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JOVEN NUBE
Monster Love’s Paradise
Bosque retorcido

Joven Nube
Monster Love´s Paradise : bosque retorcido / Joven Nube. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-87-1990-0
1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. I. Título.
CDD A863
EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA
www.autoresdeargentina.com info@autoresdeargentina.com
Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723
Impreso en Argentina – Printed in Argentina
Esto va por todas esas personas que me impulsaron a dar el primer paso,
que la gran historia de un nuevo mundo comience...
Paul
Estoy paralizado por el miedo. Abrí la puerta de su habitación, esperando encontrarla durmiendo como cuando me fui. Sus padres están de viaje, así que ella está sola. Esta mañana no parecía estar muy bien, así que pasé a verla.
Digo, eso es lo que hacen las parejas, ¿no? Se cuidan el uno al otro, sin importar la situación… Pero, mierda, jamás pensé que tendría que cuidar de algo así, no tengo la menor idea de qué hacer.
Allí está ella, con su hermosa y tiesa piel blanca, más pálida que de costumbre, su cabello castaño hasta la cintura, todo disperso en distintas direcciones, y por último sus rosados y suaves labios en el torso de un chico. Creo conocerlo, si no me equivoco él es un compañero de mi colegio… Dios… Qué haré, ellos dos así, ella pintada con la sangre de una carnicería salvaje. Sí, está literalmente comiéndose al chico sin vida, del cual se ven unas lágrimas en sus blancos ojos, supongo que las derramó desesperado cuando el acto de canibalismo comenzó. Pobre, él no sabía lo que le esperaba, de hecho, creo que nadie lo sabía.
Mica se ha dado cuenta de que estoy de pie en la puerta. Sus ojos aún tienen su hermoso color verde, pero ahora están más apagados, un tono más oscuro. La tenue luz del mediodía entra por las cortinas proyectándose en líneas sobre la habitación y sobre mí. Sé que debería correr, de hecho, quiero hacerlo, pero simplemente no puedo moverme. No entiendo qué pasa, y tampoco entiendo por qué se acerca a mí de esa forma tan extraña, pero por instinto, sé que nada bueno. Mica se pone de pie arrancando la carne de nuestro compañero ya difunto, la piel del cuerpo se tensa y cuelga desde su mandíbula. Se lanza sobre mí provocando que caigamos al suelo. Es extraño, puedo ver cómo me mira fijo, mientras aún sonríe y abre lo más que puede su boca, enseñando sus dientes teñidos de rojo y dejando caer la carne cruda de su víctima en mi mejilla. Hay manchas de sangre en su cuello y parte del pecho, el olor me produce cierto malestar y no vómito simplemente porque estoy ocupado en algo más urgente.
En un reflejo de defensa sostengo sus muñecas evitando que me agarre, tiene una fuerza descomunal, y que ella esté sobre mí hace más difícil las cosas. No es la persona que conozco. Intenta morderme y me salvo por los pelos, uso mi rodilla para mantener su mandíbula cerrada y a distancia. Aunque la miro directo a los ojos, es como si yo no estuviera acá, como si esto pasara lejos, lo siento ajeno… Es todo tan repentino y extraño, siento que me desvanezco.
Pensar que hasta ayer todo era normal. Bueno, no todo, quizá empezó con aquella pesadilla…
Un día atrás
Hoy fue un día de clases tan tedioso como podría serlo cualquier otro, solo yo en un aula con otros veintialgo de alumnos, todos con diecisiete años, haciendo nuestro mayor esfuerzo por alcanzar un gran futuro, o al menos por disimular que estamos estudiando y que el profesor Gonzales no se dé cuenta de que estamos con nuestros celulares. En mi vida no tengo nada que destaque, solo una madre que trabaja y se esfuerza como una gran socia de una compañía, una casa con habitación propia junto a otras tantas casas iguales, en una calle limpia y tranquila.
Todo esto en un pueblo casi tan modernizado como una ciudad, solo que se encuentra muy lejos de cualquier otro sitio con población regular. En un extremo del pueblo tenemos pegado un gran bosque que, desgraciadamente, es tan tranquilo y limpio de historias como todo aquí.
También tengo dos grandes amigos, Walter y Fabi. Walter es extrovertido y aficionado a los detectives y la ciencia ficción, mientras que Fabi es callado y tranquilo, pese a que es una mole y pertenece al equipo de rugby. Y obviamente Mica, mi preciosa novia. Nos conocemos desde jardín de infantes, los típicos amigos que siempre jugaban y a veces se veían en los recreos, la verdad es que cada vez se puso más hermosa y al empezar este año no pude aguantarlo más y me declaré, bueno, diría que ella lo hizo, al momento en que quise decirle algo me puse rojo y me quedé mudo, pero ella pareció haber entendido y simplemente dijo: «También me gustas». Una linda y corriente historia de amor. ¿Cierto? Pues para mí lo es, quizá nada especial o profundo, pero hermoso a su manera.
En fin, ya llevando unos meses saliendo, ella ya era parte de mi grupo de amigos, siempre íbamos los cuatro a algún parque o a la sala de juegos, la verdad es que el peligro aquí escasea y se puede salir hasta tarde tranquilo, a menos que seas un poco supersticioso.
Ayer fuimos a ver una película al cine luego de estar haciendo nada todo el día. Creo que la película era de terror, no recuerdo bien sobre qué trataba, solo sé que al salir ya estaba oscuro, y Fabi y Walter se fueron por el camino hacia la plaza, seguramente a «investigar» ese caso tan raro de las personas desaparecidas. Se fueron los dos, pero estoy seguro de que Walter convenció a Fabi de que lo acompañara. Por mi parte, acompañé a Mica hasta su casa, nos fuimos en la dirección contraria a ellos. El cielo estaba despejado y se podían apreciar muchas estrellas, también podíamos sentir el suave rozamiento del viento en las mejillas, suave, pero que se tornaba algo agresivo de manera muy rápida, así que apresuramos el paso por el frío y la posibilidad de que llueva.
En el camino solo hicimos chistes casuales, y muy malos, nos reímos y cada tanto había un silencio, no uno incómodo, sino tranquilizador, de esos que son para apreciar el momento. Luego de eso mi memoria falla. Sé que choqué sin querer con alguien, una chica si no me equivoco, parecía apurada, ni siquiera se molestó en disculparse y continuó su camino. Luego de eso tengo imágenes borrosas. No sé qué es real y qué es una pesadilla.
Me explico. En un momento dado solo pude escuchar a Mica gritando. Yo iba corriendo detrás de ella y veía una figura bastante alta a la que le brillaban los ojos como dos faroles blancos, y que en la cabeza tenía como si fueran astas de ciervo. Era lo poco que podía distinguir, pues parecía una sombra sin más. Lo último que recuerdo son árboles, un olor húmedo y el frío.
Me desperté junto a mi novia, el sol estaba saludándome por la ventana, tardé en abrir bien los ojos, inspeccioné rápido mi alrededor: no era mi habitación, era la de ella. Solo había estado allá un par de veces, pero nunca me había quedado a dormir, digo… aun no habíamos llegado a esa fase de la relación, supongo. No podía recordar nada, solo esa pesadilla. La miré un momento, estaba bien. Al tocar su brazo noté lo fría que estaba, ¿tanto frío había pasado? Me acerqué a su rostro y pude oír que balbuceaba algo. Estaba muy dormida, aunque intenté despertarla, no hubo caso. Decidí dejarla dormir, no debía sentirse bien. La tapé y dejé una nota diciendo que me iba al colegio y que más tarde pasaría para ver cómo se encontraba.
Lo sé, la situación es extraña, pero más extraño sería aferrarme a una pesadilla para encontrar respuestas. Supongo que la laguna mental se debe a algo, no ingerí ningún tipo de drogas y no soy fanático del alcohol, es un misterio por qué esos son mis pocos recuerdos. ¿Habrá pasado realmente algo malo? No lo creo y, en cualquier caso, luego de clases, puedo aclarar las cosas hablando con Mica.
Faltan unas pocas cuadras para llegar al colegio, algunos toman el colectivo o los traen sus padres en el auto. Los más sanos llegan en bicicleta y, los que quieren derramar algo de estilo lo hacen en skate. Yo por mi parte voy sobre mis propios pies porque me incomoda viajar en un tubo de metal lleno de gente como si fuéramos sardinas enlatadas.
En el trayecto me cruzo con un grupo de seis oficiales vestidos con sus ropas del oficio azul marino gastado, y dos civiles que los acompañan con rostros de preocupación. Se dirigen a pie por la avenida, por lo que es seguro que tienen planeado visitar el bosque local. El pueblo puede ser grande, pero junto a este descansa un enorme y viejo bosque, y unas vías de tren que lo rodean. Hace unas semanas que se reportan desaparecidos y el chisme no tardó en esparcirse por todo el pueblo. Por lo que se sabe, dos de los nueve desaparecidos fueron vistos a la madrugada yendo solos hacia el bosque. El asunto sembró cierto pánico en la gente y prefieren no hablarlo abiertamente.
Escucho unas rueditas acercarse, unas pequeñas y a gran velocidad. Alguien pasa junto a mí y se frena. Es Walter, que trae consigo un diario y una libreta en la que lleva a cabo su investigación personal.
—Amigo, esto se está poniendo cada vez más interesante –dice Walter sin perder tiempo en saludos–, ya van nueve desaparecidos sin dejar rastros ni motivos aparentes, incluso el último era un vecino mío. Ese hombre vivía a tan solo unas cuatro casas de la mía. No es de los que se fugarían y tampoco alguien que se meta en problemas, es extraño.
Walter siempre habla lleno de energía y con mucho análisis cuando se trata sobre posibles casos policiales que sean muy enrevesados. A cualquiera le asustaría lo fanático que es de Expediente X, pero siempre es divertido escuchar sus hipótesis y acompañarlo a «investigar», en realidad lo único que hacemos es meternos en líos, pero no deja de ser divertido.
Volviendo al caso, es interesante, ya que después de todo no es normal que algo así suceda en nuestro pueblo, este sitio fue siempre tan tranquilo… Me gustaría que nunca cambiase.
—Con lo cerca que fue quizá deberías tener cuidado y dejarme a mí tu última petición –le digo en broma para aligerar la situación y reemplazarlo con una tenue risa de camaradería.
Llegamos al portón donde Fabi está esperándonos para entrar, aunque podría ser más una excusa para tener tiempo extra en el que tragar más de esos doritos.
