado el subprograma mencionado) que se realizó durante los meses de octubre y noviembre de 2012.

Por otro lado, y complementariamente, se realizó trabajo de campo con familias destinatarias del Plan Operativo de Acceso al equipamiento para la recepción de Televisión Digital Terrestre “Mi TV digital” realizadas en junio de 2012, en el marco del subprograma del PICTO-UNJu 151 ya mencionado. Ese trabajo de campo permitió comprender el circuito del equipamiento en consonancia con las experiencias de las familias mencionadas frente a contenidos televisivos de la TDA, a partir del recorrido de decodificadores y antenas provistas por el Estado nacional en San Salvador de Jujuy.

Esta segunda parte dio un panorama general de los consumos de televisión que permitió especificar formas de reconocimiento de “sentidos de ciudad” a partir de los productos comunicacionales del corpus en base al visionado conjunto de un programa del corpus en situación de grupo. En términos prácticos, se trató de “ver un video con la gente”, expresión con la que Esteban Vernik (2010, p. 54) condensa la tarea de flexibilizar los diseños clásicos de modelos experimentales para trabajar desde un enfoque interpretativo en el que estas narrativas se brindan como estímulos abiertos a la imaginación colectiva en situación de grupo, tal como lo sugiere Sautu (2005, p. 91). Los participantes en esa experiencia tienen coincidencia etaria con el personaje principal de El viaje, y la estrategia es consistente con el objetivo de analizar y comprender las ideas colectivas de un grupo sobre la ciudad, con el plus de poder observar consensos y disensos en los sentidos de ciudad que allí se debaten. Se buscó, con ella, confirmar o rechazar algunos ejes sobre el sentido común acerca de la ciudad que se había relevado en diferentes discursos audiovisuales (sobre todo, periodísticos), que se usan como material de contraste a lo largo del trabajo. Los participantes sumaron un registro propio en video en el que mostraron la ciudad durante un minuto, y/o una fotografía sobre el contexto de visionado cotidiano de televisión en sus hogares. La heterogeneidad de los participantes alude al género, lugar de residencia, e ingresos mientras que la coincidencia corresponde a un criterio de coincidencia ocupacional y etaria para el grupo (estudiantes entre 18 y 25 años). El capítulo de El viaje resultó un insumo significativo de visionado previo para el grupo focal, estrategia con la que buscamos recuperar, para su análisis, los sentidos de ciudad, en una actividad interpretativa que involucra necesariamente la propia experiencia urbana. Algunos resultados del grupo focal alimentan los contrastes que se desarrollan a lo largo de los capítulos del libro.

Los procesos y formas de constitución material y simbólica de prácticas vinculadas a las condiciones y situaciones de acceso a y reconocimiento de contenidos audiovisuales televisivos en contextos domésticos de barrios populares de San Salvador de Jujuy señalan cuestiones iniciales que fundamentan de manera situada la relevancia del trabajo sobre narrativas televisivas y la producción metodológica elegida para la tarea con los materiales audiovisuales. Como “el hueso incrustado en el barro” de la novela Lumbre que se citó en la introducción, las audiencias televisivas de Jujuy recuerdan programas y recuerdan escenas dentro de esos programas, que los y las interpelaron significativamente.

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9789874735867
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Входит в серию "Antropología, estudios culturales y relaciones de poder"
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