Читать книгу: «Cuatro estudios didácticos para la formación de docentes de Matemática»

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El diseño de cubierta fue realizado por Ángel Vega

El diseño del interior fue realizado por Gerardo Miño

Primera edición: Abril de 2021

ISBN: 978-84-18095-69-6

Depósito legal: M-7594-2021

THEMA: PBM [Geometría]

Editado en Buenos Aires, Argentina

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Índice

Prólogo. Formarse para ser docente por José A. Villella

CAPÍTULO 1. Entre el pizarrón y la pantalla: el lugar geométrico bisectriz como constructo teórico mediado por un software de geometría dinámica por Rosa A. Ferragina

CAPÍTULO 2. Entre lo conceptual, lo epistemológico y lo didáctico: interacciones con software de geometría dinámica para estudiar integrales por Leonardo J. Lupinacci

CAPÍTULO 3. Entre lo seguro y lo posible: el pensamiento probabilístico como objeto de estudio en el aula por Victoria P. Güerci

CAPÍTULO 4. Entre el decir y el hacer: la memoria colectiva de una experiencia de formación docente, como recurso para la reflexión sobre la práctica por Fernando J. Bifano

Prólogo
Formarse para ser docente

por José A. Villella

Pienso que el modo en el que funcionan las matemáticas en el cuerpo general de la enseñanza no es lo que debería ser y tal vez nunca fue exactamente lo que podría ser (…) Cuando se enseña matemática, ante todo hay que lograr

la convicción de que es interesante.

Alain Badiou, 20161

A lo largo del siglo XX, el conocimiento ha variado su naturaleza y su papel en la sociedad, lo que ha comportado la necesidad de modificar nuestro trato con él. Hemos pasado de una relación de dominio del conocimiento (propia del siglo anterior) a otra de gestión y uso competente de este conocimiento en nuestro siglo. Este hecho ha provocado un cambio en nuestras concepciones sobre formación, enseñanza, docencia y evaluación.

Sobre la base de esta realidad, en algunos países la formación docente ha dejado de estructurarse a partir de los conocimientos para hacerlo desde las competencias profesionales. Están siguiendo un proceso de desarrollo curricular basado en este itinerario: definición del perfil del profesional que se quiere formar; identificación de su rol y funciones y competencias que lleva asociadas; análisis de los contextos en que se tendrán que aplicar y generación de estrategias de aprendizaje y de evaluación que permitan su desarrollo.

Este planteo pone un especial énfasis en el establecimiento de fuertes nexos entre competencia, persona, tarea y contexto. Bajo esta conceptualización, desarrollar el uso competencial de un conjunto de conocimientos y habilidades integrados sobrepasa su dominio o aplicación mecánica y hábil. Implica interacción, mediación y gestión entre el conocimiento y la realidad física, social o cultural. También supone actuar con efectividad y eficiencia no solo en la aplicación, sino en la interpretación del contexto y sus significados. Así, la adquisición de una nueva competencia comporta un efecto directo sobre nuestra capacidad para interpretar y dotar de nuevos sentidos a la realidad sobre la que actuamos. Desde esta dimensión, resolver problemas didácticos que caracterizan a la práctica docente aporta otras metáforas que actúan de mediadores en nuestras interacciones con la realidad. Surgen, entonces, significados nuevos y más relevantes que modifican lo que entendíamos otrora como proceso de aprendizaje en el aula de formación docente.

La formación docente: un debate abierto

Un modelo de formación es una construcción teórica que nos permite diferenciar distintos modos de fomentar actitudes y aptitudes en los futuros profesores, de acuerdo con ciertas cualidades que determinan su profesión. Se crean así escenarios de formación que evolucionan desde la toma de cursos en forma pasiva a la asunción de mayor compromiso respecto de la práctica docente y de su inserción en la escuela. Esto nos permite diferenciar entre un profesor que requiere de un modelo de formación transmisivo; un profesor que se ajusta a un modelo de formación autónomo y uno que se involucra en la investigación. Todos estos pueden –y es de esperar que así sea– evolucionar hacia el requerimiento de un modelo de formación que redunde positivamente en la escuela.

Las políticas educativas se enfrentan a una paradoja creada por ellas mismas quizás de forma inconsciente. Se les ofrece la idea, a profesores y escuelas, de una mayor autonomía para responder las necesidades locales. Pero, a la vez se les dice claramente cuáles deben ser los resultados a los que deben llegar, acordes con los que cada jurisdicción se ha autoimpuesto como logros. Entonces, la paradoja consiste en que por un lado se les otorga a los docentes mayor autonomía para desarrollar sus clases en las instituciones donde realizan su tarea pero a su vez, se les restringe más el poder de selección de contenidos y armado de secuencias de enseñanza. Puesto que, los primeros vienen jerarquizados y organizados por los distintos diseños curriculares y las segundas indicadas, directa o indirectamente, a través de las sugerencias curriculares que llegan a las escuelas. Pareciera que en la actualidad el docente se enfrenta a un doble discurso: aquel que le pide que reflexione sobre su práctica, que analice críticamente su acción y el otro que le propone la pasividad que impone el no pensar sobre la enseñanza más que como un corpus de situaciones simples que descomplejizan el conocimiento a enseñar.

Desarrollarse como profesor de cualquier asignatura y en especial de matemática, que es la idea central que propone este libro, supone un proceso de aprendizaje profesional que puede tomar en cuenta cuatro dimensiones: acción, reflexión, autonomía y comunicación. Estas dimensiones, que podemos llamar componentes del conocimiento profesional, ponen en íntima relación a los conceptos teóricos y los prácticos en la formación. La acción es concebida como la actitud y competencia desarrollada en el trabajo de construcción de conocimientos matemáticos en el aula; la reflexión como la posibilidad de criticar sistemática y reflexivamente la propia práctica que se desarrolla en ella; la autonomía como la capacidad para organizar, determinar y desarrollar el propio trabajo y la comunicación como la posibilidad de dar a conocer lo que se hace en orden a permitir que otros opinen sobre el trabajo y este se nutra de esas opiniones.

De este modo, el docente que se forma para trabajar en y sobre su práctica puede construir su identidad profesional. Toma en consideración sus propias impresiones acerca de su rol, así como la de la comunidad en la que su accionar impacta, piensa en el hecho educativo (relación dinámica entre los saberes matemáticos escolares, los docentes y los alumnos) y le da sentido a cada uno de los sistemas que lo conforman:

- La matemática y los futuros docentes: los docentes requieren un proceso de formación inicial que les permita adquirir la aptitud necesaria para intervenir en el hecho educativo en función del conocimiento de y sobre la matemática. Esto supone estar en posesión del entramado de relaciones entre los conceptos que la vertebran y del significado que los mismos adquieren cuando se usan como objetos de estudio o herramientas de aplicación.

