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Adolfo Miguel Zonis

EL PRIMER MODELO DE APARATO PSÍQUICO

Proyecto de psicología de S. Freud, 1895

PRIMERA EDICIÓN


Índice

  Cubierta

  Portada

  Dedicatoria

  Presentación

  A manera de prólogo

  1 Introducción

  Clave de las abreviaturas utilizadas en el «Proyecto de psicología»

  2 parte I. Plan general 3 [1.] Primera proposición principal. La Concepción Cuantitativa 4 [2.] Segunda proposición principal: la teoría de las neuronas 5 [3.] Las barreras-contacto 6 [4.]. El punto de vista biológico 7 [5.] El problema de la cantidad 8 [6.] El dolor 9 [7.] El problema de la cualidad 10 [8.] La conciencia 11 [9.] El funcionamiento del aparato 12 [10.] Las conducciones ψ 13 [11.] La vivencia de satisfacción 14 [12.] La vivencia de dolor 15 [13.] Afectos y estados de deseo 16 [14.] Introducción del «yo» 17 [15.] Proceso primario y secundario en ψ 18 [16.] [17.] [18.] 19 [19.] Procesos primarios - Dormir y sueños 20 [20.] El análisis de los sueños 21 [21.] La conciencia del sueño

  Parte II. Psicopatología Psicopatología de la histeria [1.] La compulsión histérica: [2.] La génesis de la compulsión histérica [3.] La defensa patológica [4.] La proton pseudos histérica [5.] Condiciones predisponentes [6.] Perturbación del pensar por el afecto

  Parte III. Intento de figurar los procesos ψ normales [1.] Atención [2.] La teoría del pensamiento 1.Pensamiento práctico 2. Pensamiento teórico

  Referencias bibliográficas

  Sobre Adolfo Miguel Zonis

  Sobre este libro

  Sobre el autor

  Créditos

Dedico mi primer libro:

A mis queridos padres, que con amor y mucho respeto han compartido y respaldado cada una de las decisiones que desde muy temprano he tenido que tomar en mi vida.

A mi hermana y mejor amiga Marta Alicia, fuente inagotable de amor y solidaridad.

A mi querida esposa Silvia, compañera incondicional en mis últimos 53 años, que junto a nuestros hijos Luciana, Diego y Leticia, Leandro y Paula, y los adorables nietos Sofía, Martín, Malena y Eugenia constituyen lo más valioso de nuestra vida.

A mis primos y sobrinos con los que compartimos el cariño heredado de las generaciones anteriores y que supimos cultivar con inigualable sentido del humor.

A mis suegros Mario y Margarita, que suplieron la ausencia geográfica de mis padres y me albergaron cálidamente durante la dificultosa integración en mis primeros años en Buenos Aires.

A mis cuñados y consuegros con los que disfrutamos el privilegio de una respetuosa y afectiva familia ampliada.

A mis queridos amigos, con los que hemos compartido lo mejor y lo peor de nuestras vidas, siempre presentes y solidarios, algunos con intercambios más frecuentes y otros que, aun a la distancia, sabemos que estamos profundamente ligados.

A mis maestros, especialmente a Ricardo Avenburg, con gratitud y el dolor de no poder pedirle que presente este libro.

A mis condiscípulos, alumnos y pacientes que le dan sentido a nuestra profesión.

Al Policlínico Evita de Lanús, que me ayudó a consolidar mi vocación en el área de la Salud Mental, en especial al querido jefe Valentín Baremblit, modelo de identificación trascendente por su ética inquebrantable y su enorme generosidad.

A la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires que me posibilitó adquirir mi identidad analítica y me permite sostenerla en nuestros permanentes intercambios.

Al pueblo de Morteros (Córdoba) donde están mis raíces.

Todos ellos integran la constelación afectiva que me constituye y acompaña en esta hermosa experiencia de vivir y que me ha permitido enfrentar con templanza y humor las adversidades que he encontrado en mi camino.

Presentación

Los amigos suelen marcar nuestra vida. No puedo pensar la mía sin la presencia de Adolfo, con quien nos acompañamos desde hace muchos años, desde cuando éramos estudiantes de Medicina en Rosario, más precisamente cuando nos plantamos en una larga huelga intentando resistir a la intervención militar de la Facultad, durante el gobierno de Onganía. Allí, entre fogosas discusiones, nos conocimos más y luego, juntos, migramos a Buenos Aires para terminar la carrera. Nos recibimos y al poco tiempo volvimos a encontrarnos en el Policlínico Lanús, en la Residencia de Psicopatología, haciendo las primeras letras con los maestros Goldenberg y Barenblit.

Adolfo siempre estuvo fascinado por Freud, vocación que casi seguramente había “heredado” de su padre, culto médico cardiólogo que, en su pueblo natal, Morteros, en la provincia de Córdoba, se había convertido en una gran lector y entusiasta del psicoanálisis. Asimismo, la dulce dedicación de su madre, Dora, agregó el sostén emocional para apoyarse al comenzar su carrera como profesional de la salud.

