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Frans De Vos

Metodología catequística

Editorial Claretiana

Índice de contenido

Portada

Portadilla

Legales

Prólogo a la nueva edición

Frans De Vos, una breve semblanza

Memoria y compromiso

Padre Depiende

Pensar la Catequesis

Memoria agradecida

1. Reflexiones preliminares sobre el método A. Importancia del método

A.1. La catequesis, disciplina multifacética y eminentemente práctica

A.2. La vida y el método

A.3. La Escritura y el método

A.4. El método se define por su objetivo

A.5. El diálogo: método y contenido

A.6. Metodología fundamental y particular

A.7. La adaptación del método

A.8. El método: una tarea comunitaria

B. Los catequistas

B.1. Los catequistas y el método

B.2. El catequista: artífice del método

B.3. La vocación del catequista

B.4. La formación del catequista

Fidelidad a Dios y al hombre A. Fidelidad a Dios

A.1. El método catequístico: obra divino-humana

A.2. Cristocentrismo

A.3. Las cuatro mediaciones

A.4. Las realidades humanas

A.5. El Magisterio

A.6. La catequesis y la oración

A.7. El testimonio

A.8. Los signos que acompañan

A.9. La comunidad

A.10. Los símbolos

B. Fidelidad al hombre

B.1. Pedagogía científica y fe

B.2. La catequesis es diálogo

B.3. El juego en la catequesis

B.4. La catequesis y los sentidos

B.5. La catequesis y la inteligencia

B.6. La catequesis y la afectividad

B.7. La catequesis y la voluntad

B.8. La catequesis y la memoria

B.9. La catequesis y la libertad

B.10. La catequesis y el método activo

B.11. La catequesis y el silencio

B.12. La catequesis y la motivación

B.13. La catequesis y la experiencia

B.14. Una catequesis personalizada

La dinámica del encuentro catequístico

Preliminares

Primer paso: El cuestionamiento

1. El catequista recibe y saluda

2. El catequista se hace solidario

3. El juego une y despierta

4. El “contrato” entre el catequista y los catequizandos

5. El catequista entabla un diálogo

6. El testimonio de la Iglesia

7. Los diversos cuestionamientos

8. El nexo entre el cuestionamiento y la proclamación

9. El catequista profundiza el cuestionamiento

10. El catequista personaliza el cuestionamiento

Segundo paso: La Proclamación

1. El catequista anuncia a Cristo

2. El catequista invita a una actitud de fe

3. El catequista presenta los documentos de la fe

4. Los catequizandos se apropian de la Palabra de Dios

5. El catequista ayuda a vivir la Palabra de Dios

6. El catequista aplica los mejores recursos del aprendizaje

Tercer paso: La respuesta

1. La Revelación de Dios es un diálogo con el hombre

2. La respuesta es libre

3. La respuesta supone la profesión de la fe

4. La respuesta supone la conversión al Reino

5. La respuesta es también sacramental o litúrgica

6. La respuesta nos introduce en la comunidad-Iglesia

7. Evangelización: respuesta por excelencia

8. Respuesta e inculturación

9. La evaluación

10. El momento de la despedida


De Vos, FranciscoMetodología catequística / Francisco De Vos. - 2a ed ampliada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Claretiana, 2021.Libro digital, EPUB - (Palabra y vida)Archivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-762-091-71. Catequesis. I. Título.CDD 268.4


Editorial Claretiana es miembro de Claret Publishing Group

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Diseño de tapa: Equipo Editorial

Ilustración de tapa:

Tomada de En la Cena ecológica del Reino, de Maximino Cerezo Barredo

http://servicioskoinonia.org/cerezo/

2ª edición, libro papel, febrero de 2019

1ª edición libro digital, enero de 2022

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

© Editorial Claretiana, 2019

ISBN 978-987-762-091-7

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Prólogo a la nueva edición

“Para ejercer la catequesis y para formar a catequistas hace falta pensar catequísticamente” (Frans De Vos).

Estamos asistiendo a un cambio de época profundo, dejando algo atrás y apenas se nos permite otear el horizonte. No es fácil saber cómo será el futuro de la humanidad y de la Iglesia pero nos guía una certeza que nos mantiene en pie, no tenemos miedo, reconocemos a Jesucristo como Señor de la Historia. El Reino sigue creciendo aunque pase desapercibido para muchos. Llegará el día en que todos nos cobijaremos en él.

En esos tiempos de cambio y crisis, que hoy son los nuestros, necesitamos voces y acciones proféticas; no alarmistas, sino llenas de esperanza, que abran senderos que luego serán carreteras. En cada Iglesia particular seguramente abundan estas historias y sería bueno rescatarlas en una memoria agradecida. Los profetas son enviados de Dios y es en ellos quien nos revela su misterio y el camino afirmando nuestra esperanza por un mundo mejor.

El padre Frans es uno de esos profetas. No solamente por lo que escribió y nos legó, como intuiciones a veces y como percepción lúcida otras tantas, sino por su vida entera que se constituye en testimonio de un modo de entender la fe y la catequesis en medio de la Iglesia y del mundo. Algo que lo ha caracterizado es su deseo de ser fiel a Dios y fiel al hombre en su situación concreta y cotidiana.

La obra que hoy se nos propone es quizás la que mejor sintetiza su pensamiento, comprensión y realización de una catequesis renovada a la luz del Evangelio, del Concilio Vaticano II y del largo proceso renovador que comenzó en Europa y luego se encarnó con características propias en nuestro país. El contenido de este escrito revela un fuerte acento kerigmático e iniciático y una vuelta a las fuentes centrado en la Palabra y la Eucaristía. A su vez, revela una catequesis atenta al hombre y a sus circunstancias en diálogo con un mundo que empezaba a transformarse hondamente.