- Los docentes y los estudiantes: es seguramente la relación que más peso tiene en el proceso de aprendizaje y por lo tanto en el diseño y gestión de la enseñanza de la matemática, ya que son los estudiantes quienes toman una actitud más activa en todo el hecho educativo. Le corresponde al futuro docente aprender cómo llevar a cabo la difícil tarea de asegurar el proceso de institucionalización de los saberes y a ser cuidadoso en la orientación y guía de sus estudiantes en el mismo, haciendo que ellos asuman su responsabilidad en cuanto a los saberes que deben aprender.

- Los estudiantes y la matemática: se trata de hacer explícitas las relaciones que los estudiantes ya tienen con la asignatura desde la experimentación con objetos matemáticos con los que estuvieron en contacto antes de ingresar al sistema formal de enseñanza, para que puedan llegar al proceso de axiomatización del concepto en cuestión. Asumimos que la relación constructiva del estudiante frente al saber puede estar plagada de lo que el docente considere fallos, los cuales en realidad suponen las distancias entre lo que se cree y lo que se debe saber. Esa distancia debe tomarse como medida del acercamiento lógico al saber en cuestión y no como cuantificación de su alejamiento (visión positiva del error en el proceso de construcción).

- La matemática y el entorno: hacemos aquí referencia a la necesidad de poblar el desarrollo de las secuencias de enseñanza con elementos que surgen del entorno directo en el que el alumno desarrolla su acción y en donde la escuela está emplazada. No se trata de llevar al aula la realidad con su alta y compleja red de relaciones, pero sí de proveer ejemplos que surjan de aquella para que las aplicaciones cobren visos de significatividad.

- Los docentes y el entorno: si tomamos el entorno como la fuente de los conflictos que invaden la profesión: sueldos, padres y sus demandas, cambios del marco regulatorio de la actividad de enseñar, etcétera, el mismo actúa negativamente en la gestión de la clase. Sin desconocer que esto puede pasar, lo que proponemos es que sean ese entorno y esas dificultades las que enmarquen de “realismo” las situaciones propuestas. Es en el entorno donde el futuro docente podrá encontrar la fuente de recursos y materiales para el desarrollo de sus secuencias de enseñanza relativas a la matemática.

- Los estudiantes y el entorno: en esta relación haremos hincapié en detectar cuáles son los intereses que mueven a los estudiantes hacia el aprendizaje. Del entorno del alumno extraeremos las expresiones que permitan la negociación didáctica a realizar para la incorporación paulatina de los saberes relativos a la matemática que se debe desarrollar.

Cuando se toman en cuenta estas dimensiones, se abandona el aula de formación basada en un modelo transmisivo para llevarla a un modelo de corte investigativo. Decimos esto porque, en el primer modelo, las actividades de formación se basan en el pasaje de información matemática y se operativiza mediante cursos temáticos de comunicación vertical; mientras que el modelo investigativo se basa en la documentación, aplicación y reflexión, en la investigación-acción. De esta manera, el término profesión adquiere significados distintos debido a que el modelo de formación hace hincapié en diferentes aspectos de su organización. No supone una definición fija, como una idea universal que se sitúa al margen de toda dimensión espacial y/o temporal. Es un significante cuyo concepto construido socialmente varía en el marco de sus relaciones con las condiciones sociales del empleo del docente. Así, el conocimiento profesional de los docentes de matemática depende del contexto, en tanto habita en una trama social de relaciones de poder.

No basta con decir que debemos formar profesores reflexivos que sean capaces de disfrutar de un grado mayor de autonomía. Se torna necesario establecer tradiciones de pensamiento y reflexión que fundamenten tales declaraciones y contemplen, entre otros, dos tipos de saberes básicos:

- Conocimiento de tipo teórico, que surge como explicación de lo que sucede en la práctica. Es proposicional, está formulado en términos abstractos y generales. Sus aseveraciones pueden ser explicadas, investigadas, transmitidas y forman parte de una teoría. Al ser considerados verdaderos son universales, atemporales y objetivos.

- Conocimiento de tipo práctico, que se relaciona con la toma de decisiones que se producen en el mismo terreno donde se desarrolla la actividad. Se basa en el entendimiento de numerosos casos concretos y complejos que surgen de diversas situaciones de la práctica. Se contextualiza en situaciones particulares, con afirmaciones que no son universales y se constituye en un conocimiento de tipo perceptual.

Del aula de formación al aula de actuación profesional

En párrafos anteriores propusimos adentrarnos en el mundo de los saberes profesionales. Lo hacemos porque creemos que reflexionar sobre lo que sucede en el aula, supone tomar en cuenta que:

- hay que pensar en los docentes y sus prácticas destinadas a un otro con el que se establece esa relación de enseñanza y de aprendizaje;

- el contenido que circula en el aula tiene sentido en un marco social, en un momento y proceso histórico:, ya que genera vivencias particulares y acciones específicas;

- entre docentes y alumnos, y la mediación de los contenidos que circulan, se hace una construcción social que parte de individualidades para convertirse en un nosotros cultural;

- hay factores que obstaculizan y otros que favorecen el aprendizaje que no se hace de forma natural por la predisposición de la escucha y requiere de un escenario construido ad hoc, un escenario didáctico que genere una situación de aprendizaje;

- las intervenciones didácticas condicionan el aprendizaje.

En esta reflexión, la decisión de qué y cómo se enseña matemática supone la consideración de aquello que resulta relevante, significativo, valioso dentro del contenido de enseñanza y del proceso de aprendizaje de los estudiantes. Así, si decidimos enseñarla a través de la resolución de problemas, determinar qué priorizar durante el proceso está en relación con el conocimiento de los mecanismos del aprendizaje, en cómo este se produce, cuáles son sus regularidades, sus atributos y sus condiciones en el contexto del escenario del aula.

A la resolución de problemas podemos considerarla como el proceso mediante el cual se aplican conocimientos previamente adquiridos a situaciones nuevas que distan de ser familiares respecto de aquellas en las que tuvieron origen. De esta manera, para aprender un contenido cualquiera, los que resuelvan los problemas deben involucrarse en la exploración, conjeturación y en el proceso de razonamiento, más que en el aprendizaje memorístico de datos, reglas, procedimientos.

Cuando los profesores elegimos esta forma de organización del aula, asumimos que en la clase se produce una suerte de negociación entre los intereses de los alumnos y los nuestros. Los primeros se basan en la significatividad de los contenidos a desarrollar; los segundos en la epistemología subyacente a los contenidos prescriptos curricularmente. En esta negociación, los profesores somos los mediadores naturales entre los contenidos y los alumnos y mientras nosotros diseñamos e implementamos situaciones de enseñanza, los alumnos desarrollan estrategias de solución que en su conjunto determinan un proyecto de actividad en el aula.