En Buenos Aires, nuestra segunda casa fue APdeBA. Allí continuamos estudiando psicoanálisis y la obra de Freud en profundidad, que ya habíamos investigado previamente de la mano de Carpinacci, Apter, Dematine, Avenburg. Luego de esta base en común, cada uno se orientó según sus preferencias. Adolfo realizó su segundo análisis, ya con características de didáctico, con Ricardo Avenburg. Su interlocución con él abarcó toda su vida –Ricardo murió hace muy poco tiempo– siendo fundamental para el desarrollo y la maduración de Adolfo como analista. Después de estudiar detenidamente la obra de Freud, en APdeBA, nos sumergimos en M. Klein y en sus discípulos, y nuestra formación se abrió y adquirió complejidad gracias a algunos de los maestros de la casa que nos fueron acercando a diversos autores: los inolvidables Etchegoyen, Painceira, Wender, Puget, Liberman, Lancelle, Serebriani.

Adolfo desde hace muchos años bucea profundamente en la historia de Freud recurriendo más allá de los textos originales, a exégesis minuciosas de su obra. Es un experto y desarrolla con precisión los conceptos freudianos, dándole un valor agregado a la letra del vienés. Él, como todo investigador serio, necesita encontrar los orígenes y articular lo histórico con lo actual, lejos de toda rigidez dogmática. Como somos amigos y nos conocemos, diría que Adolfo es un historiador nato, desbrozando lo escrito y con cierta desconfianza en cuanto a “lo novedoso”. Para él, si no lo interpreto mal, la historia del psicoanálisis evoca a catáfilas de cebollas –tomando en este sentido la conocida metáfora freudiana– que se van agregando como parte de una evolución sostenida a partir de un núcleo. Difiere de mi visión del psicoanálisis, que es quizá más desarticulada, que evoluciona de acontecimiento en acontecimiento, modelada desde la época y por las geografías por las que va desenvolviéndose, generando a lo largo de la historia ciertos cambios epistemológicos y rupturas paradigmáticas que atraviesan zonas de caos y desorientación, al decir de Morin. Pero esta es mi manera de ver y no la de Adolfo, que es la que aquí nos concierne. Así como somos amigos entrañables, diferimos en nuestras perspectivas, pero con una particularidad notable: cuando hablamos apasionadamente de la clínica solemos coincidir en nuestras miradas: hablando de nuestra práctica, ¡estamos muy cercanos!

Nos quedan aún muchas charlas y discusiones con eje en los conceptos clásicos de represión, Edipo, deseo, memoria deliberativa, reedición, y su relación con ideas que han aparecido especialmente después de los años 80 como las de déficit, edición, memoria procedimental, enactment, surgidas de epistemologías constructivistas basadas en diversos sistemas motivacionales. Estas cuestiones las dejamos para futuros encuentros.

Quizá entre mate y mate podremos plantearnos coincidencias y diferencias como ha sido hasta ahora, con buena fe y en un clima siempre amigable.

Adolfo coincidiría con Azorín cuando el escritor español señala que un clásico “es un autor que siempre se está formando. No han escrito las obras clásicas sus autores; las va escribiendo la posteridad”, agregando luego: “Todo lo que no cambia está muerto. Queramos que nuestro pasado clásico sea una cosa viva, palpitante, vibrante. Veamos en los grandes autores el reflejo de nuestra sensibilidad actual. Otras generaciones vendrán luego que vean otra cosa.” También Ítalo Calvino nos recuerda que “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.”

Mientras leo las letras de este libro, evoco lo que algunos exégetas del Talmud cuentan del término Rosh Hashaná –año nuevo– señalando que tiene, en su raíz lingüística, el doble significado de “nuevo” y “otra vez”; y es porque en eso consiste la relación con el texto: una invitación a renovar interminablemente su voz y a recrear el sentido inagotable de un Libro que no cesa de reiterar su novedad.

Este libro, agudo y profundo, seguramente se transformará en un clásico que ayude a leer a Freud como otro clásico.

Es necesario e interesante poder ver el fenómeno del psicoanálisis desde diferentes tiempos y también desde diferentes vertientes: no solo como una formidable herramienta terapéutica, sino también como una propuesta que amplía nuestra mirada de la realidad y se constituye en un fenómeno político.

Recomiendo este libro, extraordinario, acerca de los orígenes de nuestra disciplina que se proyecta hasta nuestros días y aconsejo su lectura en los diferentes estamentos formativos. Aprenderemos mucho si lo leemos detalladamente y sin prisa.

Carlos Nemirovsky

A manera de prólogo
Mi relación con Freud y mi formación como analista

La original caricatura de tapa forma parte de mi historia familiar. Es un cuadro que estuvo colgado en el consultorio de mi padre, el Dr. León Zonis, médico rural en Morteros (provincia de Córdoba), desde que puedo recordar (post amnesia del complejo de Edipo) en los años 50, hasta su fallecimiento en 1974 mientras asistía a un paciente.

La relación de mis padres con el psicoanálisis data de su juventud, ya que mi padre fue condiscípulo de José Bleger en la Facultad de Medicina de Rosario y previamente mi madre fue su preceptora en el Colegio Superior de Comercio.

