Читать книгу: «Comentario al Sueño de Escipión de Cicerón»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 351


Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por EUSTAQUIO SÁNCHEZ SALOR .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2006.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO429

ISBN 9788424937256.

INTRODUCCIÓN

El último cuarto del s. IV d. C. vio a la cristiandad triunfante y al paganismo en retirada. Vio también un resurgir de la literatura latina, tanto cristiana como pagana.

En esta encrucijada histórica para la latinidad tardía, cuando el cristianismo se ha convertido en la religión oficial y los bárbaros amenazan la unidad del Imperio, el nombre de Macrobio aparece unido a la última resistencia de las letras paganas en lucha contra el Cristianismo imperante.

Para muchos eruditos el Comentario de Macrobio, su obra más importante, ha servido sólo para un propósito útil: la preservación del excerptum objeto del comentario, el Sueño de Escipión , originalmente el capítulo final de la República de Cicerón.

Tal balance de la obra de Macrobio nos parece extremadamente injusto, pues soslaya el papel crucial que desempeñó Macrobio como puente entre el pensamiento pagano antiguo y el pensamiento medieval cristiano. Sin la mediación de su pluma y la voluntad enciclopedista y compendiaria de su mente, buena parte de la doctrina neoplatónica y de la ciencia antigua hubiera caido para siempre en el olvido. A Macrobio remontan en buena medida conceptos neoplatónicos tan esenciales como la cuádruple división de las virtudes, la definición y la escatología del alma, la emanación de las hipóstasis, los silogismos que prueban la inmortalidad y la automotricidad del alma. Macrobio fue asimismo fuente inagotable para la astronomía, la astrología, la aritmología, la música o la geografía. A las obras de los sabios del Medievo pasan sus teorías sobre el origen de las mareas, su método para determinar el signo del zodíaco en que se encuentra un planeta, los argumentos que demuestran los movimientos reales de los planetas con respecto a la esfera celeste, los cálculos para determinar tanto la circunferencia y diámetro de la Tierra como el diámetro del Sol y su órbita, las diversas opiniones acerca del orden y movimiento de los planetas, la teoría de la gravedad; o hipótesis de altísimo nivel científico como el fenómeno de la precesión de los equinoccios de Hiparco de Nicea, o la representación semiheliocéntrica del universo de Heraclides Póntico. Macrobio, junto con Marciano Capela, es responsable de que entre los geógrafos medievales persistiera la creencia en la esfericidad de la Tierra y en los antípodas, ideas claves para que, andando los siglos, Cristóbal Colón pudiera concebir la expedición descubridora del Nuevo Mundo.

Por boca de Macrobio habla para la posteridad lo mejor de la literatura científica antigua: Pitágoras, Platón, Aristóteles, Hipócrates de Cos, Hiparco de Nicea, Estratón de Lámpsaco, Diocles de Caristo, Eratóstenes de Cirene, Artemidoro de Daldis, Teón de Esmirna, Nicómaco de Gerasa, Filón y Clemente de Alejandría, Calcidio, Cleomedes, Varrón, Aulo Gelio, Vitruvio, Marciano Capela, Gémino, Censorino, Pseudo Jámblico, Porfirio, Proclo, Numenio de Apamea, Plotino, Claudio Ptolomeo y tantos otros.

Si el propósito de Macrobio era salvar las reliquias de la Antigüedad pagana, puede decirse que lo cumplió eficazmente, insuflándoles nueva vida en el naciente mundo cristiano. Una vez más, victus victorem cepit . Y así, el pensamiento pagano, haciendo honor al cognomen de Macrobio, gozó de «larga vida» en el Occidente cristiano.

VIDA Y CRONOLOGÍA

De este paladín de las letras paganas pocos datos biográficos se conocen con certeza. Incluso su nombre es discutible. Macrobius Ambrosius Theodosius es el nombre que consta en los manuscritos más antiguos del Comentario al Sueño de Escipión . Sin embargo, el orden de los tres nombres varía en otros manuscritos de sus obras. A veces el nombre de Ambrosius o el de Theodosius , o incluso ambos, se omiten en el incipit o el explicit de cada uno de los dos libros del Comentario . En la dedicatoria del tratado De verborum Graeci et Latini differentiis vel societatibus del propio Macrobio y en la epístola dedicatoria de las Fábulas de Aviano 1 aparece simplemente Theodosius , por lo que es muy probable que Macrobio fuera conocido entre sus contemporáneos con el nombre de Theodosius , sobre todo habida cuenta de que en el Bajo Imperio es costumbre utilizar, para designar a un individuo, el último de sus nombres 2 . No obstante, desde los albores de la Edad Media, Macrobio Ambrosio Teodosio es simplemente Macrobio, con la sola excepción tal vez de Casiodoro y de Boecio 3 que se refieren a nuestro autor como Macrobius Theodosius .

Vivió a finales del s. IV y comienzos del siglo V d. C. Su lugar de nacimiento es igualmente objeto de controversia. Es seguro que no era natural de Italia, pues el propio Macrobio afirma, en el prefacio de los Saturnalia , que el latín no es su lengua nativa, «pues nací bajo otros cielos» 4 , y un poco más adelante pide disculpas «si mi estilo está falto de la elegancia innata al latinoparlante» 5 . Aunque de nombre griego, no parece que el griego fuera su lengua materna, habida cuenta de que prefiere citar a los autores griegos en latín y cuando los traduce, comete errores, y muestra además gran familiaridad con respecto a la literatura latina. La hipótesis más aceptada es que Macrobio es oriundo de alguna de las provincias más latinizadas del imperio. Tradicionalmente se había pensado en un origen africano 6 . J. Flamant, además de África, propuso el sur de Italia o Hispania, provincias donde la aristocracia romana tenía grandes dominios y donde Macrobio pudo entrar en contacto con estos círculos aristocráticos 7 . B. C. Barker-Benfield propone la hipótesis de un posible origen egipcio, aduciendo, por un lado, la existencia de un papiro de Oxirrinco, de inicios del s. IV , donde figuran a poca distancia los nombres de Macrobio y Eudoxio (como el nieto de Macrobio), y por otro, las numerosas referencias a Egipto contenidas en las Saturnales .

Tuvo un hijo, Flavio Macrobio Plotino Eustacio, nacido ca . 417 d. C., prefecto de Roma ca . 461 d. C., a quien dedicó sus dos obras mayores, el Comentario al Sueño de Escipión y las Saturnales 8 . Fue abuelo de Macrobio Plotino Eudoxio, vir clarissimus , quien corrigió un texto del Comentario con la ayuda de Aurelio Memio Símaco, bisnieto del orador Símaco y suegro de Boecio, que fue cónsul en 485 9 .

Los incipit y explicit de los manuscritos más antiguos del Comentario le atribuyen el doble título de vir clarissimus et inlustris; esto es, Macrobio era de rango senatorial (clarissimus ) y había accedido a las más altas funciones del Estado, pues, conforme al escalafón jerárquico instituido por el emperador Valentiniano, el título de inlustris estaba reservado para un puñado de altos funcionarios, para los prefectos del pretorio y de la Ciudad y los chambelanes 10 . El codex Theodosianus nos permite rastrear la carrera de dos altos funcionarios susceptibles de ser identificados con Macrobio. Con el nombre de Macrobio el codex menciona tres funcionarios: un vicarius Hispaniarum en el 29 de agosto del 399 en Rávena y el 9 de diciembre del 400 en Milán; un proconsul Africae en el 25 de junio de 410; y un praepositus sacri cubiculi el 6 de noviembre de 422 (en este último decreto el tal Macrobio es llamado vir inlustris , uno de los títulos añadidos al nombre del autor del Comentario en los manuscritos). Y con el nombre de Teodosio el codex menciona un praefectus praetorio Italiae del 15 de febrero al 18 de diciembre del 430 11 . Ahora bien, se puede descartar 12 de antemano la identificación con el praepositus sacri cubiculi , pues este título, que concierne a la corte imperial de Oriente, debía recaer siempre en un eunuco, ya que Zósimo 13 habla de una excepción a tal norma que tuvo lugar bajo el emperador Magno Máximo, quien nombró a un no eunuco como praepositus , pero poco después tenía como praepositus al eunuco Galicano 14 .

A partir de estos datos se pueden elaborar dos cronologías. La cronología tradicional 15 , que parte de la identificación del autor con el Macrobio oficial de alto rango del Códice Teodosiano (pero descartando al praepositus homónimo), sitúa el nacimiento de Macrobio en 350-360, la composición del Comentario y de los Saturnales entre 384 y 395, la del tratado gramatical entre 395 y 400. Macrobio habría sido vicarius Hispaniarum en 399-400 y proconsul Africae en 410. Habría accedido, por tanto, a estos altos cargos después de haber redactado su obra 16 .

Una cronología tardía, sugerida tempranamente por S. Mazzarino, y admitida por A. Cameron y N. Marinone 17 , descansa sobre la identificación de Macrobio con el Teodosio prefecto del pretorio en Italia en 430. Por consiguiente, Macrobio habría nacido c . 385-390, habría compuesto el tratado gramatical c. 420-425 (de acuerdo con la ausencia del título de vir illustris en la tradición manuscrita de esta obra), y habría accedido a la prefectura del pretorio en 430; luego habría compuesto, en el curso del decenio siguiente (430-440), el Comentario y los Saturnales . Por tanto, Macrobio habría vivido fundamentalmente bajo los reinados de Honorio y Teodosio (395-435). Para J. Flamant 18 , dado que identifica a Macrobio con el procónsul de África en 410, los Saturnalia sólo pudieron redactarse después de 408-410, probablemente entre 420 y 430, pues tiene en cuenta la autoridad científica otorgada al gramático Servio en los Saturnalia .

Dos argumentos se pueden aducir en favor de la cronología tardía. En primer lugar, el silencio de los autores de las postrimerías del s. IV , supuestamente contemporáneos, según la cronología temprana: ni Símaco en su correspondencia, ni Servio en su Comentario a Virgilio hacen la menor alusión a Macrobio. En segundo lugar, la identificación del hijo de Macrobio, prefecto de Roma en 462, dignidad a la cual difícilmente se accede antes de los cuarenta y cinco años. Este hijo habría nacido hacia el año 417, y su padre, prefecto del pretorio de Italia en 430, habría, por tanto, redactado los Saturnalia , libro destinado a la educación de su hijo Eustacio, entre 430 y 440.

¿MACROBIO CRISTIANO?

Otro aspecto controvertido de la vida de Macrobio es su relación con el cristianismo. En sus obras no se encuentra traza alguna de la nueva religión y este silencio total sobre los cristianos y el cristianismo resulta harto sorprendente, sobre todo para los partidarios de la cronología temprana, que hacen de Macrobio un contemporáneo de Agustín, Ambrosio, Jerónimo, Crisóstomo y Teodosio. ¿Es este silencio una prueba de su adhesión al paganismo o más bien a la nueva religión, por no atacarla? Además, la identificación del escritor, vir clarissimus et inlustris , con un alto funcionario —no necesariamente el Macrobio oficial de alto rango del Codex Theodosianus — supondría en la práctica admitir que Macrobio era cristiano, puesto que los altos cargos estaban entonces vedados a los paganos. ¿Y cómo conciliar entonces el Macrobio cristiano con el Macrobio escritor que en los Saturnales hace revivir a los principales representantes de la oposición pagana contra el cristianismo triunfante: el orador Símaco, el filósofo Vetio Agorio Pretextato y el historiador Virio Nicómaco Flaviano?

Para obviar estas dificultades, autores como Ramsay 19 , Sundwall 20 , Ensslin 21 , Sandys 22 y Glover 23 niegan la identificación del Macrobio alto funcionario con el escritor, si bien Sandys admite la posibilidad de que Macrobio se hubiera convertido real o nominalmente al cristianismo después de haber escrito los Saturnalia . Whittaker 24 y Mras 25 hablan de Macrobio como de un oficial de alto rango sin identificarlo con el Macrobio del Códice Teodosiano . Schanz 26 y Pallu de Lessert 27 aceptan la identificación sin tapujos. Leonhardt 28 , Wessner 29 y Henry 30 identifican al escritor con el oficial de alto rango, y para conciliar al escritor de obras ‘paganas’ con el oficial ‘cristiano’, consideran que Macrobio abrazó la nueva religión después de haber escrito el Comentario y los Saturnalia , sólo entonces accedió a los altos cargos y en ese momento fue añadido en los manuscritos el doble título de vir clarissimus et inlustris .

Otros autores no tienen reparos en declarar decididamente a Macrobio como cristiano. El teólogo inglés Collins 31 ve un signo del cristianismo de Macrobio en el hecho de que es el único entre los autores antiguos no abiertamente cristiano que habla de la matanza de los inocentes ordenada en Belén por Herodes (Sat . II 4). Cristiano lo consideraron también Grotius 32 y Barth 33 , aduciendo éste último como prueba las expresiones de Macrobio Deus omnium fabricator (Sat . VII 3) y Deus opifex omnes sensus in capite locavit (Sat . VII 14). Pero, como justamente observa Bevilacqua 34 , también un neoplatónico de las postrimerías del s. IV podía emplear tales expresiones. Para este autor, siguiendo a Ronconi 35 , Macrobio —exaltador de Virgilio y comentador de Cicerón, esto es, estudioso de los dos autores que predominan en la escuela—, desarrolla un hábito que separa la literatura de la vida; es uno más de aquellos escritores de la época que han dado una adhesión superficial al cristianismo, del cual, aún demasiado ligados a la escuela, han dejado pocas trazas, o ninguna, en sus escritos; es, pues, uno más de aquellos cristianos tibios de la época que quieren salvar y utilizar todo el patrimonio de la Antigüedad.

No obstante, la mayor parte de los estudiosos de Macrobio, tanto antiguos como modernos, persisten en que Macrobio no sólo no era cristiano, sino miembro del Círculo de Símaco, un círculo cultural tradicionalista, decididamente contrario al cristianismo y que tenía a Virgilio como ‘texto sagrado’. Para Pichon 36 , Macrobio, un pagano sin lugar a duda, se refugia en la Antigüedad pagana no sólo para olvidar la amenaza de los bárbaros, sino para ignorar el triunfo del cristianismo. El silencio es su arma contra el cristianismo victorioso. Para M. Armisen-Marchetti (2001) 37 el paganismo de Macrobio es más que evidente, tanto en los Saturnalia (1 17-23: larga disertación sobre teología solar), como en el Comentario (I 14, 5-7: doctrina de las tres hipóstasis; I 8, 1-14, 20 y II 2, 12-16: doctrina del alma). «Le silence dans lequel Macrobe tient le christianisme —concluye Armisen-Marchetti— est un silence de dédain, un silence polémique, non le silence d’une âme tiède».

W. H. Stahl 38 abre las puertas a una nueva posibilidad: el silencio total de Macrobio sobre el cristianismo y el entusiasmo por las antigüedades paganas que rezuman sus obras no indican necesariamente que Macrobio no fuera cristiano en los años en que las escribió. El paganismo murió muy lentamente y a su tenaz persistencia en los siglos IV y V contribuyeron —como señaló H. F. Stewart 39 —: la creencia arraigada en el eterno destino de Roma y el culto a la Ciudad; la fascinación ejercida por los cultos de Cibeles, Isis, Mitra y Orfeo, sumamente atractivos por sus promesas de inmortalidad; la influencia de la severa doctrina estoica, inculcada y difundida por Marco Aurelio; el noble idealismo de los neoplatónicos; y, sobre todo, el sistema educativo, basado en una retórica exclusivamente pagana. La retórica escolar, sustentada en el estudio de la mitología, la historia y la filosofía pagana y en la lectura, memorización y declamación, como modelos de estilo, de los grandes escritores paganos clásicos, fue la principal responsable de la persistencia de las tradiciones paganas mucho tiempo después de que el cristianismo hubiera triunfado. Hay una «conspiración del silencio», que Stewart atribuye a la «Roman etiquette», y muchos autores escriben como si no hubieran oído hablar del cristianismo 40 . Cristianos como Boecio, Nono, Claudiano, Sinesio o Sidonio Apolinar escriben como paganos, sin mencionar la cristiandad. Lo mismo puede decirse prácticamente de los autores paganos de la época: Eutropio, Símaco y Marciano Capela ignoran completamente la cristiandad en sus obras; sólo en Porfirio encontramos un ataque virulento contra los cristianos.

Visto el panorama de la época, no resulta sorprendente que Macrobio no mencione a los cristianos ni en el Comentario , un tratado de neoplatonismo, ni en las Saturnales , una obra que trata de literatura y antigüedades paganas. No había razón para hacerlo. Pero, de hecho, bien pudo haber sido cristiano cuando escribió estas obras, un cristiano tibio que no toma parte en las polémicas religiosas de la época y que en el estudio y en la filosofía busca refugio y consuelo contra las decepciones de su tiempo.

En resumen, en Macrobio no hay ningún signo evidente de cristianismo, pero tampoco de abierta oposición.

OBRAS

Macrobio es autor de tres obras que se conservan total o parcialmente. En primer lugar, los siete libros de las Saturnalia , un simposio literario, a imitación del Sobre la república de Cicerón, donde, con ocasión de las fiestas saturnales, dialogan algunos senadores importantes (Vetio Agorio Pretextato, el historiador Virio Nicómano Flaviano, el orador Quinto Aurelio Símaco) y el joven gramático Servio, sobre temas antiguos, en especial sobre Virgilio. Se ha transmitido incompleto; falta el final del libro II, el comienzo del libro III, la segunda mitad del libro IV, y el final del libro VII. En cambio, nos han llegado intactos los Commentarii in Somnium Scipionis , un escrito gracias al cual se ha transmitido el texto ciceroniano. Por último, un tratado gramatical perdido, De differentiis et societatibus Graeci Latinique verbi , comparando el verbo griego con el latino, que sólo se conserva en excerptas de excerptas hechos en la Edad Media 41 , y que hace pensar en el Rhēmatikón de Apolonio Díscolo (s. II d. C.) y en Gelio, una obra cercana a Capro y los glosarios. Como fuente, Macrobio utiliza a Apolonio Díscolo y es posible que, a su vez, sirviera de fuente a Prisciano. Las dos primeras obras están dedicadas al hijo del autor, Eustacio; su obra gramatical, a un Símaco, que podría ser el hijo del orador de las Saturnales (nacido hacia el 384) o un nieto, que fue cónsul en 485 42 .

El Comentario es especialmente interesante para los medievalistas, porque es una de las fuentes básicas para el estudio del movimiento escolástico y de la ciencia medieval. Junto al Comentario de Calcidio, fue la fuente más importante del platonismo en el Medievo occidental, y junto con Calcidio, Marciano Capela y Plinio el Viejo, el principal transmisor de los conocimientos griegos sobre astronomía y geografía. Las Saturnales , por su parte, son valiosas para los eruditos del mundo clásico, pues arroja luz sobre la sociedad y las letras romanas en las postrimerías del s. IV .

El propósito de Macrobio en las Saturnales , según el propio autor precisa en el Prefacio, es pedagógico: quiere poner a disposición de su hijo Eustacio un conjunto de conocimientos. Con interés erudito, Macrobio ambiciona redactar una suerte de enciclopedia práctica, un compendium que salve del olvido el tesoro de la cultura clásica. Tres amplias secciones, que se presentan unitariamente como un tratado completo de educación, cubren las disciplinas del trivium (gramática, retórica, dialéctica) y del quadrivium (aritmética, música, geometría, astronomía) 43 . Se trata, en definitiva, de una miscelánea de tradiciones y antigüedades paganas, semejante en muchos aspectos a las Noches Áticas de Aulo Gelio, y adopta la forma de una serie de diálogos a semejanza de los diálogos de Platón. El tema central (libros III-VI) es el comentario de las obras de Virgilio, si bien las observaciones de Macrobio nada contribuyen a la critica literaria virgiliana, pues no atienden a la valoración de los méritos poéticos de Virgilio. En los Saturnalia culmina la tendencia creciente que ve en Virgilio no un gran poeta sino una autoridad de sabiduría y erudición prodigiosa, omnisciente e infalible. Sus versos son oraculares, porque nunca resultan falsos y porque su significado, a menudo oculto, precisa de la agudeza de un comentarista que lo desvele. Macrobio señala numerosos paralelos entre Homero y Virgilio, así como los préstamos que Virgilio toma de escritores latinos arcaicos. Para los filólogos, buena parte del valor de esta obra reside en que gracias a ella se han preservado muchos fragmentos del poeta Ennio 44 .

El tratado De differentiis no es un Ars grammatica . Macrobio, que no es un gramático de profesión, se interesa sólo por una parte del discurso, el verbo, del cual estudia los siete accidentes gramaticales: persona, numeri, figura (= formación de compuestos), coniugatio, tempus, modus , genus (= diátesis o voz del verbo). La originalidad de Macrobio consiste en recurrir a la categoría de la diferencia —noción dialéctica empleada por los gramáticos para el estudio del significado de las palabras— y en basar su estudio en el paralelismo entre los dos sistemas verbales para cada uno de los accidentes estudiados. Macrobio se inspira en el Rhematikón del gramático alejandrino Apolonio Díscolo, creador de la sintaxis griega en tiempos de Adriano, y en Claudio Dídimo Calquéntero, quien compuso un tratado sobre la analogía en tiempos de Augusto. El De differentiis de Macrobio no se ha conservado completo sino en cuatro fragmentos, recogidos por Keil 45 , y más modernamente por De Paolis (1990) 46 . En el fragmento transmitido en el codex Parisinus 7186 (s. XI ) se lee: explicuit defloratio de libro Ambrosii Macrobii Theodosii, quam Johannes carpserat ad discendas Graecarum verborum regulas . Otro fragmento, el Vindobonensis 16 , antes Bobiensis (s. VII-VIII ) 47 , se inicia con estas palabras: Theodosius Symmacho suo salutem dicit . En el tercer fragmento, transmitido por el Vindobonensis 17 , antes Bobiensis (s. VIII ), el autor de dirige a un tal Severo, disertissimus studiosorum , que le ha pedido un tratado sobre el verbo. El cuarto fragmento, muy breve, transmitido por el Laudunensis 444 (s. IX ) y el Parisinus 7499 contienen exempla barytonorum y exempla perispomenorum secundum Macrobium Theodosium . En Keil, los fragmentos, excepto el primero que aparece con el nombre de Excerpta Parisina 48 , aparecen bajo el nombre de Excerpta Bobiensia . Ahora bien, modernamente se considera que el fragmento de Bobbio (De verbo ), dirigido al tal Severo, comparando el verbo latino con el griego, no es obra de Macrobio, aunque posiblemente se base en Macrobio 49 .

En cuanto a la cronología absoluta de las obras completas de Macrobio 50 , los partidarios de la datación temprana del nacimiento del autor (350-360) sitúan la fecha de composición de los Saturnalia generalmente en el 395 51 , la del Comentario en el decenio anterior 52 , y la del tratado gramatical entre 395 y 400; para los partidarios de la datación tardía del nacimiento (hacia 385-390), Macrobio compondría el tratado gramatical hacia 420-425 y el Comentario y los Saturnalia entre 430 y 440. No obstante, tampoco hay total acuerdo en cuanto al orden cronológico de redacción de las obras. H. Georgii 53 , partidario de la datación temprana de Macrobio, data la publicación de las Saturnales alrededor del 395 y sostiene que el Comentario apareció después, poco antes del 410. También J. Flamant 54 sostiene que el Comentario fue redactado «quelques années après» las Saturnales , «car la science du Commentaire est bien supérieure à la vague propédeutique qu’on ensegnait dans les écoles» 55 . La misma argumentación sostiene Regali, teniendo en cuenta al destinatario de ambas obras, Eustacio, considera que lo más logico es pensar que, en la instrucción del hijo, el estudio de la filosofía venga después de las otras disciplinas 56 . Recientemente, Armisen-Marchetti (2001) 57 , partidario de la datación tardía, abunda en la argumentación de Regali: la larga dedicatoria de los Saturnalia (praef . 1-2) hace suponer un joven adolescente en edad de frecuentar la escuela del grammaticus (doce o quince años); en cambio, la dedicatoria del Comentario (I 1, 1, vita mihi dulcedo pariter et gloria ) cuadra mejor a un hombre joven, de unos veinte años, en edad de completar con el contenido filosófico de la obra su formación escolar. No obstante, también cuenta con partidarios la hipótesis contraria, formulada hace ya largo tiempo por Wissowa 58 : el Comentario es la obra más temprana, pues Macrobio, en el Comentario , da un tratamiento más amplio a una docena de temas que son comunes a ambas obras, lo cual indica que, cuando escribió los Saturnalia , tenía en mente el Comentario y quería evitar repetirse.