Problematizar los contenidos, en orden a institucionalizarlos, requiere entonces de un trabajo profesional por parte del docente, que consiste en presentar los contenidos como fuente de problemas. Estos problemas deben cumplir con ciertas características:

- sin ser triviales, tienen que ser asequibles a los estudiantes y tomar como criterio el dominio que estos tienen de los conocimientos previos pertinentes para la situación,

- sin ser de sencilla resolución, no requieren del uso de ideas sofisticadas o un número elevado de procedimientos mecánicos,

- sin tener infinitas formas de desarrollo, admiten por lo menos más de dos caminos o métodos de solución,

- sin transformarse en tratados sobre los contenidos que desarrollan, los muestran en su total plenitud y dejan entrever su lugar en la red conceptual que sustentan,

- sin ser evidentes en cuanto a su respuesta, no conllevan trucos o soluciones que no tienen explicación en el marco del contexto escolar.

En términos generales diremos que un problema es una situación abierta, que reta intelectualmente a alguien que no posee inmediatamente métodos, procedimientos, algoritmos directos suficientes para responder y que tiene ciertos componentes:

- el interrogante que da razón de ser a la situación: la pregunta mediante la cual se da origen al entramado del diseño de estrategias de solución que no debe poder resolverse por respuestas dicotómicas (si-no; verdadero-falso),

- el interés que se manifiesta en quien lo va a resolver para que se genere la propuesta de solución que se busca,

- la inexistencia de una solución inmediata,

- la necesidad de desarrollar más de un camino o forma de resolución.

La problematización de los saberes supera la relación intrínseca que sustenta la dupla conocer-actuar en tanto genera indagación reflexiva. El aula donde se implementa se convierte en una comunidad de aprendizaje que fomenta la representación y organización interna del conocimiento, realzando las relaciones entre las distintas unidades de información que componen los campos de las redes conceptuales que las sustentan.

Otro perfil profesional para otro docente de matemática

En los apartados anteriores explicitamos cómo los saberes de los profesores aparecen en un complejo entramado dado que son al mismo tiempo saberes explícitos y ocultos; intuitivos y reflexivos; fragmentarios y sistematizados; racionales y subjetivos, asimilados y precariamente aprendidos. Así, intentamos demostrar que la práctica docente no es una acción que deriva de un conocimiento previo, sino una actividad que genera cultura intelectual en forma paralela a su existencia. Esto requiere de un profesional formado con capacidad de “leer en forma permanente” su hacer cotidiano, de reflexionar y reconsiderar el sentido de sus saberes y la reconceptualización de la propia práctica. Es necesario que el futuro profesor se forme en un ámbito donde se integre lo disciplinar con un nivel analítico de lo escolar. Puesto que la escuela es la primera esfera de determinación de la práctica para la que se está formando. Hace de mediadora entre lo que ocurre en la práctica de la enseñanza de la matemática y el sistema social.

Este profesor así formado debe asumirse como un sujeto particular, concreto e histórico, que como tal se apropia del sistema de usos y expectativas de la escuela en la que va a trabajar. De este modo, comprende que en el trabajo docente no todo es reproducción: hay un margen importante para la autonomía. Su práctica integra diferentes saberes: los curriculares, los disciplinares, los profesionales, los de la experiencia. Con algunos de ellos mantiene una relación de exterioridad, en tanto no son responsables de su construcción y, con otros, de interioridad, en tanto los construye desde su práctica profesional.

A ese “otro” docente está dirigido este libro, surgido como fruto de la reflexión sobre diferentes trabajos de investigación que, con el formato académico de tesis, fueron defendidos y aprobados ante la comunidad académica de didactas de la matemática.

Un libro, este libro, como recurso para la formación profesional

Podemos decir que un libro de texto es una gramática social, es decir, una trama de significados relativos a contextos históricos particulares, que como prosa instructiva tiene la función de enseñar. En este caso, lo hace al ofrecer los recursos y medios para ayudar a producir los cambios conductuales que creemos necesarios al perfil profesional del docente de matemática que se forma para serlo.

Esta es una obra de tipo instructivo. No solo informa al lector sobre un contenido particular –la reflexión sobre la enseñanza de la matemática a través de ejemplos de secuencias de enseñanza y métodos de análisis didáctico– sino que además proporciona explicaciones que muestran con claridad las relaciones entre hechos, conceptos, teorías y contextos de observación u ocurrencia.

Rosa Ferragina ha editado la obra con este propósito editorial. Su trabajo ha sido hilvanar las propuestas de todos los autores con un hilo tan sutil como potente: la reflexión sobre la práctica. El lector ideal que se tuvo in mente durante el proceso creativo, se transforma en el lector real: el docente que enseña matemática en la escuela y aquel que se forma para hacerlo. Para lograr su propósito, Rosa ha puesto la obra en diálogo entre los lectores y los autores. Este diálogo fue posible cuando los autores pensaron sus escritos desde su propio rol docente, al compartir con sus pares sus experiencias, recorridos de formación e inquietudes que emergen de su capacidad de pensar y repensar su propia práctica.

Cada capítulo tiene un porqué y un cómo. El que firma Rosa Ferragina, abreva en la Historia de la Matemática para mostrar cómo un software de geometría dinámica impacta en el desarrollo del contenido de la matemática. La autora no se detiene en el análisis de las bondades o limitaciones de la herramienta como tal, sino que lleva al lector a visitar esos mismos lugares históricos como una forma de reconstruir el proceso de escritura de su tesis. Allí dialoga con autores clásicos y encuentra en sus definiciones puntos de contacto con los que una pregunta, una actividad, una secuencia de clase pueden cruzarse cuando se trabaja geometría mediada por software. Su definición de “punto dinámico” como construcción teórica a partir de la exploración de situaciones prácticas que traspasan la imagen de la pantalla en la que se trabajan, interpela al lector para que valorice la historia de la disciplina que enseña, como fuente de fundamentos epistemológicos de los procedimientos desarrollados con la tecnología. Dejarse llevar por su escritura para pasear comprometidamente por el paisaje de la historia de la matemática y encontrar en cada rincón de ese viaje fotografías reveladoras de los fundamentos de los temas que enseñamos, es un recorrido interesante y desafiante.

