Читать книгу: «Navegando los ocasos paganos»
Índice
NAVEGANDO LOS OCASOS PAGANOS Abel Gustavo Maciel
Créditos
Dedicatoria
Nota Preliminar
00
0
Citas
Navegando los ocasos paganos
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
151
152
153
154
155
156
157
158
159
160
161
162
163
164
165
166
167
168
169
170
171
172
173
174
175
176
177
178
179
180
181
182
183
184
185
186
187
188
189
190
191
192
193
194
195
196
197
198
199
200
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
245
246
247
248
249
250
251
252
253
254
255
256
257
258
259
260
261
262
263
264
265
266
267
268
269
270
271
272
273
274
275
276
277
278
279
280
281
282
283
284
285
286
287
288
289
290
291
292
293
294
295
296
297
298
299
300
301
302
303
304
305
306
307
308
309
310
311
312
313
314
315
316
317
318
319
320
321
322
323
324
325
326
327
328
329
330
331
332
333
334
335
336
337
338
339
340
341
342
343
344
345
346
347
348
349
350
351
352
353
354
355
356
357
358
359
360
361
362
363
364
365
366
367
368
369
370
371
372
373
374
375
376
377
378
379
380
381
382
383
384
385
386
387
388
389
390
391
392
393
394
395
396
397
398
399
400
401
402
403
404
405
406
407
408
409
410
411
412
413
414
415
416
417
418
419
420
421
422
423
424
425
426
427
428
429
430
431
432
433
434
435
436
437
438
439
440
441
442
443
444
445
446
447
448
449
450
451
452
453
454
455
456
457
458
459
460
461
462
463
464
465
466
467
468
469
470
471
472
473
474
475
476
477
478
479
480
481
482
483
484
485
486
487
488
489
490
491
492
493
494
495
496
497
498
499
500
501
502
503
504
505
506
507
508
509
510
511
512
513
514
515
516
517
518
519
520
521
522
523
524
525
526
527
528
529
530
531
532
533
534
535
536
537
538
539
540
541
542
543
544
545
546
547
548
549
550
551
552
553
554
555
556
557
558
559
560
561
562
563
564
565
566
567
568
569
570
571
572
573
574
575
576
577
578
579
580
581
582
583
584
585
586
587
588
589
590
591
592
593
594
595
596
597
598
599
600
601
602
603
604
605
606
607
608
609
610
611
612
613
614
615
616
617
618
619
620
621
622
623
624
625
626
627
628
629
630
631
632
633
634
635
636
637
638
639
640
641
642
643
644
645
646
647
648
649
650
P. D. Lo que quedó en el tintero…
A
B
C
D
E
F
G
H
I
J
K
L
LL
M
Abel Gustavo Maciel
NAVEGANDO LOS OCASOS PAGANOS Abel Gustavo Maciel
Créditos
Navegando los ocasos paganos
© de los textos: Abel Gustavo Maciel, 2021
© de esta edición: Editorial Tequisté, 2021
Editora responsable: M. Fernanda Karageorgiu
Corrección: M. Fernanda Karageorgiu
Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo
1ª edición: noviembre de 2021
Producción editorial: Tequisté
contacto@txtediciones.com.ar
www.tequiste.com
ISBN: 978-987-4935-91-5
Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723
No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
-----
Maciel, Abel Gustavo
Navegando los ocasos paganos / Abel Gustavo Maciel. - 1a ed. - Pilar : Tequisté. TXT, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-4935-91-5
1. Poesía. 2. Poesía Argentina. 3. Poesía Latinoamericana. I. Título.
CDD A861
-----
Dedicatoria
Con gran amor,
a mi compañera de siempre,
Laura
Nota Preliminar
A mediados de marzo del año 2020, me encontraba reiniciando mi ciclo anual de docencia universitaria rayana en los treinta años de ejercicio en la Universidad del Salvador. A su vez, mi actividad semanal en el Movimiento de Autores Locales de Pilar reclamaba mi atención junto a los compañeros de aventuras en estas lides. Me involucré en las ferias de venta de libros, las presentaciones de obras de los colegas y las propias, el programa de emisión radial los días sábados, los cafés literarios y las tareas intensivas en las escuelas del distrito; una serie de actividades interesantes.