EL COMENTARIO AL SUEÑO DE ESCIPIÓN

El Comentario es un estudio prolijo del famoso sueño narrado en el Sobre la república de Cicerón (VI 9-29), en el que Escipión el Africano el Viejo se aparece a su nieto adoptivo, Escipión Emiliano, y le revela su destino futuro y el de su país, explica las recompensas que aguardan a la virtud en la otra vida y describe el universo y el lugar de la Tierra y el hombre dentro del universo. Macrobio no ofrece un comentario exhaustivo del texto ciceroniano, sino que expone una serie de teorías sobre los sueños de corte neoplatónico, sobre las propiedades místicas de los números, sobre la naturaleza del alma, sobre astronomía y sobre música. Cita a muchas autoridades, pero es poco probable que las haya leído todas o por lo menos la mayoría. Plotino y Porfirio son sus fuentes principales y cita con frecuencia a Virgilio con finalidad ornamental. No obstante, la obra incorpora ideas del neoplatonismo que no se conservan de forma directa en ningún otro lugar. El estilo es bastante desigual, ya que Macrobio copia o traduce sus fuentes sin unificarlas estilísticamente.

PENSAMIENTO FILOSÓFICO

A excepción de los cristianos, todos los intelectuales de la latinidad tardía siguen la doctrina neoplatónica, entre ellos Macrobio. Elementos heterogéneos de procedencia pitagórica, aristotélica y estoica confluyen con el platonismo originario produciendo, en un sincretismo filosófico, una nueva escuela, que con Platón no tiene ya nada en común. La nueva filosofía fue divulgada en Roma, del 263 al 268 d. C., por el propio fundador, Plotino (204-270), y sobre todo por su discípulo Porfirio (233-305) y por Jámblico (260-330). Las enseñanzas neoplatónicas están ya presentes en Plutarco, Máximo de Tiro y Numenio de Apamea. Frente al estoicismo y el epicureismo, filosofías materialistas, con Plotino penetra por primera vez en Roma una filosofía espiritualista, una metafísica monástica.

La nueva filosofía caló pronto en la sociedad culta romana y se presentaba con el atractivo de lo trascendente 59 . El Dios de los neoplatónicos estaba caracterizado por una unidad absoluta que trascendía todas las cosas; por ello mismo carecía de forma y no era otra cosa que él mismo. Como suma de todas las perfecciones era denominado como Uno o Bien y de él surgía todo lo creado. No obstante, esta creación no significaba cambio alguno en su esencia, ya que surgía por un proceso de emanación, que los neoplatónicos compararon a la expansión del perfume que emana de un cuerpo oloroso. Este proceso de emanación implicaba necesariamente la degradación de lo creado respecto al creador, puesto que los seres que emanan de Dios no podían mantenerse en la perfección y la unidad original y se multiplicaban en la imperfección.

Los neoplatónicos describieron un proceso de emanaciones o hipóstasis, que comenzaba con la emanación del intelecto o mente del mundo (noûs) . En el Intelecto, convertido en sede de las ideas platónicas, se disuelve la unidad original de Dios, puesto que se divide entre el sujeto pensante y el objeto pensado. El segundo nivel de emanación, originada por el intelecto, sería el alma del mundo (psychḗ) , definida como verbo y acto del intelecto. El alma del mundo consta de una parte superior que se dirige al intelecto y una parte inferior que se dirige al universo corpóreo, lo informa y lo gobierna. Dios, el intelecto y el alma del mundo conforman el mundo inteligible, más allá del cual comienza el otro mundo sensible, que surge de la acción del alma del mundo sobre la materia (hýlē) . De la materia se origina toda suerte de imperfección, multiplicidad y mal, ya que ha de considerarse como la privación de Dios y el extremo inferior de esta escala de emanaciones. No obstante, en el mundo corpóreo, que alza orden y forma gracias al alma del mundo, pueden encontrarse vestigios de la belleza original; y son esos rastros los que ha de seguir el alma individual en su retomo hacia la divinidad.

La antropología neoplatónica consideraba que la esencia del hombre era el alma y que esas almas individuales participaban del alma del mundo, que, en último término, emanaba del uno. El alma humana, encarcelada en el cuerpo, sentía la atracción de sus orígenes divinos y aspiraba a retomar a Dios. El camino de ese retomo estaba en la contemplación de la armonía y la belleza que había en el mundo, para luego remontarse, desprendida de los sentidos corporales, a instancias superiores. Para ese regreso, se ofrecían tres vías principales: la música, el amor por la belleza y la filosofía. La proporción armónica de la música conducía hacia la armonía inteligible que es la belleza misma, del mismo modo que la belleza que resplandecía en las cosas remitía a la belleza incorpórea y, más allá, a la fuente misma de la belleza. Por su parte, la filosofía propone la práctica de la virtud y la contemplación del sumo uno. La reintegración última en el uno consiste en la disolución de lo múltiple, por medio de lo cual el alma se une a Dios por medio de un impulso de amor, en el que no cabe imperfección ni dualidad, sino sólo un éxtasis en total unión con Dios.

Esta doctrina, rica en profundo contenido moral, significó el esfuerzo más notable del mundo clásico para contrarrestar el cristianismo. De hecho, tendía, con orientación al sincretismo, a comprender y superar todas las filosofías precedentes, a excepción de la epicúrea, y bien podría haber aceptado a Cristo como una emanación de la divinidad, a la par que los demás dioses; para los neoplatónicos era sólo cuestión de preferir el mito judaico al mito helénico. De aquí las numerosas conversiones al cristianismo, como las del rétor y filósofo Mario Victorino, el propio San Agustín, y el gnóstico Sinesio, discípulo de Hipatia, que en los últimos años de su vida fue obispo en Ptolemaida.

EL GÉNERO DEL COMENTARIO FILOSÓFICO

El propio Macrobio califica su obra de commentarius , o más bien, de commentarii . En su origen el término se aplica a todo documento o colección de documentos cuya finalidad es preservar la memoria de algún dicho o hecho (gr. hypómnēma ): apuntes de escolares, notas del orador para la actio , registros o archivos tanto privados como públicos; en definitiva, lo que hoy día llamamos ‘memorias’, como los Commentarii de César, o el commentarius en que Cicerón dice que consignó la historia de su consulado 60 .

Pero es en el ámbito escolar donde nace el commentarius de una obra literaria o filosófica. El grammaticus comentaba oralmente a sus discípulos textos literarios, palabra a palabra, aclarando cuestiones de toda índole (lengua, métrica, historia, mitología, etc.). Los gramáticos de renombre solían fijar por escrito sus enseñanzas, como testimonian los comentarios de Servio a Virgilio o de Donato a Terencio. También el profesor de filosofía empleaba el mismo método. Séneca 61 describe como su maestro, el pitagórico Soción, primero exponía la doctrina de Sextio y de Pitágoras sobre el vegetarianismo, y luego formulaba su contribución personal; e igualmente Aulo Gelio 62 cuenta cómo en una de sus clases el platónico Tauro, su maestro en Atenas, explicó primero las ideas de los antiguos sobre la cólera, y luego expuso sus propios commentarii . Estos ‘comentarios’ didácticos acabarían probablemente publicándose, y de hecho el propio Tauro publicó un comentario suyo al Gorgias .

La escuela neoplatónica produjo una cantidad impresionante de comentarios filosóficos. A ello coadyuvó —explica P. Hadot 63 — la transformación de la enseñanza filosófica en época imperial: la filosofía ya no se aprende, como antes, a través de un diálogo espontáneo con el maestro, sino mediante la lectura comentada de textos, y este comentario lo pone enseguida por escrito el propio maestro o uno de sus discípulos. Además, el ‘renacimiento pagano’, con apogeo en el s. IV , al tiempo que suscitó una frenética actividad de copia y enmienda de los grandes textos del pasado, propició el florecimiento de comentarios eruditos de dichas obras. Por otra parte, el comentario filosófico podía tener una función tan íntima como didáctica, y hacer las veces de «ejercicio espiritual», esto es, una meditación a través de la cual, según una progresión pedagógica que al mismo tiempo es espiritual, se interiorizan los principios fundamentales de una doctrina, concebida no como un simple edificio intelectual sino mas bien como una guía en tomo a la cual se organiza la vida personal.

Desde el s. III , los sucesores de Plotino, desde Porfirio hasta Proclo y Simplicio practicaron profusamente el género del comentario filosófico, con predilección por Homero, Platón y Aristóteles.

Aunque el comentario filosófico no es considerado por los rétores antiguos como un «género» literario en el pleno sentido del término, no obstante, respeta una serie de costumbres. El prólogo se atiene a un esquema convencional, descrito por Proclo 64 en su Comentario a la República , que responde a tres puntos: 1) el género de la obra comentada (eîdos ); 2) el propósito de la obra (skopós ); 3) las circunstancias (hypóthesis o hýlē ). El método en sí del comentario era bastante más libre que el de los gramáticos. No se procedía palabra a palabra, sino por frases o párrafos (aunque el comentarista se podía demorar en un término concreto si lo consideraba útil), y se podía comentar una obra completa (p. ej., Proclo el Timeo o el Alcibíades ) o sólo un extracto (p. ej., Calcidio los capítulos centrales del Timeo ). Proclo en su Comentario a la República reúne diecisiete disertaciones independientes, aunque, en sus materias, respetan el orden de temas del tratado platónico. También hay flexibilidad en lo que respecta a las materias tratadas. El comentarista disponía de una libertad casi infinita para insertar todo aquello que considerara útil para esclarecer el pensamiento del autor que comenta, no sólo digresiones propiamente filosóficas, sino incluso prolijas observaciones propias de otras disciplinas, especialmente científicas, como el Comentario de Macrobio atestigua.

LA OBRA COMENTADA: EL SUEÑO DE ESCIPIÓN

El Sueño de Escipión , en su origen, no era una obra autónoma. Cicerón lo concibió como broche final de su República (VI 9-29). Macrobio 65 lo califica de fabula , esto es, una ficción literaria. No hay pruebas de que en la Antigüedad conociera ediciones independientes, como es el caso en la Edad Media, cuando, gracias a la celebridad adquirida por causa del Comentario de Macrobio, el Sueño conoció una transmisión independiente y escapó al olvido en que el Sobre la república quedó sumido hasta inicios del s. XIX . Macrobio, no obstante, cuando trabajaba en el Comentario , tenía ante sus ojos un ejemplar completo del Sobre la república de Cicerón, no una edición independiente del Sueño 66 . He aquí la correspondencia entre el libro VI de Sobre la república y el Sueño (según edición independiente):

República VI 9-10 = Sueño 1, 1-4: Escipión Emiliano es recibido por Masinisa. Al llegar la noche, se le aparece en sueños Escipión el Africano.

R VI 11-12 = S 2, 1-3: El Africano predice a Emiliano su porvenir.

R VI 13 = S 3, 1: El Africano revela a Emiliano la dicha celestial, reservada a los hombres de estado beneméritos.

R VI 14 = S 3, 2: Se aparece a Emiliano su padre Paulo Emilio.

R VI 15 = S 3, 3-5: Paulo Emilio prohíbe a su hijo el suicidio.

R VI 16-17 = S 3, 5-4, 1-3: Digresión astronómica: las esferas celestes, vistas desde la Vía Láctea.

R VI 18-19 = S 5, 1-3: La música de las esferas.

R VI 20-22 = S 6: Digresión geográfica.

R VI 23-25 = S 7: El Gran Año y los ciclos cósmicos. Consecuencia: la gloria humana es efímera.

R VI 26-29 = S 8-9: El alma humana es inmortal; tras su separación del cuerpo, retomará al cielo, si lo merece.

El «Sueño de Escipión» y el mito de Er

El sueño escatológico de Escipión es una imitación del mito de Er con el que Platón coronaba su República 67 . Macrobio abre su comentario comparándolos. Hay puntos coincidentes: ambos diálogos llevan, cada uno en su lengua, el mismo título, y la intención es la misma: hablar de la justicia. Y como exhortación a practicar esta virtud, ambos diálogos se rematan con un mito que hace esperar a los hombres, en el más allá, recompensas en la medida de sus méritos terrenales. Y ambos, dado que el destino del alma post mortem sólo cobra sentido si se conoce la armonía del cosmos, incluyen un breve compendium del cosmos.

No obstante, el paralelismo de ambos relatos no es completo, pues se aprecian algunas divergencias ideológicas. Cicerón mezcla elementos estoicos en la representación pitagórico-platónica del mito de Er, y por otro lado, no puede ignorar el estado de la ciencia de su tiempo, enriquecida por el aporte del periodo helenístico. Pero la mayor diferencia está en el sentido profundo de ambos relatos.

El mito de Er es universal y gnómico. Er es un cualquiera, al que el azar hace testigo pasivo del devenir de las almas tras la muerte. Constata que en función de sus faltas o sus méritos terrenales, así son sus recompensas o castigos en el más allá; luego se reencarnan y son responsables de la elección de su nueva vida. Faltas y méritos se definen en relación con la virtud de la justicia. El paradigma de malvado es el tirano injusto; el hombre justo, en cambio, es aquel que tiene un conocimiento teórico de la justicia, adquirido a través del estudio de la filosofía. Por ello, el perfecto estadista es el filósofo.

En el Sueño , en cambio, el soñador es Escipión Emiliano, un héroe nacional, y otros héroes del pasado, Escipión el Africano y Paulo Emilio, le reciben en la Vía Láctea para instruirle en las realidades del más allá. Las almas beneméritas llamadas a gozar de la inmortalidad celestial son los buenos estadistas, esto es, los hombres de acción qui patriam conservarint, adiuverint, auxerint 68 , y que ejerciten sus virtudes —justicia y piedad— para bien de la ciudad 69 . Es cierto que Cicerón abre también el paraíso celestial a los músicos y los filósofos, y no sólo a los políticos, pero lo hace muy de pasada y sin insistir 70 . La idea fundamental es la inmortalidad astral de los estadistas beneméritos, y su recompensa es eterna, a diferencia del mito de Er, donde el ciclo de las reencarnaciones vuelve a ponerla en juego.

Resumiendo, podemos, pues, señalar las siguientes divergencias entre ambos relatos 71 :

a)

La diferencia de protagonistas, ya señalada.

b)

En Platón, hay un especial énfasis en los castigos que sufren los tiranos; Cicerón, por el contrario, habla exclusivamente de los premios que recibirá en el más allá.

c)

En la narración de Er, la enseñanza final es la anulación del político para convertirse en particular; en el sueño de Escipión, todo incita a la entrega a la vida pública, a la vida activa del político, la más alta dedicación.

d)

El uso de la narración sin relieves en Platón contrasta con el uso de diálogos con altibajos dramáticos en Cicerón.

e)

La sustitución de la muerte, transitoria, pero muerte, por el sueño 72 .

Los personajes del «Sueño»

Tres son los personajes que participan en el diálogo. De ellos, Escipión Emiliano, el soñador y narrador del sueño, es el único que además es protagonista del De república . Los otros dos, Escipión el Africano y Paulo Emilio, son apariciones venidas del más allá.

Publio Cornelio Escipión Emiliano Africano Numantino (185/184-129 a. C.), es hijo de Paulo Emilio, y por adopción pasó a integrarse en la poderosa gens Cornelia . Su carrera, tanto militar como política, fue brillante. Combatió en Pidna, en 168. En 149 (fecha escénica del Sueño ), se unió, como tribuno militar en África, al ejército reclutado contra Cartago, donde se distinguió tanto que fue elegido cónsul en 147 (pese a lo dispuesto en la lex annalis ). Al año siguiente, como procónsul, destruyó Cartago, obteniendo un primer triunfo y el sobrenombre de Africano, que era ya el de su abuelo por adopción. En 133, con la toma de Numancia obtuvo un segundo triunfo y el sobrenombre de Numantino. Su repentina muerte, cuando se oponía vigorosamente a la acción política de su cuñado Tiberio Graco, dieron lugar al rumor de un asesinato en familia. Era asimismo un hombre de amplia cultura, familiarizado con el helenismo (Com . I 3, 16, vir non minus philosophia quam virtute praecellens ). Su padre Paulo Emilio educó a sus hijos con preceptores griegos y, como botín de Pidna, se llevó a Roma la rica biblioteca de Perseo de Macedonia. Escipión Emiliano aglutinó en tomo suyo un círculo de intelectuales griegos y romanos, entre ellos Panecio, Polibio, Terencio y Lucilio. Para Cicerón encama el ideal de hombre de estado 73 .

Publio Comelio Escipión Africano (235-183 a. C.), cónsul en 207, logró frente a Aníbal la victoria de Zama (202), que le valió el triunfo y el sobrenombre de Africano. Diez años después, en Oriente, como legado de su hermano Lucio, se enfrentó al rey de Siria, Antíoco III, y, con proverbial virtud romana, resistió todas sus tentativas de corrupción, antes de derrotar a Antíoco en Magnesia en 190. Cénsor en 199 y nuevamente cónsul en 194, las rivalidades y rencores políticos y la hostilidad del partido ultraconservador de Catón ensombrecieron el final de su carrera política. No es de extrañar que Cicerón encomendará a tal personaje, célebre por su valor militar, por su integridad y por su papel de gran estadista, el cometido de iniciar a su nieto en los secretos del más allá y del cosmos.

Lucio Emilio Paulo Macedónico (228-160 a. C.), cónsul en 182 y de nuevo en 168, es célebre por su victoria sobre Perseo, rey de Macedonia, en Pidna (168). Su papel en el Sueño , aunque secundario, es más sentimental que el del Africano. Como verdadero padre de Escipión Emiliano, a él le corresponde disuadir a su hijo de adelantar la hora del reencuentro mediante el suicidio.

EL MÉTODO DE MACROBIO EN EL COMENTARIO

Macrobio mismo, al final del prólogo, describe al lector su método 74 . No pretende comentar la totalidad del texto del Sueño , sino sólo un número determinado de pasajes (14), que le parecen dignos de estudio. En efecto, el Somnium no es comentado íntegramente, pero la exégesis (explanatio ) sigue fielmente el orden del texto, ampliando con vastos excursus el análisis de la obra ciceroniana 75 , y aspirando a proporcionar, como Macrobio afirma al final del Comentario , una interpretación de una obra que abarca la totalidad de las disciplinas filosóficas. Es el mismo método adoptado por otros comentaristas neoplatónicos, como el comentario de Jámblico a la Aritmética de Nicómano o el comentario latino de Calcidio al Timeo de Platón. Los catorce pasajes citados y comentados por Macrobio son los siguientes:

República VI 12 = Sueño 2, 2 = Comentario I 5, 2 (nam cum aetas... effugeris )

R VI 13=S 3, 1 = C I 8, 1 (sed quo sis... revertuntur )

R VI 14 = S 3, 2 = C I 10, 1 y 6 (hic ego... mors est )

R VI 15 = S 3, 3-5 = C I 13, 3-4 (quaeso, inquam... videamini )

R VI 16 = S 3, 6 = C I 15, 1 (erat autem is... nuncupatis )

R VI 16 = S 3, 7 = C I 16, 1 (ex quo mihi... vincebant )

R VI 17 = S 4, 1-3 = C I 17, 2-4 (novem tibi... suo pondera )

R VI 18 = S 5, 1-2 = C II 1, 2-3 (quid hic... in hunc locum )

R VI 20-21 =S 6, 1-3 = C II 5, 1-3 (vides habitari... parvus vides )

R VI 23 = S 7, 1 = C II 10, 1 (quin etiam... possumus )

R VI 24 = S 7, 2-4 = C II 11, 1-3 (praesertim cum... conversam )

R VI 26 = S 8, 2 = C II 12, 1 (tu vero... sempiternus movet )

R VI 27-28 =S 8, 3-9, 1 = C II 13, 1-5 (nam quod semper... aeterna est )

R VI 29 = S 9, 2-3 = C II 17, 2-3 (hanc tu exerce... revertuntur )

La suma de las citas de Macrobio representa poco más del 60 % del Sueño , y se respeta el orden de aparición en el texto ciceroniano. En cuanto al 40 % del texto descartado, son elementos anecdóticos que, en Cicerón, sirven para aderezar el marco escénico del sueño y conferirle verosimilitud sicológica. Macrobio se limita a parafrasear el contenido de forma resumida 76 .

Cada libro se articula en tomo a siete citas, no por azar, sino por que el siete es considerado numerus plenus por Macrobio, que dedica al siete un larguísimo comentario aritmológico (Com . I 6). Cada cita funciona como un pequeño tratado. Quiere que su obra, destinada a instruir, sea clara y manejable. Por eso, para que las citas sean fácilmente identificables, las marca con fórmulas introductorias 77 . Y para que sea nítida la progresión del texto ciceroniano, recurre con frecuencia a las recapitulaciones (este proceder pone en evidencia que para Macrobio el lector no tendría en sus manos el texto íntegro del Sueño ).

LOS OBJETIVOS DE MACROBIO EN EL COMENTARIO

Aparentemente, según reza su título, la obra de Macrobio se presenta como un commentarius filosófico al Somnium Scipionis de Cicerón. Pero el título de Comentario al Sueño de Escipión es engañoso, ya que Macrobio —como advierte W. H. Stahl 78 — utiliza el texto de Cicerón simplemente como un marco donde ir colgando las doctrinas neoplatónicas cosechadas en sus lecturas. Pero aún hay más. Macrobio se sirve de los excerpta ciceronianos como una simple excusa para ir introduciendo prolijas digresiones sobre distintos campos de la erudición y la ciencia de su tiempo 79 . La diversidad de disciplinas que se abordan resulta desconcertante para la mentalidad moderna. Junto a consideraciones estrictamente filosóficas, figuran prolijas secciones sobre aritmética (Com . I 5-6), astronomía (I 14, 21-I 22, 13), música (II 1-4) y geografía (II 5-9), que conforman la parte central del Comentario .

De aquí nace la hipótesis, sostenida por diversos autores 80 , según la cual la obra de Macrobio se encuadra —técnicamente— dentro del enciclopedismo característico de la Antigüedad tardía (ss. IV-VI ). Compiladores enciclopedistas como Boecio, Marciano Capela, Calcidio, Casiodoro e Isidoro de Sevilla trataron de abreviar y presentar de una forma más accesible las artes liberales y las enseñanzas más atractivas de la filosofía clásica 81 . El término «enciclopedia» (del griego enkýklios paideía ) se aplicaba entonces a una obra de cultura general 82 , entendiendo por ‘cultura general’ tanto la cultura, personal y escolar, que hace al hombre honesto, como la suma de conocimientos básicos que el alumno debe poseer antes de abordar estudios más especializados y exigentes, como la filosofía 83 . Los siete últimos libros de las Nupcias de Mercurio y Filología de Marciano Capela, representativos de lo que podía ser esta cultura general, tratan sucesivamente de gramática, dialéctica, retórica, geometría, aritmética, astronomía y música. Las tres primeras disciplinas, las artes literarias, formaron el trivium medieval; las otras cuatro, el quadrivium , es decir, el campo de las ciencias exactas, si bien tal repartición de las disciplinas se produjo ya en el seno de la escuela platónica.