Es una propuesta a encontrarnos con un pensamiento vivo, dinámico y crítico que nos propone entrar en esa misma dinámica de diálogo que, como tal, imita el estilo de Jesús. Es una invitación a charlar serena y fecundamente. Lo más alejado de su actitud como autor y catequista sería permanecer fijo y cerrado en las hojas de un libro. Frans nunca hubiera aceptado ser una pieza de museo ni un objeto de veneración. Su pretensión sería la de ser un catequista de catequistas, promotor del pensamiento personal, comunitario, libre y creativo de cada uno de quienes ahora lo leeremos o releeremos.

Algunas palabras pueden servirnos de llave (clave) para entender lo que el padre Frans nos quiere transmitir en su metodología.

La primera palabra clave que define su metodología es la palabra Vida, de ella comienza y a ella vuelve el Encuentro. Promueve una actitud de diálogo con el hombre, su entorno y vuelve a esa vida empapada de nueva luz por las mediaciones de la fe.

Otra palabra clave es Proceso, la vida no es una fotografía sino una película, en el que la búsqueda de sentido y de felicidad (acaso sea lo mismo) motivan el andar del ser humano. En el camino quien nos acompaña es un Dios rico en misericordia. La experiencia del Misterio Trinitario presentada por la catequesis no es algo que podamos pasar por alto, porque es él quien se revela en las mediaciones y también en el testimonio del catequista, convirtiéndose en signo personal de la misericordia de Dios. Catequesis y catequista son una pareja de viaje inseparables. Así lo entendió, enseñó y vivió el Padre Frans. Así nos lo propone.

Una tercera palabra es encarnación e inculturación. La catequesis es algo serio y, por eso, no es un producto en serie sino una obra artesanal. Cada catecúmeno, grupo o comunidad, momento de la historia necesita un “traje” a medida. El mensaje que es para todos, la catequesis lo hace personal. Así vivida, la catequesis es ante todo un arte y tal vez de los más complejos y desafiantes. Y como es un obrar comunitario, el Encuentro lo hacemos entre todos, comenzando por el protagonista principal que es Dios mismo.

Por último la palabra Itinerario Catequístico Permanente, acompañar la vida, durante toda la existencia de las personas que anhelan encontrar en Dios el sentido último de la existencia. Una propuesta que sigue desafiando a la Iglesia de hoy, cómo acompañar catequísticamente el camino de la vida con sus constantes cuestionamientos y desafíos.

Esperamos que esta nueva edición de la Metodología catequística del Padre Frans pueda motivar el pensamiento y la acción creativa de muchos catequistas a lo largo y ancho de nuestra patria, en los rincones más escondidos e ignorados, en la reflexión comunitaria de quienes amasan la catequesis a diario.

Que la virgen María, la primera catequista de Jesús, nos inspire a descubrir nuevos caminos para llegar a los corazones de nuestros catecúmenos con la misma pasión de los catequistas que nos han precedido.

Por eso permítanme decir, prestando mi voz a muchos,

¡Gracias Frans!

Pbro. Lic. Ricardo Montiel

Frans De Vos, una breve semblanza

Memoria y compromiso

La memoria es la vida. Siempre reside en grupos de personas que viven y, por tanto, se halla en permanente evolución (…) La historia es la siempre incompleta y problemática reconstrucción de lo que ya no está. La memoria pertenece siempre a nuestra época y constituye un lazo vivido con el presente eterno.(1)

Hacer memoria es revivir aquellas personas y hechos que hicieron de la vida un espacio propicio para el encuentro, diálogo y plenitud. Recordar es pasar por el corazón experiencias profundas que orientan la existencia. Somos parte de un grupo que ha visto, oído y saboreado el aroma de la presencia de quien es el quicio de la vida y de la historia: Jesús de Nazareth. Esta presencia constituye un lazo profundo entre los que participamos de momentos históricos que son bisagras. Esta cualidad de la historia no se da solo por la sucesión de biografías, sino principalmente por personas que, contemplando con mirada profunda y silencios meditativos, dan un paso de fe para colaborar con el proceso de evolución de los acontecimientos. Somos testigos de un ser maravilloso, que con una cadena de continuos sí, hizo que una parte de la historia sea más fecunda e impregnada de Dios.

Estamos hablando del autor de esta obra que nuevamente ponemos a disposición: el padre Frans De Vos. Escribir sobre él nos anuda la garganta y nos conmueve profundamente, porque no es simplemente transcribir fechas o datos de su extensa acción pastoral, sino que es revivir un proceso de la vida que se remonta hasta aquellos años en que René De Vos y Augusta Van Ballaert dieron a luz el 22 de agosto de 1931 a su primer hijo a quien llamaron Francisco Enrique Luis María.

Frans llegó a este mundo en un tiempo lleno de grandes tensiones. Tal es así que siendo niño le tocó vivir el clima de la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias que esto trajo a un pequeño país en el norte de Europa: Bélgica. El conflicto de 1939 a 1945 afectó la vida de muchos otros belgas. René, Augusta, Frans, Fil, Frieda y Rick tuvieron que cambiar constantemente de vivienda, se refugiaban en sótanos cuando alemanes y aliados hacían caer bombas en Schoten. Además, vivieron situaciones de escasez económica. Sin embargo, continuaron hacia adelante inspirados por un amor a la vida. En esta familia la experiencia religiosa era otro motor que inspiraba dinamismo y serena alegría. Frans y sus hermanos solían ir a rezar a un lugar cerca de la zona en la que vivían sin importarles la distancia entre la casa y la Capilla Kalixberghe, debido a las frecuentes mudanzas que realizaban en ese pueblo.