Leonardo Lupinacci nos invita a repensar las redes conceptuales en las que las integrales cobran importancia. Con los prismáticos orientados en la caracterización de las distintas formas de resolver un problema de integrales con software de geometría dinámica, Leonardo logra cuestionar nuestros saberes respecto de este concepto matemático y cómo lo ponemos en acto. Su escritura nos invita a recorrer históricamente esas redes conceptuales donde las integrales cobran sentido e importancia epistemológica poniendo énfasis en la práctica de su enseñanza. Problemas de contexto matemático y relacionados con el quehacer cotidiano son analizados desde lo disciplinar y enriquecidos con análisis didácticos, que hacen de su lectura un minucioso repertorio para repensar cómo enseñarlos. Las interacciones entre quienes resuelven y cómo lo hacen cuando usan algún software nos ofrecen una recopilación minuciosa acerca de cómo pueden verse transformadas nuestras aulas cuando llevamos estas ideas a la práctica.

Victoria Güerci interpela nuestras ideas sobre la probabilidad y nos cuestiona como usuarios y enseñantes de las mismas. A través de su prosa, la autora logra relacionar problemas clásicos con situaciones cotidianas. Analiza los fundamentos de esos problemas y pone en evidencia su valor conceptual. Al mismo tiempo, las situaciones cotidianas le permiten tejer puentes entre conceptos y situaciones prácticas, lo que genera una dinámica de producción que invita a los lectores a “jugar” con el tema. Pone en evidencia la importancia del desarrollo del pensamiento probabilístico en los alumnos de la escuela secundaria y al mismo tiempo genera en el docente la necesidad de repensar cómo organizar las secuencias de enseñanza para que ese objetivo se lleve a cabo. Un repertorio de problemas recorre el capítulo, que se ilumina con el análisis didáctico de los mismos.

Fernando Bifano escribe sobre los recursos que los docentes usamos cuando ponemos en acto las secuencias de enseñanza que diseñamos. Muestra desde sus ideas cómo, al seleccionar recursos para enseñar matemática desplegamos un trabajo colectivo y a la vez colaborativo. Desde el relato de una experiencia de formación permanente de la que recupera la idea de bitácora como memoria de trabajo, el autor nos hace construir la idea de recurso como aquello que vuelve a la fuente, lo que vuelve a alimentar el trabajo del profesor y genera reflexión como motor para el desarrollo profesional. Las “voces” de los docentes que participaron de su trabajo de investigación, plasmadas en fragmentos de diálogos, nos permiten adentrarnos en la tarea de la reflexión sobre la práctica y en cómo ese ejercicio profesional denota la posesión de competencias profesionales que delinean a este otro docente que intentamos formar.

Este libro intenta ser un puente entre la formación inicial del profesor de matemática y el ejercicio de la reflexión sobre su accionar. Su función principal es la de permitir discutir y decidir, con criterio, sobre un itinerario en un determinado espacio de formación. Aun cuando se conozca la existencia de ese espacio pero no se lo haya atravesado en ninguna ocasión. En esta situación así descripta, este libro como el puente toma el lugar del territorio, de ese espacio que se quiere unir: lo reemplaza, transformándose en su sustituto, en una representación. Es en ese puente, en función de lo que representa –fruto de la selección de elementos tomados como significativos y por lo tanto conservados– donde se define una discusión desde un punto de vista y con relación a un proyecto determinado. De esta manera, diremos que un puente no es ideológicamente neutro –este libro tampoco lo es– y se transforma en objeto de estudio y reflexión dependiendo de los intereses de quienes lo encargan, lo hacen o lo transitan. Al valorizar ciertos puntos de vista, determina o presupone una toma de postura, es resultado de una negociación (explícita o implícita) y de relaciones de fuerza entre cierto número de intereses.

Este libro se escribió sobre la base de una idea de formación y por ello no responde a un juego intelectual gratuito: es inservible, como lo es un puente, si no se sabe cómo cruzarlo. Durante su recorrido se mantiene cierta fidelidad a lo que representa y se carga de una parte de creatividad y de invención. Quienes lo atraviesen lo deberán hacer de forma activa, poniendo su impronta en ello. Así lo resignificarán, lo actualizarán y lo percibirán de una manera nueva, aunque ello no le otorgue carácter de novedoso, en tanto sigue siendo el mismo objeto que había sido antes diseñado.

Esperamos que disfruten atravesarlo.

1 La cita es un fragmento de las conclusiones del libro Elogio de las matemáticas que contiene una conversación entre Gilles Haéri y Alain Badiou (filósofo, novelista, dramaturgo y profesor emérito de ENS de Francia), publicado en 2016 en Argentina por Capital Intelectual.

CAPÍTULO 1
Entre el pizarrón y la pantalla: el lugar geométrico bisectriz como constructo teórico mediado por un software de geometría dinámica

por Rosa A. Ferragina

1. De la geometría sintética a la analítica

Entre todas estas vicisitudes que a grandes rasgos presiden la evolución de la matemática, que considero de interés y actualidad y que se refiere en particular al campo de la geometría. Se trata de una lucha periódica, con períodos variables y alternativos de triunfo y derrota para ambas partes, entre la llamada geometría analítica y la geometría sintética.

Santaló, L., 1960: 10

Las palabras de Santaló nos permiten repensar cómo se conforman estos dos pilares del estudio de la geometría, con avances, relaciones, preferencias, en cuanto a caminos y desarrollos en ambas perspectivas. Es por eso que se hace necesario contar con los aportes de una bibliografía que dé cuenta de estas posiciones a través de los años y, que la conforme como fundante en el recorrido que propondremos. El análisis de fuentes históricas-epistemológicas, nos posibilitará realizar un replanteo de la relación actual entre estas dos perspectivas geométricas y, cómo puede ser influenciada cuando incorporamos en el análisis un software de geometría dinámica (SGD).

Historiadores como Rey Pastor y Babini (1980), Boyer (1994) y Collette (1980) sostienen un carácter práctico como origen de la Geometría, ya que su nombre alude a “medir la tierra” y a lo que medían: longitudes, ángulos, superficies y volúmenes de los utensilios que fabricaban. De ese modo, las comunidades descubrían relaciones entre sus elementos, que hoy llamaríamos fórmulas, con las que planteaban y resolvían problemas que hacían referencia a cuestiones particulares que necesitaban. Las relaciones que encontraron fueron basales para la conformación de la obra Elementos, escrita por Euclides (300 a.C., aprox.). Este es un texto que compendia toda la matemática elemental de la época: la aritmética o teoría de números, la geometría sintética (de puntos, rectas, planos, círculos y esferas) y el álgebra (como una interpretación de relaciones geométricas).

Tenemos, entonces, una primera caracterización de la geometría sintética como la que utiliza los métodos de los Elementos de Euclides para resolver problemas de construcción geométrica con regla y compás. Un gran número de esas construcciones no hacen referencia a las medidas de los elementos (lados, ángulos, radios, medianas, bisectrices, etcétera) que caracterizan a las figuras geométricas.