Las clases pasan con una lentitud agotadora. Nuevamente todos, o la mayoría, fingen hacer sus ejercicios de matemática mientras se escuchan susurros sobre un chico, una tienda rara, una nueva película, algo sobre un profesor nuevo y, finalmente la noticia que más bocas ha visitado, las desapariciones. Parece que fueron más de las que se saben, lo cual es extraño, digo, ¿por qué habrían de ocultar esa información? O quizá se tardó en darse cuenta de que faltaba gente…
En el recreo disfruto una bebida de lima mientras Fabi y Walter me hablan sobre el fuerte viento que se levantó anoche, y que pensaron que se los llevaría de lo fuerte que era, aunque me preguntan a mí, sinceramente no recuerdo mucho, y lo que recuerdo es tan escaso como poco creíble.
Ya estoy saliendo, normalmente iría a perder el tiempo con ellos tres, pero hoy una de nuestras integrantes está ausente y al parecer enferma, así que después de disculparme con ellos, y aguantar sus bromas indecentes, camino hasta la casa de Mica. Hay tanto sol, intenso y claro, quizá es por mi hábito friolento, pero me encanta sentir el calor abrazador en mi cuerpo.
Bueno, a partir de acá empieza la macabra obra de carnicería humana, estoy en el suelo luchando contra mi novia, o al menos con algo que alguna vez fue mi novia. Sus verdes ojos están comenzando a tomar un brillo de energía. Está muy cerca, se me cansan los brazos. Dios… creo que me estoy rindiendo, no puedo más, cierro mis ojos como si eso me protegiera del dolor inminente y dejó de poner resistencia.
Unos segundos pasan, siento de nuevo sus manos en mi rostro.
—¿Paul? –dice su voz dulce–. ¿Qué?… ¿Qué está pasando aquí?
—¿Eh? Mica… ¿Eres tú?
Sinceramente no se me ocurre qué más preguntar en una situación así.
Al principio solo intento calmarla cuando ve toda la sangre en su habitación y al pobre chico a medio devorar en su cama. A pesar de que intento tranquilizarla, yo mismo no me encuentro del todo bien, no puedo terminar de digerir lo que veo… digerir… No me gusta pensar en esa palabra cuando veo la boca ensangrentada de Mica. Intento abrazarla, aun con el miedo de que pueda atacarme, y entonces siento todo su cuerpo frío.
—Estás helada.
No obtengo respuesta, ella aún está aturdida y no parece prestarme mucha atención.
Llevo a Mica hasta el baño y le digo que se limpie, que yo voy a intentar arreglar esto. Apenas se encierra en el baño tomo el celular, y tecleo el número de la policía, solo me falta oprimir un botón para iniciar la llamada. Pero ¿qué les voy a decir? «Hola, oficial, mi novia mató a un sujeto a mordidas». En primer lugar, no suena coherente y tampoco quiero que se lleven a Mica… Pero algo hay que hacer con el cuerpo, acá no se puede quedar…
Intento entrar al dormitorio, pero el olor a sangre y otras secreciones internas del cuerpo me dan náuseas, no puedo acercarme. Salgo de ahí para intentar respirar más profundo y decido volver a sacar el celular, esta vez lo marco y noto que hay algo mirándome desde el otro lado de la calle, es un zorro, uno blanco. Hay un bosque cerca, pero nunca vi un zorro de ese color… debería avisar a los vecinos. Mis propios nervios me hacen prestar más atención al pequeño animal, que está a unos cuantos metros de mí, que al cadáver que está a mis espaldas.
—No puedo hacer esto… –digo en voz alta.
Guardo nuevamente el teléfono y entro a la casa. Con todo el valor que puedo reunir quito las sábanas y las demás cosas que se ensuciaron con el rojo criminal.
No puedo mover el cuerpo, así que, cuando Mica se recompone, le digo que no entre a esa habitación, que duerma en la de sus padres por ahora.
—Paul… No quiero estar sola. ¿Me dejas acompañarte? Vayamos a caminar un poco… Por favor. No entiendo qué está pasando.
Sus hermosos ojos no me miran a mí, están clavados en el suelo, ellos aún están mirando la escena del crimen, un crimen que ella está intentando comprender por qué hizo.
—Está bien… vamos a caminar un poco –le digo amablemente.
Aún le temo, temo que vuelva a perder la cordura y haga algo peligroso, pero estando en el exterior es más fácil escapar, y estar más tranquilo.
Ella aún con la cabeza baja toma mi mano, nos reincorporamos, pues estábamos sentados en la barandilla de la puerta de su casa. Cuando estamos en la esquina volteo a ver la casa una vez más. ¿No es peligroso dejar eso ahí? ¿No es demasiado anormal mi propio comportamiento?
Pero todo esto es interrumpido, por suerte para mí, por Walter y Fabi que se acercan corriendo; bueno, quizá no sea tanta suerte, al fin y al cabo.
—¡Paul! ¡Mica! ¿Han visto a un zorro blanco? Rápido, tienen que ayudarnos a encontrarlo.
La orden de Walter escapa de mí. Veo que lleva su sombrero gris, estilo Sherlock, y un tapado ligero también de colores apagados, ya saben, naturalmente tratando de verse como una especie de detective.
—Parece que ha desaparecido alguien más –aclara Fabi, haciendo que se me hiele la sangre mientras oprimo la mano de Mica.
Walter
Hay casos que solo las mentes más grandes pueden abordar, misterios que ante los ojos comunes pasan desapercibidos, olores desagradables o insignificantes son para nosotros una pista, un testigo no vivo de algo que ocurrió o que ocurrirá. Así es mi vida, me tomo siempre cada segundo que tengo para desvelar los misterios que abrazan a nuestra sociedad. Por ejemplo, de pequeño descubrí dónde papá ocultaba los chocolates, y ya en la secundaria pude sacar a luz el romance de la directora con el profesor de matemática, además de sacar la tan sagrada llave del gimnasio, en donde mi gente ha de ir a patear la pelota. Yo no puedo entretenerme mucho, pues siempre hay algo más que descubrir, en esta vida todo tiene un misterio. ¿Creíste que diría solución, verdad? Pues no, no todo tiene solución, ese proyecto de ciencias tan elaborado no tenía solución posible… al menos no para mí, pero si no me crees piensa en esto: si la tierra de pronto explotara, ¿cuál sería la solución? No me vengas con disparates religiosos, y en cuanto a alienígenas, dudo que nos ayuden, así que como ves no todo tiene solución, pero yo me esfuerzo al menos en encontrarle el sentido y en lo que se quiere esconder.
Anoche fue algo digno de una investigación, si fuera meteorólogo, claro, pues después de que salimos del cine, Fabi y yo nos separamos de Mica y Paul para ser testigos de algo sumamente inquietante. En primer lugar, se levantó un viento sorpresivamente fuerte, tanto que incluso parecía que iba a derrumbar al enorme de Fabi.
Nuestra ronda nocturna se iba a ver afectada, pero yo no me dejaría vencer. Hay que estar más alerta ahora que hay tantas desapariciones extrañas. Fabi no parecía muy interesado en el tema y tampoco asustado porque fuera a ser algún asesino, ¡por eso era el compañero ideal! O al menos el único que pude conseguir, pero mientras él toma refrescos y pierde el tiempo, yo puedo indagar los alrededores bajo el amparo de una mole.
Como contaba… esa noche vimos algo extraño que acompañaba el viento, vimos salir un zorro blanco desde la ventana de la casa del Sr. Chersy, un hermoso espécimen con su larga cola y pelaje completamente blanco. Me pareció muy raro ver un animal así por aquí y sospeché que el viejo panadero podría estar metido en el tráfico de animales exóticos.
—¡Perfecto, aquí huelo historia! –dije a mi compañero haciendo señas de que fuéramos hacia esa casa. En el patio trasero no se veían indicios de algún cuidado de ningún tipo de mascotas, y por dentro estaba totalmente oscuro, no se podía ver más.
—Habrá que revisarlo mañana, vayámonos, ya se me terminaron las papas y las bebidas, si seguimos acá seguramente nos dé una gripe o algo –dijo Fabi arrojando los restos de su botana en el cesto de basura.
Mi compañero es sabio, así que acepté su consejo y volvimos a nuestras casas. Anoté en mi cuaderno los pocos datos del día: Brisa engaña a su novio, el cura de la iglesia tiene adicción secreta al vino, un policía duerme en una lavandería, y hay un zorro blanco en la casa del Sr. Chersy.
Un zorro blanco
Esa frase escrita me daba vueltas y vueltas, incluso fue en lo último que pensé antes de dormirme, pero hoy luego de encontrarme con Paul escuché algo en la sala de maestros. Chantajeé al profesor de matemática para que me dé la información, y resulta que el Sr. Chersy había desaparecido de su propia casa dejando todas sus pertenencias. Su mujer despertó y no lo encontró por ningún lado, su auto y billetera aún estaban ahí, por lo que no se sabe cómo se fue, quizás a pie, pero no debería llegar muy lejos.
¿Habrá estado el Sr. Chersy siguiendo al zorro blanco? Puede que seamos los únicos que lo vimos… Tengo que investigar un poco mejor esto antes de alertar a las masas, odio dar falsas esperanzas.
Al terminar las clases solo quedamos Fabi y yo, Paul parece algo preocupado por Mica y va a su casa, hay que ver, las relaciones están distrayendo a mis mejores soldados, pero, bueno. Mica también es parte del cuerpo de investigación y deseo que se encuentre bien.
Consulto con un profesor de biología acerca de la posibilidad de encontrar un zorro blanco en nuestro pueblo, a lo que me responde que es poco probable, esos animales viven en lugares fríos. Paso por la garita del guardabosque y obtengo el mismo resultado, nadie ha visto a un animal tan llamativo por aquí.
—¿Serán imaginaciones mías? No lo creo… estoy seguro de lo que vi –digo resignado con el tema del animal.
—¿Y si el zorro significa algo? –dice Fabi escuchando mis quejas.
—¿Cómo?
—Que quizá significa algo, ya sabes, mi abuelo siempre dice que tales animales o cosas tienen un significado, aunque él los usa para la lotería.
Oh, brillante, quizá hay algo oculto en la simbología que concierne a este animal, debería investigarlo… ¿Internet? No, no es muy confiable, quizá algo vinculado con estos temas sobre la adivinación y la suerte.
—Oye, Fabi, ¿podríamos preguntarle a tu abuelo si sabe qué significa el zorro blanco?
A pesar de que caminamos hasta su casa, y molestamos al pobre señor, que se encontraba absorto en la pantalla con la quiniela nacional, este nos dijo que no tenía idea y que incluso dudaba de que signifique algo.