Y de repente, la pandemia…
Una surgencia sin previo aviso esgrimiendo la sombra de muerte colectiva y el miedo ancestral a la extinción. Como les ha sucedido a todos, cada uno a su manera, el primer síntoma en mi mundo personal fue la respuesta hiper cinética respecto a mi actividad docente, ahora hogareña y de modalidad virtual. Como contrapartida, una parálisis evidente en el oficio literario produjo la consecuente angustia.
En medio de este caos de expectativas y cuando la anarquía en el mundo interno realizaba su erosión, las plataformas virtuales comenzaron a desarrollar los proyectos artísticos que intentaban compensar las secuelas inmediatas del problema.
Mis amigos, Adriana Valor y Carlos Fernández, importantes cultores literarios en distintos medios de comunicación, tuvieron la claridad de visión para desarrollar un ensamble cultural utilizando una plataforma digital de gran difusión.
Así revivió “Una noche inolvidable”, espacio donde la poesía y la narrativa nacional e internacional ocupan el lugar central, comenzó a instalarse con fuerza desde su propuesta diaria. Algunos poetas al principio, y en número considerable con el transcurso de las semanas, fuimos convocados en la dinámica del programa a participar desde la impronta de los “cuatro versos”.
A partir de una palabra disparadora los poetas autoconvocados tallábamos “a mano alzada” nuestras estrofas y estos recitadores experimentados las leían públicamente con la calidad que los caracteriza.
Así fui construyendo el bajorrelieve de esta obra. Navegando los ocasos paganos ha representado mi tabla de salvación artística en los duros meses del encierro producido por la pandemia. Me sumergí en el universo de la poesía corta, tan complejo en la sintaxis y la semántica emergente. Muchos de los cuatro versos presentes en este libro fueron difundidos en el programa y otros poemas complementarios se gestaron bajo la sombra de esta actividad. En tanto encontraba sosiego en el desarrollo de sus textos, comencé a tomar conciencia del significado que tenían los escritos en este momento especial de mi existencia.
El encierro y aquietamiento de la vida exterior tienen su correspondencia en el mundo interno de las personas. Y así fue como estos textos abrieron las puertas de mi corazón a esos espacios donde los senderos transitados se vuelven único camino.
Agradezco a mis amigos, Adriana y Carlos, el haber sido los gestores de esta iniciativa. El espacio comunicacional que han creado fue necesario y suficiente acicate para el nacimiento de Navegando los ocasos paganos.
Gracias.
00
La presente obra pretende ser homogénea en su estructura, a pesar de contar con textos poéticos dentro de un amplio espectro temático en su prosa y morfo de presentación. Como ya se ha dicho, contempla trabajos realizados en mi encierro, durante el período pandémico que cubre de marzo a agosto del año 2020.
Instalados en nuestra casa de Pilar, junto a Laura Suarez, artista plástica y mi compañera de aventuras durante más de cuarenta años, fui desarrollando la prosa poética del libro al principio en un estado de trance creativo e inconsciente hasta despertar al propósito subliminal de esta labor.
Los actos que realizamos en el mundo representan un reflejo de la búsqueda de completamiento impelida desde fuerzas que operan en nuestro mundo interno. Esta pandemia también tiene un “porqué” en la explanación colectiva de sus efectos. La crueldad de una muerte en apariencia gratuita y los cambios impuestos en el paradigma mundial, materialista a ultranza, son sus consecuencias visibles. Sin embargo, las luces y las sombras están presentes en su accionar, como sucede con todos los acontecimientos en la superficie de la vida.
La Forma fenoménica suele ocultar el motivo de la acción y no alcanzamos a vislumbrar ese “porqué” invisible, dada la sutiliza de la naturaleza del Propósito que unifica el movimiento de las cosas. En este universo lo permanente es el cambio.