Se puede, por tanto, pensar que el Comentario de Macrobio es un manual de iniciación a las materias del quadrivium , un tratado propedéutico, pues, destinado a preparar al lector para el estudio de la filosofía, tal como la Expositio de Teón de Esmirna está pensada para preparar a la lectura de Platón. El hecho de que Macrobio sustituya la geometría por la geografía no invalida esta consideración, pues se trata de una «geografía matemática» 84 , más teórica que descriptiva 85 . El propósito pedagógico de Macrobio, tanto de redactar una obra educativa para uso de su hijo Eustacio (enunciado de forma explícita en las Saturnales ) 86 como de «enseñar» en general (docere ) 87 , casa bien con este marbete de enciclopedia. Con todo, no se puede concluir que la enseñanza de las disciplinas del quadrivium sea el propósito fundamental de Macrobio. De hecho, su exposición de las disciplinas científicas sólo ocupa una parte central del Comentario , en tanto que el comienzo y el final tratan de moral (I 7-14) y de metafísica (II 12-17), disciplinas ajenas al quadrivium .

Macrobio, en definitiva, ha combinado sabiamente documentos, testimonios y citas, de procedencia dispar, tomados de la filosofía, la literatura y la erudición, en una mezcla homogénea. Como en las Saturnales , compuso un compendium , un resumen de los conocimientos fundamentales útiles al hombre honesto. Interpretando a Cicerón a través del platonismo y a Virgilio a través de Homero, pasando revista a las disciplinas de la Enkýklios paideía («enseñanza enciclopédica»), haciendo revivir el pasado de Roma, Macrobio transmitió, primero a su hijo Eustacio, luego a la posteridad, una herencia valiosa, el legado de un pasado cuya desaparición temió. Por su pasión de erudito anticuario, por su amor por la Roma antigua, Macrobio se sitúa en la gran tradición que va de Varrón a Isidoro de Sevilla pasando por Plinio el Viejo y Aulo Gelio.

EL VERDADERO OBJETIVO DEL COMENTARIO

Macrobio concluye su obra elogiando la perfección del texto ciceroniano que acaba de comentar (Com . II 17, 15-17). El Sueño de Escipión , según él, es una obra consumada, en la medida en que abarca las tres partes que conforman el conjunto de la filosofía: la moral (pars moralis ), la física (pars naturalis ) y la lógica (pars rationalis ). De cada una de ellas, Macrobio da una definición: «La filosofía moral nos enseña la más consumada perfección de costumbres; la filosofía física discute acerca de los cuerpos divinos; la filosofía lógica trata de los incorpóreos, sólo comprensibles por la mente» 88 .

La tripartición en moral, física y lógica (o dialéctica) es común a diversos sistemas filosóficos, pero el neoplatonismo introdujo dos modificaciones. La lógica se convirtió en epóptica, es decir, una contemplación de la verdad trascendente que se alcanza al final de una iniciación 89 . Y, además, las partes de la filosofía se organizan según un orden jerárquico que marcan una progresión espiritual. En palabras de P. Hadot 90 , «la ética asegura la purificación inicial del alma; la física revela que el mundo es una causa trascendente e invita así a investigar las realidades incorpóreas; la metafísica o teología, llamada también epóptica... asegura la contemplación de Dios». Esta jerarquía tiene su reflejo en el programa de enseñanza filosófica, como atestiguan las Enéadas de Plotino, organizadas por Porfirio en función de esta progresión. Macrobio aprecia esta misma organización en el Sueño de Escipión 91 , y la calca en la estructura del Comentario 92 : la parte ética, que se corresponde con el tratado de las virtudes y la doctrina del descensus animae (I 8-14, 20); la parte física, que se corresponde con las disciplinas científicas (I, 5-6; I 14, 21-II 9); y la parte lógica, que se corresponde con la metafísica del alma (II 12-16) 93 . Al reproducir la estructura perfecta del Sueño , Macrobio dota a su comentario de la progresión característica de la enseñanza de los neoplatónicos. El propositum y el hilo conductor del Comentario consisten en hacer que el lector recorra todo el campo de la filosofía entrenándolo así en un camino espiritual ascendente, conforme a la práctica de las escuelas neoplatónicas. Y para ello Macrobio eleva el Sueño de Escipión a la dignidad de texto neoplatónico, como libro de revelación portador de una verdad absoluta.

Macrobio, en definitiva, comenta el Somnium Scipionis para introducir a sus lectores en la filosofía. El neoplatonismo es en su tiempo el fundamento del pensamiento; muchas de sus premisas son acatadas tanto por los cristianos como por los paganos. Macrobio une la interpretación del texto con elementos filosóficos y enciclopédicos. De este modo utiliza el texto clásico de Cicerón como llave del universo y propedéutica del saber.

FUENTES

El Comentario al Sueño de Escipión está impregnado de la filosofía neoplatónica. Es una compilación que prácticamente no contiene ninguna doctrina original. No obstante, Macrobio no es un compilador mecánico que se limita a copiar fragmentos de obras anteriores, sino que organiza el material prestado con tal habilidad que al lector le pasa desapercibida su enorme deuda con sus predecesores.

Macrobio pertenece a un grupo de compiladores de la latinidad tardía cuyo modus operandi consistió en ‘saquear’ obras recientes y citar luego autores clásicos como sus fuentes 94 . La norma, por tanto, de Macrobio, tanto en el Comentario , como en las Saturnales , es la siguiente: no se menciona al autor directamente expoliado, sino al que se encuentra allí ya citado. Rastrear las verdaderas fuentes no es fácil, sobre todo las griegas, porque en muchos casos son obras que se han perdido. Por otra, es excepcional que Macrobio nombre a los autores que cita, o dé el título exacto de sus obras; la mayoría de las veces utiliza fórmulas genéricas y vagas que evocan las tesis de los physici , los theologi , los geometrae , los Platonici , los Aegyptii , etc, sin precisar más.

En cuanto a las fuentes filosóficas platónicas explícitamente citadas, además del propio Platón (citado 16 veces: el Timeo , 7; el Fedón , 3; el Gorgias , 1; el Fedro , 1; la República , 3 y las Leyes 1), están las Enéadas de Plotino (6 veces), y dos veces Porfirio (una vez el Comentario al Timeo y la otra posiblemente las Cuestiones homéricas ) 95 . No obstante, el más citado, aunque no lo sea explícitamente, es Porfirio, de quien Macrobio conoce asimismo otras obras suyas, como el Comentario al Fedón , la Vida de Pitágoras , el Sobre el antro de las ninfas de la Odisea , y el Sobre el alma , además del Sobre las imágenes .

El problema de las fuentes platónicas se reduce a dos cuestiones: ¿Empleó Macrobio una sola fuente principal griega (Porfirio) o dos (Porfirio y Plotino)? ¿Empleó, además de una o dos fuentes originales griegas remotas (Porfirio y/o Plotino), una o más fuentes intermediarias y directas latinas?

Ludwig von Jan, en su edición de 1848, cito muchos pasajes paralelos de autores tempranos, pero no llegó a atisbar la fuerte deuda de Macrobio para con Porfirio. En 1866 Petit 96 hizo el importante descubrimiento de que las citas de Macrobio no eran de fiar, pues en ocasiones atribuye a Plotino material tomado de Porfirio. En 1888 Linke 97 planteó la teoría del intermediario latino, o doble fuente del Comentario de Macrobio, a saber: una fuente original griega remota, el perdido Comentario del Timeo de Platón obra de Porfirio, y una fuente latina directa, un comentario latino al Sueño de Escipión , redactado en el mismo s. IV , tal vez obra de Mario Victorino, basado en el Comentario al Timeo de Porfirio y en un comentario latino a la Eneida de Virgilio. En 1905 Borghorst 98 lanzó, con poco éxito, la hipótesis de que el perdido Comentario del Timeo de Jámblico era la fuente de Macrobio 99 . En 1911, Bitsch 100 , en la estela de Linke, sugiere como fuente directa de Macrobio un comentario latino del Sueño de Escipión , basado principalmente en el Comentario del Timeo de Porfirio y en unas supuestas Cuestiones virgilianas , un comentario neoplatónico de Virgilio compilado probablemente por Mario Victorino y que Baehrens 101 considera redactado en forma de comentario al Sueño de Escipión . En 1916 Schedler 102 adoptó la teoría de la doble fuente de Linke y la robusteció aportando muchos nuevos paralelos porfirianos al material de Macrobio, llegando incluso a afirmar que siempre que Macrobio cita a Plotino, la verdadera fuente es Porfirio.

En 1919 Cumont 103 demuestra, a propósito del capítulo que Macrobio dedica al suicidio (Com . I 13), que este autor no consultó las dos obras que cita como sus autoridades —las Enéadas de Plotino y el Fedón de Platón—, sino que tomó sus ideas del Sobre el retorno del alma de Porfirio.

En 1933 Mras 104 plantea que Macrobio consultó dos fuentes principales de primera mano, Porfirio y Plotino, y aporta las siguientes evidencias: Macrobio traduce los títulos de los capítulos de las Enéadas de Plotino (si faciunt astra en I 19, 27; quid animal, quid homo en II 12, 7); su observación de que «Plotino es más conciso que ningún otro autor» sólo podía hacerla alguien que hubiera estudiado sus obras; en las pocas ocasiones en que Macrobio descubre que Plotino y Porfirio difieren en sus opiniones, distingue entre una y otra, y en una ocasión (I 9, 5), cuando se plantea la cuestión de si las almas humanas transmigran a los cuerpos de los animales, Macrobio adopta la postura plotiniana afirmativa. Para refutar la teoría de la fuente única de Linke y Schedler, Mras aporta, entre otros, los siguientes argumentos: el ámbito del material fuente de Linke-Schadler no basta para dar respuesta a temas como los capítulos de Macrobio sobre geografía o su capítulo sobre las virtudes; la observación de Macrobio de que la literatura sobre música no tiene fin (II 4, 12); sus referencias contemporáneas (II 3, 4 y 5; II 4, 13; Sat . VII 7, 5); su estilo muy personal y sus adiciones independientes (II 15, 13-19; 16, 16); su énfasis sobre las virtudes políticas (I 8) tiene un colorido romano innegable, resaltado además por citas de Virgilio y Juvenal, y se explica bien en alguien que desempeñó altos cargos públicos; y su proceder en las Saturnales , que indica que no era un copista mecánico, sino que tomaba material de diferentes fuentes y lo empleaba de una manera original 105 .

Un año después, en 1934, Paul Henry 106 publica una obra demostrando la influencia de Plotino en el Neoplatonismo occidental, incluyendo un capítulo sobre Macrobio. Al comparar Com . II 12 y Enéadas I 1 y I 2, observa que el texto de Macrobio casi puede considerarse una traducción de las palabras de Plotino. El cotejo, sin embargo, del capítulo de Macrobio sobre las virtudes (I 8) —considerado, desde los tiempos de Petit, como la evidencia más fuerte de que Porfirio es la principal fuente de Macrobio— con los textos de Plotino y Porfirio, le fuerza a admitir que hay numerosos puntos en común entre Porfirio y Macrobio que no se encuentran en Plotino. Henry concluye, no obstante, que Macrobio usó a Porfirio para completar las doctrinas de Plotino, tal como hizo con Virgilio. Con respecto al capítulo que Macrobio dedica al suicidio, Henry niega los argumentos de Cumont, y sostiene que las fuentes principales de este capítulo son las expresamente citadas por Macrobio, las Enéadas de Plotino y el Fedón de Platón, si bien admite la posibilidad de que Macrobio también leyera el Sobre el retorno del alma de Porfirio.

En 1943, Courcelle 107 observa que los compiladores de la latinidad tardía, tanto los neoplatónicos como los cristianos, prefieren saquear los comentarios recientes y dar a sus lectores la impresión de que toman prestado de las fuentes clásicas. Su conclusión final es que Porfirio, y no Plotino, era el faro del neoplatonismo en Occidente. Frente a Mras, Courcelle señala que la postura de Porfirio con respecto a la trasmigración de las almas humanas a los cuerpos de los animales no es fija, ya que en el Sobre la Estigia acepta el punto de vista de Plotino, y por tanto Macrobio puede estar siguiendo a Porfirio también en este punto. En cuanto a la controversia Cumont-Henry, Courcelle, en lo principal, toma partido por Cumont. Cita un pasaje del La ciudad de Dios de San Agustín que hace referencia al Sobre el retorno del alma de Porfirio, la fuente, según Cumont, del capítulo de Macrobio sobre el suicidio, y llama la atención sobre la extraordinaria semejanza entre los pasajes de Macrobio y San Agustín. Además, Courcelle no está convencido de que Macrobio hubiera leído directamente el Fedón de Platón, como sostenía Henry, sino que, antes bien, Macrobio usa el Comentario al Fedón de Porfirio, o, mejor, el Sobre el retorno del alma del mismo autor. Los ecos literales de Platón y de Plotino, que Henry encuentra en el Comentario , Macrobio los encontró, según Courcelle, en la obra de Porfirio, quien citaría verbatim largos pasajes de ambos autores. Por otra parte, llamativas concordancias entre un pasaje del Sobre la Estigia de Porfirio, preservado en Estobeo, y Com . I 10, 9-11, y entre dos pasajes de Porfirio, citados por Olimpiodoro, y Com . I 12, 7-8 y 12, fuerzan a Courcelle a considerar que el tratado Sobre la Estigia fue la fuente principal de la doctrina de Macrobio con respecto al descenso del alma a los infiernos (I 10-12) y no el tratado Sobre el retorno del alma , como sostenía Cumont. No obstante, Courcelle sí admite que el Sobre el retorno del alma es la fuente para el catálogo de definiciones del alma que hacen los distintos filósofos (I 14, 19-20), pues Claudiano Mamerto tomó de dicha obra un catálogo similar. Courcelle, por otra parte, está de acuerdo con Mras en que las doctrinas sobre la inmovilidad del alma, adscritas por Macrobio a Aristóteles, derivan en realidad del Sobre el alma de Porfirio; y acepta la tesis tradicional de que el Comentario del Timeo de Porfirio es la fuente principal de los capítulos sobre astronomía de Macrobio.

En 1952, Stahl 108 se muestra de acuerdo con la tesis de Courcelle de que las obras de Porfirio son la fuente principal de las doctrinas de Macrobio, mientras que la influencia de Plotino, aunque Macrobio leyera las Enéadas de primera mano, es muy pequeña. La verdadera influencia de Porfirio queda enmascarada por la práctica de Macrobio, común a los enciclopedistas tardíos, de falsificar sus fuentes. En el caso de Porfirio, Macrobio sólo lo cita expresamente dos veces en todo el Comentario (I 3, 17; II 3, 15), y oculta su deuda con él en numerosos pasajes (p. ej. I 8; I 13). El mismo proceder refleja para con Eratóstenes: primero, en I 20, 9-10, le enmienda la plana por errar en el cálculo del tamaño relativo del Sol y de la Luna en su Libro de las dimensiones (observación no original, como pretende, sino tomada de algún comentarista), para luego, en I 20, 11-32, atribuir el método correcto y las operaciones para averiguar el tamaño relativo del Sol y de la Luna a los antiguos egipcios, a sabiendas de que tales operaciones ya habían sido efectuadas por los antiguos griegos. Llega incluso a estimar en 252.000 estadios la circunferencia de la tierra, cifra ya calculada por Eratóstenes, a quien, sin embargo, silencia, cuando poco antes había enmendado su Libro de las dimensiones . En I 21, 27, da como orden platónico de los planetas Luna, Sol, Mercurio y Venus, cuando el verdadero orden platónico es Luna, Sol, Venus y Mercurio (Timeo 38d; República X 616e). En II 14 da la impresión de citar directamente las obras de Aristóteles, pero su versión de los argumentos aristotélicos difiere notablemente de la original. Además, Stahl pone en duda la familiaridad de primera mano que supuestamente, según Mras y Henry, tuvo Macrobio de las Enéadas de Plotino. Stahl hace suya la objeción de Courcelle que invalida el primer argumento de Mras (vid. supra ), y, a su vez, cuestiona los otros dos: Porfirio, cuando comenta el mismo tema que Plotino, repite a veces los títulos de los capítulos de Plotino (p. ej. en Sentencias 32), y de Porfirio los pudo tomar Macrobio; y en segundo lugar, Macrobio pudo tomar igualmente de Porfirio el comentario de que «Plotino es más conciso que ningún otro autor». Ciertas correspondencias evidentes entre el texto de Plotino y el Comentario (p. ej. II 12, 8-9) se pueden explicar a través de citas expresas de las Enéadas en las obras de Porfirio, como, de hecho, prueban sus conservadas Sentencias 109 .

Stahl, además, llama la atención sobre la semejanza entre el capítulo de Proclo acerca de la finalidad de los mitos en su Comentario a la República de Platón (II 96-101 Kroll) y la discusión del mismo tema en el capítulo de apertura del Comentario de Macrobio. Proclo, que cita a Porfirio como su fuente principal, respalda la tesis de Sócrates de que el propósito principal del mito es ofrecer un incentivo para la conducta virtuosa. Se trata, pues, de un indicio más de la posible deuda de Macrobio con el comentario perdido de Porfirio a la República de Platón.

Junto al neoplatonismo, se ha especulado también sobre la influencia de otras dos corrientes filosóficas contemporáneas, el neopitagorismo y el gnosticismo. El neopitagorismo es una filosofía quie tiene mucho de místico, de supersticioso y religioso; con ella llega a Roma la teosofía y el ocultismo. La astrología era un componente esencial de la filosofía neopitagórica, y fue difundida en Roma con gran éxito de proselitismo por Posidonio de Apamea, el maestro de Cicerón. Sabemos poco de sus representantes más conocidos: Eudoro de Alejandría (c . 20 a. C.), Ario Dídimo de Alejandría (el Calcéntero amigo de Augusto), Soción de Alejandría, maestro de Séneca, Moderato de Gades (c . 65 d. C.), Segundo de Atenas (c . 120 d. C.), Numenio de Apamea y Nicómaco de Gerasa (c . 170 d. C.) y Filóstrato (c . 220 d. C.). Fue duramente combatido por el estoicismo y el epicureísmo como fuente de escepticismo. Pitagórico es el tratamiento de Macrobio sobre el valor místico de los números en Sat . I 13 y sobre todo Com . I 5-6.

Una polémica que ha avivado notablemente la crítica macrobiana en los últimos tiempos es la quaestio Numeniana , esto es, en qué medida Numenio de Apamea es la fuente de Macrobio para el famoso capítulo del descenso del alma a través de las esferas celestes (Com . I 12). F. Cumont (Rev. Ét. Grec ., 1919) fue el primero en plantear la hipótesis del «neopitagórico» Numenio de Apamea como fuente de Macrobio, pero no sólo para el descensus animae , sino para todo el tratado acerca del emplazamiento de los Inferi (capítulos 10-12 del libro I). En 1937 E.-A. Leemans 110 , haciéndose eco de la sugerencia de F. Cumont, incluyó el texto de Macrobio entre los fragmentos del «neopitagórico» Numenio de Apamea, si bien concluyó que sólo era atribuible a Numenio como fuente desde I 11, 11, hasta I 12, 17, que es lo que imprimió como fragmento de Numenio 111 . En seguida repudió su teoría R. Beutler 112 , a quien siguen muchos especialistas en Macrobio, con la importante excepción de E. R. Dodds 113 , quien acepta las tesis de Cumont y Leemans, pero atribuyendo a Numenio el texto desde I 10, 8. La polémica se reavivó en 1968 con la publicación de la obra póstuma de M. A. Elferink, quien refuerza las objeciones de Beutler. Sin embargo, al poco tiempo rebate las tesis de ambos Hermann de Ley (1972), quien coincide en señalar a Numenio como fuente del capítulo 12 («as for its contents c. 12 reproduces Numenius’ eschatology probable fairly faithfully»), si bien rechaza que Numenio esté detrás de la reseña histórica sobre las principales interpretaciones alegóricas de los Inferi y sus castigos.

En 1977 Jacques Flamant 114 demuestra que Macrobio logró conciliar su Comentario con la mejor ortodoxia neoplatónica. En 1981, frente a los autores que tratan del gnosticismo y citan con frecuencia a Macrobio como fuente, sostiene que los temas y las imágenes gnósticas que se encuentran en el Comentario remontan esencialmente a Numenio de Apamea 115 , pero a través de Plotino y, sobre todo, de Porfirio. Por tanto, el Numenio que conoce Macrobio es ya un Numenio medio neutralizado, pues Plotino había comprendido el peligro que encerraba para el pensamiento occidental y griego su dualismo confuso y oriental. En lo esencial —la encamación del alma, la animación del mundo y la belleza del Cosmos— Macrobio se mantiene fiel al mejor platonismo, conjurando el pesimismo gnóstico.

Capítulo aparte, por su importancia para la pervivencia del Comentario en el Medievo, merece la elaborada clasificación y descripción de los sueños. Macrobio distingue cinco tipos de sueños (Com . I 3, 2): omnium quae videre sibi dormientes videntur quinque sunt principales et diversitates et nomina . Estos son: el somnium o sueño enigmático (gr. óneiros ), la visio o visión profética (gr. hórama ), el oraculum o sueño oracular (gr. chrematismós ), el insomnium o ensueño (gr. enýpnion ) y el visum o aparición (gr. phántasma ). Los tres primeros tipos pertenecen a la categoría de los sueños verídicos y útiles (probabilia somnia ), los dos últimos a la categoría de los sueños inútiles. La clasificación, por supuesto, no es original. En la Antigüedad abundaron los tratados onirocríticos que proporcionaban interpretaciones de sueños específicos, con frecuencia incluso ordenados por temas 116 . El tratado clásico es el de Artemidoro de Daldis (2.ª mitad del s. II d. C.) 117 , autor de una obra en cinco libros sobre los sueños, que lleva por título Oneirokritiká . El grueso de la clasificación de Macrobio ofrece llamativos paralelismos con la clasificación que traza Artemidoro al comienzo de su tratado y hay veces en que incluso serviría como traducción libre de la obra griega. No obstante, también se registran notables divergencias entre Macrobio y Artemidoro. Por ejemplo, Artemidoro establece de entrada una separación neta entre los sueños de valor profético (óneiroi ) 118 y aquellos privados de un mensaje premonitorio (enýpnia ), y subordina el hórama y el chrematismós al óneiros, y el phántasma al enýpnion . Por ello, W. H. Stahl 119 concluye que, o bien ambas obras son independientes entre sí, pero remontan en último término a la misma fuente; o bien, Macrobio aceptó los cambios introducidos por uno o más intermediarios entre él y Artemidoro. A. H. M. Kessels 120 es partidario de la primera hipótesis, una fuente común perdida; Claes Blum 121 sostiene que la fuente común de ambos es Posidonio. Por su parte, P. M. Schedler 122 cree que la fuente intermedia de Macrobio tiene que ser el comentario perdido de Porfirio al Timeo de Platón; Karl Mras 123 mantiene que son las Cuestiones Homéricas de Porfirio; P. Courcelle 124 opina que la fuente de Macrobio, tanto para la clasificación de los sueños como para el sueño de Agamenón (Com . I 7, 4-6), es el comentario perdido de Porfirio a la República de Platón. Por su parte, Calcidio (inicios del s. IV d. C.), en su comentario al Timeo (256), propuso otra quintuple clasificación (somnium, visum, admonitio, spectaculum y revelatio ), pero, pese a las tentativas que se han hecho, no coincide con la de Macrobio. En Cicerón (Adiv . I 64) y en Filón de Alejandría (20 a. C.-45/50 d. C.), en su tratado Sobre que los sueños son enviados por los dioses , I-II, aparece una clasificación tripartita que remonta a Posidonio, pero es independiente de la tradición representada por Artemidoro y Macrobio 125 . Sea como fuere, lo cierto es que la influencia que Artemidoro ejerce en la posteridad es siempre a través de Macrobio, cuyo tratado sobre los sueños fue tan popular en la Edad Media, que los títulos de numerosos códices medievales otorgan a Macrobio el epíteto de oniriocensis , probable deformación de oneirocrites , «intérprete de sueños» 126 . La otra fuente antigua sobre los sueños que comparte con Macrobio influencia en el Medievo es Calcidio, junto con los libros de sueños atribuidos a José y a Daniel 127 .