—Oye, las chicas estaban hablando de este sitio nuevo, la tienda donde venden cosas mágicas y te leen el futuro, incluso un chico dijo que funcionó su atadura de amor. Quizá ellos sepan algo de los símbolos –dice Fabi mientras saca una lata de gaseosa de la máquina expendedora.
—Mmm, la magia no adhiere nunca a la realidad de los casos –replico con desgano.
—¿Y los ovnis sí? –me interrumpe mi compañero con una mirada de grandeza y burla.
—Oh, cállate, son más científicos… Pero, bueno, ya lo dice la palabra, ciencia ficción, por lo que es más creíble que la magia.
Solo conseguí que me mire levantando una ceja y me dé una lata de lima mientras se pone en marcha.
—¡Ah!, de acuerdo, vamos a preguntar –digo a regañadientes siguiendo sus pasos.
Al llegar a la tienda se ve muy agradable, una gran vidriera con muñecos y anuncios sobre distintos servicios, pero por dentro todo es diferente. El aire es lúgubre y oscuro, hay velas encendidas y una mesa que divide la sala en dos, y un poco más adelante el mostrador con una puerta hacia otra habitación. Hay muebles y tantas cosas que ni siquiera sabía que existían, hasta sus nombres me eran desconocidos, eran sin duda objetos extraños. Mmm… de no haber ignorado este sitio quizá podría haber descubierto una secta satánica o algún culto a un dios pagano… Aunque los religiosos dan más miedo que algunos asesinos.
—Muy buenos días, caballeros. ¿En qué puedo ayudarlos?
La que nos saluda es una señora alta, con pelos rojos y ondulados, muy maquillada con tintes negros y un labial morado, lleva un vestido bordó, o túnicas finas, no sabría diferenciarlo.
Fabi me da un codazo en las costillas para que conteste y entonces digo que quiero hacer unas preguntas sobre algo… simbólico.
—Oh, en ese caso dejen que mi hija los ilumine.
Hace un gesto rápido y desde el mostrador se acerca una joven, también pelirroja, pero con el pelo liso, y sin el labial morado, con una campera de cuero cazadora y un mini short negro, unas medias de red y zapatillas casuales.
—Ahora si me disculpan hay un caballero que debo atender.
La señora se aparta y lleva a un hombre que había entrado luego que nosotros hacia la puerta de detrás del mostrador. Es curioso que sea un pueblo no tan grande, pero que aún haya caras que no son del todo conocidas.
—Hola, soy Thania. ¿Qué necesitaban?
La voz de la chica es bastante amable pese a su aspecto, pero en cambio su rostro muestra una mirada siniestra y una sonrisa pícara.
—Hola… Emm… Oh, sí, soy Walter, él es Fabi, solo queríamos preguntar sobre un zorro blanco.
Su mirada se ilumina, puedo darme cuenta de que atraje su atención y que algo sabe.
—Pues aquí no vendemos de eso, aunque si lo que quiere es un espíritu con esa forma quizá se pueda llegar a algo. –Sonríe ocultando su boca debajo de su mano derecha.
—No, no, no creo en esas cosas, solo quería saber si significaba algo, ver un animal así o que esté vinculada a algún grupo extraño… –digo eso último como un ataque directo a ella, pero no parece notarlo.
—No crees en eso, pero aun así preguntas. Qué curioso, pero deberías creer… –Larga un suspiro y mira el suelo, luego vuelve su mirada a nosotros y continúa–. El animal en sí puede significar muchas cosas, todo depende de cómo y cuándo lo hayas visto, podría tener que ver con un presagio de amor, de guerra, del clima, de desastre o de algo malo. Dime… ¿dónde viste un zorro blanco?
—Eso no tiene importancia, pero veo que tu respuesta es tan vaga como tus creencias…
—Lo viste en la caza del panadero, ¿verdad?
¿Qué? Cómo sabe eso, demonios. Fabi ha estado mirando alrededor y no parece darse cuenta de que alguien más nos vio, o vio lo de anoche. Qué debería decirle, ¿sabe algo? ¿O especuló sobre la base de las noticias…? No, sería demasiado extremo llegar a una conclusión así, debo tener cuidado con lo que digo…
—Ah, búscalo, al zorro digo, y dile que Thania la invita a su casa. Si es lo que están buscando entonces se darán cuenta de que es su zorro –exclama y nos regala una sonrisa que no logra ocultar su egocentrismo.
Estoy a punto de hacerle más preguntas cuando Fabi se me acerca y me dice que Paul no contesta los mensajes, saber sobre Mica sigue siendo una herida del pasado que Fabi no olvida… Así que, con un fingido pesar y una clara sospecha, me despido momentáneamente de la atractiva joven y nos largamos corriendo, casi choco a alguien, pero no me detengo. ¿Qué trama esa bruja? Aunque decirle bruja quizá sea un insulto muy bajo, pero no se me ocurre otro apodo para alguien que lleva una tienda así.
Por suerte cuando estamos llegando a la calle donde vive Mica los vemos, están caminando de la mano, aunque se ven asustados. ¿Qué pasó aquí? Logro alcanzarlos con un trote más y les pregunto:
—¡Paul! ¡Mica! ¿Han visto un zorro blanco?
Suté
Permanecer en esta forma me resulta molesto, aunque admito que el cuerpo es muy bonito. He pasado demasiado tiempo como bestia y ya estoy extrañándolo.
He venido de muy lejos y al parecer he llegado cuando todo está iniciando. Me refiero a una tormenta, una tan grande que podría ser el padre de tifones, o incluso más. Un buen marinero sabe que una gran calma anuncia una poderosa tormenta, y así es, este sitio ha estado tranquilo por mucho tiempo sin percatarse de lo que se avecina, y en las sombras estuvo creciendo y tomando lugar cosas que no deberían estar aquí… Yo quizá sea un ejemplo de eso.
Nuevamente hoy nadie ha sido capaz de escucharme, tenía fe de que me escucharan, pero no hacen caso ni en una forma ni en la otra.
Llevo aquí casi tres semanas, he visto al muchacho que mencionó la anciana y admito que es lindo, pero es inútil pensar que solo por una visión yo vaya a encontrar el amor, además eso ni siquiera es el punto, el punto es el peligro que va a desatarse alrededor de él, pero aun así…
Quiero ir a verlo a él, está tan cerca, pero aún no puedo, aún no está cruzando esa línea, cuando lo haga tendré que ir y ayudarle, pero de mientras tanto tengo que estar aquí y hacer lo posible para ayudarlo desde la distancia. Su imagen visita mis sueños desde hace algunos años, es imposible que no quiera hablar con él estando despierta, estando en un sitio que no sea un sueño.
Hoy en la tarde lo he visto, pero algo más me llama, hay algo en el bosque, algo que intenté encarar, pero me hizo huir del miedo, estaba en su territorio y no podría ganarle. Un suicidio en vano no ayudaría a nadie, así que no puedo permitirme hacer estupideces sin sentido. Al menos no ahora…
Estoy nuevamente en mi otro cuerpo… Se siente tan bien, puedo sentir las ramas partiéndose bajo mis patas, puedo escuchar en la distancia el silbido del viento en los árboles, y puedo ver que hay gente cerca. Creo que alguien se percató de mi presencia, quizá llamé más la atención de lo que pensé, debería alejarme y evitar más problemas…
Paul, ¿qué es lo que sucederá aquí, qué papel juegas tú en lo que se avecina?
Paul
—Un zorro… Sí, lo he visto, pero… ¿Se le perdió a alguien?
Me cuesta procesar la pregunta, incluso recordando que ese animal estaba frente a mí hace unos instantes, pero cuando devuelvo la vista hacia donde lo vi ya no está. Aún estoy algo nervioso, pero tengo que disimular todo lo que pueda, quisiera que Mica hiciera lo mismo, pero no veo cambios en su cara.
—¿Están bien? Los dos se ven muy mal, no les habrá pasado nada malo, o quizá tuvieron una pelea… –Fabi siempre tiene esa falta de tacto, pero por suerte no dio en el clavo–. Eso lo podemos arreglar después, sí viste al zorro, ¿cierto? ¿Dónde estaba? ¿De qué casa salió? ¿Estaba siguiendo a alguien?
Walter no para de soltar una pregunta detrás de otra. Siempre vi cómo hacía estos interrogatorios a los demás, pero jamás pensé que yo sería víctima de uno.
—Yo estaba en la casa de Mica, sentado en el umbral de la puerta y el zorro en la vereda de enfrente, mirándome. No parecía estar siguiendo a nadie o viniendo de ningún sitio, solo estaba sentado, como yo, mirándome fijamente.
—¿Un zorro? Ese animal… es peligroso, ¿cierto? –pregunta Mica quedándose en blanco de nuevo, debe estar haciéndose un lío sobre qué es más peligroso en este momento.
—Diablos… No tengo idea de qué significa eso, pero sé quién sí. ¡Rápido, vamos! –dice Walter y se adelanta al grupo, pero no avanza ni un paso. Pasan unos diez segundos y voltea a ver a Fabi–. Fabi… aún no me sé el camino hacia ese lugar. ¿Podrías?
Fabi parece entender, se adelanta mientras nosotros lo seguimos.
Realmente no me parece buena idea ir con ellos a quién sabe dónde, creo que lo mejor sería estar solos, pero decirles eso solo levantaría sospechas, y es lo que menos quiero hacer en presencia de Walter. Además, me siento un poco más seguro así. Digo, no es que desconfíe de mi novia, pero no estoy seguro de nada en este momento, y quizás estar en un lugar concurrido sea lo mejor.
Entramos a una tienda con aspecto gótico y algo sectario, muchas velas y estatuas y otros objetos religiosos, ya sabes, religión, pero de la oscura. Hay varios sahumerios con aroma agradable y una mujer alta sentada detrás del mostrador, también, en las hileras de la derecha hay una chica, quizá un poco más grande que nosotros, ordenando unos extraños crucifijos.
—Thania, hemos vuelto con Paul, está a salvo y lo ha perseguido tu zorro de la muerte. Rápido, quítale lo que sea que le hayas lanzado –exige Walter poniendo sus puños en las caderas en pose de héroe victorioso.
—Oh, recordaste mi nombre, qué amable de tu parte, Walter –responde la joven pelirroja.
—Claro, jamás olvido nombre y cara de una sospechosa.
—Pero sí olvidas cómo llegar hasta su ubicación –responde Fabi con una sonrisa satisfactoria.