Creo firmemente que la salida a esta crisis global es cultural. Implica un renunciamiento a ese núcleo egoísta desde donde organizamos la vida. Un cambio de paradigma. “El tiempo es dinero”, vigente en los últimos trescientos años deberá ir transmutando por “El tiempo es arte” en un proceso evolutivo. El alcance de la solución dependerá de la intensidad del renunciamiento que estemos dispuestos a asumir.
En lo personal, cuando logré tomar distancia consciente con mi trabajo y apaciguar el trance literario, pude visualizar ese “porqué” de este encierro y la real naturaleza de la obra que realizaba. Allí, en los versos y la prosa desplegada en un par de cuadernos manuscritos estaba mi vida, heterogénea en su apariencia, pero compacta y homogénea en la unidad interior que todos poseemos.
Entonces, el “Ananda” de lo manifestado (deleite, tal vez se aproxime en significado desde la mirada occidental) logró instalarse en mi alma.
Desde el aspecto técnico la presente obra incluye poemas de estrofas cortas, otras de versos variados, rima consonante en los “cuatro versos” que sostienen el “esqueleto” del texto, rima blanca en los poemas de métrica libre y contenidos diferentes palpitando entre la visión interior y metafísica, la reminiscencia de experiencias personales, la belleza de los Jardines Floridos, el amor como energía surgente y viñetas tangueras que me transportan a espacios de un tiempo pasado y a su vez atemporal en las connotaciones de sentimientos y experiencias.
Mis amigos, espero disfruten de los textos. Aconsejo una “lectura meditativa”, tranquila y sosegada. Un pedazo de mi alma ha quedado en ellos.
0
A poco de sumergirme en sus aguas, la vida se me presentó con la impronta de un viaje que estaba obligado a encarar.
Mi barca, presta a transportarme por estos mares de paisajes cambiantes, fue transmutando su estructura, acompañando la sutileza de las aguas por donde el mapa oculto la obligó a navegar.
Al principio, como nos sucede a todos los visitantes de estos puertos, el cuerpo de mi barca ocupó el espacio determinado por las paredes de mi casa paterna. Vivienda de origen humilde, no escatimaba en proteger a sus navegantes con el cálido calor de una estufa a querosene en los inviernos y un viejo ventilador para paliar las inclemencias de aquellos estíos intensos.
Pisciano de nacimiento, tal vez haya sido esta condición de pertenencia a un signo de agua la que mantuvo mi conexión con los mundos sutiles en este viaje de experiencias en los Jardines Floridos. De todas formas, jamás he sido un seguidor ferviente de la bitácora astrológica. Sin embargo, debo reconocer haber sentido en circunstancias cierta identificación con el arquetipo indicado en ese misterioso tablero cósmico.
Por ejemplo, y solo a título de indicar algunas particularidades de mi niñez, me gustaban realizar algunos experimentos de sutileza sensorial entre los ochos y los once años de edad. Por supuesto, como todo loco en las gateras, realizaba estas acciones en total soledad. El mundo y sus “protocolos de cordura” suelen prestar atención malintencionada con respecto a los actos que no encajan en sus estanterías previamente diseñadas.
Uno de estos “experimentos” consistía en caminar, en forma paralela, a escasos centímetros de la pared que dividía la cocina del baño de casa con los ojos cerrados. A partir de una sensación interior, todavía despierta por entonces, intentaba “sentir” mediante ciertas vibraciones el cambio producido por la discontinuidad de la pared y el inicio de un pasillo que conducía al cuarto paterno. A veces lo percibía con claridad meridiana, en otras un vacío de silencio me embargaba.
Por entonces realizaba las primeras experiencias literarias. A los ocho años comencé a desarrollar mi primera novela con total desparpajo. Rubén, mi hermano mayor, me proveía la trama y situaciones por las que debía transitar el personaje. Él era buen compinche en estas aventuras. Con sus siete años de diferencia en edad, poseía el arte de la comunicación para hacerme sentir un escritor de oficio y, de manera exagerada y noble a la vez, me incitaba a continuar con esas obras infantiles.
A los once años, me atrapó la lectura. Recuerdo que en esos tiempos precisamente Rubén se había suscripto a dos colecciones literarias que se remitían por correo, auspiciadas por una editorial conocida en la época. Una se llamaba “Capítulo” y difundía en sus fascículos el desarrollo de la literatura nacional a través de sus principales exponentes. Llenaban esas páginas las biografías y obras de Manuel Mujica Láinez, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Horacio Quiroga, Julio Cortázar.
