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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 352

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ROCÍO CARANDE HERRERO .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO430
ISBN 9788424937263.
INTRODUCCIÓN 1
Quinto Ennio 2 (239-169 a.C.), el escritor más representativo y polifacético 3 del período preclásico y auténtico «padre» de la literatura latina —nadie como él fue capaz de acomodar en esta nuevos géneros y metros de origen griego—, plasmó, además, en su obra los fundamentos del espíritu nacional romano con contribuciones esenciales a la formación del pueblo al que sirvió y que lo acogió 4 . Extranjero en Roma 5 y cliente de poderosos personajes 6 supo, sin embargo, alzarse como un auténtico educador y sus libros se convirtieron, a pesar de las diferencias en la valoración que de ellos hizo la posteridad, en una referencia durante toda la historia de la literatura romana. En los tiempos en que ésta se encontraba en sus comienzos resulta impresionante su tarea de adaptador del mundo helenístico 7 .
La importancia de Ennio en las letras latinas fue permanente y muy profunda: entre otros, Cicerón le profesaba auténtica veneración 8 , mientras que Virgilio, al escribir la Eneida —y no solo en esta— le rindió constantemente homenaje al tomar de Anales temas y expresiones 9 y mostrar así su pietas de hijo poético hacia el padre Ennio.
Desgraciadamente, sus obras no han llegado hasta nuestros días: debieron de perderse ya al final de la Antigüedad. Lo que nos queda son las citas, de procedencia y naturaleza muy diversas, que otros escritores han incorporado a sus obras. Desde el Renacimiento, estudiosos de diversos países han tratado de reconstruir los libros de Ennio, recopilando y tratando de explicar el significado de todos los fragmentos disponibles. La extrema dificultad de la labor se ha visto compensada por la pericia y el trabajo de filólogos de varias generaciones, que han acabado erigiendo, con las sucesivas ediciones de Ennio, un extraordinario monumento de sabiduría y amor por la literatura. Sin duda es mucho lo que se ignora, pero también se puede extraer una idea bastante aproximada de lo que pudieron ser muchos pasajes. El resultado es, pues, un campo de ruinas, pero en el que se alzan aquí y allá restos que permiten vislumbrar los edificios primitivos y que atestiguan su belleza y grandiosidad. Y es que, pese al estado de los textos, se dejan ver en ellos vestigios de auténtica poesía 10 ; en medio de las más difíciles condiciones, puesto que se hallaba en pleno proceso de creación de una nueva tradición artística, Ennio fue un poeta de primer orden. Además, no se puede explicar la historia de la literatura latina y, en esa misma medida, de la europea, sin Ennio.
a) Vida de Ennio 11 .
Aunque la comparta con otros autores latinos primitivos, una de las circunstancias más asombrosas de una personalidad como la de Quinto Ennio 12 , que contribuyó de forma tan transcendental a la creación de la literatura latina, es que no fue romano de nacimiento ni tuvo como lengua materna el latín. Nació, en efecto, nuestro poeta el 239 13 a. C. en Rudias 14 , en Calabria 15 : antes que latín dominó el griego además del idioma de su patria, el osco 16 . No le faltaba, pues, razón al afirmar que tenía «tres corazones» 17 . Sus orígenes están, por tanto, en la Magna Grecia, el sur de Italia, fuertemente helenizado desde hacía siglos y que, durante el siglo III a. C. y, sobre todo, tras la guerra contra Pirro, iría cayendo bajo la influencia, primero política, en seguida militar, de Roma. No es extraño, por tanto, que dominara la lengua y la cultura griegas 18 , que habría adquirido seguramente en Tarento. Él mismo remontaba su linaje hasta el héroe epónimo Mesapo 19 .
En el 204 a. C. cuando, durante la Segunda Guerra Púnica, servía en las tropas auxiliares romanas en Cerdeña 20 , lo llevó a Roma el entonces cuestor Marco Porcio Catón 21 . Vivió al parecer modestamente en el Aventino 22 , y se ocupó de impartir clases tanto en latín como en griego 23 . Probablemente estableció contacto así con jóvenes de familias distinguidas. En Roma coincidió con su sobrino, el poeta Pacuvio 24 , que, además de ser pintor, escribió tragedias y pretextas. Asimismo trabó amistad con el autor de comedias Cecilio Estacio 25 .