Resta por dilucidar si Macrobio consultó otros comentarios latinos al Sueño de Escipión anteriores al suyo, además de las fuentes neoplatónicas, o si por el contrario fue él quien adaptó las doctrinas neoplatónicas a la obra de Cicerón. El único otro comentario al Sueño de Escipión que ha sobrevivido, es uno muy escueto de Favonio Eulogio, alumno de San Agustín, pero pagano neoplatónico, y maestro de retórica en Cartago, quien, entre el 390 y el 410 escribió, por invitación de Superio, gobernador de la provincia Bizacena, una breve Discusión sobre el Sueño de Escipión 128 . Su brevedad y su limitado objeto de estudio —Favonio se centra sólo en la década pitagórica (aritmología) y en la armonía musical de las esferas— impide formar una opinión sobre una posible tradición de comentaristas latinos de la obra de Cicerón. Resulta significativo, no obstante, el hecho de que Favonio, como Macrobio, abra su comentario con una comparación entre la Visión de Er y el Sueño de Escipión y explique por qué Cicerón escogió el marco de un sueño. No hay certeza de que Macrobio leyera la obrita de Favonio, pero, en opinión de Stahl 129 , Macrobio consultó algún comentario latino del Sueño de Escipión .

Si bien no faltan conjeturas a la hora de precisar fuentes para los argumentos más filosóficos, reina, en cambio, la aporía —como advierte Marinone 130 — cuando se trata de señalar posibles fuentes para las cuestiones científicas de aritmología, astronomía, geografía y música 131 .

En la sección de aritmología (Com . I 5-6), preñada de doctrinas pitagóricas básicas 132 , se pueden rastrear influencias de los Elementos de Euclides, Varrón (citado por Aulo Gelio, Noches Áticas III 10), Filón de Alejandría, la Exposición de doctrinas matemáticas útiles para la lectura de Platón de Teón de Esmirna, la Introducción a la aritmética de Nicómaco de Gerasa, la Teología de la aritmética de Pseudo Jámblico, la Discusión sobre el Sueño de Escipión de Favonio Eulogio, el Comentario al Timeo de Calcidio (el Plato Latinus ), y las Nupcias de Mercurio y Filología de Marciano Capela 133 . Entre las obras de Porfirio, además del Comentario al Timeo (para Com . I 5-6), Macrobio pudo tomar la fórmula de juramento de los pitagóricos basada en el tetraktýs , como número que representa la perfección del alma, de la Vida de Pitágoras de Porfirio. Otra posible fuente de Macrobio, en esta sección, es Posidonio. Para Schmekel los capítulos de Macrobio sobre las propiedades y virtudes de los números de la década sagrada pitagórica (Com . I 5-6), remonta en último término a Posidonio, al igual que todos los pasajes y obras aritmológicas antiguas, tanto griegas como latinas. En la misma línea, Courcelle 134 , siguiendo a Fries y Praechter, precisa que Macrobio sigue una tradición de manuales aritmológicos latinos que remontan a Posidonio vía Varrón. Sin embargo, Robbins 135 , en 1921, sostiene que las estrechas concordancias entre Macrobio y la Teología de la aritmética de Pseudo Jámblico demuestran que Macrobio está siguiendo, directa o indirectamente (a través de una fuente neoplatónica), la Introducción a la aritmética de Nicómano, que es asimismo la fuente de pseudo-Jámblico.

En cuanto a la sección de astronomía (Com . I 14, 21-1 22, 13), que contiene la descripción del universo o cosmología, presenta numerosas concordancias con el Comentario al Timeo de Porfirio —fuente para el pasaje sobre el horizonte (Com . I 15, 18 ss.)— y para la demostración del movimiento retrógrado de los planetas (Com . I 18); con los planteamientos de Teón de Esmirna y de Calcidio (que remontan, a su vez, al Comentario al Timeo del peripatético Adrasto); con la doxografia sobre la Vía Lactea (Com . I 15, 3-7) de Posidonio de Apamea 136 y su opinión de que la sombra de la tierra es cilindrica (Com . I 20, 11 ss.) 137 . Se ha señalado también la posible influencia de otras obras de Porfirio en aspectos puntuales: el Sobre las imágenes , para la interpretación alegorizante de que Juno simboliza el aire (Com . I 17, 17); el Sobre el antro de las ninfas (§ 22), para los domicilia de los planetas (Com . I 21, 24-26). Para la sección de astrología, sobre la influencia benéfica o maléfica de los planetas (Com . 1 19, 20-26), Macrobio dice expresamente que su fuente es la Harmónica de Ptolomeo, aunque pudo haber leído más bien un comentario de Porfirio a la obra de Ptolomeo. Las hipótesis raras o de alto nivel científico, como el fenómeno de la precesión de los equinoccios (Com . I 17, 16-17), descubierto por Hiparco en 129 a. c., o la representación semi-heliocéntrica de Heraclides del Ponto (s. IV a. C.), las atribuye a dudosas observaciones de supuestos astrónomos egipcios.

En la sección de música (Com . II 1-4) la fuente primordial es el Comentario al Timeo de Porfirio, como declara explícitamente el propio Macrobio (Com . II 2, 15) y confirma el cotejo de otros tratados y comentarios neoplatónicos, como la Expositio de Teón de Esmirna y los comentarios al Timeo de Calcidio y de Proclo 138 . En algunos pasajes concretos (Com . II 1, 4-12 y II 4, 14) podría quizás rastrearse la Vida de Pitágoras de Porfirio. El propósito de Macrobio es demostrar la existencia de la música de las esferas (tesis ciceroniana) mediante argumentos metafísicos relativos a la animación del mundo por el Alma (tesis platónica). También a través de Porfirio, que había utilizado el Comentario al Timeo de Adrasto, llegan a Macrobio algunas ideas peripatéticas. Una alusión a la República de Platón (Com . II 3, 1 = Platón, Rep . X 617b) puede provenir igualmente del comentario de Porfirio a dicha obra platónica.

En cuanto a la sección de geografía (Com . II 5-9), la división de las zonas terrestres, la teoría de los cuatro mundos habitados y la descripción del río Océano, cuyos brazos, al confluir, originarían el fenómeno de las mareas, son ideas tomadas de Crates de Malos (s. II a. C.), aunque no se puede precisar si a través del Comentario al Timeo de Porfirio. Llama la atención que Macrobio, en cuestiones geográficas, se remonte a un estadio relativamente arcaico de la ciencia, como representa Crates de Malos, y en cambio silencie los trabajos de Posidonio (que, entre otras cosas, atribuía acertadamente el origen de las mareas al influjo de la Luna). L. Scarpa 139 explica esta elección tanto por la predilección que Macrobio siempre muestra hacia la teoría más antigua, como por el hecho de que la explicación de Crates es la más simple, lo cual casa bien con el propósito pedagógico de Macrobio.

LENGUA Y ESTILO

Un primer juicio sobre la obra se encuentra en Macrobio mismo, quien en I 20, 13, con modestia muy literaria, manifiesta tener en escasa consideración su propia obra: si quis umquam tam otiosus tamque ab omni erit serio feriatus, ut haec quoque in manus sumat . Pero es sólo eso, una pose literaria, y no pocas virtudes adornan su Comentario .

Además de filósofo, astrónomo o geógrafo, no faltaba en el Medievo quien viera en Macrobio también un gramático, por su propensión a la claridad en la escritura, por su preconcebida sencillez de estilo, y por su consumada brevedad.

Estas cualidades —claridad, sencillez y brevedad— son algunas de las razones de su gran popularidad. A diferencia de la mayoría de las enciclopedias de época clásica y postclásica, como las de Teón de Esmirna, Gémino, Cleomedes, Calcidio, Marciano Capela y Boecio, excesivamente complejas en la discusión de materias técnicas, Macrobio siempre tiene en mente al lector al que pretende instruir, nunca excede la capacidad de comprensión de un lego en la materia, y nunca trata de impresionarlo con un alarde de erudición.

El propio Macrobio parece con frecuencia un lego en las materias que trata (matemáticas, música, astronomía y geografía). Su método es el de un pedagogo que escribe para el público general. Su estilo sugiere el de un esforzado maestro de escuela tratando de impartir a sus pupilos la lección diaria.

Pero donde mejor se constata las dotes de claridad y concisión de Macrobio es cuando hace más fácilmente comprensibles las cuestiones científicas o menos abstrusas las disquisiciones filosóficas. Aquí reside el secreto del gran éxito de la obra en el Medievo, cuando Macrobio, por ejemplo, era considerado una autoridad en onirocrítica sólo por haber dado una simple clasificación de los sueños en Com . I 3, donde, por lo demás, logra trazar una perspicaz síntesis de los cinco libros de La interpretación de los sueños de Artemidoro. La explicación de Macrobio de la doctrina pitagórica de que los números son la base de toda la creación (I 5, 4-13) es mucho más fácil de comprender que la de Nicómaco. Su descripción del instrumento usado para determinar el diámetro aparente del Sol (I 20, 26-27) es más fácil de seguir que la dada por Arquímedes en su Contador de arena (I 12, 15) a propósito de un instrumento similar. Toda la explicación de Macrobio de la medición de la órbita solar (I 20, 28-32) es mucho más comprensible que el tratamiento del mismo tema por parte de Cleomedes (II 82). El concienzudo esmero y la diáfana claridad con que Macrobio relata el método y describe el reloj de agua que los egipcios emplean para demarcar los signos del Zodíaco (I 21, 12-21) se puede comparar con la extrema concisión del relato de Cleomedes (II 75) acerca del empleo que hacen los egipcios de un reloj de agua para medir el diámetro aparente del Sol, o con la oscuridad del conciso relato con que Marciano Capela (VIII 860) describe la medición del diámetro aparente de la Luna mediante un reloj de agua.

A veces, el afán pedagógico le lleva incluso a repetir tediosamente el material ya tratado (p. ej. II 2, 3-13). Otras veces sus ilustraciones son extremadamente simples e innecesarias (p. ej. I 20, 16; II 1, 15-20); lo mismo podría decirse de los diagramas, en especial dos de ellos (I 21, 3-4; II 6), pues su explicación es tan clara y elemental que resultan superfluos.

El excesivo afán pedagógico hace sospechar que tal vez el apóstrofe a su hijo al comienzo de ambos libros sea algo más que una simple dedicatoria, y que realmente Macrobio se está dirigiendo en primer lugar a su hijo y luego al público en general. Como señala Bevilacqua 140 , la dedicatoria al hijo sitúa al Comentario (y a las Saturnales ) en la senda de los Preceptos a su hijo de Catón, y es un signo de su ‘romanidad’.

Una prueba más del afán de claridad de Macrobio se encuentra en la cerrada trabazón lógica de sus frases. El rasgo más llamativo del latín macrobiano es el abundante uso de expresiones de transición o vocablos de referencia, a veces combinados, que sirven para hilvanar perfectamente unos párrafos con otros, anteriores o posteriores, contribuyendo así a reforzar la coherencia del texto: adverbios, conjunciones, demostrativos, relativos, repeticiones de vocablos idénticos o similares, expresiones como ut diximus, similis, y par . Sólo Marciano Capela utiliza este recurso con tanta libertad como Macrobio.

Para Macrobio, Virgilio y Cicerón son «los dos fundadores de la elocuencia romana» (Com . II 5, 7), y la influencia de ambos en su estilo es evidente en todas sus obras 141 . Su familiaridad con Virgilio es absoluta, como demuestra en las Saturnales , en especial en los libros IV-VI. Todas las sententiae o expresiones sentenciosas llevan la impronta virgiliana. El vocabulario es predominantemente ciceroniano, en especial los numerosos neologismos acuñados por Cicerón para expresar conceptos filosóficos griegos y que no fueron reutilizados en latín hasta el período postclásico. La sintaxis muestra pocas desviaciones con respecto a la sintaxis de los escritores clásicos. Ahora bien, mezclado con el vocabulario ciceroniano, figuran en el Comentario un considerable número de palabras que se documentan casi exclusivanmente en los autores latinos tardíos.

En palabras de Bevilacqua 142 , «il risultato è una lingua artificiale, ma scolasticamente perfetta... Mirabile è la sua compostezza classica, la fluidità e la eleganza». Ya antes había elogiado su estilo (págs. 67-68): «La sua padronanza della tecnica espressiva è mirabile e il suo estilo... è quanto di più agile si possa pensare. lo trovo che quello di Macrobio è il momento in cui la lingua latina ha raggiunto la perfezione... Nessuna traccia di manierismo, nessuna concessione all’eccessivo arcaismo, como un po’ si trova in Apuleio, né all’uso dei grecismi propri di Ammiano Marcellino, il suo contemporaneo».

En lo que respecta a las Saturnales , si Cicerón y Virgilio ejercieron sobre Macrobio y su lengua una grandísima influencia, quien proporcionó a Macrobio el tejido para sus Saturnales fue Gelio, hasta el punto de que Macrobio ha sido llamado el «simio» de Gelio, para ilustrar que Macrobio utilizó con frecuencia a Gelio verbum e verbo , según expresión de Lögdberg 143 .

INFLUENCIA, PERVIVENCIA, FORTUNA LITERARIA DEL COMENTARIO AL SUEÑO DE ESCIPIÓN

Macrobio gozó de gran popularidad en el Medievo 144 y los Commentarii ejercieron enorme influencia en los escritores filosóficos de esa época. Pese a las frecuentes incoherencias y errores, la obra fue, no obstante, el principal transmisor de la ciencia antigua y del neoplatonismo al Medievo occidental; de hecho, permitió a eruditos medievales (y hasta renacentistas) que no leían griego acceder al neoplatonismo a través de una fuente antigua. Las innumerables citas —casi todos los capítulos han sido citados o empleados por escritores medievales—, su presencia en los catálogos de las bibliotecas monásticas y el elevado número de manuscritos conservados son evidencias de la vasta circulación de la obra, de que Macrobio era muy leído y estimado como autoridad en ciertas materias, en especial, astronomía y geografía, y en la interpretación de los sueños 145 . Junto con Boecio, Marciano Capela, Calcidio e Isidoro de Sevilla, constituye Macrobio uno de los autores más influyentes en la Edad Media por su función de puente entre el pensamiento antiguo y el pensamiento medieval.

Cabe señalar, por otra parte, que, si comparamos la influencia que las dos obras más significativas de Macrobio han ejercido en la posteridad (dejando aparte el tratado gramátical), resulta más que evidente que las Saturnales han quedado eclipsados por el Comentario , que ha acaparado el interés de los estudiosos medievales en una relación entorno al noventa o noventa y cinco por ciento a su favor 146 . Esto se debe a que el Comentario proporcionaba a sus lectores un vasto compendio, claro y variado, de los conocimientos científicos de la cultura clásica pagana: aritmética, música, astronomía y geografía, además de la visión platónica del alma y las virtudes. A esto se une el hecho de que la parte más estrictamente filosófica de las Saturnales se ha perdido, y otros temas que podían ser quizás atractivos como el sincretismo solar o la división del tiempo, aparecen en ambas obras. Por ello, vamos a estudiar aquí, conjuntamente, la pervivencia de ambas obras macrobianas.

Hasta el s. XI la influencia de Macrobio fue más bien modesta, aunque se encuentran trazas suyas en Boecio, Casiodoro, Isidoro de Sevilla y Beda. La primera alusión literaria se documenta, no obstante, en el prefacio de las Fábulas de Aviano, quien le dedicó su obra. Luego, una vez descartadas las hipótesis que sostenían la influencia del Comentario de Macrobio en San Ambrosio y San Jerónimo 147 , hay que esperar hasta los albores del s. VI , cuando Boecio (480-524) 148 , en sus Commenta in Isagogen Porphyrii , llama a Macrobio vir doctissimus , y remite a su discusión acerca de la incorporeidad de los límites de las figuras geométricas (Com . I 5). Por la misma época, Casiodoro conoce las Saturnales y alude a la doxografía del alma reunida por Macrobio en el Comentario (I 14, 19) 149 . El escritor griego Juan Lorenzo Lido (nacido el 490 en Filadelfia, en Lidia) tuvo conocimiento de primera mano del Comentario de Macrobio, y en su tratado parcialmente conservado Sobre los meses (redactado ya en su retiro, hacia 551 ó 552) sigue muy de cerca —hasta el punto de parecer una simple traducción al griego— el capítulo de Macrobio acerca de las influencias astrológicas de los planetas 150 . Es muy posible que Isidoro, obispo de Sevilla (570-636), utilizara en sus Etimologías , enciclopedia universal de la ciencia de su tiempo, numerosos pasajes de las Saturnales y del Comentario , a saber: en el libro III de las Etimologías (sobre astronomía) se refiere a Macrobio a propósito de la Vía Láctea, de la definición de los planetas y constelaciones, de los eclipses, etc.; en el libro V, a propósito de la división del gobierno civil en Roma (Sat . I 3), del magnus annus (Sat . I 14 y Com . II 11, 6), de las calendas, las nonas, las idus y los demás días del calendario romano (Sat . I 15-16); en el libro XI hay referencias al dedo anular (digitus medicinalis ) y a la derivación de la palabra pollex (Sat . VII 13, 7 y 14). En el libro XIII se habla del agua fresca del Mar Negro como en Macrobio (Sat . VII 12, 34). Es evidente la conexión entre Etimol . XIX 1-2 y XX 5 (nombres de diferentes recipientes para beber) con Sat . V 21, aunque no se puede descartar una fuente común para ambos en este caso y en los anteriores, que bien pudiera ser Ateneo.

Las referencias al día y al mes, y a las calendas, las nonas y los idus romanos que Beda el Venerable (673-735) hace en su Sobre el cómputo del tiempo se corresponden con los pasajes macrobianos de Sat . I 3 y 12-15, y hacen sospechar que tanto Isidoro como Beda manejan un compendio de los Saturnalia conocido como Disputa de Horo y Pretextato , que contiene una colección de excerpta del libro I 151 . Resulta inexplicable, sin embargo, que, al hablar de la influencia de la Luna en el capítulo XXVIII, Beda no tenga presente el tratamiento que Macrobio, siguiendo a Plutarco, hace del tema en Sat . VII 16. El Comentario de Macrobio fue la principal fuente para el Sobre la constitución del mundo celeste y terrestre de Pseudo Beda, un escrito que B. Bischoff supone redactado, en el s. IX , en los círculos irlandeses del continente 152 .

El éxito del Comentario no decae con el renacimiento carolingio; de hecho, queda claro, por los catálogos de bibliotecas carolingias conservados y por otros testimonios, que ejemplares de la obra de Macrobio fueron copiados en los escritorios de Corbie, Tours, Fleury, Ferrières, Auxerre, Lorsch, Reichenau y Saint Galle, entre otros monasterios 153 . El docto Dungal, un monje irlandés en Saint Denis (muerto en 827), autor de poesías y de cartas al emperador Carlomagno 154 , en una de dichas cartas en que responde a las preguntas del emperador sobre los eclipses de Luna, cita expresamente el Comentario al Sueño de Macrobio como su fuente 155 . El Comentario de Marciano de Dunchad menciona a Macrobio como una de las cuatro fuentes latinas 156 . Entre los más de una docena de manuscritos de autores clásicos que anotó de su puño y letra Lupus de Ferriéres (c . 805-862), abad de Ferrières, figura el Comentario de Macrobio 157 . El irlandés Juan Escoto Erígena (810-877) cita a Macrobio como fuente en su Martiani expositio , al menos dos veces (13, 1; 365, 21) y, según Cora Lutz 158 , extrae sus ideas sobre el alma y el Alma del Mundo de Calcidio y Macrobio, y sus doctrinas astronómicas de ambos autores y de Plinio el Viejo. Remigio de Auxerre (841-908), discípulo de Heirico, conoce tanto los Saturnales como el Comentario , y los utiliza en su comentario a las Nupcias de Mercurio y la Filología de Marciano Capela, en especial para las digresiones aritmológicas, astronómicas y geográficas 159 . Ercamberto de Freising y Milón de Saint-Amand también parece que leyeron la obra de Macrobio 160 . Sedulio Escoto (muerto c . 844) incluye la clasificación de los sueños de Macrobio en su Collectaneum , lo que atestigua cierto interés por la onirocrítica macrobiana en el s. IX , que viene confirmado por la inclusión del párrafo sobre las puertas de los sueños en la versión abreviada del Comentario 161 . No obstante, con anterioridad al s. XII , no se estudia intensivamente la teoría macrobiana de los sueños, que sólo se utiliza para justificar o identificar relatos literarios de sueños o para incorporarla a las teorías mediavalizantes sobre los sueños 162 .

En los siglos X y XI parece que hay menos interés por Macrobio. El docto Gerberto de Aurillac o de Reims (940-1003, célebre abate de Bobbio, luego arzobispo de Rávena y en 999 Papa Silvestre II), en su Geometría reconoce abiertamente su deuda con el Comentario al Sueño en ciertos pasajes. Helperico de Auxerre, en su Liber de computo (escrito en 978), cita expresamente a Macrobio y alude a su fijación de los signos del Zodíaco. Igualmente conocen la obra de Macrobio Bovo II de Corvey (que trata de conciliar la filosofía antigua con el Cristianismo), el Anonymus Einsidlensis (autor de un comentario a la Consolación de la Filosofía de Boecio), Adalboldo de Utrecht (ca . 970-1026), Onulfo de Espira (fl. c . 1050), quien, en la descripción de los prodigios y visiones contenida en su Vida de Popón, abad de Stabli , reproduce la clasificación macrobiana de los sueños; y por último, Managoldo de Lautenbach (1030/40-c . 1103) 163 , que acepta sin reserva la teoría de Macrobio sobre las virtudes, pero, en cambio, estima falsos y peligrosos los puntos de vista de los autores paganos en las materias de física y fisiología, y plantea la necesidad de plantar cara a los peligros doctrinales que las teorías neoplatónicas comportan.

Con el renacimiento cultural del s. XII el éxito del Comentario llega a su apogeo, como atestigua la tradición manuscrita con las numerosas copias conservadas. Pedro Abelardo (1079-1142) 164 , el representante por excelencia de la escolástica de ese siglo, califica a Macrobio como «filósofo nada desdeñable e intérprete del gran Cicerón», colocándolo en el primer escalafón entre los filósofos, en compañía de Sócrates, Platón, Pitágoras, Cicerón y Virgilio 165 ; y descubre una teoría de la Trinidad en la triple gradación macrobiana de las hipóstasis: Deus Pater-Deus Summus, Christus-Mens y Spiritus Sanctus-Anima mundi . Numerosos préstamos del Comentario de Macrobio se pueden rastrear en la Introducción a la teología y en la Teología Cristiana de Abelardo (p. ej. cita el pasaje entero sobre el suicidio) 166 . En la obra de su discípulo Pedro Lombardo, Libros de las sentencias , son igualmente numerosas las referencias a Macrobio. La clasificación de los sueños que Pseudo Agustín (¿Pedro Coméstor o Alcher de Clairvaux?) incluye en su Sobre el espíritu y el alma (cap. 25) 167 reproduce en gran parte la clasificación de Macrobio en el Comentario al Sueño .

