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Ecuador, un país dolarizado: pasado, presente y futuro

Autores

Dora de Ampuero¹, José Gerardo Andrade Rada¹, Nicolás Chachanosky², Miguel Ángel Echarte³, Luis Espinosa4, Carlos Julio Emanuele¹, Manuel Hinds5, Franklin López¹, Pablo Lucio Paredes4, Adrián Ravier6, Pedro Romero4, Lawrence H. White7, Francisco Zalles1

¹Instituto Ecuatoriano de Economía Política, IEEP, Ecuador, ²Metropolitan State University of Denver, Estados Unidos de Norte América, ³Universidad Católica de Ávila, España, 4Universidad San Francisco de Quito USFQ, Ecuador, 5Consultor Independiente, 6ESEADE, Argentina, 7George Manson University, Estados Unidos de Norte América.

Esta obra es publicada luego de un proceso de revisión por parte de un Comité editorial destinado para esta tarea.

Producción editorial: Andrea Naranjo

Diseño y diagramación: Krushenka Bayas

Diseño de cubierta: Yumiko Nagao

Director de la colección Elementos de Economía: Santiago J. Gangotena

Dirección gráfica de la colección Elementos de Economía: Ricardo Vásquez

Corrección profesional: Adriana Elizabeth Salgado

© Dora de Ampuero, José Gerardo Andrade Rada, Nicolás Chachanosky, Miguel Ángel Echarte, Luis Espinosa, Carlos Julio Emanuele, Manuel Hinds, Franklin López, Pablo Lucio Paredes, Adrián Ravier, Pedro Romero Alemán, Lawrence H. White, Francisco Zalles, 2021

© De esta edición USFQ PRESS, Universidad San Francisco de Quito USFQ, 2021

© De esta edición Instituto Ecuatoriano de Economía Política, IEEP, 2021

Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

ISBNe: 978-9978-68-213-5

Registro de autor: 060797

Primera edición digital: febrero, 2022

Catalogación en la fuente Biblioteca de la Universidad San Francisco de Quito USFQ.


Se sugiere citar esta obra de la siguiente forma:

de Ampuero, D., Andrade, J. G., Chachanosky, N., Echarte, M. A., Espinosa, L., Emanuele, C. J., Hinds, M., López, F., Paredes, P. L., Ravier, A., Romero, P., White, L. H. y Zalles, F. (2021). Ecuador, un país dolarizado: pasado, presente y futuro. USFQ PRESS, IEEP.

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La información presentada en este libro es de entera responsabilidad de sus autores. USFQ PRESS presume que la información es verdadera y exacta a la fecha de publicación. Ni la USFQ PRESS, ni los autores dan una garantía, expresa o implícita, con respecto a los materiales contenidos en este documento ni de los errores u omisiones que se hayan podido realizar.

Diseño epub: Hipertexto – Netizen Digital Solutions

Índice

Introducción

José Gerardo Andrade Rada

Capítulo 1 La experiencia del Ecuador con la dolarización y las tareas pendientes

Pedro Romero Alemán y Dora de Ampuero

Capítulo 2 La decisión de dolarizar, desafíos e incertidumbres

Franklin López

Capítulo 3 Apuntes sobre el proceso de dolarización en Ecuador

Carlos Julio Emanuele

Capítulo 4 La dolarización y las instituciones

Francisco Zalles

Capítulo 5 Sacando provecho a la dolarización: desafíos y reformas pendientes

Pablo Lucio Paredes y Luis Espinosa

Capítulo 6 Dolarización flexible y banca libre en Argentina

Nicolás Cachanosky y Adrián Ravier

Capítulo 7 Dolarización de El Salvador

Manuel Hinds

Capítulo 8 Experiencias de dolarización en América Latina: un análisis desde el enfoque de la escuela austríaca de economía

Miguel Ángel Echarte

Capítulo 9 Lecciones para el mundo de la dolarización en Ecuador

Lawrence H. White

Notas al pie

Introducción

Estimados conciudadanos:

Gracias. Ustedes han sido instrumentales en afianzar a la dolarización como solución a la violación impune de la propiedad privada. La moneda es la manifestación más democrática del valor del trabajo del individuo y el ahorro consecuente. Proteger el valor de la moneda es proteger el ahorro, el trabajo, y, consecuentemente, al individuo. La capacidad de los gobiernos de centralizar, de monopolizar con violencia los billetes —papeles impresos como medio de intercambio monopólico— es la forma más fácil de interrumpir la creación de riqueza. El empresario requiere de señales claras sobre el riesgo que asume mediante precios que no deberían estar sujetos a fuerzas externas al mercado. Los Bancos Centrales violan insistentemente esta y otras premisas que son justas y necesarias para el calculo económico.

La dolarización oficial de la economía ecuatoriana es un hito en la historia monetaria mundial. Con ella se abre un nuevo capítulo y 20 años más tarde se comprueba la otrora imposible tesis de eliminar la injerencia de los Bancos Centrales locales y devolverle poder político al ahorrista. Con su inmediata y persistente popularidad masiva, la dolarización constituye una barrera real al crecimiento del gasto público y a los planes clientelistas políticos.

Consecuentemente, su fortaleza trasciende lo monetario e incide directamente en lo político y social. Actuando como germen del respeto a la propiedad privada en una sociedad con pocas instituciones, reintroducir la institucionalidad a través de la moneda es el camino más fácil y eficiente para empezar a crear el camino hacia la libertad. Su popularidad le otorga la cualidad de hacer que eventualmente otras instituciones extractivas se vayan acomodando a su realidad. Una realidad conforme con el comercio, la propiedad y un mínimo gobierno. El reciente regreso en el Ecuador a la coherencia entre política y dolarización brinda mucha esperanza que finalmente podremos implementar las medidas necesarias que complementen las fortalezas de la dolarización en vez de pelearlas.

Bien harían nuestros países vecinos, desde la Patagonia hasta el Río Grande, eliminar sus Bancos Centrales y adoptar el dólar. No solo es justo defender la propiedad privada de la moneda de la expoliación sino también hace más eficiente el cálculo económico, permitiendo así desatar mayor riqueza. La experiencia ecuatoriana es pionera y contundente de que se puede implantar una institución inclusiva en medio del caos que con el tiempo impide el crecimiento de Leviatán al mismo tiempo que destruye una institución extractiva (Banco Central), en defensa de los derechos individuales y de propiedad. Falta mucho por recorrer para escribir la última historia sobre dolarización, pero nos alegra haber podido plantar una nueva semilla en aquel “jardín monetario” que tan elocuentemente ilustra Friedman en su libro Money Mischief: Episodes in Monetary History.

En el IEEP nos llena de orgullo haber triunfado en la batalla de las ideas. Desde su génesis como idea imposible hasta ahora su vigésimo aniversario, los capítulos a continuación son una contribución de varios expertos y participes directos en el proceso dolarizador del Ecuador. En estas páginas encontraremos temas desde las tareas pendientes, el proceso, los desafíos así como enfoques sobre su aplicación en la Argentina y El Salvador. La diseminación del conocimiento adquirido por el pueblo ecuatoriano es de primordial importancia para el resto de Latinoamérica.

Para aquella generación que ya creció en un Ecuador dolarizado, la institucionalidad de la moneda ya es consuetudinario. Lejos queda la posibilidad para ellos, de una Venezuela. Sin embargo, debemos recalcar la importancia de la dolarización en haber evitado ese destino. Depende de ustedes defender lo ganado y continuar la labor en pos de la libertad. Defender la propiedad privada, el ahorro y al individuo empieza por la moneda, pero no es una condición que resuelva problemas endémicos como la corrupción. Recae en ustedes los jóvenes la tarea de aprender y valorar la estabilidad monetaria ganada en los últimos años. Por eso, en el IEEP seguimos nutriendo de ideas, mediante publicaciones como esta que esperamos sea un aporte invaluable en el estudio y aplicación de la dolarización para futuras generaciones.

En esta obra, los estudiantes del fenómeno monetario iniciado por el IEEP en el Ecuador, en el año 1999, podrán encontrar mucho material valioso. Documentos históricos de primera mano que cubren eventos históricos del pasado, son elementos fundamentales del estudio de la evolución de nuestro pensamiento. Los primeros capítulos fueron publicados al poco tiempo de iniciada la dolarización oficial del Ecuador. Estos sirven de marco y referencia del clima económico en el cual se adoptó por primera vez en la historia monetaria la adopción voluntaria de una moneda extranjera como medio de pago universal.

En ese entonces, como cualquier pensamiento radical, su mención era cuestionable, su aplicación era imposible. Comprobando el poder de las ideas, el IEEP lideró un hito en la historia monetaria mundial y continúa divulgando y fortaleciendo el conocimiento de este fenómeno monetario. Con ese fin, hemos invitado a varios participes que han sido parte de este proceso a que nos den sus reflexiones. En el libro encontrarán importantes antecedentes, mitos que han sido desmentidos con el tiempo, así como consideraciones microeconómicas y macrosociales como la creación de la institucionalidad en el país. Autores extranjeros estudiosos y proponentes de la dolarización nos brindan perspectivas países dolarizados ambos espontáneamente (Argentina ) como oficialmente (El Salvador).