Cada emisión de publicación mensual era acompañada por un libro de uno de los autores. Recuerdo haberme sumergido a pleno en la lectura de aquellos próceres de las letras. Mi barca, entonces, construyó sus velas con el papel de los libros que me transportaban a esos mundos de paisajes paganos y gran atractivo para mi espíritu aventurero.
En aquel período de mi vuelo en los Jardines, emergió desde mi mundo interno un poder fascinante: transportarme en mente y cuerpo (sutil, por supuesto) a los escenarios palpitantes que precipitaban las narraciones, una proyección envolvente que asumí como natural desde mi visión juvenil. Con el paso de los años la fui comprendiendo como cierta particularidad de mi persona.
Simultáneamente comenzaron a llegar los fascículos de la otra colección complementaria, de nombre “Capítulo Universal”. Estas entregas incluían ejemplares de literatura histórica y mundial de los últimos dos siglos de evolución europea y estadounidense. Allí tomé contacto con León Tolstoi, Feedor Dostoievsky, Jean Paul Sartre, Walt Wytman, Edgar Alan Poe, Emile Sola, Emerson y otros nombres por entonces extraños para mí. Ellos fueron adquiriendo cuerpo en la medida en que aprendía a navegar en esas aguas.
Finalmente, en mi adolescencia lo descubrí a Ray Bradbury, el prodigioso escritor de Illinois que me condujo a territorios interplanetarios y misteriosos. Sin mediar causa aparente, a los quince años, mi barca atracó en el maravilloso puerto de la poesía. Fiel al oficio instalado en aquellos años en mi espíritu, escribía encerrado en mi cuarto intentando seguir los consejos de mis maestros bibliográficos.
En esas épocas otro dios pagano se hizo presente en mi vida con furia inusitada: la música. A los doce años, un amigo del barrio, con quien compartíamos afinidades por el rock y el blues instalados en el “under” cultural, me enseñó a tocar una guitarra acústica. No recuerdo bien cómo apareció ese noble instrumento en mis manos, pero lo sentí como maná del cielo.
Deslumbrado por esas nuevas energías recorriendo mi superficie, dediqué gran tiempo en ese entonces a perfeccionarme en el instrumento con gran velocidad. En el año 1970 y recién cumplidos los quince años, junto a compañeros de la escuela secundaria, formé una banda de rock y blues duro que llamamos Menhires, como esas piedras duras y milenarias perdidas en la bruma de la arqueología británica. Nunca supe bien el motivo de ese nombre dado a la banda.
Durante seis años realizamos presentaciones en zona norte del Gran Buenos Aires en colegios, clubes y cuevas “under” bastante abundantes por cierto en la época, antros de atmósferas irrespirables debido al humo de los porros y los sahumerios de aromas variados. Eran frecuentados por los jóvenes de entonces para escaparle al clima social ya impregnado en sangre y fuego a punto de desbordar.
Mi barca navegó las aguas de la poesía en conjunción con la música, siguiendo el llamado de libertad espiritual que los años jóvenes reclaman con gran impunidad. Fue un tiempo delicioso en mi vida de la que los recuerdos, dulcemente, se entremezclan con la psicodelia de las vivencias a borbotones. En paralelo, el país experimentaba con uno de sus períodos más oscuros de la historia: violencia institucional, gobiernos de facto, desaparecidos, torturas y muerte; la intolerancia a flor de piel.
Luego sobrevino el giro mental típico de la edad de la razón, un puerto de connotaciones desérticas y renunciamientos a libertades espirituales. Estudios universitarios y trabajo bajo los protocolos convencionales de horarios y proyectos afines a la materialidad de la vida corpórea. Sin embargo, el duende interior travieso y aventurero permaneció al frente del timón y mi barca, sumergida en aguas ocultas, continuó navegando en la búsqueda de su tesoro.