Thania responde con una risa a la rápida respuesta de Fabi y continúa hablando.
—Son muy divertidos, pero, Walter, creo que te confundiste en una cosa, ese zorro no es mío, parece que es un viejo amigo de alguien. –La muchacha pasea sus ojos entre nosotros y de repente se detiene en seco al ver a Mica–. Oh, pero veo que trajiste algo muy interesante, no sabía que ustedes estaban al tanto de estas cosas en este pequeño rincón del mundo. ¿Qué tipo de no muerto es ella?
Al escuchar eso me quedo en blanco. Mica se congela mirando de frente a la joven de aspecto metalero que le ofrece una cálida sonrisa.
¿No muerto? La palabra muerto es lo que nos puso en alerta. De los nervios mi mano, con la que estoy agarrado a Mica, se cierra, pero me sorprendo al descubrir que no soy yo sino ella la que lo está provocando. Tiene demasiada fuerza. ¿Siempre fue así de fuerte? ¡Mierda!, siento que me romperá los dedos.
—¿Uhm? No lo sabe… oh, esperen. ¡Madre! Hay un asunto aquí, uno bastante peculiar al parecer –grita Thania al tiempo que la alta señora de rulos rojos se acerca y nos mira con detenimiento, luego de eso se aparta un poco y señala la puerta detrás del mostrador.
—Por favor, caballeros y señorita, pasen, no sean tímidos ni modestos.
La invitación de la extraña mujer nos deja en seco a todos, incluso Fabi que no estaba prestándole importancia a toda la escena comienza a borrar su rostro despreocupado.
—Walter… ¿Qué demonios es este sitio? –le susurro por lo bajo al ver lo extraño de la situación.
—Tranquilo, es parte de la investigación, sacaremos toda la información que podamos y luego corremos por patas, ¿entendido?
Su respuesta también fue en susurros e incluso en él podía ver un poco de miedo recorrerle la cara en forma de sudor.
La puerta está tapada por una cortina de color chocolate, es sedosa al tacto y al entrar hay sillones pequeños e individuales, uno para cada uno de nosotros y otros dos que se encuentran frente a estos, para las dos dueñas del lugar, supongo.
Tomamos nuestros lugares, y al poco tiempo entran las oscuras damas, primero la más adulta y luego la joven.
—Pequeña dama, por favor, permíteme tus manos –le dice la mujer a Mica.
Ella no responde, todavía está asustada y acerca tímidamente sus manos hacia ella. Mica siempre fue muy pasiva y algo reservada, no es precisamente alguien que pueda hablar tan naturalmente con desconocidos, y más aún con una señora que parecía traer el despertar de un anticristo, en una habitación que estaba decorada con atrapa sueños y símbolos extraños.
—Querida, has tenido contacto con algo muy macabro, algo maravilloso si me lo permites, pues jamás he visto tal perfecto hechizo de resurrección –dice la señora pelirroja mientras usa la yema de sus dedos para acariciar la palma de Mica–. No hay deterioro en la carne, ni pérdida del alma, al menos no completamente… Es como si simplemente fueras un cuerpo que ignora la muerte. Pero me temo que no posees la fuente de tu resurrección, por más fuerte que sea esto se desvanecerá y deberás encontrar energía vital de otro sitio.
—Perdón… ¿Qué? ¿Está diciendo que Mica es una especie de zombi?
Walter me saca las palabras de la boca, aunque escucharlo a él me hizo dar cuenta de lo ridículo que sonaba y me siento un poco mejor por no haberlo dicho.
—Un zombi… Sí, es lo más adecuado para ti –dice la señora dirigiéndose a Mica–, aunque no eres uno común y corriente me temo… –Nuevamente ella mira directo a los ojos a Mica–. Hay algo malo aún… ¿No es verdad? Al parecer el hambre no es un rasgo del cual te hayas podido escapar, eso confirma mi sospecha.
—¿Hambre…? Quiere decir…
Mica habla entrecortada, no logra terminar su oración.
—Por favor, señora, deje de decir cosas extrañas y de asustar a mis amigos, vinimos aquí por otro asunto, no para que nos tome el pelo –dice Walter un tanto enojado, no suele enojarse y aun cuando lo hace mantiene un aire de alegría y amabilidad.
—Walter, espera. Señora… –me di cuenta de que no nos habíamos presentado con la misteriosa mujer.
—Ana, mi otro nombre es complicado y algo anticuado, así que puedes llamarme señora Ana.
—En… entiendo. –Realmente no lo entendí, ¿es su nombre real o no?, quizá sea extranjera–. Está diciendo que mi novia… ¿que Mica ya está muerta?
Tardé un poco en decir eso, quiero decir, ella está aquí, puedo verla, sentirla e incluso hablar con ella, está mirándome, pidiendo apoyo, fuerzas, o incluso piedad.
—Depende a lo que llames muerte, lo que sí puedo decirte es que ella ya murió una vez, a manos de algo extraño, a decir verdad, pero algo la trajo de vuelta, algo con mucho poder –responde la mujer y toma mi mano derecha para ponerla en el pecho de Mica, en su lado izquierdo. Espero unos segundos mirando mi mano en su cuerpo y luego levanto la mirada y se la dirijo a mi novia. Mi voz temblorosa le anuncia mi descubrimiento.
—No late… tu corazón no está latiendo…
Por alguna razón estoy sonriendo, lo que hace que mi rostro se vea realmente malo. Mica tan solo se queda congelada, con una expresión vacía. Quito mi mano y al instante ella pone su mano en su pecho para confirmarlo. Nuevamente se queda con una expresión vacía, con la mirada perdida en alguna grieta del suelo.
—Oye… Paul, ¿estás bien, amigo? ¿Lo dices en serio? No es una broma, ¿verdad?…
Walter se acerca y me busca la mirada, nos conocemos desde chicos y sabe cuándo miento y cuándo no, quizá por eso solo se quedó un momento callado, por primera vez no tenía una respuesta a lo que se encontraba delante.
—¿Podemos… arreglarlo? ¿Hacer que vuelva a ser humana?
Esas palabras hirieron a Mica y lo sentí al ver su expresión, debí haber dicho «a ser la de antes», maldita sea mi idiotez.
—Si hablas de traerla a la vida pues ya está hecho, aunque como dije le falta algo a su esencia, quizá si encuentran el ser que le devolvió la vida puedan hacer algo para que restablezca su cuerpo –responde la mujer volviendo a incorporarse en su asiento–. Pero me temo que es algo muy extraño, no sé con qué tipo de ser tuvieron contacto. Incluso ahora no sé qué te hicieron, señorita, no puedo saber qué clase de ser eres ahora mismo.
—Tú, niño de gris, dijiste que viste al zorro saliendo de la casa del Sr. Chersy, ¿no? Deberían investigar entonces quién está quitándoles las vidas a las personas –dice la joven pelirroja que estaba de pie contra una de las paredes, observando la situación.
—¡Es verdad! ¿Quieres decir… que el zorro le hizo esto a ella? Entonces podemos buscarlo y hacerlo que le devuelva lo que sea que le quitó a Mica.
Walter recupera su energía típica y su expresión llena de entusiasmo.
—Pero, si esa cosa está asesinando personas, ¿no sería peligroso para nosotros también buscarlo?
Como siempre Fabi habla solo cuando tiene la razón en algo que a Walter se le escapa, pero está en lo cierto, ¿qué haremos contra algo que desconocemos y que aparenta ser tan peligroso?
—Primero intenten descubrir qué es, y luego podemos ver qué haremos –responde la niña mientras se acerca para acompañarnos a la salida.
Cando estamos saliendo la alta señora nos saluda cordialmente. Antes de que nos alejemos unos pasos del local la pelirroja más joven toma del brazo a Walter y le entrega una tarjeta.
—Toma, ese es mi número, supongo que van a necesitar mucha ayuda en esto muchachos. ¡Suerte!
Walter toma su tarjeta y con un gesto de policía pícaro le guiña un ojo, algo normal en él, pues quiere dar siempre la sensación de que hablas con el hijo de Holmes o algún gran investigador de los 80.
—¡Oh!, y Paul –dice la chica mientras entra en la tienda–, ten cuidado con el reino de los monstruos.
Esto último me dejó una sensación extraña, casi puedo asegurar que sonreía de oreja a oreja cuando lo dijo, pero se había volteado y no pude ver su rostro... El rostro de Mica en cambio estaba lleno de angustia y no estaba muy seguro de qué hacer o decir, ella aún tiene su mano en el pecho, como esperando que milagrosamente su corazón vuelva a bombear y a producir el tan esperado sonido, pero no lo hace, y me temo que no lo hará a menos que la ayudemos.
—Paul, dijiste que el zorro estaba frente a la casa de Mica, ¿no es cierto? Estaba mirándote a ti… En ese caso quizá deberíamos usarte de carnada y revisar los sitios en que lo vimos –dice Walter con una mano acariciando su barbilla y la otra acomodando su sombrero gris, esos que usan los músicos de Jazz.
—Oye, no hables de mí como si fuera un gusano para tu pesca.
Naturalmente siempre contesto con chistes, pero esta vez mi voz sonó algo apagada.
—Chicos… Si de verdad van a ayudarme, necesito que vean algo… tienen que verlo… –dice Mica repentinamente, no había hablado en un buen rato y nos sorprendió a todos–. Luego podrán decidir qué hacer conmigo.
Mica me toma la mano con fuerza mientras se mantiene cabizbaja. No puede ser… ¿Estará hablando de eso? No… Aunque es verdad que algo hay que hacer al respecto, no puedo esperar una buena reacción de los chicos a eso, quizá signifique el fin de nuestra amistad. No, probablemente sea el final de todo.
Estamos llegando de nuevo a la casa de Mica, esta vez nos acompañan Walter y Fabi. Mica se nos adelanta y pone su mano en el picaporte, duda un segundo y en ese instante vuelvo a mirar mi espalda, a la vereda de enfrente donde había visto al peculiar animal. No esperaba verlo de nuevo, pero aun así lo hice, y mientras yo tenía mi mirada en el lado opuesto Mica se armó de valor e insertó la llave y la giró. Abre lentamente la puerta, puedo sentir un escalofrío inmenso, muchas ganas de salir de allí o de pensar que por alguna razón el cuerpo ya no estaría. Mica ha de sentirse igual, no puedo ver bien su rostro, pero la forma lenta en que camina y sus hombros caídos me hacen recordar a un prisionero que va directo hacia la tarima del verdugo para ser ejecutado.