Capítulo 1
La experiencia del Ecuador con la dolarización y las tareas pendientes

Pedro Romero Alemán

Universidad San Francisco de Quito USFQ

promeroec@gmail.com

Dora de Ampuero

Instituto Ecuatoriano de Economía Política, IEEP

dora.ampuero@hotmail.com

La dolarización no es un tipo de cambio fijo sino un nuevo sistema monetario financiero

Han transcurrido dos años desde que el gobierno del Ecuador anunció que el dólar de los Estados Unidos reemplazaría el sucre como unidad de cuenta y medio de cambio. Con esta medida, el gobierno del presidente Jamil Mahuad intentó detener la debacle económica que atravesaba el país por efectos del grave deterioro del poder adquisitivo del sucre y la pérdida de confianza de la ciudadanía en la moneda oficial. La decisión de dolarizar se efectuó a pesar de la reticencia del Fondo Monetario Internacional, los bancos multilaterales y muchos “expertos” nacionales y extranjeros, que indicaron que el Ecuador no reunía los requisitos necesarios para adoptar un sistema de cambio fijo. Sin embargo, al cabo de dos años, se muestran resultados positivos en lo que respecta a estabilidad monetaria, reducción de la inflación y las tasas de interés y la recuperación de la confianza del público en una moneda estable.

Al principio no se entendía que al dolarizar cambiarían las perspectivas de los agentes económicos, que la gente al tener dólares iba a tener más confianza en la moneda y que el gobierno había perdido la posibilidad de imprimir su propio dinero. Esto es ya generalmente aceptado, sin embargo, lo que no se ha comprendido plenamente es que la dolarización no es simplemente un régimen de cambio fijo sino que es un sistema monetario-financiero que abre posibilidades al Ecuador no solo de mantener internamente una inflación de un solo dígito, sino de integrarse financieramente al mundo, al mercado de capitales.

Un elemento fundamental e inherente al sistema de dolarización es la integración financiera —ver “Ideas de libertad” n.o 67— que desafortunadamente no se implementó al mismo tiempo que la dolarización. La misma se basa en permitir la entrada de bancos privados internacionales que sirvan de intermediarios entre el mercado local y el mercado internacional de capitales; es decir, que los bancos puedan asignar indistintamente sus fondos financieros al interior o exterior del país. De esta manera, nuestro sistema financiero se podrá integrar al sistema financiero internacional.

No se trata, entonces, de que los bancos internacionales manejen únicamente las operaciones de empresas multinacionales, sino que puedan desempeñar las mismas funciones que cualquier banco local. La dolarización atraerá más capitales al país cuanto más rápido se integre financieramente el sector bancario local con el exterior. La integración financiera hará más competitiva la banca, lo cual redundará en un mejor servicio al cliente y mejorará su eficiencia.

La adopción de la dolarización lleva un ajuste del sistema de precios que está íntimamente relacionado con la tasa de cambio adoptada, que, en el caso del Ecuador, fue de 25.000 sucres por un dólar. Esta decisión se debió al temor de las autoridades del gobierno sobre su capacidad de hacer frente a la demanda de dólares. Se pensaba que se debía cubrir el 100 % de la demanda potencial de dinero del público por parte del Banco Central del Ecuador. Simultáneamente, se sabía que así se protegía más a la banca privada porque había el temor de que pudieran haber retiros de depósitos que agravaran la situación bancaria. La tasa que se adoptó fue muy alta, más de lo recomendable. Esta fue una equivocación muy costosa de las autoridades y de los asesores que intervinieron en la decisión. Por esta razón, se impuso a la dolarización un costo que no debió tener, y que aún lo estamos pagando. Dicho costo se manifiesta en más inflación y, consecuentemente, en un periodo más largo de ajuste de los precios relativos que todavía no ha terminado.

Es difícil precisar en cuánto tiempo el nivel de precios podrá ajustarse al nivel internacional. Como lo indicó Juan Luis Moreno Villaláz, especialista financiero panameño:

Los precios no se ajustan por igual; en una economía hay diferentes tipos de precios. Los productos importados y los productos exportados se ajustan automáticamente, porque sus precios ya están en dólares. Los productos transables, que compiten con las importaciones o las exportaciones se ajustan rápidamente, como las tarifas de hoteles. Sin embargo, hay productos locales, los llamados no transables cuyo ajuste es más lento, como por ejemplo, el valor de una casa, el valor de la tierra o los salarios, dependen de la demanda para que el precio cambie en el mercado.

En nuestro caso, la demanda efectiva ha sido muy baja porque cuando se dolarizó los ecuatorianos estábamos en muy mala situación económica. Según el Dr. Moreno Villaláz, sabremos que el sistema se ha ajustado, cuando la tasa de inflación sea igual o menor que la de los Estados Unidos como sucede en Panamá, que es 0,5 % más baja que los Estados Unidos. En ese momento puede ser que queden algunos precios relativos que aún no se hayan ajustado, pero la mayoría lo harán. Hasta entonces, la inflación en el Ecuador estaría dada por la inflación internacional más el rezago en el ajuste de precios aun no recuperado.

Es un error pensar que mediante decreto se pueden eliminar las fluctuaciones de los precios que se producen de manera normal en una economía y que reflejan la oferta y demanda de los productos. En ciertas épocas del año los precios son bajos debido al aumento de la oferta o de la cosecha, mientras que en otras épocas, la escasez eleva los precios como sucede actualmente con las papas. También aumentan los precios por incremento continuo en los costos de producción debido a la elevación de tarifas de luz, agua, teléfonos, precios de los combustibles y salarios. Estas, en el caso ecuatoriano, son políticas del gobierno que inciden negativamente en las variaciones de los precios.

La política de control de precios implementada por el gobierno no soluciona el problema de fondo, al contrario lo complica debido a que un control general de precios inevitablemente genera escasez y mayor especulación. La solución al problema de fondo debe apuntar más bien a eliminar todas las barreras al comercio exterior e interior y dejar que los precios sean las señales que reflejen la oferta y la demanda y las preferencias de los individuos en el mercado.

Resultados de la dolarización en el Ecuador

La estabilidad monetaria alcanzada en estos dos años constituye los cimientos que podrían sustentar la recuperación económica del país, siempre y cuando se realicen otras reformas importantes como la tributaria; la reducción del gasto público; la reforma del sistema financiero; la reforma laboral; la reforma a seguridad social, y eliminar otros obstáculos que existen para la creación de riqueza ocasionados por la intervención del gobierno en la economía, la inseguridad jurídica y el poco respeto a los derechos de propiedad.

Es importante reconocer que la estabilidad monetaria ha contribuido decisivamente al crecimiento de la economía ecuatoriana, es así, que en el año 2001 fue de 5,5 %, siendo el único país de América Latina que alcanzó tal nivel de crecimiento. Los empresarios ecuatorianos poco a poco están aprendiendo a ser más eficientes, y hacer planes a largo plazo con la seguridad de contar con una moneda fuerte. A medida de que la dolarización se fortalezca, se aumente la confianza en el país, se abra el país a la integración financiera, los individuos podrán contar con créditos a largo plazo como sucede en Panamá.

Un beneficio tangible de tener estabilidad cambiaria es que la ciudadanía ha dejado de gastar energías en preocuparse diariamente por las variaciones de la tasa de cambio y perder tiempo haciendo colas en los bancos para comprar o vender dólares con el fin de proteger sus ahorros o hacer una ganancia. Es mejor utilizar estas energías y concentrar los esfuerzos en actividades productivas.

A continuación presentamos indicadores económicos que muestran la recuperación de algunos sectores de la economía:

Cuadro 1. Cifras macroeconómicas


*La inversión externa no petrolera crece en más del 600 % en el 2001.

Fuente: BCE, Ministerio de Economía, Cornell University

La economía ecuatoriana se ha recuperado, así lo refleja el crecimiento del PIB real en el 2001 (5,5 %) y la baja en la tasa de inflación (23,5 %). Los depósitos bancarios crecieron en 25,1 % y las inversiones lo hicieron en un 85 %. Aunque la deuda externa aumentó poco, sigue representando aproximadamente el 77 % del PIB.

Gráfico 1. Presupuesto del gobierno central, enero 2000-noviembre 2001


Fuente: BCE, Ministerio de Economía, Cornell University

Los egresos del presupuesto del Estado representaron 27 % del PIB en el 2001. Aunque se ha aumentado también la recaudación tributaria; sin embargo, los gastos han crecido por encima de los ingresos. Esto obviamente debilita el equilibrio fiscal. Por lo tanto, antes de incrementar impuestos —precios de combustibles— se debe reducir el gasto público.

Cuadro 2. Indicadores financieros


Fuente: BCE, Ministerio de Economía, Cornell University.

La tasa interbancaria se ha ubicado en 2 % al final del 2001; esta reducción es una señal positiva. La tasa activa aunque se ha reducido no ha llegado al punto para reactivar la producción. El panorama favorable que la dolarización le otorga a nuestra economía ha provocado que el desempleo se reduzca así como el riesgo país.

Camino tortuoso hacia la dolarización

Cuando el Ecuador dolarizó oficialmente su economía, no había experiencia previa en América Latina, excepto la república de Panamá, donde el dólar ha estado en circulación por cerca de una centuria. Esta situación podría explicar algunas de las dificultades surgidas durante el proceso de dolarización a lo que se agrega la resistencia de la burocracia del Banco Central que veía disminuido su poder discrecional sobre la política monetaria del Ecuador.