El surgimiento de otra perspectiva geométrica tuvo que esperar años, más exactamente siglos. El siglo XVII pone en contacto los antiguos problemas griegos de la mano de traducciones árabes, la consolidación de los avances algebraicos y la reinterpretación de las obras de Euclides, Arquímedes, Apolonio, Diofanto y Pappus, le otorgan a la geometría un método de generalidad que no tenía. Descartes (1596-1650) y Fermat (1661-1665), con la Geometría e Introducción a la teoría de los lugares planos y espaciales, respectivamente, dan inicio a lo que actualmente se conoce como una rama de la matemática, la geometría analítica. Estos trabajos tienen basamentos en la geometría griega, pero plantean como premisa principal encontrar nuevos métodos que sean más simples, operativos y, sobre todo, más generales.

Diversos autores (Kline, 1999; Courant y Robbins, 1996; Puig Adam, 1976)1 concuerdan acerca de que el nombre apropiado para los avances propuestos por Descartes y Fermat sería “geometría de coordenadas”. Entonces, ¿por qué transcendió con la palabra “analítica”? Este término, desde Platón, es considerado como el proceso deductivo que se realiza partiendo desde lo que se quiere probar hasta llegar a una verdad conocida. Descartes consideraba que “análisis” era la palabra apropiada porque el álgebra servía para “analizar” el problema de construcción geométrico considerado. Luego, con el avance algebraico, se dejó de considerarla solo como una herramienta aplicable a la geometría para ser un método de estudio de las curvas. Por lo que, “geometría analítica” hace referencia tanto al proceso de demostración como a la aplicación del método algebraico.

Acordamos con la posición de Collette (1980), puesto que no se refiere a uno de los dos matemáticos, Descartes o Fermat, como “descubridor” de la geometría analítica. Collette analiza sus trabajos como una caracterización de sus posturas, que consideramos relevantes en el desarrollo de este capítulo:

- Cada uno contribuyó, de un modo independiente, en el reconocimiento de que una ecuación dada con dos incógnitas puede considerarse como la determinación de una curva plana, con respecto a un sistema de coordenadas.

- Cada uno, con métodos algorítmicos propios, intenta vincular estrechamente la ecuación y la curva correspondiente.

- Fermat tiene como idea fundamental el logro de la ecuación de la curva de un modo más claro que Descartes.

- Descartes cubre problemas de un campo más amplio y general que el de Fermat, quien trabajó casi específicamente sobre las ecuaciones de primero y segundo grado.

- Ambos autores continuaron los trabajos de Vieta en direcciones diferentes. Descartes trabaja sobre la construcción geométrica de las raíces de ecuaciones algebraicas, dotándola de un simbolismo más apropiado. Fermat, conserva la notación de Vieta y la aplica a otro tema, el estudio de los lugares geométricos.

- “En general, se puede decir que Descartes comienza con un problema de lugar geométrico a partir del cual obtiene una ecuación del lugar, mientras que Fermat se preocupa más de partir de una ecuación y de deducir las propiedades de su curva” (Collette,1980: 27).

Rescatamos las palabras de Kline (1999), en consonancia con lo propuesto por Collette en el último párrafo, puesto que se refieren a cómo cada matemático realiza la asociación de curvas y ecuaciones:

Aunque la idea sobresaliente para el futuro de las matemáticas era la de asociar ecuación y curva, para Descartes esto no era más que un medio para un fin, a saber, la resolución de problemas de construcciones geométricas. El énfasis de Fermat en las ecuaciones de lugares geométricos es, desde el punto de vista moderno, más oportuno (Kline, 1999: 419).

Esta asociación curva-ecuación puede darse de dos maneras diferentes.2 Construimos una curva mediante propiedades geométricas (Descartes). Esa curva tiene asociada su propia ecuación, que la caracteriza a ella y no a otra. Partimos desde la ecuación de una curva y explorando el comportamiento algebraico de la misma, podemos descubrir las propiedades geométricas que la constituyen (Fermat). Pero, ¿qué es la ecuación de una curva? Es la relación que se obtiene entre uno o varios valores de ordenada para una misma abscisa. Y esa curva trazada no es otra cosa que la solución geométrica de un problema indeterminado, es decir, que tiene una infinidad de soluciones: es lo que los antiguos llamaban lugar geométrico.

Jourdain (1919) en su libro La naturaleza de la matemática, suscribe que hay dos ramas de la matemática que actúan como conectores entre la esencia de la matemática antigua y la moderna: el método del análisis geométrico y el álgebra griega de los tiempos de Diofanto. Además, postula que el proceso del descubrimiento matemático es algo vivo y en desarrollo. En ese proceso, el autor asigna a los lugares geométricos (loci en el original) un lugar preponderante porque la cuestión de los lugares geométricos está relacionada con el análisis geométrico, y difícilmente puede disociarse esa noción de la imagen mental de un punto en movimiento. Imagínese un punto obligado a moverse solo según cierta curva. Es claro cómo el imaginarnos el locus que puede describir un punto resultará útil para la resolución de problemas (Jourdain, 1919:31).

La idea de que alguna curva (locus, en el original y refiriéndose a cualquier línea continua, sea recta o no) pueda ser engendrada por puntos en movimiento no estaba presente en las demostraciones finales de las propiedades geométricas en los tiempos de la matemática griega. Esto implicaría realizar algunas concesiones intrínsecas a la noción de movimiento, como la de utilizar frases gráficas intuitivas para propiciar ideas matemáticas que necesitarían de procesos más complejos de explicación. Por eso, se necesitaron tiempos más modernos, alejados del rigor lógico, para relacionar un punto en movimiento con la idea de variabilidad, de diferentes posiciones en tiempos distintos (Jourdian, 1919).

Pero, ¿cómo caracterizan los lugares geométricos dos textos que han sido fundantes como bibliografía en la cuestión? Nos referimos a los clásicos Geometría Analítica de Rey Pastor, Santaló, y Balanzat (1959) y Curso de Geometría Métrica. Tomo I. Fundamentos de Puig Adam (1976).

Puig Adam analiza a estos lugares como propiedades o teoremas que cumplen condiciones necesarias y suficientes (acorde con Descartes): “cuando una figura contiene todos los puntos que cumplen una determinada propiedad, y, recíprocamente, solo contiene puntos que la cumplen, se dice que es el «lugar geométrico» de dichos puntos” (Puig Adam, 1976: 37).

