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Diego Muñoz

ENCUENTRO ADIMENSIONAL

Índice de contenido

Portada

Índice

Capítulo 1 La investigación

Capítulo 2 Buscando al asesino

Capítulo 3 La posesión

Sinopsis


Capítulo 1

La investigación

En una tarde fría de Buenos Aires, los estudiantes se preparan para salir de sus clases, Luis y Mariana se encuentran en la entrada de la facultad, se saludan y cada uno toma su camino a sus hogares. De repente Mariana le grita a Luis.

—Ey, esperá... me enteré de algo fascinante, ¡no me vas a decir que no!

Luis atónito le contesta:

—¿Es algo referido a lo paranormal?

Ella con una mirada cómplice le dice:

—Sí. —Juntos se fueron a una cafetería, entraron, se sentaron con un silencio misterioso. Luis no aguanta más la incertidumbre y le habla a ella

—Bueno, soy todo oídos, cuéntame.

Mariana —¿Te acuerdas de lo que te conté acerca de esa casa abandonada que se cae a pedazos y nadie quiere comprar?

Luis —Sí, qué averiguaste, se podrá entrar a investigar, estaría genial, ¿no?

Mariana —No solo eso, unos vecinos que viven hace mucho tiempo en la zona conocen al dueño y les contó que pasó un crimen horrendo, por eso nadie quiere vivir ahí, ni comprarlo.

Luis —¿Cómo se llama el dueño? Podríamos hablar con él para que nos deje entrar a investigar.

Mariana —Se llama don Vicente, tendría que hablar con él por si nos deja.

Luis —Si nos deja, es algo muy importante... qué podríamos llevar, ¿qué elementos?

Mariana —Primero empezamos con una grabadora a la noche, ¿te parece?

Luis —Perfecto, cuándo vamos a ese lugar... no me digas nada, a la noche.

Mariana —Vamos el viernes a la noche... cuanto más se trabajan esas prácticas es a la noche, más clima de misterio, ¿no?—

Luis —Okey, donde nos encontraremos para planificarlo.

Mariana —En mi casa vivo sola, vos vivís con tus padres, lo planificamos en mi casa.

De repente pasa una persona y les dice sin que se den cuenta:

—Nunca les contaron que no deben investigar demasiado, uno no sabe lo que puede encontrar.

Los amigos sorprendidos.

—Profesor, es usted.

Profesor —Sí, cuídense por si las moscas... —Ellos con caras de sorprendidos dicen:

—Gracias, profesor.

Ellos un poco alterados se retiran de la cafetería sin haber consumido nada, se despiden y cada uno se va a su casa. Él pensativo camina a su casa imaginando lo que podría conseguir con esa grabación si realmente se despejaría porque un poco de incredulidad tenía, pero lo que dijo el profesor le produjo como un misterio que le dio más ganas de ir esa noche.

Llega a su casa y se pone a leer un libro de cacofonías para interiorizarse en el tema.

Mariana obsesionada y sin dudarlo se recuesta en la cama, prende su notebook y mira videos de fenómenos poltergeist y posesión demoníaca.

Ella recostada mirando sus videos recibe un llamado a su celular, pues es Luis.

Luis —Mariana, te llamo porque me dejó pensativo los que nos dijo el profesor, ¿a vos no?

Mariana —Luis, no te sugestiones por lo que nos dijo, te vas a poner nervioso, para eso no vamos, sería una pérdida de tiempo.

Luis —No es eso, pero hay algo que no sé explicarte, como raro en esto, pero no me perdería esta oportunidad que tenemos de llevar a cabo este estudio.

Mariana —Excelente, no se habla más, llevaremos a cabo esta investigación. Yo tengo una grabadora de alta definición, no es cualquier grabadora, es justo para estos casos, me salió mucha plata ¡y vamos a estrenarla para el viernes a la noche!

Luis —Buenísimo, Mariana, me quedo tranquilo de que todo va a salir bien, nos vemos mañana en la facultad, besos, hasta mañana.

Mientras los amigos se preparan para la investigación del viernes sin saber los que le esperará en esa investigación...

Ya de mañana se levanta Mariana, se prepara para salir y saca de su caja la grabadora para mostrársela a Luis. Mientras tanto Luis se dirige a la facultad ya dispuesto a contarle a ella y comentar lo que ha leído.

Se encuentran en la puerta de la facultad, se saludan y entran juntos, se sientan y entra el profesor, saluda a los estudiantes y los mira fijamente a cada uno de los amigos y ellos se miran con cara de ¿qué pasó?

Después de una extensa clase salen los estudiantes, Mariana y Luis se encontraron en la puerta.

Mariana —Viste cómo nos miró el profesor, ¿qué le pasó por la cabeza?

Luis —Debe ser por lo que nos escuchó ayer en la cafetería.

Mariana —Pero tanto será o es otra cosa, por las notas quizás.

Entre la muchedumbre aparece el profesor empujando para alcanzar a los amigos y les grita:

—Ey, chicos, no se vayan, quiero hablar con ustedes.

Los amigos se dan vuelta sorprendidos.

—Profesor, ¿qué le pasa?

—Tengo que hablar con ustedes por lo que los que escuché decir en la cafetería, vamos para allá y conversamos.

Se sentaron, pidieron unos cafés y Luis le pregunta al profesor, señor Torres, qué les quiere decir.

Profesor Torres —Escuchen, ¿ustedes saben lo que van a hacer?, ¿conocen la magnitud del problema en que se van a meter?

Mariana —Sabemos, profesor, pero no es para tanto, ¿qué le pasa?

Torres —Se de qué se trata el tema en que ustedes se van a meter, por eso les digo que tengan cuidado porque esto no es broma, no hay que tomarlo a la ligera.

Luis —No lo tomamos a la ligera, profesor, vamos cautos a investigar nomás, no vamos a prender velas negras e invocar al Macho Cabrío, no lo vamos a hacer.

Torres —Me lo decís como si no entendieras la magnitud del problema, me están cargando.

Mariana —No, profesor, no lo estamos cargando, ¿por qué no nos dice exactamente lo que piensa de esto que pasó y nos ayuda?

Torres —Es que lo que van a hacer es un tema complejo, no es para tomarlo a la ligera, pueden salir dañados con esto, incluso la muerte, y los pueden tomar como locos.

Luis —Locos no estamos, profesor, somos investigadores aficionados, si usted nos puede ayudar para no cometer errores se lo vamos agradecer desde ya.

Torres —A ver, con qué herramientas van a hacer esta investigación.

Mariana —Yo tengo una grabadora de alta definición para este trabajo e ir de noche.

Torres — Solo eso nomás, si alguien les roba o salen heridos por lo menos una oración del padrenuestro para alejar el mal que los va a rodear a ustedes, un grabador no va a hacer eso por ustedes.

Luis —Pero, profesor, usted sabe de esto, nos pone tranquilos que usted nos diga pero qué más sabe, por favor dígalo, esta charla se pone interesante.

Mariana —Ahora entiendo por qué nos miró fijamente en la clase, ¿qué más sabe?

Torres —Yo los entiendo, son jóvenes y por ende curiosos, por favor no lo hagan pero caso no me van a hacer, les recomiendo que los proteja un cura con una oración.

Luis —Gracias, profesor, lo vamos a hacer, pierda cuidado.

Torres —Bueno, no me quedo tranquilo, si es posible no lo hagan, me voy, chicos, me espera mi señora, después me cuentan el lunes cómo les fue.

Se levanta el profesor, paga su café y se retira mientras los amigos quedan sorprendidos por el consejo, Mariana queda fijamente mirando su grabadora, pagan sus cafés y se dirigen a la casa de Mariana, dirigiéndose primero a la iglesia que está a cinco cuadras de la casa de ella.

Mientras ellos caminan se miran con una mirada cómplice, antes de cruzar la esquina de la iglesia viene un auto a toda velocidad y por poco no atropella a Luis, solo le pasa la rueda por el dedo gordo, se recuesta en la acera con un dolor fastidioso.

Mariana lo ayuda a levantar y lo acerca a su hogar, le saca su zapatilla, está un poco hinchado, le pone una cubeta con agua fría para desinflamar y aliviar el dolor y descansa un rato pero pensando en lo que van a hacer esa noche los dos.

Pasan tres horas de lo sucedido y Luis mejorando, camina un poco mejor.

Mariana —Cómo te sentís, estás listo para esta noche o lo cancelamos.

Luis —Vos estás loca —dijo con carcajadas de por medio.

Mariana —Yo estoy más ansiosa que vos, por lo que veo, no quiero que te duela después y por mi culpa pase a mayores.

Luis —Puedo caminar, prepara el equipo de grabación que nos vamos, lástima que el padre no nos dio la bendición para protegernos.

Mariana —Es verdad, ¿no será un aviso de que no tenemos que ir?, no importa, leo la Biblia y rezaremos por los dos.

Una vez terminado el rezo se persignan invocando la Santísima Trinidad, recogen la grabadora, bajan por la escalera, un poco cojo Luis, se dirigen a la casa de los sucesos extraños con un clima gélido donde los esperará su prueba de valentía.

Mientras los amigos caminan faltando dos cuadras para llegar a la casa maldita Luis le dice a Mariana caminando fijamente, llegando al lugar.

Luis —Mariana, qué te parece si compramos algo para comer para que no sospechen los vecinos de lo que vamos a hacer.

Mariana —Es buena idea pero qué van a sospechar los vecinos de robar una casa abandonada.

Luis —Por ahí no quieren que nos vean, pensarán que vamos a usurparla, compremos algo de comida para pasar desapercibidos, para que no piensen otras cosas.

Mariana —Sí, dale, vamos, que sea rápido, se me está endureciendo el estómago de los nervios.

Mientras los chicos hacen su pedido de pizza en el local, en la parte lateral de la vista de Luis vio una imagen que se movía muy rápido, salió y no lo vio más, fue hasta la esquina para asegurarse, tampoco vio nada de lo que esperaba, solo una anciana paseando a su perro.

Volvió al lugar donde estaba Mariana esperando la comida, ella le pregunta:

Mariana —Qué pasó, Luis, que te fuiste sin avisar, qué viste o qué seguías.

Luis — No sé, Mariana, fue algo raro, como si alguien nos siguiera y lo peor es que tenía una silueta conocida, pero no nos engañemos, son imaginaciones mías, vámonos.

Mariana paga la cena y se dirigen a su destino ya con frío caminando esas cuadras largas hasta que llegan y miran asombrados esa casa vieja cómo se mantenía en pie, pero emanaba como una pesadez que los influía anímicamente a ellos para mal, aunque se armaron de coraje y pusieron en marcha el plan que tanto anhelaban ambos.

La neblina que rodeaba el barrio era espesa, ideal para que nadie sospeche de los vecinos de lo que ellos iban a hacer.

Mirando para ambos lados los dos entraron sin hacer ruido, la casa tiene un jardín abandonado adelante de la casa, llegan hasta la puerta y Mariana deja la comida en el piso y saca de la mochila su grabadora, dejándola al lado de la puerta pues Luis echa un vistazo afuera y ve otra vez esa imagen o silueta del hombre que vio en la pizzería pero esta vez con un aspecto fantasmal rodeado con esa neblina sepulcral.

Él no le dice nada a ella para no asustarla y vuelve a la entrada, hace que abre la puerta de la casa con el picaporte flojo. La puerta se mueve poco, suficiente para que entre de a uno.

Mariana —Cómo sabías que no estaba con llave la puerta.

Luis —No, solo probaba nomás, es una lástima dejar la grabadora y que nos vayamos y no la encontremos, ¿o no?

Mariana —Sí, es verdad, tienes razón, lástima que no trajéramos linterna, está oscuro. —Dejó la pizza al lado de la puerta.

Luis —No hace falta, ilumino con el celular.

Pues él saca el celular y se le cae al piso, lo levanta y otra vez se le cae de nuevo.

Mariana —Estás bien, Luis, ¿qué te pasa?

Luis —Nada, son los nervios nomás.

En realidad esos nervios eran por la imagen que vio afuera de la casa que no quería decirle nada a su amiga para no asustarla.

Mariana —Bueno, tenemos luz, vamos a ver cómo es esta casa, sí que da miedo y con mucha humedad.

Ella recoge la grabadora y la cena, las deja al lado de la puerta de adentro. Mariana le agarra la mano a Luis y se van a investigar la casa. Tiene un salón grande, ella camina asombrada y él disimula el susto de lo que vio; ven una escalera, suben muy despacio aunque con el pasar del tiempo la escalera cruje llegan a una habitación que tenía una puerta rota, deciden entrar, cuando lo hacen un sentimiento feo empezó apoderarse de ella.

Luis —¿Qué te pasa, estás bien?

Mariana —Tengo ganas de devolver, se me retuerce el estómago y me duele la cabeza, no me gusta este lugar, vámonos de acá, dejá la grabadora aquí.

Luis —Yo también me siento mal aquí, salgamos un rato.

Se pusieron al lado de la escalera para reponerse y ella vomita, se agarra la cabeza y se recuesta en el piso. Luis agarra el grabador, entra de vuelta a la pieza y lo deja grabando en el suelo, sale de la pieza, levanta a Mariana y bajan por las escaleras y de repente Luis se cae de las escaleras por su pie pisado, ella lo levanta a él y salen de la casa asustados, él cojeando, se dirigen a la casa de Mariana, en el trayecto él le habla para que se anime.

Luis —Vamos, Mariana, arriba ese ánimo, ponete bien ¡que ya salimos de esa casa de porquería!

Mariana —Sí, ya sé, doblemos por la esquina y paremos y vayamos caminando.

Paran en ese lugar y descansan un rato y ella le recrimina a él.

Mariana —Para qué fuimos a ese lugar de porquería, si sabía que iba a pasar esto no iba un carajo, qué mala elección.

Luis —Bueno, lo importante es que salimos de la casa, a mí me agarró como un bajón anímico inexplicable que no sé por qué me pasó, nunca me pasó.

Mariana —Eso debe ser porque no nos protegió el cura con la oración de protección, tendríamos que haber ido y no pudimos ir por lo que te pasó.

Luis —El profesor Torres tenía razón, le teníamos que hacer caso de esto.

Mariana —Bueno, lo tendremos de experiencia pero vamos para mi casa, descansemos y tomemos unos cafés tranquilos.

Ellos ya caminando tranquilos se van a sus casas, nunca se van a olvidar de ese momento único que pasaron esa noche pero lo hicieron y tendrán sus frutos para bien o para mal por eso.

Ellos se alejaba de la zona y una figura de persona los observaba de lejos, quizás la imagen que vio Luis.

Los chicos ya más tranquilos pero no tanto se dirigen a la casa de Mariana, ella abre la puerta de la casa, suben por las escaleras, entran a su departamento, y se recuesta Luis en la cama con un dolor molesto y se saca las zapatillas.

Mariana en cambio le avisa a Luis que se va a bañar, se levanta Luis, le pregunta a ella si quiere que le prepare café, ella por su parte le pide que le prepare té solo. Él se recuesta otra vez en la cama y recoge la Biblia que estaba al lado de la cama, lee un par de páginas, lo cierra y lo abraza con tal fuerza para compensar ese momento raro, extraño o paranormal como se pueda decir.

Abre la Biblia y empieza a rezar un padrenuestro para sentirse bien anímicamente, pero se le viene a la mente esa figura que vio en la pizzería y en la casa maldita y preguntándose una y otra vez quién pudo haber sido quien los vigilara.