Desde que se inició el proceso de dolarización hasta el presente ha habido críticas continuas de algunos de los llamados “analistas económicos”, periodistas, dirigentes gremiales y políticos; estos actores, por desconocimiento o por razones ideológicas, predicen el fracaso del sistema. Algunas de las críticas más frecuentes y dificultades que se presentaron durante el proceso son de la naturaleza siguiente:

1. La lentitud en la sustitución del sucre por el dólar fue un obstáculo inicial en la implementación del proceso. Recordemos, por ejemplo, que la primera etapa de canje de sucres por dólares empezó en marzo 2000 y terminó en septiembre del mismo año, pero a esa fecha, aproximadamente, solo se habían canjeado el 95 % de los billetes. De tal manera, las autoridades del Banco Central aumentaron el plazo de canje por seis meses más hasta marzo del 2001, porque los habitantes de las áreas rurales aún no habían canjeado sus billetes. En marzo del 2001 el canje solo había llegado al 98 %. A esto se agrega la falta de educación al público sobre el uso de la nueva moneda que fue responsabilidad primaria del Banco Central. La escasez de moneda fraccionaria y de billetes de baja denominación es una continua dificultad en el comercio minorista y las transacciones del público, que eleva el costo de los productos. Esta dificultad ha dado lugar a la práctica del redondeo de los precios evitando el uso de centavos y monedas de baja denominación. Los billetes de un dólar en circulación ya muestran desgaste por el uso; sin embargo, el Banco Central, que aún tiene el monopolio de importación de la moneda estadounidense, no los reemplaza con la rapidez deseable, y está planeando importar monedas metálicas de un dólar que romperán los bolsillos de los ecuatorianos. La solución a este problema sería quitar el monopolio del Banco Central sobre la importación y distribución de la moneda de los Estados Unidos y permitir que los bancos privados que operan en el Ecuador importen la moneda necesaria. Si el Banco Central no tiene el monopolio de imprimir y distribuir el dinero, si ya no es prestamista de última instancia, ¿qué justificación existe para la permanencia del Banco Central?

2. Algunos críticos de la dolarización utilizan el argumento de la pérdida de soberanía nacional y prestigio al sustituir el sucre por una moneda extranjera y el peligro de aumentar la dependencia de una potencia extranjera. Tal argumento no es válido para el ciudadano común que siente cómo se deterioran sus salarios, sus pensiones de jubilación y se volatilizan sus ahorros. Los detractores denotan un desconocimiento absoluto sobre el rol que una moneda tiene en la sociedad. El dinero es un servicio que las comunidades espontáneamente comenzaron a prestarse a efectos de librarse de los inconvenientes que significaba el sistema de trueque o de cambio directo, y lo peor que pudo ocurrir es que este servicio se convierta en monopolio estatal, con las malas consecuencias que hemos sufrido.

3. Se ha atribuido a la dolarización la subida de los precios y el costo de la vida, el desempleo existente, el aumento de la pobreza y las desigualdades de la sociedad; es decir, la dolarización es culpable de todos los problemas endémicos que afectan al país. Tales críticas no resisten un análisis serio porque el incremento de precios está relacionado con la inflación rezagada y el periodo de ajuste de los bienes no transables a los que hemos hecho referencia. Además de las distorsiones en la economía originadas en las políticas públicas, la pobreza y las desigualdades de ingresos de los ecuatorianos han estado presentes en nuestra sociedad desde antes de adoptar el nuevo sistema monetario. Nadie esperaría que la dolarización vaya a solucionar los problemas socioeconómicos del país. Solucionar estos problemas es una tarea de largo plazo que se cumplirá cuando los ecuatorianos puedan gozar de plena libertad económica y política como las que disfrutan otros países que tienen un alto estándar de vida por haber realizado las reformas institucionales que aún están pendientes en el Ecuador.

4. Algunos economistas y empresarios atribuyen a la dolarización la pérdida de competitividad de las exportaciones aduciendo que su costo de producción aumentará más rápidamente que los precios. Los economistas se refieren a esto como una tasa real de cambio sobrevaluada. Antes de la dolarización el gobierno recurría a continuas devaluaciones para favorecer al sector exportador a expensas del resto de los ecuatorianos. La competitividad es un fenómeno de largo plazo basado en la eficiencia y capacidad tecnológica del sector para competir en el exterior. La reducción de competitividad no se puede atribuir solamente a la apreciación del tipo de cambio. El índice de competitividad elaborado por la Universidad de Harvard coloca a Ecuador en el puesto 68 de 75 países. Toda una década de devaluación no ha ayudado al Ecuador a ser más competitivo. Es importante señalar que la dolarización no perjudica las exportaciones. En primer lugar, cerca del 75 % de las exportaciones del Ecuador son bienes primarios —petróleo, banano, camarones, etc.—. El otro 10 % lo constituyen bienes primarios procesados. Sus precios ya están determinados en dólares en los mercados mundiales. Segundo, los exportadores de productos manufacturados usan bienes importados como materia prima para sus productos. La dolarización estimula las exportaciones al volver los créditos más disponibles a tasas de interés razonables.

5. Es lamentable escuchar varias opiniones al respecto de que si no se concreta un nuevo préstamo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para este año o si el precio del petróleo cae por debajo de USD 20 los ecuatorianos vamos a tener problemas y la dolarización será debilitada. Este enfoque está concentrado en las finanzas públicas del gobierno mas no en las preferencias y condiciones económicas de los ciudadanos del país. Los grupos de interés que se benefician de los créditos del FMI y del precio inflado del petróleo son quienes tendrán problemas si las estimaciones oficiales no se cumplen. Ningún ecuatoriano está dispuesto a renunciar a sus dólares ahora y mucho menos si el gobierno no pone en orden sus gastos. La dolarización evita que los jubilados y asalariados pierdan capacidad de compra cada vez que el gobierno devalúa. Debe quedar claro entonces que somos nosotros los ecuatorianos quienes elegimos este sistema, el presidente Mahuad solo sancionó lo que ya era evidente.

Es importante recordar que cuando el Ecuador no escuchó el consejo del FMI de aumentar el impuesto al valor agregado al 14 % en el 2001, ni mantener el impuesto a la circulación de capitales, el Ecuador ha tenido la más alta tasa de crecimiento económico entre los países de América Latina. Por lo tanto, debemos ser muy cuidadosos en los compromisos que hagamos con el FMI de manera que no se creen obstáculos al crecimiento económico con sus desastrosas recetas que conducen al fracaso. Con respecto a esto, el señor Forbes ha dicho que “los banqueros del FMI tienen una noción extraña de que la prosperidad causa inflación y que cuando una economía es próspera, los individuos de una nación disfrutan de felicidad y eso los hace infelices a ellos”.

La dolarización cambia la estructura del poder

Los opositores más recalcitrantes de la dolarización tienen sus propias y peculiares interpretaciones para explicar el crecimiento económico alcanzado, señalando que lo que ha apuntalado la dolarización ha sido las remesas de los inmigrantes, los ingresos generados por la venta de petróleo en el mercado mundial, las inversiones del nuevo oleoducto y hasta especulan sobre la contribución de narcodólares y billetes falsos, además del descongelamiento de los depósitos bancarios. Además de ser un argumento mercantilista, se asume que es un prerrequisito para la dolarización mantener flujos positivos de divisas. La argumentación antes referida, desconoce la dinámica propia del proceso dolarizador que estimula la generación de riqueza al liberar la economía y suprimir la capacidad del gobierno para imprimir papel moneda sin valor.

Lo que realmente pasa es que la reestructuración de la economía significa una catástrofe para los intereses creados que se han beneficiado de los privilegios obtenidos de la intervención del Estado en la economía y en mantener una economía cerrada al comercio internacional. Cuando el Estado cesa de operar la imprenta del Banco Central para emitir dinero que causa inflación para financiar el gasto del gobierno, cede su poder sobre la moneda mientras aumenta la libertad y el poder de la gente sobre su dinero.

Tras analizar los hechos ocurridos en el Ecuador con la dolarización, la columnista del Wall Street Journal Mary A. O’Grady, en un reciente artículo publicado en América Economía titulado “Ecuador viene lo difícil”, señala que a partir de la dolarización, el único camino al éxito es la liberalización económica; por lo tanto, hay que cambiar los incentivos inherentes al sistema de economía cerrada y estrictamente regulada que aun tiene el Ecuador. La articulista indica que “tal como los incondicionales del PRI, en México, los protagonistas del establishment en Ecuador —los militares, los oligarcas, los políticos y los sindicatos del sector público— crecieron en un sistema con reglas muy claras, aunque corruptas, y han ordenado sus vidas de acuerdo con ellas. La dolarización cambia la estructura de poder y, por lo tanto, está produciendo un terror absoluto entre los subsidiados”. Falta agregar a esta lista, las organizaciones indígenas, otros grupos étnicos y algunos gremios. En este sentido, escribe la periodista, “no se puede culpar a la élite de Ecuador por sus desesperados intentos de repeler la dolarización y todo lo que implica”.

La pregunta clave que se hacen los inversionistas es si las fuerzas liberalizadoras de la economía impulsadas por la dolarización en el Ecuador podrán vencer los intereses creados que están perdiendo privilegios. No hay duda de que estos van a luchar tesoneramente hasta el último esfuerzo para no perder sus cómodas posiciones. Sería trágico para el Ecuador que ellos ganen porque se perderá una oportunidad histórica.

Ya veremos en la próxima contienda electoral donde se ubicarán los protagonistas del sistema político para defender sus privilegios, así los reconoceremos de cuerpo presente. Asimismo, esperamos que también se hagan presente los defensores de la libertad económica y política que creen que es posible un Ecuador libre y próspero para lo cual hay que establecer las condiciones necesarias que permitan generar la riqueza que requiere el país.