En su juventud, participó del movimiento scout, y nunca dejó de serlo, aunque no llevara permanentemente las insignias de dicho grupo, porque supo vivir con creatividad y libertad esos principios. Desde esta espiritualidad y siendo seminarista, en 1950 partió con un grupo de amigos hacia Roma en una peregrinación en bicicleta. El 23 de septiembre de 1956 fue ordenado presbítero. Luego, otra vez su capacidad de itinerancia lo lleva a tomar la decisión de trasladarse en barco a América Latina, anticipándose a los denominados Curas Fidei Donum (2), a los que luego se sumará. Ya en Argentina, volvió a vivir el espíritu de misión que lo caracterizaba cuando llegó en marzo de 1957. Trabajaba en Ciudadela en la formación de los Oblatos Diocesanos. Luego se trasladó a la recientemente creada diócesis de Lomas de Zamora, en la que desempeñó su ministerio recorriendo el territorio. Fue pastor presidiendo distintas comunidades con diversidad de realidades sociales. Primero, fue a la parroquia San José de los Obreros de Gerli (1963 – 1967). Es en esta comunidad dónde le quedará para toda su vida el apocope de su nombre, debido a que había 2 curas más con el mismo nombre y a él lo comenzaron a llamar “Frans”. Después de este lugar, fue la parroquia Ntra. Sra. de La Piedad en Temperley (1967 – 1970) y, por último, en un pequeño territorio eclesiástico en Temperley: la parroquia San Pío X (1970 – 1992). Llegó a esta comunidad, convulsionada por su pasado reciente, por una decisión del entonces obispo diocesano Alejandro Schell. Luego, el siguiente obispo Desiderio Collino lo confirmó en el lugar para que, teniendo una pequeña comunidad, pudiera dedicarse a la tarea en la que ya venía dando muestras de ser un magnífico experto: la catequesis.

Padre Depiende

Es común que los presbíteros se dediquen a una multiplicidad de funciones en su ministerio. En el caso de Frans, ya desde joven, en varias actividades y especialmente en el Parque Vordenstein, manifestaba su talante catequístico. Un profesor suyo lo había alentado para que cultivara ese don.

En Argentina, los Oblatos Diocesanos lo llamaban Padre Depiende. Al principio como un apodo porque no pronunciaba bien la palabra “depende”, pero luego porque fue un testigo de la catequesis situacional que anuncia el mensaje de la salvación dependiendo de las realidades humanas. Desde fines del siglo XIX y principios del XX, en la Iglesia había un clima de reforma, el cual Frans supo palpar, vivir, contemplar, aplicar y encauzar si era necesario. En el Movimiento Catequístico un hito de este espíritu fue el Primer Congreso Catequístico Nacional en 1962 en el que se desempeña como un gran animador. A partir de este acontecimiento, es nombrado rector y fundador del Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA) desde 1963 hasta 1990. Durante aquellos años se realiza la II Conferencia Episcopal Latinoamericana en Medellín, de la cual surgirá la denominada Catequesis situacional que:

Debe conservar siempre su carácter dinámico evolutivo (…) La catequesis no puede, pues, ignorar en su renovación los cambios económicos, demográficos, sociales y culturales sufridos en América Latina. De acuerdo con la teología de la revelación, la catequesis actual debe asumir totalmente las angustias y esperanzas del hombre de hoy, a fin de ofrecerle las posibilidades de una liberación plena, las riquezas de una salvación integral en Cristo, el Señor (…) Las situaciones históricas y las aspiraciones auténticamente humanas forman parte indispensable del contenido de la catequesis (Medellín VIII, 5 – 6).

Pensar la Catequesis

Frans lleva adelante la renovación eclesial en todos los aspectos de su ministerio presbiteral, especialmente en la catequesis: rector del ISCA, miembro de la Junta Catequística Nacional, organizador y animador del II Congreso Catequístico Nacional en Rosario (Argentina) en 1987, Director de la Junta Catequística de la Diócesis de Lomas de Zamora desde 1967-1997, formador en el Seminario Catequístico y en el Profesorado de Catequesis, arquitecto de un espíritu en la Casa de la Catequesis, presbítero, etc., haciendo de cada espacio un lugar para pensar con un objetivo y método renovado. En esta tarea sobresalen varias cualidades, entre ellas, la mirada profunda y larga de los procesos, el hacerlo en comunidad, aplicando las inspiraciones que surgen y evaluando cada momento para modificar dependiendo de las diferentes situaciones.

Sus inspiraciones son producto de la práctica que se reflejan en sus numerosos libros (La Biblia para niños, Los desafíos de la New Age, Cómo leer el Catecismo de la Iglesia Católica, Temas prácticos para la catequesis, Catequesis… años de Historia). Pero hay dos que condensan estas intuiciones: Pensar la Catequesis y Metodología Catequística. También influye en la redacción del Documento Juntos para una evangelización permanente (JEP) y en varios catecismos que por aquel entonces editaba la Junta Catequística Nacional para el proceso de maduración la fe (Jesús nos da la vida nueva I y II , Preparando nuestra Confirmación I y II, En Memoria Mía, Ser Varón – Ser Mujer, San Pablo, etc.).

Memoria agradecida

Durante la década de 1980 le diagnosticaron la enfermedad del Parkinson que fue limitando su acción. Con osadía, serenidad y alegría cristiana, supo adecuarse convocando a un grupo de amigos para colaborar como escribas de sus palabas cuando nos dictaba, al tener dificultades para hacerlo por sí mismo. Al avanzar su Hermano Parkinson, al que así llamaba, y porque su mamá se encontraba con problemas de salud, decidió volver a su tierra natal para acompañarla en sus últimos años. Así fue que el 15 de junio de 2002 partió hacia Bélgica rodeado con gente que lo quiso y lo sigue haciendo. El cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy papa Francisco, al enterarse de su viaje, le escribió una carta de agradecimiento, de la que destacamos este párrafo:

Su cercanía de maestro, sus gestos decidores, su espíritu creativo y su claridad de pensamiento, han sido y serán escuela para muchos. La historia de la catequesis renovada de nuestro país tiene una página especial con su nombre y una deuda de gratitud por la gran riqueza recibida.

Al saludarlo por su partida y reencuentro con sus raíces, quiero agradecerle toda su entrega al servicio del Pueblo fiel, y pedirle al Señor que cuide siempre su corazón de catequista para “amarlo y hacerlo amar” como hasta ahora.

Le pido que rece y haga rezar por mí para que sea un buen catequista. Que Jesús lo bendiga y la Virgen Santa lo cuide. Con fraternal afecto.(3)

En el año 2003, regresó de visita a estas tierras que fueron testigo de su accionar. En el año 2004 me invitó a vivir con él un mes en su pueblo (Schoten) para recordar y revivir los lugares que fueron jalonando su talante catequístico.