Mariana sale del baño y se ponen a tomar algo caliente los dos uno al lado del otro con un silencio de misa, una vez que terminaron la infusión Mariana le pregunta a él si quería ducharse, el agua caliente está ideal con este frío, se va al baño, se saca el buzo y escucha un pedido de auxilio de Mariana.

Mariana —Luis, no me siento bien, ¡ayudame!

Luis —Qué te pasa, por qué gritás, qué tenés.

Mariana — Vomité y me bajó la presión creo, estoy mareada.

Él no podía creer lo que vio, temblaban las manos de Mariana y la Biblia manchada con vómito.

La levanta y la lleva al lavadero, le lava la boca y le hace hacer buche para sacar el gusto desagradable que le molestaba.

La recuesta en el sillón y limpia la Biblia y el piso con un trapo. Levanta a Mariana y la recuesta en la cama, él le dice a ella que va a llamar un médico, ella le dice que no, que se va a poner bien.

Luis —Pero, Mariana, vos sufrís de baja presión siempre o es la primera vez.

Mariana —Es la primera, lo me que pasa nunca me pasó, es raro.

Luis —Debe ser por el estrés o los nervios que hemos pasado en esa casa, pero ¿por qué vomitaste sobre la Biblia?

Mariana —No sé, agarré el libro que dejaste sobre la cama, lo abrí y me empezaron a temblar las manos ¡y devolví sobre él!

Luis —Justo donde está el padrenuestro en que había leído esto, ya me está preocupando en serio, ¡tenemos que parar con esto!

Mariana —Sí, tenía razón el profesor de que nos tenía que hacer una oración de protección el cura pero no pudimos por lo que te pasó.

Luis —Quizás lo que me pasó fue una señal de que no teníamos que ir y no hicimos caso.

Mariana —Hubiéramos hecho caso al profesor, él sí sabe de esto y no le dimos mucha importancia.

Luis —Cómo te sentís ahora, estás mejor, querés que te haga otro té.

Mariana —Bueno, te agradezco pero ya me siento bien de a poco.

Mientras ella se recuesta en la cama se pone a pensar en todo lo sucedido y analiza todo lo que les pasó en poco tiempo, si siguen con esto no sabrá qué más les puede pasar o peor aún y le viene a la mente la idea de abandonar todo esto que trajo más que problemas a sus vidas.

Mariana —Tomé una decisión, Luis, paremos con esto, ¡no estamos preparados para esto!

Luis — Sí, Marian, va a ser lo mejor, nos pasaron muchas cosas inesperadas que no nos imaginamos que nos iban a pasar.

Mariana —A vos te pasó lo del coche, después viste esa imagen extraña, a mí que me agarro esa sensación de bajón anímico, a vos también y por terminar vomité con las manos temblando.

Luis —¿Pero vos no comiste la pizza que compraste?

Mariana —No, la dejé en la puerta del lado de adentro y cuando salimos corriendo y vos cojeando ni me acordé de eso.

Luis —Bueno, tranquila, mañana pensamos bien lo que vamos a hacer, ahora estamos alterados

Mariana —Va a ser lo mejor, mejor nos tranquilizamos.

Luis —Por qué no nos vamos a mi casa, no vas a estar sola, están mis padres, a vos te pasó esto y no es bueno que estés sola.

Mariana prepara la ropa en una mochila y duda en llevar la Biblia, la deja en la mesa, salen del departamento y se toman un taxi a la casa de Luis, pensativos los dos en el viaje de la odisea que vivieron esa noche, pagan al taxista y entran a la casa, su madre estaba esperándolo.

Silvana —Hola, hijo, cómo estás, llegaste tarde, pensé que te pasó algo.

Luis —No, madre, estoy bien, es que no pensé que iba a tardar tanto, ella es Mariana, una amiga, la que te conté, no se sentía bien, como vive sola no es bueno que se quede sola.

Silvana —¿Pero qué te pasó a vos que no te sentís bien?

Mariana —Es un problemita de salud, gracias por preocuparse, discúlpeme por venir así a su casa sin avisar.

Silvana —No pasa nada, querida, es mejor que te quedes aquí, acá no vas a estar sola, vos vas a dormir en el sofá.

Luis —Bueno, me voy a acostar, hasta mañana, vos, madre, te ocupás de ella.

Silvana —Sí, hijo, vaya a descansar.

Mariana se acomoda en el sofá y piensa por todo lo que pasaron esta noche y qué captará la grabadora...

Después del susto que vivieron los amigos y un descanso muy merecido empieza a amanecer y el sol se asoma sobre las casas de Buenos Aires dando una imagen reconfortante comparada con la noche anterior fría y con abundancia de niebla, se levanta Luis ya con el dedo del pie deshinchado, se da una ducha y se va a ver cómo está Mariana, se dirige al living y no la encuentra, va a la pieza de la madre tampoco está, escucha unas voces provenientes de la cocina pues ahí estaban charlando y desayunando.

Luis —Hola, buen día, cómo están.

Silvana —Hola, hijo, buen día, bien, te desperté para desayunar y no contestabas, mirá si estabas cansado por todo el cansancio de toda la semana.

Mariana —Hola, Luis, buen día, tu mamá me despertó para desayunar.

Silvana —Sentate que te preparo el café, hay facturas.

Luis —Cómo estás, Mariana, veo que mucho mejor, no te temblaron más las manos.

La madre muy perceptiva con lo que vio anoche y con la pregunta que escuchó de su hijo no duda en preguntarles qué fue lo que realmente les pasó.

Silvana —Bueno, chicos, cuéntenme lo que les pasó anoche, ayer los noté mal, nerviosos y un poco alterados, ¿es así no?

Luis —No, madre, fuimos a una reunión con amigos, comimos algo y nos cayó mal, nada más.

Silvana —Ah, nada más que eso, qué otra cosa más les pasó.

Luis —No, madre, solo eso nomás, no te preocupes, no es para tanto, ¿por qué lo preguntás?

Silvana —Por otra cosa más, porque caminabas un poco rengo, ¿tiene algo que ver con la cena?

Luis —Bueno, eso no me peguntaste, esto me pasó: me rozó un coche y me dolió un poco nomás cuando íbamos a la reunión de los chicos de la facultad.

Silvana —Y por qué no viniste a casa o me hubieras llamado para que tenés celular.

Mariana —Porque lo llevé a mi casa para que se deshinche el dedo con agua fría. Pero tiene razón, Luis la tendría que haber llamado.

Luis —Bueno, qué es esto, ¿un interrogatorio?

Silvana —Soy tu madre y me preocupo por tu salud, ¡no te quiero ver mal!

Luis —Si tenés razón, disculpame, no te voy a hacer preocupar otra vez.

Silvana —Okey, no me ocultes otra cosa más, ¿o lo estás haciendo?

Luis —Madre, cómo me vas a decir eso, ¡qué te voy a estar ocultando!

Silvana —Bueno, chicos, me voy a comprar para almorzar; ¿vos, Mariana, te quedás?

Mariana —Bueno, gracias, señora, me quedo.

Silvana —Quédense en la cocina hablando, a mí no me molesta de paso hablan de lo que me ocultan... es un chiste, en un rato vuelvo.

Mientras la madre se prepara para ir a comprar, agarra su bolso y se va al mercado, los chicos se miran sorprendidos con muecas de asombro.

Mariana —Por qué no le dijiste la verdad a tu madre, ¿por qué le mentiste?

Luis — Vos querés que la haga poner nerviosa.

Mariana —Sí, tenés razón, pero no se merece que le mientas, ¿después se lo dirás?

Luis —Y qué querés, que quedemos como mentirosos, recordás que vos también no dijiste nada.

Mariana —Bueno, no me chantajees pero es preferible decirle la verdad, ¿no?

Luis —Bueno, después se lo digo pero hablemos de lo que vamos a hacer de acá en adelante con la investigación, ¿la dejamos o querés seguir adelante?

Mariana —No quiero saber nada más de esto pero quiero recuperar mi grabadora.

Luis —Dejá que yo me ocupo de eso, terminamos de almorzar, te acompaño a tu casa y a la noche voy a la casa a recuperar lo tuyo.

Mariana —Está bien vas, vos haceme ese favor, si me siento bien te acompaño.

Luis —Okey, vamos a mi pieza, te voy a mostrar lo que vi en la computadora antes de ir a tu casa.

Mientras los chicos se van a la pieza Luis le muestra lo que había investigado sobre cacofonías.

Luis —Qué te parece, Mariana, ¿habrá registrado algo tu grabadora anoche?, de ser así no lo podríamos dejar hay que investigarlo.

Mariana —Sí, fijate vos, total me parece que fue en vano todo lo que hicimos.

Luis —No te tires abajo ni siquiera sabemos lo que grabó anoche.

Mariana —Bueno, si capta algo seguimos, si no graba nada lo dejamos.

Luis —Okey, quedamos así, ¡trato hecho!

Mientras los chicos se ponen a mirar lo que investigaron, regresa la madre de hacer las compras y se prepara para hacer el almuerzo, una vez hecho se sientan a comer los tres, una vez terminado le dice Luis a la madre que va a acompañar a Mariana a su casa, se saludan y ella le agradece por la invitación y ellos en la calle ya casi llegando a la casa Luis pregunta.

Luis —¿Te parece que vayamos a la iglesia?

Mariana —Más tarde, quiero entrar a casa, acompañame por favor.

Entran a la casa, preparan un café, ordenan la pieza, ventilan el ambiente abriendo las ventanas, preparan la cama y acomodan la Biblia en la biblioteca, pasa el tiempo y Luis se va a la noche a buscar la grabadora.

Luis —Bueno, cuidate, Mariana, voy a buscar la grabadora, si querés quedate en tu casa, va a ser mejor así.

Mariana —Bueno, cuidate, andá para tu casa después, si es algo importante venite para acá.

Luis se despide en busca de la grabadora pensando si habrá captado algo la noche anterior.

Luis de dirige en busca de la grabadora, nervioso por del pensamiento de qué habrá registrado la noche anterior, dobla por la esquina y ve la casa maldita, cuando está por llegar a la puerta ve que la puerta está cerrada con candado, no lo podía creer que tuviera tanta mala suerte, pensó.

”¡Zas! No puedo recuperar la grabadora, qué decepción no recuperar el artefacto”. Se da la media vuelta y se retira a su casa con bronca pero se detiene y piensa. “Pero si no pude cruzar la puerta del jardín puedo buscar otro lugar para ver cómo entrar”.

Vuelve de vuelta a la casa, cruza el jardín y se dirige al costado de la casa donde ve una ventana y no hay forma de subir a la parte de atrás, imposible, hay un paredón donde termina la casa, va del otro lado lateral y ve un árbol cuyas ramas se meten adentro de la casa, duda en subir y se arma de confianza, se decide y le cuesta subir por el árbol pensando que no lo vean los vecinos. Entra por la ventana, se acomoda una vez en el piso y empieza a sentir otra vez esa sensación desagradable que le da ganas de llorar y se le vienen pensamientos malos que vivió en su infancia y piensa voy a terminar esto de una vez; prende la linterna de su celular y ve que es la pieza de la puerta rota donde dejó la grabadora, la busca y no la encuentra y piensa: “Pero si yo la deje acá, a otro lugar no podrá haber ido”, se va para el lugar de escalera al costado, la ve ahí, se agacha para recogerla y se la introduce en la riñonera y piensa: “Pero si yo no la dejé acá, estaba en la pieza, no importa, me voy, ya no soporto más este lugar, es horrible, la sensación de pesadez de este lugar no se aguanta más.

Entra de vuelta a la pieza, sale por la ventana y se trepa por las ramas que dan por la ventana y empieza a bajar con cautela, cae al césped y le empieza otra vez a doler el dedo, mira fijamente a ambos lados para asegurarse que nadie lo vio, sale por la puerta del jardín y cuando da la vuelta ¡ve esa imagen del sujeto que vio la noche anterior!, se queda paralizado, su corazón empieza a latir rápidamente, la figura le grita en la cara:

Figura —Qué estás haciendo en esta casa, ¡no sabés que no se puede entrar!

Luis —No, nada, señor, fui a orinar nada más.

Figura —Orinar y por qué subiste por el árbol a orinar, idiota, aparte llamé a la policía.

Sin dudarlo Luis por instinto lo empuja y la figura cae al piso y empieza a correr por cualquier dirección. Después de correr cinco cuadras para y toma aire, se percata de que no lo haya visto nadie, camina una cuadra más hacia la avenida y para un taxi y agarra su celular.

Luis —Hola, Marian, voy para tu casa, después te comento.

Cortó el teléfono y le dice al chofer “déjeme acá en la esquina”, le paga el viaje y baja del auto, camina un poco cojo hasta el domicilio de Mariana, toca timbre y atiende ella, le dice que ya baje.

Mariana —Te pasó algo, Luis, estás bien, contestame.

Luis —Sí, pero te cuento arriba, acá no voy a decirte.

Mariana —¿Trajiste la grabadora?

Luis —Vamos a tu pieza ¡y te digo todo lo que me pasó!

Llegan a la pieza y se desploma Luis en la cama y ella lo mira atónitamente, va a la cocina y le prepara un té para reconfortarlo del estado de ánimo que tenía.

Mariana —Bueno, acá está tu té tomalo y después contame lo que te pasó.

Luis —No, después lo tomo, te cuento.

Mariana —Dale, contame que no aguanto más de la angustia, ya soltalo.

Luis —Traje tu maldita grabadora pero la puerta de la casa estaba con candado.

Mariana —¡Cómo hiciste, rompiste el candado!

Luis —Cómo lo voy a romper y ¡con qué aparte si me escuchaban los vecinos!

Mariana —Tenés razón, ¿cómo lo recuperaste?

Luis —Me trepé por el árbol, entré por la ventana, lo agarré y me volví pero eso no es nada, te acordás de la figura que vi anoche, ¡me lo topé frente a frente!

Mariana —¿Cómo que lo viste y qué pasó?

Luis —Reaccioné mal, me asusté demasiado y lo empujé, corrí, tomé un taxi y vine para acá, no quería que mi madre me viera cómo estaba, ¡ya sabés cómo es ella!

Mariana —Bueno, tranquilo, hiciste bien en venir acá, ¡tomate tu té que te va a hacer bien!—

Una vez tranquilo Luis saca la grabadora de su bolsillo y se la da a su amiga, ella la agarra y la tira al tacho de la basura, Luis desconcertado le pregunta.

Luis —Pero qué hiciste, no lo vas a escuchar, por todo lo que pasamos, la tirás a la basura.

Mariana —Justamente por todo lo que pasamos y no quiero volver a saber más nada de esto.

Luis —Bueno, pero yo la quiero escuchar, hicimos un trato, te acordás.

Mariana —Los tratos también se pueden romper porque esto no es lo que me esperaba, si querés llevátela vos, yo acá no la voy a escuchar por todo lo que pasé, ¡mirá hasta dónde llegamos!

Luis —Bueno, yo me lo llevo si querés, quiero saber lo que captó, ¡no tiremos esto por la borda!

Mariana —Sí, llevalo, escuchalo en tu casa y no me digas nada de lo que escuchaste porque no me interesa nada más de esto porque trajo problemas ¡y nada más que problemas!

Luis —Acordate que vos tuviste la idea, ¿no?

Se despide Luis de ella y agarra la grabadora y se dirige a su casa para un taxi y se va a su domicilio hasta que lo deja en su casa, ingresa a su hogar, se recuesta en su cama y deja el artefacto en la mesita de luz, lo mira fijamente para escucharlo pero el sueño lo invade y piensa: mejor lo escucho mañana, voy a estar mejor y con este dolor de pie no voy a poder concentrarme”.