Diferencias entre los sistemas monetarios de Argentina y Ecuador y sus implicaciones

El sistema de dolarización del Ecuador es diferente al sistema de convertibilidad de Argentina debido principalmente a que el sucre desapareció por completo y, en cambio, en Argentina se conservó el peso. Desde sus inicios el sistema de convertibilidad provocó dudas al respecto de la predisposición del gobierno para mantener su compromiso de entregar un dólar por cada peso emitido. Para entender mejor este tema se debe aclarar que la convertibilidad de Argentina no es un sistema ortodoxo de caja de conversión; es decir, el volumen total de pesos circulando en Argentina no estaba respaldado 100 % por reservas de dólares, la ley de convertibilidad permitía hasta un 20 % de respaldo con bonos del gobierno, y en circunstancias extraordinarias hasta un 33 %. Además, el Banco Central de Argentina nunca dejó de influenciar la cantidad de dinero a través de las operaciones de mercado abierto —repos, préstamos interbancarios—.

El Dr. Kurt Schuler1, refiriéndose a los sistemas monetarios implementados en el Ecuador y en la Argentina, señala que:

La diferencia clave es que Argentina no tenía un sistema completamente automático. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) simplemente no expandía o reducía la oferta de pesos de acuerdo con la demanda del público, como ocurre en una caja de conversión ortodoxa. [...] Como muestran las estadísticas (ver Gráfico 2), las reservas del BCRA durante el 2001 variaron de 193 a 82 por ciento. El comportamiento del BCRA hizo que la gente dudara sobre si el peso era realmente tan bueno como el dólar. [...] Las dudas se intensificaron a partir de las medidas que tomó Domingo Cavallo cuando fue nombrado Ministro de Economía en abril. Por ejemplo, Cavallo introdujo un tipo de cambio especial para las exportaciones. Un sistema dolarizado no tiene estos problemas porque no existe una moneda nacional separada que pueda usar el banco central como una herramienta para un errado manejo monetario. Bajo un sistema de caja de conversión ortodoxa la línea que muestra la relación entre las reservas y la base monetaria (ver Gráfico 2) sería una línea recta en el 100 %. Con la dolarización es similar: incrementos en dólares se traducen directamente en incrementos de las reservas del sistema bancario.

Gráfico 2. Reservas internacionales de Argentina


Elaborado por Dr. Kurt Schuler

Fuente: http://www.bcra.gov.ar/pdfs/estadistica/bas2001.xlw

Además de la incertidumbre monetaria debido a la falta de compromiso del gobierno —esto se reflejó en el diferencial entre tasas de interés sobre préstamos en dólares (5 %) y pesos (25 %)—, la crisis argentina se debe a que el proceso de reformas económicas y políticas, iniciado a principios de los 90, quedó incompleto. Así, tenemos que el gobierno se embarcó en una carga de endeudamiento cada vez mayor (de 34 % del PIB en 1991 a 52 % en 2001) una regulación excesiva que se demuestra en el hecho de que si bien se privatizó no se dio paso a la competencia, los monopolios estatales se convirtieron en monopolios privados, pero no se permitió que más empresas provean los mismos servicios. Además, el sector laboral es rígido y no se adapta a la demanda; las barreras al libre comercio prevalecen, el arancel externo común del Mercosur es del 14 % y el arancel para países que no integran el Mercosur alcanza el 35 %. Por último, la debilidad del estado de derecho y la excesiva burocracia (el gasto público creció 7 % en los últimos tres años y el PIB decreció 4 %) ha generado corrupción. El 82 % de los argentinos no confía en su sistema judicial.

La dolarización adoptada por el Ecuador es la mejor opción en el campo monetario porque presiona al gobierno a poner en orden sus finanzas públicas y, además, corta de raíz el riesgo de devaluación a que está sujeta la moneda nacional. Argentina siempre estuvo bajo el riesgo de devaluación con el sistema de convertibilidad. Ahora que se eliminó dicho sistema, la devaluación del peso era una consecuencia obvia.

Las tareas urgentes aún pendientes

Al cabo de dos años de su adopción, la dolarización ha significado una mayor libertad para los ecuatorianos porque ha eliminado algunas de las distorsiones ocasionadas por la política monetaria discrecional del Banco Central. Ha hecho posible la estabilidad monetaria y ha devuelto la confianza de los ecuatorianos en la moneda, mejoró su imagen en el exterior y se aprecia el esfuerzo realizado que se refleja en el aumento de la inversión en el país. Sin lugar a dudas, la estabilidad monetaria es necesaria pero no es suficiente para promover el crecimiento económico y solucionar los problemas socioeconómicos que afectan a la sociedad ecuatoriana. Para alcanzar este objetivo es importante tomar algunas decisiones importantes y reformas de políticas que se mencionan a continuación:

1. Hemos dicho que la dolarización es más que un nuevo régimen cambiario. La dolarización es un sistema monetario financiero con un enorme potencial para atraer flujos de capital al país, para lo cual se requiere la integración financiera con la banca internacional para que sirvan de intermediarios con el resto del mundo financiero. Para lograr este objetivo es importante eliminar cualquier restricción que pudiera existir y proporcionar los incentivos necesarios. La presencia de bancos extranjeros será beneficioso para el sistema financiero nacional, porque permitiría la competencia que finalmente redundaría en un mejor servicio a los ecuatorianos.

2. La dolarización no permite que el gobierno siga recurriendo a la emisión monetaria, causante de inflación a través del Banco Central para financiar el gasto público; por lo tanto, debe financiar el presupuesto mediante las recaudaciones de impuestos y el endeudamiento. Esta realidad debe forzar al gobierno a revisar el proceso de formulación del presupuesto fiscal para ajustar los gastos a las posibilidades del país. Desafortunadamente, los políticos ecuatorianos continúan inflando el presupuesto basado en supuestos de difícil sustentación con el fin de satisfacer demandas regionales y presiones políticas. El país ya no puede soportar más impuestos ya que están frenando la reactivación económica. Tampoco es deseable seguir endeudándose, por tanto, es imperioso reducir drásticamente el gasto público para de esta manera no repetir los errores del gobierno argentino que han conducido a la ruina de ese país.

3. Es importante una reforma tributaria y fiscal encaminada a reducir el peso de la carga tributaria y redefinir el rol del gobierno para proteger la libertad de los individuos, proporcionar seguridad jurídica y garantizar la propiedad privada en lugar de intervenir en la actividad económica del país.

4. Privatizar las empresas públicas monopolizadas por el gobierno, tales como telecomunicaciones, empresas eléctricas, petróleo y minas, puertos y aeropuertos, carreteras y otros servicios básicos, con el fin de atraer capitales para su modernización y mejorar su eficiencia. El Ecuador puede aprovechar la experiencia de privatizaciones realizadas en otros países para no repetir los errores cometidos, como han sido, traspasar los monopolios públicos a monopolios privados con lo cual no se han solucionado los problemas sino que han aumentado la corrupción. Si no se establece un marco de competencia en las privatizaciones es mejor postergar el proceso privatizador. Resistir las arremetidas del sindicalismo público y de aquellos que se benefician de los privilegios que reparte el Estado.

5. Apertura comercial mediante la eliminación de aranceles y otras medidas proteccionistas, y además la eliminación de las barreras y restricciones al comercio tanto de exportaciones como de importaciones. Estas reformas promoverán el crecimiento económico y beneficiarán a los consumidores.

6. Reformas laborales que flexibilicen la oferta y demanda para que el mercado determine el nivel salarial pero no los decretos del gobierno. Estas reformas nunca se realizaron en Argentina, agudizando el problema de desempleo.

7. Completar las reformas de la seguridad social para reducir el sistema de reparto y aumentar los asegurados al sistema de capitalización de las pensiones en busca de mayor bienestar para los pensionistas. Es importante separar el sistema de pensiones de otras prestaciones, incluyendo la salud para lograr el autofinanciamiento de cada servicio.

8. Revisar el rol del Banco Central en relación con el nuevo sistema monetariofinanciero adoptado con la dolarización. Al haber fracasado en cumplir con su mandato de mantener la estabilidad de la moneda y no siendo una entidad emisora cualquiera de las funciones que se quiera otorgar será forzada porque no se justifica. La distorsión que actualmente provoca con la fijación de las tasas de interés es contraproducente para la correcta correspondencia entre ahorro e inversión.

Al concluir este análisis debemos indicar que si bien estas recomendaciones son de orden macroeconómico en el sentido de proponer reformas a políticas gubernamentales, esto no implica que las mismas no tengan consecuencias microeconómicas. Por ejemplo, la apertura comercial al permitir el ingreso de otros empresarios y otros productos genera la competitividad, una mayor calidad y eficiencia de los empresarios. La reducción de la carga tributaria libera recursos hacia los consumidores y empresarios permitiéndole dirigir sus gastos e inversión hacia sus propios fines y generar actividades económicas no conocidas aún. Esta inyección de capital, que significaría el tener nuevas empresas, aumentaría la productividad de los trabajadores, lo que elevaría a su vez el salario real. La dolarización, considerada como un sistema monetario financiero, que marche de la mano con una sana política fiscal y respeto al orden jurídico, sienta las bases sobre las cuales se gesta el ambiente adecuado que hace posible a los individuos la libertad de innovar e implementar estrategias de negocios que promueven el desarrollo económico.