Algún arcón debía esperar enterrado en una de esas islas perdidas en los océanos de mis mundos interiores. El mapa, por supuesto, se iba construyendo en la medida que los caminos se precipitaban frente a mis ojos inquietos.
Cuando ingresé en los áridos territorios de la razón las aguas de la música se aquietaron por un tiempo, unos veinte años…
Las matemáticas, la física y la electrónica asumieron el comando y me sumergí de pleno al estudio de las ciencias fácticas, intentando descubrir en esos mares el arcano que incentivaba mi navegación. Mi barca enarboló la bandera con la insignia del átomo y el triángulo pitagórico.
Allí me fascinaron la geometría analítica, la interpretación virtual de esta realidad espacio–temporal donde desarrollamos el Juego, las ecuaciones diferenciales, las derivadas e integrales y ese lenguaje simbólico y abstracto donde sentía la presencia de un secreto trascendente a la existencia.
Por supuesto, continué escribiendo furtivamente durante las noches y en mi cuarto, en soledad, como buen practicante del oficio. En esas épocas intentaba experimentar con la novela, un campo literario que requiere paciencia y concentración si se desean logros compactos que satisfagan las expectativas del mismo escritor.
Cuando promediaban mis estudios de Ingeniería, me crucé con el amor de mi vida: Laura. Laurita, mi verdadero complemento. Y supe entonces que todo sueño personal adquiere verdadera trascendencia cuando es genuinamente compartido.
La vida de pareja, los proyectos, los hijos, el desarrollo profesional y las experiencias fruitivas del mundo fueron ocupando la superficie de aquella búsqueda, sumergiendo la pulsión inicial a las profundidades marinas. Allí nos visitaron los otros compañeros de viaje, nuestros hijos: Pablo, Soledad, Sofía y Milagros. Con los años, de ellos emergieron los nietos y la vida continuó sembrando.
Mi barca, entonces, disfrazó su apariencia con ropajes de familia intentando mostrarse consecuente con los requerimientos de la época. Sin embargo, para quienes tenemos activa esa chispa aventurera a flor de piel, resulta imposible sosegar el impulso de recorrer los Jardines tras la llamada interior.
Tal fue el deleite que pude percibir en mis años de docencia. Previamente a ellos, debí navegar las aguas espesas del universo materialista. Como sucede en el océano de la Ignorancia, la impronta fue impuesta por la necesidad de atravesar esa sensación de deseo de poder; ocho años de mi vida viviendo el infierno del ideal capitalista, y a toda máquina, como deben ser las cosas cuando uno se sumerge a la experiencia de aquello que quiere conocer.
En esos tiempos fui director de una sociedad anónima, accionista de otras dos y sometí mi “ego” a distintos tipos de anarquías existenciales. Conocí la hipocresía, la falsedad y el escarnio. Al final de aquel sendero, sentí una enorme sequía espiritual y estaba dispuesto a transgredir la frontera que yo mismo me había impuesto. En medio de la bruma material había un niño clamando por costas impolutas.
La docencia fue el viento que impulsó mi barca renovada, tanto en apariencia como en proyecto de vida. A pesar de aquello que no alcanzamos a comprender y denominamos “pesar” o “mal”, la vida es bella.
Volqué en mi actividad docente el arte que transforma un oficio en una conexión trascendente. Navegué los nuevos paisajes paganos en mares rodeados de costas hermosas y soleadas. Mi barca se disfrazó de alumnos y contenidos pedagógicos que permití me atravesaran buscando derramarme en esa impronta. La poesía, la literatura, la música, las matemáticas, las ciencias físicas, mi pasaje por el materialismo duro, la docencia, todo, amigos míos, “hace obra”…
Recién ingresado en mi década de los cuarenta, tuve la oportunidad de regresar a la actividad musical. Menhires. Los mismos integrantes. Más viejos, por supuesto. Algunas nieves en la azotea, pero el sueño de juventud a flor de piel. Otra oportunidad para cumplir un camino que se sentía trunco.
Mi barca retomó su bandera con el emblema de guitarra. El paisaje dibujó costas de corcheas, acordes y poemas vibrando en los ensayos. Durante ocho años logramos volar alto con la música y sus vestes nobles que te conectan con otra realidad, virtual a los ojos pero tan genuina como palpable a la vez.