Luis se duerme ya preparado para escuchar a la mañana lo que se captó y no podrá creer lo que se grabó esa noche.

Son las 9 de la mañana de un domingo lluvioso, se levanta Luis, se dirige al baño, se da una ducha, una vez secado, con ropa limpia se va a la cocina, no hay nadie, su madre durmiendo, único día para descansar, él se prepara el desayuno mirando por la ventana que da al patio observando cómo llueve copiosamente, pensativo de lo que habrá grabado o no grabó nada se pone a desayunar, una vez terminado se dirige a la pieza pero primero saluda a su madre y le pide por favor que no lo moleste por un rato que va a estar concentrado mirando un video de la materia que tiene que estudiar, una vez avisado cierra la puerta de su pieza, cierra la cortina de la ventana y piensa.

—Llegó el momento esperado, la hora de la verdad, qué es lo que grabó.

Él se pone los auriculares y aprieta play. La verdad esperada empieza a correr sin retroceso.

Escucha en un primer momento ruidos de personas hablando subiendo o bajando las escaleras y recuerda que fueron ellos cuando se fueron de la casa y aparece un silencio de ultratumba.

Él no adelanta la grabación, quiere escuchar todo muy concentrado, a las 12 de la noche se escuchan voces de vecinos caminando seguro por la cuadra por cómo se elevan las voces y baja el sonido a medida que se van. A la una y media se escucha el sonido de un auto pasar y así sucesivamente a las dos y media se dejan de escuchar los ruidos que hacen los coches, a las tres de la mañana se escucha como un grupo de muchachos hablando y se pierde el volumen a medida que se van, quizás nomás se iban a divertirse y del fondo se escucha cómo un coche estaciona, apaga el motor, abre la puerta y lo cierra.

Ahí Luis se enfoca y se concentra en la grabación, se oye cómo abre el baúl del rodado, lo cierra, se escuchan pasos y desaparece, escucha ruidos de la puerta cerrándose y ruidos de cadena y el clic del candado que se cerró, vuelven a aparecer esos pasos de vuelta, abre la puerta y cierra, pone en marcha el coche y se va desapareciendo el sonido a medida que se retira.

Pone en pausa y se dirige al baño, saluda a su madre en la cocina desayunado y se vuelve a la pieza trotando, se pone los auriculares, pone play para escuchar otra vez. En ese tiempo no se escucha nada, concentrado y ansioso por otro sonido a las tres y treinta y cinco, vuelve a escuchar otro sonido pero este era diferente a los demás, se escucha como una interferencia con voces o ruidos mezclados a la vez y desaparece, lo que llamó mucho la atención a Luis hasta el límite de ponerse nervioso, pone pausa y descansa un rato por lo sorprendido que quedó, se va a la cocina, la madre cocinando, se prepara otro café, su madre le pregunta.

Silvana —Cómo estás, hijo, estás bien, te noto muy concentrado.

Luis —Sí, madre, quiero terminar cuanto antes este trabajo de la facultad.

Silvana —Cuando esté el almuerzo te llamo y despierto a tu padre.

Luis — Yo te aviso, ya falta poco para que termine, hasta luego.

Se va de vuelta a la pieza, se pone el auricular, pone play, se escucha otro ruido como un zumbido y de repente vuelve ese sonido de interferencia pero esta vez con un sonido más claro, se escucha la voz de un niño y grito a la vez y la de un señor grande pero no se escucha con claridad lo que hablan y después viene la interferencia.

Luis empezó a tener miedo y empezó a sudar por la adrenalina, pone en pausa otra vez para llamar a Mariana pero no contesta, agarra la grabadora y se le cae de las manos de los nervios, se tranquiliza, vuelve otra vez a escuchar, otra vez vuelve a aparecer ese ruido de interferencia pero no logra diferenciar mucho y vuelve el silencio otra vez y de repente se escucha como un sonido de algo arrastrándose algo por el piso y de ahí no se escuchó más nada desapareciendo el sonido a las cuatro y media. Otra vez se escuchan sonidos de autos circulando con más frecuencia, voces de personas también, se fija el horario y le marca como las cinco y media de la mañana y se corta la grabación, no tenía más memoria para seguir grabando, se saca los auriculares sorprendido y pensativo por lo sucedido, se podría decir consternado, descansa un poco y se va a la cocina a almorzar, estaban los padres listos esperándolo, se dispone a almorzar, ni una palabra en la mesa por parte de Luis mientras los padres hablaban entre ellos les dice que se retira de la mesa, terminó su almuerzo y se va de vuelta a su pieza, su padre le dice.

Sergio —Hijo, todo bien, no hablaste en todo el almuerzo, ¿qué te pasa?

Luis —Nada, padre, ¡solo estoy concentrándome en lo que estoy estudiando!

Silvana —Seguro, hijo, vos no sos de callarte cuando almorzás, ¿querés contarme qué pasó?

Luis —Nada, no pasa nada, estoy bien, si me pasa algo les cuento, tengo que terminar el trabajo, hasta luego, no pasa nada, quédense tranquilos.

Cuando se retira Luis los padres se miran nada convencidos de lo que dice.

Entra a la pieza, llama a Mariana y nada, no contesta otra vez y piensa.

“Bueno, voy a seguir yo con este trabajo, después que no me diga nada porque lo hice solo sin consultarla, total ella dejo de interesarse.

Introduce la grabadora a la computadora, pasa la grabación a la memoria de su computadora, una vez instalada la copia para pegarla a una aplicación que corrige los sonidos y que pueda escucharse con más nitidez; una vez procesado recorta la parte donde se escucha la interferencia, se coloca los auriculares de mejor calidad y escucha la interferencia pero con un sonido más pulido, era la voz de un niño hablando, gritando y llorando junto con la voz de un hombre adulto, vuelve otra vez a escucharlo y lo mismo pero no consigue escuchar lo que habla, más no le daba el programa para pulir el sonido y se queda con la intriga de lo que hablan y se pone a buscar por internet la forma de cómo aclarar esas voces que escuchó, que de verdad dan mucho para pensar...

Después de una siesta reconfortante se recupera anímicamente Luis y pensando que una y otra vez no puede encontrar programas de calidad para limpiar el sonido de la grabación se levanta, se dirige al baño, se lava la cara y vuelve a su pieza y otra vez empieza a pensar cómo resolver ese problema, se sienta adelante de su computadora, navega por internet y no tiene más remedio que comprarse un aparato especial para tal fin. Pero una página lo lleva a un enlace que lo explica por video y al final del video aparece el nombre de la persona de un investigador paranormal, busca su nombre otra vez en la web, aparecen sus servicios y número de teléfono, piensa: “No me queda más remedio que me ayude este investigador, cuánto me cobrará, pero, bueno, hay que hacerlo y veremos qué sucederá.

Anota su número en su celular y su nombre ansioso por lo que va a hacer, piensa si lo atenderá hoy domingo y con lluvia, pero eso es lo de menos. Él marca el número pero no contesta y le queda el contestador grabado en silencio y corta.

—Bueno, hoy es domingo quizás hoy no trabaja. Pero voy a llamar a Mariana.

Marca el número de ella pero tampoco contesta y es muy raro, ella no es de no contestar, deja su móvil en la cama y se va a la cocina a tomar un refresco y a mirar televisión, de repente su madre le avisa que su celular lo está llamando, pensó que era Mariana pero no es ella, aparece otro nombre, el de Esteban Prados y recuerda que es el número que anotó del investigador.

Luis —¿Hola?

Prados —Buenas tardes, usted me llamó hace rato y no pude atenderlo.

Luis —Sí, yo lo llamé porque tenía una duda por un problema de una grabación.

Prados —Dígame por favor el motivo de su llamada.

Luis —Bueno, resulta que tengo una grabación y no se puede escuchar bien lo que se habla.

Prados —Bueno, eso debe ser por varios factores, uno de ellos es que la grabadora no anduvo bien por baja batería, otro también que pudo haber grabado una grabación.

Luis —No, imposible porque lo dejé grabando en una casa abandonada y se escucha de la noche a la madrugada y cuando volví otra vez a recuperarlo no había nadie...

Prados —¿Pues dónde queda esa casa?

Luis —La calle se llama Ramos y está a dos cuadra de la pizzería, a cinco cuadras de la avenida.

Prados —Conozco esa casa, escuché comentarios de ese lugar pero nunca escuché lo que usted me está diciendo de que alguien grabó en esa casa.

Luis —Pues me lo contó una compañera mía, no fui solo, sucedieron varios traspiés en ese momento para conseguir esa grabación como si fuera de película.

Prados —Bueno, noto que hicieron un gran trabajo, ahora usted cómo se encuentra anímicamente.

Luis — Yo en lo personal ando mejorando del dedo que rozó un auto, después cuando entré a la casa sentí como un malestar en mi ánimo y sentí mareos.

Prados —¿Y su compañera qué signos presentó?

Luis —Ella también sintió lo mismo que yo pero se llevó la peor parte...

Prados —Dígame, lo sigo escuchando

Luis —Cuando volvimos a su casa ella se sintió mal y vomitó sobre su Biblia y después ya no quiso saber más nada con esta investigación, se asustó demasiado.

Prados —Por lo que usted me cuenta percibo que ustedes estuvieron con algún tipo de contacto.

Luis —No me diga eso, señor, que eso sí que asusta, he tenido mucha angustia con esto y ella no quiere seguir más con esto, ya duda de esto.

Prados —Es normal que duden de esto y por lo que pasaron. Dígame cuándo podríamos encontrarnos para que usted me facilite esa grabación, me interesa el tema, voy a ayudarlos si ustedes quieren, esto es un tema serio.

Luis —Cuando salga mañana de la facultad a las siete de la tarde, a una cuadra hay una cafetería, venga y le presento a mi amiga.

Prados —Perfecto, caballero, quedamos así, ruego que no falte a la cita por favor.

Luis —¡No!, por nada del mundo voy a faltar al encuentro.

Prados —Quedamos así, nos vemos mañana a las siete en la cafetería, hasta mañana.

Luis —Hasta mañana, señor, gracias por escucharme, adiós.

Una vez finalizada la conversación Luis se siente aliviado y distendido por el problema que le van a solucionar, se dirige al comedor, se pone a mirar el televisor tranquilo y empieza a cenar, se podría decir que en cierta forma volvió la armonía a su vida mientras su madre le prepara la ropa para mañana y ella también lo siente pero decide no preguntarle para no presionarlo.

Pero él no logra olvidar y le suena raro lo que le pasa a Mariana que no contesta sus llamados, por lo menos un mensaje, ni eso y decide ir a la casa de ella para saber cómo está, se cambia de ropa, llega la puerta y empieza a dudar, su madre le pregunta.

Silvana —Qué pasa, hijo, ¿adónde vas con esta lluvia?

Luis —Voy a la casa de Mariana, la llamé y no me contesta, pienso si le pasó algo.

Silvana —Mañana la vas a encontrar en la facultad, ¿no? Aparte está lloviendo, por qué no te quedás, lo único que falta es que te enfermes.

Luis —Tenés razón, madre, mañana la veo, me voy a acostar mejor, hasta mañana.

Saluda a su madre, se prepara para mañana y se acuesta en su cama pensando lo que sucederá al día siguiente sin saber que esa situación le marcará su vida.

Ya es temprano en Buenos Aires, despejado y con mucho frío por la intensa lluvia de ayer. Luis se prepara para ir a la facultad, desayuna en el comedor, una vez terminado deja la taza en el lavadero, saluda a su madre y ella también recoge la mochila y mete adentro la grabadora y piensa: “Llegó el gran momento, la hora de la verdad, me voy a sacar todas las dudas y sabré si valió la pena por todo lo que pasé con Mariana. Aparte hoy la veo a ella en la facultad”.

Sale de su casa, llega a la esquina y en un rato se toma el ómnibus.

Mientras tanto en la facultad los estudiantes se reúnen en la entrada charlando de lo que estudiaron o se divirtieron el fin de semana Luis va llegando y se pone en las escaleras de la entrada para ver si viene Mariana hasta que es la hora de la entrada, desilusionado y preocupado por no verla a ella entra al establecimiento, se dirige al aula, se sienta y marca su celular y vuelve a no contestar, ya preocupado piensa que una vez que termine las clases del día irá a su casa a buscarla, ya muy preocupado por su ausencia en la clase, ve su pupitre donde ella se sienta vacío y sus compañeros murmurando qué le habrá pasado que no llega. Aparece el profesor, saluda a sus alumnos y se dispone a dar su clase.

Una vez terminada la jornada se levantan los alumnos, los estudiantes recogen sus pertenencias y se retiran y en la puerta lo llama el profesor con una voz preocupante.

Torres —No se retire, Luis, ¿no sabe por casualidad por qué no vino Mariana?

Luis —No sé qué le pasó la llamé para saber cómo anda varias veces y no me contestó y estaba pensando en ir a su casa ahora para saber cómo se encuentra o si necesita ayuda.

Torres —Bien, cuídese, vaya a verla, aparte, ¿cómo les fue la otra vez que fueron a investigar eso que tenían planeado?

Luis —Sí, fui con Mariana pero no pasó lo que esperábamos, bueno, nos vemos mañana, me voy a verla a ella a ver cómo se encuentra.

Torres —Okey, hasta mañana, suerte con eso.

Luis —Sale de la facultad, saluda a sus compañeros en la puerta y se dirige a la cafetería, entra al lugar, toma asiento, no había nadie, pensando que no llegó Prados, viene el mozo, lo saluda él también y pide un café, mientras espera saca de su mochila, la grabadora y la escucha mientras espera al de la cita y se toma su café.

En ese momento ingresa por la entrada una persona de estatura alta, vestido de traje negro con una mirada penetrante con ojos de color negro, acompañado de un portafolio y Luis no duda de que es él y viceversa y le pregunta.

Prados —¿Usted es Luis de casualidad?—

Luis —Sí, soy yo, ¿usted es el profesor Esteban Prados?

Prados —Desde luego permítame sentarme con usted.

Luis —Sí, por favor tome asiento, ¿quiere un café?

Prados —Sí, un café por favor, ¿usted ya pidió?

Luis —Sí, pero pido dos, mientras lo esperaba a usted me tomé un café.

Prados —Esta bien, recién lo llamé para saber si se encontraba acá.

Luis —Ah, disculpe, no lo atendí, no lo habré escuchado, estaba escuchando la grabación. Mozo, dos cafés por favor.

Prados —Su amiga no llegó todavía, ¿la esperamos a ella?

Luis —No, ella no se presentó hoy a clases, después de esta reunión voy a ver cómo se encuentra, pero no hay problema, ¡empecemos a hablar del tema ya!

Prados —Bueno, soy todo oído cuénteme desde el principio de lo que grabaron

Luis —Resulta que mi amiga Mariana me contó que había una casa abandonada en la que sucedían sucesos extraños y me preguntó si quería investigar, yo acepté, aparte nos fascina lo paranormal y lo oculto y el viernes a la noche fuimos a la casa, antes tuve un inconveniente me rozó el pie un auto, no me lastimó pero me fastidió bastante, llegamos al lugar y dejamos la grabadora en el lugar y nos fuimos pero antes sentimos como un malestar de ánimo muy feo, me dolía la cabeza, ella vomitó y nos retiramos, llegamos a su casa y nos reponíamos y yo con mi pie hinchado y ella después se puso a vomitar.