Capítulo 2
La decisión de dolarizar, desafíos e incertidumbres

Franklin López

Instituto Ecuatoriano de Economía Política, IEEP

notoriousa@yahoo.com

Por muchos años ha persistido —y aún persiste— la noción de que el gobierno puede adecuar (fine tune) la política fiscal —gasto y endeudamiento— y la política monetaria —expansión o contracción del dinero en circulación— para contrarrestar las fluctuaciones económicas; este escenario es lo que se enseña en la gran mayoría de las universidades y que se puede denominar como ortodoxia económica. Esta noción supone ciertas condiciones que son difíciles de llevar a cabo con éxito. Por ejemplo, se tiene que conocer si las actividades económicas, en su mayoría, están comenzando a expandirse o contraerse, pues en cualquier momento hay unos sectores que crecen y otros se contraen. También es necesario saber no solo el rumbo macroeconómico, sino también su magnitud de tal manera que la acción gubernamental no empeore o sobrevalore lo que se necesite para regresar a su cauce “normal” o de “equilibrio”; dos conceptos que, a pesar de expresar “buenos deseos”, son nebulosos y hasta equívocos. A estos problemas se suma un tercero y es la pretensión de utilizar tanto la política fiscal como la monetaria para impulsar el crecimiento económico y la redistribución del ingreso; dos políticas que bien podrían ser mutuamente exclusivas.

Ante esta problemática, muchos economistas sostienen que la política fiscal debe operar bajo unas ciertas reglas, por ejemplo, el endeudamiento no debe exceder el 40 % del Producto Interno Bruto (PIB) —como en el Ecuador— y que la política monetaria debe ser independiente de la política fiscal, en otras palabras, que no se recurra a la impresión de dinero para financiar el gasto del gobierno. La historia económica del Ecuador es una evidencia contundente de que estas reglas no se cumplen, aun cuando están incorporadas a la constitución —como en la de 1998—. En resumen:

1. Las políticas que recomiendan los economistas ortodoxos son de “pizarrón”, que tienen poco asidero en la realidad.

2. Los gobiernos ecuatorianos han hecho caso omiso de las recomendaciones de los economistas ortodoxos.

No faltan los detractores de la dolarización que, en su mayoría, son argumentos falaces tales como la pérdida de competitividad o de “soberanía monetaria”, y caen en explicaciones miopes, al sostener, por ejemplo: la dolarización estimula la exportación de commodities —como el petróleo— y que al perder la política monetaria, no se pueden tomar acciones para revertir la pérdida de ingresos cuando cae el precio de estos productos, cuando esta dependencia es un problema histórico, y cuando se devalúa; con base en esto se afirma que los beneficiados son los exportadores —un sector relativamente pequeño—, mientras se empobrece a toda la población. Incluso, llegan a sostener que al no poder devaluar, el gobierno tiene que recurrir al endeudamiento externo, cuando el problema no es no poder devaluar sino la falta de control y las políticas populistas que engrosan el gasto fiscal.

La perversidad de la inflación

La inflación se define como un aumento continuo y sostenido del índice de precios al consumidor (IPC). Entonces, surge la pregunta: ¿cuál es la raíz o causa de la inflación? El siguiente gráfico ilustra la relación que existe entre inflación y la cantidad de dinero en circulación.


Las dos curvas se superponen demostrando lo que Milton Friedman dijo un día: “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno esencialmente monetario”. El banco central es el ejecutor de la emisión monetaria y responsable directo de la subida de los precios de los productos que inciden en la canasta básica de consumo expresada por el índice de marras. Sí es así, ¿por qué el Banco Central no controla o impide el crecimiento del dinero en circulación? Porque los gobiernos tienen dificultad en subir los impuestos para financiar el gasto público y en su defecto recurren a la “maquinita” del banco central.

El primer efecto y el más pernicioso de la inflación es el deterioro de los ingresos denominados en sucres: sueldos, salarios, pensiones e intereses fijos. Por ejemplo, la mano de obra no calificada normalmente gana el sueldo mínimo, el cual se ajusta después de la subida de precios y casi siempre en menor proporción a la tasa de inflación. Las pensiones de los jubilados también son constantes.

El efecto del deterioro es más fuerte en los estratos de menores ingresos pues su capacidad para “defenderse” de la inflación es mucho menor que en los estratos más ricos. Estos convierten mucho más fácil y rápidamente sus balances a dólares, mientras que la capacidad de ahorro de los más pobres es virtualmente cero y todo su ingreso solo puede ser consumido. Este deterioro profundiza la brecha entre ricos y pobres, las clases medias bajas rápidamente y experimentan una disminución en su estándar de vida, aunque las clases medias altas pueden más o menos defenderse de la espiral inflacionaria, sobre todo si son empresarios y no son empleados o tienen poder para negociar aumentos de salarios.

Un segundo efecto nocivo de la inflación es la devaluación monetaria. El aumento de precios conlleva inexorablemente a que en los mercados internacionales el valor de la moneda en relación con otras monedas se reduzca. El dólar de los Estados Unidos es el referente del valor del sucre, el dinero ecuatoriano. El proceso inflacionario descrito en el gráfico también refleja el aumento del valor relativo del dólar frente al sucre, es decir, a una devaluación.

Pero la devaluación incita a los productores a defenderse aumentando los precios domésticos. Este aumento de precios lleva otra devaluación generando un ciclo vicioso inflación-devaluación-inflación.

En la medida de que los precios de productos exportables sean flexibles, pero los domésticos sean rígidos, los ajustes a la devaluación y a la inflación serán fluctuaciones en los niveles de producción; es decir, inestabilidad de la economía en general.

Una tercera consecuencia maligna es la imposibilidad de realizar cálculos económicos. Todo agente económico, en particular los empresarios, estiman sus costos y beneficios sobre la base de sus expectativas futuras. Una inflación continua no significa que sea constante, aumenta de una manera sostenida, pero sus aumentos fluctúan y cualquier cálculo económico se plaga de errores y cambios en los precios que acentúan la inestabilidad financiera. Ante la incertidumbre, los empresarios minimizan sus riesgos reduciendo la inversión y, consecuentemente, restringen y ralentizan el crecimiento de la economía.

¿Por qué dolarizar?

La falibilidad humana: las limitaciones al conocimiento de poder ejecutar políticas macroeconómicas que aminoren las fluctuaciones económicas y la dependencia de la emisión monetaria de las políticas fiscales conducen a un proceso inflacionario, frente al cual, los ciudadanos buscan defenderse acumulando la moneda fuerte. En nuestro caso, los ecuatorianos ante el deterioro del valor del sucre se refugiaban adquiriendo dólares estadounidenses, un proceso de dolarización informal. Este consiste en mantener ahorros en el exterior o en el “colchónbank” —expresión para explicar que se mantienen los billetes dólares fuera de circulación—, expansión de cuentas bancarias denominadas en dólares y cotización de bienes y servicios en las dos monedas. Así, automóviles, alquileres electrodomésticos, inclusive precios de bajo costo se valoraban en dólares —como se ilustra en el gráfico—. En menos de diez años, el Ecuador llegó a ser una economía altamente dolarizada, habiéndose acentuado la tendencia a partir de 1995, para muchos el año de inicio de la crisis de 1999. Se debe advertir que estas cifras no incluían el monto de billetes dólares (“colchónbank”) que circulaban en el país ni los depósitos en banca ecuatoriana offshore. Según Zalles, los depósitos en dólares del sistema financiero ecuatoriano, a mediados de 1999, incluyendo los bancos offshore representaron un 60 % del total de los pasivos existentes en el país.

Consecuencias de la dolarización informal

Los ciudadanos de un país utilizan una moneda extranjera, como el dólar, para protegerse del riesgo cambiario que se corre por poseer una moneda local con un historial de devaluación continua y ascendente, como ocurrió con el sucre ecuatoriano en 1999. Esta acción individual tuvo consecuencias graves sobre la economía en general.

En primer lugar, con el afán de protegerse de la devaluación, los ciudadanos, en la medida de lo posible, convierten lo que pueden a dólares. Luego del feriado bancario, el temor a la banca hizo que esa adquisición de dólares no fuera depositada en los bancos locales, una parte fugó hacia la banca extranjera y otra parte al colchónbank, esto desestabilizó el sector financiero, dificultando las medidas del Banco Central para estabilizar la economía.


Cuando los agentes económicos incrementan los precios en anticipación de la emisión monetaria y la inflación, el país cae en el círculo vicioso devaluación-inflación-devaluación y en una espiral inflacionaria con tasas de aumento de precios cada vez mayores. Los “inversionistas” se vuelven “especuladores”. A quienes hubieran corrido el riesgo de una inversión productiva se les hace más fácil correr el riesgo de especular.

¿Por qué dolarizar oficialmente?

Ante estos antecedentes, el mejor remedio para no sufrir los estragos del proceso inflación-devaluación-inflación es una dolarización oficial. Pero su adopción oficial no fue fácil. Hubo una gran campaña a su favor desplegada por el Instituto Ecuatoriano de Economía Política, liderada por Dora de Ampuero; un Foro Económico de más de 20 economistas liderado por Joyce de Ginatta. La decisión, tomada en enero del 2000, tuvo un gran costo político pues fue el pretexto para la remoción del presidente Jamil Mahuad. Se le acusó de haberse acogido a la dolarización como a una “tabla de salvación” ante la enorme crisis económica que vivía el país. Sin embargo, su ministro de finanzas, Alfredo Arízaga, afirma que no fue una decisión política sino económica. El nuevo presidente, Gustavo Noboa, tuvo la entereza de continuarla.