Rey Pastor, Santaló y Balanzat proponen que la idea básica de la geometría analítica es la representación de los lugares geométricos por ecuaciones y el estudio de las figuras correspondientes a esas expresiones con métodos algebraicos (más acorde con Fermat). Para caracterizar los lugares geométricos escriben: “recuérdese que se llama lugar geométrico al conjunto de todos los elementos que cumplan una o varias condiciones prefijadas; es decir pertenecen al lugar «todos los elementos que cumplen tales condiciones y solo ellos»” (Rey Pastor, Santaló y Balanzat, 1959: 26). Al presentar algunos ejemplos básicos (los ejes cartesianos, rectas paralelas a los ejes y bisectores), parten de sus respectivas ecuaciones y analizan qué significado tienen. Por ejemplo, para la ecuación y = 0 impone al punto (x; y) la condición de tener nula la y, siendo cualquiera la x; es decir, satisfacen esa condición todos los puntos del eje x, ellos y solo ellos. Por lo que, este conjunto o lugar geométrico tiene la ecuación y = 0. La cuestión podría ser entonces, preguntarse por qué no asociar la constitución de los lugares geométricos con la idea de movimiento: el lugar geométrico del ejemplo (y =0) puede escribirse como la expresión de un punto en coordenadas cartesianas (x; 0) que concuerda con lo que dice Jourdain (1919) sobre un punto que se mueve obligado a hacerlo sobre una curva, que es el eje de abscisas.

Creemos oportuno mencionar que la mayoría de los textos sobre geometría analítica, siguen la caracterización de los lugares geométricos como condiciones necesarias y suficientes, dedicándose luego a encontrar las ecuaciones correspondientes mediante la asociación con el sistema de coordenadas cartesianas. Esto supone que existe un acuerdo en la caracterización básica de los lugares geométricos de la geometría sintética, que retoman (como un recuerdo) los textos de la analítica pero que luego no los relacionan con las técnicas de construcción sintética, ni con sus respectivas simbolizaciones algebraicas, sino que directamente realizan desarrollos vinculados a un sistema de coordenadas cartesianas.

Sobre la base de lo expuesto en este apartado, podrían surgir los primeros interrogantes, que no son independientes, combinando de una forma implícita o explícita cuestiones matemáticas históricas-epistemológicas y, de cómo estas se replantean, reformulan, amplían cuando se incorpora un SGD en el tratamiento de un tema específico.

- ¿La consideración del análisis geométrico propiciaría una continuidad entre las dos perspectivas geométricas presentadas, sintética y analítica? Si es así, ¿qué cuestiones epistemológicas lo sustentarían?

- ¿El tratamiento de los lugares geométricos como la imagen de un punto en movimiento favorecería a la construcción de que el conocimiento matemático es algo vivo y en desarrollo? De ser así, ¿qué problemas se propondrían para colocarlo en un primer plano?

- ¿La incorporación de un SGD favorecería una nueva construcción teórica de los lugares geométricos para realizar de ese modo, el análisis geométrico presente en las dos perspectivas geométricas? De ser así, ¿qué problemas seleccionar para dar respuesta a estos propósitos específicos?

2. Euclides y Apolonio. Algo más que problemas de tangencia

En la búsqueda de algún lugar geométrico que posibilitara una reformulación de su caracterización, seleccionamos la bisectriz. Es un objeto básico en el estudio de las relaciones geométricas. Es frecuente su aplicación como condición de bisecar un ángulo. Tiene diversos procedimientos de construcción sintética, no todos debidamente fundamentados. Se determina su condición de lugar geométrico, solo porque es una recta y no por las propiedades intrínsecas que conlleva esta acepción. Por eso, creemos que el objeto bisectriz podría ser reformulado desde una perspectiva dinámica, al considerar la caracterización de Jourdain (1919) para los loci y cómo implementarla mediante un SGD, como GeoGebra.

En la línea histórica-epistemológica, la relación entre dos de los trabajos de Euclides (330-275, a.C., aprox.) y Apolonio (262-200, a.C.) nos muestra un recorrido posible.

Comenzaremos analizando lo que propone Euclides en el Libro IV de los Elementos, porque puede ser un aporte fundante en el que la bisectriz es un lugar geométrico y para ver cuáles son los tipos de problemas en los que interviene. La Proposición III, dice: “construir en torno a un círculo dado un triángulo de ángulos iguales a los de un triángulo dado”(1991: 344). Euclides explica con detalle cómo construir los ángulos iguales a los dados desde el centro K, comenzando en un punto B cualquiera y trazando el radio correspondiente, aunque el autor habla de la recta KB (figura 1).


Sobre la base de que los ángulos correspondientes a los puntos A, B y Γ son rectos, lo cual ha sido probado en el Libro III, Euclides aplica propiedades de los ángulos de un triángulo y de un cuadrilátero para probar que los ángulos del triángulo ΛMN son iguales a los del triángulo dado y que está circunscripto a la circunferencia.

No se hace una referencia específica a la tangencia de los lados del triángulo respecto de la circunferencia, es posible suponer que como ese tema Euclides lo analiza en el libro anterior,3 ahora con una mención a la ubicación fuera suficiente en el Libro IV. Este esquema de tratamiento de las propiedades no permitiría un tratamiento integral de las mismas y el surgimiento de nuevas preguntas respecto de la figura que se construye. Por ejemplo, al centrar la visualización en la igualdad de los segmentos AK y K Γ y su perpendicularidad respecto de los lados del ángulo MΛN (figura 1), ¿por qué se trazan perpendiculares?, ¿es el punto K el único que cumple la condición de estar a igual distancia de los lados de un ángulo?, ¿las medidas de ΛA y ΛΓ son iguales?, ¿se hace necesaria la construcción de la circunferencia? Estas preguntas, orientan a formar otra imagen del concepto (“concept-image”, Vinner, 1991)4 bisectriz, porque parece intuitivo considerar que los otros puntos del segmento ΛK cumplirán la condición de distancia respecto de los lados por la simetría de la figura y las duplas de triángulos rectángulos que se forman son iguales (figura 2). Por lo tanto, los otros elementos también lo son, entre ellos los ángulos AΛK y KΛΓ, siendo entonces el segmento ΛK parte de la bisectriz del ángulo.

Este problema de construcción sintética serviría para relacionar las dos caracterizaciones de la bisectriz, primero por la condición de que todo punto de la misma equidista de los lados y, por la formación de los triángulos rectángulos iguales, que biseca al ángulo. Colocamos en orden inverso las definiciones del concepto bisectriz que dan los textos, en los que primero se la define como la semirrecta que divide al ángulo en dos iguales (lo cual está relacionado con la propia etimología de la palabra) y, luego los puntos que la forman equidistan de los lados del ángulo. Es decir que se construye la bisectriz del ángulo y luego se comprueba la condición de un locus.