En ese instante el mozo trae los dos cafés y el profesor atento espera el relato de Luis, endulzan los cafés con un sorbo de por medio y se reanuda la conversación.

Luis —Después ella se repuso y no quiso saber más nada de esto, yo por el contrario seguí con la investigación y el domingo me lo puse a escuchar, pero había una parte que no se escucha bien, lo mejoré en la computadora y me figuró un sonido de un niño llorando y gritando como pidiendo auxilio detrás de una voz de una persona grande, después de ahí busqué ayuda y lo encontré a usted por internet.

En esta pausa, café de por medio, mientras el profesor procesa lo dicho por Luis.

Prados —Bueno, por lo que usted me cuenta a veces el inconsciente colectivo lleva a esto y ustedes no se prepararon adecuadamente pero admiro la valentía de los dos.

Luis —Sí, fue todo muy improvisado, qué elementos usa usted para investigar un lugar.

Prados —Primero el permiso del dueño del lugar, si tiene dueño, después un equipo especial para estudiar el área, por ejemplo luces portátiles, lámparas de visión nocturna, una grabadora de visión nocturna más una grabadora de buena calidad y un mel meter, que es un medidor de campo magnético que es muy caro y para terminar un sensor de movimiento, una vez terminado el trabajo se procesa lo que captaron los instrumentos y se verá el resultado si hay o no fenómenos paranormales.

Luis estaba sorprendido por lo que hablaba Prados.

Luis —Buá, eso se llama profesionalismo, ¿y cómo sigue esto?

Prados —Ahora usted me dijo que captó sonidos y pudo escuchar, a eso se lo llama estrépito ultrasonido, pero a lo que usted no pudo escuchar por el oído humano en ese momento de silencio, que por ahí quizás lo captó, se lo llama infrasonido, que está fuera de nuestro alcance audible.

Luis —Lo escucho y no lo puedo creer, acá tiene la grabadora, fíjese si es de buena calidad y tiene la grabación original.

Prados —Si es de buena calidad y capta sonidos ultrasonidos y de infrasonidos graba por debajo de veinte MHz, este modelo usan los profesionales.

Luis —Excelente, entonces seguro que captó algo, cuándo me podría confirmar la grabación.

Prados— No se impaciente, a veces esto sucede, a veces no, pero esta noche me dedico a trabajar con su investigación y si es necesario recurriré a la ayuda de un profesional.

Luis —Está bien, ¿así que usted tiene un equipo de colaboradores?

Prados —Sí, hay un equipo de profesionales que me ayudan en esto, otra cosa más, no hagan más esto solos, primero la oración de un sacerdote para protegerlos para evitar en ustedes una cadena de acontecimientos negativos en su vida.

Luis —Desde luego, señor, no más solos y con una bendición de por medio, prometido.

Prados —Mañana a la tarde lo llamo para que sepa cómo va la investigación o pasado mañana y llame o vaya a ver a su amiga, cómo se encuentra es raro que con un tema muy importante no haya venido, hágame el favor.

Luis —Sí, ya voy a su casa en este momento.

Los señores pagan sus cafés mientras el profesor guarda la grabadora en el portafolio y se retiran en distintas direcciones mientras Luis toma un taxi y se dirige a la casa de Mariana hasta que llega se detiene a su destino y Luis paga al conductor la tarifa, se baja y toca el portero eléctrico y no contesta y piensa que esta situación ya es preocupante, algo anda mal, espera un momento y vuelve a tocar timbre y nada, no contesta, ya no duda y llama al portero del edificio, sale el encargado, abre la puerta y le pregunta a él.

Portero —Buenas, ¿en qué lo puedo ayudar?

Luis —Hola, soy Luis, amigo de Mariana del segundo A, la llamé anoche y no me contestó, hoy tampoco y no fue a clases de la facultad; vine a ver si le había sucedido algo.

Portero —Sí, la conozco, ¿es la pelirroja que estudia psicología?

Luis —Sí, ella misma, podría ir a verla usted si por lo menos se encuentra o está bien en su departamento porque estoy preocupado.

Portero —No se haga problema ya mismo voy a averiguar cómo se encuentra, si está o no, le aviso.

El encargado se dirige a su habitación recoge del tablero la copia de llave de la pieza de Mariana y empieza a subir por las escaleras hasta el segundo piso y toca timbre y no contesta, baja el portero a planta baja a llamar a Luis, lo hace pasar, cierra la puerta del edificio y se dirigen a la habitación de Mariana. Introduce en la cerradura la copia de la llave, logra abrir, entran al departamento y observan en el living la biblioteca que da frente a la cama tirada con los libros desparramados, lo que llama mucho la atención a ambos y Luis observa cómo en la Biblia estaban las páginas arrancadas. El portero observa en la cocina como en el lavadero, está manchado con vómito y le dice a Luis que ahí no se encuentra, él camina hacia el baño, abre la puerta y ve a Mariana desmayada en el piso y grita Luis al encargado:

Luis —Ayuda, señor, acá esta Mariana, se encuentra desmayada, ¡llame a emergencias!

El portero observa la situación y no duda en llamar al 911, baja por las escaleras, se dirige a su habitación, su señora estupefacta lo mira y él hace el llamado pidiendo el auxilio y le dice a su señora que cuando vengan los médicos que vayan al segundo A, vuelve el portero a la habitación avisándole que viene ayuda en camino.

Luis abrazando a su amiga llora por lo que le pasó y ella no pudiendo dar una señal pero respiraba aún y los médicos llegaron enseguida junto con los policías suben por las escaleras, se dirigen a la habitación, el médico le pregunta a Luis.

Médico —Qué le pasó, hace cuánto se encuentra así inconsciente.

Luis —No sé, yo la encontré así, ella ayer no me contestaba el teléfono, creo que desde ayer.

El médico le pide que se retire y empieza a tomarle a ella sus signos vitales y le mira con una linternita los ojos, pide al camillero que hay que llevarla al hospital enseguida, con ayuda de Luis la bajan por la escaleras, llegan a planta baja y la recuestan en la camilla y la llevan a la ambulancia, abren la puerta trasera, entra la camilla y su amigo le dice al médico que va a acompañarla porque ella está sola acá en Buenos Aires. El médico le dice que suba, arranca la ambulancia y se van al hospital mientras el portero daba detalles a los policías de lo que había sucedido en la puerta del edificio. Mientras la ambulancia se dirigía a toda velocidad con su sirena encendida el médico pide por handy que necesita urgente un equipo de reanimación, llegan a la puerta del hospital, la bajan y llevan la camilla a estudios intensivos y Luis llega hasta la puerta diciéndole el enfermero que hasta acá puede llegar y tiene que esperar que el médico que la atenderá le dará un informe médico. Se sienta en el salón de espera sorprendido por lo que estaba pasando y se pone a llorar y acongojado por lo que le pasó a su amiga se va a la entrada del hospital y llama a su madre, que han internado a Mariana, que a él no le pasó nada y que se queda toda la noche a esperar el informe médico, corta la llamada, entra al salón y se sienta en la silla con la mirada apuntando hacia arriba, tensionado y desbordado por la situación.

Después de toda la situación que pasó Luis, cansado y agotado se dispone a dormir algo o lo que pueda en el salón de espera de emergencia con un ambiente de tensión y mucho frío, por fin logra conciliar el sueño y dormita mientras tanto en la casa de Luis la madre se prepara para ir al hospital a llevarle algo de comer y café caliente y le avisa a su marido.

Silvana —Sergio, despertate, la amiga de Luisito está internada en el hospital, no me dijo exactamente lo que le pasó pero quiero llevarle algo a Luis para comer ¡y saber cómo está él!

Sergio —Cómo que está en el hospital, qué le pasó a él, ¿en qué hospital?

Silvana —No me dijo lo que le pasó, no escuchaste bien, él está bien pero su amiga no lo está.

Sergio —Pero qué les pasa a estos chicos, en qué andan, tendrán algo que ver por lo que estaba callado en el almuerzo Luis que no quiso decir nada, algo anda mal en él, pero no lo quiere decir.

Silvana —Sí, la otra vez cuando vino con su amiga y se quedó a comer él estaba como cojo, no caminaba bien, como si se hubiera tropezado con algo.

Sergio —De eso vos no me dijiste nada, por qué no me lo comentaste, cuándo me ibas a decir.

Silvana —Bueno, tenés razón, te lo tenía que haber dicho pero cambiate, prepará el coche que nos vamos al hospital a ver a Luisito que esta solo allá esperándonos, pobre.

Sergio — No está solo, hay pacientes, médicos y policías, dejá de ponerte nerviosa, ya vamos, espero volver temprano, apenas estaba durmiendo y lo traemos a Luis ¡y fin del problema!

Silvana —Bueno, no te pongas nervioso que tenés que manejar, vamos al hospital central.

Los padres se preparan para ir al lugar, se dirigen al garaje, se suben al auto, arranca directo al hospital mientras Luis casi dormido se despierta por una emergencia pasando por donde está él una chica en camilla con el brazo fracturado por un accidente de motocicleta. Él sorprendido se levanta, empieza a caminar por el lugar para calmar sus nervios y observa al médico que está atendiendo a la chica en la puerta de la guardia, era el mismo que recibió a Mariana y no duda en preguntarle, camina directamente a la puerta.

Luis —Doctor, cómo se encuentra ella, es la que vino desmayada, ¡cómo esta!

Doctor —Usted es pariente de ella, ¿qué es usted de ella?

Luis —Soy su amigo, estudia conmigo en la facultad, qué le pasó a ella, ¿se recuperó?

Doctor —Su amiga está bien, en un rato le doy el informe, tengo que atender otra emergencia.

Luis — Bueno, gracias, doctor, espero.

Él más tranquilo ya por la buena noticia de que su amiga se está recuperando sale a la puerta a tomar aire fresco, pide un cigarrillo para calmarse por un rato y observa en la entrada del hospital que aparecen sus padres, sorprendido de que están ahí y él con el cigarrillo en la mano.

Luis —Pero qué hacen ustedes acá, les dije que no me pasó nada a mí sino a ella.

Silvana —Pero, hijo, te vinimos a ver y te trajimos algo caliente y comida, ¿cómo estás?

Luis —Yo bien, pasé por la casa de Mariana porque no fue a la facultad, estaba preocupado y la encontré desmayada en el baño de su casa, el portero me ayudó, llamó a los médicos y la trajeron acá en ambulancia.

Sergio —Desde cuándo fumás, hijo, contame en qué andan ustedes, todo esto es muy extraño.

Luis —Bueno, padre, estaba nervioso, tenía que fumar un pucho pero está bien y en qué ando yo, nada raro, padre, solo pasé por la casa de Mariana y ella necesitaba ayuda cuando se despierte ella veremos qué le pasó así te tranquilizás, ¡no te pongas nervioso!

Silvana —Bueno, chicos, no discutan, a ver, Luis, ¿cómo está ella ahora, hablaste con el médico?

Luis —Sí, me dijo que se está recuperando, en un rato nos da el informe médico.

Sergio —Bueno, eso está bien, si ya sale la llevamos a la casa y después a la nuestra porque estoy cansado, mañana, es decir hoy, ¡porque tengo que trabajar temprano!

Luis —Bueno, entremos a la guardia que por ahí sale el médico y no me encuentra, vamos adentro.

Llega la familia adentro del salón de la guardia, se sienta y su madre le pasa el café a su hijo y al marido, de repente abren la puerta de la guardia y es el médico.

Doctor —Usted es el amigo de Mariana.

Luis —Sí, dígame cómo está ella ahora, se encuentra mejor, cómo está ahora, ¡dígame!

Doctor —Sí, ella está mejor, se encuentra estable, sus valores normales están bien pero necesita reposo, a la madrugada o al amanecer se podrá retirar acompañada de alguien.

Silvana —Doctor, ¿qué fue lo que le pasó a ella?

Doctor —Lo que le pasó a ella fue que sufrió un mareo, se desmayó por tener la presión arterial baja.

Luis —Cómo presión baja, pero está estable, ¿se está reponiendo?

Doctor —Tuvo presión baja porque tenía una disminución en la presión arterial, no le llegaba suficiente sangre al cerebro por los reiterados vómitos y deshidratación.

Silvana —¿No sabe por qué motivo pueden desencadenar esa presión baja?

Doctor —Se debe a varios factores como por ejemplo un cuadro agudo de estrés, cansancio, fiebre o anemia, alguien se tiene que quedar para que la lleven a casa, sola no puede ir.

Luis —Sí, yo me quedo y la acompañaré a su domicilio, no va a ir sola.

Mientras el médico se retira del pasillo de la guardia la familia se retira a la entrada, Luis acompaña a sus padres al automóvil, su madre le dice:

Silvana —Por cualquier cosa, hijo, nos llamás, cuidate y mantenenos al tanto.

Luis —Sí, madre, quedate tranquila, vayan a casa, papá tiene que ir a descansar, tiene que trabajar.

Ellos se despiden y arranca el coche y él camina ya tranquilo hacia la puerta del hospital, entra a la guardia, se sienta y espera a su amiga sentado ya en la silla más tranquilo y relajado.

Ya son las siete de la mañana, empieza a ver movimiento de personal en el hospital por el cambio de guardia, se despierta Luis ya descansado y bebe de su café y su sándwich que le dejó su madre, termina de desayunar y espera impaciente en la puerta y sale una doctora preguntando por los familiares de Mariana y Luis, se anuncia a la profesional, lo hace pasar y lo llevan a la cama donde estaba su amiga y se miran, él se pone muy contento al verla ya bien y le agarra su mano como signo de que está con ella y todo bien, pues Mariana apenas puede demostrar ese gesto de Luis con su mirada.

La doctora le da el alta, que ya se puede retirar acompañada de alguien, se levanta un poquito mareada, se sostiene en su amigo y empieza a caminar hasta la puerta, la sienta a Mariana en la silla de la guardia, él agarra su termo y bandeja de comida y vuelven otra vez a caminar despacio hasta la calle, llaman un taxi, se sube muy delicada ella, después Luis y se van al domicilio de Mariana, en el viaje él acomoda sus pertenencias en la mochila y él le pregunta.

Luis —Tranquila, Mariana, ya llegamos a tu casa, cómo te sentís ahora, ¿mucho mejor?

Mariana —Sí, ya mejor, cómo sabías que estaba mal, cómo fue todo, no me acuerdo de nada.

Luis —Vos no fuiste a la facultad ayer y no contestabas las llamadas, me preocupé y vine a verte.

Mariana —Sí, el celular dejó de funcionar, recuerdo que lo dejé cargando en la biblioteca y de la nada se cayó todo, me puse tan nerviosa más por todo lo que pasamos, me agaché a recoger el celular, estaba como nulo por el golpe me agarró un mareo y vomité sobre los libros y fui al baño y ahí no recuerdo más nada.

Luis —Bueno, tranquila, yo te voy a ayudar a limpiar el cuarto, vos sola no podés en ese estado

Mariana —Bueno, quedate, no quiero estar sola por lo menos hoy.

Luis —Vos, tranquila, hoy no voy a la facultad, en un rato llamo a mis padres de que está todo bien.