En primer lugar, y razón primordial fue la reducción de la inflación, lo cual trajo consigo varias ventajas ancilares que la hicieron atractiva para mejorar las condiciones económicas de un país y el bienestar de sus ciudadanos. Es importante anotar estas dos premisas, porque la dolarización no es panacea para enrumbar un país hacia un desarrollo sostenido. Para ello se necesitan otras condiciones como el equilibrio en los presupuestos fiscales, un marco institucional de defensa de los derechos individuales, flexibilidad laboral y otros.

Los beneficios ancilares se realizan a plazos más largos, por ejemplo: obligan a los gobernantes a disciplinarse; desnudan o revelan problemas estructurales de la economía con lo cual se impulsa a las sociedades a cambiar sus estructuras, y se particularizan los shocks externos.

Es más, para que cumpla la totalidad de su papel, la dolarización requiere de cambios esenciales para su desempeño:

a. La integración financiera necesaria para contrarrestar las fluctuaciones macroeconómicas, como se explica más adelante

b. La eliminación del Banco Central, necesaria para remover la tentación de usarlo como “caja chica” del gobierno y como mecanismo de desdolarización.

El control de la inflación

La mejor manera de entender cómo opera una economía oficialmente dolarizada es imaginarse la situación económica en dos Estados de los Estados Unidos, inclusive se puede pensar en lo que pasa en dos provincias de un mismo país. Panamá, Puerto Rico, que son culturalmente diferentes a los Estados Unidos, tienen la misma relación monetaria que existe entre California y Nueva York. Del mismo modo, monetariamente no hay diferencias entre Tulcán, Loja, San Cristóbal en las Galápagos, o Francisco de Orellana en el Oriente. En cada una de estas regiones la “oferta monetaria”, es decir, la cantidad de sucres que circula depende de la cantidad de bienes y servicios que se importan o se exportan de la región. Ninguna región tiene “poder de discreción independiente” para alterar el monto de dinero. Este depende estrictamente del flujo monetario que entra o sale de la región, o lo que internacionalmente se conoce como la balanza de pagos. Esta, a su vez, depende de la demanda de dinero de los ciudadanos. Si los residentes de Tulcán desean disponer de más dinero tienen que producir más, o vender más, o ahorrar más, o buscar préstamos de otras regiones o atraer capitales para que inviertan en su ciudad. Por consiguiente, los desequilibrios económicos que se producen en una región se ajustan automáticamente a través de los flujos monetarios que entran o salen de la región, lo cual altera los precios relativos de sus productos, de sus bienes raíces,de sus servicios, etc.

Una economía dolarizada se comporta exactamente igual. Cuando se produce un desequilibrio con el exterior, no se puede alterar la tasa de cambio, pero se dispone de otras maneras de “ajustar” la economía, a saber: flujos de capital, cambios en el gasto fiscal, cambios en los precios de los bienes o servicios que produce el país y también cambios en los salarios nominales de los trabajadores en los sectores o industrias que recibieron el shock externo.

Fortifica el derecho a la propiedad privada

El dinero es la propiedad privada más generalizada. La inflación es un impuesto oculto, por tanto, en la medida que las autoridades monetarias alteran el valor del dinero, violan los derechos de los ciudadanos. En una democracia, toda tributación debería ir acompañada de una correspondiente representación, pero en el caso de la inflación, las autoridades monetarias están obrando sin el consentimiento y hasta sin el conocimiento de la población. La dolarización fortalece el control de los recursos por parte de los ciudadanos, porque el dinero representa el esfuerzo, los frutos del trabajo de los individuos y de las empresas. El dinero no es propiedad del Estado, la reserva monetaria internacional no es ni debe ser propiedad del Banco Central.

En la dolarización, como tiene que ser, las reservas pasan a ser parte del patrimonio de los individuos. Los ciudadanos, entonces, tienen la capacidad de disponer de esa propiedad como más les convenga. Este derecho es un derecho natural inviolable e inalienable, derecho que solo puede disfrutarse a plenitud cuando los individuos pueden controlar el valor de su dinero. Y es precisamente lo que se pretende con un sistema como la dolarización, ya que las reservas no son manejadas por nadie sino por cada ciudadano en particular.

Se protege a los más vulnerables y las clases más pobres

Es importante insistir en los beneficios sociales de la dolarización. El control de la inflación recupera el poder adquisitivo de los estratos medios y más pobres de la población, porque sus ingresos no les permiten “defenderse” del alza de los precios. No así a los estratos más altos quienes lo pueden hacer mediante la adquisición de bienes que también suben de precio durante un proceso inflacionario como son los bienes raíces “casas renteras”, oro, piedras preciosas, obras de arte, hasta estampillas.

Se “iguala” la tasa de inflación con la de los Estados Unidos

En la medida que existe libre movimiento de mercaderías y de personas, los precios entre las regiones —aparte de los costos de transporte— tienden a unificarse. Los economistas llaman ‘arbitraje’ al proceso por el cual cuando el precio de un producto es mayor en una región o ciudad que en otras, hay agentes económicos que, al darse cuenta de la disparidad, compran donde está barato y venden donde está caro. Esto tiende a igualar los precios en todas partes. Por ello, la tasa de inflación en Tulcán no es muy diferente de la tasa de inflación en Machala, porque en ambas ciudades se usaba el sucre. Consecuentemente, cuando una economía se dolariza, la tasa de inflación tiende a igualarse a la de los Estados Unidos; si se utilizara el marco alemán la inflación tendería a ser igual que la de Alemania. Pero esto ocurriría, como dijimos, al precio, si hubiera libre movilidad de bienes y personas además de flujos financieros.

En realidad, en ningún momento, se va a observar igualdad en la tasa de inflación. Pero sí se puede observar una tendencia en ese sentido. La explicación radica en que:

1. Muchos de los productos no son intercambiables, como los bienes raíces, uno de los precios que más incide en el índice de precios al consumidor.

2. La política fiscal es un factor determinante sobre el nivel de los precios, por ejemplo, el gasto público financiado con deuda estimula las importaciones lo cual provoca un aumento doméstico de esos precios, contrariamente, políticas restrictivas —como salvaguardias— causan reducción de los precios, por eso se ha observado tasas de inflación negativas.

3. Los precios no son lo suficientemente flexibles, sobre todo, son bastante rígidos, como el salario mínimo.

Además los costos de transporte, los aranceles o los impuestos causan disparidades. Por ejemplo, si la productividad de la mano de obra aumenta, el ahorro y la inversión crecen, el país acelera su crecimiento, aumentan los precios de los bienes raíces —reflejando el hecho que una economía que prospera, ciertos bienes se vuelven más valiosos—. Esto hace que la tasa de inflación doméstica sea diferente de la tasa del país cuya moneda se utiliza. Esto no tiene nada de particular, sucede también en distintas regiones dentro de un mismo país. Se reduce el diferencial entre las tasas de interés domésticas y las internacionales.

El uso de una moneda común debería igualar las tasas de interés de los países en cuestión. Eso ocurre, por ejemplo, en los países europeos de la Zona Euro, puesto que se elimina el riesgo cambiario y el componente de expectativas inflacionarias, la tasa “nominal” de interés sería también la tasa “real” de interés. Es posible que debido a la escasez de capitales, a la deficiente productividad doméstica y, más que nada, a la inseguridad jurídica (lo que se conoce como el riesgo país), la tasa de interés local no llegue a igualarse con la tasa internacional. No obstante, en el sistema actual también existe este diferencial, pero está encubierto por los factores cambiarios e inflacionarios, lo cual dificulta saber con exactitud cuál es el riesgo atribuido a las condiciones económicas, políticas o jurídicas. La dolarización revelaría la magnitud de este riesgo y forzaría a los estamentos sociales y políticos a buscar reformas que lo disminuyan.

Se estabiliza la economía en general

El segundo gran beneficio de la dolarización es la estabilidad macroeconómica. Una economía no puede despegar si no se reducen las fluctuaciones económicas. Como hemos indicado antes, la ortodoxia económica recomienda el uso de políticas fiscales y monetarias para contrarrestarlos. Desafortunadamente, estas recomendaciones se topan con la inhabilidad de las autoridades económicas de no conocer cuándo ni cómo se las debe aplicar; particularmente, en una economía tan frágil como la ecuatoriana que por su tamaño es muy vulnerable a los shocks externos.

Teóricamente, las tasas de cambio flexibles —flotación de la moneda— permiten que se ajusten los precios relativos de los productos intercambiados. Pero hay un efecto retroalimentador que en lugar de reducir la variabilidad de la economía la empeora, que es el ciclo perverso: inflación-devaluación-inflación. Por ejemplo, supongamos una caída de los precios de productos exportables importantes —como el banano, en el Ecuador— originaría una devaluación de la moneda para compensar la pérdida de los exportadores, pero estos también buscan compensarse subiendo los precios domésticos. Este encarecimiento conlleva otra devaluación y como compensación suben los precios con la consabida inflación, este aumento de los precios lleva a más devaluación, así sucesivamente; este círculo vicioso solo se lo puede controlar con una contracción monetaria —para evitar la inflación— que resulta inexorablemente en un contracción de la economía en general. En una economía dolarizada, la caída de los precios de productos de exportación también resultan en una contracción económica —en la medida que los precios domésticos son rígidos— pero sin los efectos retroalimentadores del círculo vicioso. La dolarización revela que la competitividad no es una función de la tasa de cambio.