Es así que en la frondosa biblioteca de casa estaban algunos textos de las primeras ediciones en español de Freud, traducción de Ludovico Rosenthal, libros de José Bleger, algunos primeros números de la Revista de APA, y muchos otros autores sobre temas de psicología y psiquiatría. A mi padre le gustaba escribir sus sueños, los lapsus suyos y de sus pacientes. El más impactante, que a veces recordaba, fue en sus comienzos en el pueblo donde –por ser el único médico que tenía un rudimentario electrocardiógrafo– lo consulta una de las personas más ricas e influyentes de la zona. Imagino su temor a equivocarse, lo que tal vez hubiera significado el fin de su práctica en ese lugar.

El paciente, asustado por sus síntomas, temblaba, por lo cual era muy difícil tomar el trazado, y mi padre le dice: “Por favor no se muera, no se mueva por favor”.

A los 17 años me voy a estudiar Medicina a Rosario, y cerca de mi primer cumpleaños me preguntan qué quería como regalo. No tengo idea por qué respondí: las Obras Completas de Freud, la edición de López Ballesteros.

La residencia de Psiquiatría primero y la jefatura de Residentes después, en el mítico Hospital Evita de Lanús, fundado por el profesor Mauricio Goldemberg y luego con la dirección del profesor Valentín Baremblit, nos dejó una fuerte impronta del psicoanálisis en el abordaje de las problemáticas en Salud Mental. Allí iniciamos la lectura de Freud, con C. Foster y luego con C. Merea.

De la APA se habían escindido los grupos Plataforma y Documento y se había fundado el Centro de Docencia e Investigación (CDI), donde luego de los seminarios en la residencia continué con el estudio de Freud, en seminarios con Rafael Paz, Hugo Bleichmar y otros prestigiosos analistas.

Con compañeros del Hospital tuvimos un grupo de estudio de teoría freudiana con Elizabeth Tabak, analista miembro titular y fundadora de Apdeba, institución que recién comenzaba a funcionar.

Realicé mi formación psicoanalítica en Apdeba, con la segunda camada de candidatos; mi análisis didáctico con Ricardo Avenburg y la supervisión con Jorge Carpinacci (miembros didactas y fundadores de Apdeba) a quienes elegí especialmente, por ser reconocidos como destacados estudiosos de la obra de Freud. En los seminarios estudiamos Freud con R. Polito y J. Carpinacci, y profundicé su obra en grupos de estudio con Jorge Carpinacci y Guillermo Brudny (miembro didacta y uno de los fundadores de Apdeba); también participé de los ricos intercambios en el Departamento Sigmund Freud en la década de 1990 y en los últimos años en el Área de Lecturas Freudianas (ambas en Apdeba).

Desfila ante mí el recuerdo de otros maestros de la institución que tuvieron mucha influencia en mi pensamiento psicoanalítico, desde otras perspectivas teóricas, como Leonardo Wender, Horacio Etchegoyen, Alfredo Painceira, Guillermo Lancelle y David Rosenfeld. Muchos años pasaron desde entonces: estudio, supervisiones, actividades docentes dentro y fuera de Apdeba.

Por qué este libro

A lo largo de las distintas lecturas de la obra de Freud, estudié el “Proyecto” con mis maestros Ricardo Avenburg, Guillermo Brudny y Jorge Carpinacci. Esta inigualable posibilidad y el placer que me despertó su comprensión y la articulación que pude hacer con el resto de la obra fue el motor central de mi motivación.

Por otra parte, y pensando que las futuras generaciones no van a tener ese privilegio, quiero transmitir sus enseñanzas y de esta manera permitir que disfruten, como lo hice yo, de un texto algo difícil de entender en una lectura solitaria, distinto a otros textos donde el autor usa un lenguaje y un estilo más amigable con el lector.

La segunda motivación, entonces, es un reconocimiento a mis maestros.

Finalmente, hace unos años el Dr. David Rosenfeld (también miembro didacta y uno de los fundadores de Apdeba), me pidió que haga una reseña del libro Volver a los textos de Freud, de la Dra. Ilse Grubrich-Simitis, para la revista Psicoanálisis, de Apdeba.1 El libro de esta psicoanalista (exégeta de la obra freudiana), a quien yo conocía por haber leído la “Sinopsis de las neurosis de transferencia”, escrito, al igual que el libro, a partir de la revisión de los manuscritos de Freud, tiene un párrafo en la p. 356, donde señala:

“Ha llegado la hora de integrar en la obra la totalidad de los escritos tempranos de Freud. Como primer paso, incluso sería recomendable un cambio en la nomenclatura. La palabra ‘preanalítico’ tiene inevitablemente una connotación peyorativa, como si todo lo que Freud publicó antes de la génesis del psicoanálisis no valiera la pena por ser, de cierto modo, ciego ante lo esencial.”

Todos aquellos que consideramos la obra freudiana como imprescindible en la formación de un analista deberíamos hacer una lectura de sus textos y no leerlo a partir de otros autores, como actualmente se hace en algunas instituciones.