Walter y Fabi están callados, Fabi un poco ausente y con una expresión vacía; Walter en cambio tiene una mirada seria y siente lo pesado que es el ambiente, por eso no hace preguntas… No hasta que llegamos a la habitación del crimen.
—¿Qué… pasó aquí? No… ¿Fueron ustedes?…
La respuesta de Walter es más clara en su cuerpo que en sus palabras. Pálido y con la boca abierta, casi imitando al cadáver que tienen frente a ellos, incluso puedo ver su cuerpo rendirse durante un momento y prestarse a los escalofríos.
La reacción de Fabi en cambio no puedo verla, ya que se encuentra detrás de mí confiando en su estatura para poder ver todo desde atrás. Pero su silencio y falta de comentarios al respecto me dan la respuesta necesaria.
—Fui… yo, ¿cierto, Paul?
Mica dice eso quedándose apenas dentro de la habitación, mirándome como cuando un juez pide la voz del testigo. Walter se adelanta lentamente y mira más detalladamente al pobre chico que ha estado allí desde hace unas horas. Habían empezado a volar moscas alrededor.
—Yo… Cuando llegué, ella estaba… Con, bueno…
Demonios, por qué tengo que decir yo esto, no estoy seguro siquiera de si realmente pasó eso, aunque todo apunta a que sí.
—Comiéndolo… –dice Mica completando mi frase, dejando su mirada en el suelo.
—Sí… Eso… ella, luego de que vine intentó atacarme, pero entró en razón y parecía no recordar lo que había pasado. No sabíamos qué hacer, y ambos estábamos nerviosos y confusos… Mica quiso salir a caminar un momento y luego de eso ustedes aparecieron.
—Entiendo –dijo Walter mientras miraba con atención el cuerpo del muchacho. Hasta ese entonces no me había fijado muy bien, pero él no tenía camisa.
—Es Germán –dice Fabi de repente–, el de la clase 6c.
—Mica… ¿Tú no recuerdas cómo llegó él aquí? Porque a pesar de lo que nos cuentan, aquí falta algo. ¿Cómo terminó este chico aquí? –Walter ya volvió a su estado de detective, aunque esta vez, no me parece realmente molesto, sino más bien sensato.
—Mica… No será que… –Por un momento me imaginé lo peor, una aventura o algo así, o que ella en realidad hubiera planeado todo esto, de modo que en realidad es muy peligrosa.
Debió de sentir la inminente acusación pues se atajó casi de inmediato, con unas lágrimas a punto de salir y hablando demasiado rápido.
—¡No, no, no! De verdad no sé qué hacía el aquí, lo primero que recuerdo estando aquí fue solo que estabas forcejeando conmigo en el suelo del pasillo, y que yo estaba cubierta de sangre y todo lo demás… –Mica calma su voz y habla a una velocidad más normal–. Estaba… así.
—Germán –interrumpe Fabi aún sin entrar–. Él era un idiota y hace rato que estaba detrás de Mica, no de la buena manera y hoy no estuvo en clases, algunos dijeron que se fue temprano sin ninguna excusa aparente.
—Entonces… –Walter vuelve a mirar a Fabi para que le dé un último indicio.
—Supongo que habrá visto que hoy Mica no estaba con ninguno de nosotros y decidió intentar algo en su propia casa…, basura. –El resentimiento parece opacar la preocupación en el rostro de Fabi y eso queda muy claro en el odio que se refleja en sus ojos.
Fabi parece quitarse bastante culpa, y agregar un poco a mí por dudar de mi novia, siempre me exigió cierto respeto a Mica, a él también le gustaba en primaria, pero nunca más tocó el asunto, estoy seguro de que algún instinto de protección quedó de aquel viejo sentimiento. Aunque sí, realmente es una basura, quizá no merecía esto, pero sí algo que no lo hubiera matado.
—Oh, espera, antes yo despertara aquí con ella, y aunque intenté despertarla no logré hacer ni que pestañeara –digo eso haciendo memoria en mis últimos pasos.
Walter levanta una ceja y sonríe, seguramente está a punto de decir algo como «así que ya llegaron tan lejos» o algo así, pero la situación y el ambiente no lo permiten, por lo que borra su sonrisa.
—¿No notaste nada raro en ella? O quizá alrededor. –Su pregunta es cotidiana, de rutina, al no saber sobre dónde comenzar.
—No… Oh, espera, sí había algo, ella estaba muy fría a pesar de que el clima era agradable, por lo que pensé que estaría engripada o algo, por eso la tapé y me fui dejándole una nota. –Parece que sí había algo raro, pero, aunque me lo digan, no creí que mi novia estuviera fría porque ya estaba muerta, aunque quizá debería cuestionar mi propia atención al no notar que dormí con alguien muerto… Dios, menudos escalofríos me da pensarlo de esa manera.
—Esto… chicos, sé que están pensando que hicimos… bueno, ya saben, pero… Yo no recuerdo nada. –Mica se defiende con algo de vergüenza, quizá si aún bombeara sangre podríamos ver un rubor en sus mejillas. –Lo último que recuerdo… Es que salimos del cine.
—Paul… dime que tú sí recuerdas algo. ¿No se habrán pasado de bebidas, cierto? –Walter me lo pregunta demasiado serio como para que sea una broma.
—No… Yo… Tengo unos pocos recuerdos, pero ninguno parece muy real o convincente.
—¿Menos real que tener una novia zombi? –Fabi siempre tan falto de tacto, me hace darme cuenta de que todo detalle ahora podría ser importante. A Mica parece dolerle un poco, no se acostumbra a esto, quizá aún ni se lo cree–. Perdón… –dice en disculpa Fabi, también le dolieron sus propias palabras.
—No… Tienes razón… –Mica no puede disimular que de verdad le dolió.
—Bueno, de tus recuerdos di todo, no importa lo poco significativo que te parezca, dilo todo. –Walter saca ese pequeño bloc anotador y una lapicera, y pone su total atención en mi relato.
—Mmm… recuerdo que salimos del cine y nos dirigimos a su casa, yo iba a acompañarla. En el camino sentimos cómo el viento se levantó de repente, soplaba muy fuerte, así que nos apresuramos. En el camino choqué con alguien, creo que una chica, no dijo nada y siguió casi corriendo. Luego… Tengo fragmentos sueltos, a Mica gritando, yo corriendo y árboles, muchos árboles. Oh, también había una figura, no podía ver muy bien, solo cómo sus dos ojos brillaban, parecían dos luces blancas, y parecía tener cuernos como los de los ciervos… Solo eso tengo, luego desperté con ella en su habitación.
Espero una risa, o una recomendación a algún psiquiátrico, pero debido a lo vivido nadie puede negar qué es posible y qué no.
—Entonces… No viste ningún zorro, pero sí un monstruo extraño… –Walter deja escapar un largo suspiro y luego resopla en el transcurso, se aleja mirando por última vez al cadáver y le pide a Mica que salga. También guarda el bloc dentro de su chaqueta.
—Escuchen, hay que sacar esto de aquí, hay que dejarlo en alguna habitación oculta de la casa, no podemos enterrarlo o sacarlo, alguien podría vernos. –La forma en que dice todo de una manera tan seria, no puedo creer que de verdad estuviéramos los tres a punto de esconder un muerto–. Si primero no limpiamos no podremos empezar a buscar al zorro, supongo que tendré que pedirle otra mano a Thania e ir a casa a buscar algunas cosas de papá.
El padre de Walter es cazador, tiene otro trabajo, pero ninguno sabe cuál es, tiene una casa un poco más alejada del pueblo y otra dentro, donde vive Walter y donde los fines de semana va a visitarlo. La otra es una especie de rancho con una gran cantidad de perros, herramientas y armas. Recuerdo lo mucho que nos gustaba ir allí de pequeños a los tres.
—Walt… Yo limpiaré esto, tú puedes ir a la tienda esa y a buscar las cosas… creo que debería ser yo quien ordene todo esto. –Una parte de mí siente que debe tomar la responsabilidad por esto y no sobrecargar a mis pobres amigos con este… problema.
—¿Y moverás eso tú solo? Lo siento, pero creo que necesitas nuestra ayuda, ya después podrás pagarme con gaseosas y papas en efectivo. –Fabi siempre reclama algo a cambio de ayudar, supongo que esa parte de él no cambiaría ni en esta situación–. Walter, tú ve a lo de la bruja esa, yo te esperaré en tu casa para ayudarte con las trampas. ¿Quieres ir al bosque, cierto?
—Jo, jo. –La famosa risa actuada de Walter–. Como era de esperarse, te dije que podrías ser mi Watson, ya sabes qué pasa por esta ingeniosa mente. En ese caso está bien, te esperaré en mi casa luego de que termines aquí. –Walter sonríe un momento y se dirige a la puerta, y antes de marcharse dice en un tono más tranquilo–. Resolveremos esto, chicos.
Mica se acerca para preguntar qué había pasado, solo le contamos lo planeado. Fabi le pide unas bolsas de consorcio y cinta, parece más decidido que un mafioso, aunque con ese aspecto tan rudo y sus rulos rubios oscuros a veces podría asegurar que lo era. Mica trae todo lo pedido y sugiere que lo dejemos en el pequeño galpón que usaban para dejar las cosas viejas. Luego de que movemos el cuerpo, que está comenzando a endurecerse, lo ensamblamos como si fuera una morcilla, yo lo tomo de la cabeza y Fabi de los pies y lo metemos con cuidado en el pequeño armario. Bueno, en realidad es bastante grande si tenemos en cuenta que hay una cocina vieja, cuadros y discos apilados, algunos juguetes de plaza oxidados y un cuerpo, a pesar de todo esto el armario cierra sin problemas.
—Bien, te dejo el resto de la limpieza a ti, yo iré a la casa de Walter, así que mejor que cuando nos encontremos tenga mis papas. –Fabi se dirige a la puerta con una expresión algo seria.
—Gracias… –digo casi sin fuerzas y con una leve sonrisa, antes de salir pone su mano en mi hombro y me sonríe. Luego se marcha.
Por un momento pienso que quizá alguno de ellos llamaría a la policía y terminaríamos todos en una prisión juvenil o algún reformatorio, pero luego recuerdo la clase de amigos que son y lo comprometidos que se ven con todo, no podría dudar de ellos, de ninguno, sin exceptuar a Mica.
—Paul… ¿Me ayudas a cambiar las sábanas y dar vuelta el colchón? –Mica parece poder recuperar su postura y ya comienza a ser la de antes, al menos una parte de ella.
—Claro. ¿Pero no te molestará el olor?