Los resultados empíricos han demostrado que, contrariamente a lo que se cree, la flexibilidad monetaria no ha aislado a las economías latinoamericanas de los shocks externos ni de las variaciones en las tasas internacionales de interés. La teoría convencional también sostiene que una depreciación puede ser buena para la elaboración de productos exportables, pues mantendría una tasa “competitiva” de cambio real. La depreciación, como habíamos indicado, reduce los salarios reales y las importaciones. Pero este efecto es transitorio. La competitividad, a la larga, no es una función de la tasa de cambio, depende de factores reales, como los costos de producción: costos de combustibles, costos de insumo, costos laborales; de los costos de transacción: tramitología, técnicas de mercadeo, facilidades institucionales; es decir, de una gama de factores que poco o nada tienen que ver con la tasa de cambio.

Se particularizan los efectos de los shocks externos

Supongamos que el precio de las flores ecuatorianas cae en el mercado internacional. Es importante añadir que el ajuste se particulariza al sector floricultor. Sabemos que este shock externo, reduce el ingreso de los floricultores y se produce un déficit en la balanza de pagos. En el modelo discrecional, se devalúa la moneda, lo cual recompensa a los floricultores de sus pérdidas, pero el costo se traspasa a todos los consumidores; en otras palabras, al ser afectada toda la economía pagan aun aquéllos que no tienen por qué. Por otro lado, también hay que recordar que la teoría económica dice que si aumentara el precio de las flores, la moneda debería revaluarse con lo cual se beneficiaría toda la sociedad, pero, como es costumbre en nuestros países, esto rara vez sucede, lo cual implica que solo los exportadores se benefician. Estos fenómenos asimétricos se conocen popularmente como socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias.

En una economía dolarizada, como no se puede devaluar, el shock exógeno lo absorbe la industria afectada, no la economía en general. El ajuste se llevará a cabo reestructurando la producción de flores, disminuyendo costos de producción, renegociando los sueldos o salarios de los trabajadores, refinanciando préstamos, etc. Hay que recalcar que lo importante es que el ajuste no lo hace, ni tiene por qué hacerlo, toda la economía en general, sino que lo hace, y debe hacerlo, únicamente el sector afectado.

Permite el cálculo económico

Como indicamos anteriormente, las decisiones de inversión se hacen sobre estimaciones del futuro de la economía. La estabilidad monetaria permite —en buen grado, porque ningún pronóstico es 100 % cierto— que se tomen decisiones con riesgos calculados sobre los futuros flujos de ingresos y costos.

Se descubre la raíz de otros problemas estructurales

Una tercera clase de beneficios tiene que ver con la apertura y transparencia que se logran con una economía dolarizada. Además de que la dolarización particulariza los efectos de los shocks externos, como lo explicamos anteriormente, es una de las mejores formas de sincerar la economía. Las devaluaciones y la inflación son medidas que encubren estructuras defectuosas tanto en las instituciones como en la asignación de recursos.

Se estimula el desarrollo y la diversificación de las exportaciones

Es común afirmar que una devaluación favorece las exportaciones pues con ella se logra un mayor ingreso en moneda local. Este efecto, sin embargo, es pasajero y obnubila a los agentes económicos, entrampándolos en prácticas ineficaces e ineficientes de producción y administración de recursos.

Si cada vez que se produce una reducción del precio del producto exportado o cada vez que hay una disminución internacional de la demanda, el gobierno sale al rescate con una devaluación se crea lo que los economistas conocen como peligro moral. Esto significa que los productores de bienes exportables no responden a las fuerzas del mercado como debieran hacerlo. Si cae la demanda o bajan los precios, la teoría y práctica económica aconsejan una reestructuración de los recursos, los productores de bienes exportables, como todo productor ante estas circunstancias, deben reducir sus costos, pensar en una reingeniería en su producción, reformar sus cuadros administrativos, desarrollar nuevos productos, investigar y buscar nuevos mercados, etc. La devaluación es una venda que alivia pasajeramente el dolor, pero que a larga fomenta incompetencia reduciendo la competitividad de los productos exportables, a la vez que se perpetúan los mismos procesos y productos de siempre, por lo cual no se diversifican ni tecnifican las exportaciones.

La inflación encubre la inflexibilidad laboral

El salario real, es decir, el poder adquisitivo del salario se mueve en dirección inversa a la inflación. La inflexibilidad en los mercados laborales se “flexibiliza” mediante este mecanismo. Cuando se produce una recesión, la inflación reduce los costos laborales permitiendo a las empresas capear el temporal. Nuevamente, esta medida es un espejismo que evita la resolución del problema estructural de desempleo. La raíz de la desocupación estriba en la rigidez del mercado causada por las leyes laborales. El Código Laboral y otras reglas institucionales, algunas de ellas inclusive consagradas en la Constitución, favorecen a los que ya tienen empleo, pero perjudican a los que no lo tienen o los que lo pierden por las fluctuaciones económicas.

Los empresarios aceptan esta medida transitoria pues no tienen que enfrentarse a la reestructuración de sus empresas. Los políticos no tienen que enfrentarse a los costos que significa rediseñar nuevas políticas laborales. Los más beneficiados son los dirigentes sindicales los cuales aprovechan la coyuntura inflacionaria para reclamar aumento de sueldos sin tener que preocuparse de los niveles de productividad que justificarían ese aumento. Consecuentemente, los procesos inflacionarios esconden la necesidad de mejorar la productividad laboral, perpetúan el círculo vicioso: inflación-costos laborales-inflación; mientras que el desempleo continúa en aumento pues los altos costos laborales y la falta de conexión entre productividad y salario no incentivan la creación de nuevas fuentes de trabajo.

La dolarización revela estos problemas laborales y obliga a la sociedad a buscar soluciones al problema del desempleo estructural. Como anotaremos más adelante, no hay relación entre desempleo y modelo monetario. Es decir, la dolarización no mejora ni empeora la situación ocupacional, pero sí permite el análisis y la observación de las causas y raíces del desempleo y de la desocupación.

Disciplina el gasto fiscal y blinda a la economía de las crisis fiscales

La falta de inversión es una de las razones por las cuales un país no crece a un ritmo sostenido. Los déficits presupuestarios fiscales reducen el ahorro interno y desplazan el ahorro privado hacia operaciones especulativas no productivas. Como el gobierno no puede emitir dinero, la corrección del déficit fiscal solo se puede hacer mediante préstamos o impuestos. Los préstamos del exterior, en la actualidad, imponen condiciones de disciplina fiscal. Además, la tributación tiene un costo político que los gobernantes deben enfrentar.

Esto obliga no solo a equilibrar las cuentas fiscales, sino también a que el gasto sea de mejor calidad —de mayor rendimiento social—. Los pueblos se resisten a pagar impuestos cuando observan o perciben que sus dineros se derrochan o se malversan. Por ello, buscan que se mejore el sistema de rendición de cuentas, lo cual hace que, a la larga, la corrupción disminuya y se mejore el ethos de la sociedad.

Uno de los males que sufren las economías en desarrollo es la inestabilidad producida por las crisis políticas. La dolarización desnuda los atropellos que cometen los gobernantes, unos por inoperancia, otros por mala fe. Como dice Gabriela Calderón de Burgos: “Viene a ser como una isla de Estado de derecho en medio de un océano de disparates políticos y económicos”.

Se reducen algunos costos de transacción

Cuando se dolariza, se eliminan las transacciones de compra y venta de moneda extranjera. El diferencial entre el precio de compra y de venta es un ahorro para toda la sociedad porque la intermediación, sobre todo la especulativa, que aprovecha los cambios en la valoración de la moneda no es socialmente productiva, aunque sí lo es para contados miembros de la sociedad.

Otro ahorro es la eliminación de doble facturación, doble contabilidad y otras operaciones que deben realizar las empresas con actividades internacionales. Aún más, muchas de las operaciones de defensa contra posibles devaluaciones desaparecerían, lo cual facilitaría la inversión y el comercio internacional. Esto también ocurriría con los bancos que no necesitarían un cojín para cubrir el riesgo cambiario, lo cual les permitiría reducir el nivel de reservas y, por consiguiente, el costo de oportunidad asociado con la liquidez de la cartera.

Condición indispensable: la integración financiera

Finalmente, debido a la reducción de los costos cambiarios y otros costos de transacción, se crean los incentivos para que una economía pequeña como la ecuatoriana partícipe de los flujos de capital del mundo globalizado actual. Para lograrlo, además de la dolarización, se debe también permitir y facilitar el ingreso de instituciones financieras internacionales, en libre competencia con la banca local. De esta manera, tanto los activos como los pasivos financieros pasen a ser parte de una fuente gigante de liquidez y de fondos. Consecuentemente, el origen o el destino de los préstamos o de los depósitos tienen poca importancia, pues no están ligados a los fondos locales.

Una economía dolarizada incentiva la presencia de grandes bancos internacionales y pronto se establecerían centros financieros —como ha sucedido en Panamá o en las Bahamas— que permite el flujo de capitales de tal manera que cualquier shock externo es contrarrestado por esta integración financiera con el resto del mundo. Es decir, si la balanza de pagos entra en déficit, la brecha la cubre un ingreso de capitales del exterior, cuando hay un superávit, el exceso se presta al exterior. En resumen, la integración financiera elimina las crisis de la balanza-depagos. Aún más, como estos ajustes son automáticos dejan de justificarse las racionalizaciones para controlar el flujo de capitales u otras medidas al efecto que distorsionan las transacciones internacionales.