En relación a la importancia y actualidad del estudio de Freud, nos dice Ricardo Avenburg:

“Mi revalorización de Freud, el Freud que yo enseño y aplico, es un Freud que integra en sí todos aquellos desarrollos posteriores que pude asimilar. Tal vez sea un Freud que empieza a dejar de ser Freud en mí para pasar a ser yo mismo”.

R. Avenburg recordaba que su maestro Enrique Pichon Rivière (uno de los pioneros del psicoanálisis en la Argentina y fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina) siempre decía que “es bueno leer no del principio al final sino empezar por el final y después leer poco a poco para atrás; el principio adquiere otro sentido cuando uno lee algo desde el final.” Esta modalidad le daba la posibilidad de una mayor vigencia teórica al estudio del “Proyecto”.

En la maestría de Psicopatología y Salud Mental de IUSAM de Apdeba, tengo un seminario de “Conceptos Fundamentales de la Teoría Freudiana”, donde dispongo de muy pocas clases, lo mismo ocurrió en los seminarios virtuales de ILAP (Instituto Latinoamericano de Psicoanálisis) donde dicté “Fundamentos de la Teoría Freudiana” (2008-2012), al igual que en los seminarios de Educación a Distancia de Apdeba; en esos espacios me resulta muy difícil estudiar el “Proyecto”, pero de alguna manera su presencia en mi esquema referencial me permite la síntesis deseada en cada uno de los artículos que en él influye. Solo puedo desarrollarlo en los grupos de estudio en mi consultorio donde el tiempo no es acotado por la Institución, ya que así lo requiere dicho artículo.

El encuentro con Volver a los textos de Freud y su rescate de los artículos prepsicoanalíticos fue el empujón que necesitaba para abordar mi propio libro. Así fue que, en el año 2012, le pedí a una exalumna de la maestría en Psicopatología y Salud Mental, la Lic. María Fernanda Iglesias (que tenía mucho dominio de la computadora y demostró gran interés en la obra de Freud), que me ayudase en el tipeo.

Nos reuníamos unas dos horas una vez por semana, y a medida que recorríamos la obra y yo iba hilvanando la síntesis a partir de mis apuntes y escritos de los autores, ella la escribía y reproducía los gráficos. Esto incluía mis explicaciones, lo cual también para ella fue una tarea enriquecedora. Varios meses después que iniciamos este trabajo, la Lic. Iglesias comenzó los seminarios de Apdeba y su tiempo disponible se agotó, por lo cual tuve que continuar esta síntesis solo y allí mi ritmo de trabajo fue más lento y con largas interrupciones. De cualquier manera le estoy muy agradecido, ya que sin su constancia y entusiasmo tal vez hubiera sido mucho más difícil escribirlo. Los gráficos restantes y mis limitaciones en el tipeo fueron resueltos con la asistencia de mi hija Luciana, que si bien es licenciada en Nutrición tuvo la inmensa paciencia de ayudarme. Pasaron años en que intentaba retomar la tarea, y por distintos motivos la dejaba.

Es cierto que mi consultorio y otras demandas personales, docentes o institucionales me insumían muchas horas, hasta que llegó la pandemia. Al disponer de más tiempo, se terminaron las “excusas” para mí y para los que conocían esta situación: Silvia, mi esposa, que todos estos años me preguntaba por qué no terminaba de escribir sobre el “Proyecto”; colegas como la Lic. Gothelf, adjunta en mis actividades docentes, dentro y fuera de Apdeba; amigos de la vida y colegas de Apdeba, como Enrique Alba, Carlos Nemirovsky, José Kuten y Abrão Slavutzky, quien además de gran amigo y compañero de formación desde la época de la residencia del Lanús es un destacado psicoanalista de Porto Alegre; colegas del Área de Lecturas Freudianas de Apdeba, todos ellos estimularon nuevamente mi interés en publicarlo y así es como pude concluirlo, o mejor dicho dejarlo, ya que la sensación es que sigue incompleto.

Las lecturas de otro compañero de la residencia del Lanús y desde entonces amigo entrañable, el Dr. Horacio Rotemberg, y la de otro querido amigo Miguel Leivi, miembro titular y expresidente de Apdeba, terminaron por decidirme a llamarlo al Dr. Daniel Biebel. La opinión de Daniel, a quien respeto mucho por su seriedad profesional y su sólida formación, concretó la edición de este libro.

Mi propuesta consiste en seguir el texto original, respetando los subtítulos y tratar de hacer más fácil su lectura, para lo cual “les iré pidiendo” a mis maestros que nos ayuden en los pasajes donde puedan generarse algunas dificultades. No es una lectura crítica, es un acercamiento lo más fiel posible a la literalidad del texto; cada lector, ya consubstanciado con el texto, podrá hacer su propia lectura crítica al integrarlo con otros desarrollos postfreudianos.