El hecho de que dedicara una obra a Escipión indica que debió de gozar del patrocinio de esta poderosa familia 26 ; sin embargo, fue sobre todo Marco Fulvio Nobilior —y probablemente a través de Catón 27 — quien se convirtió en patrón y protector del poeta, como mínimo desde el 189 a. C. Para la expedición militar contra los etolios y su capital, Ambracia, que emprendió en esta fecha, se hizo acompañar del poeta 28 . A estas circunstancias se debieron la composición de la Ambracia y, al menos en parte, de los Anales 29 . No se sabe si Fulvio Nobilior levantó en Roma el templo a Hércules Musarum el 179 a. C., año de su censura, o después de la guerra etolia del 187 a. C.; es posible, en cualquier caso, que esta fundación se debiera a la influencia de Ennio. Gracias a Fulvio Nobilior recibió el poeta en el 184 a. C. la ciudadanía romana 30 , de la que se enorgullecería en adelante 31 .
Parece posible que sufriera de gota 32 , aunque no hay que concluir necesariamente que muriera de esta enfermedad 33 . Falleció en el 169 a. C. 34 a los setenta años 35 . Existen varios testimonios que indican que se colocó una estatua suya junto a las de Publio y Lucio Escipión en la tumba de los Escipiones, en la vía Apia 36 .
b) Obras
La obra de Ennio cambió el curso de la literatura latina abriéndole caminos nuevos. En la épica, abandonó el saturnio acomodando el hexámetro griego 37 . En otros géneros adoptó una gran variedad de temas y formas, que se reflejan en sus obras menores: desde las que exhiben sus preocupaciones filosóficas de raíz pitagórica, como Epicarmo o Evémero , hasta otras dominadas por la sátira y, quizá, la parodia (Gastronomía ). Con las Sátiras dispuso de un medio de expresión personal directa en verso sin tener que atenerse a un esquema de contenido demasiado rígido. Desde el punto de vista formal, no fue el hexámetro el único metro que empleó por primera vez en latín: también se sirvió de los versos sotadeos y del dístico elegíaco.
1. Anales 38 . Poema épico en dieciocho libros compuesto en hexámetros dactilicos. Su propósito era narrar toda la historia de Roma, desde la fundación mítica de la ciudad hasta los tiempos del propio Ennio. Para el poeta, Eneas, fugitivo de Troya, fue abuelo, a través de Ilia, de Rómulo y Remo. La materia de la obra parece organizarse en tríadas de libros 39 y, así, los tres primeros tratarían de los comienzos y la época de los reyes; IV-VI se ocuparían del desarrollo de la república hasta la guerra contra Pirro (280-275 a. C.); el libro VII, con un prólogo propio que excusaría al autor de tratar la Primera Guerra Púnica, ya contada por Nevio, abriría la historia del segundo conflicto contra los cartagineses (218-201 a. C.), que se prolongaría a lo largo de los dos siguientes libros; después de una invocación a las Musas, en el libro X empezaría la Guerra Macedónica (200-197 a. C.), que concluiría en XI; el libro XII, muy problemático, se dedicaría a diversas campañas contra Esparta y en Hispania. Los libros XIV-XV coronarían originalmente la obra con la guerra contra Antíoco y, como culmen del poema, la expedición de Fulvio Nobilior a Etolia 40 . Sin embargo, Ennio volvería a la composición de Anales ampliándolos para celebrar la victoria de Cecilio Teucro y su hermano a partir de otro proemio en el libro XVI. Poco queda de los dos últimos libros.
La materia en general se ciñe estrictamente a los intereses directos de Roma y presenta notables diferencias en el tratamiento: de algunos puntos se ocuparía extensamente y a otros apenas se aludiría; más de la mitad del poema, por ejemplo, está dedicado a guerras libradas en tiempos del poeta. Seguramente no se ocupaba más que de pasada de pequeños conflictos y no se detenía generalmente en los grandes desastres de los romanos 41 . El título, Annales , está tomado, naturalmente, de las anotaciones de los pontífices; lo utilizaron otros escritores con posterioridad y está bien atestiguado para Ennio 42 .