Llega el taxi al domicilio de Mariana, pagan la tarifa y se bajan y el portero estaba en la puerta limpiando los vidrios de la entrada, ayuda a Mariana a bajarla y la saluda contento de que ella se encontraba bien, entran al edificio y en la puerta aparece la señora del portero para saludarla y la acompaña hasta el ascensor, llegan al segundo piso, el portero le abre la puerta porque tiene la copia, entran, recuestan a Mariana en la cama y Luis agradece al portero por haberle abierto la puerta. Él cierra con la llave del original y se pone a recoger los libros del piso mientras su amiga reposa ya mucho mejor y se duerme, aprovecha él para limpiar mejor e investigar por qué se cayó el estante y revisa libro por libro y encuentra la Biblia con las hojas rotas y manchadas de vómito, duda en tirarla a la basura y la deja en la mesa del lavadero.

Se dispone a limpiar el piso con un trapo, después se dirige al baño, se sorprende del olor nauseabundo que había como olor a fétido con cucarachas por doquier, agarra el insecticida, rocía en el baño y lo cierra hasta que haga efecto, ya esto ha preocupado a Luis, se lava la manos, se prepara un té mientras espera agarra la Biblia y la observa bien de por qué se rompieron únicamente las hojas de este libro y el resto de los libros no.

Prepara té, lleva la bandeja al dormitorio, después acomoda la Biblia en la biblioteca y despierta a Mariana para que tome té, ella se recuesta y empieza a tomarlo.

Luis —Mariana, ya endulcé tu té, tomalo, te va a hacer bien, te traje galletitas de agua.

Mariana —Gracias, Luis, creo que me dormí un poco, ¿no?

Luis —Un rato largo, ya te acomodé la biblioteca y ya no entiendo más nada, ya contame cómo fue todo desde el principio por favor y no me ocultes nada.

Mariana —No te oculto nada, a ver contame vos.

Luis —Bueno, cuando me fui la última vez vos estabas bien, me llevé la grabadora para investigar lo que había grabado, al día siguiente lo escuché y captó algo y te llamé para decirte eso, pero no contestabas y busqué ayuda a un especialista.

Mariana —Grabó algo, pensar que yo no quería saber nada por todo lo que pasamos, ¿y qué pasó?

Luis —Estás bien para que te cuente lo que escuché porque te noto convaleciente.

Mariana —Contame ya, por todo lo que pasé qué le hace una mancha más al tigre.

Luis —La grabadora captó algo a la madrugada, unos ruidos y chicos hablando y una persona grande también y pedí ayuda a un profesional, pero antes te llamé para decirte qué opinabas pero no contestabas entonces llamé a un profesional para que me ayude y después él me llamó y al otro día nos encontrábamos para darle la grabación porque estaba muy interesado en ayudarme, le conté lo que hicimos en esa casa y me dijo que esta noche o mañana me iba a llamar por si captaba algo de lo que se había grabado.

Mariana —Entonces de algo sirvió de lo que hicimos, me puse mal por todo lo que pasamos y quería tirar todo por la borda, fui egoísta en decirte eso porque no aprecié tus ganas y esfuerzo.

Luis —Bueno, Mariana, tranquila, lo importante ahora es que te recuperes, después hablamos bien.

Mariana —Bueno, Luis, gracias por ayudarme, te prometo que cuando me reponga vamos a terminar con esto de una vez, si querés te podés quedar hasta la noche ya que vos vas a la facultad mañana y de paso le contás al profesor lo que me pasó y por qué no voy.

Luis —Bueno, descansá, dormí algo y reponé energía para más tarde, yo voy a hablar con mi madre.

Mariana —Bueno, contale que estoy bien así se queda tranquila, dale saludos.

Ella se recuesta otra vez en la cama y se duerme enseguida. Luis lleva las tazas a la cocina y llama a su madre diciéndole que está todo bien, que no se preocupe y que avise a su padre, se saludan y corta la llamada, se va al baño y limpia el enchastre que había y vuelve a la normalidad la vida de Mariana o de ambos, él se sienta y observa la Biblia y por qué le faltaban páginas...

Después de un largo rato Luis sentado en el sofá todavía leyendo la Biblia o parte de lo que queda se levanta, se dirige al balcón a mirar el atardecer y reflexionando por todo lo que pasaron mira las plantas, están como marchitas, se dirige a la cocina en busca de agua para regarla, coloca la jarra para regarla y en ese momento se desarma de a poco la planta como si fuera cenizas, pensando una y otra vez qué mala suerte que hay acá más la Biblia y todo esto, qué más puede pasar, deja la jarra en la cocina y despierta a Mariana.

Luis —Mariana, te noté casi dormida, cómo estás, mucho mejor, has descansado bien.

Mariana —Sí, Luis, gracias, ya estoy mucho mejor, gracias por quedarte un rato más y cuidarme.

Luis —De nada, Mariana, vos hubieras hecho lo mismo por mí, lo importante es que estás bien, si ya te sentís mejor me voy retirando a mi casa, mis padres están preocupados y quieren saber cómo estoy, pero primero decime si estás bien para dejarte sola, bueno, están el portero y su señora, ¿no?

Mariana —Sí, Luis, ya estoy mejor, te podés ir tranquilo, igual aviso al portero y a su señora para que me cuiden cuando vos te vayas.

Luis —Bueno, espero que mañana vayas a la facultad, avisame si vas, tratá de tener tu celular al lado tuyo, mandá mensaje de texto cuando quieras, no me molesta, te dejo, amiga.

Mariana —Dale, te acompaño a la puerta y hablamos bien lo de la grabación y cómo vamos a seguir después de que me mejore y llamame si el profesional te comenta algo de la grabación.

Luis —Dale, Mariana, te aviso, ¿estás segura de que podés caminar hasta la puerta?

Mariana —Sí, Luis, vamos y hablamos con el portero, te acompaño, vamos.

Bajan por el ascensor, abre la puerta a Luis, caminan por el pasillo, hablan con el portero para avisarle que se retira y que la cuiden en su ausencia, el encargado le dice que se despreocupe, que él y su señora la van a cuidar, se saludan, van hasta la puerta y Luis se retira, se toma el ómnibus, llegando a domicilio se baja, camina hasta su casa, abre la puerta, saluda a su madre contándole cómo fue todo, se da una ducha y se recuesta en la cama y su madre le dice que lo va a llamar para la cena. Él dice está bien, cansado en su cama mirando el techo le dan ganas de repasar unos apuntes de la facultad, abre su mochila y se lleva un estupor inimaginable, aparece la Biblia de Mariana; él sin pensarlo dos veces no vacila en llamar a su amiga pero se detiene para no preocuparla en el estado en que se encuentra, mil veces piensa cómo hizo para entrar ahí si él no la introdujo, la deja en un rincón del armario y se pone a leer los apuntes, su madre lo llama para cenar, se van al comedor y charlan por lo que pasaron él y su amiga mientras él come la madre lo observa detenidamente, él termina de cenar, se va a su dormitorio y se recuesta, prepara sus cosas y empezó a sentir frío en el ambiente más de lo normal teniendo la estufa prendida, se abriga y se acuesta, cuando le estaba agarrando el sueño escucha como algo que arrastra del techo y se escucha un ruido en el piso, se levanta, prende la luz y nada, observa mejor y ve la Biblia tirada en el piso. Mirando atónitamente el hecho la recoge cuidadosamente, la guarda en una bolsa poniéndola en el fondo del ropero, se va al baño, vuelve y siente un clima muy raro en su habitación que lo hace incomodar y piensa que no le gusta nada esto y juzga si fue buena idea traer la Biblia a su casa pero encima él no la trajo.

Prende la radio, pone el volumen bajito para relajar un poco el ambiente, se relaja en la cama, cierra los ojos tratando de tranquilizarse pero a la vez atento a los ruidos y piensa lo único que hace falta es que el diablo toque la puerta, silencio de por medio siente otro ruido, se levanta enseguida de la cama como un rayo asustado, pero esta vez no era el libro sino que golpearon la puerta, abre sigilosamente y era su madre y le dice:

Luis —Sí, madre, ¿qué pasó que tocás la puerta a esta hora?

Silvana —No pasa nada, te tengo buenas noticias, me llamó tu hermana, me dijo que está embarazada, voy a ser abuela y vos tío, ¿qué buena noticia, no?

Luis —Sí, estupendo, qué buena noticia.

Silvana —Pero no te noto tan contento, ¿qué te está pasando?

Luis —Nada, estoy cansado, no puedo cerrar los ojos, ya me voy a dormir, no te preocupes.

Silvana —Eso es porque pensás demasiado por lo que pasaron vos y tu amiga, acaso hay otra cosa que te incomoda y no me hayas hablado, contame, hijo.

Luis —No, madre, es eso nomás, no hay más para contestarte pero me decís que mi hermana va a ser mamá y ahora me salís con esto, ¿por qué no te decidís?

Silvana —Sí, tenés razón, hijo, te pregunto porque me preocupa verte así.

Luis —Vos tranquila, madre, me voy a poner bien ahora que Estefanía agrandó la familia mucho mejor, contale a papá de la noticia.

Silvana —Sí, cuando venga de trabajar le cuento personalmente, bueno, era para decirte eso, me voy a descansar si puedo ya que esta noticia es muy fuerte, hasta mañana, hijo.

Luis —Hasta mañana, madre, que descanses y gracias por la buena noticia, gracias.

Se acuesta otra vez en su cama, ya esta vez tranquilo por la buena noticia de que va a ser tío, también de cómo anda Mariana, de que se recupere bien y que mañana pueda ir a la facultad, agarra el celular, observa su número pensando en llamarla, deja el teléfono cargando la batería, abre el placar, saca la Biblia y la observa muy profundamente concentrándose de que no va a pasar más nada y que es pura sugestión por parte de él, mirando detenidamente las hojas que le faltaban la envuelve otra vez en la bolsa de plástico y la guarda en el mismo lugar ya un poco relajado se vuelve a acostar en su cama sin antes apagar la radio, mirando primero de que esté todo en orden, cierra sus ojos con clima de paz y que nadie interrumpa su descanso.

Otro ruido que interrumpió la paz del dormitorio mientras él movía las piernas y los brazos del susto agitando la frazada era la llamada de su celular, piensa que debe ser Mariana, esta noche no voy a poder dormir, agarra el celular y es Esteban Prados llamándolo...

Asombrado y sugestionado por los momentos que está viviendo Luis recibe la llamada del profesional y con una gran intriga se dispone hablar con Prados.

Luis —Hola, buenas noches, señor Prados, qué sorpresa, esperaba su llamada, ¿hay noticias?

Prados —Buenas noches, Luis, ¿cómo le va?, lo interrumpo en algo porque es importante lo que tengo que decirle, estuve trabajando toda la noche y hay indicios contundentes en la cinta.

Luis —No, para nada, usted puede llamarme cuando quiera, qué es lo que me va a confirmar.

Prados —Bueno, gracias por la confianza, he pasado su grabación a una cinta magnetofónica y he revisado varias veces la parte donde hay sonidos de voces y hemos ubicado un infrasonido que quiere decir un sonido que no es perceptible al oído humano.

Luis —Lo escucho y no creo lo que me dice, ya que me asombra este trabajo que hice con mi amiga.

Prados —Sí, muy buen trabajo lo de ustedes, el tema es que así quedó registrada la voz de un niño gritando y pidiendo ayuda y la de un señor atormentando al niño, es increíble lo que dicen.

Luis —No puedo creer lo que me cuenta, señor, ahora estoy más intrigado y asustado pero de qué se trata la conversación, dígamelo por favor.

Prados —Escúcheme bien, Luis, tiene que estar preparado psicológicamente para lo que va a escuchar porque alteraría su estabilidad emocional, esta noche si lo hago escuchar no llegaría a dormir, esta noche es mejor que venga personalmente a escucharlo a mi oficina.

Luis —Va a ser mejor, señor, porque lo que me está pasando últimamente no sé si estoy preparado para escucharlo, es que tuve una semana muy agitada.

Prados —Pues en ese caso venga a escucharlo a mi oficina mañana a la noche, pero qué dice su amiga de esto, le contó, ¿se pudo encontrar con ella?

Luis —Me llevé una gran sorpresa cuando la fui a ver estaba desmayada en su habitación.

Prados —Pero y ahora cómo se encuentra ella, ahora qué es lo que tiene.

Luis —Sufrió una baja presión, se descompensó, se desmayó, la llevé al hospital en ambulancia y al otro día le dieron el alta supuestamente debido a un fuerte cuadro de estrés.

Prados —Eso sí que es raro, ¿pero se encuentra bien ahora ella?

Luis —Sí, ya está mejor, lo más llamativo es que vomitó la Biblia y hay una seguidilla de problemas en su casa y en mi vida ¡que ya me están aquejando!

Prados —¿Cuáles son esos problemas que persisten en molestarlo?

Luis —Primero lo que le pasó a Mariana, después cuando volvimos a su casa los libros desparramados por el piso, las plantas de ella empezaron a secarse y lo más increíble cuando abrí la mochila para repasar los apuntes apareció la Biblia y yo no la guardé ahí, es extraño, ¿no?

Prados —Lo primero que tiene que hacer es no obsesionarse con la mala suerte, esto ayuda a cometer errores, inconscientemente lo del libro lo habrá puesto sin darse cuenta o si es por culpa de fuerzas no naturales piense en positivo porque lo que piense atraerá a su vida.

Luis —Sí, yo trato de tranquilizarme pero lo que me pasó recién no tiene lógica, dejé la Biblia en la parte de arriba del mueble y cayó abruptamente al piso nadie, la movió, esto sucedió en mi pieza.

Prados — Pues lo primero y primordial es tranquilizarse, ahora escúcheme bien, tome un trapo con agua y vinagre mezclado, páselo por su pieza, rece un padrenuestro y mañana a la mañana abra la ventana de su casa, deje airear con un sahumerio prendido y cuando usted venga a mi oficina le diré las cosas que tiene que hacer para que no se descontrole emocionalmente, eso ayuda a que haya buen equilibrio a su alrededor y en su entorno.

Luis —Bueno, señor, gracias por sus consejos, dígame a la hora para que vaya a su oficina.

Prados —Véngase tipo ocho de la noche, la dirección es Carreras 1822, sexto C.

Luis —Bueno, muchas gracias por escucharme, mañana estaré allá, hasta mañana.

Prados —Hasta mañana, lo espero, tranquilícese y adiós.

El profesor corta la llamada y Luis lo primero que hace es ir a la cocina, coge un trapo y en un balde pone agua con vinagre mezclado llevándolo a su dormitorio, limpia primero la mesa de luz y sigue con su cama, lo enjuaga en el balde y repasa por el piso, por último la biblioteca y duda en sacar la Biblia para limpiarla, pero lo hace, una vez terminado deja las cosas en la cocina, entra de vuelta y reza un padrenuestro pero sin la Biblia, pone las cosas en su lugar y se recuesta ya esta vez relajado vuelve a conciliar el sueño.

Pero el profesor estaba en su oficina pensativo por la charla que tuvo con Luis, le dio para pensar que esto no es una simple racha de mala suerte sino que es consecuencia de un ataque maligno por lo que pasó en esa casa por conseguir esa grabación y no duda en ayudarlo primero por confiar en él y segundo por tener la valentía de hacer este trabajo y empieza a dudar si lo hará escuchar la grabación que registró la psicofonía aterradora y su conversación muy violenta que llegó a helarle la sangre a Luis. Pero mientras tanto Prados espera al parapsicólogo para ayudarlo en la psicofonía que captó la grabadora, suena el portero y es él, Prados le abre el portero eléctrico y él lo espera en la puerta abierta de su oficina, su colega abre la puerta del ascensor, se saludan en la entrada, lo hace pasar al estudio, se dirigen a la cocina, café de por medio hablan de lo que le pasó a Luis, por todo lo que pasó, una vez terminado los cafés se disponen a ir al salón de trabajo muy bien equipado como un profesional.