En esos años llevamos nuestro rock sinfónico y el blues por distintos escenarios de zona norte del gran Buenos Aires. Realizamos principalmente recitales en teatros y grabamos dos CDs en estudio con nuestros temas. En esa época dedicaba mi tiempo a la docencia, a componer canciones, a la poesía y las narraciones. Mi familia participaba de aquellos sueños y con los viejos amigos logramos entregar eso que esperaba acechando en los corazones. El arte es un oficio que logra su clímax cuando busca un lugar en el mundo.
Y una vez derramado el contenido, la “serpiente emplumada” busca de nuevo refugio en el sosiego de la inacción. Sin ser conscientes de la fuerza que regula los movimientos, Menhires regresó a su ostracismo y cada cual siguió el sendero en su barca personal. Según los alquimistas, el mercurio es una criatura extremadamente lábil como para resistir las jaulas que acostumbramos a construir. Pero la transformación de plomo en oro sigue su curso en el alma de los navegantes.
Mi barca retomó el estandarte de las letras y aquel mercurio despierto a los ocho años de edad me sumergió por completo en los mares tumultuosos de la literatura. La música resignó su trono a un acompañamiento personal de mi guitarra acústica, amiga fiel en la intimidad.
En esos tiempos, mi compañera Laura emprendió un vuelo importante en las artes plásticas. Incursionó en distintos espacios de la pintura, el dibujo, la caricatura, el surrealismo, el cubismo, el hiperrealismo, el arte pop y diferentes territorios donde le permitió a su alma expresarse con libertad. Esta circunstancia nos unió más aún. Y nuestro vínculo encontró una resonancia común.
Sentía una fuerza ejerciendo presión en mi mundo interno. En realidad, siempre había estado allí, más ahora insistía en sus reclamos.
En los últimos quince años tuve la compulsión de navegar aguas que la cultura popular considera separadas. Experimenté la novela, la poesía en sus distintas estructuras, la dramaturgia, el ensayo y el cuento. Desde la periferia de mi círculo existencial fui sumergiéndome a las vivencias interiores sintiendo la correspondencia con aquello que se ofrece a los sentidos. Las pinturas de Laura me ayudaron en ese intento de hacer del mundo externo y del interno una sola Sustancia–Fuerza– Conciencia. Proceso largo, muy largo, donde el arte es el instrumento para tallar esa correspondencia.
En los últimos años acompañaron mi periplo los hermanos de letras —aventureros gentiles en la misma resonancia que me impulsaba en el viaje—, el Movimiento de Autores Locales de Pilar, la ciudad donde recalé hace más de tres décadas y donde la vida fue cobrando lentamente su sentido y propósito. Junto a ellos, los proyectos literarios fueron encontrando su expresión entre la gente y la difusión de nuestras obras adquirió una medida sorprendente.
Y entonces sobrevino la pandemia, con su crudeza movilizadora y proponiendo la necesidad del retiro a nuestros refugios personales. Encerrado junto a Laura en el hogar, ahora sosegado y en estado introspectivo, la búsqueda continuó desplazándose en las aguas virtuales. El encuentro con uno mismo es el propósito de esta espera. El arcón y su tesoro está próximo, como sucede cuando las calamidades llaman a la puerta.
Ahora, mi barca navega aguas tranquilas. Dejé de luchar contra el impulso del viento y la aceptación de las cosas me permite contemplar el sendero recorrido en ese “volver la vista atrás” que mencionaba Antonio Machado.
Veo a ese niño realizando en solitario sus experimentos sensitivos y la extraña fuerza que lo guiaba, el tiempo tempranero donde ese duende literato se introdujo en mi cuerpo, el esfuerzo nocturno en el cuarto por lograr en los dedos los “callos de la guitarra”, los primeros tiempos tumultuosos de Menhires en los escenarios “under”, la visión de Laura y su cabello ensortijado en aquella noche de encuentro, los estudios de Ingeniería, las derivadas, las ecuaciones diferenciales, el sendero materialista destilando las oscuridades de mi alma, la docencia y la vida espiritual, el retorno a los escenarios musicales, la búsqueda homogénea en los géneros literarios dispersos y, en el medio del tumulto, la búsqueda, siempre esa búsqueda de completamiento…
Por supuesto, como todo navegante de puertos disímiles he realizado descubrimientos en este viaje. Mi barca me ha llevado por “lejanas lejanías”. Y las formas diferentes de un universo que se muestra heterogéneo a los sentidos externos encierran una verdad simple y a la vez sorprendente.