Como fuentes históricas se sirvió Ennio de diversas relaciones en griego 43 , de autores romanos como Fabio Píctor 44 y de anotaciones oficiales de magistrados 45 ; refleja asimismo tradiciones casi perdidas que no se pueden identificar con las anteriores 46 . Pero todo este material recibió forma épica asimilando el estilo de Homero 47 , que aportó, entre otros aspectos, las intervenciones de los dioses, los discursos, símiles y descripciones o la división de los acontecimientos por días. En el prólogo del libro I, uno de los pasajes fundamentales y más debatidos de la obra, destaca sobre todo la aparición de Homero 48 , que expone en sueños la doctrina de la transmigración de las almas, de origen pitagórico, y comunica que se ha reencarnado en el propio Ennio 49 . Es curioso que también se invoque la asistencia de las musas 50 , como hizo el poeta griego. Independientemente de la interpretación exacta de estas palabras, se encuentra expuesta en ellas una consagración poética cuyas raíces literarias llegan, a través de Calímaco y su sueño 51 , hasta Hesíodo 52 . Entre otros autores griegos, es posible que se puedan rastrear alusiones a Eurípides, puesto que Ennio había estado escribiendo ya tragedias antes de empezar los Anales , y en menor proporción a Esquilo y a otros 53 .
Existen más influencias en los Anales , principalmente de literatura griega helenística 54 , pero también se encuentran descripciones de la realidad cercanas a la historia 55 , aspectos autobiográficos 56 y otros que se acercan al panegírico 57 . También se apartan decididamente del influjo homérico los prólogos 58 a los libros I, VII y XVI y, por supuesto, la inclusión de personalidades contemporáneas 59 . De escritores romanos solo pudo imitar a Livio Andronico y Nevio 60 : al primero debió quizá el empleo de quamde en los versos 91 y 122 61 y la expresión insece Musa del fragmento I del libro X, variación de Camena insece 62 . Así pues, fue inmensa la labor de Ennio en la asimilación de distintas fuentes.
2. Obra dramática . Compuesta esencialmente por una veintena de tragedias —Aquiles, Áyax, Alcmeón, Alejandro, Andrómaca, Andrómeda, Atamante, Cresfontes, Erecteo, Euménides, El rescate de Héctor, Hécuba, Ifigenia, Medea, Melanipa, Nemea, Fénix, Telamón, Télefo, Tiestes 63 —, se supone, además, que debió de escribir una Alcumena 64 , de la que no quedan vestigios. Consistían todas estas en adaptaciones de originales griegos, fundamentalmente de Eurípides 65 . En algunos casos se pueden comparar el modelo y la recreación latina 66 ; en otros muchos se deduce de los textos restantes. El procedimiento de tomar materia de varios originales y fundirlos en una sola obra —la contaminatio— , atestiguado para las comedias 67 , debió de aplicarse también en el caso de las tragedias 68 . Tanto en este aspecto como en el aumento de partes líricas prosiguió Ennio el desarrollo del teatro helenístico.
La ocasión para la representación de estas piezas podía ser tanto algunos de los festivales que se celebraban periódicamente en honor a ciertos dioses como algún espectáculo excepcional con ocasión, por ejemplo, de un triunfo militar o la conmemoración de la muerte de alguna personalidad 69 . No se sabe hasta cuándo se representarían las obras de Ennio: la última reposición de la que se tiene noticia incontestable es del 54 a. C. 70
Los protagonistas son personajes y héroes destacados de la mitología; muchos pertenecen al ciclo de la guerra de Troya 71 .
Además de las tragedias tomadas de modelos griegos, escribió Ennio «pretextas» 72 de tema romano, contemporáneo además en el caso de Ambracia , que celebraría el triunfo de Fulvio Nobilior. Sabinas trataría, en cambio, de los orígenes míticos de Roma. No consiguió Ennio más que una modesta reputación como escritor de paliatas 73 , de las que han quedado escasísimos restos.
3. Otras obras . Entre el resto de las obras de Ennio se nos han transmitido fragmentos de varios libros de Sátiras 74 , entre los que se aprecian tanto la amalgama de influencias como la diversidad de temas. Destaca entre estas la fábula de la alondra. Los Epigramas se centran en la gloria después de la muerte. El estilo de Escipión revela evidentemente un panegírico; Sotas muestra en el título y el metro la relación con el poeta Sótades. Poco se puede decir de los escasos restos de los Preceptos y, por lo que respecta a Gastronomía , se trataría seguramente de un poema de tradición alejandrina y tono paródico. En Epicarmo se encontraba esencialmente una exposición de doctrinas filosóficas unidas a una interpretación religiosa. A Evémero se le atribuye una interpretación racional de la creencia en los dioses tradicionales.
