Читать книгу: «La bipolaridad como oportunidad»

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La hamaca (o columpio) es una imagen que expresa la dinámica de la bipolaridad: el subir y bajar, una y otra vez, sin poder detener el vaivén emocional. Este libro presenta, en primer lugar, el desafío de plantear nuevos y provocadores interrogantes acerca de este sufrimiento. La idea esencial en la que se basa el autor es que la inestabilidad es una actividad natural del organismo; pero, bajo ciertas circunstancias y en determinadas personas, esa oscilación puede despenarse hacia el trastorno bipolar y la desdicha. En segundo lugar, no solo echa luz sobre las fuerzas que se apoderan del timón emocional de los bipolares y los hacen subir y bajar a su antojo desde la manía a la depresión, sino también propone considerar la bipolaridad como una oportunidad que se les presenta a estos pacientes de despertar sus talentos dormidos, abrirse a vínculos sanos y recuperar la alegría. De modo que la cuestión radica en hacerse nuevamente del control de la "hamaca" en la cual todos nos balanceamos por la vida. Línea tras línea, con un estilo fresco y poético, el autor va contagiándonos su fe en que esto es posible.


Eduardo Grecco nació en la Argentina y reside actualmente en México. Psicólogo, realizó estudios en Psicoanálisis y cursó seminarios de Psicología Junguiana y Transpersonal, Bioenergética y Lectura Emocional del Cuerpo. Desde hace más de una década es reconocido como maestro internacional por su trabajo de investigación y docencia de la Terapia Floral. Fue Presidente de la Asociación Iberoamericana de Terapeutas Florales. Premio Internacional de Naturopatía Benedic Lust, 2002. Autor de los libros: Muertes Inesperadas; Sexualidad, erotismo y vínculos de amor; Terapia Floral y Psicopatología y Jung y flores de Bach. Hace 13 años incorpora la investigación y atención a pacientes de bipolaridad y escribe: La bipolaridad como don, despertando el don bipolar, quien se ha subido a mi hamaca.

Eduardo H. Grecco

La bipolaridad como oportunidad ¿Quién se ha subido a mi hamaca?


Índice

  Cubierta

  Contratapa

  Biografía del autor

  Portada

  Dedicatoria

  Brevísimo prólogo a un no-libro

  Introducción

  Primera estación. La bipolaridad tiene dos caras Las dos caras de la bipolaridad Existencia y bipolaridad La trama bipolar Estabilidad y movimiento La oscilación inestable del humor Elogio a la oscilación ¿Quién se ha subido a mi hamaca?

  Segunda estación. La bipolaridad y su don Despertando el don bipolar Talentos bipolares Creatividad

  Tercera estación. La bipolaridad puede ser una bendición La bipolaridad como bendición Bipolaridad y poesía Espiritualidad Manía y éxtasis Bipolaridad y locura

  Cuarta estación. Relaciones bipolares Ser bipolar es sentirse incomprendido ¿Por qué destruyo lo que amo? Vínculos bipolares Enredos vinculares

  Quinta estación. Cuestiones terapéuticas El valor de la experiencia La báscula mental Cuando se escoge un tratamiento Sobre qué sostener un tratamiento La finalidad de un tratamiento Psicoterapia para bipolares El punto de vista del paciente Cuando se escoge a un terapeuta El paciente quiere que su terapeuta sea un poeta Lo que el terapeuta es para un bipolar

  Sexta estación. Cambio de vida Plan de vida Lo que un plan de vida incluye Al principio de la vida Alimentación balanceada Respirar hasta los pies Moverse ayuda Descanso reparador

  Séptima estación. Rituales y bipolaridad El bipolar y los rituales El valor de los rituales Sexo y bipolaridad

  Una reflexión final

  Créditos

  Otros títulos de esta editorial

A mis hijos: Hernán, María Amelia y Bárbara

A Pachi

Y, en especial, a Francisco Javier que es una nueva luz que enciende mis sueños

BREVÍSIMO PRÓLOGO A UN NO-LIBRO

Permítame el lector hacer una confesión íntima y directa. No creo que éste sea un libro.

Al menos, uno al cual los hábitos y las buenas costumbres nos han conformado. Éste no es un texto con sus capítulos y páginas ordenadas para evitar, por si acaso, algún traspié en el confortable discernimiento del lector.