Los Muchos existen por la unidad que los sostiene. Y lo Uno se expresa a partir de su diversidad aparente en los Jardines. Cuando contemplamos los paisajes y a los compañeros de viaje, en realidad, contemplamos Aquello que Somos. Y ese es el gran secreto de la Vida en el universo cuya semántica adquiere Forma según el grado evolutivo de la conciencia. El mío, a merced de las tormentas y los días soleados, recién comienza a despertar a esta realidad. La búsqueda tiene un sentido de completamiento y es el de redescubrir esas habitaciones de un hogar que jamás hemos abandonado.
Navegando los ocasos paganos es la forma que esta pandemia tajante y repentina adquirió para abrir nuevamente mi bitácora. En sus versos palpitan estos senderos externos e interiores de mi periplo en el mundo. Y en ellos, esa búsqueda que el arte me ha permitido canalizar en sus aguas.
Más allá del arcoíris, en los Jardines Floridos, espera un arcón con un tesoro escondido. Se trata de un significante personalizado que, cuando lo abrimos, se transmuta en el universal que nos permite ser Uno con la Vida.
Citas
Cuando el desierto comienza a volverse fecundo,
trae vegetación extraña.
Carl Gustav Jung
Tanto el individuo como el cosmos provienen de
una Realidad trascendente que toma forma en ellos.
Sri Aurobindo
No nos encontraremos, amor mío, te perderé otra vez
en el tranvía, o en el tren, en calzoncillos correré por
entre gentes apiñadas y durmiendo donde una luz
violeta ciega los polvorientos paños.
Julio Cortázar
El universo está en una de las columnas que rodean
el patio central, quienes acercan el oído a la superficie
declaran percibir, al poco tiempo, su atareado rumor…
Jorge Luis Borges
Navegando los ocasos paganos
1
Caminó lentamente hasta la esquina del farol,
su tristeza era comparable con la de los despojados,
la mañana, fría, sopló en su rostro ensimismado
y el olvido se hizo cargo de aquella bruma de alcohol…
2
Clavó la hoz muy fuerte en el cantero,
las flores se quebraron con la impronta derramada,
primaveras y otoños en el juego pasajero
para la mano que ciega la vida, no vale nada…
3
Tuve tu cuerpo en mis brazos sin pedirlo,
el silencio volvió azules los grises,
sentí el cobijo que sosiega a cualquier niño
y, en mi sueño, los dos fuimos felices…
4
Acá estamos. Vos y yo en la encrucijada.
El silencio nos ha vuelto indiferentes
y en esta espera nos jugamos la parada.
Vamos, el tiempo no suele ser paciente…
5
La timba de la vida juega sus dados sin prisa,
en el día acamala nuestro paño y se idiotiza
apostando sentimientos y recuerdos,
la timba de la vida, silenciosa, nos cobija…
6
No he podido encontrar esa moneda entre mis ropas.
La he buscado con la impronta del desesperado.
En tanto, silencio hallaba por respuesta
y aquí estoy, a merced de tu gratuidad…
7
La realidad es aquello que sentimos,
es molécula, pensamiento y sueño,
silencio que pretende hacerse dueño,
Realidad de Realidades, ¿dónde estás?...
8
La vida es recurso de dioses paganos,
esos que con sus manos moldean el cielo,
mas también es la puerta que disipa el velo
y sobre el Olimpo nos hace navegar…
9
Hola. Te prevengo. Mi historia es oscura
y estas copas compartidas no han de suavizarla.
Lo duro de la vida en palabras se ablanda.
Vamos. Te la cuento y seremos amigos…
Бесплатный фрагмент закончился.