4. Cronología 75 . En cuanto a la datación de sus obras entre el 204 y 169 a. C., no existen demasiados datos. Sobre su producción dramática, Plauto, por ejemplo, menciona las tragedias de Ennio en Poenulus 76 ; parece ser también que alude a Andrómaca en Báquides 933, que a su vez se podría datar en el 187 a. C., y a su prólogo en el de Anfitrión 41-42 77 . Se sabe, por otra parte, que la representación de Tiestes tuvo lugar en el 169, muy poco antes, por tanto, de la muerte del autor 78 . Lo más probable es que Ennio se ocupara de escribir dramas casi toda su vida, y algo parecido se podría pensar de las Sátiras 79 . Por lo que se refiere a otras obras, se puede inferir que trabajó en Anales después del 184 a. C. —el año que obtuvo la ciudadanía—; según Aulo Gelio 80 , se ocupaba todavía del libro XII en el año 172 a. C. 81 . En cualquier caso, parece razonable pensar que Ennio, que había llegado a Roma ya de mediana edad, habría necesitado acomodarse a las costumbres y usos de los romanos antes de emprender su epopeya y, por tanto, no podría haber empezado esta antes de una fecha relativamente tardía 82 . A su vez, Anales 25 parece indicar que Evémero debió de preceder a estos, como posiblemente también Escipión 83 . Ambracia se habría completado lógicamente poco después del consulado de Fulvio Nobilior y la Gastronomía se tuvo que escribir después de la expedición contra los etolios 84 .
c) La lengua y el estilo de Ennio
La lengua de Ennio, si bien presenta ciertas fluctuaciones propias de un estilo en desarrollo, exhibe también, por lo que podemos constatar, una amplia gama de recursos expresivos que le confieren unas características y un estilo propios. Aspectos de la personalidad literaria de nuestro autor son, por ejemplo, la búsqueda, en diferentes ocasiones, de un tono arcaizante y la multiplicidad de instrumentos formales que emplea 85 .
En cualquier caso, habría que distinguir entre la lengua de Anales y la de las tragedias, que, aunque más elaborada y elevada, no difiere radicalmente de la que podrían emplear los contemporáneos de Ennio en circunstancias de gran formalidad 86 . En su obra épica, en cambio, tiende a utilizar una lengua más elevada y conscientemente literaria que se aparta del estilo más natural de la obra dramática. En Anales es donde se pueden apreciar, efectivamente, la mayor parte de los arcaísmos 87 , mientras que, por otra parte, en los pasajes escritos bajo la influencia de las relaciones de los pontífices el estilo es, de acuerdo con estas, seco y conciso 88 ; véanse, por ejemplo los versos 216 o 290. También en el uso de ciertos pronombres separa el poeta el estilo épico del trágico o, por ejemplo, del de Evémero 89 .
En cuanto al vocabulario, destacan sus innovaciones en la adopción de palabras griegas como Musa, poema o poeta en vez de Camenae, carmen, vates 90 . También dentro de este apartado se constata el uso de términos religiosos 91 y jurídicos tanto en Anales como en Tragedias , que muestran el afán del autor por expresar adecuadamente el patetismo de determinadas escenas. Pero igualmente se hallan en la producción dramática testimonios de la lengua corriente 92 .
Por lo que se refiere a la morfología, sus finales en -ai en las palabras de la primera declinación son la excepción: la terminación normal es, como en latín clásico, -ae . También en las terminaciones de tercera persona plural del perfecto usa preferentemente -erunt por -ere . Algunas particularidades que atrajeron el interés de los gramáticos son el empleo de olle junto a ille o de sus y sum . No parece que haya utilizado las tmesis tan radicales que se le han atribuido 93 , pero sí ciertos grecismos 94 .
Son numerosísimos los recursos literarios a los que acudió Ennio 95 ; entre las figuras fónicas 96 , existen rimas internas 97 y aliteraciones 98 . El símil, la metonimia y la metáfora 99 aparecen, por supuesto, también entre sus versos. De entre sus obras extrajo numerosas sentencias la posteridad, sobre todo las escuelas de retórica 100 .