—Oh, en cuanto a eso, no he olido nada en todo el día, tampoco siento el tacto, ni siquiera tuve frío o calor –responde tomando su codo izquierdo con su mano derecha, dándose cuenta de lo alejada que está del reino de los vivos.
—Oh, tienes razón, quizá haya que acostumbrarse a varias cosas nuevas.
—Espero que no por mucho tiempo –responde deprimida.
—Cierto… –Parezco ser un insensible como cierto amigo mío, pero es que esta situación aún está sin digerir y no puedo acostumbrarme al cuidado de mis palabras con lo que digo.
Walter
Me pregunto si alguna vez Miss Maple tuvo que empezar a destejer un caso habiendo ocultado otro. Quién pensaría en su sano juicio que me vería envuelto en un nuevo mundo lleno de interrogantes y gente más rara de lo que te esperas. He dejado a Fabi y a Paul con Mica, estarán ocultando el pobre cadáver de… ¿Cómo era su nombre? En fin, no debería ser importante, yo siempre recuerdo rostros y nombres sospechosos, por eso estoy aquí, en un café a unas cuadras de la gran plaza, porque efectivamente aún no recuerdo cómo llegar a la tienda de cosas mágicas. Pero no podía volver a entrar y decir que me den direcciones, no después de lo genial que me vi haciendo esa salida tan espectacular, ah… Los problemas de los detectives, pues podría dar vueltas hasta encontrarla, o simplemente preguntar. ¡Claro! Preguntar es el hábito de un buen investigador, de modo que apenas se acerque la mesera para preguntar si quiero algo más le preguntaré sobre la peculiar tienda.
—Qué curioso, Walter, no creí que te gustaran esas cosas –me responde Keyla, la mesera.
Es un pueblo no muy grande y venimos seguido a este sitio, por lo que nos conocen muy bien.
—Para nada, solo es un caso en el que estoy trabajando –aclaro mientras cuento los billetes con el total del café.
—Espero que no sea nada peligroso. Estoy segura de que es en la calle Frías al 606. Pero hay algunos volantes pegados en el poste de afuera, podrías confirmarlo ahí.
Agradezco la información y me dirijo al poste de luz que tiene varios papeles en su cuerpo; un perro perdido, colonia de verano, algo de la iglesia, número de alcohólicos anónimos y un volante violeta muy llamativo.
Casa del Redentor
Ataduras, objetos protectores, hechizos variados,
lecturas, curaciones y más.
No se moleste en pasar a preguntar.
Frías 606
Bueno, parece que ya tengo una dirección, solo falta ir y hacer unas buenas y variadas preguntas, o eso pienso, pues cuando llego la sospechosa pelirroja hace una broma con que la iba a ver muy seguido y que su madre se enojaría si pierde el tiempo en el trabajo. Además de eso dijo que no puede decir más nada del animal, solo que busque en donde cree que podría esconderse bien. Al llegar a casa no veo a Fabi, debió hacer una parada para comprar alguna golosina y decirle a su hermano que nuevamente estaría haciendo algo fuera de casa, quizá la libertad tan enorme que tenemos los cuatro es lo que nos une. En fin, dejo la puerta sin llave para que Fabi pase y revise el viejo galpón de papá, no deja sus armas aquí, pero sí varias trampas de conejo y herramientas. Junto eso, las estacas y sus cadenas, una cuerda y por las dudas una linterna, las pongo en la mochila y voy a mi habitación donde abro el buscador de Internet. Lo primero que escribo en Google es «zorro» teniendo demasiadas imágenes y foros o ventas sobre el animal, y de primeras, cómo no, una ventana de Wikipedia. Probé con otras cosas como «zorro fantasma», «asesino», «espíritu», «magia» y así hasta tener más de 16 pestañas abiertas y leer en pocas unas cuantas cosas que no termino de creerme. Por suerte una mano en mi hombro me hace saltar del susto, Fabi entra en silencio y me pregunta qué quiero hacer.
—Supongo que ahora estará alerta, y no podemos poner algo en cada casa que hay en el pueblo, así que iremos al bosque, la zona segura que es más visible y está protegida por el guardabosque la dejaremos, confío en que no pasará por allí –le digo a mi compañero mientras tomo mi mochila, la cual pesa demasiado.
—Entonces… Lo que haremos será… –Fabi deja un silencio esperando mi respuesta, a lo que yo tomo un bolso que ya está preparado y se lo lanzo.
—Iremos a acampar, pondremos trampas cubriendo el campamento y ataremos a Paul en el medio para que lo atraiga. –Es un buen plan, infalible y seguro para todos, quizá no tanto para Paul, pero él podrá.
—O podríamos solo pasar bastante de la tarde en el campamento para que se note su presencia y luego esperar. ¿No crees? –Oh, mi buen compañero, siempre vela por la seguridad de todos.
—Está bien, lo haremos así, pero vamos rápido, envíales un mensaje diciéndoles que se preparen y que nos vemos en la playa de estacionamiento que está frente al bosque. –Por último, tomo las cuerdas y unos finos tubos de metal, cortos y pequeños que sirven para hacer ruido si chocan entre sí.
Estamos frente al bosque, esperándolos y observando el inmenso fuerte de árboles, casi perplejo.
—¿Pasa algo? Te ves intranquilo… –pregunta Fabi mientras terminaba de guardar en su mochila varias cosas y bolsas, en su mayoría comida.
—Creo… Que tengo un presentimiento sobre algo malo, pero no tengo miedo, sino emoción.
Mica
He cerrado la puerta dándole dos vueltas a la llave, no sin antes trabar todas las ventanas y cerrar las cortinas. He pensado mucho en cuanto a mi cuerpo… Paul ha dicho que intentaremos cazar al zorro acampando en el bosque, por lo que pasaremos la tarde y quizá la noche con amigos. Solíamos acampar más seguido, ahora es temporada de lluvias y no dejan acercarse mucho al bosque por las recientes desapariciones, por lo que no es recomendable hacerlo, pero creo que eso es lo de menos ahora. Hemos ido hasta la casa de Paul para que él le avise a su madre sobre la acampada, yo espero afuera con mi mochila en las manos. He pensado sobre la comida, sobre el chico que comí… Y antes en el baño he intentado comer un chocolate, ha pasado sin problemas, por lo que me he quedado tranquila, aunque no le he sentido el gusto, debería ser normal, mi cuerpo no está en todas sus funciones. Paul está saliendo con el bolso que trae su carpa, su madre me saluda desde la puerta diciendo que no hagamos travesuras.
—¿Listo? No deberíamos hacer esperar a los chicos –le digo a Paul, quien está acomodando sus zapatillas. Trajo su campera negra deportiva que tanto le gusta y una gorra negra y verde fosforescente, según él para que no se pierda de vista de los demás en el bosque. Saca de su bolsa la mía, que era igual en modelo y solo sustituía el verde por un rosa chillón.
—Claro, vámonos –dice mientras toma el bolso y caminamos hacia la entrada del bosque.
En el camino él empieza a medio tambalear, supongo que pesa demasiado y normalmente la traería con Walter mientras Fabi lleva por sí solo la otra. No me estaba pesando mucho mi mochila, de hecho, se sentía tan liviana que por un momento pensé que no había guardado nada, pero luego de tantearlo con la mano y dar pequeños saltos pude confirmar que sí traje cosas.
—Déjame ayudarte un poco, no deberías esperar a que Walter venga por ti. ¿No? –Provoco una risa en él y tomo una de las manijas del bolso cilíndrico. Para mi sorpresa lo levanto enseguida y a la altura de mi cadera sin problemas, creí que estábamos haciendo un gran equipo y pensé que deberíamos haberlo hecho desde el principio. Pero no tardo en notar que Paul no está tirando hacia arriba las manijas, era solo yo, y él me mira con asombro.
Quise soltarlo para evitar su rostro, pero sería muy idiota hacerlo, por lo que empecé a balbucear una excusa sobre ejercicio nuevo o algo así, pero él me interrumpe.
—Sabes… dicen que las personas tenemos en el cerebro un limitador de nuestra fuerza y que en realidad no la usamos toda, porque si lo hiciéramos podríamos rompernos los huesos o lastimar nuestro propio cuerpo. –Hace una pequeña pausa y sonríe al continuar–. Los zombis en general ya no tienen este limitador y por eso tienen tanta fuerza, por lo que en realidad si lo piensas no es nada mágico, pero sí es realmente genial. Vas a hacer ver que mi novia es más fuerte que yo.
Al terminar su cara se congela un momento, parece que usar la palabra zombi conmigo le parece extraño, y hace unos momentos a mí me hacía sentir una desconocida total, otra persona. Pero ver cómo todos estamos juntos aquí, mis amigos y mi novio, ver que aún en esta situación tan extraña nuestros lazos siguen igual, creo que eso me ayuda a retomar confianza en mí misma. Levanto el bolso hasta mi hombro y lo dejo colgando en mi espalda mientras lo llevo como si fuera una campera.
—En ese caso no te quedes atrás y haz algo maravilloso –le digo con una sonrisa mientras estamos a unos metros de la playa de estacionamiento que da al bosque. Unos cuantos metros a la izquierda se puede ver la garita guardabosque, y justo frente a nosotros a unos cuantos pasos están Fabi y Walter esperándonos.
Paul
Levantamos el campamento al internarnos casi medio kilómetro fuera del área pública, en lo que resta estamos en el lado este del bosque. Pura arboleda sin bancas o carteles, solo nosotros en círculo, como cuando veníamos con el padre de Walter y contábamos historias de terror a la noche, terminábamos tan asustados que terminábamos durmiendo los tres en la misma carpa. Qué buenas memorias, pensar que estaríamos viviendo una verdadera historia de terror ahora… quizá no tan de miedo, pero sí que tiene los factores «monstruo y magia» sumergidos en él. Hay una gran cabaña que solía usarse como una especie de ayuntamiento varada en un lugar dentro del bosque. Pero como está abandonado hace ya mucho y como parecía ser un lugar bastante fácil de encontrar Walter prefirió un sitio más al natural, ya que eso aumentaría las posibilidades de que algún animal extraño se acerque. Pero, claro, la posibilidad de que la vieja cabaña esté siendo usada como guarida de algún monstruo o extraño también está, pero es algo que preferimos descubrir luego, con la luz del sol.