Fue el 9 de abril de 2006, Domingo de Ramos, en el cual Frans comenzó a celebrar su Pascua. Él fue, es y será padre de la catequesis renovada. Por eso resuena en nosotros este agradecimiento bíblico:

Elogiemos a los hombres ilustres, a los antepasados de nuestra raza. El Señor los colmó de gloria, manifestó su grandeza desde tiempos remotos. Algunos ejercieron la autoridad real y se hicieron famosos por sus proezas; otros fueron consejeros por su inteligencia, transmitieron oráculos proféticos, guiaron al pueblo con sus consejos, con su inteligencia para instruirlo y con las sabias palabras de su enseñanza (…) Todos ellos fueron honrados por sus contemporáneos y constituyeron el orgullo de su época. Algunos de ellos dejaron un nombre y se los menciona todavía con elogios (Eclo 44, 1-4.6-8).

Gracias sean dadas al Dios Padre y Madre, por la vida, historia y el legado de Frans, para que sean un punto de constante referencia y por ser testigo, maestro y amigo.

Christian Curia

1. Nora, Pierre, Les lieux de la mémoire, La Republique, París, 1984, pág. 29.

2. Fidei Donum: Es una encíclica que escribió Pío XII, fue promulgada el día 21 de abril de 1957, en la que le solicitaba a los obispos colaborar con las obras misioneras especialmente en África. En su número 2 también solicita esta disponibilidad para América del Sur.

3. Curia, Christian, La #vida nos da #señales, para una trasformación personal y comunitaria, PPC, Bs. As., 2018, pág. 95.

1. Reflexiones preliminares sobre el método

A. Importancia del método

A.1. La catequesis, disciplina multifacética y eminentemente práctica

El método es una disciplina multifacética que se relaciona con muchos y variados aspectos de la realidad: el aprendizaje, el ejercicio y el desarrollo de cualquier proceso de reflexión, de arte o de producción.

El método puede parecer solamente algo que facilita el quehacer; sin embargo, hace falta mucha reflexión para llegar a descubrir un método y, a veces, los mejores métodos suponen también mayor esfuerzo y más reflexión. Algunos consideran al método solo una formula mágica o una receta; otros piensan que supone un conocimiento y un ejercicio superiores. El método a veces parece definitivo y estable y, sin embargo, ante cualquier cambio se derrumba como un edificio sin fundamentos y reclama urgentemente un cambio o una revisión. El método educativo parece relacionado con la psicología evolutiva para unos, pero otros relativizan la importancia de esto en favor de las circunstancias históricas y las situaciones humanas. El método de la educación religiosa aparenta ser igual que cualquier en­señanza y, sin embargo, tiene algo propio, que no puede ser reemplazado. El método catequístico aunque parez­ca unas veces totalmente humano, otras veces muestra sus exigencias desde el punto de vista de Dios y su relación con nosotros. Unos hacen depender todo de una problemática divina como si el método catequístico fuera exclusivamente sobrenatural. Otros ponen sus esperanzas exclusivamente en la metodología que han ido descubriendo los hombres.

La metodología catequística forma parte de un conjunto de disciplinas que se conjugan en función de la catequesis. No es, por lo tanto, un apéndice desdeñable ni un conjunto de consejos prácticos, ni un recetario que se puede aplicar con los ojos cerrados a tal o cual circunstancia. Sino que es el resultado y el punto de convergencia de una gran cantidad de estudios y de reflexiones. Tenemos que tener en cuenta que, en último termino, el sujeto activo de la catequesis y de su meto­dología es el catequista vivo en el acto de desarrollar su catequesis. Es él el que tiene que hacerse capaz de elegir el método de acuerdo a sus catequizandos y a las cir­cunstancias que lo rodean. Todas las disciplinas que convergen en la metodología catequística se centran en el catequista, eje central o bisagra que posibilita el encuentro con Dios en la catequesis. El estudio de la metodología, por lo tanto, es un aprendizaje del mismo catequista en función de su tarea específica. Es una tarea eminentemente práctica y que muestra sus resultados, no en los libros, sino en la catequesis viviente.

La reflexión sobre el método es la tarea más específica y más importante para el catequista. El estudio del método es el objeto formal de la catequética, comprendida como el estudio científico y sistemático de todo lo que atañe a la educación de la fe. Es al mismo tiempo una profundización teológica porque los elementos del método son mayormente criterios tomados de la teología. Pero es también un estudio humanístico porque aprovecha de todos los aportes de las ciencias humanas. El catequista estudia el contenido de la fe en función de su transmisión y de la educación de los creyentes. Pero su empeño se diferencia del estudio del teólogo en cuanto a la finalidad de su misión. Bien decía el Directorio Catequístico General (1972) que el fin de la formación de los catequistas está en que sepan elegir mejor el método para transmitir el Evangelio en una situación concreta.


Revisión ¿Por qué la metodología es un disciplina multifacética? Nombren algunos aspectos contradictorios de la metodología. ¿Por qué el catequista es el sujeto activo de la catequesis?

A.2. La vida y el método

La vida es anterior al método, pero lo implica. Primero vivimos, y después reflexionamos sobre la vida. El amor de la pareja, la educación de los hijos, la evan­gelización, la espiritualidad y tantos otros aspectos de la vida humana son, en primer lugar, vividos y luego sistematizados. Hay asuntos técnicos o materiales, como trabajos manuales, disciplinas mecánicas, manejos eco­nómicos, etc., que son fácilmente realizables con un método o una técnica. Pero en cuanto tocan la interiori­dad del hombre y su proyección profunda, es más difícil refucirlos a esquemas metodológicos. El aprendizaje se hace con la vida misma.