Fundamental, como ya se ha visto, es la contribución de Ennio a la métrica latina: adoptó el hexámetro 101 y otros versos que, aunque se emplearan con ciertas características especiales en estos primeros estadios, acabarían conformando una parte esencial de la literatura latina.
d) Pervivencia
La fortuna de los textos de Ennio y su influencia en autores posteriores fueron muy variadas: entre los romanos su presencia es constante, a pesar de las diferencias, a veces muy marcadas, en las opiniones que suscita. Para las literaturas de las lenguas occidentales no podía tratarse de un autor especialmente valorado puesto que su obra estaba ya irremisiblemente perdida cuando estas estaban surgiendo. Apenas algunas menciones y los testimonios de algunos grandes autores como Boccacio o Petrarca 102 atestiguan un interés excepcional.
1. Ennio para los romanos 103 . Antes de ver la consideración que tuvo Ennio entre los escritores romanos, hay que aclarar que no todas sus obras alcanzaron la misma estima: como comediógrafo 104 casi no llega a ser reconocido, como demuestran tanto la crítica como las escasas muestras de su arte que han pervivido hasta la actualidad; en cambio, como escritor de tragedias conformaría con Pacuvio y Accio la tríada de los autores más importantes al menos hasta los últimos tiempos de la república. Sobre todo Medea y Andrómaca tienen una influencia duradera y muy profunda tanto en la creación dramática posterior como en la educación retórica de los nuevos escritores hasta la época de Augusto 105 . Aparte de estas, es sin duda Anales la obra más importante para la posteridad.
Para algunos autores como Cicerón o Varrón, Ennio es el mayor de los poetas romanos. Realmente, hasta que apareció la Eneida , cuyo débito con los Anales es manifiesto, fue esta última obra el poema épico nacional de Roma, aunque Virgilio lo desplazó muy rápidamente de la escuela 106 y del gusto del público. Hasta ese momento, la opinión que de las obras de Ennio tuvieron los romanos y el empleo que hicieron de ellas fueron muy diversos: lo conocieron, sin duda, autores antiguos como Plauto 107 , Pacuvio, Terencio 108 , Hostio y Accio 109 ; Lucilio lo parodió, pero también lo apreció extraordinariamente 110 , Lucrecio lo admiró como poeta 111 , diversos filólogos de las dos últimas centurias antes de Jesucristo se ocuparon de él como de un clásico 112 , mientras que analistas e historiadores 113 hasta el propio Livio recibieron su influencia, y no solo desde el punto de vista estilístico 114 .
Especial es el caso de Cicerón, que lo admiraba sinceramente 115 y gracias al cual conocemos una parte nada despreciable de la obra de Ennio: cita los Anales unas cincuenta veces —por lo que parece, apreciaba sobre todo a Ennio como poeta épico 116 — y también con frecuencia las Tragedias , pero conoce bien toda la obra del poeta 117 . También Varrón, sobre todo en La lengua latina transmite una gran cantidad de testimonios sobre Ennio, a quien profesaba igualmente expresa devoción 118 .
Catulo se aparta del estilo de Ennio y de las grandes obras épicas para centrarse en un nuevo estilo de poesía: naturalmente, la valoración que hace de nuestro autor y, sobre todo, de los seguidores de su época sufre un cambio radical 119 . Durante el siglo I a. C. y según crecía la influencia de los neotéricos, se dejaba de estimar a Ennio como representante de un período superado. Todavía, en cambio, Horacio lo apreciaría en general 120 , a pesar de algún detalle en contra.
Virgilio, como señalan una y otra vez Servio, Macrobio y otros, tomó de Ennio expresiones y versos casi íntegros, pero siempre adaptados, variando al menos una palabra; en cuanto al sentido y la ocasión en que lo utiliza, alguna vez traslada sin más el fragmento, otras, lo transforma radicalmente 121 . También transpone escenas enteras 122 .
En cambio, habrá otros escritores que emitirán en general juicios negativos sobre nuestro poeta, como Propercio 123 y Ovidio —Ennius ingenio maximus arte rudis 124 —; este proceso culminará en Séneca 125 , el autor que mayor desdén muestra por la obra de Ennio: «me asombra que hombres eruditísimos y aficionados a Ennio hayan elogiado, como si fueran excelentes, unos versos ridículos» 126 .
Silio Itálico 127 , por el contrario, estimaría tanto la obra como al artista y llegaría a presentarlo como un personaje de sus Púnicas :
Pero vosotras, Calíope, conceded a esta nuestra labor
que sea capaz de trasmitir a lejanas edades las hazañas poco conocidas
de un gran hombre y que consagremos el honor que merece un poeta .