Prados prende la grabadora y los dos escuchando detenidamente la psicofonía el parapsicólogo toca levemente la grabadora como si quisiera conseguir información sobre el objeto o en el lugar del hecho, una vez terminado la psicofonía Prados prende las luces y el parapsicólogo le contesta afirmativamente a Prados que en ese lugar hubo un episodio violento seguido de muerte...

Una vez dictado el veredicto del parapsicólogo anotando en un apunte todo lo sucedido en el estudio ponen a prueba otra clase de estudios en otro cuarto, llevan la grabadora reponiendo en la mesa que está justo en el medio del cuarto y con techo alto, Prados le dice a su colega: cuando quiera apago las luces, él le da el okey, apaga las luces y cierra la puerta con una leve luz en el borde del piso, se dispone a prender la grabadora pero esta vez manejando el método de retrocognición a la situación ocurrida a la casa, se concentra apoyando los brazos sobre la meza concentrándose atentamente, la parte del infrasonido con una gran concentración. Él accede al acontecimiento pasado mirando y observando todo el escenario nublado y oscuro, mira alrededor de la imagen de un niño corriendo hacia una habitación de más o menos siete años y por la escalera sube un anciano con un cuchillo con una mirada fría y decidido a hacer lo que tenía en su mano, entra a la habitación todo visualizado meticulosamente por el profesional; se escuchan gritos de socorro del niño y ruidos como golpeando algo en el piso y la voz del anciano gritándole al niño. El profesional se esfuerza para ir a la habitación para ver el hecho pero no puede, no tiene la fuerza suficiente y decide abandonar la retrocognición, vuelve en sí mismo, llama a su amigo y le dice que el trabajo ha terminado.

Entra Prados, enciende las luces, apaga el sonido de la grabadora y lo ve traspirado y agitado.

Prados —Se encuentra bien Araoz, ¿quiere un vaso con agua?

Araoz —Me encuentro bien, solo un poco nervioso por la visión de la escena violenta, un poco desilusionado por no haber obtenido más información a través de mis imágenes mentales, pero, bueno, una cosa es seguro, lo que ocurrió en esa casa es que hubo un asesinato a un menor, pero no sé por qué.

Prados —Bueno, Araoz, entonces queda confirmado que la grabación del infrasonido es verídica y la situación de la escena de violencia en su visión.

Araoz —Sí, colega, no hay duda de que ocurrió un hecho desagradable en esa casa pero me gustaría saber con más profundidad lo que ocurrió ahí, habrá alguna forma de entrar a esa casa para estudiarlo, habrá que averiguar quién es el dueño para darnos su permiso.

Prados —Haré averiguaciones con estos chicos que me confiaron, les preguntaré si conocen al dueño pero no lo creo, ¡me contaron que salieron corriendo del lugar!

Araoz —Así que ellos te dieron la grabación, qué coraje que tuvieron, estarán preparados para escuchar la grabación, se la vas a hacer escuchar o una parte, creo que tienen derecho, al fin y al cabo tendrás que hacerlo, ellos grabaron esto.

Prados —Sí, ya los invité a que vengan mañana a la noche y que nos cuenten con más profundidad cómo pasaron esa noche en la casa, no han estado muy bien.

Araoz —Por supuesto que no porque percibí una energía muy pesada en el ambiente, voy a venir, me gustaría entrevistarlos a ellos.

Prados —Sí, mañana a las ocho les dije que vengan, aparte hay que ayudarlos, no están bien ellos por todo lo que pasaron en estos momentos.

Araoz —Bien, vamos ayudarlos desde luego pero hay algo más que debo averiguar, pasaron más cosas ahí en la escena, no me alcanza con la grabación y la visión, me falto más para saber realmente lo que pasó a ver si estos chicos nos pueden dar una mano, ¿aparte son mayores de edad?

Prados —Sí, son adultos, van a la facultad los dos, bueno, seguimos con el otro trabajo.

Araoz —Sí, por supuesto, este es el caso de la señora Meyer pero tendrá que intervenir la ayuda del sacerdote...

Mientras los profesionales se prestan a trabajar ayudando a otras personas toda la noche transcurriendo las horas empieza a amanecer en la ciudad y la gente empieza a salir de sus hogares rumbo a sus trabajos. Luis se despierta ya descansado por la noche que pasó, ya un poco mejor, se va al baño, se ducha, se cambia de ropa y desayuna, se dirige a su habitación, alcanza la mochila, saluda rápido a su madre, sale de su casa y toma el ómnibus, se sienta y llama a su amiga Mariana para saber si viene a clases y contesta.

Mariana —Hola, Luis, buen día, cómo estás, me adivinaste el pensamiento, yo te iba a llamar, me lo imaginé, estás en viaje ya.

Luis — Sí, ya estoy llegando a la facultad, escuchame, ¿vas a venir hoy a clases?

Mariana —Mirá, me estoy recuperando, no estoy del todo bien pero mañana seguro voy a clases.

Luis —Ah, bueno, esta tarde noche voy a ver al profesor que me dio su domicilio para que escuche la grabación, salgo de acá y me voy a ver al profesional, estoy intrigado, ¡quiero ir ya mismo!

Mariana —Qué bueno, así te sacás las dudas, ¡yo quisiera ir también esta noche!

Luis —Buenísimo, vamos los dos, aparte yo le hablé de vos a Prados y me preguntó cómo andabas.

Mariana — Qué considerado de su parte, lo quiero conocer, parece buen tipo, ¿no?

Luis —Sí, es una persona que te escucha y podés hablar de todo, entonces salgo de la facultad y te paso a buscar a tu casa tipo siete de la tarde y vamos para allá, ¿te parece?

Mariana —Dale, te espero a esa hora, en la puerta te espero, así no perdemos tiempo.

Se despiden y corta la llamada, Luis en un rato se baja del colectivo y se dirige a la facultad y en la puerta algunos compañeros preguntando cómo se encuentra él y por Mariana, él les contesta que ella va a volver mañana a clases, se está recuperando de que le había bajado la presión pero está mejor, entran a la facultad y entra a la oficina y le comenta a la directora el motivo de la ausencia de su amiga, la directora comprende la situación y se dirige a clases, se sienta en la clase tomando apuntes y mirando a cada rato su reloj ansioso para salir a buscar a su amiga y después de ahí a la oficina del profesional Prados.

Después de una jornada de clases ya los estudiantes preparando los útiles para irse a sus casas, suena el timbre de salida y se disponen a salir saludándose entre ellos. Luis es el primero en salir casi corriendo por el salón de la facultad, sale por la puerta, baja por las escaleras y casi corriendo se dirige a la esquina, para un taxi, se sube con dirección a la casa de Mariana, la llama por teléfono y ella responde que se está preparando y que lo espera en la puerta, ella corta, se pone los pantalones, remera, buzo y campera, se maquilla en el baño, agarra su celular, apaga las luces, pone llave a su puerta y baja por el ascensor.

Una vez en planta baja abre la puerta y camina hacia el portero para saludarlo y a la señora además que se encontraba bien y avisándole que en un rato volvía, que se iba con su amigo, se asoma por la puerta y aparece el taxi por la esquina, ella sale y se estaciona el taxi en la puerta y Luis se baja, la saluda, le abre la puerta para que suban el coche, se pone en marcha a al domicilio de Prados y Luis conversa con ella.

Luis —Cómo andás, Mariana, ya te sentís mucho mejor, pensé que hoy ibas a venir a clases.

Mariana —Sí, Luis, ya tengo energías para seguir adelante, nada me va a parar.

Sonrisas de por medio y el taxista mirándolos por el espejo retrovisor con cara de ¿qué pasa?

Luis —Eso es bueno, seguís tomando el remedio y te tomaste la presión, ya vas a mejorar de salud.

Mariana —Sí, esta mañana me tomé la presión y está en los valores normales y estoy tomando las pastillas de la presión, a ver, contame lo del profesor, ¿qué más te dijo?

Luis —Cuando lleguemos te cuento...

El chofer le dice a Luis que llegó a la dirección y Luis saca la billetera y paga la tarifa al taxista, se bajan los dos del auto y el vehículo se va, quedan ellos dos solos y él le dice a ella que no le quería contar este tema que podía escuchar el conductor, que no tenía sentido esa charla ahí, se cierran las camperas para abrigarse del frío de la tarde, caminan hasta la puerta, tocan el portero eléctrico y no contesta nadie. Se miran los dos con extrañeza y no dudan en tocar el timbre otra vez, pero esta vez atiende y es Prados del otro lado del portero les pide por favor que si pueden esperar media hora porque está atendiendo a una clienta, ellos le dicen que sí, que no hay problema, que se iban a tomar un café en la esquina; corta la llamada y se dirigen, en la esquina que hay una confitería, se sientan adentro del lugar y piden unos cafés mientras esperan que se desocupe el profesor, una vez transcurrido el tiempo pagan sus cafés y se retiran del lugar y Luis para hacer un poco de tiempo se prende un cigarrillo y ella mirando su celular y le suena el celular a Luis, él atiende, es el profesor Prados diciéndole que le disculpe porque estaba atendiendo a una clienta, que ya mismo pueden venir, ellos retoman el camino, tocan el timbre él, les abre desde el portero eléctrico, entran, se cruzan con el portero diciéndole Luis que iban al sexto C.

Abren la puerta del ascensor y suben hasta el piso, abren la puerta y se bajan y en la oficina los esperaba Prados, el profesor los hace pasar al salón y Mariana se queda sorprendida al ver cómo combinaban el lugar con los muebles armoniosamente.

Prados —Me presento, yo soy Esteban Prados, usted debe ser Mariana.

Mariana —Sí, Luis me habló de usted, yo no pude ir a la primera entrevista porque no me sentía bien, se me había bajado la presión, pero ahora ya me siento mejor.

Luis —Sí, ella es la que tuvo la idea de la grabadora, si no fuera por ella no estaríamos los tres juntos, eso se llama casualidades del destino.

Risas de por medio.

Prados —Sí, Luis me contó que no pudo ir a la primera entrevista, ¿cómo se encuentra usted ahora?

Mariana —Ahora mucho mejor, lo que me pasó es que se me bajó la presión, Luis me fue a buscar y me encontró inconsciente en el piso, llamaron al médico y me llevaron al hospital, estuve internada hasta el otro día hasta que me dieron el alta y Luis me llevó después hasta mi casa, de no ser por él no sé cómo hubiera terminado esto.

Prados —Usted tiene un buen amigo, Mariana, que se preocupa por usted.

En ese mismo instante Prados intuye que algo no anda bien sobre ellos dos, más sobre ella y no duda en hacerles preguntas sobre lo sucedido.

Prados —Disculpen por no pedirles que se sienten, por favor tomen asiento, quieren una bebida.

Luis —No, gracias, Prados, recién tomamos unos cafés, le agradecemos.

Prados —A ver, Mariana, dígame en qué momento, si se acuerda, cuándo empezaron esos problemas.

Mariana —Todo empezó cuando fuimos a esa casa, llevamos una grabadora, nos empezamos a sentir mal los dos, yo vomité y me agarró como un bajón anímico muy feo pero antes a Luis casi lo atropella un coche pero le pisó el dedo, no fue a mayores, pero quedó dolorido, cuando salimos de la casa nos fuimos a la mía y yo no quise saber más nada con la grabación, él fue al otro día a buscarla, no quise saber más nada de ello por todo lo que habíamos pasado y el domingo se me bajó la presión hasta que me desperté en el hospital.

Luis —Yo también me sentí mal cuando entré a esa casa, me agarró un malestar emocional que me quería ir ya no sé de dónde saqué coraje de dejar la grabadora ahí y volver para buscarla, después la escuché en mi casa y no pude refinar más el sonido y después me pude contactar con usted, es más, de la nada apareció la Biblia sin que yo la pusiera.

Mariana —Con razón no la encontraba cuando acomodé de vuelta los libros, cómo no me dijiste nada de eso.

Luis —Es que no te quería preocupar, Mariana, disculpame si no te lo dije.

Prados —Bueno, por lo que cuentan ustedes acaban de tener una seguidillas de problemas después de meterse a esa casa a investigar deberían haberse hecho una protección para rechazar esas energías negativas que absorbieron, a ustedes a través de un sacerdote les tenían que haber dado una bendición, uno no sabe lo que se puede encontrar ahí.

Luis —Es que íbamos a ir de la facultad a la iglesia pero me pasó esto del auto y tuvimos que ir a la casa de ella para curarme y hacer reposo.

Prados —Bueno, con lo que me cuentan ya puedo encajar varias piezas pero lo que me llama la atención es lo de la Biblia, la trajiste de casualidad, Luis.

Luis —No la traje, no me imagine que me lo iba a pedir, si quiere se la traigo mañana u otro día.

Prados —Bueno, después se lo pediré, el motivo de que yo los invité hoy acá es que la grabadora captó infrasonidos de conversaciones que les helarán la sangre, no sé si Mariana está lista para escucharla por todo lo que pasó ella, pero primero tiene que venir el señor Araoz que es parapsicólogo y que nos dará una gran mano con esto.

Suena el timbre y Prados abre el portero eléctrico, es Araoz, se escucha ruidos de la puerta del ascensor abriendo y su colega lo hace pasar y lo presenta ante los chicos con algo de nervios por parte de ellos porque ven a simple viste una persona con apariencia magnética con mirada fija sobre ellos.

Los chicos se levantan, saludan al profesor Araoz y Prados los lleva a la habitación donde está la grabadora, un lugar donde a Mariana y Luis se les pone la piel de gallina y a la vez observan todo.

Araoz —Bueno, Prados, ¿les contó a los chicos de lo que captó la grabación en esa habitación?

Prados —Sí, les comenté lo sucedido de que hay infrasonidos desgarradores y que con usted íbamos a evaluar si están ellos dos disponibles para escucharlo.

Luis —Yo me siento bien, esperé mucho tiempo para escucharlo, ¡no es justo que no lo escuche!

Mariana —Es mi grabación, tengo derecho a escucharla, ya que estamos acá sigamos adelante.

Araoz — Bueno, ustedes están bajo su responsabilidad, lo que se escuchará en este momento quedará acá, no comentarán a nadie, ¡entendido!

Prados —Relájense, no se pongan nerviosos, traten de ser muy objetivos con lo que van a escuchar cuando quiera, Araoz, prendo la grabadora.

Araoz —No apague todas las luces y prenda la grabadora y no hablen, solo escuchen y a no desequilibrarse por favor se los ruego.

Se quedan todos callados y hay un clima tenso casi sin sonido alrededor de la habitación, solo la respiración de ellos y llegó el momento más esperado de Luis y no tanto de Mariana, se apagan las luces, prenden el magnetofónico y la cinta empieza a circular, la hora de la verdad llegó.

La sala casi oscura empieza a subir los sonidos de alguien corriendo pidiendo ayuda y se pierde de a poco como si entrara a otra habitación y se escucha una caída seguida de otros pasos con la misma dirección con ruidos desesperados de auxilio y empieza la conversación.

Voz de niño —Auxilio, auxilio, no me mates, no me mates, no me mates.

Voz de adulto —No sin antes tocarte, no sin antes tocarte.

Gritos de auxilio del niño un rato, seguido de pedidos de ayuda por parte del menor y vienen ruidos de que estuviera clavando a algo y siguen los llantos.