De este modo, ese locus surge como algo estático y no de la imagen mental de un punto en movimiento, obligado a moverse. Y, como es esa construcción la que queremos destacar, analizaremos estas discusiones cuando la imagen visual del concepto está mediada por un SGD como GeoGebra.

Llegamos a una decisión sobre el software que utilizaremos para el análisis del problema y podríamos cuestionarla. Por eso, dos justificaciones posibles:

- Un SGD es, básicamente, un editor gráfico que dibuja figuras geométricas mediante definiciones matemáticas para convertirlas en objetos geométricos y, al modificarlas posibilitan analizar qué relaciones geométricas están presentes en la construcción realizada. Es posible nombrar varios SGD, entre ellos GeoGebra, que es un software libre y que, según su creador Markus Hohenwarter, fue inicialmente pensado para establecer un enlace dinámico entre geometría y álgebra, al que luego se le fueron agregando otros módulos que funcionan como hoja de cálculo, sistema algebraico computacional (CAS) y la representación de objetos en 3D (Lindner y Hohenwarter, 2016). El enlace dinámico del que habla su creador está presente en GeoGebra por default, cuando se abre el software y la pantalla partida en dos, muestra a la derecha la Vista Gráfica (donde se realizan las representaciones de los objetos geométricos) y la izquierda la Vista Algebraica (en la aparecen las expresiones que la geometría de coordenadas les asigna). Por lo que este software tiene sus bases estructurales en el fundamento matemático esbozado en los trabajos de Descartes y Fermat, es decir, en la estrecha vinculación entre la ecuación y la curva correspondiente. El programa, de un modo automático para cualquier construcción de un objeto geométrico (utilizando las herramientas que provee), la asocia con una expresión, en la Vista Algebraica. La barra de herramientas de GeoGebra (la versión con la que trabajaremos es la 5.0, pero es igual en las posteriores) contiene varias referidas a los lugares geométricos (figura 3). Mediatriz y bisectriz como construcciones directas dependiendo de un segmento, ángulo o de dos rectas, respectivamente. La utilización de estas herramientas no aludiría a que se trata de lugares geométricos, sino que estarían caracterizadas por una consecuencia de la propiedad correspondiente. Recta perpendicular que pasa por su punto medio, para la primera, y que divide al ángulo en dos partes iguales, en la segunda. Por lo que, se haría necesario proponer problemas en los que emerjan esta necesidad de vincular, por ejemplo, a la mediatriz y bisectriz con lugares geométricos.


- El manual de GeoGebra 55 explicita que “todo lugar geométrico (locus) es un objeto especial que específicamente queda trazado por el uso del comando o de la herramienta Lugar Geométrico correspondiente. El lugar lo traza un punto que dependerá de otro punto sobre un recorrido (puede ser una recta, una semirrecta, una circunferencia o un segmento/intervalo) o de un deslizador”. Podríamos decir que la herramienta Lugar Geométrico (LG), estaría acorde con lo que propone Jourdain (1919) porque si bien no hace una referencia directa a un punto móvil, se menciona que el lugar geométrico está generado por un punto y que ese punto depende de otro que se encuentra en otro objeto geométrico. Y en un SGD, cuando el segundo punto se mueve sobre ese recorrido, el punto que depende de él también se moverá con otro recorrido posible.

Volvemos al problema para realizar la construcción geométrica con el software. Las condiciones básicas de la misma son tres puntos A, B y C, se construyen las respectivas semirrectas y luego un punto D sobre el lado BC (figura 4), que actuará como “punto sobre un recorrido”. La determinación del punto F, se logra por intersección de las perpendiculares a los lados del ángulo desde D y E (siendo los segmentos BD y BE iguales por construcción).


En esta construcción el arrastre del punto D sobre el lado nos hace preguntarnos qué punto es el que determinará el lugar geométrico que está oculto (Arzarello y otros, 2012), ¿es E o F? Por las condiciones de obtención de esos puntos descartamos a E, que solo se moverá sobre el otro lado del ángulo. Las diferentes posiciones del punto D, dadas por el arrastre, condicionan las de F, que se ubican sobre una semirrecta interior al ángulo. Al combinar la propiedad Rastro y la herramienta LG, se visualiza que se superponen (figura 5). Además, la figura así construida puede ser el insumo para probar que los triángulos formados son iguales y que BF es la bisectriz del ángulo.


Esta construcción nos permite proponer una nueva caracterización de bisectriz acorde con un entorno dinámico y que también recupera la idea de Jourdain (1919): “Punto que se mueve sobre el lado de un ángulo, de modo que la perpendicular trazada desde él, se intercepte con otra perpendicular trazada desde un punto que está a la misma distancia del vértice, en el otro lado del ángulo”.

¿Se modifica la caracterización anterior de bisectriz si el ángulo está determinado por la intersección de dos rectas? Si seguimos los mismos pasos de construcción anteriores, el Rastro y LG aplicados a F forman dos semirrectas perpendiculares, ¿por qué? Hay dos puntos que están a la misma distancia del vértice que D, con lo que se obtiene otro punto de intersección. Los loci que ha marcado el software se corresponden con una reformulación de bisectriz cuando los ángulos en cuestión se forman por dos rectas que se cortan y se aplica la relación de que ese punto móvil se desplaza sobre toda la recta. Constituyendo la solución dos rectas (bisectrices) que son perpendiculares entre sí, al considerar que se forman pares de ángulos adyacentes (figura 6).


En el análisis de esta nueva caracterización, la incorporación de un software de geometría dinámica como un medio (milieu) físico (Brousseau, 2007) posibilitó modelizar el entorno del objeto matemático bisectriz y así modificar el conocimiento que tiene sobre él la persona que realiza la construcción dotándola de otro sentido. Esa interacción con el medio software permite que:

- se tomen decisiones (desde qué punto trazar las perpendiculares),

- se elijan estrategias (qué tipo de herramientas del software se utilizan en la construcción),

- se produzcan argumentos de validación (la constitución de un locus),

- se tomen nuevas decisiones (la reformulación del concepto bisectriz cuando se trabaja en un entorno dinámico).

En esta problemática no analizamos por separado el tema (bisectriz como locus) y el medio (para modelizar), sino las interacciones que se establecen entre ellos por las acciones del primero y las retroacciones del segundo.

Además, esa interacción lleva implícita un tipo de tareas, como es trazar una perpendicular desde un punto del lado del ángulo, porque expresa una acción mediante un verbo y se aplica a un objeto definido (Chevallard, Bosch y Gascón, 2000). Hemos logrado una técnica, como manera de resolver este tipo de tareas relacionadas por un razonamiento que la valida, porque:

- pone de relieve al objeto sobre el cual se trabaja, que es el ángulo y sus elementos,

- no menciona la condición de equidistancia respecto de los lados del ángulo, porque la perpendicular se traza desde un punto del lado y no desde un punto de la bisectriz, como una comprobación,

- el punto que genera el locus se obtiene por otra técnica sintética, la de los dos lugares geométricos, considerando que toda recta es un lugar geométrico.