Ennio, de la antigua descendencia del rey Mesapo
se encontraba en primera línea y las orgullosas
galas de la vid 128 latina adornaban su diestra. Lo envió
Calabria, tierra adusta; lo engendró la antigua Rudias ,
ahora el nombre de Rudias se recuerda solo por este vástago .
Este, en vanguardia —como antiguamente el poeta tracio ,
cuando Cícico atormentaba con guerras la adversaria Argo ,
abandonando el plectro, disparó los dardos rodopeos—
había atraído sobre sí las miradas por haber provocado gran carnicería
de hombres y el ardor de su diestra aumentaba con la matanza .
Acude a la carrera Hosto con la esperanza de alcanzar gloria eterna
si pudiera eliminar tan gran deshonra y tira con todas sus fuerzas la lanza .
Sentado en una nube, se rió del esfuerzo de aquel vano intento
Apolo y dejó perderse el dardo lejos contra el viento ,
y además dijo: «Has apuntado demasiado alto, joven, y demasiado
soberbio con esas esperanzas: éste es sagrado, y mis
hermanas Aónides tiene gran cuidado de él y es poeta digno de Apolo .
Será el primero que cante las guerras de Italia con noble verso ,
elevará caudillos hasta el cielo, enseñará al Helicón
a hacerse eco de la música latina y no cederá en honor
o en fama al anciano de Ascra». Así habló Apolo, y a Hosto
le traspasó ambas sienes un dardo vengador .
Quintiliano observaría cierta reserva sobre él, pues afirma: veneremos a Ennio por su antigüedad como a los bosquecillos sagrados, en los que las encinas, grandes y viejas, ya no inspiran tanta belleza cuanto respeto religioso 129 . Ni Persio ni Lucano, a pesar de que este lo imitara en algún pasaje 130 , valoraron mucho a nuestro autor, y menos aún Estacio 131 o Marcial 132 .
Pero durante el siglo II de nuestra era la fascinación por todo lo arcaico llevó a muchos escritores y personas cultas a interesarse por Ennio, como lo atestiguan las numerosísimas alusiones que se hallan, por ejemplo, en Aulo Gelio. A esta misma corriente se adscriben igualmente Apuleyo y Frontón 133 . El mismo emperador Adriano consideraba a Ennio por encima de Virgilio 134 .
Entre los cristianos, Tertuliano lo menciona frecuentemente; posteriormente, Claudiano se compararía con el Ennio que celebró al Africano como perpetuador de la gloria de Estilicón 135 .
De aquí en adelante cada vez son menos los escritores que citan a nuestro autor de primera mano. Entre los que transmiten sus textos, maneja sus obras Servio, pero Macrobio ya depende de otros autores 136 , sobre todo de glosarios y de Gelio, mientras que Nonio no dispone ya de Anales , sino solo de algunas tragedias 137 . Lactancio, naturalmente, debió de tener acceso a sus obras para transcribir Evémero , pero no se sabe si este fue directo o, si no, a través de qué medio 138 . Las últimas muestras de conocimiento directo de Ennio se encuentran en Ausonio, a finales de siglo IV d. C. 139 .
2. Historia del texto . Con toda seguridad no hubo ningún manuscrito de Ennio que alcanzara la Edad Media: las citas, esporádicas, provienen de otros autores.