El hombre es capaz de reflexionar: de “flexionarse” sobre sí mismo, de estudiar su propio com­portamiento y las leyes según las cuales se desarrolla y crece la vida. Esta reflexión le permite extraer de su propia vida y de la de los demás el método según el cual esta se desarrolla. El conocimiento de este método le puede ayudar a vivir y a crecer. Puede estimular la vida sin reemplazarla. Porque la vida siempre sigue siendo anterior al método. El método que se descubre debe facilitar la vida tal como esta le es dada a sí mismo. El descubrimiento del “modo de proceder” de la vida le facilita al hombre relacionarse consigo mismo, con los demás y con todos los seres vivientes y no vivientes con los que toma contacto. Pero mucho se complica cuando se olvida que la vida está primero. Porque entonces el método se convierte en una edificación artificial que mata la vida y la ahoga en estructuras asfixiantes. La espon­taneidad, la intuición, la globalización de los comporta­mientos nos tiene que dejar la ventana abierta sobre la vida. También en catequesis esto es necesario. Recuer­den que, según Hch 10, 44-48, el Espíritu Santo se adelantó al bautismo de Cornelio y los suyos, así también la vida se adelanta al método y le ofrece toda la riqueza y la constante novedad de su espontaneidad. Es de esta vida espontánea que brota de lo más profundo del ser que hay que deducir y desentrañar el método.

Al descubrir el método que la misma vida le va mostrando, el hombre se ayuda a sí mismo en el camino de la vida. Pero puede ayudar también a los demás. Podemos dar consejos, enseñar, transmitir experiencias y ayudar a vivir, es decir, podemos elaborar para nosotros mismos y para los demás un método valedero para resolver los problemas que la vida presente. Esta ayuda mutua que nos prestamos evita accidentes innecesarios y facilita la realización de los proyectos.


Revisión ¿Por qué la vida es anterior al método? ¿Cómo descubrimos y estudiamos el método? ¿De qué manera ayuda el método a vivir? ¿Cómo puede el hombre ayudar a los demás a vivir?

A.3. La Escritura y el método

No encontramos en los evangelios ni en toda la Escritura ningún esbozo de metodología, ni tampoco indicaciones sueltas sobre los métodos que nos podrían ser útiles para re­flexionar sobre la metodología. Sin embargo, en los evan­gelios y en los demás libros de las Escritura encontra­mos una metodología implícita suficientemente clara para ser tenida en cuenta. Los evangelios son un fiel reflejo de la labor evangelizadora y catequizadora de la primitiva Iglesia. Nos transmiten el vigor de la vida apostólica de los primeros cristianos. Con nuestra mentalidad moderna podríamos esperar alguna indicación sobre el método de la catequesis. Ni siquiera encontramos la palabra “método”.

Al contrario, parece haber en las Escrituras algún rechazo hacia la metodología. San Pablo nos desconcierta al respecto. Aparentemente rechaza todo lo que es sabiduría humana para apoyarse únicamente en el poder Dios:

Por mi parte, hermanos, cuando los visité para anunciarles el testimonio de Dios, no llega con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada fuera de Cristo y Jesucristo Crucificado. Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante. Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva y de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios... (1Cor 2, 1-5).

San Pablo rechaza la elocuencia y la sabiduría, muy estimadas ambas por la cultura griega, y antepone la locura de un Cristo Crucificado a todo lo que tiene sensatez humana. Contrariamente a la imagen que tenemos de san Pablo, este se presentó débil, temeroso y vacilante. Niega el valor del método al rechazar la argumentación persuasiva de la sabiduría humana para destacar el poder del Espíritu y el poder de Dios. Sin embargo, hay que ver el significado de este texto en su conjunto. Pablo está escribiendo acerca del plan total que Dios tiene respecto a la salvación del mundo. Este plan se centra en el mensaje de la Cruz, signo contradictorio por excelencia y enigma casi incomprensible para la mente humana. Por eso antepone la locura de Dios a la sensatez del hombre. El amor de Dios se ha manifestado de una manera desconcertante. Por eso también la predicación participa de esta contradicción. El método catequístico será también desconcertante en la medida en que es fiel a este mensaje y estará profundamente marcado por esa antinomia: locura de Dios versus sabiduría humana. Esta contradicción aparente será el centro del anuncio de la Buena Noticia. Pero esto no quiere decir que Pablo rechace toda sensatez humana y que niegue el valor de la metodología. Él mismo, en otros pasajes de sus cartas, argumenta, razona y sistematiza su discurso y utiliza evidentemente elemen­tos metodológicos. Así, por ejemplo, cuando Pablo habla a los atenienses en el aerópago, usa un discurso bien pensado que tiene en cuenta la inculturación y otros elementos de la metodología. Aunque, es necesario decirlo, no parece haber tenido mucho éxito (cfr. Hch 17, 22-34).

El mismo Jesús en los evangelios parece desechar toda la preocupación por la metodología cuando dice:

Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir. Se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu del Padre hablará en ustedes (Mt 10, 17-20. cf Mc 13, 9-11).

Para comprender bien esta palabra de Jesús, tenemos que ponerla en su contexto. Este es claramente escatológico. En una situación límite, donde se pone de manifiesto que en último término es Dios el que actúa. Está ubicado en el último límite de la posibilidad humana, donde solo Dios salva. Por lo tanto, también el anuncio y la proclamación de la Palabra son respaldadas por Dios y por el Espíritu Santo. Esta situación límite nos enseña que también en situaciones normales el Espíritu Santo es el que obra en la catequesis y que su actuación es más importante que todo recurso humano, incluso la metodología. De una manera contrastante, Jesús nos enseña que la colaboración del Espíritu Santo es la última y definitiva ayuda con la que debemos contar en la catequesis. Para interpretar este y otros pasajes tenemos que tener en cuenta también que la primitiva Iglesia tenía las primicias del Espíritu Santo. Tenían el fervor y el entusiasmo propios de la absoluta novedad del Evangelio. Estaban impulsados por la vida misma que les había sido manifestada en Cristo. Pero no por esto niega la importancia de la metodología; esta tendrá su debido lugar en la tarea catequística. Y es evidente que los evangelios están escritos con una clara preocupación metodológica. Cada evangelio tiene un método claramente perceptible. Como también san Pablo recurre a la metodología. Cada evangelio y cada carta han sido estudiadas ya por los exegetas desde el punto de vista metodológico.