Cualquier técnica requiere de algún discurso teórico que la sustente, pero cuando esa técnica está mediada o instrumentada hace necesaria la construcción de ese discurso, que relacione tres tipos de conocimiento: el matemático en sí, el que se tiene sobre el artefacto (software) y el de la transposición6 que realiza el segundo respecto del primero (Artigue, 2003).

El discurso de esta técnica instrumentada, bisectriz como locus, se basa en los de técnicas sintéticas realizadas con lápiz y papel, por lo que está asegurada la validez de su funcionamiento.

El conocimiento del artefacto (SGD, GeoGebra) puede realizarse de formas diferentes: a través del uso de las herramientas (a modo de comprobación de lo que realiza una herramienta específica), leyendo en su manual cómo las caracteriza (qué sustento epistemológico tiene su implementación) y creando nuevas herramientas. Para el caso de la herramienta Bisectriz, es posible aplicarla (el manual dice erróneamente “definir”) construyendo tres puntos (solo traza la recta interior al ángulo) o dos rectas (traza las bisectrices del par de ángulos opuestos por el vértice que se forman). En este último caso, lo que construye el software es coincidente con lo que se produce como resultado de esta nueva caracterización del locus bisectriz. Por lo que, es posible aplicar la herramienta Bisectriz cuando el problema necesite de la bisectriz como instrumento (apropiada e incorporada a la actividad geométrica), pero no es adecuada cuando se necesita un objeto reconstruido con técnicas sintéticas.

Para determinar la formación de este locus hemos utilizado, alternativa o conjuntamente, Rastro y LG, que colocan el foco sobre qué caracterización subyace en un SGD como GeoGebra.

Rastro no es un objeto construido por el software, son solo huellas de pixeles en la pantalla que sugieren una representación dinámica de la trayectoria de un punto. Este comportamiento del punto geométrico no es permanente porque al actualizar la Vista Gráfica o aplicar zoom, estas huellas desaparecen. Incluso el manual del software sugiere que es posible obtener un trazo permanente del probable recorrido del punto mediante el empleo del comando o herramienta LG. De todos modos, puede ser útil para llegar a una primera aproximación de lo que se está buscando y se relaciona con esa imagen mental de punto en movimiento a la que alude Jourdain (1919). Así, se conforma una figura como un conjunto de puntos con ciertas características, es la primera condición que expresan las definiciones de los textos clásicos sobre los loci, los cuales luego podrán validarse mediante otras herramientas que ofrece el software o bien con la utilización complementaria de técnicas algebraicas.

La herramienta LG construye un nuevo objeto geométrico que requiere de determinadas condiciones para su obtención y su resultado aparece de un modo completo e instantáneo en la pantalla, como si fuera una prioridad la obtención total de esa curva y no su construcción. Si bien LG aporta un enfoque similar a una transformación punto a punto para un locus, la forma estática de representarlo se focalizaría en que ese punto que lo construye está obligado a moverse sobre la curva en cuestión (Jourdain, 1919) y, solo “esos puntos”.

Por lo que, generar la bisectriz como locus hace necesario crear tipo de tareas como las analizadas, que combinen lo que trae incorporado el software referente a LG, con técnicas sintéticas instrumentadas. La combinación de la transposición didáctica con la informática nos lleva a preguntarnos para qué tipo de problemas es apropiado considerar a la bisectriz como locus. Los problemas que relacionen distancias de punto a recta o entre rectas podrían ser un punto de partida, por lo menos para considerar si con su construcción aportan para la resolución. Esto conllevaría a realizar una reformulación de cómo organizar los problemas geométricos, históricos o no, para que emerja este objeto mediado por un SGD y poner en primer plano una característica del mismo que antes se consideraba como una consecuencia de dividir al ángulo en partes iguales. En esta línea, Balacheff (2000) advierte que introducir un software educativo, como GeoGebra, es un proceso complejo desde el punto de vista didáctico porque se materializan los objetos matemáticos mediante una simbología tecnológica, que modifica al objeto en sí como resultado de ese proceso de transposición informática y, también el conocimiento que se tiene de ese objeto.

2.1. ¿Un problema o un campo de problemas?

En el apartado anterior y sobre la base de lo que explica Euclides en el libro IV, proposición III, de Elementos, puede ser considerado como un problema fundante, por decirlo de algún modo, para que la bisectriz sea tratada como locus aunque no era el propósito del autor.

Tangencias es un tratado escrito por Apolonio, que actualmente se conoce con el nombre de Problema de Apolonio y con el siguiente enunciado: “Dados tres elementos, cada uno de los cuales puede ser un punto, una recta o una circunferencia, trácese una circunferencia que sea tangente a cada uno de los tres elementos dados (donde debe entenderse que ser tangente una circunferencia a un punto es pasar por él” (Boyer, 1994: 191). Según los elementos que se combinen, este problema puede subdividirse en 10 casos posibles.7 Los dos más simples, en que los elementos son tres puntos o tres rectas, ya habían aparecido en los Elementos de Euclides, al relacionarlos con las circunferencias inscriptas y circunscriptas a un triángulo. En el Libro IV, Proposición IV, Euclides analiza cómo inscribir un círculo en un triángulo. El autor toma como base de esa construcción las bisectrices del triángulo, no como lugar geométrico, y demuestra la tangencia por la igualdad de los seis triángulos que se forman y que las perpendiculares trazadas desde el centro son únicas (figura 7).


Si Euclides hubiera considerado que la bisectriz es un locus generado, como en el apartado anterior (con técnicas sintéticas), no haría falta demostrar la igualdad de triángulos y solo debería encontrar el punto de intersección de dos de ellas (técnica de los dos lugares geométricos), que es el centro de la circunferencia y desde él una perpendicular al lado, para determinar el radio o bien otro punto de la circunferencia y así construirla. Por la forma en la que está acotado el problema a un triángulo en Euclides, esta circunferencia trazada es la única solución posible, la cual representará una diferencia sustancial con la propuesta de Apolonio porque el enunciado correspondiente a esta opción es: “dadas tres rectas, trácese una circunferencia que sea tangente a cada una de ellas (donde debe entenderse que ser tangente una circunferencia a un punto, es pasar por él)”. Este enunciado no hace referencia a las posiciones de las rectas, si se cortan dos a dos, o si hay paralelismo entre ellas y, por eso resultará potente desde un análisis didáctico, porque abre posibilidades de otras soluciones fuera de la figura del triángulo.

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9788418095696
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