Pero, en el s. XII , el prestigio de Macrobio era, sobre todo, considerable entre los integrantes de la Escuela de Chartres, núcleo principal de los estudios sobre la filosofía neoplatónica 168 . Macrobio es uno de los autores antiguos más citado por Bernardo Silvestre de Tours 169 en su Cosmographia y en su Comentario sobre seis libros de la Eneida de Virgilio , incluso más que Cicerón u Horacio, y tanto como Boecio; si bien muchas veces da la impresión de que Bernardo cita las enseñanzas neoplatónicas basadas en Macrobio sólo para dar un barniz de erudición a su mezcla de filosofía platónica y medieval, pero lo que realmente le interesa de Macrobio es que en él pudo encontrar un modelo para la interpretación alegorizante de textos clásicos. Guillermo de Conches (1080-1154) 170 , fervoroso seguidor de la doctrina platónica (nos Platonem diligentes ), conocía bien las obras de Macrobio, como atestiguan tanto sus citas en sus dos tratados sistemáticos, Dragmaticon (Diálogo ) y Filosofía del mundo , como sus glosas al Comentario , conservadas en seis manuscritos (también hizo uso de los Saturnalia ) 171 . Guillermo de Conches encontró en Macrobio un valioso apoyo para armonizar filosofía y fe, neoplatonismo y cristianismo, en dos niveles: 1) Nivel verbal. Identifica, por ejemplo, la famosa aurea catena de Homero, que para Macrobio (Com . I 14, 15) es el símbolo de la jerarquía y de la conexión ininterrumpida de los seres, con la bíblica escala vista en sueños por Jacob (Gen . 28, 12) 172 ; 2) Nivel doctrinal. Identifica, por ejemplo, la Mónada o Unidad neopitagórica (Com . I 6, 7-8) con el Dios Creador del pensamiento judeocristiano, y la tríada de los neoplatónicos (Com . I 14, 6-7) con la Santa Trinidad. No obstante, Guillermo de Conches encuentra en Macrobio (y hasta en Platón) algunas tesis que juzga irreconciliables con la fe cristiana, como la exégesis del mito del descensus animae (Com . I 12) y en especial la tesis, sospechosa de origenismo 173 , de que todas las almas, incluidas las culpables, después de haber sufrido durante siglos castigos eternos, terminan por abandonar el Infierno y, purificadas, se elevan al cielo (Com . II 17, 13; Platón, República X, 615a-b). Por otra parte, los albores del s. XII suponen la recepción de nuevas obras de la ciencia aristotélica y de la medicina griega, lo cual tuvo su impacto inmediato en la teoría onírica. Estimulado por la fisiología y la psicología de la «nueva ciencia», aprendida a través de la lectura de las obras de Nemesio de Emesa y Constantino el Africano, Guillermo de Conches aplica su teoría del vapor (fumus ) al Comentario . Ya no son de interés primordial los modos de comunicación divina, sino el mecanismo del sueño y la presentación de la imagen: los sueños tienen un origen fisiológico, y por tanto no son portadores de significado 174 . Pero especialmente deudor de Macrobio es Juan de Salisbury (1115-1180) 175 , discípulo de Abelardo y de Guillermo de Conches, quien en su obra principal Polycraticus, sive de nugis curialium et vestigiis philosophorum , dedicada al célebre Thomas Becket de Canterbury, no sólo elogia explícitamente a Macrobio 176 , sino que además reproduce literalmente numerosos excerpta de Macrobio, sobre todo de los Saturnalia , aunque se omiten palabras y pasajes en griego. Hay indicios de que Juan de Salisbury pudo haber manejado un texto de los Saturnalia más completo que el que nos ha llegado a nosotros y que incluiría la parte perdida del final del libro VII 177 . Su clasificación de los sueños (II 15, 429A) reproduce la de Macrobio, aunque algo alterada por la teoría del sueño de Guillermo de Conches y la nueva ciencia 178 . Trazas de Macrobio se pueden rastrear igualmente en casi todos los escritos de Alain de Lille, también llamado Alanus de Insulis (1128-1203), especialmente en su enciclopédico Anticlaudianus 179 y en el De planctu naturae . Otros escritores del ámbito de influencia de la escuela de Chartres que manejan las obras de Macrobio son: Adelardo de Bath en su De eodem et diverso y en sus Quaestiones naturales , Honorius Augustodunensis (Honorio de Autun, 1088-1137) en el De imagine mundi y el De solis affectibus , y Arnulfus Aurelianensis (Amaul d’Orleans, 2.ª mitad del s. XII ) en sus glosas a Lucano 180 .

Entre los representantes de la Abadía de San Víctor en París 181 , también es notable la huella del Comentario macrobiano. Hugo de San Víctor (1096-1141) en su Eruditio didascalica y en su Practica geometriae ; su discípulo Acardo (abad a partir de 1155) en su De Trinitate y en su De unitate et pluralitate creaturam ; Ricardo, discípulo de Acardo, en sus Sermones ; así como Godofredo de San Víctor (1130-1194) en el poema Fons Philosophiae , recurren, todos ellos, tanto a las explicaciones científicas del Comentario (medidas y distancias de la Tierra y del Sol, esfera celeste) como a las definiciones metafísicas del alma y a la descripción de su caída en el cuerpo. En el ámbito de influencia de la Abadía de San Víctor se sitúan otros dos notables eruditos de la época. Isaac de Estrella (c . 1100-c . 1168) 182 , en sus Sermones , sigue a Macrobio en el catálogo de virtudes cardinales (Com . I, 1, 8; I, 8, 4 ss.; II 17, 5), la inmovilidad de la tierra (Com . I 19, 10), la Vía Láctea (Com . I 4, 5 y I 9, 10), y la aseveración de que Dios es la Unidad es sí mismo, el manantial y la fuente de todos los números (Com . I 6, 7), y parafrasea pasajes de Macrobio cuando se esfuerza por identificar el Paraíso con la Edad de Oro de Saturno y la aurea catena homérica (Com . I 14, 5; II 10, 6 y 15), y por conciliar el oráculo de Delfos (nosce te ipsum ) con la creencia cristiana (Com . I 9, 2; II 12, 5 y 11). Por su parte, el célebre teólogo de Lieja, Rupert de Deutz (1070-1129/30) 183 había estudiado cuidadosamente el Comentario de Macrobio, como prueban sus citas en el De Trinitate et operibus eius . No duda en recurrir a Macrobio, aunque sin citarlo, cuando se trata de problemas de física y de cosmología, pero, en cambio, como cristiano, no recurre a un pagano como Macrobio cuando se trata de cuestiones morales, y de hecho, no se puede detectar la influencia de Macrobio en los numerosos pasajes de su obra en los que trata de las cuatro virtudes cardinales.

También en el s. XII , y en un plano similar, habría que colocar al historiador inglés William of Malmesbury, el cual, además de citas esporádicas en otras obras suyas, como los Gesta regum , incluye partes del libro III de las Saturnales al comienzo del De paradoxis 184 . Igualmente, encontramos citas de las Saturnales en la obra intitulada Panormia de Osbern of Gloucester (mitad del s. XII ) y en las Magnae derivationes de Uguccione de Pisa (muerto en 1210) 185 .

Geoffroy de Breteuil 186 , prior de Sainte-Barbe, en Normandía, muerto en 1194, en una carta a Hugo, prior de Saint-Martin à Sées, utiliza el pasaje del Comentario de Macrobio relativo a la definición y clasificación de las virtudes (Com . I 8, 4-9) 187 , y añade la siguiente postdata: «Ornados con estas virtudes, preparémonos, con vuestros rezos, para celebrar dignamente el día de la resurrección del Señor»; lo cual es significativo de que la ética de Macrobio había encontrado el total reconocimiento cristiano. Es más, en su Fons philosophiae , hace que Macrobio participe, junto con otras eminencias, en la disputa entre nominalistas y realistas.

Por último, y como justo contrapunto de la fama de Macrobio en el siglo XII , cabe reseñar la opinión adversa que nuestro autor merece a Pedro Alfonso, un judío de Huesca convertido al cristianismo a comienzos del siglo, el cual, formado en la ciencia arábiga, tenía un mal concepto de aquellos que basaban todo su conocimiento astronómico en la lectura de Macrobio 188 .

En el s. XIII Macrobio, aunque está presente en las obras de los grandes enciclopedistas y teólogos escolásticos, pierde, no obstante, considerable peso específico, debido, sin duda, a la imposición de las doctrinas escolásticas de base aristotélica. Si bien, en 1260, Máximo Planudes tradujo al griego tanto el Comentario como el Sueño de Escipión , lo cierto es que los autores de este siglo que consultan a Macrobio lo consideran como una fuente más entre muchas, y la mayoría de las veces recurren a él sólo para cuestiones especializadas. Así, entre los enciclopedistas 189 , Vincent de Beauvais (1184?-1264?) utiliza con total libertad el Comentario en los tres volúmenes de su Speculum maius —Speculum naturale, Speculum doctrínale y Speculum historiale —, a propósito de la inmortalidad del alma, del suicidio, de la astronomía (estrellas fijas y planetas), de la música, y de la geografía (teoría de las antípodas). El dominico Tomás de Cantimpré (1201-1263/72) cita y utiliza a Macrobio en su Liber de natura rerum secundum diversos philosophos (en particular para la embriología, la astronomía y la geografía). El inglés Alejandro Neckam (1157-1217), gramático, naturalista, pedagogo y abad, muestra a veces interés por el Comentario de Macrobio, y así en sus De naturis rerum libri duo menciona la «cadena de oro de Homero» (Com . I 14, 15) en conexión con su propósito no sólo de explicar la naturaleza sino de redactar un tratado moral; rechaza, en cambio, la existencia de las antípodas (Com . I 22, 13), invocando la autoridad de Agustín, y en la explicación de las mareas (Com . I 6, 61) sigue a Lucano; reproduce la interpretación de los ríos infernales según Macrobio (Com . I 10, 10-11), pero cuando acepta que los ríos Cócito y Flegetón están en Egipto, considera dicha interpretación como ficticia. En un punto apoya Alejandro a Macrobio: las almas humanas se encuentran en sus cuerpos terrenales como en una cárcel. Y, por último, el enciclopedista franciscano Bartolomé Ánglico, en su De genuinis rerum coelestium, terrestrium et inferarum proprietatibus , escrita en 1240, utiliza a Macrobio para cuestiones de geografía y de astronomía, pero también para las definiciones metafísicas del alma y la descripción de su caída en la cárcel del cuerpo.

Entre los teólogos escolásticos del s. XIII 190 , el Comentario es también una fuente importante. Alejandro de Hales (1185-1245) recurre muchas veces al Comentario , en la Summa universiae theologiae , en especial para la metafísica del alma y la condena del suicidio.

El franciscano Giovanni Fidanza, más conocido como San Buenaventura (1221-1274), alude a la clasificación de las virtudes de Macrobio (Com . I 8) y a la descripción macrobiana del descensus animae (Com . I 12) en sus Collationes in Hexaemeron y en sus Commentarii in quattuor libros Sententiarum Petri Lombardi . En esta última obra señala, como muchos otros autores, el error de Macrobio al pretender que la Vía Láctea corte el zodíaco en Capricornio y Cáncer (Com . I 12, 1). Alberto Magno, el doctor universalis del s. XIII (1193-1280), en su Summa de homine , utiliza a Macrobio como una de sus fuentes científicas (astronomía, astrología, y geografía, con la teoría de los antípodas), y se interesa también por la clasificación de los sueños y la naturaleza del alma; y sitúa a Macrobio a la misma altura que Platón como autoridad con respecto a la inmortalidad del alma. Santo Tomás (1224/25-1274), lo cita, en su Summa theologica , como su autoridad en la doctrina neoplatónica acerca del primum ens .

En su Summa philosophiae el erudito Robert Grosseteste (1168-1253) reconoce a Macrobio entre los principales filósofos latinos y emplea con frecuencia su Comentario 191 . Y en una obras metafísica de Tomás de York (muerto en 1260), Macrobio, junto con Platón, Aristóteles y Cicerón, son mencionados como testigos de la definición de la sustancia divina 192 .

En lo que se refiere a la difusión del platonismo, el Medievo occidental tiene una inmensa deuda contraída con Macrobio (tal vez sólo inferior a la de Calcidio). A Macrobio debe la filosofía medieval y los escolásticos —en palabras de Reade 193 — «lo poco que conocen de Plotino, la cuádruple división de la virtud, la triple gradación de Deus, mens y anima , la iluminación de todas las criaturas como en una serie ordenada de espejos mediante un único fulgor , la caída del alma en su habitáculo material y sus ansias por retornar a la casa eterna.»

Macrobio fue asimismo fuente importante para la astronomía y la geografía. En su obra In calculatoria arte Helperico de Auxerre toma de Macrobio el método para determinar el signo del zodíaco en que se encuentra un planeta y los argumentos que demuestran los movimientos reales de los planetas con respecto a la esfera celeste. En su obra Practica geometriae , Hugo de San Víctor hace referencia a las medidas que Macrobio da del diámetro de la tierra y de la distancia y órbita del Sol. Como ya se ha señalado antes, Gerberto de Aurillac reconoce abiertamente en su Geometría su deuda con el Comentario al Sueño en ciertos pasajes. Junto con Calcidio y Marciano Capela, Macrobio es la principal fuente de Bernardo Silvestre de Tours, erudito del s. XII , autor de una obra neoplatónica sobre la creación del mundo (De mundi universitate ) y de un comentario a los primeros seis libros de la Eneida (Commentum super sex libros Eneidos Virgilii ). También pasa a las obras de los sabios del Medievo la teoría macrobiana del origen de las mareas: un gran océano ecuatorial se divide por el este y por el oeste en océanos más pequeños que corren hacia el norte y hacia el sur, y las mareas son causadas por la colisión de las corrientes oceánicas en los polos norte y sur 194 . Autores como Lamberto de Saint Omer (Liber floridus ) aceptan sin más la teoría macrobiana sobre el origen de las mareas; otros, como Bernardo Silvestre ven en el influjo de la Luna la única causa; otros, como Abelardo de Bath (Quaestiones naturales ), Guillermo de Conches o Giraldus Cambrensis (Topographia hibernica ) abrazan con cautela la vía ecléctica.

Es frecuente que los eruditos del s. XII extraigan información astronómica de Macrobio y Marciano Capela. Bartholomaeus Anglicus, en un capítulo de su Liber de proprietatibus rerum dedicado al planeta Venus (VIII 26) deja ver que interpretó la afirmación de Macrobio sobre los cursos superior e inferior de Venus y Mercurio como una exposición del sistema heraclideo. El Introductoire d’astronomie , escrito por un astrólogo cortesano de Baudoin de Courtenay, toma sus dosctrinas sobre los movimientos planetarios de Plinio, Marciano Capela, Macrobio y Guillermo de Conches. El autor cita a Macrobio en la distinción entre el orden caldeo y el orden egipcio de los planetas. También Pietro di Abano (1250-1315), profesor de medicina y ciencia natural en Constantinopla y luego en Padua, interpretó, en su Lucidator astrologiae (1310) que Macrobio se refería al sistema heraclideo en su discusión de los cursos de Venus y Mercurio.

En resumen, Macrobio, junto con Calcidio, Marciano Capela y Plinio el Viejo, son los autores más influyentes, en materia de astronomía, y los responsables de que los conocimientos griegos sobre cosmología se mantuvieran vivos en occidentes, tal como hizo Simplicio en Oriente 195 .

En geografía, las obras de Marciano Capela y Macrobio eran los manuales mas leídos en las escuelas en el s. XII y son responsables de que entre los geógrafos medievales persistiera la creencia en la esfericidad de la tierra y en las antípodas, y de que se aceptara ampliamente el cálculo de Eratóstenes de 252.000 estadios para la circunferencia de la tierra 196 . Incluso cabría decir que el descubrimiento de América remonta directamente a Macrobio 197 , pues Macrobio contribuyó notablemente, junto con Marciano Capela, a mantener viva la creencia de los filósofos paganos de que la Tierra era redonda, creencia considerada errónea ya en Lactancio 198 , San Agustín 199 y otros 200 . Además, la base de los tipos más comunes de mappae mundi medievales eran los mapas manuscritos que acompañaban las partes geográficas de la obra de Macrobio, tal como ponen en evidencia los que aparecen en el Liber floridus de Lamberto de Saint Omer, el Dragmaticon y el De philosophia mundi de Guillermo de Conches, y en el anónimo De imagine mundi 201 . Pues bien, Cristóbal Colón poseía un manuscrito con el mapamundi de Macrobio que anotaba de su mano, y sin duda la descripción de Macrobio del mundo habitado y del Océano, corregida por los relatos de los navegantes portugueses, contribuyó a la representación que el marino genovés tenía del mundo antes de emprender la expedición descubridora del Nuevo Mundo.

En la historia de la pervivencia de la obra de Macrobio, el Tractatus de Sphaera de Juan de Sacrobosco 202 , obra de erudición astronómica y cosmográfica, cubre el periodo que va del s. XIV al Renacimiento. En la compilación de Sacrobosco Macrobio desempeña un papel importante. Su conocimiento del Comentario de Macrobio se puede demostrar a través de las citas de Virgilio, de las observaciones astronómicas y de las menciones expresas de su nombre; incluso cuando Sacrobosco nombra explícitamente a Alfragano y el Almagesto de Ptolomeo, detrás de estos nombres está Macrobio. Sacrobosco remite a la autoridad de Macrobio y Eratóstenes en la medición de la circunferencia de la tierra en 252.000 estadios. Otras citas de Macrobio en el Tractatus de Sphaera tienen que ver con los coluros, el horizonte, el zodíaco, el movimiento de los planetas y de las estrellas fijas, las partes de la tierra, el equinoccio, etc. De este modo, a través del Tractatus de Juan de Sacrobosco, un Macrobio reducido a la astronomía y la geografía se transmitió hasta el s. XVII y siguió ejerciendo cierta influencia hasta época moderna.

La influencia de Macrobio alcanzó hasta el ámbito de la medicina, como atestigua Guy de Chauliac (1300-1368), quien menciona el nombre de Macrobio en el primer capítulo de su Ars chirurgica (1363) 203 .

En el s. XIV Macrobio interesa al Humanismo incipiente, no sólo porque en el Comentario pueden llegar a conocer la filosofía neoplatónica sin necesidad de dominar el griego 204 , sino porque en Macrobio encuentran a un romano que aprueba la autoridad estatal y la actividad política como un bien común. Según Schedler y Rabuse 205 , Dante Alighieri (1265-1321) estaba muy familiarizado con el Comentario al Sueño de Escipión , si bien no faltan autores 206 que cuestionen que su conocimiento de Platón derive realmente de Macrobio. No obstante, según F. J. E. Raby 207 , Dante estudió con esmero tanto el Sueño como el Comentario , pues los necesitaba para toda su construcción del mundo celestial, y en particular, para utilizarlos, en un diseño creativo original del poeta, para el escenario de su Purgatorio . Baste con el siguiente pasaje (Purgatorio I 22-27):

Io mi volsi a man destra, e posi mente

all’altro polo , e vidi quattro stelle

non viste mai fuor che alla prima gente .

Goder pareva il ciel di lor fiammelle .

O settentrional vedovo sito ,

poichè privato sei di mirar quelle!

Aquí Dante se apropia de los praeclara et mirabilia que Escipión dice haber contemplado, desde la Vía Láctea, en los cielos estrellados, esto es, las estrellas del hemisferio austral, invisibles para quienes habitan en el hemisferio norte (Com . I 16, 3-6). Y en un cielo alegre por sus fulgores, brillan cuatro estrellas que representan las cuatro virtudes cardinales bajo las cuales fueron creados nuestros primeros padres. Dante las sitúa intencionadamente aquí para que iluminen el camino al Purgatorio. Se tratarían de las cuatro virtudes cardinales pertenecientes, según Macrobio (Com . I 8), al tipo de las virtudes purgatorias, necesarias para que el alma llegue a estar, en palabras de Dante que firmaría Macrobio, puro e disposto a salire alle stelle (cf. Com . I 8, 8). Ahora bien, en Macrobio estas virtudes operan en la presente vida, mientras el alma está aún en el cuerpo; en Dante, en cambio, presiden la purificación de las almas en ese estadio intermedio de expiación penitencial. Así, el Purgatorio coloca delante alegóricamente el proceso de purificación necesario en este mundo para la recepción de la gracia y para la vida contemplativa que es una preparación para la visión final de Dios. Es, por tanto, apropiado que estas cuatro virtudes estén representadas como una constelación celestial que proyecta su luz sobre el penoso viaje del hombre hacia la purificación.

Giovanni Boccaccio (1313-1375) 208 tomó del Comentario el relato del sueño del filósofo Numenio (Com . I 2, 19), que Macrobio aduce en defensa de la vulgarización del contenido religioso. Este relato animó a Boccacio para su poesía-novela.

Macrobio es asimismo uno de los autores clásicos más citados en las obras de Francesco Petrarca (1304-1374) 209 , que lo califica como scriptor egregius 210 y encuentra en Macrobio un apoyo para defender su platonismo frente al de Aristóteles, que no es de su agrado. Al redactar su De vita solitaria , Petrarca tuvo, sin duda, ante sus ojos el tratado de las virtudes y su clasificación (Com . I 8, 3-13), que sigue muy de cerca pero abreviándolo mucho: transmite cada uno de los capítulos que tratan cómo las cuatro virtudes cardinales platónicas se distribuyen y sitúan en los distintos gradus ; pero, en cambio, no incluyó el resumen que Macrobio hace al final de todo el pasaje (Com . 18, 11) acerca de cómo obra cada una de las virtudes frente a las pasiones. En el África de Petrarca, su epopeya sobre Escipión, hay muchos pasajes cuyo modelo directo es Macrobio: p. ej., en África V 377-385 Petrarca recoge tanto el relato homérico del viaje de Zeus junto con los demás dioses al Océano, invitados por los etíopes a un banquete (Ilíada I 423-425), como la exégesis alegórica de la que se hace eco Macrobio: los planetas (= dioses) toman su alimento del agua (Com . II 10, 11). Como confirmación de la dependencia de este pasaje respecto de Macrobio, en los versos precedentes (África V 373-376) Petrarca describe la posición del zodíaco de forma similar a Macrobio en Com . II 8, 5-6. Prueba de que Petrarca también leyó las Saturnales es la incorporación de la figura de Evangelus en el e ipsius et multorum ignorantia . El De laboribus Herculis del editor del África de Petrarca, Coluccio Salutati (muerto en 1406) 211 , atestigua también una lectura atenta del Comentario de Macrobio, como demuestran sus abundantes citas literales 212 .

Por la misma época, y en lengua catalana, Francesc Eiximenis incluyó diversos pasajes de las Saturnales en el capítulo cinco del Terç del Crestià , cuando trata acerca de la ebriedad 213 , y Bernat Metge escribió Lo somni , y sabemos por su propio testimonio, además de por el significativo título que da a esta obra, que había manejado un ejemplar del Comentario al Sueño de Escipión facilitado por el rey Juan I 214 .

El interés por Macrobio no decae entre los humanistas italianos del Quattrocento, como testimonia el manuscrito del Comentario copiado por Bartolomeo Fonzio en 1460 215 . En la correspondencia entre Poggio Bracciolini (1380-1459) y Niccolo de Niccoli (1363-1437) hay referencias a la lectura de Macrobio 216 . Se sabe que en la gran biblioteca de Nicolás de Cusa (1401-1464) se encontraba un ejemplar del Comentario 217 .