Hemos arreglado dos carpas y traído algunas ramas caídas para hacer una fogata más tarde, la rodeamos de piedras medianas y cada uno toma unas trampas de conejo, son como las de oso; grandes bocas de metal que se cierran al pasarlas y muerde al pobre animal que cayó, solo que estas obviamente son más pequeñas, pues no estamos tratando de capturar un oso… Y espero que nunca tengamos que hacerlo. Walter ha sacado varios hilos luego de enterrar las bocas de acero en tierra, las ata a estas y las rodea en árboles que a la vez sostiene con finos tubos de metal que sonaron al chocarse entre sí.
—De este modo escucharemos si pasa por alguno de los hilos, por si no pisa la trampa en sí –agrega Walter mientras seca el sudor de su frente.
—Oye, ¿dónde está tu campera de cazar? –agrega Fabi cuando nos sentamos todos dentro de nuestro círculo de acampada protegido por las trampas y los cascabeles improvisados.
—¿Tienes una campera de caza? –pregunta Mica con curiosidad, es algo que no suelo contar y que solo Walter, su padre y Fabi conocen, una historia de infancia. Ya que Mica llegó al pueblo cuando teníamos diez años es normal que no conozca la historia, ella tampoco venía con nosotros en ese entonces.
—A que sí, aunque nunca cazamos en sí, él siempre traía una limpia campera blanca con capucha, que decía que usaba para que se note la suciedad de su esfuerzo –agrega Walter sumándose a la charla.
—Sí, aunque las trampas que hacíamos eran inofensivas y solo comíamos todo lo que traíamos. Yo me acostaba en el suelo y comenzaba a rodar para ensuciarlo y decir que me había esforzado mucho –agrega entre risas recordando la manera en que volvía a casa sonriendo, hecho todo un desastre.
—Veo que siempre fuiste un tramposo, aunque no creo que la campera te entre de nuevo. –La acusación de Mica se refiere a cómo solíamos hacer trampa cuando jugábamos al Jodete escondiendo cartas. Sonríe mientras gira su dedo en las puntas de su pelo castaño.
—Bueno, en realidad sí, e incluso la traje –respondo con la mirada perdida en las ramas reunidas en el círculo de piedras, como si hubiera un fuego imaginario allí.
Mica pone una cara incrédula, por lo que Walter pasa a comentar más sobre la dichosa prenda.
—La campera no era de su talla, era enorme, fácilmente le entraba a mi padre, por lo que a él le iba como un saco de dormir con brazos. –Ríe con nostalgia–. Qué divertido era verte correr con esa campera que te llegaba a las rodillas.
—¿Verdad que sí?, ahora no puedo ir y ensuciarla indiscriminadamente, creo que la pobre ya aguantó bastante. –Al decir eso pasamos a una charla aún más antigua, comenzamos a hablar de las cosas que solíamos hacer de pequeños, o el campamento de verano de hace tres años. Uno donde Mica confundió un bote de champú con uno de pintura y todas las chicas terminaron con el pelo duro, por suerte era una témpera y se pudo quitar en unos días. También cómo Walter quiso hacer una bala de cañón en la gran pileta, pero cayó de panza y terminó todo rojo por el cachetazo que le dio el agua. Esas y más charlas tuvimos hasta que el sol comenzó a marcharse dejando un manto naranja en el cielo, señal de que la fogata tenía que reemplazar su luz o quedaríamos en un inmenso domo de oscuridad.
El fuego nos presta su calor y podemos ver las estrellas en el cielo, lo bueno de vivir en un pueblo es lo fácil que se advierten las constelaciones en la noche. Quizá por eso quisieron hacer un observatorio, pero debido a la falta de recursos y de gente para que lo use nunca lo terminaron. Estamos comiendo unas cuantas cosas que trajo Fabi en su mochila y que yo compré en el camino; hay papas (cómo no para Fabi), las gaseosas, algunas empanadas del súper, pizzetas, magdalenas, galletitas y otras cuantas cosas. Puede que les parezca raro, pero nunca nos importó mezclar los tipos de comida en un campamento, por eso siempre volvíamos muy mal del estómago, o al menos algunos.
Mica está comiendo también, tiene una sonrisa en el rostro mientras cada tanto pierde su mirada en los árboles empinados y los levanta suavemente para admirar el cielo. Fabi está más contento de lo usual, pues estas juntadas de botana son para él lo que para Walter es una temporada completa de Cold Case, y hablando de él… Está bastante alerta mirando a su alrededor cada tanto, sospecho que siquiera va a dormir un poco.
Ya estamos todos algo soñolientos y antes de retirarnos a dormir Walter se levanta en su típica pose de héroe, llevando sus brazos a su cadera.
—Propongo que hagamos turnos para dormir, de esta manera sabremos si pasa algo, y el vigía alertará a los demás. Tengo la Play portátil para que se entretenga y algunos juegos, solo hay un problema. ¿Quién será el primero? –dice eso mirándome a mí, casi como una orden silenciosa.
—De acuerdo, yo haré primero de vigía, después de todo me está buscando a mí. ¿No es así?
—Así me gusta, camarada, esa es la actitud, en cuanto a ti, Mica, asegúrate de que no haga nada raro y que se mantenga despierto. –Walter insinúa que compartiríamos la carpa, y resultó en una mirada incómoda entre ambos. Supongo que no por vergüenza, sino más bien porque ella no se siente segura sobre si las personas a su alrededor están seguras, y menos en una pequeña porción de espacio como la de una carpa, seguras de ella… No puedo decir que yo sea la excepción.
—Creo… que está vez tendrán que disculparme, pero dormiré sola si no es molestia… –La confesión de Mica carga algo de culpa.
—No… Lo entiendo, nos acomodamos en la carpa los tres, así que no te preocupes –comento con una sonrisa que ella me devuelve, aunque algo dolida, mientras se levanta del suelo y sacude sus ropas para así entrar a su correspondiente tienda.
—Ah, como en los viejos tiempos, amigos, será divertido, muchachos. –Walter pasa una mano en mi hombro y la otra en el de Fabi, quiere alegrar el ambiente a su manera, pero estoy seguro de que en su cabeza aún no termina de digerir lo que está pasando. Creo que la ignorancia es un método de defensa psíquico muy útil y que muchas veces tachamos como malo, pero creo que todos muchas veces preferimos no saber nada antes que conocer la verdad tan perturbadora.
—Claro, y el que intente ponerme pasta dental mientras duermo lo haré correr el pueblo entero como en los viejos tiempos. –Fabi hace su inocente amenaza y partimos en risas, eso es también una anécdota de las travesuras que nos hacíamos entre nosotros de pequeños. Nos acomodamos en la carpa, ellos dos están acostados con la cabeza en la dirección opuesta a la entrada, y yo sentado de piernas cruzadas a sus pies, justo en el medio, dividiendo el espacio.
—Oye, Paul, además del incidente con Germán, ¿hay algo más que pasó entre ustedes? –Fabi rompe el silencio mientras se acuesta boca arriba con sus manos detrás de su nuca, acto seguido Walter lo imita y se une a la conversación sin dejar de mirar el techo de la tienda.
—No… Creo que ella al igual que yo tiene miedo de que… me ataque o de que pierda su propia voluntad… Además aún no llegamos tan lejos como para dormir juntos, sabes… Y hablando de eso, ¿por qué no trajeron la otra carpa? Siempre había tres, una para Walter y yo, en la otra Fabi y las provisiones y, por último, Mica y las mochilas. –Mis compañeros desvían la mirada intentando sacarse culpa.
—Bueno, le dije a Fabi que no la trajera, vi cómo estaban ustedes dos y por lo que habían pasado, así que supuse que necesitarían algo de tiempo entre ustedes, no de distancia. Tienen que acercarse entre ustedes, creo que más que nunca Mica necesita el apoyo de todos a quienes quiere. –Walter suena muy serio, incluso Fabi le da la razón asintiendo con la cabeza.
—Creo que eché la oportunidad a perder… –Suelto un gran suspiro y dejo caer mi cabeza en el suelo de cuero–. Ah, esto es demasiado extraño como para saber llevarlo bien.
Iba a decir algo, pero algo rompió el silencio antes que nosotros, los tubos de metal que antes había preparado Walter comienzan a sonar y provocan que nos miráramos entre nosotros en blanco, quedamos un segundo así y luego le grito a Walter.
—¡La linterna! En mi mochila rápido, ¡rápido! –Walter se mueve con prisa y rápidamente saca la linterna, dejando fuera en el proceso la campera blanca de la que antes habíamos hablado.
—¡Vamos, Mica, rápido! –Walter se encarga de dar el aviso a Mica que ya tiene media cabeza fuera de su carpa, mientras que él sale disparado hacia el sonido. Lo sigue Fabi y luego último yo, viendo cómo también Mica sale con una linterna en sus manos y esperándome para seguir los pasos de nuestros amigos.
Nos acercamos a donde estaban sonando los tubos, parece que se alertó e intenta escapar, dirigimos nuestras linternas hacia donde proviene el sonido y vemos un pelaje blanco y ojos rojos… Era un conejo que se atascó en la tanza de hilo. Primero quedamos medio decepcionados, de pie frente al asustado animal, mientras Mica se acercó para ayudar al roedor a salir.
—Ja… Un conejo, qué suerte la nuestra –dice Walter mientras se ve interrumpido nuevamente por otro sonido, esta vez fue el cerrar de una trampa de oso, de las pequeñas, y el aullido de lo que parecía un lobo, era algo distinto, pero se sentía su semejanza. Nuevamente nos miramos entre los cuatro y salimos corriendo hacia el sonido animal, y esta vez cuando llegamos vimos la majestuosa bestia blanca, un zorro, sus ojos violetas brillaban con el alumbrar de las linternas y su pata estaba manchada en sangre. Además de eso estaba mordiendo la trampa, nos pareció curioso, pero más aún nos sorprendió, pues de unos dos o tres mordiscos partió la mandíbula de acero y comenzó a alejarse.
—¡Imposible! ¡Córranlo! De prisa –grita Walter mientras se dirige detrás del animal que tenía una pata delantera renga, lastimada por nuestra emboscada. Se sube a un árbol, y cuando queremos rodearlo este salta a toda prisa hacia el campamento y nuevamente corremos de atrás de él. Desesperado esquiva la fogata y de un salto se sumerge por la entrada de nuestra carpa. Era en la que estábamos Fabi y Walter, rodeamos la carpa y yo me interpongo de pie en la entrada, pero de repente una voz femenina me detiene cuando pongo mi mano en la puerta de tela para ver dentro.
—¡Espera! Por favor espera un segundo. –Esa voz no era de Mica, no era de nadie que conociéramos, viene desde el interior de la carpa, agitada y rogando cierta paciencia.