Es un material que se presenta, como dice el autor, organizado en siete estaciones —con todo lo mágico que el número siete y la palabra estación encarnan— que fluyen como siete pasos de un sendero de reflexión.

En realidad, está planteado con tan extraordinario ritmo y belleza que uno puede abrir la página en cualquier tramo de sus contenidos, sin otra premisa que el azar o la atracción que sin duda despierta algún título en especial. Todo ello sin perder claridad y armonía en el sentido reflexivo de cada artículo.

¿Por qué un prólogo brevísimo? Por dos razones: la primera es que en general algunos prólogos son aburridos ad nauseam, y en homenaje al lector y al autor me gustaría evitar ese pecado. La segunda es que, luego de haber leído con gran pasión esta obra de Eduardo Grecco, me parece una herejía demorar al lector su excitante tránsito por los siete senderos propuestos.

¿Quién es Eduardo Grecco? Difícil pregunta para alguien que experimenta una íntima gratitud y admiración a un maestro insólitamente circunstancial. Más complejo aún si la respuesta fluye de la palabra escrita. Lo que es transparente y preciso en el silencio del afecto, inevitablemente se fragmenta en la palabra.

Borges decía que no hay encuentros casuales sino citas. Algo así me ocurrió con Eduardo. Cuando leí por primera vez Despertando el don bipolar (digo por primera vez porque vuelvo recurrentemente a él) quedé impactado por su integridad profesional.

Su estilo literario, la mesura de sus ideas me hacían intuir a un hombre en quien podía confiar y ser capaz de honrar mi confianza. Luego, como sucede con las personas abiertas y sencillas, fue muy fácil intercambiar con él algunos correos electrónicos. Después, la “cita” borgeana se tornó real. Para ese entonces le había comentado que se iba a publicar un libro mío. Él me aclaró que justamente en noviembre viajaría a Buenos Aires. Yo le dije que la presentación del libro se haría en un auditorio de la calle Florida. Entonces unos días antes nos encontramos. Nos saludamos como si hubiésemos retomado una amistad truncada veinte años atrás. Almorzamos en un recoleto restaurante del microcentro. De inmediato supe que me hallaba ante alguien intelectualmente íntegro, un poeta capaz de descarnar la belleza y la crueldad humana con los ojos vulnerables e inocentes de un niño.

Hablamos sin prisa, sin apremios. Creo que me sentí por un instante como un paciente confiado ante su médico querido. Es interesante de dónde proviene la palabra médico: Medeos —actitud compasiva de una persona que cuida a otra. Eduardo es en esencia una persona compasiva que no necesita imagen alguna para relacionarse con el otro. Es sólo tal como es. No es imagen ni personaje, es alguien que está con uno en total silencio aunque se le escuche hablar. Las imágenes de Eduardo aparecen después de conocerlo, sólo cuando él no está. Pero las imágenes son palabras, algunas proyecciones del afecto evocado. Si el lector las necesita, ahí va la pregunta:

¿Qué imágenes evocan en usted palabras como: serena escucha, tibieza gestual, empática ternura, lúcido miramiento, inclusión total del otro, plenamente el otro (hétero) intensamente escuchado? ¿Qué descripción podría ajustarse plenamente a un psicoanalista cuyos trabajos desnudan su alma en el sufrimiento (la visión del paciente, su totalidad, su subjetividad) más que en la enfermedad, en la sanación de una persona sojuzgada por el miedo, más que en el éxito terapéutico?

Siento que la mejor manera de aproximar la ética de Eduardo Grecco al lector es ceder al impulso de transcribir un párrafo de uno de sus breves artículos: “Cuando se escoge a un terapeuta” (pág. 92).

Cuando uno escoge a un terapeuta, debe ser uno el que escoge. Ni la familia, ni los amigos, ni la desesperación, ni “el que sea”. Elegir a un terapeuta es tomar la decisión de enfrentarse a un espejo que nos va a devolver la imagen que de nosotros no queremos ver. Entonces, cuando estén pensando en elegir a un terapeuta, un hermano mayor que los guíe a la libertad, que los ayude a romper con la esclavitud de sus desdichas, no piensen en títulos académicos u honores profesionales: sólo piensen en si esa persona es alguien a quien ustedes pueden amar y alguien capaz de amarlos. ¿Por qué? Porque las técnicas curan, pero lo que realmente sana es la relación. Y es por eso que el epígrafe de San Agustín que elegí para este tema tiene tanta relevancia a cuenta de dar explicación de un fracaso terapéutico: el terapeuta no ha estado con el paciente cuando el paciente estuvo allí dando lo mejor que podía dar: su presencia. Ésta es la primera causa de que las cosas no funcionen en un tratamiento terapéutico.