En el resurgir de la popularidad de Macrobio en el s. XV tiene mucho que ver la Academia de Florencia y su renovado interés por el neoplatonismo. El helenista Marsilio Ficino (1433-1499) 218 , el filósofo más sobresaliente del Quattrocento, aunque era sobradamente capaz de leer a Platón y a Plotino en griego, no desdeñaba, sin embargo, las fuentes latinas, y en su Theologia Platonica de animarum inmortalitate (Florencia, 1482) cita muchas veces a Macrobio (v. gr . la interpretación alegórica de la aurea catena homérica, el tratado de la virtud 219 , o la comparación del Sol con Dios: Sol vero maxime Deum ipsum tibi significare potest , afirma Ficino; cf. Com . I 2, 15). No obstante, Ficino es un pensador independiente que hace sus propias lecturas de los escritos de Platón. La influencia de Macrobio en el Renacimiento alcanza a muchos otros autores que no nos es posible aquí mencionar, pero que han sido investigados por C. R. Ligota 220 , a cuyo estudio remitimos. Cristóforo Landino, miembro de la Academia Platónica Florentina, fundada y presidida por su amigo Marsilio Ficino, escribió en 1472 sus cuatro libros de sus extensas Disputationes Camaldulenses , un espejo de príncipes para Lorenzo el Magnífico. En los libros tercero y cuarto Landino hace una interpretación alegorizante de la primera mitad de la Eneida y compara el viaje de Eneas a la odisea del alma humana, que perdura en la prisión del cuerpo, simbolizada por la «Troia voluptuosa» hasta que alcanza la sapientia , como la que Eneas, guiado por la Sibila, encuentra por fin en la caverna de Cumas. Junto a Virgilio y Cicerón, el autor más citado por Landino es Macrobio y su Comentario , hasta casi cincuenta citas 221 , muchas veces literales, sobre todo en la descripción de cada una de las virtudes cardinales 222 , donde Landino sigue un camino propio, diferente al de Ficino en dos aspectos: en primer lugar, como ya antes Bernardo Silvestre y Petrarca, la virtus politica , que él llama, como Ficino, virtus civilis , está totalmente relacionada con la actividad práctica del estadista 223 , porque, tal como Macrobio en su tiempo, su intención es sublimar la actividad política, y además Landino tenía como objetivo demostrar al político Lorenzo la ética de la actuación política. En segundo lugar, Landino sólo hace énfasis en tres de los cuatro grados de virtudes mencionados en Macrobio (Com . I 8, 5 y 10), silenciando las «virtudes ejemplares». La orientación política y estatal es tan marcada en su tratado de las virtudes que no sólo domina el ámbito de la virtus civilis , sino que invade e impregna los otros dos grados de virtudes. Así, la virtus purgatoria consiste en que el hombre debe liberarse de su corporalidad; éste grado de virtud se describe como la virtud de aquel que ha abandonado la vida pública para retirarse al cultivo del otium ; por último, en el tercer grado de virtud se encuentran quienes se han retirado de todo la turbamulta terrenal de asuntos humanos. En el lugar de un perfeccionamiento ético, Landino coloca, por así decirlo, la marca distintiva de un hábito, que se mide en el grado de participación en los asuntos públicos y de interés general. Ficino solucionó el problema de las «virtudes ejemplares», que Landino omite 224 , con la teoría de la doble mirada, cual cabeza de Jano, del alma humana, adjudicando los cuatro grados de virtudes a cada una de las dos miradas diferentes del alma, a lo temporal y a lo eterno, como corporales o inteligibles 225 . Huellas macrobianas también se rastrean en la producción de Giovanni Pico della Mirandola, en particular en el Discurso sobre la dignidad del hombre , ya que su voluntad de sincretismo universal encuentra un antecedente magnífico en Macrobio.

Con el Humanismo y el redescubrimiento de los clásicos se incrementó el interés por los textos originales y los compendios cayeron en desuso, y en consecuencia el interés por Macrobio declinó 226 . En el s. XVI , no obstante, Macrobio todavía suscita cierto interés, como atestiguan las numerosas ediciones del Comentario que se suceden, a ritmo vertiginoso, por toda Europa, o incluso las variadas colecciones de apotegmas y proverbios que se inspiran de manera directa o indirecta en los Saturnalia . Pero desde comienzos del s. XVII el ritmo de ediciones decrece considerablemente y las simples reediciones son además más numerosas que las verdaderas nuevas ediciones 227 . Comienza entonces, y persistió durante siglos, una época de denigración de Macrobio, en la que los críticos consideran su obra absolutamente insignificante. El ejemplo más significativo tal vez sea J. Willis, quien, encargado en 1963 de la edición científica de Macrobio, no ve en el texto más que ineptae cantilenae .

Y así la fama de Macrobio se apagó, pero durante siglos la obra comentada, el Somnium Scipionis de Cicerón, y el comentario a la misma, del propio Macrobio, proporcionaron tanto el modelo literario para los relatos de sueños ficticios, como el soporte científico para el recurso literario de insertar hechos maravillosos dentro de lo verosímil, a través de sueños clasificados como verídicos y útiles 228 .

MANUSCRITOS, EDICIONES, COMENTARIOS Y TRADUCCIONES

La tradición medieval de las Saturnales y la del Comentario son independientes entre sí. La transmisión manuscrita 229 de uno y otro texto se efectúa por separado, hasta que a partir de la editio princeps (Venecia, Nicolaus Jenson, 1472) empiezan a imprimirse juntos. Sólo cinco manuscritos, entre cientos, anteriores al s. XV , combinan ambos textos, pero la unión se ha producido en fechas recientes 230 .

Un recuento de los cientos de manuscritos de Macrobio, repartidos por siglo y obras, confirma el entusiasmo medieval por el Comentario , con el pico más alto en el s. XII , mientras que las Saturnales no alcanzan la popularidad hasta el Renacimiento.

Una lista exhaustiva de manuscritos de Macrobio rápidamente alcanzaría los tres dígitos, pues, como observó Thorndike 231 , los manuscritos del Comentario están entre los más numerosos del Medievo (unos 230) 232 . En la siguiente tabla —facilitada en la obra de Reynolds 233 — se puede observar la evolución de la popularidad de las obras de Macrobio (según el número de manuscritos conservados en cada siglo):


Los principales códices que han transmitido el texto del Comentario al Sueño son los siguientes (la sigla es la de la edición de Willis):

Neapolitanus V B 10 (N), s. IX . Contiene los tres primeros libros de las Saturnales , el Comentario y el propio texto del Sueño ciceroniano.

Parisinus 6371 (P), s. XI . Contiene las Saturnales y el Comentario al Sueño .

Bambergensis M. IV 15 F (B), s. XI . Contiene el Comentario y el texto ciceroniano del Sueño . Utilizado por Eyssenhardt en sus editiones Teubnerianae .

Parisinus 6370 (S), s. IX . Contiene sólo el Comentario .

Parisinus 16677 (E), s. IX . Contiene el Comentario y gran parte del Sueño .

Cottonianus (C), del Museo Británico. Contiene el Comentario y el Sueño .

De los doscientos treinta manuscritos del Comentario de Macrobio, diez contienen una subscriptio al final del libro I : Aur(elius) Memm(ius) Simmachus v(ir) c(larissimus) emendabam vel disting(uebam) meum Ravennae cum Macrobio Plotino Eudoxio v(iro) c(larissimo ). El Símaco que escribió esto en su copia en Ravena parece ser el cónsul de 465, el suegro de Boecio, que le dedica su obra. El Macrobio Plotino Eudoxio que ayudó a este Símaco, probablemente aportando su propia copia para el cotejo, pudiera ser el nieto del autor 234 .

De estos diez manuscritos que parecen remontar a la copia de Símaco, en tres de ellos la subscripción fue añadida en un ancestro reciente 235 , y en otros tres fue añadida por una mano posterior 236 . La mano del s. IX que añadió la subscripción en el códice Paris lat. 6370 , s. IX in ., asociada al círculo de Lupo de Ferrières y Heiric de Auxerre, parece que la transcribió directamente de un manuscrito antiguo (¿el ejemplar de Símaco?) donde la subscripción aparecía escrita en capitales rústicas, presumiblemente de fines del s. V o comienzos del s. VI .

La copia antigua del Comentario de Macrobio probablemente engendró al menos una copia temprana en un scriptorium diestro en escritura insular, que sería el ancestro de uno o de ambos grupos de manuscritos en los que no se puede probar que la subscriptio sea una adición reciente. El primer grupo lo constituye un solo manuscrito, Wroclaw R. 69 , s. XII , pero que remonta a un ancestro insular, lo cual lo equipara a los códices supervivientes del s. IX . El segundo grupo lo conforman British Library, Harley 2772, ff. 44-74 + München Clm 23486, ff. 1-2 (s. XI ) y Firenze, Laur. Conv. Soppr. 444 (s. XII ). Dado que ambos pertenecen a la familia π, y la familia afín φ (de descendencia insular) contiene un probable eco de la subscripción (emendatum est al final del libro I ), el ancestro común de φ y π presumiblemente contenía la subscriptio 237 .

En el s. IX el Comentario de Macrobio fue estudiado y copiado en los grandes centros de la Francia carolingia 238 . En los albores del siglo, se hizo en Tours una copia, Paris, lat. 6370 239 , y Adalbaldo, escriba de San Martín de Tours, hizo otra copia, perdida en el s. XIX (olim Tours, Bibl. Municipale, St. Martin’s 33 ). B. C. Barrer-Benfield descubrió que la copia de Adalbaldus era uno de los cuatro códices del s. IX que contienen el De senectute de Cicerón precediendo al Comentario de Macrobio 240 . Sin duda la afinidad de temas e interlocutores favoreció la asociación de ambos textos. Los tres supervivientes, copiados dos en Fleury y uno en Corbie, con un colofón de cuatro versos (dos dísticos elegíacos) titulado De errore emendationis que presentan las excusas del copista, al final del libro II , descienden de un ancestro común, φ, que debió haber sido escrito en tipo insular.

El códice superviviente de Tours, Paris, lat. 6370 , pasó a manos de Lupo de Ferrières 241 y su discípulo Heiric de Auxerre, quienes le hicieron correcciones y enmiendas, añadieron variantes, los cinco diagramas habituales 242 y la subscriptio , que, por el tipo de letras, procede de un manuscrito antiguo.

En Auxerre se redactó asimismo una gran miscelánea, Berna 347 + 357 + 330 + Leiden, Voss. Lat. Q. 30, ff. 57-58 + Paris Lat. 7665 (s. IX ex.), el códice más antiguo no sólo de los excerpta vulgaria de Petronio, sino también de una versión abreviada del Comentario de Macrobio. Esta versión abreviada incluye la sección central, con casi todo el material astronómico y geográfico, el pasaje final de la tipología de sueños (I 3, 17-I 3, 20) y los cinco diagramas habituales, pero omite el material más filosófico del comienzo y del final. Al texto macrobiano siguen cuatro excerptas procedentes del libro II de la Historia Natural de Plinio, junto con diagramas. Berna 347 bien puede ser el arquetipo de los manuscritos tardíos de la versión abreviada.

Se desconoce la procedencia de la copia restante del s. IX , Colonia 186, ff. 73-120 , la cual comparte muchas lecturas con φ, pero no desciende de φ, sino de un gemellus de φ, que podemos bautizar como π. De una copia o un gemellus fuertemente contaminado de este códice descienden otros tres más tardíos: B. L. Harley 2772, ff. 44-74 + München Clm 23486, ff. 1-2 (s. XI ); Firenze, Laur. Conv. Soppr. 444 (s. XII ); Vaticano, Reg. Lat. 1367 (s. XII ). Los tres comparten un ramillete de lecturas φ con Colonia 186 , pero presentan también lecturas vulgares distintas a las lecturas φ de dicho códice. No obstante, los cuatro manuscritos comparten una característica común distintiva: vocablos griegos que en los restantes manuscritos están escritos en caracteres latinos en estos cuatro códices están escritos con caracteres griegos. Dado que Macrobio, que era bilingüe, escribió estos vocablos griegos con caracteres griegos, tal vez π transmita una corriente del texto particularmente pura. Además, Harley 2772 y Conv. Soppr. 444 son dos de los únicos cuatro códices en los que no se puede probar que la subscriptio fue añadida en un período reciente de la tradición textual.

El número de manuscritos conservados del Comentario —tal como se aprecia en la tabla supra — se incrementa gradualmente en los siglos X (10) y XI (31), hasta alcanzar el clímax en el s. XII (106), donde la tradición alcanza tal grado de contaminación que, aunque se puedan detectar pequeños grupos de códices emparentados, resulta bastante difícil definir grandes familias y filiarlas con respecto a los manuscritos más tempranos mediante un stemma . Con todo, B. C. Barker-Benfield trazó una somera clasificación basándose en los siguientes indicios y criterios:

a)

La subscriptio de Símaco, que aparece en diez manuscritos.

b)

La existencia de un códice excepcional, el Paris. Lat. 6370 , el más antiguo y prestigioso, que no se inscribe en ninguna familia.

c)

El descubrimiento de que, en el norte de Francia, existía, en el s. IX , un corpus que asocia el De senectute de Cicerón y el Comentario de Macrobio.

d)

La existencia de una forma abreviada del Comentario , que se atestigua en un grupo de manuscritos alemanes, y cuyo origen pudiera ser un manuscrito de Auxerrre.

Partiendo de estos criterios Barker-Benfield estableció las siguientes familias o grupos:

1)

Familia φ, que se define por la presencia de la subscriptio en su ascendente (llevan al final del libro I las palabras emendatum est , abreviación de la suscripción) y por la asociación del Comentario y el Sobre la vejez de Cicerón.

2)

Familia π, que se define por el gran número de palabras conservadas con su grafía griega, cuando en otros manuscritos han sido transcritas a grafía latina.

3)

Un grupo de diez manuscritos que transmiten una versión abreviada del Comentario , que contiene sólo la sección central sobre astronomía, música y geografía (I 14, 21-II 9, 10), a la que se agrega el pasaje sobre las puertas del sueño (I 3, 17-I 3, 20).

4)

Un grupo de códices inclasificables, entre los que destaca Paris lat. 6370 , s. IX . Se registran bajo este epígrafe hasta otros catorce códices completos y fragmentos de otros cuatro más, todos ellos anteriores al s. XII .

En su reciente edición (2001), el profesor Armisen-Marchetti 243 se atreve a dibujar un stemma más elaborado de la tradición manuscrita del Comentario de Macrobio, que se reproduce en la ilustración de la página siguiente.


Esta historia del texto concierne no sólo al Comentario de Macrobio, sino también al Sueño de Escipión de Cicerón, anexado al popular Comentario de Macrobio. La presencia en los mismos códices de los dos textos plantea problemas de crítica textual. El Sueño de Escipión se desgajó pronto, ya desde época muy antigua, del resto de la obra ciceroniana, el Sobre la república , y tuvo así su propia tradición 244 . Ahora bien, ¿es el Comentario de Macrobio el que ha robustecido la tradición del Sueño , o viceversa? K. Ziegler (1931) 245 supone que Macrobio hizo primero su comentario de la forma que era corriente en los comentaristas, sin adscripción del texto, tal como redactaron sus comentarios Asconio, Porfirio, Servio y sus predecesores griegos, y sólo posteriormente, a la necesidad de los lectores de tener delante el texto que se comentaba, respondió la costumbre de presentarlo junto al comentario. Por tanto, fueron los comentarios de Macrobio, en opinión de Ziegler, los que motivaron la separación del Sueño del resto de la obra, gracias a lo cual el Sueño se conservó durante la Edad Media y el Renacimiento. Las cifras de manuscritos conservados del Sueño sin el Comentario (ver tabla de pág. 98) atestiguan cómo el Sueño alcanzo una amplia independencia con respecto a Macrobio sólo en los siglos XIV y XV (coincidiendo el punto culminante con la búsqueda de nuevas obras ciceronianas por parte de Petrarca) 246 . Durante siglos el Sueño , con la excepción de algunos fragmentos breves, fue todo lo que se conoció de la República , hasta que en 1820 el cardenal Angelo Mai descubrió en la Biblioteca Apostólica Vaticana (5757) un palimpsesto apenas descifrable 247 y muy antiguo, probablemente del s. IV ó V , que contenía amplios fragmentos de la República , casi un tercio de la obra perdida. Mai publicó su editio princeps en Roma en 1822. No obstante, el palimpsesto no incluía el libro VI de la República , y por tanto, tampoco el Sueño de Escipión . En opinión de Armisen-Marchetti 248 , Macrobio no unió el texto del Sueño a su propia obra, y además, cuando trabajaba en el Comentario , tenía ante sus ojos un ejemplar completo de la República de Cicerón, no un edición independiente del Sueño .

El Parisinus 6371 (P), s. XI , además del Comentario al Sueño , contiene también las Saturnales , inaugurando así una larga tradición, la de que ambas obras macrobianas compartan manuscritos y luego ediciones impresas. Es además el único códice, junto con el Escorialensis Q 1. 1 (T ), s. XV , y el Laurentianus plut. 90 sup. 25 (F ), florentino, s. XII , el Argentoratensis 14 , s. XI , y el Cantabrigiensis Bibl. Univers. 260 (A ), s. XIII , que contiene íntegro el texto que se ha conservado de las Saturnales . Los restantes códices contienen sólo parte de la obra.

Hay indicios de que en el Medievo, o al menos en cierto período, el texto de Macrobio era conocido en su totalidad, sin las actuales lagunas. En los manuscritos macrobianos conservados en la actualidad no se verifican algunas citas de Macrobio recogidas en el Policraticus de Juan de Salibury, en el De arte praedicatoria (c. 15) de Alain de Lille, en el Speculum maius (IV 81) de Vicente de Beauvais y en la Philosophia mundi (II 17) de Guillermo de Conches.

El Comentario nunca se editó solo, sino asociado a las Saturnales , o formando parte de las Obras completas de Macrobio. Muchas ediciones de inicios del s. XVI contienen asimismo el Sobre el día del nacimiento de Censorino, emparentado con el Comentario por sus disquisiciones aritmológicas. Ludwig van Jan, en su editio Bassiana de 1848, ofrece casi la lista completa de ediciones impresas hasta esa fecha. William Harris Stahl (1952) la completa hasta 1893. Ofrecemos, a continuación, una lista actualizada hasta el presente:

1472, Venecia: Nicolaus Jenson. Editio princeps .

1483, Brescia (6 junio): Boninus de Boninis. Edición de Nicolaus Jenson. Primera edición que contiene impresos los diagramas geométricos y el mapamundi.

1485, Brescia (15 mayo): Boninus de Boninis. Edición de Nicolaus Jenson.

1485, Brescia (31 mayo): Boninus de Boninis. Edición de Nicolaus Jenson.

1485, Leipzig (edición dudosa).

1492, Venecia (29 junio): [Joannes Rubeus Vercellensis].

1500, Venecia (29 octubre): Philippus Pincius.

1501, Brescia (18 enero): Angelus Britannicus.

1513, Venecia (15 junio): Augustinus de Zannis de Portesio (ad instantiam Do. Lucas [sic] Antonium [sic] de Giunta ). Edición de Joannes Rivius.

1513, Leipzig (edición dudosa).

1515, París (1 febrero): Jocodus Badius Ascensius y Joannes Parvus. Editio Ascensiana de la edición de Joannes Rivius (1513). Hay edición moderna en microformato (Múnich, Saur, 1993).

1515, Florencia (julio): Philippus Junta. Edición de Nicolaus Angelius (Niccolò degli Angeli Bucinense). Primera revisión crítica del texto.

1517, Venecia (abril): Aldus. Edición de Donato Veronese. Opera Macrobiana junto con el De die natali de Censorino.

1519, París (5 noviembre): s. n. Edición de Josse Bade (Jodocus Badius Ascensius). Accuratio Ascensiana de la edición de Joannes Rivius (1513). Opera Macrobiana junto con el De die natali de Censorino.

1521, Venecia (18 julio): Joannes Tacuinus de Tridino. Edición de Nicolaus Angelius (Niccolò degli Angeli Bucinense).

1521, Colonia (agosto): Eucharius Cervicornus.

1524, París (5 noviembre): s. n. Edición de Jodocus Badius Ascensius (Josse Bade). Accuratio Ascensiana de la edición de Donato Veronese (1517). Opera Macrobiana junto con el De die natali de Censorino.

1526, Colonia (4 enero): Eucharius Cervicornus, aere & impensa M. Godofridi Hittorpii . Edición de Arnold Haldrein, llamado también rnold de Wesel (Arnoldus Vesaliensis).

1527, Colonia (agosto): opera et impensa Joannis Soteris .

1528, Venecia (abril): Aldus y A. Asulanus. Edición de Donato Veronese. Opera Macrobiana junto con el De die natali de Censorino.

1532, Lyon: Sebastianus Gryphius.

1535, Basilea: Joannes Hervagius. Edición de Joachimus Camerarius (Joachim Kammermeister). Hay edición moderna en microformato (Múnich, Saur, 1992).

1538, Lyon: Sebastianus Gryphius.

1542, Lyon: Sebastianus Gryphius.

1548, Lyon: Sebastianus Gryphius.

1550, Lyon: Sebastianus Gryphius.

1556, Lyon: Sebastianus Gryphius.

1560, Lyon: apud haered. Seb. Gryphii .

1560, Lyon: T. Paganus.

1565, Venecia: Joannes Gryphius.

1574, Venecia: Joannes Gryphius.

1585, París: Henricus Stephanus (Henri Estienne). Hay edición moderna en microformato (Múnich, Saur, 1991). Se adjunta el Liber de differentiis et societatibus Graeci Latinique verbi .

1585, Lyon: A. Gryphius.

1597, Leiden: Franciscus Raphelengius (ex officina Plantiniana ). Edición de Johannes Isacius Pontanus y Joannes Meursius (Jan van Meurs)

1597, Ginebra: Jacobus Stoer.

1607, Ginebra: Jacobus Stoer.

1628, Leiden: Joannes Maire.

1670, Leiden: Arnoldus Doude, Cornelius Driehuysen. Edición de Iacobus Gronovius; con notas de Johannes Isacius Pontanus, Johannes Meursius y Jacobus Gronovius.

1694, Londres: typis M.C. & B.M., impensis T. Dring & C. Harper . Edición de Jacobus Gronovius; con notas de Johannes Isacius Pontanus, Johannes Meursius y Jacobus Gronovius.

1736, Padua: Jos. Cominus. Edición de Volpi.

1774, Leipzig: G. Theophilus Georgius. Edición de Johann Carl Zeune; con notas de Isacius Pontanus, Jo. Meursius, Jac. Gronovius, a las que se añaden las del propio Jo. Car. Zeunius.

1788, Zweibrücken: ex Typographia societatis , 2 vols. Editio Bipontina de J. A. Fabricius.

1848-1852, Quedlinburg-Leipzig: Godofredus Bassius, 2 vols. (I: Comentario ; II: Saturnales ). A cargo de Ludovicus Janus (= Ludwig van Jan), se puede considerar la primera edición moderna, con la más completa colación de manuscritos —incluyendo B (Bambergensis 875) y P (Parisinus Regius 6371)— y cotejo de lecturas de once ediciones impresas. Adelantó una primera, aunque vaga, clasificación de los manuscritos 249 .

1868, Leipzig: B. G. Teubner. Edición de Franz Eyssenhardt. Basada sólo en dos manuscritos: P (Parisinus Latinus 6371, s. XII ) y B (Bambergensis, Staatsbibliothek, M. IV 15, s. XI ), de los que con frecuencia da colaciones inexactas.

1893, Leipzig: B. G. Teubner. Segunda edición de Franz Eyssenhardt. Reimpresión de la primera edición, con algunas enmiendas pero con gran número de erratas tipográficas, que mereció una dura crítica de G. Wissowa 250 .

1963, Leipzig: B. G. Teubner. Edición de James A. Willis. No indica el criterio de elección de manuscritos y renuncia expresamente a establecer un stemma . Utiliza los manuscritos de Eyssenshardt, a los que añade los manuscritos señalados por Lindsay —el Bodleian Library, Auct. T. 2. 27 251 — y La Penna 252 —el Parisinus Latinus 6370 , s. IX , ya utilizado por L. Jan, y el Parisinus Lat. 16677 , s. IX —, así como un manuscrito londinense, British Library Cotton Faustina C.I ., s.d. Sin duda, la edición crítica más exhaustiva de la obra de Macrobio hasta la fecha.

1970, Stuttgart-Leipzig: B. G. Teubner. Segunda edición de James A. Willis (reimpresa en 1994).

1981, Padua: Liviana. Edición y traducción de Luigi Scarpa (Biblioteca di Cultura).

1983-1990, Pisa: Giardini editori e stampatori. Edición y traducción de Mario Regali (libro I, 1983; libro II, 1990) (Biblioteca di Studi Antichi, 38 y 58).

2001-2003, París: Les Belles Lettres. Edición, traducción y comentario de Mireille Armisen-Marchetti (Collection des Universités de France/Auteurs Latins, 360).

En cuanto a las traducciones (a veces acompañadas de notas), caben destacar las siguientes (entre ellas abundan las decimonónicas francesas fruto del interés de los eruditos galos por el neoplatonismo durante el s. XIX ):

1827, París: Firmin Didot. Œuvres de Macrobe , traducidas por Charles de Rosoy; 2 vols.