Alumbran desde fuera y se puede ver cómo una figura femenina proyectada por las sombras que provocan las linternas comienza a vestirse, tomando una prenda que pareció encontrar en la carpa. Antes de eso puede percibirse muy bien su silueta desnuda que antes era la de un zorro y ahora se convirtió en la de una muchacha con el pelo largo y el busto bastante crecido. Se acerca a la salida y toca mi mano al querer salir. Es una chica de pelo negro, ojos azules y con cachetes algo regordetes, pero con un cuerpo esbelto. Sale mientras se cierra mi campera blanca para cubrirse y por un momento pude ver parte de su busto antes de que salga y se cierre la campera por completo.
—Qué… quién. ¿Quién eres? –Luchando contra mi lengua que se está trabando por el asombro logro preguntar, al ver lo sucedido y la escena inesperada que tenía frente a mí era imposible no estar algo atontado. ¿Adónde fue el zorro? ¿Quién es esta chica?
—Soy Suté… Yo estaba esperándote –dice la extraña chica mientras permanecemos silencio, boquiabiertos, observándola con nuestros ojos de linterna.
—Como dije, soy Suté, y te estaba buscando, Paul. –La extraña reitera su presentación, sin miedo ni hostilidad, lo cual la hace ver en un extraño intento de querer parecer casual.
La chica termina de salir de la carpa y se pone de pie frente a nosotros, es un poco más pequeña que yo en estatura gracias a Dios, si no la campera no alcanzaría a cubrir debajo de sus caderas. Aunque ella tira del borde con sus manos para abarcar todo el espacio posible y que no se le vea nada. Efectivamente estaría desnuda si no fuera porque encontró esa prenda en la carpa.
—No puede ser… ¡Eres un hombre lobo! –El grito de Walter carece de miedo o seriedad, pero tristemente él lo comenta con esas intenciones.
—Mujer lobo en todo caso, ¿no? –Y así de fácil la escena pierde casi todo el rastro de miedo que había sembrado hace unos instantes. Fabi siempre tan tranquilo, no me puedo creer que recalque eso en esta situación.
—No, de hecho, soy una Kumiho, mitad espíritu zorruno. ¿Hay una gran diferencia entre estos animales, no? –La chica parece seguir el juego de los dos idiotas que tengo de amigos y responde con mucha tranquilidad.
¿Qué es esto, una comedia paranormal? Pero creo que es mejor eso a una escena sangrienta o peligrosa. Mirándola mejor con nuestras linternas apuntando a ella puedo percibir su piel levemente bronceada, mientras dirige su mirada al dúo de amigos que la analizaban sin tregua.
—Momento, tú eres el zorro… ¿Estabas buscándome a mí? Es decir…
—¿Qui… quieres llevarte a Paul? –Mica me saca las palabras de la boca, y además era la única que reaccionaba con el debido miedo que requería la escena, aunque es algo tonto si te pones a pensar que ella es un zombi.
—¿Llevármelo? No… No, necesariamente, vengo más bien a acompañarlo. Tenía que encontrarte, pero cuando llegué aquí di con más problemas de los que podría encargarme. –La extraña responde un poco más amigable a Mica, sin el tono medio sarcástico que puso hacia Walter. Mientras devuelve su mirada a mí, a pesar de que sus palabras iban a Mica.
—Creo que tienes que explicar muchas cosas aquí, pero primero lo primero. ¿Por qué te llevaste al Sr. Chersy? –Walter comienza su natural interrogatorio, sin miedo a que la chica no sé… ¿Lo mordiera volviendo a ser un zorro? Es demasiado ingenuo de su parte ver cómo un zorro se transformó en humano y solo te pones a hacerle preguntas. Pero con el agradable, y también extraño, ambiente que crea ella al hablar creo que es entendible.
—¿Tú puedes transformarte, verdad? –Fabi ignora a Walter que se había cruzado de brazos en pose de policía malo, parece que se lo toma en serio, a su manera.
—Sí, puedo transformarme en un zorro y también puedo usar algo de magia. Y en cuanto a ese hombre que mencionaste… creo que no sé de quién hablas. –Se muestra incómoda por la situación. Ya entiendo lo que pasa, y si queremos seguir la charla creo que debo hacer algo al respecto.
—Oye… ¿Suté? Dentro de la carpa hay un pantalón en mi mochila, es la naranja… Puedes usarlo… Ya sabes. –Decir eso fue más incómodo de lo que pensé, y para ella igual, dado que ella mira nerviosa hacia el suelo y se sonroja un poco a la par que dice «gracias» para entrar nuevamente a la carpa.
—Como decía, el Sr. Chersy era un panadero que desapareció al día siguiente del que tú saliste de su casa, la noche de un viento infernalmente fuerte. –Walter no le da un respiro y se queda a la par que alumbra la carpa, podemos ver su sombra proyectada, está recostada deslizando suavemente la prenda por sus piernas.
—¡Chicos! ¡No miren! Sigue siendo una chica, tengan algo de respeto. –Mica nos regaña a todos y me da un suave golpe en las costillas.
—Oh, sé de quién me hablas, pero no me lo llevé ni nada parecido, al contrario, estaba persiguiendo un extraño flujo en él. –Su sombra se acomoda dentro del telón y sale nuevamente hacia el exterior, con mi campera blanca, mis pantalones deportivos de repuesto y descalza, ahora más cómoda y dejando sus manos en los bolsillos de mi prenda, libre de la tarea de sostener la campera para que no revele nada.
—Flujos de… –La reacción de Walter es la misma que la nuestra, ninguno comprende de qué habla.
—Oh, mierda, qué molesto explicarlo. Miren, soy un ser vinculado con la magia, ¿Sí? Bueno, gracias a eso mi buena vista me deja ver pequeños rastros de la magia de otras cosas, o personas, en los objetos o la gente. Había estado desapareciendo gente y noté que había algo raro, al indagar un poco descubrí que en todos sus hogares había un rastro de magia similar, y esa noche de repente alguien comenzó a emitir el mismo tipo de flujo. Yo estaba algo internada en el bosque, en mi forma humana, pues sospechaba que de allí venía el ser que lo estaba provocando, pero para cuando sentí la magia de lo que fue la siguiente víctima fui corriendo hasta allí. Intenté detenerlo, pero ya no había nadie a quien detener, era tarde –dice esto último y suelta un suspiro de decepción propia.
—Momento, la chica que choqué esa noche. ¡Eras tú! –Rápidamente su rostro vuelve a mí por un segundo, era ella a quien choqué esa noche, su rostro ahora me es más claro–. Eso quiere decir… nosotros estábamos dirigiéndonos en la dirección de la cual tú venías… ¿El bosque? Porque estábamos yendo al… ¿Bosque? –Miro a Mica, pero ella no parece tener ningún recuerdo, ni siquiera un triste flashback.
—Tú aún no nos dices lo más importante –añade Walter dirigiéndose a la extraña chica–. ¿Cómo conoces a Paul y por qué lo buscas?
—No será… Paul, ¿acaso tendrás que hacerte cargo de un hijo olvidado? –El chiste de Fabi solo arruina de nuevo la atmósfera y lo peor es que me mira con una horrible seriedad.
—¡Deja de bromear! –replico yo sin tardar.
—¡No! –dice al mismo tiempo Suté.
Suté y yo respondimos al mismo tiempo, y nos dirigimos una mirada algo incómoda por un segundo, pero nuevamente miramos a Fabi para hacerle entender que no era nada de eso.
—Está bien, puedo contárselos, pero aconsejaría que salgamos del bosque, no es seguro aquí, y aun así ustedes vinieron y me obligaron a entrar. –La misteriosa chica plantea su condición y nos miramos los cuatro por un momento, poniéndonos de acuerdo con el silencio de nuestras miradas entrenadas con años de amistad.
—Por lo que está contando creo que es verdad, mejor… levantemos el campamento. ¿Okey? –Mi idea no presenta objeciones, nos ponemos manos a la obra y guardamos y acomodamos todos los instrumentos y elementos que habíamos traído con nosotros, esta vez volviendo con una persona más de la que habíamos ido.
Llevamos caminando un buen rato y aún seguimos en el bosque, iluminándonos solo con nuestras linternas yendo Suté en la delantera.
—Bueno… verán, mi pueblo tiene una especie de vidente –comienza a relatar Suté mientras camina frente a nosotros–. Ella tuvo hace años una fuerte pesadilla, todos nos asustamos y fuimos corriendo a auxiliarla. Para cuando se recuperó ella me llamó a mí, me contó que en su sueño vio cómo un chico se enfrentaba a un terrible monstruo oscuro, y que este lo perseguía hasta devorarlo. Me vio a mí también en ese sueño, acompañando al joven para no caer en las fauces de la oscuridad. Desde entonces me encomendaron la tarea de buscarte y acompañarte en tu travesía, incluso yo después de eso comencé a soñar con tu rostro sin antes haberte visto.
—¿De dónde vienes? –Me causa curiosidad si había hecho un gran viaje, aunque hablaba el mismo idioma que nosotros, además que me pareció una buena pregunta para zafarme de las miradas de mis tres acompañantes que me llenan de incomodidad al ser nombrado en los sueños de una desconocida.
—De una pequeña parte de Japón, sabes, los espíritus zorros son conocidos en toda el área oriental, y desde la Antigüedad que eran respetados y alabados –contesta mirándome con una sonrisa, de nuevo esa confianza y calidez que hace pensar que nos llevamos bien, es extraño para mí, pero para ella no parece ser la gran cosa.
—¿¡Japón!? Pero… no te ves como una japonesa, y además, ¿cómo es que hablas español tan bien? –Walter suena algo amenazante, pero tiene razón, no encaja mucho en su historia.
—Oh, eso se debe a un simple cruce de culturas entre mis padres, y para mí es muy fácil aprender idiomas o memorizar cosas, por lo que antes de recorrer esta vasta distancia me aprendí su idioma natal.
—¿Cómo me encontraste exactamente? –Ya que no parece que pueda indagar más sobre su origen empiezo a buscar los puntos que la trajeron aquí, mientras observo sus pies descalzos en la tierra del bosque.
—Fue difícil, ella solo dijo que estarías en alguna parte de la Argentina, un pueblo que no parece estar en el mapa, pero que dos brujas rojas me guiarán en el camino. –Al comentar esa parte dos cosas me llaman la atención, la primera es la imagen de madre e hija pelirrojas que nos atendieron en esa extraña tienda, la otra es eso de «pueblo que no está en el mapa».
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