Vos de adulto —Eh, cumplido con el pacto, eh, cumplido con el pacto...

Se escucha ruido de caminata de una persona que desaparece de a poco y aparece otra voz pero la del niño pero moribundo.

Voz de niño —Mami, dónde estás, no me dejes, no me dejes, no me dejes...

De a poco desaparece el sonido los cuatros sorprendidos en el cuarto casi a oscuras con un silencio de cementerio, Araoz le da la seña a Prados de que prenda las luces sigilosamente, lo prende, apaga el magnetofónico y observa a Mariana y Luis sorprendidos mirándose entre ellos atónitamente, sin poder salir del asombro por lo que escucharon.

Araoz — Se encuentran bien, pueden hablar, díganme, hablen.

Mariana y Luis —Sí, nos encontramos bien, no queremos agua, ¡estamos shockeados nomas!

Luis —Nunca nos imaginamos que iba a salir esto de la grabadora.

Araoz —Sea lo que sea acabaron de grabar en el momento exacto un homicidio, mañana averiguaré con Prados de quién es esa casa, si tiene dueño, si pasó algún homicidio, si fue hace poco o mucho tiempo, si salió en los diarios en casos policiales para asegurarnos si se habrá hecho justicia por lo menos.

Luis —Eh... yo voy a averiguar por internet en casos policiales.

Prados —Conozco al hermano de un amigo que trabaja en la fuerza voy a recolectar información.

Araoz —Bien, debemos asesorarnos bien de este caso si es verídico, en caso de que lo sea y no hubo justicia lo haremos por nuestra cuenta por la pobre alma de ese niño para que descanse en paz, no podemos sentirnos bien con nosotros mismos si no terminamos este trabajo; usted, Mariana, qué opina, no dijo una sola palabra, ¿se siente bien?

Prados —Está bien, Mariana, hable por favor, está como ida y temblando.

Luis —Por favor, Prados, tráigale agua, me parece que se puso mal por la grabación.

Prados se va trotando a la cocina para llevarle un vaso con agua a Mariana cuando recoge el vaso y está a punto de llenarlo se escuchan gritos desgarradores provenientes de la pieza de grabación, se le cae el vaso a Prados y se rompe en mil pedazos en el suelo, se va a la pieza para auxiliarlo y ve la peor escena, algo que nunca les pasó a sus clientes.

Mirando sorprendido cómo Mariana gritaba con desgarro y llanto de por medio y Luis con Araoz la sostenían en el piso agarrándola de los brazos y su cabeza golpeándose en la nuca una y otra vez diciendo ella “no me mates, no me mates...”.

Prados agarra de las piernas a Mariana que no dejaba de golpear al piso con los talones y Araoz la calmaba diciéndole palabras tranquilizadoras y con una fuerza descomunal tira a Luis sobre Araoz con el golpe de ambos logra zafar los brazos y ella trata de ahorcar a Prados subiéndose arriba de él hasta el punto de asfixiarlo, se levanta mareado Luis y le pega en la espalda a Mariana con una silla y ella se desmaya. Prados se saca de encima a ella, se da media vuelta y trata de reponer la respiración mientras su colega lo mira mareado por el golpe y Luis levanta del piso a Mariana y la acuesta sobre el sofá, él asoma su oído en la boca de ella y se asegura de que todavía está respirando, toca sus dedos en la muñeca y verifica que tiene pulso y empieza a pensar de llamar a la ambulancia pero duda y quiere esperar un rato más.

Araoz lo levanta a Prados del piso, le cuesta levantarse y aparece Luis, con la ayuda de ambos lo acomodan en otro sillón boca arriba para que se ventile mientras Luis agarra una revista y empieza hacer viento a los dos, deja la revista Luis a ver cómo se encuentra su amiga y sigue igual. Araoz se toca la nariz y observa su mano manchada de sangre, se para y camina hacia el baño, se lava la nariz con abundante agua hasta que deja de sangrar y del botiquín agarra algodón y se lo introduce en la nariz, una vez mejorado se va al salón a ayudar a Luis y empieza a mejorarse Prados ya respirando mejor con su cara casi roja por la falta de oxígeno y empieza a toser agarrándose la garganta. Apoya la nuca asentando la mirada arriba como pidiendo clemencia por la situación estresante por la que está pasando, una vez recuperado Luis va a ayudar a su amiga y sorpresa de los tres no ven a mariana en el sofá y van a buscarla en la sala de grabadora y no la ven, en ese momento escuchan ruido del inodoro del baño de que tiraron la cadena, van para allá y estaba Mariana consciente de rodillas en el inodoro vomitando otra vez, su amigo la levanta, la lleva en brazos hacia el sofá y la pone boca arriba mientras los profesionales la observan detenidamente y ella empieza a hablar.

Mariana —Qué me pasó, me siento mareada, que está pasando, ¿por qué estoy así?

Luis —Solo te desmayaste y perdiste el conocimiento, te sentís bien, querés que te llame al médico, no te noto bien, te ves agitada.

Mariana —No, Luis, ya me voy a poner bien, no quiero otra vez que me internen.

Luis —Bueno, veo que te estás mejorando, querés un poco de agua.

Mariana —Sí, por favor tengo la boca agria, ¿acaso vomité?

Luis —Sí, y tenés que tomar líquido para que no te deshidrates.

Cuando Luis va a la cocina a traerle a ella, Araoz y Prados la observan detenidamente y le hacen unas series de preguntas.

Araoz —¿Cómo te llamás?

Mariana —Mariana, ¿por qué?

Prados —¿No recordás lo que te pasó?

Mariana —Sí, algo, estaba escuchando la grabación, se me nubló la vista y no recordé más nada, sé que me levanto, voy al baño y devuelvo, lo veo a Luis que me ayuda a traer al sofá pero no entiendo qué me pasó, pero por qué me duele la nuca y usted, Araoz, por qué tiene la nariz lastimada, ¿con qué se golpeó?

Araoz — Nada, usted se me cayó encima y me golpeó la nariz, no es nada importante.

Luis —Tomá agua, Mariana, te va a hacer bien, tomá todo.

Ella bebe el vaso con agua. Prados lo mira como si fuera un cómplice a su colega por la mentira que le dijo a Mariana y Luis sospecha por el dicho de Araoz, cuando ella terminó de beber les dice que se siente mejor y pregunta por la grabación. Prados le devuelve la grabadora a su dueña y les dice que está todo en orden, que ellos van a seguir con el trabajo, que si saben algo más llamarán a Luis pero él desconfiado intenta seguirles el juego a ellos y ella le dice que se retira, se van los dos, Prados los acompaña a la puerta y desde el fondo Araoz saludándolo, cuando llega el ascensor Luis les dice que lo esperen abajo, que tiene que ir al baño, cierran la puerta del ascensor. Prados acompaña a planta baja a Mariana y Luis le pregunta al profesor.

Luis —Araoz, ¿por qué no le dijo la verdad a ella de lo que le pasó?

Araoz —No le dije nada por su seguridad, ¡no ve que no se acuerda!

Luis —Sí, ya me di cuenta, ustedes están ocultando algo, ¡qué es!

Araoz —Quédese tranquilo, yo lo voy a tener al tanto, no le oculto nada, mañana lo llamo, le doy mi palabra, no es conveniente contarle a ella lo que le pasó.

Luis —Le tomo la palabra, espero su llamada, me acompaña hasta la puerta.

Araoz —Sí, desde luego, vamos que lo acompaño.

Se van los dos por el ascensor y se encuentran en la entrada, se despiden, le abre la puerta y Prados se asegura de que se vayan, paran un taxi, lo toman y doblan por la esquina, se meten los profesionales adentro mientras el portero mirándolos con una leve sospecha, una vez adentro de la oficina empiezan a acomodar el desprolijo que hizo Mariana después, van a la sala de grabadora, acomodan la silla y Prados le dice que va a hacer café y hablan tranquilos. Araoz lo espera en la oficina, mientras toman el café empiezan a hablar.

Araoz —Pero vos viste la fuerza que tenía Mariana. No la podíamos detener, de no ser por Luis no sé cómo hubiera terminado esto.

Prados —Pero esto se debió a después de escuchar la grabación, antes de entrar estaba bien ella.

Araoz —Me temo que a ella fue la que más la afectó y si no la ayudamos puede tener consecuencias graves, no los podemos dejar solos, nos necesitan, me temo lo peor.

Prados —Entonces tenemos que llamar al padre Lucas porque creo que ella tiene esquizofrenia o el inicio de una posesión...

Una vez que los profesionales terminaron la charla y por tener poco trabajo dan finalizada la noche de hoy. Araoz se dispone a guardar sus elementos de trabajo y Prados se pone a acomodar la grabadora poniendo las cosas en su lugar y por terminar limpian el salón y la cocina por el evento sucedido con Mariana, cuando van a apagar las luces del lugar Araoz recibe una llamada, es el padre Lucas.

Padre Lucas —Buenas noches, señor Araoz, cómo dice que le va, me vino a ver la señora Meyer por el tema de exorcismo del hijo de ella pero me parece que hay bastante trabajo ahí, ¿usted podría venir a la parroquia a las diez de la mañana?

Araoz —Buenas noches, justo nos estábamos yendo de la oficina con Prados, es más, él la envió a usted, aparte tuvimos una noche muy agitada, atendimos a unos jóvenes que trajeron una grabación que captó un infrasonido bastante peculiar, una vez terminada la grabación la muchacha quedó shockeada, empezó a gritar y dar golpes por todos lados.

Padre Lucas —Pero una muchacha hizo eso pero, dígame, hablaba en otro idioma de casualidad.

Araoz —No, padre, no hablaba en otro idioma pero tenía una gran fuerza y la tuvimos que contener entre tres y diga que su amigo le pegó con una silla en la espalda y se desmayó, no sé cómo hubiera terminado esto, lo que me llama la atención es que no se haya quejado del golpe.

Padre Lucas —Eso es muy raro, llama la atención, ustedes están a cargo de esto, ¿hace falta mi ayuda?, aparte necesito hablar con usted personalmente de esto, no es que vaya a pasar a mayores, es mejor estar prevenidos.

Araoz —No se preocupe, a las diez estoy en su oficina y hablamos de la señora Meyer y su hijo y de paso hablar con más profundidad de este tema con usted, estos chicos pasaron por muchos problemas por una grabación.

Padre Lucas —Por supuesto que los voy ayudar en esto, si es posible tráigame la grabación y sobre la base de lo que grabaron y lo que usted me cuenta vamos a trabajar con ellos, bueno, mañana lo espero en mi oficina, Araoz, hasta mañana, no se olvide de eso.

Araoz —Por supuesto, padre, mañana nos encontramos en la parroquia, hasta mañana.

Se prestan los dos a salir, cierran la puerta, bajan por el ascensor, se saludan y cada uno se retira a su domicilio. Mariana una vez llegada a su casa se va a la cocina, se prepara un té, empieza a tener dolores en la espalda y en el brazo, va a su baño y se mira en el espejo, el moretón que tiene en el codo y con la ayuda de otro espejo se mira la espalda y piensa cómo le pudo pasar esto, agarra del botiquín unos calmantes y los toma con té, después de media hora se siente mejor y se recuesta en la cama ya aliviada del dolor.

Luis llega a su casa, saluda a sus padres, va a la cocina, se sienta y empieza a cenar, una vez terminado se da una ducha y se acuesta en la cama, no sin antes acomodar los apuntes para mañana para la facultad pensando mucho en su amiga por lo que le pasó al escuchar después de la grabación y en que el profesor Prados lo llame, a que seguir dando vueltas en su mente, se levanta, va hacia el placar y se asegura de que esté la Biblia, se queda tranquilo porque ve que todo está en orden, apaga la luz, se acuesta y logra dormirse.

Mientras tanto a Mariana le cuesta conciliar el sueño, se levanta, empieza a caminar por el dormitorio dando vueltas y tratando de recordar cómo pasó esto en su espalda, se va al baño, toma otro analgésico con un vaso con agua, se va un rato al balcón a observar para distraerse de todo el momento que pasaron ella y su amigo Luis, cierra la ventana, agarra el celular para llamar a su compañero y no logra atenderlo, él había apagado el teléfono, lo deja de llamar y se va a dormir.

Amaneciendo en la ciudad y dando la impresión de parecer un día tranquilo empieza la urbe a movilizarse en sus deberes cotidianos con un sol radiante bañando casi toda la ciudad. Luis se despierta, apaga el despertador y mira el celular y tiene una llamada perdida de su amiga y piensa que luego la va a llamar, se dirige al baño a higienizarse y después desayuna con su madre y tiene una charla corta.

Silvana —Cómo estás, hijo, ayer viniste tarde, ¿fuiste a ver a tu amiga?

Luis —Sí, madre, Mariana ya se encuentra bien, hoy va para la facultad.

Silvana —Ah, qué buena noticia, adiviná quién viene la semana que viene a visitarnos.

Luis —Quién, ¿no me digas que viene Estefanía con su marido?

Silvana —No, viene ella sola por un tiempo, su marido se queda en su casa por cuestiones laborales, tiene mucho trabajo.

Luis —Qué bueno, de paso vemos al bebé que está por venir, ¡se va a agrandar la familia!

Silvana —Sí, es verdad, se agranda la familia, qué alegría tenerlos aquí.

Luis —La verdad es que sí, bueno, madre, me voy a la facultad, adiós.

Silvana —Bueno, hijo, que tengas un lindo día, saludos a Mariana.

Mientras Luis sale de su casa, toma el colectivo, toma asiento, aprovecha para llamar a Mariana y ella atiende asegurándole que hoy va a la facultad, que se quede tranquilo, corta la llamada y Mariana ya casi llegando a la esquina de la facultad. Los compañeros empiezan a saludarlos de lejos, algunas compañeras se acercan a saludarla y preguntándole cómo estaba y qué le pasó tanto tiempo que no vino, una vez saludada ella de la otra esquina aparece Luis, también se acerca casi trotando, saluda a su amiga con un abrazo y los demás compañeros se miran entre ellos como sospechando de que ellos dos ¿tendrán algo?

Pero, bueno, se reúnen todos, suben por las escaleras y van a clases, ella saluda a la directora, le da el certificado médico y se va al aula, saluda a los demás compañeros, entra el profesor, él también le da la bienvenida y todo vuelve a la normalidad, todos contentos empieza el profesor a dar la clase.

Pero del otro lado de los profesionales no hay buenas noticias. Araoz sale de su casa, enciende su automóvil, va rumbo a la parroquia en su encuentro con el padre, llega hasta el lugar, estaciona su coche, se baja, camina hasta la puerta, se persigna, entra por la puerta lateral y ve al padre que entra al confesionario con un confesor y espera en los asientos y aprovecha a rezarle a Jesús, ya pasado el tiempo sale el padre del confesionario y ve a Araoz sentado esperándolo, le hace seña de que venga, se acerca Araoz, se saludan, cruzan unas palabras y el padre le dice que vayan a su oficina, se meten en el interior de la parroquia, caminan por un pasillo largo, el padre Lucas saca su juego de llaves, abre la puerta, toman asiento y el padre empieza la charla.

Padre Lucas —Qué bueno tenerlo de vuelta, lo llamé por el caso de la señora Meyer que su hijo esta poseído, hace falta que le hagamos unas cuantas sesiones de exorcismos pero me llamó la atención lo que me contó usted anoche de que unos jóvenes captaron sonidos y usted les hizo escuchar y la muchacha actuó de una forma rara y violenta, a ver cuénteme cómo pasó.