1845, París: J.-J. Dubochet, Le Chevalier. Macrobe, Œuvres complètes , traducidas por Alphonse J. Mahul; 1 vol. «Collection des auteurs latins», dirigida por M. Nisard.

1845-1847, París: Panckoucke. Œuvres de Macrobe , traducidas por MM. Henri Descamps, N. A. Dubois, Laas d’Aguen, A. Ubicini Martelli; 3 vols. (Bibliothèque latine-française, seconde serie, tome 33).

1913, París: M. Glomeau. Cicéron. Le Songe de Scipion, fragment de la République conservé par Macrobe, suivi de chapitres choisis des Saturnales de Macrobe .

1952, Nueva York: Columbia University Press. Macrobius. Commentary on the Dream of Scipio , traducción y notas de William Harris Stahl (reimpresión en 19902 ). Traducción (sin texto latino) basada principalmente en la edición de Jan (1848), pero incorporando algunas lecturas de las ediciones de Eyssenhardt (1868 y 1893) y ocasionalmente algunas enmiendas de otros críticos textuales posteriores a Jan.

1963, Bucarest. Traducción al rumano de G. Tohaneanu.

1979, Milán. Commentaire sur le Songe de Scipion tiré de la République de Cicéron , traducción de D. Nisard.

1981, Padua: Liviana. Texto latino, traducción al italiano y notas de Luigi Scarpa (Biblioteca di Cultura). El texto latino es el de la edición de Willis.

1983-1990, Pisa: Giardini editori e stampatori. Texto latino, traducción al italiano y notas de Mario Regali (libro I, 1983; libro II, 1989) (Biblioteca di Studi Antichi, 38). El texto latino es el de la edición de Willis.

1984, Madrid: Gredos. Cicerón, Sobre la república , introducción, traducción, apéndice y notas de Alvaro D’ors (BCG 72). Traducción del Sueño en págs. 158-171.

2004, Barcelona: Quadems Crema. Marco Tulio Cicerón. El sueño de Escipión . Trad. de Jordi Raventós.

LA PRESENTE TRADUCCIÓN

Para nuestra traducción hemos seguido el texto latino de la editio altera de James A. Willis (Stuttgart-Leipzig: B. G. Teubner, 1970; reimpresa en 1994). En la elaboración de las notas reconocemos nuestra deuda con los autores que nos han precedido, en especial con la obra pionera de William Harris Stahl (Nueva York: Columbia University Press, 1952; reimpresión en 19902 ) y la notabilísima edición, traducción y comentario de Mireille Armisen-Marchetti (París, Les Belles Lettres, 2001-2003). No hemos podido, en cambio, consultar la recentísima traducción del Comentario de Jordi Raventós Barlam (Madrid, Siruela, 2005), aparecida cuando la presente edición se encontraba ya en fase de corrección de pruebas, pero que, sin duda, está a la altura de sus anteriores del Sueño (2004) y de las Saturnales (2003).

Por otra parte, no se ha considerado necesario incluir en este volumen el texto traducido del Sueño de Escipión de Cicerón, ya que el lector interesado puede consultarlo en esta misma colección, en traducción de Álvaro D’Ors (Cicerón. Sobre la república , BCG 72, Madrid, Gredos, 1984).

1 La hipótesis de R. ELLIS (The Fables of Avianus , Oxford, 1887, págs. XIII-XIX), que identifica al fabulista Aviano con Rufo Festo Avieno, el traductor de los Fenómenos de Arato, fue retomada por ALAN CAMERON («Macrobius, Avienus and Avianus», Classical Quarterly 17.2 [1967] 385-399) y cuenta con muchos seguidores, como F. GAIDE (en la introducción a su edición de las Fábulas de AVIANO , C.U.F., 1980, págs. 22-25 y 27) y J. SOUBIRAN (en su edición de los Fenómenos de Arato de AVIENO , París, 1981, págs. 21-22). Véase la Introducción a Aviano de F. GASCÓN DORADO en Fedro, Fábulas. Aviano, Fábulas. Fábulas de Rómulo , BCG 343, Madrid, Gredos, 2005, págs. 213 y sigs.

2 Tal hipótesis remonta a P. COLOMIÈS (Opera , ed. de J. ALB . FABRICIUS , Hamburgo, 1709, literarias, c. 38, pág. 312), y es sostenida más recientemente por diversos autores, como S. MAZZARINO , «La politica religiosa di Stilicone», en Rendiconti dell’Istituto Lombardo di Scienze e Lettere 71 (1938), 255-258; ALAN CAMERON , «The Date and Identity of Macrobius», Journal of Roman Studies 56 (1966), 25-38; (1967), 385-399; MICHELE BEVILACQUA , Introduzione a Macrobio , Lecce: Edizioni Milella, 1973, pág. 17; objeciones en contra en B. C. BARKER -BENFIELD , The manuscripts of Macrobius’ Commentary on the Somnium Scipionis , Tesis Doctoral (2 vols. dactyl.), Oxford, 1975, págs. 2-3; J. FLAMANT , Macrobe et néoplatonisme latin à la fin du IVe siècle , Leiden: E. J. Brill, 1977 (Études Préliminaires aux Religions Orientales dans l’Empire Romain, 58), págs. 91-97; M. ARMISEN -MARCHETTI , Macrobe. Commentaire au Songe de Scipion , París: Les Belles Lettres, 2001, pág. IX

3 BOECIO , In Isagogen Porphyrii I 10 (= CSEL vol. 48, 1906, pág. 31, 22); CASIODORO , Expositio psalmorum 10, 7 (= Corp. Christ . vol. 97, pág. 116, 125).

4 Saturnales I, pref . 11, non sub alio orto caelo .

5 Saturnales I, pref . 12, in nostro sermone nativa Romani oris elegantia desideretur .

6 La mayoría de los eruditos son partidarios del origen africano (Schneidewin, Van Jan, Vogel, Schanz, Leonhard, Wessner, Cameron, Bevilacqua); unos pocos prefieren la hipótesis griega o hacen de Macrobio oriundo de alguna región grecoparlante del Imperio (Petit, Glover, Sandys, Whittaker). Sólo KARL MRAS (op. infra cit . [1933], pág. 285) argumenta que el latín era la lengua nativa de Macrobio, a causa de las frecuentes citas de autores latinos y su uso de traducciones griegas.

7 FLAMANT , op. cit . (1977), pág. 94.

8 En los manuscritos el hijo de Macrobio se llama tanto Eustathius , nombre griego, como Eustachius , nombre cristiano. Para la preferencia de Eustathius , cf. ARMISEN -MARCHETTI , op. cit . (2001), págs. XIV-XV. Una inscripción napolitana (CIL X, 8072, 4) atestigua la existencia de un Plotinus Eustathius , prefecto de Roma en 461, que se identifica con el hijo de Macrobio, puesto así bajo el patronazgo espiritual de dos filósofos, el platónico Plotino y el filósofo Eustacio de los Saturnalia ; cf. CAMERON , op. cit . (1966), pág. 37; FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 131-132; MARTINDALE , op. cit . (1980), pág. 435. En otra inscripción, procedente probablemente del Foro Romano, se lee el nombre de Fl [avius ] Macrobius Pl [otinus ] [E ]ustathius, v (ir ) [c (larissimus )...], con lo cual puede reconstruirse el nombre completo del padre y escritor como Flavio Macrobio Ambrosio Teodosio; cf. S. PANCIERA , «Iscrizioni senatorie di Roma e dintorni», Epigrafia e ordine senatorio. Atti del Colloquio Internazionale A.I.E.G.L ., Roma, 1982, I, págs. 658-660.

9 Este punto parece ser confirmado por la subscriptio que se lee al final del libro I del Comentario en algunos códices: Aur (elius ) Memm (ius ) Simmachus u (ir ) c (larissimus ) emendabam uel disting (uebam ) meum Ravennae cum Macrobio Plotino Eudoxio u (iro ) c (larissimo ); cf. CAMERON , op. cit . (1966), pág. 37; FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 129-131.

10 Cf. J. GAUDEMET , Institutions de l’Antiquité , París, 1967, pág. 706.

11 Codex Theodosianus XVI 10, 15 y VIII 5, 61 (vicarius ); XI 28, 6 (proconsul ); VI 8, 1 (praepositus ); XII 6, 33 (praefectus praetorio Italiae ).

12 Cf. ENSSLIN , RE 14, 1 (1928), 169.

13 ZÓSIMO , IV 37, 2.

14 Cf. M. K. HOPKINS , Proceedings of Cambrigde Philological Society 9 (1963), 68.

15 Datación alta o temprana: C. H. GEORGII , «Zur Bestimmung der Zeit des Servius», Philologus 71 (1912), 518-526 (quien sitúa la fecha de nacimiento ca . 360 y estima que era unos diez años mayor que Servio; las obras entre 395-410); P. WESSNER , «Macrobius», RE 14, 1 (1928), 170; P. COURCELLE , Les lettres grecques en Occident, de Macrobe à Cassiodore , París, 19482 (= 1943), pág. 3 (el Comentario es anterior al Hexameron de AMBROSIO , compuesto en 386/387; refutado por M. FUHRMANN , Philologus 107 [1963], 301-309); R. CRISTECU -OCHESANU , «Controverse recente cu privire la cronología lui Macrobius», Studii Clasice 14 (1972), 231-237; S. DÖPP , Zur Datierung von Macrobius’ Saturnalia », Hermes 106 (1979), 619-632; WILLIAM HARRIS STAHL , Macrobius. Commentary on the Dream of Scipio , New Cork: Columbia University Press, 1990 (= 1952), pág. 5; E. TÜRK , Les Saturnales de Macrobe source de Servius Danielis, Revue des Études Latines 41 (1963), 327-349.

16 Hasta los trabajos de A. CHASTAGNOL («Les Espagnols dans l’aristocratie gouvemamentale à l’époque de Théodose», Empereurs romains d’Espagne , Colloques Internationaux du C.N.R.S., París, 1965, págs. 269-292), de CAMERON (1966 y 1967) y de FLAMANT (1977) se consideraba que los tres funcionarios llamados Macrobio eran el mismo personaje que se identificaba con el autor del Comentario (con la excepción de MAZZARINO , 1938). CHASTAGNOL demuestra que son tres carreras distintas y que no se pueden atribuir al mismo funcionario, e identifica a Macrobio con el procónsul de África. Para Cameron no se trata de ninguno de los tres, pues Macrobio no se llama oficialmente Macrobio. Flamant, tras descartar tanto al praepositus —que debía ser cristiano y eunuco, y Macrobio tuvo un hijo— como al vicarius —cargo que no confería el título de illustris — se adhiere a su propuesta de Chastagnol, pues el procónsul de África debía ser un pagano moderado, enviado a esta provincia para apaciguar la querella donatista. «Le nom, l’âge, la religion, les relations de Macrobe rendent cette identification plausible» (FLAMANT , 1977, págs. 122-123). Ésta no es la opinión de J. R. MARTINDALE (The prosopography of the Later Roman Empire , II, A.D. 395-527 , Cambridge, 1980, pág. 698), quien identifica al vicario de España y al procónsul de África como el mismo personaje que avanza en su cursus honorum .

17 Datación baja o tardía: MAZZARINO (1938), págs. 255-258; CAMERON (1966), págs. 25-38; N. MARINONE , en su edición de los Saturnales , Turín, 1967 (19772 ), págs. 14-27; ÍDEM , Il ‘Somnium Scipionis’ ciceroniano nell’esegesi di Macrobio , Turín, G. Giappichelli Editore, 1970, págs. 32-35 y 45. Ya RICCIOLI (Almagestum novum , Psononiae, 1651) dató decididamente el nacimiento de Macrobio entre el 395 y el 400, datación aceptada modernamente por MICHELE BEVILACQUA , Introduzione a Macrobio , Lecce, Edizioni Milella, 1973, pág. 20.

18 FLAMANT (1977), págs. 80 ss.

19 En W. SMITH (dir.), Dictionary of Greek and Roman Bibliography and Mythology , III, pág. 888.

20 J. SUNDWALL , Weströmische Studien , Berlín, 1915, pág. 98.

21 PAULY , Vol. XIV, 1 (1928), col. 169.

22 J. E. SANDYS , A History of Classical Scholarship , I, Cambridge, 1906, pág. 238.

23 T. R. GLOVER , Life and Letters in the Fourth Century , Cambridge, 1901, pág. 172.

24 T. WHITTAKER , Macrobius; or Philosophy, Science and Letters in the Year 400 , Cambridge, England, 1923, pág. 11.

25 K. MRAS , «Macrobius’ Comentar zu Ciceros Somnium», Sitzungsberichte der preussischen Akademie der Wissenschaften , Philosophischhistorische Klasse , Jahrg. 1933, págs. 232-286.

26 M. SCHANZ , Geschichte der römischen Litteratur , Múnich, 1914-1920, vol. IV, 2, pág. 191.

27 A. C. PALLU DE LESSERT , Fastes des provinces africaines , París, 1901, II, págs. 121-122.

28 En W. S. TEUFFEL , Geschichte der römischen Literatur , Leipzig, 19136 , III, pág. 383.

29 PAULY , Vol. XIV, Pt. 1 (1928), col. 170.

30 PAUL HENRY , Plotin et l’occident; Firmicus Maternus, Marius Victorinus, Saint Augustin et Macrobe , Lovaina, 1934, págs. 146-147.

31 S. T. COLLINS , The interpretation of Vergil with special reference to Macrobius , Oxford, 1909, pág. 48.

32 GROTIUS , Opera theologica , Londres, 1679, II, vol., 9, pág. 19.

33 BARTH , Advers. et Comment ., 1, 48, c. 8 col. 2258.

34 BEVILACQUA (1973), pág. 26.

35 A. RONCONI , La letteratura latina pagana , Florencia, 1957, pág. 156.

36 P. e., R. PICHON , Histoire de la littérature latine, París, 1908, págs. 800-804; E. BICKEL (Lehrbuch der Geschichte der römischen Literatur , Heidelber, 1937, pág. 272); K. BUCHNER , J. B. HOFFMANN , Lateinische Literatur und Sprache , Berna, pág. 175).

37 Op. cit . (2001), págs. XVIII-XIX.

38 WILLIAM HARRIS STAHL , Macrobius. Commentary on the Dream of Scipio , Nueva York, Columbia University Press, 1990 (= 1952), págs. 7-9.

39 H. F. STEWART , en Cambridge Medieval History , Cambridge, Vol. I, Chap. XX, págs. 569-572.

40 ALFRED JEANROY -AIMÉ PUECH (Histoire de la littérature latine , París, 1910, pág. 352) consideran a Macrobio «au nombre de ceux, qui, suivant en cela l’ancienne tactique païenne, affectent avec un orgueil hautain, de le passer sous silence».

41 Este epítome medieval se atribuye dudosamente a JUAN ESCOTO (s. IX ); cf. M. MANITIUS , Geschichte der lateinischen Literatur des Mitelalters , I, Múnich, 1911, págs. 331 y 338; C. E. LUTZ , Johannes Scottus. Annotationes in Marcianum , Cambridge, Mass., 1939, pág. IX .

42 Cf. CAMERON , op. cit . (1966), pág. 37.

43 No obstante, la dialéctica no es abordada propiamente, pero los capítulos del Comentario consagrados a las pruebas de la inmortalidad del alma atestiguan que Macrobio había estudiado el arte del silogismo (cf. Com . II 3-16).

44 Dejamos el comentario exhaustivo de esta obra para el segundo volumen de Macrobio previsto en esta colección.

45 H. KEIL , ed., Grammatici Latini , V, Leipzig, 1868 (reimpr. Hildesheim, 1961), págs. 595-655.

46 PAOLO DE PAOLIS , Macrobii Theodosii ‘De verborum Graeci et Latini differentiis vel societatibus’ excerpta , Urbino : Ed. Quattro Venti, 1990.

47 Cf. CAMERON , op. cit . (1966), págs. 26-27.

48 Los Excerpta Parisina fueron publicados por primera vez en París en 1588 por IOHANNES OPSOPOEUS (excudebat Dionysius Duvallius, sub Pegaso in vico Bellovaco ).

49 Cf. M. PASSALACQUA , Tre testi grammaticali bobbiensi , 1984; L. A. H.-S., en Oxford Classical Dictionary , 3ª ed., pág. 906. Para ALAN CAMERON («The treatise De verbo ascribed to Macrobius», Bulletin of the Institute of Classical Studies of the University of London 14 (1967) 91-92) la relación de dependencia es juntamente la inversa: el tratado anónimo es la fuente de Macrobio.

50 Cf. MARINONE , op. cit . (1967), pág. 27; CHARLES GUITTARD , Macrobe. Les Saturnales, Livres I-III , París, Les Belles Lettres, 1997, págs. x-xi. FLAMANT (op. cit . [1977], pág. 91) las sitúa genericamente después del 405.

51 Cf. GEORGII , op. cit . (1912), págs. 58 ss.

52 Cf. PIERRE COURCELLE , «Nouveaux aspects du platonisme chez Saint Ambroise (III: Ambroise, lecteur de Macrobe)», Revue des Études Latines 34 (1956) 232 ss.

53 GEORGII , op. cit . (1912), págs. 518-526.

54 FLAMANT , op. cit . (1977), pág. 140.

55 Ibidem , pág. 90.

56 M. REGALI , Commento al ‘Somnium Scipionis’ , I, Pisa, 1983, pág. 18: «I Commentarii in Somnium Scipionis l’ultimo in ordine di tempo dei trei lavori di Macrobio rimasti... 〈i Saturnali 〉 affrontano argomenti adatti ad un ragazzo più giovane rispetto al dedicatorio dei Commentarii ».

57 ARMISEN -MARCHETTI (2001), págs. XVI-XVII .

58 G. WISSOWA , De Macrobii Saturnaliorum fontibus capita tria; dissertatio inauguralis philologica , Breslau, 1880, pág. 12. Comparten esta hipótesis P. WESSNER («Macrobius», PAULY -WISOWA , RE 14, 1 [1928], col. 170) y N. MARINONE (op. cit . [1967], pág. 28).

59 Para una revisión de los principios esenciales de la filosofía neoplatónica, vid . T. WHITTAKER , The Neo-Platonists , Cambridge, U. K., 19182 (= 1901); N. ABBAGNANO , Storia della filosofia , I, Turín, 19532 , págs. 201 ss.; J. ALSINA CLOTA , El neoplatonismo , Barcelona, Ánthropos, 1989.

60 CICERÓN , Cartas a Ático I 19, 10.

61 SÉNECA , Epístolas morales a Lucilio 108, 20-21.

62 AULO GELIO , I 26, 2.

63 P. HADOT , Qu’est-ce que la philosophie antique? , París, 1995, pág. 234.

64 Cf. PROCLO , Comentario a la República , I 5-7 Kroll (= I, págs. 22-23 Festugière, cf. FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 149-164.

65 Comentario I 2.

66 ARMISEN -MARCHETTI , op. cit . (2001), págs. XXVI-XXVII .

67 PLATÓN , República X 614b-621d.

68 CICERÓN , Sobre la república VI 13 = Sueño 3, I.

69 CICERÓN , Sobre la república VI 16 = Sueño 3, 5.

70 CICERÓN , Sobre la república VI 18 = Sueño 5, 2.

71 Cf. A. MAGARIÑOS , Cicerón. Sueño de Escipión , Madrid: CSIC, 19502 págs. 12-16.

72 Según PIERRE BOYANCÉ (Études sur le ‘Songe de Scipion’ , París, Bibliothèque des Universités du Midi, 1936, págs. 51 ss.), la razón que indujo a Cicerón a sustituir la muerte y resurrección de Er por un sueño fueron las burlas con que los epicúreos, y en especial Colotes, acogieron la pretendida resurrección del protagonista de Platón. El sueño constituye uno de los medios de adivinación natural (cf. CICERÓN , Sobre la adivinación I 6, 12; I 18, 34; I 28, 59), por eso Cicerón puede permitirse utilizar un sueño sin mengua de la seriedad y el rigor científico.

73 Cf. CICERÓN , Sobre la república I 36.

74 Comentario I 5, 1.

75 De hecho, el comentario es treinta veces más amplio que el texto comentado, proporción nada extraña, similar a la de los comentarios griegos (p. ej. el comentario de PROCLO al Timeo platónico arroja una proporción comentario-texto de 40/1). Ahora bien, si la proporción se calcula en relación al Somnium íntegro, y no sólo a las partes efectivamente comentadas, la proporción desciende a 16/1; cf. FLAMANT (1977), pág. 166, n. 7.

76 Puede consultarse un catálogo en ARMISSEN -MARCHETTI , op. cit . (2001), págs. XXXIV-XXXV .

77 Un catálogo de formulas introductorias puede consultarse en ARMISSEN -MARCHETTI (2001), pág. XXXVIII (nota 78).

78 STAHL (19902 [= 1952]), pág. 26.

79 Así, por ejemplo, la profecía de la muerte de Escipión (I 5, 2, cuando tu edad haya completado siete veces ocho vueltas y retornos del Sol ...) sirve de excusa a Macrobio para insertar el elaborado excursus sobre aritmética pitagórica (I 5-6).

80 Cf. FLAMANT (1997), págs. 305-306; LUIGI SCARPA , Macrobii Ambrosii Theodosii Commentariorum in Somnium Scipionis libri duo , Padua, Liviana Editrice, 1981, págs. 21 ss.; MARIO REGALI , Commento al «Somnium Scipionis» , II, Pisa, Giardini Editori, 1990, págs. 8-9.

81 Aunque gracias al esfuerzo de estos compiladores se transmitió al Medievo y se mantuvo vivo el conocimiento de las artes liberales y de la filosofía y la ciencia clásica, los compendios y compilaciones no eran el procedimiento más adecuado para transmitir con precisión los avances y logros de la mente clásica al mundo medieval, pues en muchos casos, además, una larga serie de compiladores o comentaristas intermedios separa al compilador del original latino o griego. Paradójicamente, con frecuencia las compilaciones y compendios provocaron la desaparición de los originales clásicos al mismo tiempo que garantizaban la transmisión de sus contenidos.

82 Cf. FLAMANT (1977), págs. 304-305.

83 Cf. H.-I. MARROU , Histoire de l’éducation dans l’Antiquité , nueva edición, París, 1965, págs. 266-267; I. HADOT , Arts libéraux et philosophie dans la pensée antique , París, 1984.

84 Definición de W. STAHL , Roman Science , Madison, 1962, passim ; FLAMANT , op. cit . (1977), pág. 465.

85 No obstante, es posible encontrar en el Comentario al menos una lección de geometría pura, sobre el cálculo de la circunferencia del círculo y el valor de π (Com . I 20, 14-17).

86 Cf. Saturnales I, pref . 2.

87 Cf. Com . II 4, 11.

88 Com . II 17, 15. Definiciones parecidas en Saturnales VII 15, 14.

89 Cf. P. HADOT , «La division des parties de la philosophie dans l’Antiquité », Museum Helveticum 36.4 (1979), 201-223; ÍDEM (1995), págs. 238 ss.

90 HADOT (1995), pág. 238.

91 Cf. Comentario II 17, 16. La concepción neoplatónica de Macrobio se pone de manifiesto tanto en su concepción de la física como epóptica, esto es, como iniciación mistérica («evoca los secretos»), como en la jerarquía de las partes de la filosofía, ilustrada con la imagen de la altitud («se eleva hacia las alturas de la filosofía lógica»).

92 Para el contenido de las tres partes en Macrobio, cf. S. GERSH , Middle Platonism and Neoplatonism. The Latin Tradition , I, Notre Dame, Indiana, 1986, págs. 522 ss.

93 No obstante, hay capítulos que, según este planteamiento neoplatónico, estarían mal ubicados. Así, los capítulos sobre las tres hipóstasis (Com . I 14, 5-7) y sobre la doxografia de la naturaleza del alma (Com . I 14, 19-20) no debería estar en la sección consagrada a la ética, sino en la de la lógica.