Además de incrementar la estabilidad macroeconómica, la integración financiera mejora la calidad del sistema financiero, pues permite a los depositantes y ahorristas la opción de escoger entre bancos e instituciones financieras de prestigio internacional. Esta competencia obliga a la banca local a mejorar sus condiciones de operación. Las casas matrices de los bancos internacionales se convierten en prestamistas de última instancia, operación que actualmente está a cargo del Banco Central.

Lastimosamente, se acusa a la dolarización de ser una camisa de fuerza frente a factores externos. En particular, a una dependencia de los vaivenes de la economía de los Estados Unidos. Sin embargo, se soslaya que la dolarización exige un mercado laboral flexible y moderno, la libre circulación de capitales y unas finanzas públicas sanas con ahorros a fin de evitar impactos adversos de shocks, sobre todo de origen externo. Estos requisitos, entre otros, no se han cumplido, lo que debilita el régimen cambiario de la dolarización.

Condición indispensable: eliminación del Banco Central

Un banco central típico es emisor de moneda, depositario del encaje bancario —las reservas de la banca para cubrir retiro de sus depósitos— y prestamista de última instancia. Si se pretende mantener estas dos últimas funciones, puede ser una tentación enorme para que los gobernantes echen mano a los fondos allí depositados. Por ejemplo, extraer dinero a cambio de “papeles” (bonos) fiscales o simplemente apropiarse del dinero.

Al eliminarlo se fortalece la regulación bancaria, los bancos mantienen el encaje en bancos del exterior, las cuentas del gobierno, de los municipios y otros gobiernos seccionales se mantienen en el sector privado. Como dijimos hace poco, la banca extranjera se convierte en prestamista de última instancia. Esto elimina la tentación de “meterle mano” a los bolsillos de los depósitos bancarios, pues de estos no son dueños los bancos sino los depositantes y ahorristas.

Los costos sociales de la dolarización

Hasta aquí se podría dar la impresión de que la dolarización es una panacea para los males de un país. No es así. Existen también costos sociales que no se pueden soslayar. No obstante, se debe hacer hincapié en que estos costos son mucho menores que los beneficios de la dolarización.

El costo de la pérdida de señoreaje

El señoreaje es la diferencia que existe entre el costo intrínseco del papel más su impresión como billetes y el poder adquisitivo del mismo. El reemplazo de la moneda local implica la adquisición de dólares en billetes. Estos dólares tienen un poder adquisitivo en bienes y servicios, pero al ser utilizados como medios de pago se pierde la oportunidad de adquirir mercaderías u otros haberes. Según el economista Stanley Fischer, este costo en el peor de los casos es la reserva monetaria internacional dividida para el PIB —en el Ecuador aproximadamente el 7,5 %—, debemos recordar que ya se había incurrido en ese costo. Como la reserva monetaria internacional ya se había acumulado, la pérdida de poder adquisitivo es un costo ya realizado, no es un costo adicional que debe hacer el país. Por ello, el mismo Fischer aconseja que el costo se debería medir como el flujo anual que se dejaría de recibir por utilizar el dólar como medio de pago.

En este caso, el costo sería el ingreso que dejaría de recibir el banco central porque las reservas internacionales normalmente están colocadas en instrumentos financieros que perciben una tasa de interés. En el Ecuador, con una reserva productiva —porque no toda la reserva gana intereses— de 800 millones, el señoreaje podría haber llegado a 37,5 millones de dólares por año o un 0,23 % del PIB.

No obstante, se debe advertir que el diferencial entre las tasas de interés que existe debido estrictamente al riesgo cambiario es un costo social mucho más alto que la pérdida de señoreaje.

Otros costos

Hay economistas que califican a la dolarización como un “desastre”, particularmente, porque la tasa de cambio a la que se la realizó fue altísima. Muchos ahorristas, pensionados y otros perdieron a esa tasa. Lo que se ignora es que las pérdidas de poder adquisitivo no se debieron a la dolarización, sino a las condiciones económicas —esas sí “desastrosas”— que prevalecían en 1999.

También se deben considerar los costos de transformar las cuentas bancarias, las cajas registradoras o los sistemas contables, inclusive se podría pensar como un costo, el tiempo que lleve a la población a aprender a utilizar el dólar en lugar del sucre. Pero estos son costos menores, en verdad, intrascendentes en términos de costos sociales.

El desempeño de la dolarización en el Ecuador

Después de 21 años de haberse adoptado el dólar estadounidense es posible estudiar si los resultados experimentados en estos años se ajustan a los argüidos teóricamente —como los expuestos en el presente artículo—, aunque dejo para otros autores las observaciones estadísticas.

En general, la razón primordial esgrimida para la dolarización fue el control de la inflación. La segunda razón fue la estabilidad macroeconómica. Una tercera, la revelación de males estructurales. Y varios otros, entre ellos, la instauración de otros incentivos que facilitan el aumento del volumen de comercio internacional y la inversión extranjera.

Los beneficios de la estabilidad de precios

Una búsqueda en Google: dolarización en Ecuador entrega alrededor de 1.700.000 resultados. En el portal www.academia.edu —una página web para encontrar artículos de investigadores académicos— hay 3315 en los que la palabra “dolarización y Ecuador” aparece en el título, 4152 resultados cuando va incluida en los textos, 344 artículos en revistas y 122 libros. Me atrevo a afirmar en que en todos ellos se acepta que la dolarización en el Ecuador cumplió su papel principal: derrotar la inflación. Aunque, como explicamos anteriormente, las tasas de inflación en relación con las de los Estados Unidos no fueron iguales, ni las tasas de interés hayan coincidido, precisamente porque el excesivo gasto fiscal estimuló la demanda, se impusieron salvaguardias, hubo cambios frecuentes a la sistema tributario, el excesivo endeudamiento incrementó el riesgo país, la administración de Correa monetizó fondos del BCE —más de 4 mil millones— y la falta de integración financiera hizo que la banca opere como un oligopolio.

El apoyo de los ecuatorianos la hizo irreversible

La prueba más fehaciente de su desempeño es el apoyo de la población a mantener el dólar como la moneda del país. Según una encuesta que se realizó en el país sobre el tema, que data de 2015, un 85 % de los ecuatorianos no quiere regresar a una moneda local, apunta Susana Herrera: “Quizás el evento económico que más nos une a todos los ecuatorianos independientemente de nuestra condición económica, social, etnia, género es precisamente esa pasión por la dolarización, que cuesta tanto entender desde fuera y la principal razón para esta oda a este fenómeno económico es la desconfianza que hay hacia las propias instituciones ecuatorianas. Por ello, no necesita apoyo de los políticos —diríamos que se defiende sola— y cualquier medida que tenga como propuesta desdolarizar se topa con un costo político inconmensurable”.

Rafael Correa, desde su posición de profesor universitario, fue un denostado opositor a la dolarización. Ya de presidente, ante la caída de los precios del petróleo deploraba no tener moneda propia, intentó crear una moneda electrónica. No pasó del intento. Un grafiti en Ambato ilustra el tema: “Chao dólar, chao Correa”.

El apoyo popular a una moneda fuerte no debería llamar la atención pues es un fenómeno normal. Cuando se pretende hacerlo, los ciudadanos inmediatamente retiran sus depósitos bancarios —creando una gran precariedad financiera—, los que pueden las llevan al exterior, otros a esconderlos en el colchónbank. En Grecia, cada vez que se mencionaba en serio que saldría de la zona del euro, había una corrida bancaria y fuga de capitales. Ante lo cual, a las autoridades no les quedaba sino dar pie atrás.

El fortalecimiento del derecho a la propiedad

Más allá de la estabilidad monetaria, según Pablo Lucio Paredes, el gran beneficio fue la equidad:

La dolarización cambió a que todos los grupos sociales estén cubiertos por el mismo paraguas monetario —lo cual no significa que los pobres dejen de serlo solo por razones monetarias—. Uno de los mayores males sociales de las economías con moneda propia es que los pobres están cubiertos por un paraguas monetario de muy mala calidad, mientras los grupos de mayores recursos se cubren con un paraguas en moneda extranjera, que no solo les protege, sino que en muchos casos les genera ganancias relativas adicionales.

Las devaluaciones constituyen violaciones al principio de soberanía individual sobre su propiedad privada. El apoyo de la población demuestra claramente que el dinero es un factor de libertad. Una moneda dura provee a los ciudadanos de dominio sobre sus propios recursos. Una moneda “suave”, como lo fue el sucre, permitía que una clase económica se aprovechara de las devaluaciones, los ricos podían colocar sus ahorros en dólares, no así la clase media. Cuando un gobierno tiene la opción de devaluar es equivalente a despojar a los ciudadanos de su poder de compra y sus derechos a la propiedad son confiscados de una manera arbitraria. En otras palabras: el gobierno mete la mano en los bolsillos, la dolarización blinda a los ciudadanos de esta arbitrariedad.

La idea de “soberanía”, trivializada por la izquierda, es ubicua en las élites políticas. La “pérdida” de la moneda se supone implica pérdida de soberanía; lastimosamente, esta noción es contradictoria a la que a la soberanía que adquiere el ciudadano sobre la moneda de la cual es dueño y no el gobierno o el banco central.

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9789978682135
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