En el Medievo destaca la alta consideración en la que tenía a nuestro poeta Petrarca 140 . En el siglo XVI empiezan las ediciones de Ennio, en las que se recopilan todas las noticias y textos de nuestro autor que presentan diversos escritores. Robert y Henri Estienne —Stephanus — se ocuparon de todos los antiguos poetas latinos, incluido el nuestro, en un libro aparecido en Ginebra en 1564; Colonna —Columna —, en cambio, se centró en Ennio y produjo una edición excelente, muestra tanto de amplísimos conocimientos como de excepcional juicio; salió a la luz en su ciudad natal, Nápoles, un primer volumen con Anales y obras menores en 1585 y un segundo, al cuidado de su hijo, en 1590 141 . Ya antes se empezaban a editar las obras menores en diversas antologías 142 . Poco después, en 1593, aparece en Amberes el Syntagma tragoediae Latinae del jesuita español Martín del Río, en el que se incluyen, naturalmente, los fragmentos de las tragedias de Ennio 143 . Apenas dos años pasaron y en 1595 Merula —Van Merle— vio aparecer en Leiden su edición de Anales 144 , que durante cierto tiempo se ha visto postergada por los críticos, pero que O. Skutsch ha valorado con toda propiedad. A lo largo de los siglos siguientes recogieron los testimonios de la escena romana Escriverio, con notas de Voss (Leiden, 1620), Bothe —Ennio aparece en el V tomo de su edición de drama romano (Leipzig, 1823)— y Ribbeck en la primera de sus tres ediciones (Leipzig, 1852 —las tragedias en el volumen I—): las otras dos, en la misma ciudad, datan de 1871 145 y 1897. A principios del siglo XIX Spangenberg reeditó los Anales de Merula, pero con diversas modificaciones; a mediados de este siglo pertenecen las dissertationes de Ilberg y Hug, ambas de Bonn, 1852, sobre los libros I y VII-IX respectivamente de los Anales .
Mención aparte merece la primera de las ediciones de Vahlen (Leipzig, 1854): dedicada exclusivamente a Ennio, comprende todo lo que queda de la obra de nuestro autor. Tras casi cincuenta años, en 1903, vio la luz la segunda edición, completamente renovada, que aún hoy, más de un siglo después, sigue siendo insustituible y una referencia constante en los estudios ennianos. Entre estos dos libros aparecieron la recopilación de todos los fragmentos de Ennio a cargo de Ludwig Müller (San Petersburgo, 1884) 146 , los Fragmenta poetarum Romanorum de Bährens 147 (Leipzig, 1886) y, ya a final de siglo, el primer volumen de Epos de Pascoli, que recoge Anales (Livorno, 1897), y la edición con amplia anotación de los Anales debida a Valmaggi 148 .
Durante el siglo xx aparecieron también los Anales de Steuart 149 y los Remains of Old Latin de Warmington en la colección Loeb (Londres, 1935 150 ): el primer volumen corresponde a Ennio y Cecilio y en él, como es costumbre en esta obra, los fragmentos están insertos en los textos que los han trasmitido y se acompañan de una traducción inglesa.
Se limita a la obra dramática la edición de Klotz, Seel y Voit (Múnich, 1953), que abarca toda la poesía dramática romana que ha quedado en estado fragmentario. Heurgon (París, 1958-1960) se ciñó a una selección de Anales en dos volúmenes, con traducción y anotaciones muy académicas. Tampoco se ocupó más que de la épica Frassinetti (Génova, 1975), con edición y traducción.
De 1969 data The tragedies of Ennius de Jocelyn, libro ya clásico, que consiste básicamente en una edición de los fragmentos correspondientes acompañados de un magnífico comentario. Es una de las obras imprescindibles sobre Ennio. Algo posterior es The Annals of Q. Ennius de O. Skutsch 151 , libro admirable que reúne una edición completa de Anales y un comentario monumental. Al igual que el de Jocelyn, se ha convertido en obra de referencia.
Traglia presentó en 1979 152 un primer volumen de Poeti latini arcaici , en el que se incluye Ennio; además de la nota crítica previa cuenta el libro con texto latino y traducción italiana anotados. En 1993 publicó Courtney su Fragmentary Latin Poets , cuyos comentarios constituyen una valiosa aportación a la comprensión de la obra menor de Ennio.
A finales del siglo xx y principios del XXI han ido apareciendo los Annali de Flores y otros colaboradores, que constan de edición, traducción italiana y comentario en volumen aparte.
3. Ennio en España 153 . El conocimiento de los textos de Ennio en España ha sido muy escaso por su misma naturaleza fragmentaria: no parece que autor alguno haya tomado citas directamente de las ediciones de sus obras; las menciones se basan en noticias extractadas de los autores que trasmiten pasajes de nuestro escritor, mientras que las raras traducciones se deben fundamentalmente a versiones de las obras en las que se insertan las palabras del poeta. Las razones por las que se alude a Ennio son muy diversas 154 ; por una parte, ha llegado hasta la modernidad su fama como innovador de la literatura latina, predecesor de Virgilio 155 y autor venerable, al que profesaban admiración los mismos romanos; por otra, los ejemplos espigados por los gramáticos latinos siguen sirviendo a preceptistas y filólogos, que los reproducen y, en algún caso, los traducen.