Este es mi primer libro; espero poder, en uno próximo, producto de mis años de docencia, extenderme en otros aspectos de la obra freudiana y así seguir aprovechando lo recibido de mis maestros que, integrado en mi propia experiencia y elaboración, facilite el camino a las nuevas generaciones de estudiosos de Freud. Era necesario poder dejar estos escritos para abordar otros temas que me interesan, no tengo claro por qué me costó tanto superar la ambivalencia de su publicación.

No puedo dejar estas líneas sin mencionar a otros interlocutores que, además de los ya mencionados, están presentes en mis diálogos reales o imaginarios, y a los que me liga un profundo afecto: Clara Nemas, Raquel Berezovsky, Oscar Paulucci, Héctor Ferrari, Alfredo Ortiz Frágola, Abraham Turkenicz. Y con el recuerdo de Pedro Boschan y Miguel Spivacow, dos pérdidas muy significativas para mí.

1. Este resumen fue publicado en el año 2010 en la revista Psicoanálisis, Vol. XXXII, n. 1.

1 Introducción

El “manuscrito” es el primer modelo del psiquismo humano, es decir representa el primer intento científico de mostrar la existencia de un mundo interno que permita entender la subjetividad.

Un modelo es una construcción teórica que permite comprender una serie de conceptualizaciones abstractas y complejas a través del uso analogías figurativas y verbales de mas fácil comprensión. (J. Geddo y A. Goldbarg, Los modelos de la mente, Amorrortu, 1980).

Freud desarrolló otros modelos a partir del “Proyecto”. Estos nuevos modelos en ocasiones subsumen a los anteriores, como en el caso de “La interpretación de los sueños”, en el que Freud desarrolla la primera tópica, donde si bien el autor hace un salto metodológico, el “Proyecto” queda asimilado. En la segunda tópica, al desarrollar el modelo tripartito, lo mismo ocurre con el modelo tópico. Algo semejante ocurre con los distintos momentos teóricos del desarrollo pulsional.

El manuscrito del “Proyecto” data del otoño de 1895. El título no corresponde al manuscrito, sino que aparece en la primera edición en alemán en 1950.

Consta de tres partes, la primera y la segunda parte fueron comenzadas en el tren (carta del 23-9-1895), cuando Freud regresaba de un encuentro con W. Fliess. Una parte de estas páginas está escrita con lápiz; la tercera parte fue comenzada el 5 de octubre de 1895, y el día 8 del mismo mes Freud le envió a Fliess las tres partes. Una cuarta parte, que debía referirse a la psicología de la represión –supuestamente “la clave del enigma”– nunca fue terminada.

Fliess, un otorrinolaringólogo que vivía en Berlín, era un hombre muy estudioso de la biología y se mostró muy receptivo a las ideas de Freud. Hubo en intenso intercambio epistolar entre ellos, donde además de cartas le envió trabajos en borrador, que se conocen como los “Manuscritos”, muchos de los cuales son los primeros esbozos de trabajos posteriores. El “Proyecto” es uno de ellos.

La base clínica sobre la que asienta este trabajo son los “Estudios sobre la histeria” (1893-1895) y “Las neuropsicosis de defensa” (1894), este último publicado seis meses antes que el “Proyecto”.

El “Proyecto” se basa en la idea de combinar dos teorías diferentes: la primera corresponde a la escuela fisiológica de Helmholtz; el fisiólogo Brücke, profesor de Freud, pertenecía a esa escuela. Según esta teoría, las leyes que rigen la neuropsicología son puramente fisicoquímicas La segunda teoría principal fue la doctrina de la neurona.2 Esta doctrina establecía que la unidad funcional del sistema nervioso central era una célula distinta, que carecía de continuidad anatómica directa con las células adyacentes. Su propósito, escribe Freud, es “figurar a los procesos psíquicos como estados cuantitativamente determinados de partículas materiales especificables”. Luego postulaba que esas “partículas materiales” eran las neuronas, y que su estado de actividad se distinguía de su estado de reposo por una “cantidad”, que estaba “sujeta a las leyes generales del movimiento”. (S. Freud, 1894).

James Strachey comenta una carta enviada a W. Fliess en mayo de 1895, la Carta 24, donde Freud daba una explicación acerca del “Proyecto”:

“Dos ambiciones me atormentan: primero, averiguar qué forma cobrará la teoría del funcionamiento psíquico si se introduce en ella un enfoque cuantitativo, una especie de economía de la energía nerviosa, y segundo, extraer de la psicopatología aquello que pueda ser útil para la psicología normal. En efecto, sería imposible obtener una concepción global satisfactoria de los trastornos neuropsicóticos si no se pudiese vincularla con claras hipótesis acerca de los procesos psíquicos normales.”

Estas consideraciones las vamos a encontrar, expresadas en otros términos, a lo largo de toda la obra de Freud. Por ejemplo (1932):

“En efecto, la patología nos ha prestado siempre el servicio de darnos a conocer por aislamiento y exageración, constelaciones que en la normalidad habrían permanecido ocultas”.