Araoz lo mira fijamente al padre como si estuviera por contar un secreto con un haz de luz que se asoma por la ventana sobre el profesor empieza a contarle los hechos.

Araoz —Resulta, padre, que me llamó mi colega Prados, me invitó para que vaya a su oficina a entrevistar unos chicos que tenían una grabación, se la hicimos escuchar, una vez terminada, ella, la amiga de Luis, empezó a reaccionar mal. Prados fue a buscar agua y ella empezó gritar, la tuvimos que contener entre su amigo y yo con una fuerza terrible, ella tiró encima de mí a Luis con un solo brazo, de repente apareció Prados para contenerla y ella lo ahorcó, entonces su amigo le tira un sillazo en la espalda para que no siga más y así pudo pararla, cuando se despertó le preguntamos si se sentía bien y ella contestó que no se acordaba nada.

Padre Lucas —Pero, Araoz, qué problema tuvieron esa noche, así que no se acordó de nada, dígame, usted no escuchó bien si había hablado en otro idioma, de ser así la chica podría estar poseída sin que ella se dé cuenta, encima sabe algo más de ella, si es religiosa, profesa la religión, que si anda en esas cosas raras llamadas de ser así ocultismo u otra cosa.

Araoz —Ellos fueron a una casa abandonada a grabar ahí porque dicen los vecinos que ahí pasó algo estremecedor, tenían la curiosidad de investigar, lo hicieron y después les sucedieron unos eventos desencadenantes de mala racha hasta el punto de que ella tuvo que internarse en el hospital por vomitar demasiado, se desmayó, le agarró como una baja presión hasta que lograron estabilizarla, después le pasó esto lo de la grabación.

Padre Lucas —Así que ella siente admiración por lo oculto pues ahí el demonio empieza a trabajar para atraerla a ella a través de la curiosidad, es ahí donde el demonio ataca y sabotea a su presa para transitarla en un sendero de vida insalubre espiritualmente donde el demonio lo favorece, puede ser que tenga influencia directa sobre ella y todavía no lo sabe.

Araoz —Me contó Prados que ellos dos tuvieron unas sensaciones muy raras como malestares anímicos, que se sintieron muy mal en ese lugar, dejaron la grabadora, salieron corriendo de ese lugar en un estado deplorable los dos, a la otra noche fue el amigo a buscar la grabadora, ella no quiso saber nada ya con todo lo que pasó. Luis se la llevó a su casa, la escuchó, como no pudo escuchar bien lo captado averiguó por internet y de casualidad se lo cruzó a Prados donde él pudo ayudar y escuchar lo que no se hubieran imaginado ellos dos.

Padre Lucas —Pero fueron a una casa así porque sí, ni siquiera fueron protegidos por la oración de un cura por lo menos, si el cura sabía que iban hacer esto lo primero que les habría dicho es que no fueran directamente, es que estaban conscientes estos chicos, no sabían a lo que estaban enfrentándose, los seduce por la curiosidad el diablo.

Araoz —Pues sí, padre, a la vez de ser inconscientes hay que reconocer que fueron valientes.

Padre Lucas —Sí, valientes pero la sacaron barata, me gustaría hablar con la chica y su amigo después de todo este tiempo que pasaron, pobres angelitos, dígame, trajo una copia de la grabación de donde desencadenó el problema, es de suma importancia que lo escuche.

Araoz —Sí, padre, la tengo en mi portafolio.

Pone la maleta sobre el escritorio del padre y saca una copia del magnetófono de Prados, se lo muestra al padre, le dice: acá esta la verdad, hay muchas cosas malignas en esta grabación y le confirmó que es verídico esto, mientras el padre lo observa fijamente al profesional, le hace la seña de que van a escucharlo a otro lugar, se levantan, salen de la oficina y Araoz lo sigue al padre por un pasillo y le dice a un monaguillo que no lo molesten que va a estar ocupado, que en un rato sube a dar misa, caminan otra vez, bajan por una escalera en forma de espiral con poca luz hasta que llegan al subsuelo, saca de su bolsillo su manojo de llaves, abre la puerta y entran, enciende las luces, acomoda la mesa y las sillas, saca de un placar una grabadora con conexión USB, la pone arriba de la mesa, enchufa el aparato y Araoz le da el USB al padre, una vez conectado le dice a Araoz que se siente y el padre empieza a dar un rezo en la cruz que tienen en frente de ellos, el padre se sienta, Araoz pone play y empieza la grabación.

Están los dos atentos a lo que está por venir y lo primero que se escucha es la respiración de ellos dos ansiosos más por parte del padre que es la primera vez que lo escucha, los dos con los brazos apoyados sobre la mesa concentrados por cada segundo que pasa.

Mientras tanto en la facultad no pasa eso, es más, están en su tiempo libre los alumnos hablando con Mariana de todo lo que había pasado cuando ella estaba ausente y que Luis se preocupaba de ella manteniéndolos informados de lo que le había pasado a ella como si por un momento hubiera vuelto la tranquilidad a sus vidas, pues eso creen.

Encerrados en la pieza de la parroquia empiezan a escucharse los sonidos, el padre pone una cara de asombro mientras lo observa Araoz y escuchan los dos detenidamente la grabación cuando aparecen ruidos de caminata no puede salir de su asombro el padre y Araoz le hace seña de alerta de ese ruido, es cuando se escucha la voz de un niño pidiendo ayuda, el padre le clava la mirada al profesional por no creer lo que se escucha, al terminar la grabación el padre se persigna diciendo: Dios se apiade de esta alma angelical en el nombre del Padre, del Hijo y Espíritu Santo.

Pues con un silencio como si estuviera de luto el padre prende casi todas las luces y se agarra la cabeza con las dos manos y le hace un gesto con una mano de que ahí anda algo muy mal.

Se sienta de vuelta apoyando el puño de su mano sobre el mentón, se queda pensativo por un largo rato y le pregunta al profesional.

Padre Lucas —Tenemos que hacer algo, ahora entiendo por qué la chica se puso en ese estado cuando lo escuchó, esto es aterrador, ahora me preocupa la salud de la chica.

Araoz —Padre, lo sé, por eso yo estoy acá, cuando me contó Prados no dudé por un segundo en ayudarlos a los chicos, aparte usé el método de retrocognición y me juego que en ese lugar hubo un asesinato, hay mucha mala energía, impregnado de odio y me temo que los chicos absorbieron eso y que les hayan pasado toda esas situaciones desagradables más por parte de su amiga, me temo que esa entidad maligna que había en ese lugar lo haya consumido ella, no sé por qué a él no, sino a ella, que se llevó la peor parte.

Padre Lucas —Entonces encaja todo lo sucedido en ella, se justifica por todo lo que ha pasado pero el porqué de la fascinación de lo paranormal por qué le atrae lo oculto, esta vez el diablo la llevó por ese lugar a través de la curiosidad para llevarla por el mal camino, así quebrar su fe y destruirla a ella. Por favor necesito una charla con ella, puede ser para mañana a la tarde, ni siquiera me he presentado con ella y ya le estoy pidiendo una reunión y si es posible que venga con su amigo, y cómo va a averiguar con Prados sobre el tema de lo ocurrido en esa casa, ¿ya tienen planes de cómo va a ser la investigación?

Araoz —Sí, Prados me contó que va a averiguar, que tiene un contacto en la policía que puede ser de mucha utilidad porque hay crímenes que no aparecen en los diarios o internet, espero que se tengan noticias en la parte de criminales de la policía.

Padre Lucas —Me parece muy bien, nos sería de mucha utilidad si el crimen está resuelto y después iríamos a esa casa y le daré la oración para que ese espíritu descanse en paz.

Araoz —De no ser así, si no tenemos noticias por ningún motivo, tendré que usar el método ortodoxo con la ayuda de mis profesionales, los llamaré para que se vayan preparando, a Prados le voy a pedir el número de celulares de los chicos y luego yo lo informaré para su cita.

Padre Lucas —Excelente, mi querido Araoz, con la charla que voy a tener con ella más con la investigación que van a hacer ustedes, de ahí me basaré para los trabajos que tendré que tomar, espero que la chica no esté tan grave, hasta que no la vea no podría dar un diagnóstico, porque de ser así tendré que hacerle un exorcismo, si el Vaticano me concede el permiso.

Araoz —Muy bien, padre, bueno, ¿seguimos con el hijo de la señora Meyer?

Padre Lucas —Lo podemos dejar para mañana si no es molestia porque por lo que me contó hoy me quedé muy asombrado porque este va a ser un caso muy importante, no sé por qué.

Araoz —No hay problema, padre, hoy a la tarde llamo a los chicos para arreglarles la cita para mañana, no se preocupe y los preparativos con Prados para investigar esa casa.

Se saludan los dos y el padre acompaña a Araoz por las escaleras hacia la salida, llegan hasta el pasillo y él se va con la maleta en mano hasta la puerta de la parroquia mientras el padre se sube al altar y se pone a dar la misa al público que lo esperaba con extrañeza, el profesional enciende su coche y se dirige a su consultorio para luego atender a sus clientes. Llega a su lugar de trabajo, lo atiende su secretaria diciéndole que todavía no llegó ningún cliente todavía, le avisa a ella que si viene que por favor no lo moleste, que va a hacer unas llamadas importantes, que si viene que lo espere y que le ofrezca una bebida o café.

Se sienta en su escritorio, se acomoda y llama a Prados para darle el okey al trabajo y su colega atiende el llamado.

Prados —Buenos días, Araoz, cómo le fue la reunión con el padre Lucas.

Araoz —Muy bien, el padre se quedó muy asombrado por lo que había escuchado, casi que no lo podía creer y está dispuesto a ayudarnos, escuchame, podés llamar a los chicos porque el padre quiere tener una cita con ellos dos, por favor asegurame de que vaya esa tal Mariana, el padre tiene mucha importancia de hablar con ella pero si van los dos sería genial.

Prados —Sí, desde luego, hablo con Luis, su amigo, yo tengo su teléfono únicamente, de ser así que pase el teléfono de Mariana, así hablo con ella lo sucedido, que el párroco quiere hablar con ella, pero lo llamaré a la noche porque ahora deben estar en la facultad.

Araoz —Muy bien, Prados, por favor me pasa el número de Luis, yo a él le debo una charla, él me dijo que lo llamara a la noche si es posible.

Prados —Bien, se lo paso por mensaje de texto, yo ahora estoy en mi oficina.

Araoz — Bueno, otra cosa más, arregle con el contacto que trabaja en la policía de que le averigüe si hubo un crimen en esa casa, de ser así nos ayudaría mucho para ahorrarnos tiempo.

Prados —Sí, hoy mismo lo llamo, es en asuntos internos donde trabaja mi amigo, que es sargento.

Araoz —Excelente, Prados, es un gusto trabajar con usted, otra cosa más, tenemos el aval del padre de que si no llega a ver noticias de ese crimen tenemos que ir a investigar esa casa usted con nuestro equipo, llevamos los materiales para estudiar la casa, de eso me ocupo yo, llamaré a un colega más que no dudo de que vendrá.

Se saludan, cortan la llamada y Araoz avisa a su secretaria de que ya puede atender.

En la facultad los estudiantes salen de sus clases ya esperando la hora de salida, Luis acompaña a Mariana hasta su casa para charlar un rato por el suceso que vivieron en la oficina de Prados, caminan un largo rato por la calle, la tarde está linda, se sientan en las sillas de la plaza, toman unos cafés mientras miran a los chicos jugar en los juegos, por un momento volvió la normalidad entre ellos, terminan su café, vuelven a caminar, llegan al domicilio, abre la puerta de ella y saludan al portero y suben por el ascensor, cierran la puerta y entran a su casa y se sientan en el sofá donde comienza la charla.

Mariana —Mirá, Luis, no recuerdo nada de que me había desmayado después de escuchar esa grabación, ¿acaso pasó algo cuando yo estuve desmayada?

Él pensativo se guarda ese comentario por pedido de Araoz y la esquiva con otra respuesta.

Luis —No, qué va a pasar, te quisimos reanimar y no te levantabas, pensé que te hizo mal escuchar la grabación. Y Prados se fue a buscar un vaso con agua.

Mariana —Te juro que no me acuerdo pero lo que me llama la atención es que ayer fui al baño, me miré en el espejo, vi moretones en la espalda y codos, ¿vos sabés qué me pasó?

Luis —Eso fue cuando vos te caíste, cuando te desmayaste caíste para atrás, golpeaste la espalda y el codo, encima rompiste la silla de lo mal que caíste.

Por dentro él piensa en cómo le gustaría decirle la verdad porque ella no se merece eso pero por algo Araoz dijo que lo va a llamar a él, eso cree pero no puede mentir de esa forma con ella, es más, siente vergüenza de sí mismo, pero lo hace para que valga la pena.

Mariana —Sí, la verdad me tuve que tomar dos analgésicos anoche ya molestaba el dolor, otra cosa más, me acuerdo poco de la grabación, sé que era un niño pidiendo auxilio y una persona más que lo acompañaba; de ser real qué vamos a hacer nosotros con todo los que nos pasó, ¿podremos hacer como una especie de justicia divina?

Luis —Pero qué estás diciendo eso ya queda en manos de los parapsicólogos, qué podemos hacer nosotros, aparte ellos nos tendrían que mantener informados de lo que van a hacer, al fin y al cabo nosotros llevamos esa grabación.

Mariana —Sí, eso es verdad, espero que ellos puedan terminar esto porque nosotros realmente qué podemos hacer, pero Prados te dijo que nos va a tener informados, lo que quiero decir es que valga la pena todo lo que hicimos.

Luis —Sí, vos tranquila, me tienen que llamar Prados o Araoz para ver si podemos ayudar en algo y cómo avanza la investigación, decime la verdad, estás interesada ya en esto o le das poca importancia, pregunto nomás.

Mariana —Claro que me interesa, qué te pensás que no me gustan lo oculto y paranormal.

Luis —Claro, no lo dudo, ¡vos me llevaste a esto!, es chiste, no te enojes, aparte estoy intrigado, estoy esperando las llamadas de ellos dos, si van a seguir con esto, por ejemplo nosotros qué tipo de ayuda vamos a dar, somos un grupo de aficionados con una grabadora contra unos profesionales con equipos de última tecnología.

Mariana —Por lo menos tenemos eso pero yo no lo tengo, ahora que me acuerdo vos no lo tenés de casualidad.

Luis —Sí, lo tengo, yo me olvidé de traerlo a la facultad, mañana te lo traigo, aparte tengo también tu Biblia, que no sé cómo apareció en mi mochila, querés también que te lo lleve.

Mariana —Esa es una gran pregunta porque yo no la puse pero quedátela, te la regalo, yo me compro una nueva y de paso otros libros más.

Luis —Bueno, quedamos así, para mañana te llevo la grabadora. Marian, me voy retirando a casa, te dejo que descanses, mi madre no me va a creer de qué llegue temprano hoy, es más te manda saludos y que te mejores rápido.

Mariana —Bueno, Luis, dale saludos de mi parte, te acompaño hasta abajo, de paso compro para la cena de esta noche.

Se saludan los dos en la puerta y Luis saluda al portero y se van mientras Mariana dobla por la esquina para ir al supermercado, entonces él logra tomarse el ómnibus para su domicilio, se sienta, saca su celular para ver si estos dos lo llamaron y nada, tuvo como una leve desilusión.

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Дата выхода на Литрес:
20 марта 2025
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370 стр.
ISBN:
9789878717562
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