94 Cf. STAHL (19902 [= 1952]), pág. 23.

95 Parece demostrado que la doctrina del descensus animae a través de las esferas planetarias (Com . I 12, 1-3) procede de Numenio de Apamea (s. II d. C.), aunque a través de algún tratado de Porfirio.

96 Cf. L. PETIT , De Macrobio Ciceronis interprete philosopho , París, 1866, págs. 67, 75, 79.

97 H. LINKE , «Ueber Macrobius’ Kommentar zu Ciceros Somnium Scipionis» , en Philologische Abhandlungen, Martin Hertz zum siebzigsten Geburtstage , Berlín, 1888, págs. 240-256.

98 G. BORGHORST , De Anatolii fontibus , Berlín, 1905.

99 Ya E. ZELLER había desestimado a Jámblico como fuente, porque su «phantastiche Scholastik» se adaptaba al modo de pensar romano bastante menos que las doctrinas relativamente más simples y moderadas de Plotino y de Porfirio» (en E. ZELLER -R. MONDOLFO , La filosofía dei Greci nel suo sviluppo storico , parte III, vol. VI, Florencia, 1961 (= Leipzig, 1923), pág. 232, n. 123.

100 F. BITSCH , De Platonicorum quaestionibus quibusdam Vergilianis , Berlín, 1911, págs. 71-73.

101 W. A. BAEHRENS , Studia Serviana , Grand, 1917.

102 P. M. SCHEDLER , Die Philosophie des Macrobius und ihr Einfluss auf die Wissenschaft des Christlichen Mittelalters 13/1, Münster: Aschendorf, 1916, pág. 4.

103 FRANZ CUMONT , «Comment Plotin détourna Porphyre du suicide», Revue des Études Grecques 32 (1919), 113-120.

104 KARL MRAS , (1933), passim , esp. págs. 281-282.

105 Para el manejo de las fuentes en los Saturnalia , cf. G. WISSOWA , De Macrobii Saturnalium fontibus capita tria , dissertatio inauguralis philologica, Breslau, 1880; G. LOGDBERG , In Macrobium Saturnalia adnotaciones , Uppsala, 1936; COURCELLE (19482 [= 1943]), págs. 9-20.

106 PAUL HENRY , Plotin et l’occident; Firmicus Maternus, Marius Victorinus, Saint Augustin et Macrobe , Lovaina, 1934, págs. 146-192.

107 COURCELLE (19482 = 1943), págs. 3-36.

108 STAHL (1990 = 1952), págs. 23-39 (en págs. 34-35 ofrece unas valiosas tablas comparativas de las fuentes propuestas por Mras, Henry y Courcelle).

109 Los textos paralelos pueden consultarse en HENRY (1934), págs. 155-157.

110 E.-A. LEEMANS , Studie over den Wijsgeer Numenios van Apamea met Uitgave der Fragmenten , Bruselas, 1937, T 47, págs. 104-110; véase asimismo su Introducción, págs. 43-54.

111 F. Cumont en sus obras publicadas después de la edición de Leemans acepta el punto de vista de éste; cf. F. CUMONT , Recherches sur le symbolisme funéraire des Romains , París, 1942, pág. 40, n. 3; ÍDEM , Lux Perpetua , París, 1949, pág. 344, n. 5.

112 R. BEUTLER , «Numenios», en RE, Suppl ., VII (1940), págs. 676-677, y su reseña de LEEMANS en Gnomon 16 (1940), 111-115; cf. A. J. FESTUGIÈRE , La Révélation d’Hermès Trimégiste , III, París, 1944-1954, pág. 42, n. 2; J. H. WASZINK , Timaeus a Calcidio translatus commentarioque instructus (Plato Latinus, vol. IV), Londres-Leiden, 1962, Praefatio , pág. LVII , n. 1; ÍDEM , Studien zum Timaioskommentar des Calcidius , I (Philosophia Antiqua, 12), Leiden, 1964, pág. 13, n. 1; ÍDEM , «Porphyrios und Numenius», en Porphyre, Entretients sur l’Antiquité Classique , t. XII, Vandoeuvres-Ginebra, 1965, pág. 77; P. HADOT , Porphyre et Victorinus , I, París, 1968, pág. 182, n. 1; J. FLAMANT , en su reseña a ELFERINK , en Revue des Études Latines 46 (1968), 506-510.

113 E. R. DODDS , Numenius und Ammonius , en Les sources de Plotin , Entretiens sur l’Antiquité Classique, 5, 1960, pág. 9, n. 1. Secundan su opinión M. MAZZA (Studi Arnobiani , I. La dotrina dei ‘viri novi’. Helicón 3 [1963], 136-137 y n. 47) y C. J. DE VOGEL (Greek Philosophy III, Leiden, 19642 , págs. 431-433).

114 J. FLAMANT , Macrobe et le néo-platonisme latin, à la fin du IVe siècle , Leiden: E. J. Brill, 1977 (Études Préliminaires aux Religions Orientales dans l’Empire Romain, 58); ÍDEM , «Éléments gnostiques dans l’œuvre de Macrobe», en Studies in gnosticism and hellenistic religions presented to Gilles Quispel , Leiden, 1981, págs. 131-142.

115 Sobre Numenio de Apamea, cf. C. H. PUECH , « Numenius d’Apamée et les théologies orientales au second siècle», en AIPO II (Mélanges Bidez ), 1934, págs. 745-778; ÍDEM , En quête de la Gnose , I: la Gnose et le Temps , París, 1978, págs. 25-54; sobre el gnosticismo, cf. H. JONAS , The Gnostic Religion , Boston, 1958.

116 Conocemos, al menos, los nombres de quince autores de tratados onirocríticos, desde el s. V a. C. hasta el s. II d. C.: Femono ¿de Jonia?, Antifonte de Atenas, Antípatro, Apolodoro de Telmeso, Apolonio de Atalia, Aristandro de Telmeso (adivino de Alejandro Magno), Alejandro de Mindo, Artemón de Mileto, Cleágoras de Fliunte, Dionisio de Heliópolis, Gémino de Tiro, Nicóstrato de Éfeso, Paniasis de Halicarnaso, Febo de Antioquía, Serapión de Ascalón y un anónimo contemporáneo de Artemidoro de Daldis. Cf. D. DEL CORNO , «Ricerche sull’onirocritica greca», Rend, dell’Ist. Lombardo 96 (Milano, 1962) 334-366; A. H. M. KESSELS , «Ancient Systems of Dream-Classification», Mnemosyne 22 (1969), 398-424; MIGUEL A. VINAGRE LOBO , «Etapas de la literatura onirocrítica según los testimonios de Artemidoro Daldiano», Habis 22 (1991), 389-424; «La literatura onirocrítica griega hasta el siglo II p. C. Estado de la cuestión», Estudios Clásicos 101 (1992), 63-75; M. ANDREW HOLOWCHAK , Ancient Science and Dreams. Onirology in Graeco-Roman Antiquity , Lanham-Nueva York-Oxford: University Press of America, 2002. Sobre los diferentes tipos de ensueños en la literatura antigua trata el estudio reciente de L. GIL , Oneirata. Esbozo de oniro-tipología cultural grecorromana , Las Palmas de Gran Canaria: Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2002.

117 Cf. D. DEL CORNO , Artemidoro Daldiano. Il libro dei sogni , Milán, 1975; R. J. WHITE , Artemidorus. Oneirocritica (The Interpretation of Dreams ). New Jersey: Park Ridge, 1975; E. RUIZ GARCÍA , Artemidoro. La interpretación de los sueños , Madrid, Gredos, 1989; MIGUEL A. VINAGRE LOBO , «Artemidoro Daldiano ante la tradición onirocrítica previa», Excerpta Philologica 2 (1992), 113-130; HOLOWCHAK (2002), págs. 93-105.

118 Los óneiroi a su vez, según la clasificación de Artemidoro, se dividen en dos grupos: los que anuncian sucesos de cumplimiento inmediato y cuya representación se corresponde con los hechos (sueños directos) y aquellos en que media un espacio de tiempo suficiente entre el presagio y el evento, de forma que el presagio puede ser dilucidado por medio del razonamiento (sueños simbólicos). Dentro de esta última modalidad, Artemidoro distingue cinco tipos de sueños: personales, ajenos, comunes, públicos y cósmicos (idéntica subdivisión del óneiros en Macrobio, Comentario I 3, 10-11).

119 STAHL (1990), pág. 87 (nota 1).

120 KESSELS (1969), pág. 413.

121 CLAES BLUM , Studies in the Dream-Book of Artemidorus , Uppsala, 1936, págs. 57-60.

122 SCHEDLER (1916), pág. 85.

123 MRAS (1933), pág. 238.

124 COURCELLE (1943), pág. 24.

125 KESSELS (1969) opina que existen dos sistemas distintos de clasificar los sueños en la Antigüedad. El primero, que comprende cinco tipos de sueños, estaría formulado en una obra perdida que debió ser la fuente común tanto de Artemidoro como de Macrobio, y responde a un método práctico de acercarse a los sueños. Se trata de averiguar si los sueños tienen alguna significación o no. Por otro lado, está el sistema debido a Posidonio, que es recogido por Cicerón y más tarde por Filón de Alejandría, Tertuliano, etc., y que responde a un método filosofico-psicológico de acercarse a los sueños, que pretende averiguar su procedencia; la clasificación de Calcidio la relaciona Kessels con la de Filón.

126 Cf. STAHL (19902 ), pág. 42.

127 Cf. L. T. MARTIN , «The earliest versions of the Latin Somniale Danielis», Manuscripta 23 (1979), 131-141; ÍDEM , Somniale Danielis: a Edition of a Mediaeval Latin Dream Handbook , Lateinische Sprache und Literatur des Mittelalters, 10, Frankfurt, 1981. Por lo demás, para posibles paralelos entre Macrobio y el Nuevo Testamento, cf. P. W. VAN DER HORST , «Macrobius and the New Testament. A Contribution to the Corpus Hellenisticum», Novum Testamentum 15 (1973), 220-232.

128 R. E. VAN WEDDINGEN (Favonii Eulogii disputatio de Somnio Scipionis , Bruselas, 1957, Collection Latomus, 27) demuestra la anterioridad de Favonio con respecto a Macrobio, y observa que sería poco plausible que Superio animara a Favonio a redactar un comentario a la obra de Cicerón si ya existía el voluminoso comentario de Macrobio. Su argumentación fue retomada por CAMERON (op. cit . [1966], págs. 32-33) para confirmar su tesis de la datación tardía de Macrobio. Para una discusión de los pasajes paralelos de Favonio y Macrobio, cf. MARINONE (1970), págs. 71-76; FLAMANT (1977), págs. 157-158 y n. 36. La edición más antigua de la Disputatio es la de A. HOLDER (1901) y la más reciente la de LUIGI SCARPA (Padua, 1974). Sobre Favonio y su obra, véase M. SICHERL , «Beiträge zur Kritik und Erklärung des Favonius Eulogius», Abhandlungen der Geistes- und Sozialwissenchahftlichen Klasse der Akademie der Wissenchaften und der Literatur in Mainz 10 (1959), 667-709.

129 STAHL (19902 ), pág. 39.

130 MARINONE (1970), pág. 69.

131 Para las fuentes de las cuestiones científicas el mejor estudio sigue siendo el de FLAMANT (1977), págs. 305-482; cf. asimismo ARMISEN -MARCHETTI (2001), págs. LXI-LXVI.

132 Sobre la aritmética pitagórica, cf. el estudio de F. E. ROBBINS en M. L. D’OOGE , Nicomachus Gerasenus. Introduction to Arithmetic , Nueva York, 1926, esp. cap. VII y págs. 236-264; L. THOMAS HEATH , A History of Greek Mathematics , I, Oxford, 1921, cap. III.

133 F. E. ROBBINS («The Tradition of Greek Arithmology», Classical Philology 16 [1921], 97-123) propone un stemma de relaciones que unen entre sí todos estos tratados, que probablemente, dada la falta de originalidad y la estrecha correspondencia en pasajes extensos, remontan a un ancestro común. FLAMANT ([1977], págs. 308-313) señala que el tratado de Nicómaco era bien conocido en Roma por la traducción que, antes de Boecio, había hecho Apuleyo, según atestiguan Casiodoro e Isidoro de Sevilla.

134 COURCELLE (1943), pág. 25; cf. C. FRIES , «De M. Varrone a Favonio Eulogio expresso», Rheinisches Museum 58 (1903), 115-125; K. PRÄTCHER , «Eine Stelle Varros zur Zahlentheorie», Hermes 66 (1911), 407-413.

135 ROBBINS , (1921), págs. 97-123.

136 Cf. H. DIELS , ed., Doxographi Graeci , Berlín, 19654 (= 1879), pág. 230.

137 Cf. P. DEUM , Le système du monde. Histoire des doctrines cosmologuiques de Platon à Copernic , II, París, 19652 , págs. 25-26.

138 Cf. MRAS (1963), págs. 264-268; A. R. SODANO , Porphyrii in Platonis Timaeum commentariorum fragmenta , Nápoles, 1964; FLAMANT (1977), págs. 352-381.

139 SCARPA (1981), pág. 477.

140 BEVILACQUA (1973), pág. 67.

141 En la cultura de Macrobio, como afirma MRAS ([1933], pág. 56) «die beiden römischen Pole, die Homer und Plato entsprachen, waren Virgil und Cicero»; estos cuatro autores constituyen «seine unfehlbare Evangelien». Hay, por tanto, una «Abhändigkeit der lateinischen Literatur von der griechischen», según la cual hay que poner siempre a Cicerón y Virgilio en relación con Platón y Homero. Esta interpretación es retomada por FLAMANT ([1977], pág. 683) y MARINONE ([1967], pág. 57). Para las citas de Cicerón, cf. A. BALBO , «Le lectura ciceroniane di Macrobio», Memorie dell’Accademia delle Scienze di Torino. Classe di scienze morali 20 (1996), 259-328.

142 BEVILACQUA (1973), pág. 151.

143 G. LÖGDBERG , In Macrobii Saturnalia adnotationes , Uppsala, 1936.

144 El estudio exhaustivo más moderno sobre la influencia del Comentario en los escritores de la Edad Media es el de A. HÜTTIG , Macrobius im Mittelalter. Ein Beitrag zur Rezeptiongeschichte der Comentarii in Sonium Scipionis , Frankfurt am Main-Bern-Nueva York-París: Meter Lang, 1990); y, para el Renacimiento, D. DESROSIERS -BONIN , «Le Songe de Scipion et le Commentaire de Macrobe à la Renaissance», en Le Songe à la Renaissance , Saint-Étienne, 1990, págs. 71-81. Siguen siendo útiles, no obstante, los siguientes estudios: M. MANITUS , Geschichte der lateinischen Literatur des Mitelalters, I-III, Múnich, 1911-1931; P. M. SCHEDLER . Die Philosophie des Macrobius und ihr Einfluss auf die Wissenschaft des christlichen Mittelalters , Münster: Aschendorff, 1916 («Beiträge zur Geschichte der Philosophie des Mittelalters. Texte und Untersuchungen», Vol. XIII, núm. 1); P. DUHEM , Le Système du monde; histoire des doctrines cosmologiques de Platon à Copernic , III: L’astronomie latine au Moyen Age , París, 1915; STAHL , op. cit . (19902 = 1952), págs. 42-55; «Dominant Traditions in Early Medieval Latin», Isis 50 (1959), 95-124; P. COURCELLE , «La postérité chrétienne du Songe de Scipio », Revue des Études Latines 36 (1958), 205-234; É. JEAUNEAU , «Macrobe, source du platonisme chartrain», Studi medievali 1 (1960), 3-24; BEVILACQUA (1973), págs. 171-178; H. SILVESTRE , «Note sur la survie de Macrobe au Moyen Âge», Classica et Medievalia 24 (1963), 170-180. Más recientes son: C. ZINTZEN , «Bemerkungen zur Nachwirkung des Macrobius in Mittelalter und Renaissance», en M. WISSMANN (dir.), Roma Renascens. Beiträge zur Spätantike und Rezeptionsgeschichte , Frankfurt an Main, Peter Lang, 1988, págs. 415-439; C. SANZ , El primer mapa del mundo con la representación de los dos hemisferios: concebido por Macrobio. Estudio critico y bibliográfìco de su evolución , Madrid, 1966; D. KELLY , The conspiracy of allusion: description, rewriting, and authorship from Macrobius to medieval romance , Leiden-Boston: E. J. Brill, 1999. Para la influencia específica de los Saturnalia , véase R. BERNABEI , The treatment of sources in Macrobius’ Saturnalia and the influence of the Saturnalia during the Middle Ages , Ithaca: Cornell University, 1970.

145 De hecho, la larga sección sobre astronomía y geografía (Comentario I 14-II 9) es la que reciben mayor atención por parte de los escoliastas, y algunos manuscritos son fragmentos que contienen sólo esta sección. Por otra parte, Macrobio recibe en los títulos de muchos de los manuscritos el tratamiento de oneirocrites , «el intérprete de sueños»; cf. STAHL (1959), págs. 41-42.

146 Cf. J. RAVENTÓS , Macrobi. Les Saturnals , vol. I, Barcelona: Fundació Bemat Metge, 2003, págs. 42-43.

147 P. COURCELLE (op. cit . [1956], págs. 232-239) sostuvo que Ambrosio conocía el Comentario de Macrobio cuando escribió el Hexamerón (386-387), pero su tesis fue refutada por M. FUHRMANN («Macrobius und Ambrosius», Philologus 107 [1963], 301-307). También fue COURCELLE (op. cit . [1958] 214-215) quien postuló la dependencia de San Jerónimo respecto de Macrobio cuando aquél habla —en una carta del año 393 a Pamaquio (Epist . 49, 19) y en el Comentario a Amós (II 5, 3) del año 406— del septenarius numerus como perfecto. A. CAMERON (op. cit . [1966], pag. 27) demostró que tal dependencia era del todo inexistente (y además se basaría en una simple alusión a un argumento muy común).

148 BOECIO , In Isagogen Porphyrii commenta , ed. de S. BRANDT , CSEL , 48 (1906), 31, 22.

149 CASIODORO , Expos. ps . VIII 10, pág. 96 Adriaen.

150 Cf. PAUL HENRY , «Une traduction grecque d’un texte de Macrobe dans le Περὶ μηνῶν de Lydus», Revue des Études Latines 11 (1933), 164-171.

151 Cf. K. MARSHALL , «Macrobius: Saturnalia », en L. D. REYNOLDS (ed.), Texts and Transmission. A Survey of the Latin Classics , Oxford: Clarendon Press, 1983, pág. 233, n. 4.

152 B. BISCHOFF , Archives d’histoire doctrinale et littéraire du moyen âge 33 (1958), 11-12.

153 Cf. L. D. REYNOLDS , N. G. WILSON , Copistas y filólogos. Las vías de transmisión de las literaturas griega y latina , Madrid, Gredos, 1995 (= Oxford, Clarendon Press, 1968), págs. 97-102.

154 Cf. E. DUEMMLER , MGH , Epist., IV, 1895.

155 Cf. MANITIUS , I, pág. 371; HÜTTIG (1990), pág. 41.

156 Cf. MANITIUS , I, pág. 526.

157 Cf. REYNOLDS -WILSON (1995), pág. 104.

158 C. LUTZ , Johannes Scottus. Annotationes in Marcianum , Cambridge, Mass., 1939, pág. xx; HUBERT SILVESTRE , «Macrobio utilisé par un Pseudo-Érigène et par Rupert de Deutz», Classica et Mediaevalia 19 (1958) 129-132; ÍDEM (1963), págs. 171-174; HÜTTIG (1990), págs. 42-46.

159 Cf. HÜTTIG (1990), págs. 46-52; BERNABEI (1970), págs. 148-150.

160 Cf. MARSHALL (1983), pág. 233.

161 Sobre esta versión abreviada, léase el capítulo dedicado a la transmisión del texto.

162 Para la influencia macrobiana en la forma, estructura y contenido del sueño medieval y su visión literaria, léase ALISON M. PEDEN , «Macrobius and the Mediaeval Dream Literature», Medium Aevum 54 (1985), 59-73. Además de Macrobio, las otras fuentes antiguas sobre la tipología de los sueños en el Medievo son las obras de Calcidio (s. IV in .) y Gregorio Magno (s. VI ), a las que cabría unir la clasificación de las visiones de San Agustín en De Genesi ad Litteram (XII 2, 13 y 30) y en De Trinitate (XI 4, 7).

163 Cf. HÜTTIG (1990), págs. 57-74; TONY HUNT , «Chrestien and Macrobius», Classical & Mediaevalia 33 (1981-1982), 211-227 (esp. pág. 214).

164 Cf. HÜTTIG (1990), págs. 75-94

165 Theologia Christiana , I 7.

166 Cf. PETIT (1866), pág. 79.

167 MIGNE , Pat. Lat . XL, 798. Para Pedro Coméstor como autor del De spiritu et anima , cf. G. RACITA , Revista di filosofia neo-escolastica 53 (1961), 385-401; para la identificación con Alcher de Clairvaux, cf. HÜTTIG (1990), pág. 143.

168 Cf. E. JEAUNEAU , «Macrobe, source de Platonisme chartrain», Studi Medievali , serie terza, 1 (1960), 3-24; Cf. HÜTTIG (1990), págs. 94-119.

169 Cf. ZINTZEN (1988), págs. 417-421; HÜTTIG (1990), págs. 188-114.

170 Cf. HÜTTIG (1990), págs. 94-107; J. A. DANE , «Integumentum as Interpretation: Note on William Conches’s Commentary on Macrobius (I, 2, 10-11)», Classical Folia 32 (1978), 201-215.

171 Para la signatura de tales manuscritos, cf. JEAUNEAU (1960), pág. 6. Guillermo de Conches cita expresamente el nombre de Macrobio cinco veces en las Glosas a Boecio , seis veces en la Philosophia , cuatro veces en las Glosas al Timeo y 5 veces en el Dragmaticon ; al total habría que sumar las numerosas veces que utiliza a Macrobio sin citarlo (ibidem , pág. 22, nota 85); cf. E. JEAUNEAU , «Glosses de Guillaume de Conches sur Macrobe. Note sur les manuscrits», AHMA 27 (1960), 17-28.

172 En sus glosas al Timeo , enumera, en el siguiente orden, los eslabones de la cadena homérica: esencia divina-sabiduría divina-alma del mundo-cuerpos celestes-cuerpos terrenales; cf. Gloses sur le Timée , en edición de PARENT , La doctrine de la création dans l’école de Chartres , París, 1938, pág. 168, 20-23.

173 Sobre la fortuna de Orígenes en el Medievo, cf. J. LECRECQ , L’amour des lettres et le désir de Dieu , París, 1957, págs. 93-96; H. DE LUBAC , L’Origène latin , en Exégèse médiévale , I, París, cap. 4 (págs. 221-304).

174 Cf. PEDEN (1985), págs. 64-65; J. LE GOFF , «Les Rêves dans la culture et la psychologie collective de l’Occident médiéval», en Pour un autre moyen âge , París, 1977, págs. 305-306; «Le Christianisme et les rêves (IIe -VIIe siècles)», en T. GREGORY (ed.), I sogni nel Medievo , Roma, 1985, págs. 171-215.

175 Cf. PEDEN (1985), pág. 65; Cf. HÜTTIG (1990), págs. 118-119.

176 En el Polycraticus (VIII 10).

177 Cf. C. CH . J. WEBB , «On some fragments of the Saturnalia », Classical Review 11 (1897), 441.

178 Otro ejemplo de combinación de fuentes en una misma obra: el Liber Thesauri Occulti de Paschali Romanus, escrito en latín en Constantinopla en el año 1135, combina el Comentario de Macrobio y parte de la Oneirocritica de Artemidoro junto con fuentes de la «nueva ciencia» y la Philosophia Mundi de Guillermo de Conches. Cf. PEDEN (1985), pág. 65.

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13 ноября 2024
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9788424937256
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