Sigue J. Strachey:

“el ‘Proyecto’, pese a ser en su faz ostensible un documento neurológico, contiene en sí el núcleo de gran parte de las ulteriores teorías psicológicas de Freud. En este aspecto, su descubrimiento no sólo tuvo un interés histórico, sino que de hecho iluminó por vez primera algunas de las más oscuras entre las hipótesis fundamentales de Freud”.

En una nota al pie destaca aquellos trabajos que se apuntalan en el “Proyecto”, el Capítulo VII de “La interpretación de los sueños” (1900a), “Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico” (1911b), los trabajos metapsicológicos (1915), “Más allá del principio de placer” (1920g), “El yo y el ello” (1923b), “Nota sobre la ‘pizarra mágica’” (1925) y, finalmente, el “Esquema del psicoanálisis” (1940a[1938])”.

Jorge Carpinacci nos explica:

“Pese a las irregularidades metodológicas y a la poca estima que Freud manifestó por su contenido, las ideas fundamentales de su proyecto [...] se transparentan inequívocamente a lo largo de toda su obra posterior y, en especial, en sus escritos metapsicológicos. Estos últimos, como hijos avergonzados de su ascendencia aparentemente biologista, renegando e intentando sumir en el olvido la historia de sus orígenes, por la fisonomía típica que adoptan sus conceptos, no dejan de delatar, empero, las condiciones de su nacimiento. Es como si Freud, al encerrar en un cajón de su escritorio los manuscritos de su flamante obra, hubiese llevado a cabo el parricidio del progenitor material de la teoría psicoanalítica, el cual, a partir de entonces, no deja de retornar idealmente para dictar desde las sombras los modos generales de estructuración de su descendencia hecha nociones”.

Karl Pribram (neurólogo de la Universidad de Stanford) y Merton Gil (profesor de Psiquiatría en la Universidad de Illinois) escribieron en 1976 El Proyecto de Freud con el subtítulo: Una introducción a la teoría cognitiva y la neuropsicología contemporánea.En la Introducción plantean:

“El Proyecto de Freud es un documento importante. Muchos términos utilizados en la parte de la teoría psicoanalítica que trata de los mecanismos son objeto de definiciones operacionales en el Proyecto. Como estas definiciones implican por lo común tanto referentes neurológicos como conductuales, el documento es, en cierto sentido, una piedra de Rosetta para los interesados en poner en comunicación estos dominios posibles. Además, el Proyecto contiene concepciones tempranas de procesos que en muchos casos se anticipan en años a formulaciones posteriores realizados no sólo por Freud sino por otros psicólogos y neurólogos. [...] La base neurológica del Proyecto se mantiene en lo esencial sin cambios y proporciona la validez de concepciones actuales tales como la ‘reducción del impulso’, ‘fortaleza del yo’, ‘realización del deseo’, y el mecanismo atencional de la ‘prueba de realidad’.”

L. Horstein señala, refiriéndose al “Proyecto”, que en realidad lo que hacemos es una “lectura retroactiva desde el psicoanálisis contemporáneo”, y cada lector le asigna especial importancia a determinadas perspectivas que se abren al texto. Cita a M. Safuan (1971), que lo considera como “el primer escrito en la historia del pensamiento que concierne a los efectos del lenguaje sobre la estructuración de la subjetividad”. También cita a A. Green, cuando dice que “es una megalomanía teórica que pretende englobarlo todo: el mundo exterior, el interior, el medio, el organismo, la percepción, la conciencia y la memoria”.

Sebastián Di Orio y Lionel Klimkiewcz realizan una lectura del “Proyecto” desde los seminarios de Lacan, especialmente en el segundo, “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica” y el séptimo, “La ética del psicoanálisis”. En sus conclusiones, nos dicen:

“A este texto, tan complejo como interesante, al que Freud rehusó introducir en el marco de la teoría psicoanalítica que él mismo construyó, la realidad del movimiento psicoanalítico actual lo recibe de manera seguramente para él impensada.Habiendo sido trabajado, cuestionado y elogiado por diversos autores en los últimos años, se convierte ahora, según creemos, en un texto ineludible en la transmisión del psicoanálisis”.

2 El término ‘neurona’ fue introducido por Waldeyer en 1891.

CLAVE DE LAS ABREVIATURAS UTILIZADAS EN EL «PROYECTO DE PSICOLOGÍA»

(J. Strachey)

Q = Cantidad (en general, o aquella que tiene el mismo orden de magnitud que las cantidades del mundo externo).

Qη = Cantidad cuyo orden de magnitud es el intercelular.

φ = Sistema de neuronas pasaderas. (Phi)

ψ = Sistema de neuronas impasaderas. (Psi)

ω = Sistema de neuronas de percepción. (Omega)

(Seguiré el subtitulado del texto original).

2 PARTE I Plan general

El “Proyecto” contiene dos ideas rectoras:

1. “Concebir lo que diferencia la actividad del reposo como una Q sometida a la ley general del movimiento.

2. Suponer como partículas materiales las neuronas”. (N)

¿Qué quiere decir esto?