Como ejemplo, tenemos dos pasajes del evangelio de san Juan: Jn 4, 1-42: el diálogo con la Samaritana; y Jn 6, 1-71: el discurso del pan de vida.


Revisión ¿Por qué parece haber un rechazo en las Escrituras hacia la metodología? ¿Cómo se presenta san Pablo al anunciar el Evangelio? ¿Qué significa que en la predicación se antepone la locura de Dios a la sensatez humana? Señala en Hch 17, 22-34 que Pablo tiene preocupación por el método. ¿Cuál es el mensaje que nos trasmite Mt 10, 17-20? ¿Qué quiere decir Jesús con lo que enseña sobre el Espíritu Santo? La Iglesia primitiva tenía “las primicias del Espíritu Santo”. ¿En qué los aventajaba esto en relación al Espíritu Santo?

A.4. El método se define por su objetivo

Muchas veces se hace una separación artificial entre el método y el contenido. Pero el método de enseñar no es una estrategia ajena a lo que se pretende lograr. No se compone de andamiajes ni de elementos provisionales, que se podrán desechar una vez realizado el objetivo. El método está intrínsecamente relacionado con el contenido y el objetivo. Podemos decir que el método es la puesta en marcha del objetivo mismo. Todo método educativo tiene que ser vida en acción. El que enseña o educa transmite inseparablemente el contenido y la manera como se ha apropiado de este contenido. En educación, no se pueden lograr hombres libres si no es por un método de libertad; no se puede enseñar filosofía sin hacer que los alumnos se planteen las grandes cuestiones filosóficas; no se puede enseñar matemática sin respetar las exigencias propias con las que se elaboró la matemática, etc.

Respecto a la catequesis se oye decir muchas veces que, por un lado, el contenido depende de los obispos y, por otro lado, que el método depende de los catequistas y educadores. Se oye decir también que el movimiento catequístico se ha ocupado demasiado exclusivamente de la metodología y no del contenido. Estas dos afirmaciones pueden tener razón hasta cierto punto, pero, viendo el problema de más cerca, tenemos que plantear la situación de otra manera. Porque para definir o elaborar un método catequístico será indispensable definir su objetivo: “¿Qué queremos lograr?”

Toda reflexión sobre el método exige un estudio serio respecto a la misma vida de fe que queremos transmitir o hacer crecer. Y esto es una cuestión de contenido: el objetivo es lo que anunciamos y lo que proclamamos incluye por sí mismo una pedagogía. En efecto, lo que anunciamos es la vida en Cristo y con Él. Este aspecto relacional exige la compenetración mutua entre el método y el contenido. El método catequístico se elabora en gran parte desde una reflexión teológica sobre su contenido, es así que en metodología partimos del cuestionamiento del catequizando por que el mismo Dios “escucha el clamor de su pueblo” (cfr. Ex 3, 9). Decimos que la Palabra de Dios viene a iluminar nuestra situación: por eso he bajado a librarlos del poder de los egipcios (Ex 3, 8). Y establecemos que, metodológicamente, el tercer paso es la respuesta del hombre a Dios. Este diálogo que se establece entre Dios y los hombres es el mismo por el cual Dios se revela y según el cual elaboramos el método catequístico. La columna vertebral, la sucesión de pregunta y respuesta, el dirigirse a alguien y ser so­licitado para dar una respuesta es el mismo esquema de la metodología y del contenido.


Revisión ¿Por qué en toda enseñanza el método es definido por el objetivo? ¿Por qué es indispensable definir el contenido para elaborar el método? ¿Por qué, en catequesis, lo que anunciamos incluye la pedagogía catequística?

A.5. El diálogo: método y contenido

En su valiosísima encíclica Ecclesiam Suam el papa Pablo VI describe por primera vez la Revelación como un diálogo. Esta reflexión de Pablo VI fue un hito en la historia de la catequesis. El Concilio Vaticano II retoma estas ideas y las hace suyas. Por eso la encíclica Dei Verbum dice:

Quiso Dios, con su bondad y sabiduría revelarse a sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad; por Cristo la Palabra hecha carne y con el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre, participar de la naturaleza divina. En esta revelación, Dios invisible, movido de amor, ha­bla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía... (Dei Verbum nº 2, cf nº 8).

Toda la Revelación, y también la catequesis, están estructuradas sobre este diálogo. Lo que Dios quiere, a lo que Dios nos invita, es a entrar en dialogo con Él como hijos verdaderos. La Revelación no consiste en enterarse de algo sobre Dios sino en escuchar de parte de Dios una palabra que nos invita y nos llama. El objetivo de toda Revelación, y de la educación de la fe, es una realidad “relacional”. Más que un tratado de Teología, la Revelación es la invitación de un padre o de un amigo. El aspecto cognoscitivo deja paso al aspecto exhortativo y vivencial. El diálogo explícito que forma la trama de la metodología comienza en el primer paso con el hombre. Este busca a Dios, necesita de su salvación, de su perdón, anhela su Palabra, lo necesita para amarlo y para ser amado por Él. Esta súplica es el comienzo del diálogo. Es posible gracias a que Dios ha dejado sus huella en el hombre. Por eso el hombre lo busca y tiene nostalgia de su presencia. El catequista ha tenido él mismo esta experiencia y tiene que saber descubrir los interrogantes y las búsquedas de sus catequizandos.

En el segundo paso, la Palabra de Dios ilumina al hombre. Responde al hombre pero su respuesta va mas allá de la esperanza terrena, aun la espiritual. Él nos ama por sobre toda medida, por eso no nos salva a la medida de nuestra esperanza sino a su propia medida. Por eso este segundo paso no es una respuesta exacta a un problema sino que es la luz que brilla, el fuego que calienta, como es un canto que alegra, es una seguridad que nos confirma.