Es todo. Espero que usted, amable lector, disfrute como yo el remanso terapéutico que propone esta obra. Los siete senderos del no-libro La bipolaridad como oportunidad - ¿QUIÉN se ha subido a mi hamaca? es una maravillosa bendición para pacientes, familiares, especialistas en esa encerrona trágica llamada bipolaridad, y para quien desee asomarse al miedo bipolar y a su sanación desde una perspectiva que Kahlil Gibran propone bellamente:

Eres bueno cuando eres uno contigo mismo.

Sin embargo, cuando no eres uno

contigo mismo, no eres malo.

Juan Magliano

Buenos Aires, primavera de 2006

INTRODUCCIÓN

La unidad no es una propiedad del mundo sino su tarea. Hacer del mundo una unidad es nuestro trabajo sin fin.

Martín Buber

Lo que ha sucedido en estos años en torno al trabajo que se desarrolla sobre la bipolaridad es sorprendente. Cada día es mayor el número de personas que toman conciencia de su propia inestabilidad emocional y que, como consecuencia, dejan de estigmatizar a aquellos otros que han sido diagnosticados con este término clínico. Del mismo modo, cada día crece el número de profesionales del arte de curar que enfocan el tratamiento del trastorno bipolar desde un paradigma holístico.

Sin embargo, aún es mucho lo que falta por hacer; pero si recapitulamos algunos de los avances logrados en este territorio —de los cuales dejamos de lado todo lo concerniente a los enfoques y aportes provenientes de las neurociencias y los avances farmacológicos, no porque no sean importantes sino, simplemente, porque exceden el marco de este texto—, creo que un buen punto de partida, para hacer un balance de la situación actual, es observar cómo la sociedad ha comenzado a comprender que la bipolaridad es un problema de salud, no más dramático, aunque sí más complejo, que una gripe.

En la medida en que se le quita dramatismo, la bipolaridad deja de ser percibida con temor y comienza a ser aceptada como un acontecer posible y común de la vida, y quien la padece tiene la opción de contemplarla no ya como una dolencia irreparable sino como un conflicto que puede llegar a mitigarse y resolverse. A esto ha contribuido, de un modo significativo, el siguiente hecho: poco a poco ha dejado de ser sostenible el concepto que hacía de la bipolaridad parte de la psicosis, en tanto se reconoce que la mayoría de los pacientes bipolares son neuróticos y, a veces, inclusive, apenas un poco.

El replanteo sobre la naturaleza de la condición clínica de la bipolaridad y su ubicación diagnóstica condujo a la necesidad de forjar el concepto de espectro bipolar, esto es, reconocer que existe una serie de manifestaciones conductales, sintomáticas y/o físicas ligadas a la bipolaridad o que son perfiles encubiertos de ella, tales como el pánico, el déficit atencional, la adicción, la hiperkinesis, epilepsia, entre otras. El concepto de zona o banda, que propone una mirada dimensional del trastorno bipolar, permitió no sólo reunir en un mismo grupo formas diversas conectadas a un mismo tronco común, sino también descubrir que ciertas manifestaciones de este grupo no son ni siquiera disfuncionales como ocurre con la disposición particular al pensamiento en imágenes y la curiosidad.

Uno de los resultados de este recorrido por el cual se está transitando es que los terapeutas vamos advirtiendo que la bipolaridad es una modalidad normal de funcionamiento del organismo (tanto en su registro psíquico como en el biológico), funcionamiento que si bien puede despeñarse hacia un territorio patológico, es, también, el que da cuenta de procesos y fenómenos tales como la creatividad, la intuición y el éxtasis.

¿Qué implicaciones tiene esta propuesta? Que el encendido bipolar, en cualquiera de sus dos extremos, no es algo en sí mismo anómalo o malsano, ni patrimonio de quienes se desvían de la salud. Por el contrario, se trata de un molde —a la par fisiológico y emocional— gracias al cual determinados circuitos psicofísicos se encienden de forma hipersincrónica permitiendo la emergencia, en la persona, de una compleja manera de comprensión de la realidad que refleja la presencia de un dinamismo cerebral evolucionado. Este encendido se acompaña de una alteración de la conciencia habitual y puede descarriarse en diversas manifestaciones de la enfermedad, como las que ya hemos mencionado; pero, en su forma genérica, representa un estado alterado de conciencia sin ninguna connotación patológica.