El edificio con el que va a construir sus hipótesis se asienta en dos premisas:

1 Lo que desencadena el funcionamiento mental es una cantidad moviéndose en una estructura” (es lo que se va a llamar la teoría económica del funcionamiento mental).

2 “La otra hipótesis básica es que hay una estructura en la que la cantidad se mueve”, es decir propone la existencia de un aparato mental.

Este artículo está planteado en términos de la existencia de neuronas y cantidades.

La neurona va a ser el antecedente de lo que posteriormente será la topografía psíquica (tópicas). Cantidad es el antecedente teórico del desarrollo pulsional.

Ambos aspectos serán el fundamento de la posterior conceptualización de la metapsicología. “Estas hipótesis básicas van a persistir en toda la obra de Freud y de la gran mayoría de sus continuadores, aunque con variaciones”.

“No puede haber un funcionamiento mental si no asienta sobre una estructura, pero el funcionamiento depende de la cantidad.”

3 [1.] Primera proposición principal. La Concepción Cuantitativa

Teoría económica del funcionamiento mental3

“Está extraída directamente de observaciones patológico-clínicas, en particular aquellas en que se trata de unas representaciones hiperintensas, como en la histeria y en la neurosis obsesiva, donde, como se demostrará, el carácter cuantitativo resalta con más pureza que en el caso normal. Procesos como estímulo, sustitución, conversión, descarga, que allí se podían describir, sugirieron de una manera directa la concepción de la excitación neuronal como cantidades fluyentes” (p. 339).

¿A qué se refiere con representaciones hiperintensas? En la histeria, surge en la conciencia una representación aparentemente sin sentido y muy cargada afectivamente, lo que produce una gran repercusión emocional aparentemente inexplicable. Esta representación, que Freud denomina “hiperintensa”, tiene consecuencias que no se pueden evitar ni comprender, como por ejemplo descargas de afecto e inervaciones (excitación o inhibición motrices o sensoriales). Representaciones hiperintensas existen también normalmente, pero no nos sorprenden, ya que comprendemos que tienen motivos justificados.

“En cambio, las representaciones hiperintensas de los histéricos nos resultan llamativas por su rareza; son representaciones que en otros no traen consecuencia alguna y de cuya dignidad no comprendemos nada. Nos aparecen como unos advenedizos, unos usurpadores, y por ende unas ridiculeces” (p. 394).

Volviendo a la primera proposición fundamental, lo que caracteriza al ser vivo es un estado de permanente intercambio de sustancias y de energía con el medio ambiente. Distintos órganos y aparatos se encargan de cumplir con esas funciones. Al sistema nervioso le corresponde, desde lo que a nosotros nos interesa, el intercambio de la energía.

Dice R. Avenburg:

“El aparato psíquico no es una parte más compleja, constitutiva del sistema nervioso; el aparato psíquico es sistema nervioso, pero que desde el punto de vista metodológico se nos hace imposible estudiarlo desde la neurología, por lo cual hace un corte metodológico, pero no ontológico; no es otra cosa, es lo mismo, pero de una manera que puede ser pensado con los instrumentos de los que disponemos hoy en día.”

“La relación entre la excitación somática y el fenómeno psíquico se produce a través de una relación concomitante dependiente, no deja de funcionar el fenómeno psicológico y no deja de funcionar el fenómeno fisiológico, y a partir de este momento se produce una interacción entre ambos niveles, no es que uno deja lugar al otro, sino que uno está junto con el otro y a partir de uno y el otro se produce una dialéctica, diría yo, entre ambos niveles, como niveles diferentes de organización que pueden estar expresados en términos de lugares diferentes o espacios diferentes o escenas diferentes. Es un presupuesto biológico que está presente en toda la obra de Freud”.

Freud dice que una neurona es el modelo de todo el aparato.

El "Proyecto" parte de una concepción biológica, según la cual todo organismo vivo tiende a mantener la menor cantidad de excitación interior compatible con la vida. Por lo tanto, todo aumento de cantidad de excitación tenderá a volver a un nivel de cantidad constante que no es 0, es lo que se llama el “principio de constancia”. (Homeostasis).

Esto parte de un concepto de la física que es el “principio de inercia”. “El principio de inercia” dice: todo cuerpo sometido a un movimiento, tiende hacia el movimiento infinito si nada lo modifica. O a la inversa: todo cuerpo en reposo permanecería indefinidamente en reposo si nada lo modifica; son dos formas de decir lo mismo.

Si bien Freud toma este principio para entender el funcionamiento del aparato, si lo aplicara literalmente se trataría de un aparato que funciona cuando una energía lo saca del estado de reposo y su funcionamiento consiste en volver a recuperar el estado del que fue sacado, esto implica que el aparato carecería de energía, lo recibe y lo descarga. Por lo tanto, el modelo es válido para la física, pero no para la biología.

Si se desprende totalmente de la energía deja de ser una sustancia viva, de ahí la introducción del principio de constancia como una modificación del principio de inercia, que nos dice que el aparato mental funciona tendiendo a que la cantidad de energía disminuya al mínimo compatible con la vida. En este sentido, el reposo no es la carencia de estímulo, sino la carencia de exceso de estímulo.