Con los dos pasos el hombre elabora una respues­ta. De diversas maneras expresa a Dios su voluntad de seguirlo, de amarlo y de amar al prójimo. Así los tres pasos coinciden con la Alianza que Dios hizo con los hombres. De este modo el diálogo es al mismo tiempo método y contenido. Porque el método debe ser la puesta en ejecución de aquello que anunciamos. Para que los hombres acepten ser hijos de Dios, Dios los trata como hijos suyos. Para que la fe pueda llamarse un acto libre de parte del hombre, Dios nos ejercita en la libertad. Para que tengamos confianza en el socorro mutuo de nuestro Salvador, Dios nos va dando muestras de su salvación. Para que sepamos inculturar el mensaje, Dios nos ayuda a hacerlo paso a paso: el método es la puesta en marcha del contenido.


Revisión ¿Cómo describe Pablo VI la Revelación en Ecclesiam Suam? ¿Qué significa que la Revelación es una rea­lidad relacional? ¿Por qué el diálogo es al mismo tiempo mé­todo y contenido?

A.6. Metodología fundamental y particular

Para el estudio sistemático de la metodología, es necesario dividirla en metodología fundamental, por un lado, y particular por el otro. En nuestro estudio nos ocuparemos únicamente de la metodología fundamental. Pero tenemos que dedicar necesariamente un espacio para justificar la diferencia entre la general y la particular y definir en qué consiste cada una.

La metodología fundamental se propone definir en general las reglas que orientan cada forma de catequesis. Se trata de buscar la fisonomía de toda catequesis, de hallar las formas que hacen que la catequesis sea tal. Se debe poder distinguir si un encuentro, cualesquiera sean sus destinatarios o las circunstancias, es verdaderamente “catequístico”. Los rasgos característicos de una auténtica catequesis deben responder a un esquema que se aplique a todos los encuentros y guiones catequísticos. Cada catequesis, sea de niños, de adolescentes, o de adultos, debe tener la marca de orillo que la caracteriza y debe ostentar los sellos auténticos de una transmisión de la Palabra de Dios en vistas a la educación de la fe.

La metodología particular estudia las reglas de la adecuación del discurso y de los recursos pedagógicos a la catequesis de una determinada edad, de un determinado grupo o de una determinada circunstancia. A las características propias de la metodología general, la particular añade las exigencias que corresponden a grupos en particular. Estas particularidades no pueden romper con el esquema de la metodología fundamental. El catequista debe respetar tanto las leyes fundamentales como las adaptaciones particulares.

Pero ¿puede haber una metodología fundamental? ¿Puede haber reglas generales para el método catequístico? Creemos que sí. Porque el catequista tiene que respetar en primer lugar las condiciones del quehacer catequístico. Cualquier “discurso”, aunque trate de asuntos religiosos, no es de por sí catequístico (cfr. Mensaje del Sínodo de 1975 nº 8). Por el “discurso” entendemos el modo de organizar la comunicación y el diálogo. La catequesis tiene un modo específico de realizar y ordenar las distintas partes del diálogo. También tiene un modo particular de hacer presente a Cristo por medio de la anamnesis (“hacer memoria”): el Espíritu Santo “despierta la memoria” de la Iglesia en la liturgia y en la vida de la comunidad, “recuerda” todo lo que Cristo ha hecho por nosotros, “hace memoria” de las maravillas de Dios (cfr. CCE 1103). Por eso vamos a hablar de las condiciones fundamentales que se aplican a toda catequesis y tienen que hacer que la catequesis sea catequesis. Hablaremos de los tres pasos y su relaciones con la estructura dialogal de toda catequesis. Vamos a hablar de la presencia de Jesús en el encuentro catequístico y del discipulado de Cristo. Hablaremos también de las cuatro mediaciones que hacen posible que la Palabra de Dios resuene en nuestro corazón y también del Espíritu Santo que actúa en la Iglesia para darnos testimonio de Dios. Estos son los principales pilares que sostienen el carácter catequístico de una enseñanza.

La metodología particular, por su parte, estudiará las particularidades de cada grupo de catequizandos. Para hacer esto tenemos que dividir evidentemente a los catequizandos en subgrupos más o menos homogéneos. Es cierto que cuando se trata de catequesis especial se podría dividir hasta lo infinito. De hecho hay que dividirlos también a ellos en pequeños grupos de 12 ó 13 personas que pueden intercambiar y aprender unos de otros y hacer la experiencia comunitaria. Por eso no parece adecuado instaurar una catequesis individual, porque también las personas con una disminución física o psíquica aprenden gracias al contacto con la comunidad y con el grupo que los sostiene, que los ayuda. Los gestos, como las mímicas y otras expresiones corporales, los ayudan a relacionarse entre sí y con Dios.

La catequesis particular tiene en cuenta, en primer lugar, la edad de los catequizandos. Dividida en etapas especificas, las edades del hombre marcan espacios característicos y oportunidades pedagógicas específicas para cada edad. Comúnmente dividimos las edades en primera infancia, infancia, pre-adolescencia, adolescencia, juventud, adultez y tercera edad. Estas son las pautas impuestas también por el sistema escolar y educativo en general. Muy poco se podría disentir sobre la graduación, salvo quizás que la edad adulta podría ser más subdividida, pero con la poca cantidad de adultos que pueblan nuestras catequesis es aventurada esta división. Los espacios específicos o lugares de catequesis no son exclusivos porque mientras que para la primera infancia el lugar por excelencia es la familia, esta sigue siendo, aunque de diverso modo, un lugar preferencial para la catequesis de las demás edades. La escuela viene a llenar otro espacio especialmente para los niños, pre-adolescentes y adolescentes.

Junto con la escuela, o prescindiendo de ella, la parroquia brinda otro espacio para casi todas las edades. También podemos considerar como lugar o espacio de la catequesis a las comunidades eclesiales de base o a las distintas organizaciones eclesiásticas. Por oportunidades pedagógicas entendemos las muchas y distintas posibilidades que brindan las diversas edades de los catecúmenos. Así constatamos que la edad de la primera infancia es especialmente apta para aprender el manejo de los símbolos y de los gestos. La infancia reclama y es capaz de lograr una primera síntesis, aunque provisoria, de los conocimientos de la fe. El pre-adolescente se abre a la posibilidad de una visión histórica o geográfica del fenómeno cristiano y de la persona de Jesús.