Mas allá de estos dos últimos territorios de transformación mencionados —espectro y encendido bipolar— donde el efecto de cambio puede tener a corto plazo implicancias decisivas sobre el modo en que se concibe y trata la bipolaridad, el descubrimiento de los dones que se esconden detrás de la inestabilidad emocional, el replanteo de la meta terapéutica de la estabilidad como fin de todo tratamiento y la admisión de que ser bipolar es un modo de ser en el mundo, constituye el paso cualitativamente más gigantesco sobre el que se está montando la revolución clínica en torno de la bipolaridad. Sobre estos ejes he insistido, a lo largo de los años, en la investigación y la práctica, y las aproximaciones que sostengo en estos temas quedaron plasmadas en los libros Muertes inesperadas, Los afectos están para ser sentidos, La bipolaridad como don y Despertando el don bipolar.

El presente libro incluye varias notas y una serie de fragmentos desgrabados, de talleres y seminarios dictados en España, Italia, Argentina, Chile, México, Costa Rica y Nicaragua, así como breves segmentos de mis libros anteriores que considero oportuno reiterar aquí. En su conjunto, todos estos textos tienen la virtud de presentar de una manera fresca y dinámica una enseñanza que he tratado de trasmitir sobre la bipolaridad y que supone una concepción del hombre, la enfermedad, la salud y la cura. Por otra parte, también, son respuestas a preguntas que los bipolares y sus familias se hacen permanentemente.

Todo este material se presenta organizado en siete estaciones —con todo lo mágico que el número siete y la palabra estación encarnan— que fluyen como siete pasos de un sendero de reflexión. Sin embargo, dada la naturaleza de sus contenidos, puede leerse sin otro orden que el que dicta la intuición o la atracción de algún título en especial.

Hay en este libro algunos párrafos surgidos de la pluma de una lectora visceral e implacable de mis originales: Susana Rabbufeti Pezzoni, quien me acompaña, desde hace muchos años, en el proceso de corrección y prearmado de la mayoría de mis escritos antes de su publicación. Ella es una autora no citada, pero no por eso menos presente en esta obra, a la que también aportó versos y párrafos ajenos que no sólo iluminan los temas desarrollados por mí, sino que dejan su impronta de sabiduría y belleza en la urdimbre de mi texto.

Muchos de los temas aquí tratados reciben un desarrollo particular en los libros anteriormente señalados, pero, presentados de este modo, permiten al lector una perspectiva global y cercana de la intimidad del devenir bipolar.

Por otra parte, el subtítulo que reúne a todos estos temas —La bipolaridad como oportunidad— alude no sólo a mi particular concepción de este padecer, sino, especialmente, a mi convicción de que es deseable que terapeutas y pacientes bipolares nos embarquemos juntos en una nueva y creativa lectura de la inestabilidad emocional, que nos permita atravesarla con menos desgarro y aun con alegría y esperanza de sanación, pues ya no se tratará de una enfermedad a superar sino de una oportunidad de ser. Y para aquellos que aún insisten en considerar la bipolaridad como una adversidad, estas palabras del maestro hindú Gururaj Ananda Yogui: “En cada adversidad hay una oportunidad. El hombre fracasa porque sólo ve la adversidad, debido a que su mente fragmentada no reconoce la oportunidad. No hay adversidad en la vida. ¡Sólo hay oportunidades! Aquello que consideramos adversidad puede que sea la lección que necesitamos aprender”.

Una cosa más. Los Bips’ están trabajando afanosamente por sí mismos; han formado redes de intercambio y autoayuda y demuestran a cada instante una madura necesidad de encontrar caminos que los saquen de su condición de malestar. Estoy muy ligado (desde el corazón) a esas búsquedas y tengo la convicción de que tales tanteos forman parte del proceso de su propia curación. De modo que mi agradecimiento a todos y cada uno de aquellos amigos —muchos de los cuales aún no nos hemos presentado físicamente pero con quienes nos escribimos con frecuencia— que son quienes me empujan a mantener viva la esperanza de trasmitir el mensaje de que una bipolaridad dichosa es posible. Quizás este mensaje pueda ser visto como un imaginario poético que quiere celebrar anhelos más que realidades. Sin embargo, la vida enseña que la verdad que permanece es aquella que propagan los poetas y que la clínica es más del orden de la poesía que una pura cuestión de técnica aplicada de conocimientos científicos.