En trabajos posteriores, Freud va a llamar “principio de placer-displacer” a una modificación de este “principio de constancia” dentro del funcionamiento psíquico. (En “La Interpretación de los sueños”, lo va a llamar “principio de displacer”, y más tarde lo va a llamar “principio de placer”).

Resumiendo: el principio de inercia en la física se modifica como principio de constancia en la biología y una adaptación para el funcionamiento psíquico lo transforma en principio de placer-displacer.

Cada vez que llega energía a la neurona o al aparato en su totalidad, tiende a descargarla; a esa tendencia Freud la llama “función primaria”. Otra posibilidad que tiene el aparato para cumplir con el principio de constancia es no solo descargar energía, sino evitar la sobrecarga, a esto lo llama “función secundaria”.

Estos son los antecesores de los procesos homónimos con que hoy indicamos los modos inconsciente y consciente-preconsciente del suceder psíquico”. (Procesos primarios y secundarios).

Un ejemplo sería imaginarnos a un bebé con hambre, lo cual significa que el aparato mental tiene una vivencia displacentera por estímulos provenientes del interior del cuerpo. El hecho de llorar significa una descarga, esto se llama “función primaria”; a medida que el bebé se desarrolla, aprende que si llora viene la mamá y le da de comer, en este caso el llanto cumple una “función secundaria”. Para el logro de la función secundaria tenemos que poner en juego, entonces, la memoria y el pensamiento, que no son necesarios para la función primaria.

La unidad viva debe aprender, por experiencia biológica, a superar los apremios de la vida que le imponen la dependencia con respecto a su organización somática y a su medio ambiente.

“Memoria es la forma de conservar el método para que cese el estímulo”.

De los estímulos externos, el organismo se protege mediante la fuga. Hay cantidades de estímulos provenientes del exterior de la que no se puede huir, y que invaden al organismo. En los desarrollos teóricos posteriores, esto va a ser definido como “situaciones traumáticas”. Normalmente se pueden procesar los estímulos exteriores habituales de la vida, a través de la fuga del estímulo.

Frente a la excitación interna (tensión de necesidad) la fuga no es posible, y requiere entonces de lo que Freud llama una “acción específica”. Cuanto más complejo es el organismo, más complejas serán esas acciones específicas, requeridas para satisfacer las tensiones de necesidad, y ahí es donde se requiere la existencia del sistema nervioso.

La “acción específica” es una acción modificadora que se da en el mundo externo, es decir, es una acción que, para lograr la meta de apartarse del estímulo interno, modifica algo en el mundo externo. “Sólo cesan bajo precisas condiciones que tienen que realizarse en el mundo exterior; por ejemplo, la necesidad de alimento”. (Esto introduce tempranamente, en la teoría, la necesidad del objeto).

El sistema nervioso es un sistema que implica una cierta complejidad de respuestas frente a la excitación interna; es el sistema que media entre estímulo y respuesta; es un mediador tanto con los estímulos externos (a través de la reacción de fuga) como con la excitación proveniente del interior y la respuesta a través de la acción específica.

J. Carpinacci observa:

“Este aparato psíquico, que media (organiza) entre las aferencias sensitivas y las eferencias motrices y glandulares revelan en su dinámica la lógica del arco reflejo. Su propiedad más universal consiste en ser una interioridad que necesita de su exterioridad para completarse. Esta incompletud inmanente, esta interioridad vuelta apremio, al requerir del mundo su auxilio gratificador, solicita, de este, que con sus cualidades colme la parte faltante para la obtención de la plenitud de su ser.”

¿Qué es un estímulo endógeno? Hay estímulos que vienen del interior del cuerpo pero que no se generan en el interior del cuerpo. Un pinchazo, por ejemplo, es un estímulo que está en el cuerpo, pero no se genera en el interior del cuerpo como los estímulos endógenos. Estos provienen de células del cuerpo y dan por resultado las grandes necesidades: hambre, respiración, sexualidad. Estos estímulos endógenos son los precursores teóricos del posterior concepto de “pulsión”.

Freud no desarrolla demasiado el tema de la acción específica, como tampoco el de la producción de los estímulos, sino que centra su estudio en lo que ocurre dentro del aparato psíquico, es decir la subjetividad, si bien tanto estímulo como respuesta están permanentemente presupuestos.

Para poder cumplir la “acción específica”, este aparato tiene que contar con algún recurso para poder acumular suficiente cantidad de energía; es decir, debe poseer alguna posibilidad de no descargar inmediatamente esa energía (función primaria) y además para el logro de la función secundaria tenemos que poner en juego dos funciones que tiene que desarrollar el psiquismo: memoria y pensamiento.

Esto implica un funcionamiento más complicado; es decir, tiene que admitir un acopio de Qη. Este recurso, dado que cada neurona pueda acopiar muy poca energía, consiste en aumentar el número de neuronas que acumulen; por ejemplo, si para determinada acción específica necesita contar con una cantidad de 10 y cada neurona puede acumular dos, va a necesitar implementar 5 neuronas.

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