Así todas las edades brindan posibilidades específicas íntimamente unidas al crecimiento humano. La catequesis como itinerario permanente tiene que aprovechar estas disposiciones y otras que aun quedan por estudiar. Porque las oportunidades de cada edad no se repetirán nunca de la misma manera en el transcurso de la vida. Esto no quiere decir que son oportunidades perdidas. Pero resulta más difícil lo que no se hace a tiempo (o antes de tiempo). Por eso también hace falta una metodología particular de acuerdo a los espacios o lugares de catequesis y a las edades de los catequizandos. Hace falta también una metodología particular, de acuerdo a los distintos fines que tiene la catequesis: si está realizada para preparar a adultos a los sacramentos de iniciación hay que adoptar el método probado del catecumenado. Si es una catequesis para preparar a los chicos para recibir la Primera Comunión, hay que adecuar el método a este fin. Lo mismo ocurre con la catequesis pre-bautismal y pre-matrimonial y otras...

El método particular implica, en primer lugar, un estudio de las condiciones psicológicas y sociológicas de los que forman el grupo. Se trata de hacer una descripción lo más acertada posible de los catequizandos. En segundo lugar, guiados por el estudio arriba indicado, y por el fin que persigue la catequesis, la metodología particular formula el contenido propio de esta etapa de la catequesis. En tercer lugar, la metodología particular trata de definir lo mejor posible la metodología propia de esta catequesis. Y, en cuarto lugar, los catequistas buscarán las condiciones y los requerimientos de la pastoral específica del grupo que tienen a su cargo y la relación con la pastoral de conjunto de la Iglesia.

Debe tenerse en cuenta, finalmente, que ninguna catequesis y ningún grupo en particular tiene derecho a encerrarse en sí mismo, sino que tiene que estar abierto a todas las dimensiones de la catequesis y de la pastoral y que todas catequesis tiene que desembocar en la gran corriente de la catequesis permanente.


Revisión ¿Cuál es la diferencia entre metodología fundamental y metodología particular? ¿Por qué razón existe la catequesis fundamental? ¿Qué exigencias plantea la catequesis fundamental? ¿Qué cosas hacen que sean necesarias distintas formas de metodología particular? ¿Qué entendemos por “oportunidades pedagógicas”?¿Qué cosas contiene la metodología particular?

A.7. La adaptación del método

Fuera de la metodología particular exigida por los espacios, las edades y los fines de cada catequesis, hay otros elementos que requieren la adaptación del método. Respetando lo esencial del “discurso” catequístico, la catequesis debe adaptarse a múltiples condiciones, siempre atenta a que estas adaptaciones no afecten a la metodología particular.

Estas adaptaciones no son simples adornos exteriores, sino que van a la profundidad y condicionan de alguna manera el contenido mismo de la catequesis ya que implican seleccionar, acentuar y subrayar determinados aspectos no solo de la metodología sino también del contenido. Según las diversas situaciones en las que se encuentren los destinatarios de la catequesis, se pondrá énfasis en uno u otro aspecto. Por eso todas las exigencias de la adaptación nos obligan a una lectura cada vez más profunda de los documentos de la fe y a un descubrimiento cada vez más rico. La adaptación no es, por tanto, mutilación, sino que es enriquecimiento.

La adaptación se hace en primer lugar siguiendo el curso del tiempo. El tiempo humano es un tiempo histórico en que la humanidad se va desarrollando, no solo siguiendo el ritmo ciego de las estaciones sino también siguiendo la Palabra de Dios y las respuestas libres que los hombres van dando a esta Palabra. Hay que releer y volver a releer los cambios que se producen en la sociedad y en el mundo. Las adaptaciones que exigen la evolución de las culturas son lo primero que debemos observar. La cultura de un pueblo, metido en los continuos movimientos de acercamiento y alejamiento, de dar y recibir, de abrirse y cerrarse, de destruir y de edificar, nos obligan a adaptar continuamente nuestra catequesis. La cultura es un ser vivo que evoluciona y sigue sus inspiraciones. La catequesis no existe en sí sola sino que tiene su razón de ser en el hombre vivo, y ya que el ser humano es un ser cultural, la catequesis debe estar en diálogo con la cultura. Esta cultura es distinta en las sucesivas etapas de la historia, por eso las exigencias de la adaptación a la cultura –inculturación– son de gran importancia. La inculturación es más profunda que una simple adaptación.

La adaptación del método se tiene que hacer también en función de los cambios en la Iglesia. Somos lo suficientemente maduros para saber que la Iglesia, permaneciendo fiel a sí misma y a su fundador, está sujeta a continuos cambios. La Iglesia, viviendo en el mundo, se adapta a los cambios que se producen en el mundo. También, en un esfuerzo por ser fiel a Jesús, retorna continuamente a sus fuentes para cumplir más acertadamente su misión. El Espíritu Santo la hace crecer y evolucionar según la Palabra del Señor. Por tanto, la fidelidad a la Iglesia obliga a la catequesis a renovarse y adaptarse constantemente. Esto implica también la renovación de la teología, que es la reflexión sistemática que hace la Iglesia sobre la Palabra de Dios y sobre su misión de comunicarla al mundo.

El mismo catequista y el grupo de catequistas hacen necesario que la catequesis se adapte. No a los caprichos o al individualismo o a falta de formación de los catequistas, sino a sus auténticos carismas. Los catequistas, tanto individual como comunitariamente, tienen todos sus propias características y es normal que la catequesis aproveche de los carismas propios de cada catequista y de cada equipo. Esto no significa que cada catequista pueda tener su propio método pero sí que el método, como instrumento, sea manejado de una manera personal. El catequista, al aprender el método, sentirá en el principio una cierta rigidez debido a sus exigencias. Pero luego, si se esfuerza, enriquecerá y agilizará su práctica y aprenderá a usar métodos más complejos y más ágiles en la medida en que aumente su experiencia.

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15 апреля 2025
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9789877620917
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