Eduardo H. Grecco

Cuernavaca, primavera de 2006

PRIMERA ESTACIÓN LA BIPOLARIDAD TIENE DOS CARAS

De hierro las dos caras labran un solo eco.

Jorge Luis Borges

Las dos caras de la bipolaridad

Nada tan abierto y generoso como una cruz; y sin embargo, nada más doloroso.

Nemer Ibn el Barud

Esta imagen poética de Nemer Ibn el Barud está siempre presente cuando pienso sobre la bipolaridad o cuando la bipolaridad piensa por mí. Es un bello y homeopático verso, y no menos verdadera su enseñanza.

Es un hecho que la bipolaridad existe, al punto que adonde quiera que vayamos encontramos personas bipolares con mayor o menor conciencia sobre su ir y venir afectivo. Algunos son típicamente oscilantes, de esos que remontan vuelo en la manía y se hunden, al tiempo, en la depresión; que parten y regresan, que suben y bajan casi sin tregua al modo de las usuales descripciones de libros y manuales. Otros tienen un tono alegre, activo y acelerado, son personas buscadoras de sensaciones y exploradoras del universo y, de tanto en tanto, los aplasta la melancolía. Pero hay algunos que esconden su bamboleo tras camuflajes corporales o conductas compulsivas, como la adicción, el juego o el sexo. Hay muchos otros que lo hacen tras síntomas que parecen distantes, tales como: déficit atencional, dislexia, hiperkinesis, epilepsia, adicciones, o bajo la cobertura de otras variadas manifestaciones psicosomáticas.

Todos éstos son los bipolares desgraciados, que sufren y viven atormentados por su padecer, que no pueden ser constantes en sus actividades, y cuyos vínculos afectivos van de golpe en golpe; aquellos que se sienten como una hoja en la tormenta y que pueden hacer suyas las palabras de Fernando Pessoa: “Y así soy, fútil y sensible, capaz de impulsos violentos y absorbentes, malos y buenos, nobles y viles, pero nunca de un sentimiento que subsista, nunca de una emoción que prolongue y entre hasta la sustancia del alma. Todo en mí es tendencia para ser a continuarse en otra cosa; una impaciencia del alma consigo misma, como un niño inoportuno; un desasosiego siempre creciente y siempre igual. Todo me interesa y nada me cautiva. Atiendo a todo siempre soñando…”.

Pero, también, es un hecho que la bipolaridad es un talento. Hay personas que han podido descubrir este don, que han aprendido a balancearse con proporción, que exploran los matices, que pueden integrar los opuestos, que tienen ritmo y movimiento pero no se dejan tragar por el apuro; creativos, imaginativos, intuitivos y realizadores, pensadores en imágenes, capaces de comprender como nadie a los otros, que se alegran y entristecen pero no se dejan absorber por sus afectos, que saben del valor de una relación y cuidan sus vínculos; personas que han sabido transformar su inestabilidad en un recurso, la polaridad irreconciliable en flexibilidad pausada. Éstos son los bipolares venturosos o dichosos que aman sin sufrir.

De manera que la bipolaridad tiene dos caras: la dicha y la desdicha. No se trata ahora de seguir sosteniendo la creencia de que un gen marca o un neurotransmisor determina. La dicha o la desdicha son el fruto de lo que hacemos con nuestra vida, o mejor dicho, de lo que dejamos de hacer en ella. La bipolaridad no nos acontece, nosotros le acontecemos a ella, y en sus luces y sombras es parte nuestra. Una parte, por momentos oscura, por momentos luminosa, que nos sacude o nos aquieta, pero nuestra. Un fragmento de nuestra intimidad, y que nos descarría cuando lo negamos o rechazamos.

De ahí nace la convicción de que el más seguro sendero para sanar la bipolaridad desdichada es integrarla como parte de nuestra propia vida y nuestro propio ser.

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114 стр. 7 иллюстраций
ISBN:
9789507546945
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